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Relacionando Sujetos Históricos y Cambios Culturales en La Historia Reciente de Chile

El documento describe un programa de estudio sobre la comprensión histórica del presente en Chile. La segunda unidad analiza diversas perspectivas historiográficas sobre cambios culturales recientes en la sociedad chilena y los sujetos históricos involucrados, como científicos, políticos y movimientos sociales.

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Relacionando Sujetos Históricos y Cambios Culturales en La Historia Reciente de Chile

El documento describe un programa de estudio sobre la comprensión histórica del presente en Chile. La segunda unidad analiza diversas perspectivas historiográficas sobre cambios culturales recientes en la sociedad chilena y los sujetos históricos involucrados, como científicos, políticos y movimientos sociales.

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Programa de Estudio Comprensión Histórica del Presente 3° y 4° medio Unidad 2

Actividad 2: Relacionando sujetos históricos y cambios culturales en la historia


reciente de Chile
Propósito
Esta actividad busca que los estudiantes comprendan desde la dimensión cultural los sujetos
históricos presentes en las nuevas formas de escribir historia, para reconocer los cambios y
continuidades en este ámbito de la vida en sociedad. Por medio del análisis de distintas
manifestaciones culturales en la sociedad chilena, establecen relaciones entre el presente y el
pasado para analizar críticamente su realidad, valorando el aporte de otras disciplinas a la
comprensión de estos procesos.
Objetivos de Aprendizaje
OA 1 Analizar diversas perspectivas historiográficas sobre cambios recientes en la sociedad chilena
y su impacto a nivel local considerando procesos de democratización tales como el fortalecimiento
de la sociedad civil y el respeto a los derechos humanos, la búsqueda de la disminución de la
desigualdad, y la inclusión creciente de nuevos grupos y movimientos sociales.
OA 2 Analizar diversas perspectivas historiográficas sobre procesos de la historia reciente,
considerando la importancia del conocimiento histórico en la sociedad y el protagonismo de
individuos y grupos en cuanto sujetos históricos.
OA b Hacer conexiones entre fenómenos, acontecimientos y/o procesos de la realidad,
considerando conceptos como multidimensionalidad, multicausalidad y multiescalaridad,
temporalidad, y variables y patrones.
OA c Analizar interpretaciones y perspectivas de diversas fuentes, considerando propósito,
intencionalidad, enfoque y contexto del autor, y las preguntas que intenta responder.
Pensar con apertura hacia otros para valorar la comunicación como una forma de
Actitudes relacionarse con diversas personas y culturas compartiendo ideas que favorezcan el
desarrollo de la vida en sociedad.

Duración 8 horas pedagógicas

Desarrollo de la actividad
Reconociendo sujetos históricos en los procesos culturales
Los estudiantes, con ayuda del profesor, elaboran un listado de los principales procesos y sujetos
históricos de la historia reciente de Chile. El profesor dibuja una tabla para ir ejemplificando.
Para realizar la tarea, pueden utilizar la siguiente tabla:
Proceso histórico Sujeto histórico Hechos relevantes
Mejoras en la calidad de vida Científicos Fundación de la JUNAEB
de las personas
Políticos por medio de
políticas públicas

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Luego reflexionan en plenario a partir de las siguientes preguntas:


- ¿Qué relación existe entre los sujetos, los procesos y los hechos?
- ¿A qué atribuirías la diversidad de sujetos históricos en la historia reciente?
Evaluando distintos actores en procesos de la historia reciente, desde la historia cultural y la
historia de la cultura
Individualmente, leen dos fragmentos sobre historia de la cultura e historia de las ideas de Rafael
Sagredo y Bernardo Subercaseaux, respectivamente, para evaluar distintos sujetos presentes en la
democratización de la sociedad en Chile durante la historia reciente.
Para desarrollar el análisis, se sugiere las siguientes preguntas:
Texto 1: Sagredo, R. Historia mínima de Chile.
¿Qué afirma el autor sobre el
mundo de la cultura?
¿Qué hechos históricos
destaca?
¿Qué procesos históricos
Interpretación
explica?
histórica
¿Qué sujetos son
destacados?
¿Cómo explica la
contribución de estos sujetos
al mundo de la cultura?

Fuente 3: Subercaseaux, Bernardo Historia de las Ideas tomo III


¿Qué dice el autor sobre el
proceso de democratización y
la democracia cultural?
Interpretación
histórica ¿Qué hechos históricos
destaca?
¿Qué procesos históricos

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explica?
¿Qué sujetos son
destacados?
¿Cómo explica la
contribución de estos
personajes al mundo de la
cultura?
Texto 1: Sagredo, R. Historia mínima de Chile.
El mundo de la cultura
El predominio de la clase media se materializó también en el campo cultural. La
cultura de clase media contenía elementos tomados de los sectores oligárquicos y
de los grupos populares, de las tendencias tradicionales y de los patrones europeos
y norteamericanos. La prensa, la radio y el libro contribuyeron a difundir la
mentalidad de los grupos medios que, a mediados de siglo, se extendía a la mayor
parte de la población urbana, con excepción de los grupos marginados. Se
sustentaba en los valores católicos, en el aprecio del orden, de la estabilidad y,
sobre todo, de la seguridad como un valor social indispensable. También fue propio
de la clase media de esta época, al menos en su dimensión pública, el civismo, la
tolerancia, la solidaridad, el respeto por la actividad intelectual y su ambición
económica.
Uno de los rasgos distintivos de la cultura de masas propia del siglo XX fue la
norteamericanización de los valores, usos y costumbres de la población, entre otros
factores, por la influencia de Hollywood. El cine norteamericano irrumpió en Chile
en las décadas de 1910 y 1920, transformándose en una mercancía irresistible que
llegó a ser valorada por la sociedad chilena sin mayores distinciones sociales.
Esto generó un enorme impacto social y cultural que situó a Estados Unidos como
referente absoluto de modernidad al “estilo norteamericano”, que se concibió
como alcanzable por medio del consumo del cine y de manufacturas
norteamericanas que, de este modo, se transformaron en partes esenciales de la
vida cotidiana citadina.
La modernización del país en el siglo XX se materializó en un gran dinamismo en el
ámbito cultural, que en algún momento alcanzó resonancias mundiales. En el
campo literario sobresalen Gabriela Mistral, quien recibió el Premio Nobel de
Literatura en 1945, Pablo Neruda, quien lo obtuvo en 1971, y Vicente Huidobro. En
la pintura y la escultura surgieron figuras como Nemesio Antúnez, Enrique Zañartu,
Roberto Matta, Lily Garafulic y Marta Colvin. En la música destacaron Claudio Arrau
y Domingo Santa Cruz. Para satisfacer las demandas culturales y artísticas de la
población, se crearon la Orquesta Sinfónica de Chile, el Ballet Nacional, el Coro de
la Universidad de Chile y el Teatro Experimental. Todas, instituciones
fundamentales en sus ámbitos y cuya acción perdura hasta la actualidad, ahora
conviviendo con las agrupaciones privadas que han surgido en las últimas décadas.
La evolución del país hizo posible también una extraordinaria expansión de la
población escolar, que se prolongaría en el tiempo y que se reflejó en el sistema
educacional y social. Si en 1935 el conjunto de la educación básica y media fiscal y
particular atendía a 41.9% de la población de seis a 18 años, es decir 587 834

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sujetos, en 1973, y en los mismos niveles, eran 2 760 145 alumnos, llegando la
cobertura a 91.3% de la población en edad escolar. También, una cada vez mayor
heterogeneidad en el sistema educativo, pues el alumnado provenía de los más
variados orígenes sociales. Estas características condicionaron los cambios,
transformaciones y reformas aplicadas desde la segunda mitad del siglo, que
culminaron con la reforma educacional de los años sesenta, que pretendió
modernizar el sistema educativo. Como su propósito esencial fue la puesta al día y
democratización de la enseñanza, se propusieron como objetivos específicos la
educación como patrimonio de todos, entendida como una política que garantizara
las oportunidades del ingreso, permanencia y ascenso en el sistema educacional; la
formación integral y la responsabilidad social, referida a crear una base cultural
común que permitiera el diálogo entre los individuos y los grupos sociales; la
formación para la vida del trabajo, que aspiraba a formar personal bien calificado
en todos los niveles, y la educación como un proceso de toda la vida y de
adaptación permanente a los cambios. La propuesta fue el fruto de un análisis de la
realidad que se hizo cargo del hecho que la educación no estaba siendo un canal de
movilidad social y que, por el contrario, retardaba y dificultaba el cambio social, con
gran peligro para la vida democrática. Al desenvolvimiento de la educación pública
y privada primaria y secundaria, se sumó la creación de numerosas instituciones de
carácter universitario y técnico, como las universidades de Concepción y Técnica
del Estado, hoy Universidad de Santiago. La preocupación por la educación de los
sectores populares se materializó en la creación de escuelas rurales y en un amplio
plan de alfabetización. Otro de los elementos que caracterizó el desenvolvimiento
cultural del país en el siglo XX fue el desarrollo de la investigación en las
universidades e instituciones y agencias científicas. La creación de la Comisión
Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico y del Fondo Nacional de
Investigación Científica y Tecnológica fue un adelanto fundamental en la tarea de
promover la ciencia básica, actividad que, sin embargo, pese a los avances de las
últimas décadas y a lo trascendental que resulta para el desarrollo del país, recibe
menos de 1% de PIB para su financiamiento. Un fenómeno de la época fue que, a
partir de la década de 1950, las ciencias sociales acapararon la atención preferente
de los científicos, respondiendo así a los estímulos que generó el proceso de
cambio que se experimentaba. Los trabajos del historiador Mario Góngora sobre el
origen de los inquilinos en el Valle Central y sobre la propiedad rural son un
ejemplo. También, la apertura hacia las corrientes marxistas y estructuralistas que
pretendían explicar y dirigir el proceso de transformaciones sociales. Como
consecuencia de la expansión urbana, el afán industrializador y la influencia de los
medios de comunicación, la cultura popular evolucionó hacia una cultura de masas
que, aunque contribuyó a ampliar el horizonte intelectual del chileno al poner a su
disposición espectáculos de variada índole, significó también la creciente influencia
de la televisión, del radioteatro y de las revistas de variedades en desmedro de la
literatura, el arte y la especulación intelectual. Tal vez un antecedente del mundo
de los realities, la farándula y el morbo televisivo que se aprecia en el Chile del siglo
XXI y que forma parte de una tendencia global.

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Fuente 3: Subercaseaux, Bernardo Historia de las Ideas tomo III


c) Democratización y democracia cultural
Cabe examinar las repercusiones que tuvo entre 1930 y 1973 esta trayectoria del
Estado (considerando también las ideas y pulsiones que la alimentaron), tanto en la
organización de la cultura (vale decir, en el orden o estructura básica de
producción, circulación y consumo cultural) como en las más diversas
manifestaciones del campo artístico y cultural. Ahora bien, en el período señalado,
el Estado de bienestar o el Estado social, en su fase final, va a estar tensionado por
la polaridad ideológica, tensión que se manifestó tanto en los discursos como en la
propia actividad cultural. En cuanto a políticas públicas, en el ámbito de la cultura,
la idea de extensión será la orientación básica de la acción del Estado y de los
organismos paraestatales. En las actividades de extensión, la bipolaridad se
expresa, por una parte, en el paradigma de la democratización cultural (que
sintoniza con un proyecto político de reforma) y, por otra, en el paradigma de
democracia cultural (que sintoniza, más bien, con un proyecto de revolución y de
transformación profunda de la sociedad). La democratización cultural corresponde
a una concepción extensionista que busca facilitar el acceso de las mayorías a los
bienes artísticos y culturales, bienes que desde una perspectiva ilustrada
contemplan de preferencia las expresiones legitimadas por la tradición y por la
estructura social preexistente (alta cultura y cultura popular de corte tradicional).
En este paradigma subyace la idea de un capital cultural único, con una lógica que a
la postre conlleva a la homogeneidad y al uniculturalismo, un paradigma que
privilegia el polo de la oferta por sobre el de la demanda o de las necesidades
culturales, que valora el rol del poder central en la elaboración y gestión de los
asuntos culturales y que tiende a concebir la vida cultural como una recepción
pasiva, como una ciudadanía “esponja” más que como un proceso activo, plural y
participativo. En líneas generales, puede señalarse que este modelo de
redistribución del capital cultural fue el que predominó en las actividades de
extensión cultural estatales y paraestatales llevadas a cabo en el período.
Paralelamente, sin embargo, este paradigma estuvo tensionado por otro, por un
paradigma de democracia cultural que concebía la cultura como una pluralidad de
culturas y subculturas, lo que implicaba la participación plena de cada grupo o
sector social en la vida cultural, no solo como receptores, sino también como
emisores o actores de la misma.
Desde este paradigma se buscó democratizar más las actitudes que las obras, más
la participación activa en el proceso que en la recepción del producto, de prestar
más atención a la demanda y a las necesidades que a la oferta cultural. En este
paradigma subyace la idea de que en la sociedad coexiste una pluralidad de
culturas y subculturas, y que solamente en la medida en que esa heterogeneidad
sea reconocida y favorecida por el Estado, se estarían sentando las bases para que
el movimiento creador de cada individuo pueda expresarse plenamente. Este ideal
supone, por supuesto, como precondición, la existencia de una democracia política
y económica. Cultura, para este punto de vista, no es solo una acumulación de
obras y conocimientos que una minoría produce, recoge y conserva para ponerla al
alcance de todos, o que un país rico en tradiciones y en patrimonio ofrece a otros
países. No se trata de algo que hay que conquistar o poseer, sino de una dimensión
que ya está presente en toda persona o grupo social. Cultura es, entonces, el
conjunto de rasgos distintivos –espirituales, materiales, intelectuales y afectivos–

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que caracteriza a un grupo social o a una sociedad. Engloba, además de las artes y
las letras, los modos y las condiciones de vida de ese grupo o sociedad, los sistemas
de valores, las tradiciones, las creencias y las diversas formas en que se expresa y se
desarrolla un individuo. La cultura concebida como creatividad social sería un
proceso continuo, móvil y dinámico (no cabría, por lo tanto, pensarla como algo
que cabe “preservar” o “redistribuir”).
Todo esto implica una concepción de la extensión y de la cultura muy diferente a la
que conlleva el paradigma de democratización cultural.

Análisis de la cultura y la historia


Los estudiantes leen dos fragmentos de texto: uno sobre qué es historia Conexiones
cultural y otro sobre qué es historia de la cultura. Luego realizan un análisis de interdisciplinarias
Lengua y
perspectivas a partir de las siguientes preguntas: Literatura
3° medio
OA3

Peter Burke
¿Cómo definen cultura los
autores?
¿Qué temas integra una
historia que busque
desarrollar la cultura,
según cada uno de los
autores?
¿Qué área del
conocimiento histórico
promueven la historia de
la cultura y la historia
cultural?
¿Cuál es la contribución
de ambas formas de
comprender la cultura
para la comprensión de la
historia reciente?
Texto: Peter Burke, ¿Qué es historia cultural?
Una solución al problema de definir la historia cultural podría pasar por desplazar la
atención de los objetos a los métodos de estudio. Sin embargo, lo que aquí
encontramos vuelve a ser variedad y controversia. Ciertos historiadores culturales
trabajan intuitivamente, como confesaba Jacob Burckhardt. Unos cuantos intentan
emplear métodos cuantitativos. Algunos describen su trabajo como una búsqueda

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de significados, otros se centran en las prácticas las representaciones. Unos


conciben su objetivo como esencialmente descriptivo, otros creen que la historia
cultural, como la historia política, puede y debería presentarse como un relato.
El común denominador de los historiadores culturales podría describirse como la
preocupación por lo simbólico y su interpretación. Conscientes o inconscientes, los
símbolos se pueden encontrar por doquier, desde el arte hasta la vida cotidiana,
pero una aproximación al pasado en términos del simbolismo no es sino una
aproximación entre otras. Una historia cultural de los pantalones, por ejemplo,
diferiría de una historia económica del mismo asunto, al igual que una historia
cultural del Parlamento diferiría de una historia política de la misma institución.
Peter Burke (2006), ¿Qué es historia cultural? Barcelona: Paidós, p. 15.
Analizando distintos temas de la historia cultural
Los estudiantes organizados en grupos, analizan distintas imágenes sobre transformaciones
culturales. Para orientar el análisis histórico, se sugiere la siguiente pregunta: ¿Qué se muestra en
la imagen? Luego explican brevemente cómo estos distintos temas contribuyen a comprender la
historia reciente de Chile desde una dimensión cultural.

- ¿Qué representa?
Interpreta cómo la
Imagen seleccionada

- ¿Qué cercanía tienes con los hechos representados en ella?


- ¿Qué significó este hecho en la forma de vida en Chile? transformación
- ¿Qué aporte consideras que entrega para comprender el cultural contribuye a
presente de la sociedad chilena? comprender la
- ¿Cuándo surge lo que se representa en la imagen? historia reciente de
- ¿Con qué sujetos históricos se relaciona la imagen Chile desde una
representada? dimensión cultural.
Temas: Ej: Religiosidad popular
religiosidad urbana
popular,
sincretismo
religioso,
cultura de
la muerte,
entre otros

Bici-animita

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Animita Felipe Camiroaga


Temas:
historia
urbana,
historia de
la
movilidad y
los medios
de
transporte,

Mall de Castro, Chiloé, Chile.

Medios de transporte públicos en Chile

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Suburbios en Chile
Temas:
humor

Nicanor Parra

Nicanor Parra

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Condorito, disponible en:


http://www.patrimoniodechile.cl/688/w3-article-74433.html?_noredirect=1

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Jimmy Scott, El mercurio, 13 de febrero 2018.


Temas:
consumo
cultural,
historia de
la
televisión,
del teatro,
la danza, el
cine, entre
otros.

Royal de Luxe, La pequeña Gigante y el tío escafandra, Festival de teatro


Santiago a mil, Santiago, Chile, enero 2010.

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El programa de entretenimiento más antiguo de la televisión. Creado y animado


sin interrupción por el chileno Don Francisco. Primer episodio el 5 de agosto de
1962 y el último el 19 de septiembre de 2015.

La lista de “los 50 mejores discos chilenos” fue elaborada por la edición chilena
de la revista musical Rolling Stone, que fue publicada en su 121ª edición,
correspondiente al mes de abril de 2008.
Temas:
Historia de
las
mujeres,
de los
niños, de
los
jóvenes,
entre
otros.

Mujeres en la fila para sufragar. Elecciones presidenciales de 1970.

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Promulgación de la ley que aprueba la extensión del postnatal a 6 meses,


octubre 2011.

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Asistentes al festival de Piedra Roja en Chile, octubre 1970.

Unidad de Currículum y Evaluación 89


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Tribus urbanas, foto del archivo Emol 2011.

Temas:
Educación,
medicina

Estudiantes en la primera prueba de aptitud académica, 1967, en Santiago. Foto


centro de documentación COPESA.

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Temas:
Minería,
Mineros,
Industria

Finalmente, el profesor los guía para que realicen una interpretación histórica que explique cómo
somos en Chile en el presente. Seleccionan alguna fuente primaria para profundizar en los
procesos culturales de la historia reciente y elaboran interpretaciones sobre su contribución al
presente de la sociedad chilena.

Definición de fuente
histórica
Autores de referencia para
comprender históricamente
la fuente
¿De qué forma contribuye
esta fuente histórica a la
comprensión del presente
de la sociedad chilena?
¿Por qué esta fuente
constituye una fuente para
comprender la historia
cultural de Chile?
Exponen los resultados de su trabajo ante la escuela, organizando una feria histórica.
La reflexión final de la actividad podría abordar las siguientes preguntas:
- ¿Es posible diferenciar lo que se ve de lo que se simboliza en la imagen?
- ¿Cómo aporta al conocimiento de la historia reconocer la interpretación simbólica de las
expresiones culturales?

Orientaciones al docente

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Para orientar la evaluación formativa de esta actividad, se sugiere los siguientes indicadores, que
pueden ser modificados o reemplazados por otros que el profesor considere más pertinentes a su
contexto:
- Analizan procesos de la historia reciente de Chile desde la dimensión cultural.
- Evalúan distintos sujetos históricos que protagonizan los procesos de la historia reciente
de Chile.
- Evalúan procesos de democratización a partir de distintos sujetos históricos y la historia
cultural.

Se sugiere ampliar el marco tradicional de las fuentes incorporando otras, como obras de teatro.
Se sugieren algunas como La viuda de Apablaza, Tres Marías y una Rosa, Hija de tigre, La Negra
Ester, Villa más discurso, entre otras. Destaca como apoyo el material elaborado por la Escuela de
Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Ministerio de las Culturas, las Artes y el
Patrimonio desde el archivo de la escena teatral cuaderno pedagógico, ed., 2019, disponible en:
https://www.cultura.gob.cl/wp-content/uploads/2019/08/desde-el-archivo-de-la-escena-
teatral.pdf
Algunas preguntas que deben orientar el desarrollo de esta actividad son las siguientes:
- ¿Cuál es el rol de los grandes personajes (héroes, estadistas, entre otros) en estos
proceses históricos?
- ¿Quién hace el hecho histórico?
- ¿Cómo se denominan los sujetos anónimos en dichos procesos?
- ¿Están presentes actualmente estos sujetos históricos en los procesos que distingues en la
actualidad? ¿Cuáles serían nuevos sujetos históricos?
- ¿Qué sujetos destacarías de la historia reciente de Chile?

Recursos
Para apoyar el desarrollo de la primera parte de la actividad, se sugiere los siguientes recursos:
- Animitas: Memoria Chilena, Animitas, Disponible en:
http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100572.html
- Historietas:
Rojas Flores, Jorge, Las historietas en Chile 1962-1982: industria, ideología y práctica
sociales, ed. LOM, Santiago, 2016.
- Humor:
DIBAM, Un país de tontos graves: humor gráfico y política en Chile, disponible en:
https://www.mhn.gob.cl/618/articles-75364_archivo_01.pdf
Salinas, Maximiliano, Risa y cultura en Chile, ed. CLACSO, 1996, disponible en:
http://biblioteca.clacso.edu.ar/Chile/di-uarcis/20120927095411/salinas.pdf
- Mujeres:
Memoria Chilena, Historia, Mujeres y Género en Chile, disponible en:
http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3451.html#presentacion

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Valcárcel, Amelia, La memoria colectiva y los retos del feminismo, Cepal, Santiago,
2001, disponible en:
https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/5877/S01030209.pdf?sequenc
e=1
- Educación
Revista Qué Pasa, Del bachillerato a la PSU: la historia de la admisión a las
universidades en Chile, 8 de enero de 2020, disponible en:
https://www.latercera.com/que-pasa/noticia/del-bachillerato-a-la-psu-la-historia-de-
la-admision-a-las-universidades-en-chile/965761/
- Teatro
- María de la Luz Hurtado Merino, Angélica Martínez Ponce y Rodrigo Canales Contreras,
Desde el archivo de la escena teatral cuaderno pedagógico, ed., 2019, disponible en:
https://www.cultura.gob.cl/wp-content/uploads/2019/08/desde-el-archivo-de-la-escena-
teatral.pdf
Sobre la historia de la cultura, se sugiere el siguiente fragmento:
Texto: Ernst Gombrich
No es mi intento añadir en este estudio ulteriores precisiones sobré lo que se llama
“observaciones en torno a la definición de la cultura”, creo, en efecto, que, sea que
refiramos este término en concreto o cualquier otro, todos sabemos lo que quiere
decir. Al menos todos conocemos a alguien que ha viajado de una cultura a otra, o
que incluso ha saltado de un círculo social a otro distinto, experimentando con ello
lo que significa hallarse frente a distintas modalidades de vida, ante distintos
sistemas de referencia, o frente a diversas escalas de valores- y todo ellos dentro
de culturas próximas. […] Había, además, por entonces, una pléyade de eruditos
aficionados a los textos literarios que necesitaban echar mano de un número cada
vez mayor de glosas exploratorias, del conocimiento de la cultura material (realia)
que era cultivada por los filólogos clásicos y que, de modo sistemático, conducía al
estudio de las “Antigüedades”. […] Entre todos ellos estaban también los
predecesores de nuestra propia materia, los primeros historiadores del arte que,
como Vasari, miraban con cierto desdén la imagen del mero cronista y se
interesaban por las condiciones que favorecían el progreso de las habilidades
humanas. […] La historia de la civilización o de la cultura no era otra cosa, en
realidad, que la historia de la trayectoria del hombre desde un estado animal hasta
el de las sociedades refinadas, el cultivo de las artes, la asimilación de los valores de
la civilización y el libre uso de la razón. La cultura, así, no solo podría progresar, sino
incluso era susceptible de decadencia o de pérdida total, y su historia, por
consiguiente, se hallaba legítimamente relacionada con cada uno de los estos dos
procesos”.
Gombrich, E., Breve Historia de la Cultura, ed. Península, Barcelona, 2004, p. 12-14
(fragmentos).

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Sobre qué es la historia cultural se sugieren los siguientes fragmentos:


Texto 1: Burke, Peter
“En este momento abordaré la invención de la invención, ese rasgo distinguible de
esta última fase de la historia cultural, nuestra fase, que es la facilidad con que los
historiadores elaboran un discurso sobre construcción o invención cultural.
Mientras algunos de los primeros historiadores culturales vieron a la cultura como
un reflejo de la sociedad, la generación contemporánea está mucho más confiada
en la autonomía y, en efecto, en la influencia de la cultura. No puedo expresar
mejor este cambio que citando a Roger Chartier, quien posee, por supuesto, el don
del epigrama, tan común en la cultura intelectual francesa. Chartier dijo una vez:
"hace algunos años hicimos la historia social de la cultura, pero lo que hacemos
ahora es la historia cultural de la sociedad". Así, lo que los historiadores solían
percibir como estructuras económicas y sociales rígidas, ahora son percibidas como
algo más suave, más fluido, más flexible, como parte de la cultura.
En este cambio, las feministas han jugado un papel decisivo debido a su argumento
actual: que el género no es parte de la naturaleza sino una simple construcción
cultural. Su trabajo ha sido una fuente de inspiración para los historiadores
culturales, sean hombres o mujeres, y una guía para varios estudios relativos a la
construcción de la masculinidad o de la femineidad en grupos sociales particulares,
en un tiempo y espacio dados. También quiero hablar de cierta ola de
voluntarismo, porque, en los años sesenta, la mayoría de los historiadores sociales
y culturales, como otros intelectuales, usábamos una suerte de determinismo social
más o menos rígido. Sin embargo, en el transcurso de las últimas tres décadas del
siglo XX, la suposición de que los individuos y los grupos sociales pueden inventar
su propia cultura –idea surgida de una especie de voluntarismo– culminó en una
reacción en contra de aquel determinismo social. Este cambio, iniciado durante los
primeros años de la década de los ochenta, puede ejemplificarse con tres famosos
libros que mencionaré rápidamente.
El primero, tal vez el mejor símbolo de esta tendencia fue publicado en 1980 y
escrito por Michel de Certeau, cuyo título en francés es L'invention du quotidien, o
sea, La invención de lo cotidiano, que sintetiza con exactitud los dos temas que
quiero resaltar. Es un estudio sociológico de la Francia contemporánea en el cual se
enfatiza lo que de Certeau llamó consumo como producción. Es decir, se distingue
de las primeras críticas a la sociedad de masas, en las que se veía a los individuos
como consumidores puramente pasivos, igualmente en el supermercado que frente
al televisor. De Certeau acentuó de forma deliberada el poder del individuo
ordinario para darle forma a su mundo cultural, una vez que selecciona de todo lo
que se le ofrece y reinterpreta los mensajes que recibe, como domesticándolos. Se
trata de un acto creativo de las personas ordinarias, de cada individuo. Y para
hablar una vez más acerca de las disciplinas vecinas, desde luego, es imposible
clasificar a De Certeau. Le gusta llamarse a sí mismo historiador, pero podría ser
nombrado sociólogo, antropólogo, psicoanalista e incluso filósofo.
En 1983 se publicaron dos libros en inglés. Espero no ser etnocéntrico al
destacarlos, pero es que su éxito alrededor del mundo ha sido rápido y fenomenal.
El primero, La invención de la tradición, es una colección de ensayos, editada por
Eric Hobsbawm y Terence Ranger, y traducida con prontitud a varios idiomas.
Considero que se publicó en el momento preciso y también que, de acuerdo con lo

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escrito por De Certeau, el libro fue interpretado, podríamos decir, de muchas otras
maneras distintas a la prevista por Hobsbawm. Aún marxista, se le ocurrió la muy
interesante idea de que, hacia el final del siglo XIX, algunos regímenes políticos,
entre ellos la Tercera República en Francia, en su necesidad de legitimarse y no
habiendo una tradición consagrada disponible, crearon una nueva. Por ejemplo, el
aniversario de la toma de la Bastilla (14 de julio) comenzó a celebrarse a partir de
1871. Hobsbawm encontró otros ejemplos, en países diferentes, siempre en el
tardío siglo XIX. Quería distinguir entre la tradición genuina y la artificial o
inventada. La interpretación de varios de sus lectores concluyó, de manera
interesante, en que toda tradición es inventada y entonces se produjo una ola de
estudios, si se quiere, en la tradición de la invención de la tradición, que enfatizaron
la invención. Benedict Anderson, el hermano de Perry Anderson, es el autor del
otro libro publicado en 1983, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen
y la difusión del nacionalismo. Es un acercamiento al nacionalismo desde la óptica
cultural, que destaca el papel del libro, en especial el de la novela. Con originalidad,
el texto nos relata la vida de los movimientos nacionalistas, ligándolos a la
literatura de corte nacionalista, localizados en diversas partes del mundo, como en
Filipinas. Una vez más, el libro obtuvo reconocimiento internacional, se tradujo en
muchas ocasiones y se imitó otras tantas.
Si hoy se observan los catálogos de las bibliotecas, fácilmente se encontrará una
larga lista de libros que llevan la palabra "invención" en el título y, con frecuencia,
la invención de alguna comunidad nacional, por ejemplo, Argentina, Francia,
Escocia o Irlanda. Todavía no se encuentra la invención de Inglaterra, problema que
podría resolver un historiador cultural. Así pues, desde la década de los años
ochenta se han hecho tantas investigaciones sobre historia cultural que resulta casi
imposible resumirlas, por ello simplemente hablaré de este género.
En primer lugar, hoy en día la historia del libro se incluye entre las más
sobresalientes o populares variedades de historia cultural. Encuentro muy atractivo
mirar hacia atrás, digamos hasta la década de los años sesenta del siglo XX, y ver
cómo casi de manera imperceptible lo que era una historia económica del libro,
sobre todo en Francia (la histoire du livre), fue convirtiéndose en social y,
finalmente, en historia cultural de la lectura. Me refiero a una historia social de la
lectura que se pregunta qué grupos sociales leyeron qué libros, y más
recientemente, una historia cultural de la lectura que se cuestiona cómo se leía en
el pasado: en silencio o en voz alta, rápido o lento. En segundo lugar, en cuanto a la
historia cultural de la memoria, su ejemplo más famoso también es francés: un
monumental libro colectivo compilado por Pierre Nora acerca de los lugares de la
memoria en Francia, una empresa imitada en Italia, en Alemania, en Inglaterra, en
Portugal y en casi todos lados. Resulta igualmente interesante mirar su pasado,
porque pienso que la historia de la memoria surgió de la historia oral, la de los años
sesenta del siglo XX, momento en el que los recuerdos de la persona común por
primera vez fueron registrados cuidadosamente para ser incorporados a la historia.
Luego, el cambio de los recuerdos, como significado para escribir la historia, a la
memoria, como un tema de investigación histórica en sí misma, como memoria
colectiva. Y, en tercer lugar, entre las formas más afortunadas de historia cultural
en la actualidad, quiero mencionar la historia del cuerpo. Una vez más resulta
irónico. La historia cultural comenzó como la historia del espíritu,
Geistesgeschichte, y se ha convertido en lo contrario: en la historia de los cuerpos.

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Sin duda está ligada a la historia del género, al igual que a la del sexo, a la de la
comida o la del vestido, y existen muchas otras formas.
Estoy intentando alentar a mis estudiantes, y a las personas en general, a escribir
una historia cultural o social del lenguaje, ya que, hasta este momento, no ha
tenido tanto éxito. En este terreno, la disciplina vecina es la sociolingüística, porque
existía –tal vez aún exista– una paradoja en el estudio del lenguaje. La historia del
lenguaje es un tema muy viejo, y el estudio del vínculo entre lenguaje y sociedad ha
sido muy importante desde hace medio siglo. Sin embargo, los historiadores del
lenguaje no se interesaban por la sociedad, así como los sociolingüistas no se
interesaban por la historia. Existe un espacio entre ambas al que denomino historia
social del lenguaje y que aliento a los demás para que lo llenen. Cuando lo llamé así
en 1980 soné innovador, hoy quizá me haga parecer pasado de moda. Tal vez sea
mejor hablar de la historia cultural del lenguaje, para que el tema parezca nuevo y
emocionante. En cualquier caso, es un espacio que necesita llenarse.
Otro rasgo de la situación actual es lo que me gusta nombrar la invasión o
colonización que historiadores culturales hacen tanto de la historia política como
de la historia económica tradicionales. Una vez más se trata de las relaciones con
las disciplinas vecinas. A lo largo de las últimas décadas, la historia económica se ha
estado trasladando de la historia de la producción a la del consumo. Incluso los
economistas se han movido en esta dirección, que los ha acercado a los
historiadores culturales. Resulta imposible entender el surgimiento de la sociedad
de consumo en la Europa del siglo XVIII sin considerar los factores culturales. O
bien, el estudio del crecimiento económico hoy, más que en el pasado, se
encuentra ligado a la información. El conocimiento de una sociedad en particular es
parte de su capital y puede dar lugar al crecimiento económico. Asimismo, el
debate en torno al deterioro económico en regiones particulares se ha convertido
en uno mucho más cultural, esto es, en explicaciones culturales del deterioro, como
ocurrió en el derrumbe de la economía española en el siglo XVII o de la británica
entre las últimas décadas del XIX y las primeras del XX. Mencionaré un caso que
considero revelador: el trabajo de John Elliot, quien, en los años sesenta, escribió
acerca del declive de la economía española, sobre todo desde el punto de vista
económico, y 20 o 25 años después, un segundo ensayo, también en pasado y
presente, acerca de la autopercepción y el derrumbe, es decir, una historia cultural
del derrumbamiento de la economía española en el siglo XVII. Su ruta es la de
muchos historiadores de la última generación, lo que me conduce a la invasión de
la historia política, a la idea de que la historia política es la historia de culturas
políticas y, de nueva cuenta, a estos paralelos entre disciplinas. ¿Qué está
sucediendo con la disciplina vecina, la historia política? Se ha vuelto más enfática
en lo cultural, de ahí la sensible preocupación por los rituales y las celebraciones
políticas, dos ejemplos en los cuales los historiadores culturales invaden con éxito
el territorio de las disciplinas vecinas.
Por otro lado, los historiadores culturales estamos siendo invadidos por los críticos
literarios, en especial en Estados Unidos, donde bajo la bandera del nuevo
historicismo, muchos profesores de literatura que imparten cátedra en las
universidades han abandonado el estudio de los textos en sí mismos para situarlos
en un contexto cultural, lo que es casi indistinguible del trabajo del historiador
cultural. Uno de ellos es Steven Greenblad, ahora en Harvard.

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La historia cultural emergió de manera notable en la última generación. Para mí es


sorprendente y gratificante, ya que me introduje a su estudio desde hace 40 años.
He tenido la experiencia de ser marginal, y aun cuando realmente no he tenido
nada que ver en ello, ahora me encuentro en el centro, pero yo no me he movido
hacia él, sino que, de alguna manera, él se ha movido hacia mí. El éxito mundial de
la historia cultural indica que no se trata de un fenómeno exclusivo en Europa
occidental entre otros, puede verse en Japón o en Brasil.
Existe otro curioso ejemplo de esta tendencia en Inglaterra y Francia, los dos
lugares europeos donde se opuso mayor resistencia a la historia cultural, pero en
los que finalmente se ha puesto de moda. Inglaterra tenía la tradición de una
rigurosa historia intelectual, usualmente la historia del pensamiento político. En
cambio, la historia cultural parecía algo más bien vago. No obstante, hoy muchos
jóvenes historiadores quieren llamarse a sí mismos historiadores culturales. Por su
parte, en Francia existían algunos conceptos obligados: histoire des mentalités,
histoire des représentations, histoire de l'imaginaire social. Pero, al fin, desde hace
20 años es posible encontrar libros franceses con el título histoire culturelle, una
perspectiva que considero interesante.
Pareciera que hoy todos somos historiadores culturales y que todo es historia
cultural. Incluso descubrí, hace unas semanas, un artículo en una publicación
periódica alemana de historia titulado "Historia administrativa como historia
cultural", así que si eso es historia cultural, entonces todo lo es. Preguntémonos por
qué. Seguramente el historiador cultural es capaz de escribir la historia cultural de
la historia cultural. Por supuesto, el cambio en esta disciplina no ocurrió en forma
aislada, somos parte del movimiento cultural general, como se ve en antropología,
sociología y geografía, disciplina en la cual incluso ahora existe una escuela llamada
geografía cultural.
Empero, algo está pasando en nuestra vida cotidiana a escala global. Todos hablan
de la cultura. Hablamos de la cultura de la empresa, de la cultura sexual, de la
cultura de la violencia, de la cultura de las armas; precisamente porque hoy, como
en ninguna otra época, la diferencia cultural se ha convertido en un problema
político. Las políticas relacionadas con la identidad trastocan el lenguaje cotidiano,
y éste a todas las disciplinas preocupadas por las personas en sociedad, y así
también se trastoca la historia.
Finalmente, he llegado al futuro. Luego de 20 años resulta que la nueva historia
cultural no es tan nueva; si no es vieja, al menos es de edad madura. ¿Qué futuro
podría tener? Todavía existe la posibilidad de que invada nuevos territorios. Por
ejemplo, a mí me gustaría ser testigo de una antropología histórica del Parlamento
británico, pero nadie la ha escrito, o, bien, de algunas otras asambleas
representativas, de la corte diplomática o del ejército. Sin embargo, el futuro de la
historia cultural no se reduce a la mera conquista de más territorios. Esta situación
por la que atravesamos ha sido recurrente en la historia del hombre. Es decir, tarde
o temprano, cada solución propuesta para resolver un problema, que en su
momento parece adecuada, se convierte en un problema en sí misma una
generación después. Ahora podemos ver cómo las soluciones dadas por la nueva
historia cultural se convierten en conflictos. Mencionaré dos casos.
El primero gira en torno a que –pienso– el concepto de invención es complejo.
Necesitamos adoptar una mirada crítica. ¿A qué nos referimos al decir la invención
de la tradición o, por ejemplo, la invención de Argentina?, ¿quién la está

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inventando? Además, ¿inventando a partir de qué?, ¿cuál es la materia prima con


la que se inventa una nación? Y ¿bajo qué restricciones? Considero que no tenemos
la libertad, individual o colectiva, para crear la nación que queremos. Pero la
cuestión resulta ser más complicada. En cuanto a la tradición, excepto en los casos
estudiados por Eric Hobsbawm, diría que, en condiciones normales, no se inventa
como un momento definitivo, sino más bien, imitando a los astrónomos, es creada
continuamente, es decir, está en constante reconstrucción: utiliza la materia prima
(el material cultural que heredamos), siempre adaptándola un poco o, si se
prefiere, reciclándola, para, de ese modo, enfrentar las necesidades del presente.
Este reciclaje no se detiene nunca, pero es algo gradual, no una invención
repentina.
El segundo problema al que deseo referirme es el de la fragmentación. La historia
cultural está perdiendo su identidad, esto es, ¿los historiadores del cuerpo han
hablado con los de la lectura o con los de la memoria, y así sucesivamente?; ¿existe
una solución para el problema de la fragmentación? Quiero argumentar que uno de
los enfoques de la historia cultural más importantes (no tan conocido en Inglaterra)
podría ofrecer una solución: la historia de los encuentros culturales.
Si bien los encuentros coloniales, la hibridación entre las culturas europeas y las no
europeas, son temas familiares en esta parte del mundo, me interesa sugerir que
este tipo de enfoque, extremadamente fructífero en el estudio de la India, Brasil y
México, puede también serlo en el estudio de regiones individuales, incluidas las
europeas. Es decir, podríamos estudiar la historia de Inglaterra o de Francia como
una serie de encuentros culturales entre clases sociales (entre la burguesía y la
clase trabajadora); entre regiones (el norte y el sur de Inglaterra o de Francia);
entre géneros (culturas femenina y masculina), dando lugar a una suerte de
hibridación; o bien, los encuentros entre la cultura urbana y la rural. Todo esto nos
sitúa muy lejos de la homogeneidad cultural, suposición que ha sido el defecto fatal
de una forma tradicional de historia cultural.
Ésa es mi receta para el futuro. Y, para concluir, considero que debemos reconocer
nuestra deuda con el pasado más lejano, pues todas las innovaciones de los últimos
20 o 30 años son en realidad buenas ideas que surgieron en el siglo XIX o durante
las primeras décadas del XX y simplemente no destacaron en ese entonces. Por
ejemplo, Jacob Burckhardt habló de cultura política en el Renacimiento. Asimismo,
tan lejos como puedan llegar las inquietudes acerca de la cultura del cuerpo, de la
comida, de la vivienda o del mestizaje cultural, Gilberto Freyre escribió, desde
1930, acerca de este tipo de historia en Brasil, 50 años antes de que la nueva
historia cultural se volviera famosa”.

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