El Cristiano y La Tensión Nerviosa Ok
El Cristiano y La Tensión Nerviosa Ok
Al poner en manos el Estudio Bíblico “El Cristiano y la Tensión Nerviosa”, lo hacemos convencidos de
que estamos contribuyendo al conocimiento de la palabra de Dios, en lo que ella habla respecto a la
madurez de la vida cristiana, en la constitución de individuos con conocimientos profundos de un Cristo
que es la expresión máxima de la Paz.
CONTENIDO
Capítulo 1
Tema: El Cristiano y la Tensión Nerviosa
Texto clave: San Juan Cáp. 14:27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo
la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Estimados amigos, una vez más estamos de visita en vuestro hogar, para compartir en estos
momentos parte de las Escrituras que nos han de servir como consulta con respecto a aquellas
preguntas que llegan a nuestra vida. En el día de hoy, iniciamos una serie de consultas pastorales
con referencia al cristiano y la tensión nerviosa. Me temo que hay muchas personas que sufren de
agotamiento nervioso y que por consiguiente no pueden dominar sus pensamientos. Por ejemplo,
hay personas que me dicen: “Cuando leo la Biblia no puedo concentrarme”. Hay otras que dicen:
“Mis oraciones parecen no recibir contestación”. Algunos han dicho: “He pensado que no soy
salvo”, es decir, han comenzado a dudar con respecto a la salvación. Hay otras personas que
me han dicho: “Pastor, siento como si tuviera un cinturón alrededor de la cabeza, que cada día me
aprieta más y más, lo que me hace temer que algo vaya a quebrarse y yo pierda el dominio de mí
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mismo”. Hay otras que dicen: “A veces me han dado deseos de terminar con la vida, pero yo sé
que esto procede de Satanás”. Otras personas dicen: “Tengo miedo de quedarme solo, pienso que
podría perder la razón en cualquier momento y quizás entonces me quitaría la vida”.
Mis amigos, si los cristianos sufren síntomas nerviosos, ansiedad, dudas, preocupaciones,
pensamientos perturbadores, temores y tensiones corporales, recordemos que Jesús dijo en
Juan 14:27: No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. He aquí entonces la decisión que me ha
llevado a preparar estos programas en “Una Visita Pastoral”; consultas de carácter íntimo,
consultas reales. ¿Es verdad que la palabra de Dios tiene una solución completa a todas estas
inquietudes de nuestro corazón? ¿Es verdad que la palabra de Dios tiene una solución total
al problema psicológico de la vida? ¿Es verdad que no necesitamos un psicólogo para poder
centrar nuestros pensamientos y que la palabra de Dios expuesta es la mejor consejera y suficiente
para centrar nuestra vida dentro de un carácter victorioso? ¿Es esto verdad?Dijimos entonces que
debido a una serie de problemas, una serie de inconvenientes en la vida del cristiano, estos sufren
esos síntomas llamados por los doctores “nervios”, que yo llamo quizás, ansiedad, dudas,
preocupaciones, pensamientos perturbadores, temores y tensiones corporales. A todos ellos,
hermanos, Jesús aparece como el centro de la solución; y en el Evangelio de San Juan como ya
hemos leído, él dice: No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. ¿Comprende usted el
significado de estas palabras, No se turbe...? La Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis, alienta a
los hijos de Dios a confiar completamente en él y no permite que los cuidados, los
pensamientos torturadores y la ansiedad, se acumulen en el corazón hasta que se conviertan en
esclavos de la nerviosidad. Así que por el día de hoy hemos de concentrarnos en este versículo:
No se turbe vuestro corazón... ¿Tiene la Biblia una solución para la tensión nerviosa? El cristiano
que se ve acosado por los problemas emotivos no ha llegado a este estado en el transcurso de una
noche. Esta clase de sufrimientos toma mucho tiempo en desarrollarse; en algunos toman muchos
años. Por ello, la ansiedad constante día y noche durante un período largo acarrea tensiones
corporales; por consiguiente el cristiano experimenta sufrimientos reales que no pueden ser
clasificados como imaginaciones deliberadas, aunque son creadas por sus conflictos emocionales
y no por sus conflictos físicos. El cristiano de esta manera no puede deshacerse de ellos con la
facilidad con que cierra una llave de agua, ¿verdad? Por lo general, los cristianos que así sufren
saben que cuando aumentan sus temores, las tensiones corporales se acrecientan y cuando los
temores disminuyen, ceden gradualmente. Prácticamente podríamos decir que todos los que
sufren de esa manera, se quejan de tensiones corporales en algún período de su dolencia. En
algunos son permanentes o continuos. Diría yo que la parte afectada puede variar: tensión en los
músculos del cuello, un sentido como de cinto que aprieta la cabeza, dolores parecidos a la
jaqueca o puede haber tensión con síntomas atípicos en el pecho o en el abdomen, que pueden ser
diagnosticados solamente como “el corazón nervioso”, o “la vesícula nerviosa”, “el estómago
nervioso”, ocultando un diagnóstico más exacto como dispepsia.
Sin embargo, en estos órganos no se descubren lesiones patológicas que pueden ser tratadas por la
medicina o la cirugía. Por otro lado, los síntomas desconcertantes e indefinidos de los órganos
femeninos causados por los temores asociados con la sexualidad femenina, han causado muchas
intervenciones quirúrgicas innecesarias para aliviar la nerviosidad de la mujer. La práctica médica
confronta diariamente condiciones funcionales que no tienen su origen ni en los gérmenes de la
enfermedad, ni en el malestar del cerebro, ni en los ficticios nervios agotados, sino en los
conflictos emocionales del alma, que causan el temor, la ansiedad y la tensión corporal.
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A todos ellos la palabra de Dios se levanta como un monumento incontenible. No se turbe vuestro
corazón, ni tenga miedo. Hermano, hermana, si usted es uno de los que sufren de esta manera,
perfectamente repetirle nuevamente las palabras de Cristo Jesús: No se turbe vuestro corazón, ni
tenga miedo.
ORACION
“Padre Eterno: Cristo que dio la paz, la paz eterna, puede dar también la paz a todo aquel que
confíe en él y entregue su vida para una restauración perfecta. En Cristo te lo imploro. Amén.
Capítulo II
Tema: El cristiano y su médico
Texto clave: Gálatas Cáp... 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas
vive Cristo en mí; Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me
amó y se entregó a sí mismo por mí.
Hemos hablado acerca del cristiano que sufre de tensión nerviosa, llamada ansiedad, duda,
temores y tensiones corporales. Dijimos que esto tiene una solución en Cristo, pues él dijo: No
se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Vamos a dar un paso hacia adelante en el estudio del cristiano con tensión nerviosa y vamos a
verlo yendo al médico para buscar alivio a sus males, ya sean temores mentales o sensaciones
corporales. Ahora bien, generalmente el médico le receta algún medicamento para los nervios. El
remedio de por sí no puede alterar el problema emocional del paciente. ¿Me entiende, hermano?
Si usted sufre de tensión nerviosa, si usted tiene ansiedad, dudas, pensamientos perturbadores,
síntomas que le afectan su vida como lo describimos anteriormente y usted recurre al médico, él le
ha de recetar algún medicamento para los nervios. Pero el remedio de por sí no puede alterar el
problema emocional del paciente, solamente embota el proceso mental del mismo para que no
esté tan alerta en cuanto a sus temores. Como resultado el paciente se siente mejor, pero no esté
curado, y no debemos culpar al médico por no curar al nervioso. Los pacientes nerviosos y
temerosos de nuestros tiempos se parecen mucho al primer paciente que se quejó de sus temores a
su médico. ¿Saben quién fue? Adán mismo. Adán no le dijo a Dios la causa de su nerviosismo,
solamente le relató los síntomas de su miedo. Adán le dijo: ...tuve miedo, porque estaba
desnudo;... (Génesis 3:10. Ahora bien, el gran médico Dios, no perdió tiempo con los síntomas
nerviosos de Adán, sus temores, su conciencia acusadora y sus ansiedades, ni tampoco llevó a
cabo una serie interminable de pruebas de laboratorio. El ojo diagnosticante de Dios pudo ver el
fondo del alma de Adán y encontrar la causa de sus temores. Dios le hizo enfrentar a Adán el
hecho real que producía su nerviosidad, lo que les hacía tener miedo, preguntándole directamente:
..Has comido del árbol que yo te mandé no comieses? (Génesis 3:11.
A pesar del avance de sus conocimientos científicos, el médico moderno es incapaz de ver la
causa del nerviosismo de su paciente. Sin embargo, sabe que debe haber una causa que produzca
los temores y las tensiones corporales. Mientras que el enfermo oculte del médico la causa de sus
síntomas funcionales, el facultativo puede solo mitigar los síntomas o sea el temor, la ansiedad y
las tensiones, si no los ha tenido aun por mucho tiempo.
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Por lo tanto, en la mayoría de los casos el sufrimiento nervioso es una repetición periódica de
síntomas que pueden ser tranquilizados en cuanto a su intensidad por diversas formas de
tratamiento. Con todo cuando el pensamiento consciente penetra en nuevas preocupaciones y
temores, los síntomas vuelven a surgir con mayor intensidad. Y de esta manera podemos ver que
el cristiano confía más en sedantes para que obren como aisladores de sus síntomas nerviosos, en
vez de entregar su “yo” con todos sus deseos a Cristo y andar en el Espíritu. Los cristianos
deben saber que ninguna droga moderna, ni ninguna terapia física, puede cambiar el estado del
corazón del ser humano, ni afectar los deseos de ese corazón.
Veamos en la Biblia lo que alguien hizo con respecto a esa enfermedad. El apóstol Pablo, en su
carta a los Gálatas Cáp... 2:20, dice: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo,
mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo
de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Repitamos la primera frase de este
versículo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado,...” Bueno, Pablo estaba vivo y por lo tanto
lo que él quería significar es que su interior estaba crucificado con Cristo Jesús; su yo personal
estaba crucificado con Cristo Jesús; su tensión nerviosa estaba crucificada con Cristo Jesús; su
ansiedad, su miedo, estaban crucificados con Cristo Jesús, y entonces ya no vive él sino que vive
Cristo en él. ¿Se da cuenta querido hermano? No recurra al médico por un síntoma que Dios
puede curar.
ORACION
“Padre eterno, te damos gracias porque el Médico de amor puede curar nuestro interior,
puede darnos lo que nosotros esperamos: Paz. OH, Señor, te imploramos que esta palabra paz, sea
una realidad en cada hogar. En Cristo te lo rogamos. Amén.
Capítulo III
Tema: El cristiano y su “Yo”
En este capítulo hemos de hablar acerca de aquellas personas que son esclavas del nerviosismo.
Por ejemplo: cristianos débiles que no quieren someter su “yo” al Señor. Estos se engañan a sí
mismos, creyendo que su propia voluntad puede reprimir los pensamientos llenos de temor que
los acosan. Cuando esto falla, como sucede siempre, entonces recurren a la medicina. ¿Saben
ustedes por qué algunas personas recurren a los sedantes que los médicos pueden darles? Es para
desviar el proceso de sus pensamientos.
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Los sedantes calman y mitigan; esto es verdad y no lo podemos negar. Por ejemplo: las
diversiones distraen la mente, los tratamientos de choque hacen olvidar los síntomas, pero
ninguna de estas terapias los libera del origen de sus sufrimientos. Por ello, algunos enfermos se
muestran exteriormente felices cuando se alivian las tensiones corporales con sus temores y
ansiedades. Sin embargo, estas personas que a juzgar de lo exterior parecen estar curadas, viven
en un estado constante de recelos. Pues cuando leen o escuchan de otros enfermos que tenían
síntomas parecidos a los suyos y que terminaron por perder la razón o suicidarse, vuelven a
experimentar los síntomas del nerviosismo.
El cristiano debe confiar en Dios; pero hay cristianos que confían en sedantes para que obren
como aisladores de sus síntomas nerviosos, en vez de entregar su “yo”, su persona, su alma con
todos sus deseos a Cristo y andar en el Espíritu. Los cristianos deben saber que ninguna droga
moderna, que ninguna terapia física, puede cambiar el estado del corazón humano. Mis amigos,
nada puede afectar los deseos del corazón. Si el corazón no se limpia diariamente de sus cuidados
y pensamientos angustiosos, los problemas se amontonan y acarrean al cristiano un nerviosismo
crónico que en verdad no es una enfermedad nerviosa, sino el conflicto que existe en el alma,
entre su antigua voluntad, que debió haber sido crucificada, y el Espíritu Santo que vino al alma
para morar en él.
Muy a menudo los cristianos nerviosos preguntan: ¿”Y cómo me sucedió esto? Yo he tratado de
vivir correctamente”. Sí, han tratado de vivir de acuerdo a sus fuerzas, han trabajado
religiosamente para Dios con su propia capacidad, en vez de con la del Espíritu de Dios. Los
cristianos se engañan muchas veces al creer que están trabajando en la obra del Señor, cuando en
realidad trabajan con sus propias fuerzas para gratificar él “yo” y no para la gloria de Dios. ¿Qué
sucedió? Que no caminaron en el Espíritu de Cristo, no leyeron su palabra y no mantuvieron
comunión con él por medio de la oración y no conservaron siempre el pensamiento en la obra de
Cristo en el Calvario.
Cuando los cristianos no mantienen comunión diaria con Dios sufren de desnutrición
espiritual. Si el cristiano no toma diariamente el número necesario de calorías espirituales debido
a las atracciones mundanas, muy pronto se vuelve anémico y debilitado, su resistencia mengua y
es fácil presa de enfermedades. Algunos cristianos necesitan más calorías que otros, todo depende
del tipo de trabajo, de las obstrucciones demoníacas y de hasta qué punto desean agradar al Señor.
Cuando el cristiano sucumbe ante los problemas emocionales y se pone nervioso, por así decirlo,
es porque ha quitado sus ojos del Señor y los ha colocado en sí mismo, hasta que finalmente
descuida la palabra de Dios y él “yo” se convierte en lo de más importancia y a Dios se le pone a
un lado y se pierde el deseo de la oración.
Entonces el cristiano nervioso se confunde, se alarma y se atemoriza; trata de orar, pero sus
pensamientos quedan fijos en él “yo”. Trata de leer la palabra de Dios, pero no puede
concentrarse porque sus pensamientos se escurren con su propia introspección y no tiene paz en
su mente ni de día ni de noche; hasta duda de su salvación y cree que Dios lo ha abandonado. Mis
amigos, Dios no ha abandonado al cristiano nervioso, es el cristiano nervioso quien ha
abandonado a Dios. ¿Cuándo? Cuando quitó gradualmente los ojos de la importancia del Calvario
y anduvo en su propia fuerza.
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Entonces usted se preguntará: ¿Cuál es la solución para el problema de alguien que crónicamente
se desvió de Dios? Bien, aquí la respuesta que la Biblia nos ofrece para ese cristiano que
voluntariamente o involuntariamente puso sus ojos fuera de Dios. En la Epístola a los Hebreos
Cáp... 12:2, podemos leer lo siguiente: ...puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la
fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a
la diestra del trono de Dios.
Hermano y hermana: No pongan sus ojos en ustedes mismos. No pongan sus ojos en el centro de
las emociones propias, pero sí pongan sus ojos en Cristo Jesús. ¿Por qué? Porque él es el autor y
consumador de la fe. ¿Se dan cuenta mis amigos de qué maravillosa experiencia podemos gozar y
de cuánta sabiduría nosotros realmente podemos disponer si simplemente en lugar de atarnos a
nuestro “yo” dejamos que la presencia de Cristo sea real en nuestra vida?
Capítulo IV
Tema: El cristiano nervioso y su testimonio
En este capítulo vamos a conversar sobre el cristiano nervioso, puesto que si permanece nervioso
carece de testimonio. En el Evangelio de San Juan Cáp... 8:12 y San Mateo Cáp... 5:14-16,
encontramos que los cristianos somos la luz del mundo. Ahora bien, esta luz del mundo se
manifiesta por el fruto del Espíritu Santo. En el texto clave de nuestro estudio están bien definidos
cuales son esos frutos. El cristiano que está esclavizado a su “yo”, maniatado a su nerviosidad,
¿revela amor? ¡De ninguna manera! Se halla envuelto en el manto de su propio “yo”. La
concentración en su “yo” no le permite manifestar amor hacia los demás, no ama ni siquiera a
Dios, por eso se queja.
Algunas personas dicen: “No vale la pena orar a Dios pues él no escucha mi oración, no puedo
leer la Biblia, no me interesa”. La vida de ese cristiano, mis amigos, ¿manifiesta gozo? De ningún
modo. Se queja y llora por su estado deprimido y dice que quiere librarse de él. Ahora
permítanme preguntarles: ¿Tiene ese cristiano paz? De ninguna forma. Va de aquí para allá por el
mundo, esperando encontrar el remedio para sus síntomas nerviosos. Es el retrato viviente de la
mente confusa, dudosa, temerosa, agitada por un alma que no está en comunión con Dios.
El cristiano que carece de esta habilidad emotiva, ¿puede demostrar una actitud de tolerancia?
No, mis hermanos, eso es precisamente lo que le falta, no aguanta nada, no tiene paciencia, no
tolera nada a los demás, a no ser lo que pueda gratificarle a él mismo. La persona que está pagada
y llena de sí misma es muy sensitiva, su antiguo “yo” no admite críticas, siempre tiene que
aparecer como aprobada por los hombres, no puede permitir que piensen que él es peculiar por
amor a Cristo. ¿Y qué en cuanto al espíritu benigno de ese cristiano? ¿Puede demostrar
benignidad y amabilidad de clase hacia sus semejantes y hacer algo por otros? La respuesta sería,
no. Los sufrimientos de los demás lo desconciertan.
Tal cristiano que se deja dominar por el “yo” de los nervios, dirá en una ocasión semejante: “Yo
no puedo aguantar, me pone nervioso la conversación con tal o cual persona”. Esto bien
interpretado, quiere decir que la conversación de los demás interfiere con sus pensamientos
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relacionados consigo mismo. ¿Puede un cristiano nervioso demostrar bondad? No. Es igual al
hombre natural, sus propios intereses le impiden hacer nada por nadie. Se pregunta a sí mismo:
¿Cómo puede eso ayudarme? ¿Qué haré? O ¿Haré algo por los demás? Cuando se pase esta
nerviosidad que tengo; pero ahora no quiero visitar a nadie, ni hablar con nadie; representa
demasiado trabajo, me pone nervioso, porque todo el tiempo que hablamos me estoy preocupando
qué pensarán de mí. Tengo miedo que vean que algo me pasa. Ir a la iglesia me pone nervioso, me
falta la respiración y me da la impresión de que me aprieta todo el cuerpo si el predicador habla
muy fuerte. Escuchemos, mis amigos, la confesión de alguien que pasó por estas experiencias; la
persona dijo: “No sé si soy salvo; creía serlo, pero desde que no puedo leer la Biblia con
sentimiento y mis oraciones no son contestadas, temo que haya cometido el pecado imperdonable;
ya no hay esperanza para mí; ya he ido demasiado lejos”. Tales cristianos no tienen fe en Dios y
la duda confunde todos sus pensamientos. ¿Revela este cristiano humildad o posee humildad un
cristiano nervioso? Es evidente que no se ha rendido a Cristo.
Sin embargo, no hay sacrificio ni glorificación de Dios en tal sufrimiento. ¿Cómo puede serlo, si
acusa a Dios de infidelidad cuando es él que no se vacía de su propio “yo?” Después de todo, uno
de los grandes factores que contribuyen a formar el nerviosismo en el cristiano es que su “yo” no
ha sido crucificado con Cristo, lo cual permite una lucha entre el Espíritu de Dios y la naturaleza
carnal, debido a que el paciente no anda en el Espíritu, sino que sigue los impulsos de la carne
(Romanos. 13:14).
En el Capítulo II de nuestro estudio, el texto clave fue: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y
ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de
Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20). Hermano y hermana en
Cristo Jesús, le invito en esta hora a presentar su vida crucificada a Cristo para que él la tome,
tome ese “yo” personal y esos nervios que le traicionan y puedan ser modificados a través de la
humildad, que es la manifestación de nuestra voluntad sometida a Dios.
Capítulo V
Tema: ¿Qué es estar nervioso?
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Texto clave: Salmo 5 1:10 Crea en mí OH Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto
dentro de mí.
¿Qué es estar nervioso? Trataremos de contestar esta pregunta con una buena definición a los
efectos de poder encontrar la raíz de este problema. Miles y miles de personas, incluso muchos
cristianos, se ven asediados por preocupaciones, temores, ansiedades y dudas. Sin embargo,
cuando estos sufrientes explican sus síntomas al médico, éste no encuentra nada anormal en el
cerebro, ni en el sistema nervioso, aun después de meses y años de preocupación y ansiedad más o
menos continuada.
Dios tiene interés siempre en el corazón del hombre, y por ello no pierde tiempo analizando las
muchas capas subconscientes de los pensamientos, temores y culpas, porque él sabe lo que hay
dentro del corazón. Recordemos que Adán tuvo miedo después que se rebeló y comió del árbol
prohibido, y entonces se quejé a Dios de que tenía miedo porque estaba desnudo. Dios no le
sugirió ningún tratamiento para sus síntomas mentales. Sabía que el conocimiento repentino de
que estaba desnudo era más que el síntoma o evidencia de lo que había en el corazón de Adán.
De esta manera Dios tuvo que proveer un remedio para ese mal: La sangre del cordero que Dios
mató para hacerle a Adán sacos de pieles y cubrirlo.
Así es el ser humano, siempre se ha esforzado por ocultar lo que hay en el corazón. Por ello, el
hombre moderno trata de cultivar la mente y resguarda intelectualmente las palabras para
esconder cuidadosamente lo que hay en su corazón. Algunos me dicen: “Cuando hablaba tuve
mucho cuidado de no dejar traslucir mi actitud; nadie supo lo que yo pensaba”. Mis amigos, todo
se puede esconder en el corazón: la amargura, y el odio; el dolor y la pena; la preocupación y el
cuidado; la ansiedad y el temor; hasta que desborda,... Porque de la abundancia del corazón
habla la boca. (Mateo 12:34.
Los profetas y las personas santas de los tiempos del Antiguo Testamento, comprendían muy
claramente este problema y conocían muy bien la importancia de los pensamientos del corazón,
pues David dice: ...Porque él (Dios) conoce los secretos del corazón. (Salmo 44:21. El salmista
no pidió a Dios que registrara su mente para descubrir el pecado que había acumulado, sino que
dijo: Escudríñame, OH Jehová, y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.
(Salmo 26:2. En otra oportunidad el salmista clamó: “Crea en mí, OH Dios, un corazón limpio, y
renueva un espíritu recto dentro de mí.” (Salmo 51:10. Él sabía que los pensamientos que llegan
a la mente salen de las profundidades del corazón y que la única manera de limpiarlos es
limpiando el corazón.
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Amigo lector, ¿sabía usted entonces que su problema no es un problema físico, sabía usted que
estar nervioso no es una consecuencia de un síntoma patológico, pero sí de un síntoma
espiritual?
ORACION: “OH, Padre eterno, ayuda a aquellos amigos que se encuentren con este problema
físico, para que tengan la valentía de recurrir al Cristo de la cruz y pedirle no solamente perdón
sino también inspiración para resolver sus problemas. Señor, tú solamente puedes hacerlo. En
Cristo te lo imploro. Amén.”
Capítulo VI
Tema: ¿Hay esperanza para el cristiano nervioso?
Texto clave: Gálatas Cáp... 5:24 “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus
pasiones y deseos”.
¿Hay esperanza para un cristiano que sufre de nervios para que pueda vencer esa esclavitud y
librarse de esa atadura del diablo? Permítanme responderle con la palabra de Dios. ¡Sí, que hay
esperanza! El Señor Jesús ha dispuesto las cosas maravillosamente para aquellos que le invocan
de verdad. Muchos cristianos dirán: “Mi condición es desesperada. He probado todo”. Sin
embargo Dios es capaz. A continuación voy a nombrar una serie de puntos, los cuales usted
tendrá que seguir sucesivamente para poder curarse, y yo digo CURARSE, o sea erradicar ese
nerviosismo de su corazón.
El primero de los pasos es volver a la cruz del Calvario donde primero usted vio la luz.
En segundo lugar, el “yo” tiene que ser crucificado con Cristo para que usted pueda librarse del
viejo hombre (o sea la voluntad propia, la confianza en sí mismo y suficiencia propia. Todo esto
hace que usted se revele contra el plan de Dios. Pues como establece el versículo clave: Pero los
que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
En tercer lugar, medite lo que Cristo hizo en el Calvario para usted. Estudie la Biblia con
diligencia hasta que domine totalmente el cuadro del Calvario. Si así lo hace se encontrará con el
amor de Dios y no en la ira.
En cuarto lugar, si usted ha estado nervioso y temeroso por muchos años, entonces las
dudas, los sentimientos de culpa y los pecados pasados volverán a perturbarle como
consecuencia de la rutina de la vida. Lea entonces 1ª.Juan 1:9. “Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
Estudie este versículo con cuidado hasta que sienta todo su impacto; léalo en relación con el
contexto.
En quinto lugar, medite diariamente en la palabra de Dios, en todo momento de modo que usted
esté en condiciones para resistir las asechanzas del diablo, ya que él tratará de llevarle cautivo de
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nuevo. Por medio de la palabra de Dios podrá contrarrestar y combatir los esfuerzos de Satanás
(Mateo 4:1-11.
El temor de ser esclavo obliga entonces a estos cristianos a buscar alguna clase de alivio. Los
esclavos no son guiados, son arreados. Satanás arrea a sus esclavos, pero Jesús guía a sus ovejas.
El dijo: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. (Juan 10:27). ¿Qué les pasa, pues,
a los cristianos nerviosos? ¿No escuchan la voz de Jesús? ¿No oyen que les dice: Por qué estáis
atribulados y surgen dudas en vuestro corazón? ¡Cristiano nervioso, vuelva los ojos de sí mismo y
fíjelos en el Calvario! ¿Lo hará? ¿Estaría usted dispuesto a quitar los ojos de su propia persona y
ponerlos en la cruz del Calvario? ¿Estaría usted dispuesto a negarse a sí mismo y presentarse ante
el Cristo de la cruz y decir: Ahora comprendo que Cristo negó todo lo que él era para que yo
pudiera obtener una salvación tan grande, tan maravillosa y tan absoluta? Hágalo ahora.
Capítulo VII
Tema: El cristiano y los agotamientos nerviosos
Texto clave: Marcos 7:21- Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los m
pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, hurtos, las avaricias, las
maldades, el engaño, la lascivia, la envida maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas
maldades de de salen, y contaminan al hombre.
Recordemos que Tschaikowsky, el gran compositor ruso, sufrió mucho durante su vida. En cierta
ocasión después de un examen médico cuidadoso, escribió a un amigo: “Los médicos dicen que
no tengo nada, que son mis nervios. ¿Pero, qué son los nervios? Diagnóstico que tuvo
preocupado al famoso Tschaikowsky y aparentemente no le satisfizo, ha desorientado también a
mis otros pacientes. Si no tienen nada y es todo cuestión de nervios entonces ¿por qué todo ese
sufrimiento? Esto es lo que los cristianos afectados de los nervios desean saber.
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castigue por albergar pensamientos tan pecaminosos, pensado los deseo tener”. Algunos otros van
un poquito más lejos que estas declaraciones y dicen: “Tengo miedo de preocuparme tanto que al
fin no voy a saber lo que estoy haciendo. Ya soy bastante olvidadizo. Si esto empeora podría
cometer un crimen terrible y no estar seguro de lo que he cometido. Y aunque no lo hiciera,
alguien podría acusarme de ello y yo me creería culpable”.
Estas y miles de otras quejas expresan la perplejidad de los cristianos que quieren saber qué son
los nervios. Los cristianos nerviosos son él más mal comprendido de todos los enfermos, dado las
falsas nociones que existen sobre el nerviosismo. La actitud generalizada de desdén hacia el
sufrimiento de los pacientes nerviosos, radica en que los mismos ocultan el hecho de que han sido
diagnosticados como enfermos nerviosos.
Son miles los individuos que se aferran a cualquier dolencia física de menor cuantía, o buscan una
que pueda ser tratada química o quirúrgicamente, con tal de evitar el estigma de ser catalogados
“neuróticos”. La razón por la que asociamos el agotamiento nervioso con algunas crisis, tal como
la muerte de un ser amado, un revés financiero, la pérdida del empleo o del prestigio, etc., se debe
a que el impacto emotivo adicional, es demasiado pesado para esa personalidad que ya se haya
sobrecargada de complejos emocionales. Cargamos la culpa de algún hecho que se desató en la
vida del paciente en ese momento determinado; pero ese hecho no es sino “la última pajita que
quebró el espinazo del camello”.
Tendríamos que decir entonces, ¿cuál es el secreto de estas enfermedades o de estos agotamientos
llamados nerviosos? ¿Cuál es la fuente en donde la Biblia habla sobre estos agotamientos
nerviosos? Yo quisiera compartir con usted los versículos que son el texto clave de nuestro
estudio. ¿Qué es lo que Dios nos quiere decir en esta parte de las Escrituras? Muy simple. De que
el origen del problema humano no es un ataque de nervios, no es un disgusto como consecuencia
de un revés financiero o la pérdida de un ser querido. Estos son simplemente los síntomas que
nosotros estamos experimentando interiormente. La fuente del gozo de nuestra vida, la fuente de
todo nuestro ser, es nuestra alma, llamada en el Vr. 21 de nuestro texto, el corazón. Y es entonces
dentro de nuestra alma, es entonces dentro de nuestro propio ser, que debe provenir una solución a
estos problemas y a estas circunstancias de las que nosotros hablamos.
En este capitulo tratamos acerca de los agotamientos nerviosos. No hemos presentado ninguna
solución, sino que hemos mencionado las quejas de muchas personas. Amigo lector: Si esta es su
condición, si usted se siente interiormente como una cuerda que está por estallar exteriormente, no
trate de curar el síntoma exterior de su enfermedad, no trate de poner una cirugía a algo que no
necesita más que tratarse interiormente. Un trabajo que solamente Dios puede realizar. El
agotamiento nervioso vino a nuestra vida como consecuencia de un agotamiento interno, y ese
agotamiento interno no se origina como consecuencia de una cierta clase de alimento, o con más o
menos vinagre en la ensalada, o más o menos sal en la comida. Se origina porque nuestro corazón
nacido en pecado, vive en el pecado.
Capítulo VIII
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Texto clave: Salmo 1:3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto
en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.
La expresión “agotamiento nervioso” suele producir en los que la escuchan, temor, porque sugiere
sin lugar a dudas agotamiento, desgaste o degeneración de las células cerebrales y de los
conductos nerviosos del cuerpo. El término es anticientífico y muy engañador, porque los
enfermos emotivos llamados nerviosos, no sufren de nervios que se están agotando, ni están para
fallarles la mente. Lo cierto es que los nervios de las así llamadas personas nerviosas, que han
sufrido emotivamente durante años, no dan señales de encontrarse enfermos. Sin embargo, este
concepto equivocado ha producido mucho temor, porque los individuos anticipan cambios
cerebrales que se enfrascan en sus propios pensamientos y pierden la capacidad de dominarlos.
Muchas personas, y aun varios doctores, han llamado al proceso de agotamiento nervioso con
diferentes nombres. Por ejemplo, alguien le puede decir: Bueno, usted está agotado de los nervios
porque tiene un exceso de trabajo. Se culpa al exceso de trabajo como factor principal en el
llamado agotamiento nervioso. Este falso concepto se basa en observaciones poco científicas,
pero desgraciadamente las creencias tradicionales no mueren enseguida. Por eso escuchamos
todavía que se dice a los individuos nerviosos: “No trabaje tanto, cuídese, tome las cosas con
tranquilidad”. Cuando los pacientes nerviosos creen que la tarea es mucho para ellos, piden menos
horas de trabajo; De cierto es que se hallan agotados mentalmente, porque tratan de realizar su
trabajo corriente y al mismo tiempo dedican parte de sus pensamientos a sus ansiedades y
preocupaciones. Y es por ello que la labor les llega a ser pesada, porque los conflictos
emocionales les exigen tanto tiempo para pensar en ellos, que no pueden dedicar tiempo al
trabajo.
Cierto capataz de una fábrica estaba malhumorado y pasaba mucho tiempo a solas. Gradualmente
fue cada vez menos eficiente en su trabajo. La Compañía, suponiendo que trabajaba demasiado,
que iba derecho a un agotamiento nervioso, insistió en que tomara semanas de vacaciones. Poco
se imaginó la fábrica que su emplea hombre casado con familia, no podía cumplir con las órdenes
que le impartían, porque estaba ocupado mentalmente en el problema resolver sus litigios y
relaciones amorosas con otra mujer y perseguía el miedo de que su esposa descubriera la vida que
está llevando. Cuando finalmente sus convicciones morales le hicieron romper las relaciones con
la segunda mujer, sus hábitos de trabajo mejoraron. Como podemos ver, el exceso de trabajo no
mata ni pone nervioso a nadie.
Podemos decir que, desde el punto de vista cristiano, cual la conjunción mental no tiene origen en
una condición orgánica cerebro, los síntomas son la expresión básica de lo que generó corazón.
Cuando el corazón se limpia y la persona anda en el Espíritu el paciente goza de una mente
correcta y normal. El ayo” es el que pierde estabilidad y se descontrola; no el Espíritu de Dios.
Nos damos cuenta entonces que existen en nuestro medio porqué no también en el ambiente
común cristiano, conceptos falsos en cuanto al agotamiento nervioso. Algunos creen que es un
exceso de trabajo y otros creen que es demasiado estudio; hay otros que creen que es demasiada
religión. Bien, no nos engañemos; Satanás el creador de estas ilusiones. Pues nadie jamás ha
perdido el juicio a causa de Cristo Jesús y a causa de haber leído demasiado la Biblia de mantener
comunión con Dios. No he visto a nadie en un manicomio por este motivo. Dios desea
ardientemente que leamos meditemos en Su palabra y él promete contestamos. Su palabra dic Si
permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será
hecho. (San Juan 15:7).
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David, llamado el hombre conforme al corazón de Dios, meditaba día y noche en la ley de Dios.
Moisés, el conductor d pueblo de Israel, mantuvo comunión con Dios en el monte Sión cuarenta
días y cuarenta noches. La palabra de Dios no dice que persona que mantiene la mente ocupada en
asuntos espirituales volverá confusa e insana debido al exceso de meditación espiritual; Pero sí
dice la palabra de Dios que aquel que se ocupa de las cosas espirituales, Será como árbol
plantado junto a corrientes de aguas, que dá su fruto a su tiempo,... Quiera Dios entonces, abrir
nuestro entendimiento a esta verdad propia de las Escrituras.
Capítulo IX
Tema: El remedio a los agotamientos nerviosos
Texto clave: Lucas 6:45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el
hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón
habla la boca.
Muchos cristianos, creyentes que sufren del llamado agotamiento nervioso, temen al tratamiento
psiquiátrico porque la psiquiatría académica aplica el mismo tratamiento a quienes son cristianos
y a quienes no lo son. El ajuste o el remedio del mundo es lo que debemos negar. Hermanos, el
problema cristiano es espiritual y los pacientes cristianos no pueden ajustarse al mundo y estar en
paz, porque después que el Espíritu Santo ha venido para morar en ellos, ya no son del mundo.
Jesús dijo a sus discípulos: No sois del mundo. Los cristianos que quieren ajustarse al mundo,
acuden con sus problemas a los consejeros que le confirmen en sus modos de vivir, para no
sentirse culpables de dar las espaldas a Cristo. El cristiano mundano puede experimentar cierto
alivio proveniente de sedantes y otras formas de tratamientos ideados por los hombres, pero
mientras perdure el factor agotamiento, el sentido de culpabilidad, la tensión emotiva continúa
aumentándose hasta que finalmente sufre el cuerpo.
El cristiano espiritual tiene una relación con Cristo y anhela el restablecimiento de la comunión
con Dios. Cuando la psicoterapia lo lleva a la comprensión de su problema, no le es difícil ver que
su liberación estriba en confesar sus pecados a Dios. El hombre natural que anhela comunión con
el mundo, puede ajustarse al mundo porque es del mundo y puede ocuparse de nuevo con las
cosas que satisfacen y proporcionan placer al “yo”. Pero le dan paz solamente como el mundo la
da. Carece de convicciones que le impulsen a confesarse a Dios y aunque todo cuanto confiesa al
hombre, no puede curarle de la condición que le presiona. Experimenta alivio cuando libera su
tensión, confesándose con sentimientos culpables que ha estado reprimiendo durante toda su vida.
Cuando Cristo entra en el alma del individuo y él “yo” queda crucificado, el complejo de
síntomas común a los pacientes nerviosos, no se desarrolla de acuerdo con las indicaciones de los
textos oficiales, porque el cristiano actúa luego bajo el poder de Cristo y no de su propio “yo”. El
cristiano no puede salir del paso transfiriendo del corazón las cuitas, preocupaciones, ansiedades,
culpa y temor a la parte inconsciente de la mente, o sea a una subconsciencia misteriosa, para que
pueda recurrir a los tratamientos mentales que le ayudan a tapar y olvidar el pasado. Todo este
cúmulo de pensamientos o sentimientos está alojado algo más hondo que en la mente. El llamado
agotamiento nervioso es lo que yo llamaría el CAOS EMOCIONAL que existe en el alma del ser
humano.
Amigo lector, el llamado agotamiento nervioso es realmente el nombre incorrecto de lo que Dios
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realmente quiere llamar “Caos emocional” que existe en el alma del ser humano. Ello proviene no
como resultado de un agotamiento nervioso, sino que proviene como resultado de algo mayor que
ese agotamiento y ese algo mayor es el corazón o alma, que es la fuente de nuestros pensamientos
donde reside nuestra vida. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen... (Marcos 7:21.
Y le ruego vuelva a leer el texto clave de nuestro estudio.
Querido hermano, yo le invito en esta hora a pensar en este llamado agotamiento nervioso. A que
usted considere el mismo no como un hecho natural, sino como algo que es anormal en su vida,
algo que no tiene nada que ver con su físico, sino que está relacionado a la fuente de los motivos
emocionales de su vida. Permítame preguntarle en forma personal: ¿Cuál es el centro de
motivación de su vida? ¿Su automóvil, su casa, su esposa, sus hijos? ¿Qué es lo que lo mueve a
usted cada mañana a trabajar en forma fuerte, a vivir gozoso? ¿Qué es lo que a usted le da esa
ansiedad de vivir o esa ansiedad de morir? Piénselo.
El centro de los motivos de su vida está en el alma y es allí donde se originan esos problemas
que usted y yo debemos en una manera rápida saber tratar. En esta hora, al compartir estos
momentos con usted en su hogar, al poder charlar así en forma amigable, permítame repetirle la
conclusión que hemos sacado al hablar de esas tensiones nerviosas en forma de agotamientos
nerviosos: El llamado agotamiento nervioso es el nombre inapropiado del “Caos emocional”.
¿Vive usted en ese caos emocional? ¿Vive usted en un problema intrínseco que no sabe cómo
parar y detener? Jesucristo dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre,
sino por mí (Juan 14:6). He aquí la solución de su vida. Cristo es aquel que tiene todas las
fuentes de recursos necesarios para brindarle una solución positiva.
Capítulo X
Tema: Eso que llamamos miedo
Texto clave: II Corintios Cáp. 10:12 Porque no nos atrevemos a contarnos ni a comparamos
con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y
comparándose consigo mismos, no son juiciosos.
Estimados amigos, en el día de hoy quisiera hablarles acerca de eso que nosotros llamamos
miedo. Los temores que voy a mencionar a continuación, son simplemente algunos de los que
fueron revelados por diferentes miembros de iglesias que vinieron a mi oficina, para que les
aconseje acerca de las determinaciones que ellos debían tomar con respecto a los nervios. Quizás
usted ya escuchó algunos de ellos.
Algunos cristianos llegaron a mi oficina y me dijeron: “Pastor, yo no sé si soy salvo; hace años
creí serlo, ahora no lo sé. Ignoro el tiempo cuando ocurrió. ¿Cómo sé que creo con el corazón?
Preguntaron otros: “La enfermedad me espanta, me acerca tanto a la muerte que tengo miedo de
morir; es un sentido desolador dejar a todos, salir y vagar en lo desconocido”. Otras personas en
diferentes visitas me han dicho: “Yo he cometido el pecado imperdonable, sé que lo he hecho,
porque Dios no oye ni contesta mis oraciones; quiero matarme, de cualquier manera estoy
perdido; siento como si tuviera en la cabeza un cinturón que me aprieta, tengo tenso los músculos
del cuello. Tengo miedo que le pase algo a mi cabeza si no encuentro alivio pronto. Todo el
tiempo me siento apretujado y no sé cuánto tiempo podrá aguantar la mente mía. Tengo miedo de
tomar la Santa Cena, temo tomarla indignamente”.
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Y así sucesivamente podríamos mencionar infinidades de excusas en las cuales se nos habla
acerca del miedo. Cada persona hace una de estas declaraciones, impulsadas por algo que tiene
dentro de sí. ¿Saben qué es? Es implemente “el miedo”. Ahora, mi pregunta es esta: ¿Qué hay
detrás de estos temores? Cuando el pastor enfrenta a un miembro de una iglesia, siempre se
pregunta: ¿Qué es lo que tendrá a este hermano preocupado? ¿Dónde radica realmente su
preocupación? También pregunta el pastor a aquel que le viene a conferenciar: ¿Por cuánto
tiempo ha estado así? Y le pide que describa los síntomas de esto. Del mismo modo, al enfrentar a
un miembro o a un cristiano que le expresa temor, se pregunta: ¿Qué hay detrás de ese miedo que
lo acusa, que lo absorbe? Por lo general, el que sufre contesta a su consejero como Adán
respondió a Dios, ¿se acuerda? Dándole los síntomas según le afectan en ese momento. En
muchos casos el miedo está escondido detrás de los síntomas físicos que ha provocado, lo cual
hace que el miedo sea responsable de muchos males orgánicos.
Mis amigos, la única solución en la cual alguien puede realmente absorber el problema del miedo,
es cuando abre su corazón a Dios. Los cristianos que buscan consejos psiquiátricos pueden
separarse en dos grupos: Los que buscan información sobre sus problemas, y aquellos que buscan
justificativos a su modo de vivir.
Pero el cristiano mundano que busca el tratamiento, no se le puede distinguir de los cristianos
nominales, de los cristianos profesantes, de los miembros de iglesia profesantes o de quienes
pertenecen a la multitud mixta que se asocia con el pueblo de Dios e imita la parte visible de la
religión sin tener fe. Los cristianos mundanos buscan claramente ser elogiados, no son humildes e
insultan a Dios estableciendo sus propias normas. De ellos habla el apóstol Pablo en nuestro texto
clave. Por lo general, resisten a Dios y son rebeldes, como si los malos espíritus que los han
engañado y vencido los empujaran contra todo lo que procede de Dios.
Sin embargo, creen que Dios debería mostrarse más benevolente con ellos. Esta clase de gente se
resiste a que se sondeen sus problemas. Se muestran hostiles al menor intento y echan la culpa al
psiquiatra o al pastor por el fracaso del tratamiento. Esta reacción es la vieja reacción satánica.
Primeramente se reveló en la persona de Adán. Recordemos que cuando Dios le mostró a Adán el
origen de su miedo, lo aceptó. Inmediatamente Adán trató de cambiar de tema y echar la
culpa sobre otro; fue un descarado. No sólo culpó a su esposa, sino que le dijo a Dios que Él
tenía la culpa por haberle dado una ayuda tan inestable: La mujer que me diste por
compañera me dio del árbol y yo comí. (Génesis 3:12).
Es muy común que en los sermones que tratan el asunto, hagan un chiste a expensas de la mujer
ocultando la lección verdadera encerrada en este pasaje, es decir, que Adán culpó a Dios por su
pecado. Esta actitud rebelde y odiosa expresada por Adán después que hubo quebrantado su
armonía con Dios, tiene un paralelo en el cristiano de nuestros días que también ha violado su
comunión con Dios y está impulsado por Satanás para que haga su propia voluntad. Cuando los
cristianos se encuentran en esta situación, se vuelven descarados, carentes de amor y se muestran
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remisos en cooperar con quienes desean ayudarles; precisamente porque están impulsados por
malas influencias enviadas por el príncipe de la potestad del aire para que los domine.
Amigo lector, ¿es usted alguien que frecuentemente tiene miedo? Piense en lo que Adán hizo,
culpó a Dios de su miedo en lugar de culparse a sí mismo de su pecado. Le invito en esta hora a
confiar en Jesús y poner ese miedo en las manos de nuestro Dios, para que el Dios de lo alto
levante dentro de usted al Espíritu de verdad.
Ahora me explico porqué Cristo Jesús le dijo a la mujer samaritana: Dios es Espíritu; y los que le
adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Juan 4:24). Dios le bendiga para que su
espíritu esté realmente en coordinación con el Espíritu de Dios.
Capítulo XI
Tema: Venciendo el temor
Texto clave: I Juan 4:18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el
temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el
amor.
Se dice claramente que Dios vino al jardín para conversar con Adán, Y oyeron la voz de Jehová
Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día;..., podemos así leer en la palabra de Dios en
Génesis 3:8. Pero una vez que el temor se apoderó de Adán, éste esquivó a Dios ocultándose entre
los árboles. Nosotros sabemos por supuesto que le dio miedo; había comido del árbol prohibido,
se había rebelado contra Dios y la rebelión contra Dios es pecado. ¿Acaso leemos que Adán
tuviera miedo antes de participar del árbol prohibido? ¿Tuvo miedo antes de que pecara? Esta
es la clave para evaluar los problemas de la culpabilidad, la preocupación, la ansiedad, la
llamada nerviosidad o agotamiento nervioso, y otros muchos problemas asociados con el
sufrimiento mental de quienes se ven vencidos por el temor. El hombre y la mujer que teme,
no están en armonía completa con Dios, porque... el perfecto amor echa fuera el temor;... de
acuerdo a nuestro texto clave propuesto. ¿Cuál será el modelo emocional para todas las
generaciones? Amigos y hermanos en Cristo Jesús: cuando Adán dio las espaldas a Dios,
estableció un modelo emocional para tratar con la culpabilidad, el temor y el pecado, que todavía
usan sus descendientes miles de años más tarde que Adán lo hiciera. Adán no se volvió a Dios a
quien había ofendido para pedirle perdón. Procedió a cubrir su culpa, el pecado, por medio de su
propio artificio. En Génesis 3:7, leemos que: ...cosieron hojas de higuera, y se hicieron
delantales. Esa fue la solución que Adán encontró para cubrir la desnudez y el pecado de los dos.
Los planes que uno mismo fragua para cubrir el pecado, no tienen efecto duradero en la
conciencia culpable. Los sedantes y las nuevas drogas tranquilizantes adormecen el cerebro. Los
placeres lujuriosos desvían la mente de los cuidados y preocupaciones, y los
pasatiempos mantienen a la mente ocupada, pero todas son medidas temporarias inventadas por el
hombre.
Parece que, los que tienen miedo y tensiones nerviosas, encuentran alivio haciendo algo para sí
mismo. La incitación a estar haciendo algo es un impulso satánico para tener la mente ocupada.
Pero los planes que uno fragua para tapar el pecado no pueden dar paz a la mente, mientras el
alma no haya sido limpiada de esa culpa. Nada menos que la sangre que Cristo derramó en el
Calvario, mis amigos, puede limpiar la conciencia del culpable. No se nos dice que Adán temiera
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mientras amaba a Dios y mantenía comunión con él. Temió después que pecó, y los cristianos
espirituales testifican de esta verdad en el día de hoy, que mientras aman a Dios y meditan en su
voluntad para sus vidas, no temen. Repetimos nuestro texto: En el amor no hay temor, sino que el
perfecto amor echa fuera el temor;....
Cuando el cristiano espiritual teme, examina su corazón para descubrir qué iniquidad se interpone
entre él y Dios. El cristiano mundano en cambio, como ama al mundo más que a Dios, inventa
planes que al hombre parecen derechos cuando quiere satisfacer su vieja naturaleza sensual.
Cuando las personas temerosas, ansiosas, preocupadas, se sienten tentadas a dar las espaldas a
Dios, no lo hacen porque se ciegan; tienen conciencia de que quebrantan su comunión con Dios.
Tan cierto como Adán cuando pecó, pero al igual que Adán, van de un taparrabo a otro. Como
Dios es paciente y misericordioso, y no los consume cuando le quitan a Él sus afectos para
ponerlos en el mundo de Satanás, creen que sus propios inventos tienen éxito. Por mantenerse
ocupados con sus propios inventos pueden cauterizar la conciencia durante meses y años, hasta
que no sienten nada o hasta que vienen a comprender que los tiene sujetos el temor de los
temores. Entonces claman por ayuda y hacen creer a los amigos que la nerviosidad y el temor los
tomó de sorpresa.
Este temor, mis amigos, nunca aparece de la noche a la mañana. Lo cierto que han estado
provocando éste y aquel plan hasta que no queda ninguno que pueda acallar el alma angustiada,
que ha vagado tan lejos de Dios durante tanto tiempo. Es entonces cuando tales pacientes dicen:
“Dios está muy lejos, no puedo alcanzarlo, no escucha mis oraciones”. La pregunta que nos lleva
al término de esta consulta personal es esta: ¿Un cristiano en tales condiciones podrá encontrar
nuevamente paz para con Dios? En la Epístola de Santiago 4:8, la Escritura nos dice: Acercaos a
Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo,
purificad vuestros corazones.
Hermano y hermana: Si usted está en una situación semejante, si usted está en una situación en la
cual la ansiedad, la preocupación y el temor le acosan, yo le invito en esta hora a tomar una
decisión con respecto a ese temor. ¿Cómo hacerlo? Santiago nos dice: Acercaos a Dios, y él se
acercará a vosotros.
ORACION
“Padre eterno, ayúdanos a acercarnos a ti con un corazón puro; danos fuerzas para hacerlo, OH
Padre eterno. En Cristo te lo imploramos. Amén.
Capítulo XII
Tema: La falta de fe
Texto clave: Efesios 6:16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, conque podáis apagar todos los
dardos de fuego del maligno.
Venimos hablando acerca de la tensión nerviosa y dentro de sus síntomas habíamos analizado el
tema: “Eso que nosotros llamamos miedo”. Bien, algunas personas dicen que el temor “es la falta
de fe”. Básicamente se puede decir que todos los cristianos temerosos revelan poseer un común
denominador: no mantienen comunión con Dios. A los primeros amagos de miedo deberían
indicarles que no caminan con Dios, no tienen colocada toda la armadura de Dios, no llevan el
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escudo de la fe con el cual pueden apagar todos los dardos de fuego del maligno. Los dardos que
descienden o que encienden la duda y el temor. Cuando los cristianos no se toman de la armadura
de Dios para protegerse, quitan los ojos de Jesús y los ponen en sí mismos, entonces se hallan
atados a sí mismos y llegan a ser esclavos de Satanás y se asemejan a ramas secas que ya no
atraen la savia de la vid y no dan fruto. El cristiano que es víctima del miedo ha perdido su
testimonio para con Dios. La culpa no es de Dios. Muchos pacientes y amigos de doctores que
yo tengo, están incapacitados de tener contacto con Dios en la oración, porque se hallan fuera de
comunión con Él. Acusan a Dios de castigarlos de esa manera; sin duda esto resulta de un
sentimiento subconsciente de culpabilidad. Sin embargo, los cristianos se muestran reacios y no
quieren admitir que sufren por su propia culpa.
Recuerde, que Dios no tuvo la culpa de que Adán se viera acosado por el miedo. El atrajo el
temor sobre sí mismo. Parece que muchos cristianos, después de sufrir muchos años, suponen que
Dios haya pasado por alto o se haya olvidado del tiempo cuando ellos se volvieron al mundo y
abandonaron su primer amor. La mayor parte de estos pacientes no se han arrepentido de su
apostasía y efectúan obras religiosas para cubrir sus pecados.
La palabra de Dios especifica que el escudo de la fe es la parte más importante de la armadura del
creyente como nos lo dice nuestro texto clave. La persona vencida por el miedo, obsesionada,
atormentada y agitada de continuo por el temor, no tiene libre la mente, no puede abrirla para
escuchar lo que se le dice. La mente ha sido vencida por el temor de los temores, imagina que un
poco más de miedo provocará confusión mental y se verá separada de sus amistades. Entonces
podrá cometer crímenes y otros actos fuera de su control, lo que la separaría aun más de aquellos
que la rodean. Una vez una señora dijo: “Tengo miedo de convertirme en una estrella errante
condenada para siempre a la oscuridad de las tinieblas, flotando en el espacio hasta que choque
contra algo”.
Cuando el enfermo de los nervios o el enfermo de temor llegan a este estado, es un problema
realmente aconsejarle. Todo su ser se ha convertido en tinieblas, “ha pasado de Cristo al yo
personal”. Cuando lee el diario parece que sus ojos tienen la rara virtud de encontrar todas las
palabras relacionadas con palabras como insano, suicida, loco, neurótico mental y manicomio;
parecen estar impresas en letras negras y en forma de mayúsculas. Se ve impedido a leer, pero
aunque no quiera tiene que saber qué le aconteció a esa otra persona y hasta dónde el caso de él
cuadra con el suyo. Si acaso el informe pronostique cosas malas entonces él se pone peor.
Las perturbaciones que nosotros tenemos como casos de temor, siguen siendo no síntomas de
nuestra enfermedad física, pero sí síntomas de un problema interno. ¿Saben cuál es? Es que
nuestro yo está atado al de Satanás. Los hombres y mujeres poseídas del temor al miedo no sólo
demuestran que una influencia poderosa los ata a sí mismos, sino que frecuentemente lo expresan
con palabras. Algunas personas dicen: “Yo estoy atrapado; pero, ¿cómo salir? Mirando atrás no sé
cómo llegué a este punto, pero fue un asunto tan gradual a lo largo de muchos años, que no me di
cuenta de mi aprieto hasta que estuve apresado. ¡Quiero curarme! Espero que usted, pastor, me
ayude. Pero cuando usted me habla de Jesús, hay algo en mí que me dice que debo gritar, ¡no, no
y no!”.
Mis hermanos, las fuerzas del mal activadas por el príncipe de la potestad del aire, no sólo
influyen, oprimen y atormentan a los hijos de Dios que se descuidan y que no usan de toda la
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armadura de Dios, sino que cuando Satanás los ata a su propio yo, emplea varios métodos para
mantenerlos sujetos a su control. Cuando tratan de volver a Dios, Satanás los desalienta
bloqueando sus oraciones impidiendo que lean las Escrituras.
Entre la gente evangélica que no es científica, existe una farsa que pasa como un hecho científico,
y es que, si la persona se encuentra afectada se empeña por leer la Biblia y ora al dios de “x”
religión y lo volverá sano. Semejante falsedad ha impedido a que muchas personas sinceras
buscaran al Señor Jesucristo y quedaran espiritualmente anémicos, porque han tenido miedo de
buscar la verdad en las Escrituras.
Amigo lector, nadie jamás ha perdido el juicio por el hecho de haber leído la Biblia, o mantenido
una comunión con Dios. Es la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: Señor, ¿a quién
iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. (Juan 6:68. O hermano: ¿A quién irá usted? ¿Quién
será el consejero de su corazón? Volvamos a las palabras de Pedro: Señor, ¿a quién si solo Tú
tienes palabras de vida eterna?
ORACION
Padre eterno, habrá muchos con problemas de este tipo, con problemas de preocupaciones, con
problemas en su cuerpo; La palabra nos dice hoy al igual que ayer, ¿a quién iremos? Sabio Padre,
que tú tienes palabras de vida eterna. Ayúdanos a entenderla y a creerlas. En Cristo te lo
imploramos. Amén”.
Capítulo XIII
Tema: Cómo combatir el miedo
Texto clave: Juan 15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid
todo lo que queréis, y os será hecho.
Vamos a ocuparnos de ver las mejores maneras de combatir el miedo, y quiero exponer una de
ellas, la cual es la oración. La oración y la comunión con Dios por medio de su palabra, son los
elementos esenciales para el cristiano que realmente quiere vencer su miedo. El cristiano
espiritual que ha permitido que sus preocupaciones y ansiedades interrumpan su vida de oración,
sabe que él teme que no ha echado sus cuitas sobre el Señor y ha permitido que los cuidados de la
vida presente se coloquen entre él y su Salvador.
Ese cristiano necesita el auxilio del entendimiento de un pastor para comprender, cómo, cuándo y
dónde Satanás lo engañó, de modo que sepa por cuales cosas deben orar específicamente.
Realmente la oración es una cura, pero debe saber primero cuál es el mal para poder curarlo. Bien
pronto se da cuenta cualquier persona de que no sirve para nada clamar entonces al Señor por
alivio de sus males, si primero no ha sido curado de las causas que realmente lo provocan. ¿Ha
buscado esta persona voluntariamente consejo y está dispuesta a cooperar de modo que pronto
comprende el hecho de que sus males ya abarcan más que la mente, que llegan hasta el alma y que
la mente no tiene absolutamente nada y está en perfecto control? Cuando el cristiano espiritual
comprende así su problema, pronto descubre que su temor ha sido vencido por su comunión con
el Señor mediante la oración y la lectura de la palabra de Dios.
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En cambio, el cristiano mundano presenta un problema que realmente debe tratarse en forma
distinta. Para éste, la oración es más o menos un ejercicio psicológico o emocional que debe
aliviarlo milagrosamente de sus temores. Espera vagamente que la oración pueda hacer alguna
cosa en su favor aunque no lo cree en realidad. Le agradaría mucho más consultar a un consejero
religioso o ser tratado por medio de la psiquiatría académica, en la esperanza de que después todo
vaya a aprobar su modo de vivir. Este tipo de cristiano no cree que su sufrimiento tenga nada que
ver con su estado espiritual, de modo que si ha de haber oración alguna espera que el psiquiatra la
haga. Pero a menos que o hasta que esta persona cambie su modo de pensar, la oración que tal
persona haga no servirá de nada. Pues Cristo establece un requisito definitivo para contestar las
oraciones. Él dice: Si permanecéis en mÍ y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo
que queréis, y os será hecho.
Hermanos, quisiera decirles entonces que, si estamos todos de acuerdo de que la oración es ese
vínculo fundamental, ese vínculo que podemos decir “imprescindible”, para poder quitar el miedo
hay algo más allá de la oración, hay algo más profundo que la oración, pues la palabra de Dios
nos dice: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros
El cristiano carnal constituye un verdadero problema para la psicoterapia; está obsesionado del
temor, atado a su “yo” y completamente envuelto en sí mismo. Sus propias palabras revelan que
no mantiene conexión con la planta central de energías que es Dios mismo, y que se siente
perdido sin su ayuda. Por ello dice a menudo: “No puedo leer la Biblia, ni orar”, y realmente no
puede. No puede orar porque los pensamientos del cristiano carnal y nervioso conciernen
solamente a una persona, a sí mismo, y la oración comprende dos personas: la persona que ora y
la Persona a quien ora.
El cristiano carnal cree que alguna clase de terapia tiene que curarlo rápidamente y por eso ora:
“Padre, quítame este sufrimiento”. El gran problema que confronta la psicoterapia con el cristiano
carnal, es el de hacerle ver que su sufrimiento viene desarrollándose durante mucho tiempo y que
no puede esperar que unas pocas consultas psiquiátricas realicen en él una cura milagrosa. El
cristiano carnal tiene que ir hacia atrás, muy atrás, al punto donde perdió el primer amor.
Arrinconó al gran Amante de su alma y se convirtió en su propio amante. Debemos mostrarnos
comprensivos con el cristiano carnal que es víctima del temor. Nadie debe excusarse de no
interceder por él diciendo: Ore usted por ello, hay que tener fe. Eso lo ha oído hasta el cansancio.
Si fuese tan fácil, él oraría y despacharía su enfermedad, pero no puede orar para librarse de sus
males. ¿Saben por qué? Porque no sabe por qué cosas orar.
Juntos hemos aprendido y hemos podido ver que, si bien la oración es el arma fundamental para
poder combatir el miedo, debemos entender que la oración y la comunión con Dios por medio de
su palabra, son elementos esenciales para vencer el miedo. Pero ningún cristiano puede orar y
tener resultado en esa oración, a menos que se cumpla la condición fundamental de la oración
como lo establece Jesús en nuestro texto clave.
Hermano y hermana: Les invito a que si hay miedo en vuestro hogar, vuestro hogar sea
presentado a Cristo y las palabras de Cristo moren en él. Si hay miedo en vuestro hijo, les invito a
que antes de orar depositen a ese hijo en Cristo y que las palabras de Cristo sean depositadas en
vuestro hijo y luego oren.
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ORACION “Padre, bendice a mis lectores, para que en esta hora exista una reconciliación
perfecta con tú persona, y tú palabra está con ellos. Permite que la fuerza de tu palabra los
ilumine. En Cristo te lo imploro. Amén.
Capítulo XIV
Tema: ¿Podré vencer yo el miedo?
Texto clave: II Corintios 4:7-11 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la
excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no
angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas nos desamparados; derribados,
pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que
también ¡a vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos,
siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se
manifieste en nuestra carne mortal.
¿Podrá ser posible que yo pueda vencer en forma definitiva el miedo y por lo tanto llegar al
control de esas tensiones que siempre me están subyugando? Es la pregunta habitual del cristiano
nervioso. El cristiano que permite que los cuidados y las ansiedades de este mundo se interpongan
entre él y Dios, hasta que se encuentra bajo la servidumbre del temor, teme porque sabe que está
simplemente separado de Dios. Y aquí viene la pregunta clásica, la pregunta que mayormente
todos debemos hacernos: ¿Qué debe hacer entonces tal cristiano cuando teme? Si hay un cristiano
que se encuentra separado de Dios y ese temor le inunda, ¿qué es lo que debe hacer? El cristiano
que siente temor debe volver sus pensamientos al Calvario y tener una visión del amor redentor de
Cristo para él, debe meditar momento tras momento sobre lo que Cristo hizo en la cruz del
Calvario.
La liberación del temor viene cuando dependemos en cada momento de la fidelidad de Cristo.
Pero no todo temor es malo; hay un temor, un instinto dado por Dios por el cual Él protege
nuestro cuerpo contra peligros potenciales; si no fuera así, lo veríamos perjudicado
constantemente. Eso no quiere decir que debemos vivir en perpetuo temor a lo que nos pueda
acontecer, pero sí significa que debemos confiar en Dios para nuestra seguridad física. Nada
puede acontecerle al cristiano sin que se interese Cristo, porque Él vive en el creyente.
Los cristianos no deben asombrarse de que a veces teman; muchos santos bíblicos se vieron
acometidos por el temor, pero no se vieron vencidos por él. El apóstol Pablo escribió en su
Segunda carta a los Corintios 7:5, lo siguiente: ...de fuera, conflictos; de dentro, temores. Pero no
permitió que lo vencieran, se sobrepuso a los temores mediante el Espíritu de Cristo que moraba
en él.
“Teme y no temas” no son paradojas para el cristiano. La Biblia habla de un temor que sólo puede
experimentar el cristiano espiritual. El temor del Señor no es miedo, como la frase parece
simplemente implicar. No es miedo a la ira de Dios, es mas bien el temor reverente, profundo;
un deseo de servirle, de estar con Él, de no estar nunca separado de Él. “El temor del Señor
desplaza a toda clase de otro temor”. He aquí la fórmula inseparable, he aquí la fórmula que nos
ha de llevar a la victoria final con respecto al miedo. Anótela: “El temor del Señor desplaza a toda
clase de otro temor”.
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Capítulo XV
Tema: El cristiano frente a los ataques de Satanás
Texto clave: II Timoteo 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de
amor y de dominio propio. Pero los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus pasiones
y deseos. (Gálatas 5:24).
Pero demasiados cristianos parecen olvidar que el “yo” ha de crucificarse diariamente, momento
tras momento, si es que queremos andar en la luz,... como él está en luz,... (1.Juan 1:7. Este es el
conflicto dentro de nosotros, pero existe también otro conflicto exterior librado por la fuerza
satánica que se esfuerza por penetrar en la mente del cristiano.
Hemos oído decir que no podemos evitar que los pájaros vuelen encima de nuestra cabeza, pero sí
que podemos evitar que hagan su nido en nuestra cabeza. Del mismo modo, no podemos impedir
que los malos espíritus lleguen a nuestra mente y susurren dudas; pero sí podemos evitar que
penetren en el proceso de nuestros pensamientos. Estemos pues firmes, es decir, estemos siempre
listos, no sea que el adversario nos sorprenda descuidados y en momentos de debilidad nos haga
dudar. A veces puede suceder que pensemos así: ¿Es posible que yo no sea salvo? ¿Cómo puedo
saberlo? Como respuestas a estas preguntas tratamos de fabricar alguna clase de sentimientos, y
vivimos en la continua ansiedad y preocupación de estos pensamientos, que son dudas
relacionadas con la salvación y consecuentemente provocan un agotamiento nervioso. Pero muy
pocas veces nos damos cuenta del origen de estos repentinos y misteriosos pensamientos. Cuando
estas dudas continúan y dominan nuestro pensar, tememos que haya algo mal en nosotros y
olvidamos que Dios, no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio
propio.
Mis amigos, podemos ver que estar atacado por Satanás es sentir no solamente los dardos de su
presencia directa, pero sí algo dentro que nos hace desviar nuestros principios. El hombre natural
no tiene recursos para resistir los malos espíritus o dominar las imaginaciones perversas del
corazón. Un hombre joven casado, padre de una criatura, era decorador excelente. Un día una niña
de cinco años de edad penetró en la casa nueva donde estaba trabajando. Comenzó a conversar
con la niña y muy pronto la entretuvo y principió a acariciarla. De pronto, se sintió vencido por el
impulso de violarla; y en su afán de llevar a cabo el impulso, se sintió repulsado por uno negativo.
Como la niñita quería deshacerse de sus caricias indecentes, la dejó escapar de sus manos y ella
salió corriendo para la casa de sus padres. Cuando la policía tomó preso a este hombre, se sintió
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mortificado y perturbado, porque había sido acusado de inmoralidad. Decía: “No sé por que lo
hice; algo dentro de mí me hizo hacerlo”. El tribunal que lo examinó pensó que era raro que una
persona aparentemente normal cometiera una ofensa sexual tan asquerosa y grosera y resolvió que
fuera visto por un psiquiatra. El acusado explotó la idea entre quienes convenía hacerlo, de que
fue un acto impulsivo y repentino. La verdad es que sus amigos se mostraron tan sorprendidos de
su conducta pervertida, que no podían creer que pudiera cometer semejante crimen estando en sus
cabales y lo excusaban diciendo: Se tiene que haber entenebrecido su mente, un hombre normal
no comete semejante acción.
Debemos recordar que este hombre se ajustaba al mundo en que vivía, tenía una posición de
responsabilidad, trabajaba diariamente antes del hecho mencionado, trabajaba cuando lo tomaron
preso, continuó trabajando mientras duró el tratamiento psicológico y ha trabajado desde
entonces. Concurría a la iglesia como lo hace la generalidad del grupo al cual pertenece, no se
preocupó mucho por religión, pero su esposa e hija asistían con regularidad. Cuando se le
preguntó si había tenido la idea de violar a pequeños niños, dijo claramente que mientras cumplía
con el trabajo diario fantaseaba de cómo hacer para violar las niñas y seducir mujeres, y reveló la
excitación sexual que le producían semejantes imaginaciones. Admitió haber formado el hábito de
pensar sexualmente y de valorar las mujeres desde el punto de vista del deseo sexual. Declaró
enfáticamente que tenía el derecho de pensar en todo aquello que le proporcionara placer y citó a
otras personas que encontraban su enlace y placer con semejantes pensamientos.
Así pues, el bebedor bebe para dar rienda suelta a sus pensamientos, el hombre baila con la mujer
que le causa placer, el hombre y la mujer escogen la película que le da satisfacción. Los nervios y
cerebro de este hombre estaban en un estado normal, no le falló la mente, no estaba loco, tampoco
sufría de agotamiento nervioso, ni tenía la mente entenebrecida cuando asaltó a la niña; sabía lo
que estaba haciendo en cada una de las etapas de su acto criminal. Deliberadamente permitió que
la mente pensara y meditara en las imaginaciones malas que le concebía su corazón y del corazón
procedieron los malos pensamientos, la fornicación, el adulterio, la lascivia. Permitió que la
mente se inundara de la abundancia que - había en el corazón, y fue su corazón el que lo hizo
actuar. La Biblia Y dice: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo
conocerá? Jeremías 17:9.
Es por ello que, un hombre sin el temor de Dios, su corazón se encuentra libre sin barreras
para hacer el mal. Tal es el peligro de la amistad y la camaradería con inconversos y aun así con
los cristianos carnales. Cuando nuestro corazón no es dominado por el Espíritu Santo, corremos el
riesgo de ser llevados por nuestros impulsos carnales y no por la “mente de nuestro Señor en
nosotros.”
Oremos pues, para que esta salvación que tenemos en Cristo a sea también usada para combatir
nuestro “yo” y nuestras debilidades.
Pidamos a Dios en oración que fortalezca nuestro cuerpo y que el d mismo sea alimentado a
través de la palabra de vida para beneficio de nuestra vida espiritual y nuestro testimonio aquí en
la tierra.
Capítulo XVI
Tema: Luchando contra Satanás
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Texto clave: ll Corintios 2:14 Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo
Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.
Casi todos los cristianos preocupados después de ser víctimas de un largo asedio de opresión
satánica, llegan a formular tres preguntas que reflejan su estado espiritual y revelan lo mucho o lo
poco del tiempo que emplean para tener su comunión con el Señor. Los cristianos nerviosos tarde
o temprano revelan la duda concerniente a su salvación. Satanás sabe que no puede quitarnos
nuestra salvación, la que nos fue dada por Dios cuando creímos y aceptamos a Cristo como
nuestro Salvador. Pero también sabe que puede hacernos dudar y sabe que, cuando ha conseguido
hacernos dudar, ha conseguido la primera victoria en quebrar nuestra comunión con Dios. Si
permitimos la duda y la preocupación, esto puede esclavizarnos al “yo”, de tal modo que todos los
pensamientos estén centrados en él, y cuando todos los pensamientos están centralizados en el
“yo”, no mantenemos entonces comunión con Dios.
La primera pregunta es esta: ¿Qué debe hacer el cristiano cuando aparece la duda? Debe echarla
sobre Jesús. La palabra de Dios nos dice: ...echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él
tiene cuidado de vosotros. (I. Pedro 5:7). No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan
14:27). Cuando aparezcan las dudas y los conflictos, recordemos que Dios nos ha afirmado que
nunca nos ha de abandonar, como tantos cristianos suelen creer. El espera con paciencia que
volvamos a mirar al Calvario. ¡Cristianos nerviosos, miren de nuevo al Calvario y renueven la
confianza en todo lo que Jesús hizo allí por nosotros!
La segunda pregunta comprende un temor que es común a los cristianos nerviosos, el porqué de
sus sufrimientos. Dice: ¿Habrá en mi vida algún pecado que no he confesado y por el cual Dios
realmente me castigue? Cuando los cristianos están preocupados, parece que olvidaron su primer
amor y sus relaciones espirituales con Cristo. El hecho de que han sido redimidos y lavados por la
sangre del Cordero, les parece muy remoto, olvidan que como hijos de Dios por medio de Cristo,
tienen el derecho de llegar confiadamente al trono de gracia en cualquier momento y pedir perdón
por los pecados cometidos.
Leemos en la Primera carta del apóstol Juan 1:9, lo siguiente: Si confesamos nuestros pecados, él
es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiamos de toda maldad. Satanás, el acusador
y mentiroso, hacen creer al creyente que Dios le hace sufrir por los pecados cometidos; roba paz
al paciente recordándole los pecados pasados que ya han sido perdonados, para encontrar un
alivio de la acusación. El creyente trata de hacer restitución por los pecados pasados, o por lo
menos llevar a cabo ciertos deberes religiosos, como visitar enfermos, o enviar paquetes de ropa,
o comida a los necesitados de otros países, invirtiendo el tiempo en realizar obras meritorias para
alcanzar el perdón, en vez de confiar sencillamente en la gracia de Dios.
Para los redimidos, Dios ya no es un Dios sino un amigo amante que los contempla con amor,
porque estamos en Cristo. Dios no nos tienta, ni nos acusa de los pecados pasados que han sido
perdonados y olvidados. Muchos cristianos nerviosos actúan como si Dios pudiese perdonar pero
nunca olvidar. Es él mismo que dice: Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí
mismo, y no me acordaré de tus pecados. (Isaías 43:25.
La tercera pregunta que queremos formular acerca de la lucha con Satanás, es la que aparece
siempre en esta forma: ¿Cuánto tiempo es posible estar preocupado antes de que aparezca el
agotamiento nervioso? Sin saberlo, los cristianos espirituales no necesitan que se les dé nueva
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confianza sobre su estado mental. La psicoterapia cristiana les ayuda a comprender que han
permitido sentirse molestados por muchas cosas y que no hay nada anormal en cuanto a su mente.
Los cristianos que caminan con Dios, realmente saben lo que significa ser tentados personalmente
por fuerzas satánicas que tratan de cortar la comunicación con Dios, creando dudas con respecto a
la fe y transportándolas a la mente. Esas fuerzas espirituales externas procuran dominar el modo
de pensar de los cristianos y reavivan la naturaleza carnal.
El texto clave de nuestro estudio nos habla de que debemos andar de victoria en victoria, porque
Cristo es nuestro amigo. Hermano y hermana, ¿está usted dentro de estas preguntas? ¿Se está
formulando usted preguntas semejantes a las que hemos nombrado en este capítulo? Permita que
el Espíritu de Dios penetre dentro de su vida y permita también que la certeza de conocer a Dios
como su salvador personal, le lleven a una victoria final.
ORACION
“OH, Padre, te damos gracias que, no obstante que existen preguntas en nuestra vida como
consecuencia de la lucha con Satanás, también existen respuestas para ellas; es la respuesta de
que tú nunca nos abandonas, es la respuesta de que tú siempre eres aquel poderoso Dios que
puede ayudarnos; que podemos buscar solicitud en ti porque tú tienes cuidado de nosotros.
Ayúdanos a sentirnos de esta manera. En Cristo te lo imploramos. Amén.”
Capítulo XVII
Tema: ¿Podemos resistir al Espíritu Santo?
Texto clave: I Juan 1:7 ... pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos
con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
Algunos estudiantes universitarios tratan de encontrar respuesta a todos los problemas por medio
de sus propios razonamientos y por filosofías psicológicas y ateas de la vida. En otras palabras, no
quieren escuchar la voz del Espíritu de Dios que les dice:
¡Venid! Cierto joven, después de haber resistido todo esfuerzo del Espíritu Santo para convencerlo
de pecado, endureció su corazón y el amor al pecado y el deseo de hacer el mal narcotizaron su
mente. Bien, este joven fue a buscar ayuda a un psicólogo para tratamiento. No fue a ver al
psiquiatra porque deseaba salir de su camino pecaminoso, sino porque se dio cuenta de que su
mente ya no estaba enteramente bajo su control y por el temor que le despertó su modo de vivir.
Este joven se hallaba angustiado porque su compañero era homosexual y cooperaba de mala gana
hasta que al fin terminó por denunciarlo. Este amigo estaba asustado por temor de ser descubierto
si trataba de establecer nuevos contactos. Terminó por refugiarse en el matrimonio para guardar las
apariencias y ocultar su vicio, no que deseaba una mujer, sino que la mujer le proporcionaría un
hogar.
Ahora bien, cuando disminuyó la presión del temor, abandonó el tratamiento porque cada consulta
le daba dolor de cabeza y lo dejaba irritado. Este hombre relató la tragedia de su vida y condición
espiritual, y cómo llegó a semejante estado. Dijo: “En años pasados, cada vez que yo oía hablar
despectivamente de la Biblia, me gozaba en ello. Yo imaginé cosas ridículas de la Biblia, tenía mi
propia versión de Jonás y la ballena, de Sansón y Dalila, y tanto hice de esto, que ahora cuando
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trato de pensar en la Biblia, no puedo comprenderla porque me parece tan ridícula. No puedo
concentrarme en mis estudios y razonar lógicamente, y cuando trato de pensar en la Biblia, la
mente se me convierte en una página en blanco; aun cuando hago el esfuerzo de concentrarme, no
puede retener el asunto de la cual ella trata. Yo creo entender el mecanismo psicológico de esta
forma: La Biblia no era agradable para mí, me condenaba. Ahora comprendo que yo la ponía a un
lado para dar rienda suelta a mis fantasías sexuales. Sin embargo, nunca no noté ni jamás recibí el
impacto completo de ello, hasta que alguien leyó él capitulo primero de la Epístola a los Romanos.
Evidentemente yo no quería admitir que oía el llamado de Dios. Cuando me explicaron el camino
de la salvación, me sentí impulsado a discutir cada uno de sus puntos: la virgen y el nacimiento
virginal y un hombre muriendo en la cruz. La idea de que un hombre fuera tan justo que se hiciera
mártir por una causa; el infierno; etc. Pues hay más gente que no cree en el infierno que gente que
cree en el infierno’.
Satanás, mis amigos, había canalizado la mente de este individuo en sendas lujuriosas. Por ello,
cualquier otro modo de pensar o de hablar lo aburría. Estaba atado por Satanás, cautivo a la
voluntad de él. Durante el tratamiento este hombre, a causa de su temor, trató de leer el Evangelio
de San Juan, pero no fue convencido a arrepentirse de corazón, lo cual se nos dice que estamos
frente a una batalla real. Satanás sabe que el tiempo del fin se acerca; sabe que su condenación está
por sellarse eternamente; por eso lucha desesperadamente por apoderarse de la mente de los
hombres. La única defensa que usted tiene contra él, es “toda la armadura de Dios”. Su palabra
dice: Sobre todo, tomad el escudo de la fe, conque podáis apagar todos los dardos de fuego del
maligno. (Efesios 6:16.
Amigo, le suplicamos que no se deje vencer por Satanás. Ni le permita que confunda su mente de
tal manera que esté ocupada por preocupaciones, ansiedades y temores. Recuerde: su mente está al
amparo de la sangre de Cristo, la cual es el precio de la Redención.
ORACION
“Padre, te suplicamos que des a cada cristiano la fortaleza y la sabiduría que provienen de lo alto,
para que cada uno se fortifique con la armadura de Dios. En Cristo te lo imploramos. Amén.”
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