Novena A San Francisco de Asís 2021-1
Novena A San Francisco de Asís 2021-1
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sencillez del juglar de Dios, para así pregonar en la Colombia de hoy, el
mensaje siempre nuevo de la paz y el bien en el Señor.
Día Primero
La vanidad y los deseos de ser admirados por lo que se es y lo que se hace, fue
el ámbito donde Dios derramó su misericordia sobre Francisco de Asís.
Nosotros, sus hermanos de este tiempo debemos tener presente el valor
gratuito e inmenso del amor de Dios en nuestra vida. Meditemos hoy con
nuestra historia personal: el fundamento de nuestro presente y nuestro
futuro.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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corrompen en gran manera su linaje y se degeneran desde el honor propio
de la naturaleza, sin embargo, progresando en las vanidades y desvaríos por
encima de todos sus coetáneos (cf. Gál 1,14), anhelaba la admiración en todas
sus acciones. Era, en efecto, muy rico, no avaro, sino más bien pródigo; no
acumulador de dinero, sino muy frívolo despilfarrador. Por esta razón, cuando
se dedicaba al negocio y viajaba por diversas regiones llevando fardos de tela
para vender, muchos experimentaban los beneficios de su humanidad, por lo
que él mismo gozaba el honor de la amistad de todo tipo de hombres.
V. Y tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.
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Día Segundo
La vida en constante renovación y conversión, también es un camino de
discernimiento constante. La experiencia vital de Francisco y la de todo
discípulo nos invitan a discernir siempre sobre el camino que vamos
haciendo con el Señor. Meditemos hoy sobre la necesidad del discernimiento
constante.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Reflexión: discernir siempre, pero sin volver sobre nuestros pasos.
Para un discípulo es sano volver sobre las preguntas que en el principio del
discernimiento motivaron el seguimiento de Jesús: ¿quién es Jesús para mí?
¿Cuál es el rostro de Dios que Jesús nos muestra? ¿Que implica en mi vida el
reconocer y seguir a ese Dios de Jesús? Volver y volver a estas preguntas
como forma de renovar nuestra motivación y nuestro centro son la dinámica
de todo cristiano. Sin embargo, este ejercicio encierra la tentación nostálgica
de retroceder… es la tentación del “todo pasado fue mejor”. El discernimiento
exige tener presente nuestra motivación, pero a la luz del camino ya recorrido
y lo que hemos aprendido. Discernir no es mirar atrás: es mirar hacia adelante
sabiendo de dónde venimos.
Signo: la luz.
- Encendemos una luz delante de todos (junto al reloj del día anterior) en
medio de un ambiente oscuro.
Nuestra responsabilidad con la luz no acaba con encenderla o recibirla: exige
cuidado y atención. Francisco fue recibiendo iluminación, que sin embargo
terminaba asociando con sueños y proyectos mundanos. El camino no
termina al cruzar con portentos el mar Rojo: allí es donde apenas comienza.
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Día Tercero
La vida es una conquista. El camino cristiano y todos los proyectos que
emprendemos en nuestra vida se consiguen con esfuerzo, con valor… con
conquistas. En este camino de luchas, nos anima y fortalece el amor de Dios,
que no ganamos o conquistamos, sino que se nos viene por gracia de Dios
Padre a nosotros, sus hijos: es el pan nuestro de cada día. Meditemos hoy la
vida, sus luchas y conquistas.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Reflexión: las luchas y conquistas del ser humano, animadas por Dios.
Cuando Jesús, el unigénito de Dios, se hizo hombre en todo semejante a
nosotros, asumió como suyas nuestros afanes y nuestras luchas, haciéndonos
partícipes de sus conquistas: especialmente de su victoria sobre el pecado y
sobre la muerte. El propósito de “realizar grandes cosas en su patria” de
Francisco, que puede ser también nuestro propósito, debe partir
necesariamente de la gracia del Padre, que en Jesús nos enseñó a recorrer
este camino con respeto: a la historia escrita antes de nosotros y que se
escribirá después de nosotros; respeto a la historia de nuestros compañeros y
compañeras de camino… respeto y veneración al clamor de lucha de los
“caballeros” y valientes de nuestro tiempo, lo que debe llevarnos a preguntar
en silenciosa oración: ¿cuál es mi conquista… cuál es la tarea que me tienes
preparada aquí y ahora?
Signo: el silencio.
- Ante la luz, en silencio, deja que el Señor hable. Respetando el clima de
silencio, puedes decir un par de veces: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”
(1Sm. 3,10)
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Día Cuarto
La vida es camino de alegrías; las tristezas del recorrido solo sirven para hacer
más significativas y valiosas las alegrías que, como flores de un jardín, se
encuentran a lado y lado del gozoso sendero que recorremos con el Señor.
Hoy meditamos la alegría franciscana que debemos sentir por la bondad de
un Dios que nos ama.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Reflexión: la perfecta alegría.
Francisco ha abandonado poco a poco, pero con paso decidido, todos los
proyectos y sueños que hasta el momento él había considerado como
importantes en su vida. En principio, no suena lógico que un cambio como
este, de las certezas a la incertidumbre, pueda causar alegría. Por el contrario,
llegar a un punto “muerto” en nuestro proyecto de vida (perder el empleo, un
accidente o enfermedad, la muerte de un ser querido, una ruptura amorosa,
un cambio de ciudad, el desistimiento de un proyecto importante) en donde
lo que se ha construido hasta ahora parece desmoronarse, obligando “a
empezar de cero”, puede ser una de las experiencias más fuertes en la vida de
cualquier persona.
Ante todo esto, Francisco se alegra: su alegría no se cimienta en la
incertidumbre humana de abandonar lo que hasta ahora se ha hecho; se
funda en la certeza, en la convicción de que nada hay que temer si nuestra
vida está toda en las manos de Dios. Si Dios nos ama, es nuestro Padre y nos
tiene preparado una misión que brota de nuestra propia historia y a la cual
nos capacita con los dones que Él mismo nos dio, ¡no hay nada que temer!
Esta es la fuente de la alegría franciscana: una fe profunda en que somos
hijos de Dios y él no nos desampara.
Signo: la tierra.
- En un recipiente o plato con un poco de tierra húmeda, colocamos la luz y
acercamos el reloj que hemos usado como signo.
Francisco estima el dinero, el insumo de sus antiguas vanidades, como si
fuera polvo. El polvo de la tierra, sin valor aparente, fue el elemento usado por
el Padre para crearnos y darnos vida. Esta tierra humedecida, es abonada por
Dios mismo, nuestro Sembrador, que cada mañana deposita la semilla de su
Palabra que nos ilumina y fortalece.
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Día Quinto
La vida solo la vive quien se aventura con valentía. Del mismo modo, solo se
puede seguir a Jesús en la medida en que estemos dispuesto a asumir lo que
él nos pide: negarnos a nosotros mismos, cargar la cruz y seguirlo (Mt 16, 24).
El itinerario franciscano del seguimiento de Jesús requiere una decisión
serena, alegre y esperanzada de que incluso las dificultades cobran sentido
liberador. Meditemos hoy con nuestras contradicciones, aquellas que
debemos cargar y asumir como consecuencia de seguir al Señor.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Reflexión: ya no necesito más.
Ya no hay vuelta atrás: aquel joven rico y vanidoso que gozaba de la simpatía
de todos, ahora es tenido por loco y despreciable por todos en Asís, incluso
por su propio padre. Francisco no se deja vencer por estas contrariedades: las
asume… y a su propio estilo las adopta: ahora es un loco que vaga por Asís y
permanece impasible ante las injurias y ataques físicos.
Los grandes genios de toda la historia, aquellos que apostaron por grandes
descubrimientos e inventos que no fueron al principio aceptados por la
sociedad, permanecieron firmes en su convicción de andar por el camino
correcto. De todos estos grandes de la historia, en primer lugar, por supuesto,
está aquel hombre de Nazaret del siglo I: oculto muchos años, como uno de
tantos, empieza a proclamar la buena noticia del Reino, haciendo el bien y
curando a los oprimidos (Hch. 10, 38), “porque Dios estaba con él”. Sabemos lo
que pasa después: al loco y solitario joven de Asís se le suman miles de
compañeros, a los genios inventores el tiempo les termina dando la razón… al
hijo de María y de José lo han aceptado durante veintiún siglos hombres y
mujeres de todos los pueblos de la tierra. Y aunque sabemos esto, aún
podríamos vivir nuestra vida de fe con una disimulada parálisis, con un miedo
que nos congela. Francisco nos enseña que caminar con Jesús no significa
saber todas las respuestas, ni conocer a donde vamos precisamente; significa
sabemos detrás de quien caminamos y que esto nos trae esperanza,
confianza y alegría.
Signo: la cruz.
“De una cosa sí que podemos gloriarnos: en nuestras flaquezas y en llevar
diariamente a cuestas la cruz de nuestro señor Jesucristo” (Adm V, 8). La hora
de la cruz, en el evangelio según san Juan, es precisamente llamada la
glorificación (Jn 17, 1) y solo así es glorificado el Padre. Asumir con la fe esta
verdad tan contradictoria para nuestra lógica que huye del dolor y la
incomodidad es un auténtico misterio. A lo largo de los siglos, muchos han
querido disminuir, atenuar o añadirle glosas al llamado a cargar la cruz como
requisito indispensable para seguir a Jesús, pero la cruz no admite glosas:
quien quiera seguir a Jesús, debe cargarla… entendiendo su verdadero
significado, lo haremos con la misma serenidad del Hijo de Dios: en tus
manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46).
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Día Sexto
La vida colmada de la paz del Señor es una auténtica vida cristiana. Este don y
fruto del Espíritu en el corazón del ser humano, es la manera característica de
la evangelización franciscana: ser pregoneros de la paz y el bien que el Señor
ha infundido en nuestras vidas, y que por el sencillo compartir con los demás
se propaga con la fuerza misma del Espíritu Santo. Hoy meditamos en el
precioso tesoro de la paz.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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el trato que le había dado, se dolió muchísimo y, dirigiéndose a él, le pidió
humildemente perdón.
V. Y tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.
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Día Séptimo
Una vida profundamente espiritual no es contraria a una forma de vida en
contacto total con el otro, con sus heridas y luchas. La misión de predicar la
paz y el bien en un mundo habitado por violencia y egoísmo no es una
empresa imposible de realizar: en la medida en que re-descubrimos a
profundidad nuestra humanidad, podemos hablar un lenguaje que todos
entienden: el lenguaje en que Jesús habla desde su encarnación.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Reflexión: lo que me parecía amargo, se tornó en dulzura...
Francisco experimenta una profunda catarsis al dar al leproso el beso de la
paz. Pasar de despreciarlos a servirles es un paso que consolida aún más el
camino emprendido: salir de sí mismo y encontrarse con los demás. Mal
haríamos en pensar que la repulsión de Francisco obedecía solamente a su
condición social y a su manera de vivir en la que no se “ensuciaba las manos”:
los muros que suelen dividir a los seres humanos existen de muchas maneras
y en muchas presentaciones, y están presentes incluso dentro de nuestras
familias y comunidades aparentemente unidas. Estar rodeado de personas o
contar con muchos “contactos” o amigos no implica necesariamente una
relación profunda y de calidad. Si sumado a lo anterior nos resguardamos en
el rechazo, o mejor, en el miedo a entrar en contacto y ser “contamidado” por
tocar las llagas del otro, nunca podremos descubrir la verdadera dulzura de
darnos cuenta que ese otro fue pensado y amado por nuestro mismo Padre
Dios… que es nuestro hermano y por medio nuestro sus heridas son sanadas.
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Día Octavo
La vida, aunque se construye, es ya plena y realizada en la medida en que se
viva en intensa y gozosa plenitud. Llegar a decir “esto es” como el punto final
de llegada no hace parte del verdadero espíritu evangélico, sino la alegre
certeza de que cada día con el Señor es plenamente un nuevo comienzo y
una total realización. Meditemos hoy la dimensión evangélica de nuestra vida.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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diligencia sobre la perfección evangélica cuidó de observarlo al pie de la letra
durante toda su vida.
V. Y tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.
Reflexión: ¡Esto es lo que busco!
Han pasado tres largos años desde que Francisco emprendió con seriedad su
camino de conversión junto a Jesús. Ciertamente Francisco, como buen
cristiano devoto, conocía los evangelios y escuchaba predicar sobre ellos
constantemente. Sin embargo, fue necesario abonar su vida durante un largo
tiempo: no le bastó un año, como en la parábola de la higuera (Lc 13, 6-9) sino
que tuvieron que pasar tres, hasta que Francisco empezó a vislumbrar con
mediana certeza lo que el Señor le estaba llamando a hacer. La respuesta
radical e inmediata con la que Francisco responde al Señor se complementa
con el discernimiento sereno y obediente que ha hecho durante tres largos
años… durante toda su vida. En todo caso, sabemos que este no es, ni de lejos,
el “puerto final” de Francisco; en la identidad carismática franciscana no se
puede hablar nunca de un “hasta aquí” sino más bien, en palabras del
Pobrecillo: “Comencemos, hermanos, poco es lo que hemos adelantado” (VbF
103)
Signo: el Evangelio.
- En nuestro sencillo altar entronizamos el Evangelio. Esto lo podemos hacer
en un sencillo gesto, o bien cantando (o recitando) la canción Francisco,
Evangelio vivo de Cesareo Gabaraín.
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Día Noveno
La vida, aunque se construye, es ya plena y realizada en la medida en que se
viva en intensa y gozosa plenitud. Llegar a decir “esto es” como el punto final
de llegada no hace parte del verdadero espíritu evangélico, sino la alegre
certeza de que cada día con el Señor es plenamente un nuevo comienzo y
una total realización. Meditemos hoy la dimensión evangélica de nuestra vida.
Oración inicial
Omnipotente, Altísimo y Buen Señor, que otorgaste a nuestro Padre san
Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la misericordia;
concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y
entregarnos a ti con amor jubiloso de modo que vivamos en tu Iglesia como
pide la vocación a la que hemos sido convocados. Siendo humildes y
amables; comprensivos sobrellevándonos mutuamente con amor;
esforzándonos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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seguir con paso firme el camino de la santa pobreza y la bienaventurada
simplicidad.
Como ardía en un extraordinario fervor en el amor de Dios y deseaba
con todas sus fuerzas el progreso de sus hijos, un día se dirigió a un lugar de
oración, como hacía muy a menudo. Ahí, mientras por largo tiempo
perseveraba en la sagrada compunción del espíritu y volvía a reflexionar con
amargura en su alma sobre las cosas malas que había cometido, una dulzura
indecible y una alegría que hasta entonces jamás había experimentado
comenzó a inundar por todos lados la sequedad de su corazón, a inflamar sus
frialdades y a iluminar sus oscuridades. Y así, saliendo de sí mismo, fue
arrebatado por encima de sí y totalmente absorto en una luz. Después de
haber recibido, sin ninguna duda, la remisión de todas sus culpas, abierta su
mente, logró ver con claridad lo que iba a suceder. De esto, sólo contó
algunos puntos necesarios a los frailes, diciendo: “Así como me lo ha revelado
el Señor, hermanos e hijos, Dios nos hará crecer en una inmensa multitud, y
nos propagará de diversas formas hasta los confines del orbe. Vi una gran
muchedumbre (cf. Ap 7,9) de personas llegando hasta nosotros, que, viviendo
con nosotros según el hábito de la santa conducta, recorrerán junto a
nosotros el camino que hemos emprendido. Vi que una inmensa multitud de
casi todas las naciones (cf. Hch 2, 5) confluía en estas regiones y aún resuena
en mis oídos (cf. Cant 2,14) el rumor de ellos. Llegan franceses, se apresuran
españoles, corren alemanes e ingleses, y se apresuran naciones de otras
diversas lenguas. Los frailes, habiendo oído, se colmaron de santo gozo, ya sea
por la gracia que el Señor había concedido a su santo, ya sea por la sed muy
ardiente que sentían de ganar a sus prójimos, para que todos juntos se
salvaran (cf. Hch 2, 47).
V. Y tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.
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Signo: la Regla.
- De la Regla de los Hermanos Menores, tomaremos su frase inicial “¡En el
nombre del Señor! Comienza la vida de los Hermanos”. Esta frase la
escribimos y colocamos en nuestro altar (o bien podemos pensar en una
forma más elaborada de decorarla) y la repetimos todos juntos, animándonos
con esta y otras palabras:
Hermanos: al finalizar la novena de San Francisco no finaliza de ningún modo
nuestra contemplación con Francisco de nuestro señor Jesús: al repetir todos
junto en voz alta estas palabras de la Regla, declaramos que este y todos los
días que vivimos en Su Nombre, comienza nuevamente nuestra vida como
hermanos de todos: este es nuestro compromiso y nuestra misión.
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Gozos
/VEN, VEN, VEN FRANCISCO VEN,
EL MUNDO TE LLAMA QUIERE PAZ Y BIEN/
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Oración Final
Oración a San Francisco de Asís del Papa Juan Pablo II
Oh San Francisco,
que recibiste los estigmas en La Verna,
el mundo tiene nostalgia de ti
como icono de Jesús crucificado.
Tiene necesidad de tu corazón
abierto a Dios y al hombre,
de tus pies descalzos y heridos,
y de tus manos traspasadas e implorantes.
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