TEMA – V
DEFINICIONES DE LITURGIA ANTERIORES AL VATICANO II
Los primeros intentos de ofrecer una definición de la liturgia se remontan a los comienzos del «movimiento litúrgico».
La preocupación de todos los especialistas se centró en describir la naturaleza y la esencia de la liturgia, señalando entre
todas las propiedades de ésta la que, a su juicio, es la raíz y explicación última de todas las demás. Se puede decir que las
distintas etapas que se pueden apreciar en el movimiento litúrgico, se caracterizan, entre otros factores, por el predominio
de una determinada forma de entender la liturgia. En este sentido, la aportación del Concilio Vaticano II al concepto de
liturgia marca un verdadero hito histórico.
HASTA AQUÍ EN LA ÚLTIMA CLASE
En el capítulo dedicado a la teología litúrgica, se analizará la gestación de la noción de liturgia de la Sacrosanctum
Concilium en algunos autores como Dom Próspero Guéranger, Dom Lamberto Beauduin y Dom Odo Casel, y de modo
particular en la encíclica Mediator Dei del Papa Pío XII. Sin embargo, creemos necesario dar ahora, de manera sucinta,
las definiciones que encontramos antes del Vaticano II, agrupadas en tres clases: definiciones estéticas, definiciones
jurídicas y definiciones teológicas. Entre estas últimas se inscriben las definiciones de los autores citados antes y de la
encíclica «Mediator Dei».
5.1. Definiciones estéticas
Definen la liturgia como la forma exterior y sensible del culto, es decir, como el conjunto de ceremonias y ritos de la
Iglesia. La nota esencial de la liturgia aparece en el aspecto decorativo y expresivo del sentimiento religioso y de las
verdades de la fe, que encuentran en la liturgia una formulación estética y sensible 1.
Este tipo de definición de la liturgia fue expresamente rechazado por la encíclica «Mediator Dei» (cfr. MD 25), Y a
pesar de ello ha configurado ampliamente la idea que se tenía de la liturgia antes del Vaticano II. Baste recordar que en la
mayoría de los seminarios no se enseñaba otra cosa que liturgia ceremonial. Sin embargo, no todo es malo en esta
definición de liturgia, como se ha podido comprobar en los últimos años, en los que hemos asistido a una recuperación y
revalorización de los elementos festivos, lúdicos y simbólico-expresivos del culto cristiano. El mismo Vaticano II, al
resaltar el aspecto del misterio de salvación que se da en la liturgia, no lo ha disociado en ningún momento de la expresión
externa y ritual-sacramental. Al contrario, ha dado a estos aspectos su justo valor en la línea de la sacramentalidad.
5.2. Definiciones jurídicas
Pertenecen a este grupo las definiciones que se centran en la liturgia como culto público, en cuanto regulado por la
autoridad jerárquica de la Iglesia y sólo bajo este aspecto. La liturgia viene a ser el conjunto de normas y de rúbricas que
ordenan la celebración. Esta noción corresponde a una visión meramente jurídica de la Iglesia, en cuanto sociedad
perfecta que debe dar culto a Dios como una sociedad más 2.
El fallo de este tipo de definición de la liturgia radica en su reduccionismo, al identificar la liturgia con el derecho
litúrgico. La Mediator Dei se opuso también a esta definición, a todas luces insuficiente. A la luz del Vaticano II se
comprende mejor que la liturgia es mucho más que una norma reguladora de las celebraciones, resultado de una voluntad
jerárquica. La liturgia, aunque depende de la Jerarquía de la Iglesia (cfr. SC 22; 37), es mucho más que la expresión de un
legislador humano. En realidad la liturgia tiene como elemento informante a Cristo mismo, único y eterno sacerdote, que
actúa en las acciones litúrgicas por el poder de su Espíritu y asociando a la Iglesia a su acción santificadora y cultual,
como veremos.
5.3. Definiciones teológicas
Coinciden en señalar la liturgia como el culto propio de la Iglesia. He aquí las principales definiciones que entran en este
grupo:
5.3.1. Definición de Dom Beauduin: «El sacerdocio de Cristo encuentra su manifestación en las funciones sagradas;
la liturgia es toda la obra sacerdotal de la jerarquía visible» 3.
Esta visión de la liturgia hace de Dom Beauduin un verdadero pionero en el camino de la reflexión sobre la naturaleza
teológica de la liturgia, camino que desemboca en el Vaticano II. En esta definición se destaca, sobre todo, el carácter
sacerdotal de la liturgia, y el carácter jerárquico del sacerdocio ministerial, expresión visible del sacerdocio de Cristo. Sin
embargo, hoy tenemos en cuenta también, al definir la liturgia, el papel que desempeña en ella el sacerdocio de todos los
1 Estas y otras definiciones, transcritas literalmente, en H. SCHMIDT, o. c., 48-60: entre las definiciones estéticas está la de
J. Navatel.
2 Cf. H. SCHMIDT, o. c., 48-60 (C Callewaert, M. Festugiere, M. Noirot, etc.).
3 L. BEAUDUIN, Essai de manual fondamental de liturgie: QLP 3 (1912-13) 56-58.
bautizados. Esta observación, lejos de restar mérito a la aportación de Dom Beauduin, lo que hace es situarla en su justo
valor como antecedente del concepto de liturgia que nos dio el Vaticano II.
5.3.2. Definición de Dom Caronti: «Llamamos liturgia al ejercicio social de los deberes religiosos que incumben a
la Iglesia, es decir, el culto que da a Dios. Esta fórmula se puede entender así:... la liturgia es el ejercicio eclesiástico de la
religión. En esta definición el género es designado por las palabras: ejercicio de la religión, común a toda forma de culto;
el elemento específico está en la palabra eclesiástico, que distingue a la liturgia del culto privado, puesto que la Iglesia es
una sociedad, y de cualquier culto social que no sea el culto cristiano 4
Se acentúa la dimensión eclesiástica de la liturgia, que no es lo mismo que la dimensión eclesial, y se pone de
manifiesto el valor oficial y jerárquico del culto de la Iglesia. El problema de esta definición está en utilizar un concepto
demasiado común de culto, y el depender de una visión todavía muy pobre de la Iglesia.
5.3.3. Definición de Odo Casel: La liturgia es «la acción ritual de la obra salvífica de Cristo, o sea, la presencia,
bajo el velo de los signos, de la obra divina de la redención»; es «el misterio de Cristo y de la Iglesia en su expresión
cultual»5. "
En el capítulo dedicado a la teología litúrgica tendremos ocasión de examinar completa la teoría de O. Casel que le
llevó a dar esta espléndida definición de la liturgia. Por ahora nos basta destacar la referencia a la obra de la redención, es
decir, a la acción de Cristo en la liturgia como continuación, por la vía de la presencia del misterio, de la obra de la
redención. El misterio es la forma que adopta el misterio de Cristo para hacerse de nuevo visible y operante.
D) Definición de la «Mediator Dei»: La encíclica publicada por Pío XII el 20 de noviembre de 1947 6, habla de la
liturgia en un plano directamente eclesiológico, como continuación en el tiempo de la obra sacerdotal de Cristo. Por tanto,
para la encíclica, el fundamento de la liturgia se encuentra en el sacerdocio de Cristo:
«El Divino Redentor quiso también que la vida sacerdotal iniciada por él en su cuerpo mortal con sus plegarias y su sacrificio,
no cesase en el transcurso de los siglos en su Cuerpo Místico que es la Iglesia» (MD4).
«La Iglesia, fiel al mandato recibido de su Fundador, continúa el oficio sacerdotal de Jesucristo, sobre todo por medio de la
sagrada liturgia» (MD 5).
«La sagrada liturgia es, por tanto, el culto público que nuestro Redentor rinde al Padre como cabeza de la Iglesia, y es el culto
que la sociedad de los fieles rinde a su cabeza, y, por medio de ella, al Padre eterno; es, para decirlo en pocas palabras, el
culto integral del Cuerpo Místico de Jesucristo, esto es, de la cabeza y de sus miembros» (MD 29).
«El sacerdocio de Jesucristo se mantiene activo en la sucesión de los tiempos, no siendo otra cosa la liturgia que el ejercicio
de este sacerdocio» (MD 32).
Para la encíclica, sobre la que volveremos en el capítulo de la teología litúrgica, la liturgia es primariamente el culto de
Cristo y, por asociación y participación, el culto de la Iglesia. Esta es verdadero sujeto activo de la liturgia, y no sólo
sujeto pasivo de la acción litúrgica. Por nuestra parte, la liturgia es culto de la Iglesia en cuanto Cuerpo de Cristo y no
solamente en cuanto sociedad perfecta. Por otra parte, la liturgia comprende no sólo el culto a Dios -y el culto al mismo
Cristo- sino también la santificación del hombre.
Ahora bien, la encíclica no llegó a abordar algunos aspectos de la liturgia que son también fundamentales, como la
relación entre la acción sacerdotal de Cristo y la historia de la salvación, o entre ésta y la liturgia, y entre los misterios del
Señor y su celebración ritual. Por otra parte, como veremos en el capítulo de la teología litúrgica, la encíclica no se acaba
de despegar de la noción general del culto religioso y de una visión eclesiológica todavía insuficiente para lo que después
vino a enseñar el Vaticano II. No obstante, la MD debe ser considerada como verdaderamente precursora del concepto de
liturgia ofrecido por la Sacrosanctum Concilium.
Después de la MD los autores se muestran ya influidos por la definición expuesta. Con todo, cabe destacar una nueva
definición no sólo por su importancia intrínseca, sino también por el influjo que su autor, el P. Cipriano Vagaggini, quien
tuvo en la redacción del capítulo primero de la constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II. La definición se
encuentra en su obra El sentido teológico de la liturgia:
«La liturgia es el conjunto de signos sensibles de cosas sagradas, espirituales, invisibles, instituidos por Cristo o por la Iglesia,
eficaces, cada uno a su modo, de aquello que significan y por los cuales Dios (el Padre por apropiación), por medio de Cristo,
Cabeza de la Iglesia, en presencia del Espíritu Santo, santifica a la Iglesia, y la Iglesia, en la presencia del Espíritu Santo,
uniéndose a Cristo, su cabeza y sacerdote, por su medio rinde como cuerpo culto a Dios al Padre por apropiación» 7.
4
E. CARONTI, Pour une définition de la liturgie: QLP 6 (1921) 224.
5
O. CASEL, El misterio del culto cristiano, San Sebastián 1953, 83; cf. ib., 105
6
PlUS XII, Litt. Enc. Mediator Dei et hominum, de sacra liturgia: AAS 39 (1947) 521-560; trad. española sagrada liturgia, Salamanca 1963 (5." ed.
=MD).
7
C. V AGAGGINI, El sentido teológico de la liturgia, BAC 181, Madrid 1959,30. 11 lb., 184-233; cf. C. V AGAGGINI, La perspectiva trinitaria en la
liturgia del bautismo y de la confirmación antes del Concilio de Nicea,en AAVV., La Trinidad en la tradición prenicena, «Semanas de Estudios
Trinitarios» 7, Salamanca 1973, 27-50. 12 C. VAGAGGINI, o. C., 32.
C. Vagaggini dedica después varias páginas para desgranar el significado de cada afirmación. Únicamente llamamos la
atención sobre la dinámica trinitaria y cristológica de la liturgia que esta definición subraya. C. Vagaggini ofrece también
otra definición, abreviada de la anterior, que se encuentra casi a la letra recogida en el n. 7 de la constitución conciliar de
liturgia, SC: «La liturgia es el conjunto de signos sensibles, eficaces, de la santificación y del culto de la Iglesia». El
Concilio, por su parte, dice: «En ella (la liturgia), los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la
santificación del hombre, y así el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la cabeza y los miembros, ejerce el culto pú blico
íntegro» (SC 7).