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La Finalidad de La Iglesia

El documento habla sobre la finalidad de la Iglesia. Explica que la Iglesia cumple el fin de dilatar el Reino de Dios de dos maneras: 1) En su estructura social, constituye el sacramento visible que lleva la salvación a todos. 2) Trabaja para el progreso en santidad de los fieles. La Iglesia es el germen y principio del reino de Dios en la tierra, siguiendo el ejemplo de pobreza y persecución de Cristo para anunciar el Evangelio.
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La Finalidad de La Iglesia

El documento habla sobre la finalidad de la Iglesia. Explica que la Iglesia cumple el fin de dilatar el Reino de Dios de dos maneras: 1) En su estructura social, constituye el sacramento visible que lleva la salvación a todos. 2) Trabaja para el progreso en santidad de los fieles. La Iglesia es el germen y principio del reino de Dios en la tierra, siguiendo el ejemplo de pobreza y persecución de Cristo para anunciar el Evangelio.
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2.

- LA FINALIDAD DE LA IGLESIA

En la unidad anterior señalábamos la necesidad de plantear nuestro acercamiento a la Doctrina


Social de la Iglesia desde el marco conceptual dado por la eclesiología del Concilio Vaticano II, y
nos centramos particularmente en las Constituciones Lumen Gentium y Gaudium et Spes. En esta
Unidad queremos acudir a ellas para indagar acerca de la finalidad de la Iglesia.

No nos olvidamos que nuestro objetivo es fundamentar la intervención de la Iglesia en materia


social; sin embargo, ¿no resultaría pobremente fundada la palabra de la Iglesia sobre lo social, si
no aclaramos primeramente cuál es la misión de la Iglesia? ¿Cómo saber de otra manera si al hablar
de Doctrina Social de la Iglesia nos movemos dentro de la voluntad de Jesucristo?

2.1. LA IGLESIA: GERMEN Y PRINCIPIO DEL REINO

El misterio de la santa Iglesia se manifiesta en su fundación. Pues nuestro SeñorJesús dio comienzo
a la Iglesia predicando la buena nueva, es decir, la llegada del reino de Dios[...], este reino brilla
ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo, [...] sobre todo, el reino
se manifiesta en la persona misma de Cristo. [...]

Por esto la Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y observando fielmente sus preceptos
de caridad, humildad y abnegación, recibe la misión de anunciar el reino de Cristo y de Dios e
instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino.
(LG 5)

La Iglesia recibe el don del Espíritu Santo de Jesús el Cristo, siendo ella quien lo difunde, pues
todo don lleva consigo un mandato, una misión. La Iglesia cumple su misión conservando fielmente
los preceptos de Jesucristo y estableciendo el reino entre la multitud de las naciones. Esta función
brota de su mismo ser, por lo que ella puede ser considerada, germen y principio de este reino en
la tierra.

Antes de continuar creemos importante plantear cuáles son las características de la relación entre
la Iglesia y el Reino. Pretender que el Reino de Dios pertenece únicamente al futuro, o reducirlo a
una actitud espiritual de sumisión a la soberanía divina, no es acertar en su naturaleza. La Iglesia
es este reino más que como prefiguración, es su estadio inicial y su primer crecimiento. La Iglesia
no se identifica con el reino glorioso, pero está en camino hacia él y lo anticipa. A través de su
prefiguración estamos en su primera realización. Esto, debido a que la venida de Cristo ha invertido
el curso de los tiempos y ahora la fase final proyecta su luz sobre la creación actual. La Iglesia no
ha llegado al término de su peregrinación y ya está metida en el siglo futuro no de una manera
metafórica sino por su misma vitalidad interior.

Por otro lado, la Iglesia se relaciona con el reino de Cristo, siendo su presencia de modo misterioso,
pues el misterio está al mismo tiempo revelado y escondido, es revelación que no brilla a plena luz
sino que se desenvuelve al amparo de las sombras. Además, la revelación es progresiva,
desarrollando sin cesar de una manera visible a la Iglesia su función anunciadora del misterio por
la fuerza de Dios.

1
La Iglesia cumple el fin de dilatar el Reino de Dios en dos direcciones:

1) En su estructura social, constituye el sacramento visible que Dios utiliza para hacer que a todos
llegue la salvación. Avanzando, aún con dificultad, realiza su naturaleza peregrina. La plenitud de
este avance cuantitativo llegará al fin de los tiempos. Estamos ante la Iglesia misionera.

2) Pero además de esta meta cuantitativa, la Iglesia tiene también señalada como meta el que en
los hombres que reciben la gracia del Señor a través de la Iglesia debe haber progreso en santidad
y en el vivir la vida divina. El pueblo de Dios es sacramento de esta labor perfeccionadora y al
mismo tiempo se beneficia de la misma.

Ahora bien, la misión, este trabajo que no es para la Iglesia algo suplementario sino su razón de
ser, tiene su fundamento en las misiones trinitarias. Como el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador
envía a sus apóstoles para predicar, santificar y apacentar. Por ello se puede decir que: Merece la
pena ser notado que el Concilio ha relacionado paralelamente el misterio de la Iglesia como
comunión y el misterio de la Iglesia como misión con el Padre, el Hijo y el Espíritu. En la Trinidad
divina está la fuente y el paradigma de su unidad; y en la autocomunicación de Dios está su
impulso misionero.

La tarea de ser germen y principio del reino de Dios en medio de los hombres, ha de realizarla la
Iglesia siendo consciente de tener dos características fundamentales: la manera como se establece
la relación entre la articulación social de la Iglesia y el Cuerpo de Cristo, y la vocación de la Iglesia
a evangelizar en pobreza y persecución a semejanza de Cristo. Ambas características las
encontramos descritas en Lumen Gentium 8. conforme citamos a continuación:

[... ] así como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como de instrumento vivo de salvación
unido indisolublemente a Él, de modo semejante la articulación social de la Iglesia sirve al Espíritu
Santo, que la vivifica, para el acrecentamiento de su cuerpo (el Eph 4, 16).
Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos como Una, Santa, Católica y
Apostólica, [...]. Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste
en la Iglesia católica, [...1, si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de
santidad y verdad que como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad
católica.

Pero como Cristo realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, de igual modo la
Iglesia está destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvación a
los hombres [...]. Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y levantar a los
oprimidos (Lc4,18), para buscar y salvar lo que estaba perdido(Lc 19,10); Así también la Iglesia
abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres
y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, [...].

La Iglesia «va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios»,
anunciando la cruz del Señor hasta que venga él (1 Cor 11,26). (LG, 8)

Este número afirma la existencia de dos facetas eclesiales, que se las puede identificar como la
Iglesia de la caridad y la Iglesia del derecho. La constitución termina identificándolas en la única
Iglesia de Cristo, que es «la que en el símbolo confesamos una santa, católica y apostólica». Sin

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embargo, la Constitución hace también una distinción entre los dos elementos que constituyen el
misterio y el sacramento, el invisible o espiritual y el visible o humano. La identidad de los dos
elementos que constituyen a Cristo no es adecuada, porque:

La capacidad que la persona del Verbo tiene para hipostasiar o comunicar su personalidad divina
no queda agotada porlo que la naturaleza humana tiene de ser hipostasiada o personada.

Al trasladar este hecho al misterio de la Iglesia, comprendemos mejor las afirmaciones encontradas
en LG 8. En la Iglesia hay un elemento invisible, la gracia sobrenatural, y otro visible, los hombres
socialmente organizados; es la conjunción de los dos la que hace la Iglesia Católica. Esta claro que
la gracia, el elemento espiritual, puede tener manifestaciones más allá de lo que da de sí el elemento
social en el que está encarnada. Es el hecho de la existencia de dones divinos más allá de lo que es
la Iglesia visible.

Sin embargo, es importante resaltar que la Constitución afirma también que, las gracias que se
encuentran fuera del cuerpo de la Iglesia católica tienen relación con ella. En definitiva, no hay
gracia ni salvación que no venga de Cristo, y Cristo está donde está Pedro.

La Iglesia, si bien rica interiormente en tesoros espirituales, no ha sido constituida con miras a las
glorias terrenas, sino para dar ejemplo de humildad y renuncia, para hacerse servidora. Si la Iglesia
se limitase a predicar el renunciamiento apegándose ella misma a las posesiones terrenas, faltaría
gravemente a su misión. Su ejemplo es el mismo Cristo, quien: «siendo de condición divina, no
retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de
siervo» (Flp 2, 6-7).

Por ello, la Iglesia, porque reconoce en los pobres la imagen de su fundador, ama no sólo de palabra
sino de obra a los abrumados, a los débiles. Comprende como un imperativo esencialmente
integrado en su misión la tarea de acudir en su auxilio y compañía, y de exhortar a los fieles en el
mismo sentido.

2.2. LA VOCACIÓN UNIVERSAL DEL NUEVO PUEBLO DE DIOS

[...] fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, constituyendo un pueblo [...]. Por
ello eligió al pueblo de Israel como preparación y figura de la alianza nueva y perfecta que había
de pactarse en Cristo y de la revelación completa que había de hacerse por el mismo Verbo de
Dios hecho carne [... ]

Este pueblo mesiánico es, sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de
unidad, de esperanza y de salvación. Cristo, se sirve también de él como de instrumento de la
redención universal y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra(cf.Mt5, 13-
16).[...] Debiendo difundirse en todo el mundo, entra, por consiguiente, en la historia de la
humanidad, si bien trasciende los tiempos y las fronteras de los pueblos. (LG 9)

Este número 9 de la Lumen Gentium expone el proceso histórico del pueblo de Dios en sus dos
etapas, la judía y la cristiana. El proceso histórico se expone con referencia al tiempo, porque un

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pueblo sigue al otro; y también con referencia a la perfección, porque el segundo no es sólo una
sucesión del primero, sino también una superación de él.

Luego se presenta la estructura social de nuestra etapa, el pueblo cristiano, destacando que su fin
es la dilatación del reino de Dios hasta que sea consumado al final de los tiempos. En continuidad
presenta a la Iglesia como pueblo peregrinante con una doble tensión de avance: cuantitativamente,
misionera, y cualitativamente, escatológica y de perfeccionamiento.

La alianza en el Antiguo Testamento es presentada como una preparación para la Nueva y eterna
Alianza, plenitud de la revelación. La vocación del pueblo hebreo, que estaba destinada a llegar a
todas las naciones para llevarlas a la adoración del verdadero Dios, encuentra en el Nuevo
Testamento su realización, al hacer desaparecer la segregación entre judíos y no judíos. De esta
manera, el universalismo se inaugura de un modo efectivo. Por ello, los Padres conciliares
proclaman que este pueblo de Dios goza de una vocación universal, descrita de diversas maneras:
es semilla de unidad, de esperanza y de salvación; una comunidad de vida, de amor y de verdad;
un instrumento de redención, de iluminación y de purificación.

2.3. EL CARÁCTER MISIONERO DE LA IGLESIA

Este solemne mandato de Cristo de anunciarla verdad salvadora, la Iglesia lo recibió de los
Apóstoles con orden de realizarlo hasta los confines de la tierra [...]. El Espíritu Santo la impulsa
a cooperar para que se cumpla el designio de Dios, quien constituyó a Cristo principio de
salvación para todo el mundo[...]. La responsabilidad de diseminar la fe incumbe a todo discípulo
de Cristo en su parte [...]. (LG 17)

De manera clara y precisa, este número de la Lumen Gentium presenta el fundamento dogmático
del carácter misionero de la Iglesia, el objetivo de las misiones, y la obligación de la tarea
misionera; asimismo, manifiesta la conciencia explícita del Concilio sobre la misión. Conciencia
que constituye un aporte muy importante a la vida de la Iglesia, en circunstancias en que la misión
se había realizado en la historia concreta de la Iglesia, pero no se había desarrollado suficientemente
una conciencia de ella.

Antes de puntualizar los diversos aspectos desarrollados respecto a la misión, nos parece
importante enmarcar adecuadamente este número 17 en el contexto de la Constitución. Esto se
logra a la luz de lo señalado por el primer número de la Constitución, cuando afirma que «Cristo
es la luz de los pueblos» (LG ,1). Posteriormente en este mismo número encontramos la definición
de la Iglesia como sacramento, «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de
todo el género humano» (LG, 1). Al reconocer este marco planteado por la Constitución desde su
inicio, comprendemos mejor que se trate explícitamente el tema de la misión de la Iglesia al final
del capítulo del Pueblo de Dios, manifestando así su inteligibilidad en el plan de Dios.

Ya específicamente respecto a su fundamento dogmático descubrimos en este número lo siguiente:

Las misiones tienen su fundamento en las procesiones divinas y derivan de las dos únicas e
inseparables misiones trinitarias: la del Verbo y la del Espíritu. Ellas son el signo sacramental de
la nueva creación de todo en Cristo, gracias a la acción del Espíritu: «En vía tu Espíritu y serán
creados».

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Ahora bien, así como el fundamento último de la misión es el Misterio trinitario, más
específicamente las misiones trinitarias, su fundamento próximo es el sacerdocio real de Cristo,
participado de forma diferente por los obispos, sacerdotes y laicos. Los términos de la misión son,
pues, perfectamente evidentes: viene del Padre y al Padre vuelve. Brota del Padre engendrando a
su Hijo y decidiendo en Él, desde toda la eternidad, comunicarse con los hombres. Implica así toda
la Encarnación y todo el Misterio de la salvación. Esto implica que la misión sea percibida siempre
en la realidad de Cristo como Dios y como hombre crucificado, resucitado y glorificado junto al
Padre, portador de todo el dinamismo de reunión de toda la humanidad hasta que Dios sea todo en
todos (1 Cor 15, 28)47. La Iglesia ha recibido de Cristo el encargo de reunir todas las cosas en Él,
mediante el anuncio de su Misterio.

Este encargo, como hemos visto, tiene su origen en Cristo, enviado por el Padre al mundo. Por ello,
la Iglesia en su totalidad ejerce su tarea misionera sometida al Señor y realiza dicha tarea en
representación de Cristo mediante la misión del Espíritu Santo. Consecuentemente, el texto con
que comienza el número 17 de la Lumen Gentium, nos sitúa ante el fundamento mismo de la misión:
«Como el Padre me envió, también yo os envío». (Jn 20,21). Tal como el Padre ha enviado al Hijo,
el Salvador envía a sus apóstoles para predicar, santificar y apacentar. Es la Iglesia la encargada de
perpetuar esta misión, cuyo fin primordial es la gloria de Dios y de Cristo que desea promover la
salvación de las almas por la implantación de nuevas comunidades eclesiales. El Espíritu Santo
empuja a ello. Así, el aspecto trinitario se encuentra íntegramente respetado en la descripción de la
misión.

La Iglesia se fundamenta, nutre y actúa desde la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del
Padre y la comunión del Espíritu Santo (cf. 2 Cor 13, 13). Este misterio funda su existencia y
origina su misión. La Iglesia es el grupo humano que media, representa y sirve a la comunión de
los hombres con Dios y de los hombres entre sí.

En este sentido, la misión de la Iglesia es abrirse a todos los hombres y participar en sus alegrías y
esperanzas, en sus tristezas y angustias. Es el pueblo escatológico en marcha por el mundo, cuya
vocación apostólica es dar testimonio de los grandes hechos de Dios hasta la vuelta de Cristo. Más
estrictamente, a la luz de este número, entendemos la misión propia- mente como: «la convocación
de los pueblos a la fe en Dios y en su plan de salvación en Jesucristo dentro de su Iglesia, según el
mandato dado a los Apóstoles y a sus sucesores, por la proclamación de la Buena nueva del
Evangelio».

Un pueblo de Dios, único y universal, con hombres llamados y ordenados a él, pero aún no
incorporados. supone en aquellos que ya pertenecen en plenitud, el anhelo y el suscitar empresas
para que todos los hombres accedan a esa misma plenitud.

Al hacer referencia a la responsabilidad respecto a la misión, LG 17 permite afirmar que ésta


reposa, a través del mandato dado por Cristo a los Apóstoles, en la estructura sacramen- tal del
Pueblo de Dios. Es éste en conjunto, estructurado por el colegio episcopal, bajo la autoridad del
Vicario de Cristo, quien debe llevar al mundo la Palabra de Dios. Sin embargo, cada uno de los
miembros del Pueblo de Dios deberáasumir la responsabilidad en orden a la evangelización que le
corresponda por la misión sacramental que le ha sido confiada, es decir, por el carácter.

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El deber que incumbe a la Iglesia lo inculca el Concilio también con las palabras de San Pablo:
«iay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Cor 9, 16). De aquí se infiere que las Iglesias
organizadas deben tomar a su cargo la fundación y el desarrollo de nuevas Iglesias mediante el
envío de evangelizadores, debiendo estas Iglesias nuevas una vez establecidas, transmitir a su vez
el mensaje que ellas recibieron de los misioneros a qUiienes aún no lo conozcan. Para poder
cumplir con esta responsabilidad, la misión exige también de los miembros del Pueblo de Dios
hacer fructificar la semilla de vida que desde la Muerte y Resurrección de Jesús anida en todo
hombre: «deben responder al dinamismo cristiano que el «llamado» universal imprimió en sus
corazones y finalizar en la incorporación a Cristo y su Pueblo la ordenación radical hacia El que
los anima».

La capacidad apostólica de la Iglesia, por tanto, se verá incrementada conforme afiance la Iglesia
su existencia en Dios. Cuanto más acuda a la fuente inagotable de Dios podrán los hombres saciarse
más abundantemente en sus aguas.

Las preguntas de autoevaluación

¿Qué relación hay entre la Iglesia yel Reino de Dios?

¿De qué maneras la Iglesia extiende el Reino de Dios?

¿Cuál es la razón para decir que la Iglesia es misionera?

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