EL Caso Del Corregidor Juan de Robles en Jerez de La Frontera (Fines Del Siglo XV)
EL Caso Del Corregidor Juan de Robles en Jerez de La Frontera (Fines Del Siglo XV)
Título de la ponencia
Resumen
El padre de Juan de Robles, Gutierre de Robles, era el tercer titular de los señoríos
vallisoletanos de Castroponce, Valdetrigueros y Villarmentero. Su madre descendía
también de miembros de la nobleza castellana. Aunque nuestro corregidor era un hijo
1
Con anterioridad a su destino en Jerez de la Frontera, lo encontramos como corregidor de Trujillo, AGS,
Registro General del Sello, legajo 147702,314.
2
I. Álvarez Borge, « La nobleza castellana en la Edad Media: familia, patrimonio y poder », La familia en la
Edad Media: XI Semana de Estudios Medievales, Nájera, del 31 de julio al 4 de agosto de 2000 (2001). Entre
la nobleza castellana, la literatura genealógica tiene una aparición tardía; cuando en el contexto europeo se
trataba de un género que ya había sido desarrollado desde el siglo XI, en Castilla comenzó a extenderse en el
siglo XV, A. Dacosta, « De la anomalía a lo extraordinario: nobleza, linaje y escritura genealógica en Castilla
(siglos XIII-XIV) », Hispania, LXXV, no 251 (2015), p. 619.
segundón de la pareja,3 su origen noble le permitió un casamiento dentro de su mismo
estrato,4 mientras que su carrera militar y el servicio a los Reyes Católicos lo condujeron
por un importante camino de ascenso social.
3
El primogénito era Fernando Alfonso de Robles, que fue señor de Valdetrigueros y Castroponce, y estuvo
casado con Josefa Bazán, hija del I Conde de Valduerna. Los varones primogénitos encabezaban la sucesión,
algo que perfecciona el mayorazgo, “instrumento jurídico que consagrará la exclusión de la sucesión
femenina en la herencia patrimonial y también será la pieza clave en el desarrollo de la primogenitura. (…)
Mediante la constitución de un mayorazgo una serie de bienes patrimoniales, que ya podemos empezar a
denominar estados señoriales, se vinculan a una línea de sucesión determinada.”, I. Álvarez Borge, « La
nobleza castellana en la Edad Media: familia, patrimonio y poder », op. cit., p. 17.
4
El padre de su esposa, María Acuña de Zúñiga, era Pedro de Acuña y Portugal, II Conde de Valencia de
Don Juan, proveniente de la nobleza portuguesa.
5
En 1477 Juan de Robles recibe por merced los lugares de Oteros del Rey, Valmadrigal, Castrotierra,
Matallana y Santa Cristina. Los reyes ordenan a los capitanes, alcaldes y cuadrillas de todas las hermandades
que se unan al capitán de Robles para tomarlos, RGS,LEG,147702,45 (1477-02-16). Una vez logrado este
objetivo, los soberanos le dan poder jurisdiccional para poner alcaldes en esos mismos lugares, Archivo
General de Simancas, RGS,LEG,147702,283. A partir de 1478, comienzan los conflictos con la Iglesia de
Santa María de Regla, de León, que en colaboración con algunos vasallos de Juan de Robles que rompieron el
pleito-homenaje que le debían, reclamó derechos sobre la fortaleza de Castroterra, RGS,LEG,147812,29;
sobre la posesión y derechos de los lugares de Oteros del Rey, RGS,LEG,147808,32; RGS,LEG,147808,98;
RGS,LEG,147810,33 -aunque la posesión de Juan de Robles sobre este lugar fue defendida por los monarcas,
RGS,LEG,147805,103-; y sobre la jurisdicción de los lugares de Fuentes y Grajal, sobre los que hubo un
pleito, RGS,LEG,147911,83; RGS,LEG,148310,88; RGS,LEG,148402,90. En 1488, el contino real Luis
González ejecutó sentencias en favor de Juan de Robles sobre el señorío de estos dos últimos lugares,
RGS,LEG,148811,233.
6
AGS, Registro General del Sello, legajo 148902,55 (17/02/1489).
parte, Juan de Robles “nunca andaua sin ocho o diez de cauallo, escuderos suyos, armados,
que acompañauan su persona”.7 Además de los criados, comensales y continuos que lo
acompañaban, el corregidor contaba con la colaboración de un alcalde, alguaciles y otros
oficiales que él mismo había puesto en la ciudad.8 Estos oficiales auxiliares tenían un
carácter híbrido. Aunque tenían a cargo tareas específicas para las que contaban con saberes
especializados, en lo que ya aparece como una despuntante división técnica del trabajo de
gestión, guardaban a la vez una relación de fidelidad personal con Juan de Robles: estaban
investidos por él, en algo similar a una relación típicamente feudal. Así es que, como
correspondía a una figura señorial, nuestro corregidor se movía por la ciudad acompañado
de una nutrida clientela, cuya actividad era asimismo permanentemente vigilada por el
concejo y sus vecinos.
7
G. Fernández de Oviedo, Batallas y quinquagenas, Madrid, 2000.
8
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1474-1482), Cádiz, 2015, Doc. 145 (25/5/1480), p.
320.
9
E. Martín Gutiérrez, « La crisis de 1503-1507 en Andalucía. Reflexiones a partir de Jerez de la Frontera »,
dans Crisis de subsistencia y crisis agrarias en la Edad Media, H.R. Oliva Herrer, P.B. I Monclús (éd.),
Sevilla, 2007, p. 280.
10
E.J. Ruiz Pilares, « El servicio a la nobleza señorial como vía de promoción social: los señoríos de El
Puerto y los caballeros jerezanos (1480-1520) », Revista de Historia de El Puerto, no 61 (2018), p. 11.
11
E.J. Ruiz Pilares, « La formación de la oligarquía jerezana y la patrimonialización de los oficios concejiles
(siglos XIII al XV) », Revista de Historia de Jerez, no 16/17 (2012 2010), p. 5. Entre la élite concejil había
también judeoconversos y comerciantes, íbidem.
nobiliario, principal medio de construcción política de la nobleza, 12 y los virulentos
enfrentamientos de bandos de los linajes oligárquicos jerezanos.
Lindante con el reino de Granada, el contexto bélico en Jerez de la Frontera era una
constante. Las luchas fronterizas, en efecto, actuaron como plataforma de ascenso -y en
ocasiones de declive- para los linajes que controlaban los resortes del poder urbano. La
injerencia de la nobleza en las dos principales ciudades andaluzas, Sevilla y Jerez de la
Frontera, provocaba que la dinámica banderiza fuese especialmente intensa. Si esta ya
marcaba la dinámica política jerezana desde el siglo XIV,13 la relación de acostamiento
entre la oligarquía y la nobleza sevillana no hizo más que profundizar este rasgo en el siglo
XV.14 1471, el año en que el conde de Arcos y marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León,
tomó la ciudad de Jerez de la Frontera y se apoderó de su corregimiento, marca el punto
álgido de este proceso. Era una reacción ante el avance que el duque de Medina Sidonia
había logrado sobre Sevilla, recibiendo el corregimiento de esta ciudad de manos de
Enrique IV en 1470. Uno de los principales linajes de Jerez de la Frontera, el de los Dávila,
que lideraban el llamado bando de abajo, era partidario del marqués de Cádiz. Por el bando
de arriba, el linaje de los Villavicencio apoyaba al duque de Medina Sidonia. Los juegos de
cañas en los que participaban asiduamente los caballeros y veinticuatros expresaban estas
fidelidades y enfrentamientos de bandos: eran “la práctica utilizada para ritualizar la
rivalidad de las parcialidades enfrentadas en la ciudad”.15
Pocos años después de ganada la guerra de sucesión, los Reyes Católicos tomaron un
conjunto de acciones para poner freno al poderío que la nobleza sevillana ejercía sobre el
gobierno de toda la región. En Jerez, prohibieron el ingreso a la ciudad del marqués de
Cádiz y del duque de Medina Sidonia, obligando al primero a renunciar al título de
12
J.M. Monsalvo Antón, « El conflicto “nobleza frente a monarquía” en el contexto de las transformaciones
del estado en la Castilla Trastámara. Reflexiones críticas », dans Discurso político y relaciones de poder
ciudad, nobleza y monarquía en la Baja Edad Media, J.A. Jara Fuente (éd.), España, 2017.
13
E. Ruiz Pilares, « Lealtad, traición, matrimonio y juegos de cañas. Los enfrentamientos “banderizos” dela
élite jerezana bajomedieval », dans Siguiendo el hilo de la historia. Nuevas líneas de investigación
archivística y arqueológica, A. Santiago Pérez (éd.), Cádiz, 2013.
14
E.J. Ruiz Pilares, « El servicio a la nobleza señorial como vía de promoción social: los señoríos de El Puerto y
los caballeros jerezanos (1480-1520) », op. cit., p. 14.
15
E. Ruiz Pilares, « Lealtad, traición, matrimonio y juegos de cañas. Los enfrentamientos “banderizos” dela
élite jerezana bajomedieval », op. cit., p. 117. Los caballeros jerezanos eran famosos por tirarse las lanzas
hacia la cara y no de costado, que era lo común. Prohibidos por una ordenanza de 1468, se celebraron
excepcionalmente en honor a la llegada de los reyes a la ciudad en 1477.
corregidor. Fue entonces cuando nombraron para ese mismo oficio a Juan de Robles, que
como ya dijimos era una figura fuerte y de su círculo de confianza. Su perfil era idóneo
para la situación que atravesaba la ciudad en ese momento y para las necesidades de la
Corona: liderar al ejército jerezano en la guerra de Granada y poner un freno a los
conflictos banderizos.
Esta animadversión que las élites regimentales profesaron contra Juan de Robles parece
transmitirse a la historiografía actual. Así, encontramos menciones sobre el corregidor
como un “auténtico tirano”,17 que “gobernó con mano dura”.18
¿A qué se debía tanto encono? ¿Era excepcional, dadas las particularidades del corregidor?
¿El evidente rechazo que produjo su presencia y su acción puede considerarse como
indicador de una menor eficacia en la gestión que hizo del oficio?19 ¿Puede decirse que
haya sido un corregidor excéntrico, una excepción al perfil del oficial de los Reyes
Católicos requerido por el conflictivo contexto jerezano? ¿O, por el contrario, es necesario
incluir este tipo de corregidor en el repertorio de aquellos que representaban
arquetípicamente al oficio? Veamos más de cerca cuáles fueron los grandes trazos de su
intervención política en la ciudad para abordar estas cuestiones.
16
J.A. Jara Fuente, «Entre el conflicto y la cooperación: la ciudad castellana y los corregidores, praxis de una
relación política hasta la monarquía isabelina », Studia Histórica. Historia moderna, vol. 39, no 1 (2017), p.
70.
17
“Juan de Robles no era un oficial cualquiera, pese a sus habilidades y dotes militares en el campo de batalla,
como político fue un auténtico tirano”, E. Ruiz Pilares, « Lealtad, traición, matrimonio y juegos de cañas. Los
enfrentamientos “banderizos” dela élite jerezana bajomedieval », op. cit., p. 121.
18
E.J. Ruiz Pilares, « El gobierno de la ciudad: el concejo de Jerez a finales de la Edad Media », dans 750
aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014, J. Sánchez Herrero, M.
González Jiménez, M.A. Barea Rodríguez, et al. (éd.), Jerez, 2014, p. 76.
19
En la apreciación de Ruiz Pilares, “los sucesores de este personaje serán mucho más eficaces en su gestión,
centrándose en aplicar la justicia de la ciudad y sólo interviniendo en la toma de decisiones de manera directa
cuando se trataban temas económicos o militares que afectaban directamente a la monarquía”, Ibid., p. 76-77.
De salarios y oficios.
Como ya hemos dicho Juan de Robles era un corregidor de alto rango. Dada su importante
alcurnia, su salario era más alto que el de otros, 20 en parte porque estaba compuesto por
varios ítems. Dada la acumulación de oficios que reunía en su persona, inicialmente
percibía más de un estipendio. Al tiempo que era corregidor, los monarcas lo nombraron
guarda de las puertas de la ciudad y alcalde de su fortaleza, para lo cual le otorgaron “en
cada un año çiertas quantias de maravedis para la guarda de las puertas desa çibdad”, que
debería pagar su concejo.21
En 1482, los soberanos mandaban a los contadores mayores que se libraran los doscientos
mil maravedíes anuales que le correspondían a la tenencia de la fortaleza, retroactivamente
desde el momento en que la había recibido.22 Además, por este mismo concepto recibía
“para ayuda de su costa” 50.000 maravedíes. Dado que el arrendador de las alcabalas y
almojarifazgo de Jerez no había sacado la carta que le permitía comenzar la recaudación,
los monarcas ordenaron a los regidores y oficiales del concejo que nombraran a uno de
ellos para hacer, junto al corregidor, un repartimiento con el cual pagarle el total de 250.000
maravedíes.23
Pero además de los honorarios asociados a los oficios que ejercía, Juan de Robles recibía
otros beneficios materiales, que serían luego objeto de polémica: posada y ropas. Él mismo
reclamó a los monarcas en 1487, una vez que hubo vuelto a la ciudad tras su cautiverio, que
el concejo “no le quereys dar posadas ni ropa para los suyos segund se ha acostumbrado dar
a los otros corregidores desa dicha çibdad o a el antes que catyvo fuese”. 24 La respuesta de
los reyes dio lugar a su protesta, puesto que ordenaron otorgarle las ropas y la posada
reclamadas igual que se había hecho con anterioridad. Sin embargo, pocos meses más
adelante fueron los veinticuatros del concejo los que llamaban la atención porque el
20
El “excesivo” salario de Juan de Robles “alcanzaba 224.000 mrs., más de la mitad de los 425.000 mrs. de
gastos del cabildo”, Ruiz Pilares, “La política viaria municipal”, p. 215.
21
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1474-1482), Cádiz, 2015, Doc. 133 (02/09/1479), pp.
298-299.
22
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1474-1482), Cádiz, 2015, Doc. 189 (12/5/1482), p. .
El monto anual de la tenencia de la fortaleza aparece en Doc. 207 (2/7/1482), p. 499.
23
Ibid, Doc. 207 (2/7/1482), pp. 449-450.
24
Documentos de los Reyes Católicos (1483-1488), J. Abellán Pérez (éd.), Estudios de Patrimonio Cultura y
Ciencias Medievales, 2016, Doc. 174 (11/01/1487), p. 374.
corregidor buscaba ejecutar la carta que había obtenido de los soberanos para acceder a
dichos bienes y servicios; cuando al tiempo que lo habían recibido en la ciudad, para evitar
que “fatygasedes a los vezinos della en tomar posadas e ropa de camas para vos e para
vuestros oficiales e para los vuestros”, se le había entregado “çien mil maravedis en
dyneros contados para ropa por todo el tienpo que toviesedes en el ofiçio de corregymiento
desa dicha çibdad”.25 Los monarcas limitaron esta doble exacción, ordenándole devolver
aquello que hubiera demandado, si en efecto había recibido cien mil maravedíes por el
mismo concepto. Sobre este particular, en 1489 el trato excepcional que parecía haber
gozado el corregidor llega a su fin. Cuando el concejo informaba a la monarquía que les
demandaba casas, dinero y ropas para sus alcaldes y oficiales, esta observó que ya existían
resoluciones para todo el reino que ordenaban
“que en las çibdades e villas de nuestros reynos donde ay corregidores no se les den posadas
ni ropa, salvo solamente posadas pagando los dichos corregidores alquiler, mandamos dar
esta nuestra carta para vosotros en la dicha razon, por la qual vos mandamos a todos e a cada
uno de vos, asy los que agora soys como a los fueredes de aqui adelante que no tomeys ni
consyntays tomar ropa ni posadas para vosotros ni para vuestros alcalldes e alguazyles de la
dicha çibdad e vezynos della, salvo solamente posadas pagando los alquileres a los dueños
della, por ello llevays maravedis algunos de la dicha çibdad e vezynos della, pues que por
razon de los dichos ofiçios vos mandamos pagar salarios razonables, e toda e qualquier ropa
o posadas que les tengays tomadas gelas dexeys libremente syn les poner en ello
ynpedimiento alguno”.26
Hasta aquí, honorarios -que pocos años más tarde serían limitados, a nivel general del
reino, al único y principal salario de corregidor-27 y derechos que, aunque no era habitual
que se reconocieran afirmativamente -como vimos, terminaron siendo vetados- solían
motivar denuncias, en el universo de los corregidores. Sin embargo, entre los ingresos de
Juan de Robles encontramos ítems menos típicos. Por ejemplo, era arrendador de una de las
25
Ibid, Doc. 220 (09/04/1488), p. 463.
26
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1489-1490), 2016, Doc. 88 (22/09/1489), p. 182.
27
“mando que de aqui adelante vosotros ni alguno de vos no pagueys a los dichos corregidores e asistentes ni
alguno dellos mas salario de lo contenido en las cartas e provisiones que para usar los dichos ofiçios tyenen o
les mandaren dar, no enbargante que digan e aleguen que pues están suspendidos e consumidos en el los
dichos ofiçios, e alcaldías mayores, e alcaldias de la justiçia, e alcaldias ordinarias, e fieldades, e esecutorias,
e alguaziladgos, e meridades, e otras alcaldias menores, e mayordomia que an de llevar el dicho salario, e que
an estado e estan en estas costubre, e sy les pagaron de los dichos salarios ordinarios que les desconteys del
salario que con el dicho ofiçio de corregimiento e asystençia les mando dar, por quanto mi merçed e voluntad
es que no lleven mas del dicho salario”, Ibid, Doc. 58 (7/7/1489), p. 134.
rentas de la ciudad: tenía un tercio de la renta de estremeño y albarraniego (cobros por
derechos de ganadería.), como sabemos por un conflicto que tuvo con un vecino encargado
de la recaudación.28 También, en 1491, en “alguna emienda e remuneraçion de los muchos
e buenos e leales seruiçios que nos auedes fecho de cada un dia”, los reyes lo hicieron
jurado de la collación de San Miguel de la ciudad, “con la quitaçion, derechos e salaryos al
dicho ofiçio anexos e pertenesçientes”. 29 Entre sus funciones, los corregidores estaban a
cargo de garantizar que la recaudación tributaria se efectuara; sin embargo, que estuvieran
implicados en el arrendamiento de tributos a título personal, o que recibieran oficios locales
como el de jurado, era algo poco común y que contradecía la imagen de desarraigo que los
caracterizaba. Pocos años antes de morir, Juan de Robles arrendó por el lapso de cinco años
a los carniceros de Jerez una dehesa de la carne en el término de la ciudad, para llevar a su
ganado.30 Una vez viuda, doña María de Acuña reclamó ante la justicia regia porque
algunos de los carniceros no estaban respetando el contrato de arrendamiento. Volvemos a
encontrar en este ejemplo una excentricidad que se aparta del modelo teórico de corregidor
foráneo carente de propiedades de ningún tipo en la localidad en la que ejercía su oficio.31
28
Documentos de los Reyes Católicos (1491-1493), J. Abellán Pérez (éd.), 2017, Doc. 9 (27/01/1491), p. 41-
43.
29
Documentos de los Reyes Católicos (1491-1493), J. Abellán Pérez (éd.), 2017, Doc. 95 (07/08/1491), pp.
191-192.
30
Documentos de los Reyes Católicos (1494/1497), J. Abellán Pérez (éd.), Estudios de Patrimonio Cultura y
Ciencias Medievales, 2018, Doc. 173 (30/5/1497).
31
Además, se decía que tenía intereses sobre el burdel de la ciudad. Documentos de los Reyes Católicos
(1491-1493), op. cit, Doc. 193 (7/9/1492), pp. 366-367.
32
Además de estar en el frente de batalla, durante su estadía en la ciudad se ocupó de diversas cuestiones
relacionadas a alardes, fiscalidad y demás gestiones concretas asociadas a la guerra. J. Abellán Pérez,
Documentos de los Reyes Católicos (1474-1482), op. cit, Docs. 102, 107, 111 y 192; Documentos de los
Reyes Católicos (1483-1488), Docs. 100, 212; Documentos de los Reyes Católicos (1489-1490), Docs. 50,
112 y 113; Documentos de los Reyes Católicos (1491-1493), Doc. 57.
derivados de la política toledana sobre tierras.33 Pero pese a que el grueso de los pleitos por
restitución de términos fue procesado por otros jueces regios en los años inmediatamente
siguientes a la celebración de las Cortes de Toledo, en ciertas ocasiones Juan de Robles
debió entender en el tema, o bien se le reclamó que lo hiciera.
Al finalizar el año 1481, recibió por una carta de los reyes -que incluía el traslado de la
disposición toledana sobre tierras-, la indicación de realizar pesquisas e informarse acerca
de qué caballeros y personas poderosas, tanto de Jerez como de Andalucía, eran las que
tenían entrados y tomados los términos y prados de la ciudad, tal como denunciaba su
concejo. Debería asimismo apremiar a los usurpadores para que devolvieran a la ciudad sus
términos y amparar a la misma en su posesión.34
En 1491 el corregidor recibió la orden de los reyes de ejecutar una carta para asignar tierras
a los labradores pobres de la ciudad, destinando para propios del concejo el terrazgo que
deberían pagar, según un informe que había elaborado el bachiller Mogollón, uno de los
jueces enviados especialmente a Jerez para ocuparse de la cuestión de las tierras. Sin
embargo, la intervención de este último oficial había estado motivada por el descontento
que los veinticuatros, caballeros y escuderos jerezanos mostraban ante la iniciativa. La
medida competía con el mantenimiento de su ganado que era la
“la bivienda prinçipal de la dicha çibdad e con que toda ella diz que no sirven ni
pechan, diz que es solamente con la cria de los ganados de los terminos della, e que si
los dichos echos se oviesen de apartar para propios ni para otra cosa alguna diz que de
neçesidad avian de salir los ganados que ellos trayan en los dichos terminos e no gozar
dellos”.35
Si inicialmente el proyecto había previsto apartar dos o tres echos de los términos
concejiles, la resolución que debía ejecutar el corregidor terminó implicando una porción
33
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1474-1482), op. cit, Doc. 168 y Doc. 180. (1483)
Doc. 15, Doc. 16, Doc. 99, Doc. 218, Doc. 221, (1490), Doc. 39, DOc. 52, Doc. 53, Doc. 159, Doc. 178, Doc.
180, Doc. 184, Doc. 195, Doc. 211, Doc. 222. (1491) Doc. 4, Doc. 6, Doc. 13, Doc. 95, Doc. 14, Doc. 15,
Doc. 18, Doc. 23, Doc. 43, Doc. 62, Doc. 112, Doc. 117, Doc. 190, Doc. 204, Doc. 237. Algunos de los
oficiales que la monarquía designó para ocuparse de distintas cuestiones relativas a los pleitos por tierras que
se sucedieron fuertemente luego de las leyes de Toledo de 1480, fueron el bachiller Fernando Mogollón,
como juez pesquisidor y juez comisario; el bachiller Juan Alonso Serrano; el contino Juan Flores, como juez
de términos; el licenciado Sebastián de Balbo, del consejo real. En (1491) Doc. 38 y Doc. 119 encontramos
las órdenes para pagar salarios de algunos de ellos.
34
Ibid, Doc. 180 (06/12/1481).
35
Ibid, Doc. 13 (03/02/1491), p. 48.
mucho más grande, de seis.36 Así, podríamos encontrar en este episodio otra razón material
de la aversión que despertaba la actuación de Juan de Robles.
A su vez, se observan otras situaciones de conflicto y tensión con las elites jerezanas. Así,
los monarcas encomiendan a de Robles entender sobre la conveniencia de aplicar o
modificar una pragmática sobre las edificaciones de los caballeros y otros particulares en
las tierras concejiles que se habían restituido; 37 y atender la denuncia que hizo Juan de
Rutia, un representante de los labradores jerezanos, acerca de algunas personas principales
de la ciudad que sometían a tributo las tierras concejiles.38
Como ya adelantamos, más allá de estas intervenciones el sentido último que tenía la
prolongada estancia de Juan de Robles en Jerez de la Frontera era el interés de la monarquía
de contar con una figura fuerte y de su confianza para contener la conflictividad banderiza.
Muchas de las intervenciones del corregidor y de sus oficiales estaban orientadas por este
objetivo. Al indagar con más detalle en estos episodios encontramos, sin embargo, que ni el
combate de la Corona de las disputas entre los linajes era tan tajante, ni la actuación del
corregidor estaba fuera de la dinámica facciosa de los mismos.
Lo cierto es que las luchas banderizas se encontraban muy extendidas. Los veinticuatros,
jurados y caballeros de la ciudad establecían relaciones clientelares con oficiales del
concejo y vecinos de la ciudad, a quienes tenían por allegados. 39 Para desarmar estas
relaciones, los soberanos querían impedir que escuderos, ciudadanos, oficiales del concejo
u otras personas residieran “de contino biviendo con vos como vuestros familiares e
continos comensales” y que fueran “vuestros allegados”, o que acompañaran “para vuestras
diferençias ni salgan con armas ni syn ellas a los roydos que en la dicha çibdad ovieren ni
vengan a vuestras casas a vos aconpañar en tienpo de los dichos roydos”; 40 bajo pena de
36
Ibid, Doc. 92 (05/08/1491). En 1493, el mismo corregidor embargó a aquellos labradores que, por su
extrema condición de pobreza, no podían sembrar y decidían en cambio arrendar las tierras que les habían
tocado a otros labradores en mejor situación. Tras la queja de un representante de estos mismos labradores
pobres, los soberanos indicaron a de Robles que administrara justicia. Ibid, Doc. 257 (21/11/1493).
37
Ibid, Doc. 204 (20/1271492).
38
“muchos honbres prinçipales que movidos mas acobdiçia que a otro bien, diz que han apropiado asy
muchas tierras e dado a tributo a vezinos de la dicha çibdad, no pudiendolo fazer de derecho, por lo qual dixo
que el como uno de los vezinos de la dicha çibdad nos suplicava e pedia por merçed que mandasemos a los
dichos cavalleros que hasy avian dado las dichas tierras que mostrasen el titulo que asy tenian que por el se
declarase lo que hera suyo”, Ibid, Doc. 262 (4/12/1493), p. 503.
39
Ibid, Doc. 191 (10/9/1492), pp. 360-361.
40
Ibid.
pérdida del oficio y de los juros y mercedes que tuvieran los oficiales, así como de
potencial destierro, pago de tres mil maravedíes y azotes a las personas que actuaran como
clientela.
Sin embargo, al producirse denuncias concretas las sanciones no resultaban ser tan duras.
La atenuación de los castigos a veces respondía a la intervención del propio corregidor; en
1478, intervino junto al concejo jerezano para suplicar a los monarcas, con éxito, que
dieran por concluido el destierro de cuatro meses al que habían condenado a los principales
referentes de ambas parcialidades -Pedro Riquel, Sancho de Zurita, Martín Dávila y
Lorenzo de Padilla- por los violentos episodios de los juegos de cañas con que se había
celebrado la llegada de los Reyes Católicos a la ciudad el año anterior. 41 Una década más
tarde, en 1488, los monarcas ordenaron a de Robles que levantara otra orden de destierro
que este había dado contra el vecino jerezano Fernando de Cuenca, quien mientras oficiaba
como alcalde no había castigado ni procedido contra los que habían provocado ruidos en la
ciudad. Actuando de oficio, el corregidor había encarcelado a Fernando durante más de tres
meses y, luego de liberarlo, lo obligó a dejar la ciudad. Por la petición del afectado ante los
reyes, levantó la pena de destierro y el embargo que le había puesto.42
Pese a que los castigos expectables no fueran tan graves, la intromisión del corregidor en la
dinámica política de las élites concejiles también fue percibida negativamente. En especial
cuando se afectaban los beneficios materiales que estas recibían. El recorte que los
monarcas ordenaron de los salarios de oficiales del concejo a raíz de un informe que realizó
el corregidor pudo ser un foco de conflicto. Según la relación que hizo en 1493 sobre los
propios y rentas de la ciudad y sobre los ítems en que se los gastaba, “paresçio que algunos
ofiçiales del cabildo desa dicha çibdad tenian algunos salarios acreçentados. 43 Por
consiguiente, y en consideración de la escasez de los propios de la ciudad, los reyes le
encomendaron la misión de limitarlos. Así, los veinticuatros, jurados, el lugarteniente del
escribano, el portero del cabildo, el alférez de la ciudad, los dos trompetas, la persona que
tenía la tenencia del castillo de Tempul, el frenero y el relojero vieron sus ingresos
disminuidos. Además, se restringían los pagos de los veinticuatros por las actuaciones
41
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1474-1482), op. cit, Doc. 82 (25/1/1478).
42
Documentos de los Reyes Católicos (1483-1488), op. cit, Doc. 207 (13/03/1488).
43
Ibid, Doc. 252 (19/9/1493), p. 477.
complementarias como la vista del cabildo, el control del arca del sello y de las llaves por
las cuales no percibirían remuneración extra.
Otros motivos por los que el corregidor caía en la mira de los veinticuatros parecen
ejemplos típicos de la tensa dinámica entre los intereses privados de los regidores, la lógica
del pro común y la intervención externa de los agentes regios. En 1489, los regidores y
oficiales concejiles jerezanos referían a los reyes que desde hacía mucho tiempo la ciudad
tenía una ordenanza por la cual uno de los veinticuatros y un jurado debían entender sobre
los asuntos tocantes a la pescadería –“asy en poner el pescado como en otras cosas a ella
convinientes”.44 Desde hacía poco tiempo, sin embargo, los corregidores que habían estado
en la ciudad, “ynjusta e no devidamente”, no consentían que se usara esta regulación,
porque ellos mismos querían designar a una persona de su confianza para este tipo de
tareas. Por ello, “la dicha çibdad reçibe mucho agravio e la dicha pescaderia mal
proveyda”. Ambiguos como siempre, los reyes ordenaron al corregidor que respetara la
citada ordenanza y que, a lo sumo, sumara a una tercera persona que entendiera junto a las
otras dos sobre la pescadería.
El vínculo que el corregidor mantenía con algunos de los oficios concejiles también fue
objeto de críticas. En 1490 se presentaba una denuncia contra Juan de Robles y sus oficiales
porque no empleaban los servicios notariales de escribanos públicos con autoridad de los
monarcas para dar fe de diferentes actos, siendo conminados a hacerlo de allí en más.45 A
su vez, según la relación que hacían los regidores del concejo, de Robles impedía a los
caballeros de cuantía realizar el sorteo anual para repartir las alcaldías ordinarias que
correspondían por colaciones.46 Además, existían otras quejas se extendían a cuestiones
procedimentales y vinculadas a la observancia de las ordenanzas.47
Pero hay un capítulo fundamental en la historia política jerezana de finales del siglo XV
que muestra una de las facetas más controvertidas de nuestro corregidor: el de los procesos
que de Robles inició contra Juan Bernal Dávila y el resto de sus parientes. Las causas de
esta persecución judicial sistematizada contra el linaje que lideraba al bando de abajo se
44
Ibid, Doc. 94 (18/10/1489).
45
Ibid, Doc. 144 (21/3/1490). Lo mismo se repite en 1494, Doc. 21
46
Ibid, Doc. 146 (22/03/1490), p. 273.
47
Ibid, Doc. 147 (22/3/1490), p. 275.
remontan a las rivalidades exteriorizadas en los mencionados juegos de cañas de 1477. 48
Cuando parecía que esta tensión iba a disiparse, mediante alianzas matrimoniales que
concertaron los principales referentes de ambos bandos, sucedió todo lo contrario; 49 la
escalada de venganzas por la ruptura de la capitulación matrimonial entre los Dávila y los
Zurita alcanzó su punto de máxima tensión con los pleitos por sodomía contra los primeros
y concluyó, en 1499, con el asesinato del cabeza de linaje de los segundos.
Lo que resulta necesario destacar es que, lejos de detener los antagonismos urbanos con su
mera presencia, el corregidor intervino de lleno en la dinámica banderiza al apoyar a los
Zurita en la represalia contra los Dávila. Para Francisco de Zurita, el casamiento que estos
terminaron celebrando entre Isabel de Padilla, nieta de García Dávila, y un hijo de Alvar
López -que provenía de un linaje cuyo poder había experimentado un marcado ascenso en
la década de 1480-, fue un deshonroso desaire.50 Para tramar la venganza, contó con la
colaboración de Juan de Robles, que inició un conjunto de procesos por deslealtad a la
Corona y por sodomía contra los Dávila. Las acusaciones por sodomía eran potentes
instrumentos políticos que se utilizaban con frecuencia en el ámbito europeo en la baja
Edad Media.51 Entre las elites urbanas, las denuncias judiciales por el llamado pecado
nefando, delito contra natura, fueron un recurso muy utilizado para infamar al bando rival.
Así como la fama pública era un bien simbólico de primer orden, la infamia era equivalente
a la muerte civil del infamado, que con ella arrastraba al descrédito al conjunto de su
familia, incluso de su linaje. Los procesos judiciales por sodomía y los castigos que se
preveían para su represión -destierro, penas corporales y pena de muerte-, “daban lugar a la
infamia, y aunque hubiera una segunda sentencia exculpatoria, el daño social del inculpado
48
E. Ruiz Pilares, « Lealtad, traición, matrimonio y juegos de cañas. Los enfrentamientos “banderizos” dela
élite jerezana bajomedieval », op. cit., p. 116.
49
En 1487, el arzobispo de Sevilla concertó el matrimonio entre Fernando de Zurita, el primogénito de
Francisco de Zurita, e Isabel de Padilla, nieta de García Dávila. Esta alianza parecía destinada a terminar una
etapa de enfrentamientos entre ambos linajes. Sin embargo, durante los cinco años que se demoró la bula
papal que permitiría celebrarlo, el equilibrio de fuerzas cambió. Tras la muerte de García Dávila, sus
herederos creyeron que era más conveniente enlazarse con los López, lo que provocó la ira de los Zurita. E.
Ruiz Pilares, « Lealtad, traición, matrimonio y juegos de cañas. Los enfrentamientos “banderizos” dela élite
jerezana bajomedieval », op. cit.
50
Documentos de los Reyes Católicos (1491-1493), op. cit, Doc. 179 (31/8/1492), p. 339.
51
M.Á. Martín Romera, « «Como sy fuesen vuestros vasallos». Las relaciones informales de las oligarquías
urbanas y el sometimiento del territorio en la Castilla bajomedieval », Edad Media. Revista de Historia, no 15
(2014), p. 168.
ya estaba hecho”.52 Además, la actividad judicial contra los acusados por este pecado-delito
tenía una utilidad extra: dotaba de legitimidad política a los denunciantes y a los oficiales
de justicia encargados de procesarlos, que así velaban por el bien público. 53 Y no sólo esto;
existían también beneficios materiales, embargos y penas que se aplicaban a los
condenados favorecían a los jueces que intervenían en estos casos.
Los procesos por sodomía que nos interesan comenzaron en diciembre de 1492, con la
condena a pena capital para los personajes más importantes del bando de los Dávila. 54 Para
1494, todos habían sido absueltos,55 salvo el veinticuatro Juan Bernal Dávila. 56 Un
momento de 1493, en pleno conflicto, reúne a Juan de Robles con otro corregidor, el
licenciado Álvaro de Santisteban. Una habitual estrategia regia consistía en enviar a otros
agentes que no fueran el propio corregidor, comprometido, cuestionado o limitado por
diversos factores, para resolver cuestiones decisivas en una localidad. 57 En este caso, los
soberanos relevaron a de Santisteban de servir en Écija para acudir a Jerez; debería
acompañar a de Robles en el proceso que seguía contra Juan Bernal Dávila por sodomía.
Lorenzo de Padilla, su hermano, denunciaba las irregularidades con que de Robles y su
alcalde habían actuado,58 motivo por el cual “ponia la sospecha en el dicho Juan de Robles
e en el dicho Gil Davila, e juro la sospecha” y suplicaba el envío de una persona imparcial
que entendiera en la causa.59
A pesar de los detalles de intriga y venganza de esta historia, la actitud de la monarquía fue
complaciente, tanto con sus víctimas como con sus instigadores. Salvo por la pena de
destierro contra Juan Bernal Dávila, las imputaciones y sentencias contra el resto de los
acusados quedaron en la nada y tampoco hubo, por el posterior asesinato de Francisco de
Zurita, consecuencias de ningún tipo. Los señalamientos sobre la parcialidad de Juan de
Robles, acusado de haber sido inducido a procesar a los Dávila por connivencia con los
Zurita, no importunaron en nada la carrera del corregidor.
¿Por qué se había implicado Juan de Robles en estas disputas? Según Ruiz Pilares, se trata
de una suerte de ajuste de cuentas tras las denuncias que recibió en 1489 por parte de los
Dávila.63 Si esto fue así, es evidente que las numerosas denuncias y pesquisas contra de
Juan de Robles no alcanzaron a detener la compleja dinámica de rivalidad de la oligarquía
jerezana. Las quejas e investigaciones que rodearon al corregidor durante los años de su
mandato no eran algo excepcional que respondiera a sus particularidades, sino una
constante que surcaba -en Jerez, en Ávila y en todas las ciudades- a un oficio en
permanente escrutinio. El involucramiento de los corregidores con una de las parcialidades
urbanas no era, por otra parte, algo desconocido o inesperado, tal como revelan las
60
Ibid, Doc. 223 (7/5/1493), p. 419.
61
Ibid.
62
Ibid.
63
E. Ruiz Pilares, «Lealtad, traición, matrimonio y juegos de cañas. Los enfrentamientos “banderizos” dela
élite jerezana bajomedieval», en Siguiendo el hilo de la historia. Nuevas líneas de investigación archivística y
arqueológica, A. Santiago Pérez (éd.), Cádiz, 2013.
disposiciones y medidas que existían para prevenirlo, 64 y se observa en múltiples casos.65
Para entender las razones que pudieron haber llevado al corregidor a involucrarse en estas
circunstancias es necesario inscribir los procesos por sodomía dentro de las estrategias
propaganda que incidían en la dinámica política.
Así vemos en todo este suceso que, lejos de haber producido una pausa en la lucha de
bandos, Juan de Robles se involucró de lleno en la dinámica facciosa propia del bloque de
poder. El faccionalismo atravesaba a todos los actores.66 Como señala Monsalvo Antón y es
evidente en este caso, los engranajes del faccionalismo comprometían factores materiales,
intereses individuales, rivalidades familiares, lealtades y amistades; es decir,
condicionamientos múltiples que no respondían a un modelo ideológico unívoco, o de
principios.67 Las elites jerezanas, con vínculos con distintas casas nobiliarias, y el propio
corregidor, un noble en sí mismo, estaban totalmente imbuidos por esta lógica.68 Los Zurita
utilizaron su alianza con el corregidor para medrar en la dinámica política, vengar las
ofensas recibidas, posicionarse frente a la monarquía y obtener así mayores cuotas de
poder. El corregidor obtuvo, por su parte, ventajas políticas y materiales al involucrarse en
estas rivalidades.
residencia, 69
debió atender a la acusación que hacía uno de los procuradores de la ciudad
64
Nos referimos a los Capítulos de 1500, que en su segundo acápite establecían que los corregidores “no se
juntarán, ni farán confederación, ni parcialidad, con ninguno, ni algunos Regidores, ni Caballeros, ni otras
personas algunas de los tales Pueblos”, B. González Alonso, « Capítulos de 1500 para corregidores y jueces
de residencia », dans El corregidor castellano (1348-1808), Madrid, 1970, p. 300.
65
M. Diago Hernando, « El papel de los corregidores en los conflictos políticos en las ciudades castellanas a
comienzos del siglo XVI », En la España medieval, no 27 (2004).
66
“Las personas de los reyes, los privados y los nobles nutrieron las parcialidades. En el faccionalismo
participaron todos”, J.M. Monsalvo Antón, «El conflicto “nobleza frente a monarquía” en el contexto de las
transformaciones del estado en la Castilla Trastámara. Reflexiones críticas», dans Discurso político y
relaciones de poder ciudad, nobleza y monarquía en la Baja Edad Media, J.A. Jara Fuente (éd.), España,
2017, p. 179.
67
J.M. Monsalvo Antón, « El conflicto “nobleza frente a monarquía” en el contexto de las transformaciones
del estado en la Castilla Trastámara. Reflexiones críticas », op. cit.
68
Ibid., p. 242.
69
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1489-1490), op. cit, Doc. 98 (5/11/1489), p. 195.
sobre un ejido llamado de Rota. La relación que hacía el procurador señalaba que desde
tiempos inmemoriales los vecinos concurrían a ese término de uso público para hacer
“muladar”,70 es decir para echar sus residuos, y para llevar a “paçer sus bestias e puercos”. 71
Sin embargo, Juan de Robles y su alguacil habían ocupado y sembrado cebada allí,
impidiendo a los vecinos el aprovechamiento y “prendandoles a sus bestias e llevandoles
muchas penas e achaques, diziendo que entravan en el dicho alcacer”.72 Además del
perjuicio que lógicamente ocasionaban la ocupación de un espacio común y la imposición
de prendas al concejo, el procurador señalaba otro problema; al no poder utilizar el ejido de
Rota para llevar sus residuos, los vecinos “an fecho muladar junto con la puerta de la dicha
çibdad, en manera que esta mas alto el muladar que los adarves, e en lloviendo no puede
ninguna bestia salir de la çibdad syno atollando fasta las çinchas”. 73 Aunque el procurador
había confrontado al alguacil para que liberara el ejido, éste no lo había hecho; “antes en
menospresçio de la dicha çibdad continuo su proposyto”.74 Y cuando fue el concejo quien
se quejara por el tema con el corregidor, solicitando que actuara contra estas ocupaciones,
“dys que lo no quixistes hazer e cunplir poniendo a ello vuestras escusas e dilaçiones
yndevidas”.75 Sería misión del juez de residencia investigar si, tal como se denunciaba, de
Rota era ejido de la ciudad y administrar justicia en consecuencia, “no dando lugar que a la
dicha çibdad le sean ocupados ni tomados los dichos exidos”.76
Los resultados de los procedimientos de control a los que se sometió Juan de Robles fueron
positivos o bien intrascendentes a los ojos de los reyes. En 1490 los soberanos anunciaban
que las “pesquisyas contra el” que se habían hecho luego de la residencia se habían llevado
ante el Consejo Real, en donde se decidió llamarlo “para que diese descargo de lo que
contra el se oponía”.77 Tras analizarlo, “fue acordado que le deviamos proveer del dicho
ofiçio de corregimiento desa dicha çibdad por quanto nuestra merçed e voluntad fuese”.78
70
Ibid, Doc. 99 (22/11/1489), p. 195.
71
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1489-1490), op. cit, Doc. 99 (22/11/1489), p. 195.
72
Ibid.
73
Ibid., p. 195-196.
74
Ibid., p. 196.
75
Ibid.
76
Ibid.
77
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1489-1490), op. cit, Doc. 120 (15/2/1490), p. 230.
78
Ibid.
Los mecanismos de fiscalización empleados contra el corregidor el año anterior, en 1489,
habían sido impulsados por los veinticuatros y jurados de la ciudad. No sólo habían tratado
de impedir que se prestaran testimonios favorables a de Robles y cuestionado al escribano
que llevaba la pesquisa.79 Además, habían hecho “çiertos gastos e costas e en seguimiento
de las resydencias e pesquisas”.80
En cuanto a los aspectos estrictamente formales de los juicios de residencia, las protestas
eran cruzadas. En 1488 el concejo se quejó porque de Robles ponía excusas y dilaciones a
la hora de dar fianzas, siendo obligado a ello de acuerdo con lo que disponía la ley de
Toledo.81 En 1490 el corregidor les solicitó que las actuaciones del juez de residencia en un
pleito entre él y el comendador Juan de Vera se declararan nulas, puesto que no había
podido responder y alegar en su justicia, porque se hallaba en el cerco y toma de Baza. Los
soberanos accedieron a su pedido.82 Luego de su muerte en 1495, algunos vecinos que
había obtenido sentencias contra el corregidor durante los juicios de residencia trataron de
ejecutarlas. En estos episodios se revela con claridad que, pese a que existieron fallos que
condenaban ciertos comportamientos del oficial,83 la monarquía había optado por hacer
caso omiso de ellos.84
No obstante, el examen al que estaba sujeto el corregidor era sistemático. Así, se realizaron
numerosas pesquisas en respuesta a los constantes reclamos que distintos personajes del
concejo dirigían a los órganos regios; en una de ellas, en 1480, a pocos años de iniciado su
mandato, “por algunas quexas que nos fueron dadas de Johan de Robles, nuestro alcayde e
corregydor”, los monarcas lo suspendieron temporalmente y enviaron a un pesquisidor, el
doctor Antón Rodríguez de Lillo, del Consejo Real. 85 El corregidor debería presentarse en
la corte para que los reyes resolvieran lo que fuera justicia. Sin embargo, si bien no parece
haber habido consecuencias de relevancia puesto que, como sabemos, el mismo continuó en
su oficio, las denuncias y las investigaciones no se detuvieron. En 1483 el jurado y fiel
79
Ibid, Doc. 104 (7/12/1489), p. 203.
80
Ibid, Doc. 135 (17/3/1490), p. 257.
81
Ibid, Doc. 219 (9/4/1488).
82
Ibid, Doc. 137 (17/3/1490).
83
Documentos de los Reyes Católicos (1494/1497), op. cit, Doc. 185 (23/12/1497), pp. 427-428.
84
Documentos de los Reyes Católicos (1491-1493), op. cit., Doc. 151, Doc. 176, Doc. 239, Documentos de los
Reyes Católicos (1494/1497), op. cit., Doc. 28, Doc. 30.
85
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1474-1482), op. cit, Doc. 151 (13/9/1480), p. 333.
ejecutor Diego Destopiñán solicitaba una carta de seguro que lo protegiera de las posibles
represalias del corregidor porque
“por cabsa quel se veno a quexar e a querellar de vos el dicho Juan de Robles e de
vuestros alcalldes e oficiales de çiertos agravios e syn razones que aviades fecho e
faziades se teme e reçela que bos e los dichos vuestros ofiçiales le torrnedes odio e
enemiga capital por el lo aver dicho e denusçiado ante nos en el nuestro consejo”. 86
Los monarcas ordenaron a Juan de Robles tomar como “açesor e conpaño” a uno de los
veinticuatros de la ciudad, Ferrand Cabeza de Vaca, para seguir las causas civiles y
criminales relacionadas con el jurado; así como no interferir para que quien lo denunciaba
pudiera obtener testimonio por escribano público.
86
Documentos de los Reyes Católicos (1483-1488), op. cit, Doc. 2 (10/2/1483), p. 35.
87
Ibid, Doc. 134 (17/3/1490), p. 225.
88
“algunas vezes acaesçe que de pleitos criminales que pasan ante vuestro alcalde la justiçia de las sentençias
difinitivas que da, algunas de las partes apelan para ante vos, e que comoquier que de derecho vos dello no
podedes ni devedes conosçer en el dicho grado, diz que estays en uso e costunbre de conosçer las semejantes
apelaçiones quel dicho vuestro alcalde de la justicia se fazen”, Ibid.
89
Encontramos ejemplo de esto en 1495 cuando el jurado y fiel ejecutor, que además era contino real, Diego
de Zuazo, pidió a los monarcas que inhibieran al corregidor del tratamiento de los pleitos que mantenía con
distintas personas en la ciudad de Jerez, porque era “odioso e sospechoso”. El alcalde mayor de jerez, el
licenciado Sahagún, fue el encargado de seguir estos procesos. Ibid, Doc. 68 (13/2/(1495).
Durante 1493, un vecino jerezano, Martín García de Sierra, reclamó que corregidor y
alcalde “odiosa e enemigamente e porque le tyenen enemiga capital, diz que de fecho e
contra derecho e so color de justiçia fizieron contra el çierta pesquisa en su absençia syn
guardar orden ni forma de justicia”.90 Si bien por no haber sido encontrado culpable lo
habían liberado de la cárcel donde había estado preso y atormentado, como resultado de
una sentencia agraviante fue apresado nuevamente. Por ello pedía remedio de justicia, que
los reyes administraron confiando el asunto a los alcaldes de casa y corte.
“so color e diziendo que veniendo a la dicha çibdad de Xerez de la çibdad de Cordova,
e vos el dicho Chriptoval Martynez, espartero, de la çibdad de Malaga donde diz que
morian de pestillençia vos prendieron e mandaron prender, e que vos desterraron de la
dicha çibdad e de sus terminos publicamente en sendos asnos e con pregonero muy
ynjuriosamente, e que vos quemaron e fizieron quemar çiertos paños fechos ropas que
teniades para vuestros ofiçios de roperos con que biviades, e que por la ropa que
teniades vestida vos llevo el alguazil Pedro Costilla porque gela dexase quarenta reales
de plata a vos los dichos Pedros de Costantyna e Gonçalo de Eçija, e que al dicho
Chriptoval Martinez llevo un capuz, e un sayo, e un jubon e un çinto con cinco reales,
en lo qual fiz que bos fue fecha fuerça e syn justiçia”. 91
Según sus relatos, Pedro de Constantina había estado en Córdoba hacía más de dos años,
mientras que Gonzalo de Écija sí había ingresado a Jerez desde Córdoba, pero en ese
momento aquella ciudad “no moria de pestilençia”.92 Al contrario, el concejo de Córdoba
estaba tomando medidas para evitar la propagación de la peste, controlando el paso desde
90
Ibid, Doc. 260 (29/11/1493).
91
J. Abellán Pérez, Documentos de los Reyes Católicos (1489-1490), op. cit, Doc. 101 (23/11/1489), p. 199.
92
Ibid.
ciudades vecinas más afectadas: “era pregonado en ella que no resçibiesen en ella gente de
Sevilla porque en la çibdad de Sevilla morian y que en la dicha çibdad de Cordova avia
çesado la dicha pestilençia”.93 Por estos motivos pedían que se les restituyera en su buena
fama, un bien simbólico crucial. Los monarcas accedieron: “sy asy es que por la dicha
cabsa fuestes desterrados e traydos a la verguença por esta nuestra carta alçamos e quitamos
a vosotros e a cada uno de vos toda macula e ynfamia que por razon de lo susodicho vos es
o podria ser opuesta”.94
Conclusiones
Al momento de apreciar la figura de Juan de Robles surgen varias consideraciones. En
varios aspectos, se trata de un corregidor atravesado por las mismas lógicas que cualquier
otro. La mayoría de las acciones que realizaba y que despertaron el descontento entre las
élites, procedían de órdenes regias que estaba llamado a acatar. El control sobre los oficios
del concejo (las disposiciones sobre salarios, monopolios, etc.), sobre tierras y
aprovechamientos agropecuarios, o las intervenciones destinadas a aplacar rivalidades entre
los linajes urbanos, eran parte de las funciones que a lo largo del reino llevaban a cabo
todos los corregidores. Juan de Robles no parece haber sido ni más ni menos efectivo que
cualquier otro.
93
Ibid.
94
Ibid, p. 200.
95
Ibid, Doc. 103 (23/11/1489), p. 201.
Por otra parte, su perfil personal, sus orígenes y ciertos elementos propios de su habitus de
noble (el hecho de desplazarse con una comitiva de oficiales y servidores, o recibir por
merced el derecho a ciertas cosas vedadas en general) lo singularizan. Sin embargo, en el
siglo XVI la predominancia de corregidores “de capa y espada” por sobre los letrados sería
la regla.96 Así es que, a fin de cuentas, a finales del XV tampoco puede decirse que esto
fuera una excentricidad.
Algunas de las denuncias que recibió durante su mandato en Jerez parecen ser un poco más
graves que las del promedio de estos agentes. ¿No era acaso poco común que un corregidor
se apropiara de un ejido concejil? En igual medida, el trato que recibía de parte de los reyes
parecía ser bastante excepcional. ¿A cuántos de ellos se les otorgaba carta regia para que
recibieran ropa y posada? Es posible que el carácter tiránico que se le atribuye en la
bibliografía actual no sea otra cosa que el reflejo de la apreciación que las elites jerezanas, a
su vez comprometidas con facciones nobiliarias andaluzas, profesaban hacia una figura
señorial, radicada en su ciudad durante un lapso de tiempo prolongado. Porque por fuera de
estos matices, la mayoría de las quejas que orbitan en torno de Juan de Robles y sus
oficiales repiten los mismos patrones que otros casos: procedimientos descuidados, penas,
embargos y derechos que se reclamaban injustamente aplicados, acusaciones por ser odioso
a alguna parte, etc.
Es posible que lo más distintivo de los casi veinte años de su mandato hayan sido los
juicios por sodomía, que revelan a un corregidor que sabía moverse como pez en el agua en
la dinámica facciosa de la nobleza y las oligarquías urbanas. Si bien este tipo de conductas
pueden interpretarse como una muestra contundente de su parcialidad, es insoslayable la
ausencia de apercibimiento por parte de los monarcas, que tanto por acción como por
omisión refrendaron la presencia de su corregidor. La prueba más concluyente de ello es
precisamente la más sencilla. Pese a que ante algunos reclamos se le ordenó retractar
alguna decisión sobre cuestiones menores, la extensa duración de su corregimiento -solo
interrumpido por los años de cautiverio- demuestra que, para los Reyes Católicos, abocados
a la reforma de la justicia y la centralización del poder en los órganos de la monarquía, Juan
96
J.I. Fortea Pérez, « Los Corregidores de Castilla bajo los Austrias: Elementos para el Estudio
Prosopográfico de un Grupo de Poder (1588-1633) », Studia Histórica. Historia Moderna, no 34 (2012).
de Robles constituía una pieza orgánica del repertorio de instrumentos con que
construyeron su proyecto político.