Rosario
Entre el boom y el bang
El Club de investigaciones urbanas se conformó hace aproximadamente dos años. Es un grupo de investigación
militante que nació con la necesidad de repensar la ciudad que habitamos: la Rosario aparentemente pujante,
cosmopolita y turística que vendía la Marca Rosario. Este miércoles presentan junto a la Revista Crisis el documental
Ciudad del Boom, ciudad del bang. Sus análisis profundizan en la desigualdad, en la crisis habitacional, en la
especulación inmobiliaria vinculada fuertemente a la explosión sojera y en el avance cada vez más crudo de la
narcocriminalidad.
Lic. María Cruz Ciarniello
Desde hace 8 años integra la Asociación Civil Nodo TAU, organización que trabaja por la inclusión digital en Rosario, Argentina.
Actualmente es coordinadora y editora responsable del medio informativo para organizaciones sociales, boletin enREDando.
Boom. Bang.
Estallan los barrios. Estallan sus calles, sus límites y sus plazas. Rosario está atravesada por una de las
cifras de homicidios más altas del país. Crónicas que duelen. Que lastiman en las edades de pibes que no
superan los 14 o 15 años. Historias que esconden detrás el dolor de una familia, la impotencia de una
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injusticia que se repite en cada barrio y el negocio oscuro que tiene caras que brillan de un lado y sangran
del otro.
En este contexto de ciudad cosmopolita y turística -si apenas se la mira con el cristal pujante- un grupo
de jóvenes decidieron formar un Club hace dos años atrás. Sí, un Club de investigación militante y de
investigación urbana. Un Club que se propusiera discutir en qué ciudad nos gustaría vivir, como
quisiéramos que fuese y cómo es aquella en la que actualmente vivimos. ¿Qué tanto se parece esa ciudad
a la de nuestros sueños? se preguntaban tiempo atrás, militantes sociales del Movimiento Giros. Quizá
esta Rosario tenga muy poco de aquella que soñamos.
Entonces, ¿cómo empezar a contar qué es y qué hace el Club de Investigaciones Urbanas de Rosario?
Difícil tarea, cuando la historia de una organización no se vincula únicamente al hacer sino también al
pensar. De todos modos, existe un punto de inicio. Una captura de pantalla que detiene el instante para, a
partir de allí, trazar el sinuoso camino que va de las preguntas a las respuestas inconclusas, de los análisis
teóricos a los encuentros territoriales. Del saber al aprendizaje constante. Del conocimiento a la práctica
más dolorosa en el mismo territorio donde la vida y la muerte conversan diariamente en la cotidianeidad
de los barrios.
Ciudad del boom. Ciudad del bang. Empecemos por acá: en ese vínculo explosivo, radica una de las
principales preocupaciones de este grupo de jóvenes.
Todo comenzó hace dos años, cuando la fisonomía de la ciudad ya marcaba un estilo propio, ya señalaba
nuevas formas de vida: el boom de las construcciones de alta gama vinculado a la explosión sojera. El
disconformismo fue la base para empezar a hacer. Al menos, para comenzar a cuestionar los modos de
“narrar” la ciudad; los modos de entenderla.
“Nos empezamos a reunir una vez por semana a tratar de tirar sobre la mesa problemas, miradas,
conflictos que había en la ciudad y también, espacios que nos interesaban. Partíamos de un
disconformismo general, no solo sobre el modelo de ciudad imperante en Rosario sino también sobre los
modos de narrar en Rosario, tanto los modos de historizar como las versiones circulantes sobre la ciudad”.
Así explica lo que significó el arranque de este club, Juan Pablo, uno de sus integrantes.
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El mate comienza a circular. Tarde de sábado, momento en que el Club se reúne para delinear líneas de
laburo. La invitación a sumarse en aquel entonces fue bastante heterogénea, cuentan. “Pensamos en un
colectivo que fuera capaz de pensar formas de intervención muy diversas”.
Muchos pasaron por el Club de Investigaciones Urbanas; algunos decidieron quedarse.
Kasa Pirata y Refinería
Año 2012. Conflicto en Kasa Pirata. Aquí nace un primer momento de intervención del grupo de
investigación. Al comienzo, las preocupaciones circulaban abiertamente, sin demasiados presupuestos.
“Teníamos como propósito, empezar a dialogar mucho y a tener contacto con distintos actores de la
ciudad y eso fue marcando nuestra propia agenda”, apunta Ezequiel, otro de los fieles integrantes de este
Club.
Estrecharon vínculos con el movimiento cultural que se había generado en torno a la Kasa Pirata y
también, con el proyecto colectivo y autogestivo que proponía el colectivo de artistas. Pero ante el
inminente desalojo, era necesario intervenir de alguna forma. El mismo día en que se produce la expulsión
de la casa, el Club decidió salir al cruce con un texto de repudio y análisis al mismo tiempo.
Esto es parte de lo que decían: “El desalojo y la expulsión en Kasa Pirata, es la manera en que el capital
inmobiliario, en connivencia con la Justicia, responden a experiencias que amenazan con salirse de la
lógica de la ganancia y la privatización de espacios y territorios. Se suman también las voces mediáticas
de un segmento de la ciudadanía obnubilada –al modo de turistas de fin de semana- con la belleza céntrica
de Rosario, que repudian este tipo de movimientos culturales y sacar a relucir prejuicios de diversa índole.
De esta manera, a la búsqueda colectiva que impulsaba la Kasa Pirata, a partir de su integración al barrio
y el establecimiento de ámbitos cooperativos con otras experiencias culturales, productivas y políticas, se
le responde con la judicialización, la represión y la violencia simbólica. Caso testigo de lo que crispa a los
poderes privados, estatales y mediáticos.”
En simultáneo con el conflicto en Kasa Pirata, el Club de Investigaciones Urbanas veía con preocupación
el fenómeno que sacudía al antiguo barrio Refinería. La polarización social que significaba la construcción
de un shopping y altas torres de edificios, y la existencia de una villa de emergencia, a tan solo metros de
distancia, marcó lo que fue el primer corto documental del grupo: Una calle me separa.
En esa sumatoria de hechos, en esos contrastes visualizados en la trama urbana de una marca de ciudad
cada vez más excluyente, se cristaliza uno de los principales análisis que el Club comienza a
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disparar. “Veíamos en Kasa Pirata un modelo de ciudad y de especulación inmobiliaria pero también
articulado con ciertas políticas culturales, y veíamos en Refinería otra modalidad que tomaba esa nueva
trama urbana.”
Marca Rosario y el modelo de ciudad
Está claro que el debate central de las investigaciones, hasta ese entonces, giraban en torno al modelo de
ciudad. A una Marca Rosario que, a través de un Plan Estratégico, la posicionaba como ciudad
metropolitana, turística y cosmopolita. A políticas públicas dirigidas a reforzar este slogan. El boom
inmobiliario gozaba de una muy buena salud, mientras las desigualdades se intensificaban y la crisis
habitacional empezaba a estallar. “A medida que fuimos investigando sobre esa Marca Rosario veíamos
que había mucho más para decir y cambiar. El artículo en la Revista Crisis nos obligó a pensar la ciudad”.
Por un lado, el Club se proponía generar un discurso diferente al hegemónico que reforzaba la llamada
Marca Rosario; por el otro, intentaban evitar caer en la nostálgica idea de que “todo tiempo pasado fue
mejor”. Dice Juan: “trabajar e investigar alrededor de los discursos de la Marca Rosario también nos sirvió
para historizar la ciudad. Nos empezó a interesar anclar ciertas cuestiones en relación a esta ciudad en
particular”. Es decir, hacer foco en esta Rosario y en los fenómenos urbanos que tan claramente
empezaban a aflorar en la superficie. “Se trata de cuestionar un modelo de ciudad que tiende a profundizar
las asimetrías sociales y la desigualdad en el derecho al acceso y disfrute de la ciudad. Nuestras críticas y
apuestas no se apoyan en un pasado mítico, glorioso, sino en una pregunta por el presente y el futuro que
queremos construir en común”, decía el Club.
Así comenzaron a analizar los procesos de Gentrificación. “Con ese concepto se nombra la construcción o
reconfiguración de las zonas urbanas para gente bien, que supone desplazar gente con menor poder
adquisitivo por población con mayor pode adquisitivo y consumos culturales más refinados”. Caso
testigo: el barrio Refinería.
A la vez, analizaban lo que sucedía en zona sur “donde se dá una gentrificación distinta, ya no por
construcción sino que el proceso consiste en abandonar de alguna manera el territorio para que se
deprecie, y para que esas tierras se puedan adquirir a menor precio y el margen de plusvalía urbana para
los desarrolladores sea mayor. Se hace mucho más rentable el proceso de gentrificacion urbana. Y el otro
proceso era el de Puerto General San Martin, donde hay una modificación muy grande en la trama urbana
a partir del desarrollo de las industrias ligadas a la producción de commodities, al agronegocio. Hay
barrios enteros que ven sus vidas trastocadas a partir de la instalación de esas industrias, por el tema de
la contaminación ambiental, el ruido, el olor, la circulación de camiones, y esta gente empieza a
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desplazarse del territorio, venden sus casas depreciadas en valor y esas casas se van anexando a los
parques industriales de las grandes empresas vinculadas al agronegocio”.
La histórica lucha que marca el devenir del Movimiento Giros en Nuevo Alberdi también dá cuenta de
estos procesos en el que la periferia comienza a ser devorada por los mega emprendimientos
inmobiliarios.
Datos que revelan la cara más perversa de la especulación inmobiliaria: aproximadamente 80 mil casa
vacías y 50 mil personas con déficit habitacional. Hay más gente sin casa que casas con gente. “Esto deja
a las claras las características de la construcción en Rosario que básicamente apunta a la especulación
inmobiliaria, de la construcción como estrategia de reserva de valor, que no viene a traer ningún alivio a
la problemática de la vivienda y el déficit habitacional sino que lo empeora, porque las cifras muestra que
hay aumento en los precios de alquiler, a pesar de que la oferta creció exponencialmente.”
En otro documento elaborado por el grupo en este año, reafirman lo que ya sostenían en el 2012: “Desde
el gobierno municipal se generaron, a través de los llamados convenios públicos privados todo tipo de
facilidades para el avance irrestricto de construcciones. Gigantescas grúas que levantan torres y edificios
surcan el cielo de Rosario desde entonces. En paralelo, comenzó un creciente retroceso de la presencia
estatal, inclusive en materia de salud, en los barrios periféricos.”. El giro conservador se da en el marco
de un cambio de fase del modelo económico social en el país y del lugar estratégico que comenzó a ocupar
el Gran Rosario en el floreciente mercado de los commodities. “Toneladas de soja a secas y productos
manufacturados provenientes de esta oleaginosa comenzaron a navegar con cada vez mayor frecuencia
desde hace una década por las aguas del Paraná hacia el mundo”-
El artículo profundiza y avanza: “El giro conservador se ha intensificado aún más con la gestión de Mónica
Fein. Sin embargo, esa Rosario linda que se construyó en las fases anteriores a partir de una
transformación territorial vía el boom sojero/inmobiliario, se transformó también a partir del
crecimiento de bandas delictivas ligadas mayormente al narcotráfico. Con una policía provincial sin
control político, la consolidación del negocio narco se concretó en los cuatro puntos cardinales de la
ciudad y en otras localidades de la provincia arrasando con formas de vida históricas”.
La vida narco
Tras los análisis acerca de la vinculación entre boom inmobiliario y explosión sojera, aparecía con el
trágico crimen de Barrio Moreno, una nueva necesidad de intervención: acercarse al territorio; articular
análisis con experiencia territorial, con el trabajo militante de las organizaciones sociales.
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A su vez, se vislumbraba un conflicto sangriento que tenía su saldo más trágico en las barriadas populares:
la narcocriminalidad.
El Club de Investigaciones Urbanas avanzó en un nuevo trabajo que se cristalizó en otra nota para la
Revista Crisis. “Hicimos una serie de entrevistas tratando de focalizar el artículo en las maneras de lidiar
de las organizaciones sociales con el problema narco en los territorios: el M26 de junio, Ludueña y
Tablada. Alrededor de esa idea, que eran tres territorios calientes, construimos el articulo a partir
también del incremento en las tasas de homicidios, y tratamos de hacer aparecer fuerte, la relación entre
boom inmobiliario y narcotráfico, en que cierta ruta del dinero los vincula directamente. Ese fue el primer
acercamiento.”
Comenzaron a vincularse con las organizaciones sociales que tan arduamente trabajan en los barrios. El
Bodegón Casa de Pocho en Ludueña, el M26 en Moreno, así como también, organizaciones del conurbano
bonaerense. Propiciaron encuentros para compartir experiencias, para intentar echar luz a lo que tan
dolorosamente comenzaba a explosionar en los barrios: la vida narco. Los testimonios comenzaban a
circular. Y a doler.
Otro momento de inflexión: las balas que hirieron por segunda vez a un chico de 13 años en barrio
Ludueña llamado Aaron. “Esa situación nos movilizó mucho porque la historia de ese pibe, ligada a una
fuerte adicción a las drogas, no suele ser reivindicada socialmente en tanto no lo merecería por sus
acciones. Aparece una moralina muy autoritaria a la hora de pensar la vida de chicos como Aaron. Para
nosotros fue todo lo contrario: pibes como él no sólo merecen ser reivindicados políticamente sino que
requieren de acompañamiento, contención y nuevas oportunidades», reafirman.
Así, el Club comienza a profundizar su mirada sobre el fenómeno y avance del narcotráfico en Rosario, sin
dejar de trazar vinculaciones con la especulación inmobiliaria y el modelo sojero.
El consumo como modo de vida
Hay una transformación de un determinado tipo de narco que ya no es el que antiguamente lideraba el
negocio. Ahora, aparecen bandas “que empiezan a tener mayores ambiciones de controlar el territorio.
Lo cual, vamos viendo que torna más complejo los modos de intervención y más dramática la situación.
Esto no se ha desarrollado de manera extendida, pero son tendencias que uno va viendo. No hay que
perder de vista que hay un tipo de trabajo de las grandes bandas narcos que ya no es solo la pura venta ni
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el arreglo de las situaciones mediante el poder de fuego, eso está, pero también aparecen trabajos sociales
de manejo del territorio”, analizan desde el Club.
A la par que los grandes flujos de dinero circulan en el nivel de la macro narcocriminalidad, existe y se
ramifica en el territorio lo que ellos llaman “la vida narco”. “Es decir, cómo se está desarrollando la vida
cotidiana en los barrios y los códigos del narcotráfico va construyendo un sujeto y formas de vivir en la
capilaridad. Y ahí está la complejidad más grande, porque se trata de salir a confrontar o poner en crisis
modelos culturales con sus formas de vida y modos de identificación que estructuran fuertemente la
subjetividad. En ese punto, este modo de vida narco no es una vida autosuficiente o distinguible de otras
formas de la vida social. Hay alternancia”. La figura del soldadito es quizá, el más paradigmático ejemplo
de esa expresión de vida vinculada al narcotráfico. «Esa forma de vida es una forma de condensar
dinámicas sociales más amplias, de alguna manera la vida destinada al consumo desborda la idea de las
drogas y el narcotráfico», aclaran. “El narcotráfico es algo más que una actividad ilegal. Configura modos
de vida, sociabilidades, identidades, discursos”.
Este nuevo modo de vida no solo se extiende en los barrios, apuntan. También habla de lo que sucede en
el centro, en los modos de consumo de una vida destinada a satisfacer las demandas del capital: qué
comprar, qué consumir, “porque por lo general se suele restringir el problema narco sea a las bandas
delictivas, sea al consumo especifico de ciertas sustancias, y bastante menos a qué cultura general tiene
lugar el narcotráfico. Cuando hablamos de consumo, son los productos y las marcas que circulan en los
medios, los modelos estéticos de lo que hay que tener, comprar, la vía publica está saturada de estas
imágenes. La vida narco sucede en otras situaciones y en otras clases sociales.”
Sin embargo, una frase refleja la contundencia de estos contrastes: el consumo es transversal “pero los
muertos son de los sectores populares”, dice Juan Pablo.
Alternativas que no son tales, y la adrenalina de la esperanza
“También nos preocupa las alternativas moralistas o incluso autoritarias” que se presentan frente a este
modo de vida narco que aparece en los barrios, sostiene el Club. Se refieren a la explotación laboral en la
que suelen caer los pibes en busca de laburo: trabajar 14 horas por días para ganar apenas $10 por hora.
“Se presentan como alternativas opciones que son realmente propias de una vida empobrecida”. Trabajo
precario o en negro, y terribles condiciones de salubridad muestran ese rostro denigrante al que son
sometidos muchos jóvenes de los barrios populares; respuestas estatales que no logran abarcar la
complejidad del problema.
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“Para que los pibes no sean soldaditos se los manda a trabajar a una constructora, ganando 8 o 10 pesos
la hora, sin condiciones de salubridad en su trabajo. Eso también oculta la sociedad y es parte de la
hipocresía general”. Un caso en estos últimos días muestra esta oscura ligazón: la muerte de un joven
operario quien, en precarias condiciones laborales, falleció a causa de un incendio desatado en una fábrica
rosarina de colchones. No era un trabajador registrado y no tenía cobertura social.
Frente a esto, dicen desde el Club de Investigaciones Urbanas que Rosario arde, que a pura adrenalina
arde. “Hay una imagen que nos conmueve profundamente y que es la que muestra como en los barrios
explota la fiesta popular”. Esas expresiones de la vida popular también hablan de la cotidianeidad de los
barrios, de las estrategias que las organizaciones de base impulsan para intentar recuperar el territorio,
de las tan necesarias movidas culturales.
“Un punto fuerte de estrategia es cómo apropiarse de los espacios públicos, por ejemplo, una plaza. Y
entonces el carnaval, es un gran ensayo de cómo, primero, se concentra una cantidad de personas sin que
haya conflictos en las bandas. Cómo hacen para concentrar 2000 personas sin que participe la policía. Y
además, veíamos que había una gran puesta en juego de saberes militantes, improvisar nuevas cosas para
que eso pueda funcionar”, dicen desde el Club. El carnaval de Pocho en Ludueña aparece como el ejemplo
más claro de la fiesta popular en los barrios.
“Explotan las fiestas populares a la vez que se dispara la tasa de asesinatos reventando estadísticas incluso
nacionales”. Rosario arde en su más dolorosa imagen: los crímenes impunes en los barrios populares; y
al mismo tiempo, en aquella otra que despierta esperanzas: los cuerpos entregados a la fiesta colectiva de
movimientos sociales que no se resignan a perder la calle, la tierra, la plaza, el barrio.