LA PARABOLA DE LA SEMILLA DE MOSTAZA
“Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los
cielos es semejante al grano de mostaza, que un
hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la
verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero
cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se
hace árbol, de tal manera que vienen las aves del
cielo y hacen nidos en sus ramas.” (Mateo 13:31,32)
(Pasajes paralelos: Marcos 4:30-32; Lucas 13:18-19).
(Lección 4)
LA PARABOLA DE LA LEVADURA
“Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura
que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo
fue leudado.” (Mateo 13:33) (Pasaje paralelo: Lucas 13:20,21)
EL CRECIMIENTO DEL REINO
En adición a la Parábola del Crecimiento de la Semilla, Jesús dio dos
parábolas más del crecimiento del remo. Estas dos, la Parábola de la
Semilla de Mostaza y la Parábola de la Levadura, estudian el mismo objeto
desde distintos puntos de vista. La Parábola de la Semilla de Mostaza es
tomada del jardín o del campo; la Parábola de la Levadura es tomada del
hogar.
LA PARABOLA DE LA SEMILLA DE MOSTAZA
En Palestina era muy común hablar de la semilla de mostaza como la
más pequeña de todas las semillas. Hablando estrictamente no lo es,
porque hay otras semillas más pequeñas, pero la semilla diminuta de
mostaza era usada proverbialmente para significar cualquier cosa
chiquita. Jesús habló una vez de la fe como una semilla de mostaza. Dijo a
los apóstoles que si tuvieran fe, aunque fuera un poco, como de un grano
de mostaza, podrían hacer grandes obras (Mateo 17:29; Lucas 17:6).
Ambos Mateo y Marcos destacan que la pequeña semilla de mostaza
llega a ser la más grande de las hortalizas. La planta de mostaza en
Palestina, por su tamaño, usualmente no era sembrada en el jardín sino
en el campo. No era raro que creciera de 3 a 4 metros. Era un arbusto
gigante, tan grande que sus ramas se extendían como las de un árbol. Tal
arbusto atraía muchas aves. Esto es lo que pasa en la parábola. En el
tiempo de Jesús las aves se podían ver, en las ramas de la planta de
mostaza, mientras se comían las pequeñas semillas negras de las vainas
de mostaza. Por eso, la parábola ofrece una escena conocida por los judíos,
mediante la cual Jesús intentó enseñar nuevas lecciones del crecimiento
del reino de Dios.
1. La importancia de las cosas chiquitas. Una de las lecciones
inequívocas de la parábola es la importancia de las cosas chiquitas.
¡Cuán pequeña la semilla microscópica de mostaza! Sin embargo,
¡cuán valiosa! El pequeño grano de mostaza en sí no parece tan
importante, pero la experiencia del hombre le enseña a no tenerlo de
menos. Por tal motivo no deben desecharse las pequeñas cosas de la
vida.
El mundo, hoy en día, desea experimentar lo grande. Los rascacielos
modernos empequeñecen la torre de Babel. Las ciudades ya repletas de
fábricas y gente, están en todas partes buscando más industrias y
poblaciones más enormes. Con frecuencia, el agricultor o el negociante es
considerado como de éxito o de fracaso, según el porte de sus operaciones.
A un mundo obsesionado con la grandeza, Jesús dice: “Den atención a las
cosas chiquitas.” Un vaso de agua fría, una visita a los enfermos, una
bienvenida aun extranjero, una oveja perdida, son cosas pequeñas; pero
como un grano de mostaza, en muchas ocasiones su tamaño aumenta en
forma que no podemos imaginar.
2. Comienzos pequeños. Por más importantes que sean las cosas
chiquitas, la atención de la parábola se concentra en la
consecuencia de los pequeños comienzos. Es un hecho que, por lo
general las cosas más grandes del mundo han tenido comienzos
pequeños. Las mayores obras de arte empiezan con unas pocas
pinceladas. Las mayores sinfonías y conciertos del mundo se basan
en unas pocas notas. En la literatura, cada libro, cada ensayo, cada
poema, vienen de las veintiocho letras del alfabeto. Hechos
monumentales y revoluciones que rodean el mundo pueden ser
reducidos a un punto, como una semilla de mostaza.
El máximo movimiento de la historia tuvo su comienzo en un pesebre de
Belén. El mundo romano, orgulloso y ocupado, ni siquiera notó el día en
que Jesús nació. Y mucho menos el día en que murió, porque era un
carpintero de Nazaret, y al parecer nada más. Ciertamente, por las
apariencias externas, Jesús parecía más pequeño que la más chica de
todas las semillas. Sus seguidores fueron contados por docenas y no por
miles. Empero de esos pocos discípulos, y a pesar de la muerte de su líder
en la cruz, brotó la iglesia universal del Señor Jesucristo. Entonces,
debemos aprender muy bien la lección del grano de mostaza. Una cosa
puede comenzar pequeña, casi sin esperanza, y al final tener éxito porque
Dios la apoya. ¿Soñaron los discípulos alguna vez con el efecto que tendría
su fe? Su fe comenzó inadvertida, como una semilla de mostaza, y sin
embargo ha llegado a todo el mundo.
3. Las ramas del árbol. Un concepto popular de la parábola es el de
interpretar las ramas del árbol de mostaza, como simbólicas de las
denominaciones modernas. Como vinieron las aves a sentarse en las
ramas del árbol, también, se dice, la gente entra en las distintas
ramas o denominaciones de la iglesia. Pero hay dificultades
conectadas con esta interpretación. Primero, este punto de vista
trata de interpretar la parábola, tomando en cuenta sólo el
cristianismo de hoy, en vez del cristianismo del primer siglo. Es fácil,
hoy, hablar de “ramas de la iglesia,” pero en los días de Cristo y los
apóstoles estas divisiones eran desconocidas. ¿Quedó esta parábola
sin sentido completo hasta el levantamiento reciente del
denominacionalismo? Segundo, esta interpretación fuerza
demasiado la parábola. No es necesario que cada detalle en una
parábola signifique algo. Al intentar hacer eso, se llega al resultado
de “alegorizar” las parábolas (vea Lección uno). Las ramas del árbol
de mostaza no son el enfoque mayor de Jesús. No son más
importantes que el hombre que sembró la semilla de mostaza, o que
los nidos hechos en las ramas del árbol. El punto de la parábola es
simplemente que la semilla microscópica de mostaza crece hasta ser
un árbol de tamaño suficiente para que las aves vengan y hagan,
sus nidos en él. El hombre que sembró la semilla, el campo o el
jardín, los nidos, las aves mismas, son incidentales en la verdad
central de la parábola —que el reino de Dios, aun con un principio
tan pequeño, prosperaría y prevalecería sobre todos los demás
reinos—. Esto está de acuerdo con la interpretación de Daniel del
sueño de Nabucodonosor (Daniel 2:31-45). La piedra no cortada por
manos humanas golpeó a la imagen y llegó a ser “un gran monte que
llenó toda la tierra” (vs. 35). De la misma manera el reino de Dios fue
destinado a conquistar todos los demás reinos.
La parábola de la levadura
Muchas veces Jesús había visto a las mujeres haciendo pan. Todos
conocían el proceso. Por eso dijo que el reino era parecido a la levadura
echada en tres medidas de harina. Probablemente Jesús mencionó tres
medidas porque ésta era la cantidad ordinaria de harina que se ocupaba
en hacer pan. Algunos comentaristas del pasado, no obstante, han
alegorizado la parábola, y han hecho significar las tres medidas a los tres
hijos de Noé, o el cuerpo, la mente, y el espíritu del hombre. Tales
sugerencias tipifican lo lejos que nos pueden llevar algunas
interpretaciones de las parábolas. Claramente ilustran cómo una parábola
puede ser mal entendida por el intento de encontrar un paralelo para cada
punto de la narración. En los tiempos antiguos, la levadura como un
ingrediente aparte no se disponía como ahora. En el leudar del pan, se
guardaba un poco de masa desde la it1tima vez, y se ponía en la mezcla
nueva para que la leudara. En el Nuevo Testamento la levadura es
empleada como símbolo de lo bueno y de lo malo. Los judíos identificaban
la fermentación con el pudrimiento, y por eso la levadura, a menudo era
empleada por ellos, para referirse a una influencia maligna. De esta
manera Jesús amonestó a sus discípulos sobre la levadura de los fariseos
y de Herodes (Marcos 8:15); y Pablo dijo más de una vez: “Un poco de
levadura leuda toda la masa” (1ª Corintios 5:6; Gálatas 5:9). Pero la
levadura también fue empleada por los judíos para representar una
influencia buena. Significando o el mal o el bien, la levadura fue una figura
para cualquier influencia fuerte y persistente.
En esta parábola Jesús habla de la levadura en sentido bueno, como
una mujer la emplea con buen propósito, para hacer pan livianito y
saludable. Entendido así, el reino es semejante a la levadura en muchos
aspectos.
1. La influencia interna. La levadura trabaja desde adentro. No puede
hacer nada a la masa hasta que esté metida. La religión de Cristo
funciona de la misma manera. La influencia verdadera que cambia a
los hombres trabaja dentro del corazón del hombre. El hombre no
puede ser levantado por mejoramientos meramente externos. Una
nación pobre puede recibir comidas y ropas y casas mejores, pero
esa nación no será verdaderamente cambiada hasta que le sea dado
algo interiormente. Asimismo, un hombre no es convertido a menos
que sea convertido desde adentro —hasta que cambie su corazón—.
El cristianismo es como la levadura. No está afuera tratando de
entrar, sino que está adentro tratando de salir.
2. La cualidad de cambiar. Cuando la levadura es puesta en la harina,
produce un cambio en los ingredientes. Cuando Cristo y su reino
penetran en el hombre, grandes cambios pueden pasar. El
cristianismo es una cosa molestosa. Irrita a la gente. En Filipos, se
decía de Pablo y sus amigos: “Estos hombres, siendo judíos,
alborotan nuestra ciudad” (Hechos 16:20). En Tesalónica, contra los
mismos hombres, el grito fue: “Estos que trastornan el mundo
entero también han venido acá” (Hechos 17:6). Siempre ha sido así.
Cuando Cristo entra en el corazón de un hombre, éste llega a ser
nuevo. Hace nuevas obras (Colosenses 3:5-17). Tiene nuevos
pensamientos (Colosenses 3:1-4). Tiene nuevas ambiciones de
trabajar y servir (Mateo 20:26.28). Es una nueva creación (2ª
Corintios 5:17). La levadura de Cristo ha transformado su vida.
3. La característica contagiosa. La levadura obra contagiosamente
hasta leudar todo. La levadura es agresiva. No para hasta que se
haya extendido por toda la mezcla. También el reino de Dios se
esparce contagiosamente. Algunos de los primeros discípulos de
Jesús fueron traídos por otros. Andrés encontró a Pedro, Felipe trajo
a Natanael, y así continúa (Juan 1:40-45). La iglesia primitiva se
multiplicaba porque cada uno ganaba uno. La iglesia se ocupa en el
negocio de ganar almas, y la única manera de hacer este negocio, es
que cada miembro sea un ganador de almas. La levadura es
empleada en las Escrituras o para el bien o para el mal. Un buen
ejemplo es contagioso como la levadura, pero un mal ejemplo es
contagioso también. Jesús dijo que el reino de Dios crece y se
esparce como la levadura. ¿Contribuye su influencia para ese
crecimiento?
PRE GUNTAS
1. Contar algo en cuanto al crecimiento de la semilla de mostaza. ¿Por
qué la usó Jesús como ilustración del crecimiento del reino?
2. Considerar algunas lecciones de la Parábola de la semilla de
mostaza. ¿Cuál es la lección principal?
3. Describir la clase de levadura usada en el tiempo de Jesús. ¿Fue un
símbolo del mal y del bien? ¿Por qué?
4. ¿Cuál es la lección central de la Parábola de la levadura?
5. Se ha dicho que el cristianismo “está adentro tratando de salir.”
Explicar este dicho.
6. La levadura no deja de trabajar “hasta que todo sea leudado.” ¿Qué
sugiere esto en cuanto a la responsabilidad cristiana?