Le Goff
Ritual simbólico del vasallaje
Toda sociedad es simbólica, utilizando prácticas simbólicas. El Simbolismo en la vida
social aquí se considerará en una institución social fundamental: el vasallaje.
El vasallaje es un problema sin explicación simbólica de parte de los clérigos, dada su
percepción en lo inmediato. La investidura de armas, es un rito de iniciación con sello cristiano
(“Cuasi sacramento”). Es diferente al vasallaje, que presenta raros y débiles indicios para encontrar
lecturas simbólicas en la E.M.
En la E.M, el simbolismo es un término especializado y restringido, diferente al actual. En
su campo semántico se encuentra el signum.
El Osculum, a veces, beso, fidelidad como símbolo de oblación. La búsqueda de un ritual
simbólico en el conjunto de actos por los que se constituía el vasallaje.
Hipótesis: los ritos del ritual simbólico del vasallaje requieren un acercamiento
etnológico, que puede ilustrar aspectos esenciales de la institución vasallática.
1 – Descripción.
Los ritos vasalláticos presentan:
- Tres categorías de elementos simbólicos: Palabra, gestos y objetos. Están organizados
según la concepción augustiniana del signum y el símbolo: “Además de la impresión de los
sentidos, nos hacen conocer algo más”.
- Tres etapas de entrada: homenaje, fe e investidura del feudo.
(LH: Verdadera alta E.M: SXVIII – IX).
1 - El Hominum, el homenaje, presenta dos actos:
A – Verbal: declaración, compromiso del vasallo, de hacerdse hombre y señor. Palabra
simbólica, signo de relación entre el señor y el vasallo, paralelo al bautismo del nuevo cristiano:
¿Quieres hacerte cristiano?
B – Inmixtio manum, manos juntas que el señor cubre con las suyas. No basta el gesto,
requiere una contestación señorial. Este simbolismo medieval tiene una clave: La mano en sí, que
de por sí, es un símbolo polisémico, que implica enseñanza, defensa, condensación, pero en este
caso protección, encuentro, sumisión al poder. En la antigua Roma y su derecho existe, pero es un
atributo esencial del paterfamilias, una expresión de la potestas en el derecho.
En España es diferente: Osculatio manum, más que innmixtio manum.
*Galbert de Brujas. Presenta una anomalía, mostrando el beso en la primera parte, unida al
homenaje. Cuando es parte comúnmente de la segunda, La Fides.
2 – Fidelidad: completado por juramento, sobre biblia o reliquias. Recurso a la palabra,
pero alcance simbólico de la palabra más fuerte que en homenaje.
La etapa de la fidelidad se descompone en dos etapas: promesa y juramento. Entonces, el
estado del ritual vasallático ahora con el vasallo que se ha vuelto “hombre de boca y manos”.
En el simbolismo tiene un lugar esencial lo corporal en el sistema cultural y mental de la
E.M. El cuerpo no es sólo el revelador del alma, sino que es el lugar simbólico donde se realiza la
condición humana (hasta en el más allá, bajo forma corporal, en la que el alma realiza su destino).
3 – Investidura del feudo.
Conclusión. Entrega de objeto simbólico del señor al vasallo.
Los objetos simbólicos no ya la palabra y el gesto (aspecto menor del ritual simbólico).
Señalan el paso de la posesión de una cosa (dominum rei) de una persona a otra, obedece además a
un uso consagrado de una forma que fuera percibido por todos como un acto jurídico.
*Du Cange, 98 objetos censados (objetos simbólicos). Divididos en dos tipologías
sucesivas:
A – En relación con la cosa transmitida (rama, pella de tierra o hierba, que significan
investidura de tierra) y los que manifiestan la trasmisión de un poder, potestas, esencialmente en
forma de bastón, y muchos otros objetos.
B – Tres clases de objetos (aparecen más en investidura): el que tiene más relaci´n con la
rierra y el césped o guazo; los bastones de mando (bastón, ramita)…
Observaciones:
1 – Es preferible otra tipología a considerar: lo etnohistórico y la frecuencia de casos
documentales a distinguir, que están sujetos a revisión.
Los símbolos socio-económicos: preeminencia de lo relacionado a la tierra, más
específicamente, de la tierra “natural”, inculta.
Los símbolos socio-culturales: la cultura en sentido antropológico, por oposición a la
naturaleza.
Subgrupos:
- Gestos corporales (“por el dedo, por el pulgar derecho, por la mano…”)
- - Ropa (“Por el sombrero, por el cinturón, por la esclavina”…)
Lo símbolos socio-profesionales: dominan los símbolos de las categorías sociales de las
dos primeras funciones: clero (“Por el caliz, por las llaves de la iglesia, por la férula pastoral) y la
caballería (“Por la espada, por la lanza). Luego, los del campesino (cuchillo, cuchilla, tijeras, horca
de madera…).
2 – Las bases de la clasificación deben ser revisadas por no corresponder ni al utillaje
cultural y mental de la E.M, ni a nuestras categorías modernas.
Finalmente, el simbolismo de los objetos debe ser revisado primero en su explicación a un
primer nivel, y no hay que aislar estos objetos y sus significaciones del conjunto del ritual. Para
captar el conjunto, hay que añadir a los ritos de entrada en vasallajes mencionados, y analizar
también los ritos de salida (estudiarlo en sus dos vertientes), y tener en cuenta la ruptura, es decir,
la despedida (rara vez). La simbólica del ritual destinado a crear un vínculo social, no se capta a no
ser que se la considere a la vez en la constitución y la destrucción del vínculo.
II – Sistema
El conjunto de los ritos y de los gestos simbólicos del vasallaje constituye un verdadero
sistema, funcionando si están todos los elementos esenciales, necesitando cada elemento estar en
conjunto para ser comprendido. Presenta una coherencia interna. Homenaje, fe e investidura, un
desarrollo lógico y necesario, más que desarrollo temporal.
El problema aparece en la existencia del sistema de gestos simbólicos, que no puede ser
probada.
En la primera fase, el homenaje, lo importante es la expresión de la subordinación más o
menos marcada del vasallo en relación a su señor. En el gesto del señor hay promesa de ayuda, de
protección, pero precisamente a través de esta promesa hay ostentación de un poder superior. Una
relación de dependencia, a veces más en alguna fase: el uno ayuda, el otro recibe ese sostén y
devuelve servicios por su protección. Humillación, o al menos deferencia e inferioridad. Si se mira
del lado del señor, es la aceptación del superior. Desigualdad, casi una exigencia, entre ambos.
El homenaje se trata del reconocimiento por el vasallo de la condición de subordinado que
viene a confirmar ritualmente su posición inicial inferior. Frente a un superior hace del inferior un
subordinado (Fieri, fore, expresa bien la transformación del vasallo). Homo, solo una imagen y
representante del señor celeste, marca la subordinación de los sentidos especializados de vasallo de
un lado, y siervo del otro, en la escala social de los hombres.
En la segunda fase, La fe, modifica sensiblemente las cosas. El Osculum es el signo
simbólico que lo marca (hay formas de interpretarlo, complicado, expresa una fe mutua. En lo
etnológico, el beso sobre la boca parece derivar de creencias que recomendaban el intercambio bien
del aliento, bien de la saliva, evocando el intercambio de sangre que se encuentra en otros tipos de
contratos o de alianzas muy solemnes. Este es un intercambio entre iguales, que hace iguales, ,
uniendo en posición simétrica. Las bocas igualan.
Finalmente, la investidura, pone de manifiesto la práctica del don/contra don. Tras la fase
desigualdad - igualdad, concluye el sistema con un vínculo mutuo, un contrato de reciprocidad. La
definición de la ceremonia que es la conclusión e un pacto, de un contrato y el contra – don de la
investidura que responde al don del homenaje y de la fe (juramento).
Un vínculo recíproco entre un señor y un vasallo (garagú).
El sistema está completo.
La reciprocidad se afirma desde el homenaje y más aún debido al Osculum, pero sólo la
investidura del feudo, el contra-don material del señor al don de las promesas el vasallo durante el
homenaje y la fe, sella el carácter mutuo del contrato vasallático. Reciprocidad que corrige sin hacer
desaparecer la desigualdad entre señor y vasallo.
Su el homenaje, la fe y la investidura del feudo constituyen un sistema único y completo,
las significaciones de los ritos simbólicos sucesivos no se destruyen, sino que se añaden. El sistema
vasallático es un contrato entre dos personas, una de las cuales, el vasallo, permaneciendo inferior al
otro (inferioridad simbolizada), se convierte, debido al contrato mutuo, en su igual en relación a
todos aquellos que quedan al margen de este sistema de contratos.
(Dos niveles simbólicos de análisis: un primero, respecto a los elementos del sistema, y el
otro, un segundo nivel, en el globalmente considerado).
Los ritos de vasallaje en la sociedad medieval occidental constituyen un sistema simbólico
global y este sistema es original, aunque está construido sobre un modelo general de referencia:
económicos, políticos y hasta familiares.
Un modelo de tipo económico representa un contra don cuya significación económica es a
la vez fundamental y evidente. Aunque ninguno de los dos modelos principales de las sociedades
preindustriales parece poder aplicarse al sistema feudo - vasallático. El Potlach no puede ser
referente del don/contra don feudal, porque en la sociedad medieval no está ésta práctica
generalizada. Tampoco el sistema del contrato como lo conoció el mundo romano, y el derecho que
elaboró, no puede ser modelo del sistema feudo vasallático, porque en este sistema hay cesión de
propiedad, mientras que en el feudo vasallático no hay abandono del dominium por el señor en
beneficio del vasallo. La inmixtio manuum no es sinónimo y encarnación de la potestas, no es un
concepto abstracto, igual que el osculum (que no implica ni traspaso de fuerza vita, ni “beso de la
paz” en un sentido cristiano posterior). Ambos sitúan a los dos actantes, uno en relación a otro: en el
primer caso en relación de desigualdad, en el segundo, de igualdad. Finalmente, en los objetos
simbólicos de la investidura podrían privilegiarse las insignias de poder que en él se encuentran
(anillo, báculo, espada, cetro) y en particular, el bastón. El contrato vasallático crea un sistema de
obligaciones mutuas, no es el paso de la potestas sobre el feudo del señor al vasallo.
Para reforzar la hipótesis de este libro, el sistema simbólico del vasallaje tiene por
referencia esencial un modelo familiar, un sistema de parentesco. El sistema simbólico del
vasallaje tiene por sistema de referencia un modelo de parentesco e invita a profundizar en la
comprensión del sistema feudal en dirección del estudio de los sistemas de parentesco.
La definición esencial del vasallo es “hombre de boca y de mano”.
La mano, lo importante es lo que hace, su función. Interviene en cada fase del ritual. En el
homenaje une en un encuentro desigual al señor y al vasallo. En la fe confirma el beso de la
igualdad. En la investidura, da por una parte y recibe por otra el objeto que sella el contrato.
Descartaremos la manus del derecho romano, porque la palabra desde esa época es un término
abstracto de poder, pero designaba el poder de paterfamilias, y que en el cristianismo una mano, la
de Dios, se impone a todas las demás, empezando por la iconografía.
La boca, el beso, es diferente al antiguo beso litúrgico cristiano. Osculum pacis y fidei. Si
se puede relacionar con otro beso ritual, el de los desposorios. En líneas generales, señala la entrada
en una comunidad familiar no natural, particularmente el matrimonio. La costumbre es precristiana.
En vano la condenó tertuliano como pagana.
En la fase de investidura de un objeto simbólico particular; fetuca, paja, ramita o pequeño
bastón. Esta no se trata de propiedad ni de derecho adquirido por la ocupación militar. Los símbolos
permanecen, el simbolismo cambia. La festuca es el único que ha dado nacimiento a una familia de
palabras que parecen probar su papel de indicador fundamental tanto en las prácticas como en la
simbólica del vasallaje. Parece que los derivados de festuca fueron empleados para hablar de la
salida del vasallaje, y de la despedida. Exfestucare (verbo) y exfestucatio (sustantivo, acción de
romper el homenaje por el lanzamiento de la festuca). La investidura forma, con el homenaje y la
fidelidad, un todo jurídicamente y simbólicamente indisoluble. Si el vasallo “rompe” el homenaje
prestado al señor, debe al mismo tiempo restituir al feudo. Si no lo hace, se debe por derecho
realizar otra práctica según otro sistema.
El modelo de parentesco que, según esta hipótesis, es la referencia del sistema
simbólico-feudo = vasallático, no es el del parentesco “natural”. Puede pensarse en el modelo de
la clientela o en el de la adopción. En la clientela, fundamental, uno se volvía cliente por medio de
un acto privado; se vuelve vasallo mediante una ceremonia pública. También el sistema de
adopción, pero está mal conocido. Podría pensarse también en una estructura de amistad, bajo la
cual los hombres de la Edad Media pusieron no solo un contenido muy fuerte (como se ve en las
canciones de gesta, por ejemplo, Rolando y Oliveros), sino un carácter cuasi jurídico, institucional.
No es que el sistema este calcado sobre un sistema de parentesco, buscando en las
relaciones entre señor y vasallo, las relaciones hijo y padre adoptivo. En realidad, la simbólica de
este sistema tal como aparece en el ritual de entrada en vasallaje o de salida del vasallaje
debía ser percibida como derivada del dominio de la simbólica familiar y estructurada como
tal. Una sociedad no dispone más que de algunos sistemas simbólicos de referencia, y los
demás remiten a ellos. En el caso de los gestos simbólicos del vasallaje me parece que tienen
por referente los gestos de la simbólica parental.
Se crea una sociedad de emparentados a través del ritual simbólico del vasallaje,
masculina y aristocrática. La verdadera razón está en la jerarquía social confrontada a la del sistema
simbólico de entrada en vasallaje. El homenaje es la fase de la desigualdad. La mujer es admitida
en el rito. La fe es la desigualdad de los miembros (en el componente del beso). La mujer, desde el
mundo de vista social y religioso, no puede recibirlo, aunque la realidad será a veces más tolerante,
sobre todo en las grandes damas y en las detentadoras de autoridad real (*Doña Urraca y Alfonso el
Batallador, en la Carta donationis, 1109).
Una objeción aún más fuerte es la del amor cortés, al margen del problema del carácter
puramente literario o no de ese amor. En el amor cortés, el hombre vasallo de la mujer, y un
momento esencial del sistema simbólico cortés es el beso. El amor cortés fue, en el SXII, un
fenómeno contestatario escandaloso, manifestación del mundo al revés. El sistema del amor cortés
conoció su más alta expresión en el culto mariano y en él la contaminación del ritual mariano por el
ritual vasallático es sorprendente (Georges Duby, la única vez que habla de simbolismo en los
gestos de la vida social, lo haga a propósito de la virgen). El cristianismo sacralizó desde siempre,
por prácticas de humildad y ascetismo, estos escándalos de inversión societaria. Pero el amor cortés
y el culto mariano, aunque en sus inicios testimonian cierta promoción de la mujer en la sociedad
medieval de la gran oleada de los siglos XI-XII, tuvo sobre todo por función fijar, desviar y
recuperar el movimiento “feminista” de la edad románica en la idealización y la alienación
sentimental, estética y religiosa de la edad gótica. El beso cortés, pese a las apariencias, no resulta
pertinente en este caso.
Otro excluido de la jerarquía de iguales: el pechero, el villano. Puede ser enfeudado, pero
no será jamás un verdadero vasallo. Le es negado, como a las mujeres, el beso simbólico, el
Osculum. El pechero, como el siervo, no ha entrado en el sistema simbólico completo.
Un emparentamiento que, por un compromiso recíproco sancionado por el feudo, hace al
señor y al vasallo iguales por la fidelidad y una pareja jerarquizada por el homenaje.
III– Restitución de las perspectivas espacio-temporales
Para entender mejor la función y el funcionamiento de este sistema, importa examinarlo
en sus variantes geográficas y en su evolución cronológica.
A – Las perspectivas geográficas.
El único elemento original importante en el ritual simbólico del vasallaje es el
besamanos, que parece reemplazar generalmente a la inmixtio manum, en el homenaje
español. Resulta interesante el fenómeno histórico de las regiones en las que hubo
aculturación y de las que, con frecuencia olvidadas por medievalistas, fueron zonas
fronterizas: marginales, de la cristiandad medieval y de la feudalidad, y más que las zonas
de contacto con los grandes competidores y adversarios exteriores (Bizancio o el Islam),
fueron sobre todo zonas de conflicto y rechazo, los confines, como el “paganismo”: Irlanda,
Escocia, Islandia, Escandinavia, países eslavos.
Los modelos extranjeros deben encontrar, para implantarse, un terreno preparado y
adaptarse a las condiciones originales. Aquí, como en otras partes, la noción de pureza,
paralela a la de importación, resulta anticientífica y anti histórica.
b – Las perspectivas geográficas.
Pese a que el desinterés ya subrayado de los clérigos de la edad media por la
relación del ritual feudo-vasallático, con los documentos que nos llegaron, permiten datar
los testimonios, aunque azarosos.
(Ver)
IV– Problemas
Resta formular algunos problemas importantes al mismo tiempo que precisar el método
propuesto y aportar algunos complementos.
A – El dominio del ritual simbólico del vasallaje
La costumbre del Osculum en la despedida, como la festuca en las dos vertientes del rito,
en la entrada y en la salida, confirma la convicción de que se trata de un sistema.
El simbolismo parece fundamentalmente diferente de aquel que forma parte del sistema
feudo-vasallático. Se trata en ambos casos solo de la recurrencia a los mismos objetos simbólicos
(Los símbolos son polisémicos). El vínculo feudo-vasallático fuera de la misma naturaleza que
aquellos determinados por toda una serie de contratos, y aún menos que esos contratos estuvieran en
el origen del sistema vasallático.
El grave problema es el de los ritos reales_ por un lado, un ritual enteramente sacralizado
que hace ingresar al rey en un sistema religioso; por otro, un ritual profano (pese a la recurrencia de
prestigios cristianos), que hace ingresar al vasallo en un sistema socio-económico. Hay dos
sistemas: un sistema real, y uno “familiar” aristocrático; dos simbólicas: una de transmisión de
poder cósmico, sobrenatural, otra de integración familiar. La confusión provino sin duda del uso
que los carolingios, emperadores del Santo Imperio y los papas, o algunos, hicieron del bien
vasallático y del sistema feudal, pero esencialmente son diferentes.
Otro problema grave es el de las investiduras eclesiásticas y el sistema simbólico al que se
refieren. Es innegable que a través de la teoría de los dos poderes, lo espiritual y lo temporal, la
iglesia medieval confundió durante mucho tiempo el sistema de la investidura temporal y el de la
ordenación eclesiástica en todos los planos. El ritual de ordenación agravó la confusión. El dominio
del ritual simbólico el vasallaje fue original, pero también autónomo. Entre las funciones
eclesiásticas y la del feudo hubo tales contaminaciones. La investidura eclesiástica está calcada
sobre la investidura vasallática, y los ritos de entrada en vasallaje sirvieron de modelo a los de
entrada en la religión.
B – Una tentativa de lectura de tipo etnográfico
(…)
Conclusión: Fieles, luego vasallos
Dos observaciones generales a guisa de conclusión. Esta interpretación del ritual feudal
que pone en primer plano el vínculo personal no consigue en modo alguno hacer de la feudalidad un
simple fenómeno de mentalidad.
La originalidad de la feudalidad del occidente medieval es asociar la investidura de un
feudo a un compromiso personal y nos está permitido, distinguiendo motivaciones y causas,
distinguir las superestructuras de las infraestructuras aun cuando las reflexiones metodológicas de
ciertos antropólogos marxistas se orienten hacia la idea de que toda sociedad funciona por
mediación de estructuras.
En el caso de la investidura del feudo no habría vínculo vasallático si la investidura del
feudo no estuviera anclada en el homenaje y la fe. El sistema simbólico muestra que se trata de un
conjunto. No es “fieles y vasallos”, sino “Fieles o vasallos”. La segunda y última observación es
que la lectura simbólica conseguida hasta hoy, más allá de la conciencia que el hombre medieval
haya tenido de su profundidad detrás de las apariencias, hoy deja mucho que desear.
Un sistema simbólico no significa nada. No es un reflejo, una traducción. Es un conjunto
de palabras, gestos, objetos que se estructuran, dejando la esencia intangible, pero resulta más que
su combinación. El pensamiento esquemático empobreció la amplia concepción agustiniana, más
profunda. En la esfera de lo sagrado parental se mueve lo simbólico.
Lo mismo que los cristianos se han vuelto miembros de la familia cristiana por el
bautismo, lo mismo que se han vuelto fieles, así los vasallos vueltos miembros de la familia señorial
por la investiduras se han vuelto fieles, luego vasallos.