Unidad 3 - García y Szretter Noste - Aproximaciones A La Sociolingüística
Unidad 3 - García y Szretter Noste - Aproximaciones A La Sociolingüística
R esponder a la pregunta ¿qué es la sociolingüística?, no es algo que pueda hacerse en pocos renglones.
< HVWR HV DVt \D TXH VHPHMDQWH GH¿QLFLyQ UHTXLHUH GH DO PHQRV GRV D¿UPDFLRQHV SUHYLDV /D SULPHUD
es que al hablar de sociolingüística, no estamos hablando de una disciplina, ni de una corriente, sino más
bien de una posición frente al estudio del lenguaje que tiene como mayor preocupación integrar este objeto
de estudio a otros aspectos de la vida social.
Esta posición tiene su antecedente teórico en el trabajo de M. Voloshinov (1929) quien rechaza
la posibilidad de estudiar al lenguaje como un sistema abstracto ya que los signos, según este autor, no
H[LVWHQ WDQ VROR FRPR XQD SDUWH GH OD UHDOLGDG VLHPSUH UHÀHMDQ \ UHIUDFWDQ RWURV OXJDUHV VRFLDOHV \ RWURV
VLJQRV (VWR TXLHUH GHFLU TXH QR VH GH¿QHQ WDQ VyOR SRU OD UHODFLyQ DUELWUDULD HQWUH VLJQL¿FDGR \ VLJQL¿FDQWH
siempre reenvían a algo que está más allá del referente original. Ese “algo” es cierta ideología -compren-
sión o visión del mundo, en un sentido muy general- que comparten los hablantes y que por supuesto, es
VRFLDO 2IUHFHUOH D XQ YLVLWDQWH XQD WD]D GH FDIp QR UH¿HUH ~QLFDPHQWH DO DFWR GH VHUYLUOH XQD LQIXVLyQ HQ
un recipiente: reenvía también a cierta concepción de hospitalidad que forma parte del modo en que nos
relacionamos con los demás, en determinado contexto socio-cultural e histórico. También reenvía a otros
VLJQRV TXH VH GH¿QHQ GH OD PLVPD PDQHUD SRU HMHPSOR LQYLWDU D WRPDU XQ WUDJR R XQ PDWH
El signo es por naturaleza social e ideológico. Partir de esta posición para estudiar el lenguaje
implica una discusión, que veremos que es extensa y productiva, sobre cuál es el objeto de estudio, qué
FDUDFWHUtVWLFDV GHEH WHQHU OD LQYHVWLJDFLyQ \ FXiO VHUi HO PpWRGR SDUD DFFHGHU DO FRUSXV /D VHJXQGD D¿UPD-
FLyQ QHFHVDULD HV TXH SDUD GH¿QLU D OD VRFLROLQJ•tVWLFD GHEHUHPRV HPSH]DU SRU HQXPHUDU WRGR DTXHOOR TXH
los sociolingüistas no hacen, para poder comprender el valor de lo que sí optan por hacer. En efecto, desde
esta perspectiva, el estudio del lenguaje en uso se presenta como una ruptura respecto de las concepciones
tradicionales del estudio del lenguaje.
Suele decirse que el padre de la lingüística moderna fue Ferdinand de Saussure, quien en la pri-
mera mitad del siglo XX estableció las premisas para repensar el estudio de la lengua. Sin embargo, y sin
que esto suene a un intento por menoscabar el mérito del aporte, determinó que lo que los estudiosos del
lenguaje podían hacer era sólo una cosa: estudiar la lengua, entendida como un sistema de opciones dispo-
nibles al que los hablantes echan mano de manera más o menos inconsciente. Dejó fuera, con este gesto,
toda posibilidad de estudiar el habla, es decir la dimensión social del lenguaje. Dejó así fuera del alcance
de los estudiosos, al lenguaje como práctica relacional e interactiva y la historia (en el sentido de cambio y
WUDQVIRUPDFLyQ GH ODV IRUPDV OLQJ•tVWLFDV HQ GH¿QLWLYD GHMy GH ODGR D ORV KDEODQWHV \ D VXV LQWHUDFFLRQHV
reales.
Si esto conlleva problemas metodológicos (¿cómo estudiar el lenguaje sin ser un hablante de una
lengua?), tiene implicancias teóricas aún más complejas, ya que considerar que sólo debe ser estudiado
el sistema de la lengua, implica establecer cuáles son las opciones “correctas” y considerar a las restantes
como incorrectas, desviaciones, deformaciones de la lengua. Las consecuencias prácticas y teóricas de esta
concepción resultan evidentes: se ha considerado erróneamente, por ejemplo, que existe algo así como
una lengua “pura” de la que derivan, por contaminación o desviación, distintos dialectos. En realidad, los
hablantes usan dialectos, entre los cuales por razones políticas, se suele elegir uno o la combinación de
DOJXQRV SDUD LPSRQHU XQD OHQJXD R¿FLDO (Q HVRV FDVRV GLUHPRV TXH VH KD QRUPDOL]DGR XQ GLDOHFWR SDUD VHU
XWLOL]DGR HQ OD HGXFDFLyQ R HQ ORV GRFXPHQWRV R¿FLDOHV SHUR HVWR QR LPSOLFD TXH QDWXUDOPHQWH VH WUDWH GH
conjuntos de formas mejores o peores.
Si bien desde otra perspectiva teórica, la división que Chomsky hace entre la competencia y la
actuación también deja fuera del estudio del lenguaje lo que hacen los hablantes con él. De la primera dirá
que se trata de un conjunto de reglas que el hablante maneja como parte de su repertorio de capacidades
propias de la especie. A ellas dedicará su estudio, en el afán de establecer una gramática universal que le
permita explicar el funcionamiento del lenguaje. De la actuación, entendida como la puesta en práctica de
esas competencias, en cambio, volverá a decir que es imposible de ser estudiada ya que su estudio no per-
mite reglas ni sistematizaciones.
Es justamente este desperdicio, todo aquello que había sido dejado fuera del campo del estudio
del lenguaje, lo que la sociolingüística vendrá a recoger y se esforzará (con éxito) en demostrar que no sólo
puede el “caos” ser estudiado, sino que su explicación puede también ser sometida a reglas y su análisis
SXHGH VHU VLVWHPiWLFR \ PHWyGLFR FRPR HO GH FXDOTXLHU RWUD GLVFLSOLQD FLHQWt¿FD 1R VHUiQ \D ODV UHJODV GH
122 Aproximaciones a la sociolingüística
la gramática (universal, o de cualquier lengua en particular) las que expliquen por sí solas la producción
lingüística, sino que será necesario acudir a las reglas de la interacción social y a consideraciones extralin-
güísticas para explicarnos por qué y para qué los hablantes hacemos lo que hacemos cuando hablamos. La
sociolingüística se propone mirar y analizar una parte (olvidada) de una práctica social particular: el uso del
OHQJXDMH &RQÀX\HQ HQ HVWD SHUVSHFWLYD GLIHUHQWHV DSUR[LPDFLRQHV \ PLUDGDV TXH VL GLYHUJHQ HQ GH¿QLFLR-
nes y metodologías, concuerdan en el punto de partida que acabamos de exponer.
Estudiar el lenguaje desde esta perspectiva implica, como dijimos, pensar en los hablantes con-
cretos y en sus situaciones particulares. Llamamos genéricamente a esto contexto.
Como veremos, los conceptos teóricos y los lineamientos metodológicos fundamentales de la so-
ciolingüística provienen de diversos enfoques e incluso de disciplinas como la antropología y la sociología.
Pero esta diversidad no impide que podamos hablar de los estudios del lenguaje en uso como un programa
integral:
Sería un error suponer que esta variedad de enfoques implica una tensión que paralice las posibi-
lidades del trabajo.
Seguiremos en esta presentación un recorrido por diferentes autores y corrientes que nos permita
dilucidar los conceptos fundamentales y precisar sus alcances. Como en toda disciplina, algunas ideas pue-
den parecer más “seductoras” pero el riesgo es que se divulguen e interpreten aisladamente, lo que puede
OOHYDU D XQ XVR HUUyQHR GH ODV PLVPDV FXDQGR VH WUDQV¿HUHQ D RWUDV SUiFWLFDV 8QD PDOD LQWHUSUHWDFLyQ SRU
ejemplo, de una variación dialectal en el habla de un chico, puede llevar a una evaluación y a una práctica
que en lugar de facilitar su acceso al conocimiento, le restrinja el camino.
Veremos entonces que nociones tales como variación, competencia comunicativa, comunidad de
habla, códigos amplios y restringidos deben aplicarse en estudios debidamente apoyados en las metodolo-
gías propuestas por sus autores e integrados en marcos teóricos compatibles.
* Empezaremos presentando la propuesta de W.Labov (1967, 1972) para delimitar los conceptos
clave de variación lingüística, variable sociolingüística, regla variable, norma de prestigio y
FDPELR OLQJ•tVWLFR
* Seguiremos con los aportes de la etnografía del habla -D. Hymes (1964), Gumperz (1982, 1991),
Duranti (1992) que ofrecen nociones fundamentales para establecer la relación entre los hablantes,
el habla y la situación comunicativa: HYHQWR FRPXQLFDWLYR FRPXQLGDG GH KDEOD FRPSHWHQFLD
FRPXQLFDWLYD
* Luego abordaremos los denominados “estudios de literacidades” (J.P.Gee, 1990) en los que se
explora el modo en que los hablantes accedemos a las KDELOLGDGHV GH OHFWXUD y la importancia del
contexto social en los procesos de aprendizaje.
* También repasaremos las distintas posiciones teóricas, algunas de ellas encontradas, acerca del
papel de la escritura en el acceso al conocimiento.
* Finalmente, volveremos a Labov con una propuesta de trabajo de campo “típicamente socio-
lingüístico”. Propondremos métodos de recolección de habla mediante un “formato” que además
revela importante información acerca de lo que hacemos los hablantes cuando hablamos: las na-
rrativas orales de experiencia personal. En efecto, veremos que en el análisis de estas piezas de
habla espontánea podemos encontrar estructuras y recursos que los hablantes utilizamos a diario
y que pueden convertirse en datos relevantes según las variables extralingüísticas con las que se
relacionen.
/LF 3DXOD *DUFtD /LF 0DULDQD 6]UHWWHU 1RVWH 123
EL VARIACIONISMO
En el primer caso, se trata del uso del imperfecto del subjuntivo (pudiera), en el segundo, del con-
dicional (tendría); y en el tercero el presente del indicativo (tiene). Si bien es cierto que la norma privilegia-
rá una de estas emisiones como más prestigiosa que las otras, también lo es que como hablantes podemos
FRPSUHQGHU HO VLJQL¿FDGR GH ODV WUHV \ UHFRQRFHPRV HO XVR GH ODV WUHV IRUPDV FRPR SRVLEOHV HQ FRQWH[WRV
reales.
3DUD %HDWUL] /DYDQGHUD VRFLROLQJ•LVWD DUJHQWLQD \ GLVFtSXOD GH /DERY ODV GLIHUHQFLDV GH VLJQL¿FD-
GR HQWUH HVWDV WUHV HPLVLRQHV SXHGHQ H[SOLFDUVH SRU PHGLR GH OR TXH HOOD OODPD HO µSULQFLSLR GH UHLQWHUSUHWD-
ción’, que, en términos generales, postula que
³3DUD GRV R PiV IRUPDV DOWHUQDQWHV TXH WLHQHQ HO PLVPR VHQWLGR SHUR TXH GL¿HUHQ HQ FXDQWR DO VLJQL¿-
FDGR HVWLOtVWLFR pVWH ~OWLPR SXHGH UHLQWHUSUHWDUVH FRPR XQD VHxDO GH VLJQL¿FDFLyQ VRFLDO \ VLWXDFLRQDO´
(VWH SULQFLSLR GLVWLQJXH HO VLJQL¿FDGR HVWLOtVWLFR HQ HO VHQWLGR GH ORV IRUPDWLYRV OLQJ•tVWLFRV GHO
HQXQFLDGR GHO VLJQL¿FDGR VLWXDFLRQDO R VRFLDO HQWHQGLGR FRPR OD YLQFXODFLyQ HQWUH OD IUHFXHQFLD GH DSD-
rición de algunas formas lingüísticas y determinados contextos sociales y situacionales. Concretamente,
en el ejemplo que acabamos de ver, ella marca una diferencia en la frecuencia de aparición de las formas,
HQ UHODFLyQ FRQ FRQWH[WRV GH DSDULFLyQ (VWR OH SHUPLWLy HVWDEOHFHU TXH \ WUDQVPLWHQ XQ VLJQL¿FDGR
1
Los ejemplos fueron tomados de Lavandera, B. (1984) El principio de reinterpretación en la teoría de la variación. En Variación y
6LJQL¿FDGR +DFKHWWH
124 Aproximaciones a la sociolingüística
diferente en función de los distintos grados de probabilidad que transmite cada enunciado. En resumen, ella
dirá que:
HQ HO HMHPSOR el contexto es [real], en el sentido de que si bien el hablante utiliza una cons-
trucción hipotética, lo enunciado se presenta como una posibilidad real. Es decir, es predecible su
ocurrencia a futuro dado que implicaría una repetición de sucesos ya acontecidos (entendemos lo
enunciado en el sentido de: “Nunca cuando él ha tenido un disgusto me ha dicho me pasa esto, por
lo que puedo suponer, con alto grado de certeza, que la próxima vez tampoco lo hará”).
Estas diferencias no las puede explicar la gramática tradicional, ni una perspectiva que desvíe su
atención del uso que los hablantes hacemos del lenguaje. A lo sumo, una gramática tradicional establecería
un juicio de valor respecto de la mayor o menor corrección de las formas vistas, pero no estaría en con-
diciones de explicar las diferencias entre ellas ni el por qué de sus apariciones. Si pensamos los ejemplos
vistos desde una perspectiva sociolingüística, no estaremos hablando de corrección de las formas, sino de
adecuación a los diferentes contextos.
El postulado de que algunas diferencias (variaciones) en el uso del lenguaje podrán explicarse o
entenderse vinculándolas con variables sociales o extralingüísticas, es el primer gran aporte de la teoría de
Labov, e implica que el lingüista deberá estar observando no sólo lo dicho, sino al hablante con sus carac-
terísticas sociales e históricas y al contexto de emisión. Labov hablará entonces de diferentes variantes
posibles, y al hacerlo suprime la nociva concepción de que una de las variantes es correcta y la otra desviada
o deformada. A esta explicación de las variaciones lingüísticas por medio de la vinculación con variables
extralingüísticas es a lo que llamamos la YDULDEOH VRFLROLQJ•tVWLFD
Lo interesante es que esta característica (la variación) será entendida por el autor como una carac-
terística universal del lenguaje, por lo que propone incorporar a la gramática lo que llama la regla variable,
que no es más que aceptar que la variación es parte inherente y constitutiva del uso del lenguaje, y esto
implica legitimar el estatus del uso como objeto de estudio de las ciencias del lenguaje.
Como puede imaginarse, esto establece una frontera infranqueable respecto de lo que se venía
pensando (y aún se piensa desde muchas concepciones del lenguaje), e hizo que los lingüistas debiéramos
preguntarnos ¿qué hacemos ahora?, dado que sabíamos lidiar, con mayor o menor éxito, con mayor o menor
rigor, con la lengua como algo estable, y nada sabía la lingüística de pensar en datos que no fueran estricta-
mente dependientes de la lengua.
Desde la perspectiva metodológica, es decir, desde el modo en el que el investigador deberá abor-
GDU VX REMHWR GH HVWXGLR WDPELpQ ORV DSRUWHV GH /DERY KDQ VLGR VLJQL¿FDWLYRV H LPSOLFDQ XQ TXLHEUH
Si lo que se propone estudiar el lingüista es el uso del lenguaje, no le servirán ya los datos prepa-
UDGRV SRU pO PLVPR SDUD HMHPSOL¿FDU WDO R FXDO WHRUtD 0X\ SRU HO FRQWUDULR GHEHUi EXVFDU HMHPSORV GHO XVR
generados por hablantes reales en contextos determinados.
Y aquí se presenta uno de los problemas que esta perspectiva deberá resolver: ¿cómo conseguir
que los hablantes hagan uso espontáneo del lenguaje si son sometidos a la observación del analista? En
otras palabras, ¿cómo lograr que el lenguaje sea espontáneo a través de métodos de recolección tan forma-
OHV FRPR OD HQWUHYLVWD" $ HVWH FRQÀLFWR /DERY OR OODPy µSDUDGRMD GHO REVHUYDGRU¶ \ PLVLyQ GHO LQYHVWLJDGRU
será, entre otras, intentar sortear con éxito los límites que esta tensión pueda acarrear.
Veremos más adelante que uno de los mecanismos que Labov propone para sortear este escollo es
el trabajo con narrativas orales. Sin embargo, para trabajar con cantidades grandes de datos que permitan
PHGLU IUHFXHQFLDV VLJQL¿FDWLYDV OD UHFROHFFLyQ GH ODV QDUUDWLYDV UHVXOWD XQ PpWRGR FRVWRVR HQ WLHPSR \
JHQHUD PXFKR PDWHULDO TXH QR VHUi ¿QDOPHQWH XWLOL]DGR HQ HO DQiOLVLV
En su trabajo sobre los grandes almacenes de Nueva York (1972), en el que estudia un caso de
YDULDFLyQ IRQROyJLFD SDUWLFXODU OD SURQXQFLDFLyQ GH U ¿QDO HQ SDODEUDV FRPR ÀRRU SLVR UHTXLHUH GH JUDQ
cantidad de datos muy pequeños (sólo constatar si la pronunciación del fonema existe o no) para poder
/LF 3DXOD *DUFtD /LF 0DULDQD 6]UHWWHU 1RVWH 125
establecer la frecuencia de aparición, por lo que decide recoger los datos haciendo preguntas casuales a los
WUDEDMDGRUHV GH ORV DOPDFHQHV FX\D UHVSXHVWD IXHUD ³ ž SLVR´ HQ LQJOpV ³IRXUWK ÀRRU´
Su trabajo en este punto privilegia el análisis cuantitativo (gran cantidad de datos) sobre el cuali-
tativo (análisis en profundidad de un caso particular). Para ello, deberá trabajar con estadísticas y porcenta-
MHV $KRUD ELHQ OD SUHJXQWD TXH VH LPSRQH HQ HVWH SXQWR HV ¢FXiO HV OD ¿QDOLGDG GH XQ HVWXGLR GH HVWH WLSR"
O, en otros términos ¿por qué un lingüista habría de embarcarse en una investigación semejante?
La primera motivación ya la hemos expuesto: explicar por medio de la noción de variable socio-
lingüística un caso particular de variación.
La segunda motivación está vinculada con la noción de cambio lingüístico. Esta noción parte de
la idea de que el lenguaje está en permanente cambio, ya que se trata de una actividad social. Si entendemos
TXH ODV GLIHUHQWHV IRUPDV GH H[SUHVDU ORV PLVPRV VLJQL¿FDGRV UHIHUHQFLDOHV VRQ IRUPDV HTXLYDOHQWHV VyOR
que unas más prestigiosas y aceptadas socialmente que otras, es fácil entender que estas formas experimen-
WDUiQ FDPELRV \ PRGL¿FDFLRQHV HQ HO WLHPSR
Así, al extenderse socialmente el uso de una variante sobre otras, ésta podría volverse norma de
prestigio que los hablantes tenderían a incorporar en el uso. Esta concepción del cambio y la variación im-
plican reconocer que no existe una carga natural en las formas que las conviertan en correctas o incorrectas,
sino que se trata de formas más o menos prestigiosas o adecuadas al contexto.
El estudio propuesto por Labov busca borrar así los límites tradicionales propuestos por Saussure,
entre los enfoques sincrónico (hacer un corte en la historia y analizar el momento de un fenómeno) y dia-
crónico (analizar un fenómeno en el tiempo). Al estudiar la variación estaremos estudiando la posibilidad
de cambio de las formas lingüísticas.
Desde esta concepción, la sociolingüística es una disciplina con tres dimensiones:
por otro lado es interpretativa, ya que permite realizar interpretaciones que expliquen esas
variaciones. Dichas interpretaciones, como viéramos, surgirán de la puesta en relación de las va-
riables lingüísticas y las extralingüísticas;
ETNOGRAFÍA DE LA COMUNICACIÓN
Paralelamente a los trabajos de Labov, empiezan a producirse otras descripciones de usos concre-
tos del lenguaje, en trabajos de campo en los que se releva el lenguaje tal como se usa en la vida cotidiana
en una comunidad de habla determinada. Estas propuestas provienen mayormente de la antropología y con-
tribuyeron a delimitar el concepto de CONTEXTO, noción complicada y crucial para la sociolingüística.
El principal referente de esta corriente es Del Hymes (1964), un antropólogo y lingüista norte-
americano, pionero en proponer una metodología para el estudio del habla y las relaciones humanas, quien
propuso para este objetivo fundar una nueva disciplina, la “etnografía de la comunicación”. Su mayor in-
WHUpV HVWXYR SXHVWR HQ UHGH¿QLU HO REMHWR GH HVWXGLR UHVSHFWR GHO HVWXGLR VLVWHPiWLFR GH OD OHQJXD WDO FRPR
YHQtD VLHQGR DERUGDGR FRQ ODV LQÀXHQFLDV GH 6DXVVXUH \ TXH GHVGH HO HQIRTXH FKRPVN\DQR GHVFDUWDEDQ HO
estudio del habla.
Es indudable la necesidad de este aporte a la sociolingüística, pero la pregunta es: ¿Qué datos del
contexto son relevantes para comprender una emisión?
Intentar entender esta emisión de manera descontextualizada puede convertirse en un acertijo y seguramen-
te necesitemos más “pistas” para comprender que se trata de un enunciado emitido por un adolescente que
juega on line con otros pares a un complicado juego de estrategia. Pero si analizamos brevemente por qué
entendemos ciertos enunciados en ciertos contextos y no en otros es porque en cada uno de ellos es rele-
vante al menos quién lo dice, a quién se lo dice y dónde lo dice. En algunos casos serán relevantes incluso
detalles tales como qué atmósfera rodea a la situación o el grado de intimidad entre los participantes.
En efecto, la unidad de análisis ahora incluye elementos observables que componen el evento
comunicativo. Esta unidad de análisis permite considerar los enunciados efectivamente producidos y el
contexto mediante un relevamiento que Hymes propone a partir del acrónimo SPEAKING:
S. SITUACIÓN
P. PARTICIPANTES
E. FINES (ends)
A. ACTOS
. &/$9( NH\
I. INSTRUMENTOS
N. NORMAS
G. GÉNEROS.
puede haber comunidades lingüísticas superpuestas ya que un mismo hablante puede formar
parte de varias comunidades de habla.
La comunidad de habla es el contexto más amplio de la interacción verbal. Para algunos autores
no existe sino como modelo o prototipo en la mente de los mismos hablantes: hay ciertos rasgos comunes
y centrales que tienen cierta realidad psicológica. De cualquier forma, la noción de comunidad de habla
(equivalente a veces a dialecto o a lengua vernácula) depende de dos tipos de fenómenos:
(TXLOLEUDQGR HVWRV GRV DVSHFWRV WHQGUtDPRV GH¿QLGD XQD FRPXQLGDG GH KDEOD 3RU HMHPSOR XQ
analista puede observar ciertas regularidades en el uso de determinadas formas en interacciones entre lati-
nos residentes en E.E.U.U. En efecto, tal vez concluya que pertenecen a la misma comunidad lingüística
porque se registran ciertas regularidades que hacen posible la intercomprensión entre ellos. Por supuesto
GLUi TXH FRPSDUWHQ XQD OHQJXD HO HVSDxRO \ SRVLEOHPHQWH SXHGD D¿UPDU TXH SHUWHQHFHQ D OD PLVPD FRPX-
nidad de habla porque, consultados sobre qué formas consideran correctas/incorrectas, adecuadas/inade-
cuadas respondieron de manera homogénea.
Pero si emprendemos un estudio parecido en Buenos Aires y otro en México D.F. tal vez sea evi-
dente una menor regularidad de comportamientos lingüísticos similares entre los dos grupos de hablantes y
es posible que la lealtad lingüística se restrinja más a la aceptación de formas locales (“nosotros no decimos
cacahuate” o “en México no usamos el vos” ). Como puede observarse, comunidad de habla es un concepto
D GH¿QLU VHJ~Q ORV GDWRV REWHQLGRV HQ ODV SULPHUDV HWDSDV GH XQD LQYHVWLJDFLyQ GH HVWH WLSR
Volvamos brevemente ahora a la unidad menor atendible desde esta perspectiva que es el acto de
KDEOD. Es la dimensión pragmática y está tomado directamente de la teoría de Austin ya que fue capaz de
separar el lenguaje de las condiciones de verdad para dar cuenta de la fuerza ilocutiva de los enunciados.
Y esto implica que se hace indispensable dar cuenta de la situación al describir el uso de las formas por parte
de los hablantes. Ante el enunciado No me gusta el cine norteamericano tenemos distintos usos/funciones
con la misma forma: la frase puede servir tanto para dar una opinión en una charla sobre cine como para
rechazar una invitación a ver una película. Su interpretación depende de los conocimientos compartidos
128 Aproximaciones a la sociolingüística
sobre la situación. La tarea del analista consiste en explicar la relación entre la realidad subjetiva, la forma
lingüística elegida y la respuesta de la audiencia.
Sin embargo, tomar la noción de acto de habla no implica comulgar con los principios de la
pragmática que les da un lugar privilegiado a las intenciones psicológicas del hablante dejando de lado sus
cambios en el transcurso de los intercambios y los otros componentes de la situación. A la Etnografía del
Habla le interesa estudiar:
Un abordaje completo del lenguaje en uso incluirá, entonces, las tres dimensiones que hemos des-
cripto anteriormente:
COMUNIDAD
EVENTO
ACTO
// El uso lingüístico
La Etnografía del habla y de la comunicación y otras ciencias sociales entienden que el compor-
tamiento humano no es explicable sin el conocimiento que de él tienen los mismos actores sociales. Desde
este punto de vista, el estudio del uso del lenguaje es el uso de los códigos lingüísticos y no lingüísticos en
el seno de la vida social. De este modo, la unidad de la lengua no es más que una ilusión (Wittgenstein) y
HV VX XWLOL]DFLyQ HQ FRQWH[WRV HVSHFt¿FRV OR TXH H[SOLFD FyPR IXQFLRQDQ UHDOPHQWH ORV VLJQRV
La noción de habla que postula Hymes no debe confundirse con el habla saussureana: es una forma
GH WUDEDMR KXPDQR 9\JRWVNL XQD IRUPD GH FRPSRUWDPLHQWR FRRSHUDWLYR ¿OR \ RQWRJHQpWLFDPHQWH SRGH-
rosa. La idea de Hymes al postular el estudio del habla tiene que ver con orientar el análisis hacia la praxis,
hacia el funcionamiento del código.
No se trata de tomar el uso como un recurso metodológico para ver qué es lo que dicen realmente
los hablantes sino de conocer lo que los hablantes hacen con el lenguaje (voluntaria o involuntariamente,
consciente o inconscientemente, directa o indirectamente).
Es un concepto que no se postula como universal ni como innato. Su pertinencia debe entenderse
GHQWUR GHO WLSR GH DERUGDMHV TXH SURSRQH OD HWQRJUD¿D GHO KDEOD TXH VLHPSUH WLHQH FRPR REMHWR GH HVWXGLR
el evento comunicativo (y está claro que es un “modelo” de evento a describir en cada situación en particu-
lar).
La competencia comunicativa es lo que necesitan saber los hablantes en las interacciones verba-
les para comunicarse con éxito. Hymes acuñó el concepto para designar esta habilidad que incluye y al
/LF 3DXOD *DUFtD /LF 0DULDQD 6]UHWWHU 1RVWH 129
mismo tiempo, supera la competencia lingüística chonmskiana: un niño adquiere no sólo la gramática para
reconocer cuáles son las oraciones posibles de su lengua materna sino también la pericia para saber cuándo
son pertinentes los enunciados. Y así como la competencia lingüística se despliega en contacto con la len-
gua materna, la competencia comunicativa es una habilidad que depende de los contextos de interacción a
los que los hablantes estamos expuestos.
Cuándo, qué, con quién y cómo hablar se “aprende” en la práctica, interactuando con otros y en
diferentes contextos. Se trata de un conocimiento más abarcativo que la competencia lingüística y para cuya
delimitación el analista deberá:
* acompañar la descripción gramatical con condiciones de pertinencia mediante los componentes
observables en las interacciones reales.
* registrar cómo se complementa el código gramatical con otro tipo de reglas del comportamien-
to (gestos, miradas, movimientos, entonaciones, etc.).
Un trabajo muy difundido sobre la relación entre lenguaje y contexto social es el que emprende B.
Bernstein y de cuya tarea resulta una delimitación de las “formas de habla” de las que los hablantes dispo-
nen en tanto sujetos sociales. A estas formas de habla las denomina códigos, que en un sentido amplio son
VLVWHPDV JHQHUDOHV GH FRGL¿FDFLyQ FRQ GLIHUHQFLDV TXH HVWDUiQ YLQFXODGDV D ORV WLSRV GH UHODFLRQHV VRFLDOHV
TXH VH FRQ¿JXUDQ HQ ODV GLIHUHQWHV VLWXDFLRQHV FRPXQLFDWLYDV
Es importante destacar aquí que el término código no equivale a lengua y que por lo tanto, no se
trata de “sublenguas” o usos “defectuosos” de la misma. La presencia de uno u otro código tiene un origen
“ambiental”, lo que de algún modo nos obliga a una descripción sociolingüística, desde el punto de vista
metodológico. También nos obliga, como veremos, a ser muy rigurosos en cuanto a evitar interpretaciones
TXH FDOL¿TXHQ D XQ FyGLJR FRPR ³PHMRU´ TXH RWUR R UHGXFLEOHV DO JUDGR GH LQWHOLJHQFLD YHUEDO TXH SRVHDQ
unos hablantes sobre otros. Por esto mismo, Bernstein habla de orientación hacia uno u otro código y de
acuerdo con las presiones sociales que actúan sobre los hablantes.
Código restringido: Es una forma de habla que en todas sus variantes se caracteriza por un alto grado de
predicción del componente verbal y sintáctico del mensaje. Hay muchos contextos sociales que sólo permi-
WHQ OD DSDULFLyQ GH XQ FyGLJR GH HVWDV FDUDFWHUtVWLFDV 3HQVHPRV SRU HMHPSOR HQ ORV TXH OD FRQ¿JXUDFLyQ GH
roles es rígida, como las ceremonias religiosas o los ámbitos legales y militares. Son los contextos en los
que el hablante ve restringida su libertad de expresarse fuera de su rol y con riesgo de sufrir impugnaciones
por parte de los otros participantes, justamente porque la utilización de formas verbales y no verbales pre-
decibles contribuye al reforzamiento de los roles.
Otra variante incluye las relaciones familiares en aquellas situaciones en las que hay máxima
redundancia de lo verbal pero en las que la nueva información y las apreciaciones personales se expresan
extraverbalmente. (“¿Cómo te fue hoy en el colegio?”, incia una interacción con alto grado de predicción
VREUH ODV IRUPDV YHUEDOHV TXH OH VLJXHQ SHUR TXH SXHGHQ DGTXLULU GLVWLQWDV VLJQL¿FDFLRQHV VHJ~Q ORV JHVWRV
las miradas, el tono de voz, etc.). La relación interpersonal se fortalece mediante este canal, mientras lo
verbal se mantiene restringido.
En una tercera variante, la redundancia del componente verbal es máxima pero la predicción de
los mensajes extraverbales es menor. Es el caso en que nos valemos de formas verbales rutinarias porque
no conocemos o conocemos poco a nuestro interlocutor. La información nueva se transmite por canales no
verbales pero hay posibilidad de que se fortalezca o no la relación interpersonal. (“¿Venís siempre a este
boliche?”, “¿Hace mucho que es profesor en esta universidad?”, “¿Sos nueva en el barrio?”).
Código restringido estructuralmente: Tiene más opciones para mensajes verbales y no verbales, pero
las alternativas sintácticas son pocas y por lo tanto altamente predecibles. El vocabulario, por su parte,
suele conformar un repertorio reducido. ¿En qué contextos puede aparecer este código? En principio, en
todos aquellos en los que las relaciones sociales son inclusivas e involucran pocos participantes habilita-
GRV SRU ORV FRQRFLPLHQWRV FRPSDUWLGRV DFHUFD GH ODV LGHQWL¿FDFLRQHV \ ODV FRQGXFWDV HVSHUDEOHV 8QD
130 Aproximaciones a la sociolingüística
WHUPLQRORJtD HVSHFLDOL]DGD SRU Vt VROD QR FRQVWLWX\H XQ FyGLJR GH HVWH WLSR 0iV ELHQ SRGHPRV LGHQWL¿FDUOR
en situaciones comunicativas en las que un observador pueda sentirse excluido. Otra característica es la
ÀXLGH] \ UDSLGH] GH ORV LQWHUFDPELRV 6HJXUDPHQWH ORV KDEODQWHV QR QHFHVLWDUiQ SHUVRQDOL]DU ORV LQWHUFDP-
bios y los aportes personales se transmitirán más por sobreentendidos que por explicaciones cuidadosas y
pormenorizadas. En estos intercambios lo importante no es tanto qué se comunica sino cómo se comunica.
Ejemplos de uso de este tipo de código pueden observarse en las conversaciones entre adolescentes cuando
quieren demostrar que forman parte de algún grupo de prestigio, los mensajes entre presos o los inter-
cambios en que los hablantes (académicos, corredores bursátiles, etc.) necesiten demostrar su pertenencia
grupal.
Ahora bien, todos podemos tener acceso a estas variantes del código restringido, de acuerdo con
las distintas situaciones comunicativas en las que participemos. Una vez más, dependerá de nuestra ex-
posición a los contextos (recordemos el ejemplo de la cancha de fútbol). Pero tengamos en cuenta que
este código refuerza el tipo de relación social presente en la interacción y limita la posibilidad de indicar
verbalmente diferencias personales. Bernstein señala al respecto que el tipo de aprendizaje que conlleva es
inapropiado sólo para la educación formal. Esto no quiere decir que los hablantes no podamos participar
H[LWRVDPHQWH GH XQD JUDQ FDQWLGDG GH LQWHUDFFLRQHV ORFDOHV IDPLOLDUHV GH JUXSRV GH LGHQWL¿FDFLyQ VLQR
VLPSOHPHQWH TXH HQ OD HVFXHOD VH GD RWUR WLSR GH FRQ¿JXUDFLyQ GH UHODFLRQHV VRFLDOHV LQGLYLGXR PHQVDMH
Código amplio: 6H WUDWD GH XQ VLVWHPD FRQ DPSOLDV DOWHUQDWLYDV VLQWiFWLFDV OR TXH GL¿FXOWD OD SUHGHFLEL-
lidad en este nivel. Las intervenciones de los hablantes son más detalladas y explicitan las peculiaridades
personales. La clave para la utilización de este código está en qué tanto (o mejor dicho, en qué tan poco)
podemos sobrentender las intenciones, deseos, creencias, opiniones de otro. Nos vemos forzados a elegir
opciones léxicas y sintácticas con más cuidado para exposiciones más detalladas. En pocas palabras, de-
bemos hacernos entender y esto nos obliga a hacer el esfuerzo de tener en cuenta a nuestro interlocutor. La
cuestión de los roles no está centrada en las expectativas compartidas (que cada cual mantenga su lugar
HQ OD UHODFLyQ VLQR TXH WHQGUHPRV XQ PDUJHQ GH OLEHUWDG SDUD GH¿QLUQRV HQ XQ URO 'HEH JHQHUDUVH FLHUWD
³WHQVLyQ´ HQ OD UHODFLyQ VRFLDO TXH UHVXOWD EHQH¿FLRVD SDUD OD DSDULFLyQ GH XQ FyGLJR DPSOLR 3RU VXSXHVWR
estamos suponiendo que estos roles que se apoyan en expectativas “no tan compartidas” (imaginemos las
expectativas que tiene un niño que debe dar una lección por primera vez respecto de sus interlocutores)
se construyen en las prácticas y son el resultado de cierto entrenamiento. El código restringido también se
aprende pero garantiza cierta predecibilidad de conductas y roles que no están aseguradas en los contextos
que requieren de con código amplio. Al aprender este tipo de código estamos aprendiendo a orientarnos más
DO FDQDO YHUEDO TXH DO QR YHUEDO \ D UHÀH[LRQDU VREUH ORV UHTXLVLWRV GHO URO TXH RFXSDPRV HQ ORV GLVWLQWRV
contextos de interacción.
Nos interesa insistir, entonces, con que la orientación a uno otro código no está ligada a la “psi-
cología” o “inteligencia” de los hablantes individuales, sino a los distintos tipos de relaciones sociales que
se dan entre los participantes de las situaciones comunicativas concretas. Es evidente que un niño de corta
edad sólo estará entrenado en los códigos que su entorno familiar le ha facilitado y que su experiencia con
FRQWH[WRV HQ ORV TXH GHED GH¿QLU VX URO KD\D VLGR HVFDVD R QXOD 3HUR QR SRGHPRV D¿UPDU D SULRUL XQD UHOD-
ción directa y generalizada de que a tal grupo social le corresponde tal manejo de códigos.
Desde el punto de vista sociolingüístico, sólo podremos extraer las variables extralingüísticas que
operan en la aparición de uno u otro código con estudios de campo que nos permitan determinar cuestiones
tales como los diferentes sistemas de roles familiares, el tipo de control social y la red de relaciones que
vinculan lo familiar con lo institucional. (Recordemos que Bernstein postula de manera muy general cierta
relación entre código restringido-clase obrera, ambos códigos-clase media y como resultado de ciertas
REVHUYDFLRQHV GHQWUR GH XQD FRQ¿JXUDFLyQ GH UHODFLRQHV VRFLDOHV SDUWLFXODU HVFXHODV S~EOLFDV LQJOHVDV
décadas del 60/70).
ADQUISICIÓN Y APRENDIZAJE
A la luz de los aportes descriptos hasta ahora cabe preguntarse qué competencias comunicativas
posee un niño que ingresa a la escuela. Sabemos que la “competencia lingüística” está garantizada por la
/LF 3DXOD *DUFtD /LF 0DULDQD 6]UHWWHU 1RVWH 131
exposición a una lengua materna, pero también está claro que las experiencias sociales de un niño de 5 años
seguramente se reducen a su entorno familiar y algunas interacciones locales (vecinos, otros niños). En
términos de discursos (como modos de representación y acción en el mundo) diríamos que se ha “impreg-
nado” de un Discurso primario. Son Discursos primarios los que son aprendidos muy temprano en la vida,
durante la primera socialización como miembros de familias particulares en sus entornos socioculturales.
Conforman nuestra garantía inicial para entender quiénes somos y quién es la gente como uno, así como
qué hacemos y en qué creemos.
Discursos secundarios son aquellos que aprendemos como parte de socializaciones en medio
de varios grupos locales, provinciales, nacionales e instituciones que no son nuestro hogar, como iglesias,
escuelas, grupitos de amigos y servicios públicos.
Para los primeros hablamos de adquisición – que es inconsciente – y para los segundos de apren-
dizaje, pues incluyen lo conciente y lo racional. Normalmente nos desempeñamos mucho mejor con lo que
hemos adquirido que con lo que hemos aprendido.
La competencia en los variados formatos que conviven en las prácticas discursivas (interacciones
que van desde “conversar adecuadamente con la barra de amigos” hasta “interactuar exitosamente con la
HPSOHDGD TXH DWLHQGH HQ XQD R¿FLQD GH UHFODPRV´ QR HV DOJR TXH VH WHQJD DORMDGR HQ HO PyGXOR GHO OHQJXD-
je a la espera de una situación concreta. Más bien el proceso parecería ser a la inversa: podemos reconocer
patrones a través de las experiencias particulares (patrones que “llenamos” con los datos concretos y espe-
Ft¿FRV GH FDGD VLWXDFLyQ SDUD XWLOL]DUORV HQ RWUDV H[SHULHQFLDV VXFHVLYDPHQWH
La importancia del contexto socio-cultural es crucial: si nunca fuimos a un estadio de futbol segu-
ramente fracasemos en la interacción con el hincha que tenemos al lado si le decimos algo así como: “Este
iUELWUR HV SROtWLFDPHQWH LQFRUUHFWR´ 3HUR OR PiV SUREDEOH HV TXH DQWHV GH HPLWLU WDO D¿UPDFLyQ LQWHQWHPRV
reconocer ciertos patrones que subyacen a los comentarios entre hinchas. Está claro que dominar la jerga
futbolística y utilizarla en los contextos adecuados no es una competencia innata y universal que poseemos
los hablantes.
Está claro desde esta perspectiva que en la escuela los niños empiezan a tomar contacto con si-
tuaciones comunicativas que no forman parte de sus experiencias previas. Tendrán que aprender, más que
adquirir, habilidades para desenvolverse adecuadamente en un contexto institucional que posiblemente les
ofrezca algunas similitudes con su Discurso primario, al menos inicialmente. (Pensemos en la idea muy
difundida de que la escuela es “el segundo hogar”). Pero, de algún modo, esas experiencias previas tendrán
que combinarse con las nuevas para que podamos hablar de otras “competencias comunicativas” tales como
interactuar con la maestra, responder a una evaluación o escribir un poema para un acto escolar.
Un enfoque que retoma la idea de competencias comunicativas como habilidades que se aprenden
socialmente son los llamados estudios de “literacies” (J.P. Gee). La traducción de este término necesaria-
PHQWH GHEH FRQVHUYDU HO SOXUDO SRUTXH HQ UHDOLGDG HVWi UH¿ULHQGR D ³OLWHUDFLGDGHV´ FRPR ³KDELOLGDGHV GH
lectura” en un sentido amplio y no se restringe sólo a la “alfabetización” en un código en particular.
Un primer paso para entender qué hacemos los humanos frente a las sucesivas experiencias (inclu-
yendo las situaciones comunicativas) a las que estamos expuestos es tener en cuenta la naturaleza social
GH OD PHQWH KXPDQD. Tenemos dos evidencias sobre el modo en que la mente procesa la información de
manera social:
* cuando se enfrenta con los datos de la experiencia, la mente humana no es tanto seguidora de
normas como un poderoso reconocedor de modelos.
* el conocimiento humano se distribuye básicamente a través de las personas y de diversos sím-
bolos, herramientas, objetos y tecnologías.
Decir que la mente es “reconocedora de patrones” es hablar en primer lugar de que opera con
los patrones extraídos de la experiencia y no con normas generales y descontextualizadas. Es crucial sin
HPEDUJR VHxDODU TXH ORV SDWURQHV PiV LPSRUWDQWHV SDUD OD UHÀH[LyQ \ OD DFFLyQ QR VRQ QL GHPDVLDGR JH-
QHUDOHV QL GHPDVLDGR HVSHFt¿FRV VRQ JHQHUDOL]DFLRQHV GH XQ QLYHO PHGLR HQWUH HVWRV GRV H[WUHPRV (VWDV
JHQHUDOL]DFLRQHV LQWHUPHGLDV VH GHQRPLQDQ ³VLJQL¿FDGRV VLWXDGRV´ ³6LWXDGRV´ QR VLJQL¿FD ³HVWiWLFRV´ \
132 Aproximaciones a la sociolingüística
QR HTXLYDOH D ³GH¿QLFLyQ´ 3RU HO FRQWUDULR VRQ SDWURQHV ÀH[LEOHV \ WUDQVIRUPDEOHV TXH SURYLHQHQ GH OD
H[SHULHQFLD \ TXH D VX WLHPSR FRQVWUX\HQ H[SHULHQFLD VLJQL¿FDWLYD HQ DOJXQRV PHGLRV \ QR HQ RWURV
Siguiendo este concepto, un niño que ingresa a la escuela ya ha reconocido determinados patrones extraídos
de su experiencia en situaciones comunicativas familiares o comunitarias locales que no necesariamente
son las de la escuela. Pero obviamente podrá utilizarlos en nuevas experiencias y combinarlos con nuevos
VLJQL¿FDGRV VLWXDGRV HQ ORV QXHYRV FRQWH[WRV
El segundo aspecto que mencionamos involucra el papel que juega la institución como proveedora
de un Discurso secundario en este aprendizaje. Dado que el mundo está lleno de patrones potencialmente
VLJQL¿FDWLYRV \ OD PHQWH KXPDQD HV KiELO SDUD HQFRQWUDU SDWURQHV DOJR GHEH JXLDU DO DOXPQR HQ OD VHOHFFLyQ
de patrones. Y dado que el conocimiento está “repartido” socialmente, esta guía debe estar en el rol del pro-
fesor y de sus compañeros más expertos así como en los planes de estudio que deben contemplar el aspecto
social de los procesos de aprendizaje. Esto implica, entre otras cosas, atender a la “distancia” que pueda
existir entre el Discurso primario que trae incorporado el niño y el Discurso secundario que le impone la
escuela.
3DUD YHU OD QDWXUDOH]D GLQiPLFD GH ORV VLJQL¿FDGRV VLWXDGRV LPDJLQHPRV OD JHQHUDOL]DFLyQ LQWHU-
media que cada uno tiene para un dormitorio y que evoca una imagen que conecta diversos objetos y las
características típicas de un dormitorio, en relación, por supuesto a su experiencia sociocultural de habita-
FLRQHV \ YLYLHQGDV 6L DKRUD FDGD XQR DJUHJD XQD KHODGHUD D VX LPDJHQ GHEHUi WUDQVIRUPDU HO VLJQL¿FDGR
situado para un dormitorio manteniendo partes del mismo, suprimiendo otras y añadiendo, tal vez, cosas
como un escritorio y un estudiante de la universidad. Ahora bien ¿Cuántos de nosotros tenemos los ele-
mentos para “transformar” nuestra generalización de un dormitorio en otra situada en el contexto de una
universidad con dormitorios para sus estudiantes?
La moraleja es ésta: el pensamiento y el uso del lenguaje son una forma activa de montaje de
VLJQL¿FDGRV VLWXDGRV TXH FDGD XQR GH QRVRWURV QHFHVLWD SDUD OD DFFLyQ HQ HO PXQGR 3HUR HVWH HQVDPEODMH
HV VLHPSUH UHODWLYR D ODV H[SHULHQFLDV GHO PXQGR GH¿QLGDV VRFLDOPHQWH \ HV PiV R PHQRV ³QRUPDWLYL]DGD´
por los grupos socioculturales a los que cada uno pertenece y con los que comparte las prácticas. De ahí
que en el contexto escolar, estas experiencias deban ser reguladas y estructuradas por los maestros y por
ORV FRPSDxHURV PiV DYDQ]DGRV SDUD JXLDU D ORV DSUHQGLFHV D FRQVWUXLU OD ³FRUUHFWD´ VXHUWH GH VLJQL¿FDGRV
situados sobre la base de experiencias compartidas y modelos culturales compartidos.
El enfoque teórico de los estudios sobre literacidades sostiene que el espacio para que este rol
pueda cumplirse debe estar constituido (generado, promovido) dentro de un Discurso (pedagógico) con
perspectiva sociocultural, entendiendo Discurso como
una asociación socialmente aceptada entre formas de usar el lenguaje,(y otras expresiones simbó-
OLFDV \ DUWHIDFWRV IRUPDV GH SHQVDU VHQWLU FUHHU HYDOXDU \ DFWXDU TXH SXHGHQ VHU XVDGDV SDUD LGHQWL¿FDVH
FRPR PLHPEUR GH XQ JUXSR R UHG VRFLDO VLJQL¿FDWLYD R SDUD VHxDODU TXH XQR HVWi GHVHPSHxDQGR XQ URO
VRFLDO VLJQL¿FDWLYR
(VWD GH¿QLFLyQ FRQOOHYD OD D¿UPDFLyQ GH TXH ORV 'LVFXUVRV VRQ LQKHUHQWHPHQWH LGHROyJLFRV \ TXH
LQYROXFUDQ YDORUHV TXH VH GH¿QHQ D H[SHQVDV GH RWURV 'LVFXUVRV TXH VH UHFKD]DQ R PDUJLQDOL]DQ 9HUHPRV
en lo que sigue, cómo la cuestión de culturas orales vs. culturas escritas puede constituir distintos modelos
ideológicos con importantes consecuencias en los estudios de las literacidades.
ORALIDAD Y ESCRITURA
(Q HIHFWR ODV GLVWLQWDV RSLQLRQHV VREUH FXOWXUDV RUDOHV \ FXOWXUDV OHWUDGDV UHÀHMDQ TXH HVWDPRV DQWH
un tema controvertido. Repasemos algunas de las posiciones más representativas:
/LF 3DXOD *DUFtD /LF 0DULDQD 6]UHWWHU 1RVWH 133
/LWHUDFLGDG \ KHUUDPLHQWDV FRJQLWLYDV GH RUGHQ VXSHULRU
Muchos ven la escritura como una herramienta cognitiva de orden superior, como lo muestran los
trabajos de Vigotski y Luria en la zona central asiática de la (ex) Unión Soviética.
Estos autores concluyeron que las mayores diferencias que existen entre personas letradas e ile-
tradas se dan en el proceso del razonamiento abstracto. Las respuestas de las personas iletradas estaban
dominadas por sus expectativas prácticas y experiencias inmediatas y les costaba utilizar el lenguaje de un
modo descontextualizado.
Sin embargo, hay muchos problemas con estos trabajos: no queda claro si el punto es la escritura o
la escolarización en sí; no es fácil distinguir entre formas de literacidad y el rol del individuo en la sociedad.
Por ejemplo, Scribner y Cole (1981) demuestran que quienes hablan y escriben Vai o árabe coránico en esa
zona no presentan las características establecidas para el pensamiento como sí lo hacen quienes escriben y
hablan inglés (o ruso). El problema es que lo usan para relatar sus mitos y / o leer el Corán.
Además, encuentran muchos sujetos escolarizados en inglés, que han dejado la escuela muchos
años antes de tomar las pruebas cuyo pensamiento no difería de los iletrados, árabes o Vais. Las diferencias
eran evidentes, en cambio, entre los que concurrían a la escuela o la habían dejado poco tiempo antes. En-
FXHQWUDQ DGHPiV TXH YLYLU HQ FLXGDGHV SDUHFH WHQHU PD\RU LQÀXHQFLD HQ ORV PRGRV GH FODVL¿FDFLyQ \ GH
categorización.
Ong (1977, 1982) sostiene que la escritura, al asociar las palabras al espacio, aumenta las poten-
FLDOLGDGHV GHO OHQJXDMH µHQ WRGR FXDQWR SXHGD PHGLUVH¶ \ UHHVWUXFWXUD HO SHQVDPLHQWR
* Sin la escritura la conciencia humana no logra todo su potencial, no puede producir otras
creaciones bellas y poderosas. En este sentido, la oralidad necesita la escritura y está destinada a
producirla.
* La literacidad es absolutamente necesaria para el desarrollo no sólo de la ciencia, sino también
GH OD KLVWRULD OD ¿ORVRItD OD FRPSUHQVLyQ H[SOLFDWLYD GH OD OLWHUDWXUD \ GH WRGR DUWH \ WDPELpQ
para la explicación del cambio lingüístico.
Ong caracteriza el pensamiento y la expresión en culturas orales aún en las sociedades tecnolo-
gizadas, como los marginados, los afroamericanos e hispanos en EEUU. Sostiene que tienen pensamiento
aditivo en lugar de subordinativo: piensan por agregados; son redundantes, no analíticos, situacionales y no
abstractos.
Wally Chafe (1985) sugiere que las diferencias en el proceso de habla y escritura tienen que ver
FRQ ORV SURGXFWRV ¿QDOHV ORV HVFULWRV VRQ PiV FRPSOHMRV PHQRV IUDJPHQWDGRV FRKHUHQWHV
Llama la atención sobre el hecho de que el lenguaje escrito fomenta más la segmentación que el
hablado, que es más del tipo cara a cara y más socialmente dependiente que el escrito. En realidad ve estas
formas como dos polos en un continuo y considera que la distinción entre uno y otro modo – ya que no
dependen sólo del canal – es muchas veces compleja.
/DV D¿UPDFLRQHV TXH YLPRV PiV DUULED FRQIRUPDQ OR TXH DOJXQRV DXWRUHV *HH 6WUHHW GHQRPLQDQ
µHO PRGHOR DXWyQRPR¶ GH OD OLWHUDFLGDG HV GHFLU XQ PRGHOR TXH D¿UPD TXH OD OLWHUDFLGDG ± R OD HVFRODUL]D-
ción con ese propósito – tiene efectos cognitivos per se, al margen del contexto en que existe y de los usos
que tiene en una cultura.
Estos autores proponen a cambio que el reclamo por la literacidad sea ideológico. Un modelo
ideológico, que lo entienden en términos de prácticas sociales concretas y lo teorizan en términos de las
134 Aproximaciones a la sociolingüística
4XHUHPRV SUHVHQWDU SDUD ¿QDOL]DU XQ HMHPSOR WtSLFR GH WUDEDMR VRFLROLQJ•tVWLFR TXH SHUPLWH LQWH-
grar los conceptos vistos hasta aquí, y que es el que puede realizarse con el estudio de las narrativas orales
GH H[SHULHQFLDV SHUVRQDOHV 1XHYDPHQWH GHEHPRV UHFXUULU DTXt D /DERY TXLHQ GH¿QH
una narrativa como el relato en primera persona de una experiencia personal, en el cual el orden de las
cláusulas (que relatan los hechos) corresponde con el orden de los sucesos relatados. La motivación para
trabajar con narrativas es por lo menos doble: por un lado, porque permite al analista disponer de volumen
de habla, y por el otro porque al narrar historias y experiencias personales relevantes para el hablante, el
efecto de lo que llamáramos más arriba la paradoja del observador se ve, si no eliminado, al menos, mi-
tigado en gran parte. Pero además, es una fuente productiva de trabajo con la oralidad y a la vez permite
reconocer las estrategias de los hablantes en la presentación de la propia imagen. Constituye, además, una
SXHUWD GH DFFHVR D OD LGHQWL¿FDFLyQ GHO PDQHMR GH GLIHUHQWHV HVWUXFWXUDV VLQWiFWLFDV GLIHUHQFLDV TXH SXHGHQ
explicarse en función de variables sociolingüísticas.
Además, al narrar una experiencia personal el hablante se ve comprometido en más de un sentido
con aquello que relata. Por un lado, porque juega su imagen frente a su interlocutor, ya que estará contando
una experiencia propia, según la cual podrá ser evaluado. Pero también, porque una narrativa obtenida en
el marco de una interacción (supongamos una entrevista, o una conversación casual) expone al hablante a
cuidar su imagen como narrador hábil e interesante. Lograr un buen relato de una experiencia hará que el
hablante logre mantener su turno de habla, y con éste la atención de su audiencia.
Por supuesto, se trata de un trabajo en el que el hablante deberá equilibrar la tensión que existe
entre contar una historia extraordinaria (condición necesaria para que un relato sea considerado una narra-
tiva) con la cual retener la atención ajena, y hacer que la historia sea creíble (requisito también necesario,
\D TXH XQD KLVWRULD LQFUHtEOH VDOYR TXH PHGLH HO SDFWR GH ¿FFLyQ HQWUH ORV LQWHUORFXWRUHV KDUi TXH HO LQWHUpV
se pierda inmediatamente). Este conocimiento forma parte de la competencia comunicativa propuesta por
Hymes. Porque lo interesante es que contar una narrativa implica una actividad de exposición y por ende,
de cuidado de la propia imagen, para algo que el hablante deberá desplegar una estrategia de organización
de su relato con la que logre:
que su narrativa, que ha surgido como producto de una pregunta (en el caso de una entrevista)
o como producto de una conversación, guarda relación con aquello de lo que se viene hablando y
es pertinente para la pregunta que la elicita.
En este sentido, la estrategia del hablante será evitar preguntas del tipo “¿y con eso qué?” que
invalidarían los tres puntos recién señalados.
La narrativa, según Labov reconoce una estructura particular que consta de 6 componentes:
1. El resumen
No es una sección obligatoria, es decir, muchas veces las narrativas carecen de él. En el resumen se sin-
tetiza el “evento más narrable” es decir, el suceso que motiva el relato. Implica el inicio de la narrativa.
Si la narrativa surge como respuesta a una pregunta, el resumen intentará demostrar la pertinencia de la
narrativa:
2. La orientación
En este segmento de la narrativa, el narrador presenta a los personajes de su historia, el escenario y las
condiciones en las que se llevará a cabo. El tiempo típico de esta sección es el imperfecto:
Los datos de esta sección son verdaderos para toda la narrativa, y relatan características de la vida
habitual del momento en el que los hechos sucedieron.
3. Complicación de la acción
En esta sección el hablante desarrolla le evento más narrable, y es donde aparece el inicio de la acción
extraordinaria y el nudo de la misma :
En eso se me acerca un tipo de lo más bien, ¿no?, caminando, tranqui. Se me pone al lado y me
muestra un arma, o lo que yo creí que era un arma, y me dice “dame la guita o te quemo”
En esta sección, el tiempo típico será el pretérito, o el presente histórico y no se relatarán hechos
habituales sino los sucesos puntuales que son extraordinarios en la vida del hablante.
4. Evaluación
Quizá sea este el mayor aporte de Labov en el terreno de las narrativas. La pregunta es, si narrar una historia
es contar lo que pasó, ¿por qué motivo los hablantes ocupan grandes partes de sus relatos hablando de lo
que no pasó, o de sus sentimientos al respecto, o de lo que podría haber sucedido, etc.? A esto Labov lo
llama evaluación y entiende que son los modos en los que los hablantes se relacionan con aquello que rela-
tan. En otras palabras, diremos que es un intento de los hablantes por resaltar lo extraordinario de la historia
como estrategia para retener la atención y el turno de habla. Si la narrativa ha surgido como respuesta a una
pregunta, o en el contexto de una conversación sobre un tema en particular, la evaluación buscará también
demostrar cuán relevante es en el evento comunicativo en el que se encuentra:
Imagináte el susto, que yo iba tan tranquila como si nada y de repente un tipo, que no sabés si está
drogado o loco o qué y con un arma que te dice, dame todo.
136 Aproximaciones a la sociolingüística
Estas evaluaciones pueden realizarse de varias formas, y lo cierto es que aparecen a lo largo de
toda la narrativa. Sin embargo, Labov reconoce la existencia de un segmento evaluativo diferenciado que
suele aparecer justo antes de la resolución. La función adicional de este segmento evaluativo es detener la
acción y administrar así el “suspenso” sobre el desenlace de la historia.
5. Resolución
También se trata aquí de cláusulas narrativas, en el sentido de que relatan hechos vinculados temporalmen-
te. Se relata cómo se resolvió el suceso narrado.
6. Coda
esta sección es particularmente interesante, ya que, al igual que la evaluación cumple varias funciones al
mismo tiempo. La primera función es la de indicar al interlocutor que la narrativa ha terminado, con lo
que el narrador “hace entrega” del turno de habla y abre la posibilidad de preguntas y comentarios sobre
su narrativa o bien un cambio de tema. La segunda función es traer nuevamente la conversación al tiempo
presente, al cerrar la “ventana al pasado” que se abriera con el relato de la narrativa. Existe una surte de
repertorio de codas típicas del tipo:
Lo interesante es que la Coda, al dar por cerrada la narrativa indica que el narrador no tiene más
para decir, que su trabajo de narrador ha concluido, y que la pregunta “¿y qué pasó entonces?” ya no es
pertinente, pues el cuento ha acabado.
Desde una perspectiva muy productiva de trabajo, Norrick (2005) propone pensar a la narrativa
como el resultado de una negociación que se da en la interacción concreta entre los interlocutores. Esta
perspectiva permite entender a las narrativas desde una mirada más comunicativa del evento particular, y
exige que el analista tenga presentes los postulados de la etnografía del habla. Desde esta concepción, no
sería ya la narrativa inherentemente narrable, sino que sería narrable en contexto. Esto permite explicar,
por ejemplo, por qué algunas narrativas son posibles, o adecuadas en un contexto y no lo serán en otro. Es
el caso de narrativas sobre temas tabú o con contenido altamente íntimo o escabroso. Concebidas desde
esta mirada, las narrativas exigen al hablante no sólo habilidad para hacer interesante su relato, sino que
también requieren de éste que se adecue a las normas de la comunidad de habla. Esto trae consecuencias en
la interacción y en las identidades que cada participante construye para sí. Por supuesto, el conocimiento de
esta adecuación forma parte de la competencia comunicativa.
Un rasgo interesante de las narrativas como medio de acceder al uso del lenguaje, es que se tarta de
una actividad cooperativa, en un doble sentido. Por un lado, porque serán los hablantes quienes se pongan
de acuerdo (negocien) respecto de lo pertinente de una narrativa para un contexto determinado. Por el otro,
porque los interlocutores se comportan de manera tal que alientan al narrador en su relato, por medio de
FRPHQWDULRV JHVWRV ULVDV R SUHJXQWDV (Q HO FDVR GH TXH HO WHPD VHD µGHOLFDGR¶ HO KDEODQWH UHTXHULUi GH
VXV LQWHUORFXWRUHV XQ PD\RU DSR\R TXH UHD¿UPH DFWLYDPHQWH HO SDFWR TXH HVWDEOHFLHUDQ DO DFHSWDU TXH HVD
narrativa es adecuada a ese contexto.
En su triple función: la referencial (que relata qué fue lo que pasó); la evaluativa (que vincula al
hablante con aquello que relata), y la interaccional (que establece un sistema de aceptaciones y negocia-
ciones contextuales entre los participantes del evento comunicativo), la narrativa es un espacio productivo
para el trabajo del analista. Labov analiza las narrativas de un grupo de adolescentes negros del Harlem
y las compara con otras. Descubre que la complejidad sintáctica, así como los tipos de evaluación de las
narrativas, se vinculan con variables no lingüísticas como nivel de instrucción y edad. Por ello, el trabajo
FRQ ODV QDUUDWLYDV UHVXOWD GH LQWHUpV \D TXH SHUPLWH GDGD XQD SREODFLyQ GHWHUPLQDGD SRGHU LGHQWL¿FDU
cuál es el punto de partida de los hablantes, en el sentido de cuáles son los conocimientos previos con los
que se acercan, y cuál es el grado de entrenamiento en el trabajo de contar narrativas con el que cuentan.
Por supuesto, cuál es la representación que los hablantes tienen de sí, de sus interlocutores y de su propia
experiencia, son datos que también surgen del análisis de las narrativas.
/LF 3DXOD *DUFtD /LF 0DULDQD 6]UHWWHU 1RVWH 137
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