“Una casa sin cortinas” o un documental con pocos documentos del director Julián
Troksberg.
Facundo Di Vincenzo1
Sobre estos tiempos (postmoprogresistas) que corren, el filosofo y Pensador Nacional,
Alberto Buela, dijo: “Se puede vivir como el hombre light que sólo busca “estar al día”
y no saber; no tener opiniones chocantes siendo siempre encantador; someterse al
mercado de divisas y al internet. O de lo contrario, se puede vivir como el hombre
iniciático, haciéndose el sabio parodiando un saber que no se posee. Oscureciendo las
aguas para que parezcan más profundas como le gustaba decir a Nietzsche.”2 En el caso
del documental: “Una casa sin cortinas” (2021), observo que cumple con varios
elementos de la caracterización desarrollada por este filosofo Nacional.
En primer lugar, el director que aparece narrando o preguntando a los entrevistados
bien podría ser un prototipo del “hombre light” del que habla Alberto Buela. Podría ser
noruego o polaco, ¿Qué importa?, a lo largo del documental se desliza como un ser
desapegado de su suelo, historia, memoria, y lo que es peor, de una tradición profunda y
de larga data, hablo de los documentales sobre temas históricos en la Argentina
(Raimundo Gleizer, Pino Solanas, Leonardo Favio). El prototipo del hombre light no
busca certezas ni se preocupa por consultar a quienes han estudiado3 un periodo que,
evidentemente, él no ha estudiado. En consecuencia, sólo siembra dudas, atiende
inquietudes, en pocas palabras, en lo único que parece enfocarse es en vaciar de
contenido político al personaje central del documental: María Estela Martínez de Perón,
comúnmente llamada, Isabel. Justamente, en este caso llegamos a un segundo elemento,
el relacionado con “oscurecer las aguas para que parezcan más profundas”. En resumen,
de como en el documental no se alude a la historia de Isabel o, más bien, a partir de una
serie de testimonios de corte tendenciosos se arriba a una idea ya instalada sobre Isabel
desde 1976 hasta nuestros días. Repasemos.
María Estela Martínez de Perón asumió la Presidencia tras la muerte de Perón (ella era
la vicepresidenta elegida por el líder justicialista), desempeñándose en el cargo desde el
primer día de julio de 1974 hasta el golpe cívico militar que la derrocó el 24 de marzo
de 1976. No sólo fue la primera mujer que había llegado a la Presidencia en Argentina
en más de 166 años de historia, sino que se convirtió en la persona que luego de ocupar
el cargo ejecutivo estuvo mayor tiempo detenida en nuestro país, más de cinco años.
Mientras estuvo detenida por la dictadura militar comenzó una embestida desde los
medios hegemónicos de comunicación (Clarín, La Nación, tv abierta) que intento
asociar la vida de Isabel con el oscurantismo, la falta de cualidades políticas y una
dudosa reputación asociada a la vida nocturna. Con la vuelta de la democracia la
difamación no ceso, el liberalismo de izquierda (Pagina 12), derecha (La Nación) y de
centro (Clarín), se encargaron de repasar las caracterizaciones elaboradas sobre Isabel
durante la dictadura en una operación meticulosa que buscaba correr del escenario
político a la columna vertebral de movimiento peronista, los sindicatos.
La democracia que volvió en 1983 no tenía nada que ver con aquella democracia de
1946-1955, tampoco con la democracia de 1973-1976. Como bien señala el historiador
y filósofo nacional Héctor Muzzopappa: “La «vuelta de la democracia» de 1983 fue
jubilosamente acogida debido a la finalización de uno de los períodos más oprobiosos
de la historia argentina. El contraste con el período anterior fue más que sensible. La
1
opresión ejercida por la dictadura militar retrotrajo el espíritu de los argentinos a la
valoración de sus derechos elementales, como el de la vida; de allí el desarrollo del
movimiento de los derechos humanos. Fue como arrancar desde cero. Sin embargo, ese
punto de partida fue más que eso, fue un cambio de sentido, puesto que señalaba el
imperativo de recorrer nuevamente instancias ya superadas históricamente. Y en eso
consistió la democracia de Alfonsín, en volver a la experiencia de un modelo de Estado
ya superado. La casi totalidad del espectro de la corporación de la clerecía académica,
para no decir la totalidad, adhirió a ese concepto de la democracia elaborado por el
“cientismo” social que hemos descripto más arriba. Instaurado un acrítico concepto de
democracia que remitía a un modelo obsoleto y antipopular, descalificadas las fuerzas
sociales, particularmente el sindicalismo por corporativista, con la «vuelta a la
democracia» se instituyó también un consenso ideológico sobre el cual se realizarían las
reformas neoliberales de los 90 que eclosionarían en el 2001, y que no fueron sino el
intento de liquidación final del Estado Social.”4 En este punto deberíamos formularnos
otras preguntas, ¿Por qué fue bastardeada Isabel? ¿A quién representaba Isabel y por
qué afectaba tanto esa representación? o ¿qué representaba Isabel para la casta militar
de los años 1976-1983 y que representa para la casta política de los años 1983-2021?
Durante el exilio de Perón en España, y aquí sí inevitablemente Julián Troksberg se ve
obligado a mostrarlo, Isabel Perón jugó un rol fundamental para delinear las estrategias
del movimiento de los trabajadores peronistas que resistían como podían en aquellos
tormentosos años 60/70. Isabel viajo a la Argentina llevando las directivas del líder
justicialista. El documental no repara en profundidad estas acciones de Isabel, en donde
gracias al contacto con diferentes referentes del sindicalismo peronista, el movimiento
cobró un nuevo impulso en los momentos en donde surgía otro sindicalismo, el
sindicalismo “sin Perón”. Juan Domingo Perón, como bien demuestra el principal
biógrafo de Isabel, Diego Mazzieri, le encargo una tarea imprescindible en momentos
extremadamente peligrosos. De allí que Isabel represente la línea histórica del
justicialista, aquella que liga al líder con el movimiento obrero organizado en sindicatos.
Probablemente de allí, que la izquierda juvenil y filo marxista que se acerco al
movimiento peronista en aquellos años 60/70, la recuerde con desagrado y hasta
repugnancia. Isabel representaba un peronismo que aquellos grupos no vivieron ni
entendieron. Algo que se puede observar en el documental con los testimonios de Nilda
Garré, Juan Manuel Abal Medina y Dante Gullo, ya que todos ellos se enfilan en un
desprecio con pocos argumentos. Lo mismo ocurre con los representantes de la casta
política de la vuelta de la democracia que son entrevistados durante la película: Carlos
Corach y Carlos Ruckauf.
Otra falencia que encuentro, y esta ya es grave, es que no se revisa en el documental las
acciones tomadas durante el gobierno de Isabel. Tras el fallecimiento del líder
justicialista y en un contexto latinoamericano marcado por una embestida
norteamericana que promovía golpes militares con generales formados por los
anglosajones en la Escuela de las Américas (Brasil, 1964/Bolivia, 1971/Chile,
1973/Uruguay, 1973), durante su gobierno, como afirma Mazzieri, el índice de pobreza
promedio que osciló entre el 2 y 4,4 %; con pleno empleo, no se contrajo un solo
empréstito, y a pesar de las presiones foráneas, sostuvo la dignidad nacional ante
atropellos exógenos de soberanía. Tras la vuelta de la democracia, Isabel viajo a la
Argentina desde su segundo exilio en Madrid, para constituirse como la Presidenta del
Partido Justicialista hasta 1985, agrupándose nuevamente con el movimiento obrero
organizado, la CGT, liderada en aquel entonces por Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel.
Lamentablemente, como señala Héctor Muzzopappa, el gobierno de Raúl Alfonsín
2
continúo con la exclusión en la toma de decisiones políticas de los sectores del trabajo
que se había iniciado durante la dictadura militar del 1976. En poco tiempo, esta lógica
afecto internamente al Partido Justicialista. El peronismo tradicional que tenía su eje en
los sindicatos paso a transformarse en un peronismo de partidos políticos con
profesionales que llegaban luego de formarse en facultades de abogacía y tras un largo
recorrido de postas desde las intendencias hasta el congreso. Los políticos peronistas se
alejaban de los sectores del trabajo y con ello también, del peronismo. En ese sentido,
Isabel expresa el último grito de aquel peronismo que construyo el primer Estado Social
de Sudamérica.
Párrafo aparte merecen las muestras de una misoginia virulenta contra Isabel, los
testimonios en donde la describen como una “mujer de la noche”, caratulando a la
“danza” como una actividad ligada a la prostitución. Nuevamente, como a principio de
siglo XX, la mujer y la política se exponen como algo no vinculable. Lo femenino es
presentado como lo exótico, sensual, obsceno, ordinario, irracional, domestico. El
director rescata los testimonios en donde hablan de Isabel como una persona cuyo único
don era acompañar al líder, su pareja, Juan Domingo Perón. Paradójicamente, el director
no sabe (o no entiende) que ser compañera y/o compañero es lo más hermoso que tiene
el movimiento peronista.
1
Profesor de Historia – Universidad de Buenos Aires, Doctorando en Historia– Universidad del Salvador,
Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano – Universidad Nacional de Lanús, Docente e
Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte”, del Instituto de
Problemas Nacionales y del Instituto de Cultura y Comunicación. Columnista del Programa Radial,
Malvinas Causa Central, Megafón FM 92.1, Universidad Nacional de Lanús.
2
Buela, Alberto, Aportes a la tradición Nacional, Marcos Paz, Ed. Theoría, 1998, p.10.
3
Carri, Roberto, Sindicatos y poder en Argentina, Buenos Aires, Sudestada, 1967; Cabo, Dardo y Roa,
Ricardo, “Duros y negociadores en el movimientos peronista”, Nuevo Hombre, 15 de diciembre de 1971;
Palacio, Ernesto, Historia de la Argentina 1515-1976, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1979; Torre, Juan
Carlos, Los sindicatos en el gobierno 1973-1976, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983;
Braschetti, Roberto (compilador), Documentos de la Resistencia Peronista, Buenos Aires, De la
Campana, 1997; James, Daniel, Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora, Buenos
Aires, Siglo XXI, 2006; Galasso, Norberto y Ferraresi, Alfredo, Historia de los trabajadores argentinos
(1857-2018), Buenos Aires, Colihue, 2018; Duzdevich, Aldo, Raffoul, Norberto y Beltramini, Rodolfo,
La Lealtad. Los montoneros que se quedaron con Perón, Buenos Aires, Sudamericana, 2015; Mazzieri,
Diego, María Estela Martínez por siempre de Perón. Biografía de la lealtad, Buenos Aires, Ediciones
Fabro, 2020.
4
Muzzopappa, Héctor, “La génesis de la «vuelta a la democracia» de 1983 en Argentina o el prólogo
político-cultural para el neoliberalismo”, en V Coloquio Internacional de Filosofía Política, Universidad
Nacional de Lanús, Buenos Aires, 2015, pp. 121-134.