Los modales y la vestimenta de los ministros *
( Efesios 3: 6-7 ): “Los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de
la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por don de la gracia
de Dios que me ha sido dada según la operación de su poder ”. {2TI 539.1}
“Del cual yo fui hecho ministro”, no meramente para presentar la verdad al pueblo, sino para llevarla
a la práctica en la vida. {2TI 539.2}
“Y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que
creó todas las cosas” vers. 9 . Esto no se refiere meramente a las palabras que fluyen de la boca; no
es simplemente ser elocuente en el habla y en la oración; sino que es dar a conocer a Cristo, tener a
Cristo en nosotros, y darlo a conocer a los que nos escuchan. {2TI 539.3}
“A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría
-no como novicios, no en ignorancia-, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para
lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, el cual actúa poderosamente en mí
”. Colosenses 1: 28-29 . Es la obra de Dios, la gracia de Dios, experimentada y sentida, que hermosea
la vida y las acciones, lo que ejerce sentidas impresiones sobre los oyentes. {2TI 539.4}
Pero no sólo es esto. Hay cosas que considerar, en las que algunos han sido negligentes, pero
que son de trascendencia, según la luz que me ha sido presentada. La gente queda impresionada por
el porte del que habla desde el púlpito, por su actitud y por su modo de hablar. Si estas cosas están
de acuerdo con la voluntad de Dios, la impresión que causen será favorable a la verdad; especialmente
los que han estado oyendo fábulas, recibirán una impresión favorable. Es importante que los modales
de los ministros sean modestos y dignos, en armonía con la santa y elevadora verdad que enseñan,
de modo que se dé una impresión favorable a los que no tienen inclinación natural por la religión. {2TI
539.5}
El cuidado en el vestir es un punto importante. En esto los ministros que creen en la verdad
presente han sido deficientes. El vestir de algunos ha sido desprolijo. No sólo hubo falta de gusto y de
orden en el arreglo de la ropa, para que siente bien a la persona, del color conveniente y apropiado
para un ministro de Cristo, sino que la vestimenta de algunos ha sido desaliñada. Algunos ministros
usan un chaleco claro, con un pantalón oscuro, o un chaleco oscuro con pantalón claro, sin gusto ni
prolijidad en el vestir, cuando se presentan ante la gente. Estas cosas predican a la gente. El ministro
les da un ejemplo de orden, y les brinda un modelo de apropiada prolijidad y gusto en el vestir, o les
da lecciones de descuido y falta de gusto que ellos estarán en peligro de imitar. {2TI 540.1}
Las telas negras u oscuras son más trabajo para un ministro que está en el púlpito y darán mejor
impresión a la gente que la que daría la combinación de dos o tres colores diferentes en el
atuendo. {2TI 540.2}
Me fueron señalados los hijos del antiguo Israel, y se me mostró que Dios había dado directivas
específicas acerca de la tela y el estilo de ropa que debían usar los que ministraban ante él. El Dios
del cielo, cuyo brazo mueve al mundo, quien nos da vida y salud, nos ha dado evidencia de que puede
ser honrado o deshonrado por la vestimenta de los que ofician ante él. Dio especiales indicaciones a
Moisés en cuanto a todo lo relacionado con su servicio. El dio instrucciones aun acerca del arreglo de
sus casas, y especificó qué vestimenta debían usar los que tenían el ministrar en su servicio. Habían
de mantener el orden en todo y especialmente mantener la limpieza. {2TI 540.3}
Lea las instrucciones dadas a Moisés para que las hiciera saber a los hijos de Israel, cuando Dios
estaba por descender al monte para enunciar ante ellos su santa Ley. ¿Qué órdenes dio a Moisés
para que el pueblo cumpliera? Estar preparados para el tercer día, porque al tercer día, dijo él, Jehová
descendderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. Debía cercar el monte. “Y Jehová dijo
a Moisés: Vé al pueblo y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos ”. Éxodo 19:10. El grande y
poderoso Dios que creó el hermoso Edén y todo lo que contenía, es un Dios de orden, y quiere que
su pueblo sea limpio y ordenado. Ese poderoso Dios instruyó a Moisés a que ordenara al pueblo que
lavara sus vestidos para que no hubiera impureza en sus ropas y en sus personas cuando se
presentaran ante el Señor. Y Moisés desceñdió del moñte, y el pueblo lavó su ropa, de acuerdo a la
orden de Dios. {2TI 540.4}
Y para mostrar cuán cuidadosos debían ser con la limpieza, Moisés debería colocar una fuente
entre el tabernáculo de la reunión y el altar, “y pondrás en ella agua y en ella se lavarán”. Y Moisés y
Aarón, y los hijos de Aarón que ministraban ante el Señor, debían lavar sus manos y sus pies allí
cuando entraban en el tabernáculo de la reunión, y cuando entraban en la presenciadel Señor. {2TI
541.1}
Este era el mandamiento del grande y poderoso Dios. No debería haber nada desaliñado ni
desprolijo en los que se presentaban ante él cuando llegaban ante su santa presencia. Y ¿por qué era
eso así? ¿Cuál era el objetivo de todo este cuidado? ¿Era meramente para que el pueblo fuera grato
a la vista de Dios? ¿Era meramente para obtener su aprobación? La razón que me fue dada fue ésta:
para que el pueblo recibiera la impresión correcta. Si los que ministraban en el servicio sagrado no
manifestaban cuidado y reverencia por Dios en su vestimenta y porte, el pueblo perdería su respeto y
reverencia hacia Dios y hacia su sagrado servicio. Si los sacerdotes mostraban gran reverencia por
Dios, al ser muy cuidadosos y meticulosos cuando estaban en su presencia, daban al pueblo una
exaltada idea de Dios y sus requisitos. Mostraba que Dios era santo, que su obra es sagrada, y en
relación con ella todo debe ser santo, libre de toda impureza y suciedad; y que toda la contaminación
debía apartarse de los que se allegan a Dios.{2TI 541.2}
De acuerdo con la luz que me ha sido dada, ha habido un descuido en este sentido. Podría hablar
de esto como lo presenta Pablo. Se lleva a cabo por medio del culto a la voluntad y el descuido del
cuerpo. Pero esta humildad voluntaria, este culto a la voluntad y descuido del cuerpo, no es la
humildad que tiene el sabor del cielo. Esa humildad se preocupará porque la persona, las acciones y
el atuendo de todos los que predican la santa verdad de Dios, sean correctos y perfectamente
apropiado, de modo que todo lo que esté en relación con nosotros acredite nuestra santa religión. El
vestido mismo recomendará la verdad ante los incrédulos. Será un sermón en sí mismo. {2TI 541.3}
Pero algunas cosas incorrectas sucedieron en el sagrado púlpito. Un ministro que conversa con
otro en el púlpito ante la congregación, que se ríe y parece no sentir el peso de la obra, o que carece
del sentido solemne de su sagrada vocación, deshonra la verdad y rebaja las cosas sagradas al nivel
de las cosas Comunes. Este ejemplo tiende a quitar el temor de Dios de la gente ya desmerecer la
sagrada dignidad del Evangelio por el que Cristo murió para magnificar. De acuerdo con la luz que me
ha sido dada, sería agradable a Dios que los ministros se inclinaran tan pronto como suben a la
plataforma, y solemnemente pidieran ayuda a Dios. ¿Qué impresión haría esto? Habría solemnidad y
temor reverente en el pueblo. Su ministro está en comunión con Dios; se está encomendando a Dios
antes de atreverse a presentarse ante el pueblo. Entonces la solemnidad descansa sobre el pueblo, y
los ángeles de Dios se acercan más. Lo primero que deben hacer los ministros al subir a la plataforma
es fijar su vista en Dios, y de ese modo decir a todos: Dios es la fuente de mi fortaleza.{2TI 542.1}
El ministro negligente en su vestimenta con frecuencia ofende a los que tienen buen gusto y una
sensibilidad refinada. Los que son deficientes en esto debieran corregir sus errores y ser más
circunspectos. Al fin la pérdida de algunas almas se atribuirá a la desprolijidad del ministro. La primera
impresión sobre la gente fue desfavorable, porque de ningún modo podía relacionar su apariencia con
las verdades que representaba. Su vestimenta estaba en su contra, y daba la impresión de que el
pueblo que representaba era descuidado, que no cuidaban su vestimenta, y sus oyentes no querían
tener nada que ver con esa clase de gente. {2TI 542.2}
En esto, según la luz que me ha sido dada, ha habido un manifiesto descuido en nuestro
pueblo. Los ministros a veces se paran ante el púlpito con el cabello desordenado, con la apariencia
de no haber usado el peine ni el cepillo por una semana. Se deshonra a Dios cuando los que están
dedicados a su sagrado serviciodescuidan de tal modo su apariencia. Antiguamente se requería que
los sacerdotes estuvieran vestidos con un estilo particular para servir en el lugar santo y para cumplir
su función de sacerdotes. Debían tener vestiduras de acuerdo con su obra, y Dios especificó
claramente entonces debían ser. La fuente estaba ubicada entre el altar y la congregación, para que
antes de llegar a la presencia de Dios, a la vista de la congregación, podría lavar sus manos y sus
pies. ¿Qué impresión daría esto al pueblo? Era para mostrarles que debía quitar toda partícula de
polvo antes de poder entrar en la presencia de Dios; puesto que él es tan alto y santo, que a menos
que ellos cumplieran estas condiciones, morirían. {2TI 542.3}
Pero observe el modo de vestir de algunos de nuestros ministros hoy. Algunos de los que ministran
en las cosas sagradas se visten de tal forma, que en parte por lo menos destruyen la influencia de su
trabajo. Hay una visible falta de gusto en el color y en la prolijidad. ¿Qué impresión da tal modo de
vestir? Que la obra a la que se dedica no se considera más sagrada o elevada que el trabajo común,
como arar el campo. Por ejemplo, el ministro rebaja las cosas sagradas al plano de las comunes. {2TI
543.1}
La influencia de tales predicadores no es agradable a Dios. Si por sus esfuerzos convencen a
alguien para que reciben la verdad, con frecuencia imitará a su predicador y descenderá al mismo
nivel que él. Será más difícil reformar a un sistema, ubicarlos en una posición correcta, y enseñarles
el verdadero orden y el amor por la disciplina, que trabajar para convertir a la verdad a hombres y
mujeres que nunca la han escuchado. El Señor requiere que sus ministros sean puros y santos, para
que representen correctamente los principios de la verdad en su propia vida, y por su ejemplo once a
otros a su alto nivel. {2TI 543.2}
Dios requiere que todos los que profesan ser su pueblo elegido, aunque no sean maestros de la
verdad, sean cuidadosos de preservar la limpieza y pureza personales, también la limpieza y el orden
en sus casas y en su lugar de trabajo. Somos ejemplos para el mundo, epístolas vivientes conocidas
y leídas por todos los hombres. Dios requiere que todos los que profesan piedad, y especialmente los
que enseñan la verdad a los demás, se abstengan de toda apariencia de mal. {2TI 543.3}
De acuerdo con la luz que he recibido, el ministerio es una función sagrada y exaltada, y los que
aceptan este cargo debieran tener a Cristo en su corazón y manifestar un firme deseo de representarlo
dignamente al pueblo en todos sus actos, en su vestir, en lo que hablan, y hasta en el modo en que lo
dicen. Debieran hablar con reverencia. Algunos destruyen la solemne impresión que pueden causar
en la gente, al levantar la voz a un tono muy alto, y vociferar y gritar la verdad. Cuando se la presenta
de este modo, la verdad pierde mucho de su dulzura, su fuerza y solemnidad. Pero si la voz tiene el
tono correcto, es solemne y modulada de tal modo que hasta llegue a ser conmovedora, producirá
una impresión mucho mejor. Este era el tono en el cual Cristo enseñaba a sus discípulos. Los
impresionaba con su solemnidad; él hablaba de un modo conmovedor. Pero dar fuertes voces, ¿qué
impresión causa? No da a la gente una visión más exaltada de la verdad ni los impresiona más
profundamente. Sólo causa una sensación desagradable en los oyentes y desgasta los órganos
vocales del que habla. El tono de la voz tiene mucho que ver con el modo en que afecta el corazón de
los oyentes. {2TI 544.1}
Muchos que podrían ser hombres útiles están gastando su fuerza vital y destruyendo sus pulmones
y sus órganos vocales por su modo de hablar. Algunos ministros han desarrollado el hábito de recitar
apresuradamente lo que tienen que decir, como si estuvieran repitiendo una lección y quisieran
terminarla lo más pronto posible. Esta forma de hablar no es conveniente. Siendo cuidadoso, todo
ministro puede acostumbrarse a hablar clara y efectivamente, en el lugar de amontonar las palabras
precipitadamente sin tomar tiempo para respirar. Debieran hablar moderadamente, de modo que los
asistentes puedan fijar las ideas en su mente mientras él avanza en su sermón. Pero cuando se trata
el asunto con tanta prisa, ellos no pueden retener los puntos en su mente, no tienen tiempo de recibir
la impresión que es importante que tengan,{2TI 544.2}
Producir la voz desde la garganta, en la extremidad superior de los órganos vocales, irritándolos
todo el tiempo, no es el mejor modo de preservar la salud o aumentar la eficiencia de
esos órganos. Debieran inspirar profundamente y dejar que la fuerza provenga de los músculos
abdominales. Que los pulmones sean sólo el canal, pero no dependdan de ellos para todo el
esfuerzo. Si dejan que las palabras surjan de lo profundo, ejercitando los músculos abdominales,
podrán hablar a miles de personas tan fácilmente como lo harían a diez. {2TI 544.3}
Algunos de nuestros predicadores se están perjudicando al hacer oraciones y tediosas y al hablar
en voz muy alta, cuando un tono más bajo haría mejor impresión y ahorraría su esfuerzo. Pero,
mientras continúan sin prestar atención a las leyes de la vida y de la salud, y siguen el impulso del
momento, no culpen a Dios si se enferman. Muchos de ustedes pierden tiempo y esfuerzo en largos
preliminares y excusas cuando comienzan a hablar. En lugar de disculparse porque están por dirigirse
a la gente, debieran empezar como si Dios tuviera algo para transmitir por medio de ustedes: Algunos
dedican casi media hora a pedir disculpas; así desperdician el tiempo, y cuando llegan al tema, en el
que desean puntualizar ciertas verdades, la gente está cansada y no pueden ver su fuerza ni les
impresiona. Debieran hacer que los puntos esenciales de la verdad presente queden tan claros como
las señales de tránsito, de modo que el pueblo pueda entenderlos. Entonces verán los argumentos
que quieren presentar y la posición que desean sustentar.{2TI 545.1}
Hay otros que se dirigen al pueblo en un tono plañidero. Su corazón no está suavizado por el
Espíritu de Dios, y piensan que deben impresionar a la congregación con una apariencia de
humildad. Tal comportamiento no exalta al ministro del Evangelio, sino que lo rebaja y lo degrada. Los
ministros debieran presentar la verdad con el calor de la gloria. Debieran hablar de tal modo que
representen correctamente a Cristo y preserven la dignidad que corresponde a sus ministros. {2TI
545.2}
Las largas oraciones de algunos ministros han sido un gran fracaso. Orar un largo rato, como lo
hacen some, está del todo fuera de lugar. Lastiman la garganta y los órganos vocales, y luego hablan
de enfermarse por su ardua labor. Se perjudican sin que sea necesario. Muchos piensan que la
oración daña las cuerdas vocales más que hablar. Esto se debe a la posición antinatural del cuerpo y
al modo de tener la cabeza. Pueden pararsey hablar, sin sentir molestia. La posición en la oración
debiera ser perfectamente natural. Las oraciones largas cansan, y no están de acuerdo con el
Evangelio de Cristo. Media hora, o aun un cuarto de hora es demasiado tiempo. Unos pocos minutos
son suficientes para presentarse ante Dios y decirle lo que desean; y conseguirán que la gente los
siga sin cansarse ni disminuir su interés en la devoción y la oración. Así pueden ser renovados y
fortalecidos, en lugar de quedar agotados. {2TI 545.3}
Muchos han errado al hacer largas oraciones y largas predicaciones, en tono alto y forzando la
voz, en una tensión antinatural y un tono antinatural. El ministro se cansa sin necesidad y realmente
extenúa a la gente por medio de un duro y trabajoso esfuerzo, que es del todo innecesario. Los
ministros debieran hablar de un modo que alcance e impresione a la gente. Las enseñanzas de Cristo
eran impresionantes y solemnes; su voz era melodiosa. Y, ¿no debiéramos nosotros, así como Cristo,
esforzarnos para que nuestra voz sea melodiosa? El tenía una influencia poderosa, porque era el Hijo
de Dios. Estamos tan por detrás de él y somos tan deficientes, que aunque hagamos lo mejor que
podamos, esfuerzos serán pobres. No podemos lograr ni podemos poseer la influencia que él
tenía; pero, ¿Por qué no debiéramos educarnos para llegar tan cerca del Modelo como nos sea
posible, para poder tener la mayor influencia posible sobre la gente? Nuestras palabras, nuestras
acciones, nuestro porte, nuestro vestido, todo debiera predicar. No sólo con nuestras palabras
debiéramos predicar a la gente, sino todo lo referente a nuestra persona debiera ser un sermón para
ellos, para dar una impresión correcta, y que la verdad hablada pueda ser llevada por ellos a sus
hogares. Así nuestra fe causará mejor impresión a la comunidad. para dar una impresión correcta, y
que la verdad hablada pueda ser llevada por ellos a sus hogares. Así nuestra fe causará mejor
impresión a la comunidad. para dar una impresión correcta, y que la verdad hablada pueda ser llevada
por ellos a sus hogares. Así nuestra fe causará mejor impresión a la comunidad.{2TI 546.1}
Nunca tuve una idea más cabal que la que tengo hoy del carácter exaltado de la obra, de su
santidad y de la importancia de ser aptos para ella. Veo la necesidad en mí misma. Tengo que hacer
un nuevo reajuste, recibir una santa unción, o no podré continuar instruyendo a otros. Debo estar
segura de que estoy andando con Dios. Debo saber que entiendo el misterio de la piedad. Debo saber
que la gracia de Dios está en mi propio corazón, que mi propia vida está de acuerdo con su voluntad,
que estoy andando en sus pisadas. Entonces mis palabras serán verdaderas y mis acciones
correctas. {2TI 546.2}
Hay otro punto que casi había olvidado. Es la influencia que el predicador debiera ejercer en su
ministerio. Su obra no consiste simplemente en hablar desde el púlpito. Sólo comienza allí. Debiera
visitar a las diferentes familias, y llevar a Cristo allí, llevar sus sermones allí, llevarlos en sus acciones
y sus palabras. Cuando visita a una familia debiera averiguar cuál es su condición. ¿Es él el pastor
del rebaño? La obra del pastor no se hace toda desde el púlpito. Debiera hablar con todos los
miembros del rebaño, con los padres para conocer su posición y con los hijos para conocer la de
ellos. Un ministro debiera alimentar al rebaño del cual Dios lo ha hecho mayoral. Sería agradable ir a
casa y estudiar; pero si hacen esto en perjuicio de la obra que Dios les ha encomendado, hacen
mal. Nunca entren a un hogar sin reunirlos a todos, y postrarse y orar con ellos antes de
salir. Interésense por la salud de sus almas. ¿Qué hace un buen médico? Se interioriza de los detalles
del caso, luego procura administrar los medicamentos. Así mismo el médico del alma debiera
interiorizarse de las enfermedades espirituales que afligen a los miembros de su rebaño, luego
administrarles los medicamentos apropiados, y pedirle al gran Médico que venga en su ayuda. Dénles
la asistencia que necesitan. Esos ministros recibirán todo el respeto y el honor que se debe a los
ministros de Cristo. Y al trabajar por los demás, mantendrán viva su propia alma. Deben extraer
fortaleza de Dios con el fin de impartir fortaleza a los que ellos han de ayudar. luego procura
administrar los medicamentos. Así mismo el médico del alma debiera interiorizarse de las
enfermedades espirituales que afligen a los miembros de su rebaño, luego administrarles los
medicamentos apropiados, y pedirle al gran Médico que venga en su ayuda. Dénles la asistencia que
necesitan. Esos ministros recibirán todo el respeto y el honor que se debe a los ministros de Cristo. Y
al trabajar por los demás, mantendrán viva su propia alma. Deben extraer fortaleza de Dios con el fin
de impartir fortaleza a los que ellos han de ayudar. luego procura administrar los medicamentos. Así
mismo el médico del alma debiera interiorizarse de las enfermedades espirituales que afligen a los
miembros de su rebaño, luego administrarles los medicamentos apropiados, y pedirle al gran Médico
que venga en su ayuda. Dénles la asistencia que necesitan. Esos ministros recibirán todo el respeto
y el honor que se debe a los ministros de Cristo. Y al trabajar por los demás, mantendrán viva su
propia alma. Deben extraer fortaleza de Dios con el fin de impartir fortaleza a los que ellos han de
ayudar. Esos ministros recibirán todo el respeto y el honor que se debe a los ministros de Cristo. Y al
trabajar por los demás, mantendrán viva su propia alma. Deben extraer fortaleza de Dios con el fin de
impartir fortaleza a los que ellos han de ayudar. Esos ministros recibirán todo el respeto y el honor que
se debe a los ministros de Cristo. Y al trabajar por los demás, mantendrán viva su propia alma. Deben
extraer fortaleza de Dios con el fin de impartir fortaleza a los que ellos han de ayudar.{2TI 547.1}
Quiera el Señor ayudarnos a buscarlo con todo el corazón. Necesito saber que diariamente recojo
los rayos divinos de gloria, que emanan del trono de Dios y surgen del rostro de Jesucristo, y los
esparzo en mi camino. Quiero ser toda luz en el Señor. {2TI 547.2}