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Sor Juana Inés de La Cruz (Video, Corpus de Poemas y Fragmentos)

Este documento contiene varios poemas y fragmentos escritos por Sor Juana Inés de la Cruz, una monja, poetisa y escritora mexicana del siglo XVII. Los poemas tratan temas como la crítica a la doble moral hacia las mujeres, reflexiones filosóficas sobre conceptos como la luz, el fuego y la naturaleza, así como poemas de amor y devoción.

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Sor Juana Inés de La Cruz (Video, Corpus de Poemas y Fragmentos)

Este documento contiene varios poemas y fragmentos escritos por Sor Juana Inés de la Cruz, una monja, poetisa y escritora mexicana del siglo XVII. Los poemas tratan temas como la crítica a la doble moral hacia las mujeres, reflexiones filosóficas sobre conceptos como la luz, el fuego y la naturaleza, así como poemas de amor y devoción.

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-Sor Juana Inés de la Cruz-

Biográfica: https://www.youtube.com/watch?
v=gPranNMoHdU
<Redondillas>
Sor Juana Inés de la Cruz

Hombres necios que acusáis 


a la mujer sin razón, 
sin ver que sois la ocasión 
de lo mismo que culpáis.
Si con ansia sin igual  
solicitáis su desdén, 
¿por qué queréis que obren bien 
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia 
y luego con gravedad  
decís que fue liviandad 
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo 
de vuestro parecer loco 
al niño que pone el coco  
y luego le tiene miedo.
Queréis con presunción necia 
hallar a la que buscáis, 
para pretendida, Tais, 
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro 
que el que, falto de consejo, 
él mismo empaña el espejo 
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén 
tenéis condición igual, 
quejándoos, si os tratan mal, 
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana, 
pues la que más se recata, 
si no os admite, es ingrata, 
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis 
que con desigual nivel 
a una culpáis por cruel 
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada 
la que vuestro amor pretende, 
si la que es ingrata ofende 
y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena 
que vuestro gusto refiere, 
bien haya la que no os quiere 
y queja enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas 
a sus libertades alas 
y después de hacerlas malas 
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido 
en una pasión errada: 
la que cae de rogada 
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar, 
aunque cualquiera mal haga: 
la que peca por la paga  
o el que paga por pecar?
¿Pues para qué os espantáis 
de la culpa que tenéis? 
Queredlas cual las hacéis 
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar 
y después con más razón 
acusaréis la afición 
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo  
que lidia vuestra arrogancia, 
pues en promesa e instancia 
juntáis diablo, carne y mundo.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
-

La Sentencia del Justo

Firma Pilatos la que juzga ajena


Sentencia, y es la suya. ¡Oh caso fuerte!
¿Quién creerá que firmando ajena muerte 
el mismo juez en ella se condena?

La ambición de sí tanto le enajena


Que con el vil temor ciego no advierte
Que carga sobre sí la infausta suerte,
Quien al Justo sentencia a injusta pena.

Jueces del mundo, detened la mano,


Aún no firméis, mirad si son violencias
Las que os pueden mover de odio inhumano;

Examinad primero las conciencias,


Mirad no haga el Juez recto y soberano
Que en la ajena firméis vuestras sentencias

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Excusándose de un Silencio...
Pedirte, señora, quiero
De mi silencio perdón,
Si lo que ha sido atención,
Le hace parecer grosero.

Y no me podrás culpar
Si hasta aquí mi proceder,
Por ocuparse en querer
Se ha olvidado de explicar.

Que en mi amorosa pasión


No fue descuido ni mengua
Quitar el uso a la lengua
Por dárselo al corazón.

Ni de explicarme dejaba, 
Que como la pasión mía
Acá en el alma te hablaba

Y en esta idea notable


Dichosamente vivía;
Porque en mi mano tenía
El fingirte favorable.

Con traza tan peregrina


Vivió mi esperanza vana
Pues te puedo hacer humana
Concibiéndote divina.
¡Oh, cuan loco llegué a verme
en tus dichosos amores,
que aun fingidos tus favores
pudieron enloquecerme!

¡Oh, cuán loco llegué a verme


en tus dichosos amores,
que aun fingidos tus favores
pudieron enloquecerme!

¡Oh, cómo en tu Sol hermoso


mi ardiente afecto encendido,
por cebarse en lo lúcido,
olvidó lo peligroso!

Perdona, si atrevimiento
Fue atreverme a tu ardor puro;
Que no hay Sagrado seguro
De culpas de pensamiento.

De esta manera engañaba 


La loca esperanza mía,
Y dentro de mí tenía
Todo el bien que deseaba.

Mas ya tu precepto grave


Rompe mi silencio mudo;
Que él solamente ser pudo
De mi respeto la llave.

Y aunque el amar tu belleza


Es delito sin disculpa,
Castíguense la culpa
Primero que la tibieza.

No quieras, pues, rigurosa,


Que estando ya declarada,
Sea de veras desdichada
Quien fue de burlas dichosa.

Si culpas mi desacato,
Culpa también tu licencia; 
Que si es mala mi obediencia,
No fue justo tu mandato.

Y si es culpable mi intento,
Será mi afecto preciso;
Porque es amarte un delito
De que nunca me arrepiento.

Esto en mis afectos halló,


Y más, que explicar no sé;
Mas tú, de lo que callé,
Inferirás lo que callo.

Procura desmentir los elogios


Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido:
es un vano artificio del cuidado;
es una flor al viento delicada;
es un resguardo inútil para el hado;
es una necia diligencia errada;
es un afán caduco, y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
-------------------------------------------------------------------------------------------

Poemas filosóficos (Fragmentos)


Si el Agua (que es quien al Fuego
diametralmente se opone,
porque, como húmeda y fría,
es en todo desconforme
al Fuego, cálido y seco)
vencida se reconoce,
¿qué hará la Tierra, que aunque
en una calidad logre
(que es la fría) el defenderse,
con la seca es tan conforme
al Fuego, que si, invadida,
a resistir se dispone,
con una mano lo aparta
y con la otra lo acoge?

Y argumento en esta

La luz, primero que el Sol,


fue el primer día creada,
y después fue vinculada
a ese luciente Farol:
de modo que su arrebol,
después a su ardor unido,
fue un accidente añadido,
para que fuese luciente;
luego es esencia lo ardiente,
y accidente lo lucido.
Luego (si su ardor ha sido
su principal existencia,
en que consiste su esencia),
alumbrar y no encender,
no puede ser.

De la naturaleza
Ya que de la Primer
Causa
dispuso la Omnipotencia
que yo, como su segunda,
dominio absoluto tenga
en las obras naturales
(pues soy la Naturaleza
en común, a cuya docta
siempre operativa idea
se debe la dulce unión
de la forma y la materia),
yo soy quien hago que el
Mundo
tenga ser, haciendo, atenta
a que las especies vivan,
que los individuos
mueran;
y porque a la corrupción
la generación suceda,
hago corromper las cosas
para que rejuvenezcan

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-
MUESTRA A LA HERMOSURA EL EVIDENTE RIESGO DE
DESPRECIADA DESPUÉS DE POSEÍDA

*Glosa

      “Rosa que al prado, encarnada,


      te ostentas presuntuosa
      de grana y carmín bañada:
      campa lozana y gustosa;
      pero no, que siendo hermosa
      también serás desdichada.”

¿Ves, de tu candor, que apura


al Alba el primer albor?
Pues tanto el riesgo es mayor
cuanto es mayor la hermosura.
No vivas de ella segura:
que si consientes, errada,
que te corte mano osada
por gozar beldad y olor,
en perdiéndose el color
también serás desdichada.
¿Ves a aquél que más indicia
de seguro en su fineza?
Pues no estima la belleza
más de en cuanto la codicia.
Huye la astuta caricia;
que si, necia y confiada,
te aseguras en lo amada,
te hallarás después corrida;
que, en llegando a poseída,
también serás desdichada.
A ninguno tu beldad
entregues, que es sinrazón
que sirva tu perfección
de triunfo a su vanidad.
Goza la celebridad
común, sin verte empleada
en quien, después de lograda,
no te acierte a venerar;
que, en siendo particular,
también serás desdichada.

Sor Juana Inés de la Cruz

*La glosa es una forma poética en que un poema comenta o desarrolla otro poema,
usando líneas sucesivas del poema original como línea final de cada estrofa del poema
nuevo.

Fragmento de la Carta Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, 1


de marzo de 1692 , México.

Muy ilustre Señora, mi Señora: 

No mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos días mi


respuesta. ¿Qué mucho si, al primer paso, encontraba para tropezar mi torpe
pluma dos imposibles? El primero (y para mí el más riguroso) es saber
responder a vuestra doctísima, discretísima, santísima y amorosísima
carta. Y si veo que preguntado el Ángel de las Escuelas, Santo Tomás, de su
silencio con Alberto Magno, su maestro, respondió que callaba porque nada
sabía decir digno de Alberto, con cuánta mayor razón callaría, no como el
Santo, de humildad, sino que en la realidad es no saber algo digno de vos.
El segundo imposible es saber agradeceros tan excesivo como no esperado
favor, de dar a las prensas mis borrones: merced tan sin medida que aun se
le pasara por alto a la esperanza más ambiciosa y al deseo más fantástico; y
que ni aun como ente de razón pudiera caber en mis pensamientos; y en fin, de
tal magnitud que no sólo no se puede estrechar a lo limitado de las voces, pero
excede a la capacidad del agradecimiento, tanto por grande como por no
esperado, que es lo que dijo Quintiliano: Minorem spei, maiorem benefacti
gloriam pereunt. Y tal que enmudecen al beneficiado.

Cuando la felizmente estéril para ser milagrosamente fecunda, madre del


Bautista vio en su casa tan desproporcionada visita como la Madre del Verbo,
se le entorpeció el entendimiento y se le suspendió el discurso; y así, en vez de
agradecimientos, prorrumpió en dudas y preguntas: Et unde hoc mihi? ¿De
dónde a mí viene tal cosa? Lo mismo sucedió a Saúl cuando se vio electo y
ungido rey de Israel: ¿Numquid non filius Iemini ego sum de minima tribu
Israel, et cognatio mea novissima inter omnes de tribu Beniamin ? ¿Quare
igitur locutus es mihi sermonem istum? Así yo diré: ¿de dónde, venerable
Señora, de dónde a mí tanto favor? ¿Por ventura soy más que una pobre
monja, la más mínima criatura del mundo y la más indigna de ocupar vuestra
atención? ¿Pues quare locutus es mihi sermonem istum? ¿Et unde hoc mihi?

Ni al primer imposible tengo más que responder que no ser nada digno de
vuestros ojos; ni al segundo más que admiraciones, en vez de gracias, diciendo
que no soy capaz de agradeceros la más mínima parte de lo que os debo. No es
afectada modestia, Señora, sino ingenua verdad de toda mi alma, que al llegar
a mis manos, impresa, la carta que vuestra propiedad llamó Atenagórica,
prorrumpí (con no ser esto en mí muy fácil) en lágrimas de confusión, porque
me pareció que vuestro favor no era más que una reconvención que Dios hace a
lo mal que le correspondo; y que como a otros corrige con castigos, a mí me
quiere reducir a fuerza de beneficios. Especial favor de que conozco ser su
deudora, como de otros infinitos de su inmensa bondad; pero también especial
modo de avergonzarme y confundirme: que es más primoroso medio de castigar
hacer que yo misma, con mi conocimiento, sea el juez que me sentencie y
condene mi ingratitud. Y así, cuando esto considero acá a mis solas, suelo decir:
Bendito seáis vos, Señor, que no sólo no quisisteis en manos de otra criatura el
juzgarme, y que ni aun en la mía lo pusisteis, sino que lo reservasteis a la
vuestra, y me librasteis a mí de mí y de la sentencia que yo misma me daría
--que, forzada de mi propio conocimiento, no pudiera ser menos que de
condenación--, y vos la reservasteis a vuestra misericordia, porque me amáis
más de lo que yo me puedo amar (…)

***

Prosiguiendo en la narración de mi inclinación, de que os quiero dar


entera noticia, digo que no había cumplido los tres años de mi edad
cuando enviando mi madre a una hermana mía, mayor que yo, a que se
enseñase a leer en una de las que llaman Amigas, me llevó a mí tras ella
el cariño y la travesura; y viendo que la daban lección, me encendí yo
de manera en el deseo de saber leer, que engañando, a mi parecer, a la
maestra, la dije que mi madre ordenaba me diese lección. Ella no lo
creyó, porque no era creíble; pero, por complacer al donaire, me la dio.
Proseguí yo en ir y ella prosiguió en enseñarme, ya no de burlas, porque
la desengañó la experiencia; y supe leer en tan breve tiempo, que ya
sabía cuando lo supo mi madre, a quien la maestra lo ocultó por darle el
gusto por entero y recibir el galardón por junto; y yo lo callé,
creyendo que me azotarían por haberlo hecho sin orden. Aún vive la
que me enseñó (Dios la guarde), y puede testificarlo.

Yo, la Peor de Todas, Sor Juana Inés de la Cruz , 1 de marzo de


1692 en México.

La resistencia de Sor Juana: Una carta escrita por Sor Juana Inés de la Cruz a Sor
Filotea de la Cruz, el obispo de Puebla llamado Fernández de Santa Cruz cambiaría el curso
de su vida, en dicha carta criticaba un sermón del padre Vieyra, un jesuita portugués de
conocida trayectoria como teólogo. Además de que cuestionaba las distancias entre el amor
divino y el amor humano, lo celestial y lo terrenal. Así mismo, constituye un intenso ensayo
autobiográfico y declarativo de principios intelectuales, y que fue el principio de su fin en una
sociedad inquisitorial y patriarcal que no podía admitir la genial libertad de espíritu, sobre todo
en una mujer. El revuelo que originó esta carta terminó por volverse en su contra cuando el
obispo de Puebla, Sor Philotea, o Fernández de Santa Cruz, le instó a dejar las actividades
académicas y a dedicarse a las labores del convento. A pesar de que Sor Juana se defendió a
través de una carta donde reclamaba los derechos culturales de las mujeres y abogó por su
propio derecho a criticar el sermón y formar su propio pensamiento, terminó por obedecer y,
renunciando a sus instrumentos y a su biblioteca. Dedicándose por el resto de sus días a la
vida conventual. 

Josefina Ludmer: “Las tretas del débil” (Fragmentos)

“Se sabe que en la distribución histórica de afectos, funciones y facultades (transformada


en mitología, fijada en la lengua) tocó a la mujer dolor y pasión contra razón, concreto
contra abstracto, adentro contra mundo, reproducción contra producción; leer estos
atributos en el lenguaje y la literatura de mujeres es meramente leer lo que primero fue y
sigue siendo inscripto en un espacio social”

“Una posibilidad de romper el círculo que confirma la diferencia en lo socialmente


diferenciado es postular una inversión: leer en el discurso femenino el pensamiento
abstracto, la ciencia y la política, tal como se filtran en los resquicios de lo conocido.”

“La carta de Juana contiene, por lo menos, tres textos, es decir, trabaja en tres flancos diferentes:
1) lo que escribe directamente al Obispo; 2) lo que se ha leído como su autobiografía intelectual; y
3) la polémica sobre la sentencia de Pablo: callen las mujeres en la iglesia”

Podemos notar el dominio discursivo de Juana quien, mientras entabla una polémica que invierte
los lugares de sumisión y dominio al presentar una voz femenina capaz de cuestionar la voz del
poder, también traza su propia autobiografía intelectual y construye su mito de origen.

La autora se propone el estudio de:

“(…) La relación entre este espacio que esta mujer se da y ocupa, frente al que le otorga la
institución y la palabra del otro: nos movemos, también, en el campo de las relaciones
sociales y la producción de ideas y textos. Leemos en esta carta ciertas tretas del débil en
una posición de subordinación y marginalidad. Como se sabe, ésta es la respuesta a la
carta que le envió el Obispo de Puebla (con la firma de Sor Filotea de la Cruz), quien había
publicado por su cuenta un escrito polémico de Sor Juana (contra el sermón de Antonio de
Vieyra sobre las finezas de Cristo, un escrito teológico y polémico) con el título de Carta
Atenagórica. Juana responde y agradece esa publicación. Narra algunos episodios de su
vida ligados con su pasión por el saber, y finalmente polemiza sobre la interpretación de
una sentencia de San Pablo que dice: callen las mujeres en las iglesias, pues no les es
permitido hablar. La escritura de Sor Juana es una vasta máquina transformadora que
trabaja con pocos elementos; en esta carta la matriz tiene sólo tres, dos verbos y la
negación: saber, decir, no.”

“Modulando y cambiando de lugar cada uno de ellos en un arte de la variación permanente,


conjugando los verbos y transfiriendo la negación, Juana escribe un texto que elabora las
relaciones, postuladas como contradictorias, entre dos espacios (lugares) y acciones (prácticas):
una de las dos debe estar afectada por la negación si se encuentra presente la otra. Saber y decir,
demuestra Juana, constituyen campos enfrentados para una mujer; toda simultaneidad de esas
dos acciones acarrea resistencia y castigo.” (Enfrentamiento entre el SABER y el DECIR en la
situación de la mujer)

<<<ALGUNOS ASPECTOS SOBRE J. LUDMER>>>


DINÁMICA DEL SABER Y EL DECIR EN LA CARTA  Se debe callar el saber o
decir el no-saber (Es la única forma de evitar el castigo de un orden
opresivo como La Santa Inquisición)  La escritura del silencio es una forma
de resistencia. Se presentan las disculpas y las excusas como formas
desviadas de DECIR lo que no puede decirse.
*SOR JUANA ENCARNA EN SU LITERATURA EL PROBLEMA SOCIAL Y CULTURAL DEL ROL
DE LA MUJER, UN SUJETO OPRIMIDO Y LOCALIZADO DENTRO DE DETERMINADAS
FUNCIONES EN LA SOCIEDAD ESTAMENTAL DE LAS COLONIAS:

Para Ludmer, la mujer estaba (y en buena medida continúa estando) sujeta a


determinados valores y representaciones: lo sentimental y la pasión, no la razón y la
inteligencia; lo concreto y cotidiano, no lo abstracto y complejo, el adentro de la vida
privada y familiar, no el afuera del mundo y la intervención en la vida pública o la esfera
intelectual, etc.

Octavio Paz sobre “Hombres necios que acusáis”:


“El poema fue una ruptura histórica y un comienzo, por primera vez en la
historia de nuestra literatura una mujer habla en nombre propio, defiende a
su sexo y, gracias a su inteligencia, usando las mismas armas que sus
detractores, acusa a los hombres de los mismos vicios que ellos achacan a
las mujeres. En esto Sor Juana se adelanta a su tiempo: no hay nada
parecido, en el siglo XVII, en la literatura femenina de Francia, Italia e
Inglaterra.”
Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: FCE,
1982, págs. 399-400.

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