MARIOLOGIA
Presentación Final sobre la Santísima Virgen María
Si. 13, 15: “Todos los animales aman a los de su especie, y todo hombre ama a su prójimo”.
Todo mi crecimiento y desarrollo se ajusta a mi naturaleza. ¿Hasta dónde va ese crecimiento y
desarrollo? Hasta que mi razón y mi voluntad se alinean con algo o alguien, es decir, con las cosas
del mundo o con Jesucristo, Dios visible del Dios invisible. Y aquí estamos frente a una decisión
esencial de vida: ¿Qué le da sentido a mi vida? Y si me respondo que mi vida tiene sentido en
configurarme con Cristo es porque le estoy dando el primer lugar a una vida de espiritualidad
cristiana. Y esto me lleva a que Jesucristo se expresa y nos enseña al Padre a través de palabras y
gestos, luego mi vida se concreta más que en palabras, en obras y obras buenas que me conducen
a la perfección, que es la verdad y por esta, ser libres.
Yo podría creer -en sano criterio- que mi ejemplo de vida es Jesús y que así, cumpliría mi objetivo
de encontrar la verdad que me hace libre, una verdad que nos fue transmitida por Jesucristo de
palabra y obra (con la Pascua); sin embargo, debería preguntarme si mi vida en algún momento es
tan limpia, transparente y misericordiosa como la del Maestro, Pastor y Servidor Jesucristo y, si
soy franco, tendré que decir que, a todo momento, hay un "algo" que me sustrae del actuar como
Dios espera.
Es entonces cuando en las SSEE (Sagradas Escrituras) nos encontramos que Jesucristo no llegó a
nuestra historia por generación espontánea, como un "Terminator" sino que Dios quiso que
tuviera una madre: María, la Virgen, la bendita entre las mujeres pero, sobre todo, el "ser
humano" que ella representa y que se convierte en la persona a imitar, a conocer y seguir su
ejemplo en la fe por su compromiso y fuerza.
María, la Virgen, la llena de gracia se enfrenta a un momento de "encuentro" con el mensajero de
Dios, también a un momento de "escucha de la Palabra" y, finalmente, a un momento de "decisión
y compromiso" frente a "practicar y cumplir la Palabra -hechos, gestos-" y respondió con un SÍ!!!,
para salir a servir a Isabel.
Si contemplamos bien el párrafo anterior, nos encontramos frente a una María, discípula,
evangelizadora, servidora, a una "mujer" dispuesta a entregar su vida por lo que cree.
Luego, encontramos a María como la madre que protege su embarazo cumpliendo las normas del
imperio bajo la dirección del padre putativo (censo) y recibe a su hijo en circunstancias de pobreza
recibiendo el saludo de pastores, ángeles y reyes de Oriente. Contemplamos, entonces, a la María
humilde y pobre en la alegría del nacimiento, de la vida y de la esperanza (podría decirse que
María o sabía claramente quién era y qué misión realizaría este hijo o se preguntaría ¿Qué va a
realizar este hijo que lo visitan Reyes y le traen regalos tan significativos como el incienso, la mirra
y el oro?
Para cumplir su SÍ, por instrucciones Divinas a José se exilian, se desplazan a Egipto, protegen a su
hijo fuera de su tierra, de su pueblo y retornan hasta que los llaman por instrucciones del ángel.
Contemplamos a la mujer que comprende y protege al infante, al débil, sin que le inquieten las
dificultades e incomodidades que esto le acarreé.
Y con el fin de no extenderme demasiado en este punto, recordamos la intervención de la "mujer",
María, en las bodas de Caná, en la crucifixión y muerte de su hijo en la cruz y la Resurrección.
Contemplamos a María que no busca imagen o protagonismo sino que, con ese Espíritu que la
acompaña desde la concepción de Jesús, presta su servicio ante circunstancias de escasez y pide a
Jesús -indirectamente- que inicie su vida pública y pide a las personas que hagan lo que Jesús les
diga, es decir, lo que Jesús dirá después, con otras palabras, ¿quiénes son mi madre y mis
hermanos? los que ESCUCHAN LA PALABRA DE DIOS Y LA PRACTICAN. Y luego, las SSEE nos
muestran que Jesucristo nos deja a María como madre a todos, a través de entregarla a su
"discípulo amado", que somos todos sus hijos. Una María que está al inicio y al final de su vida
pública.
Hasta aquí podemos decir que si bien no son muchos los pasajes directos que hablan de María o
de la Madre de Jesús en las SSEE sí son de mucha importancia y profundidad teológica y pastoral.
De otra parte, que, aparte de los versos expresos también están los que sin señalarla
abiertamente, se refieren a ella. Ejemplo de esto son los pasajes en Génesis, Isaías, las cartas de
Pablo y Apocalipsis; sin embargo, tomo uno no referido a la fecha y es el Salmo 45 que, en su
primera parte trata de Jesucristo y su segunda de María, al decir que en vez de padres tendrá
hijos, que su nombre se hace memorable por todas las generaciones. Y esto nos llama a entender
que a María la podemos encontrar a lo largo de las SSEE.
Es evidente que en las primeras comunidades cristianas se veneraba a María y por ello
encontramos pinturas que la celebran; también, que las herejías iban contra Dios, Jesucristo o la
Trinidad por lo que difícilmente se encuentran escritos sobre María, sin embargo, se halla una
Oración “Sub tuum praesidium” que se data del 250 D.C. y nos llama la atención porque ya a María
la llamaban “Theotokos”, la Madre de Dios y por eso es que encontramos que en el 431, en el
Concilio de Éfeso, se respondió a la herejía de Nestoriano sobre este tema.
Así, vemos que la Virgen María ha venido tomando una mayor preponderancia y fuerza dado que,
en los últimos 2 siglos, a través de los Papas, ha habido pronunciamientos de alcances muy
importantes: el dogma de la Inmaculada Concepción (1854; María nació sin pecado concebido y
así lo quiso Dios desde el principio de los tiempos), la Asunción de la Virgen (1950; María fue
llevada al cielo en cuerpo y alma), la aceptación de apariciones de la Virgen en diferentes
advocaciones y en el Concilio Vaticano II que le dedica el capítulo 8 de la Lumen Gentium (Pueblo
de Dios); y, en la liturgia está siempre presente en las oraciones y en la liturgia de las horas se le
dedica los días sábados. Todo esto, teniendo claro que María no es quien salva sino quien ayuda a
conocer de mejor manera y llegar a Jesucristo, para conocerlo y conocer su Plan de Salvación. Por
ende, María es la cristiana para imitar y entenderla ayuda a descubrir mejor a Nuestro Señor
Jesucristo.
Ahora bien, para adecuar el terreno del cristiano se propone un camino que no debe permitir
desviaciones. El camino consiste en vaciar el corazón y la persona de todas aquellas cosas y
circunstancias que nos alejan de Cristo y se quedan como basura en nuestro corazón y lo llena
imposibilitándolo recibir el amor de Dios que vive en nosotros; este proceso debe tomar el tiempo
necesario para tener un corazón vacío, transparente; luego, el camino nos lleva a conocernos a
nosotros mismos, a las SSEE, a María y a Jesucristo y este conocimiento nos lleva a volver a vivir
con fe, en la misericordia, la verdad, el amor de Dios y lo puede compartir con su prójimo.
Entonces, es la transformación y conversión con la ayuda de Nuestra Madre del Cielo.
Retomo la frase: este camino no debe permitir desviaciones o debe evitarlas. Me refiero a aquellos
casos en que María deja de ser esa ayuda y colaboración para encontrarnos con Cristo y la
tomamos como la que salva al ser humano y esto nos cambia completamente el camino de
Salvación de Dios. Por tanto, ser CRISTOCÉNTRICOS, es la esencia de nuestra esperanza.
Y este tema nos lleva a lo que se conoce como Piedad Popular. Término que podemos definir
como ese campo del crecimiento espiritual a través de acciones y actitudes personales y de
comunidad que refuerzan nuestro vínculo con el Plan de Salvación. Como dice la Sacrosanctum
Concilium, la Misa es culmen y fuente de la vida espiritual pero esta no se agota allí sino que
aparecen otras acciones como la liturgia de las horas, el rosario, los sacramentales como el agua
bendita, los escapularios, oraciones y elementos que nos ayudan a crecer en nuestra fe. Para
nuestro tema es el Rosario; este, quizás es el recuerdo más cercano de reunión en familia para
orar y elevar súplicas a Dios a través de María (claro que esto hasta ahora se aclara en mí);
seguramente, a través de este, también, muchas personas han decidido seguir a Cristo en los
conventos, las abadías y los seminarios. Por esta razón, también es muy importante que no
rompamos esta unión que une las personas a Cristo y sepamos tratar la Piedad Popular de manera
que, en vez de hacer un bien a la comunidad, la enemistamos con María y con el Salvador. El Clero,
en general, tiene un reto en este sentido.
Finalmente, es claro que María es María y Jesucristo es Jesucristo; que entre ellos hay una relación
Madre a Hijo y que ella es producto de una decisión soberana del Padre Celestial. Que María es el
vínculo que permitió abrir la puerta para que llegara y conociéramos al Salvador y que este puente
que permite a la Divinidad para que llegue la persona de Cristo Humanidad y Divinidad se
convierte en el mejor puente de conocimiento y abordaje del Señor Jesús, el más cercano y el más
seguro; y fundamentalmente su pureza nos ayuda a que nosotros también la logremos para Gloria
de Dios.
Atentamente,
Jairo Salcedo García
Alumno de Diaconado – Primer Año