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ll.
Una historia impensable:
la revolucién haitiana como un no-evento*
Michel Rolph Trouillot
La chica se puso en pie y me interrumpié. «Seftor Trouillot, todos los
libros que nos ha recomendado son de escritores blancos. ;Qué saben
ellos de la esclavitud? ;Dénde estaban cuando nosotros desembarcé-
bamos, cuando escogiamos la muerte para escapar de la miseria y
matdbamos a nuestros propios hijos para ahorrarles una vida de vio-
laciones?».
Yo me asusté y ella se equivocaba. Los libros que les haba reco
mendado no eran séto de escritores blancos y ella nunca habia llega-
do a tierra en un barco negrero. La vi tan enfadada que no supe qué
responder. ;Cémo habria podido hacerla entrar en razén? Yo estaba
haciendo el doctorado y aquel curso que daba era para mt un alto en
el camino, una manera de pagar mi cuota de culpabilidad en una uni
versidad blanca como ta nieve. Por su parte, aquel curso era para
ella un descanso mental antes de iniciar la carrera de medicina —0
de derecho— en Harvard o en cualquier otra instirucion de blancos.
Hubiese debido imaginarlo: el nombre del curso, «La experien
cia negra en el continente americano», atrajo a los pocos estudiantes
negros que habia por allf (y a algunos blancos valientes), y todos es-
peraban de mé mucho mas de lo que podia ofrecerles. Querian una
vida que ningtin relato puede dar, ni siquiera la mejor ficcién. Que-
rian una vida que solamente ellos podian desarrollar aqui y ahora, en
Estados Unidos, pero habia algo que ignoraban: estaban demasiado
Ba Silencing the Past, Power an the Production of History, M-R. Tosllot, Boston,
eavon Press, 1995, pp. 70-107. Traducida del inglés original de Manvel Talens362__ tien de eons
implicados en la historia. A pesar de todo, podfa ver en sus ojos que
algo de mis clases les Negaba, Queria que supieran que la esclavitud
no sélo ocurrié en Georgia y Mississippi. Queria que se enterasen de
que el vinculo africano era mas complicado y tortuoso de lo que
crefan, de que el monopolio estadounidense de la negritud y del racis-
‘mo formaba parte de una trama mucho mayor. ¥ aquella chica habla
roto el hechizo en su andadura hacia Harvard. Los dos éramos nova-
tos, los dos peledbamos con la historia que habfamos escogido y con-
tra un olvido que nos habfan impuesto.
Diez anos después, en otra universidad menos prestigiosa y de
suefios mds modestos, otra joven negra de la misma edad, pero mucho
‘més timida, me interrumpié de nuevo por sorpresa. «Estoy harta de
todo ese rollo de la esclavitud. ;Por qué no nos habla de los millona-
rios negros?», dijo. ;Hablan cambiado las cosas en tan poco tiempo
0 aquella actitud tan distinta ante la esclavitud era el reflejo de una
diferencia de clase?
Me acordé de la primera muchacha, la que se aferraba al barco
negrero, Comprendi mejor por qué queria desembarcar, aunque slo
fuese wna vez, en su camino hacia Harvard. Guardiana del futuro de
una raza esclavizada cuyos hombres jévenes no vivian lo bastante
para construirse un pasado, necesitaba esta historia de resistencia,
Nietzsche se habla equivocado: no era éste un equipaje superfluo sino
necesario para seguir adelante, y, :quién era yo para decir que no es
‘mejor un pasado que unos cuantos millonarios falsos 0 una medalla
al mérito militar y las paredes agrietadas de un palacio decrépito?
Quien pudiera barajar los afios y juntar a aquellas dos chicas en
la misma clase, Habriamos compartido historias que todavia no estén
en las hemerotecas. Habriamos lefdo el relato de Ntozake Shange so-
bre una nifia negra que sohaba con Toussaint Louverture y la revolu-
cién que el mundo olvidd. Luego habriamos regresado a los diarios
de los hacendados, a la econometria de la historia y a su industria de
datos estadisticos, y ninguno de nosotros habria tenido miedo a las
cifras. Los hechos reales, por muy duros que sean, no son mas espan-
tosos que la oscuridad. Uno puede soportarlos si estd con amigos.
Sélo asustan cuando los leemos a solas.
Todos necesitamos historias que ningtin libro de historia puede
contar, pero no estén en las aulas y menos atin en una clase de histo
ria, Estén en las lecciones que aprendemos en casa, en la poesia y losUna historia impensable 853
Juegos infantiles, en lo que queda de la historia cuando cerramos los
libros de historia con sus hechos comprobables. De no ser ast, {por
qué una mujer negra, nacida y criada en el pats mds rico de finales
del siglo xx, deberia tener mds miedo de hablar de la esclavitud que
un hacendado blanco del Santo Domingo colonial dias antes de que los
esclavos rebeldes lamaran a su puerta?
Esta es una historia para estadounidenses negros jévenes que
todavia tienen miedo de la oscuridad. Aunque no estén solos, puede
ensefiarles por qué ellos creen que sf lo estan
La quimera impensable
En 1790, pocos meses antes de Ia insurreccisn que agité Santo Do-
rmingo y provocé el nacimiento revolucionario del Haiti independien-
(c, el colono francés La Barre le escribié una carta a su mujer, que vi-
via en la metrépoli, en la que le aseguraba que la vida en el tr6pico
seguia siendo apacible: «Nuestros negros no se mueven ... Ni siquiera
Jo piensan, Son muy tranquilos y obedientes. Es imposible que se re-
belen». ¥ de nuevo: «No tenemos nada que temer de los negros; son
tranquilos y obedientes». Y més adelante: «Los negros son muy obe-
dientes y siempre lo seran, Dormimos con las puertas y las ventanas
de par en par. La libertad para los negros es una quimera>.!
Roger Dorsinville, el historiador que cita esta carta, afiade que
‘unos meses después la insurreccién de esclavos mas importante de la
historia habia reducido a la nada aquellas ideas abstractas sobre Ia obe-
diencia de los negros. Yo no estoy tan seguro. Cuando la realidad no
coincide con el deseo, los seres humanos la interpretan para que lo
haga, se las arreglan para reprimir lo impensable y poder verbalizarlo
con palabras tranquilizadoras.
La opinién de La Barre no era minoritaria, como muestran las,
palabras de este capataz. que tranquilizaba constantemente a sus patro-
nos de manera casi idéntica: «Vivo placidamente entre ellos sin que se
me pase por la cabeza que se puedan rebelar, a menos que sean blan-
1, Citado por Roger Dorsiaville en Toussaint Loiverture ou La vocation de la Liber:
t¢, Jlliard, Paris, 1965394 tical conceit
cs quienes los inciten.»* A veces alguien no las tenia todas consigo,
pero las precauciones que tomaban los hacendados se limitaban a con-
tuolar acciones individuales o, en el peor de los casos, un motin repen-
tino, Nadie en Santo Domingo ni en otto lugar preparé un plan para
hhacer frente a una insurreccién generalizada,
La cosmovisién esclavista que subyug6 a los aficanos y asus des-
ccendientes no consideraba que la libertad de éstos fuese algo posible ni
mucho menos que pudiesen idearse estrategias para alcanzarla, pues més
‘que en pruebas empiticas se basaba en una organizacién ontol6gica
inamovible de] mundo y sus habitantes. Aunque esa cosmovisi6n no era
de ningtin modo monolitica, la mayoria de los europeos y americanos
blancos y muchos hacendados que no lo eran la compartian, Entte las
posibles variaciones que permitfa no estaba la posibilidad de un alza-
miento revolucionario en las plantaciones de esclavos y ain menos que
éste tuviese éxito y condujese a la creacién de un Estado independiente
Por eso, la Revolucién haitiana entr6 en la historia con la insolita
ccaracterfstica de ser inimaginable aun cuando estuviera sucediendo,
Los debates, as publicaciones oficiales de la época y la enorme canti-
dad de gacetillas sobre Santo Domingo que se editaron en Francia de
1790 a 1804 muestran la incapacidad de la mayoria de los contempo-
réncos para comprender aquella revolucién tal como era” Lefan las
noticias desde la perspectiva de unas categorias preestablecidas, que
‘eran incompatibles con la idea de una revolucién de esclavos.
Elcontexto discursivo en el que se discutian las noticias que le~
gaban de Santo Domingo tiene importantes consecuencias para la his-
toriografia de Santo Domingo/Hait. Si algunos acontecimientos son
inaceptables incluso cuando estén ocurriendo, ,cémo van a poder va~
lorarse después? Dicho de otra manera, jes posible que los relatos
hist6ricos incluyan escenas narrativamente inimaginables? ;Cémo se
scribe una historia de lo imposible?
No se trata de una cuestion ideol6gica. Los enfoques ideol6gicos
son ahora mas habituales en Haiti (con interpretaciones épicas franca-
2._Citado por Tacques Cauna en Au temps des isles & suere, Karthala, Pats, 1987,
208
3. La mayorta de estos panfletos, includes los que s ctan aqu, se encuentran en kt
serie LkI2 de la Bibliotheque Nationale de Paris El gobierno francés reprodujo ottos
(por ejemplo, Asamblea National Francesa, Pitcesimprimées par ordre de Assemblée
Nationale, Colones, laprimerie Nationale, Paris, 1791-1792,
&Una historia impensable 85S
mente politicas de la revolucisn por parte de algunos autores haitianos)
que entre los profesionales de Europa o América del Norte, los cuales,
‘manejan las pruebas de forma rigurosa, Los eruditos internacionales,
que investigan la Revolucién haitiana han venido haciendo un uso rigu-
roso de las pruebas desde los afios cuarenta. Se trata, més bien, de un
tema epistemolégico y, por lo tanto, metodolégico en el mas amplio
sentido de la palabra. Pero si dejamos de lado el rigor de las pruebas,
hasta qué punto la historiografia modema de la Revolucién haitiana
—que forma parte de un discurso continuado de esclavitud, raza y colo-
nizacién— se ha desvinculado del entorno filoséfico en el que surgis?
Una idea particular del hombre
Occidente nacié a principios del siglo xvr en una oleada mundial de
transformaciones materiales y simbélicas. La expulsién definitiva
de los musulmanes de Europa, los denominados viajes de exploracién,
los primeros balbuceos del colonialismo mercante y la mayoria de
edad del Estado absolutista sentaron las bases para que los gobernan-
tes y comerciantes del cristianismo occidental conquistaran Europa y
el resto del mundo. Este itinerario histérico fue politico, como lo de-
muestran los conocidos nombres que evoca —Colén, Magallanes,
Carlos V, los Habsburgo— y las decisivas efemérides que lo pusieron
en marcha, a saber, la reconquista de Castilla y Aragén, las leyes de
Burgos, la transmisin del poder papal de los Borgia a los Medicis.
Aquellos acontecimientos politicos corrieron parejos con Ia ins-
tauracién de un nuevo orden simbético. La invencién de América (con
Waldscemiller, Vespucio y Nitiez.de Balboa), la invencidn simulténea
de Europa, la divisién del Mediterraneo por una linea imaginaria que
iba del sur de Cédiz. al norte de Constantinopla, la occidentalizacién
del cristianismo y la invencién de un pasado grecorromano de la Euro-
pa Occidental formaron parte del proceso que convirtis a Europa en
Occidente* Eso que llamamos Renacimiento —que es mas un cons-
4. Michel-Rolph Trouillot,«Aniiropology and the Savage Slot The Poets and Po-
lies of Otherness», en Recapruring Anthropology: Working inthe Present, Richard G
For (ed), Sehool of American Research Press, Santa Pe, 1991, pp. 17-84.
&396 oticas de eons
tructo que un volver a nacer— plantes una serie de preguntas filoséti-
cas a las que politicos, tedlogos, artistas y soldados dieron respuestas
tanto abstractas como coneretas. {Qué es la belleza? {Qué es el orden?
{Qué es el Estado? Pero también, y sobre todo, ,qué es el Hombre?
Los filésofos que reflexionaron sobre esta tiltima cuestién no pu-
dieron abstraerse de 1a colonizacién que estaba en marcha en aquel
momento, Hombres (europeos) estaban conquistando, asesinando, do-
minando y esclavizando a otros seres que algunos también considera-
‘ban humanos. En 1550-1551 la disputa en Valladolid entre Bartolomé
de Las Casas y Juan Ginés de Sepiilveda sobre la naturaleza y el des-
tino de los indios fue s6lo un ejemplo de este tropiezo ininterrumpido
centre lo simbélico y lo practico. De ahi surgi 1a ambigtiedad inicial
de Las Casas, que crefa tanto en la colonizacién como en la humani-
dad de los indios y no logrs conciliar ambas cosas. Pero a pesar de
Las Casas y de otros, el Renacimiento no resolvié la cuestién de la
naturaleza ontol6gica de los pueblos conquistados, no podia hacerlo,
Como es bien sabido, el mismisimo Las Casas propuso una malay
ambigua componenda que lamentaria después: la libertad para los sal-
vajes (los indios), la esclavitud para los bérbaros (los afticanos). La
colonizacién gané la partida,
EI siglo xvn fue testigo de Ia cada vez mayor implicacién de In-
glaterra, Francia y los Paises Bajos en América y en el comercio de es-
"*
No se debe echar en cara a autores muertos desde hace tantos
afios que utilizasen las palabras de su tiempo o que no compartiesen
las opiniones ideolégicas que ahora damos por supuestas. Como no
deseo que se me acuse de corteccisn politica, dejaré claro que no es-
toy sugiriendo que los hombres y las mujeres del siglo xvutt hubiesen
debido pensar en la igualdad fundamental de los seres humanos como
lo hacemos hoy. Al contrario, lo que quiero demostrar es que no po-
«fan hacerlo, Pero también estoy sacando conclusiones del conoc
rmiento de esta imposibilidad hist6rica, La Revolucién haitiana desafié
las certezas ontolégicas y politicas de los autores més radicales de la
Hustracién. Los acontecimientos que agitaron Santo Domingo desde
1791 hasta 1804 fueron algo para lo que ni siquiera la extrema iz-
quierda politica en Francia 0 en Inglaterra tenia un marco conceptual
de referencia, Se trataba de hechos «impensables» en el pensamiento
occidental
Pierre Bourdieu define lo impensable como aquello para lo que
uuno carece de instrumento eapaz. de conceptualizarlo, Eseribe: «En lo
impensable de una época esta todo lo que uno no puede pensar por
{alta de inclinacién ética o politica que predisponga a tenerlo en cuen-
{a 0 en consideracién, pero también que no puede pensar por falta de
instrumentos mentales, a saber, probleméticas, conceptos, métodos,
17. Serge Daget, «Le mot exclave, nbgre et noir, p. 519.
18, Yves Benot, Dideror, p. 316, Enlasis abadido,
&364 tics de conceit
‘técnicas.» Lo inimaginable es lo que no puede concebirse entre las
posibles alternativas, lo que pervierte (odas las respuestas porque de-
safia los términos bajo los que se formularon las preguntas. En este
sentido, la Revolucién haitiana era impensable en su tiempo: desafis
‘el marco conceptual en el que sus defensores y sus adversarios habjan
pensado la raza, el colonialismo y la esclavitud en el continente ame-
Preludio a las noticias: el fracaso de las categorfas,
Entre las primeras remesas de esclavos de principios del siglo xvr y la
insurreccién de 1791 en el norte de Santo Domingo, la mayoria de los
observadores occidentales habfan tratado las manifestaciones de resis-
tencia y desafio por parte de los esclavos con la caracteristica ambiva-
lencia que otorgaban a la colonizacién y a la esclavitud, Por una parte,
la resistencia y el desafio no existian, ya que reconocerlas hubiese
significado reconocer la humanidad del esclavizado.” Por la otra,
dado que habfa resistencia, se le hacia frente con severidad, tanto en
las plantaciones como en el entorno de éstas. Por lo tanto, junto al
discurso que afirmaba la satisfaccién de los esclavos, se dictaron le-
‘yes, consejos y medidas, tanto legales como ilegales, para vencer una
resistencia en teorfa inexistente
Las publicaciones de y para los hacendados, asf como los diatios
y la correspondencia de las plantaciones, mezclaban a menudo ambas
actitudes. Los hacendados y los capataces estaban tan inmersos en el
19, Pierre Bourdieu, Le Sens pratique, Minuit, Pats, 1980, p.14.Loinimaginable se
aplies al mundo de eada da y alas eiencias sociales, Vease Le Sens pratique, pp. 90,
184, 224, 272,
20.” Enel vocabulasio de aquel tiempo no exisfaningtn témino, ni en inglés ni en
francés, que deserbiese las précticas 0 que englobase una nocién general de la resis-
tencia. Aguf ulizo resistencia con el vago matiz que sueleapareceractualmente en la
literatura’ En oto trabajo me he ceupado de la necesara distincion entre resistencia y
desafio y el concepto de resistencia. Michel-Rolph Troullet, «In the Shadow of the
‘West Power, Resistance and Creolization inthe Caribbean, confereneia inaugural en
‘el Congreso «dorm out to Resstaneen, Afto-Carsisshe Culturen, Center for Ca-
ribbean and Latin American Studies, Risksuniversteit Utrecht, Patses Bajos, 26 de
marzo de 1992,
&Una historia impensable 86S
faa dfa que no podian negar del todo la resistencia, pero banalizaban
todas sus manifestaciones para negarla. La resistencia no existia como
fenémeno generalizado, sino més bien como desafios individuales que
se resolvian por separado para vaciarlos de su contenido politico. El
esclavo A se escapé porque lo maltraté su amo. El esclavo B desapa-
recié porque no le daban bien de comer. La esclava X se suicids por
una rabieta, El esclavo ¥ envenend a su ama porque estaba celosa, En
este tipo de documentos —que todavia tienen seguidores— el fugitivo
emerge como un animal inducido por impulsos biolégicos o, en el
mejor de los casos, como un ejemplar patolégico. El esclavo insurrec-
to es un negro inadaptado, un adolescente rebelde que se revuelca en
el fango hasta su muerte, una madre infanticida, un perverso. Si se le
reconocen pecados humanos es sélo como prueba de una patologia
En retrospectiva, este argumento no puede convencer a quien
sea consciente del espectro infinito de las reacciones humanas ante
Jas formas de dominacién, Es una caricatura de individualismo meto-
dolégico. Si cada una de las explicaciones fuese cierta, la suma de
todas ellas no aclararia las causas y los efectos de la repeticién de ta-
Ies casos
Lo cierto es que este argumento no convencfa ni a los hacenda-
dos. Se atenfan a él porque era lo tinico que les permitfa eludir el
cardeter generalizado de la situacién, para ellos inconcebible. Todo
sistema de dominacién se basa en la presuncidn de normalidad. El re-
conocimiento de la resistencia como un fenémeno generalizado habria
reconocido la posibilidad de que algo iba mal en aquel sistema. Los
hacendados caribefios, al igual que sus homélogos de Brasil y Estados,
Unidos, rechazaron esa concesién ideol6gica y sus argumentos en de-
fensa de la esclavitud fueron la piedra angular sobre la que se desarro-
16 el racismo cientifico.
Pero conforme fue pasando el tiempo, las sucesivas rebeliones y,
sobre todo, 1a consolidacién en Jamaica y en las Guayanas de grandes,
asentamientos de fugitivos con los que los gobiernos coloniales tuvie-
ron que negociar, socavaron poco a poco tanto Ia imagen de sumisién
como la del argumento de desadaptacién patolégica que la comple-
mentaba. Por mucho que algunos observadores quisieran ver en las,
fugas un signo de la fuerza que la naturaleza ejercia sobre el esclavo
animal, la posibilidad de la resistencia generalizada empez6 a penetrar
en el discurso occidental
&366 tics del eons
Esa penetracién se desarrollé con mucha cautela: en 1771 Louis-
Sébastien Mercier anuncié la Hegada de un vengador del Nuevo Mun-
do, pero lo hizo en una novela ut6pica futurista’' cuyo objetivo era
advertir a los europeos de las desgracias que les aguardaban si segufan
por el mismo camino, Igualmente, cuando Raynal-Diderot menciona-
ron la figura de un Espartaco negro no fue, como algunos pretenden,
Ia prediccién de un Louverture libertador.* En las paginas de L’Histoire
des deux Indes donde aparece, la amenaza de un Espartaco negro es
s6lo una advertencia y no se refiere a Santo Domingo, sino a Jamaica
y ala Guayana, donde «hay dos asentamientos de negros fugitives
Esos destellos de relmpago anuncian el trueno y los negros s6lo nece-
sitan un jefe valeroso que los conduzca a la venganza y a la carniceria,
{Donde esté ese gran hombre que 1a naturaleza le debe a la especie
humana? {Dénde esté ese nuevo Espartaco?...»."
En esta versi6n del célebre pasaje, modificada en ediciones suce-
sivas de L’Histoire des deux Indes, la postura més radical hace refe-
rencia a una tinica especie humana, pero al igual que en Las Casas, que
en Buffon o que en la izquicrda de la Asamblea Nacional francesa, las
conclusiones pricticas de lo que parece una filosofia revolucionaria
son ambiguas. En Diderot-Raynal, como en las pocas veces que apa-
rece por escrito, el riesgo de una rebelién de esclavos no pasaba de ser
una figura ret6rica. La posibilidad concreta de tal rebelin y de que
ésta desembocase en una revolucién y en un Estado negro moderno,
cera todavia inimaginable.
Pero la fascinacién politica que despertaba era escasa, Para em-
ppezar, los interlocutores de Diderot no eran las masas esclavizadas ni
los Espartaco que hubiesen podido surgir en un futuro incierto. Dide-
21, La naturaleza ha creado por fina este hombre extraordinario, iamortl, que
‘debe liberat al mundo de la més ator, larga e insultante tran, El ha roo las eadenas
de sus eompatriotas, Eran muchos los eslavos oprimidos bajo la mas odons esclavi-
td que parceian ala espera de su sefal para crear un héroe as. Este heroico vengador
hha demostrado que tarde o temprano la crueldad serécastigada y que la Provideacia
guarda en su seno almas fuerte como la suya, alas que libera sobre Ia erra par
{ablecer el equilibrio que la iniquida ée la erez ambicin sabia mo desta, Met-
cer, L’An 2440, xen, en Bonnet, Diderot, p. 331)
22," No esté demostrado —y es algo aeno a la euestiGn— que Louverure hubiera
leido a Raynal en 1791 y estuviese convencido de s futuro papel en la historia,
25, En Benol, Diderot, p. 218 Duchel, Anthropologie ef histoire, p. 175. Enfasis
adie,
&