NUCLEO TRUJILLO
Ensayo ganador del 2do lugar a nivel Nacional
en las competencias Literarias y culturales de la
FANB en el marco Bicentenario de Carabobo.
UNEFA 2021
CARABOBO, EL AMANECER DE LA LIBERTAD
Por
Eduardo II Zambrano Rivero
Betijoque, 20 de mayo de 2021
1
INTRODUCCIÓN
Hablar de la Batalla de Carabobo en la conmemoración de su
bicentenario, no es fácil, existen para hoy día incontables biografías en donde
autores, destacados los unos y nóveles los más, se han atrevido a generar
conocimiento histórico, casi siempre acertados. Con muy pocas excepciones
encontramos críticas negativas o posiciones centralistas que, en ocasiones,
oscurecen el panorama patrio y el significado simbólico del hito Carabobo.
Así, en estos 200 años de historia patria, nos proponemos a mirar a
Carabobo con un sesgo de pasión haciendo alusión al devenir completo de
nuestra heroica independencia; de cómo llegamos a Carabobo, del significado
para nuestra historia y del símbolo que ha sido en estos dos siglos.
De los valientes que planificaron hacer una Nación de las ruinas
saqueadas por un imperio rapaz, que nos veía como botija de oro y que
entendieron muy tarde que ya sus amenazas de muerte no nos detendrían.
Pasamos de ser para ellos súbditos alzados a enemigos de la patria madre;
cuando solo queríamos construir una República con nuestra idiosincrasia,
nuestro acervo, nuestra propia identidad, aquella que nos hace únicos y nos
identifica ante el mundo. Y eso, nació en Carabobo.
Carabobo es la historia de los héroes, tal cual lo son los dioses de la
Ilíada narrada por Homero y que hoy sobreviven al acontecer patrio: desde los
Mara a Urdaneta, desde los Caracas a Bolívar; desde los Cumanagotos a
Miranda, desde los Arawacos a Páez, desde los Cuicas a Cruz Carrillo, y así…
la historia no es aislada, sino una gran red de muchas más pequeñas historias
que van haciendo de sus personajes y actuaciones, la patria chica… la patria
gigante.
Carabobo, sin duda, es el amanecer de la Libertad, es la diana que se
escucha junto al tambor del avance patriótico, es el emblema donde se funde
el amor por la libertad y el candor del crisol forjado con sangre. Carabobo nos
enseñó que todo es posible cuando una causa es justa. Pero sobre todo,
Carabobo nos une como nación, nos instruyó a pensar como una sola patria,
nos unió en sociedad y nos dio las herramientas para avanzar luego de 300
años de expiación, hacia un porvenir sublime, con una cultura cargada de
simbología, de coraje, de fuerza y de pasión.
Carabobo nos enseñó a ser venezolanos. Y a continuación lo
demostramos con creces.
1
DESARROLLO
Llegar a Carabobo un 24 de junio de 1821, no fue fácil; Venezuela
emprendía un proceso de guerra desde 1810 cuando, conforme a la visión
imperialista española, era un alzamiento más de las colonias. No es para
menos, los procesos vividos con anterioridad eran aplacados con severidad y
crueldad; José Leonardo Chirinos levantado un 10 de mayo de 1795 surge con
la fuerza de sus ideales para exigir abiertamente objetivos muy bien definidos:
el establecimiento de una República con visos del proceso francés; libertad y
abolición del esclavismo; los tributos e impuestos colocados por el imperio
para someter a los naturales y el fin de las castas, incluyendo la eliminación
de la aristocracia blanca. Año y medio después era inmolado en el cadalso,
justo allí, en la Plaza caraqueña donde hoy se erige el monumento de Tadolini
del Libertador; para luego ser descuartizado y exhibido como trofeo como
escarmiento por la afrenta al rey.
Pero la llama quedó, solo seis meses después Manuel Gual y José
María España ya conspiraban, con fines más claros de independencia total del
reino español, entre La Guaira y Caracas lograron conquistar seguidores,
elaboraron planes, estrategias, una bandera. No contó con el apoyo de la clase
criolla mantuana, fue descubierta y, al igual que a Chirinos, José María es
ahorcado y descuartizado en el escenario favorito español, la Plaza mayor de
Caracas. Mientras que Gual fue envenenado en Trinidad por un espía, en
octubre de 1800.
Seis años más tarde, 1806, tocaba el turno al precursor, Miranda, quien
desde Trinidad y con el apoyo del gobernador de la isla, un 1° de agosto llega
a las costas de Coro, para luego el día 3 desembarcar en La Vela y en su fortín
izar por primera vez nuestro Tricolor madre. Miranda se retira al no encontrar
el apoyo del pueblo. Decide reembarcar hacia Aruba, para luego dirigirse a
Inglaterra, donde pocos años después Bolívar lo encuentra.
Nuestra Primera República se logra “sin sangre derramada”, el 19 de
abril de 1810 fue ejemplo para toda la América; ya era tiempo, ya habíamos
madurado, ya no era un grupo de zambos esclavos o criollos mulatos, tocaba
a la aristocracia actuar, sin pesar, sin diferencias de credo y razas, con el
apoyo y los medios necesarios para conseguir la libertad soñada. Ya 300 años
eran suficientes.
Pero España no iba a permitir tan fácilmente desprenderse de su cartera
de oro; preparan la contraofensiva y comienza la guerra, en su estricto sentido.
Ya no se trata de conspiraciones secretas o alzamientos aislados. Venezuela
2
entra a su proceso libertario, quizá como el adolescente que se emancipa de
sus padres, sin la experiencia necesaria, con los miedos de confrontarse con
el futuro inmediato, sin decidirse a quien seguir y a donde dirigirse en sus
labores. Miranda no fue suficiente; Bolívar se estrenaba como comandante, le
faltaba crecer (cosa que lograría magistralmente para 1813). Así, un 25 de julio
de 1812, cuatro meses luego del terremoto, Miranda capitula ante Monteverde
y, el 30 del mismo mes, Caracas se vuelve a vestir de los colores del rey.
1813 fue sin duda el crisol de los héroes, el bautizo de Bolívar no pudo
ser mejor: director de proclamas, comandante de tropas, estadista de guerra.
Se declaró la Guerra a Muerte, necesaria para los fines, cruel para las partes;
pero ya el mundo debía entender que no era una escaramuza de muchachos
de una colonia española. Era una guerra entre Repúblicas; una declaración al
mundo en donde se prometía la vida, aun con la indiferencia de españoles y
canarios; que se extendería desde un martes 15 de junio de 1813 al domingo
26 de noviembre de 1820, cuando las partes deciden tratarse como Estados
iguales en el Armisticio de Trujillo, y reconocerse en abrazos en Santa Ana.
Durante ese periodo de más de siete años los ejércitos patriotas
acudieron a 273 encuentros, siendo favorecidos en 151 de ellos. Si allí
contáramos los decesos, entre ambos bandos pasaron de 131 mil muertes. No
queda duda que es con sangre derramada que pagamos la libertad.
Desde el Armisticio a Carabobo solo pasaron siete meses, tiempo en
que Bolívar estableció su estrategia de guerra en la paz. A finales de enero de
1821 Maracaibo se une a la Patria, le sigue Coro en mayo; ya no son ocho
provincias, ahora suman 10. La Torre protesta ante Bolívar que se está
violando el armisticio; este le responde que desconoce los hechos, pero que
no puede controlar los líderes locales de sus deseos de Patria. Seguro
estamos que si hubo influencia del Libertador; debía distraer al enemigo lo más
posible con el fin de colocar los ejércitos en sus posiciones definitivas.
La Torre no acepta los alegatos de Bolívar por las pérdidas de
Maracaibo y Coro; ambos acuerdan, luego de varios intercambios de oficios,
fijar el 28 de abril de 1821 como ruptura del armisticio, ya el 30 batallaban.
Ahora, el Libertador ya separado del tratado, empieza a preparar activamente
sus ejércitos para la campaña de Carabobo, solo le quedan 57 días, pero ya
ha adelantado y colocado sus fichas muy estratégicamente. Ello no permitía
dudas, Bolívar regía su Estado Mayor con sus funciones claras: la dirección y
organización de los ejércitos.
La táctica de Bolívar es distraer al adversario, aislar y separar los
ejércitos del rey para evitar su concentración; Para ello, apela a Cruz Carrillo
y a Bermúdez para que “diviertan” al enemigo. El primero parte desde Carache
a El Tocuyo, así obstruye el paso del enemigo a Nirgua; sigue hasta San Felipe
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y enfrenta a los realistas destruyendo dos batallones completos del ejército
monárquico; Bermúdez, desde oriente, cruza el Unare luego de destruir las
defensas realistas, el 11 de mayo pasa a Caucagua y el 14 entra a Caracas,
la que se encuentra abandonada. Logran su cometido, separar los ejércitos
realistas, evitan su concentración.
Mientras, Páez cruza el Apure y Urdaneta avanza desde Maracaibo,
entra en Coro y continúa a Barquisimeto. Gómez desde Barinas toma Guanare
y San Carlos, donde Miguel de La Torre tenía su cuartel, no le queda otra que
abandonar esta ciudad y retirarse a Valencia. Ya la suerte está echada. El
amanecer de la libertad ya deslumbraba ese domingo, día del Señor, de un 24
de junio de 1821. San Juan Bautista estará con la patria.
Así llegó Bolívar a Carabobo; dentro de su Formación de Guerra del
ejército patriota, aun hoy existen huecos en la historia constitucional de la
Batalla, es por ello que persisten los mitos y leyendas, sobre todo de la
participación femenina; sin querer disminuir su contribución a la independencia
sobresalen muchas de ellas; otras, solo son ucronías, heroínas colocadas en
el campo, conforme a intereses particulares para resaltar el brillo de sus
autores-creadores; eso es lastimoso que aún suceda hoy día.
Sin embargo, la historia estricta nos lleva a compaginar hechos
certeros, de los que estuvieron allí, de los héroes de la Patria. Este es el
Legado de los grandes: Bolívar, libertador presidente; a su lado Pedro Briceño
Méndez, Santiago Mariño, Bartolomé Salón, José Gabriel Pérez; Antonio José
Caro, Eloy Demarquet. Edecanes Diego Ibarra, Felipe Álvarez, Manuel Ibáñez,
León Umaña, Andrés María Álvarez, Daniel Florencio O’Leary, Ignacio Pumar,
Celedonio Medina, Anacleto Clemente.
José Antonio Páez, a cargo de la primera División. A su mando, los
Batallones Cazadores Británicos y Bravos de Apure, junto a 1.500 lanceros.
Manuel Cedeño, con los Batallones Vargas, Boyacá y Tiradores; junto a él, el
Escuadrón Sagrado. La tercera División a cargo de Ambrosio Plaza y sus
Batallones Anzoátegui, Vencedor, Granaderos y Rifles; a su lado, el Primer
Regimiento de la Guardia y los Escuadrones Dragones y Húsares. Siguen al
menos seis mil nombres más… la cifra no es exacta.
Ellos son los forjadores de la Nación, en su sangre vive la libertad; en
el campo de batalla la gloria consagra a los elegidos; sus nombres cual relato
homérico vivirán por siempre en las páginas sagradas de nuestra historia; nos
llenarán de orgullo, indicarán nuestro camino hacia el porvenir, nos colmarán
de cantos y nacerán los mitos, las crónicas y las leyendas… allí murió Nevado,
allí el Negro Primero se despidió con honores de su General, allí Páez se vistió
de héroe.
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¿Del número en cada ejército? Cien autores aun no precisan las fuerzas
presentes en Carabobo, sin embargo, todos ellos acuerdan que las líneas
patrióticas superaban en relación numérica al realista; atrevernos a decir
números es entrar en crítica polémica con todos ellos; Bolívar en su parte de
guerra se atreve a contarse:
“El ejército español pasaba de seis mil hombres compuesto de todo lo
mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército ha dejado de
serlo. Cuatrocientos hombres habrán entrado hoy a Puerto Cabello.
El ejército Libertador tenía igual fuerza que el enemigo, pero no más
que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no
es sino dolorosa: apenas doscientos muertos y heridos.”1
Quizá del lado del ejército realista existan mejores acuerdos numéricos;
lo que sí sabemos es que las estrategias ordenadas por Bolívar dieron sus
frutos al lograr dispersar el ejército de La Torre, presentándose en el Campo
con desventaja numérica. Es así que con mucha certeza si se tiene la
formación de Guerra realista. Comandadas por el Mariscal de Campo Miguel
de La Torre, su segundo Francisco Tomás Morales, con su Estado Mayor
Feliciano Montenegro Colón y Juan Saint Just. La infantería formada por los
Batallones Infante, Holstalrich, Burgos, Barbastro y Valencey; todos ellos
sumaban 3.500 plazas. Seguido por la Caballería real; Regimientos Husáres,
Guías y Del Rey, con 1.500 plazas; a ello se agrega la artillería.
La Torre, quien se refugia en Puerto Cabello tras la derrota, escribiría a
Bolívar el 6 de julio siguiente para agradecer el comportamiento seguido a los
prisioneros:
“Ha llegado a mí noticia que por V.E. han sido tratados con toda
consideración los individuos del ejército de mi mando que han tenido
la desgracia de ser prisioneros de guerra. Doy a V.E. las debidas
gracias por este rasgo de humanidad, que me hace disminuir el
sentimiento de suerte de dichos individuos; esperando que continuará
V. E. de este modo dando pruebas nada equívocas de que hace
renacer las virtudes sociales que habían desaparecido por el
enardecimiento de las pasiones que han desolado estos fértiles
países” 2
La historia, a veces es caprichosa, en este caso vino en bloques de
trece meses. El mariscal Miguel de La Torre seguía amurallado en Puerto
Cabello; hasta que trece meses después de Carabobo recibió órdenes de
España para su transferencia a Puerto Rico, dejando el ejército español al
mando de Francisco Tomás Morales, quien trece meses después (agosto de
1
: Documento 5788. Comunicación oficial de Bolívar para de Congreso de Colombia, fechada en
Valencia el 25 de Junio de 1821
2
: Rojas, 2006, p. 155. El texto de esta carta fue publicado en Gaceta de Caracas, julio 18 de 1821, p.
22, y en Gaceta Ministerial de Chile, febrero 9 de 1822, pp. 146-147
5
1823), firma su capitulación luego de la derrota naval en el Lago de Maracaibo
acaecida el pasado 24 de julio, contienda que selló la Independencia de
Venezuela.
Carabobo fue el “Amanecer de la Libertad”; el ejército realista quedó
herido, muy herido, pero no definitivo; hubo que recurrir a poco más de 50
combates entre Carabobo y la Batalla naval del Lago marabino, para así
consagrar nuestro más preciado bien, la libertad plena y política de un imperio.
Aun así, España seguía creyendo que la rebeldía de sus posesiones
era algo pasajero. Veinte años después, el domingo 30 de marzo de 1845 se
firma en Madrid el tratado Fortique-Martínez, donde España reconoce la
Independencia de Venezuela; ratificado por el Legislativo venezolano el 20 de
mayo del mismo año y sellado por el Ejecutivo el 27 del mismo mes en manos
del Presidente General Carlos Soublette.
Nacía Venezuela para el mundo, toca hoy a sus hijos, descendientes
de héroes, seguir haciéndola grande, próspera y triunfante. Toca a nosotros
impulsar el desarrollo para liberarnos, nuevamente, de la opresión y la tiranía
a la que nuevos imperios pretenden someternos.
1492 fue el año en que aquel imperio chocaba con la América, con Abya
Yala; quinientos años más tarde, 1992, insurgen nuevamente los hijos de
Bolívar, de Páez, de Urdaneta, de Plaza, de Bermúdez, de Arismendi, de
Chirinos, de Camejo; desde entonces les decimos al mundo: “Venceremos”.
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REFLEXIONES FINALES
Colocar en nuestro devenir el recuerdo de Carabobo, es sabernos
abrazados por ideas de emancipación, paridad, autonomía, gobierno y paz.
Recordar a Carabobo es sabernos rodeados de pensamientos ilustres, de
aquellos hombres y mujeres que un día decidieron darlo todo por la Patria
amada.
Recordar a Carabobo es acrecentar en nuestros corazones a Bolívar,
al Centauro, a Urdaneta, quien cedió en mando de sus tropas por su penosa
enfermedad. Al Negro Primero, quien vino a decirle adiós a su Comandante,
porque estaba muerto.
Es admirar toda la pasión forjada por aquellos hombres que un día
decidieron abrirse el camino a la libertad, aun cuando no había caminos, solo
gloria; es admirar como toda una nación quiso ser “Nación”; el indio, el mulato,
el zambo, el mantuano, que se convirtieron en ciudadanos libres y cuyo
patrimonio hoy conservamos intacto en nuestra memoria.
Recordamos a una provincia colonial separada en cantones que un día
decidió ser Patria Grande, recordamos a esa Colombia forjada por mártires y
héroes, en donde muchos no entendieron ese devenir sagrado, pero que
colmaron de fe para que 200 años después retomáramos el sendero correcto
desde donde lo habían dejado: Definitivamente, “La Patria es América”.
Cada región de la Venezuela Inmortal, nos recuerda a Carabobo, de las
mujeres, anónimas la mayoría de ellas, las troperas, enfermeras, madres,
combatientes, consoladoras de heridas, de sus hijos, de sus esposos, de su
batallón. De la logística que implicó alimentar a los soldados por 15 años de
guerras, del abandono o desalojo del hogar porque llegaba el enemigo o se
replegaba al amigo combatiente.
Hoy, la cultura tras Carabobo sigue vigente, la campaña del amanecer
de la libertad se está completando con nuestros aportes dentro de cada
contexto social, económico, político y si, militar; hoy seguimos en esa campaña
de liberación; solo que hoy si hay caminos forjados. Sabemos de dónde
venimos, sabemos quiénes son nuestros Padres que nos dieron nuestra
identidad. Hoy insurgimos en el corazón de la Patria para liberarla de otras
garras imperialistas.
La lucha continúa, pero a diferencia de 1821, hoy tenemos un Plan de
la Patria. Hoy, sabemos cómo subvertir el orden establecido de la tiranía, para
imponer el nuevo orden de la Patria.
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Nota: Las Fuentes acusadas en el presente ensayo, solo son algunas tomadas
en consideración, de un legajo de más de 1.300 libros de mi biblioteca
personal, leídos y analizados en toda una vida.
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8
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edición julio 2019. Edición Digital del autor Eduardo Zambrano. Enlace de
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