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Becerra de Becerra Emilio - El Real Fuerte de La Concepcion

Cuando un nuevo elemento irrumpe en la vida de una comunidad, sobre todo si se trata de una nueva y potente energía, cambia sustancialmente su modo de vida. Al aparecer la pólvora, todo el entramado de defensa y ataque se vino abajo y pareció que las altas y viejas torres de los castillos, cansadas de estar de pie, se hubieran tendido sobre el suelo para gozar de un largo descanso, convirtiéndose así en los baluartes que representan el momento de mayor auge de la poliorcética.

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Becerra de Becerra Emilio - El Real Fuerte de La Concepcion

Cuando un nuevo elemento irrumpe en la vida de una comunidad, sobre todo si se trata de una nueva y potente energía, cambia sustancialmente su modo de vida. Al aparecer la pólvora, todo el entramado de defensa y ataque se vino abajo y pareció que las altas y viejas torres de los castillos, cansadas de estar de pie, se hubieran tendido sobre el suelo para gozar de un largo descanso, convirtiéndose así en los baluartes que representan el momento de mayor auge de la poliorcética.

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2

Emilio Becerra de Becerra

EL REAL FUERTE DE LA CONCEPCIÓN


Estudio histórico y descriptivo de una fortaleza
abaluartada.

Introducción por el

Pr. D. Manuel Ballesteros Gaibrois.

Catedrático Emérito de la Universidad Complutense

3
© 2012 Bubok Publishing S.L.
1ª edición
ISBN:
DL:
Impreso en España / Printed in Spain
Impreso por Bubok
Portada: El Real Fuerte de la Concepción, según el plano de Francisco Codony.
Original depositado y custodiado en la cartoteca del Servicio Geográfico
del Ejército

4
A mis cuatro hijos que, entre juegos y estudios, me
permitieron escribir este libro.

5
6
Índice general

AL LECTOR ........................................................................................ 9
¿Qué es una fortificación abaluartada? ............................................... 13
1. La fortificación. Su aparición y desarrollo. ............................. 13
2. La aparición de la pólvora. ...................................................... 53
3. Regreso al Mundo clásico........................................................ 71
4. La fortificación de transición en el Renacimiento. .................. 89
5. El baluarte. Elementos de una fortificación abaluartada. ...... 103
6. Ingenieros militares españoles del Renacimiento. ................. 123
7. Medrano y Vauban. ............................................................... 135
8. El "Cuerpo de Ingenieros Militares". .................................... 147
9. Como se proyectaba una fortaleza en el siglo XVIII............. 159
10. Algunas fortificaciones abaluartadas españolas................. 175
El Real Fuerte de La Concepción ..................................................... 193
11. El Campo de Argañán. ....................................................... 197
12. Antecedentes históricos. .................................................... 217
13. El "Fuerte de La Concepción de Osuna". .......................... 225
14. La recreación en el siglo XVIII. ........................................ 253
15. El "Real Fuerte de La Concepción". Construcción. ........... 293
16. El "Real Fuerte de La Concepción". Descripción. ............. 345
17. Repoblación de Aldea del Obispo. ................................... 369
18. Los constructores del Fuerte. ............................................. 387
19. Su historia militar............................................................... 395
20. Estado actual. ..................................................................... 409

7
Datos biográficos de DON PEDRO MOREAU. .............................. 417
Glosario de voces peculiares de la fortificación abaluartada. ........... 429
BIBLIOGRAFÍA .............................................................................. 451
Índice onomástico ............................................................................. 466

8
AL LECTOR

Este libro, que tiene en sus manos el lector, dedicado al Real

Fuerte de La Concepción, tiene una significación y una intención muy

especial, por las razones que han motivado su redacción, que es preciso dar a
conocer antes de que se entre en su lectura. Estas razones son las que expongo

a continuación, razones de oportunidad y de información al gran público

culto. No es, pues, un libro más, de los que se han escrito sobre el Fuerte, sino

el que pretende suplir una misión informativa de actualidad, dentro del


rigor científico que requiere este trato de un monumento histórico.

La primera razón es la importancia y singularidad que posee

esta venerable ruina del pasado, al ser el ejemplar más característico que
existe en la España peninsular de la poliorcética de la Edad Moderna.

Las siguientes razones parten de la misma premisa anterior. El

Fuerte actual, construido en el siglo XVIII y destruido a comienzos del XIX,

durante la invasión napoleónica de España, al dejar de tener importancia

militar fue abandonado por los responsables de la defensa nacional, pasando

a propiedad particular, que milagrosamente no ha acabado con los

venerables restos. Abandonado, - por así decirlo - a su suerte, ésta ha sido su

propia fuerza e impresionante mole, que sólo una voluntad de

aprovechamiento total podría haber hecho desaparecer. Ante la resistencia de


las propias ruinas, resistencia pasiva, se entiende, un grupo de amantes de las

grandezas del pasado, conscientes del valor histórico del Fuerte, constituyó

9
la Asociación de Amigos del Real Fuerte de La Concepción, de la que es

Presidente el que redacta estas líneas, dirigidas AL LECTOR. Grupo que

no sólo pretende que se pueda hacer un trabajo de restauración, sino que

quiere que las generaciones presentes tengan conciencia de lo que significó


esta joya de la arquitectura militar. A su imponente mole, como se dice en

este libro, se debió la repoblación de la comarca a mediados del siglo XVIII y

su sola existencia granítica fue un punto importante en la contienda que, en

este sector de España, se desarrolló entre los invasores y los que - con la
colaboración inglesa - lucharon para expulsarlos.

Por todo esto aparece este libro, obra de un hombre, Emilio

Becerra, no sólo entusiasta sino - además - gran entendido en toda la

historia que giró en torno al Fuerte, especialmente en la guerra de la

Independencia, en la que es autoridad. Libro que actualiza toda la

problemática del futuro de esta casi sagrada ruina, del pasado histórico de

España y de la zona. Libro que ha de estimular la visita al Real Fuerte de

La Concepción y a todo el entorno geográfico-histórico de una de las zonas


de mayor interés de la frontera hispano-portuguesa.

Con la invitación a conocerlo personalmente se dirige AL


LECTOR.

Manuel Ballesteros Gaibrois

Catedrático Emérito.

10
Emilio Becerra de Becerra

EL REAL FUERTE DE LA CONCEPCIÓN.


Estudio histórico y descriptivo de una fortaleza
abaluartada.

11
12
¿Qué es una fortificación abaluartada?

1. La fortificación. Su aparición y desarrollo.

13
El hombre es desde su aparición sobre la Tierra un animal

gregario. Su desarrollo físico, como especie con caracteres propios y

únicos, se detiene pronto, acaso porque en proyección evolutiva su


opción volitiva natural se decantó tempranamente hacia el

perfeccionamiento de la razón en detrimento de su progresión

muscular y volumétrica. Pero ello le acarrearía una situación de

debilidad ante el poder y la fuerza bruta de otras especies con las que

debía convivir, compartir el hábitat y disputar el alimento, algunas de

las cuales la formaban individuos de gran tamaño y fuerte agresividad,


que los hacia temibles predadores.

Al integrarse el individuo en un grupo de su especie, con

cuyos componentes compartía no sólo las mismas necesidades sino

también iguales debilidades, se encontró formando parte de un bloque

que reunía en conjunto la potencia suficiente para hacer frente a los

individuos y géneros competidores, cuya solidez ayudaba, a su vez, a

consolidar. En su merodeo por el territorio en el que deambulaba en

busca de frutos, hierbas, raíces y pequeños animales que le servían de

sustento, tenía a menudo que defender su hallazgo frente a enemigos

más vigorosos a los que sólo el número de humanos que integraban la

horda - no habían pasado aún de ese estado - lograba mantener a raya,


y ese mismo bloque compacto era el que disuadía a los grandes

14
carnívoros de lanzar sus ataques, pues el hombre aprendió muy pronto
a utilizar palos y piedras para defenderse de sus atacantes.

Su condición nómada originaba encuentros con otras


bandas de su especie con las que entraba en conflictos en los que se

producían violentos enfrentamientos, resueltos por lo general en favor

del grupo más numeroso. Esa contingencia le llevó a ceñirse cada vez

más a espacios concretos y determinados, claramente definidos, a los

que de alguna forma delimitó con señales de los más variados tipos. Y

cuando en su continuo deambular, el grupo encontró un territorio que

reunía buena condiciones para vivir en él, con agua y alimentos

suficientes para todos sus individuos, procuró por todos los medios a

su alcance asentarse en él de forma permanente, expulsando o

alejando a otras bandas que quisieran disputárselo. Los individuos de

ese grupo, se convertirían así en animales territoriales, que procurarían

hallar la protección suficiente para que nadie pudiera, no ya

arrebatárselo, si no tan siquiera diputárselo. Empezaría por marcar la

zona cuidadosamente con cuantas señales exclusivas se le ocurrieran,

al igual que hacen otras muchas especies predadoras. No olvidemos

este carácter de la especie humana, a lo que la obligó desde siempre su

característica alimentaria. Pero ello no sería suficiente, pues sólo


alejaba del territorio a aquellos competidores que les temieran, pero

no a los que se supieran más poderosos, por lo cual hubieron de acudir

15
de día a una vigilancia cuidadosa en la que algunos individuos

protegieran al resto durante sus trabajos de caza o recolección, e

incluso en los de ocio, y encontrar un artilugio que de noche les

sirviera de salvaguarda; esta necesidad de seguridad se fue haciendo


más ineludible a medida que aumentaban sus ideas de solidaridad y de

división del trabajo, y cuando llegaron al convencimiento de que

necesitaban poseer un lugar tranquilo, a salvo de las fieras y de las

hordas rivales donde establecer sus lugares de descanso, y en el que

no sólo de noche, sino a cualquier hora del día pudieran gozar de

seguridad los niños, los ancianos, los enfermos y heridos, o las

hembras en avanzado estado de gestación, que debieran o tuvieran que

permanecer en el sitio que se había elegido, buscaron un punto al que

poder acogerse, que le mereciera la suficiente seguridad para

permanecer en él largo tiempo de forma relativamente relajada, en la

que una pequeña vigilancia fuese bastante para que la mayor parte de

los componentes del grupo pudiera dedicarse a tareas de creación,

entendiéndose como tales también las de confección de ropas y de

armas, conservación y cocción de los alimentos, construcción de

pequeños utensilios, etc. Si vivía en territorios llanos y de clima

templado, permanecía siempre o casi siempre al aire libre e indagó la

forma de encaramarse a puntos abruptos o se rodeó de obstáculos; si


por, el contrario lo hacía en zonas más escabrosas o más frías,

16
lluviosas o desapacibles, al menos en ocasiones, buscó refugios en los

que recogerse y guarecerse, como los profundos barrancos,

desprovistos de salida, en las laderas de las montañas, o en las cuevas

que la misma naturaleza había labrado en muy diversos lugares.


Cuando aprendió a crear y utilizar el fuego, y comprobó que muchos

animales lo rehuían, encendió grandes hogueras en el contorno de su

lugar de descanso, o en la entrada de los cañones o de las cavernas en


los que se refugiaba.

A medida en que avanzaron en sus conocimientos,

acudieron a protecciones sólidas y permanentes que les dieron

seguridad y continuidad. Si vivía en una amplia llanura buscó

generalmente una pequeña elevación del terreno, a ser posible rocosa

o con altos canchales, a los que pronto rodeó con todo aquello que fue

estando a su alcance; al principio se contentó con una somera

empalizada de troncos o espinos; luego construyó con ellos una borma

lo bastante espesa para impedir el paso, e, incluso, la vista, a su través;

después fue levantando muros de piedra cada vez mejor enlazados, y

más altos y anchos; a veces los muros se duplicaban. Siempre, y ello

nos indica el avanzado estado de su razón, dejaban una sola puerta,

para alcanzar la cual se habilitaba un camino obligado, de largo


recorrido, donde el intruso - o los intrusos - debía progresar dando

siempre su costado derecho al muro defensivo, pues al llevar

17
empuñada con la mano derecha la espada, la lanza o cualquier otra

arma ofensiva que portase, tenía que presentar a quienes estuviesen en

el interior su lado indefenso, ya que el escudo u otra arma protectora

era llevada en el brazo izquierdo. En nuestra península podemos ver


continuas muestras de ello, y es curioso que así también lo

encontremos en arcaicas construcciones defensivas de los incas

peruanos o de otros países tan dispares a nuestro Mundo como los


indígenas de Zimbabwe.

Si sus moradas estaban en una barrancada o en una cueva,

estas defensas las situaban en la parte anterior o en la entrada, sin


perjuicio de colocar otras en los puntos débiles que pudieran existir.

Entonces, cuando el hombre, todavía casi en su etapa de

transición desde la vida meramente animal a la vida razonada y

organizada, colocó ante sus establecimientos fijos elementos que le

defendieran de sus enemigos, inventó la "fortificación", pues no

significa otra cosa esa colocación de obstáculos levantados


artificialmente ante o alrededor de sus moradas.

Fue la "fortificación", por tanto, uno de los primeros

logros del hombre que empezaba a dejar de ser animal y a

"civilizarse", acaso por la misma época en que descubrió el fuego, y,


desde luego, antes que la rueda. Dotados así de un antemural, fuese el

18
constituido por el fuego o los obstáculos construidos con ramas o

piedras, que defenderían con las armas que se habían procurado,

podían crear una familia y organizar una incipiente economía que les

permitiera sobrevivir a los tiempos de escasez y a las amenazas de los


elementos naturales, de los animales y de otros hombres extraños a su

entorno. Y de esta forma se reservaron un territorio o, al menos, un


pequeño rincón donde ejercer su total soberanía.

Entonces, cuando el hombre consiguió poseer un refugio

dotado de las defensas necesarias para ser respetado no sólo por las

fieras, sino también por otros grupos de congéneres con los que

disputó la posesión de un territorio y los alimentos que allí se

encontraban, y se unió a otros individuos de la especie para formar un

pueblo, podemos afirmar que logró ser independiente; es decir, tomar

sus propias decisiones sin que sobre ellas pesara el temor o la presión

de otros seres que también se movían por el territorio; pues ello le iba

a permitir con el desarrollo en el tiempo de su técnica y de sus

adquisiciones culturales tener algo que le perteneciera en exclusiva y

con lo que poder vivir con la libertad de hacer aquello que considerara

más conveniente para su vida y la de los que componían su entorno

familiar. Fue, pues, la "fortificación", al darle seguridad, la que le


liberó de las limitaciones que la geografía, los seres con los que

convivía y su propia debilidad le imponían. Y ésta independencia y

19
esta libertad se fueron mostrando cada vez más eficaces a medidas que

pasaba de cazador y recolector a ganadero, y más tarde, y sobre todo,

cuando se convirtió en agricultor, pues su seguro refugio le permitió

almacenar en el mismo provisiones y bienes en tiempos de abundancia


con los que superar las miserias que los años difíciles le deparaban.

Tan lenta como el desarrollo de la humanidad fue la

progresión del arte de fortificar, pero cuando algunos pueblos se

sintieron fuertes como consecuencia de un gran aumento en el número

de sus componentes; de un avance cultural que los destacaba sobre sus

vecinos; de la posesión de una nueva arma con la que superaba a sus

oponente, como en el caso de los Hititas cuando contaron con el hierro

con el que fabricaron sus espadas, dagas y lanzas; o de cualquiera otra

circunstancia por la cual sobresalían en el Mundo que les rodeaba,

quisieron asegurar el poder que ello les confería, y levantaron

asentamientos seguros para preparar sus crecientes ansias de

expansión, y que les sirviesen también para evitar ser dominados por

sus adversario; recurrieron para lograrlo a dotar a sus ciudades, que ya

se habían ido haciendo extensas y populosas, de fuertes defensas,

fáciles de sostener y complicadas para ser atacadas en las que casi

siempre se trataba de compensar la inferioridad numérica con la


ventaja de su situación.

20
Se produjo, como consecuencia, un enorme avance en el

arte de la fortificación permanente, cuyo desarrollo asombró y aún

asombra a las civilizaciones que les han sucedido hasta el día de hoy,

y, en especial, al comprobar el acierto con que se dieron solución a los


más variados problemas que presentaban las necesidades de la defensa

en un punto y momento determinado, y a la gran base científica que

aquellas fortificaciones, levantadas hace miles de años, contenían en

su concepción y desarrollo. Ya hemos visto, por ejemplo, que la

colocación de las puertas fue desde los primeros momentos de este

arte una exigencia a la que todos los constructores de fortificaciones

trató de dar una solución adecuada, y en estas grandes ciudades de los

imperios que podríamos considerar del oriente mediterráneos se

adoptaron disposiciones especiales para su erección que iban a dar una

normativa imperecedera y a traducirse en lo que más tarde se

proclamaría como uno de los principales principios de la

Poliorcética1: el desenfilado de las puertas. Y de todos, o casi todos,

los preceptos magistrales de este arte, tanto en su vertiente ofensiva

como defensiva, que fueron tempranamente utilizados por estos

pueblos colonizadores, tan pronto como tuvieron noción de que una

necesidad existía. No sabemos si ellos los tradujeron en tratados

1 Poliorcética: (del griego poliorketike) Arte de atacar y defender las plazas


fuertes (Dic. de la Real Academia). Según María Moliner: Diccionario de uso del
español. procede de las raíces griegas "polis", ciudad, y "herkos", recinto

21
cuidadosamente elaborados, pues nada ha llegado hasta nosotros, pero

al verse ante ellos, los griegos y romanos que vivieron a caballo de los

años en los que empezó la Era cristiana, los estudiaron, analizaron y

legaron a los que en el tiempo les hemos sucedido las grandes reglas
de la fortificación, empleadas por ellos, y que han permanecido
inmutables desde entonces.

El tiempo y el abandono, a partir del momento en que el

poderoso pueblo que las levantó perdió su impulso expansivo, ha sido

la causa de que hayan ido desapareciendo y disolviéndose en el

terreno donde se asentaban la mayor parte de las antiguas ciudades y

fortalezas que levantaron aquellos pueblos que iniciaron y

desarrollaron en la Edad Antigua la Civilización. Pero aún, tras los

milenios transcurridos, quedan en pie o han sido rescatados de los

escombros que los sepultaban, vigorosos restos que nos transmiten

con voz diáfana datos que permiten conocer la grandeza de aquellas

construcciones, las normas de su trazado, las técnicas de su

construcción y la adecuada solución a sus problemas arquitectónicos o


bélicos.

Dentro de los territorios en que se iniciaron y plasmaron

las viejas civilizaciones, que fueron base y cultivo en el que el tiempo


forjó la que se ha conocido como civilización occidental, es en

Mesopotamia, Anatolia y Egipto donde encontramos los primeros

22
vestigios del desarrollo verdaderamente importante del arte de la

fortificación y donde vemos aplicados, al menos en su parte defensiva,

los principios de la Poliorcética. Sólo por los relatos de Herodoto,

Citesias y Estrabon tenemos noticias de la existencia de Babilonia y


de su primer recinto fortificado hacia el año 2.500 A.C., pues fue

totalmente devastada; según se desprende de las modernas

excavaciones los muros del recinto tenían algo más de siete metros de

anchura y cada cincuenta y dos metros se levantaba una torre; todo el

recinto estaba protegido por un amplio foso. Hacia el 600 A.C. el rey

Nabucodonosor II (Nabu-Kudur-Usur) reformó y mejoró estas

fortificaciones y levantó su imponente "zigurat" y la gran puerta de

Ishtar. También se deben a este rey las fortificaciones de Ur, en

Caldea, dotadas de un doble recinto, con cinco puertas fuertes, dentro

del cual, rodeados de murallas a su vez, se encontraban el palacio y el

"zigurat"2 o "ziqqurratu", a cuyos niveles superiores sólo se podía

acceder por medio de largas, estrechas y empinadas escaleras


exteriores.

Por los mismos tiempo hallamos construcciones con

grandes obras de defensa en Egipto, donde en Tebas encontramos los

llamados templos de Karnak, Ramesseum y Medinat Habu, que en

2 Zigurat (del acadio "ziggurat", torre) Torre escalonada y piramidal,


característica de la arquitectura religiosa asiria y caldea (Dicc. de la R.A.E.).

23
realidad son otras tantas fortalezas, que fueron construidas en los años

1.500 a 1.200 A.C. En Asiria se construyó la fortaleza de Khorsabad,

cerca de Mosul, entre el 722-705 A.C., que consistía en un recinto casi

cuadrado dotado de siete puertas fortificadas, y en una de cuyos lados


estaba inserto el palacio de Sargón. Los hititas establecieron su

capital, Hattusas, edificada sobre una elevación aprovechando la

facilidad de defensa que proporcionaba el escarpado monte; se

componía de una ciudadela, una ciudad alta y otra baja, todas

defendidas por amplias murallas ciclópeas, de 10 metros de altura,

cuajadas de torres, y dotadas a vanguardia por una antemuralla; es aún


un misterio sin aclarar como se produjo en su día su ruina.

Debemos citar la ciudad de Troya, pues en ella se han

encontrado los restos de nueve ciudades, todas fortificadas, construida

cada una sobre la anterior, previamente arruinadas, de las cuales la

primera debió ser levantada hacia el 3.000 A.C. La sexta corresponde


acaso a la Troya homérica.

A algún lector pueda parecer, después de leer los párrafos

anteriores, que no se avienen con las ideas de libertad e independencia

a que me he referido anteriormente, pues estas populosas ciudades,

convertidas por sus reyes en formidables fortalezas, fueron el germen


de poderosos imperios que extendieron sus dominios sobre territorios

de una enorme amplitud y sometieron a su gobierno a miles de

24
hombres pertenecientes muchas veces a muy diversos pueblos, que

fueron sometidos a su potestad en contra de su voluntad y a pesar de

todos sus esfuerzos por evitarlo. Pero ya indicaba en la primera línea

de este libro que el hombre es un ser gregario, y esas ideas de libertad


e independencia hemos de tomarlas en el sentido de que es al grupo,

no al individuo, a quien tenemos que referir los parámetros que

estudiemos, en especial si tratamos de hacerlo asumiendo su

mentalidad y olvidándonos del pensamiento actual, fruto de una

evolución milenaria. No olvidemos que el hombre es un predador al

que sus condiciones físicas le han obligado a vivir siempre en una

grey o comunidad, más afín en sus acciones instintivas al león o al

lobo que al solitario tigre; por eso, para sentirse fuerte se unirá a otros

hombres de igual ascendencia; se defenderá de otros grupos colocados

en sus márgenes tribales, y tratará de someterlo, en especial si posee

bienes - en un principio comidas, ropas, armas - que el desea disfrutar.

Y el grupo es libre e independiente cuando, sintiéndose protegido

dentro de los muros de esas grandes urbes, no tiene que someterse a

las exigencias de quienes le disputan su círculo de expansión y, en

cambio, puede imponerles sus normas y sus dictados. La mayor o

menor culturización de estos pueblos será causa de que puedan medrar

sobre ellos individuos violentos y dominantes o que se mantengan en


un estado de evolución pacífica.

25
Esta diferencia se aprecia cuando alcanzamos en el tiempo

a situarnos en la época de la cultura clásica griega. Es posible que en

el principio, al llegar las tribus aqueas a la península helénica, los

antiguos pobladores no hubieran salido de la etapa prehistórica, si


atendemos a la falta de documentos escritos, pero poseían una

desarrollada cultura ubicada en las costas del mar Egeo, a uno y otro

lado, y en sus islas, cuyo centro de irradiación podemos situar en la de

Creta. Los aqueos asimilaron rápidamente esta cultura y se

distribuyeron por todo el territorio, pero conservando cada tribu su

independencia: carentes aún de los avanzados conocimientos que

poseían los grandes pueblos situado a oriente y mediodía de sus valles,

y no teniendo que temer de ellos, pues el mar era un magnífico foso

que los defendía, se limitaron a vivir en pequeñas ciudades libres que

dotaron de someras fortalezas que bastaban para asegurarlos de las

apetencias de las tribus vecinas. Como consecuencia de la absorción

de los conocimientos prehelénicos desarrollaron una cultura, cuya

importancia ha sido tan extraordinaria, que ha merecido el nombre de

"clásica" y ha sido la madre de toda las Artes y las Ciencias

occidentales, lo que hizo decir al gran filósofo español Xavier Zubiri,

en pleno siglo XX, que " los griegos somos nosotros". Pero

fragmentado en sus pequeños estados-ciudades, no crearon, como ya


queda dicho, grandes fortalezas y se limitaron construir pequeñas

26
defensas, pero a las que aplicaron las sabias normas que habían

desarrollado los grandes imperios. Si sus fortificaciones fueron

primero las larissas, que consistían en el aprovechamiento de

estrechos e inaccesibles espacios que defendían con dilatadas y


enormes puertas, dotadas de todo tipo de defensas, y más tarde las

acrópolis, fortalezas colocadas en lo alto de un montículo cercano a la

ciudad y en donde se desarrollaba toda su vida pública y cultural, se

aplicaron a ellas todos los principios de la Poliorcética, que ya había

alcanzado casi todo su posible desarrollo, y se estudiaron, comentaron

y fijaron todas sus reglas por medio de insignes pensadores, que nos

han legado el completo conocimiento de esta importante ciencia. La

evolución de la fortificación en los pueblos helénicos la podemos

seguir observando, sucesivamente, en las ruinas de importantes de

ciudades como Micenas, Tirinto y Atenas. El desarrollo metódico y

hasta, podríamos decir, que científico, se va a producir a partir del

siglo III A.C. y sería en los años que ocupan el espacio entre el año

300 A.C. y 200 D.C. cuando se estudiarían y a expondrían de unan

forma racionalizada todos los problemas de la Poliorcética, así como

sus soluciones. Sería Arquímedes, en el sitio de Siracusa por los

romanos el que daría el paso decisivo con su estudio de nuevas

defensas y nuevas armas. Otros tratadistas griegos seguirían sus pasos,


que luego, a su momento, continuarían los romanos.

27
Fue, como vemos, a través de Grecia por donde llegó a

Roma este conocimiento. Al extenderse la Ciudad por todo el Mundo

entonces conocido, los romanos se encontraron con zonas en las que la

cultura estaba todavía en estadios primarios y con otras donde ésta


llevaba siglos, e incluso milenios, evolucionando. En las primeras, en

las que sólo tuvieron que enfrentarse a ejércitos tribales y a

rudimentarios sistemas defensivos, no se vieron, en la necesidad de

levantar, para dominarlos, grandes fortalezas; pero en las segundas, les

fue preciso primero aprender y aplicar los grandes principios de la

Poliorcética para debelarlos, y luego aplicarlos a su vez para

reconstruir las viejas fortificaciones o levantar otras nuevas para

mantener sujetos a sus pobladores y para rechazar a los pueblos que


habían quedado en las márgenes de su dominio.

Porque en la parte más occidental el hombre, salvo

sorprendentes excepciones, como Tartessos, en España, no había

pasado del estado tribal, y todavía cada valle, cada pequeña meseta, o

cada espacio limitado por algún río o alguna montaña, eran territorio

exclusivo de un pequeño pueblo, independiente e indómito, que a

menudo estaba en difíciles relaciones con cada uno de sus vecinos;

pero como sólo se enfrentaban en sus frecuentes querellas grupos muy


limitados de contendientes, no les había sido necesario desarrollar

grandes obras de defensa; por eso en esta parte del Mundo

28
mediterráneo sólo encontraron pequeños castros o someras defensas,

pues los pobladores se amparaban más en la situación de sus poblados

- el abrazo de un río, el escarpado del risco donde se levantaban - que

en sus muros o en otros medios de protección, aunque en ocasiones se


encuentran en sus ruinas vestigios, a veces bastante conservados, de

potentes puertas fortificadas y de algunos de los principales elementos

de sistemas defensivos más avanzados. Un ejemplo de esto lo

podemos contemplar en las ruinas del poblado ibero de Ullastret, en la

provincia de Gerona, dotado de un poderoso recinto defensivo que,

aunque modificado luego por los romanos, presentaba ya, a la llegada

de éstos, muchas de las característica esenciales del arte de la


fortificación.

Por esto, en el Occidente no tuvieron necesidad de grandes

fortificaciones y se limitaron a proteger los campamentos legionarios

o a establecer líneas medianamente fortificadas en los limes o

fronteras que los separaban de los pueblos que no suponían sino una

molesta amenaza, pero cuya dominación les resultaba excesivamente

onerosa; así encontramos los puestos de vigilancia o fortines que

guardaban las líneas cántabro-asturianas en Hispania , la muralla

levantada tras el reinado de Claudio al norte de Britania para evitar las


incursiones de los pictos y escotos, e incluso las defensas que a lo

29
largo del Rin protegían a las tierras romanas de las irrupciones de los
germanos.

Al extenderse hacia Oriente, en cambio, Roma encontró


otro mundo en el que pueblos de milenaria cultura y dotados de

ejércitos y defensas poderosos se oponían a su avance. Hubo de

enfrentarse a poderosos imperios, más o menos en decadencia, que

poseían poderosas fortalezas en las que encontraban un sólido apoyo

contra su avance, y a los que tuvieron que sojuzgar apelando a los

conocimientos poliorcéticos que les habían legado los helenos. Un

ejemplo paradigmático de estas dificultades la encontramos a su

enfrentamiento a la formidable ciudadela de Doura Europos, cuyos

vestigios nos hablan de un pueblo con una cultura plenamente

desarrollada y dotado de los más amplios conocimientos bélicos, a

pesar de que la poca solidez de los materiales con los que estaba

construida haya hecho que el tiempo casi haya borrado su


monumentalidad.

Los romanos tuvieron, ante esta circunstancia, que

aprender a enfrentarse a tales dificultades, y estudiar

concienzudamente las más sólidas y complicadas reglas del arte

militar para luchar, no sólo a campo abierto, o ante someras barreras,


sino frente a grandes y poderosas defensas magistralmente

establecidas. Acudieron, como en tantas cosas, a los pensadores

30
griegos, y en sus estudios y análisis encontraron las bases para montar

un complicado sistema operativo, con el que pudieron hacer frente a

los problemas planteados y establecer, a su vez, obstáculos adecuados

a las amenazas con la tendrían que enfrentarse en momentos


posteriores. Cuando después de aprender el arte de debelar estas

grandes fortalezas, tuvieron necesidad de levantar a su vez líneas

fortificadas, como en la frontera de Siria, que hubieron de prolongar

desde Cargnat hasta la Tingitana, tuvieron que dotarlas de los

elementos que desde la primera Antigüedad se habían revelado como

los más idóneos: las puertas fortificadas y desenfiladas, las torres de

bases pentagonales, los taludes de las escarpas, las torres albarranas,

los matacanes y las buhardas, entre otros. Fue Roma, por tanto, la

continuadora de la tradición del arte de la fortificación que habían

desarrollado los grandes pueblos de la península de Anatolia, de las


cuencas de los ríos Tigris y Eúfrates, y del valle del río Nilo.

Con la caída de Roma el 476 en poder de los bárbaros,

todo el territorio del Imperio de Occidente se disgregó y fragmentó en

tal número de pequeños señoríos que cualquier idea de continuidad y

poder se desvanecieron, y, por tanto, no habría en los siglos sucesivos

ni grandes ejércitos, ni posibilidad de potentes fortalezas, que tampoco


iban a necesitar los señores feudales para protegerse de sus débiles,

egoístas y mezquinos vecinos. Hasta el siglo XI las fortificaciones

31
europeas prácticamente han desaparecido y sólo permanecieron

activos algunos recintos levantados durante el Bajo Imperio Romano.

En general, los caudillos germanos o eslavos de las hordas que

invadieron el Imperio de Occidente, y los señores feudales que les


fueron sucediendo, se limitaron a proteger con una somera defensa el

territorio del que, en mejor o peor ley, se habían adueñado, y la

carencia de un fuerte poder central - los reyes de los estados en

aquellos años apenas eran obedecidos por sus servidores -, capaz de

reunir las energías de estas bandas feudales para un fin común que no

era considerado entonces necesario, mantuvo este fraccionamiento y

con ello las fortificaciones quedaron en un estado elemental, de claro

retroceso sobre las que habían sido las fuertes edificaciones defensivas

de los tiempos anteriores. El castillo feudal en Europa fue en estos

primero siglos del medievo únicamente los que se ha llamado la villa

franca, consistente en una torre levantada sobre un mogote o mota,

muchas veces artificial, la que poco a poco se fue rodeando de

estacadas y fosos; más tarde algún muro o alguna otra torres, menos

importante, que las flanqueara, y construidas con frecuencia con

madera, por lo que resultaban fáciles de destruir. Su mayor avance en

este arte fue la erección del donjon o del keep, elevados sobre el
inevitable mogote central.

32
Siguió, sin embargo, el poder fuerte y representativo,

aunque en continua decadencia, en el Imperio de Oriente o de

Bizancio, y en su ámbito, del mismo modo que iba a conservarse la

cultura clásica, lo sería también la ciencia militar. Los viejos y fuertes


recintos fortificados reaparecieron, especialmente cuando nuevos

pueblos en expansión procedentes de Asia amenazaron su existencia.

Los estudios de los grandes tratadistas del pasado fueron reactivados,

se reeditaron muchas de sus obras, como las de Procopio. Aparecieron

grandes fortalezas, que ahora estaban dotadas de ciudadelas, como las

de Constantinopla, de Nicea, o de Antioquía, que habían de producir

verdadero pasmo a los cruzados europeos cuando se encontraron con


ellas.

En España la poliorcética sufrió el mismo retroceso que en

el resto de Europa, y en los primeros años de la Reconquista los reyes

de Asturias y León buscaron su protección en las posiciones que los

romanos habían establecido para la defensa del limes. A medida que

se fueron extendiendo los reinos y surgieron los primeros jefes de

pequeños grupos de tipo feudal, se levantaron someras fortificaciones

que, como en los países más al norte, consistieron en la clásica torre

rodeada de una empalizada, y que servía de estrecha vivienda,


caballeriza y fortaleza al caballero cristiano; estas torres, a las que

33
Bordejé 3 denomina torres cantábricas, están situadas formando una

especie de línea desde Asturias a Navarra4. A medida que se avanza

en el dominio hacia el Sur, este castillo se va desarrollando, siempre

dentro de estas características, hasta alcanzar la línea del río Duero,


donde las numerosas muestras allí levantadas corresponden ya al

castillo cristiano español. Tras atravesar el Duero, el Cinca y el Litera,

los cristianos van tomando elementos de las construcciones militares

del Islam, muchas de las cuales aprovechan, conservando la mayor


parte de los elementos constructivos y defensivos que poseían.

En Oriente, los Califatos árabes surgidos a partir del siglo

VII, llegarían a ser no sólo los herederos de los conocimientos greco-

romanos, sino además los transmisores de todas sus enseñanzas a las

edades posteriores. Por eso, en Europa sería España, nuestra Patria, en

la que los musulmanes permanecieron cerca de ochocientos años, el

país por donde volverían al Mundo occidental los grandes

conocimientos de la Antigüedad clásica. Los musulmanes importaron

a nuestro suelo todas las normas poliorcéticas del Mundo clásico y de

su continuidad bizantina. El castillo musulmán en España se

diferencia del cristiano en primer lugar por carecer de la clásica torre

3 Bordejé Garcés, Federico.- "El Castillo español en la Edad Media".


Madrid, 1949.

4 Una excepción en cuanto a localización lo constituye el de Nogales, en la


provincia de Badajoz, claro ejemplo de este tipo de castillos.

34
del feudalismo europeo, y porque están erigidos de acuerdo con las

normas que ha aprehendido en Oriente. Esto, que ocurre ya en sus

torres aisladas (burch), como en Bujalance o Burjasot, y en sus

castillo camperos (hisn), a los que pertenecen Baños de la Encina,


Tarifa, Marbella o Berlanga de Duero, se pone plenamente de

manifiesto en las cercas con que rodearon a las principales ciudades,

como en Zaragoza, Coria, Cáceres, Sevilla, Toledo, Carmona,

Córdoba o Málaga; grandes recintos en los que utilizaron siguiendo

las reglas de Philon de Bizancio, torres de planta preferentemente

pentagonal; torres de flanqueo intercaladas en las murallas; torres

albarranas situadas a vanguardia; caballeros o torres de vigilancia:

corachas o caminos cubiertos (podemos contemplar una muy

característica en Toledo, hacia el Tajo, y también en el pequeño hisn

de Corbera de la Ribera (Valencia); albacares (espacio cercado con

elementos defensivos donde recoger el ganado comunal en caso de

peligro) de los que encontramos un ejemplo en Cullera;

coronamientos almenados; taludes escarpados en los muros; barreras o

antemuros rodeando el recinto; buhardas y matacanes (por este origen

musulmán las llamó Próspero Merimée moucharaby ), y los que

además encontramos aplicados los preceptos de Vitrubio sobre el

desenfilado de las puertas. Cuando algunos de estos recintos fueron


aprovechados por las poblaciones levantiscas para enfrentarse al poder

35
califal, hubo de procederse a su demolición o, al menos, a su virtual

abandono, y se las substituyó por imponente ciudadelas o alcazabas,

de las que fueron exponente la Aljafería de Zaragoza, o las de Mérida,

el Vacar, Tarifa, Málaga o el imponente castillo de Gormaz, verdadera


plaza fuerte en la que podía concentrarse todo un ejército destinado a
invadir los reinos cristianos septentrionales.

Como quedó dicho, los cristiano aprovecharon estos

castillos y alcazabas a medida que la Reconquista fue avanzando y

pasaron a su poder. Prácticamente en los reinos cristianos el castillo

iba a ser una copia y desarrollo de las enseñanzas musulmanas, y los

que construyen en los siglos XII y XIII serán el resultado de estos

conocimientos, adquiridos en su mismo suelo, y que se adelantan y

solapan a las nuevas corrientes - o casi -que los Cruzados traen de sus

incursiones, fracasadas por lo general, a Tierra Santa y los territorios

del Oriente mediterráneo. A la clásica fortaleza islámica sólo se va a

aportar, tras su reconquista un fuerte elemento, la torre del homenaje,

desarrollo de la antigua y pequeña torre de los varones feudales de la

Alta Edad Media, que ha tenido su correspondencia en el donjon o en


el keep de la Europa occidental.

Las expediciones de los Cruzados a Tierra Santa,


especialmente con motivo de la primera, pusieron a los señores

feudales del occidente europeo en contacto con los territorios de las

36
riberas orientales de Mediterráneo, donde se había desarrollado la

esplendida cultura bizantina, asimilada y continuada después por sus

conquistadores los Califatos musulmanes. Entre las cosas que

copiaron, e incluso mejoraron los pueblos islamizados, a partir del


siglo VII, se encuentra en lugar preponderante la fortificación, y sus

manifestaciones asombraron a los cruzados, cuyos asentamientos

defensivos dejaban tanto que desear frente a los castillos y plazas

fuertes que encontraron en el Imperio bizantino, en Siria y en

Palestina. Y cuando ocupadas Antioquía, San Juan de Acre, Cesárea y

Jerusalén, y creados los principados latinos en aquellos territorios

tuvieron que levantar fortaleza que aseguraran su dominio, lo hicieron

a ejemplo y semejanza de las que en la comarca habían encontrado,

muy superiores a las que existían en sus regiones de origen. De ellos,

son ejemplo, mejor o peor conservados, las ciudadelas de Jerusalén -

donde se construyó una de las puertas mejor fortificadas de la Historia

- y de San Juan de Acre, y castillos como los de Subeilas, Beaufort y

Belvoir, en Galilea, de los que se conservan interesantes vestigios; los

de Kerak de Moab, Montreal y Sidon, de los que quedan importantes

ruinas, y los de Saona o el Krak de los Caballeros, bastante

conservados; éste último era tan poderoso, que sólo valiéndose de un

37
innoble subterfugio 5 logró el sultán Bubars que los caballeros del
Hospital lo rindieran.

Cuando los príncipes y caballeros europeos que habían


tomado parte en las Cruzadas regresaron a sus estados, en especial a

principios del siglo XIII, después de la tercera, sintieron el deseo de

levantar en la cabeza de su dominio fortalezas como las que habían

visto en Oriente y empezaron a surgir en la Europa occidental castillos

que de alguna manera, más o menos acertada, trataban de repetir los

elementos clásicos encontrados en las lejanas tierras de Levante. De

ello podemos citar como muestra el célebre Chateau Gaillard ,

levantado por Ricardo " Corazón de León " en Normandía, en una

estrecha península rodeada por un cerrado meandro del río Sena; los

de Pembroke, Beeston, la Roche Guyon, Ortenberg, Coucy, Saumur,

etc. Las Ordenes de Caballería, al instalarse en Occidente, también

contribuyeron a extender la construcción de fortalezas, cuyos diseños

se basaban, en mayor o menor medida, en las normas de la

Antigüedad clásica, y con ellas entraron en España, ahora por la vía de

los Pirineos, las enseñanzas que se habían conservado en Oriente

relativas a la poliorcética, pero que ya llevaban siglos siendo

observadas en Al'Andalus y asimiladas y copiadas por los reinos

5 Bubars hizó llegar a los sitiados una carta falsa en la que su Gran Maestre
les ordenaba la redición por haberlo hecho ya todas las demás plazas.

38
cristianos. Por eso sus manifestaciones, que aún subsisten, algunas en

buen estado de conservación, no mejoraron a las fortalezas que en

aquel período se estaban levantando por arquitectos de una u otra

religión. Podemos observar castillos erigidos por las Ordenes en


Cardona, Monzón, Peñíscola, Montesa, Zorita de los Canes, Calatrava

la Nueva y Ponferrada, como muestra de las que levantaron los

monjes guerreros. En este campo, como en otros de la cultura, los

españoles, gracias a la transmisión que habían llevado a cabo los


musulmanes, se habían adelantado bastantes años al resto de Europa.

Este tipo de fortaleza, aprovechando con mucha frecuencia

las que los recuperadores del suelo hispano encontraban en las

ciudades y campos que ocupaban, mejoradas con elementos idóneos,

ampliadas y, sobre todo, con la dotación de fuertes y elevadas torres

del homenaje, fueron el tipo de fortificaciones que imperó en la

Península ibérica en los siglos XIII y XIV. Como he dicho, el

elemento más conspicuo del período fue la torre del homenaje, como

podemos comprobar en Monterrey, San Felices de los Gallegos,

Medina del Campo, Guadamur, Alburquerque, Feria, Belalcázar,

Almodóvar del Río o Vélez Blanco, o cualquiera de los ejemplares

que puntean toda nuestra geografía pero cuya cita no cabe dentro del
espacio de este libro.

39
En el siglo XIII hizo aparición una nueva y potente fuente

de energía de alto poder expansivo: la pólvora, que iba a trastornar

todo lo referido con las Ciencias y Artes marciales; de momento su

influencia fue muy pequeña y hasta comienzo del año 1400 no iba a
tomar un papel importante en las decisiones que se tomaran en orden a

la construcción de fortalezas, ni tampoco al de su asalto y demolición;

pero poco a poco iba a tener una influencia siempre en aumento, como

veremos luego, hasta el punto que su empleo va dividió la historia de

la Poliorcética en dos períodos: uno inicial que empezó casi con la

aparición del hombre en la Tierra y que iba a terminar, después de

milenios, cuando la pólvora se hizo presente en los campos de batalla,

y que se ha denominado a veces como de la "neurobalística6, y otro

que se desarrolla desde ese momento, llamado de la "pirobalística7

por la condición de las armas empleadas, En este período apenas

ocurrió nada nuevo en España en la esfera del desarrollo de las

defensas de campos y plazas, a no ser porque la circunstancias de que

la cada día más lejana y esporádica lucha contra los musulmanes que

aún ocupaban algún rincón de la Península, fue causa de que en los

castillos ya existente y los que se fueron construyendo en estos

6 Neurobalístico.- Se aplica a las máquinas de guerra anterior a la


invención de la pólvora. Artillería consistente en esa clase de máquinas
("Diccionario de uso del Español", María Moliner). su fuerza la proporcionaba
gruesas trenzas formadas por largos cabellos, generalmente de mujer.
7 Pirobalística.- Arte de disparar proyectiles con armas de fuego (Ibidem).

40
tiempos de moderada tranquilidad - a pesar de las guerras civiles - se

fuesen adoptando medidas que tendían a hacerlos más bien palacios

para una cómoda vida de sus poseedores que rudos reductos de

defensa. Así ocurrió en Cuéllar, en Simancas, en Coca, en Segovia, en


Toledo, en Belmonte y en tantos otros levantados o reformados por
aquellos años.

Hay, como es natural, un período en que subsisten los

viejos métodos a la par que van desarrollándose y tomando carta de

naturaleza los nuevos sistemas, que, al fin, por su mayor efectividad

acaban por desplazar a los primeros y a convertirse en los únicos

empleados, pero siempre dentro de un ambiente y un afán de

superación, que hace que continúe viva la eterna dualidad del arma y

la coraza , en la que unas veces predominará la primera y otras la

segunda, y en cuyo enfrentamiento siempre al avance de una de ellas

seguirá la investigación y la experimentación necesaria para que la


otra vuelva a superarla.

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2. La aparición de la pólvora.

53
En la secular e ininterrumpida guerra que en nuestro suelo,

en la Península Ibérica, sostenían, en una casi conflagración civil,

cristianos y musulmanes, ocurrió en el siglo XIII de nuestra Era un


pequeño hecho, a juzgar por las noticias no documentadas llegadas

hasta nosotros, que si en su primer momento pudo parecer sólo una

anécdota poco importante, se convirtió en los dos siglos siguientes,

por su repetición, desarrollo, y eficacia, en el desencadenante de una

etapa totalmente diferente en todo lo relativo a la Ciencia y las Artes


marciales.

Este importante suceso fue el uso, por primera vez en

Europa, de la pólvora en una acción bélica, cuando los musulmanes

andalusíes la emplearon para defender las fortificaciones de Niebla

durante el sitio que puso a esta plaza en 1257 el rey Alfonso X de

Castilla. Es muy posible que este tipo de pólvora no fuera el que más

tarde se conoció como pólvora negra, que fue en realidad el

compuesto químico que revolucionó todo lo relativo al Arte de la


Guerra.

La empleada en el siglo XII por los andalusíes parece ser

una combinación de materias inflamables que desde varios siglos

antes se empleaba en China para los fuegos de artificio, y cuyo


invento se ha hecho remontar a muchos siglos antes de la indicada

54
fecha. Es posible que los chinos conocieran un ingenio capaz de

provocar incendios a bastante distancia, del mismo modo que lo

hacían los bizantinos con el fuego griego, aparecido en

Constantinopla el 668 D.C., pero ni unos ni otros tuvieron en esas


fechas, ni mucho después, un arma que se basara en la expansión de

los gases provocados por su deflación para arrojar proyectiles hacia el

adversario. Los que remontan el origen a una remota antigüedad,

afirman, apoyándose en los Vedas y en los Aguipurana, que el

inventor fue Wismarkamar, arquitecto de Vichnú, y ciertos códices

hindúes, traducidos al inglés, por orden del general Warren Hastings,

gobernador de Bengala, relatan que Alejandro Magno fue cañoneado

por las fuerzas de Poró en su avance hacia el Hidaspes. Autores menos

atrevidos hacen bajar la fecha hasta nuestro siglo X y hay datos sobre

la utilización de los fuegos de artificios en China hacia el 950 D. C. y

de 1044 es la primera receta conocida para fabricar pólvora publicada

por el químico chino Wu-Ching-Tsao. Marco Polo no encontró

cañones en el ejército chino, y Nicolás y Maffeo Polo cuando fueron a

China a principios del siglo XIV construyeron para el Emperador una

máquina neurobalística, capaz de arrojar piedras de 200 kilos que

causó el pasmo de la corte y el ejército chinos. El tratadista español

Diego Ufano atribuyó no sólo la invención de la pólvora sino también

55
la de las armas de fuego al emperador chino Vitey, que, según está
demostrado, reinaba en aquel imperio en el año 85 A. C.

El conocimiento de la pólvora debió llegar a los árabes a


través de Asia, y desde el Califato de Bagdad importado a España; su

uso, como ya he expresado, debió ser en un principio, en lo que atañe

a los hechos bélicos, el de un lanzamiento de un artificio incendiario

que se arrojaba hacia el enemigo con el intento de poner fuego en sus

instalaciones, o de producir graves quemaduras a sus hombres y

ganado. Pero ya en el siglo XIV hallamos repetidas referencias al uso

de cañones, que debían ser del tipo de bombardas o falconetes

primitivos, y se datan utilizaciones de estas bocas de fuego en los

sitios de Tarifa en 1340 y en el de Algeciras en 1342, ambos en

España; se tienen noticias del uso de la artillería por los ingleses en la

batalla de Crecy (Francia) durante la guerra de los Cien Años, y por


los venecianos en Chiozza en 1380.

Esa mezcla explosiva, estaba compuesta ya por 29'5 % de

azufre, 29'5 % de carbón y 41 % de salitre, según aparece hacia 1215

tanto en la obra "De secretis", del monje franciscano inglés Roger

Bacón, como en la del dominico alemán San Alberto Magno titulada "

De Mirabilis Mundi "8; por sus exposiciones citadas, estos dos

8 Ver; MONFORTE SOLER, Manfredo: "La Pólvora y sus Aplicaciones".


UEE, S.A., Madrid, 1993, pp. 557-558.

56
eminentes sabios, que merecieron los sobrenombres de Doctor

mirabilis y Doctor universalis , respectivamente, han sido

considerados frecuentemente como sus inventores. De fecha poco

posterior, de principios de la luna de Regeb del año 622 de la Héjira,


es decir, de 1225, se conserva en la Biblioteca de Leyden un

manuscrito árabe, y parece ser que hasta fecha muy próxima a dicho

año los musulmanes no emplearon el salitre en la composición de la

pólvora; desde ese momento la utilización de este componente, que no

necesita del aire para su combustión, se generalizó y a finales del siglo

XIII su uso era común. Así lo confirma el libro de estos años de

finales de la centuria, titulado " Tratado de combatir a caballo y de

las máquinas de guerra " y escrito por Nedjen-Eddin-Hassan-

Abrammah, apodado el Jorobado. En la Biblioteca de San Peterburgo

fue hallado otro manuscrito, de principios del siglo XIV, que se

atribuye a Sehem-Ed-din-Mohammed y cuyo título es " Colección

reuniendo los diversos ramos del saber ", en el que, siguiendo la


traducción del profesor alemán Fleischer, encontramos esta receta9:

"Descripción de la mezcla que se hace en el medfaa:

Composición normal: 10 dracmas de salitre, 2 de carbón, 1 1/2 de

azufre. La mezcla se tritura hasta convertirla en polvo finísimo y se

9 Del Diccionario Enciclopédico Ilustrado Espasa-Calpe, voz "pólvora".

57
llena con éste la tercera parte del medfaa10 y no más; pues de otro

modo la haría saltar. Se hace al torno otro medfaa de madera de

diámetro correspondiente al primero y se mete en este golpeando

fuertemente; se pone encima el bondoc (bala) ó la flecha y se pega


luego fuego á la mecha. El segundo debe ser de longitud conveniente

para llegar debajo del fogón, pues si desciende más bajo, el tirador
recibe un golpe en el pecho. Que se tenga cuidado"

Otras atribuciones aparecen datadas ya en el siglo XIV,

como la que atribuye la invención, en 1330, al fraile Constantino

Auelitzen, y al también fraile de Friburgo Severino Bertoldo, llamado

Schwartz ( el Negro ), especie que tuvo mucha aceptación en España.

La primera monografía sobre la pólvora que se conoce es el "Liber

Ignium" de Marcus Gracus, publicado en 1300, y de 1340 se tienen

noticias fiables de su fabricación en Anoberg con una composición de


67 partes de salitre, 16,5 de carbón y otras 16,5 de azufre.

Por lo que hace a nuestra Patria, encontramos que en la

"Crónica" del rey don Alfonso se afirma que la pólvora le llegaba a

los sitiados de Africa, y pronto se encuentran datos en las crónicas

sobre la existencia en el siglo XIV de fábricas de pólvora en España,

10 Ibidem: "En esta descripción la palabra medfaa tiene la significación de


lanza ó tubo de hierro, pero otras veces se emplea en el sentido de propulsión o
proyección y también la misma mezcla que constituye la pólvora.

58
alabándose las de Navarra y de Cataluña, especialmente la de

Barcelona, por la buena calidad del salitre empleado. Hacia la mitad

de este siglo ya se obtenía en España pólvora graneada, lo que no se

realizó en Alemania, según los doctores Upmann y von Meyer hasta el


año 1445. Durante todo el siglo XVI su fabricación siguió haciéndose

de forma similar a como se realizaba hasta entonces, sin que se

publicara ninguna Ordenanza sobre su composición o manufacturado.


La primera variaba según se destinase a la guerra, la caza o las minas.

Las primeras armas que emplearon la pólvora en el campo

de batalla, fueron rudimentarios cañones de hierro dulce, forjados a

golpe de martillo, a los que se denominó bombardas (o lombardas)

con una versión más pequeña y ligera, que se usaba sobre las murallas

o a bordo de barcos, llamadas falconetes. Una bombarda se componía

de dos partes: una de forma de tubo, abierto por ambos extremos,

conocida como caña o tomba, y otra, también cilíndrica, con uno de

sus extremos obturado, a la que se llamó recámara, servidor o

mascle, y que llevaba el oído u orificio para dar fuego. Para cargar el

arma se ponían la pólvora, los proyectiles y los tacos de atraque en la

recámara y se introducía ésta dentro del tubo, ajustándola fuertemente

por medio de cuñas de madera; todo el conjunto se aseguraba por


medio de fuerte sogas al afuste. La recámara llevaba un asa para

facilitar su manejo; en España se la denominó alcuza, por su parecido

59
a este utensilio de cocina. Para fabricar las bombardas se empleo un

sistema parecido al que se utilizaba para hacer barriles, pues se

formaban con una serie de duelas de hierro que se unían en caliente

por medio de zunchos. Las bombardas y falconetes eran armas muy


sólidas y eficaces a corta distancia, pero con poca precisión; además la

deficiente unión entre el tubo y la recámara era causa de que se

perdiera gran parte de la energía producida en la explosión. Utilizaban

proyectiles principalmente hechos de piedra tallada sobre el terreno a

los que se conocía como bolaños, que se fueron perfeccionando poco

a poco, incluso con la utilización de gálibos que aseguraban su talla y


su regularidad.

Ya a finales del siglo XIV comenzaron a vaciarse cañones

de bronce fundido, cuya fabricación se encomendó en un principio a

los campaneros, por la similitud de la aleación que habría de

emplearse con la que se utilizaba en la de las campanas, pero después

de algunos fracasos debido a la distinta proporción de las diferentes

clases de aleaciones, se fue formando un personal completamente


especializado y centros adecuados para ese efecto.

A la vez fueron desarrollándose diversas aplicaciones

bélicas de la pólvora y aparecieron variados instrumentos para su


aprovechamiento en diferentes usos. Todavía dentro del siglo XIV, en

1382, se inventaron las granadas de mano, que con los

60
perfeccionamientos naturales han llegado hasta los tiempos actuales.

Nada más comenzar la centuria siguiente nos encontramos con

importantes hallazgos como son los de las mechas graduables y la

metralla, de las que se tienen noticias a partir de 1405 y 1410,


respectivamente. De 1450 es la aparición del mosquete o arcabuz, y en

1483 encontramos ya la primera pistola. En el primer cuarto del siglo

XVI se producen dos notables descubrimientos: las estrías de las

ánimas y el dispositivo de rueda para el mecanismo de disparo; el

primero, fechado hacia 1520, proporciona al proyectil una mejor

estabilidad en su trayectoria, lo que se traduce en una mayor precisión,

y el segundo, que aparece en 1421, permite, al realizar la ignición sin

necesidad de tener previamente encendida una mecha, que ya se

aplicaba al cebo por medio de una pieza en forma de "S", llamada

serpentín, una mayor facilidad y seguridad en la acción de disparar.

También en esta fecha encontramos la aparición del mosquete

español, y veinte años más tarde se aplicó ya la llave de rueda, que

había sido utilizada en principio sólo en el fusil, a la pistola; a finales

de siglo, había ya cartuchos de papel, y desde 1590 estos llevaban

juntos la pólvora y el proyectil. A finales de la centuria, desde 1592,

se fabricaban pistolas de cañón estriado, y en 1596 aparecen las


espoletas de percusión.

61
La evolución de los cañones había sido considerable. Si en

un principio se había creído que su perfeccionamiento consistía en

hacerlos cada vez más grandes, hasta el punto de que en el sitio de

Constantinopla en 1453 se utilizaron piezas de tamaño monstruoso, a


partir aquí se fueron reduciendo sus dimensiones, favorecida esta idea

por la mejora de su fabricación al aumentar la calidad y

perfeccionamiento de las piezas fundidas que son las más utilizadas ya

a principios del siglos XVI. Su uso en diferentes clases de acciones

bélica, dio lugar a crear diversas clases de cañones, destinados cada

uno a un fin determinado, que originó la clasificación del arma en

artillería de campaña, de plaza, de sitio y de costa y marina, destinadas

respectivamente a acompañar a las restantes armas en los combates a

campo abierto, en defender la plazas fuerte, en atacar a estas fortalezas

o en desempeñar los cometidos necesarios para las acciones navales.

Esta diversidad de necesidades ha hecho que muchos autores hayan

clasificados las bocas de fuego de la Artillería, y siempre nos

referimos al período de su desarrollo inicial, en el grupo de los

cañones, que podían disparar proyectiles con un peso comprendido

entre 56 a 2 libras; grupo de las culebrinas, aptas para arrojar balas de

un peso de 30 a 2 libras; grupo de los morteros (que como sabemos

tienen una trayectoria muy curva), y piezas menudas como falconetes,


sacabuches y ribadoquines. La artillería, al hacerse más ligera y

62
manejable fue siendo utilizada cada vez más; si empezó siendo un

artificio para atacar, y para defender, las fortificaciones medievales,

pronto se la hizo acompañar y apoyar a la infantería y a la caballería,

especialmente a la primera. Ya he citado su utilización en Crecy y en


Chiozza; en España fue utilizada por los ismaelitas en el sitio de

Huéscar en 1334 y, como vimos, por los cristianos en los Tarifa en

1340 y de Algeciras11, dos años después, y el ejército del infante

Fernando de Castilla contaba con un importante tren de artillería en la

campaña de 1410 y 1411, en las que conquistó varias plazas

granadinas, como Setenil y Antequera. A finales del siglo XV, en la

guerra de Granada, el ejército de los Reyes Católicos contaba con un

verdadero tren de artillería, aunque todavía en esa época y hasta

bastante después, sus sirvientes y sus arrastres fueran elementos y

medios de circunstancia contratados para un período corto o para un

servicio determinado; siendo sólo el personal especializado que lo

dirigía el verdadero profesional en esta rama de la actividad bélica.

Pero su utilización como artillería de campaña de forma decidida

acaso se produjese en la batalla de Rávena en 1512; en 1522 el

marqués de Pescara provocó un profundo cambio en la organización

de la infantería al dotarla de un número importante de mosqueteros

11 Villena Pardo, Leonardo: "Sobre la evolución técnica del castillo


español". CASTILLOS DE ESPAÑA, núm. 23 (90), 99. 49-634.

63
que aumentó con el fuego de sus mosquetes la potencia de sus

unidades, lo que se puso claramente de manifiesto en 1523 en la

batalla de Pavía entre los ejércitos de Carlos I de España y Francisco I


de Francia.

Durante el siglo XVI los cañones y demás piezas de

artillería fueron evolucionando lentamente, aunque su

maniobrabilidad era bastante deficiente debido, en especial, a los

pesados afustes sobre los que iban montadas las bocas de fuego. La

carga se hacía por delante y era una operación laboriosa. El retroceso

de los cañones en cada disparo obligaba a sujetarlos por unos

complicados sistemas de cuerdas y poleas para permitir su rápida

restitución en batería después de cada descarga. Más importancia tuvo

su empleo en las armas portátiles para la infantería y la caballería,

debiéndose destacar el papel que para su proliferación tuvieron la

aparición, primero de la llave de rueda y, más tarde, de la de silex, que

permitió facilitar las labores de carga y su ignición, y aligerar el peso

y la longitud de los arcabuces y pistolas. La proporción entre el

número de soldados armados de picas y ballestas y el de los que

empleaban los llamados "cañones de mano" se fue decantando a favor

de estos últimos hasta el momento en que toda la infantería estuvo


armada de mosquetes y, después, de fusiles. Un gran avance de la

artillería en el siglo XVII se debió al rey de Suecia Gustavo Adolfo,

64
que procuró dotar a sus tropas de mayor número de mosqueteros y

contar con una importante artillería compuesta por piezas más ligeras

y con mayor velocidad de tiro, a la par consiguió darles mayor

movilidad con la reforma de sus afustes y carruajes. Un gran avance


fue la adopción por los ejércitos europeos la cureña "Gribeauval", que

fue en mi opinión una verdadera revolución dentro de la artillería de

campaña, pues le dio una movilidad y una capacidad de maniobra muy

por encima de la que le permitían los pesados sistemas de arrastre

usados hasta entonces. Aunque Federico II de Prusia no introdujo

cambios importantes en las piezas artilleras, es de destacar que a este

genio del Arte militar se debe la introducción de la artillería montada,

que utilizaba como "fuego que avanza" en apoyo de la Caballería, y el

uso masivo de los morteros en el campo de batalla; pero acaso por las

condiciones pesadas del material todavía en la época del rey prusiano

hicieron que su influjo en el desarrollo de este Arma quedara muy por

debajo de cuanto innovó en los otros campos de la ciencia militar. La

gran revolución en el desarrollo de la artillería y en todo cuanto

concierne a su utilización en y contra las plazas fuertes y en su empleo

en el campo de batalla la llevaría a cabo el genio militar de Napoleón

Bonaparte, cuya trayectoria marcial comenzó en este Arma, con la que

destacó en el sitio de Tolón en 1793; pero este cambio en el peso de

65
las armas derivadas del empleo de la pólvora cae ya fuera de la época
a que este libro ha de ceñirse.

En el último tercio del siglo XVIII apareció la artillería a


caballo, con la creación en 1777 por el oficial español Vicente

Maturana, ayudante de órdenes del virrey de Buenos Aires, de una

unidad ligera, con cañones de bronce de dos pulgadas, destinada a

acudir de forma rápida allí donde los indios pampas, dotados de

vigorosos y ligeros caballos, se presentasen en alguna de sus

devastadoras incursiones. En 1783 una ordenanza unificó la artillería

española que quedó constituida por cañones largos de variadas clases

(con proyectil de 24 a 4 libras), obuses, morteros y pedreros para

plaza, sitio y costa; cañones cortos (desde 12 libras) y obuses cortos

para campaña, y cañones cortos de 4 libras para montaña. De todas

formas, la artillería de plaza y sitio seguía estando constituida por

grandes y pesados cañones, en especial los llamados "de brecha", que

necesitaban para su desplazamiento un voluminoso tren de arrastre y


un numeroso equipo humano para su entretenimiento y cuidado.

Ya ha quedado puesto de manifiesto como su empleo se

fue extendiendo, en un principio de forma bastante lenta, debido al

desconocimiento y a la inercia, enemiga de innovaciones y


preservadora de los usos seculares, pero intensificándose y

acelerándose a medida que nuevas técnicas fabriles y nuevos

66
conocimientos y métodos de empleo fueron haciendo más fácil y

general su uso, pues los ejércitos se dieron pronto cuenta de las

ventajas que proporcionaba esta fuente de energía, que incrementaba

en alto grado el poder ofensivo de las armas, cuyos proyectiles además


podían salvar obstáculos y distancias hasta entonces prohibidos a las

espadas, lanzas o ballestas que se utilizaban e, incluso, a los ingenios

empleados para arrojar proyectiles que basaban su poder en los


principios de la neurobalística, de los que ya he hecho mención.

De todo lo que anteriormente hemos estudiado, se

desprende que el desarrollo de las armas ofensivas del guerrero y

sobre todo su calidad, así como el de los artificios empleados para

demoler las defensas del enemigo, presentó un importante momento

de inflexión cuando en el campo de batalla apareció la pólvora y,

sobre todo, cuando su uso se generalizó en las confrontaciones bélicas.

Ya he dicho en el capítulo anterior que se suele dar el nombre de

neurobalísticas, por extensión, a todas las armas anteriores al empleo

de la pólvora, y pirobalísticas a las que se han usado y se usan desde

que aquella se convirtió en la reina del campo de batalla, con reserva,


claro está, a las cada vez menos usadas armas blancas.

Esta aplicación de la pólvora a las armas, principalmente


ofensivas, de forma cada vez más intensa, tuvo una importancia

capital en la guerra y fue en todos los aspectos una revolución en las

67
ciencias y técnicas bélicas. Su aumento y la diversificación de su

empleo en los campos de batalla dio lugar a un cambio en los más

diversos terrenos de la lucha entre ejércitos enfrentados, pues al llenar

de humo los campos de batalla no fue ya posible observar los


movimientos del enemigo, sino que se necesitó preverlos y adelantarse

a ellos, mediante un conocimiento profundo del terreno que se pisaba,

de las características del adversario y hasta de la mentalidad de quien

lo dirigía. Su reflejo e influencia en el ámbito de los métodos

defensivos estáticos y en la vulnerabilidad de sus elementos, es decir,

en la Poliorcética, fue extraordinario, pues la gran energía que su

explosión liberaba, y que permitía arrojar grandes proyectiles, a más

larga distancia y con una trayectoria rectilínea, concedía un poder

destructor a sus impactos muy superior al de los artificios empleados

hasta ese momento y convirtió en ineficaces, por tales razones, a los

sistemas de fortificación que habían predominado durante toda la

larga Edad Media, inferiores incluso, en general, a los que se habían

levantado en los grandes imperios de la Antigüedad clásica, que

tampoco hubieran resistido, por otra parte, los efectos de la nueva


fuerza destructora.

Las consecuencias que produciría en este campo de las


actividades humanas iba a ser uno más de los elementos que entrarían

a configurar - junto con el Renacimiento y el Humanismo - la nueva

68
Edad Moderna, pues los superiores gastos que requeriría el

sostenimiento de un ejército dotado de las nuevas armas y la

construcción de las obras defensivas adecuadas para defenderse de las

que pudiera poseer cualquier eventual enemigo, requeriría unas


amplias organizaciones y unos potentes recursos económicos fuera del

alcance de los numerosos y pequeños estados feudales en que se

configuraba la sociedad de la época en que se difundió su uso y que

sólo podrían ser afrontados por las amplias y poderosas comunidades,

entonces nacientes, que darían lugar a las grandes naciones de esta

Edad, que acabaron con el fragmentado ordenamiento medieval y que


iban a señorear la Humanidad en los siglos siguientes.

Como ha quedado explicado, la eficacia de las defensas de

plazas y puntos esenciales que se habían erigido y mantenido en los

siglos anteriores quedó anulada ante el efecto de las bocas de fuego y

de las minas, que como hemos visto fue en aumento a lo largo de los

tiempos a que se refiere este trabajo (siglos XV al XVIII). El castillo

medieval - y con él las murallas de las ciudades, las puertas y los

puentes fortificados -, levantados en los años y siglos anteriores, era

incapaz de resistir el efecto de los nuevos medios de destrucción; las

fortalezas , que confiaban su eficacia a la altura de sus elevadas torres


y murallas de paramentos verticales, inútiles para repeler los impactos

directos, y con sus elementos defensivos concentrados en un corto

69
espacio, por lo general, resultaban blancos ideales y "tiernos" para los

ingenios de la "tormentaria" - nombre que se dio en principio al

conjunto de las bocas de fuego -, que además se podían acercar a corta

distancia de los muros, pues los fosos que rodeaban las fortalezas eran
estrechos, y aunque a veces tuvieran bastante profundidad, esta

cualidad no valía contra los proyectiles de hierro o piedra que

lanzaban las nuevas armas y que cruzaban por encima de ellos. Por

otra parte, el corto alcance de las armas portátiles de la época - arcos,

ballestas, jabalinas, etc.; luego, arcabuces y mosquetes -, y de los

ingenios neurobalísticos, tampoco podía impedir la aproximación.

Hubo, por tanto que afrontar las necesidades defensivas de las

ciudades e incluso, ya, de las incipientes naciones, con nuevas ideas y

con fórmulas mejoradas, tanto en el del hallazgo de armas adecuadas

para su aprovechamiento, como de los medios eficaces para poder

contrarrestar la fuerza ofensiva que iban a desarrollar: hallar el modo

de resolver este problema iba a ser el papel que debía realizar la


Poliorcética.

70
3. Regreso al Mundo clásico.

71
Cuando se descubrió que las fortificaciones al uso eran

impotentes ante las nuevas armas - bocas de fuego y minas - no fue

necesario inventar nada. Todos los grandes principios de la


Poliorcética habían sido aplicados a las Poderosas fortificaciones con

que defendieron sus ciudades los gobernantes de los grandes imperios

antiguos: Sumeria, Asiria, Babilonia, Egipto, Hititas, etc., y habían

sido estudiados, analizados y explicados por los grandes pensadores

del Mundo clásico. Bastó volver la vista atrás, y recordar los añejos

textos, cuya conservación y legado a Occidente había corrido en gran

parte a cargo de los musulmanes que habían asimilado en sus tierras

orientales los saberes greco-romanos y los habían trasladado al otro

extremo de Europa, como hicieran en tantos campos de la cultura; por

las escuelas de traductores, como las de Ripoll o Toledo, llegaron a los

reinos situados al norte de España, y pronto en todos los países

empezaron a estudiar y poner en práctica las enseñanzas que el pasado

nos había legado, y que se hallaban recogidas principalmente en los

obras de: Philon de Bizancio 12, Polibio 13, César 14, Vitrubio15,

12 Philon o Filón de Bizancio: Táctico, matemático y mecánico griego del


siglo III a. de C., o del II según otros autores. Fue autor de una obra sobre mecánica
de las que se conservan los dos libros (cuarto y quinto) en los que trata de las
máquinas de guerra y de asuntos relacionados con la geometría.

13 Polibio o Polybio: Político e historiador griego, nacido en Megalópolis


(Arcadia) hacia el año 210 a. de C. y muerto en la misma ciudad el 128 a. de C.
Llevado a Roma como rehén, su previa amistad con Paulo Emilio Escipión
le permitió permanecer en la urbe, donde le llegó el levantamiento de su "status",
pero pronto regresó a ésta ciudad. Acompañó a Publio Cornelio Escipión "el

72
Vegecio16, Prokopios17, etc., y proceder a su desarrollo y

perfeccionamiento, acomodándolas a las técnicas y los materiales más

desarrollados con los que ahora se contaba, para hacer frente a las

nuevas exigencias, adecuándolas a las condiciones que imponía el


arma explosiva a la que tenían que contrarrestar, en especial al mayor

Africano" en sus campañas. Logró más tarde el levantamiento de las sanciones


impuestas por los romanos a varias ciudades aqueas. Se dedicó luego a los
estudios y publicó varias obras; las dos primeras fueron "Vida de Filopómenes" y
"Tratado de Táctica", y en sus últimos años compuso una relación de la "Guerra de
Numancia", a la que había asístido; pero su gran obra fue la "Historia", que abarca
desde el 221 hasta el 146 a. de C., primera historia concebida a partir de un plan
general, con objeto didáctico, dirigido a los estadistas y militares, no sólo en el
aspecto político sino también en el moral.

14 Cayo Julio, llamado Julio César: Militar y político romano. Nació hacia
el 102 a. de C. y fue asesinado el 44 a. de C. Conquistador de la Galia, formó
triunvirato con Pompeyo y Craso, que asumió el poder de la República; muerto el
último combatió a Pompeyo, al que venció; destronó luego al rey Tolomeo de
Egipto y venció al del Ponto. Vuelto a Roma en 45 a. de C. se le entregó el poder
supremo, con lo que puede decirse que se creó el Imperio. Escribió la historia de sus
diversas campañas.

15 Marco Vitruvio Polión: Arquitecto e ingeniero romano, que debió vivir


en el siglo I de nuestra Era, pues según Newton, que tradujo al inglés su obra
principal, la había dedicado al emperador Tito. Sus diez libros De Arquitectura son
de gran interés, especialmente para nuestra materia los siete primeros que tratan,
precisamente, de esta disciplina; los restantes están dedicado a hidráulica,
cronometría y maquinaria. Su influencia ha sido muy grande a través de los siglos.

16Flavio Renato Vegecio: Escritor militar romano. que nació hacia el año
400. Su gran amor a su patria le llevó a procurar realzar la fuerza defensiva del
imperio romano, y para conseguirlo escribió un compendio de los tratados de los
antiguos escritores e historiadores militares, que tituló "Epitome rei militare" o "Res
militaris Instituta", que constaba de cuatro libros.

17 Procopio o Prokopios: Historiador bizantino, nacido en Cesarea


(Palestina) a fines del s. V, y muerto en Constantinopla en 562. Fue secretario
de Belisario y dignatario en la corte de Bizancio. Escribió entre otros el Libro de las
guerras (545-554) - exacto e imparcial - y el Tratado de los edificios (560) - rico en
noticias y datos sobre la arquitectura militar.

73
potencial de penetración y destrucción que generaba el estallido del
compuesto explosivo.

Como acabo de decir, los ingenieros griegos y romanos,


principalmente los primeros, que florecieron durante los cuatrocientos

años que van desde el siglo II a. C. hasta el II d. C., observaron y

estudiaron los poderosos sistemas defensivos que encontraron en las

ciudades y fortalezas de los que habían sido grandes imperios en

Oriente: Ur, Nínive, Babilonia, Karnak, Tebas, Menfis, Hatusas, etc;

los analizaron y sometieron a reglas matemáticas y también artísticas.

Los estrategas romanos las aplicaron en todos aquellos territorios en

los que hubieron de hacer frente a grandes masas de guerreros,

preparados para oponerse a las legiones romanas en las grandes

contiendas que Roma hubo de sostener para apoderarse del mundo

conocido y para mantener este dominio, lo que ocurrió en especial en

las regiones de Levante. Apenas tuvieron, por el contrario, necesidad

de hacerlo en Occidente por la debilidad, la tribalización y el atraso de

los pueblos con los que tuvieron que enfrentarse en esta zona, -

aunque hubiera existido alguna excepción como fue la de la antigua y

hoy desaparecida Tartesos -, en las que las fortificaciones más

poderosas eran del estilo de los castros y ciudades celtíberos que aún
perviven en nuestro suelo (como es posible ver, por ejemplo, en el

poblado ibérico de Ullastrés, en Gerona, acaso del siglo IV a.J., con

74
muros de 3 metros de espesor y 4 de altura, o el castro céltico de Santa

Tecla, en Pontevedra, de fecha algo más reciente); a veces

aprovecharon estas viejas defensas para establecer en ellas sus

legiones o sus destacamentos, aunque por lo general levantaron sus


particulares asentamientos castramentados y no precisaron en esta

zona de grandes obras para resguardar su seguridad; sus más potentes

realizaciones fueron de la clase de las que formaban la línea de

defensa que en el norte de España establecieron para impedir las

agresiones de los cántabros y astures, cuyo fuerza militar no pasaba

más allá de las de unas primitivas tribus desprovistas de todo poder

organizativo; la que defendían a Bretaña de las incursiones de pictos y

escotos, o la que en la línea del Rin cortaba las algaradas de los


indomables germanos.

No existían, por estas causas, en la Europa occidental

poderosos modelos de fortificaciones cuando se derrumbó el Imperio

romano arrasado por la marea desbordada de los pueblos germánicos y

eslavos, aún cuando se habían levantado algunas puertas fuertes en las

ciudades más importantes y fortificaciones casi de campaña en los

asentamientos de sus ya citados campamentos, y de las ciudades que

habían conseguido el status romano. El retroceso cultural - o, al


menos, su frenada - que supuso la caída del Imperio, y la ocupación de

sus territorios occidentales por pueblos de muy diversa catadura,

75
fragmentados y hostiles entre ellos cuando la marea de estos pueblos

se desbordó por las viejas tierras del Imperio de Occidente culminó

con la ocupación de Roma y la desaparición del poder imperial,; pero

mientras algunas hordas: los alanos y parte de la vándalos, por


ejemplo, desaparecieron pronto bajo la acción de otros de aquellos

grupos que fueron en el momento de la invasión más fuertes o más

previsores, o que habían asimilado ya alguna pequeña parte de la

cultura de los pueblos a los que sometían, otras - las que eliminaron a

los más atrasados - fundaron efímeros estados, como hicieron los

ostrogodos en Italia, los vándalos en el norte de África, los burgundios

en el valle del Ródano, y los suevos en Galicia, y, principalmente, los

más firmes y duraderos de los francos en la Galia y los visigodos en

Hispania. Estas nuevas y más o menos, estables y duraderas naciones

dividieron las grandes provincias romanas unidas al poder central de

la Urbe en múltiples territorios de escasa entidad, que en sus

numerosas y variopintas guerras feudales sólo podían enfrentar

durante siglos pequeños grupos armados, lo que hizo que no hubiera

ni medios ni necesidad de levantar potentes fortalezas. La

conservación y dominio de las ciudades que los romanaos habían

fortificado en alguna forma, fue suficiente para que el caudillo o

reyezuelo de una de aquellas hordas pudiera dominar una vasta


provincia y constituir en ella un estado donde el pueblo invasor se

76
reservó el poder y se convirtió en la alta jerarquía de la nueva nación,

como ocurrió en España con el reino militarista de los Godos,

dominando toda nuestra Península y parte de la Galia desde la

poderosa posición que le proporcionaba el dominio de la ciudad de


Toledo. Bastaba, para sentirse fuerte y seguro, con reforzar los

lugares, los poblados o los puntos que un jefe de grupo quería poseer y

dominar con unas someras obras de defensa o, a lo más, a construir


una torre fuerte 18.

La misma estratificación social que se desarrolló a partir

del siglo V, conocida con el nombre de feudalismo, fue un poderoso

motivo para que se abandonase la erección de fuertes defensas, ya que

18 En España tenemos el ejemplo de los que Bordejé llamó "torres


cantábricas que se encuentran principalmente en el territorio de las antiguas
Bardulia, Caristia y Vasconia, aunque la hallamos también en un lugar tan al sur
como es Nogales, en la provincia de Badajoz.

77
tampoco se levantaron nuevas ciudades- como generalidad - que

necesitasen ser protegidas por grandes fortalezas, y bastó a los

caudillos más osados o más carismáticos con apoderarse de una

importante ciudad romana, cuyas defensas restauraron y reforzaron,


para ejercer un dominio o al menos una influencia predominante sobre

todos los grupos situados en el espacio de un extenso territorio, del

que se proclamaron reyes, instituyendo un gobierno de tipo despótico

apoyado en la fuerza de las armas, y gobernando sobre la anterior

población, fruto de la mezcla del pueblo autóctono con los romanos,

que quedó convertida casi siempre en un conjunto de súbditos de

segunda categoría carentes del derecho a gobernar o a influir en las

decisiones de poder, pero que con su mayor y mejor cultura acabaron

asimilando a los invasores e imponiendo sus más profundos

conocimientos y saberes sobre el dominador, que resultó absorbido

por la raza a la que había inicialmente poco menos que esclavizado.

Cualquier jefe o caudillo de un grupo de hombres, a veces de muy

escasa entidad, que se apoderaba de un punto fuerte que dominaba un

pequeño territorio, claramente definido y fácil de aislar, se convertía

en un señor feudal, independiente en gran manera de los más

poderosos, cuyos dominios rodeaban a sus tierras o con los que

limitaban, y que convertía en vasallos, a menudos en siervos, a los


pobladores iniciales de la comarca; pero que a su vez, para protegerse

78
de las ambiciones de otros pequeños régulos con los que mantenía

divergencias, se declaraba vasallo de algún señor más poderoso o del

rey más próximo a su pequeño estado o al que fuera reconocido como

tal por las gentes de su raza. De estas manera se formó una sociedad
piramidal, en cuya cúspide se hallaba un rey reconocido como tal por

un numeroso grupo, pero que rara vez estaba libre de la codicia de sus

más importantes vasallos; seguía por los señores que habían logrado

dominar extensas zonas; a continuación por aquellos que tenían un

poder un poco inferior, e iba descendiendo hasta llegar los artesanos y

terminar por los campesinos, convertidos en siervos de la gleba, que


lindaban en sus derechos el campo de la esclavitud.

Las ya indicadas torres fuertes eran en principio apenas

una edificación maciza, hecha con los materiales más sólidos posible -

piedra berroqueña, en el mejor de los casos - de escasa capacidad y de

aspecto imponente, casi desprovista de huecos al exterior; las más

primitivas tenían a veces una sola habitación muy espaciosa, en la que

habían de convivir el señor con su familia, con sus caballos y sus

perros; luego las plantas aumentaron, y se fue diversificando su

empleo. Inicialmente estas torres estaban rodeadas de una empalizada,

substituida al avanzar los tiempos por murallas de mampostería, para

79
prever las sorpresas. Nos dice Pla Cargol 19: "Todos los castillos

comenzaron por ser torres rodeadas de una simple empalizada o,

todo lo más, de una muralla construida sencillamente de


mampostería: ..." Por su parte Sarthou Carreres 20 nos explica que
las "torres ... fuertes eran de planta cuadrada,... a veces con foso y

escarpa, y, por excepción, la puerta se defendía de antemurado y

se circundaba de murallas todos el torreón" ... "La altura de la

torre debía ser la de su perímetro; los muros lisos, de piedra tosca,

y la puerta, defendida por alta ladronera sobre matacanes.

Ventanas ... y aspilleras ... rasgaban los muros solamente con los
vanos indispensables y a la mayor altura". Tratándose de nuestra

Patria es siempre interesante contemplar la versión de lo que

realizaron los musulmanes de Al'Andalus, y según Levi-Provençal 21:

"Este último (las Navas) pertenece a aun tipo de pequeño castillo

reducido a una torre y un muro que encierra un espacio junto a

ella, ... Hay varios ejemplares de él en el valle del Guadalimar, a

menos de 10 kilómetros unos de otros. Los recintos son reducidos,

19 Pla Cargol, Joaquin: "Plazas fuertes y castillos en tierras gerundenses".


Gerona-Madrid, 1953, p.20.
20 Sarthou Carreres,Carlos: "Castillos de España". Espasa-Calpe, S.A.,
Madrid, 1979; pp. 17-19.

21 Levi-Provençal, E: "Arte musulmán español". Cap. VII del Tomo V de


la HISTORIA DE ESPAÑA dirigida por R.Menéndez Pidal. Espasa-Calpe. S.A.
Madrid 1957. P. 648.

80
algunos de 25 metros en cuadro; las torres, de 7,50 por 5,50. La

parte baja de éstas es maciza y sobre ella se acostumbraba a

levantar cuatro plantas, con suelos entramados de madera. Los

muros retallábanse progresivamente para quedar en lo alto tan

sólo del grueso del antepecho. Las ventanas, derramadas hacia el

interior, tienen dintel de rollizos. Estos fortines se llamaban al-

qusair, alcocer en romance. Citados con frecuencia por geógrafos

e historiadores, conservan su recuerdo los numerosos Alcocer de


la toponimia española". Ejemplares de este tipo de fortaleza de que

tratamos en este párrafo podemos contemplar en Mendoza, en la

provincia de Álava; en Somorrostro, en la de Vizcaya; en

Covarrubiass, en la de Burgos; en Tiedra, en la de Valladolid; en

Cardete, en la de Jaén, y, en situación un tanto excéntrica, en Nogales,


en la de Badajoz.

Estas fortificaciones, tan someras, eran suficientes para

defenderse y mantener las más variadas soberanías en aquel mosaico

territorial que presenta la alta Edad Media. La masa de guerreros que

podían presentar cualesquiera de aquellos barones, ambicioso o

vengativo, para atacar a otro pequeño señor de tierras y hombre, era

siempre de pequeña entidad, y siempre podría ser neutralizado con


otro pequeño grupo; la más ligera fortaleza bastaba para quedar a

salvo de los ataques. Ni necesitaban mayores obras defensivas, ni sus

81
precarias haciendas les permitían levantar sofisticadas fortalezas, cuya

técnica, por otra parte, desconocían. Pero a medida que el período

histórico fue avanzando y que se reforzaban los reino que fueron

consolidándose y ampliando al paso de los años, tanto éstos como los


señoríos feudales, también ampliados por alianzas o por

depredaciones, fueron necesarias mayores obras de fortificación, pues,

entre otras cosas, las hueste y mesnadas feudales, tanto reales, como

señoriales o municipales, aumentaron en número y poder de forma


realmente notable.

En un principio se procedió a dotar a las antiguas y a las

nuevas fortalezas que se levantaban con cubos o torres inclusas o

adosadas y, más tarde, con torres exentas y albarranas, y corachas

avanzadas (dispositivo tomado de los musulmanes), y se rodeó al

conjunto de un profundo y no muy ancho foso, siempre buscando su

poder más en la altura de sus muros que en la profundidad de su


campo defensivo.

En los castillos cristianos europeos se levantó más tarde,

en el lugar más seguro del conjunto, una gran torre, mucho más

poderosa que el resto de la fortificación y dominándola en altura, pero

íntimamente integrada en el conjunto y arropada estrechamente por él,


que constituía el último y más fuerte reducto de la defensa, a la que se

llamó en España "torre del homenaje" y en francés "donjon"; y que

82
por habérsela destinado también a servir de residencia al castellano y a

su familia, constituyó el origen de las profundas transformaciones que

en la mayoría de las naciones europeas - raramente en España - dieron

lugar a los suntuosos "chateaux" o palacios que se extendieron por


extensas regiones como la del Loire en Francia o la del Rhin en

Alemania. Esta torre no se encuentra en los castillos musulmanes

andalusíes, salvo en los que fueron reformados con posterioridad a sus

conquista por los cristianos, aunque por contra encontramos en ellos

los más amplios recintos y las más diversificadas defensas, como

corachas que actuaban como caminos cubiertos, albacares destinados a

recoger a la población del lugar y a sus ganados en caso de peligro, y

puertas firmemente defendidas: dentro del recinto los ismaelitas

construyeron suntuosos alcázares, en los que el agua y los jardines


constituían un elemento principal e imprescindible.

La protección de las ciudades, aun de las mayores, se

confió a una muralla vertical envolvente, cuajada a todo lo largo del

perímetro por torres cuadradas o semicirculares, como en el caso de

Ávila, o a un potente castillo situado en el punto más alto de la

población, como ocurría en Burgos. Pero siempre protegiendo a la

ciudad con una adecuada muralla y elevando en su interior un fuerte


castillo que mantuviera sumisa a los pobladores locales.

83
La enseñanza de los grandes principios de la defensa de

las poblaciones y de los puntos estratégicos había llegado hasta

nuestra Península a través de la cultura musulmana, asentada en

España, como un nuevo regalo a la cultura europea; y, como es lógico,


fue en la Península Ibérica, convertida en un poderoso estado

islámico, en donde primero se levantaron importantes y potentes

fortalezas, de las quedan como muestra, por ejemplo, los castillo de

Gormaz, Zorita de los Canes, alcazabas de Almería y Málaga,

Monzón, El Vacar, la Alhambra de Granada, y tantos más, en las que

ya se observan elementos clásicos y en las que vemos que se atiende

en buena medida a la profundidad del campo fortificado y a la

protección de unos elementos por otros dentro del conjunto defensivo.

Siguiendo este ejemplo construyeron sus fortalezas los reyes y señores

de los reinos cristianos españoles, aunque por lo general aprovecharon


las arrebatadas a los islamitas en el avance reconquistador.

Sólo cuando desde aquí penetraron estos conocimientos

hacia el Norte y los Cruzados se pusieron en contacto con ellos en las

comarcas levantinas y en Tierra Santa (siglos XII y XIII), se

levantaron en el Occidente continental grandes fortificaciones (allí, en

el Oriente conquistado, a imitación de las fortalezas musulmanas que


encontraron, los cristianos construyeron poderosos castillos, como el

Krak de los Caballeros, Bellvoir, Beaufort o Nimrod, o fortificaron

84
ciudades como Jerusalén o San Juan de Acre, cuyos vestigios

encontramos aún los peregrinos que recorremos los Santos Lugares).

Ejemplo de este afán constructor de los Cruzados vueltos a sus tierras

de origen es el "Château Gaillard", erigido por el rey inglés Ricardo I


Corazón de León en sus tierras de Normandía.

Pero estas fortalezas medievales, aun las más potentes, en

las que todavía no se habían desarrollado plenamente las reglas de la

Poliorcética, resultaron ineficaces cuando la pólvora comenzó a reinar

en las confrontaciones bélicas; las mismas características con que se

las había dotado, de las que ya queda hecha mención: altura de sus

elementos, concentración de los mismos en espacios restringidos,

fosos estrechos y muy profundos, serían causa de la caída de su


validez, como ya he dicho en el capítulo anterior.

La suntuosidad a que habían llegado muchos de ellos,

convertidos en alcázares, donde la eficacia se unía a la comodidad y el

boato, fue más bien un elemento de debilidad que de fuerza, en su

clara decadencia. Más racionales, las fortalezas que se iban a levantar

a partir del momento en que la pólvora se adueñó de los escenarios

bélicos, no tendrían cabida para otros usos que aquellos de carácter

marcial, buscando siempre los más idóneos elementos de oposición al


enemigo que las quisiera debelar.

85
Cuando se produjo este trascendental hecho del uso

masivo de la pólvora en el ataque y defensa de las fortalezas - castillos

y plazas fuertes -, el Mundo occidental estaba entrando en un

importante período cultural que se conoce con el nombre de


Renacimiento, y que en todos los órdenes es una vuelta al Mundo

clásico de Grecia y Roma. Nada más natural que militares e

ingenieros de aquellos años buscaran en esta ámbito las normas para

diseñar las nuevas fortificaciones, pues se sabía que esta materia había

sido tratada con profundidad por los estrategas y arquitectos de la

antigüedad, ya que así se desprendía de sus textos y del uso que de los

mismos o, al menos, de algunas de sus partes habían hecho los

constructores musulmanes de obras defensivas tanto en Oriente como

en sus reinos de Al'Andalus, y a través de estos últimos muchas de

estas enseñanzas habían pasado ya a los estados cristianos de la

Península Ibérica y, desde ellos, a otros reinos europeos. Sólo había,

por tanto, que adaptar sus reglas a las medidas que los alcances de las

nuevas armas y su poder de penetración requerían, para resolver los

problemas planteados, o, por lo menos, encontrar a través de ellos su


resolución.

Se puede afirmar, por tanto, que los primeros arquitectos


de la fortificación de la Edad Moderna, de la fortificación abaluartada,

fueron los científicos y estrategas clásicos; los que en la Grecia y la

86
Roma antigua habían desarrollado y sistematizado en esplendidos

tratados todas las enseñanzas que se derivaban del arte de la

Poliorcética que habían cultivado los constructores de los grandes

imperios de la Antigüedad en Mesopotamia, Anatolia y la región del


Nilo, y que habían sido conservados, utilizados y transmitidos,

después de varios siglos, a todo el Mundo civilizado por los alarifes y

militares de los califatos y los reinos musulmanes del Asia occidental,

del norte de África y de la Península Ibérica. Sus elementos variarían

acaso de figura, pues la Arquitectura es Arte a la par que Ciencia, y

porque el poder de las armas había cambiado, pero sus elementos

esenciales: desenfilados, profundidad, campos polémicos, etc., fueron


los que los viejos tratados habían donado a la posteridad.

Veremos más adelante que algunos de los pensadores más

destacados del Renacimiento dedicaron muchos de sus esfuerzos a

reavivar y a poner al día las enseñanzas sobre Poliorcética que iban


encontrando en los recuperados textos del Mundo clásico.

87
88
4. La fortificación de transición en el Renacimiento.

89
En un principio el uso de la pólvora no pasó de ser un

episodio curioso y poco decisivo en las guerras que se sucedieron en

Europa, pero cuando a principios del siglo XV se produjo un notable


aumentó de su potencia y del tamaño de los proyectiles se inició un

período en el que el castillo medieval iba a quedar rápidamente

obsoleto. Ya en las campañas realizadas por el infante don Fernando

de Castilla 22 sobre Setenil y Antequera en 1410, sus huestes iban

dotadas de potentes trenes de artillería, aunque todavía no constituían

un elemento permanente y, prácticamente, se disolvían al terminar las

operaciones. Su acción en las dos ocasiones fue decisiva para el éxito


de la empresa.

Entonces se puso de manifiesto lo inadecuadas que

resultaban algunas de las características de las fortificaciones en uso,

aún las más modernas, para oponerse al efecto destructor de la nueva

energía. Entre otras cosas, el hecho de que las torres, elementos tan

eficaces hasta entonces, fuesen más elevadas que las murallas las

hacía blanco fácil para los proyectiles del cañón. Ello movió, en un

primer lugar a alzar las murallas hasta el mismo nivel de las torres,

pero eso no era más que aumentar el espacio hacia el que podían

22 Fernando de Trastámara (1373-1416) era hijo del rey de Castilla Juan I y


hermano de Enrique III el Doliente. Por la temprana edad de su sobrino Juan II, en
1406 hubo de encargarse de la regencia del reino. En 1412 fue designado en las
Cortes de Caspe como rey de Aragón, donde instauró su dinastía.

90
dirigirse los disparos, por lo que se rectificó en el sentido de bajar la

altura de las torres hasta enrasarla con la de las cortinas. Otra de las

primeras innovaciones, realizadas con el fin de evitar los impactos

directos sobre los muros, en especial sobre su parte inferior, fue la de


dotarlos con un talud o alambor, según la nomenclatura árabe, como

se puede apreciar en el castillo de Simancas, añadido en el siglo XV

según informe del general de Ingenieros José Aparici 23, o en las

barreras construidas para emplazar cañones y otras bocas de fuego en


los de Escalona, Guadamur, Pioz o Medina del Campo.

Por otra parte, las fortificaciones medievales se

caracterizaban por su escasa amplitud, aunque a veces su ocupación

del terreno se viera ampliada por la existencia de barbacanas y

falsabragas; pero en todo caso, la anchura de los adarves era siempre

reducida, por lo que carecía del espacio requerido para el

emplazamiento de las bocas de fuego, sometidas además al efecto del

retroceso; de sitio donde se dispersara la gran cantidad de humo que se

originaba, y donde, además, cupieran los barriles de pólvora y los

proyectiles y en el que los servidores pudiesen moverse con cierta

libertad. La solución se encontró precisamente en el campo opuesto a

la fortaleza: es decir, en las baterías de sitio que se situaban en


espacios libres, debidamente preparados, donde los servidores se

23 Ver: Bordejé Garcés, Federico- "El castillo español en la Edad Media".

91
movían libremente entre las piezas alineadas, los barriles de pólvora,

los proyectiles y todos los útiles necesarios para el desempeño de su

cometido. Entonces se pensó en colocar dentro de la fortaleza, sobre

sus murallas, las baterías que habían de rechazar el ataque enemigo, y


para obviar la falta de espacio se recurrió, allí donde el terreno lo

permitían, a colocar delante de la vieja muralla un nuevo recinto con

baluartes, a menudo de menor altura, en el que se dispusieron espacios

suficientes para situar las piezas artilleras, o a colocar por delante de

aquéllas medialunas, hornabeques, etc., de formas aún no bien

definidas, que, además, había que proteger con fosos y cinturas de

tierra, lo que a la vez ensanchaba notablemente el espacio de la

edificación, que pasaba de contar con unos treinta metros de

profundidad a ampliarlos hasta un centenar (siempre por término


medio y de forma aproximada).

Se estaba, por tanto, en un momento en que todo el que se

veía precisado a remodelar un viejo castillo o a construir una nueva

fortaleza tenía que plantearse la necesidad de levantar sus defensas en

función de los efectos que la artillería de los posibles sitiadores

produjese sobre sus murallas y demás elementos, y a tener en cuenta

las necesidades de espacio que su propia artillería exigía. Entonces se


convirtió a las viejas y altas torres, levantadas para realizar el flanqueo

de las cortinas, en otras más anchas y de forma circular, a la que se dio

92
el nombre italiano de torrioni (torreones) o rondeles, a los que para

atender a una mayor invulnerabilidad y la vez mayor economía y

estabilidad, se les disminuyó la altura hasta rebajarlas al nivel de las

murallas; su parapeto perdió las almenas pero fue dotado ahora de


cañoneras, para el juego de las bocas de fuego, que ya, en ellos, tenían

intervalos para su colocación. Para aumentar el espacio donde asentar

las piezas artilleras se amontonó tierra del lado interior de las cortinas

hasta conseguir una plataforma suficiente para permitir al menos el

retroceso de los cañones. Con ello se consiguió una atención adecuada

a la defensa lejana de la fortaleza, que ahora, con la energía de la

pólvora, podía ser batida desde larga distancia. Para aumentar el sitio

donde colocar la artillería que se necesitaba para realizar una eficaz

defensa, se idearon diversas soluciones, siempre colocando hacia

adelante elementos defensivos, que fueron evolucionando a medida

que eran contrastados en los ataques que sufrían por parte de sus

subsiguientes atacantes, y que consistieron en construcciones a

vanguardia triangulares, circulares o pentagonales, coronadas por los

correspondientes parapetos, tras los cuales, claro es, se colocaban los

artificios ofensivos. Las redondas fueron ideadas por Alberto Durero,

que además de gran pintor fue un destacado ingeniero, a principios del

siglo XVI, y fueron denominadas bastillas 24, pero fueron pronto

24 Ver: L. Sánchez-Tembleque y F. García Rodríguez: "Fortificación


Permanente", p.34. Madrid, 1933.

93
desechadas pues no permitían , por su forma, concentrar sus fuegos en

un punto determinado. Mejor resultado dieron las triangulares y

pentagonales para cubrir esta exigencia de la lucha, pero las primeras

no permitían, sino a muy pequeña escala, realizar a la vez la defensa


próxima necesaria para impedir el asalto a la muralla una vez abierta

brecha, por lo que sólo las que adoptaron como base de su traza un

pentágono se desarrollaron en los sistemas defensivos que se


sucedieron en los años siguientes.

El perfeccionamiento de estos componentes pentagonales

dio lugar a su adopción como elemento principal e imprescindible de

cuantas fortalezas fueron construidas en Europa y América en los

siglos XVI, XVII y XVIII, y del nombre que se les dio: BALUARTE,

derivó el del sistema que se utilizó, perfeccionado en este largo


período: "Fortificación abaluartada permanente"

En España tenemos claros ejemplos de esta preocupación,

por ejemplo, en el aún conservado recinto amurallado de Ciudad

Rodrigo, en el que las sucesivas modificaciones y mejoras se hicieron

tomando como base las viejas murallas y su castillo medieval.

También podemos ver los efectos de esta exigencia en los recintos

modificados de los castillos, que databan de varios siglos anteriores:


de Santa Bárbara en Alicante, de Monzón, de Cardona, de Monterrey

o de Gibralfaro en Málaga, de Loarre, de Ainsa o de Monzón, a los

94
cuales se dotó de taludes, de torreones cilíndricos e, incluso, de

baluartes, y, a veces, de combinación de varios de los nuevos


dispositivos.

Al avanzar ya el siglo XV la fortificación iba a sufrir, por

estas razones, una gran transformación, y entonces, por actualización

de los viejos preceptos del Mundo clásico o por la invención de

nuevos elementos que la experiencia aconsejaba, se empezaron a

utilizar "revellines" - en algunos casos circulares como en la

Encomienda de los Arcos, en la localidad de Almendral (Badajoz) - y

"baluartes" primitivos, que todavía se pueden contemplar en San

Leonardo, Chinchón, Canena, Sabiote y otras fortalezas más, que se

convertirían en elementos principales de todo conjunto de defensas

tanto en las ciudadelas aisladas como en las plazas fuertes. En este

período se procedió a crear en los recintos de las grandes poblaciones,

como en Badajoz y Toledo, potentes puertas, como la de las Palmas o

la del Sol, respectivamente,; a utilizar con frecuencia las torres o

cubos cilíndricos; a nivelar la parte superior de murallas y torres, que

a veces, carecían de almenas, para facilitar la acción de las bocas de

fuego, como podemos ver en el camino de ronda del castillo de

Torrelobatón; a construir taludes en las murallas, y en substituir las


viejas barreras por antemuros escarpados. como el de Pedraza o el de

la Mota de Medina del Campo, del que ha dijo Federico Bordejé que

95
"vale más ella sola que la fortaleza"25 y a abrir cañoneras y troneras

en la parte baja de los muros, casi a nivel del suelo, para poder realizar

tiros rasantes que defendieran los fosos y terrazas de las barreras

exteriores. Para conseguir estos efectos se construyeron unas cámaras


de tiros en la parte inferior de los muros de la escarpa que, por haberse

iniciado en Italia, recibieron el nombre de casa matta , de donde se

derivó después el de casamata, y que por estar especialmente

preparadas para aguantar los impactos del enemigo, en especial, su

bóveda, sirvió más tarde para designar toda bóveda o muro a prueba
de bomba.

Es obligado destacar que todos estos cambios que el nuevo

medio destructivo, la pólvora, iba a producir en el campo de las

ciencias y las artes marciales se tuvo lugar cuando irrumpía en el

mundo cultural, como quedó dicho en el capítulo 3, el movimiento

artístico y científico que se conoce con el nombre de Renacimiento.

Ello fue causa de que sus grandes pensadores, que extendieron sus

estudios a todo los ámbitos del saber humano, y que hicieron avanzar

todos los conocimientos por medio de su pensamiento y de sus

razonamientos, tomaran como objeto de sus investigaciones, entre

otras correspondientes a este terreno del campo marcial, a la disciplina


que se ocupaba de la defensa de las plazas fuertes y a su expugnación,

25 Bordejé Garcés, Federico.- "El Castillo Español en la Edad Media".

96
es decir, a la "Poliorcética", pues los dirigentes de los grupos humanos

de aquel tiempo, como los de cualquier otro, tenían gran empeño en

asegurar sus dominios y extenderlos siempre que se presentara la


ocasión.

Así podemos ver que se ocuparon de esta materia hombres

de tan diverso quehacer como Francesc Eiximenis que trata de esta

materia en su obra "Dotze libre del Chrestiá", escrito en la temprana

fecha de 1385, aunque no fue publicado hasta 1484, en Valencia;

también - no podía ser de otro modo - el gran polifacético Leonardo

da Vinci se ocupa de ella en "Il codice atlantico" Ms. ca. 1485,

publicado en Milán en 1894, e igualmente Niccolo Machiavello en sus

obras "Libro dell'Arte della guerra, Libri VII", editado en Venecia en

1521, y en "Relacione d'una visita fatta per fortificare", escrito en

1526 y publicado en Florencia en 1729. Se pueden citar también las

obras escritas en el siglo XV por Fontana ("Bellicorum

instrumentorum", Ms. ca. 1420 en la Staatbibliotek de Munich); por

Jacopo Mariano Taccela ("De machinis libri X", Ms. de 1420 en la

Staatsbibliotek de Munich); por Antonio Avellino Filarete ("Trattato

dell'architettura", Ms. de 1461 en la Biblioteca Nazionale de

Florencia); por Roberto Valturio ("De Re militari, libri XII", Verona,


1483, y "Opera di fatti a precetti militari", Verona, 1483); por Leone

97
Batista Alberti ("De Re Aedificatoria., libri X". Florencia, 1485) 26,

en los cuales se tienen ya en consideración los problemas surgidos en

el arte de la fortificación y de su expugnación en aquel tiempo y se


inician las respuestas para su solución.

El paso de la fortificación medieval - que podemos llamar

de componente vertical - a la abaluartada - en la que se pasa a un

predominio de la línea horizontal, característica de las construcciones

en la Edad Moderna - no se produjo, como es natural, de golpe, si no

que fue el resultado de una evolución, hija del estudio de las antiguas

enseñanzas y de las exigencias de los nuevos tiempos. A este primer

momento, en el que ya se van abandonando progresivamente las

normas que habían regido en los largos tiempos medievales, y que,

como queda dicho, coincidió con el desarrollo del movimiento cultural

conocido como Renacimiento, lo podemos denominar como el de la

fortificación de transición, pues aún no se había encontrado un

modelo general que sirviera de pauta casi inmutable para la erección

de modernas fortalezas, y que se extendió por los años que ocuparon


la segunda mitad del siglo XV y la primera del XVI.

26 Para todos los autores de este período ver el artículo de Leonardo


Villena Pardo, titulado "Sobre la terminología Medieval de la arquitectura
fortificada europea, correlaciones en cinco lenguas", "Tratados sobre Fortificación
hasta 1700),publicado en CASTILLOS DE ESPAÑA, núm. 103, diciembre de 1994.

98
Durante la primera de estas centurias y en los años

iniciales de la segunda, se buscaron en los viejos tratados y en las más

diversas fuentes ideas que solucionaran los problemas planteados por

la acción de la artillería sobre las fortificaciones, tanto en su ataque


como en su defensa, y de ello son muestra los trabajos que en párrafos

anteriores he enumerado, y se ensayaron formas y elementos de las

más diversas procedencias, que constituyeron la adaptación de las

nuevas construcciones defensivas a las modernas exigencias, y que ya

se venían ensayando en la reforma de los más importantes entre los

viejos castillos y plazas fortificadas, como quedó dicho en el capítulo

3, y que dieron lugar al hallazgo, en ocasiones, de muy válidas


soluciones.

En España se inició una etapa en la que las nuevas

fortalezas conservaban todavía fracciones correspondientes a las viejas

normas a la vez que se iban introduciendo otras nuevas. Esta simbiosis

de estilos podemos contemplarla, por ejemplo en el castillo de Grajal

de Campos, en la provincia de León, levantado hacia 1519, edificio

cuadrangular con cubos cilíndricos o "torrioni" 27 cuya altura es igual


a la de las murallas, que están formadas por amplios taludes

27 Voz con que los ingenieros italianos del Renacimiento designaron a


estos cubos o torres cilíndricas y que se extendió por todo Occidente. Los alemanes
le llamaron "rondelle", y Alberto Durero recomendaba su uso en su obra "Etliche
Underricht zu Befestigung des Stett, Scholosz und Fleken" Nuremberg, 1527.

99
Estas torres de planta circular por regla general - a veces

son, aún, de planta cuadrada o rectangular -, fuertes y gruesas murallas

dotadas de talud y casamatas para su artillería, las encontramos en

otros castillos reformados o levantados en este período, como el de


Berlanga de Duero, en Soria (que conserva su torre del homenaje, de

período anterior); el de Canena, en Jaén; el de Cuéllar, en Segovia; los

de Chinchón y Villaviciosa de Odón, en Madrid; el de La Calahorra,

en Granada; los de Las Navas del Marqués y el de Mombeltrán, en

Ávila; el de Mesones de Isuela, en Zaragoza, o el de Pioz, en

Guadalajara. Igualmente se adoptaron estas torres cilíndricas en el

castillo de Salobreña, en Granada, pero no aparecen en otras fortalezas

levantadas o reformadas en la época, como, por ejemplo en la plaza de


Fuenterrabía o en el castillo de San Antón en San Sebastián.

El ejemplo más significativo de este momento, sea acaso

el de la importante fortaleza de Salces, en el Rosellón, mandada

edificar por Fernando V el "Católico", y cuya construcción se ha

atribuido tradicionalmente al maestro Ramírez o Ramiro de Madrid,

arquitecto de quien se sabe que estuvo al servicio de los Reyes

Católicos, especialmente durante la guerra de Granada. Sin embargo,

el hispanista francés René Quatrefages 28, destacado historiador de

28 Sánchez-Gijón, Antonio: "Interesante fresco sobre el sitio de Salces".


CASTILLOS DE ESPAÑA, núm. 109, p. 63.

100
nuestra Milicia en los siglos XV y XVI, ha afirmado recientemente

que el verdadero constructor fue Francisco Ramiro López, personaje

de la pequeña nobleza aragonesa, para lo cual se basa en una orden

dada por los Reyes en Alfaro el 30 de octubre de 1495 y en su


hallazgo de los archivos completos, que abarcan de 1497 a 1503,

relacionados con esta edificación. Esta muestra de la que ya va siendo

una fortificación dotada al menos de baluarte, fue levantada muy

tempranamente, pues su fábrica data de los años 1497 a 1503. Su

originalidad respecto a las fortalezas anteriores estriba en estar

levantada dentro de un gran foso o cubeto que la oculta a las vistas de

los fuegos exteriores; a contar en sus cuatro ángulos con torreones

circulares, de igual altura que sus cortinas; a estar dotada en todos sus

paramentos exteriores de firmes taludes, y a tener en su exterior tres

revellines redondeados, de formas diversas, situados dos ante las

cortinas del este y del sur, y el tercero ante el torreón del ángulo

nororiental, que avanzan sobre el foso, ya bastante más amplio y


cerrado por una sólida contraescarpa.

101
102
5. El baluarte. Elementos de una fortificación
abaluartada.

103
Hemos visto en líneas anteriores como va evolucionando,

aunque de forma tímida, la fortificación, que poco a poco va

perdiendo altura y ganando elementos que permiten por un lado


neutralizar, al menos en parte, los efectos de los disparos de la

artillería del sitiador, y por otro facilitar al defensor el uso de esta

nueva arma. Para ello, ha bastado recurrir a los viejos tratados del

Mundo clásico de que se ha hablado y se han ido adoptando sus

principales normas: las obras poligonales, el desenfilado de las

puertas; la profundidad de los elementos defensivos y de su conjunto,

los amplios fosos y los extensos campos polémicos a vanguardia; todo

proyectado y construido de forma que desde unos elementos se

protegiera a los otros, se evitaran los impactos directos, los fuegos a

rebote y los de enfilada, y los ángulos muertos que permitieran la


aproximación del adversario.

Todo ello, como es natural, no se hizo de golpe, de una

vez, sino que fue un largo proceso de adaptación, de mejoras

continuas, iniciadas por ingenieros españoles, como veremos, más

adelante, que se prolongaron desde finales del siglo XV hasta finales

del XVIII, en cuyo momento podemos considerar que este sistema de

defensa había alcanzado su mayor evolución y su mejor adecuación a


los fines que debía atender, pues aunque sigue vigente en el XIX, al

menos parcialmente, ya no hay apenas avance alguno en su evolución.

104
Podemos considerar dos fases en el proceso que lleva desde su

comienzo, a mediados del siglo XV, hasta su ocaso, en el XIX, tras las

nuevas tácticas de guerras de movimiento iniciadas por Federico de

Prusia y adoptadas definitivamente por Napoleón. Estos dos períodos


serían: Fortificación de transición, como hemos visto en el capítulo

anterior, en la que va progresando en los años del Renacimiento, hasta

bien entrado el siglo XVII, y Fortificación abaluartada en pleno

desarrollo, coincidente con la Ilustración, durante la segunda mitad del

siglo XVII y todo el XVIII. A partir de este momento podemos decir

que la fortificación abaluartada entra en declive y que no evoluciona

ya, siendo sus exponentes abandonadas lentamente o condenadas al


derribo.

El "baluarte" 29, por ser su principal componente, daría su

nombre a este sistema, aunque de forma interesada y espúrea se le

haya dado otras denominaciones. Sin embargo, hay que considerar

que el desarrollo del método daría lugar a muy diversas escuelas, de

las que para Europa señala el Dr. Zapatero las siguientes: española,
italiana, alemana, sueca, holandesa y francesa.

29 En francés se le denomina "bastion", y de ahí, el nombre de "bastionné"


que se da al sistema poliorcético que estudiamos. Acaso por la importancia de la
obra de Vauban se extendió esta denominación por toda Europa y en España aún se
dice, impropiamente, "bastión", por "baluarte", y "abastionado" o "bastionado", por
"abaluartado".

105
Acaso lo primero en aparecer fue la inclinación en talud

dado a los muros de las cortinas y torres, como podemos ver en

fortalezas levantadas o reformadas en los siglos XV y XVI (La Mota,

de Medina del Campo, o el Castel Nuovo, de Nápoles), al tiempo que


en algunos se rebajaban y ensanchaban a la vez las torres y se

suprimía la del "homenaje" (Grajal de Campos); luego se excavaron

"cubetos" a su alrededor, en la que quedaban enterrados (Salces, en el

Rosellón); pero el aumento del número y la potencia de los cañones

hizo insuficiente estas mejoras, pues al abatir a los elementos elevados

cubría con sus escombros los inferiores y abría así caminos en

pendiente accesibles a los atacantes. Ello obligó a prescindir de las

viejas torres y a buscar profundidad y distanciamiento en los

elementos, pero sin abandonar el apoyo y la unión entre ellos, hasta

llegar a las formas plenas de funcionalidad que podemos observar en

nuestro castillo de Aldea del Obispo. Esta es una fortificación

perfectamente regular, es decir, que posee una traza en forma de

polígono regular, que la distingue de las llamadas irregulares que por

tener que adaptarse a una especial configuración del terreno en que

hubo que levantarlas no se ciñen a ninguna figura geométrica (ver


lámina al final del capítulo).

El baluarte es, repetimos, el elemento principal y más

característico de este tipo de fortificación; podríamos decir, con un

106
ligero tinte de "greguería", que es una torre que cansada de estar de

pie se ha tendido horizontalmente. La altas y ampulosas torres,

poligonales o cilíndricas, de los castillos medievales, y los muros

verticales y elevados, fueron, desde la aparición de las nuevas armas,


como ya queda dicho, elementos antes negativos que seguros de

defensa, pues su enhiesta configuración presentaba un blanco perfecto

y bastante débil para los impactos de los modernos proyectiles, por lo

que quedaban reducidos a escombreras accesibles a un decidido

asaltante tan pronto sufrían los efectos de un corto bombardeo. Por

ello, la torre tuvo que perder altura y ganar en longitud y anchura,

hasta convertirse en el baluarte de planta pentagonal, y de esta forma

ganó la defensa en profundidad lo que por su vulnerabilidad se perdía

en elevación, con la ventaja de escamotear su estructura a la acción del


atacante.

Adosado por uno de sus lados, que podemos considerar

como base del polígono, a las cortinas de la fortaleza, proyecta

violentamente los dos lados opuestos a la base, que reciben el nombre

de "caras", hacía el exterior, formando un ángulo generalmente muy

agudo, y se une por los dos restantes, - llamados "flancos" - a la

muralla en ángulos también agudos30. Sus dimensiones y la amplitud

30 Tipo más corriente del baluarte, aunque la longitud de sus lados, sus
ángulos y otras características fueron muy diversos, según se verá más adelante.

107
de sus ángulos, tanto el externo como los que se originan en los

restantes vértices, se calculaban matemáticamente con sumo cuidado

de acuerdo con las características de las armas del momento, de la

trayectoria de sus disparos y de sus alcances, y de la necesidad de


defender con fuego de enfilada las caras de los otros elementos

situados a sus inmediaciones. Por eso era imprescindible tener un

conocimiento muy perfecto de la geometría, así como de los alcances

eficaces de los disparos de las armas de fuego, para calcular las

longitudes de las diversas partes y de los ángulos que habían de

formar las líneas de sus trazas y, claro, más tarde de sus edificaciones.

En las láminas se presentan las principales líneas y los principales

ángulos a los cuales había que atenerse para trazar un baluarte y, a


partir de él, una fortaleza.

Los paramentos exteriores no son nunca verticales, como

podremos observar en cualquiera de estas fortalezas, sino que reciben

una estudiada inclinación formando talud para amortiguar los

impactos directos. Sobre su plataforma superior, que constituía la

plaza de armas, se colocaban los cañones o bocas de fuego, bien en

cañoneras defendidas por merlones, situados por encima del cordón o

refuerzo que protegía el borde superior de los muros al exterior, bien


"a barbeta", es decir, sin protección en su frente.

108
Pero nunca estaba el baluarte, como tampoco el resto de

los elementos, sobre la rasante del terreno, sino que se levantaba

dentro de una cubeta o excavación que lo ocultaba a las vistas

exteriores, y sólo sobresalía lo suficiente para poder hacer fuego hacia


el exterior desde sus plazas de armas. Se ha dicho que el baluarte es

"lleno" si el terraplén situado tras él ocupa todo el espacio entre las

caras, flancos y gola; "vacío", si el terraplén sigue solamente el

contorno de las caras y flancos; "unido", si sus flancos y gola están

unidos a las cortinas, y "cortados", si presentan cortaduras que

pudieran detener al enemigo. A veces en la unión de los "flancos" a la

"cortina" se realizaban unos retranqueos, a los que se llamaba

"orejón", y que servían para proteger elementos especiales, como, por

ejemplo, una poterna, y en especial, las piezas artilleras que situadas

en los flancos tenían por objetos realizar tiros flanqueantes o rasantes

hacía el baluarte vecino. 31 Hemos de mencionar que los primeros

auténticos baluartes se construyeron en España en el castillo de


Sabiote en 1543, y de San Leonardo en 1565.

Los baluartes, en número de cuatro, cinco o seis (sólo se

supera este número cuando había que rodear a una vieja ciudad

previamente fortificada o se trataba de construir toda una extensa

31 Se llamaban tiros flanqueantes los que partiendo del ángulo interno de


un flanco rayaban toda la cara del baluarte vecino, y fijantes, los que partiendo del
mismo punto se dirigían al ángulo exterior de dicho baluarte.

109
plaza fuerte capaz de guarnecer una frontera o un amplio territorio)

estaban unidos por las cortinas sin solución de continuidad, las cuales

gozaban de las mismas peculiaridades en los paramentos que los

baluartes. Unos y otras rodeaban a un amplio patio de armas o una


pequeña población si era más extenso, cosa que ocurría en los casos

que acabo de exponer, constituyéndose entonces una "plaza fuerte", en

la que se acumulaban muy variados elementos defensivos e, incluso,

fuertes auxiliares que reforzaban sus puntos débiles o los lugares


obligados de paso.

Cuando las necesidades de la defensa lo aconsejaban, se

construían delante de los baluartes y de las cortinas obras de muy

variada traza, según las funciones a desempeñar, de las que cuales se

detallan a continuación las más importantes. Para completar esta

información, el lector puede acudir al glosario de voces peculiares de

la fortificación abaluartada inserto al final de este libro. Colocadas


ante la plaza propiamente dicha, podemos citar32:
 media luna: obra compuestas por dos caras, sin
flancos, y cerradas por detrás por una porción de
círculo. Se las utilizaba por lo general para proteger
un ángulo flanqueado de un baluarte o un tramo de

32 La descripción de los elementos defensivos que sigue están tomados en


buena parte de P. Minguet e Irol: "Juegos de la fortificación", Madrid, 1752 y de
"Fortificación Permanente", de Sánchez-Tembleque y García-Rodríguez, Segovia,
1933.

110
muralla, y se le ha considerado obra defectuosa por
su falta de flanqueo. Se puede ver hoy una "media
luna" en los restos de las fortificaciones de Badajoz,
la que estaba situada entre los baluartes de San
Vicente y San José (ver láminas al final del capítulo)
 revellín: esta obra, parecida a la anterior, es en
realidad un baluarte separado del conjunto de la
fortaleza, pues estaba dotado de flancos y podía tener
la gola (parte posterior que daba frente a la muralla;
es decir, quinto lado o base del pentágono) cerrada o
abierta. Se la colocaba casi siempre delante de una
cortina para protegerla y hacerlo a la vez a los flancos
opuestos de dos baluartes. Su objeto era triple: por un
lado, cubrir y reforzar las cortinas; por otro, cubrir las
comunicaciones, y, en fin, realizar tiros flanqueantes
y de revés por delante de las caras de los baluartes
para tratar de impedir los trabajos preparatorios o
aproches de los atacante. En el Fuerte de La
Concepción se conservan, en estado ruinoso, los
cuatro revellines de que se la dotó (ver lámina al
final del capítulo). Los revellines podían estar
reforzados por unas obras llamadas tenazones, que
tenían sus lados cortos en prolongación de los de
igual carácter del revellín y los largo siguiendo la
alineación de los de los baluartes; ante ellos solía
estar colocado un rediente o flecha.

111
 hornabeque: obra coronada exterior, aunque a veces
unida al recinto central, que consta de dos medios
baluartes y una cortina, con dos grandes caras o alas,
y, si éstas son muy largas con dos flancos. Los hay
más fuertes que llevan además de los dos
semibaluartes uno entero entre ellos. Se le utilizaba
para ocupar un gran terreno, alguna altura o el frente
de un campo. Los hornabeques podían tener sus alas
paralelas y se decía entonces que eran hornabeques
de alas paralelas; divergentes hacia el campo y se les
llamaba hornabeuqe a cola de milano, o
convergentes, y entonces se decía que era a
contracola. Generalmente se colocaba en el frente del
hornabeque un pequeño revellín o un rediente. En el
castillo de Montjuich, de Barcelona, existe un potente
hornabeque (ver lámina al final del capítulo).
 tenaza: obra muy utilizada por Vauban (ver lámina
al final del capítulo), colocada delante de las cortinas,
con la que protegía a estas y a los flancos de los
baluartes; podían ser simples (fig. ) o dobles (fig. ),
y tener formas algo variadas
 falsabraga: obra que se ponía junto al talud exterior
de una plaza, rodeándola en todo o en parte, y
constaba de muralla, parapeto y banqueta, al mismo
nivel del camino cubierto o un poco más baja, y cuyo
fin principal era evitar sorpresas. Una obra

112
característica de este tipo encontramos circundando
las murallas de Ciudad Rodrigo (ver lámina al final
del capítulo).
 ciudadela: se daba este nombre a una fortaleza
completa incorporada al sistema defensivo más
amplio de una plaza fuerte y que servía como punto
de apoyo y de última defensa de todo el sistema. Una
muestra muy destacada de este conjunto lo ofrecía la
plaza de Pamplona(ver lámina al final del capítulo).

Otras varias obras se levantaban para proteger el recinto

principal de una fortaleza como iremos viendo a lo largo de estos

capítulos y cuya definición podemos ver en el "Glosario" que

acompaño al final de este libro. Podían ser, por su colocación

interiores o exteriores. Entre los primeros encontraremos las

"cortaduras", las "traversas", los "caballeros", etc., y entre las

segundas las "flechas" o "redientes", los "tenazones", las


"contraguardia", etc.

Pero fuesen cuales fuesen las obras colocadas por delante

del recinto principal, tenían que reunir la inexcusable condición de

estar dominadas y batidas por las defensas situadas tras ellas. Y todo

el conjunto había de quedar englobado dentro del cubeto que


formaban los fosos y que cerraban la contraescarpa, el camino
cubierto y el glacis.

113
Un cuidado especial merecían las puertas, que podían

convertirse, si no tenían una adecuada colocación, organización y

construcción, en un punto débil en el conjunto defensivo. Las puertas,

que casi siempre eran profusamente ornamentadas no sólo por


concesión al Arte, sino también como signo de poder y propiedad de

quien mandaba erigir la fortaleza, se solían colocar en el centro de una

de las cortinas y atravesaba todo el terraplén por medio de una bóveda

acasamatada; a sus lados suele haber otros locales, también con

bóveda fuerte, que servían de cuerpos de guardia; su defensa se

realizaba por los fuegos flanqueantes de los baluartes vecinos y por

medio de un elemento de apoyo, normalmente un revellín, colocado

ante ella, y al que se unía por medio de un puente de mampostería

terminado en una parte levadiza; por este revellín se efectuaba por lo


general la comunicación con el exterior del conjunto fortificado.

La comunicación, sobre todo entre los diversos elemento

de la fortaleza, se realizaba además por "poternas", puertas más

pequeñas, abiertas también en muchas ocasiones en medio de una

cortina y protegidas por una obra avanzada a la que a veces se la unía

por medio de una caponera a doble glacis (cuya sección en alzado

vemos en la fig.), y que estaba defendida por los mismos elemento que
defendían el foso y la retreta correspondiente; a la poterna se accedía

desde el interior de la fortaleza (tratándose de una fortaleza aislada,

114
desde su patio de armas) a través de una galería abovedada33 que

atravesaba todo el terraplén y que se construía de forma que su

piso fuera un plano inclinado que ascendía desde el exterior al

interior, como un medio más de seguridad. Para completar la

comunicación desde el centro de la plaza hasta el exterior existían

"escalerillas de piedra", pegadas a la contraescarpa, por las que

se accedía hasta el camino cubierto construido en la parte externa

del foso, y desde éste se salía al glacis por unas rampas abiertas en
él, que tenían un diseño en ángulos o sinuoso.

El conjunto estaba rodeado de un ancho foso, y en su

totalidad hundido, o mejor enterrado, en el terreno que ocupaba, para

ocultarlo a la observación enemiga, y que pocas veces en esta época se

inundaba de manera permanente o esporádica34; el foso se elevaba

hacia su exterior para constituir un camino cubierto de las vistas y de

los fuegos, en el que solía levantarse a todo lo largo una banqueta para

que hiciesen fuego los tiradores de la guarnición, pues componía el

primer elemento de defensa una vez que el enemigo intentaba la

expugnación mediante el asalto violento. Al muro que lo cerraba hacia

33 Con este nombre entendemos una nave situada casi siempre dentro del
terraplén y que reunía las condiciones de una casamata (a prueba de bomba).

34 Este profundo y amplio foso que casi ocultaba a la fortaleza lo


encontramos ya en España en el castillo mudéjar de Coca, construido en los
primeros años del siglo XV, con el objeto de que presentase el menor blanco a la
artillería, que ya iba haciendo estrago en los asedios de las fortalezas.

115
la campaña se le denominaba contraescarpa; estaba construido con los

mismos materiales (cantería o ladrillo, etc.) que los demás paramentos

de la fortaleza y en él se abrían, en ocasiones, puertas que

comunicaban con almacenes, pozos de escucha, etc., situados bajo el


glacis. Era éste una explanación parcelada y con una inclinación

adecuada para constituir un campo polémico rasante a los fuegos de

los defensores y dispuesto para no permitir los impactos directos de la


artillería enemiga sobre las obras de la fortaleza.

Este sistema de defensa, que abarca un amplio y dilatado

espacio en la historia de la Poliorcética debe ser designado con el

nombre de "Fortificación Permanente Abaluartada", denominación

que, como vemos, encierra en su expresión a su carácter de

persistencia y a su más característico elemento. Cualquier otro con el

que se le designe ni resulta adecuado ni es otra cosa que un

injustificado chovinismo y una reducción de su extensión y

perdurabilidad. Destaca entre estas inapropiadas expresiones la de

"fortificación sistema Vauban", a todas luces fuera de lugar; es

indudable que Sebastián Le Prestre, señor de Vauban - a quien J. M.

Zapatero considera como "el genio de la fortificación de todos los

tiempos" -, fue un magnífico ingeniero militar francés que introdujo


importantes mejoras en este sistema defensivo, así como en los

métodos adecuados para su expugnación, y que proporcionó a su rey,

116
Luís XIV, una serie de fortificaciones sin rival en su época que

contribuyeron en gran manera a convertir a Francia en la mayor

potencia militar de su tiempo; además dotó a su país de excelentes

caminos, puentes y tuberías para conducción del agua. Pero Vauban


nació en 1633 y comenzó sus actividades hacia 1655, cuando el

sistema abaluartado llevaba más de ciento cincuenta años

desarrollándose; no fue, por tanto, su inventor y ni siquiera su

introductor en Francia, en donde otro ingeniero anterior, Errard de

Bas-le-Duc , que levantó fortalezas abaluartada en el siglo XVI - por

ejemplo, las de Calais - está considerado como el padre de este tipo de


fortificaciones en el país galo

117
118
119
120
121
122
6. Ingenieros militares españoles del Renacimiento.

123
No existen dudas para mí de que los españoles, acuciados

por la necesidad, iniciaron este sistema defensivo. Tres motivos

importantes dieron lugar a que fuese en nuestra Patria donde


comenzara la transición de la fortificación propia de la Edad Media a

las nuevas formas a que obligó la introducción de la pólvora en la


guerra de sitios:

a) el haber sido el país donde se inició el empleo de las

armas de fuego en territorio europeo; b) el contacto con el mundo

musulmán, que no sólo fue el introductor en Europa de la pólvora,

sino también el que sirvió de vehículo para que el Occidente

recuperara las sapiencias greco-latinas, y c) el papel preponderante

que la recién lograda restauración de la unidad española, con el

matrimonio de los reyes de Castilla y Aragón, y la conquista del reino

de Granada por los cristianos, iba a asumir en la política y en la vida


de la época.

Pero como he indicado anteriormente pronto se emplearon

en el estudio de las nuevas formas que exigía la Poliorcética los

grandes pensadores del Renacimiento, y tras ellos surgieron tratadistas

que pusieron al alcance de los poderes políticos y de los ejércitos de la

época las soluciones para llenar las exigencias nacidas en los nuevos
tiempos. En las dos regiones más fragmentadas de la época, Italia y

124
Alemania, donde los señores y ciudades detentadores del gobierno de

los pueblos, vivían en continuas luchas, fueron muchos los que se

dedicaron al estudio de las fortificaciones y del ataque a las mismas,

pues era materia que interesaba de forma muy singular en el momento.


El Dr. Leonardo Villena Pardo ha publicado una exhaustiva

bibliografía sobre esta disciplina en los siglos XV, XVI y XVII 35, y

en ella se puede comprobar que fueron España y los dos pueblos antes

mencionados lo que mayor volumen de estudios sobre la materia


produjeron.

Sólo a finales del siglo XV iba a empezar a tener reflejo

en las fortificaciones las soluciones a que había obligado el aumento

del poder ofensivo de los ejércitos. Fueron los ingenieros al servicio

de los Reyes Católicos los primeros en aplicar las nuevas normas a las

edificaciones defensivas que hubieron de reformar o levantar de nueva

planta. Guitart Aparicio asegura que este tipo de defensas fue iniciado

por los ingenieros renacentistas italianos, pero antes o al menos en los

mismos años los nombres de muchos de los ingenieros militares que

inician la lista en la Edad Moderna son, como veremos a continuación,

netamente españoles, y son las incidencias de las guerras de finales del

siglo XV y principios del XVI, que se desarrollaron especialmente en

35 Villena Pardo, Leonardo: "Sobre la terminología medieval de la


arquitectura fortificada europea, correlaciones en cinco lenguas" . CASTILLOS DE
ESPAÑA . Num. 103. Madrid, diciembre 1994; pp. 29/40.

125
Italia, con el enfrentamiento de los reyes de España y Francia, las que

hacen, al levantar unos y otros poderosas fortalezas que defiendan sus

conquistas, que estas proliferen en Italia, donde, es verdad, ya las

pequeñas repúblicas, las familias principescas y los "condottieri", con


su individualismo feroz y el ansia de conservar sus prebendas

medievales, habían comenzado a levantar fuertes complejos

defensivos capaces de hacer frente a las nuevas armas. Y también, que

muchos italianos, además de hacer sus trabajos para beneficio de los

poderosos señores, ya citados, que aún defienden su independencia, se

dedicaron al arte de la fortificación al servicio de alguno de los

grandes contendientes y llegaron a constituir en el último siglo citado


una pléyade de magníficos poliorcetas.

Entre los nombres españoles que aparecen en las primeras

manifestaciones del nuevo método encontramos a Pedro Navarro,

conde de Oliveto, que reformó el Castel Nuovo de Nápoles (y que más

tarde, puesto al servicio de los monarcas galos, fue el creador de los

ingenieros militares franceses); a Ramiro o Ramírez - parece ser,

como ya he dicho, que hubo dos de este nombre: Ramiro de Madrid,

que acompañó a los Reyes Católicos en la guerra de Granada, y

Francisco Ramiro López, aragonés, que acaso fuera quien levantó las
fortificaciones de Salces, en el Rosellón, donde la fortaleza se oculta

dentro de un cubeto que actúa como amplio foso; a Del Pozo; a Pedro

126
de Angulo, que fortificó Navarrés; a Luís Pizaño o Pisano, que realizó

las fortalezas de Rosas, en donde se levantó por vez primera una

ciudadela; al Comendador Pedro Luís Escrivá, que escribió uno de los

primeros tratados sobre fortificación abaluartada que publicó en 1538


y que antes había fortificado los castillos de l'Aquila (1530) y de
Sant'Elmo, en forma de estrella y con tenazas, en Nápoles (1540); ...

Desde mediados del siglo XVI brillaron una serie de

ingenieros italianos al servicio de la Monarquía española, en los

cuales es fácil encontrar la influencia de la enseñanzas de Pietro

Cattaneo, que en 1554, articulaba, en su importante obra "I quatri

primi libri d'architectura", la arquitectura civil y militar en un texto

conjunto y extendía el área de los conocimientos a un campo

abarcador de sectores más amplios. Entre ellos aparecen Juan Bautista

Calvi, que en 1554 construyó el castillo de San Felipe, en Menorca, y

las fortificaciones de Ibiza en 1556; Vespasiano Gonzaga, que fue

virrey de Valencia y que inició la construcción del castillo de Santa

Bárbara, en Alicante, realizado entre 1562 y 1596, y en donde se

sucedieron Antonelli y "el Fratín"; Juan Bautista Antonelli, discípulo

del gran maestro Nicolo Tataglia, que reformó, además, las defensas

de Peñíscola; Jacome Palareo o Palearo, "el Fratín", que comenzó en


1571 las obras de la ciudadela de Pamplona y que fue origen de una

larga familia de ingenieros militares españoles que se distinguieron

127
también en Ultramar; Tiburcio Spanocchi (nació en 1541 y murió en

Madrid en 1606), que edificó la ciudadela de Jaca, completó las

fortificaciones de San Sebastián desaparecidas con la desacertada

demolición realizada en el siglo XIX, y proyectó una planificación


defensiva para toda la América española, desde México a la

Patagonia, y Leonardo Torriani, que dio principio en 1587 a las


fortificaciones de las islas Canarias por orden de Felipe II.

Además, otros varios tratadistas y constructores italianos

del siglo XVI construyeron fortificaciones a lo largo de los muchos

territorios europeos que se encontraban bajo el control de la

Monarquía española; durante los reinados de Carlos I y Felipe II,

amén de los ya citados, encontramos los nombres de Giambatista

Bonadio Zacci, Giacomo Lanteri, Jacopo Castrioto y Francesco de

Macchi; este último presentó en 1556 a Felipe II sus manuscritos, que

merecieron una cálida acogida, pero que no fueron publicados hasta

1599 en Brescia. El tratado de 1570 de Bernardino Facciotto es un

ejemplo demostrativo de la importancia que los principios de la

fortificación abaluartada adquirieron en los estados gobernados por los

reyes españoles, quienes utilizaban sin discriminación los saberes y

los servicios de todos los hombres procedentes de sus dilatados


dominios. Por ello, la gran fortaleza de Amberes fue levantada por

Francesco Pacciotto en 1566; de ella se ocupa el tratado de Facciotto y

128
fue considerada por Pedro de Lucuze como el "primer modelo de
buena fortificación abaluartada".

La afluencia de técnicos procedentes de Italia no fue óbice


para que los de nuestra península continuaran en la primera fila de esta

actividad, y se puede comprobar que, por ejemplo, Francisco de


Medina fortificó en 1551 a Melilla.

También se inició en época temprana en nuestra Patria la

publicación de obras en las que se estudiaban todos los problemas

relacionados con las nuevas exigencias de la Poliorcética, por la

misma razón de necesidad que determinó la construcción de

elementos que las cumplieran en tanto en cuanto era imprescindible

para lograr su eficacia, y que compitieron al menos en pie de igualdad

con las editadas en otros países, especialmente en Italia y Alemania36.

Encontramos que, en 1516, Diego Julio Guillén de Ávila publicó en

Salamanca su "Frontispicio de los consejos y exemplos militares";

Diego Salazar, el "Tratado de re militare", que se editó en 1536 en

Madrid y se reeditó en 1590 en Bruselas, y el Comendador Pedro Luís

Escribá - ya mencionado - que compuso en 1538 su "Apología en

excusación y favor de las fábricas del Reino de Nápoles", aunque no

se editó sino hasta 1878 por Eduardo Mariategui en Madrid; todas

36 Vease: Villena Pardo, Leonardo: "Tratados sobre fortificación hasta


1700". CASTILLOS DE ESPAÑA, núm. 103, pp. 36-38.

129
ellas seguramente no debieron nada a las estupendas obras de Nicolo

Tartaglia tituladas "Sul novo modo di fortificare la citá rispetto la

forma", "Nova sciencia. Inventione novamente trovata" y "Quesiti et

inventione diverse" (publicadas en Venecia, en 1536, 1537 y 1546,


respectivamente), y que son anteriores, como vemos a "I quettri primi

libri di architettura", de Pietro Cataneo (Venecia, 1554) y a "Delle

fortificazione delle citá, libri tre" de Girolemo Maggi y Jacomo Fusto


Castriotto (Venecia, 1564).

Junto a ellos, encontramos nuevos tratadistas españoles

como Luís Collado que en 1586 compuso su "Platica manual de

Artillería" en la que se trataba de la fortificación, y Cristóbal de Rojas,

profesor de Fortificación de la Academia de Matemáticas y

Arquitectura Civil y Militar, establecida en Madrid por las Reales

Cédulas de 25 de diciembre de 1582, que publicó en 1598 el "Tratado

de Theorica y Practica de Fortificación, dividido en tres partes". En el

siglo XVII siguió la edición de libros sobre esta ciencia y tenemos que

en 1602 apareció el "Nuevo modo de fortificar" de Mateo Morán; en

1603 Cristóbal Lechuga editó "De la Artillería y de todo lo necesario a

ella; con un tratado de Fortificación", y el ya citado Rojas, en 1613, su

"Compendio y Breve Resolución de la Fortificación"; en este mismo


año se publicó el libro de Diego Ufano "Tratado de Artillería y uso

della, practicado en las guerras de Flandes"; Vicente Munt fue autor,

130
en 1664, de "Arquitectura Militar", y 1669 se editó el "Epítome de las

Fortificaciones Modernas" del marqués de Buscayolo, que fue un

decidido partidario del mantenimiento del Fuerte de La Concepción de


Osuna.37

No se pueden cerrar estas referencias a los ingenieros

militares hispanos sin citar la gran figura del general de batalla

Sebastián Fernández de Medrano, fundador y director de la

"Academia Real y Militar del Exercito de los Países Bajos", instalada

37 Como ampliación a la lista de tratadista españoles sobre fortificación en


los siglos XVI y XVII, citaré a los siguientes: García de Alderete, Diego: "De re
militare". Barcelona 1566. Gutiérrez de la Vega, Luís: "Nuevo tratado y compendio
de re militari. Medina, 1569. Escalante, Bernardino: "Diálogo de arte militar".
Sevilla, 1583 y Bruselas, 1595. García de Palacios, Diego: "Dialogos militares".
México, 1583. Alava y Viamont, Diego: "El perfecto capitán". Madrid, 1590. Isla,
Lázaro de la: "Breve tratado de Artillería". Madrid, 1595. Mendoza, Bernardino
de; "Theoria y practica de la Guerra". Madrid, 1595 y Amberes, 1596.
González de Medina Barba, Diego: "Examen de fortificación". Madrid, 1599.
Leganés, Marqués de: "Escuela de Palas". Milán, 1602. Céspedes, García de: "Libro
de instrumentos nuevos de Geometría y un cuestionario de Artillería". Madrid, 1606.
Lanario de Aragón, Francisco: "Los tratados del Príncipe y de la Guerra". Palermo,
1624. Moradell, Domingo: "Preludis militaris". Barcelona, 1640. Santana y Tapia,
Juan de: "Tratado de Fortificación militar de estos tiempos". Bruselas, 1644.
Fernández de Valcárcel, Manuel: "Arquitectura militar y fortificación moderna".
París, 1649. Enríquez de Villegas, Diego: "Academia de fortificación de plazas y
nuevo método de fortificar una Plaza Real". Madrid, 1651. Zepeda y Andrade,
Alonso de: "Epìtome de fortificación moderna, así en lo regular como en lo
irregular". Bruselas, 1669. Folch de Cardona, Pedro Antonio: "Geometría militar, en
la cual se comprende las matemáticas de la Fortificación regular e irregular".
Nápoles, 1671. Dávila y Herrera, Andrés: "Plazas de Picardía". Madrid, 1672.
"Plazas del Ducado de Lorena", Madrid, 1672. Chafrión, Joaé: "Planos de
Fortificación de Ciudades". Milán, 1687. "Escudo de Palas" (Atribuída al M. de
Leganés), Milán, 1693. Cruz Manrique de Lara, I. (conde de Aguilar):
"Mathematicas" .Cádiz. 1688 Pietra Santa, Francisco (príncipe de San Pedro):
"Compendio de arquitectura militar". Messina, 1697. Pozuelo, F. " Compendio de
Arquitectura militar". Medina, 1697.

131
a finales del siglo XVII en Bruselas. Fue ésta la primera Academia

militar española y según palabras del propio Medrano fue constituida

"para que se criassen personas que de sus dominios pudiessen

profesar en ellos la Architectura Militar, como Ingenieros, los que

hasta entonces eran extranjeros y en quienes se aventuraba la


confianza". Nuestro subrayado tiene por objeto llamar la atención

sobre la expresión; no se trataba de formar a individuos nacidos en lo

que hoy conocemos por España, sino a cualquiera que perteneciera a

algunos de los territorios que entonces componían la Monarquía

Española, lo que enlazaba con el concepto de lealtad heredado de la

Edad Media y aún entonces, en pleno vigor, muy diferente a lo que

luego se denominará "patriotismo" y "amor a la Patria", pues la noción

de nacionalidad es en aquellas fechas diferente a la actual. Esto tiene

una gran importancia cuando luego se ha tildado de extranjeros a

muchos personajes que sirvieron a los Reyes españoles y


contribuyeron a la grandeza de nuestra nación.

La Academia de Bruselas fue el origen e inspiración de

toda nuestra arquitectura militar en el siglo XVIII, pues los mejores

ingenieros de Felipe V, incluido el marqués de Verboom, se habían

formado en ella y seguían las doctrinas de Fernández de Medrano,


autor de tratados como "La arquitectura militar y moderna", editada en

Valencia en 1683 y en Bruselas en 1696, y el "Arquitecto perfecto en

132
el Arte Militar", que lo fue en 1700 también en Bruselas, t cuando no

fueron preparados por ingenieros creados en la escuela de aquel gran


maestro.

Muchos de los ingenieros militares españoles o al servicio

de la Monarquía Española, pasaron a los reinos de Ultramar y, junto

con otros que se formaron allí, levantaron también, a lo largo de este

período y, como veremos luego, en el de la Ilustración, grandes

fortificaciones en lo que debemos denominar Indias o Indias

Occidentales. Podemos citar como ejemplo las fortalezas de Puerto

Rico (castillos de San Felipe, Santa Catalina, San Cristóbal y San

Jerónimo), o de Cuba (Castillo del Morro, Fuerza Vieja, La Chorrera,

San Jerónimo de Matanzas), y las imponentes fortificaciones de

Portobello y de Cartagena de Indias. Entre todos crearon, a una y otra

orilla del Atlántico, la "Escuela de Fortificación Abaluartada

Hispanoamericana" 38, anterior en su origen y desarrollo a los tres

sistemas que se reconocen de Vauban, aunque luego aprovecharan sus

enseñanzas, y de la que tan extensamente se ha ocupado el destacado


tratadista Juan Manuel Zapatero.

38 Para el estudio de las fortificaciones abaluartadas en Hispanoamérica se


puede consultar, entre otros: - Calderón Quijano, José Antonio: "Las fortificaciones
españolas en América y Filipinas". Colección Mapfre. Madrid, 1996. - Zapatero,
Juan Manuel: "La Forificación Abaluartada en América". A.G. Medinaceli.
Barcelona, 1978.

133
134
7. Medrano y Vauban.

135
Los dos ingenieros militares más importantes del período

"abaluartado", cuya verdadera expresión se manifiesta en los finales

del siglo XVII y alcanza su plenitud en el XVIII, para decaer en el


XIX, fueron contemporáneos, uno español y el otro francés, y hasta

fueron bautizados con el mismo nombre: Sebastián Fernández de


Medrano, el español, y Sebastián Le Prestre de Vauban, el francés.

Medrano nació en 1646 y murió en 1705; vivió, pues poco

más de 58 años; Vauban, nacido en 1633, vivió hasta 1707, muriendo

a los 74 años de edad. Mientras que el primero desarrolló su actividad

cuando su país estaba a la defensiva, en un momento de regresión del

potencial que había alcanzado en el siglo anterior y principios del

XVII, y se vio obligado a realizarla en un territorio periférico de los

extendidos dominios de la Monarquía española, el segundo aplicó sus

conocimientos y sus originales ideas en un estado centralizado y

ceñido todo a un espacio muy unido y homogéneo y en unos años en

los que se hallaba casi en el cenit de su pujanza política y militar, que

él contribuyó a realzar con sus realizaciones. De otra parte, debemos

anotar a las limitaciones del español el hecho de haberse quedado

ciego muy pronto, por lo que la mayoría de sus actos tuvo que

realizarlos en el cerrado espacio de su gabinete. Y acaso por estas


razones que acabamos de enumerar, Medrano sólo alcanzó el grado de

136
general de batalla mientras que Vauban pudo lucir los entorchados de
Mariscal de Francia.

Sebastián Fernández de Medrano, que como he dicho


había nacido en 1646 - concretamente el 24 de octubre y en la villa de

Mora (Toledo) -, era hijo de Sebastián Fernández y de Isabel de

Medina. Habiendo quedado huérfano muy niño, fue recogido y

llevado a Madrid por un caballero llamado Medrano, quien le dio su

apellido. Muy joven tomó parte en las campañas de los años 60 y

vuelto a Madrid, se interesó por los tratados de arte militar, en cuyos

estudios profundizó. En 1668 marchó a Flandes encuadrado en la

unidad que mandaba Juan de Meneses, perteneciente al tercio del

marqués de Gastañaga. Allí continuó sus estudios de forma

autodidáctica, como siempre y como él mismo reconocía cuando decía

que adquirió sus conocimientos "en las campañas y ocasiones en

que me hallé, sin haber tenido más director que mi propia


aplicación", y llegó a ser un gran experto en esas materias. Sus

superiores reconocieron sus amplios conocimientos y le

encomendaron la creación de una Academia Militar en Bruselas, de la

que fue nombrado director, y en la que explicó las enseñanzas que

había recogido de los tratadistas y constructores españoles e italianos


de los siglos XVI y XVII, y en la que se formaron todos los ingenieros

militares españoles que habían de florecer en la siguiente centuria,

137
entre ellos el que sería creador del Real Cuerpo de Ingenieros militares
español don Jorge Próspero de Verboom.

Medrano proyectó y dirigió


fortificaciones para las ciudades de aquella extensa España; preparó

científicos, y escribió y publicó a partir de aquella fecha una serie de

tratados para que sirvieran de base a los estudios impartidos en el

Centro y para formar a los primeros Ingenieros militares españoles

propiamente dichos. Deben ser citadas entre sus obras las siguientes:

"Nueva invención y método de la cuadratura del círculo" (Bruselas,

1776); "Rudimentos geométricos y militares " (1677), que incluye en

su Libro VII, un tratado sobre "Fortificación Moderna o Arquitectura

Militar" basado ya en las trazas geométricas, que sería la fuente

informativa principal en estos estudios; " El Práctico Artillero",

publicado en Bruselas en 1680; " La Arquitectura Militar y Moderna",

que se editó en Valencia en 1683 y se reeditó la ciudad valona en

1696; " El Perfecto Bombardero y Práctico Artificial ", que lo fue en

esta última ciudad en 1691; "El Ingeniero Práctico", que vio la luz

también en Bruselas en 1696; "El Arquitecto Perfecto en el Arte

Militar", impreso en igual lugar en 1700; año y lugar donde también

fueron publicados su "Tratado de Geografía" y su "Geografía o


moderna descripción del Mundo y sus partes", en el que muestra una

gran inquietud por el norte de América; además de "Los Elementos de

138
Euclides simplificados ", del que no se sabe el año en que se editó,
claro es, en Bruselas.

Fueron sus ideas sobre las líneas de defensa, las cortinas


francas, los flancos y caras de los baluartes, y las medias lunas, las que

determinaron durante varios decenios las decisiones tomadas por los

ingenieros militares españoles en la resolución de los problemas de

poiliorcéticas que se les planteaban, lo que duró hasta que salieron de

la Real Academia de Matemáticas de Barcelona los primeros

ingenieros del siglo XVIII que conocieron aquí teorías más modernas
sobre la fortificación.39

------

Sebastian Le Prestre de Vauban, dotado de una

inteligencia superior y apoyado por un soberano que llevaba a Francia

a la cúspide de su poder, se convirtió en el genio indiscutibles de la

fortificación abaluartada, que habían desarrollado en Francia Errard de

Bar Le Duc y Antoine de Ville 40, y a la que llevó hasta su más

39 Es posible que Medrano partiera en sus enseñanzas de lo que aprendió


en la obra "Introduction ad Architecturam Militarem" del conde Blaise François de
Pagan; entre las obras que comentó figuran las de Adam Fritag, Simon Estevenin,
Mathias Dogen, Samuel Marolois, Nicolas Goldman, Jean Errard de Bar Le Duc,
Pietro Sardi, Antoine de Ville, François Blondel y Manesson Malet.

40 El primero, que levantó, entre otras, las fortificaciones de Calais y


Montreul-sur-mer, escribió un tratado que fue editado con el apoyo real; en él que
recomienda la construcción de bastiones (baluartes) de grandes dimensiones y
propone que la línea de defensa se establezca en función del alcance de los
arcabuces. Sus principios fueron desarrollados por el segundo, quien propuso que

139
amplio y completo desarrollo. Al contrario de Medrano contó con el

apoyo de su soberano y con las condiciones ideales para llevar a cabo

sus ideas, que plasmó en un inabarcable número de obras que

protegieron todas las fronteras, terrestres y marítimas de Francia. Los


estudiosos de la evolución de sus ideas, estiman que a lo largo de su

vida, desarrollo tres sistemas, más bien métodos, de fortificación,

todos ellos sujetos a las reglas del "baluarte" y producto del progreso

de sus concepciones41. Del primero son ejemplo la plaza de Lille y la

ciudadela de Bayona; del segundo las plazas de Belfort y Landau, y

del tercero, en especial, Neuf-Brisac, donde el exceso de elementos

llegó a afectar de forma negativa a las fortificaciones posteriores, no

sólo por su excesivo costo, sino también por una serie de defectos o

inconvenientes técnicos puestos de relieve cuando hubieron de ser

utilizadas en sus menesteres naturales (ver lámina al final del


capítulo)

La plaza de Neuf-Brisac fue levantada por orden expresa

de Luís XIV, quien en 1698 ordenó a Vauban crear una plaza fuerte en

la orilla izquierda del Rin para asegurar la defensa del sur de Alsacia.

los flancos de los baluartes se hicieran perpendiculares a las cortinas, y recomendó


que se pusiese especial interés en la configuración del terreno circundante para
obtener un claro dominio visual sobre el enemigo atacante

41 Su misma creatividad y la adopción de continuos avances en sus


proyectos y ejecuciones, en especial de sus técnicas de ataque, llevaba a provocar
prematuras obsolescencias en sus desarrollos defensivos.

140
Se eligió un terreno completamente llano, en el que el ingeniero pudo

desarrollar con toda comodidad y perfección su tercer sistema de

fortificación. Alrededor de una gran plaza erigió una completa ciudad,

con calles trazadas en retícula cuadrangular, que quedaba encerrada


dentro de un vasto sistema de fortificaciones, sin solución de

continuidad, levantadas en el perímetro de un polígono estrellado

octogonal; sus ocho baluartes estaban reforzados por tenazas, dobles

revellines, lunetas, contraguardias y repetidos fosos y glacis, aparte de

todos los pequeños obstáculos complementarios que pudieran

colocarse en ellos para impedir la penetración y progresión de un

eventual asaltante. Como ya he dicho, su misma grandiosidad fue

causa de que su eficacia fuese cuestionada por muchos tratadistas, que

en parte vieron confirmadas sus opiniones por los hechos posteriores,

ya que Neuf-Brisac ha sido escenario de las varias luchas que en los


siglos XVIII, XIX y XX ha enfrentado a alemanes y franceses.

Pero Vauban estudiaba y preparaba a la par el método para

expugnar las fortificaciones, incluso aquellas que él mismo construía o

que lo habían sido siguiendo sus enseñanzas, pues en todas las

campañas que Francia sostuvo durante su vida se vio obligado a

ejercer la dirección de los trabajos de sitio de aquellas plazas que el


enemigo de turno oponía al triunfo de las armas francesas. Por eso

141
leemos en una obra que ya hemos citado 42 que destruyó con su

mano izquierda lo que con la derecha creaba"; los dos autores

españoles continúan afirmando que fue tal la competencia de Vauban

en el campo de la Poliorcética que llegó "hasta el punto de

transformar el ataque a una fortaleza de difícil, complicado y

sangriento, en una acción fácil, sin importancia y con pocas

pérdidas, para cuya terminación se precisaba solamente tantos días,

como necesitasen los zapadores para sus trabajos de ingeniería (de


una semana a un mes)".

Como tratadista, a Vauban se debe principalmente el "

New Method of Fortification as Practice by Monsieur de Vauban ",

publicado en Londres en 1691, y el tratado "De l'Attaque et de la

defense des places ", cuyos dos tomos fueron editados en La Haya en

1737 y 173243. Este fue traducido al español por el gran Ingeniero

militar Ignacio de Sala que, lo hizo imprimir en Cádiz en 1743. Pero

en este aspecto hay que recordar que el mismo Vauban no se

consideró nunca un tratadista de fortificación; era, sobre todo, el

hombre que llevaba a la práctica, sobre el terreno, las ideas aprendidas

42 Sánchez-Tembleque, Luís y García-Rodríguez, Fernando: "Fortificación


Permanente", Segovia, 1933. nota en la p. 53 y 54., quienes la toman de Alexis von
Schwarz.

43 En 1702, el Abbé DU FAT y el Chebalier DE CAMBRAY publicaron


en Amsterdam el "Verdadero método de fortificar de Mr. De Vauban", que parece
ser que contó con el beneplácito del Mariscal.

142
de sus colegas, y las que su experiencia en el ataque o en la defensa en
diversos asedios le dictaba.

Vauban realizó además una gran cantidad de obras


públicas: carreteras, canales, puentes, urbanizaciones, etc., en especial,

en sus últimos años, que tuvieron para Francia una importancia casi
tan notoria como las de sus fortificaciones.

La fortificación abaluartada llegó con él, ya queda dicho, a

su mayor desarrollo, y en todos los países importantes de la época44

se siguieron sus enseñanzas. En España, especialmente, propició este

corriente la subida al trono de la casa de Borbón, y el mismo

Verboom, discípulo de Medrano, fue recomendado por Vauban a

Felipe V, quien le entregó todo el ramo de la Ingeniería militar, e

inició sus tareas con varios ingenieros franceses, "prestados" por Luís

XIV a su nieto. Si mi opinión es que no se debe aplicar a toda la

fortificación abaluartada el apellido de "sistema Vauban", si he de

44 A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, y más concretamente desde


1761, el marqués Marco Renato de Montalembert realizó una serie de estudios que
le llevaron a encontrar importantes fallos en los sistemas defensivos de Vauban y a
dar a conocer sus conclusiones, que reunió en su obra "La Fortification
perpendiculaire", pero, aunque las puso en práctica durante su destino en el ejército
sueco durante la Guerra de los Siete Años, los componente del Cuerpo de Ingenieros
militares franceses se mostraron opuestos a ellas, y no logró publicar su obra hasta
los años 1776-78. Pero sus enseñanzas no se tuvieron en cuenta, desde luego, para la
erección del "Real Fuerte de la Concepción".

143
admitir que a la levantada en su fase "ilustrada" si pudiera aplicársele
la expresión aclarativa "según el sistema de Vauban".

Casi todos los ingenieros militares europeos, del siglo


XVIII, y desde luego los españoles, aprendieron en las obras de estos

dos destacados tratadistas la ciencia de la Poliorcética, que aplicaron

sin apenas excepción tanto en Europa como en América, y en muchos

aspecto fue España la que se adelantó a las restantes potencias de la

época en la creación de un Cuerpo exclusivo para reunir a un

destacado grupo de científicos de esta disciplina como en la fundación


de la Academia necesaria para impartirla.

144
145
146
8. El "Cuerpo de Ingenieros Militares".

147
Tras el año 1700 no sólo se iniciaría un nuevo siglo sino

que un nuevo rey y una nueva dinastía, Felipe de Anjou, nieto del rey

de Francia Luís XIV, y la Casa de Borbón, iban a gobernar en España,


por lo que en ella cambiaría bastante la manera de enfocar y resolver

muchos de nuestros problemas, pues las seculares formas hispánicas

de enfrentar los asuntos iban a ser substituidas en muchos campos, y

no siempre para mejorar, por los usos y los métodos franceses, y en

los primeros años del reinado hasta se sentaba en los Consejos de


Ministros del Rey español el embajador francés.

Para nuestro trabajo lo más importante fue el gran cambio

que experimentó nuestro ejército, que abandonó sus pautas

tradicionales para copiar el entonces predominante modelo francés. Y

si no en todas las cuestiones se acertó, hemos de reconocer que en la

ingeniería militar se dio un gran paso en su sistematización y en su


profesionalidad.

La persona que realizó todo el cambio y llevó a cabo la

nueva organización de la ingeniería militar española, fue Jorge

Próspero de Verboom45. Había nacido en Amberes, y por tanto era

súbdito de la Monarquía española, en 1665, y era hijo de Cornelio de

Verboom ingeniero militar español, que al ocurrir su muerte era

45 Sus datos biográficos están tomados de la Enciclopedia Universal


Espasa-Calpe.

148
ingeniero mayor y cuartel-maestre general del ejército español de los

Países Bajos. Verboom; se crió en Besanzón y siendo muy niño,

acompañando a su padre, tomó parte en la defensa de esta plaza y en

la de Dole, por lo que fue admitido como cadete de infantería el 5 de


febrero de 1677. Poco después ingresó en la Academia Real de

Bruselas, que dirigía Fernández de Medrano, y en abril de 1684 fue

nombrado ingeniero voluntario, titulo que conservó hasta que en 1690

se le dio la patente de ingeniero militar. Tomó parte en la campaña de

1691 y a la muerte de su padre le sucedió en los cargos que, como ya

queda dicho, desempeñaba. En 1695 participó en el sitio de Namur al

lado del gran ingeniero holandés Coehorn, y por sus distinguidos

servicios se le otorgó el ascenso a maestre de campo de la caballería.

Iniciada la guerra de Sucesión de España luchó durante varios años en

Flandes, y se distinguió especialmente organizando la defensa de

Amberes. Después de la derrota de Ramilier en 1706, los franceses

responsabilizaron del desastre a los españoles y Verboom fue reducido

a prisión. Al salir de la ella se fue a vivir a Chartres y en 1708 solicitó

de Felipe V su vuelta al servicio activo, que le fue concedido, teniendo

en cuenta los informes y la opinión de Vauban con quien había

colaborado en Flandes, por lo que en 1709 se trasladó a Madrid y fue

destinado al ejército que combatía en Portugal; una vez allí reconoció


la frontera y envió un detenido informe del estado de las plazas y

149
fortalezas españolas de la zona. En 1709 fue ascendido a teniente

general nombrado Ingeniero general de los Reales Ejércitos, plazas y

fortificaciones, y al mismo tiempo cuartel-maestre general de dicho


ejército.

Verboom, que había sido hecho prisionero en 1710, fue

canjeado en 1712, y publicó en este año la obra "Project pour une

Académie ou Ecole, ou se doit demontrer les Mathematiques,

Fortification et Dessein..", una vez reincorporado a us anteriores


cometidos.

El 17 de abril de 1711 46 el Gobierno español aprobó la

creación del Cuerpo de Ingenieros Militares español, separando a

estos científicos de los facultativos de Artillería. El empeño fue

encomendado a Verboom, tan pronto como éste se vio libre de su

cautiverio. En los años 1713 y 1714 dirigió a los ingenieros de Felipe

V en el sitio de Barcelona, cuya ciudadela, una vez conquistada la

ciudad, se encargó de proyectar y dirigir, siendo nombrado 1718

gobernador y castellano de la misma, cargo que conservó, junto con el

de Ingeniero general, hasta su muerte. Participó en 1717 y 1718 en la

expedición que realizó Alberoni sobre Cerdeña y Sicilia; desde esta

fecha hasta 1727 recorrió toda España inspeccionando todas sus

46 Quiero resaltar que hasta 1748 no se creó en Francia una academia


similar al instituirse en Mezieres el centro formativo del "Corps Royal de Genie".

150
fortificaciones y enviando amplios informes sobre la situación en que

se hallaban todas las instalaciones defensivas de la Península. El

último año citado se le concedió el título de marqués de Verboom, y

se le nombró ingeniero general del ejército que sitiaba a Gibraltar,


pero por desacuerdo con el general en jefe, marqués de las Torres,

regresó a Madrid, donde permaneció hasta 1731, año en que volvió

definitivamente a Barcelona. Por orden del ministro José Patiño , de 3

de abril de 1736, convirtió a la Escuela de Matemáticas y Artillería de

Barcelona 47, que había sido fundada en 1664 por Francisco Larrando

de Mauleón, en "Real Academia Militar de Matemáticas", cuyo

Reglamento se aprobó en 1737 por el ministro de la Guerra, duque de

Montemar. En 1737 fue elevado a la dignidad de capitán general de

los Reales Ejércitos, y falleció el 19 de enero de 1744 en la misma


ciudadela que había levantado años antes.

De la "Real Academia Militar de Matemáticas" de

Barcelona fue nombrado como director o "primer maestro" Mateo

Calabro, que lo era desde 1720 de la anterior escuela. Calabro había

escrito un "Tratado de la Fortificación", cuyo manuscrito, fechado el 1

de marzo de 1733 , se conserva en la Biblioteca Universitaria de

Salamanca, signado con el número 468; su permanencia en la

47 Era similar a las que existían en Pamplona, Badajoz y Cádiz, lo que


manifiesta que habían sido establecidas en aquellos puntos de la Península en los
que las aplicaciones de la Poliorcética eran más necesarios.

151
Academia fue corta, pues el 14 de marzo de 1738 se le substituyó por

Pedro de Lucuze y fue trasladado a Valencia, acaso por discrepancias


con el duque de Montemar.

Pedro de Lucuze, que durante todo el resto del siglo XVIII

fue el gran maestro de los ingenieros militares españoles, apoyaba el

estudio de los tratadistas españoles como Alonso de Zepeda,

Caramuel, Fernández de Medrano y el marqués de Leganés, pero es

claro que también se impartían las enseñanzas de Vauban,

ampliamente incorporadas a los estudios del Centro, en especial a

través del tratado de Bernard Forest de Belidor, así como las de De

Ville, Pagan, Blondel, Rousell y Bar Le Duc. Esta prioridad que dio su

Director a la formación española de sus discípulos ayudó al paulatino

abandono del mimetismo que habían despertado las sombras de

Vauban y su "Corps Royal de Genie", hasta el punto de que ya en

1750 Sebastián Ferigan decía, ante la vista de los diseños galos que

"no es posible aquella idea con que creíamos todos en la superioridad


de talento de los ingenieros franceses.

A Lucuze se deben dos obras sobre esta disciplina:

"Principios de Fortificación", editado en Barcelona en 1772, y

"Disertación sobre las medidas militares", publicado también en


Barcelona en 1773.

152
Estos dos hechos: la creación del Cuerpo facultativo, que

estuvo integrado en un principio por Jorge Próspero de Verboom,


como Ingeniero Director, y los ingenieros traídos de Flandes:
 José Galloso
 Santiago Alberto Coffan
 Alberto Mieuson
 Juan Díaz Pimienta
 José de Bauffle
 Barón Felipe de Taunneville
 Juan de Batefort
 Pedro Coisevaux

Dos incorporados en la península:


 Francisco Montagut
 Antonio Montagut

Y los franceses:
 Luís de Viller-Langot (que había sido ayudante de
Vauban y fue el segundo de Verboom)
 Joaquín de Flandes
 Alexandre de Retz;48;

48 Ver: Horacio Capel, Joan Eugeni Sánchez y Omar Moncada: "De Palas
a Minerva. La formación científica y la estructura institucional de los Ingenieros
Militares en el siglo XVIII". Sebal. CSIC. Madrid, 1988, p. 22. También "Estudio
Histórico del Cuerpo de Ingenieros". Madrid, Est. Tip. Suc. de Ribadeneyra, 1911.

153
Y la de la Academia de Barcelona,49 iban a propiciar un

desarrollo verdaderamente importante en la arquitectura militar con el

establecimiento de muchas y poderosas fortificaciones en varias

provincias españolas y el florecimiento de un elevado número de


grandes constructores de obras militares. Verboom fue el elemento

principal en la conjunción de los conocimientos de la escuela francesa

con la experiencia española derivada en especial de la Academia de


Bruselas.

Entre los grandes ingenieros militares españoles del siglo

XVIII debemos citar, entre otros muchos, al mismo Verboom que

proyectó, en cumplimiento de la Real orden de 1 de junio de 1715, la

ciudadela de Barcelona y dirigió su erección - fortaleza hoy totalmente

desaparecida -; realizó también las trazas de la de Hostalrich, así como

el proyecto del gran recinto fortificado de Badajoz, del que apenas

quedan algunos elementos en pie; inició los trabajos del castillo de

Montjuich de Barcelona, y, tras un estudio a fondo de todo el territorio

español, supervisó todo el trabajo, de cualquier tipo, de los Ingenieros

militares españoles, y sus ideas y enseñanzas informaron todo la labor

de estos en la primera mitad del siglo. Y Luís de Viller-Langot, uno de

sus primeros colaboradores, que dirigió la fortificación de San

49 La Academia de Bruselas se transformó en 1713, tras la guerra de


Sucesión, en "Academie Militaire de Fortification et de Mathematiques".

154
Sebastián y de Fuenterrabía, donde le ayudó Pedro Moreau; éste

intervino después en las reformas efectuadas en las fortalezas de

varias plazas y, lo más importante, fue autor y director de la fábrica

del "Real Fuerte de La Concepción"; Antonio Jordán, levantó el fuerte


de San Felipe en Puerto Cabello (en la actual Venezuela) en

colaboración con Juan Amador Courten; Diego de Bordick, cuya

mano se prodigó en toda la Península; los hermanos Juan y Pedro

Martín Cermeño, el primero de los cuales fue el verdadero creador

desde 1751 del castillo de Montjuich en Barcelona, construyó el de

San Fernando en Figueras, - "maravilla de técnica y táctica defensiva",

según Zapatero -, en 1752 y remodeló el sistema defensivo de Ciudad

Rodrigo, y el segundo dirigió desde 1766 todo el conjunto de

fortificaciones de la base naval de Cartagena; Antonio de Gaver que,

con Antonio y Fernando Montagut, y con Moreau, fortificó la plaza de

Orán; Lorenzo de Solís. que terminó en 1744 la ciudadela del Hacho,

en Ceuta, comenzada años antes por el capitán Felipe de Tortosa; José

de Hermosilla, el destacado arquitecto de la "Ilustración", discípulo de

Mateo Calabro, que fue profesor de la Academia de San Fernando,

cuyo puesto dejó para incorporarse como ingeniero en las unidades

que, saliendo de esta zona y mandadas por el conde de Maceda

participaron en la campaña que en 1762 se realizó contra Portugal en


nuestra península, - durante este período parece ser que efectuó ciertas

155
reformas o mejoras en el Real Fuerte de La Concepción, y levantó

planos topográficos en 1793 de la comarca de Simancoa, bajo la

dirección del ingeniero Antonio de Gaver, y en 1797 de la ribera del


Coa con la ayuda de su compañero Esteban Peñafiel.

Lugar destacado merece entre estas citas el gran ingeniero

Ignacio de Salas50, tanto por su gran labor de estudio y docencia,

como por la labor de construcción de fortificaciones que realizó en la

Península y en las provincias de Ultramar, y además por su traducción

y publicación en 1743 del "Tratado sobre el ataque y defensa de las

fortalezas" del francés Vauban. Sin olvidar a Francisco Codony, que

intervino en la fase final de "La Concepción"; Juan de Landaete,

Bernardo de Frosne, Juan de La Ferriere, Juan Giraldo de Chaves o

Juan José Ordovás51, ni a las obras defensivas que en la época estos

50 Ignacio de Salas había nacido en Barclona a finales del siglo XVII. En


1712 era ingeniero segundo y se encontraba realizando trabajos en Cataluña, con
destino en Tortosa, de donde tres años después pasó a Aragón. En 1717 Verboom se
opuso a que pasara a América ya que lo necesitaba para trabajar en la ciudadela de
Barcelona, pero en 1718 fue trasladado a Cádiz, en donde fortificó La Carraca, y
luego realizó todas las obras de defensa de esta plaza, a la par que atendía a las de
Algeciras, Cartagena, Sevilla, Badajoz y otras varias. Allí permaneció varios años,
hasta que se le nombró Ingeniero Jefe y Gobernador de Cartagena de Indias, muy
castigada por el ataque del inglés Vernon en 1741, en la que se dedicó a la
reconstrucción y notable mejora de sus importantes fortificaciones, y a partir de
1751 también las fortalezas de Portobelo. En 1754 pidió el retiro y regresó a la
Península, donde falleció al año siguiente. Salas fue tan importante que llegó a crear
escuela, destacando entre sus discípulos Lorenzo Solís y Antonio de Arévalo y
Porras.

51 Ordovás era teniente coronel de Ingenieros a principios del siglo XIX;


entre 1802 y 1805 fue Director del Ramo de Ingenieros en el Museo Militar; facilitó
por estas fechas al Estado Mayor francés una serie de datos muy completa sobre las

156
hombres realizaron en Ceuta, Melilla, Cádiz, Alcántara. Tuy, etc., así
como en las provincias de nuestros territorios del Nuevo Mundo.

Los años que nos va a ocupar el estudio del Real Fuerte de


La Concepción, cuando tratemos en especial de su segunda época, son

en España los de la "Ilustración" y el "Despotismo ilustrado". Por ello

nos vamos a encontrar en el estudio de las trazas y de los elementos de

la fortaleza, y en la aplicación de la técnica a su construcción, con un

indudable empleo del raciocinio y del equilibrio científico puestos al

servicio de un mejor desarrollo y utilización de los conceptos


permanentes de la Poliorcética.

Todos estos conocimientos fueron aprovechados en la

edificación del "Real Fuerte de La Concepción" (" precioso Castillo

", como lo califica Zapatero), en la que muchos de los ingenieros

citados realizaron trabajos de estudio o dirección en él, pues dadas las

especiales características del terreno, de su sistema defensivo y de las

vicisitudes por las que pasó su construcción, se convirtió en la mesa

de investigación y en el banco de pruebas donde todos los ingenieros

militares del siglo XVIII ensayaron sus conocimientos, probaron sus

plazas fuertes españolas, y sus "Informes" contribuyeron a que los generales de


Napoleón conociesen las posibilidades defensivas de España al producirse en 1808
la invasión francesa (datos tomados de Bonet, "Cartografía Militar ... ". Madrid,
1991; p. XXV.

157
estudios y experimentaron sus concepciones constructivas y
poliorcéticas.

Lástima que la vida de esta fortaleza fuera tan corta, pero


después de su voladura en 1810 y del final de la contienda en 1814,

muchas cosas habían cambiando, y no sólo fueron razones económicas

las que lo condenaron al abandono. El concepto de la guerra sobre

todo, que había cambiado totalmente después de la campañas de

Federico de Prusia y de Napoleón, basadas sobre todo en el

movimiento, convirtiendo en inoperantes a los sistemas de

fortificación que, iniciados con el Renacimiento, habían llegado a su


punto de mayor desarrollo con la Ilustración.

158
9. Como se proyectaba una fortaleza en el siglo XVIII.

159
Después de cuanto se ha dicho en las páginas que

anteceden, es indudable que sólo un gran conocedor de las

matemáticas, de la composición de los terrenos, de los materiales de


construcción y del alcance y poder de penetración de las armas de

fuego de la época, podía aspirar a proyectar, planificar y levantar una


fortaleza.

Una vez fijada la necesidad de construirla. en un

determinado lugar, para cerrar el paso a una posible invasión por tierra

o por mar por parte de una nación enemiga, lo que venía dado por una

serie de razones militares, políticas y económicas, se procedía a

reconocer detenidamente la zona para elegir el sitio más idóneo para

su ubicación, en el que se tenían en cuenta la facultad de dominar por

las vistas y los fuegos el terreno circundante; la composición

geológica del espacio en que se asentaría; sus posibilidades de acción

por el fuego; su facilidad de aprovisionamiento y de evacuación; la

disponibilidad, calidad y cuantía de las aguas en sus proximidades, y

las comunicaciones con su propio país, en especial, con otros puntos


fuertes que pudieran servirle de apoyo y socorro.

Para realizar su traza, una vez que se había tenido en

cuenta todo lo indicado en el párrafo anterior y se había determinado


el sitio donde había de erigirse, comprobadas las características del

160
terreno y su composición, y valorados su costo y las disponibilidades

económicas con las se iba a contar, se convocaba un concurso entre

Ingenieros para que presentaran los oportunos proyectos y

presupuestos (con todos los detalles tácticos y constructivos), o se


encargaba de ello a uno elegido previamente en razón de sus méritos o
de la disponibilidad de especialistas en el lugar y en el momento.

Todo el proceso que se iniciaba así tenía como primera

condición la determinación del número de elementos o baluartes con

que habría de contar la fortaleza; es decir, del número de lados de que

se compondría el polígono que se había elegido como matriz, tanto si

su forma iba a ser la geométrica regular, como si por exigencias del

lugar en el que se iba a edificar hubiese de ser irregular, lo que

únicamente significaría que la distribución de sus partes tendría

dificultades añadidas. En nuestro caso, para tratar de comprender

mejor como es el Real Fuerte de La Concepción, vamos a tomar como

referencia a una fortaleza de planta cuadrada y las normas del último

período de Vauban, que era el sistema que utilizaban nuestros

ingenieros militares durante casi todo el siglo XVIII, y, dentro de ello,


el que el maestro francés estimaba como de tamaño mediano52.

52 Las medidas señaladas por el señor de Vauban para las


fortificaciones de planta cuadrada eran las siguientes, considerados los tres tipos que
consideraba:

161
Vauban señalaba, pues, que para el trazado del plano

correspondiente a esta fortaleza se tenía que utilizar un radio de 127 T

(toesas) y 2 p (pies) para la circunferencia circunscrita al polígono

matriz exterior. Como operación previa habría de construirse una


escala, dividida en toesas y pies, para lo cual hay que trazar un

segmento recto adecuado a la superficie (tela, papel, etc.) de que se

disponga, y que debe representar una longitud de cien toesas (fig. A).

Se le divide en diez partes iguales, que numeraremos, empezando por

el extremo izquierdo, desde el 0 al 10; el espacio comprendido entre el

0 y el 1 (sic), se subdivide en otras diez partes, cada una de las cuales

representará, por tanto, una toesa; se debe prolongar la recta hacía su

izquierda, a partir del 0, en la longitud de una toesa, para dividirla en

seis partes iguales y obtener así en cada división el espacio de un pie

(si se dispusiese de longitud suficiente, la primera división de la

izquierda, puede subdividirse en otras doce partes iguales, de las que


cada una nos daría el valor de una pulgada).

Grande Mediano Pequeño


Radio 141 T 127 T 2 p 113 T
Lado del polígono exterior 200 T 180 T 160 T
Perpendicular 27 T 22 T 21 T
Una cara 60 T 55 T 45 T
Complemento de línea de defensa 38 T 33 T 33 T
Un flanco 22 T 18 T 1 p 18 T 1 p
Una cortina 63 T 4 p 64 T 4 p 64 T
Línea de defensa 141 T 126 T 115 T 4 p

Ver: DU FAT, Abbé y DE CAMBRAY, Chevalier: "Verdadero método de fortificar


de Mr. de Vauban". Amsterdam, 1702.

162
Una vez hecha la escala se puede proceder a trazar la

circunferencia exterior (ver fig. B). Había que tener en cuenta el

alcance de las armas de fuego de la época, que hacia primeros del

siglo XVIII era de 120 toesas para el mosquete normal y de 150 para
el reforzado. El cañón normal, de diez pies de longitud, usaba una bala

de 6 pulgadas de diámetro y 33 libras de peso; tenía un alcance de 350

toesas; empleaba en cada disparo 2 libras de pólvora y podía hacer 80


disparos diarios.

Por ello, para el mejor aprovechamiento del tiro eficaz del

mosquete o fusil, se tomaba con el compás un radio de 127 T y 2 p. y

se trazaba una circunferencia, a la que se dividía por medio de dos

diámetros perpendiculares entre sí, en cuatro arcos de 90º cada uno, lo

que se traducía en que la abertura del compás entre dos puntos

consecutivos, es decir, la longitud de la cuerda de cada arco, fuese de

180 T de la escala. Se tenían ahora señalados en la circunferencia los

puntos capitales A, B, C y D, que se unirían dos a dos, obteniendo el

cuadrado exterior; los puntos medios de estos lados, E, F, G y H, se

unían con dos segmentos que pasaban por en centro 0 de la

circunferencia; a partir de estos cuatro puntos, se tomaban 22 toesas

para marcar los puntos I, J, K y L. Desde los puntos capitales - A, B,


C y D - se trazaban ocho segmentos que pasaban por los puntos

últimamente señalados - I, J, K y L -; desde los primeros, y en

163
dirección a los segundos, se medía a cada lado 55 T y se señalaban los

puntos a, b, c, d, e, f, g y h, determinando la traza exterior de las caras

de los baluartes. Después se prolongaban los mismos segmentos 35 T

a partir de los puntos I, J, K y L, para señalar los puntos i, j, k, l, m,


n, p y r, que permitirían trazar los elementos principales de la defensa,

pues uniendo los puntos aj, bi, cl, dk, en, fm, gr y hp, se tendrían los

flancos de los baluartes, y uniendo entre sí los pies de éstos se


obtendrían las cortinas de las murallas.

La importancia y el principal valor de los flancos en la

defensa de los demás elementos (caras, cortinas, etc.) era de tal

magnitud, que puede decirse que a veces sólo se construían baluartes

para aprovechar sus flancos. Por ello, se ha llegado a convertir la

denominación de "flanqueado" en sinónimo de "bien defendido". Pero

nada sería eficaz si se olvidase la regla de oro de la poliorcética: "no

debe existir ningún punto del recinto de una fortificación que no


pueda ser visto y defendido con fusiles desde otro u otros". Ya

sabemos que el alcance eficaz del fusil era, al iniciarse la decimoctava

centuria de 120 a 150 toesas; por lo tanto, todos los puntos del recinto,

de sus obras exteriores o de su interior, debían estar a menos de esta

distancia de aquellos otros que, formando parte del sistema, estaban en


su proximidad.

164
Tenemos así dibujada la traza exterior de una fortaleza de

cuatro lados o de cuatro baluartes ( que es la traza simplificada del

Real Fuerte de la Concepción ), que hemos realizado de acuerdo con

lo que ha quedado expuesto desde el principio de este capítulo. Nos


falta, sin embargo, determinar otras dos líneas; la primera es el

resultado de la prolongación de las cortinas hasta los puntos de

encuentro V, X, Y y Z, lo que nos proporciona la figura del polígono

interior del conjunto y determinará la gola y la semigola de los

baluartes, y cuyos puntos, unidos al centro O de la figura, señalarán el


radio, o los radios de dicho polígono.

En la referida traza observamos una serie de líneas que son

de importancia no sólo para el trazado - razón de momento inicial pero

secundaria para el fin a alcanzar - sino para el ulterior empleo de sus

elementos defensivos - razón posterior en el tiempo pero de peso

primordial para el objetivo que ha de conseguirse. Las más

importantes de estas líneas - mejor segmentos rectilíneos - son las


siguientes (fig. C):
 CD: lado del polígono exterior.
 AB: lado del polígono interior.
 OC: radio del polígono exterior.
 OA: radio del polígono interior.
 AC: línea capital.
 EAF: gola.

165
 EA: semigola.
 CG: cara del baluarte.
 FG: flanco del baluarte.
 FH: cortina.
 FD: línea de defensa.

También se originaban, por la intersección de las líneas

que formaban la traza y que el ingeniero había delineado sobre el

papel o soporte, una serie de ángulos, algunos de los cuales, tendrían

una vez levantada la fortaleza y en las ocasiones de ser atacada, una

importancia destacada para su defensa. Si observamos nuestra figura

D hallamos en primer lugar el ángulo del centro (O), cuyo valor será

el resultado de dividir 360º por el número de lados del polígono base;

es decir: de baluartes con que haya de contar el castillo o fortaleza.

Así, para el del cuadrado será de 90º; para el pentágono, de 72º; para

el hexágono, de 60º; para el heptágono, de 51º 25'; para el octógono,


de 45º; para el eneágono, de 40º, etc.,., etc.

Si se prolongaban las líneas de dos cortinas consecutivas

hasta que se encontrasen el interior del baluarte correspondiente, se

hallaba el ángulo de gola o del polígono ( A ), cuyo valor se obtenía,

normalmente restando a 180º el valor del ángulo central de la

fortaleza. Resultarían 90º en el cuadrado; 108º en el pentágono; 120º


en el hexágono, etc.,

166
El ángulo del baluarte ( B ) es el que formaba la

intersección de sus dos caras. Acaso los dos más importantes fuesen el

ángulo flanqueado ( D) y el flanqueante ( E), pues de ellos dependía

el emplazamiento de las bocas de fuego, principalmente en los flan-


cos de los baluartes. Se llamaba al F, ángulo de la espalda, y al G, de

la tenaza. No se puede dar valores en grados de estos ángulos, pues

los diversos tratadista y la evolución de la poliorcética les ha dado

muy variada amplitud. Por ejemplo, para el ángulo del baluarte se ha

sostenido que debería ser agudo en plantas de seis o menos lados, y

recto para las de mayor número de baluartes, aunque otros autores han

defendido en este caso el ángulo obtuso, por lo que se ha manejado

una amplia gama de amplitudes; pero puede afirmarse que nunca se

han propuesto ángulos menores de 60º ni mayores de 100º. Como

esto, entre otros factores, conlleva diferencias en lo relativo a la

disposición de elementos defensivos contiguos, nos encontramos con

las más variadas y diferentes opiniones en este apartado. Las

diferencias más grandes las encontramos cuando se trataba de trazar

los flancos - elemento principal de la defensa -, y aunque en alguna

época se les ha construido perpendiculares a las cortinas, en ésta a que

me refiero el ángulo de la cortina (C) era siempre superior a 90º,


contrariamente a lo que se había preferido en fechas anteriores

-----------------

167
Una vez delineado el contorno principal de la fortaleza,

había que proceder a trazar los terraplenes, explanadas, parapetos y

banquetas; en el siglo XVIII los terraplenes estaban substituidos

generalmente por casamatas - naves con paredes y bóvedas a prueba


de bombas - de igual o mayor profundidad que aquellos y que eran

aprovechadas para situar bocas de fuego que defendieran el foso,

almacenes, polvorines, alojamientos, caballerizas, cuerpos de guardia,


etc.

A continuación había de procederse a trazar el proyecto de

los elementos exteriores complementarios: lunetas, revellines,

contraguardias, fosos, puentes, caminos cubiertos, contraescarpas,

etc., a lo que se daba fin con las de extensión y explanación de los

glacis, todo ello con sujeción a unas reglas y medidas que sería prolijo
detallar.

Terminada esta tarea de proyección en el plano, y antes de

iniciar los trabajos reales de edificación, el ingeniero debía proceder a

calcular todo lo relativo a la excavación del terreno - la fortaleza no

había de construirse sobre el nivel de las tierras existente, sino que

había de ser enterrada, es decir, hundida para substraerla a las vistas y

fuegos directos -; calcular el movimiento de tierras que originaría, así


como cuanta había de ser aprovechada y cuanta desechada y

transportada a lugar idóneo; cálculo de materiales necesarios para

168
levantar los edificios: tierras, morteros, arenas, piedras con o sin

labrar, etc.; levantamiento de paramentos; mano de obra técnica,

profesional o sin calificar, y, en fin, todo lo relativo a la construcción

de un edificio de características singulares, con peculiares problemas


de habitabilidad y decoración, cuya ejecución, convertido ya el

director en un arquitecto especializado, comenzaba en ese momento y

se prolongaba hasta que se convertía en una realidad material en su

forma y en su lugar aquella idea dispuesta para realizar las funciones

castrenses que desde el primer momento se trataron de cubrir con su


existencia.

Y a continuación, ponderar todos aquellos factores que se

derivaban del posible ataque a estas edificaciones y demás elementos

con las más potentes bocas de fuego y sistemas de destrucción del

momento. Las armas de fuego habían ido progresando desde que casi

trescientos años antes empezara a prodigarse su empleo en las

acciones bélicas. Al iniciarse el siglo XVIII encontramos entre ellas

mosquetes, fusiles, cañones, petardos, etc. Los disparos de fusil eran

inoperantes ante una muralla a la que sólo producían arañazos. Para

combatirlas lo adecuado eran los cañones y las minas. En estas fechas

un cañón de seis pies (casi dos metros de longitud), que disparara


desde 120 toesas podía penetrar 14 ó 15 pies en un parapeto de tierra

apisonada, por lo cual el espesor de cualquier parapeto debía ser lo

169
mínimo de 18 pies. Pero lo más devastador para las defensas de una

fortaleza eran las minas, que consistían en unas pequeñas cámaras que

se hacían debajo del elemento que se deseaba destruir; su peligro era

muy grande, ya que pudiendo ser realizado por un solo hombre que se
introdujera mediante la zapa bajo los muros y colocara las cargas de

pólvora, su explosión podía abrir una gran brecha, que además

rellenaba el foso, por lo que facilitaba al atacante realizar el asalto en


un frente dilatado, que sería muy difícil de repeler.

170
171
172
173
174
10.Algunas fortificaciones abaluartadas españolas.

175
Ya he hecho referencia a algunas de las fortalezas o

sistemas fortificados españoles correspondientes a esta época de la

Poliorcética; el objeto de este apartado es el de presentar al estudio y a


la curiosidad del lector varias de estas fortificaciones que aún se

conservan o que sólo quedan en el recuerdo, a través de sus trazas y, si

es posible, en el caso de mejor conservación de fotografías aéreas. Los

años finales del siglo XV y todo los del XVI constituyeron un período

de transición durante el cual se desarrollaron y comprobaron

elementos proyectados según las más claras y precisas enseñanzas de

los antiguos tratadistas, que a medida que se iban ensayando y se les

agregaban nuevos componentes, se manifestaron cada vez más

adecuados y ajustados para cubrir, con la aplicación de sus reglas de

oro, las necesidades que las características de las armas y las tácticas

demandaban en el momento, dotando a los campos defensivos de la

capacidad de resistencia y de a profundidad suficiente para hacer


frente al poder ofensivo de los posibles adversarios.

En el territorio de la Monarquía española los puntos

polémicos que exigían el asentamiento de grandes fortalezas lo

constituían las fronteras en Europa con Francia y Portugal, el litoral

peninsular y los puntos estratégicos más vulnerables en los reinos y


provincias de Ultramar y en la costa norteafricana. La construcción,

cada vez más evolucionada, de estas fortificaciones daría lugar en el

176
siglo XVIII a la consolidación de la "Escuela de Fortificación

Abaluartada Hispanoamericana", que como hemos visto había tenido

su origen doscientos años antes, y que, por tanto, fue anterior a


cualquier otra de las que se generaron en el ámbito europeo.

La rebelión de Portugal contra Felipe IV dio lugar a que se

pusieran en estado de defensa diversas plazas en esta línea fronteriza,

abandonada durante los años de la unión, como Badajoz,

Alburquerque, Ciudad Rodrigo, Salvatierra de Miño y Tuy, y que se

levantara un primer fuerte abaluartado en Aldea del Obispo


(Salamanca), que fue pronto abandonado.

Al hablar de los siglos XVI y XVII he citado a algunas de

las fortificaciones realizadas en España en aquellas centurias. De entre

ellas, y de las erigidas en el XVIII entresaco algunas muestras que nos


ayudarán a comprender la importancia de "La Concepción"

La ciudadela de Jaca (fig. 3), bien conservada, parecida a

la de Pamplona que luego mencionaré, es de planta pentagonal y quizá

el ejemplo más antiguo que hoy nos queda de este tipo. Comenzó su

edificación en 1592 Tiburcio Spanocchi; de grandes dimensiones,

posee baluartes en los vértices, aunque poco salientes, pero dotados de

orejones; tiene un amplio foso con camino cubierto y extensos glacis,


hoy modificados, que contribuían a su ocultación. Carecía de

177
revellines o cualquier otra obra similar. Está bien conservada, pues se
la ha utilizado sin solución de continuidad para fines militares.

Como vemos la fortificación abaluartada se inició en


España mucho antes de que el Sr. de Vauban hiciera su aparición en el

escenario de la Poliorcética, lo que luego nos ratificaran otros

ejemplos, pero hemos de reconocer que fue a partir de 1700, y tras

haber asimilado sus enseñanzas, cuando nuestros ingenieros militares

dieron muestras de su gran preparación y enorme maestría. Acaso sea

la Real Orden de 1 de junio de 1715, como ya he dicho, el principio de

este desarrollo; por ella ordenaba Felipe V a Jorge Próspero de

Verboom - ingeniero nacido en Bruselas (no olvidemos que esta

ciudad se encontraba en un reino que formaba parte de la Monarquía

Española) y formado en la Academia de Fernández de Medrano - la

construcción de una gran ciudadela en el centro de Barcelona, de la

que ha desaparecido todo vestigio. Fue ésta la fortificación española

en la que de forma más evidente se puso de manifiesto la influencia de

la Escuela Francesa de Fortificación, que, claro es, giraba en torno a

las enseñanzas del señor de Vauban. En 1715 realizó el diseño de la

fortaleza, para cuya construcción hubo que realizar numerosos

derribos de edificios del barrio de la Ribera. En 1718 fue nombrado


Verboom su "Gobernador y Castellano", aunque inmediatamente

partió, al frente de cincuenta ingenieros, con el ejército que iba a

178
emprender la campaña de Sicilia. La fortaleza tenía planta pentagonal;

sus cinco baluartes estaban dotados de orejones, y tenía igual número

de revellines delante de las cortinas a las que estaban unidos por

caponeras (a través de dos de ellos se verificaba la comunicación con


la ciudad y la campiña y, claro es, en ellos había puentes levadizos);

tanto los baluartes como las cortinas y los revellines estaban

circundados de un amplio foso, a vanguardia del cual corría un camino

cubierto en el que se desdoblaban sus ángulos, resultando su plano o

icnografía un polígono estrellado de veinte puntas. En 1721 se

levantaron contraguardias delante de los baluarte y se edificó un

hornabeque avanzado. Todo ha desaparecido y el terreno en que se

levantaba esta ocupado hoy por los jardines, palacios y lugares de ocio
del Parque de la Ciudadela.

Se conserva en cambio, en muy buen estado, el castillo de

Montjuich (fig. ), convertido en parte en Museo militar, y en otra en

un hermoso jardín. Proyectado también por Verboom, se levanta en la

montaña de su nombre, y la traza y construcción del edificio que

podemos admirar hoy, fueron obra del ingeniero militar Juan Martín

Cermeño, que inició la construcción de su fábrica actual en 1751,

después de demoler el fortín que en el mismo lugar se había levantado


en 1640; en 1779 se habían realizado los desmontes y la formación de

los glacis, se había construido la plaza de armas, el camino cubierto y

179
las explanaciones para las baterías, y en 1799 quedó finalizada la obra

en forma muy similar a la que presenta actualmente. Era capaz para

una guarnición de 3.000 hombres y fue artillada con 120 bocas de

fuego. Observaremos que su traza se adapta a las exigencias de la


cumbre en la que se alza, por lo que la parte más importante de sus

elementos de defensa se levantaron protegiendo los puntos por los

cuales podía ser expugnado; la configuración y composición del

terreno obligó a adoptar una planta muy irregular como podemos ver

en el plano. Puede ser considerado como una doble fortaleza, cuya

frente sur corre casi en línea recta sobre la elevada escarpadura de la

montaña que se alza a orilla del mar, sin presentar elementos

especiales de defensa, pues no eran necesarios. A partir de un patio

trapezoidal (a), hacia el cual se abren los cuarteles y bóvedas (b) que

forman su recinto, se levantaron elementos defensivos sucesivos, que,

en lo que podemos considerar parte primera o anterior, consisten en

dos baluartes (c y d) orientados al Este y un hornabeque (e) que lo está

hacía el Suroeste; por delante de la cortina de éste se halla un revellín

(f), y a partir de aquí entramos en la segunda parte constituida por una

extensa plaza de armas (g) limitada por dos grandes baluartes (h)

articulados como un potente hornabeque, y de los cuales, el

meridional está reforzado a vanguardia por dos lunetas (i); todo el


conjunto se halla rodeado de una amplio foso (j), dotado de la

180
correspondiente contraescarpa y un camino cubierto (k). Muy cuidado

en la actualidad, constituye un ejemplo del trato que deben recibir


estos monumentos, testigos del Arte y de la Historia.

Obra del mismo Juan Martín Cermeño es el imponente

castillo de San Fernando, en Figueras (fig. ); la estructura del terreno

obligó, también, a realizar una traza original, de desarrollo simétrico

en esta ocasión, que desde el centro hacia el exterior dotó de los

mejores elementos defensivos del momento. Su construcción, iniciada

en 1752, se llevó a cabo excavando la meseta en que se asienta, para

crear una zona pentagonal muy alargada en la que se construyó el

patio de armas(a) muy amplio, y en donde en su día se levantaron los

cuarteles o alojamientos; el lado (b), que podemos considerar base del

polígono, está reforzado por un baluarte (c) en su parte central, para

contrarrestar la debilidad que puede presentar su concavidad; tiene un

baluarte (d1, d2, d3, d4, y d5) en cada de sus vértices; de ellos, el

opuesto a la base (d1) es de mayores proporciones y está defendido a

vanguardia por un potente hornabeque, delante de cuya cortina hay un

revellín más; los baluartes (d2) y (d5) cuentan ante ellos con la

protección de contraguardias, mientras que las dos cortinas laterales

están defendidas por horbaneques con revellines ante sus cortinas. Un


extenso foso (h), envuelve todos y cada uno de los elementos del

181
conjunto y el camino cubierto (i) forma una estrella de treinta puntas,
sobre los glacis (j), que se extienden a vanguardia.

La creación de los Distritos Marítimos en El Ferrol, Cádiz


y Cartagena fue causa de que se dotaran a esta ciudades de unos

sistemas defensivos que debían asegurar la integridad de nuestras

fuerzas navales cuando se encontraran fondeadas en sus bases. Son

muy importantes las fortificaciones levantadas en la bahía gaditana

(castillo de Santa Catalina, San Sebastián y la Cortadura), y en El

Ferrol (castillos de San Felipe y de La Palma), pero el conjunto más

completo fue el constituido en torno a Cartagena gracias al decidido

apoyo del marqués de la Ensenada y del conde de Aranda; el proyecto

que realizó e inició en 1766 Pedro Martín Cermeño fue realizado casi

en su totalidad y, de acuerdo con él, se respetaron buena parte de las

defensas anteriores y se levantaron en las alturas que circundan la

bahía los cuatro castillos de Moros, Atalaya, Galeras y San Julián, el

último obra ya del siglo XIX, todos los cuales hubieron de adaptarse a
las exigencias de los montes donde fueron ubicados.

Para terminar este breve recorrido por algunas de las

fortificaciones peninsulares españolas quiero dar unas ligeras noticias

de la gran fortaleza levantada en torno a Badajoz que he mencionado


al hablar del marqués de Verboom. Badajoz fue siempre una plaza

fuerte en la frontera portuguesa, escenario de concentración de

182
ejércitos, sitios y batallas en todas las campañas sostenidas con el

vecino reino de Portugal. La separación de esta nación de la corona de

los Austria, tras su levantamiento en 1640 contra el rey Felipe IV, fue

causa de que a partir de ese momento se la rodeara de un recinto


abaluartado capaz de resistir los ataques que parecían avecinarse. Este

recinto fue terminado y mejorado a partir de la subida al trono de

Felipe V y fue su gran ingeniero, el repetido Jorge Próspero, marqués

de Verboom, quien se encargó de proyectar unas defensas que la

convertían en una de las más poderosas plazas fuertes europeas. El

recinto, en el que se respetaron las viejas defensas de la alcazaba

árabe, en el cerro de Orinace, por la inexpugnabilidad de su estructura,

se completó con un cinturón de ocho potentes baluartes - de San

Pedro, de la Trinidad, de Santa María, de San Roque, de San Juan, de

Santiago, de San José y de San Vicente -, enlazados por los

correspondientes lienzos de murallas, rodeados de un profundo foso;

dotado de un excelente camino cubierto, y con lunetas ante las

cortinas, y un extenso y bien parcelado glacis. Estaba unido por los

dos baluartes extremos a la vieja alcazaba53 y tenía varias

53 En ésta no era necesario establecer baluartes, pues la elevación del cerro


de Ori nace sobre su entorno, que tenía en los declives exteriores que daban sobre
los ríos Guadiana y Rivillas un corte perpendicular al suelo, no los hacían
necesarios. De hecho, los paramentos de estos lados tenían como misión más la
contención de las tierra que la oposición a posibles impactos, lo que se demostró con
motivo de los bombardeos ingleses en la guerra de la Independencia, en los que
derribaban el revoque artificial pero quedaba enhiesta la roca viva que lo
componían.

183
fortificaciones exteriores: fuertes de Pardaleras, sobre el cerro que por

el sur y a septentrión del río Rivillas dominaba la plaza por la vista y

los fuegos, y de Picuriña al este, sobre otro cabezo, a la derecha del

Rivilla, que también dominaba a la plaza: el revellín de San Roque,


que en la misma margen de dicho río, protegía su paso, frente a la

puerta de la Trinidad, y el fortín de las Lágrimas, a Cabeza de Puente

y el fuerte de San Cristóbal, situados los tres en la derecha del río

Guadiana, que vigilaban y defendían su paso. Todos ellos unidos al

conjunto por caminos cubiertos, que completaban un ambicioso


conjunto defensivo.

He dejado para último lugar la plaza de Pamplona, porque

un somero estudio de la evolución y desarrollo de sus fortificaciones

y, sobre todo, de su ciudadela, a lo largo de los años que van desde su

ocupación por el duque de Alba el 25 de julio de 1512, en el reinado

de Fernando el Católico, hasta los reconocimientos y proyectos

realizados en el de Fernando VI, casi dos siglos y medio después, nos

muestran como fue avanzando la Poliorcética, a medida que

progresaban la eficacia de las armas de fuego, y los conceptos por los

que se regía el empleo de los ejércitos en campaña, desde que se inició

el Renacimiento hasta que se llegó al pleno desarrollo de la


"Ilustración".

184
Ya en el año siguiente a su incorporación a Castilla, en

1513, el rey dio órdenes al maestro Pedro de Malpaso para que

levantara una nueva fortaleza, arreglada a las circunstancias bélicas

del momento. Este ingeniero levantó un castillo adaptado ya a las


exigencias que imponía la pólvora; de planta cuadrangular, con muros

en talud, torreones cilíndricos en los ángulos, grandes garitas en medio

de las cortinas y amplio foso lleno de agua; en 1521 fue atacado por el

ejército francés y su alcaide, Miguel de Herrera, se vio obligado a

rendirse; en la defensa previa se distinguió el capitán Iñigo López de

Oñaz, que más tarde sería el fundador de la Compañía de Jesús y que

pasaría a la historia y a la hagiografía cristiana como San Ignacio de

Loyola. La mediana eficacia demostrada por esta fortificación,

levantada poco antes, hizo que a partir de esta guerra, se procediese a

substituirlo, así como a las restantes defensas de la plaza, con otras

fortificaciones basadas ya en los nuevos sistemas de defensa,

estudiados por expertos ingenieros y expuesto por los tratadista que

iban proliferando a medida que aumentaban la demanda de poderosos

recintos defensivos en una época de importantes hechos que estaban

consolidando las modernas nacionalidades. Para ello, en 1529 Carlos I

ordenó a Pedro del Peso que enviase al Consejo de Guerra los planos

de un proyecto, que fue aprobado y cuyas obras, en los diferentes


puntos considerados del recinto, se iniciaron seguidamente. Pero diez

185
años más tarde, las normas precedente iban siendo superadas por los

nuevos estudios, y en 1539 hubo de hacerse un nuevo proyecto, ahora

por el maestre de campo Guevara, que se encaminaban a la

construcción de baluartes en dos ángulos de las muralla, de los cuales,


uno se derribó unos cincuenta años más tarde, y el otro, reformado, ha

llegado hasta las actualidad y se le conoce como baluarte de Labrit. De

nuevo en 1542, se incide en la necesidad de mejorar las fortificaciones

de Pamplona, que fueron visitadas por el duque de Alba, acompañado

de uno de los más prestigiosos ingenieros militares españoles, el

capitán Luís Pizaño, quien presentó unos importantes planos, con sus

alzados, de todo aquello que se debía realizar; de este reinado del

emperador proceden los actuales baluartes de Labrit, como he dicho, y


de Redín, así como las puerta de Francia y de la Rochapea.

Felipe II se propuso dar nuevo y decisivo impulso a la

fortificación de la plaza de Pamplona, y para llevar a cabo esta

decisión encargó a Juan Bautista Antonelli visitar la ciudad y

presentar un detallado informe, cuyo estudio por el rey y sus asesores

dio lugar, en vista de las nuevas reglas surgidas en la materia, a que en

1570 se encargase a Jacome Palearo, "el Fratín", levantar una

ciudadela, según planos propios, en los que se seguía el ejemplo de la


erigida en Amberes por el ingeniero Paccioto; se propuso, desde

luego, una planta pentagonal, con cinco baluartes que se llamaron de

186
San Felipe el Real, de Santa María, de Santiago, de la Victoria y de

San Antón (desgraciadamente estos dos últimos fueron hace años

demolidos, junto con dos revellines, como consecuencia de la

estulticia de algunos regidores de la ciudad, que así se cargaron un


monumento ejemplar de la arquitectura militar, digno de ser declarado

bien histórico-cultural, para conseguir a cambio una anodina avenida

que podía haberse trazado unos metros delante o detrás). Su

construcción, su perfeccionamiento y su acondicionamiento a las

necesidades del momento, se prolongaron durante largo tiempo, y

trajo como consecuencia la demolición de las viejas fortificaciones

anteriores, incluso algunas levantadas en el reinado anterior, y la

erección de dos frentes amurallados que, partiendo ambos de dicha

ciudadela, se dirigían, el uno hacia el baluarte de Labrit, dotándole de

los baluartes de San Nicolás y de la Reina, con las puertas de San

Nicolás y de Tejería, y el otro, formando casi ángulo recto con el

anterior, hasta el Mirador, que englobaba en su interior de la plaza el

campo de la Taconera, donde se levantó el baluarte de igual nombre y

el de Gonzaga. La penuria del Tesoro público obligó a los ingenieros a

aprovechar materiales de las obras precedentes, entre ellas las del

viejo castillo de Fernando el Católico, que fue desmantelado, por lo

que surgieron rivalidades entre los ingenieros, y así en 1592, Antonio


de Herrera envió al rey un memorial acusador contra "el Fratín" y

187
Vespasiano Gonzaga, lo que acaso fue el determinante para que Felipe
II se decidiera visitar la plaza en noviembre de aquel año.

En 1608, Francisco Fratín informaba de la situación en


que se encontraban los nuevos frentes, cuya construcción apenas había

comenzado, y se decidió levantar la contraescarpa de la ciudadela.

Durante el reinado de Felipe IV se trabajaba intensamente en las obras

del todo el conjunto, entre otras las del revellín que defendía la puerta

de la Taconera, y en 1644 quedó terminado el portal de la Tejería y

parte del baluarte de la Reina. En abril de 1646 visitó Felipe IV la


ciudad.

Durante el resto de este reinado y en el de Carlos II se

continuaron las obras en todos el conjunto de la fortaleza,

modificándolas para aplicar en ellas las últimas enseñanzas de

Medrano y Vauban; en 1685 se construyeron los dos revellines y las

dos contraguardias que se conservan en la Vuelte del Castillo, y hacia

finales del siglo XVII se pudieron dar por terminadas las obras,

aunque en 1694 el ingeniero Hércules Torelli consideraba que aún

hacía falta una buena suma de dinero para rematar en forma definitiva
las obras exteriores necesarias.

Tras el paréntesis de la guerra de Sucesión y del


advenimiento de la nueva dinastía, se volvió a considerar la precisión

188
de mejorar y poner al día los diversos elementos que componían las

defensas de la plaza fuerte de Pamplona. De estudiar los problemas

derivados de la misma se ocuparon el marqués de Verboom, director

del Cuerpo de Ingenieros militares, y el destacado ingeniero Ignacio


de Sala, bajo cuya dirección se reformó la ciudadela adecuándola a los

tiempos: entre otras cosas, se cambió la ubicación de la puerta del

Socorro y se construyeron trece bóvedas a prueba de bomba. También

se construyeron los baluartes de El Pilar, Guadalupe, San Bartolomé y


Príncipe.

Años más tarde, Fernando VI en 1752 ordenó reanudar los

trabajos de mejora de las fortificaciones, con obras que se realizaron

principalmente en la puerta de Francia. Por encargo del conde de

Aranda, en 1756 el ingeniero Jerónimo Amici redactó un amplio

informe sobre la calidad y estado de las defensa, y en el mismo año

redactó otro el general ingeniero militar Juan Martín Cermeño, pero

ninguna de esta propuesta dio lugar a nuevas construcciones, como

tampoco lo fueron las presentadas con posterioridad, las últimas de las

cuales fueron las debidas a los ingenieros Heredia, Casanova y al

general Hurtado a raíz de la guerra contra la Convención francesa

entre 1793 y 1795. Al producirse la invasión napoleónica la plaza


seguía en el mismo estado de defensa que cincuenta años antes y su
ciudadela fue apresada por los franceses de forma alevosa.

189
Sirvan estas muestras de las fortificaciones levantadas en

los territorios peninsulares españoles para poder cotejar el

emplazamiento, la fábrica y los diversos componentes que concurren

en el "Real Fuerte de La Concepción", objeto esencial de este


trabajo. Como final de lo expuesto en este apartado quiero hacer

mención a las fortificaciones portuguesas de Almeida (fig. y ) y Elvas

(fig. y ), como muestras de este tipo de recintos defensivos y, además,

del cuidado con que nuestros vecinos peninsulares tratan a sus


monumentos.

190
191
192
El Real Fuerte de La Concepción

193
194
195
196
11.El Campo de Argañán.

197
La amplia comarca salmantina que se conoce con el

nombre de Campo de Argañán se inicia en su extremo norte en el

punto, próximo al lugar de La Bouza, donde el río Agueda recibe las


aguas del Turones, que, como las suyas propias, proceden de las

sierras de la Peña de Francia y de Gata, en cuyas abruptas montañas

termina el territorio que queda constituido por una amplia franja de

tierras onduladas, limitada al este por el mencionado río Agueda y al

oeste por la frontera hispano-portuguesa a la que los moradores del

uno y el otro lado dan el nombre de "raya seca", y en cuyo extremo

sur encontramos las localidades de La Alberguería de Argañán y


Casillas de las Flores, asentadas ya en la estribaciones serranas.

Además de las dos corrientes citadas, otros cursos de agua

recorren sus tierras, siempre en dirección sur-norte aportando caudales

desde el Sistema Central, y entre otros se pueden citar las riveras de

Dos Casas, de Gallegos, de Azaba, del Setil, de la Alamedilla, de

Martín Rodrigo y de las Pasiles, y los arroyos del Rolloso y del Batán,

muchos de los cuales están sujetos a estiajes extremos hasta el punto


de quedar totalmente secos en los finales de verano.

La orografía, que empieza siendo abrupta en las

escarpaduras de la Cordillera Carpetovetónica, va descendiendo en la


cima de sus puntos sobresaliente a medida que avanza hacia el norte, y

198
así vemos alturas próximas a los mil metros (el monte Canchalón, 915

m.) al sur de Casillas de Flores; pronto van perdiendo elevación, para

registrar 892 m. en el Guinaldo, cerca de Castillejos de Azaba, y caer

casi cien metros en las proximidades de la carretera N-620, bajando en


el punto de San Cristóbal hasta los 804 m.; sigue el descenso y en

Fuentes de Oñoro encontramos la altura de Picón (763 m.), junto a la

frontera portuguesa; Ombo (718 m.) al norte de Gallegos de Argañán,

Piniche (788 m.) en la parte meridional del monte del Gardón y

Concepción (761 m.) en su extremo septentrional, próximo a Aldea

del Obispo; continúa la rebaja hacia el norte y hallamos que en

Valdecañada la altura ha bajado hasta los 732 m., el Garagallo tiene

746 m,, el Navaja Diente, 741 m.; el Ferreiro, al sur de La Bouza, 718

m., y el Carballera, junto a Puerto Seguro, 693 m. De esta forma la

comarca se convierte en una penillanura en la que los cerros y colinas

se van alternando con algunos pequeños montes que dan al paisaje un

aspecto variado, cuya composición morfológica, humedad y clima la

hacen especialmente apto para albergar el bosque mediterráneo y los


cultivos vegetales, en especial los cerealistas.

Siguiendo la misma secuencia norte-sur que se ha venido

utilizando en los párrafos anteriores, vamos a citar los municipios y


lugares que se desparraman a lo largo y a lo ancho de esta comarca

199
natural. La relación escueta de todos ellos según los documentos
manejados es la siguiente
 Casillas de las Flores.
 La Alberguería de Argañán.
 Fuenteguinaldo.
 Puebla de Argañán.
 Castillejo de Azaba.
 La Alamedilla.
 Ituero de Azaba.
 Valquemada.
 Dueña de Abajo.
 La Concha.
 Campillo de Azaba.
 Pascualarina.
 Espeja
 Aldehuela de los Gallegos.
 Carpio de Azaba.
 Manzanillo.
 Pizarral.
 Fuentes de Oñoro.
 Marialva.
 Gallegos de Argañán.
 Cuéllar.
 La Alameda de Gardón.
 Hurtada.

200
 Sexmiro.
 Villar de Argañán.
 El Gardón.
 Martillán.
 Barquilla.
 Castillejo de Dos Casas.
 Serranillo.
 Aldea del Obispo.
 Villar de la Yegua,
 Villar del Ciervo.
 Puerto Seguro54.
 La Bouza.

Situada ya en la orilla derecha del río Agueda se encuentra

la plaza de Ciudad Rodrigo que ha sido desde siempre la capitalidad y

lugar principal de la comarca, pues de ella ha dependido no sólo en el

campo oficial: religioso, administrativo y militar, sino en todo lo

relativo a su economía y desarrollo, pues esta comarca forma parte del

territorio más amplio del oeste de la provincia de Salamanca conocido


como "campo charro"

54 Puerto Seguro es nombre con el que sus moradores substituyeron al


histórico de Barba de Puerco, con el que aparece en todos los documentos e historias
anteriores a la última mitad del siglo recién pasado.

201
El clima es de tipo continental, con veranos cálidos,

aunque no en exceso, y secos, e inviernos fríos. La primavera y el

otoño suelen gozar de cielos despejados. Las precipitaciones anuales

se mantienen en torno a los 500 milímetros. Las temperaturas


extremas pueden llegar hasta los 25º, como valor medio, en el mes de

julio, a los -5º en el enero. Se le puede clasificar como un clima

templado y moderado de veranos secos, con vegetación de predominio

del tipo estepario 55. El valor de las precipitaciones de lluvia que han

quedado señaladas deberían ser mayores dada la situación geográfica

de la zona, con una relativa proximidad al mar, de donde proceden los

vientos dominante, pero las serranías, en espacial la situada en

Portugal hacia su lado occidental, hacen que la pluviosidad sea más


escasas por absorber aquéllas la humedad de las borrascas.

Como ha quedado dicho, está situado a lo largo de la parte

occidental de la actual provincia de Salamanca, y forma parte del

campo "charro", tierra suavemente ondulada, cuya vegetación, sobre

todo en su parte norte, es predominantemente el monte de encinas que

si en principio están rodeadas de una espeso matorral que origina

"mohedas" o montes ciegos, ha sido casi siempre limpiado y aclarado

dando lugar a las dehesas en que pastan con mucha frecuencia y de

55 Esta clasificación está en concordancia con la que manifiesta el


"Diccionario Geográfico de España", tomo 15: SÁDABA - SUZANA. Ediciones del
Movimiento Madrid, 1961.

202
forma habitual importantes cabañas de ganado vacuno de lidia o de

raza "morucha", y rebaños de ovejas, y en las que desde siglos atrás


sus habitantes cultivan campos de cereales.

A medida que avanzamos hacia el sur el terreno se va

volviendo más accidentado, y la encina y el monte bajo van dando

entrada a zonas de robledales intercalados con cultivos de cereales.

Para terminar, al sur se produce la interacción con la zona de la sierra

de Gata, eminentemente montañosa y agreste, donde encontramos


formaciones graníticas y pizarrosas.

Debió existir una fecunda explotación ganadera durante la

Edad del Hierro por pueblos procedentes de tierras lusitanas y galaicas

que llegarían hasta la región penetrando por la vía del Duero y sus

afluentes, en busca del estaño; esta suposición está basada en la

abundancia de representaciones zoomorfas encontradas en diversos

lugares de su territorio, como Lumbrales, San Felices de los Gallegos,

Ciudad Rodrigo, Fuenteguinaldo, Gallegos de Argañán, Barquilla y

Barba de Puerco, y los petroglifos descubiertos en Siega Verde, en un

punto próximo a Castillejo de Martín Viejo, y en las orillas del Coa

(Portugal), a la que más tarde, con la ocupación en forma sucesiva de

vaceos y vetones, se sobrepuso una cultura agrícola; las aldeas que


establecieron estos pueblos se romanizaron pronto, como lo prueban

los monumentos funerarios hallados en Cerralbo, Gallegos de

203
Argañán y Ciudad Rodrigo, y que fueron integradas en el convento

jurídico de la Lusitania. Sobre el origen romano de Ciudad Rodrigo, o

al menos de su transformación en ciudad romana se ha escrito bastante

por suponer que en la época de Roma fue la ciudad de Miróbriga,


según unos, o Augustóbriga, según otros.

Hacia el siglo V se produjo un proceso de despoblación de

la comarca, a causa, quizá, de las luchas entre católicos y arrianos y se

incrementó tres siglos más tarde con las contiendas entre cristianos y

musulmanes. La zona que hoy comprende esta comarca debió sufrir

un gran vacío cuando los bereberes, a quienes se había adjudicado

toda la zona de la cuenca del Duero al producirse la ocupación

islámica de España, se levantaron contra el poder muslim y se

desplazaron hacia el sur. El territorio constituyó durante siglos una de

las "Extrema Durii" subsiguientes, que se fueron originando con el


avance de la Reconquista.

Aunque se produjeron intentos de ocupación de las

llanuras al sur del Duero durante los reinados de Ramiro II y Ordoño

III de León, la repoblación definitiva la dirigió el conde Raimundo de

Borgoña en el reinado de su suegro Alfonso VI - en cuyas campañas

se distinguió el conde Rodrigo, sobresaliente guerrero epónimo de


diversas ciudades de la zona como Ciudad Rodrigo, en España, y

Castelo Rodrigo, en Portugal -, y se consolidó durante la época del

204
reino independiente de León, cuyos reyes privativos, Fernando II y

Alfonso IX, dieron un importante impulso al avance cristiano hacia el

sur. La presura fue la principal forma de ocupación, que se hizo

muchas veces por grupos de hombres pertenecientes a un mismo


círculo humano anterior, lo que nos confirman topónimos como San

Felices de los Gallegos o Gallegos de Argañán. Alrededor de las

pueblas se formaron a manera de huertos familiares, que debían tener

una extensión similar; para ocupar y explotar las tierras restantes, los

reyes o los grupos repobladores invitaron a tomar posesión de ellas a

gentes de otras zonas, fueron entregadas en donación a las grandes

entidades de la época: señores feudales, obispados, grandes abadías,

etc., o se dejaron baldías, de explotación comunal, pero atribuidas en

alguna forma a alguno de los señores citados. Estas donaciones, que se

incrementaron con las realizadas por los mismos particulares, dieron

lugar a los cotos redondos, de muy escasa población, al contrario de lo

que ocurría con los términos concejiles, que experimentaron un

continuado aumento de población. A lo largo de la Baja Edad Media y

durante los siglos transcurridos de la Moderna se había producido una

persistente migración, desde los primeros a los segundos, que hizo que

un gran número de aldeas quedaran deshabitadas, con lo que los cotos

cerrados tuvieron que dedicarse cada vez en mayor número a la


explotación ganadera que exigía menor número de brazos. De aquí

205
resultó la aparición de la típica dehesa, dedicada en especial a la cría
de ganado vacuno.

Toda la comarca del Campo de Argañán se encuentra


dentro de este tipo rural que de forma somera he presentado;

solamente una importante población, Ciudad Rodrigo, se encontraba

en sus aledaños, pues las otras de regular importancia pertenecían al

vecino reino de Portugal. Los centros comerciales de la zona habían

sido inveteradamente, y lo serían en los años siguientes, la plaza de

Ciudad Rodrigo y la localidad fronteriza de Fuentes de Oñoro, cuya

aduana ha constituido un punto esencial de relaciones, al menos hasta

su reciente supresión; la población portuguesa de Vilar Formoso, junto

a la anterior, resultó también un lugar de intenso tráfico mercantil. Un

camino carretero unía en el siglo XVII Ciudad Rodrigo con Almeida,

pasando por Gallegos de Argañán y la Alameda de Gardón, para

penetrar en el territorio lusitano por Vale da Mula, pasando muy cerca


de Aldea del Obispo.

El primitivo Fuerte de La Concepción fue construido por

el duque de Osuna y sus ingenieros en el extremo norte del monte del

Gardón, donde se conservan ruinosos restos de un castillo medieval. Y

en el mismo punto, aprovechando las obras del siglo XVII, decidieron


el ministro Patiño y el ingeniero Moreau levantar la preciosa fortaleza
de la siguiente centuria,

206
El sitio elegido para levantarlo está situado a un kilómetro

de la localidad de Aldea del Obispo y a otro de la raya fronteriza con

Portugal, que se encuentra aquí formada por la rivera o río de Turones.

Un poco más al oeste está la localidad portuguesa de Vale da Mula, y


a ocho kilómetros la antigua y cuidada plaza fuerte lusitana de
Almeida.

Para llegar al Real Fuerte hay que tomar la carretera N-

620 - Burgos - Portugal - que, tras pasar por Salamanca y Ciudad

Rodrigo, llega a Fuentes de Oñoro, en la misma frontera. Unos metros

antes de llegar - a la derecha en dirección al vecino país - se inicia una

carretera comarcal en cuyo principio se indica que a doce kilómetros

está Aldea del Obispo. Y allí, junto a esta localidad, se verá, o más

bien, se adivinará, la fábrica de la fortaleza. También se puede acceder

por otras direcciones, como se puede ver en el plano que se acompaña


(fig. ), pero la ruta que hemos indicado es la más conveniente.

El mapa de nuestra fig. , fue levantado en 1664 por el

Capitán de Caballos reformado, Ingeniero militar, Andrés de Ávila,

uno de los constructores del primitivo Fuerte de La Concepción de

Osuna; se conserva en el Archivo General de Simancas 56 y en él

podemos ver, con los defectos propios de la atrasada ciencia

56 Signatura: M.P. y D. XXVIII -60.

207
topográfica de la época, que la comarca en cuanto a su ocupación por

los núcleos de población era muy similar a la de hoy y que se daba

una gran importancia a la situación de la fortaleza frente a la plaza


fuerte portuguesa de Almeida y como antemural de Ciudad Rodrigo.

En un informe57, firmado en Ciudad Rodrigo el 12 de

julio de 1735, se dice que el Campo de Argañán es uno de los cinco

sexmos o distritos del partido de la ciudad citada; estando limitado al

este por el río Agueda (y, por tanto, situado al oeste de la ciudad,

elevada junto a dicho río), y termina por el sur en las tierras de La

Alberguería, "por donde pasa un camino carretero yendo y

venientte del zitado Reyno de Portugal" (sic); sigue delimitado este

campo por el oeste, y en dirección norte, por la frontera con Portugal,

y pasa por los lugares de Fuentes de Oñoro, la Alameda, Aldea del

Obispo ("donde se halla situado el fuerte antiguo de la

Concepción"), hasta los de Boza y Barba de Puerco 58, y termina en

el cauce del río Agueda. Sus dimensiones, según nos dice son ocho

leguas de largo y de cuatro a cinco de ancho a la altura de Ciudad

57 "Reconocimiento y visita de la frontera de Castilla, y Portugal,


egecutada en el contiguo campo de Argañan, por el Coronel e Yngeniero en Jefe Dn.
Pedro Moreau, yden en segundo Dn. Juan Amador Courten, en presencia y con
asistencia del Exmo. Dn Phelipe Dupuy Comandante Gral. de esta Provincia,
conformamente á las instrucciones dadas de orden del Rey".- S. H. M.- Archivo
General. Sign. 5-5-5-14. Un documento con este título y la misma fecha oero con
ligeras variantes en el texto se encuentra en el A.G.S. Guerra Moderna, legajo 3538.
58 Este lugar se llama hoy Puerto Seguro.

208
Rodrigo, y dos leguas entre las localidades de San Felices el Grande y

Escarigo (en Portugal). Nos dice, también, que el río Agueda recibe en

esta zona las aguas de tres riachuelos: Azaba, Gardón y Turones,

todos vadeables en cualquier época del año. No lo es el Agueda, que


tiene cinco vados; los de Sagera, Larios, la Copera, el Espino y

Dornajos. El puente que existía entre San Felices el Grande y Barba

de Puerco tenía cortado tres arcos desde las últimas guerras con

Portugal. También informan de que el territorio es muy feraz y

produce abundantes cosechas de granos, uvas y aceitunas, pero en

aquella época estaba muy descuidado por el temor a las correrías y

atropellos de los portugueses, hasta el punto de estar la comarca casi

deshabitada y los cultivos abandonados, llegándose al punto que los

propietarios preferían arrendar sus tierras a los lusitanos. El terreno

estaba poblado de encinas, robles y pinos, con abundantes hierbas y

praderías, que constituían dehesas muy adecuadas para la cría de

ganado vacuno y "menudo", pero cuyo número estaba en aquellas

fechas muy limitado por la despoblación y abandono en que se

encontraba la comarca. Los escasos habitantes afirmaban que en

tiempos pasados este sexmo tenía el triple de vecinos que en aquellas

fechas, lo cual lo confirmaban el gran número de casas demolidas o

arruinadas en cada lugar e insistían en indicar que este


"descaecimiento" empezó por las invasiones y el pillaje de las gentes

209
del país vecino que ha sido constantes en los años transcurridos desde

la independencia de esa nación. Esto ha hecho que los naturales se

hayan ido a otras zonas y que en mucho de los lugares de la comarca

habiten portugueses que se llevan lo que obtienen de los recursos del


campo a su nación; este hecho lo comprobaron directamente al visitar

lugares como Alberguería, Puebla, Alamedilla, Atalayuela, Fuentes de

Oñoro, Aldea del Obispo, Camporredondo, Boza y Barba de Puerco;


lo que además iba "contra el decoro y honor del Reyno".

Sobre las características geográficas y económicas del

Campo de Argañán nos dice Manzano-Monís lo reproducido a

continuación59: "...Atravesó Moreau la fuerte sierra de Gata por el

Puerto de Perales y encontró que podía utilizarse como defensa por lo

intrincado de su orografía, con profundas cortaduras, ásperas y

cubiertas en su mayor parte por una intensa arboleda en que las

tonalidades de los verdes pasan en suaves modulaciones a definir los

oscuros roble de recio tronco, los entreverados pinos agarrados en las

vertientes graníticas y los encendidos castaños que saltan como

pinceladas brillantes hacia los arroyos que corren al fondo de unos y

otros valles. Ruta que aun hoy es difícil, debía ser entonces dura y

fatigosa cinta que une Ciudad Rodrigo y Coria y que anotó en su

59 Manzano-Monís, Manuel: "El Mariscal de Campo D. Pedro Moreau y el


Fuerte de la Concepción".-ACADEMICA, núm. 52. 01.09.19181.

210
memoria Moreau como lugar propicio a unas ágiles y atrevidas

guerrillas que diezmaran un ejército regular que se aventurara por el

camino más fácil. Hoy en la ruta normal se desdibujan estas

panorámicas por las oscuras y sombrías plantaciones de pinos


realizadas en fecha reciente y es necesario percibirlas buscando por
trochas y pasos sus paisajes sorprendentes.

Asombra leer este informe de Moreau que revela el

conocimiento que tenía de toda la comarca, sobre la que informó

detallando hoces, regatas, riachuelos, pedregales, rincones y pueblos,


...".

En el Campo de Argañán existían algunas viejas

fortificaciones que los informantes estimaban que era necesario poner

en estado de servicio, con pequeñas restauraciones, algunas muy

someras, a las que se habían referido en el texto que nos ocupa, como

en Alberguería, Fuentes de Oñoro, el Gardón y la cabeza del puente

entre Barba de Puerco y San Felices de los Gallegos, dotándolos de

pequeñas guarniciones, todos los cuales tendrían su resguardo y

seguridad en el Fuerte de la Concepción, cuya restauración


consideraban indispensable.

211
Otro documento, que lleva fecha de un siglo después de su

primera erección, 1 de abril de 175160, cuyo encabezamiento es:

"Provinzia de Castilla. Fuerte de la Concepción. Abril 1º. de 1751,

Relacion, Discurso General, y particular de el fuerte de la


Concepción", firmado en el referido fuerte por Antonio de Gaver, nos

da en uno de sus párrafos una descripción de esta zona: "... una llanura

de ocho leguas de largo, y quatro de ancho, con el nombre de Campo,

y Campillo de Argañan, tiene treinta y ocho lugares, con mil y

quinientos Vecinos, abundante en cosecha de trigo, centeno, vino,

aceite, con sinquenta mil cabezas de ganado, contribuiendo al Cabildo

de Ciudad Rodrigo (que tiene este fuerte al Leste, quarta al sueste, y á

distancia de quatro leguas, camino recto, y sinco por el mas dificil)

anualmente ciento y diez mil reales, abundante de aguas, con

templado temperamento; cuio beneficio, no logra la serrania ó

campaña de Badajoz." Como vemos este informe no nos dice ya de

campos saqueados y esquilmados, desatendidos por sus propietarios

que han marchado a otros espacios, abandonando sus hogares por

temor a los atropellos y rapiñas de los portugueses, sino que se nos

habla de abundantes cosechas de granos, vinos y aceite y un buen

60"Relacion, Discurso General, y particular, de el Fuerte de la


Concepcion".- SHM.- Archivo ?

212
número de cabezas de ganado que les permite pagar al Cabildo de
Ciudad Rodrigo un importante arbitrio.

Este fue el primer beneficio que aportó la erección del


fuerte, aun incluso sin terminar, al conjunto de la Nación: llevar la paz

y la seguridad a una de sus comarcas. Por fortuna para sus moradores

de aquellos años todavía no había llegado el momento en que se

pudiese demostrar su eficacia en circunstancias bélicas.

213
214
215
216
12.Antecedentes históricos.

217
Esta comarca estuvo ocupada en la antigüedad por los

"vettones", pueblo al parecer eminentemente ganadero, que ocupó al

menos todo el oeste de la actual provincia de Salamanca y,


racionalmente se prolongaba por las inmediatas comarcas lusitanas.

La unidad de ambas zonas la demuestra el hecho de que en ambas, en

el espacio conocido como Siega Verde en la orilla del Agueda y en las

riberas del río Coa, se hayan encontrado petroglifos similares, acaso


anteriores al pueblo mencionado.

La romanización esta documentada por la localización de

la ciudad de Miróbriga y por la existencia de las ruinas de Irueña, en


Fuenteguinaldo, y de Lerilla, en Zamarra.

El avance reconquistador en la Edad Media fue único y

simultáneo, a uno y otro lado de la actual frontera, como lo

demuestran los toponímicos Ciudad Rodrigo y Castelo Rodrigo, en

España y Portugal, en honor del conde conquistador, y, una vez

rebasado el río Duero se debió llevar en una sola etapa de aquella


lucha secular hasta los montes del Sistema Central

La situación del Campo del Argañán y del Abadengo

convirtió a ambas comarcas en corredor de paso a las huestes que en la

Edad Media, desde el levantamiento del conde Alfonso Enríquez


contra su primo Alfonso VII de Castilla, el Emperador, atacaban o

218
defendían las tierras castellanas o portuguesas en los frecuentes

conflictos que la estructura feudal de aquellos siglos propiciaba. Por

ello, todo el territorio estaba fuertemente fortificado con castillos,

dentro de la zona - de la Alberguería al monte del Gardón - o en sus


inmediaciones - San Felices de los Gallegos, Sobradillo -, todos ellos

apoyados en la poderosa plaza fuerte de Ciudad Rodrígo, con su


fortaleza levantada por los Trastámara y su recinto amurallado.

Los conflictos en esta zona fronteriza continuaron llegada

la Edad Moderna. Isabel de Castilla y su sobrina Juana "la Beltraneja"

se disputaron la corona de Castilla. Sus adalides respectivos, el

príncipe Fernando de Aragón y el rey Alfonso V de Portugal

dirimieron sus aspiraciones en una virulenta guerra que culminó, en

estos territorios, con la victoria conseguida por el aragonés sobre el

lusitano, el día 1 de marzo de 1476, en el campo de Pelea González,

cerca de la ciudad de Toro, y que terminó en 1479 con la batalla de

Albuera y la paz de Alcaçoba, en la que la princesa Juana renunciaba a

sus discutidos derechos. Los siguientes enlaces matrimoniales entre

ambas Casas reinantes soslayaron luego los conflictos entre los dos
reinos.

El matrimonio del nieto de los Reyes Católicos, nuestro


rey Carlos I de Austria (luego Emperador Carlos V) con la infanta

Isabel de Portugal, el rumbo divergente que tomaron las aspiraciones

219
expansionistas de España y Portugal, regulado por las Bulas

Pontificias y el tratado de Tordesillas, y. por fin, el hecho de haber

recaído la corona lusitana en el rey de España Felipe II en 1580, hizo

que la importancia bélica de la frontera entre ambos reinos


desapareciera casi por completo, y que, estimando los gobernantes de

la época que aquella unión era definitiva, como lo había sido la

precedente de Castilla y Aragón, descuidaran las obras de defensa que

existían a uno y otro lado de la "raya seca" salmantina, igual que en

otras zonas de la línea limítrofe, hasta el punto de que incluso las

poderosas fortificaciones de Ciudad Rodrigo sufrieron la incuria de


los hombres y del tiempo en aquellos años de lasitud.

Pero el 1 de diciembre de 1640 el pueblo de Lisboa, al que

siguió todo Portugal, aprovechó la marcha de las tropas reales para

sofocar la sublevación de Cataluña, y se levantó a su vez contra la

soberanía de Felipe IV, negó su obediencia a la virreina Margarita de


Saboya, y asesinó al ministro y privado Miguel de Vasconcellos.

Se reanudaron, pues, los conflictos entre ambos pueblos y

fueron las aldeas fronterizas las que sufrieron en mayor grado las

consecuencias de este enfrentamiento, en especial por parte de las

españolas a consecuencia de la falta de unidades militares embebidas


en otros conflictos bélicos. Por ello, se impuso la idea de que era

menester, aparte de sofocar la rebeldía de los portugueses contra su

220
Rey, asegurar la pacífica vida de quienes vivían cerca de las líneas de

conflicto y dotar a la comarca de los medios de defensa suficientes

para terminar o al menos reducir en su mayor grado las incursiones


depredadoras.

Nació el primitivo Fuerte de La Concepción como

consecuencia de esta guerra de secesión de Portugal; si el

levantamiento de este reino contra el gobierno de Felipe IV el 1 de

diciembre de 1640, ya referido, no hubiera tenido éxito, la necesidad

de defender la frontera contra las incursiones de los lusitanos y de sus

auxiliares ingleses no hubiera sido precisa. Pero el duque de Braganza

fue proclamado rey del vecino país con el nombre de Juan IV y la

lucha para consolidar a la nueva dinastía en el trono portugués se

alargó muchos años. Al iniciarse el levantamiento Felipe IV no pudo

enviar tropas para sofocarlo, absorbido su ejército en la guerra contra

Francia y en la sublevación catalana, y la situación en el oeste

peninsular se hizo irreversible. La frontera, debido a los años de unión

entre los reinos bajo la corona de los Habsburgo había estado muy

descuidada en cuanto se refiere a protección militar, que era entonces


innecesaria.

Durante los veinte años siguientes los portugueses,


apoyados por tropas inglesas, como ya lo habían hecho en el siglo XV

en Aljubarrota, se adueñaron de sus antiguas comarcas y aprovecharon

221
el tiempo en el que el rey de España careció de medios de reacción

para consolidar su poder, y modernizar y perfeccionar sus plazas

fuertes, y así, en la frontera de Castilla, frente a la española de Ciudad

Rodrigo, establecieron potentes fortalezas en Almeida, Castelo


Rodrigo, Miranda de Douro y Megadouro, muy próximas a la línea

divisoria. Como consecuencia, la lucha se prolongó, Ciudad Rodrigo

fue atacada varias veces y amparados en sus fortificaciones,

especialmente en la primera citada, los lusitanos - los "rebeldes",

como dicen los documentos españoles de aquellos años - realizaron

frecuentes incursiones sobre los campos fronterizos, siendo las

comarcas del Campo de Argañán y el Abadengo, por su condición de

tierra abierta y por la lejanía de Ciudad Rodrigo, a más de treinta

kilómetros de distancia, las que más castigo sufrieron, pues entre tanto

nada se había podido hacer desde la parte castellana, y hasta la ciudad

mirobrigense se libró a duras penas de ser ocupada cuando en 1649

fue atacada por un fuerte ejército enemigo, ya que carecía, además,


casi de guarnición.

Esta situación duró hasta que, después de firmada la paz

de los Pirineos en 1659 y sofocada la rebelión de Cataluña, pudo el

gobierno de Felipe IV preparar un fuerte ejército que, dividido en tres


grupos: uno en Extremadura, otro en la "raya seca" de Salamanca y un

222
tercero en Galicia, trató, aunque sin conseguirlo, de sofocar la rebelión
de los portugueses.

223
224
13.El "Fuerte de La Concepción de Osuna".

225
El Real Fuerte de La Concepción es como la síntesis de

cuanto he dicho en la primera parte de este libro sobre las

características de la fortificación abaluartada, y tuvo como razón de su


construcción la de dar la seguridad, que acabo de indicar en el capítulo

anterior, a una comarca cuyos habitantes estaban de otro modo


abocados a la miseria y a la muerte.

En esta fortaleza encontramos como en una lección

tangible, a campo abierto, todos los elementos que componían la

fortificación abaluartada y todas las normas esenciales que regían esta

época de la poliorcética, y en la elección de su emplazamiento se tuvo

en cuenta, entre otras consideraciones, como ya quedó dicho, las de

proteger las comarcas a que nos estamos refiriendo y la de impedir


una penetración enemiga a través del corredor geobélico salmantino.

También quedó indicado que se halla situado entre el

pueblo de Aldea del Obispo, en la provincia de Salamanca, y el río

Turones, que forma la frontera con Portugal, a un kilómetro del uno y

de la otra. Que se llega a él por una carretera que parte de Fuentes de

Oñoro, de la que lo separan 11 kilómetros, y dista unos 30 de Ciudad

Rodrigo. A su frente, a 8 kilómetros, se halla la poderosa plaza militar


portuguesa de Almeida.

226
Aunque no es "La Concepción" la fortaleza mayor ni la

más vigorosa de las fortificaciones abaluartadas que se levantaron en

el territorio peninsular español en los siglos XVI, XVII y XVIII, el

hecho de no haber tenido que ceñirse a las características de una


ciudad preexistente a la que había que proteger, ni que adaptarse a las

singularidades de un terreno desigual, ni que aprovechar una antigua

fortaleza levantada según ya caducos sistemas, hizo que este castillo

pudiese ser diseñado según los más puros principios y reglas del

entonces vigente sistema de fortificación que ya se encontraba en su

fase de mayor desarrollo. Por ello, este Real Fuerte resulta por su traza

cuadrada perfectamente regular, por la pureza de sus líneas y por lo

adecuado de sus elementos, un verdadero tratado de poliorcética según

se concebía ésta en la primera mitad del siglo XVIII. Su plano, (fig. )

confirmado por las fotografías aéreas (fig. ), nos muestra el más justo

ejemplar de este sistema, pues pudo ser edificado en el terreno ideal

para situarlo y para poder excavar la cubeta necesaria para enterrarlo

totalmente y ocultar a las vistas y a los fuegos de posibles sitiadores


todos sus elementos.

Pero esta fortaleza, cuyas ruinas vemos hoy entre Aldea

del Obispo y el Turones, tuvo un antecedente en el fuerte de campaña,


hecho de tierras y fajinas, que en el corto y aprovechado tiempo de

dos meses mandó levantar el duque de Osuna a finales del año 1663 y

227
principios de 1664, para que sus tropas tuvieran un punto fuerte de

apoyo desde donde emprender la campaña que había de realizar contra

el "rebelde", como se decía entonces; es decir, contra los portugueses,

partidarios del duque de Braganza y que, como ya he dicho, se habían


levantado contra la soberanía de Felipe de Habsburgo, rey de España.

Después de ser ocupada Barcelona en 1652 y firmada con

Francia en 1659 la paz de los Pirineos, al monarca español le

quedaron las manos libres para actuar en el occidente peninsular, y

para llevarlo a cabo se prepararon tres ejércitos destinados a invadir el

territorio lusitano: uno en Extremadura, apoyado en la plaza de

Badajoz, que mandaba don Juan José de Austria, hijo natural del rey

Felipe IV, que asumía el mando supremo de todo el ejército; otro en

Galicia, protegido por la de Tuy, y dirigido por el marqués de Viana, y

un tercero en la provincia de Salamanca, con base en Ciudad Rodrigo,

cuyo mando se dio al duque de Osuna 61. El primero se compuso de

unos efectivos de 9.000 infantes y 5.000 jinetes, mientras que los otros

61 OSUNA.- Gaspar Téllez Girón, duque de Osuna y conde de Ureña.-


General y político español, que murió en 1629. Fue general de la caballería de
Milán,capitán general de la Armada del Mar Océan, virrey de Sicilia y Cataluña,
gobernador de Milán, consejero de Estado y presidente del Consejo de Ordenes.
Hizo la campaña de Portugal, distinguiéndose en la toma de Villaviciosa. En esta
campaña, a la que aquí se hace referencia, a pesar de batirse como un valiente, le
abandonaron sus soldados, por lo que más tarde se le siguió proceso, siendo
encerrado en los castillos de Segovia y de Montánchez; pudo refugiarse en un
convento, con lo que suspendió el proceso, pero perdió los honores y se le
confiscaron sus bienes (Espasa-Calpe; tomo VII, p. 498).

228
dos contaban con un total de 5.000 hombres cada uno 62. La campaña

fue iniciada el 13 de junio de 1661 por don Juan José de Austria que

ocupó la pequeña plaza fortificada de Arronches, sin que el ejército


portugués, superior en número, fuese capaz de recuperarla63.

La organización de este ejército central en la frontera de

Castilla, apoyado en la plaza fuerte de Ciudad Rodrigo, tenía como

misión ocupar las fortalezas portuguesas de Almeida y Castelo

Rodrigo, para llevar a cabo posteriormente una campaña por el valle

del Duero, pero el duque fracasó en su empeño 64, y sólo pudo ocupar

Vale da Mula, pequeña población cercana a la frontera, defendida por

una débil fortaleza. Por ello se ordenó al duque de Osuna que ocupara

el pueblo citado, conservando su fuerte y que restaurara la


fortificación existente en La Alberguería de Argañán65

62 Almirante, José: "Bosquejo de la Historia Militar de España".-


Sucesores de Rivadeneyra, S.A. Madrid, 1923. Tomo III, p.277.

63 Ibidem, pp. 277-278.

64 Según se desprende de los documento referidos a estos años hasta el de


1664, en los que se verificó la construcción del fuerte y su pronta demolición, su
ejército estaba formado por Tercios provinciales, constituida por una leva efectuada
de forma precipitada en las provincias de Castilla la Vieja y de León, sin experiencia
ni instrucción, desprovisto de disciplina casi por completo, y cuyos individuos sólo
pensaban en regresar a sus lugares de origen tan pronto se les presentara una
ocasión. Carecía de caballería y sus oficiales procedían de la categoría de
"reformados".

65 Despacho del rey Felipe IV al duque de Osuna de 3 de agosto de 1661.


SHM (hoy IHCM), sign. 5-5-5-14, núm. 3762.

229
Entonces el duque propuso al Rey, a través del Consejo de

Guerra, construir una potente fortificación en dicha localidad o en otro

sitio adecuado. Con ello, además, Osuna trataba de hacer realidad el

encargo que le había hecho el Rey en el real despacho de 1661.


Después de muchas comunicaciones e informes, el 22 de noviembre

de 1663 66 se ordenó al duque que levantara las obras propuestas en

Vale da Mula, para lo cual se había ordenado el mismo día al

ingeniero, Maestre de campo, Simón Jocquet, que se encontraba en

Badajoz, que por la posta se incorporara al ejército de Osuna en

Ciudad Rodrigo; se le comunicó al duque, además, que se disponía el

envío a dicha plaza de los 300 caballos del ejército de Extremadura

que había solicitado, así como de los fondos, 30 mil escudos para

mesadas y otros 20 mil para atender a gastos de fortificación, que

había pedido. De la oportuna y rápida incorporación el ingeniero y de

los 340 hombres de la caballería de Extremadura dio cuenta el duque

en carta al Consejo 67. Se produce entonces la decisión

determinante que iba a dar lugar a muy diversas opiniones y

encontradas resoluciones, pero que, sobre todo, significaría, para este

momento y para setenta y dos años después el germen fundacional de

la obra a la que está dedicado este libro: la idea vital de la

66 Real despacho de 22 de noviembre de 1663. AGS - ga., leg. 2056.

67 Carta del duque al Diego de la Torre, secretario del Consejo de Estado


de 4 de diciembre de 1663.- AGS - GA., leg. 2051.

230
construcción de nuestro Fuerte de la Concepción, de nueva planta en

un lugar escogido deliberadamente y en cuya erección comprometió el

duque toda su energía, su prestigio, su fortuna e, incluso, su vida

misma. De esto hecho trascendental dio parte al rey en su


comunicación del siguiente día 5 68 del aquel mes, que comienza con

la noticia de que "... las Armas de S. Mg. an ocupado a

Valdelamula...", y en la que informa: "... he reconocido este fuerte

con los yngenieros y parece que respecto de estar fundado sobre

peña no se le puede profundizar el foso para la defensa que

conviene estando a una legua de Almeyda y asi por esta raçon

como por no ser tan capaz para doscientos caballos y setecientos

infantes como quisieramos y haviendo hallado a tiro de mosquete

otro puesto que a parecido muy ventaxoso añadiendose el tener

este una rivera por frente contra Portugal y Baldelamula a la

espalda hemos convenido oncurriendo en un mismo sentir los

cavos que aqui se hallan y los yngenieros y yo en fortificar el

puesto que digo que tiene todas la conveniencias que represente V.

Mg. avia en Valdelamula y con grandes ventajas para la defensa

ha de ser al enemigo de gran daño y a nuestro Pays de sumo

alivio, y respecto de esto an de ser los esfuerzos que haga para

68 Despacho del duque de 5 de diciembre de 1663 dirigida al Rey.- AGS -


GA.,leg, 2051.

231
ympedirnos esta fortificacion particularmente se de Galicia y de

Estremadura le dieren lugar a encaminar tropas a esta parte...";


continua el despacho pidiendo que no se interrumpan, antes al

contrario se ejecuten, las operaciones que está previsto que se realicen


en Galicia y que el ejército de Extremadura se arrime a la frontera para

dar "celo" al rebelde, y termina solicitando que los cuatro tercios de

infantería que se hallan cerca de aquella zona de Ciudad Rodrigo se le

incorporen, aunque sus efectivos sean poco más de mil hombres en


total.

Vemos, pues, que tanto el duque como Jocquet y los

demás ingenieros - parece que entre ellos, se encontraba como figura

más destacada Andrés de Ávila -, no creyeron conveniente reforzar las

defensas de Vale da Mula, por las razones que exponía y, acaso

también, por estar situada la aldea portuguesa en una ladera que cae

desde Almeida hasta la indicada ribera - la de Turones - lo que la

colocaría en posición muy peligrosa ante un ataque provinente de la

plaza enemiga, situada en posición dominante; en consecuencia,

eligieron un cerro elevado situado en el extremo del monte del Gardón

- alejado del sitio donde se hallaban los restos de la fortaleza medieval

- entre el pueblo de Aldea del Obispo y la repetida ribera, para


levantar en él un fuerte que se haría ya con las característica del

sistema defensivo que se había venido desarrollando en toda Europa,

232
desde que se convirtieron las armas de fuego en el principal elemento
ofensivo de los ejércitos.

Al proponer levantar en aquel frente una fortificación


potente, quizá la idea del duque de Osuna fuera la de colocar una línea

de defensa a vanguardia de las principales fortalezas de aquel entorno,

por delante del curso del Agueda, utilizando como puntos fuertes de la

zona el castillo del Gardón (cuyos muros todavía halló Pedro Moreau

en 1735, pero que fueron desechados por los ingenieros del XVII),

Fuentes de Oñoro y Alberguería de Argañán, estrechando a la vez la

zona de maniobra del "rebelde" al territorio limitado por el Agueda y

el Coa, fácilmente franqueable si se tenían bien consolidados estos

puntos de apoyo, aunque siempre quedaba a los lusitanos la seguridad

de sus plazas fuertes. Sobre este tema de la estrategia que trató de

llevar a cabo el duque de Osuna es aconsejable consultar lo que la


misma expone Rodríguez de la Flor en la obra ya citada69.

Decidida la ubicación de la fortificación, entre los días 6 y

7 de diciembre el duque y el ingeniero procedieron a la delineación

del fuerte y el día 8 de diciembre de 1663 se comenzaron las obras

según comunicaba el duque al Rey en carta del siguiente día 9 70 de

69I bidem. Pp. 45647.

70 Así lo comunicaba al rey Felipe IV en su escrito de 9 de diciembre de


1663.- SHM (hoy IHCM), sign. 5-5-5-14, nº. 3744.

233
dicho mes, en la que incluye la planta de la edificación que se
pretende realizar:

"Porque V. Mg. sehalle con repetidas noticias de como


seha obrado ledoy quenta como el día 6 y 7 deste mes se delinio la

fortificacion que avise a V. Mg.y ayer 8 de Dizre. se comenzo á

travajar enellas, cuya planta remito a V. Mg.; el fuerte señor no puede

ser mas Rl. y regular y el terreno que escogi para el no pudo la

naturaleza darle mas aproposito, siendo enuna eminenzia que por

todos quatro frentes descubrre y señorea la campaña con grandes

bentaxas; el Paraje es áuna legua d Almeyda yental situacion que

cubre á Ciudad Rodrigo, Gallegos ytodo el campo de Argañan,

yasimismo el Abadengo estrechando tanto el Pays delenemigo

que dificultosamente en todo loque dize la Rivera del Coa podra

mantenerse lugar ninguno, que nosea las Plazas q. tiene enella

y esta loande pasar con estrecheza porla falta queles ande hacer los

campos y con no mediano cuydado porla vecindad deesta Plaza que se

esta haciendo; La cossa señor nopuede ser demas consequencia ni

importancia á Castilla ni de mas reputacion á estas armas, yaeste passo

espreciso sea el dolor de los enemigos como ya lo han mostrado

haciendo grandes diligencias pª Juntar lo que tienen haviendo


despachado (como di quenta a V. Mg. y esavido despues aca)

repetidos avisos a Estremadura y Galicia pª. que les embien tropas

234
refiriendo la importancia deque no ocupemos Puesto ninguna eneste

Paraje y lo que les desayuda para todo haver perdido a Baldelamula,

conque devo representar á V. Mg. quesi les llegase este socorro

añadiendole aloque oy tienen junto y ban juntando sera lo mas


probable llegar aun trance de batalla, por cuyas raçones no puedo

dejar derepresentar a V. Mg. lo que enlos despachos antecedentes

queseha servido mandar passar aesta frontera alguna infantª. Veterana

delos tercios que estubiesen alojados mas cerca de Castilla, pues

estandolo, no pareze podran hacer falta enlas guarniciones y como

quiera que los enemigos sevalen paratodas partes dela que tienen

siempre, debriamos hacer lo mismo tanto mas quanto es la

importancia deeste negocio ylo que deel podria resultar, pues fio de la

misericordia de Dios sinos hallasemos aqui conalguna infanteria Vieja

tuviessen las armas de V. Mg. un feliz dia y que diesse principio

aotros muchos, yeszierto que el enemigo traera desta parte quantas

tropas pudiere, si por las de Estremadura y Galizia no recela alguna

invassion; Tambien suplico a V. Mg. mande secumpla conlos 30 mil

escudos deesta, mesada yel reemplazo dela antezedente, pues solo

deella an benido 15 mil escudos. y hallandose aqui la cavalleria

deEstremadura ylagente quese junta para esta empresa sino se cumple

aun conesta corta Cantidad que V. Mg. tiene ordenado sera


abenturarlo todo; y respecto de haver desocorrer ala gente que travaja

235
enel fuerte que yaseran cassi 3 mil hombres conla que me ha llegado,

sera muy del servicio de V. Mg. se embien porlomenos otros 30 mil

escudos pª la fortificacion, que ellasera detanto util si llega ala

perfecion que desseo que aun quando se gastasse mucho, seria demas
dela reputacion gran conveniencia; Tambien suplico a V. Mg. mande

seme envien los cien cavallos que hepedido para los desmontados que

ay, que delos que V .Mg. mando dar elaño passado se dejaron

deembiar 50, yoy son mucho menster porlo que llevo dicho; Dios g. a

la C.R.P. de V. Mg. como la christiandad ámenester. Campo de Aldea


del Obispo 9 de Diz. de 1663. Conde Duque de Ureña.

El duque había desobedecido en parte las órdenes

recibidas (por lo que se ganó la malquerencia de los señores del

Consejo de Guerra )71, pero no hay duda que tanto él como sus

asesores acertaron al elegir el lugar, no sólo por sus características, ya

explicadas, sino por el hecho de que cuando setenta y dos años

después se decidió recrear el fuerte no se dudó en colocarlo en el

mismo lugar. Esa fue la opinión, en 1735, de Pedro Moreau y del

ministro universal José Patiño. Porque el punto en que se alzaba

resultaba idóneo e inmejorable para realizar las obras y porque se

71 El Consejo de Guerra era el alto organismo de la administración estatal


encargado de los asunto militares (Tierra), equivalente a un moderno ministerio del
ramo.

236
conseguía el objetivo de cerrar a los portugueses la entrada por la
brecha abierta que representaba el Campo de Argañán.

Ese mismo día72 envió al Consejo el "diliniado" (sic) del


fuerte que se había empezado a construir y le pedía que para ahorrar
tiempo le fuera enviada la correspondencia por la estafeta.

La festividad de la Inmaculada Concepción de María

Santísima, fecha en que se iniciaron las obras le daría nombre, aunque

también fue conocido como "fuerte de Osuna". (En la correspondencia

del duque de Osuna, en enero de 1664, con el Rey y con los

componentes del Consejo de Guerra, y en el informe que rinde al

duque el marqués de Buscayolo en el mismo mes, se fecha siempre:

"En el Campo junto al Fuerte de la Concepción de Osuna"). Ha habido

también quien ha empleado la denominación de "Fuerte de la

Concepción Castellana", con el ánimo de distinguirlo de los que con


igual nombre existían en las provincias de Ultramar.

En días sucesivos remite partes del estado en que se

encuentran las obras del fuerte 73, pide repetidamente la remisión de

72 Carta a Diego de la Torre, de 9 de diciembre de 1663. AGS - GA. leg.


2051.

73 Cartas al Rey de los días 16 y 25 de diciembre de 1663 y 1 y 3 de enero


de 1664, y a Diego de la Torre de 25 de aquel mes y año. SHM (hoy IHCM) las de
16 de diciembre y 1 de enero; AGS - GA, leg, 2051 las dos de 25 de diciembre, y
leg, 2052 la de 3 de enero.

237
fondos para la continuación de las obras y solicita, en forma reiterada,

el nombramiento de Pedro de Ulloa como gobernador de la fortaleza


con el título de General de Artillería.

Durante todo el mes de diciembre de 1663 y el de enero de

1664 tres mil hombres trabajaron activamente en la construcción; y

durante el mismo período se cruzaron continuas comunicaciones entre

Madrid y el duque sobre la conveniencia de continuar los trabajos o

abandonarlos e incluso de demoler lo ya levantado - posturas estas dos

últimas adoptadas por el Consejo, que no se tomó el trabajo de

investigar por personal técnico las razones para realizar la ejecución

del proyecto de Osuna, ni de comprobar de que forma se realizaban las

obras, pudiendo decirse que tomaban determinaciones "de oido" desde

trescientos kilómetros de distancia y sin abandonar sus sillones - pues

los consejeros no perdonaban al prócer el haber obrado sin su permiso

expreso. Lo que nos demuestra que fallaba el entendimiento entre el

Consejo y el duque, pero que funcionaban en cambio estupendamente

los correos, pues aquella correspondencia que asombra por su

profusión, era necesario remitirla a la velocidad máxima que se podía

exigir a un caballo, y que según los resultados que demuestran los

documentos que han llegado hasta nosotros no se interrumpió ni se


retardó en ningún momento.

238
Pero el duque de Osuna siguió adelante en su empeño y el

1 de enero de 1664 pudo comunicar al Rey 74 que el fuerte - de tierra,

madera, piedra, fajinas y gaviones (ya ha quedado dicho que se trataba

de un fuerte de campaña) era ya capaz de albergar una guarnición de


1.500 infantes y 200 jinetes. De ese mismo día es una consulta del

Consejo de Guerra75 en la que se recuerda al Rey que el duque de

Osuna obró al levantar el fuerte sin orden expresa para iniciar su

construcción; se transfiere al soberano la decisión sobre la

fortificación y se le ofrecen las razones de sus miembros en pro o en

contra de su persistencia, haciendo resaltar que la situación de aquella

frontera en el momento aconsejaba que se mantuviera el fuerte. Se une

un decreto del Rey en el que ordena que se mantenga la fortificación y


se remitan al duque los recursos y medios solicitados.

Siguen a lo largo de aquel mes de enero de 1664 las cartas,

consultas y despachos sobre la edificación del fuerte y la discusión

sobre la conveniencia de continuarlo o la de demolerlo y en la

consulta y el decreto real de 28 de aquel mes se repiten casi a la letra


lo ya expuesto y ordenado en el anterior día 1, referido

74 Escrito de esta fecha ya reseñado.


75 De fecha 1 de enero de 1664. AGS - GA, leg. 2052)

239
El 30 de enero, a petición del duque, el marqués de

Buscayolo76 le presentó un informe sobre la construcción del fuerte,

sus características y calidad, y del estado en que se hallaba lo

realizado hasta aquel momento, así como de la provisión de víveres y


municiones que ya se ha realizado y de las que se tiene en vías de

ejecución, así como de las reservas de agua con que se cuenta. Es un

documento muy interesante que omito copiar pues el duque lo hizo

casi a la letra en la carta que envió aquel mismo día a Diego de la

Torre77, secretario del Consejo de Guerra, para que éste lo pasara a

dicho Consejo y, si era procedente, al Rey, informándole de la


terminación de la fortaleza en estos términos:

El fuerte esta acabado enteramente sin faltarle una estaca;

es una Plaza Real y regular y la mejor que hay en España: con esta

resolución lo afirmo. Es de cuatro baluartes á prueba de cañon, de

tierra, con las caras de tierra y fajina y barro muy buen foso con su

estrada cubierta, que los que han servido en Flandes y en Italia

aseguran no le han visto mejor con su palizada y otro foso frente del

declivio de la estacada cubierta. La plaza de armas capacisima, y

76 El marqués de Buscayolo fue un destacado ingeniero militar español en


los reinados de Felipe IV y Carlos II, que en las fechas en que se construyó el
primer Fuerte de La Concepción debía estar destinado en Ciudad Rodrigo,
acaso como ingeniero jefe de la frontera de Castilla Fue un sobresaliente tratadista
sobre poliorcética (ver bibliografía).
77 Carta de esta fecha .- AGS - GA., leg. 2052.

240
hechas ya dos almagacenes muy grandes, una para la Proveeduria y

otro para la Artilleria dos hornos que coceran cada dia de cinco á seis

mil raciones: unas caballerizas ya hechas en que cabran 150 caballos,

y se prosiguen otras, y en los cuarteles para la infanteria. El foso es de


calidad que no se puede minar por haberse encontrado a menos de seis

pies peña. El terreno en que esta es una eminencia que señorea por

todas cuatro partes la campaña, que si la naturaleza la hubiese

pintado aproposito para alguna fortificacion, no podria ser mejor.

Tiene una eminencia á tiro de mosquete que para nada le embaraza

por predominarla la del fuerte y por estar á la distancia que digo

incapaz de poder el enemigo sitiar la plaza, de tener cuartel alli,

porque estaria mandado y descubierto de nuestra artilleria con que no

tiene padrastro alguno. La falta de no tener agua ya, dentro del fuerte,

esta remediada con dos cisternas hechas en Peña que estan ya llena de

agua para cuatro meses, y mas, para una guarnicion de 3.000 hombres

con que le sobra mucha de la que há menester, y asi mismo hay dos

fuentes ue pueden dar de beber á diez ejercitos, á una pica de la

estrada cubierta que se va prosiguiendo para meterla en ella, con que

por esta parte teniendo el agua que digo dentro, no tiene ningun

riesgo. Cuando escribo esta le tengo dentro seis mil arrobas de harina

que hacen noventa mil raciones de pan,y tres mil arrobas de


vizcocho que hacen cincuenta y cuatro mil raciones, que en todas, son

241
ciento y cuarenta y cuatro mil raciones, que reputando para 1.500

plazas de infanteria y caballeria, tienen para tres meses largos; y cada

dia le voy entrando mas; cebada le tendré dos mil fanegas, ya, dentro

que para la caballería que ha de quedar, hay para mas de otros tres
meses. Asi mismo le tengo dentro, Tocino, Aceite, Queso, bacallao,

vinagre, garbanzos, y enviado ya por vino y por gergones y mantas

para la guarnicion. En los Almagacenes de la Artilleria hay mil y

quinientas arrobas de polvora, mil de arcabuz y mosquete, y mil de

cuerda, seis piezas de Artilleria en los baluartes, y los

instrumentos de gastadores que son necesarios y algunas

granadas y fajinas embreadas. Con esto digo a V. S. como queda la

plaza que es como ninguna esta ni ha quedado jamas asi de

fortificacion como de bastimentos y municiones y esto, confesado, por

los mismos que no apetecen entrar en ella, y admirado por cuantos


cabos hay en este ejercito de Estremadura y aqui ..."78.

El duque le indica que todo cuanto ha expuesto puede

confirmarse solicitando el parecer del ingeniero maestre de campo

Simón Jocquet y del también ingeniero marqués de Buscayolo; a

continuación se refiere al caso que se ha suscitado sobre el puesto de

gobernador del nuevo fuerte, para el que fueron propuestos Pedro de


Ulloa e Ignacio de Zayas, los cuales han renunciado a ocuparlo; el

78 SHM (hoy IHCM): signatura 5-5-5-14, núm. 3755.

242
duque desmonta cada una de las razones que ambos han esgrimido y

que para él son meros pretextos y propone que se dé el cargo, con el

título de maestre de campo, a Joseph de Tapia. Termina repitiendo sus

peticiones de socorros en numerario para sus hombres y para la


edificación y su dotación, y de unidades de tropa para reforzar su
ejército

Debo destacar que la traza decidida por los ingenieros del

duque, que podemos observar en un plano que se conserva en el

Archivo General de Simancas79, se ajusta claramente a la de la ciudad

ideal que presenta Pietro Cataneo en su obra "Il quattro primi libri di

architettura", que publicó en 1554 en Venecia (así lo indica también el


profesor Rodríguez de la Flor80).

Realmente el fuerte recién construido no era una fortaleza

de muy sólida construcción, capaz de resistir eficazmente un

verdadero ataque de un fuerte ejército, sino más bien el fuerte de

circunstancia que había de servir de apoyo, punto de reunión y

descanso, y de suministros, a un ejército numeroso que estableciera su


campamento volante al abrigo de sus defensas.

79 Signatura: M.P. y D. XXVIII - 61.

80 Rodriguez de la Flor, Fernando: El Fuerte de la Concepción y la


arquitectura militar de los siglos XVII y XVIII.- Salamanca, 1987, pp. 30-32.

243
En los meses siguientes continuó una nutrida

correspondencia, que puso de manifiesto de nuevo la eficacia del

servicio de correos organizado por la corte de los Austria, y en la que

el Consejo de Guerra ya expone su idea de demoler el fuerte recién


construido para castigar la desobediencia del duque que sólo había

sido autorizado a reforzar las fortificaciones de Vale da Mula, y en la

que Osuna defiende con toda clase de argumentos sus puntos de vista
en justificación de la construcción realizada 81.

Mientras estas discusiones eran objeto casi exclusivo de

las preocupaciones de los señores del Consejo en relación con la

guerra contra los portugueses en la frontera de Castilla, Osuna que,

tomando como base "La Concepción", sitiaba a Castel Rodrigo, sufrió

una severa derrota en Ameixal en la noche del 7 al 8 de junio de

166482, como consecuencia de la desbandada de sus tropas,- "estas

Armas han sido hoy rotas sin pelear con la mayor infamia de
nuestra gente que jamás sea visto" (sic), escribía el duque - que

consistían en tercios provinciales bisoños, reclutados, como quedó

dicho, mediante apresuradas levas forzosas en las provincias

81 En una de estas consultas del Consejo de Guerra dirigidas al rey Felipe


IV, la de 11 de febrero de 1664 (AGS - GA, keg. 2052), se aprueba, sin embargo, lo
llevado a cabo por el duque en el territorio que abarca la comarca del Coa.

82 Cartas del duque de Osuna, de 8 de julio de 1664, una a Felipe IV y otra


a Diego de la Torre. AGS - GA, leg. 2055. La primera la llevó el marqués de
Bucayolo

244
limítrofes, apenas se cruzaron las primeras descargas del enemigo. De

poco sirvió que Osuna se lanzara al asalto sobre la brecha que tenía

abierta en Castelo Rodrigo, seguido por los pocos veteranos con que

contaba; sus soldados se desorganizaron y emprendieron la huída; en


los días sucesivos fueron llegando, en grupos desordenados, a Ciudad

Rodrigo, o desertaron dirigiéndose a sus localidades de origen, sin que

se perdiera casi ningún hombre ni caballo. El duque se vio obligado a

levantar el sitio y acogerse al Fuerte, con las pocas unidades veteranas

con que contaba. De todo lo cual dio también parte en las cartas del 8

de julio de aquel año. Unos días más tarde83 el duque insistía en


explicar las causas que motivaron su derrota.

Cuando la noticia llegó a Madrid, el duque de Osuna fue

destituido, sometido a proceso y encarcelado en Almagro84, quedando

al mando del ejército y de la frontera de Castilla el general Juan

Salamanqués. Como es natural, el Consejo de Guerra arreció en su

campaña en contra del establecimiento del fuerte y asesoró al rey

Felipe IV en "Consultas" de 19 de agosto y 5 y 17 de septiembre de

166485 en el sentido de que se demoliera el fuerte, pues se expresa en

83 Despacho del duque de Osuna al Rey y carta del mismo a Diego de la


Torre de 12 de julio de 1664.- AGS - GA, leg. 2055.

84 Consulta del Consejo de Guerra de 15 de julio de 1664.- AGS - GA, leg.


2055.
85 SHM (hoy IHCM): signatura 5-5-5-14, núm. 3760, 3761 y 3762, y AGS
- GA, leg. 2055

245
las mismas "que el fuerte de la Concepción no es de beneficio ni

combeniencia alguna a Castilla por no cubrir Pays considerable ni


embarazar las correrias que el rebelde quisiere intentar". De los

contextos de los documentos cotejados parece desprenderse que


ninguno de los Consejeros: el duque de Alba, el marqués de Mortara,

don Diego Sarmiento, el barón de Auchi, el marqués de Trocifal, don

Fernando Tejada, el barón de Batevila y el conde de Rebolledo,

conocía la fortaleza, ni acaso el territorio en que se asentaba, y que se

hallaban impregnados de un lamentable estado de derrotismo. Fue en

vano que el duque insistiera en su defensa y hasta se ofreciera a

establecerse en el fuerte con tres mil hombres reclutados a su costa 86,

ni que diversos ingenieros de los Reales Ejércitos, en especial el

marqués de Buscayolo, que sí conocían la zona y la obra, justificaran

la necesidad de su conservación. En consecuencia, se ordenó al

general don Juan Salamanqués, acaso segundo del duque de Osuna al

mando del Ejército y que había quedado como jefe de la frontera,

como ya ha quedado dicho, que procediera a derruirlo; éste puso

cuantos obstáculos se le ocurrieron87 para eludir el cumplimiento de

la orden, entre ellos el de pedir para poder ejecutarlo que le fueran

86 Carta del duque de Osuna a Diego de la Torre de 10 de septiembre de


1664 en la que le envía un memorial firmado el día anterior y le suplica lo dé a
conocer al Consejo y lo haga llegar a manos del Rey. AGS - GA, leg. 2055.

87 Ver especialmente el despacho dirigido por Salamanqués al Consejo de


Guerra de fecha 29 de agosto de 1664.- AGS - GA, leg. 2055.

246
enviados "50 carros" e importantes "auxilios de caballería", así

como explicar "que el motibo principal que se pudo tener en la

situación del Fuerte de la Concepción"88, sería para estrechar la

plaza de Almeida y esquilmar sus campos, impidiendo a la vez que el


"rebelde" se sustentara con los recursos que saqueaba en las tierras

españolas, y aunque pudo retardarla, tuvo al fin que obedecer, pero

fiel a la costumbre, tan española, de que "la ley se acata pero no se

cumple", aprovechó un día de fuerte temporal de lluvia, el 31 de

octubre de 1664, para evacuarlo, retirar todo cuanto había útil dentro

de él y dar fuego a los hornillos que, como era lógico, no explotaron;

entonces se limitó a colocar unas cargas exteriores y a efectuar

algunas destrucciones con la zapa, de todo lo cual informó el siguiente

día 4, añadiendo que con la voladura del fuerte quedaba la frontera de

Castilla desguarnecida y falta de medios de defensa89. El texto de la


carta es el siguiente:

"Señor, El Lunes 30 de Octubre llegaron a esta ciudad

ochocientos caballos de las tropas del ejercito de Estremadura. y 200

infantes, y con la caballería de las fronteras y 1600 Ynfantes que

88 Los entrecomillados pertenecen al articulo ya citado de Manzano-Monís,


p. 226.

89 Carta de Juan Salamanqués de 4 de noviembre de 1664 en la que


comunica que ha llevado a cabo la demolición y evacuación del Fuerte de la
Concepción.- AGS - GA, leg. 281 y SHM (hoy IHCM), signatura CD 3765,

247
ayuntaron de estos partidos, y 200 carretas de toda esta vecindad, y

algun bagaje, mande el dia siguiente para ejecutar lo que V. M. fue

servido resolver en la demolicion del fuerte de la Concepcion, y

aunque las noticias que tube fueron ciertas de la Junta de gente del
rebelde habiendo agregado á ella las tropas de peña maior, y parte de

las de Chaves, y braganza temiendose tambien el rebelde que nuestra

Junta hera para imbadir la frontera Portugal, por los pocos medios con

que me hallava para mantener las tropas me resolvi á ejecutarlo luego

aunque sobre vino un temporal tan fuerte y las aguas tan continuadas,

y creciente de los rios haziendo la consideracion que esto mismo

podia ocasionar al rebelde áque no con siguiese estorbar la operacion,

como con efecto sehizo por la avenida de las riberas que tiene entre

almeyda, y el fuerte, y haver de pasar yo por el puente de laçava de

marialva camino de gallegos menos embarazoso, con toda esta

riguridad del tiempo se ejecuto, y demolio toda la estrada cubierta, y

haviendo querido volar los hornillos como el agua era tanta no

hizieron efecto por que haviendolos tenido ya cargados el Governador,

la Polvora de las canales se humedecio y no pudo el fuego penetrar al

centro, y dificultandose por esta parte fue forzoso abrir diferentes

hornillos por la parte de afuera, y con la çapa y pala deshacer los

parapetos, y parte del terraplen, y por enderechura delas que el


Governador hizo por la fajina sele abrieron concabos, y puso fuego a

248
las fajinas para que ella misma quemandose como se quemaba

penetrase álo en cajonado de la polvora por que haberlo de desazer

con çapa y pala fuera detencion considerable, y con la riguridad del

tiempo se perderian las tropas y no podria retirar la artilleria y demas


pertrechos, en veinte y quatro horas se ejecuto todo sin que hubiese

quedado estaca ni quartel que no se quemase, y se retiro quanto en el

habia, y haviendo penetrado el fuego dela fajina que se quemaba

estando puesto en marcha se pegaron fuego a las mas ya las que de

nuevo se hicieron y de la hazienda que se hallava en el fuerte no

quedo nada habiendolo retirado todo, la Junta del rebelde nose ha

desecho y se esta con el cuidado que se deja considerar por estar esta

frontera muy falta de medios para su defensa. V.M. mandara lo que

mas fuere de su Real servicio cuya Catolica y Real persona guarde

Dios como la Cristiandad amenester. Ciudad Rodrigo Noviembre 4 de


1664 = D. Juan Salamanques.”

El desconocimiento geográfico y topográfico de la

comarca por parte de los señores del Consejo de Guerra era tan

grande, que a la propuesta que hizo don Juan Salamanqués, en su

comunicación de 29 de agosto de 166490 de aprovechar parte del

armamento que se habría de retirar de La Concepción, en caso de


demolerse, para reforzar las pequeñas fortificaciones que existían en la

90 Despacho al Consejo de Guerra de dicho día.- AGS - GA, leg. 2055.

249
Atalaya y el Puesto de Marialba (así, con iniciales mayúsculas),

puntos enclavados en el término de Gallegos de Argañán, a diez

kilómetros - o dos leguas - de Ciudad Rodrigo, contestaron "que si

bien sería de conveniencia lebantar la atalaya (con inicial

minúsculas) que dice se juzga que por ahora no es bien entrar en


obras nuevas, y que esta se podrá diferir para mejor sazón" (sic),

confundiendo el nombre geográfica de un lugar con la designación de


una pequeña obra de vigilancia y fortificación.

Allí quedaron las ruinas, casi intactas pero desguarnecidas,

de lo que había sido el sueño de un egregio prócer, en medio de una

guerra con nuestros vecinos, que se mantuvo latente hasta 1765. Los

portugueses, amparados en la proximidad de sus fortalezas, y

apoyándose además en el fuerte ruinoso y abandonado, que ocuparon

en cada ocasión, asolaban una y otra vez, uno y otro año, las tierras

del campo de Argañán, sin que la guarnición de Ciudad Rodrigo, no

muy numerosa por otra parte, pudiese, por la lejanía - unos 30

kilómetros - llegar a tiempo de impedir estas incursiones de saqueo.

Durante décadas la miseria se enseñoreó de la comarca hasta el punto

de que prácticamente se despobló, quedando algunos lugares, como

Aldea del Obispo, completamente deshabitados, y el Cabildo de


Ciudad Rodrigo puso de relieve en numerosas ocasiones, en escritos

250
dirigidos a las más altas instancia, el empobrecimiento que iba
sufriendo la comarca.

La guerra continuó en aquella frontera; se firmó la paz con


Portugal, reconociendo su independencia, pero la rapiña de los

vecinos continuó. Durante la guerra de Sucesión, los restos del fuerte

estuvieron ocupados entre 1703 y 1706 por las tropas francoespañolas

del duque de Berwick, para pasar este año a las manos de los

angloportugueses que dirigía lord Galloway, cuando éste ocupó

efímeramente Ciudad Rodrigo, y volver pronto a manos de los

seguidores del duque de Anjou. Y en todo ese tiempo se libraron


varias escaramuzas y combates en los cerros del monte del Gardón.

251
252
14.La recreación en el siglo XVIII.

253
Pasaron los años; llegó a España una nueva dinastía y un

nuevo rey. Tan pronto terminó la terrible guerra conocida como de

Sucesión de España, que ratificó la pérdida de la hegemonía que


nuestra Patria había ejercido desde finales del siglo XV hasta

mediados del XVII y que terminó con la pérdida total del imperio

hispano en Europa y aún de parte de la propia metrópolis, ya que se

vio despojada de la isla de Menorca y de la estratégica "roca" de

Gibraltar, nuestro gobierno inició la reorganización del estado con la

reforma de la mayor parte de sus instituciones, para establecer un


fuerte centralismo.

Para conseguir este propósito fueron dictados, entre otras

muchas disposiciones, los decretos llamados de "Nueva Planta" por

los que los reinos de la Corona de Aragón fueron sometidos al mismo

régimen administrativo que regía en Castilla, mientras que en el

ámbito internacional se trataba de recuperar las posesiones perdidas

por el tratado de Utrecht, mediante una serie de alianzas e

intervenciones en diversas conflagraciones europeas, que unas veces

nos llevaron a luchar contra Francia y en otras fuimos atacados por los
ingleses.

254
Los principales artífices de esta política fueron el cardenal

Alberoni y José Patiño91. Éste ya había sido ministro de la nueva

monarquía en momentos anteriores, cuando dirigían todo el

complicado entramado político el francés Jean de Orry y la princesa


de los Ursinos; continuó en el gobierno del nuevo primer ministro su

incansable labor de levantar a España de la débil situación en que los

últimos años del siglo anterior y la guerra librada en nuestro suelo tras

la muerte de Carlos II la habían colocado. Su acertada política en los

asuntos internos de la nación hizo posible la expedición del marqués

91 Patiño, Joseph.- Había nacido el 11.04.1666 en Milán donde su padre


ejercía el cargo de intendente del ejército español. Era de ascendencia gallega, aun
que su padre también había nacido en el Milanesado. Estudió en los jesuitas y
aunque ingresó en la Compañía no llegó a ordenarse sacerdote. Se trasladó a España
con Felipe V cuando el nuevo Rey, derrotado en Italia, hubo de abandonar aquellos
territorios en 1708. Bajo la protección de Orry, en 1711 fue nombrado
superintendente de Extremadura y luego, en 1713, de Cataluña, en el ejercicio de
cuyo cargo fue el inspirador de los decretos de "Nueva Planta". En 1716 Alberoni le
destituyó de la presidencia de la Junta de justicia y Gobierno de Cataluña, cargo que
ocupaba de forma interina desde 1714, pero al año siguiente le hizo intendente
general de la marina y del ejército, superintendente de Sevilla y presidente del
Tribunal de contratación de Indias; se le encargó la organización de la flota que se
preparó para la conquista de Cerdeña y Sicilia. A la caída de Alberoni fue destituido
y encarcelado en 1720, pero tras una autodefensa se le restituyó en todos sus cargos.
Ripperdá le destituyó de sus cargos en 1725, pero a la caída de éste al año siguiente
fue nombrado secretario de Marina e Indias y al poco tiempo también de Hacienda;
desde ese momento se dedicó a realizar su gran plan de gobierno, para lo que
encontró dos grandes colaboradores en su hermano Baltasar, marqués de Castelar, y,
especialmente, en José del Campillo. Desde este momento estuvo al frente de país
como Ministro universal y hay que resaltar su labor en el Gobierno español durante
más de treinta años de los que en los diez últimos reunió todos los resortes del
poder. Hombre de una rectitud y probidad ejemplares, fue poco estimado por su
soberano, que sólo al final de su vida, en octubre de 1736, le elevó a la Grandeza de
España. Murió en San Ildefonso el 9 de noviembre de 1736, sin que sus largos años
de servicio los hubiera empleado en enriquecerse o en acumular privilegios.

255
de Lede a Cerdeña y Sicilia, la reconquista de Orán, y el resurgimiento

del potencial bélico de España. Un poco apartado de los actos de

gobierno durante la breve aventura política del duque de Ripperdá, a

la caída de éste en 1726 asumió la dirección del gobierno español y


pudo dedicarse al desarrollo de todos sus proyectos.

En relación con la materia que se trata en este libro, hay

que destacar su decidido empeño en dotar a España, ante posibles

situaciones bélicas de unos sistemas de seguridad eficaces, parecidos a

aquellos que Vauban había levantado en todas las fronteras y puntos

conflictivos del territorio galo. Para iniciar esta política de

afianzamiento de nuestras defensas, encargó al Ingeniero general,

Jorge Próspero de Verboom92 un estudio detallado de todo el

territorio peninsular en relación con la necesidad de establecer plazas

y puntos fortificados en todos los lugares donde se considerara


necesario.

Realizada la visita por el Ingeniero director, presentó al

ministro un amplio informe, consecuencia del cual fue la iniciación de

amplias mejoras y la construcción de nuevas fortalezas que, de

momento, consistieron en la edificación de la ciudadela y del castillo

de Montjuich en Barcelona y a la puesta en el mejor estado de eficacia

92 Datos biográficos de Verboom en el capítulo 8, "El "Cuerpo de


Ingenieros Militares", de esta misma obra.

256
de toda la línea fronteriza con Francia, con la realización de

importantes obras en San Sebastián, Fuenterrabía, Pamplona, Jaca,

Seo de Urgel, Hostalrich, y en la iniciación del proyecto de

construcción del imponente castillo de San Fernando en Figueras.


Estos trabajos, que se prolongaron en el tiempo sin que Patiño

alcanzara a ver su conclusión, llegaron a constituir un gran antemural

disuasivo para todo el que pensara en una invasión de la Península. La

creación de los departamentos marítimos en El Ferrol, Cádiz y

Cartagena, obligó a levantar grandes defensas en estos puntos para

protección de nuestras flotas y de los arsenales creados para la


construcción de las naves que habían de integrarlas.

Todo ello fue causa de que quedara desatendida en este

orden de cosas la frontera con Portugal - la "raya seca", que dicen los

que habitan en las comarcas limítrofes -, pero sin quedar olvidada,

pues, entre otros proyectos, Verboom realizó un amplio estudio

constructivo para convertir a Badajoz en la gran plaza fuerte de todo el

occidente peninsular. Cuando, firmado el Pacto de Familia con

Francia en 1733, ocupado Orán, fortificados los Pirineos, Barcelona y

Mallorca, creada la base naval de Cartagena e instalado el príncipe

Carlos en el trono de las Dos Sicilias, se entró en un momento de


sosegado discurrir en la parte de nuestro levante y llegó la ocasión de

ocuparse a fondo de la línea de defensa frente a Portugal. Verboom,

257
que había examinado una traza que en 1733 había realizado el

ingeniero militar Pedro Moreau del Fuerte de La Concepción, que

como ya ha quedado dicho se encontraba medio en ruinas allí donde lo

plantara la voluntad del duque de Osuna, recomendó a Patiño que


diera a aquél la orden de revisar los proyectos que sobre Badajoz y el

Fuerte de la Concepción había redactado el ingeniero director Diego


de Bordick93.

En 1734 - debió ser a principios del año - Pedro

Moreau fue enviado a Badajoz, que, como ya ha quedado indicado,

era la gran plaza fuerte en esta frontera, para estudiar las mejoras a

introducir en sus defensas, y desde allí envió al Ministro un detallado

informe del recinto y de sus fuertes exteriores. Satisfecho Patiño de la

labor de Moreau, en el mismo año, o lo más tarde a principios del

siguiente, le encomendó la laboriosa y delicada tarea de realizar un

93 Bordick, Diego de.- Ingeniero militar español. Parece ser que en 1715
se le encargó efectuar los reparos que necesitaba la plaza de Badajoz, en cuyo
momento debía ser ingeniero voluntario. En 1716 se le concedió el empleo de
ingeniero ordinario con el grado de capitán. En 1725 se hallaba en Badajoz, como
ingeniero en 2º., en calidad de director de las fortificaciones. En 1728 era ingeniero
en jefe y en 1735, ingeniero director y brigadier de los Reales Ejércitos. En 1742 se
le encargo la Dirección de Ingenieros de Extremadura. No he encontrado que año
fue promovido a mariscal de campo, pero ya lo era cuando el 29 de septiembre de
1747 solicitó ser nombrado Ingeniero general (se recoge en este expediente un
escrito, sin firma, en el que se informa en el peor de los sentidos de los muchos
aspectos negativos de la vida personal, familiar y profesional de Bordick). La última
nota informa que en 1749 solicitó el empleo de teniente general, y se le contestó que
se le tendría en cuenta (IHCM - antes SHM), Colección Aparici, tomo LVI, pp 930-
941).

258
reconocimiento de toda la frontera de Portugal y del estado de las

fortalezas levantadas a lo largo de la extensa línea, labor que al

parecer comenzó por el castillo de Alconchel, y continuó luego hacia

el norte anotando no sólo lo relativo a las fortificaciones con que se


iba encontrando, sino también a las condiciones de la zona en que se

hallaban y las oposiciones que observada del lado del país vecino.

Hacia la primavera debía encontrase en Ciudad Rodrigo o por el

Campo de Argañán, como se desprende de las comisiones que se le


confiaron por aquellas fechas.

A primeros de aquel año de 1735, el propio ministro José

Patiño había visitado el Campo de Argañán y había tropezado con el

abandonado y medio derruido Fuerte la Concepción levantado en

1663 por el duque de Osuna, del que ya tenía referencias por el

informe que le diera Jorge de Verboom de la traza ejecutada por

Moreau. Inmediatamente se habían iniciado unos trabajos para

consolidar aquella magnífica posición, según se desprende de un

documento anónimo conservado en el Archivo General de

Simancas,94 en el que se dice, que para proteger el Campo de

Argañán y resguardar al mismo tiempo la plaza de Ciudad Rodrigo,


cuyas fortificaciones se hallaban en muy mal estado:

94 A. G. S.- Guerra Moderna, legajo 3638. (03.00)

259
". . . resolvió S.M. el retablecimormto del fuerte de la

Concepcion que se hallava abandonado cuia ventajosa situacion se

reconoce en general por el Mapita adjunto, y mas por meen otro Plano

del terreno que comprehende las dos Poblaciones mas inmediatas de


España y de Portugal,y aunque este fuerte consiste en un quadrado

regular de solas 80 toesas de Poligono exterior se ha formado el

proyecto augmentandole Revellines y un reducto, y dispuesto desuerte

que tenga alojamiento para 650 Ynfantes, 200 Cavallos, sus oficiales y

los del Estado Mayor, Almacenes y lo demas necesario para una


vigorosa defensa el todo a prueba de Bomba . . ."

Estos trabajos comenzarían, tal vez, en los primeros meses

de 1735, tras la visita del ministro José Patiño a la que me acabo de

referir, y una vez pasada la época de hielos en la comarca; al menos

eso nos sugiere este documento en su folio siguiente, pues tras dar

cuenta de que se han abierto los fosos, se ha construido el camino

cubierto, se han revestido los parapetos de cal y canto, levantada la

estacada con sus rastrillos en todo el conjunto que se conserva y

edificados cuarteles provisionales para acoger a los 200 hombres que

constituían su guarnición en aquellos momentos, se habían empezado

a hacer los cimientos para las murallas del fuerte y de la


contraescarpa, y quedaban levantadas hasta seis pies de altura en el

frente que mira a Portugal. Los trabajos se hallaban suspendidos a

260
causa de los hielos, en espera de continuarlos cuando comenzara de

nuevo la primavera; el documento termina informando que: "La

Artilleria de Bronce y de Hierro, Morteros, Municiones, y

pertrechos que asu tiempo se han de poner en este fuerte se han


juntado en Ziudad Rodrigo donde se halla todo prompto". En el

ánimo de Patiño estas obras sólo eran, al parecer, unos trabajos

destinados a impedir que los restos del antiguo fuerte siguieran

degradándose y para dar a entender que la zona iba a estar protegida

desde aquel momento y no se iba a permitir en adelante su expolio por

parte de los portugueses, pues antes de emprender a fondo la

rehabilitación, o mejor dicho, la erección de una sólida fortaleza, el


Ministro quiso conocer la opinión de varios técnicos.

En consecuencia se dictaron unas normas, que firmó el 29

de abril de 1735 el ingeniero director Diego de Bordick, y que con el

título de "Instrucciones que deverá observar el Coronel y

Ingeniero en Gefe de los Extos. Plazas y Fronteras de S. Magd, D,

Pedro Moreau para el reconocimiento de la Plaza de Ciud.


Rodrigo, y toda la Frontera de Castilla,..."95, fueron remitidas a

Badajoz a Pedro Moreau, mandándole que para este encargo, en el que

estaría auxiliado por los ingenieros militares Pedro Bordán, Juan


Bautista Saboyno y Joseph Berrugal, se trasladara a Ciudad Rodrigo

95 A.G.S.; G.M.: leg. 3638.(03.01)

261
"con la mayor diligencia"; en ellas se le ordena reconocer San

Felices de los Gallegos, Puebla de Sanabria y el puerto de los

Carbajales, y se hace hincapié en el estudio de las defensas de Ciudad

Rodrigo y, en especial, del viejo Fuerte de La Concepción: "... pasara

dho. Dn. Pedro Moreau al campo de Argañan, en cuio paraje

hubo en el siglo ultimo pasado un fuerte llamado de la

Concepción que cubría unos veinte lugares del mejor

terreno que ay en los contornos de Ziud. Rodrigo, en oposición a

la plaza de Almeyda, una de las mas considerables del reino

contiguo, cuio fuerte se cree fue arruinado por aquella Potencia en

notable detrimento de los Vasallos de S.Magd y de las rentas

eclesiasticas del Cabildo de Ziudad Rodrigo, de cuia plaza el

referido fuerte estaba sostenido con gran bentaja de ella, como lo

expreso el regimiento de esa Ziud, a S. Magd. en representacion

que le hizo en el año proximo pasado, cuia situacion examinara

con toda madurez, y reflexion delo que enella se pueda practicar

con relación de las importanzias que se siguen al Real servicio alos

Vasallos de S.M. y a que espezie de vasallos, advirtiendo las

convenienzs. que puede haver en su Contorno para alojarse al

prompto en el referido puesto con fortificacion de tierra fajina, o

tepes, bien entendido que sea con la armonia que requiere la


profesion para que se aplique desde luego, o después el

262
rebestimiento mas adecuado, en ormigon, mamposteria, o de otra

forma explorando y indagando los medios, y convenienzias que da

desi el Pais para este establezimiento, como a si mismo todos los

arbitrios que hubo, o, pudo haver en los tiempos pasados, y en los

presentes para la Subvencion dela Custodia, y defensa de todos los


respectibos pùestos de dhaFrontera."

Como vemos, en este documento se dedica interés especial

al Fuerte de la Concepción; después de hacer mención del viejo fuerte

de Osuna y de su utilidad, indica la necesidad de recomponerlo en su

forma primitiva, en la que, como vimos, era nada más que un conjunto

de parapetos que rodeaban una plaza central, pero a su remoción con

tierras, fajinas o tepes, se añadía su posterior recubrimiento con

mortero o mampostería, lo que ya era un indicio del castillo

abaluartado perfecto al que se llegaría cuando estos reconocimientos

dieron lugar a un proyecto completo de fortificación al mejor estilo de

la época. Se ocupa luego de la utilidad que para la comarca iba a

significar su restitución y, como era obligado para cubrir la necesaria

inversión, de los recursos que la zona protegida por la fortaleza y los


centros de poder de Ciudad Rodrigo pudieran aportar.

De este estudio se tuvieron que elevar al Ministro las


correspondientes conclusiones que no debieron parecerles suficientes

para el objeto que pretendía, pues el 27 de mayo, atendiendo además a

263
una petición del Cabildo de Ciudad Rodrigo, en la que solicitaba el

"restablezimiento de un antiguo fuerte que por las pasadas


guerras cubría el Campo de Argañán ..."96 se ordenó al

Comandante General de la Provincia Felipe Dupuy, que, en unión de


los ingenieros Pedro Moreau y Juan Amador Courten, remitiera un

informe sobre la situación en que se hallaba el Campo de Argañán, las

posibilidades que se daban para establecer una eficaz línea de defensa

de la comarca, que sirviera al mismo tiempo de antemural de la plaza

fuerte de Ciudad Rodrigo, poniendo el mayor énfasis en la


conveniencia de restaurar el Fuerte de la Concepción.

Del resultado de esta comisión, Pedro Moreau debió

mandar, el 2 de julio, un detallado informe al Ministro por conducto

de Diego de Bordick, pues así lo manifiesta aquel en dos informes que

envió más tarde, el 12 de julio y el 16 de noviembre del mismo año.

En el primero de estos últimos, cuyo título es el de "Reconozimiento

y visita de la frontera de Castilla y Portugal, egecutada en el

contiguo Campo de Argañan, por el Coronel e Ingeniero en Xefe

Dn. Pedro Moreau, yden en segundo D. Juan Amador Courten, en

presencia y con asistencia del Exmo. Dn. Felipe Dupuy97

96 AGS - GM, leg. 3538-

97Teniente general de los Reales Ejércitos; en estas fecha Comandante po-


lítico y militsr de Ciudad Rodrigo y sus fronteras, como aparece repeti-
das veces en los documentos que manejamos.

264
Comandante Gral. de estta Provincia, conformamente á las
instrucciones dadas de orden del Rey"., y que se conserva en el

Archivo General de Simancas98, se hace inicialmente una

delimitación del territorio conocido como Campo de Argañán: "El

Campo de Argañan es uno de los cinco sexmos o distritos del

partido de Ziudad Rodrigo, situado entre estta plaza, y el Rio de

Agueda, y por la izquierda, desde estta misma plaza en linea recta

al lugar de la Albergueria, donde pasa un camino carrete ro

yendo y venientte al zitado Reyno de Portugal, y desde este mismo

lugar de la Albergueria, sigue dho. Campo por los limites de

ambos Reynos, por el lugar de fuentes de Oñoro, la Alameda,

Aldea el Concepcion, hasta los lugares de Bozas y Barba de


puerco, ..." seguido de un dictamen sobre la calidad de la comarca

"El territorio de dho. Campo de Argañan es fertilisimo y

abundante de fuentes, produciendo todo genero de granos, viñas y


olivares, ...",

Aunque lo encuentran tan desolado y abandonado como

consecuencia de la situación de inseguridad que se da a consecuencia

de "las invasiones y atropellias que han experimentado" como

consecuencia del estado de guerra en que han vivido, lo cual ha

98 A.G.S.: G.M.: leg. 3638. Existe una copia en el servicio Histórico


Militar, en la Colección Aparici, sign. 5-5-5-14, que es la se ha consultado en esta
ocasión. (04.38)

265
reducido su población en más de dos terceras partes; los que

permanecen en la zona se limitan "...a aprovecharse aunque con

bastante temor a la siembra de granos, y aloque la tierra da desi,


consistiendo en encinas, robles, pinos que forman sus dehesas..."

Este estado de abandono había llegado al extremo de que

"...por no bastar estos [los escasos vecinos], en el mismo Pais, que

los Dueños y propietarios de las heredades, arriendan la maior

parte de las tierras para sembrar, dehesas, y Pastos, a los

Portugueses, asta hallarse havittados la maior porcion de los

lugares inmediatos a la frontera, por estta misma nazion lo hemos

visto en la Albergueria, Puebla, Alamedilla, Atalayuela, Fuentes

de Oñoro, Aldea el Obispo, Campo rredondo, la Boza y Barba de

puerco, lo que es contra el decoro y honor del Reyno, y en

perjuizio de sus Pueblos, deviendose considerar y rezelar por el

amor que siempre llevara estta Nacion á su patria y

señaladamente en tiempo de escasez de cosechas que puede


ocurrir en dha. Potencia Vezina,..”

Los ingenieros que realizaron el reconocimiento detallan

con toda precisión cuales son las acciones de los portugueses que es

necesario prevenir y evitar, para lo cual se hace obligado en primer


lugar reponer el puente de San Felices de los Gallegos:

266
..nos parece como mui importante la colocacion de la

Puente de Sn. Felices (que en las ultimas guerras se cortaron los 3.

arcos) en el paraje en que se halla construída, á media distancia de

dch. Villa de ". Sn. Felices y Barba de Puerco, para una segura y
azertada comunicacion de aquel lado en dho. Campo de Argañan y su

frontera, y por consiguiente su rredificazion, ó reparo solo se haria de

madera, con su Puente levadizo , fortificando la Cabeza de la parte de

Sn. Felices, que podrá descubrir las avenidas de la derecha é izquierda

del rio, para lograr el paso libre de la una, y de la otra parte, y fazilitar

registrar con la zeleridad que se desea, todo el pais desde el lugar de

escarrigo, y cercanias de Almeyda astta el fuerte de la Conzepcion

ayudado de lo escabroso, y situazion del terreno que tengo referido,

que favorezera siempre estte intento por los apostaderos y enboscadas

á que conbida dho. terreno, y del que podrá siempre aprovechar

nuestra Ynfanteria, ayudada dd algunos destacamentos de Cavalleria,

que avran de ocupar los terrenos dee Sn. Felices el chico, la

Aalameda, y rreedor de la ermita de Sn. Xstoval, á fin de oponerse a

qualquier insulto, ó arrojo de la Potencia Vezina, Batir la entrada en su

extesión, cortar las invasiones, asomarse, y vigilar los desfiladeros, y

finalmente cortar el ilícito comercio que cada dia practica aquella

Potencis, en el corte de la madera de los Montes altos y vajos,


señaladamente la Plaza de Almeyda, la qual no puede susistir sin estta

267
libertada facultad, y finalmente con estta disposición, se ampara, se

cubre, y se protejara la maior parte de los Pueblos de dho. Campo de


Argañan, ..."

En el informe se estudian las condiciones que reunen

diversos lugares de la comarca para establecer en ellos una serie de

puestos fortificados que constituirían una línea que no sólo serviría

para la defensa del territorio, sino que además fuese a su vez un


antemural de la plaza de Ciudad Rodrigo:

- "... por lo que nos parece mui esencial la

rreedificacion de este puesto, ó Castillo de la Albergueria por

primer puesto, desde la qual sigue dha. cordillera formando

algunas rrebueltas sobre los limites de este y aquel Reyno astta la

altura de Navadabel, enfrente del Pinal considerable,

perteneciente a esta Ziudad, y destruido por la Potencia vezina, en

cuia distancia de 2 leguas, la Cavalleria ligera puede obrar con

mucha ventaja por ser pais mas llano, y abierto el del reyno

vezino en pasando los limites, y continuando estos, astta Fuentes

de Oñoro y su distrito astta esta Plaza, todo el terreno es llano y

abierto para qualquiera maniobra de la Cavalleria; de la

Albergueria a Fuentes de Oñoro ay 3 leguas de distancia, en cuio


paraje se propone un puesto fortificado para 200 hombres de

guarnición, y desde dho puesto de fuentes de Oñoro, sigue siempre

268
la misma cordillera sobre 2 leguas de distancia, y dhos. limites

asta la Alameda, a cuia distancia de un quarto de legua azia el

fuerte de la Conzepzion, se halla un Castillejo tambien arruinado

por los Portugueses, llamado del Gardon, dominado de todas las

alturas circunvecinas, y por consiguiente inutil, maiormente

teniendo á media legua de distancia, sobre la derecha siguiendo la

misma cordillera, y situado sobre ella, el fuerte antiguo de la

Conzepzion, tambien demolido en las ultimas guerras por la

Potencia vezina, cuia situacion es de las mejores que se puede

hallar para el intento de la fortificación, o fortaleza que previene

la instruccion (distante de una legua y media de la plaza de

Almeyda) considerada en el zentro de la linea y limites del Campo

de Argañan, advirtiendo que los terraplenes de dho. fuerte

subsisten todabia a una razonable altura; desde este puesto de la

Concepzion, sigue astta los lugares de Boza y Barba de puerco, y

el de escarrigo en el Reyno Vezino astta el vado del Aygal, donde

desemboca el Rio turones, y la misma cordillera feneze, cuio pais,

y situazion escabrosa astta el Rio de Agueda, y desde el vado del

Aygal asta el de el espino es impracticable para la maniobra de la

Cavalleria, solo puede tener la ventaja como tengo referido, para

infanteria, fortificando la caveza de la puente, y construiendo un


rreducto en la altura sobre Barba de puerco, y Boza en estte lado

269
del rio Gardon para 100-u-150 hombres ademas de estos quatro

puestos rreferidos de la Albergueria, Fuentes de Ońoro, fuerte de

la Conzepzion, rreductillo de la altura de Barba de puerco,

hallamos por conveniente la construccion de un rreducto que

sirva de Atalaya en la altura de la ermita de Sn. Xptoval, desde


donde se descubren los 4 puestos referidos ..."

Este informe no debió llegar a manos del Ministro, sino

que lo utilizó Bordick para presentar un ampuloso proyecto y sugirió

al Consejo de Guerra que fuera Juan Amador Courten quien dirigiera

las obras en La Concepción, ayudado por otro ingeniero, Antonio

Jordán, que había colaborado con el primero en las del fuerte de San
Felipe, en Puerto Cabello.

El 21 de julio, Bordick, dando muestras de una actividad y

un interés encomiables envió una comunicación a don Casimiro de

Uztariz99, para hacerla llegar al Ministro, en la que reafirmaba su idea

de que fuera el ingeniero don Juan Amador Courten el que dirigiera la

construcción del fuerte, bajo la supervisión del ingeniero jefe de la

frontera de Castilla don Pedro Moreau. Del día 24 es una

"Instrucción formada por el Yngeniero Directo de los Exercitos

de S. M. Dn. Diego Bordick, según la qual deveran proceder en

99 A.G.S.- Guerra Moderna, leg. 3638. (03.05)

270
Ingeniero en jefe Dn. Pedro Moreau, a cuio cargo esta la

Dirección delas obras del Reyno de Castilla, y el Ingeniero en

segundo Dn. Juan Amador Courten nombrado por S.M. para el

restablecimiento del nuebo fuerte de la Concepción en el Campo

de Argañan, parte de la frontera de dicho Reyno al de Portugal,

con las adicciones y aderencias que fuesen del agrado de

S.M.seexe- cuten para la mejor defensa de ese puesto y es como


sigue:. 100,a la que acompaña estados e instrucciones. El 26 de julio

envía a don José Patiño un proyecto en el que se incluía un plano

titulado: "Primera y principal traza del Proyecto del fuerte de la

Concepcion Castellana" y un texto con todo el estudio de la

cosecuente edificación101. En estos plano y proyecto (ver lámina al


final del capítulo), Bordick propone la edificación de

-"... un Pentagono regular dela mediana especie enla

fortificacion. totalmente Cubierto y Armado de Cinco Martillos, y

otras tantas contra guardias que le corresponden, obligando un

enemigo por ossado que sea a dirigir sus Ataques contra el Uso

regular ala parte reputada por todos los expertos la mas fuerte de

una Plaza que es la Cortina, y finalmente Construyendo los

100 A. G, S,- Guerra Moderna, Legajo 3638. (03.08)

101 S.H.M.: Sign. 5-5-5-16 (Es una transcripción de un documentos del


Archivo General de Simancas, Guerra Moderna, leg. 3638).

271
edificios internos a la prueba (que son pocos) y practicando lo

mismo ensus Cortinas, vengo á alograr sin futuras Hipotecas

dereparos todo lo combeniente para la defensa en Viberes y

Municiones para una Guarnicion de 2 mil á 4 mil Hombres entre


Cavalleria y Ynfanteria, al resguardo Detodo insulto,..."

Reconoce que los dos ingenieros, Moreau y Courten,

han realizado con "mucho acierto" la labor de reconocimiento que se


les encomendó; celebra que

-"...ayan concluido unanime enque este de la

Concepcion era absolutamente el unico y el mas favorable para

esta empresa (se refiere a la de proteger el Campo de Argañán)

pues su terreno notiene el menor obstáculo para cuanto se quiera


executar, ...",

y se extiende luego largamente en señalar todas las

ventajas y beneficios que de su establecimiento se producirán y de la

que se beneficiaría un extenso territorio que se extendería hasta

Sigüenza, además de proteger las comunicaciones desde Extremadura

a Galicia, y las que proporcionaría en caso de un conflicto bélico con

Portugal. Le acompañaba un documento titulado " De la Artilleria,

Municiones, Pertrechos y Utiles para la defensa del nuevo Fuerte


...", en el que sólo con reparar que se destinaban para artillar la plaza

272
de armas, es decir, el recinto interior, ochenta cañones, podemos
darnos cuenta de la magnitud de la fortaleza que se pretendía crear.

Este proyecto era desmesurado no sólo por sus


proporciones arquitectónicas, pues ocuparía un extenso solar con el

que no se contaba en el lugar en que yacía aún el viejo fuerte de

Osuna, sino en su elevado coste, que en el propio estudio de Bordick

se estima en 150 mil doblones, excesivo para las, como siempre, flojas

reservas del erario nacional. Ello fue causa principal de que el


proyecto no fuese estimado.

Bordick acompañaba a su proyecto el balance económico

y el inventario de materiales para llevar a cabo el proyecto; parece ser

que el 24 de julio de 1735 se habían dado las órdenes para continuar

las obras de consolidación de los restos del antiguo fuerte en Aldea del

Obispo y se seguían acumulando materiales junto a él. Estas obras

siguieron adelante, y, como consecuencia, en el mes de septiembre el

gobernador Felipe Dupuy tuvo que trasladarse a Ciudad Rodrigo y

enviar varias cartas para recabar materiales; de ellas se desprende que


los primeros gastos de obras se elevaban a 36.000 escudos de vellón.

Es muy posible que Moreau tuviera noticias de que su

informe no había llegado a manos del Patiño, pues el día 12 del aquel
mes, le remitió al Ministro una copia. Sin embargo todo parece indicar

273
que, aunque no se hubiese aprobado su exagerado proyecto, era

Bordick quien estaba dirigiendo estos primeros trabajos que se

realizaban en el Fuerte de la Concepción, y que se había aceptado su

propuesta de que fuera Courten - que le había enviado un informe


personal sobre la comarca el día 3 - quien se encargaría de la

reconstrucción de la fortaleza, pues este ingeniero presentó en este

mes de septiembre un cálculo de lo que iban a costar "las obras de

rehedificación"102 y el pliego de condiciones para los

asentadores103. Los planos del proyecto de Bordick debieron

hacer ver a los miembros del Consejo que las obras iniciadas en el

fuerte iban a tener una mayor importancia de la que en principio

habían estimado, por que Patiño debió dar a Bordick

instrucciones oportunas en este sentido, pues el ingeniero le

comunicaba el 3 de noviembre de 1735 104 en su carta de


contestación lo que sigue:

"En bista de que, si es que S.M. no resuelve la

construccion del Pentagono que propuse avra de ser a lo menos


unquadrado de 140 toesas.105 dejan bien claro que prácticamente se

102 A.G.S.: G.M., leg. 3638.

103 A.G.S.. G.M., leg. 3638.

104 A.G.S.; G.M., leg. 3638.


105 A.G.S.: G.M., leg. 3638.

274
ha rechazado el proyecto de una traza pentagonal que había preparado

el Ingeniero director, pues además, el día 8 de aquel mes, se le

contestó a éste que practicase las obras ciñéndose a las medidas que

tenían los restos del fuerte antiguo. Por ello, Bordick presentó el 22
de aquel mes un nuevo proyecto ajustado a lo que se le exigía. Pero

algo había ocurrido en el ánimo de José Patiño, suscitado acaso por

informaciones que había recogido sobre el problema del Fuerte de la

Concepción, de los intereses que lo rodeaban y de sus proyectos para


el futuro.

Pedro Moreau, debía haber ido enviando a Patiño informes

parciales de las zonas que iba recorriendo en aquellos años de 1734 y

1735 en su viaje de exploración a lo largo de nuestra frontera

occidental, y terminado con su visita a la comarca de Sanabria su

reconocimiento de las tierras limítrofes con Portugal que comenzara a

principios del primero de los años citados, había regresado a la Corte

y la seguía en los desplazamientos de la Familia Real y de los ministro

de San Ildefonso a El Escorial. El día 16 de noviembre de 1735

presentó al Ministro Universal un informe que con el título de

"Proyecto y Reconocimiento de las Fronteras de Estremadura y

Castilla la Viexa, con el reyno de Portugal, que demuestra los


Puestos mas convenientes, ocupar para su defensa y para internar

275
en dicho Reyno" 106, que recogía sus conclusiones sobre todo lo que

había podido observar a lo largo de su dilatado periplo. De 20 de aquel

mes es otro informe de Moreau sobre el costo de las obras que habría

que realizar, al que titula "Tanteo prudencial del gasto que

importaria la Construccion del Fuerte Real de la concepcion en el


campo de Argañan" 107 , en el que calcula que la construcción de la

nueva fortaleza, con el reductillo (sic) y los revellines, costaría

1.638.363 reales de vellón. Y de forma sorprendente acaso, Diego de

Bordick fue apartado temporalmente de las obras que se realizaban en

Aldea del Obispo, y el Consejo ordenó la reincorporación de Pedro

Moreau a su puesto de Ingeniero de la Frontera de Castilla, y el 30 de

noviembre se le encargó la elaboración de un proyecto general para la


recreación del Fuerte de La Concepción.

Es muy extraño todo lo sucedido en aquellos meses, de

abril a noviembre de 1735 en los asuntos relacionados con la

reconstrucción del Fuerte de La Concepción que setenta años ante

plantara Gaspar Téllez Girón, duque de Osuna y conde de Ureña,

junto al lugar de Aldea de Obispo, y me resulta bastante confusa la

106 S. H. M.: Sign. 5-5-5-15 (o1.66)

107 A. G. S.- Guerra Moderna, legajp 3638. (04,41)

276
actuación en el mismo de Diego de Bordick. Hay un primer momento

en el que acaso se produjese un posible roce entre Diego de Bordick y

Pedro Moreau cuando en 1734 el marqués de Verboom, Ingeniero

General de nuestro ejército y creador de nuestro Cuerpo de Ingenieros


Militares, como sabemos, que conocía el plano del Fuerte de la

Concepción que había trazado el segundo, recomendó a Patiño que

hiciese revisar por éste los que sobre dicho Fuerte y la plaza de

Badajoz le había presentado Bordick. Este roce se pudo convertir en

un resquemor de Bordick hacía Moreau cuando éste fue enviado a

revisar las fortificaciones y obras que se habían realizado en Badajoz y

que, aunque proyectadas por Verboom, había dirigido Bordick. Tal

vez por eso los primeros informes que Moreau envío sobre la frontera

de Salamanca en cumplimiento de lo que le fue ordenado el 29 de

abril del año ya indicado no recibieron todo el crédito que era de

esperar, y el 27 de mayo se comisionó al gobernador de la provincia,

Felipe Dupuy para que presenciara un nuevo reconocimiento que


debía realizar Moreau y Courten, ingeniero éste allegado a Bordick.

Además tenemos el hecho de que Moreau envió a Patiño

el informe sobre este reconocimiento el 2 de julio por conducto de

Bordick. ¿Por qué tiene que repetirlo el día 12 haciendo hincapié en él


de que ya lo había cursado el día 2 anterior por intermedio de Bordick.

Este debía ya haber estudiado el primero que se envió o al menos

277
debía conocerlo a fondo porque el 26 presentó su proyecto de fortaleza

pentagonal en el que hace alusión a las conclusiones que se formulan

en el informe de Moreau. A continuación, con o sin ordenes expresa

en ese sentido, prosigue las obras de restauración del fuerte, obras que
dirige Courten, seguro de que va a ser quien dirija la reconstrucción

por recomendación de Bordick, pues por la correspondencia entre

Bordick y Courten - por ejemplo la carta del segundo al primero de 3

de julio de 1935108 - llega a parecer que ambos están desdeñando a

Moreau, a Dupuy e, incluso, al Ministro Patiño, manteniendo un

enlace y aun una facultad decisoria independiente, y así lo confirman

varios documentos conservados en Simancas y que corresponden a los

meses de julio y agosto de aquel año109. Pero llega Moreau a Madrid

y se incorpora a la Corte, en la que debió tener alguna entrevista con

Patiño, que ya había tenido tiempo de conocer y estudiar el informe

del reconocimiento hecho por Moreau, Courten y Dupuy del Campo

de Argañán y de los restos del viejo fuerte, remitido directamente por

el primero, y la situación en Madrid cambia de forma radical; desde

ese momento, y aunque Courten sigue dirigiendo en aquellos meses y,

108 A. G. S.- Guerra Moderna, leg. 3638.


109 Por ejemplo: Carta dirigida por Diego de Bordick a Casimiro de
Uztariz el 21.07.1735; estadillo firmado por Bordick el 26 del mismo mes;
informe de Bordick a José Patiño de 28 de julio; instrucción que Bordick
dirige a Pedro Moreau en agosto de 1735; advertencias que formula Bordick sobre
las necesidades que habrán de atenderse en el fuerte de 18 del igual mes; estado de
lo que se ha de sacar de diversos almacenes que presenta Bordick el mismo día; etc.

278
acaso, hasta noviembre de 1735, los trabajos que se realizan en el

Fuerte de la Concepción, la correspondencia relativa a este tema la

envía y recibe Patiño directamente de sus subordinados en Salamanca

y Ciudad Rodrigo, como vemos en la que sostuvo con el gobernador


Dupuy, con el ingeniero Moreau, con el contador José Antonio de

León y Luna, ... El 16 del último mes citado Pedro Moreau presentó al

Ministro su informe final del reconocimiento de la frontera

portuguesa, en el que reproducía el que envió sobre el Campo de

Argañán y el Fuerte de la Concepción. Aunque Bordick se

consideraba todavía al frente de los trabajos, como lo prueba el hecho

de que el día 22 de aquel mes presentara un nuevo proyecto ajustado a

las ideas que el Ministro y Consejo le habían expresado, Patiño tenía

ya tomada una decisión para muchos extraña: apartar a Bordick, y a su

recomendado Courten, de la empresa y entregarla a Moreau. ¿Por

qué? Pero acaso todo se debiera únicamente a cuestiones técnicas. El

extenso informe de Pedro Moreau, 110 titulado: "Proyecto y

reconocimiento de las fronteras de Estremadura, Castilla la Viexa,

con el reyno de Portugal, que demuestra los puestos mas


convenientes para su defensa y para internar en dicho Reyno",

resultado de sus andanzas a lo largo de la "raya" con Portugal, que ya

quedó reseñado más arriba, es tan interesante que no me resisto a

110 S. H. M.- Archivo General de Documentos. Sign,: 5-5-5-15.(01.55)

279
reproducir la parte correspondiente a la frontera de Salamanca, aún a
riesgo de repetir algo de lo ya escrito anteriormente

"... y el primer lugar de dicho Campo de Argañan es el de


la Albergeria distante desde este último castillo, de cinco á seis leguas

y de Ciudad Rodrigo cinco leguas, y desde esta Plaza al puerto de

Perales casi las mismas cinco leguas pr. cuyo motivo es necesario

mantenerla y reparar su recinto principal como tambien su segundo

exterior, rehaziendolo cn argamasa en lugae de Piedra seca que se

halla construido, y con este ocasion se le podra corregir algeo de su

Figura, respecto de los Angulos muertos que tiene y formar en mejoe

estado de lo que actualmentte se hallan sus fossos y camino cubierto,

y la misma se havrá de executar en el castillo interior de la Plaza,

donde se pueden formar algunas Bovedas a prueba de Bomba para el

reguardo de las Municiones y pertrechos de Grra. menos la polvora

que considero muy peligrosa su colocacion en el Citado Castillo como

hoy se halla expuesta á rayos y á la vezindad de la Poblacion por lo

que se puede temer una total ruina assi de toda la ciud. como de la

mayor porción de su recinto, por las experiencias que se han visto en

las plazas de Campomayor y Almeyda del reyno vezino, pudiendose

remediar este peligro en la construccion de quatro o cinco pequeños


Almazenes de la contencion cada uno de 200 Quintal. de Polvora, á

distancia proporcionada el uno del otro, y á prueva de Bomba, afin de

280
que si uno peligra evitar los otros de este para en tiempo de Guerra, y

para en tpo. de plaza al puerto de Perales casi las mismas cinco leguas

pr. cuyo motivo es necessario mantenerla y reparar su recinto

principal, como tambien su segundo exterior, rehaziendolo con


argamasa en lugar de Piedra seca que se halla construido, y con esta

ocasion se le podrá corregir algo de su Figura, respecto de los Angulos

muertos que tiene y formar en mejor estado de lo que actualmte. se

hallan sus fossos y camino cubierto, y la misma se havrá de executar

en el castillo interior de la Plaza, donde se pueden formar algunas

Bovedas a prueba de Bomba para el resguardo de las Municiones y

pertrechos de Grra. menos la Polvora que considero muy peligrosa su

colocacion en el Citado Castillo, como hoy se halla siendo Paz se

puede construir una á distancia de la Plaza media legua para la

contencion de dos mil quinientos Quintales en la forma que se ha

construido en la Plaza de Badajoz y en otros de la Monarquia, por las

experiencias fatales que se han experimentado, pues siempre que se

tome esta resolucion, dicha Ciudad esta prompta á contribuir con los

gastos que importara el mencionado almazen provisional. En el

referido lugar de la Albergeria se halla construido un castillo antiguo

de quatro torres el qual dista de Ciudad Rodrigo seis leguas: dicho

Castillo fue arruinado por los Portugueses en las Guerras últimas,


respecto de incomodarles en la extraccion de Granos y demas generos

281
que conducian en su Reyno por la carretera inmediata à dicho Castillo,

cuyos limites estan á media legua y á fin de poner el mismo embarazo

que antecedentemte. tenia dicho Reyno, me parece que seria

conveniente bolver este Castillo á su primer estado, para contener una


pequeña Guarnicion.

Desde dicho Castillo de la Albergeria y su lugar á

continuacion de limites de ambos Reynos, se halla el Fuerte deOñoro

en distancia de seis leguas, en cuyo lugar antiguamte. havia tambien

otro castillo afin de cubrir de las imbasiones dicho Campo de

Argañan,el qual demolieron tambien los Portugueses,cuyo paraje en

caso de Guerra seria tambien combeniente ocupar, el qual dista de los

limites un quarto de legua. Desde este lugar de Fuentes de Oñoro,

pasando por el lugar de Alameda distante de tres leguas, y desde este á

una legua de distancia sobre dichos limites, se halla el Castillo del

Gardon,tambien demolido por el Reyno vezino, el qual por la

dominacion de las Montañas vezinas se puede abandonar, y

prosiguiendo la Raya de ambos Reynos, á una legua de distancia se

halla el Lugar de Aldea el Obispo, donde se halla situado el Fuerte

antiguo de la Concepcion111 a medio quarto de Legua de el Lugar de

Valdelamula de dho. Reyno vezino pasando por medio de esta


distancia el Rio Turones badeable en todos tiempos del Año, y la

111 El subrayado es del autor de este libro.

282
Plaza de Almeyda á una Legua y media de distancia de dicho fuerte

demolido, y á tres leguas tambien de distancia de este Castillo de

Castel Rodrigo, situado sobre una eminencia del otro lado del Rio

Agueda á distancia de dos leguas, dicho fuerte de la Concepcion dista


de la Plaza de Ziudad Rodrigo quatro leguas y situado en el centro de

dicho Campo de Argañan sobre la misma raya de la Frontera, camino

carretero de Ziudad Rodrigo á Almeyda, por lo que me pareze muy

essencialissimo la restauracion de dicho Fuerte, cuya figura consiste

en un quadrado y se puede seguir su construccion dandole ochenta

toesas de frente construyendo en el terreno, ó Loma de la izquierda

mas elevada que dicho Fuerte de diez á doce pies un pequeño reducto

afin de guardar el accesso de la principal fortificacion, la que me

pareze suficiente contra dicho Reyno vezino y por no permitir dicho

terreno otra cosa: el Lugar de Aldea el Obispo dista del citado fuerte
de 200 á 250 toes.

Desde este referido fuerte de la Concepcion hasta la

Puente de Sn. Felices de los Gallegos pasando por los lugares de Boza

y Barba de puerco, habra quatro leguas de distancia, el camino muy

escabroso y dificil para la cavalleria: dha. Puente de Sn. Phelices

sobre el Rio Agueda fue arruinada tambien en las Guerras passadas


por los Portugueses,respecto del socorro que iba a dicho fuerte de la

Concepcion y en el Campo de Argañan desde dicha villa de Sn.

283
Phelices de los Gallegos. de suerte que actualmte. para ir del referido

fuerte de la Concepcion hai siete Leguas de distancia desde dha.Villa,

deviendose passar el Bado del Espino sobre dicho Rio Agueda,

distando dicha Puente de la Villa de Sn. Felices una Legua y desde


esta a Ciudad Rodrigo seis leguas, cuyo Rio Agueda pasa al pie de

esta Plaza y sigue su corriente azia San Felices, encontrando á tres

leguas el Bado de Sageras, el de Larios, el del Espino y el de

Hornajos: este último sirve solo para camino de herraduras: luego

sigue el Puente de Sn Phelices, que con unos maderos muy endebles,

que llaman aquellos pueblos Escala puestos sobre peñas al lado de

dicha Puente sirve pa. la comunicazión y passo de la Gente de aqui al

campo de Argañan hasta los mas inmediato del Reyno vezino que

vienen a dicho Sn. Phelices y demás lugares circunvezinos según está

demostrado en el Mapa y Reconozimto. del citado Campo de Argañan

que remití al Ecmo. Sr. Dn. Josef Patiño por manos de Dn. Diego
Bordick á primeros de Julio de este año.112

Dicha Villa de Sn. Phelices tiene un recinto antiguo

separado de la Villa, con una torre muy fuerte, el qual se podria

reparar y poner en estado de defensa teniendo 400 hombres de

Guarnicion por lo importante de su comunicacion con dicho Campo y

112 Debe referirse al que envió el 2 de julio de aquel año por conducto de
Diego de Bordick, y que acaso no llegara nunca a manos del Ministro.

284
con la Plaza de Ciudad Rodrigo, teniendo el Rio Agueda por delante,

como tambien para su efecto el restablecimiento de su puente la que se

hara construir de Madera la que se halla ya de algún tiempo a esta

parte prevenida y señalada en el lugar del Cubo distante cinco leguas


de Sn. Phelices, cuya Villa haze ya tiempo tiene proyectado esta

reedificacion segun consta del permisso que obtuvieron del Consejo

Supremo de Castilla mediante contribuyessen para la indemnizacion

de estos gastos ocasionados para este efecto todos los lugares distantes

quarenta Leguas de su contorno, y siguiendo el curso del Rio Agueda

á media legua de distancia de dicha Puente se halla un Pequeño bado

para la Gente de á pie, que en ciertos tiempos del Año es practicable

por la Pesquera de los Frayles del Combento de la Seca al pie del

Lugar de Escarrigo, situado del otro lado del Rio y á poca distancia de

este ultimo se halla el bado de la Igal, cuyo acesso por el Lugar de

Bozas tambien del otro lado del Rio, tambien es dificultoso a menos

de passar por encima de Escarrigo para coxer el camino carretero que

comunica a Portugal oeste y donde feneze, viene á juntarse en el Rio

Agueda en este paraje los dos Riachuelos del Gardon y Turones, y á

distancia de tres leguas de dicha Villa de Sn. Phelices del otro lado de

estos Rios se halla el Castillo de Castel Rodrigo. Siguiendo los limites

de ambas Fronteras en la nra. á nueve leguas de Sn. Phelices se halla


la torre de Fermoselle en la union y del otro lado de Rio Tormes con

285
el Duero, desde este siguiendo a dicho tormes azia Salamanca esta la

Villa de Ledesma, á siete leguas de distancia situada sobre el mismo

Rio de este lado, en cuya referida distancia hay solo tres parajes donde

se puede pasar con Barcas, y con mucho travajo, por lo caudaloso del
rio en ciertos tiempos del Año, y por ser sus orillas impracticables por

la gran cantidad de peñascos y Piedras que estan en sus orillas, sin

bado alguno: la villa de Ledesma esta cerrada de unas murallas

antiguas con sus torres y una puente muy buena, que es comunicacion

pàra el otro lado de dicho Rio y Carretera de Ziudad Rodrigo á

Zamora, la qual si no estuviese seria preciso que la referida

comunicacion fuese por Salamanca por lo que en caso de Guerra es de

grande importancia de guardar la referida Puente afin de ser dueños de

dicha carretera para cuyo efecto será preciso que en dicha Villa de

Ledesma haya una Guarnicion, desde esta Villa hasta San Phelices

hay ocho leguas de distancia y hasta Ciudad Rodrigo seis leguas.

Tambien en Fermoselle será indispensable establecer un Puesto para

150 Hombres en lugar de [.............] los Invalidos que guardan la Torre


de Fermoselle”.

En este informe vemos que la opinión de Pedro Moreau es

completamente favorable a la restitución del Fuerte de la Concepción,


el que considera como centro del Campo de Argañán y llave para su

posesión y para la rehabilitación de la comarca; hace hincapié en la

286
desolación que las guerras y las rapiñas de los portugueses han llevado

a la comarca y, sobre todo en el hecho de que las fincas de las más

variadas clases estén arrendadas a gentes del país vecino que en un

momento de guerra o de escasez de cosechas actuarán en favor de su


patria; propone la fortificación de pequeños puestos que sirvan de

resguardo y vigilancia en los puntos destacados del territorio y señala

que todos ellos apoyados en la fortaleza de Aldea del Obispo

constituirán una primera línea de defensa que tendrá en Ciudad

Rodrigo su punto fuerte, sobre todo si se domina en Ledesma la

carretera que une a esta ciudad con la de Zamora. Es interesante

indicar lo que sobre la conveniencia de recrear el Fuerte de la

Concepción dice en este informe de 12 de julio de 1735 y que repite

en el de 16 de noviembre de aquel año: ". . . por lo que parece

essencialissimo la retauración de dicho Fuerte . . .", como ya el


lector ha podido observar.

Todo quedó completamente claro y zanjado cuando el 3 de

diciembre Pedro Moreau recibió la orden de ponerse en camino hacia

Aldea del Obispo, a poco más de un kilómetro de la raya de Portugal,

para que procediese a edificar el nuevo Real Fuerte de la Concepción

en el mismo lugar y bajo las mismas directrices que había señalado en


1663, reinando Felipe IV de Habsburgo, el duque de Osuna.

287
Hemos visto más arriba que el costo de las obras de

construcción del nuevo fuerte fueron calculadas por Pedro Moreau en

su "Tanteo prudencial"113de 20 de noviembre de aquel año, en

1.638.362 reales de vellón, cifra muy elevada para la época. Para


sufragarlos José Patiño creía contar con la ayuda de la región o, al

menos, con las del Ayuntamiento y el Cabildo eclesiástico de Ciudad

Rodrigo, especialmente de este último, pues así se desprende de la

documentación manejada, lo que me parece natural, pues a dicho

capítulo le correspondían los arbitrios que se recaudaban en aquel

lugar y los aledaños, y que por su despoblación y la falta de cultivos y

de explotaciones ganaderas, había dejado de percibir, razón por la que

había instado repetidas veces al Gobierno el restablecimiento de la

obra que levantara en el siglo anterior el duque de Osuna o, al menos,

que se pusiera en estado idóneo para servir de defensa y seguridad de


la comarca.

El Tesoro público, como ocurría siempre por aquella

época y muchas anteriores y también posteriores, estaba exhausto;

Patiño recordó los ofrecimientos que desde la comarca se le habían

hecho en el pasado y el 17 de julio de 1735 114 el Ministro dirigió una

carta al gobernador Felipe Dupuy en la que le ordenaba que,

113 AG.S - GM, leg. 3638.


114 A. G. S.- Guerra Moderna. leg. 3638. (03.25)

288
"atendiendo a las representaciones que sobre ello le hizieron el

año proxº. pasado, ofreciendo concurrir por su parte con los


medios que alcanzare su posibilidad", tantease del Cabildo

eclesiástico de Ciudad Rodrigo, de la nobleza del país y de los pueblos


de la zona cual sería el auxilio que podrían dar para sufragar los gastos

de esta obra. Días después - el documento carece de fecha 115 -, debió

contestar el gobernador con un corto escrito en el que informa que por

una causa u otra casi todos los sondeados se excusaban - empezando

por el Cabildo -, alegando carencia de medios; el ayuntamiento de la

ciudad propuso contribuir a la edificación en el fuerte de un cuartel

para 500 hombres siempre que se le concediese un arbitrio que

proponía; sólo los sexmeros ofrecieron entregar sesenta mil reales de

vellón, veinte mil en aquel año y los restantes en diversas partidas

durante 1736, 1737 y 1738, y los ayuntamientos de Saelices el Chico y

Descargamaría que darían 250 y 200 reales, respectivamente. No dio

por buena esta contestación Patiño a juzgar por una "Advertencia",

sin fecha, dirigida a la Secretaria de Guerra, relativa al fuerte "de la

Concepcion del Campo de Argañán en Castilla", y ordenó a Dupuy

para que insistiera (por el contexto de algunas contestaciones parece

ser que se señalaba a los distintos institutos y lugares una cantidad

como aportación admisible según parece desprenderse de las

115 A.G.S.- Guerra Moderna, leg. 3638. (03.34)

289
contestaciones de algunos ayuntamientos), por lo que éste volvió a

recabar de los entes indicados anteriormente un compromiso de

cooperación y es probable que sin conseguir gran cosa de su gestión.

La carta de Patiño a Dupuy de 26 de octubre de aquel año 116 zanja


de forma clara y definitiva este asunto: "Con carta de 8 del corrte.

dirige VE. las respuestas de esa Ciudad,su Cabildo eclesiastico

y sesmeros y de las Justicia y Pueblos de ese Partido en asumpto

de la que VE. les hizo sobre lo que cada uno podría contribuir

para ayuda de los gastos de la reedificación del Fuerte de la

Concepcion; y haviendo visto S.M. el poco fondo que se puede

hacer en punto de las dadivas que algunos ofrecen en proporción

al Coste que ocasionara, aunque queda en tomar resolucion sobre

los la referida Ciudad y Sesmeros proponen; ha resuelto S.M.

restablecerlo a expensas de su Real acda. para el consuelo y

seguridad de esos Pueblos y de sus bienes como desde luego lo

hubiera determinado, á no haver precedido las ofertas que en el

año pasado se hicieron por parte del expresado Cabildo y otras

Personas del estado noble de esa Ciudad y que S.M. deseava saver

á quanto podría alcanzar su animo para arreglar a ello las


providencias combenientes a su mas breve practica."

116 A. G. S.- Guerra Moderna, leg. 3638. ((03.35)

290
Por esta carta vemos, pues, que fue el Erario de la nación

el que hizo frente, salvo alguna pequeña dádiva - los Sexmeros,

Saelices el Chico, Descargamaria -, a los elevados gastos que originó

la erección del Real Fuerte de la Concepción, especialmente


encarecidos a partir del momento en que se decidió que se construyera

una verdadera fortaleza, modelo de la ingeniería y de la poliorcética

más avanzada, olvidándose del viejo fuerte de tierra, apoyo de

campamentos volantes, recubierto de fajinas o de cal y canto, como ya

se decidía en la citada carta de Patiño de 26 de octubre. También se

abordaba en esta misiva el problema de la seguridad de los

facultativos y obreros, que trabajaban en la construcción del fuerte, así

como de los materiales y herramientas, y para atender a este servicio

el ministro ordenaba que lo prestaran dos compañías de las Milicias

Ciudad Rodrigo y Plasencia, que quedarían alojadas en Aldea del

Obispo, pero levantándose un barracón al pie de las obras para que

sirviera de cuerpo de guardia en el que permanecería el destacamento


necesario para el resguardo de los materiales.

291
292
15.El "Real Fuerte de La Concepción"117.
Construcción.

117 Lucuze, Pedro de: " ... fortificación real es un lugar bien defendido con
baluartes capaces, destinado a la conservación del estado, .. " (pág. 9.- " ... fuerte es
una pequeña fortaleza, que suele tener cuatro baluartes y se construye para ocupar
un puesto de importancia... " (pág. 10).- " Principos de Fortificación ": Barcelona,
1772.

293
Cumpliendo las decisiones tomadas por Patiño a que se ha

hecho referencia en el capítulo anterior, Pedro Moreau se trasladó en

noviembre de 1735 a Ciudad Rodrigo y dedicó los primeros meses del

año 1736 a realizar los trabajos de medición, trazado de planos,


cálculo de necesidades, acopio de materiales, búsqueda de canteras

con la piedra adecuada, redacción de los pliegos de condiciones para

los absentistas,... Todo iba a ser de nueva construcción, utilizando las

más avanzadas técnicas, los mejores materiales y los últimos avances

de la poliorcética en aquellos momentos. El "pliego de condiciones",

para el asiento de las obras, se encuentra en el "Protocolo notarial" de

Manuel Antonio de Aineto, en Salamanca118, inscrito el 19 de abril

de 1736; en el se detalla que el asentista deberá proveerse, tan pronto

se firme la escritura de asiento, de cuantas herramientas, carruajes,

acémilas, útiles, materiales e instalaciones sean necesarias para el

normal desarrollo de los trabajos; se enumeran luego todas las tareas a

realizar para las excavaciones y para las obras que han de ser

efectuadas con las tierras extraídas; se determinan cada una de las

labores que ha de ejecutarse para construir las murallas - cimientos,

asientos, taludes, recubrimientos, cordón, etc. -; se trata a continuación

todo lo relativo a los revellines que se colocarán delante de las

cortinas, y de la instalación de cuarteles y almacenes; se dedican las

118 A.H.P.S.- Protocolo del notario Manuel Antonio de Aineto, núm. 5797

294
cláusulas siguientes a las herramientas, a la idoneidad de los obreros, a

la calidad de las obras, sobre todo de las bóvedas y de las cisternas y

puertas; por último, se determinan los tratamientos a que han de

someterse los elementos de madera - con la cual se cuenta en el lugar -


y los hierros, que se deben proteger contra los agentes atmosféricos y
biológicos.

El 1 de mayo de 1736 se puso la primera piedra, según un

detallado documento del archivo parroquial de Aldea del Obispo119,

del que existe una copia en el Servicio Histórico Militar120, y cuyo

texto no me resisto a transcribir pues es como la partida de bautismo

de nuestra fortaleza y que, al parecer, quiso Dios que así fuera al

propiciar las circunstancias precisas para que quedara registrado, no

en un protocolo notarial, sino en el Libro de Bautismo de la parroquia

de aquel lugar; libro "ultrajado" - entendemos que con su

encuadernación destrozada - y sin las primeras hojas, cuyos apuntes se


inician el año 1763 y se concluyen en 1807 . En el documento se lee:

“Dn. Pedro Gomez Pacheco Presbytero, Capellan Parroco

Castrense de la Capilla y Parroquia de este Real Fuerte de la

Concepzion. de Cilla.. y Protonotario Appco. por su Santidad,

119 Libro de Bautismos de la parroquia de Aldea del Obispo. Años 1763 a


1807, tomo 3º., fs. 306-308.
120SHM ( hoy IHCM). Anónimo. Colección Aparic.

295
Certifico Doy Fe y Verdadero Testimonio, como habiendo registrado

en uno de los Libros de Bauptismo, que rigió y Gobierna la Feligresia

de la Parroquial Iglesia del inmediato Lugar de Aldea del Obispo, en

el qual no se contiene principio alguno por hallarse ultraxado, y


pasadas algunas Foxas, se Lee Libro de Bauptismo año de Mil

Quinientos setenta y nuebe: y Finaliza, en el de Mil setezientos

quarenta y nuebe: al folio treszientos siete Buelta, siguiendo en el

treszientos y ocho, se halla una partida copiada ala Letra, es del


tenor siguiente

Copia del Papel que se puso dentro dela primera piedra, en

una Redoma de vidrio, con algunas Monedas de plata, que se puso, y

asentó en este Fuerte dela Conzepzion, es como sigue Oy primero

de mayo de Mil Setecientos treinta y seis, Dia de San Phelipe y

Santiago: Reinando Phelipe Quinto, qe Dios guarde, Rey Catholico de

las Españas, en el treinta y seis de su reinado: e Ysabel Farnesio, que

dios gue. Reyna Catholica de las Españas; Vibiendo el serenisimo Dn.

Fernando Prinzipe de Asturias; y Dª. Maria Barbara, Prinzesa de

Asturias, e infanta cv+ de Portugal: Dn. Carlos Sebastian, infante de

España, Rey de Napoles, y de las dos Sicilias, Duque de Parma, y de

Plasenzia; Subzesor de Toscana, Dn Phelipe, infante de España, Gran


Prior de Castilla: Dn. Luís Antonio Jacobo, infante de España,

Cardenal y Arzobispo de Toledo: y Dª. Maria Prinzesa del Brasil e

296
infanta de España: y Dª. Maria Antonia Fernanda, infanta de España:

devaxo del Pontificado de N.M.S.P. Clemente XII. Fiorentino con el

nombre de Lorenzo Corsini, en el seis de su Pontificado, y siendo

Obispo de Ziudad Rodrigo, el Ilustrisimo Sor. Dn. Fr. Gregorio


Tellez: Hallandose primer Ministro de S.M. el Excmo.. Dn. Joseph

Patiño: en el mismo año, en el que se conquistó por las Armas de S.M.

el Reyno de Napoles y de las dos Sicilias, y se retiraron después de

esta conquista las tropas del rey de España, Diez y ocho años despues

que se fabricó la ziudadela de Barzelona, por el ingeniero Genl. el

Marques de Berbon, y actual Gobernador de ella, theniente Genl. e

ingeniero Genl. Quartel maestre General de la Monarquia y quatro

años después de la Conquista de Oran; siendo Gobernador de la Plaza

de Ziudad Rodrigo y Comandante Genl. de este exercito y Provinzia

Dn. Phelipe Dupuy, e Yntendente de la misma Provinzia el marques

de Arellano, se puso la Primera piedra, en el Angulo flanquedo del

Camino Cubierto del Revellin entre el valuarte del rey, y de la Reyna,

frente que mira a Portugal, del Fuerte Real dela Conzepzion, situado

en una eminencia, distante del Rio de Turones, que sirve de Limites de

este Reyno y el referido de Portugal, a poca distanzia del Lugar de

Aldea del Obispo, districto del Campo de Argañan: Habiendose

empezado la fortaleza desde prinzipio de este año, por la Direczion del


Coronel de Ynfanteria, Dn. Pedro Moreau, Yngenro. Director delos

297
Reales Exercitos de S.M. asistido de los Yngenieros Dn. Juan

Foucaviti, Dn. Pedro Bordan, Dn. Pedro Lecoq, y Dn. Hernando

Hontabatt: interviniendo en los caudales de S.M. Dn. Lesmes Pedro

Garzia Sagrido secretario de S.M. acuio Fin, se zelebró en hazimiento


de Grazias, el santo sacrificio dela Misa en el Oratorio inmediato

adho. Fuerte, por el Cura Benefiziado Rector de este Lugar Dn.

Andres Herrero Gomez, asistido del Padre Fray Nicolas de San

Antonio, Religioso Descalzo dela Observancia de Sn. Francisco,

prezedida de unas prozesion aque asistieron dichos Yngenieros,

Comisario de Guerra, y mucho concurso de Jentes, y puesto en Armas

el destacamento aqui destacado, de Nobenta Hombres, del Reximiento

de Milizias de Ziudad Rodrigo con sus ofiziales correspondientes; y

en esta forma, se transfirieron, desde dicho Oratorio, en el referido

paraxe destinado pª. la colocazion de dha. Piedra La qual despues de

vendecida, con el terreno y contorno de dho. Fuerte, se colocó en el

dho. Angulo franqueado, por Dª. Saturnina de Lieson Moreau, Muger

del referido Yngeniero Director, cuia Zeremonia, y Zelebrazion se

executó con tres salvas de fusileria = Y respecto de no haber en este

Sitio Notario alguno, para poder tomar Auto de esta Zelebrazion, los

Yngenieros referidos atestiguaron esta Funzion y Firmaron este

Papel::: Dn. Pedro Bordan:: Dn. Pedro Lecoq:: Dn. Hernando


Hontabatt:: Laqual esta dicha Zedula o Carta retro escrita, esla misma

298
y al pie de la Letra de la qe. queda embutida enla Primera Piedra, en

una Redoma de Bidrio, con algunas Monedas de Plata de este presenta

Año: Y porque dicha Zedula, queda imposibilitada de poderse Leer,

acordaron los dichos Yngenieros, se trasladase en este Libro de


Bauptizados de esta Feligresia al Folio treszientos y ocho para que

constase enlos venideros Siglos:: Lo qual Yo Dn. Andres Herrero

Gomez Benefiziado Rector de esta Parroquia, y sus Anexos, Zertifico

y Juro en el Modo que puedo ser asi verdad, por Haberme Hallado

presente atodo y lo Firmo, para que conste en Aldea del Obispo a

quatro de Mayo de Mil Setecientos treinta y seis:: Andres Herrero


Gomez.”

Las obras de edificación del nuevo fuerte se iniciaron, por

tanto, con esta colocación de la primera piedra, abandonando en cierta

medida las de conservación del "fuerte de Osuna" que se venían

realizando desde la primavera anterior, y se prolongaron durante

bastantes años pues hasta 1759 no pudo darse por concluida su

fábrica. La inauguración oficial no tuvo lugar, no sabemos por qué

extrañas causas, hasta el 24 de diciembre de 1763 o el 30 de mayo de


1776, pues existen dudas de datación.

La fortaleza o castillo, cuyo proyecto y trazas


corresponden a Pedro Moreau, como demuestran los documentos y

planos que se conservan en los diversos Archivos nacionales, quien

299
también dirigió su construcción en sus principales fases, se ajusta,

como ha quedado dicho, al más puro sistema de fortificación

abaluartada. Los planos que levantaron los ingenieros que estuvieron

involucrados en la construcción del fuerte nos presentan, y la actual


fotografía aérea nos corrobora, que nada se hizo de forma

impremeditada, sino que todos los elementos defensivos y los

complementarios, hasta cada ángulo, cada enfilada, estaban calculados

minuciosamente para servir de forma justa a una misión muy

determinada y necesaria para la operatividad del conjunto; vemos que

la fortaleza presenta una equilibrada estructura que lo convierten en la

fortificación más regular y ajustada a las más precisas y científicas

normas defensivas de todas las que se construyeron en el siglo XVIII


dentro de nuestro territorio peninsular, como vemos en el plano.

Registrados el 19 de abril de 1736, como he señalado. los

"Pliegos de condiciones", y sacada la contrata a subasta pública, con

pregón como ordenó el Intendente general de la provincia marqués de

Arellano, se presentaron dos licitantes: por un lado Gabriel Puig (que

había trabajado en las obras de la ciudadela de Barcelona y en las

fortificaciones de Badajoz) y Valentín de Medina, y por otro Manuel

de Larra Churriguera, adjudicándose el asiento a los primeros que


ofrecieron una rebaja del cinco por ciento, lo que se registró en

escritura pública el 10 de julio de aquel año, según consta en el

300
protocolo del Escribano Mayor de Rentas de S.M. de la ciudad de

Salamanca121, y en el que aparecen las firmas del marqués de

Arellano, de Pedro Moreau y de José Antonio de León y Luna.122 y

colocada la primera piedra el 1 de mayo anterior en la forma ya


relatada, Moreau se dedicó plenamente a la edificación de la nueva

fortaleza, en la que trabajó, en una primera etapa que llega hasta muy

avanzado el año 1740. Sus principales construcciones fueron las

cortinas, baluartes, revellines y cisternas. A finales de este período

encontramos la intervención y colaboración de los más destacados

ingenieros militares de la época como iremos viendo a lo largo de

estas líneas. Con Moreau colaboró activamente en todo momento el

ingeniero Pedro Bordán, al que en 1757 dejó aquél como sucesor suyo
al frente de las obras del fuerte.

Los primeros asentistas fueron, como digo en el párrafo

anterior. Gabriel Puig y Valentín de Medina, quienes por

incumplimiento de las cláusulas del contrato, fueron reducidos poco

después a la cárcel. Entonces se presentó de nuevo - 1 de noviembre

de 1736 - para alcanzar esta designación de maestro de obras de la

fortificación que se estaba levantando el maestro arquitecto Manuel de

121 Creemos que Manzano-Monís tiene confusión en cuanto al nombre del


notario, pues primero le llama José y luego Juan (ver artículo citado, pp. 235 y 248 -
nota 106). Creo que en realidad se trata de Manuel Antonio de Aineto.
122 A.H.P.S.- León y Luna era el contador de la provincia.

301
Larra Churriguera, quien ya había realizado varias obras

arquitectónicas en la provincia de Salamanca (iglesia de La Alberca y

convento de las Descalzas en Ciudad Rodrigo, por ejemplo), quien

hizo una mejora del "zinco por ziento por asiento en favor de la
Real Hacienda" y ofreciendo dar "Doce mil Ducados para

seguridad de mi obligacion a satisfazion de dicho Sr. Intendente";

esta especie de fianza la señaló Arellano, y la tuvo que buscar Larra,

encontrando como fiadores al presbítero de Ciudad Rodrigo Juan

García Camisón, por los primeros cinco mil ducados, y los vecinos de

Salamanca José Narciso Alvarez y Juan López Sopuerta por los siete

mil restantes, por lo que hasta el 12 de febrero de 1737, no se firmó

ante el escribano la correspondiente escritura (aparece en ella la firma


de Francisca Tamayo, esposa de José López Sopuerta)123

El desconcierto que se produjo en la Corte a consecuencia

de la inesperada muerte de José Patiño, el hombre que durante años

había dirigido con firmeza y acierto todos los campos del poder y de

la administración del Estado y la desaparición de Madrid de José del

Campillo, que había sido el "alter ego" y el primer y principal

secretario general del fallecido, repercutió de manera importante en la

construcción del Fuerte, como también lo hizo con el restablecimiento

123 Para todo lo relativo a la adjudicación de los asiento de esta obra a que
me refiero en los párrafos anteriores ver A.H.P.S. Protocolo del Escribano Aineto, y
Manzano-Monís, articulo citado.

302
del lugar de Aldea del Obispo y con el resurgimiento demográfico y
económico de toda la comarca.

Había desaparecido el hombre que, de forma coherente


con su política de potenciar la fuerza y la seguridad de la nación, había

decidido, apoyando e impulsando en todos los niveles la construcción

de una vigorosa fortaleza en aquel espacio de nuestra frontera,

desprovisto de protección poliorcética, y cuya decisión de ejecutarla,

que nunca puede considerarse como el capricho de un poderoso, había

sido capaz de orillar todas las dificultades y objeciones que se habían

esgrimido en contra del proyecto. Y en el ministerio real que quedó

compuesto, ante la defección de Campillo, Sebastián de la Quadra -

luego marqués de Villarias- ocupó la secretaría de Estado; el marqués

de Torrenueva, la de Hacienda; el duque de Montemar, la de Guerra, y


Francisco Vara, la de Marina e Indias124.

Todo lo relacionado con el establecimiento del nuevo

Fuerte de la Concepción pasó a depender, como secretario de Guerra

que era, del duque de Montemar, José Carrillo de Albornoz. De la

documentación encontrada relativa a sus años de ministro no se

desprende, ni mucho menos, que fuera contrario a la construcción de

la fortaleza, pero le faltaba el convencimiento de su necesidad que

124 Almirante, José: "Bosquejo de la Historia Militar de España", tomo IV,


pág. 139.

303
tenía Patiño y el entusiasmo de éste por su realización, y tampoco

depositó en Pedro Moreau la confianza que le había expresado con sus

actos el desaparecido político. Es posible que como consecuencia el

ritmo de los trabajos del complejo recinto militar que se levantaba en


las inmediaciones de Aldea del Obispo y de todo lo relacionado con su

entorno, sufriera un descenso, al que no fue ajena la serie de consultas

que Montemar hizo a diversos ingenieros militares a los que solicitaba


sus opiniones y sus soluciones para las tareas que se iban sucediendo.

Me confirma esta idea el hecho de que el 18 de octubre de

1738125, el gobernador del fuerte, Manuel Moscoso, se dirigió al

Ministro reiterando otra de 12 de junio de 1737, en las que exponía

sus ideas sobre las letrinas y solicitaba que se dieran órdenes al

ingeniero director Juan de la Ferriere, que se hallaba en aquel lugar,

para que emitiera su opinión sobre ello, pedía también la terminación

del camino cubierto al reducto de San José y expresaba la

conveniencia de levantar un reducto en la altura del cerro de la Cruz.

Como se desprende de este escrito, se había mandado, sin dejar de

lado a Moreau, para que interviniera en las tareas de la construcción a

otro ingeniero, La Ferriere, quien se hallaba en Ciudad Rodrigo - y

que a juzgar por los documentos debía gozar de un alto grado de


reconocimiento de su capacidad profesional -, con las misiones, al

125 A.G.S.- GM., leg. 3638.

304
parecer, de inspeccionar y realizar una auditoría de la actuación de

Pedro Moreau, tanto en el campo técnico como en el económico. La

Ferriere envió un informe al ministro el 16 de noviembre de 1738126

en el que se refería a los costes pagados - que debían ser el motivo de


alguna queja del asentista - y de lo que quedaba por hacer, en especial

en aquellas partes que habrían de ejecutarse con ladrillos, y al que unía

un presupuesto, firmado el 14 de aquel mes, con el importe de lo que

costaría esto, y que calcula en total en 1.860.164 reales de vellón y


cinco maravedises (sic).

Las relaciones de Pedro Moreau con el asentista Manuel

de Larra no debían atravesar un momento de sincera colaboración a

juzgar por el hecho de que éste remitió una queja contra el director de

las obras a Ramón de Larumbe, comisario de Guerra de las obras del

fuerte, de la que este último le acusa recibo el 18 de enero de 1739, en

la que defendía la actuación de Moreau y le decía, como se ve por el

documento unido, que en la misma fecha remitía la del asentista al


ingeniero Padro Bordán.

El duque de Montemar había recibido el informe de La

Ferriere y, además, carta de Manuel de Larra de 19 de enero de 1739

que transcribo: "... Habiendome restituido a este Rl Fuerte desde la

126 A.G.S.- GM., leg. 3638.

305
Plaza de Ziud Rodrigo, el día 29 deel pasado, pase

inmediatamente â reconocer las disposiciones qe. ocurrian en los

travajos de esta Rl ôbra, los q.e encontre tan diminuttos en

dispossizion, qe todos los ôperarios seme lamentavan de la falta de

determinacion detravajos porlo qe lomas delos operarios se

hallaban sin travajar, con cuio motivo recurri con un papel âl

Comisario de Guerra Don Ramon Larumbe, paraqe mediante

lostrabajos qe. señaladamente pedia por escripto, Planos, y

Perfiles, qe egecute: resolbieran trabajos: y haviemdoselo hecho

saver alos Yngenieros qe. aqui residen, respondieron: qe. ellos por

si no podian resolver nada, con cuio motivo recurrio dicho

Comisario al Director, quien sehalla en Ziud. Ro., con mi papel,

Planos, y Perfiles, enqe proponia ademas depedir travajos

señalados, algunas dificultades qese me ôfrecen sobre el

zerramiento delas bobedas que componen el Cañon de la entrada

dela Puerta prinzipal deeste Fuerte, como asimismo como

qeteniendo los canteros lavrado un Arco, ômedio Cañon

decanteria para laprimer distanzia, ôtransito que se sigue ala

entrada de dicha Puerta prinzipal, elqe habiendo lo reparado es

ympracticable elqe puedan abrir las Puertas condicho corte sin

tropezarse enel, por lo que sehaze preziso zerrarle con una


Bobeda de Lunetas, para que vajo delaforma de su costado, pueda

306
doblar, y abrir la Puerta enteramente con libertad todo lo que

represente, y hizepatente en mi papel, Planos, y Perfiles quepuse

en manos de dicho Comisario; quien haviendolos remitido adho

Director, qe los debolbio sindar mas razon qela deqe nezesitaba de

seis, ôsiete dias para la resoluzion detodos y habiendo pedido yo

esto en el Dia Zinco del Corriente; y repetido otro en el dia nuebe,

y habiendose pasado mas de los siete Dias, no he tenido respuesta

de dho. Director de loqe se hade egecutar, siendo asi queestas

resoluziones de travajos, y mas las qe. penden decanteria enqe es

nezesario disponerlas contiempo mui antizipado, prel mucho

qesenezesita para su arranqe, transporte, y labra esnezesario

darlas mui de ante mano, para qeno hagan falta asu tiempo, y

temiendome deqe nos falte â su correspondiente, como mui ami

costa tengo experimentado entodas las retardadas Disposiziones

deeste Director, recurro a Vuecencia con el adjunto Plano, y

Perfiles de dicha Portada Principal, ytoda su obra, para qe.

mediante el estado enqe sehalla, qeesla elevacion de sus Ympos tas

qeestan al arranqe delos Arcos, yeleccion de Bobedas, lo mande

Vuecenzia reconozer, ver si segun su Disposicion serrara todo vien

enla conformidad que demuestran sus Perfiles, oseme diga

enlaforma que lodeva proseguir, y obserbar, para egecutar lo;


sirviendose Vuecenzia demandar reparar enel modo como hande

307
jugar laspuertas prinzipales, para qeseme advierta loqe deba

practicar, pues de zerrar su transito con el medio cañon que esta

labrado, se haze ympracticabke el uso de las Puertas, como

sepuede ver en los perfiles que remitocon toda su explicacion,

deqe quedo aguardando la resoluzion de VE. para egecutar lo

qese me mandare y en el ynter me repito alas ordenes de VE-

Deseando que No. Señor G. a V. en su maior Grandeza. Aldea de

el Obispo y Henero 19 de 1739. Exmo. S. Bo. l. ps. dvexca. Su


mas RendidoCriado. Manuel de Larra"127.

El día 4 de febrero Moreau escribió a Montemar; en esta

carta le refutaba ya las acusaciones que había hecho Larra. No

obstante, Montemar, con la información sobre esta incriminación en

su poder, debió pedir aclaraciones a Moreau el 13 de febrero y darle

instrucciones sobre la forma de remediar algunas de las deficiencias

denunciadas, pues así se desprende de la carta del ingeniero al

Ministro de 21 del indicado mes128, y en la que informa que no se

podían emplear más operarios que los que se han ocupado durante el

invierno y trabajaban en aquel momento, pues tanto los de sillería,

como de mampostería y excavaciones estaban contratados a destajo

por lo que ellos mismos se preocupaban por su propio interés de

127 Recogida por F. Rodríguez de Flor, obra citada, pp- 135-136.


128 A.G.S.- GM., leg. 3638.

308
adelantar lo más posible, añadiendo en cuanto los últimos que sólo

quedaban por remover las tierras de la explanada del reducto donde no

se necesitaban más que las que debían constituir la de la izquierda,

pues las que faltaban en el interior de la fortaleza no se debían excavar


hasta que no fueran rematados los parapetos; también afirmaba que los

fabricantes de cal por su personal beneficio no perdían un momento en

tenerla a punto; también hacía mención a la petición del asentista de

que se empleasen forzados para los trabajos del fuerte, lo que

rechazaba por estimar que su trabajo lo podían hacer en mejores

condiciones los muchos voluntarios que para la labor existen en la


zona.

Las razones esgrimidas por Moreau están corroboradas

por el Comisario Larumbe en la carta que dos días después, el 23129,

remitió al Secretario en la que se manifiesta en el mismo sentido, y en

la que dice al Ministro que la queja del asentista "... pareciendome

regular la passè con papel de ôficio el mismo día (24 de enero

de 1739), al Yngeniero extraordinaro Dn. Pedro Bordan (por estar

en Ciudad Rodrigo el director) para que me dijesse lo que le

parecia, y en 25, me respondio, que no siendo de la ynspeccion De

ningun assentista el dirijir una ôbra. tampoco lo es, saber la gente


que se necesita para los trabajos, pero que lo escribia âl Director,

129 A.G.S.- GM., leg. 3638. (04.05)

309
para que si hallaba â proposito aumentar la gente en las

escabaciones; Yen otro papel de 31, me dize abisarle el director,

no tiene por combeniente se hagan benir Peones forzados,

por no haber faltado nunca voluntarios en tiempo de Ynvierno,


..." y termina su informe recogiendo la opinión de Moreau, que ya

hemos visto, sobre lo que quedaba por hacer en las excavaciones y lo

que faltaba en las explanadas. Todavía encontramos una carta

sobre este asunto de Juan de la Ferriere a Pedro Moreau, fechada el 20

de marzo 130en Badajoz, en la que le da su opinión sobre el número


de obreros que podrían emplearse en las excavaciones.

Poco después la edificación del fuerte iba entrar en una

nueva fase con la designación para su dirección del ingeniero Juan

Bernardo de Frosne131, cuyo nombramiento no he podido hallar pero

existe una clara referencia a este nombramiento en las páginas

dedicadas a este ingeniero en la Colección Aparici, que quedan

señaladas en la nota anterior, y en la que se dice: "En enero ó febº.

130 A.G.M.- GM., leg. 3638

131 Frosne, Juan Bernardo de.- Ingeniero militar español. Sus frecuentes
peticiones de licencia para pasar a Francia no eran del agrado del marqués de
Verboom. En 1733 era ingeniero en jefe con mando de la Costa de Granada.
Destinado a la dirección de las obras del Fuerte de La Concepción en 1739, su
permanencia en el destino fue de corta duración, pues el 7 de diciembre de 1741 se
le concedió licencia de seis meses para pasar una vez más a Francia y se le destinó a
Guipúzcoa con residencia en San Sebastián. Ascendió a brigadier y murió antes de
marzo de 1752.

310
del 39, hallandose en Madrid con su hijo D. Carlos, tambien Ingº,

de paso a Castilla, con destino ambos a las obras del Fuerte de la


Concepción,..." por lo que ya debía estar al frente de las obras el 2 de

abril de 1739, pues en esta fecha el duque de Montemar ordenaba a


Moreau que pasara a Frosne los documentos que le enviaba junto con

toda la documentación relativa a la construcción de la fortaleza.

Manzano-Monís132 dice que fue el 15 de marzo de 1740 cuando llegó

Frosne para sustituir a Moreau, en lo que estimo que hay un error

sobre años, pues éste debió ser el anterior. El mismo autor nos dice:

"Viéndose sin destino escribió ( Moreau ) a D. José del Campillo, el

cual le contestó, de manera un tanto extraña, porque venía a dejar

sin destino a Frosne. Esta carta de Campillo. Esta carta de

Campillo, que debía ser entonces -lugarteniente del Infante D.

Felipe y Secreatrio de Villarias, contradice de manera evidente las

órdenes que se ven escritas en los tomos 56 y 57 del Servicio


Histórico Militar133

Los párrafos que anteceden nos muestran que este

nombramiento estuvo rodeado de unas extrañas circunstancias pues

Moreau siguió dirigiendo los trabajos, o al menos algunas tareas

puntuales en todo lo que quedaba de aquel año y hasta finales de

132 Manzano.-Monis. Ibidem, p. 214.


133 IHCM.- Colección Aparici, tomos 56 y 57.

311
1741; por otra parte, en este corto y raro período que duró la dirección

de Frosne, y en todos los siguientes hasta que Ensenada decidió en

1747 su continuación y terminación más parece que se tendiera a

hacer abortar su implantación que a llevarla a efecto, ya que casi nada


se realizó en toda aquella etapa, como se desprende claramente del

informe que, años más tarde, con motivo de una reorganización de

mandos y funciones, remitió Moreau el 21 de octubre de 1747 al


marqués de la Ensenada.

De todas formas, encontramos en la documentación

conservada que desde aquel momento el Secretario de Guerra se

dirigió siempre a Frosne para todos los asuntos relativos a La

Concepción. Así encontramos el siguiente escrito, que dirige a éste el

1 de octubre de 1739134 el duque de Montemar: "Necesitando

tener luego presente un Mapa del fuerte de la Concepción en que

se demuestre a 400'. toesas de distancia en circulo el terreno bien

detallado, principalmente del Cerrito dela Cruz, segun y como Dn.

Juan de la Ferriere hallandose en el referido fuerte encargó a Dn.

Pedro Moreau y asi mismo unos Perfiles del tereno actual en todo

el frente que mira al Lugar de Aldea del Obispo, y otro en el

Reducto de Sn. Joseph azia la misma parte, y del Angulo saliente

134 A.G.S.- GM., leg. 3638. (04.18)

312
dela Yzquierda de ese Reducto; encargo a VS. disponga luego su
formacion pasandolo con toda brevedad a mis manos."

El mismo día135 Montemar daba noticias a la Real Junta


de Fortificaciones de haber expedido estas órdenes y le decía que le

pasaría la contestación de Frosne tan pronto el Rey las hubiera visto,

así como todo lo relativo al estado actual de las obras y nota de las que

se estaban realizando (este escrito se refiere tanto a las obras que se


estaban ejecutando en La Concepción como en Badajoz).

Volviendo al escrito de Manuel Moscoso de 13 de octubre

de 1738, se ve que uno de los problemas que entonces afectaba a la

edificación del fuerte era la construcción y ubicación de las letrinas y

de sus diversos elementos. El gobernador pedía "... que los lugares

comunes que se hazen en lo Interior de este fuerte tubiessen sus


desagues fuera del; ...". Montemar encargó la resolución de esta

cuestión al ingeniero La Ferriere, y durante varios meses se

sucedieron las comunicaciones entre estos personajes136 y se realizó

una consulta a Ignacio de Sala. Del estudio de esta correspondencia se

135 A.G.S.- GM., leg. 3638. (04.19)

136 A.G.S.- GM., leg. 3638. Cartas de La Ferriere al Duque de Montemar


de 11 de noviembre de 1738, y de 27 de febrero y 24 de abril de 1739; de Montemar
a Juan de la Ferriere de 6 de marzo y 2 de mayo de 1739; del duque a Pedro Moreau
de 2 y 13 de abril de 1739, y de Pedro Moreau al duque de Montemar de 4 de abril y
12 de mayo de este año.

313
desprende que la idea inicial de Moreau era de colocar las balsas o

cajas para los residuos en el patio de armas, pues La Ferriere dice en

11 de noviembre de 1738; "...Devo decir, que por lo perteneziente

al primer punto (las letrinas) me parese que siendo esta fortificazn.

muy reducida, causara mal olor como la experiencia lo á

acreditado en barias partes si la boveda de la secreta detiene

estancada la Ynmundisia, y que por dho. fuerte se aya de sacar


fuera; por lo que era mas azertado tengan su curso al foso ...".

Más tarde, el 27 de febrero de 1739, La Ferriere le dice al duque que

ha enviado a Moreau carta sobre este asunto pero que ha omitido

decirle que las cajas se practiquen en el foso y no en la plaza de armas,

pero la cosa no debió de quedar muy clara, pues el ministro le ordena

consultar con Ignacio de Sala137. La consulta a éste y su repuesta

debieron ocupar el mes de marzo y el 2 de abril el Secretario envió a

Moreau el proyecto con orden de que lo pasara, con toda la

137 Salas, Ignacio de.- Fue uno de los mejores ingenieros militares de
aquellos momentos, como lo acreditaban sus trabajos en la zona de Sevilla-Cádiz-
Ceuta y Badajoz, en especial la construcción de las instalaciones de San Fernando y
del arsenal de La Carrcaac. Fue pospuestos a la sucesión de Verboom como
Ingeniero general - en favor del marqués de Pozoblanco - , y también a la muerte de
este último. Por Reales despachos de 10 y 23 de noviembre de 1748 fue nombrado,
con el grado de teniente general como gobernador general de la plaza y provincia de
Xartagebna de Indias, en la cual reformó y modernizó las defensas de Bocachica y
levantó las de Bocagrande; en 1752 se agregó a su demarcación la plaza de
Portobelo. Regresó a la Península en 1753, y falleció en Madrid el 18 de octubre de
1754, cuando el rey había ordenado concederle la Comandancia General del Cuerpo
de Ingenieros. Fue un notable tratadista. y publicó en 1743 la obra de Vauban
"Tratado de la defensa de las plazas" (ver nuestra nota 51)

314
documentación relativa al fuerte a Juan Bernardo de Frosne. Aunque

Moreau propuso construir las balsas del foso abiertas, esta idea no fue

aprobada por Montemar que ordenó realizarlas cerradas y con tapa de

piedra para su limpieza. El 24 de abril La Ferriere (que al parecer se


encontraba en Barcelona) envió a Montemar el nuevo plano y

proyecto para la construcción de las letrinas, que fue aprobado por

éste según le comunicaba el 2 de mayo, por lo que lo había enviado a


Moreau para su ejecución.

Quedaron así los lugares comunes, de acuerdo con lo

recomendado por Sala, en la forma en que han llegado, bastante

arruinados, hasta nosotros: los evacuatorios sobre las cortinas, con

proyección hacia el exterior, y con su conducción hacia las balsas


fabricadas en los fosos.

También se debió dejar zanjado el asunto del camino

cubierto que une a la fortaleza con el fortín de San José, el cual quedó

en la forma en que ha seguido hasta nuestros días, dotado de banqueta

para tiradores, pero acaso sin los cuarteles para la caballería en mitad

de su recorrido que debieron levantarse en fecha algo posterior. En

cuanto al reducto que se pedía para ser levantado al norte del Fuerte,

en el cerrillo de la Cruz, nunca fue levantado y creo que no llegó


siquiera a estudiarse la posibilidad de erigirlo.

315
En los meses iniciales de 1740 se suscitó también una

importante controversia sobre la fábrica de la puerta principal de la


fortaleza. Nos dice Rodríguez de la Flor138:

"La Puerta Principal de la Plaza de Armas de La

Concepción, a la que desde un principio, y por expresa decisión

del Consejo de Guerra, le está encomendada la representación

misma de la decisión del Estado en rearmar y proteger los

dominios amenazados de su soberanía, es uno de los puntos

centrales, en torno al cual gira el largo proceso constructivo que


sigue La Concepción."

La tarea para conocer a quien se debe el proyecto de esta

puerta y su realización, ha tenido sus frutos en el encuentro de varios

documentos, incluidos planos y diseños, relativos a la misma, que se

hallan depositados en el Archivo General de Simancas y en el Servicio

Histórico Militar. Contamos con un documento, firmado por Pedro

Moreau el 1 de octubre de 1737139,que se encuentra en Simancas,

donde aparece el perfil del puente estable "que pasa sobre la linea

G..H.," y el "que pasa sobre la linea A.B.C.D.E.F.,", según se

puede ver en la reproducción que se ofrece aquí, al que debió unir el

138 Rodriguez de la Flor: Obra citada, p. 127.


139 A.G.S.

316
diseño de la fachada que también se encuentra en Simancas y que

igualmente se reproduce. No sé si Moreau introdujo luego alguna

modificación a este proyecto, pero hemos podido leer en la carta de

Manuel de Larra al Secretario de Guerra de 19 de enero de 1739 que


el asentista denuncia defectos importante en la hechura de los

materiales que se estaban labrando para llevarla a realidad por efecto

del deficiente diseño de los perfiles, y que debió acompañar del

"Plano y Perfiles de la Puerta Principal y Entrada del Rl. Fuerte


de la Concepción", que se conserva en el actual Instituto de Historia
y Cultura Militar (antes Servicio Histórico Militar), en Madrid.

El duque de Montemar atendió este problema y para darle

cumplida solución remitió la documentación que había llegado a sus

manos a Juan de la Ferriere, como acostumbraba, quien contestó desde

Badajoz el 20 de marzo de 1739140 en carta que copiamos a


continuación en lo referente a este tema:

"En Carta de 6 de este mes me remite V.E. una del

Asentista de las obras del fuerte dela Concecpcion D. Manuel de

Larra, de 13 de Henero proximo pasado, Dos del Ing.Pedro Moreau de

4, y 21 de febrero, asi mismo proximo pasado, y otra de Dn. Ramon

del Arumbe de 23 del mismo mes; Y me ordena V.E. que en la

140 A.G.S.- GM., leg. 3638. (04.07)

317
inteligencia de todas ellas prevenga al referido Moreau lo q. tubiere

por combeniente, y havisar a V.E. lo que se me ofrecieses debolviendo

dhos. papeles, lo que executo, deviendo al mismo tiempo exponer a

V.E. haver examinado con toda reflecsion las referidas Cartas, como
el plano dela puerta prinl., que del citado fuerte remitio a V.E. el

mencionado Asentista y lo que Sobre ella responde Moreau, el que

tambien pasó amanos de V.E., su idea de la forma que se devia

practicar, sobre lo que devo decir que lo que propone el primero, seria,

mas vistoso, y uniforme a todo lo demas de dha. puerta, pero tengo

por mas seguro, y solido, lo propuesto por el citado Moreau, respecto

a lo indeble de los Batientes y montantes de la puerta por lo que he

executado el plano con sus perfiles, que adjunto remito, advirtiendo q.

encma del Capialzado, sera conveniente formar un arco de ladrillo o

rejuela, para descanso del peso q. le Carga el mazizo de la re ferida

puerta, en la forma, que se reconocera en el perfil, que es a mi Sentir

todo lo que se puede praticar, por hallarse ya elevada los lados dha.

puerta, y haverla encontrado quasi en aquel estado quando llegue al

mencionado fuerte, que deno se hubiera podido corregir en ella alguna

Cosa, lo que no es de entidad a la firmeza de ella, y haviendo

manifestado esto mismo a Dn. Ignacio Sala, se conforma âlo que va

expresado en este plano, sobre lo que V.E. se servira mandar, lo que


fuese de su mayor agrado."

318
El Ministro dio su aprobación a lo que proponía La

Ferriere y así se lo hacía saber en su carta de 27 de aquel mes, en la

que le decía que lo pasaba, como efectuó ese mismo día, a Pedro

Moreau para su realización. En el acuse de recibo de éste al duque le


manifestaba su conformidad y su pronta puesta en ejecución.

Tanto Rodríguez de la Flor141 como Manuel Manzano

Monís142, son de la opinión de que la portada principal que da

entrada a la plaza de armas es hechura de Manuel de Larra; sin

embargo, por el estudio de la documentación que he reseñado más

arriba y a la vista de la fábrica, aunque arruinada, de la fortaleza, me

inclino a creer que fue levantada de acuerdo con los planos y perfiles

de Moreau con las modificaciones introducidas por La Ferriere, y que

el relativo alejamiento de aquél de la dirección entre 1740 y 1747

permitió, acaso, a Larra introducir algunas variantes y dejar plasmada

en ella su visión particular. Hemos de tener en cuenta que la puerta de

una fortaleza de este tipo no es sólo el hueco que da paso entre el

exterior y el interior, si no que debe atenderse a conseguir su necesaria

resistencia a los posibles ataques de frente, para lo cual ha de dotársele

de los elementos de separación del entorno (puente estable y

141 Rodríguez de la Flor, F.- Obra citada, pp. 134-138.

142 Manzano-Monís, Manuel: "El Mariscal de Campo D. Pedro Moreau y


el Fuerte de la Concepción".- ACADEMIA, núm. 52.- 01.09.1981. P. 235.

319
levadizo); robustez, vigor y manejabilidad de los batientes que no sólo

debían cerrar los vanos, en este caso superior e inferior - sino servir

además de plataformas para el puente levadizo, por donde debían

entrar, entre otros elementos, los carros cargados de armas,


municiones, víveres y materiales; solidez, a prueba de bombas, de sus

bóvedas y mamparos;... y había que dotarla de cuerpos de guardia,

armería, calabozos y, en La Concepción, se iba a colocar en o sobre

ella la casa del gobernador; todo lo cual requería asimismo construir

escaleras de caracol para acceso entre plantas y obstáculos para

incomunicarlas entre sí en caso necesario. En todos estas diversas

partes es donde puede observarse las diferentes ideas que inspiraron su


realización.

Hay asimismo en el Archivo de Simancas un documento

por el que se advierte que también la construcción de las cisternas del

fuerte fueron objeto de consulta hecha el 10 de abril de 1737 por el

duque de Montemar al ingeniero La Ferriere, que éste evacua desde

Badajoz con fecha el 17 de dicho mes, en un escrito en el que dice que

su propuesta para que usen tejuelas para la construcción de las

cisternas se limita a considerarlas indicadas para realizar sus bóvedas

en las que será excusado "tomar las juntas con sulaque" y que éste
material sólo se debería usar en las juntas de las paredes de los lados

hasta la altura en que se prevea que puede alcanzar el agua y también

320
en el piso "cuias dos partes deveran ser de piedra labrada en

rustico en sus caras y en fino las referidas juntas". Opinaba que no

era adecuado para aquella obra el ladrillo que se elaboraba en el

paraje; en todo caso éste habría de ser especial y fabricado a propósito


si se le quería emplear, pero creía esto "excusado" por ser de buena

calidad la piedra de sillería que existía en la comarca, y sobre todo

porque el terreno donde habrían de colocarse las cisternas era de

pizarra arcillosa capaz de retener el agua como lo había demostrado la

experiencia. El Ministro le contestó el 24 siguiente comunicándole su

aprobación y su remisión a Moreau. Como no he encontrado otros

documentos sobre este asunto y por el aspecto que hoy presentan sus

restos bastante bien conservados, es de suponer que Moreau encontró

acordes a sus propias ideas las recomendaciones de La Ferriere y que

se construyeron las cisternas atendiendo, en lo que procedía, a las

recomendaciones de éste. Además, esta documentación nos da a

conocer los materiales que se emplearon en cada una de sus partes, así
como la calidad que se les suponía

De los documentos encontrados parece desprenderse una

extraña circunstancia, para mí inexplicable; la de que en esos años de

1739 y 1741 existe al frente del fuerte de La Concepción y de las


obras que se están realizando para su construcción, una dualidad de

mandos o dirección, ya que por una parte las comunicaciones del

321
Secretario de Guerra, duque de Montemar, van todas dirigidas a Juan

Bernardo de Frosne, y éste remite todos los informes y planos

relativos al momento de la edificación, y por otro Pedro Moreau elevó

propuestas al mismo duque de Montemar en la que pide su aprobación


para realizar determinadas instalaciones.

Así, tenemos un escrito del duque a Frosne143 de 1 de

octubre de 1739, en el que se le ordena que se levanten y se le envíen

planos y perfiles del contorno del Fuerte y especialmente del cerro de

la Cruz "...en que se demuestre a 400. toesas de distamcia en

circuito el terreno bien detallado, principalmente el Cerrito dela

Cruz, segun y como Dn.Juan de Laferiere hallandose en el referid

fuerte encargó a D. Pedro Moreau y asi mismo unos Perfiles del

terreno actual en todo el frente que mira al Lugar de Aldea del

Obispo, y otros en el Reducto de SnJoseph azia la misma parte, y


del Angulo Saliente de la Izquierda de este Reduxto; ...", de

lo que el Secretario dio noticias el mismo día a la Real Junta de


Fortificaciones.

También en el mes de diciembre, el día 26, Frosne

propuso al Ministro edificar sobre las cuatro cortinas cuarteles para

100 hombres cada uno, ampliables luego a 174 (es este un curioso

143 A.G.S.- GM., leg. 3638. (04.18)

322
escrito en el ingeniero mezcla párrafos en lengua francesa). Sobre esta

solicitud, Montemar pidió parecer a Diego de Bordick, quien opinaba

el 5 de enero de 1740 en contra del proyecto, y en el mismo sentido

informaba la Real Junta de Fortificaciones (que debía estar presidida


por Juan de La Ferriere) con fecha 12 de aquel mes, por lo que el

duque desestimó la petición en comunicación que el 16 del mismo


dirigió al ingeniero director.

Pero ante mí tengo unos pliegos, escritos de puño y letra

de Pedro Moreau, firmados por éste en Ciudad Rodrigo el 23 de julio

de 1740 y dirigidos al duque de Montemar, que me hacen pensar en la

extraña situación a que aludí un poco antes. Responde Moreau a una

petición del Ministro de 5 de dicho mes - hecha a Moreau y no a

Frosne - en la que le informa sobre la construcción de una edificación

para cuarteles de la caballería, previsto por José Patiño, y tratado con

Juan de La Ferriere, por lo que estimó siempre que estaría en poder

del Secretario; pero al comprender que no era así, proponía que los

indicados cuarteles fueran colocados a los lados de la comunicación

entre el fuerte y el reducto, capaces para cien jinetes y sus monturas,

para lo que enviaba la documentación necesaria. El 20 de agosto

informaba Juan de La Ferriere al Secretario desde Barcelona. Y se


mostraba totalmente contrario a la idea e incluso a la de incluir

caballería en la guarnición del fuerte, entre otras razones por carecerse

323
de agua en la fortaleza para ellos; expresaba su opinión de que en caso

de estimarse aconsejable tener a los jinetes en la proximidad deberían

estar alojados en Aldea del Obispo y si se creía que podrían ser

necesarios en tiempos de guerra aconsejaba que se levantase un


reducto, preparado para alojarlos - en el que habría que construir un

pozo -, en el cerrito de la Cruz. Parece ser que la solución a esta

necesidad no debió ser decidida entonces y quedó pendiente hasta que

durante el tiempo en que Antonio de Gaver dirigió la edificación se

procedió a su erección en el lugar elegido por Moreau, a uno y otro

lado del camino cubierto que une al Fuerte con el reducto y a media

distancia, pero con otro diseño como se ve en las ruinas que aún se
conservan del Fuerte144 y en el plano de Francisco Codony.

Parece ser que a partir 1740 las obras del Real Fuerte de

La Concepción se suspendieron o al menos sólo se realizó aquello que

ya estaba aprobado y presupuestado y lo necesario para mantener lo

construido y evitar su degradación, aunque esto no se consiguiera en

forma total. Pedro Moreau quedaría en Aldea del Obispo o Ciudad

Rodrigo al frente de estas pequeñas actuaciones, y Juan Bernardo de

Frosne ejercería como director de la frontera de Castilla, aunque sólo

duró esta situación hasta diciembre de 1741. La actividad, en forma

144 Todas las refencias para estos dos ultimos párrafos corresponden al
A.G.S., GM., leg. 3638.

324
verdaderamente eficaz, no se reanudó hasta 1747, según se desprende

de una liquidación de su costo, de 1759, que se encuentra en el


Archivo de Simancas, y que presento al final de este capítulo.

Dos documentos más he encontrado todavía en Simancas

referidos a este período. Ambos son de 1741; el primero, fechado en

Aranjuez el 22 de mayo de aquel año, es una orden de Montemar en la

que ordena a Juan Bernardo de Frosne que se le envíe un estado del

gasto que originaría la conclusión de la edificación del Real

Fuerte145. El segundo es, claro está, este estado, remitido por Frosne

al duque desde Salamanca el 3 de junio siguiente146, en el que detalla

los materiales que se necesitarían y algunas de las obras que habría

que realizar, todo lo cual valora en un millón quinientos mil reales de


vellón.

En diciembre de 1741 Juan Bernardo de Frosne abandonó,

como ha dicho, Ciudad Rodrigo en uso de una licencia de seis meses

para trasladarse a París y poco después fue destinado a Guipúzcoa,

con residencia en San Sebastián. Quedó Pedro Moreau como director

de las obras de La Concepción y, además, según todos los indicios,

como Ingeniero Director de la Frontera de Castilla. Esta duplicidad de

145 A.G.S.- GM., leg.3638. (04.28)


146 Ibidem.

325
misiones y la política de desinterés por la edificación de la fortaleza,

hizo que Moreau acaso se desentendiera un poco de las obras que

quedaban pendientes en Aldea del Obispo, y soy de la opinión de que

en este punto debió ejercer de director entre 1741 y 1747 el ingeniero


Pedro Bordán, mano derecha y leal colaborador de Moreau, tanto

hasta esa fecha como a partir de 1753. Un ominoso silencio

archivístico cae desde ese momento sobre la construcción de La

Concepción. Parece que ni Montemar ni mucho menos Campillo, en

su breve etapa (1741-1743) al frente del gobierno de la Monarquía

fueron partidarios de la edificación de la fortaleza ni sintieron la

necesidad de defender aquella frontera y que se adolecía de falta de

medios para realizarlo. Durante los seis ańos que transcurrieron hasta

la decisión del marqués de la Ensenada en 1747 nada o casi nada fue

realizado para adelantar la terminación del castillo, como expresaba

Pedro Moreau en la relación que el 21 de octubre de 1747 remitió al

marqués de la Ensenada: "... y remediar los dańos que han padecido

dhas. obras en siete ańos que haze que están a las inclemenzias del
tiempo"; y como se deduce al comparar lo que estaba hecho en 1740

y lo que se había llevado a cabo hasta que en 1747 volvió Moreau a

encargarse de la dirección, de forma directa, cuando ya el marqués de


la Ensenada llevaba cuatro ańos al frente del ministerio español.

326
Vemos que no se precipitó el nuevo Secretario universal

de la Monarquía en dar otra vez el impulso adecuado a la fortificación

que estaba casi levantada en el Campo de Argańán, acaso debido a las

diversas urgencias que la situación no sólo de nuestra Patria sino de


toda Europa demandaban, y que sólo cuando estuvo bien asentado al

frente del gobierno y su pensamiento político estuvo completamente

acorde a lo que la orientación de los futuros acontecimientos parecían

señalar, y aconsejado, quizá también, por sus excelentes asesores - no

sólo los militares e ingenieros del ejército sino también otros hombres

"Ilustrados" como, por ejemplo. los marinos Ulloa y Jorge Juan -,

tomó decisiones relativas al Fuerte de La Concepción. Con su clara

inteligencia, comprendió que la persona idónea para llevar a cabo las

tareas necesarias para terminar la edificación era, sin género de dudas,

su proyectista y principal constructor: el ingeniero brigadier Pedro

Moreau, a quien dirigió, entre otras, una orden, el 9 de septiembre de

1747, que además nos indica que en esa fecha Moreau había vuelto a

tomar en sus manos la dirección de las obras de La Concepción,

aunque no sé exactamente la fecha en que la reasumió; la orden citada

es la siguiente147: "Queriendo S.M. tener pnte. una Relación

individual del estado en que se hallan las Obras del fuerte de la

Concepción, y de lo que falta para ponerlo en su entera

147 A.G.S.-- GM, leg. 3638. (04.31)

327
perfeccion con noticia de su importe y del orden de preferencia

con que se deverá executarse, lo prevengo a V.S. pş. que

dedicandose a su formazn. lo pase a mis manos con la brevedad


que fuera posible. Fho. 9 Sepre 1747."

El ingeniero acusaba recibo de esta orden al Ministro el 16

de aquel mes148, y le comunicaba que se ponía a ejecutarla, lo que

hizo ciertamente remitiéndole el 21 de octubre149 dos relaciones: la

primera con el detalle de la situación en que se hallaban las distintas

partes que componían la fortaleza y de la preferencia que había de

darse a las obras para su terminación; la segunda con el señalamiento

detallado de lo que habría que realizar y con la valoración de los

materiales y trabajos que se tendrían que emplear, y que hacían subir

el presupuesto para realizarlo a la importante suma, para aquellas


fechas, de 1.472.576 reales de vellón y 6 maravedíes.

Las relaciones referidas nos dan un detallado informe del

estado en que se hallaban las diferentes partes, y a la vez, por

comparación con el que ya presentó en 1740 nos demuestran que nada

o casi nada se había hecho en los siete ańos pasados desde la llegada

148 A.G.S.- GM., leg. 3638. (04.29)

149 A.G.S.- GM., leg. 3638. Estos documentos son tan interesantes que no
resisto la idea de presentar una copia fotóstática entre los apéndices insertados al
final de esta obra. Además, están caligrafiados personalmente por Pedro Moreau.
(04.30)

328
de Frosne. Vemos que los baluartes estaban levantados casi en su

totalidad hasta el inicio de los parapetos, en especial el de la Reina y

acaso sea el del Infante Don Felipe el más atrasado. En tres de las

cortinas se encontraban formados diez cuarteles en cada una, y en la


que une a los baluartes del Príncipe y del Infante se habían construidos

nueve bóvedas, de las que siete estaban finalizadas y en condiciones

de recibir el enlosado de la plataforma. En todas las cortinas se habían

dejado, de forma provisional, unas brechas para la entrada de los

materiales. Sólo se encontraba excavada la cisterna colocada bajo la

cortina entre los baluartes del Rey y de la Reina. También se

encontraba realizado el puente que iba hasta la puerta principal desde

el revellín de su frente, menos, como es natural la parte que

correspondía al tramo levadizo. La fachada de esta puerta estaba

levantada hasta la misma altura que las cortinas y el hueco que había

de recibir el escudo de armas de la Monarquía. Parece inferirse que los

revellines se encontraban a mitad de su formación, que la

contraescarpa se hallaba próxima a su terminación y que se había

finalizado el camino cubierto, excepto su banqueta. Faltaba terminar la

excavación del foso y se tenía que perfeccionar el glacis. Sobre el

reducto de San José informaba que faltaba trabajar en proporción

similar a lo que decía del fuerte y concluía expresando que no se había

329
hecho nada en cuanto al reductillo de la comunicación e insistía en la
necesidad de cuarteles para la caballería.

En relación con las preferencias para su terminación


manifiesta que se debía dar el primer lugar al frente entre los baluartes

del Rey y de la Reina, tanto en estos como en la cortina y en el

revellín; se daría el segundo, al frente entre los baluartes del Príncipe

y el Infante, con los mismos elementos; y se asignaría el tercero al

correspondiente al frente entre los de la Reina y el Infante, y el cuarto

lugar, los del frente entre los del Rey y el Príncipe; el quinto puesto lo

adjudicaba a la terminación del reducto de San José, y dejaba para el

sexto los "Glacis, Reductillo, Quarteles de Cavalleria, y lo

reserbado del Fuerte que son los Caminos Cubiertos, Traversas,

excavaciones del foso, Plaza de Armas, Conductos de âguas de


dho. Foso afuera del Glacis, la Perfeccion de este ...".

De la recepción de estas relaciones dio cuente el marqués


a Moreau en escrito de 1 de noviembre siguiente.

La labor de Pedro Moreau en aquellos ańos debió ser muy

intensa y eficaz, pero ante nuevas y perentorias exigencias de la

defensa nacional y del adelanto que había experimentado la fábrica del

Fuerte, Ensenada no dudó en enviarlo a Cádiz en 1749 - acaso


motivado por la ausencia de Ignacio de Sala enviado como gobernador

330
y director a Cartagena de Indias -, siendo relevado en La Concepción

por el ingeniero Antonio de Gaver, cuya actuación fue muy positiva


en orden a la edificación del Fuerte.

Son muy interesantes y valiosos desde el punto de vista

documental los informes, relaciones y cálculo de costos para la

terminación del Fuerte de La Concepción que Gaver envió al marqués

de la Ensenada, en especial los que le remitió firmados el 1 de abril de

1751150, por cuya lectura podemos conocer el estado en que se

hallaba la fortaleza, el gran acierto y buena delineación del proyecto y

la calidad de lo que se había construido. Este ingeniero estuvo al

frente de las obras de la fortificación, a las que dio un gran impulso,

hasta el ańo 1753, y a él se debe con toda seguridad la erección de los

cuarteles para la caballería en la comunicación entre el Fuerte y el

reducto de San José, situados a mitad de distancia y a ambos lados del

camino cubierto, pues aunque hoy sólo quedan vestigios de la mitad

que está a Levante, debieron edificarse ambas partes, pues sería

inexplicable que se levantara la mitad del lado por donde no se

esperaba que fuera normal un ataque y que se dejara sin hacer aquella

del costado por el que habían de irrumpir las acometidas de las tropas
procedentes del país vecino.

150 A.G.S.- GM., leg. 3638 y S.H.M., Sign. 3-2-2-1. Considero que la
importancia de los documentos a que me refiero es tanta que se presenta una copia
de los mismos en los apéndice de este obra. (04.42)

331
El marqués de la Ensenada debió considerar que no era

natural que las obras del Fuerte de La Concepción se prolongaran

durante tanto tiempo y tomó la decisión de enviar de nuevo a Moreau,

según una nota del Consejo de Guerra151, para que las terminara. Este
se encontraba entonces en Zamora, donde estaba ocupado en asuntos y

obras de la frontera de Castilla, y se incorporó inmediatamente dando


principio a la última fase de la edificación.

El director, Pedro Moreau, presentó el 5 de febrero de

1757 un estado en el se informaba de lo que se había realizado desde

primeros de abril de 1751, hasta el 9 de diciembre de 1756, con su

valoración, cuyo gasto ascendía, según sus cálculos, a 1.053.634

reales de vellón. Moreau consideraba terminada la edificación de la

fortaleza en 1759, como parece desprenderse de todos los documentos


que me ha sido posible consultar.

En el ya tan repetido Archivo General de Simancas 152 se

encuentra un pequeño escrito (debe ser una nota del Consejo de


Guerra) cuya copia es la siguiente:

151.
152 A.G.S.- GM., leg. 3638.

332
Fuerte de la Concepción.

Gastado desde 1ş. Mayo de 1736 que se principio asta fin de 1752

proximame. 3.434.000

Desde 1753 asta fin de 1759 liquidos 2.373.093

Regulacion de lo que costaría todavia 3.199.535

-----------

9.006.628

Tanteo que se hizo de su costo 2.104.860

-----------

Diferencia 6.901.768

===========

El Ingeniero que hizo el Tanteo fue Dn Pedro Moreau, que

actualmente tiene la dirección de Castilla, y quien siguio la obra asta

que en el ańo de 40. se suspendió: despues tambien ha corrido a su cargo

desde el ańo de1753 que se bolvio a emprender.

A partir del momento en que se suspenden en 1740 ó


1741 las obras del Fuerte dejan de aparecer las menciones a Manuel

333
de Larra Churriguera, por lo que creo que éste, no teniendo tareas que

realizar, debió cesar en los trabajos de La Concepción, que por otra

parte parece ser que, como vemos, no se realizaban. Al reanudarse

éstos en 1747, con la vuelta de Pedro Moreau, es casi seguro que esta
falta de citaciones se debiera al hecho de que no volvió a colaborar en

las obras, lo que parece confirmar el hecho de que los ingenieros que

emitieron informes sobre la empresa en los ańos siguientes informan

siempre que se llevaba a cabo por el sistema de administración directa.

Es posible que terminara algún encargo o contrata pendiente y hasta

que Manuel de Larra o alguien de su entorno familiar fuera el autor de

la decoración de la fachada principal, en especial de su monumental


escudo.

Los muchos trabajos asignados a Moreau como Ingeniero

Director en la frontera de Castilla le hicieran tener que apartarse un

poco de la gestión directa de los asuntos del Real Fuerte, pues parece

que desde 1757, y durante los dos ańos que aún estuvo a su frente,

siguió cediendo gran parte de su desempeño al ingeniero Pedro


Bordán.

Aunque la opinión general que he encontrado es la que el

fuerte fue solemnemente inaugurado, como dije más atrás en 1663,


ańo en que se abren los registros en que aparece este hecho en el

"Libro de Bautismos desde 1763 a 1807, fol. 7 y ss." del Fuerte de La

334
Concepción, conservado en el Archivo de la Catedral de Ciudad

Rodrigo, la fecha verdadera es la de 30 de mayo de 1776, fecha en la

que se bendijo la capilla y se colocó el Santísimo Sacramento, como

recogió Rodríguez de la Flor153, sin que el autor que subscribe estas


líneas haya podido encontrar indicación alguna sobre el motivo de tan
gran retraso.

Como siempre, todo es susceptible de mejoras, y así

vemos que en relación con el Real Fuerte se pide o concede la

realización de algunas obras encaminadas a completar o mejorar

algunas de sus instalaciones. Así entre 1762 y 1767 encontramos que

el célebre ingeniero y arquitecto José de Hermosilla, que en el primero

de los ańos citados formaba parte del ejército español que bajo el

mando del conde de Maceda penetró en Portugal por aquella zona, en

los siguientes realizó alguna mejoras en La Concepción y en

colaboración con Esteban Peńafiel levantó planos de la región de

Simancoa, en las riberas del Coa para "formar el plan de los términos
y frontera de Castilla".154

A finales del siglo, otro ingeniero, Juan Giraldo de

Chaves, debió realizar trabajos de inspección y control de las defensas

153 Ibidem, p. 157.


154 Rodriguez de la Flor.- Ibidem, pp.154 - 155.

335
de aquella frontera - al menos del territorio donde se ubicaban Ciudad

Rodrigo, San Felices de los Gallegos y Aldea del Obispo. Este

ingeniero remitió el 24 de septiembre de 1796, a Bernardo de Tortosa,

capitán general del Ejército y Reino de Castilla, un informa en el que,


después de describirle la fortaleza (tal como se hallaba en aquel

momento), de los fuertes destacados (reducto de San José y cuarteles

de caballería), defectos encontrados y padrastros, hacía una valoración

de la utilidad del Fuerte, en especial por razones estratégicas en los


siguientes términos:

"Utilidades de este Fuerte: Aunque solo la Plaza de

Ciudd. Rodrigo es la verdadera llabe de Castilla como lo tiene

acreditado la experiecia, y combence su posicion no obstante el

referido fuerte aunque situado en un camino Rl. que mo es el

unico para entrar en Ciudad Rodrigo cubre, y defiende todo el

Campo de Argańan asegura dho. pais hasta Ciudad Rodrigo, es

un ante mural de esta Plaza, abrigo de Sn. Felices esta al frente de

una Plaza enemiga y tiene otras ventajas que son bien obvias

reflexionada su situación;por lo que considero indispensable su

Guarnicion, y que es combenientissima su conserbacion y buena


defensa."

336
y continuaba dando parte del estado general en que se

hallaba, de lo necesario para terminarlo y corregir sus defectos, y de la


guarnición y armamento con que debía contar155.

En este documento se ve claramente que las dos partes del

cuartel para la caballería se habían construido, pues dice al referirse a

este reducto de Caballería de forma de rombo, para lo cual ha de

constar de sus dos partes, ya que en caso de haberse levantado sólo la

parte oriental la figura sería triangular y no rómbica. Su desaparición

debió ser obra de la voladura de Craufurd, para que no sirviera como


defensa, en su caso a Mâssena.

Informa también Giraldo de Chaves de los defectos y

desperfectos que se observan en las distintas partes, y comunica que

"Se han reparado este año los Parapetos del Polígono, y se es tan

reparando los del rebellin de Lebante, los restantes rebelli reductos se

hallan injuriados sus Parapetos necesitando terraplenes sus merlones,

repellarlos, y hacerles igual composicion que se esta executando en

los demas como igualmente en los sardine. de las comunicaciones, y

trabersas: Los Cuerpos de Guardia, interiores,y abanzados, Horno,

Pabellones, Capilla, Lugares Comunes. Okazas de armas,

atrincheradas de Sn. Josef, y demás obras accesorias, y accidentales,

155 S.H.M.-- Sign. 3-2-4-5.

337
se hallan en buen estado". A continuación da cuenta de otros defectos

que encuentra en las bóvedas y en otros elementos de la construcción

y continúa expresando los que estima que podría realizarse para

remediarlo, para terminar con los cálculos de su guarnición y de los


frentes que se presentarían en caso de sufrir un ataque”.

Y por último he de hacer mención especial del pleno cuya

leyenda reza: "Plano del Real Fuerte de la Concepción y su avanzada

de San Josef. Hecho por el Coronel Dn. Francº. Codony siendo su

Governador. Año de 1798."156. que nos da una idea completa de

como se siguieron de forma muy fiel las líneas, elementos y masas

constructivas marcadas por Pedro Moreau en los planos de su

proyecto, pues se observan escasos aditamentos y variantes sobre la


idea primitiva.

156 Manzano-Monís, Manuel.

338
339
340
341
342
343
344
16.El "Real Fuerte de La Concepción". Descripción.

345
A lo largo de las páginas que anteceden hemos ido viendo

que en los confines de las tierras salmantinas con Portugal existe este

viejo castillo - Real Fuerte de La Concepción - cuyo aspecto ruinoso,

consecuencia de la desidia y de la rapiña humanas, nos permite


contemplar todavía la ingente fábrica de lo que fue una de las más

completas y perfectas fortalezas que se levantaron en nuestra

Península en el siglo XVIII. Quien, se acerque en automóvil al

pueblecito de Aldea de Obispo por las carreteras comarcales que lo

unen a los lugares de la comarca o pasee pausadamente por las tierras

del entorno no reparará en su existencia hasta que casi haya caído en

su foso. Porque siguiendo las más estrictas normas del arte de la

fortificación que regían en la época fue construido excavando el

terreno que ocupa para no ser blanco de la ya potente artillería de

entonces y para que los campos que lo rodean sirvieran de glacis


natural a los fuegos propios.

La clara visión estratégica de Gaspar Téllez Girón, duque

de Osuna, y de sus ingenieros - Simon Jocquet y Andrés de Avila, al

menos -, lo colocaron en 1663, como ya vimos, en el extremo norte

del cordal del Garzón, allí donde se elevaba formando una pequeña

colina, despreciando el asentamiento que había tenido un castillo


medieval, del que ya apenas quedaban vestigios, una legua al sur , en

el mismo monte, y la localidad lusitana de Vale da Mula, situada

346
enfrente y recién arrebatada al "rebelde", como se denominaba

entonces a los portugueses. Está situado a once kilómetros al norte de

Fuentes de Oñoro y a un kilómetro, a uno y otro de sus lados - este y

oeste -, de Aldea del Obispo y de la ribera de Turones, que señala la


frontera entre los dos reinos - la "raya seca" que dicen los
comarcanos.

Como vemos en el plano el conjunto es una estrella

regular de 16 puntas que comprende la primera línea de defensa: el

camino cubierto y sus correspondientes banquetas. Estos vértices se

reducen a 8 en el contorno del foso, cuyos puntos fuertes los

constituían los cuatro baluartes y los cuatro revelline. Prolongada

hacía el sur por el camino de comunicación hasta alcanzar el fortín de

San José, con el ensanchamiento hacia la mitad del trayecto del fuerte

de caballería. La nivelación de los glacis daba una explanación de 32


parcelas.

Para su descripción seguimos el plano de la figura 10, al

que corresponden los números que utilizamos y que ha sido cotejado

con los originales de Moreau de 1735 y de Codony - que, como ya

dije, era su gobernador -, de 1798 (en este último se observa que en la

construcción de la fortaleza se han seguido fielmente las directrices de


Moreau).

347
El informe firmado por Juan Giraldo de Chaves en el

Fuerte el día 24 de septiembre de 1796157, que ya he citado al final


del capítulo anterior, se lee:

"Su situación local... Sobre una colina regularmente

elebada continuacion del Monte del Gardon 4, leguas, y media

distante al O. de Ciudad Rodrigo, 3, al S. de Sn. Felices, 1 1/2 al E, de

Almeida en el reino de Portugal, terminando su glasis á cosa de 400,

Vs. de la ribera de turones, que en esta parte sirbe de linea divisoria, á

Portugal, y España. Su fortificacion .... Un cuadrado de 186 varas, y 2

pies de lado exterior (de que resultan sus partes muy reducidas) las

caras de los valuartes de 56 varas, sus flancos de 21, y sus cortinas de

70, tiene 4 rebellines con flancos, estos de 14 varas, y sus caras de 32,

el foso principal de 16, varas delante de los cinco angulos flanqueados

y el de los rebellines de 14, su camino cubierto mui regular de 11

varas, y 2, pies de ancho, con buenas Plazas de armas, prometiendo

todo el la mejor defensa; tiene 3, caponeras que aseguran la

comunicacion de los rebellines excepto el de la entrada Fuertes

destacados...A la parte del S, y á las 252 varas de distancia del angulo

flanqueado del camino cubierto del valuarte del Ynfante se

halla construido el reducto de Sn. Josef que consiste en un


quadrilatero irregular de 42, varas de frente, de 43, en su lado a la

157 S.H.M.- Sign. 3-2-4-5.

348
derecha. y 32, y 2, pies en su izquierda, y de 46, y 2, pies en su gola,

con un foso de 14, varas, y su camino cubierto de 11, y 2, pies

semejante al de la Plaza: Cierra su gola comprendiendo la anchura del

foso sin Hornabeque de silleria igualmente atroneradas comunicadas


por una caponera cubierta. Se comunica este reducto con el Fuerte de

la Concepcion por un Camino Cubierto con dos parapetos á izquierda,

y dha. con su glacis, y vanqueta, teniendo una Plaza de armas en su

medio, en la qual esta el reducto de Caballeria de forma de rombo, con

cañoneras con direccion á todas partes asegura, y enfila este reducto,


la comunicacion de Sn. Josef y el Fuerte.

Tanto en el Fuerte como en sus rebellines, y reductos hai

vobedas a prueba para Alojamiento de la guarnicion, con aspilleras al

foso, Almacenes de polbora, de viveres, ornos y demas oficinas

necesarias, algunas de ellas bastante humedas con dos cisternas,


igualmente a prueba."

Creo que estos párrafos debidos a un destacado ingeniero

que lo reconoció en un servicio profesional y crítico, para informar

con toda veracidad a sus mandos superiores, que seguramente tenían a

su vez que hacerlo al Gobierno de la nación, en unos momentos en los

la fortaleza estaba construida en su plenitud, son de un enorme interés


para conocer como era el Fuerte de La Concepción cuando los planos,

perfiles, acondicionamientos y decoración habían pasado del proyecto

349
en el papel y el dibujo a la orgullosa presencia de su realidad allí

donde el ministro Patiño quiso que se colocara, siguiendo la elección


que en el siglo anterior hiciera el duque de Osuna.

Aprovechando la excavación del siglo XVII, sus medidas

principales y su planta cuadrangular, se levantó una obra de sillería y

argamasa que quedaba oculta totalmente a las vistas y fuegos

adversarios por quedar edificaba dentro de la cubeta vaciada en el


terreno.

Su construcción pasó por varias fases; de pleno trabajo y

de casi total olvido. De 1735 a 1739-1740 se le dedicó toda la atención

que los medios disponibles en la época y los fondos del Erario

permitieron; hay luego un período, desde esta última fecha hasta 1747,

de desinterés y olvido; después otro, de 1747 a 1753 durante el cual su

simultaneidad con otros trabajos no permitió impulsarlo con decisión,

y, por fin, unos años finales, desde 1753 hasta 1759, en los que, bajo

la decidida intervención del marqués de la Ensenada, se dio fin al


potente castillo proyectado por Moreau y aprobado por Patiño.

Su conjunto es una edificación uniforme y unitaria que,

por aplicación de las más desarrolladas teorías y de las más avanzadas

técnicas del siglo, se constituyó como la fortaleza más perfecta del


período en el que se erigió.

350
La visión de lo que hoy queda - sus reliquias - nos

confirma lo que los planos e informes de los profesionales de la época

nos relatan, aunque varios de sus elementos hayan desaparecidos por

efectos de las voladuras, de la avidez de sus diversos propietarios que


vendieron sus materiales y la rapiña de los habitantes de la zona que

se llevaron cuanto les fue posible, en especial los materiales más


nobles.

Su elemento central y aglutinador consiste en un amplio

patio cuadrado (1) de algo más de 56 m. de lado, los cuales están

constituidos por 9 naves, cuarteles o casernas acasamatadas, con

bóvedas de cañón a prueba de bomba - de rosca y media de ladrillo

con arcos de piedra -, que medían 19 metros de largo y 6 de ancho,

por regla general. Las de la cortina sureste, donde se encontraba la

entrada principal de la fortaleza, estaban dedicadas a almacenes de

víveres, piensos y municiones, excepto las tres centrales en las cuales

se instalaron los pasos de acceso, uno a nivel del foso y otro al del

puente giratorio, que nos llevan desde el exterior - revellín frontal y

foso - al patio de armas, y los cuerpos de guardia; las dos escaleras

que comunicaban entre sí las diversas plantas, y el complicado

mecanismo que movía al enorme tablero del puente. Las de los otros
tres lados se dedicaban a alojamiento de oficiales y tropa, y contaban

con luces y chimeneas; algunas de ellas se destinaron a cuadras para

351
los caballos de la guarnición y estaban dotadas de pesebreras; tenían

capacidad para 50 hombres o 50 caballos cada una; las tres centrales

sirven de vías de comunicación hacia las poternas (3) que se abren al

foso, frente a los revellines. La parte exterior de estas naves, de


excelente sillería, y en cada una de las cuales se abrían cuatro

aspilleras para defender el camino cubierto y el pie de la contraescarpa

(aunque con la natural incomodidad del humo, cuando el fuego era

continuado) , constituye las cortinas(4) de las murallas, de 51 metros

de longitud y 9,5 m. de altura, desde la retreta hasta el cordón; estaban

levantadas en talud con la inclinación necesaria, calculada

matemáticamente, para desviar los impactos frontales de los

proyectiles de artillería. También existían dos aspilleras en cada

ángulo de los flancos, y otra en cada uno de los lados de los


flanqueados, para descubrir el pie del muro y el foso.

En los ángulos del patio podemos admirar los restos de los

cuatro baluartes pentagonales que se construyeron; muy amplios,

proyectaban profundamente sus lados flanqueados o caras hacia el

exterior, de acuerdo con las más modernas normas de la fortificación,

a los que se les dieron los nombres del Rey (5), de la Reina (6), del

Príncipe (7) y del infante Felipe (8). Las cubiertas o techumbres de


estos baluartes y las de las casamatas, hechas todas a prueba de bomba

con los más resistente materiales, constituían las plazas de armas o

352
adarves (9) donde se emplazaban los cañones, para los que existían 52

huecos o cañoneras sobre el cordón de la muralla, protegidos por

merlones o parapetos de los fuegos enemigos, especialmente de los


laterales o de enfilada.

Delante de cada lienzo de muralla se levantó un revellín

hexagonal (10), con la gola abierta - es decir sin protección especial -,

lo que permitía una mayor facilidad para reforzarlos en caso de

necesidad, o para evacuarlos si el enemigo obligaba a su pequeña

guarnición a replegarse a la fortaleza principal. Contaban en su plaza

de armas con asentamientos para nueve cañones cada uno, en sus

correspondientes cañoneras. En el que está situado (11) entre los

baluartes del Príncipe y del Infante, delante de la puerta principal, se

abrían las entradas para carruajes desde el exterior, salvando un puente

sobre el foso, y se iniciaba el puente principal (12) que se interrumpía

delante de la gran puerta para dejar un espacio vacío que, llegado el

momento de franquearlo, se cubría con la recia y fuerte tablazón que,

al alzarse, constituía también el cierre de los huecos superior e

inferior, como ha quedado dicho, de la puerta indicada. En los vértices

de los ángulos flanqueados de estos revellines se colocaron pozos de

escucha para prevenir los trabajos de zapa que el sitiador pudiera


realizar para atacar por medio de la mina.

353
Un gran foso (13) rodea al cuerpo principal y a los

revellines; hacia el exterior se levanta cuatro metros para formar el

camino cubierto (14) que rodea al recinto, dotado a todo lo largo de

banquetas para los tiradores y de traversas para cortar el avance de un


enemigo infiltrado. Por el centro de la superficie del foso corría una

larga y estrecha zanja que servía para conducir el agua de la lluvia a

las cisternas. Los planos verticales (15) que limitan el foso y el


camino cubierto, de excelente sillería, componen la contraescarpa.

Los glacis (16), extensos y despejados, fueron parcelados

y explanados en adecuado declive por Pedro Moreau para servir de

excelente campos de enfilada a los defensores ante un enemigo que


tratara de progresar por ellos.

Además, contaba la fortaleza con cuerpos de guardia (17),

a los que ya queda hecha mención, situados a los lados de la gran

puerta principal. Sobre este conjunto de pasajes y cuerpos de guardia

se levantaba la casa del gobernador, de la que hoy apenas queda

vestigio, y frente a ella, en el adarve diametralmente opuesto, se

encontraban la capilla (18) y la casa para el capellán, de los que se

conserva un escueto paredón. En la capilla se entronizó en su día la

imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción que hoy se


conserva en la catedral de Ciudad Rodrigo, detrás de su coro.

354
Había rampas de acceso (19) desde el patio central a los

baluartes (también se podía llegar al baluarte de la Reina por el

interior de la cortina, por el llamado "cuarto obscuro", entrando por la

primera nave a la derecha de la rampa y siguiendo siempre por la


puerta que se encuentre a mano izquierda); cisternas o aljibes bajo este

patio, junto a las poternas de los lados norte y sur, y bajo los

revellines, que recogían reservas de agua para cincuenta días; es decir,

para el mismo tiempo para los que se calculaban y acumulaban las

reservas de víveres; se llenaban, claro es, del agua de lluvia, pues en el

Fuerte no existen fuentes ni corrientes de agua; esta se tomaba tanto

en los adarves, desde donde se llevaba a los depósitos por unas

conducciones de piedra incrustadas en las paredes, como desde el

patio y los fosos de los que corría por las canaladuras ya explicadas.

Todas las aguas iban primero a un pequeño depósito donde se

decantaban y donde quedaban sus impurezas antes de entrar en los


aljibes.

Se construyeron letrinas o "lugares comunes" situadas

sobre el adarve, desde donde las aguas fecales y detritos se llevaban

por medio de una adecuada red de evacuación a unos depósitos

preparados para recogerlas y aislarlas de las aguas limpias, en cuyo


diseño trabajó Ignacio de Sala, acaso el mejor ingeniero militar
español en aquel siglo.

355
Su puerta, en su parte superior, es una magnífica obra

barroca realizada en mármol blanco; sus dos huecos se ocluían

mediante una gran plancha de hierro y madera, que servía de cierre,

tapando el superior por afuera y el inferior por adentro; este enorme


tablero servía de puente basculante, movido por un ingenioso

dispositivo mecánico, colocado en la planta de abajo. que según

deduzco de la documentación consultada fue proyectado y diseñado

por el también ingeniero militar Juan de la Ferriere. Manzano Monís

estima que esta portada es obra de Manuel de Larra Churriguera, y

Rodríguez de la Flor afirma que la autoría de su decoración

corresponde a Pedro Moreau, mientras que Manuel de Larra planeó

toda su estructura interna y La Ferriere trazó su fachada posterior y

situó allí la casa del gobernador; en ella se ve de forma tenue el

tránsito del barroco al neoclásico; corresponde, según el docto

arquitecto, al "orden dórico con todos sus aditamentos, triglifos,

gotas, desnudez de las metopas" Está decorada sobre su clave por un

monumental escudo real de Felipe V, obra al parecer, de José de Larra

Churriguera, hermano de Manuel, según la opinión del citado

arquitecto, y cuya corona fue bestialmente destrozada en el siglo

pasado, sin que podamos encontrar alguna razón civilizada que

pudiera mover a ello. Estoy de acuerdo con la competente explicación

356
que Manzano-Monís nos da158 en cuanto a todos los elementos que

componen esta puerta y en especial la monumental fachada y con la

reseña que nos presenta sobre su decoración, pero a falta de nuevos

documentos que aclaren las dudas existente tengo que creer que la
paternidad de esta puerta corresponde a Pedro Moreau, con las

reformas propuesta por La Ferriere159 como ya indiqué en el capítulo

15, y que, acaso Larra, aprovechara el apartamiento del ingeniero en

aquellos años siguientes a 1740 para introducir algunas de sus ideas,

que es posible que mejoraran las de las líneas primitivas, pero

manteniendo siempre las esenciales. Tampoco tengo datos directos

para atribuir la autoría del escudo a José de Larra, hermano de

Manuel, pero ante las afirmaciones de Manzano-Monis me inclino por

su opinión. Sobre este escudo percibimos la situación del dial del

reloj, cuya campana, según un rumor local que recoge López Carretón,

se encuentra en la cercana población portuguesa de Malpartida,


llevada hasta allí acaso como botín.

El perfil del cerro en que se edificó este fuerte se eleva un

poco hacia el Sur; desde ese punto el fuerte, y en especial su patio de

158 Manzano-Monis, Manuel.- Artículo citado.

159 Es posible que el mecanismo para el movimiento giratoria del gran


tablero que era a la vez cierre de los huecos de entrada y plano del puente levadizo
se debiera a Juan de la Ferriere, que intervino también en la distribución y diseños
de las estancias colocadas a los lados del túnel de entrada y sobre y debajo de él, y
desde luego en el bosquejo de su fachada del lado del patio de armas.

357
armas, queda descubierto de las vistas y los fuegos, de un potencial

enemigo, sobre todo de los de cañón, como ya lo indicaba Pedro

Moreau en su informe de 16 de noviembre de 1735 . Para obviar el

padrastro que ello suponía, se levantó en su punto más alto un fortín


(20), especie de hornabeque, que se llamó de San José, con elementos

similares a los de la fortaleza, incluida una cisterna (de 2,55 metros de

ancha y 12 de largo, con una profundidad superior, desde luego, a los

2,50 metros), y provisto de asentamientos en su adarve para nueve

cañones; con foso dotado de banqueta para tiradores, todo lo cual

describía Giraldo de Chaves. Su unión a la plaza se realiza por medio

de un camino cubierto (21), equipado también con banqueta para los

tiradores a ambos lados, y al que se accedía desde el foso principal de

la fortaleza por medio de una caponera cubierta. Este fortín era como

una salvaguarda de la fortaleza, por cuya circunstancia Craufurd lo

destruyó en 1810 con mayor saña aún que a al castillo principal. En el

punto medio de esta trinchera de comunicación se levantó un cuartel

para caballería (22), de forma romboidal, que estaba también

construido a prueba de bomba, y que tenía salida directa a la campaña

bajo la protección de los fuegos de la fortaleza; consistía en dos

cuerpos similares (el occidental hoy desaparecido, pero cuya

construcción y existencia está avalada por el informe de 1796 de


Giraldo de Chaves y por el plano de 1798 de Francisco Codony);

358
estaban situados a los lados del camino, compuestos de una planta

baja destinada a cuadras y otra superior para alojamiento de la tropa;

en el adarve de cada uno podían emplazarse cinco cañones, cuya

instalación debió resultar muy trabajosa, pues la única escalera para


acceder a lo alto es de una gran inclinación y estrechez, aunque

supongo de que haberse realizado en su día, se debió hacer por el

exterior utilizando una grúa o cabria; éste era también un gran

obstáculo para el aprovisionamiento de pólvora y proyectiles. Los

muros estaban horadados por troneras para poder hacer fuego desde

ellos, lo que en invierno supondría padecer en las naves una

temperatura bastante desapacible, aunque supongo que alguna


solución se había arbitrado para superarlo.

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Maqueta realizada por el maestro nacional de Aldea del Obispo D.José López Carretón

367
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17.Repoblación de Aldea del Obispo.

369
La restauración del Fuerte de La Concepción que la

clarividencia del duque de Osuna y de sus ingenieros había colocado

próximo al lugar de Aldea del Obispo, llevó aparejada la necesidad,

para el desarrollo de la comarca y para la mejor asistencia de la futura


guarnición de la fortaleza, de restablecer el lugar que había quedado

arruinado y despoblado a consecuencia de las guerras sucedidas en los

años transcurridos desde 1664, y de las rapiñas y atropellos cometidos

por los portugueses que se amparaban en la protección que les

ofrecían sus plazas fuertes de Almeida y Castelo Rodrigo,


principalmente.

Por eso, cuando Patiño visitó el Campo de Argañán, a

principios de 1735, y encontró en las proximidades del río Turones no

sólo los restos de la fortaleza levantada setenta y dos años antes

gracias al empecinamiento del duque de Osuna, sino también, junto a

él, el lugar de Aldea del Obispo, abandonado y casi en completa ruina,

pues únicamente lo habitaban un puñado de vecinos que malvivían de

lo que unas pocas tierras les ofrecían apenas sin ser cultivadas. La

clara inteligencia del ministro se dio cuenta de inmediato de la

necesidad de restablecer aquel pueblo - y la generalidad de los de la

comarca -, pues era conveniente por todas las razones sociales y


económicas, y además para que las tropas destinadas a la guarnición

del fuerte se encontraran arropadas por un conjunto humano de sus

370
mismas características que le hicieran sentirse dentro de su propia

tierra y no como unos desterrados en un país estéril y poco digno de


ser protegido.

El ministro debió confiar esta idea a los que estaban

ayudándole en su designio de levantar aquel bastión defensivo y, tal

vez, hubiera debatido con ellos la forma de realizarla. Estaba claro en

las relaciones que presentaron los señores encargados de informar

sobre la situación en que se encontraba el Campo de Argañán - y su

prolongación: el Abadengo -, que la comarca se hallaba prácticamente

desierta, los campos sin cultivar y las aldeas despobladas, a

consecuencia de las rapiñas y depredaciones que cometían

continuamente los portugueses, apoyados por la proximidad de sus

plazas citadas, lo que había sido una de las razones que llevaron a

restablecer el fuerte de la Concepción. Pero no sólo los pobladores de

los lugares necesitaban la protección del fuerte sino que éste tenía, a

su vez, necesidad de que aquéllos se encontraran habitados y que sus

moradores realizaran la vida normal de aquel ambiente rural. Por ello

se pensó en seguida en+ llenar la comarca de una población adecuada

y por su proximidad a la fortaleza que iba a levantarse, se comenzó la

solución del problema por iniciar su adecuado desarrollo en Aldea del


Obispo. El Ministro José Patiño debió pedir datos sobre el estado de

este lugar al que creemos primer gobernador del Fuerte - o al menos

371
de las obras de su erección, Manuel Moscoso - con fecha anterior al

29 de agosto de 1736, pues en este día data éste oficial su informe160

en el que le decía: "Señor: Anttes de las guerras del año de 1640

Quandosee construyo el fuerte de tierra donde aora se esta

haziendo, tenia este lugar 400 vezinos: y desde entonces vino

aquedar en numero de 50, en estos ultimos estubo desierto 5 años

y los portugueses selleva- ron la madera y texas dela Iglesia

hermitas y casas avenido aquedar En 30 vezinos que soloan echo

unos bastos e Yndeles Cubiertos para Ellos y sus ganados, y

aviendo muchos Solares Que sus dueños an muerto y otros sean

establecido, endiferentes lugares asi de Castilla como de Portugal,

para estimularlos aque vengan y redifiquen estas casas, me pareze

sería azertado llamarlos por Edicttos, y que comparezcan dentro

deseñalado tiempo, Yde no hazerlo Que pierdan, el derecho que

puedan tener âdichos solares, y dar alos Que quiean redificarlos;

que sera elmexor medio de restblezer este perdido yaruynado

lugar, lo que me aparecido poner en notizia de VE: para que

disponga lo Quesea mas de suagrado. N^ro. ssr. ge. la Exma.

persona de VE. ms. as. como deseo y hamenester Aldea del Ôbispo

29 de Agtº. de 1736 Exmº. Señor Señor B. Ls. P. de VE. su mas

160 A. G. S.- Guerra Moderna, leg. 3538. Todos los documentos que se
citan sobre el restablecimientos de Aldea del Obispo se encuentran bajo la signatura
(03.11)

372
Obligada Echura. Manuel Moscoso.- Exmº. sr. D. Joseph
Patiño.”

Del interés del Ministro por la recuperación del lugar


rayano al fuerte colocado en el extremo del monte del Gardón es

buena prueba el que el día 6 de septiembre siguiente acusara recibo a

Moscoso de su carta 161 y le comunicara que pasaba aquel asunto al

intendente de la provincia, marqués de Arellano, al que daba

instrucciones para su trámite, lo que hacía en carta de la misma fecha

dirigida al marqués en la que le incluía la de Moscoso y le daba

órdenes para que le presentase un informe, - en acuerdo con el último

- sobre lo que le pareciese que se podría hacer para llevar a efecto lo


propuesto por el gobernador.

El marqués de Arellano162 comunicaba a Patiño el día 12

que había comunicado a Moscoso lo que por su autoridad se le

encargaba y que le apuntaba que para su ejecución se comunicara con

los dueños de las casas, solares, tierras y censos que fuesen conocidos

y que se colocasen edictos para que los ausentes pudieran tener noticia

y que diese el plazo que juzgase prudencial para que se hiciesen


presente.

161 AGS - GM, leg. 3638.


162 AGS - GM, leg. 3638.

373
Al recibir la del intendente, el Ministro cursó el día 17163

nuevas cartas a aquel y al gobernador. Al primero le indicaba que en

la anterior no se le mandaba que encargara a Moscoso la ejecución de

las reconstrucciones, sino sólo que informara de la forma en que se


podría realizar la rehabilitación del pueblo y se le advertía, además,

que no se permitiría levantar ninguna edificación entre el poblado y el

fuerte por razones de seguridad. Al segundo se le requería para que

anulase las providencias tomadas respecto a reedificaciones y las

suspendiese, por lo que debía limitarse a enviar un detallado informe


sobre todo lo concerniente a dicho asunto.

Consecuencia de las últimas es el acuse de recibo de

Arellano de 6 de octubre164, en el que además comunicaba que se

había cesado en las actividades que se venían realizando, y el 27 de

aquel mes165, el marqués remitió a Patiño un amplio informe sobre

todo lo relacionado con la restauración a que me refiero y cuyo


contenido era el siguiente: “

De ôrn del Rey medirigio V.E. carta de 6 de septiembre

laque Con Acuerdo deeste Minrô informase ,quemedios se pueden

practicar para restablecer lapoblacion de Aldea del Obispo,

163 AGS - GM, Leg. 3638.

164 AGS - GM, leg. 3638.


165 AGS - GM, leg. 3638.

374
yhaviendo adquirido eneste particular todas lasnoticias

Codunzentes, debo manifestar a V.E. que este lugar haido

decaiendo en su Vecindario desde lasguerras delaño demill

seiscientos iquarenta hasta aôra, pues elnumero dequatrocientos

Vezinos. que anttesdeellas tenia hàquedado reduzido a treinta

losque actualmente se mantienen bajo unos cubiertos de Corta

duracion, disfrutando solos las alamedas i prados Comunes enque

se encuentran Manantiales debuenas aguas con que sepueden

beneficiar muchas huertas, sila inaccion deestos avitadores se

esmerase ensu cultibo, pero aôra Viven con la Cosecha de Zenteno

sembrandole en los solares propios Iagenos, losmas Comprados a

la Cruzada i Redempcion de Cautibos alimitados prezios, no

obstantre,que antiguamente havia trato de Paños elque

enteramente esta extinguido.Oi es dificil con curran sugetos

asu Poblacion por que necesitandose caudal para construir

cada uno su Casa, elque letenga noquerra exponerle coneltemor

de que el Pueblo padezca higual Ruina, que la que experimento

conlos insultos de le Guerra, aque seañade lareflexion de que

siendo preciso concurra este lugar por estar elmas inmediato al

Fuerte con los alimentos, vagages, y otras cosas, que necesite su

Guarnicion todos ...... ...... .... ..... (ilegible) gravamen. Pero


Considerando ademas dela utilidad comun laque sesigue al

375
expresado Fuerte enque serestablezca el Vecindario de Aldea del

Obispo, pues no pudiendo servir deobstaculo las obras deeste a las

de aquel. porestar en inferior sitio, i atiro largo de Cañon, estara

bien asistida la tropa, me pareze, que el unico medio,(que

dudo sea bastante) para estimular su poblacion es que Su

Mag. liberte a Vecinos poreltiempo, que sea desu Rl. Agradodela

Contribución detodos los Tributos, que anualmente ascienden ala

Corta Cantidad de mill Reales pocomas ômenos, ipulicado este

indulto la Justicia de Ziudad Rodrigo, (decuia jurisdiccion es el

lugar) debe entender en la fixacion de edictos paraque ôcurran los

legitimos Dueños axustificar sus pertenencias, ynolo hacienco

adxudicar los solares aôtros segun elnumero de pobladores,

yextension desus campos y Terminos. - Xros. Ge. a V.E. ms.as.

como deseo Slamcª. 27 de octubre de 1736 Exm. S. El Marques de


Arellano.- Exm. Sr. D. Joseph Patiño.”

Es posible que este informe no llegara ya a manos de José

Patiño, pues este gran estadista hispano falleció el 3 de noviembre de

1736 en San Ildefonso, sin que haya encontrado ningún papel suyo de

estos días referido a Aldea del Obispo o al Fuerte de la Concepción. El

primero sobre estos temas que se encuentra en el Archivo de


Simancas166 es un oficio firmado por Casimiro de Uztáriz con fecha

166 AGS - GM, leg. 3638.

376
14 de noviembre con el que se remite el informe del intendente

Arellano, copiado arriba, al obispo de Málaga, cuyos apellidos no

constan pero que debía ser un personaje importante en los Consejos,

en el que aparece al margen una rectificación sobre la distancia entre


el fuerte y la aldea que estima sólo en dos tiros de fusil y no en el de
cañón que indicaba el marqués.

El caos administrativo que se produjo en la Corte por la

muerte súbita de Patiño, acompañada por la que podríamos llamar

"estampida" de José del Campillo a que hice referencia, dejó

paralizado el asunto de la rehabilitación del lugar, pues el indicado

obispo no responde a esta comunicación hasta el 8 de mayo del

siguiente año 1737; en su contestación opina: "Hemos visto la

adjunta Represenon. e informes hecho al Rey por el Governor. del

nuevo Fuerte de la Conceccpión, que se construye enel Campo de

Argañan, y del Yntendente de Castilla, en asumpto del

restablecimto. del Lugar de Aldea del Obispo, y hallo que es

convenientissimo el que S.M. aplique su Rl. clemª a que se consiga

el expresado restablecimto. asi para que se aumente este Lugar

mas en sus dominios, que ya debe contemplar aniquilado, como

para que la Tropa de aquel Fuerte estér mas bien asistida con los
bastimentos, y otras cosas que le podrán suministrar los
vecinos;..." El obispo hace hincapié en esta última razón que, sin

377
embargo, parece que no tienen en cuenta algunos de los que le

suceden en los informes posteriores que se elevan a la suprema

dirección de la nación. Se muestra conforme con la publicación de los

edictos, dando un plazo de dos mese y que pasados los dos meses de
plazo opina que se debe ampliar en otros dos y luego en dos más hasta

un total de seis meses; con la modalidad de justificación de la

propiedad propuesta, y con la decisión de que todos los bienes no

reclamados o faltos de la debida acreditación pasen a la propiedad de

la Corona para que ésta disponga de ellos como mejor conviniera; y

que la exención general de tributos, tanto para los que volvieran a sus

antiguas casas y terrenos como para los que vinieran procedentes de

otros lugares, lo fuese por un plazo de diez años, con la promesa de

que S.M. los tendría, al final de este plazo, bajo su especial


protección.

Recibido este informe, el secretario de Estado, Sebastián

de la Cuadra167, remitió al de Guerra, duque de Montemar, el día 14

de aquel mes de mayo de 1737, el expediente relativo a la

reedificación de la población de Aldea del Obispo, pidiéndole su

opinión al respecto. El duque informó al margen, el 24 de aquel mes,

167 Quadra (o Cuadra), Sebastián de la (luego marqués de Villarias): "En


Madrid, desde la muerte de Patiño, había hecho figura de primer ministro, un
hombre puntual y honrado, pero gris y lento, más burócrata que gobernante, el mar
qués de Villarias" SOLDEVILA, Ferrán: "Historia de España", tomo V, p. 366.

378
según el documento consultado168, y allí podemos leer lo que sigue:

"... soy de parecer , que V.M. dé orden al Yntendente de Castilla,

para que mande fixar edictos en aquella ciudad (Salaman-ca), en la

de Ciudad Rodrigo, en el lugar de Aldea del Obispo, las demás

partes que pareciere combenir para que los vecinos de ho lugar

actuales, y que lo huvieren sido en otro tiempo, ilos que

pretendieren ser dueños de qualesquiera solares de casas, tierras,

Huertas y otras qualesquiera Propiedad ensu termino ó tubieren

Zensos perpetuos, ó al quitar, y otras qualesquiera cargas sobre

ellas, acudan dentro de dos meses, (señalando despues depassados

por nuebos edictos otros dos mas y dspues otros dos,

cumplimiento de seis meses por ultimo termino, y perentorio)

para que comparezcan ante dho Yntendente a legitimar con

presentación detitulos ó otra justificacion equivalente, los

derechos q. entodo genero de Propiedades ó Zensos sobre ellas les

pertenecieren,aunque sea sobre el todo de dho lugar, o perte desu

termino,ó Heredad particular en el inclusa, con apercivimiento de

que no lo hacer perderan enteramente sus derechos y acciones, y

quedara todo incorporado a la Rl. Corona, para disponer de ello

como mas combenga al servicio de S.M. Yque execu-tado lo

referido, si alguno pareciere, le oiga en Justicia, y admita los

168AGS - GM, leg. 3638.

379
Instrumentos, y Justificaciones que presentare; haciendo todo ver

por las Personas mas distinguidas en Leies en Salamanca y con su

dictamen declare Judicialmente la perteencia delo que cada uno

delos comparecientes Justificare ser suyo; y dando

comissiones al sujeto delos q. confiera esta dependencia, para que

passe a Aldea del Obispo, y tome possesion detodas las heredades

soilares de casas, tierras, Huertas, Viñas, y demas propiedades q.

ubiere en sutermino, cuios antiguos no huvieren acudido a

Justificar supertenencia formando lista individual deunas y

deotras y remitiendola amanos de V.M. en la inteligencia de que la

thesorería de dha Intendencia de Castilla se satisfagan los precisos

e inescusables gastos que corresponden efectuar en forma estas


diligencias."

Como vemos, el ministro estaba de acuerdo en la

necesidad de restablecer la aldea y en hacerlo en la forma en que se

había acordado por Patiño y sus colaboradores en los meses

anteriores, pero no así respecto a conceder a los que poblasen el lugar

exención de ninguna clase de impuestos, ni perpetua ni

temporalmente, sobre lo que dice en el documento que seguimos: "...

no soy de este dictamen por que haviendo de ser Naturales de


estor Reynos es preciso dejen de pagar en el Pueblo de donde e

desabezindaron, lo que al cabo de diez años han de empezar

380
arentar en el dho lugar del Aldea del Obispo, el que acaso

desertaron en acavandose el privilexio, fuera de no ser buena

razon de estado, ni de Guerra poblar de Paisanos los lugares

situadosenlos confines delos enemigos posibles quando nadie duda

lo pueden ser y lo han sido siempre quasi por natural antipatia los

Portugueses, cuios vezinos pueblos aun en tiempo de Paz solo se

entretienen en el oficio de contrabandistas y defraudadores delas

Reales Rentas,y otros exessos, dificultandose su castigo con la

proximidad del Reyno extraño donde refugiarse por lo que es

combeniente al Rl. servicio aya las menos vecindades de Paisanaje


enlos limites de los Reinos-"

Son, por lo tanto, dos las razones que en opinión de

Montemar desaconsejaban la concesión de exenciones tributarias a los

que acudieran a repoblar Aldea del Obispo: primera, de carácter fiscal

con la que trata de evitar la merma que la concesión representaría para

los ingresos que por la falta de recaudación de los impuesto

significaría para el erario público y para evitar que la misma

provocase la llegada de defraudadores que la aprovecharan para vivir

diez años (o los que se fijaran) libres de cargas y abandonar al

transcurrir dicho tiempo el lugar que se trataba de rehacer; segunda, de


tipo polémico, pues consideraba arriesgado el aumento de población

en la zona fronteriza por el peligro de que estos pobladores, dedicados

381
acaso de forma predominante al contrabando, se volvieran en
enemigos reales en caso de conflicto entre los dos estados vecinos.

El Consejo de Guerra trasladó este informe del duque de


Montemar al Rey, recomendando su aprobación169, y el soberano lo

hizo en la parte que se refiere a la publicación de los edictos, a la

presentación de las reclamaciones de sus pretendidas propiedades por

los que fueren vecinos del lugar en aquel momento, por los que lo

hubieran sido en tiempos anteriores y por todos aquellos que se

consideraran con derecho a la propiedad de algunos de los bienes

expresados en la comunicación del Ministro, y ordenó, el 13 de agosto

siguiente, la ejecución de lo que en ella se decía al Intendente.

marqués de Arellano, y a Felipe Dupuy, gobernador de la provincia;

pero, siguiendo también en esto la opinión de Montemar, no se hacía

mención alguna a la concesión de exenciones o liberalización de


tributos o cargas fiscales.

Lo anterior debió llevarse a efectos en la forma que

disponía el Consejo y el asunto siguió sus trámites, de cuyos

resultados la autoridad competente solicitaba informe al gobernador;

Felipe Dupuy170, quien a su vez debió pedirlos al gobernador del

169 AGS - GM, leg. 3638.


170 AGS - GM, leg. 3638.

382
fuerte, Manuel Moscoso, el 11 de aquel mes, pues éste le comunicaba
el día 12171 que:

"... solo puedo dezir a VE. aver visto dos Edictos en la


puerta de la Iglesis de dho lugar, Que dizen. que a Dn. Joseph Tarrego

sele acometido dorden de la corte para que assi los vezinos de dho

lugar como de otro qualquiera, que tengan casas tierras, Prados O

montes en el termino de Aldea del Obispo Acudan con los

Instrumentos que tengan depropiedad los que presentaran en


Salamanca ..."

Ese día 14 de diciembre de 1737 Felipe Dupuy

comunicaba al duque de Montemar en un amplio escrito172 que

aunque se habían cumplido en su totalidad las órdenes expedidas por

"S.M. el 14 de Agtº. proxmº. pasado" no se había presentado nadie a

reclamar sus derechos de propiedad, ni tampoco se ha levantado casa

alguna ni se ha extendido la población más de lo que estaba, según la

informaba el gobernador del fuerte, por lo que se persuadía "... de que

en lo sabcesivo se experimentara lo mismo, por que no

concediendose en los Edictos, Y ornês. Exempcion, o Privilegio,

aunque fuese con limitacion, que pueda Inducir a los

171 AGS- GM, leg. 3638.


172 AGS - Gm, leg. 3638.

383
Circunvecinos, y otras Personas, a erigir casas, no se augmentarán

las havitaciones que es el fin dela Rl. mente, con la facilidad que

con aquellas circunstancias, siendo mas importante la ampliacion


de dho Pueblo, que la propiedad del Terreno pª.la Rl.hazdª...."

Nada más existe sobre esta cuestión - o al menos, no la he

encontrado - en el Archivo General de Simancas, ni tampoco he

hallado nada sobre ello en otros que he consultado. Creo que a partir

de esta fecha el problema se fue solucionando por sus propios pasos

poco a poco, porque no mucho más tarde vemos que está repuesta la

parroquia del pueblo, existen autoridades locales y la vida en el lugar

ha seguido desarrollándose hasta el día de hoy, lo que acaso pueda

deberse a que la política fiscal que señaló Montemar se modificara,

sino durante su permanencia al frente de la secretaría de Guerra sí

después de que ocupara la dirección de la política española en 1742

José del Campillo y, en especial, tras la llegada a la misma, en 1744,

del marqués de la Ensenada, que, como ya ha quedado dicho, tras

Patiño, fue el gran impulsor de la construcción del Real Fuerte de la


Concepción.

Resulta curioso un documento173 de 28 de agosto de 1738 con el que

Sebastián de la Quadra remite al duque de Montemar un memorial del

173 AGS . GM, leg. 3638.

384
Provincial de la Provincia de San Pablo de Franciscanos Descalzos

para poder edificar en Aldea del Obispo un hospicio para tres o cuatro

religiosos con el fin de asistir a la guarnición del Fuerte de la

Concepción. El duque solicitó informe a Dupuy y al obispo de Ciudad


Rodrigo, siendo en ambos casos al parecer negativo, lo que hace creer
que el permiso fue denegado.

385
386
18.Los constructores del Fuerte.

387
Cuando llega el momento de mencionar los nombres de

quienes hicieron posible la construcción del Fuerte de la Concepción,

es no se puede olvidar que fue el duque de Osuna, Gaspar Téllez


Girón, quien pensó por primera vez en construir en aquel lugar una

fortaleza que diera seguridad a las comarcas del Campo de Argañán y

del Abadengo y que sirviera de escudo a las fortificaciones que

cubrían la frontera de Castilla. Desechando las directrices que desde

Madrid le fijaba el Consejo de Guerra, despreció el mal

emplazamiento del pueblecito portugués de Aldea da Mula y sus

débiles defensas, así como el asentamiento del castillo medieval del

Gardón, y escogió la colina que se elevaba en el extremo norte del

monte del Gardón para situar la fortaleza que soñaba como cierre de

las incursiones depredadora del "rebelde" al este de la "raya seca". A

este recuerdo es ineludible unir el de los ingenieros - al menos Simón

Jocquet y Andrés de Avila -, fieles consejeros que supieron elegir el

punto adecuado, que en la centuria siguiente hicieron suyos Patiño y

Moreau. Y es preciso tener en cuenta que si su idea fue infamada y

deshecha no se debió a su falta de oportunidad ni a la de idoneidad

para los fines que el duque había deseado conseguir, sino a la inquina

de los miembros del Consejo de Guerra que no perdonaban a Osuna el

hecho de haber obrado por su cuenta sin esperar la previa aprobación

388
que desde Madrid, sin hacer una visita a Aldea del Obispo, se
reservaban los consejeros174 como prerrogativa de su poltrona.

Está fuera de dudas que la visita de José Patiño al Campo


de Argañán y el informe del ingeniero Pedro Moreau sobre sus

reconocimiento de la frontera, ordenado por el Ministro, que ya hemos

estudiado con detenimiento, fueron las razones que movieron en el

siglo XVIII a la restauración del Fuerte de la Concepción. Pedro

Moreau que llegó, a ser Ingeniero director y Mariscal de Campo de los

Reales Ejércitos, fue quien recogió la idea, ya sospechada por José

Patiño, de lo pensado, y acaso soñado, por Gaspar Téllez Girón más


de setenta años antes.

Pedro Moreau fue el autor del proyecto del Real Fuerte y

el principal, y casi único, director de su construcción. A él se debió el

conocimiento de la situación en que se encontraba aquella parte de la

frontera - como de su mayor parte -, él fue el autor del que podíamos

calificar como anteproyecto y suyos fueron los planos de conjunto y

de detalles, ninguno de los cuales dejó en olvido; suyos las

mediciones, el cálculo de necesidades y mano de obra, y los pliegos de

174 Los nombres que aparecen como componentes del Consejo en las
consultas del verano-otoño de 664 sobre la conveniencia de demoler el fuerte,
fueron, por orden alfabético, los del duque de Alba, el barón de Auchi, Fernando de
la Cerda, el conde Rebolledo, Diego Sarmiento, Fernando Tejada, el marqués de
Trocifal y el barón de Valeville.

389
condiciones para los absentistas, y suya la dirección de los trabajos

desde 1736 a 1740, fecha en que otras necesidades de la defensa

nacional le llevaron a desempeñar otros destinos. Se hizo de nuevo

cargo de las obras en 1747, cuando el marqués de la Ensenada, que


seguía en el cargo de primer ministro con el nuevo rey Fernando VI,

reanudó la política de defensa del territorio que había iniciado Patiño.

En los años que había durado su alejamiento casi nada se había

avanzado en la construcción de la fortaleza; Moreau se replanteó el

trabajo y le dio nuevo impulso, pero hubo de ausentarse otra vez en

1749, y sólo en 1753, por decisión del mismo marqués de la

Ensenada, volvió para dar fin a las obras del fuerte, que pueden

considerarse como terminadas en 1759. Se puede afirmar que Pedro

Moreau reformó las primitivas trazas del fuerte del siglo XVII y,

aprovechando las excavaciones entonces realizadas, levantó los muros

y dio a los baluartes sus líneas magistrales, "dándoles en el sitio

donde con lógica debía haber previsto unos orejones para la

protección de las baterías dispuestas para el tiro de flanco una


inclinación superior a los 90º" 175; construyó los fosos y la

contraescarpa; levantó cuatro revellines delante de las cuatro cortinas

y el fortín de San José que obviaba el peligroso padrastro y que

comunicó con la plaza por el camino cubierto. También hay que

175 Manzano-Monís: Op. cit. p. 229.

390
apuntar en la lista de sus realizaciones la puerta principal (expresión

artística, con toda probabilidad, de los hermanos Larra Churriguera),

los cuerpos de guardia, los calabozos, las cisternas, los glacis, las

escuchas en los ángulos flanqueados, etc. Todos estos trabajos los


realizó, según todavía puede comprobarse, de forma concienzuda y

con gran profesionalidad, sin prisas, pero también sin demoras, y

atendiendo minuciosamente hasta a los más pequeños detalles176.

Para aclarar sus dudas y por orden o consejo de los sucesivos

ministros, realizó muchas consultas a sus colegas y se produjo un

extenso cruce de cartas con éstos y con el Consejo de Guerra; un

176Manzano Monís, tanta veces citado en este libro, nos dice en las páginas
229 y 230 del artículo (ACADEMIA Nº 52) que nos sirve de guía, que "aprovechó
todas las cimentaciones existente de la primitiva obra, variando las
inclinaciones de las líneas magistrales de los baluartes, ..., construyó los fosos y
las contraescarpas que los defendían, añadió cuatro revellines frontales a las
cuatro cortinas y respetó la comunicación con el fuerte de San José como
camino cubierto, ... , además veintisiete casernas con bóvedas a prueba de
bomba primorosamente ejecutadas e ideó un núcleo intermedio de planta
cuadrada, ... De todas maneras entran también en la colaboración que Moreau
tuvo en la puerta principal,.., los cuerpos de guardia, los calabozos, la escalera
de caracol para la comunicación con el habitáculo del gobernador, las cisternas,
las sombrías poternas para bajar al foso, las rampas de acceso para
comunicación con los baluartes, los puentecillos de comunicación para los
terraplenes o plataformas sobre las bóvedas, las barbetas para descubrir las de
los campos batidos, las escuchas en los ángulos flanqueados de los baluartes
para observar y contraminar al enemigo, la capilla, .., los alojamientos del
Capellán y del Ingeniero, las letrinas, llamadas entonces "lugares comunes", el
conducto para la expedición de las aguas del foso y depósito para recogerlas y,
en fin, la caponera para la comunicación del camino cubierto".
Algunas de las obras que enumera el mencionado autor son en realidad de
colaboradores a los que acudió don Pedro Moreau.

391
ejemplo no los proporciona los mantenidos a propósito de las bóvedas
a prueba de bomba de las casernas con Juan de la Ferriere.

En el año 1759 citado, Moreau informó que el coste total


de la construcción había sido de 6.900.000 reales de vellón. Desde

aquí hasta 1776 sólo se completan pequeños detalles que en nada se

separan de la idea y de las normas de Pedro Moreau. Y el año 1760 el

mariscal de campo solicitó el retiro, dada su avanzada edad, que le fue


concedido.

Merecen ser citados por su intervención en algún

momento de la construcción, además de aquellos que ya han sido

mencionados, el ingeniero Pedro Bordán, principal colaborador de

Moreau; Antonio de Gaver, que dirigió los trabajos de 1749 a 1753, y

que fue el constructor de los cuarteles de caballería colocados a ambos

lados del camino de comunicación entre el Fuerte y San José, o al

menos así parece deducirse de los informes de Juan Giraldo de Chaves

y del plano de 1796 de Francisco Codony; Juan de la Ferriere, que ya

ha quedado citado al hablar del puente basculante, una de sus

intervenciones, así como en las bóvedas, letrinas y cisternas; Ignacio

de Sala que estudió y diseñó la red de desagües; Francisco Codony, ya

citado, su gobernador a finales del siglo XVIII, que debió dirigir los
últimos retoques, y que en su plano indicado nos demuestra que en

toda la edificación del Real Fuerte de La Concepción se siguieron casi

392
a la letra las directrices de Moreau,177. Y José de Hermosilla,

ingeniero del ejército del conde de Maceda, quien parece ser que
desempeñó también el cargo de gobernador.

Pero nunca hubiera existido el "Real Fuerte de La

Concepción" sin el decidido propósito de José Patiño, que ordenó su

erección, quien de forma realmente decidida fue impulsor de su

edificación, y cuya muerte y desaparición de la dirección de la política

española motivó que los cambios que se produjeron de forma

encadenada en el gobierno de la nación, condujeran a que el ingeniero

Moreau fuera apartado de su puesto de director, sin que su sucesor

apenas colocara un nuevo ladrillo en los trabajos. Sólo algunos años

después, el firme apoyo del marqués de la Ensenada, que repuso por

dos veces en la dirección a Moreau, dio el impulso definitivo para su

conclusión. Políticos ambos que contaron con la aquiescencia de los


reyes Felipe V y Fernando VI.

La ejecución de las obras se confió en un principio a los

maestros de obra Gabriel Puig y Valentín de Medina, que habían

realizados trabajos en la ciudadela de Barcelona y en las

fortificaciones de Badajoz y de Ciudad Rodrigo, pero ambos fueron

encarcelados por incumplimiento de contrato el 12 de febrero de 1737,

177 Así se deduce de la comparación de los planos firmado por los


ingenieros Moreau y Codony.

393
y entonces, tras nuevo concurso y un concienzudo y preciso

expediente178, se le otorgó el encargo a Manuel de Larra Churriguera,

ya mencionado, que debió permanecer en el empeño hasta 1747,

coincidiendo con la vuelta de Moreau, desde cuya fecha se debieron


realizar las obras por el sistema de administración directa, pues no se
han encontrado noticias de que ningún otro ejerciera este cometido.

178 Puede encontrarse en el Protocolos Notarial, año 1736 D. Juan Antonio


de Anietto. A.H.P. de Salamanca.

394
19.Su historia militar.

395
En ninguna de sus dos fases fue larga la vida activa del

Fuerte de La Concepción. En la primera, que podríamos denominar

"etapa de Osuna", en los escasos meses que van desde finales de

enero, fecha en la que el duque dio por completadas las obras, hasta el
30 de octubre del mismo año, 1664, sirvió de punto de

acuartelamiento, como campamento avanzado de Ciudad Rodrigo, de

las más bien escasas tropas de nuestro ejército y en él fue

concentrando el duque de Osuna los bisoños tercios provinciales, tras

la leva realizada de prisa y corriendo en las provincias limítrofes;

acaso la un tanto ilusoria confianza del general en sus tropas y las

premuras con las que le incitaban desde la Corte, llevaron a Osuna a

emprender en la primavera de aquel año una ofensiva por tierras

portuguesas tratando de apoderarse de la plaza fuerte de Castelo

Rodrigo; pero el empeño acabó en desastre, pues atacado el ejército

sitiador en Ameixal, la noche del 7 al 8 de junio, por los lusitanos, las

mediocres unidades españolas, prácticamente sin experiencia bélica,

se desbandaron y no pararon en su huida hasta topar con el Fuerte de

La Concepción o con Ciudad Rodrigo; el duque trató de aguantar con

sus escasos veteranos, y hasta intentó el asalto a la brecha que tenía

abierta en la plaza asediada, pero su esfuerzo resultó baldío, pues sólo

le siguió un puñado de veteranos, y hubo al fin de replegarse con los


restos de su ejército. El duque de Osuna, cuyas relaciones con el

396
Consejo de Guerra de Madrid eran bastante frías, fue culpado de la

derrota, relevado del mando y procesado, a pesar de sus intentos de

justificación, acabando aprisionado en Almagro. Sobre esta campaña

leemos en Almirante179: ".. El duque de Osuna sitió en vano a

Castel-Rodrigo. Su tropa se negó a dar el asalto (6 de julio). El

vistorioso portugués Magalhaes entró talando y quemando hasta

Cerralvo y Fregeneda. En la corte de Madrid cundió el desaliento,

el pánico. Efectivamente, en esta desastrada guerra hubo algo de

extraño, de sobrenatural. Y para retratar la época y el sistema de

gobierno, conviene consignar que en estos momentos suprenos de

angustia, y diciéndolo claro, de vergüenza, la corte de España, que

seguía dando gruesos subsidios a la de Viena, le ofrecía generosa

12.000 infantes y 6.000 caballos para resistir al turco. Y en estos

mismos momentos procesaba y empapelaba al duque de Osuna,

por alguna contribución de guerra que echó para mantener sus

tropas, que el gobierno abandonaba. Don Juan de Austria, en

vista de que atención, dinero, todo se encaminaba al Austria,

escarnecido y traqueado por la reina y por el famoso padre

Nithard, su confesor y valido, dejó el mando y se retiró o se


retrajo a Consuegra.”

179 Almirante, José.- Ibidem, tomo III, libro VII, p. 281.

397
Hemos visto que el Consejo de Guerra tomó a pecho la

tarea de demoler el Fuerte y lo consiguió. Las tierras del Campo de

Argañán fueron entonces pasto de las incursiones lusitanas y se

despoblaron, pues la guerra que continuaba entre España y Portugal


no dejó de pasar una y otra vez por la comarca arruinada, hasta enlazar

al comenzar el siglo XVIII con la guerra de Sucesión española,

cuando sirvió de campo de lucha entre las tropas angloportuguesas y

las francoespañolas; entre 1703 y 1706 el duque de Berwick estuvo

estacionado en la zona con un ejército de 12.000 hombres, y lord

Galloway, lo ocupó con ocasión de su avance hacia Salamanca. El

tratado de Utrech llevó una tregua, que no una paz a aquellos

territorios, y siempre en aquellos años de abandono, unos y otros

aprovecharon las ruinas de la fortaleza para establecer en ellas sus

campamentos o apoyar sus líneas de combate, como ya quedó dicho


anteriormente.

Cuando el nuevo castillo, el levantado por los ingeniero

militares de la "Ilustración", quedó terminado, fue un bastión más en

la política de paz del buen rey Fernando VI. Y si es natural que

durante su construcción los técnicos y obreros que en su erección se

afanaban, estuvieran protegidos por tropas del ejército para evitar la


oposición de las fuerzas lusitanas, nada amistosas en aquellas fechas,

que hubieran deseado impedirlo, debemos asegurar que desde su

398
terminación estuvo guarnecido por unidades de nuestro ejército, una

veces con total independencia tácticas, y otras como fuerzas

destacadas de las de la plaza de Ciudad Rodrigo, a cuyas autoridades


estuvo siempre subordinado.

Pero muerto aquel Rey en 1759, volvieron las guerras, y

tres años más tarde el Real Fuerte de La Concepción reanudó su vivir

bélico, sirviendo de cuartel general al ejército que mandado por el

conde de Maceda invadió Portugal, en la guerra que también en el río

de la Plata sostenía contra la misma nación Pedro de Ceballos. Según

Almirante180, el conde de Sarria penetró desde aquí, el 30 de junio de

1762 en territorio portugués, y el 25 de agosto logró la capitulación de

Almeida; pocos días después Sarria fue relevado por el conde de

Aranda que, no muy partidario de este conflicto, llevó las operaciones

con mucha tranquilidad y el 3 de diciembre del mismo año se firmaron


en Fontainebleau los preliminares de paz.

Terminada esta guerra, no se tienen noticias de que en La

Concepción se realizaran nuevas obras, pues la idea de levantar hacia


el norte un fortín similar al de San José parece que no prosperó.

180 Almirante.- Ibidem: tomo IV, pp.191-195.

399
Nos dice Rodríguez de la Flor en su obra181, que toma el

dato de un documento asentado en el tomo nominado "Fuerte de la

Concepción. Libro de Bautismos, desde 1763 a 1807, fol. 7 y ss.",

conservado en el Archivo de la Catedral de Ciudad Rodrigo 182 que


hasta el 30 de mayo de 1776 no fue "inaugurado" oficialmente el Real

Fuerte de La Concepción, con la bendición de la capilla y la

colocación del Santísimo Sacramento. Está claro que existe un error

de fechas, pues un documento, signado y firmado por don Pedro

Gomez Pacheco en el Real Fuerte de la Concepción el 14 de

noviembre de 1767, del que existe una copia en el Servicio Histórico

Militar183, adelanta estos actos de bendición de la capilla al 24 de


diciembre de 1763. Su texto es el siguiente:

“ ... Y por quanto en este zitado Rl. Fuerte dela

Conzepzion, su Capilla es Parroquia Castrense en virtud del Breve

Appº. que empieza Quoniam in exercitibus Dado en Roma a diez de

Marzo del año pasado de Mil Setezientos sesenta y dos, por la

Santidad del Papa Clemente Dezimo terzio de feliz Memoria:

apetizion de S.M. Catholica, el Sor. Dn. Car/los terzero /que Dios

181 Rodríguez de la Flor, Fernando: Ibidem, p. 157

182 Su referencia: Fuerte de La Concepción. Libro de Bautismos, desde


1763 a 1807; fol. 7 y ss.

183 Servicio Histórico Militar. Madrid. Archivo ..... Ver documentos S H


M

400
guarde/ Rey de España para sus Reales Exercitos, que actualmente en

nominado año se hallaban en Campaña con Portugal, concediendo Su

Santidad, en este concordato imnumerables indulgenzias, para todos

los que Militasen en ellos, o con pretesto alguno concurriesen con sus
Personas o Haciendas alas expediziones que S.M. Catholica tubiese

por conveniente, sin exzepzion alguna quedaban indultados en tiempo

de Paz ó de Guerra; Constituyendo por Vicario Genl. de ellos, ala

Persona del Excº. y Emmº. Sor. Cardenal de la Zerda y Sn. Carlos

Patriarca de las Indias: en su Virtud, en el año pasado de Mil Seteztos.

sesenta y tres, Dia veinte y quatro de Diziembre, Vispera dela

Natividad de Nuestro Redemptor Jesu Christo, Yo el infraescrito Dn.

Pedro Gomez Pacheco Protonotario Appº. y Capellán Castrense, con

expresa Subdelegazion del Excº. y Emmº. Sor. Cardenal dela Zerda y

Sn Carlos, comunicada al Excmº. Sor. Conde de Sayve Theniente

Genl. delos Rs. Exerzitos de S.M. y Capitan Genl. de este Exerzito y

Provinzia de Castilla, su Excª. la dirixió mandando al Thente. Coronel

del exerzito Dn. Andres Breziani Gobernador de este exprdº. Rl.

Fuerte dela Cozepzon, que en su virtud, se vendiziese la Capilla

destinada para la Zelebrazion de los ofizios Divinos; y Habiendose

practicado la Bendizion, como lo dispone el Ritual Romano, con

asistenzia del referido Gobernador, en zitada noche se zelebró Misa

401
cantada y fue expuesta y colocada en el Sagrario la Reserba del
Santissimo Sacramento."

Sea una u otra la fecha de estos actos - yo estimo que la


cierta es la de 11763 -, vemos que la paz había vuelto a la comarca

después de aquellos acontecimientos bélicos. Y hasta que no se inició

otro siglo, en 1801, no volvió a participar en aventuras de guerra; en

este año, al ser declarada la guerra a Portugal por España y Francia,

por exigencias del Primer Cónsul Napoleón Bonaparte, el Fuerte de

La Concepción fue elegido como punto donde se concentraron parte

de las tropas francesas que mandaba su cuñado el general Carlos

Víctor Leclerc184 , para desde allí penetrar en el país vecino; pero la

tardía llegada de las tropas francesas, cuyas vanguardias no arribaron a

Ciudad Rodrigo hasta el día 12 de mayo, y la rápida campaña de

Godoy, quien, con la aquiescencia del embajador Luciano Bonaparte y

sin esperar a que todo el cuerpo galo estuviese en su base de partida,

184 Charles Victor Enmanuel Leclerc. General francés, nacido en Pontoise


en 1772 y muerto en Cap-Français, Santo Domingo en 1802. Combatió en el sitio de
Tolón (1793), donde trabó amistad con Napoleón Bonaparte; hizo con éste la
campaña de Italia (1796), y casó con su hermana Paulina (1797). Fue nombrado
comandante de las fuerzas francesas que debían penetrar en Portugal en 1801, y a
continuación de la expedición a Santo Do mingo pòco de desembarcar, en febrero de
1802, consiguió la sumisión de Toussaint- Louverture, pero falleció en noviembre
del mismo año, víctima de la fiebre amarilla. (Diccionario Larousse de Historia
Universal. Planeta-Agostini.Barcelona, 1988).

402
penetró en el Alentejo con las tropas españolas (30.000 hombres a sus

órdenes directas), pues no deseaba que sus impuestos aliados

intervinieran activamente en la contienda, impidió su participación

directa; la rápida campaña, iniciada el 20 de mayo y concluida el 6 de


junio, llena de sucesivos éxitos, de los que los más notables fueron la

conquista de Olivenza y la victoria de Arronches, obligó a los

lusitanos a pedir la paz, e impidió que el ejército expedicionario

enviado por Napoleón pudiera iniciar siquiera la parte que se le había

asignado en la que más tarde fue llamada, un poco humorísticamente,


"guerra de las Naranjas".

Siete años más tarde, el 1808, hito de nuestra Historia, el

general Louison, que ocupó con su división la ciudad portuguesa de

Almeida el día 4 de junio, envió al siguiente dos oficiales a Ciudad

Rodrigo solicitando de su gobernador, el brigadier Luís Martínez de

Ariza, que permitiera alojar en esta plaza parte de sus tropas, pero los

mirobrigenses, sospechando las verdadera intenciones del francés, que

eran en realidad las de apoderarse de la plaza y unirse a través de ella

con las fuerzas del mariscal Bessières que ocupaban Castilla la Vieja,

destituyeron al gobernador, lo reemplazaron por el teniente de rey

Ramón Blanco y retuvieron a los emisarios; ante su ausencia, el día 7,


Louison mandó a la ciudad otros dos oficiales; tanto éstos como los

anteriores fueron dejados en libertad, pero las propuestas francesas

403
fueron rechazadas. Entonces, el general francés avanzó con sus

hombres hacía Ciudad Rodrigo, y el día 12 se presentó con sus tropas

ante el Fuerte de La Concepción y ofreció a su comandante algunas

compañías para reforzar su guarnición y luchar así "contra el


enemigo común de los franceses y los españoles"; el comandante

sabía lo que ello significaba, pero no teniendo fuerzas bastantes para

oponerse al enemigo, optó por evacuar el fuerte de noche y refugiarse

con sus hombres en la ciudad del Agueda. Louison escaramuceó hasta

el día 15 con los destacamentos españoles, pero no considerándose

suficientemente fuerte, se replegó a Almeida. Es posible que La

Concepción permaneciera ocupado por destacamentos galos hasta

finales de agosto, cuando Louison evacuó Almeida con motivo de los

sucesos que culminaron con la Convención de Cintra, firmada el 30 de

aquel mes, por la que todo el ejército de Junot hubo de embarcar para

Francia, vencido días antes en Vimiero por el ejército expedicionario


inglés.

Meses más tarde, vuelto a ocupar por alguna pequeña

fuerza española probablemente, vivaquearon entre sus muros y sus

alrededores, entre el 11 y el 23 de noviembre de aquel año, unidades

pertenecientes al ejército inglés que mandaba John Moore, y que


desde Portugal penetró en España siguiendo la dirección Garda -
Almeida - Ciudad Rodrigo - Salamanca.

404
A principios de 1809 debió estar ocupado por

destacamentos españoles y otros de la "Royal Lusitanian Legión",

levantada y mandada por el general inglés Robert Wilson, que se

había establecido en Almeida en apoyo de Ciudad Rodrigo, donde se


habían concentrado las escasas fuerzas españolas de la región después

que Salamanca fuera ocupada por los franceses, tras la campaña que

en el invierno anterior había dirigido personalmente el emperador

Napoleón Acaso alguno de estos destacamentos pertenecieran a los

"Voluntarios de Ávila" o a los "Tiradores de Ciudad Rodrigo",

organizados por el teniente coronel Carlos de España, unos y otros

puestos a disposición de Wilson por los gobernadores de la ciudad


española.

A partir del 20 de mayo de 1809 fue uno de los puntos en

los que el duque del Parque, nuevo gobernador de Ciudad Rodrigo,

reorganizó al Ejército español de la Izquierda, cuyo mando se le había

encomendado, y con el que realizó una serie de operaciones en la zona

que culminaron el 18 de octubre con la victoria de Tamames y las

posteriores ocupaciones de Salamanca y Medina del Campo, y que se

cerró con la derrota de Alba de Tormes el 28 de noviembre. Como

resultado, el duque del Parque se replegó al sur de la sierra de Gata y,


por tanto, debió evacuar La Concepción.

405
Después de que el mariscal Miguel Ney hiciera su primera

tentativa sobre Ciudad Rodrigo, en los días 11 a 13 de febrero de

1810, el general Wellesley situó a su ejército entre el Coa y el

Agueda, y el castillo de La Concepción debió quedar ya ocupado -


aparte de por algún pequeño piquete español - por la División ligera

inglesa, que mandaba el general Robert Craufurd, y que permaneció

estacionada en él hasta que después de rendida Ciudad Rodrigo a los

franceses el 10 de julio , éstos se presentaron ante la fortaleza el

siguiente día 20, y Craufurd, abandonó el Fuerte y voló una gran parte

de sus elementos defensivos, en cumplimiento de las órdenes de su


General en jefe.

Este fue el fin del Real Fuerte de La Concepción como

elemento de la defensa de nuestras fronteras, pues los desperfectos

ocasionados por los ingleses impidieron al mariscal Massena ocuparlo

con fines defensivos en su retirada desde las líneas de Torres Vedras,

y aunque los anglo-lusitanos apoyaron en él el extremo de su ala

izquierda durante la batalla de Fuentes de Oñoro en los días 3 y 5 de

mayo de 1811, lo cierto es que en aquel sector casi no se llegó a


combatir.

Después, una breve ocupación por tropas españolas; unos


años como recinto para acoger a una unidad de Inválidos Militares, y

el abandono. Los lugareños de la comarca lo expoliaron durante años,

406
ya que estuvo abandonada hasta 1877. Por la Ley de desamortización

del ministro Pascual Madoz de 1 de mayo de 1855 el Estado se

incautó de la "finca", y fue vendido a particulares según inscripción

registral el 30 de octubre de 1876. Es posible que con esta venta se


cortara el expolio pero no el abandono, pues para los particulares que

se han sucedido en su propiedad el monumento, como tal, no tenía

valor y lo han dedicado a menesteres que poco tienen que ver con el
Arte y con la Historia.

407
408
20.Estado actual.

409
Al finalizar la guerra contra Napoleón, el empobrecido

estado de nuestra nación, no sólo a nivel del Erario público, sino

también de las economías particulares, hizo imposible la recuperación


de la inmensa cantidad de monumentos eclesiásticos, civiles y

militares que habían sido destruidos o habían resultado muy


deteriorados por el paso de los ejércitos y por las acciones bélicas.

El aspecto que presenta hoy el Real Fuerte de La

Concepción sobrecoge por dos importantes motivos. Primero, por lo

majestuoso de su colosal fábrica que nos recuerda todo el esfuerzo y

toda la ciencia y el arte puestos en su materialización a pesar de que

los agentes de desintegración han hecho desaparecer varias de sus

partes y todo aquello que era susceptible de ser desmontado, en

especial, los materiales más nobles. Segundo, por la visión de ruina y

de expolio que muestran sus más variados elementos, en lo que se ven

bien claros los efectos devastadores de la explosión de la pólvora, de

la avaricia de quienes alcanzaron la propiedad de sus piedras, y de las

depredaciones y las rapiñas de los comarcanos. Es tremendo el

contraste entre el desolado aspecto actual y la obra que levantaron

unos hombres, científicos y a la vez artistas, que trataron de dotar a la

frontera castellana y a España de una defensa moderna y eficaz, y que,


además, hicieron con ella una joya arquitectónica.

410
La imagen que hoy contemplamos consiste en una serie de

derrumbaderos; de piedras amontonadas y revueltas, entre las que

sobresalen poderosos trozos de recios muros, perfectamente

proyectados por las más expertas mentes y construidos por las más
hábiles manos de aquellos años, cuando la fortificación clásica había

llegado acaso a su superior desarrollo, gracias a la inmensa labor de

Fernández de Medrano y de Vauban, quienes habían alcanzado en sus

aplicaciones un desarrollo casi perfecto de las ideas que nos habían


legado los poliorcetas de la Antigüedad clásica.

En contra de lo que pudo ser una política de recuperación

del Real Fuerte de La Concepción, no sólo actuaron los motivos

señalados en el primer párrafo de este capítulo, sino el cambio que tras

las guerras de finales del siglo XVIII y principios del XIX se

sucedieron en Europa. Desde las campañas de Federico el Grande y,

en especial, desde los conflictos bélicos de las guerras napoleónicas,

se había puesto de relieve que el papel encomendado a las grandes

fortalezas modernizadas o levantadas en los últimos siglos no habían

tenido función decisiva en el desarrollo de las contiendas bélicas, pues

todos los asedios , salvo alguna excepción, cuando fueron realizados

con los medios adecuados y con una detenida planificación,


terminaron con el éxito de los sitiadores. En el caso de nuestra

Península el conflicto de 1808 a 1813 se había decidido por el

411
levantamiento de un pueblo en masa, convertido en miles de guerrillas

y en cuerpos regulares de continua formación, que no dieron

posibilidades de asentarse ni organizarse al invasor, y por las grandes

batallas en campo abierto, libradas por importantes ejércitos. Estos


fueron los factores que decidieron la evolución de las distintas
campañas y el triunfo final de los aliados.

Como ya hemos visto en los planos generales que he

presentado en este libro el conjunto de las obras construidas

conformaron - y conforman aún hoy si nos situamos a la altura de su

siglo - un perfecto sistema defensivo, en el que cada elemento podía

defenderse a sí mismo, y a la vez defender a los que estaban situados

en los espacios inmediatos, conformando un conjunto de sucesivas

líneas de defensa, que se inician con la que se podía realizar desde la


contraescarpa para proteger el glacis.

La voladura parcial del Real Fuerte por los ingleses el 20

de julio de 1810, el abandono y el expolio a que le han sometido los

habitantes de los pueblos vecinos que lo convirtieron en cantera para

sus edificaciones y que contribuyeron aún más que la pólvora inglesa

a su destrucción, de todo lo cual queda hecha mención, sin que se

diera en ninguno momento la ocasión y la posibilidad de su


recuperación, lo han reducido al estado de deterioro que puede

observarse en el plano y en las fotografías que se acompañan y se

412
encuentra convertido en corral de ganado185 por sus actuales

propietarios; sin embargo, conserva sus elementos más importantes lo

que permitiría su recuperación. En los últimos tiempos las personas e

instituciones interesadas en su conservación como monumento


artístico-histórico y como muestra ejemplar de la fortificación

abaluartada, han conseguido acrecentar el interés de los organismos


gubernamentales y culturales por su restauración.

Cuando comparo el abandono en que se encuentra el Real

Fuerte de La Concepción con la dignidad y esmero con que Portugal

conserva las defensas de su plaza fuerte de Almeida ( o lo hago con

las de Badajoz con las de Elvas, y con muchas otras más) siento sana

envidia del pueblo vecino y pido que lo antes posible nosotros

tratemos a las reliquias de nuestra Historia con el mismo cariño y el


mismo orgullo.

La Junta de la Comunidad de Castilla y León lo declaró

por Decreto 147/92, de 6 de agosto de 1992, "Bien de Interés

Cultural" con la categoría de monumento y tanto la Consejería de

Cultura de esta Junta, a través de su Dirección del Patrimonio, como la

Diputación Provincial de Salamanca están realizando acciones

185 Lo que contraviene lo legislado en el decreto de 22 de abril de 1949


(Boletín Oficial del Estado de 5 de mayo de 1949), y que no ha sido tenido en cuanta
por los distintos órganos ejecutivos de la Administración española.

413
encaminadas a llevar a cabo su recuperación para la Cultura y para la
Historia, aunque todavía en actuaciones muy limitadas186.

El "Real Fuerte de La Concepción", como queda


demostrado en este trabajo, es un precioso monumento sin par en su

género, orgullo d e nuestra historia, de nuestra ciencia, de nuestro arte

y de nuestra Técnica, que merece ser salvado de su destrucción, para

lo cual sería de gran valor la ayuda de los organismos de las

Administraciones estatal, autonómica y provincial, del Ejército

español y de todos los centros españoles y europeos que tengan como

señas de identidad el arte y la cultura, a los que pido que aporten algún

gesto, grande o pequeño, moral o material, para conseguir esta


aspiración.

Si su restauración, por su coste y por su falta de

funcionalidad para la vida de este nuevo milenio, no fuese

aconsejable, al menos sería de un valor inestimable para la Cultura,

para la Civilización y para la Historia que se recobrasen sus ruinas

monumentales y se las rehabilitase consolidando su situación y

cuidando su conservación para muestra y ejemplo de las generaciones

186 La "Asociación de Amigos del Real Fuerte de La Concepción", ha


contribuido eficazmente a ello con la exposición que le dedicó en Madrid el año
1994 y con sus gestiones, estudios, investigaciones de documentos, conferencias,
viajes de estudio, etc., para dar a conocer esta joya de la arquitectura militar de
nuestra "Ilustración" y a promover acciones para su rescate

414
que nos sucedan, las que deseo sean más esmerados que hasta hoy con
los muestras que de su época nos ha legado el pasado.

415
416
Datos biográficos de DON PEDRO MOREAU.

417
Pedro Moreau187 era natural de Bayona (Francia), y debió

nacer en 1694 ó 1695. Es probable, al menos así lo estima Manzano-

Monís, que llegara a España, por "la raya del Bidasoa", cuando
contaba dieciséis o diecisiete años, como Ingeniero voluntario,

formando parte de una de las tres brigadas de Ingenieros militares que

dirigidas por el Ingeniero Director Mariscal de Campo Mr. de La Cour

había enviado Luís XIV en ayuda de su nieto Felipe de Anjou, lo que


debió ocurrir entre 1710 y 1711.

Tras las victorias de las tropas borbónicas en los días 9 y

10 de diciembre de 1710, en las batallas de Brihuega y Villaviciosa, el

marqués de Valdecañas dirigió su ejército hacia Cataluña, donde el

francés del duque de Noailles, que ya era dueño de Vich, de Benasque

y del valle de Arán, se había apoderado el 1 de enero de 1711 de la

plaza de Gerona; Villacañas comenzó su ataque por las posiciones de

Calaf, siendo en estos momentos cuando se unieron a sus tropas las


tres brigadas de ingenieros franceses mandadas por Mr. de La Cour.

En 1712 fue conocido en Zaragoza por el Ingeniero

General marqués de Verboom, que estaba organizando los ingenieros

militares españoles y le incorporó a este Cuerpo, destinándole al

187 Datos tomados de Manzano-Monís, Manuel: "El Mariscal de Campo D.


Pedro Moreau y el Fuerte de la Concepción". ACADEMIA, núm. 52, pp. 201 - 249.-
1er. semestre de 1981. - Hoja de Servicios de don Pedro Moreau. - Colección
Aparici. Servicio Histórico Militar.

418
ejército ocupado en las operaciones que se estaban desarrollando

frente a la ciudad de Barcelona, y en donde debió conocer al

ingeniero, graduado de Coronel, Luís de Viller Langot, que acaso

fuera su jefe inmediato y con quien colaboraría durante los años


siguientes. En este servicio - seguimos a Manzano-Monís - acaso

pretendiera acumular méritos, adquiriendo los conocimientos

suficientes para ser considerado un experto en lo relativo a la defensa

y expugnación de las plazas y fortalezas militares, y, con ello, poder

ingresar en su día en el Cuerpo de Ingenieros de su país natal,

formando parte del ejército de su rey Luís XIV, reputado como el


mejor de su época.

No sabemos cuales fueron las razones y las circunstancias

que le llevaron a integrarse, sin embargo, en el Ejército español. Es

posible que en 1712 Verboom le diera una patente verbal de Teniente

de Infantería, pues no se ha encontrado ningún documento en que le

sea conferida, pero con esta consideración acompañó a Verboom al

bloqueo de Barcelona, y aparece confirmado sólo en legajos que


corresponden a 1 de octubre de 1713.

Formó parte del equipo que ayudó al marqués Ingeniero

General a la construcción de la ciudadela de la ciudad, hasta que el


año 1718 fue encargado de reconocer la "discutida plaza de Cardona y

419
examinar las localidades de Verga, Seo de Urgel y Castel-León"
(sic)188.

En este año de 1718 se le reconocieron sus méritos al serle


expedidas dos patentes: la primera de Teniente de Infantería con

categoría de Ingeniero Ordinario, y la segunda de Capitán de la misma

Arma con el grado de Ingeniero en 2º., nombramiento firmado, entre

otros, por Jorge Próspero de Verboom ante el Ministro Miguel


Fernández Durán, encargado de la Secretaría de Guerra.

El 12 de noviembre del mismo año fue destinado a Bilbao,

donde debía incorporarse a sus tareas el 15 de enero siguiente.

Quedaba a las órdenes de Blas de Laya. Desde allí debió pasar, bajo la

dirección de Diego Marcón, a estudiar las fortificaciones de San

Sebastián y Fuenterrabía, cuyos deficiencias y mal estado puso de

manifiesto, lo que determinó a la superioridad a enviar para que

dirigiera su reconstrucción y puesta en estado de defensa a Luís de

Viller Langot, a cuyos trabajos, con cometido muy detacable, debió

coadyuvar Pedro Moreau. En 1726 fue ascendido a Ingeniero en Jefe y

entonces es posible que substituyera a Viller Langot, y desde esa fecha

tuviera a su cargo la ejecución de las fortificaciones de San Sebastián,


Fuenterrabía y Guetaria.

188 Manzano-Monís: Op. cit.; p. 208.

420
Cuando el duque de Berwick atacó y ocupó las plazas de

San Sebastián y Fuenterrabía en 1719 se encontraba en la primera. De

su comportamiento en la defensa da prueba el hecho de que el jefe de

las tropas españolas, mariscal de campo Alejandro de la Mota, le


propusiera para su ascenso a teniente coronel, cuya `patente le fue
expedida el 22 de marzo del año siguiente.

Después de estos hechos fue incorporado al ejército que

dirigía el Príncipe Pío en Cataluña. Desde Balaguer fue enviado para

reconocer las fortificaciones de Cardona, y, más tarde, acompañado

por tres compañías de granaderos, fue designado para hacer la

carretera que desde Coll de Port, en los Pirineos, habría de servir para
trasladar la artillería destinada a la defensa de La Seo de Urgel.

Fue ascendido a Ingeniero en Jefe el 13 de diciembre de

1726 y destinado de nuevo a Guipúzcoa, otra vez bajo las órdenes de

Viller Langot. En 1732 estaba en Pamplona ocupado en reparar y

mejorar sus defensas, cuando el Capitán General duque de Montemar

le ordenó que se trasladara a Alicante, en donde se incorporó a la

expedición que conquistó Orán, del arreglo de cuyas fortificaciones se

encargó, junto a los también ingenieros Antonio y Francisco

Montaigut y Antonio de Gaver, bajo las órdenes del gobernador,


Alvaro Navia-Osorio y Vigil, marqués de Santa Cruz de Marcenado.

421
En la plaza africana solicitó el nombramiento de Ingeniero

Director y ser mantenido en su guarnición. Regresó de Orán en agosto

de 1733 y el 26 de dicho mes fue ascendido a Coronel, quedando en

Madrid, hasta que al año siguiente se le envió a Badajoz, cuyas


poderosas defensas se estaban levantando según el ambicioso proyecto

de Jorge Próspero de Verboom, y desde donde presentó un amplio

informe sobre la forma en que debería llevarse a cabo una campaña en


caso de una posible guerra contra Portugal.

En 1735 realizó el reconocimiento de la frontera

portuguesa desde Alconchel (Badajoz) hasta Salvatierra de Miño y

Tuy, aunque llamado a otros empeños parece ser que sólo llegó a

Puebla de Sanabria, como lo demuestra el informe que rindió al

Ministro José Patiño. En noviembre de ese año se encontraba en el

Escorial revisando los planos de la fortaleza de Badajoz y del Fuerte

de La Concepción, levantados por Diego de Bordick, según le había

ordenado el ministro José Patiño, por consejo del marqués de

Verboom. El 3 de diciembre se le ordenó dirigirse a Aldea del Obispo

para levantar el fuerte mencionado, pero con arreglo al proyecto que el

mismo Moreau había trazado, en el mismo lugar que años antes había

elegido el duque de Osuna y siguiendo en buena parte muchas de las


líneas de aquella fortificación de circunstancias. En cumplimiento de

422
estas órdenes marchó a Ciudad Rodrigo, donde ascendió al empleo
efectivo de coronel en 1736.

El 5 de agosto de 1739 solicitó el ascenso a Brigadier,


pero la petición no fue atendida. El 15 de marzo de 1740 fue

nombrado para substituirle en la dirección de las obras de La

Concepción el ingeniero Juan Bernardo Frosne, pero tras una carta de

Moreau a José del Campillo, el Ministro dejó sin efecto este


nombramiento.

No existen muchas noticias sobre Pedro Moreau entre los

años 1740 y 1747, aparte de sus peticiones para que se le abonasen los

atrasos de sus sueldos y para que se le otorgase el grado de brigadier,

pero en el Servicio Histórico Militar existe un documento189 en el

que se reseña una petición del ingeniero al Ministro José del Campillo,

del 29 de noviembre de 1741, para que se le confiera un destino por

haberse concluido la edificación del Real Fuerte de La Concepción, a

la que el Ministro contesta con una orden de 6 de enero siguiente en la


que le dice:

"... que subsistiese en aquella frontera encargado de la

Direccion de las obras de ella en lugar de D. Juan Bernardo de


Frosne, entregandose desde luego de los papeles."

189 IHCM.- Colección Aparici, tomo LVII, pp. 1372-1388.

423
En el mismo se anota otro escrito de Moreau al Secretario,

de fecha 31 de octubre de 1742, en la que le comunica que "... se

ocupaba con el Capitan Gral. en hacer una visita en todos los


puntos fuertes de su Direccion,..."

El 15 de mayo de 1743 se refería a que había tenido que

hacer otra visita, ésta a Puebla de Sanabria, con uno de sus

subordinados, y volvía a pedir que se le abonase, al menos, parte sus

atrasos - se le debieron en alguna ocasión sesenta y cinco

mensualidades -, siendo la contestación, de 30 del mismo mes,

negativa por razones de la Tesorería. Estas peticiones - de ascenso y

de abonos de sueldo - se repitieron en 9 de febrero y 29 de julio de

1744 y en 4 de diciembre de 1746, y continuaron produciéndose

después de 1747, incluso después de su destino a Cádiz. Y según

todos los documentos citados parece ser que se encontraba ejerciendo


sus funciones en la frontera de Castilla.

El 12 de abril de 1947 se le concedió el ansiado y

merecido ascenso a Brigadier y continuó al frente de las obras del

Fuerte de La Concepción. Hubo de ausentarse en abril de 1749 para

realizar trabajos en las fortificaciones de Cádiz, desde donde solicitó,

el 26 de agosto, el empleo de Mariscal de Campo, sin lograrlo de


momento. Pasó luego al Campo de Gibraltar y, desde allí, siguió

reconociendo los escarpados que se levantan en las playas desde la

424
punta del Saltillo a la de Chullera, y luego las sierras que se alzan al

norte de las mismas, en sentido contrario, hasta llegar de nuevo a la

zona del Estrecho, con el fin de establecer un sistema de defensas que


protegieran a la indicada costa.

No fue muy larga esta etapa, pues en mayo de 1750 se le

destinó de nuevo al ejército de Castilla, pero esta vez a la guarnición

de Zamora, seguramente como Director de toda aquella frontera, y en

donde, entre 1750 y 1753, debió dirigir la construcción de un cuartel,

la cual no debió ser del agrado de algunos de sus superiores, pues al

parecer se le abrió un sumario del que salió en 1755 libre y exento de

culpas, ya que un año después de sustanciado dicho procedimiento,

que él solicitó defender ante el Rey, el ministro Sebastián de Eslaba o

ante quien fuese necesario, pidió en carta al citado Ministro, en

1756,190 el ascenso a Mariscal de Campo, que no consiguió en aquel


momento.

En 1753, por decisión personal del marqués de la

Ensenada, había vuelto para dar fin a las obras del fuerte, que pueden

considerarse como terminadas en 1759. Desde aquí hasta 1776 sólo se

completan pequeños detalles que en nada se separan de la idea y de las

normas de Pedro Moreau. En el año 1759 citado, Moreau informó que

190 Manzano-Monís.- Op. cot. p. 218

425
el coste total de la construcción había sido de 6.900.000 reales de
vellón.

Moreau repitió en los años siguientes. en escritos dirigidos


a don Ricardo Wall, don Sebastián de la Quadra y don Jaime Mesones

de Lima, el ascenso al generalato, sin conseguirlo 191. `Debió ser a

finales de 1758 ó principios de 1759, cuando parece que lo recibió del

rey Fernando VI, pues aunque faltan los últimos folios de su Hoja de

Servicios ni se ha hallado la Patente de concesión, cabe sospecharlo

por sus últimos documentos, pues el 15 de diciembre de aquel año

firmó en Zamora, con tal empleo, de su puño y letra, un informe en el

que expresa su opiniones logística en caso de un ataque hacia

Portugal, en el que, a las conclusiones que expresaba en 1735, añadía

las que le habían proporcionado sus recientes excursiones en solitario

por territorio lusitano bajo diversos disfraces que ocultaban su


verdadera condición 192.

El año 1760 el mariscal de campo solicitó el retiro, dada

su avanzada edad, que le fue concedido. Don Pedro Moreau, que

estuvo casado con doña Saturnina Lieson, tuvo ese mismo año, 1760,

191 S.H.M.- Col. Aparisi. Pp. 1386-1388.


192 Manzano-Monís.- Op. ct. P. 223.

426
"alguna diferencia" con su única hija doña Magdalena Moreau Lieson
y con su yerno el ingeniero don Francisco Barba.

Parece ser que murió en Zamora en los primeros años del


reinado de Carlos III, sin que tengamos noticias de su partida de
defunción.

427
428
Glosario de voces peculiares de la fortificación
abaluartada.

429
Ala: Nombre casi genérico cuando, en los diferentes
sistemas o trazados, hay trozos o extensiones relativamente grandes,

rectos y apareados, como: alas de hornabeque, de camino cubierto,


etc.

Angulo.- Es el espacio intermedio formado por el


encuentro de dos líneas, como el A. El conocimiento de los ángulos

sirve para construir un plano, y levantarlo sobre el terreno. A: ángulo

del centro; B: ángulo del polígono; C: ángulo de la base; D: ángulo

flanqueado; E: ángulo de la espalda; F: ángulo flanqueante; G: ángulo


diminuto; H: ángulo de la tenaza.

Angulo muerto: El que no tiene defensa ni está


flanqueado

Baluarte: elemento principal de la fortificación


abaluartada (Véase su estudio en el capítulo correspondiente de esta

obra). Obra de fortificación que, generalmente, está colocada en la

confluencia de dos cortinas. Parte de la fortaleza que avanza hacia la

campaña como A y B. Pueden ser terraplenados, como A, o vacíos,

como B. Tienen tres ángulos: dos de la espalda y uno flanqueado;

están terminados por una cortina a la cual están unidos. Son

regularmente de figura pentagonal, si bien algunas veces se pone uno


llano, como C, en mitad de la cortina cuando es muy larga. El lado

430
opuesto al ángulo flanqueado, o base del pentágono, se llama gola, y
puede estar abierta o defendida.

Banqueta.- Pequeña elevación del terreno formada por


uno o dos escalones al pie del parapeto. Servía para que los tiradores

se protegiesen y pudiesen hacer fuego sobre la explanada de la


campaña.

Barbeta: El trozo de parapeto, ordinariamente en los


salientes, destinados a que tire la artillería a descubierto, sin cañoneras

ni merlones. De esta palabra se deriva el término "A barbeta" para


expresar los artilleros que tiran a descubierto

Barrera.- Estacada hecha de gruesos maderos unidos,


que servían para cerrar los pasos de los puentes y otros parajes, y

llevaban unos molinetes en cada lado para dejar pasar a las gentes de a
pie.

Bastión.- Galicismo por "baluarte".

Batería.- Elevación de tierra, inclinada hacia la


campaña, de 30 a 40 pies de terraplén para absorber la retirada del

cañón colocado sobre ella. Las partes del parapeto que son como

ventanas para pasar la boca del cañón se llaman "troneras" y la


distancia entre ellas, "merlones". Los cañones estaban separados uno
de otro 12 pies.

431
Bonete de clérigo.- O simplemente "bonete". Obra que
tiene dos ángulos entrantes y tres salientes. Sus flancos se van
apartando por la parte de la campaña hacia su frente.

Caballero.- Obra que se acostumbraba a hacer en las


golas de los baluartes o en las cortinas. Los había de diferentes

formas: redondos, cuadrados o angulares, y se componían de terraplén


y parapeto. Servían para descubrir los ataques del enemigo.

Caballo de frisa.- Consiste en un madero grande,


atravesado con unos palos terminados en puntas de hierro, que servían
para cerrar el boquete de una brecha o la avenida de un campo.

Cabeza de puente.- Se fortificaban los puentes


haciendo algunos fuertes a la otra orilla del río. Cuando éste no es

muy ancho sólo se pone un revellín (A). Cuando es más ancho que el

tiro del fusil, se pone un hornabeque (B), cuyos lados o flancos están

defendidos desde la plaza. Se pone a veces el fuerte (C), pero cuando


la distancia es mucha debe construirse un semiexágono (como D).

Camino cubierto: En las obras de fortificación


permanente, terraplén de tránsito y vigilancia que rodea y defiende el

foso y tiene a lo largo una banqueta, desde la cual puede hacer fuego
la guarnición por encima del glacis, que le sirve de parapeto. Su ancho
solía ser de unas 3 ó 4 toesas. Constituía la primera línea de defensa.

432
Cañonera: La apertura o hueco del parapeto por donde
asoma la boca del cañón.

Caponera: Galería o casamata colocada en sitios


diversos del cuerpo de la plaza para el flanqueo de un foso o de

varios.// - doble: Comunicación desde la plaza a las obras exteriores,

trazada en forma de foso seco y defendida por ambos lados con

parapetos, generalmente provistos de troneras o de aspilleras. Servían


para establecer la comunicación de una plaza con sus obras exteriores.

Cara: En el baluarte, cada una de las dos rectas que


forman el ángulo saliente.

Casamata.- Bóveda muy resistente utilizados para


instalar una o más piezas de artillería. // Naves construidas con muros

y bóvedas a prueba de bombas que substituía a los terraplenes y que

eran aprovechadas para instalar alojamientos, caballerizas, almacenes,


polvorines, cuerpos de guardia, etc.

Casamata o flanco bajo.- Plataforma que se


practicaba en la parte del flanco, entre el orejón y la cortina. Se

compone alguna vez de tres plataformas, la una más alta que la otra,
quedando el terraplén del baluarte más elevado.

433
Caserna: Casamata. Cuartel. Nave dotada con bóveda a
prueba de bomba que se construye en las murallas o en los baluartes, y
sirve como alojamiento de la tropa o como almacén.

Círculo.- El círculo es una figura plana (como A)


rodeada de una línea curva (BBB) llamada circunferencia, de la cual

todas las rectas como DO tiradas al punto del medio D, llamado

centro, son iguales y se llaman radios o semidiámetros; la CC se llama

diámetro y divide al círculo en dos semicírculos. E: sector menor; F:


sector mayor. G: segmento menor, y H: segmento mayor.

Ciudadela.- La ciudadela es un fuerte hecho en el


terreno más ventajoso del circuito de una plaza, para defenderla y

sujetarla. Está separada de la ciudad por una explanada para impedir


los ataques del enemigo.

Cola de golondrina.- Obra cuyos lados no son


paralelos, sino más apartados por el frente.

Contraataque.- Líneas o trabajos que hacían los


sitiados para oponerse al progreso de los aproches (trincheras o
paralelas) que realizaba el enemigo.

Contraescarpa: De los dos taludes, pendientes o caras,


que forman el foso, el que está al lado exterior o de la campaña y que

434
mira a la plaza. Plano inclinado que forma el muro que sostiene las
tierras del camino cubierto.

Contrafoso.- Profundidad llena de agua que circuía la


contraescarpa por la parte de la campaña y corría a todo lo largo de la
explanada.

Contraguardia.- Pequeño terraplén, guarnecido de su


parapeto y foso. Servía para cubrir ciertos parajes de una plaza, en
especial a los baluartes. Los había de distintas figuras y situaciones.

Contramina y pozo de escucha.- Pozos hechos en


el grueso de los terraplenes, en cuyo fondo se construían varios

corredores o galerías debajo de tierra, que van de una parte a otra, para
descubrir y neutralizar el trabajo de los minadores enemigos.

Cordón: Refuerzo que ocupa el borde superior de los


paramentos de una fortaleza.

Corona u obra coronada.- Obra que se componía de


dos medios baluartes y de uno entero; servía para ocupar un gran
terreno o alguna altura, o para cubrir el frente de un campo fortificado.

Cortadura.- Traversa o trinchera hecha para impedir el


avance del enemigo desde el espacio que previamente ha ganado.

435
Cortina: La parte recta y extensa de la muralla entre dos
baluartes.

Cuadrado fortificado.- Figura de cuatro lados, con


cuatro baluartes, como lo es el Real Fuerte de La Concepción.

Participa del defecto del triángulo de tener los ángulos muy agudos.
Se le empleó principalmente para las ciudadelas.

Cuadriláteros.- Ver "Triángulos".

Cuarteles.- Pequeños edificios construidos entre el


terraplén y la ciudad para alojar a los soldados.

Cubeto: En la fortificación abaluartada, excavación


extensa y profunda dentro de la cual se levantaba una fortaleza.

Cuneta.- Pequeño foso que servía para conducir el agua


de lluvia y que también constituía un obstáculo más para el asaltante.
solía tener de 10 a 18 pies.

Elipse u óvalo. Es la figura plana terminada en una


línea curva que tiene dos diámetros de longitud desigual.

Empalizada: Obra hecha de estacas. // Defensa exterior


o valla construida a base de estacas hincadas en tierra, talladas en
punta y ligadas entre sí para mayor resistencia, a veces apuntaladas al

436
exterior . // En fortificación, se han hecho de palos, ramas, gaviones y
fajinas.

Emplazamiento.- Lugar elegido para la construcción


de una fortaleza o castillo, debido a sus condiciones estratégicas y
ventajas topográfica.

Escarpa.- Plano inclinado que forma la muralla del


cuerpo principal de una plaza, desde el cordón hasta el foso.

Estacada.- Constituida por grandes y gruesos palos de


unos 8 pies, de los que 3 pies estaban hincados en tierra. Se ponía en
posición vertical o, a veces, inclinados en dirección al enemigo.

Estrellón.- Clavos de cuatro puntas, de las cuales queda


una siempre hacia arriba; se desparramaban sobre una brecha para
impedir el paso de la Caballería enemiga.

Explanada.- Superficie que ocupaba la parte superior de


los terraplenes y que quedaba limitada al lado exterior por el parapeto.

Falsabraga.- Obra que se pone junto al talud exterior de


una plaza; está compuesta de muralla, parapeto y banqueta, y situada

casi al nivel del camino cubierto de la fortaleza. Sirve para impedir las
sorpresas y rechazar a los enemigos. Las había de formas varias.

437
Fajina: Haz de ramas delgadas muy apretadas que
usaban los ingenieros militares especialmente para revestimientos.

Flanco: La línea que une el extremo de la cara del


baluarte con la cortina.

Flecha.- Ver: "Rediente".

Fogada o fogata.- Pequeños hornillos que se llenaban


de barriles de pólvora y que se encendían cuando el enemigo estaba
sobre ellos.

Fortaleza.- Vasta y potente construcción o recinto


fortificado destinado a alojar una guarnición y a defender un lugar y
sus contornos.

Fortaleza irregular.- Es la que por tener que


adaptarse al terreno donde se la ha levantado tiene sus lados y ángulos

desiguales. Debe seguir, sin embargo, en todo lo posible las reglas que
rigen para las fortalezas regulares.

Fortaleza regular.- Es la que tiene los lados y los


ángulos iguales; es decir, está inscrita en un círculo o en una porción

de círculo. En ella, todos sus baluartes, cortinas, líneas y ángulos son


asimismo iguales.

438
Fortaleza triangular.- Fortaleza con tres lados de
defensa. Las había de diversas formas, pero no eran muy útiles por

tener los ángulos demasiados agudos. Servían a veces para guardar los
pasos de las líneas y campamentos.

Fortín.- Pequeño fuerte a manera de estrella, o con otra


figura, que servía para asegurar las líneas u otra obra.

Foso: Excavación de dimensiones variables que circunda


generalmente a las obras de fortificación.- Se extendía desde la

escarpa a la contraescarpa, con una anchura de 14 a 20 toesas, y una


profundidad variable, y podían ser secos o estar llenos de agua.

Frailes.- Maderos, de 6 a 7 pies, que se metían hasta su


mitad dentro de la muralla, algo más abajo del cordón, inclinados un

poco hacia abajo, y servían para impedir el asalto de los sitiadores y la


deserción de los sitiados.

Fuerte.- Sinónimo de "castillo" o "fortaleza"; empleado


preferentemente en la fortificación abaluartada. Se decía "fuerte real"
cuan- do era capaz de una acción independiente.

Fuerte de campaña.- Obra que tenía foso y parapeto y


se fortificaba de diversos modos según la necesidad y el terreno. Eran
siempre de tierra y sólo servían para guardar un paso, la entrada de un
puente o las líneas de un campamento.

439
Gavión: Cestón de mimbres lleno de tierra, que sirve
para defenderse de los disparos del enemigo. Muchas veces hacían las

veces de merlones para proteger las piezas artilleras colocadas a


barbeta.

Geometría.- Es el Arte de medir. Se divide en Theórica


y Práctica. La Theórica estudia la verdad de las proposiciones, y la

Práctica las operaciones con ella. A: punto. B: línea recta. C: línea

curva. D: línea circular. E: línea mixta. F: línea perpendicular. G: línea

concurrente. H: línea oblicua. I: líneas paralelas. M: línea espiral. N:


ángulo recto. O: ángulo agudo. P: ángulo obtuso.

Glacis: La explanada, dispuesta en suave y larga


pendiente o declive, desde la cresta del camino cubierto, o desde el

borde de la contraescarpa, hasta confundirse con el terreno o suelo


natural.

Herse.- Enrejado de gruesas piezas de madera o de


hierro, pendiente sobre las puertas de la ciudad por unas cadenas o
cuerdas, que se bajaba para guardarse de las sorpresas del petardo.

Hornabeque: Obra exterior de fortificación que se


compone de un frente abaluartado, formado por dos medios baluartes,
unidos por una cortina; del saliente de aquellos parten dos alas o líneas
rectas de longitud varia.

440
Ignografía.- Ver "Plano".

Impacto: Choque de un proyectil o de otro objeto contra


algo. // - directo: el que se consigue con una trayectoria tensa.

Línea de defensa.- Llamase línea de defensa la que


representa el curso de la bala del fusil según la situación que debe

tener para defender la cara del baluarte. Las hay de dos clases: línea de

defensa rasante que es la que tirada desde el punto A, raya toda la cara

del baluarte B, y línea de defensa fijante que es la que tirada desde


punto o ángulo C, forma ángulo con la cara D.

Línea.- Línea es una longitud sin latitud. Las líneas se


contemplan en la ignografía o plano. AA: lado del polígono interior.

CC: lado del polígono exterior. AB: radio del polígono interior, CB:

radio del polígono exterior. AC: línea capital. GAD: gola. AD:

semigola. DF: flanco. DD: cortina. CF: cara del baluarte. CD: línea de
defensa. La figura ADECG es un baluarte.

Luneta o media luna: Baluarte pequeño y con la


precisa condición de no formar sistema, de estar suelto, aislado,

destacado o avanzado, y tener la gola abierta y en forma de arco.//

Está provisto de dos caras, pero no tiene flancos, lo que le hace muy
vulnerable; utilizado corrientemente para cubrir el ángulo flanqueado
de un baluarte.

441
Magistral: Línea principal o más notable de toda traza,
sistema, plano o proyecto de fortificación.

Muralla.- En sentido amplio es todo el muro defensivo


que rodea a una plaza fuerte o a una fortificación. Se usa también
como sinónimo de "cortina".

Obra avanzada.- Defensa exterior, destacada a cierta


distancia de la fortificación para proteger sus accesos o puntos

vulnerables, ocupar un "padrastro" o lugar peligroso en caso de


asedio, etc.

Obras exteriores.- Obras avanzadas en la parte de la


campaña que sirven para cubrir la plaza; se ponen en parajes

ventajosos. Pueden ser; revellines, medias lunas. obras coronadas,


hornabeques, etc.

Orejón: Apéndice, refuerzo o salida del ángulo de la


espalda, redondeado o achaflanado; tiene por objeto resguardar las

piezas que guarnecen el flanco cubierto. Vauban era gran partidario de

colocarlos; para ello dividía el flanco en tres partes; en la división

exterior, con un radio igual a la mitad de su longitud trazaba un


semicírculo hacia el exterior que constituía su perfil.

Órgano.- Grandes piezas de madera, separadas las unas


de las otras, y pendientes sobre las puertas para hacerlas caer a plomo.

442
Ortografía o perfil.- Los perfiles representan la latitud
y altura de una fortaleza si se cortasen por sus elementos por una

plano perpendicular a su base. En la figura representada se tienen las

siguientes latitudes: AF, caja del terraplén; BC, plaza de armas; D,


banqueta; EF, parapeto; GJ, foso; H, cuneta; IK, camino cubierto; KL,
glacis; AB, talud interior, y FG, talud exterior.

Ovalo.- Ver "Elipse".

Padrastro: Es un punto o espacio más elevado que el


nivel de una plaza que descubre y domina alguna de sus partes.

Paralela.- Trinchera que el atacante de una plaza


levantaba frente a los muros de la misma, para emplazar sus cañones y
atacarla.

Parapeto.- Elevación de tierra de 6 a 7 pies del lado de


la plaza y de 4 a 5 por el de la campaña; su ancho era de 28 a 30 pies y

servía para que el soldado estuviese cubierto al disparar sobre el


enemigo.

Patio de armas. Terreno espacioso, dentro de la ciudad


o villa, donde iban a parar las principales calles que conducían a las
murallas. También se les ha llamado "plaza de armas".

443
Pentágono.- Figura de cinco lados y cinco ángulos.
Cuando está fortificado se compone de cinco baluartes y cinco

cortinas. De esta forma son la mayoría de las ciudadelas. Una plaza

regular puede ser de cinco, seis, siete o más lados, pero jamás llega a
doce.

Petardo.- Aparato de bronce afianzado a un tablón o


plancha metálica, que en los siglos XVI y XVII se destinaba
ocasionalmente a derribar puertas o paredes de poco espesor.

Plano o ignografía.- Señala la magnitud de las


fortificaciones de una plaza, tanto en latitud como en longitud, pero

sin altura ni profundidad; es la representación que aparecería si se

cortasen sus elementos por un plano horizontal, situado a un


determinado nivel.

Plaza de armas: Lugar en las fortificaciones donde se


asientan las bocas de fuego y donde se acomodan los defensores para
disparar sus armas.

Polígonos o multiláteros.- Figuras terminadas de


muchos lados. La de tres, como A, se llama triángulo; B: cuadrado; C:

pentágono; D: hexágono; E: heptágono; F: octógono; G: eneágonos,


etc. Figura regular es la que tiene todos sus lados y sus ángulos

444
iguales, como C, e irregular al contrario, como H. El contorno de estas
figuras se llama perímetro.

Poliorcética.- (Del griego "polis": ciudad, y "herkos":


recinto; "poliorcetico", de "poliorceteos" = sitiar) Arte de atacar y
defender las plazas fuertes.

Pólvora: Mezcla, por lo común de salitre, azufre y


carbón, que a cierto grado de calor se inflama, desprendiendo
bruscamente una gran cantidad de gases.

Poste o puesto.- Cualquier terreno, fortificado o no,


capaz de alojar tropas.

Poterna: Puerta pequeña, falsa o escondida, que se abría


detrás del orejón, o en la cortina, cerca del ángulo del flanco, para

bajar al foso. A veces estaba en el centro de una cortina, defendida por


un revellín o una luneta.

Puente levadizo.- Era un puente hecho de un tablado


gordo que se subía y se bajaba delante de la puerta de una ciudad o de
un castillo (M.I.). Podía ser de doble acción.

Puentes en los ríos.- Ver "Cabeza de puente".

Puerta.- Es el hueco dejado en las murallas para permitir


la entrada y salida de la fortaleza a todo tipo de persona, animal o

445
vehículo. Solía estar muy protegida y sólo se podía llegar a ella,

comúnmente a través de puente retirable o levadizo. A veces se las


dotaba con especiales obras y elementos de fortificación.

Rediente o flecha.- Pequeño revellín, generalmente de


cuatro lados, que se colocaba delante de otras obras exteriores.

Reducto.- Fuerte pequeño de figura cuadrada que sólo

tiene la simple defensa de frente. Se ponía en las trincheras y en la


explanada para defender los cuerpos de guardia.

Retirada.- Cortadura que servía para impedir el avance


del enemigo cuando las primeras defensas habían sido perdidas.

Retreta.- Parte inferior del paramento que se insertaba


en el terreno, sobre los cimientos, y que estaba especialmente
protegido para evitar la progresión subterránea de los minadores.

Revellín: Obra exterior de fortificación, que consta de


dos caras y dos flancos, y se ponía delante de la cortinas para cubrir
las puertas y los flancos opuestos de los baluartes vecinos.

Sacos terreros. Sacos de lienzo, llenos de tierra, para


hacer de prisa un parapeto de circunstancias.

Salchichones.- Sacos terreros gruesos como ramas


gordas de árbol.

446
Senografía o elevación.- Es la representación en
perspectiva militar de las murallas de una plaza, como también de sus

tierras, y de las profundidades de sus fosos, su planta y la forma de su


circuito.

Surtida.- Puerta colocada junto a un orejón, o en la


cortina, para bajar al foso, y hacer "surtidas" (salidas) más
cómodamente.

Talud: Inclinación del paramento de un muro o de un


terreno.

Tenaza.- Hay dos especies de tenaza: la simple (A) cuyo


frente forman dos caras, que hacen un ángulo entrante, y la doble (B)

cuyo frente está formado por cuatro caras, que hacen dos ángulos

entrante y tres salientes. Su objeto era el de resguardar el

revestimiento de la cortina y el de los flancos de los ataques del

enemigo, y fue un elemento muy utilizado por Vauban, que les dio

diversa forma a medida que avanzaba en el desarrollo de sus sistemas


defensivos. Los lados de estas figuras son paralelos.

Tenazón.- Obra destinada a proteger las caras de los


revellines; sus lados cortos estaban en prolongación de los del revellín
y los largos de las caras de los baluarte.

447
Terraplén.- Elevación de tierra que cubría el cuerpo de
la plaza y tenía su parapeto del lado de la campaña.

Toesa.- Medida de longitud, de origen francés, usada


normalmente en lo planos de las fortificaciones del período

"abaluartado". Equivale a 1,949 m. Se divide en 6 pies; el pie en 12


pulgadas; la pulgada en 12 líneas, y la línea en 12 puntos.

Tormentaria: Perteneciente o relativo a la máquina de


guerra destinada a expugnar o defender las fortificaciones. Arte

tormentaria: La de las armas de guerra. Se decía así de las armas que


utilizaban la pólvora como su elemento principal.

Torre: Edificio fuerte, más alto que ancho, y que sirve


para defenderse de los enemigos desde él, o para defender una ciudad
o plaza. // adosada: Aquella que se une a la muralla por uno de sus
lados. // albarrana: La exterior, bastante separada, y unida

generalmente por un puente. // exenta: La que está junto a una

cortina, pero separada de ella. // inclusa: La que está comprendida

dentro de la cortina de la muralla, sobresaliendo de ella.

Través o traversa: Muro o parapeto para ponerse al


abrigo de los fuegos de enfilada, de flanco, de revés o de rebote, o
colocado cruzando un camino cubierto para oponerse a un enemigo
infiltrado en él.

448
También se daba este nombre a un foso, terminado por

un parapeto, y a veces por dos; este foso podía ser descubierto o


cubierto, en ocasiones por tablas cargadas de tierra.

Triángulos y cuadriláteros.- Figuras geométricas.


El triángulo consta de tres lados y el cuadrilátero de cuatro. A:

triángulo equilátero. B: triángulo isósceles. C: triángulo escaleno. D:

triángulo rectángulo. E: triángulo obtusángulo. F: triángulo

acutángulo. G: cuadrado. H: rectángulo. I: rombo. L: romboide. M:


trapecio. N: trapezoide.

Trinchera.- Foso cubierto de gaviones, sacos terreros,


estacas y toda otra especie de trabajo, para defender un puesto de los
ataques del enemigo.

449
450
BIBLIOGRAFÍA

451
A R C H I V O S:

GENERAL DE SIMANCAS (A.G.S.): Importante colección de

documentos sobre fortificaciones que llegan hasta 1764. Los relativos


al Real Fuerte de la Concepción se encuentran en los legajos:
 Guerra Antigua. 2030, 2051, 2052, 2055, 2056, 2081
y 2138.
 Guerra Moderna. 3638.
 M. P. y D. X-90. G. M. leg. 3638.
 M. P. y D. XXXI - 7. G. M. leg. 3638.
 M. P. y D. XXXI - 8. G. M. leg. 3638.
 M. P. y D. XXXIII - 3. G. M. leg. 3638.
 M. P. y D. XXXIII - 5. G. M. leg. 3638.
 M. P. y D. XXXIII - 6. G. M. leg. 3638.

HISTORICO NACIONAL (A.H.N.). Guarda buena cantidad de


documentos relativos a la fortificación abaluartada, en especial de los
siglos XVII y XVIII y de la escuela hispanoamericana.

DEL INSTITUTO DE HISTORIA Y CULTURA MILITAR


(S.H.M.). Abundante documentación en:

 Sección 1º. de Archivo (General de Documentos).


 Colección Aparici.
 Ponencia de Ultrama.

452
CARTOGRAFICO (CARTOTECA HISTORICA) DEL SERVICIO
GEOGRAFICO DEL EJERCITO (C.H.S.G.E.). Conserva todas las
cartas y planos que sirvieron para su edificación en el siglo XVIII.

HISTORICO PROVINCIAL DE SALAMANCA (A.P.S.). Se


extiende la documentación hasta el año 1770. En el, en lo relativo al
protocolo de don Manuel Antonio de Aineto, principalmente, puede
hallarse todo lo relativo a las contratas para la edificación del siglo
XVIII.

ALMEIDA, Joâo. "Roteiros Monumentos militares portugueses ".-


Lisboa, 1945.

AYALA Y VIAMONT, Diego: " El perfecto capitán". madrid, 1590.

BARRA, Felipe: "Fortaleza Real Felipe en el Callao". CASTILLOS


DE ESPAÑA, nº. 71, Madrid, 1971. "Monografía Histórica del Real
Felipe del Callao". Lima, 1945.

BELIDOR, Bernard Forest de: "Le science de l'Ingenieur". Paris,


Chez Claude Joubert, 1729. "Nouveau Cours de Mathematique a
l'usage de l'artillerie et du genie". Paris, Chez Nyon, 1757.

BLONDEL, François: "La nouevelle maniére de fortifier les places".


1685.

453
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Ciudades Españolas". Madrid, 1991.

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Modernas".- 1669. "Opúsculos de los señores y príncipes soberanos de
la Ciudad de Xio". Valencia, 1669.

CALABRO, Mateo; "Tratado de fortificación y arquitectura militar".


Salamanca, 1991.

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la monarquía española. Aspectos de una profesión (1530-1650).-
REVISTA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE.- 1981.
CAPEL, Horacio: Geografía y Matemáticas en la España del siglo
XVIII". Barcelona, 1982.

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institucional de los Ingenieros militares en el siglo XVIII. SERBAL.
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465
Índice onomástico

Bordan, Pedro, 298, 309


A Bordick, Diego de, 155, 258, 261, 264,
Alava y Viamont,, Diego, 131 270, 273, 274, 275, 276, 277, 278,
Alba, Fadrique duque de, 184, 186, 246, 284, 323, 422
389, 405 Buscayolo, marqués de, 131, 237, 240,
Alba, Fernando duque de, 184, 186, 246, 242, 246
389, 405
Alberoni, aabate, 150, 255 C
Alberto Magno, 56
Alejandro Magno, 55 Caivi, Juan Bautista, 127
Alfonso I Enríquez rey de Portugal, 218 Calabro, Mateo, 151, 155
Alfonso V rey de Portugal, 204, 218, 219 Calderón Quijano, José Antonio, 133
Alfonso VII rey de Caastilla, 218 Campillo, José del, 200, 212, 255, 302,
Alfonso X el Sabio, 54 303, 311, 326, 377, 384, 423
Alvarez. José Narciso, 302 Canario de Aragón, Francisco, 131
Amici, Jerónimo, 189 Capel, Horacio, 153
Angulo, Pedro de, 127 Caramuel, 152
Antonelli, Juan Bautista, 127, 186 Carlos I de España y V de Alemania, 64,
Antonelli, Juan Bautsita, 127, 186 128, 185, 188, 219, 240, 255, 427
Aranda, Pedro Pablo Abarca de Bolea, Carlos III rey de España, 64, 80, 128,
conde de Aranda, 182, 189, 399 185, 188, 219, 240, 255, 257, 296,
Arellano, marqués de, 297, 300, 302, 373, 311, 400, 402, 405, 427
374, 376, 377, 382 Carños II rey de España, 188, 240, 255,
Arévalo y Porras, Antonio de, 156 427
Auchi, barón de, 246, 389 Casanova, 189
Austria, Juan José de, 183, 219, 228, 244, Castrioto, Jacome Fusto, 128
397 Castrioto, Jacopo, 128
Cattaneo, Pietro, 127
Ceballos, Pedro de, 399
B Cerdas y San Carlos, cardenal, 401
Bárbara de Braganza, 296 César, Julio, 72, 73, 461
Bas-le-Duc, Jean Errard de, 117 Céspedes, García de, 131
Batefort, Juan de, 153
Bauffle, José de, 153 Ch
Berrugal, Josph, 261
Bertoldo, Severino, 58 Chafrión, Jossé, 131
Bertoldo,Severino, 58
Berwick, duque de, 251, 398, 421 C
Blanco, Ramón, 39, 403
Blondel, Fraançois, 139, 152 Citesias, 23
Bonet, 157 Claudio, 29
Clemente X, PP, 400

466
Clemente XII (Lorenzo Corsini), 297 Felipe duque de Parma, 208, 296
Codony, Francisco, 156, 324, 338, 347, Felipe II rey de España, 128, 186, 220
358, 392, 393 Felipe II, rey de España, 128, 186, 220
Coerhorn, 149 Felipe IV rey de España, 177, 183, 188,
Coffan, Santiago Alberto, 153 220, 221, 222, 228, 229, 233, 240,
Coisevaux, Pedro, 153 244, 245, 287
Collado, Luis, 130 Felipe V rey de Españaº, 148, 418
Courten, Juan Amador, 155, 208, 264, Felipe V, rey de España, 148, 418
270, 272, 274, 277, 278 Ferigan, Sebastián, 152
Craufurd, Robert, 337, 358, 406 Fernado VI rey de España, 63, 90, 100,
Cruz Manrique de Lara, I., 131 142, 155, 181, 184, 187, 189, 205,
219, 243, 246, 257, 296, 314, 389,
D 390, 393, 398, 400, 426, 463, 464
Fernández de Valcárcel, Manuel, 131
Dávila y Herrera, Andrés, 131 Fernández Durán, Miguel, 420
Del Pozo, 126 Fernando de Antequera, 63, 90
Díaz Pimienta, Juan, 153 Fernando VI rey de Espaaña, 184, 189,
Diego de la Torre, 230, 237, 240, 244, 390, 393, 398, 426
245, 246 Filarete, Antonio Abvellino, 97
Dogen, Mathias, 139 Fontaana, 97
Dupuy, Felipe, 208, 264, 273, 277, 278, Foñch de Cardona, Pedro Antonio, 131
288, 297, 382, 383, 385 Foucaviti.Juan, 298
Francisco I de Francia, 64
E Fritag, Adam, 139
Frosne, Bernardo de, 156, 310, 312, 313,
Eiximenis, Francesc, 97 315, 322, 323, 324, 325, 329, 423
Enrique III de Castilla, 90
Enríquez de Villegas, Diego, 131
G
Escalante, Bernardino, 131
Eslaba, Sebastián de, 425 Galloso, José, 153
España, Carlos de, 9, 10, 28, 33, 34, 38, García Cmison, Juan, 302
40, 56, 58, 59, 63, 72, 75, 77, 80, 82, García de Alderete, Diego, 131
84, 94, 99, 105, 109, 115, 125, 126, García de Palacios, D iego, 131
132, 138, 143, 144, 148, 149, 150, García Sagrado, Lesmes Pedro, 298
157, 177, 178, 202, 204, 218, 220, García-Rodriguez, Fernando, 110, 142
222, 228, 229, 240, 254, 255, 256, Gaver, Antonio de, 155, 212, 324, 331,
260, 296, 303, 348, 378, 397, 398, 392, 421
401, 402, 404,405, 410, 418, 454, 459, Giraldo de Chaves, Juan, 156, 335, 337,
460, 463 348, 358, 392
Estevenin, Simon, 139 Godoy, Manuel, 402
Estrabon, 23 González de Medina Barba, Diego, 131
Goñdman, Nicolas, 139
F Guevara, 186
Guitart Apaaricio, 125
Facciotto, Bernardino, 128 Gustavo Adolfo, 64
Federico II de Prusia, 65

467
H Levi-Provençal, E., 80
Lieson Moreau, Saturnina de, 298, 426
Hastings, Warren, 55 Lópes de Oña, Ignaciom- San Ignacio de
Heredia, 189 Loyola, 185
Hermosilla, José de, 155, 335, 393 López Carretón, José, 357
Herodoto, 23 López Sopuerta, Juan, 302
Herrero Gómez, Andrés, 298 Louison, general, 403
Hontabatt, Hernando, 298 Luciano Bonaparte, 402
Hurtado, general, 189 Lucuze, Pedro de, 129, 152, 293, 461

I M
Ignacio de ZayaS, 242 Macchi, Francesco de, 128
Isabel de Portugal, 137, 219 Maceda, conde de, 155, 335, 393, 399
Isabel Farnesio, 296 Machiavello o Maquiavelo, Niccoño, 97
Isla, Lázaro de la, 131 Madoz, Pascual, 407
Magalhaes, 397
J Maggi, Girolamo, 130
Malet, Manesson, 139
Jocquet, Simón, 230, 232, 242, 346, 388 Malpaso, Pedro de, 185
Joseph de, 131, 243 Manzano-Monís, Manuel, 210, 247, 301,
Juan I de Castilla, 90, 221 302, 311, 319, 338, 357, 390, 418,
Juan II de Castilla, 90 419, 420, 425, 426
Marcón, Diego, 420
L Margarita de Saboya, 220
Maria Antonia Fernanda, 297
La Cour, Mr. de la, 418 Mariategui, Eduardo, 129, 458
La Ferriere, Juan de, 156, 304, 305, 313, Marolois, Samuel, 139
319, 320, 323, 356 Medrano, caballero, 131, 132, 135, 136,
Landaete, Juan de, 156 137, 138, 139, 140, 143, 149, 152,
Lanter,.Giacomo, 128 178, 188, 411, 459, 464
Larrando de Mauleón, Francisco, 151 Mendoza, Bernardino de, 81, 131
Larumbe, Ramón de, 305, 306, 309 Meneses, Juan de, 137
Laya, Blas de, 420 Merimée, 35
Le Prestre, Sebastián. Señor de Vauba, Mesones de Lima, Jaime, 100, 426
105, 112, 116, 133, 135, 136, 139, Mieuson, Alberto, 153
140, 141, 142, 143, 149, 152, 153, Minguet e Irol, P, 110
156, 161, 162, 178, 188, 256, 314, Moliner, María, 21, 40
411, 442, 447, 456, 457, 459, 465 Moncada, Omar, 153
Lechuga, Cristóbal, 130 Montagut o Montaigut, Amtonioi, 421
Leclerc, Carlos Victor, 402 Montagut o Montaigut, Franmcisdo, 421
Lecoq, Oedro, 298 Montemaar, duque de, 151, 152, 303,
Lede, marqués, 256 305, 308, 311, 312, 313, 317, 320,
Leganés, marqués de, 131, 152 322, 323, 325, 326, 378, 381, 382,
León y Luna, José Antonio de +, 279, 301 383, 384, 421
Leonardo da Vinci, 97

468
Montemar, José Carrillo de Albornoz, Patyiño, José, 151, 206, 236, 255, 257,
duque de, 151, 152, 303, 305, 308, 258, 259, 260, 271, 273, 275, 277,
311, 312, 313, 317, 320, 322, 323, 278, 284, 288, 291, 294, 297, 302,
325, 326, 378, 381, 382, 383, 384, 421 304, 323, 350, 370, 371, 373, 374,
Moore, John, 404 376, 377, 378, 380, 384, 388, 389,
Morán, Mateo, 130 390, 393, 422
Moreau Lieson, Magdalena, 427 Peñafiel, Esteban, 156
Moreau, Pedro, 155, 206, 208, 210, 211, Pescara, marqués de, 63
233, 236, 258, 259, 261, 264, 270, Peso, Pedro del, 185
272, 273, 275, 277, 278, 286, 287, Philon de Bizancio, 35, 72
288, 294, 297, 299, 301, 304, 305, Pietra Santa, Franciso, 131
308, 309, 311, 312, 313, 314, 316, Pío de Saboya, Ptríncipe, 421
317, 319, 321, 322, 323, 324, 325, Pisano, Luis, 127
327, 328, 330, 332, 333, 334, 338, Pla Cargol, Joaquín, 80
347, 350, 354, 356,358, 388, 389, 391, Polibio, 72
392, 393, 394, 418, 420, 422, 423, Polo, Maffeo, 55
424, 425, 426 Polo, Marco, 55
Mortara, marqués de, 246 Procopio, 33, 73
Moscoso, Manauel, 304, 313, 372, 373, Puig, Gabriel, 300, 301, 393
374, 383
Mota, Alejandro de la, 95, 106, 421 Q
Munt, Vicente, 130
Quatrefages, René, 100
N
R
Napoleón Bonaparte, 65, 105, 157, 158,
402, 405, 410 Ramírez, maestro, 100, 126
Navarro, Pedreo, 126 Ramiro López, francisco, 101, 126
Navia-Osorio y Vigil, marqués de Santa Rebolledo, conde de, 246, 389
Cruz de Marcenado, 421 Reyes Católicos, 63, 100, 125, 126, 184,
Nedjen-Eddin-Hassan-Abrammah, 57 187, 219
Ney, mariscal Miguel, 406 Ripperdá, 255, 256
Noailles, duque de, 418 Rodríguez de la Flor, Fernando, 233, 243,
316, 319, 335, 356, 400
Rojas, Cristóbal de, 130
O
Rousell, 152
M, 131
Ordovás, Juan José, 156 S
Orry, Jean de, 255
Saboyno, Juan Bautista, 261
Salamanqués, Juan, 245, 246, 247, 249
P
Salas, Ignacio de, 156, 314
Pacciotto, Francesco, 128 Salazar, Diego, 129
Pagan, Blaise François de, 139, 152 San Antonio, fray Nicolás de, 298
Parque, duque del, 179, 405 Sánchez-Gijón, Antonio, 100
Sánchez-Tembleque, Luis, 93, 110, 142

469
Santana y Tapia, Juan de, 131 V
Sardi, Pietro, 139
Sarmiento, Diego, 246, 389 Valdecañas, marqués de, 418
Sarriá, conde de, 399 Valturio, Roberto, 97
Sarthou Carreres, Carlos, 80 Vara, Francisco de, 303
Sayve, conde de, 401 Verboom, C ornelio de, 148
Solís, Lorenzo de, 155, 156 Verboom, Jorde Próspero de, 132, 138,
Spanocchi, Tiburcio, 128, 177 143, 148, 150, 153, 154, 156, 178,
179, 182, 189, 256, 257, 259, 277,
310, 314, 418, 419, 420, 422
T
Verboom, Jorge Próspero de, 297
Taccela, Jacopo Mariano, 97 Villarias, 303, 311, 378
Tamayo, Francisca, 302 Ville, Antoine de, 139, 152
Taunneville, Barón Felipe de, 153 Villlarias, Sebastián de la Cuadra, mar-
Tejada, Fernando, 246, 389 qués de, 303, 378, 384, 426
Téllez Girón, duque de Osuna y conde de Viññema Pardo, Leonardo, 63, 98, 125,
Ureña, Gaspar, 131, 151, 152, 184, 129
186, 206, 207, 221, 225, 227, 228, Vitey, 56
229, 230, 231, 232, 233, 236, 237, Vitrubio, Marco, 35, 72
238, 239, 240, 242, 243, 244, 245,
246, 251, 256, 258, 259, 263, 273, W
276, 287, 288, 299, 303, 305, 311,
312, 313, 314, 317, 319, 320, 322, Wall, Ricardo, 426
323, 325, 346, 350, 370,378, 382, 383, Welliingto, 406
384, 388, 389, 396, 398, 405, 418, Wilson, Robert, 405
421, 422 Wu-Ching-Tsao, 55
Torrenueva, marqués de, 303
Torres, marqués de las, 151, 406 Z
Torriani, Leonardo, 128
Trocifal, marqués de, 246, 389 Zapatero , Juan Manuel, 105, 116, 133,
155, 157
Zepeda y Andrada, Alonso de, 131, 152
U
Zepeda, Alonso de, 131, 152
Ufano, Diego, 55, 130 Zubiri, Xavier, 26
Ulloa, Pedro de, 238, 242, 327
Upmann, 59

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