EL DUALISMO CUERPO Y ALMA EN LA EDUCACIÓN FÍSICA: ANÁLISIS
DE LAS IDEAS DE JOSÉ MARÍA CAGIGAL
Felipe Nicolás Mujica Johnson
Doctorando en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.
Universidad Politécnica de Madrid. España.
Email:
[email protected] Web: https://orcid.org/0000-0002-6956-2357
RESUMEN
Este ensayo aborda uno de los temas filosóficos más antiguas que presenta la
filosofía occidental, en concreto, la discusión sobre el dualismo cuerpo y alma.
Precisamente este tema se trasladará a un campo del saber específico, que es el
de la educación física, ya que se encuentra directamente vinculado y también
afectado, con las diferentes interpretaciones de dicha temática. Así, se analizó la
perspectiva cuerpo-alma en las ideas pedagógicas y filosóficas de José María
Cagigal, un destacado representante español de aquel campo de estudio. El
análisis permitió identificar que Cagigal sostiene la importancia del cuerpo humano
en su carácter antropológico. Además, distingue una dimensión espiritual que cada
persona puede enriquecer, de modo que no reduce la existencia humana a su
realidad física y a su vez, opone lo corporal y lo espiritual. Por consiguiente, se
concluye que Cagigal contribuye a la importancia del cuerpo en una formación
humana integral, aunque funda sus ideas en un dualismo semejante a la idea
cartesiana.
PALABRAS CLAVE:
Educación integral; corporalidad; espiritualidad; motricidad; educación física.
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INTRODUCCIÓN.
No puedo perdonar a Descartes; bien hubiera querido, en toda su filosofía,
poder prescindir de Dios; pero no ha podido evitar el hacerle dar un
papirotazo para poner el mundo en movimiento; después de esto, no le
queda sino hacer de Dios (Pascal, 1967, p. 27).
En este ensayo se abordará una de las discusiones más antiguas que se han
producido en torno a la filosofía occidental, precisamente sobre la dualidad
cuerpo-alma, la cual es tan “antigua como el nacimiento mismo de la filosofía, es
un binomio que resume consigo enfrentamientos fecundos sobre los que se reúnen
tradiciones, disputas y relatos que hoy todavía reverberan en la inquietud de
cualquier hombre” (Garrocho, 2016, p. 167). Esta discusión será trasladada al ámbito
pedagógico de la Educación Física, en función de la perspectiva de uno de sus
principales exponentes del siglo XX. No obstante, antes de entrar en aquel terreno
teórico se hará un sintetizado repaso histórico sobre algunas de las principales ideas
que ha dejado la compleja labor filosófica.
En palabras del antiguo filósofo griego, Platón, se encuentran diferentes
argumentos de que la existencia humana trasciende la naturaleza o la realidad
material, de modo que tendría una sustancia inmaterial. Esta sustancia ha sido
denominada alma y representa la causa intrínseca de su existencia (Aristóteles,
2017). Así, en el diálogo Fedón, Platón (2002), discípulo de Sócrates y maestro de
Aristóteles, estableció un dualismo metafísico que distingue en forma independiente
el cuerpo y el alma, además presentó diferentes motivos a favor de la inmortalidad
y la transmigración de esta última sustancia. En este dualismo el cuerpo es
presentado “como el sujeto de las emociones, y el responsable de la percepción
sensorial; mientras que el alma es presentada como el sujeto de la facultad
privilegiada del entendimiento” (Echenique, 2018, p. 56). Siguiendo estas ideas, en
el siglo XVII, el filósofo francés Descartes (2011) publica su obra en la que reduce el
alma humana al pensamiento o la razón, y al mismo tiempo desprecia la función
del cuerpo, que se traduce a un rol secundario y subordinado de la vida humana.
Asimismo, esta filosofía racionalista tuvo gran influencia en las interpretaciones
pedagógicas y su impacto queda todavía reflejado en la educación formal
contemporánea. Precisamente en el ámbito de la Educación Física, influyó en el
desarrollo de una perspectiva desubjetivizada del cuerpo humano (Vicente, 2010),
la cual lo entiende como una máquina movida desde el interior, de modo que
suscitó en la asignatura un enfoque mecanicista (Contreras, 1998).
Con un diferente sentido, Aristóteles distinguió la existencia del alma y del
cuerpo, pero se diferencia de la idea platónica en que considera que dichos
aspectos de lo humano se integran y forma una unidad (Aristóteles, 2017). En este
sentido aristotélico, el aspecto racional (pensamientos o ideas) e irracional
(pasiones o emociones) formarían una unidad (Casado y Colomo, 2006). Esta idea
de unidad cuerpo-alma se denomina hilemorfismo, la cual sostiene que “no
podemos pensar el alma sin un cuerpo que la albergue, como tampoco podemos
pensar en un cuerpo sin un alma” (Espinoza y Díaz, 2011, p. 149). En otras palabras,
en el hilemorfismo “la unión de la materia y de la forma dan lugar a la substancia,
esto es, al individuo concreto y existente” (Palau, 2009, p. 243). Esta teoría
aristotélica es catalogada por algunos autores como monista al distanciarse
evidentemente del clásico dualismo platónico (Espinoza y Díaz, 2011; Palau, 2009).
Sin embargo, también se ha señalado que no existe claridad para clasificar el
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hilemorfismo aristotélico, ya que “la complejidad de su descripción del alma y el
cuerpo han impedido concluir de un modo tajante su adscripción a un modelo
ortodoxamente monista o dualista” (Garrocho, 2016, p. 168).
Uno de los filósofos contemporáneos que trató de resolver las diferencias
filosóficas sobre dicha temática, es el alemán Max Scheler, por medio de su
dualismo antropológico vida-espíritu. Así, Scheler (1966, 2000, 2005) rechaza
tajantemente la teoría monista que niega la esencia espiritual del ser humano,
aquella que lo hace trascender la naturaleza o la vida. Por consiguiente, plantea
que el espíritu es un principio que hace único al ser humano y no puede reducirse al
proceso evolutivo natural de la vida. Entonces, este principio espiritual que haría
único al hombre es ajeno a los aspectos que pueden ser denominados vitales o
propios de la vida, por lo tanto, ajeno a su realidad psicofísica, ya que “no puede
reducirse a la "evolución natural de la vida", sino que, si ha de ser reducido a algo,
sólo puede serlo al fundamento supremo de las cosas, o sea, al mismo fundamento
del que también la "vida" es una manifestación parcial” (Scheler, 2000, p. 54). Con
respecto a la posición de Scheler frente al dualismo cartesiano, Sánchez-Migallón
(2008) plantea que coincide en el punto de que el ser humano contiene un principio
irreductible al plano vital (principio espiritual), no obstante, la considera mal
planteada, “porque parte de un dualismo que resulta de una comprensión falsa de
lo corporal” (p. 342). Por lo tanto, queda claro que desde la perspectiva scheleriana
el alma o espíritu humano no se reduciría a lo cognoscible, como señalan los
clásicos dualismos (De la Cruz, 2004). Así, en resumen, “el espíritu es pues una
realidad aparte de la vida” (Suances, 2002, p. 33).
Frente al dualismo cartesiano, Scheler (2000) plantea que Descartes introdujo
en la conciencia occidental graves errores sobre la naturaleza humana y esto se
evidencia en los distintos descubrimientos científicos sobre la asociación cuerpo-
mente y la autonomía de los aspectos racionales (representaciones conscientes) e
irracionales (impulsos y afectos) de lo humano. Una obra que trata en profundidad
la integración entre la dimensión racional y afectiva, es la de Damasio (1996), que
en particular enfatiza “que los sentimientos ejercen una poderosa influencia en la
razón, que los sistemas cerebrales de los primeros están enredados en lo que
necesita la segunda; y que dichos sistemas específicos están entretejidos con los
que regulan el cuerpo” (p. 273). Así, Scheler (2000) desmiente la existencia de un
alma sustancial ubicada en algún punto del cuerpo humano, del mismo modo lo
hace con la idea de que lo psíquico se reduce a la conciencia. En consecuencia,
dicho filósofo alemán manifiesta que no existe un nexo entre la forma corporal y
psíquica del ser humano, porque serían la misma vida manifestada de diferentes
formas. Precisamente con la superación del cuerpo máquina, se reivindica la vida
impulsiva y afectiva que había sido relegada del ámbito psíquico, de modo que los
procesos de la vida fisiológica y de la vida psíquica, serían ontológicamente
idénticos. Por consiguiente, la dualidad cuerpo y alma es una falsa antítesis óntica,
ya que la verdadera antítesis óntica en el ser humano, es la de “espíritu y vida”
(Scheler, 2000, p. 115). Lo anterior es explicado por Sánchez-Migallón (2008) de la
siguiente forma:
El organismo vivo no se mueve por una suerte de interacción causal entre dos
principios, pasivo uno y activo el otro. El dinamismo vital puede observarse,
describirse y definir sus grados, pero no —a costa de destruirlo—
descomponerse disecándolo para intentar después recomponerlo
explicativamente. Hay que contar con el impulso vital como un dato
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originario presente tanto en la dimensión psíquica como en la corporal de
una y la misma vida (p. 345).
Aquel principio espiritual fue descrito por Scheler (2000) por medio de sus
características, que serían las siguientes: a) libertad; b) objetividad; y c) actualidad
pura. En cuanto a la participación que tiene el espíritu en la vida misma del hombre,
Scheler (2000) expresa que se produce a través de un centro de actos que
denominó persona y describe como un “centro activo en que el espíritu se
manifiesta dentro de las esferas del ser finito, a rigurosa diferencia de todos los
centros funcionales "de vida", que, considerados por dentro, se llaman también
centros "anímicos”” (p. 55). La diferencia entre la persona y el yo psíquico es
fundamental para el sistema scheleriano, ya que “la persona no tiene nada de
empírico ni es susceptible de aprehenderse empíricamente. Tampoco es sustancia
ni ente sustancial; es simplemente la unidad concreta de todos los actos del espíritu
en el hombre” (Suances, 2002, p. 37).
A partir de las ideas mencionadas en torno al cuerpo y al alma humana, en
las que se introdujo a importantes filósofos occidentales, se dará lugar a las ideas de
un importante pedagogo y filósofo de la actividad física y del deporte. Se hace
referencia al español José María Cagigal Gutiérrez (1928, Bilbao - 1983, Madrid), que
fue fundamental en la dignificación intelectual de la Educación Física española. Sus
contribuciones fueron de carácter pedagógico, filosófico y también político,
liderando importantes procesos sociales sobre actividad física y deporte a nivel
nacional e internacional. Entre sus principales obras que favorecieron a la
Educación Física, destacan sus diferentes ensayos y su participación fundamental
en la creación del primer Instituto Nacional de Educación Física (INEF) en España,
que con el tiempo se transformó en una Facultad de Ciencias de la Actividad Física
y del Deporte, indexada a la Universidad Politécnica de Madrid. En cuanto a los
campos del saber y la figura de José María Cagigal, Olivera (2006) manifiesta lo
siguiente:
Las contribuciones de José María Cagigal en el campo del saber, podemos
convenir que analiza el deporte y la educación física desde la
pluridisciplinariedad de las ciencias sociales y/o humanas: la filosofía, la
psicología, la psicopedagogía, la sociología, la prospectiva y la
epistemología. A pesar de ser considerado como un filósofo y un pedagogo,
nuestro autor no puede ser encasillado profesionalmente en ninguna de las
disciplinas consignadas, ni perteneció a ninguna corriente o tendencia
ideológica ni política declarada. Ante todo, fue un humanista que se valió de
las distintas ciencias humanas y las aplica al deporte y a la educación física,
a través de la interpretación filosófica (p. 212).
Luego de haber introducido, tanto la temática de análisis como al autor que
será objeto de estudio, se agrega el objetivo de este ensayo, que es analizar el
dualismo cuerpo-alma o también denominado, cuerpo-espíritu, en las ideas
pedagógicas y filosóficas de José María Cagigal.
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1. LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DEL SER HUMANO EN CAGIGAL
En el contexto de la Educación Física, la dualidad cuerpo-alma carece de
popularidad o en otras palabras, es una idea que ha generado el rechazo de una
importante parte de la academia especializada en dicha área de estudio. Esta
situación es comprensible, debido al largo periodo de desprecio que se generó
hacia lo corporal, teniendo como punto de partida el dualismo cartesiano (Canales
y Rey, 2008). Esta situación histórica incluso ha producido que diferentes autores
tomen distancia o critiquen cualquier dualismo, sin siquiera especificar a qué tipo
de dualismo se refieren. Así, se ha fundamentado la idea de que la única salida a
esta crisis epistemológica, es cerrar las posibilidades a cualquier dualismo asociado
a la asignatura, de modo que además de resignificar los conceptos de cuerpo y
movimiento, se debe lograr “la adhesión a una concepción filosófica y
antropológica distinta a la dualista” (Renzi, 2009, p. 1). Asimismo lo plantean
Canales y Rey (2008), al señalar que una concepción filosófica monista puede
otorgar una visión holística del ser humano, ignorando que una concepción dualista
distinta a la cartesiana, como la de Scheler (2000) o de la filósofa alemana Edith
Stein (Stein, 2007; Taubenschlag, 2014), también lo logra. En resumen, el anhelo
desde la academia de Educación Física es que la educación formal en occidente
supere el dualismo cartesiano que establece una falsa división de lo psíquico y lo
corporal, potenciando de esta forma “una pedagogía que trata al ser humano en
toda su realidad, única y distintiva, que puede ser capaz de adentrarse en la
subjetividad misma de cada persona” (Lagardera y Lavega, 2011, p. 27).
Sobre las consecuencias negativas del dualismo cartesiano para el ámbito
corporal y el desarrollo de la Educación Física en la educación occidental, J.M.
Cagigal tenía plena conciencia. Así, Cagigal (1979) en su obra que aborda el tema
de la cultura física y la cultura intelectual, manifiesta su preocupación por la
inclinación de los sistemas educativos a un hiper-desarrollo de la educación
intelectual y en particular, de la adquisición de conocimientos que deriva en la
acumulación de información. Por esta razón, se aprecia una intención de superar
esta exagerada inclinación hacia la educación del ámbito intelectual por sobre la
educación del ámbito físico. No obstante, de acuerdo con Gallo (2007), Cagigal a
pesar de ser un pensador postcartesiano presenta una conformidad con el
concepto tradicional del cuerpo humano, al mantener una visión dicotómica que lo
separa del pensamiento. Y, en cuanto a la noción de cuerpo que aporta, sería la del
cuerpo educado, de modo “que plantea la educación del cuerpo para el alma” (p.
9).
La interpretación de Gallo (2007) es cierta, ya que para Cagigal (1979) la
persona conoce y se relaciona durante toda su vida con el mundo a partir de su
corporalidad, de modo que su existencia se desarrolla en, con, desde y a través de
su cuerpo. Por lo tanto, señala que el ser humano tiene un cuerpo, pero además es
un cuerpo. Justamente, al reconocer que lo humano esencialmente se identifica
con lo corporal, parecería que marca una distancia con el dualismo cartesiano y a
su vez se acercaría a una posición monista. Sin embargo, aquella idea parece no
representar su concepción filosófica de lo humano, ya que en reiteradas ocasiones
enfatiza que el hombre tampoco se limita o reduce al cuerpo, señalando que es
más que ser cuerpo. Y su necesidad para que la existencia del hombre no se
reduzca a lo corporal, radica en la diferenciación entre el ser humano y los demás
animales.
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Esta diferencia con los animales superiores se expresa en el principio de
libertad de las personas, que a diferencia de ellos puede emanciparse de los
dictados instintivos del cuerpo. Así, el hombre en su experiencia terrenal estaría
obligado a estar en el cuerpo y a ser corporal, pero antropológicamente tiene la
posibilidad de ser más que su cuerpo, por medio de la reflexión, la conciencia, la
crítica, el afecto o la experimentación. En este principio de libertad que alude
Cagigal, se puede desvelar una leve semejanza entre sus ideas y las de Scheler,
quien indica que la libertad es una característica del espíritu. En forma más amplia,
Scheler (2000) señala lo siguiente:
La propiedad fundamental de un ser "espiritual" es su independencia, libertad
o autonomía existencial—o la del centro de su existencia—frente a los lazos y
a la presión de lo orgánico, de la "vida", de todo lo que pertenece a la "vida"
y por ende también de la inteligencia impulsiva propia de ésta. Semejante
ser "espiritual" ya no está vinculado a sus impulsos, ni al mundo circundante,
sino que es "libre frente al mundo circundante", está abierto al mundo, según
expresión que nos place usar. Semejante ser espiritual tiene "mundo" (p. 55).
Siguiendo con las ideas que Cagigal (1979) plantea sobre el hombre y su
cuerpo, destaca una dimensión que en diferentes ocasiones menciona como
posibilidad humana. Esta dimensión a la que alude, es la del espíritu, ya que para
este filósofo español el ser humano posee una realidad espiritual que puede
enriquecer, lo cual se encontraría totalmente asociado al proceso educativo. E
incluso, este autor destaca la integración del ámbito corporal y espiritual que han
realizado diferentes tradiciones orientales, como por ejemplo, en la práctica del
yoga. Y culpa a la sociedad industrializada y a la cultura hiper-intelectualista, de
atentar contra el cultivo equilibrado de lo corporal y lo espiritual en las personas.
Esta convicción de Cagigal a considerar el ámbito espiritual, se podría justificar en
parte por la doctrina filosófica a la que adhiere, “cimentada en el humanismo
cristiano teñido de personalismo, que le llevó a configurar su particular humanismo
deportivo” (Olivera, 1998, p. 11). En lo que respecta a la ideología e inspiración
cristiana de Cagigal, podemos apreciar la semejanza con James Naismith, que bajo
la misma inspiración aportó notablemente al humanismo del deporte y en concreto,
por medio del sentido moral que otorgó al baloncesto (Mujica, 2019a).
Como se ha expresado anteriormente, el autor estudiado se manifiesta a
favor de la existencia de una dualidad corporal y espiritual, señalando que “en la
persona existen dos ingredientes (sean éstos materia y forma, partes esenciales,
energía y expresión, extensión y pensamiento, según terminologías de diversas
escuelas!, uno espiritual y otro físico. La educación debe atender a ambos”
(Cagigal, 1984, p. 50). A partir de esta idea queda claro que la intención de Cagigal
es la de destacar la dualidad entre el cuerpo y el espíritu, lo cual refleja su
proximidad con el dualismo cartesiano. A pesar de su falta de precisión respecto a
lo que considera espiritual, esto no impide poder identificar su posición metafísica
con respecto a la relación del hombre, su cuerpo y su espíritu, ya que como se verá
en el siguiente apartado, es claro en separar lo corporal de lo intelectual. Por lo
tanto, perfectamente pudo haber contrapuesto el espíritu con el intelecto, lo cual no
es parte de sus ideas. Sin embargo, a pesar de contraponer el espíritu solamente a
lo corporal, por medio de sus obras rescata la importancia de la realidad corporal
en la educación del ser humano. Por esta razón, en el siguiente apartado se
abordará desde la perspectiva de Cagigal la inalienable importancia del ámbito
corporal en la educación integral del ser humano. Y también se aprovechará de
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analizar su posición metafísica sobre el hombre.
2. EDUCACIÓN DE LA TOTALIDAD HUMANA EN LA EDUCACIÓN FÍSICA
El ámbito físico al que alude la asignatura Educación Física, ha pasado por
diferentes interpretaciones, pero en la época contemporánea marcada por una
postura postcartesiana, su significado en la filosofía es bastante más amplio
comparado a la antigüedad. Una interpretación bastante amplia de lo corporal, es
la que describe el filósofo español Zubiri (1962), entendiendo lo físico de la siguiente
forma:
Lo físico, pues, no se limita hoy a lo que hoy llamamos “física”, sino que
abarca también lo biológico y lo psíquico. Los sentimientos, las intelecciones,
las pasiones, los actos de voluntad, los hábitos, las percepciones, etc., son
algo “físico” en este estricto sentido (p. 11).
Por su parte, Cagigal (1981), no se caracteriza por dar un amplio concepto de
lo corporal, pero sí por defender la importancia de lo corporal en la educación
formal y también de la constitución física-espiritual del hombre. Así, distingue lo
corporal de la facultad intelectual y moral de cada persona, expresándolo de la
siguiente forma:
No se trata de reducir al hombre a solo cuerpo o actividad física; esto sería
retrotraerlo a cosmologismo o materialismo grosero. Precisamente se intenta
descubrir la dignidad corporal en su más elevada especificidad humana. El
deporte es fundamentalmente actividad del hombre completo (p 83).
Precisamente, este filósofo español clarifica que por lo físico del ser humano,
se entiende “su constitución y naturaleza, y en segunda acepción por el aspecto
exterior de una persona” (Cagigal, 1984, p. 51). En este sentido, Cagigal (1979),
revindica el cuerpo y el movimiento como dos realidades antropológicas
fundamentales en la vida del ser humano y, por consecuente, en su educación. De
este modo, plantea que ambas realidades han de ser fundamentales para los
programas curriculares de esta disciplina académica y, a su vez, debe tener un
espacio relevante en los sistemas educativos de las diferentes naciones. Aquellos
planes curriculares de Educación Física pueden variar en función de múltiples
factores histórico-culturales, pero no deben perder de vista los siguientes tres
aspectos: a) Contribuir a los aprendizajes concretos de la disciplina; b) Aportar a la
cultura física de la sociedad por medio de la adquisición del hábito de practicar
actividad física y/o deportiva; y c) Convencer a la población, a nivel intelectual,
sobre el bien que produce aquella cultura física a nivel individual y colectivo.
Además, para contribuir al desarrollo de una adecuada cultura física en la
sociedad, sería fundamental modificar la desvalorización social y pedagógica que
se ha construido en torno a esta asignatura, de modo que habría que dotarla de
relevantes fundamentos pedagógicos, humanistas y sociológicos, partiendo por la
formación de su cuerpo docente. En síntesis, Cagigal (1984) manifiesta que la
Educación Física es la encargada en la educación de atender “primariamente su
constitución física, su destreza, armonía de movimientos, agilidad, vigor, resistencia,
etc.” (p. 51).
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Esta distinción que Cagigal establece entre lo físico y lo intelectual, sumada a
la división cuerpo-espíritu, ratifica la proximidad a una posición metafísica
cartesiana en sus ideas, debido a que no consiste en contraponer la vida psicofísica
del hombre a la espiritual. Asimismo, esta posición en ningún caso se orienta a
excluir el ámbito intelectual de la Educación Física, más aún, cuando este reconoce
una inteligencia que es propia de esta disciplina, que es la inteligencia motriz, la
cual se desarrolla teniendo como base el ámbito corporal (Cagigal, 1975). En
relación a lo mismo, Rodríguez (1994) plantea que la teoría pedagógica de Cagigal
se caracteriza por fundamentar una educación integral por medio del movimiento,
ya que “el deporte es actividad del hombre completo, no simple actividad corporal;
se ponen en juego elementos éticos e intelectuales” (p. 112). Dado que el ser
humano vive a través de su cuerpo, Cagigal (1979), señala que es una obligación
social propiciar una Educación Física que otorgue a las personas la posibilidad de
conocerse, atenderse, cuidarse y cultivarse corporalmente, lo cual en ningún caso
se traduciría en propiciar un absurdo narcisismo. Precisamente en este auto-valorar
y apreciar el cuerpo, se refiere también al placer funcional que implica el
movimiento y la actividad física, aspecto fundamental para la posterior formación
del hábito de una cultura física. Asimismo, también las personas podrán
relacionarse con el displacer que puede llegar a producir tales actividades
corporales. Pero las finalidades de esta asignatura deben orientarse a la totalidad
del ser humano, de modo que requieren también atender los aspectos morales e
intelectuales. En este sentido, J.M Cagigal destaca por valorar el aspecto moral en
la Educación Física, lo cual es coherente con la idea de enmarcar las emociones
del alumnado durante los procesos pedagógicos en un marco ético (Marina, 2005;
Maturana y Nisis, 1997; Mujica, 2019b; Prieto, 2018; Quintana, 1998) y en particular,
en el contexto de Educación Física (Castejón, 2005; Gaviria y Castejón, 2013;
Lagardera y Lavega, 2011; Mujica, 2018; Mujica, Orellana y Canepa, 2018). Sobre
dicha importancia de concretar una educación que atienda la totalidad humana,
Cagigal (1984) manifiesta lo siguiente:
La educación no puede reducirse a un cúmulo de enseñanzas -pedado
intelectualista de nuestra tradición occidental-, ni basta la adición de hábitos
de voluntad, aunque todo ello esté regido por sanos criterios de vida. La
educación debe atender a toda la persona. Debe, pues, partir de un
concepto de la persona humana (p. 50).
Por medio de estos argumentos, Cagigal (1979) defiende que si bien la
educación abarca más que lo corporal, esta no puede abandonar dicha dimensión
por ser parte de la naturaleza humana, la cual tiene un papel fundamental en la
adaptación al medio físico (espacial) y a la integración en el mundo social,
haciendo énfasis en el lenguaje corporal. Por esa razón, por excelencia la
Educación Física debe encargarse de la educación sensorial, perceptiva, motriz y
propioceptiva (Cagigal, 1984).
Hasta este momento se ha dejado claro que nuestro pedagogo y filósofo
español defiende notablemente la importancia del cuerpo en la educación general
del ser humano. Pero ahora finalizaremos, con una más explícita alusión a la
integralidad que este autor otorga a la Educación Física, incluso señalando que se
erige como la más fundamental del proceso educativo formal. Y en esto deja claro
que la Educación Física no puede reducirse al ámbito físico, porque el ser humano
es por esencia un ser que trasciende la realidad física, y producto de ello, es que
requiere hacerse cargo de la totalidad de aspectos que integran lo humano. Por
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consiguiente, Cagigal (1979) sostiene que la inteligencia, la voluntariedad, la
conciencia y la vivencia humana es la primera base antropológica de la Educación
Física, ya que por medio de ellas se lograría concretar la humanización del ejercicio
físico. Además, debido a que la constitución natural del ser humano es física, indica
que hasta el más elevado y metafísico ejercicio mental es corporatizado, de modo
que por esa razón la Educación Física se convierte en la principal formación del ser
humano.
3. CONCLUSIÓN
Con base al objetivo planteado en este ensayo, se concluye en primera
instancia que para Cagigal existe una dualidad entre el cuerpo y el alma, siendo
esta última una dimensión superior a la primera, por lo que el ser humano debe
aspirar enriquecerla por medio de su formación física. Además, a pesar de que
revindica la importancia antropológica del cuerpo humano y su participación en la
contribución al desarrollo espiritual, manifiesta un dualismo cuerpo-alma semejante
a la interpretación cartesiana. Esto queda en evidencia cuando enfrenta
exclusivamente y en forma aislada, el cuerpo y el alma, prescindiendo de enfrentar
el ámbito intelectual con el alma.
En una segunda instancia, se concluye que para Cagigal la educación
integral es la más coherente con la naturaleza humana, destacando la Educación
Física como la más sustancial por abordar lo humano en su totalidad. Por
consiguiente, defiende que esta asignatura tiene la posibilidad de cultivar y
humanizar lo corporal, que constituye la base de toca actividad sociocultural.
Finalmente, a pesar de su breve ontología espiritual, es un gran aporte que este
pedagogo y filósofo argumentara que la Educación Física se presenta como una
disciplina fundamental para enriquecer espiritualmente a la humanidad.
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Fecha de recepción: 8/6/2019
Fecha de aceptación: 24/6/2019
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