50% encontró este documento útil (2 votos)
541 vistas45 páginas

Introducción A La Psicología Forense (E. Esbec)

Este documento introduce la psicología forense como una ciencia auxiliar del derecho. Explica que la psicología y el derecho comparten el estudio de la conducta humana, aunque con objetivos diferentes. También describe tres aspectos fundamentales de la relación entre psicología y derecho: la psicología del derecho, la psicología en el derecho y la psicología para el derecho. Finalmente, discute brevemente las definiciones de psicología legal, psicología judicial y psicología forense.

Cargado por

Carlos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
50% encontró este documento útil (2 votos)
541 vistas45 páginas

Introducción A La Psicología Forense (E. Esbec)

Este documento introduce la psicología forense como una ciencia auxiliar del derecho. Explica que la psicología y el derecho comparten el estudio de la conducta humana, aunque con objetivos diferentes. También describe tres aspectos fundamentales de la relación entre psicología y derecho: la psicología del derecho, la psicología en el derecho y la psicología para el derecho. Finalmente, discute brevemente las definiciones de psicología legal, psicología judicial y psicología forense.

Cargado por

Carlos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 45

Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 45

INTRODUCCION A LA PSICOLOGIA FORENSE

Enrique Esbec Rodríguez


Médico forense de los Juzgados de Madrid

1. INTERACCIÓN ENTRE PSICOLOGÍA Y DERECHO. LA PSICOLOGIA FORENSE


COMO CIENCIA AUXILIAR DEL DERECHO

Las relaciones entre psicología y derecho son cada vez más estrechas y fructíferas. El
Derecho y la Psicología son disciplinas que comparten un mismo objeto de estudio, la conducta
humana, aunque sus objetivos son diferentes. Mientras el derecho busca regular la conducta
humana, la psicología por su parte, se preocupa de su explicación. La modificación de la conducta
desviada compete a ambas disciplinas, y de hecho, el derecho penal y penitenciario ha aplicado los
principios del conductismo desde tiempo inmemorial.
A través del tiempo, algunos autores han considerado a la psicología como fundamento de
la Ley positiva y de sus aplicaciones concretas, teniendo un papel fundamental tanto en su
formulación racional, como en la aplicación y evaluación de sus resultados. De este modo las
relaciones entre psicología y ley son nítidas y han pasado por diferentes estados y grados de
aproximación según el desarrollo interno de cada una de ellas.
Los acercamientos entre ambas disciplinas se han centrado en la necesidad de contar con los
descubrimientos de la psicología en la obtención de evidencias judiciales, en la valoración de la
prueba, sentencia y veredicto; la calificación científica del psicólogo para emitir evaluaciones
forenses, y la influencia de los conocimientos psicológicos sobre el cambio legal.
A la hora de sistematizar las relaciones entre Psicología y derecho hay que destacar tres
aspectos fundamentales. En los textos sobre la materia, es citado con frecuencia el profesor Muñóz
Sabaté que diferenció una Psicología del derecho, que explica la esencia jurídica; la Psicología en
el derecho, que se refiere al hecho de que las leyes están impregnadas de comportamientos
psicológicos y la Psicología para el derecho, que supondría la intervención del experto asesorando
al juez.
PSICOLOGIA LEGAL. En primer lugar, la Ley está inundada de conceptos psicológicos
(acto, conducta, aptitud, voluntad, comprensión, capacidad, vulnerabilidad, etc.) y psicopatológicos
(anomalía o alteración psíquica, enfermedad mental, trastorno psíquico, enfermedades o
deficiencias psíquicas, etc.). Las leyes requieren evitar la ambigüedad y la vaguedad, estar
adecuadamente incorporadas al resto del ordenamiento jurídico forjando un sistema en el cual el
todo es más que la suma de las partes, ser psicológica y socialmente eficaces y por supuesto,
satisfacer los valores fundamentales del derecho. El espíritu de la Ley, consiste prioritariamente en
defender los derechos humanos dentro de una creciente globalización y multiculturalidad, así como
mantener el orden social mediante normas de conducta. En consecuencia, la psicología debe inspirar
constantemente al legislador.
El gran jurista Jiménez de Asúa aceptó que la psicología profunda (psicoanalisis, psicología
individual) puede proporcionar bases científicas a las doctrinas penales y técnicas penitenciarias
demostrando que el castigo debe reemplazarse por la resocializacion del delincuente mediante
métodos educativos (Psicoanálisis Criminal, 1943).
Ciertamente el legislador necesita a la psicología como ciencia auxiliar. El sistema
legislativo, abarcando un cuerpo normas y procedimientos reglados, esta diseñado para gobernar,
para regular y para controlar la conducta. Como disciplina o profesión científica de los procesos
mentales que investiga y aplica los principios del comportamiento humano, la psicología tiene
mucho a contribuir al desarrollo normativo.
46 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

PSICOLOGIA JUDICIAL. En segundo lugar, el Juez que interpreta la norma y la aplica


valorando la voluntad y conducta humanas, hace uso de su sentido común y una sana crítica
poniendo en funcionamiento mecanismos psicológicos heurísticos inductivos, deductivos,
atribucionales y decisorios, teorías implícitas, estereotipos, expectativas, inferencias y un sin fin de
procesos mentales. El psicólogo y catedrático de derecho penal, José Luis Díez Ripollés (1990) ha
afirmado que en la actualidad estamos presenciando una profundización en el análisis psicológico
individual al abogarse desde diferentes tendencias por la necesidad de atender a aspectos
habitualmente descuidados como la afectividad, las alteraciones motivacionales y sobre todo, los
procesos de socializaciòn, sin quedarse, como venía siendo frecuente en las perturbaciones más
directamente vinculadas al intelecto y la voluntad.1 Las mismas consideraciones cabe efectuar sobre
otras ramas del derecho, pero muy especialmente en el campo del derecho de familia, del menor, de
la capacidad y medidas de protección de la persona
PSICOLOGIA FORENSE. Y en tercer lugar, la Administración de Justicia necesita el
concurso de expertos psicólogos para esclarecer las acciones del hombre y aportar soluciones
válidas a los problemas psico-sociales que le son planteados.
Pero, parafraseando a Stone, ¿tiene la psicología forense alguna verdad para aportar que el
derecho deba escuchar?
Responder al estatus de la psicología forense como ciencia no es tarea fácil. La unidad y la
solidez de una ciencia han de reflejarse necesariamente en la teoría y la praxis, en la aportación de
una metodología propia, en la investigación y la enseñanza. La psicología forense es una ciencia.
Sin embargo en psicología podemos diferenciar una vertiente científico-natural y otra
comprensivo-existencial. Esta última, precisamente es la que más motiva al humanista, al
profesional de la salud, pero interesa menos al jurista. Si la psicología forense se ha abierto camino
en la escena judicial es por su desarrollo progresivo hacia posiciones empírico-substancialistas. Esto
no significa que no concedamos al psicoanálisis, por ejemplo, la genialidad de revolucionar la
sociedad de su tiempo desarrollando la primera teoría comprensiva de la personalidad y su utilidad
terapéutica, sino que los tribunales de justicia hoy exigen datos objetivos, marcadores rigurosos y
no tanto disquisiciones o elucubraciones filosóficas.
La psicología forense es apasionante porque nos enfrenta al hombre como es en realidad
(SER) y no como deseamos que sea (DEBER SER). Como dijo el filósofo y pensador británico
Isaiah Berlín (1974) Todo aquel que se interese por los seres humanos, está comprometido a
considerar sus motivos, propósitos y decisiones, las experiencias específicamente humanas que le
pertenecen y no solo lo que les sucede como simples cuerpos animados y sentientes. Ignorar el
papel que tienen los factores que no son humanos; ignorar el hecho de que los hombres con
frecuencia no entienden correctamente ni su propia conducta individual o las fuentes en que ésta se
origina y parar de buscar causas que expliquen lo que sucedió y como sucedió, sería infantil u
obscurantista, de una manera absurda.

2. MAPA DE LA PSICOLOGIA FORENSE

Continúa el debate sobre la definición de psicología forense porque existe una definición
extensa y una definición delimitada de esta ciencia y porque sus límites y contenidos se confunden
con los de psicología legal, psicología jurídica, psicología judicial, psiquiatría legal y forense.
Ampliamente entendida, la psicología forense es descrita sencillamente como cualquier
intersección entre el sistema legal y la psicología científica2. De una forma más restringida es
definida como el ejercicio de la psicología en contextos judiciales3
La interrelación entre Psicología y Derecho ha sido denominada de múltiples maneras. Una
visión general y extensa de esta intersección, comúnmente llamada entre nosotros psicología
jurídica y en otros países psicología legal, se encuentra en diversos teóricos de la psicología social

1 Díez Ripollés JL (1990). Los Elementos sujetivos del delito. Bases metodológicas. Tirant Lo Blanch.
2 Wrightsman, L. S. (2001). Forensic psychology. Belmont, CA: Wadsworth.
3 Melton, G. B; Huss, M. T; Tomkins, A. J. (1999). Training in forensic psychology and the law. In A. K.
Hess & I. B. Weiner (Eds.), Handbook of forensic psychology (2nd ed., pp. 700-720). New York: Wiley.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 47

y especialmente en Muñoz Sabaté (Psicología del derecho; Psicología en el derecho; Psicología


para el derecho)
La Psicología Jurídica nace con una incuestionable ambición, inspirar al legislador
(psicología legislativa o legal), formar al juez y a otros juristas (psicología judicial), asesorarles y
ayudarles en la resolución de ciertos asuntos que plantean problemática de orden psicológico
(psicología forense). Es decir que en este amplio sentido, la psicología jurídica circunscribe tanto a
la psicología forense propiamente dicha como a la psicología legal y judicial.
La Psicología legal es la aplicación de los conocimientos y métodos psicológicos en el
proceso legislativo. La psicología puede auxiliar al legislador en la predicción de las consecuencias
de las reformas legislativas y su adecuación social desde el punto de vista científico.
Sin embargo, para algunos autores, especialmente franceses y canadienses, psicología legal
(psychologie légale) es una disciplina que analiza cualquier relación amplia entre psicología y
derecho, que pertenece a la teoría y a la práctica (L’expertise psychologique), y que implica un
campo de estudio interdisciplinario.
Por el contrario, para Bartol y Bartol (2004)4, y alternativamente a otras disciplinas
(psicología policial, psicología criminal y psicología penitenciaria), psicología legal es una rama de
la psicología forense que se ocupa de la evaluación de los menores, custodia y derecho de visitas,
valoración del abuso infantil, selección y asesoramiento de jurados, valoración de la capacidad para
ser juzgado y evaluaciones psicológicas diversas ante el derecho civil
La Psicología judicial hace alusión a la organización y ejercicio de la administración de
justicia. Pretendería asesorar a los letrados de las partes así como al fiscal tanto en el planteamiento
de estrategias durante el pleito como en la elocuencia de sus alegatos durante la vista oral, así como
orientar a los jueces, magistrados o jurados en el proceso de valoración de la prueba y toma de
decisiones plasmadas en la sentencia o en el veredicto.
En efecto, como dice Munné (1997)5 también los actos procesales están saturados de
contenidos psicológicos. Irnerius de la escuela de Bologna dejó una frase célebre sobre las tres
cualidades esenciales del jurista: boca o pluma de oro, enciclopedia jurídica y correcta
interpretación del espíritu de la Ley (Bulgaris os aureum, Martinus copia legum, mens legum est
Ugo, Jacobus id quod ego). En este sentido, la intervención psicológica puede ser altamente
relevante, por ejemplo, en los procesos de valoración y toma de decisión del juez relativo a la
prueba y la sentencia, modo de asunción de roles, rasgos de personalidad, aptitudes específicas de
los peritos, abogados, fiscal, juez y jurados (Muñoz Sabaté, Bayés y Munné, 1980, p. 29)6.
Además de las evidencias presentadas en el juicio, existen diversos factores que ayudan a
establecer el veredicto de un jurado popular tales como el número de miembros, las reglas
decisorias, el patrón de comunicación, la elocuencia de los participantes, la presión mediática y las
características del imputado (género, atractivo, raza, nivel socio-económico y comportamiento tanto
en el momento del crimen como en el momento de la vista).
Para Adela Garzón (1986), el psicólogo judicial está centrado fundamentalmente en
proporcionar instrumentación teórica y técnica a las autoridades judiciales y a la institución
política del poder judicial en un intento de mejorar la administración de justicia… y la psicología
judicial surge del desarrollo de la psicología social en su aplicación al contexto de los sistemas de
justicia.
Aunque la Psicología de los Jueces y del Jurado que analiza los procesos decisorios, las
diversas interacciones y los efectos que derivan de la sentencia o veredicto ha dado lugar a bastantes
investigaciones tanto en España como en Estados Unidos, en verdad, lo que se ha hecho hasta ahora
a nivel práctico es fundamentalmente psicología forense propiamente dicha.
Si bien Mira y López definió la psicología jurídica como la psicología aplicada al mejor
ejercicio del derecho7, desde un punto de vista más restringido y realista puede decirse que este
enfoque, en la práctica, coincide bastante con lo que tradicionalmente suele denominarse psicología

4 Bartol, C; Bartol, A. (2004). Introduction to Forensic Psychology. Thousand Oaks, CA: Sage Publications
ISBN 0761926062
5 Munné, F (1997). El problema interdisciplinario en la psicología jurídica. Revista Española de Psiquiatría
forense Psicología forense y Criminología, 2, 23- 30.
6 Muñoz Sabate, L; Bayes, R Munne, F (1980) . Introducción a la psicología jurídica. México: Trillas.
7 Miray López, E. (1980). Manual de psicología Jurídica. Buenos Aires, Argentina.: Ateneo
48 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

forense8 (Sobral y Prieto, 1994). Esta visión restrictiva es la que ofrece la Sociedad Americana de
Psicología y Ley, división 41 de la American Psychological Association (APA) y que
indiscutiblemente concuerda con la realidad social. Se refiere al psicólogo forense como aquel
profesional que desempeña la psicología en diversas áreas (psicología clínica, counseling, neuro-
psicologia, psicología educativa) y que habitualmente es un experto que informa ante el sistema
judicial.
En efecto, el término latino forense ((De Forum, Plaza donde se trataban en Roma los
negocios públicos y donde el pretor celebraba los juicios; sitio en que los tribunales oyen y
determinan las causas; Curia, y cuanto concierne al ejercicio de la abogacía y a la práctica de los
tribunales), por convenio y tradición, hace más alusión a la práctica pericial (pericia, declaración de
conocimientos científicos, artísticos o prácticos), al informe de cualquier experto en ciencia o arte
ante los tribunales de justicia.
En el mismo sentido, la resolución de 10 de junio de 1991 indica que el psicólogo forense
es el trabajador que con título universitario superior en psicología o especialidad en esta materia,
bajo la dependencia funcional del órgano al que está adscrito, desempeña funciones de
asesoramiento técnico en los Tribunales, Juzgados, Fiscalías y órganos técnicos en materia de su
disciplina profesional Su actuación se refiere a la exploración, evaluación y diagnóstico de las
relaciones y pautas de interacción, aspectos de la personalidad, inteligencia, aptitudes, actitudes y
otros aspectos de esta especialidad de las personas implicadas en los procesos judiciales de quien
se solicite el correspondiente informe psicológico por los respectivos responsables de los órganos
citados, así como la colaboración con los restantes miembros de los equipos técnicos para el
desarrollo de las citadas funciones.
Nosotros, en la misma línea, entendemos que la psicología forense propiamente dicha, es
una rama especializada de la psicología, a la que concierne la aplicación al derecho de los métodos
y conocimientos de la psicología científica, con el propósito de aportar información o evidencias en
contextos judiciales, facilitando y humanizando las decisiones de los jueces y tribunales de justicia
en todos los ordenes jurisdiccionales. Más concretamente se ocupa de la evaluación, asesoramiento
y asistencia a los distintos actores jurídicos que intervienen en los procesos judiciales.
¿Quiénes son tales actores jurídicos? El concepto de actor en psicología social y por
supuesto en ciencias forenses es reciente, y deriva de la orientación del interaccionismo simbólico9,
un behaviorismo social, una teoría de la comunicación centrada en la interacción social simbólica.
Los conceptos de actor, jugador, reglas del juego, fuera de juego, teatro judicial, integran una
teoría lúdica del derecho (Ost y Van de Kerchove, 1990) en la que la costumbre de los actores, la
elocuencia de los protagonistas, la presencia de público, el efecto simbólico de los castigos ocupan
un papel preponderante en la administración de justicia. Actores jurídicos son la víctima (Rigaux,
1990), el delincuente, la policía y el ministerio público (Bosly, 1990), los jueces (Ost y Van de
Kerchove, 1990) e incluso el legislador (Landreville, 1990).
La Academia Americana de Psicología Forense, (American Academy of Forensic
Psychology, AAFP)) constituye el instrumento de formación y entrenamiento del American Board
of Forensic Psychology (ABFP), y entiende que la práctica la psicología forense incluye:

ƒ La evaluación psicológica de la persona y su testimonio en asuntos criminales: capacidad


procesal, responsabilidad criminal, violencia doméstica, drogodependencias, y anomalías
sexuales.
ƒ La evaluación en asuntos civiles: daños corporales, custodia de menores, discriminación de
empleo, incapacitación y tutela, negligencia profesional.
ƒ Evaluación y tratamiento de individuos con un alto riesgo de comportamiento agresivo en la
comunidad, en el lugar de trabajo, en centros de tratamiento e instalaciones penitenciarias.

8 Sobral, J; Prieto, A. (1994). Psicología y ley. Un examen de las decisiones judiciales. Madrid: Eudema.
9 La corriente del interaccionismo Simbólico (IS) es diseñada en 1938 por Herbert Blumer y parte de la
importancia de la comunicación en el desarrollo de la sociedad, la personalidad y la cultura. Es una corriente
que se siyua entre la psicología social y la sociología fenomenológica. George Herbert Mead (1934), con su
propuesta de conductismo socialy su conceptualización del “sí mismo”, por un lado, y Erving Goffman
(1959), con su modelo dramatúrgico para el análisis de la interacción, por el otro, son los dos autores más
representativos del IS.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 49

ƒ La evaluación e investigación psicológicas, de asuntos que afectan al proceso legal, tal


como el testimonio del testigo presencial, la selección del jurado, testimonio de los niños,
etc.
ƒ Servicio especializado del tratamiento a los individuos implicados con el sistema legislativo
ƒ Asesoramiento legislativo sobre cuestiones de orden público con implicaciones psicológicas
ƒ Asesoramiento.
ƒ Mediación en conflictos.
ƒ La enseñanza, el entrenamiento y la supervisión de estudiantes graduados.

En el mismo sentido, nosotros diferenciamos una psicología forense procesal civil,


psicología forense criminológica, psicología forense procesal penal, psicología forense
penitenciaria, psicología forense del menor, psicología forense procesal socio-laboral, psicología
forense procesal contencioso-administrativa, psicología forense militar, psicología forense procesal
canónica y una psicología forense asistencial. Así quedaría perfilado el mapa actual de la psicología
forense.

ƒ Psicología forense procesal civil: aplicación del conocimiento y método psicológico al


análisis de las relaciones familiares; evaluación la capacidad de obrar de la persona o testar,
idoneidad para ostentar la patria potestad, guardia, custodia, tutela de menores, tutela o
curatela de discapacitados; planificación de visitas, estancias y comunicaciones con los
menores hijos de padres separados; vicios de consentimiento; cambio de sexo;
internamientos involuntarios; malpraxis y cualquier problema psicológico que sea objeto de
prueba ante el derecho civil.
ƒ Psicología forense criminológica: aplicación de la teoría e investigación psicológica a la
comprensión y explicación del comportamiento criminal, (motivaciones, personalidad y
psicopatología del delincuente, profiling criminal, autopsia psicológica).
ƒ Psicología forense procesal penal: aplicación del conocimiento y método psicológico a
todas aquellas cuestiones psicológicas que el proceso penal pueda plantear: análisis y
valoración psicológica de la capacidad para ser juzgado; valoración de la base
psicopatológica de la imputabilidad, medidas de seguridad alternativas e individualización
de la pena; evaluación del riesgo (peligrosidad); victimología forense penal (lesiones y
secuelas psíquicas en victimas de delitos violentos, y contra la libertad sexual); evaluación
de la credibilidad del testimonio en adultos y menores; proceso de selección de los jurados,
etc.
ƒ Psicología forense penitenciaria. Las funciones que desempeña el psicólogo de
instituciones penitenciarias se detallan en el artículo 282/81 del Reglamento penitenciario:
a) Estudiar la personalidad de los internos desde la perspectiva de la ciencia de la psicología
y conforme a sus métodos, calificando y evaluando sus rasgos temperamentales,
caracteriales, aptitudes, actitudes y sistema dinámico-motivacional y, en general, todos los
sectores y rasgos de la personalidad, que juzgen de interés para la interpretación y
comprensión de ser y actuar del observado. b) Definir la aplicación y corrección de los
métodos psicológicos más adecuados para el estudio de cada interno. Interpretar y valorar
las pruebas psicométricas y proyecticas, realizando la valoración conjunta de éstas con los
demás datos psicológicos, correspondiéndole la redacción del informe psicológico final,
que se integrará en la propuesta de clasificación o en el programa de tratamiento.
ƒ Psicología forense procesal del menor, que analiza y valora las causas de la delincuencia
juvenil así como las medidas educativas aplicables según la Ley 5/2000.
ƒ Psicología forense procesal socio-laboral cuyos objetivos fundamentales consistirían en el
análisis psicológico de los conflictos laborales, evaluación de incapacidades permanentes
por razón de trastorno mental, (accidentes laborales, enfermedad común y profesional),
victimología laboral (moobing), negligencia en prevención de riesgos laborales y todas
aquellas cuestiones psicológicas que sean objeto de prueba en el proceso socio-laboral.
ƒ Psicología forense procesal contencioso-administrativa, que analizaría la problemática
psicológica de la persona frente a la Administración del Estado, Autonómica y Local:
responsabilidad patrimonial, problemas psicopatológicos relacionados con permisos de
50 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

armas o de conducción de vehículos a motor, aptitud para desempeñar cargos oficiales,


evaluación de incapacidades laborales de funcionarios públicos, minusvalías y todas
aquellas cuestiones psicológicas que el proceso contencioso administrativo pueda plantear.
ƒ Psicología forense militar. Los psicólogos adscritos al ejército e instituciones policiales
desempeñan sus labores dentro de la selección de personal, formación general y/o
específica, estudios de clima social y laboral y análisis de puestos de trabajo. En relación a
las Fuerzas Armadas, los psicólogos se han integrado recientemente dentro del cuerpo de
Sanidad Militar con lo que sus funciones, además de las descritas en el caso anterior para
los cuerpos policiales, se suman las que se realizan en los Departamentos de Psiquiatría en
Hospitales Militares, así como en los Tribunales Psiquiátricos Militares.
ƒ Psicología forense procesal canónica que estudia especialmente los vicios de
consentimiento matrimonial, algunos impedimentos dirimentes y todas aquellas cuestiones
psicológicas que el proceso canónico pueda plantear.
ƒ Psicología forense asistencial (mediación, intervención en crisis, ayuda, consejo y
orientación a las víctimas). En la Mediación (penal, civil, laboral) el psicólogo forense tiene
como misión la preparación de un contexto adecuado para que las partes puedan
comunicarse, diseñar el proceso de arbitraje y ofertar a las partes herramientas que les
permitan manejar el conflicto. En la intervención victimológica su objetivo es la atención,
tratamiento y seguimiento de víctimas, el estudio, planificación y prevención de grupos de
riesgo, así como de campañas divulgativas a la población general.

La Psicología forense experimental (psicología social de la ley) debe diferenciarse de la


psicología forense propiamente dicha ya que constituye una rama de la psicología básica y social, y
se encuentra inmersa en la psicología académica. Se ha interesado especialmente por el estudio de
los procesos cognitivos puestos en funcionamiento en la reconstrucción de los hechos,
identificación, reconocimiento, reconstrucción de sucesos (registro y recuperación de información);
análisis de factores sociales y demográficos de jueces y jurados; psicología del proceso judicial así
como de la percepción social de la administración de justicia (evaluación, confianza y satisfacción
que los ciudadanos tienen de la justicia).
La Psicología básica y social, utiliza la simulación, antepone el experimento controlado y
sus conclusiones tienen elevada validez científica pero escasa validez ecológica. Por el contrario, el
psicólogo forense, es un clínico y realiza investigaciones de campo con menor control
metodológico, pero dentro de la realidad.
Al psicólogo forense le compete establecer el nexo de unión, la ligazón, entre la psicología
y el derecho, para lo cual necesita formación jurídica básica (legislación, doctrina, jurisprudencia) y
amplia experiencia en psicología clínica (evaluación, psicopatología, neuro-psicología, psicología
del desarrollo y terapia), además de la específica del puesto de trabajo.
El Colegio Oficial de Psicólogos español (COP) ha establecido el perfil general de esta
profesión (Perfiles del psicólogo, 1988) como área de trabajo e investigación psicológica
especializada cuyo objeto es el estudio del comportamiento de los actores jurídicos en el ámbito del
derecho, la ley y la justicia, señalando que esta especialización está reconocida por las asociaciones
y organizaciones de nivel nacional e internacional de psicología jurídica y / o forense.
Para el reconocimiento de la especialidad en psicología forense cara al listado de peritos
designados que anualmente se envía a los decanatos, el Colegio Oficial de Psicólogos exige
encontrarse en posesión del título de licenciado, estar colegiado y siguiendo criterios no
excluyentes: 1) Haber realizado cursos reconocidos por el COP en instituciones públicas o privadas
acreditadas, universidades u otros centros oficiales; 2) Acreditar la realización de prácticas en
psicología jurídica supervisadas por organizaciones o personas reconocidas para ello; 3) Acreditar
experiencia profesional en el área, acreditación que debe efectuarse mediante diplomas o
certificados expedidos por las entidades formativas, certificados de prácticas o certificados de las
entidades donde se ha desarrollado la experiencia profesional.
Los psicólogos forenses oficiales prestan sus servicios en los diferentes órganos
jurisdiccionales, fiscalías, prisiones, institutos de medicina legal, clínicas médico-forenses y
oficinas de ayuda a las víctimas.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 51

Para desempeñar el trabajo especializado el psicólogo (oficial) necesita superar un proceso


de selección que convocan las diferentes comunidades autónomas que tiene transferidos los medios
personales al servicio de la administración de justicia o si se trata del ejercicio privado de la
profesión, cursar alguna de las maestrías de post-grado que ofertan diversas universidades, colegios
de psicólogos e instituciones privadas.

3. LÍMITES Y CONTROVERSIAS DE LA PSICOLOGIA JURÍDICA Y FORENSE

Es difícil establecer los límites del territorio de la psicología forense, disciplina en clara
expansión ya que se confunden con los de la medicina legal y especialmente con la psiquiatría
forense. Aquí resulta estéril entrar en polémicas con otros profesionales dado que en la práctica,
quienes marcan este territorio de trabajo son los propios jueces y tribunales de Justicia. Hace años el
psicólogo era un auxiliar del médico forense o psiquiatra. Hoy, la experiencia diaria avala una
amplísima función independiente del psicólogo en todos los campos de trabajo y todas las
jurisdicciones.
En algunos asuntos, la psicología ha conseguido monopolizar la misión pericial, por
ejemplo los análisis sobre la credibilidad de las manifestaciones en menores víctimas de abusos
sexuales, los asuntos de familia, o de menores infractores de la ley. En otros muchos, comparte
campo con otras disciplinas científicas.
Según Grisso (1993) en su trabajo the differences between forensic psychiatry and forensic
psychology10, son muy superiores las concordancias sobre las diferencias entre psicología y
psiquiatría forenses. Sin embargo, existen matices de interés:

1) La psiquiatría, como un brazo de la medicina tiene el propósito de diagnosticar, tratar y


prevenir las enfermedades (trastornos) mentales, mientras que la psicología clínica, desde la
psicología general, se desarrolla con la misión de comprender el comportamiento humano
en general, lo que le permite acercarse más a las exigencias jurídicas.
2) El psiquiatra forense está más capacitado o habituado para el diagnostico de trastornos
mentales graves mientras que el psicólogo lo está en la descripción de la persona
(personalidad, habilidades individuales, motivaciones, contexto interpersonal, roles,...).
3) Respecto al método, el psicólogo, por lo general, está más preparado que el psiquiatra
para utilizar datos diagnósticos cuantitativos así como efectuar experimentos controlados
sobre el tema.
4) La psiquiatría forense, especialmente norteamericana está actualmente muy preocupada
por las cuestiones éticas, especialmente el consentimiento informado de terapias agresivas,
el secreto profesional, los estrictos requisitos a seguir en situaciones hospitalarias de
aislamiento e inmovilización y por las restricciones y condicionantes de la experimentación
psico-farmacológica en humanos. El psiquiatra forense se convierte con frecuencia en
árbitro de hechos denunciados.

Según Diez Ripollés11, La psiquiatría construye mayoritariamente sus cuadros nosológicos


sobre un sustrato lo más biológico posible, en ocasiones estrictamente patológico, lo que hace que
ofrezca explicaciones de la realidad psíquica poco integradas, es decir, carentes de una visión global
de la personalidad, y en cualquier caso con muy limitadas referencias a los comportamientos conside-
rados normales. Por el contrario, la psicología, sin excluir la orientación patológica, pretende con
frecuencia describir comportamientos normales y, desde luego, procede con una actitud más
mentalista e integradora de toda la personalidad. Ello le puede permitir acercarse más a las necesi-
dades jurídicas.

10 Grisso, T (1993). The differences between forensic psychiatry and forensic psychology. Bulletin of the
American Academy of Psychiatry and the Law, 21, 133-153.
11 Diez Ripollés JL (1990)."Los elemento subjetivos del delito. Bases metodológicas".Tirant lo Blanch.
52 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

En la práctica, psicólogos y psiquiatras forenses comparten una metodología muy similar.


Borum & Grisso12 (1996) han recogido la opinión de una muestra de 43 psiquiatras y 53 psicólogos
forenses especializados en evaluaciones criminales, con el fin fundamental de desarrollar estándares
para los profesionales forenses, desarrollo curricular de post-grado e identificar criterios de calidad
para las evaluaciones e informes forenses.
En general existe consenso entre los profesionales consultados, de tal forma que para la
mayoría de los expertos de ambos grupos resulta esencial o recomendable en la evaluación forense
la historia clínica, antecedentes psiquiátricos, estado mental actual, observación en otro contexto,
información policial, información sobre consumo de drogas e historia médica. Discrepan
moderadamente en la importancia que otorgan a los tests mentales, tanto en la evaluación de la
capacidad para ser juzgado como en la valoración de la imputabilidad penal, considerándolos más
importantes los psicólogos que los psiquiatras forenses y en ningún caso contraproducentes
Curiosamente, para Grisso, la mayor concordancia entre ambas disciplinas consiste en la
actual erosión de su credibilidad ante los tribunales de justicia lo que obliga a un esfuerzo común de
superación en calidad científica y objetividad. Tal desprestigio es debido a los errores científicos
(ver “algunos casos horribles” en Wakefield & Underwager13), las discrepancias valorativas y la
estéril confrontación entre expertos con diferentes titulaciones.
De todas formas, y aún utilizando la metodología más contrastada, por lo general el perito
debe explicar al Tribunal que sus conclusiones no poseen carácter de infalibilidad y su grado de
certeza es limitado, señalando como científicamente probado lo que se puede demostrar y solo
como especulativo lo que depende de la impresión subjetiva del profesional.
Normalmente, el psicólogo carece de la prueba de certeza absoluta, y tan solo puede
alcanzar el grado de certeza relativo o convicción científicamente razonable que suele ser suficiente
para la administración de justicia. Según Gisbert (1991), la prueba relativa capaz de atraer la
convicción del perito se posee cuando se dan las siguientes circunstancias: 1) Un haz de argumentos
convergentes; 2) Refutación convincente de las objeciones y críticas de la parte contraria y 3)
Ausencia de argumentos favorables a la parte contraria.
Las pruebas de salud mental son a menudo utilizadas de forma inapropiada, siendo mal
interpretadas y sobre-interpretadas en el ámbito pericial, hecho que daña notablemente a la persona
evaluada e interfiere en la causa de la justicia, generando a su vez una situación que va en
detrimento de los profesionales psiquiatras, psicólogos y las ciencias respectivas
Conviene aclarar que la práctica forense es significativamente diferente a otros tipos de
actuaciones. En clínica, el explorador / terapeuta puede generar hipótesis a verificar o refutar a lo
largo de su actuación y los resultados de la evaluación generan un plan de intervención que puede
ser modificado sobre la marcha. Además, las evaluaciones clínicas en general van -siempre- en
beneficio del examinado.
En la práctica forense por lo general no se dispone de mucho tiempo y aunque las
conclusiones extraídas por un experto forense pueden estar sujetas a la confrontación con un perito
adversario, un diagnóstico u otro juicio de valor, puede condicionar la vida de una persona y
cualquier resultado erróneo puede conducir a una severa injusticia. Efectivamente, los resultados de
la investigación y especialmente las conclusiones periciales en salud mental pueden afectar
gravemente al honor, la reputación e incluso a la propia imagen.
Por otra parte, el examen sobre la salud mental de una persona posee importantes cargas de
intromisión muy cuestionadas éticamente aunque acordes a la Ley.
Un punto a parte corresponde al problema de las discrepancias científicas ante los tribunales
de Justicia (peritaje contradictorio). Muchos son los elementos erróneos o discrepantes en el campo
de la salud mental que han generado confusión y en su virtud, sentencias dudosas. Por ejemplo en el
famoso caso español del “Juego del Rol” el periódico ABC lo expresaba así: "El Tribunal que
decidirá la responsabilidad de los acusados por el crimen del <<rol>> tendrá que considerar dos
criterios con respecto al análisis psicológico de Javier Rosado. )Está loco o no? Y otros periódicos

12 Borum, R.; Grisso, T (1996). Establishing standards for criminal forensic reports. Bulletin of the American
Academy of Psychiatry and the Law, 24, 297-317.
13 Underwagner, R; Wakefield H (1993). Misuse of Psychological Tests in Forensic Settings: Some Horrible
Examples. American Journal of Forensic Psychology, Vol. 11, No. 1.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 53

hacían alusión a la guerra "entre la vieja psiquiatría y la joven psicología científica...". La Sala
consideró que no solo por los resultados obtenidos por los tests llevados a cabo y las entrevistas,
sino una vez más el relato de los hechos realizado por el procesado así como por la inconsistencia
de los síntomas psicóticos, resulta admisible el que en el momento de la realización de los hechos,
el procesado Javier Rosado tuviera un trastorno de la personalidad psicopática...". De esta manera,
la Sala se decantó tras largos días de debate científico por la opinión de las psicólogas forenses y en
contra del criterio de los demás peritos: Javier Rosado es un psicópata con estructura de
personalidad sádica y no un psicótico o similar. Su conciencia de la realidad se encontraba
conservada el día de autos y se le considera, por tanto, plenamente imputable de su acto criminal.
Hemos de recordar en este punto el famoso Caso Hildegart (1934) y las conclusiones
discrepantes de los peritos psiquiatras de la acusación (Vallejo y Piga) y los de la defensa (Sacristán y
Prados) respecto a la paranoia de Aurora Rodríguez. El Heraldo de Madrid (1934; 24 de mayo)
advertía que los peritos se retiraron acaloradamente, enseñándose mutuamente textos y papeles y
accionando sobre si está loca ó no lo está. El público abraza al doctor Piga y al doctor Vallejo y les
felicita por la intervención, porque sin entrar en el fondo de la cuestión por nuestra parte, han
demostrado mayor habilidad y gracejo en las respuestas al fiscal, al defensor y sus compañeros. Ha
sido un verdadero matsch de boxeo científico en el que ha llevado la voz cantante como peso pesado,
aunque ágil, el ilustre psiquiatra D. Antonio Piga. No es de despreciar, ni mucho menos, la labor del
doctor Prados y de sus compañeros, debiendo destacarse las respuestas contundentes, categóricas y
frías del ilustre doctor Vallejo Nájera. El periódico La Tierra denunciaba: Los médicos al discutir
sobre el estado paranoico de la acusada no llegan a entenderse, formando un verdadero galimatías
con las expresiones “paranoico, paranoide y psicopático”, hasta el punto de dar la sensación de un
pugilato de intereses. Y el periódico La Voz añadía: Bien, )para que suben los peritos a estrados? Los
peritos suben a estrados para administrar justicia ó si se quiere de otra manera, para curar enfermos.
Por eso su requerimiento por la justicia es tan natural como la llamada del ciudadano a su médico de
cabecera. Siendo tan imprescindible la ayuda de los peritos )cabe que éstos en lugar de orientarla, la
amodorren con opuestas afirmaciones? No, no es posible subir a estrados con un si y un no. Es
preferible, en ciertas circunstancias confesar nuestra impotencia...se conserva el prestigio, cuando
menos>>.14
En tales casos, ¿como resuelve la Justicia el problema? No parece preocupar en exceso al
jurista la cuestión de las discrepancias científicas porque proclama que la ciencia es una opción,
pero no la única opción.
El Tribunal Supremo en innumerables sentencias ha dejado bien claro respecto a las
divergencias que el Tribunal puede decidir según su convicción, que no estando sometido al
dictamen de los peritos que valorará de acuerdo con su sana crítica. El Alto Tribuna (STS de 11 de
marzo de 1996) entiende que los informes de los facultativos constituyen un asesoramiento práctico
o científico prestado al tribunal y sometido en igual nivel de referencia probatoria a la consideración
del Órgano Jurisdiccional, el cual, en virtud de la Constitución española en la facultad que le otorga
puede libremente estimar o rechazar en función de su propia experiencia. En este sentido, cuando
hay discrepancias el Tribunal puede tener en cuenta la experiencia de cada perito, la profundidad de
su análisis científico y su capacidad de convicción, pero no la titulación genérica (por ejemplo
psiquiatra versus psicólogo o médico forense), ni recurrirá a prueba dirimente de peritos como viene
reiterando la doctrina del Tribunal Supremo desde la sentencia de 20 de enero de 1973.
Pero ¿Qué es la Sana Critica?. Ha sido definida de múltiples formas en nuestra
Jurisprudencia: LAS «MÁS ELEMENTALES DIRECTRICES DE LA LÓGICA HUMANA» Vide,
SS.T.S., Sala Primera, de 13 de febrero de 1990 (CD, 90C183), 10 de marzo de 1994 (CD,
94C144); 11 de octubre de 1994 (CD, 94C716); 3 de abril de 1995 (CD, 95C341); 26 de abril de
1995 (CD, 95C370); y 17 de mayo de 1995 (CD, 95C423), entre otras; LAS «NORMAS
RACIONALES» Vide, S.T.S., Sala Primera, de 3 de abril de 1987 (CD, 87C330); con el «sentido
común» Vide, SS.T.S., Sala Primera, de 21 de abril de 1988 (CD, 88C318) y 18 de mayo de 1990
(CD, 90C821); LAS « NORMAS DE LA LÓGICA ELEMENTAL O A LAS REGLAS
COMUNES DE LA EXPERIENCIA HUMANA » Vide, SS.T.S., Sala Primera, de 15 de octubre de

14 Ver a este respecto Álvarez y Huertas (1987). Criminales ó locos?. Cuadernos Galileo de Historia de la
Ciencia. CSIC. Madrid, 1987, n16.
54 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

1991 (CD, 91C938) y 8 de noviembre de 1996 (CD, 96C1894); EL «LOGOS DE LO


RAZONABLE» Vide, S.T.S., Sala Primera, de 13 de febrero de 1990 (CD, 90C183); con el
«criterio humano» Vide, S.T.S., Sala Primera, de 28 de julio de 1994 (CD, 94C07119); EL
«RAZONAMIENTO LÓGICO» Vide, SS.T.S., Sala Primera, de 18 de octubre de 1994 (CD,
94C10057) y 30 de diciembre de 1997 (CD, 97C2223); con la «lógica plena» Vide, S.T.S., Sala
Primera, de 8 de mayo de 1995 (CD, 95C373); EL «CRITERIO LÓGICO» Vide, SS.T.S., Sala
Primera, de 24 de noviembre de 1995 (CD, 95C917) y 30 de julio de 1999 (CD, 99C959);; EL «
RACIOCINIO HUMANO» Vide, SS.T.S., Sala Primera, de 10 de diciembre de 1990 (CD,
90C1257) -- que cita, a su vez, las SS.T.S. de 27 de febrero y 25 de abril de 1986; 9 de febrero de
1987; 23 y 30 de mayo de 1987 y 19 de octubre de 1987--; 29 de enero de 1991 (CD, 91C145) --con
cita de las SS.T.S. de 25 de abril de 19866; 24 de junio y 15 de julio de 1987; 26 de mayo de 1988;
28 de enero de 1989; 9 de abril de 1990--; 22 de febrero de 1992 (CD, 92C186); 30 de noviembre
de 1994 (CD, 94C11113); 28 de junio de 1995 (CD, 95C1347); 28 de junio de 1999 (CD, 99C557);
21 de enero de 2000 (CD, 00C5); 24 de octubre de 2000 (CD, 00C1793); y 4 de junio de 2001 (CD,
01C673), entre otras.
La explicación más clara es la que puede extraerse de la Sentencia de la AP Madrid sec. 10ª,
S 16-7-2009, nº 461/2009:

• 1- Atenta consideración a elementos tales como:


– La cualificación profesional o técnica de los peritos
– La magnitud cuantitativa, clase e importancia o dimensión cualitativa de los datos
recabados y observados por el perito; operaciones realizadas y medios técnicos
empleados;
– El detalle, exactitud, conexión y resolución de los argumentos que soporten la
exposición
– La solidez de las deducciones; sin que, en cambio, parezca conveniente fundar el
fallo exclusivamente en la atención aislada o exclusiva de sólo alguno de estos
datos.
• 2- Comprobación de si el perito ha observado estrictamente los límites del encargo, o si,
diversamente, ha incurrido en eventual exceso o defecto
• 3- Contrastando «si los hechos sobre los que el Perito aplica sus conocimientos técnicos,
coinciden o no con los hechos probados en el proceso, de modo que «...si el perito introduce
hechos nuevos en el proceso, o parte de hechos que pese a haber sido alegados por las
partes no han resultado acreditados a través de la prueba, el Juez podrá rechazar el dictamen
pericial fundado en tales hechos»
• 4- Revisión de los razonamientos lógicos y jurídicos eventualmente vertidos por el perito,
que exceden de su específico cometido
• 5- Examen de «... la propia coherencia interna del dictamen en lo que respecta a sus
aspectos técnicos», ya que «tanto en el dictamen como a través de las aclaraciones
solicitadas al dictamen, puede detectar el Juez contradicciones entre los varios
pronunciamientos técnicos del dictamen pericial que hagan sospechosa la corrección del
dictamen»
• 6- Si el Juez posee privadamente los conocimientos técnicos proporcionados por el Perito,
se encontrará en inmejorables condiciones para realizar una labor del dictamen pericial; y si
carece de tales conocimientos, puede procurárselos mediante la investigación privada en las
fuentes adecuadas tales como «libros y publicaciones técnicas»; y en tercer lugar --sistema
que no resulta de aplicación bajo el régimen de la LEC 1/2000 -- «cuando el Juez tenga
fundadas sospechas en torno a la exactitud de las máximas de experiencia técnicas
proporcionadas por el Perito, y no pueda resolverlas privadamente, siempre podrá acudir a
un nuevo dictamen pericial pericial que le permita superar su limitación individual»

En suma, hay que señalar que los informes periciales no gozan para el Tribunal Supremo de
la condición intrínseca de veracidad incontrovertible; su contenido no revela más que una opinión
científica o práctica posiblemente docta, absolutamente respetable, pero siempre sometida a la
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 55

apreciación valorativa del juzgador quien no está vinculado al dictamen ya que ello convertiría al
perito en juzgador y al juez en mero espectador.

4. EVOLUCIÓN HISTORICA DE LA PSICOLOGÍA JURIDICA Y FORENSE: ALGUNOS


ANTECEDENTES DOCTRINALES, LEGISLATIVOS Y CIENTÍFICOS

La historia, según la magistral definición del mejor abogado de todos los tiempos, Cicerón,
es maestra de la vida, vida de la memoria, testigo de los tiempos y luz de la verdad. Y es que la
historia, es vida y vida activa, o si se prefiere una radiografía de la vida activa de otros tiempos, y
viene a señalar el hilo conductor, que la cadena sin fin de la vida, no se interrumpe.
El interés por la psicología forense como tal disciplina es muy reciente. Durante el pasado
siglo se desarrolló, sobre todo en Estados Unidos, con múltiples estudios, al principio dispersos,
sobre diferentes materias y progresivamente forjando un cuerpo más sólido. Los primeros trabajos
según Ávila Espada (1983) fueron los diseños experimentales de Stern (1903; 1909), Jaffe (1903),
Goldefski (1904), Lipman (1906) y las reformas legales desde la investigación psicológica
defendidas por Münsterberg (1908), Altavilla (1925), Gorphe (1927), Leonhard (1934) y Terman
(1931).

4.1 Los inicios

El germen de la psicología forense como ciencia, especialmente en lo que a la psicología


criminológica se refiere se encuentra, sin duda, en la escuela positiva italiana con sus tres grandes
representantes: Cesare Lombroso, Enrico Ferri y Rafael Garófalo, también considerados los padres
de la criminología.
Lombroso nació en Verona, Italia, el 6 de noviembre de 1835 de origen judío y publicó sus
obras principales, El hombre delincuente (1876) y El crimen, causas y remedios (1899). Lombroso
era un alienista, explicó la criminalidad y realizó los primeros perfiles criminales.
Ferri nació en San Bernardo el 25 de febrero de 1856 y tradujo jurídicamente las teorías e
investigaciones de Lombroso. Defendió que el libre albedrío es una ficción, y que debe substituirse
la responsabilidad moral por una responsabilidad social (peligrosidad-medidas de seguridad). Sus
obras principales fueron Los nuevos horizontes del derecho y del procedimiento penal (1892) y la
Sociología criminal (1896).
Garófalo nació en Nápoles, Italia, en 1851. Fundamentó los conceptos de peligrosidad,
prevención especial y general en su obra fundamental, Criminología (1885).
Yo no me ocupo de cuestiones filosóficas y presupongo aceptada la doctrina del libre
albedrío, decía Carrara representante de la escuela clásica de criminología. Por el contrario, la
escuela positivista italiana influida poderosamente por el positivismo de Compte y el evolucionismo
de Spencer proclamó que el delito estaba determinado por factores antropológicos, físicos y
sociales. En su virtud debería substituirse el sistema punitivo por otro rehabilitador y la
fundamentación de la pena no en la culpabilidad sino en la protección social.
El nacimiento de la Psicología Jurídica y Judicial esta bien documentado y hay que
centrarlo en Europa, siendo sus padres sucesivos e indiscutibles el Austriaco Hans Gross, el italiano
Altavilla y el español Mira i López.
Hans Gross, jurista originario de Graz, revolucionó el derecho penal de su tiempo
defendiendo su orientación científica. En 1893 publicó su Manual para jueces instructores, un
compendio de consejos prácticos para la investigación judicial. En 1896, siendo juez en la
Audiencia Provincial de Graz, fundó el museo criminológico, con el objeto de formar estudiantes,
jueces instructores y agentes de la policía judicial. Influido por el pensamiento biologista y
determinista de su tiempo abogaba por una ciencia positiva del crimen en donde sobre el estudio
normativo, primase la evidencia científica.
En 1910 Gross publica su gran obra, Criminal Psychology a manual for judges,
practitioners, and students, traducida al ingles en 196015, en donde a parte de su interés por la

15 http://etext.lib.virginia.edu/toc/modeng/public/GroCrim.html
56 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

criminalística, manifiesta categóricamente que de todas las disciplinas necesarias a la justicia


criminal además del conocimiento de la ley, las más importantes son las derivadas de la psicología.
El autor, entre otras cuestiones, analiza los factores (procesos cognitivos y emocionales, factores
externos) que intervienen en el testimonio y su valoración, la fenomenología de los estados
mentales y los procesos intelectuales que se ponen en funcionamiento en la investigación criminal
(causalidad, inferencias, probabilidad, juicios, etc.).

FIG 1. Imagen del libro de Gross, Criminal Psychology

Enrico Altavilla publicó en 1925 su Psicología Judicial, en donde efectúa reflexiones


psicológicas sobre el derecho procesal y la prueba pericial y analiza los trastornos mentales,
emociones y pasiones relacionadas con el delito; las perturbaciones psíquicas y sus implicaciones
judiciales; simulación de enfermedades mentales; la interpretación psicológica del documento; el
reconocimiento e identificación de las personas y las cosas; el interrogatorio y confesión del
delincuente en donde describe métodos para obtener la verdad. Para Altavilla, la psicología jurídica
es una sistematización que combina el derecho con los conocimientos psicológicos.
Esta interacción fue planteada en España por el psiquiatra catalán Emilio Mira y López que
publicó en 1932 el Manual de Psicología Jurídica. Se trata de un texto dirigido –y expresamente
dedicado- al jurista con el fin de ilustrarle sobre un mejor enjuiciamiento de las causas judiciales y
es considerado unánimemente como el impulsor de la psicología jurídica y forense española.
En dicho manual (p 11), Mira y López define la Psicología Jurídica como la psicología
aplicada al mejor ejercicio del derecho. Su campo de acción abarcaría: <<... 1) La psicología del
testimonio; 2) La obtención de la evidencia delictiva (confesión); 3) La comprensión del delito, es
decir el descubrimiento de la motivación; 4) El informe forense acerca del mismo [se refiere sin
duda al informe psiquiátrico o médico forense, el único que operaba en su tiempo]; 5) La reforma
moral del delincuente, en previsión de posibles nuevos delitos y 6 La higiene mental... >> 16
Howard Burtt publica en 1931 su Legal Psychology que no tuvo excesiva repercusión,
aunque también es citado como uno de los precursores de la disciplina.
El nacimiento de la Psicología Forense propiamente dicha no puede concretarse con tanta
exactitud, desarrollándose lentamente con trabajos dispersos, especialmente en EEUU y con
peritajes esporádicos ante los tribunales de justicia tanto en Europa como Norteamérica.

16 Mira i López, E (1932). Manual de Psicología Jurídica. Salvat. Madrid.


Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 57

Tabla 1. Hitos de la psicología jurídica y forense

1893—Primer experimento en psicología del testimonio dirigido por J. McKeen Cattell de la Universidad de
Columbia.
1896----Schrenk-Notzine en München informó sobre errores del sugestionabilidad y de memoria en un juicio
por asesinato por lo que es considerado por algunos el primer psicólogo forense
1903—Louis William Stern en establece una relación periódica entre psicología del testimonio y derecho
(Betrage zur Psychollogie der Aussage).
1908—Hugo Münsterberg considerado el padre de la psicologia forense, publica On the Witness Stand
considerado el primer libro o tratado de psicología forense. ,
1911—J. Varendonck perita en Bélgica ante un tribunal, en un asunto de abuso sexual
1917—William Marston desarrolla el moderno polígrafo.
1917—Louis Terman es el primer psicólogo Americano que utiliza un test para selección de personal
1921—Primer peritaje psicológico en EEUU (State v. Drive, 1921).
1922—Karl Marbe psicólogo de la Universidad de Wurzburg, Germany, es el primero en peritar un caso civil.
1931—Howard Burtt publica Legal psychology, el primer textbook en psicología forense
1961—Hans Toch publica, Legal and Criminal Psychology
1964—Hans J. Eysenck formula la primera teoría comprensiva del comportamiento criminal en su libro Crime
and Personality.
1968—Martin Reiser es el primer psicólogo-policía en EEUU (Los Ángeles) defendiendo la profesión de
psicología policial.
1978—The American Board of Forensic Psychology inicia la diplomatura y certificación en Psicología
Forense.
1991—La American Academy of Forensic Psychology y la American Psychology Law Society, publican The
Specialty Guidelines for Forensic Psychologists.
2001—American Psychological Associationreconoce como especialidad la Psicología Forense.

Las primeras referencias que hemos encontrado sobre la práctica pericial en psicología
forense son las siguientes: En 1896, Von Schrenk-Notzine en München informó sobre errores del
sugestionabilidad y de memoria en un juicio por asesinato por lo que es considerado por algunos el
primer psicólogo forense. En 1911 J. Varendonk (Bélgica), peritó un caso de abuso sexual y en el
mismo año K. Marbe (Alemania), fue el primer psicólogo que dio su opinión en un proceso civil17.
A partir de 1950 en EEUU va generalizándose progresivamente la intervención del
psicólogo como perito en los procedimientos judiciales mientras que en España habrá que esperar
hasta bien entrada la década de los 80 para ver a un psicólogo peritando en la escena de un juzgado
o tribunal.

4.2. Antecedentes legislativos remotos

Aunque la psicología jurídica y forense no se desarrolla como disciplina independiente


hasta bien entrado el siglo XX, y a nivel práctico hasta la década de 1970-1980 en EEUU y 1980-90
en España, no podemos olvidar multitud de antecedentes legales, procesales, científicos, que han
sembrado el camino para muchísimas actuaciones del psicólogo experto en la actualidad, aunque,
eso si, muchos de ellos aún ligados a la medicina legal y psiquiatría, ya que entonces no estaba
desarrollada todavía la psicología científica como disciplina autónoma.
Los antecedentes legislativos y doctrinales remotos de la psicología jurídica y forense los
encontramos en el Código de Hammurabi (2392 AC) sobre la reparación del daño, la practica de la
judicatura, la prueba y el falso testimonio.
Si un señor acusa a (otro) señor y presenta contra él denuncia de homicidio, pero no la
puede probar, su acusador será castigado con la muerte.
Si un señor imputa a (otro) señor prácticas de brujería, pero no las puede probar, el
acusado de brujería irá al río (y) deberá arrojarse al río. Si el río (logra) arrastrarlo, su acusador
le arrebatará su hacienda. (Pero) si este señor ha sido purificado por el río saliendo (de él) sano y

17 Gulotta, G (2000) La storia della psicologia giuridica http://www.psicologiagiuridica.com PSICOLOGIA


& GIUSTIZIA La Rivista Italiana On Line di Psicologia Giuridica Anno 1 Numero 1 Gennaio-Maggio.
58 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

salvo, el que le imputó de maniobras de brujería será castigado con la muerte (y) el que se arrojó
al río arrebatará la hacienda de su acusador.
Si un señor aparece en un proceso para (presentar) un falso testimonio y no puede probar
la palabra que ha dicho, si el proceso es un proceso capital tal señor será castigado con la muerte.
Si se presenta para testimoniar (en falso, en un proceso) de grano o plata, sufrirá en su
totalidad la pena de este proceso.
Si un juez ha juzgado una causa, pronunciado sentencia (y) depositado el documento
sellado, si, a continuación, cambia su decisión, se le probará que el juez cambió la sentencia que
había dictado y pagará hasta doce veces la cuantía de lo que motivó la causa. Además,
públicamente, se le hará levantar de su asiento de justicia (y) no volverá más.
La Ley del Talmud, contiene amplias referencias a la valoración del daño, bajo los títulos
hebraicos de Nezikim y Rhalabah. El Tratado de NEZIKIN de Babilonia, comprende cinco
apartados dedicados al daño: a.- El daño propiamente dicho (nezek) y la evolución. b.- El dolor
(Tsaar). c.- La curación (Rippoui) establece la obligación de reparar por parte del responsable el
daño y sus consecuencias laborales. d.- El desempleo (Chevet). e.- La humillación (Bochet)
correspondería al daño psíquico (Sociedad española de daño corporal)
En China, hacia el año 1.100 a 1.200 a. de C., aparece el S´Yuan, redactada por el juez Sang
T´Zu, donde se estudian las lesiones y las actuaciones de los médicos ante los Tribunales de
Justicia.
En el derecho romano, hay referencias al daño, pero especialmente a la imputabilidad de los
locos, la voluntad y capacidad de las personas. En el Digesto (Pomponius Dig. XXVI, 26.7.61) se
afirma que se ha de tomar como impune lo que acontece por la locura de alguien (Impune autem
puto admittendum, quod per furorem alicuius accidit) y perfila el problema del libre albedrío, al
señalar que el loco carece de voluntad (furiosi nulla voluntas est). Pompeyo sintetizó
maravillosamente la teoría moderna del derecho penal al afirmar que en las conductas no se imputa
el resultado, sino la Intención.
Modestinus se refirió específicamente al delito de parricidio advirtiendo en Digesta,
XLVIII, 9 su impunidad en casos de trastorno mental (Sane si per furores aliquis parentem
occiderit, impunitus erit).
El problema de los intervalos lúcidos a la hora de hacer testamento y que llega a nuestra
legislación civil, ya era conocido entonces, pues Furiosus tempore intermissi furoris testamentum
facere potest; nam furor superveniens non pesimit actum prius perfectum (El loco puede hacer
testamento en un intervalo de lucidez, pues la locura sobrevenida no anula lo hecho anteriormente
con validez).
En la baja edad media, la persona con enfermedad mental, lejos de inspirar comprensión, es
considerada como poseída por el demonio (homo rabiosus aut demoniacus18), y tratada con rigor. El
Fuero Juzgo señalaba en el año 634 las penas reservadas para los hombres que facen mal por
encantamiento, pero también subrayaba la importancia de los aspectos psicológicos volitivos al
afirmar en el título V que quien mata otro homme sin su grado (sin querer) no conociendo e
ninguna malquerencia non avie contra el, non debe prender muerte.
En ordenamientos y fueros municipales españoles (Fuero de Sepúlveda, Fuero de Escalona,
Fuero Viejo de Castilla, Ordenamiento de Alcalá, Ordenanzas de Madrid, Fuero del Rey San
Fernando) hay referencias a la salud mental de los delincuentes, llamándoles por el nombre de
entonces, locos. El Rey Sabio, en Las Siete Partidas, advierte que el homme que es fuera de su seso
non face ningun fecho enderezadamente et por ende non se puede obligar porque no sabe ni
entiende por ello.
En 1422, el Papa Martín V crea el tribunal de La Rota en donde ya era efectiva la pericia
oficial de salud mental en cuestiones de derecho canónico. Previamente, un dominico español
natural de Gerona, con gran formación jurídica, Nicolau Eimerich (1320-1393) en su directorium
inquisitorum (directorio de la Inquisición publicado en 1376 en Aviñon), sistematizó los
conocimientos científicos para el enjuiciamiento del Tribunal Eclesiástico por excelencia. En su
obra, con una casuística sorprendente trata del interrogatorio judicial y se plantea el caso de que los

18 Edictus Rothari, año 643,, art 323.


Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 59

encartados simulen la locura pretendiendo parecer imbéciles o enajenados, produciendo risas e


incoherencias.
El momento crucial para las ciencias forenses en general es la promulgación por parte del
Emperador Carlos V y para todo el Imperio, de la Constitutio Criminalis Carolina (1532) que fijó
de modo definitivo para los territorios del Imperio una nueva legislación penal y una nueva idea de
Justicia que se superpuso a la tradicionalmente estilada. En este punto nació el forense, al exigirse el
auxilio de un perito como amicus curiae, designado de oficio en los casos de homicidio, envenena-
miento, aborto, o para determinar si el procesado estaba o no loco.

4.3. Psicología forense procesal penal: competencia para litigar e imputabilidad

En relación a la capacidad procesal, en 1556, el gran médico burgalés Francisco Vallés


publicó en Alcalá Controversiarum medicarum et philosophiacarum en donde según Codón y
López Sainz, aparte de describir los trastornos mentales hace consideraciones alusivas al
discernimiento en relación con el delito y el derecho de defensa. Nacido en Covarrubias en 1524
estudia en diversas ciudades europeas incluyendo Padua donde entró en contacto con Andrea
Vesalio, al cual sucederá posteriormente como médico personal de Felipe II, ejerciendo la mayor
parte de su arte en Alcalá, en cuya Universidad enseñará Medicina siendo conocido con el
sobrenombre de El Divino Vallés.
Ambrosio Paré (1510-1590) se ocupó de cuestiones neuro-psicológico- jurídicas en relación
con la edad, el sentido común y la incapacidad de los trastornos mentales.
El articulo 381 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal española de 1882 que llega hasta
nuestros días advierte que Si el Juez advirtiese en el procesado indicios de enajenación mental, le
someterá inmediatamente a la observación de los médicos forenses en el establecimiento en que
estuviese preso, o en otro público si fuere más a propósito o estuviese en libertad.
Los estándares legales para la evaluación previa al juicio de la capacidad los estableció el
Tribunal Supremo de los Estados Unidos en Dusky contra United States (1960). Durante todo el
proceso, el acusado debe tener capacidad suficiente para consultar con un abogado con un grado
razonable de entendimiento y de sensatez, así como una comprensión de los hechos por los que se
sigue un procedimiento contra él (ver capítulo 3).
La base de la conducta que interesa a efectos punitivos es la culpabilidad, juicio valorativo
que posee dos elementos integrantes: un elemento de hecho, de contenido antropológico, la
imputabilidad, y otro de derecho, de contenido filosófico-jurídico, la responsabilidad.
Es la Imputabilidad un concepto psicológico valorizado por el derecho (Díaz Palos, 1965).
De Leo (1985), distinguió una Imputabilidad en el plano epistemológico o psicológico-social y otra
en el plano legal. Otros penalistas diferencian los aspectos antropológico y jurídico de la Imp-
utabilidad (Muñoz Conde, 1988)19.
Si bien ya en 1268 Henry de Bracton, clérigo y jurista inglés, habló de la irresponsabilidad
de los locos, la primera vez que se tuvo en cuenta oficialmente la idea de la inimputabilidad de las
personas con trastorno mental en un tribunal anglosajón fue de 1724, al señalar éste que no existe
responsabilidad si el procesado – en el momento del hecho- no sabía lo que hacía.
Isaac Ray (1807-1881), uno de los fundadores de la APA, publicó en 1838 su Treatise on
the Medical Jurisprudence of Insanity, primer texto inglés de psiquiatría forense que influyó
notablemente en la evolución de la jurisprudencia anglosajona. El texto, aborda la enfermedad
mental en general; idiocia, imbecilidad y consecuencias legales de la deficiencia mental; patología y
síntomas de manía, manía Intelectual, manía moral y sus consecuencias legales; demencia y sus
consecuencias legales; delirium febril y sus consecuencias legales; intervalos lúcidos; locura
simulada; locura encubierta; suicidio y sus consecuencias legales; somnambulismo y sus
consecuencias legales; somnambulismo simulado; efecto de la locura en la evidencia; embriaguez y
sus consecuencias legales.
La primera prueba legal conocida para la locura se estableció en 1843, con ocasión del caso
de McNaughton. El inglés Daniel McNaughton mató a la secretaria del primer ministro británico,

19 Esbec, E.; Delgado, S. (1994). Imputabilidad: Concepto y perspectivas. La imputabilidad de los trastornos
mentales. En S. delgado (dir). Psiquiatría Legal y Forense. Volumen I. Capítulo 14. Ed. Colex. Madrid.
60 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

creyendo que el primer ministro conspiraba contra él. La corte le absolvió por causa de la locura
siendo internado en una institución mental para el resto de su vida. La regla de McNaughton era un
estándar que se aplicará por el jurado, después del testimonio médico, audiencia de otros expertos y
de la defensa. La regla creó una presunción iuris tantum de cordura, a menos que la defensa probara
que a la hora de cometer el acto, el acusado actuó bajo un defecto de la razón o enfermedad mental,
de tal magnitud como para no conocer la naturaleza y calidad del acto que hacía o desconocer que
lo que hacía era incorrecto.
Comprender la naturaleza de un acto requiere "simplemente" que el acusado comprenda las
consecuencias de su conducta. Por ejemplo, que apretar un gatillo hace que un arma cargada se
dispare. La gran dificultad que planteó la Regla M´Naughton, fue la que se refiere al conocimiento
de que "el acto está mal". En efecto, tras un hecho criminal perpetrado como respuesta a un delirio ó
a una alucinación, no es raro observar que el agresor trate de escapar ó de ocultar los indicios,...etc,
lo que sugiere claramente que sabe que "algo malo" hay en el hecho cometido. Sin embargo, sigue
siendo una conducta secundaria a una idea delirante.
En los textos relativos a este tema, se suele citar tradicional mente el siguiente ejemplo: Un
enfermo mental puede matar a una persona obedeciendo, de buena fe, la voz de Dios y, sin embargo
darse cuenta de que el resto de la sociedad cree que matar es censurable. Esta circunstancia, llevó al
Juez Cardozo a afirmar: "Si existe un delirio en el que Dios ha ordenado la comisión de un crimen,
no puede decirse que el ofensor sepa que el acto es malo...". La regla de McNaughton se convirtió
en el estándar para la locura en los Estados Unidos y el Reino Unido.
Monte Durham era un joven de 23 años que había estado en prisión e instituciones mentales
desde los 17 años. Fue condenado en 1953, y su abogado recurrió. El juez de apelación federal
eligió utilizar el caso para reformar la regla de McNaughton, indicando que ésta se basada en un
concepto enteramente obsoleto y engañoso de la naturaleza de la locura. La regla de Durham
muchísimo más extensa proclamaba que el acusado no es criminalmente responsable si su acto
ilegal es el producto de una enfermedad o defecto mental.
La regla de Durham fue rechazada por las cortes federales, porque implicaba un cajón de
sastre demasiado amplio a la hora de administrar ciertas eximentes y atenuantes.
En 1972, el American Law Institute, desarrolló una nueva regla para la locura como parte
del Model Penal Code. Esta regla dice que un procesado no es responsable de la conducta criminal
cuando, como resultado de la enfermedad o del defecto mental, no tiene capacidad substancial para
apreciar la ilicitud de su conducta o para adecuar su conducta a los requisitos de la ley.
En Francia, fue el código de Instrucción criminal de 1808, el código de Napoleón, el que
determinó oficialmente la diferente consideración del enfermo mental ante la ley. El artículo 64
señalaba que no hay crimen ni delito si el procesado estaba en un estado de demencia en el
momento de la acción o si estaba movido por una fuerza irresistible.
En España hemos seguido la siguiente evolución: El Código Penal de 1822, en su Artículo
26 señalaba que tampoco se puede tener por delincuente ni culpable al que comete la acción
dormido o en estado de demencia o delirio, privado del uso de razón o de cualquier otra manera
independiente de su voluntad. El Código Penal de 1870, en Artículo 8 proclamaba que no delinquen
y por tanto están exentos de responsabilidad criminal el imbécil y el loco a no ser que éste haya
obrado en un intervalo lúcido.
El Código de 1928, Art. 55 se refería como irresponsable el que en el momento de ejecutar
acción u omisión punible se hallare en estado de perturbación o debilidad mental de origen
patológico que prive necesariamente y por completo a su conciencia de la aptitud para comprender
la injusticia de sus actos o a su voluntad para obrar de acuerdo con ella, siempre que no se hubiese
colocado en este estado voluntariamente".
El código de 1932 y reformas siguientes en su Artículo 8 utilizó la siguiente fórmula: están
exentos de responsabilidad el enajenado y el que se hallare en situación de trastorno mental
transitorio a no ser que éste haya sido buscado a propósito para delinquir.
El psiquiatra Sanchís Banús, introdujo los conceptos de enajenación y trastorno mental
transitorio en el código penal del 1932. Enajenado, expresión tomada del lenguaje popular,
significa alienación (alienatio), perdida de libertad, ausencia o privación del juicio o la razón, e
implica profundidad y permanencia del trastorno mental.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 61

En 1888, el primer gobierno de Sagasta inició grandes reformas legislativas (código penal,
código civil y la ley del Jurado). La Acción Popular, permitía al ciudadano ejercer su derecho a
perseguir el fin social de la justicia independiente de la representación del Estado. Es el inicio de la
prensa sensacionalista y los llamados juicios paralelos cuando el diario “El liberal”, un informativo
general, publicó en primera página un caso criminal, el famoso crimen de la calle Fuencarral, cuya
investigación fue seguida paso a paso durante un año por diversos rotativos (El imparcial, el País,
La república y El Liberal) incluyendo comentarios morbosos, entrevistas y valoraciones jurídicas
sobre el sumario. La acusada, Higinia Balaguer, fue sometida a hipnosis por parte del prestigioso
Dr. Simarro, catedrático de la Universidad Complutense, pero la prueba no fue aceptada por el
tribunal. El abogado D. Nicolás Salmerón solicitó la exhumación del cadáver de Luciana Porcina
para practicar una segunda autopsia, pero el Tribunal Supremo confirmó la sentencia de pena de
muerte señalada por la Audiencia Provincial de Madrid, que determinaba el garrote vil para la
criada, ejecutada finalmente el 19 de julio de 1890.
La influencia de S. Freud sobre la teoría del libre albedrío, y el determinismo de muchas
conductas fue trascendental.
Santo Tomas, inspirado en la filosofía Aristotélica denominó al libre albedrío, vis electiva,
es decir fuerza o facultad de elegir, de autodeterminarse, probada por revelación Divina e impuesta
por la Iglesia. Para el catolicismo, la libertad constituye una verdad dogmática incuestionable. Sin
embargo, para muchos, el determinismo ético surge de las controversias originadas por la figura de
Martín Lutero quien proclamó la omnipotencia y omnipresencia de la acción Divina. Tal
sometimiento ya fue adelantado en el siglo V por Boecio al señalar en su Consolidación de la
filosofía que no existe el libre albedrío y solo se verificarán los hechos conocidos por la infalible
presencia de Dios. Inútil será castigar a los malos o hacer promesas a los buenos por no ser libres
ni voluntarios los movimientos del alma.
El problema del determinismo científico, que es tan antiguo como los estoicos, surge de la
noción física de determinismo impulsada por la astronomía griega y que alcanzó su máximo
exponente en el principio de la razón suficiente de Laplace, según el cual el estado presente del
universo es consecuencia directa de su estado anterior y la causa del que debe seguirle. El
determinismo radical afirma que todos los sucesos del Universo, incluidos los humanos, son fijos,
inalterables, necesarios. No implica que sean conocidos de antemano por alguien sino que son
predecibles mediante métodos científicos, por estar sometidos al principio de causación universal.
La historia de la filosofía está plagada de controversias, montañas de retórica verbal o escri-
ta, posturas radicales y algunas tan simplistas como la de Bergson que conoce la existencia del libre
albedrío gracias a una intuición indubitable.
Sartre piensa no solo que el hombre es libre, sino que está condenado a serlo. Para los
autores existencialistas, la libertad es una condición ontológica absoluta.
Spinoza hablaba de ingenuidad en el creerse libre cuando en realidad el ser humano actúa
impulsado por la pasión, arrastrado por la alegría o tristeza o por otras fuerzas desconocidas.
Popper señaló que un hombre puede creer que actúa deliberadamente, por su propia
elección cuando en verdad lo hace bajo la influencia de una sugerencia, de una compulsión o de
las drogas.
Nietzsche opina que a los hombres se les imaginó libres para que pudieran ser juzgados,
castigados, en definitiva, para que pudieran ser culpables; pero la libertad es algo que se tiene y no
se tiene, que se quiere y que se conquista.
Hobbes ya hablaba de un determinismo hedonista.
El psicoanálisis, mediante el estudio de los sueños y las asociaciones libres, había revelado
la existencia de procesos psíquicos inconscientes en donde se encuentran enraizados los instintos
primarios. El yo no es lo suficientemente potente para eliminar esas fuerzas psíquicas subversivas y
caen víctimas de la represión constituyendo el mundo psíquico oculto, dispuestas a operar en
cualquier momento de relajación de las fuerzas inhibitorias como lo demuestra su emergencia en
forma de sueños, actos fallidos u otras simbolizaciones. En su Psicopatología de la vida cotidiana
puede leerse que ciertas insuficiencias de nuestros funcionamientos psíquicos y ciertos actos
aparentemente in-intencionados se encuentran motivados y determinados por motivos desconocidos
de la conciencia, cuando son sometidos a la investigación psicoanalítica….A las agresiones
62 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

inferidas a la megalomanía humana por Copérnico y Darwin, habrá que unir, comenta Freud, una
tercera y más mortificante: la constatación de un yo que ni siquiera es dueño de su propia casa.
Son muchos los motivos que no pueden ser confesados, no pueden ser interpretados y aún
más, no son si quiera reconocidos e identificados por la propia persona. La escuela psicoanalítica,
plantea así un determinismo casi radical y aboga por la supresión de la pena que no solo no intimida
sino que libera al delincuente de su sentimiento de culpa. Por otra parte propone la prevención gene-
ral mediante la hipótesis del chivo expiatorio.
En España, D. Pedro Mata (1811-1877), primer catedrático de medicina legal de Madrid,
siguiendo a Freud, cuestionó la tesis del libre albedrío como elemento de base en la valoración de la
imputabilidad penal. En 1858 publicó el Criterio Médico-Psicológico para el Diagnóstico Dife-
rencial de la Pasión y la Locura.
Sobre el mismo tema, Lozano Caparrós escribió La Locura ante el Juicio Oral (1884); José
María Esquerdo La Locura ante los Tribunales, o Estudio Médico Legal de la Irresponsabilidad del
Loco (1894), y Tomás Maestre El Loco Homicida (1899). El profesor Lafora abordo el problema
del delincuente enfermo mental escribiendo psicosis en prisiones (1918), Psicópatas como jefes
Revolucionarios (1920), Delincuencia infantil y delincuencia mental (1927) y Los crímenes en
masa de los alienados (1928). G.R. Lafora en 1928 trabajó en un proyecto para el nuevo código
criminal teniendo presente algunos asuntos especiales tales como imputabilidad y peligrosidad.
El hecho de que sea tan difícil evaluar la voluntad del agente en el momento exacto de la
acción, y especialmente si pudo haber elegido otra conducta, hacer uso de mayor fuerza de voluntad
o de autocontrol, etc, y sobre la base de las doctrinas deterministas, algunos autores han sugerido
fundamentar el concepto, no en el libre albedrío sino en la motivabilidad por la norma (Muñoz
Conde, Mir Puig, etc), la prevención general y especial (Gimbernat) o la subcultura (Bustos) [ver
esta revisión en Esbec y Delgado, 199420). Así podría ser inimputable un sujeto no motivable
mediante normas o el diferente o marginado, con un orden racional distinto al de la colectividad.
Históricamente, los legisladores españoles han aplicado los criterios biológico
(psicopatológico) puro y criterio mixto alternativamente. Así, de Las Leyes Partidas (s. XIII)
señalaba la Imputabilidad "del que fuese loco de tal locura que no sepa lo que hace" (criterio mixto).
El CP de 1822 hablaba "del que cometiese la acción dormido, en estado de demencia, delirio o
privado de razón" (criterio biológico puro). El de 1870 se refería a "los estados de perturbación o
debilidad mental de origen patológico que priven por completo de la conciencia o voluntad"
(criterio mixto) y de 1932 hablaba del enajenado (criterio simple), aunque el Tribunal Supremo
ha venido exigiendo una valoración mixta.
El nuevo código penal español establece un criterio mixto: <<anomalía o alteración
psíquica>> (base bio-psico-patológica)... <<que impida comprender la ilicitud del hecho o actuar
conforme a esa comprensión>> (efecto psicológico) a similitud con la mayor parte de los Códigos
modernos.

4.4. Psicología forense del testimonio

Los inicios de la psicología forense como disciplina independiente, van muy ligados a la
evaluación del testimonio y la mentira. Se ha estimado que condenan a aproximadamente 4.500
personas inocentes cada año en los Estados Unidos debido a la identificación equivocada del testigo
presencial (Cutler y Penrod, 1995).
El primer análisis conocido de la memoria se debe a Platón y Thucydides, historiador
antiguo de la guerra de Peloponesio (431-404 A.CC.), observó la memoria defectuosa de los
testigos, pero no es hasta Ebbinghaus (1850-1909) cuando las capacidades mnésicas de la persona
son estudiadas científicamente.
En 1895, C. Lombroso, padre de la criminología, fue el primero en experimentar sobre la
honradez de los delincuentes, mediante la medición de la presión arterial y el pulso. Un dispositivo
similar fue utilizado por el psicólogo Guillermo Marston de la Universidad de Harvard durante la

20 Esbec, E.; Delgado, S. (1994). Imputabilidad: Concepto y perspectivas. La imputabilidad de los trastornos
mentales. En S. Delgado (dir). Psiquiatría Legal y Forense. Volumen I. Capítulo 14. Ed. Colex. Madrid.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 63

primera guerra mundial en casos de espionaje. En 1921, Juan Larson agregó al sistema la medición
de la respiración.
Leonard Keeler, policía de Chicago y considerado uno de los padres fundadores de la
ciencia forense utilizaba en sus interrogatorios un cajón coronado por dos bombillas, una verde y
una roja; a cada respuesta, el policía pulsaba un botón que estaba convenientemente disimulado bajo
su escritorio y que encendía una de las luces. Los interrogados, cuando se encendía el foco rojo,
aunque hubieran dicho la verdad se convencían de que habían mentido y cambiaban su respuesta
para que se encendiera el foco verde. Entre 1935 y 1939, Keeler añadió a un cardiógrafo (que
registra las pulsaciones y la presión sanguínea), y a un neumógrafo (que registra el ritmo
respiratorio) un galvanómetro (que mide la resistencia eléctrica de la piel). A todo ello añadió varios
sensores, un amplificador y un mecanismo que acciona una aguja entintada, y un amplificador
creando el polígrafo y realizando el primer test con el llamado detector de mentiras que sigue
teniendo valor de prueba en muchos estados norteamericanos.
En el amanecer del vigésimo siglo varios psicólogos (Binet, 1900; Bolton, 1896; Cattell,
1895; Munsterberg, 1908; Stern, 1902, 1910; Whipple, 1909, 1910, 1911, 1912) investigaron
científicamente el uso de procesos cognoscitivos en las cuestiones legales, conduciendo estudios
experimentales aplicados sobre memoria, sugestionabilidad, confesión, detección de la mentira, e
hipnotismo.
En Francia, Alfred Binet (1900) publicó Suggestibilité; en Alemania William Stern
(1903) Beiträge zur Psychologie der Aussage y M. Wertheimer & J. Klein (1904) Psychologische
Tatbestandsdiagnostik; en Suiza Carl Jung (1906-1907) Diagnostische Assoziations-estudia y en
Austria, Sigmund Freud (1906) Und Psychoanalyse de Tatbestandsdiagnostik .
El psicólogo alemán William Stern que publicó en Alemania en 1896 el primer periódico
de psicología forense Betrage zur Psychologie der Aussage., ya habia elaborado aproximadamente
entre 1892 y 1897 un conocido estudio en la Universidad de Berlín,. Este estudio, realizado ante
juristas y que posiblemente constituya el primer contacto entre psicología y derecho, versaba sobre
el testimonio de un altercado simulado entre dos personas asistentes al evento, una de las cuales, en
medio de la discusión, disparó con un revolver a la otra.
En 1908, Hugo Munsterberg (para muchos el fundador de la psicología aplicada) publicó
On the Witness Stand, sobre el testimonio del testigo presencial, que es considerado frecuentemente
como el primer libro de psicología forense. Munsterberg defendió la importancia y el uso de sus
experimentos en la sensación, la percepción y la memoria para mejorar la comprensión del tribunal
sobre el testimonio del testigo presencial. Wigmore (1909) en un trabajo titulado Una revisión de la
ley de Illinois ridiculizó a Munsterberg subrayando que sus resultados, teorías, y recomendaciones
eran prematuros y demasiado generales como para ser empleados en la práctica jurídica. Sin
embargo, Wigmore animó a los psicólogos a que continuaran su investigación con la sugerencia que
las cortes serían la última instancia en la recepción de sus teorías y resultados.
William y Mary Healy crearon en Chicago en el año1909 el Instituto psicopatico juvenil y
en 1915, publicaron su trabajo clasico, Pathological Lying, Accusation, and Swindling - A Study in
Forensic Psychology21, en donde analizaron a propósito de diversos casos el engaño, especialmente
mentira patológica (12 casos), acusaciones falsas (9 casos).
Durante la primera guerra mundial, los psicólogos trabajan fundamentalmente como
psicómetras.. Estaban especialmente interesados en el detector de la mentira y en la entones
denominada neurosis de guerra.
La investigación posterior sobre memoria del testigo presencial en Norteamérica fue escasa
y esporádica con trabajos desperdigados como los de Cady 1924; Marston, 1924; Hutchins Y
Slesinger, 1928; Slesinger Y Pilpel, 1929; Redmount, 1959. No fue hasta los años 70 cuando los
psicólogos cognoscitivos y sociales demostraron un nuevo interés por las investigaciones
experimentales del testimonio y la identificación del testigo presencial.
U. Undeutsch en su Forensische Psychologie (1967) presentó su famosa hipótesis que da
lugar a la moderna valoración del testimonio y análisis de contenido de las declaraciones basado en
criterios (CBCA): Los testimonios veraces tienen mayor grado de calidad que los testimonios
inventados o basados en fantasías.

21 Libro on-line http://www.globusz.com/Authors/Healy.html


64 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

4.5. Psicología forense criminológica

La psicología criminal, se desarrolla durante el siglo XIX alrededor de la gran obra


publicada en 1876 por Cesare Lombroso – L´uomo deliqcuente - . Cabe reseñar los de Clapham and
Clark (1846) Criminal Outline of the Insane and the Criminal; T. Boggs (1849) Extent and Causes
of Juvenile Delinquency; Henry Maudsley (1874) Responsibility in Mental Disease; C. Clark (1880)
Analysis of Criminal Liability; Enrico Ferri (1884) Criminal Sociology; Rafaele Garofalo (1885)
Criminology; Havelock Ellis (1989) The Criminal; S. M. Green (1989) Crime: Its Nature, Causes,
Treatment, and Prevention; L.C. Tylands (1989) Crime: Its Causes and Remedies; W. W. Carr
(1890) Insanity in Criminal Cases; H. Wey (1890) Criminal Anthropology; S.A.K. Strahan (1991)
Instinctive Criminality; Arthur Macdonald (1892) Abnormal Man and Criminology; J. S. Christison
(1897) Crime and Criminals; W.D. Morrison (1897) Juvenile Offenders; Emile Durkheim (1897)
Suicide: A Study in Sociology ; Phillip Parsons (1909) Responsibility for Crime; Gustave
Aschaffenberg (1913) Crime and its Repression; M.G. Brownett (1913) Young Delinquents;
Thomas Speed Mosby (1913) Causes and Cures of Crime; William Healy (1915) The Individual
Delinquent ; Jean Weidensall (1916) The Mentality of Criminal Women.
En Italia están referenciados los trabajos de G. Ziino (1882) La fisio-patologia del delito; S.
Sighele (1885), la multitud criminal; G. Vacchelli (1895) Le basi psicologiche del diritto pubblico
(bases psicologicas del derecho público); G. Bonanno (1896) Il delinquente per passione. Studi di
Psicologia Criminale (el criminal pasional. Estudios en la psicología criminal); C. Lombroso
(1905), La psicologia dei testimoni nei processi penali (testimonio del testigo presencial en
procesos penales); M. Longo (1906) Psicologia Criminale (psicología criminal); V. A. Berard
(1908), testimoni de Giudici e. Studio di Psicologia Giudiziaria (jueces y testigos: Un estudio de la
psicología judicial); U. Fiore (1909), Manuale di Psicología Giudiziaria (Manual de la psicología
judicial); G. Dattino (1909) Testimoni del dei del psicologia del la (la psicología del testigo); U.
Fiore (1910), Testimonianza del della del psicologico del valore deIl (el significado psicologico del
testimonio).
En 1897, Lombroso publicó la quinta edición del Hombre criminal, en cuatro volúmenes,
uno de los cuales contiene ilustraciones. Aquí el análisis de rasgos criminales es cada vez más
detallado, presentando las características de tipos criminales, distinguidos según las anomalías
típicas de la clase a la cual pertenecen (criminal nato o loco moral, epileptiforme, etc) comparando
las medidas antropológicas y defendiendo el concepto de atavismo, pero dando mayor importancia a
los aspectos más psicológicos de la conducta.
Entre 1909-1910: La Sociedad de Cesare Beccaria (Milan) editó una colección en Studi
Penitenziari (Estudios penitenciarios). Uno se ocupó de la Osservazione giudicabile y el otro se
ocupó de La Legge del minori en Italia (Los menores y la ley en Italia).
El español M. Cubì Soler (1853) publicó algunos trabajos para propulsar en España la
frenología de Franz Joseph Gall (1758-1828) y como podría utilizarse para estudiar el
comportamiento criminal. Sus doctrinas fueron apoyadas en nuestro país por Teodor Creus y
especialmente por Joseph Pers i Ricart que impulsó la creación en Vilanova de la Sociedad
Frenológica Vilanovesa y la publicación con periodicidad bimensual de la Revista Frenológica
(1852-1854).
Cabe destacar los discursos de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
pronunciados por Antonio Aguilar y Correa, (Necesidad y urgencia de mejorar el sistema
carcelario y penitenciario en España. 26-01-1868), Pedro Felipe Monlau (Patología social. Breve
estudio sobre la criminalidad. 22-05-1870), Fernando Cos-Gayón (Problemas relativos a las
prisiones. Importancia de la reforma penitenciaria 15-06-1879), Felix Pío de Aramburu y Zuloaga
(La actual orientación del Derecho penal y de la lucha contra el delito 5-06-1910) y F. Santamaria
(1910) da una conferencia sobre Psicologia del testimonio en la Asociación Española para el
Progreso de las Ciencias.
Gracias a la iniciativa de Rafael Salillas y Panzano se aprobó en 1903 el Real Decreto por el
que se autorizaba la creación de la Escuela de Criminología en Madrid, aunque no entraría en
funcionamiento hasta 1906. Salillas, a instancias del mismísimo Lombroso, fue nombrado
Presidente Honorario del VI Congreso Internacional de Antropología Criminal, celebrado en Turín
del 28 de abril al 3 de mayo de 1906,
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 65

En 1929 M. Ruiz Funes escribió Endocrinologia y criminalidad y en 1930 Camargo Martín


El psicoanálisis y la prueba judicial.
Alexander y Hugo Satub estudiaron el papel de las motivaciones inconscientes ante el
delito. Su tesis, publicada en 1929 en El Criminal, el Juez y el Público era que el hombre nace
asocial y adquiere actitudes de convivencia durante el proceso de socialización. El niño percibe
como "un sentido de justicia" el equilibrio entre gratificación y renuncia. Si no aparecen
gratificaciones se siente injustamente tratado. Esta fórmula psicodinámica explica también la
afectación emocional del juez, del jurado y del público.
Durante la década de los treinta Alexander y Hugo Satub organizaron en Alemania cursos
de psicología jurídica para abogados.
Emilio Mira i López en 1931 dio una conferencia sobre psicología legal en la Universidad
de Barcelona y en 1932 publica su gran obra, el Manual de Psicología Jurídica.
K. Meggendorfer (1934) publicó en Alemania Forensische Psychiatrie donde se discute la
doctrina Nazi y sus propuestas legislativas penales y civiles
Los Glueck (1950) primero y después McCord y McCord (1959) informaron que las
técnicas educativas punitivas o erráticas generaban delincuencia juvenil. Estos, en 1968 y tras un
seguimiento de quince años sobre mil adolescentes, concluyeron que una multiplicidad de factores
(biológicos, históricos, socio-afectivos) propiciaba la conducta antisocial durante la adolescencia y
comienzo de la edad adulta.

4.6. Evaluación, trastornos de personalidad y psicopatía

Aunque ya Cicerón habla de las diferencias individuales, la psicología diferencial no se


desarrolla como disciplina científica hasta Galton (1822-1911) que inventó pruebas y coeficientes
estadísticos, Stern (1871-1911) que desarrolló el concepto de cociente intelectual y McKeen Cattell
(1860-1944) que utilizó por primera vez el concepto de test mental.
En 1916, Lewis Terman, psicólogo de Stanford, utilizó la escala de Stanford-Binet para
determinar la inteligencia de treinta aspirantes al cuerpo de policía. Algunos años más tarde L.
Thurstone recurrió al mismo tipo de prueba en Detroit.
Las ideas actuales sobre personalidad proceden de Hipócrates (460-377 a. C.) con sus
cuatro temperamentos (flemático, sanguíneo, melancólico y colérico), de Platón (427-347 a. C.) que
formuló aspectos sobre la personalidad semejantes a los psicoanalíticos y de Teofrasto (372-287 a.
C.) que describió la personalidad de los Atenientes.
El psiquiatra hispanoamericano Gutiérrez Noriega atribuye a Cervantes con sus figuras de
D. Quijote y Sancho la creación de los biotipos asténico y pícnico que con posterioridad plasmó
Kretschmer.
La anomalía mental con mayor prevalencia en delincuentes es el trastorno de la
personalidad (antiguamente, psicopatías). En 1809, Phillippe Pinel en el Tratado médico-filosófico
sobre la alienación mental describió un caso de "manía sin delirio" y en 1835, James Cowles
Prichard en su Treatise on insanity and other disorders affecting the mind acuñó el nombre de
moral insánity.
Antes de 1988 se hablaba de manifestaciones psicopáticas aisladas: moral insanity,
trastornos obsesivos, hipocondría, histerismo, neurastenia,... muchos casos forenses se
diagnosticaban como psicosis, solo en raras ocasiones ingresaban en manicomios.
Morel desarrolla en 1857 su teoría sobre la degeneración moral que tuvo mucho impacto en
la psiquiatría francesa del pasado siglo.
Koch, a finales del siglo XIX estableció el concepto general de psicopatía, como una tara
congénita y se refirió a las almas impresionables, los sentimentalistas lacrimosos, los soñadores y
fantásticos, los huraños, los apocados, los escrupulosos morales, los delicados y susceptibles, los
caprichosos, los exaltados y los excéntricos, los justicieros, los reformadores del estado y del
mundo, los tercos y porfiados, los orgullosos, los indiscretos, los burlones, los vanidosos y los
presumidos, los trotacalles y los noveleros, los inquietos y los malvados, los estrafalarios,
coleccionistas y los inventores, los genios fracasados y no fracasados.
Emil Kraepelin los incluyó en su nosología haciendo hincapié en lo etiológico orgánico, y
dijo que eran personalidades malogradas o psicosis larvadas. Birnbaum habló de tara hereditaria.
66 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

Kretschmer se centró en lo somato-estructural. Otros hicieron hincapié en los aspectos valorativos,


éticos o degenerativos (locura moral), hasta llegar a la gran obra de K. Schneider (las
personalidades psicopáticas), cuya 9ª edición, en 1958 fue traducida por LLopis al castellano,
prologada por Alberca Llorente.
Kurt Schneider transformó los tipos sociológicos de Kraepelin en tipos caracterológicos (los
enemigos de la sociedad en desalmados), subrayando lo caracterológico, las dotes de la
personalidad frente a lo vivencial propio de las neurosis. La personalidad psicopática expresa el
predominio de lo disposicional, aunque sea muy difícil en la practica diferenciar lo heredado de lo
aprendido precozmente. Schneider decía que eran personalidades anormales que a causa de su
anormalidad sufren o hacen sufrir, lo cual sigue teniendo plena vigencia.
La OMS sustituyó el termino personalidad psicopática por el de trastorno de la
personalidad, que llega hasta la actualidad y es que el término cogió -como decía Alberca Llorente-
mala fama. El concepto actual, ante todo, rompe con la etiqueta estigmatizadora (por ejemplo,
“hombre doberman...", el propio Schneider les comparó con los hongos venenosos, como una
variedad de hongos…"). Actualmente un trastorno de la personalidad, es considerado un trastorno
mental, mucho más que un simple conjunto de rasgos disfuncionales.
Hervey Cleckley en 1941 escribió la primera edición de la máscara de la cordura: Una
tentativa de clarificar algunas ediciones sobre la llamada personalidad psicopática. Estableció 16
criterios clave para diagnosticar la psicopatía. De cualquier forma, para hacer un diagnóstico de
psicopatía no resulta necesario que se cumplan todos los puntos, pero sí una mayoría de ellos: 1)
Alta inteligencia y encanto superficial, 2) Ausencia de delirios y de otras alteraciones del
pensamiento, 3) Ausencia de nerviosismo, 4) Poca fiabilidad, 5) Mentirosos, 6) Carencia de
remordimiento o vergüenza, 7) Conducta antisocial inadecuadamente motivada, 8) Falta de juicio y
problemas para aprender de la experiencia, 9) Egocentrismo patológico e incapacidad para el afecto,
10) Pobreza general de reacciones afectivas, 11) Incapacidad para empalizar, 12) frialdad en las
relaciones personales, 13) Conducta fantasiosa, 14) Raramente se suicidan, 15) Vida sexual
impersonal, 16) Problemas para seguir un plan de vida.
David Abrahamsen, en 1976, señaló las diez características predominantes del delincuente
sistemático: deseos intensos de venganza y fantasías de realizar hazañas grandiosas que pueden
conducir a la expresión de sus impulsos hostiles. Soledad, retraimiento, sentimientos de
desconfianza, desamparo, temores, insignificancia y subestimación de la propia persona, causados
por experiencias sufridas durante la infancia temprana. Situación familiar sexualmente sobre-
estimulante por presenciar el niño relaciones sexuales parentales. Errores ortográficos o verbales
relacionados con trastornos emocionales surgidos en la infancia. Tendencia a cambios de identidad.
Imagen propia confusa; sugestionabilidad, impresionabilidad. Incapacidad para tolerar la frustración
y encontrar satisfacción suficiente para canalizar sus sentimientos agresivos y hostiles mediante
actividades constructivas. Incapacidad para transformar su persistente egocentrismo y su egolatría
(narcisismo primitivo) en elementos integrantes de ideales y conciencia saludables, lo que tiene
como resultado dependencia y desprecio por la autoridad. Tendencias suicidas acompañadas de
depresión. Visión de la víctima como una imagen compuesta que incorpora y refleja la propia
imagen del criminal. Antecedentes de una conducta previa antisocial o delictiva junto con amenazas
de homicidio o comisión del mismo.
Robert Hare, autor del libro Sin conciencia (Without conscience. Guilford Press 1999), ha
estudiado a los psicópatas durante años y es el creador del PCL-R, prueba que actualmente se ha
estandarizado como método para diagnosticar la psicopatía.

4.7. Perfiles criminales y autopsia psicológica

Una de las áreas más pujantes de la psicología forense es la investigación del perfil
criminal ya iniciada por C. Lombroso con la evaluación del cráneo del criminal Vilela y que dio
origen a su teoría del criminal nato.
Los inicios literarios datan de 1841 con Los asesinatos de la calle Morgue de Edgar Allan
Poe. En Gran Bretaña (año 1888) el Dr. George B. Philips patólogo forense, diseñó el método
“modelo – herida” que pretendía analizar la personalidad del criminal sobre la base del tipo de
heridas sufridas por la víctima y que indudablemente llega a nuestros días (Turvey 1.999).
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 67

Existe cierto consenso en afirmar que el primer perfil científico de un delincuente fue el
efectuado por el Psiquiatra James Brussel en 1957, con el objetivo de capturar al llamado
“bombardero loco”, que llevaba operando diez años en Nueva York sin ser capturado. Brussel,
estudiando los escritos reivindicativos del bombardero dedujo que debería tratarse de un paciente
paranoico, determinado su edad aproximada, profesión, estado civil e incluso su indumentaria.
En 1.960 en Inglaterra el aporte a la técnica de elaborar perfiles fue de Palmer citado por
Ressler, Burgess y Hartman, (1.999) quien publicó los resultados de un estudio realizado a lo largo
de tres años con 51 asesinos condenados. La contribución de este estudio fue construir un retrato
verbal de un asesino utilizando términos psicológicos.
El desarrollo del perfilado criminal acontece a partir de 1970 en la unidad de ciencias del
comportamiento del Federal Boureau of Investigation FBI, ubicada en Quántico, Virginia. El agente
federal de investigación Howard Taeten comenzó un programa de perfil delictivo en la sección de
California (Estados Unidos), tratando de enseñar tácticas para perfiles de delincuentes como una
ayuda de investigación; su principal contribución fue la implementación de una cátedra sobre
perfiles criminales dirigida a los agentes del FBI. (Turvey, 1999).
Robert Ressler comenzó a interesarse por los asesinos en serie contando apenas nueve años,
en 1946, cuando un estudiante de Chicago llamado William Heirens mató y violó a una niña y dos
mujeres. El llamado asesino del pintalabios aterrorizó la ciudad y Ressler jugaba a detective
privado.
Ressler, es el diseñador del profiler y acuñó la frase "asesino serial". Pensaba que
entrevistas intensivas con delincuentes conocidos podrían proporcionarle mucha información sobre
la personalidad y modus operandi, que sirviera para posteriores investigaciones. Aprendió que,
entendiendo la mente de un criminal, es posible determinar sus patrones del comportamiento y
predecir el acto siguiente. De esta manera durante veinte años mantuvo conversaciones en la prisión
con algunos de los asesinos más terroríficos de la historia, como Heirens, Wayne Gacy (ambos en
Chicago, IL), Ted Bundy (en Seattle, WA), Juan Joubert (en Omaha, el NE), Jeffrey Dahmer (en
Milwaukee, WI), y Montie Rissell (en Alexandría, VA).
En El hombre que vive con los monstruos, libro y documental, explica la función del
profiler y dirige su mirada fascinadora a alguna de las mentes más oscuras imaginables. Se
cuestiona si un asesino es conducido por un impulso irrestible o mas bien un impulso sobre el que
ha decido no resistirse.
Ressler ha diferenciado esencialmente entre asesinos organizados y desorganizados. El
asesino desorganizado tiende a tener una inteligencia media y con frecuencia una personalidad
esquizoide, paranoide o mixta. Procede e familias desestructuradas. Tiene una autoestima pobre,
intolerancia a la frustración, tendencia a reaccionar con disforia ante las dificultades de la vida. En
su patografía suele obtenerse una crónica dificultad en las relaciones interpersonales. El crimen
frecuéntenle es llevado a cabo en el lugar de trabajo o residencia (u otro lugar conocido), efectuado
de forma impulsiva, ansiosa, sin planificar, sin conversar con la víctima a la que suele conocer. Deja
muchos indicios en el lugar de los hechos, entre otros el propio cadáver. Puede ser un psicótico
(frecuentemente esquizofrenia paranoide) o presentar un trastorno límite o paranoide de la
personalidad.
Dentro de la investigación en psicología criminal, cabe destacar la autopsia psicológica
que surgió de la frustración del médico-forense jefe del Condado de Los Angeles, Theodore J.
Curphey, durante la reorganización de esa oficina en 1958. A pesar de sus esfuerzos, que se combi-
naron con los de toxicólogos e investigadores no médicos, Curphey se enfrentó a una serie de
muertes por drogas cuyo modo de muerte no podía certificarse en base a las evidencias recogidas.
Como resultado de esta situación Curphey invitó al doctor en psicología Norman Farberow, y otros
para ayudarle en un estudio conjunto de estos casos equívocos, y fue este esfuerzo ─una
aproximación multidisciplinar que incluía científicos conductuales─ lo que llevó a acuñar el término
autopsia psicológica.
Posteriormente, con los interesantes y valiosos trabajos de Litman et al. (1963), Weisman y
Kastenbaum (1968) y Weisman (1974), el término autopsia psicológica ha pasado a tener otros
significados ligeramente diferentes.
La certeza de la muerte del causante, se trata de una condición sine qua non a fin que entre
en funcionamiento la maquinaria propia del derecho sucesorio, hablamos del "hecho jurídico de la
68 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

muerte" del causante que encuentra su basamento en el derecho romano (Digesto, Libro 29, titulo
2°, Ley 23). Contemplando dos requisitos objetivos: 1) la muerte de la persona; 2) el derecho a
heredarla y por ultimo un requisito subjetivo que es el conocimiento del heredero de la situación
referida.
El uso de registros de muerte no estandarizados se evidencia hasta el siglo XIX. El
reconocimiento en Inglaterra de la necesidad de investigación médicolegal informada llevó a una serie
de reformas dirigidas a mejorar la calidad del registro de muertes. En 1836 el Parlamento promulgó un
proyecto de ley que exigía el registro de todas las muertes que no requerían notificación del forense a
menos que la causa de muerte fuera alguna de las incluidas en una categoría especial. Un aspecto
curioso de la ley fue que se ordenó específicamente a los médicos que no incluyeran información
sobre el modo de muerte en el certificado de defunción.
El acta de registro inglesa de 1836 fue enmendada en 1874 para que requiriera que se
remitiera información personal sobre la muerte al registro del distrito en los 5 días posteriores a su
ocurrencia, responsabilidad que recaía en el familiar más cercano del difunto presente en su muerte
o que lo hubiera atendido durante la última enfermedad. El no cumplimiento de este requisito
suponía una multa. La nueva ley también exigía que un médico registrado presente durante la última
enfermedad extendiera un certificado estableciendo las causas de muerte.
Ya señalaba Scheneidman, que la causa de la muerte establecida en el certificado de defunción
no necesariamente conlleva información sobre el modo específico de muerte. Por ejemplo, la asfixia
por sumersión no nos indica automáticamente si el difunto luchó y se ahogó (accidente), entró en el
agua con la intención de ahogarse (suicidio), o si se le tuvo bajo el agua hasta que se ahogó
(homicidio).
Los certificados de defunción contemporáneos tienen una categoría que dice "accidente,
suicidio, homicidio o indeterminada". Si no se comprueba ninguna de éstas, entonces se supone un
modo de muerte "natural", como suele ocurrir en la mayoría de los casos.
La estimación de Scheneidman, de que entre el 5% y el 20% de todas muertes que requieren
certificación no aclaran el modo correcto de la muerte, deja un considerable número de fallecimientos
como poco claros o inciertos. La propia autopsia orgánica, aún clarificando el origen del fracaso vital
puede no desvelar con certeza su etiología médico-legal. A ello nos referimos cuando hablamos de las
muertes equívocas.

4. 8. Medidas de seguridad pre-delictivas

Las medidas de seguridad terapéuticas nacen en España. En 1409, el Rey Martín “El
humano" (Rey entre1396-1410), bajo la influencia de Fray Juan Gilabert Jofré, coetáneo y amigo de
San Vicente Ferrer, que observó, durante un trayecto, que un grupo de muchachos maltrataba
cruelmente a un enfermo mental, aprobó la creación del primer hospital psiquiátrico de Occidente
en Valencia (Hospital dels Ignocens, Folls e Orats), al que siguieron los centros de Zaragoza (1425),
Sevilla (1436) y Valladolid (1436). Pasarán siglos hasta que en 1801 Pinel llamara la atención sobre
la necesidad de controlar a los locos, pero sin tratarlos con rigor o inhumanidad, y para la creación
del primer hospital para personas con trastorno mental en países como Alemania (1820) o Grecia
(1864).
En Francia el listado de personas susceptibles de ser arrestados por la milicia e ingresados
en el Hospital de La Salpêtrière, en París (1656) era el siguiente: mendigos y vagabundos, gentes
sin hacienda, sin trabajo o sin oficio, criminales, rebeldes, políticos y herejes, prostitutas, libertinos,
sifilíticos y alcohólicos, locos, idiotas y hombres estrafalarios. A mediados del siglo XIX, Morel
estableció la Teoría de la degeneración moral (degenerar, perder las cualidades de la raza), con gran
difusión por toda Europa, especialmente Griesinger y Krafft-Ebing (Alemania), Maudsley
(Inglaterra) y Dallemange (Bélgica). Primero Morel y después Magnan definieron el crimen como
estigma de degeneración. En Italia, Lombroso se convirtió en defensor de Morel y aportó su teoría
del criminal nato.
A mediados de siglo pasado, la psicopatología criminal europea puso mucho énfasis en el
análisis de las llamadas situaciones pre-criminales según el concepto de Kinberg y en el pronóstico
individualizado (aviso de riesgo), aunque excesivamente centrado en la patología mental severa:
imbecilidad, parálisis general, encefalitis, esquizofrenia, demencia senil, estados confusionales,
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 69

delirios, alucinaciones, alcoholismo, manía, melancolía, epilepsia, obsesiones y perversiones,


enfermedades asociadas a la marginación, inestabilidad y vagabundeo…, mientras que en los
Estados Unidos de Norteamérica se gestaba una nueva visión del crimen, la existencia de factores
criminógenos de tipo social tales como la inmigración, el paro y la pobreza.
Desde la famosa sentencia del caso Tarasoff22, los Tribunales han exigido a los
profesionales en salud mental la responsabilidad de identificar a los sujetos potencialmente
violentos y proteger a la sociedad de estos individuos. La preocupación (legítima) de la sociedad en
lo que respecta a su seguridad, ha forzado durante años a los distintos profesionales a prever y
prevenir el riesgo que ciertos individuos podrían presentar para la comunidad. Esto ha llevado a la
adopción de medidas legislativas muy controvertidas como la detención involuntaria e ilimitada de
personas con “Trastornos Peligrosos y Severos de la Personalidad”23 en Gran Bretaña o las “Leyes
de Depredadores Sexuales” en Canadá y los Estados Unidos de Norteamérica.
La ley de vagos y maleantes que estuvo vigente en España (Ley de 4 de agosto de 1933,
reformada por Ley de 23 de noviembre de 1935 y 4 de mayo de 1948), estableció la declaración de
estado peligroso y la posibilidad de sometimiento a una medida de seguridad (arts. 2 y 3) a las
siguientes condiciones: (1) los vagos habituales; (2) los rufianes y proxenetas; (3) quienes no
justifiquen...la posesión o procedencia del dinero o efectos que se hallaren en su poder o que
hubieren entregado a otros para su inversión o custodia; (4) los mendigos profesionales y los que
vivan de la mendicidad ajena o exploten a menores de edad, a enfermos mentales o lisiados; (5) los
que exploten juegos prohibidos o cooperen con los explotadores, a sabiendas de la actividad ilícita,
en cualquier forma; (6) los ebrios y toxicómanos habituales; (7) los que para su consumo inmediato
suministren vino o bebidas espirituosas a menores de 14 años en lugares o establecimientos
públicos o en instituciones de educación o instrucción, y los que de cualquier manera promuevan o
favorezcan la embriaguez habitual; (8) los que ocultaren su verdadero nombre, disimularen su
personalidad o falsearen su domicilio...y los que tuvieren documentos de identidad falsos u
ocultaren los propios; (9) los extranjeros que quebrantaren una orden de expulsión del territorio
nacional; (10) los que observen conducta reveladora de inclinación al delito, manifestada: por el
trato asiduo con delincuentes y maleantes; por la frecuentación de los lugares donde éstos se reúnen
habitualmente; por su concurrencia habitual a casas de juegos prohibidos y por la comisión reiterada
y frecuente de contravenciones penales; (11) los que en sus actividades y propagandas
reiteradamente inciten a la ejecución de delitos de terrorismo o de atraco, y los que públicamente
hagan la apología de dichos delitos; (12) los que por sus actividades, relaciones, frecuentación de
lugares o modo de vivir habituales hagan recaer sobre ellos indicios fundados de sustraer a la lícita
circulación de divisas, mercadería u otros artículos intervenidos o de comercio, ayudar o de otro
modo, facilitar la especulación de los mismos; (13) los reincidentes y reiterantes de toda clase de
delito en los que sea presumible la habitualidad criminal; (14) los criminalmente responsables de un
delito cuando el tribunal sentenciador haga declaración expresa sobre peligrosidad del agente.
Según esta Ley (atr. 6), eran síntomas peligrosos los contenidos en el apartado 10: Trato
asiduo con delincuentes y maleantes; frecuentación de los lugares donde éstos se reúnen
habitualmente; concurrencia habitual a casas de juegos prohibidos; comisión reiterada y frecuente
de contravenciones penales, entre otros.

22 Tarasoff v Regents, 551 P.2d 334 (Cal. 1976).


23 En Julio de 1999 la Oficina Central del Reino Unido y el Departamento de Salud publican “Manejo de las
personas peligrosas con trastornos severos de la personalidad”. El documento subraya dos tipos de
propuestas para la reducción del riesgo que suponen las personas con trastornos severos de la personalidad
“peligrosos” (DSPD). En primer lugar, el presente marco legal penal y de salud mental serían modificados de
forma que estos sujetos no fueran dados de alta de los hospitales o excarcelados si presentaran un riesgo para
la comunidad. En segundo lugar, el nuevo marco legal permitiría la retención por tiempo ilimitado de
individuos con DSPD en procesos civiles y penales. El documento hace referencia a tres grupos de sujetos:
Aquellos internados en centros hospitalarios de seguridad, sujetos encarcelados y sujetos en la comunidad que
no han sido procesados por delito alguno. No se aporta ninguna definición clara de DSPD, ni es un término
reconocido en psicología o psiquiatría. Parece hacer referencia a aquellos sujetos diagnosticados de
Personalidad Antisocial, que tienen además, un diagnóstico de cualquier otro Trastorno de la Personalidad y
seis o más factores de riesgo no especificados. Los planes legislativos se publicaron en el año 2000.
70 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

Las medidas de seguridad previstas en la Ley de Vagos y Maleantes (art. 4), aplicables por
los Tribunales (art. 5) en aquel tiempo consistían en: (1) Internamiento en un establecimiento de
régimen de trabajo o colonias agrícolas por tiempo indeterminado, que no podrá exceder de tres
años; (2) Internamiento en un establecimiento de custodia por tiempo indeterminado no inferior a
un año y que no podrá exceder de cinco años; (3) aislamiento curativo en Casas de templanza por
tiempo absolutamente indeterminado; (4) expulsión de extranjeros del territorio nacional; (5)
obligación de declarar su domicilio o residir en un lugar determinado por el tiempo que establezcan
los Tribunales; (6) prohibición de residir en un lugar o territorio que el tribunal designe. La duración
de esta medida será fijada por los Tribunales; (7) sumisión a vigilancia de la autoridad, que será
ejercida por delegados especiales y tendrá carácter tutelar o de protección; (8) multa de 250 a
10.000 pts.; (9) incautación y pérdida, en favor del Estado, de dinero o efectos.
La Orden de 1 de junio de 1971 determinó los establecimientos de rehabilitación destinados
al cumplimiento de medidas de seguridad a los efectos del Reglamento de la Ley 16 /1970, de 4 de
agosto sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social [B.O.E. núm. 132 del 3 de junio de 1971, páginas
8903 a 8904].
La ley 16/1970, de 4 de agosto (jefatura del estado), sobre peligrosidad y rehabilitación
social. derogó la Ley de Vagos y Maleantes, de 4 de agosto de 1933, y sus complementarias o
modificativas de 23 de noviembre de 1935, y de mayo de1948, 15 de julio de 1954 y 24 de abril de
1958, declarando de aplicación supletoria, en los supuestos indicados, la Ley de Enjuiciamiento
Criminal. Se aprobó el reglamento de aplicación, por decreto 1144/1971, de 13 de mayo y se
modificaron determinados artículos, por ley 43/1974, de 28 de noviembre. En su preámbulo decía:
Los ordenamientos contemporáneos, impulsados por la necesidad de defender a las sociedades
contra determinadas conductas individuales, que sin ser, en general, estrictamente delictivas,
entrañan un riesgo para la comunidad, han ido estableciendo, junto a sus normas penales
propiamente dichas, dirigidas a la sanción del delito e inspiradas en el Derecho penal clásico, un
sistema de normas nuevas encaminadas a la aplicación de medidas de seguridad a los sujetos
socialmente peligrosos e inspiradas en las orientaciones de la rama científica que desde hace años se
conoce con el nombre de "Defensa social". La pena y la medida de seguridad vienen así a coexistir
en las legislaciones modernas con ámbito diferente y fines diversos, aunque en último término
coincidentes en la salvaguarda de la sociedad, a la que de este modo se dota de un dualismo de
medios defensivos con esferas de acción distintas.
Recientemente hemos publicado un trabajo sobre las cinco generaciones en la valoración de la
peligrosidad o riesgo, pasando de una etapa intuitiva, a otra basada en pruebas actuariales, y
actualmente en una metodología mixta (clínico-actuarial)24

4.9. Victimología forense

En la otra cara de la cuestión hay que referirse al estudio de las víctimas del delito, la
víctimología forense. El enfoque victimológico de la criminología, psiquiatría y psicología es
relativamente reciente, surgiendo a raíz del análisis de la llamada pareja penal y del estudio de las
víctimas de las conflagraciones bélicas.
No el asesino, sino su víctima es culpable (Nicht der Mörder der ermordete ist schulding).
Esta frase célebre de Werfel pronunciada ya en 1920 condensa y predice de alguna manera el
cambio paradigmático que se disponía a experimentar la Criminología como ciencia a partir de la
segunda mitad del siglo XX; agotada tal vez en la búsqueda infructuosa de marcadores de la
criminalidad en la figura individualizada del delincuente, va a buscar en la interacción con la
víctima, la explicación de la criminogénesis.
Por su parte, la psiquiatría y psicología, especialmente norteamericanas, después de las dos
grandes conflagraciones mundiales y de la guerra de Vietnam, van a prestar un marcado interés a las
secuelas psíquicas apreciables en los supervivientes, los trastornos mentales generados o
precipitados por situaciones de intenso e inesperado estrés y por la sistematización de un trastorno
mental específico en sujetos victimizados.

24 Esbec, E (2003). Valoración de la Peligrosidad Criminal. Psicopatologia Clinica legal y Forense, 3 (2): 45-
64
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 71

El interés por la víctima del delito es muy reciente. Se cuenta con trabajos marginales y
contribuciones precursoras en la escuela positiva italiana y en la obra de De Greeff. Pero existe
consenso prácticamente general en señalar y homenajear a las figuras de H. Von Heting y B.
Mendelsohn como pioneros de una nueva disciplina: la Victimología.
En 1941, Hans Von Heting publica el trabajo Remarks on the interaction of perpetrator and
victim y en 1948 su obra clave The criminal and his victim. Benjamin Mendelshon escribió en 1937
un trabajo sobre la importancia de la personalidad de la victima en la criminogénesis [Method to be
used by counsel for the defence in the researches made into the personality of the criminal], en
1946 New bio-psycho-social horizons: victimology; y en 1947 pronunció una conferencia sobre
victimologia en Bucarest. Ambos, en esencia, vinieron a señalar que la criminogénesis depende de
una compleja relación entre víctima y victimario, figuras estas que no ocupan posiciones
antinómicas sino que interaccionan, sus roles respectivos se imbrican e incluso llegan a confundirse.
En lo que Mendelshon denomina pareja penal, la víctima -que ya no es considerada necesariamente
como sujeto pasivo del delito- puede contribuir (con mayor o menor culpabilidad) a su propia
victimización.
En la década 1970-1980, la victimología se desarrolla definitivamente. En 1973 se organiza
el Primer Simposio Internacional; en 1976 se publica la revista Victimology y en 1980 se constituye
la Sociedad Mundial de Victimología.
El trastorno mental victimológico por excelencia, trastorno por estrés postraumático (TEPT)
es reconocido por vez primera en la tercera edicción del <<manual diagnóstico y estadístico de los
trastornos mentales>> (D.S.M. III-R; A.P.A., 1980). Sus antepasados más significativos son la llamada
"neurosis traumática" (Oppenheim, 1892; Eulenburg, 1895), Schreckneurose (Kraepellin, 1896),
neurosis de guerra (Kardiner, 1947), reacción intensa de estrés (D.S.M. I, 1952), estrés relacionado
con el combate (D.S.M.II, 1968).
El primer estudio que analiza sistemáticamente el patrón de respuesta en víctimas de violación
(n=13) es el que publican en 1970 Sandra Sutherland y Donald Scherl, describiendo tres fases
características: (a) reacción aguda; (b) ajuste y (c) integración-resolución del conflicto.
Pero el estudio con mayor repercusión internacional se debe a Ann Wolbert Burgess y
Lynda Lytle Holmstrom (1974), Rape trauma síndrome. Estudian la respuesta conductual de 92
mujeres adultas atendidas hospitalariamente durante un periodo de un año. Las manifestaciones del
síndrome traumático de la violación son sistematizadas en dos fases: (a) fase de desorganización,
que incluye reacciones conductuales diversas, reacciones somáticas, reacciones emocionales y (b)
fase de reorganización (a largo plazo), que incluye actividad motora, traumatofobia (miedos), y
trastornos del sueño (Burgess & Holmstrom, 1974).
Deborah S Rose (1986) se refiere a la violación como un acontecimiento “peor que la muerte”
y analiza dos tendencias predominantes antes de 1970: a) la concepción de la violación como un evento
que tiende a darse en mujeres provocativas o b) el trauma de la violación no es más que una
exacerbación de conflictos psicológicos pre-existentes. Para Rose, el trauma de violación se caracteriza
psicodinámicamente por la pérdida profunda (de la confianza básica e omnipotencia primitiva) y el
desarrollo de defensas (racionaliación, disociación, regresión, despersonalización, proyección masiva,
negación), mermando gravemente la autoestima, sexualidad y relaciones con las demás. La culpa que
es intensa, animada por la rabia mal expresada y la verguenza, es responsable de muchos cambios
caracterológicos y en el estilo de vida. La pérdida de la autonomía personal por el control del asaltante
activa afectos primitivos que arrollan al ego. La persona despersonalizada primero queda reconstruída
después, cambia y esos cambios persistirán durante toda la vida.
El problema de la compensación a las víctimas del delito es tan antiguo como la propia
historia del hombre. Ya el código de Hammurabi recoge el "Talión", pena que consiste en hacer
sufrir al delincuente un daño igual al que causó. El principio del Talión era fundamental en el
derecho Mesopotámico pero también fue aceptado por la Ley Hebraica (Ex 21,24-25; lev 24,20,) el
Código de Manú en La India, en Atenas y Roma (Así, en la Ley de las XII Tablas puede leerse "Si
membrum rupsit ni cum eo pacit, talio esto" si rompe su miembro y no hace la paz con éste, sea
talión.), pasando posteriormente a los pueblos bárbaros por lo que pueden encontrarse múltiples
ejemplos -entre nosotros- en el Fuero Juzgo de los Reyes Godos.
El Fuero Juzgo señala en casos de homicidio si ha muerto apaleado o de malos tratos, el
propietario de la prenda lo probará contra su mercader y si era el hijo de su señor, darán muerte a
72 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

su hijo y si era un esclavo del señor, pasará un tercio de mina de plata..., precepto que para algunos
constituye la primera aplicación strictu sensu de la Ley del Talión. Otros artículos relevantes son el
196 (Si un señor ha reventado el ojo de otro señor, se le reventará su ojo...), el 197 (Si ha roto
hueso de otro señor, se le romperá su hueso...); 200 ( Si un señor ha desprendido diente de un señor
de su mismo rango, se le desprenderá uno de sus dientes...).
En estos códigos antiguos, se establecía un rango de victimidad, de manera que según fuese
la categoría de la víctima, aplicaba el talión o la reparación económica del daño. De esta forma el
art. 199 del Fuero Juzgo advierte que si ha reventado ojo del esclavo, pasará la mitad de su
precio..., el art. 201 Si ha desprendido el diente de un subalterno, pasará un tercio de mina de
plata...).
En el Derecho Musulmán, se aplica la Ley del Talión (Kisas) entre castas y el Rescate de
Penas (Dijah); se encuentra recogido en el Corán y la suna (base histórica), el ichmá (base
dogmática) y el quiyás (base lógica), quinto sura versículo 42 y 49
Progresivamente, y en evitación de venganzas desmesuradas, el Estado fue neutralizando a
la víctima mediante la acción penal pública, es decir, monopolizando la reacción penal y
encontrando en la compensación económica una formula aceptable de reparación del daño, muy
apreciado por las víctimas.
Margery Fry, una reformadora penal es la que solicita por primera vez, en Nueva Zelanda
(1963) una reforma para la compensación de las víctimas. Ese mismo año, el Parlamento Neo-
Zelandés establece el primer Tribunal de compensación criminal con poder discrecional para
otorgar a las víctimas o sus familias, compensaciones públicas según los daños sufridos por delitos
violentos. Al año siguiente Inglaterra anunciaba un programa similar. En 1965, el Estado de
California adopta un programa de compensación que será asumido sucesivamente por los demás
Estados de Norteamérica (Minesota, 1972; Georgia, 1974; etc). Otros países pioneros son Australia,
Irlanda del Norte y Suecia.
En el Primer Simposio de Victimología (Jerusalén, 1973) se concluyó que 1- Todas las
Naciones deberían como cuestión de urgencia, considerar la implantación de sistemas estatales de
compensación a las víctimas del delito así como tratar de alcanzar el máximo de eficacia en la
aplicación de los sistemas existentes y los que deberían ser establecidos. 2-Deben emplearse todos
los medios al alcance para difundir información sobre los modelos de compensación; y debe
estimularse la participación de organismos apropiados -gubernamentales o no- en su instauración. 3-
Todos los modelos existentes de compensación deben ser investigados y valorados con miras a
extender su aplicación, teniendo en cuenta los requerimientos respectivos de las diversas
comunidades en las cuales operan.
Hay que destacar la Primera conferencia Internacional sobre la indemnización a las víctimas
de actos violentos celebrada en Los Angeles (O.N.U. 1968); el XI Congreso Internacional de
Derecho Penal en Bucarest (1974); Los diferentes Simposios de Victimología (Jerusalem, 1973;
Boston, 1976; Münster, 1979; Kioto, 1982; Jerusalem, 1988) y los Institutos internacionales en
Victimología (Bellagio, 1975; Bellagio, 1982; Lisboa, 1984).
El Convenio 116 sobre indemnización a las víctimas de delitos violentos (Consejo de
Europa; Estrasburgo, 24 de noviembre de 1983) consideró la necesidad de instaurar o desarrollar
regímenes ayudas a las víctimas por parte del Estado en cuyo territorio se hubieran cometido tales
delitos, sobre todo cuando el autor del delito no ha sido identificado o carece de recursos. En
sentido similar se pronunció la O.N.U. (resolución 40/34, sobre los Principios Fundamentales de
Justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder).

4.10. La psicología forense en España

Hay cierto consenso en afirmar que el origen de la psicología jurídica y forense española
se encuentra en el trabajo del psiquiatra catalán Emilio Mira y López publicado en 1932, Manual de
Psicología Jurídica.
Hubo que esperar hasta la década de los 70 para que en el seno del Colegio de abogados de
Barcelona se fundase el Instituto de Psicología y Sociología Jurídicas bajo la dirección y empuje de
los profesores Muñoz Sabaté, Federic Munné y Ramón Bayés, (la llamada Escuela de Barcelona) y
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 73

se publicase el Anuario de Sociología y Psicología jurídicas (1974-1987) y posteriormente el libro


de los mismos autores Introducción a la Psicología Jurídica (1980).
La psicología forense española se desarrolla, sin duda alguna con la implantación de
determinados puestos de trabajo en los órganos Jurisdiccionales. En1970 fue creado el Cuerpo
Técnico de Instituciones Penitenciarias. En 1983, se crearon las primeras plazas de psicólogo
adscrito a los juzgados de familia (reforma del código civil por Ley 30/81). A partir de 1986 se
dotaron diversas plazas en diversas clínicas médico-forenses. A partir de 1988, se incorporan
psicólogos a los Juzgados de menores (los juzgados de menores tienen adscrito un equipo técnico
compuesto por un educador, un asistente social y un psicólogo forense). En 1991 entra en escena el
psicólogo adscrito a los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria. A finales de 1995 se crearon plazas
de psicólogo adscrito a las secciones civiles y penales de la Audiencia Provincial de Madrid. Desde
el año 2000 se han ido dotando de equipos psico-sociales juzgados mixtos de primera instancia e
instrucción, así como los de incapacidades y tutelas y desde el año 2005 los juzgados de violencia
doméstica.
A partir de 1999 fueron dotadas las nuevas oficinas de ayuda a las víctimas. España,
presentaba un considerable retraso con respecto a los demás países de la Comunidad Europea. Hasta
la publicación de la Ley 35/95, solo se encontraba en vigor el Real Decreto de 28 de octubre de
1988 sobre víctimas del terrorismo. El Consejo General del Poder Judicial (Reunión de la Comisión
de estudios e informes de 15 de enero de 1991) compartió la preocupación y finalidad a que
respondía la recomendación del Defensor del Pueblo. Por su parte, El Fiscal General del Estado
(Memoria del año 1991) consideró claramente insatisfactoria la situación de las víctimas del delito
en España: <<En la mayor parte de las causas penales, la acción civil de reparación corre una
suerte de papel secundario y hasta de mera comparsa en el que casi todo es formulario. Las
declaraciones de insolvencia son poco rigurosas y muchas increíbles, la búsqueda de bienes en el
presunto autor es prácticamente ilusoria y finalmente, las prestaciones establecidas en sentencia
son nulas, escasamente operativas, o en el mejor de los caos tardías. Solo los procedimientos
incoados con motivo de accidente de circulación viaria merecen suficiente atención en estos
aspectos indemnizatorios y sin duda, por la cobertura civil de las compañías de seguros que en
tales procedimientos existe...>>. Todo ello desencadenó un proyecto de ley de ayuda a las víctimas
de delitos dolosos y una proposición de ley sobre derechos que asisten a las víctimas de delitos
violentos. La Ley de ayuda a las víctimas (35/95), finalmente, entró en vigor, estableciendo un
sistema de ayudas públicas a las víctimas de delitos violentos y delitos contra la libertad sexual
cometidos en el territorio Nacional y determinó la creación de las oficinas de ayuda a las víctimas,
hoy dispersas por todo el territorio nacional.
En la década de los 90 se experimenta un fuerte empuje de la psicología forense desde el
propio derecho, especialmente por parte del catedrático de derecho penal y psicólogo Díez Ripollés
quien afirmo que en la actualidad estamos presenciando una profundización en el análisis psicológico
individual al abogarse desde diferentes tendencias por la necesidad de atender a aspectos
habitualmente descuidados como la afectividad, las alteraciones motivacionales y sobre todo, los
procesos de socialización, sin quedarse, como venía siendo frecuente en las perturbaciones más
directamente vinculadas al intelecto y la voluntad (…)
En1991 el COP publica el Anuario de Psicología Jurídica
Un gripo de profesionales reunidos por primera vez en España (1.992), en el Congreso
Iberoamericano de Psicología y posteriormente en el XXIV Congreso Interamericano de Psicología
en Santiago de Chile (1.993), un grupo de profesionales motivados por el interés común de
desarrollar como especialidad definida la psicología jurídica, se convocan en el I Encuentro
Internacional de Psicología Forense en Buenos Aires, dando cuerpo a la Asociación Iberoamericana
de Psicología Jurídica (A.I.P.J) el 14 de Julio de 1.993, que tomó forma jurídica en 1995.
En la parte de las relaciones internacionales de la psicología, también el C O P. ha dedicado
una parte de su trabajo, para que la psicología jurídica forme parte de la Psicología Europea. Y
dentro de Europa el órgano más representativo es sin duda la EFPPA donde están representadas
todas las Asociaciones profesionales de los países Europeos. Así pues España a través de su
representante en dicha Asociación, Don Manuel Berdullas, y a propuesta de la Coordinadora de
Psicología Jurídica del C.O.P , inició los contactos para crear un grupo de trabajo de psicología
jurídica (Task Force on forensic psychology) que empezara a trabajar para conseguir que la EFPPA
74 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

autorizase la División-Sección de Psicología Jurídica de esta forma, se realizó una primera reunión
informal, con un representante británico y otro alemán en Madrid, para iniciar dicho trabajo en
1993.Tras esta primera reunión se han celebrado otras tres, la última en Amsterdam, y se han ido
incorporando los siguientes países (Holanda, Portugal, Italia, Suecia) y los tres mencionados. Los
temas de interes han sido Contexts and practice of Psychology in Europe; Research and Training in
Forensic Psychology.Forensic Psychology and the Evaluation of Eyewitness Testimony in Europe;
Between Fantasy and Reality: Ethical Problems in the Practice of Forensic Psychology;
Psychologist as Expert Witnesses in Family Dispute Cases; Forensic Evaluation; Roles of Forensic
Psychologist in Prisons; Core skills of Forensic Psychologist25.
Actualmente, la psicología forense en España está bien asentada. Por ejemplo, en la
comunidad de Madrid (2009) existían los siguientes puestos de trabajo (no se incluyen funcionarios
pertenecientes al ejército, policía o Instituciones penitenciarias):

PERICIAL

• CLINICA MÉDICO-FORENSE: 3
• JUZGADOS DE FAMILIA: 14
• JUZGADOS DE PERIFERIA: 13
• JUZGADOS DE INCAPACIDADES: 2
• JUZGADOS DE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER: 10 EN MADRID y 7 EN
PERIFERIA
• FISCALÍA DE MENORES: 13
• JUZGADOS DE VIGILANCIA PENITENCIARIA: 6
• AUDIENCIA PROVINCIAL: 2
• SAGIAD: 6
• TOTAL: 76

ASISTENCIAL
• OFICINAS JUDICIALES: 50
• SERVICIO DE ATENCION A LA VICTIMA: 14 EN EL JUZGADO DE GUARDIA Y 2
EN LO PENAL
• ANATÓMICO FORENSE: 2
• TOTAL: 68

Los psicólogos forenses oficiales (personal laboral contratado) se encuentran normalmente


organizados, integrados dentro de los equipos técnicos (menores), unidades de valoración integral
(juzgados de violencia contra la mujer), equipos psicosociales, “especialistas debidamente
cualificados” [92cc (familia)] y equipos judiciales. Se ha criticado que no conformen un cuerpo
superior de funcionarios y que sigan sin estar recogidos en la Ley Orgánica del Poder Judicial, en
donde si se hace mención a los médicos forenses y personal del Instituto Nacional de Toxicología.

5. LA PRUEBA PERICIAL

Durante el llamado periodo probatorio, las partes pueden proponer al Juez las pruebas que
estime convenientes o necesarias. Prueba es la justificación de la verdad de los hechos
controvertidos en un juicio. La Ley admite los siguientes medios de prueba: a- Interrogatorio de las
partes; b- Documentos públicos; c- Documentos privados; d- Dictamen de peritos; e-
Reconocimiento judicial; f-Interrogatorio de testigos.; g- Medios de reproducción de la palabra, el
sonido o la imagen; h- Cualquier otro medio que permita obtener certeza y sea admitido por el
tribunal.
La actividad probatoria debe reunir tres condiciones (STS de 17-11-89): a- debe practicarse
legalmente, con todas las garantías sustantivas y procesales; b- Debe ser bastante, suficientemente
reveladora de los hechos objeto de enjuiciamiento en la causa, para bastar en su resultancia los
probados a declarar en la sentencia; c- Debe ser causante de la calificación y fallo.

25 Papeles del Psicólogo (1995). ISSN 211-7851. Febrero, nº 61, 1995.


Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 75

Las partes tienen el derecho a utilizar los medios de prueba que estime convenientes para
evitar la indefensión (derecho de prueba). Sin embargo, la doctrina del Tribunal Constitucional
Español es constante y reiterada en relación con el Art. 24.2 de la Constitución Española, al
establecer que el derecho a la prueba no tiene carácter ilimitado o caprichoso, pudiendo el tribunal
rechazar (razonadamente) aquellos medios de prueba que no guarden relación o sean inútiles o
impertinentes con el tema. El Tribunal Supremo también diferencia claramente entre pertinencia de
la prueba y necesidad de su práctica (por ejemplo STS de 3-4-92).
La prueba pericial también llamada pericia, peritaje o peritación, es una declaración de
conocimiento que emite una persona técnica o práctica sobre los hechos de autos, cuando para las
probanzas son necesarios o convenientes conocimientos científicos o artísticos. La misión del perito
es ilustrar, asesorar, aportar conocimientos, y la del juez o Tribunal, fallar a la luz de los mismos. El
perito (peritus), por lo tanto, como persona sabia, versada en una materia, se convierte en un
auxiliar o colaborador de la Administración de Justicia.
La Ley Orgánica del Poder Judicial (España) contempla la figura de los peritos oficiales,
funcionarios como es el caso de los médicos forenses (Art. 497) o personal laboral contratado como
es el de los psicólogos (Art. 508). En general, los Tribunales de Justicia otorgan mayor poder al
informe oficial frente al informe privado cercano a una presunción iuris tantum, siempre que, a
través de otras pericias o medios de prueba no se demuestre el error... (STS de 17 de noviembre de
1983) así como al perito insaculado (elegido por sorteo) frente al designado (STS de 11 de junio de
1970; 5 de junio de 1991). Por otra parte, es doctrina reiterada del Tribunal Supremo que los
informes periciales no son revisables en casación, ya que su interpretación y análisis, junto a las
demás pruebas, corresponde al Tribunal sentenciador y no se trata de documentos a tales efectos
sino de pruebas documentadas.
El Tribunal Supremo español para determinar un posible error en la apreciación de la
prueba analiza la racionalidad del juicio histórico que ha llevado a cabo el juzgador «a quo»,
teniendo en cuenta que el contenido de los artículos 741 de dicha Ley y el 117.3 de la Carta Magna,
absolutamente incompatible con la prohibición de que el juicio axiológico realizada por el mismo
sea arbitraria, irrazonada o irrazonable. Cuando este juicio de valor está en contradicción con los
términos claros y precisos de un «documento», no es de una prueba «personal» documentada, cuya
apreciación corresponde en exclusiva al juzgador de instancia, si el contenido documental no está, a
su vez, contradicho por otros medios probatorios, aparece el «error» de acuerdo con la técnica
procesal de nuestra Ley adjetiva.
Acorde y consecuencia de dicha doctrina, el Tribunal Supremo viene resaltando: 1.º), que
los «informes» o «dictámenes periciales», constituyen un asesoramiento práctico o científico para
mejor comprender el juzgador la realidad que subyace en un determinado problema a él sometido,
apreciable por el mismo conforme a las facultades que le otorga el artículo 741 de la Ley Penal y
muy específicamente por el 632 de la misma Ley, según el cual «los Jueces y Tribunales apreciarán
la prueba pericial, según las reglas de la sana crítica sin estar obligados a sujetarse al dictamen de
los peritos; 2.º), como pruebas «personales», aunque documentadas en actuaciones bajo la fe del
Secretario Judicial, junto con las demás probanzas, son apreciadas libremente por el sentenciador
como se acaba de decir; 3.º), cuando en algún caso, por la vía de aproximación al «documento» y
con carácter excepcional, adquiere tal naturaleza, en el supuesto en que el Tribunal, asumiendo los
presupuestos del informe del perito, se distancia o se separa de él en sus conclusiones, sin razones
para hacerlo, tampoco le vincula; lo que existe, mucho más sencillamente, no es otra cosa que un
discurso o razonamiento judicial que es contrario a las reglas de la lógica, de la experiencia o a los
criterios firmes del pensamiento científico (STS de 19-1-93; 27-1-93; 22-7-94; 6-3-95)
La elección de los peritos corre a cargo del Juez, generalmente a propuesta de las partes,
aunque a veces puede elegirlo según su libre criterio.
Las conclusiones de la prueba pericial no son vinculantes para el juez (por ejemplo STS de
10-2-94), de tal manera que el juez puede prescindir de sus conclusiones de forma razonada, puede
solicitar el concurso de otros peritos para ilustrarse con más garantías y encuadrará las conclusiones
junto a otros elementos probatorios. El juez no está obligado ni queda sujeto al dictamen de los
peritos valorando el dictamen según las reglas de la sana crítica ya que como ha señalado el
Tribunal Supremo repetidamente <<lo contrario convertiría al perito en juzgador y al Juez en mero
espectador>>. Sin embargo el Juez deberá expresar en la sentencia los motivos por los que lo
76 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

rechaza o aquellos por los que lo estima de apreciación preferente a las otras pruebas aportadas
(STS de 9 de noviembre de 1979). En todo caso, el Juez no podrá estimar solo las partes del informe
que resultan de su agrado y rechazar las otras, dado que el Tribunal Supremo ha señalado (STS de
7-7-1979) que la prueba ha de aceptarse en su integridad.
Durante el periodo probatorio, el Juez decidirá si resulta procedente la práctica de la prueba
pericial o de otras pruebas como la testifical o documental. En algunos casos (por ejemplo, la
autopsia en supuestos de muerte violenta o sospechosa de criminalidad, el examen del menor por
parte del equipo técnico,...) la prueba pericial resulta obligatoria, imperativa por la Ley. En otros
casos y normalmente, la parte a quien interese este medio de prueba propondrá con claridad y
precisión el objeto sobre el cual deba recaer el reconocimiento pericial y el juez manifestará clara y
determinantemente a los peritos el objeto de su informe.
Nadie puede negarse a intervenir como perito, si la Justicia reclama su ayuda en legal forma
(Art. 462 LECriminal), salvo que se encuentre inmerso en una de las causas de recusación previstas
por la Ley o estuviere legítimamente impedido.
El perito deberá, en todo caso, aceptar su cargo ante el Juez y jurar o prometer (asegurar
veracidad) desempeñarlo fielmente (con la mayor objetividad posible) en el plazo que el Juez
estime oportuno según la dificultad del examen y las circunstancias del caso.
Las operaciones o reconocimientos efectuados por el perito, pueden ser presenciadas por las
partes, previa autorización del juez, siempre y cuando ello no se impida o estorbe la labor del perito.
El peritaje debe formularse por escrito, acompañando los documentos, instrumentos o
materiales adecuados, su fuese posible. Se acompañarán a la demanda o contra-demanda, antes de la
comparecencia o durante la audiencia para la práctica de la prueba. Pero el momento estelar o cenit
del proceso es la fase de juicio oral en el que se dan cita y hallan su realización más completa los
principios de oralidad, publicidad, inmediación, concentración e igualdad (STS de 14-7-89, 13-1-
89; STC de 17-6-86, 1-10-87).
Los peritos pueden incurrir en responsabilidad disciplinaria (falta de diligencia,
desobediencia, comportamiento incorrecto, etc.), responsabilidad civil (indemnizaciones por
malpraxis), y responsabilidad penal [alteración grave del orden, incomparecencia ante la vista oral
(Art.463 Código Penal), cohecho (Art. 423 y ss Código Penal) y falso testimonio (Art. 459 y 460
Código Penal)]. Los psicólogos contratados por la Administración de justicia están sujetos además a
su propio régimen disciplinario.
Respecto a los derechos de los peritos, tiene mucho interés -especialmente para el
profesional privado- el cobro de honorarios (pago de honor; valoración personal del trabajo
realizado)26.
En España, la Ley 2/74 de Colegios profesionales solo establece la regulación de los
mínimos, pero el profesional es libre para señalar la cuantía por encima de esta cifra. La minuta de
honorarios debe estar bien detallada.
Ante el posible impago de honorarios por la parte proponente, es aconsejable que el perito
se dirija al procurador antes de efectuar el examen pericial, con objeto de solicitar provisión de
fondos (anticipo de gastos) y si ya hubiera aceptado y jurado el cargo solicitar a la Autoridad
Judicial que requiera al procurador para efectuar dicha provisión (salvo en los casos de justicia
gratuita). Sin embargo, debe quedar claro que, aún en caso de impago, no queda eximido el perito
de efectuar el informe que le ha sido solicitado.
Aunque el ejercicio de la pericia privada no requiere autorización colegial, el Colegio
profesional correspondiente, según la Ley 2/74 está obligado a encargarse del cobro de
percepciones, en caso de impago y en cualquier caso, la fórmula más rápida y eficaz no es la
reclamación por vía civil sino la denuncia ante el juez o Tribunal sentenciador, para que incluya en
costas el pago de honorarios.
Los peritos psicólogos oficiales tienen derecho a ser dotados de medios adecuados y a
complementos por volumen de trabajo. La Resolución DE 10 de junio de 1996 ya citada advierte
que a los trabajadores sociales, psicólogos y educadores se les proporcionarán los tests o
cuestionarios, publicaciones especializadas y el material de trabajo necesario para el desarrollo de

26 Ver, López-Muñiz, M (1995). La prueba Pericial. Guía Práctica y Jurisprudencia. Ed. Colex. Madrid.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 77

sus funciones y contarán con locales adecuados para el desempeño de su trabajo, que deberán estar
revestidos de la necesaria intimidad.
Al final de este escrito, anexamos un resumen de los aspectos más importantes respecto a la
prueba pericial contenidos en la Ley de Enjuiciamiento Civil (1/2000).

5.1. Sistematización del informe pericial27

El informe pericial, también llamado dictamen, constituye un documento escrito, fechado y


firmado en el que el perito expone sus consideraciones y conclusiones sobre los hechos que han
sido objeto de pericia. No obstante también se aplica al informe verbal (declaración).
El informe escrito, deberá dejar un amplio margen izquierdo llamado pestaña y estará
encabezado por el / los nombres de los peritos y su titulación, autoridad que solicita el informe,
número de referencia de la causa y objeto / persona sobre la que recae (fórmula inicial)
El artículo 245 del código procesal Hondureño señala que en la etapa preparatoria, el
informe pericial se rendirá por escrito, sin perjuicio de que el perito pueda ser requerido para
aclararlo o completarlo personalmente o también por escrito. En el juicio, el informe pericial ser
rendirá verbalmente, sin perjuicio de que, previa o simultáneamente, el perito acompañe su informe
por escrito.
El Art. 478 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal española señala que el informe pericial
(en general) debe comprender:

ƒ Descripción de la persona o cosa objeto del mismo, en el estado o modo en que se halle.
ƒ Relación detallada de todas las operaciones practicadas y de su resultado
ƒ Las conclusiones de los peritos, conforme a los principios de su ciencia o arte.

El informe psicológico no se aparta -en esencia-de estas directrices generales. Después del
encabezamiento, debe añadirse la metodología utilizada (entrevistas, tests, etc.); a continuación el
examen de la persona peritada, que debe comprender un análisis histórico-biográfico o anamnesis
tanto personal como sistémica, la exploración psicológica (entrevistas, tests, escalas, etc.) con sus
resultados, los datos prevenientes de exámenes documentales o de referencias. Los fundamentos
científicos deben ser integrados en un apartado de consideraciones o discusión forense y resumidos
escuetamente en las conclusiones. El informe termina con una fórmula final, fecha y firma.
La discusión forense o legal es el apartado más importante en donde el perito justifica y
razona sus descubrimientos; puede efectuar un análisis funcional de la conducta si lo cree oportuno;
puede recurrir a citas bibliográficas...y va tendiendo un puente progresivo entre la evaluación
psicológica y la problemática jurídica que se plantea en el proceso (imputabilidad, incapacidad civil,
etc.) procurando hacer la mínima mención de términos jurídicos y utilizar un lenguaje lo más
inteligible para el profano
Los apartados más importantes y los elementos psicológicos de evaluación vienen
sistematizados en la Tabla 2.

Tabla 2. Apartados y sistematización general del informe pericial psicológico

• DATOS IDENTIFICATIVOS DEL /LOS PERITOS.

• AUTORIDAD O PERSONA QUE LO SOLICITA

• METODOLOGÍA

• ANTECEDENTES SUMARIALES. RESUMEN DE LOS HECHOS


o DATOS DE LA FAMILIA
o DINÁMICA DEL DELITO
o HECHOS LABORALES. ETC

27 Ver Delgado, S (comp) 1994). Psiquiatría Legal y Forense (Capítulos 1, 2, 13, 18). Ed. Colex. Madrid.
78 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

• EXPLORACIÓN:
o DEL SISTEMA FAMILIAR.
o DEL ENTORNO.
o DE LA PERSONA.
ƒ Antecedentes. Anamnesis.
• Nacimiento.
• Antecedentes familiares.
• Infancia.
• Vínculos.
• Escolarización.
• Antecedentes médicos.
• Antecedentes psiquiátricos.
• Antecedentes psicológicos: (lenguaje, control de esfínteres,
problemas de conducta,...).
• Adolescencia.
• Consumo de sustancias psicotrópicas.
• Servicio militar.
• sexualidad.
• Antecedentes laborales.
• Antecedentes penales o policiales.
• Matrimonio. Historia conyugal
• Antecedentes de victimización.
ƒ Entrevista.
• Aspecto.
• Examen somático. Biotipo.
• Rapport. Actitud.
• Conducta.
• Lenguaje.
• SISTEMA COGNITIVO.
o Conciencia.
o Orientación.
o Atención.
o Inteligencia: razonamiento informal; resolución de
problemas.
o Lectura, escritura y praxias.
o Pensamiento: curso y contenido.
o Memoria: evocación y fijación.
• SISTEMA AFECTIVO.
o Animo.
o Afectividad.
o Auto-estima.
o Empatía.
o Sentimientos.
o Emociones.
o Motivaciones
• ESTILO DE VIDA.
o Aficiones.
o Sociabilidad.
o Intereses.
• RASGOS DE PERSONALIDAD.
o Neuroticismo. Ansiedad.
o Extraversión.
o Estilos cognitivos.
o Sensibilidad.
o Estabilidad emocional.
o Tolerancia a la frustración.
o Dependencia.
• VALORES
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 79

ƒ Pruebas complementarias.
• Entrevistas Estructuradas.
• Escalas.
• Tests.
• Observación en medio natural.
• Analítica.
• Pruebas de neuroimagen.
• Respuesta al tratamiento.

• DISCUSIÓN PSICO-LEGAL
o DIAGNÓSTICO
o CONSIDERACIONES FORENSES

• CONCLUSIONES. Las conclusiones forenses deben estar numeradas (primera, segunda,...), ser
muy escuetas, con un lenguaje claro e inteligible para el profano y recogerán los aspectos más
relevantes.

• FORMULA FINAL

• FECHA Y FIRMA

5.2. Impresión diagnóstica

Diagnóstico (del griego diagnostikós) significa capacidad de discernir, y el psicólogo


clínico puede hacerlo. El informe pericial psicológico, debería incluir un apartado de IMPRESIÓN
DIAGNÓSTICA, si se diera el caso, o de VALORACIÓN PSICOLÓGICA, si se prefiere. En tales
circunstancias es recomendable que el perito utilice una fórmula de codificación multiaxial, como la
propuesta por la APA en el DSM-IV. No obstante, cara al DSM-V a publicar en 2013, es muy
probable que desaparezcan los ejes II y III que se integran en un eje único, junto al Eje I.
En el Eje II, el perito incluirá los trastornos de inicio en la infancia, adolescencia o inicios
de la edad adulta, es decir los trastornos del desarrollo incluido el retraso mental y los trastornos de
la personalidad. Si existieran rasgos de personalidad aislados que resultaren relevantes para la
pericia, serán igualmente reseñados. El contenido de este eje puede estar muy relacionado con el
concepto <<anomalía>> presente en el Art.. 20 del código penal.
En el Eje I el perito incluirá el resto de trastornos mentales, generalmente de aparición
nueva o reciente, muy relacionados con el concepto alteración” del Art. 20 del código penal.
El Eje III está reservado para la patología somática y el psicólogo solo deberá
cumplimentarlo si tal patología está acreditada o documentada por informes médicos.
El Eje IV comprende los estresores psicosociales o ambientales que influyen en los
diagnósticos.. Un problema psicosocial o ambiental, según el DSM-IV puede ser un acontecimiento
vital negativo, una dificultad o deficiencia ambiental, un estrés familiar o interpersonal, una
insuficiencia en el apoyo social o los recursos personales, u otro problema relacionado con el
contexto en que se han desarrollado alteraciones experimentadas por una persona. Los denominados
estresantes positivos, como una promoción laboral, sólo deben hacerse constar si constituyen un
problema o conducen a él, como cuando una persona tiene dificultades para adaptarse a una
situación nueva. Además de desempeñar un papel en el inicio o exacerbación de un trastorno
mental, los problemas psico-sociales también pueden aparecer como consecuencia de la
psicopatología, o pueden constituir problemas que deben tomarse en consideración en el
planeamiento de la intervención terapéutica general. Cuando una persona tiene problemas
psicosociales o ambientales múltiples, el clínico debe tomar nota de todos aquellos que juzgue
relevantes.
En general, el clínico sólo debe hacer constar aquellos problemas psico-sociales y
ambientales que hayan estado presentes durante el año anterior a la evaluación actual. Sin embargo,
el clínico puede decidir el registro de problemas psico-sociales y ambientales acaecidos antes del
80 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

año anterior si han contribuido claramente al trastorno mental o se han constituido en un objetivo
terapéutico (p. Ej. experiencias previas de combate conducentes a un trastorno por estrés
postraumático).
En la práctica, la mayor parte de los problemas psico-sociales y ambientales se indicarán en
el Eje IV. No obstante, cuando un problema psico-social o ambiental constituya el centro de la
atención clínica, se hará constar también en el Eje I, con un código derivado del apartado Otros
problemas que pueden ser objeto de atención clínica
El Eje V corresponde a una evaluación global del sujeto.
Una vez establecido el diagnóstico, pueden aplicarse las siguientes especificaciones
indicadoras de gravedad y curso evolutivo: leve, moderado, grave, en remisión parcial, en remisión
total e historia anterior. Las especificaciones “leve, moderado y grave” sólo deben utilizarse cuando
el trastorno cumpla en el momento presente todos los criterios. Al decidir si la presentación del
trastorno ha de describirse como leve, moderada o grave, el clínico debe tener en cuenta el número e
intensidad de los signos y síntomas del trastorno en cuestión, así como cualquier irregularidad en la
actividad laboral o social28.
Los diagnósticos múltiples pueden formularse en forma multiaxial o no axial. Cuando el
diagnóstico principal corresponde a un trastorno del Eje I, esto se indica situándolo en primer lugar.
Los restantes trastornos se ordenan según el objetivo asistencial y terapéutico. Cuando una persona
cuenta con diagnósticos tanto del Eje I como del Eje II, se supondrá que el diagnóstico principal o el
motivo de la visita radicará en el Eje I a menos que el diagnóstico del Eje II vaya seguido de la
expresión (diagnóstico principal) o (motivo de la consulta).
Cuando existe una clara presunción de que todos los criterios para un trastorno se cumplirán
en última instancia, pero no se dispone de suficiente información para formular un diagnóstico
firme, en tal caso puede utilizarse la especificación provisional. El clínico puede indicar la
incertidumbre diagnóstica anotando (provisional) después del diagnóstico. Por ejemplo, el sujeto
parece sufrir un trastorno depresivo mayor, pero no es posible obtener una historia adecuada que
permita establecer que se cumplen todos los criterios.
En caso de duda, la incertidumbre diagnóstica puede expresarse: mediante Códigos Z (otros
problemas que pueden ser objetivo de atención clínica), R69 Diagnóstico o trastorno aplazado en el
Eje I [799.9], R46.8 Diagnóstico aplazado en el Eje II [799.9], F99 Trastorno mental no
especificado (no psicótico [300.9]), F29 Trastorno psicótico no especificado [298.9] (Clase de
trastorno) no especificado, por ejemplo, trastorno depresivo no especificado, (Diagnóstico
específico) (provisional), por ejemplo, trastorno esquizofreniforme (provisional).
La mayor parte de los conjuntos de criterios presentados en el DSM-IV incluyen criterios de
exclusión necesarios para establecer límites entre distintos trastornos y para clarificar diagnósticos

28 Leve. Son pocos, o ninguno, los síntomas que exceden los requeridos para formular el diagnóstico. Los
síntomas no dan lugar sino a un ligero deterioro de la actividad social o laboral.
Moderado. Existen síntomas o deterioro funcional situados entre leve y grave.
Grave. Se detectan varios síntomas que exceden los requeridos para formular el diagnóstico, o distintos
síntomas que son particularmente graves, o los síntomas dan lugar a un notable deterioro de la actividad social
o laboral.
En remisión parcial. Con anterioridad se cumplían todos los criterios del trastorno, pero en la actualidad sólo
permanecen algunos de sus síntomas o signos.
En remisión total. Ya no existe ningún síntoma o signo del trastorno, pero todavía es relevante desde un punto
de vista clínico tener en cuenta dicho trastorno, por ejemplo, en un individuo con episodios anteriores de
trastorno bipolar que ha permanecido sin síntomas durante los últimos 3 años, bajo tratamiento con litio. Tras
un período de tiempo en completa remisión, el clínico puede considerar que el sujeto está recuperado y, en
consecuencia, no codificar el trastorno como un diagnóstico actual. La diferenciación de en remisión total
requiere la consideración de distintos factores, incluyendo el curso característico del trastorno, el lapso de
tiempo transcurrido desde el último período patológico, la duración total del trastorno y la necesidad de
evaluación persistente o de tratamiento profiláctico.
Historia anterior. En determinados casos puede ser útil reconstruir la historia de los criterios cumplidos por el
trastorno, aun cuando el individuo esté recuperado en la actualidad. Es-tos diagnósticos anteriores de un
trastorno mental deben indicarse utilizando la especificación historia anterior (p. ej., trastorno de ansiedad por
separación, historia anterior, aplicable a un individuo con una historia de trastorno de ansiedad por separación,
que en la actualidad no sufre trastorno alguno o que ahora satisface criterios de crisis de angustia).
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 81

diferenciales. Los distintos términos utilizados para describir los criterios de exclusión a lo largo del
DSM-IV reflejan los diferentes tipos de relaciones posibles entre trastornos: criterios para...., No
cumple criterios para...., No aparece exclusivamente en el transcurso de.... , No se debe a los efectos
fisiológicos directos de una sustancia, No se explica mejor por....

5.3. Informe clínico-asistencial. El psicólogo-testigo.

El psicólogo, puede también intervenir en la Administración de Justicia emitiendo un


informe clínico-asistencial, que constituye un documento privado. En este caso, el psicólogo puede
-además- recibir la llamada de los jueces y tribunales en calidad de testigo. Se trata por lo general de
casos que han sido atendidos por el profesional con ocasión de su ejercicio profesional clínico y que
recibe la solicitud de un informe que verifique el tratamiento dispensado y las causas que lo
originaron. El clínico, en este caso (no expresamente cuando actúa como perito) tiene la obligación
de proporcionar el resultado de sus evaluaciones al paciente (Art. 42 del Código Deontológico), y
éste puede hacer uso de tales conclusiones.
El psicólogo-perito es diferente del psicólogo-testigo. En primer lugar mientras el testigo
conoce un hecho independientemente y generalmente antes de la llamada por parte del Tribunal, el
perito conoce los hechos por en cargo del Juez. El testigo siempre se refiere a acontecimientos del
pasado, mientras que el perito a veces debe remontarse atrás en el tiempo (peritaje retrospectivo
post-facto), pero otras no. Mientras perito pueden ser las personas jurídicas (por ejemplo una
Academia, Sociedad, Instituto, etc.), testigo solo puede ser una persona física. El testigo no emite
juicios de valor, solo habla de lo que ha conocido por medio de los sentidos, mientras que el perito
efectúa consideraciones.
El psicólogo que ha emitido un simple informe asistencial, puede ser requerido a ratificar
dicho informe y aclararlo -si procede- ante las Autoridades Judiciales, si ha sido presentado en
algún procedimiento. Como es natural, el profesional habrá extendido un informe breve, limitado a
los aspectos clínicos y terapéuticos, sin hacer consideraciones legales o forenses de ningún tipo,
consideraciones que no tiene obligación de efectuar, aunque - de hecho- le sean posteriormente
requeridas por las partes durante la vista oral. No obstante, la Ley de enjuiciamiento civil española
(Ley 1/2000) prevé la figura del testigo-perito, aquel que por poseer conocimientos científicos,
técnicos artísticos o prácticos sobre la materia a que se refieran los hechos del interrogatorio, puede
agregar manifestaciones ilustrativas que sean admitidas por el tribunal.
En estos casos, el psicólogo está sometido a las reglas de la prueba testifical. Deberá jurar
decir verdad y no estar inmerso en causa de recusación, pero podrá negarse a comunicar
información que considere confidencial, razonando al tribunal sus argumentaciones para guardar
secreto profesional, quedando liberado de responder. El Tribunal, comprobando el fundamento de
las alegaciones, mandará unir el documento a los autos, dejando constancia de las preguntas
afectadas por el secreto.
El informe clínico asistencial, incluye el número de historia clínica, el motivo de consulta,
los datos más importantes de anamnesis y exploración, el tratamiento efectuado y el pronóstico. No
hay consideraciones / conclusiones forenses.

5.4. Sistemática de la evaluación en psicología forense.

La evaluación psicológica constituye uno de los medios más importantes en el peritaje sobre
el estado de salud mental de un sujeto ante los Tribunales de Justicia. Si bien sus implicaciones son
múltiples, el poder objetivador de su metodología sobresale especialmente en la valoración de la
faceta antropológica de la imputabilidad en el marco de una progresiva subjetivización de la
dogmática jurídico-penal y de una creciente y necesaria psicologización de la pericia forense.
Tal profundización tienen su máximo exponente en la valoración de la capacidad de
culpabilidad a la luz de algunas teorías generales de la imputabilidad (motivabilidad, subcultura,...)
y el nuevo código penal; éste ha suprimido el concepto <<enajenado>> que contenía una fuerte
carga psiquiátrica y emparentaba al inimputable con los locos y dementes de otros códigos para
sustituirlo por los conceptos más amplios de <<anomalía>> y <<alteración>>.
82 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

Pero además, la psicología aborda la individualidad del ser humano independientemente de


la existencia de trastornos mentales, y en virtud de lo establecido por el propio código permite al
administrador de justicia a su vez individualizar o graduar la pena según las circunstancias
personales del agente.
La aplicación forense de la psicología científica a otros campos, como el derecho de
familia, es bien conocida.
Raymond (1978), señaló que al experto psico-legal compete poner de manifiesto las
potencialidades reales del individuo, sus capacidades restantes, las que quedan disponibles:
discernimiento de aptitudes, evaluación del potencial adaptativo, estimación del desarrollo intelec-
tual, afectivo o libidinal, lo cual puede proporcionar una comprensión diferente del sistema
individuo-sociedad en el que se inscribe la realización del acto a propósito del cual, la justicia está
presente29.
Muy interesante para la evaluación forense es la controversia entre rasguismo y
situacionismo, problema ya clásico en psicología de la personalidad. Si bien la óptica a seguir es la
interaccionista que advierta la influencia incuestionable de la situación puntual, esa " comprensión
escénica" de la que habla Hassemer, parece claro que al perito, a la hora de inferir y predecir
estados mentales, le es imprescindible creer en el rasgo de personalidad como una disposición a
comportarse (pensar o sentir) de una forma concreta. El credo en la relativa estabilidad de la
personalidad (si bien no estática sino dinámica), la convicción de una cierta consistencia trans-
temporal y trans-situacional, nos parecen necesarios en psiquiatría y psicología forense.
Lo mismo cabe decir respecto a integración sistemática y jerarquizada de la personalidad
contra la frecuente compartimentalización (inteligencia // voluntad).
Durante la exploración forense (salvo en casos de menores), las entrevistas tienden a ser
muy directivas. El perito se fija en principio en las características físicas más destacadas del
individuo, descripción del retrato de la persona, incluyendo el biotipo, el aseo, tatuajes, defectos
físicos, estigmas, etc.; describe la marcha y movimiento, atendiendo a sus alteraciones.
Inmediatamente apreciará si el discurso es espontáneo, el volumen de la voz, la prosodia y
entonación. Apreciará si la actitud es colaboradora o más bien reticente.
Debe evaluar el estado anímico, la expresión afectiva, la restricción de los afectos y la
adecuación de la afectividad.
Analizará la forma en la que discurre el pensamiento (curso) y cual es su nivel de
organización (contenido) fijándose en la existencia de ideas fijas, sobre-valoradas, deliroides o
delirantes. Ante preguntas sencillas determinará el nivel de culturización del peritado y apreciará
clínicamente si su inteligencia se encuentra por encima o debajo de la normalidad. Como mejor se
mide la inteligencia verbal durante una entrevista clínica es mediante el uso que hace el paciente del
vocabulario.
Para valorar el pensamiento abstracto se recurre a la sugerencia de asociaciones, significado
de refranes, semejanzas y categorización, etc. Para valorar el razonamiento informal se recurre a
problemas sencillos de la vida cotidiana.
La disminución de la atención se detecta porque a menudo el perito tiene que repetir las
preguntas. Un déficit de concentración puede hacer imposible que el peritado reste desde 100 cada
vez 6 o 7 números.
La memoria inmediata de fijación se explora haciendo repetir al sujeto listas de números o
palabras y la memoria de trabajo, pidiendo que repita al cabo de algunos minutos algunas palabras
que le hicimos mencionar anteriormente. La memoria remota se explora mediante preguntas
referidas a hechos antiguos.
La orientación auto-psíquica se explora pidiendo al peritado que diga quien es, que edad
tiene, donde vive. La alo-psíquica, solicitando que responda a las preguntas donde está?, en que
ciudad?, en que piso?, a que hora?.
El control de impulsos y especialmente el control de la ira, puede explorarse haciendo
alguna manifestación o planteando dudas que pudieran resultar ofensivas fuera del contexto de
entrevista profesional.

29 Raymond, S. (1989). Les expertises en sciencies humaines: psychiatrie el psychologie. Privat. Toulouse
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 83

Si existen alteraciones psíquicas debe atenderse a si se trata de síntomas ego-sintónicos o


ego-distónicos.
A continuación se resumen los aspectos a abordar y las manifestaciones patológicas más
frecuentes.
Una vez que el clínico ha alcanzado una impresión diagnóstica, integrando estos datos con
los obtenidos en la anamnesis [antecedentes psiquiátricos personales incluido alcoholismo y
drogadicción; antecedentes familiares; desarrollo prenatal; parto; desarrollo durante la lactancia y la
niñez; adolescencia; antecedentes médicos (enfermedades y accidentes); vida sexual], pruebas
complementarias, datos sumariales, observacionales o referenciales, etc., debe proponer un
diagnóstico clínico-forense. Posteriormente, efectuará las consideraciones o discusión procedente
para integrar sus datos, ponerlos en relación con el problema jurídico que se plantea en cada caso.

ANEXO

EL DICTAMEN DE PERITOS EN LA LEY DE ENJUICIAMIENTO CIVIL 1/2000 DE 7 DE


ENERO, parcialmente modificada por Ley 13/2009.

1. Introducción

La Ley de Enjuiciamiento Civil (a partir de ahora LEC) introdujo importantes novedades en


el dictamen de peritos, entre las que destaca la consideración de la “pericial de parte” como
verdadera prueba. Para asegurar la imparcialidad de los peritos de parte, el legislador les exige al
emitir su dictamen en el art. 335.2 al igual que al resto de peritos, el juramento o promesa de que
han actuado con la mayor objetividad posible.
También cabe mencionar como novedad de relevancia que aportó esta Ley la regulación de
la provisión de fondos de los peritos, articulando un sistema que garantice el cobro de los
honorarios, si bien dicha regulación debía haber sido más completa para acabar por fin con los
muchos obstáculos que se encuentran los peritos en numerosas ocasiones para poder satisfacer sus
honorarios, cuando no se valgan de provisión de fondos o se trata de periciales de parte, creando un
sistema rápido, practico y seguro como es la juera de cuentas, similar al establecido para asegurar
los honorarios los abogados y procuradores.
A partir de la entrada en vigor de esta Ley, se configura la prueba pericial del perito
colegiado al mismo nivel que la pericial individual, y por primera vez se prescinde del sistema de
insaculación de peritos previsto en la anterior LEC, sustituyéndolo por un sistema de sorteo y listas
corridas, para asegurar que no intervengan siempre los mismos profesionales.
Con la prueba pericial se pretende de acuerdo a lo establecido en el art. 335 aportar
conocimientos científicos, artísticos, técnicos o prácticos para hechos relevantes en el asunto que
han de ser aportados por terceras personas que no han tenido intervención en los hechos. El perito
no puede ser ni Juez ni parte, ya que el perito es un tercero que interviene en el proceso a través de
su dictamen con el fin de auxiliarle en el conocimiento de los hechos, y así poder dictar una
resolución lo más ajustada a la realidad. El perito interviene a instancia de parte o de oficio para
aportar sus conocimientos, pero no porque haya presenciado los hechos (en cuyo caso sería testigo).
Los conocimientos que aporta el perito a través de su dictamen, versan sobre hechos o
materias no jurídicas, ya que la aplicación e interpretación del derecho le corresponde solo al Juez.
Esta Ley entiende el dictamen de peritos como un medio de prueba en el que no se impone
y se responsabiliza el tribunal de la investigación y comprobación de los hechos en que se
fundamentan las pretensiones de las partes, sino que es sobre éstas sobre las que recae la carga de
alegar y probar.
Las normas del dictamen de peritos establecidas en esta Ley tienen carácter supletorio en
los procesos penales, contenciosos-administrativos, laborales y militares de acuerdo a lo establecido
en el artículo 4, en defecto de disposiciones especiales contenidas en estas leyes.
84 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

2. Modalidades del dictamen pericial

A) Pericial de parte o extrajudicial

Una de las novedades que aportó esta Ley fue introducir la posibilidad que tienen las partes
de presentar junto con la demanda o contestación, dictámenes periciales en los que funden sus
pretensiones (art.265.4), relativos al fondo del asunto, no pudiéndose presentar con posterioridad
(art.269.1), desmarcándose del régimen general establecido para los documentos que han de
presentarse junto con las primeras alegaciones de las partes, al permitir su posterior presentación
siempre que justifiquen la imposibilidad de no haberlos aportados en ese momento a través de las
causas fijadas en los arts. 336 y 337.
Con la regulación de la “pericial de parte” se da carta de naturaleza a los “informes
periciales preconstituidos” a los que se negó el carácter de prueba pericial, y de otro lado se
mantiene la necesidad de aportar el dictamen pericial con la demanda y también se admite la
designación del perito judicial.
Los arts. 336, 337 y 338 establecen que los dictámenes deberán presentarse con la demanda
o contestación, aunque podrán presentarse posteriormente si no les fue posibles aportarlos,
obligándose a ello en cuanto les sea posible y siempre antes de la audiencia previa al juicio
ordinario o antes de la vista del juicio verbal.
Otro de los momentos que la Ley faculta al demandante para presentar dictámenes
periciales se regula en el art.338, según el cual se podrán aportar con cinco días de antelación al
señalado para el juicio o vista si considera necesaria esa prueba para defender sus pretensiones pero
condicionada a las alegaciones que introduzca el demandado en su contestación. También en ese
plazo pueden presentarse los dictámenes periciales en virtud de alegaciones complementarias
admitidas por el Juez en la audiencia previa, dándose traslado a la contraparte para que manifiesten
al Tribunal la conveniencia de que los peritos concurran al juicio o vista (no siendo esto aplicable al
juicio verbal al no existir audiencia previa y efectuarse la contestación a la demanda en el mismo
acto de la vista).
Junto con los dictámenes se aportarán los demás documentos, instrumentos o materiales
adecuados para exponer el parecer del perito sobre lo que haya sido objeto de la pericia (art.336.2).

B) Perito de designación judicial o perito judicial

La segunda modalidad del dictamen pericial es la designación de perito por el Juez, previa
petición de parte o de nombramiento de oficio por el Juez.
El art. 339 establece que si alguna de las partes tuviera reconocido el derecho a la asistencia
jurídica gratuita, no tendrá que aportar con la demanda o contestación el dictamen pericial,
debiendo anunciarlo para que se le designe judicialmente un perito conforme establece la Ley de
Asistencia Jurídica Gratuita, no siendo ello obligatorio, sino que se les da la opción de anunciarlo o
bien aportar un dictamen que encargue fuera del proceso.
Para el caso que no tenga medios económicos para proporcionarse esta prueba, la pericial
será a cargo del personal técnico adscrito a los órganos jurisdiccionales o de las Administraciones
Públicas, a excepción de aquellos casos en los que hay una inexistencia de técnicos en la materia de
que se trate, y siempre que el Juez lo estime pertinente, pudiendo intervenir peritos designados de
acuerdo a los que se establecen en las leyes procesales, entre los técnicos privados (Art.6 Ley de
Asistencia Jurídica Gratuita).
El demandante o demandado, aunque no se hallen en el caso del apartado anterior, también
podrán solicitar en sus escritos iniciales que se proceda a la designación judicial de perito, si es
necesario para sus intereses la emisión de informe pericial. El tribunal procederá a la designación si
considera pertinente y útil el dictamen pericial solicitado, que será a costa de quien lo haya pedido,
sin perjuicio de lo que se acordara en materia de costas.
La designación deberá realizarse en el plazo de cinco días desde la presentación de la
demanda o contestación.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 85

Cuando ambas partes lo pidiesen inicialmente, el tribunal podrá designar, si aquellas están
conformes, un único perito, abonando sus honorarios ambos litigantes por partes iguales, sin
perjuicio de lo que se acordara en material de costas (art. 339.2).
No dice nada la Ley sobre el plazo en que ha de designarse judicialmente perito cuando se
trata de un juicio verbal sin contestación a la demanda, pero no existe impedimento alguno para que
el demandado pueda solicitarlo por escrito tras ser citado para la vista.
El demandado podrá formular reconvención, pudiendo solicitar perito de designación
judicial del mismo modo que para el demandante al formular demanda.
La admisión de la prueba pericial se resolverá a través de auto, debiendo resolverse si ha de
realizarse por un solo perito. Contra ese auto cabe recurso de reposición.
En determinados juicios (procesos sobre declaración o impugnación de filiación, paternidad
y maternidad, sobre la capacidad de las personas o en procesos matrimoniales) será el mismo
tribunal el que de oficio designe perito, cuando la pericia sea pertinente (art. 339.5).
Fuera de estos juicios no se permite que se acuerde de oficio la prueba pericial, si bien
puede el Tribunal indicar a las partes la conveniencia de su práctica, indicación que no contiene
obligación alguna, pero si están de acuerdo se nombrará un perito de designación judicial

3. Designación judicial de perito

A) Condición de los peritos

Los peritos deberán poseer el título oficial que corresponde a la materia objeto del dictamen
y a la naturaleza de éste. Si se tratare de materias que no estén comprendidas en títulos
profesionales oficiales, habrán de ser nombrados entre personas entendidas en aquellas materias
(art. 340.1).
No se exige la colegiación de los peritos, sólo que estén en posesión del título oficial
correspondiente.
El art. 335.2 establece que al emitir el dictamen, todo perito deberá manifestar bajo
juramento o promesa de decir verdad, que ha actuado y actuará con la mayor objetividad posible.

B) Número de peritos

El art. 339.6 establece que el tribunal no designará más que un perito titular por cada
cuestión objeto de pericia y que no requieran, por la diversidad de su materia el parecer de expertos
distintos.

C) Procedimiento para la designación judicial de perito

El art. 339.4, permite que las partes estén de acuerdo en que el dictamen sea emitido por
una determinada persona o entidad, y si no hay acuerdo, el perito será designado por el
procedimiento establecido en el art.341 (Sorteo realizado a presencia del Secretario Judicial de entre
las listas de peritos elaboradas por los distintos Colegios profesionales).
La inclusión de los peritos en las listas profesionales no permite la no aceptación libre del
nombramiento. El perito designado puede o bien abstenerse si concurre alguna de las causas
previstas en la ley para evitar la recusación (arts.105 y 124), o bien alegar justa causa que le impida
la aceptación que deberá ser considerada por el tribunal (art.342). Sin embargo no existe sanción
alguna para el caso de no aceptación sin causa justificada, solo perder el turno de nombramiento.
En el mismo artículo se regula el perito sin título oficial, en cuyo caso se exige que el sorteo
sea a presencia de las partes.

D) Llamamiento al perito designado, aceptación y nombramiento. Provisión de fondos.

En el plazo de cinco días desde la designación, se comunicará ésta al perito, requiriéndole


para que también en cinco días manifieste si acepta el cargo, en cuyo caso se efectuará su
nombramiento y hará la manifestación bajo juramento o promesa.
86 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

Si alega justa causa que le impida la aceptación, será sustituido por el siguiente en la lista, y
así sucesivamente (art. 342.1 y 2).
Se regula en LEC 1/2000 por primera vez la provisión de fondos de los peritos, para
facilitar el cobro de sus honorarios a pesar de haber sido nombrados a instancia de una o de las dos
partes. Se declara la inadmisibilidad de condicionar la entrega de los dictámenes periciales al previo
pago de los honorarios, debiéndose dejar dichos dictámenes en los colegios correspondientes para
obligar a la parte a pagar previamente los honorarios, alegando que están en el colegio profesional
para el visado.
El art. 342.3 establece que el perito designado podrá solicitar en los tres días siguientes a su
nombramiento, la provisión de fondos que considere necesaria y a cuenta de la liquidación. El
tribunal mediante providencia decidirá sobre la provisión de fondos y ordenará a la parte o partes
que propusieron la prueba pericial y no tuviesen reconocido el derecho a la justicia gratuita, que
abonen la cuantía fijada en la cuenta del tribunal en el plazo de cinco días.
Si transcurrido ese plazo no se abona la provisión de fondos, el perito queda eximido de
emitir el dictamen o podrá renunciar a ella y reclamar sus honorarios posteriormente.
El art. 339 señala que el dictamen que emita el perito de designación judicial será a costa de
quien lo haya pedido sin perjuicio de lo acordado posteriormente en materia de costas, ya que el
dictamen se considera gasto del proceso, y por tanto no puede ser incluido en la tasación de costas.
Destacar que no se facilita con esta Ley cobrar los honorarios de los peritos cuando no hay
provisión de fondos.
En relación con el perito designado a la parte con derecho a justicia gratuita, el técnico
privado designado tendrá que remitir para su aprobación a la Gerencia dependiente del Ministerio
de Justicia o de las CC.AA. que hayan asumido la transferencia, una previsión del coste económico
de la prueba pericial, con el tiempo previsto para su realización, gastos necesarios y copia de la
resolución judicial que le otorga la realización de la prueba.

4. Recusación y tacha de peritos

Para asegurar la imparcialidad de los peritos, la ley permite que puedan ser recusados o
tachados, es decir, alegar y demostrar que en el perito concurre una causa que puede obstaculizar su
imparcialidad. En la recusación se impide al perito emitir dictamen, y en la tacha el perito si emite
dictamen, pero el tribunal tendrá en cuenta la tacha a la hora de valorarlo.
Solo pueden recusarse los peritos designados judicialmente, mientras que los peritos no
recusables (los llevados por las partes) podrán ser objeto de tacha.

A) Las tachas

Las causas por las que pueden ser tachados los peritos no judiciales aparecen recogidas en
el art.343:

1º Ser cónyuge o pariente por consanguinidad o afinidad, dentro del cuarto grado civil de
una de las partes o de sus abogados o procuradores.
2º Tener interés directo o indirecto en el asunto o en otro semejante.
3º Estar o haber estado en situación de dependencia o de comunidad o contraposición de
intereses con alguna de las partes o con sus abogados o procuradores.
4º Amistad íntima o enemistad con cualquiera de las partes o sus procuradores o abogados.
5º Cualquier otra circunstancia, debidamente acreditada, que les haga desmerecer en el
concepto profesional.

En el juicio ordinario las tachas se deberán proponer en la audiencia previa cuando los
dictámenes se hayan aportado con la demanda o con la contestación, y si fuera posteriormente,
entonces podrán proponerse en cualquier momento pero siempre que no sea después del juicio. Y en
los juicios verbales podrán formularse en cualquier momento aunque nunca después de la vista (art.
343.2).
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 87

Para justificar o desvirtuar la tacha, las partes podrán proponer la prueba que estimen
conveniente a excepción de la testifical.
El tribunal se pronunciará sobre la tacha en la propia Sentencia, cuando entre a valorar el
dictamen. Sólo existen dos supuestos en los que procede dictar una resolución expresa si se
desestima la tacha alegada: El Tribunal podrá formular la declaración de falta de fundamento de la
tacha a través de una providencia cuando el perito lo solicitara a efectos de salvaguardar su prestigio
profesional. De otro lado podrá el Tribunal imponer una multa de diez mil a cien mil pesetas cuando
aprecie temeridad o deslealtad profesional en la tacha.

B) La recusación

Las causas de recusación del perito se encuentran establecidas en la LOPJ para los Jueces y
Magistrados (arts.219 y 220), o alguna de las que la LEC señala en el art. 124.3:

1º Haber dado anteriormente sobre el mismo asunto dictamen contrario a la parte recusante,
ya sea dentro o fuera del proceso.
2º Haber prestado servicios como tal perito al litigante contrario o ser dependiente o socio
del mismo.
3º Tener participación en sociedad, establecimiento o empresa que sea parte del proceso.

El momento para alegar la causa de recusación varía según el caso, así si es anterior a la
designación deberá presentarse el escrito dentro de los dos días siguientes al de la notificación del
nombramiento, y si es posterior pero anterior a la emisión del dictamen, la recusación de presentará
antes del juicio o vista o bien al comienzo de los mismos.
Si el recusado reconoce la causa de su recusación ante el Secretario Judicial y el Tribunal lo
estima fundado, se le tendrá por recusado y será reemplazado por el suplente.
Si el perito no reconoce la causa de recusación, el Tribunal señalará una comparecencia en
la que resolverá sobre dicha causa sin que quepa recurso alguno contra la resolución (arts.125, 126
y 127).

5. Operaciones periciales y posible intervención de las partes en ellas

El art. 345 permite a las partes y sus defensores intervenir en las operaciones periciales,
cuando la emisión del dictamen requiera algún reconocimiento de lugares, objeto o personas o la
realización de operaciones análogas, si con ello no se impide la labor del perito y se puede
garantizar el acierto e imparcialidad del dictamen. Las partes habrán de solicitarlo al tribunal, quien
resolverá lo que proceda, y en caso de admitir su presencia, ordenará al perito que dé aviso
directamente a las partes, con antelación de al menos 48 horas, del día, hora y lugar en que aquellas
operaciones se llevarán a cabo.
El art.336 posibilita que de oficio o a instancia de parte, si el tribunal lo estima procedente,
se practiquen, en un solo acto el reconocimiento judicial y pericial sobre el mismo lugar, objeto o
persona

6. Actuación e intervención del perito

El art. 346 señala que el perito que el tribunal designe emitirá por escrito su dictamen que
hará llegar al tribunal, del cual se dará traslado a las partes por si consideraran necesario que el
perito concurra a juicio o vista para hacer las aclaraciones o explicaciones que sean oportunas. El
tribunal podrá acordar mediante providencia, que considera necesaria la presencia del perito en el
juicio o vista para comprender y valorar mejor el dictamen.
El art.347 recoge la actuación concreta de los peritos en el juicio o vista, especificando las
peticiones concretas de las partes y sus defensores:

1ª Exposición completa del dictamen


2ª Explicación del dictamen o algunos de sus puntos
88 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I

3ª Respuestas a preguntas y objeciones, sobre métodos, premisas, conclusiones y otros


aspectos del dictamen
4ª Respuestas a solicitudes de ampliación del dictamen a otros puntos conexos
5ª Crítica del dictamen de que se trate por el perito de la parte contraria
6ª Formulación de las tachas que pudieran afectar al perito

Cuando sea necesaria la presencia del perito, deberá ser citado para que comparezca en el
juicio o vista mediante correo certificado o telegrama con acuse de recibo. Los peritos tendrán la
obligación de comparecer, y en caso de no acudir se le sancionará con multa de 30 mil a 100 mil
pesetas.
En el caso de no comparecer pero acreditando justa causa, el tribunal decidirá oídas las
partes en el plazo de tres días, si suspenden o no la vista.
Para terminar, el art.169.4 establece como regla general que la ratificación de los peritos se
realizará en la sede judicial donde se conozca el asunto, aunque su domicilio esté fuera de la
circunscripción judicial correspondiente, pero existen excepciones cuando por razón de la distancia,
dificultad del desplazamiento, circunstancias personales del perito, resulte imposible o muy gravosa
su comparecencia, en cuyos casos se podrá solicitar el auxilio judicial para la práctica de los actos
de prueba.

7. Valoración de la prueba pericial

El tribunal no está vinculado por el dictamen pericial a la hora de dictar sentencia, sino que
debe valorarlo de acuerdo con las reglas de la sana crítica (art.348), teniendo en cuenta todas las
pruebas practicadas, haciendo una valoración conjunta de ellas.
La prueba pericial no es vinculante para el tribunal, se puede apreciar libremente ya que no
acredita de modo irrefutable un hecho, si bien la Jurisprudencia exige al Juez que motive o exponga
el razonamiento para no aceptar o rechazar las conclusiones del perito.

8. Responsabilidad de los peritos

El perito judicial puede incurrir en el desempeño de su función en responsabilidad penal y


civil, además de la responsabilidad disciplinaria de su colegio profesional y de la corrección judicial
que pudiera imponérsele al no comparecer, por perturbar la vista, por faltar en las vistas y actos
judiciales de palabra, obra o por escrito a la consideración, respeto y obediencia debidos a los
Tribunales cuando sus actos no constituyan delito.

A) Responsabilidad civil

El perito es responsable de los daños que por falta de la diligencia que se le exige en la
realización de un peritaje, su actuación cause a las partes o a un tercero. Los perjuicios deben ser
consecuencia de la culpa, negligencia o ignorancia inexcusable en la emisión del dictamen.
La mayoría de la doctrina encuadra la responsabilidad del perito en la contractual con
relación a los informes emitidos fuera del proceso, aunque con relación a la prueba pericial judicial
se decantan por la extracontractual ya que el encargo judicial no genera relación jurídica entre el
perito y las partes.
La responsabilidad civil podrá ser exigida por la parte que se considere perjudicada por el
dictamen del perito y sobre el cual se ha dictado la sentencia de forma adversa para sus intereses.
Hay que precisar que el perito tiene como principal deber desempeñar bien su cargo, y el
dictamen debe ser congruente, ajustado a lo solicitado por el Juez al acordar su práctica y debe estar
basado para fijar su valoración en los conocimientos de su profesión.

B) Responsabilidad penal

Existen diversas infracciones penales en la que puede incurrir el perito en el desempeño de


sus funciones.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 89

En primer lugar está el delito de desobediencia a la autoridad, en el que incurre el perito


que habiendo aceptado el cargo, cuando fuere citado a juicio no compareciere la segunda vez que
fuere citado por el tribunal y no alegare justa causa, le eximiere de responsabilidad (art.292 en
relación con el 183.4 de la LEC). Este delito se recoge en el art.556 del Código Penal que lo castiga
con pena de prisión de seis meses a un año.
En segundo lugar puede incurrir en cohecho, tipificado en el art.419 a 421 del C.P. para
autoridades y funcionarios públicos, pero que resulta aplicable a los peritos de acuerdo a lo
establecido en el art.422, siendo definido el tipo básico en el 419: “El que en provecho propio de un
tercero solicitare o recibiere para sí o por persona interpuesta, dádiva o presente o aceptare
ofrecimiento o promesa para realizar en el ejercicio de su cargo una acción u omisión constitutivas
del delito, incurrirá en la pena de dos a seis años, multa del tanto al triplo del valor de la dádiva e
inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de siete a doce años sin perjuicio de
la pena correspondiente al delito cometido en razón de la dádiva o promesa”.
En tercer lugar, el delito de falso testimonio recogido en el art.459 del C.P., definiéndole
como el perito que faltare maliciosamente a la verdad en su dictamen, con penas de prisión y multa
dependiendo de la causa, además de la pena de inhabilitación especial para profesión u oficio,
empleo o cargo público por tiempo de seis a doce años.
El art.460 del C.P. recoge la conducta delictiva consistente en que sin faltar sustancialmente
a la verdad la altere con reticencias, inexactitudes o silenciando hechos o datos relevantes que le
fueran conocidos, castigando al perito con la pena de multa de seis a doce meses y en su caso, de
suspensión de empleo o cargo público u oficio de seis a tres años.
Dentro de los delitos y faltas contra el orden público, los arts.558 y 633, respectivamente
contemplan las alteraciones de orden público causando perturbaciones graves o leves al orden en la
audiencia de un Tribunal, conductas aplicables al perito en cuanto ocurriesen.

También podría gustarte