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31 Ma 5SP JN 14, 27-31a Os Doy Mi Propia Paz Que El Mundo No Os Puede Dar He 14, 19-28

El documento resume la lectura del martes de la quinta semana de Pascua. Pablo y Bernabé continúan predicando el evangelio a pesar de las persecuciones. Designan responsables en cada iglesia y regresan a Antioquía, donde cuentan todo lo que Dios ha hecho a través de ellos para abrir a los paganos la puerta de la fe.

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31 Ma 5SP JN 14, 27-31a Os Doy Mi Propia Paz Que El Mundo No Os Puede Dar He 14, 19-28

El documento resume la lectura del martes de la quinta semana de Pascua. Pablo y Bernabé continúan predicando el evangelio a pesar de las persecuciones. Designan responsables en cada iglesia y regresan a Antioquía, donde cuentan todo lo que Dios ha hecho a través de ellos para abrir a los paganos la puerta de la fe.

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Martes – 5ta Semana de Pascua.

Año Par Ciclo A (He 14, 19-28; Jn 14, 27-31a)

INVOCACION DEL ESPIRITU SANTO

✞ ✞ ✞ Padre, en Tus manos abandono mi vida y todo mi ser, para que me vacíes de todos
los pensamientos, palabras, obras, deseos e imágenes que me separan de Ti.
Calma mi sed y sacia mi hambre, lléname de Ti. Con humildad te entrego mi intención
de consentir tu Presencia y acción en mí, sáname, transfórmame, hazme de nuevo.
Ahora mismo anhelo y te pido a nombre de tu Hijo Jesús que me des al Espíritu Santo;
pues ya dispuesta mi alma, por tu gracia y misericordia; espera la luz que abra mi
mente y mi corazón para escucharte y ahí en mi meditación dejarme encontrar,
sorprender, seducir, tocar, y guiar por Ti.
Dime lo que quieres de mi para hacer Tu voluntad y no la mía. Dame el don de la
contemplación y la gracia para ver, aceptar y perseverar sin apegos, en este camino
hacia la Gloria.

✞ ✞ ✞ Señor Jesús, que tu Espíritu, nos ayude a leer las Sagradas Escrituras en el mismo
modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús.
Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de
Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía
ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los
acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren.

Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús,
podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú
estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo
pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.
Amén

✞✞✞
Jesús, enséñame a gustar la infinitud del Padre. Háblame, Señor Jesús, acerca del
Padre. Hazme niño para hablarme de él como los padres de la tierra conversan con sus
pequeños; hazme amigo tuyo para hablarme de él como hablabas con Lázaro en la
intimidad de Betania; hazme apóstol de tu palabra para decirme de él lo que
conversabas con Juan; recógeme junto a tu Madre como recogiste junto a ella a los doce
en el Cenáculo..., lleno de esperanza para que el Espíritu que prometiste me hable
todavía de él y me enseñe a hablar de él a mis hermanos con la sencillez de la paloma y
el resplandor de la llama (G. CANOVAI, Suscipe Domine).
“JESÚS: LLÉNAME DE PAZ QUE SÓLO TU DAS”
 «Jerusalén. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos».

 «Os dejo la paz, os doy mi propia paz. Una paz que el mundo no os
puede dar. No os inquietéis ni tengáis miedo».
 «Me voy, pero volveré a vosotros». Si de verdad me amáis, deberíais
alegraros de que me vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo».
 «Se acerca el príncipe de este mundo. Y aunque no tiene ningún poder
sobre mí, tiene que ser así para demostrar al mundo que amo al Padre
y que cumplo fielmente la misión que me encomendó».

1 RITOS INICIALES
✞ ✞ ✞ Antífona de entrada Cf. Ap 19, 5; 12, 10

Alabad a nuestro Dios todos los que lo teméis, pequeños y grandes, porque ha
establecido la salvación y el poder y la potestad de su Cristo. Aleluya.
Monición de entrada
Conmemoramos en esta celebración a los santos mártires Nereo y Aquiles, soldados del
ejército imperial de Roma, que, según testimonios del siglo IV, por su conversión a
Cristo dejaron las armas, lo que conllevó su persecución y martirio. Sus cuerpos fueron
sepultados en las catacumbas romanas de Domitila.
Monición de entrada
Conmemoramos en esta celebración a san Pancracio. Según la tradición, a principios del
siglo IV murió martirizado en Roma en plena adolescencia. En este día se conmemora la
sepultura de este mártir romano en el cementerio de la vía Aurelia donde ya en el siglo
VI se construyó una basílica para su veneración.

Nos reunimos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
✞ ✞ ✞ Saludo al altar y pueblo congregado

Misa de Feria o de las Memorias: Martes de la V semana de Pascua, feria o santos Nereo
y Aquiles, mártires, memoria libre o san Pancracio, mártir, memoria libre. 12 de Mayo
2020
• La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté
siempre con nosotros.

✞ ✞ ✞ Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

• "Señor, haz de mi un instrumento de tu paz. Que donde hay odio, yo ponga el amor.
Que donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que donde hay error, yo ponga la verdad. Que donde hay duda, yo ponga la fe. Que
donde hay desesperación, yo ponga la esperanza. Que donde hay tinieblas, yo ponga la
luz. Que donde hay tristeza, yo ponga la alegría. Oh Señor, que yo no busque ser
consolado, sino consolar, ser comprendido, sino comprender; ser amado, sino amar.
Porque es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra,
es perdonando, como se es perdonado, es muriendo como se resucita a la vida eterna.
Amén". (Oración de San Francisco de Asís)
• Señor Jesús ayúdame a disponer mi corazón para estar en tu presencia. Ilumíname
para que este momento de oración se convierta en un momento de encuentro y de
diálogo contigo. Aumenta mi fe de modo que, escuchando tu palabra y fortalecido por tu
gracia, pueda hacerla concreta en las obras y opciones de mi vida diaria.

✞ ✞ ✞ Introducción por el Celebrante.

La Paz de Cristo. (Hch 14,19-28; Jn 14,27-31)


Para llevar a cabo su misión de anunciar el Evangelio, Pablo -y lo mismo Bernabé- es
perseguido, apedreado, echado de un lugar a otro. Pero él no se rinde; sigue fundando
comunidades cristianas y dándoles una estructura básica de liderazgo, de forma que
puedan funcionar por sí mismas. Tiene incluso el coraje y la fortaleza para animar y
“poner un corazón nuevo en los discípulos” y para reconocer que Dios ha realizado
grandes cosas en ellos.
Así mismo, Cristo, antes de su pasión y muerte, habla de paz y anima a los apóstoles a
no preocuparse ni sentir miedo. Nada ni nadie le va a impedir a él llevar a cabo su
misión de amor. Nadie tampoco nos va a arrebatar a nosotros la paz interior, la
serenidad y la libertad, si estamos unidos a Dios en el amor.

✞ ✞ ✞ Acto penitencial
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora
a la conversión. Reconozcamos nuestra indignidad, debilidad, y nuestros pecados e
invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
Jesucristo, el justo, intercede y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro
espíritu al arrepentimiento. … Un poco de silencio…
• Jesús, Tú que has venido a traer el perdón a los pecadores, que viniste para estar con
los enfermos y los necesitados, escucha mi oración. Me presento ante Ti frágil y
pecador, necesitado de tu abrazo de amor, con la plena conciencia de que en muchas
ocasiones he caído, he faltado en obra y omisión. Por sobre todo confío en tu
misericordia y te pido perdón de todo corazón.
¡Señor, ten piedad! ¡Cristo, ten piedad! ¡Señor, ten piedad!

✞ ✞ ✞ Oración Colecta:

Oh, Dios, que en la resurrección de Cristo nos has renovado para la vida eterna, concede
a tu pueblo la firmeza de la fe y de la esperanza, para que nunca dudemos del
cumplimiento de las promesas que hemos conocido siendo tú el autor. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Dios todopoderoso, concede a quienes hemos conocido la fortaleza de los gloriosos
mártires Nereo y Aquiles en la confesión de su fe, que sintamos su piadosa intercesión
ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo.
Que se alegre tu Iglesia, oh, Dios, confiada en la protección del mártir san Pancracio, y
por su intercesión gloriosa permanezca entregada a ti y se mantenga firme. Por nuestro
Señor Jesucristo.
Señor Dios nuestro, Padre todopoderoso: Tú tienes poder absoluto sobre el mundo, y,
sin embargo, respetas la libertad de los hombres incluso la de los que persiguen a tus
discípulos y seguidores. Haz que nos percatemos de que nuestra fe no nos protege
contra el mal que nos infligimos unos a otros, sino que tú quieres que construyamos,
según tu plan de salvación, un reino de justicia, amor y paz. Ayúdanos, Señor, para que
nuestra fe aguante la prueba cuando fallen nuestros flacos esfuerzos. Te lo pedimos por
medio de Jesucristo, nuestro Señor.

2 LITURGIA DE LA PALABRA
✞ ✞ ✞ Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 14,19-28

Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.


En aquellos días
19 llegaron de Antioquía de Pisidia y de Iconio algunos judíos que se ganaron a la gente.
Apedrearon a Pablo y, pensando que estaba muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad.
20 Pero cuando sus discípulos lo rodearon, él se levantó y entró en la ciudad. Al día
siguiente salió hacia Derbe con Bernabé.
21 Después de anunciar el Evangelio en Derbe y hacer bastantes discípulos, volvieron a
Listra, Iconio y Antioquía,
22 confortando a su paso los ánimos de los discípulos y exhortándoles a permanecer
firmes en la fe. Les decían: - Tenemos que pasar muchas tribulaciones para poder entrar
en el Reino de Dios.
23 Designaron responsables en cada iglesia y, después de orar y ayunar, los
encomendaron al Señor, en quien habían creído.
24 Después atravesaron Pisidia, llegaron a Panfília
25 y, después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía.
26 De allí regresaron por mar a Antioquía de Siria, donde habían sido encomendados a
la protección de Dios para la misión que acababan de realizar.
27 Al llegar, reunieron a la comunidad y contaron todo lo que Dios había hecho por
medio de ellos y cómo había abierto a los paganos la puerta de la fe.
28 Pablo y Bernabé permanecieron allí bastante tiempo con los discípulos.
PALABRA DE DIOS. R/TE ALABAMOS, SEÑOR
www.evangelizacion.org.mx

Meditación
Algo que es necesario que recuperemos todos los cristianos, es el celo por la predicación
y por la evangelización; el deseo ferviente de que todos los hombres conozcan la verdad
de Jesús y vivan de acuerdo al evangelio.
Que recordemos que la vida evangélica y el seguimiento de Jesús nacen de la
predicación y no de una legislación. Es necesario que el hombre escuche hablar de Jesús
y que lo acepte personalmente, de modo que se llegue a convertir en un auténtico
discípulo de Jesús. En esto, tú y yo tenemos una gran responsabilidad, pues así como
san Pablo, debemos aprovechar todo momento y toda circunstancia para hablar de
Jesús, para invitar a nuestros amigos y familiares a tener un encuentro personal con
Jesús.
Hablemos con valentía y, sobre todo, con amor de aquello que ha cambiado nuestra
vida, del mensaje que ilumina y llena de paz el corazón: No tengamos miedo de
anunciar el Evangelio.
Oratio
Jesús, cuando me acerco a tu palabra, sé que eres verdaderamente tú hablando, sólo te
pido que me des la gracia de poder experimentarlo en todos mis sentidos, que pueda
verte en el monte predicando, hablándole con amor a un enfermo o comiendo con tus
discípulos; quiero experimentar eso para poder repetirlo en mi vida y hablar como tú,
escuchar como tú, convivir como tú.
Operatio
Hoy buscaré algún gesto de Jesús en el evangelio y lo imitaré con todo mi empeño.
www.santaclaradeestella.es

• Tras otro peligrosísimo episodio de intolerancia, resuelto sin llegar al drama gracias a
que «sus discípulos lo rodearon», Pablo -ahora protagonista, junto con Bernabé- toma el
camino de vuelta y visita las comunidades recién fundadas. Se trata de una verdadera
«visita pastoral», en la que ambos confortan a los fieles y ponen las bases de una
organización eclesiástica, es decir, ponen las bases para la continuidad de las
comunidades.
Una continuidad garantizada por la conciencia del elevado coste del Reino de Dios: para
entrar en el Reino de Dios «tenemos» que pasar por muchas tribulaciones. Una
continuidad garantizada por la presencia de responsables que creen en el Señor y que
han sido confiados a él. Los evangelizadores pasan; el Evangelio tiene que ser llevado
continuamente adelante por nuevos evangelizadores y pastores. Esta preocupación por
el futuro de la comunidad no puede disminuir nunca en la Iglesia, tampoco en nuestros
días.
El viaje de vuelta está trazado a grandes rasgos, con rápidas pinceladas. Llegados a la
iglesia de donde habían partido, contaron los abundantes frutos de la misión, sobre todo
la confirmación de que Dios «había abierto a los paganos la puerta de la fe» (v. 27). El
camino hacia los paganos parece ahora irreversible, y en Antioquía, ciudad abierta a la
misión universal, es algo que parece obvio y pacífico. Pero no sucede así en todos los
sitios. La parte menos dinámica de la Iglesia madre no piensa del mismo modo. Este
dato será precursor de nuevos nubarrones, aunque también de clarificaciones decisivas.
www.Dioscadadía.Bastin,Pinkers,Teheux

La paz en herencia. Hechos 14,19-28. Las gentes se calman, pero sólo por un
momento; ya hay judíos que vienen de Antioquía y de Iconio y revuelven los
sentimientos de la versátil multitud. Los que ayer aclamaban a Pablo, hoy le lapidan y le
dan por muerto. El que había asistido a la muerte de Esteban recibe a su vez el suplicio;
ahora es auténtico testigo del señor Jesús, que había sido crucificado después de haber
entrado triunfante en Jerusalén.
Se ha dado la vuelta a una página. Partidos de Jerusalén, los misioneros se habían
dirigido primero al Pueblo de la alianza, pero la mayor parte de los judíos les han dado la
espalda. Entonces el Espíritu ha guiado a los apóstoles hacia campos de acción
inesperados. Ha abierto «a los paganos la puerta de la fe». El Espíritu sopla donde
quiere. Ahora, la Iglesia debe reunirse y reconocer la obra de aquel que la desborda por
todas partes.
El salmo 144 emplea fórmulas preexistentes; se le clasifica habitualmente dentro del
género de los himnos.
www.fraynelson.com

1. “Tenemos que pasar muchos sufrimientos...”


1.1 Los tonos triunfales del tiempo de Pascua no pueden cegarnos ante los dolores que
nos visitarán o atropellarán por el sólo hecho de que pertenecemos a Cristo. Una vez
dijo Santa Teresa de Jesús, que pasaba por unas tribulaciones espantosas: “Razón es
que tengas tan pocos amigos, Señor, si así tratas a los que tienes”.
1.2 No deja de ser un gran interrogante por qué hay dolores, incluso espantosos,
dispuestos a acosar a los pregoneros y testigos de la gran victoria de Cristo. Uno tiene
que preguntarse por qué odiaban tanto a Pablo, hasta el extremo de apedrearlo y
arrastrarlo dándolo por muerto. Eso es sencillamente salvaje. Pero hay cosas que
podemos decir.
1.3 Apedrear era la forma típica de exterminar a alguien, sacándolo de la comunidad de
creyentes. Era la pena que estaba prevista en la Ley antigua para los que caían en
idolatría o predicaban rebelión contra Yahvé. Apedreando a Pablo, aquellos hombres
enceguecidos estaban diciendo que él era un traidor de la fe de los patriarcas y profetas.
Cosa que tiene su dejo de ironía, porque en el capítulo 7 de los Hechos de los Apóstoles
vemos que Pablo aprueba que apedreen a Esteban, el primer mártir de la Iglesia,
precisamente por la misma causa por la que ahora es apedreado Pablo.
1.4 Y así se cumple lo que dijo Dios a Ananías, aquel cristiano que fue enviado por Dios
a sanar de su ceguera a Pablo, cuando la conversión en Damasco: “Yo le mostraré lo
mucho que tiene que sufrir por mi causa...> (Hch 9,16). Apedreado, vemos a Pablo
padecer hoy el mismo castigo extremo que quiso para Esteban, aunque en la ocasión
presente el desenlace no ha sido la muerte de Pablo, sino una resolución suya, aún
mayor, de predicar el Evangelio que no puede ser sepultado con piedras.
www.caminando-con-jesus.org

A pesar de las oposiciones, la Iglesia crece no sólo en extensión sino también en


experiencia y discernimiento. En cada comunidad se designan presbíteros, es decir,
pastores encargados de velar por la comunidad. Así se van buscando las mejores formas
de organización para que crezca la vida comunitaria.

✞ ✞ ✞ Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.21
R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles. Que proclamen
la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.
Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es
un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.
R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor, todo viviente bendiga su santo nombre por
siempre jamás.
R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

✞ ✞ ✞ Aleluya

Aleluya Lc 24, 26
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos; y entrara así
en su gloria.
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
✞ ✞ ✞ “Padre, dame tu bendición”: “El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies
dignamente su Evangelio en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

✞ ✞ ✞ Lectura del Santo Evangelio según: Juan 14, 27-31

Mi paz os doy.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
27 Os dejo la paz, os doy mi propia paz. Una paz que el mundo no os puede dar. No os
inquietéis ni tengáis miedo.
28 Ya habéis oído lo que dije: «Me voy, pero volveré a vosotros». Si de verdad me
amáis, deberíais alegraros de que me vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo.
29 Os lo he dicho antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
30 Ya no hablaré mucho con vosotros, porque se acerca el príncipe de este mundo. Y
aunque no tiene ningún poder sobre mí,
31 tiene que ser así para demostrar al mundo que amo al Padre y que cumplo fielmente
la misión que me encomendó.
PALABRA DEL SEÑOR. R/ GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.

✞ ✞ ✞ “Que por el Evangelio sean perdonados nuestros pecados veniales”

Papa Francisco, Regina coeli 1-mayo-2016


No estamos solos. Y el signo de la presencia del Espíritu Santo es también la paz que
Jesús dona a sus discípulos: «Mi paz os doy» (Jn 14, 27). Esa es diversa de la que los
hombres se desean o intentan realizar. La paz de Jesús brota de la victoria sobre el
pecado, sobre el egoísmo que nos impide amarnos como hermanos. Es don de Dios y
signo de su presencia. Todo discípulo, llamado hoy a seguir a Jesús cargando la cruz,
recibe en sí la paz del Crucificado Resucitado con la certeza de su victoria y a la espera
de su venida definitiva.
Lee con atención la siguiente reflexión que te ayudará a profundizar el evangelio
A veces, cuando llegamos a un lugar bonito, apartado, tranquilo, lejos del ruido de las
actividades diarias, decimos, «qué paz se siente aquí». Y está bien. Pero esa sólo es una
paz momentánea, pasajera, que se acaba con el paseo. Hay una paz más profunda y
duradera, que es la que buscamos los cristianos. Es la paz; en medio del mundo, en
medio de los esfuerzos, de las preocupaciones del trabajo, familiares y personales. Esa
es la paz que Jesús nos deja, es la paz que Jesús nos da. Porque la paz no es no tener
problemas, la paz es estar en comunión con Dios.
«No se turbe vuestro corazón ni se acobarde» nos dice hoy el Evangelio. No dice «no
sintamos nunca miedo», sino: no nos acobardemos. Porque para lograr la paz, hay que
luchar, hay que estar en actitud de combate. Por eso el Señor nos dice «que no nos da
la paz como la da el mundo». No es la paz mundana de la comodidad, del confort, del
placer de no tener nada en contra, sino que todo y todos están a tu favor. Es más bien
la paz del combate hombro a hombro junto al Señor. Es la paz de vivir el amor hasta
que duela, como decía la Madre Teresa de Calcuta y si duele, es buena señal, nos decía
la beata. Quizá por eso ella y los santos nos transmitían tanta paz. Vivamos en esa paz.
Hoy Jesús lo ha dicho: «el Príncipe de este mundo en mí no tiene ningún poder». El mal
no es más fuerte que el bien. Si estamos con el Señor podemos estar en paz y no
tenemos qué temer. (Padre Juan José Paniagua)

1 Contexto. La palabra se ilumina.


www.sanJeronimo.Brown,Fitzmyer,Murphy

Conclusión: la partida de Jesús (14,25-31). Después de ocuparse de la vida futura


de la comunidad que está a punto de abandonar, Jesús termina su discurso exhortando
a los discípulos a alegrarse con él (v. 28) y animándoles a no desfallecer ante el
aparente fracaso que se avecina (v. 29; cf. 14,1).
26. el Paráclito, el Espíritu Santo: Las palabras de Jesús serán completadas por el
Paráclito, que aquí se identifica con el Espíritu Santo. El lector sabe que «recordar»
significa comprender el verdadero significado de las palabras y las obras de Jesús tras la
resurrección (2,22; 12,16). Estos versículos dejan claro que las enseñanzas del Paráclito
ayudarán a comprender las enseñanzas y las obras de Jesús. El Paráclito no tiene nada
que enseñar con independencia de la revelación de Dios en Jesús.
27. Concluye Jesús sus palabras de consolación, mi paz os dejo: «Paz» (sálóm) era y es
la fórmula habitual de saludo y despedida entre los judíos. El término tiene un
significado mucho más profundo, sin embargo, como expresión de la armonía y
comunión con Dios que eran el sello de la alianza (cf. Nm 6,26). De ahí que llegara a
adquirir un significado mesiánico y escatológico (cf. Is 9,6), prácticamente idéntico a
«salvación». Es esa tranquilidad de espíritu que da Cristo y que no se parece a nada de
lo que el mundo pueda dar. Como el don que otorga Cristo es él mismo, Ef 2,14 puede
llamarle «nuestra paz».
28. Aludiendo a todo lo que acaba de decir a los discípulos, Jesús concluye afirmando
que en el amor que le tienen han de encontrar la razón de su retorno al Padre y su
consiguiente partida de con ellos. Su marcha se debe al amor que les tiene, «porque el
Padre es mayor que yo». Esta afirmación es soteriológica y tiene el mismo carácter que
las de 5,19 (véase); 7,16s; 8,28, etc. Aunque Cristo es uno con el Padre (10,30), en
cuanto Hijo ha sido enviado por el Padre para hacer su voluntad (4,34; 6,38; 12,49s), y
en esta relación el Padre es mayor. El retorno de Cristo al Padre con su misión cumplida
es la condición de todo cuanto ha prometido a los discípulos.
• El Padre es mayor que yo: Durante la controversia arriana, esta afirmación fue
utilizada para fundamentar una cristología subordinacionista (C. K. Barrett, «The Father
is Greater than ID, Neues Testament und Kirche [+ 97 infra] 144-59). El cuarto
evangelio, que afirma sin ambages la unidad entre Padre e Hijo, difícilmente podría
pretender introducir una polémica en este sentido. Esta afirmación, al igual que el
proverbio de 13,16, forma parte de la caracterización joánica de Jesús como enviado de
Dios. Jesús actúa en perfecta concordancia con lo que ha visto y oído del Padre y no
pretende «ser Dios». La acusación de blasfemia que le dirigen sus enemigos a lo largo
del evangelio no tiene ningún fundamento.
29. Aplica al tema presente las mismas palabras que fueron referidas a otro
acontecimiento futuro en 13,19.
30-31. ya no hablará más con vosotros: Parece ser una conclusión ineludible que
estos dos versículos originalmente ponían fin al discurso de la última Cena, viene el
príncipe de este mundo: Ahora empieza el combate con Satanás, que terminará con un
triunfo aparente de éste, pero que en realidad será su derrota (cf. 12,31).
No tiene ningún poder sobre mí: Aun la victoria ilusoria que logrará Satanás le ha
sido permitida a fin de que el resultado final sea un triunfo de la voluntad de Dios en
Cristo para que hasta el mundo lo pueda reconocer (cf. 16,8-11).
31. que amo al Padre: Las palabras finales del discurso nos recuerdan que la muerte
de Jesús no es una victoria, ni siquiera temporal (en espera de la resurrección) de
Satanás, sino el signo del amor obediente del Hijo.
Levantaos, vamos de aquí: Estas palabras parecen ser el paralelo joánico de Mc
14,41s par. En la versión sinóptica, el lugar es el huerto, cuando Judas, el agente de
Satanás, se aproxima, mientras que en Jn Jesús se acaba de referir a la venida de
Satanás en persona (cf. también Lc 22,53).
En el contexto, estas palabras parecen dar por supuesto que siguen ahora los
acontecimientos de 18,1ss (o, posiblemente, la oración del cap. 17, que habría sido
pronunciada de pie). A esto hay que añadir que los caps. 15-17, al menos en parte, son
un paralelo del discurso que acaba de concluir (cf. especialmente 16,4b-33). Si bien hay
varias posibilidades, parece sumamente probable que el discurso de la última Cena en Jn
concluía originalmente con 14,31, siguiendo a continuación el cap. 18. Nuestro texto
actual representa una redacción posterior, obra del mismo evangelista o de sus
discípulos-redactores (—> 8, supra), en la que estos dos capítulos insertados habrían
sido compuestos a base de versiones paralelas del mismo discurso, o a partir de otros
discursos relacionados con aquél por su tema, o usando ambas fuentes a la vez. No hay
que extrañarse de la existencia de versiones paralelas, teniendo en cuenta el carácter de
los discursos joánicos como fruto de la reflexión y el recuerdo del evangelista en su
ancianidad. ¿Por qué, entonces, dejó el evangelista (o sus redactores) 14,30s en su
forma actual? Posiblemente por deseo de no alterar lo que ya quedaba escrito, o por la
tendencia joánica a ver diferentes sentidos en las palabras de Jesús (—> 29, supra).
«Levantaos, vamos de aquí», en una interpretación espiritual, se aproxima al sentido de
Col 3,1s.
www.santaclaradeestella.es

• Este pasaje, con el que concluye el primer coloquio de Jesús con los suyos, es un
fragmento compuesto, y contiene palabras de despedida y de consuelo por parte del
Maestro, que deja su comunidad y vuelve al Padre. Jesús, al despedirse de los suyos, les
desea la «paz», el Shalóm, que es el conjunto de los bienes mesiánicos, un don que
viene de Dios y que Jesús posee. El motivo del consuelo debe prevalecer sobre el temor
y la inquietud: él, Jesús, es la paz.
Por eso añade Jesús una exhortación a la alegría. Aunque estén tristes por el
alejamiento y el temor de quedarse solos, la separación de los discípulos respecto a
Jesús es el paso hacia un bien mejor. Jesús va al Padre «porque el Padre es mayor» que
él, es la plenitud de su gloria (v. 28). Ahora bien, la vuelta del Hijo al Padre está unida
de manera inseparable al escándalo de la cruz. Jesús, con las predicciones que les ha
hecho sobre su próxima muerte, no sólo pretende sostener la fe de los discípulos en el
momento de la pasión, sino que quiere mostrar que los hechos que van a tener lugar
forman parte del proyecto de Dios. En consecuencia, los suyos no deberán desanimarse:
la fe será su fuerza y su único consuelo.
El tiempo terreno del Maestro está ahora a punto de concluir, le quedan pocos
momentos para conversar aún con sus discípulos, «porque se acerca el príncipe de este
mundo» (v. 30). Aunque se acerca Satanás, no tiene ningún poder sobre Jesús. Éste no
tiene pecado y Satanás no tiene posibilidad de atacarle. La vida de Jesús está bajo el
signo de la voluntad del Padre y se entrega libremente a la muerte en la cruz para que
el hombre conozca la verdad.
www.evangeliodeJuan.GiorgioZevini

El amor a Jesús no es un sentimiento, sino una vida fiel a su Palabra, del mismo modo
que tampoco es un simple sentimiento el amor que Jesús tiene a los hombres. El amor
es una persona, es Dios mismo, es el Espíritu Santo, que une al Hijo y al Padre en la
eternidad y que ha sido derramado en el corazón de los creyentes (cf. Rom 5,5). En el
cuarto evangelio se designa al Espíritu con un término tomado del vocabulario forense:
«paráclito», que designa al abogado defensor, al testigo favorable, al «consolador».
Jesús es el primer paráclito enviado por el Padre: después de su partida intercederá ante
el Padre para que nos conceda «otro paráclito» que se quedará con los suyos para
siempre.
En la vida de la Iglesia todo se desarrolla al son del Espíritu: es él quien ora en los que
oran; es él quien nos guía a la verdad completa; es él quien nos hace comprender la
inefable unidad entre el Padre y Jesús, y quien introducirá en ella a los discípulos (v.
20). Su presencia es para cada hombre manifestación plena del rostro de Dios y
comunión con él: «El que acepta mis preceptos y los pone en práctica, ése me ama de
verdad; y el que me ama será amado por mi Padre. También yo lo amaré y me
manifestaré a él» (v. 21). Jesús aprovecha la ocasión que le brinda la pregunta del
apóstol (v. 22) para volver a plantear el tema de la presencia de Dios en la vida del
creyente (v. 23). Sólo quien ama está en condiciones de observar la Palabra de Jesús y
de acoger su manifestación espiritual e interior. Y quien observa esta Palabra (los
mandamientos) será amado por él y por el Padre: él habitará en su corazón junto con el
Padre y el Espíritu. La inhabitación de la Trinidad en el creyente está condicionada por
nosotros mismos: amar a Jesús y observar su Palabra.
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Juan 14:1-31. El contexto


La muerte de Jesús es inminente, pero él se preocupa por sus discípulos en vez de por si
mismo. Les asegura a los discípulos que no les abandonará, y les promete la paz. No
solo ofrece esperanza a sus discípulos más cercanos, pero también a todos los que le
aman y guardan su palabra (v. 23).
Versículo 23 parece un lugar extraño para comenzar. En versículo 22 (no incluido en
esta lección del Evangelio), Judas pregunta, “Señor, ¿qué hay porque te hayas de
manifestar a nosotros, y no al mundo?” El autor tiene cuidado de informarnos que éste
no es Judas Iscariote, sino otro Judas – quizá Judas, hijo de Santiago (Lucas 6:16;
Hechos 1:13) pero no sabemos por seguro.
Nuestra lección del Evangelio comienza con la respuesta oblicua de Jesús a la pregunta
de Judas. “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él,
y haremos con él morada.”
En versículo 18, Jesús dice, “No os dejaré huérfanos.” Jesús regresará al Padre (v. 28),
pero no al coste de sus discípulos. Proveerá para ellos, en el presente y en el futuro, a
través del Espíritu. De nuevo, esto nos trae paz porque no hemos sido abandonados.
2 Reflexión. ¿Qué nos dice Dios en el Texto? La palabra me ilumina.
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Juan 14:27-29. La paz os dejo


“La paz os dejo, mi paz os doy” (v. 27a). Este es el último testamento de Jesús.
“Tenía poco que dejar. Hasta sus ropas pronto serían propiedad de soldados durante la
crucifixión. Pero había una cosa que sí podía dejar – La paz os dejo, mi paz os doy – un
regalo verdaderamente poderoso” (Gossip, 713).
Como Jesús revelará en el próximo capítulo, también dejará a sus discípulos el amor
(15:9-10) y la alegría (15:11). “Cuando recordamos que amor, alegría y paz son las
primeras tres gracias del fruto del Espíritu en Galatos 5:22, podemos preguntarnos si
estos tres no formaban una triada en antiguo pensamiento cristiano, algo comparable a
la fe, la esperanza, y el amor” (Bruce, 305).
“no como el mundo la da, yo os la doy” (v. 27b). En ese momento, el mundo
disfruta de un tipo de paz – la pax Romana – paz romana. No obstante, la pax Romana
fue fundada a base de fuerza militar romana, por medio de tasación romana, y
mantenida por soldados romanos. Se trata de dominación en vez de paz. Mucha gente
bajo poder romano bromea y quiere expulsar a romanos que ocupan sus alrededores,
pero Roma tiene el poder de quebrantar la rebelión – y utiliza su poder sin piedad.
En contraste, Cristo ofrece la paz verdadera. La podemos ver en la vida de aquéllos que
han confiado sus vidas a Cristo. Envidiamos su tranquila fuerza. Su credo es, “Si Dios
por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31) – y tienen paz.
Pero Jesús no ofrece “una excepción a la inquietud, el peligro, o el encierro (todos de los
cuales él confronta al hablar)” (Kostenberger, 444).
“Si me amaseis” (v. 28b). Esta frase implica que no aman a Jesús – por lo menos no lo
suficiente para que estén preocupados por su bienestar en vez de por el suyo propio.
“os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre” (v. 28c). Jesús ha terminado su
misión en la tierra, y ahora regresa a la gloria que es su herencia natural. Cualquiera
que le ama verdaderamente regocijará en su regreso a la gloria.
“porque el Padre mayor es que yo” (v. 28c). Arios convertirá esto en herejía,
negando la deidad de Jesús, pero esto no confunde a nadie que haya leído Filipenses.
“Cristo Jesús… se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los
hombres” (Filipenses 2:5-7). Cristo acepta las limitaciones que le impone su humanidad.
El Padre, que no se encuentra bajo estas limitaciones, es mayor que Jesús encarnado.
Sin embargo, la inigualdad es temporánea. En su oración de Alto Sacerdocio, Jesús
rezará, “Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve
cerca de ti antes que el mundo fuese” (17:5). Pablo nos asegura que esta oración fue
contestada. “Por lo cual Dios también le ensalzó a lo sumo, y dióle un nombre que es
sobre todo nombre; Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que
están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; Y toda
lengua confiese que Jesucristo es el Señor, a la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-
11). En este Evangelio, la glorificación de Jesús toma lugar a través de su muerte,
resurrección, y ascensión, culminando con su regreso a la gloria de donde vino.
“Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere, creáis”
(v. 29). “Finalmente, en versículo 29, Judas recibe la ‘respuesta’ a la pregunta de
versículo 22” (Howard-Brook, 327). Con las instrucciones que preceden su muerte, Jesús
se revela a sí mismo a los discípulos y no al mundo. Los discípulos no apreciarán por
completo la importancia de las palabras de Jesús hasta que tomen lugar las cosas de
que les ha hablado. Jesús prepara el camino para que, una vez se desenlacen los
eventos de que ha hablado, los discípulos puedan creer.
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Oración inicial
Señor, tú que en la resurrección de Jesucristo nos has engendrado de nuevo para que
renaciéramos a una vida eterna, fortifica la fe de tu pueblo y afianza su esperanza, a fin
de que nunca dudemos que llegará a realizarse lo que nos tienes prometido. Por nuestro
Señor.
Del Evangelio según Juan 14,27-31a
Reflexión
• Aquí, en Juan 14,27, comienza la despedida de Jesús y al final del capítulo 14, él
cierra la conversación diciendo: "¡Levantaos! ¡Vámonos de aquí!" (Jn 14,31). Pero, en
vez de salir de la sala, Jesús sigue hablando por otros tres capítulos: 15, 16 y 17. Si se
leen estos tres capítulos, al comienzo del capítulo 18 se encuentra la siguiente frase:
"Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había
un huerto, en el que entraron él y sus discípulos”. (Jn 18,1). En Juan 18,1 está la
continuación de Juan 14,31. El Evangelio de Juan es como un prólogo bonito que se fue
construyendo lentamente, pedazo por pedazo, ladrillo sobre ladrillo. Aquí y allá, quedan
señales de estos reajustes. De cualquier forma, todos los textos, todos los ladrillos,
forman parte del edificio y son Palabra de Dios para nosotros.
• Juan 14,27: El don de la Paz. Jesús comunica su paz a los discípulos. La misma paz
se dará después de la resurrección (Jn 20,19). Esta paz es más una expresión de
manifestación del Padre, de la que Jesús había hablado antes (Jn 14,21). La paz de
Jesús es la fuente de gozo que él nos comunica (Jn 15,11; 16,20.22.24; 17,13). Es una
paz diferente da la paz que el mundo da, es diferente de la Pax Romana. Al final de
aquel primero siglo la Pax Romana se mantenía por la fuerza de las armas y por la
represión violenta contra los movimientos rebeldes. La Pax Romana garantizaba la
desigualdad institucionalizada entre ciudadanos romanos y esclavos. Esta no es la paz
del Reino de Dios. La Paz que Jesús comunica es lo que en el AT se llama Shalôm. Es la
organización completa de toda la vida alrededor de los valores de justicia, fraternidad e
igualdad.
• Juan 14,28-29: El motivo por el que Jesús vuelve al Padre. Jesús vuelve al
Padre para poder volver enseguida entre nosotros. Dirá a la Magdalena: “Suéltame
porque aún no he vuelto al Padre “(Jn 20,17). Subiendo hacia el Padre, el volverá a
través del Espíritu que nos enviará (Cf. Jn 20,22). Sin el retorno al Padre, no podrá estar
con nosotros a través de su Espíritu.
• Juan 14,30-31a: Para que el mundo sepa que amo al Padre. Jesús está
terminando la última conversación con los discípulos. El príncipe de este mundo se
encargará del destino de Jesús. Jesús será condenado. En realidad, el príncipe, el
tentador, el diablo, no podrá nada contra Jesús. Jesús hace en todo lo que el Padre le
ordena. El mundo sabrá que Jesús ama al Padre. Este es el gran y único testimonio de
Jesús que puede llevar el mundo a creer en él. En el anuncio de la Buena Nueva no se
trata de divulgar una doctrina, ni de imponer un derecho canónico, ni de unir todos en
una organización. Se trata, ante todo, de vivir y de irradiar aquello que el ser humano
más desea y que lleva en lo profundo de sí: el amor. Sin esto, la doctrina, el derecho, la
celebración no pasa de ser una peluca sobre una cabeza sin pelo.
• Juan 14,31b: Levantaos, vámonos de aquí. Son las últimas palabras de Jesús,
expresión de su decisión de ser obediente al Padre y revelar su amor. En una de las
oraciones eucarísticas, en el momento de la consagración, se dice: “La víspera de su
pasión, voluntariamente aceptada”. Jesús dice en otro lugar: “El Padre me ama, porque
yo doy mi vida para retomarla de nuevo. Nadie me la quita, yo mismo la doy libremente.
Tengo poder para dar la vida y para retomarla. Este es el mandato que recibí de mi
Padre” (Jn 10,17-18).
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Conmemoración de San Pancracio. Es un jovencito romano de sólo 14 años, que fue


martirizado por declararse creyente y partidario de Nuestro Señor Jesucristo. Dicen que
su padre murió martirizado y que la mamá recogió en unos algodones un poco de la
sangre del mártir y la guardó en un relicario de oro, y le dijo al niño: "Este relicario lo
llevarás colgado al cuello, cuando demuestres que eres tan valiente como lo fue tu
padre". Un día Pancracio volvió de la escuela muy golpeado, pero muy contento. La
mamá le preguntó la causa de aquellas heridas y de la alegría que mostraba, y el
jovencito le respondió: "Es que en la escuela me declaré seguidor de Jesucristo y todos
esos paganos me golpearon para que abandonara mi religión. Pero yo deseo que de mí
se pueda decir lo que el Libro Santo afirma de los apóstoles: "En su corazón había una
gran alegría, por haber podido sufrir humillaciones por amor a Jesucristo". (Hechos
6,41). Al oír esto la buena mamá tomó en sus manos el relicario con la sangre del padre
martirizado, y colgándolo al cuello de su hijo exclamó emocionada: "Muy bien: ya eres
digno seguidor de tu valiente padre". Como Pancracio continuaba afirmando que él creía
en la divinidad de Cristo y que deseaba ser siempre su seguidor y amigo, las autoridades
paganas lo llevaron a la cárcel y lo condenaron y decretaron pena de muerte contra él.
Cuando lo llevaban hacia el sitio de su martirio (en la vía Aurelia, a dos kilómetros de
Roma) varios enviados del gobierno llegaron a ofrecerle grandes premios y muchas
ayudas para el futuro si dejaba de decir que Cristo es Dios. El valiente joven proclamó
con toda la valentía que él quería ser creyente en Cristo hasta el último momento de su
vida. Entonces para obligarlo a desistir de sus creencias empezaron a azotarlo
ferozmente mientras lo llevaban hacia el lugar donde lo iban a martirizar, pero mientras
más lo azotaban, más fuertemente proclamaba él que Jesús es el Redentor del mundo.
Varias personas al contemplar este maravilloso ejemplo de valentía se convirtieron al
cristianismo. Al llegar al sitio determinado, Pancracio dio las gracias a los verdugos por
que le permitían ir tan pronto a encontrarse con Nuestro Señor Jesucristo, en el cielo, e
invitó a todos los allí presentes a creer siempre en Jesucristo a pesar de todas las
contrariedades y de todos los peligros. De muy buena voluntad se arrodilló y colocó su
cabeza en el sitio donde iba a recibir el hachazo del verdugo y más parecía sentirse
contento que temeroso al ofrecer su sangre y su vida por proclamar su fidelidad a la
verdadera religión. Allí en Roma se levantó un templo en honor de San Pancracio y por
muchos siglos las muchedumbres han ido a venerar y admirar en ese templo el glorioso
ejemplo de un valeroso muchacho de 14 años, que supo ofrecer su sangre y su vida por
demostrar su fe en Dios y su amor por Jesucristo. San Pancracio: ruégale a Dios por
nuestra juventud que tiene tantos peligros de perder su fe y sus buenas costumbres.
• El Señor ha derramado la paz en tu corazón: él está presente dentro de ti, con el
Padre y el Espíritu Santo. Eso no puede más que darte un sentido de seguridad y de
fuerza: si Dios está contigo, ¿quién estará en contra de ti?
Sin embargo, a menudo estás inquieto y atemorizado: el mundo se presenta
amenazante, las pasiones no dan tregua, todo parece desarrollarse «como si Dios no
existiera», y Dios calla dentro de ti, juega a esconderse, no responde. Entonces tu
corazón se espanta, te asalta la duda y tu paz queda asediada, cuando no se volatiliza.
Ahora es cuando debes recordar que Dios está presente en la luz oscura de la fe, que
has de ejercitar la fe en estos momentos para oír aquello que no oyes, para ver aquello
que no ves, para agarrarte a un agarradero que has de buscar en la niebla. Es, en
efecto, la fe lo que está en la base de la paz, que, de hecho, procede de la comunión con
Dios. Fe en el Dios ya presente, pero no poseído aún en plenitud; fe que se madura en
el tiempo de la ausencia del Esposo; fe que se perfecciona en la búsqueda del Esposo; fe
que se purifica a través de los acontecimientos más duros y atroces.
La paz procede de una mirada de fe sobre la realidad de un Dios presente, aunque
buscado con todo el ardor de un corazón herido por el sentimiento de su ausencia. La
paz viene cuando se comprende y se acepta el misterio de la ausencia de Dios también
en su presencia, en su silencio, en el sufrimiento y el misterio de la cruz como momento
más elevado del amor de Dios y del testimonio de tu amor por Él.
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Juan 14,27-31a. «Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde». Jesús se va. El


Padre lo entrega a los hombres por un momento, pero no lo abandona; además, Dios
nunca ha abandonado a un fiel en la necesidad. No dejará que su amigo vea la fosa
(salmo 15); resucitará al Justo.
También Jesús deja la paz para que sus discípulos la compartan, pero una paz que el
mundo no puede concebir, pues es plenitud de vida, don mesiánico por excelencia. Esta
paz es el don del Espíritu para que cada hombre pueda comulgar en la vida de Dios. «Me
voy, pero volveré a vuestro lado».
Judas ya está en camino. El Príncipe de este mundo viene, mientras Jesús se entretiene
aún con sus amigos. Pero no tiene poder alguno sobre Jesús, que está sin pecado y
camina libremente a su encuentro, cumpliendo con toda serenidad la voluntad del Padre.
• El Hijo se va. Un aire de Pascua lo impregna todo, un canto de liberación. Judas calla,
apesadumbrado por el magro beneficio que va a obtener como pago a su traición. A la
sombra del Templo, sacerdotes y fariseos, milicianos y guardianes esperan
impacientemente. La conspiración es para esa noche. «Levantaos, vámonos de aquí». El
Hijo se va, ha llegado la Hora marcada de sangre. Y los hombres que van a alzarlo sobre
la tierra no sabrán que, de ese modo, Dios va a elevarlo hasta él.
Es la hora del Hijo, y es también la hora de la Iglesia, la cual nace en esta hora marcada
por la sangre derramada, el pan partido y los pies lavados. El Hijo se va y deja a su
Amada. Y la Esposa no tendrá por herencia más que una bendición: «La Paz os dejo...».
Pero es una paz distinta de la del mundo. Los hombres discuten armisticios
provisionales, y su paz no es más que un equilibrio de violencias. «Mi paz os doy». La
paz que se funda en un mismo nacimiento: una misma sangre, la del Hijo, derramada
por la multitud, será su sello. Paz verdadera para quienes, por encima de lo que pueda
dividirlos, comulgan en un mismo cuerpo y se saben, en la fe, miembros los unos de los
otros.
¡Una paz distinta de la del mundo! Los hombres han inventado mil maneras de comprar
el favor de sus dioses; se hacen la ilusión de pacificar su culpabilidad, sin conseguirlo
nunca. « ¡Mi paz os doy!». No se trata de un pacto con Dios para que éste cierre los
ojos. La paz es sellada porque Dios no ha de rechazar a su Hijo. «Tanto amó Dios al
mundo que le entregó a su Hijo único». Paz que es gracia, paz sin condiciones.
El Hijo se va, y la Esposa se queda con su herencia, con su Paz, el don de los tiempos
nuevos. Y a lo largo de los siglos no tendrá otra cosa que ofrecer. «Por donde paséis,
decid: ¡Paz a esta casa!». Los discípulos de todos los tiempos no tendrán otra cosa que
decir a un mundo que se consume por falta de verdadera paz.
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2. La paz que el mundo no puede dar


2.1 Hablando de sufrimientos, vienen aquí a lugar las palabras de Jesús en el evangelio
de hoy: “Les dejo la paz, mi paz les doy. Una paz que el mundo no les puede dar. No se
inquieten ni tengan miedo.”.
2.2 ¿Por qué el mundo no puede darnos esa paz? ¿Qué clase de paz es la que da o
promete el mundo?
2.3 Paz mundana era lo que querían aquellos de los que fue escrito esto: “Los
principales sacerdotes y los fariseos reunieron el sanedrín, y dijeron: ¿Qué haremos?
Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él; y
vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación.” (Jn 11,47-48).
Es una paz que huye del conflicto por el conflicto, sin darse cuenta que quien no quiera
pelear contra nada tampoco dará guerra a sus conveniencias, vanidades, orgullos y
bajas pasiones. Esa paz mentirosa es una paz cobarde, y es la que Jesús ni da ni
promete.
2.4 De otra parte, notemos que Cristo en el evangelio de hoy da una razón para su
propio sufrimiento, razón que podemos extender a nuestras propias vidas: “Se acerca el
príncipe de este mundo. Y aunque no tiene ningún poder sobre mí, tiene que ser así
para que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo la misión que me encomendó”.
El dolor causado a los cristianos tiene su causa última en la envidia y el odio de Satanás,
pero ese mismo dolor, cuando es padecido en espíritu de obediencia y de amor, es
testimonio sublime de amor al Padre.
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Conversando con el amor


Mi Dios, necesito que ilumines mis senderos. Tú eres mi Guardián que no descansa,
Quien restaura mis fuerzas. Ayúdame a continuar cuando el camino se me achica. Deseo
que aumentes mi fe y así adorarte para siempre. Amén
Evangelio de hoy. Santo Evangelio del V martes de Pascua
Reflexión del Papa Francisco.
Sobre el Evangelio de hoy, paz a ustedes. No es un saludo, y ni siquiera un sencillo
deseo: es un don, es más, el don precioso que Cristo ofrece a sus discípulos después de
haber pasado a través de la muerte y a los infiernos. Da la paz, como había prometido:
"Les dejo la paz, les doy mi paz. No se la doy como la da el mundo, yo se la doy a
ustedes" (Juan 14, 27).
Esta paz es el fruto de la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón. Y
es precisamente así: la verdadera paz, esa paz profunda, viene de hacer la experiencia
de la misericordia de Dios.
A los Apóstoles Jesús dio, junto con su paz, al Espíritu Santo, para que pudieran difundir
en el mundo el perdón de los pecados, ese perdón que sólo Dios puede dar, y que ha
costado la Sangre del Hijo (Cfr. Juan 20,21-23).
La Iglesia es enviada por Cristo resucitado a transmitir a los hombres la remisión de los
pecados, y así hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que
se afirme también en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones.
Y el Espíritu de Cristo Resucitado expulsa el miedo del corazón de los Apóstoles y los
impulsa a salir del Cenáculo para llevar el Evangelio. ¡Tengamos también nosotros más
coraje para testimoniar la fe en Cristo Resucitado!
¡No debemos tener miedo de ser cristianos y de vivir como cristianos! Nosotros debemos
tener este coraje de ir y anunciar a Cristo Resucitado. Porque Él es nuestra paz. Él ha
hecho la paz con su amor, con su perdón, con su sangre, con su misericordia.
Recemos juntos a la Virgen María, para que nos ayude, Obispo y Pueblo, a caminar en la
fe y en la caridad. Confiados siempre en la Misericordia del Señor.
El Señor siempre nos espera. Nos ama. Nos ha perdonado con su sangre y nos perdona
cada vez que vamos a Él a pedirle perdón. Tengamos confianza en su Misericordia.
(Reflexión del Evangelio de hoy. Regina Coeli, 07 de abril de 2013)
Oración para el Evangelio de hoy.
Dios de amor, dame tu bendición para no desesperar ante las situaciones difíciles que
me toca vivir, porque sé que solo Tú tienes el control de todo.
Quiero tener esa paz que sólo Tú sabes dar, esa paz que llena el alma de fortaleza y que
me impulsa a dar lo mejor, viviendo la alegría de agradarte.
Creo en tu amor que no abandona, en que me has prometido la felicidad plena si sigo
tus pasos, por eso, en tu Nombre dedico todas mis conquistas.
Podrán faltarme el trabajo, los bienes y muchas otras cosas, pero que nunca me faltes
Tú, porque de Ti proviene la verdadera paz que da vida al corazón.
Solo en Ti soy quien soy. Eres lo más importante de mi vida. Contigo puedo desterrar
para siempre esos impulsos dañinos que le hacen mal a mi alma.
Sin la paz que proviene de Ti, nada puedo hacer, andaría sin rumbo, tratando de
alcanzar una vana felicidad en cosas que para nada me acercan a Ti.
Señor, quiero confiar que cuidas de mí. No quiero temer a ninguna dificultad que quiera
arrebatarme la paz del corazón. Sé Tú mi fuerza y mi poder.
Tu amor procura lo mejor para mí y los míos, es por eso que te confío mi vida y mis
sueños para que me muestres siempre el camino para vencer. Amén
Propósito para hoy.
Voy a pedir la intercesión de María, voy a renovar mi esfuerzo para ser fiel y
perseverante en ese compromiso de oración en el que más fallo
Frase de reflexión.
"Hay dos actitudes de cristianos tibios: poner a Dios contra las cuerdas, "O me das esto
o no voy más a la iglesia", y lavarse las manos ante las dificultades de los hermanos
necesitados. Eliminemos estas actitudes para hacer sitio al Señor que viene". Papa
Francisco
www.evangelizacion.org.mx

Quizás uno de los regalos más grandes que Jesús nos ha dejado, sea la paz. La paz
profunda en el corazón que hace que el hombre, aun en medio de las más duras
pruebas, no se sienta turbado ni con miedo. La paz de Dios es una paz diferente a la que
de ordinario se busca. Es un don divino que produce en el cristiano la certeza de la
presencia de Dios y de la ayuda divina.
No es una paz artificial producto del no afrontar nuestras responsabilidades y
compromisos, paz que muchas veces es cobardía o evasión. Un rostro sereno en medio
de una tormenta, de una crisis, es la mejor señal de la presencia de Dios en él. Algo que
ha asombrado a los hombres de ciencia que han estudiado la "Sábana de Turín" o
"Sábana Santa", es la enorme paz que refleja el rostro del hombre "retratado" en este
lienzo.
Un hombre que, al parecer, fue martirizado de una manera atroz y que, sin embargo,
muere con un rostro sereno. Es una paz que se consigue haciendo la guerra a nuestro
egoísmo, a fin de dar espacio al Espíritu para que éste crezca en nosotros y nos
pacifique interiormente. Te invito a que le pidas al Señor esta paz, la paz que hace de
nuestra vida preámbulo del cielo.
www.evangeliodeJuan.GiorgioZevini

En lo cotidiano de nuestra existencia no tenemos siempre presente el motivo de nuestra


alegría y de nuestra esperanza. Para que esto tenga lugar es menester vivir con la
mirada del corazón dirigida a Cristo, que nos repite más veces: «Si me amáis...». Todo
depende de este «si». Sin embargo, amar es precisamente lo que más difícil nos resulta,
porque prevalecen en nosotros el egoísmo y el orgullo, el repliegue en nosotros mismos,
antes que el impulso de la oblatividad con los otros. ¡Cuántas veces nos descubrimos
calculando o estando dispuestos a amar sólo hasta cierto punto, sólo si vemos una
utilidad práctica, un resultado efectivo; en suma, sólo si podemos sacar alguna
ganancia! Sin embargo, es el mismo amor, en su gratuidad más total, el mayor
beneficio.
Solo quien ama vive verdaderamente. Quien no ama está en la muerte. Entonces se
revela el secreto de la alegría. Vivir la Pascua significa descubrir cada dia que estamos
llamados al amor y a la comunión. Aun siendo débiles y sintiéndonos aplastados por
tantas preocupaciones y sufrimientos, se nos ha dado no perder nunca el deseo de ser
testigos del amor.
Dios visita nuestra vida. Vive en lo más íntimo de nosotros mismos. ¿Cómo podemos
llevar una vida trivial, teniendo como huésped a la Trinidad? ¿Cómo no quedarnos
asombrados por esta verdad, por esta extraordinaria realidad que nos saca de la
soledad, ensalza la dignidad de nuestra existencia, nos llena de asombro, da luz a la
grisura cotidiana, nos sumerge en el mundo divino, hace familiar la existencia con Dios,
no cesa de asombrar y de maravillar, desplaza el centro de interés de toda la aventura
terrena, da sentido a toda acción? ¿Cómo no estremecerse frente a este cuerpo nuestro
corruptible, sanado e incorruptible por la intimidad con su Creador?
www.catholic

Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Esta frase puede ser una clara
invitación a la valentía y al celo apostólico. Es característico del cristianismo no dejarse
vencer por el temor, ni siquiera a la propia muerte, y predicar, anunciar, gritar por las
calles la Buena Nueva de la salvación. El cristiano, el discípulo, el miembro del Regnum
Christi está llamado por Ti a ser un guerrero incansable, un hombre de decisión firme,
de palabra duradera, de metas claras, de iniciativa por el Reino de Dios, por tu Reino. Tú
me invitas a llevar tu Evangelio a todo el mundo sin acobardarme, sin temer, sin
avergonzarme.
Tú me llamas a no dejarme dominar por el temor y enfrentar mi vida y la evangelización
con valentía, con arrojo, con celo. A no desanimarme ante los problemas, las
dificultades, ni siquiera ante mis pecados y debilidades. Pero todo esto por un simple
motivo: porque Tú estás conmigo, porque Tú me lo has mandado, porque es tu obra la
que llevo a los demás, porque Tú me das tu gracia y me has dado tu paz.
Al inicio de este Evangelio dejas a los apóstoles la paz que viniste a traer, no ésa
elaborada en el mundo, escrita sobre papeles y avalada con firmas de hombres. Tú traes
la paz que mi alma necesita y que quieres que transmita a los demás. La paz no es algo
que conquisto con ejercicios de yoga, con introspecciones alargadas, con encuentros con
la naturaleza. La paz viene de la experiencia de Ti en la oración, en los sacramentos, en
el apostolado.
Dame la gracia, Señor, de seguir tu consejo de llevar el Evangelio a todo el mundo con
valentía, con fuego. Pero también concédeme esa paz que tanto yo como los demás
necesitamos. Que sepa seguir el ejemplo de san José obrero, que en su vida cotidiana te
enseñó la importancia del trabajo como medio de salvación personal y de los demás.
• Jesús anuncia la venida del Espíritu que ante todo enseñará a los discípulos a
comprender cada vez más plenamente el Evangelio, a acogerlo en su existencia y a
hacerlo vivo y operante con el testimonio. Mientras está por confiar a los Apóstoles -que
quiere decir, en efecto, “enviados”- la misión de llevar el anuncio del Evangelio a todo el
mundo, Jesús promete que no quedarán solos: estará con ellos el Espíritu Santo, el
Paráclito, que estará a su lado, es más, estará en ellos, para defenderlos y sostenerlos.
Jesús regresa al Padre pero continúa acompañando y enseñando a sus discípulos
mediante el don del Espíritu Santo. (Homilía de S.S. Francisco, 1 de mayo de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con
Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees
que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ofreceré mis trabajos de hoy por alguna intención apostólica.
www.BibliaStraubinger

28. El Padre es más grande que Yo significa que el Padre es el origen y el Hijo la
derivación. Como dice S. Hilario, el Padre no es mayor que el Hijo en poder, eternidad o
grandeza, sino en razón de que es principio del Hijo, a quien da la vida. Porque el Padre
nada recibe de otro alguno, más el Hijo recibe su naturaleza del Padre por eterna
generación, sin que ello implique imperfección en el Hijo. De ahí la inmensa gratitud de
Jesús y su constante obediencia y adoración del Padre. Un buen hijo, aunque sea adulto
y tan poderoso como su padre, siempre lo mirará como a superior. Tal fue la constante
característica de Jesús (4, 34; 6, 38; 12, 49 s.; 17, 25, etc.), también cuando, como
Verbo eterno, era la Palabra creadora y Sabiduría del Padre (1, 2; Pr. 8, 22 ss.; Sb. 7,
26; 8, 3; Si. 24, 12 ss., etc.). Véase 5, 48 y nota; Mt. 24, 36; Mc. 13, 32; Hch. 1, 7; 1
Co. 15, 28 y notas. El Hijo como hombre es menor que el Padre.
30. El príncipe del mundo: Satanás. Tremenda revelación que, explicándose por el
triunfo originario de la serpiente sobre el hombre (cf. Sb. 2, 24 y nota), explica a su vez
las condenaciones implacables que a cada paso formula el Señor sobre todo lo mundano,
que en cualquier tiempo aparece tan honorable como aparecían los que condenaron a
Jesús, Cf. v. 16; 7, 7; 12, 31; 15, 18 ss.; 16, 11; 17, 9 y 14; Lc. 16, 15; Rm. 12, 2; Ga.
1, 4; 6, 14; 1 Tm. 6, 13; St. 1, 27; 4, 4; 1 Pe. 5, 8; 1 Jn. 2, 15 y notas.
31. No es por cierto a Jesús a quien tiene nada que reclamar el “acusador” (Ap. 12, 10 y
nota). Pero el Padre le encomendó las “ovejas perdidas de Israel” (Mt. 10, 5 y nota), y
cuando vino a lo suyo, “los suyos no lo recibieron” (1, 11), despreciando el mensaje de
arrepentimiento y perdón (Mc. 1, 15) que traía “para confirmar las promesas de los
patriarcas” (Rm. 15, 8). Entonces, como anunciaban misteriosamente las profecías
desde Moisés (cf. Hch. 3, 22 y nota), el Buen Pastor se entregó como un cordero (10,
11), libremente (10, 17 s.), dando cuanto tenía, hasta la última gota de su Sangre,
aparentemente vencido por Satanás para despojarlo de su escritura contra nosotros
clavándola en la Cruz (Col. 2, 14 s.), y realizar, a costa Suya, el anhelo salvador del
Padre (6, 38; Mt. 26, 42 y notas) y “no sólo por la nación sino también para congregar
en uno a todos los hijos de Dios dispersos” (11, 52). Viniendo a ser por su Sangre causa
de eterna salud para judíos y gentiles, como enseña S. Pablo (Hch. 5, 9 s.).
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En el clima de despedida de Jesús, los discípulos muestran su preocupación lógica por el


futuro, cuando les falte el Maestro. Y Jesús les tranquiliza con un doble mensaje:
En primer lugar, les comunica su paz: «La paz os dejo, mi paz os doy». No les llama a
luchar por la paz, sino a recibir su paz. La suya no es una paz barata, sino una paz que
viene de lo alto: «no os la doy yo como la da el mundo». Recordamos estas palabras
cada día en la misa, antes de comulgar: «Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles: la
paz os dejo, mi paz os doy...». El mito de Caín y Abel, situado en los orígenes, presenta
la historia humana como un relato de permanente agresión y conflicto entre hermanos.
Por eso, necesitamos una paz especial y urgente. No es la de los estoicos -que
promueven apatía e insensibilidad-; ni la de los maestros de yoga, que pueden reducirla
a imperturbabilidad y tranquilidad; ni la de este mundo que es mera ausencia de
conflictos. La paz que enseña Jesús nace de la cruz. Su cruz es el signo del amor que
vence al odio. Porque al odio sólo puede vencerle el amor. Y el amor vence al odio
soportándolo, siendo quizás destrozado y aparentemente vencido por él. Este es el
camino de Jesús "pobre y humilde", rechazado y crucificado, pero al final triunfante y
resucitado.
En segundo lugar, les exhorta a que no se angustien ni tengan miedo ante el anuncio de
su ausencia. Les aterra perder a Jesús. Su miedo remite a esa angustiosa impotencia
que experimentamos los humanos ante la amenaza real o inventada de una pérdida
importante. El miedo básico es el miedo a la muerte, eco de los demás miedos. El miedo
a la enfermedad es miedo a la muerte; el miedo a una tormenta es miedo a la muerte;
el miedo a la soledad es miedo a la muerte... Tememos todo cuanto pone en riesgo la
vida y anuncia la muerte. El miedo paraliza, bloquea, angustia, desespera… Perder a
Jesús es, también, un pavoroso infierno. ¿Cómo quitarse de encima el yugo del miedo?
Debemos hacernos esta pregunta. ¿Bastaría con pensamientos positivos? Parece que no.
¿Y con ejercicios de voluntad? Con apretar los puños y dientes tampoco se evapora el
miedo. Perdemos nuestro miedo en el momento en que haya una mano -amiga y
poderosa-que nos tome y nos conduzca. Cuando Jesús nos pide superar el miedo, nos
está diciendo también: “No temáis. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo”.
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Reflexión: Juan 14,27-31a


Muy hermoso pasaje en el que el Señor nos anticipa lo que será el epílogo de esta
historia, sin dejar de reforzarnos la fe, la auténtica fe que espera de todos y cada uno de
nosotros, aquella que nos permita dar el salto al vacío sin ningún temor, sabiendo que Él
nos asirá. Es precisamente esta fe el fundamento de la paz. Por eso la paz que nos da el
Señor es distinta a toda paz. Es profunda e infinita.
Pensemos un momento, si el Señor ha vencido a la muerte, si ha vencido a la oscuridad,
a la mentira, al dolor y finalmente al Príncipe de este mundo, ¿a qué podemos temer?
Nada, absolutamente nada nos amenaza ya. De este modo, no hay nada que valga un
segundo de aflicción, preocupación o angustia nuestra. ¡Hemos sido salvados! ¡Nadie
puede robarnos esta certeza fundada en la fe! Así, pueden llegar cataclismo, pestes,
guerras, torturas y toda clase de calamidades o adversidades, ninguna prevalecerá
sobre la Voluntad de Dios. Es de esta certeza que procede nuestra paz, la paz que nos
da el Señor y la paz que debemos llevar al mundo.
La paz que nos da Cristo tiene su fundamento en la fe, hemos dicho, pero ¿fe en qué?
En que Jesucristo nos ha salvado, cumpliendo la Voluntad de nuestro Padre. ¿Por qué
quiere salvarnos el Padre? Porque nos ama, con un amor infinito, como solo Él puede
amar. ¿No es esta una Buena Noticia? ¡Claro que sí! De eso tratan precisamente los
Evangelios que debemos dar a conocer al mundo entero. Nada ni nadie deben
impedirnos proclamar esta Buena Nueva. ¡Todos deben conocerla! ¡Esto es llevar paz,
alegría, felicidad a todos los corazones! ¡Llevemos esta noticia para que nadie sufra
más!
Ahora podemos intentar comprender por qué el Señor anticipando su muerte en la Cruz
nos dice que si le amáramos, nos alegraríamos. ¡Por supuesto! Si justamente por eso irá
al Padre que es más grande que Él, ¿cómo no alegrarnos? ¿No estaríamos alegres si un
día viene nuestro hijo y nos dice que lo han convocado a ocupar un alto cargo en la sede
de la ONU en Holanda o Canadá, donde ganará como Jefe de Estado y le darán todas las
comodidades y unos ingresos suficientes para cubrir todas sus necesidades y la de su
familia? ¿No estaríamos alegres? Pues, tanta es la alegría que tendrá Jesús por
reencontrase con nuestro Padre, habiendo cumplido Su Voluntad, que no tiene
comparación.
La paz y la alegría vienen de la fe; de la certeza que la recompensa que habremos de
recibir por haber cumplido la Voluntad del Padre será incomparable. ¿Qué recibiremos?
La Vida Eterna. ¿Puede haber un Bien más preciado? El poder alcanzarlo es Gracia que el
Señor ha alcanzado para nosotros con Su preciosísima sangre. Jesucristo es nuestro
Salvador. ¿Qué debemos hacer? ¡La Voluntad de Dios! Este es el “salto al vacío” que
debemos estar dispuestos a dar. Será “al vacío” mientras no creamos. Pero los que
tenemos fe sabemos que seremos asidos por los poderosos brazos de Jesucristo y de Su
Espíritu Santo y seremos conducidos hasta la presencia de Dios Padre, con lo que
habremos cumplido el propósito para el cual fuimos creados. ¿Qué más podemos pedir?
Oracion. Padre Santo, te pedimos que nos des el valor necesario para dar este paso al
cual nos llamas cada día; este paso en pos de Tu Reino, confiando plenamente en Tu
Voluntad, haciéndola la razón de nuestras existencias, por Jesucristo nuestro Señor,
Amén.
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• Me voy y volveré a ustedes: Jesús ha de marcharse, por eso prepara de antemano a


sus discípulos, que no comprenden del todo lo que su Maestro les transmite. ¡No se
inquieten, ni teman! Así como partió en el calvario y volvió resucitado, de la misma
manera es necesario que vuelva al Padre y luego regrese para quedarse.
1. Les dejo la paz
A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: - Les dejo la paz,
les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!-. Jesús no
quiere que se inquieten o se alteren con su partida, pues les deja su paz. La paz, entre
los judíos, abarca todos los bienes y es sinónimo de felicidad.
La paz verdadera era una promesa mesiánica (Ez 37:26; Is 9:6). No es la paz que Jesús
les anuncia y no es como la da el mundo. Esta es paz externa, alejada de molestias. Sin
embargo la Paz de Jesús es paz íntima, inalterable en el fondo del alma, pero compatible
con las persecuciones sufridas por El. Quizás no sería improbable que esta paz a que
alude se refiera a la triple venida de que acaba de hablarles: el gran don trinitario en
ellos. Concretamente alude a su vuelta, que es a esa venida de que les habló, “Me voy y
volveré a ustedes”.
2. El padre es más grande que yo
Además, si de verdad le aman, no deben entristecerse, pues han de desearle lo mejor. Y
Jesús dice que él va al Padre, porque el Padre es más grande que yo, El sentido de la
frase es que el Padre es mayor que Él, no en cuanto el Verbo recibe por eterna
generación la naturaleza divina, sino que, en cuanto es el Verbo encarnado, se
proclama, por razón de su naturaleza humana, inferior al Padre. Es el sentido en que se
habla abiertamente en otros pasajes de San Juan (6:62; 16:28; 17:5.24). San Agustín
lo comentaba así: En cuanto aquello por lo cual el Hijo no es igual al Padre se iba al
Padre.
Pero el aviso tiene valor apologético: no lo van a tomar de sorpresa, es El, el que se
somete libremente a los planes — obediencia — del Padre. Dice Jesús: “Ya no hablaré
mucho más con ustedes, porque está por llegar el príncipe de este mundo” Y tan
inminente es, que pone la venida del príncipe de este mundo, ese es Satanás, en
presente. Es la lucha entre la luz y las tinieblas, el fondo satánico que mueve hombres y
pasiones contra Jesús. En las tentaciones de Jesús, Satanás, se retiró hasta el tiempo
determinado (Lc 4:13)
Satanás viene ahora a través de sus instrumentos, especialmente de Judas Iscariote, en
cuyo corazón había puesto el propósito de entregarlo (Jn 13:2), luego entró en él para
consumar su obra de muerte (Jn 13:27) Pero, aunque parece su muerte una derrota, no
es que Satanás tenga en mí nada, Jesús dice: él nada puede hacer contra mí, como si
viniese para castigarle conforme a la creencia judía.
3. “Pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al padre y obro como él
me ha ordenado”
Jesús dice; “pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él
me ha ordenado”, Jesús es la misma santidad. Y Jesús no va a un reto, va a ejercer un
acto supremo de amor al Padre al cumplir el mandato de su muerte. Va así a demostrar
al mundo malo, y al Padre, que lo ama cumpliendo su mandato.
Y como el mandato estaba dado y la hora llegada, veremos como Jesús da la orden de
partida en la última cena, les dice: Levántense de los lechos, o esteras sobre los que
estaban recostados, vamos nos de aquí, con una orden que es terminante. Estas
palabras cierran el desarrollo histórico de la narración. En el capítulo 17, la oración
sacerdotal, aparece como un epílogo-apéndice de aquel acto. Por eso, este final y esta
orden se enlazan, históricamente, con el principio del capítulo 18, en que ya salen para
Getsemaní.
4. La paz este con ustedes.
Es un saludo que es parte de nuestra liturgia. Cuando un cristiano desea la paz, es para
expresar el deseo de todos los bienes para la persona que saluda, es paz que nace de la
posesión de Dios y de su gracia, es un deseo de tranquilidad interior, es paz para el
corazón, es paz que es consuelo espiritual, es deseo de alegría en medio de las
tribulaciones, por eso la debemos dar con espíritu evangélico y no debe ser un asunto
mecánico, porque no es algo rutinario, es algo que debemos transmitir con los mismos
sentimientos e intención de Jesús. El que tiene a Jesús en su corazón, vive en paz, nada
es comparable saber que le tenemos allí, nada es tan agradable como pensar y saber
que Jesús nos ama y está presente en nosotros.
3 Para la reflexión personal
– (Haz silencio en tu interior y pregúntate:)
1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?
5.- Jesús dice: “Os doy mi paz”. ¿Cómo contribuyo en la construcción de paz en mi
familia y en mi comunidad?
6.- Mirando al espejo de la obediencia de Jesús al Padre, ¿en qué punto podría mejorar
mi obediencia al Padre?
4 Oración. ¿Qué le decimos a Dios? La palabra se convierte en Oración.
1 Dios y Padre nuestro, que estableciste con el mundo unos vínculos que nada podrá
romper, pues Jesús selló tu Alianza con su sangre: Que tu Paz, que supera todo
entendimiento, sea nuestra herencia para hoy y por los siglos de los siglos.
www.Dioscadadía.Bastin,Pinkers,Teheux

2 ¡Cómo busco la paz, Señor, y cuántas veces la busco! Sin embargo, debo admitir que
no siempre la busco donde se encuentra. A veces la busco como el mundo: busco un
poco de paz para vivir en paz, para no incomodarme demasiado, para no dejarme turbar
en exceso. También yo busco, en suma, la paz como la busca el mundo: lejos de la cruz,
huyendo de quien me turba, evitando a los que me hacen perder la paciencia,
esquivando las molestias y cerrando los ojos antes los sufrimientos de los otros. ¿Cómo
voy a poder vivir en paz si no me defiendo un poco de los otros? ¿Y cómo voy a vivir en
paz si no me concedo alguna satisfacción? ¿Cómo se puede vivir en paz estando siempre
sometido a presión? Todas estas son tentaciones frecuentes, lo sabes, Señor.
Tentaciones que desvían mi mirada de ti, fuente de mi paz; tentaciones que me hacen
olvidar tus palabras constructoras de una paz sólida y tenaz.
¡Vence, Señor, estas tentaciones mías! Haz oír tu voz a mi corazón turbado y enséñame
tus caminos, que conducen a tu paz, a mi paz. No permitas que me olvide de ti por un
poco de bienestar o por buscar una tranquilidad que, con frecuencia, es huir de tu
presencia en mí y en mis hermanos. www.santaclaradeestella.es
3 Alábente, Yahvé, tus creaturas, bendígante tus fieles; cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas. (Sal 145,10-11) www.ocarm.org
4 ¡Padre nuestro de amor y paz! «Tú que eres mayor que tu Hijo», y en quien Cristo se
glorifica por realizar tu Santa Voluntad, cólmanos por tu gracia; con esa paz que tanto
necesitamos hoy en día. Tú conoces este mundo, y sabes muy bien que el «Príncipe»
sigue envolviendo con sus patrañas a las almas más débiles: en nombre de la sangre
preciosa de Cristo, de su alma, su cuerpo y su divinidad, ten misericordia de nosotros y
que se inicien los tiempos de gloria, paz y vida eterna. Amen. www.dario.res
5 Concédenos, Señor, ser hoy motivo de consuelo para nuestros hermanos y hermanas,
sobre todo para los más tristes y los más sometidos a prueba. Concédenos hacer brillar
hoy un rayo de luz sobre el camino de quien no conoce la belleza de la vida. Que cada
día podamos decir: Mira, es «Pascua». Que cada mañana podamos ponernos en camino
impulsados por tu Espíritu de amor, y entonces ya nada podrá asustarnos: hasta el dolor
y la muerte se convertirán en acontecimientos de amor, en acontecimientos pascuales,
en pasos a la vida nueva. Te damos gracias, Señor, por tu amor fiel y misericordioso a
todos nosotros. www.evangeliodeJuan.GiorgioZevini
5 Contemplación. ¿Cómo interiorizamos la palabra de Dios? La palabra en el
corazón de los Padres.
Cuando el Señor precisa: «Os doy mi paz, no como la da el mundo», ¿qué debemos
entender, sino que él no nos da la paz del mismo modo como la dan los que aman el
mundo? Ésos, en efecto, se ponen de acuerdo para hacer la paz entre ellos, con el fin de
gozar no de Dios, sino de los placeres que da el mundo a sus amigos, a cubierto de toda
lid y de toda guerra. Y si también conceden paz a los justos, en el sentido de que dejan
de perseguirlos, no se trata aún de la verdadera paz, en cuanto no es una concordia
real, porque están desunidos los corazones. Del mismo modo que se dice consorte a
quien une su suerte a la tuya, sólo cuando los corazones están unidos se puede hablar
de concordia (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 77,5). www.santaclaradeestella.es
Porque en realidad, oh alma, tú ciertamente vives en una sublime casa, que Dios mismo
te ha preparado. Dichosa y muy dichosa el alma que puede decir: Es cosa que ya
sabemos: Si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, tenemos un sólido edificio
construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene
una duración eterna en los cielos. Por eso, oh alma, no des sueño a tus ojos, ni reposo a
tus parpados, hasta que encuentres un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte
de Jacob.
Pero ¿qué pensar, hermanos? ¿Dónde hallar un solar para este edificio?, ¿qué arquitecto
podrá hacernos los planos? Porque este templo visible ha sido construido por nosotros,
para nuestras asambleas, ya que el Altísimo no habita en templos construidos por
hombres. ¿Qué templo podremos, pues, edificar a aquel que dice bien: Yo lleno el cielo y
la tierra? Me atribularía profundamente y mi aliento desfallecería si no oyera al Señor
decir de una determinada persona: Yo y el Padre vendremos a él y haremos morada en
él.
Así que ya sé dónde preparar una morada para el Señor, pues solo su imagen puede
contenerlo. El alma es capaz de él, porque fue realmente creada a su imagen. Por tanto,
¡deprisa!, adorna tu morada, Sion, porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra será
habitada. Alégrate, hija de Sion, tu Dios habitará en ti. Di con Maria: Aquí está la
esclava del Señor, hágase en ml según tu palabra.
Por tanto, hermanos, con todo el deseo del corazón y con una digna acción de gracias,
esforcémonos por construir un templo en nosotros; solícitos primero porque habite en
cada uno de nosotros individualmente y, luego, colectivamente, pues el Señor no
infravalora ni la individualidad ni la colectividad. Así pues, lo primero que cada uno ha de
procurar es no estar dividido interiormente, pues todo reino en guerra civil va a la ruina
y se derrumba casa tras casa, y Cristo no entrará en una casa en la que las paredes
estén cuarteadas y los muros desplomados. Cuando, después, cada uno esté en sí
mismo, estaremos necesariamente todos unidos y cimentados por medio de la mutua
caridad, «que es vínculo de perfección » (Col 3,14) (Bernardo de Claraval, «Sermón
segundo para la dedicación de una iglesia», en Padres monásticos del siglo XII, La
sapienza del cuore, Magnano 1997, 85-89, passim). www.evangeliodeJuan.GiorgioZevini
6 Acción. ¿A qué me comprometo con Dios? Para custodiar y vivir la palabra.
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra-. «Os dejo mi paz. Que no se inquiete
vuestro corazón» (cf. Jn 14,27).
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «El que me ama será amado por mi
Padre» (v. 21).
7 Para la lectura espiritual. Caminar con la palabra.
Te encuentras siempre ante la alternativa de dejar hablar a Dios o dejar gritar a tu «yo»
herido. Aunque deba haber un lugar donde puedas dejar que la parte herida de ti
obtenga la atención que necesita, tu vocación es hablar del lugar donde Dios habita en
ti.
Cuando permites que tu «yo» herido se exprese en forma de justificaciones, disputas o
lamentos, sólo consigues frustrarte aún más y te sentirás cada vez más rechazado.
Reclama a Dios en ti y deja que Dios pronuncie palabras de perdón, de curación y de
reconciliación, palabras que llamen a la obediencia, al compromiso radical y al servicio.
Se requiere mucho tiempo y mucha paciencia para distinguir entre la voz de tu «yo»
herido y la voz de Dios, pero en la medida en que vayas siendo más fiel a tu vocación se
volverá más fácil. No desesperes: has de prepararte para una misión que será difícil,
pero fecunda (H. J. M. Nouwen, la voce dell'amore, Brescia 19972, 133s [trad. esp.: La
voz interior del amor, PPC, Madrid 1997]). www.santaclaradeestella.es
¿Qué significa amar a Jesús? Significa querer pertenecerle sólo a él, que nos ha dado su
Palabra y la ha mantenido; significa buscar la comunión con él más que cualquier otra
cosa, desear su presencia. El que ama de este modo se mantiene unido a la palabra del
amado, se adhiere a ella, no la deja escapar y la pone en práctica en la medida en que
le es posible. Ahora bien, semejante amor por Jesús experimentará la consumación más
cabal. Todo el amor de Dios, el Padre de Jesucristo, se derramará en plenitud sobre
aquel que ama al Hijo de Dios: Dios y Jesucristo vendrán a él y harán morada en él.
Nada de lo que aquí se dice debe ser atenuado o perder un ápice del vigor de su
sentido: se trata de una auténtica y plena inhabitación de Dios y de Cristo en el hombre.
No es como la imagen de una persona amada que toma posesión de nosotros, no es
como una nueva fuerza que nos llena, sino que es el Dios personal, es el mismo Cristo el
que habita en nosotros. Dios y Cristo no están sólo con nosotros, junto a nosotros, a
nuestro alrededor, sobre nosotros: están in nosotros. No sólo recibimos los dones de
Dios y de Cristo, sino que tenemos parte con Dios y con Cristo, los llevamos como
presencia santísima en nosotros. Si Dios y Cristo moran en nosotros, entonces todos los
señores a los que hemos dejado sitio en nuestro corazón deben cederle el paso. El
mismo Cristo vive y reina en nosotros, ahora: desde ahora en adelante nuestra vida
será vida de Cristo en nosotros. Sin embargo, es evidente que esto se realiza sólo si
amamos a Cristo el Señor y custodiamos su Palabra. Cuanto más tienda nuestra vida a
Cristo, más se abrirá camino Cristo en nosotros. Cuanto más busquemos la salvación
total en él y no en nosotros mismos, y cuanto más busquemos que sea él el Señor de
nuestras vidas, más plenamente estará en nosotros y tomará posesión de nosotros (D.
Bonhoeffer, Memoria e fedeltá, Magnano 1995, 203-205, passim).
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✞ ✞ ✞ Profesión de Fe

Solo los Domingos y Solemnidades.

✞ ✞ ✞ Intenciones (Oracion de los fieles)

Jesucristo es nuestra paz e intercede por nosotros ante el Padre.


- Para que el Señor nos conserve a todos los cristianos en la comunión de su Iglesia.
Oremos.
- Para que dé confianza y ánimo a los que dudan, vacilan y se cansan. Oremos.
- Para que ilumine con su Espíritu a los que sirven a la Iglesia y al mundo con el estudio
y la ciencia. Oremos.
- Para que conceda su paz a los hombres y a las naciones. Oremos.
- Para que los cristianos perseguidos por su fe aprendan de Cristo a perdonar y a orar
por sus perseguidores, roguemos al Señor.
- Para que, a través de las pruebas y adversidades, crezcamos hasta la madurez
perfecta como personas humanas y como cristianos, roguemos al Señor.
- Para que mantengamos siempre nuestra serenidad y nuestra paz de corazón en los
sufrimientos y contradicciones, porque sabemos que Dios está con nosotros, roguemos
al Señor.
Te lo pedimos, Padre, en nombre de tú Hijo, Señor nuestro, que vive contigo y el
Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

3 LITURGIA EUCARISTICA
Sacerdote: Orad hermanos para que este sacrificio, mío y vuestro, sea
agradable a Dios, Padre todopoderoso.
Todos: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria
de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. (→ Este es el
Compendio de la Misa)

✞ ✞ ✞ Oración sobre las Ofrendas

*** Se llevan al altar los dones; el pan y el vino. *** Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro
espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios
nuestro. *** Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante, y a quien diste motivo de tanto gozo
concédele disfrutar de la alegría eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Señor Dios nuestro, Padre siempre fiel: Tu Hijo Jesucristo mantuvo su paz y libertad
interior aun en el trance terrible de su pasión y muerte, porque fue fiel a su misión de
amor. Que Él nos dé en esta eucaristía la misma lealtad y amor, para que las
dificultades de la vida no perturben nuestros corazones, sino que nos guarden
firmemente anclados en ti, que eres nuestro Dios y nuestro Padre, por los siglos de los
siglos.
Al celebrar la memoria de la bienaventurada Virgen María, recibe, Padre santo, la
ofrenda de nuestra humildad, que te presentamos alegres, y concédenos que, asociados
al sacrificio de Cristo, sea para nosotros consuelo temporal y causa de salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Introducción a la plegaria eucarística
Centro y el culmen de toda la celebración. Es una plegaria de acción de gracias y de
consagración. El sentido de esta oración es que toda la congregación de fieles se una con Cristo
en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio .

a) Acción de gracias
El Señor esté con vosotros. R/ Y con tu espíritu. Levantemos el corazón R/ Lo tenemos
levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/ Es justo y necesario.
Prefacio Pascual V. Cristo, Sacerdote y Víctima
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor;
pero más que nunca exaltarte en este tiempo glorioso en que Cristo, nuestra Pascua, ha
sido inmolado.
Porque él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio pleno cumplimiento a lo que
anunciaban los antiguos sacrificios y, ofreciéndose a sí mismo por nuestra salvación, se
manifestó, a la vez, como sacerdote, altar y víctima.
• Te doy gracias Señor por este momento de oración, por la oportunidad que me das de
detenerme un instante para aprender de Ti, de conocerte más y poder así crecer en mi
amistad contigo. Te pido que este tiempo de Pascua sea propicio para convertirme en
luz del mundo y poder llevar tu paz a las personas que me rodean. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria
diciendo sin cesar:
b) Santo: con esta aclamación toda la asamblea, uniéndose a las jerarquías celestiales, canta
o recita las alabanzas a Dios.

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu
gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el
cielo.
c) Epíclesis Se implora el poder divino para que los dones se conviertan en el Cuerpo y la
Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la comunión sea para
salvación de quienes la reciban.

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por
Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas
todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin
mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso. Por eso, Padre, te suplicamos que
santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera
que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que
nos mandó celebrar estos misterios.
d) Narración de la institución y consagración. Con las palabras y gestos de Cristo, se
realiza el sacrificio que él mismo instituyó en la última cena. Momento más solemne de la Misa;
es la transubstanciación: pan y vino desaparecen al convertirse en el Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad de Cristo. Dios se hace presente ante nosotros con todo su amor. ¡Bendito Jesus en el
Santísimo sacramento del Altar!

Porque Él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y dando gracias te
bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen y coman todos de él,
porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes".
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dando gracias te bendijo, y lo pasó a
sus discípulos, diciendo: "Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi
Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por
muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía".
e) Anámnesis. La Iglesia, al cumplir este encargo que, a través de los Apóstoles, recibió de
Cristo Señor, realiza el memorial del mismo Cristo, su Reactualización, recordando
principalmente su bienaventurada pasión, su gloriosa resurrección y la ascensión al cielo.

Éste es el sacramento de nuestra fe. R/ Anunciamos tu muerte, proclamamos tu


resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
f) Oblación. La asamblea ofrece al Padre la víctima inmaculada, y con ella se ofrece cada uno
de los participantes.

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su


admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te
ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella la Víctima por cuya
inmolación quisiste devolvemos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la
Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un
solo espíritu.
Que Él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto
con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, (san
N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener
siempre tu ayuda.
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al
mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu
servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y
diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
g) Intercesiones. Con ellas se da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con
toda la Iglesia, celeste y terrena, y que la oblación se hace por ella y por todos sus miembros,
vivos y difuntos.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia, en el
domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida
inmortal. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el
mundo.
A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor
nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
Padre eterno, te ofrecemos la Preciosísima Sangre de Jesús, con todas las
Misas celebradas en el mundo en éste día, por las benditas Almas del
Purgatorio. Y Concédeles, Señor, el descanso eterno y brille para ellas la luz
perpetua. Amén.
h) Doxología final. Se expresa la glorificación de Dios y se concluye y confirma con el amen
del pueblo.

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del
Espíritu Santo, todo Honor y toda Gloria por los siglos de los siglos. Amén
✞ ✞ ✞ Rito de la comunión
Significa "común unión". Al acercarnos a comulgar, además de recibir a Jesús dentro de
nosotros y de abrazarlo con tanto amor y alegría, nos unimos a toda la Iglesia en esa misma
alegría y amor.

a) Introducción al Padrenuestro
Con las palabras de Jesús nuestro Señor oremos al Padre de todos para que su reino venga a
cada persona de la tierra.

• Oremos a nuestro Padre misericordioso nos conceda la gracia de nunca perder el don
de la paz que Cristo nos ha dejado, para nunca acobardarnos por los momentos de
angustia o de zozobra.
• Unidos en el amor de Cristo, por el Espíritu Santo que hemos recibido, dirijámonos al
Padre con la oración que el Señor nos enseñó:
R/ Padre nuestro…
b) Rito de la Paz
Los fieles imploran la paz y la unidad para la iglesia y para toda la familia humana y se expresan
mutuamente la caridad antes de participar de un mismo pan.

Líbranos, Señor.
Líbranos, Señor de todos los males, y concédenos la paz en nuestros días, para que
ayudados por tu misericordia, vivamos libres de pecado y protegidos de toda
perturbación, y aguardando la venida gloriosa de Jesucristo, nuestra esperanza.

R/. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.


Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no
tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R/.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes. R/. Y con tu espíritu.
Dense fraternalmente la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. R. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. R. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. R. Danos la paz.
Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor, que nos dice: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy
como la da el mundo".

• Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la
cena del Señor.

R. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya
bastará para sanarme.
c) El gesto de la fracción del pan: Significa que nosotros, que somos muchos, en la
comunión de un solo pan de vida, que es Cristo, nos hacemos un solo cuerpo (1 Co 10,17)

d) Inmixión o mezcla: el celebrante deja caer una parte del pan consagrado en el cáliz.
Antífona de comunión Rom 6, 8
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él. Aleluya.

✞ ✞ ✞ Oración después de la Comunión

Mira, Señor, con bondad a tu pueblo y, ya que has querido renovarlo con estos
sacramentos de vida eterna, concédele llegar a la incorruptible resurrección de la carne
que habrá de ser glorificada. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Señor Dios nuestro, Dios de paz: Por medio de tu Hijo Jesucristo tú nos traes paz, una
paz especial que el mundo no puede dar y que ningún poder terreno nos puede
arrebatar. Queremos vivir en unión contigo, para que esa paz de tu Hijo esté siempre
con nosotros y para que tengamos la serena fortaleza de animar y rejuvenecer a
nuestros hermanos aun en medio de nuestras tribulaciones, por medio del mismo
Jesucristo nuestro Señor.

4 RITO DE CONCLUSION
Consta de saludo, bendición sacerdotal, y de la despedida, con la que se disuelve la asamblea,
para que cada uno vuelva a sus honestos quehaceres alabando y bendiciendo al Señor.

✞ ✞ ✞ Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos
de los siglos. R/ Amén.
¡Cristo, Rey nuestro! R/ ¡Venga tu Reino!

Consagración a María
Pidámosle a María que nos acompañe siempre:
Reina del Cielo, alégrate, aleluya, porque el Señor, a quien llevaste en tu seno, aleluya,
ha resucitado, según su palabra, aleluya. Santa María, Madre de Dios, ruega por
nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Oracion a San Miguel Arcángel.


San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad
y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde
súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido,
arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo
para la perdición de las almas. Amén

✞ ✞ ✞ Bendición

Hermanos: Jesús nos dijo: “No se inquieten ni se acobarden”, porque “la paz les dejo;
mi paz les doy”. Esta es la certeza confiada que Jesús nos da. Estamos en las manos de
Dios.
Que la bendición de este Dios providente y todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
R/ Amén
Podemos ir en paz. R/. Demos gracias a Dios.

✞ ✞ ✞ Abba Padre, gracias te doy por enseñarme a Cristo histórico. Y ahora, por tu gracia
y Espíritu Santo concédeme fortalecer la fe, para caminar con Cristo, por Cristo y en
Cristo, ya no histórico, sino Pan vivo bajado del cielo.
«Tú eres Cristo, el Hijo de Dios Vivo» Mt 16, 16

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