Introducción A La Psicología Forense (E. Esbec)
Introducción A La Psicología Forense (E. Esbec)
Las relaciones entre psicología y derecho son cada vez más estrechas y fructíferas. El
Derecho y la Psicología son disciplinas que comparten un mismo objeto de estudio, la conducta
humana, aunque sus objetivos son diferentes. Mientras el derecho busca regular la conducta
humana, la psicología por su parte, se preocupa de su explicación. La modificación de la conducta
desviada compete a ambas disciplinas, y de hecho, el derecho penal y penitenciario ha aplicado los
principios del conductismo desde tiempo inmemorial.
A través del tiempo, algunos autores han considerado a la psicología como fundamento de
la Ley positiva y de sus aplicaciones concretas, teniendo un papel fundamental tanto en su
formulación racional, como en la aplicación y evaluación de sus resultados. De este modo las
relaciones entre psicología y ley son nítidas y han pasado por diferentes estados y grados de
aproximación según el desarrollo interno de cada una de ellas.
Los acercamientos entre ambas disciplinas se han centrado en la necesidad de contar con los
descubrimientos de la psicología en la obtención de evidencias judiciales, en la valoración de la
prueba, sentencia y veredicto; la calificación científica del psicólogo para emitir evaluaciones
forenses, y la influencia de los conocimientos psicológicos sobre el cambio legal.
A la hora de sistematizar las relaciones entre Psicología y derecho hay que destacar tres
aspectos fundamentales. En los textos sobre la materia, es citado con frecuencia el profesor Muñóz
Sabaté que diferenció una Psicología del derecho, que explica la esencia jurídica; la Psicología en
el derecho, que se refiere al hecho de que las leyes están impregnadas de comportamientos
psicológicos y la Psicología para el derecho, que supondría la intervención del experto asesorando
al juez.
PSICOLOGIA LEGAL. En primer lugar, la Ley está inundada de conceptos psicológicos
(acto, conducta, aptitud, voluntad, comprensión, capacidad, vulnerabilidad, etc.) y psicopatológicos
(anomalía o alteración psíquica, enfermedad mental, trastorno psíquico, enfermedades o
deficiencias psíquicas, etc.). Las leyes requieren evitar la ambigüedad y la vaguedad, estar
adecuadamente incorporadas al resto del ordenamiento jurídico forjando un sistema en el cual el
todo es más que la suma de las partes, ser psicológica y socialmente eficaces y por supuesto,
satisfacer los valores fundamentales del derecho. El espíritu de la Ley, consiste prioritariamente en
defender los derechos humanos dentro de una creciente globalización y multiculturalidad, así como
mantener el orden social mediante normas de conducta. En consecuencia, la psicología debe inspirar
constantemente al legislador.
El gran jurista Jiménez de Asúa aceptó que la psicología profunda (psicoanalisis, psicología
individual) puede proporcionar bases científicas a las doctrinas penales y técnicas penitenciarias
demostrando que el castigo debe reemplazarse por la resocializacion del delincuente mediante
métodos educativos (Psicoanálisis Criminal, 1943).
Ciertamente el legislador necesita a la psicología como ciencia auxiliar. El sistema
legislativo, abarcando un cuerpo normas y procedimientos reglados, esta diseñado para gobernar,
para regular y para controlar la conducta. Como disciplina o profesión científica de los procesos
mentales que investiga y aplica los principios del comportamiento humano, la psicología tiene
mucho a contribuir al desarrollo normativo.
46 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
Continúa el debate sobre la definición de psicología forense porque existe una definición
extensa y una definición delimitada de esta ciencia y porque sus límites y contenidos se confunden
con los de psicología legal, psicología jurídica, psicología judicial, psiquiatría legal y forense.
Ampliamente entendida, la psicología forense es descrita sencillamente como cualquier
intersección entre el sistema legal y la psicología científica2. De una forma más restringida es
definida como el ejercicio de la psicología en contextos judiciales3
La interrelación entre Psicología y Derecho ha sido denominada de múltiples maneras. Una
visión general y extensa de esta intersección, comúnmente llamada entre nosotros psicología
jurídica y en otros países psicología legal, se encuentra en diversos teóricos de la psicología social
1 Díez Ripollés JL (1990). Los Elementos sujetivos del delito. Bases metodológicas. Tirant Lo Blanch.
2 Wrightsman, L. S. (2001). Forensic psychology. Belmont, CA: Wadsworth.
3 Melton, G. B; Huss, M. T; Tomkins, A. J. (1999). Training in forensic psychology and the law. In A. K.
Hess & I. B. Weiner (Eds.), Handbook of forensic psychology (2nd ed., pp. 700-720). New York: Wiley.
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4 Bartol, C; Bartol, A. (2004). Introduction to Forensic Psychology. Thousand Oaks, CA: Sage Publications
ISBN 0761926062
5 Munné, F (1997). El problema interdisciplinario en la psicología jurídica. Revista Española de Psiquiatría
forense Psicología forense y Criminología, 2, 23- 30.
6 Muñoz Sabate, L; Bayes, R Munne, F (1980) . Introducción a la psicología jurídica. México: Trillas.
7 Miray López, E. (1980). Manual de psicología Jurídica. Buenos Aires, Argentina.: Ateneo
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forense8 (Sobral y Prieto, 1994). Esta visión restrictiva es la que ofrece la Sociedad Americana de
Psicología y Ley, división 41 de la American Psychological Association (APA) y que
indiscutiblemente concuerda con la realidad social. Se refiere al psicólogo forense como aquel
profesional que desempeña la psicología en diversas áreas (psicología clínica, counseling, neuro-
psicologia, psicología educativa) y que habitualmente es un experto que informa ante el sistema
judicial.
En efecto, el término latino forense ((De Forum, Plaza donde se trataban en Roma los
negocios públicos y donde el pretor celebraba los juicios; sitio en que los tribunales oyen y
determinan las causas; Curia, y cuanto concierne al ejercicio de la abogacía y a la práctica de los
tribunales), por convenio y tradición, hace más alusión a la práctica pericial (pericia, declaración de
conocimientos científicos, artísticos o prácticos), al informe de cualquier experto en ciencia o arte
ante los tribunales de justicia.
En el mismo sentido, la resolución de 10 de junio de 1991 indica que el psicólogo forense
es el trabajador que con título universitario superior en psicología o especialidad en esta materia,
bajo la dependencia funcional del órgano al que está adscrito, desempeña funciones de
asesoramiento técnico en los Tribunales, Juzgados, Fiscalías y órganos técnicos en materia de su
disciplina profesional Su actuación se refiere a la exploración, evaluación y diagnóstico de las
relaciones y pautas de interacción, aspectos de la personalidad, inteligencia, aptitudes, actitudes y
otros aspectos de esta especialidad de las personas implicadas en los procesos judiciales de quien
se solicite el correspondiente informe psicológico por los respectivos responsables de los órganos
citados, así como la colaboración con los restantes miembros de los equipos técnicos para el
desarrollo de las citadas funciones.
Nosotros, en la misma línea, entendemos que la psicología forense propiamente dicha, es
una rama especializada de la psicología, a la que concierne la aplicación al derecho de los métodos
y conocimientos de la psicología científica, con el propósito de aportar información o evidencias en
contextos judiciales, facilitando y humanizando las decisiones de los jueces y tribunales de justicia
en todos los ordenes jurisdiccionales. Más concretamente se ocupa de la evaluación, asesoramiento
y asistencia a los distintos actores jurídicos que intervienen en los procesos judiciales.
¿Quiénes son tales actores jurídicos? El concepto de actor en psicología social y por
supuesto en ciencias forenses es reciente, y deriva de la orientación del interaccionismo simbólico9,
un behaviorismo social, una teoría de la comunicación centrada en la interacción social simbólica.
Los conceptos de actor, jugador, reglas del juego, fuera de juego, teatro judicial, integran una
teoría lúdica del derecho (Ost y Van de Kerchove, 1990) en la que la costumbre de los actores, la
elocuencia de los protagonistas, la presencia de público, el efecto simbólico de los castigos ocupan
un papel preponderante en la administración de justicia. Actores jurídicos son la víctima (Rigaux,
1990), el delincuente, la policía y el ministerio público (Bosly, 1990), los jueces (Ost y Van de
Kerchove, 1990) e incluso el legislador (Landreville, 1990).
La Academia Americana de Psicología Forense, (American Academy of Forensic
Psychology, AAFP)) constituye el instrumento de formación y entrenamiento del American Board
of Forensic Psychology (ABFP), y entiende que la práctica la psicología forense incluye:
8 Sobral, J; Prieto, A. (1994). Psicología y ley. Un examen de las decisiones judiciales. Madrid: Eudema.
9 La corriente del interaccionismo Simbólico (IS) es diseñada en 1938 por Herbert Blumer y parte de la
importancia de la comunicación en el desarrollo de la sociedad, la personalidad y la cultura. Es una corriente
que se siyua entre la psicología social y la sociología fenomenológica. George Herbert Mead (1934), con su
propuesta de conductismo socialy su conceptualización del “sí mismo”, por un lado, y Erving Goffman
(1959), con su modelo dramatúrgico para el análisis de la interacción, por el otro, son los dos autores más
representativos del IS.
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Es difícil establecer los límites del territorio de la psicología forense, disciplina en clara
expansión ya que se confunden con los de la medicina legal y especialmente con la psiquiatría
forense. Aquí resulta estéril entrar en polémicas con otros profesionales dado que en la práctica,
quienes marcan este territorio de trabajo son los propios jueces y tribunales de Justicia. Hace años el
psicólogo era un auxiliar del médico forense o psiquiatra. Hoy, la experiencia diaria avala una
amplísima función independiente del psicólogo en todos los campos de trabajo y todas las
jurisdicciones.
En algunos asuntos, la psicología ha conseguido monopolizar la misión pericial, por
ejemplo los análisis sobre la credibilidad de las manifestaciones en menores víctimas de abusos
sexuales, los asuntos de familia, o de menores infractores de la ley. En otros muchos, comparte
campo con otras disciplinas científicas.
Según Grisso (1993) en su trabajo the differences between forensic psychiatry and forensic
psychology10, son muy superiores las concordancias sobre las diferencias entre psicología y
psiquiatría forenses. Sin embargo, existen matices de interés:
10 Grisso, T (1993). The differences between forensic psychiatry and forensic psychology. Bulletin of the
American Academy of Psychiatry and the Law, 21, 133-153.
11 Diez Ripollés JL (1990)."Los elemento subjetivos del delito. Bases metodológicas".Tirant lo Blanch.
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12 Borum, R.; Grisso, T (1996). Establishing standards for criminal forensic reports. Bulletin of the American
Academy of Psychiatry and the Law, 24, 297-317.
13 Underwagner, R; Wakefield H (1993). Misuse of Psychological Tests in Forensic Settings: Some Horrible
Examples. American Journal of Forensic Psychology, Vol. 11, No. 1.
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hacían alusión a la guerra "entre la vieja psiquiatría y la joven psicología científica...". La Sala
consideró que no solo por los resultados obtenidos por los tests llevados a cabo y las entrevistas,
sino una vez más el relato de los hechos realizado por el procesado así como por la inconsistencia
de los síntomas psicóticos, resulta admisible el que en el momento de la realización de los hechos,
el procesado Javier Rosado tuviera un trastorno de la personalidad psicopática...". De esta manera,
la Sala se decantó tras largos días de debate científico por la opinión de las psicólogas forenses y en
contra del criterio de los demás peritos: Javier Rosado es un psicópata con estructura de
personalidad sádica y no un psicótico o similar. Su conciencia de la realidad se encontraba
conservada el día de autos y se le considera, por tanto, plenamente imputable de su acto criminal.
Hemos de recordar en este punto el famoso Caso Hildegart (1934) y las conclusiones
discrepantes de los peritos psiquiatras de la acusación (Vallejo y Piga) y los de la defensa (Sacristán y
Prados) respecto a la paranoia de Aurora Rodríguez. El Heraldo de Madrid (1934; 24 de mayo)
advertía que los peritos se retiraron acaloradamente, enseñándose mutuamente textos y papeles y
accionando sobre si está loca ó no lo está. El público abraza al doctor Piga y al doctor Vallejo y les
felicita por la intervención, porque sin entrar en el fondo de la cuestión por nuestra parte, han
demostrado mayor habilidad y gracejo en las respuestas al fiscal, al defensor y sus compañeros. Ha
sido un verdadero matsch de boxeo científico en el que ha llevado la voz cantante como peso pesado,
aunque ágil, el ilustre psiquiatra D. Antonio Piga. No es de despreciar, ni mucho menos, la labor del
doctor Prados y de sus compañeros, debiendo destacarse las respuestas contundentes, categóricas y
frías del ilustre doctor Vallejo Nájera. El periódico La Tierra denunciaba: Los médicos al discutir
sobre el estado paranoico de la acusada no llegan a entenderse, formando un verdadero galimatías
con las expresiones “paranoico, paranoide y psicopático”, hasta el punto de dar la sensación de un
pugilato de intereses. Y el periódico La Voz añadía: Bien, )para que suben los peritos a estrados? Los
peritos suben a estrados para administrar justicia ó si se quiere de otra manera, para curar enfermos.
Por eso su requerimiento por la justicia es tan natural como la llamada del ciudadano a su médico de
cabecera. Siendo tan imprescindible la ayuda de los peritos )cabe que éstos en lugar de orientarla, la
amodorren con opuestas afirmaciones? No, no es posible subir a estrados con un si y un no. Es
preferible, en ciertas circunstancias confesar nuestra impotencia...se conserva el prestigio, cuando
menos>>.14
En tales casos, ¿como resuelve la Justicia el problema? No parece preocupar en exceso al
jurista la cuestión de las discrepancias científicas porque proclama que la ciencia es una opción,
pero no la única opción.
El Tribunal Supremo en innumerables sentencias ha dejado bien claro respecto a las
divergencias que el Tribunal puede decidir según su convicción, que no estando sometido al
dictamen de los peritos que valorará de acuerdo con su sana crítica. El Alto Tribuna (STS de 11 de
marzo de 1996) entiende que los informes de los facultativos constituyen un asesoramiento práctico
o científico prestado al tribunal y sometido en igual nivel de referencia probatoria a la consideración
del Órgano Jurisdiccional, el cual, en virtud de la Constitución española en la facultad que le otorga
puede libremente estimar o rechazar en función de su propia experiencia. En este sentido, cuando
hay discrepancias el Tribunal puede tener en cuenta la experiencia de cada perito, la profundidad de
su análisis científico y su capacidad de convicción, pero no la titulación genérica (por ejemplo
psiquiatra versus psicólogo o médico forense), ni recurrirá a prueba dirimente de peritos como viene
reiterando la doctrina del Tribunal Supremo desde la sentencia de 20 de enero de 1973.
Pero ¿Qué es la Sana Critica?. Ha sido definida de múltiples formas en nuestra
Jurisprudencia: LAS «MÁS ELEMENTALES DIRECTRICES DE LA LÓGICA HUMANA» Vide,
SS.T.S., Sala Primera, de 13 de febrero de 1990 (CD, 90C183), 10 de marzo de 1994 (CD,
94C144); 11 de octubre de 1994 (CD, 94C716); 3 de abril de 1995 (CD, 95C341); 26 de abril de
1995 (CD, 95C370); y 17 de mayo de 1995 (CD, 95C423), entre otras; LAS «NORMAS
RACIONALES» Vide, S.T.S., Sala Primera, de 3 de abril de 1987 (CD, 87C330); con el «sentido
común» Vide, SS.T.S., Sala Primera, de 21 de abril de 1988 (CD, 88C318) y 18 de mayo de 1990
(CD, 90C821); LAS « NORMAS DE LA LÓGICA ELEMENTAL O A LAS REGLAS
COMUNES DE LA EXPERIENCIA HUMANA » Vide, SS.T.S., Sala Primera, de 15 de octubre de
14 Ver a este respecto Álvarez y Huertas (1987). Criminales ó locos?. Cuadernos Galileo de Historia de la
Ciencia. CSIC. Madrid, 1987, n16.
54 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
En suma, hay que señalar que los informes periciales no gozan para el Tribunal Supremo de
la condición intrínseca de veracidad incontrovertible; su contenido no revela más que una opinión
científica o práctica posiblemente docta, absolutamente respetable, pero siempre sometida a la
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 55
apreciación valorativa del juzgador quien no está vinculado al dictamen ya que ello convertiría al
perito en juzgador y al juez en mero espectador.
La historia, según la magistral definición del mejor abogado de todos los tiempos, Cicerón,
es maestra de la vida, vida de la memoria, testigo de los tiempos y luz de la verdad. Y es que la
historia, es vida y vida activa, o si se prefiere una radiografía de la vida activa de otros tiempos, y
viene a señalar el hilo conductor, que la cadena sin fin de la vida, no se interrumpe.
El interés por la psicología forense como tal disciplina es muy reciente. Durante el pasado
siglo se desarrolló, sobre todo en Estados Unidos, con múltiples estudios, al principio dispersos,
sobre diferentes materias y progresivamente forjando un cuerpo más sólido. Los primeros trabajos
según Ávila Espada (1983) fueron los diseños experimentales de Stern (1903; 1909), Jaffe (1903),
Goldefski (1904), Lipman (1906) y las reformas legales desde la investigación psicológica
defendidas por Münsterberg (1908), Altavilla (1925), Gorphe (1927), Leonhard (1934) y Terman
(1931).
15 http://etext.lib.virginia.edu/toc/modeng/public/GroCrim.html
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1893—Primer experimento en psicología del testimonio dirigido por J. McKeen Cattell de la Universidad de
Columbia.
1896----Schrenk-Notzine en München informó sobre errores del sugestionabilidad y de memoria en un juicio
por asesinato por lo que es considerado por algunos el primer psicólogo forense
1903—Louis William Stern en establece una relación periódica entre psicología del testimonio y derecho
(Betrage zur Psychollogie der Aussage).
1908—Hugo Münsterberg considerado el padre de la psicologia forense, publica On the Witness Stand
considerado el primer libro o tratado de psicología forense. ,
1911—J. Varendonck perita en Bélgica ante un tribunal, en un asunto de abuso sexual
1917—William Marston desarrolla el moderno polígrafo.
1917—Louis Terman es el primer psicólogo Americano que utiliza un test para selección de personal
1921—Primer peritaje psicológico en EEUU (State v. Drive, 1921).
1922—Karl Marbe psicólogo de la Universidad de Wurzburg, Germany, es el primero en peritar un caso civil.
1931—Howard Burtt publica Legal psychology, el primer textbook en psicología forense
1961—Hans Toch publica, Legal and Criminal Psychology
1964—Hans J. Eysenck formula la primera teoría comprensiva del comportamiento criminal en su libro Crime
and Personality.
1968—Martin Reiser es el primer psicólogo-policía en EEUU (Los Ángeles) defendiendo la profesión de
psicología policial.
1978—The American Board of Forensic Psychology inicia la diplomatura y certificación en Psicología
Forense.
1991—La American Academy of Forensic Psychology y la American Psychology Law Society, publican The
Specialty Guidelines for Forensic Psychologists.
2001—American Psychological Associationreconoce como especialidad la Psicología Forense.
Las primeras referencias que hemos encontrado sobre la práctica pericial en psicología
forense son las siguientes: En 1896, Von Schrenk-Notzine en München informó sobre errores del
sugestionabilidad y de memoria en un juicio por asesinato por lo que es considerado por algunos el
primer psicólogo forense. En 1911 J. Varendonk (Bélgica), peritó un caso de abuso sexual y en el
mismo año K. Marbe (Alemania), fue el primer psicólogo que dio su opinión en un proceso civil17.
A partir de 1950 en EEUU va generalizándose progresivamente la intervención del
psicólogo como perito en los procedimientos judiciales mientras que en España habrá que esperar
hasta bien entrada la década de los 80 para ver a un psicólogo peritando en la escena de un juzgado
o tribunal.
salvo, el que le imputó de maniobras de brujería será castigado con la muerte (y) el que se arrojó
al río arrebatará la hacienda de su acusador.
Si un señor aparece en un proceso para (presentar) un falso testimonio y no puede probar
la palabra que ha dicho, si el proceso es un proceso capital tal señor será castigado con la muerte.
Si se presenta para testimoniar (en falso, en un proceso) de grano o plata, sufrirá en su
totalidad la pena de este proceso.
Si un juez ha juzgado una causa, pronunciado sentencia (y) depositado el documento
sellado, si, a continuación, cambia su decisión, se le probará que el juez cambió la sentencia que
había dictado y pagará hasta doce veces la cuantía de lo que motivó la causa. Además,
públicamente, se le hará levantar de su asiento de justicia (y) no volverá más.
La Ley del Talmud, contiene amplias referencias a la valoración del daño, bajo los títulos
hebraicos de Nezikim y Rhalabah. El Tratado de NEZIKIN de Babilonia, comprende cinco
apartados dedicados al daño: a.- El daño propiamente dicho (nezek) y la evolución. b.- El dolor
(Tsaar). c.- La curación (Rippoui) establece la obligación de reparar por parte del responsable el
daño y sus consecuencias laborales. d.- El desempleo (Chevet). e.- La humillación (Bochet)
correspondería al daño psíquico (Sociedad española de daño corporal)
En China, hacia el año 1.100 a 1.200 a. de C., aparece el S´Yuan, redactada por el juez Sang
T´Zu, donde se estudian las lesiones y las actuaciones de los médicos ante los Tribunales de
Justicia.
En el derecho romano, hay referencias al daño, pero especialmente a la imputabilidad de los
locos, la voluntad y capacidad de las personas. En el Digesto (Pomponius Dig. XXVI, 26.7.61) se
afirma que se ha de tomar como impune lo que acontece por la locura de alguien (Impune autem
puto admittendum, quod per furorem alicuius accidit) y perfila el problema del libre albedrío, al
señalar que el loco carece de voluntad (furiosi nulla voluntas est). Pompeyo sintetizó
maravillosamente la teoría moderna del derecho penal al afirmar que en las conductas no se imputa
el resultado, sino la Intención.
Modestinus se refirió específicamente al delito de parricidio advirtiendo en Digesta,
XLVIII, 9 su impunidad en casos de trastorno mental (Sane si per furores aliquis parentem
occiderit, impunitus erit).
El problema de los intervalos lúcidos a la hora de hacer testamento y que llega a nuestra
legislación civil, ya era conocido entonces, pues Furiosus tempore intermissi furoris testamentum
facere potest; nam furor superveniens non pesimit actum prius perfectum (El loco puede hacer
testamento en un intervalo de lucidez, pues la locura sobrevenida no anula lo hecho anteriormente
con validez).
En la baja edad media, la persona con enfermedad mental, lejos de inspirar comprensión, es
considerada como poseída por el demonio (homo rabiosus aut demoniacus18), y tratada con rigor. El
Fuero Juzgo señalaba en el año 634 las penas reservadas para los hombres que facen mal por
encantamiento, pero también subrayaba la importancia de los aspectos psicológicos volitivos al
afirmar en el título V que quien mata otro homme sin su grado (sin querer) no conociendo e
ninguna malquerencia non avie contra el, non debe prender muerte.
En ordenamientos y fueros municipales españoles (Fuero de Sepúlveda, Fuero de Escalona,
Fuero Viejo de Castilla, Ordenamiento de Alcalá, Ordenanzas de Madrid, Fuero del Rey San
Fernando) hay referencias a la salud mental de los delincuentes, llamándoles por el nombre de
entonces, locos. El Rey Sabio, en Las Siete Partidas, advierte que el homme que es fuera de su seso
non face ningun fecho enderezadamente et por ende non se puede obligar porque no sabe ni
entiende por ello.
En 1422, el Papa Martín V crea el tribunal de La Rota en donde ya era efectiva la pericia
oficial de salud mental en cuestiones de derecho canónico. Previamente, un dominico español
natural de Gerona, con gran formación jurídica, Nicolau Eimerich (1320-1393) en su directorium
inquisitorum (directorio de la Inquisición publicado en 1376 en Aviñon), sistematizó los
conocimientos científicos para el enjuiciamiento del Tribunal Eclesiástico por excelencia. En su
obra, con una casuística sorprendente trata del interrogatorio judicial y se plantea el caso de que los
19 Esbec, E.; Delgado, S. (1994). Imputabilidad: Concepto y perspectivas. La imputabilidad de los trastornos
mentales. En S. delgado (dir). Psiquiatría Legal y Forense. Volumen I. Capítulo 14. Ed. Colex. Madrid.
60 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
creyendo que el primer ministro conspiraba contra él. La corte le absolvió por causa de la locura
siendo internado en una institución mental para el resto de su vida. La regla de McNaughton era un
estándar que se aplicará por el jurado, después del testimonio médico, audiencia de otros expertos y
de la defensa. La regla creó una presunción iuris tantum de cordura, a menos que la defensa probara
que a la hora de cometer el acto, el acusado actuó bajo un defecto de la razón o enfermedad mental,
de tal magnitud como para no conocer la naturaleza y calidad del acto que hacía o desconocer que
lo que hacía era incorrecto.
Comprender la naturaleza de un acto requiere "simplemente" que el acusado comprenda las
consecuencias de su conducta. Por ejemplo, que apretar un gatillo hace que un arma cargada se
dispare. La gran dificultad que planteó la Regla M´Naughton, fue la que se refiere al conocimiento
de que "el acto está mal". En efecto, tras un hecho criminal perpetrado como respuesta a un delirio ó
a una alucinación, no es raro observar que el agresor trate de escapar ó de ocultar los indicios,...etc,
lo que sugiere claramente que sabe que "algo malo" hay en el hecho cometido. Sin embargo, sigue
siendo una conducta secundaria a una idea delirante.
En los textos relativos a este tema, se suele citar tradicional mente el siguiente ejemplo: Un
enfermo mental puede matar a una persona obedeciendo, de buena fe, la voz de Dios y, sin embargo
darse cuenta de que el resto de la sociedad cree que matar es censurable. Esta circunstancia, llevó al
Juez Cardozo a afirmar: "Si existe un delirio en el que Dios ha ordenado la comisión de un crimen,
no puede decirse que el ofensor sepa que el acto es malo...". La regla de McNaughton se convirtió
en el estándar para la locura en los Estados Unidos y el Reino Unido.
Monte Durham era un joven de 23 años que había estado en prisión e instituciones mentales
desde los 17 años. Fue condenado en 1953, y su abogado recurrió. El juez de apelación federal
eligió utilizar el caso para reformar la regla de McNaughton, indicando que ésta se basada en un
concepto enteramente obsoleto y engañoso de la naturaleza de la locura. La regla de Durham
muchísimo más extensa proclamaba que el acusado no es criminalmente responsable si su acto
ilegal es el producto de una enfermedad o defecto mental.
La regla de Durham fue rechazada por las cortes federales, porque implicaba un cajón de
sastre demasiado amplio a la hora de administrar ciertas eximentes y atenuantes.
En 1972, el American Law Institute, desarrolló una nueva regla para la locura como parte
del Model Penal Code. Esta regla dice que un procesado no es responsable de la conducta criminal
cuando, como resultado de la enfermedad o del defecto mental, no tiene capacidad substancial para
apreciar la ilicitud de su conducta o para adecuar su conducta a los requisitos de la ley.
En Francia, fue el código de Instrucción criminal de 1808, el código de Napoleón, el que
determinó oficialmente la diferente consideración del enfermo mental ante la ley. El artículo 64
señalaba que no hay crimen ni delito si el procesado estaba en un estado de demencia en el
momento de la acción o si estaba movido por una fuerza irresistible.
En España hemos seguido la siguiente evolución: El Código Penal de 1822, en su Artículo
26 señalaba que tampoco se puede tener por delincuente ni culpable al que comete la acción
dormido o en estado de demencia o delirio, privado del uso de razón o de cualquier otra manera
independiente de su voluntad. El Código Penal de 1870, en Artículo 8 proclamaba que no delinquen
y por tanto están exentos de responsabilidad criminal el imbécil y el loco a no ser que éste haya
obrado en un intervalo lúcido.
El Código de 1928, Art. 55 se refería como irresponsable el que en el momento de ejecutar
acción u omisión punible se hallare en estado de perturbación o debilidad mental de origen
patológico que prive necesariamente y por completo a su conciencia de la aptitud para comprender
la injusticia de sus actos o a su voluntad para obrar de acuerdo con ella, siempre que no se hubiese
colocado en este estado voluntariamente".
El código de 1932 y reformas siguientes en su Artículo 8 utilizó la siguiente fórmula: están
exentos de responsabilidad el enajenado y el que se hallare en situación de trastorno mental
transitorio a no ser que éste haya sido buscado a propósito para delinquir.
El psiquiatra Sanchís Banús, introdujo los conceptos de enajenación y trastorno mental
transitorio en el código penal del 1932. Enajenado, expresión tomada del lenguaje popular,
significa alienación (alienatio), perdida de libertad, ausencia o privación del juicio o la razón, e
implica profundidad y permanencia del trastorno mental.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 61
En 1888, el primer gobierno de Sagasta inició grandes reformas legislativas (código penal,
código civil y la ley del Jurado). La Acción Popular, permitía al ciudadano ejercer su derecho a
perseguir el fin social de la justicia independiente de la representación del Estado. Es el inicio de la
prensa sensacionalista y los llamados juicios paralelos cuando el diario “El liberal”, un informativo
general, publicó en primera página un caso criminal, el famoso crimen de la calle Fuencarral, cuya
investigación fue seguida paso a paso durante un año por diversos rotativos (El imparcial, el País,
La república y El Liberal) incluyendo comentarios morbosos, entrevistas y valoraciones jurídicas
sobre el sumario. La acusada, Higinia Balaguer, fue sometida a hipnosis por parte del prestigioso
Dr. Simarro, catedrático de la Universidad Complutense, pero la prueba no fue aceptada por el
tribunal. El abogado D. Nicolás Salmerón solicitó la exhumación del cadáver de Luciana Porcina
para practicar una segunda autopsia, pero el Tribunal Supremo confirmó la sentencia de pena de
muerte señalada por la Audiencia Provincial de Madrid, que determinaba el garrote vil para la
criada, ejecutada finalmente el 19 de julio de 1890.
La influencia de S. Freud sobre la teoría del libre albedrío, y el determinismo de muchas
conductas fue trascendental.
Santo Tomas, inspirado en la filosofía Aristotélica denominó al libre albedrío, vis electiva,
es decir fuerza o facultad de elegir, de autodeterminarse, probada por revelación Divina e impuesta
por la Iglesia. Para el catolicismo, la libertad constituye una verdad dogmática incuestionable. Sin
embargo, para muchos, el determinismo ético surge de las controversias originadas por la figura de
Martín Lutero quien proclamó la omnipotencia y omnipresencia de la acción Divina. Tal
sometimiento ya fue adelantado en el siglo V por Boecio al señalar en su Consolidación de la
filosofía que no existe el libre albedrío y solo se verificarán los hechos conocidos por la infalible
presencia de Dios. Inútil será castigar a los malos o hacer promesas a los buenos por no ser libres
ni voluntarios los movimientos del alma.
El problema del determinismo científico, que es tan antiguo como los estoicos, surge de la
noción física de determinismo impulsada por la astronomía griega y que alcanzó su máximo
exponente en el principio de la razón suficiente de Laplace, según el cual el estado presente del
universo es consecuencia directa de su estado anterior y la causa del que debe seguirle. El
determinismo radical afirma que todos los sucesos del Universo, incluidos los humanos, son fijos,
inalterables, necesarios. No implica que sean conocidos de antemano por alguien sino que son
predecibles mediante métodos científicos, por estar sometidos al principio de causación universal.
La historia de la filosofía está plagada de controversias, montañas de retórica verbal o escri-
ta, posturas radicales y algunas tan simplistas como la de Bergson que conoce la existencia del libre
albedrío gracias a una intuición indubitable.
Sartre piensa no solo que el hombre es libre, sino que está condenado a serlo. Para los
autores existencialistas, la libertad es una condición ontológica absoluta.
Spinoza hablaba de ingenuidad en el creerse libre cuando en realidad el ser humano actúa
impulsado por la pasión, arrastrado por la alegría o tristeza o por otras fuerzas desconocidas.
Popper señaló que un hombre puede creer que actúa deliberadamente, por su propia
elección cuando en verdad lo hace bajo la influencia de una sugerencia, de una compulsión o de
las drogas.
Nietzsche opina que a los hombres se les imaginó libres para que pudieran ser juzgados,
castigados, en definitiva, para que pudieran ser culpables; pero la libertad es algo que se tiene y no
se tiene, que se quiere y que se conquista.
Hobbes ya hablaba de un determinismo hedonista.
El psicoanálisis, mediante el estudio de los sueños y las asociaciones libres, había revelado
la existencia de procesos psíquicos inconscientes en donde se encuentran enraizados los instintos
primarios. El yo no es lo suficientemente potente para eliminar esas fuerzas psíquicas subversivas y
caen víctimas de la represión constituyendo el mundo psíquico oculto, dispuestas a operar en
cualquier momento de relajación de las fuerzas inhibitorias como lo demuestra su emergencia en
forma de sueños, actos fallidos u otras simbolizaciones. En su Psicopatología de la vida cotidiana
puede leerse que ciertas insuficiencias de nuestros funcionamientos psíquicos y ciertos actos
aparentemente in-intencionados se encuentran motivados y determinados por motivos desconocidos
de la conciencia, cuando son sometidos a la investigación psicoanalítica….A las agresiones
62 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
inferidas a la megalomanía humana por Copérnico y Darwin, habrá que unir, comenta Freud, una
tercera y más mortificante: la constatación de un yo que ni siquiera es dueño de su propia casa.
Son muchos los motivos que no pueden ser confesados, no pueden ser interpretados y aún
más, no son si quiera reconocidos e identificados por la propia persona. La escuela psicoanalítica,
plantea así un determinismo casi radical y aboga por la supresión de la pena que no solo no intimida
sino que libera al delincuente de su sentimiento de culpa. Por otra parte propone la prevención gene-
ral mediante la hipótesis del chivo expiatorio.
En España, D. Pedro Mata (1811-1877), primer catedrático de medicina legal de Madrid,
siguiendo a Freud, cuestionó la tesis del libre albedrío como elemento de base en la valoración de la
imputabilidad penal. En 1858 publicó el Criterio Médico-Psicológico para el Diagnóstico Dife-
rencial de la Pasión y la Locura.
Sobre el mismo tema, Lozano Caparrós escribió La Locura ante el Juicio Oral (1884); José
María Esquerdo La Locura ante los Tribunales, o Estudio Médico Legal de la Irresponsabilidad del
Loco (1894), y Tomás Maestre El Loco Homicida (1899). El profesor Lafora abordo el problema
del delincuente enfermo mental escribiendo psicosis en prisiones (1918), Psicópatas como jefes
Revolucionarios (1920), Delincuencia infantil y delincuencia mental (1927) y Los crímenes en
masa de los alienados (1928). G.R. Lafora en 1928 trabajó en un proyecto para el nuevo código
criminal teniendo presente algunos asuntos especiales tales como imputabilidad y peligrosidad.
El hecho de que sea tan difícil evaluar la voluntad del agente en el momento exacto de la
acción, y especialmente si pudo haber elegido otra conducta, hacer uso de mayor fuerza de voluntad
o de autocontrol, etc, y sobre la base de las doctrinas deterministas, algunos autores han sugerido
fundamentar el concepto, no en el libre albedrío sino en la motivabilidad por la norma (Muñoz
Conde, Mir Puig, etc), la prevención general y especial (Gimbernat) o la subcultura (Bustos) [ver
esta revisión en Esbec y Delgado, 199420). Así podría ser inimputable un sujeto no motivable
mediante normas o el diferente o marginado, con un orden racional distinto al de la colectividad.
Históricamente, los legisladores españoles han aplicado los criterios biológico
(psicopatológico) puro y criterio mixto alternativamente. Así, de Las Leyes Partidas (s. XIII)
señalaba la Imputabilidad "del que fuese loco de tal locura que no sepa lo que hace" (criterio mixto).
El CP de 1822 hablaba "del que cometiese la acción dormido, en estado de demencia, delirio o
privado de razón" (criterio biológico puro). El de 1870 se refería a "los estados de perturbación o
debilidad mental de origen patológico que priven por completo de la conciencia o voluntad"
(criterio mixto) y de 1932 hablaba del enajenado (criterio simple), aunque el Tribunal Supremo
ha venido exigiendo una valoración mixta.
El nuevo código penal español establece un criterio mixto: <<anomalía o alteración
psíquica>> (base bio-psico-patológica)... <<que impida comprender la ilicitud del hecho o actuar
conforme a esa comprensión>> (efecto psicológico) a similitud con la mayor parte de los Códigos
modernos.
Los inicios de la psicología forense como disciplina independiente, van muy ligados a la
evaluación del testimonio y la mentira. Se ha estimado que condenan a aproximadamente 4.500
personas inocentes cada año en los Estados Unidos debido a la identificación equivocada del testigo
presencial (Cutler y Penrod, 1995).
El primer análisis conocido de la memoria se debe a Platón y Thucydides, historiador
antiguo de la guerra de Peloponesio (431-404 A.CC.), observó la memoria defectuosa de los
testigos, pero no es hasta Ebbinghaus (1850-1909) cuando las capacidades mnésicas de la persona
son estudiadas científicamente.
En 1895, C. Lombroso, padre de la criminología, fue el primero en experimentar sobre la
honradez de los delincuentes, mediante la medición de la presión arterial y el pulso. Un dispositivo
similar fue utilizado por el psicólogo Guillermo Marston de la Universidad de Harvard durante la
20 Esbec, E.; Delgado, S. (1994). Imputabilidad: Concepto y perspectivas. La imputabilidad de los trastornos
mentales. En S. Delgado (dir). Psiquiatría Legal y Forense. Volumen I. Capítulo 14. Ed. Colex. Madrid.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 63
primera guerra mundial en casos de espionaje. En 1921, Juan Larson agregó al sistema la medición
de la respiración.
Leonard Keeler, policía de Chicago y considerado uno de los padres fundadores de la
ciencia forense utilizaba en sus interrogatorios un cajón coronado por dos bombillas, una verde y
una roja; a cada respuesta, el policía pulsaba un botón que estaba convenientemente disimulado bajo
su escritorio y que encendía una de las luces. Los interrogados, cuando se encendía el foco rojo,
aunque hubieran dicho la verdad se convencían de que habían mentido y cambiaban su respuesta
para que se encendiera el foco verde. Entre 1935 y 1939, Keeler añadió a un cardiógrafo (que
registra las pulsaciones y la presión sanguínea), y a un neumógrafo (que registra el ritmo
respiratorio) un galvanómetro (que mide la resistencia eléctrica de la piel). A todo ello añadió varios
sensores, un amplificador y un mecanismo que acciona una aguja entintada, y un amplificador
creando el polígrafo y realizando el primer test con el llamado detector de mentiras que sigue
teniendo valor de prueba en muchos estados norteamericanos.
En el amanecer del vigésimo siglo varios psicólogos (Binet, 1900; Bolton, 1896; Cattell,
1895; Munsterberg, 1908; Stern, 1902, 1910; Whipple, 1909, 1910, 1911, 1912) investigaron
científicamente el uso de procesos cognoscitivos en las cuestiones legales, conduciendo estudios
experimentales aplicados sobre memoria, sugestionabilidad, confesión, detección de la mentira, e
hipnotismo.
En Francia, Alfred Binet (1900) publicó Suggestibilité; en Alemania William Stern
(1903) Beiträge zur Psychologie der Aussage y M. Wertheimer & J. Klein (1904) Psychologische
Tatbestandsdiagnostik; en Suiza Carl Jung (1906-1907) Diagnostische Assoziations-estudia y en
Austria, Sigmund Freud (1906) Und Psychoanalyse de Tatbestandsdiagnostik .
El psicólogo alemán William Stern que publicó en Alemania en 1896 el primer periódico
de psicología forense Betrage zur Psychologie der Aussage., ya habia elaborado aproximadamente
entre 1892 y 1897 un conocido estudio en la Universidad de Berlín,. Este estudio, realizado ante
juristas y que posiblemente constituya el primer contacto entre psicología y derecho, versaba sobre
el testimonio de un altercado simulado entre dos personas asistentes al evento, una de las cuales, en
medio de la discusión, disparó con un revolver a la otra.
En 1908, Hugo Munsterberg (para muchos el fundador de la psicología aplicada) publicó
On the Witness Stand, sobre el testimonio del testigo presencial, que es considerado frecuentemente
como el primer libro de psicología forense. Munsterberg defendió la importancia y el uso de sus
experimentos en la sensación, la percepción y la memoria para mejorar la comprensión del tribunal
sobre el testimonio del testigo presencial. Wigmore (1909) en un trabajo titulado Una revisión de la
ley de Illinois ridiculizó a Munsterberg subrayando que sus resultados, teorías, y recomendaciones
eran prematuros y demasiado generales como para ser empleados en la práctica jurídica. Sin
embargo, Wigmore animó a los psicólogos a que continuaran su investigación con la sugerencia que
las cortes serían la última instancia en la recepción de sus teorías y resultados.
William y Mary Healy crearon en Chicago en el año1909 el Instituto psicopatico juvenil y
en 1915, publicaron su trabajo clasico, Pathological Lying, Accusation, and Swindling - A Study in
Forensic Psychology21, en donde analizaron a propósito de diversos casos el engaño, especialmente
mentira patológica (12 casos), acusaciones falsas (9 casos).
Durante la primera guerra mundial, los psicólogos trabajan fundamentalmente como
psicómetras.. Estaban especialmente interesados en el detector de la mentira y en la entones
denominada neurosis de guerra.
La investigación posterior sobre memoria del testigo presencial en Norteamérica fue escasa
y esporádica con trabajos desperdigados como los de Cady 1924; Marston, 1924; Hutchins Y
Slesinger, 1928; Slesinger Y Pilpel, 1929; Redmount, 1959. No fue hasta los años 70 cuando los
psicólogos cognoscitivos y sociales demostraron un nuevo interés por las investigaciones
experimentales del testimonio y la identificación del testigo presencial.
U. Undeutsch en su Forensische Psychologie (1967) presentó su famosa hipótesis que da
lugar a la moderna valoración del testimonio y análisis de contenido de las declaraciones basado en
criterios (CBCA): Los testimonios veraces tienen mayor grado de calidad que los testimonios
inventados o basados en fantasías.
Una de las áreas más pujantes de la psicología forense es la investigación del perfil
criminal ya iniciada por C. Lombroso con la evaluación del cráneo del criminal Vilela y que dio
origen a su teoría del criminal nato.
Los inicios literarios datan de 1841 con Los asesinatos de la calle Morgue de Edgar Allan
Poe. En Gran Bretaña (año 1888) el Dr. George B. Philips patólogo forense, diseñó el método
“modelo – herida” que pretendía analizar la personalidad del criminal sobre la base del tipo de
heridas sufridas por la víctima y que indudablemente llega a nuestros días (Turvey 1.999).
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 67
Existe cierto consenso en afirmar que el primer perfil científico de un delincuente fue el
efectuado por el Psiquiatra James Brussel en 1957, con el objetivo de capturar al llamado
“bombardero loco”, que llevaba operando diez años en Nueva York sin ser capturado. Brussel,
estudiando los escritos reivindicativos del bombardero dedujo que debería tratarse de un paciente
paranoico, determinado su edad aproximada, profesión, estado civil e incluso su indumentaria.
En 1.960 en Inglaterra el aporte a la técnica de elaborar perfiles fue de Palmer citado por
Ressler, Burgess y Hartman, (1.999) quien publicó los resultados de un estudio realizado a lo largo
de tres años con 51 asesinos condenados. La contribución de este estudio fue construir un retrato
verbal de un asesino utilizando términos psicológicos.
El desarrollo del perfilado criminal acontece a partir de 1970 en la unidad de ciencias del
comportamiento del Federal Boureau of Investigation FBI, ubicada en Quántico, Virginia. El agente
federal de investigación Howard Taeten comenzó un programa de perfil delictivo en la sección de
California (Estados Unidos), tratando de enseñar tácticas para perfiles de delincuentes como una
ayuda de investigación; su principal contribución fue la implementación de una cátedra sobre
perfiles criminales dirigida a los agentes del FBI. (Turvey, 1999).
Robert Ressler comenzó a interesarse por los asesinos en serie contando apenas nueve años,
en 1946, cuando un estudiante de Chicago llamado William Heirens mató y violó a una niña y dos
mujeres. El llamado asesino del pintalabios aterrorizó la ciudad y Ressler jugaba a detective
privado.
Ressler, es el diseñador del profiler y acuñó la frase "asesino serial". Pensaba que
entrevistas intensivas con delincuentes conocidos podrían proporcionarle mucha información sobre
la personalidad y modus operandi, que sirviera para posteriores investigaciones. Aprendió que,
entendiendo la mente de un criminal, es posible determinar sus patrones del comportamiento y
predecir el acto siguiente. De esta manera durante veinte años mantuvo conversaciones en la prisión
con algunos de los asesinos más terroríficos de la historia, como Heirens, Wayne Gacy (ambos en
Chicago, IL), Ted Bundy (en Seattle, WA), Juan Joubert (en Omaha, el NE), Jeffrey Dahmer (en
Milwaukee, WI), y Montie Rissell (en Alexandría, VA).
En El hombre que vive con los monstruos, libro y documental, explica la función del
profiler y dirige su mirada fascinadora a alguna de las mentes más oscuras imaginables. Se
cuestiona si un asesino es conducido por un impulso irrestible o mas bien un impulso sobre el que
ha decido no resistirse.
Ressler ha diferenciado esencialmente entre asesinos organizados y desorganizados. El
asesino desorganizado tiende a tener una inteligencia media y con frecuencia una personalidad
esquizoide, paranoide o mixta. Procede e familias desestructuradas. Tiene una autoestima pobre,
intolerancia a la frustración, tendencia a reaccionar con disforia ante las dificultades de la vida. En
su patografía suele obtenerse una crónica dificultad en las relaciones interpersonales. El crimen
frecuéntenle es llevado a cabo en el lugar de trabajo o residencia (u otro lugar conocido), efectuado
de forma impulsiva, ansiosa, sin planificar, sin conversar con la víctima a la que suele conocer. Deja
muchos indicios en el lugar de los hechos, entre otros el propio cadáver. Puede ser un psicótico
(frecuentemente esquizofrenia paranoide) o presentar un trastorno límite o paranoide de la
personalidad.
Dentro de la investigación en psicología criminal, cabe destacar la autopsia psicológica
que surgió de la frustración del médico-forense jefe del Condado de Los Angeles, Theodore J.
Curphey, durante la reorganización de esa oficina en 1958. A pesar de sus esfuerzos, que se combi-
naron con los de toxicólogos e investigadores no médicos, Curphey se enfrentó a una serie de
muertes por drogas cuyo modo de muerte no podía certificarse en base a las evidencias recogidas.
Como resultado de esta situación Curphey invitó al doctor en psicología Norman Farberow, y otros
para ayudarle en un estudio conjunto de estos casos equívocos, y fue este esfuerzo ─una
aproximación multidisciplinar que incluía científicos conductuales─ lo que llevó a acuñar el término
autopsia psicológica.
Posteriormente, con los interesantes y valiosos trabajos de Litman et al. (1963), Weisman y
Kastenbaum (1968) y Weisman (1974), el término autopsia psicológica ha pasado a tener otros
significados ligeramente diferentes.
La certeza de la muerte del causante, se trata de una condición sine qua non a fin que entre
en funcionamiento la maquinaria propia del derecho sucesorio, hablamos del "hecho jurídico de la
68 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
muerte" del causante que encuentra su basamento en el derecho romano (Digesto, Libro 29, titulo
2°, Ley 23). Contemplando dos requisitos objetivos: 1) la muerte de la persona; 2) el derecho a
heredarla y por ultimo un requisito subjetivo que es el conocimiento del heredero de la situación
referida.
El uso de registros de muerte no estandarizados se evidencia hasta el siglo XIX. El
reconocimiento en Inglaterra de la necesidad de investigación médicolegal informada llevó a una serie
de reformas dirigidas a mejorar la calidad del registro de muertes. En 1836 el Parlamento promulgó un
proyecto de ley que exigía el registro de todas las muertes que no requerían notificación del forense a
menos que la causa de muerte fuera alguna de las incluidas en una categoría especial. Un aspecto
curioso de la ley fue que se ordenó específicamente a los médicos que no incluyeran información
sobre el modo de muerte en el certificado de defunción.
El acta de registro inglesa de 1836 fue enmendada en 1874 para que requiriera que se
remitiera información personal sobre la muerte al registro del distrito en los 5 días posteriores a su
ocurrencia, responsabilidad que recaía en el familiar más cercano del difunto presente en su muerte
o que lo hubiera atendido durante la última enfermedad. El no cumplimiento de este requisito
suponía una multa. La nueva ley también exigía que un médico registrado presente durante la última
enfermedad extendiera un certificado estableciendo las causas de muerte.
Ya señalaba Scheneidman, que la causa de la muerte establecida en el certificado de defunción
no necesariamente conlleva información sobre el modo específico de muerte. Por ejemplo, la asfixia
por sumersión no nos indica automáticamente si el difunto luchó y se ahogó (accidente), entró en el
agua con la intención de ahogarse (suicidio), o si se le tuvo bajo el agua hasta que se ahogó
(homicidio).
Los certificados de defunción contemporáneos tienen una categoría que dice "accidente,
suicidio, homicidio o indeterminada". Si no se comprueba ninguna de éstas, entonces se supone un
modo de muerte "natural", como suele ocurrir en la mayoría de los casos.
La estimación de Scheneidman, de que entre el 5% y el 20% de todas muertes que requieren
certificación no aclaran el modo correcto de la muerte, deja un considerable número de fallecimientos
como poco claros o inciertos. La propia autopsia orgánica, aún clarificando el origen del fracaso vital
puede no desvelar con certeza su etiología médico-legal. A ello nos referimos cuando hablamos de las
muertes equívocas.
Las medidas de seguridad terapéuticas nacen en España. En 1409, el Rey Martín “El
humano" (Rey entre1396-1410), bajo la influencia de Fray Juan Gilabert Jofré, coetáneo y amigo de
San Vicente Ferrer, que observó, durante un trayecto, que un grupo de muchachos maltrataba
cruelmente a un enfermo mental, aprobó la creación del primer hospital psiquiátrico de Occidente
en Valencia (Hospital dels Ignocens, Folls e Orats), al que siguieron los centros de Zaragoza (1425),
Sevilla (1436) y Valladolid (1436). Pasarán siglos hasta que en 1801 Pinel llamara la atención sobre
la necesidad de controlar a los locos, pero sin tratarlos con rigor o inhumanidad, y para la creación
del primer hospital para personas con trastorno mental en países como Alemania (1820) o Grecia
(1864).
En Francia el listado de personas susceptibles de ser arrestados por la milicia e ingresados
en el Hospital de La Salpêtrière, en París (1656) era el siguiente: mendigos y vagabundos, gentes
sin hacienda, sin trabajo o sin oficio, criminales, rebeldes, políticos y herejes, prostitutas, libertinos,
sifilíticos y alcohólicos, locos, idiotas y hombres estrafalarios. A mediados del siglo XIX, Morel
estableció la Teoría de la degeneración moral (degenerar, perder las cualidades de la raza), con gran
difusión por toda Europa, especialmente Griesinger y Krafft-Ebing (Alemania), Maudsley
(Inglaterra) y Dallemange (Bélgica). Primero Morel y después Magnan definieron el crimen como
estigma de degeneración. En Italia, Lombroso se convirtió en defensor de Morel y aportó su teoría
del criminal nato.
A mediados de siglo pasado, la psicopatología criminal europea puso mucho énfasis en el
análisis de las llamadas situaciones pre-criminales según el concepto de Kinberg y en el pronóstico
individualizado (aviso de riesgo), aunque excesivamente centrado en la patología mental severa:
imbecilidad, parálisis general, encefalitis, esquizofrenia, demencia senil, estados confusionales,
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 69
Las medidas de seguridad previstas en la Ley de Vagos y Maleantes (art. 4), aplicables por
los Tribunales (art. 5) en aquel tiempo consistían en: (1) Internamiento en un establecimiento de
régimen de trabajo o colonias agrícolas por tiempo indeterminado, que no podrá exceder de tres
años; (2) Internamiento en un establecimiento de custodia por tiempo indeterminado no inferior a
un año y que no podrá exceder de cinco años; (3) aislamiento curativo en Casas de templanza por
tiempo absolutamente indeterminado; (4) expulsión de extranjeros del territorio nacional; (5)
obligación de declarar su domicilio o residir en un lugar determinado por el tiempo que establezcan
los Tribunales; (6) prohibición de residir en un lugar o territorio que el tribunal designe. La duración
de esta medida será fijada por los Tribunales; (7) sumisión a vigilancia de la autoridad, que será
ejercida por delegados especiales y tendrá carácter tutelar o de protección; (8) multa de 250 a
10.000 pts.; (9) incautación y pérdida, en favor del Estado, de dinero o efectos.
La Orden de 1 de junio de 1971 determinó los establecimientos de rehabilitación destinados
al cumplimiento de medidas de seguridad a los efectos del Reglamento de la Ley 16 /1970, de 4 de
agosto sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social [B.O.E. núm. 132 del 3 de junio de 1971, páginas
8903 a 8904].
La ley 16/1970, de 4 de agosto (jefatura del estado), sobre peligrosidad y rehabilitación
social. derogó la Ley de Vagos y Maleantes, de 4 de agosto de 1933, y sus complementarias o
modificativas de 23 de noviembre de 1935, y de mayo de1948, 15 de julio de 1954 y 24 de abril de
1958, declarando de aplicación supletoria, en los supuestos indicados, la Ley de Enjuiciamiento
Criminal. Se aprobó el reglamento de aplicación, por decreto 1144/1971, de 13 de mayo y se
modificaron determinados artículos, por ley 43/1974, de 28 de noviembre. En su preámbulo decía:
Los ordenamientos contemporáneos, impulsados por la necesidad de defender a las sociedades
contra determinadas conductas individuales, que sin ser, en general, estrictamente delictivas,
entrañan un riesgo para la comunidad, han ido estableciendo, junto a sus normas penales
propiamente dichas, dirigidas a la sanción del delito e inspiradas en el Derecho penal clásico, un
sistema de normas nuevas encaminadas a la aplicación de medidas de seguridad a los sujetos
socialmente peligrosos e inspiradas en las orientaciones de la rama científica que desde hace años se
conoce con el nombre de "Defensa social". La pena y la medida de seguridad vienen así a coexistir
en las legislaciones modernas con ámbito diferente y fines diversos, aunque en último término
coincidentes en la salvaguarda de la sociedad, a la que de este modo se dota de un dualismo de
medios defensivos con esferas de acción distintas.
Recientemente hemos publicado un trabajo sobre las cinco generaciones en la valoración de la
peligrosidad o riesgo, pasando de una etapa intuitiva, a otra basada en pruebas actuariales, y
actualmente en una metodología mixta (clínico-actuarial)24
En la otra cara de la cuestión hay que referirse al estudio de las víctimas del delito, la
víctimología forense. El enfoque victimológico de la criminología, psiquiatría y psicología es
relativamente reciente, surgiendo a raíz del análisis de la llamada pareja penal y del estudio de las
víctimas de las conflagraciones bélicas.
No el asesino, sino su víctima es culpable (Nicht der Mörder der ermordete ist schulding).
Esta frase célebre de Werfel pronunciada ya en 1920 condensa y predice de alguna manera el
cambio paradigmático que se disponía a experimentar la Criminología como ciencia a partir de la
segunda mitad del siglo XX; agotada tal vez en la búsqueda infructuosa de marcadores de la
criminalidad en la figura individualizada del delincuente, va a buscar en la interacción con la
víctima, la explicación de la criminogénesis.
Por su parte, la psiquiatría y psicología, especialmente norteamericanas, después de las dos
grandes conflagraciones mundiales y de la guerra de Vietnam, van a prestar un marcado interés a las
secuelas psíquicas apreciables en los supervivientes, los trastornos mentales generados o
precipitados por situaciones de intenso e inesperado estrés y por la sistematización de un trastorno
mental específico en sujetos victimizados.
24 Esbec, E (2003). Valoración de la Peligrosidad Criminal. Psicopatologia Clinica legal y Forense, 3 (2): 45-
64
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 71
El interés por la víctima del delito es muy reciente. Se cuenta con trabajos marginales y
contribuciones precursoras en la escuela positiva italiana y en la obra de De Greeff. Pero existe
consenso prácticamente general en señalar y homenajear a las figuras de H. Von Heting y B.
Mendelsohn como pioneros de una nueva disciplina: la Victimología.
En 1941, Hans Von Heting publica el trabajo Remarks on the interaction of perpetrator and
victim y en 1948 su obra clave The criminal and his victim. Benjamin Mendelshon escribió en 1937
un trabajo sobre la importancia de la personalidad de la victima en la criminogénesis [Method to be
used by counsel for the defence in the researches made into the personality of the criminal], en
1946 New bio-psycho-social horizons: victimology; y en 1947 pronunció una conferencia sobre
victimologia en Bucarest. Ambos, en esencia, vinieron a señalar que la criminogénesis depende de
una compleja relación entre víctima y victimario, figuras estas que no ocupan posiciones
antinómicas sino que interaccionan, sus roles respectivos se imbrican e incluso llegan a confundirse.
En lo que Mendelshon denomina pareja penal, la víctima -que ya no es considerada necesariamente
como sujeto pasivo del delito- puede contribuir (con mayor o menor culpabilidad) a su propia
victimización.
En la década 1970-1980, la victimología se desarrolla definitivamente. En 1973 se organiza
el Primer Simposio Internacional; en 1976 se publica la revista Victimology y en 1980 se constituye
la Sociedad Mundial de Victimología.
El trastorno mental victimológico por excelencia, trastorno por estrés postraumático (TEPT)
es reconocido por vez primera en la tercera edicción del <<manual diagnóstico y estadístico de los
trastornos mentales>> (D.S.M. III-R; A.P.A., 1980). Sus antepasados más significativos son la llamada
"neurosis traumática" (Oppenheim, 1892; Eulenburg, 1895), Schreckneurose (Kraepellin, 1896),
neurosis de guerra (Kardiner, 1947), reacción intensa de estrés (D.S.M. I, 1952), estrés relacionado
con el combate (D.S.M.II, 1968).
El primer estudio que analiza sistemáticamente el patrón de respuesta en víctimas de violación
(n=13) es el que publican en 1970 Sandra Sutherland y Donald Scherl, describiendo tres fases
características: (a) reacción aguda; (b) ajuste y (c) integración-resolución del conflicto.
Pero el estudio con mayor repercusión internacional se debe a Ann Wolbert Burgess y
Lynda Lytle Holmstrom (1974), Rape trauma síndrome. Estudian la respuesta conductual de 92
mujeres adultas atendidas hospitalariamente durante un periodo de un año. Las manifestaciones del
síndrome traumático de la violación son sistematizadas en dos fases: (a) fase de desorganización,
que incluye reacciones conductuales diversas, reacciones somáticas, reacciones emocionales y (b)
fase de reorganización (a largo plazo), que incluye actividad motora, traumatofobia (miedos), y
trastornos del sueño (Burgess & Holmstrom, 1974).
Deborah S Rose (1986) se refiere a la violación como un acontecimiento “peor que la muerte”
y analiza dos tendencias predominantes antes de 1970: a) la concepción de la violación como un evento
que tiende a darse en mujeres provocativas o b) el trauma de la violación no es más que una
exacerbación de conflictos psicológicos pre-existentes. Para Rose, el trauma de violación se caracteriza
psicodinámicamente por la pérdida profunda (de la confianza básica e omnipotencia primitiva) y el
desarrollo de defensas (racionaliación, disociación, regresión, despersonalización, proyección masiva,
negación), mermando gravemente la autoestima, sexualidad y relaciones con las demás. La culpa que
es intensa, animada por la rabia mal expresada y la verguenza, es responsable de muchos cambios
caracterológicos y en el estilo de vida. La pérdida de la autonomía personal por el control del asaltante
activa afectos primitivos que arrollan al ego. La persona despersonalizada primero queda reconstruída
después, cambia y esos cambios persistirán durante toda la vida.
El problema de la compensación a las víctimas del delito es tan antiguo como la propia
historia del hombre. Ya el código de Hammurabi recoge el "Talión", pena que consiste en hacer
sufrir al delincuente un daño igual al que causó. El principio del Talión era fundamental en el
derecho Mesopotámico pero también fue aceptado por la Ley Hebraica (Ex 21,24-25; lev 24,20,) el
Código de Manú en La India, en Atenas y Roma (Así, en la Ley de las XII Tablas puede leerse "Si
membrum rupsit ni cum eo pacit, talio esto" si rompe su miembro y no hace la paz con éste, sea
talión.), pasando posteriormente a los pueblos bárbaros por lo que pueden encontrarse múltiples
ejemplos -entre nosotros- en el Fuero Juzgo de los Reyes Godos.
El Fuero Juzgo señala en casos de homicidio si ha muerto apaleado o de malos tratos, el
propietario de la prenda lo probará contra su mercader y si era el hijo de su señor, darán muerte a
72 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
su hijo y si era un esclavo del señor, pasará un tercio de mina de plata..., precepto que para algunos
constituye la primera aplicación strictu sensu de la Ley del Talión. Otros artículos relevantes son el
196 (Si un señor ha reventado el ojo de otro señor, se le reventará su ojo...), el 197 (Si ha roto
hueso de otro señor, se le romperá su hueso...); 200 ( Si un señor ha desprendido diente de un señor
de su mismo rango, se le desprenderá uno de sus dientes...).
En estos códigos antiguos, se establecía un rango de victimidad, de manera que según fuese
la categoría de la víctima, aplicaba el talión o la reparación económica del daño. De esta forma el
art. 199 del Fuero Juzgo advierte que si ha reventado ojo del esclavo, pasará la mitad de su
precio..., el art. 201 Si ha desprendido el diente de un subalterno, pasará un tercio de mina de
plata...).
En el Derecho Musulmán, se aplica la Ley del Talión (Kisas) entre castas y el Rescate de
Penas (Dijah); se encuentra recogido en el Corán y la suna (base histórica), el ichmá (base
dogmática) y el quiyás (base lógica), quinto sura versículo 42 y 49
Progresivamente, y en evitación de venganzas desmesuradas, el Estado fue neutralizando a
la víctima mediante la acción penal pública, es decir, monopolizando la reacción penal y
encontrando en la compensación económica una formula aceptable de reparación del daño, muy
apreciado por las víctimas.
Margery Fry, una reformadora penal es la que solicita por primera vez, en Nueva Zelanda
(1963) una reforma para la compensación de las víctimas. Ese mismo año, el Parlamento Neo-
Zelandés establece el primer Tribunal de compensación criminal con poder discrecional para
otorgar a las víctimas o sus familias, compensaciones públicas según los daños sufridos por delitos
violentos. Al año siguiente Inglaterra anunciaba un programa similar. En 1965, el Estado de
California adopta un programa de compensación que será asumido sucesivamente por los demás
Estados de Norteamérica (Minesota, 1972; Georgia, 1974; etc). Otros países pioneros son Australia,
Irlanda del Norte y Suecia.
En el Primer Simposio de Victimología (Jerusalén, 1973) se concluyó que 1- Todas las
Naciones deberían como cuestión de urgencia, considerar la implantación de sistemas estatales de
compensación a las víctimas del delito así como tratar de alcanzar el máximo de eficacia en la
aplicación de los sistemas existentes y los que deberían ser establecidos. 2-Deben emplearse todos
los medios al alcance para difundir información sobre los modelos de compensación; y debe
estimularse la participación de organismos apropiados -gubernamentales o no- en su instauración. 3-
Todos los modelos existentes de compensación deben ser investigados y valorados con miras a
extender su aplicación, teniendo en cuenta los requerimientos respectivos de las diversas
comunidades en las cuales operan.
Hay que destacar la Primera conferencia Internacional sobre la indemnización a las víctimas
de actos violentos celebrada en Los Angeles (O.N.U. 1968); el XI Congreso Internacional de
Derecho Penal en Bucarest (1974); Los diferentes Simposios de Victimología (Jerusalem, 1973;
Boston, 1976; Münster, 1979; Kioto, 1982; Jerusalem, 1988) y los Institutos internacionales en
Victimología (Bellagio, 1975; Bellagio, 1982; Lisboa, 1984).
El Convenio 116 sobre indemnización a las víctimas de delitos violentos (Consejo de
Europa; Estrasburgo, 24 de noviembre de 1983) consideró la necesidad de instaurar o desarrollar
regímenes ayudas a las víctimas por parte del Estado en cuyo territorio se hubieran cometido tales
delitos, sobre todo cuando el autor del delito no ha sido identificado o carece de recursos. En
sentido similar se pronunció la O.N.U. (resolución 40/34, sobre los Principios Fundamentales de
Justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder).
Hay cierto consenso en afirmar que el origen de la psicología jurídica y forense española
se encuentra en el trabajo del psiquiatra catalán Emilio Mira y López publicado en 1932, Manual de
Psicología Jurídica.
Hubo que esperar hasta la década de los 70 para que en el seno del Colegio de abogados de
Barcelona se fundase el Instituto de Psicología y Sociología Jurídicas bajo la dirección y empuje de
los profesores Muñoz Sabaté, Federic Munné y Ramón Bayés, (la llamada Escuela de Barcelona) y
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 73
autorizase la División-Sección de Psicología Jurídica de esta forma, se realizó una primera reunión
informal, con un representante británico y otro alemán en Madrid, para iniciar dicho trabajo en
1993.Tras esta primera reunión se han celebrado otras tres, la última en Amsterdam, y se han ido
incorporando los siguientes países (Holanda, Portugal, Italia, Suecia) y los tres mencionados. Los
temas de interes han sido Contexts and practice of Psychology in Europe; Research and Training in
Forensic Psychology.Forensic Psychology and the Evaluation of Eyewitness Testimony in Europe;
Between Fantasy and Reality: Ethical Problems in the Practice of Forensic Psychology;
Psychologist as Expert Witnesses in Family Dispute Cases; Forensic Evaluation; Roles of Forensic
Psychologist in Prisons; Core skills of Forensic Psychologist25.
Actualmente, la psicología forense en España está bien asentada. Por ejemplo, en la
comunidad de Madrid (2009) existían los siguientes puestos de trabajo (no se incluyen funcionarios
pertenecientes al ejército, policía o Instituciones penitenciarias):
PERICIAL
• CLINICA MÉDICO-FORENSE: 3
• JUZGADOS DE FAMILIA: 14
• JUZGADOS DE PERIFERIA: 13
• JUZGADOS DE INCAPACIDADES: 2
• JUZGADOS DE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER: 10 EN MADRID y 7 EN
PERIFERIA
• FISCALÍA DE MENORES: 13
• JUZGADOS DE VIGILANCIA PENITENCIARIA: 6
• AUDIENCIA PROVINCIAL: 2
• SAGIAD: 6
• TOTAL: 76
ASISTENCIAL
• OFICINAS JUDICIALES: 50
• SERVICIO DE ATENCION A LA VICTIMA: 14 EN EL JUZGADO DE GUARDIA Y 2
EN LO PENAL
• ANATÓMICO FORENSE: 2
• TOTAL: 68
5. LA PRUEBA PERICIAL
Durante el llamado periodo probatorio, las partes pueden proponer al Juez las pruebas que
estime convenientes o necesarias. Prueba es la justificación de la verdad de los hechos
controvertidos en un juicio. La Ley admite los siguientes medios de prueba: a- Interrogatorio de las
partes; b- Documentos públicos; c- Documentos privados; d- Dictamen de peritos; e-
Reconocimiento judicial; f-Interrogatorio de testigos.; g- Medios de reproducción de la palabra, el
sonido o la imagen; h- Cualquier otro medio que permita obtener certeza y sea admitido por el
tribunal.
La actividad probatoria debe reunir tres condiciones (STS de 17-11-89): a- debe practicarse
legalmente, con todas las garantías sustantivas y procesales; b- Debe ser bastante, suficientemente
reveladora de los hechos objeto de enjuiciamiento en la causa, para bastar en su resultancia los
probados a declarar en la sentencia; c- Debe ser causante de la calificación y fallo.
Las partes tienen el derecho a utilizar los medios de prueba que estime convenientes para
evitar la indefensión (derecho de prueba). Sin embargo, la doctrina del Tribunal Constitucional
Español es constante y reiterada en relación con el Art. 24.2 de la Constitución Española, al
establecer que el derecho a la prueba no tiene carácter ilimitado o caprichoso, pudiendo el tribunal
rechazar (razonadamente) aquellos medios de prueba que no guarden relación o sean inútiles o
impertinentes con el tema. El Tribunal Supremo también diferencia claramente entre pertinencia de
la prueba y necesidad de su práctica (por ejemplo STS de 3-4-92).
La prueba pericial también llamada pericia, peritaje o peritación, es una declaración de
conocimiento que emite una persona técnica o práctica sobre los hechos de autos, cuando para las
probanzas son necesarios o convenientes conocimientos científicos o artísticos. La misión del perito
es ilustrar, asesorar, aportar conocimientos, y la del juez o Tribunal, fallar a la luz de los mismos. El
perito (peritus), por lo tanto, como persona sabia, versada en una materia, se convierte en un
auxiliar o colaborador de la Administración de Justicia.
La Ley Orgánica del Poder Judicial (España) contempla la figura de los peritos oficiales,
funcionarios como es el caso de los médicos forenses (Art. 497) o personal laboral contratado como
es el de los psicólogos (Art. 508). En general, los Tribunales de Justicia otorgan mayor poder al
informe oficial frente al informe privado cercano a una presunción iuris tantum, siempre que, a
través de otras pericias o medios de prueba no se demuestre el error... (STS de 17 de noviembre de
1983) así como al perito insaculado (elegido por sorteo) frente al designado (STS de 11 de junio de
1970; 5 de junio de 1991). Por otra parte, es doctrina reiterada del Tribunal Supremo que los
informes periciales no son revisables en casación, ya que su interpretación y análisis, junto a las
demás pruebas, corresponde al Tribunal sentenciador y no se trata de documentos a tales efectos
sino de pruebas documentadas.
El Tribunal Supremo español para determinar un posible error en la apreciación de la
prueba analiza la racionalidad del juicio histórico que ha llevado a cabo el juzgador «a quo»,
teniendo en cuenta que el contenido de los artículos 741 de dicha Ley y el 117.3 de la Carta Magna,
absolutamente incompatible con la prohibición de que el juicio axiológico realizada por el mismo
sea arbitraria, irrazonada o irrazonable. Cuando este juicio de valor está en contradicción con los
términos claros y precisos de un «documento», no es de una prueba «personal» documentada, cuya
apreciación corresponde en exclusiva al juzgador de instancia, si el contenido documental no está, a
su vez, contradicho por otros medios probatorios, aparece el «error» de acuerdo con la técnica
procesal de nuestra Ley adjetiva.
Acorde y consecuencia de dicha doctrina, el Tribunal Supremo viene resaltando: 1.º), que
los «informes» o «dictámenes periciales», constituyen un asesoramiento práctico o científico para
mejor comprender el juzgador la realidad que subyace en un determinado problema a él sometido,
apreciable por el mismo conforme a las facultades que le otorga el artículo 741 de la Ley Penal y
muy específicamente por el 632 de la misma Ley, según el cual «los Jueces y Tribunales apreciarán
la prueba pericial, según las reglas de la sana crítica sin estar obligados a sujetarse al dictamen de
los peritos; 2.º), como pruebas «personales», aunque documentadas en actuaciones bajo la fe del
Secretario Judicial, junto con las demás probanzas, son apreciadas libremente por el sentenciador
como se acaba de decir; 3.º), cuando en algún caso, por la vía de aproximación al «documento» y
con carácter excepcional, adquiere tal naturaleza, en el supuesto en que el Tribunal, asumiendo los
presupuestos del informe del perito, se distancia o se separa de él en sus conclusiones, sin razones
para hacerlo, tampoco le vincula; lo que existe, mucho más sencillamente, no es otra cosa que un
discurso o razonamiento judicial que es contrario a las reglas de la lógica, de la experiencia o a los
criterios firmes del pensamiento científico (STS de 19-1-93; 27-1-93; 22-7-94; 6-3-95)
La elección de los peritos corre a cargo del Juez, generalmente a propuesta de las partes,
aunque a veces puede elegirlo según su libre criterio.
Las conclusiones de la prueba pericial no son vinculantes para el juez (por ejemplo STS de
10-2-94), de tal manera que el juez puede prescindir de sus conclusiones de forma razonada, puede
solicitar el concurso de otros peritos para ilustrarse con más garantías y encuadrará las conclusiones
junto a otros elementos probatorios. El juez no está obligado ni queda sujeto al dictamen de los
peritos valorando el dictamen según las reglas de la sana crítica ya que como ha señalado el
Tribunal Supremo repetidamente <<lo contrario convertiría al perito en juzgador y al Juez en mero
espectador>>. Sin embargo el Juez deberá expresar en la sentencia los motivos por los que lo
76 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
rechaza o aquellos por los que lo estima de apreciación preferente a las otras pruebas aportadas
(STS de 9 de noviembre de 1979). En todo caso, el Juez no podrá estimar solo las partes del informe
que resultan de su agrado y rechazar las otras, dado que el Tribunal Supremo ha señalado (STS de
7-7-1979) que la prueba ha de aceptarse en su integridad.
Durante el periodo probatorio, el Juez decidirá si resulta procedente la práctica de la prueba
pericial o de otras pruebas como la testifical o documental. En algunos casos (por ejemplo, la
autopsia en supuestos de muerte violenta o sospechosa de criminalidad, el examen del menor por
parte del equipo técnico,...) la prueba pericial resulta obligatoria, imperativa por la Ley. En otros
casos y normalmente, la parte a quien interese este medio de prueba propondrá con claridad y
precisión el objeto sobre el cual deba recaer el reconocimiento pericial y el juez manifestará clara y
determinantemente a los peritos el objeto de su informe.
Nadie puede negarse a intervenir como perito, si la Justicia reclama su ayuda en legal forma
(Art. 462 LECriminal), salvo que se encuentre inmerso en una de las causas de recusación previstas
por la Ley o estuviere legítimamente impedido.
El perito deberá, en todo caso, aceptar su cargo ante el Juez y jurar o prometer (asegurar
veracidad) desempeñarlo fielmente (con la mayor objetividad posible) en el plazo que el Juez
estime oportuno según la dificultad del examen y las circunstancias del caso.
Las operaciones o reconocimientos efectuados por el perito, pueden ser presenciadas por las
partes, previa autorización del juez, siempre y cuando ello no se impida o estorbe la labor del perito.
El peritaje debe formularse por escrito, acompañando los documentos, instrumentos o
materiales adecuados, su fuese posible. Se acompañarán a la demanda o contra-demanda, antes de la
comparecencia o durante la audiencia para la práctica de la prueba. Pero el momento estelar o cenit
del proceso es la fase de juicio oral en el que se dan cita y hallan su realización más completa los
principios de oralidad, publicidad, inmediación, concentración e igualdad (STS de 14-7-89, 13-1-
89; STC de 17-6-86, 1-10-87).
Los peritos pueden incurrir en responsabilidad disciplinaria (falta de diligencia,
desobediencia, comportamiento incorrecto, etc.), responsabilidad civil (indemnizaciones por
malpraxis), y responsabilidad penal [alteración grave del orden, incomparecencia ante la vista oral
(Art.463 Código Penal), cohecho (Art. 423 y ss Código Penal) y falso testimonio (Art. 459 y 460
Código Penal)]. Los psicólogos contratados por la Administración de justicia están sujetos además a
su propio régimen disciplinario.
Respecto a los derechos de los peritos, tiene mucho interés -especialmente para el
profesional privado- el cobro de honorarios (pago de honor; valoración personal del trabajo
realizado)26.
En España, la Ley 2/74 de Colegios profesionales solo establece la regulación de los
mínimos, pero el profesional es libre para señalar la cuantía por encima de esta cifra. La minuta de
honorarios debe estar bien detallada.
Ante el posible impago de honorarios por la parte proponente, es aconsejable que el perito
se dirija al procurador antes de efectuar el examen pericial, con objeto de solicitar provisión de
fondos (anticipo de gastos) y si ya hubiera aceptado y jurado el cargo solicitar a la Autoridad
Judicial que requiera al procurador para efectuar dicha provisión (salvo en los casos de justicia
gratuita). Sin embargo, debe quedar claro que, aún en caso de impago, no queda eximido el perito
de efectuar el informe que le ha sido solicitado.
Aunque el ejercicio de la pericia privada no requiere autorización colegial, el Colegio
profesional correspondiente, según la Ley 2/74 está obligado a encargarse del cobro de
percepciones, en caso de impago y en cualquier caso, la fórmula más rápida y eficaz no es la
reclamación por vía civil sino la denuncia ante el juez o Tribunal sentenciador, para que incluya en
costas el pago de honorarios.
Los peritos psicólogos oficiales tienen derecho a ser dotados de medios adecuados y a
complementos por volumen de trabajo. La Resolución DE 10 de junio de 1996 ya citada advierte
que a los trabajadores sociales, psicólogos y educadores se les proporcionarán los tests o
cuestionarios, publicaciones especializadas y el material de trabajo necesario para el desarrollo de
26 Ver, López-Muñiz, M (1995). La prueba Pericial. Guía Práctica y Jurisprudencia. Ed. Colex. Madrid.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 77
sus funciones y contarán con locales adecuados para el desempeño de su trabajo, que deberán estar
revestidos de la necesaria intimidad.
Al final de este escrito, anexamos un resumen de los aspectos más importantes respecto a la
prueba pericial contenidos en la Ley de Enjuiciamiento Civil (1/2000).
Descripción de la persona o cosa objeto del mismo, en el estado o modo en que se halle.
Relación detallada de todas las operaciones practicadas y de su resultado
Las conclusiones de los peritos, conforme a los principios de su ciencia o arte.
El informe psicológico no se aparta -en esencia-de estas directrices generales. Después del
encabezamiento, debe añadirse la metodología utilizada (entrevistas, tests, etc.); a continuación el
examen de la persona peritada, que debe comprender un análisis histórico-biográfico o anamnesis
tanto personal como sistémica, la exploración psicológica (entrevistas, tests, escalas, etc.) con sus
resultados, los datos prevenientes de exámenes documentales o de referencias. Los fundamentos
científicos deben ser integrados en un apartado de consideraciones o discusión forense y resumidos
escuetamente en las conclusiones. El informe termina con una fórmula final, fecha y firma.
La discusión forense o legal es el apartado más importante en donde el perito justifica y
razona sus descubrimientos; puede efectuar un análisis funcional de la conducta si lo cree oportuno;
puede recurrir a citas bibliográficas...y va tendiendo un puente progresivo entre la evaluación
psicológica y la problemática jurídica que se plantea en el proceso (imputabilidad, incapacidad civil,
etc.) procurando hacer la mínima mención de términos jurídicos y utilizar un lenguaje lo más
inteligible para el profano
Los apartados más importantes y los elementos psicológicos de evaluación vienen
sistematizados en la Tabla 2.
• METODOLOGÍA
27 Ver Delgado, S (comp) 1994). Psiquiatría Legal y Forense (Capítulos 1, 2, 13, 18). Ed. Colex. Madrid.
78 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
• EXPLORACIÓN:
o DEL SISTEMA FAMILIAR.
o DEL ENTORNO.
o DE LA PERSONA.
Antecedentes. Anamnesis.
• Nacimiento.
• Antecedentes familiares.
• Infancia.
• Vínculos.
• Escolarización.
• Antecedentes médicos.
• Antecedentes psiquiátricos.
• Antecedentes psicológicos: (lenguaje, control de esfínteres,
problemas de conducta,...).
• Adolescencia.
• Consumo de sustancias psicotrópicas.
• Servicio militar.
• sexualidad.
• Antecedentes laborales.
• Antecedentes penales o policiales.
• Matrimonio. Historia conyugal
• Antecedentes de victimización.
Entrevista.
• Aspecto.
• Examen somático. Biotipo.
• Rapport. Actitud.
• Conducta.
• Lenguaje.
• SISTEMA COGNITIVO.
o Conciencia.
o Orientación.
o Atención.
o Inteligencia: razonamiento informal; resolución de
problemas.
o Lectura, escritura y praxias.
o Pensamiento: curso y contenido.
o Memoria: evocación y fijación.
• SISTEMA AFECTIVO.
o Animo.
o Afectividad.
o Auto-estima.
o Empatía.
o Sentimientos.
o Emociones.
o Motivaciones
• ESTILO DE VIDA.
o Aficiones.
o Sociabilidad.
o Intereses.
• RASGOS DE PERSONALIDAD.
o Neuroticismo. Ansiedad.
o Extraversión.
o Estilos cognitivos.
o Sensibilidad.
o Estabilidad emocional.
o Tolerancia a la frustración.
o Dependencia.
• VALORES
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 79
Pruebas complementarias.
• Entrevistas Estructuradas.
• Escalas.
• Tests.
• Observación en medio natural.
• Analítica.
• Pruebas de neuroimagen.
• Respuesta al tratamiento.
• DISCUSIÓN PSICO-LEGAL
o DIAGNÓSTICO
o CONSIDERACIONES FORENSES
• CONCLUSIONES. Las conclusiones forenses deben estar numeradas (primera, segunda,...), ser
muy escuetas, con un lenguaje claro e inteligible para el profano y recogerán los aspectos más
relevantes.
• FORMULA FINAL
• FECHA Y FIRMA
año anterior si han contribuido claramente al trastorno mental o se han constituido en un objetivo
terapéutico (p. Ej. experiencias previas de combate conducentes a un trastorno por estrés
postraumático).
En la práctica, la mayor parte de los problemas psico-sociales y ambientales se indicarán en
el Eje IV. No obstante, cuando un problema psico-social o ambiental constituya el centro de la
atención clínica, se hará constar también en el Eje I, con un código derivado del apartado Otros
problemas que pueden ser objeto de atención clínica
El Eje V corresponde a una evaluación global del sujeto.
Una vez establecido el diagnóstico, pueden aplicarse las siguientes especificaciones
indicadoras de gravedad y curso evolutivo: leve, moderado, grave, en remisión parcial, en remisión
total e historia anterior. Las especificaciones “leve, moderado y grave” sólo deben utilizarse cuando
el trastorno cumpla en el momento presente todos los criterios. Al decidir si la presentación del
trastorno ha de describirse como leve, moderada o grave, el clínico debe tener en cuenta el número e
intensidad de los signos y síntomas del trastorno en cuestión, así como cualquier irregularidad en la
actividad laboral o social28.
Los diagnósticos múltiples pueden formularse en forma multiaxial o no axial. Cuando el
diagnóstico principal corresponde a un trastorno del Eje I, esto se indica situándolo en primer lugar.
Los restantes trastornos se ordenan según el objetivo asistencial y terapéutico. Cuando una persona
cuenta con diagnósticos tanto del Eje I como del Eje II, se supondrá que el diagnóstico principal o el
motivo de la visita radicará en el Eje I a menos que el diagnóstico del Eje II vaya seguido de la
expresión (diagnóstico principal) o (motivo de la consulta).
Cuando existe una clara presunción de que todos los criterios para un trastorno se cumplirán
en última instancia, pero no se dispone de suficiente información para formular un diagnóstico
firme, en tal caso puede utilizarse la especificación provisional. El clínico puede indicar la
incertidumbre diagnóstica anotando (provisional) después del diagnóstico. Por ejemplo, el sujeto
parece sufrir un trastorno depresivo mayor, pero no es posible obtener una historia adecuada que
permita establecer que se cumplen todos los criterios.
En caso de duda, la incertidumbre diagnóstica puede expresarse: mediante Códigos Z (otros
problemas que pueden ser objetivo de atención clínica), R69 Diagnóstico o trastorno aplazado en el
Eje I [799.9], R46.8 Diagnóstico aplazado en el Eje II [799.9], F99 Trastorno mental no
especificado (no psicótico [300.9]), F29 Trastorno psicótico no especificado [298.9] (Clase de
trastorno) no especificado, por ejemplo, trastorno depresivo no especificado, (Diagnóstico
específico) (provisional), por ejemplo, trastorno esquizofreniforme (provisional).
La mayor parte de los conjuntos de criterios presentados en el DSM-IV incluyen criterios de
exclusión necesarios para establecer límites entre distintos trastornos y para clarificar diagnósticos
28 Leve. Son pocos, o ninguno, los síntomas que exceden los requeridos para formular el diagnóstico. Los
síntomas no dan lugar sino a un ligero deterioro de la actividad social o laboral.
Moderado. Existen síntomas o deterioro funcional situados entre leve y grave.
Grave. Se detectan varios síntomas que exceden los requeridos para formular el diagnóstico, o distintos
síntomas que son particularmente graves, o los síntomas dan lugar a un notable deterioro de la actividad social
o laboral.
En remisión parcial. Con anterioridad se cumplían todos los criterios del trastorno, pero en la actualidad sólo
permanecen algunos de sus síntomas o signos.
En remisión total. Ya no existe ningún síntoma o signo del trastorno, pero todavía es relevante desde un punto
de vista clínico tener en cuenta dicho trastorno, por ejemplo, en un individuo con episodios anteriores de
trastorno bipolar que ha permanecido sin síntomas durante los últimos 3 años, bajo tratamiento con litio. Tras
un período de tiempo en completa remisión, el clínico puede considerar que el sujeto está recuperado y, en
consecuencia, no codificar el trastorno como un diagnóstico actual. La diferenciación de en remisión total
requiere la consideración de distintos factores, incluyendo el curso característico del trastorno, el lapso de
tiempo transcurrido desde el último período patológico, la duración total del trastorno y la necesidad de
evaluación persistente o de tratamiento profiláctico.
Historia anterior. En determinados casos puede ser útil reconstruir la historia de los criterios cumplidos por el
trastorno, aun cuando el individuo esté recuperado en la actualidad. Es-tos diagnósticos anteriores de un
trastorno mental deben indicarse utilizando la especificación historia anterior (p. ej., trastorno de ansiedad por
separación, historia anterior, aplicable a un individuo con una historia de trastorno de ansiedad por separación,
que en la actualidad no sufre trastorno alguno o que ahora satisface criterios de crisis de angustia).
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 81
diferenciales. Los distintos términos utilizados para describir los criterios de exclusión a lo largo del
DSM-IV reflejan los diferentes tipos de relaciones posibles entre trastornos: criterios para...., No
cumple criterios para...., No aparece exclusivamente en el transcurso de.... , No se debe a los efectos
fisiológicos directos de una sustancia, No se explica mejor por....
La evaluación psicológica constituye uno de los medios más importantes en el peritaje sobre
el estado de salud mental de un sujeto ante los Tribunales de Justicia. Si bien sus implicaciones son
múltiples, el poder objetivador de su metodología sobresale especialmente en la valoración de la
faceta antropológica de la imputabilidad en el marco de una progresiva subjetivización de la
dogmática jurídico-penal y de una creciente y necesaria psicologización de la pericia forense.
Tal profundización tienen su máximo exponente en la valoración de la capacidad de
culpabilidad a la luz de algunas teorías generales de la imputabilidad (motivabilidad, subcultura,...)
y el nuevo código penal; éste ha suprimido el concepto <<enajenado>> que contenía una fuerte
carga psiquiátrica y emparentaba al inimputable con los locos y dementes de otros códigos para
sustituirlo por los conceptos más amplios de <<anomalía>> y <<alteración>>.
82 Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I
29 Raymond, S. (1989). Les expertises en sciencies humaines: psychiatrie el psychologie. Privat. Toulouse
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 83
ANEXO
1. Introducción
Una de las novedades que aportó esta Ley fue introducir la posibilidad que tienen las partes
de presentar junto con la demanda o contestación, dictámenes periciales en los que funden sus
pretensiones (art.265.4), relativos al fondo del asunto, no pudiéndose presentar con posterioridad
(art.269.1), desmarcándose del régimen general establecido para los documentos que han de
presentarse junto con las primeras alegaciones de las partes, al permitir su posterior presentación
siempre que justifiquen la imposibilidad de no haberlos aportados en ese momento a través de las
causas fijadas en los arts. 336 y 337.
Con la regulación de la “pericial de parte” se da carta de naturaleza a los “informes
periciales preconstituidos” a los que se negó el carácter de prueba pericial, y de otro lado se
mantiene la necesidad de aportar el dictamen pericial con la demanda y también se admite la
designación del perito judicial.
Los arts. 336, 337 y 338 establecen que los dictámenes deberán presentarse con la demanda
o contestación, aunque podrán presentarse posteriormente si no les fue posibles aportarlos,
obligándose a ello en cuanto les sea posible y siempre antes de la audiencia previa al juicio
ordinario o antes de la vista del juicio verbal.
Otro de los momentos que la Ley faculta al demandante para presentar dictámenes
periciales se regula en el art.338, según el cual se podrán aportar con cinco días de antelación al
señalado para el juicio o vista si considera necesaria esa prueba para defender sus pretensiones pero
condicionada a las alegaciones que introduzca el demandado en su contestación. También en ese
plazo pueden presentarse los dictámenes periciales en virtud de alegaciones complementarias
admitidas por el Juez en la audiencia previa, dándose traslado a la contraparte para que manifiesten
al Tribunal la conveniencia de que los peritos concurran al juicio o vista (no siendo esto aplicable al
juicio verbal al no existir audiencia previa y efectuarse la contestación a la demanda en el mismo
acto de la vista).
Junto con los dictámenes se aportarán los demás documentos, instrumentos o materiales
adecuados para exponer el parecer del perito sobre lo que haya sido objeto de la pericia (art.336.2).
La segunda modalidad del dictamen pericial es la designación de perito por el Juez, previa
petición de parte o de nombramiento de oficio por el Juez.
El art. 339 establece que si alguna de las partes tuviera reconocido el derecho a la asistencia
jurídica gratuita, no tendrá que aportar con la demanda o contestación el dictamen pericial,
debiendo anunciarlo para que se le designe judicialmente un perito conforme establece la Ley de
Asistencia Jurídica Gratuita, no siendo ello obligatorio, sino que se les da la opción de anunciarlo o
bien aportar un dictamen que encargue fuera del proceso.
Para el caso que no tenga medios económicos para proporcionarse esta prueba, la pericial
será a cargo del personal técnico adscrito a los órganos jurisdiccionales o de las Administraciones
Públicas, a excepción de aquellos casos en los que hay una inexistencia de técnicos en la materia de
que se trate, y siempre que el Juez lo estime pertinente, pudiendo intervenir peritos designados de
acuerdo a los que se establecen en las leyes procesales, entre los técnicos privados (Art.6 Ley de
Asistencia Jurídica Gratuita).
El demandante o demandado, aunque no se hallen en el caso del apartado anterior, también
podrán solicitar en sus escritos iniciales que se proceda a la designación judicial de perito, si es
necesario para sus intereses la emisión de informe pericial. El tribunal procederá a la designación si
considera pertinente y útil el dictamen pericial solicitado, que será a costa de quien lo haya pedido,
sin perjuicio de lo que se acordara en materia de costas.
La designación deberá realizarse en el plazo de cinco días desde la presentación de la
demanda o contestación.
Manual Docente de Psicología Clínica, Legal y Forense I 85
Cuando ambas partes lo pidiesen inicialmente, el tribunal podrá designar, si aquellas están
conformes, un único perito, abonando sus honorarios ambos litigantes por partes iguales, sin
perjuicio de lo que se acordara en material de costas (art. 339.2).
No dice nada la Ley sobre el plazo en que ha de designarse judicialmente perito cuando se
trata de un juicio verbal sin contestación a la demanda, pero no existe impedimento alguno para que
el demandado pueda solicitarlo por escrito tras ser citado para la vista.
El demandado podrá formular reconvención, pudiendo solicitar perito de designación
judicial del mismo modo que para el demandante al formular demanda.
La admisión de la prueba pericial se resolverá a través de auto, debiendo resolverse si ha de
realizarse por un solo perito. Contra ese auto cabe recurso de reposición.
En determinados juicios (procesos sobre declaración o impugnación de filiación, paternidad
y maternidad, sobre la capacidad de las personas o en procesos matrimoniales) será el mismo
tribunal el que de oficio designe perito, cuando la pericia sea pertinente (art. 339.5).
Fuera de estos juicios no se permite que se acuerde de oficio la prueba pericial, si bien
puede el Tribunal indicar a las partes la conveniencia de su práctica, indicación que no contiene
obligación alguna, pero si están de acuerdo se nombrará un perito de designación judicial
Los peritos deberán poseer el título oficial que corresponde a la materia objeto del dictamen
y a la naturaleza de éste. Si se tratare de materias que no estén comprendidas en títulos
profesionales oficiales, habrán de ser nombrados entre personas entendidas en aquellas materias
(art. 340.1).
No se exige la colegiación de los peritos, sólo que estén en posesión del título oficial
correspondiente.
El art. 335.2 establece que al emitir el dictamen, todo perito deberá manifestar bajo
juramento o promesa de decir verdad, que ha actuado y actuará con la mayor objetividad posible.
B) Número de peritos
El art. 339.6 establece que el tribunal no designará más que un perito titular por cada
cuestión objeto de pericia y que no requieran, por la diversidad de su materia el parecer de expertos
distintos.
El art. 339.4, permite que las partes estén de acuerdo en que el dictamen sea emitido por
una determinada persona o entidad, y si no hay acuerdo, el perito será designado por el
procedimiento establecido en el art.341 (Sorteo realizado a presencia del Secretario Judicial de entre
las listas de peritos elaboradas por los distintos Colegios profesionales).
La inclusión de los peritos en las listas profesionales no permite la no aceptación libre del
nombramiento. El perito designado puede o bien abstenerse si concurre alguna de las causas
previstas en la ley para evitar la recusación (arts.105 y 124), o bien alegar justa causa que le impida
la aceptación que deberá ser considerada por el tribunal (art.342). Sin embargo no existe sanción
alguna para el caso de no aceptación sin causa justificada, solo perder el turno de nombramiento.
En el mismo artículo se regula el perito sin título oficial, en cuyo caso se exige que el sorteo
sea a presencia de las partes.
Si alega justa causa que le impida la aceptación, será sustituido por el siguiente en la lista, y
así sucesivamente (art. 342.1 y 2).
Se regula en LEC 1/2000 por primera vez la provisión de fondos de los peritos, para
facilitar el cobro de sus honorarios a pesar de haber sido nombrados a instancia de una o de las dos
partes. Se declara la inadmisibilidad de condicionar la entrega de los dictámenes periciales al previo
pago de los honorarios, debiéndose dejar dichos dictámenes en los colegios correspondientes para
obligar a la parte a pagar previamente los honorarios, alegando que están en el colegio profesional
para el visado.
El art. 342.3 establece que el perito designado podrá solicitar en los tres días siguientes a su
nombramiento, la provisión de fondos que considere necesaria y a cuenta de la liquidación. El
tribunal mediante providencia decidirá sobre la provisión de fondos y ordenará a la parte o partes
que propusieron la prueba pericial y no tuviesen reconocido el derecho a la justicia gratuita, que
abonen la cuantía fijada en la cuenta del tribunal en el plazo de cinco días.
Si transcurrido ese plazo no se abona la provisión de fondos, el perito queda eximido de
emitir el dictamen o podrá renunciar a ella y reclamar sus honorarios posteriormente.
El art. 339 señala que el dictamen que emita el perito de designación judicial será a costa de
quien lo haya pedido sin perjuicio de lo acordado posteriormente en materia de costas, ya que el
dictamen se considera gasto del proceso, y por tanto no puede ser incluido en la tasación de costas.
Destacar que no se facilita con esta Ley cobrar los honorarios de los peritos cuando no hay
provisión de fondos.
En relación con el perito designado a la parte con derecho a justicia gratuita, el técnico
privado designado tendrá que remitir para su aprobación a la Gerencia dependiente del Ministerio
de Justicia o de las CC.AA. que hayan asumido la transferencia, una previsión del coste económico
de la prueba pericial, con el tiempo previsto para su realización, gastos necesarios y copia de la
resolución judicial que le otorga la realización de la prueba.
Para asegurar la imparcialidad de los peritos, la ley permite que puedan ser recusados o
tachados, es decir, alegar y demostrar que en el perito concurre una causa que puede obstaculizar su
imparcialidad. En la recusación se impide al perito emitir dictamen, y en la tacha el perito si emite
dictamen, pero el tribunal tendrá en cuenta la tacha a la hora de valorarlo.
Solo pueden recusarse los peritos designados judicialmente, mientras que los peritos no
recusables (los llevados por las partes) podrán ser objeto de tacha.
A) Las tachas
Las causas por las que pueden ser tachados los peritos no judiciales aparecen recogidas en
el art.343:
1º Ser cónyuge o pariente por consanguinidad o afinidad, dentro del cuarto grado civil de
una de las partes o de sus abogados o procuradores.
2º Tener interés directo o indirecto en el asunto o en otro semejante.
3º Estar o haber estado en situación de dependencia o de comunidad o contraposición de
intereses con alguna de las partes o con sus abogados o procuradores.
4º Amistad íntima o enemistad con cualquiera de las partes o sus procuradores o abogados.
5º Cualquier otra circunstancia, debidamente acreditada, que les haga desmerecer en el
concepto profesional.
En el juicio ordinario las tachas se deberán proponer en la audiencia previa cuando los
dictámenes se hayan aportado con la demanda o con la contestación, y si fuera posteriormente,
entonces podrán proponerse en cualquier momento pero siempre que no sea después del juicio. Y en
los juicios verbales podrán formularse en cualquier momento aunque nunca después de la vista (art.
343.2).
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Para justificar o desvirtuar la tacha, las partes podrán proponer la prueba que estimen
conveniente a excepción de la testifical.
El tribunal se pronunciará sobre la tacha en la propia Sentencia, cuando entre a valorar el
dictamen. Sólo existen dos supuestos en los que procede dictar una resolución expresa si se
desestima la tacha alegada: El Tribunal podrá formular la declaración de falta de fundamento de la
tacha a través de una providencia cuando el perito lo solicitara a efectos de salvaguardar su prestigio
profesional. De otro lado podrá el Tribunal imponer una multa de diez mil a cien mil pesetas cuando
aprecie temeridad o deslealtad profesional en la tacha.
B) La recusación
Las causas de recusación del perito se encuentran establecidas en la LOPJ para los Jueces y
Magistrados (arts.219 y 220), o alguna de las que la LEC señala en el art. 124.3:
1º Haber dado anteriormente sobre el mismo asunto dictamen contrario a la parte recusante,
ya sea dentro o fuera del proceso.
2º Haber prestado servicios como tal perito al litigante contrario o ser dependiente o socio
del mismo.
3º Tener participación en sociedad, establecimiento o empresa que sea parte del proceso.
El momento para alegar la causa de recusación varía según el caso, así si es anterior a la
designación deberá presentarse el escrito dentro de los dos días siguientes al de la notificación del
nombramiento, y si es posterior pero anterior a la emisión del dictamen, la recusación de presentará
antes del juicio o vista o bien al comienzo de los mismos.
Si el recusado reconoce la causa de su recusación ante el Secretario Judicial y el Tribunal lo
estima fundado, se le tendrá por recusado y será reemplazado por el suplente.
Si el perito no reconoce la causa de recusación, el Tribunal señalará una comparecencia en
la que resolverá sobre dicha causa sin que quepa recurso alguno contra la resolución (arts.125, 126
y 127).
El art. 345 permite a las partes y sus defensores intervenir en las operaciones periciales,
cuando la emisión del dictamen requiera algún reconocimiento de lugares, objeto o personas o la
realización de operaciones análogas, si con ello no se impide la labor del perito y se puede
garantizar el acierto e imparcialidad del dictamen. Las partes habrán de solicitarlo al tribunal, quien
resolverá lo que proceda, y en caso de admitir su presencia, ordenará al perito que dé aviso
directamente a las partes, con antelación de al menos 48 horas, del día, hora y lugar en que aquellas
operaciones se llevarán a cabo.
El art.336 posibilita que de oficio o a instancia de parte, si el tribunal lo estima procedente,
se practiquen, en un solo acto el reconocimiento judicial y pericial sobre el mismo lugar, objeto o
persona
El art. 346 señala que el perito que el tribunal designe emitirá por escrito su dictamen que
hará llegar al tribunal, del cual se dará traslado a las partes por si consideraran necesario que el
perito concurra a juicio o vista para hacer las aclaraciones o explicaciones que sean oportunas. El
tribunal podrá acordar mediante providencia, que considera necesaria la presencia del perito en el
juicio o vista para comprender y valorar mejor el dictamen.
El art.347 recoge la actuación concreta de los peritos en el juicio o vista, especificando las
peticiones concretas de las partes y sus defensores:
Cuando sea necesaria la presencia del perito, deberá ser citado para que comparezca en el
juicio o vista mediante correo certificado o telegrama con acuse de recibo. Los peritos tendrán la
obligación de comparecer, y en caso de no acudir se le sancionará con multa de 30 mil a 100 mil
pesetas.
En el caso de no comparecer pero acreditando justa causa, el tribunal decidirá oídas las
partes en el plazo de tres días, si suspenden o no la vista.
Para terminar, el art.169.4 establece como regla general que la ratificación de los peritos se
realizará en la sede judicial donde se conozca el asunto, aunque su domicilio esté fuera de la
circunscripción judicial correspondiente, pero existen excepciones cuando por razón de la distancia,
dificultad del desplazamiento, circunstancias personales del perito, resulte imposible o muy gravosa
su comparecencia, en cuyos casos se podrá solicitar el auxilio judicial para la práctica de los actos
de prueba.
El tribunal no está vinculado por el dictamen pericial a la hora de dictar sentencia, sino que
debe valorarlo de acuerdo con las reglas de la sana crítica (art.348), teniendo en cuenta todas las
pruebas practicadas, haciendo una valoración conjunta de ellas.
La prueba pericial no es vinculante para el tribunal, se puede apreciar libremente ya que no
acredita de modo irrefutable un hecho, si bien la Jurisprudencia exige al Juez que motive o exponga
el razonamiento para no aceptar o rechazar las conclusiones del perito.
A) Responsabilidad civil
El perito es responsable de los daños que por falta de la diligencia que se le exige en la
realización de un peritaje, su actuación cause a las partes o a un tercero. Los perjuicios deben ser
consecuencia de la culpa, negligencia o ignorancia inexcusable en la emisión del dictamen.
La mayoría de la doctrina encuadra la responsabilidad del perito en la contractual con
relación a los informes emitidos fuera del proceso, aunque con relación a la prueba pericial judicial
se decantan por la extracontractual ya que el encargo judicial no genera relación jurídica entre el
perito y las partes.
La responsabilidad civil podrá ser exigida por la parte que se considere perjudicada por el
dictamen del perito y sobre el cual se ha dictado la sentencia de forma adversa para sus intereses.
Hay que precisar que el perito tiene como principal deber desempeñar bien su cargo, y el
dictamen debe ser congruente, ajustado a lo solicitado por el Juez al acordar su práctica y debe estar
basado para fijar su valoración en los conocimientos de su profesión.
B) Responsabilidad penal