EL POST MODERNISMO Y EL CAPITALISMO, LA UNION DE UN FENOMENO.
Camilo Andres cortes Cadena
Universidad De La Salle
Facultad de Ciencias del Hábitat
Antropología
2020
Este ensayo trata la relación que puede existir entre modelo capitalista y el posmodernismo que
ha cambiado el punto de vista de la humanidad completamente, referenciando a dos textos de los
mas grandes pensadores de los últimos tiempos, Karl Marx con su célebre libro El Capital y
David Harvey con su libro La condición de la Post Modernidad, para ponerse en contexto
debemos abarcar cual es el fin de la modernidad, de como este concepto cambia el ámbito de las
personas, pero a la vez de como el capitalismo esta arraigado a la modernidad.
La modernidad es una construcción creada por el tipo de mentalidad que dio a luz a los
conceptos de evolución, desarrollo, progreso y revolución. Términos siempre emancipadores
pero que, con el tiempo, nos han venido mostrando sus propias raíces: el afán de dominio que ha
hecho de la razón la clave de esa misma dominación. Prácticamente la modernidad se podría
definir como el proceso global donde se configuran la moderna sociedad burguesa, el
capitalismo y una nueva forma de organización política, el Estado-nación.
Una relación directa el cual gira en torno en la modernidad, para ser más específicos en la
sociedad es el trabajador del capital, un elemento fundamental donde tiene gran relevancia y en
donde no exista este individuo el modelo capitalista se viene en quiebra, pero el tema del obrero
es un tema donde no se le da relevancia, donde pareciera que el obrero no tuviera existencia en el
ámbito social, pero en la publicación del libro de Karl Marx (El Capital) hace énfasis en el
mundo capitalista y el de los obreros, donde se hace la investigación con una profundidad intensa
y un gran rigor.
La Economía política al uso nos enseña que el trabajo es la fuente de toda la riqueza y la medida
de todos los valores, de tal modo, que dos objetos cuya producción haya costado el mismo
tiempo de trabajo encierran idéntico valor; y como, por término medio, sólo pueden cambiarse
entre sí valores iguales, esos objetos deben poder ser cambiados el uno por el otro. Pero, al
mismo tiempo, nos enseña que existe una especie de trabajo acumulado, al que esa Economía da
el nombre de capital, y que este capital, gracias a los recursos auxiliares que encierra, eleva cien
y mil veces la capacidad productiva del trabajo vivo, en gracia a lo cual exige una cierta
remuneración, que se conoce con el nombre de beneficio o ganancia.
Todos sabemos que lo que sucede en realidad es que, mientras las ganancias del trabajo muerto,
acumulado, crecen en proporciones cada vez más asombrosas y los capitales de los capitalistas se
hacen cada día más gigantescos, el salario del trabajo vivo se reduce cada vez más, y la masa de
los obreros, que viven exclusivamente de un salario, se hace cada vez más numerosa y más
pobre. ¿Cómo se resuelve esta contradicción? ¿Cómo es posible que el capitalista obtenga una
ganancia, si al obrero se le retribuye el valor íntegro del trabajo que incorpora a su producto?
Como el cambio supone siempre valores iguales, parece que tiene necesariamente que suceder
así. Mas, por otra parte, ¿cómo pueden cambiarse valores iguales, y cómo puede retribuírsele al
obrero el valor íntegro de su producto, si, como muchos economistas reconocen, este producto se
distribuye entre él y el capitalista? Ante esta contradicción, la Economía al uso se queda perpleja
y no sabe más que escribir o balbucir unas cuantas frases confusas, que no dicen nada. Tampoco
los críticos socialistas de la Economía política, anteriores a nuestra época, pasaron de poner de
manifiesto la contradicción; ninguno logró resolverla, hasta que Marx, por fin, analizó el proceso
de formación de la ganancia, remontándose a su verdadera fuente y poniendo en claro, con ello,
todo el problema.
En su libro Marx menciona un concepto que denomina Plusvalía el cual consiste en el simple y
notorio hecho de que los capitalistas valorizan su capital por medio del cambio, comprando
mercancías con su dinero para venderlas después por más de lo que les han costado. Por ejemplo,
un capitalista compra algodón por valor de 1.000 peso y lo revende por 1.100, ganando, por
tanto, 100 pesos. Este superávit de 100 pesos, que viene a incrementar el capital primitivo, pero
¿de dónde viene la Plusvalía? es por el hecho de que Los economistas parten del supuesto de que
sólo se cambian valores iguales, y esto, en el campo de la teoría abstracta, es exacto. Por tanto, la
operación consistente en comprar algodón y en volverlo a vender, no puede engendrar una
plusvalía, como no puede engendrarla el hecho de cambiar un tálero por treinta silbergroschen o
el de volver a cambiar las monedas fraccionarias por el tálero de plata.
Pero en este punto es donde uno se pregunta ¿Cuál es el valor de la fuerza de trabajo? La
respuesta esta en Los valores de toda mercancía que se mide por el trabajo necesario para
producirla. La fuerza de trabajo existe bajo la forma del obrero vivo, quien para vivir y mantener
además a su familia que garantice la persistencia de la fuerza de trabajo aun después de su
muerte, necesita una determinada cantidad de medios de vida. El tiempo de trabajo necesario
para producir estos medios de vida representa, por tanto, el valor de la fuerza de trabajo. El
capitalista se lo paga semanalmente al obrero y le compra con ello el uso de su trabajo durante
una semana. Hasta aquí, esperamos que los señores economistas estarán, sobre poco más o
menos, de acuerdo con nosotros, en lo que al valor de la fuerza de trabajo se refiere.
A lo que Marx nos pone a reflexionar es el punto de que el obrero no fue y no esta siendo
valorado por el trabajo y mano de obra que están ofreciendo a un capital, la mayoría de casos de
los trabajadores es que son de bajos recursos y que todos los días tienen que llevar un pan en la
mesa para comer, de esta forma se cree que el trabajo no retribuido solo ha surgido bajo las
condiciones actuales, en que la producción corre a cargo de capitalistas de una parte y de obreros
asalariados de otra parte. Nada más lejos de la verdad.
Otro punto que se ve arraigado al modelo capitalista es el propio posmodernismo, donde David
Harvey nos explica con su libro La Condición de la Posmodernidad
Se asume que el materialismo histórico como perspectiva de análisis en busca de la condición
histórico-geográfica de la posmodernidad. Pero no expone una concepción propia de la
posmodernidad ni busca justificar la necesidad de ese concepto, sino que procura una evaluación
polemizando con pensadores de la modernidad y la posmodernidad, desde C. Baudelaire, Marx y
Nietzsche hasta Heidegger, Foucault.
Partiendo del concepto de Baudelaire: “La modernidad es lo efímero, lo veloz, lo contingente,
una de las dos mitades del arte: la otra es lo eterno, lo inmutable”, Harvey instala en esa tensión
la clave de los desarrollos de la modernidad, para concluir que “hay más continuidad que
diferencia entre modernidad y posmodernidad”. En efecto, esta última sería una de las crisis de la
modernidad cuya peculiaridad habría que buscar en la índole de la “compresión espacio-
temporal” que la genera. Harvey se extiende en el análisis de los cambios en el régimen de
acumulación del capitalismo a partir de los 70, del “fordismo” a la “acumulación flexible”, con
las consiguientes transformaciones en las categorías de espacio y tiempo respecto de las de la
Ilustración y el auge de la modernidad
Esta crisis de la modernidad es asimilada a la del materialismo histórico, en cuya superación
residiría la posibilidad de la renovación del proyecto ilustrado hacia el progreso y el bienestar.
Harvey destaca como aspecto “positivo y liberador” de la posmodernidad su contribución al
reconocimiento de múltiples formas de “otredad” surgidas de las diferencias de “género,
sexualidad, raza, clase, localizaciones y dislocaciones temporales”, pero deplora que “cierre el
acceso de esas voces a fuentes universales de poder al justificarlas”, ignorando las realidades de
la economía política y el poder global.
¿Pero como La crisis de la modernidad esta relacionada con la arquitectura? Pues bien está
relacionada con que entra en crisis la noción de proyecto moderno, la noción de progreso. Se
plantea que los artistas, arquitectos y urbanistas pioneros del movimiento moderno, estaban
ligados a la tradición racionalista del pensamiento de la Ilustración bajo el signo de la máquina,
pues planteaban ciertas lógicas en sus prácticas o proyectos de construcción, ciertos discursos,
que estaban enganchados a la civilización industrial y al progreso, en donde la proyección de las
cosas no se reduce al aquí y al ahora, sino que se ubican en una línea de proyección hacia el
futuro. De ese modo los principios y valores del rigor físico matemático, el principio ascético de
la pureza, la defensa de la exactitud, la invocación espiritualista de la geometría o de lo
cristalino, la hegemonía de las leyes abstractas y universales que se pueden encontrar en el
racionalismo cartesiano y hasta en el Renacimiento son los que priman en la propuesta de los
artistas y arquitectos “modernos”.
Es así que la ruptura que se da entre la tradición de lo moderno y la nueva realidad cultural de la
metrópolis industrial de violencia, de destrucción que fue ensalzada por muchos artistas del
proyecto moderno se traduce en el desgarramiento entre la idea individual del Renacimiento, que
se articula con las conquistas de la Ilustración, y las nuevas formas impuestas por la expansión
tecnológica del industrialismo. Así pues, lo que aparece es la anihilación de lo individual la nada
de lo individual, haciéndose visible lo paradojal de que eso que el Renacimiento y la Ilustración
promovieron el crecimiento y la emancipación del humano a partir del uso de la razón no fue lo
que sucedió.
Es decir, que lo que había definido la secularización moderna, la unidad entre el progreso
desarrollo social, económico, tecnológico la realización humana no se produjo. Se pone en
tensión ese culto a lo moderno, a lo nuevo al cambio, al futuro, a la producción técnica de la
civilización, a la máquina, al fin de la tradición, a lo innovativo de lo estético, a la guerra como
destrucción y renacimiento. Al excederse ese objetivo final esa utopía modernista emerge la
contracara del Renacimiento: el anti humanismo, con su proceso de anihilación.
Subirats plantea que la muerte la crisis es un signo fuerte de la occidentalidad, pues se produjo la
muerte de Dios y en su lugar está la máquina, la razón, la tecnología, el mercado y la muerte del
hombre para Nietzsche que para Foucault es la del sujeto. En ese sentido el autor dice que “la
tecnología moderna apareció ligada, a comienzos de siglo, con la panorámica de nuevas formas
de vida y de sobrevivencia, y bajo el signo de un nuevo estímulo a la creatividad artística y
cultural. Pero junto a ella, y a fenómenos concomitantes como la masificación de las grandes
urbes y la tecnificación de la vida, se podía constatar también el desmoronamiento de aquellos
valores espirituales, filosóficos, religiosos o políticos, que habían sostenido la cohesión social de
épocas anteriores.
Al desmoronarse el proyecto político de esa segunda modernidad con sus lógicas abstractas, se
rompen las operativas del Estado Nación y aparecen ciertas operativas políticas que desgarran al
ser, lo destierran.
De este modo, lo que Subirats plantea es que la crisis de la modernidad tiene que ver con el
desgarramiento del sujeto. El mismo aparece en una tensión de la individualidad exacerbada,
lograda a partir del pensamiento científico y crítico de la Ilustración, con la nueva individualidad
masificada, cargada de futuro y condicionada por la máquina y la racionalización de la existencia
humana.