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Fichte Introducciones A La Doctrina de La Ciencia

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«No es ef estilo de la Doctrina de Ja ciencia ni al de su autor el procurar ampararse en alguna autoridad. Con alguien que para Wlegar a conuencerse de esta Doctrina necesite primero ver si concuerda con la de algtin otra varin, en lugar de mirar si concnerda con las exigencias de su propia razén, con ese tal no cuenta ella en modo alguno, puesto que carece de la espontaneidad absoluta y de la fe totalmente auténoma en si mismo que constituyan el presupuesto de aquella Dactrina, Ast pues, es com un motivo muy distinto del de avalar su Filosofia que el autor de la Doctrina de la ciencia empiexa haciendo observar que la misma coincide plenamente con Ja filosofia ‘antiana.» Coleccién Clasicos del Pensarniento Tntroducciones a la Doctrina de la ciencia Johann Gottlieb Fichte Estudio preliminar y traduecién de José Maria Quintana Cabanas sedfios XXX JOSH MARIA QUINTANA Versuch eer neven Dorsellung der Wissenschafslehre (1797), Band I, 1p. 518-534 de la misma ediion de In anterior. ici, Johann Gottich: Sonmliche Werke, Mayer-Miller, Llp, 1845-1846, 1. Band. Frenre, Fohann Gotlich: Werke, Gosamtgusgabe der Bayorschen ‘Akademie der Wissenschalte, Sttigar, 1962-1985. Fleur, Joan Teil: Primera y segunda inivoduecion a la Teoria de la Giencie traduccion de José Gaos, Revista de Occidents, Madrid, 1934 2. ESTUDIOS SOBRE LAS «NTRODUCCIONES» DE FICHTE Y SU FILOSOFIA Bovrators, Bernard: Lidéliome de Fiche, PUF., Pacis, 1968 GuekouLt, Maciak Etudes sur Fiche, Aubiet-Montate, Pais, 1974 Haxrnanx, Nicola: La flsofe def ideclizno alendn, 2 vols, Sui americana, Buenos Aires, 1360, Hensoern, Heinz: Ficke, Revista de Occidente, Meds, 1931 JOUA, Didar: Fleke, BUF, Pars, 1968 Leow, Xavier Fiohte et sos ton, 5 vols, Armand Colin, Pats, 1922, 1921, PAREVSON, Luigk Flclte, Bd di Filosofia, Torino, 1950 Scnutre, Gonter: Die Wisenschafislere des spaten Fits, Kloster- mast Frankfurt am Mala, 1971 \WuNDT, Max: Fichte-Forschungen, F. Fromman, Statgurt, 1976 PRIMERA INTRODUCCION A LA DOCTRINA DE LA CIENCIA 26 JOHANN GorTLES FICHTE 7 Como ya dijimos, el idealismo explica las determina ciones de la conciencia por la actividad de la inteligencia, Para él ésta es s6lo activa y es absoluta, no-siendo paciente; y no lo es porque, dé acuerdo con el postulado del idealismo, la inteligencia es lo primero y lo supremo, no antecediendo a esto nada que nos lo pueda hacer ver como pasivo. Por idéntico motivo, tampoco le corres- ponde a la inteligencia ni un ser propiamente dicho ni subsistencia [Bestehen] alguna, porque tales cosas son el resultado de una accidn reciproce, y nada hay ni nada se admite con lo cual pudiera le inteligencia ser pueste on accion reefproca. La inteligeneia es, para el idealismo, un actuar, y absolutamente nada mas; ni siquiera debe llamérsele un ser activo, ya que por esta expresion se denota algo subsistente dotado de actividad. Mas el idealismo no tiene ningin fundamento para admitir algo semejante, dado que ello no se halla on su principio y que todo’ lo demés ha de ser dinicamente deducido. Ahora bien, del actuar de esa inteligencia deben deducir. se determinadas representaciones. las de un mundo, de un mundo existente sin nuestra cooperacién, material, situa- do en el espacio, te, representaciones que noteriamente se dan en la conciencia, Pero de algo indetetminado no puede deducitse lo determinado, pues en tal caso dejaria de aplicarse el principio de razén suficente, formula de toda deduccidn, Por lo mismo, aquel actuar de la inteli- gencia puesto como fundamento deberia ser un actuar determinado, y ademas, dado que la inteligoncia misma es el supremo fundamento explicativo, tendria que ser un actuar determinado por ella misma y por su esencia, y no por algo fuera de ella. Con lo cual ol presupuesto del idealismo sera el siguiente: la inteligencia acta, pero en virtud de su propia esencia puede actuar solo de un cierto modo. Si este modo necesario de actuar lo pensa- ‘mos abstraido del actuar, 10 Hamaremos muy propia- mente las leyes del actuat; hay, por consiguiente, leyes necesarias de la inteligencia—Con esto se llega también a INTRODUCCIONES 4 LA DOCTRINA DE LA CIENCIA 21 ‘entender el sentimiento de necesidad que acompaiia a fas representaciones determinadas; en tal caso la inteligencia siente no una especie de impresion procedente del exte- rior, sino que siente en aquel actuar 10s limites de su propia esoncia, En cuanto el idealismo establece este presupuesto de unas leyes necesarias de la inteligencia, presupuesto que es el ‘inico racional determinado y realmente explicativo, se llama idealismo critico o tam- bién trascendental. Un idealismo trascendente seria un sistema tal que las representaciones determinadas las dedvjera del actuar de la inteligoncia totalmente exento de leyes; suposicién enteramente contradictoria, dado ua, segiin homos dicho, a semejante tipo de actuar no pusde aplicarsele el principio de razbn suficente Las leyes de actuacién de Ia intligencia que es preciso admitir constituyen incluso, si es cierto que deben fun- dasse on la esencia una de la inteligencia, un sistema. Esio significa que el hecho de que le inteligencia tenga, bajo esa condicién determinads, tal modo preciso de actuar es algo que cuenta desde luego con una explica- ciéa, basada en gue la inteligencia al hallarse sujeta a una condicién en general posee un determinado modo de actuar. Y esto tltimo puede explicarse, a su vez, por una sola ley fundamental: Ia inteligencia, en el decurso de su actuacién, se da a si misma sus leyes; hecho que tiene lugar en virtud de un actuar necesario y supremo, 0 acto de representacion. Asi, por ejemplo, la ley de causalidad no es una ley primaria y originaria, sino que cs tan s6lo una de las varias maneras de unificar lo diverso, viniendo a derivarse de la ley fundamental de ‘es unificacion; y Ia ley de tal unificacién de lo diverso puede deducirse a su vez, como Io diverso mismo, de leyes superiores ‘Como consecucncia de esta observacién puede el pro- pio idealismo critico proceder de dos formas. O bien deuce efectivamente de las Ieyes fundamentales de Ia ineligencia el referido sistema de las maneras de actuar nezesarias y, con él, al propio tiempo, las representacio- nics objetivas que por este medio se originan, haciendo 28 JOHANN GOTTLIEB FICHTE surgir de este modo paulatinamente ante la vista del lector o del oyente todo el conjunto de nuestras repre- sentaciones; 0, en otro caso, toma de alguna parte esas leyes posiblemente tal como son ya aplicadas directa- mente a los objetos, es deci, en su grado inferior (en este grado se las llama categorias), y afirma: Con ellas se determinarian y ordenarian 1o3 objetos. Al criticista perteneciente a este segundo grupo, que ‘no deduce las consabidas leyes de la inteligencia del Ser mismo de ésta, zde dénde podra venirle siquiera el cono- cimiento material de esas leyes, ol conocimiento de que son precisamente tales y cuales, como ia ley de substancia. Jidad 0 de causalidad? Pues no quiero ya atosigarle con Ja cuestion de cdmo sabe que takes leyes son simples Jeyes inmanentes de la inteligencia, Son las leyes que se aplican inmediatamente 2 los objetos, de modo que él puede haberlas sacado sélo por abstraccién de esos objetos, es decit, tinicamente a partir de la experiencia. Nada retuelve el decir que las toma de la légica hacien- do un rodeo, pues el modo como para él ha nacido la ogica no es otro que mediante abstraccidn de los obje- tos, Io que este crticista hace de un modo mediato no es sino aquello que, siendo hecho de un modo inmediato, viene 2 resultamos sumamemente perceptible. Por lo mismo, no puede él probar de ninguna.mancra que las eyes dol pensar que esté postulando sean efectivamente leyes del pensar y no son en realidad otra cosa que leyes inmanentes de la inteligencia, El dogmatico afirma con- fra él que se trata de propiedades generales de las cosas fundadas en el ser de éstas, y no hay modo de ver por ‘qué debamos dar mas crédito a la afirmacion gratuita de uno que @ la afirmacién gratuita del otro. En el anterior esquema de actuacién de la inteligencia no aparece ninguna razén explicativa de que ésta deba actuar preci samente asi ni de por qué deba hacerlo. Si quetemos una explicacién habria que sentar en las premisas algo que puede convenir s6lo a la inteligencia, debiendo ser dedu- idas de tales premisas, ante nuestros propios ojos, aque- las leyes del pensar. INTRODUCCIONES 4 LA POCTRINA DE LA CIENCIA 29 Bn particular no se comprende, en el referido esque- a, cémo se origina el objeto mismo; pues aun cuando consintamos en conceder al eriticista sus postulados no demostrados, lo cierto es que con ellos no se da razén mas que de las propledades y las relaciones de la cosa, ‘al es, por ejemplo, el hecho de que esa cosa se balla en ‘lespacio, se maniliesta en el tiempo, sus accidentes han de ser feferidas a algo sustancial, ete. Pero ide donde viene aquello que posce estas relaciones y propiedades {De donde procede la materia que queda incorporada en sas formas? Es en esta materia que se refugia el dogma- tismo, con lo que sblo habéis conseguido ir de mal en Fe Nosotros sabemos bien que la cosa certamente surge como efecto de un actuar en conformidad con esas leyes, no siendo la cosa absolutamente nada mis que todas ‘sas relaciones wnifieadas por la imaginacién, de modo {que todas estas relaciones juntas son lo que constituye la cosa; el objeto es en realidad Ia sintesis originaria de todos esos conceptos. La forma y la materia no son clementos individuales; la conformacién total ¢s Ia mate- tia, y es s6lo al realizar el anélisis que encontramos formas particulares, Pero con todo, lo nico que en esto puede hcer cl criticista es, de acuerdo con el meto- do indicado, afirmarlo, siendo un verdadero misterio la explicacién de por qué lo sabe, si es que lo sabe. Mientras no se consiga hacer surgit la totalidad de Ia cosa ante Ja vista del pensador, no se habrit acosa~ do al dogmatismo hasta su ultima guarida, Pero fal cosa solo puede conseguirse haciendo que la inte- ligencia actie segiin todas sus leyes, no segin uns cuantas. Por lo dicho, un idealismo de este tipo es indcmostra- do ¢ indemostrable, Contra el dogmatismo no tiene otras armas que la afirmaciin de que esti en To cierto, y contra el criticismo superior y cumplido no tiene otras que un enojo impotente y la afirmaciOn de que no se puede ir mas allé, asegurando tal idealismo que tras él no hay ya suelo firme, que desde esa posicion se vuelve 30. JOHANN GOTTLIED FICHTE uno inteligible para é), y cosas parecidas, todas las cules no significen absolutamente nada, Digamos, por timo, que en tal tipo de sistema co- bran realidad Gnicamente aquellas leyes que sitven para determinar los objetos de la experiencia externa median- te una funci6n judicativa meramente subsumidora. Mas esto no constituye, ni con mucho, sino la minima parte dol sistema de la razén, Es por eso que en el terreno de la razin préctica y de la funcién judicativa rellexiva este criticismo @ medias, dado que tiene una insuficiente vision del funcionamiento total de la razon, anda a ientas tan ciego como un simple tepetidor maquinal, y, tan inconscientemente como éste, reproduce expresiones completamente ininteligibles para él mismo? 5 sa tipo do idetsme cio exe gu ha sogido el profesor Beck en su oben Lat inca povble seid, st: YB pes de doe tl osleinflostca veo los aloe qo be senourso anteriores, no Ae est impedine el testimantr pblcaente a mersida conse sion s este homive que superand In const tenante en nostra p0ctnfogindo por s mismo lpia qe losofa katana hota ningun dopmatismo sino tn Weimo tascendental gue seein mr el tomo dad al ennai n'a met no sees hecho, y espero ques emp hart quc ete van oa bla te {ine consderacibn todavia mayor: Ea mi opinion dl menconado te fonsttoye af bseguio mis oportana que podie heen nutes {pea aloe dian eth en mi Oba le Dosen et ll lo teromendo como la prepareion mit aecoade pea le Disio libro no vapor el eartnn ge leva tee stn, peo dete el ls pore Util gues tanto es cera el pes 2 te Caatno lay quca sp ha mosteado araviada por el tone epee Bore libro, no hacendo macho gus en bendrolo conor oe ek fenminos cies on une conosidn revistat erate, elementa vel score prin: eto Yo, Porm pate fo gue chetenca & ve 3 LOND tesla fodavay demasiado bland, pus Yercaderamente ay compe 4o gut gratiud babra de mostrarie a cbrtor autos por el hecko que durante un deconio y' mis hayan embrollado y doped la dloctina mis ingenioa y xen, por que motivo pars Peder uno tener rain debe primero poies su Meena. or lo que respec si lpr on gue emo sor opr e oo abet otal etl cual conta con mayor estima sobre bros Us los que su propia oncencia debela decide gue no lot ease y auc ne puss ster bien la prtunciad que potblomenteslanzs st contenido, no puedo hacer fra coat que tendo por fl mises, INTRODUCCIONES A LA DOCTRINA DE LA CIENCIA 31 Bl] método del idealismo trascendental absoluto esta- blecido por la Doctrina de la ciencia lo he expuesto ya con toda claridad en otro lugar*, No acierto a explicar- me cOmo es que no se ha comprendido aquella exposi- ci6n; harto se ha afirmado que no se la ha comprendido. Con lo cual me veo precisedo a volver a tepetir lo dicho y a revordar que, por lo que respecta a esa ciencia, todo estriba en entenderla Este idealismo parte de una Gnica ley fundamental de la razén, ley que él muestra inmediatamente en 1a con- ciencia. Procede en esto del modo siguiente. Sugiere al oyente o al lector que piense con libertad un concepto determinado; si lo hace encontrara que se ve constteiido a proceder de un modo determinado. Aqui hay que distinguir dos cosas: el sugerido acto de pensar, que es realizado mediante la libertad —y quien por su parte no lo realiza no ve nada de aquello que muestra Ia Doctrina de le ciencia— y el modo necesario como tal acto ha de levarse a cabo, modo fundado en te naturaleza de la inteligencia y que no depende del albedrio: se trata de algo necesario pero que tiene lugar s6lo en una accibn libre y con ella, de algo encontrado pero cuyo hallazgo viene condicionado por la libertad. De esta suerte, el idealismo muestra on la conciencia inmediata aquello que &1 afirma, Pero constituye una mera suposicién eso de que ese algo necesario sea ley fandamental de la raz6n toda y de que sea a pattir de cllo que pueda deducitse el sistema entero de nuestras represontaciones nevesarias no s6lo de un mundo —en la forma en gue sus objetos vienen detetminados por la funcién judicativa subsumidora y reflexiva—, sino tam- bin de nosotros mismos en cuanto seres libres y préicti- cos sometidos a leyes. Esta suposiciin ha de demostrarla el idealismo por medio de Ia deduccién efectiva, y tal es precisamente lo que constituye su tema propio. En esto procede del modo siguiente. Muestra que lo © Bin la obra Sobre el coneepto dela Doctrina de la clncia, Weimar, 1794 32. JONANN GOTTLIES FICHTE primeramente establecido como principio y constatado inmediatamente en le conciencia no resulta posible sin ue al propio tiempo tenga jugar aun otra cosa, la cual a su vez no es posible sin que a la par suceda una tercera cosa; y asf siguiendo hasta que las condiciones de lo constdtado al comienzo se vean agotadas exhaustiva- mente, y ello mismo sea plenamente inteligible de acuer- do con su posibilidad, La marcha del idealismo es un ininterrumpido avance desde fo condicionado a la condi cidn; cada condicion viene a ser a su vez algo condici nado, de modo que hay que buscar su condicion, Si el presupuesto det idealismo es correcto y si en la deduccién se ha inferido bien, tenemos que como resul- tado iltimo y como conjunto de todas las condiciones de Jo sentado en un comienzo debe surgir el sistema de todas las representaciones necesarias o la experiencia entera. Esta constatacién, con todo, no se lleva @ cabo en Ia Filosofia misma, sino s6Io luego. Pues no se piense que el idealismo tenga esta experien- cia ante su mirada como un objetivo que le es conocide ya de antemano y al cual deba venir a parar; en su Proceder nada sabe de fa experiencia, y no la mira para nada; avanza desde su punto de partida siguiendo su regla, sin preocuparse de lo que saldra al final. El Angulo ecto desde el que ha de trazar su linca recta le viene dacio; jnecesita acaso todavia de un punto hacia el cual trazerla? En mi opinién le son dados a la vez todos los puntos de su Iinea, Supongamos que se os propone un niimero determinado; os figuréis que es el producto de ciertos factores; lo tinico que tengis que hacet es, de acuerdo con la regle que muy bien sabéis, buscar el producto de esos factores. Su coincidencia con el nimero dado es algo que se verd Iuezo cuando tengais el produc- to, El niimero dado es la totalidad de experiencia; los factores son aquello constatado en la conciencia y las leyes del pensar; el hacer la multiplicacion es el filoso- far. Aquellos que os recomiendan que, cuando filoso- fis, cuidéis siempre de tener puesto un’ ojo también en Ia experiencia os estin aconsejando que modifiquéis INTRODUCCIONES A LA DOCTRINA DE LA CIENCIA 33 tun poco los factores y que multiptiquéis algo inexacta- Msfe's fr de que reulen, despues de todo, nomores conformes; procedimiento éste (an fraudulento como fat. siderarse los resultados titimos del idealismo, a str oy ran igs dl eis Vienen a constiuir lo a priori en el espiritu humano; y on tanto que se los considera —euando experiencia y raz0~ hamiento coinciden efectivamente— como dados en la experiencia reciben el nombre de Io a posteriori Lo a priori y lo a posteriori no son en modo alguno, para el idealisimo total, dos especies de cosas, sino completa- tment fo mismo lo Gico que ocurre esque vine consi ci je dos aspectos y queda diferenciado sola~ stots porte amen efoto a fst atelpe toda la experiencia, Ia piensa slo como necesari, con lo val viene a ser, comparada con la experiencia real, a priori. A posteriori lo es ef nimero, en tanto que conside- ado como dado; y el mismo nimero es « priori en tanto ‘que como produeio es obtenido de los factores. Quien en estas cuestiones piensa de otra manera no sabe To que se 4 tos resultados de a fosoia no coineiden con la experiencia, seguro que esta filosofia es fais pues no ha cumplido su promesa de deduci toda la experiencia y de explicarla por el actuar necesario de la inteligencia. En tal caso, 0 bien el presupuesto del idealismo trascenden- {al es falso de un modo general, o bien ocurre tan solo que sc ha procedido exréneamente en la exposicidn conereta de este idealismo, la cual no lleva a término lo due debia. Dado que Ia area de expicar ia experiencia desde su fundamento os algo que encontramos en la razén humana; dido gue ningin ser racional admit que en sta pueda radicar una tarea cuya ejecacion resulte del todo imposible, y dado también que existen s6lo, dor eaminos para legar a solucion de este problems, del dogmatism y el del iealismo trascendentah y que a primero cabe mostrarle sin més que no puede eumplir lo {que promete, el pensador resuelto se decidiré siempre 34 JONAWN GOTTLIEB FICHTE por el segundo término de la anterior disyuncidn, cre- yendo que se ha cometido error sélo en el razonar y que 1 presupuesto mismo es sin duda correcto, y no permit r4 que ningin intento fracasado le aparte de ensayar nuevamente el evar a buen término su empresa hasta ‘que, al fin, lo consiga. Segiin puede verse, el camino de este idealismo va de algo que tiene lugar on la conciencia —y que, con todo, es S6lo fruto de un acto pensante libre— a la experiencia entera, Lo que hay eatre ambos términos es la base propia de lo primero. No es un hecho de la conciencia, hho pertenece al mbito de Ia experiencia. Como po- dria jamas algo asi llamarse filosofia, supuesto que esta hha de mostrar el fundamento de la experiencia, y que el fundamento se halla necesariamente fuera de lo fun- dado? Se trata de algo producido por un pensar li bre aunque conforme a unas leyes.—Todo esto quedara ‘muy claro en seguida cuando consideremos todavia algo mas, detalladamente In afirmacién fundamental del Muestea él que lo inicialmente postulado no resulta posible sin la condicién de algo postalado en segundo lugar, ni esto lo es sin la condici6n de algo tercero, ete; asi pues, entre todo lo que el idcalismo establece no hay nada que sea posible tomado en particular, sino que cada elemento particular se hace posible s6lo en Ja unién con todos, Segiin esto, y de acuerdo con la afirmacién propia del idealismo, en Ia conciencia tiene lugar tinica- mente el conjunto, y este conjunto es precisamente la experiencia. El idealismo pretende llegar a conocer mejor este conjunto, y es por esto que necesita analizario, lo cual hard no mediante un ciego andar a tientas sino siguiendo Ja regla determinada de la composicién, de modo tal que vea surgit ante sus ojos el conjunto, El idealisino puede hacer esto porque es capaz de abstracr, ¥ porque en ol pensar libre puede ciertamente captar lo articular solo, Pues en la conciencia no se da solo la necesidad de las representaciones, sino también Ta liber- tad de las mismas, libertad que, a su vez, puede proceder INTRODUCCIONES 4 LA DOCTRINA DE LA CIENCIA 35 segiin leyes o segiin reglas*. El conjunto le ¢s dado al idealismo desde Ia perspectiva de la conciencia necesaria: Jo encuentra igual que se encuentra a si mismo. La serie que se origina por la composicion de este todo es produ- cida sélo por la libertad. Quien realiza este acto de libertad se hace consciente de ella y establece algo asi como un nuevo Ambito en su conciencia; para quien no lo realiza no existe en modo alguno lo que viene condi- cionado por él—El quimico sintetiza un cuerpo, suponga~ ‘mos un determinado metal, a partir de sus elementos, El hombre vulgar lo que ve es ese metal que Ie es bien conocido, mientras que lo que ve el quimico es la combi: nacién de esos elementos determinados. Ahora bien, 2es ‘que ven los dos algo distinto? Yo creo que no: ambos Yen Jo mimo, solo que de dfsente maneta, Lo visto por 1 quimico es lo a priori él ve lo particular; fo visto por Cl ombre vulgar df a posterior ve el conjnto--Con todo, hay que establecer aqui una diferencia, Pues el ‘quimico debe empezar por analizar el conjunto antes de que se halle en situacion de poder sintetizarlo, pues ha de operar con un objeto cuya regla de composicién no le es dado conocerla antes del analisis, Mientras que el filésofo puede componer sin anélisis previo, puesto que conoce ya la regla de su objeto, la razén. Segiin esto, el contenido de la flosofia no se halla formado por’ningune otra realidad que 1a del pensar necesario, sies que se quiere pensar algo sobre el funda- mento de Ja experiencia,-La inteligencia eabe pensaria s6lo como activa, y puede pensarse como activa s6lo de esta manera detetminada, afirma la filosofia. Esta reali dad es para la filosoffa plenamente suficiente, pues de a filosofia se desprende que no hay absolutamente ninguna otra realidad. Este idealismo critico total que ahora hemos descrito es-el que la Docttina de la ciencia se propone establevet. 5 Taye haya oul ua era no texto ol, een dei x ngn lye sgn e prop slbeation. Esto. 1 due supers Fee Medes chun ttn aan de prt oe Vora on Fala Melo, Hamburg 161, p35) (Nd) 36 JOHANN Gorrie FICHTE Lo que acabamos de decir comporta una idea de la misma, y sobre este idealismo que nadie me ponga tepa- 10s, pues lo que yo pretendo hacer nadie lo va a saber mejor que yo mismo, Demostraciones dé la imposibili- dad de una cosa gue se esté realizando y que en parte se halla ya tealizada no resultan mas que ridiculas. Lo tinico que hay que hacer es seguir su desarrollo y averi- guar si realiza lo que ha prometido. SEGUNDA INTRODUCCION A LA DOCTRINA DE LA CIENCIA PARA LECTORES QUE YA TIENEN UN SISTEMA FILOSOFICO 1 Creo que la Introduccién aparecida en un nanero anterior de esta revista resulta del todo suficiente para lectores sin prejuicios, esto es, para aquellos que no teniendo una opinién’ preconcebida se abandonan al escritor, no ayndandolo pero tampoco resistiéndosele. Otra cosa ocurre con aquellos que tienen ya-vn sistema filos6fico. Del edificio mismo han abstraido ciertas maxi- mas que se han convertido para ellos en principios fundamentales; y todo cuanto no viene construido de acuerdo con estas reglas es para ellos, sin ulterior exa- men y sin que ni siquiera necesiten leetlo, falso: debe sin duda ser falso, pucs se ha realizado conttariamente a su método, que es el nico valido. Si no hay que dejar completamente de lado a esos tales —y {por qué habria~ mos de hacerlo?— es preciso que ante todo alejemos ese obstaculo que nos roba sw atencién, Hay que suscitarles ia desconfianza en sus reglas. Esta investigacin previa sobre el método es muy patticularmente necesaria tratandose de Ia Doctrina de la ciencia, cuya contextura entera y cuya significacion son completamente distintas de fa contextura y signfica- cin de los sistemas floséficos que han venido haciéndo- se hasta el presente. Los confeccionadores de los siste- mas 2 que estoy aludiendo parten de algin concepto; sin preocuparse en absoluto de dénde han tomado tal con- cepto ni con qué elementos lo han entretejido, lo anali- zan, lo combinan con otros acerca de cuyo origen mues- iran Ia misma despreocupacion, y este su tipo de razonar viene a ser su filosofia. Con lo cual su filosofia consiste en su propio pensar. Algo completamente distinto es 10 que pasa con Ia Doctrina de la ciencia. Aquelio de lo 40 Jonawn corrites FIcHTE ‘cual hace ésta el objeto de su pensar no es un concepto muuerto que se comporta sdlo pasivamente frente a la investigacién por ella realizada, y a partir del cual esa Docttinsa de ta ciencia hace algo solo gracias a su pensar, sino que se trata de algo vivo y activo que produce conocimiento a partir de si mismo y en virtud de si mismo, de algo que ct fildsofo se limita a presenciar. La tarea de éste en el proceso no consiste en nada mas que en hacer pasar ese algo vivo a una actividad adecuada, restar atencién a esta actividad suya, comprenderia y concebirla como algo uno. El filésofo realiza un experi- mento. Poner aquello que hay que investigar en situa- cin de que pueda hacerse a citncia cierta la observacion que se intonta, tal es su misién; misién suya es prestar atencién a tos fendmenos, seguirles adecuadamente la pista y establecer conexiones entre ellos; pero la cuestion do céio se manifiesta el objeto no es asunto suyo sino ue es asunto del objeto mismo, de modo que el fildsofo actuaria francamente contra sa propia finalidad si, Igjos de abandonar el objeto a si mismo, interviniera en el desarrollo del fendmeno. Et fildsofo del primer tipo, por el contrario, realiza un producto artificial. En el objeto ‘que esta claborando cuenta sélo con la materia, no con tuna fuerza del mismo intringeca y esponténea, Antes de aque se ponga a su trabajo debe tal fuerza intrinseca estar ya muerta, pues de no ser asf opondria resistencia a la laboracién del flésofo. Con tal masa muerta confeccio- na éste algo echando mano solo de su propia fuerza y linicamente conforméndose a su propio concepio, ya previamente esbozado. En la Doctrina de la ciencia hiay dos sories del actuar espiritual muy diferentes entre si: fa del yo que observa el filésofo y la de las observaciones de los filésofos. En las filosofias opuestas a las que me he estado refiriendo hay solo una serie del pensar: Ia de los pensamientos del fildsofo; pues la materia misma de este pensar no se la introduce como pensante. Una razin fundamental del malentendido que se erea en torno a la Doctrina de la ciencia y de muchas objeciones inadecua- das que se suscitan contra ella radica en el hecho de que, INTRODUCCIONES A LA DOCTRINA DE LA CIENCIA 41 ‘9 no se hace ninguna distincién entre estas dos series, 0 se toma lo que pertenece a una por lo que pertenece a la ‘otta; y el hacer tal cosa vendria de que uno en la propia filosofia ha encontrado s6lo una serie. La accion de aquel que confecciona un producto artificial es —dado que In materia que él tiene en cuenta no actita— el fenémeno mismo; pero la relacion de aquel que ha reali- zado un experimento no es el fendmeno mismo de que se ‘rata, sino el concepto de tal fenémeno'. 2 Tras esta observacion preliminar, cuya ulterior aplic cién se realizaré en nuestro presente tratado, jeomo procederé la Doctrina de Ia ciencia para resolver bien st tarea? La pregunta a que ha de responder es, como se sabe, la siguiente: ,de donde procede cl sistema de representa~ Bisa confusin de as os series del pensar one dalam tracenetal se fn e hetho de que 9 algeen pueda peccre Donde juno eae soma ) fuera dl iso, tambien False galinete fundamental yconsecueat Tl realamo que se nos {pone todos neuro al Idtlta mes revo, svand oe feta de bran, cto eye admit gus eviten fers de nosotos objeto Tot Stent inopensiantr de owotros, cr sige. que oe da en el propo ‘ealsme, tendo on el expicado 9 Seduid,y tn dedoenn de Una ‘eidad objet, tanto ene) mundo de los ndmenos come en mundo neil es asia alld to osoa = sof en su propio sob no dio feds que ete Todo lo qu c pra el 90,

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