Chapter Title: El discurso histórico y el literario en El mundo alucinante de Reinaldo
Arenas
Chapter Author(s): María Teresa Miaja de García
Book Title: Deslindes literarios
Book Subtitle: Juan Goytisolo, el romancero, José Emilio Pacheco, José Gorostiza, Alejo
Carpentier, Reinaldo Arenas, Roberto Arlt, Roman Jakobson
Book Author(s): BLANCA ELVIA MORA SÁNCHEZ, MERCEDES DÍAZ ROIG, YVETTE
JIMÉNEZ DE BÁEZ, BEATRIZ GARZA CUARÓN, ANA ROSA DOMENELLA, MARÍA
TERESA MIAJA DE GARCÍA, ROSE CORRAL and HERNÁN SILVA BAHAMONDE
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Deslindes literarios
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El discurso histórico y el literario en
El mundo alucinante de Reinaldo
Arenas
María Teresa Miaja de García
La novela de Reynaldo Arenas, El mundo alucinan-
te,1 se ofrece como un relato en el que aparecen mez·
ciados dos discursos: el histórico y el literario. Pa-
ralela a una relación de las aventuras vividas por un
destacado personaje en la historia de la Independen-
cia de México, Fray Servando Teresa de Mier Noriega
y Guerra, al autor de la novela presenta una serie
de visiones de esos mismos hechos con las que recrea
al discurso histórico, dándose a éste cada vez un nuevo
matiz. La novela de Arenas se desarrolla así en dos
planos: el plano realizador de la historia, que respeta
la realidad y aprovecha los datos históricos, y el plano
desrealizador de la historia, que se encarga de "des-
truir" esa realidad por medio de "alucinaciones" que
la vuelven imprecisa y confusa.
Este doble proceso de reconstrucción y de destruc·
1 Reynaldo Arenas. El mundo alucinante, Diógenes, México,
1969, 222 pp. -
107
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108 MARÍA TERESA MIAJA DE GARCÍA
cwn de la historia, lo logra el autor principalmente
mediante la estructuración peculiar que le da a su
novela. En ella la mayoría de los hechos son presen-
tados a través de lo que llamo una triple visión. Uti-
lizando los tres primeros pronombres personales, el
autor enfoca un mismo hecho desde tres ángulos. El
yo de la primera persona presenta la visión autobio-
gráfica (en ella van mezclados principalmente las
Memorias 2 de Fray Servando y todo el material his-
tórico que Arenas confiesa, desde el prólogo de la no-
vela, haber aprovechado para la reconstrucción de
los datos biográficos de su personaje); el tú por me-
dio del cual el autor establece un diálogo ( unilate-
ral) con Fray Servando, y en el cual amplía y corrige
la historia o la crónica histórica; y el él de la tercera
persona mediante el cual Arenas aparece como un tra-
dicional autor omnisciente que presenta su visión de
la historia.
Benveniste señala que entre el yo que habla o emite
un discurso (que en este caso relata la historia) y el
tú que recibe ese enunciado, se establece una relación
de interdependencia que deja fuera al él. Esta ter-
cera persona es la "ausente" o, aún más, es la forma
de "no-persona", puesto que aparece cuando la perso-
na no es designada directamente y, sobre todo, en
la expresión denominada "impersonal', ya que "él
puede ser una infinidad de sujetos- o ninguno". Su
función principal es la de marcar "la ausencia de lo
que califica específicamente al "yo" y al "tú". Es
decir, que "todo lo que está fuera de la persona es-
tricta, fuera del "yo-tú" recibe como predicado una
forma verbal de la "tercera persona y no puede re·
cibirlo de otra" :3
2 Fray Servando Teresa de Mier, Memorias, 2 t., ed. y pról.
de A. Castro Leal, Porrúa, México, 1971, 280; 320 pp.
3 Émil Benveniste, Problemas de lingüística general, Siglo
XXI, México, 1971, p. 166.
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DESLINDES LITERARIOS 109
En la novela ·domina el punto de vista del yo, que
ejecuta el mayor número de acciones. Arenas subraya
con esto el aspecto autobiográfico de su obra. Los
pronombres tú y él se utilizan menor número de ve·
ces en la novela, y parecen estar colocados en el
mismo nivel. Con estas dos visiones mantiene una re-
creación de la historia en su mundo de ficción. De
los treinta y cinco capítulos que componen la novela,
treinta de ellos van precedidos por yo, catorce por
tú y otros catorce por él. Por lo tanto no siempre se
presenta un hecho desde los tres puntos de vista. A
veces aparecen las tres presentaciones (alterando su
orden de aparición). Esto ocurre en los capítulos 1-4
y 7-10; en ellos se caracteriza al personaje princi-
pal y se dan las causas por las cuales él se ve obli-
gado a desenvolverse como un rebelde y a actuar como
un aventurero en el resto de la novela. Hasta el octavo
capítulo la acción ocurre dentro de un mismo ámbito
espacial, México: comienza en Monterrey, ciudad na·
tal del fraile: sigue en la ciudad de México, donde
se convierte en fraile y predicador de gran fama, y
termina con su encarcelamiento en San Juan de Ulúa,
Veracruz. Siete de los capítulos van precedidos por
dos pronombres. Casi todos ellos se refieren a accio-
nes que ocurren en el extranjero: Francia, Italia y
E.U., lugares en los que Fray Servando se prepara
para luchar por la Independencia de su patria y su
reivindicación personal. Finalmente, veinte de ellos
son precedidos sólo por un pronombre (en la mayo-
ría de los casos yo) y en éstos se refieren las a ven·
turas y huidas constantes del fraile. 4
Mediante el proceso de realización y desrealización
4 Este aspecto de la novela me interesa mucho y pienso pro·
fundizar en él en un trabaj,o futuro. Por ahora sólo lo señalo,
porque me parece que tiene gran importancia como elemento
estructurante de la obra.
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110 MARÍA TERESA MIAJA DE GARCÍA
de la historia, el relato queda situado en una encru-
cijada entre lo real y lo ficticio. Dentro de él está
lo "creíble" o verosímil, que se apoya en el material
histórico, y lo inverosímil, que sólo se explica como
perteneciente al mundo fantástico.
"La elección de una base «histórica», es decir, de
un discurso formalizado, constituye una garantía de
autenticidad, pero también constituye una restricción
de los posibles del texto" según afirma Gérard Ge·
neta.6 En El mundo alucinante ésta es una verdad a
medias ya que la base «histórica» aparece mezclada
con elementos irreales que la confunden y amplían.
Arenas reconstruye el personaje histórico, su época y
el medio ambiente físico, social y político dando a su
novela los rasgos de "autenticidad" que son necesa·
rios, según Genette (loe. cit.) para crear la "base de
la relación de verosimilitud" dentro del relato ; unido
a esto aparecen los inverosímiles que conforman el
mundo "alucinante" en el que ese personaje (y sólo
él) se mueve y transforma.
Además de este doble juego entre lo histórico y lo
alucinante, el relato se desarrolla sobre otra base bi-
naria que es la de lo político y lo religioso, en la que
el fraile debe participar desde su nacimiento hasta su
muerte.8
Reynaldo Arenas aprovecha toda la riqueza que le
bril).da el personaje real para la creación de su trabajo
de ficción. Para ello sigue el mismo orden de las
Memorias del fraile en su relato, aunque rompe ese
orden al presentar un mismo hecho desde diferentes
puntos de vista, con lo cual cambia totalmente la es-
5 Gérard Genette, "La escritura liberadora: lo verosímil en
la Jerusalén liberada del Tasso". Lo verosímil. Tiempo Con-
temporáneo, Buenos Aires, 1972, pp. 34-35.
o Hijo del gobernador del Nuevo Reino de León, Servando
ingresa a la orden dominica a los catorce años y desde enton-
ces su participación en ambos campos es constante.
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DESLINDES LITERARIOS lll
tructura de la narración. Mediante diferentes recursos
transforma el mundo "real" que se va convirtiendo
en el "otro": el de las alucinaciones. Algunos de estos
recursos son: a) históricos (precisan lo verosímil):
carácter y personalidad de Fray Servando y situación
política, religiosa y social de la época; b) formales
(marcan la transición entre lo verosímil y lo invero-
símil): recurso transformadores como: juegos de pa-
labras, hipérbole, personificación, y e) los que llamo
"salidas" (indican lo inverosímil o fantástico) : me-
tamorfosis, apariciones, alucinaciones.
a) Es innegable la importancia que tuvo Fray Ser-
vando como figura histórica y política en la época
en que le tocó vivir en México, la cual logró gracias
a su afán de lucha por sus ideales y a su carácter
aventurero. Fray Servando fue un hombre multifacé-
tico y esto lo supo aprovechar y trasmitir Reynaldo
Arenas en su obra. L. Alamán en su Historia de Mé·
xico1 describe al fraile como un hombre con una men-
talidad especial para buscarse problemas y aventuras
a causa de su espíritu rebelde, egocentrista y fantasio-
so. Fray Servando aparece en sus Memorias y también
en la novela de Arenas como el héroe y el eje de todas
las acciones. Los demás son siempre los enemigos, los
in justos, los perseguidores, los torturadores, los que
no entienden. Su carácter tempestuoso y alborotado le
acarrea muchas desgracias, que al final siempre logra
resolver gracias a su simpatía, don de gentes y bondad
natural. Todo esto combinado con su obsesión de dis-
culparse constantemente y por todos los medios por el
famoso sermón que dio con falta de convicción y so·
hra de vanidad, 8 y sus ideas peculiares como la de
7 Lucas Alamán, Historia de México, T. V, libro 2, apud A.
Junco, El increíble Fray Servando, psicología y epistolario,
Ed. Jus, 1959, p. 20 (Núm. 66).
8 El 12 de diciembre de 1974, ante el Virrey, el Arzobispo
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112 MARÍA TERESA MIAJA DE GARCÍA
autonombrarse obispo de Baltimore y la de pertenecer
a la nobleza, hacen de este personaje un terrible y a
la vez simpático enemigo, tanto dentro de la historia
como de la novela.
Como ya indiqué, el relato de Arenas se mantiene
bastante fiel a los datos del autor de las Merrwrias y
sigue el mismo orden en la presentación de los he-
chos, aunque los estructura de manera distinta. Fray
Servando nació en la capital del Nuevo Reino de León,
Monterrey, y fue hijo de familias con antecedentes
nobles y "solar conocido" (Mundo, 98) 9 pues por lí-
nea paterna estaba emparentado con los Duques de
Granada y los de Altamirano (y éstos en matrimonio
con los de Mioña) y por la materna con familias de
los primeros pobladores de la provincia neolonesa.10
El padre ocupó durante dos ocasiones la guberna-
tura del Nuevo Reino de León. Estuvo casado tres ve-
ces y repitió el nombre de sus hijas, de ahí que las
Josefas que se mencionan en la novela tengan el mis-
mo nombre siendo hermanas. En la realidad el padre
acompañó a Servando a la ciudad de México para que
ingresara en la orden de los Dominicos y en la novela
de Arenas aquél viaja solo a la capital. Su discurso
sobre Hernán Cortés, sus conversaciones con el Padre
Mateo y el Lic. Borunda, su discutido sermón del 12
de diciembre de 1794 (euando tenía 31 años), sus
encarcelamientos, huidas, viajes, triunfos, penurias,
y los fieles, pronunció fray Servando un célebre sermón en la
Colegiata de la ciudad de México, en el que afirmaba que la
imagen de la Virgen de Guadalupe había sido impresa en la
capa del apóstol Santo Tomás cuando éste había venido, en
el siglo 1, a evangelizar a los indios. En 1531 la Virgen había
dado esa misma capa a Juan Diego, para que éSte la entrega-
ra al Obispo Zurnárraga y se le construyera un templo (ibid,
p. 11).
9Desde ahora citaré la novela corno Mundo.
IOArternio de Valle-Arizpe, Fray Servando, Espasa-Calpe,
México, p. 27.
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DESLINDES I.JTERARIOS 113
fracasos, amistades y demás datos que se mencionan
en la novela son reales. Todo esto, aunado a su espíri-
tu rebelde e inquieto en una época de opresión políti-
ca y religiosa, hizo que Fray Servando viviera amena-
zado por la hoguera y el encarcelamiento y que
sufriera constantes persecusiones y torturas. Es preci-
samente este aspecto el que más aprovecha Arenas,
pues mediante recursos fantásticos su personaje escapa
a todas las opresiones y mantiene siempre la libertad
de su espíritu. De él se sirvieron las autoridades civi-
les y religiosas para ejemplificar ante otros rebeldes
(como el Padre Ayala que también ponía en duda la
aparición de la Virgen de Guadalupe y la considera-
ha, igual que Fray Servando, una invención de los
españoles para tener sojuzgados a los indios) lo que
eran capaces de hacer. Su presencia era peligrosa en
México y en España y por eso se ensañaron con él.
Fray Servando no entró en el juego (que en el caso
de un fraile no hubiera sido, supuestamente, tan difí-
cil, pues tenía hecho un voto de obediencia y estaba
acostumbrado a vivir en una celda), y por ello tuvo
que sufrir y luchar durante cuarenta años. Sin embar·
go, el carácter de Fray Servando no le permitía ser
así, de ahí que en la novela el rey de España le diga
al fraile:
El Rey soy yo, y nada puedo hacer por ti [. .. ] ¿Para
qué quieres modificar lo que precisamente te forma?
[. ..] No creo que seas tan tonto como para pensar que
existe alguna manera de liberarte. El hecho de buscar esa
liberación, ¿no es acaso entregarse a .otra prisión más
terrible? [. ..] Y además -añadió, mientras se disponía
a marcharse-, suponiendo que encuentres esa liberación,
¿no sería eso más espantoso que la búsqueda?, y, aún
más: ¿que la misma prisión en la cual imaginas que te
encuentras? (Mundo, 95.96).
Sólo poco antes de su muerte se le reconoció su va-
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114 MARÍA TERESA MIAJA DE GARcfA
lor y se le dio un lugar dentro de la vida política de
México. Fray Servando ocupó por dos periodos la cu·
rul como diputado por el Nuevo Reino de León a
partir del 15 de julio de 1822.:n El presidente Gua·
dalupe Victoria (Gral. Félix Fernández) le cedió una
habitación en el Palacio Nacional, donde vivió hasta
su muerte, a los sesenta y cuatro años de edad, el 3
de diciembre de 1827. Sentirse aceptado en su propia
tierra después de tantos años de penurias y luchas era
algo difícil de asimilar para un fraile acostumbrado
a andar de trotamundos. Arenas rompe la secuencia
temporal lógica dentro de su relato y ~n ironía alude
a los homenajes póstumos (en este caso el de la calle
con su nombre) :
El fraile, que ya estaba fatigado del espectáculo, pidió
permiso para retirarse hasta la gran habitación que el
Presidente le había cedido en el palacio. "Qué calle debo
tomar para llegar al palacio", preguntó el fraile, tan
aturdido que ya n.o sabía siquiera dónde se encontraba.
"Pues la calle de Fray Servando Teresa de Mier", le dijo
un hombre muy mezclado de razas. Y el fraile, molesto.
pensó que le había tomado el pelo, pero en cuanto levan·
tó la cabeza vio su nombre sobre una placa negra y re·
petido en cada esquina de la calle por la que avanzaba"
(Mundo, 192).
b) Dentro del aspecto formal son múltiples los re-
cursos que constituyen esta novela. Por ahora sólo voy
a mencionar tres de ellos: los juegos de palabras, el
uso constante de hipérboles y algunos ejemplos de per-
sonificación que aparecen en el relato.
Los juegos de palabras están en toda la novela en
distintas formas. En algunos casos mediante la repe-
tición de una palabra logra dar un ritmo interno al
texto.
11 A. Junco, op. cit., p. 14.
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DESLINDES LITERARIOS 115
Venimos del corojol. No venimos del corojol. Yo y las dos
Josefas venimos del corojol. Vengo solo del corojol y ya
casi se está haciendo de noche. Aquí se hace de noche
antes de que amanezca. En todo Monterrey pasa así: se
levanta uno y cuando viene a ver ya está oscureciendo.
Por eso lo mejor es no levantarse. Pero ahora yo vengo
del corojal y ya es de día. Y todo el sol raja las piedras.
Y entonces: ya bien rajaditas yo las cojo y se las tiro
en 1a cabeza a mis Hermanas Iguales. A mis hermanas.
A mis hermanas. A mis her. (Mundo, 11) .12
En otros el cambio de fonema en un mismo lexema
que se repite a través de un pasaje contribuye a crear
una atmósfera irreal en la que los objetos reales se
convierten en fantásticos.
Los alacranes están cantando y todo está rojizo. [. . .]
¿Quién arrancó la mata de coro jos? Él -dicen los ala-
cranes que no cantan, saliendo de una piedra rojiza. En-
tonces el padre saca el cuchillo rojizo y llorando te corta
la otra mano. La tercera. Y la siembra en el arenal ro-
jizo. (Oscurece.) Todo está rojizo [. . .] Todo rojo. Y la
arena centelleando entre las piedras (Mundo, 15).
La palabra fraile, que parece ser la clave dentro de
este relato, unida a una serie de "ruidos" repetidos en
combinación con ella, refuerza su significado y sub-
raya una acción:
Pero para qué vas a contar esa vieja calamidad, oh frai-
le, ah fraile. Esa calamidad que nada tiene de original,
pues todavía se repite. Eh, fraile, deja deja algo pa'ra las
nuevas generaciones y sigue tus andanzas. Upa, fraile. ¡ An-
da!, fraile. ¡Zas!, fraile. ¡Zas!, fraile. Ahora dirás cómo
fue que te escapaste de ese endemoniado sitio. Y cómo
te hiciste de ciento veinte mil dólares, y ¡cómo fue que
entraste al fin!, jea!, fraile, en tierras mexicanas. ¡Anda!,
fraile. ¡Ea! ¡Viva!, fraile. ¡Jan!, fraile. ¡Yeu!, jrr'ile.
(Mundo, 170).
12 Los subrayados en las citas son míos.
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116 MARÍA TERESA MIAJA DE GARCÍA
Los cambios de tiempo en un verbo hacen que los pa·
sajes de este relato de aventuras cobren más acción,
como puede verse en este párrafo :
Entonces todos los muchachos empezaron a reírse a car·
cajadas sin que nadie los oyera más que yo, que oigo lo
que no se oye. Yo oía las carcajadas que no se oían por-
que si el maestro las oye los encierra como me encerró a
mí (Mundo, 11-12).
En otras ocasiones el juego se logra mediante ora-
ciones explicativas, rimas, inclusión de mayúsculas
donde no corresponden o encadenamientos tempora-
les. Un ejemplo de las primeras es el siguiente:
Yo eché a correr por entre los troncos de las matas de
corojos, llamando a mi madre. Pero en esos momentos
mi madre estaba desemillando algodón- para sacarle el
hilo- para hacerlo tela para venderla- para comprar un
acocoté- para cuando llegara el tiempo de sacar el agua-
miel- para sacarla- para hacerla pulque- para vender-
lo- para comprar cuatro maritates- para regalarlos al
cura- para que nos volviera a bendecir el ganado- para
que no se nos muriera como ya se nos murió. Además:
también ella estaba muerta (Mundo, 12).
En este párrafo las oraciones explicativas van for-
mando una reacción en cadena que provoca una suce-
sión temporal de causa efecto y al final desemboca en
una contradicción.
Todos estos recursos van mezclados con una cons-
tante negación de la realidad y continuos rompimien-
tos temporales y espaciales.
Se puede afirmar que la novela está formada por
una cadena de hipérboles. Incluso las transgresiones
antes mencionadas de tiempo y espacio son logradas
mediante este recurso, ya que, exagerando o dismi-
nuyendo el valor de los hechos, el autor rompe con. un
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DESLINDES LITERARIOS 117
"orden", y saca al personaje o al objeto al que se
refiere de sus límites naturales. Algunas veces la hi-
pérbole sirve para destacar una acción y darle pro-
piedades fantásticas.
Encerrado allí di un brinco queriendo alcanzar la venta·
na que tocaba casi las nubes. Pero nada. Di otro salto y
tampoco. Y entonces empecé a dar chillidos. Y la puerta
se abrió [ ••.] Así fue que cogí un gran impulso casi aga-
chado, y el brinoo fue tan alto que la cabeza rompió las
tejas y me elevé más arriba del techo y vine a caer en
el capullo de una de estas matas de corojos donde había
un nido de cernícalos y maté a la cernícala pues el otro
cernícalo, que era más grande, trató de sacarme los ojos
(Mundo, 12).
Lo mismo sucede con algunos personajes. Por ejem-
plo, la figura de la madre que -tanto en este relato,
como en otros de Arenas- es una ambigua mezcla de
ser fantástico y conciencia que reprocha al hijo su
comportamiento, aparece descrita así:
Y allí, mi madre- con una vela encendida sobre la cabe:
za y una en cada dedo de las manos- me abre la puerta
hecha una luminaria (Mundo, 13).
Las descripciones de los lugares que visita el fraile
"trotamundos", como lo llama Arenas, tienen mucho
de real y de fantástico a la vez, como puede verse en
la que hace de Madrid. Lo primero lo logra gracias
a la visión de viajero sin recursos que recorre el mun-
do, más por necesidad que por placer, y la segunda
gracias a la hipérbole.
Digo que son tan estrechas esas calles, que la gente tie-
ne que caminar de lado y sin ver nunca el cielo, por lo
cual cuando una persona va atravesando un tramo, la que
viene en dirección contraria tiene que agacharse, trepar·
se a una ventana o tirarse al suelo y esperar a que le
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118 MARÍA TERESA MIAJA DE GARCÍA
pases por arriba; y algunas veces se matan en esa discu-
sión de quién es el que tiene que agacharse y quién el
que va a cruzar por encima [. . .] En cada escalón vive
generalmente una persona con todos sus familiares, que
la gente va aplastando a medida que suben (Mundo, 78).
Además de la hipérbole, mencioné que la personi-
ficación es otro de los recursos frecuentes en la nove-
la, y actúa siempre sobre plantas y animales. Curio-
samente algunos de los casos de personificación se dan
con seres vivientes que consideramos despreciables o
que nos producen rechazo -ratas, murciélagos, ala-
cranes, mulos, etc.- pero que en el relato resultan
simpáticos:
-¡Al fin llegas!, dijeron las ratas. Y la voz fue multi-
plicándose por todo el convento que era una prisión. Al
fin llegas, dijeron las voces. Y, de pronto, no fue más
que un gran correr de ratas que lo abrazaban y lo toma-
ban de la mano (Mundo, 56).
e) En este tercer punto incluyo los aspectos desrea-
lizadores, (del discurso histórico) que constituyen el
lado inverosímil o fantástico del relato. Louis VaxL9
dice que "El relato fantástico nos presenta por lo ge-
neral a hombres que, como nosotros, habitan el mun-
do real pero que, de pronto, se encuentran ante lo inex-
plicable". En El mundo alucinante un hombre como
nosotros es el que crea lo inexplicable, con lo cual el
relato se convierte en algo totalmente fuera de lo real.
Para lograr esto, Arenas, a través de Fray Servando,
se vale de tres medios: sus transformaciones o meta-
morfosis, sus apariciones y sus alucinaciones.
El primero de ellos, el de las transformaciones, re-
1 3 Louis Vax, El arte y la literatura fantástica, Eudeba, Bue-
nos Aires, 1965, p. 5, apud Tzvetan Todorov, lntroducciórv a !a
literatura fantástica, Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires,
1972, p. 36.
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DESLINDES LITERARIOS 119
presenta un cambio -generalmente del personaje prin-
cipal, pero también de otros personajes- que sirve pa-
ra "huir" de una situación física determinada o de la
realidad. Este cambio puede ser de dos tipos: median-
te una metamorfosis o mediante un disfraz. Las meta-
morfosis forman parte del mundo alucinante en el que
se mueve el fraile y los disfraces tienen su base en la
realidad histórica de las Memorias.
Algunas veces el personaje principal se transforma en
mata de coroj o, ángel, ave, pez o agua.
Y a los sientes, caminándote por los primeros dedos. Ya
te suben por las piernas llenas de hojas. Ya te rozan las
nalgas ... Estás en medio del arenal, llorando. Has echa-
do a correr y los alacranes han alzado el vuelo y ya te
arrancan los tallos. Ya te descapullan. Ya te desprenden
las hojas. Ya bajan hasta las raíces (Mundo, 15-16).
Otras veces adopta un disfraz con el cual le es posi-
ble huir o engañar a sus enemigos y perseguidores. Así
vemos que Fray Servando se convierte en esclavo ne-
gro, en el Dr. Maniau, en el Mesías para los judíos de
la sinagoga de Bayona, en Lazarillo, en cronista para
Lady Lyon (la esposa del Almirante Nelson), o en
Obispo de Baltimore. El disfraz se convierte en másca-
ra que cubre la realidad y la transforma en otra cosa.
El personaje ya no es él mismo sino que es lo que su
nueva realidad le exige.
Voy disfrazado. Me he convertido en un médico francés
que ha muerto. Soy el doctor Maniau. Y a yo no soy yo.
El doctor Maniau con dos lunares en los ojos (y una
cicatriz encima de la nariz) : mientras una niña mira ha-
cia las nubes la otra baja hasta el suelo. Yo, sin que me
reconozca ni la madre que me parió (Mundo, 103).
También los otros personajes participan de estos dos
tipos de transformaciones (Metamorfosis o disfraz).
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120 MARÍA TERESA MIAJA DE GARCÍA
Curiosamente casi todos ellos cambian su apariencia
normal por la de un animal. Así los habitantes de la
ciudad de México, a causa de las inundaciones, co·
menzaban a convertirse en peces :
Y así sucedió que lo primero que vi al salir de nuevo
a la calle fue a una persona llena de escamas; me ho-
rroricé al pensar en la enfermedad tan terrible que pa·
decería, pero seguí andando y más adelante vi a otra en
las mismas condiciones, y luego a otra y otra. [. .. ] Y
muchas se volvieron peces. Y otros, que tardaron más en
metamorfosearse, quedaron en medio del cambio: mitad
peces y mitad hombres. [. . .] El Virrey, que se había
convertido en un hermoso pargo, pudo llegar hasta el
océano y allí dicen que está: lanzando maldiciones, pero
sin poder salir a la costa . . . (Mundo, 23-24.)
Y el caso de transformación más importante, des-
pués de las del fraile, es el que se opera en el fiero
perseguidor de éste, ya que su habilidad para cam-
biar de ser humano en animal le permite seguir a su
fantástico enemigo. Si no fuera así, Fray Servando
tendría en su poder las ventajas del mundo real y las
del mágico. Esto los pone en una situación de igual·
dad.
Al fin llegas. Y entonces, de entre el barullo de animales
hambrientos, salió Francisco Antonio de León con un
cuchillo entre los dientes y aplaudiendo. "Estás en mis
manos" -dijo el terrible covachuelo. "Estás en mis ma-
nos" -repitió ahora el temible León con un gran rugi·
do, y moviendo la cola se acercó y le dio un golpe con
ella en la cara. El fraile levantó las manos, no para pedir
clemencia, sino para protegerse del hedor de las ratas y
quitarse los pelos de la cola que el golpe le había pegado
en la piel. (Mundo, 56.)
Los hechos de este tipo se suceden en toda la no·
vela: Un fraile se convierte en rata y acompaña a
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DESLINDES LITERARIOS 121
Servando en su celda; el rey de España se transforma
en joven y los nobles de la corte de lturbide parecen
aves a los ojos del fraile por la cantidad de plumas
que llevan encima.
Roger Callois define lo fantástico como "una rup-
tura del orden reconocido, una irrupción de lo inad-
misible en el seno de la inalterable legalidad cotidia-
na'?" Una de estas "irrupciones" es la de las apari-
ciones de Fray Servando. En algunos pasajes del rela-
to el fraile es tomado por una divinidad, un ser sobre-
natural o un Mesías, y en otras como un demonio.
Generalmente el personaje llega sorpresivamente por
el aire y al momento de caer es tomado por una apa-
rición.
Bien sabes que el puente levadizo te lanzó de un golpe
por los aires hasta Bayona y que, por azar, caíste sobre
una sinagoga y los judíos, temerosos del mal, te vieron
descender como si fueras el hijo de Dios. Tú mismo, oh
fraile, dices bien claro que cruzaste por sobre los Alpes,
pero no entre ellos. Asf fue. (Mundo, 113.)
Para Todorov, la fórmula que resume el espíritu de
lo fantástico es "llegué a pensarlo", pues "tanto la
incredulidad total como la fe absoluta nos llevarían
fuera de lo fantástico : lo que le da vida es la vacila-
ción ... En El mundo alucinante es común que una ac-
ción quede entre lo explicable y lo incomprensible co-
mo hemos visto hasta ahora. Son las alucinaciones del
fraile el recurso al que más frecuentemente recurre
Arenas en su relato para marcar esta vacilación. Por
medio de este nivel de transformación el personaje
principal escapa de las cárceles físicas que le imponen
sus enemigos y trata de salir de las dos prisiones que
él solo se ha impuesto: su mundo y su mente. W. Ves-
14 Roger Callois. "Ay coeur du fantastique", p. 161, apud
Tzvetan Todorov, Op. cit., p. 36.
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122 MARÍA TERESA MIAJA DE GARCÍA
terman16 afirma que el Fray Servando de Arenas nun-
ca abandona su lugar de origen (la novela comienza
y termina en Monterrey) , y que todas sus correrías,
prisiones, castigos y aventuras ocurren sólo en la men-
te del personaje y forman parte del mundo alucinante
del relato, Según el crítico, la figura unificadora
que hace pensar que el fraile no se mueve nunca, sal-
vo en su imaginación, está en el juego que hace el
novelista con la palabra León: Fray Servando nace en
la provincia del Nuevo Reino de León; el nombre de
su cruel perseguidor es Francisco Antonio de León;
uno de los frailes dominicos se llama León ; es Lady
Lyon (Lady Hamilton) la que le proporciona el dine·
ro que necesita para poder llevar a cabo su labor
por la independencia de México, y, en su última aluci·
nación, Servando se ve de nuevo entre los corojales de
Monterrey, en el Nuevo Reino de León. Si aceptamos
que todo sucede en la mente del fraile, todo es refle-
jo de la realidad que él quiere ver y en la cual quiere
vivir. Por eso el tiempo y el espacio parecen no exis·
tir. El Fray Servando de la novela vive una sin-edad,
nunca parece envejecer. No se sabe nunca cuánto tiem·
po permanece en un lugar o en una prisión. No hay
dentro del relato referencias a fechas, ni a días, ni a
meses o a años. El único indicio de que el fraile ha
envejecido, lo da el autor en el último capítulo cuan·
do habla de las manos y dice: "Las manos son lo que
mejor indica el avance del tiempo. Las manos que
antes de los veinte años empiezan a envejecer. . . Estas
manos, que me piden, cansadas, que ya muera".
(Mundo, 219-220). El personaje es capaz de violar el
espacio físico y sus obstáculos. Esto le permite "Saltar
sobre los Pirineos" (Mundo, 113), de una zambullida
15 William Vesterman, "Going no place with Arenas".
Review 73, pp. 50.51.
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DESLINDES LITERARIOS 123
llegar de las costas de Inglaterra a las de Cuba (Mun-
do, 167), confesando que "De todas mis travesías fue
ésta una de las más penosas y la que realicé con más
sobresalto y temor" (Mundo, 167), o de una zancada
cruzar la Sala del Consulado del Palacio Nacional,
que tenía más de cien metros de largo (Mundo, 197).
Así todas sus huidas son posibles gracias a este extra-
ño don que le permite escapar de rejas, muros, cade-
nas y hogueras con una facilidad "inverosímil". Son
muchos los ejemplos con los que se podría ilustrar
este aspecto de la novela, porque es esto lo que con-
forma El mundo alucinante; sin embargo hay dos alu-
cinaciones que son claves: la de la visita a los jardines
del rey y la de la visión utópica del Padre Mier, cuan-
do al final del relato se siente encarcelado entre las
montañas del Valle de México al final de la novela.
Y ya planeaba la huida, y ya palpaba la dimensión de
otro destierro más terrible que todos los anteriores porque
se iba desengañando de todo, cuando bajó la vista y,
casualmente, tropezó con un pequeño promontorio de
sólo cuarenta metros de altura, poblado de árboles. Y
descubrió de golpe el monte Tepeyac con la Basflica que
guarda la imagen de la Virgen de Guadalupe. Y al ins-
tante descansó los ojos en la modesta mezquita que pa-
recía flotar en un vapor transparente. Y contemplando
aquella región, más cercana al palacio que el resto de
las montañas, empezó a reírse a carcajadas, y presintió
que había tenido una revelación. (Mundo, 202.)
Hemos visto hasta ahora cómo maneja Reynaldo
Arenas el discurso histórico dentro del literario en su
novela El mundo alucinante. Entre ambos el común
denominador es el tema de la libertad. El personaje
principal lucha por encontrar esa libertad para sí mis-
mo y para su patria. El autor del libro, basándose en
el material histórico, encuentra la libertad para crear
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124 MARÍA TERESA MIAJA DE CARCÍA
un texto diferente al introducir elementos fantásticos
o inverosímiles dentro de lo verosímil.
Finalmente, el lector, gracias a que la novela tiene
una estructura en la que los hechos son presentados
desde tres puntos de vista diferentes, tiene la libertad
de elegir entre una lectura en el orden en que están
puestos los capítulos o de acuerdo a la visión de cada
uno de los pronombres que los preceden. Los juegos
de palabras implican también la elección entre un fo-
nema o un lexema u otro y en el nivel sintáctico se
rompe igualmente con las reglas establecidas. Las
transgresiones temporales y espaciales dejan el campo
libre para que el lector las sitúe, si desea hacerlo, en
su imaginación. Así un personaje histórico vive dentro
de un ámbito alucinante en el que arrastra al lector
en sus aventuras físicas y fantásticas.
BIBLIOGRAFíA
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1969, 222 pp.
Benveniste, Érnil. Problemas de lingüística general, Siglo XXI,
México, 1971, 218 pp.
Genette, Gérard. "La escritura liberadora: lo verosímil en la
Jerusalén liberada del Tasso." Lo verosímil. Tiempo Con-
temporáneo, Buenos Aires, 1972, 178 pp.
Junco, Alfonso. El increíble Fray Servando, psicología y epis·
tolario, Ed. Jus, México, Núm. 66, 1959, 200 pp.
Mier, Servando Teresa. Memorias, Tomos 1 y 11. Antonio Cas-
tro Leal (Ed.), Porrúa, México, 1971, 280 pp. y 320 pp.
Todorov, Tzvetan. Introducción a la literatura farotástica, Tiem-
po Contemporáneo, Buenos Aires, 1972, 212 pp.
Valle-Arizpe, Artemio de. Fray Servando, Espasa-Calpe, Méxi-
co, 208 pp.
Vesterman, William. "Going no place with Arenas." Review
73, pp. 50-51.
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