Racionalismo crítico y la teoría critica
Para Popper, el conocimiento no comienza con la percepción, observación o
recopilación de datos y hechos, sino con el planteo de problemas, surgidos de la
tensión entre el saber y el no saber. Su tesis principal consiste en plantear que el
método de las ciencias sociales, al igual que el de las ciencias naturales, implica
ensayar posibles soluciones para sus problemas: tentativas de solución sometidas
a un estricto control crítico. Este control es para él objetivo: la crítica se sirve de
medios lógicos, como la categoría de contradicción. Pero siempre el conocimiento
y la justificación resultan provisionales: la validez radica en que haya resistido -
hasta el momento- la crítica más aguda posible. En este sentido, las teorías se
definen como sistemas deductivos que constituyen un ensayo de explicación, una
posible solución -siempre criticable y provisoria- a un problema.
Así, la objetividad científica radica únicamente en la crítica en el marco de la
comunidad científica. No es un asunto individual, sino social, en tanto es resultante
de la crítica recíproca entre científicos. Para Popper la sociología del conocimiento
no ha considerado este criterio de la objetividad científica, limitándose a explicar la
no objetividad en función de la posición social del investigador. No obstante,
habría categorías sociales (competencia, tradición, instituciones, Estado) que
harían posible construir una teoría de la objetividad. En efecto: aunque no
podamos justificar racionalmente las teorías -ni siquiera en términos de
probabilidad- sí es posible criticarlas racionalmente, y distinguir lo que es mejor de
lo que es peor.
El eje central de la crítica a Popper radica en el hecho, obvio y reconocido incluso
por él mismo -si bien no lo desarrolla ni extrae las consecuencias de ello- de que
la pretendida neutralidad valorativa resulta, en realidad, profundamente partidista.
En palabras de Adorno: “Con la ensalzada neutralidad científica ocurre lo mismo
que con la apatía política, que por su contenido social acaba revelándose como
fuertemente política. Desde Pareto, el escepticismo positivista se alía con
cualquier poder vigente, incluido el de Mussolini” (Adorno 1972:42).
En efecto, las categorías supuestamente universales y valorativamente neutras no
son para Adorno más que las categorías prácticas de la clase burguesa erigidas
como universales incuestionados. En este marco, el problema de la disyuntiva
ente presencia y ausencia de juicios de valor se encuentra, en su totalidad, mal
planteado: la disputa no se da entre presencia o ausencia de juicios de valor en la
ciencia, en tanto los ideales cientificistas de objetividad y neutralidad son en sí
también valores, al tiempo que es en el ámbito de los impulsos precientíficos
donde puede rastrearse el origen de la ciencia. En última instancia, lo que para
Adorno resulta indefendible de la propuesta popperiana es la posibilidad de una
ciencia objetiva a la cual haya que aproximarse de manera progresiva. Resulta
imperativo reconocer las mediaciones sociales de la labor científica, sin
absolutizarla ni instrumentalizarla, pues: “En la medida en que el cientificismo se
declara unilateralmente por el momento de la unidad entre individuo y sociedad,
en honor a la sistemática lógica, y degrada a la categoría de epifenómeno el
momento antagonístico inconciliable con dicha lógica, por la fuerza misma de la
situación real se convierte en algo falso” (Adorno 1972:31).
los positivistas critican la metafísica como pseudociencia por buscar lo que está
más allá de la ciencia. Una línea de crítica fue a partir de lo que se llamó las
«trampas del lenguaje», lo que supuso un interés en el estudio del lenguaje tanto
en su dimensión formal, empirismo lógico, como en cuanto lenguaje natural,
estudiando los «juegos del lenguaje», y dio lugar a la filosofía analítica. Se podría
decir que se centra en la necesidad de decir lo que se piensa y lograr fomentar las
ideas es lo que da origen a la filosofía, la necesidad de comprender lo que pasa en
nuestro alrededor y naturaleza.
Desde mi punto de vista el positivismo no toma la función comunicativa que juega
el lenguaje haciendo que carezca de reflexión y no de una explicación del todo
racional. El positivismo cree que las inferencias y conclusiones objetivas se puede
llegar, siempre y cuando la persona que realiza la observación es objetiva y no
tiene en cuenta sus emociones. Sin embargo, el comportamiento humano es algo
natural con las respuestas emocionales. Aunque el positivismo anima a los
investigadores a no tener en cuenta las emociones y el comportamiento humano,
no hay garantía de que esto va a ocurrir en todo momento durante los estudios
Los positivistas creen que todo se puede medir y calcular, es por ello que tienden
a ser inflexibles. Los positivistas ven las cosas como son y no tienen en cuenta los
fenómenos inexplicables. Por ejemplo, Si una teoría que dice que A sólo se
produce cuando B y C se combinan, entonces B no puede ser nunca A. Esta
creencia puede eliminar el pensamiento lateral, que es el proceso de encontrar
respuestas de manera creativa e indirectamente descubrir maneras de resolver un
problema
Un antecesor, que ya es un clásico, de un replanteamiento de la metodología
«comprensiva» weberiana, es
Alfred Schütz. Desde posiciones influidas por la fenomenología de Husserl, trata
de reformular el carácter
distintivo de las construcciones científicas naturales y sociales, los científicos
sociales tratan con hechos y
sucesos que revelan estructuras intrínsecas de significatividad. Tal significatividad
es inherente al mundo
social, y sus fenómenos. Schütz analiza en su obra por qué esto es así, es decir,
por qué el mundo social es
siempre para el hombre un mundo con sentido estructurado significativamente48.
Las consecuencias
metodológicas que se derivan del planteamiento de Schütz son un rechazo del
positivismo que no ha captado
la complejidad de la actitud natural del hombre en su vida cotidiana. Las
construcciones científicas en las
ciencias sociales son construcciones segundas, construcciones sobre las
construcciones efectuadas ya por los
actores en la sociedad o vida cotidiana. Tales construcciones segundas trabajan
con un modelo de
interpretación subjetiva de las acciones sociales o fenómenos, que deberá ser
coherente lógicamente y, sobre
todo, adecuarse asimismo a la comprensión que de dicha acción tiene el actor
social y sus semejantes
(expresada en términos de sentido común)
De paso me gustaría mencionar que ni el principio del individualismo metodológico
ni el método cero de
construir modelos racionales implican, en mi opinión, la adopción de un método
psicológico. Por el contrario,
creo que estos principios pueden ser combinados con la opinión de que las
ciencias sociales son relativamente
independientes de las presuposiciones psicológicas y que la psicología puede ser
tratada no como la base de
todas las ciencias sociales, sino como una ciencia social entre otras.