Relacionando Sujetos Históricos y Cambios Culturales en La Historia Reciente de Chile
Relacionando Sujetos Históricos y Cambios Culturales en La Historia Reciente de Chile
Desarrollo de la actividad
Reconociendo sujetos históricos en los procesos culturales
Los estudiantes, con ayuda del profesor, elaboran un listado de los principales procesos y sujetos
históricos de la historia reciente de Chile. El profesor dibuja una tabla para ir ejemplificando.
Para realizar la tarea, pueden utilizar la siguiente tabla:
Proceso histórico Sujeto histórico Hechos relevantes
Mejoras en la calidad de vida Científicos Fundación de la JUNAEB
de las personas
Políticos por medio de
políticas públicas
explica?
¿Qué sujetos son
destacados?
¿Cómo explica la
contribución de estos
personajes al mundo de la
cultura?
Texto 1: Sagredo, R. Historia mínima de Chile.
El mundo de la cultura
El predominio de la clase media se materializó también en el campo cultural. La
cultura de clase media contenía elementos tomados de los sectores oligárquicos y
de los grupos populares, de las tendencias tradicionales y de los patrones europeos
y norteamericanos. La prensa, la radio y el libro contribuyeron a difundir la
mentalidad de los grupos medios que, a mediados de siglo, se extendía a la mayor
parte de la población urbana, con excepción de los grupos marginados. Se
sustentaba en los valores católicos, en el aprecio del orden, de la estabilidad y,
sobre todo, de la seguridad como un valor social indispensable. También fue propio
de la clase media de esta época, al menos en su dimensión pública, el civismo, la
tolerancia, la solidaridad, el respeto por la actividad intelectual y su ambición
económica.
Uno de los rasgos distintivos de la cultura de masas propia del siglo XX fue la
norteamericanización de los valores, usos y costumbres de la población, entre otros
factores, por la influencia de Hollywood. El cine norteamericano irrumpió en Chile
en las décadas de 1910 y 1920, transformándose en una mercancía irresistible que
llegó a ser valorada por la sociedad chilena sin mayores distinciones sociales.
Esto generó un enorme impacto social y cultural que situó a Estados Unidos como
referente absoluto de modernidad al “estilo norteamericano”, que se concibió
como alcanzable por medio del consumo del cine y de manufacturas
norteamericanas que, de este modo, se transformaron en partes esenciales de la
vida cotidiana citadina.
La modernización del país en el siglo XX se materializó en un gran dinamismo en el
ámbito cultural, que en algún momento alcanzó resonancias mundiales. En el
campo literario sobresalen Gabriela Mistral, quien recibió el Premio Nobel de
Literatura en 1945, Pablo Neruda, quien lo obtuvo en 1971, y Vicente Huidobro. En
la pintura y la escultura surgieron figuras como Nemesio Antúnez, Enrique Zañartu,
Roberto Matta, Lily Garafulic y Marta Colvin. En la música destacaron Claudio Arrau
y Domingo Santa Cruz. Para satisfacer las demandas culturales y artísticas de la
población, se crearon la Orquesta Sinfónica de Chile, el Ballet Nacional, el Coro de
la Universidad de Chile y el Teatro Experimental. Todas, instituciones
fundamentales en sus ámbitos y cuya acción perdura hasta la actualidad, ahora
conviviendo con las agrupaciones privadas que han surgido en las últimas décadas.
La evolución del país hizo posible también una extraordinaria expansión de la
población escolar, que se prolongaría en el tiempo y que se reflejó en el sistema
educacional y social. Si en 1935 el conjunto de la educación básica y media fiscal y
particular atendía a 41.9% de la población de seis a 18 años, es decir 587 834
sujetos, en 1973, y en los mismos niveles, eran 2 760 145 alumnos, llegando la
cobertura a 91.3% de la población en edad escolar. También, una cada vez mayor
heterogeneidad en el sistema educativo, pues el alumnado provenía de los más
variados orígenes sociales. Estas características condicionaron los cambios,
transformaciones y reformas aplicadas desde la segunda mitad del siglo, que
culminaron con la reforma educacional de los años sesenta, que pretendió
modernizar el sistema educativo. Como su propósito esencial fue la puesta al día y
democratización de la enseñanza, se propusieron como objetivos específicos la
educación como patrimonio de todos, entendida como una política que garantizara
las oportunidades del ingreso, permanencia y ascenso en el sistema educacional; la
formación integral y la responsabilidad social, referida a crear una base cultural
común que permitiera el diálogo entre los individuos y los grupos sociales; la
formación para la vida del trabajo, que aspiraba a formar personal bien calificado
en todos los niveles, y la educación como un proceso de toda la vida y de
adaptación permanente a los cambios. La propuesta fue el fruto de un análisis de la
realidad que se hizo cargo del hecho que la educación no estaba siendo un canal de
movilidad social y que, por el contrario, retardaba y dificultaba el cambio social, con
gran peligro para la vida democrática. Al desenvolvimiento de la educación pública
y privada primaria y secundaria, se sumó la creación de numerosas instituciones de
carácter universitario y técnico, como las universidades de Concepción y Técnica
del Estado, hoy Universidad de Santiago. La preocupación por la educación de los
sectores populares se materializó en la creación de escuelas rurales y en un amplio
plan de alfabetización. Otro de los elementos que caracterizó el desenvolvimiento
cultural del país en el siglo XX fue el desarrollo de la investigación en las
universidades e instituciones y agencias científicas. La creación de la Comisión
Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico y del Fondo Nacional de
Investigación Científica y Tecnológica fue un adelanto fundamental en la tarea de
promover la ciencia básica, actividad que, sin embargo, pese a los avances de las
últimas décadas y a lo trascendental que resulta para el desarrollo del país, recibe
menos de 1% de PIB para su financiamiento. Un fenómeno de la época fue que, a
partir de la década de 1950, las ciencias sociales acapararon la atención preferente
de los científicos, respondiendo así a los estímulos que generó el proceso de
cambio que se experimentaba. Los trabajos del historiador Mario Góngora sobre el
origen de los inquilinos en el Valle Central y sobre la propiedad rural son un
ejemplo. También, la apertura hacia las corrientes marxistas y estructuralistas que
pretendían explicar y dirigir el proceso de transformaciones sociales. Como
consecuencia de la expansión urbana, el afán industrializador y la influencia de los
medios de comunicación, la cultura popular evolucionó hacia una cultura de masas
que, aunque contribuyó a ampliar el horizonte intelectual del chileno al poner a su
disposición espectáculos de variada índole, significó también la creciente influencia
de la televisión, del radioteatro y de las revistas de variedades en desmedro de la
literatura, el arte y la especulación intelectual. Tal vez un antecedente del mundo
de los realities, la farándula y el morbo televisivo que se aprecia en el Chile del siglo
XXI y que forma parte de una tendencia global.
que caracteriza a un grupo social o a una sociedad. Engloba, además de las artes y
las letras, los modos y las condiciones de vida de ese grupo o sociedad, los sistemas
de valores, las tradiciones, las creencias y las diversas formas en que se expresa y se
desarrolla un individuo. La cultura concebida como creatividad social sería un
proceso continuo, móvil y dinámico (no cabría, por lo tanto, pensarla como algo
que cabe “preservar” o “redistribuir”).
Todo esto implica una concepción de la extensión y de la cultura muy diferente a la
que conlleva el paradigma de democratización cultural.
Peter Burke
¿Cómo definen cultura los
autores?
¿Qué temas integra una
historia que busque
desarrollar la cultura,
según cada uno de los
autores?
¿Qué área del
conocimiento histórico
promueven la historia de
la cultura y la historia
cultural?
¿Cuál es la contribución
de ambas formas de
comprender la cultura
para la comprensión de la
historia reciente?
Texto: Peter Burke, ¿Qué es historia cultural?
Una solución al problema de definir la historia cultural podría pasar por desplazar la
atención de los objetos a los métodos de estudio. Sin embargo, lo que aquí
encontramos vuelve a ser variedad y controversia. Ciertos historiadores culturales
trabajan intuitivamente, como confesaba Jacob Burckhardt. Unos cuantos intentan
emplear métodos cuantitativos. Algunos describen su trabajo como una búsqueda
- ¿Qué representa?
Interpreta cómo la
Imagen seleccionada
Bici-animita
Suburbios en Chile
Temas:
humor
Nicanor Parra
Nicanor Parra
La lista de “los 50 mejores discos chilenos” fue elaborada por la edición chilena
de la revista musical Rolling Stone, que fue publicada en su 121ª edición,
correspondiente al mes de abril de 2008.
Temas:
Historia de
las
mujeres,
de los
niños, de
los
jóvenes,
entre
otros.
Temas:
Educación,
medicina
Temas:
Minería,
Mineros,
Industria
Finalmente, el profesor los guía para que realicen una interpretación histórica que explique cómo
somos en Chile en el presente. Seleccionan alguna fuente primaria para profundizar en los
procesos culturales de la historia reciente y elaboran interpretaciones sobre su contribución al
presente de la sociedad chilena.
Definición de fuente
histórica
Autores de referencia para
comprender históricamente
la fuente
¿De qué forma contribuye
esta fuente histórica a la
comprensión del presente
de la sociedad chilena?
¿Por qué esta fuente
constituye una fuente para
comprender la historia
cultural de Chile?
Exponen los resultados de su trabajo ante la escuela, organizando una feria histórica.
La reflexión final de la actividad podría abordar las siguientes preguntas:
- ¿Es posible diferenciar lo que se ve de lo que se simboliza en la imagen?
- ¿Cómo aporta al conocimiento de la historia reconocer la interpretación simbólica de las
expresiones culturales?
Orientaciones al docente
Para orientar la evaluación formativa de esta actividad, se sugiere los siguientes indicadores, que
pueden ser modificados o reemplazados por otros que el profesor considere más pertinentes a su
contexto:
- Analizan procesos de la historia reciente de Chile desde la dimensión cultural.
- Evalúan distintos sujetos históricos que protagonizan los procesos de la historia reciente
de Chile.
- Evalúan procesos de democratización a partir de distintos sujetos históricos y la historia
cultural.
Se sugiere ampliar el marco tradicional de las fuentes incorporando otras, como obras de teatro.
Se sugieren algunas como La viuda de Apablaza, Tres Marías y una Rosa, Hija de tigre, La Negra
Ester, Villa más discurso, entre otras. Destaca como apoyo el material elaborado por la Escuela de
Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Ministerio de las Culturas, las Artes y el
Patrimonio desde el archivo de la escena teatral cuaderno pedagógico, ed., 2019, disponible en:
https://www.cultura.gob.cl/wp-content/uploads/2019/08/desde-el-archivo-de-la-escena-
teatral.pdf
Algunas preguntas que deben orientar el desarrollo de esta actividad son las siguientes:
- ¿Cuál es el rol de los grandes personajes (héroes, estadistas, entre otros) en estos
proceses históricos?
- ¿Quién hace el hecho histórico?
- ¿Cómo se denominan los sujetos anónimos en dichos procesos?
- ¿Están presentes actualmente estos sujetos históricos en los procesos que distingues en la
actualidad? ¿Cuáles serían nuevos sujetos históricos?
- ¿Qué sujetos destacarías de la historia reciente de Chile?
Recursos
Para apoyar el desarrollo de la primera parte de la actividad, se sugiere los siguientes recursos:
- Animitas: Memoria Chilena, Animitas, Disponible en:
http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100572.html
- Historietas:
Rojas Flores, Jorge, Las historietas en Chile 1962-1982: industria, ideología y práctica
sociales, ed. LOM, Santiago, 2016.
- Humor:
DIBAM, Un país de tontos graves: humor gráfico y política en Chile, disponible en:
https://www.mhn.gob.cl/618/articles-75364_archivo_01.pdf
Salinas, Maximiliano, Risa y cultura en Chile, ed. CLACSO, 1996, disponible en:
http://biblioteca.clacso.edu.ar/Chile/di-uarcis/20120927095411/salinas.pdf
- Mujeres:
Memoria Chilena, Historia, Mujeres y Género en Chile, disponible en:
http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3451.html#presentacion
Valcárcel, Amelia, La memoria colectiva y los retos del feminismo, Cepal, Santiago,
2001, disponible en:
https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/5877/S01030209.pdf?sequenc
e=1
- Educación
Revista Qué Pasa, Del bachillerato a la PSU: la historia de la admisión a las
universidades en Chile, 8 de enero de 2020, disponible en:
https://www.latercera.com/que-pasa/noticia/del-bachillerato-a-la-psu-la-historia-de-
la-admision-a-las-universidades-en-chile/965761/
- Teatro
- María de la Luz Hurtado Merino, Angélica Martínez Ponce y Rodrigo Canales Contreras,
Desde el archivo de la escena teatral cuaderno pedagógico, ed., 2019, disponible en:
https://www.cultura.gob.cl/wp-content/uploads/2019/08/desde-el-archivo-de-la-escena-
teatral.pdf
Sobre la historia de la cultura, se sugiere el siguiente fragmento:
Texto: Ernst Gombrich
No es mi intento añadir en este estudio ulteriores precisiones sobré lo que se llama
“observaciones en torno a la definición de la cultura”, creo, en efecto, que, sea que
refiramos este término en concreto o cualquier otro, todos sabemos lo que quiere
decir. Al menos todos conocemos a alguien que ha viajado de una cultura a otra, o
que incluso ha saltado de un círculo social a otro distinto, experimentando con ello
lo que significa hallarse frente a distintas modalidades de vida, ante distintos
sistemas de referencia, o frente a diversas escalas de valores- y todo ellos dentro
de culturas próximas. […] Había, además, por entonces, una pléyade de eruditos
aficionados a los textos literarios que necesitaban echar mano de un número cada
vez mayor de glosas exploratorias, del conocimiento de la cultura material (realia)
que era cultivada por los filólogos clásicos y que, de modo sistemático, conducía al
estudio de las “Antigüedades”. […] Entre todos ellos estaban también los
predecesores de nuestra propia materia, los primeros historiadores del arte que,
como Vasari, miraban con cierto desdén la imagen del mero cronista y se
interesaban por las condiciones que favorecían el progreso de las habilidades
humanas. […] La historia de la civilización o de la cultura no era otra cosa, en
realidad, que la historia de la trayectoria del hombre desde un estado animal hasta
el de las sociedades refinadas, el cultivo de las artes, la asimilación de los valores de
la civilización y el libre uso de la razón. La cultura, así, no solo podría progresar, sino
incluso era susceptible de decadencia o de pérdida total, y su historia, por
consiguiente, se hallaba legítimamente relacionada con cada uno de los estos dos
procesos”.
Gombrich, E., Breve Historia de la Cultura, ed. Península, Barcelona, 2004, p. 12-14
(fragmentos).
escrito por De Certeau, el libro fue interpretado, podríamos decir, de muchas otras
maneras distintas a la prevista por Hobsbawm. Aún marxista, se le ocurrió la muy
interesante idea de que, hacia el final del siglo XIX, algunos regímenes políticos,
entre ellos la Tercera República en Francia, en su necesidad de legitimarse y no
habiendo una tradición consagrada disponible, crearon una nueva. Por ejemplo, el
aniversario de la toma de la Bastilla (14 de julio) comenzó a celebrarse a partir de
1871. Hobsbawm encontró otros ejemplos, en países diferentes, siempre en el
tardío siglo XIX. Quería distinguir entre la tradición genuina y la artificial o
inventada. La interpretación de varios de sus lectores concluyó, de manera
interesante, en que toda tradición es inventada y entonces se produjo una ola de
estudios, si se quiere, en la tradición de la invención de la tradición, que enfatizaron
la invención. Benedict Anderson, el hermano de Perry Anderson, es el autor del
otro libro publicado en 1983, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen
y la difusión del nacionalismo. Es un acercamiento al nacionalismo desde la óptica
cultural, que destaca el papel del libro, en especial el de la novela. Con originalidad,
el texto nos relata la vida de los movimientos nacionalistas, ligándolos a la
literatura de corte nacionalista, localizados en diversas partes del mundo, como en
Filipinas. Una vez más, el libro obtuvo reconocimiento internacional, se tradujo en
muchas ocasiones y se imitó otras tantas.
Si hoy se observan los catálogos de las bibliotecas, fácilmente se encontrará una
larga lista de libros que llevan la palabra "invención" en el título y, con frecuencia,
la invención de alguna comunidad nacional, por ejemplo, Argentina, Francia,
Escocia o Irlanda. Todavía no se encuentra la invención de Inglaterra, problema que
podría resolver un historiador cultural. Así pues, desde la década de los años
ochenta se han hecho tantas investigaciones sobre historia cultural que resulta casi
imposible resumirlas, por ello simplemente hablaré de este género.
En primer lugar, hoy en día la historia del libro se incluye entre las más
sobresalientes o populares variedades de historia cultural. Encuentro muy atractivo
mirar hacia atrás, digamos hasta la década de los años sesenta del siglo XX, y ver
cómo casi de manera imperceptible lo que era una historia económica del libro,
sobre todo en Francia (la histoire du livre), fue convirtiéndose en social y,
finalmente, en historia cultural de la lectura. Me refiero a una historia social de la
lectura que se pregunta qué grupos sociales leyeron qué libros, y más
recientemente, una historia cultural de la lectura que se cuestiona cómo se leía en
el pasado: en silencio o en voz alta, rápido o lento. En segundo lugar, en cuanto a la
historia cultural de la memoria, su ejemplo más famoso también es francés: un
monumental libro colectivo compilado por Pierre Nora acerca de los lugares de la
memoria en Francia, una empresa imitada en Italia, en Alemania, en Inglaterra, en
Portugal y en casi todos lados. Resulta igualmente interesante mirar su pasado,
porque pienso que la historia de la memoria surgió de la historia oral, la de los años
sesenta del siglo XX, momento en el que los recuerdos de la persona común por
primera vez fueron registrados cuidadosamente para ser incorporados a la historia.
Luego, el cambio de los recuerdos, como significado para escribir la historia, a la
memoria, como un tema de investigación histórica en sí misma, como memoria
colectiva. Y, en tercer lugar, entre las formas más afortunadas de historia cultural
en la actualidad, quiero mencionar la historia del cuerpo. Una vez más resulta
irónico. La historia cultural comenzó como la historia del espíritu,
Geistesgeschichte, y se ha convertido en lo contrario: en la historia de los cuerpos.
Sin duda está ligada a la historia del género, al igual que a la del sexo, a la de la
comida o la del vestido, y existen muchas otras formas.
Estoy intentando alentar a mis estudiantes, y a las personas en general, a escribir
una historia cultural o social del lenguaje, ya que, hasta este momento, no ha
tenido tanto éxito. En este terreno, la disciplina vecina es la sociolingüística, porque
existía –tal vez aún exista– una paradoja en el estudio del lenguaje. La historia del
lenguaje es un tema muy viejo, y el estudio del vínculo entre lenguaje y sociedad ha
sido muy importante desde hace medio siglo. Sin embargo, los historiadores del
lenguaje no se interesaban por la sociedad, así como los sociolingüistas no se
interesaban por la historia. Existe un espacio entre ambas al que denomino historia
social del lenguaje y que aliento a los demás para que lo llenen. Cuando lo llamé así
en 1980 soné innovador, hoy quizá me haga parecer pasado de moda. Tal vez sea
mejor hablar de la historia cultural del lenguaje, para que el tema parezca nuevo y
emocionante. En cualquier caso, es un espacio que necesita llenarse.
Otro rasgo de la situación actual es lo que me gusta nombrar la invasión o
colonización que historiadores culturales hacen tanto de la historia política como
de la historia económica tradicionales. Una vez más se trata de las relaciones con
las disciplinas vecinas. A lo largo de las últimas décadas, la historia económica se ha
estado trasladando de la historia de la producción a la del consumo. Incluso los
economistas se han movido en esta dirección, que los ha acercado a los
historiadores culturales. Resulta imposible entender el surgimiento de la sociedad
de consumo en la Europa del siglo XVIII sin considerar los factores culturales. O
bien, el estudio del crecimiento económico hoy, más que en el pasado, se
encuentra ligado a la información. El conocimiento de una sociedad en particular es
parte de su capital y puede dar lugar al crecimiento económico. Asimismo, el
debate en torno al deterioro económico en regiones particulares se ha convertido
en uno mucho más cultural, esto es, en explicaciones culturales del deterioro, como
ocurrió en el derrumbe de la economía española en el siglo XVII o de la británica
entre las últimas décadas del XIX y las primeras del XX. Mencionaré un caso que
considero revelador: el trabajo de John Elliot, quien, en los años sesenta, escribió
acerca del declive de la economía española, sobre todo desde el punto de vista
económico, y 20 o 25 años después, un segundo ensayo, también en pasado y
presente, acerca de la autopercepción y el derrumbe, es decir, una historia cultural
del derrumbamiento de la economía española en el siglo XVII. Su ruta es la de
muchos historiadores de la última generación, lo que me conduce a la invasión de
la historia política, a la idea de que la historia política es la historia de culturas
políticas y, de nueva cuenta, a estos paralelos entre disciplinas. ¿Qué está
sucediendo con la disciplina vecina, la historia política? Se ha vuelto más enfática
en lo cultural, de ahí la sensible preocupación por los rituales y las celebraciones
políticas, dos ejemplos en los cuales los historiadores culturales invaden con éxito
el territorio de las disciplinas vecinas.
Por otro lado, los historiadores culturales estamos siendo invadidos por los críticos
literarios, en especial en Estados Unidos, donde bajo la bandera del nuevo
historicismo, muchos profesores de literatura que imparten cátedra en las
universidades han abandonado el estudio de los textos en sí mismos para situarlos
en un contexto cultural, lo que es casi indistinguible del trabajo del historiador
cultural. Uno de ellos es Steven Greenblad, ahora en Harvard.