Cartilla de Apoyo Ciclo Roma IV La Caida Del Imperio Romano 5 Compressed 1
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Imperio Romano!
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PERSONAJES CIVILES
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Busto de Teododio I, Encontrado en Aphrodisias, Aydın, Turquia.
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PERSONAJES RELIGIOSOS
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Tertuliano, Grabado por Frère André Thévet
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Arrio, Grabado por Daumont de París.
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Nestorio, Romeyn de Hooghe.
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MAPA IMPERIOS GALO, PALMIRA
Y ROMANO
Las crisis económicas y políticas del siglo III d.C. llevaron al Imperio Romano a un
periodo de inestabilidad que duraría cerca de medio siglo. En medio del descontrol
de estos tiempos turbios, varias provincias periféricas se escindieron formando
el Imperio Galo, al occidente, y el Imperio Palmira, al oriente. El primero llegaría a
controlar las provincias de Galia, Hispania y Britania; mientras que el segundo estaría
formado por las provincias de Siria, Palestina y Egipto. Estos nuevos y efímeros
estados mantendrían su independencia hasta la llegada del emperador Aureliano,
quien unificaría nuevamente el territorio.
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MAPA IMPERIO ROMANO BAJO
LA TETRARQUÍA
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les vendieron a altos precios no solo la Así, estos Valientes hombres ganaron la
carne de bueyes y ovejas, sino también oportunidad que habían añorado – de
los cadáveres de perros y animalias ser libres para morir en combate antes
sucios, de tal forma que un esclavo fuese que morir por inanición – y tomaron
regateado por una hogaza de pan o diez inmediatamente las armas para asesinar
libras de carne. (135) Cuando su ganado a los generales Lupicino y Máximo. Así,
y bienes mermaron, los codiciosos en ese día se puso fin a la hambruna de
comerciantes demandaron a sus hijos a los godos y la seguridad de los romanos,
cambio de lo fundamental para la vida. pues los godos ya no como extraños
Y los padres dieron su consentimiento y peregrinos, sino como ciudadanos y
aún a esto, para proveer seguridad a sus señores, empezaron a gobernar a los
hijos, argumentando que es mejor perder habitantes y al territorio hasta el Danubio.
la libertad que la vida; y de hecho es (138) Cuando el emperador Valente en
mejor ser vendido, si uno será alimentado Antioquía se enteró de esto, preparó un
piadosamente, que permanecer libre solo ejército de una sola vez y partió hacia
para morir. Tracia. Aquí una grave batalla tuvo lugar
y los godos prevalecieron. El emperador
Llegó a suceder en esta turbulenta mismo fue herido y tuvo que huir a
época que Lupicino, el general romano, una granja cerca de Adrianópolis. Los
invitó a Fritigerno, un jefe de los godos, godos, sin saber que en una choza tan
a un festín y, como reveló el evento, ideó pobre se encontraba un emperador, le
un complot en su contra. (136) Pero prendieron fuego (como era costumbre
Fritigerno, sin imaginar mal alguno, llegó al tratar con un enemigo cruel), y así
al festín con pocos acompañantes. fue cremado con un esplendor real.
Mientras se encontraba cenando en el Simplemente fue un juicio directo de Dios
pretorio escucho los llantos moribundos que él fuera quemado por los mismos
de sus desafortunados guerreros, pues, hombres que él mismo había extraviado
por orden del general, los soldados cuando intentaron buscar la fe verdadera,
romanos los estaban matando. Los apartándolos de la llama del amor y
fuertes lamentos de los caídos cayeron hacia las llamas del infierno. Desde este
en oídos que sospechaban, y Fritigerno momento los visigodos, a raíz de su
entendió de una vez el truco traicionero. gloriosa victoria, tomaron posesión de
Desenvainó su espada y con gran Tracia y Dacia como si fueran sus
coraje emprendió carrera, rescató a sus tierras natales.
hombres de la amenazante muerte y
los alentó a atacar a los romanos. (137)
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Amiano Marcelino, Historias, Libro XXXI, XII.
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Preparábanse, pues, al combate, cuando ornamentos imperiales. A medio día
un presbítero del rito cristiano (así les no habían adelantado más que ocho
llamaban ellos) llegó al campamento millas por caminos detestables y bajo un
de parte de Fritigerno, con otros cielo abrasador, cuando anunciaron los
legados de inferior rango. Recibido exploradoresque habían visto el círculo
bondadosamente, presentó una carta formado por los carros del enemigo.
de aquel personaje en la que pedía para En el acto tomaron sus disposiciones
los suyos, arrojados, como él, de sus los generales romanos, mientras los
hogares por la irrupción de los pueblos bárbaros, según su costumbre, lanzaban
salvajes, la concesión del suelo de la al viento sus feroces y lúgubres alaridos.
Tracia y lo que contenía en ganados y El ala derecha de la caballería estaba
granos, prometiendo perpetua paz si se al frente, sostenida por numerosa
accedía a su demanda. Además de la infantería. El ala izquierda, que por la
carta oficial que presentó aquel cristiano, dificultad del camino se encontraba
adicto servidor de Fritigerno, traía otra todavía a la espalda, conservando con
confidencial, escrita con la astucia y mucha dificultad el orden de marcha,
especial habilidad para el engaño que apresuró el paso para colocarse en línea;
poseía el jefe bárbaro, en la que insinuaba y, mientras se desplegaba sin obstáculos,
con el tono de futuro aliado y amigo, el ruido terrible de las armaduras y de los
que para dulcificar la ferocidad de sus escudos que resonaban bajo las picas de
compatriotas y llevarlos a condiciones nuestros soldados, quebrantó el valor de
ventajosas para el Imperio, no había los godos, con tanto más motivo, cuanto
otro medio que mostrarles de tiempo en que no habían llegado todavía Alatheo y
tiempo las armas romanas. La presencia Safrax, que operaban más lejos con los
solamente del Emperador les asustaría, suyos. Presentóse, pues, una legación
quitándoles el deseo de combatir. La de los bárbaros para proponer la paz;
legación no obtuvo resultado, porque se pero como no la formaban varones
sospechó la intención. importantes, el Emperador se negó a
oírlos y pidió, para tratar, negociadores
Al amanecer el día cinco de los idus cuyo rango ofreciese garantía. Siguió a
de agosto, se puso en movimiento el esto un intervalo: los godos no buscaban
ejército, dejando los bagajes bajo las más que subterfugios para ganar
murallas de Andrinópolis con suficiente tiempo, a fin de dejar a la caballería
guardia. En el interior de la ciudad que esperaban el necesario para llegar,
quedaron el prefecto y los miembros mientras que nuestros soldados estaban
civiles del consejo con el tesoro y los devorados por la sed bajo un clima
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abrasador, más y más caldeado por las señalaba desfavorablemente
hogueras que el enemigo alimentaba de el principio de la campaña. Esta
intento por todas partes. Añádase a esto escaramuza anuló el efecto de la
que hombres y bestias sufrían ya los abnegación de Ricomeres, que no pudo
horrores de la escasez. avanzar más; y en el mismo momento
la caballería de los godos, con Alatheo
Entretanto, el juicioso y previsor y Safrax a la cabeza, y reforzada por un
Fritigerno, que hubiese preferido no cuerpo de alanos, llegó como el rayo
correr los riesgos de una batalla, nos que estalla en la cumbre de los montes,
envió uno de los suyos como portador destruyéndolo todo a su paso.
del caduceo. Si nosotros le enviábamos
inmediatamente varones notables como A los pocos momentos no se oía por
rehenes, se ofrecía a tomar partido por ambas partes más que el ruido de las
nosotros y a suministrarnos todo lo que armas que chocaban y el silbido de las
faltaba. Una proposición de tal naturaleza saetas. La misma Belona aumentaba
de jefe tan temible, se recibió con el lúgubre sonido de las bocinas,
apresuramiento y gratitud, designándose encarnizada más que nunca en la
por unanimidad como fiador de nuestra destrucción del nombre romano. Ya
palabra al tribuno Equicio, pariente del comenzaban a ceder los nuestros; pero
Emperador é investido entonces con a los gritos para contenerlos, detiénese
el cargo de guarda de palacio. Pero se aquel movimiento y redobla el furor del
resistió a ello, fundando su negativa en combate como vasto incendio; pero ante
que, habiendo sido prisionero de los los espantosos huecos que hacen en las
godos, y habiéndose escapado de sus filas los dardos y flechas del enemigo, el
manos en Dibalto, podía temerlo todo miedo paraliza otra vez a los nuestros;
de su salvaje indignación. Entonces se viéndose las dos filas chocar como
ofreció espontáneamente Ricomeres las proas de las naves y pareciendo su
a ocupar su puesto, con la fundada movimiento el de las olas del mar.
esperanza de honrarse con este acto de
valor, partiendo en seguida dispuesto Entretanto nuestra ala izquierda había
a justificar su dignidad y nacimiento. penetrado hasta los carros, y sin duda
Pero antes que llegase al campamento habría llegado más lejos de estar
enemigo, nuestros arqueros, mandados sostenida; pero abandonada por el
por Iberiano y Bacurio, peleaban ya con resto de la caballería, quedó abrumada
los bárbaros, y su retirada, tan precipitada como bajo enorme derrumbamiento
como inoportuno había sido el ataque, de tierra, por la masa de bárbaros que
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cayó sobre ella. Sin apoyo la infantería, empuñada la espada, despreciando
de tal manera se vieron estrechados los todo peligro, en medio de los grupos
manípulos unos contra otros, que no más apretados de los bárbaros, y, en el
había espacio para manejar la espada. último esfuerzo para vender cara su vida,
En este momento resonaron horribles se deslizaban en el suelo empapado de
gritos y enormes torbellinos de polvo, sangre, pereciendo algunas veces por
obscureciendo el cielo, impedían lanzar sus propias armas. Por todas partes
los dardos, que sembraban la muerte. corría la sangre, presentándose la muerte
Imposible era ensanchar las filas bajo todas las formas; no se pisaba más
para retirarse ordenadamente, siendo que sobre cadáveres. Añádase que el sol,
demasiado grande la compresión para que había dejado el signo de León para
poder huir individualmente. Entonces los entrar en el de Virgo, lanzaba sus rayos
legionarios, apretando el puño de sus a plomo, perjudicando especialmente á
espadas, hirieron como desesperados los romanos, agobiados ya por el hambre
sobre todo lo que encontraron a su y la sed y rendidos bajo el peso de la
alcance. Los cascos y las corazas de armadura. Rechazados al fin por la masa
ambas partes caían en pedazos bajo enemiga, se vieron obligados al recurso
el filo de las hachas. Aquí y allá algún extremo de huir en desorden y cada uno
bárbaro de gigantesca estatura, derribado por su lado.
por el hierro que le había desjarretado o
cortado un brazo o traspasado por una En medio de la dispersión de una
flecha, contraídas las facciones para parte del ejército, el Emperador,
lanzar el último grito de furor, y presa profundamente turbado y saltando por
ya de la muerte, amenazaba todavía encima de montones de cadáveres,
con la mirada. El suelo desaparecía consiguió refugiarse entre los lancearios
bajo los combatientes que caían por y maciarios, que habían resistido hasta
ambos lados, y no se podían oír sin entonces sin moverse el furioso choque
estremecerse los dolorosos gritos de de los bárbaros. Al verle, exclamó
los moribundos, ni resistir la vista de Trajano que todo estaba perdido si el
sus atroces heridas. En medio de esta príncipe, abandonado por las tropas
horrible confusión, nuestros soldados, romanas, no encontraba protección
extenuados de fatiga y careciendo entre los auxiliares. El conde Víctor, que
ya de serenidad y fuerza para obrar, lo oyó, corrió en seguida a reunir a los
desarmados de la mayor parte de sus batavos, que Valente había dejado de
lanzas que se les habían roto entre las reserva detrás de su guardia; pero no
manos, como último recurso se lanzaban encontrando ni uno solo, no pensó más
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que en salvarse él mismo, haciendo otro los bárbaros, arrebatado por un caballo
tanto Ricomeres y Saturnino. fogoso, fue arrojado en un pantano
del que no pudo salir y donde hasta
Entretanto los bárbaros, con encendidos su cadáver desapareció. Otros dicen
ojos, acudieron a atacar el resto de que Valente no murió en el acto, sino
nuestro ejército. Debilitados por la que se retiró con algunos candidatos
sangre que habían perdido, unos caían y eunucos, a la casa de un campesino,
sin saber de dónde había partido el mejor construida que de ordinario, y
golpe; otros, derribados solamente por el provista de segundo piso. Allí, mientras
choque del enemigo, no faltando quienes manos sin experiencia cuidaban de
sucumbían atravesados por sus propios vendarle, llegó de pronto el enemigo,
compañeros. No había descanso para sin conocerle, le libró de la deshonra del
el que resistía, ni perdón para el que cautiverio; porque, recibido á flechazos
quería rendirse. Los caminos estaban por la comitiva del príncipe, mientras
llenos de moribundos, que perecían bajo se esforzaban los bárbaros en derribar
el dolor de sus heridas, aumentando las puertas que habían atrancado por
los obstáculos los cadáveres de los no detenerse ante aquel obstáculo,
caballos. La obscuridad de una noche perdiendo tiempo que podían emplear
sin luna puso término a aquel desastre en el saqueo, reunieron en derredor
irreparable, cuyas consecuencias de la casa montones de leña y paja,
pesarán por mucho tiempo sobre prendieron fuego y la redujeron a cenizas
los romanos. con todo lo que contenía. Un candidato
que cogieron al tratar de huir por una
El Emperador, a lo que se dice (porque ventana, les dijo, con mucho sentimiento
nadie asegura haberlo visto, ni estado por parte de los bárbaros, la gloriosa
junto a él en tal momento), cayó al ocasión que habían perdido de coger
obscurecer, mortalmente herido por vivo al Emperador. Estos detalles los dio
una flecha, y pereció sin que pudiese aquel joven, que, más adelante, consiguió
encontrarse su cuerpo. Un grupo de escaparse. El segundo Scipión, después
enemigos, que se detuvo largo tiempo de reconquistar la España, pereció
en aquel punto para despojar a los también por el fuego que prendieron los
muertos, no permitió que se acercase enemigos á una torre donde se había
ningún fugitivo ni campesino. Su muerte refugiado. Pero lo único cierto es que,
se parece a la del Emperador Decio, que, lo mismo que Scipión, Valente no pudo
en una sangrienta batalla que libró a recibir sepultura.
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Cuéntanse entre las víctimas más
ilustres de aquella catástrofe á Trajano
y Sebastián, Valeriano y Equicio, uno
gobernador de las caballerizas y el otro
del palacio, y treinta y cinco tribunos
con mando o sin él. También pereció
Potencio, tribuno de los promus, muerto
en la flor de la edad. Este joven, que
se había granjeado la estimación de
todos los hombres honrados, tenía
en su favor, además de su mérito
personal, la gloriosa memoria de su
padre Ursicino. Cosa averiguada es que
apenas sobrevivió de aquella matanza
la tercera parte del ejército; y, si se
exceptúa la batalla de Cannas, los anales
no mencionan tamaño desastre, bien se
examinen los reveses experimentados
por los romanos en los combates en
que la fortuna se mostró adversa a
sus armas, bien nos remontemos a las
fabulosas declamaciones con que los
griegos han descrito sus catástrofes.
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BIBLIOGRAFÍA
Fuentes de la época:
• ANÓNIMO, Historia Augusta.
• HERODIANO, Historia del Imperio.
• ZOSIMO, Nueva Historia.
• MARCO AURELIO, Meditaciones.
Clásicos:
• GIBBON EDWARD, Historia de la decadencia y caída del Imperio romano.
• MOMMSEN THEODOR, Historia de Roma
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