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Distopías Animadas de Ayer y Hoy o El Metarrelato Suicida Por Nazario

Esto no es un escrito serio. No tiene aspiraciones académicas o formales. Más bien divago sobre ideas, conceptos y abstracciones entre elementos concretos en el estudio de la sociedad. Enfoques que intentan hacer crítica, que asumo de entrada estéril, a proyecciones del pensamiento y el conocimiento que la estructura socio-política ha instituido como válido.

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Distopías Animadas de Ayer y Hoy o El Metarrelato Suicida Por Nazario

Esto no es un escrito serio. No tiene aspiraciones académicas o formales. Más bien divago sobre ideas, conceptos y abstracciones entre elementos concretos en el estudio de la sociedad. Enfoques que intentan hacer crítica, que asumo de entrada estéril, a proyecciones del pensamiento y el conocimiento que la estructura socio-política ha instituido como válido.

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Dis󰉃󰈡󰈦í󰇽s a󰈝󰈎󰈛󰇽da󰈻

de 󰈀󰉘󰇵󰈹 y 󰈊o󰉙 o 󰈩l 󰈚󰇵󰉄ar󰈸󰈩󰈘󰇽to 󰈻󰉉󰈏󰇸id󰈀


por Nazario
hibiciones
“Hoy la cultura no consiste en pro
rmas
sino en ofertas, no consiste en no
aló antes
sino en propuestas. Tal como señ
de ofrecer
Bourdieu, la cultura hoy se ocupa
es,
tentaciones y establecer atraccion
de
con seducción y señuelos en lugar
cas en
reglamentos, con relaciones públi
ciendo,
lugar de supervisión policial: produ
seos y
sembrando y plantando nuevos de
el deber”.
necesidades en lugar de imponer

Zy󰈇󰈛un󰉃 B󰈀󰉊󰈛an
Esto no es un escrito serio.
No tiene aspiraciones académicas
o formales. Más bien divago sobre
ideas, conceptos y abstracciones
entre elementos concretos en el
estudio de la sociedad. Enfoques
que intentan hacer crítica, que
asumo de entrada estéril, a
proyecciones del pensamiento y
el conocimiento que la estructura
socio-política ha instituido como
válido. Hacer un intento de
sociograma antropológico sin
aburrir a quien está leyendo es
casi imposible y requiere algunas
licencias.
Se han perdido los valores
En los años 90 empezó de manera simultánea, pero por
frentes aislados, un fenómeno interesante para cualquier
persona curiosa por el devenir social. Todavía hoy es difícil
de comprender y considerar. Las narrativas remanentes
de los entornos marxistas en las academias y los espacios
de debate difícilmente lo quieran reconocer. Sin embargo
es patente, determina gran parte de nuestra vida diaria
y de las estructuras globales de mercado. Hablo del
hecho de que “el fin de la Historia” (con mayúscula)
que invocó Fukuyama al caer el muro de Berlín, abrió
una llave de paso. Todos estábamos muy ocupados en
distintos caminos para verlo. Algunos lamentando el
desmoronamiento de instituciones y certezas: valores.
Otros más ocupados viviendo la fiesta del (si, lo voy a
decir) neoliberalismo. El espacio de las humanidades y
de las academias como fuente de capital intelectual o
contenido para el sistema político fue siendo desplazado
poco a poco.
La era digital
La era digital
La era digital
La era digital
La era digital
La era digital
La era digital
La era digital
El internet entra en escena en los 90 y lentamente
se democratiza mientras la gente lo veía como
una herramienta. Al tiempo que esto sucedía, la
publicidad y el mass media destacaba el valor
noticioso en “lo negativo” e “importante”. Con
ello jugaba doble: atrayendo personas al mercado
y logrando convertir a Homo sapiens sapiens en
consumidor. Varias tesis comunicacionales hacen
andar los medios de comunicación masiva, pero
pocos se han detenido a mirar los espacios del
mercado como mecanismos de intercambio de valores.
Están muy ocupados denunciando su carácter “vacío”
y “utilitario”. Y en ese desdén perdimos de vista
que había un nuevo ser humano. Hijo del cruce de
la propaganda, la estrategia, la tecnología y la
tecnificación del estudio de la mente humana.

Para esos tiempos la sociedad civil era el nuevo modo


de militancia. Mediada siempre por los procesos de
política. Su rol formal: producir ideas y contenidos
para sostener consensos sobre los temas sociales
(que iban en progresivo declive). Por lo bajo,
parecían una prótesis con más o menos atribución
de representatividad para dirimir dificultades y
disimular apetencias. Una especie de “rueditas” de
bicicleta para que las sociedades pudieran subir al
mercado sin caerse.
Poco a poco las narrativas sobre la sociedad
modelo y los análisis sobre las funciones sociales
fueron sustituidos por los espacios más simples de
intercambio de valores (antivalores para el relato
normativo y sus adeptos).
THE SHOW
THE SHOW
must go
must go on
on

Luego la industria del espectáculo se volvió del


entretenimiento. Todo un multiverso de posiblidades de
consumo. “La gran bestia pop” propaga, no solo vende,
todo tipo de consumo. También valores, miradas del
mundo, emociones, búsquedas y apuestas: significantes
y sentido. La hegemonía capitalista, que determina el
destierro de un montón de valores relativos a la
colectividad y lo colectivo, se ve resuelta en una
población socialmente desvinculada y conectada a lo
común desde el consumo (sobre todo a través de
internet y medios masivos) y algunos arquetipos
prefabricados.

Esta vez no hubo fusilamientos, no hubo doctrina ni se


enarbolaron consignas revolucionarias. Y nos queda la
iconografía de esa derecha pop, hija del corazón del
mercado: de un lado Ronald Reagan, del otro Bill Clinton.
Cada coto de poder regional tuvo sus pares a dos bandas
en lo político. Ni hablar de los multimillonarios gurú y los
íconos culturales (desde Disney y Coca-Cola hasta las
Kardashian).
De la ideología al estilo
Pero el poder y la socialización de las relaciones que
determinan la extracción de valor (la explotación del ser
humano por sí mismo y sobre su entorno) ya no se
limitaba a sus representantes. Porque la hegemonía ya
estaba atomizada en miles de marcas. Entidades
simbólicas que, igual que los estados, responden a
intereses convenidos y búsquedas que aprovechan las
dinámicas del entorno y los accidentes geopolíticos y
sociales.
En diferentes direcciones el llamado “Consenso de
Washington” determinó las rutas y recetas y sus ecos.
Pero no vienen acompañadas de relatores, sino de
“malas noticias” y publicidad. Super-dinámicas cadenas
de producción y difusión que derivan en consumo y
sueños de consumo.

Entre regulaciones y ajustes, derecha, izquierda y centro


estuvieron de acuerdo en el dominio del mercado.
Frenética explotación de personas, dinámicas que
alimentaron, y alimentan industrias, negocios centrales y
adyacentes.
De la colonia territorio
a la colonia sujeto
Lo más interesante es que esos intercambios y disputas
comerciales se daban compartiendo contenidos. Y
esos contenidos siempre eran vistos desde su utilidad
comercial. O bien criticados por su carácter banal (por
los colectivistas) o por su tendencia a expandir sus
posibilidades atada a las variantes simbólicas del erotismo
o el morbo sobre la violencia (por conservadores).
Sin embargo, estos mensajes y contenidos han ido
constituyendo nuevas formas (y cosmovisiones)
culturales. Las vemos como consumo relacionado con
el entretenimiento. La realidad es que, consciente o
inconscientemente, han modificado nuestra manera de
relacionarnos. Abandonamos el feudalismo para pasar de
la colonia-territorio a la colonia-sujeto.

Poco a poco los publicistas se convirtieron en ideólogos


de una sociedad cada vez más compleja y a la vez sencilla.
La dialéctica histórica continuaba, pero ahora por otras
formas, rutas y mecanismos. La convivencia no se sostenía
ya sobre las bases tradicionales de la lógica pastoral
(Foucault).

La sociología fue volviéndose un ejercicio de tardes de café.


La antropología oficio de hippies. La industria de vender
latas llenas de emociones fue cambiando poco a poco la
forma en que vivimos.
El advenimiento del otro

“hombre nuevo”
La lucha de capitales fue cambiando los significados de la
mayoría de nuestros hábitos. Y, lo más curioso, el desdén
de la intelligentsia por este fenómeno dio el asunto por
cerrado. Era un “lamentable” proceso de privatización y
punto.

Pero, qué clase de personas produjo el tardo-capitalismo.


Cuáles son las motivaciones de un consumidor de
publicidad o de uno y otro videojuego determinado?
¿Están relacionadas con emociones relativas al placer,
al poder, al temor? Son determinadas por impulsos
de qué tipo? O, dicho de un modo más atrevido,
qué tipo de simbiosis indeterminada constituye la
persona-imaginario-aspiracional.

El sujeto colectivo, anteriormente determinable,


guiado por épicas y ritos heroicos, ya no puede ser
agrupado y analizado del mismo modo. No le sirven
las simplificaciones bajo ideologías y doctrinas. No
es posible un análisis de colectivos limitado a los
significantes y aproximaciones de las ciencias sociales.
Porque parten de subjetividades indeterminadas o más
bien inaprensibles, porque las formas de análisis del
presente están signadas por el tipo de sociedad que
planificamos en la post-guerra. No así la realidad que es
sujeto (si, sujeto) de análisis.

La hegemonía ideológica de hoy no es sociológica.


Porque el individuo (y sus formas de interactuar) no está
alineado a una cosmovisión homogénea.

Se creía que el fin de la dicotomía socialista-capitalista


traía una especie de vacío filosófico. Umberto Eco
escribió que los filósofos se habían rendido. También dijo
que la postmodernidad sería una especie de edad media,
dado el descreimiento y abandono de los “mega-relatos
ideológicos” y la incapacidad de establecer sentidos
controlados por las estructuras (por la democratización
de la información y su intercambio sin intermediarios
instituidos).
Miennial
Ignorar la complejidad de la persona de hoy, que en el
patio se pretende objetivar y caricaturizar bajo el mote
“millenial”, es resultado de una visión conservadora que
argumenta una supuesta devaluación cultural y social
(en las décadas de los 80 y 90). Sin embargo, el hecho
de que lo pop no entrara en las hormas sociológicas y las
narrativas que planteaban las necesidades de lo político
no es un elemento central para el análisis, sino para la
resistencia. Mientras, las hegemonías socio-económicas
constituían una cultura y unos valores que el panorama
político hoy desconoce. Vive de espaldas a ella y, por
tanto, sin herramientas para abordarla.

Si vamos a escala biológica, Internet es el resultado


material más visible de lo que quedó de la dicotomía
social-individual. Hace más de 15 años las narrativas
sociales son narrativas residuales del marxismo. Pero voy
más allá: la discusión conceptual, determinar doctrinas y
marcos ideológicos, no tiene valor suficiente para ser una
preocupación social ni económica desde hace más de 20
años.

La política se quedó rezagada, porque el espacio


de intercambio que el capitalismo generó no tiene
ya tanto que ver con las máximas básicas descritas
por el marxismo, que determinaban el carácter
socio-económico de la lucha de clases como signo
distintivo del avance de los tiempos.
Hoy la lucha de poder se fundamenta en usos y, muchas
veces, estilos de mostrar. Los símbolos del acceso se
han democratizado a niveles extraordinarios y siempre,
absolutamente siempre, atados a los designios de la
cultura popular, hija del mercado.

No es fácil establecer ahora si el momento actual


responde al movimiento pendular que ha marcado los
grandes procesos. Los matices de la dialéctica parecen
brillar por su ausencia. O al menos en el sentido de los
ejes conocidos. Las respuestas sí han sido en lógica
pendular. Hay una mente no relativa al espacio físico
desarrollada, en lo que podría considerarse el fin de
la era moderna, de la revolución francesa que estuvo
dominando desde 1789 hasta Marzo de 2019. Lo que
describo podría implicar, deontológicamente, el inicio
del fin de la primacía de la geopolítica, aunque no su
desaparición. El manejo de los recursos, y los consensos
sobre cómo manejarlos está en discusión.

Conviven varios mundos que muchos ignoran porque


los ven como una cosa. Una masa rara de personas que
el poder establecido y la gnoseología tradicional no
entienden. Determinando la otredad, el canon oficial,
que se cree perpetuo, históricamente hizo marginal
todo lo que no le fue útil (quien sale de sus ritos es loco,
delincuente, enfermo, feo, chopo, marginal, hippie).
Pero el mercado, juzgado siempre desde fundamentos
sociológico-políticos (es decir, ligados al monomito
romántico de los Estados nacionales y al relato de control
del territorio) reprodujo sin darse cuenta sus mecánicas
en nuevos círculos expansivos. No sucede así con sus
semánticas.

Y habría que empezar a estudiar las narrativas online,


para comprender cómo se juntan las debilidades de la
"promesa de marca" del sistema con la cultura dominante
y constituyen un entorno distópico y distorsivo. Resalta
la dificultad de estratificar y determinar etiquetas en una
variedad de unicidades, construidas por complejidades
subjetivas que se juntan en la virtualidad, en la simplicidad
de un view, en una cantidad de clics o de likes.
Influencers
En la intersección entre la necesidad de mercado, el
consumo y la cultura surge la figura de los influencers.
Con ellos, una nueva forma del mercado, de las marcas
conectar con comunidades de consumo con mayor
capacidad de segmentación y focalización. Esta especie
de “portadores de mensajes” permiten llegar directo
a nichos de consumo, e incluso crear nuevos nichos.
Los influencer son famosos, blogueros, youtubers,
instagramers, figuras que producen, comparten
contenido (texto, multimedia, opinión) y traspasan
información a un mayor número de personas y círculos
(nodos) de influencia.

Pero ante la imposibilidad de establecer rangos temáticos


controlables en ese esfuerzo, la democratización de
la influencia que supone el acceso digital complejiza
también los elementos que sostienen la convivencia. No
se limitan al consumo y el intercambio comercial entre
marcas. Pues la esencia de lo político no encuentra
sentido en personas o nodos que no necesitan mediador
(un núcleo, si vamos a la biología) para sus interacciones,
e incluso para la determinación de valor sociocultural.
Pues este se vuelve indeterminado en la naturaleza volátil
de los humores sociales.

En ese contexto le faltan piezas a la propaganda y se


vuelve representación aburrida, pintoresca.
Comprender el impacto de hechos y fenómenos que no
son considerados relevantes para el análisis de las
sociedades es improbable. ¿Cómo explicar y segmentar
comportamientos sociales o búsquedas y aspiraciones
de subjetividades disímiles y dispersas? Cómo vincular a
“la lucha de clase” el fenómeno de alquilar piezas de
vestir para mostrar poder adquisitivo en las redes
sociales?

Hay infinitos abordajes y marcos distintos.


Ser o no ser:
M i c h a e l J a c k s o n
Foto por Maurice Sánchez (@mauricesanchezr)
La era de lo POP cambió los presupuestos. El referente
dejó de ser “seguir una estrella” con esfuerzo (épica o
aventura del prestigio y la fortuna) para constituirse
en la prerrogativa de “ser” o parecer una estrella (ser
el éxito). Internet y la publicidad como complejización
y sofisticación de las formas de reproducción cultural
tienen un impacto probable.

Para comprender este fenómeno, que llega incluso a


crear nuevos negocios para mostrar status en los medios
digitales, es útil leer a Byung Chul-Han. El filósofo
describe una sociedad hiper-estimulada y condicionada
a la hiper-exposición de uno mismo. La apariencia, se
ha desarrollado como un nuevo valor y, mostrarse, es
una condición del intercambio social. La difusión de lo
que comemos, vestimos, vemos en la calle, sentimos
nos hace patentes en el intercambio social. Como bien
señala Han, se trata de superar el “ser” (Socrático) para
abordar el “tener”. En esa lógica, mostrar lo que se tiene
aumenta el valor.

Pero el estudio de lo pequeño solo sirve a los que venden,


las motivaciones de las academias o el poder establecido
miran de lejos. Hoy se trata de un montón de nodos y
puntos que convergen en situaciones, pero no son en
conjunto.

A nivel sociológico o antropológico, las formas de...


organización no explican estos procesos, probablemente
porque no están ligados al espacio/tiempo. Parece una
evolución inconsciente hacia formas de convivencia
transversales, relativas más a imaginarios (valores,
significantes compartidos, búsquedas, intuiciones,
asociaciones e identificaciones).
Distopías
animadas de ayer a hoy
Los campos semánticos y simbólicos evolucionaron
poco a poco, rápidamente, mientras la academia sigue
estudiando el mismo cuerpo de búsquedas ideales.
Quejándose de una “crisis de valores” que ella misma
venía produciendo. Transmitiendo el mismo modelo de
construcción transversal de “lo común” desde la esencia
corporativa en el marco de lo político. Mientras, la
sociedad se ha movido hacia el distanciamiento de lo
colectivo (formas de vida y consumo ligadas a lo
individual). Determinados por una visión historicista
(enfocada en el desarrollo del desarrollo del desarrollo
de la industria y sus satélites y polímeros -cadenas de
negocios aledañas-), los consensos sociopolíticos
reprodujeron el eco del fin de la historia. Pactaron la
concentración de capitales en la producción para
satisfacer lógicas de consumo. Pero el asunto se les fue
de la mano.

Comunismo vs capitalismo. Legalismo burgués global vs.


populismo nacional. La mirada dual de lo complejo dejó
crecer en cautiverio a “la gran bestia pop” en los 90. La
legitimación, como las hegemonías y mecánicas de
acceso a los recursos, se expanden a formas diversas,
complejas y cambiantes. Las aspiraciones de hoy no son
las de ayer, ni se parecen. Porque el individuo es distinto.

La Humanidad, con mayúscula, ha sido vencida por sí


misma en su propio terreno. O más bien, su juego...
dialéctico se mantiene intacto, pero supera los alcances
del entendimiento dialéctico. Como un eco del fin de la
Historia: la historia continúa. La dialéctica que una vez
explicaba Marx trajo nuevas situaciones y el avance del
saber (la ciencia y sus búsquedas vitales) llevó la realidad
compartida a lugares sólo comprensibles en escenarios
de ficción distópica.

El cauce ensancha cuando en la segunda década de este


siglo la industria pop hace coronar a su enemigo natural
(la música urbana) en los mercados de Europa.
Con󰉃󰈎󰈞󰉊ará

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https://twitter.com/elmitinrd

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