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Carl Schmitt y Su Recepción en Francia - Alain de Benoist

1) El artículo analiza la recepción de las ideas de Carl Schmitt en Francia desde la década de 1920 hasta el período de posguerra. 2) Inicialmente, Schmitt recibió poca atención en la academia francesa debido a su asociación con el nacionalsocialismo. 3) Después de su muerte, el enfoque se centró más en su trabajo sobre teología política, estudios constitucionales y relaciones internacionales.

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Carl Schmitt y Su Recepción en Francia - Alain de Benoist

1) El artículo analiza la recepción de las ideas de Carl Schmitt en Francia desde la década de 1920 hasta el período de posguerra. 2) Inicialmente, Schmitt recibió poca atención en la academia francesa debido a su asociación con el nacionalsocialismo. 3) Después de su muerte, el enfoque se centró más en su trabajo sobre teología política, estudios constitucionales y relaciones internacionales.

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Carl Schmitt y su recepción en Francia

Carl Schmitt and his reception in France

Alain de Benoist
Universidad de París I
Francia

Trads.: Carlos E. Pérez Crespo1 & Juan P. Sánchez Montenegro2

Fecha de recepción: 01-10-2019


Fecha de aceptación: 04-11-2019

Resumen Abstract
El artículo analiza la recepción de Carl Schmitt en The aim of this article is to analyze the reception
Francia desde su introducción en la década de los of Carl Schmitt in France from his introduction in
veinte hasta su posterior crítica y bibliografía the 1920s to his subsequent critique and
secundaria en la posguerra. En general, Schmitt ha secondary bibliography in the post-war period. In
gozado de poco interés en la academia francesa, general, Schmitt has received little interest in the
debido a su rol como propagandista del French academia because of his role as a
nacionalsocialismo. Sin embargo, luego de su propagandist of National Socialism. However,
muerte, su recepción se ha enfocado, sobre todo, after his death, his reception has focused,
en la teología política, los estudios primarily, on political theology, constitutional
constitucionales y el análisis de sus escritos sobre studies, and the analysis of his writings on
las relaciones internacionales. El artículo concluye international relations. The article concludes that
que la obra de Schmitt aún se encuentra en la Schmitt's oeuvre is still marginalized in the
marginalidad en el mundo francófono. French-speaking world.
Palabras clave: Carl Schmitt, Francia, historia de Keywords: Carl Schmitt, France, history of ideas,
las ideas, teoría política, constitucionalismo. political theory, constitutionalism.

1) Carlos E. Pérez Crespo es candidato a Doctor en Ciencia Política por la Universität Hamburg, gracias a
la beca del DAAD (Alemania). Actualmente dicta un seminario en esta casa de estudios titulado “Phasen
der Politische Theorie Carl Schmitts” (2019/2020). Es miembro afiliado de la Carl-Schmitt-Gesellschaft y
ha publicado y traducido textos sobre la obra de Carl Schmitt. En el 2017, ganó la Beca de Movilidad
Académica de la Alianza del Pacífico, por lo que fue académico visitante en la Universidad Javeriana de
Cali. Obras recientes: “El debate entre Habermas y Ratzinger. La teología política del Estado liberal”.
Uniediciones, Bogotá, 2019; “Jürgen Habermas como lector crítico e intérprete del pensamiento jurídico-
político de Carl Schmitt”, Anuario Filosófico, 52 (03), Universidad de Navarra, 2019.
2) Juan P. Sánchez Montenegro es abogado por la Universidad de Piura y politólogo por la PUCP. Ha
investigado sobre el pensamiento jurídico de Hans Welzel, Leonardo Polo y Carl Schmitt. Obras recientes:
“El concepto de naturaleza humana (physis) y su importancia para la reinterpretación del principio
constitucional de dignidad”, Palestra, Lima, 2019; “La reparación del daño ecológico” (Patrice Jourdain),
Actualidad civil (62), Lima, 2019.

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Introducción

La historia de la recepción del pensamiento y la obra de Carl Schmitt en Francia y en el


mundo francófono aún está por escribirse. Actualmente, año 2019, apenas le han sido
dedicados un pequeño libro, muy útil, aunque ya viejo con quince años, y algunos
cuantos artículos3.

Podemos dividir en tres grandes períodos la historia de la recepción de las ideas


schmittianas en Francia. La primera es, por supuesto, la preguerra. Inicia en 1928, con
la traducción (parcial) de Politische Romanik (Schmitt, 1928), realizada por Pierre Linn, y
continúa en 1936 con la traducción mediocre de Legalitat und Legitimitat (Schmitt,
1936), realizada por William Gueydan de Roussel4. Ambas publicaciones no parecen
haber tenido mucho eco5. Una tercera traducción, también muy decepcionante, de Der
Begriff des Politischen (Schmitt, 1942), tampoco tendría mucha repercusión. El nombre
de Schmitt es ocasionalmente mencionado por autores como Carré de Malberg,
Georges Gurvitch, Jean-Edouard Spenlé, Marcel Cot, Maurice de Gandillac, Roger
Bonnard, entre otros, aunque sin que estas citas atestigüen una verdadera familiaridad
con su obra. Ningún estudio sustancial objetivo ni trabajo académico se dedica a Carl
Schmitt. Es justamente así que, desde este punto de vista, Pierre Muller (2003) habla de
una “recepción ausente” (réception manquée).

Después del año 1933, los escritos de emigrantes alemanes en Francia, como Kurt
Wilk (1934) y Harald Mankiewicz (1938), conservan de Carl Schmitt la sola imagen del
“jurista del Reich” (Kronjurist) que se unió al nazismo. Igualmente, esta es el retrato que

3) Al respecto, revisar: Baldus (1987), De Benoist (2001, 2014), Martin (2017), Muller (2003), Séglard
(2012), Storme (2011), Techet (2010). Asimismo, Baume (2008a) sólo se ocupa de los debates entre
Schmitt y varios juristas de la República de Weimar.
4) Nacido en 1908, el joven jurista William Gueydan de Roussel, autor de una tesis doctoral sobre La
evolución del poder ejecutivo en Alemania (1919-1934) defendida en 1935 en la Universidad de Ginebra,
estuvo bajo la dirección del Presidente de Ocupación del Círculo de Estudios Judeo-Masónicos y Secretario
del historiador Bernard Faÿ, entonces administrador de la Biblioteca Nacional. Fascinado por el
nacionalsocialismo, publicó en 1940 un ensayo titulado A l'aube du racisme, que fue prologado por Faÿ.
Condenado tras la Libération, se exilió en Argentina y murió en la década de 1970 en Chile (Cf. Sabah.
2000).
5) Dos excepciones: una revisión de Politische Romantik publicada en Le Mercure de France el 1 de agosto
de 1928 y otra, de la misma obra, publicada por Eugenio d'Ors en Les Nouvelles littéraires el 15 de febrero
de 1930.

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predomina en el germanista Edmond Vermeil (1938), o incluso en la tesis del jurista
Raymond Martin (1948), que no será publicada sino hasta después de la guerra6.

Sin embargo, está bien atestiguado el interés que desde esta época tiene Carl
Schmitt en Francia. Fue un gran conocedor de la lengua francesa y un lector apasionado
de Joseph De Maistre, por lo que estuvo al tanto de los libros que se publicaban en París.
También parece haber sido un asiduo lector del diario monarquista L´Action francaise,
al mismo que consideró como “el diario más interesante que existe actualmente” (citado
en Mehring, 2009: 144). Asimismo, conoció bien los escritos de Maurras, tal como lo
atestigua notablemente Franz Blei (1931: 527). Del mismo modo, sabemos que el joven
Leo Strauss, con la intención de ir a París, le pidió que le presentara a Charles Maurras
—aunque es muy poco probable que haya habido algún contacto personal entre el
jurista de Plettenberg y Maurras—.

1. La recepción en la preguerra: Jacques Maritain, François Perroux y René Capitant

En los años 1920 y 1930, las relaciones entre Carl Schmitt y Francia no pasarán tanto por
la influencia de sus libros; sino por sus vínculos personales con diversas personalidades
de desigual importancia, en cuyo primer rango debemos mencionar a François Perroux
y René Capitant, pero especialmente al filósofo tomista Jacques Maritain.

A partir de 1921, recuérdese, Carl Schmitt se desempeñó como profesor de derecho


en la Universidad de Bonn, en donde mantuvo contacto estrecho con los jóvenes
católicos. Estamos entonces en plena Renouveau catholique. En Alemania, este
movimiento de avivamiento (réveil spirituel) tiene dos principales centros: Múnich, en
la muy católica Baviera, y Bonn. En 1925, Schmitt ocupó el centro del círculo católico de
Bonn, que luego incluyó a varias personalidades ya conocidas, o que muy pronto darían
que hablar, tales como el filósofo Alois Dempf, el teólogo Wilhelm Nyssen, el jurista
Ernst Forsthoff, el periodista Paul Adams, entre otros más. No obstante, las cuatro

6) Para el autor, la doctrina de Schmitt equivale a argumentar que “el derecho es la arbitrariedad del
Estado, es decir, la ausencia de derecho” (Martin, 1948: 59).

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figuras principales son, indudablemente, Erik Peterson, Karl Eschweiler, Werner Becker
y Waldemar Gurian.

Es especialmente en Waldemar Gurian que debemos interesarnos, puesto que pudo


verse en él “al más antiguo y al más fiel discípulo de Maritain en Alemania” (Phillipe
Chenaux). Nacido en 1902 en San Petersburgo, en una familia de origen judeo-
armeniana, Gurian terminó su tesis de doctorado bajo la supervisión de Max Scheler,
dedicada al estudio del Movimiento de Juventudes (Jugendbewegung), fuente de la
materia para su primer libro (Gurian, 1923). Del mismo modo, se convirtió en uno de los
promotores del Quickborn, el movimiento de juventudes católicas fundado por el
carismático teólogo Romano Guardini, quien publicó la revista Die Schildgenossen,
creada en octubre de 1920, y organizaba frecuentemente reuniones en el castillo de
Rothenfelds sobre el Main. En el año 1923, Gurian se inscribió en el seminario de Carl
Schmitt en la Universidad de Bonn. En una carta a Hugo Ball, fechada el 18 de noviembre
de 1924, Schmitt lo describe como “uno de los católicos, probablemente, más
inteligentes”; mientras que Gurian, a quien le debemos, además, uno de los primeros
libros que aparecieron en Alemania sobre L'Action française (Gurian, 1931), asegura ver
en él una especie de “Maurras alemán”.

Sin embargo, Waldemar Gurian, quien leía muy bien el francés, también se apasionó
por las ideas de Maritain, quien, a su vez, hizo célebre a Karl Eschweiler. Ambos tuvieron
la intención de traducir al alemán las obras esenciales de Maritain, aunque dicho
proyecto no tuvo éxito. Es solamente con su libro Les trois réformateurs (Maritain,
1925), publicado en Francia en 1925, que Maritain ganaría mayor notoriedad más allá
de las riberas del Rhin. Los protestantes se mostraron reservados, debido a lo que
Maritain escribió sobre Lutero; no obstante, Carl Schmitt acogió la obra gustosamente.
De esta manera, Maritain, quien se alejó de L'Action française luego de la condena papal
a este movimiento monarquista en 1926, empezó a pensar que Alemania podía no serle
tan cercana.

No tenemos certezas de cuándo, ni por intermedio de quién, Schmitt y Maritain


encontraron una relación epistolar7. No obstante, sí sabemos cuándo se reunieron por

7) La correspondencia entre Schmitt y Maritain, de 1928 a 1936, se encuentra en los Archivos Maritain de
Kolbsheim, ahora transferidos a la Biblioteca Nacional y Universitaria de Estrasburgo (BNU). Estos archivos

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primera vez. Esto ocurrió en Bonn, en diciembre de 1927, con ocasión de una
conferencia titulada La signification de la pensée de saint Thomas pour le temps présent,
celebrada gracias a la invitación de la Katholische Akademikerverband, organización
fundada en 1913. En el transcurso de su viaje, Maritain se encontró también con
Waldemar Gurian y Karl Eschweiler, así como con Erik Peterson, Romano Guardini, Paul
Adams, Georg Eisler, Werner Becker, Peter Wust, Theodor Haeker, entre otros más.

En marzo de 1928, Schmitt acudió a París, donde se encontró nuevamente con


Maritain, quien le pondría en contacto con el orientalista Luis Massignon, así como con
Pierre Linn, quien trabajó en la traducción de su libro sobre el romanticismo político. A
su regreso de Alemania, Jacques Maritain, en efecto, encargó la traducción de Politische
Romantik, cuya edición francesa se publicó ese mismo año en la Bibliothèque française
de philosophie, colección dirigida por la Librería Valois8. La elección de este libro fue
bastante reveladora: sin duda, es alrededor del antiromanticismo que Schmitt y Maritain
encontraron concordia, a pesar de que sus fuentes de inspiración y el contenido de sus
críticas no hayan sido las mismas. La traducción francesa fue hecha en compaginación
con la segunda edición alemana de 1925; sin embargo, en el preámbulo se precisa que
no se trataba de una traducción parcial, en donde se podía dejar de lado las “discusiones
de tesis, de actitudes, y de hechos concernientes más estrechamente a los románticos
alemanes y la corriente de ideas alemanas de entonces y de hoy” (Schmitt, 1928: 4),
debido a que se había incluido un importante capítulo sobre Adam Mûller y Friedich
Schlegel. Algunos desarrollos del libro tampoco fueron traducidos en esta edición, no
más que la mayoría de las notas. Esta publicación, mutilada y además bastante
mediocre, parece haber recibido la anuencia del jurista de Plettenberg, quien hasta
entonces no había sido traducido ni en Francia ni en ningún otro país extranjero.

El traductor, Pierre Linn, nació en 1897 y fue un banquero germanohablante que


también perteneció al círculo de L'Action française hasta su final alejamiento por la

incluyen un total de más de 40.000 cartas. Otros documentos han sido recogidos en el Centro Maritain de
la Universidad de Notre Dame, fundada en 1957.
8) La Librería Valois, creada por Georges Valois en 1928, tomó el relevo de la Nouvelle Librairie nationale,
que Valois había dirigido desde 1921 en adelante, cuando aún estaba en L'Action française. Durante una
estancia en París, Waldemar Gurian conoció también al revolucionario sindicalista Edouard Berth, el
discípulo más fiel de Georges Sorel (Les méfaits des intellectuels, París, 1914), quien estuvo estrechamente
vinculado a Georges Valois, especialmente en la época del Cercle Proudhon.

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condena papal en 1926. Su nombre y el de su esposa Jeanne, quien era judía, al igual
que la mujer de Maritain, frecuentemente aparecen en el Carnet de Notes de Jacques
Maritain. La pareja vivía en Meudon y frecuentaba regularmente el Círculo de Estudios
Tomistas creado por Jarques y Raissa Maritain. Al parecer, se estableció un vínculo
cercano entre Linn y Schmitt. En los años treinta, Linn visitó varias veces al jurista de
Plettenberg y le escribía regularmente9. Este lazo de amistad continuó hasta después de
la guerra, incluso hasta cuando Maritain, quien era íntimo de Linn, rompió sus relaciones
por completo con Schmitt. Al respecto de Schmitt y de su interés por la cultura francesa,
William Gueydan de Roussel dijo: “Él tenía un amigo, Pierre Linn, a quien quería mucho”
(Gueydan de Roussel, 1991: 56-57; cf. Tommissen, 2003).

El ascenso de Hitler en 1933 dividió profundamente a los católicos alemanes,


muchos de los cuales decidieron plegarse al nuevo régimen; mientras que otros se
unieron a la oposición y la resistencia. Schmitt se adhirió al Partido Nacionalsocialista el
1 de mayo de 1933, por razones que él nunca esclareció por completo. En este
momento, Maritain todavía no se había enemistado definitivamente con él. En sus
recuerdos, el germanista Maurice de Gandillac refiere que es gracias a Maritain que
pudo conocer a Schmitt en sus nuevas funciones: “Promovido a ‘Consejero de Estado’,
Carl Schmitt, politólogo de renombre internacional, proporcionaba al régimen un aura
de respetabilidad. Maritain me dio una nota introductoria sobre él” (Gandillac, 1998:
180-181).

Entre los becarios de la Fundación Rockefeller figuraba, del mismo modo, el futuro
economista Francois Perroux, quien impulsó, bajo la Ocupación, los Cahiers d’études
communautaires. Asimismo, fue junto con Alexis Carrel, el Secretario General de la
Fondation française pour l’étude des problèmes humains entre 1943 y 1944. Es en esta
función que, durante el invierno de 1934-1935, emprendió un viaje de estudios por
Europa que lo condujo de Viena a Berlín, y luego a Roma. En la capital alemana, Perroux,
que venía de leer el libro Volk, Staat, Bewegung (1933), llegó a encontrarse con Carl
Schmitt, quien lo invitó a su casa.

9) Hay 79 cartas de Linn en los archivos de Carl Schmitt.

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Desde nuestro primer contacto, dijo en adelante, él [Schmitt] me afirmó no
ser un adherente ni de la doctrina, ni de la política nazi […]. Nuestra
conversación profesional nos llevó […] a hablar sobre un seminario que Carl
Schmitt había organizado, en la Universidad de Bonn, sobre Maurice Hauriou
y su doctrine de l’institution (…). En el terreno extraprofesional, hablamos
sobre asuntos religiosos, el catolicismo, y, al partir, Carl Schmitt me hizo
prometerle el envío, tan pronto me encontrase en Francia, del libro Sueur de
sang de León Bloy. Desde entonces, intercambiamos cartas llenas de
confidencias. Esto es suficiente para señalar las relaciones abiertas y de
mucha confianza que existieron entre dos colegas académico-universitarios
(carta del 15 de agosto de 1985, cf. Tommisenn, 1996: 208-209).

En su libro Humanisme intégral, obra publicada en 1936 y que compiló el texto de


seis conferencias pronunciadas en agosto de 1934 en la Universidad de Santander
(España), Jacques Maritain empezó públicamente a tomar distancia vis-à-vis de Carl
Schmitt. En este trabajo, Schmitt es presentado como “uno de los inspiradores y
consejeros intelectuales del nuevo régimen” (Maritain, 1936: 109-110), por lo que
afirmó:

Poco antes de redactar estas páginas, recibí una hoja publicada por un grupo
de jóvenes católicos alemanes, discípulos de Carl Schmitt y partidarios del
nuevo régimen, los Kreuzfeuer; el asunto trataba de uno de mis libros, y la
única crítica que le hacían es que la idea del Sacro Imperio es una idea
obsoleta del cual es menester que se libere nuestra imaginación (Maritain,
1936: 158)10.

Tres años más tarde, Maritain atacó nuevamente a Carl Schmitt en una célebre
conferencia sobre Le crépuscule de la civilisation, pronunciada en febrero de 1939), en
donde denunció con innegable virulencia las tesis schmittianas de la relación dialéctica
amigo-enemigo. Según Maritain (1941), esta fórmula no revela de ninguna manera la
esencia de la política; sino más bien una “soberanía del odio” (souveraineté de la haine)

10) Desgraciadamente, Maritain no da detalles sobre esta “hoja”, ni sobre este “grupo de jóvenes
católicos alemanes” a los que da el nombre de Kreuzfeuer (“Croix-de-feu”!), del que nadie ha oído hablar.
Maritain probablemente los confunde con el “Kreuzfahrer”, un grupo de orientación bündisch (“liga”) que,
a principios de la década de 1920, había roto con el movimiento juvenil católico y publicado la revista Die
Fahrt ins Reich. La confusión con el periódico Heiliges Feuer, en el que trabajó Waldemar Gurian, también
es posible, pero menos probable.

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y una forma de fundar la política sobre la hostilidad hacia los otros. Maritain critica con
ahínco que Schmitt no vea en la política una rama específica de la moralidad; sino que
la considere como autónoma a esta, lo que en su opinión equivalía a “alejarla de la
verdad de Dios” (soustraire à la vérité de Dieu). Hostil a toda forma de soberanía —sea
ella política, estatal, popular o nacional—, Maritain terminará en la posguerra por
declararse favorable a una “sociedad política mundial” (société politique mondiale), lo
que evidentemente decantó en todo lo opuesto al pensamiento schmittiano.

En 1937, Waldemar Gurian, convertido entonces en un feroz opositor de Carl


Schmitt, partió hacia los Estados Unidos de América, en donde el futuro cardenal John
Francis O’Hara, elegido tres años antes como presidente de la célebre Universidad
Católica de Notre Dame de South Bend, en Indiana, lo invitó a una cátedra en ciencia
política. Dos años más tarde, en 1939, Gurian fundó la revista trimestral The Review of
Politics y ayudó a perfilar a la Universidad de Notre Dame como un centro de repliegue
de los intelectuales europeos que habían emigrado por culpa del ascenso del
nacionalsocialismo. Al mismo tiempo, continuó trabajando sobre el tema del
totalitarismo y los regímenes totalitarios analizados como “religiones seculares”, temas
sobre los cuales se convirtió en uno de sus teóricos más versados de aquella época.
Gurian falleció en 1954 en South Haven, cerca del lago Michigan, con apenas cincuenta
y dos años.

En sus escritos de posguerra, Schmitt multiplicó las críticas y las burlas dirigidas
contra Maritain. Schmitt, quien siempre alimentó una profunda admiración por la obra
de León Bloy, trató a los Maritain en su diario como los profiteurs de Bloy, lo mismo le
dijo a Claudel (nota del 5 de abril de 1948, cf. Schmitt, 1991). El 5 de junio de 1948,
Schmitt se refiere al “débil (Schwächling) Maritain y su odiosa Raïssa” (Schmitt, 1991:
120). El 26 de agosto de 1949, a propósito del decreto del Santo Oficio contra el
comunismo que había aparecido publicado el mes anterior, Schmitt se referiría a
Maritain como “malditain” (cauchemaritain). En 1985, Julien Freund evocaría al
respecto un recuerdo:

Cenando una noche en Kolbsheim, cerca de Estrasburgo, en compañía de


Nicolás Sombart y de Jean-Pierre Faye, (Carl Schmitt) se rehusó a encontrarse

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con Maritain, quien paseaba a unos treinta metros de nosotros. Por
discreción, nunca le pregunté por qué (Freund, 1985: 52).

Pierre Linn, al contrario de Maritain, como lo hemos mencionado, no rompió


vínculos con Carl Schmitt. Luego de la guerra, continuó carteándose con él durante algún
tiempo. Piet Tommissen, que conoció a la viuda de Pierre Linn en Meudon el 10 de
marzo de 1972, dice que solo oyó de ella nada más que elogios para Carl Schmitt (cf.
Tommissen, 1990: 62).

El caso de René Capitant es completamente diferente. Capitant, nacido en 1901, se


consagró desde el principio como un jurista de calidad excepcional, por su tesis de
doctorado de 1928, y como un erudito sobre los asuntos de Alemania. Asimismo, fue
profesor en la facultad de derecho en Estrasburgo a partir de 1930. Dos años más tarde,
Capitant citó por primera vez a Carl Schmitt a propósito del libro Der Hüter der
Verfassung (1931), obra en la cual el jurista de Plettenberg criticaba al parlamentarismo
y definía al presidente del Reich como “el guardián de la Constitución de Weimar”.
Capitant no dudaba en decir que Schmitt era el más brillante teórico de esta
interpretación (cf. Capitant, 1932). Al inicio del Tercer Reich, gracias a una beca de la
Fundación Rockefeller, Capitant se mudó a Alemania por un año. Su primer encuentro
con Schmitt tuvo lugar en Colonia en octubre de 1933. Luego ambos se volvieron a
encontrar un par de veces más. Incluso, en 1934, René Capitant le dedicó su libro sobre
la reforma del parlamentarismo a Carl Schmitt (cf. Capitant, 1934; 1936).

No obstante, Schmitt y Capitant no se situaron exactamente en las mismas


posiciones. El jurista francés, ante todo, no demostró evidentemente ninguna simpatía
por el nacionalsocialismo (cf. Beaud 2001a; 2001b). En esta época, Capitant trató de
reformar el parlamentarismo (que distinguió claramente del régimen representativo, tal
como lo hizo su maestro Raymond Carré de Malberg), para hacerlo más “auténtico”, en
lugar de oponerse de frente a él a la manera de Carl Schmitt, que lo consideraba
inseparable del liberalismo. Sin embargo, los puntos de convergencia entre Schmitt y
Capitant no están ausentes. Ambos, por ejemplo, comparten un vivo interés por las
obras de Jean-Jacques Rousseau y Thomas Hobbes, a quienes les dedicaron escritos.
Asimismo, se oponían al positivismo jurídico, puesto que interpretaron al derecho
constitucional de uno modo que se negaba a aceptar a la Constitución como una mera

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“norma suprema”: para evaluar la naturaleza de un régimen, la práctica constitucional
es al menos tan importante para ellos como los textos formales. Del mismo modo,
rechazaban el régimen representativo que, en su opinión, privaba al pueblo de su
derecho a controlar las principales opciones colectivas. Finalmente, ambos estaban
convencidos de que, en circunstancias excepcionales, la democracia debía ser defendida
por medios autoritarios si fuese necesario. Por tanto, Schmitt y Capitant consideraban
que la discusión giraba en torno a un claro fortalecimiento del poder ejecutivo.

Ambos juristas permanecieron en contacto hasta 1936, pero se perderían de vista


tras la declaración de guerra de 1939. No obstante, René Capitant no olvidaría jamás la
crítica schmittiana al parlamentarismo y la idea según la cual la Constitución tenía que
atribuir al presidente de poderes extraordinarios para hacer frente a las situaciones de
excepción, comprendiendo el derecho de convocar a las fuerzas armadas para conjurar
un gran problema o desorden interno. Luego de 1940, Capitant se opuso vigorosamente
al modo de escrutinio proporcional y a la influencia de los partidos políticos. Su crítica al
parlamentarismo, de aquí en adelante percibido como el que consagra la sola soberanía
del Parlamento en detrimento de la soberanía popular, se hace absolutamente aguda,
puesto que la califica abiertamente de “antiparlamentarismo democrático”. Capitant
proponía el regreso al escrutinio de la mayoría y la atribución constitucional al jefe de
Estado de un poder de disolución de la Asamblea Nacional. Asimismo, se decantó por
una posición a favor del referéndum y, más generalmente, por todos los procedimientos
de democracia directa que permitiesen al jefe de Estado dirigirse directamente al
pueblo, para así obtener de él un refuerzo de su legitimidad.

De acuerdo a Gwénaël Le Brazidec (1998: 15-20), Capitant, como Schmitt, consideró


que la soberanía del pueblo pasa principalmente por el poder constituyente del pueblo,
lo que no es solo un razonamiento lógico (o que debería serlo) en una democracia.
Schmitt y Capitant no conciben delegar la soberanía del pueblo; sino solamente el
ejercicio de los poderes que le son adjuntos a órganos responsables ante el pueblo.
Capitant juzga también necesario volver a conceder la palabra al pueblo, a fin de
reencontrar una soberanía popular opuesta a las de los partidos. Como bien ha señalado
Le Brazidec (1998: 15-20), para Capitant no se debe confundir la soberanía nacional con
la soberanía de los representantes electos; sino que se debe sustituir la soberanía de los

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partidos por la democracia, puesto que esta era la doctrina gaullista (Cf. Marchand,
1994).

En 1941, habiendo obtenido su traslado en la Universidad de Alger, René Capitant


se preparó para el desembarco aliado de 1942, por lo que el gobierno de Vichy le revocó
su cátedra. En noviembre de 1943, el general De Gaulle lo nombra comisario, después
ministro de la Educación Nacional, posición que conservará hasta octubre de 1945.
Elegido diputado en 1946, Capitant retoma su cátedra en la facultad de Derecho de París
y milita activamente por un cambio de régimen, en consonancia con el movimiento
gaullista. Con gran pesar, Capitant no participó directamente en la elaboración de la
nueva Constitución, debido a que en esta época se encontraba en Tokyo. Sin embargo,
si tenemos en cuenta los vínculos de larga data que había establecido con el general De
Gaulle, a quien había convencido tempranamente de restaurar la autoridad del Estado
gracias al refuerzo del poder ejecutivo, y de hecho que en sus textos publicados entre
1946 y 1952, él había ya resumido las principales características de lo que debía ser la
Constitución de la V República, es razonable pensar que él fue el verdadero padre de las
ideas constitucionales del antiguo mandatario de la Francia libre.

Ahora bien, una de las principales características de la Constitución de la V República,


adoptada masivamente por medio de referéndum el 28 de septiembre de 1958, es que
ella concede al presidente de la República un rol y un peso político mucho más
importante del que había tenido jamás. Entre otras prerrogativas, aquella por la que
puede atribuirse, por un período limitado, los plenos poderes en casos de circunstancias
excepcionales, como lo acontecido en abril de 1961 con el putsch de los generales de
Alger, gracias al artículo 16, cuya semejanza con el artículo 48 de la Constitución de
Weimar fue a menudo observada. Por esa razón, algunos autores se han interrogado si,
por intermedio de Capitant, las ideas schmittianas pudieron haber ejercido una
influencia, al menos indirecta, sobre la Constitución de la V República.

2. La recepción en la posguerra: Julien Freund y Raymond Aron

Sabemos que Carl Schmitt fue a París bajo la Ocupación para dar una conferencia con el
auspicio del Instituto Alemán, entonces dirigido por Karl Epting. La sesión tuvo lugar en

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la noche del 16 de octubre de 1941, en la Maison de la Chimie de la calle Saint-
Dominique. El propio Schmitt, con la ayuda de una secretaria, elaboró el texto en
francés. Posteriormente, el jurista de Plettenberg le confesó a Nicolaus Sombart:

No puedes imaginarte qué diferencia representa tener que pensar en esta


lengua. La manera de guiar los pensamientos es totalmente distinta en
comparación con el alemán. Un texto alemán camina dando un paso en una
calle, un texto francés se desliza sobre rieles (Sombart, 1992: 326).

El texto fue publicado en el sexto volumen de los Cahiers de l´Institute allemand


(Schmitt, 1943; 1990) dirigido por Karl Epting en ediciones Sorlot 11. El 18 de octubre de
1941, Ernst Jünger anotó en su Diario:

Desayuné en el Ritz con Carl Schmitt, quien anteayer dio una conferencia
sobre el sentido de la distinción entre la tierra y el mar desde el punto de
vista del derecho público. Se nos unió el coronel Speidel, Grüninger y el
conde Podewils. Carl Schmitt comparó su situación con la del capitán blanco
tomado como rehén por los esclavos negros en el Benito Cereno de Melville,
y recordó, sobre este tema, la sentencia: Non possum scribere contra eum,
qui potest proscribere (Jünger, 2008: 239-240)12.

Al día siguiente, el 19 de octubre, Jünger viajó a la región parisina con Schmitt, haciendo
escala en Rambouillet, antes de continuar hacia Chartres. Una foto, ahora famosa, los
muestra a ambos en el parque de Rambouillet.

En realidad, es a partir del inicio de los años setenta que la obra de Schmitt comenzó
a ser traducida sistemáticamente en Francia a un ritmo que luego fue en aumento. Los
dos (re)introductores de Schmitt en el espacio francófono fueron Raymond Aron y el
viejo de Alsacia, miembro de la Résistance, Julien Freund, quien combatió bajo la
Ocupación en las filas de los Francs-Tireurs et Partisans (FTP) y fue varias veces detenido
por la Gestapo.

11) Schmitt aborda en esta conferencia la mayoría de los temas que explorará más sistemáticamente en
Land und Meer, de modo que podemos verlo como un primer esbozo de este libro. Esta conferencia se
repetirá en el Instituto Alemán de Lisboa el 22 de mayo de 1944. Sobre Karl Epting y el Instituto Alemán,
se puede revisar Michels (1993).
12) La frase citada por Schmitt para expresar su posición en relación con el poder nazi es del político y
orador romano Cayo Asinio Pollion: “No puedo escribir en contra de quien puede proscribir”.

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Julien Freund, politólogo y sociólogo, quien entonces trabajaba en su tesis de
doctorado sobre la naturaleza de la política, entró en contacto con Schmitt en
septiembre de 1959. Ambos se volvieron rápidamente muy cercanos y mantuvieron una
frecuente correspondencia (cf. Tomminsen, 1990; 1994). Luego de que su director de
tesis inicial, el filósofo Jean Hippolyte, se rehusara a serlo en razón de su hostilidad hacia
las ideas de Carl Schmitt, Freund sustentó finalmente su tesis en junio de 1965 en la
Sorbona, bajo la dirección de Raymond Aron. Esta tesis, titulada L’essence du politique
(Freund, 1965), saldrá en librerías algunos meses más tarde. Julien Freund se
enorgullece de las tesis de Carl Schmitt, aunque –contrariamente a lo que se dice a
veces– sin alinearse totalmente a ellas. Freund, por ejemplo, hizo de lo político una
esencia, de igual modo que la economía o la estética; mientras que Schmitt se limitó a
determinar un criterio de lo político; en este caso, la posibilidad de que una oposición
evolucione hacia un conflicto que opone una unidad política cualquiera frente a un
enemigo público. De este modo, Freund consideró a Aron y Schmitt como sus dos
maestros, sin ignorar, por supuesto, que sus respectivos puntos de vista eran muy
distintos: “Yo era amigo de Carl Schmitt -tuvo que declarar después- y consideraba ello
como un honor”. Es la época en la que el filósofo Alexandre Kojève sorprendía a algunos
de sus interlocutores afirmando que Schmitt era “la única persona que vale la pena ver
en Alemania”.

Estamos bastante bien informados sobre las relaciones entre Raymond Aron,
fallecido en 1983, y Carl Schmitt gracias a un artículo exhaustivo de Piet Tommissen, que
sólo apareció en francés luego de ser inicialmente publicado en italiano (Aron, 1999;
Tommissen, 1998). Aron había ya tenido la oportunidad de leer algunos textos de
Schmitt al inicio de los años treinta, cuando continuó sus estudios en Alemania, mientras
era residente del Instituto Francés, así como auditor en la Universidad de Berlín entre
1931-1933. Aron leyó principalmente Der Begriff des Politischen. Su reacción parece
haber sido demasiado hostil, teniendo en cuenta el contexto político del momento.
Durante la guerra, Raymond Aron publicó también varios artículos que citan
negativamente a “Karl” [sic] Schmitt en junio de 1941 y febrero de 1942 en La France
libre, revista dirigida por André Labarthe y difundida principalmente en Inglaterra y en
los territorios coloniales no controlados por Vichy, que él mismo editó desde la

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secretaría de redacción bajo el pseudónimo de René Avord. En estos textos, Schmitt es,
ante todo, descrito como uno de los teóricos oficiales del nazismo.

A pesar de todo, Carl Schmitt y Raymond Aron entraron en contacto directo luego
de la Segunda Guerra Mundial, en el curso de los años cincuenta, es decir, en un
momento en el que el sociólogo flamenco Piet Tommissen ya estaba dando a conocer el
pensamiento schmittiano tanto en Francia como en su propio país (cf. Tommissen 1953).
Podemos decir que Julien Freund, entonces alumno de Raymond Aron, jugó también un
rol en este acercamiento. Pierre Muller (2003) registra los primeros intercambios al
inicio de los años cincuenta, cuando Schmitt descubrió a Aron gracias a su libro Le grand
schisme. Esto dio lugar a una correspondencia epistolar, nutrida de una estima
recíproca, así como un encuentro que tuvo lugar en 1953 en la Universidad de Tubinga,
donde Raymond Aron realizaba una pasantía como profesor invitado. Raymond Aron
parece haber sentido rápidamente una verdadera admiración por Carl Schmitt; sin
embargo, no dejará sino progresivamente las reservas que podían suscitar en él, no
solamente los compromisos de Schmitt con el nacionalsocialismo entre 1933-1936; sino
también la hostilidad radical contra toda la ideología o teoría liberal que profesada el
jurista de Plettenberg. De este modo, en 1968, según Tommissen (1998), Aron se negó
a colaborar en el volumen publicado en homenaje a Carl Schmitt con ocasión de su
octogésimo cumpleaños (Barion et. al, 1968), justificando que no podía olvidar el papel
que Schmitt había desempeñado, voluntaria o involuntariamente, consciente o
inconscientemente, en el nacionalsocialismo. Por tanto, para Aron, trabajar en un
volumen de homenaje a Schmitt significaba ofrecerle un tributo personal, algo que él no
estaba dispuesto a aceptar.

Algunos años más tarde, Raymond Aron decidió publicar, en la colección Liberté de
l´esprit, que dirigió en ediciones Calmann-Levy, una nueva traducción de Der Begriff des
Politischen –obra de la cual el mismo Schmitt le había enviado un ejemplar en
septiembre de 1963–, acompañada de una traducción de la Theorie des Partisanen.
Ambas traducciones fueron realizadas por Marie-Louise Steinhauser (Schmitt, 1972), y
fue naturalmente Julien Freund a quien Aron recurrirá para redactar la introducción. La
obra reúne en un solo volumen ambos textos. Esta publicación, bajo el auspicio de
Raymond Aron y de un gran editor parisino, no obtuvo, sin embargo, la repercusión que

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uno podía esperar. Sólo tuvo acogida por un número limitado de artículos,
extrañamente publicados en diarios de gran tiraje. En los años siguientes, veremos
ciertamente el nombre de Carl Schmitt citado de manera más recurrente, especialmente
por Jean-Michel Palmier, Lucien Sfez, Henri Arvon, Jean-Pierre Faye, Gérard Mairet,
Simone Goyard-Fabre, Francois Chatelet, Olivier Duhamel, André Dorémus, Manuel de
Dréguez, entre otros más. El hecho es que, durante todo este segundo período, Carl
Schmitt no era verdaderamente conocido en Francia más que en círculos intelectuales
relativamente marginales; sino marginados.

En cuanto al diálogo entre Carl Schmitt y Raymond Aron, este continuaría su


desarrollo en los años setenta, fundamentalmente a propósito de Clausewitz y de la
naturaleza de la guerra (Aron, 1976). Los sentimientos de simpatía manifestados por
Aron parecen, por lo demás, acentuarse con el paso del tiempo, tal como lo atestiguan
tres párrafos que dedicó a Carl Schmitt en sus memorias (Aron, 1983), y el hecho de que,
contrariamente a la actitud que había adoptado en 1968, demostró su simpatía con el
proyecto de publicación de un nuevo volumen en honor a Schmitt, con ocasión de su
cumpleaños número noventa (Freund y Tommissen, 1978). Schmitt, por su parte, en
muchas ocasiones se expresó de manera muy lisonjera sobre Raymond Aron. En sus
memorias, Aron (1983: 591) señaló pasajes de una carta remitida por Schmitt, a quien
había enviado un ejemplar de su Paix et guerre entre les nations (1962), y en la que el
jurista de Plettenberg no se ahorró ningún elogio hacia él. También comparó el
pensamiento de Carl Schmitt con el de Max Weber, que es consistente con el juicio de
Wolfgang J. Mommsen (1985). Después de recordar el papel desempeñado por Julien
Freund, Aron añadió:

Nosotros sostuvimos una correspondencia intermitente. Le enviaba algunos


de mis libros y él siempre me respondía. Yo lo felicité con ocasión de su
cumpleaños número setenta y cinco […] Carl Schmitt fue, en tiempos de la
República de Weimar, un jurista de talento excepcional, reconocido por
todos. Pertenece a la gran escuela de sabios alemanes, que van más allá de
su propia especialidad, que abrazan los problemas de la sociedad y de la
política y pueden ser llamados filósofos […] Carl Schmitt nunca perteneció al

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Partido Nacionalsocialista13. Hombre de fina cultura, no podía ser un
hitleriano y nunca lo fue. Aunque doctrinario de derecha, nacionalista, lleno
de desprecio hacia la República de Weimar, cuyas contradicciones y la agonía
analizó sin piedad, interpretó como jurista la llegada al poder de Hitler, así
como la formación de la tiranía nazi. La interpretación podía pasar en su
momento para aprobación. Dejó de ser persona non grata para el régimen,
incluso antes del estallido de la guerra. Luego de 1945, reconoció sus errores
y se retiró a un pueblo de Westphalia, donde aún vive (Aron, 1983: 837).

3. La situación contemporánea de los estudios sobre Schmitt en Francia

En lo concerniente a su recepción en Francia, las cosas no comenzaron verdaderamente


a cambiar para Carl Schmitt, sino solo hasta al día siguiente de su muerte, ocurrida en
1985. En efecto, a partir de esta fecha se abre un tercer período que verá triunfar,
prácticamente sin interrupción, toda una serie de nuevas traducciones, a menudo
publicadas por las grandes editoriales como Gallimard, Seuil o Presses universitaires de
France14. Estas traducciones se refieren tanto a los libros como a los artículos. Ellas
cubren todos los períodos de la vida de Carl Schmitt, salvo algunas excepciones. Al
momento en que escribimos este artículo (2019), queda traducir sólo algunos ensayos
de importancia secundaria, tales como Die Kernfrage des Völkerbundes, 1926; Der
Volkerbund und das politische Problem der Friedenssicherung, 1930; Der Hüter der
Verfassung, 1931; Staatsgefüge und Zusammenbruch des zweiten Reiches (1934), así
como el Glossarium (1991), los volúmenes del Diario (Tagebücher) y las colecciones de
correspondencia (con excepción de la correspondencia con Ernst Jünger, cuya
traducción ha sido anunciada).

La situación de la literatura secundaria es distinta. Mientras los estudios


schmittianos realmente “despegaron” en los años setenta en Italia, España, Japón y en
Corea –los países de lengua inglesa, luego diversos países de Europa Central y Oriental
siguieron el movimiento a partir de los años 1980 y 1990-, este “despegue” no se

13) Como sabemos, Aron se equivoca en este comentario.


14) Entre las recientes traducciones al francés, ver: Schmitt (1985; 1988a; 1998b; 1990a; 1991b; 1992;
1993; 1995; 1998; 2000a; 2000b; 2002; 2003a; 2003b; 2007; 2009a; 2009b; 2011a; 2011b; 2015; 2016;
2017).

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produjo en Francia sino más tardíamente y sin tomar mucha amplitud. Sobre más de
600 libros dedicados a Carl Schmitt en la actualidad (¡número impresionante!) contamos
apenas con unos treinta aparecidos en lengua francesa, sea en Francia metropolitana,
Bélgica, Suiza o en Quebec.

Los primeros autores en ocuparse seriamente de la obra de Schmitt en el espacio


francófono son Jean-Francois Kervégan (1992), Olivier Beaud (1997), Gwennël Le
Brazidec (1998) y Carlos Miguel Herrera (1995). No se debe olvidar a David Cumin (2005),
a quien debemos –además de la traducción del libro de Mehring (2017) – la única
biografía de Carl Schmitt actualmente disponible en lengua francesa. Para el período
más reciente, posterior al año 2000, podemos mencionar los nombres de Céline Jouin,
Jean-Claude Monod, Tristan Storme, Sandrine Baume, Bernard Bourdin y Augustin
Simard.

Los principales artículos de fondo publicados en periódicos o en números especiales


de revistas son debido a Julien Freund, André Doremus, Jean-Francois Kervegan, Chantal
Mouffe, Olivier Beaud, David Cumin, Theodore Paléologue, entre otros. Se agregan
estudios con tonalidad más hostil, como los textos de Myriam Revault d’Allonnes, Jean-
Luc Evard, Blandine Kriegel, Denis Trierweiler, Christian Delacampagne, Olivier
Jouanjean, Dominique Séglard, Daniel Lindenberg o Nicolas Tertulian, así como diversas
menciones que figuran en las obras de Louis Dupeux, Philippe Raynaud, Olivier Bloch,
Jean-Luc Nancy, François Terré, Hervé Coutau-Bégarie, Frédéric Rouvillois, Martín
Motte, Etienne Balibar, Pierre Rosanvallon, André Clair, Jacques Sapir, François De Smet,
Bernard Manin, Maurice Weyembergh, Norbert Campagna, entre otros.

La fundación en Estrasburgo en los años setenta y ochenta, por iniciativa del


germanista Louis Dupeux, fallecido en 2002, de un importante grupo de estudio sobre
la Revolución Conservadora Alemana, en el que trabajaban muchos académicos
franceses, hizo poco para estimular el desarrollo de estudios sobre Carl Schmitt. Esto, es
cierto, sólo está relacionado muy indirectamente con el vasto movimiento de la
Revolución Conservadora, como reconoció el propio Armin Mohler.

De manera muy clásica, la mayoría de los autores que escribieron en Francia sobre
Carl Schmitt están divididos en tres grupos: los que están interesados en su teología

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política (Paléologue, 2004; Fœssel et. al. 2007; Storme, 2008; Bourdin, 2015); quienes
han recuperado sobre todo sus escritos constitucionales (Beaud y Pasquino, 2007;
Simard, 2009); y los que más bien han trabajado sus libros y artículos dedicados al
Nomos der Erde, a la teoría de la “guerra justa”, a la teoría “de los grandes espacios” y
las “relaciones internacionales” (De Benoist, 2007; Pasquier, 2012; Jouin, 2013).
Paradójicamente, la definición que Schmitt presenta de lo político, es decir, la distinción
del amigo-enemigo, en el más famoso de sus libros, hasta ahora ha recibido escasa
atención (cf. Hummel, 2005; Baume, 2008b; Sur, 2014).

En el ámbito intelectual francés, los estudios que pueden calificarse de favorables al


pensamiento de Schmitt –más especialmente a su crítica del liberalismo – fueron sobre
todo desarrollados por la escuela de pensamiento denominada “Nueva Derecha”
(Nouvelle Droite) en 1979. Así lo demuestran, además de varias traducciones de Schmitt
(en ediciones de Labyrinthe, después en ediciones Krisis), varios números especiales de
las revistas de este movimiento, como Eléments y sobre todo Nouvelle Ecole (primavera
de 1978).

La atmósfera general que permanece, sin embargo, sigue siendo bastante hostil
hacia Carl Schmitt. Esto sin duda es lo que explica que los libros publicados sobre él en
el extranjero, y que han sido traducidos en Francia, rara vez le sean favorables (cf. Ross,
2005; Müller, 2007). En 1993, Olivier Beaud escribió en su prefacio a la Théorie de la
Constitution (Schmitt, 1993) que las obras del jurista de Plettenberg, tras su muerte,
gozarían del mismo destino que los escritos de Maquiavelo y Hobbes, es decir, darían
lugar al desarrollo de investigaciones científicas. Sin embargo, Beaud fue demasiado
optimista. En realidad, los escritos polémicos antischmittianos siguen representando
una legión en Francia, alimentados por la ignorancia y la pereza, y multiplicando las
simplificaciones abusivas y sobre todo los contrasentidos.

En su ensayo sobre los “lenguajes totalitarios”, Jean-Pierre Faye (1972) ya había


marcado esta pauta de investigación antischmittiana al atribuir a Carl Schmitt la
paternidad de dos concepciones del Estado completamente diferentes: el “Estado total”
y el estado comunitario volkisch, teorizado por Alfred Rosenberg y defendido por las SS.
El argumento central de Faye (1972) es que es desde el año 1931 Schmitt va describir el
cambio hacia el “Estado total”, que luego se convirtió en el título crucial del libro titulado

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Le Gardien de la Constitution (Der Hüter der Verfassung). Faye (1972) considera la
elección del título como fatal, porque las palabras Hüter, Hütler, Hitler son iguales.

En 1994, Jacques Derrida, deseoso de proceder a una “deconstrucción” del discurso


schmittiano, se entregó a un análisis abstruso y pedante que a menudo hasta roza con
lo ridículo, como en este pasaje en donde asegura que Schmitt quiso “sustraer de
cualquier otra pureza (…) la impureza de lo político, la suciedad y pura impureza del
concepto o del sentido ‘político’. Porque incluso quiere (…) que el sentido polémico de
esta pureza de lo político sea, en su impureza misma, puro” (Derrida, 1994: 135); o esta
otra, donde plantea la hipótesis “según la cual la estrategia, como la topología
schmittiana, tiene quizás por finalidad clandestina sólo este ajuste, esta asignación de
residencia clandestina, esta neutralización falogocéntrica de la diferencia sexual”
(Derrida, 1994: 182).

Desafortunadamente, este género de extravagancias devino en moneda corriente


en un cierto número de intelectuales franceses. Blandine Kriegel, por ejemplo, describió
a Carl Schmitt, en un artículo del diario Libération, como “el inventor de la doctrina del
Estado totalitario” (Kriegel, 1996) y tres años más tarde se pronunció muy seriamente
contra “toda una corriente de romanticismo político alemán que culminó finalmente en
el gran jurista nazi Carl Schmitt” (Kriegel, 1999: 50), ignorando así que Schmitt consagró
un libro entero a criticar el romanticismo político. En un tono similar, Jean-Baptiste
Marongiu no temió atribuir a Carl Schmitt “el deseo fundamentalista de un orden donde
la sociedad civil y el Estado no formen sino una misma totalidad indisociable” (Marongiu,
2001: VIII), antes de agregar que al final de su vida todo el mundo creyó que “él se había
hecho maoísta.” y que ¡“el miedo fantasmagórico hacia la mujer” podría bien ser “la
llave maestra” de sus ideas decisionistas! (Marongiu, 2001: VIII). Podría citarse aún otros
ejemplos más, desde Jean-François Kahn presentando muy seriamente a Carl Schmitt
como un “economista alemán prefascista” (Kahn, 2002: 66), hasta François Souty
calificándolo de “panfletario neonazi” (Souty, 1996: 27), pasando por Christian
Delacampagne, que juzga con desdén que “no es un pensador extremadamente
original” (Delacampagne, 2001); sin olvidar a Daniel Lindenberg quien, lanzado en una
denuncia contra los “nuevos reaccionarios”, explicaba gravemente que “es

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verdaderamente el virus Carl Schmitt quien permitió esta evolución” (Lindenberg, 2003:
18).

Al respecto, se alcanzó un pico en 2002, luego de la publicación de la traducción


francesa del libro de Carl Schmitt dedicado al Leviatán (Der Leviathan in der Staatslehre
des Thomas Hobbes). Esta publicación fue, en un inicio, acogida como tantas otras, con
una indiferencia casi general, hasta el momento en que un especialista francés de
Hobbes, Yves-Charles Zarka (2005), decidió hacer de ella un escándalo. La tesis de Zarka
(2005), defendida en numerosos artículos, y acabada en un libro, es de una gran
simplicidad. Se basa en el análisis de dos de los artículos más controvertidos de Schmitt
—Der Führer schützt das Recht (1934) y Die deutsche Rechtswissenschaft im Kampf
gegen den jüdischen Geist (1936) —, y consiste en afirmar que el autor de Der Begriff
des Politischen, no debe ser considerado de ninguna manera como jurista, politólogo o
incluso como autor de libros; sino, por el contrario, como un panfletario nazi, cuyas
obras no ameritan ser leídas ni mucho menos estudiadas en el ámbito universitario:

La idea de Schmitt considerado como gran jurista y gran pensador político


del siglo XX, cuyos textos nazis deberían considerarse como pertenecientes
a un período muy limitado de la obra, es simplemente una leyenda inventada
por los proschmittianos que se expande poco a poco por todo el mundo
(Zarka, 2003: 163). (En conclusión), “debemos editar a Schmitt, pero como
editamos los textos de cualquier otro nazi, es decir, como documentos, no
como obras, y menos aún como obras filosóficas que uno discute como tales
(Zarka, 2002).

La virulencia de estos ataques dirigidos contra un hombre que George Schwab pudo
calificar de “Hobbes del siglo XX”, suscitó inmediatamente un debate de gran amplitud.
Yves-Charles Zarka recibió el apoyo de una cierta cantidad de sus colegas, como el
germanista Georges-Arthur Goldschmidt, quien se apresura a denunciar el abominable
esto de “escándalo intelectual”:

En esta oportunidad, la invasión declarada del nazismo oficial al pensamiento


francés está representada por Martin Heidegger, Carl Schmitt y Werner
Sombart, personajes “consentidos” de los buenos salones parisinos, cuya
sola manera de usar el alemán y el estilo revelan desde el principio sus

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pertenencias intelectuales a lo más íntimo del nazismo (…) (la) traducción a
un idioma tan poco capaz de brutalidad elemental, como es el francés, no
permite percatarse de todo esto (Goldschmidt, 2001: 15)15.

Sin embargo, Kervegan (2011), recordando que Carl Schmitt, tras la guerra, fue
largamente interrogado por Robert W. Kempner, uno de los adjuntos del Fiscal del
Tribunal Militar Internacional de Núremberg, y concluyendo un “no ha lugar”, respondió
a Zarka con un libro mesurado, haciendo lo correcto y situando claramente los puntos
del debate. Una edición especial de la revista Le Débat (septiembre-octubre de 2004),
dirigido por Marcel Gauchet y Pierre Noira, se publicó en la misma dirección.

Asimismo, sabemos que Schmitt suscitó la atención de muchos autores de izquierda,


especialmente, por su crítica al constitucionalismo liberal, su condena al sistema de
derecho internacional fundado en la invocación a la “humanidad” y la apelación a la
noción de “guerra justa”, o aún a la oposición férrea que plantea entre el liberalismo y
la democracia. La idea general es que el pensamiento de izquierda puede encontrar en
Schmitt un desafío estimulante y argumentos utilizables en su propia perspectiva. En el
pasado, autores tan distintos como Walter Benjamín, Georg Lukács, Otto Bauer, Otto
Kirchheimer, Franz Neumann o Norberto Bobbio, en su tiempo, tomaron muy en serio a
Schmitt y no dudaron, a veces, en convertirse en sus interlocutores. Tales tomas de
postura dieron lugar, en muchos países, a interesantes discusiones dentro de los
intelectuales de izquierda. Pensamos aquí, particularmente, en los debates en los cuales
intervino Jürgen Habermas en Alemania, pero también en los enfrentamientos que
pudieron oponer a Ellen Kennedy con Martin Jay, George Schwab o Joseph W. Bendersky
con David L. Dyzenhaus, o incluso William E. Scheuerman con Gopal Balakrishnan.

Tales debates son hasta el día de hoy casi impensables en un país como Francia. Sin
embargo, merece una excepción la académica belga Chantal Mouffe, quien además fue
la esposa del ensayista argentino Ernesto Laclau. Actualmente, Mouffe reside en Gran
Bretaña, donde es considerada la principal teórica del “populismo de izquierda” (Mouffe
y Errejón, 2017; Mouffe, 2018). Asimismo, Chantal Mouffe, desde hace mucho tiempo,
mantiene un interés crítico por la obra de Carl Schmitt, en particular por las

15) Al respecto, Roger-Pol Droit (2005) calificó a Schmitt como “un dignatario hitleriano de primera
importancia”.

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consideraciones sobre el carácter inevitablemente conflictual (“agonístico”) de la vida
política, incluso dentro del régimen democrático (cf. Mouffe, 1992; 2014). Este caso
particular merece ser destacado.

4. Conclusiones

A pesar de una cierta “fiebre editorial”, como ha señalado Baume (2008a), el balance
general está suficientemente contrastado. La obra de Schmitt es, de aquí en adelante,
ampliamente accesible al público francófono, aunque aún está lejos de encontrar en
Francia una situación comparable a la que ahora prevalece en Italia o España, en Japón
o en Corea, en los países del Este, o en los países anglosajones. En un momento en el
que las obras de Schmitt están ahora todas traducidas en la República China, y en el que
la Universidad de Oxford le dedica un manual universitario de casi mil páginas
(Meierhenrich y Simons, 2016), el nombre de Carl Schmitt es citado cada vez más
frecuentemente; no obstante, su obra está lejos de constituirse en una referencia
inevitable. Los libros aparecidos sobre él suscitan generalmente sólo un pequeño
número de reseñas. Los politólogos no se refieren a las ideas de Schmitt sino muy pocas
veces, de manera ocasional, y con una evidente timidez. A pesar de las traducciones, los
especialistas en filosofía del derecho continúan ignorando ampliamente su pensamiento
jurídico y constitucional. Asimismo, en general, los filósofos y los ensayistas evocan su
pensamiento de una manera que a menudo atestigua sólo un conocimiento elemental,
por lo que son incapaces de situarlo en su contexto (principalmente el de la
Methodenstreit de las teorías de derecho público bajo la República de Weimar). Al
respecto, Pierre-André Taguieff ha mencionado que Schmitt es un “autor maldito, más
que sospechoso, y de lectura prohibida en Francia” (Tagueieff, 2008: 25).

La reticencia francesa es sobre todo difícil de explicar al constatar que el


pensamiento schmittiano podía haber sido difícilmente rechazado por la simple
germanofobia, debido a la impregnación católica y a las constantes referencias que
Schmitt hace al pensamiento contrarrevolucionario francés y más ampliamente al latino
(aunque hay que señalar que los católicos franceses nunca han hecho mucho uso del
pensamiento de Carl Schmitt). Las razones por las que en Francia se pudo haber
trabajado en contra de una mejor difusión, o de una reflexión más intensa sobre la obra

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de Carl Schmitt, son definitivamente de naturaleza ideológica. Esto también podría verse
como el resultado de una cierta pereza intelectual y de un desconocimiento casi total
de los grandes debates intelectuales que tuvieron lugar en la Alemania de las décadas
de 1920 y 1930, combinados con una obvia intolerancia vis-à-vis hacia todo
pensamiento divergente.

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