PIERA AULAGNIER
➔ ¿Quién fue Piera Aulagnier?
Psicoanalista italiana, contemporánea formada con Lacan. Sus escritos dan cuenta de un diálogo
permanente con la clínica. Su convicción se centraba:” la práctica no puede ser si no teórico clínica”
(teorización flotante). En su obra se encuentra la influencia de Freud, Lacan y Castoriadis (su marido).
Progresivamente emergen en sus textos sus propios conceptos: violencia primaria y secundaria;
sombra hablada; portavoz; pictograma; proceso originario y otros fundamentales para pensar la
clínica con niños, si bien la autora nunca atendió niños. Su interés principal se centró en los
desarrollos de la psicosis en el Htal Santa Anna.
➔ Postura teórica/ epistemológica
La autora es muy crítica con la institucionalización y el dogmatismo del psicoanálisis.
“El campo del psa corre el riesgo de ser colonizado, que la teoría se transforme en dogma, el analista
en mesías y la didáctica en adoctrinamiento”. El pensamiento no es repetición, se debe anhelar el
lugar de lo imprevisto y de la creación. “El destino de todo paradigma es presentar anomalías”.
➔ Propuesta teórica - Metapsicología
LA VIOLENCIA DE LA INTERPRETACIÓN
Objetivo: Poner a prueba un modelo de aparato psíquico que privilegia el análisis de la actividad de
representación.
Actividad de representación: (equivalente psíquico del trabajo de metabolización característico de la
actividad orgánica). Su meta es metabolizar un elemento de naturaleza heterogénea convirtiéndolo
en un elemento homogéneo a la estructura de cada sistema.
Los elementos que no fuesen aptos para sufrir metabolización por alguno de los sistemas no podrán
tener un representante en el espacio psíquico y en consecuencia no van a existir para la psique. Para
la psique no puede existir información alguna que pueda ser separada de la información libidinal.
Todo acto de representación es coextenso con un acto de catectización. La puesta en representación
implica una experiencia de placer.
Hipótesis: “La actividad psíquica está constituida por el conjunto de tres modos de funcionamiento, o 3
procesos de metabolización: el proceso originario, primario y secundario”. Estos procesos no están
presentes desde un comienzo en la actividad psíquica, se suceden temporalmente y su puesta en
marcha es provocada por la necesidad que se le impone a la psique de conocer una propiedad del
objeto exterior. La instauración de un nuevo proceso nunca implica el silenciamiento del anterior.
Cada uno de los tres, se distingue por una actividad que los representa, un modo de inscripción
particular y un postulado que los categoriza.
Proceso Originario: Es el primer proceso que comienza a funcionar en el recién nacido a partir de la
necesidad de la psique de reconocer la cualidad placentera o displacentera de los estímulos que le
llegan. Decimos entonces, que el tipo de información que le van a dar los sentidos al psiquismo
naciente es una información libidinal: presencia o ausencia de placer. Este proceso, se rige por el
postulado del Autoengendramiento, es decir, que la propia actividad de representación es la que crea el
estado de placer y la que engendra al objeto causante del mismo (la vivencia del bebé, es que él es
quien autoengendra, crea el pecho materno). La actividad que representa al proceso originario, es el
pictograma: marca, sello de este encuentro inaugural del recién nacido con la madre y el encuentro
de este naciente aparato psíquico con su propia corporeidad. El concepto de Pictograma, supone una
especularidad, conlleva una equivalencia entre representante y representado, en donde no hay
diferenciación entre zona y objeto. El pictograma es una representación de zona-objeto
complementario ej: boca-pecho. Es la representación de la experiencia inaugural de placer que
condensa sentidos, pulsa y deja marcas de procesamiento psíquico. Si estas marcas se instauran bajo
el signo del placer, zona –objeto se fusionan.
Proceso Primario: En este segundo momento de organización del psiquismo, la actividad
representativa preponderante es la fantasía: es una actividad psíquica que se caracteriza por la
realización imaginaria de deseos para evitar el sufrimiento producido por la ausencia del vínculo
inicial constituyente. Este proceso comienza a funcionar a parir de la necesidad de la psique de
reconocer el carácter de extraterritorialidad del objeto (reconocer la existencia de un espacio
separado del propio). Durante el proceso primario, las funciones parentales son la única referencia
de un campo de certezas inamovible. Sin embargo, para que el yo pueda advenir y acceda a un mayor
nivel de autonomía se requiere un quiebre de éstas.
Proceso Secundario: Esta tercera instancia de la constitución del psiquismo del niño se caracteriza
por la aproximación de éste a una diversidad de acontecimientos sociales, como el contacto con
pares, los conocimientos escolares, etc. La representación que caracteriza este tiempo del psiquismo,
es la representación ideica o enunciado. El desarrollo del lenguaje y del pensamiento se instalan aquí
como potencialidades psíquicas. El espacio secundario es sede de la actividad del yo. La instancia que
se va a originar es el enunciante el yo. La cualidad reconocida en los objetos es la propiedad de
significación. El postulado estructural es que todo existente tiene una causa inteligible que el discurso
podrá conocer. “Tener que pensar, tener que dudar de lo pensado, tener que verificarlo: éstas son las
exigencias que el yo no puede esquivar, el precio con el cual paga su derecho de ciudadanía en el
campo social y su participación en la aventura cultural.”
“El espacio al que el yo puede advenir”
La autora va a postular que “todo sujeto nace en un espacio hablante” , el yo es una instancia constituida
por el discurso. El estado infantil determina que entre la psique singular y el ambiente psíquico,
intervenga como eslabón intermedio un microambiente: representado por el medio familiar, que en un
primer momento es percibido y catectizado por el niño como metonimia del todo. Ese minúsculo
fragmento del campo social, se convierte para él en equivalente y reflejo de una totalidad cuyos
caracteres diferenciales descubrirá luego. El niño toma a ese microambiente como el mundo e sí. Es
un espacio vincular y psíquico que tiene efectos metabólicos de constitución psíquica.
Hay 2 organizadores esenciales del espacio familiar:
I. El discurso
II. El deseo de la pareja parental.
“El primer efecto del microambiente será brindar un material psíquico relacionado con el deseo y el lenguaje”.
Describe una serie de condiciones necesarias para que ese espacio ofrezca al yo un hábitat conforme
a sus exigencias. Los factores a los que aludirá este medio psíquico privilegiado por la psique del
infans y que marcará su destino son:
1) El portavoz y su acción represora, efecto y meta de la anticipación característica del discurso
materno.
2) La ambigüedad de la relación de la madre con el “saber-poder-pensar” del niño.
3)El “lenguaje fundamental”. El redoblamiento de la violencia que imponen los enunciados
performativos que designarán a las vivencias y que transformarán el afecto en sentimiento.
4) Aquello del discurso de la pareja, que retorna sobre la escena psíquica del niño para construir los
primeros rudimentos del Yo.
5) El deseo del padre.
EL PORTAVOZ
Es el concepto que define la importante fx del discurso materno/ yo parental, en la estructuración de
la psique. Se lo puede pensar en 2 sentidos:
→ Portavoz en el sentido literal del término: desde la llegada al mundo del infans, a través de su voz,
es llevado por un discurso que comenta, predice, acuna al conjunto de sus manifestaciones. Codifica
las necesidades del infance, les pone un sentido donde no lo hay (baño de lenguaje).
→ Portavoz en el sentido de delegado: es el representante de un orden exterior cuyas leyes y
exigencias ese discurso enuncia. Los enunciados maternos están atravesados por su propia represión
y por el trabajo de lo secundario, marcados por el principio de realidad.
En un primer momento, la voz materna es la que comunica entre sí los dos espacios psíquicos. La
presencia del Otro es necesaria tanto para la satisfacción de necesidades biológicas/vitales como de
las necesidades de la psique.
LA FX “PRÓTESIS DE LA PSIQUE MATERNA”
Permite que la psique del infance encuentre una realidad ya moldeada por su actitud y que gracias a
ello será representada. La realidad es humana por estar catectizada por la libido materna. la huella
que la madre deja sobre el objeto constituye una condición previa necesaria para la metabolización
del infnace. “Un objeto es metabolizable solo sí y en la medida en que el discurso de la madre ha
otorgado sentido”.
La psique toma en sí objetos marcados por el principio de realidad y los metaboliza en objetos
modelados exclusivamente por el principio del placer, pero en esta operación se manifiesta un resto
(precursor necesario para la actividad de lo secundario). Los procesos originarios (pictograma) y
primario (fantasía) exigen la presencia de un material moldeado por un tercer proceso psíquico
(secundario) que actúa en un espacio heterogéneo; sin embargo, dichos procesos ignoran o borran el
efecto de trabajo de la psique materna, inscribiéndolos según sus posibilidades.
La marca de la actividad de la psique materna sobre el objeto es la condición de posibilidad para la
representabilidad en lo originario. Esta es la función de prótesis de la psique materna que permite que la
psique encuentre una realidad ya modelada por su actividad y que, gracias a ello, será representable.
ENCUENTRO MADRE-INFANS
Madre: ofrece un material psíquico que es estructurante solo por haber sido remoldeado por su
propia psique (respeta las exigencias de la represión, pp. de realidad y discurso).
Infance: lo recibe y lo reconstruye (metábola) tal como era en su forma arcaica (pp de placer) pero no
podrá impedir que irrumpan restos que escapan a su poder y que forman los precursores necesarios
para la actividad de lo secundario.
SOMBRA HABLADA - LA VIOLENCIA DE LA ANTICIPACIÓN -
Previo al nacimiento del niño, hay un discurso preexistente sobre el: especie de sombra hablada por la
madre. Tan pronto como el infans se encuentre presente, se proyectará sobre su cuerpo y ocupará el
lugar de aquél al que se dirige el discurso del portavoz; del cual se espera una respuesta que se
preformuló en su lugar. Esto constituye una constante de la conducta materna, la sombra lleva al
cuerpo del infance su propio discurso y se convierte así en una sombra parlante, a modo de soliloquio
sostenido a dos voces por la madre.
En un primer momento, el discurso materno se dirige a una sombra proyectada sobre el cuerpo del
infans, ella le demanda a este cuerpo, cuidado, mimado, que confirme su identidad con la sombra. La
madre asigna a las funciones corporales un valor de mensaje, veredicto de lo verdadero o falso del
discurso, mediante el cual ella le habla al infance. Discurso que se pretende ser justificado por el saber
materno acerca del cuerpo, necesidades y expectativas del infance. Sin embargo, entre la sombra
proyectada por la madre y el infans existe una diferencia, pero en la primera fase de la vida, al no
disponer aún del uso de la palabra, es imposible contraponer los propios enunciados identificatorios a
los que se proyectan sobre uno, y eso permite que la sombra se mantenga durante cierto tiempo al
resguardo de toda contradicción manifiesta por parte de su soporte (el infans).
Sin embargo, la posibilidad de contradicción persiste y es el cuerpo quién puede manifestarla: el sexo
en primer lugar y también todo aquello que en el cuerpo puede aparecer bajo el signo de una falta:
falta de sueño, de hambre, etc.
MADRE ES… el sujeto que presente un conjunto de caracteres:
- Una represión exitosa de su propia sexualidad infantil;
- Un sentimiento de amor hacia el niño;
- Acuerde con lo que el discurso cultural del medio al que pertenece dice acerca de la función
materna
- La presencia junto a ella de un padre del niño (tercero) por quien tiene sentimientos
fundamentalmente positivos.
Esto en relación a la conducta cc manifiesta de la madre. En relación a los deseos icc, el niño ocupa
para la madre el lugar de un objeto perdido (tener un hijo del padre) lo cual reactivará sentimientos
de ambivalencia en relación con ese hijo.
Por último, la sombra hablada está constituida por una serie de enunciados testigos del anhelo
materno referente al niño, que conducen a una imagen identificatoria anticipada y está también al
servicio de la represión secundaria de la madre. El discurso de y por la sombra es el que permite a la
madre ignorar el ingrediente sexual inherente a su amor por el niño. Ese discurso es el triunfo del yo
sobre lo reprimido al darle un valor funcional a todo aquello que en el contacto corporal participa un
placer cuya causa debe ser ignorada.
El yo de la madre catectiza ese fragmento de discurso y evita que la libido se desvíe del niño actual y
retorne hacia el otro tiempo y lugar. El niño pasa a ser un dique que protege a la madre del retorno de
lo reprimido: tener un hijo del padre. Es decir, se convierte en un apoyo al servicio de sus defensas.
La paradoja es que si bien el niño en la escena de lo real da testimonio del yo sobre lo reprimido,
también es el que ocupa el lugar más cercano al objeto de deseo icc, y se le demanda que obstaculice
su retorno. Para el yo de la madre esta sombra representa lo que en otra escena, el cuerpo del niño
representa para su deseo icc.
La sombra se convierte en una ilusión que le permite creer que existe una equivalencia entre la
satisfacción del anhelo del yo y la satisfacción del deseo icc. De este modo, el deseo edípico retorna bajo
una forma invertida: “que este niño llegue a ser padre o madre de un hijo”; con lo cual la realización del
anhelo queda diferida para un tiempo futuro; insertándose en la cadena transgeneracional.
La ilusión de realización futura de anhelo se presenta ante la madre como contrapartida de la realización
imposible del deseo icc.
VIOLENCIA 1° Y VIOLENCIA 2°
La violencia primaria que ejerce la sombra hablada es necesaria para permitir el acceso del niño al
orden de lo humano. “El yo es lo que dicen que es, le dan un nombre y ciertas características”. Es la
imposición de una significación intrusiva e impuesta de forma arbitraria; tiene un efecto preformador
e inductor sobre lo que se deberá reprimir, violencia operada por una respuesta anticipada que
preforma definitivamente lo que será demandado. Sin embargo es necesaria e indispensable para la
constitución psíquica.
Pero existe un riesgo de exceso, este consiste en el deseo materno de preservar el statu quo de esta
primera relación (que sólo es necesaria y legítima en un primer momento). “Que nada cambie” este
anhelo (anhelo que apunta a lo psíquico, que es un devenir concerniente a lo pensado) basta para
invertir radicalmente los efectos de algo que durante un momento fue lícito y necesario, y para
transformarlo en la condición necesaria, aunque no suficiente, para la creación del pensamiento
delirante (del niño).
Sí esta continúa durante un tiempo prolongado, se vuelve imprudente y pasa a ser violencia
secundaria. No se reconoce la capacidad del niño de reconocer su estado interior.
Anhelo cuya realización implica: la exclusión del infans del orden de la temporalidad, la imposibilidad
de pensar una representación que no haya sido ya pensada y propuesta por la psique del otro. Lo que
la madre no quiere perder es ese lugar de sujeto que da la vida, que posee los objetos de la necesidad
y dispensa todo aquello que constituye para el otro una fuente de placer, de tranquilidad de alegría.
La aparición en el infans de la actividad de pensar (esperada y preanunciada por el discurso materno)
y la autonomía que conlleva representa las primera producciones que pueden ser ignoradas por la
madre (mantenidas en secreto por el infans) y gracias a las cuales el niño puede cuestionarla. El
propósito del exceso será lograr que la actividad de pensar, presente o futura, concuerde con un molde
preestablecido e impuesto por la madre, donde sólo serán legitimados los pensamientos que el saber materno
declare lícitos, privando al niño de toda autonomía posible (en el pensamiento). En este caso, la madre no
puede renunciar a una función, que en su momento fue necesaria, en beneficio del cambio y del
movimiento de la relación futura.
La persistencia de la relación inicial sólo puede conducir a la alienación: situación relacional en la que
el Yo remite la totalidad de sus representaciones ideicas al juicio exclusivo de otro que puede, y sería
el único en poder, dotarlas de sentido o declararlas insensatas. La alienación es sinónimo de la pérdida
sufrida por el Yo de todo derecho de goce y de todo derecho de juicio sobre su propia actividad de pensar.
Piera plantea que la acción de la violencia primaria opera en dos tiempos (también la identificación
simbólica de despliega en estos dos tiempos):
- un tiempo caracterizado por la anticipación de un discurso que le habla al infans mucho antes de que
éste tenga acceso al lenguaje ( por ende, que advenga el yo).
- un tiempo de apropiación por parte del infans de esos enunciados identificatorios, que le otorgan los
recursos simbólicos necesarios para que pueda nominar los afectos que adquirirán la cualidad de
sentimientos. El pasaje del afecto al sentimiento es el resultado de un acto de lenguaje que impone un
corte radical entre el registro pictográfico y el registro del Yo, de la puesta en sentido, en tanto lo
decible es característico de las producciones del Yo.
El lenguaje fundamental es un concepto de Piera mediante el cual le pone nombre a los términos del
lenguaje que sirven para poner nombre a dos temas:
- a los afectos, es decir, los términos que permiten nominar los afectos transformándolos en
sentimientos (como tristeza, alegría);
- los términos que designan los elementos del sistema de parentesco términos utilizados para que el
sujeto se ubique en un sistema de parentesco.
El lenguaje fundamental como discurso social, compartido, al cual el sujeto se dirigirá en su salida
exogámica, permite poner un coto a la violencia secundaria. Por ejemplo: puede haber una madre
“loca” que nomine como feliz una situación displacentera, pero el sujeto en su salida exogámica puede
acceder a términos del discurso compartido que le permiten contrastar y nominar eso de otra
manera.
Sólo si hay un déficit en la transmisión por parte de los otros a cargo respecto de estos términos
fundamentales habrá un redoblamiento de la violencia.
CONTRATO NARCISISTA
Tiene que ver con lo que se juega en la escena extrafamiliar y con la función metapsicológica que
cumple el registro sociocultural, en tanto el discurso social también proyecta sobre el infans una
anticipación, el grupo pre-catectiza el lugar que se supone que éste ocupará, esperando a su vez que
él transmita el modelo sociocultural.
A su vez, el sujeto busca y debe encontrar en este discurso social referencias que le permitan
proyectarse hacia un futuro para que su alejamiento del primer soporte constituido por la pareja
paterna no se traduzca en la pérdida de todo soporte identificatorio.
El discurso social está constituido por el conjunto de los enunciados cuyo objeto es el propio grupo,
enunciados que tienen la característica de ser “fundamento”, que serán recibidos como puntos de
certeza y que el sujeto repetirá. Repetición que le aportará una certeza acerca del origen, necesaria
para que la dimensión histórica sea retroactivamente proyectable sobre su pasado y cuya referencia
no permitirá ya que el saber materno o paterno sea su garante exhaustivo y suficiente. El acceso a la
historicidad es un factor esencial en el proceso identificatorio, indispensable para que el Yo alcance la
autonomía y pueda investir un futuro.
Tanto si la responsabilidad le incumbe a la pareja como si le incumbe al conjunto, la ruptura del
contrato puede tener consecuencias directas sobre el destino psíquico del niño (si bien los que firman
el contrato son el niño y el grupo hay factores posibilitadores o no de esto que tienen que ver, por un
lado, con la pareja parental y, por otro, con el conjunto). Se comprueban 2 tipos de situación:
- aquella en la que por parte de la madre, del padre o de ambos, existe una negativa total a
comprometerse en este contrato. Descatectización del discurso social que lleva a mantener un
microcosmos cerrado de equilibrio inestable que sólo se mantiene mientras se pueda evitar todo
enfrentamiento directo con el discurso de los otros. El riesgo para el sujeto es que se ve
imposibilitado de encontrar fuera de la flia un soporte que le allane el camino hacia la obtención de la
autonomía necesaria para las funciones del Yo. Esto no es causa de psicosis pero sí un factor inductor,
a menudo presente en la flia del esquizofrénico.
- igualmente importante, pero más difícil de delimitar, es la situación en la que el conjunto es el primer
responsable de la ruptura del contrato. Se refiere a una realidad histórica donde la sociedad ha
puesto eventualmente a la pareja o al niño en la condición de explotado, excluido, víctima, etc.
EL DESEO DEL PADRE (padre como la referencia tercera)
La significación de la función paterna será enmarcada por 3 referentes:
- La interpretación que la madre se ha hecho acerca de la función de su propio padre;
- La función que el niño asigna a su padre y la que la madre atribuye a este último;
- Lo que la madre desea transmitir acerca de esta función y lo que pretende prohibir acerca de
ella.
Así, el anhelo materno que el niño hereda condensa dos relaciones libidinales: la de la madre con su
propia imagen paterna y la que vive con aquél a quien efectivamente le dio un hijo. Que el niño llegue
a ser padre puede referirse tanto a la esperanza de que repita la función del padre de ella como a la
esperanza de que retome por cuenta propia la función del padre de él (del padre del niño).
Así como, de acuerdo con la expresión de Lacan, la madre es el primer representante del Otro en la
escena de lo real, portavoz, única voz en un primer momento; el padre es el primer representante de los
otros o del discurso de los otros, del discurso del conjunto. Es quien destotaliza el discurso de la
madre, aquél que le permite a ésta designar un referente que garantice que su discurso, sus
exigencias, sus prohibiciones no son arbitrarias sino que se justifican por su adecuación a un discurso
cultural.
En el encuentro con el padre es posible diferenciar dos momentos y dos experiencias:
1-el encuentro con la voz del padre (si nos situamos del lado del niño) y el acceso a la paternidad (si
nos referimos al padre);
2-el deseo del padre, entendiendo por ello tanto el deseo del niño por el padre como el del padre por
el niño.
El encuentro con el padre: lo que aparece inicialmente ante la mirada del infans y se ofrece a su libido
es el “Otro sin pecho” que puede ser fuente de un placer y, en general, fuente de afecto. En
contraposición al encuentro con la madre, lo que constituye el rasgo específico del encuentro con el
padre es que no se produce en el registro de la necesidad; es por ello que el padre abre una brecha en
el convenio original que hacía indisociables la satisfacción de la necesidad del cuerpo y la satisfacción
de la necesidad libidinal. Esta brecha inducirá a la psique del infans a reconocer que, aunque deseada
por la madre, esta presencia es ajena al campo de la necesidad.
Durante una primera fase el infans busca y encuentra las razones de la existencia del padre en el
ámbito de la madre. Ese otro lugar deseado por la madre es el que representa el padre, siendo el
deseo de ella el que le confiere su poder. En una segunda fase, por el contrario, el padre ocupa el lugar
de quien tiene derecho a decretar lo que el hijo puede ofrecer a la madre como placer y lo que le está
prohibido proponer, debido a que él desea a la madre y se presenta como el agente de su goce y de su
legitimidad. El padre será visto simultáneamente por el niño como el objeto a seducir y como el objeto
de odio. En la fase edípica el niño considera a su padre como un rival cuya muerte (ausencia) desea
para que le deje libre el lugar junto a la madre. Sin embargo, esto es sólo la forma secundaria que
asume un deseo de muerte que lo ha precedido. Antes de ocupar el lugar de rival edípico, el padre se
ha presentado ante la psique como encarnación, en lo exterior a sí, de la causa de su impotencia para
preservar sin fallas un estado de placer.
Es decir, que el padre se impone al mismo tiempo como el primer representante de los otros y como el primer
representante de una ley que determina que el displacer es una experiencia a la que no es posible escapar.
- Deuda: en la relación padre-hijo la muerte está doblemente presente: el padre del padre es aquel
que en una época lejana se ha querido matar y el hijo propio aquél que deseará la muerte de uno. Será
necesario que el deseo de muerte, reprimido en el padre, sea reemplazado por el anhelo conciente de
que su hijo llegue a ser su sucesor (sucesor de su función) enunciando de este modo la aceptación de
su propia muerte (castración). El niño es aquél a quien se demuestra que aceptar la castración es
tener acceso al lugar en el cual, al convertirse en el referente de la ley del incesto se descubre que
nunca estuvo en juego la posibilidad de castrarlo, que sus temores eran imaginarios. Así, el deseo del
padre catectiza al niño como signo de que su propio padre no lo ha ni castrado ni odiado.
En la relación del padre con la hija las cosas son diferentes. A su muerte no es ella la que ocupará su
lugar sino su hijo. La relación del padre con la hija comporta una menor rivalidad directa
PROYECTO IDENTIFICATORIO
Una función específica del Yo es la de posibilitar una conjugación del futuro compatible con la de un
tiempo pasado. Se define al proyecto identificatorio como la autoconstrucción continua del Yo por el
Yo, lo cual implica acceso a la temporalidad (necesaria para que esta instancia pueda proyectarse en
un movimiento temporal) y acceso a una historización de lo experimentado.
El proyecto es la construcción de una imagen ideal que el Yo se propone a sí mismo, lo que querría ser
y los objetos que querría tener. Esta imagen ideal a la que el Yo espera adecuarse, se constituye en 2
tiempos:
- surge a partir del momento en que el niño puede enunciar un “cuando sea grande yo…” primera
formulación de un proyecto que marca el acceso del niño a la conjugación de un tiempo futuro. El Yo
en este tiempo se abre a un primer acceso al futuro, pero todavía proyecta en él el encuentro con un
estado y un ser pasado.
- en la fase posterior el enunciado será completado por un “seré esto…” (médico, abogado, etc).
Cualquiera sea el término, lo importante es que deberá designar un predicado posible y sobre todo
acorde con el sistema de parentesco al que pertenece el sujeto. En este segundo tiempo se posiciona
como sujeto y ya no como objeto del deseo del Otro.
Es necesario que en primer lugar haya redacción discursiva, la cual refiere al momento de concluir,
para que aparezca el yo diferenciado del otro. Otorga la sensación de reconocimiento.
El futuro ilusorio al comienzo, es gracias a los cosigntarios (padres) o a los discursos de los otros que
ofrecen la seguridad no ilusoria de un derecho de mirada y de palabra sobre el devenir del yo, que
pronto este reivindica como propio (signatario). Es un compromiso que el yo firmar con el tiempo:
renuncia a convertir el futuro en el lugar al que ese pasado podría retornar, pero preserva la
esperanza compensatoria.
Historización
Antes el niño se identificaba a partir del discurso del Otro, ahora se sigue inscribiendo solo pero
apropiándose de lo anterior. Esto es historizar. Ahora el yo es el productor de su propia historia, tiene
una identidad propia, se vincula con los otros sin alienarse en el Otro.Pero para que todo esto ocurra
es condición la asunción de la castración como resultado del pasaje por el Edipo. Castración como el
descubrimiento en el registro identificatorio de que nunca se ha ocupado el lugar que se creía (ser
objeto de deseo de la madre) y de que, por el contrario, se suponía que uno ocupaba un lugar en el que
no se podía aún ser.
La asunción de la prueba de castración está representada por la diferencia siempre existente entre el yo
actual y el yo futuro. El futuro no puede coincidir con la imagen que el sujeto se forma de él en su
presente. Entre el Yo y su proyecto debe persistir un intervalo, una x que represente lo que debería añadirse
al Yo para que ambos (Yo actual y Yo futuro) coincidan. X que representa la asunción de la prueba de la
castración en el registro identificatorio. Por otro lado, la asunción de la prueba de castración debe
asumirse de tal modo que le preserve al Yo algunos puntos fijos en los que apoyarse ante el
surgimiento de un conflicto identificatorio (adolescencia, por ejemplo).
Castración e identificación son las dos caras de una misma moneda, una vez advenido el Yo la
angustia resurgirá en toda oportunidad en la que las referencias identificatoria parezcan vacilar
(permanencia y cambio).
● “Dos notas de pie de página”
El proceso identificatorio, permite al yo autorepresentarse como un polo estable en las relaciones de
investidura que compondrán su mundo relacional. Está regido por el pp de permanencia y cambio (el
contenido de algunas cláusulas no debe cambiar, mientras otras deben modificarse). Es la cara oculta
del trabajo de historización que reemplaza el tiempo perdido por un discurso que lo habla.
En el escrito la autora se propone agregar dos notas a sus conceptualizaciones sobre el proceso
identificatorio.
1) La primera nota En el tiempo de apertura del proceso identificatorio se produce un trabajo de
historiador, en donde el niño pasa a sustituir al infans que ya no es. Donde el infans deja de serlo para
convertirse en niño. Es decir refiere al trabajo del historiador, que es el yo, y es un trabajo de
APERTURA.
2) La segunda nota refiere a lo que se instala en el tiempo de CLAUSURA, que pone fin a un primer
modo de identificación y da acceso a un segundo, que deberá tomar en cuenta los efectos del
encuentro. En este tiempo de conclusión el yo firmará un compromiso con la realidad, cuyas cláusulas
decidirán sobre los posibles de su funcionamiento psíquico (potencialidad). Uno de los
acontecimientos importantes de este giro es la necesidad en que está el yo de modificar su relación
de dependencia con el pensamiento parental; esta modificación coincide con el final del mecanismo
de R2° y la instalación de una potencialidad que podrá cobrar la forma manifiesta de neurosis o
psicosis.
TRAYECTO IDENTIFICATORIO y PROYECTO IDENTIFICATORIO son diferentes pero se necesitan
mutuamente. El trayecto supone cierto trabajo, son puntos que va transitando (ver gráfico). El proyecto
alude a algo de la temporalidad. Lanzar hacia adelante, elecciones de futuro investido. La adolescencia es el
momento del proyecto identificatorio, no inviste en vacío, sino sobre un fondo de memoria. En el grafico la
referencia al tiempo, no es un tiempo lineal. El yo es el propio biógrafo pero los primeros párrafos de la
historia deben ser escritos, habla de escritura pictográfica.
Tres momentos que inciden sobre el trayecto identificatorio que ha de seguir el yo:
T0 =
momento de nacimiento del infance
T1 = momento del advenimiento del yo
T2 = momento de giro y encrucijada en el movimiento identificatorio, que no se prestan a una
definición unívoca.