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Derechos Humanos y Garantias Unidad 8

Este documento describe los principios del derecho al debido proceso y acceso a la justicia consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Explica que estas garantías se aplican a todo tipo de proceso donde puedan afectarse los derechos de las personas. Además, enumera varios principios como el plazo razonable, juez competente e imparcial, publicidad de la justicia, y el derecho de acceso efectivo a la justicia.

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Derechos Humanos y Garantias Unidad 8

Este documento describe los principios del derecho al debido proceso y acceso a la justicia consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Explica que estas garantías se aplican a todo tipo de proceso donde puedan afectarse los derechos de las personas. Además, enumera varios principios como el plazo razonable, juez competente e imparcial, publicidad de la justicia, y el derecho de acceso efectivo a la justicia.

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MÓDULO 8

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MÓDULO 8

Unidad N° 8: Derecho de acceso a la justicia y al debido proceso

Dr.: Rolando Lineras Prof. Titilar.

Dra.: Gisela Gómez J.T.P

Dra.: Maria Soledad Gonzales Camargo J.T.P

Dr.: Julio García J.T.P

Derecho de acceso a la justicia y al debido proceso

la CADH en su art. 8 y el PIDCP en su art. 4 consagran el derecho al debido


proceso legal. Siguiendo a la CrIDH podemos definir al “debido proceso” como
el conjunto de condiciones que deben cumplirse para asegurar la adecuada
defensa de aquellas de aquellos cuyos derechos u obligaciones están bajo
consideración judicial.

Debemos dejar aclarado que los postulados generales relativos al debido


proceso penal se extienden por analogía a todo tipo de proceso, esto implica que
estas reglas deben respetarse en todo tipo de instancia (incluso extrajudicial o
administrativa, civil o laboral) donde puedan afectarse de los Derechos de las
personas tal como dijo la CrIDH en le caso “Baena Ricardo vs. Panamá – 2001.

Por otro lado, debemos advertir que, aunque el art. 8 de la CADH se denomina
“Garantías Judiciales”, en realidad estas se encuentran consagradas en el art.
25 de la Convención entendiendo las “Garantías Judiciales” como el Derecho a
la Protección Judicial que hace alusión a los medios legales para proteger,
asegurar o hacer valer la titularidad o el ejercicio de un derecho como son por
ejemplo el habeas corpus o el amparo.

El art. 8 de la CADH debería llamarse Derecho al Debido Proceso; Derecho al


Proceso Regulado o Garantías Procesales como lo denomina la CrIDH.

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La referida norma del Pacto de San José de Costa Rica consagra el Derecho de
toda persona “a ser oída” no solo en el caso de una acusación penal formulada
contra ella sino también en todo procedimiento encaminado a la determinación
de sus Derechos y Obligaciones de orden Civil, Comercial, Laboral,
Administrativa, o de cualquier otro carácter.

Ello importa para el Estado una obligación de establecer Órganos y


procedimientos adecuados y proveer a las personas de los medios para acceder
a dichas instancias.

La Corte IDH señalo reiteradamente acerca de la necesidad de interpretar el art.


8 inc. 1 de manera amplia. Debe entenderse que no solo el acusado sino también
la victima o sus familiares tienen Derecho a ser oídos y a actuar en sus
respectivos procesos.

El Derecho IDH ha creado todo un marco jurídico para asegurar el pleno ejercicio
del Derecho a la Justicia a las victimas de violaciones a los DDHH. Esto es una
consecuencia lógica del deber del Estado de prevenir, investigar, sancionar y
reparar todas las violaciones a los DDHH cometidas en su territorio con
independencia que esas violaciones sean cometidas por particulares o agentes
del Estado.

Ustedes habrán escuchado mas de una vez decir que los DDHH solo se
preocupan por defender a delincuentes y criminales. Esta critica algunas veces
tiene su origen en la ignorancia de algunas personas y la mayoría de las veces
tiene como trasfondo la acción ideológica de factores o grupos de poder
autoritario o de matriz antidemocrática interesados en tratar de justificar
violaciones a los DDHH por parte de las agencias estatales de seguridad
(llámese a esto gatillo fácil, torturas, etc.).

El caso “Genie Lacayo vs. Nicaragua” es emblematico dentro de la


jurisprudencia de la CrIDH para centrar que el Derecho al debido proceso se
debe analizar también desde la perspectiva del Derecho de los familiares de las

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victimas a obtener justicia. Y en el caso “Bulaccio vs. Argentina” la CrIDH dijo


que: El Derecho a la tutela jurídica efectiva exige que los Jueces que dirijan el
Proceso eviten dilaciones o entorpecimientos que conduzcan a la impunidad,
frustrando así la debida protección judicial de los DDHH”.

Por otra parte, también es muy importante recalcar que la CrIDH ha entendido
que los Principios Generales del debido proceso legal no pueden suspenderse
ni siquiera en situaciones de excepción (por ejemplo, Estado de sitio) por cuanto
constituyen condiciones necesarias para que los instrumentos procesales
regulados por la convención puedan considerarse como garantías judiciales.

Pasemos ahora a enunciar postulados o principios que deben respetarse para


satisfacer el Derecho al debido proceso:

a) Plazo Razonable (o derecho a la pronta justicia): La CrIDH siguiendo en


esta materia a la Corte Europea de DDHH ha dicho que se deben tener en
cuenta 3 elementos o criterios para determinar la razonabilidad del plazo
dentro del cual se desarrolla el proceso. 1) Complejidad del caso; 2) La
conducta procesal del imputado; 3) La actividad procesal de las autoridades
judiciales. O sea, que en cada caso donde se plantea la posible violación al
Derecho a ser juzgado dentro de un plazo razonable la CrIDH examina cada
uno de estos tres factores mencionados.

Pero también la Corte Interamericana emplea lo que se llama “análisis global


del procedimiento” que es un criterio conforme al cual se analiza el “proceso
como un todo” en el caso de personas detenidas con prisión preventiva se
debe considerar como primer acto del procedimiento para la apreciación del
plazo la aprehensión del imputado y en el caso de no haberse aplicado prisión
cautelar pero esta en curso un proceso, el plazo debe contarse desde el
momento que la autoridad judicial toma conocimiento del caso.

En nuestro país, tanto a nivel federal como provincial, las leyes establecen
plazos máximos de duración del proceso penal (en general 2 años)

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prorrogables excepcionalmente en causas de objetiva complejidad y difícil


investigación (por un año más según el CPPCH).

Sin embargo este plazo debe ser fatal o perentorio cuando el imputado se
halla privado de su libertad en forma preventiva y eso es lo que (en
consonancia son los instrumentos Internacionales sobre DDHH), establecen
las normas del Derecho interno, pese a lo cual la Jurisprudencia de nuestros
Tribunales (incluyendo a la CSJN) han sido habitualmente reacios a respetar
los términos expresos establecidos por las Leyes, aludiendo que la duración
razonable del Proceso Penal no puede computarse en días, meses o años,
sino según los mismos criterios evaluados por la CrIDH y la Corte Europea a
los que antes hiciéramos mención.

b) Otra regla del Derecho al Debido Proceso se refiere al Juez o Tribunal


Competente, esto significa que cualquier autoridad publica sea
Administrativa, Legislativa o Judicial que ejerza funciones de carácter
materialmente jurisdiccional tiene la obligación de dictar sus resoluciones
respetando todas las garantías del debido proceso legal en los términos del
art. 8 de la CADH.

La competencia de cada autoridad debe ser fijada por la Ley previamente, es


decir con anterioridad al hecho.

c) Ese Juez o Tribunal debe ser además de competente, NATURAL (debe


ser el adecuado para juzgar determinadas causas por ejemplo los civiles no
pueden ser juzgados por tribunales militares) e IMPARCIAL. Por
imparcialidad debe entenderse la ausencia de prejuicios o preferencias en
contra o a favor de cualquiera de las partes.

En el caso “Herrera Ulloa” la CrIDH siguiendo criterios de la Corte Europea


señalo que la imparcialidad tiene un aspecto subjetivo (ausencia de prejuicio
personal) y otro objetivo (el Juez debe además ofrecer garantías suficientes
para que no haya duda legitima al respecto – y en este sentido hasta las

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apariencias son importantes – para inspirar confianza tanto a las partes como
a la sociedad.

El presupuesto esencial para que se pueda dar la imparcialidad objetiva esta


representado por la independencia judicial que no es otra cosa que la facultad
de los Jueces para decidir libremente sin injerencias, presiones de ningún
tipo o compromisos.

Entonces la independencia judicial es esencial para que exista imparcialidad


judicial pero debe quedar bien claro que los requisitos de independencia e
imparcialidad no solo deben ser respetados por los Jueces en sentido estricto
sino que también por todas aquellas autoridades que tengan que decidir en
un proceso en el que se encuentren en juego derechos y obligaciones de las
personas, por ejemplo, sumarios ante las autoridades administrativas o
proceso de juzgamiento ante el Poder Legislativo como podría ser el
desafuero o un Juicio Político. La excusación y recusación son mecanismos
procesales para hacer efectiva esta garantía en un proceso concreto.

d) Otra regla es las “Publicidad de la Justicia”: Los procesos – especialmente


los penales – deben ser públicos, solo excepcionalmente debe ser
confidenciales cuando existan causas justificadas para ello, pero es el Estado
quien debe demostrar que la restricción de la publicidad era necesaria para
preservar “los intereses de justicia”.

e) En el caso “Cantos vs. Argentina” – 2002- la CrIDH dijo que el art. 8 inc. 1
de la Convención consagra el Derecho de Acceso a la Justicia, este es un
Derecho fundamental que se desprende conjuntamente del Derecho al
debido proceso y al Derecho a la protección judicial. En virtud de este
Derecho los Estados no deben interponer trabas a las personas que acudan
a los Jueces o Tribunales en busca de que sus derechos sean determinados
o protegidos por ejemplo las tasas, finanzas, gravámenes que se impongan
en la administración de justicia, a veces pueden convertirse en impedimentos
para acceso a la misma.

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En razón de su importancia además el DIDH reconoce para los acusados en


procesos penales garantías o derechos adicionales, para determinar si un
procesado tiene derecho a estas garantías reforzadas debe tenerse en
cuenta no solo la jurisdicción penal y la naturaleza de la falta cometida sino
fundamentalmente el grado y la severidad de la pena como regla general las
penas privativas de la libertad deben ser consideradas como de naturaleza
penal.

Estos derechos deben ser respetados a todos los acusados sin importar el
delito del cual se les acuse o que tan culpables parezcan. Es importante
resaltar que estos Derechos no solo rigen en las etapas judiciales de los
procesos penales sino en todas las etapas (incluida las investigativas) es
decir que también se tienen que respetar en procedimientos o actuaciones
previas o concomitantes a los procesos judiciales, cuando su inobservancia
pueda derivarse de un perjuicio para la situación jurídica de la persona.

En concreto, veamos ahora cuales son estos derechos que el DIDH consagra
para los acusados:

1) Presunción de Inocencia:

El art. 8 inc. 2 dice que: “Toda persona inculpada de un delito tiene Derecho
a que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su
culpabilidad”.

El Comité de DDHH dijo que: “Ninguna culpabilidad puede ser presumida


hasta que el cargo haya sido probado más allá de toda duda razonable”.
Sostuvo además que “la presunción de inocencia implica el Derecho a ser
tratado de acuerdo a este principio”.

Por su parte la CrIDH sostuvo en el caso “Ricardo Cañete” que: “El Derecho
a la presunción de inocencia es un elemento esencial para la realización
efectiva del Derecho de defensa y acompaña al acusado durante toda la

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tramitación del proceso hasta que una sentencia condenatoria que determine
su culpabilidad quede firme.

Este Derecho significa además que el imputado no debe demostrar que no


ha cometido el delito que se le atribuye ya que la “carga probatoria” – ius
probandi- corresponde a quien acusa.

El respeto al Derecho a la presunción de inocencia resulta de vital importancia


cuando se impone al imputado la medida cautelar de la prisión preventiva.

La CrIDH expreso en el caso “Suarez Rosero vs. Ecuador” que: “de lo


dispuesto en el art. 8.2 de la Convención surge la obligación del Estado de
no restringir la libertad del detenido más allá de los limites absolutamente
necesarios para asegurar que no eludirá la acción de la justica ni
obstaculizara las investigaciones”.

Este concepto esta expresado en múltiples instrumentos del DIDH como es


el caso del PIDCP que en el art. 9.3 dispone que: “la prisión preventiva de las
personas que hayan de ser juzgadas no debe ser la regla general”.

Por el contrario la prisión preventiva tiene carácter “excepcional “ porque se


halla limitada por el Derecho de Presunción de inocencia y por los principios
de necesidad, proporcional y provisión.

Asimismo, la prisión preventiva no puede convertirse en un sustituto de la


pena privativa de la libertad ni cumplir los fines de la misma. No debe
olvidarse que tiene naturaleza cautelar y no punitiva- se aplica por razones
de peligrosidad procesal y no criminal – motivo por el cual siempre debe ser
“provisional”, es decir que debe hacerse cesar de inmediato ni bien han
desaparecido las causales por las cuales fuera dictada, que no pueden ser
otras que el peligro de fuga o entorpecimiento de la investigación siempre
que tales riesgos no puedan neutralizarse por otros medios de coerción
menos gravosos para la persona y los derechos del imputado.

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El tema del uso judicial de la prisión preventiva es altamente preocupante en


nuestro país porque a diario observamos como se abusa de esta herramienta
procesal. En una clara violación a los derechos a la presunción de inocencia
y a la libertad personal.

Según estudios empíricos en nuestro país se recurre como regla al


encarcelamiento cautelar de personas inocentes como si se tratara de una
pena anticipada muchas veces acompañada del “show mediático” con lo cual
la persona antes de ser juzgada ya fue condenada por la “prensa”
destruyendo también la honra y dignidad personal como derechos protegidos
por el DIDH. Las estadísticas además revelan la existencia, magnitud y
gravedad del problema del abuso del encarcelamiento preventivo y exponen
las enormes tasas de presos sin condena.

El drama del abuso de la prisión preventiva resulta agravado por las pésimas
e inhumanas condiciones materiales en las que se cumple la detención de
las personas que gozan – vale la pena recordarlo- del Derecho a la
presunción de inocencia – porque no han sido condenadas con sentencia
firme.

Otras garantías o derechos procesales “adicionales” son:

- Derecho a la asistencia de un traductor o interprete. Este derecho es una


consecuencia del principio de igualdad ante la ley y la prohibición de
discriminación. Cobra una gran relevancia en países que como el nuestro
tienen un alto porcentaje de población indígena que además de hablar
otras lenguas se encuentran en una situación de desigualdad real
provocada por una serie de factores históricos, culturales, raciales y sobre
todo económicos.

Este derecho por supuesto que también es aplicable a sordomudos que


usualmente deben comunicarse por medio del lenguaje de señas.

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- Derecho a conocer los cargos. Toda persona tiene derecho a ser


informada en un idioma que comprenda y en forma clara, precisa,
detallada y especifica de la naturaleza y causas de la acusación formulada
contra ella.

Para que este derecho opere plenamente es necesario que esa notificación
ocurra antes de que el inculpado preste su primera declaración. Sin esta
garantía se vería conculcado el derecho del imputado de preparar
debidamente su defensa.

En relación a este último derecho, el Comité de DH de NU dijo: “el acusado


debe contar con el tiempo y facilidades adecuadas para la preparación de su
defensa y para comunicarse confidencialmente con su abogado defensor,
obviamente que esto supone el acceso irrestricto al expediente y todo otro
tipo de documentos y evidencias. Demás esta decir que la incomunicación
total de un detenido con su abogado le impide preparar adecuadamente su
defensa por lo que viola este derecho.

Otros derechos procesales adicionales que se otorgan al imputado son:

- Derecho a defenderse personalmente o a ser asistido por abogado de su


elección – o en su defecto – a que se le proporcione un defensor oficial.
- Derecho a interrogar a los testigos, tanto a favor como en contra (en
especial esto último). Esta norma esta diseñada para asegurar al acusado
la “igualdad de armas” con la parte acusadora.
- Derecho a no ser obligado a declarar contra si mismo. Este es el derecho
a no incriminarse y desde este punto de vista la persona del imputado es
“incoercible”.
- Derecho a recurrir el fallo ante un Tribunal Superior. Este derecho también
conocido como doble instancia o doble conforme busca que la sentencia
adversa al acusado pueda ser revisada por un Juez o Tribunal distinto y
jerárquicamente superior cualquiera sea el nombre del recurso existente

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para recurrir el fallo. Lo mas importante es que dicho recurso garantice un


examen integral de la sentencia recurrida.

Otra garantía procesal es la “prohibición de doble juzgamiento (non bis in


idem). Este principio busca proteger a los individuos que han sido procesados
por determinados hechos para que no vuelvan a ser enjuiciados por los
mismos hechos una vez que haya recaído sentencia final (firme) – aunque
esto se haga con otra base legal.

- Derecho a solicitar la asistencia consular. Este derecho esta reconocido


en el art. 36.1 (b) de la “Convención de Viena sobre relaciones
consulares”. Este derecho al igual que el derecho al traductor son
consecuencias del derecho a la igualdad y del principio de no
discriminación.

Entonces conforme esta garantía procesal mínima las personas detenidas de


nacionalidad extranjera deben contar con facilidades adecuadas para
comunicarse con sus representantes diplomáticos y consulares. La
inobservancia de este derecho puede afectar el derecho de defensa.

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