BOLILLA 7
HOBBES
Es el miedo el sentimiento dominante en Hobbes. Vivió en una época de la historia inglesa poco
propicia para un amador de la paz y de la tranquilidad. El Leviatán es la síntesis del hobbismo. Su
punto de partida lo deduce del ser humano, tomado individualmente, va desde el hombre natural
al hombre artificial: el Estado - o Leviatán.
El fondo de la naturaleza humana es el egoísmo. Cuando el hombre busca la comunidad lo hace
con miras a su propio interés. La sociedad nace del temor de unos hombres hacia los otros. Porque
el estado de naturaleza en que los hombres se encontraban antes de unirse mutuamente por
contrato, es un estado esencialmente peligroso. Los hombres en estado de naturaleza se
encuentran siempre en guerra. Hay guerra de todos contra todos. Tienen igual derecho a todas las
cosas, todos codician lo mismo, tienen idéntica propensión a dañarse y constituyen una fuente de
peligro. La ley de la naturaleza se basa en la conservación de sí misma. La naturaleza ha hecho a
los hombres tan iguales en sus facultades corporales y mentales que aún el más débil tiene fuerza
suficiente para matar al más fuerte, ya sea por maquinación secreta o por federación con otros.
Visto lo anterior, no es de extrañar que el estado natural del hombre sea la guerra de todos contra
todos para imponer el dominio de unos contra otros. El hombre es un lobo para el hombre.
En el estado natural la vida del hombre es solitaria, embrutecedora, en constante temor ante los
demás.
Su prescripción es la búsqueda de la seguridad, y para eso hay que salir del estado de naturaleza,
pasando al estado civil. Para asegurar la paz y la seguridad, los hombres no disponen de
procedimiento mejor que establecer entre ellos un contrato y transferir al Estado todos los
derechos que, de ser conservados, obstaculizarían la paz de la humanidad. El contrato social para
la constitución del Estado y de la sociedad civil. Sólo cuando los hombres abandonaron el estado
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de naturaleza, apareció el Derecho. El traspaso del derecho natural que cada uno posee sobre
toda cosa a un tercero, mediante un contrato social, es el artificio que constituye a los hombres
naturales en sociedad civil. El motivo de la renuncia y transferencia de sus derechos es la
seguridad de su propia persona.
Un poder ilimitado y absoluto es el resultado de la unión de las voluntades humanas. La doctrina
del Estado de Hobbes es una teoría del Estado totalitario.
Cuando el representante es un hombre, el Estado será una Monarquía. Cuando es una asamblea
de todos los que se unen, e una democracia. Cuando es una asamblea solo de una parte de los que
se unen, es aristocracia. Hobbes prefiere a la Monarquía, porque el interés personal del soberano
coincide con el interés público.
Todos han abandonado, a favor del soberano, su derecho natural absoluto sobre todas las cosas.
La transmisión ha sido total. De lo contrario el estado de guerra natural continuaría. Por muy
represivo que sea "el poder soberano es menos dañino que la ausencia de tal poder".
El derecho del soberano se funda en el contrato entre los súbditos. El Estado es el resultado de la
puesta en común de los intereses de sus componentes. Es este un supuesto lógico, no histórico.
Son necesarias algunas observaciones:
a) Hobbes considera que la sociedad política no es un hecho natural; la considera como el
resultado de una convención necesaria para la supervivencia. Es el resultado de un cálculo
interesado.
b) La soberanía está fundada en un contrato; sin embargo, no se trata de un contrato entre el
soberano y los súbditos, sino entre individuos que deciden darse un soberano. El contrato, lejos de
limitar la soberanía, la funda.
c) En el origen del contrato se encuentra la preocupación por la paz, preocupación fundamental en
Hobbes:"Finalmente, el motivo y el fin del que renuncia a su derecho o lo transfiere, no son otros
que la seguridad de su propia persona en su vida y en los medios de preservarla."
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Hobbes dice que dividir el poder es disolverlo. Que los fragmentos del poder se destruyen
mutuamente. La soberanía es absoluta e indivisible.
El soberano debe procurar a sus súbditos aquello para lo cual fue creado: la seguridad. El súbdito
es libre de realizar todos los actos que la ley no impide. No son buenas leyes más que las leyes
necesarias para el bien del pueblo.
Si el Estado se debilita al punto de no poder asegurar a los súbditos la protección, ellos quedan
desligados de toda obligación.
LOCKE (1632 - 1704)
Es considerado el padre del liberalismo político. Hace pasar el derecho natural del lado de la
libertad individual. En el “segundo tratado sobre el gobierno civil”, Locke expone su teoría del
Estado, buscando los fundamentos de la asociación política, delimitando su dominio. Hobbes
hablaba de la autoridad absoluta que elimina todo riesgo de anarquía, aún exponiéndose a
sacrificar la libertad. Por el contrario, Locke es partidario del antiabsolutismo, el deseo de la
autoridad contenida, limitada, a fin de eliminar el riesgo de arbitrariedad.
Locke va a partir, como Hobbes, del estado de naturaleza y del contrato originario; pero dará de
ellos una versión nueva, que le permitirá distinguir entre el poder legislativo y el poder ejecutivo,
para llegar a una limitación humana del poder.
El estado de naturaleza es un estado de paz, de perfecta libertad y de igualdad. Los hombres
poseen la razón, que les permite discernir la ley natural y comportarse de conformidad a ella. La
familia existe con el poder paterno, que es distinto al poder político. También existe la propiedad
privada.
Pero en el estado de naturaleza las violaciones al derecho natural son sancionadas por iniciativa de
las víctimas. Esta falta de organización de una sanción y de una salvaguarda de las personas y de
los bienes es lo que va a terminar con el estado de naturaleza. En el estado de naturaleza cada uno
es juez de su propia causa. El hombre en ese estado carece de leyes, y de un tercero imparcial que
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resuelva todas las diferencias conforme a esas leyes establecidas. Entonces para estar mejor los
hombres cambiaron.
Este cambio de estado fue hecho con consentimiento de todos, los hombres se unieron en
sociedad para su conservación, para escapar al riesgo de inseguridad. Cada hombre renuncia al
derecho de reprimir por sí mismo las infracciones y reconocen un poder de coacción
independiente de ellos y superior a ellos, encargado de reprimir las violaciones de la ley. Ceden el
derecho de legislar la reglamentación del ejercicio de los derechos naturales. Pero los derechos
naturales de los hombres subsisten para limitar el poder político y fundar la libertad.
El hombre en su estado de naturaleza tiene el poder de hacer todo lo que juzgue conveniente para
su conservación, y también tiene el poder de castigar los crímenes cometidos contra las leyes
naturales. Estos derechos se los cede al Estado, que hereda dos poderes esenciales: Uno es el
legislativo, que regula cómo las fuerzas de un Estado deben ser empleadas para la conservación de
la sociedad. El otro es el ejecutivo, que asegura la ejecución de las leyes. El poder legislativo y el
poder ejecutivo deben estar en diferentes manos.
Un tercer poder sería el poder federativo, el de las relaciones internacionales. Es el poder que
trata con las potencias extranjeras, el que declara la guerra, hace la paz, etc.
ROUSSEAU (1712 - 1778)
En 1761, Rousseau publica el Contrato Social, que presenta como un mero fragmento de las
“instituciones políticas”. Todos los escritores políticos, de los que Hobbes y Locke solo eran los
más relevantes, habían propuesto una explicación contractual del paso del estado natural al
estado social.
Para Rousseau el estado de naturaleza es puro y verdadero, en el cual han sido creados los
hombres y han vivido durante miles de años. El hombre en estado de naturaleza es robusto, sano y
ágil. El hombre que nace en estado de naturaleza es un buen salvaje, tiene la libertad de consentir
o de resistir, y la facultad de perfeccionarse. El hombre entabla relaciones con sus semejantes,
conservando su plena independencia.
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Para Rousseau existe un segundo período del estado de naturaleza en el que los hombres son
todavía más felices que en el primero. Nace la metalurgia y la agricultura, que le darán nacimiento
a la propiedad individual del suelo, a la desigualdad, a la riqueza y a la miseria. Los hombres se
vuelven ambiciosos, avaros, y malvados. Estallan las peleas y las riñas. La sociedad corrompe al
hombre. Lo corrompe la propiedad privada y la cultura.
Víctimas de la fatalidad que hace que una vez abandonada una situación primera no pueda
recuperarse, en adelante se ven obligados a asociarse en lugar de combatirse para escapar de la
destrucción material.
Para Rousseau la sociedad civil es fruto de una evolución natural, es inevitable dada la
irreversibilidad de las transformaciones sociales. El problema de estado social reside en salvar la
libertad primitiva. Renunciar a ella sería renunciar a la cualidad del hombre.
Rousseau quiere la libertad, y para eliminar el absolutismo nos encontramos con dos caminos: el
primero consiste en dividir el poder; y el segundo es el que hace pasar el poder del príncipe al
pueblo.
La cláusula fundamental del contrato social es una sociedad formada sobre la base de la alineación
total de cada asociado con todos sus derechos a favor de la comunidad. Dice que cada uno de
nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la dirección suprema de la voluntad
general y recibimos corporativamente a cada miembro como parte indivisible del todo.
La voluntad general se manifiesta por la voz de la mayoría. Cuando la mayoría se ha pronunciado,
la minoría debe inclinarse y aceptar que la verdad se encuentra en la voluntad determinada por
aquélla. La voluntad general no es la voluntad de todos, es lo que se llama el bien común.
Rousseau excluye a la representación, dice que la soberanía no puede ser representada porque
consiste en la voluntad general, y ésta no se representa. Toda ley que no haya sido ratificada
personalmente por el pueblo, no es ley. La ley es la expresión de la voluntad general.
El ejercicio de la soberanía debe permanecer en el pueblo. Es partidario de la democracia directa.
Tiene que haber una soberanía legítima: la soberanía democrática.
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Admite que hay varias formas de gobierno, y marca una distinción entre el Estado y el gobierno.
Llama gobierno al ejercicio legítimo del poder ejecutivo, y príncipe o magistrado al cuerpo
encargado de esa administración.
Para ser legítimo, el gobierno debe obedecer al soberano del cual es ministro. El soberano es el
pueblo como cuerpo. El príncipe ejerce en su nombre el poder que el pueblo soberano le ha
depositado y que puede limitar, modificar o volver a tomar cuando le plazca. La tenencia de la
soberanía es absoluta, pero la elección de la forma de gobierno es relativa. Rousseau da la
clasificación tradicional de Aristóteles, de los gobiernos democrático, aristocrático o monárquico.
MAQUIAVELO (1469 - 1527)
Maquiavelo evoca una época: el Renacimiento; una nación: Italia; una ciudad: Florencia.
La estabilidad medieval que reposaba en la doble autoridad, del Papa en lo espiritual, y del
emperador en lo temporal, se derrumba definitivamente. El orgullo humano estaba dispuesto a
enfrentarse con lo divino. El hombre va a liberarse poco a poco de esta larga disciplina católica de
la Edad Media.
La situación política de Italia era propicia a este desencadenamiento de los individuos. En torno a
cuatro ejes fijos (Roma, Venecia, Milán y Florencia) había una multitud de Estados proliferando,
pudriéndose, haciéndose, deshaciéndose, rehaciéndose, con ayuda de los extranjeros franceses y
españoles, que habían invadido Italia. Esa era la Italia de fines del siglo XV.
Florencia había sido devastada, hasta que los Médicis, se hicieron con el poder. Se había
consumado la ruina de las libertades públicas, tan queridas por los florentinos. Hasta que caen los
Médicis en 1494. La República se restablece en Florencia, pero cae en manos de Savonarola que
funda allí una democracia teocrática y puritana. Austeridad bajo pena de castigo. En 1498
Savonarola es ahorcado y quemado, y se restaura la república en Florencia.
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Pocos días después, el 15 de junio de 1498, es nombrado secretario de la segunda Cancillería de la
República Florentina. Se ocupa igualmente de otras Comisiones de la República. La carrera de
secretario estaba en buen camino, después de catorce años de servicios, cuando el régimen de
Florencia cambió de nuevo en 1512. Los Médicis son reestablecidos en el poder. Maquiavelo,
funcionario de la república, fue despojado de todos sus empleos y desterrado de Florencia. De sus
diversas obras, la que le ha dado gloria es El Príncipe, donde analiza la política tal como la ve. La
escribió en su retiro forzoso, escribió cuál es la esencia de los principados, de cuántas clases los
hay, cómo se adquieren, cómo se mantienen, y por qué se pierden. Se lo dedica a Lorenzo de
Médicis y se lo envía para obtener empleo.
El objeto central de los estudios de Maquiavelo es el Estado. El es el creador del término en su
sentido moderno. Introduce una distinción fundamental entre los Estados: Repúblicas y
Principados.
Los principados se oponen a las repúblicas. Hay principados hereditarios, y nuevos.
Principados Hereditarios: la facilidad de la tarea del príncipe es tal, que no concede interés a estos
regímenes, porque son demasiado estables, demasiado fáciles, que le basta al príncipe con no
sobrepasar los límites trazados por sus antepasados para mantenerse en el trono.
Las verdaderas dificultades, tanto para la adquisición como para la conservación, están en los
principados nuevos. Pero cuando uno hereditario es agregado al nuevo, el principado nuevo y el
Estado hereditario forman entonces un cuerpo que se puede llamar mixto. Los principados
eclesiásticos y los principados civiles, forman igualmente una categoría aparte.
La cuestión de la legitimidad de la adquisición, se trata de un dominio de la fuerza. Porque el
triunfo del más fuerte es el hecho esencial de la historia humana. Los principados que estudia
Maquiavelo son, en general, creaciones de la fuerza.
Para todo Estado, las principales bases son buenas leyes y buenas armas; pero no puede haber
buenas leyes allí donde no hay buenas armas. Únicamente son buenas armas, buenas tropas, las
que son allegadas al príncipe, compuestas por sus ciudadanos, por sus súbditos. Únicamente son
buenas tropas, las tropas nacionales.
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Maquiavelo dice que hay cuatro maneras de adquirir los principados, a las cuales podrán
corresponder diferentes maneras de conservar o de perder. Se adquiere por la virtud (1), y por
tanto por sus propias armas, o se adquiere por la fortuna (2) y por las armas de otro. También
están las adquisiciones por perfidia (3) (maldad), y por el favor (4), el consentimiento de sus
conciudadanos.
Maquiavelo se interesa sobre todo por los dos primeros modos: la fortuna y la virtud. Y dice que
nadie, cualquiera que sea su virtud, está completamente sustraído de esa fuerza ciega que es la
fortuna.
(1) Los que llegan a príncipes por su propia virtud y por sus propias armas, tienen muchas
dificultades para conseguirlo, pero muchas facilidades después para conservarlo. La mayor de las
dificultades consiste en el establecimiento de instituciones nuevas. Que trae aparejado a que
todos aquellos que se beneficiaban de las instituciones antiguas pasen a ser enemigos.
El éxito exige que el príncipe tenga medios de coacción, que esté en situación de obligar por la
fuerza. Es necesario que las cosas estén dispuestas de tal manera que cuando los súbditos ya no
crean, se les pueda hacer creer por la fuerza.
(2) En cuanto a los principados nuevos adquiridos por las armas de otro, por la fortuna, la regla es
inversa: hay una facilidad para adquirirlo, pero dificultad para conservarlo. Las dificultades
aparecen ya cuando el príncipe ha llegado al poder; dificultades tales que estos príncipes acabarán
por perder su Estado. Dependen de la voluntad y de la fortuna de quienes los erigieron; no
disponen de fuerzas que les sean fieles. A menos que el príncipe servido por la fortuna sepa
prepararse sobre la marcha a conservar lo que la fortuna puso en sus manos. Da el ejemplo de
César Borgia, a quien considera un príncipe excepcional y dotado, pero que perdió su Estado y
acabó lamentablemente porque le falló la fortuna.
(3) Pero también se puede llegar a ser príncipe por perfidias. Esta tercera categoría, Maquiavelo la
desprecia un poco. El interés esencial del capítulo reside en la moral sobre el buen y el mal empleo
de las maldades para conservar un Estado usurpado. Hay crueldades bien practicadas y maldades
mal practicadas.
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Las maldades bien practicadas, son las cometidas de una vez al comienzo del reinado a fin de
proveer a la seguridad del príncipe nuevo. El príncipe nuevo debe determinar cuidadosamente
todas las maldades que le es útil cometer y ejecutarlas de golpe para no tener que volver a ellas
todos los días; pues las maldades que pasan rápido ofenden menos. Los beneficios, a la inversa,
deben sucederse lentamente, para ser mejor saboreados.
Maldades mal practicadas son, por el contrario, las que se prolongan, se renuevan, y se multiplican
con el tiempo en lugar de cesar. Los súbditos pierden entonces todo sentimiento de seguridad; el
príncipe no puede contar con ellos, y se ve obligado a tener siempre el cuchillo en la mano, lo cual
acaba por dar malos resultados.
El nuevo príncipe debe cuidarse de no ofender sino a gentes impotentes. En cuanto a los hombres
poderosos, o no hay que tocarlos o cuando se los toca hay que matarlos. Los hombres deben ser
acariciados o aplastados. Se vengan de las injurias ligeras.
(4) La adquisición de un principado por el favor de sus conciudadanos (principado civil), exige
alguna fortuna y alguna virtud, una feliz habilidad. En toda ciudad ocurre que el pueblo no quiere
ser mandado ni oprimido por los grandes, mientras que los grandes desean mandar y oprimir al
pueblo. De modo que el pueblo hace un príncipe cuando, incapaz de resistir a los grandes, pone
toda su esperanza en el poder de un simple particular, que le defenderá. Igualmente, los grandes
que se sienten incapaces de resistir al pueblo, recurren a uno de ellos y le hacen príncipe para
poder satisfacer sus deseos ambiciosos. El príncipe elevado por los grandes encuentra más
dificultad para mantenerse que el príncipe elevado por el pueblo.
Este modo de adquisición que no se trata de una creación de la fuerza, en que el poder es
obtenido por quien no ha tenido que conquistarlo, no despierta interés en Maquiavelo.
Menos interés siente aún por los principados eclesiásticos. Estos principados se adquieren
también por fortuna o por virtud, pero para conservarlos no es necesario ni fortuna ni virtud;
basta con el poder de las antiguas instituciones religiosas. Es Dios quien los eleva y mantiene.
La República es un tipo de Estado difícil de mantener bajo el dominio de un príncipe nuevo. Los
súbditos están formados en la obediencia.
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EL PRINCIPE
El príncipe nuevo vive en el seno del peligro, que dos temores le habitan: El interior de sus estados
y la conducta de sus súbditos; El exterior y las conductas de las potencias vecinas.
El príncipe que quiere mantenerse debe aprender a no ser siempre bueno, a serlo o a no serlo
según la necesidad. Todo príncipe debe desear ser reputado clemente y no cruel; pero guárdese
de usar la clemencia inoportunamente.
¿Vale más ser amado que temido, o temido que amado? Lo mejor sería las dos cosas juntas, pero
esto es difícil. Entonces es más seguro ser temido. Porque los hombres son ingratos, cobardes ante
los peligros, mientras se los favorece son fieles, en tanto el peligro se mantiene lejos, pero cuando
se aproxima el peligro se apartan rápidamente. Los hombres prefieren ofender al que se hace
amar que al que se hace temer; el lazo de amor lo rompen a medida de su interés, mientras que su
temor permanece sostenido por un miedo al castigo que no los abandona nunca. No depende del
príncipe ser amado, pero depende de él ser temido. Un príncipe prudente debe fundarse en lo que
dependa de sí mismo.
Ser temido no significa ser odiado. El odio de los súbditos es cosa grave y no es necesario incurrir
en él. La receta para evitar este odio es no meterse con los bienes de los súbditos, ni con el honor
de sus mujeres.
Al príncipe le es necesario obrar como animal en la misma medida que como hombre. Debe
poseer esas dos naturalezas, hombre y bestia. Entre los animales debe tratar de ser a la vez zorro y
león; porque si es solo león no advertirá las trampas; y si es solo zorro no se defenderá contra los
lobos.
Tiene que tener astucia y fuerza. Es así como en materia de promesas, de compromisos, el
príncipe debe ser zorro. Como los hombres son malos, y ellos no mantendrán su palabra para
contigo, tampoco tú tienes que mantenerla para con ellos.
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Los príncipes que mejor supieron obrar como zorros son los que más prosperaron. Disfrazaron
bien esa naturaleza de zorros, porque poseían el arte de simular y disimular. No es necesario que
el príncipe posea todas las cualidades, pero sí lo es que parezca poseerlas. Es necesario que no se
aparte mientras pueda de la vía del bien, pero que en caso de necesidad sepa entrar en la del mal.
El príncipe debe parecer pero no ser. Debe parecer religioso, sincero, justo, fiel y humano.
En cuanto a los consejeros y ministros, debe tomar siempre consejo, pero cuando él quiere, no
cuando lo quieren otros, y sin dejar jamás que los que le aconsejan ejerzan presión sobre él. Un
buen ministro es aquel que no piensa nunca en sí mismo, sino siempre en el príncipe. Pero es
necesario que también el príncipe piense en su ministro para que sepa que lo es todo por el apoyo
del príncipe y nada sin él.
Maquiavelo había imaginado la realización de una República italiana, fomentando un ejército
nacional. El quería la unificación de Italia, creía que eso sería una gran obra de justicia, ya que la
fuerza es justa cuando es necesaria.
A partir de 1519 Maquiavelo recibe de los Médicis una pensión para escribir su Historia de
Florencia, después de 1525 le confían los Médicis tareas más dignas de él, pero por esto queda
comprometido con ellos, y cuando en 1527 los Médicis son nuevamente expulsados de Florencia y
la República es restablecida, el autor de El Príncipe no podría contar con el favor del régimen
restaurado. Ese mismo año fallece.
TOCQUEVILLE (1805 - 1859)
En el siglo XIX avanzan las ideas sociales. Nace la idea de igualdad y de libertad. Tocqueville
representa un pensador típico del “liberalismo a la defensiva”. Su esperanza es salvar la idea de la
libertad frente al predominio inminente de la igualdad, que es el nuevo ideal de su tiempo.
Entre 1835 y 1840, Tocqueville viaja a EEUU para estudiar el sistema carcelario, y conoce la
democracia. Publica La democracia en América; en 1856 publica El antiguo régimen y la
revolución. Forma parte de una corriente política que trata de reproducir en Francia la conciliación
entre la monarquía histórica y las nuevas ideas liberales. Aspira para Francia un nuevo tipo de
liberalismo moderado como el de Inglaterra que, sin derrocar a la monarquía, la limita.
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Cuando Tocqueville habla de democracia no se refiere a una forma de gobierno sino a “la
creciente igualación de las condiciones”. La democracia es un proceso social, en el que todos
somos iguales ante la ley.
Detrás de esta gradual y creciente igualación de las condiciones está la idea rectora de la igualdad,
valor-eje de la democracia.
En tiempos de Tocqueville, la burguesía tenía en mente la idea de libertad, que implica la idea de
la competencia. Si hay libertad cada uno llega hasta donde puede y no hasta donde su nacimiento
lo predestina. Esa era una posición innovadora, en el siglo XVIII. Pero el liberalismo, después de
haber dado ese salto hacia la libertad, se encontró en el siglo XIX con que los perdedores de la
competencia también entraban en el sistema político. Nacen así dos actitudes básicas que
perduran en nuestros días:
1. La opción por una sociedad de libre competencia donde a unos les va a ir mejor que a otros. La
moral de los ganadores es que el que gana, gana y el que pierde, pierde. Los ganadores prefieren a
la libertad. Pueden estar arriba o abajo en la escala social, pero no es cuestión de la situación
objetiva en que hoy están, sino de cuánta fe se tienen en dirección del horizonte.
2. La actitud de los perdedores, que no tienen fe en sí mismos aunque objetivamente sean
riquísimos (gracias a privilegios estatales, por ejemplo). Los perdedores compensan su frustración
individual agremiándose o requiriendo la protección del Estado. Prefieren la igualdad.
El liberalismo, en un primero momento, se ajustó a la moral de los ganadores. Combatió a los
privilegiados. Anunciaba ser un movimiento con futuro. Pero luego entró en el sistema político una
oleada de perdedores cuyo método principal no fue competir individualmente sino
colectivamente para aunar sus respectivas debilidades. Este, según Tocqueville, es el principio
democrático: Yo no me tengo fe pero unido a mis compañeros vamos a contrarrestar la derrota de
cada uno de nosotros, de los perdedores.
La posición ideológica de Tocqueville es que frente al movimiento incontenible hacia la igualdad,
hay que salvar la libertad.
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Tocqueville fue a Estados Unidos para racionalizar la Constitución norteamericana. EEUU es una
sociedad que está combinando con éxito la inevitable democracia con la libertad. En cambio, ve en
Europa una notable dificultad para combinarlas.
Lo que descubre en EEUU como nuevos apoyos de la libertad es el federalismo, la proliferación de
asociaciones voluntarias y la libertad de prensa. También le llama la atención cómo se han
asociado el espíritu religioso y el espíritu de la libertad.
Las notas características de las democracias del futuro que Tocqueville enuncia en “La democracia
en América” son: la creencia en el progreso indefinido (la confianza en el progreso individual); la
convicción de que en el pasada se estaba peor, y que el mañana va a ser mejor que hoy; el amor
por la igualdad y la libertad, pero con una leve preferencia por la igualdad; la convicción de que
todo trabajo honesto es honorable; la democracia es una sociedad insatisfecha pero conservadora
(la gente rezonga pero nadie haría demasiado para cambiarla).
Otras características de las sociedades democráticas es que son pacíficas a menos que se las
amenace, y entonces van a la guerra en forma total. El poder político es amplio pero débil; abarca
mucho pero sin vigor.
En su libro “El antiguo régimen y la revolución”, Tocqueville conecta el antiguo régimen con la
Revolución Francesa. Sostiene que el espíritu democrático despótico empezó con la monarquía.
Pues la monarquía gobernaba en un espíritu de uniformidad. Señala Tocqueville, por otra parte,
que las revoluciones no ocurren cuando las cosas van mal sino cuando van bien. En definitiva, la
revolución responde a un incremento en la velocidad del crecimiento demográfico y económico
que resulta incomparable con la rigidez del régimen que lo ha producido. El antiguo régimen
modernizante trae progreso económico a la sociedad pero sigue igual a sí mismo. Se expande pero
no cambia, y luego sobreviene la caída.
Hay ciertas naciones de Europa en las que el ciudadano se considera indiferente al lugar que
habita. Los mayores cambios sobrevienen en su país sin si concurso. Ni siquiera sabe lo que ha
pasado. Piensa que todas las cosas pertenecen a un extraño poder que se llama gobierno.
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