Oreficeria Siciliana Nei Musei Madrileni
Oreficeria Siciliana Nei Musei Madrileni
ESTUDIOS DE PLATERÍA.
SAN ELOY 2011
UNIVERSIDAD DE MURCIA
2011
Estudios de platería, San Eloy 2011 / Jesús Rivas Carmona (Coord.).– Murcia:
Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2011
568 p.
ISBN: 978-84-8371-214-6
1. Platería – Estudios y conferencias. 2. Orfebrería – Estudios y conferencias.
I. Rivas Carmona, Jesús.– II. Universidad de Murcia. Servicio de Publicaciones.
III. Título
739.1 (082.2)
1ª Edición, 2011
Reservados todos los derechos. De acuerdo con la legislación vigente, y bajo las sanciones en
ella previstas, queda totalmente prohibida la reproducción y/o transmisión parcial o total de este
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sin la expresa autorización por escrito de los propietarios del copyright.
ISBN: 978-84-8371-214-6
PRÓLOGO........................................................................................................... 17
María Concepción García Gainza
Fiel Contraste de Honor San Eloy 2010
ESTUDIOS
La joyería femenina del siglo XVIII en la Nueva España a través del retrato... 71
Pilar Andueza Unanua
Universidad de Navarra
Orfebrería en el Museo Parroquial de Arte Sacro del Barco de Ávila .......... 217
Roberto Domínguez Blanca
Licenciado en Historia del Arte
Estudios de Platería. San Eloy 2011 11
Plata labrada en la capitana de la flota de Nueva España del año 1758 ........ 265
Carmen Heredia Moreno
Universidad de Alcalá
Sobre cierta imagen de Don Juan de Austria en la joyería del siglo XVI ..... 279
Natalia Horcajo Palomero
Doctora en Historia del Arte e Investigadora de Joyería
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) ...... 311
Antonio Pedro Martínez Subías
Doctor en Historia del Arte
Novedades sobre un relicario del museo conventual de Santa Paula (Sevilla) 509
Jesús Ángel Sánchez Rivera
Universidad Complutense
Las palabras me son insuficientes para mostrar el agradecimiento por esta distin-
ción inesperada de Fiel Contraste de Honor San Eloy 2010 y, desde luego, inmerecida
que culmina de alguna manera mis relaciones de hace ya cuatro décadas con el arte
de la platería y también con la Universidad de Murcia que fue mi propia universidad,
si bien por breve tiempo, y donde tengo excelentes compañeros y amigos y también
con la propia ciudad de Murcia, próspera y vital y siempre acogedora con el que
llega de fuera. La distinción de Fiel Contraste de Honor lleva consigo el redactar el
prólogo al correspondiente volumen de Estudios de Platería San Eloy, encomienda
que cumplo con agrado, más aún al tratarse del tomo undécimo, lo que indica que
nos hallamos ante una publicación ya consolidada que en el compendio de todos
18 María Concepción García Gainza
y ha logrado editar puntualmente los once tomos de los Estudios de Platería San
Eloy, colección básica que actualiza los estudios de platería en nuestro país y que
recoge las ponencias de las sucesivas jornadas. Pero, además, el profesor Jesús Ri-
vas ha sabido transmitir a los alumnos el interés por los estudios de platería y su
participación numerosa, en las conferencias y en los actos religiosos-festivos, llama
la atención frente a la pasividad mostrada en otras causas. Por todo ello, la fiesta
de San Eloy de los Plateros es una de las fiestas más importantes de la Universidad
de Murcia por la participación lograda de autoridades, profesores y alumnos que
ha conseguido movilizar el profesor Rivas.
San Eloy es, sin duda, la fiesta de la Universidad pero también lo es de la ciu-
dad de Murcia y de los plateros y joyeros de la gremial calle Platería que vuelven a
celebrar como antaño la fiesta de su patrón con su participación en todos los actos
así como de los propios vecinos de Murcia que han podido asistir a grandes acon-
tecimientos culturales como han sido las dos grandes exposiciones de platería de la
colección Hernández Mora de Madrid (2006 y 2007), organizadas en coincidencia
con las fiestas de San Eloy con el patrocinio de Fundación Caja Murcia.
Las cualidades que ha demostrado el profesor Jesús Rivas para coordinar a los
especialistas de todo origen y tendencia, profesores y alumnos, joyeros, plateros y
coleccionistas en esta gran fiesta y buscar las fuentes de financiación necesarias, lo
que siempre constituye una ardua tarea, son extraordinarias. El tiempo, las energías
y la generosidad empleadas por el mismo en la realización de estas Jornadas son
muchas y más aún el mantener una continuidad que dura ya quince años, en los
que se ha hecho una aportación fundamental a la platería española y europea con
la circunstancia de que no existen en Europa unas Jornadas científicas sobre el arte
de los plateros como estas de la Universidad de Murcia.
Pero también han sido muchas y fructíferas las ideas, ideas para crear y cuajar
unas jornadas que son a la vez reuniones científicas y celebración religiosa-festiva
y lograr la participación de todos. Este es un mérito personal no inspirado en nin-
gún otro lugar, sino debido a la creatividad, entusiasmo y entrega a la Universidad
del profesor Jesús Rivas. Espero y deseo que la fiesta de San Eloy de Murcia, que
ha calado y se ha hecho sitio en las tradiciones de la Universidad y de la ciudad,
siga celebrándose muchos años manteniendo al mismo tiempo su nivel científico
y espíritu festivo.
valor probatorio del marcaje de las obras, intentamos en este trabajo acercar en lo
posible a la realidad, la vida y el legado de este personaje, cuya generosidad resultó
esencial para el conocimiento del arte de los plateros de Guatemala.
Juan de Barreneche y Aguirre nació en Lesaca, Navarra, hacia 1675, habiendo
fallecido en Santiago de Guatemala el 16 de febrero de 1752. Sus padres fueron
Francisco de Barreneche y María Francisca de Aguirre1. Nunca se casó y tampoco
reconoció hijos naturales. Comerciante y hombre de negocios, como militar alcanzó
el grado de capitán de la milicia provincial. Llegó a ser alcalde de primer voto de
Santiago de Guatemala durante los años 1722 y 1728. Se le concedió despacho de
paso a Indias el día 1 de marzo de 1706, embarcado en la Flota de Nueva España
de ese año2. Le acompañaron en el viaje los también navarros Pedro de Dolarea
y Martín de Arguinarena. Estos últimos son descritos en el documento como sus
«criados», aunque al menos el primero de ellos, fallecido en América entre 1713 y
1719, era un socio o dependiente de la casa de comercio de Barreneche, con quien
aparece en la documentación posterior asociado durante las primeras andanzas co-
nocidas de ambos en Guatemala. En el momento de su desembarco en el Nuevo
Mundo, don Juan era ya un hombre de buena posición, miembro de una familia de
comerciantes de clase media-alta3, posiblemente trabajó como factor de la Carrera
1 Durante el siglo XVII, tanto el apellido Barreneche como el apellido Aguirre fueron llevados
en Lesaca por agotes o por personas motejadas de tales. Para más datos, ver el interesante trabajo de C.
ZUDAIRE, «Notas para una demografía de Lesaca. Siglo XVII», publicado inicialmente en la revista
Príncipe de Viana, hoy colgado en Internet, de donde hemos extraído varios datos sobre los Barreneche
de Lesaca.
2 Archivo General de Indias (AGI). CONTRATACIÓN, 5463, N. 87.
Bajo esta signatura, afirman los archiveros del AGI, se encuentra un documento referido a un «Juan
de Barrenechea» (sic). Aunque en la época ambos fuesen apellidos intercambiables, se trata sin duda
de un error, tanto de uno de los escribanos que intervienen en el expediente original de 1706, como
también de la trascripción moderna que no afina lo suficiente. En los citados folios, la mayoría de los
amanuenses y fedatarios dejan escrito el nombre y apellido del solicitante como «Juan de Barreneche».
Lo anterior sucede en los más importantes trámites del permiso de paso a Indias (incluyendo la propia
solicitud, redactada en presencia del interesado por un escribano cuyos honorarios pagaba el propio
Barreneche). La firma autógrafa al pie de la citada solicitud, de la que tantos ejemplares encontraremos
hasta 1751, dice también clarísimamente «Juan de Barreneche», ni un solo trámite del expediente viene
firmado «Juan de Barrenechea». Como colofón, Pedro de Dolarea, mozo de 29 años en 1706, perte-
neciente a otra importante familia de Lesaca, aparece mencionado y estrechamente relacionado, con
nuestro personaje en al menos dos importantes escrituras, pertenecientes a los años 1713 y 1719, que
hemos podido encontrar en el Archivo General de Centroamérica (AGCA). En esta última escritura
de apoderamiento se nos informa de que Pedro de Dolarea, apoderado y socio de Barreneche en varias
empresas, había fallecido con anterioridad al acto.
3 La familia poseía una casa «buena» en Lesaca llamada «Falquecenea» (sic), esta casa solariega,
bajo el nombre de «Falquez», se halla documentada en los registros parroquiales de la villa desde el
siglo XVI. Una hermana de don Juan estableció y fundó una capellanía de dos mil ducados, unos cinco
mil pesos-duros, otros parientes tuvieron también bienes de alguna consideración, aunque ninguno
llegara ni de lejos a la fortuna que alcanzaron Don Juan y su hermano Francisco. Desde muy joven
demuestra Barreneche un alto nivel económico, con apenas treinta años de edad puede adquirir un cargo
de Alcalde Mayor en Indias, lo que suponía un desembolso al contado de varios miles de reales.
Plateros de Guatemala. Don Juan de Barreneche y Aguirre y el legado de Lesaca 25
de Indias, a la vez que comerciaba por cuenta propia. Es muy probable que alguno
de sus parientes le hubiese precedido en el cruce del océano4.
La solicitud del permiso necesario para el cruce del Atlántico estuvo justificada
porque el 4 de noviembre de 1704, don Juan de Barreneche había sido elegido, o
mejor dicho: había adquirido y pagado la primera futura del cargo de alcalde mayor
de Escuintla y Guazacapán, una de las regiones de Guatemala con mayor producción
económica5. En 1711 fue nombrado Manuel de Porras como su sucesor en esta alcaldía.
Subsiste una tradición historiográfica, que de manera absolutamente excepcional hemos
podido confirmar mediante escritura notarial, según la cual el navarro poseía en 1717
una importante hacienda de más de cuarenta caballerías de extensión en el término de
Escuintla6. No fue su única propiedad agrícola, en 1735 vende a doña Tomasa de Arana,
por siete mil sesenta y un pesos, unas haciendas que había comprado en 1718 y que
estaban ubicadas en la jurisdicción de la alcaldía mayor de Atitlán y Tecpanatitlán, en
términos de los pueblos de Santa Cruz del Quiché y Santo Tomás Chichicastenango. La
superficie de la primera de ellas era de «treinta y cuatro caballerías veintiocho cuerdas
y doce varas [cuadradas]»7. En 1752, año de su fallecimiento, todavía era propietario
de tierras en Sololá, en los lugares de Chimic, Chiché, Cabracán y Chuacorral8.
En resumen, desde 1699 hasta 1760 tenemos localizados en Indias tres indivi-
duos naturales de Lesaca con apellido Barreneche: los hermanos Juan y Francisco
de Barreneche y Aguirre, y Juan de Barreneche y Oreindán. Durante la primera
mitad del siglo XVIII se documentan en Indias otros Barreneche navarros, pero
ninguno nacido en Lesaca. De gran importancia para nuestro trabajo resulta el hecho
de que nuestro don Juan es el único Barreneche que hemos podido documentar en
Guatemala entre 1700 y 1752. Si es que no le había precedido, en algún momento
se le uniría en América, no sabemos si también en Guatemala, su hermano Fran-
cisco de Barreneche y Aguirre, del que nos informa murió «en Lima» el año de
1721, habiéndole nombrado heredero de todos sus bienes9. Parece claro, a partir
de la documentación conocida, que este suceso marcó definitivamente la vida del
navarro, desencadenando algunos importantes acontecimientos que treinta años más
tarde seguían irresueltos. No cabe duda de que, junto a la vida de su hermano, el
comerciante indiano perdió en el suceso varios centenares de miles de pesos, fun-
damentalmente a manos de apoderados y albaceas deshonestos. Desgraciadamente,
no hemos podido encontrar detalles sobre este importantísimo acontecimiento hasta
su mención en el testamento de 1746, reformado y ampliado luego en 1748. A lo
largo del tiempo se irán reuniendo con el navarro en Guatemala cierto número de
paisanos y algunos miembros de su familia que iremos presentando más adelante.
La cuantiosa documentación consultada por nosotros nos permite dar por seguro
que a partir de 1706, una vez en las Indias, don Juan jamás regresó a la Península.
En el día 22 de julio de 1720, el exitoso comerciante compra a los hijos y here-
deros del Juez Contador de la Real Caja de Santiago de Guatemala, don Diego Ro-
dríguez Menéndez, la futura sobre la Alcaldía Mayor de Atitlán y Tecpanatitlán:
9 Hemos leído en varias publicaciones guatemaltecas del siglo XX que la muerte de Francisco
de Barreneche sucedió al naufragar el navío en que viajaba. Lo cierto es que pese a buscar perseve-
rantemente tal dato por varios archivos nacionales y eclesiásticos, nos ha sido imposible encontrarlo.
Solamente el testamento otorgado en 1748 por don Juan, nos garantiza lugar, «Lima», y año, «1721».
No hemos encontrado el menor rastro documental de Francisco en el AGI ni tampoco en el AGCA.
Aunque tenemos la sensación de que, al menos en este último archivo, pudo haberlo hasta no hace
demasiado tiempo.
Plateros de Guatemala. Don Juan de Barreneche y Aguirre y el legado de Lesaca 27
Entre 1713 y 1744, don Juan de Barreneche y Aguirre aparece como parte con-
tratante en numerosas escrituras comerciales integradas en los protocolos de los es-
cribanos de Guatemala11. Por supuesto, también lo encontramos en la documentación
generada por el cabildo secular de la ciudad durante los dos periodos anuales en los
que ocupó la alcaldía12. Las escrituras nos muestran a don Juan siempre afanado en
los más diversos negocios. Éstos van desde el comercio de vino y lanas finas con el
Perú (alpaca y vicuña, tejidos de aparición habitual en los inventarios guatemalte-
cos del XVII y XVIII)13, hasta el arrendamiento y explotación de fincas, ingenios,
minas e inmuebles urbanos14. De fuerte importancia monetaria son invariablemente
los contratos de negocios de exportación e importación con la Península (quizás el
principal rubro de su casa de comercio, añil y grana en el primer caso, productos
manufacturados en el segundo)15. Los asociados de Barreneche son comerciantes
establecidos en Cádiz y Veracruz. La contraseña que identificaba su mercancía, la
que utilizó para marcar sus envíos a España o a otros lugares del continente, estaba
formada por las letras «Bc» entrelazadas16.
10 A1 L.4602, ff. 428-430. Trascripción literal con paleografía exacta concerniendo a parte del
documento.
11 En este periodo aparece documentado en Guatemala durante todos y cada uno de los años
que lo componen. Utilizó los servicios de prácticamente todos los escribanos de su época. Encontramos
escrituras concerniéndole en los protocolos de Manuel Alegría, José Álvarez, Miguel Godoy, Juan Ruiz
de Alarcón, Mariano Ruiz Hurtado, Juan José Monterroso, Antonio González, José Matías Guzmán,
José Lanuza, Diego Antonio Milán y Juan José Zavala, entre otros.
12 Cartas de Cabildos Hispanoamericanos. Audiencia de Guatemala. Varios Autores. Tomo I.
Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Sevilla, 1986.
13 Probablemente se trataba de la clase de negocios que habían llevado a su hermano Francisco
a Lima.
14 A1.20 L.1139, ff. 40 y ss.
15 A1.20 L.1275, f. 13v. Protocolo del escribano publico Mariano Ruiz Hurtado (1720). Entre
1713 y 1743, hemos encontrado más de veinte escrituras similares ésta. En ella se deja constancia de
que don Juan remite (a Oaxaca en esta ocasión, en otras es a Veracruz, o directamente a España) treinta
zurrones de «tinta» (añil) y paga los quinientos diez pesos de a ocho reales que costaba el trasporte
entre las dos ciudades mediante recuas de mulas.
16 A1.20 L.1275, f. 83. Protocolo del escribano Mariano Ruiz Hurtado para 1720. Esta contraseña
comercial aparece reproducida de manera idéntica en varios protocolos de años distintos.
28 Javier Abad Viela
17 A1.20 L.1033, ff. 47 y siguientes. Protocolo del escribano real José de Lanuza (1719).
18 Ibídem, nota anterior.
19 A1.20 L.1451, f. 30. Protocolo del escribano Juan José de Zabala. Año 1742. Con esta fecha
aparece Barreneche comprando un esclavo. Sin embargo de la lectura de la escritura parece despren-
derse que pudiera tratarse más bien de un sistema «ad hoc» para conseguir cobrar una deuda. No hay
mención de la posesión de esclavos en las últimas voluntades de 1746 ni en las de 1748, sin embargo
tenía varios criados personales, entre ellos uno «de nación irlandés».
Plateros de Guatemala. Don Juan de Barreneche y Aguirre y el legado de Lesaca 29
ridad cinco mil pesos20. En 1734 había donado más de tres mil pesos al convento
de monjas de Santa Catalina de Guatemala21. Conservaba en su casa mil quinientos
pesos en metálico destinados exclusivamente a «pequeñas limosnas corrientes». Una
cantidad cercana al ochenta por ciento de sus bienes son destinados, en su testamento
de 1748, a legados y limosnas para diversas instituciones eclesiásticas y fundaciones
conventuales. En sentido contrario, sus propiedades en platería doméstica y joyas
eran proporcionalmente bien escasas para un hombre de su fortuna. En unos mil
quinientos pesos poco más o menos valora el conjunto, que no detalla, de su plata
doméstica. Un par de «caxuelas» una de oro y la segunda de plata dorada, junto a
un par de veneras y una «cadenilla», componían su parco ornamento personal22.
El 11 de octubre de 1727 otorga don Juan testamento ante el escribano real Juan
Ruiz de Alarcón23. En él, tras señalar como su lugar de enterramiento el convento de
San Francisco y nombrar diversos albaceas (entre ellos su sobrino Diego de Aguirre,
quien desaparecerá, quizás por fallecimiento, de posteriores testamentos), así como
enumerar otras disposiciones generales, remite a cierta memoria que se hallará entre
sus papeles. En este libro, a cuyas cláusulas y anotaciones se deberá estar, contenía el
inventario de sus bienes y la contabilidad actualizada de su casa de comercio. Don
Juan sobrevivió veinticinco años a esta apresurada escritura de últimas voluntades,
cuyo parco contenido poco o nada tiene que ver con la extraordinaria minuciosidad
que caracteriza a los siguientes de 1746 y el último de 1748.
En 14 de noviembre de 1746 otorga el navarro un nuevo, largo y detallado testa-
mento ante el escribano real don Antonio González24. En él se revoca expresamente
20 A1.20 L.876 E.9369, f. 200v. El acta de fundación fue escriturada y otorgada en Lesaca.
De acuerdo con nuestra experiencia, conociendo los plazos habitualmente necesarios para tal acto,
la escritura de la donación ante un escribano guatemalteco debió probablemente otorgarse al menos
con dos años de anterioridad a su aceptación formal por el cabildo municipal de la villa navarra. En
efecto, con carácter previo a su escrituración, el cabildo municipal debía haber recibido el dinero y el
acta o escritura de intenciones del fundador de la capellanía, además de negociado las condiciones del
contrato. De cualquier manera el asunto acabó mal: el ayuntamiento se quedó con el dinero y rechazó
llanamente cumplir con las condiciones pactadas. Don Juan aceptó mansamente ser víctima de esta
clara apropiación indebida.
21 A1.20 L.1137, f. 85. Protocolo del escribano Manuel de Alvarado y Guzmán para 1734.
22 Aunque estamos seguros de que esta valoración aproximativa tiene exclusivamente en cuenta
el peso del metal, sin las hechuras, como era costumbre en Guatemala, la comparativa escasez del valor
de la platería y joyas de su uso personal respecto a la totalidad de sus bienes, resulta una constante entre
los hombres más ricos de Guatemala. Véanse, por ejemplo, los inventarios de Juan Bautista de Irisarri
y de Juan Fermín de Aycinena. Cuantitativamente, la propiedad de platería y otros objetos suntuarios
parecen ser más bien asunto de altos funcionarios… y de viudas, cuyos inventarios de platería son
invariablemente más ricos y variados que los de sus difuntos maridos.
23 A1.20 L.1299, ff. 254-256. Protocolo del escribano real Juan Ruiz de Alarcón, uno de los
muchos de los que se servirá don Juan a lo largo de su vida.
24 A1.20 L.874 E.9367, ff. 294-303.
30 Javier Abad Viela
el anterior de 1727. En esta ocasión los albaceas principales son su sobrino y prin-
cipal heredero individual, José de Michelena; Francisco de Iturregui; Juan Bautista
de Iturralde (ambos reconocidos como familiares en diversos grados, sin mayores
precisiones, por don Juan) y, en cuarto lugar, Juan de Pesonarte. Sin embargo, este
testamento se verá a su vez modificado por una nueva escritura, otorgada ante el
mismo escribano en 21 de abril de 174825, en la que se incorpora testimonio [copia
legalizada] de la «Memoria testamentaria de Dn. Juan de Barreneche y Aguirre,
Vecino de la Ciudad de Guat.a por lo tocante a las obras pías que se han de executar
en la Villa de Lesaca su Patria (...)». Habiendo sido creada en 1746 y modificada
al año siguiente, esta memoria alcanzó su versión definitiva el 15 de febrero de
174826, aunque todavía sufrió algunos obligados retoques mediante dos codicilos
de 1750 y 1751. En las catorce cláusulas de dicha memoria se disponen legados, por
una cantidad total de 100.000 pesos de a ocho reales de plata, esencialmente con
destino a personas e instituciones de Lesaca y a las nuevas fundaciones franciscanas
previstas para las localidades de Vera y Elizondo, a las que se dota con veinte mil
pesos cada una.
Pese a la precisión y extraordinaria minuciosidad de los anteriores documentos,
en los que incluso se especifican cantidades de cien pesos, no se menciona en ellos
ninguna donación de objetos de orfebrería para el culto. Por el contrario, sí se recuer-
dan anteriores oblaciones cuya fecha no se precisa, aunque parecen ser anteriores al
11 de octubre de 1732: «(...) cuando hize esa Santa Iglesia remití 5.000 pesos de 8rls
(...)»27. En esta ocasión, puesto ya el pie en el estribo, tuvo como primera intención
la de donar 4.000 pesos para obras en el interior de la iglesia de San Martín de Le-
saca y de su altar y así lo dice en su testamento, «(...) haziendo en primer lugar un
Bestido pa. la Sma. Señora de los Dolores y componiendo si hubiese q. componer su
Altar (...)», (folio 201). En 1751, pocos meses antes de su muerte, la noticia recibida
en Santiago de Guatemala de que una de las fundaciones franciscanas, precisamente
la de Vera de Bidasoa, para la que Barreneche había reservado veinte mil pesos, no
iba a llevarse a cabo, ocasionó que esta importante cantidad fuese destinada también
al ornato de la iglesia de Lesaca. Este desistimiento del cabildo municipal de Vera
estuvo en el origen del magnífico retablo mayor y de las extraordinarias tallas de
la Inmaculada Concepción y de San Martín de Tours, realizadas en Madrid hacia
1752-1754 por el escultor Luís Salvador Carmona.
25 A1.20 L.876 E.9369. Protocolo del escribano Antonio González para 1748. El documento
no sigue la foliación general del legajo (le corresponderían los ff. 188-197), sino que adopta una pro-
pia (ff. 1-10). Una práctica, según nuestra experiencia, tan radicalmente inusual puede dar idea de la
importancia que el propio escribano real dio al contenido del testamento, probablemente el de mayor
cuantía declarada durante la primera mitad del siglo en Guatemala.
26 Ibídem, ff. 198-203.
27 Al igual que sucede hoy en día, en la América de los siglos XVII y XVIII el verbo «hacer»
era un comodín utilizado con los más diversos significados. Habituales son, como en el tema que
nos ocupa, los de «financiar», «comprar», «donar», o «encargar» una obra tanto de platería como de
cualquier otro material o finalidad.
Plateros de Guatemala. Don Juan de Barreneche y Aguirre y el legado de Lesaca 31
28 Ver P. VICTORIA WILCHES, El día que España derrotó a Inglaterra. Ed. Áltera. Barcelona,
2005. Contra lo que se ha escrito, incluso recientemente, desde cualquier óptica medianamente objetiva,
queda bien claro que la guerra llamada de la «oreja de Jenkins» fue un serio aunque completamente
fracasado intento inglés de quebrar la columna vertebral del imperio español, en otras palabras, de sus-
tituir a España como potencia colonial en América. La flota que atacó Cartagena de Indias, era la más
poderosa que nunca había puesto en el agua Inglaterra, infinitamente superior en efectivos y potencia
de fuego a la «Armada Invencible» de Felipe II. Sumada a la que por el Pacífico atacó Lima, y que
acabó llevando a cabo actos de pura agresión comercial (navíos de línea transformados en corsarios),
dispersada y prácticamente destruida por las tormentas, hará falta llegar a la batalla de Normandía
para encontrar una potencia de fuego anfibia comparable. No se prepara una flota de más de ciento
ochenta buques y treinta mil hombres entre marinos y soldados para una simple operación de castigo.
Efectos de la derrota inglesa fueron, entre otros, que la Gran Bretaña nunca volvió a intentar un ataque
frontal contra la América española, y que el resultado de esta larga guerra prolongó ochenta años la
supervivencia del Imperio.
32 Javier Abad Viela
EL LEGADO29
En la iglesia parroquial de San Martín de Lesaca, «La muy Noble y muy Leal
villa de Lesaca, una de las cinco villas del Reyno de Navarra la Alta en los de Cas-
tilla», como se encarga don Juan de señalar una y otra vez en estos o muy parecidos
términos, se encuentra el más numeroso grupo de platería litúrgica guatemalteca
existente en España en un mismo lugar, «para cuyo ornato y decoro» fue labrado.
Aunque parece que hubo más objetos, (entre ellos un frontal de altar), el conjunto
consta hoy de ocho piezas de plata dorada o parcialmente dorada. De ellas la mitad
lleva marcas de Quinto Real (CA4) y de la real caja de Santiago de Guatemala (V4),
además de la burilada. Estas piezas son las siguientes:
1 Cáliz A 5 Custodia
2 Cáliz B 6 Naveta
3 Copón 7 Baldaquino
4 Relicario 8 Cruz procesional
Según una «tradición parroquial» el conjunto fue enviado en 1748 desde Santiago
de Guatemala, vía Sevilla, por don Juan de Barreneche y Aguirre, indiano natural
de Lesaca, junto a veinte mil pesos para el ornato de la parroquia31. Sin embargo,
adelantamos aquí que en el desolador estado actual de la cuestión, ni siquiera es
posible asegurar con plena certeza por quién fue enviado dicho conjunto, ni si lo
fue en una o en varias ocasiones32. Mucho menos el año (o años) en que las piezas
29 Este legado ha sido estudiado por numerosos especialistas desde que lo hiciera Diego An-
gulo, entre ellos se encuentran M.C. Heredia Moreno, C. Esteras, J.M. Cruz Valdovinos y C. García
Gainza.
30 Llama la atención que salvo el relicario todas las piezas carentes de marcas sean vasos sagra-
dos. Ya hemos mencionado en diversas ocasiones la documentada oposición de la Iglesia guatemalteca
a marcar estos objetos. Ello puede significar que, pese a no estar marcadas, todas las obras de Lesaca
abonaron los quintos.
31 M.C. HEREDIA MORENO, M. ORBE SIVATTE y A. ORBE SIVATTE. Arte Hispanoame-
ricano en Navarra. Pamplona, 1992. En esta temprana y bien editada obra, sus autoras mantienen una
posición ambivalente, poniendo en duda inicialmente la incierta «tradición parroquial», pero mostrando
finalmente en el mismo trabajo una seguridad prácticamente absoluta sobre la fecha de envío de los
objetos (1748).
32 No podemos olvidar que está documentalmente probada la posible existencia en una misma
época de dos personas distintas llamadas Juan de Barreneche, ambas naturales de Lesaca (ver nota 4),
a las que debemos añadir algunas otras (al menos dos individuos diferentes) que no habían nacido en
esta localidad, pero llevaban idéntico nombre y primer apellido, no así el segundo. También se ha de
recordar la existencia de Francisco de Barreneche, hermano de nuestro alcalde ordinario, quien dispuso
hasta su fallecimiento en 1721 de una capacidad económica semejante a la de éste. Por otra parte, como
luego veremos, el estudio estilístico de las piezas podría permitirnos pensar, aunque sin seguridad alguna,
que pudieron existir dos envíos diferentes.
Plateros de Guatemala. Don Juan de Barreneche y Aguirre y el legado de Lesaca 33
1. La documentación
Que sepamos, nunca se han publicado las actas de recepción por la parroquia
de la platería guatemalteca que posee, tampoco los registros del navío en el que
llegaron a Cádiz los objetos33. En estas condiciones no cabe afirmar datos concre-
tos de tal envío. Por otra parte la simple mención de que se produjo la recepción
«vía Sevilla» indica lo improbable de la tradición34. En 1748, y ya mucho antes de
esta fecha, al menos desde el último cuarto del siglo XVII, el puerto de arribo del
tornaviaje era Cádiz. En 1718 se traslada oficialmente a esta última ciudad la Casa
de la Contratación de Indias.
Durante una búsqueda, que nos atreveríamos a calificar como intensa, mantenida
durante un periodo de tiempo no inferior a dos años, encontramos en las gavetas
que contienen los protocolos de los escribanos de Guatemala varias escrituras con-
teniendo disposiciones de don Juan sobre sus últimas voluntades. En los legajos
producidos por el escribano real Antonio González entre 1746 y 1752, hallamos dos
testamentos de don Juan, diferentes y completos (1746 y 1748)35. A estos documen-
tos se debe añadir la, para nuestra investigación, absolutamente esencial memoria
testamentaria, en la que se describe detalladamente el modo en que se ha de hacer
el reparto de los cien mil pesos reservados para la villa de Lesaca. Por si fuera poco
lo anterior, en el mismo paréntesis cronológico hemos podido hallar una escritura
de reforma de dicha memoria, fechada en 1750, además de dos nuevos codicilos
33 Esta ausencia de documentación justificativa de la donación ya fue resaltada por Cruz Val-
dovinos en 2003.
34 M.C. HEREDIA MORENO y otros, ob. cit., p. 137.
35 Antonio González fue el escribano con más larga trayectoria profesional en la Guatemala del
siglo XVIII sus protocolos abarcan buena parte de los dos cuartos centrales de la centuria (1728-1764).
Notario de todos los documentos conocidos sobre las últimas voluntades de don Juan de Barreneche
desde 1746 hasta las últimas gestiones de testamentaría de 1752.
34 Javier Abad Viela
(1750 y 1751), todos ellos coherentes entre sí. Finalmente, en la última escritura de
la serie (la única post mortem, de agosto de 1752) se detalla la asunción de ciertos
poderes por parte de los albaceas36. Pues bien, en ninguno de estos documentos
existe la menor mención de cualquier envío de platería para la villa navarra. Si te-
nemos en cuenta la importancia de la donación, cuyo valor en origen incluyendo
hechuras y trasporte debió superar, quizás ampliamente, los cuatro mil pesos de a
ocho reales de plata, tal ausencia no es admisible37. En otras palabras, si en los seis
documentos descritos no hay mención alguna de donaciones de platería en esas
fechas, es sencillamente porque no existieron.
Es más, no parece realista pensar que un hombre tan demostradamente precavido
como don Juan se arriesgara a enviar miles de pesos en platería mientras durara la
guerra. Una acción semejante parece altamente improbable a causa de la situación
militar en el Caribe. Desde 1739, la gigantesca flota del almirante Vernon obstruye
sus rutas comerciales y bloquea sus principales puertos hasta el momento, en el año
1741, en que la heroica defensa dirigida por el almirante Blas de Lezo y la fiebre
amarilla destruyeron su capacidad de fuego y su moral de combate frente a los
fuertes de Cartagena de Indias. Pero incluso tras esta victoria el peligro continuaba,
en esta ocasión producido por enjambres de corsarios y piratas que infectaban las
rutas comerciales con la Península. De hecho las donaciones a iglesias y conventos
españoles realizadas durante esta época acostumbran a llegar a su destino después
de 1748. Ejemplo bien documentado pero no único de este fenómeno sería, entre
otros muchos, el Sagrario de la parroquia de San Pedro Apóstol de Huelva, trabajo
angelopolitano de 1744, que no fue enviado a España hasta mucho después, a bordo
del buque «Nuestra Señora de los Godos» perteneciente a la flota de 1751, la primera
que zarpó de Veracruz después de muchos años de no haberlas38. En otras palabras,
si la platería de Lesaca no fue enviada en 1748-1752 (y creemos con lo aquí expuesto
haber documentado que no lo fue), resulta altamente improbable que su llegada a
la Península sucediese después de 1738. Entre otras cosas carecemos de registros
36 A1.20 L.880 E.9373, ff. 200-204v. Protocolo de Antonio González para 1752. En esta escritura
se describen algunas actividades de los albaceas en relación con la testamentaría y también, como dato
más importante, se nos proporciona la fecha exacta del fallecimiento de don Juan.
37 El valor del peso estimado de la plata y del oro, tanto de las piezas existentes como de las
destruidas, al precio habitual de ocho pesos/marco de plata y de 135 pesos/marco de oro, se ha de
sumar al valor del Quinto (en el muy probable supuesto de que todas las obras hubiesen satisfecho el
impuesto), fletes y traslado a puerto. Regulando el valor de las hechuras de obras tan complejas en el
habitual cincuenta por ciento del precio del metal, la cantidad obtenida no debe ser inferior en ningún
caso a los cuatro mil pesos. Solamente el coste del traslado por los arrieros de los cajones a Veracruz
puede ser estimado comparativamente en unos doscientos cincuenta pesos.
38 J.M. PALOMERO PÁRAMO, Catálogo de la exposición «Plata labrada de Indias». Mo-
nasterio de Santa Clara. Moguer, 1992. Este catálogo es un excelente trabajo, lleno de importantes
informaciones para un investigador, sobre fuentes primarias en la historia del arte de la platería que
nos ha abierto caminos y del que hemos hecho un uso agradecido y abundante.
Plateros de Guatemala. Don Juan de Barreneche y Aguirre y el legado de Lesaca 35
de la flota de Nueva España entre 1739 y 175139. Tampoco sería fácil que los navíos
sueltos de registro, que pronto se impondrían definitivamente al sistema de flotas, se
atrevieran a romper el bloqueo británico. Y de cualquier manera, aunque alguno lo
hiciera (qué lo hicieron, sobre todo corsarios y los navíos del rey), no es probable
que el prudente comerciante indiano se arriesgara en la aventura.
Como ya hemos adelantado, la clausula 11 de la memoria (ff. 200-200v) deja
claro que hubo alguna otra donación o donaciones, y que, con toda probabilidad,
ésta o éstas se produjeron con anterioridad a octubre de 1732. Por otra parte, en la
clausula 12 se consignan cuatro mil pesos de a ocho reales de plata, «con los quales
no dudo haiga bastante para disponerla (…) haziendo en primer lugar un bestido
para la Santísima Señora de los Dolores y componiendo si hubiese que componer su
altar (…) y distribuiendo en las obras ynteriores los dichos Quatro mil pesos». Esta
disposición confirma, si falta hacía, que en 1748 todas las donaciones a su región de
origen, hasta alcanzar los cien mil pesos en total −y aunque se especificara claramente
su finalidad−, fueron en dinero contante y sonante, reales de plata procedentes de
la venta en Cádiz de la grana (cochinilla) de Oaxaca.
2. Las obras
39 Excede notoriamente del propósito de este trabajo, pero la absoluta desaparición de los regis-
tros de flota en el AGI, precisamente para este periodo, indica claramente que ni siquiera las hubo.
40 Ya en el siglo XVIII a volúmenes esferoides muy achatados y segmentados como los tres que
muestran el cáliz «B» y la custodia se les denomina en Guatemala «zapallitos» (término castellano por el
que se conocen ciertas calabazas pequeñas). Este motivo decorativo, muy utilizado hasta la llegada del
rococó a la platería litúrgica durante la sexta década del siglo, parece haber sido primero introducido
y luego desarrollado en múltiples variantes por el platero guatemalteco Pedro de Castro.
36 Javier Abad Viela
(a) (b)
(a) Sección habitual de cintas y róleos sobre la plancha de plata repujada en Hispanoamé-
rica.
(b) La misma sección en los objetos de Lesaca41.
Sin embargo, entre las ocho obras de platería litúrgica supervivientes parece
poder distinguirse estilísticamente dos modelos distintos, aunque técnicamente muy
cercanos entre sí. Al primero, pertenecería el cáliz «A», la custodia, el relicario y la
naveta, pudiendo ser fechado tentativamente desde 1700 a 1730. El segundo estaría
integrado principalmente por el cáliz «B», el copón, el presentador o baldaquino y
la cruz procesional, obras datables entre 1715 y 1730. Considerando las obras de
Amasa el momento inaugural del estilo, el segundo grupo aparece como más evo-
lucionado que el primero, siendo quizás de aparición algo posterior en el tiempo.
Teniendo en cuenta la extraordinaria rareza de algunos de los objetos que lo com-
ponen (fundamentalmente cáliz y copón), las formas y la decoración que presenta
este segundo grupo parecen haber tenido vigencia durante un menor periodo de
tiempo, solapándose siempre con el primero,
Desde luego, el cáliz «A» deriva directamente, hasta semejar una réplica deco-
rativamente enriquecida, del que envió a la villa de Amasa (Guipúzcoa) el capitán
de milicias y «Procurador General del Cabildo Municipal de Guatemala», Antonio
de Zapiaín y Sozarraín, labrado en 1706 por Pedro de Castro. La principal dife-
rencia entre ambas obras reside en que en el ejemplar navarro la copa se constitu-
ye en la única superficie lisa y libre de decoración, sea ésta cincelada o repujada.
El característico motivo de las «castañas», compartido con la custodia, tuvo una
importante presencia en Guatemala, ciudad en la que conocemos varios ejemplos
de su uso durante todo el primer cuarto del siglo XVIII42. Sin embargo, en algún
48 En otro lugar estudiamos esta magnífica obra. Adelantamos que el nombre del donante ofrece
dudas. Para unos es fray José Monroy y Calzadilla, para otros su nombre era fray José Fernández
Monroy. Creemos posible que ambos sean la misma persona que tenemos documentada hasta 1729.
Sin embargo, la biografía de este fraile dominico nos induce a pensar que la donación de la custodia
pudiera haberse producido con alguna anterioridad a la fecha publicada.
49 Estos motivos tan específicamente precolombinos (basados en líneas quebradas o espirales)
son muy difíciles de observar en la platería guatemalteca, tan profundamente europeizada. Cuando se
los encuentra es siempre sobre piezas fechables en los últimos años del siglo XVI o todavía en menor
número a principios del XVIII, como en este caso.
50 Se ha apuntado alguna similitud entre esta obra y el cáliz áureo de la Catedral de Córdoba.
De ninguna manera podemos aceptar tal parecido. El cáliz de Córdoba es, como los de Covarrubias
y Manzanos, una obra muy cercana a 1760, el momento del canto del cisne del barroco clasicista san-
tiagueño, que poco o nada tiene que ver con ésta.
Plateros de Guatemala. Don Juan de Barreneche y Aguirre y el legado de Lesaca 39
abocinada el superior. Detalle que singulariza este objeto dentro del grupo es la
inexistencia de cintas, ni en forma de castañas ni en el de segmentos circulares o
gajos, que creen reservas que alberguen los motivos vegetales relevados de la pieza51.
No conocemos ningún otro copón barroco de este modelo. En el periodo inme-
diatamente anterior a la llegada del rococó, se labraron cierto número de copones
que conservaban un recuerdo de su volumetría general, pero carecían de la tupida
decoración del navarro (Catedral del Espíritu Santo de Quetzaltenango; Catedral y
colección privada de Guatemala; parroquia de Valluércanes, Burgos). Los variados
y ricos copones transicionales o plenamente rococó existentes en la Catedral de
Guatemala y en otros lugares son de fecha posterior a 1760.
Pieza esencial en el conjunto es la cruz procesional con macolla52. Junto a la
prácticamente idéntica conservada en Briviesca, es la obra más importante de las
conservadas de su tipología, entre las labradas en Guatemala durante la primera mi-
tad del XVIII. De nuevo una tupida y ordenada red de motivos vegetales repujados
cubre la superficie de la obra. Las pocas diferencias perceptibles entre ambas cruces
(navarra y burgalesa) residen en el tamaño del Crucificado (substancialmente mayor
en la de Briviesca); también el cuello cóncavo de la macolla, que aumenta la altura
de la pieza de Lesaca y que no existe en la segunda. Otra diferencia notable reside
en los magníficos termes-libélula de gran tamaño y con alas en forma de hojas de
roble, así mismo presentes, aunque con aspecto más convencional, en la obra caste-
llana. Los que lleva la macolla Navarra deben ser emanación directa de algún libro
alemán o francés de emblemas o de grabados (el «ornemaniste» Jean Bérain dibujó
a finales del siglo XVII termes-libélula idénticos a estos). Estas cruces han sido, a
nuestro juicio, injustamente acusadas de «arcaizantes» por su crucero cuadrado y
los ensanchamientos en castañeta (óvalos conopiales) del palo y brazos de la cruz53.
En cambio, la crestería perimetral, idéntica a la que lleva la naveta, sí es una rein-
terpretación barroca de las cresterías góticas y platerescas, pudiendo ser motejada
de torna atrás estilístico. Finalmente, encontramos en la macolla lambrequines con
dos configuraciones distintas, los superiores más complejos, rematados en termes
alados similares a los de Briviesca, mientras que los inferiores, ejecutados mediante
una lámina de plata plana a modo de asa, son más esquemáticos y sencillos.
Uno de los pocos objetos de su tipología que se conserva en el lugar para el que
fue labrado54 es el baldaquino, dosel, trono, o manifestador de Lesaca (que de todas
51 Entendemos el relevado como un repujado plano, de muy escaso relieve, en el que el cincelado
de la superficie anterior adquiere una importancia dominante.
52 Y la más rara, junto al dosel, de las tipologías conservadas en Lesaca.
53 El crucero cuadrado no puede ser un recuerdo arcaizante porque jamás dejó de usarse en las
platerías de Santiago de Guatemala. La primera cruz procesional marcada en la capital sin cuadrón o sin
tondo en el crucero es de la década de los sesenta. En cuanto a los glóbulos conopiales o «castañetas»,
ya hemos dado nuestra opinión en este mismo capítulo.
54 Otro de los escasísimos doseles o tronos supervivientes in situ es el de San Miguel en la Ca-
tedral de Quetzaltenango. Aunque ésta es obra anterior, probablemente de la última década del siglo
XVII o de los años iniciales de la centuria siguiente.
40 Javier Abad Viela
3. El platero
55 Adelantamos en esta nota que la marca de la Real Caja de Santiago de Guatemala (V4, venera)
que muestra el manifestador de Lesaca precede inmediatamente en el tiempo a la que lleva la sacra del
convento de Salamanca (EC, espadas cruzadas) que la sustituirá en algún momento anterior a 1730 y
estará en uso hasta 1760 (en 1762 ya habrá sido sustituida a su vez por el punzón del Santiago sobre
volcanes).
Plateros de Guatemala. Don Juan de Barreneche y Aguirre y el legado de Lesaca 41
4. Las marcas
Las cuatro piezas marcadas de Lesaca llevan impresos los mismos punzones
además de la burilada. Éstos son la venera, como marca de la Caja Real de la ciudad
de Santiago de Guatemala, y la Real Corona garantizando la satisfacción del Quinto.
En el primer caso se trata de la última y más rara de las variantes cronológicas de
la venera que en el conjunto de nuestro trabajo denominamos (V4). No sabemos
cuándo comenzó su uso pero debió suceder no muy lejos de 1660. Existen al menos
dos variantes menores de la marca. En 1730 ya había sido sustituida por el punzón
de las espadas cruzadas, que en nuestro trabajo denominamos (EC). El punzón de
Quinto de la «Real Corona» (CA4), del que también existen algunas variantes de
menor importancia en tamaño y diseño (tenemos estudiadas y aceptadas cuatro), fue
grabado en algún momento que no podemos precisar a principios del siglo XVIII,
quizás no lejos de 171156. Seguía siendo usado hacia 1735, habiendo sido sustituido
antes de 1747. Ambas improntas, Real Caja y Quinto, son extraordinariamente
raras. De la marca (V4) apenas conocemos a día de hoy una decena de ejemplares
seguros, incluyendo entre ellos las obras de Lesaca.
56 En ese año de 1711 se iniciaron los trámites administrativos exigidos por la Real Cedula dada
en 1710 sobre la percepción de los quintos propiedad de iglesias y particulares. El revuelo administrativo
fue intenso y muy prolongado, sufriendo numerosas vicisitudes y dando lugar, desde el primer mo-
mento, a una documentación henchida de datos sobre el marcaje de la plata en la capital. Es frecuente
que encontremos cambios en las marcas de la Real Caja de Guatemala coincidiendo con importantes
novedades administrativas o políticas.
42 Javier Abad Viela
57 El ensayador mayor Juan de Mendoza falleció entre 1727 y 1730, lo que pudiera haber faci-
litado un buen motivo para el cambio de la marca de la Real Caja. Barreneche había ocupado el cargo
de alcalde ordinario de Santiago de los Caballeros durante los años 1722 y 1728 (el cargo era anual),
quizás otra buena oportunidad para el envío de platería votiva. El mismo año de 1727, el indiano, cuyos
contactos con el estamento eclesiástico navarro eran continuos, recibe la solicitud, y al mismo tiempo
el permiso, para recolectar limosnas en Guatemala con destino a la cofradía madrileña de San Fermín
de los Navarros. Anteriormente, en 1721, había muerto en Lima el hermano de don Juan, Francisco de
Barreneche. Todos ellos pueden considerarse hitos en la vida de un español en las Indias que pudieran
explicar, cada uno de por sí, tan espléndida donación.
Oreficeria siciliana nei musei madrileni
LUCIA AJELLO
Università degli Studi di Palermo
1 Per le collezioni spagnole d’arte decorativa siciliana e di altre nazionalità Cfr J.M. CRUZ
VALDOVINOS, Platería europea en España 1300-1700. Madrid, 1997, passim.
2 Si ringraziano la prof.ssa Maria Concetta Di Natale ed il prof. José Manuel Cruz Valdovinos
per i preziosi consigli e la costante disponibilità nell’affrontare la ricerca.
3 «Nella Sicilia orientale già dalla fine del Trecento erano presenti opere di artisti iberici come
la tavola della Madonna con il Bambino tra le Sante Eulalia, Caterina e Angeli del Museo Regionale
di Palazzo Bellomo di Siracusa, della fine del XIV attribuita a Pietro Serra». Cfr M.C. DI NATALE,
Gioielli di Sicilia. Palermo, 2000, p. 30, che riporta la precedente bibliografia.
44 Lucia Ajello
LÁMINA 1. Maestro Trapanese. Edicola con Madonna di Trapani (prima metà XVII secolo).
Instituto Valencia de Don Juan, Madrid (recto e verso).
LÁMINA 2. Maestro Trapanese o Maiorchino. Mano a fico (fine XVII secolo). Instituto Valencia
de Don Juan, Madrid.
1609 riguardante gli oggetti presenti nella bottega dell’orafo palermitano Frances-
co Verdino in cui si menziona «Un pendente d’oro con la Madonna di Trapani di
corallo lavorato alla spagnola con cinco perni»16 a dimostrare come la diffusione di
monili verosimilmente simili a quello presente nella collezione dell’Istituto Valencia
de Don Juan venissero realizzati anche da botteghe palermitane ispirate alla parallela
produzione spagnola. La Franco Mata cita brevemente il pendente in relazione con la
copia della Madonna di Trapani in avorio presente sempre nell’Istituto17. Il pendente
è raffigurato in foto in un articolo degli anni trenta a firma di Julio Cavestany18. Le
ricerche effettuate presso l’archivio dell’istituto madrileno hanno condotto ad un
inedito atto di donazione di alcuni gioielli da parte del collezionista francese J.J.
Reubell. Nell’atto datato a Madrid il 4 Novembre 1919, destinato a Sir C. Hercules
Read e firmato da G.I. De Osuna, si legge che Reubell ha fatto donazione all’Istituto
della importante collezione di gioie spagnole e di manufatti d’avorio e d’argento
lavorato che si dettagliano in una relazione19 apposita in cui si mette in evidenza
una «Edicola d’oro smaltato con l’immagine della Vergine di Corallo»20.
L’inedita collezione di pendenti a mani a fico e corni di corallo esaminati presso
l’Istituto sembra appartenere alla tradizionale manifattura trapanese come la mano
a fico (inv. n. 1061)21. L’esemplare (lám. 2) presenta una base d’oro decorata con
smalti e la mano realizzata in un unico pezzo di corallo e si presta al confronto con
analoghi manufatti presenti in collezioni siciliane, come la mano a fico in corallo
montata in oro smaltato già della collezione Whitaker22. Un ulteriore raffronto è
possibile con la descrizione di una mano a fico presente in un inventario dei beni
del Principe Don Alessandro La Torre del 1699 in cui si legge «una manuzza di
corallo ingastata d’oro smaltato»23. L’uso degli smalti in esemplari similari sono stati,
tuttavia, ricondotti dall’Arbeteta Mira all’oreficeria di Maiorca24.
Nel compendio che segue il citato atto di donazione della collezione Reubell
all’Istituto si rileva la descrizione di esemplari a mano a fico in cristallo di rocca in
cui si specifica l’origine spagnola, successivamente si attestano «Sei piccoli pendenti
analoghi in corallo rosso montati in oro e in argento smaltato o inciso stesso sog-
getto XVI secolo»25. Di seguito si elencano altri pendenti raffiguranti mani a fico in
cui curiosamente di nuovo ritorna la certa provenienza spagnola26. Dalla lettura del
compendio, dunque, si rileva come si ometta solo l’origine dei pendenti in corallo,
rafforzando l’ipotesi che si tratti di mani a fico di produzione trapanese.
Un inedito capezzale27 (inv. n. 6076), sempre presente all’Istituto, sembra derivare
dalla fattura di maestranze palermitane o trapanesi del XVII secolo. Il capezzale
presenta forma ottagonale con cornice di legno in cui lo spazio è intervallato da
19 «El Sr. Don J. J. Reubell ha heho donación al Instituto de la importante Colección de Alhajas
españolas y de objetos de marfil y de plata labrada que se detallan en la relación que acompaño (…)». Atto
di donazione di J.J. Reubell all’Istituto Valencia de Don Juan, 4 novembre 1919. Archivio dell’Istituto
Valencia de Don Juan (non inventariato).
20 «Hornacina de oro esmaltado con una imagen de la Virgen, de coral Alto 32 mm.». Atto di
donazione di J.J. Reubell all’Istituto Valencia de Don Juan, 4 novembre 1919. Archivio dell’Istituto
Valencia de Don Juan (non inventariato).
21 Cfr L. AJELLO, ob.cit., scheda n. 54.
22 M.C. DI NATALE, Gioielli… ob.cit., p. 81.
23 Documento cit. A.S.P., notaio C. Magliocco, vol. 2313, 4 luglio 1699, in M.C. DI NATALE,
Gioielli... ob. cit., p. 81.
24 L. ARBETETA MIRA, El arte de la joyeria en la colección Lázaro Galdiano. Segovia, 2003,
passim.
25 «Six petite breloques analogues en corail rouge montees en or en argent amaillè ou grave meme
sujet XVI siecle». Atto di donazione di J.J. Reubell all’Istituto Valencia de Don Juan, 4 novembre 1919.
Archivio dell’Istituto Valencia de Don Juan (non inventariato).
26 «Quatre petite breloques analogues en lapis ivoire nacre er jais Espagne XVI siecle e XVIII
siecle». Atto di donazione di J.J. Reubell all’Istituto Valencia de Don Juan, 4 novembre 1919. Archivio
dell’Istituto Valencia de Don Juan (non inventariato).
27 Cfr L. AJELLO, ob. cit., scheda n. 34.
48 Lucia Ajello
LÁMINA 3. Maestro Trapanese, (fine XVI-inizio XVII secolo). Museo Nacional de Artes
Decorativas, Madrid.
LÁMINA 4. Maestranze Trapenesi. Capezzale con Gesù Risorto (prima metà del XVII secolo).
Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid.
34 Ibídem.
35 Ibídem, p. 36.
36 J.M. CRUZ VALDOVINOS, Platería europea... ob. cit., pp. 278-279.
37 M.C. DI NATALE, «Coralli siciliani a Novara». Kalos. Arte in Sicilia a. 12, n. 2 (2000), pp.
5-6. M.C. DI NATALE, «Ars corallarium et sculptorum coralli a Trapani», in Rosso Corallo... ob. cit.,
p. 20, fig. 10.
Oreficeria siciliana nei musei madrileni 51
Il capezzale in rame, bronzo dorato e corallo rientra nel seno della tradizione di
capezzali che sembrano piccole chiese di corallo e trova puntuale raffronto con
l’esemplare già della collezione Whitaker di fattura trapanese della prima metà del
XVII secolo38. Presso il Museo si riconosce un inedito capezzale in corallo con
Gesù Risorto (inv. n. 993)39 che si qualifica per una fastosa cornice traforata, ornata
da smalti e coralli che producono la caratteristica bicromia bianco/rosso ed alter-
na teste di cherubini a rosoncini (lám. 4). La cornice trova puntuale riscontro nel
capezzale con San Michele Arcangelo già della collezione Whitaker40. Il capezzale,
che si attribuisce a maestranze trapanesi della prima metà del XVII secolo, si esalta
nella sculturina di Gesù in corallo la cui plasticità mostra la sapiente perizia dei
corallari trapanesi. Pregevole opera si rivela anche l’inedito rosario (inv. n. 12539)
in oro, corallo e smalto la cui origine potrebbe essere attribuita a maestranze tra-
panesi o maiorchine del XVII-XVIII secolo. La tipologia della decorazione della
croce rimanda ad un rosario di collezione privata di Enna ritenuto siciliano e datato
dalla Di Natale al XVII secolo41. Gli studi su croci analoghe della studiosa Arbe-
teta Mira su simili esemplari di croci in filigrana smaltati presenti nelle collezioni
del Museo Làzaro Galdiano di Madrid spingono a considerare questa tipologia di
croce smaltata che si caratterizza per il motivo a ojos de perniz, occhi di pernice,
come originaria di Maiorca, ponendo una datazione che si colloca al XVII secolo42.
Tali opere sono pertanto da ricondurre a produzione di Maiorca, anche se non è
da scartare l’ipotesi che alcuni esemplari di tale tipologia di croci smaltate possano
essere state realizzate da maestranze trapanesi su ispirazione maiorchina.
Un inedito bracciale di corallo (inv. n. 5844), espressione della gioielleria trapa-
nese di fine XVIII-inizi XIX secolo aderente ad un gusto neoclassico, impreziosisce
la collezione del Museo43. Il bracciale si esalta per la presenza, all’interno di una
cornice d’oro intagliata e modulata, di una figura muliebre scolpita in corallo, ri-
tratta frontalmente con un’acconciatura con fiori a forte risalto plastico. Il prezioso
gioiello si compone lateralmente di due simmetriche figure zoomorfe, richiamanti
le erme «mostruose» tardo rinascimentali, care alla tradizione siciliane. Il bracciale
rimanda dunque ad esemplari di gioielli siciliani che ritraggono giovani figure mu-
liebri ornate di fiori e frutta, elementi che vivacizzano e alleggeriscono la solennità
neoclassica delle figure ritratte44. Tale tipologia di gioielli in corallo partendo da
Trapani troverà nuova linfa vitale a Torre del Greco con produzioni di monili talora
molto vicine45.
Presso il Museo Archeologico Nazionale di Madrid si riscontrano altri noti
manufatti siciliani, esempi pregevoli dello splendore delle maestranze trapanesi del
corallo: l’insieme di calice, ampolla e campanello in corallo rosso e bianco, filigra-
na d’argento, bronzo dorato (inv. nn. 52.204–52.205–52.206) di fine secolo XVII46
ed il ricordato capezzale (inv. n. 1978/57/1) in corallo bronzo e smalti attribuito
a maestranze trapanesi, datato nel secondo quarto del XVII secolo raffigurante al
centro l’Incoronazione della Vergine47.
La presenza, dunque, delle opere d’arte decorativa siciliana presso le collezioni
dei più importanti musei della capitale spagnola attesta la fortuna e la considera-
zione dei manufatti d’arte decorativa siciliana in Spagna. Le opere d’arte sacra ed i
gioielli hanno consentito, pertanto, di realizzare un breve excursus sull’arte siciliana
dal XVI-XVII al XIX secolo dimostrando la capacità delle maestranze siciliane di
innovarsi nel seno della tradizione.
I documenti inediti riguardanti i manufatti ritrovati presso l’Instituto Valencia
de Don Juan attestano, peraltro, come l’arte siciliana fosse inserita nell’ambito del
collezionismo non solo spagnolo ma europeo.
45 F. BALLETTA e C. ASCIONE, I gioielli del mare: coralli e cammei a Torre del Greco. Napoli,
1990, passim.
46 A. DANEU, ob. cit., pp. 72-74; J.M. CRUZ VALDOVINOS, Museo Arqueológico... ob.cit.,
n. 48. J.M. CRUZ VALDOVINOS, scheda n. 135, in M.C. DI NATALE e C. MALTESE (a cura di),
L’arte del corallo in Sicilia. Catalogo della mostra. Palermo, 1986, p. 316. J.M. CRUZ VALDOVINOS,
Platería europea... ob. cit., scheda n. 96. L. AJELLO, ob. cit., scheda n. 62.
47 J.M. CRUZ VALDOVINOS, Museo arqueológico... ob. cit., pp. 153-154. J.M. CRUZ
VALDOVINOS, Platería europea... ob. cit., p. 275. Cfr pure L. AJELLO, ob. cit., scheda n. 27.
La partición de la plata y las joyas de Isabel de
Valois: la herencia de la infanta Catalina Micaela
MARÍA ALBALADEJO MARTÍNEZ
Universidad de Murcia1
1 Este trabajo se ha realizado dentro del proyecto de investigación Imagen y Apariencia (08723/
PHCS/08) financiado con cargo al Programa de Generación de Conocimiento Científico de Excelencia
de la Fundación Séneca-Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia en el marco del II
PCTRM 2007-10.
2 A. GONZÁLEZ DE AMEZÚA Y MAYO, Isabel de Valois, reina de España (1546-1568):
Estudio biográfico. Madrid, 1949. Isabel de Valois falleció el 3 de octubre de 1568.
54 María Albaladejo Martínez
gran interés a sus atavíos y a los objetos que formaban parte de su vida cotidiana y
pública, luciendo como las descendientes del rey más poderoso de su tiempo3.
Las joyas, expresión del poder y del prestigio de la monarquía fueron los
adornos más preciados. Entre sus pertenencias se han hallado alhajas de devoción,
de entidad de su estirpe y de realce de su imagen, junto a riquísimas piezas de
mobiliario, objetos litúrgicos y recuerdos de familia. Sus retratos y las cuentas
inventariadas de los gastos de su Casa halladas en el Archivo de Simancas, así lo
ponen de manifiesto. Especialmente, un documento expedido a propósito de la dote
que Felipe II estableció para su segunda hija, la primera en casarse4.
Cuando la infanta Catalina Micaela fue prometida al duque Carlos Manuel de
Saboya en el año de 1585, el monarca mandó realizar una partición de las joyas que
debía de recibir por herencia de su madre. Cristóbal de Oviedo5 guardajoyas y ropa
hasta entonces de ambas infantas, entregó a Luis Gutiérrez, guardajoyas y ropa de la
infanta Catalina Micaela, aquellos bienes y alhajas que quedaban en su poder para el
servicio de la infanta, dejando constancia de ello en una relación firmada por el contralor
Juan de Espina y Juan Pérez de Alcega, el grefier del príncipe Felipe y sus altezas6.
3 M. ALBALADEJO MARTÍNEZ, «La apariencia de las infantas Isabel Clara Eugenia y Ca-
talina Micaela: expresión de poder, virtud y elegancia». Congreso Internacional Imagen Apariencia.
Noviembre 19, 2008 − noviembre 21, 2008, 2009.
4 M.J. RÍO BARREDO, «De Madrid a Turín: el ceremonial de las reinas españolas en la Corte
ducal de Catalina Micaela de Saboya». Cuadernos de Historia Moderna. Madrid, 2003, pp. 97-122.
Cuando apenas contaba con diecisiete años, el 10 de marzo de 1585, Catalina Micaela tomó por esposo
al duque Carlos Manuel de Saboya en la ciudad de Zaragoza. El enlace, dotó a España de la estabilidad
y la protección necesaria para sus posesiones del norte de Italia, amenazadas continuamente por Francia,
permitiendo crear el «camino español «, la vía que comunicaba Flandes con el resto de sus territorios.
A efectos prácticos ésta unión benefició notablemente a ambas partes, ya que Saboya quedaba también
bajo la defensa de España, por ello, aunque Carlos Manuel carecía de la categoría suficiente para casarse
con la infanta Catalina Micaela, Felipe II lo escogió como esposo para su segunda hija. Isabel Clara
Eugenia contaba con mayor rango y privilegios que su hermana, debiendo ser su matrimonio el más
ventajoso para la Corona y de la más alta estima. Las esperanzas que Felipe II proyectó a través del
casamiento de su hija Isabel Clara Eugenia fueron tan ambiciosas, que el monarca prefirió convertir a
Catalina Micaela en duquesa de Saboya antes que a su primogénita, concediéndole a cambio, el mantener
su estatus a través del título de infanta de España.
5 Guardajoyas y ropa de la Casa de las infantas. Permaneció ostentando este cargo en la Casa
de la infanta Isabel Clara Eugenia hasta 1599, año en el que ésta contrajo matrimonio con su primo el
archiduque Alberto de Austria y se marchó de España como archiduquesa de los Países Bajos.
6 Biblioteca del Palacio Real (BPR), Sección Etiquetas, II/3127, f. 59r-155v. «Ordenanzas y
etiquetas que el rey Felipe II mandó se guardasen por los criados y criadas de la casa de la serenísima
infanta doña Catalina; refrendado por su secretario de estado Martín Gaztelu. San Lorenzo de El
Escorial, 31-XII-1575», en «La orden que es nuestra voluntad que guarden los criados y criadas de la
serenísima infanta doña Catalina mi muy chara y muy amada Hija en lo que toca a su servicio, uso y
exercicio» quedó instaurado el servicio que acompañó a la infanta en su nueva vida. Este manuscrito,
redactado en Barcelona, a 13 de junio de 1585 por su secretario Don Juan Idiáquez, seguía las normas
de la etiqueta de la Casa de las infantas, refrendadas en San Lorenzo de El Escorial en el año 1575,
quedando establecida su Casa a la manera española, «El estilo que ha de usar la infanta en forma del
tratamiento con algunas personas de allá assí en hablar como escribir las veces que lo hiciere se dará
memoria aparte de la qual se podía usar (…) acordando a su tiempo».
La partición de la plata y las joyas de Isabel de Valois 55
Asimismo, figura un collar de oro obra de Juan Rodríguez, platero de Medina del
Campo que trabajo al servicio de la Casa de las infantas10. De quince piezas, ocho
ostentaban diamantes pequeños y siete rubíes, y las demás dos asientos de perlas y
un diamante de gran tamaño.
Seis sortijas se hallaban entre las alhajas de la infanta. Cuatro sortijas eran rojas
y blancas y se decoraban con una esmeralda. La quinta se distinguía por ser de
color negro y por poseer un diamante numero tres engastado, de un valor de mil y
ochenta ducados. Y la sexta sobresalía por «un diamante tablado numero dos con
quatro gran piedras esmaltadas de negro tasada en mil novecientos ducados»11.
Otro adorno fundamental fue la cintura o cinto que a menudo decoraba el talle
de la saya o el jubón12. Cinco fueron los ceñidores que Catalina Micaela percibió
en herencia:
10 AGS, C y S, Reales, Leg. 38. Según dicho documento Juan Rodríguez ostentó el cargo de
platero de la Casa de las infantas desde 1568.
11 Ibídem.
12 J. LAVER, Breve historia del traje y la moda. Madrid, 2007. El traje de etiqueta se carac-
terizaba por componerse de un atavío de cuerpo entero con cola llamado saya, o un vestido de dos
piezas llamadas jubón y basquiña. El jubón era un corpiño que cubría la parte superior del cuerpo, y
la basquiña se colocaba a la manera de falda en la parte inferior.
La partición de la plata y las joyas de Isabel de Valois 57
13 AGS, C y S, Reales, Leg. 80. Esta pieza, descrita como «un camafeo numero quarenta y seys
de la figura del rrey nuestro señor que se abre por las espaldas y dentro tiene el retrato del rey don
enrique tassado en cinquenta ducados», podría tratarse del camafeo que exhibe Isabel Clara Eugenia
en el retrato junto a la enana Magdalena Ruíz (Madrid, Museo Nacional del Prado), obra de Alonso
Sánchez Coello en el año de 1584.
14 Catalina Micaela fue representada con esta joya. El cuadro, conservado en el Museo Lázaro
Galdiano de Madrid, representa a la infanta vestida con una saya con mangas de punta y copete, su-
jetando en su mano derecha esta cabeza de marta similar a la que presenta su madre en el retrato que
hizo de ella Juan Pantoja de la Cruz hacia 1605. Dos fuentes primordiales son M. KUSCHE, Juan
Pantoja de la Cruz y sus seguidores: B. González, R. de Villandrando y A. López Polanco. Madrid,
2007. Y.M. KUSCHE, Retratos y retratadores. Alonso Sánchez Coello y sus competidores. Sofonisba
Anguissola, Jorge de la Rúa y Rolán Moys. Madrid, 2003.
15 A.A. BIANCHI GIOVINI, Storia dei Papi, da san Pietro a Pio IX. Torino, 1853. La Rosa de
oro, impregnada de perfume, era una de las más altas condecoraciones vaticanas y una de las insignias
que se entregaba a las mujeres de la familia real española, para reconocer su fe cristiana y su vinculación
a la institución eclesiástica, que simbolizaba la pasión y resurrección de Jesucristo. El oro aludía a su
majestad, su color a la sangre derramada en su pasión y su fragancia recordaba la resurrección. Isabel
de Valois fue agasajada con esta Rosa, al igual que lo fue Ana de Austria, quien acudió a recibir la Rosa
de oro, junto Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, quienes la recibieron también posteriormente,
como cita el documento del ARCHIVO GENERAL DE PALACIO (AGP), Sección Histórica, Caja
53, Exp. 4.
58 María Albaladejo Martínez
En la joyería del siglo XVI, la perla fue un adorno esencial de la Corona, espe-
cialmente de la española. Las perlas provenían de lugares lejanos como Oriente y las
Indias, territorios conquistados a finales del siglo XV por los reyes de España16.
Las perlas inundaban todas las alhajas de las reinas e infantas. Engastadas, a
manera de sartas, pinjantes etc., aparecían en todo tipo de aditamentos como co-
llares, cintos, brazaletes, zarcillos, joyeles, anillos e incluso bordando sus vestidos
y ornamentando muebles17.
Felipe II dio la orden de que su hija recibiera dos hilos de perlas. Uno de ciento
noventa perlas redondas, de las cuales sesenta y nueve pertenecieron a la reina Isabel
de Valois y, las ciento y veinte y una perlas restantes, fueron un regalo del rey a
sus hijas para alargar esta sarta. El segundo era de doscientas y treinta y dos perlas
redondas con un grano de alforja entre cada una de ellas. Ciento y setenta y cinco
perlas, tasadas en dos mil novecientos y setenta ducados18 fueron también de Isabel
de Valois, y cincuenta y siete las entregó Felipe II de su guardajoyas.
a la que Felipe II le tenía más estima, era a «la peregrina». Una perla con forma de pera que colgaba
de un diamante que Felipe compró a la Casa de Indias por 9000 ducados.
19 AGS, C y S, Reales, Leg. 80. Este crucifijo que «peso once marcos seys onzas y seys ochavas»
fue cedido por Felipe II.
20 F. COTS MORATÓ, Los plateros valencianos en la edad moderna (siglos XVI-XIX): repertorio
biográfico. Valencia, 2005. La decoración a la morisca se caracterizaba por la reproducción de motivos
geométricos.
21 AGS, C y S, Reales, Leg. 80.
60 María Albaladejo Martínez
Libros de plata también se hallan como presentes. Catalina Micaela obtuvo «Un
libro chico numero ochenta y seys guarnecido con oro y esmaltado de negro», en
cuyo interior se recogían los retratos de los reyes y reinas de Francia. Y un libro
de horas con sus «tablas Todas de oro y ssembrados por las tablas Unos camafeos»,
con hojas de pergamino iluminado.
Otros objetos de plata para el uso personal de la infanta hallados fueron «Un
estrivo de muger de plata blanco nielado con Una cincha cortado», tasado en ocho
mil setecientos y ochenta y nueve maravedíes. Diez pares de niños de oro con es-
malte blanco que valían cuarenta ducados. Una «Arquilla de évano numero ochenta
y quatro guarnecida toda de oro y plata», que poseía un tapador con espejo y ocho
cajoncillos, de trescientos cincuenta ducados. Y un «cofrecito de cristal Número
ochenta y tres guarnecido de oro y ssembrado de perlas» que portaba las reliquias
de la reina22.
Entre el mobiliario destaca «un bufete grande de plata blanca» que llevaba en el
centro «un medio relieve alrrededor de unas mujeres antiguas con quatro escudos de
armas y sus molduras, que pesso sesenta y cinco marcos y cuatro ochavas», estimado
en doscientas noventa y tres mil novecientos y sesenta y quatro maravedíes23. Y un
espejo «rredondo numero Noventa y Tres» cubierto por dos láminas que permiten
abrirse, con la imagen «del rrey de francia y de la rreyna madre»24, tasada en ciento
cuarenta ducados.
Esta relación, que fue entregada de manos de Cristóbal de Oviedo al nuevo
guardajoyas y ropa de la infanta Luis Gutiérrez, fue refrendada posteriormente, por
Mateo Vázquez, secretario del rey25 y Juan López de Vivanco, contador de Felipe
II y contralor y grefier del príncipe Felipe III y de la infanta Isabel Clara Eugenia.
Estando presentes los responsables de las contadurías del monarca, Juan Vello de
22 A. GONZÁLEZ DE AMEZÚA Y MAYO, ob. cit. Este estudio destaca el carácter devocional
y el fervor que sentía la reina Isabel de Valois por las reliquias. Después de cuatro años de casada y
tras un aborto sufrido en 1564, Isabel anunció su estado de buena esperanza y atribuyó el prodigio a
San Eugenio, primer arzobispo de Toledo. Cuando sus reliquias fueron trasladadas en procesión desde
San Denis hasta la iglesia de esta ciudad, en su paso por Getafe el 14 de noviembre de 1565, se hallaba
Isabel de Valois adorándolo. Asimismo, Isabel ejerció labores de patronazgo en la comunidad religiosa
de los franciscanos menores realizando donaciones. A falta de un trabajo que profundice en este tema
cabe señalar el texto de W. CHRISTIAN, Religiosidad local en la España de Felipe II. Madrid, 1991.
23 Para conocer más datos sobre la historia del mueble véase por ejemplo: M.P. AGUILÓ,
«Palacio y hogar. El mueble» en La cultura del Renacimiento (1480-1580). Vol. XXI. Madrid, 1999,
pp. 127-152. Y M.P. AGUILÓ, Orden y decoro. Felipe II y el amueblamiento del Monasterio de El
Escorial. Madrid, 2001.
24 J. ORIOL RONQUILLO, Diccionario de materia mercantil, industrial y agrícola, que con-
tiene la indicación, la descripción y los usos de todas las mercancías. Barcelona, 1853, p. 495. La plata
también se utilizaba en el procedimiento de fabricación de los espejos. Desde la Antigüedad, la táctica
consistía en «una plancha de cristal guarnecida por detrás de una ligera capa de metal», que solía ser
plata, en primer lugar, o bronce.
25 A. FEROS, El duque de Lerma: realeza y privanza en la España de Felipe III. Madrid, 2006,
p. 328.
La partición de la plata y las joyas de Isabel de Valois 61
Acuña, y Juan Bernaldo de Quiros, quedó de esta manera establecida buena parte de
la herencia de la Catalina Micaela, en Madrid, a 4 de agosto de 1586 en el monasterio
de San Lorenzo de El Escorial 26. Así lo constata este manuscrito.
APÉNDICE DOCUMENTAL
El Rey
26 Catalina Micaela falleció en Turín a 6 de noviembre de 1597 al dar a luz a su décima hija, la cual
falleció a las pocas horas de nacer. Sus restos mortales se conservan en la Catedral de esta ciudad.
62 María Albaladejo Martínez
daron de la rreyna doña ysabel nuestra señora que está en el cielo para las Sermas.
ynfantes doña ysabel y doña cathalina sus Hijas que en el (siguiente) partimiento
que de todas ellas se hico, cupieron A la Serma. ynfante doña cathalina Las diesse y
entregasse A Luis gutiérrez guardaJoyas y rropa de su Alteza para que las Tuviesse
en su poder para su servicio y para lo que por su mandado sse le ordenasse y en
cumplimiento de lo que su excelencia mando sse le dieron y entregaron al dicho Luis
gutiérrez en presencia y con yntervención de los dichos Juan despina y Juan pérez
de alcega, contralor y grefier de sus Altezas. Las cossas que avajo yrán nombradas
y declaradas en esta manera:
Primeramente Un joyel de oro con Un diamante Tabla grande gruesso con
Una perla grande a manera de pera por pinjantte engastado en una pieca de oro
grande Labrado de frutajes esmaltado de diversos colores Tassado en treyntamill
ducados.
Más otro Joyel numero Veynte y Uno con dos cafires el Uno mayor quel otro
con una perla Por pinxante algo rredonda y por Una parte Hecho asiento Tassado
en novecientos y cinquenta ducados.
Más un collar de oro numero Veynte y quatro que tiene quatro piecas engas-
tadas en cada una un diamante grande. Los dos tablas y los dos facetas esmaltadas
las dichas piecas de negro y colorados y blancos y otra pieza de la misma obra y
engaste esmaltada de negro, Roxo y blanco y en ella engastado Un rruví tabla gran-
de y quatro sortixas esmaltadas de blanco y rroxo y en cada Una dellas engastada
Una esmeralda de las antiguas y ocho piecas de oro en el dicho collar engastadas
en cada una dellas quatro perlas Redondas tassado en tres mil novecientos y setenta
ducados.
Más otro Joyel numero Treinta y Uno grande con Una esmeralda grande
Tumvada y antigua un (yocropo) longada con una pera perla por pinJantte el qual
estava tassado antes en Veynte y dos mill ducados y agora Le an tassado (Laynes
y Vilvao) en quatro mil ducados.
Más oTro collar de oro Numero Treinta y tres con ssiete piecas Labradas con
frutaxes y compartimentos esmaltadas de diVerssas colores en las quatro quatro
diamantes grandes las dos Tablas y las dos Labrados a ffacetas y en la otra de las tres
piecas Un rrubí tabla del tamaño de los diamantes y en la otra Un rruví cabuxón
y en la otra Una espinela Tabla Tassado en siete mil y (cuatrocientos) y Noventa
ducados.
Más Un aPretador numero Treinta y quatro con nueve rruVíes engastados cada
Uno dellos en Una pieca de oro y otras Ocho entrepiecas con quatro perlas en cada
Una tassado en mill y doscientos y ochenta y ssiete ducados.
Más un camafeo numero quarenta y seys dela figura del rrey nuestro señor que
sse abre por las espaldas y Dentro tiene el rretrato del rrey don enrrique tassado
en cinquenta ducados.
Más una sortiJa con un diamante tabla numero dos con quatro grampas esmal-
tadas de negro tasada en mil y novecientos ducados.
La partición de la plata y las joyas de Isabel de Valois 63
Más otra sortixa con un diamante Número tres engastado en Una sortiJa torcida
de oro esmaltada en negro. Tassada en mill y ochenta ducados.
Más dos perlas de orexas yguales numero Uno tassadas en mill y quinientos
ducados.
Más ssesenta y Una puntas de oro numero cinquenta y Uno cuaxadas de rrubi-
nicos de la yndia cada uno con dos perlas rredondas. Tassados los rrubinícos, oro
y echura en doscientos y ssiete ducados y las perLas en ssetecientos y treinta y dos
que todo monta Novecientos y treinta y nueve ducados.
Más Una cabeza de martas de oro con quarenta y Un diamante de diverssos
Tamaños y dos rruViníllos en los dichos con quatro Piecicos de oro cada Uno con
tres diamantillos. Los dos tablas y el otro triangulo y La marta en que esta puesta
la dicha caveca con sus pies tasosse en (…) doscientos y ssetenta mill maravedíes.
Más Un cofrecito de cristal Numero ochenta y tres guarnecido de oro y ssem-
brado de perlas por el y están dentro Las rreliquias de la rreyna nuestra señora y
faltale el gozne de la cerradura Tassosse en doscientos y quarenta ducados.
Más Una Arquilla de évano numero ochenta y quatro guarnecida toda de oro
y plata y en el tapador con Un espejo y con ocho caxoncillos pequeños tassose en
trescientos cinquenta ducados.
Más Unas cubiertas de Terciopelo carmessí numero ochenta y cinco guarnecidas
de oro Las esquinas y en medio dos Retratos y Una manecuela con que sse cierra
de oro y echura de cifra del nombre de la rreyna nuestra señora tassadas en veinte
y quatro ducados.
Más Un libro chico numero ochenta y seys guarnecido con oro y esmaltado de
negro y dentro del Los rretratos de los rreyes y rreynas de francia tasosse en ciento
y cinco ducados. Los cinquenta y cinco de oro y los cinquenta Por los rretratos y
echuras.
Más Unas oras Las tablas Todas de oro y ssembrados por las tablas Unos ca-
mafeos y por de dentro Las ojas de Pergamino luminado metidas en una caxa de
cuero negro afforrada en rraso carmesí tassadas en ochocientos y setenta y cinco
ducados.
Más Una cintura de oro numero noVenta y Uno que tiene quince Piecas y en
cada una pieca Una rrosa de seys diamantes chicos y trece entrepiecas y en cada una
dos perlas y tiene una cruz en una pieca y son veinte y siete Piecas sin la broncha
Tassose en mill y cien ducados.
Más Una rrosa de oro numero Noventa y dos con sus rramos (…) que dio
su santidad A la rreyna nuestra señora que está en gloria tassada en doscientos y
noventa y quatro ducados. Los ciento y quarenta y cuatro ducados de oro y los
ciento y cinquenta de la hechura.
Más Un crucifixo de oro Puesto en una cruz de plata con el monte calvario
Al pie de la cruz que fue dado a su magestad en Un oratorio tassado en ssesenta
y tres ducados.
64 María Albaladejo Martínez
Más Un espeJo rredondo numero Noventa y Tres con unas chapas que se abre
por anvas partes y tiene de la una parte el rretrato del rrey de francia y de la rreyna
madre. Tasosse en ciento y quarenta y dos ducados.
Más Un ylo de perlas rredondas gruessas diferentes. Las Unas mayores que Las
otras dichas sesenta y nueve perlas dellas Heran Las de Un ylo de perlas rredondas
gruessas número cinco de la rreyna doña ysavel nuestra señora que está en el cielo
que estavan tassadas en mill Setecientos y Veinte y cinco ducados y Las ciento y
Veinte y Una perlas rrestantes Las dio su magestad a sus Altezas para alargarsse
este ylo de perlas que todas Las dichas ciento y noventa pessaron con el ylo y Un
grano de alxofar entre cada Una dellas seys oncas dos ochavas y dos tomines de
pesso de marco de Castilla del Valor de las cuales no sse saca Aquí más del que
Tienen las dichas sesenta y nueve perlas (que es).
Más Una medalla numero Noventa y cinco con eL rretrato de su magestad con
una águila de la otra parte Tasada en cinquenta ducados.
Más Un sillón con su arcón Trasero y delantero espaldar y tablillas de pies y
tablas y Cavecadas y pretal falssa rriendas y guruperas, copas y estribos guarneci-
do de oro y perlas y el terliz y almoada bordado de oro y plata de canutillo sobre
terciopelo morado tasado con su gualdrapa bordada como el Terliz en trescientos
cinquenta y quatro mill y quatrocientos y diez maravedíes, con su almártiga, cor-
dones y rriendas.
Más Una medalla de oro numero noventa y seys con Una figura de oro del dios
marte en medio con tres diamantes chicos a los pies Tassado en Veynte ducados.
Más cinco Trocos de oro guarnecidos de Perlas que sobraron de la guarnición del
sillón de arriba que se tassaron en quatro mill y trescientos y diez maravedíes.
Más dos perlas para las oreJas yguales algo pequeñas que pesaron a catorce
quilates cada Una tasadas entranvas en setecientos ducados.
Más diez pares de niños de oro esmaltados de blanco y tassados todos ellos en
quarenta ducados.
Más Un collar de oro que tiene quince Piecas en las ocho, ocho diamantes
pequeños y las ssiete con siete rruVíes pequeños y quince entrepiecas con dos
asientos de perlas en cada Uno y el diamante de la broncha es mayor que los ottros
siete diamantes y este collar es el que sse compro de Juan Rodríguez, platero (…)
de medina del campo que después se añadió y esta tassado en ciento y novenTa
ducados.
Más Un apretador o collar numero Treinta y siete y Tiene nueve piecas en cada
Pieca un diamante Tabla pequeño y nueve enTrepiecas de dos perLas rredondas que
sse taso en quatrocientos y diez y siete ducados.
Más Otro aPretador collar numero treinta y ocho que Tiene cinco piecas de oro
en cada Una Un diamante Tabla pequeño y es el Uno de lamina de flandes y seys
entrepiecas Las cinco de dos perlas Redondas y La Una con Una perla sola que se
tasso en trescientos y cuarenta ducados.
La partición de la plata y las joyas de Isabel de Valois 65
Más sesenta y cinco Botones de los ssesenta y seys botones numero Cinquenta
y seys los Veynte y tres dellos cada uno con cinco diamantes y los Veinte y cinco
cada uno dellos con cinco rruVíes ocho a manera de Rossas y faltan en los dos de
los diamantes Tres piecas en el Uno dellos y en el oTro una y en quatro Votones de
los rruVíes en el Uno dos piecas y en los otros tres en cada Uno Una y los otros
diez y siete Votones de la misma Hechura de rrossas Los nueve diamantes. Y Los
otros ocho cada Uno con cinco Rubíes que son todos los dichos sesenta y cinco
Votones y están tasados todos en mill setencientos y quarenta y dos ducados.
Más Una perla Pera grande Larga que pessara Veinte y quatro quilates que sse
tasso en trescientos ducados.
Más oTra perla pera que no esta acavada de oradar que sse tasso en ciento y
cinquenta ducados.
Más Un pinJante de perla que tiene a la parte de arriba Un pedaco de oro pegado
A la assa que esta tassado en ssesenta ducados.
Más Una medalla que Tiene cinco diamantes y tres rrubíes y Una esmeralda
que está tasado en doscientos ducados.
Más Veynte Votoncillos Los cinco con cinco diamantes y los siete de rruVíes y
los ocho de esmeraldas Tassados todos en sesenta y ssiete ducados y en los Votones
de esmeraLdas le faltan Uno a Uno dellos.
Más Una cintura de veynte y quatro Piecas de perlas que Tiene quarenta y ocho
perlas en todas Las Veinte y quatro piecas, dos en cada Una Tassadas en doscientos
ducados.
Más oTro ylo de perlas rredondas no pequeñas que Una dellas son mayores que
oTras y Las ciento y setenta y cinco perlas dellas son de un ylo de perlas numero
seys de la rreyna doña ysavel nuestra señora que está en el cielo que estava tasado
en dos mill y novecientos y setenta ducados y Las otras cinquenta y ssiete perLas
rrestantes Las dio su magestad de su guardaJoyas para aLargar esta sarta de perlas
que tiene Las dichas doscientas y treinta y dos perlas que engastadas en Un ylo y
con Un grano de alJófar entre cada una dellas pesaron tres oncas y cinco ochavas
y media de peso de (marco) de castilla y se saca por ellas Solo el Valor que antes
Tenían Las dichas ciento y sesenta y cinco perlas.
Más Una cruz de Plata dorada con Un crucifixo en ella y su pie LaVrado A
la morisca pesso once marcos, seys oncas y seys ochavas tasose a ssiete ducados y
medio el marco de pesso oro y echura monta Treinta y tres mil cinto y treinta y
quatro maravedíes.
Más Una ymaJen de nuestra señora que Tenia su magestad A la cabecera donde
dormía y La pinto maestre JorJe en Toledo27 que sse tasso en quince mill marave-
díes.
27 A. GONZÁLEZ DE AMEZÚA Y MAYO, ob. cit., p. 500. Según este autor se refiere a Jorge
de la Rúa, pintor de cámara de Isabel de Valois.
66 María Albaladejo Martínez
Más Un cáliz con su patena Todo dorado con esmalte y La patena Labrada A la
morisca pesso cinco marcos, Una onca y dos ochavas Tassose plata oro y hechura
en diez y ssiete mil y trescientos y quarenta y nueve maravedíes.
Más oTro cáliz con su tapador grande y encima Un crucifixo todo dorado que
sse hizo para rrecivir el santíssimo sacramento pesso quatro Marcos y Dos quartillos
Tasose a doce ducados el marco que monta Diez y siete mill novecientos y sesenta
y nueve maravedíes.
Más Un acetre con su assa grande dorado Labrado A la morisca que pesso
cinco marcos Tasose a ssiete ducados el marco que Monta trece mill y noventa
maravedíes.
Más Un ysopo de plata blanco Para el dicho acetre pesso Un marco y Tres
ochavas y dos cuartillos Tassose en seys ducados de Hechura y plata.
Más dos Vinajeras de Plata doradas Labradas A la morisca que pessaron tres
marcos, dos oncas y tres quartillos Tassadas a siete ducados el marco que montan
ocho mill y cinto quarenta y dos maravedíes.
Más dos candeleros de plata dorados para altar Labrados A la morisca que
pessaron once marcos y cuatro Ochavas tassados A ssiete ducados el marco que
montan Veinte y ocho mil novecientos y sesenta y ocho maravedíes.
Más Una campanilla de Plata dorada que pesso tres marcos y medio que a
ochenta rreales el marco con La hechura monta nueve mill y quinientos y beynte
maravedíes.
Más Una cassulla de Tela de oro rrico ondo pelo de plata con estola y manipulo
de lo mismo y su fraxoncillo de oro y plata y seda carmessí afforrada En rraso Verde
y Un frontal de la misma Tela con su frontalera de tela de oro encarnado rrico y
flocaduras de oro y plata carmessí y Un doselico de lo mismo con Una cruz en
medio de Tela de oro encarnado y dos Cubiertas de missal y faldones de lo mismo
Tassado todo en ciento y trece mill y cinco maravedíes.
Más dos palios de olanda labrados de sseda carmessí que sse tasaron en seys
ducados entranvos.
Más Una cama de las grandes de Tela de oro rrico con su cielo y dos cortinas,
corbertor y rrodapiés La Una pierna de Tela de oro rrico ondo encarnado y pelo de
oro y Las Otras dos Cortinas de la cama de damasco Carmessí y oro de dos aces
con su Vufete de lo mismo y Un dosel grande de tela de oro rrico la Una pierna
ondo de oro y peLo de plata y la otra ondo de oro encarnado y pelo de oro que
tiene quatro pilanas tassado Todo en ssetecientas setenta y ocho mill y seys cintos
y catorce maravedíes.
Más Una cama de madera Dorada que sse taso entreinta ducados.
Más otra cama grande con los quatro pilares de marfil torneados y el asiento
de los colchones de madera con su berxillas de marfil y de éVano tassado en qui-
nientos ducados.
Más Una ssilla de marfil con el asiento y espaldar de tela de oro y plata bordado
y en el espaldar Un escudo de Las armas rreales Tassada en (cuarenta) ducados.
La partición de la plata y las joyas de Isabel de Valois 67
Más Tres ssillas de nogal Con los assientos y espaldares de tela de oro rrico y
su franxa ancha de oro Tassadas en mil y quinientos rreales.
Más Un bufete grande de plata blanca con la chapa de en medio llana con Unas
Tiras de medio rreLieve alrededor de Unas mugeres antiguas con quatro escudos de
Armas y sus molduras que pesso sesenta y cinco marcos y cuatro ochavas Tasose la
hechura de cada marco a seis ducados que montan doscientos noventa y tres mill
novecientos y sesenta y cuatro maravedíes.
Más Un cántaro grande con su tapador y Las armas rreales de plata blanca lisso
que pesso quince marcos dos oncas y Unas ochavas tasosse a ocho ducados el marco
que monta quarenta y cinco mill novecientos y setenta y seys maravedíes.
Más Un platillo triangulo hecho a manera de salva con su pie todo dorado con
las armas rreales en medio pesso Un marco Tres oncas y ssiete ochavas (que él) Vino
de francia Tasosse a ocho ducados el marco que monta quatro mill y quatrocientos
y cuarenta y cinco maravedíes.
Más Una cama de Olanda dibuJada que Tiene ciento y Veinte y seys Varas y
Una tercia Tassadas Las quarenta y Seys Varas y Una tercia a quince rreales y las
sesenta y seys Varas a diez rreales y las catorce Varas rrestantes a quatro rreales.
Más Una gualdrapa de rrasso y terciopelo carmessí y cortaduras y toda borda-
da de ylo de plata con Un franxon de rrapaceJos de plata y seda aforrada toda en
tafetán carmessí y con estampas Tassose la bordadura, rraso y terciopelo y franxa
de plata y seda y la hechura della en doscientos y Veynte ducados.
Más Una guarnición de Terciopelo rraso carmesí ancha bordada de yLo de
plata a lavores con Unas estampillas de plata y Con Una franxueLa a los Lados
de sseda y plata y La clavacón de alatón plateada que Tiene cavezadas pretal gu-
rupera falsas rriendas y Unas rriendas de seda carmessí y plata con sus borlas de
sseda carmesí y copas de plata y sus tablillas se tasso con la hechura de todo ello
en ciento ducados.
Más Un estrivo de muger de plata blanco nielado con Una cincha cortado Tas-
sada en ocho mill setecientos y ochenta y nueve maravedíes y pesso dos marcos,
dos onzas y media Tassose en diez ducados de la Hechura.
Más oTra ssilla demás de las conthenidas en su cargo Labrada de talla y dorada
y pintada de berde con el espaldar y assiento de teLilla de plata y labrada de matices
Verdes y oro que sse taso en ochenta ducados.
Más un blandón de plata blanca (6) Grande con el pie triangulo con garras y
subimiento Todo Labrado de cartones y frutaJes y Una arandela con quatro mas-
caras con sus argollas y Mechero que pessa noVenta y cinco marcos y siete ochavas
Tasosse a cinco ducados por la Hechura de cada marco y monta todo trescientas
noventa y Un mill doscientos y noventa y ssiete maravedíes.
Más un escriptorio Labrado de ataugía que sse abre por la tapa de encima Tas-
sado en quatrocientos ducados.
Más Un clavicordio metido en Una caJa negra afforado en quero tassado en
diez mill doscientos maravedíes.
68 María Albaladejo Martínez
Más quatro colchas de olanda blancas Las dos del berduguillo y las otras dos de
entretela que Heran ansimismo de la rreyna doña ysavel nuestra señora que está en
el cielo y estaVan en la tapicería de sus Altezas a cargo de pedro de ávila su tapicero
mayor en cuyo nombre las entregó thomas de rras ayuda del dicho officio que sse
tassaron en diez y ocho mill maravedíes.
Más quatro Paños de grana blanca de terciopelo para camas que estavan en la
dicha tapicería y a cargo del dicho pedro de ávila en cuyo nombre Los entregó el
dicho tomas de rras al dicho luis gutiérrez Tassado en cinco mill y quatrocientos y
quarenta maravedíes y tuvieron el Uno dellos dos anchos y quatro Varas de largo
y Los Otros Tres tienen quatro anchos de paño todos ellos y tres Varas y media
del ancho cada uno.
Más tres Alombras grandes Las dos dellas de levante que la Una tiene Seys Varas
y Un doceavo de largo y quatro Varas y once doceavos de largo y quatro Varas y
quarta de ancho y La otra Alhombra es de la yndia de Campo colorado con Una
rrueda en medio con diferentes páJaros que Tiene quatro Varas y tercia de Largo y
dos Varas y tercia de ancho que Todas tres están tasadas en tres mill Reales y estavan
en la dicha tapicería de sus Altezas a cargo de Pedro de Ávila en cuyo nombre Las
entregó el dicho thomas de rras28.
Más Otras Tres alombras turcas Viejas que La Una tiene Una rrueda grande
en medio y cuatro Varas y media de Largo y dos Varas y dos Tercias de ancho y
La otra dos rruedas amarillas y coloradas en campo azul que Tiene quatro Varas
de largo y dos Varas y tercia de ancho y La otra tiene Una rrueda grande y cuatro
Varas y quarta de Largo y dos Varas y tres quartas de ancho que Todas ellas están
Tassadas en quatrocientos Reales y Las tenía en la dicha tapicería el dicho pedro
de ávila y las entregó el dicho thomas de Ras.
Más seys alhombras de alcaraz vieJas que La Una tiene doce rruedas y seys
Varas y dos tercios de largo y dos Varas y ssiete ochavas de ancho y otra tiene
doce rruedas y siete Varas y quarta de largo y dos Varas y siete ochavas de ancho
y otra Tiene catorce Ruedas y cinco Varas y cinco seis más de largo y dos Varas
y quarta de ancho y La otra Tiene catorce rruedas y cinco Varas y tres Cuartas
de largo y dos Varas y quarta de ancho y otra tiene doce rruedas y cinco Varas
y cinco doceaVos de largo y dos Varas y tercia de ancho y La otra Ultima Tiene
doce rruedas y cinco Varas de largo y dos Varas y tercia de ancho que Todas ellas
están tassadas en Veintiocho mill y quinientos y sesenta maravedíes y estavan todas
ellas en la tapicería a cargo del dicho Pedro de áVila En my nombre Las entregó
el dicho thomas de rras.
Más Cuatro Almoadas de brocado blanco por anbas aces nuevas guarnecidas
con sus Votones y Cayreles de oro y plata con su Lana tassadas en treinta y tres
2 Un magnífico trabajo sobre los títulos nobiliarios concedidos por los Borbones en el siglo
XVIII puede verse: J.E. SANCHÍZ RUÍZ, La nobleza titulada de la Nueva España: siglos XVI-XIX.
Tesis doctoral, UNAM, 1992, vol. I, pp. 163-193. No sólo aporta datos biográficos sobre los miembros
de este grupo, sino que además analiza el discurso nobiliario, su cultura y mentalidades: pp. 389-429,
ofreciendo finalmente completos cuadros genealógicos de los nobles titulados.
3 L. CORTINA, «El gesto y la apariencia», en El retrato novohispano. Artes de México n. 25,
México, 1994, p. 44.
4 A este respecto resultan de gran interés Los Palacios de la Nueva España. Sus Tesoros interiores.
México, 1990. Majestic Houses of Banco Nacional de México. México, 1999. G. CURIEL, «El arreglo
interior de las casas», en Nobles y empresarios del México virreinal. México, 2005, pp. 143-149.
5 Un fenómeno paralelo se desarrolló en la península con un grupo social compuesto por hombres
de negocios, comerciantes y altos funcionarios, cuyas inversiones en el consumo suntuario resultaron
muy similares: P. ANDUEZA UNANUA, «Ostentación, identidad y decoro: los bienes muebles de
la nueva nobleza española en el siglo XVIII». Actas del XVIII Congreso CEHA (en prensa).
6 G. CURIEL, ob. cit., p. 154.
7 I. ESCAMILLA GONZÁLEZ, «Verdadero retrato: imágenes de la sociedad novohispana en
el siglo XVIII», en B. MACKENZIE (coord.), El retrato novohispano en el siglo XVIII. Puebla de los
Ángles, 1999, pp. 49-50. L. CORTINA, ob. cit., p. 44.
La joyería femenina del siglo XVIII en la Nueva España a través del retrato 73
LAS PERLAS
Sin lugar a dudas, las perlas constituyeron uno de los pilares fundamentales sobre
el que se asentó el aderezo y ornato de las damas en la Nueva España. De hecho,
son escasos los retratos conservados en los que no aparecen estas preseas, valoradas
especialmente en virtud de su tamaño, regularidad, lustre, tonalidad y oriente12. Y
otro tanto ocurre se comprueba en los inventarios de bienes, donde recibían distin-
tos nombres de acuerdo con su dimensión y forma13. Aunque tardía en el tiempo,
una anécdota acontecida durante el gobierno del virrey Branciforte (1794-1798) así
lo pone de manifiesto. Su esposa, María Antonia de Godoy y Álvarez, admirando
las magníficas perlas que portaban las damas criollas y deseando nutrir su joyero
personal con aquel tipo de alhajas, apareció en una fiesta de palacio adornada con
un aderezo de coral haciendo creer a las señoras que en la corte española las perlas
habían perdido su protagonismo en favor del coral. La firme imitación que las nobles
novohispanas hacían de las modas vigentes en la metrópoli dio pronto sus frutos,
de modo que las damas procedieron a vender masivamente sus perlas que fueron
inmediatamente adquiridas a bajo precio por la astuta virreina14.
Aunque faltan todavía estudios globales sobre las pesquerías de perlas en
el virreinato de la Nueva España que nos aporten datos cuantitativos sobre los
ostrales, su comercio y los períodos de máxima explotación, todo parece indicar
que de las aguas novohispanas fueron extraídas importantes cantidades de perlas,
especialmente en las costas del Pacífico y más concretamente en el llamado Mar
de Cortés, en Baja California, donde al menos hasta mediados del siglo XVIII, los
frutos fueron copiosos, constatándose a partir de entonces un agotamiento de sus
placeres15. Así lo puso de manifiesto Alejandro von Humboltd quien en su Ensayo
político sobre el reino de la Nueva España, obra que comenzó a ver la luz en 1808,
señalaba: «Mucho tiempo antes del descubrimiento de la América, ya los naturales
apreciaban mucho las perlas. Fernando de Soto encontró una gran cantidad de ellas
12 Una síntesis sobre las perlas, sus características, su explotación y áreas mundiales de mayor
desarrollo es ofrecido por: M. CARIÑO y M. MONTEFORTE, «De la sobreexplotación a la susten-
tabilidad: nácar y perlas en la historia mundial». El Periplo Sustentable n. 12 (2007), pp. 81-131.
13 M. ROMERO DE TERREROS Y VINENT, Las Artes Industriales en la Nueva España.
México, 1923, pp. 33-34. M. MARTÍNEZ DEL RÍO DE REDO, «Joyas coloniales y románticas», en
Alhajas mexicanas. Artes de México n. 165, 1973, p. 68.
14 M. ROMERO DE TERREROS y VINENT, ob. cit., pp. 34-35.
15 S. BERNABEU, «Perlas para la reina. Aportaciones de la industria perlífera en la Nueva
España (1790-1809). Estudios de Historia Novohispana n. 015 (1995), p. 135. Sobre la explotación de
perlas en esta zona de California puede verse: M. MARTÍNEZ DEL RÍO DE REDO, «Las perlas grises
del Mar de Cortés», en C. GUTIÉRREZ ARRIOLA y M.C. MAQUÍVAR (eds.), De arquitectura,
pintura y otras artes. Homenaje a Elisa Vargaslugo. México, 2004, pp. 471-482.
La joyería femenina del siglo XVIII en la Nueva España a través del retrato 75
16 Y continuaba: «Ignoramos si los reyes aztecas recibían una parte de estas últimas por con-
ducto del comercio con los pueblos bárbaros y errantes que frecuentaban el golfo de California: es
más probable que las hacían pescar en las costas que se extienden desde Colima, límite septentrional de
su imperio, hasta la provincia de Xoconochco o Soconusco, principalmente cerca de Tototepec, entre
Acapulco y el golfo de Tehuantepec, y en el Cuitlatecapan. Las aguas que desde el descubrimiento
del Nuevo Continente han dado más abundancia de perlas a los españoles son las siguientes: el brazo
de mar entre las islas Cubagua y Coche y la costa de Cumaná; la desembocadura del río del Hacha;
el golfo de Panamá, cerca de las islas de las Perlas y las costas orientales de la California. En 1587 se
llevaron a Sevilla 316 kilogramos de perlas, de entre las cuales había cinco kilogramos que eran her-
mosísimas, destinadas para el rey Felipe II. La pesca de las perlas de Cubagua y de río del Hacha ha
sido muy productiva, pero de corta duración. Desde principios del siglo XVII, particularmente desde
las navegaciones de Juan Iturbi y de Piñadero, las perlas de California empezaron a rivalizar en el
comercio con las del golfo de Panamá. En aquella época se enviaron buzos muy hábiles a las costas
del mar de Cortés; con todo, pronto se volvió a descuidar la pesca; y si en tiempo de la expedición de
Gálvez se procuró fomentarla, la tentativa fue infructuosa por las causas que antes he expuesto al hacer
la descripción de la California»: A. HUMBOLDT, Ensayo político sobre el reino de la Nueva España.
(Estudio preliminar de J. ORTEGA Y MEDINA). 4ª ed. México, 1984, pp. 310-311.
17 Ibídem, pp. 200-201.
76 Pilar Andueza Unanua
con bordados y joyas que alcanzaban las 63.560 perlas con un peso de 75 onzas
y media18. No obstante, las perlas utilizadas en la Nueva España podían también
proceder de otras áreas americanas como las costas e islas venezolanas, donde su
pesca se desarrolló fundamentalmente en el siglo XVI19 y del golfo de Panamá, de
explotación más tardía, así como Oaxaca, donde se obtuvieron perlas de gran tama-
ño, blancas y de buen oriente, sin perder de vista la importación de las bellísimas
piezas asiáticas que arribaban a través del Galeón de Manila20.
Las perlas novohispanas tuvieron una gran demanda y fueron muy admiradas
y demandadas en Europa. De hecho, debió de ser costumbre extendida a lo largo
de los siglos solicitar desde la corte española ejemplares para las reinas. Así lo ates-
tiguan diversos episodios entre los que merece la pena ser destacado, por cerrar el
ciclo del Antiguo Régimen, la petición que realizó Carlos IV en 1800 para su esposa
María Luisa de Parma. El entonces virrey recibió sendas misivas desde La Granja
de San Ildefonso donde se le solicitaba reunir para la reina «perlas finas grandes y
pequeñas, esmeraldas y otras piedras preciosas» y «las perlas de mejor calidad que
haya y se encuentren en ese virreinato». Y aunque la labor fue costosa y larga en el
tiempo −hubo de organizarse una misión a California−, finalmente pudo reunirse
un importante tesoro, valorado en 63.485 pesos y 2 reales, si bien no todo llegó a
España, pues una parte desapareció en el cambio de gobierno del virrey Iturrigaray
a Garibay 21.
18 A. CARRILLO Y GARIEL, El traje… ob. cit., p. 145. Señala que el manto del Virgen del
Rosario, estaba evaluado en 230.000 pesos y las cadenas tenían un peso superior a tres libras. Sin
embargo M. MARTÍNEZ DEL RÍO DE REDO, «Joyas coloniales…» ob. cit., pp. 61-62 indica al
respecto que uno de los mantos, azul, estaba valorado en 20.000 pesos que «tenía siete libras e perlas
y más de doscientas joyas y perlas que sirven para su adorno».
19 E. OTTE, Las perlas del Caribe. Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas, 1977. M.A. EUGENIO
MARTÍNEZ, «La esclavitud indígena, impulsora de las pesquerías de perlas: Nuestra Señora de los
Remedios». Congreso de Historia del Descubrimiento: 1492-1556. Vol. III. Madrid, 1992, pp. 615-654.
IDEM, «Una empresa de perlas: los Barreda en el Caribe». Huelva y América: actas de las XI Jornadas
de Andalucía y América. Vol. II. Huelva, 1993, pp. 9-38. IDEM, «Empresarios andaluces en la pesquería
de perlas del Cabo de la Vela». El reino de Granada y el Nuevo Mundo: V Congreso Internacional de
Historia de América. Vol. I. Granada, 1994, pp. 355-382. IDEM, «Los últimos esclavos indígenas en
la pesquería de perlas del Río de la Hacha: la provisión de Felipe II para su liberación (1567)». VIII
Congreso Internacional de Historia de América. Las Palmas, 2000, pp. 948-963. D. RAMOS PÉREZ,
«El interés por las perlas, desde las capitulaciones de Santa Fe». Boletín de la Real Academia de la
Historia n. 189, 2 (1992), pp. 261-276. A. PEREDA LÓPEZ, «Los burgaleses y el tráfico de perlas en
las Antillas (1520-1541). VII Congreso Internacional de Historia de América. Vol. III. Zaragoza, 1998,
pp. 1723-1738. M.M. CIUDAD SUÁREZ, «Las pesquerías de perlas de la isla Margarita: explotación
y fraudes en el siglo XVI». VII Congreso Internacional de Historia de América. Vol. III. Zaragoza,
1998, pp. 1401-1408. J-P. TARDIEU, «Perlas y piel de azabache. El negro en las pesquerías de las
Indias Occidentales», Anuario de Estudios Americanos n. 65, 2 (2008), pp. 91-124. C. NAVARRETE,
«La granjería de las perlas del Río de la Hacha: Rebelión y resistencia esclava (1570-1615)». Historia
Caribe n. 8, 3 (2003), pp. 35-50.
20 M. MARTÍNEZ DEL RÍO DE REDO, «Artes menores. Artes suntuarias». Historia del Arte
mexicano. T. VI. México, 1982, p. 153. IDEM, «Las perlas grises…» ob. cit., p. 480.
21 S. BERNABEU, ob. cit., pp. 129-158.
La joyería femenina del siglo XVIII en la Nueva España a través del retrato 77
Con vestido en tono salmón, sobre el que lucen pañoleta de encajes abrochada con
una flor a la altura del pecho y con el cabello recogido hacia atrás con una cinta de
raso, hacen también de las perlas su principal aliado. Sin embargo, y aunque llevan
las mismas tipologías que la mencionada María Francisca −excepto el adorno de la
cabeza−, combinan en sus joyas las perlas con monturas de oro y plata bien visibles
y completan su adorno con sendos relojes.
Otros ejemplos destacados en el uso de perlas los encontramos en Juana María
Romero (Museo Nacional de Historia)28, Josefa de Llera Bayas, condesa de Sierra
Gorda (colección Antonio Escandón Macía) 29, María Francisca Prieto Aguirre y
Arcos (colección Daniel Liebsohn)30 o María Josefa Tobío y Estrada31 así como,
ya en el arranque del siglo XIX, María Isabel Gutiérrez Altamirano, condesa de
Santiago de Calimaya32, estos dos últimos en el Museo Franz Mayer. Pero no sólo
las damas emplearon estas alhajas extraídas de los mares. Su uso se hizo extensivo
también en el adorno de las niñas que eran retratadas tanto en actitud como en
apariencia como si de un adulto se tratara33. Así se comprueba en el retrato de la
pequeña María Ana de Berrio y Campa, hija de los condes de San Mateo de Val-
paraíso y marqueses de Jaral de Berrio, don Miguel de Berrio y Zaldibar y doña
Ana María de Campa (Banco Nacional de México), realizado pocos meses después
de su nacimiento, acontecido en febrero de 175234, donde posa con gargantilla y
manillas perlíferas, el de Mariana Micaela Josefa Malo Hurtado de Mendoza con sus
hermanos (Museo Nacional de Historia), fechado hacia 175635, o en el de Ramona
Antonia Musitu y Zalvide Gotilla y sus hijas (colección Enrique Corcuera y García
Pimentel), de 179536, donde las pequeñas llevan ahogador de dos hilos con perilla
central y pendientes de tipo girandole, similares a los de su madre, de oro, diamantes
y tres calabacillas. También en los retratos colectivos se aprecia el gusto por este
28 M.E. CIANCAS y B. MEYER, La pintura de retrato… ob. cit., p. 135. Puede verse también
en Nobles y empresarios… ob. cit., p. 142.
29 El retrato civil… ob. cit., pp. 40 y 71, n. cat. 63.
30 Nobles y empresarios… ob. cit., pp. 239 y 285.
31 El retrato civil… ob. cit., pp. 49 y 69, n. cat. 28. B. MACKENZIE (coord.), ob. cit., pp. 70
y 175, n. cat. 23.
32 El retrato civil… ob. cit. pp. 35 y 67, n. cat. 2. B. MACKENZIE (coord.), ob. cit, p. 11.
33 E. VARGASLUGO, «La pintura de retrato…» ob. cit., pp. 88-91.
34 B. MACKENZIE (coord.), ob. cit., pp. 114 y 175, n. cat. 22. C. FERNÁNDEZ DE CAL-
DERÓN Y A. SARMIENTO (coords.), La colección pictórica del Banco Nacional de México. México,
Banamex, 1992, p. 49.
35 M.E. CIANCAS y B. MEYER, La pintura de retrato… ob. cit., p. 115. IDEM, «El retrato
civil novohispano…» ob. cit., pp. 54 y 71, n. cat. 65. E. VARGASLUGO, «La pintura de retrato…»
ob. cit., p. 89. Una magnífica reproducción puede verse en: Nobles y empresarios… ob. cit., pp. 62-63
y 281.
36 El retrato civil… ob. cit., pp. 26 y 69, n. cat. 35. Nobles y empresarios… ob. cit., pp. 85 y 281.
Algunos datos biográficos de esta familia pueden verse en: S. PINAL-ICAZA, «Ramona Antonia Musitu
y Zalvide Gotilla y sus hijas», en R. MARTÍNEZ VERA y N.A. SERVIN PALENCIA (coords.), ob.
cit., p. 66.
80 Pilar Andueza Unanua
tipo de adorno. Sirvan como ejemplo algunas damas de la familia de los condes de
Peñasco al pie de la Virgen de Guadalupe (colección particular)37, de la familia del
Valle a los pies de la Virgen de Loreto (Museo Soumaya)38 o de los Fagoaga a los
pies de la Virgen de Aránzazu (colección Concepción Obregón Zaldívar de Vala-
dez)39. Es éste uno de los pocos retratos donde, merced a las diversas actitudes de
las damas, podemos apreciar además los broches o cierres de las manillas de perlas
que solían colocarse hacia el interior de las muñecas. En este caso eran de oro y
formaban una retícula rectangular de nueve celdillas (tres por tres) con diamantes
tabla engastados.
El aderezo de la cabeza siguió muy de cerca en la Nueva España los usos mar-
cados por las reinas, las infantas y las damas de la Corte. Si procedemos a comparar
algunas obras novohispanas con los retratos de Isabel de Farnesio o de Bárbara de
Braganza realizados por Miguel Jacinto Meléndez o Jean Ranc, o el lienzo que Louis
Michel van Loo realizó de la familia de Felipe V, podremos constatar la imitación que
se hizo en el virreinato de las modas llegadas desde la metrópoli. De hecho, en este
último retrato de la familia real, todas las damas muestran sus cabellos profusamente
alhajados. También los inventarios de bienes y los dibujos conservados de las joyas
que poseyeron María Amalia de Sajonia, la infanta María Luisa de Borbón o María
Luisa de Parma nos acercan a esta costumbre dieciochesca40. El ya citado retrato de
la familia Fagoaga41, uno de los clanes más poderosos y preeminentes de la Nueva
España, resulta un documento absolutamente excepcional para ilustrar este apartado
pues es el máximo exponente de la profusión de estos adornos en las tierras de aquel
virreinato. Fechado entre la década de los años veinte y treinta, todas las mujeres,
excepto la más pequeña, lucen en su cabello abundantes clavos, es decir, agujas
rematados por un botón. Aunque se trata de una tipología que hunde sus raíces en
el siglo XVII, alcanzaron un gran desarrollo en la centuria siguiente, aumentando
37 El retrato civil… ob. cit., pp. 25 y 75, n. cat. 69. E. VARGASLUGO, «Las obras pías y la
nobleza», en Nobles y empresarios… ob. cit., pp. 262-263 y 285.
38 B. MACKENZIE (coord.), ob. cit., pp. 93-94 y175, n. cat. 21.
39 El retrato novohispano ob. cit., p. 3. El retrato civil… ob. cit., pp. 70, n. cat. 53. Un magnífico
detalle se publica en Nobles y empresarios… ob. cit., pp. 242-243.
40 A. ARANDA HUETE, «Dibujos de joyas de María Amalia de Sajonia». Reales Sitios n. 115
(1993), pp. 33-40. IDEM, «Dibujos de joyas para la boda de la Infanta María Luisa de Borbón, hija
de Carlos III». Reales Sitios n. 137 (1998), pp. 44-53. IDEM, «Las joyas de Fernando VI y Bárbara
de Braganza», en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2006. Murcia, 2006,
pp. 21-44. IDEM, «Las joyas de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV», en J. RIVAS
CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2007. Murcia, 2007, pp. 21-40.
41 Un estudio sobre esta familia puede verse en: L. PÉREZ ROSALES, Familia, poder, riqueza
y subversión: los Fagoaga novohispanos, 1730-1830. México, 2003. Una síntesis es ofrecida por M.E.
CIANCAS y B.MEYER, «El retrato civil novohispano…» ob. cit., pp. 51-53.
La joyería femenina del siglo XVIII en la Nueva España a través del retrato 81
42 Sobre las joyas para la cabeza puede verse: A. ARANDA HUETE, La joyería en la corte
durante el reinado de Felipe V e Isabel de Farnesio. Madrid, 1999, pp. 377-383. L. ARBETETA MIRA,
La joyería española de Felipe II a Alfonso XIII. Madrid, 1998, p. 59. Las mariposas, así como las moscas,
82 Pilar Andueza Unanua
no que lucen las hermanas Juana y María Josefa de Lafore Gay y Arce (colección
Daniel Liebsohn), fechado hacia 177547. Tocadas con abundantes flores y plumas
naturales, decoran la parte delantera de su cabellera con una cadena de eslabones
rectangulares con diamantes tabla, rematándose en los extremos por sendas rosas
de seis pétalos, también con pedrería.
La imposición de amplios escotes en el vestido del siglo XVIII propició que los
cuellos fueran espacio idóneo para el adorno femenino48. Las damas novohispanas
participaron de las modas vigentes que consistían en collares cortos y muy ceñidos al
cuello en cuyo centro se colocaba a modo de pinjante una pieza destacable. Dichos
collares podían ser de perlas, con una perilla central u otra joya, tal y como hemos
señalado con anterioridad, pero también de eslabones metálicos, así como de cintas
de tela, normalmente seda o terciopelo negro, progresivamente más ceñidas a la base
del cuello y abrochadas en la nuca, de cuyo centro se colgaba una cruz, un lazo y
en los casos más ricos una combinación de ambos elementos, que podían incorporar
una entrepieza llamada trecho49. Magníficos ejemplos de todas estas tipologías pueden
verse en los retratos que ahora analizamos. No obstante, el retrato ya citado de la
familia de los condes de Peñasco a los pies de la Virgen de Guadalupe, fechado en
1771, reúne al mismo tiempo todas las modalidades mencionadas: gargantilla de perlas
con almendra, collar metálico y cinta negra, ambos con joyas de pescuezo.
Los collares metálicos, llamados también carcanes, de eslabones seriados, engoz-
nados y con pedrería, los volvemos a encontrar en mujeres de todas las edades. Así
se percibe en el retrato de la niña María Josefa Aldaco y Fagoaga (Museo Nacional
de Historia), firmado por fray Miguel de Herrera en 174650, que luce una pequeña
cruz y en todas las damas (excepto la matriarca y la hija menor) de su familia, los
Fagoaga Arózqueta a los pies de la Virgen de Aránzazu, que muestran cruces de
oro con abundantes diamantes, haciendo juego con el collar (lám. 2). Tal y como
señaló Arbeteta esta tipología resultaría ya anticuada en España, donde se empleó
entre 1680 y 1720, lo que significaría el uso algo retardatario de estas joyas en la
Nueva España, si bien cabe la posibilidad de que el cuadro no fuera estrictamente
contemporáneo a los protagonistas51. Mucho más extendido parece, a juzgar por
las imágenes conservadas de la segunda mitad de la centuria, el uso de la cinta de
terciopelo negro con una joya, progresivamente más ceñidas al cuello. El caso más
sencillo de estas joyas de pescuezo lo muestra Ana Cristina Pablo Fernández de
Arteaga y Mendizábal, ejecutado por José María de Alcíbar hacia 1760 (Museo Na-
cional de Historia), quien exhibe una sencilla cruz latina de oro52. Más interesante
resulta la alhaja de María Juliana Rita Núñez de Villavicencio y Peredo (colección
particular), ricamente ataviada con telas orientales llegadas a través del galeón de
Manila53. Su joya guarda claras similitudes con un ejemplar conservado en el Museo
Nacional de Artes Decorativas, fechado por Arbeteta en el primer tercio del siglo
XVIII, así como con un dibujo recogido en el códice de Guadalupe. Su cronología
coincidiría por tanto con el lienzo realizado por autor desconocido hacia 1735. La
joven se adorna con un ceñido collar de perlas así como con una cinta negro con
cierta caída de la que pende una cruz griega, precedida de un trecho, todo ello de
oro y posiblemente diamantes. La alhaja conservada en España así como la aparecida
en el mencionado dibujo de Guadalupe estaban asociadas a sendos petos y podían
utilizarse como remate en la parte inferior de los mismos54. Dadas las analogías
existentes entre todas estas alhajas, es muy posible que ocurriera lo mismo con
la joya de María Juliana, de modo que podría formar también parte de una alhaja
mayor, quizás un peto o también un lazo, y ser desmontable, lo que nos hablaría
del uso polivalente de determinadas joyas.
A mediados del siglos XVIII los lazos, bien individualmente, bien asociados a
una cruz, que desde la centuria anterior habían adornado en España el pecho de
las damas cambiaron de ubicación y se trasladaron al cuello, ajustados ahora a la
citada cinta textil a través de unos pasadores y en muchos casos haciendo juego
con las arracadas o pendientes55. Los ejemplos, una vez más, son múltiples. Aunque
de pequeño tamaño, delicado y exquisito resulta el lazo con almendrilla de plata y
brillantes que luce una dama con apariencia tímida de la familia Sánchez Navarro
(colección particular)56. Pero es el ejemplar que porta María de la Luz Padilla y
Cervantes (Brooklyn Museum), en el retrato que de ella hizo Miguel Cabrera hacia
1755-60, el que alcanza un mayor desarrollo vertical y riqueza57. De oro y abundantes
diamantes, presenta el típico esquema de lazo de doble lazada, muy abierto, con
gran nudo central y copete, del que pende una cruz griega, si bien se remata con
un motivo almendrado en el brazo inferior (lám. 3). Esta misma tipología de joya,
52 El retrato civil… ob. cit., pp. 57 y 67, n. cat. 1. M.E. CIANCAS y B. MEYER, La pintura
de retrato… ob. cit., p. 119. B. MACKENZIE (coord.), ob. cit., pp. 71 y 176, n. cat. 30.
53 B. MACKENZIE (coord.), ob. cit., pp. 98 y 173, n. cat. 13.
54 L. ARBETETA MIRA, La joyería española… ob. cit., p. 163.
55 Sobre los lazos puede verse: L. ARBETETA MIRA, La joyería española… ob. cit. pp. 53 y
58. IDEM, «Joyas en el México virreinal…» ob. cit., p. 437. A. ARANDA HUETE, La joyería en la
corte… ob. cit., pp. 414-417. M.I. PÉREZ RUFI, «La joyería imaginada. Una colección de grabados
de diseños de joyas del siglo XVIII», en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San
Eloy 2010. Murcia, 2010, pp. 602-606.
56 El retrato civil… ob. cit., p. 58 y 72, n. cat. 78.
57 M.L. SABAU GARCÍA (dir.), ob. cit., pp. 250-251.
La joyería femenina del siglo XVIII en la Nueva España a través del retrato 85
LOS PENDIENTES
con engaste circular de pedrería, a veces formando una flor, con una perla pirifor-
me suspendida. No en vano fue el modelo más empleado por las reinas españolas
en la primera mitad del siglo XVIII, pero extendido en la Nueva España durante
toda la centuria. Sirva como ejemplo las ya mencionadas María Francisca Esquivel
y Serruto (lám. 1), María Josefa Tobío y Estrada o Ana Cristina Pablo Fernández
Arteaga. También tuvieron un gran desarrollo los llamados pendientes de girandole,
popularizados por los diseños de Gilles L´Egaré a partir de 1663. De oro o plata
y con pedrería o perlas, estaban compuestos por un botón, un cuerpo intermedio
apaisado –en muchas ocasiones un lazo− y tres colgantes con forma de lágrima.
Los vemos de tamaño discreto en varias de las damas Fagoaga (lám. 2). Pero con
el tiempo se alargaron y agrandaron como se comprueba en la pareja de oro y
esmeraldas exhibidas en una vitrina del Museo Nacional de Historia del castillo
de Chapultepec72 y en los retratos de la segunda mitad del siglo XVIII. Entre ellos
destacan el de Micaela Ximénez del Arenal y Elezalde (colección Banamex)73 que
combina el oro con los diamantes, o en María Isabel Esquivel y Serruto donde
los lazos y grandes perlas aperilladas de sus pendientes hacen juego con el collar
formando un aderezo. Otras optaron por la combinación de plata y diamantes
como se ve en Ana María de la Campa Cos, condesa de San Mateo de Valparaíso y
marquesa de Jaral de Berrio (colección Banamex y colección Rodrigo Rivero Lake
Antigüedades)74, en la joven anónima custodiada en el Phoenix Art Museum75, en
la llamada dama con abanico y moño expuesta en el castillo de Chapultepec76 o
en las ya mencionadas hermanas Lafora Gay o Juana Leandra Gómez de Parada
(lám. 4). Menos reflejado en la pintura se muestra el tercer modelo, denominado
pendeloque, formado por botón, lazo y una gota de pedrería o perla. Un sencillo
ejemplo lo vemos en una de las damas Fagoaga, pero un ejemplar soberbio lo luce
María de la Luz Padilla y Cervantes (lám. 3).
OTRAS JOYAS
Al igual que los pendientes, las sortijas mostraron variadísimos diseños y po-
siblemente fueron las joyas que mayor diversidad de modelos y piedras variadas
ofrecieron a las damas novohispanas. Predominaron las sortijas de chatón central,
bien oval o circular, engastado con piedras preciosas, como se ve, por ejemplo, en
María Manuela y María Isabel Esquivel y Serruto, aunque no faltaron las de piedra
La joyería femenina del siglo XVIII en la Nueva España a través del retrato 91
única, que a veces se rodeaban de un cerquillo de diamantes, como ocurre con una
sortija con un topacio que exhibe María Francisca Esquivel y Serruto, que aparece
orlada por diminutos diamantes (lám. 1).
Tal y como hemos visto en líneas anteriores, entre las manillas triunfó el mode-
lo formado por los hilos de perlas, pero avanzado el siglo XVIII también alcanzó
gran éxito el tipo de cinta de terciopelo negro haciendo juego con una gargantilla
similar. En ellas, y sobre el exterior de las muñecas, se colocaba un broche que bien
podía estar relacionado con la joya que se lucía sobre el cuello, como se comprue-
ba en Juana Leandra Gómez de Parada, formando parte de un aderezo (lám. 4), o
presentar motivos decorativos diferentes como se ve en los ejemplares ovales de
las hermanas Lafora Gay o en Cristina Pablo Fernández de Arteaga, que muestra
broches de hebilla, de gusto neoclásico.
Finalmente no podemos dejar de referirnos a los relojes que aparecen en nume-
rosos retratos de las últimas décadas del Siglo de las Luces, siempre curiosamente
marcando horas distintas. Préstamo del adorno masculino y llegados desde Francia,
Inglaterra y Alemania, se colocaban por parejas colgados de la cintura por medio de
catalinas, llamadas castellanas en América. Estas vistosas alhajas estaban formadas por
varios cuerpos y ofrecían no sólo diversidad de larguras y materiales, sino también
de diseños77. Así por ejemplo, mientras Juana Leandra Gómez de Parada ofrece un
esquema de lazos y elementos vegetales (lám. 4), María Isabel Esquivel Serruto,
que porta cuatro castellanas, muestra unos ejemplares formados por cadenillas de
eslabones estrellados y romboidales que sujetan unas placas de esmalte con escenas
figuradas de la Antigüedad clásica, típicas del ocaso del Siglo de las Luces.
Ésta ha sido una breve aproximación a las alhajas que lucieron algunas damas
novohispanas a lo largo del siglo XVIII. Con sus joyas, muy relacionadas con las
modas peninsulares, aunque también con particularidades y peculiaridades propias,
hicieron uso de un consumo suntuario ostentoso con el que pretendieron transmitir
una imagen de nobleza y abolengo.
1 Si veda a riguardo S. VARZI, Le Confraternite di Cefalù e i loro inediti argenti. Cefalù, 2005
dove sono pubblicate le uniche suppellettili liturgiche di tutta la Diocesi di Cefalù, a cui appartiene
Polizzi Generosa. Ringrazio Vincenzo Anselmo per avermi fornito le fotografie nn. 1, 3 e 4.
94 Salvatore Anselmo
LÁMINA 1. Nibilio Gagini. Custodia Eucaristica (1586). Polizzi Generosa, Chiesa Madre.
10 S. ANSELMO, «Influenze spagnole nelle suppellettili liturgiche siciliane del Quattro e del
Cinquecento», in J. RIVAS (a cura di), Estudios de Platería. Murcia, 2009, pp. 102-104.
11 V. ABBATE, Inventario polizzano... ob. cit., p. 97. Per l’opera cfr. S. ANSELMO, Polizzi.
Tesori… ob. cit., pp. 24-25 con precedente bibliografia.
96 Salvatore Anselmo
LÁMINA 2. Nibilio Gagini (?). Crocifisso (fine XVI-inizi del XVII secolo). Polizzi Generosa,
Congregazione riunite dei Bianchi e San Giuseppe la Pace.
scrive: «questo Crocifisso si presenta modellato con un tale gusto alla frammenta-
rietà luministica da rilevare più una personalità di orafo che di scultore. La plastica
insistenza sulla superficie epidermica a scopo chiaroscurale, le raffinate esperienze
con cui intorno al sottile e aguzzo viso sono creati rivoli di ombre nella capiglia-
tura, quella espressività misuratamente patetica che è dei Gagini, tutto persuade
ad una attribuzione che potrebbe essere suffragata dal paragone con altra Croce
processionale vista anni or sono nel Palazzo Arcivescovile di Palermo»12. L’ipotesi
del possibile autore è stata sostenuta dalla critica successiva che ha proposto diversi
raffronti anche se non è da escludere che si tratti di quel Crocefisso realizzato da
Giuseppe Li Muli. Secondo il documento del 1623 Costantino Cirillo e Giovanni
Mistretta, rispettivamente rettore e confrate della congregazione del Santissimo
Sacramento, risultano debitori di Vincenzo de Trapani, orafo di quella Città, per
una cifra che l’artigiano aveva anticipato al Li Muli per la realizzazione di un Cro-
cifisso13. Si tratterebbe, quindi, di un’opera commissionata ad un abile argentiere
che si può identificare o con lo stesso Nibilio Gagini oppure con Giuseppe Li Muli
che ebbe la commissione, poi affidata in subappalto a Giovanni Zuccaro, del busto
posto sopra l’urna d’argento di San Gandolfo a Polizzi, opera dove vi interviene
in maniera preponderante il già citato Nibilio14.
Interessante suppellettile tardo cinquecentesca è l’inedita pisside della chiesa di
Santa Maria dell’Udienza che, custodita dall’omonima confraternita, risulta mano-
messa nel corso dei secoli. La base e il piccolo fusto, incisi con elementi floreali,
12 M. ACCASCINA, «Ori, stoffe e ricami nei paesi delle Madonie». Bollettino d’Arte XXI, n.
7, gennaio 1938, pp. 310-311.
13 S. ANSELMO, Polizzi. Tesori… ob. cit., p. 21.
14 Ibídem, pp. 68-69 con precedente bibliografia.
I tesori delle confraternite di Polizzi Generosa 97
sono da datare alla seconda metà del XVI secolo e rientrano in quella tipologia di
opere tardo cinquecentesche, come conferma il reliquiario di San Gerardo in argento
e rame della Chiesa Madre di Termini Imerese che reca la data 157215. L’elemento di
aggancio e la teca della pisside di Polizzi, in argento e rame dorato, sembrano, invece,
successivi, seppur non risultano visibili i marchi. Si tratta, come molte altre opere,
di una suppellettile liturgica che a seguito di un brusco restauro è stata smontata e
rimontata utilizzando parti provenienti da altri manufatti.
È custodita dalla settecentesca confraternita della Madonna del Rifugio, con
sede nella chiesa di San Nicolò de Franchis, ma in precedenza nella chiesa di Santa
Caterina Vergine e Martire (Badiula), il calice in argento interamente decorato dai
simboli della passione che è stato pubblicato di recente16. L’opera, dalla diffusa ti-
pologia, è stata raffrontata con un altro calice coevo, la cui coppa è stata sostituita
nel corso dei secoli, della confraternità della Madonna degli Schiavi con sede nella
chiesa di Santa Maria La Porta di Polizzi17. La suppellettile della chiesa di San Ni-
colò è stata anch’essa modificata nel corso dei secoli, la coppa, infatti, presenta i
marchi della maestranza di Palermo, il punzone con l’aquila a volo alto e quello del
console GC53 da identificare con Giovanni Costanza, in carica dal 27 giugno 1753
al 25 giugno dell’anno seguente18. Presenta pure una coppa postuma, esattamente
del 1750-1751, il calice della Chiesa Madre di Sclafani Bagni realizzato prima del
1609 e quello inedito della chiesa di Santa Maria degli Angeli di Castelbuono la cui
coppa è stata vidimata nel 1788 dal console palermitano don Gioacchino Garraffa
mentre la base e il fusto sono degli inizi del Seicento, entrambe le suppellettili sono
raffrontabili con quella della chiesa di San Nicolò19.
Affine agli esempi menzionati è l’inedito calice della chiesa di San Gandol-
fo all’Eremo di Polizzi che, realizzato in argento e argento dorato, è costituito
anch’esso da base circolare decorata con motivi floreali, nodo ovoidale e sottoco-
ppa purtroppo tagliato ai margini (lám. 3). Si tratta, infatti, di una tipologia molto
diffusa come confermano i diversi calici custoditi nella Chiesa Madre di Sutera20 o
quello della Matrice Nuova di Castelbuono riferito ad argentiere palermitano degli
15 M. VITELLA, Gli argenti della Maggior Chiesa di Termini Imerese. Termini Imerese, 1996,
pp. 63-64.
16 S. ANSELMO, «Il tesoro della Confraternita della Madonna del Rifugio di Polizzi Generosa»,
in S. GUGLIUZZA (a cura di), Il sentimento... ob. cit., p. 53.
17 Ibídem.
18 S. BARRAJA, I marchi degli argentieri e orafi di Palermo, saggio introduttivo di M.C. Di
Natale. Milano, 1996, II. 2010, p. 77.
19 Per il calice di Sclafani Bagni cfr. S. ANSELMO, «Dagli inventari le arti decorative del XVI-
XVII sec. di Sclafani Bagni e Caltavuturo», in R. TERMOTTO, S. ANSELMO e P. SCIBILIA, Orafi
e argentieri nei paesi delle Madonie. Note d’archivio. Polizzi Generosa, 2002, pp. 31-32; per la lettura
del marchio dell’opera di Castelbuono vedi S. BARRAJA, ob. cit., p. 80.
20 M.V. MANCINO, schede nn. II, 6-7, 9, 10, 14, in M. C. DI NATALE e M. VITELLA, Il
Tesoro della Chiesa Madre di Sutera. Caltanissetta, 2010, pp. 60-61, 62-64, 66-67.
98 Salvatore Anselmo
LÁMINA 3. Argentiere Palermitano. Calice (inizi del XVII secolo e 1639). Polizzi Generosa,
chiesa di San Gandolfo la Povera.
I tesori delle confraternite di Polizzi Generosa 99
inizi del XVII secolo21 o ancora la pisside della chiesa di San Giorgio di Piana de-
gli Albanesi dello stesso ambito e periodo dell’opera precedente22. Il manufatto di
Polizzi, da ricondurre ai primissini anni del Seicento, come suggerisce il raffronto
con il calice del 1607 del Museo Diocesano di Monreale23, presenta sulla coppa la
triplice punzonatura della maestranza di Palermo, l’aquila a volo basso, il marchio
dell’esecutore P seguito da una lettera poco chiara, forse la R, e quello del console
AVC da identificare con Alfonso Vaginaro che l’ha vidimato nel 1639, anno di rea-
lizzazione della parte superiore24. Posticcia sembra la scritta sotto la base che così
recita S.G.E.M, forse da sciogliersi come San Gandolfo all’Eremo.
Tipicamente barocco, nelle soluzioni decorative, è il turibolo della già citata
confraternita della Madonna del Rifugio25. L’opera, che è resistita al surriscalda-
mento a cui è sottoposta, presenta timide soluzioni floreali e la parte superiore reca,
affinché si espanda il fumo odoroso, trafori a intrecci. La suppellettile presenta la
triplice punzonatura, l’aquila di Palermo a volo basso, il marchio del console ·D·C
e quello del console MCC identificato con Melchiorre Curiale in carica negli anni
1633, 1645 e 165026. Il punzone dell’argentiere DC senza i puntini, talvolta perché
usurati dall’utilizzo dell’opera stessa oppure perché illegibili, si trova non a caso
sulla corona di Santa Caterina riferita ad argentiere palermitano della metà del XVII
secolo e custodita nel monastero benedettino della vicina Geraci Siculo27.
Alcune delle opere qui esaminate sono state certamente realizzate grazie a lasciti
testamentari di prelati, nobili e facoltosi uomini di potere, come quel Francesco Mu-
daro (o Modaro) che, vissuto nella prima metà del Seicento, si sposa con Elisabetta
Notarbartolo e rimasto senza prole, lascia i propri beni alla chiesa di San Pancrazio
ed ai Padri Osservanti del Convento di Santa Maria di Gesù di Polizzi, i quali innal-
zarono i lori edifici intra moenia sull’area dallo stesso donata28. Le maggiori opere
realizzate per volere dell’aristocratico le rinveniamo nella chiesa di San Pancrazio,
come deduciamo dall’inventario redatto nel 1740 per ordine dell’allora Vescovo
di Cefalù Domenico Valguarnera (1732-1751), che riferisce due manufatti con lo
21 M.C. DI NATALE, Il Tesoro della Matrice Nuova di Castelbuono nella Contea dei Venti-
miglia. Quaderni di Museologia e storia del Collezionismo n. 1. Caltanissetta, 2005, pp. 56-57.
22 D. BALSANO, scheda n. 2, in M.C. DI NATALE (a cura di), Tracce d’Oriente. La tradizione
liturgica greco-albanese e quella latina in Sicilia. Catalogo della mostra. Palemo, 2007, p. 172
23 V. CHIARAMONTE, scheda n. I,59, in G. MENDOLA (a cura di), Gloria Patri. L’Arte
come linguaggio del Sacro. Palermo, 2001, p. 142.
24 S. BARRAJA, ob. cit., p. 64.
25 S. ANSELMO, «Il tesoro della Confraternita...» ob. cit., p. 53.
26 S. BARRAJA, ob. cit., pp. 63-65.
27 M.C. DI NATALE, Il Tesori nella contea dei Ventimiglia. Oreficeria a Geraci Siculo. Calta-
nissetta-Geraci Siculo, 1995, II, ed. 2006, pp. 39-40.
28 Cfr. C. BORGESE, Delle Famiglie siciliane nobili e illustri vissute in Polizzi tra il XII e il
XIX secolo. Palermo, 1998, p. 109; C. BORGESE, Documenti editi e inediti... ob. cit., p. 51. Si veda pure
V. ABBATE, Inventario polizzano... ob. cit., p. 116 e più di recente S. ANSELMO, Polizzi. Tesori…
ob. cit., p. 16.
100 Salvatore Anselmo
stemma, esattamente: «una casubula di tela d’oro rossa con suo grande gallone…
e otto pallii d’altari cioè uno di tela d’oro con sua frinza rossa»29. Di tutte queste
opere d’arte si conserva tuttora la pianeta rossa realizzata probabilmente in Italia
nella seconda metà del XVII secolo e custodita dalla confraternita di San Pancrazio
(detta pure delle Anime Purganti) con sede nell’eponima chiesa. I confrati avevano
infatti l’obbligo di seppellire tutti i poveri della città30. Stemma dei Mudaro, insie-
me a quello delle Anime Purganti, presenta l’ostensorio del 1757-1758 che dovette
essere realizzato con il lascito dello stesso Francesco Mudaro e che è conservato
nella medesima chiesa (lám. 4)31.
Presenta soluzioni tardo barocche l’inedito calice della chiesa del Carmine
custodito dalla Deputazione del Crocefisso32. L’opera, in argento e argento dorato,
reca soluzioni fitomorfe, testine di cherubini alate ed ha base mistilinea tripartita
da volute e coppa svasata. La suppellettile, come denunciano i marchi impressi, è
stata realizzata da un anonimo argentiere palermitano del 1746-1747, anno in cui è
stata vidimata dal console Andrea Lambrosia33. Realizzato nel 1730-1731 è invece
il Crocefisso della confraternita di San Giovanni di Dio con sede presso la chiesa
di Santa Margherita (Badia Vecchia). L’opera, che reca i marchi della maestranza di
Palermo, presenta quei tratti stilistici tipici dei crocifissi lignei del periodo34. Dalla
chiesa della Santissima Annunziata dei Fatebenefratelli, come indicano le effigi in-
cise sulle lamine, provengono pure il turibolo e la navicella della chiesa della Badia
Vecchia di Polizzi che sono state realizzate nel 1766-1767 da un anonimo argentiere
palermitano35.
Tra le numerose opere settecentesche delle confraternite di Polizzi Generosa
si ricorda l’ostensorio della già citata confraternita di Santa Maria degli Schiavi la
quale ebbe come fine primario «quello di raccogliere elemosine per il riscatto dei
carcerati e dei prigionieri cristiani catturati e resi schiavi dai barbareschi nelle zone
magrebine del Nord-Africa»36. L’inedita opera, ancora tardo barocca nello stile,
presenta base circolare, nodo ellittico, raggiera leggermente frastagliata e diverse
testine di cherubini alate, di cui una funge da aggancio tra fusto e parte superiore.
La suppellettile è stata realizzata da un anonimo argentiere palermitano dalla sigla
GAM nel 1755-1756, come suggerisce il punzone di Antonio Pensallorto apposto
nei medesimi anni per verificare la qualità della lega del metallo prezioso37. Lo stes-
so console vidima pure il reliquiario a palmetta del Velo della Vergine in argento,
con base in rame dorato del XVII secolo della chiesa di San Nicolò di Polizzi38.
Quest’ultima opera, custodita dalla confraternita della Madonna del Rifugio, pre-
senta il marchio dell’argentiere G·A·M, forse lo stesso dell’opera precedente dove
non è facile distinguere i piccoli segni distintivi. Reca una base tipica degli inizi del
XVII secolo pure il reliquairio a palmetta di Santo Stefano custodito dalla recente
omonima confraternita e realizzato nel 1792-1793 come denuncia il marchio del
console e della maestranza palermitana39.
Esuberanti soluzioni ormai rococò, che timidamente vanno a sostituire le meno
frivole decorazioni tardo barocche, caratterizzao l’inedita pisside della chiesa del
Carmine in argento e argento dorato. Questa, per dirla con l’Accascina, presenta
quelle «arricciature spumeggianti quasi imitanti creste di onde nel loro frangersi e
disciogliersi nel movimento ondoso della superficie»40. L’opera è stata realizzata da
un argentiere palermitano nel 1764-1765, anno in cui viene vidimata da Francesco
Mercurio41. Il calice è raffrontabile con la pisside della chiesa di Santa Maria degli
Angeli (Gancia) di Palermo riferito ad Antonio Maddalena ed eseguito nel 176542.
Tra le opere del XVIII secolo, oltre l’ostensorio del 1760-1761 in stile rococò
e con il pellicano della confraternita di Santa Maria degli Agonizzanti di Polizzi
Generosa e la navicella pressoché coeva della stessa associazione43, ricordiamo il
già noto ostensorio della confraternita della Madonna del Rifugio realizzato nel
1765-1766 da un argentiere dalla sigla G·C44. Non è da escludere che quest’ultimo
punzone possa essere quel marchio G·C seguito da una stellina, nel nostro caso forse
logorata, che un tempo era riferito all’argentiere Geronimo Cipolla. Quest’ultimo
punzone si riscontra in diverse opere siciliane tra cui sull’ostensorio del 1762 della
chiesa di Sant’Orsola di Palermo oppure sulla pisside della chiesa di Santa Croce
di Caltanissetta45.
Tante e diverse sono invece le inedite suppellettili liturgiche delle confraternite
realizzate in stile neoclassico, tra queste molte sono custodite dalla confraternita
della Madonna del Castello con sede presso la chiesa di Santa Caterina, nota come
Badiula, ma un tempo invece nell’omonima chiesa, ormai in rudere. Si tratta di un
calice, una pisside, un turibolo con la rispettiva navicella e di diversi candelieri. A
questi si aggiunge un grande ostensorio in argento e argento dorato costituito da
una base circolare quadripartita da altrettanti volute con ghirlande tra soluzioni
modulari, fusto scanalato con nodo aggettante, raggiera con raggi regolari e corni-
ce ottagonale. Unisce la parte superiore con quella inferiore un simpatico angelo
realizzato a sbalzo e raffigurato genuflesso mentre tiene con una mano un mazzo
di spighe e con l’altra due grappoli d’uva. Angeli e figure allegoriche realizzate a
fusione fungono spesso da sostegno alla raggiera in numerose suppellettili liturgiche
del periodo, come confermano gli ostensori conservati nelle chiese di Bisacquino46.
L’opera di Polizzi è stata vidimata da don Gioacchino Garraffa nel 178847 e realizzata
da un anonimo argentiere che appone la sigla DGRL.
Reca, invece, il punzone dell’anonimo argentiere palermitano dalla sigla S*A, la
semplice corona d’argento della confraternita di Santa Maria degli Schiavi che è stata
realizzata nel 1790, anno in cui è stata vidimata dal console Simone Chiapparo come
denuncia la triplice punzonatura48. Si tratta, quindi, di un argentiere, identificato
in Salvatore Amari, attivo nelle Madonie visto che nel Tesoro della Chiesa Madre
di Caltavuturo si trovano una pisside del 1790 e una base del 1791 di un inedito
calice, entrambi con lo stesso marchio dell’artefice49. Recano solamente il punzone
costituito dalla A preceduta dall’asterisco il calice del 1791 della stessa Matrice di
Caltavuturo e il sottocoppa e la coppa di un altro inedito calice dello stesso edificio
chiesastico, già dalla chiesa delle Anime Sante, che presenta il punzone TB91 del
console Tommaso Burgarello che ha vidimato l’opera nel 179150.
46 R.F. MARGIOTTA, Tesori d’arte a Bisacquino. Quaderni di Museologia e storia del Co-
llezionismo n. 6. Caltanissetta, 2008, pp. 150-152.
47 Per l’opera cfr. S. ANSELMO, Polizzi. Tesori... ob. cit., p. 101, per il marchio cfr. S. BARRAJA,
ob. cit., p. 81.
48 S. BARRAJA, ob. cit., p. 81.
49 Per la pisside cfr. M. GIANNOPOLO, «Le suppellettili liturgiche», in L. ROMANA (a cura
di), Caltavuturo. Atlante dei beni culturali. Roccapalumba, 2009, p. 266, per i marchi cfr. S. BARRAJA,
ob. cit., p. 81.
50 Per il calice cfr. M. GIANNOPOLO, ob. cit., p. 265 per i marchi cfr. S. BARRAJA, ob. cit.,
p. 81.
Joyas y objetos de plata en la casa de
Fernán-Núñez: aportaciones documentales
de los siglos XVIII y XIX
INÉS ANTÓN DAYAS
SOFÍA MARTÍNEZ LÓPEZ
los Ríos y Sarmiento, VII Conde de Fernán-Núñez, es otra de las figuras más re-
levantes dentro de la familia, pues con él se inicia el ducado de los Fernán–Núñez
y el esplendor de la dinastía1.
La documentación conservada en el Archivo Histórico Nacional, Sección No-
bleza, corrobora el importante papel que juegan las fuentes de carácter privado o
de carácter notarial como documentos que atestiguan las pautas de comportamiento
de esta familia y aportan luz sobre su patrimonio y posesiones materiales. Como
afirma Peñafiel Ramón, lo más interesante de estos documentos resulta ser el factor
humano que en ellos está presente, es decir, comprender el porqué de la posesión de
una pieza y contextualizarla; aspecto en el no siempre veces se repara lo suficiente2.
A menudo se tiende a pensar que existen pocas fuentes directas en relación a las
joyas y a los objetos de plata del ámbito privado pero los protocolos notariales,
testamentos y documentación de archivos de familias nobles, contienen una cantidad
de datos, todavía no suficientemente valorados, que permiten sistematizar el estudio
de estas piezas integradas en las colecciones nobiliarias3.
1 El título de Duque se creó como premio a los servicios prestados a su causa. Fue hombre
de confianza de Fernando VII, durante la guerra de la Independencia, participando como diplomático
en las jornadas de Bayona frente a Manuel Godoy, Embajador en Inglaterra y plenipotenciario en el
Congreso de Viena, además de ser responsable en las negociaciones que dieron lugar a la intervención
de los «Cien mil hijos de San Luis» contra Riego. Tras la muerte de Carlos José en 1822 es su hija y
primogénita quién hereda el título de II Duquesa de Fernán-Núñez, María Francisca de Assis Gutié-
rrez de los Ríos y Vicente de Solís, también Marquesa de la Mina debido a su matrimonio con Felipe
Osorio y de la Cueva, V Marqués de dicho territorio. El matrimonio sólo tuvo una descendiente y fue
de nuevo una mujer quién continuó con el linaje. La III Duquesa de Fernán-Núñez, sería María Pilar
Osorio y Gutiérrez de los Ríos desde la muerte de su madre en 1836 y hasta 1921, año de su muerte.
Era además duquesa del Arco, y Montellano, Marquesa de Castelmoncayo, la Alameda, Castelnuovo,
Pons, Plandogan y Miranda de Auta, Condesa de Barajas, de Frigiliana, de Molina de Herrera, de
Montehermoso y Puertollano, Dave, Baronesa de Anueva, Serra y Monsalavén. Además por su matri-
monio en 1852 con Manuel Falcó d’Adda, Marqués de Almonacir, se integran las casas de Cervellón,
Condado de Elda, Anna y Puñonrostro entre otros, y entroncan también con la casa de Alburquerque
y Cuellar; siendo también Dama de la Real Orden de la Reina María Luisa y Grande de España. Es
ella quien ostenta el título con la mayor extensión cronológica de toda la familia y será en su tiempo
cuando se alcance el mayor esplendor de esta casa ducal.. Su segundo hijo y primer varón, Manuel
Felipe Falcó y Osorio, IV Duque de Fernán-Núñez, contrajo matrimonio en 1896 con Silvia Álvarez
de Toledo y Gutiérrez de la Concha, agregándose los títulos de Duque de Bivona y Duque de Xiquena.
(I. ANTÓN DAYAS, Espacios y ocio de lo femenino en el palacio de Fernán-Núñez. 1861-1929. [Tesis
de licenciatura]. Murcia, 2010. pp. 28-34).
2 A. PEÑAFIEL RAMÓN, «Entre el lujo y la humildad. Plata, status y comportamiento social
en la Murcia del S. XVIII», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2004.
Murcia, 2004, pp. 417-429.
3 A propósito de este tipo de estudios pueden ampliarse los datos sobre algunas de las familias
más importantes de la corte. A. LÓPEZ CASTÁN, «El Marqués de Yranda y el coleccionismo de
muebles y objetos suntuarios a la moda en tiempo de Carlos III», en Congreso Español de Historia del
Arte. VII CEHA. Patronos, promotores, mecenas y clientes. (Actas). Murcia, 1989, pp. 507-518. M.M.
NICOLÁS MARTÍNEZ, «Galas y regalos para una novia. A propósito de la boda de Maria del Pilar
Teresa Cayetana de Silva, Duquesa de Alba», en C. DE LA PEÑA, M. PÉREZ SÁNCHEZ, M.M.
ALBERO, M.T. MARÍN y J.M. GONZÁLEZ (coords.), Congreso Internacional Imagen y Apariencia.
Joyas y objetos de plata en la casa de Fernán-Núñez 107
****
(Actas digitales). Murcia, 2008. En lo que se refiere a los estudios sobre la plata: B. SANTAMARINA,
«Aparadores castellanos de los siglos XV y XVI en Castilla: cocineros y plateros al servicio del rey
y de la nobleza». Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar n. 81, 2000, pp. 199-218 y «La platería
madrileña y la Casa de Osuna: las piezas de la vajilla de una duquesa ilustrada». Anales del Instituto
de Estudios Madrileños n. 38, 1998, pp. 99-144.
4 L. ARBETETA MIRA, «Casa y posición social: El ajuar barroco, reflejo de un estatus», en
Casas señoriales y palacios de Navarra. Cuadernos de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro n. 4.
Pamplona, 2009, pp. 9-33.
108 Inés Antón Dayas y Sofía Martínez López
CERTIFICO como platero aprovado en esta corte, he visto y tasado las alhajas
que expresa este papel y para que conste lo firmo en Madrid a 24 de Noviembre de
17895. FELIPE DANDRE6.
Años después, su hijo Carlos José Gutiérrez de los Ríos, VII Conde de Fer-
nán-Núñez, más tarde I Duque, contrajo matrimonio con María Vicenta Solís y
[...] un medallón de brillantes con su lazo enganado al aire para colocar al derecho y
el reverso con una presilla en el botón vale todo con 29 fruescas colocadas en la seda,
vale todo.............................................................................................................42.280 rs
su lazo 55 brillantes y en medio un brillante vale todo.....................................19.732
mas tiene 27 brillantes valen................................................................................ 12577
idem oro plata y cristal y caxa...............................................................................390 rs
echura del medallón y lazo..................................................................................2880 rs
total: 76.810 rs
Greca
una cinta echura de greca con 659 piedras que valen...................................38.343,25
por la echura............................................................................................................ 3954
ydem por la plata......................................................................................................48 rs
total: 42.345,25
Arracadas
unas arracadas de plata y oro de piedras que tiene 59 brillantes y 271 piedras colocadas
todo en....................................................................................................................14625
en echura................................................................................................................19.305
en plata y oro............................................................................................................... 79
total: 69.052
Cuatro alfileres:
un alfiler con un gancho para el pecho con una piedra en el medio vale............1200
idem 28 prusias valen......................................................................................... 8859,12
idem 382 brillantes valen............................................................................20.182, 17 rs
echura.........................................................................................................................2466
plata y oro..................................................................................................................75 rs
segundo alfiler tiene una piedra grande con color que vale.................................5800
tiene 228 brillantes de varios tamaños.................................................................28.440
por la echura.............................................................................................................1.374
plata y oro.....................................................................................................................50
7 Doña María Vicenta poseía, además, una buena cantidad de títulos: IV duquesa del Arco,
XII marquesa de Miranda de Anta, VII condesa de Saldueña, V condesa de Frigiliana, VII condesa
de Puertollano, hija de Álvaro de Solís Wignacourt y Folch de Cardona, V duque de Montellano, IV
conde de Saldueña, y de su primera mujer Andrea Lasso de la Vega y Silva, XI marquesa de Miranda
de Anta, VI condesa de Puertollano. (A. DE CADENAS Y LÓPEZ y V. DE CADENAS Y VICENT,
Elenco de grandezas y títulos nobiliarios españoles. Instituto «Salazar y Castro». Madrid, 2003).
110 Inés Antón Dayas y Sofía Martínez López
tercer alfiler
tiene el tercer alfiler un piedra vale.......................................................................2.160
idem 555 dichas de varios tamaños valen............................................................15.986
echura........................................................................................................................3.336
plata y oro......................................................................................................................40
total: 21.522
cuarto alfiler:
con una estrella y una piedra grande vale........................................................1.800 rs
435 brillantes valen...............................................................................................14.560
echura........................................................................................................................2.616
plata y oro......................................................................................................................40
valen los 4: 110.985, 30 rs
sortijas
una sortija con guarnicion a la greca con una piedra vale...................................9500
idem otra piedra []de la otra sortija.....................................................................10.000
tiene 150 brillantes las dos en.............................................................................9890,21
echura y oro de ambas.............................................................................................1500
total: 30.890, 21
manillas
unas manillas con el reverso[] tiene 12 piedras colocadas en los medios de las flores va-
len............................................................................................................................18.000
tiene 154 brillantes..........................................................................................39.937, 17
tiene 163 brillantes.................................................................................................21.750
por la echura.............................................................................................................4.935
oro y plata....................................................................................................................300
total: 84982,17
collar
un collar de chatones con la marsia grande vale..................................................7.200
dichas puestas en la ultima caida vale.................................................................52.800
idem 37 chatones de la fila del medio..................................................................34.500
id. chatones de las dos filas ultimo del collar.......................................................43.380
37 brillantes............................................................................................................18.390
8 brillantes................................................................................................................9.600
13 brillantes valen....................................................................................................9.585
19 piedras menudas valen........................................................................................2.250
dos dicha puestas en el colgante.............................................................................7.2008
[...] Tuvo la novia: una riviére de brillantes, un collar de perlas, una gargantilla de
perlas, diademas de perlas y brillantes, una mariposa de rubíes y brillantes, varias
horquillas de brillantes, broche de rubíes y perlas y varios brazaletes y sortijas he-
redadas de su madre. Además los duques de Fernán-Núñez la obsequiaron con un
aderezo, diadema y broche de turquesas y brillantes junto con un abanico. [...]El
novio recibió: de la novia cuatro perlas, botones de puños y botonadura completo
de oro y plata [...]10.
[...] Regalo del novio− Suntuoso collar de dos hilos de gruesas perlas alternadas por
brillantes de igual tamaño.
De la duquesa de Fernán-Núñez.− Aderezo completo de esmeraldas y brillantes con
diadema de estilo Imperio y riquísimo collar, que figura entre las joyas más notables
de Madrid.
De la duquesa de Alba y de la de Montellano.− Dos joyas de brillantes y rubíes.
De los duques de Bivona.− Riviére de brillantes y alfiler de perlas negras y brillan-
tes.
De la condesa viuda de Torrejón.− Rama de brillantes, lazo de esmeraldas y bri-
llantes, borlas de brillantes y sortija con zafiros y brillantes.
Marquesa de Tavara.− Pulsera de rubíes, perlas y brillantes [...]11.
Razon por menos del valor que segun se halla el comercio en el dia, y como si fueran
ávenderse tienen las alajas que aqui se expresan sobre poco mas ó menos, según el
juicio que de ella he hecho, y son propias del Exmo. Conde de Fernan Nuñez, por
herencia que le dejó su Exma. Hermana mi Señora la Duquesa Viuda de Bejar.
Aderezo vinculado nº 1
Tres lazos de pecho y mangas con 850 britts hago juicio valen enel dia según su calidad
y peso..........................................................................................................................7082
Un collar de cuatro hilos, con caida dedos hilos a saton con almendra, y vorla y entodo
294 britts....................................................................................................................6600
Un par de pendientes de tres colgantes crecidos y menudos.................................2700
Una piocha de flores y palmas con 101 brillantes....................................................990
Siete botones para el pecho con 280 brillantes........................................................1600
Tres flores para la cabeza con 183 brillantes.............................................................720
Dos sortijas con 54 brillantes......................................................................................890
Un par de pulseras con 14 brillantes crecidos en orla cada uno, y sobrepastas azules en
uno una cestita y en otro un ramo de flores gdo. de rosas de Olanda................1824
22406
Alajas sueltas de Brillantes nº 2
Una piocha de brillantes, esmeraldas y perlas con una concha y en toda ella 337 bri-
llantes...........................................................................................................................612
Un par de pulseras con 356 brillantes.......................................................................920
Un par de arracadas con 602 britts menudos.........................................................1361
Un par de anillos con 116 brillantes..........................................................................360
Una sortija con 25 britts y una zifra de rositas..........................................................60
Otra sortija con un zafiro orlado con 15 brillantes....................................................11
12 Tras la muerte de sus padres, Carlos José y Escolástica tuvieron la protección del monarca
Fernando VI, quién encomendó su educación y cuidado a Joaquín Diego López de Zúñiga, duque de
Béjar. En 1761, después de un matrimonio anulado canónicamente, el duque de Béjar contrajo matri-
monio con Escolástica Gutiérrez de los Ríos que pasaría a ser en 1777, con motivo de la muerte del
duque, la duquesa viuda de Béjar. A. de CEBALLOS-ESCALERA Y GILA, La Insigne Orden del
Toisón de Oro. Madrid, 2000, p. 442.
Joyas y objetos de plata en la casa de Fernán-Núñez 113
Perlas num. 6
Un hilo collar con 31 perlas crecidas pesan 10 adarmes febles à 52 p.s cada adar-
me.................................................................................................................................520
Otro con 38 perlas medianas y pesan 7 adarmes à 30 pesos...................................210
Un collar de dos hilos con dos borlitas por remates con 187 perlas que pesan 15 adar-
mes a 18 p.s. el adarme..............................................................................................270
Una Firana de dos hilos con dos borlitas por remates con 578 perlas pesan 27 ½ ads. a
12 pesos........................................................................................................................330
Una devota con su caida y borla con 346 perlitas menudas pesan 6 adarmes a 6
pesos................................................................................................................................36
Cinco hilitos con 278 perlitas menudas pn 3 adarmes y medio a 6 pesos................21
Un par de pendientes de arillo y almendra con 4 perlas guarnecidas de diamantes bri-
lls..................................................................................................................................600
1987
Resumen general de todo su valor
El aderezo vinculado impta pesos.........................................................................22406
Las alajas sueltas de brillantes.................................................................................3591
El aderezo de britts y piedras de colores.................................................................6689
Los brillantes en papeles...........................................................................................4218
Los zafiros, esmeraldas y rubíes.................................................................................901
La perlas grandes y pequeñas...................................................................................1987
Pesos de 15 rs. de von.............................................................................................39792
Importa toda la valuacion deestas alajas y pedrería suelta, treinta y nueve mil se-
tecientos noventa y dos pesos de aquince reales (salvo herror). Madrid 30 de Enero
de 1783. = Nicolás Miguel Fernandez de Moratin13.
Cuenta de la obra de pedreria que tengo hecha para el Excmo. Sr. Conde de
Cervellón és á saber.
Una guirnalda de brillantes guarnecida con 2019 brillantes á razón de 8 rl por pie-
dra............................................................................................................................16152
Un collar de piedras y chatones de varios tamaños guarnecido con 775 brillantes á 8 rl
por piedra...................................................................................................................6200
Unas manillas de varias piezas y chatones con 674 brillantes á 8 rl por pie-
dra..............................................................................................................................5392
Unos pendientes guarnecidos con 210 brillantes á 6 rl por piedra......................1260
Un Ayron compuesto de palmas plumas y flores, guarnecido con 796 brillantes á 6 rl la
piedra........................................................................................................................4776
Un solitario á la Romana...........................................................................................160
Dos cintillos para el aderezo á 80 rl cada uno.........................................................160
Plata y oro para esta obra........................................................................................5500
Caja para el aderezo..................................................................................................560
Ídem para el Ayron......................................................................................................90
Sanz, platero− diamantista con tienda [...]. (Diario de avisos de Madrid. 25 de abril de 1834). Para am-
pliar la información a propósito del trabajo de los joyeros en Madrid: J.M. CRUZ VALDOVINOS,
«Romano (hacia 1830-1896) y Héctor (hacia 1853-1910) Marabini, joyeros en Madrid», en J. RIVAS
CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2010. Murcia, 2010. pp. 221-234.
15 Don Felipe Carlos Osorio, VI conde de Cervellón, contrajo matrimonio en 1789 con María
Magdalena de la Cueva y de la Cerda y fruto de este matrimonio nacen dos hijos: Felipe María Osorio
y María Pilar quien, a fecha de 1853 «no ha tomado estado». A la muerte del VI conde de Cervellón
en 1815, es su hijo, Don Felipe María Osorio y de la Cueva, quién ostenta el cargo de VII Conde de
Cervellón. En el documento se hace referencia a los dos hermanos. (D.A. DE BURGOS, Blasón de
España. Libro de oro de su nobleza. Reseña genealógica y descriptiva de la Casa Real, la Grandeza de
España y los títulos de Castilla. Tomo II. Madrid, 1853, pp. 266-268). En las publicaciones periódicas
madrileñas pueden ampliarse los datos a propósito de esta señora, pues en 1824 aparece una referencia
a ella: [...] Diciembre [...] A 20. Años de la sra. Doña María del Pilar Osorio y de la Cueva, hermana
del exc. Sr. Conde de Cervellón, duque de Alburquerque y de Fernán-Núñez. Calle de Santa Isabel
[...] (Guía de la grandeza para el cumplimiento de los días y años de los Excmos. Sres. Grandes de
España así residentes en esta corte como fuera de ella, para el año de 1824. Madrid, 1824.Pág.200).
Doña María Pilar Osorio se convierte en marquesa de Noguera, al heredar el título de su padre: [...]
Noguera, Marqués de, [...] Informe sobre la cesión del mencionado título a favor de doña María del
Pilar Osorio de la Cueva, 14 de febrero de 1849.− Decreto expidiendo carta de sucesión en el título de
Marqués de Noguera a favor de Doña María del Pilar Osorio y de la Cueva, 6 de mayo de 1859 [...]
(M.T. FERNÁNDEZ-MOTA DE CIFUENTES, Relación de títulos nobiliarios vacantes y principales
documentos que contiene cada expediente que, de los mismo, se conserva en el archivo del Ministerio
de Justicia. Instituto «Salazar y Castro». CSIC. Madrid, 1984, p. 259).
116 Inés Antón Dayas y Sofía Martínez López
Tras la muerte de Doña María Pilar Osorio es su sobrina, Doña María del Pilar
Loreto Osorio, III Duquesa de Fernán-Núñez18, la heredera de una buena parte de
las joyas de su tía. De este modo y gracias a estas aportaciones por medio de una
Reseña de las alhajas que segun la clausula 8ª del testamento otorgado en Valencia
á 3 de octubre de 1860 ante el escribano D. Francisco Ponce, por la M. Y. Sra. Dª
María del Pilar Osorio y de la cueva, Marquesa de Noguera, ha heredado su sobrina
la Excma. Sra. Duquesa de Fernán Núñez, deducidas de esta nota las que legó en
varias cláusulas a diferentes personas, y el valor prudencial que á cada una dio el
diamantista Dn. Félix Samper, es el que a continuación se espresa.
Rls Vellon
1. 3 Alfileres corsag de brillantes............................................................................32000
2. 1 sortija con 1 brillante y el aro de brillantitos..................................................1900
3. Un alfiler de brillantes con 3 colgantes...............................................................2300
4. Una sortija con una esmeralda..............................................................................320
5. Otra id. de rubíes y esmeraldas...............................................................................80
6. Otra id. con topacios................................................................................................90
7. Un par de aretes de brillantes en garras.............................................................3000
8. Una sortija con diamantes tablas y 1 B..............................................................1000
9. Un broche de brillantes, perlas y cristales verdes y morados.............................560
10. Un collar con tres hilos de perlas y 3 entrepiezas y broches la de enmedio con cristal
verde.........................................................................................................................11000
11. Un collar con ocho hilos de perlas y su broche de perlas y brillan-
tes..............................................................................................................................16000
12. Una pulsera de cinco hilos de perlas y broche brillantes y amatis-
tas...............................................................................................................................5800
13. Un collar de un hilo de brillantes con 62 chatones y colgan-
te...............................................................................................................................57000
14. Un papel con esmeraldas.......................................................................................60
15. Otro con varias perlitas.........................................................................................20
16. Otro con rosas de esfera.......................................................................................800
17. Otro con brillantes malos y rotos......................................................................1100
18. Otro con diamantes tablas.................................................................................1260
19. Otro con varias perlas con carguillos de rosas....................................................520
Un par de pendientes perlas y piedras falsas y un papel con topacios sin valor.
Total... 135.53019
Razón de la plata labrada de la Testamentaría del Señor Don Joaquín Jorje de Qui-
ñones adjudicada a la Excelentísima Señora Condesa de Fernán-Núñez su nieta, y
heredera de los Mayorazgos que quedaron por su fallecimiento en el año de 1788
a saver:
Primeramente una fuente grande de plata con ramos sobredorados con peso de 109
onzas y 2 adarmes a 20 rs. la onza..................................................................2.182,,17
Otra fuente con sobrepuestos esmaltados de azul, su peso 140 onzas y 11 adarmes a
20 rs.....................................................................................................................2.182,,26
Dos salvillas lisas de un pie cada una peso de 87 onzas y 9 ½ adarmes a 18 rs............
.................................................................................................................1.567,,2 24 platos
fábrica de Salamanca con 382 onzas y 5 ½ adarmes a 19 rs.........................7.265,,20
Dos fuentes lisas con 81 onzas y 10 adarmes a 19 rs........................................1.540,,6
20 En relación con el encargo de plata para el servicio de mesa por parte de destacados personajes
sociales, véase: F.A. MARTÍN, «La vajilla de Godoy», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de
Platería. San Eloy 2010. Murcia, 2010, pp. 451-462.
21 Este Joaquín Jorge de Quiñones era el abuelo por parte materna de María Esclavitud Sarmiento
y Quiñones, Marquesa de Castelmoncayo. Ella casó en 1777 con Carlos José Gutiérrez de los Ríos, VI
Conde de Fernán-Núñez. A. DE CADENAS Y LÓPEZ y V. DE CADENAS Y VICENT, ob. cit.
Joyas y objetos de plata en la casa de Fernán-Núñez 119
Dos poncheras con asas y quatro pies de peso de 246 onzas y 4 adarmes a 20 rs........
...................................................................................................................................4.925
Dos cucharones para sopa de peso de 19 onzas y 10 adarmes a 20 rs..............392,,16
Otros quatro cucharones de mesa de peso de 31 onzas y 13 adarmes a 20 rs..636,,8
Dos ensaladeras con molduras de peso de 28 onzas y 14 adarmes a 20 rs......577,,18
Una salvilla grande de tres pies de peso de 53 onzas y 15 adarmes a 20 rs.................
.............................................................................................................................1.078,,26
Una salvilla chiquita con pie de peso de 29 onzas y 2 adarmes a 20 rs..........582,,16
Otra salvilla grande con pie, y armas de peso de 71 onzas y 14 adarmes a 20 rs.......
.............................................................................................................................1.437,,16
Otras dos salvillas más chicas con pie, y armas de peso de 62 onzas y 5 adarmes a 20
rs............................................................................................................................1.246,,8
Otra savilla más chica también con pie, y armas de peso de 17 onzas y 13 adarmes a 20
rs.............................................................................................................................256,,14
Dos cubos para botellas con asas de peso de 67 onzas, y 15 adarmes a 20 rs...............
.............................................................................................................................1.358,,26
Seis dozenas de cuchillos a la francesa a peso de 159 onzas y 12 adarmes a 20 rs.......
...................................................................................................................................3.195
Seis macerinas figura entre larga con sus pozuelos a peso de 92 onzas y 14 adarmes a 20
rs..........................................................................................................................1.857,,16
Doze macerinas hechas a contorno, y pozuelos de peso de 162 onzas y 4 adarmes a 20
rs................................................................................................................................3.245
Dos salseras a peso de 38 onzas y 2 adarmes a 20 rs.........................................762,,16
Quatro mecheros y sus candeleros y en el pie tres ojas de parra de peso de 106 onzas y
14 adarmes a 20 rs.............................................................................................2.137,,14
Otros quatro candeleros más pequeños sin mecheros con armas de peso de 81 onzas y
10 adarmes a 20 rs.............................................................................................1.632,,16
Dos pares de espaviladeras con sus platillos a peso de 36 onzas y 8 adarmes a 20 rs..
.....................................................................................................................................730
Otras espaviladeras con su platillo y armas de peso de 17 onzas y 2 adarmes a 20 rs
................................................................................................................................342,,16
Dos mostazeras hechura de cubo con sus tapas, platillos, y cucharas de peso todo de 52
onzas y 6 adarmes a 20 rs...................................................................................1.046,,8
Una escupidera con su tapa, y mango de peso de 23 onzas a 20 rs.......................460
Un braserillo de aparador a peso de 42 onzas y 8 adarmes a 20 rs.......................850
Dos platos de vinagreras con argadillos, y tapas de peso de 85 onzas y 6 adarmes a 20
rs..........................................................................................................................1.707,,18
Quatro vasos de peso de 15 onzas y 10 adarmes a 20 rs..................................312,,16
Una cuchara grande calada de peso de 4 onzas y 2 adarmes a 20 rs................82,,16
Una sopera chica con su tapa, y en ella una alcachofa a peso de 20 onzas y 14 adarmes
a 20 rs.....................................................................................................................417,,16
Una cafetera grande de peso de 57 onzas y 11 adarmes a 20 rs...................1.153,,26
Joyas y objetos de plata en la casa de Fernán-Núñez 121
relacionados con esos cambios estilísticos que comienzan a darse desde finales de
la centuria anterior, influidos principalmente por Francia e Inglaterra24.
En cuanto al aspecto técnico y estético de las piezas, aparecen en mayor medida
las de plata en su color, y algún ejemplo aislado de algún dorado o sobredorado.
Este es el caso de la decoración sobredorada de una de las fuentes citadas en el do-
cumento anterior, como parte ornamental de la pieza, pues así se establece un juego
de bicromías propio del Barroco y posteriormente del Rococó. También en este
inventario aparecen otras técnicas decorativas como es el esmaltado sobrepuesto,
que de nuevo realiza estos juegos de contrastes.
[...] un almuerzo en caja de badana encarnada, compuesto de seis jicaras, seis platillos y
un cuenco de china blanca con filetes dorados, seis basos de christal y seis cucharitas de
plata.........................................................................................................................660 rs
... otro en caja de la misma clase que la anterior, compuesto solo de una taza con tapa
de china, platillo de lo mismo y cucharita de plata en.......................................180rs25
[...]
Por último, el inventario de la plata, cobre, madera y otros efectos, que per-
tenecían a la casa del VI Conde Fernán-Núñez a fecha de 1795, redactado tras el
fallecimiento del mismo en dicho año. Ofrece un importante listado de piezas que
aparecen separadas según si éstas corresponden a vajilla de camino o a vajilla de
diario. Cabe destacar de este documento el uso de lo que se conoce como plaqué,
pues aunque se incluya en el inventario de bienes de metal precioso, realmente sólo
se trata de una chapa delgada, de oro o plata, que se adhería sobre la superficie de
otro metal de menor valor.
Lista de la plata, cobre, baxilla y demás efectos de que está encargado Pedro García,
Gefe de la Repostería del Excelentísimo Señor Conde de Fernán-Núñez; y a los que
será responsable durante su existencia en este empleo y casa.
24 Para conocer más datos a propósito de estas relaciones en diferentes disciplinas: M.J. PEREDA
(coor.), Afrancesados y anglófilos. Las relaciones con la Europa del progreso en el siglo XVIII. (Actas
digitales). Madrid, 2008.
25 AHN. Sección Nobleza. FERNANNUÑEZ C. 102. D. 9.
Joyas y objetos de plata en la casa de Fernán-Núñez 123
Baxilla de camino:
Seis candeleros de plaquet
Otros seis de plata chiquitos, falta uno
Una docena de vasos de plata dorados por dentro
Una cafetera de plaquet
Un chocolatero de plata
Dos braserillos de plaquet
Una taza de plata
Una docena de hueveras de plata
Una docena de cucharitas de plata para el café
Una docena de platos de sopa de plata
****
Los plateros de oro, también llamados joyeleros o diamantistas, eran los úni-
cos artífices que podían fabricar joyas de oro y plata guarnecidas con perlas y
piedras preciosas durante los siglos XVI al XVIII. Para ello, según las ordenanzas
del Colegio-Congregación de San Eloy, debían realizar unos años de aprendizaje,
trabajar como oficial y alcanzar el grado de maestro después de aprobar un exa-
men. Entonces podían abrir obrador y disponer de marca personal que colocarían
en la pieza por ellos fabricada. Esto ocurría con los plateros de plata pero rara
vez con los de oro que no tenían la obligación de colocar la marca, a veces por el
tamaño de la pieza, privándonos de una importante información sobre autoría y
lugar de fabricación de la joya. Contamos con algunas pocas marcas de localidad
(Córdoba, Salamanca) pero importantes centros plateros como Madrid y Barcelona
no marcaron sus piezas.
Estas joyas fabricadas por los plateros se vendían en su propio obrador. Pero
además se podían adquirir joyas en las tiendas de los joyeros y de los comerciantes
de la ciudad. La venta de joyas estaba regulada. Los comerciantes debían poseer
permiso del Rey y del gremio de plateros para venderlas en sus tiendas. Así se evi-
taban los fraudes ya que muchas piezas llegaban desde el extranjero y podían tener
ley más baja o estar engastadas con pedrería falsa.
126 Amelia Aranda Huete
joyas de poco valor y precio, adornadas con azabache, coral, vidrio y géneros de
uso personal como cajas, medallas, dijes, rosarios, botones, etc. aunque en muchas
ocasiones se vendieron joyas ricas con la consiguiente denuncia y proceso judicial.
Estaban más cercanos al concepto que hoy tenemos de bisutero y de hecho en los
documentos también se les denominó así.
Todos estos comerciantes y oficiales de diversas artes y oficios estaban regula-
dos desde comienzos de siglo por una Pragmática sanción establecida en 1723 por
real orden de Felipe V. Así se instituyó que «ninguna persona de cualquier nación
que sea, aunque sea natural de estos reynos, pueda en Madrid execitarse en ningún
trato, comercio, oficio u arte sin averse incluido e incorporado en el gremio que
le corresponde, contribuyendo a mi Real Hazienda con la parte que le tocare y se
le repartiere»4. A partir de esta fecha todos los mercaderes y joyeros debían estar
incorporados a su gremio y contribuir económicamente a su sustento.
Si en la primera mitad del siglo dominaban los comerciantes de nacionalidad
francesa a partir de los años 60 priman los nacidos en territorio español. Entre todos
ellos destaca Francisco Antonio Pérez, mercader con tienda abierta en la Puerta
del Sol5. Aunque las adquisiciones en su tienda comenzaron en 1765 tras la boda
del príncipe Carlos con María Luisa de Parma, al principio, las compras fueron
esporádicas y de poca importancia: cajas de oro guarnecidas de diamantes, alguna
piocha, medallas, espadines, hebillas, broches de plata y varios relojes de bolsillo.
Incluso en alguna ocasión proporcionó perlas y piedras de poco valor al platero de
oro Leonardo Chopinot.
Muchas de estas alhajas las adquiría en Londres y en París y las vendía después
en su tienda. Esta fue una práctica muy habitual entre todos los comerciantes madri-
leños. La clientela de joyas y objetos de lujo era numerosa y los plateros españoles
no podían abastecer a tanta demanda.
Pérez vendió el 24 de septiembre de 1779 al Príncipe un par de broquelillos de
topacios y amatistas por 660 reales que éste regaló a la camarista de la infanta junto
con un reloj de bolsillo de oro con su cadena y sellos. El 26 de septiembre de 1780
se le libraron 4.920 reales por un reloj de oro, con la caja esmaltada, fabricado por
el relojero inglés Cabrier6.
En 1786 debió asociarse con Santiago Santayana porque comienzan a aparecer
facturas firmadas: «Pérez y Santayana, mercaderes en joyería». El 30 de diciembre
de 1788 presentaron una factura que ascendió a 25.648 reales por varias alhajas
entre ellas: dos pares de pendientes de similor7 valorados en 14 y 26 reales respec-
4 Pragmática sanción que su Magestad manda observar sobre trages y otras cosas. Impreso en
Madrid por Juan Sanz, 1723.
5 De él ya tuvimos ocasión de hablar en «La joyas de María Luisa de Parma». Estudios de Pla-
tería. San Eloy 2007. Murcia, 2007, pero la copiosa documentación encontrada sobre este comerciante
y su socio Santiago Santayana nos anima a retomar y ampliar el estudio de estos comerciantes.
6 A.G.P. Carlos IV, Príncipe, leg. 12.
7 Metal amarillo parecido al oro creado a partir de una aleación de cinc fundido con cobre.
128 Amelia Aranda Huete
8 También: cintas, cordones de seda, alfileres, cofias, varas de tela, cintas de escote, plumeros,
guantes, relojes, cadenas de reloj, etc.
9 A.G.P. Administración General, leg. 223.
El comercio de joyas en la corte madrileña durante el siglo XVIII 129
Pérez y Santayana no sólo suministraron joyas a los monarcas sino que también
se encargaron de vender en su tienda alhajas propiedad de los reyes que estos ya
no querían porque habían pasado de moda. El 24 de abril de 1795 informaron a
Francisco Antonio Fleuriot, jefe de la real guardarropa, que los objetos vendidos
habían alcanzado la suma de 97.599 reales cantidad que quedaba en su tienda a dis-
posición de los reyes. Ellos no cobraron comisión. También le enviaron una relación
de los objetos vendidos12 y el nombre de los compradores13. Resulta curioso que
entre los compradores se menciona en varias ocasiones al platero de oro Narciso
Soria que adquirió sobre todo un buen número de cajas de oro y de porcelana que
seguramente vendería después a su amplia clientela.
El 3 de abril de 1796 entregaron varias alhajas por valor de 546.918 reales para
la servidumbre del Rey. Entre ellas: una sortija de un brillante solitario con una orla
alrededor de diamantes más pequeños, montado todo al aire, valorada en 60.000
reales; una hebilla para corbatín y botones para camisa todo guarnecido de brillan-
tes en 20.510 reales; una sortija redonda con un brillante en el centro y dos orlas
alrededor en 25.000; una sortija de diamantes en forma de roseta en 12.000; un ramo
o flor de brillantes y esmeraldas para el pecho en 75.000; un collar y pendientes de
brillantes y esmeraldas en 49.000; un juego de medalla de brillantes y pasta azul,
broches de lo mismo, pendientes de diamantes y zafiros y una sortija en 44.800; un
medallón de brillantes en 45.000; dos flores de brillantes para la cabeza en 14.208 y
dos flores, más pequeñas, de brillantes en 25.000 reales14.
El 21 de octubre se les adquirió: cinco sortijas de brillantes y pasta azul por
16.920 reales; dos sortijas de brillantes y esmeraldas, una de ellas de perfil ovalado
y la otra de tablero por 8.820 reales; dos pares de broquelillos de brillantes y rubíes
por 12.720 reales y otros tres pares similares por 18.000 reales15.
A principios de 1798 se les entregó por mano de Juan Francisco de Urquijo
112.000 reales por una sortija de brillantes y una flor cuajada de brillantes y es-
meraldas adquirida por la Reina. El 24 de octubre se tomó de su tienda: un par
de broquelillos de brillantes y rubíes en forma de «laberinto» valorados en 6.300
reales; dos sortijas de brillantes y esmeraldas en 8.700 reales; un par de broquelillos
de brillantes en 9.000 reales; un par de broquelillos de oro guarnecidos con pasta
negra en 320 reales y una media luna grande con su estrella de brillantes en 9.000
reales. Cinco días más tarde, se les adquirió una flor para la cabeza en forma de
media luna guarnecida de brillantes valorada en 9.600 reales que la Reina regaló
a la princesa de Parma y cinco flores de brillantes y esmeraldas para regalar a las
12 Encontramos: un sello de plata, un palillero de china, varias cajas de oro esmaltadas, un libro
de memorias, un tintero de plata, varias cajas de china, varios relojes de oro, una escribanía de plata,
una caja de oro, un puño de concha para bastón, un cubierto de oro, más cajas de concha, un estuche
de oro y una cadena de reloj. A.G.P. Administración General. Leg. 220.
13 Entre los conocidos destacan la condesa de Campo de Alange, la marquesa de Valdecarzana,
el marqués de Santisteban, el duque del Arco y el arcediano de Segovia.
14 A.G.P. Carlos IV, Casa, leg. 182.
15 A.G.P. Administración General, leg. 239.
El comercio de joyas en la corte madrileña durante el siglo XVIII 131
personas que asistieron a uno de los infantes (sólo se indica que asistieron a S.A.)
durante los días que estuvo enfermo de viruelas. Una de las flores se estimó en 7.500
reales, otras dos en 6.000 reales cada una y dos más en 24.000 reales cada una. El
12 de noviembre se les abonó 6.600 reales por una flor de brillantes y rubíes que se
regaló a la camarista Solis y 10.800 reales por cuatro flores de brillantes en forma de
roseta para las dos azafatas de la Reina. Y el 20 de diciembre, también para regalar
a las personas que atendieron a los infantes durante su enfermedad se les compró:
siete sortijas de brillantes estimadas en 21.840 reales, otras tres de tamaño más
grande en 28.200 reales y cuatro relojes de bolsillo con las cajas de oro esmaltadas
y guarnecidas con perlas en 1.440 reales. Estas últimas alhajas debieron destinarse
al médico y a varios criados pues las sortijas de mayor tamaño y los relojes apun-
tan hacia destinatarios masculinos. Sin embargo, para las camaristas se debieron
adquirir: un par de pendientes con botón, lazo grande y perilla de brillantes por
26.000 reales; dos pares de broquelillos de brillantes y esmeraldas «de sortijillas»
por 12.600 reales; otro par de brillantes y rubíes por 6.000 reales y dos medallas
grandes de brillantes y esmeraldas por 13.800 reales16.
El 18 de julio de 1799 presentaron otra factura por varias joyas enviadas a la
Reina cuando ésta estaba de jornada en el real sitio de Aranjuez mencionándose:
un par de broquelillos de brillantes y esmeraldas estimados en 6.000 reales; otro par
guarnecido de brillantes y rubíes también en 6.000 reales; dos sortijas de brillantes
y esmeraldas en 2.880 y 3.120 reales respectivamente y un alfiler para el pañuelo,
en forma de áncora y guarnecido de brillantes en 3.840 reales.
Con motivo del nacimiento del primer hijo de la infanta María Luisa17 se ad-
quirió en su tienda: un par de pendientes con una perilla de brillantes valorados
en 18.500 reales; otro par de broquelillos de brillantes en 9.000 reales; otro par de
brillantes y rubíes en 6.900 reales; cuatro sortijas de brillantes por 20.440 reales; un
par de manillas de perlas y brillantes en 12.000 reales y una caja de oro esmaltada
guarnecida de brillantes en 6.000 reales18. En esta ocasión también se compraron
varias joyas en otro comercio madrileño, el regentado por la viuda de Pérez y
Caballero. El 13 de diciembre presentó una factura por un ramo para el pecho en
forma de espiga guarnecido de brillantes engastados al aire, estimado en 95.000
reales. Y el 6 de marzo de 1800 se entregaron a Pérez y Santayana 52.500 reales a
cuenta de los 7.000 pesos (105.000 reales) que costó un collar de brillantes que los
reyes adquirieron en su tienda para regalárselo a su hija con motivo de «su feliz
parto». El resto lo cobraron el 8 de abril19.
16 A.G.P. Administración General, legs. 243 y 244.
17 María Luisa de Borbón (1782-1824) hija de Carlos IV y de María Luisa de Parma, casó con
Luis de Parma, rey de Etruria convirtiéndose en 1801 en reina regente. Fue retratada por Francisco de
Goya sosteniendo en brazos a su hijo Carlos Luis, recién nacido, en 1800. Nueva York, Metropolitan
Museum y Madrid, Museo del Prado.
18 A.G.P. Administración General, leg. 246.
19 Además se encargaron al platero de oro Juan Soto la elaboración de varias joyas que también
se regalaron a la infanta española, reina de Etruria.
132 Amelia Aranda Huete
20 Además: cinco chalecos bordados, pañuelos de gasa, cajas de oro y de concha, abanicos,
cadenas de acero para relojes, botones, hebillas, tijeras, etc. A.G.P. Administración General, leg. 223.
El comercio de joyas en la corte madrileña durante el siglo XVIII 133
plata en 315 reales; dos sortijas de oro guarnecidas de perlas en 450 reales; un par
de pendientes de oro y cristal en 73 reales y un juego de broches y medallero de
piedras con camafeos en 465 reales21.
La reina María Luisa adeudaba a Juan Manuel de Vergara el coste de tres pares
de pendientes de luto a 20 reales cada par que adquirió el 4 de diciembre de 1791
junto con una sortija de brillantes en forma de lanzadera con un corazón en el centro
valorada en 4.200 reales, cinco collares de luto con cuentas doradas a juego y cuatro
pares de pendientes también a 20 reales cada pieza. No se le pagó esta cantidad hasta
el 26 de noviembre de 1792. Y el 30 de diciembre de 1794 se le compró tres pares
de pendientes de oro con perlas finas por 2.160 reales.
A José Geniani y compañía se le entregaron el 3 de junio de 1765 la mitad del
importe de dos sortijas guarnecidas con diamantes talla brillante que el príncipe
regaló a las camaristas. El valor total era de 4.500 reales.
Otro comerciante fue Santiago Lumbreras y Merino. El 10 de septiembre de
1765 se le libraron 22.870 reales por un par de manillas de perlas orientales con un
par de broches en el cierre guarnecidos con diamantes talla brillante. En 1768 se le
adquirió una esmeralda grande y varios paquetes de perlas y en 1769 varias alhajas
y sortijas. Y el 22 de septiembre de 1781 se le pagaron 7.000 reales por una caja de
oro guarnecida con diamantes.
Santiago de Larramendi, especializado en géneros de moda, presentó en abril
de 1800 una factura por varias joyas que había vendido a la Reina en agosto pasado
entre ellas una flecha de brillantes para colocar en el pecho estimada en 180 doblones
(10.800 reales), otra sortija adornada con brillantes en 4.200 reales, otra similar en
2.700 reales y cuatro sortijas más en 16.860 reales.
En algunas ocasiones aparecen también referencias a otros comerciantes como
José Bouchet y Esteban Dandumont, Agustin Garibati y Carlos Clerici (conoci-
dos también como los romanos), José Fontenelle, que debió estar especializado en
piedras duras talladas y camafeos, Santiago y Simón Lagallarda con tienda abierta
en el nº 24 de la calle de la Montera y Vicente Abecía y Sánchez. Sus ventas son
más esporádicas y en las facturas se registran más géneros de moda, relojes de bol-
sillo, cadenas, sellos, etc. que joyas. Estas suelen ser de poco valor, de oro y plata,
adornadas con cuentas de cristal, piedras, perlas finas, pasta. Baste algunos ejemplos
como un alfiler de oro esmaltado valorado en 140 reales, un par de pulseras de oro
con esmalte fino por 500 reales o un par de cifras de perlas finas guarnecidas con
jergones estimadas en 1.000 reales.
Procedentes de Francia llegaron a lo largo del siglo XVIII los marchand-mercier.
De todos ellos el más importante y conocido fue François-Louis Godon22. El 26 de
noviembre de 1785 comenzó a colaborar con la corte española. Aunque sobre todo
suministró relojes23 y objetos de porcelana también vendió un buen número de joyas.
Tenía tienda abierta en París en la rue de Valois. Desde allí remitió en noviembre de
1787: unos brazaletes esmaltados guarnecidos con diamantes y perlas valorados en
3.000 reales; una sortija en 3.520 reales; otra de acero en 100 reales; otra similar pero
más pequeña en 88 reales; una cintura de color guarnecida de acero en 640 reales;
unos brazaletes de perlas azules en 600 reales; unos pendientes de concha en 336
reales; otros pendientes de oro adornados con camafeos en 480 reales; cuatro pares
de pendientes realizados en acero adornados con coral y perlas en 1.000 reales; cuatro
collares a juego en 900 reales; una cadena de perlas de colores en 336 reales; otra
cadena de acero en 560 reales; otra cadena de acero en 240 reales; otra con cuatro
ramales en 600 reales; otra similar en 240 reales; un collar de perlas azules en 160
reales; otro de perlas pequeñas en 160 reales; unos pendientes de perlas de colores
en 120 reales; otros pendientes de concha azul en 336 reales y dos cadenas una de
ellas con seis ramales en 600 reales y otra de acero con tres sellos en 1.000 reales.
Estas últimas cadenas eran para chatelaînes porque llevaban ramales para colgar el
reloj, la llave y los accesorios. La contaduría del bolsillo secreto del príncipe Carlos
libró el importe de esta cuenta el 30 de enero del siguiente año24.
El 18 de marzo de 1789 Godon presentó una cuenta por varias alhajas que
había entregado en los dos últimos meses para el servicio de los reyes entre ellas:
dos cadenas y cinco pares de pendientes de luto para la Reina valorados en 2.800
reales; una cintura «a muelles» en 800; una cadena de acero en 750; otra cadena
de cristal, acero y un camafeo en 750; otro par de pendientes de madera y acero
en 650; otro par de pendientes de cristal y piedras color de rubíes engastados en
acero en 750; un conjunto integrado por un collar de cristal negro y tres pares de
pendientes diferentes en 1.600; un cordón de madera y acero en 650; un surtido
de colores para el Rey en 2.200 reales; otra caja de colores ingleses acompañada de
varios instrumentos para pintar en 2.600 y seis dibujos para el Rey en 1.100 reales.
Todo ascendió a 14.650 reales25.
El 8 de abril remitió otra cuenta por las alhajas encargadas a París en el mes
anterior. Los monarcas compraron joyas especialmente de las denominadas «de
luto», debido al reciente fallecimiento de su padre el rey Carlos III, como un par
de brazaletes de acero, oro y camafeos valorados en 2.800 reales, un conjunto de
collar, pendientes y brazaletes de cristal negro guarnecidos de oro en 2.000 reales,
un anillo de oro esmaltado en 400 reales y una cadena de luto con camafeos guar-
necida de oro en 800 reales26.
23 No vamos a mencionar estos relojes, tanto de sobremesa como de bolsillo, que en gran número
envió Godon ya que nos ocupamos de ellos en otra publicación que deseamos vea pronto la luz.
24 A.G.P. Carlos IV Príncipe, leg. 47.
25 A.G.P. Carlos IV, Casa, leg. 125.
26 Además: dos candeleros de porcelana tasados en 3.200 reales; doce dibujos por los que pagó
2.130 reales; dos girandolas grandes de tres y cuatro luces en 16.600 reales; dos vasos o candeleros de
El comercio de joyas en la corte madrileña durante el siglo XVIII 135
El 17 de octubre Godon envió desde París otra factura por varias alhajas remitidas
para el servicio de los reyes. Entre ellas: cuatro pares de hebillas valoradas en 2.560
reales; dos abanicos para la Reina en 2.360; dos pares de pendientes de cristal en 800;
dos cajas de mondadientes en 2.000; dos pares de zarcillos con camafeos en 480; dos
cadenas pequeñas de oro con sellos en 1.200; dos sortijas de marfil guarnecidas de
acero en 688; dos anillos con compartimentos secretos en 640 y otros dos anillos
de oro con esmalte y divisa en 240 reales. La suma ascendió a 10.968 reales. Y ese
mismo día, en Bayona, el arriero Salaberry pasó la aduana y trasladó hasta Madrid
tres cajones conteniendo esas alhajas junto con varias piezas «de china»27.
El 16 de febrero de 1790 remitió cuatro cadenas de oro, de eslabones gruesos,
valoradas en 5.520 reales, otras cuatro de eslabones más finos en 4.640 reales y dos
más de acero y oro en 5.160 reales. Sin duda eran cadenas para suspender relojes
de bolsillo. Y el 20 de agosto envió una factura a Pedro López de Lerena, ministro
de Hacienda por varias joyas para la Reina: un surtido de brazaletes, pendientes y
collar; seis cintillos con candaditos; dos pares de pendientes en oro, cristal y acero
en rosa; otro par de pendientes de perilla en oro y cristal; dos collares de oro, de
pequeño tamaño, sobre seda con perlas finas; un estuche de marfil de acero fino;
dos pares de brazaletes de manga sobre seda y acero; otro par de brazaletes de
oro y perlas finas; un par de pendientes de oro, acero fino y cristal y un collar,
«de nueva hechura» en forma de gola militar. Además envió de regalo: una caja de
oro con los retratos de los reyes, dos cadenas de acero, tres pares de pendientes,
tres cintillos y dos abanicos28. Estos objetos quedaron confiscados en la aduana de
Bayona. Godon suplicó el 25 de noviembre ayuda al conde de Fernán Núñez para
que intercediera por él y poder recuperar los cajones y conducirlos hasta Madrid.
Justifica su actuación afirmando que el ministro de Hacienda había presentado las
dos cajas juntas al Rey antes de que llegase a sus manos la factura y se queja de que
le habían acusado de contrabandista y defraudador de las Rentas Reales.
El 20 de agosto de 1791 remitió desde París «diferentes piezas de reloxería y otras
cosas al servicio de SS.MM. contenidas en siete caxones grandes marcados F.L.G.
porcelana en 4.400; un juego de hebillas de acero en 1.900 reales; otro de oro y plata en 1.200 reales;
una caja de colores para pintar en 2.900 reales y un par de tijeras en 200 reales.
27 Las piezas de china costaron 69.832 reales. Se pagaron al arriero 90 pesos. Los derechos de
aduanas costaron 250 reales.
28 Las joyas junto con varios relojes de bolsillo que completaban el envío partieron de París en
dirección a Bayona en una caja con un letrero que indicaba las siglas de los destinatarios con el fin de
que no fueran registradas en la aduana y no pagaran los derechos de entrada en el país. Godon adjun-
tó otra caja con objetos destinados a varias personas de la corte como Manuel Godoy y el duque de
Uceda que si debían pagar los derechos de aduana. Como llegaron juntas se pensó que los objetos de
ambas cajas pertenecían a los reyes. Al comprobarse que una de ellas contenía relojes para particulares
se acusó a Godon de estafar en la aduana. A.H.N. Estado, leg 4824.
136 Amelia Aranda Huete
nº I a 7 con sus precios fixos sin contar los derechos»29. Además de los relojes se
mencionan: una sortija con divisa, reloj y un secreto para colocar un retrato valorada
en 2.800 libras; otra sortija con un secreto guarnecida de diamantes en 750 libras;
otra con chatón ovalado guarnecida de brillantes en 630; otra con forma de corazón
con brillantes en 560; otra con diamantes y perlas en 260; una cadena de oro y acero
adornada con un camafeo en 330; otra casi igual con el mismo precio; otra de oro
simple con un sello grueso en 310; otra en todo igual también en 310; otra con un
medallón tallado en una cornalina en 320; otra en oro realizada con la técnica de la
filigrana en 320; un anillo cercado de brillantes en 350; otro con una divisa en 90;
otro en forma de broche también en 90; otro parecido en 70; otro guarnecido con
diamantes y perlas finas en 280; otro simulando broches en el chatón en 70; unas
hebillas de acero muy fino de tamaño grandes en 198; tres pares de hebillas fabricadas
en plata valoradas en 54 libras cada par en total 162 libras; un par de pendientes de
perlas azules en 120; otro par de pendientes en forma de triángulo en 120; otros
de tamaño grande y «nueva hechura» en 160; otros muy similares pero adornados
con camafeos en 100; otros con perlas y piedras de color en 130; otros cuajados de
perlas finas en 120 y cuatro collares iguales en 910 libras. El importe total fue de
56.350 libras tornesas (225.400 reales)30. Parte de estas alhajas no fueron adquiridas
por los reyes y le fueron devueltas a Godon para que las vendiese libremente31. La
tesorería expidió un expediente reservado a favor de Felipe Martínez de Viergol
para que satisficiera sólo la cantidad correspondiente a las alhajas elegidas por los
monarcas. Esta cantidad ascendió a 178.540 reales. El 17 de diciembre de 1795
Godon todavía reclamaba parte del pago de estas alhajas.
Godon recibió el 28 de julio de 1792 a cuenta de una factura superior 500.000
reales por varias alhajas que había traído desde París para la real servidumbre. En
agosto presentó la factura definitiva que ascendió a 1.092.936 reales. Se le entrega-
29 Aparte de los relojes y de las joyas se incluyeron en estas cajas: dos cuadros originales para
S.M. el Rey nuestro señor el uno representaba El descubrimiento de America i la cuenta que de ella
da Colomb a Carlos V y el otro la Crucifixacion de Christo ambos valorados en 4.500 libras tornesas;
dos medallones de tres pulgadas de diámetro que representaban los retratos del Rey y de la Reina
nuestros señores y el otro Nuestra Señora de la Leche copia de Mengs hechos por un amigo por 1.200;
dos estatuas en bronce de la Fama y de Mercurio sobre dos caballos en acción de volar por 3.100; dos
estatuas de bronce representando a un niño y una niña diseñadas por el famoso Pigal en 2.500; una
caja de lunares fabricada en oro y esmaltada en 560; otra muy curiosa elaborada con la técnica de la
filigrana en 400; un abanico en bajos relieves en 300 y otros cinco a 50 libras cada uno. Estas cajas se
enviaron a Madrid con el arriero Bernardo Yragui, vecino de Eugui que recibió 900 pesos por el porte.
Godon escribió al conde de Lerena, secretario de Estado del despacho universal de la real Hacienda
para que permitiese pasar estos cajones por la aduana de Agreda sin pagar derechos.
30 1 libra = 4 reales. A.G.P. Carlos IV, Casa, leg. 179.
31 Al no ser adquiridas por los reyes el marchante debía pagar los derechos de la aduana. Por
ese motivo se remitieron a los directores generales de las rentas junto con un listado donde se anotó el
precio que Godon había solicitado por ellas con el fin de establecer lo que debía pagar en la aduana.
Una vez calculado el valor de los objetos se pagaron los derechos de Aduana por Celedonio Rostriaga
en nombre de Godon y se rebajó el precio de los objetos de la factura definitiva.
El comercio de joyas en la corte madrileña durante el siglo XVIII 137
ron 400.000 reales en tres pagos realizados por la tesorería general en los meses de
septiembre, noviembre y enero de 1793.
En la factura se incluyeron las alhajas siguientes: «un par de brazaletes con
eslabones grandes y camafeos colorados estimados en 3.900 reales; otro par de
brazaletes quadri longos y eslabones semejantes en 2.600; dos pares de pendientes
de piedras y acero cada uno a 620 reales en 1.240; dos pendientes en cerquillo con
piedras verdes en 560, otros dos con piedras verdes y esmeraldas en 600; otros dos
con piedras azules y triángulos de oro en 560; otros dos de perlas gruesas y finas en
1.520; un par de brazaletes y collar con esmalte en 2.540; un anillo de oro esmaltado
con gruesos brillantes en 5.800; una cadena para poner un medallón en 1.000; un
par de pendientes de oro con perlas finas y acero en 2.800; un cintillo de diamantes
calado en 2.640; otro chiquito con diamantes en 720; otro chiquito de diamantes y
cadenitas en 740; otro en forma de collar con camafeo en 1.800; otro con esmalte
colorado en 720; otro con dos camafeos en 1.200; otro ovalado con un camafeo
en 840; tres anillos de oro y acero con letras y divisas en 1.740; cuatro cadenas de
acero ingles en 1.616 reales; una cadena particular de oro y acero con un gran sello
en 3.100 reales; otra ídem en todo igual en el mismo precio; una cadena de hilo de
oro con seis sellos de perlas finas y acero en 3.820; otra cadena de oro y acero en
3.140; otra ídem con cuatro sellos de oro y acero en 2.320; una cadena guarnecida
de brillantes en corazón en 13.320; otra de filigrana de oro con acero en 1.720; otra
ídem en todo igual en 1.720; un medallón de oro en forma de relox con secreto en
1.040 y un medallón en forma de corazón para retrato en 1.440 reales»32.
La reina adquirió en San Ildefonso el 22 de agosto de 1792, de los géneros
enviados por Godon, además de dos relojes de repetición con sus cadenas corres-
pondientes, cinco pares de brazaletes, uno de ellos adornado con pedrería valorado
en 2.200 reales, otro en 1.200 reales, un tercero más sencillo en 380 reales y dos más
iguales en 320 reales cada uno. Además cuatro anillos a 180 reales cada uno.
El 10 de julio de 1796 Godon se encontraba en España junto con su esposa
Justina Magdalena Prevost y dos de sus criados y entregó personalmente a la Rei-
na: una sortija con diamantes y divisa valorada en 3.800 reales; otra sortija con el
chatón cuadrado estimada también en 3.800; otra adornada con tres medallones en
1.600; otra similar por el mismo precio; otra sortija guarnecida con rubíes en 3.600;
32 Además: «una caxa que contenía diferentes cosas de moda para la Reina nuestra señora con
guarniciones de gazas, flores, cintas, plumas, encages, cinturas que ascienden a 21.400 reales; una caxita
de oro cuadrilonga con pinturas en 1.760; dos girandolas grandes en forma de candelero antiguo sobre
pedestal en 31.200; otras dos con tres figuras griegas con muchos adornos en 30.000; dos vasos de
alabastro en 3.200, dos hermosas figuras en mármol blanco sobre pedestal que representan dos ninfas
bañándose en 32.400; otras dos más chicas en mármol también que representaban el estudio y la amis-
tad 10.200; un lapicero de oro con una pluma de oro en 1.040; una caxita de marfil forma de delfín
guarnecido de oro en 320; cinco abanicos guarnecidos de acero en 2.500; dos hermosos candelabros
con figuras y muchos adornos en 8.600 y otros dos candeleros con figuras griegas sobre pedestal en
5.300 reales. A.G.P. Carlos IV, Casa, leg. 182.
138 Amelia Aranda Huete
un anillo con un brillante gordo engastado y adornado alrededor con esmalte azul
en 8.800, un alfiler en forma de estrella con un brillante en el centro rodeado de
diamantes talla rosa en 2.440 y otro alfiler en forma de cerrojo en 240 reales.
François-Louis Godon falleció en Bayona el 17 enero de 1800. Juan Cataneo,
cónsul de esta ciudad, informó de su muerte a Mariano Luis de Urquijo, tesorero de
la Reina. Su viuda Magdalena Justine de Prevost continuó con el negocio familiar y
envió relojes, porcelanas, objetos de bronce, etc. y sobre todo un importante conjunto
de joyas, lo que indica que su negocio estaba especializado en estas piezas.
Entre los objetos enviados por la viuda de Godon en septiembre de 1800 figuran:
un collar de cuentas de cornalina con un medallón central guarnecido de diamantes
y adornado con una cabeza tallada en piedra «fina» valorado en 6.500 libras; varios
collares de oro, alguno de ellos adornado con perlas de pequeño tamaño, cuyo
precio oscilaba entre los 1.250 libras, las 400 libras o las 106 libras; un collar de oro
con los eslabones elásticos en 110 libras; otro con cuentas de cornalina talladas en
facetas que se alternaban con cuentas de ágata en 750 libras; otro collar realizado
con cabello trenzado guarnecido con piezas de oro en 100 libras; un medallón en
forma de corazón adornado con dos tórtolas, flechas y carcaj, símbolos del amor,
engastado completamente con diamantes en 5.000 libras; dos medallones en forma de
escudo inglés, uno simple en 150 libras y el otro guarnecido con brillantes grandes
y un corazón atravesado por una flecha en 6.000 libras; dos medallones en forma
de libro uno de ellos en 300 libras y el otro en 450 libras por estar adornado con
perlas finas; seis cruces, una simple en 70 libras, otra con perlas finas y diamantes en
1.500; otra con un secreto y un medallón grabado en 238 libras y tres más, iguales,
sin secreto, en 150 libras cada una; ocho pares de brazaletes, con eslabones de oro
elásticos, uno con brillantes en 450 libras; otro similar pero más estrecho en 375
libras; dos pares más, elaborados con cabello en 400 y 175 libras (el primero con
perlas y piezas de oro y el segundo sólo con oro); otro con cuentas de cornalina
en 120 libras; otro con eslabones esmaltados y un secreto en 375 libras y dos pares
más, sencillos, en 50 libras.
Además: veintidós pares de pendientes, muchos de ellos guarnecidos con diaman-
tes y con perlas, otros con cuentas de cornalina, varios con eslabones esmaltados,
destacando dos pares con un diseño basado en dos anillos entrelazados engastados
de brillantes y una mariposa en el centro valorados en 2.950 libras y 1.375 libras
respectivamente y otro par de «pendeloque» con cornalina en 175 libras.
La larga lista se completa con: un alfiler en forma de arco y flecha vendido por
1.500 libras; otro en forma de corazón con tres grandes brillantes amarillos y varios
brillantes blancos por 9.000 libras; otro con un jacinto y diamantes por 250 libras;
dos con figura de perro, ambos guarnecidos con diamantes por 2.740 y 1.500 libras
respectivamente; otro en forma de corazón con un medallón de marfil por 175 li-
bras; tres en forma de ancla por 125 libras cada uno; otro de perfil romboidal con
un brillante en el centro por 200 libras y dos peinetas de oro y esmalte por 1.000
libras. Finalmente varias cadenas de acero y trece sortijas y anillos, una con un gran
El comercio de joyas en la corte madrileña durante el siglo XVIII 139
gótica en malla de oro mate estimada en 1.200 libras; un aderezo con granos de
coral y oro en 390 libras; un collar y unos pendientes de filigrana esmaltada muy
delicados y novedosos en 700 libras; un aderezo completo integrado por collar, bra-
zaletes, pendientes y peineta adornado con perlas finas, brillantes y esmalte azul en
4.390 libras; un collar con una pieza en forma de caracol guarnecido con brillantes
y perlas finas en 5.670; un brazalete de perlas y cadeneta en 1.176; una pareja de
pendientes de oro en forma de hoja en 276 y una mariposa esmaltada enriquecida
con diamantes en 4.378 libras.
Para terminar, exponemos un buen ejemplo de comercio dedicado a la bisutería.
El comerciante alemán Pedro Shropp, con tienda abierta en la calle de la Montera
además de vender juguetes mecánicos, pequeños muebles, anteojos, sombreros, bo-
tones, abanicos, piezas de porcelana y de metal plateado, en alguna ocasión proveyó
a la corte de pequeñas joyas de escaso valor que pueden ser clasificadas como piezas
de bisutería. Por ejemplo, el 11 de agosto de 1795 le compraron: treinta y seis pares
de pendientes de similor adornados con rosetas del mismo material que costaron
cada par 41 reales; dieciocho collares de perlas a 15 reales cada uno; cuatro collares
«mas finos» a 48 reales cada uno; dos pares de pendientes de similor con perlas y
cadenillas suspendidas de la parte baja en 54 reales cada par; una cruz guarnecida
con piedras de varios colores en 99 reales; dos sortijas de piedras engarzadas en 74
reales cada una; otra con un retrato engastado en oro en 189 reales; otra adornada
con perlas en 197 reales; otra hechura de lanzadera en 140 reales; un anillo con tres
ordenes de perlas de acero en 99 reales; otra en forma de collar de perro en 42 rea-
les; veintiún alfileres de plata con una piedra en la cabeza a 5 reales cada uno; tres
relicarios de plata de filigrana a 18 reales cada uno y cinco sartas de perlas doradas
y plateadas a 13 reales cada una36.
Todas estas cuentas que hemos presentado en las páginas precedentes nos per-
miten conocer un amplio y rico muestrario de piezas. Los tipos son los habituales
de la época y muchos de ellos los podemos observar en los retratos de las damas
sobre todo adornando la figura de la reina María Luisa de Parma. Si comenzamos
por la cabeza tres son los adornos que descubrimos: la aguja en forma de flor o
estrella; el alfiler con la media luna y la estrella y la flecha. Todos ellos cuajados de
brillantes se aprecian en varios retratos de la reina y de sus hijas. El ejemplo más
conocido es el retrato colectivo firmado por Francisco de Goya titulado La familia
de Carlos IV conservado en el Museo Nacional del Prado en Madrid. En este mismo
cuadro disfrutamos de un magnifico collar que aunque no tiene caídas si responde
al tipo habitual de la época, con varios hilos de perlas y un broche en el centro.
Se mantienen los dos modelos de pendientes usados a lo largo del siglo: el «pen-
deloque» (botón, lazo y almendra) y el «girandole» (botón, lazo y tres almendras)
aunque adquieren gran protagonismo los sencillos broquelillos y los pendientes con
cierta fantasía. Los broches para el pecho conservan su fidelidad por las motivos
inspirados en la naturaleza, flores, espigas y los brazaletes sustituyen poco a poco
a las parejas de manillas realizadas con hilos de perlas que embellecían las muñecas
femeninas desde el siglo XVII.
Surgen nuevos materiales como el cabello humano que constituirá un elemento
novedoso y efímero en la fabricación de joyas con cierto espíritu sentimental y se
recuperaran e imitaran objetos de la antigüedad como los camafeos. La pasta y el
cristal adquirirán también cierto protagonismo que tomaran fuerza a lo largo del siglo
XIX. Nuevos metales como el acero sustituirá a la plata sobre todo en las cadenas
de los relojes de bolsillo. El comercio de joyería ganará terreno a los obradores de
los plateros que poco a poco se modernizaran y abandonaran su carácter gremial.
La didattica museale per i manufatti in argento
NICOLETTA BONACASA
Università degli Studi di Palermo
Con questo breve contributo ci si propone di sintetizzare alcune tra le più in-
teressanti esperienze di didattica museale studiate per i manufatti in argento.
Come è noto uno dei compiti fondamentali riconosciuti al museo contempora-
neo è l’educazione. Le istituzioni museali, infatti, hanno la responsabilità di rendere
fruibili le collezioni da parte di tutte le categorie di utenti1.
Il noto fenomeno di democratizzazione dell’accessibilità ai Beni Culturali, ha di
fatto prodotto una nuova attenzione nei confronti delle forme di interpretazione e
comunicazione dei Beni Museali, i quali secondo questo principio devono, dunque,
essere resi fruibili da un pubblico, che oggi appare fortemente diversificato per
competenze ed esigenze conoscitive2.
sulle motivazioni che spingono le diverse categorie di utenti alla visita dei musei. Cfr. J.H. FALK-L.D.
DIERKING, The museum experience. Washington, 1992. Tra i più recenti e completi studi sull’utenza
museale si cita il volume pubblicato nel 2005 da G. Black, in cui è proposta un’analisi dei diversi target
di visitatori e dei relativi bisogni e aspettative culturali. Cfr. G. BLACK, The engaging museum: de-
veloping museums for visitor involvement. Abingdon, 2005. In precedenza, O. Van Oost ha riflettuto
sul fenomeno della democratizzazione dell’accessibilità ai beni culturali citando la bibliografia prodotta
sull’argomento, in O. VAN OOST, «Museum participation in a network society: A reflection». Re-
Creatief Vlaanderen, Working Paper Series vol. 1, 2003, pp. 1-23.
3 Cfr. L. TALLON-K.WALKER (coor.), Digital Technologies and the Museum Experience.
Plymouth, 2008; P. SAMIS, «New technologies as part of a comprehensive interpretive plan», in H.
DIN-P. HECHT (coor.), The digital museum: a think guide. New York, 2007, pp. 19-34.
4 Si deve a N. Simon la più recente ricerca sul cosiddetto «museo partecipativo». Nel testo sono
analizzati diversi interessanti casi di studio ed è riportata la precedente bibliografia. Cfr. N. SIMON,
The Participatory Museum. Santa Cruz (California), 2010.
5 Con la proiezione di luci e immagini su diverse superfici, quali pannelli, schermi, o diretta-
mente sulle pareti, è possibile creare effetti suggestivi e di spettacolarizzazione delle esposizioni. Ge-
neralmente all’interno dei musei sono riservati appositi spazi per l’uso di questi dispositivi, al fine di
evitare che le proiezioni diventino elementi di disturbo rispetto alla visione delle collezioni esposte.
Gli accompagnamenti sonori possono impiegati come supporto alla visita con descrizioni e commenti
pre-registrati attivati durante il percorso, oppure come diffusione di suoni di sottofondo di varia natura,
che hanno l’obiettivo di fornire un supporto alla fruizione dei contenuti presenti nell’area museale.
Cfr. M. PIACENTE, «Multimedia: Enhancing the experience», in B. LORD–G.D. LORD (coor.),
The Manual of Museum Exhibitions . Walnut Creek, 2002, pp. 222-233.
La didattica museale per i manufatti in argento 145
8 In questa sede si cita uno dei più recenti progetti, denominato «CHIP (Cultural Heritage
Information Personalization) Interactive Tour Guide» che, realizzato dalla «Dutch Science Founda-
tion» in collaborazione con la «Technical University Eindhoven», il «Rijksmuseum» di Amsterdam e
il «Telematica Institute», mira ad offrire nuovi strumenti per la personalizzazione dei percorsi museali,
realizzabile tramite sia l’uso di appositi tools progettati sia per i siti web dei musei che dei dispositivi
PDA. Il progetto è dettagliatamente descritto in I. ROES–N. STASH–Y. WANG–L. AROYO, «A
Personalized Walk through the Museum: The CHIP Interactive Tour Guide», in Proceedings ACM CHI-
Student Research Competition. Boston, 2009, pp. 3317-3322; Y. WANG-L. AROYO–N. STASH–R.
SAMBEEK–Y. SCHUURMANS–G. SCHREIBER–P. GORGELS, «Cultivating Personalized Museum
Tours Online and On-Site». ISR, Interdisciplinary science reviews vol. 34, n. 2-3, June 2009, pp. 141–156.
Nei citati contributi è riportata la bibliografia specifica.
9 Tra i più recenti saggi che analizzano l’uso dei cellulari come nuovi strumenti di accompag-
namento alla visita si segnala E. BRUNS–B. BROMBACH–O. BIMBER, «Mobile Phone Enabled
Museum Guidance with Adaptive Classification». IEEE Computer Graphics and Applications, July/
August 2008, vol. 28, n. 4, 2008, pp. 98-102. Tra le ricerche svolte sull’uso degli smartphone come
nuovo supporto per le guide digitali dei musei si ricordano M. PETRIE-L. TALLON, «The Iphone
Effect? Comparing Visitors’ and Museum Professionals’ Evolving Expectations of Mobile Interpretation
Tools», in J. TRANT-D. BEARMAN (coor.), Museums and the Web 2010: Proceedings, 2010, <http:
//www.archimuse.com/mw2010/ papers/ petrie/petrie.html> (consultato 03/08/2010).
10 <http://www.lesartsdecoratifs.fr/francais/l-institution/pratique-11/les-arts-decoratifs-sur-
iphone/decouvrez-l-application-du-musee> (consultato 15/03/2011).
La didattica museale per i manufatti in argento 147
di Palermo», che attraverso una sorta di «caccia al tesoro» invita gli utenti di età
scolare e le loro famiglie ad esplorare le sale espositive con l’ausilio di mappe e
materiale didattico specificatamente studiato.
In questo panorama le attività promosse dal «Victora & ALbert Museum» di
Londra si presentano sicuramente come le più innovative ed efficaci per la conos-
cenza delle opere d’arte in argento. Il riferimento è alla «Silver discovery area»
disponibile nella sezione dedicata agli argenti, in cui i visitatori sono invitati ad
esempio a sperimentare tramite delle hands-on exhibits l’apposizione del marchio
e conseguentemente ad approfondirne la funzione, ma anche a scoprire l’uso di
alcune tipologie di manufatti e le relative tecniche di realizzazione per mezzo delle
minds-on exhibits. In quest’ultimo caso le «Silver discovery area» propongono diversi
pannelli interattivi in cui i visitatori sono chiamati a dare risposte alle domande poste
in merito alla funzione di alcuni oggetti in argento oppure agli strumenti necessari
per la loro realizzazione.
Attualmente molti musei propongono veri e propri Kit didattici disponibili
per i docenti, ma anche per gli studenti, di norma scaricabili dal sito web ufficiale11
(lám. 1).
Internet sembra essere oggi la nuova frontiera per la didattica museale, in cui
già sono disponibili interessanti applicazioni per lo specifico ambito delle opere
d’arte in argento12.
A questo proposito la critica più recente ha riflettuto sull’interessante analogia
che esiste tra i progetti didattici che vengono realizzati all’interno delle strutture
museali e quelli che potrebbero trovare spazio in specifiche sezioni dei website dei
Musei13.
11 Tra i siti più completi si citano quelli dalla «Tate Gallery», della «Polo Museale Fiorentino»
e del Museo Thyssen-Bornemisza <http://www.tate.org.uk/learning/schools/>, <http://www.polomu
seale.firenze.it/didattica/attivita/ download.asp>, <http://www.educathyssen.org/materiales_para_pre-
parar_la_visita > (consultati 25/04/2011).
12 Internet è ormai da considerarsi come un prezioso strumento al servizio del museo moderno,
e molte applicazioni oggi disponibili in Rete ben si prestano all’approfondimento della ricerca sulle
collezioni di manufatti in argento. Sull’argomento si vedano N. BONACASA, «L’uso di Internet per
lo studio delle Arti Decorative», in J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Plateria. San Eloy 2009.
Murcia, 2009, pp. 193-202; N. BONACASA, «Il Web 2.0: nuove prospettive per gli studi sui manufatti
in argento», in J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Plateria. San Eloy 2010. Murcia, 2010, pp.
159-170.
13 Già nel 2004 D. Prosser e S. Eddisford hanno analizzato le caratteristiche dell’apprendimento
online in D. PROSSER–S. EDDISFORD, «Virtual Museum Learning», in Information Technology in
Childhood Education Annual, 2004, pp. 281-297. L’uso delle tecnologie per facilitare l’interazione degli
utenti con l’ambiente museale è oggetto della ricerca di T. Hall e L. Bannon. Gli studiosi analizzano
in modo particolare i progetti rivolti ai bambini e riportano la bibliografia specifica. Cfr. T. HALL-L.
BANNON, «Designing ubiquitous computing to enhance children’s interaction in museums», in IDC
’05: Proceeding of the 2005 conference on Interaction design and children. Boulder-Colorado, 2005,
pp. 62–69. C. Carreras distingue nel museo reale tre approcci alla didattica museale, contraddistinti da
differenti livelli di partecipazione degli utenti e individua caratteristiche analoghe in esempi di siti web
dedicati a musei. Cfr. C. CARRERAS, «Los proyectos de educación en museos a través de las nuevas
La didattica museale per i manufatti in argento 149
L’attività didattica, realizzata anche per mezzo delle nuove tecnologie, rappre-
senta una componente fondamentale del ruolo del Museo in rapporto all’società
contemporanea14.
È dunque ormai opinione comune che il Museo sia un vero e proprio «labora-
torio», e l’approccio costruttivista alla conoscenza sembra trovare proprio nel «web
2.0» nuove possibilità di sviluppo15.
Infatti, per mezzo di Internet, può realizzarsi il cosiddetto «apprendimento
a distanza», permettendo agli utenti di iscriversi a forum e gruppi di discussione,
utilizzare materiali e contenuti –come audio, video e testi− e confrontarsi in tempo
reale con gli esperti e i responsabili delle istituzioni museali16.
tecnologías». Mus-A: Revista de los museos de Andalucía. Museos y nuevas tecnologías n. 5, 2005, pp.
34-38.
14 L. ZERBINI (coor.), La didattica museale. Roma, 2006. Sul tema dell’apprendimento nei
musei tramite l’uso delle ICT si veda R. HAWKEY, «Learning with Digital Technologies in Museums,
Science Centres and Galleries». Futurelab Report 9. Bristol, 2004.
15 Cfr. A.H.Y. LIU, «Creating online learning environments for museums». Museology Quarterly
23 (3), 2009, pp. 5-35.
16 Il tema del cosiddetto e-learning rapportato al mondo dei musei è stato approfondito da
A.C.H. Lin e S. Gregor, che individuano le caratteristiche tramite le quali un sito web museale può
diventare uno spazio in cui realizzare efficacemente progetti didattici. Nel saggio è riportata la precedente
bibliografia. A.C.H. LIN-S. GREGOR, «Designing Websites for Learning and Enjoyment: A Study of
Museum Experiences». International Review of Research in Open and Distance Learning n 7 (3), 2006,
pp. 1-21. J. Granfie e K. Macquarrie hanno analizzato alcuni esempi di siti di musei che favoriscono
150 Nicoletta Bonacasa
Tra i primi website che hanno proposto delle sezioni dedicate ai visitatori più
giovani si cita quello del «MoMA», ed in particolare il programma didattico «Red
Studio». Questo progetto è studiato per offrire agli utenti la possibilità di avvici-
narsi al mondo dell’arte svolgendo molteplici attività didattiche interattive, con cui
approfondire la conoscenza delle opere ed esprimere la propria creatività17.
Lo studio dello specifico ambito della didattica museale online ha evidenziato
che attualmente il sito della «Tate Gallery» si presenta come uno tra i più moderni e
completi, in quanto fornisce ai giovani visitatori una vasta gamma di applicazioni e con-
tenuti che facilitano la conoscenza del museo. In particolare, si segnala la sezione «My
Gallery», in cui gli utenti sono invitati a costituire una personale collezione virtuale,
composta da opere scelte tra un gruppo periodicamente selezionato dai responsabili
del museo, alle quali possono essere affiancate immagini di opere realizzate dagli stessi
utenti. Questa applicazione appare particolarmente originale perché utilizza alcune
semplici funzioni tipiche dei social network, permettendo ai visitatori di commentare
le collezioni, interagire tra loro e segnalare gli «artisiti preferiti»18.
La crescente attenzione riservata dalla critica al tema della didattica online
testimonia l’importanza di questo innovativo strumento al servizio dei progetti
educativi museali19.
Gli specifici studi del settore mirano principalmente ad individuare le risorse più
efficaci attraverso le quali è possibile realizzare le finalità dei programmi educativi.
la personalizzazione del processo di apprendimento, una caratteristica che i due studiosi considerano
fondamentale per lo sviluppo di un corretto progetto di didattica museale online. Cfr. J. GRANFIE-K.
MACQUARRIE, «Interactive And Customizable Learning Environments For Various User Needs:
Danish German Virtual Museum Project», in J. TRANT-D. BEARMAN (coor.), Museums and the
Web 2008: Proceedings, 2008, <http://www.archimuse.com/mw2008/papers/granlie/granlie.html>
(consultato 04/01/2010).
17 <www.redstudio.moma.org > (consultato 07/09/2009).
18 <http://kids.tate.org.uk/mygallery/gallery_home> (consultato 16/04/2011). Per una completa
descrizione delle diverse applicazioni didattiche offerte dal sito della «Tate Gallery» cfr. S. JACKSON-R.
ADAMSON, «Doing It for the Kids: Tate Online on Engaging, Entertaining and (Stealthily) Educating
Six to 12-Year-Olds», in J. TRANT-D. BEARMAN (coor.), Museums and the Web 2009: Proceedings,
2009, in <http://www.archimuse.com/mw2009/papers/ jackson/jackson.html> (consultato 10/09/2009).
Più recentemente i programmi didattici online della «Tate Gallery» sono stati analizzati in K. CHA-
RITONOS, «Promoting Positive Attitudes in Children Towards Museums and Art: A Case Study of
the Use of Tate Kids in Primary Arts Education», in J. TRANT-D. BEARMAN (coor.), Museums and
the Web 2010… ob. cit., <http://www.archimuse.com/mw2010/papers/charitonos/charitonos.html>
(consultato 03/08/2010).
19 D.T. Schaller, S. Allison-Bunnell, M. Borun e M.B. Chambers hanno presentato uno studio
sulle attività di apprendimento che possono essere sviluppate nei website museali. L’indagine ha eviden-
ziato notevoli differenze nelle preferenze dimostrate dalle varie categorie di utenti ed ha permesso di
individuare le attività didattiche più seguite, che gli studiosi riassumono in: «Creative Play», «Guided
Tour», «Interactive Reference», «Puzzle/Interactive Mystery», «Role-playing Story» e «Simulation».
Cfr. D.T. SCHALLER-S. ALLISON-BUNNELL-M. BORUN-M.B. CHAMBERS, «How Do
You Like To Learn? Comparing User Preferences and Visit Length of Educational Web Sites», in J.
TRANT-D. BEARMAN (coor.), Museums and the Web 2002: Proceedings, 2002, in <http://www.
archimuse.com/mw2002/papers/schaller/ schaller.html > (consultato 22/09/2008).
La didattica museale per i manufatti in argento 151
LÁMINA 2. Sito del Museo Thyssen-Bornemisza, esempio di gioco didattico. Fonte <http:
//www. educathyssen.org/caso/index.html > (consultato 25/04/2011).
LÁMINA 3. Sito del Victoria & Albert Museum, esempio di approfondimento dedicato ai ma-
nufatti in argento. Fonte <http://www.vam.ac.uk/page/s/silver/> (consultato 25/04/2011).
LÁMINA 4. Sito del Victoria & Albert Museum, esempio di video dedicato alle tecniche di
realizzazione dei manufatti in argento. Fonte <http://www.vam.ac.uk/ content/articles/s/
objects-in-christian-worship/> (consultato 25/04/2011).
sus colegas, el momento de esplendor que vivió la platería en esa ciudad andaluza
y que le ha dado fama en Europa y América4.
Damián de Castro nace en Córdoba el 27 de septiembre de 1716 y es bautizado
dos días más tarde en la parroquial de Santo Domingo. Es hijo del platero Juan de
Castro y de su mujer María Rafaela de Osorio. Aprende el arte en el obrador de su
padre y se examina como maestro de oro en 1736 con una sortija de diamantes. Casa
con María Rafaela García Aguilar, hija del platero Bernabé García de los Reyes, en
1746, con la que tiene varios hijos, del que solo uno, Juan, continúa en el Arte de la
Platería. Fue hermano mayor del Colegio de Plateros cordobés y marcador. Ostenta
el cargo de platero mayor de la catedral de Córdoba al menos desde 17615 hasta
1793, año en que muere pobre en Sevilla en casa de su hermano Pedro, canónigo de
esa sede, y es sepultado en la Capilla de los Cálices de la catedral hispalense6.
Nuestro artista debió de tener un amplio obrador7, pues, de lo contrario, no
se explica la gran cantidad de obras que ostentan su marca de artífice. Se conocen
muchas repartidas por toda España, especialmente en Andalucía, pero también las
hay en Canarias, Segovia, Valladolid o el par de bandejas de la catedral de Cara-
cas (Venezuela). Estuvo relacionado con importantes personas como el cardenal
Francisco Javier Delgado y Venegas, obispo de Las Palmas, Sigüenza, arzobispo
de Sevilla y patriarca de las Indias, para quien labró numerosas obras como el cáliz
de oro, patena, cucharilla, platillo, vinajeras, campanilla, dos bandejas y un jarro de
plata donados a la catedral de Sevilla en 17778, el XII duque de Medinaceli, Pedro
de Alcántara Fernández de Córdoba, patrono de la Parroquia de Nuestra Señora
de la Purificación de Puente Genil (Córdoba), que conserva una bandeja con las
armas ducales9, o Antonio Pérez de Barradas, marqués consorte de Peñaflor, para
el que hizo, entre otras piezas, joyas, así como una Urna eucarística que guarda el
convento de San Pablo y Santo Domingo de Ècija10.
La obra que estudiamos es un Juego de Altar conservado en la colección de Joan
Jesús Gavara Prior de Valencia (lám. 1). Éste lo compró en la Antigüedades Siloé
de Valencia en 2009. Está formado por seis candeleros y una cruz. El conjunto ha
sido muy restaurado y dos de los candeleros no son originales. Son más altos y sus
pies, como el de la cruz, también son más grandes y, estos últimos, al igual que la
cruz, no están marcados (lám. 2). No obstante, quien hizo la restauración procuró
combinar piezas de las dos épocas. Así, intercambió nudos y pies de unas obras en
otras para lograr una mayor armonía. Algunos candeleros marcados llevan un nudo
de cronología posterior, y los nuevos, el nudo que perteneció a los originales. Lo
mismo debió de suceder en la cruz, que pensamos estaría completa, pero cuyo pie
fue cambiado por uno de los cuatro candeleros originales. El Crucifijo tampoco
es de la primera época y, a tenor de las perforaciones que figuran en el árbol de la
cruz, debe de ser más grande que el que saldría del obrador del maestro.
Este Juego de Altar está labrado en plata blanca, chapas sobre alma de madera,
mientras que el Crucificado es de plata dorada. Las técnicas empleadas son repujado,
cincelado y fundición en el Cristo11. Dos de los cuatro candeleros más pequeños
presentan doble marcaje. En cada una de las cartelas del pie muestran un punzón
que corresponden al autor, marcador y león de Córdoba respectivamente. En el
platillo del mechero, las marcas están en disposición lineal CAS/tRO, autor, León
y ARANDA, marcador (lám. 2). Los otros dos sólo exhiben las marcas del pie.
Todas las marcas corresponden a las mismas variantes. Pertenecen a los cordobeses
Damián de Castro y Bartolomé de Gálvez y Aranda. La de Castro constituye la
primera variante señalada por Cruz: apellido en dos líneas de tres letras cada una,
con la t minúscula, gruesa C, destacada e inclinada S y extensión hacia la izquierda
del trazo horizontal de la R12, que es utilizada por el artífice entre 1752 hasta 1785,
año en que se data la custodia de Cañete de las Torres (Córdoba) como señala
Nieva13. Esta marca fue catalogada por Ortiz como 131 A14. La del marcador re-
produce parte de su apellido en letras capitales, en una sola línea, timbrada por la
flor de lis. Fue catalogada por Ortiz como 107 A15, aunque Cruz ha señalado que
existen al menos dos variantes antes de que Aranda adopte el número cronológico
LÁMINA 1. Damián de Castro y otros. Juego de Altar. Valencia. Colección particular (Foto
J.J. Gavara Prior).
LÁMINA 2. Damián de Castro y otros. Pies de los candeleros y marcas del platillo. Valencia.
Colección particular (Foto J.J. Gavara Prior).
A propósito de una obra de Damián de Castro en Valencia 159
en 176816. Por ellas podemos fechar el origen del Juego de Altar entre 1759 y 1767.
Sin embargo, desconocemos el momento en que se hizo la reforma posterior que
dio la configuración actual al conjunto, pues, el platero o plateros que la llevaron
a cabo, no dejaron consignada ninguna referencia. La marca de la ciudad es el león
rampante, que no lleva corona, dentro de un óvalo. Ortiz catalogó está marca como
la nº 3217 explicando que lleva un fino reborde que no advertimos en la fotografía
que presentamos, ya que ha sido erosionado por las múltiples limpiezas, pero sí que
está claramente visible en otras marcas de los pies de los candeleros.
Este juego de altar está formado por seis candeleros y una cruz como señala la
liturgia. Juan de Arfe incluye estas tipologías dentro de las piezas de altar y ponti-
ficales18. Arfe se refiere a seis: el cáliz, los portapaces, el candelero, la cruz portátil
–también llamada de altar−, los aguamaniles y el báculo, sin distinguir cuáles de
ellas son de altar y cuáles de pontifical. Los candeleros conservados en Valencia
descansan sobre un pie triangular que tiene patas de garra. El astil es abalaustrado
con nudo periforme invertido y el plato sustenta un mechero con bocel en el borde.
Están decorados con volutas en las esquinas del pie que centran cartelas de rocalla
de configuración asimétrica. Estas son lisas y la única impresión que hay en ellas
son las marcas de los plateros, una en cada cara. Tanto el astil, nudo como el platillo
van recubiertos de fantásticas rocallas de contornos sinuosos y perfiles asimétricos.
Muestran sartas de frutas sobre la superficie lisa de los encuentros de las caras del
pie. Son abundantes las «ces», largas y muy curvadas, en los extremos. La cruz
tiene la misma estructura salvo el platillo sustituido por el árbol. Este reproduce el
modelo latino, con brazos abalaustrados y potencias en los ángulos. Tres cabezas
aladas de serafines ornamentan los brazos superiores.
Hay constancia de muchos juegos de altar labrados en el obrador de Castro.
A modo de breve referencia destacamos los de la catedral de Segovia (1769)19, la
catedral de Valladolid (entre 1773 y 1784)20, el convento de Santa Ana de Córdoba
DIBUJOS
En el Museo del Prado se conserva una lámina realizada por el pintor valenciano
Vicente Salvador Gómez1. En ella, junto al dibujo adherido de una cabeza de jesuita,
aparecen unos estudios de la proporción del busto masculino tomados de la Varia
commensuracion2. La lámina está datada en torno a 1674, y se asocia con la inédita
Cartilla y fundamentales reglas de la pintura, manuscrita por Vicente Salvador, que
lleva esta fecha en la portada. Cuando era director de la academia de pintura del
convento de Santo Domingo, en Valencia, Vicente compuso esta obra, y aunque la
lámina no forme parte de la misma, es probable que también se encaminara hacia
fines didácticos. Se ha dicho que debido a sus tachaduras y enmiendas es una hoja
de estudio preparatoria para este manuscrito, que nunca llegó a publicarse y del
que se conservan pocas y deterioradas páginas. En cualquier caso, no se descarta
que se trate de un estudio suelto.
1 Vicente Salvador Gómez (1637-1680). P. BAZÁN (Ed), Dibujos Valencianos del Siglo XVII.
Sevilla, 1997. Este dibujo se custodia en el Museo del Prado con la signatura FD-850.
2 Esta cabeza de jesuita ha sido identificada como el dibujo preparatorio para cierta
pintura de San Francisco Javier de la Compañía de Jesús, realizada por Vicente Salvador hacia
1674. V. MARCO GARCÍA, El pintor Vicente Salvador Gómez (Valencia, 1637-1678). Valencia,
2006, p. 172. En el reverso de la lámina se encuentra una ilustración de Venus y Cupido que
también procede de un original, según Pérez Sánchez, concretamente de una estampa del fla-
menco Spranger. A.E. PÉREZ SÁNCHEZ, Historia del dibujo en España, de la Edad Media a
Goya. Madrid, 1986, p. 318. En el dibujo, a modo de leyenda, aparece escrito el siguiente texto:
«IOAN De Arfhe y Villafane en su tratado de Simetría que yntituló varia commensuración en
el libro segundo + Da por Regla General para el cuerpo humano Las siguientes (está tachado
«presentes y siguientes») operaciones que Reducidas y Recopiladas se allarán en las siguientes
operaciones en adelante: la opservacion para la inteligencia de que hemos de tratar será pues la
distacia* de la línea A.B. laqual esdividida en 4 partes q llamaremos tercios los que les serán el
norte para mostrar la figura pues siendo ellos los q forman la cabeza della como cabesa emanaran
las demas mensuraciones q por certan patentes no me detengo enponderarlas, como tambien por
seguir brevedad». En un margen, como glosas, se añaden dos enmiendas que aparecen señaladas
en el texto con los signos + y *: «nos demuestra por Re» y «dellos pues será la línea».
Dibujos y copias manuscritas de la Varia Commensuracion de Juan de Arfe 163
Es curioso que Vicente Salvador aunara en una sola lámina aquellas ilustraciones
de proporción de la cabeza que Arfe trataba en dos páginas. Dos siglos más tarde,
en 1806, este mismo procedimiento lo realizaría José Assensio y Torres, en la última
edición remodelada de la Varia commensuracion.
El siguiente documento a analizar es un curioso dibujo descubierto por noso-
tros en la Sala Goya de la Biblioteca Nacional. Se trata de una página manuscrita
copia de la sección osteológica de la Varia. Esta página constituía el soporte al que
se adhería un dibujo del tema de Cristo con la cruz a cuestas, procedente de la
colección Castellano, y cuando los pliegos de papel fueron separados, el soporte
no se signó. Por eso este documento carecía de referencia hasta que insistimos en
hallar su localización. Agradecemos por ello el esfuerzo de Belén Palacios, de la
Sala Goya, que rebuscó entre los fondos hasta encontrarlo3.
La página, manuscrita a tinta sepia por ambas caras, copia las dos primeras hojas
del capítulo IV del título II del Libro Segundo de la Varia. Además aparece un dibujo
a lápiz negro de los huesos de la pierna dentro de un recuadro. En el borde inferior
del recto del folio hay ciertas anotaciones manuscritas a tinta: Madrid −1879. Y en
el borde superior, a lápiz, aparece: A (…) 82 (…) Peris (?) 13/18 63. También a lápiz,
en grafía moderna, encima del dibujo de los huesos encontramos las inscripciones:
Ribalta (Franco.), y el sello en tinta azul de la Biblioteca Nacional. La fecha de 1879
puede ser el año de ingreso del documento en la biblioteca, porque no parece corres-
ponder con su antigüedad aparente.
Como hemos dicho, servía de soporte a un dibujo de Cristo con la cruz a cuestas
al cual Angulo y Pérez Sánchez dataron del siglo XVII, entre 1600 y 16504. Por eso
nuestro sentir es que es anterior a 1675, fecha de la segunda edición de la Varia.
El dibujo del Cristo se etiquetó como anónimo español procedente de Valencia,
y se consideró del círculo de Francisco Ribalta, relacionándose con aquél periodo
en que Ribalta imitó el estilo de Cambiasso. Esta estimación de Angulo y Pérez
Sánchez parece ser estrictamente iconográfica. De cualquier modo, lo más posible
es que la firma sea un apócrifo, pues no coincide con otras firmas de Ribalta que
conocemos.
El pintor Francisco Ribalta vivió entre 1565 y 1628. Pérez Sánchez dice que
tuvo «interés por la anatomía exuberante», y que algunos dibujos suyos que ha
estudiado muestran modelos «de potentes musculaturas y escorzos muy acusados»5.
No sabemos si poseyó la Varia, aunque es probable que sus intereses le movieran
a buscarla y estudiarla, especialmente por la anatomía para artistas. Por lo demás,
la escuela de Ribalta presenta un estilo muy uniforme. De Francisco, apuntaba
3 Hoy día ya se cataloga Dib/ 13/ 1/ 18 (bis). Con la signatura Dib/13/1/18 viene catalogado
el dibujo de Cristo con la cruz a cuestas.
4 D. ANGULO ÍÑIGUEZ y A.E. PÉREZ SÁNCHEZ, A Corpus of Spanish drawings. T. IV.
Nº 359. Londres, 1988.
5 A.E. PÉREZ SÁNCHEZ, ob. cit., p. 194.
164 José Luis Crespo Fajardo
Mayans que tuvo por discípulo a su hijo Juan, y que sus obras eran tan parecidas
que resultaba muy frecuente equivocarse en ellas6.
El folio podría representar la prueba de un intento de reeditar la Varia, por libre
y sin los tacos xilográficos originales, rehaciendo la composición del libro. Es posible
sostener esta idea porque observamos que se repite la palabra utilizada al finalizar
el texto del folio recto, en el inicio del folio vuelto, del modo que solían hacer los
libros impresos del siglo XVI y XVII7. La página podría ser la muestra de que hubo
un manuscrito que se preparaba para dar a un editor. En apoyo de esta teoría está la
cuidada caligrafía, las destacadas iniciales mayúsculas, los perfectos márgenes, y que
en la parte superior izquierda del recto, hay escrito: 13, que podría corresponder a
la numeración del folio.
Arfe ubicaba los grabados en láminas individuales al final de cada apartado, pero
el anónimo autor de este documento buscaba dar una nueva disposición a la obra,
colocando la imagen dentro de la misma página del texto. Quizá esto se relacione
con la usanza de los libros ilustrados de mediados del siglo XVII. Como hemos
dicho, el contenido corresponde a los dos primeros párrafos (con sendos poemas)
de los folios 22 r. y v. del Libro II de la Varia. Suponemos que el anónimo autor
pensaba escribir en una nueva hoja los dos párrafos restantes del capítulo, con sus
respectivos poemas, y mostrar en ella la otra ilustración de osteología: huesos de
la pierna de perfil.
Por otro lado, podemos suponer que en el recuadro con los huesos esbozados
iba a incluirse la imagen grabada de osteología de la pierna. Lo más factible es que
el esbozo se trate de un calco a partir de un ejemplar de la Varia. Lo prueba la
semejanza de tamaños entre la estampa original y el recuadro del folio. La página
mide 42 x 29 centímetros, y el recuadro mide aproximadamente 23 centímetros.
Posiblemente, el gran tamaño de la página se debe a la intención inicial de calcar
las ilustraciones de la Varia. Con este nuevo formato se entregaría el manuscrito al
impresor, que tendría la información, por el esbozo, de cuáles eran los grabados que
debían colocarse en cada recuadro.
Conocemos la existencia de otro procedimiento consistente en recortar direc-
tamente los grabados de un libro y pegarlos en el manuscrito. Implicaba, evidente-
mente, destruir el tratado original. Este método lo usó Vicente Salvador Gómez para
algunas páginas de la ya referida Cartilla y fundamentales reglas de la pintura, en la
que también observamos una configuración del folio con texto y recuadros. Vicente
Salvador era valenciano, y ya hemos visto que seguía mucho la doctrina de Arfe.
Además puede considerársele de la escuela de Ribalta, pues aunque era discípulo de
Jerónimo Jacinto de Espinosa, sus obras se relacionan con la tradición de Orrente y
Esteban March, todos de esta escuela8. Sin embargo, dado que no hay coincidencia
en la caligrafía, no se le puede vincular personalmente con este documento. En todo
caso, si en la Valencia del siglo XVII se intentó hacer una reimpresión de la Varia,
sin duda sería porque era un tratado que escaseaba, y los libros de fundamentos
artísticos que enseñaban proporción y anatomía cara a la docencia eran demanda-
dos. El tratadista José García Hidalgo comentaba que en Valencia había numerosas
academias de arte que funcionaban de noche. La más destacada era la academia de
pintura del convento de Santo Domingo, que hacia 1670 dirigía Vicente Salvador
Gómez, y para la que compuso su cartilla. Se cree que con anterioridad a 1667
esta academia ya había sido puesta en marcha9. Tal vez la página manuscrita tenga
relación con alguno de sus profesores. En 1675 se publicó la segunda edición de
la Varia commensuracion, y pudo haber motivado que se interrumpiera cualquier
otro propósito de reimpresión.
En la Sala Goya de la Biblioteca Nacional se conserva también un dibujo anó-
nimo de cuatro estudios anatómicos de cabezas y hombros masculinos tomados
de la Varia10. Se trata de un dibujo sobre papel amarillento verjurado, a plumilla,
lápiz negro y tinta color pardo. En el verso, como en el dibujo anteriormente
comentado, figura la inscripción: Madrid-1879. Este año ha de ser el del ingreso
en los fondos, pues ni siquiera la Biblioteca Nacional lo cataloga en fecha tan
tardía, sino que lo data del siglo XVII o XVIII.
Tras este dibujo podemos apreciar una muestra del aprendizaje y especulación
del alumno de una academia, o de un artista formado, sobre modelos anatómicos
tomados de la Varia commensuracion. Tres de los cuatro estudios de cabezas son
copia de las ilustraciones del capítulo I del título tercero, del Libro II de la Varia:
Morcillos de la cabeza y pescuezo. No obstante, aquel perfil que aparece de tres
cuartos no se ajusta a estas referencias. Se trata de una creación original del anónimo
dibujante, quien para elaborar este nuevo icono pudo haberse fundamentado en las
nociones de escorzos que Arfe da en el título IV del Libro II. Lo cierto es que las
cuatro cabezas aparecen alineadas y son de un tamaño similar, sino exacto, entre sí.
Sospechamos que el autor pudo valerse del método de traslación de líneas paralelas
para ejecutar escorzos, pues con este sistema habría conseguido, quizá como ejercicio
didáctico, recrear este medio perfil anatómico que Arfe nunca expuso.
En la Biblioteca Nacional existe otro dibujo de dos bustos de cabeza y hombros
de modelos anatómicos de Arfe que corresponde a los grabados del folio 27 recto del
Libro Segundo de la Varia, en su edición de 167511. Pérez Sánchez y Diego Angulo
observaron acertadamente que el dibujo era copia temprana del grabado de la Varia
de 1675, y así aparece catalogado en la Biblioteca Nacional12. Otros han creído que
es del siglo XVI13. Sin embargo, al observar el dibujo con detenimiento, notamos que
hay diferencias en el tramado con respecto a los grabados de la primera edición. Por
el contrario, estos cambios sí se observan en la impresión de 1675, porque los nuevos
editores, Bernardo Sierra y María de Ribero, rehicieron algunas planchas de madera,
como ésta, que con el paso de los años estaban deterioradas. Lo más probable es que
este dibujo sea una copia temprana. Sus proporciones son mayores que las de la es-
tampa original, así que no se trata de un calco. Era frecuente en el siglo XVII que los
aprendices se ejercitaran copiando grabados detalladamente. Jesusa Vega aduce: «El
estudiante escogía el mismo tamaño y a ser posible el mismo tipo de papel para realizar
su copia ya que el objetivo era conseguir una imagen idéntica (…) el principiante debía
recoger hasta el más ligero detalle, de modo que fuera casi imposible distinguir el original
de la copia»14. Realmente, esto fue lo que debió ocurrir con este dibujo tomado de la
Varia, donde se reflejan los mínimos detalles de la trama xilográfica, haciendo posible
reconocer los cambios efectuados por Bernardo Sierra.
En la Real Academia de San Fernando podemos mencionar cierto dibujo a tinta
de las proporciones del hombre que se mostraba en el en el artículo de José Manuel
Matilla «Las disciplinas en la formación del artista»15. Este autor lo identifica con un
estudio realizado del natural, probablemente en la propia Academia de San Fernando,
pero como acertadamente observó en su tesis Ocaña Martínez, se trata de una copia
de la Varia, de la ilustración de las proporciones del cuerpo entero visto de espaldas16.
Aunque la edición última que Assensio y Torres había realizado del tratado de Arfe
resultaba, a tenor de la época en que se ha fechado el dibujo, la más accesible para su
anónimo autor, es seguro que se trata de una copia de una impresión anterior, lo cual
se demuestra no sólo en la iconografía, sino en la inclusión de una regla al margen
donde está escrito: «Escala de 31 partes». Sin embargo, en la edición de Assensio la
altura se había trastocado a 32 tercios, más agradable para el gusto académico. También
nobilisª arte de la Pintura por D. José García Hidalgo. Madrid 1691». Quizá sea un apunte de Carderera, o de
antiguos propietarios. No apreciamos ninguna relación con García Hidalgo, y resulta extraña esta asignación
siendo la Varia un libro mucho más popular que los Principios, del que circulaban contadísimos ejemplares.
12 D. ANGULO ÍÑIGUEZ y A.E. PÉREZ SÁNCHEZ, ob. cit. T. I, p. 19.
13 En el estudio Science through the ages, se detalla «…may be either previous to this work or from
an early copy of it, which means that they would be from around the period 1584-1585». VV. AA., Science
through the ages. Madrid, 1984, p. 78. También Heredia lo postula como copia de la edición princeps. M.C.
HEREDIA MORENO, «Algunas cuestiones pendientes sobre las estampas de la Varia Commensuracion de
Juan de Arfe y un posible dibujo inédito de Pedro Rubiales». De Arte: revista de historia del arte n. 4 (2005),
p. 64.
14 J. VEGA, «Los inicios del artista», en La formación del Artista. Madrid, 1989, p. 15.
15 Aparece sobre el epígrafe: «Estudio de proporción de figura masculina (S. XIX). Tinta y lápiz
sobre papel agarbanzado. Madrid». J.M. MATILLA, «Las disciplinas en la formación del artista», en
La formación del artista. Madrid, 1989, p. 40.
16 J.A. OCAÑA MARTÍNEZ, Principios antropométricos, anatómicos y otros métodos para la
representación de la figura humana según los tratadistas de arte españoles (el siglo XVII, deudas e in-
fluencias). Madrid, 2001.
Dibujos y copias manuscritas de la Varia Commensuracion de Juan de Arfe 167
hay que mencionar que el modo de medir la figura y sus partes, por medio de líneas
suspensivas y números a modo de leyendas, recuerda a la técnica de los tratados de
medición de estatuas, popularizados por Audran.
MANUSCRITOS
17 M.C. HEREDIA MORENO, «La fortuna crítica de Juan de Arfe y Villafañe». Archivo Es-
pañol de Arte n. 315 (2006), p. 314. J.E. BURUCÚA, «Arte difícil y esquiva. Uso y significado de la
perspectiva en España, Portugal y colonias iberoamericanas (S. XVI-XVIII)». Cuadernos de Historia
de España 1989-1991.
18 A. BONET CORREA, «Prólogo» De Varia Commensuracion (1587). Madrid, 1974, p. 48.
19 Real Academia de la Historia. Signatura: 9-7-2-N-64 9-1006.
20 A. RODRÍGUEZ VILLA, Catálogo General de Manuscritos de la Real Academia de la
Historia (1910-1912). Alicante, 2005.
21 M.C. HEREDIA MORENO, «Un manuscrito muy poco conocido de la Varia Commensu-
racion de Juan de Arfe». Goya n. 311 (2006).
168 José Luis Crespo Fajardo
casi idéntico a la Varia de 1587, si bien cambia bastante la ortografía, hay apócopes
y frases más concisas. Al parecer, los dibujos son copia y no calcos. El anónimo
autor no habría querido calcarlos para no hacer mella en el original. Este manuscrito
es muy antiguo, y llegó a manos del coleccionista Luís de Salazar y Castro hacia
1700, pero se desconoce de dónde. Heredia plantea que, puesto que el manuscrito
parece estar maquetado, podría haber estado listo para ser dado a la imprenta.
También existe la opción de que se trate de la copia temprana que algún artista
habría hecho al interesarle esta parte del libro. Estas opciones son factibles, pero
nuestra opinión es que, más que una copia temprana del siglo XVI, el manuscrito
debe haber sido elaborado entrado ya el siglo XVII, cuando empezaban a escasear
los ejemplares de la Varia.
Nosotros localizamos en la Sala Cervantes de la Biblioteca Nacional un nuevo
manuscrito copia de la Varia, procedente de México, y fechado en marzo de 178322.
Se trata de una libreta encuadernada en holandesa con alrededor de ochenta pági-
nas manuscritas y con dibujos a tinta y aguada. Solamente se han copiado algunas
secciones de los Libros Segundo y Tercero de la Varia commensuracion. Su autor
fue un tal Joaquín Montiel, de quien no hemos podido recabar otros datos23. No
obstante, es probable que fuera un joven aprendiz de artista que tomó la tarea de
copiar la Varia bajo la indicación de un maestro, y por tanto obligadamente. Esto
es lo que se deduce al observar cómo caricaturiza el dibujo del lebrel, en el Libro
III, añadiéndole unas líneas intermitentes que imitan el perro orinando; y ante su
hocico ha escrito «guau, guau, guau». Por otro lado, se dan errores ortográficos y
alteraciones de las frases originales que hacen pensar que Montiel no era un correcto
escribiente ni una persona especialmente cultivada24. En el año 1784 se fundó la
Real Academia de San Carlos de México. Con anterioridad había sido una escuela
de dibujo. Es posible que el manuscrito, que es de 1783, proceda de esta escuela,
y que allí se estuviera utilizando la Varia con fines docentes, a la manera en que se
usaba en algunas escuelas de dibujo españolas y en la Academia de San Fernando.
Varios profesores de la Academia de San Carlos habían sido educados en Espa-
ña. Sin ir más lejos, desde 1778 la escuela de dibujo estaba dirigida por Jerónimo
Antonio Gil, académico de mérito por San Fernando y autor de textos didácticos
sobre dibujo y proporción.
En su manuscrito, Montiel cambia el orden de los títulos, y tras la proporción
22 Biblioteca Nacional de Madrid. Manuscrito 2183. 76 pág. + 5 hojas de guardas (2 + 3), 215 x
160 mm. Encuadernación holandesa, del siglo XIX (?), 220 x 165 mm.
23 Él mismo escribió su nombre y la fecha, así que sabemos que es obra de Joaquín Montiel, y
que «por su original» acabó la copia en «México y marzo 1º de 1783 años».
24 Podemos mencionar, como más destacado, que a la primera octava del libro II le faltó
el quinto verso, y que en ocasiones comete fallos en la transcripción, como «la mano tiene 3 pª
(Partes) frontera y de lado ½». En tanto Arfe había escrito: «La mano tiene dos partes frontera, y
media parte de lado».
Dibujos y copias manuscritas de la Varia Commensuracion de Juan de Arfe 169
25 A. PALOMINO, El Museo Pictórico y Escala Óptica. Facs. 1795-97. Madrid, 1988. T. II, p. 88.
170 José Luis Crespo Fajardo
la dibuja peor porque ya no hay retícula. En todo caso, nuestro sentir es que
Montiel calcó las ilustraciones. Esto se aprecia en que algunos dibujos no le
caben dentro del papel, como es el caso de las piernas. También habla en este
sentido la delicadeza del trazo, y el que se olvide de trasladar secciones de un
mismo dibujo. Pudo calcar la ilustración de las proporciones del cuerpo entero,
que es lo suficientemente exacta para que se pueda trazar la semicircunferencia del
homo ad circulum, desde el talón a la punta de los dedos. Los escorzos, igualmente,
parecen haber sido calcados, exceptuando el del rostro terciado, al que faltó por
dibujar la proyección ortogonal.
Para concluir este estudio, damos a conocer el hallazgo de otro manuscrito,
el cual se conserva en el Archivo la Biblioteca Central del CSIC, en el fondo
Francisco Rodríguez Marín. Se trata de una copia de ciertas partes del libro II
de la Varia, especialmente del apartado de las proporciones 26. El manuscrito
tiene cuarenta folios y sería más riguroso considerar que se divide en dos partes.
La primera es la copia de la Varia, y al final se incluye una especie de apéndice
con cinco dibujos: un fragmento de hombre estereométrico, las proporciones
de los brazos, y los escorzos de las piernas. Seguidamente, aparece la copia
de un libro de pintura que no hemos podido identificar, pero que pensamos
que data del siglo XIX. Por tanto, sólo los veintiocho primero folios remiten
a la Varia, y lo restante procede de otro tratado de arte 27.
Es interesante notar la destreza del autor del manuscrito en apocopar y resumir
las prescripciones de Arfe. Sólo reproduce los datos y evita los circunloquios y
digresiones. Esto revela un sistema de trabajo basado en el descarte de lo superfluo,
de forma que sólo quede la esencia de la información. Las octavas se han desechado,
y se transcriben resúmenes de la prosa catalogados por apartados sistemáticamente a
modo de epígrafes. Por ejemplo, al tratar la «Medida general del cuerpo para hacer
figuras grandes según Juan de Arfe» hace una cabecera para los «Anchos» que no
aparece en el original. Estos epígrafes dan un marcado tono esquemático al texto.
Para crearlos, el autor se ayuda de las glosas de los márgenes, o del principio de los
párrafos. Así, surgen apartados titulados «cuerpo por los pechos», «cuerpo por las
espaldas», «brazo por el lado de dentro», «Ancho de la pierna».
El autor se salta toda la sección de anatomía para conectar la proporción con las
cuestiones sobre el cuerpo de la mujer y el niño. Estos apartados a su lado muestran
un folio en blanco, por lo que es posible que quisiera incluir un dibujo. No hemos
podido determinar la edición de la Varia de la que parte esta copia, salvo comprobar
Franz Eusebius von Pötting, embajador en Madrid del Sacro Imperio (1662-
1674), llevó un diario escrito en lengua castellana desde el comienzo del año 1664,
que se conserva en el Staatsarchiv de Viena y fue editado en 19901. El embajador,
hijo del conde Friedrich von Pötting y de la condesa Elisabeth Kunigunda Stern-
berg, nació en Praga el 10 de agosto de 1627. En 1647 fue vocal cívico en Praga y
en 1649 vicecanciller de Bohemia y camarero mayor del Príncipe. Al año siguiente
casó con Maria Margareta Löbel, de quien enviudó en 1658. En 1655 había sido
nombrado conde imperial y en 1660 pasó a formar parte del Consejo privado del
emperador Leopoldo I. Casó por segunda vez en abril de 1662 con la princesa Marie
Sophie Dietrichstein, cuyo hermano era mayordomo mayor de la emperatriz María
Margarita. Las vinculaciones familiares de su nueva esposa favorecieron el nombra-
miento de Pötting como embajador en Madrid, pues la reina Maríana deseaba una
embajadora de alta alcurnia que le acompañara conversando en la lengua materna
alemana. En efecto, en octubre de 1662 partieron para Madrid y en enero del año
siguiente tomó posesión oficial de su embajada. Sucedía al conde de Lamberg y al
jesuita Johann Eberhard Neidhardt (1607-1681), confesor de la reina Mariana, que
se ocupaba interinamente de la representación desde 1660. Pötting ejerció como
1 Diario del conde de Pötting,embajador del Sacro Imperio en Madrid (1664-1674), ed. de M.
NIETO NUÑO, Madrid (Escuela Diplomática), 1990.
174 José Manuel Cruz Valdovinos
embajador hasta 1673 en que fue sustituido por el conde Ferdinand von Harrach,
si bien no abandonó la corte madrileña hasta el año siguiente. Fue nombrado en
1674 mariscal mayor de la Corte imperial, oficio que ostentaba a su muerte el 29 de
diciembre de 1678, acaecida en Viena, si bien la crónica familiar señala que sucedió
en 1697.
Además de su contenido diplomático de obvio interés, el diario recoge innu-
merables noticias de muy diverso carácter que se refieren, entre otros, a aspectos
religiosos y devocionales, de costumbres y de vida cotidiana y, por supuesto, tam-
bién artísticos. En este último ámbito no existen novedades sensacionales pero sí
notas de indudable interés, cuyo comentario reservamos para próxima ocasión.
En la presente nos limitaremos a la referencia a la platería de oro y de plata como
corresponde a la ya tradicional convocatoria de esta Universidad para honrar al
venerado patrón san Eloy.
Apenas puede mencionarse alguna noticia sobre artífices y siempre anónimos.
Resultaría curioso que se trate de filigraneros, pero son numerosas las ocasiones en
las que Pötting se refiere a alhajas de filigrana de oro. Sin duda le atraía la filigrana,
pues el 23 de junio de 1664 compró «una lindísima espada y daga de filigrana» por
105 pesos (1575 reales), precio que le pareció muy barato. El 27 de septiembre del
mismo año recibió un «filigranero platero» en su casa para hacerle trabajar diferen-
tes «galanterías», o sea, piezas de relativo valor para obsequiar a las damas. El 3 de
diciembre de 1665 sacó de pila a una hija de «un pobre filigranero que en ninguna
parte halló quien le quisiera ser padrino»2. Ignoramos si este artífice pudo ser el de
1664 y el mismo «filigranero saboyano» que recibió el embajador a su servicio el 16
de agosto de 1668, dándole posada, comida y dos doblones (120 reales) cada mes.
Entre los plateros de oro aprobados como maestros en Madrid desde 1628 hasta
1672 encontramos cuatro que hicieron como pieza de examen una joya de filigrana
de oro −no hubo ninguno que conste como filigranero de plata− pero no podemos
asegurar que se tratara de alguno de ellos el recibido en 1664 o el padre del niño
apadrinado. Son los siguientes, con la fecha de aprobación y pieza realizada:
2 A lo largo del diario se observa que, con frecuencia, algunos notables eran padrinos de criados
y oficiales mientras sucedía a la inversa en otros ejemplares. María Inés, la hija del conde que nació el
22 de enero de 1663 en la venta de Juanilla en el puerto de Santo Tomé, poco antes de llegar a Madrid,
fue apadrinada por tres pobres.
3 Las noticias proceden del Archivo del Colegio Congregación de San Eloy de Madrid y están
tomados de nuestra tesis de licenciatura inédita: La platería y los plateros de Madrid desde 1624 hasta
1695. Pamplona, 1968.
Noticias de platería en el diario (1664-1674) del conde de Pötting 175
El platero saboyano podría ser Carlo Fovassa, natural de Turín, que declaró
haber ejercido en la corte del duque de Saboya antes de trasladarse a la de Felipe
IV en 1658. Fue aprobado como maestro platero de oro el 24 de febrero de 1669;
hizo como pieza de examen un retablillo de oro y diamantes4. Se trata del único
platero saboyano que figura en la corte madrileña en aquella época5. Incluso es
muy probable que al entrar al servicio de Pötting, la congregación de San Eloy o
el propio embajador le exigieran que realizara el examen para que su ejercicio fuera
legal, pues sólo transcurrieron unos meses desde su contrato hasta la aprobación.
El 7 de agosto de 1667 Pötting encargó una cadena de oro y filigrana −debían
de estar de moda ya que aparecen de este tipo como pieza de examen− de la que él
mismo dio la traza, pues señala que era de «forma nunca vista y de mi invención».
A los tres meses, el 5 de noviembre, anota que se había acabado. Había concertado
el precio de la hechura en siete reales (de ocho) por cada doblón de peso del oro.
Así, pagó 742 reales, pues pesó 106 doblones; el material, por tanto, costó 6.360
reales y el precio total fue de 7.102 reales.
El 9 de julio de 1670, el embajador escribe: «Acabóse enteramente un escritorio
de filigrana que mandé hacer en cassa, obra de dos años pero digna de ser vista
sin que hasta ahora haya parecido otra semejante. Pesa 23 libras de plata», o sea,
10.580 gr, sin duda pieza extraordinaria6. No cabe duda de que el escritorio había
sido hecho por el filigranero contratado en 1667.
Todavía hay que mencionar que el 27 de septiembre de 1671 el conde presenció
la procesión que hicieron los dominicos para celebrar la canonización de san Luis
Beltrán y de santa Rosa de Lima en casa de «mi platero, al reboço». Cabe pensar
que se tratara de quien hizo el escritorio −fuera Fovassa u otro artífice− que ya no
vivía en casa de Pötting.
El 26 de enero de 1672, el conde recibió la visita del Nuncio, que quiso ver el
escritorio de filigrana, lo que relata Pötting, que debía estar orgulloso de tal obra,
pues, a lo que parece, era ya famosa año y medio después de que ser concluida.
anota dónde ni a quién− veinte marcos (4.600 gr) de plata labrada vieja al precio de
un real de ocho la onza, esto es, que pagó 160 reales de ocho. Ignoramos si pensaba
emplear la plata en alguna pieza nueva, pues nada aparece al respecto en su diario,
o se trataba de una inversión previendo algún trastorno en la Hacienda real, pues
hacía sólo once días de la muerte de Felipe IV. Por otra parte, tampoco la cantidad
de plata y, por tanto, el coste fueron de mucha consideración.
Diferente, pero no excepcional, fue que empeñara su plata. El motivo fue que
desde la corte Imperial hacía quince meses que no se le enviaban los gajes −que lla-
ma «mi pensión»− que le correspondían como embajador. Ya el 22 de junio de 1666
había hecho la siguiente observación: «Empecé a cuydar de la economía de mi casa
reformando infinitos abusos y gastos superfluos que si lo hubiera hecho así desde el
principio de mi llegada a esta Corte me hubiera aprovechado mucho. Pero más vale
tarde que nunca». El 17 de marzo de 1667 anota que hubo menester empeñar una
cantidad de su plata por 2.400 reales de ocho con un interés del 8%. Hasta el 11 de
enero de 1671 no pudo desempeñarla. Extraña que diga que fue por dos años y medio
al 10%, por lo que tuvo que haber otro empeño en julio de 1668 o renovó entonces
el primero a mayor interés, pero nada anotó. Pagó 600 doblones (3.600 reales). De-
cepcionado, indica que los dineros son «frutos de embaxada por las buenas asistencias
que de Alemania gozo. Dios les perdone a quienes son causa de tal tratamiento. En
fin, nadie se ponga en embaxada si no quiere arriesgar su crédito y caudal».
Pötting, durante el tiempo de su representación, hizo algunas visitas que pueden
relacionarse con piezas de plata, y así las hemos de mencionar. A las 3 de la tarde
del lunes 25 de enero de 1666 entró en el convento de la Encarnación de agustinas
recoletas, siendo la primera vez que lo hacía en un convento femenino de clausura,
acompañado del nuncio y de otras personas que no menciona. Aunque vio todo el
convento, sólo anota que había un «reliquiario, que así se llama, cosa más rara que
en este género se puede ver» pero no destaca ni pieza ni reliquia alguna. En mayo
de 1672 viajó a Toledo y el día 30 le enseñaron las reliquias y joyas de la catedral.
Destaca «una corona y braceletes de Nuestra Señora que es cosa prodigiosa», re-
firiéndose a las piezas que adornaban a la Virgen del Sagrario: la corona imperial
que hizo en 1574-1586 Alejo de Montoya, de oro con numerosas piedras preciosas
−rubíes, diamantes, esmeraldas, balajes− y perlas, y las ajorcas de 1582-1590 hechas
por Julián Honrado con los mismos materiales y zafiros, además del oro esmalta-
do10. Visitó la sala capitular, el coro y «todo lo que hay que ver que no es poco; en
particular, la piedra donde bajó la Reina de los Ángeles a honrar al santo arzobispo
Yldefonso, capellán suyo dignísimo». También «los cuerpos santos del arzobispo
San Eugenio y el de Santa Leocadia», cuyas urnas concluyó el famoso Francisco
Merino en 1569 y 1593 respectivamente11.
12 La piedra bezar, llamada también bezaar y bezoar, es una concreción que se encuentra en
las vías digestivas y urinarias de algunos mamíferos. La occidental proviene del estómago de algunas
cabras y la oriental del antílope y tienen el color de la oliva o de la berengena. La palabra es de origen
árabe y significa contraveneno, pues se consideraba que era remedio eficaz contra ellos, por lo que
se fijaba en el fondo de bernegales y otros vasos de beber. Una pragmática de 1680 estableció que la
onza de piedras bezares orientales no pudiera valer más de 16 reales de ocho. El 3 de mayo de 1665,
Pötting anota que compró seis bezares orientales a muy buen precio, 15 reales de ocho, pero no señala
el peso, y el 29 de agosto de 1673 otras seis orientales de Lisboa por las que pagó doscientos cruzados
(que debían ser 2.000 reales de vellón), más caros que en la ocasión precedente.
180 José Manuel Cruz Valdovinos
del siglo XVII −también antes y después− para que colgaran ante imágenes de la
Virgen, con carácter privado como sucede en este ejemplar o en iglesias públicas.
Citamos un acontecimiento singular de otra índole que causaría gran alegría en
la casa de los condes. El 26 de septiembre de 1664 vino a ver a Pötting un menino
de la reina llamado Tíbulo, que al parecer era sardo, y le trajo la cajilla de oro que
había perdido el año anterior en los capuchinos de la Paciencia.
El conde anota algunas veces hechos de carácter familiar, tanto referidos a la
infanta Margarita y al rey Carlos II como a su propia hija. A nuestro propósito
interesa la noticia de que el 18 de junio de 1666, cerca de cumplir los tres años y
medio, hicieron abrir las orejas a María Inés con unos arillos de oro; lo hizo «muy
diestramente» una mujer llamada Ana de Vargas.
En la época fue frecuente el obsequio de alhajas y relicarios en circunstancias
señaladas como visitas, despedidas, agradecimientos u otras similares. Ya dejamos
citados algunos ejemplares al tratar de precios. Ahora señalaremos otros de los que
aún no se ha hecho mención.
Nos referimos,en primer lugar, a los regalos recibidos por el conde o por su
familia. El 13 de noviembre de 1664, el correo de Alemania trajo un retrato del
emperador Leopoldo engastado en diamantes, lo que apreció mucho Pötting, que
llevaba aún poco tiempo en la representación, y escribe que lo debió al caballerizo
mayor. En numerosas cortes, el obsequio a los representantes extranjeros o a súb-
ditos nacionales de un pequeño retrato del soberano guarnecido de oro y piedras
preciosas era usual. Excepcional resulta, en cambio, lo sucedido el 29 de mayo de
1665. Fue la condesa a Palacio con su hija María Inés −que tenía dos años y cuatro
meses y había salido de casa por vez primera e día anterior yendo a Nuestra Señora
de las Maravillas− y allí fue regalada por la reina con unas arracadas de diamantes
y por la infanta Margarita con un retrato de la reina en caja de diamantes y una
cajita de oro con rubíes. El 10 de agosto del mismo año, el conde de Traun regaló
al conde, que le sentaba con frecuencia a su mesa, un relojillo de oro hecho en
Francia; lo mismo hizo, pero con dos relojillos también franceses, don Gaspar de
Teves en su visita de 6 de noviembre hecha en nombre de su padre, el embajador
marqués de la Fuente.
Cuando el 15 de diciembre de 1665 se despidió el conde de Harrach que, cum-
plida su misión, regresaba a Alemania, «cumplió muy generosamente conmigo y
los de mi casa» según escribe Pötting. A la condesa le regaló una salvilla de filigrana
sobre la que puso seis pares de guantes de olor13 y un relojillo de oro de filigrana.
Resulta evidente que una salvilla de filigrana era utilizada para ofrecer objetos como
guantes y presentes en general, a diferencia de las salvas de plata llana −más caras
además por el peso del material− que solían utilizarse para ofrecer bebidas. A los
distintos miembros de la casa de Pötting −mayordomo, caballerizo, camarero, dos
13 Aunque la expresión «guantes de olor» se tomó como un error del embajador, hay que advertir
que a lo largo del siglo XVII fue común el regalo de guantes de ante que se presentaban adobados con
materias que producían buen olor.
Noticias de platería en el diario (1664-1674) del conde de Pötting 181
secretarios, maestresala y seis pajes− les regaló,según la cualidad de cada uno, azafates
de plata labrada que denominamos bandejas y que serían de diferentes tamaños y
pesos14. Para «los criados de la escalera de abajo» dio al mayordomo 200 reales que
el propio conde se encargó de repartir.
El vasco don Martín de Erausquin −siempre escribe Erasquin− secretario del
conde, obsequió a sus señores al regreso de Alemania el 14 de abril de 1666 con
sendos relojillos. El 3 de junio del mismo año fue la condesa a Palacio llevando a
María Inés, a quien doña Leonor de Velasco, camarera mayor, le regaló una ollica
de filigrana. La misma dama regaló el 22 de agosto a la niña varios juguetes, entre
ellos cosas de plata que no se detallan, para que en su reconvalecencia se holgase
con ellos; había enfermado el 16 precedente pero mejoró tras dos sangrías. También
tras una conversación en Palacio, la camarera había regalado a Pötting el 22 de julio
«una cuenta original de santa Juana de la Cruz, encajada en oro y ensartada en una
cadenilla, poniéndomela en el brazo ysquierdo para traerla en su memoria, alaja
muy estimada y rara»15. En este mismo año, el 9 de julio, la duquesa de Terranova
envió a la condesa un presente de varias galanterías de Sicilia, que seguramente
incluiría pequeñas alhajas de coral, quizá engastadas en plata. Otra vez, el 28 de
abril, Leonor de Velasco le regaló a Pötting una cajilla de tabaco que sería de oro,
aunque el conde no lo precisa; fue, según indicamos, el mismo tipo de pieza que la
condesa Pötting había regalado a su marido por su santo.
El embajador recibió un regalo especial el 20 de agosto de 1668 del clérigo don
Tomás Pizarro, descendiente del famoso conquistador del Perú. Le presentó una
campanilla de Caloto «de rara y esperimentada virtud contra todas las tempestades...
cuya descriçión por menor la tengo, estimando esta alaja más que qualquiera joya
preciosa por su comprobada virtud». También don Diego de Córdoba, marqués de
Santillana, presentó al conde una campanilla de Caloto de Indias el 6 de octubre de
1672, que «sirve contra tempestades y truenos; se lo agradecí infinito por ser alhaja
de particular estimación». Caloto era un pueblo de la provincia de Popayán, cuya
campana, al tañerse, hacía que los ganados acudieran desde el campo para librarse de
la tempestad que se avecinaba, lo que provocó que la gente destruyera la campana
y usara sus pedazos para colocarlos en lengüetas de campanillas, con la creencia
supersticiosa de que así se librarían de las tempestades. La leyenda creció y se pensó
que se trataba de un material especial propio de las Indias el que se empleaba en las
lengüetas y que se llamaba caloto. El entusiasmo de Pötting demuestra la extendida
credulidad sobre la virtud de tales campanillas.
14 Recopilamos los ejemplares madrileños conocidos del siglo XVII en «Platería» ob. cit, p.
590.
15 La venerable sor Juana de la Cruz (1481-1534), franciscana en el convento de Cubas de la
Sagra, alcanzó fama de santidad en vida y como tal fue aclamada, aunque su proceso de beatificación
no concluyó y volvió a iniciarse en nuestros días. Su especial devoción desde niña al Santo Rosario
hizo que las cuentas de los que pudo usar se tuvieran por reliquias milagrosas y de ahí el aprecio que
muestra Pötting por la joya recibida.
182 José Manuel Cruz Valdovinos
16 Pötting se mostró muy crítico sobre la concesión: «...exemplo sin otro que un caballero
de estos años, servicios y poca graduación haya alcanzado este género de demonstración, reservada
unicamente a los mayores y más merecidos ministros de la augustísima Casa, con que justamente se
puede deçir y creer que más alcança la buena suerte fabricada en la favorable coyuntura que la raçón
fundada en largos y grandes servicios».
Noticias de platería en el diario (1664-1674) del conde de Pötting 183
jerónimo del Escorial que le presentó dos «famosas» estatuas de bronce de Nuestro
Señor y Nuestra Señora17.
A la priora de la Encarnación, «a la que debo tanto» le envió con la condesa el
27 de diciembre de 1670 un relojillo de oro de filigrana. Los relojes de oro o plata
fueron el obsequio elegido para presentes que originaban mayor obligación. También
las cadenas de oro eran apropiadas en otros compromisos que no eran de respuesta a
regalos. Citamos antes a la hija del duque de Medina. El 8 de agosto de 1672 regaló
al «ahijado de pila» hijo de un don Tobías una joyita y cadenita de oro.
Hemos de dar cuenta en este apartado, por fin, de unas noticias emocionantes.
El 22 de febrero de 1668 murió María Francisca, segunda hija de los condes, a los
ciento un días de su nacimiento. El 17 de diciembre del mismo año nació su hijo
que fue bautizado al día siguiente con los nombres iniciales de Maximiliano Adán,
que eran los de sus abuelos maternos. El 11 de enero siguiente, cerca de cumplir
seis años, murió María Inés, ya citada, y cinco días después el niño, que sólo llegó
a vivir treinta días. Apenas transcurrido un mes, los padres acudieron a Nuestra
Señora de Atocha y la condesa ofreció a la Virgen «una muy buena joyita».
Por último, recogeremos referencias que hace Pötting a piezas de plata de se-
ñalada importancia. El factor de los Zollikofferes −cambios y comerciantes− en
Alicante entregó al embajador el 17 de abril de 1670 tres cajones con ofrendas de
plata para santa Teresa en Alba de Tormes; los enviaba desde Alemania Johann Adolf
el mozo, conde de Schwarzenberg (1615-1683) quien, después de ser mayordomo
mayor del archiduque Leopoldo Guillermo en Bruselas, presidió desde 1659 hasta
su muerte el Consejo áulico del emperador. El 11 de junio visitó al embajador el
padre general de los carmelitas descalzos, a quien le enseñó la ofrenda y lo cele-
bró, y el 18 de agosto entregó los cajones «de las lámparas» al procurador de los
carmelitas, mediante recibo. Es de lamentar que las dos conservadas en el convento
de las madres carmelitas de Alba de Tormes no sean ninguna de las enviadas desde
Alemania18.
Relacionadas con el rey hay que indicar la mención de algunas obras. El 6 de
enero de 1665 Pötting escribió que, en ese día de cada año, el rey solía ofrecer tres
cálices de plata en memoria de la festividad de los Reyes y que se hacía la función
en la Capilla real. No lo menciona en los años siguientes, si bien hubo de continuar
la ceremonia19. Al día siguiente de la muerte de Felipe IV, el 17 de septiembre de
17 Aunque el embajador sólo anota el apellido ha de tratarse de fray Andrés, gran humanista
que falleció en 1687. No acertamos a saber de qué esculturas se trataba.
18 Cfr. M. PÉREZ HERNÁNDEZ, Orfebrería religiosa en la diócesis de Salamanca (siglos XV al
XIX). Salamanca (Diputación), 1990, pp. 154-155. Llevan inscripciones con el nombre de los donantes y
las fechas 1617 y 1677. Poco antes de la ofrenda de Schwarzenberg, en 1668, está datado un cáliz limos-
nero ofrecido por Carlos II allí conservado y en 1689 otro cáliz madrileño muy rico donado por el padre
general fray Alonso de la Madrid de Dios al convento de los padres carmelitas en Alba de Tormes.
19 Hay numerosas publicaciones que se refieren a los cálices limosneros regios que se ofrecieron
−con algunas interrupciones− desde Carlos V a Alfonso XIII (1931). En la obra citada (pp. 587-591)
mencionamos los que conocemos del siglo XVII; no sabemos de ninguno de 1665 y en la nota prece-
184 José Manuel Cruz Valdovinos
dente hemos recogido uno de 1668. Véase también J.M. CRUZ VALDOVINOS, Valor y lucimiento.
Platería en la Comunidad de Madrid. Madrid (Comunidad), 2004, pp. 29-30 y 306-342.
20 J.M. CRUZ VALDOVINOS, «La platería en la Corte madrileña de los Habsburgos a los
Borbones», en Estudios de Platería. San Eloy 2003. Murcia (Universidad y Fundación Cajamurcia),
2003, pp. 139-140.
El juego de altar de coral del Museo Arqueológico
Nacional y otras obras de plata del siglo XVII de
la Virgen de la Almudena de Madrid
JUAN MARÍA CRUZ YÁBAR
Museo Arqueológico Nacional
16 M.F. PUERTA ROSELL, Platería madrileña. Colecciones de segunda mitad del siglo XVII.
Madrid, Fundación Universitaria Española, 2005, p. 230.
17 Citado sin comentario alguno por M.T. BARATECH ZALAMA, Catálogo de documentos
de los siglos XVI y XVII, vol. I. Madrid, Comunidad, 1998, p. 116.
18 Véase el Apéndice documental.
190 Juan María Cruz Yábar
24 J.L. BARRIO MOYA y F. MARTÍN, «Un Monumento de Semana Santa para la Real Capilla
de Palacio». Reales Sitios 79 (1981), p. 16.
25 Ibídem, pp. 11-16. Aunque estos autores mencionaron un pago a Benavente de 4 de agosto
de 1673, hemos encontrado en el mismo legajo 1.126 del Archivo de Palacio que el pago tuvo lugar
en 1668 según una memoria del arquitecto conformada por Herrera Barnuevo el 10 de abril de ese
año. En ella Benavente declaraba haber hecho además el marco del frontal y la gradilla de madera que
luego revestiría Ricci. Además Barrio Moya y Martín supusieron que el tabernáculo de madera que
hizo Pedro de la Torre en 1670 se parecería al de San Plácido de este arquitecto, lo cual es erróneo,
porque la traza era de Herrera Barnuevo y porque simplemente se trataría de una duplicación formal
del arca de plata, que nada tiene que ver con una custodia de retablo.
26 Ibídem, pp. 14 y 16.
27 M.B. BASANTA REYES, «La parroquial de San Ginés de Madrid». Cuadernos de Arte e
Iconografía 17-18 (2000), p. 107.
28 VV.AA., Catálogo general: Exposición Histórico-europea 1892 a 1893, Madrid, Est. Tip. de
Fortanet, 1893, sala V, n. 58. Citado en J.M. CRUZ VALDOVINOS, ob. cit., pp. 209 y 230.
192 Juan María Cruz Yábar
de abril de 1693. En esta reunión se examinaron dos diseños hechos por Zurreño
y Manso respectivamente, y los congregantes mostraron su preferencia por el del
segundo, pero dejaron la decisión final al arbitrio del duque de Pastrana y del señor
cura. Tarrero recogió diversas noticias al respecto. Manso dio a Zurreño al menos
573 reales de plata por las hechuras y el oro del araceli y perdonó 1.000 ducados por
vía de limosna a la Congregación. Su viuda aún reclamaba en 1716 202 ducados de
plata y sus herederos no acabaron de cobrar hasta 1745. A la vista de estos pagos, de
la inscripción citada y de las características de la pieza, aunque Tarrero supone que
Zurreño fue finalmente el artífice escogido y que Manso quedó como supervisor,
pensamos que fue realizada por ambos artífices. Zurreño como platero de plata se
ocuparía de la estructura de la pieza y de su dorado, mientras que Manso, como
platero de oro, realizaría el trabajo de elección y talla de las piedras preciosas y su
engaste en los lugares correspondientes.
La custodia es de plata sobredorada, esmaltes y sobrepuestos de oro en los que
se engastan diamantes, rubíes, esmeraldas y topacios. En el inventario de 1693 se
señala que eran 1578 diamantes, 362 rubíes, 303 esmeraldas y 26 topacios. Tarrero
recoge una descripción y enumeración actual de las piedras realizada por Daniel
Díez González, de Enrique Busián S. A.29. También se daba la medida de tres cuartas
de vara de altura (63 cm.), ahora se indica que mide 72 cm. Es custodia de sol que
lleva cerco de doce rayos alternando con adornos de cintas con racimos rematados
en estrellas y en el centro un querubín, banquillo y cruz latina. El viril interior tiene
24 almenilllas de hojas acanaladas. El astil se inicia con un cuerpo cilíndrico con
querubines sobrepuestos y pequeña basa; nudo periforme invertido con querubines
en la parte superior en cuyas cabezas apoyan ángeles niños con banda en el pecho y
cifra de ese y clavo en la mano; otro nudo menor del mismo tipo y gollete de perfil
cóncavo. El pie sobre plinto de plata aovada con cuatro puntas y querubines en ellas
y en el frente de los cuatro segmentos, tiene planta aovada en bocel y superficie en
talud con sendas tarjetas y querubines en cada una de las cuatro partes.
La partida de Manso a Sevilla por orden de Carlos II y la satisfactoria interven-
ción de Zurreño en la custodia, hizo que la Congregación encargara a este último
en 1698 una obra de chapas de plata de medio relieve para el retablo mayor según
el dibujo que tenía hecho. Tenía que acabar los dos tableros del primer cuerpo
para el 28 de abril y se anotó un último pago de 139 doblones al parecer de fines
de 169830.
En el inventario de 1693 se describe el trabajo como «dos adornos con chapas
de plata que sirven al altar a los dos cuadros de San José y San Juan que están a los
lados del dicho altar, que se compone cada uno de tres chapas».
Tarrero halló un contrato de 19 de noviembre de 1692 del arquitecto y marmo-
lista Rodrigo Carrasco con la Congregación para realizar un nuevo retablo mayor
de mármoles según traza del maestro mayor de las obras reales, don Francisco de
Herrera31. De acuerdo a las noticias que extraemos del concierto, sería de mármol
de San Pablo de seis dedos en el pedestal con compartimientos de alabastro blanco
de Uclés y jaspe de Cehegín. Este último material estaría también presente con seis
dedos en los tableros de los entrepaños de piedra verde de Granada, y mayores en
las gradas, los estípites y el arco de la Virgen. El arco de remate y los costados con
puertas con nichos encima serían de mármol con entrepaños y vaciados de jaspe.
También se aprovecharían piedras de Italia, y se emplearían bronces, suponemos
que para las basas, capiteles y otros elementos similares.
Se fijó un plazo de cuatro años, dándosele en diciembre 1.000 ducados de ve-
llón para sacar y traer los mármoles de San Pablo en Toledo, y para los jaspes de
Andalucía 2.000 ducados en 1683 y otros tantos en 1684. Además se le darían 3.000
reales cada mes. Estas cuentas arrojan un total de 247.000 reales sin tener en cuenta
las demasías que sin duda habría posteriormente; según Vera Tassis, Herrera lo
dejó estimado en 150.000 escudos. La falta de caudales impidió que llegara a buen
término la empresa.
Por tanto se decidió conservar el antiguo retablo de madera y proseguir revis-
tiéndolo de plata, un aspecto desusado en los retablos españoles, que eran dorados y
no plateados. Además del marco de plata de 1669 ya citado para el lienzo de Alonso
Cano, el 18 de febrero de 1680 se encargó un revestimiento de chapería de plata para
el arco de medio punto que cobijaba a la Virgen, según el inventario de 1755, y el
inventario de 1693 señala la presencia de cuatro ángeles de medio relieve con sus
cornucopias y candeleritos, todo de plata, situados por parejas encima de los lienzos
de San Juan y San José en las entrecalles. Estos intercolumnios son los que recubriría
la obra de Zurreño, lo que sumado a otras piezas hechas en el siglo XVIII para el
retablo y las otras específicas de platería, como el trono, el sagrario o las camas con
sus doseles, daban ese aspecto que llamó la atención del neoclásico Antonio Ponz
«Aunque el altar mayor es rico de plata, en quanto al arte no lo es»32.
Damián Zurreño (h.1635-1716) perteneció a una importante familia de plateros
de origen alavés. Fue hijo de Gregorio y padre de Antonio también plateros. Fue
aprobado como maestro platero de plata por la Congregación de San Eloy de Ma-
drid en 1656. Vendió hacia 1665 los cuatro ángeles de bronce dorado procedentes
de la capilla de la princesa doña Juana en las Descalzas Reales a la congregación del
Cristo de San Ginés, que los colocó en las calles laterales de su retablo33. Hizo en
31 Ibídem, pp. 107-108. Transcribió sólo algunas cláusulas del concierto. En nuestro trabajo
dedicado a Pedro Alonso de los Ríos (J.M. CRUZ YÁBAR, «El escultor Pedro Alonso de los Ríos.
I. Biografía y obra». Anales del Instituto de Estudios Madrileños XLVII (2007), p. 144), ya señalamos
que Herrera había trazado este retablo por la noticia de Vera Tassis, aunque ignorábamos que no se
había llegado a concluir.
32 A. PONZ, Viage de España. Madrid, Viuda de Ibarra, 3ª ed. 1793, t. V, p. 143.
33 M.B. BASANTA REYES, ob. cit., p. 168.
194 Juan María Cruz Yábar
Cruz Valdovinos fechó las piezas a fines del siglo XVII o en torno a 1700, en
lo que coincidimos42. A esto hay que sumar que la copa presenta tres escenas de
marfil que representan los Desposorios, la Visitación y la Anunciación, relacionados
inequívocamente con la Virgen, por lo que es razonable pensar que fue un encargo
hecho para la Almudena. Sería encargado en Sicilia por algún personaje importante.
Por la fecha, tiene probabilidades de haber sido su comitente el virrey duque de
Uceda, que gobernó entre 1687 y 1696, y cuyo palacio madrileño estaba frontero
con la parroquial de Santa María. No obstante, la inscripción «Vega 1769» que
ostenta la vinajera y la ausencia de las piezas en los inventarios hasta 1777 abren
paso a la alternativa de que el donante fuera el mayordomo de la fábrica Sebastián
Fernández de la Vega, que en 1770 confeccionó una lista con las piezas que preci-
saban restauración.
APÉNDICE DOCUMENTAL
Contrato entre don Fernando de Valenzuela y Juan Bautista Ricci para hacer una
cama y dosel para Nuestra Señora de la Almudena.
(Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, prot. 8.503, ff. 37-38v).
primero que bendrá de este presente año de mill y seiscienttos y sesenta y nuebe,
según y en la forma que demuestra la dicha traça, con pena de quinientos ducados
de vellón si no lo así (sic) cunpliéndose con las pagas que ban declaradas si así no
lo hiciese y cumpliese, quiere y consiente se le apremie a ello por todo rigor de
derecho y bía executiva con costtas, así por la parte que tubiere recivida en quentta
del precio de la dicha cama y dosel como de las echuras. Y el dicho Fernando de
Valençuela cumplirá y pagará en ttodo lo que en esta escriptura se contiene, y si
así no lo hiciere y cumpliere, se le a de poder executar con costas, de manera que
el dicho Juan Bauptista Rici no cesse por faltta de los segundos tres mill reales que
se le an de dar mediada la obra, respectto de que la rrestante cantidad se le a de
pagar en acavándola y pesándola, y ambos a dos luego que esté echa nombrarán
uno o más platteros, cada uno para que tasen la echura de la dicha cama y dosel, y
por lo que así dixeren estando conformes se le a de pagar al dicho Juan Bauptista
Rici lo que dixeren, y por ello se le a de poder executtar al dicho don Fernando
de Valençuela, y si fuere necessario nombrarán tercero para que ajuste la discordia
que hubiere. Y para que cada uno abrá por firme lo que dicho es, se obligaron con
sus personas y vienes muebles y rrayces havidos y por haver, y dieron poder a las
justicias y jueces del rey nuestro señor de qualesquier partes que sean, a cuyo fuero
y jurisdición se someten, y en especial a los señores alcales de la cassa y cortte de su
magestad y justicia hordinaria de esta villa de Madrid, y a cada uno ynsolidum para
que les apremien a su cumplimiento como por sentencia passada en cossa juzgada
renunciaron su fuero, jurisdición, domicilio y previlejios, y la ley si combenerit
de jurisdiçione omnium judicium y la general del derecho. Y así lo otorgaron y
firmaron, a quien yo el esscribano doy fee conozco, siendo testigos Sevastián de
Venavente y don Pedro García y Bernabé García, vecinos desta villa de Madrid, e
yo el scrivano doy fee conozco a los otorgantes, que lo firmaron de sus nombres.
Y se declara que en quanto a los seis mill reales de las hechuras se queda a eleción
del dicho don Fernando de Valençuela porque le a de socorrer como travajare, y
lo que más ymportaren las dichas hechuras de la obra referida se le abrán de pagar
al dicho Juan Vauptista Rici después de acavada y conforme la tasa que se a de
hacer de dichas hechuras por los maestros plateros que se nombraren; testigos los
dichos. Fecho ut supra. Don Fernando de Valenzuela. Juan Bautista Rizi. Ante mi,
Antonio Gómez.
Signos de representación en
la platería civil cordobesa
MARÍA TERESA DABRIO GONZÁLEZ
Profesora Titular Jubilada de Historia del Arte
Universidad de Córdoba
Desde los tiempos del Imperio el poder ha buscado siempre hacerse visible ante
sus subordinados y para ello ha recurrido al uso de símbolos, de elementos que
transmitieran de manera elocuente ese concepto y mostraran de forma clara, sobre
todo en las grandes ceremonias, la importancia y el rango de quienes los lucían.
Coronas, cetros, mantos, espadas, armaduras se convierten así en el vehículo idóneo
de esta suerte de representación escénica que constituían las paradas militares, las
entradas triunfales o las audiencias reales. En todos estos objetos de representación
se emplearon siempre los materiales más nobles: oro, plata, piedras preciosas, marfil,
armiño, sedas y brocados. Y como no podía ser menos, su realización se encomen-
dó también a los profesionales más expertos y cualificados en cada materia, de la
mayoría de los cuales, por desgracia, apenas si nos ha llegado memoria.
Aunque buena parte de estos objetos tuvieron origen civil, ya desde época
bizantina se hizo habitual recurrir también a su uso con significación religiosa,
convertidos en elocuente signo de veneración y de poder divinos; es entonces
cuando empiezan a mostrarse a las imágenes de Cristo y María cubiertas con la
corona, realizadas al principio en madera, pero que muy pronto se convertirán en
198 María Teresa Dabrio González
3 Sobre la significación e importancia de las mazas municipales puede verse M.C. HEREDIA
MORENO, «Las mazas de plata del Ayuntamiento de Alcalá de Henares», en Actas del Congreso Madrid
en el contexto de lo hispánico desde la época de los Descubrimientos. Madrid, 1994, p. 659. C. SALAS
GONZÁLEZ, «Las mazas: una aproximación a su evolución histórica. Las mazas del Ayuntamiento
de Murcia», en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2004. Murcia, 2004, pp.
535-544. R SÁNCHEZ-LAFUENTE GÉMAR, El Arte de la Platería en Málaga (1550-1800). Málaga,
1997, p. 253.
4 M.C. HEREDIA MORENO, ob. cit., p. 659.
200 María Teresa Dabrio González
¿A qué pudo deberse este cambio? Persisten todavía lagunas en torno a la tra-
yectoria profesional de Diego de Alfaro entre 1557 y 1570; se ha dado por supuesto
que nunca dejó la ciudad, pero es posible que pasara algunas temporadas fuera de
Córdoba. En opinión de Cruz Valdovinos, estuvo al servicio del prelado don Fer-
nando de Valdés y de los duques de Arcos, lo que justificaría un traslado temporal
a Sevilla, pero no un cambio tan radical de estilo. La propia obra labrada por el
platero en esos años muestra una estética muy alejada de esos esquemas y mucho
más proclive al uso de la decoración, como lo prueban las piezas conservadas en
Écija, donde lo figurativo ocupa un papel destacado, acorde con lo labrado por el
artífice años antes para la villa cordobesa de Fuente Obejuna20. Lo mismo puede
decirse de los candeleros de Marchena, que se suponen donación ducal, y en los
que puede verse decoración vegetal alternando con espejos ovales en base, nudo y
moldura21. De ahí que el contraste que se produce entre ambos modos de expresión
resulte tan desconcertante.
Por otra parte, podría argumentarse que acaso el diseño de las mazas no fuera
obra suya, sino proporcionado por el propio corregidor, pues la documentación
alude a la existencia de una traza, pero sin indicación expresa de su autoria22. Sin
embargo, conviene señalar que este tipo de mazas no fue habitualmente empleado
en otros lugares de España, siendo más frecuente la preferencia por el otro esquema,
similar a las del Ayuntamiento hispalense23. También resulta sorprendente la propia
limpieza ornamental que elige Alfaro para estas obras, puesto que ese lenguaje no
toma carta de naturaleza en los talleres andaluces hasta fechas más avanzadas. En
efecto, cuando se labran los ejemplares de la Universidad de Sevilla, obra de Fran-
cisco de Ballesteros el Mozo, en la década de 1580, el maestro recurre a un lenguaje
de fuerte impronta ornamental, que bebe de los repertorios de estampas flamencas
e italianas, habitualmente usados por el artífice24.
Y esa comparación resulta aún más llamativa si se establece con las mazas que
posee el Ayuntamiento hispalense, contratadas con Francisco de Valderrama en
1587. Son piezas de carácter excepcional, no sólo por su decoración, sino también
por ser uno de los escasos ejemplares que responden a una tipología diferente. Estas
piezas, en efecto, se ajustan al primer modelo citado anteriormente, mostrando la
cabeza articulada en torno a un cuerpo abrazado por tornapuntas. Su artífice revela
20 Así lo vemos en la custodia de Santa María (1565) y en los cálices de Santa Bárbara y San
Juan, considerados de 1565. G. GARCIA LEÓN, ob. cit., láminas 13, 14 y 15. M.T. DABRIO GON-
ZÁLEZ, «La orfebrería en Córdoba. Del Renacimiento a nuestros días», en Córdoba y su provincia.
T. III. Córdoba, 1986, p. 339.
21 J.L. RAVÉ PRIETO, El arte religioso en Marchena. Siglos XV al XIX. Marchena, 1986, p.
28.
22 M. VALVERDE y M.J. RODRIGUEZ, ob. cit., p. 79.
23 Sirvan de ejemplo las mazas de los Ayuntamientos de Toledo, Salamanca y Alcalá de Hena-
res.
24 A.J. SANTOS MÁRQUEZ, Los Ballesteros, una familia de plateros en la Sevilla del Qui-
nientos. Sevilla, 2007, p. 155.
204 María Teresa Dabrio González
31 E. GARRAMIOLA PRIETO, ob. cit., p. 51. El citado cronista no indica de dónde ha extraído
la referencia documental, ni tampoco indica la fecha en que se efectuó el pago.
32 M.T. DABRIO GONZÁLEZ, «El platero Jerónimo de la Cruz», en Homenaje a la Dra Dña
Mª Concepción García Gaínza. Universidad de Navarra (en prensa). Actualmente tengo en preparación
un trabajo sobre este platero, en el que se darán a conocer aspectos biográficos del mismo, así como
las obras conocidas hasta ahora.
33 E. GARRAMIOLA PRIETO, ob. cit., p. 51.
34 C. SALAS GONZALEZ, ob. cit., p. 539. A esta centuria corresponden, entre otras, las mazas
de Alcalá de Henares, Álava y Bilbao.
35 Reproducidas en A.J. SANTOS MARQUEZ, «Francisco de Valderrama...» ob. cit., p. 167,
figura 16.
Signos de representación en la platería civil cordobesa 207
36 Ibídem.
37 E. GARRAMIOLA PRIETO, ob. cit., p. 49.
38 Está reproducido en AA.VV. Catálogo artístico y monumental de la provincia de Córdoba.
Tomo VI. Córdoba, 1993, p. 133. En 1993 la villa inició los trámites para una nueva modificación del
escudo municipal.
39 Suponemos que pudo ser un esquema bastante próximo al que muestran los escudos o pec-
torales conservados en el Ayuntamiento de Córdoba, considerados obra sevillana de autor anónimo
y fechados hacia el tercio final del XVI, que fueron enviados a Córdoba por el Conde de Barajas en
1576. Cfr. M. VALVERDE y M.J. RODRÍGUEZ, ob. cit., pp. 80-81.
40 D. ORTIZ JUAREZ, «La platería cordobesa durante el siglo XVII», en Antonio del Castillo
y su época. Catálogo de la exposición. Córdoba, 1986, p. 244.
208 María Teresa Dabrio González
Bujalance, que tuvo desde 1596 corregidor propio, logró rango de ciudad en
1630, a cambio de entregar una cuantiosa suma de dinero al rey; ese nombramiento
fue celebrado en la ciudad «con muchos festejos y regocijos públicos»41. Se des-
conoce la razón de encargar las mazas dos décadas después de tal acontecimiento;
es posible que las primeras se hubieran realizado en madera, y que el deseo de
tener ejemplares más valiosos viniera motivado por emular a otras villas que, como
Montilla, ya las tenían desde fechas atrás. Aunque no se ha encontrado el oportuno
testimonio documental, se conocen perfectamente los comitentes y el maestro que
las labró. En efecto, como reza en las inscripciones que lucen, consta en una que
«SE GICIERON SIENDO EL SEÑOR DON GREGORIO DE MONCADA
CORREGIDOR DE ESTA CIVDA Y DIPVTADOS LOS SEÑORES DON P.
CERRILLO DE OBLANCA E DON B. DE LINARES»; en la otra se recoge la
fecha y la autoría: «ANTONIO DE ALCANTARA FACIEBAT AÑO 1655»42.
Desde el punto de vista formal, ambos ejemplares miden 86 cm. y constan de un
vástago de cañón único con perillón rematando el extremo inferior y gruesa moldura
superior sobre la que asienta, a modo de capitel, un prisma hexagonal cuyas caras
lucen castillos, en clara referencia a los que adornan el escudo de la ciudad. Sobre
éste un cilindro con ces adosadas sirve de asiento a la macolla. Responde ésta al
modelo de esfera achatada dividida al centro por una moldura, mostrando la parte
inferior gallones y la superior motivos vegetales; por encima se dispone una ancha
moldura con asitas y un castillo.
Como ha señalado Salas43, se vuelve al modelo capitalino en cuanto a tipología,
pero la decoración está más próxima a las mazas de la Universidad hispalense o a
las del cabildo de Écija. La escasez de piezas fechadas en esta centuria no permite
hacer muchas conjeturas en cuanto a evolución y modelos. Seis años más tarde,
en 1661, se hicieron las del consistorio de Málaga, cuyo diseño se aleja de lo visto
hasta ahora; en efecto, muestran la parte inferior de la macolla resuelta como media
esfera, pero la parte superior se ha transformado en un cilindro dividido con tor-
napuntas y ornado con relieves figurativos44. Aunque no descuellan por su calidad
técnica, es evidente que marcan un avance en relación con las piezas anteriormente
comentadas; en opinión de Salas, este modelo tendrá cierta prestancia en el siglo
XVII, apareciendo en otras zonas del país con ligeras variantes45. No obstante, la
falta de ejemplares coetáneos en Andalucía, dificulta su correcta valoración, ya que
se desconoce si tuvo trascendencia o, por el contrario, se mantuvieron los esquemas
pasados, sin descartar la posibilidad de que surgiera un tipo nuevo y alejado de lo
conocido hasta ahora.
Como se dijo más arriba, entre los objetos considerados signos de relevancia
social han de incluirse de manera especial los jaeces para caballerías y las insignias
de las órdenes militares. Las referencias a este tipo de piezas en el ámbito cordobés
las hemos hallado tanto en documentos contractuales como en inventarios post
mortem. En los talleres cordobeses se labraron piezas de ambas modalidades, si
bien son más numerosos los jaeces para caballerías46.
A lo largo de los siglos se han definido dos maneras de montar a caballo: a la
brida y a la jineta. La primera derivó en lo que se denomina equitación clásica, y
era de uso generalizado en Europa. La jineta, por el contrario, se considera una
modalidad característica de la Península Ibérica, y en opinión de algunos expertos,
de ella deriva lo que hoy se conoce como doma vaquera, antes designada como
doma andaluza47. En cuanto a su origen, no hay un criterio unánime pues unos lo
han puesto en relación con la manera de domar y montar al caballo de los primi-
tivos pobladores del entorno del Guadalquivir, y otros consideran que fue traída
por los árabes. Esta forma de montar requería características especiales, por cuanto
es necesario hacer correr, parar y girar al caballo de manera brusca, con objeto de
sorprender al contrario. Se gobernaba al caballo con las piernas −pegadas al costado
del animal y dobladas en ángulo recto−, las rodillas y la mano izquierda; ello daba
al jinete mayor libertad de movimientos y le permitía prescindir de la ayuda de
escuderos y demás servidumbre. Tanto la silla como el freno presentaban algunas
diferencias con respecto a la monta a la brida. La silla de jineta tenía forma casi
cuadrada, con arzones prominentes, el delantero recto y el trasero inclinado hacia
detrás; por su parte, el freno era más corto y más ligero.
A lo largo de los siglos, en aquellos periodos en los que no había guerras, los
caballeros no abandonaron el ejercicio de la equitación, sino que más bien aprove-
charon las etapas de paz para ejercitarse en la monta y en el manejo de las armas;
para ello recurrían a una serie de rituales caballerescos, como las justas y torneos,
que acabarán por convertirse en una especie de entrenamiento militar obligatorio.
El torneo adquiere gran brillantez durante el siglo XV, convertido en una clara de-
mostración del agrupamiento de la nobleza en torno a su soberano y en una suerte
de gran espectáculo en el que la nobleza desempeñaba el papel protagonista. En el
caso de España, en opinión de Pedro Cátedra, el torneo «y sus variantes propiamente
españolas, como el juego de cañas, junto con las corridas de toros, se convirtieron
en el espectáculo cortesano por excelencia» 48.
49 J.M. DE BERNARDO ARES, «Caballerizas de Felipe II», en 2000 años de nuestro caballo.
II Jornadas Ecuestres. Foro de Opinión El Caballo Español. Sevilla, 2001, p. 23.
50 T. RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIÉRREZ, Paseos por Córdoba o sean apuntes para
su historia. 5ª ed. Córdoba, 1983, p. 222.
51 En algunos documentos los artífices aparecen designados como «platero de jineta»; así se
denomina a Alonso de Tapia, AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 14, Legajo 14050 P,
Signos de representación en la platería civil cordobesa 211
1631, julio 31, ff. 409-410v. También sucede lo mismo con Antón Sánchez Manchado, véase J. DE LA
TORRE Y DEL CERRO, Registro documental de plateros cordobeses. Córdoba, 1983, p. 129.
52 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 35, Legajo 9461 P, 1598, Noviembre 1, f.
1447 y v.
53 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 1, Legajo 16782 P, 1537, mayo 30, ff. 318-
321v.
54 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 7, Legajo 1271 P, 1548, Junio 5, ff. 287-
288.
55 A. URQUÍZAR HERRERA, El renacimiento en la periferia. La recepción de los modos
italianos en la experiencia pictórica del Quinientos cordobés. Córdoba, 2001, p. 360.
56 Se indica también que hasta que no se hubiese vendido el jaez en cuestión, ninguno de los
dos maestros podía comprometerse a realizar otro ejemplar. En el citado inventario de Mateo de
Montemayor, además de los jaeces, se mencionan varias estriberas, decoradas al romano y a lo morisco
«acabadas», es decir, listas para ser vendidas. Véase referencia en nota ut supra.
212 María Teresa Dabrio González
al platero Pedro Delgado por un jaez de plata con su caja57, hasta los 2.000 ducados
adeudados en 1603 por los duques de Osuna al platero Juan Casas por la adquisición
«de un jaez de oro y su bozal que les vendí»58.
Según la documentación manejada, los encargos de este tipo de piezas proceden
fundamentalmente de destacados miembros de la nobleza andaluza, en algunos casos
residentes en estas tierras, y en otros, afincados en la Corte. Entre estos clientes figura
la Casa de Osuna, cuyos miembros contrataron obras con varios plateros de la ciudad.
En 1567 el duque de Osuna adeudaba a Diego Fernández 660 ducados de parte del
valor de «dos jaeces de plata el uno carmesí y el otro negro»59. Posteriormente, la
misma casa ducal había encargado al platero y mercader Juan Casas, jaeces por valor
de 2.000 ducados, trabajo que aún no se le había abonado por completo en 160360.
Y en 1616 el platero Martín Sánchez de Córdoba recibe, a través del platero Juan
Martínez Redondo, 8.673 reales que la duquesa de Osuna le adeudaba del importe
de «varios jaeces» que el maestro le había labrado unos años atrás61.
Pero, como se ha dicho más arriba, algunos plateros de la ciudad recibieron en-
cargos provenientes del entorno cortesano. En efecto, la documentación ha revelado
que al menos en dos ocasiones se hicieron trabajos para la Casa Real. El primero de
que tenemos constancia se remonta a 1567, cuando el platero Diego Fernández da
poder al licenciado Pedro Fernández de Córdoba para que en su nombre cobrase
de don Fernando de Rojas «mayordomo de su alteza el príncipe nuestro señor»
trescientos ducados que se le adeudaban «del precio de un jaez»62. No hemos hallado
referencias a que se hicieran encargos de este tipo durante el periodo que Felipe II
vivió en la ciudad. Pero sí consta que en 1580, se encomienda a dos plateros cordo-
beses la labra de varios jaeces para el monarca, encargados a través de don Agustín
Francisco Alemán, presidente de la casa de la Contratación de Sevilla.
Los encargos, fechados en julio de 1580 recayeron en Alonso de Salas y Cristó-
bal Bautista. Al primero se le pidió que hiciese «dos jaeces de la jineta de plata, el
uno de color verde y el otro de color azul que son cada uno de ellos con las piezas
siguientes: cabezadas, pretal y espuelas y estribos y riendas con sus tenientes de
plata (ilegible) con gusanillo de plata y bordes de pretal y mirhilos (¿) bordado de
oro y plata su rienda de oro y seda»63. Por su parte Cristóbal Bautista debía hacer
57 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 35, Legajo 9461 P, 1598, Noviembre 1, f.
1447 y v.
58 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 13, Legajo 17044 P, 1603, Abril 16, ff. 382-
383.
59 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 7, Legajo 1297 P, 1567, julio 28, f. 116 y v.
60 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 13, Legajo 17044 P, 1603, Abril 16, ff. 382-
383.
61 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 22, Legajo 12448 P, 1616, Mayo 18, sin
foliar.
62 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 7, Legajo 1297 P, 1567, julio 29, f. 128 y v.
63 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 4, Legajo 16161 P, 1580, Julio 16, f. 1036v.
El encargo incluía las cajas para guardar las piezas.
Signos de representación en la platería civil cordobesa 213
tres jaeces de plata, de características similares; Asimismo debían tener sus corres-
pondientes cajas, forradas de tafetán «de los colores de los dichos jaeces y por de
fuera en cuero negro, con sus cerramientos y cerraduras y llaves», por todo lo cual
se le abonarían 9.500 reales. El envío a Sevilla corría a cargo del platero, quien se
obligaba a ponerlas en un serón, debidamente envueltas y protegidas64.
En ninguno de los dos contratos se hace mención alguna a la decoración de las
piezas, por lo que nada más podemos decir sobre los mismos. Tampoco resultan
más explícitos en ese aspecto los encargos provenientes de la nobleza. Por lo general
se mencionan las piezas que lo componen y el valor económico del conjunto, pero
apenas hay referencias a los aspectos estilísticos de las mismas. Este tipo de ornato,
tan del gusto caballeresco desde épocas medievales, y que había pervivido entre
los nobles del siglo XVI, sufre un considerable declive a lo largo del Seiscientos,
reduciéndose de manera considerable los encargos, hasta el punto de que durante
el primer tercio del XVII sólo hemos hallado constancia de cuatro plateros rela-
cionados con estas labores. De ellos, sólo dos están dedicados a la realización de
jaeces, y sólo uno se declara «platero de jineta»; los otros dos se presentan como
plateros o mercaderes65. No obstante, el papel relevante que desempeñaban los jaeces
dentro del ámbito social era aún considerable, como lo prueba su presencia en los
inventarios de bienes donde, a veces, incluso se aportan detalles sobre su decoración.
En 1586, entre las pertenencias de don Miguel Ruiz de Espinosa, se consignan dos
sillas de montar, una de brida y otra de jineta, varias espuelas y estribos y «unas
cabezadas doradas a lo morisco de la jineta»66. Y en el inventario de bienes de don
Pedro Fernández de Córdoba, realizado en 160667. a pesar de que no consta ninguna
referencia a jaeces, sí figuran, curiosamente, dos importantes tratados sobre el arte
de montar: la Regla de la caballería de la brida de Federico Guisón «gentilhombre
napolitano» y el Tratado de la caballería de la jineta, debido al capitán antequerano
Pedro de Aguilar e impreso por primera vez en Sevilla en 157268.
A la muerte en 1607 de don Juan de Castilla y Aguayo, su viuda doña María
Isabel de Figueroa menciona entre las pertenencias del difunto «una silla de brida y
otra silla de jineta con su caparazón de terciopelo negro», además de «un aderezo de
jineta de cobre dorado y su caparazón de tela»69. Más detallada es la descripción de
un jaez que aparece en el inventario de bienes de don Gome de Figueroa, caballero
64 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 4, Legajo 16162 P, 1580, julio 9, f. 1060 y
v.
65 Hemos revisado hasta 1640, sin que hayamos vuelto a encontrar plateros de la jineta, si bien
la revisión no se ha concluido, por el momento, en todos los oficios.
66 A. URQUÍZAR HERRERA, ob. cit., pp. 359-360.
67 Ibídem, p. 367.
68 De este tratado existe una edición facsímil, en la que consta su impresión por Fernando
Díaz.
69 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 13, Legajo 17139 P, 1607, Agosto 29, ff.
298-300v.
214 María Teresa Dabrio González
de Calatrava, realizado en 1617 por su viuda doña Gregoria Portocarrero: «un jaez
de mochila y encaladas y pretal y espuelas todo el cumplido...y la mochila es de
terciopelo azul bordado de plata y oro antiguo traído y la plata es nielada y el oro
de esmaltado de rojo»70. En ninguno de ellos se indica el valor de tasación.
Un año más tarde, en 1618, se realiza el inventario de bienes de don Juan Je-
rónimo Tinti, caballerizo mayor de las Reales Caballerizas de Córdoba71. Aunque
el cargo de Caballerizo Mayor recayó siempre en nobles de alta cuna, lo cierto es
que a comienzos del siglo XVII tal función era desempeñada por este personaje72;
son escasos los datos que de él se conocen, suponiendo algunos que era de origen
napolitano, y principal responsable de la adulteración de la raza caballar hispana,
al haber introducido sementales procedentes de diversos lugares de Europa. De los
numerosos bienes dejados a su muerte, entre los que figuran cuadros de temática
religiosa y una considerable cantidad de piezas de ajuar doméstico de plata, destacan
numerosos objetos relacionados con su profesión, como los 17 frenos de jineta y
«una silla jineta vieja con estribos»73.
Frente a la abundancia y variedad de las joyas de uso femenino, la joyería
masculina es de ámbito más reducido, centrado en unas pocas tipologías. Por lo
general en la documentación se mencionan los adornos propios de la indumentaria,
como los botones, las hebillas o los cintos. En el entorno de la nobleza se aprecia
un aumento de piezas, pues a las anteriores se suman otras joyas como los adornos
para los sombreros, los talabartes para las espadas o dagas y, las más valiosas, las
insignias de las órdenes militares. Son piezas consideradas de gran valor socioló-
gico pues no sólo ilustran acerca de la riqueza de su propietario, sino que además
certifican su pertenencia a un estatus elevado y prestigioso dentro de la sociedad.
De ahí que se busque calidad en los componentes empleados y valor artístico en
su ejecución pues, por el hecho de llevarla, su propietario queda catalogado como
personaje importante del ámbito social en el que vive. Sirvan de ejemplo el juego
de «espada y daga y talabarte de oro», que el duque de Alcalá encargó al platero
Cristóbal de Escalante, valorado en 2.000 ducados, de los que en 1598 aún se le
adeudaban 50074, o los dos juegos que poseyó don Francisco de Armenta, uno con
70 AHPCO, Sección de Protocolos Notariales, Oficio 29, Legajo 10769 P, 1617, Noviembre 29,
folio ilegible
71 Ese es el apellido que figura en el documento, pero se le ha denominado también Juan Jeró-
nimo Tiuti.
72 J.M. DE BERNARDO ARES, ob. cit. p. 21.
73 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 14, Legajo 14038 P, 1618, Noviembre 6, ff.
1116-1118v y 1123v-1125.
74 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 5, Legajo 15851 P, 1598, Mayo 2, ff. 692v-
694. En octubre de ese mismo año el platero da poder a Fernán González de Berlanga para que cobre
otros 1.000 ducados, según libranza firmada por doña Ana Girón, duquesa de Osuna; aunque no se
concreta cuál había sido el objeto de la deuda, es probable que se tratara de lo mismo, dada la similitud
de las cantidades. AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 35, Legajo 9461 P, 1598, Octubre
3, f. 1340.
Signos de representación en la platería civil cordobesa 215
75 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 29, Legajo 10753 P, 1603, Noviembre 11, ff.
1970-1975v.
76 L. ARBETETA, «Joyas barrocas en los tesoros marianos de Andalucía», en R. SÁNCHEZ-
LAFUENTE GÉMAR (coord.), El fulgor de la plata. Catálogo de la Exposición. Córdoba, 2007, p.
130.
77 En opinión de la citada autora, no responden estrictamente al término, pues en ellas no solían
emplearse con rigor los colores heráldicos.
78 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 4, Legajo 16087 P, 1597, Junio 26, f. 293 y v.
79 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 35, Legajo 9461 P, 1598, Junio 10, f. 890 y v.
216 María Teresa Dabrio González
80 AHPCO, Sección Protocolos Notariales, Oficio 29, Legajo 10769 P, 1617, Noviembre 29,
folio ilegible.
81 L. ARBETETA, «Hábito o encomienda», en R. SÁNCHEZ-LAFUENTE GÉMAR (coord.),
El fulgor... ob. cit., p. 482.
82 A. CEA GUTIERREZ, «Cruces de encomienda con los hábitos de Santiago y Alcántara»,
en R. SÁNCHEZ-LAFUENTE GÉMAR (coord.), El fulgor... ob. cit., p. 484.
Orfebrería en el Museo Parroquial de
Arte Sacro del Barco de Ávila
ROBERTO DOMÍNGUEZ BLANCA
Licenciado en Historia del Arte
Muchas de las iglesias repartidas por la provincia abulense con sus museos pa-
rroquiales ofrecen un rico muestrario de interesantes piezas de orfebrería, la gran
mayoría por estudiar y divulgar, a falta de una monografía que las incluya a todas.
Si en su momento tratamos la recogida en el museo de arte sacro de la iglesia de
Santa María la Mayor de Piedrahíta (Ávila)1, ahora nuestro interés se centra en la
existente en el de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora de la cercana villa
del Barco de Ávila (Ávila). Este espacio muestra su rico legado artístico, en el que
tiene especial protagonismo la colección de platería. Una escalera de caracol junto
a la sacristía es la encargada de comunicar las dependencias musealizadas, siendo
en una sala diáfana y desahogada donde se muestran las distintas piezas en sus
respectivas vitrinas.
La colección consta de unas cuarenta obras con una cronología que transcurre
entre finales del siglo XV (de ese momento se puede datar un pequeño píxide sin
marcar) y la segunda mitad del XIX (diadema con la fecha grabada de 1863). De
todo el conjunto, un número destacado de ellas carece de punzones, procediendo
el resto principalmente de Ávila, Salamanca y Madrid. El estudio detallado de cada
una supera las pretensiones de este artículo2, por lo que hemos decidido centrarlo
en cuatro piezas del siglo XVII apenas conocidas, pero de indudable calidad e in-
terés. Previamente, queremos aprovechar para dar nuestra opinión sobre una obra
compleja y nada convencional, la custodia de principios del siglo XVI, ésta sí que
bien conocida y sin duda la joya de la corona que es dicho museo.
CUSTODIA3 (lám. 1)
El pie tiene una forma estrellada en la que se alternan arcos conopiales y puntas
de estrella. Su frente está recorrido por una tracería flamígera y en la superficie, un
sogueado limita los campos en dos tamaños. Los mayores se decoran con vegetación
dispuesta simétricamente y figuración a base de personajes tocando instrumentos
de viento, delfines o aves. Sobre una elevación del pie, el astil se apoya en una
pieza poligonal con hornacinas góticas que contienen medios relieves de rostros
de santos. Avanza el astil con un elemento de perfil sinuoso de raigambre rena-
centista formado por delfines en altorrelieve y vegetación cincelada. El nudo es un
castillete gótico de dos cuerpos de nichos que descansa sobre una base semiesférica
decorada con vegetación cincelada. Cada hornacina se flanquea por contrafuertes,
botareles y pináculos, se cubre con tracería y se guarnece su base con una doble
crestería. Entre los menudos personajes que pueblan el nudo, distinguimos a San
Pablo y al Niño Jesús con la bola del mundo. Algunas de las figuras de repiten.
Inmediato al nudo, uno mayor de similares características (a modo de macolla de
cruz procesional seccionada en su mitad), concluye el astil, asentándose sobre un
tronco de pirámide truncada con vegetación cincelada en seis campos. El frente se
organiza en un único orden de hornacinas similares a las del nudo inferior, pero
desarrollando más los contrafuertes, enjoyados ahora con hornacinas angreladas,
pináculos, tracerías y figuración menuda con filacterias. En su base, unas hojas de
cardo sujetan las cadenas de las campanillas. En los relieves de las hornacinas se
pueden distinguir a San Pablo, San Pedro, San Miguel, Santo Tomás, la Virgen con
el Niño y Jesús con la bola del mundo en actitud de bendecir.
El expositor es un cubo abierto en sus cuatro frentes con vidrios circulares,
decorado en las enjutas con hojas y protegido en las esquinas con pináculos y per-
sonajes heráldicos. Una crestería de hojitas, como las del nudo y la macolla (que
2 Estamos trabajando en un estudio que tenga en cuenta todas las piezas de esta interesante
colección.
3 Autor: desconocido.
Procedencia: desconocida.
Marcas: +/CUETO
Principios del siglo XVI.
Plata sobredorada.
Dimensiones: alto 74 cm.; pie 30 cm. x 20,7cm.; expositor 12 cm. de lado.
Excelente estado de conservación.
Orbefrería en el Museo Parroquial de Arte Sacro del Barco de Ávila 219
LÁMINA 1. Anónimo. Custodia (principios del siglo XVI). Parroquia del Barco de Ávila,
Ávila.
recuerdan a las de roble de las cresterías góticas), corona el borde del expositor.
Éste se cierra con una cúpula hemiesférica cincelada con vegetación. Como remate
de la pieza, una campanilla cuelga de una estructura que sirve de base a una cruz
de brazos trenzados.
Bien conservada, de indudable calidad y exótica traza, es la pieza que con ra-
zón más ha llamado la atención a los especialistas e investigadores. Una custodia
portátil pero de cierto tamaño, peso y difícil de manipular que se puede fechar en
las primeras décadas del siglo XVI. Casas Hernández4 demuestra que no se trata
de una custodia de mano pese a su tipología de astil, al contar a lo largo del tiempo
con distintas andas para ser procesionada. Lamentablemente no se conserva nin-
guna. Según este autor5, es evidente que la custodia fue ideada desde un principio
4 M. CASAS HERNÁNDEZ, Memoria de la cena de Jesús. Aportaciones al estudio de la Euca-
ristía en el arte español. Valladolid, 2011, pp. 319-321. Este autor expone una interesante aproximación
a su peculiar iconografía al tratar la custodia barcense.
5 M. CASAS HERNÁNDEZ, ob. cit., p. 321.
220 Roberto Domínguez Blanca
nología para la obra completa, al distribuirse por toda la pieza. Roleos y vegetación
lombarda se disponen simétricamente repartidos por el pie, base del nudo, base de
la macolla y cúpula del expositor, y en todo ello, además, vemos la misma mano
ejecutora. Es decir, no hay diferencias estilísticas en los cincelados de las dos partes
que Blázquez Chamorro10 separa. En contraste con esta vegetación renacentista,
hojas de cardo similares a las de las subcopas de tantos cálices góticos, sujetan bajo
la macolla una serie de campanillas.
Además, idéntica decoración fundida se extiende por dichas dos partes. Es el
caso de la crestería de las hornacinas del nudo y de la macolla, que es la misma que
remata la caja del expositor, o de los pináculos del doble nudo, iguales a los que
guarnecen los ángulos del fanal.
Cueto estampó su marca personal en varios lugares de la pieza. Hemos loca-
lizado una en el pie, otra en la cúpula del expositor y dos en la macolla, lo que en
un principio vendría a expresar que tal platero se encargó de hacerla por completo.
Blázquez Chamorro opina, sin embargo, que las dos marcas de la macolla al estar
sobre otras tantas hornacinas supondría la intervención de Cueto únicamente en
éstas; es decir, una labor puntual sobre una parte reaprovechada para incorporar al
ensamblaje de la custodia: el doble nudo. Para ello, se basa en que dichas dos horna-
cinas son diferentes al resto, tanto en la forma como en la figuración que cobijan:
Es cierto que en el nudo superior hay dos hornacinas distintas, planas y sin
molduración sin que haya una explicación lógica, pero las dos no están marcadas
por Cueto; una sí, la de San Miguel, pero la segunda marca aparece bajo la peana
volada de una de las hornacinas cóncavas y molduradas, la de San Pedro. Tampoco
apreciamos diferencias estilísticas entre los relieves de las seis figuras. Si bien la de
San Miguel es más menuda, se debe a que forma parte de una escena más movida
y narrativa, al mostrarle clavando la lanza al dragón. Por lo tanto, habría que des-
echar la idea de que las dos hornacinas diferentes revelan la mano de Cueto sobre
un elemento anterior reaprovechado.
Sin embargo, lo que más sorprende de esta obra es el antagonismo conceptual
que se da en ella entre la parte inferior y la superior de la obra. La primera, repre-
sentada por la estructura marcadamente gótica del pie y del astil (especialmente por
la decoración arquitectónica del doble nudo), es una amalgama confusa de elemen-
12 Ibídem.
13 C. HEREDIA MORENO, «De arte y de devociones eucarísticas: las custodias portátiles»,
en Estudios de Platería. San Eloy 2002. Murcia, 2002, pp. 164 y 170.
14 Las razones de la decadencia del centro platero de Ávila se explican en L. MARTÍN SÁN-
CHEZ y F. GUTIÉRREZ HERNÁNDEZ, «Luces y sombras en la platería de la Catedral de Ávila
(1700-1800)», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2007. Murcia, 2007, p.
159.
Orbefrería en el Museo Parroquial de Arte Sacro del Barco de Ávila 223
la cucharilla de una de las navetas. También hay que contar con la actividad de los
profesionales locales. Uno de ellos es Manuel Vidal, quien entre 1718 y 1720 ejecuta
dos pares de vinajeras por 58 reales para Villafranca de la Sierra (Ávila)23, y entre
1722 y 1723 un cáliz y varias cucharillas para Piedrahíta24, encargándosele para
Navamorales (Salamanca)25 entre 1728 y 1730 una naveta que se conserva y por la
que conocemos su marca. Además, afincado en El Barco de Ávila se hallaba Luis
Parra, del que tenemos noticias recibiendo dinero de los fondos de la parroquia de
La Aldehuela (Ávila) por un trabajo26.
Sorprende comprobar cómo entre 1795 y 1796 para un importante encargo de
3.868 reales por la hechura y compostura de varias alhajas, no se acuda a Salamanca
y sí a Ambrosio Ambrosián27 (Ambrosio Ambrosiani), de origen romano, el cual
tenía taller abierto en Fuente de Cantos (Badajoz), custodiándose en la parroquia
de Nuestra Señora de la Granada de este pueblo una cruz procesional con su marca,
y más obras en Sevilla, Marchena y otros lugares28. No se especifican las piezas que
se hicieron nuevas, pero es de suponer que algunas de ellas eran los cuatro cálices
y patenas que se meten en un cajón para mandarlos a consagrar, según se apunta
en la mayordomía de 1799 a 180029.
Una de las escasas referencias que hemos podido anotar sobre plateros salman-
tinos en El Barco de Ávila y en el siglo XVIII alude a Francisco Ayllón, que se
encontraba en la villa hacia 1758-1760 cuando recibe del mayordomo de la parroquia
de Puente del Congosto (Salamanca) 94 reales por una corona y un rostrillo30.
Tras este repaso a la documentación, pasamos a analizar algunas piezas notables
del museo, concretamente un copón, un relicario, un arca y una naveta. Todo es del
siglo XVII y lo hemos ordenado siguiendo un orden cronológico que nos permita
comprobar la evolución de la platería en esta centuria, y poner en evidencia ciertas
similitudes que facilitan suponer un origen salmantino para ellas pese a la falta de
marcas, sí descubiertas en el relicario.
COPÓN31
Este recipiente sacro es una buena muestra del éxito de las propuestas puristas en
la Castilla del siglo XVII, que homogenizan los diseños a un mismo patrón, dando
la puntilla a la disparidad de propuestas de los centros locales en el siglo anterior,
muchos de los cuales no superarán la crisis del seiscientos o perderán vitalidad.
El copón tiene un pie circular y escalonado, configurado por tres molduras:
una recta, otra abombada de gran tamaño y una tercera anillada. En su base, cuatro
lengüetas con formas vegetales afianzan la sujeción del pie. De la moldura anillada
parte el astil, compuesto de alto gollete, nudo semielíptico bajo toro volado, y un
delgado cilindro ensanchado en la base. La copa cilíndrica es baja y ancha, en tanto
que la sobrecopa suma a una superficie convexa dividida en cuatro grandes gallo-
nes una elevación central abombada. Culmina la sobrecopa en una cruz de brazos
flordelisados sobre una taza con asas.
En la ordenada decoración contamos con un limitado repertorio que anima la
frialdad de la pieza. De gran relieve son los esmaltes elípticos con motivos florales
pintados en blanco, rosa y verde, así como hojitas rizadas o acucharadas de largos
tallos. Ambos motivos se reparten por todo el copón dotando de unidad estética a
una obra organizada por la articulación de volúmenes dispares. A veces, las hojas y
los esmaltes de combinan en un ritmo alterno (nudo, copa o sobrecopa). En cuanto
a las hojas acucharadas, van a ser un recurso muy recurrente en la platería barroca
como tendremos ocasión de comprobar. Por último, una delicada labor de picado
recorre puntualmente la pieza, las más de las veces enmarcando los esmaltes, bien
con un simple punteado, bien con un dibujo a base de hojas rizadas.
A falta de marcas y documentación, podemos datar el copón en la primera mitad
del siglo XVII, que es cuando se desarrolla el motivo de los cabujones de esmalte.
Respecto a su posible procedencia hay que tener en cuenta varios centros, pues
todavía Ávila acogía a importantes plateros como los Rodríguez de Villafuerte o
los Vázquez de la Trava. No obstante, los de Valladolid, y muy especialmente los
de Madrid, son los que van a distinguirse a la vanguardia de la divulgación de la
platería purista, por su vinculación con lo herreriano y la presencia de la corte en
distintos momentos. Los segundos van a conocer una penetración en Castilla como
antes no habían logrado.
31 Autor: desconocido.
Procedencia: ¿Salamanca?
Marcas: no presenta.
Segundo tercio del siglo XVII
Plata sobredorada.
Dimensiones: Alto 32.5 cm.; diámetro del pie (incluidas las lengüetas) 17.3 cm.; diámetro de la
copa: 12.2 cm.
Muy buen estado de conservación.
226 Roberto Domínguez Blanca
LÁMINA 2. Antonio Sánchez Sánchez. Relicario de San Pedro del Barco (ca. 1673). Parroquia
del Barco de Ávila, Ávila.
dos cilindros anillados de distinto diámetro, decorado el mayor con puntas de dia-
mante. Se llega a un nudo dispuesto actualmente en sentido inverso. Es semioval,
animado con puntas de diamante, asas vegetalizadas y hojas acucharadas. Un cuello
y una taza con las consabidas asas y puntas de diamante erigen el expositor: una
gran pirámide acristalada. Como remate del relicario, la imagen en bulto redon-
do de San Pedro Apóstol. En cada arista desciende una crestería discontinua de
vegetales rizados, hojas acucharadas y ces con el dorso perlado. Las únicas notas
iconográficas, escudos de la villa y figura de San Pedro, son una evidente alusión
a San Pedro del Barco.
En el interior del pie y separadas por una burilada en zigzag, contamos con la
marca de localidad y de una de las nominales. La primera corresponde a la ciudad
de Salamanca: dentro de un escudo coronado, un toro pasante a la derecha camina
sobre un puente de cinco ojos. Se puede identificar con la que el profesor Pérez
Hernández cataloga con el número 10 y que se relaciona con Antonio Sánchez
228 Roberto Domínguez Blanca
Sánchez, platero que ejerció de marcador entre 1655 y 1689, año en que fallece38.
A éste le corresponde la única nominal, Aº.S.Z, por lo que es probable que además
de punzonar la pieza también sea su autor.
De Antonio Sánchez cabe decir que hacia 1645 comenzó su labor como orive,
llegando a ser platero de la catedral de Salamanca hacia 1664 y hasta su muerte39. Las
piezas que muestran su impronta, al coincidir con la transición entre el protobarroco
y el barroco pleno, exhiben estructuras ancladas en la tradición, pero con decoración
que avanza hacia el naturalismo40; particularidades que se pueden aplicar también al
relicario. En una fecha tan avanzada del siglo XVII, el autor refleja la importancia
de los diseños puristas y la arquitectura herreriana (el gusto por los remates pira-
midales) que tanto peso van a tener en la orfebrería barroca salmantina que, como
es propio en el arte hispano, se va a barroquizar al ir colonizando las superficies
de una arquitectura que permanece inmutable. La composición de la pieza es una
suma de elementos muy definidos, de distintos volúmenes y formas, que se hacen
encajar con más o menos armonía, dibujando un perfil abierto y discontinuo.
El origen de los expositores piramidales se rastrea en los contratados en 1597
por Felipe II a Juan de Arfe para El Escorial, culmen de la desornamentación a la
que se encaminó el escultor de plata, impactado por la arquitectura del monasterio41.
Existen precedentes más inmediatos en la propia ciudad de Salamanca; por ejem-
plo, los dos en bronce de la primera mitad del siglo XVII existentes en su catedral,
aunque de menores pretensiones artísticas que el barcense. Mónica Seguí sospecha
la mano de plateros salmantinos pese a la ausencia de marcas42.
La cronología la podemos ajustar a través de la historia de la revitalización
del culto al santo en el siglo XVII, seguramente debida a la gran mortandad por
enfermedades que padecieron los vecinos de la villa entre 1659 y 166243. De este
modo, en esa última fecha se reconstruye la ermita existente bajo su advocación y
se contrata el retablo que se coloca en 166444. Pero la fecha exacta de ejecución del
relicario sería 1673, cuando el 21 de junio de ese mismo año y a petición de la villa
del Barco, deseosa de tener una reliquia del santo, se extrae de su enterramiento
abulense en la basílica de San Vicente un humero que a su llegada a la villa ya iba
dentro de su relicario45.
El arca se eleva sobre cuatro soportes cortos formados por un toro y una escocia.
La parte principal consta de un cuerpo inferior con forma de prisma rectangular y
LÁMINA 3. Anónimo. Arca eucarística (1691). Parroquia del Barco de Ávila, Ávila.
NAVETA61 (lám. 4)
LÁMINA 4. Anónimo. Naveta (finales del siglo XVII-principios del siglo XVIII). Parroquia
del Barco de Ávila, Ávila.
taza y un abultado toro a modo de nudo, ambos decorados con asas. La cazoleta,
de gran tamaño y planta elíptica, se divide a la mitad en la parte superior por
una profunda media caña que separa la proa de la popa. En el casco de la nave,
la decoración vegetal en gran relieve recorre con libertad toda la superficie, muy
dinámica, con tallos entrecruzados, hojas rizadas y racimos. En altorrelieve, un
mascarón que representa una cabeza felina remata la proa. En correspondencia con
el mascarón, los otros tres lados de la cazoleta se decoran con asas y con hojitas de
fundición. El asa de proa se perdería en algún momento, remediando la falta con una
copia muy burda. En el puente de la nave la portezuela de la cazoleta se manipula
mediante una venera, y su abombada superficie tiene una decoración en gran relieve
con un jarrón con flores, alusivo al búcaro de azucenas con el que se identifica a la
Virgen María, bajo cuya advocación está la iglesia. La parte de popa se sobreeleva
con una semiesfera peraltada, guarnecida con cuatro hojitas acucharadas de tallos
largos, para acomodar la peana donde se fija una figurilla desnuda de un infante.
En la cazoleta prácticamente no hay espacio libre de decoración. Junto a la exenta
y la de gran relieve, un fino grabado con los insistentes temas vegetales recorre la
234 Roberto Domínguez Blanca
situadas en las puertas, que rezan así: «JVº MARTINEZ/ DE 1627 y UZEDA
AÑO/20 DE MARZO».
Pero ¿quién era Juan Martínez de Uceda?, ¿dónde nació y cuál fue su trayectoria
de vida? La documentación3 nos desvelará parte de su estancia en Lima y la pieza
3 Nos la facilitó nuestro buen amigo el doctor José María Sánchez, profesor de la Universidad
de Sevilla, y desde estas páginas deseamos agradecerle su confianza y generosidad.
Para el Perú Virreinal, nuevas piezas de plata 237
4 Lo redacta el 9 de octubre de 1653, justo cuatro días después de otorgar testamento manus-
crito y que fue depositado (en sobre cerrado y sellado) en poder del escribano Francisco de Cepeda.
Se puede consultar en el Archivo General de Indias, Justicia, 438, n. 1, r. 12. Año 1653, ff, 1-30. Fue
su albacea testamentario don Fernando de Avendaño.
5 Contaba con un única hermana, Juana de Uceda (casada con Juan Domínguez Gallegos), de la
que nace su sobrino el licenciado Domingo de Uceda; y tuvo una esclava negra comprada en Portobelo
a la que deja libre en cláusula testamentaria por sus «muchos servicios prestados».
6 Fue canónigo de la catedral de Sevilla, arcediano de Niebla y provisor y vicario general del
Arzobispado; presentado para obispo de Guadix y al poco tiempo promovido al Arzobispado de Lima
en 1623; consagró esta catedral y murió en 1626 (en A. De ALCEDO, Diccionario geográfico de las
Indias Occidentales o América. Madrid, 1967, II, p. 313).
7 «Primeramente, dos sortijas de diamantes que hizo Pedro de Valdés, que están valoradas en
seiscientos pesos; ítem un pito grande con sus esmaltes de oro fino; ítem, dos vueltas de cadenas de
oro pequeñas; ítem, un rosario de coral con esmaltes de oro; ítem, sesenta y tantos botones de oro
esmaltados; ítem, una encomienda [venera]de oro pequeña que me empeñó la mujer de Francisco Pina
en doscientos y tantos pesos como parece por un papel escrito de letra del otorgante…; ítem, unos
broches de oro que tengo en empeño, que son dos en cien pesos, al capitán José Tormaio, manda que
pagada la cantidad del empeño se le entregue; ítem, cuarenta y cuatro doblones de a cuatro; ítem, dos
sortijas en piedras azules engastadas en oro ….». De su lectura se desprende que algunas de estas alhajas
las tenía en depósito como fianza del dinero que prestó a sus propietarios.
Que tuvo una economía saneada lo avala también el hecho de que diera a la sobrina de su amigo
Gabriel Negrillo (fraile de la orden de la Merced), Eugenia Negrillo, la cantidad de 3.200 pesos para
su dote como monja.
238 Cristina Esteras Martín
permitía, de entrada, intuir que fueron remitidas desde aquellas tierras. Pero ahora
la intuición se confirma anotada en una Visita hecha a la parroquia de Hinojales en
1685 en la que se apunta: «Esta iglesia tiene necesidad de ornamentos, aunque tiene
muchas alhajas que se remitieron de los reinos de Indias»8. Catorce años más tarde,
en la Visita de 1699 se precisa la noticia de una de las piezas al anotar: «Sagrario de
plata maciza que de Indias envió a esta iglesia el tesorero Juan Martínez de Uceda,
natural que fue de esta villa»9.
Sin localizar aún el registro de embarque de América, ni tampoco su recepción
por las autoridades de la Casa de Contratación de Sevilla, sólo podemos asegurar
con toda certeza que a la parroquia llegaron y se conservaron dos ejemplares: el
sagrario ya mencionado (1627) y una lámpara votiva que su leyenda del plato
le asegura una idéntica donación, aunque anterior (de 1617), en la que se escribe.
«ESTA LAMPARA DIO POR SU DEVOCION A NUESTRA SEÑORA DEL
ROSARIO GUAN MARTIN USEDA FAMILIAR DEL SANTO OFICIO. AÑO
DE MILL SEIS SIENTOS I DIES I SIETE»10. Pero ¿sólo envió estas piezas? ¿se
ha perdido el resto de las que pudieron llegar de esta donación o de otras? La
anotación de la Visita de 1685 indica muy claramente que por aquel año el templo
contaba con «muchas alhajas traídas de las Indias», pero ¿dónde están? Es muy
posible que todavía, al no tener hasta ahora al donante no bien identificado, hayan
pasado desapercibidas entre otras del ajuar parroquial y en este sentido estimamos
que otra lámpara de tipología semejante, aunque carente de ornato, deba también
corresponder a la donación de Martínez de Uceda, pues en la base lleva grabado el
nombre de «USEDA»11.
Tanto el sagrario como la lámpara de 1617 presentan adornos propios del
lenguaje manierista con motivos geométricos repujados a base de sinuosos roleos
vegetales y cartelas en la caja, mientras que gallones, espejos ovales y ces adornarán
la pieza de iluminación. Este repertorio mencionado poco tiene de americano y,
por tanto, sin guía para su procedencia, pero sin embargo la fauna que se desliza
a una escala menor entre los motivos del sagrario será la clave que determine de-
corativamente su origen peruano, puesto que además de ser algunos originarios de
esas latitudes la interpretación icónica que de ellos se hace corresponde a los mo-
dos y mitos de sus representaciones. Así, aparecen en ella monos de tierra caliente,
las tarucas andinas (un tipo de cervatillos), los basiliscos a la manera del «Amaru»
(serpiente mítica que habitaba en el Antisuyo peruano) y las garzas, animales todos
presentes en los repertorios de la sierra y el altiplano de Perú12.
En cuanto a los otros motivos, las figuraciones de San Pedro y San Pablo (in-
móviles y tratados a una escala gigante para el tamaño del arco que los cobija) no
presentan ningún rasgo distintivo de lo autóctono, en cambio sí lo muestran las
cabecitas de querubes dispuestas sobre las claves, pues sus rostros regordetes, grandes
ojos, bucles del pelo y tratamiento de sus alas cuádruples responden, sin duda, a la
sensibilidad andina en el comportamiento de este tipo de iconos.
En cuanto a la tipología de la pieza, es acertado buscar su referente en ejemplares
profanos y en esta ocasión su formato de arca paralelepipédica con tapa abovedada
y decoración a base de una retícula geométrico-vegetal arropando a escala menor,
como en el sagrario, animales autóctonos, nos lleva sin duda a tener que recordar a
otra pieza peruana con la que guarda mucha semejanza: el cofrecillo que, procedente
de la colección del 6º Conde Spencer, Sir Charles Robert, fue adquirido en 1881
por el Museo Victoria y Alberto, de Londres13.
Pero ¿en qué centro artístico peruano pudo labrarse la pieza? Si pensamos que
el donante vivió en Lima no es desechable pensar que pudo encargarla a cualquiera
de los plateros establecidos en ella, pero tenemos la impresión de que la temática
ornamental no se usó en la capital por estas fechas (1627) y sí conduce, con toda
seguridad, hasta las tierras altas, es decir a la región del Altiplano (Perú-Bolivia). Y
no es la primera vez que esto ocurre, pues en Lima circulaba, por distintos moti-
vos, la platería de aquella región y no tenemos más que recordar el caso del baulito
personal que el arzobispo de Lima don Pedro Antonio de Barroeta y Ángel regaló
a la parroquia de Ezcaray (La Rioja, España) en 176314, momento desde el que se
cambió su función para servir como arca eucarística.
12 C. HEREDIA MORENO los interpretó como ciervos, pelícanos, jabalíes, dragones y grifos,
dando a los dos primeros una simbología eucarística que los relaciona con la función del arca aucarística
(ob. cit., II, p. 129). Esto mismo lo repite CRUZ VALDOVINOS (ob. cit., p. 329).
Sobre el significado e interpretación de todos estos seres ver cualquiera de nuestros trabajos sobre
platería peruana. Por ejemplo, «Acculturaction and Innovation in Peruvian Viceregal Silverwork», en
The Colonial Andes. Tapestries and Silverwoks, 1530-1830. The Metropolitan Museum of Art, New
York/Yale University Press, New Haven and London, 2004, pp. 67-68.
13 Lo dimos a conocer en «Platería hispanoamericana en el Museo Victoria y Alberto, de
Londres», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2006. Murcia, 2006, pp.
36-37, lámina 3. Más tarde, también lo incluimos en nuestro ensayo «Silver and Silverwork, Wealth
and Art in Viceregal America», en The Arts in Latinamerica, 1495-1820. Philadelphia Museum of Art,
Philadelphia, 2006, p. 188.
14 Lo remitió ya desde Granada, a su regreso de Lima, donde había gobernado la archidiócesis
desde 1751 a 1758. Sobre la pieza consultar los trabajos de C. ESTERAS MARTÍN, Platería del Perú
Virreinal. 1535-1825. Madrid/Lima, 1997, pp. 178-179 y «El coleccionismo de platería americana en
España». Artigrama n. 4 (2009) pp. 264-265, fig. 2. Muchas veces los obispos utilizaban la vía de los
expolios para adquirir piezas que pasaban a su propiedad, de forma que no descartamos que este «bau-
lito» pudiera haber pertenecido a su predecesor don Agustín Rodríguez Delgado, que fue arzobispo
de La Paz y de Charcas (1743-46), antes de llegar a Lima en 1746.
240 Cristina Esteras Martín
15 Ver el ejemplar de la colección Enrico Poli, de Lima, que al parecer procede de Ayacucho (en
J. A. DEL BUSTO DUTHURBURU, La platería en el Perú. Dos mil años de arte e historia. Colección
Enrico Poli. Lima, MCMXCVI, p. 172.
16 Así lo entiende y escribe CRUZ VALDOVINOS, ob. cit., p. 329 (el subrayado es nues-
tro).
17 Es de pequeño tamaño, pues mide 14 cm de altura con el asa levantada, 14,16 de anchura y
6,8 cm de fondo.
18 Son las iniciales alusivas a D[EI]. G[RATIA] y a la palabra incompleta de ISP[ANIARVM].
En esta última, se ha eliminado la preceptiva H, una elipsis anómala, pero que a veces se da entre las
alteraciones del monetario.
Para el Perú Virreinal, nuevas piezas de plata 241
19 Para todos estas piezas y sobre este tipo de marcaje remitimos a C. ESTERAS MARTÍN,
«Más interrogantes sobre el marcaje de la platería americana. «Los cuños monetarios»». Anales Museo
de América n. 8 (2000), pp. 29-43.
242 Cristina Esteras Martín
Lámina 3. Cubierta de misal. ¿Cuzco? ¿Puno? (h. 1710-1725). Colección Apelles, Chile.
a tener que ubicar la nuestra dentro de las platerías de la ciudad del Cerro y aunque
ambas podrían ser contemporáneas nos parece que la que aportamos ahora es algo
más antigua, quizás de los años finales del reinado de Felipe IV o de la transición
al de Carlos II.
244 Cristina Esteras Martín
originales. Por ello cabe datarlo con posterioridad, pero no mucho tiempo después
ya que su estilo no traspasa el primer cuarto del siglo XVIII.
Y como es habitual en los trabajos de platería peruana el derroche de material
es imponente, pues en lugar de haber recurrido a una encuadernación en terciope-
lo con simples cantoneras y algún que otro adorno en plata, se ha preferido que
las tapas y el lomo se ejecutaran en una plancha muy gruesa y por tanto pesada,
y cubrirlas con una rica y densa ornamentación con la que se ordena el espacio
compositivo sin perder la simetría. En suma, una obra de gran efecto barroco gra-
cias a la temática y al volumen de los motivos que sobresalen gracias a los fondos
matizados de lustre.
Con la aportación de estas tres magníficas piezas hasta ahora desconocidas como
peruanas, seguimos fieles a nuestro empeño de ir reconstruyendo su catálogo artístico
y demostrar, una vez más, que el arte de la platería del antiguo Virreinato del Perú
(lo mismo que el de otros centros hispanoamericanos) fue realmente excepcional, por
calidad técnica, originalidad creativa y naturalmente por la generosidad del material
empleado. Muchas veces superarán a las creaciones de la España peninsular pese
a que los ejemplares de gran calidad, por el hecho de serlo, sean automáticamente
considerados como españoles de esta parte del Atlántico, lo que resulta ser una
verdadera paradoja.
Lectores y observadores. La fortuna de
los libros de Juan de Arfe en la España
del Siglo de Oro: el Quilatador de plata y oro
y De Varia Commensvracion para
la Escvlptvra y Architectura
DAVID GARCÍA LÓPEZ
Universidad de Murcia
Ahora es posible un estudio más detenido de la presencia real del tratado (o tra-
tados) de Juan de Arfe por el considerable aumento de las investigaciones sobre
los dos vértices sobre los que puede apoyarse un estudio de este tipo: la revisión,
el estudio y las nuevas ediciones críticas de varios de los tratados artísticos del pe-
ríodo y el mayor conocimiento de las bibliotecas contemporáneas, especialmente
de las bibliotecas de artistas2. Así se hace posible un estudio de la presencia de los
tratados de Juan de Arfe en el período del Siglo de Oro español, esto es, desde su
edición en el último tercio del siglo XVI, hasta la publicación de El Museo pictó-
rico de Antonio Palomino, que en sus dos primeros tomos apareció en 1715 y se
coronó en 1724 con el Parnaso español pintoresco laureado. El tratado de Palomino
se ha venido considerando como un excelente resumen recopilatorio de las ideas
y anhelos artísticos del Siglo de Oro hispano3. Esto es especialmente pertinente en
el caso de Juan de Arfe, pues Palomino no sólo reconsideró elogiosamente la obra
teórica del «arquitecto de plata y oro» sino que lo incluyó en su Parnaso con una
laudatoria y significativa biografía.
En Juan de Arfe siempre existe la dualidad entre su trabajo como platero de
excepcional categoría, representante de toda una saga familiar, autor de las magníficas
custodias de asiento de las catedrales de Ávila, Valladolid y Sevilla, y su fecunda
creación teórica que lo vincula a la tradición humanística. Es esta dualidad tan ar-
mónica la que lo convierte en uno de los artistas que mejor encarnan el tópico del
artista renacentista. Fruto de esta dualidad y de su vocación literaria es la variedad
de proyectos editoriales en los que estuvo involucrado. Además de las ediciones
del Quilatador y la Varia a las que seguidamente nos referiremos, uno de los más
singulares fue el prólogo a la edición de Esopo que realizó su hermano Antonio,
Vida y fabulas exemplares del natural filosofo y famosissimo fabulador Esopo y de
la que se hicieron tres ediciones a partir de la primera de 1586 en Sevilla4. También
quiso dejar memoria escrita de la descripción de una de sus grandes obras como
orfebre, la custodia de la catedral de Sevilla, en el opúsculo Descripcion de la traza
y ornato de la custodia de plata de la catedral de Sevilla, publicada en 1587, donde
entre otras cosas explicaba el programa iconográfico de la misma ideado por el ca-
nónico Francisco Pacheco5. No tan difundida como sus grandes obras teóricas, la
2 Sobre este último punto, además de la muy abundante bibliografía particular a la que aludiremos
seguidamente, véanse M.C. GARCÍA RODRÍGUEZ, Bibliotecas de artistas madrileños (1580-1750).
Tesis Doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 1995; R. SOLER I FABREGAT, «Libros de arte
en bibliotecas de artistas españoles (siglos XVI-XVIII): aproximación y bibliografía». Locvs Amoenvs
1, 1995, pp. 145-164; IDEM, Producción, circulación y uso del libro de arte en España durante la edad
moderna. Tesis Doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 1999, 2 vols.; IDEM, El libro de arte
en España durante la Edad Moderna. Gijón, 2000.
3 F. CALVO SERRALLER, La teoría de la pintura en el Siglo de Oro. Madrid, 1981, p. 619.
4 Ediciones sucesivas, en Sevilla, de 1642 y 1714; véase S. TALAVERA CUESTA, La fábula
esópica en España en el siglo XVIII. Cuenca, 2007, p. 88.
5 A. BONET CORREA, Figuras y modelos… ob. cit., pp. 90-91.
Lectores y observadores 249
Descripcion no fue sin embargo desconocida entre los artistas de su tiempo, como
atestigua su asiento en la librería de Juan de Herrera6. Arfe también redactó otra obra
que no llegó a ver la imprenta, un tratado de perspectiva cuya publicación inminente
anunciaba en el prólogo de la Varia7 y cuya pérdida lamenta Palomino8.
La primera obra impresa de Juan de Arfe fue el Quilatador de la plata, oro y
piedras publicado en Valladolid en 1572, del que luego se hizo una nueva edición
en Madrid en 1598, muy aumentada, pues los libros que incluía pasaron de tres a
cinco, aunque sin ilustraciones. Una tercera edición, que refundía las dos anteriores,
se publicó en Madrid en 16789. Es una obra fundamentalmente técnica, dirigida a
los ensayadores y joyeros que trata de aleaciones, contrastes de metales, piedras
preciosas, valor de las monedas, pesos y medidas. En su primera edición incluía un
buen número de grabados de balanzas, redomas, cazuelas, un horno y, el más singu-
lar, la escena de un ensayador trabajando en su taller. Fue una obra muy apreciada
en su época aunque por su carácter especializado se divulgó bastante menos que
la Varia10. Entre los artistas sólo conocemos la presencia en sus bibliotecas en un
puñado de casos. Naturalmente, el libro interesó a los plateros de profesión, y así
lo encontramos en las bibliotecas de dos conocidos artífices, Gaspar de Ledesma,
quien lo poseía en el momento de su muerte en Madrid, en 161811, y el conquense
Juan de Orea (c.1620-1693)12. Ambos tenían unas notables bibliotecas donde también
se ubicaban ejemplares de la Varia commensvracion, como veremos más adelante.
También poseyeron el Quilatador algunos arquitectos, como el maestro del círculo
de Juan de Herrera, Juan de Minjares (¿?-1599), que también guardaba la Varia entre
6 A. RUIZ DE ARCAUTE, Juan de Herrera arquitecto de Felipe II. Madrid, 1936, p. 159;
F.J. SÁNCHEZ CANTÓN, La librería de Juan de Herrera. Madrid, 1941; L. CERVERA VERA, El
inventario de bienes de Juan de Herrera. Valencia, 1977.
7 J. de ARFE, De Varia Commensvracion para la escvlptura, y Architectura… Sevilla, Andrea
Pescioni y Juan de León, 1585, Prólogo s.p.: «como lo diremos en nuestra Perspectiva pratica muy en
breve».
8 A. PALOMINO, El museo pictórico y escala óptica. Madrid, Aguilar, 1947, p. 809; en ocasiones
se ha citado otra obra manuscrita, De escudo de armas, como posible obra de Juan de Arfe, pero ya
Nicolás de Antonio, fuente de esta noticia, dudaba de que dicho Arfe fuera nuestro tratadista, N. de
ANTONIO, Biblioteca hispana nueva. Ed. Madrid, F.U.E., 1999, I p. 681: «El libro manuscrito de un
Juan de Arfe, personaje probablemente distinto, De escudo de armas, estuvo en poder de Gonzalo de
Argote».
9 A. BONET CORREA (dir.), El libro de arte en España. Granada, 1975, pp. 37, 40 y 64.
10 A. BONET CORREA, «Juan de Arfe, ensayador de oro y plata», texto introductorio a la
edición del Quilatador de la Plata, Oro y Piedras. Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1976;
publicado posteriormente en Figuras, modelos… ob. cit., pp. 95-104.
11 J.M. CRUZ VALDOVINOS y J.M. GARCÍA LÓPEZ, Platería religiosa en Úbeda y Baeza.
Jaén, 1979, p. 78.
12 J.L. BARRIO MOYA, «La librería del platero Juan de Orea (1693)». Boletín de arte n. 11,
1990, pp. 97-103.
250 David García López
13 M.C. HEREDIA MORENO, «Juan de Arfe Villafañe y Sebastiano Serlio». Archivo Español
de Arte t. 76, n. 304, 2003, pp. 371-388 (p. 377); sobre Juan de Minjares véanse C. WILKINSON,
«The Career of Juan de Mijares and the Reform of Spanish Architecture under Philip II». Journal of
the Society of Architectural Historians vol. 33, n. 2, 1974, pp. 122-132; E.E. ROSENTHAL, El palacio
de Carlos V en Granada. Madrid, 1988, pp. 139-150; R. LÓPEZ GUZMÁN, «El arquitecto Juan de
Minjares en Granada». Laboratorio de Arte n. 5, 1992, pp. 99-109.
14 M. AGULLÓ Y COBO, «Documentos para la biografía de Juan Gómez de Mora». Anales
del Instituto de Estudios Madrileños 1973, pp. 55-80; V. TOVAR MARTÍN, Arquitectura madrileña
del siglo XVII: datos para su estudio. Madrid, 1983, pp. 169-184.
15 M. AGULLÓ Y COBO, «La biblioteca de don Teodoro Ardemans», en Primeras Jornadas
de Bibliografía. Madrid, 1977, pp. 570-652; B. BLASCO ESQUIVIAS, Teodoro Ardemans y su entorno
en el cambio de siglo (1661-1726). Aspectos de la arquitectura y el urbanismo madrileños de Felipe II
a Carlos III. Universidad Complutense de Madrid, Tesis Doctoral, 1991, 2 vols., II p. 1288.
16 A. PALOMINO, ob. cit., p. 265.
17 P.M. CÁTEDRA, Nobleza y lectura en tiempos de Felipe II. La biblioteca de don Alonso
Osorio Marqués de Astorga. Valladolid, 2002, p. 311.
18 Biblioteca Nacional de Madrid, Mss. 7840, f. 124, poseía la primera edición de 1572; sobre la
biblioteca del Condestable véanse M. FERNÁNDEZ POMAR, «Manuscritos del VI Condestable de
Castilla en la Biblioteca Nacional» Helmántica 18, 1967, pp. 89-168; G. de ANDRÉS, «La biblioteca
manuscrita del Condestable Juan Fernández de Velasco (m. en 1613)». Cuadernos bibliográficos n. 40,
1980, pp. 5-22; M.C. de CARLOS, «’Al modo de los Antiguos’. Las colecciones artísticas de Juan
Fernández de Velasco, VI Condestable de Castilla», en Patronos y coleccionistas. Los condestables de
Castilla y el arte (siglos XV-XVII). Valladolid, 2005, pp. 207-314 (pp. 237-267).
19 F.J. SÁNCHEZ CANTÓN, Inventarios reales. Bienes muebles que pertenecieron a Felipe
II. Madrid, 1956-59, 2 vols. I p. 187, n. 1392: «Quilatador de la plata, por Joan Darphe, en Madrid;
enquadernado en papelón y cuero negro dorado: tasado en quatro reales»; puede tratarse del ejemplar
actualmente en la Real Biblioteca de El Escorial, una primera edición de Sevilla, 1572, con sig. 53-I-
30.
Lectores y observadores 251
artífices griegos y romanos si no hubiera habido autores que escribieran sus trazas,
grandezas y ornatos con que se representan al entendimiento humano, cuasi como
si presentes estuvieran»24.
Al afrontar años más tarde la Varia, insistiría en que su trabajo tenía como ob-
jetivo crear un corpus teórico en castellano, es decir, paliar la ausencia de tratados
artísticos entre los españoles: «por ver la falta q hasta ahora à avido en España de
gente curiosa de escribir»25, reclamación que sería secundada por Gaspar Gutiérrez
de los Ríos en su Noticia general para todas las artes (1600)26. No es de extrañar
que Francisco Pacheco considerara la Varia y la Notica general sus dos inmediatos
precedentes a la hora de remediar la carencia de libros españoles sobre las artes y
así alabara el carácter novator de Juan de Arfe: «osó en nuestra lengua dar principio
a alguna parte deste intento, en el Libro que escribió de Commensvracion»27.
El escrito de Arfe también contiene un interesante perfil como modelo histo-
riográfico, pues su relato histórico del progreso de las artes en España, tanto en la
evolución de las proporciones de los escultores Alonso Berruguete y Gaspar Becerra
como en la transformación de la arquitectura hasta el cenit que identifica con el
monasterio de San Lorenzo de El Escorial, tienen un rotundo eco vasariano28. Que
este proceso evolutivo interesó y fue recogido en España lo pone de manifiesto un
manuscrito de Lázaro Díaz del Valle (1606-1669), en el que transcribe el pasaje de
la Varia a partir de la decadencia de la arquitectura por la invasión de los godos29.
Asimismo, el biógrafo de los artistas españoles también recogió de la Varia el discurso
de la evolución de las proporciones de las obras de Alonso Berruguete y Gaspar
Becerra para construir las biografías de ambos artistas en su manuscrito30.
Si el texto de Arfe destaca por su cuidadoso y específico lenguaje, la importancia
de las imágenes será fundamental para la Varia. El gran número de grabados que
31 J.S. ACKERMAN, «Early Renissance Naturalism and Scientific Illustration». Figura. Acta
Universitatis Upsaliensis 1985, pp. 1-17.
32 J. de ARFE, De Varia… ob. cit., II, f. 25v.
33 J. VALVERDE DE HAMUSCO, Historia de la composición del cuerpo humano [Antonio de
Salamanca y Antonio Lafreej, Roma 1556]. Ed. Madrid, Turner, p. 23; bien es verdad que la situación
hispana comenzó a cambiar a mediados del siglo XVI, sobre todo a raíz del foco de médicos valen-
cianos, en 1551 la Universidad de Salamanca creó la primera cátedra de anatomía que ocupó Cosme
de Medina y que se convirtió en un centro de acogida de las nuevas ideas de Andrea Vesalio sobre la
disección directa y la observación empírica de la medicina; J.M. LÓPEZ PIÑERO, Medicina moderna
y sociedad española. Siglos XVI-XIX. Valencia, 1976, p. 101; IDEM, Ciencia y técnica en la sociedad
española de los siglos XVI XVII. Valencia, 1979, pp. 331-337.
254 David García López
34 A. BONET CORREA, «Juan de Arfe y Villafañe», en Figuras, modelos… ob. cit., p. 158.
35 R. ZAMORANO, Los seis libros primeros de la geometría de Evclides. Traduzidos en lengua
Española por Rodrigo Çamorano Astrologo y Matematico… Sevilla, Alonso de la Barrera, 1576, f. 5v;
existe edición facsímil de la Universidad de Salamanca con Introducción de José María Sanz Hermida,
Salamanca, 1999; en relación con su faceta de traductor de Alberti véase A.J. MORALES, «El cosmógrafo
Rodrigo Zamorano, traductor de Alberti al español». Annali di architettura n. 7, 1995, pp. 141-146.
36 K. HELLWIG, «Diego Velázquez y los escritos sobre arte de Lázaro Díaz del Valle». Archivo
Español de Arte n. 67, 1994, pp. 27-41; J.M. RIELLO VELASCO, «Geometria (a esta Arte se reduce
la pintura y dibujo»: Lázaro Díaz del Valle y la nobleza del arte de la pintura». Anales de Historia del
Arte n 15, 2005, pp. 179-195; D. GARCÍA LÓPEZ, Lázaro Díaz del Valle… ob. cit., pp. 121 y ss.
37 D. LÓPEZ DE ARENAS, Breve compendio de la carpintería de lo blanco y tratado de Ala-
rifes. Ed. de Mª Ángeles Toajas Roger. Madrid, Visor, 1997, pp. 244-245.
38 S. GARCÍA, Compendio de Architectvra y simetría de los templos conforme a la medida del
Cuerpo Humano con algvnas demostraciones de Geometria. Año 1681. Recoxido de diversos Autores
Naturales y extrangeros por Simon Garçia arhitecto natural de Salamanca, manuscrito de la Biblioteca
Nacional de Madrid, sig. Mss. 8884, f. 2: «Juan de arfe»; existe edición moderna con estudios introduc-
torios de Antonio Bonet Correa y Carlos Chanfón Olmos, S. GARCÍA, Compendio de architectura y
simetría de los templos. Valladolid, Colegio Oficial de Arquitectos, 1991, 2 vols.; sobre Simón García
véase M.N. RUPÉREZ ALMAJANO, «Anotaciones sobre la vida y la obra del arquitecto Simón
García». Archivo Español de Arte t. 71, n. 281, 1998, pp. 68-74.
Lectores y observadores 255
señalaba al libro de Arfe como autoridad para definir los órdenes arquitectónicos
junto a Vitruvio, Serlio y Vignola41. Esta fama literaria había llegado también a
Hispanoamérica, donde a finales del siglo XVII, el cronista Francisco Antonio de
Fuentes y Guzmán (c.1643-c.1690), en sus Preceptos historiales, señalaba a Arfe entre
Vignola, fray Lorenzo de San Nicolás y Vitruvio como los autores requeridos para
quien quisiera tener «grande comprehension de la arquitectura»42.
A comienzos del siglo XVIII se seguirá teniendo en cuenta la ordenación
arquitectónica de Juan de Arfe. En sus Ordenanzas (1719) Teodoro Ardemans
(1664-1726) lo cita entre los tratados de arquitectura que deben ser consultados43.
Ese mismo año, el sacerdote Bartolomé Ferrer, se sirve en varias ocasiones de la Varia
en sus Curiosidades útiles (1719)44, ante todo a la hora de la definición de los órdenes
arquitectónicos, donde Arfe aparece como una de las fuentes45. Más sofisticado es el
estudio de los órdenes arquitectónicos que emprende el matemático Tomás Vicente
Tosca (1651-1725) en el tomo V de su Compendio matemático (1712), dedicado a
la arquitectura civil y militar, donde la Varia de Arfe de nuevo es citada entre los
tratados a consultar en las proporciones de los órdenes arquitectónicos46.
Sin embargo, para los tratadistas de pintura, la Varia fue tenida en cuenta, ante
todo, por las medidas de proporción y simetría del cuerpo humano y de algunos
animales que hacía visibles en su tratado, es decir, los libros II y III. Arfe se convertía
en heredero de los tratados de Pomponio Gaurico y, sobre todo, Alberto Durero, en
los que se discutían las medidas proporcionales de las figuras. Ya Juan de Jáuregui
(1583-1641), en uno de los Memoriales para la defensa de la liberalidad de la pintura
escritos en 1629 y que Vicente Carducho incluyó como apéndice a sus Dialogos
de la pintura (1633), escribía: «Deste genero [la simetría y proporción] es nuestro
Español Iuan de Arfe, que a imitación de Alberto Durero observa las medidas y
proporciones del cuerpo humano, y añade las de todos los animales»47. Del mismo
modo la entenderá José García Hidalgo a fines de la centuria en su cartilla de dibujo
Principios para estudiar el nobilísimo y real arte de la pintura (1693), cuando en el
proemio a su repertorio visual, sitúe la Varia de Juan de Arfe entre los autores a
tener en cuenta a la hora de afrontar el estudio de las «partes del cverpo hvmano,
sigviendo la mejor Escuela, y Simetria»48.
77 J.L. BARRIO MOYA, «El escultor Miguel de Rubiales (1647-1713): una aproximación a su
biografía», en Actas del V Encuentro de Historiadores del Valle de Henares. Guadalajara, 1996, pp.
491-498 (p. 496); IDEM, «El escultor Miguel de Rubiales. Aportación documental». Anales Seguntinos
n. 4, 1996, pp. 227-239; IDEM, «Nuevas aportaciones a la biografía del escultor alcarreño Miguel de
Rubiales». Anales seguntinos n. 14, 1998, pp. 111-113.
78 A. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, «Nuevos documentos sobre José de Churriguera
(1665-1700)». Archivo Español de Arte t. 58, n. 229, pp. 10-16.
79 M.C. GARCÍA RODRÍGUEZ, ob. cit., pp. 379-383; R. SOLER I FRAGEGAT Producción,
circulación… ob. cit., II, p. 58.
80 M. CARBONEL BUADES, ob. cit., p. 125; R. SOLER I FABREGAT, Producció, circula-
ción… ob. cit., II, p. 49.
81 Q. WERUAGA PRIETO, ob. cit., p. 261.
82 M.L. CATURLA, Antonio Puga: un pintor gallego en la corte de Felipe IV, Seguido del
apéndice «Los libros que poseía el pintor» por F. J. Sánchez Cantón. Santiago de Compostela, 1952, p.
91; sobre el artista véase también E. YOUNG, «Antonio Puga, his place in Spanish paintig, and the
Pseudo-Puga». The J. Paul Getty Museum Journal vol. 3, 1976, pp. 47-65.
Lectores y observadores 263
del Espejo83. También la poseía el mismo Diego Velázquez (1599-1660), pintor real,
en su exquisita biblioteca84. Igualmente aparece en la del erudito pintor vallisoleta-
no Diego Valentín Díaz (1661), tan preocupado por las cuestiones de iconografía
como su correspondiente Francisco Pacheco, pues tenía la intención de realizar un
tratado sobre el tema, en cuyo inventario se anotaba: «Otro libro de arquitectura de
juan de arphe enquadernado en pergamino en ocho reales»85. El pintor valenciano
Vicente Salvador Gómez (1637-1700) también poseía el libro de Juan de Arfe en su
biblioteca86. Salvador Gómez, además, fue autor de una cartilla de dibujo que quedó
incompleta: Cartilla y fundamentales reglas de la pintura87. Se trata de una cartilla
de dibujo en la que el autor introduce un diálogo entre un Maestro y su Discípulo,
mostrándole el primero todo un repertorio de dibujos que tiene que repetir de las
diferentes partes del cuerpo humano88. En el Proemio, el Maestro cita a los auto-
res de los libros de pintura y señala a los italianos Vasari, Armenini, Lomazzo o
Leonardo da Vinci, y a Vicente Carducho, Francisco Pacheco y la Varia Juan de
Arfe entre los españoles89. El pintor Bartolomé Pérez, a su muerte en Madrid en
1698 también poseía una Varia de Arfe en su biblioteca, acompañada tan sólo de
83 MARQUÉS DE SALTILLO, «Un pintor desconocido del siglo XVII: Domingo Guerra
Coronel». Arte español 1944, pp. 43-48; M.C. GARCÍA RODRÍGUEZ, ob. cit., pp. 479-493; A.
ATERIDO FERNÁNDEZ, «The first owner of the Rokeby Venus». Burlington Magazine 143, n.
1175, 2001, pp. 91-94.
84 F.J. SÁNCHEZ CANTÓN, «La librería de Velázquez», en Homenaje a Menéndez Pidal.
III. Madrid, 1925, pp. 379-406; IDEM, «Los libros españoles de la biblioteca de Velázquez», en Varia
Velazqueña. I. Madrid, 1960, pp. 640-648; P. RUIZ PÉREZ, De la pintura y las letras. La biblioteca
de Velázquez. Sevilla, 1999.
85 E. GARCÍA CHICO, Documentos para el estudio del Arte en Castilla, t. III.(II) Pintores.
Valladolid, 1946, p. 91, n. 89.
86 B. NAVARRETE PRIETO, «Sobre Vicente Salvador Gómez y Alonso Cano: nuevos docu-
mentos y fuentes formales». Ars Longa n. 6, 1995, pp. 135-140; S. SALORT PONS y M.J. LÓPEZ
AZORÍN, «Vicente Salvador Gómez, Alonso Cano y la pintura valenciana de la segunda mitad del
siglo XVII». Archivo Español de Arte n. 296, 2001, pp. 393-424; como Vicente Salvador Gómez ad-
quirió los «libros y papeles» que el granadino Alonso Cano (1601-1667) había enviado a Valencia, se
ha querido reconstruir la biblioteca del artista granadino a través de la de Vicente Salvador Gómez, lo
que parece un poco excesivo puesto que no sabemos los libros que realmente tenía Alonso Cano en
Valencia ni los que Salvador Gómez adquiriría en otras compras; además de la bibliografía anterior, la
librería de Alonso Cano también ha sido reconstruida por B. NAVARRETE PRIETO, M.J. LÓPEZ
AZORÍN y S. SALORT PONS, «Hipótesis de reconstrucción de la biblioteca de Alonso Cano», en
I. HENARES CUÉLLAR (dir.), Alonso Cano. Espiritualidad y modernidad artística. Catálogo de la
Exposición. Granada, 2001, pp. 153-155; aceptando estos pies forzados, naturalmente la Varia de Arfe
estaría en la biblioteca de Alonso Cano.
87 «Cartilla y fundamentales reglas de la pintura por las quales llegará uno a çer mui ducho
pintor / Descrívela Viçente Salvador y Gómez, familiar del Santo Oficio de la Inquiçiçion y sçençor
de las pinturas…». El manuscrito se conserva en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, sig. II/3727;
la citó y extractó parte de su discurso F.J. SÁNCHEZ CANTÓN, Fuentes literarias para la Historia
del Arte Español. Madrid, 1923-1941, III, pp. 85-90.
88 Fue reproducida por D. ANGULO y A.E. PÉREZ SÁNCHEZ, Corpus of Spanish Drawings.
IV. Londres, 1988, n. 402-407.
89 F.J. SÁNCHEZ CANTÓN, Fuentes… ob. cit. III, p. 90.
264 David García López
90 P. CHERRY, «New documents for Bartolomé Pérez». Apollo n. 397, 1995, pp. 43-48.
91 E. GARCÍA CHICO, Documentos… ob. cit., pp. 294-296.
Plata labrada en la capitana de la flota de
Nueva España del año 1758
CARMEN HEREDIA MORENO
Universidad de Alcalá
1 C. HEREDIA MORENO, «Envíos de plata labrada a España durante el reinado de Felipe V»,
en J. PANIAGUA PÉREZ y N. SALAZAR SIMARRO ((coords.), La plata en Iberoamérica. Siglos
XVI al XIX. México D.F. y León (España), Universidad de León e Instituto Nacional de Antropología
e Historia (México), 2008, pp. 265-294. C. HEREDIA MORENO, «Plata labrada de Indias en las flotas
de Nueva España durante el reinado de Carlos II (1665-1700)», en prensa. C. HEREDIA MORENO,
«Los viajes transatlánticos. Objetos artísticos en las flotas de Tierra Firme durante el reinado de Carlos
II», en prensa.
2 Archivo General de Indias (en adelante AGI), Contratación, Leg. 2039.
266 Carmen Heredia Moreno
Otro caso fraudulento se destapó con motivo del rescate del galeón Nuestra
Señora de las Maravillas, almiranta de la flota de Tierra Firme del año 1656 al mando
del marqués de Montealegre, que se hundió cerca de La Habana en el paraje de los
Abrojos. En las operaciones de salvamento, dirigidas por el capitán Juan de Somo-
villa, se pudo constatar que se transportaban fuera de registro más de 400 barras
de plata, así como numerosas piezas de plata labrada y alhajas10.
Algunos datos sobre el siglo XVIII ofrecen unas cantidades sensiblemente
mayores, pero se refieren de manera global al conjunto de las flotas y no a cada
una de las embarcaciones. Además, las cifras no son por completo fiables ya que
revelan importantes discrepancias dependiendo de las fuentes que se manejen. Si se
considera la documentación de la Audiencia de México, el valor de las piezas sun-
tuarias de metales preciosos registradas por particulares superaba en algunos casos
los 12.000 marcos de plata y los 300 castellanos de oro. Por ejemplo, en la del año
1733 se transportaron 12.593 marcos y medio y 338 castellanos, y en la del 1737
se alcanzaron 12.193 marcos y medio y 695 castellanos, de plata labrada y alhajas
de oro, respectivamente11. En cambio, en los correspondientes Libros de Registros
apenas se llegan a detectar 5.614 marcos de plata y sólo 3.286 corresponden al car-
gamento de la capitana12.
Por lo que concierne al navío Don Fernando, hasta el momento no se ha
descubierto ningún tipo de contrabando y el número de partidas de mercaderías
preciosas y de plata labrada rebasa el medio centenar. Esta cantidad parece indicar
que la embarcación transportaba un cargamento suntuario bastante superior al de
la mayoría de los ejemplos analizados hasta la fecha. Además, el detalle y la me-
ticulosidad de algunos registros permiten conocer el peso y la procedencia de los
fletes, el nombre de los indianos y de los destinatarios, y la tipología de las piezas
o, al menos, su carácter civil o religioso13.
Junto a la plata labrada se entremezclan alhajas de oro, piezas de carey y algunas
pinturas, además de objetos de marfil y tibores y lozas de China. Estos últimos
habían llegado al puerto de Acapulco en el galeón de Manila y se llevaron hasta
el de Veracruz por tierra, a través del istmo de Panamá. Entre estas mercancías de
procedencia oriental figuran dos tibores con tapa que regaló Ana María de Guraya al
ayuntamiento de Mondragón en Guipúzcoa (partida nº 343). Por el mismo conducto,
El resto se distribuye entre piezas para servicio de mesa, como platos, cucharas,
tenedores, bernegales o picheles, y objetos de aseo, como una bacía de barbero con
su concha y jarro o un estuche de carey y plata con un completo juego de tocador.
Un repertorio indeterminado de alhajas y menudencias más una treintena de cajones
de contenido ignorado completan el conjunto.
Por lo que respecta a la situación social de los indianos, algunos pertenecían a
órdenes militares y desempeñaban un puesto en la administración de Nueva España,
como don Martín de Reinosa Mendoza y Laviano, coronel de la de Calatrava y
gobernador de la provincia de Michoacán, o José Fernández de Monjardín, caballero
de Santiago. Entre los que formaban parte del clero secular o regular se cuentan
José de Villegas, canónigo de la catedral de Valladolid18, el doctor don Baldomero
Colomo, Magistral de la catedral de Guadalaxara, don Manuel Rubio Salinas, ar-
zobispo de México, o el trinitario descalzo fray Juan del Santísimo Sacramento. Se
recogen también los nombres de Pedro de Vargas, licenciado y médico de cámara
del citado arzobispo, el del maestre de nao Pedro Sánchez de Córdoba19 y el de
numerosos individuos sin status conocido.
Se citan además los nombres de muchos comerciantes, cargadores o factores, es
decir, profesionales que negociaban habitualmente en la Carrera de Indias con estos
productos suntuarios, bien a título personal o en el de su compañía mercantil, bien
actuando como apoderados de terceras personas, aunque en alguna ocasión también
participaban en la Carrera como donantes. Es el caso del navarro Miguel Francisco
de Gambarte, el vizcaíno José de Arria, el onubense Diego García Bravo o Pedro
Sánchez de Córdoba, vecino del Puerto de Santamaría. Todos ellos figuran como
mercaderes o cargadores de Indias y desarrollaron una importante actividad a ambos
lados del Atlántico durante varios años20. Sin embargo, algunos no se olvidaron de
su patria chica y ofrecieron a sus iglesias y conventos ricos ajuares litúrgicos.
El lugar de residencia de estos indianos coincide casi siempre con los centros
plateros más importantes del Virreinato, como México, Guadalajara, Puebla de los
Ángeles, Guanahuato, Zacatecas o Guatemala, pero también aparecen en los registros
18 AGI, Indiferente, 221, N. 133. Se conoce que era cura del partido de Ixtlán en el obispado
de Michoacán y que solicitó la chantría de la catedral de Valladolid donde obtuvo una canonjía el 3 de
marzo de 1750.
19 AGI, Contratación, 5494, N.3, R.9. Vecino del Puerto de Santa María, pasó a Veracruz en
1752 en compañía de un criado. En AGI, Contratación, 1556, se menciona como maestre del navío
San Miguel y Ánimas, alias el Veneciano, en el año 1755.
20 Aunque no figuran en las relaciones de los libros de matrícula recopiladas por J. RUIZ
RIVERA, El Consulado de Cádiz. Matrícula de comerciantes, 1730-1823. Sevilla, 1988, sus nombres
y actividad se conocen por los archivos parroquiales o por diversas fuentes del AGI. Por ejemplo, C.
HEREDIA MORENO, «Los indianos navarros y sus legados de plata labrada», en J. PANIAGUA
PÉREZ y N. SALAZAR SIMARRO (Coords.), OPHIR en las Indias. Estudio sobre la plata ameri-
cana siglos XVI-XIX. León, 2010, pp. 158-160 y 163, recoge datos sobre Gambarte. Pedro Sánchez
de Córdoba obtuvo licencia para pasar a Veracruz con su criado Francisco Fernández en 4 de marzo
de 1752 (AGI, Contratación, 5494, N.3, R.9).
270 Carmen Heredia Moreno
21 J.J. REAL DÍAZ, ob. cit. pp. 13 y ss. La feria se había fundado por Real Cédula de Felipe V
de 1718 y se celebró casi sin interrupción hasta 1776.
22 No lo recoge J.A. BARRIO LOZA y J. R. VALVERDE PEÑA, Platería antigua en Vizcaya.
Bilbao, 1986.
23 Ninguna noticia en S. CARRETERO REBES, Platería religiosa del Barroco en Cantabria.
Santander, 1986.
24 Suponemos que la documentación se refiere al Santuario de Nuestra Señora de Hoz en el
Señorío de Molina de Aragón (Guadalajara).
25 Según M.C. GARCÍA GAINZA y otros, Catálogo Monumental de Navarra, III, Merindad
de Olite. Pamplona, 1985, pp. 349-351 en la iglesia navarra de Mendívil no se conserva ninguna pieza
procedente de Hispanoamérica.
26 Y. KAWAMURA, El arte de la platería en Asturias. Periodo barroco. Oviedo, 1994, p. 5 cita
una custodia mexicana barroca de sol (n. 49) fechada en el año 1757, sin indicar su paradero, pero por
su iconografía con san Francisco arrodillado sujetando el viril parece iba destinada a un monasterio
franciscano, circunstancia que no se menciona en el Libro de Registros de la capitana de 1758. Además,
suponemos que su peso es superior a los 8 marcos de alhajas que ofreció José Fernández Monjardín
para el lugar de Illano. En cuanto al «cáliz consagrado» que Sebastián Álvarez Casaprima envió a un
familiar, que era sacerdote de la iglesia de Riaño, tampoco hemos logrado localizar ningún vestigio.
27 Archivo Histórico Nacional (AHN), OM/EXPEDIENTILLOS, N.7491 y EXP. 2992.
Plata labrada en la capitana de la flota de Nueva España del año 1758 271
En cambio sí es posible relacionar otros envíos de plata labrada del año 1758 con
determinadas piezas que todavía existen. Según la partida nº 560 del libro de registros
del navío Don Fernando, José de los Ríos Matilla dispuso en su testamento que
dos cajoncitos con alhajas de plata para servicio de iglesia, que pesaron 40 marcos,
se remitieran a su familiar Javier de los Ríos, sacerdote de Naveda (o Navedo?),
jurisdicción de Campoo en el arzobispado de Burgos, para el culto de su parroquia.
En esta localidad cántabra próxima a Reinosa se conserva un cáliz barroco mexicano
de mediados del XVIII que pudo llegar por este conducto28. Incluso no descartamos
que el cáliz, vinajeras y lámpara, de cronología similar y del mismo origen, que se
custodian en la cercana parroquia de San Sebastián de Reinosa formasen parte de
este mismo legado29. El hecho de que los documentos no detallen el contenido de
los dos cajones nos impide precisar este punto.
También es probable que entre los 20 marcos de plata labrada que remitió el
trinitario fray Juan del Santísimo Sacramento para socorrer a la iglesia de Málaga
después del terremoto del año 1755 se incluyese el cáliz mexicano que hoy se guarda
en la del colegio de los jesuitas de la capital andaluza30. Además, la parroquia de San
Sebastián de Antequera posee otro cáliz mexicano que lleva la inscripción DON
MIGuEL Franço DE GAMBARTE PIDE LO ENCOMIENDEN A DIOS OFRE-
CIENDO ESTAS ALHAJAS PARA EL CULTO DIVINO. HIJO DE PUENTE
LA REINA I VEZ(I)NO DE MEXICO31. Ignoramos las circunstancias de su lle-
gada a la iglesia antequerana pero, en el terreno de la hipótesis, esta pieza podría
haber pertenecido al lote de plata labrada que el donante, un conocido y piadoso
indiano navarro32, había embarcado años atrás en el galeón San Francisco, alias «el
Soberbio». El navío naufragó en el Real Sitio de la Barrosa el 1 de febrero de 1752
pero se lograron recuperar algo más de 34 marcos de los 52 registrados en Vera-
cruz33. Entre las piezas rescatadas se menciona un copón que todavía se conserva
en el convento de Clarisas de Estella (Navarra)34 y una custodia, vinajeras e incen-
sario, desaparecidos en la actualidad. En el mismo documento se reseña un cáliz,
que también se ha dado por perdido pero que bien pudiera ser el de Antequera. El
hecho de que su inscripción no indique su lugar de destino permite aventurar que
la pieza se hubiese extraviado a raíz del rescate del Soberbio.
Otra hipótesis razonable sería considerar el de Antequera como parte de los
25 marcos y 6 onzas y media de plata labrada en «alhajas para servicio de Iglesia»
que el mismo indiano navarro cargó en el año 1758 en el navío don Fernando y
que fueron recogidos por los Sres. Guardia, Vergara y Compañía establecidos en
Cádiz35. No obstante, desconocemos qué tipo de relaciones personales vincularían
a Gambarte con esta institución religiosa malagueña.
En cuanto a los legados para Guipúzcoa, también es posible que el cáliz
mexicano que se conserva en la parroquia de Oñati36 sea resto de la donación de
Miguel de Gallautegui y Olazarán, vecino de Texcuco, para el convento de monjas
franciscanas de Santa Ana de dicha localidad. De la misma manera estimamos que
parte de las alhajas de plata, estampas y loza de China que el arzobispo de México
don Manuel Rubio Salinas remitió a Cádiz para varios particulares tuviesen como
destino último algún convento o iglesia. Por lo tanto, no es descabellado relacionar
con esta donación del prelado la custodia mexicana de plata sobredorada con el
viril adornado de piedras preciosas del monasterio alavés de Santa Brígida, tanto
más cuanto su inscripción informa que DIO [ESTA CUSTODIA] EL ILMO.
SR. D. MANUEL RUBIO SALINAS ARZOBISPO DE MÉXICO PARA EL
CONVENTO DE LAS RELIGIOSAS DE STA. BRÍGIDA DE LA CIUDAD
DE VITORIA. AÑO DE 175637.
Muchos otros ajuares de platería religiosa llegaron en la capitana de la flota de
1758, pero su localización resulta más problemática. En el año 1992 se identifica-
ron un cáliz y una salvilla de vinajeras mexicanas de la parroquia de San Miguel
de Cumbres Mayores (Huelva) con las piezas que había enviado en dicho galeón
don Diego Garzía Bravo, natural de esta localidad onubense38. La identificación se
basaba en un documento parroquial que dice:
«Tiene esta dicha iglesia un cáliz dorado por dentro y fuera, labrado de
reliebe, embutido en caxa de filigrana el mástil y media copa, de particular
hechura, con su plato y vinaxeras y campanilla y los campos de miniatura
en plata, que imbió la limosna en una caxa forrada por dentro en grana
y por fuera en cabritilla galoneada Dn Diego García Bravo natural desta
villa y vecino de México, con más dos piezas de colonia doble de la China,
para cíngulos y necesidades de esta especie, lo que entregó a todo el clero
por mano de Dn Joseph García Bravo, su hermano…»39.
«dos caxones […] que contienen una lámpara de plata, dos cálices con
sus platillos y vinajeras, que ttodo pesa 46 marcos, 2 onzas, y lienzos de
pintura, de quenta y riesgo de don Diego Garzía Bravo, vezino de México,
para entregar en Cádiz a don Francisco Alejo de Vich»40.
39 Ibídem.
40 AGI, Contratación, Leg. 2039, n. 394.
41 M.C. HEREDIA MORENO, La Orfebrería en la provincia de Huelva. Huelva, 1980. T. I, pp.
291-291 y fig. 328. J.M. GONZÁLEZ GÓMEZ, «El mecenazgo americano en las iglesias de Cumbres
Mayores», en Actas de las IV Jornadas de Andalucía y América. Huelva, 1992, pp. 139-150.
274 Carmen Heredia Moreno
234.− José Félix de 339 piezas de plata 68 marcos, 3 onzas, 8 Su mujer e hijos, herederos,
Flores, en Jalapa, labrada adarmes en Cádiz
albacea de Antonio
José Ruiz
293.− José de Arria, 1 lámpara de plata 51 marcos, 1 onza Juan de Garay, Cádiz, para
cargador Ntra. Sra. De los Ángeles,
Gorozia (Señorío de Viz-
caya)
301. Manuel Muñoz de Cáliz, copón, cris- 12 marcos, 6 onzas Francisco Casano, Sevilla
Castañeda, México meras y vinajeras de
plata
310.− Pedro de Vargas 1 cajón con plata 12 marcos «A don Lucas del Barrio»,
médico de cámara del labrada para uso de iglesia
arzobispo de México
317.− Antonio Sanz de 1 cajón con plata 160 marcos Miguel Rodríguez, Cádiz
Santa Mª, cargador labrada
325.− Gaspara Saenz 1 candil de plata 130 marcos, 5 onzas Eugenio González Maldona-
Rico y Compañía. quintada y media do, para el culto deNtra. Sra.
De Poveda, villa de Prado,
arzobispado de Toledo
339.− Doctor don 1 cajoncito de plata 34 marcos y medio Manuel Colomo, Alfaro (La
Baldomero Colomo, labrada Rioja)
magistral de la Santa
Iglesia de Guada-
laxara
343.-Ana María de -Cruz y peana de plata -18 marcos, 4 onzas «A los señores del Ilustre
Guraya, México quintada y media Ayuntamiento de villa de
-2 tibores con tapas Mondragón Guipúzcoa»
343.− Miguel de Ga- Cáliz, patena, platillo, 10 marcos (+ 39 pesos Juan de Garay, Cádiz, para
llautegui y Olazarán, vinajeras, campanilla, en plata doble por gas- Convento Santa Ana, fran-
Tescuco plata sobredorada tos hasta su destino ciscanas descalzas, villa de
Oñate (Guipúzcoa)
343.-Pedro Rodríguez Cáliz, patena, platillo, 9 marcos Tomás de Apodaca, Cádiz,
vecino del lugar de vinajeras, campanilla, para el culto de la iglesia de
Mendívil de plata sobredorada Mendívil
343.− José de Ravago Lámpara de plata 61 marcos, 3 onzas Francisco Fernández. de
Ravago, Cádiz
343.− José de Ravago -Alhajas de plata -66 marcos, 3 onzas Francisco Fernández. de
-San Antonio, marfil Ravago, Cádiz
373.− Gregorio de -1 cajón con plata 147 marcos y medio Al remitente o a Gerónimo
Alzasua (Alsasua?) labrada de Isasi, Cádiz
389.-Sebastián Álvarez 1 cáliz de plata, con- 2 marcos José Barbales Álvarez Casa
Casa Prima, Orizava sagrado Prima, cura de Riaño, Prin-
cipado de Asturias, para el
culto
392.− Antonio Gó- -1 cajón con plata 344 marcos Francisco de Villanueva,
mez, México labrada Cádiz
276 Carmen Heredia Moreno
394.− Diego García -1 lámpara y 2 cálices 46 marcos, 2 onzas Francisco Alejo de Vic,
Bravo, México con sus platillos y vi- Cádiz
najeras.
-Lienzos de pintura
424.− Andrés Blanco 2 cálices con patenas, 2 10 marcos Tomás Sánchez de Quiroz,
Bermúdez, Manila juegos de vinajeras con Cádiz, apoderado de la ciu-
platillos y campanillas, dad y comercio de Manila
y dos cruces de guión
430.− Juan Adrián -1 cajón con plata 99 marcos, 4 onzas y Srs. Vincent y ciª
Povera?, Xalapa labrada media
435.-Mateo del Valle 12 cucharas y 12 9 marcos, 2 onzas Cádiz, para María del Valle
Aiyón, Puebla de los tenedores de plata Ayllón, Medina Sidonia
Ángeles quintada
448.-Rodrigo Antonio Varias piezas de plata 25 marcos, 3 onzas, 3 Cía. Pardo y Freire, para
de Neira, México labrada adarmes limosna iglesia de S. Julián
de Maugrenze (Galicia)
456.− Pascual García Cáliz, patena, vinajeras 6 marcos, 7 onzas «A don José Díaz Guittán»
de la Mata y platillo
457.− Bachiller Fco. 1 lámpara de plata 56 marcos, 6 onzas Domingo de Eguiluz? José
Antonio de Eguiluz Díaz Guittán?
466.Pablo J. Humeus, 2 cajones con plata 380 marcos, 2 onzas María Theresa Jacobs, Se-
Jalapa, de cuenta de la labrada y media villa
destinataria
479.− Pedro Moreno, 1 cajón con plata 80 marcos José de Mora, Cádiz.
orden del destinatario labrada
509.− Antonio To- 1 cajón con plata 100 marcos Antonio Tomatti
matti labrada
De su cuenta y riesgo
510.− Juan López 2 cajones con plata 70 + 197 marcos Juan López Carvajal
Carvajal labrada
538. Antonio de Juille 1 Cajón con plata 110 marcos María Ignacia Juille o Juana
labrada Vicenta Juille
489.− Fco. Tavernilla, 2 candiles de plata 20 marcos, 2 onzas «A Nuestra Señora de
de cuenta de Manuel Hoz»
de Penagos
516.− Ilmo. Sr. D. Ma- -1 lámina y estampas José Díaz de Guittan, en Cá-
nuel Rubio y Salinas, − Loza de China diz, «para varios sujetos»
Arzobispo de México -Alhajas de plata
-Menudencias
520.− Gregorio Gar- -Plata labrada -74 marcos Gregorio García, en Cádiz,
cía, mercader y factor, -14 platos, 2 bacías, 2 o a su poder
pasajero a Veracruz en candeleros y 1 pichel,
1757 (AGI, Contrata- de metal, de China
ción 5500)
521.− Antonio Gonzá- 1 lámpara de plata 33 marcos Lorenzo González de Velde,
lez Dias, «Teusitlán» Juan Manuel de Bulnes o
Francisco Manuel de Celis
Plata labrada en la capitana de la flota de Nueva España del año 1758 277
522.− Bachiller don -1 cajón con plata la- 24 marcos José de la Barrena, Antonio
José de la Barrena, de brada para iglesia Noriega o Fco. Ordóñez,
su cuenta y riesgo Sevilla
529.− Luis Beltrán, 2 cálices con sus pate- «A don Juan María de Medi-
Zacatecas, orden de nas de plata sobredo- na y Torres», para Ntra. Sra.
Manuela de Torres, rada (+ 750 pesos en de la Peña, iglesia S. Martín,
vecina de México plata doble) villa de San Pedro Manrique
en Castilla
544.− Juan Bautista de 1 custodia de plata 10 marcos José Antonio de Elorga o
Aldasoro, México sobredorada José de Villanueva, Cádiz.
560.-Disposición de 2 cajoncitos con al- 40 marcos Javier de los Ríos, Cádiz,
Cayetano de Yudice, hajas de plata para para iglesia del lugar de Na-
Guatemala, de cuenta servicio de iglesia veda, jurisdicción de Cam-
de José de los Ríos poo, arzobispado de Burgos
Matilla, Mexico
561.− José Fernández Varias alhajas de plata 8 marcos «Adorno del Señor Sacra-
Mojardín labrada mentado, villa y consejo
de Yllano?, Principado de
Asturias
623.− Pedro Rodrí- 1 cajón con plata 100 marcos, 2 onzas Antonio Buttler, Cádiz
guez de cuenta de labrada
Antonio Buttler
642.− Pedro Sánchez 1 cajón con plata 160 marcos Pedro Sánchez de Córdoba
de Córdoba, cargador labrada
651.-Ignacio Cadalso, 1 cajón con plata 225 marcos Matías de Lamébuz, Cádiz
de cuenta de Matías labrada
de Lamébuz
648.− Frco. Montes, a 1 cajón con 2 arañas y 33 marcos Iglesia parroquial del lugar
cuenta de Fco. Díaz de 1 corona de plata de Burzenillas en las Mon-
Cossio, Guanahuato tañas
656.Matías Fernandez Plata labrada 463 marcos y tres cuar- Lorenzo de la Azuela y
Alejos, de cuenta de tos de onza Velasco
Juan de Castañiza,
México
664.− José de Villegas 1 cajón con alhajas de 16 marcos «A don Fausto Gutiérrez
plata labrada Gayón, vecino de Cádiz
674.− Sáenz Rico y 1 cajón con diferen- 10 marcos José de Mestas y Bustillo o
Ciª de cuenta de Pedro tes piezas de plata José del Duque, para «Don
García de Simón quintada Fernando Bustillo
706.-De cuenta de don 1 cajoncito con: Juan Bautista Uztáriz,
Ricardo Gutiérrez, -1 cigarrera y 2 ber- Cádiz
cura de la catedral de negales de plata y 1
Puebla librito de sermones
719.− Pedro Antonio 1 cajón con plata 256 marcos Francisco Guerra de la Vega,
de Cossio labrada Cádiz
727.− Pedro Lorenzo − Plata labrada -20 marcos, 3 onzas Miguel de la Pes[…], Cádiz
Rodríguez, de cuenta -2 sortijas − de a 7 adarmes de
de Manuela de Gán- oro
dara Gómez − 100 pesos
Sobre cierta imagen de Don Juan de Austria
en la joyería del siglo XVI
NATALIA HORCAJO PALOMERO
Dra. en Historia del Arte e Investigadora de Joyería
Entre los colgantes figuras, un tipo de joyas creación del Renacimiento, con
origen en los Países Bajos, pero que gozó de amplio eco en Alemania y España1,
se encuentran los de tema humano-zoológico, y en ellos, los que representan a un
guerrero cabalgando a un delfín, un trabajo español, posiblemente sevillano, de la
segunda mitad del siglo XVI2.
Son siete colgantes, realizados circa 1570, de los que dos se guardan en Madrid3,
otros dos en Baltimore4 y en Boston5, un quinto en Londres6 (lám. 1), el sexto en
Venecia7 y el último en una Colección Privada (C.P.).
1 N. HORCAJO PALOMERO, Joyería Europea del siglo XVI. Estudio tipológico y temá-
tico. Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, 1992, Tomo II, vol. IV, p. 77. Ver en http:
//www.ucm.es/BUCM/tesis/19911996/H/0/AH0003801.pdf
2 N. HORCAJO PALOMERO, ob. cit. Tomo II, vol. IV, p. 226.
3 Museo Arqueológico de Madrid, n. de inventario 1926/1/1 y Museo Nacional de Artes De-
corativas, Madrid, n. de catálogo CE01567.
4 Walters Art gallery, Baltimore, n. de catálogo 44.443.
5 Fine Arts, Bostón, n. de catálogo 64.517.
6 British Museum, Londres, n. de catálogo WB.158.
7 Fundación Cini, ha sido imposible localizar el n. de catálogo.
280 Natalia Horcajo Palomero
LÁMINA 1. Colgante Don Juan de Austria (circa 1570-1580). British Museum, Londres. Fo-
tografía © Trustees of the British Museum.
LÁMINA 2. Fray Cosme de Barcelona, Colgante Don Juan de Austria (circa 1570-1580). Joyel
de Guadalupe (1778-1783), Códice 83, Folio 1, n. 1. Monasterio de Guadalupe. Cáceres.
manos, excepto en tres (Walters, Cini y Fine Arts); y en la otra, una lanza (Walters
y Guadalupe), una flecha (Cini y C.P.) o una maza (el resto).
Estos colgantes, en oro esmaltado, engastados con piedras preciosas y perlas, son
tan semejantes, que se podría incluso pensar que han sido realizados por un mismo
taller, aunque no por un mismo artista, pues hay pequeñas diferencias entre ellos.
En todos el pez está realizado en oro esmaltado de blanco figurando escamas,
con detalles puntuales de rojo, azul y verde en las agallas, aletas y cola y con un
punto de negro en el ojo; en el cuerpo tiene piedras: esmeraldas, granates, amatis-
282 Natalia Horcajo Palomero
¿Y quién es este personaje? Pues sin ningún tipo de dudas, Don Juan de Austria,
el hijo natural de Carlos I y V, y por lo tanto hermanastro de Felipe II.
Cuando se está investigando a veces se descubren datos que ni siquiera se estaban
buscando en ese momento, es lo que ocurrió durante la preparación de la ponencia
y posterior publicación La Guerra en las joyas del siglo XVI12.
Recopilando información sobre la batalla de Lepanto, por azar se descubrió una
obra del sevillano Juan de Mal Lara (1524-1571), la Descripción de la Galera Real
del Sereníssimo Sr. Don Juan de Austria, Capitán General de la mar (finalizada en
1570); allí, en el Libro 2º, dentro De la descripción de la Galera Real en el que se
descriven las partes de dentro de la popa, en el epigrama primero se lee:
¿Y quién era el capitán de la Galera Real? Don Juan de Austria, a quien en 1568
Felipe II había nombrado capitán general de la mar. Luego el guerrero cabalgado
un delfín, no es sino una alegoría del valiente soldado que venció a los turcos en
la batalla de Lepanto en 1571, como ya se indicó, a manera de primicia, en aquel
trabajo, y sobre el que se ha querido volver para darle la importancia que merece,
con el estudio pormenorizado de las piezas y la posible aportación de nuevos datos
que reafirmen lo hasta aquí expuesto.
Ciertamente ya había algunas hipótesis sobre la identidad del personaje en
cuestión. Muller, Hackenbroch y Arbeteta habían hecho algunas sugerencias al
respecto.
Para Muller, el delfín representa al peligro del mar, según aparece en Los
Emblemas de Alciato, aunque también puede tener un significado cristiano, en el
sentido de que era quien transportaba el alma de los muertos a través de las aguas,
relacionándole con la salvación y la resurrección. Lo asocia también con la mitolo-
gía, con Neptuno, Venus o la Fortuna y lo identifica con la prisa o la precipitación.
12 N. HORCAJO PALOMERO, «La guerra en las joyas del siglo XVI», en M. CABAÑAS
BRAVO, A. LÓPEZ-YARTO ELIZALDE y W. RINCÓN GARCÍA (coord.), Arte en tiempos de
guerra. Madrid, CSIC, 2009, p. 119.
13 J. de MAL LARA, Descripción de la Galera Real del Sereníssimo Sr. Don Juan de Aus-
tria, Capitán General de la Mar. Sevilla, Francisco Álvarez y Cia, 1876, Libro 2º, De la descrip-
ción de la Galera Real en el que se descriven las partes de dentro de la popa, p. 169. Consultar en
www.cervantesvirtual.com
284 Natalia Horcajo Palomero
Con respecto al guerrero, piensa en él como un dios del mar, Palemón. Alude a una
posible generalización en relación con los peces en España, y advierte que tal vez
se trate de una Orca, en cuyo caso conectaría con el Orlando Furioso de Ariosto,
Cantos IX y X y con la fe y la salvación, para finalmente añadir que tal vez fuese
un talismán para propiciar un final feliz de una travesía marítima14.
Hackenbroch piensa que posiblemente signifique el dominio del hombre sobre
las fuerzas de la naturaleza y que sean colgantes-votivos para proteger a los españoles
contra los peligros del mar15.
Arbeteta relaciona la imagen del delfín con los grabados del Sueño de Polifilo;
pero también alude, remitiendo a estudios precedentes que no cita, a que pueda ser
la imagen de los hijos de Carlos V, Felipe II o Juan de Austria, decantándose por
Felipe, que tendría muchas posibilidades cuando el guerrero lleva una maza, iden-
tificándolo con el Hércules hispano. Igualmente acude a Perseo como liberador de
Andrómeda, figura simbólica de la Cristiandad. Y con referencia al delfín, explica que
puede ser una imagen del poder naval español que derrotó a los turcos en Lepanto,
victoria que habría sido necesaria recalcar tras el fracaso de la Armada Invencible
(1588), fecha en torno a la cual giraría la realización de estos colgantes16.
Sin embargo ninguna de estas hipótesis es la adecuada, porque el texto de Mal
Lara sienta tesis: La imagen representada es la de Don Juan de Austria. Siguiendo a
este mismo autor que se remonta a Santo Tomás, el Delphín es señal de tempestad,
que nos señala con sus saltos17 Tempestad, que el insigne guerrero domina, y por
lo tanto todo el colgante puede ser el símbolo de la victoria en Lepanto, el Triunfo
de la Cristiandad.
La utilización de las mismas piedras, esmeraldas, granates, amatistas y cristal
de roca, en todos los colgantes, refuerzan esta tesis, pues entre las propiedades má-
gicas18 que se le adjudicaban a la esmeralda se encuentra el poder de ahuyentar las
tempestades, necesario en una batalla naval, el granate confería entusiasmo, cualidad
muy propicia para un jefe y la amatista preservaba a los soldados de las heridas y
los conducía sanos a la victoria, algo muy importante en una guerra. Ninguna de las
cualidades del cristal de roca, mitigar la sed, cuidar del estómago…, parece adecuada
en relación con este tema, así que tal vez sustituyese a otra piedra perdida, como
el diamante, que confería a quien lo llevaba audacia, otra virtud muy valorada en
14 P.E. MULLER, Jewels in Spain. 1500-1800. Nueva York, Hispanic Society of America, 1972,
pp. 86-87 y notas 334 y 335.
15 Y. HACKENBROCH, Renaissance Jewellery. London, Sotheby Parke Bernet, Publications,
1979, pp. 319-322.
16 L. ARBETETA MIRA, «Joyería española en tiempos de Carlos V», en El Arte de la plata y
de las joyas en la España de Carlos V. Catálogo de la exposición, La Coruña, 2000, p. 268, n. 125.
17 J. de MAL LARA, ob. cit, Libro I, p. 148.
18 N. HORCAJO PALOMERO, Joyería Europea… ob. cit., Tomo II, vol. IV, pp. 320-321,
323-324, 325-326 y 317-319.
Sobre cierta imagen de Don Juan de Austria en la joyería del siglo XVI 285
un soldado. Que en origen fuesen diamantes no es extraño, pues éstos fueron muy
utilizados en toda la joyería del siglo XVI.
Sobre las perlas no es oportuno indicar nada, porque sus propiedades eran de
índole terapéutica.
Además, antes del epigrama, Mal Lara describe que entrando en la popa a la
izquierda, había «Un cuadro de un mancebo armado a la antigua en trage de capitán,
sobre vn Delfin que ua por la mar, y en la mano derecha tiene vn peso, y al cuello vna
cadena, de que está pendiente un caraçon pintados en el dos ojos y la mano izquierda
sobre la cabeza del delfin con una letra que dice: CONOSCE ELIGE MATVRA
(LA SABIDURÍA ELIGE LA MADUREZ) (?). Dando a entender que al sabio y
valeroso conviene entender y ponderar primeramente la calidad de la empresa que
toma a cargo, y luego con la prudencia que es el coraçon con ojos, elegir los medios
para conseguir buen fin le conuiniere, y hecho esto, poner prestissima diligencia con
atentada y madura discreción, como lo significa la ligereza grande con que va na-
dando el Delfin, y el reposo con que va sentado seguramente el capitán»19.
Como en referencia a las leyes, son necesarias dos sentencias similares para sen-
tar jurisprudencia, se han consultado otros textos escritos en honor a Don Juan de
Austria, buscando alguna cita similar.
La Batalla de Lepanto fue un acontecimiento estelar del reinado de Felipe II
y el protagonismo en ella de su hermanastro, Don Juan, motivo de inspiración de
numerosos escritores contemporáneos y posteriores.
Como libro de referencia se ha utilizado el de Cayetano Rosell: Historia del
combate naval de Lepanto y juicio de la importancia y consecuencias de aquel su-
ceso, publicado en Madrid, por la Imprenta de la real Academia de la Historia, en
1853.
La enorme cantidad de textos coetáneos a la batalla consultados por el Sr. Rosell
para su obra, premio de la Real Academia de la Historia, y que aparecen citados en
y a pie de página, no han permitido descubrir ninguna nueva alusión a esa metáfora
que habla de un capitán que a lomos de un delfín se enfrentó a una de las batallas
más famosas de la historia de España, Lepanto.
Tampoco aportan datos nuevos ninguno de los romances sobre Don Juan y la
Batalla de Lepanto, recogidos por Don Agustín Durán en el tomo II del Romancero
General o Colección de Romances Castellanos anteriores al siglo XVIII, publicados
La Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, Imprenta M. Rivadeneyra, 1851, ni
en el tomo II de Poemas Épicos recopilados por Rosell para publicar en la misma
colección y con la misma editorial en 1864. Así que esto es lo único que por el
momento se puede exponer y explicar sobre un tema que gozó de amplia prebenda
en la joyería de la España del siglo XVI.
Negli ultimi anni si sono moltiplicati gli studi sulle possibili applicazioni delle
tecnologie informatiche alla gestione della conoscenza delle opere d’arte. Questo
tipo di ricerca ha interessato soprattutto due settori: la catalogazione delle opere e
della conoscenza relativa ad esse e la loro comunicazione. Per quanto riguarda il
primo aspetto, la costituzione di un archivio digitale costituisce ormai uno standard
minimo per la gran parte delle istituzioni culturali che hanno come attività princi-
pale lo studio, la conservazione o l’esposizione di manufatti artistici. Certamente
cambiano le tipologie di archivio, o le tecniche di estrazione e presentazione dei
dati, ma l’implementazione di un’infrastruttura digitale che raccolga i materiali
relativi al patrimonio studiato, conservato o esposto è ormai una pratica comune
e di larga diffusione.Questa prassi ha interessato ovviamente anche il settore delle
arti decorative, cosicché sono molte ormai le istituzioni culturali operanti in ques-
to ambito che si sono dotate di un database delle opere consultabile on line1. La
comunicazione invece, intesa come la modalità con cui le opere d’arte e le infor-
mazioni relative ad esse vengono trasmesse ad un pubblico esterno all’istituzione
culturale, si è evoluta, rivolgendo un’attenzione particolare a tecnologie multime-
diali che consentono la creazione e la diffusione di contenuti per mezzo di testi,
1 Cfr. S. INTORRE, «Il database degli Argenti dell’Osservatorio per le Arti Decorative in Italia»,
in J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2010. Murcia, 2010, pp. 339-346.
288 Sergio Intorre
uso troppo comune, sia perchè le modalità di inserimento all’interno della pagina o
dell’intero sito non ne consentono una corretta indicizzazione; perciò il contenuto
proposto resta sostanzialmente invisibile ai motori di ricerca. Questo problema si
è ormai tanto diffuso da giustificare l’affermazione di un intero settore di business
legato all’ottimizzazione dei contenuti in termini di visibilità sui motori di ricerca, il
cosiddetto SEO (Search Engine Optimization). Nel secondo caso, l’utente che cerca
risorse in rete lo fa attraverso l’uso di parole chiave che identificano il contenuto
cercato, inserite in campi di data input di motori di ricerca; questi ultimi restituiscono
tutti i documenti in cui viene riscontrata una corrispondenza tra parole chiave della
ricerca e termini indicizzati nei contenuti visibili al motore, consentendo all’utente
poco più dell’utilizzo di semplici operatori booleani e generando un alto tasso di
ambiguità nei risultati ottenuti. Ciò è dovuto al fatto che la rete oggi non è in grado
di rappresentare le modalità in cui l’informazione è strutturata6. Se informazioni di
questo tipo venissero introdotte nella struttura dei dati, le ricerche potrebbero essere
condotte in maniera più complessa e articolata, consentendo di ottenere risultati più
vicini a quanto ricercato dall’utente stesso. L’esigenza primaria nel Web Semantico,
quindi, non è stabilire collegamenti tra dati, come nel web attuale, ma relazioni di
significato. Questo consente di abbattere le barriere tra database diversi, collegando
i dati non più in base alla loro posizione (il classico link ipertestuale), ma al loro
significato e alle loro relazioni con altri dati. Per fare un esempio pratico, se cerco
un’informazione in un’archivio, il sistema mi consentirà di reperirla in un archivio
diverso da quello in cui ho eseguito la ricerca, non perché il database di partenza è
collegato ad esso, ma perché l’informazione viene ricercata (e trovata) in base al suo
significato ed alla sua relazione semantica con gli altri dati presenti in rete. «Il web
semantico è dunque una rete di dati organizzati secondo associazioni di significati»7.
Non entreremo qui nel dettaglio della struttura del Web Semantico e degli strumenti
software necessari ad implementarla, ma prima di passare alla sua applicazione allo
studio degli argenti è opportuno analizzare un ulteriore elemento, attorno al quale
ruota tutta la struttura di cui si è discusso finora, l’ontologia. L’ontologia (il termine
è chiaramente mutuato dalla filosofia), «definisce i concetti e le relazioni usate per
descrivere e rappresentare un’area di conoscenza»8. Per Berners-Lee invece è «un
documento o un file che definisce relazioni tra termini»9. L’ontologia più tipica per
il web è costituita da una tassonomia e da un sistema di regole inferenziali. Proprio
quest’ultimo determina la differenza sostanziale tra un sistema di classificazione
fondato su una tassonomia e un’ontologia. Nell’ontologia la tassonomia è il punto
10 Ibídem.
11 O. SIGNORE, ob. cit., p. 294.
12 Per le opere d’arte presenti nell’Abbazia di San Martino delle Scale cfr. M.C. DI NATALE-F.
MESSINA CICCHETTI, L’eredità di Angelo Sinisio. L’Abbazia di San Martino delle Scale dal XIV
al XX secolo. Palermo, 1997. Per l’attività di Pietro di Spagna cfr. M.C. DI NATALE, ad vocem, in
L. SARULLO, Dizionario degli artisti siciliani. Arti applicate, vol. IV, a cura di M.C. DI NATALE,
Palermo, in c.d.s. e anche M.C. DI NATALE, ad vocem, in C. NAPOLEONE (a cura di), Enciclopedia
della Sicilia. Parma, 2006, p. 787.
13 Chronica Monasteri S. Martini de Scalis. Vol. VII, f. 14: «Septem peccia parva de ligno Sanctae
Crucis et unam de Spinis Coronae Domini nostri Jesu Cristi».
14 M.C. DI NATALE, «Dallo splendore della suppellettile all’aurea cromia della miniatura», in
M.C. DI NATALE-F. MESSINA CICCHETTI, ob. cit., p. 147.
15 G. DI MARZO, La pittura in Palermo nel Rinascimento. Palermo, 1899, pp. 313-315.
Il Web Semantico e gli argenti di Pietro di Spagna nell'Abbazia di San Martino... 291
LÁMINA 1. Pietro di Spagna. Reliquiario della Santa Croce (post 1457). Abbazia di San
Martino delle Scale, Monreale.
la sigla RUP. Sulla base della croce reliquiaria, «che simboleggia il Golgota»16, sono
incisi medaglioni con lo stemma dell’Abbazia di San Martino, con San Benedetto,
con il monogramma JHS e con San Martino che divide il mantello con il povero.
Sui due lati due angioletti reggono i simboli della passione e ai piedi della croce è
il teschio di Adamo; essa è databile tra la fine del XVI e l’inizio del XVII secolo,
diversamente dalle figure dell’Addolorata e di San Giovanni, che appartengono
alla struttura originaria della croce17: «dovevano essere poste su due bracci laterali
16 M.C. DI NATALE, scheda II,5, in M.C. DI NATALE (a cura di), Ori e argenti di Sicilia
dal Quattrocento al Settecento. Catalogo della mostra. Milano, 1989, p. 183, che riporta la precedente
bibliografia; cfr. anche R. VADALÀ, scheda n. 2, in M.C. DI NATALE-F. MESSINA CICCHETTI,
ob. cit., pp. 161-162 e EADEM, scheda n. 3, in M.C. DI NATALE (a cura di), Splendori di Sicilia-Arti
Decorative dal Rinascimento al Barocco. Catalogo della mostra. Milano, 2001, pp. 354-355.
17 Ibídem.
292 Sergio Intorre
esterni alla croce stessa, secondo un modello gotico già diffuso in Sicilia»18. L’opera
presenta nel recto il Cristo crocifisso; per quanto riguarda i capicroce, invece, in
alto è raffigurata l’Addolorata, a destra San Giovanni e a sinistra il Cristo Benedi-
cente. In basso è posta la teca che contiene la sacra reliquia. Nel verso al centro è
un’edicola goticheggiante con all’interno la Vergine con il Bambino e sui capicroce
San Benedetto, San Gregorio, San Mauro e San Placido. Sulle formelle dei capicroce,
sia nel recto che nel verso, si leggono tracce di smalti ormai quasi del tutto perduti;
la croce è interamente decorata con motivi fitomorfi. Gioacchino Barbera fa notare
come l’opera riconduca, nel modello della croce e nella decorazione, ad esemplari
coevi di oreficeria catalana19.
Per quanto riguarda invece il reliquiario architettonico della Sacra Spina (lám. 2),
esso riporta il marchio di Palermo, l’aquila a volo basso e la sigla RUP e un’iscrizione
sotto la base: Pedro di Spagna arginteri di Palermo mi laborao. La base mistilinea
è decorata con motivi fitomorfi e presenta due formelle romboidali con tracce di
smalto raffiguranti San Benedetto e San Gregorio. Due statuette di angeli in piedi
poggianti sulla base reggono la corona di spine intorno a quattro edicole che occu-
pano quasi per intero lo spazio del fusto in altezza. Alla sommità del fusto, una
base di foglie d’acanto sorregge un’edicola di gusto goticheggiante20, all’interno
della quale è ospitata la teca in cristallo di rocca contenente la sacra reliquia. Sopra
di essa, una cupoletta con arco ribassato e guglia centrale di derivazione catalana21
conclude l’opera. Il reliquiario è una delle prime opere sulle quali viene punzonata
l’aquila di Palermo; va infatti datata dopo il 1447, anno in cui Alfonso il Magnanimo
approvò i capitoli della Maestranza degli Argentieri22. Anche quest’opera è ricon-
ducibile a stilemi catalani, come è evidente dal raffronto con opere coeve prodotte
in quell’ambiente23.
Il calice (lám. 3), infine, è stato rintracciato da Maria Concetta Di Natale durante
le ricerche condotte presso l’Abbazia di San Martino delle Scale in occasione della
mostra realizzata nel 1997 L’eredità di Angelo Sinisio. L’Abbazia di San Martino
delle Scale dal XIV al XX secolo ed identificato grazie all’analisi delle sue parti e
al raffronto con un’incisione settecentesca del Principe di Torremuzza raffigurante
18 Ibídem.
19 G. BARBERA, scheda n. 7, in G. CANTELLI (a cura di), Le arti decorative del Quattrocento
in Sicilia. Catalogo della mostra. Roma, 1981, p. 58.
20 M.C. DI NATALE, scheda II,6, in M.C. DI NATALE (a cura di), Ori e argenti… ob. cit., p.
184, che riporta la precedente bibliografia; cfr. anche R. VADALÀ, scheda n. 1, in M.C. DI NATALE-
F. MESSINA CICCHETTI, ob. cit., p. 161 e EADEM, scheda n. 2, in M.C. DI NATALE (a cura di),
ob. cit., pp. 353-354.
21 Ibídem.
22 S. BARRAJA, «La maestranza degli orafi e argentieri di Palermo», in M.C. DI NATALE
(a cura di), Ori e argenti… ob. cit., p. 364; EADEM, I marchi degli argentieri e orafi di Palermo dal
XVII secolo ad oggi. Palermo, 1996, p. 23.
23 Cfr. L. HYERACE, scheda n. 6, in G. CANTELLI (a cura di), ob. cit., p. 56.
Il Web Semantico e gli argenti di Pietro di Spagna nell'Abbazia di San Martino... 293
LÁMINA 2. Pietro di Spagna. Reliquiario architettonico della Sacra Spina (post 1457). Abbazia
di San Martino delle Scale, Monreale.
24 M.C. DI NATALE, «Dallo splendore…» ob. cit., pp. 144-146; cfr. anche R. VADALÀ, scheda
n. 3, in M.C. DI NATALE-F. MESSINA CICCHETTI, ob. cit., p. 162.
25 G. DI MARZO, Delle belle arti in Sicilia. Vol. III. Palermo, 1862, p. 195.
26 G. DI MARZO, La pittura in Palermo nel Rinascimento, storia e documenti. Palermo, 1899,
pp. 313-314.
294 Sergio Intorre
LÁMINA 3. Pietro di Spagna. Calice (post 1457). Abbazia di San Martino delle Scale, Mon-
reale.
A partire dalle classi dell’ontologia, è possibile definire delle istanze, che rappre-
sentano specifici oggetti del mondo reale. Le istanze ereditano attributi e relazioni
dalle classi29. Volendo descrivere le opere di Pietro di Spagna nell’Abbazia di San
Martino delle Scale di Monreale, definiamo due classi: Opere e Persone. Assegniamo
alla classe Opere tre slot: Autore, Committente e Soggetto, soggetti a restrizioni.
Autore e Committente devono essere istanze di Persone.
Sia Committente che Soggetto sono tipi base, ma il primo sarà una stringa non
obbligatoria, il secondo invece sarà una stringa obbligatoria. Assegniamo ad Opere
una sottoclasse, Argenti, che eredita gli slot di Opere, ma a cui aggiungiamo lo slot
Data, di tipo numerico, ed Epoca, di tipo simbolico. Ad Argenti attribuiremo due
sottoclassi, Materiali e Tecniche; queste sottoclassi avranno a loro volta come so-
ttoclassi Argento, Argento dorato, Smalto, Cristallo di Rocca (Materiali) e Sbalzo,
Cesello, Incisione, Traforo (Tecniche).
28 D. BIANCHI, Ontologie, http://www.ce.unipr.it/people/bianchi/Teaching/
IntelligenzaArtificiale/WebSemantico_Ontologie/Ontologie.pdf, p. 1, ultimo accesso 15/05/2011.
29 Ibídem.
296 Sergio Intorre
Ovviamente, la scelta delle classi su cui strutturare l’ontologia è dettata dal domi-
nio che si deve descrivere, nel nostro caso le opere di Pietro di Spagna nell’Abbazia
di San Martino delle Scale. Ciò è particolarmente evidente se si guarda alle classi
relative agli Argenti. Una volta definita l’ontologia, si può passare a definire le istanze.
Per chiarire meglio il procedimento con cui si struttura un’ontologia, definiremo
un’istanza relativa al reliquiario architettonico della Sacra Spina, di cui si è parlato
nel corso di questo saggio. Qui di seguito una rappresentazione grafica dell’istanza
relativa all’opera in oggetto basata sull’ontologia appena proposta.
Opera
Opera: Autore Pietro di Spagna Opera: Persona
Opera: Soggetto Reliquiario architettonico della Sacra Spina
▲
IS A
Opera: Argenti
Argento e Ar-
Arti Decorative: Tecniche
gento Dorato
Argenti: Materiali Sbalzo
Cesello
Smalti
Incisione
Traforo
Arti Decorative: Data Post 1457
Il Web Semantico e gli argenti di Pietro di Spagna nell'Abbazia di San Martino... 297
Una volta strutturati i dati, è già possibile effettuare operazioni su di essi, come ad
esempio delle query. Questa procedura, illustrata qui in modo schematico, consente
di strutturare relazioni tra classi e istanze delle stesse classi. La freccia che nello
schema collega le due rappresentazioni dell’istanza relativamente alla classe Opere
ed alla classe Argenti indica proprio questo e la sigla IS A (cioè «è») rappresenta la
relazione tra le rappresentazioni. Strutture di questo tipo possono essere generate
da editor destinati alla creazione di ontologie (lám. 4). È interessante a questo punto
ricordare che le ontologie sono esprimibili in linguaggio XML, quindi totalmente
interoperabili. Un modello concettuale di questo tipo può generare contenuti leg-
gibili da qualsiasi applicazione o dispositivo, rendendolo un mezzo estremamente
potente e versatile.
Gli argenti delle confraternite di Bisacquino
ROSALIA FRANCESCA MARGIOTTA
Università degli Studi di Palermo
1 Archivio Storico Diocesano di Monreale (da ora in poi ASDM), Fondo Governo Ordinario,
sez. 1, serie 7, vol. 5. Notizie sulla figura di Ludovico I Torres e dei suoi successori fornisce Giuseppe
Schirò (cfr. G. SCHIRÒ, Monreale. Territorio, popolo e prelati dai Normanni ad oggi. Palermo, 1984,
pp. 39, 40 e sgg.).
2 Cfr. S. CUCINOTTA, Popolo e clero in Sicilia nella dialettica socio-religiosa fra cinque-sei-
cento. Messina, 1986, p. 135.
3 Cfr. M.C. DI NATALE, «Le Confraternite dell’Arcidiocesi di Palermo. Committenza, arte
e devozione», in M.C. DI NATALE (a cura di), Le Confraternite dell’Arcidiocesi di Palermo. Storia e
arte. Catalogo della mostra. Palermo, 1993, p. 19.
300 Rosalia Francesca Margiotta
gura del Superiore che, eletto ogni anno in una domenica di novembre, scelto tra
i confrati più integri moralmente, doveva far rispettare ed applicare i regolamenti.
Lo affiancavano due assistenti o congiunti uno dei quali con la funzione di vicario.
Tra gli ufficiali minori il Cassiere o Tesoriere che aveva l’obbligo di rendere ogni
anno il conto di cassa, il Cancelliere che deteneva tutti i registri, il Cappellano ed
il Sagrestano eletti a discrezione del Superiore. Infine quattro infermieri obbligati
a «notificare al Superiore gl’infermi congregati acciocché fossero visitati dagli altri
fratelli»15. Precipuo obbligo dei «congregati» è quello di accompagnare con la mas-
sima solennità il Santissimo nelle case degli infermi e nelle processioni ed «adorarlo
se negli altari»16.
Il proliferare di tali sodalizi indusse non solo ad abbellire gli edifici chiesastici
in cui tali aggregazioni avevano sede ma anche a dotarli di un cospicuo numero di
pregevoli suppellettili ed arredi sacri. Legato alle funzioni del Giovedì Santo è l’
Agnus Dei17 in argento e argento dorato (lám. 1) posto su un coevo tronetto rica-
mato, realizzato probabilmente dalle suore collegine nell’»opificio» di cui parla il
Caronna Farini18. Il manufatto si colloca tutt’oggi al centro della mensa nella litur-
gia dell’Ultima Cena19 a significare che Cristo, nuovo agnello immolato, istituisce
l’Eucaristia. L’opera argentea punzonata con lo stemma della città di Palermo,
l’aquila a volo alto, è da ascrivere ad argentiere palermitano del 1767–1768 per la
presenza del marchio del console Salvatore Mercurio che in quegli anni certifica la
qualità della lega20.
Da un documento d’archivio risulta che nel 1785 Don Nicolò Plaja, in qualità
di procuratore del SS. Sacramento, commissionò all’argentiere palermitano Anto-
nino Barrile «bina candelabra argentei, altitudinis et forme sive structure ad tenori
disigni segnati a dicto Rev: De Plaja […] dicti di peso venti libre d’argento di bulla,
15 Cfr. Regole della Venerabile Congregazione del SS. Sacramento, custodite presso l’archivio
del sodalizio. Si veda anche R.F. MARGIOTTA, ob. cit., p. 168.
16 Ibídem. Michele Margiotta a proposito scriveva: «Una campanella suonata a distanza precedeva
il corteo ed avvisava il transito del viatico, che quando passava sotto casa nostra era un avvenimento:
mia madre riuniva due o tre lumi a petrolio dietro i vetri delle finestre; interrompeva ogni lavoro ci
faceva inginocchiare e pregare per il malato» (cfr. M. MARGIOTTA, I miei ricordi. Palermo, 1982, p.
29).
17 R.F. MARGIOTTA, Tesori d’arte a Bisacquino. Quaderni di Museologia e Storia del Collezio-
nismo, n. 6, Collana di studi diretta da M.C. Di Natale, premessa di M.C. Di Natale. Caltanissetta,
2008, pp. 132-133.
18 Cfr. S. CARONNA FARINI, Monografia di Bisacquino. Sciacca, 1872, p. 30.
19 Oltre alla cena pasquale la congregazione curava e cura ancora oggi la vestizione di un bambino
povero nel giorno dell’Epifania (ASDM, Fondo Governo Ordinario, sez. 12, serie 2, busta 1012), rituale
prima presente in altri centri dell’isola (cfr. A.G. MARCHESE, La festa di San Giuseppe a Giuliana,
prefazione di Jeanne Vibaek. Palermo, 2002, nota 16, p. 50).
20 Cfr. S. BARRAJA, I marchi degli argentieri e orafi di Palermo dal XVII secolo ad oggi, saggio
introduttivo di M.C. Di Natale. Palermo, 1996, p. 78.
302 Rosalia Francesca Margiotta
alla ragione di dieci libre per ogn’uno» al prezzo di 30 once21. I manufatti, non più
rintracciabili, accrescono il numero delle opere dell’artista palermitano, attivo dal
1776 al 179222, probabile artefice anche di una raffinata pisside d’argento23, di gusto
tipicamente rococò, custodita nella Chiesa Madre, punzonata ancora nel 1767 dal
suddetto console Salvatore Mercurio24, che presenta le iniziali A.B.
Altra probabile opera del Barrile è la «campanella grande d’argento», citata nel
Repertorio di Sacri Arredi dell’Opera del SS. Viatico25, la cui iconografia va collegata
21 Archivio di Stato di Palermo (da ora in poi ASPa), Fondo dei notai defunti, Vincenzo Oc-
chipinti, st. VI, vol. 11587, c. 488r. Si veda anche R.F. MARGIOTTA, «L’associazionismo…» ob. cit.,
p. 169.
22 Cfr. S. BARRAJA, «Gli orafi e argentieri di Palermo attraverso i manoscritti della maestranza»,
in M.C. DI NATALE (a cura di), Splendori di Sicilia. Arti decorative dal Rinascimento al Barocco.
Catalogo della mostra. Milano, 2001, p. 669.
23 R.F. MARGIOTTA, Tesori… ob. cit., pp. 133-134.
24 Cfr. S. BARRAJA, I marchi… ob. cit., p. 78.
25 ASDM, Fondo Governo Ordinario, sez. 9, serie 6-3, fasc. 1. Si veda anche R.F. MARGIOTTA,
«L’associazionismo…» ob. cit., p. 170.
Gli argenti delle confraternite di Bisacquino 303
con il compito di incrementare il culto del SS. Sacramento. L’opera con base cir-
colare e corpo tronco conico degradante verso l’alto, collegato ad un’impugnatura
decorata da volute, reca sulla fascia centrale un ostensorio affiancato da due angeli
adoranti ed al di sotto l’iscrizione relativa alla Confraternita del SS. Sacramento26.
Sul manufatto si rileva il marchio della maestranza palermitana con l’aquila a volo
alto che sovrasta le lettere RUP (Regia Urbs Panormi) e la sigla SC82, da riferire al
console Simone Chiapparo che nel 1782, anno in cui detiene tale carica, ha verificato
la qualità della lega argentea27. Seguono le iniziali del citato argentiere (A.B.).
Al 1737 è databile l’insegna argentea del sodalizio28 (lám. 2), utilizzata ancora
oggi durante le processioni da colui che dirige i confrati per segnalare la fermata o
la partenza, punzonata dal console palermitano Salvatore Pipi (SP37), più volte do-
cumentato alla più alta carica della maestranza degli argentieri di Palermo29. L’opera,
raffrontabile con quella del 1751 della chiesa di San Francesco d’Assisi di Ciminna30,
consta di un’asta cilindrica d’argento culminante con un nodo in rame dorato su
cui s’innesta una testina di cherubino alato che sostiene il puntale. Quest’ultimo è
costituito da un ovale raggiato all’interno del quale è posto l’ostensorio affiancato
da due testine angeliche.
I signori deputati del 1817 e del 1818, inoltre, commissionarono ad un ignoto
argentiere palermitano un elegante ostensorio raggiato d’argento e argento dorato31
(lám. 3), vidimato nel 1818 dal console Salvatore La Villa32, caratterizzato dalla fu-
sione di elementi neoclassici di ascendenza romana con motivi tipici del barocchetto
palermitano. Il manufatto è caratterizzato da un angelo reggi-sfera che conferma
l’uso di inserire in tali suppellettili figure allegoriche di santi e di angeli già tipico
del periodo barocco33.
Nei piccoli centri abitati come nelle grandi città gruppi di persone si ponevano
sotto la protezione di «vari santi, ai quali si ricorreva in periodi di pestilenze, ca-
restie, pericoli diversi, facendo crescere a dismisura le pratiche di pietà e gli esercizi
devozionali»34. Si propendeva per santi ritenuti protettori di particolari settori della
vita umana, tra cui San Vito annoverato già nel medioevo tra i santi ausiliatori ed
invocato come taumaturgo contro la corea, malattia nervosa chiamata anche «ballo
di San Vito», e contro l’idrofobia35. A Bisacquino la confraternita36 di questo santo,
già esistente nel 157437, risale probabilmente alla prima metà del XVI secolo. La
confraternita nel 1574 contava già circa venti confrati ed aveva un reddito di due
once che in parte servivano per il pagamento del salario del cappellano, il presbitero
Marco Alduino38. Notizie più ampie su tale sodalizio ci fornisce un documento del
175639. La confraternità, «coll’insigne del mantello torchino», di cui non si trovano
i capitoli istitutivi «per non averne i capitali», contava soltanto venti membri che
40 Ibidem.
41 Cfr. M.C. DI NATALE, «Le confraternite…» ob. cit., pp. 17, 18.
42 ASDM, Fondo Governo Ordinario, sez. 9, serie 6-16, b. 1. Si veda anche R.F. MARGIOTTA,
«L’associazionismo…» ob. cit., p. 174.
43 Cfr. R.F. MARGIOTTA, Tesori… ob. cit., p. 129. Si veda anche EADEM, «L’associazionismo…
» ob. cit., p. 174.
44 Cfr. S. BARRAJA, I marchi… ob. cit., p. 77.
45 S. BARRAJA, «Gli orafi e argentieri…» ob. cit., p. 674.
46 M.C. DI NATALE, Il Tesoro della Matrice Nuova di Castelbuono nella contea dei Ventimi-
glia. Quaderni di Museologia e Storia del Collezionismo, collana di studi diretta da M.C. Di Natale,
n. 1, premessa di R. Cioffi, appendice documentaria di R. Termotto e F. Sapuppo. Caltanissetta, 2005,
p. 67.
47 Cfr. Introduzione, in Costituzioni della Congregazione istituita sotto il titolo di Maria SS. del
Cuore, ms. custodito presso l’archivio della confraternita.
48 R.F. MARGIOTTA, Tesori… ob. cit., pp. 23-24.
49 ASDM, Fondo Governo Ordinario, sez. 9, serie 6-6, b. 1.
50 Cfr. S. BARRAJA, I marchi… ob. cit., p. 84. Per l’opera si veda anche R.F. MARGIOTTA,
Tesori… ob. cit., p. 142.
Gli argenti delle confraternite di Bisacquino 307
fitomorfe che sostengono al centro un globo percorso da fascia zodiacale liscia con
crocetta apicale.
Alla congregazione di Maria SS. del Cuore appartiene ancora l’insegna costi-
tuita da un ovale raggiato all’interno del quale è inscritto il monogramma di Maria
coronato con al di sotto un cuore fiammeggiante. Il manufatto presenta il punzone
della maestranza degli orafi e argentieri di Palermo, l’aquila a volo alto, la sigla
dell’argentiere DC che fa seguire alle sue iniziali un cuore sormontato da una croce
ed il marchio del console DDM9. Si tratta di Diego Di Maggio documentato alla
più alta carica nel 1789 e nel 179651. Stilisticamente simile all’opera di Bisacquino è
il puntale di stendardo della Confraternita di San Giuseppe con sede nell’omonima
chiesa di Ciminna, realizzato nel 179052.
Nella chiesa di Maria SS. degli Agonizzanti, chiamata comunemente dell’Ospedale
poiché sorgeva attigua all’antico ospedale civico, abbattuta nel 1945 per far posto
all’attuale via Roma53, avevano sede due sodalizi: la compagnia dei Bianchi e quella
del Monte di Pietà o Congregazione di Maria SS. degli Agonizzanti. La Compagnia
dei Bianchi, nata nell’isola intorno al 1399 sotto la regina Maria, così chiamata poiché
gli iscritti vestivano di sacco bianco54, esisteva a Bisacquino nel 159455. Composta
da nobili, togati e preti, gestiva l’ospedale civico56. Notizie più precise si hanno per
la congregazione di Maria SS. degli Agonizzanti costituita, «per li soli uomini di
campagna», ai tempi dell’arcivescovo De Los Cameros, riformata e riapprovata il
23 aprile 1731 da Mons. D. Antonino Francesco Bru, vicario e governatore generale
del cardinale Cienfuegos e riconfermata nel 1754 da Mons. Francesco Testa57. Pro-
babilmente in seno alla Congregazione di Maria SS. degli Agonizzanti, che voleva
ricordare anche la memoria perenne dell’agonia di Nostro Signore Gesù Cristo,
nacque quella del Santo Calvario. Quest’ultima è retta da uno statuto composto
da diciassette articoli approvati dal governo borbonico il 22 marzo 1831, trasmesso
al Sindaco di Bisacquino, Alberto Mancuso, il 20 marzo 1847 dal Presidente del
Consiglio Generale degli Ospizi di Palermo, Laurino58. Opera verosimilmente
commissionata dall’antico sodalizio intitolato alla Vergine degli Agonizzanti è
l’ostensorio proveniente dalla chiesa citata, oggi custodito in Chiesa Madre59. L’opera
consta di una base gradinata tripartita, decorata con motivi fitomorfi, su cui sono
incise le anime purganti. Sopra il fusto, ornato da foglie d’acanto accartocciate, è
posto un puttino a cui sono state aggiunte le ali in seguito ad un recente restauro.
LÁMINA 4. Argentiere Palermitano. Aureola (1739-1740). Chiesa di Maria SS. del Carmine,
Bisacquino (Foto E. Brai, Palermo).
Segue la raggiera nella quale era originariamente inglobata la palma del martirio. La
suppellettile, da datare al 1768-1769, è vidimata dal console Salvatore Mercurio in
carica dall’otto luglio 1766 all’undici luglio 176960. Si riscontrano anche le iniziali
dell’argentiere V.B. forse Vincenzo Barrile, attivo a Palermo dal 175661.
Ornato da pregevoli corone e da un’aureola d’argento è anche il gruppo
ligneo della Madonna del Carmelo e San Simone Stock, realizzate certamente
per volontà dell’antico sodalizio mariano rifondato nel 1881 nell’omonima chiesa
bisacquinese62. Le corone che presentano una tipologia a fastigio chiuso da volute e
decori neoclassici63, recano lo stemma di Palermo, l’aquila a volo alto, e le iniziali del
console Vincenzo Lo Bianco (VB), seguite dalle ultime cifre dell’anno 1812, per la
corona della Madonna, e dalle ultime due cifre del 1815 per quella del Bambino64.
Il capo di S. Simone Stock è ornato da una aureola argentea (lám. 4) caratterizzata
da una decorazione floreale ricca di simbolismo65. Il manufatto presenta l’aquila
della città di Palermo a volo alto, l’abbreviazione del console del 1739 Giovanni
Costanza66 e la sigla G.C. dell’argentiere che potrebbe riferirsi al suddetto console.
Tale ornamento, citato tra gli oggetti riconsegnati in data 24 giugno 1867 al sacerdote
Lucia dal ricevitore del Demanio Carmelo Peri67, arricchiva una più antica statua
che figura in un inventario del 170868.
Con este artículo pretendemos concluir el estudio de los objetos de platería del
Museo Franciscano de Arte Sacro (Arenas de San Pedro, Ávila), que ya iniciamos
en otro capítulo anterior y publicado en este mismo medio1. Se completa así el
análisis tipológico, estilístico y de marcaje de las cuarenta y siete restantes de una
colección cercana a las noventa piezas. Las referidas en este capítulo abarcan cro-
nológicamente desde la primera mitad del siglo XVII hasta los primeros decenios
del siglo XX. Estilísticamente se corresponden, indistintamente, con las tendencias
tardobarrocas, neoclásicas, románticas y neogóticas.
La clasificación funcional y tipológica de las piezas obedece, en lo posible, a los
criterios teóricos propuestos por Juan de Arfe. Los utensilios que hemos estudiado
pertenecen a los denominados de pontifical (seis cálices); siguen los destinados al
servicio y adorno del altar, conocidos como ajuar de capilla (dos campanillas, un
portapaz, dos juegos de sacras completos, y tres de vinajeras); figuran también ob-
jetos de culto (dos corazones, una paloma, dos plumas, ocho coronas, dos halos, dos
lámparas votivas y cinco relicarios), piezas de procesión (dos navetas) y de ceremonias
litúrgicas (una crismera, tres custodias, un báculo), suntuarias y devocionales (un
Agnus Dei, una arqueta y una imagen de cabecera).
1 A.P. MARTÍNEZ SUBÍAS, «La colección de platería del Museo Franciscano de Arenas de
San Pedro (Ávila): del Plateresco al Rococó», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería.
San Eloy 2010. Universidad de Murcia. Murcia, 2010, pp. 463-485.
312 Antonio Pedro Martínez Subías
1. DE PONTIFICAL
Cálices
2 En 1754 era diputado de la Cofradía Sacramental de las Ánimas del Purgatorio de San Cosme
y San Damián, sita en la parroquia de Santiago en Madrid; en 1775 le nombró testamentario el platero
real Juan de San Faurí; fue uno de los plateros fundadores del montepío benéfico, padre de Vicente
Alarcón -platero de oro- y maestro de su sobrino Pedro de Elvira que también obtuvo el cargo de
platero real desde 1787. José de Alarcón utilizó siempre la misma marca; de él se conservan diversas
obras de vajilla, destacando una sopera (1785); realizó, además, de 1776 a 1777 diversas piezas religiosas
para los duques de Medinaceli y señores de Montilla (Córdoba) que se conservan en la iglesia de San
Francisco Solano: J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Platería», en A. BONET CORREA (coor.), Historia
de las artes aplicadas en España. Ed. Cátedra. Madrid, 1982, p. 136.
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 313
LÁMINA 1. Juan Sellán. Cáliz (1870). Museo Franciscano de Arte Sacro. Arenas de San Pedro
(Ávila).
el diseño del astil reproduce el más genuino tipo de vástago neoclásico divulgado
por la Real Fábrica de Madrid3 formado por un friso anular y el correspondiente
cuerpo troncocónico invertido. La forma de la copa mantiene la hechura propia
de ese estilo: es más alargada y estrecha que en las etapas artísticas anteriores, la
3 Fue inaugurada en 1778 por el rey ilustrado Carlos III en calidad de escuela; el aragonés don
Antonio Martínez estuvo al frente de su dirección desde ese año hasta su muerte acaecida en 1798.
Bajo su acertada maestría se formaron artífices de gran renombre que difundieron y enseñaron en sus
respectivos talleres las nuevas hechuras y exornos neoclásicos: Ibídem, p. 138.
314 Antonio Pedro Martínez Subías
inclinación del labio hacia el exterior es casi imperceptible y muestra clara tendencia
a la forma cilíndrica4.
La marca MACAZAGA es de autor y aparece flanqueada por la del fiel con-
traste y la toponímica: alude al platero Antonino Macazaga, hijo del famoso orive
neoclasicista José Ignacio Macazaga. Obtuvo el título de maestro, utilizó la misma
marca que su padre y, como él, se encargo de realizar los cálices limosneros regios
desde 1822 hasta su muerte acaecida el 1830, y optó por un estilo basado en la
proporción de las formas sin ornamentación5. La contrastía es de Madrid-Corte
(castillo almenado), la de localidad corresponde a Madrid-Villa (oso y madroño) y
las dos sobremontan el cardinal 22 que nos indica el año de ejecución: 1822.
Otro cáliz (lám. 1) procedente del convento madrileño de San Antonio del Re-
tiro, de plata en su color y fundida, representa bien la persistencia de la tradición
del Neoclasicismo en la platería (26,3 cm de altura y 13,7 cm el Ø del pie; I, 7).
Manufacturas de ese estilo se labraron de forma temprana en algunos obradores
a partir de 1770-1780 y se prolongaron en el siglo del XIX, insertándose en el
repertorio ornamental motivos clasicistas recuperados gracias al descubrimiento
de las ruinas de Pompeya y Herculano. En Europa se produjo un cambio sustan-
cial en todas las corrientes artísticas; surgió una nueva estética propiciada por los
hallazgos arqueológicos grecorromanos y las ideas difundidas por las Academias.
Estructura y ornato desarrollan en la pieza neoclásica un cometido diferente al de
estilos anteriores; se pretende lograr un cierto equilibrio entre ambos elementos,
sin menoscabo del predominio de uno sobre otro, a la par que su relación se nos
ofrece simétrica y proporcional. Volúmenes y perfiles aparecen delineados con total
evidencia geométrica, relegándose la decoración a zonas intermedias para que mitigue
o auxilie la gélida desnudez de la superficie; el ornato se presenta, por lo general,
esteriotipado y sin apenas novedades6. Tornapuntas de palmeta sobre el zócalo,
4 Tal vez fuese también neoclásico el cáliz que Fr. Juan del Moral, Guardián del convento de
Arenas, dono el 4 de noviembre de 1809 a don Juan Julián Serrano, párroco de Ramacastaña (Ávila)
quien dejó constancia escrita de haber recibido «un cáliz de hechura nueba (sic) que, con patena y
cucharilla, pesa veinte y nuebe (sic) onzas y media»: J. HERRANZ y J. ÁLVAREZ, El convento
Franciscano de Arenas de San Pedro/Documentos inéditos/siglos XVI-XIX [El convento franciscano
de Arenas]. Institución Gran Duque de Alba. Ávila, 1988, doc. 114, 226.
5 Antonio Macazaga obtuvo el título de maestro platero el 29 de mayo de 1820; ese año realizó
las manos y la mitra de plata para la imagen de San Eloy que tenían los plateros madrileños. Entre
los cálices limosneros regios recordaremos los siguientes: el de la ermita de Móstoles, Madrid (1822),
capuchinas de Tudela, Navarra (1828), Monasterio de El Escorial (1805), parroquia de la Torre de
Esteban Hambrán, Toledo (1830). Sobre éstos y otros cálices de tal índole puede consultarse: J.M.
CRUZ VALDOVINOS, «Cálices limosneros de los reyes españoles (siglo XIX)». Anales del Instituto
de Estudios Madrileños XVI, 1979, pp. 400-401. Macazaga continuó sirviéndose, como ya se ha dicho
y debido al prestigio que gozaba el taller familiar, de la marca onomástica de su progenitor. Véase:
S. ANDRÉS ORDAX y F.J. GARCÍA MOGOLLÓN, La platería de la catedral de Plasencia. «El
Brocense». Cáceres, 1983, p. 263.
6 A.P. MARTÍNEZ SUBÍAS, La platería de Reus y su Real Colegio. Arts Gràfiques Rabassa.
Reus, 2008, tomo II, pp. 567-570.
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 315
7 De Juan Sellán se conocen muchas obras tanto religiosas como profanas que, en la actualidad,
aparecen con frecuencia en subastas y comercio de anticuarios. Destacamos: juegos de altar (cáliz,
vinajeras con salvilla y campanilla) de las catedrales de Plasencia (1848-1853), Burgos (1857-1858)
e iglesia de Santiago en Coria (1879); candeleros de la parroquia de Torrelaguna (1849) y Perales de
Tajuña, Madrid (1854); custodia de Leganés (1869), donada por la princesa de Asturias en 1877; cáliz
de la catedral de Pamplona (1883). Obras civiles notables: estatuilla de toro donada en 1839 al Pilar
de Zaragoza; candeleros del Museo Municipal de Madrid (1843); juego de café de colección particular,
Madrid (1848) y mancerinas del Museo Arqueológico Nacional (1857 y 1865, respectivamente), escri-
banía neogótica del Gobierno Civil de Madrid (1856): J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Platería», ob.
cit., pp. 153-154.
316 Antonio Pedro Martínez Subías
esa marca hasta 1883 y desde entonces, y hasta su fallecimiento en 1913 se sirvió de
otros troqueles. El cáliz, por tanto, debió labrarse en 1881 ó 18828.
Las tendencias revivals, que en la platería se iniciaron hacia mediados del siglo
XIX, son buena muestra del interés que supuso, en una época de desamparo legal
para los oficios artesanos, recuperar la tradición medieval en cuanto al método,
sistema de trabajo y conceptos estéticos.
El Romanticismo, que como movimiento cultural y artístico aspiraba a plasmar
en todas las artes los principios revolucionarios que durante 1814 se vieron soterra-
dos tras la caída de Napoleón, estéticamente supuso la ruptura frente al estatismo
academicista neoclásico. El sentimiento subjetivo adquiere ahora valor de norma;
la platería de mediados del siglo XIX no fue ajena a esa corriente.
Existen en el Museo un par de cálices románticos, de estructura y ornamentación
diferentes, que evidencian esa libérrima subjetividad de los plateros decimonónicos
a la hora de diseñar hechuras y repertorios decorativos. La nueva corriente artística
se vio favorecida, al igual que la platería neoclásica, por la industrialización y la
incorporación del trabajo mecánico generalizado mediante el uso de tornos, má-
quinas de prensar y martinetes; estos procedimientos posibilitaron generar mayor
número de productos.
El cáliz sobredorado y cincelado del convento franciscano de Arenas de San
Pedro evidencia la impronta del maquinismo en los elementos formales que lo con-
figuran y la acción del troquel en la ornamentación que, en este caso, se perfeccionó
manualmente (22,5 cm de altura y 14 cm el Ø del pie; I, 7). Presenta pie circular,
escocia, reducida peana y gollete troncocónico decorados con orlas vegetales; el
astil inserta nudo campaniforme invertido adornado con palmetas al sesgo y de-
limitado por molduras cóncavas y boceles; la subcopa se decora mediante cenefa
floral rematada por dientes de sierra y la copa es acampanada. Cinco arandelas de
contario jalonan la estructura desde el arranque del gollete hasta el borde que perfila
la sobrecopa. En este cáliz, y como suele suceder en la mayoría de manufacturas
románticas, las proporciones volumétricas han disminuido y reproducen piezas de
menor tamaño. Vestigios de tradición rococó se advierten en el abombamiento de
la sobrecopa y en la acusada inclinación del labio de la copa hacia el exterior. A
partir del ornato y sistema de fabricación, creemos que pudo labrarse a lo largo de
la segunda mitad del siglo XIX. No tiene marcas.
Mayor interés ofrece otro ejemplar romántico de plata sobredorada, repujada,
taladrada y cincelada; procede del convento madrileño de San Antonio del Retiro
8 El 13 de septiembre de 1881 ya había sido nombrado por el ministro de Fomento para asumir
la segunda plaza de contraste, vacante por ausencia de José León; parece ser que desde esa fecha hubo
una sola plaza al fusionarse las dos en él. Las improntas que Antonio Merino utilizó como marcador
fueron: A/ MERINO, la primera desde 1881; 83/MERINO a partir de 1883; 88/MERINO desde 1888
y A. MERINO practicada desde 1908: D. ORTIZ JUÁREZ, Punzones de platería cordobesa. Monte
de Piedad y Caja de Ahorros. Córdoba, 1980, pp. 159-161.
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 317
2. DE CAPILLA
Campanillas
Portapaces
Sacras
Las sacras eran piezas de altar denominadas en las prescripciones litúrgicas ta-
bella secretarum o charta cum secretis; enmarcaban determinados documentos que
contenían oraciones y fragmentos del Nuevo Testamento que el sacerdote debía
recitar durante la misa12. La sacra central se introdujo a mediados del siglo XVI y
11 Fue mayordomo (1832, 1851, 1856), aprobador (1834 y 1835), tesorero y presidente (1855).
Hay obras suyas en Corpa y Valdemoro (Madrid), catedral de Burgo de Osma (Soria) y en Hiende-
laencina (Guadalajara). Labró un cáliz y salvilla para la catedral de Coria (1844), el incensario y naveta
de la iglesia de San Mateo, Cáceres (1847), y el cáliz de la colegiata de Talavera de la Reina, Toledo
(1859), que fue su gran realización, manufactura que presenta redundante estructura y abundancia de
adornos: J. M. CRUZ VALDOVINOS, «Platería», ob. cit., p. 154.
12 La sacra central o mayor era litúrgicamente obligatoria por contener, además del cánon re-
ducido, el memorial de la consagración del pan y el vino; el Gloria in excelsis, el Credo, las oraciones
saecretae para después del Lavabo y las tres que precedían a la Communio. En sus orígenes, esta
sacra sólo contenía el cánon menor y las fórmulas de la Consecratio; las dos sacras menores incluían,
respectivamente, un fragmento del evangelio de San Juan y la oración del Lavabo: A.P MARTÍNEZ
SUBÍAS, La platería de Reus... ob. cit., t. II, p. 585.
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 319
las menores fueron obligatorias a mitad del XVII. A partir de la reforma litúrgica
del concilio Vaticano II dejaron de utilizarse.
El Museo conserva dos juegos completos de sacras rectangulares que, respec-
tivamente, proceden de los conventos de Ávila y Consuegra (Toledo). El juego
del convento de San Antonio de Padua (Ávila) es de plata en su color sutilmente
relevada y pudo labrarse hacia finales del siglo XVIII o a lo largo del primer tercio
del XIX (34,5 cm de altura y 40,7 cm de envergadura; II, 35). El Neoclasicismo es
patente en la greca de ondetas al sesgo que orla el marco y sólo se interrumpe en
las esquinas; aquí se ha sobrepuesto hoja palmiforme que embellece los cantones y
oculta el corte de la chapa metálica. El copete central evoca la estructura triangular
de los tímpanos clásicos, aloja un clípeo con rosácea y a su alrededor se dispone
trama de flores y frutos que ocupa todo el campo. La greca y los exornos vegetales
aparecen levemente repujados; las palmiformes son de fundición, recurso técnico
que se generalizó en la mayoría de repertorios ornamentales neoclásicos. Carece
de marcas.
Las sacras del convento de Nuestra Señora de los Dolores de Consuegra (Toledo)
pertenecen a la primera mitad del siglo XX, están compuestas por un marco mol-
durado (42,2 cm de altura y 28,1 cm de envergadura; II, 56); en las enjutas figuran
los bustos de los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan con la testa orientada al
texto impreso: son de fundición y sobrepuestos. Como remate, el copete de guir-
naldas florales que enmarca un medallón oval con cúmulo de nubes, el monograma
de Cristo y la cruz cimera. El material utilizado es plancha de metal plateado sobre
alma de madera; se aprecian las marcas MENESES y la letra M orlada de múltiples
fulgores, pertenecientes a ese conocido taller de Madrid.
Vinajeras
El uso de las vinajeras que contienen el vino y el agua para la celebración eucarís-
tica es antiquísimo; aparecen citadas como utensilio en los Statuta Ecclesiae antiquae
(siglo V); solían disponer de salvilla como complemento de los recipientes.
Tres juegos se exponen en el Museo; ninguno muestra marcas de taller y su es-
tructura es muy similar. El juego sin salvilla, de plata en su color repujada y fundida
del ya citado convento de Nuestra señora de los Dolores de Consuegra (10,9 cm de
altura y 3,9 cm el Ø del pie; II, 48) reproduce, si bien parcialmente, ciertos aspectos
propios del neobarroco decimonónico: peana circular con zócalo elevado, reducido
gollete, recipiente piriforme, collarino fitomórfico, escaso cuello y pico de sección
longitudinal troncocilíndrica en esviaje; la tapa es practicable y adornada con cabujón
vítreo en el borde: blanco para el agua y rojizo para el vino. El asa se resuelve en
forma de triple tornapunta fundida. Sólo uno de los recipientes conserva burilada
en el zócalo del pie. Las clasificamos como manufacturas anónimas realizadas a lo
largo del último cuarto del siglo XIX.
320 Antonio Pedro Martínez Subías
3. DE CULTO
Atributos
13 Los dos métodos que más incidieron en el arte de la platería fueron: la galvanoplastia, electro-
plate o silver plate que permite dorar o platear cualquier cuerpo sólido –níquel, cobre, latón– mediante
corriente eléctrica. Otro método es el old sheffield plate, o material plateado que, por lo común, es el
cobre.
14 El que luce sobre el pecho la imagen de San Pedro de Alcántara ubicada en la hornacina central
del retablo barroco de la antigua iglesia de San Andrés del Monte (8 cm de altura y 6,7 cm de enverga-
dura); tiende a ser algo más naturalista que el expuesto en la sala alcantarina debido al abombamiento
de la plancha que, en las zonas centrales, sugiere y diferencia los campos de aurículas y ventrículos.
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 321
Coronas
del aro; II, 51); puede considerarse manufactura barroca de comienzos del siglo
XVIII porque mezcla antiguos motivos florales y geométricos de tradición goti-
cista y manierista –lises, rombos y óvalos– con otros característicos de la nueva
ornamentación vegetal carnosa típica del Barroco. El dibujo es acertado si bien la
acción del cincel resulta algo rudimentaria.
Otra corona dispone de aro, a modo de listel, y canastillo sobre el que se han
dispuesto generosas floráceas, de distendidos y carnoso pétalos, que alternan con
otras de menor tamaño. Es de plata sobredorada embellecida con engarces de pedrería
multicolor (15,5 cm de altura y 6,5 cm el Ø del aro; I, 3). Su diseño es totalmente
naturalista y reiterativo; la carnosidad y aspecto rugoso de pétalos y hojas nos in-
ducen a considerarla obra de la primera mitad del siglo XVIII que acusa indudable
barroquismo en su tratamiento estético.
De tipo imperial son igualmente otras dos coronas: una es de tradición barroca
y se labró probablemente en el último cuarto del siglo XVIII (11,5 cm de altura,
10,5 cm de envergadura y 6,2 cm el Ø del aro; II, 51); otra es de concepción más
neoclásica y se realizó a finales del XIX o principios del XX (7,6 cm de altura, 7,4
cm de envergadura y 5 cm el Ø del aro; II, 51). De la primera conviene destacar
la importancia concedida al repujado de los acantos que configuran las imperiales,
y la cruz de colofón resuelta mediante tramos en forma de capullo vegetal; de la
segunda corona conviene resaltar la monotonía del repertorio decorativo: contario
de distinto tamaño distribuido por el borde del aro, chatones en el canastillo y
bandas que confluyen y reciben el Orbe sobremontado por una cruz de travesaños
rectilíneos. Es manufactura sincretista que conjuga exorno geométrico de tradición
neoclásica con motivos goticistas: losanges, rectángulos y besantes pareados dis-
puestos sobre el aro.
El revival neobarroco es patente en otra corona de tipo imperial que, respecto
a los modelos anteriores, introduce en su hechura la ráfaga o aureola formada por
grupos de cinco rayos de distinto tamaño (21 cm de altura, 29 cm de envergadura
y 6 cm el Ø del aro; II, 51); el mayor está rematado por una estrella biselada de
seis puntas con cabujón en el centro17. La aureola es ultrasemicircular y se inicia
mediante un arco de tallos, hojas y flores muy entorchados; en el travesaño diame-
tral, colocado en el envés del cerco, se aprecian las marcas MENESES/MADRID
y M orlada de fulgores alusivas al origen madrileño de esta pieza datable entorno
al primer cuarto del siglo XX. Es obra de troquel y fundición.
Más ecléctica se nos ofrece otra corona del Museo procedente de la iglesia del
convento de San Antonio del Retiro en Madrid (17 cm de altura, 14 cm de enver-
gadura y 8,5 cm el Ø del aro; I, 1). Es de plata sobredorada y del tipo imperial. El
17 La costumbre de añadir estrellas, de seis u ocho puntas, en los extremos de los rayos que
conforman las aureolas surgió en el siglo XVII, se generalizó a partir del XVIII y ha prevalecido hasta
nuestros días.
324 Antonio Pedro Martínez Subías
aro ostenta joyas con pedrería auténtica y algún que otro engaste de gemas falsas18;
en el canastillo figuran volutas y acroteras con espejos nielados; sobre las bandas se
disponen medallones formados por coronas concéntricas de campanillas y rosecillas
que albergan la joya correspondiente. Técnicamente es obra de fundición realizada
en algún taller madrileño a mediados del siglo XX; tanto la plata utilizada para su
ejecución como las joyas encastradas provienen de donaciones personales a favor de
la imagen de la Virgen de Fátima que se veneraba en la demolida iglesia del citado
convento franciscano19. El documento mecanografiado alusivo a la donación de
joyas nos sugiere que dicha corona debió labrarse, tal vez, a partir de enero 1954,
años de fervor mariano y devoción a la Virgen María aparecida en Cova de Iria
(Portugal)20.
Halos
18 La relación de joyas del citado documento no concuerda en su totalidad con las que aparecen
en la corona: nos parecen auténticos los topacios orlados de diamantes, las medias perlas australianas
timbradas por diamantes, el tresillo realizado con esas mismas gemas y otras joyas similares de menos
entidad; la pedrería falsa se aprecia en el par de circonios y otros cristales de color sin embocadura
metálica que están directamente encastrados en el aro y medallón central de una de las imperiales.
19 La antigua iglesia parroquial y el convento de los PP. Franciscanos de San Antonio del Retiro
(Madrid) eran de estilo neomudéjar con vestigios de la arquitectura colonial de las misiones califor-
nianas. Obra del arquitecto Ginés de los Ríos, se demolieron lastimosamente durante 1975; en parte
del antiguo solar se construyó el actual complejo parroquial, convento y sede de la Curia Provincial
Franciscana de San Gregorio Magno (Castilla), según planos de José Manuel Marañón Richi; las obras
finalizaron en 1977.
20 Sin referencia archivística existe una relación escrita a máquina sobre una cuartilla, con
membrete y firmada por Jenaro Lozano, en la que se dice textualmente: «Relación de joyas preciosas
donadas para / la corona de la Sma. Virgen de Fátima pertene-/ ciente a la Pía Unión de Cruzados de
Fátima es-/ tablecida en esta Iglesia de PP. Franciscanos / de Duque de Sesto, 7, Madrid. / Seis pulseras
de oro de ley. / Un par de pendientes de oro de ley con trece / brillantes y orla de zafiro. / Una sortija
de platino con un agua marina y dos orlas de catorce brillantes cada una. / Una sortija de caballero
con cinco brillantes / Un par de pendientes de oro con perlita / Un anillo de oro con tres diamantes
/ Dos anillos de oro y una pulsera de oro con chapa / Todos estos objetos preciosos son donación de
Dñª Soledad de Saro / Una sortija de platino con una perla central y seis brillantes. / Donativo de Dñª
Luisa Meneses, Vª de Saro. / Una sortija de oro con brillantitos, dos perlas y un rubí, y / otra también
de oro con chispitas y un trocito de oro regalo de Dñª María Teresa Heredia de Rebolledo. / Madrid
28 enero 1954 / Recibí las referidas joyas / Jenaro Lozano» (Firma y rúbrica).
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 325
21 Así consta en un documento catastral del 1835 en el que se relacionan los artífices que dispo-
nían de tienda u obrador en Salamanca: M. PÉREZ HERNÁNDEZ, Orfebrería religiosa en la diócesis
de Salamanca (siglos XV al XIX). Diputación Provincial de Salamanca. Salamanca, 1990, pp. 28 y 31.
22 El profesor José Manuel Cruz Valdovinos refiere que Justo Gamero realizó la custodia de
Val de Santo Domingo (ca. 1810), el relicario de Las Ventas con Peña Aguilera (1815), la cruz de la
Puebla de Montalbán (1824) o el juego de vinajeras de Arganda (Madrid), entre 1830-1834: J.M. CRUZ
VALDOVINOS, «Platería», ob. cit., p. 156.
326 Antonio Pedro Martínez Subías
Lámparas votivas
23 Se conocen prescripciones privadas de sínodos celebrados durante los siglos XIII y XIV
ordenando el uso, al menos, de la lámpara del Santísimo Sacramento. El Ceremonial de la Iglesia Ca-
tólica y el Ritual romano prescribieron su obligatoriedad así como la necesidad de proveer este tipo
de lámparas con aceite de oliva; en casos extremos el obispo podía facultar la cremación de otro tipo
de aceites.
24 Consta documentalmente que en 1615 Fr. Antonio de Santa María, Guardián del convento,
recibió dos lámparas de plata enviadas por el Provincial, Fr. Diego de El Escorial, que fueron donadas
por la condesa de Miranda y la duquesa de Frías, respectivamente, para que alumbraran en la iglesia
de San Pedro de Alcántara.
25 Véase: A.P. MARTÍNEZ SUBÍAS, «La colección de platería…» ob. cit., p. 482 y pp. 484-485,
respectivamente.
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 327
LÁMINA 2. Martín de Alcolea. Lámpara votiva (1792). Museo Franciscano de Arte Sacro.
Arenas de San Pedro (Ávila).
LÁMINA 3. Anónimo. Relicario de San Francisco y Santa Clara (ca. 1892). Museo Franciscano
de Arte Sacro. Arenas de San Pedro (Ávila).
III y Carlos IV trabajó para la Real Casa, realizando un elenco importante de en-
cargos algunos de los cuales todavía se conservan26.
26 La relación de piezas que se conservan del platero Martín de Alcolea aparece en el artículo de
P. NIEVA SOTO y F.J. MONTALVO MARTÍN, «El platero Madrileño Martín de Alcolea (1713-d.
1810)», en J. RIVAS CARMONA (coor), Estudios de Platería. San Eloy 2010. Universidad de Murcia.
Murcia, 2010, pp. 524-528.
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 329
Relicarios
27 J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Platería», ob. cit., p. 156; Catálogo de platería. Museo Ar-
queológico Nacional, 7. Ministerio de Cultura. Madrid, 1981, p. 214, n. cat. 84, fig. 186.
330 Antonio Pedro Martínez Subías
LÁMINA 4. Manuel Rebollo. Relicario (1835). Museo Franciscano de Arte Sacro. Arenas de
San Pedro (Ávila).
capitel corintio rematado por chapiteles y hastial con ornato fitomórfico en el ga-
blete, crochet sobre las aristas de las vertientes y cruz floronada como remate del
cimacio. El zócalo muestra dos marcas que desconocemos: un león rampante hacia
la derecha que ostenta armas heráldicas y, debajo, las letras F. (?) M. M. Menor
interés ofrece la pareja de relicarios alusivos, respectivamente, a Santa Isabel de
Hungría y San Salvador de Horta (20 cm de altura y 9,6 x 6,6 cm la base; II, 57;
son de calamina sobreplateada, diseño ecléctico que fusiona sin acierto elementos
de ascendencia barroca –acantos, querubines– y rococó –entorchamientos vegetales,
rocalla– en los que el ornato enmascara por completo las formas estructurales de
configuración elíptica. Los tres proceden del convento de Nuestra Señora de los
Dolores (Consuegra, Toledo) y debieron fabricarse durante la primera mitad del
siglo XX28.
4. DE PROCESIÓN
Navetas
28 No incluimos en este trabajo, por ser manufactura de bronce, el relicario de San Pedro de
Alcántara (25,6 cm de altura y 8,5 cm Ø del pie) donado al convento de Arenas el 13 de noviembre
de 1914 por Fr. Eduardo de la Torre, guardián del convento de San Antonio (Ávila) con ocasión de
la visita regular de Fr. Andrés de Ocerín Jaúregui. Es el que se expone a la veneración de los fieles; es
protobarroco, tipo templete, y sobre la peana figura esta inscripción: D[E]. S[AN]. P[EDR]O. D[E]
ALCÁNTARA CONV[EN]TO DE VZEDA. La estructura arquitectónica y la tipografía de la leyenda
se corresponden estilísticamente con modelos del siglo XVII.
332 Antonio Pedro Martínez Subías
29 Era hijo primogénito de Josep Masriera Vidal –maestro platero de Sant Andreu de Llevaneres
que se estableció en Barcelona (1810) donde vivió hasta 1875–, y hermano de Francesc (Barcelona,
1842-1902), también platero y, además, pintor. Sus conceptos estéticos revolucionaron desde diseños
muy barroquizantes, propios de la tradición decimonónica, a otros premodernistas de inspiración
mudéjar y goticista en los que incluía figuras que modelaba en colaboración con Manuel Fuxà, célebre
escultor de la época con abundante obra en la ciudad condal. J. Masriera Manovens destacó, en gran
manera, como pintor de paisajes, fue presidente del Círculo Artístico de Barcelona y autor de biografías
de artistas catalanes (Lluís Rigalt, Claudi Lorenzale, Francesc Miquel, entre otros). Autor de varias
obras sobre temas de orfebrería como el Grabado en las piedras preciosas, El arte de cincelar, El arte
oriental..., y promotor, junto a su hermano Francesc, del monumental estudio de los Masriera que el
arquitecto Vilaseca diseñó en forma de templo corintio y se construyó en la barcelonesa calle Bailén:
N. DE DALMASES, D. GIRALT y R. MANENT, Plateros y joyeros de Cataluña. Destino. Barcelona,
1985, p. 185.
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 333
5. DE CEREMONIAS LITÚRGICAS
Crismeras
Son recipientes que sirven para guardar los óleos consagrados por el ordinario de
la diócesis –crisma, catecúmenos, enfermos– y que se utilizan en la administración
de determinados sacramentos. En los inicios del cristianismo las crismeras eran de
vidrio o metal y posteriormente se generalizaron las metálicas; su forma ha sido
muy diversa con el correr de los siglos: pequeñas cajas de planta octogonal o cua-
drangular donde se alojaban los tres vasos, anforillas independientes ubicadas en
arquetas de madera o en templetes pediculados, sobre ruedas…, si bien la estructura
más frecuente ha sido la de ánfora, caja y arquilla.
De escaso valor e interés artístico es la crismera que procede del convento de
Nuestra Señora de los Dolores de Consuegra, Toledo (6,5 cm de altura y 3 cm Ø
de la base: la salvilla 10 cm de diámetro; II, 62). Es de metal sobreplateado, forma
cilíndrica y tapa de plato enroscable sobre la que campea una sencilla cruz; dispone
de salvilla circular y cóncava provista de reducidísima peana troncocónica. Ambas
piezas aparecen desornamentadas, no tienen marcas y su fabricación puede situarse
en el segundo cuarto del siglo XX.
Custodias
Báculo
31 Fr. Martín García Alcocer (1842-1926) era natural de Albalate de Zorita (Guadalajara) y profesó
como religioso franciscano el 11 de octubre de 1861. Tras una breve estancia misionera en Filipinas
regreso a España para desempeñar, preferentemente actividades de tipo formativo: maestro de novicios
en Pastrana (1870-1878) y rector del estudiantado de Arenas de San Pedro (1878-1880). El año 1886 fue
Platería inédita del Museo Franciscano de Arenas de San Pedro (Ávila) 335
6. SUNTUARIAS Y DEVOCIONALES
Agnus Dei
consagrado obispo de Cebú (Filipinas) distinguiéndose por su sencillez, ferviente actividad misionera
y actuando siempre como un evangelizador más. Su talante dialogal y pactista posibilitó que en el
proceso de la independencia de Filipinas, el traspaso de poderes se llevase a cabo sin derramamiento
de sangre. Más tarde fue nombrado Administrador Apostólico de Manila. Al concluir sus actividades
pastorales se retiró al convento de Pastrana (1904) donde falleció: J. HERRANZ y J. ÁLVAREZ, ob.
cit., p. 298.
336 Antonio Pedro Martínez Subías
Sobre el origen del marco, apuntar que las molduras que limitan la orilla, así como
la ornamentación vegetal, son características del siglo XVII. Con las lógicas reservas,
al tratarse de una labor de filigrana sin marcas, –son escasas las piezas marcadas–,
opinamos que el marco se corresponde con el medallón y, por tanto, debe ser
obra de 1683 realizada, tal vez, por algún artífice filigranero romano; de haberse
importado únicamente la medalla de cera, hipótesis poco probable debido a su
fragilidad, cabría pensar en cualquier taller de Córdoba, Madrid, Toledo o en otro
posible centro platero andaluz o castellano cuyos talleres destacaron en semejante
especialidad gracias a las manufacturas de cualificados filigraneros que han llegado
hasta nuestros días. Pese al delicado estado de conservación conviene resaltar la
minuciosa labor del filamento y la sutileza del dibujo a modo de encaje.
Arquetas
Si bien son dos las expuestas en el Museo, sólo una nos merece interés. De finales
del setecientos es la arqueta de carey con herrajes y asas de plata que proviene del
convento de San Pascual Bailón de Pastrana, Guadalajara (18,8 cm de altura, 29,8 cm
de longitud y 13 cm de profundidad; II, 40). Tiene forma paralelepipédica y cubierta
tipo artesa. Placas de concha triangulares, cuadradas y rectangulares –delimitadas
por filamento de plata– recubren las paredes exteriores e interiores; su estética, de
evidente diseño geométrico, se nos ofrece severa, simétrica y reiterativa. El cerrojo
ha desaparecido y sólo conserva parte del exorno de la charnela compuesto por
series sobrepuestas de ces muy planas y contrapuestas; las asas resultan ser los
elementos más adornados: dos tetrafolias equidistantes, provistas de argolla, sirven
de pasador a la barra cilíndrica y practicable de la que parten dos ces unidas a otro
par de mayor envergadura que arranca de un florón y se adornan mediante un brote
acantino y contario decreciente situado al dorso.
En cuanto a su origen, es probable que sea manufactura hispalense, o tal vez
procedente de América y relacionable con Méjico o Guatemala, centros en los que
se trabajó el carey y desde donde piezas de esa índole, adornadas con guarniciones
de plata, se importaron hacia España. Por la hechura y modo de disponer los reta-
zos de concha de galápago y el filete de plata optamos por catalogarla como obra
mejicana realizada en algún taller de Yucatán.
Imagen de cabecera
la crestería de roleos que forman remates triangulares con siete rosetillas, querubín
cenital y jarroncitos florales rematados con roseta en las enjutas; todo esmaltado en
blanco y reservas en azul, a excepción de las flores y testas angélicas de coral. En la
zona planiforme del campo figuran ocho querubines alojados en las enjutas, cerco
con alternancia de veinticuatro rayos rectos y flameados de esmalte blanco; estos
rodean el borde del óvalo central cóncavo donde se cobijan la figura de la Virgen
María que apea sobre creciente y se adorna con siete estrellas a su alrededor. La
chapa del reverso muestra la zona perimetral plana en cuyo centro se inscribe un
óvalo convexo adornado con el anagrama de María, fronda de ces, cintas y roleos
sutilmente burilados que se distribuyen por ambos campos.
La pieza responde al tipo de capezzale italiano y se estructura a modo de gran
medallón con imagen central; se colocaban sobre la cabecera de la cama colgándose
de la pared como indica la anilla que conserva este ejemplar. El modelo de marco
no fue exclusivo para cercar imágenes sacras; también se emplearon para enmarcar
espejos y relicarios. No debe extrañar el adorno grabado del envés: determinadas
piezas de importante costo y labra –cálices, custodias, relicarios– ciegan la planta
de la peana o el reverso del objeto mediante planchas decoradas32.
Según se deriva de los ejemplares dados a conocer en publicaciones recientes,
la estructura octogonal del marco y del campo suele ser más común, sin que falte
alguna dodecagonal; así es, entre otras, la que se expone en el museo de la catedral de
Santiago del Compostela33. La crestería es semejante a la de otras piezas conocidas,
no así el campo; la más similar al ejemplar que nos ocupa se halla en un medallón
de una colección privada existente en Barcelona.
Respecto a la clasificación geográfica, subrayar que es manufactura siciliana sin
que, de momento, podamos indicar con precisión la localidad o taller de origen.
Ejemplares de este tipo suelen datarse, por lo general, en la primera mitad del siglo
XVII y más concretamente en el segundo cuarto de esa centuria. A falta de docu-
mentación precisa optamos por respetar y adherirnos a esa cronología: la forma de
tallar los fragmentos de coral, el diseño ornamental, esmaltes y gallones parecen
ser que fueron habituales en la producción de los maestros coraleros de la primera
mitad del siglo XVII.
32 Este mismo recurso puede advertirse en otros objetos de procedencia italiana que se exponen
en este Museo Franciscano de Arte Sacro y que, según parece, fue donación del Infante de España don
Luis Antonio de Borbón Parma y familia por tener su residencia palaciega en la villa de Arenas de San
Pedro (Ávila).
33 J.M. CRUZ VALDOVINOS, Platería europea (1300-1700). Fundación Central Hispano.
Madrid, 1997 p. 272, cat. 86.
Platería europea del siglo XIX en Guipúzcoa
IGNACIO MIGUÉLIZ VALCARLOS
Universidad de Navarra
europeos es menos habitual, encontrando por primera vez alhajas de esta proceden-
cia en los tesoros eclesiásticos guipuzcoanos en el siglo XVIII, momento en que se
localizan varias obras procedentes de Italia así como una pieza de talleres franceses2.
También, a lo largo del Ochocientos vamos a ver la introducción de diversas piezas
de procedencia europea en las iglesias guipuzcoanas, aunque todas ellas labradas
en la segunda mitad del siglo. A diferencia con el Setecientos, cuando todas estas
piezas salvo una llegaron de Italia, ninguna de las obras europeas del siglo XIX
conservadas hasta nuestros días en los templos provinciales tiene este origen. En
estos momentos entran con fuerza las piezas de procedencia francesa, no en vano
Paris se convierte en el foco cultural más importante de Europa, rector de las artes,
modas y gustos, espejo donde van a mirarse el resto de ciudades y países, y a donde
numerosos comitentes hispanos van a realizar encargos. Cabe resaltar como durante
esta centuria muchas de las piezas venidas de París lo hacen no sólo en razón de su
venta en comercios o al envío de piezas desde este centro por personas allí residentes,
sino que incluso las parroquias guipuzcoanas encargaron y compraron directamente
obras en Paris a través de intermediarios. Este es el caso de unas piezas encargadas
en 1817 por el mayordomo de la fábrica de la parroquial de Aya3, ya que como el
mismo explica, encargó «cuatro candeleros de latón sobredorado, que por haberme
gustado otros semejantes, los hice venir de Francia».
Y junto a las obras francesas nos encontramos por primera vez en Guipúzcoa
con una pieza de procedencia inglesa, origen extraño para una obra conservada en
un templo hispano por un doble motivo. Por un lado, por que la relación entre
ambos países no era fluida debido a los desencuentros históricos mantenidos por
ambos y, por otro, porque se trata de una tipología claramente católica en un país
anglicano. Efectivamente, el culto a la Eucaristía es uno de los sacramentos rechaza-
dos de pleno por el mundo protestante, lo que llevará a que la Iglesia Católica tras
el Concilio de Trento refuerce y promueva su culto, que influirá en el desarrollo
de la tipología de custodia. Quizás los motivos de la llegada de esta pieza podrían
buscarse en el comercio entre la costa cantábrica e Inglaterra que había vivido su
momento de esplendor a lo largo de los siglos XIV y XVI y que se vuelve a reactivar
con fuerza en esta centuria4. O bien, en la procedencia inglesa de la reina Victoria
Eugenia, esposa de Alfonso XIII, y el veraneo de la corte en San Sebastián, aunque
esta segunda razón nos haría retrasar la donación de la pieza, que no su ejecución,
a principios del siglo XX.
De esta forma, son trece las obras francesas decimonónicas conservadas en los
templos guipuzcoanos, a las que hay que sumar una inglesa. Entre las tipologías,
se encuentran las de cáliz, copón, custodia, palmatoria y vinajeras, siendo las más
numerosas las de cáliz y vinajeras, de las que se conservan seis ejemplares respectiva-
mente. Como dato anecdótico hay que señalar que cinco de estos cálices y vinajeras
forman conjunto entre si, conservándose igualmente dos de los estuches donde se
presenta el juego completo, en los que se inserta una placa con la silueta de las di-
ferentes piezas para encajarse en ellas. De esta forma, conservan sus cajas el cáliz y
las vinajeras de Tolosa, uno de los cuales añade también una palmatoria. Finalmente
de las otras tres tipologías, el copón, la custodia y la palmatoria, sólo nos ha llegado
un ejemplar de cada uno, en el caso de ésta última formando juego con un cáliz y
unas vinajeras compartiendo con ellas el estuche original. En el caso de las piezas
francesas, casi todas ellas presentan estampadas los punzones reglamentarios de la
ciudad de Paris, el busto de Minerva y el de autoría, todos ellos frustros e ilegibles.
E igualmente la obra londinense tiene estampadas las cuatro marcas que establece
el sistema de marcaje inglés, como más adelante veremos.
Debido a que muchas de estas obras se presentan formando conjuntos, las piezas
más numerosas son el cáliz y las vinajeras, tipologías de las que se han localizado
seis ejemplares, dos en la parroquial de Santa María de Tolosa, uno en el Monasterio
de Santa Catalina de Motrico, uno en el convento de la Purísima Concepción de
Isasi de Eibar, uno en la iglesia de Santa María de Zarauz, uno en la basílica de San
Ignacio de Loyola de Azpeitia y el último en el convento de Nuestra Señora de
Aranzazu en Oñate. Y junto a éstas nos encontramos con tres tipologías de las que
sólo se ha conservado una obra, el copón del convento de San Ignacio de Loyola en
Azpeitia, que forma conjunto con un cáliz y unas vinajeras, la palmatoria de Santa
María de Tolosa, a juego con uno de los conjuntos de cáliz y vinajeras del mismo
templo, y la custodia del convento de Brígidas de Azcoitia.
LAS PIEZAS
Los dos cálices de Tolosa5 (Alto 32 x ancho 17,5 / 11,5 cms y Alto 32 x ancho
17,5 / 11 cms) y el Motrico (Alto 29 x ancho 15 / 9,5 cms), los tres labrados en plata
dorada, responden a un mismo esquema, siendo prácticamente iguales, siguiendo
postulados neobarrocos, acordes con el gusto imperante en estos momentos en la
capital francesa, deudor del estilo que habían impuesto los emperadores Napoleón
III y Eugenia de Montijo. Gracias a la inscripción que se recoge en uno de los estu-
ches de Tolosa, Recuerdo que a Juan de Furundarena y Labat ofrecen sus hermanos
Estanislao y Fabián. Junio de 1885, estas obras pueden fecharse en 1885. Presentan
base circular mixtilínea y perfil acampanado, compuesto por un alto zócalo recto
seguido por una banda esvasada sobre la que apoya un cuerpo convexo. Sigue un
amplio toro volado con cuerpo acampanado superior que da paso al nudo perifor-
me invertido, con la parte inferior estrangulada y la superior bulbosa, sobre la que
asienta un toro entre cuerpos cóncavos, sobre el que apoya una copa acampanada
con subcopa recortada mixtilínea. Muy similar a estas tres obras es el cáliz de Eibar
(Alto 30 x ancho 15,5 / 9 cms), también en plata sobredorada, que presenta mayor
desarrollo en el segundo cuerpo de la base así como mayor definición en los vo-
lúmenes del nudo. Todas estas piezas se recubren de una abigarrada decoración de
motivos geométricos y elementos vegetales de gran carnosidad, que en un verdadero
horror vacui enmarcan una rica iconografía que en la base se dispone en cartelas
trilobulares formadas por cintas planas enroscadas, circulares de perfil perlado en el
nudo y ovales también compuestas por cintas planas en la subcopa. En el segundo
de los cálices de Tolosa tanto las cartelas de la base como las de nudo inscriben
en su superficie motivos estrellados. Así, en los ejemplares de Tolosa encontramos
inscritas en la base las escenas de la Oración en el Huerto, el Calvario y la Cena en
Emaús, como vemos dos de ellos pertenecientes a la Pasión de Cristo y el último
a un episodio ocurrido tras su Resurrección. En los tondos perlados del nudo se
disponen los bustos de Cristo, la Virgen María y San Pedro. Y finalmente en la
base se distribuyen las tres Virtudes Teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Pequeñas
variantes en cuanto a la iconografía dispuesta en el cáliz presenta el de Eibar, que en
el nudo y la copa tiene el mismo programa iconográfico, con los bustos de Cristo,
la Virgen María y San Pedro, y en la copa las Virtudes Teologales, mientras que en
las cartelas de la base se presentan las escenas del Bautismo, la Oración en el Huerto
y el Calvario, pertenecientes al inicio de la vida pública y a la Pasión de Cristo.
La representación de esta iconografía sigue el mismo esquema en los tres cálices.
Así las figuras del nudo se disponen en forma de busto, de perfil el de San Pedro
y frontales los de Cristo y la Virgen María. Las Virtudes de la copa se representan
como matronas romanas, sentadas en un solio, la Fe alzando la copa con la mano
derecha, la Caridad con un niño sobre su regazo mientras otros dos juguetean
con él apoyadas sobre las piernas de la Virtud, y finalmente la Esperanza se apo-
ya con los brazos en el ancla situada a sus pies. Mayor variedad observamos en
la representación de las escenas de la base, en las que a pesar de repetirse temas,
éstos presentan diferentes composiciones. En los cálices de Tolosa la Oración en
el Huerto se dispone de forma abreviada, en un paisaje rocoso con un bosque al
fondo, situándose en primer plano la figura de Cristo, arrodillado y con las manos
en el pecho y la cabeza gacha, en acto de contrición, mientras se le aparece un ángel
que porta un cáliz en la mano izquierda señalando con la derecha hacía lo alto. En
el Calvario se sitúa centrando la escena la figura del Crucificado, enmarcado por
las figuras de San Juan y la Virgen María, formando la Deesis, escena habitual en
la iconografía cristiana, todo ellos dispuesto sobre la representación en el fondo de
una vista de Jerusalén, en alusión a la Jerusalén Celeste. Finalmente en la Cena de
Emaús se dispone una mesa rectangular en primer termino, presidida por la figura
de Cristo, mientras que a los lados se sitúan los Apóstoles, disponiéndose en un
segundo plano tras la figura de Cristo las del posadero que atendía la mesa. En el
cáliz de Eibar la escena del Bautismo de Cristo presenta en un paisaje fluvial a Cristo
arrodillado, con las manos cruzadas sobre el pecho y la cabeza gacha, al tiempo
que San Juan Bautista, situado de píe en una roca junto a él, vestido con la piel del
camello y con un cayado en la mano izquierda, vierte con la derecha el agua con una
concha sobre la cabeza de Jesús. Esta representación sigue el modelo del Bautismo
de Cristo de Giacomo Tintoretto del Museo del Prado. Mientras que diferente es
la representación de las dos escenas que tiene en común con los cálices de Tolosa.
Así en la primera, la Oración en el Huerto, se repite la ubicación de la composición
en un paisaje, con la figura de Cristo arrodillada, pero éste ya no se encuentra en
actitud humilde, sino que mirando al frente extiende el brazo izquierdo para coger
un cáliz que aparece flotando sobre una gloria de nubes, habiendo desaparecido el
ángel que lo portaba en los ejemplares de Tolosa. Finalmente diferente es también
la composición del Calvario, que aquí nos muestra la figura del Crucificado sobre
el paisaje de la Jerusalén celeste, pero acompañado tan sólo de una figura, San Juan
Evangelista que aparece arrodillado al pie de la cruz, en actitud de abatimiento.
La riqueza iconográfica presente en estos cálices resulta extraña en el panorama
general de la platería en Guipúzcoa, ya que las piezas donde la iconografía solía
disponerse de manera más completa eran las cruces procesionales, no sólo a lo
largo de los siglos del Antiguo Régimen, sino también durante el Ochocientos. En
el transcurso de la historia de este arte en Guipúzcoa tan sólo encontramos cálices
344 Ignacio Miguéliz Valcarlos
Tal y como podemos comprobar, la similitud que presentan todas estas piezas
en su ejecución nos indican que no fueron realizadas de manera artesanal e indivi-
dualizada por un maestro platero, sino que responden ya a modernas técnicas de
ejecución, en talleres industriales, donde se realizaban estas piezas para surtir el
comercio, siendo importadas por joyerías de otros centros, disponiéndose para su
venta, como es el caso de la tienda de Louis Bachelet.
Finalmente la palmatoria de Tolosa (Alto 13 x ancho 16 / 5 x profundo 5 cm),
forma un juego con uno de los conjuntos de cáliz y vinajeras conservados en la
parroquial. Se trata de una obra de mayor sencillez con respecto a las otras dos
piezas con las que forma el conjunto, alejándose del recargamiento que presentan
estas últimas. Se articula mediante una base circular con pestaña plana y zócalo
recto, seguido de un cuerpo cóncavo que da paso al portavelas, de perfil circular con
la orilla convexa y la boca recortada, el campo cóncavo en cuyo centro se alza un
cuerpo troncopiramidal que sustenta un segundo cuerpo troncocónico entre anillo
convexos, que da paso al mechero. Éste es en forma de jarrón partido, con la parte
inferior bulbosa con cenefa de gallones y la superior estrangulada, con amplia boca
recta sobre la que asienta un cuerpo convexo. En un lateral de la orilla asienta una
anilla circular con un cuerpo cóncavo. Esta obra presenta una sobria decoración
articulada por medio de elementos vegetales y gallones que se distribuyen por los
diferentes cuerpos de la misma sin enmascarar su estructura arquitectónica, salvo en
la orilla, que ofrece un perfil roto debido a los elementos vegetales que se le adosan.
Estos motivos se complementan en el cuerpo troncopiramidal del portavelas y en
la parte superior del mechero con cenefas de hojas de cardo incisas, y finalmente
en el cuerpo inferior del mechero se disponen gallones convexos.
En el caso de los conjuntos de Tolosa ambas piezas, cáliz y vinajeras, se guar-
dan todavía en el estuche original, de cuero rojo con decoración dorada a fuego, y
con bandeja central donde se insertan las obras, a las que uno de los juegos añade
la palmatoria ya citada. Como ya hemos anticipado, dichos estuches presentan en
el anverso de la tapa sendas placas que indican la procedencia de las obras. Así en
el primero se dispone la inscripción Obsequio de Don Pedro Alejandro Irazu a
Nuestra Señora de los Dolores como primer Capellán de su Cofradía, mientras que
el segundo Recuerdo que a Juan de Furundarena y Labat ofrecen sus hermanos
Estanislao y Fabián. Junio de 1885, gracias a lo cual podemos fechar ambas obras
así como el cáliz de Eibar.
LÁMINA 1. Louis Bachelet. Paris. Juego de Cáliz, Patena y Vinajeras (1865). Iglesia de Santa
María. Zarauz.
hizo con motivo de una de sus estancias veraniegas en el palacio de Narros, invitada
por los duques de Villahermosa, marqueses de Narros9. Efectivamente, a lo largo
de la segunda mitad del siglo XIX se pone de moda por motivos medicinales, no
sólo la estancia en los balnearios del norte10, de los que Guipúzcoa contaba con
varios establecimientos, sino que también los médicos comienzan a recetar los
«baños de olas», lo que hará que la corte entera, con la reina a la cabeza, fije su
mirada en las costas del cantábrico para establecerse durante una temporada en el
verano. La elección de estos pueblos, villas y ciudades, se vio también favorecida
por su climatología, llegando a su punto culminante con la reconstrucción y reur-
banización de San Sebastián a partir del último cuarto de siglo, que convirtió a la
ciudad en punto de referencia los veraneos de la alta sociedad, junto a Biarritz y
Niza-Montecarlo11.
El cáliz, que responde a una reinterpretación de modelos neogóticos, presenta
sus líneas arquitectónicas desestructuradas debido a la ornamentación escultórica que
se asienta en la base y en el nudo, a base de figuras de bulto redondo en la primera,
y en altorrelieve en la segunda. De esta forma, la obra se articula por medio de una
base de perfil octogonal con un cuerpo circular del que salen ocho lóbulos, con un
zócalo esvasado seguido de una pestaña recta, un cuerpo convexo y otro cóncavo
que da paso a un cuerpo troncocónico de paredes alabeadas en el que se asientan las
figuras de los ángeles. Astil enmarcado por cuerpos cóncavos con nudo en forma
de anillo bulboso achatado seguido de un cuerpo cóncavo sobre el que asientan
las figuras de cuatro ángeles entre anillos. Copa acampanada recta que diferencia
subcopa con el perfil recortado y quebrado, con la rosa bulbosa. Presenta una rica
decoración articulada por medio de elementos vegetales y geométricos, que en la
base se componen de cenefas de óvalos, que se repiten en los anillos del astil, en
el nudo alternan rosetas vegetales de gran desarrollo con gallones, y finalmente
en la subcopa encontramos alegorías eucarísticas, espigas de trigo y racimos de
vid, junto a otros elementos vegetales, que enmarcan cartelas ovales formadas por
ces vegetales convexas. Sin embargo, lo que destaca en esta obra es la iconografía
que presenta, ya que tanto en la base como en el astil se disponen tres figuras de
ángeles de bulto redondo en la base y en altorrelieve en sustitución del nudo en el
astil. Los situados en la base se disponen sedentes, en posición frontal, con las alas
explayadas, vistiendo largas túnicas, dirigiendo la mirada hacía el objeto que por-
tan a modo de custodios, que no son otros que las Arma Christi: túnica y clavos,
lanza con esponja y látigo, y cruz, que sustentan sobre el regazo, en actitud devota
9 La reina Isabel II se desplazó a San Sebastián en 1845 para tomar baños de olas por prescrip-
ción facultativa, visitas que se repitieron en 1865 y 1868, esta última coincidiendo con la Revolución
Gloriosa que le expulsó del trono, momento en que la reina se encontraba en San Sebastián.
10 Fueron numerosas las personalidades que eligieron los balnearios guipuzconaos para sus
estancias, llegando incluso la Infanta María del Pilar, hermana de Alfonso XII a morir en el de Are-
txabaleta en 1879. A. MURO, «El veraneo en San Sebastián hace 40 años», en Euskal Herria, 1893.
11 M. ARTOLA, Historia de San Sebastián. San Sebastián, 2000, pp. 238-245.
348 Ignacio Miguéliz Valcarlos
con las treinta monedas, la mesa de la última cena, un incensario, un pozo con su
cubo, una cruz con una serpiente, la cartela con la inscripción INRI, el Arca de la
Alianza, tablas de la ley, …
Este cáliz se acompaña de una patena a juego, de formato circular, con base
de zócalo recto y plato de orilla alabeada y campo cóncavo que inscribe en su
interior la representación de la figura de la Virgen con el Niño enmarcado por una
movida gloria de nubes y querubines. Esta representación ocupa todo el campo
de la patena, con un verdadero sentido de horror vacui, dejando libre tan sólo el
espacio de la orilla. Se trata de una obra e gran riqueza, dentro de la tradición de
patenas historiadas del siglo XIX, y que contrasta con los ejemplos más abundantes
y habituales de esta tipología, piezas totalmente lisas y sin decoración que resultan
intemporales.
En la misma parroquia de Zarauz y formando conjunto con este cáliz y patena,
se conserva un juego de vinajeras14 (Alto 4 x ancho 32,5 x profundo 23 cm. // Jarra:
Alto 19,5 x ancho 6/10,5 x profundo 6 cm) también labradas en plata dorada, for-
madas por una salvilla, dos jarritas y campanilla. La salvilla presenta perfil ovalado
mixtilíneo, con boca moldura y orilla cóncava con campo de gran profundidad
que presenta en los laterales sendos cuerpos cilíndricos para insertar las jarritas.
Éstas se articulan mediante una base circular tripartita de cuerpos decrecientes, con
un cuerpo convexo enmarcado por sendos cuerpos rectos, el superior rehundido.
Le sigue un astil con nudo de elementos vegetales que da paso al recipiente, con
la parte inferior aovada, cuello estrangulado y boca moldurada sinuosa con pico
vertedor curvo. Tapa ligeramente convexa, de perfil sinuoso que se adapta a la boca
de la jarra. Asa vegetal en forma de báculo, con el frente del perfil ocupado por un
querubín de alas explayadas y extremidades inferiores vegetales.
Nos encontramos ante una obra de gran riqueza, en cuyo perfil destaca la pro-
fundidad del campo de la salvilla, así como la proyección de las asas de las jarritas.
La decoración se articula a base de elementos vegetales, geométricos y querubines,
que en la salvilla se distribuyen mediante palmetas vegetales que se intercalan en
la boca moldurada, hojas de vid y estilizadas espigas de trigo que se adaptan al
ritmo sinuoso de la orilla, y que nacen de ces enfrentadas que enmarcan en los
ejes longitudinales dobles mascarones de querubines, de factura carnosa, y en los
transversales cartelas mixtilíneas formadas por tallos vegetales entrelazados, que
recogen escenas del Nuevo Testamento. Mientras que en las jarritas encontramos en
la panza de los recipientes los mismos motivos de hojas de vid, espigas de trigo y
ces enfrentadas que en la orilla de la salvilla, y que enmarcan en los frentes cartelas
con escenas del Nuevo Testamento. Estos motivos se complementan con una cenefa
de hojas de palma en la base, que se repite en una moldura radial al cuello de los
recipientes, hojas de vid formando el nudo, y elementos florales que ejercer el papel
de tirador sobre la tapa, así como los querubines de bulto redondo, alas explayadas
14 Ibídem.
350 Ignacio Miguéliz Valcarlos
LÁMINA 2. Anónimo. París. Juego de Cáliz, Copón y Vinajeras. (Tercer cuarto del siglo XIX).
Basílica de San Ignacio de Loyola. Azpeitia.
352 Ignacio Miguéliz Valcarlos
El cáliz (Alto 27,5 x ancho 16 / 10 cms) presenta base circular con pestaña
moldurada y estilizado cuerpo troncocónico, astil cilíndrico con nudo de manzana
hexagonal con friso central de besantes rectangulares, y copa acampanada de am-
plia boca en forma de friso cóncavo de plata dorada. La estructura arquitectónica
de esta obra está recubierta por completo por un bello esmalte azul opaco que la
enmascara y sirve de fondo a los motivos decorativos, también esmaltados. Así,
la base se encuentra compartimentada en seis secciones mediante cenefas perladas
planas esmaltadas en blanco, que imitan las bandas lisas que dividían las bases de los
cálices góticos. Dichas secciones inscriben de manera alterna motivos a candelieri
dorados que alternan con cartelas almendradas con enmarcamientos de orlas lobu-
ladas esmaltadas en verde y perfiladas en dorado, en las que se sitúan las represen-
taciones de Cristo, la Virgen María y San Pedro, todas ellas esmaltadas. En la parte
superior de la cartela, y a modo de copete, se dispone una flor de lis, mientras que
el campo de las secciones con las cartelas, se distribuyen estrellas. Igualmente tanto
el astil, como el nudo y la copa están cuajados de estrellas. En el nudo, se alternan
los besantes rectangulares con aquellos que inscriben tondos con las Arma Christi,
mientras que la copa repite el mismo esquema que en la base, salvo que el espacio no
se halla compartimentado, alternándose los elementos a candelieri con cartelas ovales
enmarcadas por orlas lobuladas, todo ello sobre un fondo cuajado de estrellas, y con
una cenefa perlada superior radial a la boca. En estas cartelas se disponen escenas de
la vida de Cristo: la Sagrada Familia, el Calvario y la Resurrección. En la primera
se representa a María sentada con el Niño sobre las rodillas mientras que San José
arrodillado a sus pies juega con Jesús. En la segunda se sitúa Cristo Crucificado,
de cuatro clavos, paño de pureza enrollado en la cintura y coronado de espinas,
se representa todavía vivo, con la cabeza inclinada hacia abajo en diálogo con las
figuras situadas a los pies de la cruz, a su izquierda la Virgen María, su madre, que
arrodillada une sus manos a la altura del cuello y alza la cabeza hacía su hijo, mientras
que a la derecha se sitúa María Magdalena, también arrodillada, y contemplando
en actitud arrebolada la figura de Jesús. Mientras que la escena de la Resurrección
repite en composición más simplificada la pintura con el mismo tema de Rafael, con
Jesús elevándose en el aire sobre el sarcófago abierto, y con las figuras de San Juan
y San Pedro, recostados en el suelo, en actitud de exclamación y sorpresa, alzan los
brazos y se llevan las manos a la cabeza ante la visión del milagro.
El mismo esquema estructural presenta el copón, salvo en la concepción de
la copa de boca moldura cóncava, y tapa, ambas hemiesfericas, sobre una pestaña
moldurada, rematada por una cruz de brazos rectos con ensanches ovales. En la
base de esta pieza se repite la misma iconografía que en la base del cáliz, los bustos
de Cristo, la Virgen María y San José, e igualmente se repite la representación de las
Arma Christi en los besantes del nudo. Copa y sobrecopa disponen también cartelas
ovales en las que se muestran escenas de la vida de Cristo, desde su infancia hasta
su pasión, entre las que podemos ver a la Virgen arrodillada adorando al Niño en
su pesebre, acompañado, también en actitud de adoración, por un ángel.
Platería europea del siglo XIX en Guipúzcoa 353
Junto a estas obras de procedencia francesa nos encontramos con una pieza
salida de talleres ingleses. La presencia de esta obra en un templo hispano resulta
sorprendente, ya que nos encontramos ante un centro platero inmerso en una cultura
de religión protestante, y que por lo tanto poco tenía que ver con los usos religiosos
de España. Probablemente su realización se deba a un encargo concreto, y quizás
su llegada a Azcoitia habría que relacionarla bien con la actividad comercial entre
Inglaterra y la costa cantábrica ya mencionada, o bien con la estancia en Inglaterra
del patrono o de algún personaje fuertemente vinculado a este cenobio.
Nos encontramos ante una custodio de tipo sol (Alto 75 x ancho 22 / 36,5 cms.)
labrada en plata dorada y plata en su color, que presenta estampadas en los rayos del
ostensorio las cuatro marcas imperantes en este centro: el león pasante, la cabeza de
leopardo, el busto femenino de perfil, y la letra «m» en grafía gótica, acompañadas
de la marca de autoría, R·H, correspondiente al platero Robert Hennell. Estas cuatro
marcas preceptivas en la platería inglesa garantizaban que la pieza se ajustaba a las
normas legales, correspondiendo cada una de ellas a un contraste diferente. De esta
forma, el león pasante hacía alusión a la ley de la plata, la cabeza de leopardo era
el punzón de la ciudad de Londres, el busto de perfil hacía referencia al monarca
reinante, en este caso la reina Victoria (1819-1901), de ahí que el busto sea femenino,
indicativo de que se habían pagado los derechos reales, y finalmente la letra, en este
caso una «m» con grafía gótica, era indicativa del año en que se había realizado la
pieza, variando la letra de año en año, correspondiente la aquí estudiada a 1867,
fecha de ejecución de esta custodia18. El maestro autor de esta obra, Robert Hennell,
18 C.J. JACKSON, An Illustrated History of English Plate, Ecclesiastical and Secular. London,
1911.
Platería europea del siglo XIX en Guipúzcoa 355
LÁMINA 3. Robert Hennell. Londres. Custodia (1867). Convento de Santa Cruz. Azcoitia.
356 Ignacio Miguéliz Valcarlos
J.M. QUADRADO, Recuerdos y bellezas de España. Segovia, 1865, p. 459, nota 1. J. VILLAAMIL
Y CASTRO, «Cálices de la Exposición Histórico-Europea». BSEE, 1893, p. 4. E. LEGUINA, La
plata española. Madrid, 1894, pp. 41-42. MARQUÉS DE LOZOYA, «Algunas notas sobre plateros
segovianos del siglo XVI». BSEE n. 34 (1926), p. 95, nota 1. S. ALCOLEA, Artes decorativas de la
España Cristiana (siglos XI-XIX). Madrid, 1975, p. 163, fig.182. Pero clasificada correctamente desde:
J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Platería», en Historia de las artes aplicadas e industriales en España.
Madrid, 1982, p. 76. F.J. MONTALVO MARTÍN, La platería religiosa de la catedral de Segovia.
Madrid, 1983, n. 6 (inédito). E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa en la provincia de Segovia hasta 1700.
Madrid, 1983, I, pp. 70-72; fig. 20-21. J.M. CRUZ VALDOVINOS, Platería en la época de los Reyes
Católicos. Madrid, 1992, pp. 30-32. M.C. HEREDIA MORENO, «Cáliz», en El árbol de la Vida.
Segovia, 2003, pp. 477-478. A. CRUZ YÁBAR, «Cáliz», en Isabel la Católica. La Magnificencia de
un reinado. Valladolid, 2004, p. 434-435.
2 MARQUÉS DE LOZOYA, ob. cit., p. 95-96, nota 1. S. ALCOLEA, ob. cit., p. 163. F.J.
MONTALVO MARTÍN, ob. cit., n. 3 (inédito). E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1983, I, pp.
52-53. J.M. CRUZ VALDOVINOS, Platería en la época… ob. cit., pp. 128-130. M.C. HEREDIA
MORENO, «Patena», en El árbol de la Vida ob. cit., pp. 478-479.
3 A. GÓMEZ DE SOMORROSTRO, Manual del viajero en Segovia. Segovia, 1861, p. 64.
E. TORMO Y MONZÓ, «Cartillas, Excursionistas. Segovia». BSEE, 1919, p. 133. L. ROCH, Vistas
de Segovia. Apuntes e Impresiones de Viaje. Madrid, 1921, p. 50. F.J. CABELLO Y DODERO, Guía
de Segovia. Madrid, 1928, p. 183. C. MARTÍN CRESPO, Guía de Segovia. Segovia, 1934, p. 34. A.
DOTOR MUNICIO, La Catedral de Segovia. Barcelona, 1950, p. 12. I. CEBALLOS ESCALERA,
«Segovia monumental», en Monumentos Cardinales de España. T. XV. Madrid, 1953, pp. 133-134. D.
YUBERO GALINDO, La catedral de Segovia. León, 1973, p. 38. J.A. FLOREZ VALERO, Segovia.
Segovia, 1974, p. 11. M. GRAU, Segovia. León, 1974, p. 38. J.C. BRASAS EGIDO, Guía de Segovia.
León, 1980, p. 87. J.M. SANTAMARÍA, Segovia. Museos y Colecciones de Arte. Segovia, 1981, p. 41.
F.J. MONTALVO MARTÍN, ob. cit., n. 10 (inédito). E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1983, II,
pp. 75-78; fig. 56. A. LÓPEZ-YARTO, «Sacra de la Consagración», en La Platería en la época de los
Obras de platería conservadas en la Catedral de Segovia procedentes de donación 359
Austrias Mayores en Castilla y León. Valladolid, 1999, pp. 438-443; y J.M. CRUZ VALDOVINOS,
«Platería», en A. BARTOLOMÉ ARRAIZA (coord.), Las artes decorativas en España II. Summa Artis
XLVI. Madrid, 1999, p. 562.
4 F.J. MONTALVO MARTÍN, ob. cit., n. 19 (inédito). Mide 23 cm de altura, 15 cm de diámetro
del pie y 9 cm de diámetro de la copa. Marcas en el interior del pie: /GRE3, repetida, pero frustra, y
Pº/MI9EL. También en el interior del pie presenta las iniciales Y.C., que aluden a la iglesia catedral de
Segovia. E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1983, II, p. 42; fig. 21.
5 J.C. BRASAS EGIDO, La platería vallisoletana y su difusión. Valladolid, 1980, pp. 327 y
336. M. SÁEZ GONZÁLEZ, La platería en la diócesis de Tuy. La Coruña, 2001, n. 9.
6 A. FERNÁNDEZ, R. MUNOA y J. RABASCO, Marcas de la plata española y virreinal
americana. Madrid, 1992, p. 164.
7 J.C. BRASAS EGIDO, La platería vallisoletana… ob. cit., p. 336.
360 Francisco Javier Montalvo Martín
8 F.J. MONTALVO MARTÍN, ob. cit., n. 18 (inédito). La cruz mide 49,5 cm de altura y 15,2
cm de diámetro de pie; el Crucificado, 21 x 21 cm; y los candeleros miden 34,5 cm de altura y 15 cm
de diámetro de pie. En los nudos presenta escudos con tres fajas que alternan con otros de la orden
de Alcántara. E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1983, II, p. 371. La autora solamente cita los dos
candeleros, pero omite la cruz.
Obras de platería conservadas en la Catedral de Segovia procedentes de donación 361
que apoya en cuatro garras aladas sobre bola. También debemos resaltar la calidad
artística del Crucificado, que sigue fielmente el modelo de Guglielmo della Porta.
Diego de Saelices, sacristán de la capilla de «sus Altezas» envió a la catedral
segoviana el 21 de enero de 1590, por medio de Juan Bermúdez, alcaide de los Al-
cázares de Segovia, un cáliz hecho en Madrid probablemente en 1589 (lám. 2). Sin
embargo no se trató de una donación, sino de un trueque, pues pidió otro a cambio,
que le fue entregado, tal y como se recoge en el inventario de 16059. Está formado
por copa acampanada, astil muy moldurado, nudo aovado, gollete cilíndrico entre
boceles y pie circular escalonado. De esta obra cabe destacar el hecho de contar
con una variante temprana de la marca de corte.
La campanilla realizada en Palermo entre 1635 y 1645 por Giuseppe o Giulio
Raguseo10, fue donada a este templo por don Pedro de Neila Bravo en 1647, como
manda testamentaria, formando parte de los objetos para el servicio de altar que
dejó a esta catedral. Don Pedro de Neila Bravo (1588-1647) fue, entre otras cosas,
catedrático en la Universidad de Salamanca (1623), regente del Consejo de Italia
y arzobispo de Palermo (1635-1645) y obispo de Segovia entre el 12 de junio de
1645 y el 8 de noviembre de 1647, en que murió. Es probable que también fuera
donación suya y por la misma vía legataria la cruz de altar de madera de ébano y
Crucificado de plata que se halla asimismo en esta iglesia, quizás realizada en Italia
hacia 160011. La cruz formaba parte de un Calvario de plata, pero las figuras de la
Virgen y san Juan no se han conservado.
Presidiendo el altar mayor de la catedral se encuentra la imagen entronizada de
la Virgen de la Paz con el Niño Jesús. Ambas figuras aparecen vestidas con láminas
de plata, realizadas en Madrid en 1775 por Antonio Vendeti; y sus cabezas apare-
cen tocadas con sendas coronas de plata dorada, adornadas con piedras preciosas
y esmaltes blancos y rojos, que fueron labradas en 1649 por el platero segoviano
Jerónimo de la Infiesta, tal y como reza la inscripción que hay en el interior de
la base de la corona de la Virgen; la cual indica además que fueron donadas por
9 F.J. MONTALVO MARTÍN, ob. cit., n. 20 (inédito). Mide 24 cm de altura; 14,8 cm de diá-
metro de pie; y 9 cm de diámetro de la copa. Marcas en el borde interior del pie: último eslabón del
collar del Toisón y otra ilegible casi por completo. Burilada corta y regular junto a la rosca del pie; y en
el mismo lugar: 10 inciso. En el interior del pie: DONVM DEI VIRGINI DEI MATRI DICATVM.
10 J.M. CRUZ VALDOVINOS, Platería europea en España (1300-1700). Madrid, 1997, pp.
142-143.
11 F.J. MONTALVO MARTÍN, ob. cit., n. 23 (inédito). Cruz latina de madera de ébano, for-
mada por brazos rectos y planos que finalizan en adornos de plata que rematan en perilla con cruz;
peana de tipo arquitectónico con sobrepuestos de tracería calada de plata; el Crucificado, de tres clavos,
colgante, con la cabeza inclinada sobre su brazo derecho, paño de pureza anudado en su cadera derecha
y rodillas vueltas hacia la izquierda; mide 107 cm de altura máxima y 35 x 31 cm el Crucificado. E.
ARNÁEZ, Orfebrería religiosa en la provincia de Segovia en los siglos XVIII y XIX. Madrid, 1985,
pp. 221-222; fig. n. 72. J. MATESANZ DEL BARRIO, «La colección de arte de don Pedro de Neila,
obispo de Segovia (1645-1647)». BSAA n. 61 (1995), pp. 450-452.
362 Francisco Javier Montalvo Martín
sobre zócalo. En el superior los lados se decoran con hojas de acanto invertidas;
el intermedio con querubines; y el inferior con escenas relevadas inscritas en mar-
cos trapezoidales que representan a Sansón desquijarando al león, el sacrificio de
Abraham, regreso de la Tierra de Canaán y Visión del Cordero Místico por ocho
reyes, alternando con cestos de lirios, manzanas y granadas, rosas y manzanas que
llevan las siguientes inscripciones en la base y a partir de la que está a la derecha
de Sansón: ACERVVS TRITICI VA/LAT LILIS (Tu vientre, acervo de trigo,
rodeado de azucenas; Cant. VII, 3); PARADISVS MALORVM/PVNICORON
(Paraíso de manzanas y granadas; Cant. IV, 13); CRONEN, NO ROSIS ANT/Q
MARCESCAT (Coronémonos de rosas antes que se marchiten; Sabid. II, 8); y
SVB ARBORE MALO SVS/CITAVI TE (Te suscité debajo del manzano; Cant.
VIII, 5); y en cada esquina de este último cuerpo se disponen sendas volutas con
cresta perlada y puntas de diamante sobre las que apoyan angelitos con bengalas
que hacen la función de pie de apoyo.
Las marcas corresponden a Madrid, como corte, a Bernardo de Pedrera, como
ensayador mayor de los Reinos y al artífice Rafael González, toledano, pero activo
en Madrid por estas fechas15. González es asimismo el autor de otras obras de este
templo, como la custodia de asiento (1654-1656), la custodia de sol portátil (1656)
y una naveta (h. 1655).
En 1730 don José Peinador La Torre, racionero de la catedral segoviana, donó un
bello portapaz de plata con el Crucificado dorado16. Se trata de una excelente obra, a
modo de retablo, formada por un basamento con zócalo, donde lleva una inscripción
que indica el año y el nombre del donante, y dos grandes cartones vegetales en ce;
el cuerpo lo ocupa la imagen de Cristo en la cruz, sobre fondo de malla reticulada
romboidal, y con un cordoncillo con flecos a su alrededor, flanqueado por sendas
pilastras; el Crucificado es de tres clavos, con la cabeza inclinada hacia su derecha
y las rodillas vueltas levemente hacia la izquierda; y remata en un querubín del que
cuelgan festones; el asa es de tres tornapuntas unidas y dispuestas en vertical. Al
carecer de marcas no podemos estar seguros de su centro de origen, pero es proba-
ble que lo hiciera en Toledo Juan Alonso Domínguez, ya que se asemeja bastante a
soluciones estéticas de este artífice toledano, especialmente en la forma de hacer el
querubín del ático. La documentación catedralicia no aporta luz sobre el donante,
por lo que debió de estar ausente largas temporadas de la catedral; y tan sólo cabe
decir que en una lápida sepulcral situada a los pies de la iglesia aparece señalado
el enterramiento de un racionero llamado Alonso Peinador González, fallecido en
1719 y el de su sobrino José Peinador González, muerto el 20 de mayo de 1747,
que bien pudiera ser nuestro personaje, aunque no coincide el segundo apellido,
pero hay que tener en cuenta el resto de las coincidencias y la arbitrariedad que
existía en aquella época respecto a los apellidos.
Una pareja de atriles labrados en Madrid entre 1742 y 1752 por Baltasar de Sa-
lazar17 fue donada a este templo por el que fuera su obispo entre el 24 de septiembre
de 1742 y marzo de 1752, don Diego García de Medrano. Éste nació en Robledo
de Chavela y fue gran benefactor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la
Asunción de este lugar a la que obsequió con el cancel y puerta principal, como
reza su inscripción («Costeó la obra D. Diego García Medrano, ovispo de Segovia,
natural de esta villa. Dio este cancel y puertas, año 1752») y con un cáliz hecho
en Segovia en 1746; asimismo fueron donaciones suyas una custodia de sol (1750)
y un cáliz (1751), ambas piezas realizadas también en Segovia, que actualmente se
hallan en la parroquial de Pozuelo de Alarcón18.
Los atriles se hallan entre las mejores obras de este artífice, por su técnica muy
cuidada y su abundante decoración rocallesca, que inunda todas las caras de la
pieza, destacando la superficie alabeada del reverso y la forma conopial de la base.
Al amplio catálogo de obras conservadas de Baltasar de Salazar, que ha sido dado
a conocer en numerosas ocasiones por el profesor Cruz Valdovinos19, hemos de
añadir una salvilla de contornos sobre tres patas que se ha vendido recientemente
en el comercio madrileño20.
La bandeja que donó don Manuel Antonio Murillo y Argaiz (lám. 3) mientras
ocupaba la sede episcopal segoviana entre el 13 de julio de 1752 y el 1 de junio
de 1765, fue realizada en Toledo en torno a 1745 por Manuel de Bargas Machuca
(1701-1759)21, pues tiene las marcas de localidad de Toledo; la personal del marcador
17 J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Platería», en Historia… ob. cit., p. 126. F.J. MONTALVO
MARTÍN, La platería religiosa… ob. cit., n. 76 (inédito). Miden 31 cm de altura; 38 x 35 cm de frontis
7 cm de la gradilla; y 13 cm de altura hasta la gradilla. Marcas repetidas varias veces: Escudo coronado
con osa y madroño, 42/BLN y B’SA/LAZR. Escudo en el centro del anverso con capelo episcopal
partido con cruz de Calatrava y medio cortado con cruz igual, arriba y faja alzada, abajo; sobre el área
del escudo una parrilla; va rodeado por la inscripción. DIDACVS EPISCOPVS SEGOVIENSIS. E.
ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1985, p. 444; figs. n. 208 y 209.
18 Agradezco la noticia de las piezas de plata de Robledo de Chavela y Pozuelo de Alarcón al
profesor Cruz Valdovinos.
19 J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Platería», en Historia… ob. cit., p. 126. IDEM, Valor y Luci-
miento. Platería en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2005, pp. 120-121, 128-129 y 138-139. IDEM, El
arte de la plata. Colección Hernández-Mora Zapata. Murcia, 2006, pp. 236-237, 296-297 y 318-319.
20 Alcalá Subastas. Madrid. 17-2-2011; lote n. 413. Mide 3 cm de altura y 35 cm de diámetro.
21 J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Platería» en Historia… ob. cit., p. 128. F.J. MONTALVO
MARTÍN, La platería religiosa… ob. cit., n. 94 (inédito). Mide 2,3 cm de altura; y 37 cm de diámetro.
marcas en el centro del reverso: T con o atravesada bajo corona, LZNA (la N invertida) y ML (uni-
366 Francisco Javier Montalvo Martín
das) / BAR / GAS. Escudo con capelo episcopal en el centro del asiento, cuartelado, con dos castillos
con banderas en el primero; dos crecientes lunares entre estrellas en el segundo; fajas en el tercero; y
jaqueles en el cuarto. E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1985, pp. 364-365; fig. n. 174. Esta autora
no vio las marcas, por lo que no pudo identificar la obra. M.T. CRUZ YABAR, «Puerta de Sagrario»
y «Copón», en J. MARTÍN SÁNCHEZ (coord.), Corpus, historia de una presencia. Toledo, 2003, pp.
132 y 328.
22 F.J. MONTALVO MARTIN, «La capilla de San Frutos en la girola de la catedral de Segovia».
Academia n. 61 (1985), pp. 305-315. Miden 60 cm de altura; 44 cm de diámetro máximo; y 14,5 cm de
diámetro del pie. Marcas en el borde exterior del pie, repetidas las dos primeras en otras partes: escudo
coronado con osa y madroño, 42/BLN y B’SA/LAZR. Sendos escudos con capelo sobrepuesto, cortados
con Inmaculada en la zona superior sobre leyenda: AVE MARIA y partido con castillo y espada con
filacteria en los cuarteles inferiores. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1985, p. 443; figs. n. 207 y 211.
La historiadora se refiere a una lámpara, pero en realidad son dos.
368 Francisco Javier Montalvo Martín
23 F.J. MONTALVO MARTÍN, La platería religiosa… ob. cit., n. 102 (inédito). Mide 23,3 cm
de altura; 16 x 15 cm del pie; y 8,5 cm de diámetro de la copa. E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…,
1985, pp. 226-227; fig. n. 75.
24 P. MADOZ, ob. cit. Vol. XIV, p. 123. A. GÓMEZ DE SOMORROSTRO, ob. cit., p. 53. J.
LOSAÑEZ, El Alcázar de Segovia. Segovia, 1861, p. 165. A. HERNÁNDEZ OTERO, «El Altar Mayor
de la Catedral». Estudios Segovianos IV (1952), pp. 281-322. D. YUBERO GALINDO, ob. cit., p. 16.
J.C. BRASAS EGIDO, «Aportaciones a la historia de la platería barroca española». BSAA XL-XLI
(1975), p. 432. IDEM, La platería vallisoletana… ob. cit., pp. 8, 279 y 284-285. IDEM, Guía… ob. cit.,
p. 87. J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Seis obras inéditas y algunas cuestiones pendientes sobre el platero
cordobés don Damián de Castro». BSAA XLVIII (1982), p. 340-341. F.J. MONTALVO MARTÍN, La
platería religiosa… ob. cit., n. 99 (inédito). E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1985, pp. 476-479; figs.
254-258. J. RIVAS CARMONA, «El patrocinio de las platerías catedralicias», en J. RIVAS (coord.)
Estudios de Platería. San Eloy 2004. Murcia, 2004, p. 493. J.M. CRUZ VALDOVINOS, El esplendor
del arte de la plata. Colección Hernández-Mora Zapata. Murcia, 2007, p. 104. IDEM, «Damián de
Castro y la platería cordobesa de la segunda mitad del siglo XVIII», en R. SÁNCHEZ-LAFUENTE
GÉMAR (coord.), El fulgor de la Plata. Sevilla, 2007, p. 120.
Obras de platería conservadas en la Catedral de Segovia procedentes de donación 369
central25. Ésta es de tipo marco y formato apaisado con el texto litúrgico dentro
de perfil interior cuadrilobulado, rodeado por abundante decoración rococó; re-
mata en corona imperial con cruz griega; y apoya en dos patas de garra con bola
aplastada. Las laterales también son de tipo marco, pero de formato vertical con
el perfil interior rectangular, rodeado asimismo por decoración rococó: remate de
corona imperial; y apoyo sobre dos garras con bola aplastada. Es muy probable
que la fecha de la inscripción corresponda a la de su realización, es decir, 1779,
y aunque no presenta marcas debe de estar hecha en Segovia quizás por Ignacio
Álvarez Arintero (1713-1793), activo todavía como platero de la catedral segoviana
(1740-1786), pues varios elementos ornamentales coinciden con otros de muchas
obras de este platero segoviano.
El otro portapaz que posee la catedral fue donado por el arcediano Medrano,
tal y como indica la inscripción del asa26. No lleva marca alguna, pero lo más pro-
bable es que esté hecho entre 1785 y 1800 en Madrid, lugar de residencia principal
del mencionado prelado durante estas fechas. Es de tipo rectangular, en forma de
retablo, con la escena de la Anunciación entre pilastras dobladas decoradas con
festones colgantes; frontón triangular flanqueado por dos angelitos que apoyan en
el capitel de las pilastras; y remate de roseta entre dos palmas asimétricas que se
elevan sobre el frontón, demostrando su arraigo rococó.
La mencionada inscripción solamente cita el apellido del arcediano, que supo-
nemos debe de tratarse de don Clemente Peñalosa y Fernández de Velasco Arévalo
y Medrano, nacido en Almazán el 8 de diciembre de 1751, canónigo de la seo de
Valencia en la década de 1780, arcediano de la catedral segoviana desde finales de
1785, académico de honor de la Real Academia de San Fernando desde el 1 de abril
de 1792, y caballero de la real orden de Carlos III desde el 23 de julio de 1792, hasta
que falleció en Segovia el 16 de marzo de 1804. Tuvo muchos enfrentamientos con
el cabildo segoviano, pues apenas asistía a sus reuniones, ya que residió con frecuen-
cia en la Corte ocupado en asuntos de «real servicio», siendo nombrado capellán
principal y teniente vicario general de las tropas acantonadas en Extremadura con
una asignación de 100 escudos de vellón al día, pero sin renunciar a las rentas que
le correspondían de la catedral de Segovia. Por tanto, fue un clérigo más dedicado
25 F.J. MONTALVO MARTÍN, La platería religiosa… ob. cit., n. 69 (inédito). Sacra central:
53 x 44,5 cm. Sacras laterales 35 x 23 cm. En la chapa de la cima de la central, bajo la corona: S. D. D.
MICHAEL GRIJALVA / H.S.S.D. / O.P.E.; e inscripción en tinta sobre la madera en el reverso: Son
del trascoro las dio / a esta capilla el Sr. Grijalva Arcediano / de Sepúlveda Año de 1779. E. ARNÁEZ,
Orfebrería religiosa…, 1985, p. 347; fig. n. 153. F.J. MONTALVO MARTIN, La platería segoviana de
los siglos XVIII y XIX. Madrid, 1998 (tesis doctoral inédita). Vol. I, p. 351; n. 390.
26 F.J. MONTALVO MARTÍN, La platería religiosa… ob. cit., n. 66 (inédito). Mide 23 cm de
altura; 15 cm de anchura; y 11 x 9 cm la escena. En el extremo inferior del asa presenta la siguiente
inscripción: ARNO, MEDRANO (las N invertidas). E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1985, p.
357; fig. n. 165. F. J. MONTALVO MARTIN, La platería segoviana… ob. cit. (tesis doctoral inédita).
Vol. I, p. 318; n. 316.
370 Francisco Javier Montalvo Martín
27 P. MADOZ, ob. cit. Vol. XIV, p. 123. D. OCHAGAVIA, «Don Juan Antonio Zoilo Sáenz de
Santa María, obispo de Segovia». Berceo n. 26 (1953), pp. 81. Como se puede apreciar el autor confunde
el primer nombre propio del prelado, pues no es Juan, sino José. F.J. MONTALVO MARTÍN, La
platería religiosa… ob. cit., n. 105 (inédito). Cáliz: 27 cm de altura; 13 cm de diámetro de pie; y 8 cm
de diámetro de copa. Marca en la peana cilíndrica del pie: jarro perfilado. Inscripción en el interior de
la peana cilíndrica del pie: PAR. A. BOULLIER. A. PARIS. Patena: 15 cm de diámetro. Marcas en
el borde del anverso: P con corona y 87 entre ambas, A unida por las patas a otra y corona /. flor de
lis. / A castillo B; todas perfiladas. Cacito: 8,5 cm de longitud. Marca en el reverso del mango: jarro
perfilado. Portaviático: 3,5 cm de altura; y 8 cm de diámetro de la base y tapa. Marcas en la base como
las de la patena. Campanilla: 13 cm de altura. Marcas en la falda como en el cáliz y en la patena. Tam-
bién formaba parte del juego unas vinajeras con su platillo que no se han conservado. E. ARNÁEZ,
Orfebrería religiosa…, 1985, p. 289; fig. n. 109; y pp. 606-607; figs. n. 380-382. En la primera cita, la
autora se ocupa solamente del portaviático, sin identificarlo como obra parisina de oro, realizada por
Antoine Boullier entre 1787 y 1788, quizás porque no ha visto las marcas; y en la segunda, dice que el
cáliz y la patena se hicieron en París entre 1787 y 1788, pero no ha identificado al artífice.
Obras de platería conservadas en la Catedral de Segovia procedentes de donación 371
Entre sus obras más importantes de uso doméstico cabe destacar el servicio
de tocador que hizo en 1778 para la familia polaca Potocki del que se conservan
23 piezas. En 1783 y 1784 trabajó para Catalina II de Rusia labrando piezas de
vajilla, algunas de las cuales se hallan en el Ermitage de San Petersburgo. Por otra
parte, en el Metropolitan de Nueva York se conserva un azucarero (1779-1780); en
la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa se halla una sopera (1781-1782); en
el Louvre un plato con pocillo que soporta una taza de Sèvres (1784-1785); en el
Museo de Artes Decorativas de París una pareja de candeleros rococós (1776-1777),
una cafetera (1778-1779), que anuncia el neoclasicismo; y una pareja de candeleros
(1779-1780) plenamente neoclásicos, que tienen un pie semejante al del cáliz que
estudiamos ahora.
De las de uso litúrgico queremos destacar el relicario de la Vera Cruz (1781) del
convento de Santa María de Fontevraud (1781); el cáliz de la iglesia parroquial de
la Ordenación de San Martín de Blond (Haute Vienne), de 1783-1784; y el cáliz de
la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de La Souterraine (Creuse)
de 1788, que poco se parecen al de la catedral segoviana.
En los últimos diez años se han vendido varias obras suyas de uso doméstico
en el comercio francés, como jarros, candeleros, cafeteras, soperas, portavinagre-
ras, salseras, legumbreras, etc. Lo más reciente una sopera y dos legumbreras de
1789-179028.
Respecto al donante, hemos de indicar que don José Antonio Zoilo Sáenz de
Santa María y Martínez de Tejada era de familia noble, nacido en la población riojana
de Muro en Cameros el 16 de enero de 1726 y falleció en Cádiz el 14 de enero de
1813. Hizo una carrera brillante como prelado, pues entre otras cosas fue canóni-
go doctoral de Zamora desde 1757; canónigo de Toledo desde 1784 hasta que fue
nombrado obispo de Segovia el 24 de julio de 1797, arcediano y vicario general de
Madrid, presidente del Consejo de la Gobernación de Toledo, inquisidor del Santo
Tribunal y obispo de Segovia desde el 24 de julio de 1797 hasta su muerte, aunque,
como consecuencia de la invasión napoleónica, en 1809 se fue a Villa del Prado,
y desde allí a Cádiz, en cuya catedral está enterrado, pero durante este tiempo no
dejó de ser obispo de Segovia.
También se conserva un juego de aguamanil realizado en París entre 1890 y
1898 por un orfebre apellidado Ferry, que fue regalado a la catedral por el obispo
don José Proceso Pozuelo y Herrero, quien ocupó la sede segoviana entre el 26 de
junio de 1890 y el 24 de marzo de 1898, en que fue nombrado obispo de Córdoba29.
pante en el terco; y castillo almenado y dos plumas de ave en el cuarto; y en la clave de los cuarteles
un pequeño escudo con cinco rombos. Rodeado por sendas inscripciones, en una filacteria: OMNIA
VESTRA IN CHARITATE FIANT; y en un círculo. D. D. JOSEPH POZUELO ET HERRERO
DEI ET A·S·G· EPISCOPUS SEGOVIENSIS. E. ARNÁEZ, Orfebrería religiosa…, 1985, p. 421; fig.
n. 201. Esta autora no vio las marcas, por lo que ignora su origen parisino.
30 F.J. MONTALVO MARTÍN, La platería religiosa… ob. cit., n. 123 (inédito). 1 cm de altu-
ra; 41 cm de longitud; y 23 cm de anchura. Marcas en el reverso: C.S.J. Y CIA, M / 912, dentro de
hexágono. Inscripción en el centro del anverso: Recuerdo de los Sres. Capitulares y Beneficiados de la
Catedral de Segovia a su Venerable Hermano el Ilmo. Sr. D. Eustaquio Ilundain, Obispo de Orense;
y en el centro, también grabado: 1905.
31 M. VALVERDE CANDIL y M. J. RODRÍGUEZ LÓPEZ, Platería cordobesa. Córdoba,
1994, pp. 160-161.
374 Francisco Javier Montalvo Martín
Desde el punto de vista artístico, dos son tardogóticas, una plateresca, cuatro se
hicieron en el renacimiento tardío, otras cuatro en pleno barroco, siete son rococós,
una neoclásica y dos eclécticas; y respecto a los materiales una es de bronce, dos de
oro y dieciocho de plata, de las cuales un tercio están doradas.
Respecto al rango social del donante, salvo en el caso del cáliz gótico que fue
donado por don Beltrán de la Cueva, I duque de Alburquerque, el resto de las
dádivas proceden del estamento religioso, destacando considerablemente las dona-
ciones de los obispos.
Fueron ocho obispos distintos los que donaron nueve piezas, pues de Pedro de
Neila Bravo se conservan dos. Siguen los seis regalos de los canónigos, tres de los
cuales eran también arcedianos y uno arcipreste. Del cabildo segoviano son dos,
una en colaboración con los beneficiados y otra con la participación de los devo-
tos. Una fue regalada por un inquisidor del santo Oficio. Otra fue donada por el
sacristán de la capilla de los reales Alcázares. Y la última fue enviada por un deán
de Mérida de Yucatán.
Queremos concluir este trabajo haciendo una advertencia sobre los numerosos
datos biográficos que se aportan de los benefactores de dichas piezas, por si pu-
dieran servir de ayuda a otros investigadores, ya que al ser casi todos eclesiásticos
y al ocupar varios cargos en diferentes diócesis, contribuyeron a divulgar modelos,
donando piezas a otras instituciones.
En suma, la colección de piezas de plata donadas a la catedral de Segovia, que
se ha conservado, supone un grupo elevado dentro del ajuar de esta iglesia, entre
las que destacan las que se hicieron en estilo rococó, por su abundante número,
variedad de centros de origen, autoría, y calidad de las mismas.
El archivo de la hermandad de San Eloy
de Pamplona: Documentación inédita
EDUARDO MORALES SOLCHAGA
Doctor en Historia el Arte.
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro
1. INTRODUCCIÓN
La hermandad de San Eloy de los plateros del Pamplona, al igual que la mayoría
de las corporaciones de oficio, contó con un archivo propio, en el que quedaron
registrados sus pagos, recibos, cuentas, procedimientos, litigios y ordenanzas, en-
tre otros muchos aspectos. Aunque su fundación canónica se remonta a 1587, los
primeros documentos conservados se redactaron bien entrada la siguiente centuria,
quizás porque hasta entonces no se procedió a su almacenamiento sistemático.
El grueso del archivo se ha conservado hasta la actualidad en manos privadas y
está constituido por muy variada documentación, que abarca hasta el segundo tercio
del siglo XIX. De todos modos, una pequeña parte del mismo, aunque paradigmá-
tica, se ha preservado en el Archivo Municipal de Pamplona. Se trata del libro de
dibujos de los examinantes, editado y estudiado en su día por la Dra. García Gainza1,
ejemplar único, junto con los conservados en Barcelona, Sevilla y Valencia.
El resto del archivo, que como se ha comentado permanece bajo titularidad
privada, está constituido por tres grandes bloques: los libros encuadernados, que
incluyen cuentas y exámenes principalmente; los expedientes personales de los
plateros, que, distribuidos en dos cajas, abarcan desde finales del siglo XVII hasta
principios del XIX; y, por último, un conjunto de documentos muy variados, de
diferentes épocas, que se encontraba disperso, y al que, tras su digitalización, se
ha tratado de someter a una clasificación y organización, que es la que se muestra
en el presente estudio. Documentos relacionados con los que aquí se presentan se
encuentran en los expedientes personales, pero se ha decidido no alterar el orden
original de los mismos.
Nº 3: impreso con auto del Real Consejo dirigido a la hermandad de San Eloy,
por el que se determina que a partir de 1753, el porcentaje correspondiente de las
multas destinado al fisco se deba de entregar al escribano real Nicolás de Echeverría,
para que éste a su vez lo haga al receptor de penas.
[17/11/1752; 2 folios]
Nº 8: memorial, por el que Simón de Garde, escribano real, solicita ser nombrado
notario de la hermandad de San Eloy, aduciendo su buena relación con la junta y
demás miembros de la misma.
[11/1799; 1 folio]
Nº 2: parecer realizado por Antonio Lissón, abogado del Real Consejo, a pe-
tición de la hermandad, sobre sus ordenanzas confirmadas y sobre unos nuevos
aditamentos, referentes a la cuota de acceso. Afirma que prácticamente todas son
correctas, si bien propone la reforma de la cuarta, aboliéndose las multas para los
hermanos que faltasen a las vísperas de San Eloy por encontrarse fuera, siempre
que avisaran con al menos un día de antelación. Además sugiere que sean enviadas
al Real Consejo, para la confirmación de los aditamentos5. En el reverso, la receta
del abogado por el parecer, consistente en 8 reales, recibidos de manos del prior,
Manuel de Osma.
[05/07/1711; 1 folio]
4 Al menos se preservan dos de ellos en el Archivo Real y General de Navarra (en lo sucesivo
AGN). Uno de ellos litigado por el maestro sobre cumplimiento de la ordenanza relativa a la inhibición
de venta de piezas de plata sin marca de contraste (018.329) y el restante pleiteado por la hermandad,
sobre posesión de asistencia de los maestros con el prior, contraste y luminero a los exámenes del
gremio (018.227).
5 Como efectivamente se realizó al año siguiente. AGN, procesos, n. 020.828.
6 Existen inventarios de lo empeñado. M. ORBE SIVATTE, Platería en el taller de Pamplona
en los siglos del Barroco. Pamplona, 2008, p. 53.
El archivo de la hermandad de San Eloy de Pamplona: Documentación inédita 381
Nº 4: auto mediante el que las autoridades y hermanos del gremio de San Eloy
de Pamplona acuerdan perseguir a los extranjeros no examinados y sin residencia
fija que trabajen de modo itinerante, contraviniendo las ordenanzas. Procurarán que
sean encarcelados y multados, además de ser embargada su herramienta. Se precisa
para su detención de un notario y un cofrade, corriendo los gastos a partes iguales
entre todos los hermanos.
[01/02/1774; 2 folios]
Nº 7: memorial por el que José Lázaro de Olleta, corista de San Cernin, soli-
cita ser nombrado capellán, en las mismas circunstancias que su fallecido antecesor
Juan José de San Juan. Contesta afirmativamente la hermandad en el mismo folio,
rubricado por Pedro Francisco Pérez.
[12/02/1799; 1 folio]
7 El original se conserva en: AGN, Protocolos notariales. Pamplona. Faustino Ibáñez. 1815, n.
42.
382 Eduardo Morales Solchaga
continuación, un poder a Xavier Conchillos, para que les representara ante el Real
Consejo con objeto de que se asentase el auto en el libro de ordenanzas. Respuesta
afirmativa del citado órgano.
[15/12/1815 − 22/12/1815; 4 folios]
Nº 5: petición elevada por Felipe Pérez, jornalero de José de Yabar que había
solicitado examinarse a la hermandad, al Real Consejo, para que ordenase a la
hermandad que le devolviera una serie de bienes embargados en una visita (mol-
des, cucharas, tenedor, reliquia, medallas y bolsa con piedras falsas) en los que no
había trabajado, estando algunos de ellos (las medallas) empeñados por una mujer,
de profesión aceitera, y pertenecientes otros (las piedras falsas), a la mujer de su
contratante, Joaquina Redín.
[02/05/1772; 1 folio]
13 Se refiere a los pleitos extraviados del Archivo General de Navarra: 053.251 y 053.252.
El archivo de la hermandad de San Eloy de Pamplona: Documentación inédita 385
secretario Faustino Ibáñez, por sacar dos pleitos del archivo, uno contra Manuel de
Osma y otro contra el fiscal13. Se incluye fragmento del interrogatorio del pleito, en
el que se vierten acusaciones contra Aranegui, relativas a las visitas de obradores,
amiguismos y actuaciones fraudulentas.
[31/01/1805 − 22/08/1805; 1 folio y 3 cuartillas]
mayor información.
16 Sobre el asunto de haber embargado ciertas piezas de oro y plata a un comerciante francés
en tiempos de feria. Citado en M. ORBE SIVATTE, ob.cit., p. 48.
17 Abreviaturas órdenes religiosas: OT [trinitarios descalzos], O de M [mínimos], OC [car-
melitas calzados], OFM. Cap [Capuchinos], OCD [carmelitas descalzos], OP [dominicos], y OFM
[franciscanos].
18 Hija del platero Manuel Pueyo.
19 Actúa como síndico del convento de capuchinos. El sermón lo pronunció fray Jerónimo de
Estella.
20 Se trata de las adiciones a las ordenanzas, cuyo proceso esta documentado en C. GARCÍA
GAINZA, ob.cit., p. 207.
21 Actúa como prior del convento de carmelitas descalzos. El sermón lo pronunció fray Justo
del Carmelo.
El archivo de la hermandad de San Eloy de Pamplona: Documentación inédita 387
32 Del pleito contra el contraste, Joaquín Vicente Sasa, de 1826. AGN, procesos, n. 054.888
[extraviado].
33 Sobre que se permita trabajar en Lumbier (Navarra).
34 Del pleito contra el contraste, Joaquín Vicente Sasa, de 1826. AGN, procesos, n. 054.888
[extraviado].
Dos plateros gaditanos homónimos del siglo XIX:
Servando de Llamas Lara y
Servando de Llamas Díaz del Robledo
PILAR NIEVA SOTO
Doctora en Historia del Arte
no pudo haber un solo platero llamado Servando de Llamas, sino dos homónimos,
que casi con total seguridad fueron padre e hijo como veremos enseguida.
De ambos artífices gaditanos vamos a dar a conocer las noticias encontradas
hasta ahora, así como sus obras y marcas personales, para esclarecer las confusiones
cometidas hasta el momento por los investigadores que han topado con piezas de
alguno de ellos, evitar en lo sucesivo erróneas atribuciones, y mostrar un nutrido
y variado grupo de objetos de platería sumamente interesantes por la originalidad
de sus modelos.
colección, estudiada por la doctora Manuela Sáez3. Según esta investigadora −que
publica la ficha técnica y la foto de la pieza− lleva marca de localidad, cronológica
de cuatro cifras del año 1827, y personales del marcador Manuel Díaz y del platero
Servando de Llamas.
Es probable que fuera asimismo el padre el autor de la escribanía de plata
presentada a la exposición pública de la industria organizada por la Sociedad Eco-
nómica Gaditana en el año 1845, por la que se le otorgó mención honorífica. Aun-
que conocemos una escribanía de colección particular marcada únicamente con el
apellido LLAMAS no nos parece que se trate de la que comentamos ahora, ya que
si recibió una distinción sería por ser obra destacable bien por la originalidad de
su tipo o por su especial adorno, lo que no se cumple en el caso de la conservada
porque aunque está bien realizada (tanto la tabla como los tres recipientes dispuestos
sobre ella) resulta bastante común en cuanto al modelo y a la decoración. Por otra
parte la marca que ostenta −de trazo muy correcto con todas las letras del apelli-
do separadas− es la variante que usó el hijo y que conocemos en varias obras de
cronología más tardía. Tanto de la participación de la obra en la citada exposición
como de la mención con que se distinguió a su autor, se hizo eco la prensa, como
hemos podido comprobar en dos periódicos madrileños, que recogen la noticia con
un mes de diferencia entre ellos4. El suceso fue publicado asimismo por Ossorio y
Bernard en su Galería de artistas españoles del siglo XIX5.
También gracias a un periódico hemos sabido que el 16 de mayo de 1847, el
obrador de don Servando de Llamas (seguramente el padre) estaba situado en el nº 80
de la calle Vestuario de Cádiz (actual Barrié). La noticia se refiere al hecho ocurrido
en la noche del día mencionado, cuando el sereno que hacía la revisión nocturna
en la demarcación (que es como se conocía en la antigüedad al territorio marcado
para que los plateros tuviesen sus tiendas y obradores de platería para facilitar la
inspección a los veedores) encontró abierta la puerta del obrador, y pensando que
se había producido un robo, le avisó para que fuera a revisar si le faltaba algo; según
parece, reconocido el lugar por su dueño resultó que nada le faltaba «de las muchas
y ricas alhajas y barras de plata que contenía el local»6.
Dos años después, otra noticia periodística se refiere a la corona que adqui-
rieron los duques de Montpensier en la platería gaditana de Servando de Llamas,
para regalársela a la Virgen de Regla de Chipiona. Ésta será la primera −pero no la
última vez− en la que estos distinguidos donantes (recordemos que la duquesa de
Montpensier era hermana de la reina Isabel II) eligieron el obrador de los Llamas
−que habría alcanzado fama en Cádiz− para comprar una pieza de plata (que sin
duda por sus características tuvieron que encargar previamente) y regalársela a la
Virgen de su devoción. La donación de la corona tuvo lugar el domingo 27 de julio
de 1851 y según cuenta un periódico barcelonés, los duques (que tenían casa en
Sevilla y en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, muy próxima a Chi-
piona, donde pasarían los veranos huyendo del excesivo calor hispalense) fueron
personalmente al santuario donde se veneraba (y venera hoy día) la Virgen de Regla,
y en solemne función, le ofrecieron además de un rico vestido de seda bordado
en oro «una magnífica corona de plata perfectamente trabajada y cincelada en el
acreditado establecimiento de D. Servando de Llamas, de Cádiz»7.
No nos ha sido posible comprobar si la corona aún existe, pero desde luego no
es la que ostenta en la actualidad ya que tenemos constancia de que la Virgen fue
coronada en 1959 y se le impuso corona realizada por los talleres Seco. Es posible
que por entonces la regalada por los Montpensier más de un siglo antes se hallara
en mal estado de conservación y por eso se decidiera renovarla.
Por otra parte contamos con algunas noticias curiosas en relación con la parti-
cipación de un Servando de Llamas en varias sesiones del Ayuntamiento de Cádiz,
donde debió de ocupar un cargo público. Son tres las ocasiones en las que, como
vamos a mencionar a continuación, aparece su firma en las actas del Cabildo. Nos
parece más lógico pensar que quien representara a los ciudadanos en la mencionada
institución fuera el padre, porque tendría prestigio en la ciudad y aunque por enton-
ces tenía más de setenta años y quizá ya no trabajaba como artífice platero, podía
acudir sin demasiado esfuerzo al Ayuntamiento si tenía buen estado de salud.
Siguiendo de nuevo los periódicos de la época la primera vez que consta el
nombre de Llamas entre los firmantes de un acuerdo tomado por el Ayuntamiento
de la ciudad, es el 22 de julio del año 1853 en relación con el deseo de los ciudada-
nos gaditanos de hacer llegar el ferrocarril de Sevilla a Cádiz8; la segunda, también
relacionada con el mismo asunto, data del 24 de mayo de 1855, y se refiere a la
felicitación dirigida al diputado de la provincia, señor González de la Vega, por las
gestiones hechas en favor de que el ferrocarril llegara a Cádiz9. En cambio, en el
caso de la tercera, que corresponde al año 1863, ya no estamos seguros de que fuera
el padre quien firmara porque tendría más de ochenta años. El hecho que recoge
la prensa es la felicitación que dirigieron los representantes del Ayuntamiento de
Cádiz a don Augusto Ulloa por su nombramiento como ministro de Marina10.
Son de mediados de los años cincuentas y mitad de los sesentas, otra serie de
noticias de carácter profesional y también varias de las obras conservadas, en las
7 «El Áncora», Barcelona 7 de agosto de 1851. Como sucede en los periódicos de este siglo el
hecho que se relata en la noticia se había producido varios días antes.
8 «La España», Madrid 10 de agosto de 1853.
9 «La Iberia», Madrid 24 de mayo de 1855.
10 «La Época», Madrid 25 de febrero de 1863.
Dos plateros gaditanos homónimos del siglo XIX 395
de San Juan de Dios de Jerez. Presentó entonces ocho piezas (de las que enseguida
nos ocuparemos) que, a juicio del jurado «se distinguen por la perfección del trabajo,
debido a lo cual se le premió con medalla de plata «por el conjunto de su obra».
Según indica Caballero Ragel, la mencionada Sociedad de Jerez, emulando a la
de Cádiz, fue el organismo encargado de imitar las exposiciones artísticas estatales.
Gracias a ellas se vieron en Jerez obras de pintura, escultura, platería, bordados,
etc., realizados por otros artistas, especialmente andaluces, algunos de los cuales
han alcanzado la fama.
De las tres exposiciones promovidas por la Sociedad Económica Jerezana la
primera tuvo lugar en 1856 y fue simultánea a la primera exposición nacional; la
segunda en 1858 (que fue la única en la que participó el platero gaditano Servando
de Llamas) y la última en 1862. Es imposible saber por qué Llamas no acudió a esta
tercera exposición en la vecina Jerez de la Frontera, si consideramos que el éxito
que tuvo en la celebrada cuatro años no se limitó a conseguir una medalla de plata
(que era distinción sumamente importante), sino que además una de sus piezas: un
palillero de plata «hecho de pájaros», fue adquirido por el organismo organizador
en 240 reales y sorteado entre los suscriptores que sufragaron la exposición. De este
asunto se hizo eco obviamente el periódico jerezano «El Guadalete» el 25 de junio
de 1858, como recoge el último autor al que nos estamos refiriendo.
También Caballero Ragel da la relación de las ocho obras que Llamas llevó
a la exposición jerezana de 1858 y son las siguientes: «un par de candelabros de
plata para cuatro luces cincelados; un par de candelabros de plata para cuatro luces
zoquelados (sic); dos lámparas de plata que representan dos buques de vapor de
la armada española; una escribanía de plata; una copilla de plata (tronco y hojas);
copilla de plata con un indio; un palillero de plata hecho de pájaros; un palillero de
plata hecho con una flor; una batea de plata hecha a martillo».
Un grupo de piezas tan nutrido e interesante merece una serie de comentarios
por nuestra parte, máxime cuando algunas de ellas han llegado a nuestros días, lo
que nos permite ser testigos de su originalidad, buen labrado y exquisita técnica.
En primer lugar queremos destacar que por un lado todas las obras de platería
presentadas por Llamas eran de carácter civil, quizá porque pensó que tendrían
mejor venta que las religiosas. Por otro lado, en algunos casos, los tipos que se
mencionan resultan peculiares, especialmente las dos lámparas en forma de buque
que habían sido encargadas al artífice gaditano por los duques de Montpensier, para
regalarlas al convento de Nuestra Señora de Regla en Chipiona, donde se encon-
traban ya cuando tuvo lugar la exposición de Jerez y adonde llegaron seguramente
porque Llamas solicitó a los donantes accedieran a prestarlas, para que las viera el
público jerezano, siendo una comisión de Sanlúcar de Barrameda la encargada de
los traslados a una y otra localidad.
Aunque no conocemos personalmente las lámparas si hemos visto la fotografía
que publica en su trabajo Caballero Ragel, quien afirma que se encuentran flan-
queando el presbiterio de la iglesia de Regla y que la alusión a la marina indica la
Dos plateros gaditanos homónimos del siglo XIX 397
LÁMINA 1. Servando de Llamas Díaz del Robledo. Palillero en forma de toro (h.1860-65).
Subasta Sotheby’s París, 17 de mayo de 2011, lote n. 150.
17 Subasta PF1102 Sotheby’s París, 17 de mayo de 2011, lote n. 150. El catálogo lo identifica como
pieza española realizada en Cádiz por Servando de Llamas hacia 1840 (lo que es imposible atendiendo
a las marcas) y le adjudica un precio estimado entre 2.500 y 3.000 €. El palillero mide 14 cm. de largo,
pesa 463 g. y además de la de localidad y artífice lleva la del marcador González Quintana.
18 Subastas Segre, 2 de julio de 2008, lote n. 537, clasificado como salero; tuvo un precio de salida
de 350 €. Obsérvese la diferente estimación de precios entre una subasta nacional y una extranjera. Es de
plata en su color; mide 23,5 cm. x 11 cm. la salvilla y 11,5 cm. de diámetro el portajoyas. Pesa 430 g.
Dos plateros gaditanos homónimos del siglo XIX 399
LÁMINA 2. Servando de Llamas Díaz del Robledo. Portajoyas (1858). Colección particular
de Madrid.
LÁMINA 3. Servando de Llamas Díaz del Robledo. Escribanía (¿1858?). Colección particular
de Cádiz.
LÁMINA 4. Marca personal del artífice Servando de Llamas Díaz del Robledo en la escribanía
de c.p (¿1858?).
19 Las obras mencionadas de la mal llamada «vajilla Colón» de Isabel II (a las que sin duda años
después se les colocó el escudo de su hijo Alfonso XII) fueron dadas a conocer por F.A. MARTÍN,
Catálogo de la plata del Patrimonio Nacional. Madrid, 1987, pp. 295-301.
Dos plateros gaditanos homónimos del siglo XIX 401
20 La pieza se subastó en la casa de Subastas Bilbao. Plata en su color; 21 cm. de largo, 12’4
cm. de anchura máxima y 3’4 cm. de alto la tabla; 8 cm. de altura con tapa, 7 cm. de diámetro la boca
y 3 cm. el pie de los recipientes laterales; 6 cm. de alto el recipiente central y 8 cm. de alto y 5 cm. de
base la campanilla. Agradecemos la noticia al doctor Lorenzo Alonso de Sierra y a su hermano Juan,
quienes gentilmente nos han proporcionado fotografías de pieza y marca.
21 Historia de la Venerable, Pontificia e Ilustre Archicofradía de la Divina Pastora de las Almas.
Documento consultado on line «De Cadizpedia», p. 3. La misma noticia aparece en la revista cofradiera
«Estación de Penitencia» 1. Cádiz, noviembre 2005, p. 13.
402 Pilar Nieva Soto
22 De nuevo agradecemos estos datos, así como el envío de la fotografía, al doctor gaditano Lo-
renzo Alonso de la Sierra, quien nos ha comunicado que la corona fue modificada a fines del siglo XX
en el taller de platería sevillano Kierman, añadiéndole el cerco de ráfagas y el aro de base que ostenta
una inscripción. Nosotros pensamos que quizá entonces se le colocaran las joyas que lleva, seguramente
donaciones de damas devotas de la Virgen. También según Alonso de la Sierra la pieza lleva la marca
del artífice Llamas, pero desconoce si alguna más. No ha sido posible comprobarlo pues actualmente
está de nuevo en Sevilla para ser restaurada.
23 P. NIEVA SOTO, La platería del siglo XVIII en Jerez de la Frontera. Universidad Complu-
tense, colección tesis doctorales n. 354/92. Madrid, 1992.
Dos plateros gaditanos homónimos del siglo XIX 403
forma de copa con amplio pie liso, cuerpo semicircular cubierto con decoración
vegetal y boca abierta en la que encaja la parte inferior del cuerpo del humo que
es de perfil periforme, está bastante horadado y se adorna con motivos vegetales
que se intercalan con el escudo coronado de la orden carmelita (el monte Carmelo
rodeado por tres estrellas situadas abajo y a los lados). El remate de cuerpo y ma-
nípulo tienen forma aproximadamente acampanada y adorno de hojas el primero
y de gallones el segundo. La fecha de realización tuvo que estar cercana a mitad de
los años cincuentas o inicios de los sesentas por su estilo neobarroco.
Para continuar con obras religiosas nos referiremos ahora a un par de cálices del
mismo autor que presentan igual modelo, marcaje y estilísticamente muy semejantes.
El primero está en la iglesia de San Felipe Neri de Cádiz y fue dado a conocer por
Moreno Puppo24, pero como la fotografía es tan pequeña y en blanco y negro no se
aprecia apenas el adorno. El pie es circular con varias molduras que disminuyen en
tamaño hacia el astil, de nudo periforme invertido y la copa es amplia casi cilíndrica
con rosa decorada. Las marcas que lleva lo sitúan en la década de los sesentas, quizá
hacia 1860-65, como el que estudiamos a continuación.
El otro cáliz se halla en la iglesia de San Miguel de Portaje (Cáceres), es del
mismo tipo que el anterior y lleva los adornos siguientes: en el pie acanto, flores
y querubines y en el nudo también, además de ovas y rocallas; en cambio en la
subcopa presenta símbolos eucarísticos. La obra fue dada a conocer por García
Mogollón25 quien la consideró «romántica neobarroca» y la fechó por el estilo a
mediados del siglo XIX. Nosotros opinamos también que el estilo es propio del
neobarroco, pero dado que se parece tanto al precedente y lleva el mismo marcaje
ha de tener la misma cronología.
Pasamos a continuación a ocuparnos de tres obras de carácter civil conservadas
en colecciones particulares, que fueron realizadas asimismo por un platero apellidado
Llamas y que mientras en el caso de la primera no cabe duda de que su autor es Ser-
vando de Llamas Díaz del Robledo −como evidencian sus marcas−, no lo tenemos tan
seguro en el caso de la segunda (en la que no hemos visto su marcaje), pero cuyo estilo
está muy próximo al suyo y menos en el de la última que se parece estilísticamente a
otras obras suyas pero en cambio la marca es totalmente diferente.
26 Subasta n. 256 de Durán, marzo 1991, lote 329. Plata en su color; 47 cm. x 26 cm. El precio
de salida fue de 350.000 pesetas, pero ignoramos si fue vendida. Agradecemos a doña Mª. Jesús Sanz
Boixareu que nos mostrara el catálogo citado en el que aparecía el texto que citamos a continuación
y la fotografía de la obra; no se reprodujeron en cambio las marcas, lo que dificulta la comprobación
del año de realización. «Original centro de mesa de plata española, obra de la orfebrería gaditana del
último tercio del s.XIX. Punzones de Cádiz, año 1870, y marcas del platero Llamas. Sobre una amplia
base polilobulada asientan dos torres de sillería entre las que se dispone un león que sujeta con su zarpa
un ancla. El perfil de la base queda recorrido por una cenefa de hojas repujadas y cinceladas y apoya en
cuatro sólidas patas de tipo vegetal con trofeos militares minuciosamente cincelados. Peso 3.140 kgs».
Dos plateros gaditanos homónimos del siglo XIX 405
Asimismo queremos comentar que aunque el catálogo asegura que la obra es del
año 1870, nosotros dudamos de ello puesto que no se han dado a conocer marcas
cronológicas de Cádiz a partir de 1859 (con el marcador Francisco Hurtado) y por
eso resulta atrevido precisar de forma tan exacta la fecha si no hay otros datos,
como inscripción o documento, que la avalen. No obstante, no cabe duda de que
ya corresponde a una época avanzada, está muy bien trabajada y es por tanto re-
presentativa del periodo de madurez de Llamas Díaz del Robledo, quien si como
sugerimos nació hacia 1820, rondaría los 50 años.
En último lugar, y con ciertas dudas de atribución, colocamos una pequeña
salvilla (c.p.) de plata en su color, 24 cm. x 9,5 cm.; es de forma oval estrechada en
el centro y apoya sobre cuatro patas de bola; todo su borde está recorrido por un
adorno vegetal de gran calidad y relieve, semejante al de otras obras del artífice, pero
aún así no estamos seguros de que saliera de su mano, porque la única marca que
presenta por el reverso, es el apellido Llamas escrito en letras inglesas, dentro de un
amplio contorno rectangular y por tanto diferente a todas las que llevan las obras
comentadas. Ésta variante es la única vez que la hemos visto y cabe la posibilidad
de que perteneciera a otro platero apellidado de igual forma (que no tiene por qué
ser gaditano), ser una variante suya, que utilizara por ejemplo a partir de la década
de los sesenta, o una tercera y arriesgada hipótesis, que perteneciera a un hijo suyo
que también hubiera ejercido el arte de la platería como el abuelo y el padre, lo
que de momento no nos consta. Cabe preguntarse entonces si no será también ésta
la marca que lleva el centro de mesa o especiero comentado más arriba y que en
Durán dataron en 1870. De lo que no hay duda es que la salvilla que comentamos
tiene claro estilo neorococó y por tanto es bastante moderna.
Y para terminar la recopilación de datos biográficos y profesionales nos vamos
a referir a la información que dieron dos periódicos de Madrid cuando se produjo
la muerte del platero gaditano en noviembre del año 1890. Es ésta la única vez en
la que hemos encontrado citado el segundo apellido del artífice, gracias a lo cual
pudimos darnos cuenta de que eran dos los plateros llamados Servando de Llamas.
El periódico «El Día» notificaba la defunción de Llamas y Díaz del Robledo el 27
de noviembre, mientras que «El siglo futuro» lo hacía al día siguiente.
Si es verdad que había nacido hacia 1820 como supusimos, habría muerto con
70 años, edad bastante avanzada para su época. Lo que nos extraña es no tener
noticia alguna suya (ni documental ni de obras) en la última veintena de su vida.
¿Le ocurrió algo que le impidiera trabajar o simplemente es mera coincidencia que
en un periodo tan amplio no hayan salido todavía noticias suyas? Dejamos abierta
esta incógnita sobre un platero que ha resultado tan interesante, esperando poder
resolverla en nuestras próximas investigaciones.
406 Pilar Nieva Soto
ejército, Concejo, Cabildo…)7. Las fiestas políticas, así, están lejos de ser libres o
improvisadas, puesto que, por el contrario, resultan calculadas y, sin duda, clara-
mente interesadas8.
Representativa y significativa resulta, pues, la serie de títulos que encabezan
la mayoría de tales Relaciones, tales como Ligeros Rasgos, Expresión, Entrada9,
al tiempo que no vacilan en exhibir la lealtad y fidelidad demostrada a la Casa
Real10. Ya que la fiesta política servía para consolidar aún más el apoyo al régimen,
al concretar la abstracción de la Corona, canalizar las demandas y popularizar las
aspiraciones y esperanzas11.
Y es precisamente a una de estas Relaciones, llevadas a la imprenta con motivo
de la ya mencionada Proclamación de Fernando VI en la ciudad de Murcia, a la que
ahora queremos referirnos, como interesante ejemplo de cuanto puede suponer la
presencia de ornatos, artificios y elementos suntuarios en tales Fiestas o celebracio-
nes, como la constante alusión y descripciones en torno al oro y la plata –ya reales,
ya ficticios y propios del sentido hiperbólico de tales publicaciones– pero que nos
llevan a mostrar tan rico y elocuente panorama, al margen de lo que pudieran venir
a representar aspectos o situaciones puramente políticas, como ceremonias de Jura
o Proclamación propiamente dichas12.
7 F.J. GARCÍA PÉREZ, «Estructura literaria y Arte en las Relaciones festivas hispánicas del
siglo XVIII», en M. TORRIONE, ob. cit., p. 445. Al tiempo que la puesta en escena de los diferentes
cuerpos que intervienen demuestran el orden social y político establecido, permitiendo reproducir la
jerarquía articulada de los poderes eclesiásticos y municipales (F. RODRIGUEZ y E. GALINDO, ob.
cit., p. 50).
8 F. RODRIGUEZ y E. GALINDO, ob. cit., p. 40.
9 F.J. GARCÍA PÉREZ, ob. cit., p. 45.
10 Valgan, así, como significativos ejemplos al respecto los titulados:
- Demonstración de la lealtad... (de) Tudela (en la) proclamación de Fernando II de Navarra y
VI de Castilla... Zaragoza, 1747.
- Demostraciones festivas, regocijos obedientes de la más fina lealtad que ha demostrado la
ciudad de Barbastro en la proclamación de su amado Rey y señor don Fernando VI que se hizo el día
6 de noviembre del año 1746. Zaragoza, 1746.
- La Lealtad triunfante: día lustral del Católico Rey Fernando, en el Augusto y Nobilísimo Solar
de Fernando el Católico. Festivas plausibles demonstraciones, con que celebró su glorioso y heroyca acla-
mación la muy leal y vencedora villa de Sos, cabeza del partido de las Cinco de Aragón... escrivíalas...
don Ambrosio Guillén de Jasso, doctor complutense... Madrid, 1747.
- Alborozos de la fidelidad y expresiones del amor con que la fidelíssima y vencedora ciudad
de Tarazona, en ocasión de levantar pendones en su Real Nombre, se rindió a las Reales plantas de
su adorable Monarca don Fernando VI de Castilla y III de Aragón (que Dios guarde) dirigidos a Su
Majestad Católica. Zaragoza, 1747.
(Cfr. E. SERRANO, ob. cit., pp. 31-32).
11 F. RODRIGUEZ y E. GALINDO, ob. cit., p. 57.
12 Ligero diseño de las solemnísimas y Reales Fiestas que en la proclamación de Su Magestad el
Señor Don Fernando Sexto, de este nombre, ha celebrado el presente año 1746 la muy Noble y muy Leal,
Fidelíssima y siete veces Coronada Ciudad de Murcia. Donde también se incluye una sucinta Relación
de las magníficas Reales Exequias con que la misma Nobilísima Ciudad celebró los días veinte y cinco
y veinte y seis de Agosto de este mismo año la dulce memoria de su difunto Monarca, Phelipe Quinto,
el Animoso. Murcia, 1746.
410 Antonio Peñafiel Ramón
En ella, como por otra parte resulta habitual y característico de tales situacio-
nes, siempre en función de la identificación con el gobierno impuesta al pueblo, de
modo que la ciudad deba llorar o reír cuando el poder lo disponga, encontramos
inicialmente la descripción de los lutos y exequias correspondientes a la muerte de
Felipe V, como símbolo del que debe ser el dolor manifestado por un pueblo que se
siente huérfano y desprotegido sin la presencia de su Rey13. Para, más tarde, y como
muy acertadamente se nos describe: «Passando ya del invierno al verano, y de la
noche al día, hallásmonos en las Reales Fiestas que hizo esta Muy Noble y muy leal,
Fidelíssima y siete veces coronada Ciudad de Murcia, en la Proclamación de nuestro
Católico Monarca, el Señor Rey Don Fernando el Sexto, que Díos guarde»14.
Con presencia, así, de disposiciones acostumbradas, tales como el correspon-
diente volteo de campanas, funciones de Iglesia, y acuerdos como, por ejemplo,
el del gremio mayor de mercaderes15, mandando formar un carro triunfal «lo más
magnífico, regio y autorizado que pudiera inventar el Arte», solicitando entre los
ingenieros diversidad de plantas, para escoger la mejor, con el ánimo de sacar una
13 Como ceremonia que forma parte del ritual de exaltación de la Monarquía. Si bien en alguna
ocasión la situación se muestra atípica al respecto, como ocurriría, por ejemplo, en el caso de la pro-
clamación del ya mencionado Luis I, al haber subido al trono por renuncia de su padre, Felipe V. Así,
lógicamente, no iría precedido de las consabidas Honras fúnebres por el anterior monarca, restando,
pues, el correspondiente nivel de dramatización barroca (A. PEÑAFIEL, «Fiesta y exaltación…» ob.
cit., p. 281. Vid igualmente para el tema de las Honras fúnebres Reales de la época A. PEÑAFIEL,
Testamento y Buena Muerte (Un estudio de mentalidades en la Murcia del siglo XVIII). Murcia,
1987).
14 Tal y como, en efecto, nos hace ver la propia Relación:
«En tan dolorosa calma
de el corazón se observó
que sin Phelipe quedó
un cuerpo Murcia sin alma.
Mas su alivio logró presto
porque de un Quinto la ausencia
substituyó la presencia
y compañía de un Sexto».
(Ligero diseño... ob. cit., pp. 55-56).
15 Puesto que, como vemos, los gremios constituirían un elemento siempre activo al respecto,
ocupando su lugar tanto en manifestaciones religiosas como profanas. Produciéndose, además, por lo
general, una característica situación por la cual se quejarían, a la hora de tener que intervenir en cual-
quier festividad, del disminuido o escaso estado de sus caudales pero, finalmente, serían ellos quienes
movilizarían músicos y comparsas, levantarían triunfos en calles y plazas, quemarían fuegos de artificio
o sufragarían funciones de Iglesia (J. GARCÍA ABELLÁN, La otra Murcia del siglo XVIII. Murcia,
1981, p. 56).
De este modo, la celebración de la Real Proclamación de Fernando VI habría quedado fijada
en un primer momento para el 8 de Septiembre, pero tuvo que trasladarse al 29 precisamente al ha-
ber manifestado los gremios su intención de realizar determinadas manifestaciones de regocijo y no
disponer de suficiente tiempo para prepararse en tan reducido plazo (Archivo Municipal de Murcia
–AMM– Actas Capitulares –AC– 13 de Agosto de 1746). Si bien tampoco podría llevarse a cabo ese
día, debido a la lluvia, dejándolo finalmente para el 1º de Octubre (A. PEÑAFIEL, «Fiesta y celebra-
ción…» ob. cit., p. 83).
Oro, plata y esplendor en las fiestas de Proclamación de Fernando VI (1746) 411
Fuego
Llevando por divisa una salamandra19 coronada en su figura de una gran lagar-
to20, yendo a su lado doce parejas «en todo iguales», con vestidos de fina y brillante
holandilla carmesí, y caretas de oropel, al igual que las plumas de la celadas y guar-
niciones en los vestidos. Con toneletes de rasos y tafetanes amarillos, guarnecidos de
plata21. Prestando obediencia el fuego al nuevo Monarca, como indican los versos
al respecto22:
Agua
19 En tanto que espíritu del fuego, como criatura mitad lagarto, mitad dragón. Es decir, algo que
desaparece para dar paso a nuevos comienzos (J.E. CIRLOT, Diccionario de símbolos. Madrid, 1997,
p. 397).
20 Con un carácter polivalente. Por un lado, la idea de resurrección tras la muerte, por pasar el
invierno aletargado. Así como interesante símbolo de la fidelidad.
21 Ligero diseño... ob. cit., p. 72. «Y hasta las cabelleras eran encarnadas y tan bien formadas y
ajustadas que servían de indivisible unión de las cabezas con sus cuerpos».
22 Ibídem.
23 Y así, si la ballena podía considerarse como equivalente de la mandorla mística (J.E. CIRLOT,
ob. cit., p. 1069) el delfín podría ser animal de salvación, asociado además con el áncora (Ibídem, p.
169) y el concepto de protección y buena suerte, e incluso de fecundidad.
24 Ligero diseño... ob. cit., p. 73.
Oro, plata y esplendor en las fiestas de Proclamación de Fernando VI (1746) 413
Aire
25 Pudiendo significar la vanidad, pero también, como pájaro de los cien ojos, por el diseño de
las plumas de su cola, el firmamento estrellado. Así como que, al ser inmunes a las mordeduras de
serpientes, se creía que su sangre podía alejar a espíritus malignos (rechazo del mal) representando la
inmortalidad (J. CHEVALIER y A. GHERRBRANT, Diccionario de los símbolos. Barcelona, 1986,
p. 807).
26 Esto es, con adorno de plumajes o penacho.
27 Ligero diseño... ob. cit., p. 74.
414 Antonio Peñafiel Ramón
Tierra
Y así, cada elemento estaría además formado por doce parejas, yendo enlazado
a su guía, cada uno, «con colonias de seda tornasoladas de oro», y fuera de ello,
veinticuatro negrillos, cuyos trajes resultaban extremadamente vistosos, y en las
cabezas sus «pasas» y zarcillos, y collares de plata, con vestidos de holandilla negra
y toneletes encarnados y guarnecidos32.
28 Vinculado, pues, con el mito de la cabra Amaltea, que habría amamantado a Zeus, rompiéndole
éste uno de sus cuernos mientras jugaba. Por lo que, para compensarla, Zeus prometerá a Amaltea que
el cuerno se llenará en lo sucesivo «de todos cuantos frutos ella desee». Simbolizando la profusión de
los dones divinos, como representación, incluso, «de la fecundidad y la dicha» (J. CHEVALIER y A.
GHERRBRANT, ob. cit., p. 347). De ahí su nombre de cornucopia o cuerno de la abundancia.
29 Y al igual que el águila es rey de animales aéreos, el león lo es de los terrestres, así como
símbolo de la inteligencia y la fortaleza. Relacionado además con el sol por sus rasgos de poderío.
30 Como clara invocación a la feracidad de la tierra, con el brotar de los granos sembrados,
regados por la tan necesaria y deseada lluvia, y, más tarde, con la presencia de las doradas espigas,
precisas para la economía del Antiguo Régimen, preocupada por la posibilidad de malas cosechas y
consecuentes hambrunas. De ahí la alternancia del intenso color verde-hierba y las pintas de oro (el
antes y el después). El simbolismo se muestra, así, bellísimo y efectista a todas luces.
31 Ligero diseño... ob. cit., p. 75.
32 Resultando tan excelentes las parejas, «que personas de buen gusto, y que mucho han visto,
decían, publicaban y aún gritaban no haver visto ni esperar ver cosa tan primorosa y bien ejecutada,
ni con más riqueza y ostentación, en su género, de todos los disfraces» (Ligero diseño... ob. cit., p.
Oro, plata y esplendor en las fiestas de Proclamación de Fernando VI (1746) 415
77). De forma que la fantasía y ostentación lujosa venía a ser algo característico de las Relaciones, con
frases tales como «nunca se vio cosa igual», «fue pasmo de quantos lo vieron…» etc. Lo que hacía que
los desfiles llevados a cabo, las cabalgatas, los carros alegóricos, «dejasen boquiabiertos a los mirones»
(A. BONET, ob. cit., p. 14).
33 Ligero diseño... ob. cit., p. 80.
34 «Y de los más primorosos, que, no sólo en esta Ciudad, mas en España, tiene su noble arte»
(Ibídem). Vid sobre este particular J.C. AGÜERA ROS, «Nicolás de Rueda, entallador y retablista
(act. 1728-1755): Nuevas obras en Murcia y Cartagena». Imafronte 3-4-5 (1987-88-89), p. 417.
35 Ligero diseño... ob. cit., pp. 84 y ss.
416 Antonio Peñafiel Ramón
Asia36
América
África37
Europa
Precediendo a las expresadas cuatro partes del mundo un capitán, vestido con
la mayor riqueza. Esto es, celada dorada, manto de damasco carmesí sembrado de
estrellas plateadas, tonelete del mismo género, peto cuajado de piedras preciosas,
rico bastón de caña de Indias, dos volantes y un negro en su seguimiento.
Y a continuación los seis comisarios a caballo, vestidos también a la romana.
Con idénticas celadas plateadas, y hermosas plumas, toneletes de tafetán doble
encarnado, guarnecidos con flecos de plata, botones y sobrebotones con guarnición
de plata, follaje dorado, ceñido con lazos encarnados tejidos de oro, y manto de
tafetán encarnado con flecos y borlas de plata. Todos, además, con espada en mano,
en caballos ricamente enjaezados, acompañados siempre de negros a caballo, vestidos
de costosas galas, mostrando, pues, la mayor riqueza, magnificencia y primor en
tan lucida y maravillosa función.
Dando lugar, igualmente, y como solía ser característico de cualquier festividad
que se preciara, a la presencia del disfraz, en multitud innumerable39. Contemplán-
dose «tropas» de damas ricamente vestidas, de sucias viejas, de gitanas con mantillas
«a su moda»40 y llaveros de plata. De negras, mulatas, de viudas, de galanes, de ne-
gros, de indios, de gigantes, de enanos, ciegos, cojos y contrahechos, de ermitaños,
gaiteros, astrólogos, de caballos, de toros, de leones, de asnos, de lechuzas… Otros
vestidos de esparto, de pieles, de cascabeles, de cencerros, «con el vestido guarnecido
de cucharas», algunos disparando, con escopetas cargadas de salvado, con arcos y
flechas de papel plateado, con cañas de pescador y provisión de bizcochos y peladillas
para que los cogieran los muchachos. E, incluso, un disfraz, en especial, «de Turco,
Emperador, Tamborlán o Preste Juan», «vestido ricamente, quanto pensarse pue-
de»41 y pecho adornado «de joyas muy preciosas», con dos criados con los guantes,
pipa y cigarros presentados en bandejas de plata, siguiéndole otros seis turcos para
llevarle la falda, de un riquísimo damasco carmesí, guarnecido de galones y bolas de
oro. Todo un espectáculo, pues, de fantasía y color abierto y desplegado ante los
siempre asombrados ojos de los murcianos en situaciones tales.
39 «Unos serios, otros ridículos, mas todos muy engañosos, alegres y festivos» (Ligero diseño...
ob. cit., pp. 91 y ss.).
40 Sin que haya quedado lo suficientemente claro en que consistía realmente la forma de vestir
del pueblo gitano, pese al deseo de las autoridades por conseguir su eliminación. En este sentido se
refiere Mª Helena Sánchez Ortega al señalar cómo, posiblemente, lo que les distinguía era más bien un
«aire» o estilo común. De modo que los más ricos –en este caso, las más ricas– manifestarían su amor
por la vistosidad y el colorido, en tanto que las más pobres se vestirían con lo que les daban, aunque
manteniendo siempre ese estilo que aún hoy sigue siendo familiar (Cfr. M.H. SÁNCHEZ ORTEGA,
Los gitanos españoles. El periodo borbónico. Madrid, 1977, p. 455).
41 Como claro recurso barroco, dejando abierta la puerta a la imaginación y la fantasía (Cfr. A.
BONET, «El poeta Torre Farfán y la fiesta de canonización de San Fernando en Sevilla, en 1671», en
Andalucía monumental, arquitectura y ciudad del Renacimiento y el Barroco. Sevilla, 1986, p. 136).
418 Antonio Peñafiel Ramón
42 En tanto que, de acuerdo con los ceremoniales preestablecidos, no tardan en llegar Corre-
gidor y Regidores, Jurados, Mayordomos y Cofrades de Sello y Pendón, al tiempo que forman las
once compañías de la Ciudad para dirigirse a la plaza del Mercado. Acudiendo, pues, las autoridades
«con vestidos muy costosos de tela y vordaduras de plata y oro y joyas de mucho valor, a caballo con
primorosos aderezos, ricamente vordados, y con igualdad los hebillajes varios y el correaje de seda».
Con interesantes y significativas descripciones, incluso, del lujo y esplendor presentes, como en el
caso de los dos clarines de la ciudad, «con vestidos azules flanqueados de platta, y sus armas de platta,
chupas y bueltas de casacas de grana con la misma guarnición», los cuatro porteros de sala, vestidos de
terciopelo y damasco carmesí, y las mazas de plata sobredoradas, o los cuatro Reyes de Armas con las
de Su Majestad esculpidas de oro y plata en pecho y espalda, y en las mangas las de la Ciudad, sobre
tafetán carmesí vuelto. (Relación inserta del Escribano Mayor del Ayuntamiento sobre las Honras Fú-
nebres de Felipe V y R. Proclamación de Fernando VI (AMM. AC. 1746. Cfr. A. PEÑAFIEL, «Fiesta
y celebración…» ob. cit., pp. 83-84).
Abundando aún más la información del Ligero diseño… al mostrar la presencia de «joyas de gran
valor en los sombreros», o «en caballos con maravillosos aderezos, tapas y mantillas bordadas y fran-
gueadas de oro y plata, y los estrivos y hevillas, dorados o plateados y algunos de plata y en los frenos
diversas planchas y medallones también de plata» (ob. cit., p. 126).
43 Realizado por Juan de Miranda, «el lienzo sería alado, de altura de dos varas y la anchura
correspondiente, y en esta ciudad se le hizo un regio marco dorado y bronceado, que todo, me dicen,
haver importado cuarenta y cinco doblones, o ciento y setenta pesos de moneda antigua» (Ligero dise-
ño... ob. cit., p. 99). De modo que, como se ha indicado, «la utilización de los retratos de los monarcas
son el ejemplo de la presencia ideal del monarca con toda su carga simbólica: es parte de la imagen»
(E. SERRANO, ob. cit., p. 24).
44 En tanto que sus balcones, corredores y hasta espacios intermedios estaban «riquísimamente
aderezadas de preciosas colgaduras de damascos y telas de oro y plata, que en muchas partes formaban
curiosos camarines para las Señoras de la primera nobleza…» (Ligero diseño... ob. cit., p. 107).
(Vid, para un estudio más detallado de la correspondiente Jura y ceremonia de Real Proclamación
A. PEÑAFIEL, «Fiesta y celebración…» ob. cit., pp. 83 y ss.).
45 Ligero diseño... ob. cit., p. 140.
46 Ibídem, p. 142.
Oro, plata y esplendor en las fiestas de Proclamación de Fernando VI (1746) 419
47 Ibídem, p. 147.
Manuel García Crespo y el tabernáculo de plata
para la Real Capilla de San Jerónimo
de la Universidad de Salamanca
MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ
Universidad de Salamanca
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MOGOLLÓN, La orfebrería religiosa en la diócesis de Coria (siglos XII-XIX). Cáceres, 1987. Y.
KAWAMURA, Arte de la platería en Asturias. Periodo Barroco. Oviedo, 1994. M. PÉREZ HERNÁN-
DEZ, Orfebrería religiosa en la diócesis de Salamanca (siglos XV al XIX). Salamanca, 1990. IDEM,
La platería de la ciudad de Zamora. Zamora, 1999. IDEM, «Sobre la interdisciplinariedad de las artes:
Manuel García Crespo y el Barroco salmantino». Estudios de Platería. San Eloy 2007. Murcia, 2007, pp.
271-297. F. LLAMAZARES RODRÍGUEZ, «Nuevas aportaciones a la obra de los plateros salman-
tinos Manuel y Luís García Crespo en la Basílica de San Isidoro de León». Estudios de Platería. San
Eloy 2006. Murcia, 2006, pp. 341-356. L. MARTÍN SÁNCHEZ y F. GUTIÉRREZ HERNÁNDEZ,
«Una obra inédita de Manuel García Crespo: el marco de plata de la Capilla de Nuestra Señora de la
Portería de Ávila». Estudios de Platería. San Eloy 2008. Murcia, 2008, pp. 371-390.
422 Manuel Pérez Hernández
2 Así lo afirma Modesto Falcón, Salamanca artística y monumental ó descripción de sus prin-
cipales monumentos, Salamanca, 1867 (citamos por la edición facsímil editada por Caja Duero, 2000).
Un comentario similar recoge Fernando Araújo, La reina del Tormes. Guía histórico-descriptiva de
la ciudad de Salamanca. Salamanca, 1884 (citamos por la edición facsímil de Caja Salamanca y Soria,
1983). Más escueta es la referencia contenida en el Catálogo Monumental de la Provincia de Salamanca
de Manuel Gómez-Moreno (redactado a principios del pasado siglo, aunque no vio la luz hasta el año
1967). Sobre la desaparición de esta y otras obras de plata en la Provincia de Salamanca durante los
conflictos que la asolaron en la Edad Moderna, M. PÉREZ HERNÁNDEZ, «Salamanca y la Guerra:
Repercusiones en la platería». REVSA. Revista de Estudios 1997, pp. 61-84.
3 Para no abrumar con la extensa bibliografía existente sobre el edificio de las Escuelas Ma-
yores de la Universidad de Salamanca, y su capilla, realizamos una selección de los que consideramos
fundamentales: M. GOMEZ-MORENO, «La capilla de la Universidad de Salamanca». Boletín de la
Sociedad Castellana de Excursiones 1913-1914, pp. 321-324. A. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS y
J. R., NIETO GONZÁLEZ, «Aportaciones a Simón Gabilán Tomé». Archivo Español de Arte 1981,
pp. 29-60. J. ALVAREZ VILLAR, La universidad de Salamanca. Arte y tradiciones. Salamanca, 1972.
F. PEREDA, La arquitectura elocuente. El edificio de la Universidad de Salamanca bajo el reinado
de Carlos V. Madrid, 2000. J.R. NIETO GONZÁLEZ, «Escuelas mayores, menores y hospital del
Estudio, siglos XIII-XX», en L.E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO BEZARES (coord.), Historia de la
Universidad de Salamanca II. Estructuras y Flujos. Salamanca, 2003, pp. 375-456. En relación con sus
bienes muebles, J.R. NIETO GONZÁLEZ y E. AZOFRA AGUSTÍN, Inventario de bienes muebles
de la Universidad de Salamanca. Salamanca, 2002.
4 La tercera acepción que el diccionario de la RAE recoge de este término es: En la Universidad
de Salamanca, graduado elegido anualmente, alternando entre las facultades, que ejercía ciertas funciones
económicas y gubernativas referentes a la capilla, y ocupaba el lugar inmediato al rector.
Manuel García Crespo y el tabernáculo de plata... 423
García Crespo5. No obstante queremos advertir que esa fecha solo indica el momento
en el que se tomó la decisión de iniciar la ejecución del proyecto, suscribiendo al
efecto el preceptivo documento de contrato de obra, pero como tantas veces sucede
la gestación de la empresa precede, incluso en varios años, a su materialización, y
éste es uno de esos ejemplos.
En todo caso una cuestión parece clara, la idea de realizar un tabernáculo, con
todos sus complementos: graderías, sagrario…, para el servicio de la capilla uni-
versitaria precedió en el tiempo a la radical transformación que unos años después
se realizó en ese lugar, y que supuso la ampliación en profundidad del recinto para
permitir el acceso al camarín dispuesto en el primer cuerpo del retablo, donde
precisamente fue colocado el tabernáculo, modificación del cuerpo de luces, reali-
zación de una nueva bóveda que dejó oculta la que Fernando Gallego pintó para la
biblioteca, y que desde la reforma del siglo XVI había sido la de la propia capilla,
o la sustitución del viejo retablo de Felipe Bigarny por uno de mármoles y jaspes
diseñado por Simón Gabilán Tomé (lám. 1).
Por lo tanto no resulta baladí preguntarnos por la integración del tabernáculo
de plata que se pensaba hacer en un marco como era el altar mayor de la capilla,
caracterizado por su heterogeneidad (pues en él coincidían un retablo del XVI, otro
repleto de reliquias realizado en el siglo XVII, y dos altares más con los lienzos de
San Juan de Sahagún y Santo Tomás de Villanueva, obra de Claudio Coello, ambos
en unos marcos de gran barroquismo), una circunstancia que, como veremos, no
pasó inadvertida para los miembros del claustro. Del mismo modo que deberíamos
interrogarnos sobre hasta qué punto el tabernáculo de plata pudo condicionar la
estructura del retablo que solo unos años después se encargó de realizar Simón
Gabilán Tomé, y que en nuestra opinión fue determinante.
La primera noticia que hemos encontrado en el archivo de la Universidad de
Salamanca donde se plantea la necesidad de realizar un tabernáculo de plata está
contenida en el acta del claustro de primicerio celebrado el 10 de junio de 1743
(trece años antes de que se procediera a la materialización de la empresa), aunque
como se desprende de la proposición puede que la idea hubiera que adelantarla
algunos años:
mil reales en arcas con lo que esta para entrar en ella, el Mayordomo ofre-
ciendo este a mas el pagar el coste de la obra, para la que se ha valido de
maestro de la primera habilidad de esta ciudad el que ha hecho una traza
muy luzida la que presentó en el claustro y coste de ella el siguiente: de Mil
y trezientas onzas de plata importan 26000 reales, de oro para dorar parte
del retablo, que ha de ser de dos varas y dos tercias de alto 3765 reales,
de echuras a diez reales por onza 13000 reales, de el alma de madera 800
reales. Que todo importa 43565 reales...6.
gasto de dicha obra en 37565 reales. Sobra decir que lo que no desvela el documento
es la identidad de la persona que realizó la traza, al que se refiere con la expresión
maestro de la primera habilidad.
Como suele ser norma habitual en este tipo de asuntos los presentes no tomaron
ninguna decisión, agradecieron al Primicerio la iniciativa, y designaron una comisión
de cuatro personas para que cotejen esta traza que se ha mostrado con otras para
que en vista de ellas se pueda hazer una obra vistosa, luzida y de menos costa que
la que se ha expresado.
No tardaron mucho los comisionados en cumplir su cometido, y en el claustro
de primicerio celebrado el 24 de julio de 1743 dieron cuenta de lo encomendado:
9 Como él mismo manifestó en ese mismo claustro, no pudo acreditar su condición de platero
universitario, pues solo contaba con la palabra que en su momento le dio el primicerio Manuel Nava-
rro. No obstante lo anterior, si constan trabajos para la institución, en 1716 y 1749, y en el primero,
donde se le encargaron seis ciriales de plata, figura como platero titular de la Universidad. M. PÉREZ
HERNÁNDEZ, Orfebrería religiosa… ob. cit., p. 185.
10 Debió ser ésta una práctica habitual, como lo demuestran las misivas que el ayuntamiento
de Pamplona y la parroquia de San Cernín enviaron entre 1698 y 1701 a diferentes personas para que
contribuyeran a la edificación de la capilla de San Fermín. M.C. HEREDIA MORENO, M. DE ORBE
SIVATTE y A. DE ORBE SIVATTE, Arte hispanoamericano en Navarra. Plata, pintura y escultura.
Pamplona, 1992, p. 21.
11 Sobre esta cuestión, A. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, «El retablo barroco en Salamanca:
materiales, formas, tipologías». Imafronte 1987-1989, pp. 225-258.
Manuel García Crespo y el tabernáculo de plata... 427
Salamanca12. Por si no fuera suficiente, los altares de las principales iglesias habían
visto renovada su imagen por medio de frontales, gradas y credencias de plata que
contribuyeron con su brillo a realzar el protagonismo de esa parte del templo y de
las ceremonias que en él se desarrollaban.
Por el contrario, como ya hemos dicho, la capilla universitaria, y particularmente
el altar mayor, mostraban una imagen heteróclita, en la que convivían muebles re-
cargados como el retablo de principios del siglo XVI, con otros más austeros como
el altar destinado a contener las reliquias que al Estudio había regalado el obispo
Sancho Dávila, o el exuberante barroquismo de los marcos que rodeaban los lienzos
pintados por Sánchez Coello. En ese contexto se pensó ubicar inicialmente el ta-
bernáculo de plata, aunque el devenir del tiempo, y de manera particular la reforma
integral de la capilla emprendida a partir de 1760, terminaron integrándolo en un
programa más en armonía con la sensibilidad artística del momento.
Habían transcurrido trece años desde que se planteara el problema de si era
competente o no el claustro de primicerio para decidir sobre esta obra, o por el
contrario la decisión correspondía al claustro de diputados de la Universidad.
Cuando el tema se retoma en el claustro de primicerio celebrado el 13 de abril de
175613, determinaron en primer lugar la competencia de este claustro para tomar una
decisión sobre el particular, y designaron al Primicerio de ese año, Francisco Ruiz
García, y al maestro fray Joseph Carrio comisarios para dicha obra. El acuerdo se
tomó de forma unánime, no obstante entre las voces que se oyeron se recoge una
que nos interesa destacar, pues conecta con lo que antes apuntábamos, la necesidad
de ordenar la serie de muebles que en ese momento componían el altar. Así, el
Dr. D. Tomás Bajo, que compartía la necesidad de seguir adelante con la obra del
tabernáculo, dixo era de sentir se havia de empezar primero por otro camino, como
era el que los altares que estan a los lados del altar mayor se idease el ponerlos de
modo que mirasen a la puerta de la capilla. Intervino también otro miembro, Felipe
Santos Domínguez, de sus palabras destacamos los elogios que dispensó al artista
elegido para llevarlo a cabo: que esta obra ejecute Manuel Garcia Crespo, sugeto que
sus obras son las mejores que en Salamanca se fabrican, y aun en todo el reyno.
El acuerdo anterior fue el que sirvió de base para la escritura de obra que unos
meses después suscribieron, de una parte, D. Francisco Ruiz García, en su calidad
de Primicerio del Estudio salmantino, y de la otra Manuel García Crespo junto a
su hijo Luís García de Coca. Se trata de un documento bien conocido14, de él des-
12 Un estudio de esta obra, con una lectura de su impacto en el espacio catedralicio, antecedentes
bíblicos, programa iconográfico que desarrollaba y posterior desaparición fue el tema del Trabajo de
Grado realizado por Mariano Casas. M. CASAS HERNÁNDEZ, Un proyecto de los Churriguera: el
tabernáculo y el coro de la catedral nueva de Salamanca. Trabajo de grado defendido en la Universidad
de Salamanca, 2008. Inédito.
13 AUSA. Actas de Sesiones de Claustro de Primicerio (1752-1781), sig. 834, ff. 8r-10r.
14 Fue dado a conocer por A. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, «Noticias sobre el arqui-
tecto…» ob. cit.
428 Manuel Pérez Hernández
tacamos que la traza había sido reconocida, y aprobada, por los arquitectos Juan de
Sagarbinaga y Andrés García de Quiñones. Se trataba de una obra compuesta por
tabernáculo, gradería y sagrario de plata, este último iría colocado entre las gradas;
su peso ascendería a 2000 onzas de plata, poco más o menos, cobrando el platero
por la hechura a 11 reales por onza labrada. El sagrario se adornaría con cuatro
columnas de ágata, que tiene la Universidad, y en la puerta iría un relieve con la
escena del Sacrificio de Abraham, como así se hizo (lám. 2). Respecto a la icono-
grafía del tabernáculo, llevaría una medalla con la imagen de San Jerónimo encima
del arco, y como remate las armas de la Universidad y la tiara con las llaves; entre
las columnas se colocarían cuatro figuras en bulto redondo de las quatro ciencias
o virtudes, lo que mexor pareciere a dichos señores comisarios. Se fijó la víspera de
la fiesta del Sacramento del año 1757 como fecha en que debería estar acabado y
colocado, ya veremos que no fue así.
Una vez adjudicada la obra la principal causa de preocupación entre los miembros
del claustro salmantino fue la de su ubicación y protección, ambas derivadas de la
imposibilidad de encontrar el lugar idóneo para alojarla de forma permanente en
un marco tan heterogéneo como el del altar mayor de la capilla universitaria. Así,
en el claustro de primicerio celebrado el 16 de septiembre de 1756 se comunica a
los asistentes que la obra se está realizando, y que está prevista su finalización para
el mes de febrero o marzo venidero15. Y añade:
…y que siendo alhaja tan especial parece forzoso hacerle una caja
correspondiente para el aseo, como por los inconvenientes y perjuicios que
tuviera en que puesto una vez se hubiese de desarmar para resguardarlo
en otra parte, pues consiste en muchas piezas mui delicadas…
Se expresó por algunos la conveniencia de que dicha caja tuviera dos llaves,
por otros que debería ir adornada en el frente con una cuadro de San Jerónimo, y
alguno más indicó la necesidad de hacer un altar a correspondencia de la alhaja que
se está fabricando. De estas intervenciones se infiere la existencia de un problema
relacionado con la ubicación del tabernáculo, y las soluciones «provisionales» que
se ofrecieron, una circunstancia que se resolvió con la decisión adoptada unos años
después de sustituir el viejo retablo por uno nuevo, y la realización de un camarín
para colocarlo en él de forma permanente (lám. 3).
Ya dijimos que a pesar del plazo convenido en el contrato de obra su ejecución
se demoró más tiempo del previsto, de hecho su finalización y colocación en la
capilla de San Jerónimo fue comunicada a los miembros del claustro en la sesión
celebrada el 13 de octubre de 1759, junto con el coste final que había tenido, 175012
15 AUSA. Actas de Sesiones de Claustro de Primicerio (1752-1781), sig. 834, ff. 13r-15r.
Manuel García Crespo y el tabernáculo de plata... 429
…trazas que estavan pendientes sobre los asientos donde se sientan los
Señores Rector y Canzelario, para que todo el claustro las pudiese ver; las
de los lados estavan formadas por Don Simon Gavilanes, maestro arquitecto
y estatuario, vien conocido, y la de en medio por Miguel Martinez, tallista,
pero que haviendolas consultado con Don Juan de Sagarbinaga, que es
el grande arquitecto que govierna la obra de la Santa iglesia Catedral y
Colegio mayor de Oviedo, le havia asegurado que la del costado derecho
era la mejor de todas, porque estava mas acomodada al sitio, a lo que havia
de favricar en el, y a las yntenciones de la Universidad…
17 Se trata de los dos lienzos pintados por Claudio Coello que actualmente se encuentran en la
capilla de la Venerable Orden Tercera del Carmen de Salamanca, pinturas que la historiografía local
siempre consideró que procedían del desaparecido convento de San Agustín, cuando la realidad es
que se hicieron para la capilla universitaria. M. PÉREZ HERNÁNDEZ, «Patrimonio disperso de
la Universidad de Salamanca: dos lienzos de Claudio Coello y el calvario del primitivo retablo». En
prensa.
18 AUSA. Actas de Sesiones de Claustro de Primicerio (1752-1781), sig. 834, ff. 25v-27v.
19 La historiografía sobre esta obra había relacionado esa iniciativa con la proclamación de
la Inmaculada Concepción como patrona de la Universidad, un acuerdo que se tomó en el claustro
celebrado el 19 de junio de ese mismo año.
432 Manuel Pérez Hernández
1 J. MARTÍN RIBES, Custodia procesional de Arfe. Córdoba, 1983, M.J. SANZ SERRANO,
La custodia procesional. Enrique de Arfe y su escuela. Córdoba, 2000 o F. LARA ARREBOLA, «Or-
ganización arquitectónica de la custodia procesional de la Iglesia Mayor de Córdoba. Simbología de
sus elementos constructivos», en J. ARANDA DONCEL (coor.), Homenaje a Dionisio Ortiz Juárez.
Córdoba, 1991, pp. 139-162, en el que destaca un estudio pormenorizado desde el punto de vista del
mensaje, analizando los temas iconográficos y abordando el significado iconológico.
2 M.T. DABRIO GONZALEZ, «Obras de Rodrigo de León en la Catedral de Córdoba», en
J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2002. Murcia, 2002, pp. 107-126.
3 D. ORTIZ JUÁREZ, Exposición de orfebrería cordobesa: catálogo. Córdoba, 1973; M. NIE-
TO CUMPLIDO y F. MORENO CUADRO, Eucharistica cordubensis. Córdoba, 1993; M. NIETO
CUMPLIDO y F. MORENO CUADRO, Córdoba 1492. Ambiente artístico y cultural. Córdoba,
1992; AA.VV., La Iglesia en América: Evangelización y Cultura. Pabellón de la Santa Sede. Sevilla,
1992 o AA.VV., El arte de la plata y de las joyas en la España de Carlos V. Madrid, 2000.
434 Mª Ángeles Raya Raya y Alicia Carrillo Calderero
4 M. NIETO CUMPLIDO, La Catedral de Córdoba. Córdoba, 1998. El autor hace una se-
lección de las piezas que atesora la catedral con lo cual está justificada la ausencia de la obra que nos
ocupa en este trabajo; y F. MORENO CUADRO, Platería cordobesa. Córdoba, 2006.
5 M.A. RAYA RAYA, «La importancia de los inventarios en el estudio de la platería: el inventario
de 1507 de la Catedral de Córdoba», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy
2006. Murcia, 2006, pp. 611-629, M.A. RAYA RAYA, «La catedral de Córdoba: un nuevo inventario
del siglo XVI. Apreciaciones acerca de su realización y estudio de sus piezas más significativas», en J.
RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2009. Murcia, 2009, pp. 629-652 y M.A.
RAYA RAYA, «El tesoro de la Catedral de Córdoba a través de los inventarios: un inventario de 1628»,
en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2010. Murcia, 2010, pp.629-650.
6 R. RAMÍREZ DE ARELLANO, Inventario Catálogo histórico artístico de Córdoba (con
notas de Valverde Madrid). Córdoba, 1983, pp. 92-93.
7 M.A. ORTI BELMONTE, La Catedral–Antigua Mezquita y Santuarios cordobeses. Córdoba,
1970, p. 153.Una vez más la descripción no se correspondía con la obra que teníamos ante nosotras y,
sobre todo, distrajo nuestra atención y no le dimos importancia a esta puntualización, al matizar que
era de estilo plateresco.
8 D. ORTIZ JUÁREZ, Punzones de platería cordobesa. Córdoba, 1980, p. 76. La descripción del
portapaz es muy breve y muy de pasada. Sin que exista una imagen que permita identificar la pieza.
Una obra desconocida de Rodrigo de León en el Tesoro de la Catedral de Córdoba 435
pellan qye fue de la Sangre, y la plata que tiene pesa dos marcos, i una onza 2m y
1on»13. La misma descripción aparece en el inventario de 1762, aunque en este caso
varía el peso, ya que aparece reflejado solamente en onzas14. Un siglo después, el
2 de diciembre de 1873, don Vicente Cándido López, dignidad de Maestrescuela y
Obrero mayor de la Catedral de Córdoba, realiza un nuevo inventario15 y al recoger
los portapaces que posee la Fábrica reseña: «Item otro portapaz de Evano con el
descendimientode la cruz, con una chapa de plata sobredorada, tiene un Rubí arriba,
y una esmeralda abajo, con dos columnas y dos frisos esmaltados de oro. Diolo a
esta sta Iglesia Juan de Mora, Capellán de la Capilla de San Acacio, según referido
inventario pesará la plata que tiene 16 onzas»16. Después de muchos años sin efectuar
una compilación de las piezas que atesoraba la iglesia mayor, en el año 1991 se lleva
a cabo por indicación de la Dirección General de Bienes Culturales y el Instituto
Andaluz del Patrimonio Histórico un nuevo inventario17. En él se catalogan 238
piezas y entre ellas se contabiliza el Portapaz que nos ocupa pero su clasificación
es incorrecta18, ya que lo catalogan como pieza anónima, omitiendo el punzón y
el tema que lo adorna además de atribuirle una fecha errónea, sólo la imagen que
acompaña la ficha permite identificar la obra con la que nosotras estudiamos.
25 No vamos a entrar analizar el legado, pero si indicar que el Cabildo tiene prisas por vender
estas propiedades y que el resultado de su venta pase a engrosar la Mesa Capitular. No resulta fácil y
las casas solariegas serán en un primero momento alquiladas a Don Luis de Góngora para finalmente
vendérselas por el sorprendente precio de «treinta y siete mil y quinientos y treynta y siete pares y
meio de gallinas». ACC. Actas Capitulares de 23 de abril de 1610 a 28 de Noviembre de 1613, tomo
38, viernes 7 de febrero de 1612, Cabildo ordinario.
26 A.C.C. Inventario 1628, f. 12v.
27 Ibídem, f. 13v.
28 Ibídem. Nos basamos en esta certeza en el estudio del inventario y como se nombra en algunas
ocasiones a Juan de Mora.
29 La Catedral había sido inaugurada el día 7 de noviembre de 1607. El edificio estaba concluido
pero le faltaba todo el adorno. En 1601, el 25 de septiembre, se encargó a Pablo de Céspedes las trazas
y medidas del altar de la obra nueva. Pero este pedido quedó en suspenso, lo que explica que Juan de
Mora dejase una cantidad importante de dinero para ayudar a la construcción del retablo mayor. ACC.
Actas Capitulares de 24 de julio de 1600 a 13 de Diciembre de 1601, f. 192r. M.A. RAYA RAYA, El
retablo… ob. cit., pp. 23 y 234.
30 ACC. Obra Pía. Caja 554.
31 ACC. Actas Capitulares. Jueves 21 de abril de 1616. Cabildo ordinario. «Iten para ver si los
mill ducados que dejó Joan de Mora para el banco del rretablo del altar mayor, se aplicaran para acauar
la torre». Citado por A. de la TORRE Y DEL CERRO, «Obras en la torre de la Catedral de Córdoba
en los siglos XVI y XVII». Boletín de la Real Academia de Córdoba n. 29, Año IX, octubre-diciembre
1930, p. 20. En cabildos sucesivos del 29 de abril, 18 y 23 de julio se trató el tema determinándose este
último día que «se le den a su señoría los dichos mil ducados, tomándolos a çenso el Cabildo sobre la
casa y haçienda de Juan de Mora, como cosa separada de la mesa capitular».
440 Mª Ángeles Raya Raya y Alicia Carrillo Calderero
sobre la herencia del presbítero, pues en variadas secciones del Cabildo se trató el
tema32; en las actas del 19 de septiembre de 1616 se mando oír a los diputados de
las cuentas de Juan de Mora para ver de dónde se conseguían los 1000 ducados para
la Torre33. Citaron a los diputados de la hacienda del capellán de la capilla de la
Sangre para el día 23 de septiembre e «indiquen los bienes que quedan por vender
para que se despachen y puedan comenzar las obras de la torre»34. Se manda que
se pregonen las casas propiedad de Juan de Mora y que se rematen en el mayor
licitador35. La almoneda de sus bienes se llevó a cabo bastante después de haber
muerto y los detalles de la subasta no los conocemos por lo que no podemos saber
el montante de su herencia. Sí es importante resaltar que su contribución se diluye
con el aporte de Mardones.
el portapaz que nos ocupa en este trabajo, revalorizando con ello esta figura tan
destacada de la platería cordobesa del siglo XVI.
Por todo lo expuesto, pensamos que para abordar el estudio del portapaz que
representa La Piedad conviene, en primer lugar, resaltar la figura del maestro, enfa-
tizando no sólo su capacidad creativa sino la diversificación de su trabajo. En este
sentido, las primeras referencias sobre Rodrigo de León se las debemos a Rafael
Ramírez de Arellano y Díaz de Morales, quien tratará la figura del platero en varias
publicaciones, como en su «Estudio sobre la historia de la orfebrería en Córdoba»,
en el tomo CVII de la Colección de Documentos inéditos para la historia de España
y publicado en el año 1893. En este estudio, Ramírez de Arellano dice «(…) Ahora,
examinando los objetos acumulados en el tesoro de la Catedral, encontramos un
nuevo artífice del cual no hay memoria y que nos atrevemos a llamar Rodrigo de
León»37. Igualmente, del mismo autor, se pueden extraer referencias sobre el artífice
en «Artistas Exhumados» del Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, de
1903, en las series primera y segunda. A partir de esta primera aproximación a la
obra y a la persona de Rodrigo de León, se sucederán diversas noticias sobre su
producción y pasará a formar parte de los distintos estudios que surgirán a lo largo
del siglo XX y parte del XXI sobre la platería cordobesa del siglo XVI38.
Rodrigo de León nació hacia el año 1539, según se deduce de un documento
fechado en 19 de diciembre de 1563 en el que aparece como «mayor de 23 años
y menor de 25»39. Hijo de Andrés de Sigura, boticario, fue vecino en la collación
de Santa María y hacia el año 1572 contrajo matrimonio con María de Yllanes, de
cuya dote se desprende que gozaba de una desahogada posición económica40, y con
ella tuvo seis hijos nacidos entre 1572 y 158741. Por lo que se refiere a su forma-
ción artística, ante la ausencia de datos o estudios específicos al respecto, tan sólo
contamos con la hipótesis que la profesora Dabrio propone y que comprende la
posible filiación de Rodrigo de León con Diego Fernández el Rubio, padre del que
fue estrecho colaborador de nuestro artífice, Sebastián de Córdoba, o con Diego de
Alfaro42. En cualquier caso, la actividad de Rodrigo de León aparece debidamente
documentada entre 1571 y 160943, año de su muerte44, y aunque desconocemos los
pormenores y características de su taller, deducimos por la existencia de documentos
y por la tradición gremial de la época, que Rodrigo de León tuvo oficiales y apren-
dices a su cargo45, a los cuales es probable que intentara transmitir su buen hacer
y conocimientos aunque, habida cuenta de que sus nombres no han trascendido,
entendemos que no fue así.
El nombramiento como «platero mayor de la Catedral» motivó que la mayor
parte de su clientela estuviese conformada por los miembros del Cabildo catedra-
licio46, destacando los diversos encargos que hizo para los obispos Fray Martín de
Córdoba Mendoza (1578-1582)47, don Antonio de Pazos y Figueroa (1582-1586)48 y
don Pedro Portocarrero (1594-1596)49, así como las significativas piezas que elabo-
ró para don Diego de Álava y Esquivel (1558-1562) y Fray Bernardo de Fresneda
(1571-1577). Del mismo modo, hubo de desempeñar labores propias de su cargo,
como trabajos de mantenimiento de piezas existentes o la supervisión del ajuar
litúrgico de las parroquias de la ciudad50. Una labor de la cual tenemos constancia
documental, como por ejemplo consta en documento fechado el 8 de octubre de
1603, en el que Rodrigo de León se obligó a deshacer una cruz de plata que existía
en la Parroquia de San Lorenzo de Córdoba para realizar otra más pequeña, unas
vinajeras y una salvilla51. Igualmente, sabemos que el platero recibió encargos de
los conventos cordobeses de San Pablo52 y de la Trinidad53.
No obstante, la actividad de Rodrigo de León no se limitó únicamente al ám-
bito catedralicio y al de la capital, sino que se puede rastrear su huella en diversos
pedidos en la provincia e incluso fuera de ella. En efecto, sabemos que nuestro
artífice recibió encargos para la realización de piezas, algunas no conservadas, para
los conventos de San Francisco en Belalcázar54 y de Écija55, así como para la Iglesia
de Nuestra Señora de la Asunción y Ángeles de Cabra, en la que destaca la exis-
tencia de una Naveta punzonada con la marca del platero y fechada hacia finales
del siglo XVI, pues en 1589 está documentada la presencia de Rodrigo de León
en la parroquia para arreglo de una serie de piezas de orfebrería. La actividad del
platero en Cabra es muy interesante para nuestro estudio, pues en el inventario de
León sobre un cáliz para el obispo Fernando de la Vega por el empleo de esmaltes, en F. MORENO,
ob. cit., p. 83.
49 Ramírez de Arellano informa de la existencia de un documento, fechado en 25 de mayo de
1599, por el cual Rodrigo de León dio poder a Juan de Guevara, vecino de Madrid, para que cobrase
del que había sido obispo de Córdoba, don Pedro Portocarrero, los 358 reales que le debía de ciertos
encargos de platería, en R. RAMÍREZ DE ARELLANO, «Artistas…» ob. cit., p. 257.
50 M.T. DABRIO, «Obras de Rodrigo…» ob. cit., p. 112.
51 AHPC. Oficio 22, tomo 62, sin foliar, en J. DE LA TORRE Y DEL CERRO, ob. cit., p. 90.
Ortiz Juárez, cita también la existencia de una Naveta, obra del platero, en la Iglesia de San Nicolás
de la Villa de Córdoba, en D. ORTIZ JUÁREZ, Punzones...ob. cit., p. 76.
52 Según consta en el AHPC. Oficio 22, tomo 52, ff. 482 a 486, el 11 de marzo de 1598, Rodrigo
de León concertó con el prior del Convento de San Pablo de Córdoba, la realización de dos ciriales
de plata, en lugar de la custodia que previamente habían concertado, junto con Sebastián de Córdoba,
ya difunto. Igualmente, hay un documento fechado en 14 de octubre de 1602, por el que Rodrigo de
León concertó de nuevo con el prior, la realización de otros dos ciriales de plata, de mayor peso que
los anteriores, AHPC. Oficio 15, tomo 41, f. 1.222, en J. DE LA TORRE Y DEL CERRO, ob. cit.,
pp. 79 y 89.
53 En 11 de mayo de 1587, Rodrigo de León recibió el pago de 200 ducados a cuenta de la
plata y hechura de la custodia que había realizado junto con Sebastián de Córdoba para la iglesia del
convento, en R. RAMÍREZ DE ARELLANO, «Artistas…» ob. cit., p. 256.
54 Según consta en el AHPC. Oficio 27, tomo 25, f. 338v, el 6 de julio de 1570 se le encarga a
Rodrigo de León la realización de una custodia de plata para la iglesia y monasterio de San Francisco
de Belalcázar, en J. DE LA TORRE Y DEL CERRO, ob. cit., p. 43.
55 AHPC. Oficio 22, tomo 9, ff. 33v a 35, el 12 de enero de 1576 se concertó con Rodrigo de
León la construcción de una custodia de plata para el convento de Écija, en Ibídem, p. 50.
444 Mª Ángeles Raya Raya y Alicia Carrillo Calderero
4. EL PORTAPAZ DE LA PIEDAD
El portapaz del capellán Mora es una pieza notable, destacando además el hecho
de que no sean dos los regalados ya que era habitual que existieran dos piezas igua-
les para dar el beso de la paz en la Misa a todos los que asistiesen66, disponiéndose
generalmente uno para las mujeres y otro para los hombres. Por otra parte, esta
cuestión tampoco sorprende puesto que al ser capellán perpetuo de la Capilla de la
Sangre hay que suponer que no serían muchos los fieles que se acercasen a escuchar
la misa y a recibir la paz. De lo que no cabe duda es de la importancia que este
tipo de piezas adquieren en el siglo XVI, despuntando dentro del panorama de la
orfebrería como piezas habituales y destacadas, en función de la gran importancia
litúrgica que adquieren en este momento. En opinión de Mª Jesús Sanz, el portapaz,
cuyo origen debemos buscarlo a finales de la Edad Media, deriva tipológicamente
de los relicarios en forma de edículos, formados por una pequeña hornacina en la
que se sitúan figuras de bulto redondo, enmarcadas por elementos arquitectónicos
como pilastras y cubiertas con doselete67. Una tipología que en el siglo XVI seguirá
63 Al respecto, véase: M. VARAS RIVERO, «El lenguaje arquitectónico en los portapaces ba-
joandaluces del Manierismo», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2007.
Murcia, 2007.
64 Ibídem, pp. 570 y 572.
65 D. ORTIZ JUÁREZ, Exposición… ob. cit., p. 15.
66 El gesto de transmitir la paz se hacía besando la patena pero, desde el siglo XIII se hizo por
medio del portapaz que era llevado por el subdiácono, quien lo daba a besar primero al preste y luego
a los ministros de la Iglesia y a los fieles, en M. RIGUETTI, Historia de la Liturgia. Tomo II. Madrid,
1956, pp. 433-435.
67 M.J. SANZ SERRANO, «Aspectos tipológicos e iconográficos del portapaz renacentista».
Cuadernos de Arte e Iconografía tomo IV-8, 1991, pp. 113-123.
Una obra desconocida de Rodrigo de León en el Tesoro de la Catedral de Córdoba 447
72 P.L. ECHEVARRÍA GOÑI, «Presencia de Rafael, Miguel Ángel y otros maestros renacentistas
en la catedral de Pamplona a través del grabado y la copia». Cuadernos de la Cátedra de Patrimonio
y Arte Navarro n. 1. Pamplona, 2006, pp. 167-188.
Una obra desconocida de Rodrigo de León en el Tesoro de la Catedral de Córdoba 449
pone de manifiesto cómo los prototipos creados por el gran maestro del Cinquecento
fueron muy utilizados en Navarra, gracias a las copias grabadas que circularon en
este momento por Europa. El dibujo que Miguel Ángel hizo de La Piedad como
regalo para su amiga Vitoria Colonna fue reproducido y difundido por el resto de
Europa gracias al grabado que realizó el francés Nicolás Beatrizet en 1547, como
se observa en La Piedad que el escultor Domingo de Lussa realizó para el retablo
de La Piedad de la catedral de Pamplona73. Si observamos esta talla navarra, el pa-
recido con La Piedad que Rodrigo de León representa en el Portapaz es realmente
asombroso, tan sólo diferenciado en la postura de las piernas de Jesucristo.
Como conclusión diremos que el interés de esta pieza radica no sólo en ser una
obra marcada por uno de los maestros más importantes del siglo XVI en la ciudad
de Córdoba, sino que además es una pieza pionera. La calidad de la obra y la ex-
traordinaria decoración no sólo ponen de manifiesto la importancia del maestro,
sino que además, entendemos que esta obra sirvió como ensayo para lo que poste-
riormente serán sus piezas más significativas, los portapaces del duque de Segorbe.
En este sentido, pensamos que Rodrigo de León utilizó por primera vez en este
ejemplo, un modelo de portapaz ideado como portada y en el que introduce como
elemento decorativo, además de la ornamentación incisa y repujada, la técnica del
esmalte, de la que es considerado uno de los más destacados artífices.
Las custodias procesionales del Corpus Christi son, en verdad, unas de las
principales creaciones de la platería española, como obras relevantes destinadas par-
ticularmente a magnificar el solemne culto de las catedrales, cuya identidad asumen
y representan de un modo muy significativo1. Pero esta preferente identificación
entre catedral y custodia no impidió que igualmente se labraran para otras iglesias,
como las parroquias mayores de los pueblos. Andalucía da un buen ejemplo en
este sentido, en tanto que muchas de sus villas y pequeñas ciudades se hicieron con
magníficas custodias, sobre todo entre los siglos XVI y XVIII. Basta con mencionar
el singular panorama que proporcionan los pueblos de Córdoba, donde no deja de
sorprender el nutrido repertorio y la general categoría de sus custodias2.
12 Desde 1752 figura como platero de Fábrica, tras solicitar tal cargo en el cabildo de 9 de junio,
y desde entonces quedará vinculado a la Catedral (M. NIETO CUMPLIDO, La Catedral… ob. cit.,
pp. 626-627).
13 En realidad, el programa de actuaciones del hermano mayor fue más amplio, aunque la
terminación del Sagrario con su retablo y la custodia procesional constituyan lo más espectacular.
Sus proyectos incluyeron también varias de obras de platería, destinadas asimismo a magnificar las
funciones y prácticas religiosas de la cofradía. Así, un inventario del 5 de noviembre de 1771 reseña
las piezas hechas por mediación de Ruiz Carrera (Libro de Ynventarios y Cabildos…). Figura un
incensario, pero sobre todo interesa destacar un precioso portaviático y un altar portátil con puertas
abatibles, que una vez abierto muestra en chapa de plata repujada y recortada una custodia ostenso-
rio, acompañada de ángeles adoradores, además de espigas y vides. Obviamente, portaviático y altar
se destinaban a la comunión de enfermos y moribundos, un servicio en el que colaboraba la cofradía.
Tanto el portaviático como el altar se conservan y ostentan las marcas de Aranda con la cifra 71, de
1771, como marcador, el león de Córdoba y la de autor, el platero Antonio Ruiz (D. ORTIZ JUÁREZ,
456 Jesús Rivas Carmona
englobaban 40 de un fleco y 80 del refresco dado a los oficiales. Por tanto, todo
sumó 32.018 reales, aunque el maestro recibió 31.418, ya que 600 los dio de limosna
a la cofradía, tal como especifica una apostilla datada el 4 de mayo de 1782.
La documentación, ciertamente, no deja lugar a dudas en cuanto a la autoría de
Castro20. Más aún, podría afirmarse que la custodia se emprendió porque se contaba
con el platero para su realización, un maestro con las habilidades suficientes para una
empresa tan ambiciosa. Para entonces se encontraba en la plenitud de su madurez y
gozaba del máximo prestigio en el obrador cordobés, después de varias décadas de
actividad, incluso había logrado encumbrarse a los más altos cargos de la profesión,
como marcador y fiel contraste y como hermano mayor de la Cofradía de San Eloy,
honor que precisamente disfrutó entre los años 1779 y 1781, en el mismo momento
de labrar la custodia de La Rambla. También llevaba bastante tiempo desempeñando
el oficio de «Argentario mayor de la Fabrica» de la Catedral de Córdoba, en función
de lo cual acometió cosas tan importantes como el arca de Jueves Santo, de 176121.
Desde esa fecha no hizo sino acreditarse como un extraordinario platero, capaz de
abordar magnos proyectos, en los que conjuntaba lo arquitectónico, lo ornamental
y lo escultórico, siempre con una excelente técnica. Ya su suegro, Bernabé García
de los Reyes, había sobresalido como autor de grandes piezas de platería de tipo
arquitectónico, contándose en su haber varias custodias procesionales, desde la de
Espejo a la de la Catedral de Teruel, sin olvidar la de Baena, cuyos cuerpos más
antiguos también se le atribuyen a él22. Y en este ambiente se formó Castro, quien
demostró su capacidad al respecto en creaciones como la mencionada arca de la
Catedral de Córdoba u otras semejantes, caso del arca de la parroquia cordobesa
de San Nicolás, que asimismo sirve de custodia procesional. Por si fuera poco, en el
mismo año de 1779, que marca el inicio de la obra de La Rambla, el platero había
concluido la custodia de la Catedral de Sigüenza, que llevó a cabo por encargo de
don Francisco Javier Delgado y Venegas, uno de sus más ilustres e importantes
clientes23. Sin duda, con tal currículum no hubo ningún inconveniente en escoger a
20 Incluso en el primer registro de inventario de la custodia así se hace constar: «Una Custodia
Nueva para sacar a el Ssmo. Sacrato. en la Procesion de el dia del Corpus y dia de sus Octava, su
Autor Dn. Damian de Castro Vecino de la Cd. De Cordova» (Libro de Ynventarios y Cabildos…).
La autoría también queda confirmada por el propio marcaje, que incluye la marca de Castro como
marcador, o sea su apellido en una misma línea con flor de lis arriba, el león de Córdoba y la marca
de Castro como artífice, en este caso con el apellido en dos líneas. Sobre estas cuestiones del marcaje
de Castro ver D. ORTIZ JUÁREZ, ob. cit., pp. 101-103 y J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Seis obras
inéditas...» ob. cit., pp. 331-337 y «Damián de Castro…» ob. cit., pp. 115-117.
21 Ver la bibliografía citada anteriormente sobre el platero.
22 Para las custodias cordobesas relacionadas con García de los Reyes cabe citar a M. NIETO
CUMPLIDO y F. MORENO CUADRO, ob. cit., pp. 149-150. La de Teruel es estudiada por C.
ESTERAS MARTÍN, Orfebrería de Teruel y su provincia. T. II. Teruel, 1980, pp. 243-244.
23 A. RECIO MIR, «Mentalidad suntuaria y ornato del templo: el mecenazgo del cardenal
Delgado y Venegas, arzobispo de Sevilla, patriarca de las Indias y capellán de Carlos III» en G. RA-
MALLO ASENSIO (Coord. y Ed.), El Comportamiento de las Catedrales Españolas. Del Barroco a
los Historicismos. Actas del Congreso. Murcia, 2003, p. 413. Asimismo J.M. CRUZ VALDOVINOS,
458 Jesús Rivas Carmona
Castro para la custodia rambleña o, mejor dicho, era el platero idóneo a quien acudir,
aunque quizás no deban desestimarse otras razones, que evidentemente jugaron a
favor de su elección; a saber, su vínculo al mundo de la Catedral de Córdoba y la
posible recomendación de Miguel Verdiguier. Es más que razonable suponer que este
maestro lo propusiera como la persona adecuada y que sirviera de mediador, pues
se conocían por haber coincidido ambos trabajando en la catedral, incluso puede
que llegasen a colaborar, entre otras cosas en el retablo catedralicio de Santa Inés,
cuyos bronces quizás sean una obra compartida de Verdiguier y Castro24.
Esta opinión parece cobrar visos de realidad al tener en cuenta que el propio
Verdiguier suministró la traza de la custodia, según confirma un recibo suyo, datado
el 25 de junio de 1779, en el que declara haber cobrado 500 reales por el dibujo25.
Tal documento, de otra parte, demuestra con toda notoriedad que el francés es el
autor intelectual de la custodia y que es a él a quien se le debe otorgar el mérito de
la invención mientras que Castro queda, en consecuencia, en mero artífice y ejecu-
tor de las ideas de aquél. Esto, obviamente, parece restar significación al platero y
rebajar el valor de su aportación. Pero la realidad dista de ello. Damián de Castro,
precisamente, destaca como diseñador, incluso de obras que nada tienen que ver
con la platería. Así, varios retablos de yeso policromado realizados por su amigo y
compadre Alonso Gómez de Sandoval, específicamente el de San José o del Beato
Simón de Rojas de la iglesia de la Trinidad de Córdoba y los dos pequeños de la
nave de la iglesia también cordobesa de la Merced, dedicados a Santa María del
Socorro y Santa Mariana de Jesús26. Por supuesto, su capacidad creadora se advierte
en la propia platería y existe constancia fehaciente de que él mismo realizaba las
trazas de sus piezas de plata, tal como demuestra su testimonio en relación a la cruz
procesional que hizo para la Catedral de Málaga, según el cual «e dispuesto otro
«Seis obras inéditas…» ob. cit., pp. 341-342. Y, en particular, F. AMORES MARTÍNEZ, «Piedad y
gusto por el lujo en la Iglesia española de la época ilustrada. El Cardenal Delgado y la custodia de la
Catedral de Sigüenza». Actas de las V Jornadas de Castilla-La Mancha sobre investigación en Archivos.
Vol. III. Guadalajara, 2002, pp. 1609-1623.
24 Verdiguier, además de la imagen titular, pudo tener a su cargo la decoración del retablo (J.
RIVAS CARMONA, «Notas…» ob. cit., p. 31 y M.A. RAYA RAYA, ob. cit., p. 100). En parte esa
decoración es de bronce y el específico trabajo de éste requería un maestro experto en los metales y
en la Catedral de Córdoba por entonces lo era Castro, quien en sus obras incluía el bronce, como
demuestra la propia custodia de La Rambla y su documentación.
25 Exactamente dice el documento: «Recivi del Sor. D. Alphonso Ruis Carrera Vecino de la Villa
de la Rambla y Administrador de la Cofradía de la hermandad del Santíssimo Sacramento de dicha
Villa es a saver quinientos rs. von. por un divujo que he hecho para una Custodia nueva de Plata que
se esta aciendo en la Ciudad de Cordova y para que Conste le doi el presente y firme en dicha Ciudad
en veinte y cinco dias del Mes de Junio de mil setecientos setenta y nueve. Son 500 rs. von. Miguel
Verdiguier» (Cuentas de 1-I-1779 a 4-XI-1780).
26 M.A. RAYA RAYA, ob. cit., pp. 94 y 96. El primero de los retablos mencionados, de muy
original solución, que sobrepasa lo normal en la retablística cordobesa de su tiempo, presenta algunos
rasgos que pudieran equipararse a ciertas creaciones del platero, como el expositor de plata de la pa-
rroquia de la Asunción y Ángeles de Cabra.
La custodia de La Rambla: consideraciones sobre su creación 459
diseño de menor tamaño, arreglandome a una echura seria y sin los adornos que
llevo el anterior dibuxo»27. Y ello acaecía el 8 de abril de 1779, o sea por el tiempo
en que el maestro se embarcaba en la custodia de La Rambla.
En consecuencia, si Castro no diseña la custodia no es por impericia suya y, por
tanto, debe buscarse otro motivo. Con frecuencia las obras de los plateros se hacen
con trazas de otros artistas28, sin que ello supusiese ningún menoscabo. En el caso
del mismo Castro pueden citarse algunos ejemplos. Bien notorias son en este sentido
las dos esculturas de plata, de la Virgen de la Candelaria y San Rafael, que labra
para la Catedral de Córdoba siguiendo modelos respectivamente de Pedro Duque
Cornejo y de Alonso Gómez de Sandoval29. Incluso este último confeccionó la traza
para los candeleros que para ese mismo templo realizó el maestro, según contrato de
176930. Más aún, para las custodias procesionales se hizo corriente la participación de
varios y diversos artistas. Así ya se advierte en la emblemática custodia de Enrique
de Arfe para la Catedral de Toledo, que contó con las aportaciones del escultor
Diego Copín de Holanda y del pintor Juan de Borgoña. Siguiendo en el siglo XVI,
la custodia de Zaragoza de Pedro Lamaison se llevó a cabo con diseños del pintor
Jerónimo de Cósida y con modelos escultóricos de Damián Forment. Asimismo se
ha sugerido la participación del arquitecto Juan Bautista de Toledo en la traza de la
custodia de andas de Madrid, obra del platero Francisco Álvarez31. Más adelante,
las andas de la Catedral de Málaga se realizaron por Gregorio de Frías conforme
al diseño del pintor italiano Cesar Arbassia32. Esta costumbre continuó en el siglo
XVII con ejemplos tan representativos como el de la Custodia de la Catedral de
Segovia, en la que el platero Rafael González se sometió a lo ideado por el hermano
jesuita Francisco Bautista33, de donde deriva la semejanza entre dicha custodia y el
templete de ese arquitecto en la Capilla de la Venerable Orden Tercera de Madrid.
El siglo XVIII también sigue dando importantes ejemplos, entre ellos las andas de
40 La habilidad de Verdiguier para el dibujo tuvo que ser notoria, incluso debió concederle
importancia capital en la creación artística. No hay que olvidar que fue académico y por partida do-
ble. Primero en su Marsella natal, donde llegó a ser profesor de la Academia de Bellas Artes. Una vez
establecido en Andalucía, en 1780 acabó siendo académico de la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando (Ver, al respecto, el estudio de A. VILLAR MOVELLÁN, «Barroco…» ob. cit., pp. 115 y
117). Desde estas perspectivas, no extraña que él fuera el responsable de dibujar la traza.
462 Jesús Rivas Carmona
44 J. TEMBOURY, ob. cit., pp. 352-353. De todas formas, este peculiar tipo de astil se hizo
presente en otras muestras de la platería de Castro (M. NIETO CUMPLIDO y F. MORENO
CUADRO, ob. cit., p. 151), tal como demuestra el ostensorio de Villa del Río, de 1785, muy poco
posterior a la custodia de La Rambla, explicándose así la reproducción prácticamente exacta del
modelo.
45 Esta cuestión ha sido planteada por J.M. CRUZ VALDOVINOS, «Seis obras…» ob. cit., pp.
344-345. Ver también de este mismo autor «Damián de Castro…» ob. cit., p. 123.
46 La influencia de Verdiguier ya ha sido resaltada, sobre todo respecto a lo rococó, por J. HER-
NÁNDEZ PEREDA, Orfebrería en Canarias. Madrid, 1955, p. 120 y L.C. ALONSO GUTIÉRREZ,
ob. cit., pp. 152 y 154. Sobre estas influencias de los franceses ver también J. RIVAS CARMONA,
«Platería cordobesa en Murcia». Imafronte n. 14. 1998-1999, pp. 258-259 y 267 y «Los plateros arqui-
tectos: el ejemplo de algunos maestros barrocos». Estudios de Platería. San Eloy 2001. Universidad de
Murcia, 2001, pp. 227-228.
47 Raya (ob. cit., p. 96) respecto de este retablo señala los recuerdos del barroco francés.
48 R. SÁNCHEZ-LAFUENTE GÉMAR, «Relaciones…» ob. cit., pp. 161-162.
464 Jesús Rivas Carmona
50 Sobre esta obra de Ventura Rodríguez es obligada la cita de T.F. REESE, The architecture of
Ventura Rodríguez. Vol. I. Nueva York, 1976, pp. 281-282. Asimismo F. CHUECA GOITIA, «Ventura
Rodríguez y la escuela barroca romana». Archivo Español de Arte n. 52 (1942), incorporado también
en el catálogo El arquitecto D. Ventura Rodríguez (1717-1785). Madrid, 1983, pp. 32-33.
466 Jesús Rivas Carmona
51 Los pormenores de la erección de esta iglesia y de esa intervención de Rodríguez son recogidos
por T.F. REESE, ob cit. Vol. I, pp. 248-251. También puede mencionarse a J. RIVAS CARMONA,
«Notas…» ob. cit., pp. 34-41, que recoge la aportación fundamental de M.D. PÉREZ MARÍN, Paula
Montal y su obra en Andalucía. Tesis de licenciatura, Universidad de Córdoba, 1982. En este estudio
se documentan la historia del edificio y la intervención de los arquitectos citados.
52 M.A. RAYA RAYA, ob. cit., p. 100.
53 Este edificio es estudiado por P.A. GALERA ANDREU, Arquitectura de los siglos XVII y
XVIII en Jaén. Granada, 1977, pp. 343-355. Y, en concreto, para la decoración escultórica ver M.L.
de ULIERTE VÁZQUEZ, «La decoración del Sagrario de la Catedral de Jaén». Boletín del Instituto
de Estudios Giennenses n. 150 (1981), pp. 2 y ss.
54 Debe recordarse lo mencionado en nota n. 40.
La custodia de La Rambla: consideraciones sobre su creación 467
Academia y del arte auspiciado por la Ilustración. Supone, por tanto, como una
magnífica síntesis de las tendencias artísticas imperantes en el reinado de Carlos III
y ejemplo extraordinario de cómo la platería participó de ella, no encerrándose en sí
misma sino abriéndose a las demás artes, compartiendo los nuevos planteamientos
que aceptaron por entonces la arquitectura, la retablística o la escultura. Su arte
adelantado denota, por otro lado, el dinamismo de La Rambla y de su elite local, de
la que formaba parte el propio Ruiz Carrera, en cuyo contexto se valoraban tanto
los nuevos gustos artísticos como la renovación cultural de la Ilustración, que tuvo
un buen exponente en la creación de la Real Sociedad Económica de Amigos del
País55. Si se quiere, la custodia también sirve de testimonio de cómo el espíritu de
la Ilustración se fue infiltrando, concretamente en esta localidad cordobesa.
«En estas Cruzes grandes y guiones que todas van guardando una
manera Sirven para llevar en processiones y acompaña al fin de la carrera
Guiada por razon de proporciones sexquiquarta sera toda ella entera El pie
en forma redonda o en quadrada o hexagonal, que en esto no va nada».
Juan de Arfe (1585): De Varia Commensuracion.
1. INTRODUCCIÓN
En los últimos años se han dado a conocer una serie de datos, tanto desde el
ámbito familiar como profesional, de los plateros Tomás de Morales y de su sobrino-
yerno Jerónimo de Morales, afincados ambos en Jaén, ciudad en la que practicaron
el oficio de platero, alcanzando merecida fama y prestigio en su profesión. Uno
7 M. LÓPEZ MOLINA, Breve historia de jiennenses del siglo XVII. Jaén, 2001, pp. 28-41.
8 Sobre la cruz de Montoro (Córdoba): M. RUIZ CALVENTE, «Los plateros...» ob. cit., pp.
555-567; M.T. DABRIO GONZÁLEZ, «El platero Francisco Merino y el monasterio cordobés de
San Jerónimo de Valparaíso», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2009.
Murcia, 2009, pp. 263-280. Sobre la custodia de la iglesia de Villacarrillo: M. RUIZ CALVENTE, «Los
plateros...» ob. cit., pp. 555-567; M.S. LÁZARO DAMAS, ob. cit. pp. 269-271. Esta custodia fue valora
en torno a 300 ducados, siendo labrada en 1590 por Tomás de Morales, platero que támbién entregó
para la misma iglesia unas crismeras y otras piezas de plata, según M.L. ULIERTE VÁZQUEZ, El
retablo en en Jaén (1580-1800). Jaén, 1986, p. 126. Agradezco la colaboración de la profesora Mª.L.
de ULIERTE VÁZQUEZ, a quien debo los dos documentos al respecto, que incorporamos a conti-
nuación: Villacarrillo. Iglesia de la Asunción. Cuentas de Fábrica. Año 1590: «Custodia. Rezibesele en
discargo ciento quatro mil y trecientos y treinta y quatro maravedis con los quales se acabo de pagar la
custodia rica que se hizo para la yglesia. Mostro carta de pago y finiquito de Tomas de Morales». Año
1615: «Crismeras y vasos de plata. Pasansele y reçivensele en quenta quinientos y setenta y tres reales
que costaron las crismeras de plata y vaso para llevar el santo olio y otro vaso grande para dar el agua
despues de la Comunion y se aduzen y hazen por el mandamiento de su Señoria. Se le mandan pagar
a Thomas de Morales, platero de la ciudad de Jaen que los hizo seteçientos y çinquenta reales (...)». En
este descargo se precisa, sin embargo, que aunque el dinero ajustado por el total del trabajo ascendía
a los dichos 750 reales, sólo se le entregarían a Morales 573 reales, pues hasta el resto apreciado se
compensó con las crismeras de plata viejas. La custodia labrada por Tomás de Morales no se conserva
entre las piezas de orfebrería que posee esta iglesia, y −al parecer− formó parte del botín sustraído por
las tropas francesas, luego recuperado por el ejercito español, aunque ya no volvieron a la parroquia
y fueron aportadas como ayuda para la defensa de España frente a Napoleón. (La documentación se
conserva en: A.H.N., Guerra de la Independencia. Sección Diversos-Colecciones, 111, n. 28. 1810-
04-02. R. RUBIALES GARCÍA DEL VALLE, «El Brigadier Calvache, comandante general de las
guerrillas de Jaén en la Guerra de la Independencia». AHISVI n. 7 (2008), pp. 54-66. En la relación
de piezas sustraidas figura una custodia, quizás la contratada con F. Merino y Tomás de Morales. M.
CEACERO SÁNCHEZ, «Museo Parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción», AHISVI n. 6 (2007).
9 M. RUIZ CALVENTE, «Los plateros...» ob. cit., pp. 555-567.
10 M. RUIZ CALVENTE, «La custodia procesional del Corpus Christi de Santa María de Linares
(Jaén), obra del platero Tomás de Morales», en J. RIVAS CARONA (coor.), Estudios de Platería. San
Eloy 2010. Murcia, 2010, pp. 669-690.
11 Archivo Historico Diocesano de Jaén (A.H.D.J.). Sección Pueblos. Arjona. Librillo de Cuentas
de Fábrica. 1587. Descargo de 9 de enero: «Dio por descargo tres mil maravedis que pago a Tomas de
Morales platero del adobio de la cruz, mostro mandamiento y carta de pago y mas ocho reales a quien
la llevo a Jaen y la trajo (...)».
12 A.H.D.J. Sección Pueblos. Bailén. Librillo de Cuentas de Fábrica. 1591. Junio. Pago a Tomás
de Morales la cantidad de 26978 maravedís de la hechura de la cruz de plata para la parroquial de la
Encarnación.
472 Miguel Ruiz Calvente
cáliz para la iglesia de Higuera de Arjona en 159413, y asimismo con otra cruz para
la iglesia de la Magdalena de Jaén en 159914; en 1614 aderezó un incensario de la
iglesia de Mancha Real15.
La obra de Tomás de Morales tuvo una singular continuidad a través de Jeró-
nimo de Morales y dos de los hijos de éste, Pedro y Juan Morales, que también
ejercieron con éxito el oficio de la platería. Fue Jerónimo de Morales16 uno de los
más sobresalientes plateros en el antiguo Reino de Jaén durante la primera mitad del
siglo XVII; aprendió el oficio de platero en el taller de Tomás de Morales. Según M.
López17 ya estaba activo en 1619, pues el 27 de mayo de este año se comprometió
a labrar una lámpara para la Compañía de Jesús de Jaén, teniendo por esa fecha en
torno a 25 años; su formación cultural debió ser más que aceptable y por la va-
riedad de piezas contratadas conocía perfectamente el arte de la platería. Jerónimo
de Morales completó y cobró trabajos debidos a su tio Tomás de Morales como el
mencionado relicario de Cazalilla, la custodia de asiento de Santa María de Linares
y la cruz parroquial de Santa María de Torredonjimeno. La fecha de su muerte ha
sido fijada por M. López en torno a 1659, año en el que su hijo Juan de Morales,
platero, recibió cierta cantidad de plata de su madre Inés de Morales (hija de Tomás
de Morales), ya viuda de su padre Jerónimo de Morales, para terminar de hacer
una custodia para la iglesia de la Encarnación de Bailén18. No comparte esta fecha
S. Lázaro, que la sitúa en el año 164919.
13 A.H.D.J. Sección Pueblos. Higuera de Arjona. Librillo de Cuentas de Fábrica. 1594. Descargo
de 8 de febrero: «Mas se le descargan ziento y noventa y nueve reales y treynta y tres maravedís que
pago a Morales platero vezino de Jaen de la plata que puso mas en el caliz nuebo que se hizo porque
peso tres marcos y una onça que montan dozientos y zinco reales y la hechura y oro monto onçe ducados
y d,estos se quitaron dos marcos menos una quarta que son ziento y veynte y siete reales y treynta y
tres maravedis de suerte que la yglesia bino a pagar çiento y noventa y nuebe reales y treynta y tres
maravedís de lo qual mostro mandamiento del señor provisor y carta de pago(...)». Se descargan también
real y medio que se gastó en el adobio de un incensario de plata de esta iglesia.
14 A.H.D.J. Parroquia de Santa María Magdalena. Libro de Visitas y Memorias. 1558-1603.
Descargo fechado el 2 dejunio de 1599: «Yten se discarga de quince mil e siscientos y setenta e quatro
maravedís que pago a Morales platero de la hechura de la cruz como pareçio por carta de pago». Un
descargo cercano a éste, concretamente de 15644 maravedís y para dicha cruz fue publicado por M.S.
LÁZARO DAMAS, ob. cit., p. 267.
15 A.H.D.J. Sección Pueblos. Parroquia de S. Juan E. de Mancha Real. Librillo de Cuentas de
Fábrica. 1614. Descargo de 26 de junio: «Discargansele diez reales que gasto en adereçar el ynçensario
de la dicha yglesia como pareçio por carta de pago de Tomas de Morales platero».
16 Sobre la vida y obra de Jerónimo de Morales: M. LÓPEZ MOLINA, «Jerónimo de Morales:
un platero giennense del siglo XVII». Boletín del Instituto de Esudios Giennenses n. 162 (1996), pp.
1399-1412; M.S. LÁZARO DAMAS, «El platero giennense Jerónimo de Morales (h. 1580-1649): As-
pectos biográficos y artísticos», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2010.
Murcia, 2010, pp. 377-394; M. RUIZ CALVENTE, «La cruz parroquial...» ob. cit., pp. 139-156.
17 M. LÓPEZ MOLINA, «Jerónimo de Morales...» ob. cit., pp. 1403-1404.
18 Archivo Histórico Provincial de Jaén (A.H.P.J.). Sección Protocolos Notariales. Escribano
Lucas de Medina, legajo1621, f. 157. 1659, agosto, 18. Jaén. Documento publicado por M. LÓPEZ
MOLINA, Estudios microhistóricos giennenses del siglo XVII. Jaén, 2001, p. 134.
19 M.S. LÁZARO DAMAS, «El platero giennense...» ob. cit., p. 381.
El platero Tomás de Morales y las cruces parroquiales giennenses de Santa María... 473
25 A.H.D.J. Sección Pueblos. Torredonjimeno. Siglo XVII. Pleito de Jerónimo de Morales contra
Pedro de Mírez, presbítero y mayordomo de la iglesia de Santa María de la Concepción de Torredon-
jimeno, en razón de 1816 reales que se le debían por la plata y hechura de una cruz labrada por Tomás
de Morales para dicha iglesia.
26 A.H.P.J. Sección Protocolos Notariales. Escribano Alonso García de Median, legajo 930,
ff. 517v-518r. La referencia documental fue publicada por M.S. LÁZARO DAMAS, Los plateros
giennenses... ob. cit., pp. 271-272, en estos términos: «(...) La cruz estaba terminada el día 17 de junio,
fechas en las que se le abonan 1817 reales. Por esta segunda escritura conocemos el peso exacto de la
pieza que fue de veintisiete marcos, cinco onzas y una ochava de plata. La mano de obra o hechura se
pago a razón de 64 reales el marco. En este caso el testigo fue otro platero, Joan Clavijo de Villanueva
(...)». En este comentario apreciamos dos errores, uno en relación a la cantidad, pues no es 1817 sino
1816, el otro que dicha cantidad no se le entrega a Tomás de Morales, sino que el mayordomo Mírez
se obliga a entregarle, hecho que no ocurrió y fue la causa del pleito interpuesto por Jerónimo de
Morales, como cesionario de Tomás de Morales, contra él y la fábrica de la iglesia de Santa María de
Torredonjimeno.
27 A.H.P.J. Sección Protocolos Notariales. Escribano Alonso Garcia de Medina, legajo 930,
ff. 221r-222r. La referencia documental fue publicada por M.S. LÁZARO DAMAS, Los plateros
giennenses... ob. cit., p. 271: «(...) Torredonjimeno fue otra población para cuyas iglesias parroquiales
trabajó Morales. En ella han podido documentarse diferentes obras entre las que reseñamos sendas
cruces. La realizada para la iglesia de San Pedro, fue la primera, siendo la de Santa María una copia de
la anterior, según las condiciones suscritas para la realización de ésta última en 1609. En la fecha del
otorgamiento de la escritura Morales recibió la cantidad de 20 ducados «(...) por lo que monta la cruz
y la hechura(...)», a la que abría que sumarle diez marcos de plata que había recibido con anterioridad.
En el citado contrato, se incluye como testigo a su yerno, el platero Jerónimo de Morales (...)».
El platero Tomás de Morales y las cruces parroquiales giennenses de Santa María... 477
con sede en Martos, diez marcos de plata para que con ellos comience la hechura
de una cruz para la iglesia de Santa María de Torredonjimeno, puntualizándose que
ésta «(...) habia de ser conforme una cruz que yo hiçe para la iglesia de San Pedro28
de la dicha villa de la Torredonjimeno (...)»; también se registran diversas entregas
recibidas por Tomás de Morales en esta escritura:
En las escrituras analizadas del año 1609, tanto en la del 22 de marzo como en
la del 17 de junio, entre las condiciones de las partes queda claramente especificado
que el mayordomo Pedro de Mírez se compromete a pagar lo estipulado a Tomás
de Morales, y para su cumplimiento obligó su persona y bienes tenidos y por haber
y los bienes y rentas de la fábrica de la iglesia de Santa María. Sin embargo, Tomás
de Morales no llegó a percibir el pago de los dichos 1816 reales por parte de Pedro
de Mírez ni de la fábrica de la dicha iglesia, por lo que −como ya ha sido señalado−
se llegó a un largo pleito, cuya documentación se conserva en el Archivo Históri-
29 A.H.D.J. Sección Pueblos. Torredonjimeno. Siglo XVII. Pleito de Jerónimo de Morales contra
Pedro de Mírez, presbítero y mayordomo de la iglesia de Santa María de la Concepción de Torredon-
jimeno, en razón de 1816 reales que se le debían por la plata y hechura de una cruz labrada por Tomás
de Morales para dicha iglesia.
El platero Tomás de Morales y las cruces parroquiales giennenses de Santa María... 479
30 A.H.N. Sección Órdenes Militares. Calatrava. Archivo Judicial de Toledo, legajo 38022. Siglo
XVII.
480 Miguel Ruiz Calvente
En cuanto a la traza estamos ante unas cruces en las que se introducen los
estilemas diseñados por el famoso platero giennense Francisco Merino, con el que
conocemos tuvo intensa relación personal y profesional Tomás de Morales. No
cabe duda que la estancia de ambos plateros en Jaén, y −con toda probabilidad en
Toledo− determinó la asimilación por parte de Tomás de Morales de los modelos
elaborados por Merino en su taller. Ha de entenderse que de manera especial de-
bió de influir en la ejecución de las cruces de Tomás Morales −y luego en las de
Jerónimo de Morales y descendientes− la cruz patriarcal de la catedral de Sevilla31,
obra magnífica y novedosa de Merino. Esta cruz impactó también en Francisco de
Alfaro, platero de la catedral de Sevilla, que la restauró en 1595, de tal forma que
determinó la ejecución de todas sus cruces posteriores32. En opinión de Mª. Jesús
Sanz a partir de este momento las cruces andaluzas siguen el modelo de Merino-
Alfaro, y poco después se extienden por toda la Península33. Este estilo, desarro-
llado plenamente entre 1590 y 1625 y asimilado incluso por Juan de Arfe34, ha sido
denominado de diversas maneras, tales como Felipe II, escurialense o herreriano35,
cortesano y manierismo geometrizante36. Se caracteriza por la geometrización de
31 Sobre esta cruz: M.J. SANZ SERRANO, Orfebrería sevillana del Barroco. T. I. Sevilla, 1976,
pp. 142-143. J.M. PALOMERO, «La platería en la catedral de Sevilla», en La catedral de Sevilla. Sevilla,
1984, fig. 603.
32 M.J. SANZ SERRANO, «La cruz parroquial en las últimas décadas del siglo XVI. Oriegen
del cambio tipológico», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería San Eloy 2002. Murcia,
2002, pp. 427-439. Sobre la vida y obra del platero Francisco de Alfaro: P. NIEVA SOTO, «Noticias
sobre las obras realizadas por el platero Francisco de Alfaro en San Marcos de Jerez». Laboratorio de
Arte n. 8 (1995), pp. 371-384; A.J. SANTOS MÁRQUEZ, «El platero Francisco de Alfaro en la Baja
Extremadura», en VIII Congreso de Estudios Estremeños. 2007, pp. 290-300.
33 Sobre el estilo de la platería andaluza en el Barroco: J.M. CRUZ VALDOVINOS, Cinco
Siglos de Platería Sevillana. Catálogo de la Exposición. Sevilla, 1992. M. NIETO CUMPLIDO y F.
MORENO CUADRO, Eucharistica Cordubensis. Cordoba, 1993. M.J. SANZ SERRANO, «Los es-
tilos en la platería barroca andaluza», en El fulgor de la plata. Andalucía Barroca. Junta de Andalucía,
2007, pp. 42-65. M.T. DABRIO GONZÁLEZ, «Tiplología y ornamento de las cruces procesionales
del Barroco», en Congreso Internacional Andalucía Barroca. I Arte, Arquitectura y Urbanismo. Junta
de Andalucía, 2007, pp. 39-48.
34 En relación a la vida y obra de Juan de Arfe existe una extensa bibliografía, aquí sólo vamos
a destacar un trabajo reciente por tratarse en él su gran contribución a la platería (dada a conocer en
su libro más famoso: De Varia Commensuracion (1585), publicado por: M.C. HEREDIA MORENO,
«Juan de Arfe y Villafañe, tratadista de arquitectura y arquitecto de plata labrada», en J. RIVAS CAR-
MONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2005. Murcia, 2005, pp. 193-211.
35 C. HERNMARCK, Las custodias procesionales en España. Madrid, 1987, pp.26-27. Según
este ilustre historiador del arte el estilo «herreriano» o «estilo Escorial» fue introducido en la platería
por Francisco Merino, pero Juan de Arfe es el primer artista que lo utilizó en la creación de detalles
ornamentales de custodias. Sus rasgos característicos son una sencillez que se manifiesta en los pocos
ornamentos y proporciones equilibradas como principal efecto estético. En suma, se trata de una reacción
contra la exuberante decoración plateresaca de buena parte del siglo XVI. Vid. al respecto también: A.
CASASECA CASASECA (coor.), La platería en la época de los Austrias Mayores en Castilla y León.
Junta de Castilla y León, 1999.
36 M.J. SANZ SERRANO, «La cruz parroquial en las últimas…» ob. cit., pp. 427-439.
El platero Tomás de Morales y las cruces parroquiales giennenses de Santa María... 481
derecho San Mateo en pie con su Evangelio, en el izquierdo San Marcos también
de pie con su Evangelio y el león; la superficie plana de los brazos se enriquecen
con rectángulos con ces vegetalizadas en los que se incluyen óvalos elípticos con
ángeles, de pie en el brazo vertical, reclinados en el horizontal, portando en éste un
instrumento musical (lado izquierdo) y un documento o libro (lado derecho); todos
estos rectangulos quedan flanqueados por otros más pequeños con ces vegetalizadas,
presentando los que enmarcan el cuadrón un lado curvo; el cuadrón38 es circular a
modo de tondo y se decorada al modo de la cruz patriarcal de Merino con relieves
de nubes, querubines y la paloma del Espiritú Santo, Cristo Crucificado muerto de
tres clavos cuelga desde él ocupando buena parte del brazo inferior vertical, en el
que se ha resaltado también un gran rectangulo con su moldura elítptica con nubes
a nivel de los pies de Cristo y ces, y fuera de él pequeños rectangulos resaltados
con ces vegetalizadas. En el reverso se repite la misma composición, pero cambia el
programa iconográfico; en el ensanchamiento horizontal superior del brazo vertical
se ha situado a Dios Padre (muy desgastado por el tiempo y con roturas) con las
manos extendidas y querubín, por debajo de él un angel, en el cuadrón tondo con
la Virgen y el Niño y seguidamente en la zona inferior de dicho brazo un angel
músico y en el ensanchamiento el apóstol San Pedro con las llaves; en los extremos
del brazo horizontal la Virgen (lado izquierdo) y San Juan (lado derecho), en las
superficies planas ángeles recostados con símbolos del martirio.
En la cruz de San Miguel preside el anverso del brazo vertical San Juan Evange-
lista, en el extremo contrario San Pedro con las llaves, en el reverso Dios Padre es
también colocado en la zona alta del brazo vertical, pero en el extremo del mismo
se sitúa San Lucas; el resto de los elementos compositivos se repiten, aunque con
ciertas variaciones en cuanto a los símbolos del martirio o instrumentos musicales
portados por los referidos ángeles; así, en el anverso, en el brazo vertical figura de-
bajo de San Juan Evangelista un angel que parece llevar en su mano los Evangelios,
mientras que en el extremo izquierdo del brazo horizontal se encuentra un ángel
con un látigo, en el lado contrario otro angel porta un martillo; en el reverso y en
las dichas posiciones, angel músico y angel leyendo, en el brazo vertical angel con
un columna entorchada en la parte alta y angel músico con viola en la zona baja.
El Crucificado, con los querubines y la paloma del Espiritú Santo, y el relieve del
cuadron con María y el Niño son de semejante factura.
En ambas cruces el enlace del árbol con la macolla, manzana o nudo se resuelve
−como en la cruz patriarcal de Merino− por medio de un paralelepípedo o rectángulo
en vertical −apeado en un moldura abocelada, sobre la que descansa una calavera
38 Actualmente luce esta cruz en los ángulos del cuadrón ráfagas de plata –parcialmente des-
truidas−, pero originalmente se debieron colocar perillas semejantes a las conservadas en los ensancha-
mientos de los brazos (en la que se puede observa la falta de una de ellas). El conjunto de la pieza está
necesita de una restauración, ya que se han introducido para darle seguridad algunas piezas claramente
inapropiadas.
El platero Tomás de Morales y las cruces parroquiales giennenses de Santa María... 483
con huesos cruzados−, con traza arquitectónica formada por dos portaditas ciegas
con pilastras avolutadas en su zona inferior, frontones triangulares en el caso de la
de Santa María y sin ellos en la de San Miguel, reservándose en la de Santa María
el espacio central para insertar en un lado un pequeño relieve de San Andrés con
el aspa de su martirio y en el otro un Apóstol, del que ha desaparecido su símbolo,
pero que pudo corresponder a San Pablo (que también figura junto con San Andrés
en la cruz patriarcal de Merino), mientras que en los costados se repiten las pilastras
coronadas con mútulos a modo de capiteles y avolutamientos en la base; en la de San
Miguel en lugar de las dichas figuras se han incorporado dos óvalos con pinturas y
además se han invertido las pilastras laterales. La macollas de las dos cruces se han
estructurado a base de un sólo cuerpo formado por un templete de traza circular
que se cubre con una cúpula semiesférica −de clara inspiración escurialense y muy
semejante al tercer cuerpo de la custodia de asiento de Santa María de Linares−,
y como ésta lleva alternándose en los segmentos óvalos, con pinturas en la de San
Miguel; el cuerpo del templete, asentado sobre un plataforma abocelada circular
en la de Santa María y poligonal en la de San Miguel, está conformado por ocho
edículos −como en la cruz patriarcal de Merino− rectangulares y semicirculares
alternantes (con rectangulillo resaltado en la zona superior e inferior, al igual que
en los edículos de semejante traza introducidos por Merino en su cruz patriarcal),
que quedan separados entre si −en Santa María− por medio de pilastras con mútulos
a modo de capiteles y ces avolutadas en la base grabadas con ces y rectangulillos
pareados, coronándose todo por medio de un entablamento, en cuyo friso se han
colocado placas resaltadas con puntas de diamante a nivel de las pilastras y en eje
con ellas y motivos decorativos de ces y las mismas puntas de diamante; en la de
San Miguel dicha separación se efectúa a base de columnillas de orden dórico con
acanaladuras e himoscapo con decoración vegetal. En los edículos semicirculares
figuran los Padres de la Iglesia Latina, en los rectangulares San Jerónimo, María
Magdalena, San Francisco y San Juan Bautista niño; este conjunto iconográfico es
el mismo que Merino introdujo en su cruz patriarcal, y que repetiría Alfaro en las
suyas de San Juan de Marchena y en la de Monesterio (1597), en la provincia de
Badajoz, aunque aquí se eliminaron los Padres de la Iglesia39. Por debajo de la base
circular en la que asienta el templete se ha labrado una espléndida moldura abocelada
y acampanada invertida que une el conjunto con el vástago o cañón, en la que se
exhiben una serie de elementos geométricos manieristas40 resaltados −grabados con
ces−, entre los que destacamos cueros recortados, óvalos −con pinturas en la de San
Miguel−, costillas, rectángulos y cuatro cabezas de serpientes −símbolo demoníaco
aplastado por el martirio de Cristo en la Cruz−, guardando todo ello referencias
también a la moldura semejante labrada por Merino en su cruz patriarcal. Finalmente
se rematan las cruces con un cañón o vástago −igualmente merinense− en forma
de columna con capitel toscano, fuste con su basa decorado con estrias planas e
himoscapo en el que figuran cabujones ovalados elípticos resaltados.
41 M. CAPEL MARGARITO, en relación a esta cruz opta «(...) por un artífice jiennense de la
escuela o características de Fº. Merino (...)», fijando su cronología a fines del siglo XVI o principios
del siglo XVII, siendo su estilo herreriano o purista. (El Arte... ob.cit., p. 42.). Nada comenta sobre
ella R. ANGUITA HERRADOR, «Algunos objetos de platería en las Cuatro Villas», en VI Jornadas
de Estudios Histórico-Artísticos sobre «Las cuatro Villas». Sorihuela del Guadalimar, 1992, pp. 55-64.
El platero Tomás de Morales y las cruces parroquiales giennenses de Santa María... 485
costada y cuatro portaditas ciegas flanqueadas con pilastras dóricas coronadas con
frontones curvos y de medio punto de tradición miguelangelesca −al modo de los
trazados en el segundo cuerpo de la cruz patriarcal de Merino−, sin figuración en el
caso de Bailén y con figuración en Villacarrillo; en ambas se colocan en los citados
óvalos relieves semejantes, San Juan Bautista joven, San Francisco, María Magdalena
(sólo en la de Bailén) y San Jerónimo, que se repite extrañamente dos veces en la
de Villacarrillo; de bella factura es la pieza que enlaza con el cañón en la cruz de
Bailén, en la que se siguen las trazas merinenses, siendo la abocelada de Villacarrillo
posterior, como ya se ha indicado; en cuanto a los cañones, es más fiel al modelo
merinense el de la cruz de Villacarrillo, algo más sencillo y sin capitel el de Bailén,
pero en cualquier caso ambos con el fuste estriado e himoscapo en su tercio inferior.
Una fina decoración grabada a base de ces y otros motivos geométricos completan
la composición general de ambas cruces. Documentalmente, por lo que se refiere
a la cruz de Bailén, ya se ha comentado que en junio de 1591 le fueron abonados
a Tomás de Morales 26978 maravedís a cuenta de su hechura, pero en relación a la
de Villacarrillo sólo contamos con una referencia de 161542, procedente del apunte
de las cuentas de fábrica de ese año, en el que se pagan 56 reales «(...) en adovios de
plata de la cruz y custodia y relicario del Sagrario y cruces de patena y del incensa-
rio(...)», que con toda probabilidad, aunque en el apunte no se mencione, debieron
de abonarse a Tomás de Morales, platero que ya sabemos tuvo varios encargos de
dicha iglesia, entre ellos una custodia, vasos de plata y unas crismeras.
4. CONCLUSIÓN
1 Archivo Clarisas de Monforte (en adelante, A.Cl.M.), Legajo VII conde. Almoneda.
2 Don Pedro falleció en Madrid el 19 de octubre de 1622 y la almoneda dio comienzo el cinco
de mayo de 1623. A comienzos de este año, se retiraron joyas por orden de la condesa para rehacer.
3 El VII conde de Lemos era comendador de la orden de Alcántara.
488 Manuela Sáez González
piezas, treinta de ellas con tres diamantes cada una y las otras, con uno; una cintura
de oro y diamantes de sesenta y tres piezas, treinta y dos de a tres diamantes cada
una y las restantes con un diamante; dos lazadas con diecinueve diamantes cada una
y otra lazada a modo de rosa con treinta y cinco diamantes4.
Doña Catalina mandó deshacer alguna de las joyas que se encontraban en la
almoneda antes de comenzar la venta, para reformar y vender con objeto de obtener
un beneficio en la transacción5. Es muy posible que muchas de estas alhajas fuesen
adquiridas en Nápoles durante el virreinato del conde de Lemos. En el libro diario
de gastos privados6, se citan encargos a plateros napolitanos7.
Los diamantes, joyas de oro y «asientos» de perlas que tomó el capitán Diego
de Losada8 para rehacer, se encuentran en una relación aparte del legajo manuscrito
de setecientos catorce folios, numerados en el anverso y reverso del «Libro de la
quenta y raçón de la haçienda que se vendió en la Almoneda que en Madrid se hizo
de lo que quedó del conde de Lemos don Pedro Fernández de Castro que esté en
gloria»9. En esta relación se hace una valoración tanto del oro como de los diamantes
y perlas que el capitán Losada tomó de la almoneda del conde. Se citan veintiún
diamantes grandes y trescientos pequeños, ambos en bruto, valorados en siete mil
setecientos sesenta y seis reales de plata. Asimismo, se hace referencia a dieciséis
diamantes de un collar de oro y a otros veintisiete procedentes de otros tantos
botones de oro, tasados los cuarenta y tres diamantes en veintisiete mil setecientos
veinte reales de plata. El oro de estas piezas fue vendido el 3 de enero de 1623 en
cuatro mil setecientos setenta y un reales de plata. De esta cantidad cambió a vellón
tres mil setecientos reales al ocho por ciento, que importaron tres mil novecientos
noventa y seis reales de vellón.
4 De esta almoneda dimos cuenta en diferentes trabajos que hemos publicado. Véase, M. SÁEZ
GONZÁLEZ, La platería en Monforte de Lemos. Lugo, 1987; «Relicarios y otras piezas procedentes
de la almoneda del VII conde de Lemos enviadas al convento de las Madres Clarisas de Monforte de
Lemos». Diversarum Rerum n. 1, Ourense, 2006, pp. 17-28; «Plata vendida en la almoneda de los bienes
que quedaron a la muerte de don Pedro Fernández de Castro, VII conde de Lemos, en Estudios de Pla-
tería. San Eloy 2004. Universidad de Murcia, 2004, pp. 511-533; «Escultores, entalladores y marmolistas
que trabajaron en Nápoles para el virrey Lemos (1610-1616), en Ricerche sul´600 napoletano. Saggi e
documenti 2006. Nápoles, pp. 51-73; «Plateros que trabajaron para el VII conde de Lemos durante su
virreinato en Nápoles». España y Nápoles. Coleccionismo y mecenazgo virreinales en el siglo XVII.
Centro de Estudios Europa Hispánica, Madrid, 2009, pp. 202-212.
5 Las piezas fueron realizadas en Madrid por plateros afincados en la corte.
6 A.Cl.M., Legajo VII conde. Libro diarios de gastos privados (1610-1616).
7 M. SÁEZ GONZÁLEZ, «Plateros que trabajaron…» ob. cit.
8 El capitán Diego de Losada y Quiroga ejerció el cargo de camarero del VII conde de Lemos
en Nápoles y en España. A la muerte de don Pedro, continuó al servicio de la condesa Doña Catalina
de la Cerda y Sandoval, aún después de entrar ésta, monja en el monasterio de las Madres Clarisas
de Monforte, fundado por ambos esposos. Fue gobernador de los estados de Lemos, caballero de la
orden de Santiago, alcaide perpetuo de la fortaleza de la villa de Monforte y de los palacios y bosques
de Paradela y Posillipo.
9 A.Cl.M. Almoneda, ob. cit.
Las joyas de la VII Condesa de Lemos 489
10 El duque de Veraguas había contraído matrimonio con la sobrina del VII conde de Lemos,
doña Catalina de Castro y Portugal, condesa de Gelves, hija de su hermanos menor, don Fernando y
de doña Leonor de Castro y Portugal.
11 Lope Rodríguez se encuentra documentado en 1626, A. FERNÁNDEZ, R. MUNOA y J.
RABASCO, Enciclopedia de la plata española y virreinal americana. Madrid, 1984, p. 278.
12 Pedro Piller (Pillier) nació en Picardía, Francia. Se trasladó a Madrid y fue aprobado platero
de oro en 1638. Agradecemos al profesor Cruz Valdovinos esta información que nos ha facilitado.
13 Hábito=insignia, escapulario, medalla.
490 Manuela Sáez González
14 El VII conde de Lemos fue el tutor de su sobrina a la muerte de su hermano, don Fernando,
a pesar de que la madre, doña Leonor de Castro, condesa de Gelves, vivía.
15 Es posible que se trate de un comerciante, pues no se menciona que fuese platero.
16 Desconocemos todo lo referente a este artífice.
17 Andrés de Villarroel era platero de oro. Véase, J.M. CRUZ VALDOVINOS, Los plateros
madrileños. Estudio histórico jurídico de su organización corporativa. Madrid, 1983, p. 76. También
aparece como platero del Rey y tasador de sus joyas. El 14 de enero de 1629 tasó un «apretador» de
la condesa de Lemos. A.Cl.M. Almoneda, ob. cit.
18 Lope de Ulloa y Ribadeneyra ejerció de contador de los condes en Nápoles y siguió desem-
peñando su cargo a su regreso a España y continuó al servicio de la condesa aún después de entrar en
religión.
Las joyas de la VII Condesa de Lemos 491
6.366
6.250
Total................. 12.616
de lo pagado por ambos conceptos en reales vellón
APÉNDICE DOCUMENT AL
Documento 1
A.Cl.M.
1623-1628
Madrid
Relación de los diamantes brutos y joyas de oro que Diego de Losada tomó de la
almoneda del VII conde de Lemos para deshacer y labrar nuevamente.
Documento 2
A.Cl.M.
1628-X-15
Cargo que presentó Diego de Losada de lo procedido de las joyas y diamantes que
retiró de la almoneda del VII conde de Lemos para «beneficiar».
Primeramente se haze aquí cargo al dicho capitán Diego de Losada de una sortixa
de oro con nuebe diamantes fondos que hizo labrar tasada en mill y ochocientos y
setenta reales de plata. (1.870 reales de plata).
− (al margen: Rossa y sortixa. 229 diamantes)
Más se le haze cargo con una rosa grande de oro con ducientos y veinte y nuebe
diamantes de diversos tamaños, y de una sortija grande a modo de pasador con veinte
y nuebe diamantes fondos. Tasadas ambas cossas en treinta y seis mil y trecientos
reales de plata. (36.300 reales de plata).
− (al margen: Sortixa. 9 diamantes)
Más se le haze cargo de otra sortija de oro con nuebe diamantes fondos tasada en
1.100 reales de plata. (1.100 reales de plata).
− (al margen: Benera. 16 diamantes fondos)
Más se le haze cargo de una benera de oro con el ávito de Santiago guarnezida con
diez y seis diamantes fondos tasada en mill y quinientas y ochenta y quatro reales
de plata. (1.584 reales de plata).
− (al margen: Bandilla. 572 diamantes)
Más se le haze cargo de una bandilla de oro y diamantes llana sin esmalte, en la
qual entraron quinientos y setenta y dos diamantes y se tassó en veinte y siete mil
y quinientos reales de plata. (27.500 reales de plata).
− (al margen: Lazada. 51 diamantes)
Más se le carga una lazada de oro y diamantes en que entraron cinquenta y uno
grandes y medianos, tasada en honze mil reales de plata. (11.000 reales de plata).
− (al margen: Cruz y premio. De alguna que de la plata en que se bendió reduxo
a vellón. 70 diamantes)
Más se le haze cargo de una cruz grande de oro esmaltado de noguerado con setenta
diamantes de diversos tamaños. Tasada en siete mill y setecientos reales de plata.
En los quales parece por la quenta del dicho Diego de Losada la vendió en 15 de
setiembre de 624 al duque de Neoburg y que dellos trocó el mismo día a vellón seis
mill ochocientos y sesenta y dos reales con premio de veinte por ciento para pagar
echuras de joyas. Por lo qual se cargan aquí al dicho Losada, ocho mil y treinta y
quatro reales de vellón que con el dicho premio importan los dichos seis mill ocho
cientos y setenta y dos reales y ochocientos y treinta y ocho reales em plata que
restan de los dichos siete siete mil y setecientos reales. (838 reales de plata y 8.234
reales de vellón).
− (al margen: Oro de dos joyas que deshizo y premio que redujo a vellón)
Deshizo el dicho Diego de Losada un collar de oro y diamantes y assientos de perlas,
y veynte y siete botones de oro echura de S con un diamante cada uno, y dize en su
quenta que pessó el oro que avái en estas dos joyas quatro mil setecientos y setenta
y un reales y que en ellos lo vendió en tres de henero de 1623 y que trocó a quartos
en ocho del dicho mes y año para pagar echuras de joyas tres mil y setecientos reales
a ocho por ciento. Por lo qual se le cargan aquí tres mil novecientos y nobenta y seys
reales de vellón que con el dicho premio ymportan los dichos 3.700 reales de plata
494 Manuela Sáez González
reducidos a vellón, y mas se le cargan mil y setenta y un reales que en plata restan
de los dichos 4.771. (1.071 reales de plata y 3.996 reales de vellón).
− (al margen: Diamante bendido)
Cárgansele más trecientos reales de plata en que por sus quentas parece vendió a
Andrés de Villaroel, el platero, un diamante en pelo. (300 reales de plata)
− (al margen: Diamantes que compró)
Más se le cargan veinte diamantes que compró para acomodar en las joyas nuevas
que hizo y por ellos quinientos reales de plata que dize le costaron. (500 reales de
plata).
− (al margen: Escudillos de oro)
Más se le cargan seis escudillos de oro con las armas, que los quatro sirvían en un
bufete y los dos en dos fuentes de plata y los tomó del almoneda del conde mi señor
que aya gloria y por no saverse su peso se cargan con millar en blanco.
Total: 82.063 reales de plata y 12.230 reales de vellón
Monta el dicho cargo que así se haze al dicho capitán Diego de Losada de las joyas
que hizo hazer y del oro que tomó de algunas de las que que tomó del almoneda
del conde don Pedro mi señor que aya gloria, y algunos diamantes que compró y del
premio que valió alguna cantidad de moneda de plata que reduxo a vellón. Como
todo pareze por las partidas deste pliego = ochenta y dos mill y sesenta y tres reales
de plata y doze mill ducientos y treinta de vellón; y mas los seis escudillos de oro
de la última partida y el dicho cargo se hizo por mí el contador Lope de Ulloa que
aquí firmo.
(firmado: Lope de Ulloa)
Documento 3
A.Cl.M.
1623-1628
Data de Diego de Losada de las joyas, declaradas en el documento anterior, que se
rehicieron y personas que las adquirieron por compra o regalo.
Datta
(al margen: Rosa de oro y diamantes y sortija de lo mismo)
El dicho Diego de Losada entre otras joyas que hizo labrar con las que tomó del
Almoneda del conde don Pedro mi señor que aya gloria, fue una rosa grande de oro
con ducientos y veinte y nuebe diamantes de diversos tamaños, y una sortixa gran-
de a modo de pasador con veynte y nuebe diamantes fondos que se tasaron ambas
cossas en treynta y seis mill y trecientos reales de plata, en la qual dicha cantidad se
Las joyas de la VII Condesa de Lemos 495
INTRODUCCIÓN
El oro y la plata siempre han sido considerados los metales preciosos por ex-
celencia. Gozar de ellos suponía para cualquier civilización, pueblo o nación, fuera
cual fuese su ubicación geográfica o su tiempo histórico, además de una evidente
y segura fuente de riqueza, un inequívoco signo de distinción y poder. Los más
diversos objetos, desde las simples y utilitarias piezas de artesanía hasta las excel-
sas obras de arte, cuando eran realizados empleando como materia prima dichos
metales, añadían a su inmediata revalorización económica otra que más tenía que
ver con cuestiones de índole estética o simbólica. Incluso, en no pocas ocasiones,
el mero hecho de crear la ilusión de que un determinado objeto respondía a tan
noble linaje, recubriéndolo con una envoltura que ocultaba su verdadera materia,
ha sido motivo suficiente para dotar a dicho objeto de esa aura de grandeza a la que
estamos aludiendo. Sin embargo, también han surgido poderosas voces a lo largo
de la historia empeñadas en invertir dicha asociación, confiriendo a oro y plata un
valor nimio o ridículo, hasta el punto de llegar a identificarlos, en los casos más
extremos, con la más vil y despreciable de las materias: el excremento1.
1 Sobre este particular, en relación a dos artistas del siglo XX, Salvador Dalí y Alejandro
Jodorowsky, véase C. SALAS GONZÁLEZ, «Excrementos de oro. La escatología áurica de Dalí y
500 Carlos Salas González
Con esta obra esencial, publicada en 1516, el humanista inglés no sólo inau-
gura la larga y fructífera época de las utopías modernas, sino que también acuña
el término que desde entonces empleamos para referirnos a este fascinante género.
Moro se convierte así en el padre de la utopía renacentista y en una de las voces
Jodorowsky», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2010. Universidad de
Murcia, 2010, pp. 703-716.
2 La bibliografía sobre las obras utópicas es tan numerosa como diversa. Entre los trabajos
publicados en España en los últimos años destacan los siguientes: F. CARMONA FERNÁNDEZ y
J.M. GARCÍA CANO (eds.), Utopía en la literatura y en la historia. Universidad de Murcia, 2008;
F. FERNÁNDEZ BUEY, Utopías e ilusiones naturales. El viejo topo. Barcelona, 2007; y R. BLAN-
CO MARTÍNEZ, La ciudad ausente. Utopía y utopismo en el pensamiento occidental. Akal. Madrid,
2000.
3 Algunos autores, caso de Eugenio Ímaz en su estudio preliminar a la compilación Utopías del
Renacimiento, sitúan en las Leyes más que en la República la auténtica propuesta de sociedad utópica
llevada a cabo por Platón. Véase MORO, CAMPANELLA y BACON, Utopías del Renacimiento.
Fondo de Cultura Económica. Madrid, 1996, pp. 7-35.
4 Ha de tenerse en cuenta que otros filósofos clásicos, como Faleas de Calcedonia o Hipodamo
de Mileto, abordaron esta cuestión de la sociedad ideal antes incluso que el propio Platón, aunque sus
obras nunca tuvieron la relevancia de las de éste. Véase I.J. PARDO, Fuegos bajo el agua. Biblioteca
Ayacucho. Caracas, 1990, pp. 55-56.
5 PLATÓN, La República. UNAM. México D.F., 2000, pp. 117-118.
La devaluación del oro y la plata en las utopías de la Edad Moderna... 501
las orejas, en sus dedos llevan anillos de oro y alrededor de sus cuellos cadenas de
oro y al final sus cabezas son ceñidas con oro»8. Como se puede apreciar, en todos
los casos se subvierte el valor que a estos metales se confiere en nuestras sociedades.
Esto ocurre tanto en lo estrictamente material –con oro y plata se fabrican desde los
orinales hasta las cadenas de los esclavos− como en lo simbólico –observamos que
con joyas y ornamentos elaborados con estos metales se humilla a criminales y delin-
cuentes−. En este mismo sentido habría que entender el llamativo uso que reservan a
las piedras preciosas: «También recogen perlas en las costas, y diamantes y carbunclos
debajo de ciertas rocas, pero no los buscan sino que cuando los encuentran por azar
los tallan y los pulen y con esto engalanan a sus hijos pequeños. Éstos, así como en
los primeros años de su infancia tienen en mucho y están contentos y orgullosos de
tales ornamentos, cuando son un poco más crecidos en años y discreción, al darse
cuenta de que nada más que los niños usan estos juguetes y bagatelas, las abandonan
por vergüenza y sin que sus padres se lo indiquen»9.
Finalmente, como colofón para subrayar este particular fenómeno, Hythloday
narra un episodio concreto que resulta tan hilarante como ilustrativo. En él se
cuenta la recepción que en Utopía se hizo a los embajadores de distintas naciones
vecinas. Todos ellos, excepto los anemolios, sabían del desprecio que los utopienses
hacían de los metales preciosos. De este modo, al llegar los representantes de aquella
nación ignorante pertrechados con sus mejores galas y joyas, fueron objeto de los
más variados cuchicheos entre los sorprendidos utopienses. Especial curiosidad
despertaban en los niños que ya habían abandonado las joyas con las que jugaban
cuando eran más pequeños, quienes preguntaban a sus padres por qué esos hombres
se adornaban de esa manera. Y éstos les respondían, igualmente sorprendidos por
su ridículo aspecto, que a buen seguro se trataría de bufones de la corte. Después
de unos días en Utopía, y tras constatar que allí eran los esclavos los que más oro
y plata lucían en sus cuerpos, los anemolios decidieron guardar las joyas hasta que
regresasen a su patria10.
La centuria del Seiscientos fue prolija en obras utópicas. Desde distintos pun-
tos de Europa diversos autores contribuyeron a engrosar la nómina de escritores
utópicos, pero fueron los ingleses los que continuaron destacando al respecto. La
herencia de Moro, en este sentido, siguió siendo poderosamente constatable. Francis
Bacon, James Harrington, Gerrard Winstanley o Margaret Cavendish son algunos
de los escritores que desde las Islas Británicas insistieron en imaginar sociedades
utópicas en pleno siglo XVII, siguiendo para ello la línea que cien años atrás mar-
8 Ibídem.
9 Ibídem, p. 74.
10 Véase Ibídem, pp. 74-76.
La devaluación del oro y la plata en las utopías de la Edad Moderna... 503
cara su compatriota Moro. No obstante, dos de los tres autores en los que nos
centraremos en este breve apartado no son británicos. Se trata del alemán Johann
Valentin Andreae y del italiano Tommaso Campanella.
El primero de ellos fue un prestigioso humanista a quien se ha señalado como
inspirador de los primeros manifiestos de la Rosa Cruz, orden de carácter esotérico
todavía hoy activa11. La obra en la que dicho autor describe una sociedad utópica
lleva por título Cristianópolis, fue publicada en 1619 y responde al punto esencial
de su pensamiento: la comunión entre fe y vida como ansiada meta del auténtico
luteranismo. En esta ocasión, la isla a la que arriba el viajero-cronista responde al
nombre de Cafarsalama, siendo su capital y único núcleo de población la ciudad de
Cristianópolis. En el breve apartado dedicado al erario es en el único en que se hace
referencia al oro y la plata, dejando constancia de que dichos metales únicamente
tienen importancia para los habitantes de aquella tierra, al igual que sucedía en la
isla ideada por Moro, a la hora de atender a cuestiones exteriores, tales como la
guerra o las transacciones comerciales: «Contiguo al arsenal está el erario, que los
ciudadanos no usan para nada entre ellos, bastante, en cambio, con el exterior. Es
increíble la cantidad de oro y plata acuñada que hay aquí, con la que pagan el tributo
al César, sufragan tropas del exterior si es necesario, comercian con los extranjeros,
asisten a los viajeros y sostienen sus embajadas»12.
El dominico Tommaso Campanella publicó La imaginaria Ciudad del Sol en
1623, veinte años después de que la escribiese una vez iniciado su largo cautiverio
en Nápoles. El autor repite la exitosa fórmula puesta en práctica por sus anteceso-
res: un viajero describe con detalle las bondades de una sociedad ideal ubicada en
una isla desconocida. En esta ocasión se trata de un almirante genovés, siendo su
interlocutor el Gran Maestre de los Hospitalarios, y de la mítica isla de Taprobana
donde se erige, rodeada por siete murallas, la Ciudad del Sol13.
Campanella, al igual que hiciera Andreae en Cristianópolis, no presta un especial
interés a la cuestión de los metales preciosos. Sólo se refiere a ellos al hablar de la
ceremonia de imposición de nombres a la que tanta importancia dan los ciudadanos
de aquella república: «Con frecuencia la imposición va acompañada de la entrega de
una corona, alusiva al hecho o al arte, y de una fiesta musical, pues ellos no apre-
cian el oro o la plata, concediendo a tales objetos preciosos únicamente el valor de
poder servir para hacer vasos y adornos comunes a todos»14. De modo que en lo
concerniente al uso de la plata y el oro, Campanella se sitúa de forma inequívoca
11 Sobre los orígenes de esta misteriosa orden y el papel que en ella desempeñó Johann Valentin
Andreae, véase J.P. BAYARD, La meta secreta de los rosacruces. Historia, doctrina, tradición y valor
iniciático. Robinbook. Barcelona, 1991.
12 J.V. ANDREAE, Cristianópolis. Akal. Madrid, 1996, p. 162.
13 La isla de Taprobana no fue inventada por Campanella, pues ha sido históricamente un lugar
legendario identificado en ocasiones con la isla de Ceilán. Véase A. MANGUEL y G. GUADALUPI,
Guía de lugares imaginarios. Alianza. Madrid, 1992, p. 434; y J. DE MANDEVILLA, Libro de las
maravillas del mundo. Biblioteca José Sinués. Zaragoza, 1979, p. 134.
14 MORO, CAMPANELLA y BACON, ob. cit., pp. 163-164.
504 Carlos Salas González
18 La antiutopía ha sido especialmente relevante en la literatura y el cine del siglo XX, estando
por lo general ligada a la idea de temor a sociedades futuras excesivamente tecnológicas y opresivas.
Sobre las más destacadas obras realizadas al respecto, véase V.L. MORA, «Las distopías como vertiente
política de la ciencia-ficción», en A. NOTARIO RUIZ (ed.), Estética: perspectivas contemporáneas.
Aquilafuente. Salamanca, 2008, pp. 341-404; y R. CUESTA ÁVILA, Tiempos modernos. Mitos y manías
de la modernidad. ECU. Alicante, 2003, pp. 99-131.
19 Sobre los distintos sistemas políticos y sociales que los protagonistas de la novela se van
encontrando en su viaje, y especialmente sobre esa suerte de despotismo ilustrado de corte comunista
que se da en Tamoé, véase A. LE BRUN, Sade. De pronto un bloque de abismo. El cuenco de plata.
Buenos Aires, 2008, pp. 145-164.
506 Carlos Salas González
sobrevivir sin él. Ante la mina de oro que escondía la isla, Zamé recibió la siguiente
lección de su sabio padre: «Vamos a extraer de aquí lo que necesitarás para viajar
con tanta magnificencia como utilidad; desgraciadamente no se puede salir de aquí
sin que este metal te resulte necesario, pero continúa siempre despreciándolo ante
los ojos de esta nación sencilla y feliz, que si lo conociera se degradaría. Que no
deje nunca de estar convencida de que el oro no tiene más que un valor ficticio
y que, por tanto, es un valor nulo ante los ojos de un pueblo lo suficientemente
sabio como para no haber admitido esa extravagancia»22. Y para terminar con su
explícita devaluación del oro, afirma Zamé que el único uso que a él podrían dar
sus súbditos sería el de sustitutivo del hierro en el caso de que éste se agotase y no
se pudiese seguir usando para fabricar herramientas: «(…) si alguna vez nos llega
a faltar el hierro las repararemos con el oro de nuestras minas y de este modo ese
vil metal habrá servido al menos una vez para algo útil»23.
CONCLUSIÓN
Después de este breve recorrido por las principales utopías alumbradas durante
la Edad Moderna es fácil llegar a una clara conclusión respecto al tratamiento que
en ellas reciben el oro y la plata. La Utopía de Tomás Moro se nos revela, en este
sentido, no sólo como la obra fundacional de dicho género, sino también como
el más amplio compendio de cuantos asuntos relativos a la devaluación que en
dichas sociedades sufren los metales preciosos se dejan ver en las distintas utopías.
De hecho, la comparación de estos metales con otros como el hierro –Historia de
Sainville y Leonore−, el total desprecio que se hace de éstos salvo en lo que tenga
que ver con viajes o relaciones con otras naciones –Cristianópolis, Nueva Atlántida,
Historia de Sainville y Leonore− o su utilización para fabricar los más comunes y
sencillos objetos –Ciudad del Sol−, son aspectos presentes en la obra de Moro que
se abordan de una manera muy similar en aquellas otras a las que se acaba de alu-
dir. De modo que, en términos generales, tanto las utopías del Seiscientos como la
ideada por Sade a finales del XVIII, en lo concerniente al oro y la plata, continúan
transitando con escrupuloso respeto el mismo camino que trazara Moro en pleno
Renacimiento, y que ya habían apuntado en periodos históricos anteriores filósofos
como San Agustín o Platón.
22 Ibídem, p. 138.
23 Ibídem, p. 165.
Novedades sobre un relicario del
museo conventual de Santa Paula (Sevilla)
JESÚS ÁNGEL SÁNCHEZ RIVERA
Universidad Complutense
1 J.Á. SÁNCHEZ RIVERA, «El Real Monasterio de Santiago el Mayor de Madrid: piezas de
plata conservadas», en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2008. Murcia,
Universidad de Murcia, 2008, pp. 587-615.
2 J.Á. SÁNCHEZ RIVERA, El Real Monasterio de Comendadoras de Santiago el Mayor de
Madrid: patrimonio histórico-artístico. Madrid, Universidad Complutense, 2010, vol. 2, pp. 1065-1071
(tesis doctoral inédita).
3 Agradecemos a la Priora del monasterio de Santa Paula (Sevilla) y a sor Bernarda, religiosa
del mismo, las facilidades que nos prestaron para estudiar la pieza, así como las informaciones que nos
proporcionaron para su estudio.
510 Jesús Ángel Sánchez Rivera
LÁMINA 1. Anónimo. Urna-relicario (finales del siglo XVII). Museo del monasterio de Santa
Paula, Sevilla.
Novedades sobre un relicario del museo conventual de Santa Paula (Sevilla) 511
La obra presenta una peana de madera –de ébano o ebonizada− de planta rec-
tangular, dispuesta en sentido transversal y con perfiles moldurados sobre cuatro
patas de diseño avolutado realizadas en bronce; la moldura más grande, en forma
de talón, ofrece decoración de hojas de acanto, alternando las de diseño completo,
realizadas en plata, con las de diseño cortado, en bronce; por encima del basamento,
los lados mayores de la peana se estrechan en su parte central, dibujando una forma
quebrada. Sobre aquélla, descansa una base de bronce con dos angelotes arrodilla-
dos, asimismo broncíneos, que sostienen la urna (lám. 2). Asimismo, flanquean una
cartela grabada4, con marco de perfil simétrico y sinuoso formado por tornapuntas
y rematado en forma de concha. Urna de planta rectangular y silueta curva, con
vidrios biselados y perfiles de bronce. Su tapa es troncopiramidal, y sobre ella figura
otro angelote broncíneo tumbado boca abajo sobre una base moldurada. La urna
está decorada con cuatro patas avolutadas acabadas en hoja de acanto, otros cua-
tro querubes –uno por cada esquina− (lám. 3), y, en la parte superior, una concha
frontal por cada lado largo y dos volutas laterales. Además, una guirnalda de hojas
la decora en su parte inferior y le sirve de apoyo –junto a la pareja de ángeles-; en
el centro de esta guirnalda, como si la sostuviera, se sobrepone una quinta cabeza
de querube. Todos estos elementos son del mismo metal, bronce, salvo las cabezas
de los cinco querubines y la cartela, realizados en plata5.
Hasta el momento, el único elemento que había permitido saber que la urna
perteneció a las Comendadoras de Madrid es la inscripción que presenta. Ésta revela
que fue un regalo realizado por doña Mariana de Austria en 1694, madre del monarca
entonces reinante. Podemos documentar la benéfica protección de doña Mariana
hacia el monasterio santiaguista y, en general, hacia las freilas de su Orden, desde
su reinado como consorte de Felipe IV, pasando por su regencia (1665-1675)7, hasta
su fallecimiento en 1696, dos años antes de que regalase esta urna-relicario.
(editor), 1981, p. 128, fig. 145; M.J. SANZ SERRANO, «Objetos exóticos y foráneos en las clausuras
sevillanas», en Congreso internacional «Imagen y Apariencia» (19-21 de noviembre de 2008). Murcia,
Universidad de Murcia, 2009.
6 Cfr. el San Juan Bautista niño del Museo del Prado (Inv. n. E-632); R. COPPEL ARÉIZAGA,
Museo del Prado. Catálogo de la escultura de época moderna. Siglos XVI-XVIII. Madrid, Museo del
Prado-Fundación Marcelino Botín, 1998, pp. 136-137, n. cat. 43.
7 Sabemos, por ejemplo, de varios intentos por parte de los santiaguistas de implicar a la Reina en
la causa de beatificación de doña Sancha Alfonso, apoyo que, al parecer, lograron; vid. J.Á. SÁNCHEZ
RIVERA, «Configuración de una iconografía singular: la venerable doña Sancha Alfonso, comendadora
de Santiago». Anales de Historia del Arte n. 18 (2008), pp. 177-178. Doña Mariana también intervino
para que la construcción de la iglesia conventual de Madrid llegase a buen término; J.Á. SÁNCHEZ
RIVERA, El Real Monasterio de Comendadoras… ob. cit., vol. 1, pp. 377-378.
Novedades sobre un relicario del museo conventual de Santa Paula (Sevilla) 515
13 Hija de don Joaquín de Arteaga y Echagüe (1870-1947), marqués de Santillana –más tarde,
XVII duque del Infantado−, y doña Isabel Falguera y Moreno, III condesa de Santiago, nació el 6 de
septiembre de 1902 en Zarauz (Guipúzcoa). Cursó estudios de Historia en la Universidad Complutense
de Madrid, doctorándose en Ciencias Históricas a los 24 años de edad; allí recibió el Premio Extraor-
dinario de licenciatura y de doctorado. Escribió varios libros y artículos de índole histórica y religiosa,
así como de poesía. En su madurez sería nombrada miembro correspondiente de la Real Academia de
la Historia de Madrid (1944) y de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla (1967), además de ser
numeraria de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla (1973) y de obtener otros reconocimientos
públicos. En su juventud estuvo vinculada a movimientos católicos estudiantiles, y a los 25 años se sintió
atraída por la vocación monástica, ingresando en la abadía benedictina de Santa Cecilia de Solesmes, en
Francia. Una enfermedad le hizo salir de aquel cenobio antes de profesar, volviendo a la casa familiar
durante varios años. Más tarde ingresó en el monasterio de la Concepción Jerónima de Madrid –vulgo,
las Carboneras−, donde profesó el 18 de mayo de 1936. Ese mismo año, tras el estallido de la guerra,
se vio forzada a salir de Madrid. El 9 de mayo de 1943 realizó su profesión solemne en el monasterio
jerónimo de Santa Paula de Sevilla, siendo elegida Priora al año siguiente. Desde este cenobio, sor
Cristina de la Cruz impulsó incansablemente la vida monástica y la renovación de la Orden jerónima.
Finalmente, falleció el 13 de julio de 1984.
14 En 1911 ostentaba la dignidad de Trece de Castilla, siendo su enmienda el general don Salvador
Díaz Ordóñez; Estado de la Orden Militar de Santiago en 1.º de enero de 1911, s. l. (Madrid), s. e.,
1911 (pequeño folleto impreso para los caballeros santiaguistas; sin paginar). Cinco años después sería
nombrado Caballero del Toisón de Oro. En 1921 Alfonso XIII confirmó a su favor la Grandeza de
España, que era de carácter originario, es decir, que iba con el primer título de Duque del Infantado.
Novedades sobre un relicario del museo conventual de Santa Paula (Sevilla) 517
el caso del Conde de Cerragería, cuyo nombre figura en dos imágenes del interior
de su iglesia15. Al igual que este personaje, el Duque del Infantado se enriqueció
mediante diversas empresas industriales, lo que le permitió disponer de grandes su-
mas de dinero para comprar y restaurar antiguos inmuebles que habían pertenecido
a su linaje, los Mendoza del Infantado, y para satisfacer su pasión coleccionista.
Es sabido que el Duque restauró los castillos de Viñuelas y de Manzanares el Real
(Madrid), además de comprar el castillo de La Calahorra (Granada), trasladando
a su palacete madrileño algunos de sus elementos arquitectónicos y decorativos;
también intervino en el palacio de Lazcano (Guipúzcoa), compró el de Requessens
(Gerona) y restauró el colegio español de San Clemente en Bolonia. Del mismo
modo, fue un ávido coleccionista de objetos artísticos, entre los cuales se debe contar
la espléndida pieza que antaño perteneciera a las Comendadoras.
Otra hipótesis plausible –aunque, a nuestro juicio, más improbable− sería que
la pieza hubiera sido devuelta a doña Mariana de Neoburgo tras fallecer su marido,
y que ésta la hubiera llevado consigo durante su postrero retiro en el palacio del
Duque del Infantado (Guadalajara), quedando allí hasta que fuera heredada por
don Joaquín de Arteaga o por su hija Cristina.
Finalmente, cabe precisar que la Cabeza de San Juan Bautista que alberga hoy
la urna no pertenecía originariamente a la pieza –que, según se ha dicho, a fines del
siglo XVII contenía las reliquias de Santa Gema−. La Cabeza tallada y policromada
del Bautista fue colocada en el siglo XX, estando ya en Sevilla, y se encontraba sobre
una salvilla de plata que aún custodia el monasterio jerónimo.
15 Vid. J.Á. SÁNCHEZ RIVERA, El Real Monasterio de Comendadoras… ob. cit., vol. 1, fichas
E-22 y E-24, pp. 526-539.
Los tronos de octavas: una monumental tipología
eucarística del antiguo Reino de Sevilla
ANTONIO JOAQUÍN SANTOS MÁRQUEZ
Universidad de Sevilla
1 El Antiguo Reino de Sevilla se componía por las actuales provincias de Sevilla, Cádiz, Huelva,
norte de la de Málaga y la comarca de Fregenal de la Sierra (Badajoz). Cierto es que no tenía corres-
pondencia exacta con el Arzobispado de Sevilla, menos extenso que el anterior y que se ha venido
confundiendo su territorialidad con la jurisdicción civil del reino. De hecho, a la diócesis hispalense
habría que restar la jurisdicción del pequeño obispado de Cádiz, la aludida comarca pacense que per-
tenecía a la mitra de Badajoz, y la comarca de Antequera, cuya colegial y sus respectivas jurisdicciones
dependían del obispado malacitano (excepto la comarca del Guadalteba que hasta 1960 sí era territorio
diocesano hispalense).
2 Ejemplo de lo expresado pueden ser la fábrica tardogótica de la Iglesia Prioral de Santa María
de Carmona y el retablo mayor de la parroquia de San Juan de Marchena. Igualmente sus ajuares de
plata reproducen gran parte de las riquezas del templo metropolitano hispalense, sin duda, de los mejor
conservados en la actualidad. J.L. RAVE PRIETO, Arte Religioso en Marchena. Marchena, 1986; La
Parroquia de San Juan Bautista de Marchena. Marchena, 2006; M.J. MEJÍAS ÁLVAREZ, Orfebrería
religiosa en Carmona, siglos XV-XIX. Carmona, 2001, pp. 191-264.
520 Antonio Joaquín Santos Márquez
3 F. GONZÁLEZ DE LEÓN, Noticia artística de los edificios públicos de Sevilla. Sevilla, 1844.
t. II, p. 33; A. GUICHOT Y SIERRA, El Cicerone de Sevilla. Monumentos y Bellas Artes. Sevilla,
1925, t. I, pp. 480-481; M.J. SANZ, La orfebrería sevillana del Barroco. Sevilla, 1976, t. II pp. 158-159;
Juan Laureano de Pina. Sevilla, 1980, pp. 39-47; «El Altar de Plata», en Domingo Martínez en la estela
de Murillo. Catálogo de la Exposición. Sevilla, 2004, pp. 212-213; «El Altar de Plata de la Catedral
de Sevilla». Archivos de la Iglesia de Sevilla. Homenaje al archivero D. Pedro Rubio Merino. Sevilla,
2006, pp. 623-640; «Altar de plata», en Fulgor de la Plata. Catálogo de la Exposición. Córdoba, 2007,
pp. 312-313; «El Altar de Plata», en Fiesta y Simulacro. Málaga, 2007, pp. 184-185; J.M. PALOME-
RO PÁRAMO, «La platería de la Catedral de Sevilla». La Catedral de Sevilla. Sevilla, 1985, pp. 584,
588-589; «El Altar de Plata o Trono de Octavas», en Magna Hispalensis. El universo de una Iglesia.
Catálogo de la Exposición. Sevilla, 1992, p. 524; F. CRUZ ISIDORO, «Un diseño de orfebrería del
aparejador Pedro García Bernardo». Atrio 2, 1990, pp. 43-47; F. QUILES, Teatro de la Gloria. El
universo artístico de la Catedral de Sevilla en el Barroco. Sevilla, 2007, pp. 135-145; M.C. HEREDIA
MORENO, «El culto a la Eucaristía y las custodias barrocas en las catedrales andaluzas», en M.C.
LACARRA DUCAY (coord.), El barroco en las catedrales españolas. Madrid, 2010, pp. 279-310.
4 La exaltación eucarística durante el Barroco se analiza en E. MALE, Arte religioso de la
Contrarreforma. Madrid, 2001, pp. 75-84.
Los tronos de octavas: una monumental tipología eucarística... 521
LÁMINA 1. Juan Laureano de Pina y otros. Trono de Octavas (h. 1680-1814), Catedral de
Sevilla.
522 Antonio Joaquín Santos Márquez
5 Especial significación tienen los altares argénteos canarios, aunque tampoco faltaron en algunas
catedrales castellano-leonesas como en la catedral de Ávila. J.C. LÓPEZ PLASENCIA, «Contribu-
ción al estudio de la platería eucarística en Canarias. Un sagrario manifestador inédito en Tenerife»,
en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2010. Murcia, 2010, pp. 395-407; J.
BLÁZQUEZ CHAMORRO, Platería de la Catedral de Ávila. Ávila, 2003, p. 95.
6 F. QUILES, ob. cit., p. 138.
7 F. CRUZ ISIDORO, ob. cit., pp. 43-44.
Los tronos de octavas: una monumental tipología eucarística... 523
eran propicias para un desembolso tan elevado como este. Finalmente, el proyecto
saldría adelante a expensas de una iniciativa particular en 1672. Concretamente fue
la del canónigo Francisco de la Puente y Verástegui, quien se empeñó en hacer el
trono a su costa, y, después de muchas deliberaciones, se le encargó a Luis de Acosta
la hechura de una peana para el antiguo viso, trabajada sobre un alma de madera
tallado por Bernardo Simón de Pineda, terminándose dicha obra en 16828. Igualmente
el cabildo le había encargado al platero Diego Gámez un frontal de altar argénteo
que ocultase la mesa sobre la que se levantaba la peana y el antiguo sol9.
Pero no sería hasta la llegada a esta sede episcopal de don Juan de Palafox y
Cardona, cuando se le de el definitivo impulso a lo que será el gran trono eucarís-
tico del altar mayor catedralicio. Gran difusor del culto sacramental, de él nacerá
la idea de una completa renovación del antiguo altar de octavas, con un escenario
más monumental a base de una doble aureola de rayos y una corona imperial en
su cúspide, un diseño que a fines del siglo XVII fue encargado presumiblemente a
Lucas Valdés y que aún hoy podemos contemplar entre los dibujos conservados en
los fondos del archivo episcopal hispalense10. Finalmente, posiblemente interpretando
este mismo dibujo, Juan Laureano de Pina lo hace realidad gracias a la financiación
del arzobispo entre los años 1689 y 1695, labrando una gigantesca corona imperial
y una gran aureola de rayos que rodeó el también reformado viso antiguo11.
Durante el episcopado de Manuel Arias, se mantendrá la idea de continuar
levantando un gran altar para las festividades aludidas. En 1717 se aludía al dete-
rioro de la corona, autorizándose a que volviese a ser labrada por Juan Laureano, y
además se encargaba un dosel que fuese acorde con la categoría y monumentalidad
que estaba adquiriendo la obra, y cuyo diseño de las cenefas también había sido
trazado por el mismo platero12.
Pero definitivamente la última fase de la construcción de esta magna obra debió
coincidir con la prelatura del arzobispo Luis de Salcedo, en la década de los años
veinte del siglo XVIII, momento además de bonanza económica en las arcas cate-
dralicias. Durante estos años fueron muchas las dádivas hechas por los capitulares
y por particulares para su financiación, estando al mando el mismo Juan Laureano,
aunque ayudado por su discípulo y sobrino Manuel Guerrero de Alcántara (h.
1690-1747).
A partir de 1736 se recurrirá igualmente para su terminación a los conocimien-
tos técnicos de un ingeniero del rey, tal y como se expresa en un acta capitular
de dicho año y que bien pudiera referirse a Ignacio de Salas o Sebastián van der
Borchrt, quienes por entonces estaban implicados en el arranque de las obras de
la Real Fábrica de Tabacos13. Desde dicho año y hasta 1741 estuvo al frente de su
hechura el aludido Manuel Guerrero, el cual tuvo mucho que ver en la conclusión
del repertorio figurativo e iconográfico que debía presentar la obra, así como en
la terminación de los frontales del altar. A él se atribuyen los dos bustos relicarios
de San Pío y San Laureano, cuya reliquia fue una donación del canónigo Pablo
Lampérez14. Igualmente al mismo platero se debe el revestimiento de plata de las
esculturas de San Leandro y San Isidoro, gubiadas posiblemente por Pedro Duque
Cornejo15, además de sus peanas. Y así, parece que para 1743 estaba totalmente
concluido, ya que en este año ingresa en los fondos pictóricos catedralicios el lien-
zo que reproduce esta impresionante máquina argéntea, atribuido hoy a Domingo
Martínez16. Luego entre los años 1770 y 1774 intervienen en aderezos y añadidos
menores para su consolidación y restauración los plateros José Alexandre Ezquerra,
Fernando de Cáceres y Juan Bautista Zuloaga17.
El resultado final fue un esplendoroso y monumental trono eucarístico de
dimensiones gigantescas y donde se manifestaba no sólo al Santísimo Sacramento
sino también se exponían las devociones más destacadas y relevantes del panorama
hagiográfico de la ciudad, e incluso una de las creencias predogmáticas defendidas
a ultranza por la piedad popular hispalense, como era el de la Inmaculada Concep-
ción de María. No obstante, pronto esta impresionante máquina teatral sufriría una
importante transformación. La invasión francesa y el traslado de la plata catedralicia
a Cádiz para su preservación de la rapiña del invasor, fue la causa de la pérdida de
su primitivo esplendor. De hecho, al igual que otras piezas argénteas, parte de las
estructuras fueron utilizadas para la financiación de la guerra, por lo que a su vuelta
a la Catedral de Sevilla en 1814, el mermado trono, reducido a su parte central y
principal, fue restaurado por el platero neoclásico Juan Ruiz18.
Sin embargo, para nuestro análisis y estudio debemos basarnos realmente en la
imagen que dejó para la posteridad el referido lienzo de Martínez. Y en él se nos
muestra, bajo un gran dosel encarnado, con marco de talla dorada a base de ricos y
carnosos roleos que dibujan un perfil mixtilíneo y que también se reproducen en su
crestería de donde cuelgan las características goteras bordadas, se alzaba el aparatoso
y escenográfico trono argénteo, cuyo diseño recuerda al propuesto por Bernini para
la Cátedra de San Pedro en el Vaticano, e igualmente viene a perfilarse una gran
custodia de sol, tal y como aquellas que desde el siglo XVII venían utilizándose
en los cultos eucarísticos. Representa por lo tanto lo mejor de esa tradicional y
LÁMINA 2. Antonio Cansino y otros. Altar de plata para las Octavas (1720-1780), Iglesia
Prioral de Santa María de Carmona.
con carnosa flora. Hoy día se utiliza para los cultos anuales que se organizan en el
templo durante la novena de la Virgen de Gracia, imagen que se suele colocar en el
centro del graderío como se advierte en la fotografía.
Igualmente la fábrica de la iglesia parroquial de San Miguel de Morón quiso con-
tar con un trono de octavas para sus cultos eucarísticos, desgraciadamente destruido
en la última guerra. Conocido es el concierto que va a firmar con el mayordomo de
la parroquia y su Hermandad Sacramental el platero Tomás Sánchez Reciente para
el diseño y realización de este altar, que a partir de 1741 comenzará a construir y
que le llevará siete años acabarlo25. El pago de la obra que se llevó a cabo en dos
25 La parte del altar de plata realizada por Sánchez Reciente fue destruida en 1936. J. HERÁN-
DEZ DÍAZ y A. SANCHO CORBACHO, Estudio de los edificios religiosos… ob. cit., p.169.
Los tronos de octavas: una monumental tipología eucarística... 529
partes: una en 1743 por la que se le abonaron a Sánchez Reciente 38016 reales y
medio, y otra partida de 46000 reales cuando entregó el trabajo completo en 174726.
Realmente, a este orfebre se debe la grada, el manifestador y el dosel, a los que
luego, en años posteriores, se le añadieron el frontal de altar y los basamentos con
las figuras de San Isidoro y San Leandro. El frontal fue terminado en 1784 y las
repisas en 1791, todo labrado en el taller de José Guzmán y en su diseño triunfó la
rocalla, aunque tampoco faltan los detalles neoclásicos. En las cartelas del frontal
destacan los relieves de iconografía eucarística del Cordero Místico, el Ave Fénix
y el León de Judá. Finalmente, las figuras neoclásicas de los santos fueron labradas
por el platero cordobés Manuel Azcona entre 1806 y 181327. Sin duda, en su aspec-
to general, y a pesar de su largo proceso constructivo y los diferentes estilos que
presenta, es el que más se parece al modelo originario de la Catedral de Sevilla, al
recoger también la iconografía que ensalza a la sede episcopal.
Al mismo autor se viene atribuyendo el diseño de otro altar de plata, que si
bien en un principio no tuvo una función eucarística, luego fue adaptado para este
fin. Concretamente nos referimos al altar de plata de la Colegiata del Divino Sal-
vador de Sevilla, que sirve hoy de retablo para la veneración de la imagen de Jesús
de la Pasión y que era una obra concebida y creada para la celebración de la fiesta
principal de la iglesia jesuita de la Encarnación de Sevilla, y que posteriormente,
tras la expulsión de la Compañía, pasó al templo colegial. En este momento va a
sufrir su adaptación para dichos cultos eucarísticos, con el añadido de un sol en su
parte superior rematada por una corona imperial, de manera similar al catedralicio,
adaptación quizás realizada por el platero Juan de Amores, a quien se deben las
figuras de San Isidoro y San Leandro entregadas junto a sus soportes en 180228. La
obra de Tomás se concretó en un gran retablo de tres calles, ocupando la hornacina
central de medio punto un relieve escultórico de la Encarnación, y en las laterales,
dos medallones con los bustos de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier.
Asimismo, se acompañaba de dos relicarios laterales en forma de alacenas o urnas
caladas con diferentes baldas internas, donde se mostraban las tecas con los restos
óseos de diferentes santos de la Compañía, y rematadas por los bustos de los san-
tos sevillanos Leandro e Isidoro, iconografía que como hemos dicho fue añadida
siguiendo el prototipo catedralicio para sus funciones sacramentales. Parece que
el frontal, que igualmente es un gran relicario, fue terminado por su hijo Eugenio
Sánchez, ya que es quien lo entrega a los jesuitas en 1753.
26 A. J. SANTOS MÁRQUEZ, «Los Sánchez Reciente, una familia de plateros del Setecientos
sevillano», en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2007. Murcia, 2007, pp.
331-346.
27 J. HERNANDEZ DÍAZ y A. SANCHO CORBACHO, Edificios religiosos… ob. cit., p. 169;
A. SANCHO CORBACHO, Orfebrería sevillana (Siglos XIV-XVIII). Sevilla, 1970, n. 102, 103.
28 M.J. SANZ, La orfebrería… ob. cit., t. II, pp. 305, 310; E. GÓMEZ PIÑOL, La Iglesia
Colegial del Salvador. Arte y Sociedad en Sevilla (siglos XVI-XIX). Sevilla, 2000, p. 463.
530 Antonio Joaquín Santos Márquez
Tampoco faltaron las poderosas iglesias de Arcos de la Frontera entre las fábricas
que quisieron contar con un trono de octavas. Así, en la Basílica de Santa María aún
se conserva el bellísimo altar de plata eucarístico que se monta en su altar mayor
para las fiestas eucarísticas anuales. Aquí parece que fueron sus creadores los plateros
sevillanos José Alexandre Ezquerra y Vicente Gargallo entre 1760 y 1790, autores
que conocían bien el ejemplar de la Catedral29. Un bellísimo dosel de terciopelo
bordado en oro y con cenefa y crestería de talla dorada semejante a los anteriormente
vistos, cobija la estructura formada por una mesa de altar con frontal de tejido y
marco de plata, y un graderío de madera piramidal centrado por un tabernáculo
argénteo sobre el que se levanta la peana de exposición del Santísimo. Enmarcán-
dolo como es natural el doble sol de rayos alternantes y decoración tardobarroca y
cubriéndolo la monumental corona superior, ambas piezas semejantes a las que ya
hemos analizado. Anónimo es el ejemplar que se conserva en la Parroquia de San
Pedro de esta misma localidad gaditana, muy parecido al anterior, e igualmente con
monumental dosel de terciopelo y madera tallada y dorada, y peana, sol y corona
de plata, dominando en todo el conjunto la rocalla30.
Un diseño parecido e inspirado igualmente en el de la Catedral de Sevilla es el
que presenta el altar de plata conservado en la Iglesia Colegial de Nuestra Señora
de las Nieves de Olivares (lám. 3), realizado por el platero Miguel Palomino entre
los años 1777 y 1799, siendo su promotor el abad Bernardo Poblaciones y el coste
solamente del banco principal alcanzó la cifra de 26.247 reales31. El frontal presenta
igualmente un marco de plata, dejando ver el lienzo bordado, y sobre la mesa de
altar se levanta un banco monumental, con un sagrario central, donde la rocalla
comienza a mezclarse con motivos de corte neoclásico, destacando los medallones
ovalados que recogen los temas del Buen Pastor, la Natividad y la Epifanía, rodeados
de racimos, espigas y otros detalles ornamentales. La peana, igual que las anteriores,
presenta un perfil mixtilíneo, bulboso y muy barroco, concluyendo en un único
sol de rayos flameantes y rectos, rematado por la corona de altos y abombados
imperios. Pero lo que más sobresale es el bellísimo dosel de telón de fondo que
presenta la peculiaridad del marco que no es de madera tallada sino de plata labrada,
describiendo una rica ornamentación a base de tarjas, rocallas y guirnaldas, propio
de una obra de transición entre el Rococó y el Neoclasicismo.
De esta misma época y con un diseño muy similar, aunque ya plenamente
neoclásico, es el Trono de Octavas de la Parroquia de Santa María de la Mesa de
Utrera32. Igualmente el frontal deja paso a un elegante banco, aquí delimitado y
segmentado en calles por columnas toscanas que enmarcan tondos con motivos
esta misma localidad, obra de Miguel Palomino Sánchez de 182333. En este caso,
el sol presenta rayos biselados muy juntos que parten de una aureola de nubes y
la corona sigue un dibujo muy parecido al anterior, siendo la peana de madera en-
marcada por dos ángeles orantes igualmente tallados y policromados.
Derivaciones de este diseño monumental que también se utilizaron para esta
misma función litúrgica muestran algunos expositores sacramentales conservados en
otros templos. Ejemplo de ello es el viso para la exposición del Santísimo Sacramento
de la Parroquia de San Bartolomé de Carmona, fechado a fines del siglo XVIII y en
el que participaron los plateros José Adrián Camacho, autor del sol, y Juan Ruiz
y Antonio Méndez, creadores del resto34. Posiblemente, al igual que sucedía con
el altar de la Prioral de Santa María de esta localidad, el frontal y las gradas de este
ejemplar serían de madera policromada y lienzo, apartándose en cierta medida de
la concepción grandilocuente del originario de la Catedral hispalense. El marco del
dosel y la crestería, donde domina las formas blandas de la rocalla, son de plata,
al igual que el sol prendido en el mismo terciopelo del dosel, en el que además se
recoge un emblema sacramental formado por una custodia. Parecido a este diseño,
aunque con una mayor presencia del bordado, era el dosel y viso de la Iglesia de
San Juan de Marchena. Aquí se trataba de un dosel totalmente bordado, en cuyo
centro aparece un gran sol dorado y bordado en relieve que servía de fondo al ex-
positor eucarístico, siendo rematado por una corona de plata y soportado por una
peana y graderío de madera dorada. Desafortunadamente hoy día tan sólo nos ha
llegado el dosel bordado, cuyo autor fue el sevillano Vicente Bazo, quien lo bordó
entre 1770 y 177235.
Un concepto parecido se siguió en el trono eucarístico de la Parroquia de Santa
María Coronada de Medina Sidonia, contemporáneo del anterior y formado por
dosel bordado, y frontal, gradas y sol de plata, piezas que fueron labradas a partir
de unas partidas de plata americana donadas por doña Beatriz Montes de Oca y
Novela a dicha iglesia y que según las marcas que presenta pudieron ser concluidas
en 1787 y posiblemente contrastadas por el platero cordobés Manuel Martínez Mo-
reno36. En este caso no es tan monumental y falta la característica corona imperial
en su remate.
También el altar eucarístico argénteo de la parroquia de Nuestra Señora de los
Milagros del Puerto de Santa María puede ser un buen ejemplo de la adaptación
de un ejemplar mejicano al prototipo barroco y grandilocuente de la Catedral his-
palense. De hecho a la primitiva donación del indiano Juan Camacho Jaina de un
dosel y frontal de altar labrados en México en 1685, se le añadieron hacia el 1700
33 Ibídem.
34 M.J. MEJÍAS ÁLVAREZ, ob. cit., p. 312, fig. 112.
35 J.L. RAVE PRIETO, ob. cit., p. 74.
36 M. RAMOS ROMERO, Medina Sidonia. Arte, Historia y Urbanismo. Cádiz, 1981, pp. 295-
296.
Los tronos de octavas: una monumental tipología eucarística... 533
unas gradas y una corona imperial neoclásica labrada por José de Piñero y José de
Viera en 180537. En la Catedral de Jerez de la Frontera, la iglesia de Cumbres Ma-
yores y la parroquia de Cortegana se conservan otros doseles argénteos mejicanos
que tuvieron la misma función eucarística que el anterior aunque no sufrieron la
transformación aludida para con ello acercarse en apariencia al trono de la Catedral
de Sevilla38.
Además, no dudamos que existieran en su momento altares y expositores simi-
lares al catedralicio en localidades tan importantes y señeras como Écija, Osuna o
Estepa, cuyo patrimonio igualmente debe mucho a la creatividad de los artistas de
la capital así como a la emulación de las obras del templo metropolitano. E incluso
las consecuencias de la influencia de tan magna obra catedralicia se pueden apreciar
en los retablos argénteos y metálicos que a manera de tronos se levantaron para
la celebración de diferentes cultos en la capital andaluza, especialmente en el siglo
XIX y dedicados a devociones marianas. Tal es el caso de los altares de culto de
Nuestra Señora de la Alegría, en la parroquia de San Bartolomé, obra de 1829 en
metal plateado, compuesto en esta ocasión por un gran arco triunfal de estilo neoclá-
sico que se remata por el característico sol coronado por una presea imperial, tal y
como hemos descrito en los anteriores, aunque aquí conteniendo el característico
anagrama de María y como regio coronamiento de la imagen mariana39. De estilo
neogótico es el que aún se levanta como altar de culto para la Virgen del Valle de la
Iglesia de la Anunciación, aunque aquí no recurre a la composición clásica aludida
en los anteriormente analizados, sino a unas gradas con contrafuertes laterales de
recuerdo gótico, con un expositor eucarístico en el centro del banco.
En definitiva después de este recorrido por todos estos ejemplos, tan sólo nos
queda reafirmar la importancia artística, plástica y escenográfica que tuvieron y
tienen aún estos tronos argénteos para manifestar al Santísimo, y en especial el de
la Catedral de Sevilla, que sin duda es una de las señas de identidad de la platería
sevillana y andaluza del Barroco.
Dentro de los estudios que venimos dedicando en los últimos años al diseño
arquitectónico en la platería bajorrenacentista y manierista andaluza, centramos este
trabajo en el análisis del nudo arquitectónico y su evolución. La atención prestada
a este asunto tan específico deriva de sus propias peculiaridades. A diferencia de las
grandes custodias procesionales, donde la arquitectura es fundamento esencial del
conjunto y se desenvuelve bajo estructuras exentas, el nudo, pieza secundaria de las
piezas de vástago, muestra especificidades técnicas y de diseño que exigen un estudio
diferenciado. Las principales son el pequeño tamaño y el empleo de estructuras
opacas o murales. Ambas exigencias determinarán la evolución de sus diseños.
El nudo arquitectónico tiene su origen en la orfebrería tardogótica. Durante el
siglo XV y principios del siglo XVI, se incorpora ampliamente a todo tipo de piezas
de astil: cálices, copones, crismeras, relicarios, custodias de templete o cruces proce-
sionales1. Ya en este periodo se advierte que los modelos se repiten con independencia
de la tipología, pudiendo encontrarse un mismo templete en el nudo de un cáliz o
1 Sobre la conformación medieval de estas tipologías pueden consultarse M.J. SANZ SERRA-
NO, La orfebrería sevillana del Barroco. Sevilla, 1976, Tomo I, y M.C. HEREDIA MORENO, La
orfebrería en la provincia de Huelva. Huelva, 1980, Tomo I.
536 Manuel Varas Rivero
zanas impone limitaciones a una resolución exacta de esos órdenes (los fustes son
siempre lisos, la morfología y la sintaxis son a veces muy sucintas o incompletas
y la idea de proporción no parece muy desarrollada), por lo que dan la impresión
de ser una actualización superficial de los modelos platerescos. A esto último con-
tribuye la ausencia total de cambios en la composición arquitectónica, que sigue
dependiendo del método retablístico básico: hornacinas con veneras y soportes. El
ejemplo más acabado es el templete circular de la Custodia de la Asunción de Lora
del Río (Sevilla), pieza ejecutada en 1574 por Hernando de Ballesteros el Joven,
orfebre que sin duda llegó a conocer la teoría de Serlio. Compuesto el nudo con
un orden jónico bastante ortodoxo, marca distancias respecto a los nudos arcaicos
de los cálices de San Juan del Puerto (Huelva) y del convento de Santa Florentina
de Écija (Sevilla), realizados hacia 1575, que, con diversos solecismos, se organizan
con veneras y pilares cilíndricos6. No es sorprendente que este último tipo de nudo
arcaico sea el que recoge como modelo para los cálices Juan de Arfe y Villafañe en
su famoso tratado De Varia Commensuracion….7.
6 A. SANCHO CORBACHO, Orfebrería sevillana de los siglos XIV al XVIII. Sevilla, 1970,
n. 43. M.C. HEREDIA, ob. cit., p. 331; G. GARCÍA LEÓN, El arte de la platería en Écija. Siglos
XV-XIX. Sevilla, 2001, p. 286.
7 Porque, aunque el tratado se publicó en la década de los años 80 en Sevilla, muchos de sus
modelos proceden de los temas dominantes en las décadas anteriores, cuando Juan de Arfe se forma
como platero. JUAN DE ARFE Y VILLAFAÑE, De Varia Commensuracion para la Esculptura y
Architectura. Sevilla, 1585-87, Libro IV, Título II, Capitulo II, Fols. 27-28 (ed. facsímil en 2 tomos con
estudios introductorios de A. Bonet Correa, Madrid, 1974 –Libros I y II− y 1978 –Libros III y IV−).
Pueden verse además M.C. HEREDIA MORENO, «Juan de Arfe y Villafañe y Sebastiano Serlio».
Archivo Español de Arte n. 304 (2003), pp. 371-388, «Juan de Arfe y Villafañe, tratadista de arquitectura
y arquitecto de plata labrada», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2005.
Murcia, 2005, pp. 193-211, y nuestro trabajo M. VARAS RIVERO, «Algunas consideraciones sobre
la teoría arquitectónica de Juan de Arfe y Villafañe. Clasicismo y método gráfico». Temas de Estética
y Arte XXII (2008), pp. 93-119.
8 Sobre Merino, su obra y la mencionada cruz sevillana pueden consultarse R. RAMÍREZ
DE ARELLANO, Estudio sobre la historia de la orfebrería toledana. Toledo, 1915, pp. 310-311; J.M.
CRUZ VALDOVINOS, «De las platerías castellanas a la platería cortesana». Boletín del Museo e
instituto Camón Aznar. Zaragoza, 1983, Tomo XI-XII, pp. 5-20; J.M. PALOMERO PÁRAMO, ob.
cit., pp. 630-631; M.J. SANZ SERRANO, «La cruz procesional en las últimas décadas del siglo XVI.
Origen del cambio tipológico», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería. San Eloy 2002.
Murcia, 2002, pp. 427-439.
538 Manuel Varas Rivero
La obra andaluza de Merino en los años 80 tiene un alcance enorme. Con ella
se abre paso y se extiende un estilo plenamente manierista que afectará a todas las
tipologías del arte de la plata y que se basa en dos aspectos fundamentales: una
integración completa del lenguaje arquitectónico italiano del Manierismo tardío y,
derivado de él, un concepto geométrico y abstracto del diseño formal, que queda-
rá acentuado por un tratamiento ornamental de gran severidad. Su obra de estos
años explica el último viraje estético de la platería española de origen clásico antes
de la irrupción del Barroco. Su eco en la orfebrería bajoandaluza será inmediato y
profundo.
Estante en Andalucía entre 1579 y 1589, Merino ejecuta la Cruz Patriarcal
antes de febrero de 1587, momento en el que fue ofrecida al Cabildo catedralicio
sevillano para su compra9. Dejando de lado su revolucionario concepto tipológico
y ornamental, ya resaltado por estudios e investigaciones, centraremos la atención
en su novedoso y genuino nudo arquitectónico.
Destaca sobre todo su gran desarrollo. Aunque consta de dos cuerpos arqui-
tectónicos decrecientes, uno poligonal y otro circular, como fórmula de enlace con
el arranque del árbol, Merino ha introducido un tercer cuerpo, en forma de para-
lelepípedo, que adquiere también un sentido tectónico (lám 1).
El nudo propiamente dicho se compone de los dos templetes citados, uno de
base de planta octogonal y uno superior circular y cubierto por semiesfera trasdosada
y truncada. El nudo de Merino supera la simple y tradicional fórmula de nichos
separados por soportes –balaustres o columnas clásicas− que hasta ese momento,
desde hacía décadas, se repetía en estos elementos y que transcribía muy primaria-
mente la articulación de los retablos renacentistas. El platero jiennense ha traducido
conceptos esenciales de la arquitectura real, especialmente en el segundo cuerpo, a
veces interpretados a través del nuevo retablo romanista.
El templete circular cupulado es totalmente inédito en la platería española. Su
gran novedad es su inspiración completa en la arquitectura monumental. Asume la
forma de una cúpula sobre tambor que toma como modelos el proyecto cupular
de Miguel Ángel para San Pedro de Roma y sus respectivas adaptaciones para el
Monasterio de El Escorial desarrolladas por Juan Bautista de Toledo y Juan de
Herrera10. Frente a las custodias de asiento, basadas en el soporte exento, con la
excepción importantísima de Alfaro, Francisco Merino, imbuido ya de las tenden-
cias murales del Manierismo italiano, extrae todas las posibilidades del carácter
LÁMINA 1. Francisco Merino. Cruz Patriarcal (h. 1587). Catedral de Sevilla. Detalle del
nudo.
540 Manuel Varas Rivero
intrínseco del nudo, como volumen opaco, para reflejar con exactitud la imagen
completa de un edificio11.
Por primera vez en la orfebrería española se ofrece un desarrollo completo y
puro de la sintaxis miguelangelesca, sin formulismos pasados. El tambor queda or-
ganizado por pares de columnas toscanas –sin pedestales, de fuste liso, basas áticas,
plintos y ábacos compartidos y proporciones estilizadas a lo Vignola− que sostie-
nen un entablamento liso y sin resaltes. Los muros insertan en cada tramo vanos
adintelados sin soportes –a modo de cajas con marco moldurado y montadas sobre
trozo de cornisa y ménsulas− con frontones curvos y rectos alternados, al modo del
tambor de la cúpula vaticana. La cúpula adquiere una fisonomía inédita entre los
orfebres, segmentada con nervios planos y anchos de doble membratura. Será este
último elemento, la cúpula, a medio camino entre el modelo miguelangelesco y el
herreriano, el que trascienda significativamente en los nudos puristas del siglo XVII,
aún cuando éstos pierdan cualquier atisbo arquitectónico en su composición12.
Muy diferente es la novedad el primer cuerpo. En él se ha trasplantado casi
fidedignamente el juego estructural del retablo romanista en su versión más pura,
la del retablo de Astorga. La estructura de planta octogonal organiza tres planos
en profundidad: un muro de fondo con hornacinas y entablamento en cuatro de
los lados, la proyección del entablamento hacia fuera sostenido por columnas dó-
rico-toscanas en los cuatro lados principales y el plano más externo formado por
cajas que a su vez se rematan con un friso y cornisa que coinciden con el resto del
entablamento en altura. Las cajas se sobreponen a todo lo demás, de manera que
los soportes quedan retrasados. El organismo remite, por tanto, al dispositivo mi-
guelangelesco de Gaspar Becerra y aplica por primera vez a un nudo arquitectónico
(casi treinta años después de hacerlo el escultor de Baeza) las tensiones manieristas
creadas por el genio florentino13.
11 Sobre el sistema murario, atípicamente empleado por Francisco de Alfaro en sus famosas
custodias de Marchena, Écija y Carmona, puede verse nuestro trabajo M. VARAS RIVERO, «Fran-
cisco de Alfaro y el miguelangelismo arquitectónico», en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de
Platería. San Eloy 2006. Murcia, 2006, pp. 709-724.
12 Sobre las fuentes de la desnudez formal del templete, ajena a todo lo que se hacía en la or-
febrería y el retablo de esos años, creemos que pueden buscarse en los trabajos que Juan de Herrera
realiza en Toledo en la década de los 70, Alcázar y Ayuntamiento, conocidas por el platero antes de
su partida a Andalucía. En relación con la producción toledana de Herrera puede verse F. MARÍAS,
La arquitectura del Renacimiento en Toledo (1541-1631). Toledo, 1983, Tomo II, pp. 1-29.
13 En Andalucía Occidental algunos retablos finalizados a principios de los años 80 incorporan
otra solución del llamado «muro dinámico» de Miguel Ángel: Diego de Velasco de Ávila el Mozo y
Jerónimo Hernández, en los retablos mayores de San Leandro de Sevilla y Santo Domingo de Osuna, en
lugar de superponer la caja sobre el muro de fondo (como hace Merino al modo de Becerra), hacen que
el propio muro de fondo salga al exterior. Esta idea es la que Francisco de Alfaro aplica en el segundo
cuerpo de sus custodias en los años 70, temprana manifestación del tema a la que llega probablemente
influido por los retablistas mencionados. Sobre estos retablos véase J.M. PALOMERO PÁRAMO, El
retablo sevillano del Renacimiento: análisis y evolución (1560-1629). Sevilla, 1983, pp. 192-194, 258,
259 y 324-330. El análisis de la cuestión en Alfaro aparece en nuestro trabajo M. VARAS RIVERO,
«Francisco de Alfaro y el miguelangelismo arquitectónico» ob. cit., pp. 709-724.
Aparición y arraigo del nudo arquitéctonico manierista en la platería bajoandaluza 541
14 El desequilibrio arquitectónico que resulta de unir dos superficies convexas –las del jarrón y
la cúpula inferior− queda justificado por la función de tránsito de este sector, pero habría merecido,
sin duda, la desaprobación del ortodoxo «arquitecto» Juan de Arfe. En realidad, esta solución conecta
perfectamente con el Manierismo estructural surgido en los años 60 entre los orfebres del centro pe-
ninsular, viniendo a la mente las imágenes de custodias, montadas inestablemente sobre bases angulares,
como las ejecutadas por Gaspar de Guzmán en Guadalajara. Esta mezcla, en fin, de arquitectura y
ornamento, aunque pudiera parecer aceptable sólo en tipologías no tectónicas –como las cruces−, va
a llegar, sin embargo, a formar parte de organismos que sí lo son enteramente, como es el caso de las
custodias procesionales. Quizás habría que considerar estos caprichos atectónicos del Manierismo de
Merino, contrarios a la ideología arfiana, como el origen del proceso paulatino de disolución arquitec-
tónica posterior que caracteriza la evolución hacia la orfebrería barroca. Sobre la obra de Gaspar de
Guzmán véase M.C. HEREDIA MORENO y A. LÓPEZ-YARTO, La Edad de Oro de la platería
complutense (1500-1650). Madrid, 2001, pp. 264-272.
15 Monegro y Diego de Velasco emplean por primera vez en Toledo en los años 70 elementos
que se harán muy típicos en la orfebrería a partir de Merino: frontones rotos con pirámide central,
542 Manuel Varas Rivero
Junto a estos elementos, no hay que perder de vista que Merino vive el ambiente
de asimilación del romanismo de Becerra en la orfebrería del centro peninsular.
Aunque es sustancialmente figurativa en los plateros, algunos elementos arqui-
tectónicos –el frontón curvo y roto, cánones vignolescos o licencias puntuales de
sintaxis− se introducen en estructuras columnarias clásicas. Es el caso pionero de
Francisco Álvarez en la Custodia de Madrid (1574) o el de su cuñado Juan Rodrí-
guez de Babia, documentado en Toledo en 157716. Además, la relación de Merino
con el orfebre toledano Marcos Hernández tuvo que tener derivaciones estéticas
importantes. Si la Cruz de Orgaz (Toledo) es obra de Hernández y corresponde a los
años 70, habría que considerarla un incipiente paso en la asimilación arquitectónica
del miguelangelismo, a través de Becerra, en la orfebrería toledana17.
ménsulas-triglifo como capiteles o como soporte, marcos moldurados con orejetas etc. Estos y otros
detalles vignolescos pueden apreciarse en el Retablo de la Santísima Trinidad de Toledo, obra del pri-
mero de 1575, y en las obras que el segundo realiza en Santo Domingo el Real en los años 1572-75 y
en la Puerta del Cambrón en 1575. La solución del ático del Retablo Mayor de San Mateo de Lucena
(Córdoba), obra esencial de Gerónimo Hernández terminada en 1580, frontón roto con óvalo enmar-
cado por cartela, es similar a la otorgada por Merino al templete cúbico de su cruz. En esas fechas
tanto Monegro, que tasa el retablo citado, como Diego de Velasco y el propio Merino, que trabaja para
conventos cordobeses, andan por tierras andaluzas, lo que sin duda tuvo que incidir en las fórmulas
de su cruz sevillana. Sobre las obras citadas pueden verse F. MARIAS, ob. cit., Tomo II, pp. 106-108,
118-119, 137-140 y 377-401; El largo siglo XVI. Los usos artísticos del Renacimiento español. Madrid,
1989, pp. 608-609; J.M. PALOMERO PÁRAMO, El retablo sevillano del Renacimiento… ob. cit., pp.
261-264 y 324.
16 J.M. CRUZ VALDOVINOS, Valor y Lucimiento. Platería en la Comunidad de Madrid.
Madrid, 2004, pp. 72-77; «Platería», en Historia de las artes aplicadas e industriales en España. Madrid,
1994, p. 100.
17 La atribución y datación fue realizada hace algún tiempo por M.C. HEREDIA MORENO
y A. LÓPEZ-YARTO, «Una aproximación a la obra del platero Marcos Hernández y a sus fuentes
iconográficas y decorativas». Cuadernos de Arte e Iconografía vol. VIII, n. 16 (1999), pp. 313-340;
La Edad de Oro… ob. cit., pp. 250-252. Las cajas con frontones –aún rectos− apoyadas sobre repisas
amensuladas y las pilastras con mútilos por capitel que aparecen en el nudo son sus elementos más
avanzados, quedando apuntada la conocida concepción «cinética» de Miguel Ángel, sólo plenamente
desarrollada por Alfaro (en sus custodias sevillanas de los años 70) y Merino (en el nudo de la Cruz
Patriarcal). Véase al respecto M. VARAS RIVERO, «Francisco de Alfaro y el miguelangelismo…» ob.
cit. pp. 713-14. De cualquier forma, el nudo de Orgaz denota un estado de la cuestión en Toledo que
podría muy bien explicar las novedades posteriores de Francisco Merino en Sevilla.
Aparición y arraigo del nudo arquitéctonico manierista en la platería bajoandaluza 543
18 Sobre la actividad de Ballesteros El Joven como Platero de la Catedral, deben consultarse los
completos trabajos de M.J. SANZ SERRANO, Juan de Arfe y la Custodia de la Catedral de Sevilla.
Sevilla, 1978 (reeditada en 2006) y de A.J. SANTOS MÁRQUEZ, Los Ballesteros, una familia de
plateros en la Sevilla del Quinientos. Sevilla, 2007.
19 A. SANCHO CORBACHO y otros, Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de
Sevilla. Sevilla, 1946, Tomo II, p. 139, fig. 234. J.M. CRUZ VALDOVINOS, Cinco siglos… ob. cit.,
pp. 226-227. M.J. MEJÍAS ÁLVAREZ, Orfebrería religiosa en Carmona. Siglos XV-XIX. Carmona
(Sevilla), 2001, pp.207-208, figs. 15 y 16.
20 J.L. RAVÉ PRIETO, Arte religioso en Marchena. Siglos XV al XIX. Marchena (Sevilla), 1986,
p. 40, fig. 22. J.M. CRUZ VALDOVINOS, Cinco siglos… ob. cit., pp. 227-228.
21 Ha sido Cruz Valdovinos quien ha resaltado la completa novedad de esta pieza. Aunque el
nudo ovoide triunfará en la primera mitad del siglo XVII, el nudo arquitectónico cuadrado que propone
Alfaro, creación exclusivamente suya, supondrá una alternativa también vigente en ese periodo. Véase
J.M. CRUZ VALDOVINOS, Cinco siglos… ob. cit., pp. 227-228.
544 Manuel Varas Rivero
LÁMINA 2. Francisco de Alfaro. Cáliz (1585-87). Parroquia de San Juan Bautista de Marchena
(Sevilla). Detalle del nudo.
Aparición y arraigo del nudo arquitéctonico manierista en la platería bajoandaluza 545
22 Este motivo está en relación directa con el remate del campanario de la Giralda de Sevilla,
obra de Hernán Ruiz El Joven ejecutada en 1557-1560. Alfredo J. Morales destaca que la ausencia
de órdenes y el tratamiento sintético de sus formas son sus aspectos más avanzados y característicos.
Parece pues que el modelo indujo a Alfaro a concebir el fragmento más avanzado de sus custodias,
carente casi por completo de cualquier elemento decorativo. Véase A.J. MORALES, Hernán Ruiz el
Joven. Madrid, 1996, p. 27. Fue Ravé Prieto quien primero advirtió e indicó la semejanza del motivo
de Alfaro con el remate de la Giralda. J.L. RAVÉ PRIETO, ob. cit., p. 30. La fuente original tanto del
arquitecto como del orfebre para ese tema se sitúa en Serlio, y más concretamente en los dibujos del
proyecto para la cúpula de San Pedro de Roma de Bramante que el teórico incluyó en su Libro III.
SEBASTIANO SERLIO, Tercer y Cuarto Libro de Architectura. Toledo, 1563, Libro III, p. 21v.
546 Manuel Varas Rivero
25 Sobre el muro dinámico empleado por Alfaro en sus custodias remitimos a nuestro trabajo
ya citado. M. VARAS RIVERO, «Francisco de Alfaro y el miguelangelismo…» ob. cit., pp. 709-724.
26 Sobre los tabernáculos, J. M. PALOMERO PÁRAMO, El Retablo sevillano… ob. cit., pp.
259, 267-272.
27 Cruz de San Bartolomé de Carmona (Sevilla), Cruz de Teba (Málaga), Cruz de Nª Sª de las
Nieves de Alanís (Sevilla), Cruz de Santa María de Carmona (Sevilla), Cruz de Sª Mª Magdalena de
Arahal (Sevilla) y Cruz de Monesterio (Badajoz).
28 A los trabajos ya citados, que abordan estas cruces, de A. Sancho Corbacho, Mª Jesús Sanz,
J.M. Cruz Valdovinos y Mª Jesús Mejías, deben añadirse J. TEMBOURY ÁLVAREZ, La orfebrería
religiosa en Málaga. Málaga, 1948, pp. 138 y ss., R. SÁNCHEZ-LAFUENTE, El arte de la platería en
Málaga: 1550-1800. Málaga, 1997, pp. 183-186 y A.J. SANTOS MÁRQUEZ, La platería religiosa en
el sur de la provincia de Badajoz. Badajoz, 2008, Tomo I, pp. 229-232, Tomo II, pp. 668-669. Santos
Márquez, precisamente, documenta el encargo del la Cruz de Monesterio en 1597, siendo la más tardía
del grupo en lo cronológico y la más depurada en la arquitectura de su nudo.
548 Manuel Varas Rivero
29 El orden, de mayor a menor antigüedad, en que aparecen mencionadas las cruces en la nota
26, responde a la hipótesis cronológica que planteamos en nuestra tesis inédita ya citada (M. Varas
Rivero, Diseño y modelos arquitectónicos… ob. cit.). Además de algún dato documental, hemos partido
de algunas notas formales para establecerla. En las más antiguas Alfaro remata sus nudos con formas
troncopiramidales, como el cáliz de Marchena analizado, otorga un tratamiento arquitectónico más
clásico y decorado y los brazos de la cruz mantienen las formas abalaustradas, tradicionales en Sevilla
antes de la llegada de Merino. En las cruces más avanzadas (tal vez de finales de los años 90) los nudos
se rematan con cúpulas, la arquitectura se simplifica al modo purista y los brazos empiezan a tornarse
rectos.
30 M.J. SANZ SERRANO, «La cruz procesional...» ob. cit., p. 438. La profesora Sanz nos indica
que Alfaro ya trabajaba en la obra de Marchena en 1593. J.L. RAVÉ PRIETO, ob. cit., p. 42.
31 M.J. MEJÍAS ÁLVAREZ, ob. cit., pp. 83-84 y 286-287.
32 Aunque es muy posible que Alfaro llegara a conocer las cruces que Merino diseñó en Córdoba
a principios de los años 80.
Aparición y arraigo del nudo arquitéctonico manierista en la platería bajoandaluza 549
El característico templete creado por Francisco de Alfaro para las cruces pro-
cesionales apenas tendrá eco en las piezas posteriores de esta tipología. El nudo
ornamental triunfará en las cruces del Seiscientos, no sólo por la tendencia estética
a las formas simples y abstractas, sino también por la menor complicación técnica
y el menor costo (con el probable y reiterado uso de moldes) en su elaboración.
Pero, además de la brillante prolongación de estos experimentos manieristas en sus
famosos relicarios de templete de la catedral sevillana, su eco formal en determinadas
piezas bajoandaluzas de vástago será profundo y duradero.
33 M.J. SANZ SERRANO, La orfebrería sevillana del Barroco... ob. cit., p. 156.
34 Entre los más antiguos renacentistas están los viriles que el conquense Francisco Becerril
ejecuta, hacia 1530-40, para las custodias de Villaescusa de Haro y de Valdemeca, en Cuenca. Tienen
estructuras redondeadas, nudos decorativos o de jarrón y remates figurativos o abalaustrados, que
son las notas formales predominantes a lo largo del siglo. Hasta la década de 1580, los ejemplares
conservados en Andalucía son escasos y tardíos. De 1568 es el ostensorio sevillano documentado más
antiguo, el de Yermo, en Cantabria. Otras piezas algo posteriores, como los ostensorios de Lepe y
Paterna del Campo (Huelva), muestran también nudos ornamentales. A. LÓPEZ-YARTO, Francisco
Becerril. Madrid, 1991, pp. 13-22; J.M. CRUZ VALDOVINOS, Cinco siglos…. ob. cit., p. XXIX;
M.C. HEREDIA MORENO, La orfebrería en la provincia de Huelva ob. cit., Tomo I, pp. 106-107 y
344.
550 Manuel Varas Rivero
35 M.J. MEJÍAS ÁLVAREZ, ob. cit., pp. 297-298; A. SANCHO CORBACHO y J. HER-
NÁNDEZ DÍAZ, Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en
los pueblos de la provincia de Sevilla. Sevilla, 1937, p. 90, lám. LIX.
36 Si bien, el modelo purista generalizado en España sustituirá el nudo arquitectónico por otro
ornamental.
37 En la bibliografía sobre la pieza aparecen esas dos fechas documentadas relativas a uno o a dos
pagos realizados al artista, cuestión que no está aclarada. Según Ravé Prieto se realiza un cobro en 1592,
según Cruz Valdovinos, en 1589. J.L. RAVÉ PRIETO, ob. cit., p. 40. J.M. CRUZ VALDOVINOS,
Cinco siglos... ob. cit., p. 229.
38 El viril de Écija tiene numerosas modificaciones posteriores, pero el nudo es el original. G.
GARCÍA LEÓN, Écija y el culto a la Eucaristía. Écija, 2002, pp. 50-52. Suponemos que el ostensorio
manierista conservado en Santa María de Carmona es el que se realizó para la custodia procesional.
El viril es posterior, pero el nudo (que es doble) también es original. A. SANCHO CORBACHO y
otros, Catálogo arqueológico... ob. cit., Tomo II, p. 137. M J. MEJÍAS ÁLVAREZ, ob. cit., pp. 94,245
y 246.
39 Entendido este término no como estética escurialense que representa una recuperación de las
fuentes originarias del clasicismo, sino como estética derivada de la teoría moderna y contaminada de
una actitud formal reductora, ésta sí, emanada de lo herreriano.
Aparición y arraigo del nudo arquitéctonico manierista en la platería bajoandaluza 551
40 Es de suponer que el mismo lenguaje arquitectónico y ornamental fue difundido en las platerías
del centro peninsular por Francisco Merino a su regreso a Toledo en 1590, aunque el nudo cúbico es
muy raro en su obra posterior. El único documentado que conocemos con esa planimetría es el que
sirve de base al Relicario del «Lignum Crucis» y de Santa Elena de la catedral toledana, pagado en 1601,
y curiosamente más cercano a los nudos de cruces de Alfaro que al realizado en su cruz de Colmenar
Viejo (Madrid), que es cilíndrico. Véase B. MARTÍNEZ CAVIRÓ, «Las artes susntuarias toledanas
en tiempos de El Greco», en El Toledo de Domenyco Theotocopuly, El Greco. Toledo, 1982, p. 226,
n. 217 y V.V.A.A., Catálogo Monumental de Madrid, I, Colmenar Viejo. Madrid, 1976, p. 86. De igual
modo, serán raras las macollas cúbicas en los ostensorios madrileños, aunque los significativos ejemplos
de la Catedral de Las Palmas de Gran Canaria, atribuido al platero madrileño Juan Sánchez y datado en
1604, y el de la Parroquia de Santiago de la Villa del Prado (Madrid), ejecutado por Pedro de Buitrago
h. 1640-49, demuestran que el modelo ideado por Alfaro tuvo cierto eco en Madrid ya desde época
temprana y que tal vez la estancia final toledana del orfebre cordobés influyó en tal circunstancia.
Sobre estas piezas pueden verse J. HERNÁNDEZ PERERA, Orfebrería de Canarias. Madrid, 1955,
pp. 104-106; J.M CRUZ VALDOVINOS, Valor y Lucimiento… ob. cit., pp. 90-91.
552 Manuel Varas Rivero
47 Sobre estas piezas cordobesas véase D. ORTIZ JUÁREZ, ob. cit., números del catálogo 87-88,
90, 102. El Ostensorio de Santa Ana de Córdoba, de mediados del siglo XVII, ofrece el mismo interés
por las estructuras móviles del miguelangelismo de Alfaro, pero esta vez aplicadas a un nudo poligonal
que evoca más directamente las soluciones de Merino en su cruz sevillana o en las desconocidas de
Córdoba. Una cúpula peraltada con originales pilastrones-costilla, monta sobre el templete. Bajo el
nudo, vuelve a aparecer un jarrón, aunque ahora, al igual que el resto de la pieza, sometido a un notable
proceso de estilización. Las piezas del Cister, Espejo y Santa Ana de Córdoba son estudiadas en M.
NIETO y F. MORENO, ob. cit., pp. 173-175, n. 189, 190 y 191.
48 Sánchez-Lafuente observa un predominio del modelo madrileño que queda contaminado
por elementos sevillanos. Pero el uso del nudo arquitectónico sigue, sin duda, los tipos sevillanos y
cordobeses, siendo en Madrid más frecuentes los de tipo ornamental, tal y como reconoce este autor.
R. SÁNCHEZ-LAFUENTE, ob. cit., p. 232.
Aparición y arraigo del nudo arquitéctonico manierista en la platería bajoandaluza 555
5 S. BARRAJA, ob. cit., p. 70. Lo stesso autore riferisce che all’interno della chiesa si trovavano
anche i dipinti raffiguranti i santi Andronico, Pietro e Paolo con gli Apostoli, la Sacra Famiglia e la
Crocifissione; la notizia è tratta da un atto del notaio S. Mottola del 13 luglio 1739.
6 G. KAFTAL, Saint in italian art. Iconography of the saint in central and south Italian schools
of painting. Firenze, 1965, p. 377.
7 B. ROCCO, La Cappella Palatina di Palermo. Palermo, 1993, p. 101.
8 V. ABBATE, Inventario polizzano. Arte e società in un centro demaniale del Cinquecento.
Palermo, 1992, pp. 38, 42.
9 V. ABBATE, «Matta me pixit: la congiuntura flando-iberica e la cultura figurativa nell’entroterra
madonita», in T. VISCUSO (a cura di), Vincenzo degli Azani da Pavia e la cultura figurativa in Sicilia
nell’età di Carlo V. Palermo, 1999, pp. 191–207.
10 V. ABBATE, ob. cit., p. 202.
Alcune rappresentazioni di San Eligio nella Sicilia centro-occidentale 559
un sarcofago sul quale, da un’asta, pendono zampe di cavallo e cavalli interi, forse
ex voto: è probabile che siano i committenti fattisi rappresentare in atteggiamento
supplice davanti la tomba del Santo. I tre episodi rappresentati attestano quanto
fosse diffusa, anche in area siciliana, l’agiografia di Sant’Eligio e, di conseguenza, le
rappresentazioni iconografiche ad essa collegate maggiormente riprodotte in epoca
rinascimentale11.
Ad Alcamo, cittadina in provincia di Trapani, è documentata sin dal 1562 una
confraternita di «fabri ferraij» a cui era stato concesso di costruire nel 1577 una
cappella all’interno della chiesa di Sant’Oliva dedicata a Sant’Eligio12. Da un atto
del notaio Lorenzo Lombardo del 9 aprile 1606 si apprende che i consoli dell’Arte
dei «ferrai, scupitteri, orifici, arginteri e caldarari» commissionarono al pittore pa-
lermitano Mariano Smiriglio «un quadro con quattro miracoli sotto», opera andata
perduta in seguito ai rifacimenti settecenteschi della chiesa, iniziati nel 1722 sotto
la direzione dell’architetto trapanese Giovanni Biagio Amico. Tuttavia il dipinto
venne sostituito da una statua marmorea (lám. 3) realizzata tra il 1766 e il 1767 da
Filippo Pennino, scultore dallo stile «grande ed energico» allievo e collaboratore di
Ignazio Marabitti ed esponente di una fiorente bottega a conduzione familiare13. Il
simulacro marmoreo rappresenta il Santo in vesti vescovili, con mitria e pastorale,
ammantato da un piviale ampiamente panneggiato. Le sembianze sono quelle di
un uomo vetusto, ha lo sguardo rivolto verso l’alto, la mano sinistra poggiata sul
petto mentre con la mano destra tiene contemporaneamente un lembo del piviale
e il pastorale. L’avanzamento della gamba sinistra contribuisce a donare all’insieme
13 S. TERZO, «Pennino Filippo», in L. Sarullo, Dizionario degli artisti siciliani. Scultura, vol.
III a cura di B. PATERA. Palermo, 1994, pp. 258–259.
Alcune rappresentazioni di San Eligio nella Sicilia centro-occidentale 561
un certo movimento, amplificato dai larghi panneggi della sacra veste e dalla semi
torsione del busto. L’artista esprime una formula compositiva evidentemente legata
ai modelli berniniani, e più in generale alla cultura barocca romana, interpretata con
grazia ed eleganza parzialmente desunta dalla locale sintassi espressiva di matrice
serpottiana14. E’ inoltre evidente, a differenza delle paludate soluzioni a cui appro-
dano altri artisti a lui coevi, un eloquente ed immediato realismo fisiognomico che
rende vero il volto del santo e ne sottolinea, con i più minuti particolari, il vero
stato d’animo.
Altra interessante testimonianza iconografica del vescovo di Noyon-Tournai è
la statua della Chiesa Madre di Gangi. Nella cittadina madonita il culto a sant’Eligio
era sostenuto dalla maestranza dei maniscalchi che già dalla prima metà del XVIII
secolo curavano una cappella con l’immagine del santo all’interno del principale
edificio ecclesiastico15. La statua in legno è attribuita a Filippo Quattrocchi16 in
virtù delle analogie compositive che si colgono con altre sculture la cui paternità
all’autore gangitano è documentata da fonti d’archivio. Con molta probabilità l’opera
fu realizzata intorno alla fine degli anni ’80 del Settecento17, quando l’artista aveva
raggiunto la piena maturità dopo vent’anni di attività che lo vide impegnato in molti
centri della Sicilia occidentale ricadenti tra Palermo e l’area madonita. In questa opera
è evidente l’impronta che la cultura pittorica del Settecento isolano ha esercitato
sulla formazione dell’artista. E’ infatti palese la lezione appresa dall’osservazione
delle opere di Vito D’Anna e dalla conoscenza delle sculture di Ignazio Marabitti.
In Filippo Quattrocchi si mediano quelle istanze tardo barocche che vengono es-
presse nel fluttuare armonioso e leggero delle vesti, nel moltiplicarsi delle pieghe,
nella teatrale gestualità delle figure, interpretando quel senso del movimento, prin-
cipale caratteristica delle opere di questo artista, che traspare anche nel Sant’Eligio
di Gangi: il mosso panneggio del piviale, trattenuto dalla mano sul fianco sinistro,
la postura, leggermente sbilanciata a sinistra ed evidenziata dalla gamba destra
arretrata, il braccio sollevato a tenere il pastorale e l’angioletto inginocchiato su
una nuvola posta ai piedi del santo contribuiscono a quella generale sensazione di
moto che acquisisce il simulacro, caratterizzandosi anche per un’attenta e raffinata
conduzione dell’intaglio, gestito con accuratezza soprattutto nei tratti somatici e
nella barba. L’impostazione formale del Santo ricalca quanto realizzato da Ignazio
Marabitti nel 1757 a Siracusa dove, per la facciata della Cattedrale, ha scolpito la
statua di San Marziano il cui bozzetto, in terracotta, datato 1753, è custodito presso
14 M.P. DEMMA, Opere d’arte restaurate nella provincia di Trapani 1987-1996. Trapani, 1998,
p. 102.
15 S. FARINELLA (a cura di), Filippo Quattrocchi Gangitanus Sculptor. Il senso barocco del
movimento. Palermo, 2004, p. 176.
16 S. ANSELMO, Pietro Bencivinni «magister civitatis Politii» e la scultura lignea nelle Madonie.
Bagheria, 2009, p. 141.
17 A. CUCCIA, «Filippo Quattrocchi scultore in legno». Kalòs. Arte in Sicilia, a. XVI, n. 4
(ottobre-dicembre 2004), pp. 29-33.
Alcune rappresentazioni di San Eligio nella Sicilia centro-occidentale 563
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