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Guillermo Carnero Hoke - EL INDIO Y LA REVOLUCIÓN (Perú-1979)

Este documento es una introducción del autor Guillermo Carnero Hoke a su libro "El Indio y la Revolución". En ella, el autor explica que fue acusado de no ser indígena debido a sus apellidos, pero que se identifica como indígena porque cree que todos los peruanos son descendientes de los incas. Explica que su pasión es la causa indígena y que estudió mucho sobre las culturas indígenas de México durante sus años en el exilio. Concluye que su objetivo es continuar el trabajo de Mariátegui y H

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Guillermo Carnero Hoke - EL INDIO Y LA REVOLUCIÓN (Perú-1979)

Este documento es una introducción del autor Guillermo Carnero Hoke a su libro "El Indio y la Revolución". En ella, el autor explica que fue acusado de no ser indígena debido a sus apellidos, pero que se identifica como indígena porque cree que todos los peruanos son descendientes de los incas. Explica que su pasión es la causa indígena y que estudió mucho sobre las culturas indígenas de México durante sus años en el exilio. Concluye que su objetivo es continuar el trabajo de Mariátegui y H

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Guillermo Carnero Hoke

EL INDIO
Y LA
REVOLUCIÓN
(Para Haya de la Torre y para Mariátegui el

Perú sólo era el Cuarto de la Servidumbre ¡)

Editora
PRENSA PERUANA

1979

1
“Año de nuestros Héroes de la Guerra del Pacífico”

1979

“P R E N S A P E R U A N A”

2
GUILLERMO CARNERO HOKE

EL INDIO
Y LA
REVOLUCIÓN
(Para Haya de la Torre y para Mariátegui el

Perú sólo era el Cuarto de la Servidumbre!)

Editora
PRENSA PERUANA

1979

3
EL INDIO Y LA REVOLUCIÓN

4
DEDICATORIA
 A Ignacio Magaloni Duarte, desde
siempre contemporáneo del futuro.
 A Ana María Gómez Rull,
presencia viva de Atahuallpa.

5
6
PRESENTACIÓN

En un semanario financiado por un desconocido grupillo de


yanquis y venezolanos nuevos ricos, se publicó una breve nota
en la que irónicamente se dijo que yo "nada tenía de indio", no
sin antes afirmar que era "un experto en crear partidos de vida
efímera". A renglón seguido pedía a los lectores que "leyeran el
apellido de mi madre" —hija de irlandés—, para que supieran
que mis ancestros tampoco eran indios. Los plumíferos de la
breve nota, viejos sirvientes del archireaccionario Pedro Beltrán
y asalariados a trasmano de la IPC y de los feudalistas barones
del azúcar y del algodón, quisieron poner en tela de juicio mi
lealtad a la causa india, al parecer con cierto éxito, ya que nada
es más fácil que acusar entre líneas y escudarse en el anonimato.
Dejé pasar el agravio a la espera de una buena ocasión.
Una ocasión en la que pudiera explayarme; en la que,
además de mentarles la madre, les aclare que mi conciencia india
nada tiene que ver con el color de mi piel, ni mucho menos con
mis apellidos. Hemos dicho, hasta la saciedad, que en el Perú
todos somos indios; que el que no tiene de Inga tiene de
Mandinga, ya que, en última instancia, el término, “indio" es una
invención caprichosa de España, pero que la empleó para
agraviar a los habitantes de estas tierras y denostar al estilo de
vida comunera en el Tawantinsuyo. De este modo, para España
el indio fue todo aquello que significaba la propiedad colectiva.
Durante el Virreynato para España el indio fue un comunista. E
incluso ahora, para los reaccionarios el indio es un "resentido
social", un ocioso, un borrachín, un ser despreciable, etc., etc.
La ruin conjura contra el indio empezó hace 460 años. Tanto
se le ha calumniado que el propio agraviado cree en las supuestas
"verdades" que le imputan; y se calla. Hay, así mismo,
intelectuales ganapanes que continúan inculpando al indio,
encubriendo sus campañas con argumentos estúpidos y falsos.
Cuentan, por lo demás, con el apoyo oficial va que Francisco
Pizarro cambia de nombres: unas veces es Piérola,

7
Castilla, Pardo, Leguía, Prado o l3elaúnde Terry. España fue
arrojada a patadas del territorio nacional pero logró colarse en el
sucio criollaje y proseguir gobernando, imponiendo sus valores,
malas costumbres y el pésimo gusto de su inmoralidad bien
premiada y mejor pagada. La historia de nuestra patria resulta, de
este modo, la más grande estafa, la más apestosa pudrición en
donde imperan los canallas, los plumíferos y los falsos redentores
que comen a dos carrillos. ¿Cómo no ser indio, entonces, si el
indio en su silencio encarna la dignidad, la honradez, el trabajo y
la fraternidad humana?
Fuí aprista es cierto, pero de paso, pues mi meta siempre fue
ser indio. Testigos son de esta pasión fanática mis amigos desde
la infancia, mis compañeros en las luchas clandestinas, mis
hermanos que comparten conmigo la justicia de pensar y sentir
como indios. Aquí están en mi alma los niños que en Talara
formaron mi mundo nativo: Panta, Yarlequé, Bereche, Payva,
Quispe, etc., acompañándome con su pobreza limpia y su
ingenuidad conmovedora. Tomé como seudónimo el de "Payva"
para exigir la ley y las buenas costumbres. Mis compañeros saben
que mi obsesión fue y es vivir en la simpleza cósmica del indio.
"Wiracocha", me dijo Carlos Alberto Yzaguirre, el mismo que
después pidiera mi separación del apra, pues afirmó que por indio
tenía ideas "comunistas". Yzaguirre con Armando Villanueva
lograron eliminarme del aprismo, no sé por qué, hasta la fecha.
Pero entre Payva (1946) y Wiracocha (1953) fui un indio
aprista, subyugado por la lucha clandestina que se encubría con
los nombres de "Incahuasi" (la casa secreta donde se refugiaba
Haya); por el seudónimo del jefe aprista: "Pachacútec"; el
sagrado símbolo del Cóndor de Chavín (se emplea como
condecoración para los actos heroicos); la bandera del
Tawantinsuyo (los 7 colores del arcoíris); y el perfil indio de
Víctor Raúl explotado al máximo para seducir a las masas indias,
etc. Si bien fue cierto que todo ello representaba la adjetivación
del partido, también significaba el señuelo, o los fines
encubiertos, las posibilidades del reencuentro histórico. Sin
embargo, adentro, en la doctrina, en la conducta de sus hombres,
el aprismo también es España!
Así y todo, el camino más corto para llegar al indio fue el
partido aprista. Gracias a Haya de la Torre y a José Carlos
Mariátegui pudimos ver la extraordinaria hazaña de la sociedad

8
comunera del Tawantinsuyo. De este modo, el Movimiento Indio
es, si se quiere, el lado izquierdo de las doctrinas de Haya y de
Mariátegui, pero indianizadas. Haya y Mariátegui acertaron en el
diagnóstico del gran drama peruano, pero pecaron en la
aplicación terapéutica. Se fueron demasiado lejos; el uno hacia
Rusia y el otro a los países escandinavos. Vieron el mal y por
acomplejamiento, o por desprecio, buscaron la solución en
Occidente; y fue su error, su grave e9uivocación. Los aciertos
soviéticos y los logros en Escandinavia, son demasiado propios;
pertenecen a otras latitudes; poseen otra idiosincrasia y otras
perspectivas, etc.
Desde el fondo de los siglos América India tuvo un camino
propio, macerado en las viejas pipas de su devenir social. Han
llegado todo tipo de extranjeros, y cada quien trajo su amor y su
avaricia; sus penas y sus alegrías; sus recetas, soluciones,
consejos, sus banderas y su liberación. Pero América India sigue
su propio ritmo y su propio tiempo. De este modo, para
comprenderla y amarla intensamente hay que conocer el todo de
su historia. Hay que cotejar su historia con la de los demás
pueblos. Hay que mirarla con ojos colectivistas. Hay que hacerlo
pero dejando atrás las medidas de comparación occidentales,
porque no encajan, son distintas. Hay que estudiarla a fondo,
detenidamente. ¿Cuántos lo han hecho? Desgraciadamente, muy
pocos. Y los que lo hicieron pecaron de astigmáticos, cuando no
perpetraron concusión, felonía y complicidad.
Claro que hay gratísimas excepciones. Entre ellas destaca la
recia personalidad de Luis E. Valcárcel, que durante 50 años,
desde la cátedra y con sus obras, acertó en el camino de la
liberación. Pero, su ejemplo se ahogó en el desierto; por mirar
muy lejos se fue quedando solo. El Perú le debe mucho. Y
nosotros estamos en deuda; lo estaremos siempre, porque
mientras él nos señalaba el camino, la grita necia de los partidos
de izquierda cubría de espejismos el escenario nacional. La deuda
con Luis E. Valcárcel es más penosa si tenemos en cuenta que la
borrachera heroica —de apristas y comunistas—nos dejó como
el Perro del Hortelano. La espantosa soledad de Luis E. Valcárcel
nos acusa a todos!
De otra parte, cuando estalla la crisis en el partido aprista —
1948— la generación de la década del 40 se vio urgida al rompan
filas. Cada uno de sus valores más connotados, buscó tiendas

9
aparte para morigerar su desesperanza. O su amargura por la
inversión fallida. Mariátegui influyó mucho para que los poetas
se cobijaran en las carpas comunistas, mientras que el destierro
sirvió a otros de universidad para la gran reconciliación histórica.
A veces, es necesario estar lejos para mirar con sentimiento, las
cosas que uno no desea ver, que uno no ve por ceguera dirigida.
A mí, los seis destierros a México, me sirvieron de
multiplicador de la pasión india. Gracias a México y su increíble
cultura maya y azteca, les debo la definitiva reconciliación con
mi destino. En México estudié para ser indio. Me ayudaron
mucho, ese gigante del pensamiento continental, Ignacio
Magaloni Duarte y su esposa Ana María Gómez Rull,
descendiente directa del Inca Atahuallpa Recibí la serena cátedra
de Gregorio López y Fuentes, el autor del libro inmortal: "El
Indio". Durante cerca de diez años estudié y visité casi todos sus
testimonios y centros arqueológicos, logrando imbuirme de su
inacabable riqueza filosófica. Hay, de otra parte, una india del
tamaño de su propia tierra, que con su ejemplo, ternura,
comprensión y ayuda, hizo posible mi estada de peregrino "a la
fuerza"; ella es Juanita Peñaloza, una indita inalterable como los
siglos.
Para mí los destierros a México, pese a la dureza del exilio
y de su pesada carga de añoranzas, fueron como un premio.
Estudié mucho mientras que acá, en el Perú, mis antiguos
compañeros se llenaban de "gloria" desempeñando senadurías,
embajadas, ministerios y diputaciones. El tráfago de la vida
oficial les impidió acercarse al polvo fecundo de su tierra y al
cansado sudor de su gente. No abrieron una sola página real de
la historia de su patria. Se ahogaron de presentismo. Se cansaron
de los banquetes y del asedio de tanto ciudadano en desgracia.
De tanto dolor que vieron se fueron alejando del dolor humano,
para no perder la chamba, ni los aplausos fáciles. El sacrificio no
es el más grande amigo de los pseudo revolucionarios.
De retorno a la Patria, en 1956, fundamos con un grupo de
ex-apristas el PNRP (Partido Nacionalista Revolucionario
Peruano), que en sólo dos años pusiera de vuelta y media a los
sectores oficiales y políticos. Nixon conoció de la cólera
nacionalista del partido. El pradismo fue desnudado en su
impudicia y gansterismo. Y el aprismo persiguió y pateó a sus
antiguos mejores hijos. El PNRP fue un peligro y, por eso, tantos

10
actuaron para quebrarlo y destruirlo. Vuelto al destierro los
infiltrados quisieron devorarse al partido. Por último, se lo
tragaron los trotskistas.
La vida efímera del PNRP no fue culpa mía. Pero en su corta
vida influyó en muchos personajes que, después, actuaran en
primera línea en el movimiento revolucionario de la Fuerza
Armada. Fue, además, un partido de larvamiento presto al vuelo
liberador. Fue el partido puente para llegar al territorio libre del
indio. El PNRP llevaba la semilla que volvió al surco antiguo de
su tierra. Las manos del PNRP no se mancharon jamás con la
claudicación, el engaño o el ventajismo; por eso murió como
nació: como un relámpago. Como parte del drama nacional que
anda buscando, a ciegas, la tierra prometida, sin saber, que la
tierra que pisa, ésa es la tierra buscada!
Mariátegui se murió sin saberlo. Igual sucederá con Haya de
la Torre. Sarcasmo: amando tanto no supieron, que al alcance de
sus manos, estaba la puerta y la llave. Sólo que intentaron abrirla
estando de espaldas. La llave se quedó dando vueltas en el vacío.
En una lápida en común podría escribirse: "estuvieron
sentados en un banco de oro, sin saberlo. Y tenían la llave"!
Es verdad, llegaron tarde a la historia, como están llegando
tarde esa cauda deshonesta de partiditos de ultraizquierda, que a
medida de su extremismo subjetivista, más se alejan del indio y
de la Pachamama. No sería una sorpresa encontrar que entre las
cúpulas-ultristas hay más de un indio vergonzante, engañado por
las universidades, la pseudo ciencia y la tecnología de Occidente.
Sin embargo la historia del reencuentro, de la reconciliación —
es mejor decirlo— prosigue lenta, pero segura. Y los indios
verdaderos que se negaron a serlo, hociquearán de vergüenza
cuando descubran que, al igual que Haya y Mariátegui, se
movieron en el aire, inútilmente, sin acertar con el agujero. El
indio antes de plasmar su grande sociedad hizo agujeros en el aire
y los llevó a las grecas de sus testimonios arqueológicos. Esto
explica que consideraron al aire para organizarse después en
ayllus —comunidades y calpullis—; primero el suspiro, después
la realización.
Lo anterior como metáfora; pero, para explicarnos la
conducta de la mayoría de los políticos, cae a pelo. Occidente

11
puso a la vida más allá de su contexto cósmico; le dio raíces a la
vida en la metafísica. Lo curioso es que para realizarse Occidente
imitó y mal a la Naturaleza. Mezcló perspectivas y dialectizó
como le vino en gana para darle sitio a su ciencia y a su
tecnología. Gran culpa de esta confusión hay que buscarla en la
homosexualidad de los filósofos griegos, padres de la razón pura,
del absoluto, de la idea en sí, etc. que, en cierta forma, justifican
al Dios único, hacedor de la propiedad privada. Al darle cabida a
ese Dios subjetivo, tuvieron mañas para "despolarizar" la
dialéctica de la Naturaleza y el Cosmos; tal la razón del gran
descalabro de la sociedad occidental.
Con Occidente nació o empezó el gran exilio de la vida.
Desde entonces los hombres han vivido de espaldas a la
Naturaleza. Menudo problema le causaron al hombre. El
supuesto "paraíso terrenal" se convirtió en "realidad" sólo
después de que el hombre fuera expulsado del mismo. Así,
cuando Occidente se expandiera, a sangre y fuego por todos los
Continentes, llevó consigo sus entelequias en una maleta de
doble fondo. Esparció en todas partes su contrabando. Hizo
profesionales de la trampa y el vicio. Iglesias y Universidades
completaron la burla.
Pero los plumíferos jefaturados por los Chirinos Lizares o
Soto que no saben en dónde están parados y que babean cuando
escriben, ignoran cómo se forma la vida y qué es la conciencia
dentro de ella. Creen que ser indio es un "accidente racial", del
que reniegan; pero ignoran que lo indio es un estado de
conciencia dimanado de una realidad concreta, pues las ideas son
el resultado bioquímico de la vida que se talla, a cada segundo,
con la acción de los elementos químicos que la conforman. El
habitante americano es indio eh la medida de que respira aires
indios, bebe aguas indias, ingiere y se nutre de vegetales y
animales indios, y, finalmente, el clima y el paisaje indios que se
le reincorporan y le condicionan. Después, los años de
asentamiento completan el cuadro. La afirmación del párrafo
anterior es ciencia del más puro materialismo dialéctico; a ello
habría que agregar, evidentemente, la inteligencia de descubrir
que lo indio, contrariando a España, fue el perfeccionamiento de
un pueblo, que durante cerca de diez mil años de experiencias
acumuladas, se elevó a cultura y civilización cósmicas. La
sedimentación comunera fue la espina dorsal que permitió que su

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pueblo plasmara la justicia la fraternidad y la alegría creadora.
Ser indio ahora, es sentirse contemporáneo de esa Nación; que
pese a todos los desprecios y todas las acechanzas, está viva, nos
rodea y alimenta, nos rebasa y nos orienta. La presencia viva del
pueblo indio es la lectura práctica de un socialismo que sólo los
necios y los neófitos están negando.
El secreto profundo de su sociedad comunitaria está en que
se adentraron en el torrente invisible de las leyes naturales y
cósmicas, y navegaron en ellas; se aprovecharon amorosamente
de las mismas. Navegaron como en convoy; ninguna estrella dejó
de ser hermana y, como tal, adentrados en su distancia
inacabable.
¿Entenderán este material desdoblamiento de una Nación
que por comunera se postuló, con denodado acierto, como
cósmica? Los sirvientes del criollaje emputecido, que ensucian
papeles al tratar de comunicarse con los demás están al margen
de la inteligencia. No tienen capacidad para elevarse de las
co'acas. Son simios, nada más. Son mente enlatada.
Preguntemos, entonces: ¿qué tiene que ver el apellido de mi
madre si yo me postulo indio, para disfrutar de su filosofía
cósmica y ser justo como el más humilde de los indios de ayer y
de hoy? Siendo producto de un amor, tampoco dejó de ser un
accidente racial. Posiblemente para los Chirinos Soto —indios
renegados—, mi apellido materno sea una invitación para que yo
rime, a la mala, con su apellido materno; pero esto es reducir a
grotesco el análisis de las concepciones ideológicas. Y al decir
que soy un indio, ideológicamente hablando, en nada ofendo
racialmente al verdadero indio; el indio no inventó la
discriminación, lo hizo el blanco. Y, como todo lo que trajo el
blanco, es una ofensa contra la Naturaleza, me redimo al
declararme, política y filosóficamente, como un indio.
Biológicamente, por lo demás, uno deja de ser pariente de
sus padres a partir de los 40 años. Biológicamente pasan a ser
simples vecinos, a quienes por el peso de las tradiciones y los
ancestros, guardamos gratitud y cariño. El cambio se ve mejor
por dentro, muy a pesar de que todos los días perdemos la piel
que se nos cae. De tanto mudar la piel adquirimos otra que talla
el clima y modela el tiempo; o que, al final, es el resultado de una
acción recíproca entre uno y el medio. Entonces, ¿a qué piel se
refieren?; si es a la mía debo confesarles que, en mis 60 años,

13
debo haber perdido unos 60 kilos de la misma que me envolvían,
no sé si con agrado o mala fe. Quedaría, en todo caso, la cuestión
de mis apellidos. ¿Por qué preocuparme de ellos, si de todas
maneras sólo son referencia policial para la PIP o la CIA?
Aquí de lo que se trata es del drama terrible de nuestro
pueblo. De su hambre longevo; de ese hambre que quema, que
duele, que es la antesala de la muerte y de la violencia.
Y al hambre hay que buscarlo en su madriguera, en sus
orígenes, en su causa primera. No es llorando como uno llena su
barriga. A la barriga se llega primero con la cabeza. Aquí de lo
que se trata es de armar a nuestro pueblo de una doctrina que lo
mueva, que lo empuje, que se acomode en sus flacas manos para
que tome el fusil y dispare. Y esa doctrina está en su historia, está
en la gente que sobrevive a la borrasca, que no aceptó jamás la
derrota.
Recordemos, pues: el hambre vino con España. El hambre y
la muerte llegaron con ella. Desde entonces tomó plaza la
ignominia y el robo. La universidad y la iglesia remacharon la
infamia y completaron la obra. Estamos transculturizados hasta
la saciedad. Es necesario ir en la búsqueda de nuestro verdadero
rostro, de nuestro verdadero espíritu. Ellos están en nuestro
pasado. Desempolvémoslos. Mostremos su doctrina. Y de nuevo,
como entonces, demos mensaje. El mundo lo aguarda. Si ya no
les podemos dar el oro y la plata que se llevaron; si ya no tenemos
más alimentos que darles; si todo se lo llevaron, al menos
volvamos a darles nuestra grandeza. Occidente siempre fue
pequeño y miserable. En cambio nuestros abuelos del
Tawantinsuyo, fueron grandes y generosos. Imitémoslos
entonces. Que se nos recuerde como a ellos, por los siglos de los
siglos.

14
LAS CONTRADICCIONES

Antes de entrar al análisis de la historia de nuestro pasado,


veamos el comportamiento de los hombres que se autoproclaman
como revolucionarios de izquierda. Es necesario hacerlo para que
se comprenda el grado de transculturización en que se
encuentran, motivado por el desconocimiento que tienen de su
propia realidad.
Es menester, por eso, aquilatar lo que es la realidad. Este
concepto se ha prestado para las más grandes confusiones desde
la antigüedad; hay quienes, incluso, consideran a las ideas
generales como seres reales, de tal modo que ven a las relaciones
sociales como fenómenos manejados por las ideas o por sus
intereses personales.
Pero, la verdadera realidad es la que se nutre del mundo
objetivo natural, es decir de todo aquello que es dialéctico, que
evoluciona y se transforma. Pues, la realidad no es una cosa
estática, ni mucho menos un mueble, una bella casa o un
automóvil último modelo; éstos son objetos creados por el
hombre, que no evolucionan en sí, ni cumplen con la dialéctica
natural. Los carros, las casas y los muebles no hacen, a su vez,
otros carros, ni otras casas, ni mucho menos otros muebles; sólo
"cumplen" con una parte de la dialéctica: la, de haber sido
"creados" por el hombre. Sin embargo, hay muchos teóricos que
aplican la dialéctica para los fenómenos naturales y los
artificiales "creados" por el hombre, lo que es incorrecto y es, a
todas luces, tramposo: Así perpetran contra bando para darle a la
mercancía una función histórica realizadora de los cambios
dialécticos. Lo que es falso, de toda falsedad. Ningún objeto
"creado" por el hombre tiene, el rango de ser motor de la historia;
sólo a fetiche llega!
Cuando una realidad está hecha de supuestos, entonces
imperan los idealistas. Esto explica el porqué de tanta
transcultura en los líderes de izquierda, los mismos que son una

15
rémora para la dialéctica verdadera de la revolución En una
misma perspectiva histórica introducen irresponsablemente
objetos y cosas para humanizarlas; así, afirman que el progreso
social es la multiplicación de las fábricas, las máquinas y el
desarrollo de los sindicatos, etc.
Ignoran que esas cosas y esos objetos, no tienen la sabiduría
de la Naturaleza y; por eso mismo, claman por la destrucción de
lo natural, la dialéctica vital y sus múltiples relaciones
transformadoras. Imposibilitados por su propia razón de ser, las
cosas y los objetos artificiales no pueden trascender, se quedan a
mitad del camino de la dialéctica natural. La idea abstracta —por
ejemplo: los números—, el supuesto mental —por ejemplo: la
metafísica—, el materialismo histórico —por ejemplo: la lucha
de los contrarios—, no son más que idealismo subjetivista si se
les tamiza a través del rigor de las leyes naturales. En la
Naturaleza no encajan, no funcionan, no cumplen con esta
exigencia; todo lo que crea, procrea!
Cuando se confunden las perspectivas como lo hace
Occidente, nada importa. Lo mismo da una silla que una madre,
un garaje que un pueblo, una nación que las refrigeradoras de la
General Motors. Ello hace que, en aras a la producción acelerada,
tanto los capitalistas y los izquierdistas, coincidan y se den la
mano con fruición amorosa y cómplice. Total, la vida nada
importa y en aras a la producción de cosas y objetos artificiales,
justifican la destrucción de la vida y de la Naturaleza. Para el
Occidente, eso significa "su" brutal hazaña!
Recordemos esto: todo en la Naturaleza es fusión y
consecuencia. Las mal llamadas civilizaciones de Occidente han
pecado y pecan de inconsecuencia con la vida, su origen y su
misión. Occidente es una aberración. Según las leyes naturales
Occidente no pasa de ser un cáncer.
Pero Occidente influyó al mundo y casi lo hizo a su imagen
y semejanza, pues lo que llevó a otros continentes fueron sus
subjetividades. De este modo se realizó una mezcla de
subjetivismos, del cual pocos han permanecido indemnes y puros
para el análisis respectivo de su propia realidad concreta y
objetiva.

16
Hay que recordar que toda subjetividad es estática; son
imágenes que se graban incapaces del cambio y de la
autotransformación. Son ideas puras, abstractas, encerradas en el
ataúd de la palabra hablada o escrita. De otro lado, toda
subjetividad es el resultado concreto de un mundo objetivo.
Occidente es un mundo concreto que genera su propio
subjetivismo. Así, África y América son mundos concretos y
objetivos que forman, a su vez, sus respectivos subjetivismos.
Sé perpetra error cuando se analiza la realidad de cada
continente con el subjetivismo europeo, por ejemplo; las
imágenes no coinciden, no comulgan, algo les falta o algo les
sobra. Sin embargo, nuestros políticos y nuestros "científicos"
hacen tábularasa y se guían y orientan con las subjetividades
occidentales. Esto explica que los chinistas peruanos sean más
chinistas que Mao, o que los occidentalistas criollos aparezcan
más sartristas o marcusistas que Sartré o Marcusse, etc.
Las constantes vacilaciones que encontramos en las teorías
de Haya de la Torre y de José Carlos Mariátegui, son producto
del trastrueque de realidades objetivas con las supuestas
realidades subjetivas. Haya recomienda la "libertad con pan",
pero es una "libertad" escandinava, procesada mentalmente en
otro mundo que no es el del indio; por su parte Mariátegui tomó
partido con los soviets, tirando por la borda a las comunidades
que tanto elogiara y que eran el procesamiento evolutivo de una
realidad concreta e intransferible.
El continente americano genera una realidad concreta que
puede tener muchas coincidencias con Occidente, por ejemplo,
pero ellas no son definitivamente substanciales. Esto hay que
tenerlo siempre presente, máxime cuando se analiza una realidad
compuesta de seres humanos. La vida humana no" es una silla,
ni un carro, ni un cenicero de murano, como para soslayarla fría
e irresponsablemente. O con4enarla estúpidamente al analizarla
con las subjetividades procesadas en Occidente, tal como lo
efectúan los "arqueólogos" criollos, tipo Lumbreras y Cía.
Los otros analistas de los distintos matices en que se halla
dividida la izquierda peruana, pecan del mismo error, del mismo
crímen. Da pena el cuadro de desolación que ofrece nuestro
escenario político y revolucionario. Veamos unos ejemplos.

17
La misma semana en que Ricardo Lets Colmenares exponía,
en una carta abierta, sus razones para declararse marxista-
leninista, su colega Carlos Milla Villena expresaba su admiración
por los quechua-aymaras a los que considera grandes astrónomos
y mejores matemáticos. Lo curioso del asunto estriba en que
siendo ambos dirigentes trotskistas, tienen ojos distintos para
mirar a su patria. Lets Colmenares repetía en su carta pública
ideas de un trabajo de Lenín de 1905; es decir, después de cerca
de 70 años el dirigente de la UDP descubría que la revolución
proletaria, en el Perú, estaba en la antesala de 1905. Por su parte
Milla Villenas, acercándose a las verdaderas causas del drama
peruano, al comparar las realizaciones del Incario y las del
presente, vé en la ignorancia de España y en la destrucción que
hiciera, a la gran culpable. Carlos Villena está más cerca de la
verdad, pues analiza la realidad objetiva con un subjetivismo que
le es afín. /maleó la dialéctica del análisis concreto en las hojas
de un mismo procesamiento unitario.
Por su parte Hugo Blanco Galdos es aún más responsable
del delito extranjerizante que amenaza destruir a su raza y a su
pueblo. Su complicidad es vieja, pues estando en el Valle de la
Convención, empezó a desmontar y destruir a los viejos ayllus
para convertirlos en organizaciones campesinas del más puro
corte occidental. Al descoyuntar las tradiciones indias casi dejó
en la cruz a un pueblo qué iba en ascenso revolucionario. En la
actualidad la total desorientación de Hugo Blanco conspira
contra la verdadera liberación de nuestro pueblo. El representa la
avanzada más peligrosa de la nueva careta del occidente zurdo.
Acción Popular, que no pasa de ser un hijo sietemesino del
aprismo, tuvo su gran ideólogo y filósofo en Francisco Miró
Quesada, parisino en el refinamiento, inglés por su conducta, y
frío alemán cuando analiza; no es más que eso: un perfecto
occidental. Las veces que se acercó al Perú lo hizo como quien
mira a una piedra. La rica y extraordinaria cosmovisión del indio,
no cuenta para él, pues asegura que el indio no se elevó a
filosofía. ¿Qué se puede decir de un occidental que imita a los
españoles del Medievo y les niega alma procesada —que sí hace
filosofía— y no la considera curso y fuente para la liberación?
Paquito Miró Quesada enseñó a Agusto Salazar Bondy, la que
nos libera de analizar al discípulo que fuera el orientador del
Social-Progresismo peruano.

18
Después de que Antenor Orrego muriera el apra se quedó
sin filósofos y sin ideólogos estudiosos. El gran Antenor recibió
la influencia de José Vasconcelos, el gran criollo que acabara
buscando el perdón en cualquier sacristía mexicana; pero, Orrego
supo dónde estaba la verdad, de tal modo que su muerte fue una
gran pérdida para la teoría de la revolución.
Hay otros escritores que han tratado sobre la cultura india
con bastante acierto, pero .no lo suficientemente como para
salvarse de la influencia occidental. Entre ellos tenemos a César
Guardia Mayorga, a Pablo Macera, José Mattos Mar, E. Dumbar
Temple, etc.
Renglón aparte toca a Hildebrando Castro Pozo y a Uriel
García, quienes en verdad constituyen los visionarios del retorno
a los grandes lineamientos del Tawantinsuyo; desgraciadamente
el desconocimiento que tuvieran de la filosofía cósmica del indio,
hizo que no completaran la reconciliación con el mundo
comunero del Incario.
¿Qué otros ideólogos hay, en qué tienda militan? Hasta
donde sabemos, no existen. Todos, cual más, cual menos, son
discos repetidores, excelentes menoristas, citadores de textos
extranjeros, etc.; pero de filosofía propia, inspirada en nuestra
realidad objetiva y profunda, no, no los hay. Occidente al llegar
a América se convirtió en impotente; se eunucó. Sólo el indio
siguió creando filosofía al rumear su propia realidad.

19
ADVERTENCIA

El indio hizo socialista al continente americano luego de


recibir el mensaje callado de su Pachamama. Y es que estas
tierras, de sí ricas y cabales, son condicionadoras del poder; hay
entre ellas un cordón umbilical que absorbe a la energía solar y
la traduce, para solaz y beneficio de todas las especies. Empieza,
así, un proceso interaccionador socializarte que hace, que el aire
y el agua, el calor y las sombras, devengan en intermediarias de
una fuerza socialista natural y cósmica.
El indio es, pues, socialista desde el fondo de los siglos.
Primero pudo serio por instinto; luego, se dejó "estar" por
ventajismo; para, finalmente, comprender que sólo así
usufructuaba mejor de las fuerzas del universo. El indio,
entonces; se transformó en la avanzada inteligente del Cosmos
hecho hombre. Al convertirse en la vanguardia de la evolución
de la materia, dentro del Sistema Solar, so asomó al Cosmos y se
postuló política y filosóficamente como un ser cósmico, sujeto a
la medida y al cambio permanente.
Por primera vez, en lo que va de la existencia humana en el
planeta Tierra, el indio lograba la gran proeza intelectual de
introducirse en el torrente creador de la evolución cósmica, y
desarrollar así una civilización y una cultura sin par, dignas de
emularse. El indio, entonces, en ése aspecto, se adelantó al grueso
de la especie humana, alcanzando el rango de pueblo libre, por
comunero y socialista.
Pero vino España y empezó la desgracia para el indio. Se
fue convirtiendo, por el mal ejemplo, en ladrón, en mentiroso, en
holgazán por hambre, en consumidor de coca para aliviarse en
su destino de cadáver viviente y explotado. E hizo bien; sólo así
pudo sobrevivir a la pesadilla.
Desde que llegara España la vida del indio es una Haga viva.
De este modo cuando otros pueblos demandan para sí el
privilegio de ser "pueblo escogido o pueblo divino", perpetran
egoísmo y vanidad, pues nada es comparable al martirio del indio

20
en su condición de maestro en el arte de la vida, como lo
afirmara Henry Lewis Morgan, el autor del libro "La Sociedad
Antigua", que les sirviera de base histórica a Marx y a Engels. El
indio fue un maestro en el grandioso arte de la vida natural y
cósmica; ningún otro pueblo, ni el egipcio, ni el griego, ni el
romano, alcanzó esa estatura incomparable por comunero y
socialista.
España, ciertamente, no sólo robó el oro y la plata del pueblo
indio, sino qué destruyó una civilización que fuera "maestra en
el arte de la vida"; es decir, maestra en el arte del buen gobierno,
la justicia pareja para todos y la alegría compartidas. Este crimen
imperdonable no tiene nombre, ni puede justificarse bajo ninguna
causa o pretexto. Es, simple mente, un delito de lesa-humanidad,
porque por la destrucción del Incario se privó al mundo del mejor
camino para la total liberación humana de todos los tiempos.
Desde hace Más de 460 años el indio fue sacado por la
fuerza de su cauce histórico; ha resistido en cierto; también ha
combatido y jamás ha aceptado la derrota, ni la ocupación
extranjera. Hay centenares de levantamientos que llenaron de
sangre los surcos secos de la Pachamama. Sin embargo, el trauma
no ha sido superado. Hay una sorda conspiración alentada por un
neo-españolismo que, incluso, comparten centenares de indios
vergonzantes y traidores.
La conspiración se explica, pero no así la ceguera de los
izquierdistas que no ven que se combate al indio, no porque sea
indio racialmente, sino porque él entrañala guerra total a la
propiedad privada y a su madriguera: Occidente. Esto explica el
odio cerril que se tiene contra quienes revolucionariamente nos
hemos elevado a indios.
Es interesante detenernos en el análisis del odio secreto
contra lo que significa y representa lo indio. No es a su piel, ni a
su nariz aguileña o a su pelo hirsuto, a los que se combate y
estigmatiza; es a su práctica socialista y comunitaria; es al
sistema que encarna y del cual es su natural esencia. Si fuere por
lo epidérmico o lo biológico, más razones habrían contra lo negro
o lo amarillo; pero no, pues lo negro y lo asiático no son un
peligro socialista, ni tienen serios y firmes antecedentes
genéticos, ni sociales comunistas. En cambio se combate y se
denigra, se silencia y se menosprecia a lo indio, por sus

21
antecedentes comunitarios, porque su sola presencia es la guerra
a muerte contra lo que significa y es la propiedad privada. He
aquí el secreto del terrible contrabando social y político; su
recóndito meollo.
El indio, por lo demás, es una práctica concreta, real y.
visible del socialismo comunitario. El indio puede haber
olvidado, por la tenaz transculturización a que ha sido sometido,
los fundamentos de su teoría; pero su fuerza está allí, nos rodea,
nos subyuga, nos empuja y nos arrolla. Esa fuerza tiene su propio
idioma colectivista, defiende sus tradiciones, sus usos y
costumbres. Se enternece ante sus símbolos. Prosigue amando a
sus propios dioses y se aferra a sus antepasados. Por ejemplo, en
la actualidad la ciudad de Lima, por la absorción centralista, está
rodeada —sitiada desde el punto de vista estratégico militar—
por cerca de tres millones de indios callados, con los ojos
abiertos, que cuando lo deseen y se les antoje, tomarán, ocuparán,
conquistarán la capital. Pues bien se sabe que toda práctica es
superior a la teoría ya que aquélla la engendra y perfecciona. Y
el indio es una invencible práctica comunitaria!
Así también, las tres cuartas partes de la población peruana
es india y aporta la casi totalidad de la renta nacional; esa tangible
fuerza mueve a los recursos naturales, porque es la espina dorsal
de la nación. Es la base de la patria, de tal suerte que nada se
puede edificar sin ella. Sin embargo, desde que llegara España,
durante todo el Virreynato y la irresponsabilidad de la República,
los gobernantes y los políticos, los ideólogos y los filósofos, han
querido y deseado construir una patria sin tener en cuenta la
insoslayable base india. El edificio levantado, no tiene por eso ni
pies ni cabeza; a cada instante se desmorona y cae. Los malos
arquitectos no tienen derecho, ni siquiera, a la reconstrucción!
Hay entonces mucho de inmoralidad en el comportamiento
de los políticos de izquierda y en los grupos progresistas del país,
ya que, muy a pesar de ser alimentados por las bases indias, no
las tienen en cuenta como motor, cuerpo y cúspide de la
revolución científica. Sólo las utilizan cual trampolín de sus
bastardos apetitos. Pues, de otra parte, esa inmoralidad ha ido
más lejos aún: han usado lo epidérmico de la cultura india y
malgastado sus símbolos; Haya y Belaúnde Terry, incluso, en
recurso de malabarismo barato, izaron banderas indias para
burlarse luego de ellas y cambiarlas por otras extranjeras.

22
El indio ha sido, y es, cruel motivo de estafa política. Todos,
cual más, cual menos, lo utilizan como estropajo sin darse cuenta
que significa la más preciada bandera revolucionaria,
insuperable, concreta, real y científica. Habría entonces que
acusar de ignorantes y pérfidos a quienes utilizaron su causa, su
historia y su destino, como papel higiénico, siendo como lo es el
oro más puro de la liberación total, no sólo para el Perú y
América, sino para el mundo actual. Téngase presente, siempre,
que lo indio es la reserva moral del mundo del futuro.

23
INCIDENCIAS

Dijimos al comenzar que el pueblo indio hizo socialista al


continente al recibir el callado mensaje telúrico de su
Pachamama. Esta afirmación no es una alegre mixtificación, ni
mucho menos fácil metáfora; es una respuesta científica, mies
siendo el ser hijo bioquímico de la tierra procesada en hombre
lleva el condicionamiento dialéctico de todo el Universo. Es por
esto que al hablar de la región andina afirmamos que entre todas
las zonas terrestres ella es telúricamente más socialista; y
queremos demostrarlo.
El clima viene en nuestro respaldo; él resulta ser, por
aproximación objetiva, el conjunto de manifestaciones
atmosféricas propias de una región; por éstas características el
clima impulsa el desarrollo dialéctico de la flora y de la fauna
autóctonos. Coadyuvan en la conformación del clima
propiamente dicho la energía proveniente del Sol, las fases de la
Luna y el conjunto del sistema solar, etc. Por ejemplo, en ?a
región andina —muy en especial la llamada zona quechua—la
energía solar actúa y trabaja creando las condiciones sutiles que
diferencian a su producción natural. La gran riqueza ictiológica
del mar peruano, por obra del plancton —microrganismo creador
de la vida— se debe, precisamente, a los iones mineralizados
andinos arrastrados por las aguas que desembocan en el Pacífico.
En el seno marino del Pacífico sur se da un caldo de cultivo que
permite que las algas y los yuyos, por su óptimo contenido
proteico, sean capaces de alimentar a la población terrestre
cuando las circunstancias así lo requieran.
Hoy la técnica de la cohetería espacial ha colocado en órbita
computadoras que espían el trabajo del clima en el planeta Tierra.
Así han delimitado tres zonas específicas en donde el clima se
convierte a través de la gente en poder social, político y
económico. En América del Sur la zona privilegiada es la misma
que ocupara el Tawantinsuyo, desde hace medio millón de años
y que existe y seguirá allí por otro medio millón de años
creadores. Lo extraordinario del hecho es que el pueblo indio

24
supo aprovecharse de esa zona para convertirla en un mundo
comunitario, en base a los ayllus y los gobiernos en Consejo.
Las otras dos zonas la "Lockheed Missiles & Space,
Company", las ubica a partir de Alasca, Estados Unidos y el norte
de México hasta la región donde los aztecas edificaron
Tenochtitlán; después, la segunda empieza en toda Europa,
prosiguiendo en Rusia, China y parte del sur de Australia. Los
pueblos ubicados en la faja cálida —países subdesarrollados—
como son: Centroamérica, Brasil, todo el África y parte de Asia
y del norte de Australia, son considerados como focos ajenos al
poder.
En la antigüedad, en las dos zonas anteriormente señala; das
descollaron Egipto, Grecia y Roma; pero su paso histórico sólo
quedó como referencia de culturas que no lograron resolver la
problemática de sus respectivas sociedades; son pueblos donde
se incubó la propiedad privada; no tienen el chance de la
resurrección. En cambio, las civilizaciones azteca-mayas y
quechua-aymara están hábiles para una "segunda edición" por lo
mismo que sus pueblos prosiguen, sin saberlo, viviendo en
continuidad con su pasado socialista y comunitario.
Sin embargo, hay que recordar que el Universo es una
gigantesca integración comunitaria en donde no se da, ni siquiera
como tentativa, la propiedad privada; por esta virtud todas las
especies, incluyendo la humana, nacen comunitarias, por ser
hijas, influidas y condicionadas por el comunitarismo cósmico.
Si en Occidente los seres humanos se divorciaron de la
Naturaleza y del Universo, ebrios y soberbios por el
individualismo y la liberalización, su destino ha sido y es de
guerras, rapiña y clases.
La reconciliación que propician la Unión Soviética y la
China Popular —impulsadas por el clima condicionados del
poder—, con todos sus errores y los aciertos, significa
precisamente eso: una gran reconciliación con la madre
Naturaleza. Pues cada día que pasa ambos países, al combatir la
contaminación, por encima del alto desarrollo de su ciencia se
acercan, a tranco largo, hacia las leyes naturales y cósmicas. Este
retorno a las leyes naturales se facilita por la gravitación del
clima en la inteligencia de los actuales conductores del
socialismo occidental.

25
No hay que olvidar que el ser humano es la conciencia
hablada de la Tierra, mientras que su supra-conciencia es una
toma de contacto con el Cosmos. El ser humano no se inventa en
la medida de que avanza impulsado por la dialéctica del
movimiento; pues ya él responde a una programación auto-
sugerida desde su origen. Como nada hay al azar sino que todo
responde a procesamientos, el del ser humano supone su
programación —más o menos aproximada— presta al cambio
dentro de un gran lineamiento para nosotros aún incomprensible.
Veamos con mayor claridad. Si el protozoo dio paso al alga,
en el alga se quedó como su base. Luego, cuando el alga dio paso
al caracol, el protozoo y el alga se quedaron inmersos en él; y así
sucesivamente hasta llegar al hombre. Por cierto que el hombre
lleva en sus adentros al protozoo, al alga, al caracol, al animal, al
mono como un convoy resumido que va preparando al
advenimiento de otra especie superior Como todo en el Cosmos
es una reiteración permanente y cambiante, la existencia objetiva
de todas las especies, evidencia, entonces, una programación en
contrario.
Al comprender cómo trabajan las leyes de la Naturaleza y
su dialéctica —que está respaldada por la misma evolución—, la
inteligencia india nos condujo a la constatación de que somos una
programación del Cosmos. De esta suerte la vida es la dialéctica
de la muerte. Los que vivimos sabemos que la vida es la mejor
manera de acercarnos a la muerte. Es lógico: si al nacer ya
estamos preparándonos para el oficio de la muerte, ésta no es más
que una vida al revés, porque le es necesaria.
El pueblo indio, por eso, jamás desestimó a la muerte y
buscó integrarse a ella. La consideró como un viaje. La
acompañó alegremente por lo mismo que era y es la otra parte de
su misión dialéctica. Lo prueba el hecho de que jamás le tuvo
miedo o recelo; todo lo contrario, incluso agotó el límite de la
muerte al integrarse a ella; sabía que estaba programado para
morir. Esta actitud extraordinaria abona a favor de su
pensamiento cósmico. La muerte —lo supo— es el otro lado de
la vida comunitaria.
Sin embargo, el indio no buscó la muerte porque sabía que
tenía que llegar. En cambio en Occidente —el creador de la

26
guerra y su terror— sin haber resuelto el arte de vivir empuñó las
armas para morir de espaldas a su destino vital.
De otra parte tengamos presente el escenario andino que
moldeara la conciencia del indio. En el amor y respeto a los
cerros se asoma su filosofía cósmica y su integración al paisaje.
En esta zona, de sí abrupta e imponente, la vida humana tuvo que
amalgamarse, hacerse una unidad para el trabajo y la producción.
Fueron las manos las que, al final de cuentas, dieron paso a la
acción comunitaria, primero como tenaz práctica y, después,
como pensamiento teórico. Los cerros son parte de la vida
espiritual del pueblo indio, como que en su amplitud y solidez
granítica la energía solar se inclina y acomoda. Los vientos
siguen sus laderas, mientras que el agua trata de aferrarse para no
caer. En las entrañas de los cerros andinos el mineral pasa por
todas sus etapas; allí, en su seno rocoso, el oro y la plata reptan,
como raíces del trabajo del Sol y de la Luna.
Los cerros fecundan el alma del andino y la nutren con sus
minerales y piedras nobles. Y como en la zona quechua existen,
contantes y sonantes, los climas de la tierra, la vida humana
conlleva en su destino la facultad de empinarse mejor que el resto
de los seres humanos. Se encima para abrazar a los demás
hombres. El espíritu del andino sigue a pie juntillas el destino
unitario de sus altos cerros. La piedra signa su práctica y su arte.
También sus construcciones, sus andenes, sus acueductos, etc.
Después, a la piedra le dió trabajo y la talló en su historia.
La utilizó como acumuladora de la energía solar. La ubicó en los
puntos claves de los valles para duplicar sus cosechas. La piedra
trabajó en las noches para descargar a la energía solar. Está claro:
el Sol se entiende a las mil maravillas con la piedra, se introduce
en ella y se queda dentro por largas horas después de haber
partido.
También, petrificó a la tierra y la convirtió en adobes y en
paredes anchas y duras. La moldeó para sus vasos y sus ollas. Le
dio belleza y colorido. A lo largo de la rica zona quechua la tierra
se transformó en platos y grandes recipientes. Entre la tierra, el
barro y la piedra, habitó un mundo que no se separó de la vida, la
Naturaleza y el Cosmos.
Por cierto que escribió en la piedra y dejó su mensaje para
los siglos. No transcribió en ella la biografía del hombre, sino la

27
historia colectiva de su pueblo. El pensamiento y la doctrina de
su pueblo; su amor, su trascendencia comunitaria, su
cosmovisión. Nada hay que indique allí propiedad privada. No se
conocieron ni las "puertas, ni los candados. El artista nomás pintó
su realidad objetiva. Como todo fue de todos, nadie padeció
temor, incertidumbre, penas y desconfianza. En el reino total de
la Naturaleza y el Cosmos la libertad compartida es el equilibrio
vital, la que da raíces y promueve la creación integrada. Cuando
el hombre se aísla, busca lugar aparte, entonces agoniza,
desconfía, sufre y se pudre. Sólo es total cuando se difunde en
todos.
Es cierto que el indio del Tawantinsuyo ya no es el mismo
de hoy; también es cierto que el peso brutal de la
transculturización lo ha ganado para la causa occidental. Pero, lo
que no se puede negar es que la tierra andina sigue siendo la
misma y que de ella emana un socialismo concreto, que está al
alcance de todos. A esto hay que agregar que el indio sigue
organizado en ayllus y que no podrá olvidar jamás a sus muertos,
a sus tradiciones, a sus costumbres. Impera en él la práctica
comunera de sus antepasados. Actúa como una fuerza ciega, pero
amnésica. Sólo es cuestión de que recupere su memoria. Que lo
recuerde todo.
La tarea consiste en devolverle su memoria. Que recuerde
que durante más de mil años fue socialista. Que sepa que la
pesadilla de la ocupación española no es nada frente a la
conquista de su propio destino. Y si hay fuerzas interesadas en
mantenerlo en la oscuridad, habría que recordarle que él es, ahora
y siempre, la reserva moral del mundo del futuro.
Este libro sólo trata de probar la excelsitud de su socialismo.
Esta obra es una invitación a la comprobación y al estudio. Tiene
la pasión del combatiente. Y tiene que ser así, porque los pueblos
sólo avanzan cuando se abren paso combatiendo, peleando,
desgarrándose.
Este libro intenta, por último, acelerar el parto. Y después
de ello, que el indio se eche a andar y vaya al encuentro de su real
cauce histórico. Las condiciones están dadas. Todo depende del
propio pueblo indio. Es tarea de que recupere su valentía. De que
se ponga los testículos y oída lo que siempre fue suyo, todo el
tiempo y para toda la vida.

28
ES IMPORTANTÍSIMO

Lo más importante para un revolucionario es descubrir lo,


que es la verdadera realidad. Esto es definitivo para saber que
hay otras seudo-realidades qué son pantallas para Pedro Beltrán,
Luis Bedoya Reyes, Belaúnde Terry o Vargas Haya,
respectivamente, que se adecuan y condicionan a sus particulares
intereses.
Un revolucionario debe saber que la verdadera realidad es la
Naturaleza. Sin ella no viviríamos, ni pensaríamos; tampoco nos
realizaríamos para trascender material y espiritualmente.
La vida es una práctica inteligente de la Naturaleza. Cuando
estamos pensando no hacemos otra cosa que teorizar sobre las
cosas y los objetos, los fenómenos y la vida. De la Naturaleza
venimos y hacia ella vamos, porque somos su integración
humana y somos su evolución. Por cierto, cuando pensamos las
ideas son como fotografías en movimiento, que se archivan y
forman parte estática del recuerdo.
Ahora bien, si la Naturaleza es la verdadera realidad,
veamos, en orden de prioridades, cuáles son los personajes que
la ponen en evidencia. Siendo la vida humana un resumen
dialéctico de todas las especies que le antecedieron,
concretaremos la prioridad en el hombre, para empezar a
entender vivamente a las leyes de la Naturaleza.
Lo anterior obliga, necesariamente, al análisis, tanto desde
el punto de vista del materialismo dialéctico, como el del
histórico.
Por el materialismo dialéctico llegamos hasta el fondo de lo
que es la vida, su origen, su desarrollo y su transformación. Por
el histórico sabremos de su evolución social, política y
económica pero sin apartarla de la tutoría de las leyes naturales
que son su base y su cúspide. Así, entonces, tendremos un
resumen de la práctica y de la teoría de la vida.

29
Concretamente, en el Perú la verdadera realidad es su
Naturaleza, integrada a su vez por todos sus recursos; su flora, su
fauna y su gente. Como todo es un producto evolutivo de la
Naturaleza, todo está íntimamente interrelacionado, de modo que
hay una unidad categórica entre sus elementos y su dialéctica
respectiva.
La práctica de esa realidad la conforman sus recursos
naturales: la agricultura, la ganadería y la minería, de un lado; y
de otro, sus aguas, sus climas y su gente, etc.
La teoría de esa realidad la encontramos en sus relaciones
sociales, artísticas, políticas y económicas, etc.
Como la revolución social no puede hacerse sin la
intervención de los pueblos, lo primero que se necesita, para
aplicar el método de la liberación total, es saber cómo está
integrada esa gente; qué razas priman, qué religiones disputan
sus sentimientos, cuál su condición económica, qué ideas
políticas apasionan a su destino, etc.
Sabremos, entonces, que la población india es mayoritaria
en el Perú; que le sigue el mestizaje; y que la raza blanca es
raquíticamente minoritaria.
La población india, por ser la más antigua, mantiene vivas
sus tradiciones, sus costumbres y su estilo comunitario de vida.
En este sentido la población india es la base y la espina dorsal del
Perú. Nada puede hacerse sin ella; pues, además de ser la única
fuerza social que aporta casi la totalidad de la Renta Nacional,
tiene conciencia de su nacionalidad y realiza en la práctica su
accionar comunitario.
Mas lo indio es un mundo aparte, al cual se llega sólo
conociendo su historia. Al indio se llega, también, por el
conocimiento de su filosofía cósmica. Y se alcanza su
comprensión sólo cuando se le estudia desde una visión
colectivista. Nuestra patria no existiría sin el indio.
En el caso histórico del Tawantinsuyo su población alcanzó
el rango de socialista, natural y cósmico. La realidad amerindia
al crearlo, con propia evolución, hizo que fuera a imagen y
semejanza de su medio y de su paisaje. Al hermanarse
conscientemente a su Pachamama siguió su ejemplo y su

30
perfeccionamiento; si alcanzó a crear a la sociedad comunera del
Tawantinsuyo, fue simplemente porque avanzó con el propio
desarrollo de su Naturaleza pero amada por el hombre. Se puede
afirmar, por cierto, que el indio se ganó el título de cósmico por
haber sido, entre los pueblos de la Antigüedad, el único que
avanzó apegado a las leyes de la Naturaleza y el Universo, y
siguiendo consecuentemente a sus variantes.
Es a partir del indio que analizaremos la realidad peruana de
todos los tiempos. Y como el indio representa en la actualidad la
población mayoritaria, a él corresponde reivindicar su pasado,
discutir con coraje su presente y alcanzar, con la ayuda de todos
los medios, su liberación total. Esa liberación es lo único que nos
queda como carta fundamental para salvar a la vida y la especie
humana, ahora, en esta hora, en que el sistema capitalista ya no
tiene salida y está arrastrando a la humanidad hacia su
desgarradora extinción.
En Siete Conferencias y sus Conclusiones que
remitiéramos para su divulgación, estudio y crítica, a la
ASOCIACIÓN PARA LA DEFENSA DE LOS PUEBLOS
AMENAZADOS, con sede en Hamburgo, Alemania, expusimos
brevemente la "Versión India de la Historia" para que, en base a
esa visión, se iniciara el cambio en el pensamiento humano, por
otro inspirado en la Cosmovisión India. Por saber que ésas
Conferencias merecieron el apoyo de muchos estudiosos
alemanes, franceses, belgas y noruegos, es que las transcribimos
textualmente. De su lectura surgirá el Método para llevar
adelante la Revolución India; es decir, la Revolución de la gran
reconciliación con la vida.

PRIMERA PARTE
Nosotros sostenemos que la desgracia de América India
empezó con la brutal Conquista Española. Esta rotunda
afirmación plantea necesariamente una revisión de la historia,
tanto del continente americano como la del mundo en general.
Veamos por qué.
Por lo demás la historia ha sido escrita unas veces
fraudulenta, otras deformando los hechos sociales y por último

31
con un criterio acientífico, precisamente por subjetivista y fuera
de las leyes que rigen a la Naturaleza y el Cosmos.
Sólo es correcta y científica la versión india. Es desde su
visión cósmica que hacemos la reestructuración.
Empecemos. Se acepta como verdadera la afirmación de que
la historia universal es una sola y nada más que una sola; en todo
caso se dice que las variantes de ella explican que el desarrollo
social es obra de los factores económicos que la tallan, en un país
dado y éste en el contexto de su plataforma continental.
Se desprende que sería lineal el acontecer humano y se daría
por aceptado que Occidente es el decidor de esa historia, al
resumir y recrear al todo cultural que le antecedió. En la
actualidad, por ejemplo, se ha hecho una mezcla de las
perspectivas diferenciadoras que, por cierto, existe una
complicidad que favorece a la sociedad capitalista.
Impera, en el trasfondo de la versión unicista y lineal de la
historia, el origen bíblico del hombre y su despegue del paraíso
terrenal. Y aun cuando se acepta a Darwin y se le dá carácter
científico a la Teoría de la Evolución de las Especies, ese proceso
evolutivo lo truncan en el hombre como la máxima conspiración
del Cosmos.
Esto explica que Occidente hable de la "Cultura del
Hombre" al considerarlo como un fin, siendo sólo un eslabón en
el indetenible proceso evolutivo. Para el indio la historia trata de
la Especie Humana, de la que escriben y hacen los hombres y las
mujeres al mismo tiempo, en una acción comunitaria.
La evolución de las especies, desde el pre-protozoo hasta el
hombre actual, trae por los suelos la versión de un solo paraíso
abre la presencia de otras acordes a las etnias existentes; lo que
pluraliza el origen del hombre y multiplican su historia.
Cada continente, a su debido tiempo, ensayó y plasmó la
propia evolución de sus especies. Como los continentes varían,
se desplazan y desaparecen, hay que aceptar que la cultura
humana es mucho más antigua. Esa cultura, o esas culturas, se
pierden en la noche del tiempo, máxime si muchas han
desaparecido en el constante y cíclico cambio del eje de la Tierra.
Téngase presente que se han detectado 42 cambios del eje

32
terrestre: el polo norte se ha convertido en polo sur, tantas veces
como habrá de cambiar en el futuro. Civilizaciones van, vienen,
se encumbran, desaparecen; y el hombre, acostumbrado a
meditar dentro de los límites de su edad, quiere que la edad
cósmica se acomode a su pensamiento. Y después escribe la
"historia" bajo el sopor de su confusión.
Hay algo más. La edad de la especie humana rebasa los ocho
millones de años. La conciencia es el desplazamiento inteligente
del ser, para alimentarse y luego procrear en un ambiente de
alegría y satisfacción; esto significa que el ser al elevarse a
conciencia, desarrolla su inteligencia, la educa para la creación.
Entonces, la presencia de la cultura occidental es una más entre
otras muchas que le antecedieron. Recuérdese que mientras
Europa se encontraba en las cavernas ya los pre-americanos
habían descubierto el cero matemático y la posición de las cifras
para hacer sus operaciones.
El científico austriaco Hoerbiger indica que Tiawanaco
floreció al final de la era Terciaria y que sus 275 mil años de
antigüedad son más que suficientes para decir que bien podría ser
que allí estuviere la cuna de la gran civilización india, etc.
Hay otras referencias que debían tomarse en cuenta, más el
propósito nuestro no es el de llegar tan lejos, en el vórtice inicial
de la antigüedad civilizadora sino el de probar que en Preamérica
se perfeccionó un tipo de sociedad humanista, comunitaria,
justiciera, que puede servirnos de ejemplo para resolver la actual
problemática de la sociedad humana. Ese tipo de sociedad
alcanzó el rango de única en su género; esto es, que agotó el
pensamiento creador del hombre en lo filosófico, en lo político y
en lo social.
Evidentemente, el desarrollo de esa sociedad no hubiese
sido posible si las condiciones objetivas no se hubiesen dado a
cabalidad.
La existencia de la vida demanda la presencia de un caldo
de cultivo que la haga posible, siendo el mar su salto de calidad.
El paraíso terrenal es el mejor habitad, pero no el génesis de la
vida.

33
Para que el mar alcance su maduración fecundadora es
menester qué su ubicación geográfica, respecto al Sol, tenga los
factores concomitantes ad-hoc. Esto es que la distancia, el clima
y su propia riqueza interior coadyuven a generar la vida orgánica.
De otro lado se requiere, también, de la presencia de tierras
que, a su vez sean favorecidas por los rayos solares en su
inclinación precisa. Téngase presente que el Sol es el verdadero
padre de la vida como fuente superior de energía; pero también
el Sol mata, lo que evidencia que se requieren condiciones
específicas para que la vida se dé se desarrolle y procree.
La Cordillera Andina prosigue siendo hasta hoy el mejor
filtro solar. Sobre sus frías cumbres, sobre su, hielos, sobre sus
escarpadas montañas se filtran los iones solares que son
arrastrados hacia el mar en donde hallan su caldo propicio de
desarrollo. Esto sucede en todas partes del globo terráqueo, Pero
en ninguna otra parte de la Tierra el Sol trabaja mejor para la
vida, que entre los Andes del Ecuador, Perú, Bolivia y Chile: Este
es un privilegio que supieron canalizar y usufructuar los
habitantes pre-americanos.
Todos saben que el mar peruano y chileno son riquísimos en
yuyos y mariscos, y reconocen a cabalidad que el mar peruano
contiene el mejor plancton del mundo; es decir el mejor
Microorganismo creador de la vida. Entre los Andes y el mar
peruano hay una vía por donde se desplazan los iones solares
Para cumplir con su misión creadora.
El indio preamericano lo supo, lo comprobó y lo aprovechó
al máximo. Esto explica la riquísima dieta que lograra para
satisfacer las necesidades comunitarias de su pueblo. El genio de
sus genetistas no tiene parangón. La proeza de la creación del
maíz, como su planta sagrada y solar; el multifacético cultivo de
la papa, olluco, quínua, etc., hablan de una sabiduría al servicio
de la sociedad y de la Naturaleza.
El Sol, de esta manera, fue su Padre, pero al mismo tiempo
fue su principal obrero al que explotaron colectivamente, sin
mermar a la madre tierra, ni a sus aguas, animales y plantas. Sólo
usufructuaron de la plusvalía terrestre, de lo equilibradamente
necesario.

34
Hay algo más. Los científicos preamericanos siguieron la
ruta del Sol y por eso, nos legaron el mejor de los Calendarios
Solares. Según el etnólogo suizo Rafael Girard, los mayas con su
Calendario de la Cuenta Larga hicieron la proeza intelectual más
grande de todos los tiempos: El Calendario para 374.440 años,
como una generosa pauta y ruta para orientación de las futuras
generaciones. Pero, al lado de esa investigación astronómica, que
dice a las claras del dominio de las altas matemáticas, nos
encontramos con la perfección de los Calendarios Lunar y
Venusino. Si el Sol propicia y crea la vida, la Luna interviene en
la procreación de las especies, en el movimiento de las mareas,
en el discurrir de la sabia en los árboles y plantas, etc.
Todo el inundo religioso del indio preamericano estaba
influido por la vida matemática y cíclica de los planetas y
estrellas, como que científicamente así lo es. Los seres humanos
están ligados imperceptiblemente a la Galaxia más lejana, pues
la energía cósmica es siempre su cordón umbilical. Los niños
indios de los Andes peruanos aún continúan cantando su vieja
canción compuesta hace más de diez mil años: "El Sol es mi
papá, la Luna mi mamá y las Estrellas mis hermanitas".
En el Tiawanaco los científicos soviéticos dataron con cerca
de 15 mil años al Calendario de Venus en donde, incluso, está
marcado el tiempo de la traslación y la rotación en sí misma de
Venus. Esta preocupación por la incidencia de los planetas en la
vida terrestre hizo que los astrónomos preamericanos fueran
científicos insuperables, máxime si desconocemos aun sus
instrumentos y la forma en que otearon al cielo, en el enjambre
de más de cien millones de estrellas con las mismas condiciones
de la Tierra.
De lo investigado estamos en condiciones de afirmar,
categóricamente, que los preamericanos fueron profundamente
religiosos por materialistas y dialécticos. Al postularse política y
filosóficamente cósmicos —"somos también la estrella más
lejana": lo dicen hasta hoy—, nos dejaron la lección más concreta
de cómo la energía cósmica se manifiesta por polaridades. Uno
de esos polos concretos, de concentración para crear la vida y sus
distintas manifestaciones, es el Sol y la Luna, Venus y también
Las Pléyades, etc.

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Como corolario de ese conocimiento cósmico
condicionaron su existencia a las inexorables leyes de la
Naturaleza y el Universo. Al compenetrarse de las mismas,
estando inmersos en ellas, los abuelos indina se transformaron en
milenarios. Por eso son ejemplo; a nosotros sólo nos toca el
imitarlos, el seguir su camino. De esto resulta, paradoja, que en
nuestro propio pasado está vivo el futuro que buscamos.
La evidencia incontrastable de la anterior afirmación la
encontramos en el idioma comunitarista y cósmico que
emplearon para comunicarse —el quechua y el aymara—,
idiomas colectivistas por excelencia en donde se desconoce la
propiedad privada; también, en su organización básica e integral:
el ayllu, que es la familia, el amor y la entrega colectivas más
desarrolladas; y finalmente, en sus testimonios arqueológicos, en
donde todo se ve construido siguiendo una escala cósmica, a
través de le línea vital del solsticio.
El examen del estilo de vida del preamericano fue; un estilo
de vida científico y colectivista, el único que es dable vivir para
plasmar el imperio de la justicia social, la fraternidad comunera
y la acción creadora de la especie humana. No puede haber otro
estilo superior.
Desde ese punto de vista veamos si el estilo de vida
occidental es científico natural y justo; o, si por el contrario, es
anticientífico, injusto y de espaldas a las leyes de la Naturaleza y
el Cosmos. Y entonces si sus logros son verdaderas creaciones o
sin son aberraciones de un pensamiento satánico y despiadado.
Al final sabremos que el camino seguido por Occidente, desde el
surgimiento de la etapa de la esclavitud, hasta nuestros días del
imperio de las empresas transnacionales, no es el camino natural,
ni el correcto. Occidente es, por eso, la civilización enferma, la
del divorcio. El hecho de que en su seno se hayan dado figuras
excepcionales como Miguel Ángel, Gosthe, Beethowen
Shakespeare, etc., no justifica a su sistema, pues en última
instancia esos personajes son resultado de la potencialidad
creadora del hombre o de la humanidad en sí.
Al darse como lógica la etapa de la esclavitud en el proceso
de la evolución de la sociedad, se perpetra un atropello contra las
leyes de la Naturaleza. El Cosmos trabaja de otra manera. En
todas las otras especies que anteceden al hombre no se da la

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esclavitud; sólo en Occidente se eleva a categoría social esa
transgresión infamante que acusa de insano al grupo social que
la posibilitó en detrimento de la mayoría.
En Occidente se inicia y consolida la propiedad privad como
resultado de la jerarquización en clases y la acentuación egoísta
(el individualismo; en tanto que en Preamérica se consolidó la
propiedad comunitaria y se plasmó la conciencia colectivista.
Mientras que en Occidente el hombre es el fin del desarrollo,
para los preamericanos el hombre no es más que un eslabón que
prepara el advenimiento de otra especie superior humana.
Occidente faculta al hombre para destruir al medio y alterar
las relaciones ecológicas, con el pretexto de aumenta la
producción y las utilidades de los grupos de poder.
Preamérica preparó a la especie humana para que se
integrara a la Naturaleza y por ende al Cosmos. Esto explica que
nuestros abuelos los indios respetasen y cuidasen del air del agua,
de la flora y de la fauna, porque si los alteraba o des trufa se
estaba alterando y negando.
La propiedad privada en Occidente trajo las cárceles, lo
cuarteles, los hospitales y los manicomios. En tanto que e
Preamérica no se conocieron los hospitales, ni las cárceles, los
manicomios, porque en su seno imperaba la acción comunitaria.
Hay que tener presente que en el Universo no existe la
excluyente propiedad privada. Todo en el Cosmos está integrado,
formando una indestructible unidad comunitaria. En Occidente
las culturas Egipcia, Griega y Romana imperaron por la fuerza,
las guerras, la división en clases y la propiedad privada; por eso
es que esas culturas se agotaron y no tiene chance para su
resurrección. En cambio, en Preamérica las culturas maya-quiché
y quechua-aymara sí tienen opción de retorno porque fueron
colectivistas y desconocieron las clase sociales, la moneda y la
esclavitud, etc.
En Occidente se teorizó sobre la propiedad privada de modo
que su cultura, su arte, su filosofía, su política y moral tenían
como base, signo y proyección, la rapiña, el odio, la guerra y
la mentira. En tanto que en Preamérica se teorizó sobre la
propiedad colectiva de suerte que su política, su arte, su ciencia

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y su filosofía fueron cósmicos, es decir perdurables y
ejemplarizantes.
Como Occidente inventó la guerra como política impositiva,
llevó su cultura de violencia hacia los pueblos del mundo que
sufrieron su influencia. Los países ocupados tuvieron que
incorporar a su vida el estilo prepotente del europeo para poder
subsistir. Sólo Preamérica logró, a través de su resistencia pasiva,
defender sus tradiciones, usos y costumbres. Preamérica ha
seguido viviendo en continuidad con su pasado y ahora reclama
nuevamente volver al cauce de su historia.
El más grande historiador peruano, el doctor Luis E.
Valcárcel, afirma que fue la geografía andina la que impuso sus
condiciones; fue esa geografía la que convirtió al hombre en
colectivista. Se necesitaban muchos brazos, trabajando
coordinadamente, para vencer las faldas agrestes de las moles
andinas. Allí no funciona el trabajo individual. En tanto que la
llanura, el páramo, las enormes pampas; condicionan al hombre
para su arraigo y su individualidad. La pampa permitió el galope
del caballo; en los Andes sólo fue posible el lento andar de la
llama y de la alpaca.
Rafael Girara tras 42 años de pacientes estudios de las
culturas maya-quiché y quechua-aymara, sostiene que no ha
encontrado signos esclavistas, ni mucho menos feudalistas y
capitalistas. Estima que el viejo comunismo primitivo
evolucionó a formas superiores hacia el comunismo agrario. Esto
también lo certifica José Carlos Mariátegui en sus 7 Ensayos. Así
y todas nuestras investigaciones nos han conducido a expresar,
sin vacilaciones, que superaron el comunismo agrario gracias a
que su ciencia y tecnología solares les condujo hacia el
comunismo cósmico. El alto desarrollo de su ingeniería, del
supremo conocimiento de las matemáticas superiores, el
estupendo desarrollo de su agricultura, el dominio de la
astronomía vinculada a la producción y reproducción. etc., hizo
que sus formas comunitaristas fueran científicas.
De otro lado, la buena dieta de su alimentación hizo que sus
genetistas buscaran los alimentos precisos y ricos en proteínas
que pudiesen habilitar más circuitos cerebrales. Tuvo
importancia de primer orden el maíz, máxime si al sembrarlo
dentro de una cabecita de anchoveta lograron incorporar a la

38
energía solar para su desarrollo físico y mental. A ello hay que
añadir el medio ambiente que les servía para estar en condiciones
óptimas en su comportamiento bioquímico. El respeto
inquebrantable a las leyes naturales, de las cuales formaban parte,
hizo que nada conturbase el justo equilibrio de sus elementos.
Al respecto es admirable que los investigadores indios
llegasen a descubrir que eran cuatro los elementos básicos
constitutivos de la vida. Su obsesivo respeto al aire (oxígeno), el
agua (hidrógeno), a la madre tierra (nitrógeno) y al fuego
(carbón), les permitió desarrollar y perfeccionar su espacie para
la creación y la creatividad. El hecho de que su gran nación se
denominara TAWANTINSUYO (los cuatro horizontes, los
cuatro rumbos, los cuatro elementos, etc.), habla muy a las claras
de su gran conocimiento científico.
Ese conocimiento lo hicieron práctica de todos los días. En
sus faenas agrícolas aún se insinúa y se reitera ese conocimiento:
cuatro son los hombres que aran o roturan la tierra.; le siguen
cuatro mujeres que van colocando las semillas en los surcos; y,
finalmente, van detrás cuatro niños que recogen los rastrojos, etc.
Lo global de ese pensamiento científico lo practicaban en
todos los actos de su vida cotidiana. De este modo su
pensamiento y su práctica eran religiosas, filosóficas, artísticas,
morales, etc. Es bueno, por eso mismo, expresar que su acción
colectivista ahogaba todo personalismo infecundo; sus grandes
obras tienen el signo de lo anónimo, pues fueron hechas por
todos. En Occidente, que es donde impera la individualidad, la
paternidad es obligatoria; la creación demanda la firma del autor,
en un dispendio de privaticidad.
Nadie sabe quién hizo Machupicchu, o a Sacsayhuamán, o
Chavín de Huántar, o los Dibujos de las Pampas de Nazca, o
Chanchán; simplemente porque esas obras fueron hechas por
miles y miles de creadores y artistas imbuidos de una misma
concepción vital.
Las nuevas corrientes de izquierda del Occidente —que no
son más que el lado izquierdo del sistema capitalista—, en su
desconocimiento de las leyes de la Naturaleza, de las que jamás
escapará el hombre, le dan prioridad a la mercancía
convirtiéndola en un neo-fetiche filosófico religioso. Téngase

39
presente que Marx, Lenin y Mao le dan a la etapa capitalista
acción revolucionaria respecto del feudalismo, lo que es una
falsedad dialéctica y anticientífica. Veamos por qué:
El fenómeno dialéctico sólo puede darse como unidad que
evoluciona. Si la sociedad humana vino primitivamente
comunista por sus ancestros universales, vía las leyes naturales,
cuando ella se eleva por sus conocimientos a nuevas formas
superiores, forzosamente tiene que superar ese comunismo
primitivo es decir, se supera en un comunismo agrario. SI se
convierte en esclavista no hay evolución, sino involución,
retroceso, degeneración, etc.
Si seguimos la secuencia establecida por los ideólogos
izquierdistas de la seudo-evolución de la sociedad, esto es:
comunismo primitivo - esclavitud - feudalismo - capitalismo,
aceptaríamos como "científico" un absurdo, ya que la dialéctica
evoluctiva, de las leyes naturales, no funcionan así. El Cosmos y
dentro de él el Sistema Solar, funciona de otra manera; su
dialéctica es siempre en espiral y expansivamente; no hay salto
hacia atrás, pues si hubiere una insignificante desviación la
Naturaleza implacablemente la corrige.
El correcto funcionamiento de la dialéctica materialista es:
comunismo primitivo - comunismo agrario - comunismo
cósmico.
Los marxistas reconocen que el sistema de producción del
capitalismo es correcto y científico e incluso ineludible.
Expresan que lo malo del capitalismo es su inmoralidad en
cuanto se apropia del trabajo colectivo o lo deviene en propiedad
privada, la del amo o el patrón. Entonces los marxistas
enmiendan esa injusticia pero prosiguen con la dinámica
productora del sistema capitalista, deviniendo en capitalistas de
izquierda.
En Preamérica se desestimó todo aquello que contaminara
el aire, las aguas, profanara la tierra o destruyera la flora y la
fauna. Usaron para el desarrollo de su sociedad y para elevar la
producción social, la dinámica de las leyes equilibrantes de la
Naturaleza, impulsadas por la acción colectivista del grupo
humano.

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Para el desarrollo de su agricultura y de su ganadería
siguieron a pie juntillas la interacción de las leyes naturales; una
agricultura sin ganadería no es posible porque se interinfluyen.
La especie humana no se concibe sin una flora y una fauna que
la integren. EI uso científico de los abonos naturales dio como
resultado una producción agrícola sin contaminación externa o
interna.
En tanto que Occidente, con el desarrollo abrumador de su
"ciencia" y tecnología antinaturales, emplea abonos químicos no
procesados por la acción filtradora de los elementos naturales. La
insolente y agresiva preterición del hombre occidental —pseudo
hijo de un dios inexistente— de un solo plumazo viola ese
procesamiento natural y salta sobre las etapas en el afán loco de
aumentar sus dividendos. La química occidental no se acerca en
nada a las leyes de la Naturaleza, todo lo contrario; en tanto que
la de Preamérica era integradora y benéfica para la evolución de
la especie humana y todas las demás que le servían de apoyo.
Y lo más grave aún: el uso de los carburantes. Occidente se
ha convertido por la acción brutal del maquinismo en el
"Enemigo Número Uno" de la Humanidad. Es urgente la
liquidación de su sistema de producción mecanizada. La
contaminación de suelos y aguas ha llegado a su punto más alto;
ahora de lo que se trata es de salvar a la humanidad.

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SEGUNDA PARTE

Reiteramos: nuestra desgracia empezó desde que España


holló el continente americano. Según el Grupo Berkeley el
etnocidio no tiene nombre. Por ejemplo, en la Maceta Central, en
México, habían cerca de 32 millones de indios; a los 50 años de
ocupación sólo quedaron aproximadamente unos 3 millones. En
tierras colombianas existían unas 60 mil familias chibchas; en
igual tiempo quedaron reducidas a 35 familias; en tanto que en
Perú de los 15 millones sobrevivieron unos 2 y medio millones.
La guerra fue desigual. Mientras España trajo cañones y
arcabuses, caballos y espadas, estrategias y tácticas con una
experiencia de más de 500 años, los preamericanos sólo contaban
con piedras y un espíritu fraternal ante los demás. La guerra fue
pues entre los bárbaros, ignorantes y sucios y los indios pacíficos,
sabios y limpios.
Recuérdese, España pertenecía al medioevo obscurantista.
En ella se fomentaba la religión fetichista, que fijaba como
primicia el mantener el alma limpia aun cuando el cuerpo
apestase. Esto explica que, por ejemplo, Isabel La Católica fuera
en toda su vida y durante el apogeo de su Imperio, una mujer
sucia que sólo fue bañada des veces: al nacer y al desposarse (y
no fue con agua y jabón, sino con aceite y algodón).
Las hordas bestiales que acompañaron a Cortés y a Pizarro
eran todas ignorantes, beodas, sucias y sectarias. Soldados y
curas se disputaron el oro, la plata y la honra de las muchachas
indias. Ninguna guerra de ocupación fue tan despiadada e
infamante como la que España realizara en México y en el Perú.
Hay que imaginarse cómo apestarían las hordas españolas,
después de largas jornadas a caballo, con armaduras y petos
pesados, sin cambio de ropas interiores, sin baño alguno durante
toda su existencia¡ Se cuenta que los españoles creyeron que los
indios los consideraban "dioses", al recibirlos incienzándolos con
palo santo; pero ocurre que el oloroso humo servía de defensa al

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indio para tolerar la pudrición ajena. Y siempre el indio se
mantuvo a prudencial distancia; su respeto humano le convirtió
en un innegable ser diplomático.
De otro lado, para el aventurero español soldado o cura, el
indio no tenía alma; era un animal al que había que matar sin
ningún temor de conciencia, ni remordimiento de alma. Téngase
presente que filósofos como Sepúlveda negaron que el indio
estaba dotado de alma y de razón y afirmaron: "eran hombrecillos
o un animal que hablaba, casi menos, etc."
Por otra parte la España de ese entonces fue el país católico
que más se esforzó en orientar el sentido de la política del Papado
en relación a los intereses del clero español. Esto explica que
todos sus Cronistas culparen de "sodomistas, antropófagos e
idólatras" a los pueblos indios, para justificar la sangrienta
ocupación y acomodarla a los dispositivos papales resumidos en
la Bula de Alejandro VI que, horror, pertenecía a la familia de los
temibles Borgia.
Dicha Bula que condicionaba el Derecho Internacional de
ese tiempo, indicaba que el vasallaje, la ocupación y la guerra
debía realizarse si los pueblos ejercían el homosexualismo, la
antropofagia y la idolatría. Los curas y soldados que oficiaron de
"cronistas", por cierto fueron verdaderos policías al escribir esos
atestadas acusatorios. Leer las mal llamadas "Crónicas" es leer
una serie interminable de barbaridades que insisten, tercamente,
en hallar sodomistas, comedores de carne humana y satanistas
entre la pacífica población india. Pero ocurre, como tenía que
suceder, cuando se miente mucho, que la mentalidad desbordante
española, amiga de la verborrea y de lo imaginero, de cargo en
cargo describían el estile de vida, ocupación y gobierno indios.
La ignorancia de tales cronistas fue precisamente la que les
hizo escribir cosas como esta: "las autoridades indias eran
elegidas entre los jubilados", o este otro párrafo elocuentísimo:
"y el Rey (Inka) trabajaba la tierra que le habían designado", etc.,
etc.
Rafael Girard sostiene, que "la famosa teocracia india no
pasaba de ser la organización de los paterfamilias, ya que los
padres más ancianos en el Inkario hacían las veces de sacerdotes
para velar y fomentar las tradiciones y costumbres".

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Sin embargo, los detractores del Tawantinsuyo dicen que
fue un sistema clasista sometido a la arbitrariedad de una
teocracia cruel y despótica. El huaquero Guillermo Lumbreras es
uno de esos majaderos.
José Carlos Mariátegui indica: que "la sola presencia de la
comunidad en el sistema indio es suficiente para afirmar que
vivían dentro de un comunismo desarrollado (agrario).
Además una Nación que está constituida de solo ayllus
(comunidades) como su organización única y básica, no puede
ser una Nación clasista, ni puede aceptar un Rey y una nobleza
que le son ajenas en sus relaciones sociales y económicas. Las
clases corresponden a naciones cuyo sistema único y
fundamental, es la propiedad privada y con legislación que le
favorece y perenniza.
Empero ¿qué podía esperarse de "cronistas" que eran juez y
parte, y que el robo, el asesinato, la violación los hermanaba para
destruir a un pueblo civilizado, justo y armonioso?
Se relata, entre otras muestras inconcebibles de la maldad
humana, que, por ejemplo, los soldados y curas españoles
conquistadores, cansados y hartos del dispendio, de los vicios y
aberraciones, para recrearse y no hastiarse más, apostaban para
saber quién mataba más indios de un solo lanzazo. Se indica que
fue el padre Acosta el que en esa macabra competencia mató
ocho indios, Es que el bruto había colocado en fila a dos indias
embarazadas de tal modo que la lanza perforó a las madres y a
los cuerpos de los nonatos!
Uno de los hermanos Pizarro, para recibir el halago de los
suyos en España, afirma que "todo lo escrito por los demás
cronistas es falso, de toda falsedad; sólo lo que yo escribo es
cierto".
Cieza de León, a quien la maffia de historiadores
comprometidos llama el "príncipe de los cronistas", al hablar de
los actos de antropofagia indios dice que "otros fueron los que
vieron esos actos" y trata de engalanarlos para darles
verosimilitud, pero sólo hasta allí llega. No aporta ninguna luz al
respecto porque efectivamente no hubo antropofagia. Un pueblo
comunitario que amaba y respetaba al agua al viento, a las plantas

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y las aves, amaba a su hermano el hombre, más que a nadie. Le
era inconcebible e inaceptable el matarlos o comérselos!
Empero los "cronistas", e incluso los "cronistas mestizos",
resultaron a la postre refutados por la verdad de los hechos y
realizaciones de la sociedad comunitaria del Tawantinsuyo.
La cultura en tiempos del Inkario no fue elitista sino
patrimonio del pueblo en general; esto queda demostrado a través
de los testimonios arqueológicos colocados en los lugares
visibles para que el pueblo les rindiese pleitesía y culto al
comprenderlos y hacerlos suyos. Además, en la construcción
participaron todos por la acción comunitaria que era su estilo de
vida y trascendencia. La perfección de las construcciones indias
indica que todos y cada uno de los que intervinieron en ella
forzosamente tenían conocimiento del plan general; de no haber
sido así asomarían las imperfecciones o las huella", del capricho
individualista, tal como sucede en la arquitectura de nuestros
días.
Para entender el mensaje de la cultura india hay que hacerlo
desde una perspectiva colectivista. Sólo así se pueden
comprender y aquilatar en su verdadera y exacta dimensión.
Sacsayhuamán, Machupicchu, Pachacámac y Chanchán, por
ejemplo, no hubiesen sido posible sin la acción comunitaria y la
conciencia de todos los que participaron en su construcción. Un
pueblo esclavo es incapaz de darle a su obra un espíritu de
libertad y dignidad; porque ningún pueblo, en cadenas, se denigra
para solo apretarse más las cadenas.
La libertad, la justicia y el contentamiento son los mejores
aliados de los pueblos creadores. Y sólo los pueblos grandes y
libres son capaces de crear obras colectivistas, monumentos en
donde asoma su alma, su amor, su dignidad. Y no hay obra hecha
por el pueblo indio que no conlleve cosmogonía; es decir, la
inteligencia de miles de brazos hechos uno solo en el trabajo
creador.
Ese espíritu colectivista, en el trabajo, tenía un idioma que
siguen hablando sus descendientes. El maya o el quechua son
Idiomas por excelencia colectivistas, impersonales; donde todo
es de todos. Por eso se sabe que un pueblo es su lengua, porque
el idioma es el espíritu vivo y libre de su comportamiento diario.
No se sabe hasta la fecha de un pueblo aberrado que tome a la

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esclavitud o a la explotación clasista como una belleza o un don
divino; no hay, no puede haberlo jamás.
Así y todo, volvamos a los "cronistas". Por ejemplo,
analicemos el Testamento del conquistador Mancio Sierra de
Leguízamo, bohemio empedernido y jugador que fuera el que se
quedara con la reliquia de un gigantesco Sol de Oro y que luego
lo perdiera en un juego de azar:
"Yo, el capitán Mando Sierra de Leguízamo, vecino de esta
gran ciudad del Cuzco, cabeza de estos reinos del Perú y el
primero que entró en &la al tiempo que descubrimos y
conquistamos dicho reino. Estando como estoy agravado de
mucha enfermedad en mi cama y en mi seso, juicio y
entendimiento natural y cumplida memoria. Primeramente, antes
de empezar mi dicho Testamento declaro que hace muchos años
que yo he deseado tener orden de advertir a la católica real
Majestad del rey don Felipe II... por lo que toca al descargo de
mi alma, a causa de haber sido yo mucha parte en el
descubrimiento y conquista y población de estos reinos... que
entienda su majestad católica que hallamos estos reinos de tal
manera que en todos ellos no había un ladrón, ni hombre vicioso,
ni holgazán, ni había mujer adúltera, ni mala, ni se permitía entre
ellos gente mala y que los hombres tenían sus ocupaciones
honestas y provechosas".
Leguízamo resume en su Testamento, ya al borde de la
muerte que es cuando el hombre se eleva a mística y verdad, lo
que vió e hizo de malo en el Inkario. Este incomparable
documento es ignorado por los "historiadores" comprometidos,
entre otros por Juan José Vega, el croniquero.
Polo de Ondegardo, otro cronista, indica que "recibimos la
orden de hacer aparecer como execrables el gobierno y la
sociedad india. Con ello expresó que España necesitaba hacer
justificable su conducta criminal, a fin de que los demás imperios
no interviniesen en el reparto de las naciones indias
confederadas.
Cuando España se aventuró para cruzar los mares y
avasallar a los pueblos indios, su acción fue tenida como una
locura por los demás imperios europeos: Francia, Inglaterra,
Portugal, etc.; pero cuando los barcos españoles empezaron a
llegar a las costas españolas cundió la avaricia, pues el oro y la

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plata, así como las especerías del Nuevo Continente, la despertó
en grado superlativo. Inglaterra y Francia, como siempre,
esgrimieron que se "violaban los derechos de los pueblos, y que
la conquista española era por demás sangrienta, intolerable y
contraria al cristianismo...", etc.
España tuvo que movilizar e inventar a sus cronistas para
"mostrarle al mundo" que lo que hacía estaba dentro del derecho
papal. Que era normal, a la altura de las disposiciones de la
Iglesia y el Imperio. Y, claro, los cronistas que eran los mismos
soldados y los mismos curas que tenían las manos tintas en
sangre y la conciencia sucia y cómplice, se dieron a "escribir"
que los más grandes hombres de ciencia —tales eran los indios
preamericanos—, fueron "maricas; antropófagos e idólatras". A
perilla le vino a España tal calumnia y tal monstruosidad, ante la
carga interesada de los otros imperios de Occidente. De esta mala
suerte, todos y cada uno de los intelectuales y creadores europeos
dieron como ciertas las crónicas españolas, porque, en cierto
modo, les llenaba la, barriga y les calmaba el sexo!
Hay que tener presente que el cura español jamás olvida, por
su idiosincrasia, que aun cuando fornique hasta el agotamiento,
y aun cuando trague hasta la congestión, siempre se "acordará"
de Dios y bendecirá cañones y masacres, si éstas le convienen.
Frente al indio, que por cósmicos todas las manifestaciones le
eran divinas, pues eran creadoras de belleza, tuvo, de acuerdo a
sus subjetivismos, material de "sobra" para atacar, calumniar y
destrozar, a quienes por superiores les habían colocado en el más
espantoso ridículo.
Evidentemente, esos "cronistas" que procedían de un mundo
atrasado, no podían entender a un pueblo matemático, arquitecto,
astronómico y filosóficamente cósmico, que construía sobre
planos inclinados, que superaba a la ley de la gravedad, y que, así
y todo, se manifestaba en belleza, en amor, en igualdad, etc.
Acaso, por eso, dijeron que no podían "ser cristianos", pues
increíblemente se bañaban dos veces al día. Y habían dejado atrás
la numeración y la escritura porque sus altas matemáticas les
hablan conducido al manejo de los kipus y de las matemáticas
sinérgicas.

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El empleo del punta y la nava en sus expresiones numerales,
como ideográficas, demuestra que alcanzaron el dominio de otras
matemáticas que sugieren lo computador y lo matrizal.
El arquitecto Héctor M. Calderón, en México, sostiene que
los preamericanos dominaron las matemáticas sinérgicas, por lo
mismo que eran dialécticos. Lo estático les fue contrario a la ley
natural. Así mismo, las contradicciones no son tales pues al final
se fusionan entre sí. Sin embargo sus logros civilizadores y sus
alcances humanísticos fueron quemados y destruidos por los
frailes españoles, quienes alegremente indicaron: "hoy podemos
dormir tranquilos, hemos quemado arrobas de kipus de variados
colores y destruidas panakas y huac'as". Lo que quemaron y
Construyeron fue la sabiduría de un pueblo que legaba sus
conocimientos, tanto para la posteridad como para los nuevos
seres que venían "a reemplazarlos", en la posta de la vida
indetenible.
Si España robó y asesinó a la raza india, más censurable
resulta el crimen de lesa-cultura perpetrado contra el
Tawantinsuyo. Toneladas de kipus que contenían los
conocimientos científicos de los quechuas y los adelantos de su
ciencia y tecnología: fueran quemado: y destruidos por
considerarlos "herejía".
Por cierto que persiguieran todo aquello que representaba lo
indio. Sus bailes, su música, su teatro y hasta el uso de su
vestimenta, fueron considerados como nefastos y se les desterró.
Ni qué decir de su lengua que fuera prohibida!
Al considerar los monumentos y templos indios, así como
sus huac'as y sus plataformas piramidales, como símbolos
innegables de la herejía, fueron la mayor parte destruidos,
arrazados y quemados. Así se perdieron los valiosos testimonios
de su gran cultura socialista, que bien podrían servir ahora de
fuentes de consulta.
Oscar Urteaga Ballón, científico peruano que fuera el
creador del Museo Antropológico del Hospital 2 de Mayo, tuvo
ocasión de estudiar más de veinte mil ceramios dedicados a la
medicina y costumbres. El probó que en ninguno de ellos apreció
signos de degeneración sexual, ni prácticas sodómicas. Incluso
explica, en su obra principal, que las muestras de sexualidad no
son tales por el trazo de sus manos y el apasible gesto de sus

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rostros; lo que indica que son ceramios dedicados a la pedagogía.,
etc.
El escritor América Radicatti informa que los Incas
emplearon los kipus en su significado ideográfico y también
numeral. Pero son los curas cronistas quienes citan el uso común
de los kipus como escritura. Y hablan de amautas que fueran
sometidos a prueba para entender si eran unos grandes
memoristas o si efectivamente se trataba de una escritura
desarrollada. A los que les dictaron largos párrafos de la Biblia,
éstos lo hicieron; y pasados dos años, inesperadamente les
pidieron volver a leer los kipus. Efectivamente, leyeron sin
ninguna alteración, tal como les fuere dictado.
Está claro, los kipus representan el desarrollo de una
superior inteligencia. Si tenemos presente que se necesita un gran
dominio de las altas matemáticas, para la elaboración de los
calendarios astronómicos, por lógica llegaremos a la conclusión
de que dejaron atrás la representación numérica y la
reemplazaron por los signos—el punto y la raya—, a fin de
ahorrarse tiempo y espacio. Descubierto el punto y la raya (la
unidad y la decena), encontraron que la misma simbología podría
serles útil en largas cuerdas e hilos de color.
Se sabe también, que abandonaron la escritura, por haberse
elevado a la simbología su contenido creador de belleza. Tanto
la filosofía, como las matemáticas, al final lindan con la poesía,
ya que la propia Naturaleza y el Cosmos trabajan en permanente
poesía. Observemos, por ejemplo, el final de toda especie crea
belleza, hace belleza. Las plantas crean la flor y el fruto. Las aves
la armonía de su vuelo y cantos. Y en el espacio en los
amaneceres y atardeceres, la Naturaleza en comunicación con el
espacio y la luz, pintan sus más bellos cuadros en la pizarra
redonda del cielo. La Naturaleza nace de un constante poema
cósmico; se desplaza y desarrolla haciendo belleza; y, al final, su
destino es la búsqueda del retorno a la belleza cósmica.
Todo ello impactó la mente del preamericano. Como fue su
mejor discípulo concluyó por ser, él mismo, un conducto de la
belleza. Incluso, su mismo comportamiento humano le dió
belleza a su dignidad de estar integrado a los demás. Sus obras,
sus monumentos, sus trabajos y hasta sus kipus, son expresión de
esa visión poética del mundo.

49
Los testimonios de su sentimiento frente a la vida la
Naturaleza y el Cosmos les encontrarnos hasta la saciedad en la
concepción de sus grandes obras arquitectónicas y en su conducta
como hombres. Quienes conozcan Machupicchu. Pachacámac.
Chavín de Huantar, comprenderán mejor lo que estamos
afirmando. Hay tal belleza construida por el pueblo, que ésta se
acomoda al paisaje y se torna cosmogonía. En Machupicchu, el
tiempo y el espacio, se dan la mano de tal suerte que sus callecitas
prosiguen ganando rumbos al rebasar los abismos. Las nubes
entran en las piedras para incorporarse al trabajo milenario de las
mismas. Se trata de un estupendo Centro Ceremonial dedicado a
su pensamiento filosófico-astronómico para, por intermedio del
Intiwatana, "amarrar al Sol" y detenerlo hacia el diálogo humano.
En Pachacámac plasmaron, poéticamente una ciudad en
homenaje al Sol y su Sistema, salpicada en los Cuatro Horizontes
o Rumbos. Las pirámides en sus colores, representan las
variantes de su proceso energético que muere a la caída de la
tarde. Y cuando el Sol se hunde en el mar los sacerdotes
construyeron escalinatas que mueren como un tierno homenaje
en las orillas. Todo en Pachacámac es una integración del
conjunto con el paisaje y el cielo. Entre sus calles la misma edad
del tiempo simula la edad humana para congraciarse con un
sentimiento religioso que flota, que es el ser, la
consubstanciación.
Y en Chavín de Huántar, donde las cóndores son el enlace
entre el espacio v el tiempo, la vida se genera en pequeñas plazas
ovoidales, mientras que, en el centro, posibles réplicas del
Lanzón representan el mismo proceso, pero en forma de
espermatozoide. Allí están representados los símbolos de las
especies que anteceden al hombre y que apuntan hacia un cambio
superior vital. Se trata de un Centro Científico, dedicado al
génesis. Y todo siguiendo una alentadora planificación cósmica.
¿Podía entenderlo el huaquero G. L. Lumbreras?
Este gran pueblo colectivista, pacífico y creador, cuando
fuera sojuzgado por España, a sangre y fuego, se refugió en su
alma y defendió sus tradiciones. Jamás reconoció la derrota y
combatió en mil formas, pero acabó usando su fuerza inagotable:
la resistencia pasiva. Durante estos últimos 465 años el pueblo
indio ha demostrado su gran capacidad de resistencia que, de otro
lado, es una virtud y una rebeldía de capacidad creadora.

50
En el fondo, de esa tenaz resistencia pasiva, está oculta la
fuerza de su acción colectivista. No hay en la tierra otro pueblo
que tenga tan desarrollada la conciencia del trabajo comunitario
que el indio. Esa conciencia es la base para ahorrar caminos en
el retorno al poder. Pero esa conciencia es, también, el cordón
para empezar de nuevo la marcha de la reconquista y de la
reconciliación con la vida y con la Naturaleza.
Si la brutalidad española diezmó a la población del
Tawantinsuyo, reduciéndola a una cifra por debajo de los tres
millones, hoy por hoy esa población se ha triplicado y es la única
fuerza que trabaja y produce en el Perú. Casi la totalidad de la
Renta Nacional es obra de sus manos, de su sangre, de su sudor,
de sus lágrimas, etc.
Hoy está en marcha. Ha vuelto a despertar. Está recuperando
su conciencia histórica. Va en busca de su antigua teoría
colectivista que ha olvidado por la persecución, la discriminación
y el trabajo sistemático de un sistema antinatural que vino con
España. Cuando recupere totalmente el conocimiento de su
antigua teoría, adquirirá, entonces, una conciencia revolucionaria
que le posibilitará la recaptura del poder, en la plasmación de un
SEGUNDO TAWANTINSUYO.

51
TERCERA PARTE

La gran cultura colectivista del Inkario no se concibe sin su


filosofía cósmica y sin su organización básica el ayllu. Ambas se
complementan como que son expresiones, en grande o en
pequeño, de lo que es la unidad universal.
El ayllu es, pues, la clave del Tawantinsuyo. A través de esta
célula básica podemos comprender el alto grado de desarrollo
político, social y económico a que llegara la sociedad
preamericana. Según Luis E. Valcárcel es "mundo cerrado y
completo en donde el saber y el conocer llegaron a su límite
humano".
Cuando llegó España a esta organización comunista le llamó
equivocadamente "comunidad", término que no corresponde a su
verdadera significación y trascendencia. El Tawantinsuyo fue,
entonces, la Nación de los Ayllus, así como en la actualidad
Rusia es el país de los soviets y la. China la patria de las comunas
populares.
Empero la diferencia entre ayllu, soviet y comuna, es la
misma que existe entre una máquina y una persona; además, el
marco en donde se desplazan es distinto; el uno es a imagen y
semejanza de las leyes naturales y los otros son producto del
desarrollo industrializado del sistema capitalista.
Tienen en común, eso sí, la conciencia del trabajo
colectivista; pero, mientras el ayllu va parejo al desarrollo
evolutivo de la vida natural, en el soviet y la comuna el
maquinismo impulsado por los hidrocarburos enajena, destruye
y corrompe al ser humano.
El ayllu se desplaza y nutre al milímetro de las leyes
naturales, en cuanto respeta el oxígeno que se necesita para vivir
sin contaminación alguna; en cuanto respeta y cuida el agua tan
necesaria para la existencia; en cuanto vela y protege a la flora y

52
fauna que complementan a la vida, etc.; y todo ello dentro de un
cuadro de alegría y creación.
En tanto que el soviet, con todo su entusiasmo socialista, se
desplaza y nutre entre fábricas contaminantes, locales en donde
el monóxido mata y destruye neuronas y glóbulos rojos; y centros
en donde la vida se degenera y la reproducción se ve afectada.
Es decir hay una radical diferencia: la ciencia y su
tecnología que emplean son diametralmente opuestas. En el ayllu
se propicia la vida y su evolución correcta, mientras que, en el
soviet, a nombre de la felicidad y la producción, se destruye o
altera la vida humana.
O sea que, en el fondo, tanto el ayllu como el soviet, que
están animados por un mismo objetivo, emplean métodos
diferentes que se basan en filosofías disímiles. La del ayllu es
materialista v dialéctica, mientras que la del soviet es subjetivista
y semisuicida. El ayllu propicia la revolución de la vida y la del
otro s escancia en la contaminación y en la degeneración de la
existencia.
Ver entonces cómo fue y cómo funciona el ayllu es saber
cómo fue y cómo funcionó el Tawantinsuyo, tal el objetivo de
este capítulo. De la explicación dimanará lo que fue y es su
filosofía cósmica.
Toda especie nace comunitaria porque viene y se desplaza
en un universo (Cosmos) que es integrador y colectivista. La
evolución de las especies hasta llegar al hombre se hizo dentro
de esa dinámica comunista. Esto explica que en la noche del
pasado se diera el comunismo primitivo, no tanto por la voluntad
consciente del hombre sino por la terca voluntad de los ancestros
y el mundo objetivo que le rodeaba.
La unión de las parejas de signo alterno es una ley de la
Naturaleza y el Cosmos. Las leyes que rigen a una molécula son
las mismas que rigen, por ejemplo, a una pareja humana. El ión
positivo tiene idéntica conducta que el hombre, mientras que el
ión negativo se desplaza como una hembra. Poseen misión
específica que cumplir. Esto es una generalización que puede dar
cabida a las excepciones.
Todo en el Cosmos se procesa entre iones positivos y
negativos que se polarizan y forman, indistintamente, las

53
distintas especies, tanto orgánicas como inorgánicas. El hombre,
por ejemplo, es un resumen aproximado de todas las especies que
le anteceden incluyendo minerales, en cuyo seno prosiguen
trabajando todas las especies anteriores.
El aire que respiramos, el agua que bebemos, los animales y
vegetales que ingerimos, son a su vez procesos jónicos que se
integran y desintegran en forma espiralizada permanentemente.
El núcleo fundamental y necesario del ayllu es la pareja
humana y su desarrollo en familia.
El desarrollo social, económico y político de esa familia, en
el contexto natural y consciente de las leyes cósmicas fue la razón
de ser del gobierno del Tawantinsuyo.
Los preamericanos al comprender la ley básica que
condiciona al Cosmos y al Microcosmos, la elevó a filosofía
integradora. Después, al estudiar y comprobar que las leyes
tenían un comportamiento matemático y religioso, se hicieron, a
su vez, matemáticos y religiosos para llegar más lejos, para
trascender, para lograr en vida la inmortalidad comunitaria de
esas leyes. Esto explica que, para el indio preamericano, la vida
y la muerte fueron los dos lados de un mismo proceso cíclico.
En base a su reiterado conocimiento de las leyes universales
es que se postularon política y filosóficamente, como seres
cósmicos que no necesitaron viajar a las estrellas porque
formaban parte de ellos mismos. Se sabían el todo pero con la
limitación procesada en especie humana.
Supieron, por comprobación objetiva que las leyes naturales
jerarquizaban la vida, a partir del niño hasta llegar al anciano.
Fue por eso que en el ayllu la vida encontró su quehacer más
fecundo, y no aceptó ni grupos de poder, ni castas parasitarias;
fue el trabajo, desde la infancia hasta la vejez, su constante
alegría creadora. El ayllu es el retrato vivo del sistema socialista
del Tawantinsuyo, porque es la de una familia integrada al todo
social comunitario, tal si, en verdad, fuese una gigantesca familia
Y por cierto que lo era.
El ayllu fue la célula básica del organismo social del Inkario,
y se comportaba como una célula dentro del organismo humano.
Célula con existencia propia pero interrelacionada a las otras para
orinar tejidos, órganos y sistemas. Célula que, también, estaba

54
conectada al mundo exterior que, a su vez, la condicionaba. El
Sol, la luna y las estrellas trabajan para el conjunto, pero también
para ella que se integraba al resto; a la unidad total.
Dice el antropólogo José Matos Mar, del Instituto de
Estudios Peruanos, que "los ayllus en la actualidad, como grupos,
como células básicas, mantienen una actitud vital comunitaria
colectivista, por el trabajo en común, la ayuda mutua, el esfuerzo
mancomunado; para no citar sino las manifestaciones principales
de ese modo de vida adentrado profundamente, tanto en su
espíritu y tradición, como en su estructura económica y social".
Y agrega que su supervivencia a través de cientos de años y
de mil vicisitudes y de su tenaz resistencia a presiones sociales y
culturales alienígenas, nos indica que estamos frente a un
organismo vital y también de gran trascendencia para el
porvenir".
"El valor histórico del ayllu, indica, más su permanencia
institucional, su gran sentido democrático en el gobierno local, y
además su volumen y composición, hacen de ella un instrumento
eficaz para la modulación de la vida comunal. Las ayllus
constituyen así verdaderos ejemplos de adecuación del hombre
al grupo y del grupo a su medio".
"Esta organización ejemplar ha legrado supervivir por la
fuerza de su cohesión, porque es una creación natural andina qua
tiene miles de años de tradición evolutiva y que se ha
reconstituido frente a acciones contrarias a su estabilidad y
permanencia. Por ser expresión directa de lo telúrico su principal
actividad económica ha sido y es la agricultura, la crianza de
animales, el tejido y la cerámica; y algunos otros tipos de
artesanía. De ello se deduce que constituyen verdaderas células
de un sistema económico y social integrado a su ambiente". Cada
año, generalmente el primero de enero eligen a sus autoridades
—los autorizados— en un proceso que es verdadero ejemplo de
civismo y de conciencia colectiva, en donde intervienen los jefes
de familia, las viudas, las solteras los hijos, etc.
Todo comunero debe ejercer en el curso de su vida los
diferentes cargos comunales, por deber, antes que por derecho.
Para que se institucionalice la familia —que es un don
sagrado porque es cósmico— existe el matrimonio de prueba que

55
es el servinacuy, a fin de que pasadas emocionalmente, las
pasiones surja fortalecida la pareja para siempre.
Una familia numerosa en tiempos de lnkario era considerada
un bien social porque la vinculación amorosa hacía aumentar la
producción y el respeto continuaba más allá del reparto o de la
distribución. El amor es un impulso casi siempre equitativo y
multiplicador.
En tanto que los niños y los ancianos estaban considerados
como joyas invalorables, merecedores del respeto y la
veneración. El niño desde que nacía hasta los cuatro años era el
hijo de toda la comunidad y todos le cuidaban y llenaban de
cariño. Desde los cuatro años que era la edad para el "corte del
pelo", empezaba para él el aprendizaje práctico de las cosas que
debía saber en relación a su grupo y a su mundo. Desde los 7 años
el niño tenía conocimientos de viejo en cuanto sabía pastar llamas
y ovejas; conocía palmo a palmo el terreno de su comarca; y
empezaba a ayudar a su padre en las labores del cuidado y
preparación de las tierras para la agricultura. Si era mujercita
aprendía las cosas del hogar: hilar, Tejer, cocinar, etc.
La edad iba dándole privilegios y cargos. Era a partir de los
50 años que se jubilaba por disposición del Consejo; volvía al
seno de la comunidad que lo protegía hasta su muerte; sin
embargo, era una constante fuente de consulta por lo mismo que
había adquirido sabiduría. La verdadera autoridad estaba
moralmente representada por los ancianos en quienes sobrevivía
el tesoro de la experiencia ancestral.
El trabajo en común compromete a hombres y mujeres; de
esta suerte en las labores agrícolas reúne a todas las familias en
los campos, dejando casi vacíos a los pequeños poblados que sólo
les sirven para el descanso nocturno. A la luz pública nadie puede
eludir su responsabilidad porque es observado por todos.
Es característica que el laboreo de la tierra se haga cantando.
Desde tiempos inmemoriales el pueblo indio es un pueblo que
canta. Y es requisito que, para merecer un cargo honorífico, el
favorecido sepa componer música y recitar un poema. El indio
comprende que sólo los que trascienden creando son los que más
aman y sirven.

56
Aparte de las ocupaciones agropecuarias que absorben todo
el tiempo a los comuneros, existen otras diversas artesanías como
actividad secundaria o complementaria. Otras de sus tareas
comunales es la de la limpieza de los canales de regadío, la
construcción de los tambos, la de la gran casa comunal, etc.
Es que el indio no puede vivir al margen de sus
organizaciones; y pese a que han pasado más de 460 años de la
brutal conquista, perdura en él el espíritu colectivo, porque están
presentes la herencia, la tradición y la costumbre que impone
respeto. Es cierto que han perdido fuerza los ideales de su origen,
pero tercamente prosigue viviendo silenciosamente el clamor por
el retorno a su estilo de vida. En cada indio sigue oculto el
Tawantinsuyo, de tal modo que cuando se embriaga, sus danzas,
sus cantos, sus gritos rememoran el tiempo de sus mayores.
Han pasado los años y los siglos pero se mantiene en
vigencia su tríptico moral: ama suwa, ama llulla, ama qhella, que
es su Ley de Leyes: no robar, no mentir, no ser ocioso.
Los ayllus forman su despensa para los días aciagos. Esos
tambos que estaban bajo el cuidado de la misma comunidad
servían también para las otras comunidades vecinas que hubieren
sido afectadas por las sequías, plagas o accidentes telúricos. Los
surcos que se hallaban a la vera de los caminos eran del
caminante, el mismo que podía coger maíz, frutos, etc., como un
colectivo. Recuérdese que los viajeros cumplían misiones del
Consejo regional o nacional, etc.
Las leyes del Tawantinsuyo establecían, además, el cuidado
y protección para las viudas, los enfermos y los inválidos. Habían
días de cada mes en que la colectividad homenajeaba a esos seres
en desgracia con el objeto de hacerles más hermosa y feliz la
existencia.
Pero en donde cobra inusitado relieve la sabiduría de las
leyes tawantinsuyanas, es cuando a cada niño por el sólo hecho
de nacer recibía un topo de tierra, si era varoncito; y medio topo
si era mujercita. En ninguna otra legislación de ahí esa
extraordinaria disposición de revolución agraria. Sólo pueblo
alguno, incluyendo las de ahora del campo socialista, en la
Nación del Tawantinsuyo se llevó a efecto!

57
Antes el trabajo de las chacras servía para la satisfacción de
sus necesidades básicas; su economía tenía el carácter de
consumo y los productos sobrantes cuando más servían para el
trueque con artículos y productos no existentes en la zona.
Porque, de otro lado, la gran planificación del Tawantinsuyo
permitía que todas y cada una de las regiones estuviesen
satisfechas en su dieta general.
Por cierto que las normas para las relaciones internas de la
comunidad, que aún se siguen practicando, superviven a través
de la huatancha que es "una ceremonia de reajuste una vez por
año. A esa reunión asisten todos, Este acto reviste la mayor
compostura y disciplina. Uno a uno son llamados los comuneros.
Se averigua si han cumplido con sus obligaciones familiares, si
siembra sus chacras, cómo las trabajan; los cuidados prodigados
al terreno y las acequias de riego, etc. Se hace luego el examen
de la esposa: los productos que debe presentar para la shactada
y la presentación de sus ropas. En caso de haber incurrido en
faltas se hacen acreedores a castigos morales y materiales, que
antaño fueron más severos, pues los ancianos dicen: "nuestros
antepasados tenían mejores costumbres, se regían por leyes por
todos respetadas y cumplidas".
La conducta de los integrantes de los ayllus se guiaba, y aun
se guía, por un fuerte sentimiento religioso, con arraigado
espíritu de dependencia con sus fiestas tutelares que lo
integraban. Y lo curioso de hoy es que sus fiestas religiosas las
encubren de catolicismo, pero llevan impresas el carácter
agropecuario de las distintas zonas. Las siembras y las cosechas
están asociadas a la Virgen —la madre Luna—; San Marcelo es
el dador de la lluvia, etc.
Pero ese sentimiento religioso, en tiempos del
Tawantinsuyo, respondía a una concepción filosófica del
Cosmos y se adecuaba a lo político. En el indio todo se vincula
en la Naturaleza, en la Pachamama, como que de ella parte todo
y vá hacia ella. Los dioses intermediarios confluyen al final en
Wiracocha.
"En la actualidad si hacernos un examen a los actos de su
vida, expresa Julio Cotler, demuestra que a pesar de todo se
conserva apego a la tradición. Así en el aspecto económico existe
una bifurcación de la economía de consumo que es tradicional y

58
la economía monetaria que es ya transculturización, Todavía se
mantiene el trueque de productos de alfarería por granos y
cereales y éstos por lana y viceversa; todo dentro de la misma
región".
"Después, indica Cotler, en las técnicas de trabajo agrícola
las modalidades del barbecho, la siembra, la cosecha, la limpia
de acequias, el uso del "chiringano" para convocar a una faena y
los distintos momentos que esta revista, así como el laborar a
compás del mismo, la intervención de la mujer como factor de
producción en la agricultura, el uso de la taella, el casho, la
shuculanga y el pajareo, son elementos tradicionales que
superviven en la labor diaria".
La ayuda mutua en el trabajo y aun en los cargos religiosos
son pruebas manifiestas de esas normas tradicionales. La
"herraza", señal y marca del ganado, con sus ritos y ceremonias
preñados de carácter mágico-religioso, son otra muestra de su
terco vivir en continuidad con su pasado.
No menos importante es el papel que juegan las curanderas
y la aceptación del paciente a seguir la terapia casera, con yerbas
curativas, etc.
Además del uso del matrimonio de prueba y las normas del
matrimonio en sí, rige hasta la fecha un tabú, de incesto con
parientes cuya proximidad estuviere dentro del cuarto grado. Esta
tradición que viene desde el fondo de los siglos pre-americanos
pone un mentís a las afirmaciones de los Cronistas que indican
que los Inkas se casaban incluso con sus hermanas, hijas o
madres! Ocurre que dentro de un ayllu todos los integrantes del
mismo se dicen hermanos, aun cuando no lo fueran
consanguíneamente. Hasta hoy en día los indios se dicen
hermanos aun cuando pertenezcan a regiones diferentes y
familias distintas. Igualmente todos los niños de un ayllu son
hijos de todos los padres; de esto también se valieron los
Cronistas para mentir y calumniar por ejemplo al más grande de
los legisladores del Tawantinsuyo, el gran Pachacútec, a quien le
adjudicaron más de 850 hijos, que no eran más que los hijos de
su ayllu.
Las tradiciones prosiguen respetándose; más aún, se cultiva
el sentimiento familiar, porque la familia sigue siendo la célula
básica del gran cuerpo social indio. Si aparentemente al romperse

59
la propiedad comunal asomó la ausencia de la unidad familiar, en
la actualidad los hijos dispersos y atraídos por las grandes
ciudades, se mantienen filiales a su tierra y a sus comunidades.
Por otra parte, las familias enteras que por su extremada pobreza
emigraron del campo a la ciudad, en los llamados "pueblos
jóvenes", que no son más que barriadas de un increíble cordón de
miseria, ellas se mantienen unidas y resuelven sus problemas
comunalmente. En la actualidad cerca de tres millones de indios
rodean la gran Lima.
La cercan vigilantemente. Lima sigue siendo para ellos la
parte que aún queda de España que se lo come todo.
Prácticamente las familias indias constituyen ayllus que
forman pequeños territorios libres, ayudándose mutuamente. Los
pueblos jóvenes nuclean al paisaje habiendo sectores en donde
radican sólo ayacuchanos, sólo puneños, sólo cusqueños, sólo
huancaínos, etc.
La nación india está presente y en donde está lleva su
espíritu comunitario. Todo lo resuelve por acción comunal. El
problema del agua y del desagüe éllos mismos lo realizan sin la
acción directa del Gobierno Central. Hay otro Perú que marcha
en el llano y que impone sus condiciones. Esa nación trabaja en
las minas, en la agricultura, en el comercio a través de los
vendedores ambulantes, etc.
En Lima se siente el ojo vigilante del indio que ha construido
sus casas en los cerros aledaños. Pero ese indio pese a que sigue
aferrado a su práctica comunitaria aun, sin embargo, ha olvidado
su teoría, está incomunicado entre sí. En la actualidad pese a su
organización celular está desorganizado como cuerpo social.
Así y todo, esa nación sigue cantando y bailando sin
coordinación entre sí. Pero ya se presiente que intenta unificarse.
E. Wolf expresa: "los indígenas más bien parece que han
conducido, en muchos casos una guerra de agotamiento
consistente en la resistencia pasiva, o de retiro a las áreas donde
hay un mínimo contacto con las clases dominantes y
occidentales".

60
En verdad, así es. Un sentimiento religioso político y social,
separa al indio de los demás aun cuando viva vecino del blanco
o del mestizo. Y no es que el indio se sienta un ser superior o
mejor, sino que se sabe distinto, Desconoce la discriminación.
¿Pero, qué le falta para recuperar el poder si constituye la
mayoría y es la primera fuerza económica?
Los 460 años de ocupación extranjera han soterrado muy al
fondo su concepción filosófica y política, creándole miedo y
temor, al mismo tiempo que le han fomentado un complejo racial
que ha llegado al hecho de que el indio ya no quiere ser más indio,
porque le han enseñado que si renuncia a sus tradiciones le
premian con puestos y mujeres fáciles. Claro que esto es
pasajero, porque el verdadero indio se sabe dueño del país y se
sabe la reserva moral del mundo.
El problema es, pues, un caso de comunicación. La llamada
"mancha india", que ocupa los departamentos de Puno, Cusco,
Ayacucho, Huánuco, Junín y Ancash, permanece dentro de su
unidad celular, pero desunida en lo regional y nacional. La tarea
es devolverles su conciencia; darle unidad teórica a su fuerza
comunitaria. Por intermedio de la radio y hablándoles en su
propio idioma y un periódico insistente, se lograría en tiempo
récord crearles un espíritu combativo. No hay ningún riesgo o
peligro, pues el indio es, por tradición, un ser disciplinado y
respetuoso del mundo que le rodea y de la vida de los demás. Los
excesos no son de su estilo. No comulgan con la violación de la
fraternidad.

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CUARTA PARTE

Para que una teoría sea real, concreta y científica, debe


acercarse al máximo o identificarse totalmente con las leyes
naturales. Es la madre Naturaleza quien da respaldo científico a
toda postulación mental del hombre.
Igual acontece con la filosofía. De esta suerte cuando el
indio preamericano se postuló política y filosóficamente como un
ser cósmico, fueron sus actos, sus ideas, en la teoría y en la
práctica, los que más se hermanaron a las leyes naturales; casi se
identificaron con ellas.
El Cosmos sería una abstracción sí él no se manifestara
materialmente a través de las estrellas y planetas. Como el
Cosmos se desplaza por polaridades, es decir por fuerzas
energéticas —magnéticas—, para el pensador indio el Universo
latía prácticamente como si fuere un inmenso pulmón. De esto
substrajo la ley del permanente movimiento.
La referencia inmediata del Cosmos la tuvo primero en la
Tierra que pisaba, luego en el Sol que le daba vida y calor,
después en la Luna que intervenía en la reproducción, etc.
Su vida creadora y reproductora dependían entonces del Sol,
de la Luna y de la Tierra. Saber cómo marchaban —su rotación
y traslación— era saber cómo iba su vida. De esto acabó por
comprender que la cercanía o distancia de esos planetas
condicionaba los climas y las siembras y las cosechas. Se dio por
estudiarlos entonces y, por eso, con el correr del tiempo,
dominaron la astronomía al dejarnos sus extraordinarios
Calendarios —solar, lunar, y venusino—, que nos son tan útiles
y lo serán más cuando impere la revolución de la vida.
Esto nos da una muestra general de que su pensamiento, por
estar estrechamente vinculado al proceso de las leyes naturales,
era materialista y dialéctico. Porque además de la influencia del
Sol, la Luna, Venus y las estrellas, había otra influencia más

62
directa que era la de la Tierra, la Pachamama. Gracias a ella
crecían las plantas y se nutrían los animales, los pájaros y los
seres humanos. Sin la Pachamama no era posible el aire, el agua,
los cerros, los bosques y las nubes. Descubrió, pues, que existía
una interacción e interinfluencia comunitaria entre los planetas y
que le alcanzaban a él sin pedirle permiso o aceptación.
Fue dándole una teoría al respecto. Fue hasta el fondo
mismo de las leyes naturales y universales y se incluyó en ellas
como parte indesligable. Comprendió que él era un producto en
vivo y en directo de la Tierra, el Sol, la Luna, Venus y las
Estrellas; y que su pensamiento, aun cuando encerraba la
potencialidad del Cosmos, debía sólo regirse por las leyes de la
Pachamama, que era su mundo físico-químico, en permanente
evolución y cambio.
Con los años su pensamiento fue enriqueciéndose en la
misma medida de la experiencia acumulada y los nuevos datos
que le proporcionaban las leyes naturales, más su propia
imaginación creadora. Podía comprender la riqueza matemática
del Cosmos; podía utilizar ese potencial para su producción; pero
no podía alternarlas; tenía conocimiento de su insignificancia y
pequeñez. Se dio a vivir de las leyes naturales. Ningún pueblo
explotó con amor al Sol, la Luna y a Venus como el pueblo indio;
eran sus dioses tutelares, pero, también, sus magníficos obreros
cósmicos.
Entendió que el Cosmos era una extensa y disciplinada
multitud de sistemas y sistemas, unidos entre sí en una gama de
procesos que iban de lo material a lo inmaterial; del intenso frío
al candente fuego; de lo sólido a lo gaseoso, etc., pero dentro de
un mismo proceso unitario e indivisible.
Comprendió que él como ser humano no había surgido de la
nada, como un soplo caprichoso de un segundo, sino que era el
producto paciente de un largo proceso que empezara, justamente,
en la materialidad resultante de una combinación solar-lunar-
terrestre. Cuando ese pensamiento fue elevado a ciencia y
aceptado por todos se hizo la canción que aun entonan los niños
indios de los Andes: "el sol es mí papá, la luna mi mamá, y las
estrellas mis hermanitas". Sabía canción que nos habla de una
sabiduría popular, comunitaria y cósmica.

63
El Cosmos trabaja incansablemente por polaridades, entre
fuerzas cargadas de iones positivos y fuerzas cargadas de iones
negativos que, al final, se fusionan para empezar de nuevo en
otros procesos. Ese paciente trabajo de siglos evoluciona en
espiral, se dilata y se expande. Para comprender la edad de esos
trabajos, pensemos tan solo en el tiempo que tardó el protozoo en
convertirse en alga: ¡sesenta millones de años!
Del microorganismo hasta el hombre hay un tiempo de
evolución que alcanza entre 3 mil millones de años y 4 mil
millones de años.
Mas el protozoo al transformarse en alga no renunció a su
condición de protozoo, sino que se sumó a la nueva forma; y así
sucesivamente de alga a caracol, de caracol a vertebrado marino
y de éste a planta, reptil, anfibios, mamíferos, hasta llegar al
hombre; es decir, el ser humano es un resumen, más o menos
aproximado, de todo el proceso de la evolución. Por eso es que
hay dentro del ser humano: la flora y la fauna que lo preceden,
siendo exactamente un 75 % de agua y el resto de energía solar,
a imagen y semejanza de su planeta Tierra.
El ser humano no es más que un resultado de un largo
proceso bioquímico que no acaba en él, sino une prosigue. Para
que esa evolución continúe debe contar con las condiciones
óptimas; esto es une los elementos bioquímicos que la
constituyen funcionen a la perfección.
El preamericano supo que los elementos constitutivos
básicos de su vida eran: el oxígeno, el hidrógeno, el carbón y el
nitrógeno, los mismos que, al combinarse entre sí, forman la
escala de los cuerpos químicos, físico-químicos y bio-químicos,
etc., etc.
La prueba de ese conocimiento la encontramos en las
distintas manifestaciones de su pensamiento concreto. La
simbología de sus centros ceremoniales, sus plataformas y
pirámides, la nominación de su Nación: Tawantinsuyo —tawa,
cuatro—; su desplazamiento en las siembras; los rombos en sus
tejidos y ceramios, etc.
Además su integración funcional al Cosmos la hallamos en
su agricultura, en la edificación, en el trazo de todas sus
actividades siguiendo la línea solsticial, como la mejor manera

64
de explotar al astro Sol y d reverenciar o en el trabajo y en las
alegrías.
Por eso fue dejando a un lado todo aquello que alteraba sus
relaciones con el medio. Sus deyecciones fueron das en lugares
aparte, a fin de que no contaminaran las tierras productivas, ni las
aguas benefactoras. El trabajo en las minas era muy bien
controlado a fin de que no afectara a los que trabajaban en ellas:
Al des Cubrir el uranio (el aya-cachi, la sal que mata) tuvieron
que abandonarlo; así como dejaron atrás los pequeños-altos
hornos para no contaminar el ambiente, etc.
Su vida dé relación en ayllu es la muestra más palpable, y
por lo mismo irrefutable, en su comprensión de las leyes
naturales. Los alimentos que ingerían eran el camino de su
integración a la tierra; plantas y animales, agua y aire, se unían
en su cuerpo como en su propia casa para proyectarlo; con la
misma dinámica y con el mismo movimiento de la naturaleza y
el Cosmos; esto es, pulsando, latiendo.
De este modo cuando imaginó problemas y soluciones, a1
margen de lo natural, comprobó entonces que su pensamiento era
lógico pero que no correspondía a su paisaje, ni a su medio, ni a
su Pachamama. Que ese pensamiento, acaso, podría darse en
otros mundos —con otros procesamientos y otras formas de
evolución— pero no en suyo, en donde él se desplazaba en base
a sus elementos constitutivos. Él no estaba hecho integralmente
de silicones, por ejemplo, sino de otros cuatro elementos:
oxígeno, hidrógeno, carbono y nitrógeno que podrían ser una
constancia cósmica pero que, en su planeta Tierra se desplazaban
con peculiaridad singularísima, dentro de la unidad cósmica.
El indio preamericano no se apartó, por eso de las leyes
naturales; en tanto que Occidente creyó en el origen divino que
inventó el amo esclavista para tranquilizar a su conciencia.
Teorizó sobre el origen espúreo de su imaginación, de suerte que
sólo Dios fue el responsable de su existencia. Así, pues, no le
reconoció paternidad a la Naturaleza y se dio a destruirla, en su
calidad de dios postizo. Si nada tenía que ver con las plantas, los
animales, el aire y el agua, no tenía por qué considerarlos ni
conservarlos. Dios le "facultaba"; su origen y destino divinos le
condujo a la liquidación del mundo que le rodeaba.

65
Con el pretenso progreso del maquinismo y la invención de
las nuevas técnicas para aumentar la producción, Occidente
prosiguió con la locura de la destrucción, teorizando sobre ella.
De esto resulta que la mercancía se eleva a fetichismo y se le hace
decidora de la marcha de la historia. El enfrentamiento de las
clases sociales adquiere doctrina y filosofía, mezclándose las
perspectivas y confundiendo el juego dialéctico entre personas y
cosas, entre seres vivos y mercancías.
Occidente imita a la Naturaleza y cree que sus invenciones
siguen el curso vital de la dialéctica humana. Pero acontece que
los automóviles que construye no fecundan otros autos, que las
máquinas electrónicas con todo su automatismo y su cibernética
no procrean otras máquinas, etc.; y todo suelto de huesos
Occidente hace participar del juego dialéctico a sus invenciones
para calmar a su conciencia y justificar el feroz aniquilamiento
de la flora y fauna terrestres.
Occidente confunde la dinámica del procesamiento natural
y cósmico y la introduce en las relaciones de producción. Más
concretamente, en la agricultura usa los abonos artificiales para
el aumento de la producción y el fácil enriquecimiento de los
suelos agotados, no ha logrado aún adecuar el procesamiento de
esos abonos mineralizados con la verdadera dinámica natural.
Una cosa es imitar y otra dar con el secreto cósmico del
procesamiento correcto de los minerales y de las substancias
orgánicas.
Occidente igualmente confunde el procesamiento de los
hidrocarburos y los precipita imitando malamente el proceso
natural. Por ejemplo, usa el carbón y el petróleo para mover
centrales y fábricas, y contamina criminalmente el aire vital;
como imita a la Naturaleza lo hace tan mal que las
precipitaciones del normal procesamiento, violan el equilibrio,
adulteran el ambiente, matan la vida, etc.
El petróleo que tarda miles de años en procesarse, siguiendo
las leyes cósmicas que trabajan por milenios, es violentamente
desprocesado por los "científicos" de esta hora, con la
consiguiente violación del orden natural. El preamericano supo
que su perfeccionamiento le venía del medio en que vivía, más el
agregado de los alimentos que ingería, de los elementos que
respiraba y bebía. Él no era más que un intermediario, un enlace

66
para llevar por el camino de la vida, el don de su existencia
integrada a la de los demás.
Por eso es que para él jamás existió la soledad absoluta
puesto que comprobó que hasta la soledad tenía pareja para
cumplir con la ley cósmica del movimiento y la medida.
Wiracocha, por ejemplo, que para España fuera considerado
como el dios absoluto de los indos; no era más que un compendio
del espacio y del tiempo, de lo impersonal —fuere hombre o
mujer al mismo tiempo—, el de las formas de arriba, del centro
y de las de abajo. Pues Wiracocha representó indistintamente en
una sola fuerza: el hanan-pacha (mundo de arriba): el kai-pacha
(mundo del centro, en medio); y el oku-pacha (el mundo de
abajo, en donde trabajan las semillas).
Empero en Occidente la soledad absoluta devino en el Dios
absoluto, indivisible, como un total obliterado, víctima de la
paralización y el asexualismo. De allí el meollo de la
individualidad absoluta.
La concepción de un mundo colectivista, unido
indisolublemente entre sí, delineó en el indio su comportamiento
social. Todo lo que le rodeaba era, también, un producto de
entrega e integraciones, de fusiones en donde no cabrán las
contradicciones y los antagonismos irreconciliables. La unidad
del Cosmos es una unidad absoluta, que se justifica en la
pluralidad de los distintos procesos a que se ve condicionada la
energía y sus diferentes estadios, desde lo inmaterial a lo
material, desde lo sólido a lo blando, de lo oscuro a lo claro, de
lo dulce a lo amargo, etc.
Es cierto que el arte y la religión se entremezclan en una
armonía que conjuga la idea del rito con la fauna plástica del
mismo; esto queda probado en los Dibujos dé las Pampas de
Nazca, en donde el genio indio logró plasmar, entre líneas, toda
su concepción material del proceso de la evolución de las
especies, mil años antes que Darwin la diera como suya; y,
también, cómo la vida es el resultante del esfuerzo del Sol a
través de su acercamiento hacia la tierra, etc.
Lo estupendo en esos Dibujos que se encuentran estampados
en un radio de 50 kilómetros, estriba en que los símbolos
escogidos para representar a cada especie en sí, están todos
vinculados por una línea que señala la carga positiva y otra que

67
retorna pero con signo negativo; de este modo las líneas jamás se
cierran y prosiguen al infinito, hasta difuminarse en el espacio.
Aparte, como para demostrar que cuando esas líneas se cierran
formando un círculo, representan lo antinatural, la muerte, etc.,
se halla enmarcado un círculo gigante, aislado entre cerros como
si fuera la peste!
El doctor Manasses Fernández Lancha sostiene que el
preamericano consideró nefasta a la rueda porque su simbología
equivalía a la muerte del movimiento creador. SI nada hay que se
cierre en la dinámica cósmica, el círculo es la nada, el cero. Y
cree hallar en ese dibujo aislado, el motivo para que el indio
desechase a la rueda.
Por lo demás, en los Dibujos de las Pampas de Nazca hay
otros testimonios que indican el conocimiento astronómico que
tuvieran los nazquences y la incidencia de las grandes
constelaciones sobre el Sistema Solar y, en especial, sobre la
tierra. Miles de líneas trazadas en dibujos de centenares de
metros, asoman tal si señalaran el rumbo de tantos otros planetas.
Se está como en un gran escenario cósmico en donde el paso de
los astros va dejando su huella inmortal, en un afán de integración
cósmica.
Por todo lo anterior podemos entender el materialismo
dialéctico e histórico, empleado por los indios preamericanos,
como su entendiemiento de las leyes de la Naturaleza y el
Cosmos. Al compenetrarse de las mismas creó una teoría en base
a la práctica que veía. Comprobó, de esta manera genial que
respetando celosamente su oxígeno, su agua y sus alimentos
terrestres, cumplía científicamente con su papel y propiciaba el
advenimiento de otra especie superior, también humana.
En cambio, por ejemplo, Lenin sostenía que "la
electrificación, más la industria del acero eso era "el socialismo",
lo que a las claras habla ya del poco respeto que tenía de las leyes
naturales. La construcción de las grandes represas, con el
consiguiente desvío de las aguas o la adulteración del curso de
las mismas, etc., ocasiona, en sí, la alteración del equilibrio etc.;
lógico. En tanto que la conquista de la industria pesada, en base
al acero, consume miles y miles de toneladas del oxígeno
necesario para la vida, al margen y más allá de la criminal
contaminación del ambiente. El desconocimiento de las leyes

68
naturales y cósmicas habla de un materialismo dialéctico y
científico pobre y podrido, que en boca de Lenin lo deja
cuestionado.
Cuando el gran Consejo del Tawantinsuyo planificara la
producción para el consumo de una población que pasaba de los
quince millones, lo hizo en base a su realidad, es decir, en base a
la agricultura. Siguiendo los lineamientos de su postulación
política y filosófica, usó la fuerza social organizada empleándola,
única y exclusivamente, en lo que producían las tierras de tal o
cual región; luego, por la acción del trueque se intercambiaron
los excedentes, de tal suerte que la dieta alimenticia siempre
estuvo equilibrada.
Como la ganadería dependía de la agricultura, la
planificación tenía presente, al par que el consumo de los
animales, el humano. Los grandes lugares dedicados al pastoreo
estaban considerados aparte; las tierras para la alimentación
humana, ocupaban sitio preferencial.
La riqueza del mar peruano hizo posible que la dieta fuese
óptima en proteínas y minerales, y que, a su vez, sirviese también
como cantera de los mejores abonos naturales. Ríos, lagos y
mares concurrieron para mejorar la dieta alimenticia y
transformarla en poder creador. Nadie comía más de lo necesario;
todo fue parejo, justo y compartido.
La planificación, amparada en los Calendarios, preveía los
días aciagos, entre los que se comprendía: sequías y plagas
catástrofes telúricas y los imprevistas, etc.
Nada escapó en el pensamiento matemático e integrador de
los amautas indios. Eran gente que le obsesionaba la perfección,
como que así es el trabajo armonioso e incesante de la Naturaleza
y el Cosmos.
O sea que, el verdadero pensamiento teórico y filosófico de
la población india en su conjunto, no fue más una constante
práctica, Práctica objetivizada hasta le saciedad en sus
plataformas y pirámides, en su propia organización social el ayllu
y su gobierno en Consejo; en su idioma, en su música y sus
danzas, en su textilería, en sus ceramios, etc. Fue la primera gran
nación socialista que concilió sus sueños con la realidad, su teoría
con la práctica de su vida cotidiana. Al designarse la raza solar,

69
probaron con su pensamiento y con su realización que,
efectivamente fueron los mejores y más dignos hijos del Sol.
Los pueblos del Oriente quisieron proclamarse también
solares, pero su teoría llegó a lo metafísico y derivó en
fetichismo. Quisieron al Sol pero no supieron cómo actuaba, ni
cuál era su ruta precisa. En cambio, el sabio pueblo indio, sí. De
este modo fue su padre y obrero, al mismo tiempo.
Debemos reiterar, pues, que para el preamericano el mundo
objetivo y material fue el basamento de todo lo que es en la
Naturaleza y el Cosmos. Así, entonces, para él lo que se daba en
el microcosmos se daba también en el macrocosmos,
precisamente por las leyes de las polaridades que a ambos
compromete y condiciona.
En la actualidad el mundo influido por Occidente llama a
este tiempo como la "segunda revolución científica", y desea
destacar que la teoría de los electrones, el descubrimiento de la
célula nerviosa, la liberación de la energía, el descubrimiento de
la antimateria, el origen de la vida a base de los ácidos nucleicos,
la aparición de la cibernética, etc.; y probar que en el
macrocosmos rigen leyes diferentes a las del microcosmos, al
incorporar el jueguito de la relatividad del tiempo y del espacio
o con la afirmación de que "la lógica formal", con su principio de
identidad, no puede reflejar las contradicciones dialécticas del
mundo exterior", etc.
Con lo anterior intentan meter una cuña subjetiva entre la
unidad matemática del Cosmos, en todas y cada una de sus
manifestaciones, en grande y en pequeño; lo que es anticientífico,
porque si en el macrocosmos se dieran leyes diferentes a las del
microcosmos, estaría el universo dando tumbos, caóticamente, y
no habría este proceso continuo de evolución permanente. Salta
a flote que la unidad es inquebrantable; y al margen de toda
especulación metafísica. La materia es una en su proceso de
conservación y transformación. La lógica formal, en este caso,
aplasta a quienes intentan hacer del relativismo soporte de todas
las subjetividades habidas y por haber.
Descúbrase que con esta "segunda revolución científica", se
intenta negar a la "primera" que no viene a ser sino continuación
de la misma, tan subjetiva la una como la otra. Lo "nuevo", en la
presentación de la misma patraña, estriba en que ahora a las

70
"especializaciones" las quieren elevar a ciencias", como la física
cuántica, la física relativista, la física nuclear, etc. que,
indiscutiblemente son ramas de un mismo árbol. Descúbrase que
la "especialización" cae en caja para la proliferación de las
individualidades o las "privaticidades".
Por cierto que la base material de la vida está dada en su
base química dentro de una base física. Pero esa materialidad
adopta presencias tan disímiles que, no por eso, dejan de ser
materiales y cambiantes. Todo es vida y muerte combinadas, en
un instante dado. Todo es y no es al mismo tiempo. De allí que
Wiracocha sea el símbolo perfecto del espíritu transformado en
materia, pero espíritu físico-químico.
La justeza y la precisión materialista del pensamiento indio
son anterior al pensamiento marxista contemporáneo. Si
juzgamos con neutralidad, podríamos decir que el marxismo no
deja de ser sino el lado izquierdo del capitalismo, pues ambos
tienen la misma madre en común: las mismas entrañas de un
sistema cuya producción, por la producción en sí, debe y tiene
que arrasar todo cuanto existe como vital en la Naturaleza, y, por
ende, en el Cosmos.
Estamos frente a un gran complot que nos viene de la
derecha, del centro y de la izquierda política. Estamos asediados,
cercados. La vida está en jaque; y cuando decimos la vida lo
decimos por la vida en común, más allá de los colores, más allá
de las religiones. Lo hacemos a nombre de la vida humana,
porque nosotros llamamos a nuestra revolución como la
REVOLUCIÓN DE LA VIDA; nada menos que a imagen y
semejanza que la que vivieron y desarrollaron nuestros abuelos
indios. Nada más.

71
QUINTA PARTE

Si la desgracia de la nacionalidad india empezó con, la


llegada brutal de España, creando antagonismos irreconciliables
en lo social, en lo económico y en lo político, que, desviaron de
su curso natural al pueblo preamericano, etc., para que esa
desgracia cese es imperativo retornar al viejo cauce histórico y
establecer lo que el Movimiento Indio Peruano denomina, con
singular acierto: el SEGUNDO TAWANTINSUYO.
Para que ello sea posible el Movimiento Indio trabaja en la
preparación de una auténtica conciencia histórica, que significa
saber cómo fue el Tawantinsuyo, sus obras, sus tradiciones, su
organización y su gobierno comunitarios. Los que no saben de
dónde vienen históricamente, jamás sabrán a dónde van
históricamente. La actual población india ha olvidado cómo fue
su teoría, pero abona a su servicio su práctica cotidiana —su
acción comunitaria—, pues en 460 años de ocupación extranjera
han trabajado sistemáticamente sobre su mente para
transculturizarlo, enajenarlo e incorporarlo al sistema de
propiedad privada y de la individualización.
Incluso el Movimiento Indio trabaja sobre la población
mestiza, influida por los movimientos de izquierda
occidentalizados, a fin de que adopten un método más concreto
y científico, y, por eso mismo, para que al nacionalizar su
pensamiento se indianicen para la lucha de liberación. Téngase
presente que no se puede alcanzar y consolidar el socialismo si
la población mayoritaria no tiene conciencia del trabajo
colectivo. Pues bien, en el Perú, en Bolivia y en Ecuador, la raza
india es mayoritaria y tiene una vieja práctica del trabajo en
común.
Pero, para movilizar a esa inmensa mayoría india es
menester pensar y actuar como indio; tener y practicar el trabajo
comunitario; sentir y amar cósmicamente. No sólo es necesario
ser socialista, sino ser indio socialista. Si no se vive y practica el

72
comunitarismo, jamás se alcanzará el Segundo Tawantinsuyo;
las trampas que se hagan históricamente prostituirán los
objetivos.
El mestizaje para entender al indio y comprender su filosofía
y su comportamiento, tiene forzosamente que pensar como indio;
es decir, desde una perspectiva colectivista. Para el mestizo
latinoamericano es fácil lograrlo porque lleva medio indio
dentro, más el condicionamiento bioquímico a que está sometido
por el medio ecológico.
Luego de formada la conciencia histórica, el conocimiento
de la realidad tawantinsuyana le creará una verdadera conciencia
ideológica nutrida en esa realidad. Lo ideológico dimana de lo
histórico. Al comparar las dos realidades —la india y la
occidental—, si es honrado y cabal, el mestizo se hace
teóricamente un indio con ideología cósmica; en tanto que el
indio se hace más indio, al reconciliar su práctica con la teoría de
sus antepasados. No olvidemos que el indio de hoy vive en
continuidad con su pasado, aun cuando ya no con el atuendo y
las alegrías creadoras de antaño. Por eso encarna la reserva moral
del futuro. Su presencia es, pues, un regalo histórico para
América y las esperanzas del mundo.
Por cierto que la conciencia ideológica busca el cambio, una
salida justa para el drama presente: esa ya es la conciencia
revolucionaria. La difusión de la ideología india formará esa
conciencia revolucionaria tan necesaria para la recaptura del
poder; esto es, para el establecimiento del SEGUNDO
TAWANTINSUYO. Sin embargo, se debe tener presente que si
el mestizaje tiende al complot y al guerrillerismo, el indio es más
ducho y hábil cuando usa y práctica la resistencia pasiva Lo viene
demostrando desde el mismo día que llegaron los usurpadores y
se organizó la resistencia con Manco Inca.
Así y todo, tengamos también presente las frases postreras
tanto de Cuauhtémoc como de Manco Inca, las mismas que con
pequeñas diferencias expresaron: "hémos aprendido a manejar
las armas, hémos matado hermanos; nos hemos acabado".
Significando todo ello que con la guerra y el uso de las armas
habían roto su estilo de vida, habían matado; luego para ellos
todo había terminado! De sus concepciones vitales y cósmicas
nada quedaba. Si bien fue cierto que ellos no comenzaron la

73
agresión y la matanza, la verdad es que al repelerla se
contagiaron, se pudrieron.
Pero tuvieron que combatir. El odio, el crimen, la traición,
la mentira, vinieron con España; al indio sólo le tocó, por instinto
de conservación, imitarlos. El indio de hoy, por ejemplo, al llegar
a las grandes ciudades y comprobar que la escala de valores
impuestos por España y proseguidos por el blancoide y el
mestizo, siguen en vigencia, entonces los imita y a la postre
resulta más pícaro porque es más inteligente. Pero en cuanto
vuelve a su comunidad, al respeto sagrado de su Pachamama,
deja atrás la infamia, se arrepiente.
Mas como el blanco avanzaba y corrompía todo lo que
tocaba, el indio ocupado tuvo que batirse en retirada, tuvo que
simular, se puso una máscara. Con el tiempo en indio aprendió a
ser táctico y desarrollar una bien organizada resistencia pasiva.
Para subsistir en el desierto el indio desarrolló otras facultades
que, con el correr del tiempo, le han dado magníficos resultados.
Hoy por hoy los indios se han triplicado, sus comunidades, antes
condenadas y perseguidas, han sido reconocidas; cerca de tres
mil de ellas están registradas y en la Constitución del Estado hay
dispositivos que las defienden, al menos en la letra. Lentamente
ha impuesto su vestimenta en la sierra, mientras que su fiesta
mayor, la del Inti Raymi, se le utiliza como atractivo turístico y
se realiza frente a Sacsayhuamán, la monolítica pirámide de tres
cuerpos. En las escuelas y en la radio y televisión lo indio es
atractivo y fuente de enseñanza folklórica, etc.
El sociólogo Aníbal Ismodes sostiene, a través de la cátedra
en la Universidad Mayor de San Marcos, que para el año 2,000
el Perú será indio, puesto que el proceso de indianización va en
aumento en la misma medida de que la inmigración de los
blancos, chinos y negros ha cesado. Ahora es el indio el que
impone condiciones al crear y al procrear masivamente,
comunitariamente.
El proceso de indianización es lento, parsimonioso,
progresivo y pacífico. El indio al occidentalizarse lo primero
que desea y hace es casarse con una blanca. Y la blanca se acuesta
con agrado pues el indio sabe desempeñarse en la cama, pues el
amor es para él motivo de reconciliación cósmica. El indio, aun
cuando se vista a la europea, sigue latiendo como su surco, como

74
sus huac'as, sus cerros y sus cóndores; el indio o la India que
soterró su alma muy al fondo, para enmascararse de europeo, en
la vida simple o en la cama vuelven a su condición tierna, a su
dignidad telúrica.
Hay otros aspectos que demuestran que el pueblo indio es
dueño de la situación en el Perú, Bolivia y el Ecuador, entre otros
pueblos de América; pues además de contribuir con la casi
totalidad de la Renta Nacional, a través de la agricultura, la
minería y el comercio, representan casi el 70 de las Fuerzas
Armadas. Le niegan al indio todos los derechos pero, increíble,
le dan las armas; son la carne de cañón, los soldados que mueren
en defensa de una patria inventada y que no es la suya.
De lo anterior se desprendería que teniendo el indio
prácticamente el control de la economía y de las armas, y se deja
explotar, discriminar y mandar, es porque acepta
conscientemente ese sacrificio en aras de su patria. Sin embargo
es bueno, entre otras medidas, aclarar que el indio tras 460 años
de bestial y "doctrinaria" ocupación ha sido "convencido" de que
efectivamente el Perú, Ecuador y Bolivia son sus patrias y no
simples nombres antojadizos que puso España a los territorios
que ocupara. Pero la verdad es otra. La silenciosa, paciente
resistencia al extranjero, ha determinado que el indio sólo rinda
económicamente la tercera parte de su capacidad creadora; y que
sólo entregue la mitad de su alma a las infanterías a las que fuera
distribuido como si se tratara de animales indomados.
Pero el blanco o el mestizo gobernantes, sin querer dicen:
"me sale el indio" cuando se ponen valientes y decididos; y
expresan para denostar y despreciar al indio insultándolo: "el
indio es una mierda", o esta afrenta cobarde: "hijo de india: hijo
de perra".
En América el indio es y será punto de partida histórica. Una
revolución sin la masa india, sin su pensamiento comunitario, es
una revolución condenada al ridículo y al fracaso. La experiencia
de los levantamientos guerrilleros en Venezuela, Colombia,
Ecuador, Bolivia, Perú, Guatemala, México y otros pueblos con
población india, señalan con marca candente que sin el indio no
hay victoria guerrillera, porque el indio es el estilo del socialismo
de América toda.

75
Por seguir un camino equivocado lo mejor de la juventud de
América Latina ha sucumbido con las armas en la mano en
Colombia, Venezuela, Argentina, Bolivia, México, Guatemala,
Ecuador, Chile y Perú. Es que esos bravos hermanos juveniles
creyeron que eran ciertas las enseñanzas occidentales en cuanto
al foco guerrillero, en cuanto a las clases medias y el obrerismo
les seguirían atraídas por la lucha de clases. Y todos esos bellos
hermanos guerrilleros mordieron el polvo de la derrota,
precisamente porque ese no era el camino, sino simplemente
parte del mismo. Porque la liberación de América India es un
compendio indio que puede y debe usar de la conspiración, el
guerrillerismo, del golpe de estado y de la rebelión para llegar a
la guerra formal, adecuándolos a su propia realidad, geografía y
las etnias.
Evidentemente el indio respaldó al guerrillerismo, por su
misma condición humana de ayudar a quienes le reclaman ayuda
y cariño. El indio les dió su agua, su techo y su alimentación
pobres, pero no les entregó el corazón, ni su vida. Por solidaridad
humana, que les viene desde el fondo de los siglos, apoyaron a
los guerrilleros, ya colombianos, ecuatorianos, peruanos y
bolivianos, pero no les dieron hombres para el combate. Todo
esto está probado en el mismo "Diario del Che Guevara", cuando
al referirse a los indios bolivianos dijera: "es como si hablara a
las piedras", sin saber que él precisamente era una piedra para el
indio. El Che Guevara, con todo su amor, no pudo trasmitirlo
porque no hablaba el aymara, ni sabía que el indio consulta con
su ayllu, ayer y ahora. Por lo demás, el Che Guevara tenía barba
al igual que los conquistadores españoles que les ofrecieron la
liberación, a través del cielo, y después les quitaron a sus
mujeres, no sin antes encadenarlos para el trabajo en las minas.
Recuérdese que el indio tiene memoria y que hasta la fecha sus
mujeres llevan luto, en las faldas y en el cintillo de los sombreros,
en homenaje a la muerte de su Inca Atahuallpa.
Pero el hermoso Che Guevara no sabía de esas cosas que
eran el mundo sagrado de los indios. Sólo supo que para
"destruir" al imperialismo yanqui, era necesario abrir un Vietnam
americano!
La visión marxista de la problemática indoamericana, hizo
que su gran sacrificio fuere inútil. Al ignorar completamente al
alma india fue víctima de su subjetivismo, que sólo sirve para

76
enriquecer los cementerios y enlutar a los familiares. Los errores
del Che son los mismos que perpetran en América Latina los
seguidores de la izquierda occidentalizada. El pueblo indio sabe
muy bien que su enemigo es la concepción que el blanco tiene de
la vida; su poca fe en los demás y esa estúpida superioridad que
cree tener frente a las razas de color.
Además de que el método es incorrecto es, asimismo, mal
aplicado. La totalidad de los movimientos políticos inspirados en
Occidente han creado líderes que nada tienen de científicos; son
expertos en la oratoria pero ignoran que un verdadero
revolucionario debe ser un experto en bioquímica para que pueda
aplicarla entre los grupos étnicos; y debe dominar la filosofía
cosmogónica para, al aferrarse a las leyes humanas, aplicarlas al
proceso social y económico de los pueblos.
El hombre jamás deja de ser un sujeto de historia química.
Su alcalinidad y la salinidad tienen mucho que ver con su
conducta en medios que le son antagónicos; y son las etnias las
que, en última instancia, forman la conciencia para un mejor
desempeño ante las agresiones externas. Las razas no
contaminadas hacen historia mejor que el mestizaje, más allá de
toda sospecha racista. En Indoamérica, por ejemplo, es el indio
el personaje que garantiza la dignidad de una revolución
transformadora, en el menor tiempo posible y con el mínimo de
sacrificios humanos. Su raza es autóctona y conlleva las mismas
condiciones químicas de su suelo y de su ambiente.
El subjetivismo de las relaciones económicas de Occidente,
nada tiene que ver con las relaciones concretas de las leyes
naturales de América Latina. Pueden hasta parecerse pero, a la
postre, son distintas; hay una unidad diferenciadora de más uno,
o menos uno.
El mundo subjetivo del indio está conformado de realidades
concretas, en donde todo confluye hacia la madre tierra, la
Pachamama, y todo parte de ella. Las toponimias signan su
conciencia histórica. Mover a la masa india, hacer que se levante
y eche a andar, es mover sus resortes claves, sus profundas
connotaciones, cte.
En tanto que para el occidental la revolución tiene sólo un
motor: la lucha de clases, para el indio, en cambio, el motor de la
vida es su entendimiento con la tierra, pues actúa como ella. El

77
indio sigue trabajando con amor la parcela aun cuando el dueño
sea un blanco. El bandido blanco se irá, mientras que la tierra
seguirá siendo suya y brindando sus productos a todos, incluso
hasta a sus enemigos.
En la actualidad en el Perú, Bolivia y Ecuador el indio es la
mayoría nacional, Allí, evidentemente, la revolución india está a
la orden del día; lo está desde hace 460 años. Sólo que a la
revolución hay que indianizarla, ponerle poncho y ojotas. Las
condiciones objetivas y subjetivas están dadas; sólo es cuestión
de enlazar a todos esos bolsones socialistas que son los ayllus,
darles un comando —consejos— que al compenetrarse de su
propio pasado, ponga en marcha la revolución del retorno.
Millones de indios se movilizarán entonces sí, con paciente
trabajo ideológico, se le despierta a su pasado, formándoles y
liberándoles su conciencia histórica, aletargada por 460 años de
vasallaje, prepotencia y transculturización. La radio puede ser
una de las vías más importantes para su reeducación teórica, a
más de los activistas que les hablen y organicen bajo sus mismas
normas comuneras. La Nación India aguarda que eso suceda a
través del mito Inkarrí.
Naturalmente que la labor organizativa se verá facilitada por
la presencia de las comunidades en el campo, no así en las
ciudades que es donde Occidente logró imponer su estilo social
y económico de vida. Pero, si el modelo está dado en el ayllu,
como la mejor organización humana, lo aconsejable es llevarlo a
la ciudad y organizarla en base a los ayllus.
Cusco y Chan-Chán, por ejemplo fueron ciudades
preamericanas organizadas en ayllus —los de arriba y los de
abajo geográficamente—, como los dos lados del movimiento.
Empero, como sus labores eran eminentemente agrícolas sus
respectivas poblaciones salían de la ciudad al laboreo, a la minka
o al ayni que son trabajos en común Janan y Urin.
En tiempos del Tawantinsuyo la organización social se hizo
sobre la base decimal. Así diez familias representaban una
chunka; la Pachak, cien familias; y mil, la waranka; y así
sucesivamente. De este modo los representantes de cada grupo
decimal se les denominaba como chunkacamayoc;
pachacamayoc; warankacamayoc, etc.

78
Los consejos de gobierno eran también ayllus de gobierno;
es decir, estaban inmersos en su dinámica de renovación y
cambio.
Prácticamente el Tawantinsuyo fue la Nación de los pater-
familias, organizadas decimalmente para los efectos del control
y la planificación. Recuérdese, el sacerdocio estaba a cargo de
los mismos padres de familia; sacerdocio que cuidaba de las
tradiciones, el culto a sus muertos, etc., pero que en nada se
parecían a los sacerdotes católicos.
Organizar a las grandes ciudades para que sigan el ritmo
creador y vital de los seres humanos, es organizar a las familias
decimalmente para un mejor control, disciplina y cumplimiento
de los trabajos comunales. El gobierno local o municipal tendrá
que hacerse en base a la organización de los pater-familias
comuneros.
Debe primar siempre el espíritu agropecuario. En cada
hogar debe existir un huerto familiar básico y una textilería
familiar proyectada hacia lo comunal. Hombres, mujeres y niños
deben cumplir con esas tareas elementales a fin de ir
condicionando su espíritu al retorno total de las leyes naturales.
¡El pan y la ropa naciendo del hogar!
Y mientras no se encuentren los recursos necesarios para
impedir la contaminación ambiental; es decir para impedir que
los hidrocarburos contaminen la flora, la fauna y la propia vida
humana, se les debe desterrar, anular o destruir. Estando en juego
la existencia humana, a nombre de la vida está permitido todo.
No se trata de una guerra contra el mecanismo, simplemente
por destruir las máquinas útiles a la especie humana, sino de
impedir que las máquinas acaben destruyendo a la humanidad. Si
se trata de utilizar a la energía para el aumento de la producción,
en la medida de que cada año es mayor la explosión demográfica,
nada mejor que recordar que tenemos al Sol como fuente
insuperable, al alcance de todos, etc. Debemos volver al empleo
total de la energía solar y el uso de los vientos.
Reestructurar nuestros conocimientos sobre el Sol, sus
desplazamientos en el Cosmos, etc., al mismo tiempo que
cotejamos esos conocimientos con el de nuestros abuelos nativos
en sus extraordinarios calendarios. Asimismo, debemos

79
investigar, más a fondo todo lo referente a la ingeniería
hidráulica, sus canales de regadío, las tierras que habilitaron, etc.
y la readaptación de la andenería incaica para ganarle más
hectáreas a nuestro territorio y satisfacer así las necesidades de
nuestro pueblo. Por otra parte, tenemos que cambiar la dieta
impuesta por España y volver a la masiva siembra del maíz, de
la papa, de la quínua, etc., y obtener proteínas animales de los
cuyes y peces, etc.
El cambio de dirección es, pues, de ciento ochenta grados.
Es valva a nuestras fuentes primigenias que siguen intactas, pues
nuestras tierras permanecen ricas en sustancias minerales, etc. El
clima andino es el mejor regalo natural!

80
SEXTA PARTE

El alma sencilla y tierna del indio es otra de las irrefutables


pruebas de su grandeza comunitaria y socialista. La formación de
esa espiritualidad indica el trabajo paciente de una experiencia
teórica y práctica de muchos años, como una sedimentación de
los siglos. No se forma inesperadamente, ni es el resultado de un
soplo divino; es, por cierto, una acumulación libre y bella,
consciente y razonada. Por ejemplo, el indio de ayer y de hoy
emplean el diminutivo para referirse a personas y cosas, tanto
para demostrar su cariño como para no herir a las personas o
cosas. Y lo hace con tanta delicadeza que uno sabe que se está
frente a gentes fuera de serie, gentes de otra dimensión humana.
Nada hay de afectación en el tono de la voz; ni sus gestos o
ademanes son rebuscados o adulatorios. Actúan con la mayor
naturalidad porque su conducta espiritual fue tallada en la
experiencia comunera de los siglos.
Su prestancia y dignidad, de otro lado, tienen un algo de
sublime resignación ante los dioses tutelares y mucho de
complacencia anímica. Entre el indio y el comportamiento de la
Naturaleza y el Cosmos, no hay diferencias; hay una
extraordinaria identidad que no necesita de palabras para
manifestarse. Se da nomás. Tiene el lenguaje del agua del aire de
la tierra fresca. Por eso es que el indio es un surco en dos pies
caminando y prodigándose.
No se está idealizando al indio de ayer, encarnado en el de
hoy, porque existen, están aquí, son una realidad para
comprobarse. Sólo hay que vivir en una comunidad india; palpar
de cerca su comportamiento ejemplar.
Cuando canta en las faenas agrícolas, siguiendo un ritmo
que se identifica con los movimientos de su corazón; igualmente
cuando danza, repite el ritmo del diástole y el sístole para no
cansarse ni violentar el ritmo biológico, etc.

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Cuando bebe licor brinda primero con la Pachamama al
rociarle parte de su bebida, con todo respeto, venerándola.
Cuando se levanta al amanecer lo primero que hace es
saludar con una venia imperceptible al padre Sol.
El amor y el trabajo tienen su tiempo. Las horas del día
pertenecen al trabajo y las sombras de la noche para el amor y la
procreación. Ninguna hermana india hace el amor frente al Sol,
y si es forzada a hacerlo, se cubre el rostro con su falda,
avergonzada dé su falta.
Los niños indios que eran llevados a cuestas por sus madres,
en las faenas, nunca lloraban; se mantenían calladitos; formaban
parte del silencio de sus padres en el campo.
Las manos de la india jamás cesan de trabajar, ya hilando,
ya en el barbecho ya cocinando, ya en el cuidado de sus hijos y
sus hombres. Al respecto Fausto Reynaga dice:
"La mujer india de hoy es una herida abierta que parte el
alma. Haría sollozar a un dios impasible... La mujer india desde
que nace hasta que muere trabaja y sufre".
Y agrega patéticamente: "Desde su lactancia vive expuesta
al Sol, frío, viento y lluvia. Sobre la tierra magra o sobre sus
espaldas, la niña india llora de hambre y de dolor; y nadie le hace
caso; si muere, muere pues, y en buena hora para ella. Apenas
aprende a caminar ya es una pastora, guardiana responsable del
rebaño. A los cinco años es una hábil hilandera, tejedora y
cocinera. Entra a la adolescencia, ya es una mujer, una mujer que
sabe trabajar la tierra, que sabe sembrar y cuidar la sementera,
cosechar y vender los productos. Comprar todo lo que requiere
una familia india. El amor para ella tiene la fugacidad de la luz
de una luciérnaga o simplemente no existe; cuando niña aun ha
sido desflorada por el kára sacristán o el cura de aldea. La
virginidad no tiene valor, porque la perdió antes de tener
conciencia de ella. Si se empreña pare igual que la oveja; pare en
el cerro junto a su rebaño; sola, absolutamente sola, sin médico
ni enfermera... puérpera, recoge el fruto de su vientre; se carga y
retorna con sus ovejas o sus utensilios de trabajo. Llega a su casa
y directamente al fogón o encender el fuego y a cocinar la comida
para sus padres o su hombre. Soporta en silencio los dolores, no

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se queja... Ella procrea y trabaja, trabaja y procrea. Esa es la
mujer india".
Sí, esa es la mujer india de ahora, porque en tiempos del
Tawantinsuyo era la mitad de todo; su presencia valía; intervenía
en todo, en el kamachicc o asamblea comunal. Nada podía
hacerse sin ella y su libre consentimiento.
Su drama, su horrible pesadilla, llegó con el hombre blanco,
con el cura español. Desde entonces, o es carne para el capataz o
himen que rasga con sus manos el hijo del patrón;
¿Cómo no iban a ser consideradas y tenidas a honor si
gracias a ellas la vida proseguía en la sublimidad de la
procreación? Recuérdese que para la Nación la familia era tenida
muy en alto si era numerosa. Recuérdese, también, que tanto los
aztecas y mayas, como los quechuas y los apilaras, planificaron
los nacimientos. Se llevaba el control de la vida cíclica de la
mujer y se le aconsejaba hacer el amor cuando hubiera Luna llena
para obtener varoncitos y en Cuarto Creciente para mujercitas.
Esto tenía que saberse simplemente porque de año en año se
habilitaban nuevas tierras por lo mismo de la explosión
demográfica.
Si a cada hombrecito correspondía un topo de tierra y a cada
mujercita, medio topo, con una población de más de quince
millones de habitantes, la estimativa era más o menos de
trescientos a trescientos cincuenta mil nuevos niños por año. La
sociedad comunera india lo planificaba todo.
Con Occidente vino la anarquía, la locura en todo y por todo.
Vino el dolor para las mujeres y la muerte lenta para los hombres.
Empezaron a nacer los hijos espúreos y los niños a la mala, sin
ninguna garantía para su existencia. Incluso, llegó el día en que
la madre india, siendo uno de los seres más tiernos para sus hijos,
tuvo que regalarlos a otros para que no se murieran de pena y
hambre, de hambre y pena.
Desde que España impuso a sangre y fuego sus costumbres,
el indio aprendió a emborracharse sin motivo alguno y patear a
su compañera sin razón alguna. Antes, en tiempos del
Tawantinsuyo, el ayllu era un equilibrio amoroso para fortalecer
a la familia, con el total acuerdo de hombres y mujeres. Las

83
desavenencias son producto del desequilibrio económico, la
competencia y la propiedad privada; y éstas vinieron con España.
De otra parte, la existencia de las Capullanas —el gobierno
de las mujeres en el Consejo— expresa muy bien que las luchas
por la liberación femenina son obra de Occidente y del machismo
moro-español. etc.
La tristeza actual del indio americano no es una tristeza
ancestral. Es cierto que el hambre, las enfermedades y la
explotación son factores que hacen del ser humano un ser triste,
calladamente triste; pero su tristeza es más profunda. Al perder
su vida comunitaria sintió la mayor desolación inimaginable;
supo que el mundo se le venía boca-abajo. Su tristeza es pues
profunda y vital.
Por eso canta en lamentos, en quejidos, en gritos. Es que ya
no tiene tierras para gozar, para alegrarse y cantar libremente,
para que produzca mejor. Su novia Pachamama está prisionera;
son otros los que la ultrajan y explotan.
Mas el indio de hoy, reducido y enjuto por el hambre, fue en
tiempos del Tawantinsuyo un ser que pasaba del metro ochenta
y era fuerte y hermoso. Dicen los cronistas que en la batalla del
Cusco vieron indios tan fuertes que con las espadas arrebatadas
a los españoles decapitaron a los caballos al galope. Eran indios
que seguían a Manco Inca.
"Y que también vieron a indios que eran blancos y rubios,
de ojos azules; que también eran negros pero de pelo lacio y muy
recios".
La belleza es obra del paisaje. El ser humano es una síntesis
de su medio y de su geografía. Por eso es que el indio tenía en su
rostro una belleza funcional. Su nariz aguileña, sus pómulos
salidos, les sirven como vehículos para una mejor filtración del
aire en las alturas. La llamada "belleza helénica" se agotaría en
los Andes ¡
El científico Emilio Romero indica que los "indios
pertenecen a otro tipo de hombres", que no son como los hombres
que conocemos. Su corazón y sus pulmones son más grandes y
filtran mejor la sangre y su oxígeno que son, como se sabe, la
vida misma. Expresa admirado que el hombre andino bien podría
ser el mejor astronauta.

84
El historiador mexicano, general Rubén García en un
documentado libro recabó la exquisita dieta preamericana,
indicando que eran más de 400 potajes hechos de aves y
especerías indias; al mismo tiempo que cita otros platos en donde
se balanceaba las proteínas, las grasas y los carbohidratos
necesarios para la vida. Significando todo ello un refinado
conocimiento del arte culinario al servicio de la colectividad. La
dieta era pareja para todos, sin distinción alguna y acorde con su
realidad ecológica.
Piénsese solamente esto: el indio inventó el maíz e hizo
proliferar a la papa hasta hacerla alimento básico para todos. La
papa después de la conquista fue llevada a Europa, salvó del
hambre a Alemania y después sirvió de base para el licor de los
rusos. Pero el maíz, transformado en alimento o en bebida
embriagante, impide que los seres humanos sufran de cirrosis,
arteroesclerosis, cáncer o diabetes. Es una panecea creada por las
manos preamericanas.
Los genetistas indios, que no tienen parangón en la
antigüedad y hasta en el presente, trabajaron sobre la flora y la
fauna siguiendo el lógico juego dialéctico de la Naturaleza, y, por
eso, crearon las nuevas especies que sirvieran de enlace mejor
entre el Sol, la Luna y la vida humana. Esto está respaldado
porque España se llevó la producción agrícola de Pre-américa;
hoy el mundo se alimenta con el 60 % de los productos
originarios de Indoamérica.
El oro y la plata robados, apuntalaron a España y a Europa
e impidieron que el mal llamado Viejo Continente, muriera de
hambre. Es decir, todo lo de Pre-américa sirvió de ejemplo y
redención vital para Europa. Del gran árbol caído toda Europa
sacó "su" leña ¡
En las cartas que escribieran Colón, y luego Américo
Vespucio, se dice literalmente que al pisar tierras pre-americanas
encontraron "gente limpia, buena y alegre", que al tomar contacto
con ellos lo hicieron como si fueran sus viejos conocidos. Que
les sorprendió la inocencia de su trato y el afecto de ese infantil
recibimiento.
Pero el "ponderado e inmortal" Colón, a los tres años había
desolado las tierras que "descubriera" y vendido como esclavos
a esa misma gente inocente que le abriera sus brazos¡

85
Colón fue, pues, el primer canalla que posibilitara el camino
para la posterior masacre del primer pueblo, entre los pueblos,
que encontrara la clave para la solución de los dramas del
hombre.
Históricamente no puede desligarse a Colón de los
ignorantes y miserables Cortés y Pizarro. Son gente de una
misma maffia que desviara y retardara la reconciliación de la
especie humana con su destino natural y su trascendencia
cósmica.
¿Por qué si al encontrar gente "buena e inocente", después
la vendieron como esclava o mataron como a perros? Los indios,
por mandato telúrico y su conciencia cósmica, siempre fueron así
y nadie los iba a cambiar si seguían sin intrusos, sin la
intervención de extranjeros. Si cambiaron fue por culpa foránea.
Su inocencia provenía de la conducta de su ser en la
propiedad colectiva; en cambio el engaño y la traición son
categorías de la propiedad privada. Ingenuo sería pensar que
cambiarían los europeos sólo y al conjuro de la limpieza y
honestidad de unos limpios y buenos salvajes ¡
Por otra parte, el padre De las Casas indicó que "si el idioma
de su Dios se conociese ese sería, acaso, el idioma maya-quiché
y el quechua-aymara", por la dulzura de su expresión y la
significación igualitaria de su trascendencia. El maya-quiché y el
quechua-aymara fueron para el padre de las Casas la lengua del
Señor ¡
Pues bien, ese pueblo fuera de serie, probó la certeza de su
pensamiento cósmico y científico, cuando en el génesis de su
leyenda dijera que: "venía de las aguas del Titicaca", es decir del
mar. Y no venía sólo el hombre sino con su pareja: Manco-Cápac
y Mama-Ocllo, como una integración polarizada presta a iniciar
la gran aventura de la vida como especie humana.
En otra parte del mundo, el subjetivismo occidental hizo que
del hombre "surgiera" la mujer, como deficitaria costilla flotante.
Con ello la compañera del hombre venía a ser, una especie del
hermafroditismo anhelado por quienes, en el desierto, quieren
resolver su propia soledad y su trascendencia.
El indio no alteró las leyes naturales y cósmicas. El vino,
pero llegó acompañado, de igual a igual, con su pareja, para

86
integrarse en esa dulce polarización que es el amor. Y no mintió.
Por eso construyó, desde la bases, una sociedad justa porque no
había el imperio del hombre sobre la mujer, ni el estúpido
machismo que es el origen de las propiedades privadas.
Fue el pueblo indio el único y el primero en recoger al arco
iris, como el símbolo superior de su patria el Cosmos. Tengamos
presente que el arcoiris es un resultado del amor del cielo, la
lluvia y la tierra, que se unen al amparo de la luz solar. Es,
además, la energía en sus estados materiales; representa al
mineral en sus distintas vibraciones, facetas y estados de
evolución.
Todas las otras actividades concurrían a la formación de su
sólida espiritualidad humana. Pues si bien era cierto que los niños
fueron los más protegidos por la comunidad —se aseguraba la
vida—, el mismo tributo de amor lo recibía la ancianidad, para
cerrar el paréntesis vital.
Desde que nacía el niño tenía asegurada su existencia al
recibir su topo de tierra —casi media hectárea— que los demás
habilitaban para incrementar la economía del pequeño. Después
al cumplir los cuatro años la comunidad se reunía para realizar la
fiesta del corte de pelo". Al iniciar este festejo, de gran
significación para el niño, se nombraba a sus padrinos entre los
de mayor prestigio moral, los mismos que entregaban especies,
animales o cosas para constituir la economía básica del menor;
seguidamente todos participaban en el corte de pelo, de tal modo
que también aportaban para incrementar aún más el patrimonio
del pequeño. Esta acción de seguridad social, única, servía para
que lo reunido fuere administrado por la comunidad entera. A la
mayoría de edad se le entregaba ese capital para que le sirviera
de patrimonio para su nuevo hogar.
Ya viejo, además de recibir el cariño y la protección de toda
la comunidad que trabaja para él, estaba a disposición de su
Nación; pues, como jubilado era un candidato para representar a
su comunidad ante el Gobierno. Ya elegido, estando sin
intervención directa en la producción, su poder político sólo era
moral, acorde al Estado Ético que representaba.
Debemos relievar que el concepto de autoridad era
totalmente diferente a como en la actualidad la entendernos, pues
era un "autorizado", la máxima autoridad residía y estaba

87
encargada en el Kamachico —la asamblea comunal—, y también
por el Consejo. Por otra parte, no era un derecho el ser autoridad,
sino un deber que a todos por igual correspondía. Desde niño se
le educaba para el gobierno que no era otra cosa que el cuidado
de su vida en la vida comunitaria.
Hay que sopesar este estilo de administrar y gobernar, en
donde desaparece la individualidad en aras de lo colectivo para
el beneficio común. El individuo era una célula del organismo
social que era el ayllu; no concebía el aislamiento, era él todo el
grupo. Desde niño se le enseñaba a estar integrado en comunidad.
También es necesario destacar el valor social que tenía la
familia como grupo productor; esto les impulsaba a buscar más
hermanos, más familiares, de modo que por esta razón se
multiplicaron los compadrazgos, porque el compadre era más
que un hermano, era estima de orgullo y de prestigio moral. El
grupo estudioso que dirige Matos Mar ha detectado, en la
actualidad, más de cincuenta tipos de compadrazgo, lo que dice
del crecimiento de la familia por afinidad espiritual. Total, la
familia aumentaba espiritualmente y eso acrecentaba la
producción a favor del conjunto.
El trabajo en común les ahorraba tiempo para dedicarlo a las
artes y a la creación. Liberado el ser tenía ocasión para
multiplicar su imaginación que la volcaba en la artesanía y en la
orfebrería. Los trabajos de textilería no tienen comparación por
la delicadeza del hilado y la sugerencia de sus líneas y colores.
Son verdaderas obras de arte, por ejemplo, los Mantos de
Paracas. De otra parte los trabajos del oro laminado no tienen
parangón en el mundo; en Chan-Chán, por ejemplo, los artistas
lograron laminar el oro y hacerlo alas de mariposa que flotaban
como plumas en el aire. Larco Herrera en su Museo logró reunir
una extraordinaria colección de trabajos en oro, que son la
muestra más exquisita y depurada de la orfebrería india.
Todo lo descrito hasta aquí expresa que había un trabajo
sistemático de la comunidad para enriquecer y sedimentar la
espiritualidad creadora del indio. De esta suerte su alimentación,
su recreación y su vestimenta conformaban el cuadro ad-hoc para
facilitar a esa espiritualidad cósmica.
Si tenemos en cuenta que la Nación del Tawantinsuyo
estimuló el canto, la danza y la música, a tal punto que puede

88
afirmarse que fue una gran nación de creadores —lo afirma
Josafat Roel—, la espiritualidad se sublimó y se elevó a mística.
Las plumas en la mascaypacha simbolizaban el vuelo creador
del amauta o dirigente en el Inkario.
Por la música y la danza el trabajo terminó por ser alegría,
algo congénito a imagen y semejanza del trabajo creador de la
Naturaleza y el Cosmos. Esto explica que hubiesen danzas y
canciones para la cosecha del maíz y de la papa, para la limpieza
y construcción de los canales de regadío o de los andenes, y de
tantos otros actos ceremoniales. La música y el canto presidían
siempre todas las manifestaciones del indio. Ningún otro pueblo
en la antigüedad desarrolló esta actividad creadora y recreadora
de la espiritualidad. La participación del niño en estas actividades
indica que lo preparaban para elevarlo y hacerlo copartícipe de la
creación general, colectiva, comunera, cósmica.
Se necesitaba un paisaje que propiciara esa disposición
creadora. El indio creó su propio paisaje enhebrándolo al paisaje
natural. Por ejemplo, Machupicchu es una dulce combinación de
dos paisajes, el del hombre y el de la Naturaleza pero integrados;
se hacen uno solo en la piedra que es su denominador común. Lo
mismo acontece con Pachacámac en donde el barro cobró la
espiritualidad de la multitudinaria colectividad que lo construyó.
Dentro de todo ese marco, la vestimenta del indio fue
eminentemente funcional, como fueran funcionales las
habitaciones que ocupara. La comunidad necesitaba que nada
detuviera o desquiciara el normal desarrollo vital del ser humano.
De este modo la ropa contribuyó a que nada obstruyera o
presionara la circulación sanguínea a fin de que el flujo fuera
completo y libre en el organismo. En tanto que las habitaciones,
con su abertura cuadrangular en el techo, daban paso al aire y
aseguraban una buena ventilación sin causar alteraciones.
El arquitecto Carlos Milla Villena indica que la "base
cultural andina, no llevó sus creencias a un plano meramente
místico, sino que las enriqueció y le dio solidez matemática,
utilizando avanzados conceptos geométricos y astronómicos, en
torno a los cuales construyeron sus monumentos
arquitectónicos". Es decir, siguiendo una planificación cósmica
en base a la Cruz del Sur, en unas veces, y a Las Pléyades en
otras.

89
La rica espiritualidad del preamericano es por demás
evidente, en su base materialista y dialéctica. Esto queda
demostrado a través de lo expresado anteriormente, sí; pero esa
espiritualidad se concretó en la solidaridad comunitaria, en un
sagrado respeto a la Pachamama, a sus Huac'as, sus Huamanis,
y, por cierto a su hermano el hombre. Su misma postulación
cósmica le abrió nuevas perspectivas materiales para realizarse y
cumplir con su misión de hombre al servicio de su especie. Lo
cósmico, entonces, le llevó de la mano para actuar
inquebrantablemente en función de su ayllu o comunidad; el
sentimiento religioso lo nutrió de motivaciones siempre
humanas.
En definitiva, el pueblo preamericano fue un pueblo de
artistas de matemáticos y de hombres buenos, que no concibieron
jamás la propiedad privada, ni se dejaron podrir por la avaricia o
el miedo. Su misma espiritualidad colectivista los llenó de mundo
y de amor.

90
SETIMA PARTE

El Sol fija al ser humano en la tierra y la Luna lo trasciende


y perpetúa. De esta suerte el ser humano es una aproximación
cósmica que jamás cesa de evolucionar. Testigos de esa
evolución es la manera de expandirse cuando ama, cuando
confraterniza, cuando crea y se multiplica.
La tierra, por su parte, ofrece las condiciones óptimas para
que el Sol se entremezcle con ella, en un suave y dulce abrazo
cósmico. La Luna sirve de lazo, de unión para que la vida,
surgida de esa entrega se proyecte y expanda. La Luna es
femenina y por eso regula a las hembras; mestrúa con ellas. La
savia se trepa por los árboles polarizada hacia la Luna. Y el amor,
en todas las especies, empieza en los atardeceres o cuando al
final, bordeando el alba, la Luna se oculta.
El arcoíris sella el encuentro y lo embellece sobre la redonda
pizarra del cielo. Es el supremo símbolo del amor cósmico, que
luego se disuelve o disfumina entre las nubes oscuras y los rocíos
temblorosos. Por siglos y siglos el Universo escribe y hace su
historia entre el tiempo y el espacio, siendo uno en ambos y
siendo múltiple en la unidad a la que retorna para impulsarse,
siempre, siempre.
Mas, la Tierra siendo una, es distinta en cada continente y
variable entre sus mares. Las estaciones van rotando y la energía
solar se adecúa para la entrega; sólo en invierno se retira a sus
cuarteles de reposo. En esta forma la vida humana, en sus nueve
meses de gestación normal, excluye al invierno solar. La tierra
descansa y las hembras también; se acogen en su interior para
luego expandirse con la vida. Entonces se ve que hay una íntima
relación en el trabajo de las reparticiones. El ser humano es tres
cuartas partes de agua y la restante de energía solar; y el ser
humano es la expresión de tres estaciones hábiles y una invernal
de calma.

91
Cuando las hordas de España subieron a los Andes, dejando
en los caminos un reguero de sangre inocente, la vida telúrica se
vengó de ellas. Durante los primeros treinta años ningún español
pudo fecundar a su india cautiva. Es que España vitalmente
funcionaba bajo un Sol condicionado a otras latitudes, de suerte
que los genes se polarizaban indistintamente. Les Andes
impusieron su altura y el dispendio liberador de su atmósfera dio
otro reloj biológico a la procreación extranjera.
A cambio de ello las hordas españolas trajeron y difundieron
los piojos y la peste, el tifus y la gonorrea. La gripe diezmó
avariciosa a miles y miles de niños indios. A la ociosidad le
siguió la tuberculosis. A la mentira el crimen. Y a la propiedad
privada, la tristeza de una raza cuya alegría fue y es lo
comunitario.
Por cierto que, con los brutos de España, llegaron también
los negros que recogían las migajas del botín desenfrenado.
Cuando el soldado blanco se cansaba de matar, el negro
completaba la obra destructora para tener derecho a una doble
ración, y una que otra india desgarrada o vieja. Ese negro no tuvo
piedad para su hermano indio. Y la tierra americana le cobró con
creces la usurpación: lo convirtió en hipertenso; hasta hoy los
negros estallan en las alturas.
El blanco que llegó —español, inglés, francés, Alemán.
Portugués—, y el negro que vino en su calidad de sirviente, y
después el chino para el trabajo campesino, y finalmente el
japonés comerciante o peluquero, acabaron por ser otra cosa:
medios blancos, negros americanos y chinos acholados. Y es que
el continente americano se les fue metiendo hasta el fondo del
alma, porque el lazo directo con su tierra de origen se fue
rompiendo hasta desaparecer. Sólo quedó una invisible atadura
que, por subjetiva, les mantuvo añorando a sus ancestros.
Si biológicamente el hombre a los cuarenta años ya casi
nada tiene que ver con sus padres bajo su mismo cielo y al
amparo de su misma tierra, qué no habrá de pasar en otros cielos
y en otras tierras. Con esto queremos decir que después de cien
años de vivir en un continente dado, el ser se hace a imagen y
semejanza, con los mismos derechos, deberes y virtudes que el
nativo, siempre y cuando deje de guiarse subjetivamente por lo
que él considera sus viejos ancestros. Al respecto, tenemos que

92
decir que lo ancestral, es una torpe alcahuetería que esgrimen los
racistas. El ancestro es lo primero que se nacionaliza, porque el
cambio empieza en las entrañas, en la sangre y en la carne.
¿Entonces, qué ocurre? Pues que sale la trampa, lo no
científico, el subjetivismo. Como Occidente, sigue en el poder,
sus entelequias siguen operando en la conciencia de los seres
humanos. Los pueblos subdesarrollados son las primeras
víctimas de la gran estafa "cultural y civilizadora" de Occidente,
pues como le han privado de sus viejas tradiciones, usos y
costumbres, adopta y copia las foráneas. Y lo hace con la mayor
candorosidad, pese a que al "imitar" a Europa o a Norteamérica,
ni come, ni bebe, ni vive en ellas; sólo actúa como un simio a
quien le enseñaron "guiarse" por la voluntad majadera del amo¡
El aire, el agua, los vegetales, frutos y animales o aves, tallan
el cuerpo y la sangre de los habitantes, de tal o cual continente.
Es la tierra, a través de sus elementos, la que cobra vida en los
seres humanos; lo extranjero sólo funciona en la mente, como
una ilusión falsa y subalterna.
Se desprende, entonces, que si el pensamiento humano no
es más que una expresión bioquímica, producto de las reacciones
y polarizaciones de su medio ecológico, en América Latina todos
sus habitantes, que residen más de cien años consecutivos, son
indios. Si algunos persisten en negar que sean indios, lo hacen
sólo de pura fatuidad e ignorancia.
Evidentemente que hay un denominador común —lo
cósmico— que hace al ser humano igual a su hermano de otras
tierras, sea blanco, negro, amarillo o cobrizo; pero, eso es otra
cosa. Lo terrible ocurre cuando alguna de esas razas reclama
primacía cuando tiene las armas en la mano, o controla la
producción de los demás; entonces usurpa y miente, discrimina
y explota; pues la verdad es que la igualdad cósmica se hace
distinta y particulariza en el medio o especie que ocupa; distingos
y particularidad que, incluso, se acrecienta en la variedad del
medio o especie que ocupa. Saber distinguir las particularidades
diferenciadoras, es saber guiarse por las leyes naturales que son
materialistas y dialécticas. Y todas las leyes naturales, por ser
cósmicas, cumplen con el juego dialéctico de crear y procrear.

93
Las máquinas de la revolución "industrial", son creaciones
del hombre, pero no de la naturaleza. Las invenciones del hombre
son aproximaciones de lo natural; cumplen con un polo del juego
dialéctico: son una creación, pero esa creación no procrea, siendo
incompleta pues. Pero ocurre que los occidentalistas confunden,
interesadamente, ese juego dialéctico para incrementar sus
negocios y amolar a la especie humana. Al quedarse con la tajada
del león, el Dios de su religión viene en su apoyo y se atraganta
como ellos.
Los objetos creados por el hombre carecen del proceso de
cambio, porque no copulan, no. hacen devenir. No tienen
ejercicio evolutivo. Están en sí, pero no trascienden
biológicamente. Sin embargo, para el occidental los objetos
"definen" el curso de la historia, porque económicamente, por
obra de la oferta y la demanda, aumentan constantemente de
precios. Los objetos y las mercancías, hechos una sola "verdad",
devienen en fetiches prestos a la divinidad. Como "medida
definitiva" prevalece el trabajo invertido por el hombre —energía
hora—, mientras que la fuerza invertida por la Naturaleza y el
Cosmos, casi siempre está por debajo. Un cenicero, por ejemplo,
tiene un precio en el mercado tres veces más que el valor de una
papa de 200 gramos; y es que la soberbia del hombre occidental
valora su "esfuerzo manual" o el desgaste de sus máquinas, dos
y tres veces más que toda la fuerza energética del Cosmos.
Asoma aquí su desprecio por la Naturaleza y la sobrevaloración
de su "espiritualidad".
Vémos que la ciudad así impone sus condiciones. Hay
mucho de revanchismo en el alma del citadino frente al campo.
Viviendo de espaldas a la Naturaleza actúa contra ella. Los
desplantes se multiplican en la medida de que las cosas que hace
son "siempre superiores" a la de la "inconsciente" Naturaleza ¡
La etapa feudal inició, en el hombre occidental, su divorcio
de la naturaleza. La teoría de la supuesta divinidad del hombre
empieza en la ociosidad del señor feudal y de sus socios los
sacerdotes cuidadores de sus bienes. Al aferrarse al cielo se
alejaron más y más del suelo, con el consiguiente desprecio a
todo lo terrestre y mundano. Cuánta razón tienen los fisiócratas
al relievar que es la Naturaleza el origen de todas las riquezas.

94
De este modo, las máquinas fabricadas por el hombre,
tomando como modelo a las leyes naturales, como no pueden
trascender se vuelven en contra de la vida, contaminando y
matando. Curiosa desgracia: las máquinas son, pues, la prueba
palpable de la involución de la sociedad, de su regresismo
desafortunado. Así y todo, el hombre no olvida jamás la patria de
sus ancestros que es la Pachamama; la imita cuando no la ve:
hace flores de plástico o enaniza a las plantas y los árboles. El
cemento y el asfalto completan su exilio.
El teléfono, las anchas alfombras, las ventanas simuladas,
etc., contribuyen a que el ser humano se aisle más en su torre de
marfil, deshumanizándose. Al dirigir a las grandes empresas, y
estar al frente de gigantescas fundaciones, su único contacto
humano es el invisible hilo de los intercomunicadores de todo
color.
La ciudad se devoró al hombre en su torpe selva de cemento,
chimeneas, carros veloces, ruidos de locura, vitaminas, conservas
enlatadas, los tintes, lo postizo, etc., hasta dejarlo en puro bagazo
intelectualizado. Las ciudades occidentales u occidentalizadas
están trazadas caprichosamente, casi siempre de espaldas al Sol,
al aire y la vida. Su caotismo completa el alejamiento del ser
humano de la tierra. Por cierto, ese alejamiento multiplicó su
imaginación creadora, le hizo inventar palabras que interpretan
su desbocado subjetivismo; así, hasta llegar a nuestros días en
donde los "economistas, sociólogos y políticos", parecen ser
gentes de otros mundos, formados y abastecidos por otros
elementos que no son, que no pueden ser, los terrestres. Y son
precisamente esta clase de "conductores", la que rectoriza el
pensamiento "científico y político" de las revoluciones y de los
grandes cambios sociales.
Hoy por hoy, los inventos del hombre están llegando a la
Luna y los demás planetas del Sistema Solar, lo que llena de
"orgullo" a la humanidad de este tiempo. Pero ese falso orgullo
se levanta sobre millones de cadáveres, de hambrientos, de niños
que se mueren como ratas, de madres que se secan sin haber
conocido siquiera el goce de la vida. Orgullo falso que solventa
al viejo amo, al Señor feudal, al patrón que defiende la "libertad
y la democracia", porque cree que "si un cosmonauta gordito y
bien comido y educado llega a la Luna", llegó toda la humanidad¡

95
Por cierto que no hay nada más falso y deshumanizado que
esa mentira elevada a "científica" por unos cuantos hampones
con título universitario. La trampa empezó cuando un hombre
hizo esclavo, siervo u obrero, a otro ser igual que él. El ocioso
acaba por teorizar, mientras que el esclavo, el siervo, el obrero o
el trabajador, acaban por morir embrutecidos de tanta práctica
adobada en sangre, sudor y lágrimas.
De ahí que es cierta la afirmación de Álvaro de Faría, el
científico brasilero, cuando aseguró que los "subdesarrollados en
la era capitalista son los subenajenados de la misma", porque, al
menos, no están tan extraviados como los "desarrollados" del
sistema elogiado. Los subdesarrollados, aun en medio de su
hambre y de la explotación a que se ven sometidos, están más
cerca de la tierra y más cerca de la vida. Los indios
latinoamericanos, sometidos a la explotación más inícua y
alimentándose —si eso es alimentarse con el 30 % de lo que se
requiere para vivir, sin embargo llegan a los 35 años porque en
su descanso les ampara la tierra buena, el aire limpio y el agua
no contaminada. Su mente se acalla pero no por eso su cuerpo
deja de ser bueno y fraterno, como una mano tendida, sin
amarguras, sin complejos, sin sicósis, sin neurotismo increcendo.
Si no hubiese sucedido el esclavismo, la feudalidad y el
capitalismo, la humanidad habría alcanzado el privilegio de
haber sido india en la realización de un gran Tawantinsuyo.
Pero Occidente, por su geografía y sus relaciones
ecológicas, hizo que el hombre se desviara y se pudriera en su
soberbia y su inventiva, hasta llegar al cielo y olvidarse del suelo.
El culpable de esa sinrazón: su dios único, su dios privado, su
dios subjetivo.
Ese dios unicista les llevó a los santos de yeso y a los iconos
de cera. Después ese dios se "hizo" construir altos templos en
donde la acústica devora a la conciencia y los púlpitos son un
enlace constante con la traición y el endose.
En cambio, el indio se esposó con la tierra y se enmaridó
con el Cosmos. Vivió en permanente amor con las estrellas y sus
dioses fueron comuneros. En el Popol Vuh, que es el Libro del
Consejo, y en las finas hileras de sus kipus multicolores, el indio
dejó escritas sus ideas, sus leyendas, sus tradiciones, etc., y en

96
ambas joyas no asoma jamás lo individual: todo es obra —arriba,
al centro y abajo— de fuerzas colectivas, de fuerzas en conjunto,
fusionándose.
El pensamiento filosófico de los mayas-quiché, y la forma
de su gobierno en Consejos, es exactamente igual al de los
quechuas-aymaras. La misma teoría de la evolución de las
especies se encuentra en ambas culturas; en el Templo de las
Columnas Cosmogónicas en Chichen-Itzá y en los Dibujes de las
Pampas de Nazca; el mismo trazo siguiendo la línea solticial; la
concepción geométrica de sus plataformas y pirámides, etc.,
evidencian que les vinculaba una misma filosofía y una misma
doctrina en lo social, en lo político y en lo económico.
Conviene tener presente que ningún continente goza de
todos los climas y se enlaza con los de dos polos como el
americano. Este privilegio le permite recabar los rayos solares
como una unidad de norte a sur, para quedarse con éllos de este
a oeste, en forma proporcional. Los otros continentes se quedan
a la mitad mientras que son los océanos los que disfrutan de la
otra parte de la energía solar.
El imperativo geográfico sí que funcionó en preamérica. En
su pensamiento religioso las fuerzas cósmicas son dioses
comuneros con tareas concretas que trabajan anónimamente, sin
mentirse, sin robarse, sin permanecer jamás ociosas. Como los
indios se sabían hijos de esas fuerzas, las imitaban para
equipararse a lo divino; mientras que, de otro lado, iban
perfeccionándose en la práctica de su vida comunitaria hasta
sentirse, también, la estrella más lejana, compartiendo el suelo de
la tierra y sus aguas, sus valles, sus aves y sus plantas. Este
pensamiento les llegó desde el fondo de la formación cósmica;
fue trasmitido de padres a hijos, de generación en generación,
hasta convertirse en religión, en práctica sublime. Los indios del
norte, del centro y del sur de América, se sentían ligados por esa
misma concepción filosófica-religiosa.
Ciertamente, el imperativo geográfico perfeccionó a la flora
y la fauna americanas, para perfeccionar al ser humano. Todo
funcionó en forma recíproca. Los alimentos básicos
perfeccionados por sus propios elementos constitutivos, más la
energía solar, para que el ser humano alcanzase la dignidad
cósmica. Juega importantísimo papel el maíz y la papa, los

97
mismos que, por su armonía intrínseca, perfilaron el espíritu del
preamericano. En cambio el trigo definió el destino guerrero de
Occidente, como el arroz hizo al Oriente.
Cuando los extranjeros hollaron tierra americana no les fue
del todo bien. Había un silencioso divorcio de la tierra americana.
Los europeos rechazaban el maíz y la papa; trajeron en su lugar
el trigo. Vino el caballo y la vaca, y, finalmente el burro.
Los extranjeros abrieron las minas como fosas en donde fue
muriendo lo mejor de la juventud del Tawantinsuyo. Profanaron
la Pachamama. Largas y oscuras galerías se cubrieron de piel
humana mientras que, de socabon en socabón, los pulmones rotos
del indio dejaron su alarido de siglos. Un alarido de espanto que
aun culpa a España de su horrendo crimen de lesahumanidad.
Pero América logró absorber, al fin de cuentas, al enemigo
y lo convirtió en gente humana; sólo resistieron aquellos que ni
Europa, ni el mismo Occidente, podrían salvar. Los que se
resistieron fueron expulsados, fueron expectorados por sus hijos
criollos, demostrándose con ello que ni sus propios hijos
pudieron soportar. La excrecencia que mal llegó, mal partió, con
el rabo entre las piernas.
El paciente trabajo creador del Sol y la amorosa gravitación
de la Luna reproductora, hizo que de nuevo la tierra americana
busque su equilibrio redentor. Ahora está volviendo por sus
fueros. Por todos los caminos su gente se ha echado a andar para
alcanzar el alba de su reconciliación con Pachamama. Es una
marcha incontenible que avanza con la edad de la historia.
Claro que esa marcha es lenta, pues aún persiste el trigo y la
carne de vaca, ahogando a nuestro maíz eterno y a nuestros cuyes
y aves americanas. Y es que el retorno exige que el viraje no sólo
sea espiritual sino también material; es decir, debemos volver a
nuestros alimentos primigenios que, en más de diez mil años,
alcanzaran su edad cósmica. Por lo demás, el sagrado respeto a
nuestra Pachamama impone el abandono escalonado e inflexible
del maquinismo contaminador. Así hasta que sólo impere el
jurado propósito de depender únicamente de las leyes naturales y
cósmicas; de por siempre.

98
POSTULACION COSMICA

El Cosmos, la Cosmogonía o la Cosmovisión serían


entelequias que se explicarían a sí mismas, sino fueren, como
efectivamente son, lo más aproximado a la interpretación de la
realidad universal. Queremos especificar con interpretación que
siendo conceptos mentales del ser humano, para referirse al
mundo exterior que le rodea —y del que él es parte indesligable
e interrelacionado—, son, sin embargo, una explicación que
emana de su propio mundo interior al entender que le rigen y
condicionan las mismas leyes. Lo que se da en el Micro-cosmos
se da también en el Macro-cosmos, como la mejor manera de
conservar que la dinámica que los impulse funcione sin errores
en las direcciones opuestas. O en todas las direcciones que sigue
la energía.
Si no existiese una ley común no se daría, por supuesto, el
equilibrio, y daría ocasión a que el Universo como tal, se
desplazaría anárquicamente. No se explicaría la marcha en
espiral del universo, ni cabría su constante expansión que la
compensa.
De lo anterior se desprende que todo cuanto existe: piedras,
minerales, cristales protozoos, algas y plantas, caracoles y
gusanos, peces y anfibios, animales y seres humanos, se rigen por
leyes inalterables que se condicionan a su tiempo y su espacio.
De este modo hay, entonces, un Macro-espacio y hay, a su vez,
un Macro-tiempo y un Micro-tiempo. Empero, esas diferencias
conceptuales, por las mismas leyes del proceso, llegan a
confundirse hasta el hecho de que, aparentemente, sus
perspectivas se complementan o neutralizan.
Para el indio preamericano había un tiempo de enlace y un
espacio de enlace, es decir el momento histórico en que se tiene
conciencia en que el espacio y el tiempo son una realidad en el
pensamiento humano. Por ejemplo el hanan-pacha es el tiempo
y el espacio del Universo (donde trabaja el cielo); el uku-pacha
es el espacio y el tiempo del sub-universo (donde trabajan las
semillas); siendo el kai-pacha, el espacio y el tiempo de los seres
vivos (donde trabaja el hombre).

99
Empero, el kai-pacha, es decir el mundo del centro, es el
tiempo y el espacio del enlace, el tiempo y el espacio de la
medianía. De esta suerte el ser humano conlleva el macro y el
micro cosmos, soñando y acomplejándose al mismo tiempo;
amando y odiando indistintamente; viviendo para el cielo y
muriendo para el suelo.
De este modo su mundo espiritual se llenó de símbolos
precisos, siempre animados de sus respectivas toponimias.
Expresión de la creatividad y la entrega a los demás era el pájaro,
porque al mismo tiempo que caminaba sobre el suelo también se
desplazaba ágil en el vuelo; su símbolo categórico: las bellas
plumas cuyos colores cobraban mayor distinción siguiendo la
secuencia de los colores del arcoíris. Los que presidían las
ceremonias religiosas, ceremoniales y políticas llevaban siempre
un penacho de finas plumas, lo que indicaba que eran los
mayores, los de mayor sabiduría, los encargados del gobierno en
consejos. Así y todo, pasadas las fiestas o los actos ceremoniales,
todo volvía a la normalidad; los penachos se guardaban, etc.
Como el ser humano está compulsado por la energía del
espacio y la energía de la tierra, su pensamiento tiende casi
siempre a lo imaginativo, al desbocado enriquecimiento de su
subjetividad. El indio preamericano no escapó a ese
condicionamiento, pero lo controló, lo llevó a la realidad, lo
morigeró cuando al descubrir las leyes de la Naturaleza, las imitó
guiándose por ellas. En este sentido imperó el mundo del kai-
pacha ¡
El símbolo de la serpiente contiene a la propia energía
ondulante. Esta representación genial de la energía que zigzaguea
signó toda una cultura, evidenciando los profundos
conocimientos de un pueblo que, al compenetrarse de las leyes
naturales, jugó y trabajó con realidades, dejando a un lado la
riqueza de su imaginación creadora al canalizarla o sacrificarla
en aras al conjunto, en bien de la unidad y armonía cósmicas.
Plataformas y pirámides llenaron los paisajes de los distintos
territorios de Preamérica. Más de medio millón de ellas se
encuentran esparcidas a lo largo y ancho del continente
americano, a modo de centros de difusión cultural, de homenaje

100
religioso a sus antecesores, de amorosa vigilancia para el
cumplimiento de sus normas morales, etc.
El símbolo del águila y de la serpiente unidos o
entrelazados, representa la unidad del espacio con el tiempo, de
la tierra que se arrastra ondulando con el cielo que se desplaza
volando. Unidad significativa que es, además, la propia
manifestación del ser pensante, creador de cultura. Representa
toda una edad histórica para México pero es también razón de ser
de las culturas del Pacífico Sur. El símbolo acapara o sugiere el
matrimonio de la Naturaleza con el Cosmos.
El tigre o puma, el cóndor o águila, unen a Preamérica en la
misma concepción del proceso evolutivo. A través de la
simbología graficada en sus plataformas y pirámides emana su
unidad conceptual filosófica. El Sol y la Luna presidían el
escenario como los polos intermediarios de la energía cósmica.
Siendo, a su vez, ellos mismos en la unidad familiar, en el amor,
en la trascendencia. Por cierto, al constatar que eran Cosmos, a
través del denominador común de la energía, estaban en todas
partes al mismo tiempo; es decir, eran también la estrella más
lejana y el mismo viaje que harían sin partir.
Si el Sol condiciona todo el quehacer de su existencia y de
su proyección —indicando que gracias al Sol, pensaban—, se
dieron a la tarea de investigar cómo trabajaba, cómo se
desplazaba y cómo estaba integrado. Al final de su trabajo
creador dejaron el testimonio de sus Calendarios Solares. Hay
centenares de ellos. El azteca, el maya, el quiché, el tolteca, el
quechua, el aymara, etc.; pero todos ellos acercándose y
alejándose de la verdad del movimiento del Sol, en la mecánica
invisible del espacio y del tiempo.
Recuérdese que la acción solar es única y distinta en cada
especie que conforma la escala del proceso vital cambiante. Cada
vida, en cada especie, es distinta; la prueba de esa diferencia la
encontramos en la huella digital que es diferente en cada
elemento. Todos los elementos de cada especie, se parecen, pero
son distintos. Y si ésto se da en el Microcosmos, la historia se
repite sin ser necesariamente igual en el elemento que viene,
tanto en el Macrocosmos, como en el mundo del intermedio, en
el mundial kai-pacha, puesto que en cada sistema todo lo

101
programado se repite. Sólo en nuestra Galaxia las repeticiones
por aproximación, son tantas, que escapan a nuestras
matemáticas formales. Confrontarlas en la mecánica terrestre, he
ahí la sabiduría incomparable de los abuelos preamericanos.
Toda especulación mental es válida si responde a la dinámica que
crea y condiciona esa especulación. Nada se da fuera de la
materia ¡.
Occidente creyó que había un Dios entre bambalinas que
"corregía" los desaguisados humanos para perdonar al Cosmos.
Y a su vez perdonarse. Pero, hay algo para meditarse
sinceramente: ninguna especie que integra desde su origen a la
vida humana ha desaparecido. El protozoo que es nuestro más
lejano pariente sigue con vida, sigue formando procesos, sigue
dando lugar a otras evoluciones; de esto han pasado más de
cuatro mil millones de años y Occidente cree que el hombre es la
última etapa de la evolución de la vida ¡
Por cierto, el ser humano aún no ha comprendido a
cabalidad el proceso indetenible de la integración de la energía.
Como todo en el Universo está condicionado a la polarización,
nada, absolutamente nada, escapa a esa ley. La piedra y el
mineral más duro, con el correr del tiempo, se transforman en
polvo, siguiendo el mismo destino del polvo de las estrellas. Y
después del polvo, el reinicio de nuevos mundos, como sí en el
incesante cambio se buscase la perfección para superarla luego,
en otras y otras especies superiores, cada vez más dilatadas,
expandiéndose y expandiéndose.
El indio, en cambio, se sumó a esa ley que escapaba a su
control estando inmerso en ella. Siguió la ruta visible del Cosmos
en el desplazamiento concreto del Sol y de la Luna; los estudió
en su traslación y rotación; supo de la aparente reiteración de los
mismos. Comprendió que su vida estaba íntimamente ligada a
sus fases y sus manchas; y que entre el padre Sol y la madre Luna,
miles y millones de estrellas compartían comunitariamente su
destino.
Todas las rutas llegaban hasta él, como si constituyese una
madeja en donde las plantas y las aves, los peces y los animales,
también confluyesen para que avanzase, siendo a su vez un
apoyo, apoyándose. Esta multitudinaria fusión era gradual, por

102
polaridades afines; jamás pensó que, a pesar de su amor a las
piedras, éstas no se fusionaban con él, no le facilitaban la vida.
Sabía sí, que las piedras como los minerales por su composición
energética vibraban, que tenían con él un denominador común;
que en cierta parte del camino de la evolución ellos se darían la
mano, se fusionarían a la vez en un todo armonioso, para luego
separarse en la militancia de otras funciones.
En ese tránsito interminable el indio sabía que la piedra era
una vieja estrella reducida. Para él jamás una piedra fue bastarda
porque estaba de viaje. En el polvo todo empieza y todo acaba.
En el Macro-cosmos crecían las estrellas y en el Micro-cosmos
los iones eran, a su vez, mundos a escala como copias de estrellas
en miniatura. Su mundo, su kai-pacha, al centro, tenía la ventaja
de la influencia de los dos que lo integraban.
Para el indio nada se iba definitivamente porque todo estaba
llegando y formándose. Sus muertos proseguían la incesante
marcha de la evolución en la misma forma que las aguas y el aire,
las plantas y las aves, los animales y los peces, proseguían en la
posta que unía indistintamente el Macro-cosmos y viceversa,
siendo él un intermediario privilegiado. De este modo la vida y
la muerte no eran más que estadios de la energía inexorablemente
cambiante. Sabían que sólo era permanente la armonía cósmica
bajo el imperio de unas matemáticas para él incomprensibles.
Subirse a esa dinámica fue su mejor manera de vivir y trascender.
Aquí es donde reside el gran secreto de su filosofía.
Fueron las plantas y los pájaros quienes le dieron al indio la
mejor enseñanza del poder creador de la energía en cada especie.
Descubrió que todo cambio creaba belleza y poesía como los
lados inadmisibles del espacio y del tiempo. Aprendió entonces
a vivir y realizarse en belleza y en poesía. Los infles de ceramios,
tejidos, terrazas, andenerías, pinturas, genética, ingeniería, etc.,
prueban ese indeclinable ejercicio creador.
El conocimiento teórico que tuviera el indio preamericano
respecto del Universo contribuyó en grado sumo a que su práctica
humana se enriqueciese y actuase bajo esos mismos lineamientos
y normas. Del encuentro de esa teoría —tiempo—y de esa
práctica —espacio— surgió la doctrina cósmica de su

103
postulación política y filosófica. Se nominaron los integrantes de
la raza-solar.
Lo demostró en la vida diaria de su ayllu, en su
comportamiento moral, en su enternecedor sentimiento religioso.
En el ayllu la polarización simple se dio entre las parejas y en el
matrimonio o durante el servinacuy (matrimonio de prueba);
luego en el afianzamiento de la familia que constituyó una gran
colonia, en donde los ancianos eran considerados un gran
privilegio, tanto por la defensa de las tradiciones como por la
sana influencia que tenían sobre sus hijos, y luego sobre sus
nietos; influencia que rindió grandes dividendos en el trabajo
colectivo y que fuera considerada por la Nación como una
riqueza.
Ninguna de sus relaciones comunitarias escapa a las leyes
naturales y cósmicas. Los seres humanos se comportaban como
las células de un tejido o de un órgano; es decir, trabajaban para
el conjunto impulsados por una ley superior. En reciprocidad
todos los que participaban en la incondicional entrega, recibían
equitativamente lo que debían recibir. Cada ser, como cada
célula, tenían una sola conciencia común.
En el trabajo, en la alegría, en las asambleas, en el descanso,
en la creación, todo lo realizaban en común, como un solo
organismo. La práctica de este ejercicio comunitario se hizo ley,
de suerte que todos la cumplían sin vigilancia, sin presiones;
fructificó la disciplina fraternal, el respeto mutuo porque era
consciente y daba prestigio.
Es ejemplar el estilo de su seguridad social. Esta empezaba
cuando el Supremo Consejo de la Nación recogía el mandato de
los ayllus: darle a cada niño que nacía su topo de tierra. Sano o
enfermito, baldado o excepcional, nada más que por el sólo hecho
de nacer, el niño era el primer favorecido. Se cumplía con el
porvenir, con la humanidad que venía, con el futuro que
empezaba, siguiendo el ritmo de la expansión cósmica.
Expansión controlada, planificada, se cumplía, también, cuando
al jubilarse el indio recibía de nuevo como un niño los cuidados
de su comunidad. Cuidado y respetado en su trascendencia. Así,
pues, niño o viejo el ser recababa seguridad social a que era
merecedor sólo por el simple hecho de vivir ¡

104
Además, toda manifestación cósmica —cerro o piedra,
charca o arroyo, rayo, trueno, fuego o frío, viento o nieve—eran
tenidas como dones del tiempo y del espacio, como fuerzas
sagradas que pugnaban por darle vida al Universo. Aseguraban
el movimiento y la medida. Fecundaban a la Naturaleza para que
se inaugurase permanentemente en nuevas especies, en nuevos
testimonios, en nuevas postulaciones.
En el cielo trabajaban los astros y las Constelaciones,
también en función del propio Universo. Las Pléyades fueron
para el indio punto de partida para la iniciación de las grandes
empresas agropecuarias. Asimismo la Cruz del Sur, la Estrella
Polar y Alción. De tanto que desentrañaron los secretos del cielo
supieron que el destino de la tierra y de los seres estaba
estrechamente interrelacionado a los fenómenos cósmicos. El
indio, al centro de ese armonioso y disciplinado universo, fue una
copia en vivo y en directo del Cosmos hecho ser humano, con sus
grandezas y pequeñeces, sumido y nutrido de la indetenible
corriente de la energía universal. Comprendió, entonces, que
algún día el hombre como tal tendría la conciencia del Cosmos,
al realizarse en una sociedad a su imagen y semejanza. Él iba
hacia esa incomparable realización.

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CAPITULO II

Para el indio preamericano su alma estaba dada primero en


el aire que respiraba, en el agua que bebía, en los vegetales, aves
y animales que ingería. Ya adentro, en su mundo interior, su alma
cobraba figura, cuerpo, medida y movimiento. Mientras él vivía
su alma necesitaba de todos los elementos que constituían su
cuerpo, sus huesos y su sangre; de suerte que al morir, no se iba
del todo, sino que volvía a reincorporarse al agua, al aire, a la
tierra, al fuego, para volver a ser las partes buscando al todo de
un nuevo camino.
Mas, como todo estaba celosamente organizado en el
Cosmos, su presencia le sugería que ella no era el resultado de la
improvisación, sino paciente obra repetida. Él era, pues, una
copia; pero no una copia al carbón, sino una imagen como la del
espejo, inasible, impalpable, pero que era una respuesta de algo
concreto y real.
Concluyo por pensar que en el Cosmos todo era dual, una
dicotomía al infinito constituida por un cuerpo y su sombra, una
parte visible y la otra invisible, la vibración y su eco, etc.; de este
modo la energía trabaja primero en sus invisibles maquetas para
cristalizarse luego en lo real y objetivo. Sin embargo, la
dicotomía no tenía repetición, como los muñecos de las fábricas,
sino que cambiaba constantemente. El hombre y la mujer eran
copias de sí mismos, pero no se repetían en otros hombres y otras
mujeres. La huella digital intransferible así lo certifica.
Como el Cosmos es intransigentemente comunero, las
fuerzas que trabajan en su seno son fuerzas duales. Lo individual
no existe porque, incluso, su propia fuerza intrínseca representa
un juego dialéctico, una insoslayable polarización. El
movimiento y la medida se dan en la unidad para afirmarse y
proyectarse. El padre es al hijo que no lo niega sino que lo
trasciende, como el fruto es la semilla que no la niega sino que la
proyecta a otros frutos y a otras nuevas semillas.

106
En el culto a los muertos el indio rendía homenaje a su
proyección futura, por lo mismo que él iba hacia la muerte que
es, no cabe duda, una semilla distinta. Su misma concepción
dialéctica de la Naturaleza y el Cosmos, contribuyó a que su
pensamiento fuera un puente entre la vida y la muerte, entre la
muerte y la vida.
Incluso aceptó a la muerte con intensa alegría porque perdía
su forma pero se reincorporaba a la energía total, para impulsarse
de nuevo. La muerte era una especie de relevo, un cambio de
posta fresca, máxime si el cuerpo que se dejaba estaba cansado y
viejo. Sí, pero para el indio la supervivencia sólo se daba en la
existencia de la Pachamama y el Cosmos. Personalmente él se
iba para crecer en la tierra, el agua, el aire y el fuego. Se
reencarnaba en los elementos constitutivos de la vida en general.
Prácticamente para el indio preamericano él jamás se iba a
morir sólo cambiaba de formas, ocupaba otro movimiento. No
conoció el complejo de morirse, por eso es que amó a todo
porque al morir él marchaba a ocupar ese todo colectivo. Como
su alma estaba dada primero en el aire, en el agua, en la tierra y
en el fuego, volvía a reintegrarse a los cuatro rumbos, a los cuatro
horizontes, al Tawantinsuyo.
Wiracocha no era un dios al estilo occidental, sino un enlace
entre el tiempo y el espacio, entre la vida y la muerte, entre la
forma y el movimiento. Como era una especie de coordinación
entre el cielo de arriba, el cielo del centro y el cielo de abajo, su
símbolo concreto fue el árbol: sus ramas al viento, su tronco en
el centro y las raíces en la tierra profunda.
Para los maya-quiché fue la ceiba el árbol que unía a los tres
mundos, de suerte que devino en planta sagrada. Bajo su ancha
sombra los ritos ceremoniales sugerían la comprensión del ser
que se incorporaba a la dinamita del todo unitaria, sin dejar de
ser él mismo.
En el espíritu de la ceiba el Sol tallaba su destino. Y en todas
las cosas el astro rey condicionaba su destino. El trabajo era del
día, mientras que el amor pertenecía a la noche; pero entre el
trabajo y el amor, la energía solar era una constante cósmica.

107
Con el Sol todo empezaba. La vida oscilaba entre la cercanía
del Sol y su distancia respecto de la tierra. La vida se colmaba de
solsticios, mientras que la muerte hacía de las suyas en los
equinoccios.
La vida empezó hace mucho tiempo en un ya lejano
solsticio; y desde entonces ella se recrea, se solaza y se
engrandece, en plena vigencia de los solsticios. Para el
preamericano los caminos del sol signaban su quehacer. Y se dio
entonces a construir sus ciudades, arar y trabajar la tierra, sobre
la línea solsticial. Así gozó de la tierra húmeda con olor a hembra
después de la lluvia.
Y frente al mar supo que allí, en el fondo apacible de las
aguas, estaba su remoto origen. El yodo y la sal en la brisa, eran
una suave y aromosa mezcla de hembras y yuyos. Entonces el
origen de la vida tiene un olor que nos conturba y prepara para el
amor y la muerte. En tanto que la memoria nos recuerda la
condición anfibia de nuestro origen. El amor de los hijos a su
madre explica al mar, al lago, a la sal y el alga. Y hay una fuerza
irremediable en el hombre cuando al amar busca en la hembra su
recóndito origen.
La Luna, arriba, trabaja sobre los mares y los mueve; hace
que la sabía trepe por los vasos leñosos a la copa más alta de los
árboles y de sus ramas; y predispone a las hembras para la
procreación y la entrega. La Luna sugiere cómo hacerlo y cambia
de conducta con sus fases. La Tierra la influye con su gravitación,
mientras que el padre Sol la sujeta de todo peligro con los hilos
invisibles de su fuerza energética. Los tres tienen vida propia
pero se unen en el quehacer de todas las especies,
proporcionalmente. Esto hace que los seres humanos seamos tres
cuartas partes de agua y la otra de energía solar.
Claro, hay un proceso dialéctico que es común a todo el
Cosmos, pero también hay dentro de ese gran proceso otros que
corresponden indistintamente al espacio y al tiempo de cada
especie; de modo que, por la afinidad de los procesamientos es
que se entienden las especies. Por ejemplo, el ser humano se
entiende con el agua, el aire, la tierra y su flora y su fauna, porque
los lleva dentro y le son necesarios; pero el ser humano no es afín
a la piedra ni a los minerales puros, salvo con los minerales que

108
las plantas y animales procesaron para el hombre. Es que el lento
procesamiento de las piedras y de los minerales tienen otra edad,
en otro espacio y en otro tiempo dialéctico. Todos los
procesamientos biológicos pueden tener afinidad, pero no todos
los procesos, a escala histórica, por su edad cósmica, tienen o son
afines a la vida.
Sin embargo, el preamericano, guiado a pie juntillas por las
leyes de la Naturaleza que traducía las leyes del Cosmos, supo
orientarse y utilizar las afinidades de los procesos en la forma
más simple: por la práctica diaria de su propia vida. La
conciencia de su vida colectiva le hizo actuar como un todo,
como un gigantesco organismo integrado de pequeñas células
que eran y se comportaban como él en lo particular.
Por eso es que el indio se estudió a él mismo; llegó hasta el
conocimiento de sus entrañas vitales y al dominio del
comportamiento de sus neuronas. Los miles de trepanaciones
craneanas hablan por sí de su afán científico investigador, cuyos
resultados ignoramos en el presente pero que se intuyen por su
comportamiento social, político y económico. Al dominar la
dialéctica de las cosas y de los fenómenos, comportándose como
los más grandes materialistas científicos, se comprueba que
hallaron la unidad generadora que servía de denominador común
al macro y al micro-cosmos. Su cerebro fue, pues, un ayllu, como
lo eran también sus órganos vitales. Y no es forzado el afirmar
que el Supremo Consejo del Tawantinsuyo se comportó y actuó
como las neuronas para el cuerpo humano.
Si nos detenemos en la observación de cómo están
integrados los grandes muros de Sacsayhuamán, comprobaremos
que las grandes piedras están unidas y engarzadas entre sí como
se unen y engarzan los tejidos en el cuerpo humano. Y si
observamos también detenidamente el trazo de las parcelas en la
falda inclinada de los grandes cerros, veremos que siguen el
mismo estilo de los tejidos humanos. Así se dan consistencia,
detienen la erosión y se enfrentan con éxito a las catástrofes
telúricas.
En Chanquillo, Casma, vinculado en alguna que otra forma
con Chavín de Huántar, existen las ruinas de una mal llamada
fortaleza que no es más que la representación a escala de una

109
célula humana. Su figura esferoidal, su membrana exterior a
modo de protoplasma, el núcleo y el endoplasma representan, en
sí, el conocimiento que tuviera un pueblo de la base fundamental
de la vida y su organización.
Y más arriba, en el propio Chavín de Huántar, en la mal
llamada Plaza Hundida, se encuentra la expresión más elocuente
e irrefutable del conocimiento científico que tuvieran del origen
de la vida, y de la vida misma, en su quehacer cuotidiano. Allí
están insinuando los cuatro elementos básicos constitutivos de la
vida —las cuatro escalinatas, cada una orientada hacia los puntos
cardinales—, y en cada escalinata las siete gradas a modo de las
siete unidades, que son indispensables para la polarización y
equilibrio de la misma vida.
Pues bien: ¿y qué decir del Lanzón que Tello encontrara en
las entrañas pétreas de Chavín de Huántar, a modo de insinuado
gran espermatozoide? En esta larga figura de piedra tallada
hallamos el proceso de la evolución de las especies y de la vida.
Desde el protozoo hasta el hombre. Y entre especie y especie
todos los símbolos tienden hacia lo antropomórfico.
De otra parte, preguntémonos: ¿Y qué son las plataformas y
las pirámides indias? España y les occidentales encontraron en
cada una de ellas formas militares, de defensa y ataque, de, guerra
y odios. Pero acontece que cada plataforma y cada pirámide —
las hay de cuatro, cinco, seis, siete y nueve cuerpos—, tiene una
significación respecto a la evolución de la vida como tal, su
simbología concreta, y su trascendencia religiosa y cultural.
Además les servían de acumuladoras solares.
Todas las plataformas encontradas tienen tres cuerpos,
nunca dos o una. Y es a partir de la tercera plataforma donde
comienzan las formas superiores de cultura y civilización.
Cuatro, cinco y seis plataformas superpuestas evidencian la vida
evolutiva hasta el hombre y su proyección hacia lo
"innombrable" que es el Cosmos.
Las plataformas y pirámides parten de una base
cuadrangular que les es común, pues en lo cuadrangular se indica
que cuatro son los elementos que hacen posible a la vida
organizada.

110
Las tres primeras plataformas representan la vida primaria:
piedra, cristal, protozoo; luego lo vegetal, como forma de vida
secundaria; y la plataforma certera: lo animal, generalmente el
puma y el tigre, que pueden saltar pero sus garras matan y roban.
Tres plataformas evidencian la vida primitiva, sin cultura, sin
inteligencia humana.
Cuatro plataformas, es decir propiamente la pirámide, indica
que empieza el despegue de la cultura. Comienza la vida superior
pero dentro de su contexto comunitario. El ser humano se
desplaza entre el animal que lleva y el ser ave que lo propugna.
Si es egoísta y se cierra en sí mismo, es un tigre o un puma,
trabaja para atrás, para Occidente.
Cuando las pirámides tienen cinco plataformas, es decir
cuando ya hay una forma superior de trascender creando o
procreando, están dedicadas a la Luna y sólo a la Luna. Pero
cuando tienen seis plataformas, la pirámide es solar, está
dedicada al Sol; significa lo más alto en el procesamiento vital.
Empero, todas las pirámides definidas como solares, acaban
siendo truncas. No se cierran en su vértice. ¿Qué viene después;
qué se sugiere dentro de la concepción materialista y dialéctica
de su razón de ser? Lo trunco no cierra, abre perspectivas. Lo que
sugiere es el encuentro con el Cosmos. Es la consustanciación.
Es la transfiguración. Es el ser hecho Cosmos.
Sin embargo se sabe, por el mismo juego dialéctico, que al
iniciarse un nuevo proceso, a partir de la evolución del hombre,
empieza la aventura de lo desconocido. Nadie sabe qué es lo que
viene después del ser humano. Nadie sabe cómo será la nueva
especie humana.
Lo trunco —la pirámide sin cerrarse— abre una perspectiva
que puede ocupar un tiempo de milenios. De millones de años si
tenemos en cuenta que del protozoo al alga transcurrieron 60
millones de años. En la apertura el sacerdote indio colocó cuatro
columnas que fueron soportes de una breve habitación solar.
Especie de altar disparado a los cuatro horizontes.
El estudio detenido de las plataformas y de las pirámides,
como connotaciones geométricas del tiempo y del espacio, nos
demuestra el empleo de las matemáticas, de los pesos y de las

111
medidas. Además, esas construcciones se integran al paisaje, en
la misma medida de que la línea solsticial en su punto de partida.
Las sombras que proyectan siempre señalan el rumbo de las
estaciones.
Cada plataforma representa una especie. Su base
cuadrangular tiene en cada extremo el símbolo de los elementos
constitutivos de la vida. Hay las plumas que representan al aire;
las espinas que representan simbólicamente al agua; pedacitos de
ramas que sugieren el carbón-fuego; y, finalmente la tierra, en su
símbolo nitrogenado.
La base toda es la expresión del mineral —la vida escondida
en sí misma—; luego la segunda acapara al reino vegetal; la
tercera plataforma representa al animal; la cuarta a la vida
humana; siendo la quinta, la lunar, a la procreación; y la última,
en homenaje al Sol que es el ser creador de creaciones. La sétima
plataforma se sugiere en el aire, en el ámbito donde trabaja la
energía haciendo astros, sistemas, galaxias, etc., etc.
Las plataformas están unidas por el símbolo de la energía
ondulante: la serpiente, a modo de escalera funcional, por donde
desciende y asciende la energía y se transforma en especies dadas
dentro de la Naturaleza.
El conjunto de pirámides en torno a la de la Luna y el Sol,
representa simbólicamente al Sistema Solar. Es un conjunto que
se interrelaciona para facilitar al proceso dialéctico.
Entre la pirámide del Sol y la pirámide de la Luna hay un
largo camino que partiendo del alba acaba por ocultarse en el
ocaso, sin apartarse ni un sólo milímetro de la ruta solsticial.
Se trata de obras que sólo pudo hacerlas el genio
arquitectónico de un pueblo que se postulara política y
filosóficamente como cósmico. Postulación teórica llevada a la
práctica hasta el mínimo detalle. Agreguemos que eran, además,
un Sistema acumulador de energía.

112
CAPITULO III

Cuando el pueblo de los Incas empezara a expandirse,


llevando la buena nueva del socialismo comunitario, algunos
historiadores han calificado a ese hecho como una guerra de
conquista. La acusación es injusta y no corresponde al
comportamiento político-filosófico de una nación que al amar
todas las cosas que le rodeaba, aborrecía el odio y la rapiña.
Veamos cómo se efectuó la expansión y sabremos entonces
que se está frente a un estilo superior de vida social, cuya
diplomacia atrayente y persuasiva corresponde a otras categorías
de relación.
Tengamos presente que la expansión vital se hizo cuando en
derredor de la Nación Inca habían pueblos atrasados, tribus que
perdieran su derrotero, cacicazgos de baja monta El Incario
portaba el socialismo y los avances de su ciencia y tecnología;
por eso, antes de actuar con violencia, los activistas mitimaes
exponían sus ideas y explicaban las ventajas de la forma, del
gobierno comunero. De la palabra pasaban a la demostración;
enseñaban a canalizar las aguas, a usar mejor los abonos
naturales, a construir caminos y a gobernarse en Consejos, etc.
Los pueblos seducidos al socialismo, aceptaban de buena
gana la superación ofrecida que, por otra parte, les daba una
mejor alimentación, un mejor nivel de vida de relación, vestidos,
alegría, salud y cultura, etc. Al cambiar de situación y trocarla
por otra más digna de ser vivida, lo hacían conscientemente y no
por el temor a las armas y a la soldadezca.
Las exigencias del socialismo incásico eran elementales:
que aprendiesen a trabajar en común, organizándose en ayllus y
nutriéndose del sentimiento filosófico-religioso que les daba una
inteligencia cósmica. Los Incas, por su parte, incorporaban a su
mundo las realizaciones positivas de los nuevos pueblos aliados
al Tawantinsuyo. Y no sólo incorporaban lo material sino que les

113
respetaban sus creencias religiosas, sus tradiciones morales, etc.,
de modo que su poder creador se viera multiplicado con el
impulso del socialismo comunitario.
El Cusco fue creciendo con la presencia de todos los
representantes de los legítimos pueblos liberados. No creció
burocráticamente, por que no existía la burocracia; se robusteció
el poder político, pero ese poder no dio lugar a castas parasitarias.
Como nadie tuvo fueros, todos trabajaban por devoción, como
alegría, como deber religioso y moral.
Al crecer el Tawantinsuyo las tierras fueron produciendo
más y mejor por obra de la planificación incásica. Los pueblos
aprendieron a habilitar nuevas tierras para ir preparando el
destino, asegurado de sus hijos. Después del amor venían los
hijos a sellar ese amor; para cada hombrecito: un topo, para cada
mujercita: medio topo; es decir, entre ambos recibían casi dos
hectáreas de tierras fértiles.
Entretanto, mientras los niños crecían rara ocupar y trabajar
sus respectivas tierras, era la comunidad la favorecida porque la
producción se repartía en común, separando aquella que se
acumulaba para los días aciagos o para imprevistas catástrofes
nacionales. La producción se guardaba en tambos eme se
ubicaban al lado de los grandes caminos del Incario, bajo el
cuidado de las propias comunidades aledañas. Cuando llegaron
los españoles brutos encontraron miles y miles de esos depósitos
incluso con alimentos y vestuario hasta para doce años
consecutivos al servicio de sus respectivas localidades.
Los hombres conductores del Tawantinsuyo tuvieron
conciencia de su naturaleza humana, de su ser social. Por eso no
fueron conquistadores, sino liberadores de pueblos. Al no ser
terratenientes, ni capitalistas, la rapiña que le adjudican a los
Incas, resulta una necedad y una impostura. ¿E afán de prestigio
puede convertir a los hombres en seres dictadores? No, porque a
los hombres, como a los pueblos, les mueve siempre un afán de
trascendencia —se expande, está sujeto a la Polarización de la
materia—, pero triunfa si sirve a los demás, si los eleva a
grandezas y virtudes. Las dictaduras, en cambio, crean esclavos
y hombres tristes; su accionar es involutivo.

114
En cambio los conductores incaicos fueron evolucionistas
porque eran naturalistas. No podían hacerle daño a los demás sin
ellos hacérselo, como reza su postulación política y filosófica
cósmica. De lo que resulta incomprensible se les llame
"déspotas" a quienes se sabían repartidos en el agua y en el aire,
en las plantas y en las aves, en todos los demás hombres. Sucede
que quienes han juzgado y mal a los conductores indios lo han
hecho desde la perspectiva occidental, en donde el hombre
resulta el lobo de sí mismo.
Por lo demás, recuérdese que el verdadero conductor no fue
más que el padre de familia elegido a través de los ayllus, en el
kamachico, e incluso entre los viejos ya jubilados y lejanos del
control directo de la producción, que es la discordia en el mundo
occidental, ¿Cómo suponer que el venerado anciano sea sabio y,
al mismo tiempo, un salvaje matón? Dentro de sociedades
normales resulta inadmisible que un santo —en la teoría y en la
práctica— sea también un diablo.
Cuando los pueblos son comuneros en la teoría y en la
práctica, sus conductores son fiel reflejo de esos pueblos. No
puede haber contrabandos máxime si los conductores trabajan a
la luz pública; en el ágora, sin nada para ocultar.
La pirámide social que conformaba al Tawantinsuyo era
rotativa desde la base a la cúspide, porque el gobierno se ejercía
no por derecho sino por deber. Téngase presente que todos en el
ayllu, como en la sociedad de los ayllus, tenían la obligación de
desempeñarse como conductores. Y como todos en su momento
oportuno dirigían, desde el llano hasta la cúspide —en el Gran
Consejo de Ancianos—, a la Nación, nadie podía extralimitarse
sin ser inmune al castigo popular.
La pirámide social, por la misma nominación decimal de sus
organizaciones, se iba elevando escalonadamente hasta llegar al
Consejo Supremo que era también un ayllu rotativo y
conformado por los abuelos de mayor sabiduría electos por sus
bases de origen. De plataforma en plataforma la pirámide de
padres de familia culminaba en Consejo, al igual que las
pirámides de piedra: nunca cerradas en el vértice, sino truncas
para dar cabida a las fuerzas cósmicas que son colectivistas.

115
Se acusa al Incario de haber sido gobernado por una cerrada
y despótica teocracia, lo que es una redomada falsedad histórica.
Los mismos padres de familia organizados de a diez, de a cien,
de a mil, de a diez mil y de a cien mil, hacían las veces de
sacerdotes para las ceremonias religiosas, para el cuidado de las
tradiciones, para el culto a sus muertos sagrados, etc.
El sacerdote indio, que era el padre de familia más anciano
en su respectivo ayllu, era elegido incluso entre los jubilados; su
ascendencia fue estrictamente moral porque todos le estimaban;
era, pues, un autorizado, no una "autoridad" en el concepto
occidental. ¿Cómo aplicar el despotismo o el autoritarismo si les
era desconocido como norma de convivencia humana? Acontece
que los historiadores occidentalizados sólo analizaron a la
sociedad incaica a través de una visión bastarda y ajena. Su
ignorancia es tan grande que injustamente acusaron, y denostaron
al único pueblo que en la Antigüedad se elevó a la civilización
suprema de un socialismo comunero por cósmico.
Son esos mismos historiadores los que llamaron al Inca, que
era el vocero del Supremo Consejo, como el Rey; a las llamas y
alpacas les dijeron ovejas; a la chicha, vino; a los monolitos,
calendarios y kipus, como testimonios de herejía supinas ¡
Pero lo más grave de tanta infamia, es que hasta hoy se
persiste en el error para favorecer al sistema occidental. Porque
si se aceptase que el Tawantinsuyo, como la gran Nación de los
Ayllus, fue socialista por comunera y científica por cósmica, se
vendría abajo el voluminoso edificio, construido por Occidente.
Aceptar la idea de que el Tawantinsuyo fue científicamente
una sociedad comunera, significaría que se acepta que la familia
es la mejor realizadora del destino socialista de los pueblos; y,
asimismo, que la organización decimal de los padres de familia
garantiza la perennidad de un Gobierno en Consejos que
rechazaría por igual a los grupos de poder, ya de casta, ya de
fuerza.
Todo empezaría a cambiar. Habría un viraje de 180 grados
en la dirección social de los pueblos y de las naciones. Empezarla
la reconciliación con la vida porque no se le apartaría de las leyes
naturales y cósmicas.

116
Se retornaría a la vigencia del Padre Sol y de la Madre Luna,
en el sagrado respeto de la Pachamama que es la Tierra. Entonces
la ciencia y la tecnología, como en los tiempos del Tawantinsuyo,
estarían condicionadas a la energía solar en todas sus formas,
aprovechadas al máximo pero sin alterar las relaciones
ecológicas que forman, desarrollan y trascienden, nuestro
espíritu y su fuerza materialista creadora.
¿Y qué se haría, entonces, con las grandes máquinas
movidas por la energía bastarda de los hidrocarburos? Habría que
efectuar el procesamiento de su liquidación. Habría que ponerles
coto y luego obligarlas a que se batan en retirada. La guerra es a
muerte: ellas o la humanidad.
Colocados en el límite, puestos en la alternativa de escoger
entre la muerte lenta por la acción criminal de las máquinas, y la
vida tras el esfuerzo de nuestros brazos y nuestras energías, no
nos queda sino abrazarnos a la vida natural, a la vida donde el
aire y el agua sean puros, sin contaminación alguna; no nos queda
otro camino que el de proteger a nuestros animales y nuestras
plantas, a nuestras aves y nuestros peces, porque ellos y nosotros
formamos una unidad que busca su equilibrio, en el respeto
mutuo, en la libertad, organizada. No olvidemos jamás que ellos
y nosotros formamos la gran conciencia telúrica, con los brazos
abiertos a la conciencia cósmica del Universo.
¿Que esto es imposible? ¿Que se nos vienen las bombas
atómicas, los aviones nuclearizados, las tropas manejadas por las
empresas transnacionales y los tanques asesinos de los
minoritarios grupos de poder? Pues si pueden y quieren, que se
vengan, pues hay millones y millones para morir en el camino
para detenerlos. O las maquinas o la humanidad. O la vida natural
o se van ellos, primero que nosotros. No hay voluntad superior
que la de los pueblos que se deciden a luchar. Téngase presente
que a Occidente debemos éste callejón sin salida en que se
encuentra la humanidad. Es Occidente el que ha puesto al mundo
al borde del abismo. La alter nativa es, pues, las máquinas o la
vida humanas ¡
Tenemos que quedarnos con la vida. Es nuestra razón de ser.

117
CAPITULO IV

Para normar su conducta ante los demás, el indio partió de


su dependencia frente a todo lo que le rodeaba y que lo constituía.
Si necesitaba del aire y del agua, de los alimentos provenientes
de la flora y de la fauna marinas y terrestres, de ellos dependía
para estar calmo y ser feliz. Conservarlos y protegerlos se le hizo
necesario y normal.
Observó que, gracias a la variante de los climas, la flora y
fauna cambiaban, cambiando él también. Comprobó, así mismo,
que frente a su mundo andino —de altas cumbres y de valles
escarpados— requería de mucho esfuerzo para satisfacer sus
necesidades más elementales. Se unió a otros para realizarse en
el trabajo y en la distribución; comprendió, entonces, que era a
su vez un dependiente del esfuerzo colectivo.
Con santo amor e inteligencia se dio cuenta que era una
insignificancia pues todo le era dado por la Naturaleza; para
realizarse, tenía que desplazarse y trabajar, y para proyectarse y
trascender requería del amor. Sólo le era dado, como propio, su
pensamiento que, curiosamente, de nada le valía sino en la vida
de relación.
Los Andes se impusieron; el paisaje imponente condicionó
la conducta de los andinos, obligándolos a la meditación y a la
inteligencia, a la observación de la fenomenología circundante.
Ante la Cordillera altiva el hombre respondió con la solidaridad
humana. Forzosamente tenía que ser comunero para poder vivir
entre la áspera faja interandina.
Por eso es que el indio comunero no se explica sin los
Andes; es un producto extraordinario, fuera de serie, como la
inmensa espina dorsal que son los Andes para el cuerpo terrestre
de América Latina. La conciencia colectiva del indio, no es más
que la conciencia telúrica que se manifiesta en el desplazamiento
masivo de sus gentes. El indio, en ese sentido, no es más que una
célula del Ande. Una gran célula solar con ancha caja toráxica y
un intenso corazón que desafía alturas.

118
Arriba el cielo estrellado está más cerca del sentimiento del
hombre; es casi un vecino que puebla su imaginación. El Sol
entre tanto, al trazar su ruta solsticial dibuja una línea recta
imaginaria que atraviesa los centros más importantes —
Tiawanaco, Cusco, Huancayo, Cajamarca— uniéndoles en el
tiempo cósmico. Los centros ceremoniales de estas importantes
ciudades preamericanas se vinculan entre sí como hijas solares
serranas. Por eso es que Daniel Ruso dijo que el Tawantinsuyo
fue trazado a escala cósmica partiendo de la línea solsticial.
Fue indiscutiblemente un trazo vital de depurada utilidad
para su agricultura y el usufructo de la energía solar. Esto
significa que su tecnología corresponde a la certera aplicación de
su ciencia solar, en otras alternativas. No atraparon al Sol en el
sentido de mover máquinas, sino que al estudiarlo en sus
desplazamientos comprobaron cómo substraerle mejor su fuerza
energética. Se dejaron estar; el padre Sol puso lo demás.
Por cierto que todo este conocimiento científico lo dejaron
impreso en la maravilla de sus kipus multicolores;
desgraciadamente la ignorancia de la soldadesca española los
quemó en un raptus de delirante superchería, privándole a la
humanidad, de este tiempo, del camino para su liberación y
cultura. El crimen de España, en este sentido, es imperdonable,
pues ni el odio más cerril puede justificar la quema o la
liquidación de los testimonios culturales de servicio general. Pero
así fue.
La línea solsticial normó, pues, su vida material y espiritual,
de tal modo que su sentimiento colectivista se inspiró en bases
materiales y dialécticas. Su lengua, el runa-simi, viene en
nuestro apoyo, pues siendo un idioma del más pura y exigente
corte socialista, su estudio es una obligación científica.
La vida cuotidiana del indio en comunidad fue regida por la
acción solar, De seis a seis. De esta manera, a la luz del día, en el
campo, su mente se fue poblando de relaciones naturales,
limpiamente, sin subterfugios, al amparo del padre Sol que le
posibilitaba la vida y el sustento diario. Esto hizo que no
utilizaran la noche sino para el descanso y el amor, siéndoles casi
innecesaria la luz artificial —el fuego nocturno— salvo para
casos excepcionales. Arriba, en medio de los valles interandinos,

119
la luz de la Luna y el lejano resplandor de las estrellas hacen fácil
ver los caminos y los rostros queridos.
En la noche los árboles y las plantas le reemplazaban en el
trabajo natural. La Luna se desposa en el seno de las aguas —
ríos, lagunas, mares—, las movía y se hacía entrañas buenas en
las mujeres para la reproducción. Las tierras se reponían, también
les tocaba el sueño reparador. Los frutos se preparaban para
asomarse al día y los pájaros ensayaban dormidos su canción
madrugadora. La noche, pues, era el silencio que almacenaba a
los ruidos para soltarlos de nuevo, al día siguiente.
Su conducta fue clara y rotunda. Dividieron al tiempo: el día
para el trabajo; la noche para el descanso. El Sol les regía para la
acción creadora; la Luna les propiciaba el descanso y les
facilitaba el amor para la acción reproductora. Es decir,
respetaron con eso la sagrada división del tiempo cósmico,
porque tenían conciencia de su limitación.
Además, ellos sabían que su organismo estaba condicionado
al Sol, de modo que consideraron un absurdo vivir de noche o
trabajar de noche. No serían é los, hijos de la Naturaleza y el
Cosmos, los que estúpidamente actuaran en contrario, al revés,
porque a la larga se destruirían, destruyendo a su especie.
El día es el tiempo biológico para los seres humanos, los
mismos que están condicionados a un reloj biológico. Occidente,
que siempre le dio espaldas a la Naturaleza, invirtió el orden
biológico; en lugar de facilitar el desarrollo de la vida humana,
fue creando topos, búhos, murciélagos, etc. Como la vida de los
pobres y de los humildes no tiene para Occidente la menor
importancia, pues que mueran en el imperio de las sombras para
que, al final, en lugar de sangre tengan tinta. La inversión en el
tiempo biológico equivale a la degeneración de la especie
humana, porque la vida está regida por un reloj biológico solar.
¿Qué vida puede desarrollarse bajo el imperio de las
fábricas, que además de funcionar de noche, contaminan y
alteran todo? Ninguna; por el contrario, están creando un
proletariado enfermo, noctivagante y sicótico, que resulta
incapaz de crear virtudes o de propiciar, cuando menos el
advenimiento de una especie superior humana. Por consiguiente

120
está vedada para dirigir el proceso revolucionario de la vida. Está
en condiciones de desventaja respecto de su hermano
revolucionario, el indio campesino, máxime si éste tiene una real
conciencia colectivista y conserva su dignidad humana y el
sentimiento de su gran fraternidad.
El proletariado está en la línea del proceso de las grandes
transformaciones, pero no para dirigir la revolución, ni menos
que ésta se haga en su nombre. Pues está viciado desde su origen.
Veamos cualquier fábrica, en cualquier ciudad del mundo;
entonces observaremos que el Sol no llega a sus entrañas. Por el
hueco de las sucias claraboyas o el ennegrecido largo tubo de las
chimeneas no logra penetrar el Sol, ni aun arrastrándose o, en arte
de magia, adelgazándose. En las entrañas de las fábricas campea
la luz artificial, los gases tóxicos y el gruñido agresor de los
caporales, capataces o aprendices de gerentes.
Por cierto, el padre Sol al caer en nuestro medio lo hace
aprovechándose de la inclinación de la Tierra, es decir al caer
oblicuamente sus rayos se expanden mejor y se adhieren a las
abruptas faldas de los cerros andinos. Caen prácticamente como
si los iones solares bajaren en paracaídas. Lentamente. Su caída
cae como el amor vencido.
Hay que imaginarse cómo habrán de llegar los iones para
penetrar en los difíciles huecos de las chimeneas. Si logran
hacerlo, en el mismo instante, se asfixian, se ahogan; al final lo
que penetra y llega a la piel del obrero, es nada. El obrero al
retornar a su hogar ignora que el Sol existe. Si lo recuerda es por
una simple referencia. Algo así como un lejano sueño. Y cuando
llega el domingo de su placentero descanso, o bebe o se la pasa
encamado¡
La mal llamada" revolución industrial", no es más que la
operación criminal contra el proletariado mundial, pues al
apartarlo de la energía solar directa, le ha colocado entre sus ideas
la ilusión de que algún día será patrón, jefe o líder de las masas
que, en verdad, son la antesala de los hospitales y de los
cementerios.

121
También la contaminación es ambiental y mental; hay, por
eso, una pedagogía del engaño y la simulación. Los espíritus
contaminados doblan las espaldas, se asustan ante el grito del
amo. ¿Cómo entonces la revolución de la vida, puede estar en
esas manos? Los enfermos no son jamás buenos profesores, Hay
el peligro de que difundan la contaminación que les corroe, que
ha encontrado plaza en el fondo de sus almas. Hay, también, la
filosofía de la pudrición y del smog.
Nada hay de transparente en la democracia de hoy, pues ella
soporta la contaminación en sus líderes o en sus grandes
capitanes de empresa. Desde su nacimiento la democracia
arrastra el subjetivismo de su origen ilusorio; y, ahora, en pleno
Siglo Veinte, ella chorrea monóxido de carbono y ahoga a las
ciudades con el engañoso humo de su falso progreso
industrializado.
El mal empieza con Occidente. Desde entonces ha
convertido en cínicos hasta a sus partidos de oposición, los
mismos que se desplazan en coro tras su carrera de muertos.
Claman contra el alto costo de la vida, gritan para que los salarios
aumenten, se quejan de la corrupción existente, etc., etc., pero
son su imagen en el espejo de la realidad: son su lado izquierdo,
el reverso de la falsa moneda.
El smog de la democracia es su propiedad privada; de allí
que sus hombres conductores sean, en verdad, unos miserables;
al contaminar el ambiente matan la vehemencia en la juventud y
la sobornan con becas en el extranjero.
La revolución industrial mantiene a los pueblos en
cuarentena. Prácticamente su nefasta influencia mantiene en
estado de pre-coma a los llamados pueblos desarrollados. ¿Qué
tiene de natural, de vital, de humanizada? Nada, por todos los
ángulos que se le mire es una brutal engañifa, una estafa de nunca
acabar. ¿Es socialista al conquistar la industria pesada? ¿Es
comunista cuando llena de chimeneas, las urbes y las contamina?

122
LA DIALECTICA DEL INDIO

Hay una substancial diferencia entre la dialéctica usada por


los homosexuales griegos en filosofía, y la empleada por los
Amautas indios en sus postulaciones cósmicas. Mientras que
para los helénicos el juego dialéctico se resolvía entre contrarios:
tesis y antítesis para dar el salto de calidad en la síntesis, para el
filósofo indiano no habían contrarios, sino elementos que
constantemente se fusionaban.
Sometamos las dos maneras de interpretar el concepto de la
dialéctica en sí, al rigor de las leyes de la Naturaleza —es decir a
las leyes cósmicas—, para saber cuál de las dos es la aceptable y
científica.
Todo el pensamiento del indio preamericano se regía por las
leyes de la Pachamama, esto es, por la madre tierra; luego su
pensar dialéctico era eminentemente científico y materialista.
Recordemos que la Naturaleza y el Cosmos se desplazan por una
ley absoluta: la de las polaridades energéticas.
Para comprender el fenómeno de la polaridad —propiedad
que tienen los agentes físicos de acumularse en los polos de un
cuerpo— tenerms que partir de la existencia concreta de los iones
positivo y negativo. En la madre Naturaleza estos polos resuelven
sus problemas fusionándose, esto es: sintetizándose para dar paso
a nuevos iones positivo y negativo, así permanentemente.
En la búsqueda de la verdad, la dialéctica es un impulso
natural. Mas cuando se habla de una lucha permanente de
contrarios, esto es, de antagónicos que se repelen, se perpetra un
subjetivismo puesto que en la Naturaleza y en el Cosmos todo
tiende a fusionarse. De esta suerte la aparente lucha de los
"contrarios", es decir del polo positivo ante el polo negativo, se
resuelve al dar la luz, que es un hecho de fusión física.
Igualmente, el diástole frente a su "contrario" que es el sístole, se
fusiona para dar paso a la vida.

123
Los Amautas indios siguiendo esa conducta
permanentemente de la Naturaleza y el Universo, buscaron
constantemente la fraternidad que es ya un impulso de fusión; de
allí que para ellos todos los seres son hermanos, porque todos son
hijos de la Pachamama. El ser humano es, de esta manera,
pariente de todo cuanto le rodea: aire, agua, plantas, animales,
pájaros, luz, tierra, etc.; puesto que, por la ley de las polaridades,
todos forman una gran unidad absoluta; todos somos una misma
familia en distintos procesamientos.
Para los filósofos de Occidente ese subjetivismo de
contrarios", acaba siempre por resolverse por medio de la guerra,
la ocupación, la discriminación, la jerarquización en clases, etc.
No es un problema de semántica, como algunos suponen
para justificar a la dialéctica occidental y cuya paternidad habría
que buscar en Grecia, sino un problema de concepción de la vida
y del destino de los pueblos. La supuesta lucha de "contrarios"
genera, siempre, la propiedad privada; en tanto que la fusión da
paso al colectivismo, a la propiedad colectiva de los medios
sociales de producción.
Algunos pensadores, qué se precian de materialistas
dialécticos, aceptan el proceso evolutivo de las especies para
explicar la presencia del hombre, pero dejan de serlo cuando
trasladan sin éxito razonable la dialéctica al proceso de las leyes
económicas. Como la economía es una hábil postulación
subjetiva del hombre, se le intenta dar carácter de ciencia, sin
fortuna .Científica. En la Naturaleza y el Cosmos las leyes de la
economía política del hombre no funcionan, no tienen respaldo
materialista científico. Acaban siendo subjetivismo puro. De,
esto se desprende que el pensamiento científico occidental que se
"eleva" a filosofía, es falso, carece de respaldo científico natural.
Para el filósofo occidental el hombre es contrario del
hombre, no su hermano. Esa contradicción la resuelve con la
guerra, con la jerarquización en clases, con la discriminación, la
explotación y el vasallaje. En tanto que el Amauta indio dio paso
a la fraternidad, a la solidaridad entre los seres humanos, a la
creación de una sociedad comunera organizada en ayllus y
gobernada por Consejos. Esto significa que la dialéctica, seguida
y practicada por el indio, fue científica por natural y cósmica.
Durante diez mil años América preparó a la nación india para que

124
plasmara el Tawantinsuyo y realizara la hazaña de cristalizar la
inmortal sociedad comunera.
Veamos, de otra parte, la práctica de ese pensamiento
dialéctico en el indio preamericano. Para éllos existía el bien y el
menos bien, de tal modo que las cosas y los seres eran o
solamente buenos o menos buenos; el mal, o lo malo, les fue
desconocido o totalmente rechazado. En esta concepción
encontramos la clave del comportamiento moral del iridio frente
a sus semejantes y las cosas que le rodeaban. Para el occidental
todo era y es bueno, o era y es malo; lo bueno para ensalzarlo y
amarlo, y lo malo para castigar y condenar.
¿Cómo iba el indio a condenar y rechazar las cosas y los
seres creados por la madre tierra, su Pachamama? Sintiéndose él
mismo, hijo de la Naturaleza y del Cosmos, todo lo demás creado
era a su vez sus hermanos. Para el Amauta indio todo se equilibra
en la Naturaleza, nada hay demás, o que sobre. Aquello que no
comprendía o no entendía lo respetaba, porque algún fin cumplía
en el grandioso escenario de la Tierra.
El pensamiento dialéctico indiano lo encontramos, también,
en la interesada división de su pueblo-ayllu. Por ejemplo: urin
como lo situado abajo; y janan como lo ubicado en la parte de
arriba. Sin embargo, formaban parte de una unidad indesligable
que se necesitaban para superarse, para estar en permanente
cambio y transformación. De la fraternal competencia, entre los
de urin y los de janan, el beneficiado era el propio ayllu. Pues en
la; aparente división representaban al movimiento polarizador, al
sístole y al diástole integrándose y condicionándose entre sí.
En las faenas de la siembra en la tierra encontramos con más
nitidez el juego de su dialéctica. Por ejemplo, cuatro hombres
roturan la tierra; detrás de esos cuatro hombres, van cuatro
mujeres que colocan las semillas. En esta acción extraordinaria
no sólo cumplen con su respectiva misión humana, creadora y
reproductora, sino que la reiteran como homenaje a las leyes de
la Naturaleza. El hombre al roturar abre la tierra (rompe
simbólicamente el hímen), y la mujer coloca la semilla (el óvulo
gastador), para dar paso a la cosecha venidera. El juego
dialéctico, en este ejemplo, es definitivo porque es la propia vida
como una suma de polaridades.

125
Así y todo, hay además el pensamiento dialéctico del indio
ante la muerte y sus dioses tutelares. Para él, el límite divisorio
entre la vida y la muerte no existía, por lo mismo que ambos
estados tenían el mismo denominador común en la energía.
Luego, la muerte y la vida Ion estados lógicos de la energía
materializada que pugna constantemente buscando su liberación
integradora. Así, al sintetizar en Wiracocha al tiempo y al
espacio, a la vida y a la muerte, el movimiento y su medida,
lograron representar en esa divinidad la expresión más categórica
de la dialéctica materialista. Wiracocha es y no es, al mismo
tiempo. Es la partida y el regreso. Es la consubstanciación. Es la
energía absoluta transformándose, autoimpulsándose,
interfiriéndose a sí misma y autoacondicionándose. La energía es
en sí el movimiento continuo e indetenible; y es, también, la
transformación continúa e indetenible, porque sintetiza la
concepción oculta de Wiracocha, esto es: ¡lo innombrable!
Los pensadores occidentales "traspapelan" la concepción de
la dialéctica natural de la vida; esto es, de aquélla ley que todo lo
que tiene vida: crea y procrea. El traspapelen ocurre cuando
máquinas y mercancías condicionan la vida y la historia de los
pueblos, a decir de los que aceptan la economía como el principal
motor de la Historia, Hay que tener presente que las máquinas
son creaciones del hombre, teniendo como modelo, en alguna
que otra forma, a las leyes de la Naturaleza; pero esas máquinas
no cumplen con el otro paso de la dialéctica; el de procrear. Sin
embargo, en el decurso de la, evolución social para Occidente,
son las mercancías y las máquinas las que determinan en última
instancia el destino de los pueblos. Significando con ello que son
las máquinas y las mercancías los nuevos fetiches divinos que
procrean el destino político, social y económico de los pueblos.
Nada tan absurdo y anticientífico. Acontece que el
contrabando favorece a los defensores de la propiedad privada y
afirma al subjetivismo como la madre putativa de esa
privaticidad. ¿Cuándo empezó la gran estafa? El subjetivismo y
el fetichismo se dan la mano en el mismo instante en que, a la
mala, se establece el esclavismo como etapa en el desarrollo
social de los pueblos en Occidente. Luego los teóricos de la
evolución de la sociedad, consolidan esa falsa dialéctica cuando
el hombre empieza a crear con sus manos cosas y objetos que
coadyuvan a su sustentación, después de haber sido expulsados

126
de los grandes feudos. Esa actividad creadora de "emergencia",
dio paso primero a la artesanía para convertirse después en la
gran industrialización de nuestros actuales días contaminados.
Más de cinco mil años de nociva y anticientífica Influencia
occidental ha dado como resultado que hasta la mal llamada
"izquierda revolucionaria" sea el otro lado de la moneda del
capitalismo, y, más concretamente, el lado izquierdo del
capitalismo. Al aceptar que la evolución histórica de la sociedad
humana es una sola, y que inexorablemente se repite en todos los
pueblos, dan por sentado que ése y no otro es el drama del
hombre para "redimirse" mientras transita en este "valle de
lágrimas". Empero, la verdad científica es otra. En Preamérica
los pueblos siguieron otro rumbo en la impronta de su destino
evolutivo. Fueron los pueblos favorecidos por la Naturaleza al
sentirse élla misma, cuidada, respetada y protegida por sus hijos.
De este modo, un millón de años consecutivos, disfrutando del
mismo clima y usufructuando de los beneficios andinos, en flora
y fauna, los amautas indios fueron interpretando y descifrando
las leyes de la Naturaleza, hasta atraparlas y cohesionarlas en una
teoría insuperable.
Esa teoría de la vida responde al punto matemático a las
leyes de la Naturaleza y el Cosmos. Va en ascenso expansivo
porque va apegado a la evolución cósmica. Si ha sufrido un
retroceso de 460 años, por culpa y causa de la invasión
occidental, ello no significa que su pueblo se apartara del
sentimiento cósmico; o que aceptara de por vida su áspera
condición actual de esclavo. No. La nación india, que es
materialista y dialéctica por natural y cósmica, sabe que volverá
a su, curso histórico, que se está acercando a su río vital. Nada ni
nadie logrará detener su marcha de reencuentro, porque están
aquí sus mismas tierras, su misma raza, el mismo clima creador
para un millón de años más. Se está acabando la atroz pesadilla.
El paréntesis del oprobio llega a su fin.

127
ASI FUE EL TAWANTINSUYO

El Tawantisnuyo no fue un Estado en sí, ni mucho menos un


Imperio. Su mismo nombre expresa la fusión de los pueblos que
habitaban sobre la tierra, los Cuatro Rumbos; es decir los pueblos
colocados en la dirección de los horizontes. El Kollasuyo, el
Chinchaysuyo, el Antisuyo y el Contisuyo, representan
respectivamente los cuatro puntos cardinales, pero también, en el
espacio y en el tiempo, los cuatro elementos básicos constitutivos
de la vida social, económica y política de los quechuas y de los
aymaras.
Como el Tawantinsuyo estaba organizado en ayllus, su
definición correcta era la Nación de los Ayllus, es decir, la de las
Familias gobernadas por los padres más ancianos. En buena
cuenta su organización decimal, hizo que el gobierno
geométricamente, desde su ancha base hasta su cúspide formase
una figura piramidal; mas, como el ejercicio del gobierno era
rotativo, su dinámica política fue espiroidal. La presencia de las
pirámides truncas representaban, a su vez, la constitución de su
organización social. Hay que aclarar sin embargo, que las
plataformas no equivalían a la presencia de clases o castas
rigurosamente separadas entre sí, sino más bien a peldaños de
una escalera en permanente movimiento.
Siendo el ayllu la base sólida de la organización social del.
Tawantinsuyo, su presencia define a su gobierno comunitario.
Abajo, al centro y arriba el ayllu signaba la vida económica y
política de su Nación, al punto que los Consejos de Gobierno no
eran más que ayllus de autorizados.
El Tawantinsuyo fue, pues, la nación gobernada por los
padres de familia. De este modo se colige que para haber sido
autoridad en la Nación de los Ayllus era indispensable, insalvable
ser padre de familia. Así y todo, pese a que aparentemente
funcionó el paternalismo, no hubo tal por la misma dinámica
rotativa de los padres de familia.

128
Veamos con mayor claridad. Si el ayllu era la familia la
familia era en sí la razón de ser del Tawantinsuyo. Pues bien,
recordemos entonces que la propia vida del ser era su propia
profesión, su oficio su carrera. Al nacer un niño pertenecía hasta
los cuatro años a la comunidad; y, desde los cuatro años
empezaba el largo aprendizaje del niño para desempeñarse con
mayor eficiencia en el seno de su ayllu. Así hasta que al cumplir
los 50 años volvía a ser un dependiente de su comunidad a modo
de jubilado global, pues proseguía siendo un elemento
indispensable, presto a ser elegido autoridad, presto al consejo y
al servicio orientador.
Pero entre los cuatro y cincuenta años el ser pasó
desempeñando todos los cargos habidos y por haber en el seno
de su ayllu. Es decir ninguno se quedó al margen o relegado de
las funciones de gobierno colectivista. Estos cargos dimanaban
de su existencia trabajadora: agrícola eminentemente, del
cuidado de sus animales, las aguas y los canales, las ceremonias
religiosas, las fiestas comunales, sus casas, etc., etc.
De este modo, políticamente antes de desempeñar la función
en sí, ya estaba preparado para desempeñarla. Su vida misma era
una preparación permanente para el servicio colectivo. E,
incluso, acabada de desempeñarla seguía vinculado a ella para la
orientación de los nuevos, de los que venían detrás. Como estaba
enlazado en forma continua y permanente le fue imposible darle
auge a su individualidad, y, también, de perpetuar cualquier
injusticia o desaguisado.
Durante todas sus horas fue preparado moral y
espiritualmente en la práctica de su accionar colectivista. A ello
hay que agregar que los ancianos trasmitían el prestigio de vivir
en función de los demás, soldando esa actividad con los
sentimientos más bellos de una religiosidad materialista y
cósmica. No había resquicio o lugar por donde se filtrase el
egoísmo, la individualidad nociva y cobijadora de la propiedad
privada.
Hay algo que define la conducta de los seres en el ayllu: su
alegría, su fe en el trabajo y su amorosa disciplina frente a la
madre tierra, la Pachamama. Una vida así austera y fraterna, le
dio al ayllu su permanencia de siglos, su vivir en constante
continuidad con su pasado. Además, estaban en permanente

129
comunicación entre sí, porque el trabajo en común los unía
férreamente. Sus asambleas constantes —el Kamachico—
robustecían aún más sus vínculos comuneros. En ellas nada
quedaba oculto, todo se ventilaba a la luz pública. Los
kamachicos son un extraordinario ejemplo de auténtica vida
democrática, pues la participación de las mujeres en los debates
y la audiencia de los niños que recibían objetivamente el
aprendizaje, garantizaban su continuidad y defensa. Tanto en el
trabajo como en las otras actividades supletorias, la música lo
presidía todo. Por eso se estimulaba a los creadores, tanto en el
arte musical, poético y artesanal.
El trabajo fue elevado a alegría colectiva, de tal suerte que
el ser se realizaba plenamente en la comunidad. La vida apegada
a la Naturaleza permitió que, día a día, se viviera en poesía,
adecuando su existencia sana al ambiente y al paisaje.
Cientos de años en la práctica cuotidiana de este ejercicio
vital, les hizo olvidarse de la guerra o acaso ignorarla. El odio y
la envidia les fue prácticamente desconocidos al edificar su
sociedad comunitaria. Fueron pues vitalistas por excelencia.
La construcción de su sociedad-ética les alejó del crímen, es
decir de la agresión y el combate. Esta conducta bella les fue fatal
cuando llegaron las hordas extranjeras, de allende el mar. Fueron
sorprendidos "infragantes en la paz" de una sociedad sin clases,
dedicada exclusivamente al trabajo y al amor. Razón tuvo Tomás
Moro, en su "Utopía", que no es más que la interpretación
acertada de la realidad del Tawantinsuyo.
El mérito histórico del Tawantinsuyo es que inauguró este
tipo de vida comunitaria, hasta perfeccionarla en la postulación
de ser una sociedad política y filosóficamente cósmica.
Hay algo aún más descriptivo de la funcionalidad de esa
Nación de los Ayllus. Mirada desde arriba, a vuelo de pájaro, el
Tawantinsuyo fue como un gigantesco cuerpo humano, cuya
cabeza sugerida es el Cusco que era en donde estaba la sede del
Gobierno, la del Consejo Supremo. Ese inmenso cuerpo tenía su
central nerviosa de caminos para la constante comunicación y
traslado de los recursos necesarios para satisfacer
planificadamente a los cuatro Suyos. Y, de trecho en trecho, a
modo de cadena interminable la presencia do los tambos

130
comunales con las reservas suficientes para los imprevistos o los
días aciagos.
Los ojos del Consejo Supremo miraban a través de los
Consejos Regionales, de los locales y los propios de cada ayllu.
Es decir, el Tawantinsuyo estaba en todo, porque en todas partes
estaban las células vitales que lo componían. De esta suerte, las
relaciones entre las partes del cuerpo tawantinsuyano, eran
exactamente idénticas a las relaciones que se dan en un cuerpo
humano, entre órganos, sistemas y tejidos. Esta perfeccionalidad
constituye un acicate permanente para la imitación, el ejemplo y
la continuidad.
Afirmamos al comienzo de este capítulo que el
Tawantinsuyo no fue un Estado en sí, al estilo occidental, ni
mucho menos un Imperio al estilo europeo o asiático e, incluso,
en la acepción misma del término. Veamos, entre tanto, cuáles
son las razones.
Históricamente ningún imperio conocido se abrió paso
convenciendo primero, fraternizando al centro, y educando
finalmente. Todos los imperios conocidos se abrieron paso por el
terror, las armas y la sangre. Pero el Tawantinsuyo enviaba
primero a sus embajadores desarmados, luego a sus maestros,
después a sus mitimaes y finalmente, si habían discrepancias, a
quienes aplicaban la autoridad comunera. La operación seductora
se efectuaba sin el derramamiento de una gota de sangre. Si se
derramaba era en mínima proporción al punto que no afectaba la
marcha ni dejaba un rescoldo posible para la venganza, la
resistencia o la rebeldía.
Los mitimaes, tan denostados y mostrados como la
evidencia clasista de ese seudo imperio, no son más que las
activistas adoctrinados de la acción comunitaria del Incario.
Gracias a ellos se consolidó el Tawantinsuyo porque enseñaron a
laborar mejor la tierra, a producir con el uso y empleo de una
ciencia y una tecnología en base a las leyes naturales, esto es, lo
máximo en lo científico. Y, finalmente, los mitimaes eran los
portadores de la teoría cósmica, los vanguardistas de la buena
nueva de la Nación de los Ayllus.
¿Entonces, qué les impulsó a los conductores del
Tawantinsuyo para avanzar, no en la conquista de nuevas tierras,

131
sino en la habilitación de éstas para cumplir con el mandato de
apoyar a los niños que nacían, para ayudarlos en la seguridad
social de darles a cada varón un topo de tierra, y a cada niña,
medio topo?
La pregunta en sí aclara la dinámica expansiva de los ayllus.
Por cierto que no se debe olvidar orle la lev natural, en su nacer,
crecer, desarrollarse y trascender, tiende a proliferar como una
célula que primero, ciertamente, se dobla, después se multiplica
y así hasta el infinito, como réplica de un universo que no cesa
de crecer y ensancharse en la forma más simple y natural.
Cuando una célula se doble y se multiplica no hace un
fenómeno "imperial" puesto que su dinámica no es de propiedad
privada, sino de trascendencia colectiva. Ningún sabio se
atrevería a decir y a e firmar que la base lejana del imperio está
justamente en el afán multiplicador de la célula porque entonces
el universo no sería su perfección matemática, su equilibrio
matemático. Si la célula no creciera, no se explicaría, el afán
incesante y permanente de la expansión de la energía cósmica.
Pero la energía el avanzar v multiplicarse no hace imperios, sino
que los disuelve en la misma medida de que se dilata
expansivamente.
Si el Tawantinsuyo, como está demostrado, al crecer fue
avanzando no para satisfacer a, una élite conductora ávida de
poder sino que lo hacía para darle a cada niño o niña su pedazo
de tierra, no vemos cómo puede calificarse a su paso, como el de
un Imperio avasallador, nepótico y teocrático. Ocurre que los que
así califican, designen o encasillan circunstancias históricas, no
son más que gente acostumbrada a medir la marcha de la
sociedad y de su universo, a través del miope lente de su
propiedad privada. Son los peores estratégicos de la historia.
Sólo es válido el pensamiento que, adecuándose a las leyes
de la Naturaleza, norma la conducta de loe seres de la especie en
su totalidad. Y los seres, conductores y dirigidos del
Tawantinsuyo efectuaron el milagro de trabajar, funcionar y
condicionarse a las leyes naturales y cósmicas. Veamos,
entonces, si hubo otro pueblo que así lo hiciese. No hay ninguno.
Todos, cual más, cual menos, trabajaron para la propiedad
privada: esto es, para el odio, la trampa, el crimen y la
individualidad. ¿Mentimos, acaso?

132
Veamos la historia occidental y sabremos que Julio César y
Napoleón encarnan la guerra de conquista caminando sobre
cadáveres; mientras que Cristo es la pasivididad coadyuvadora,
el exilio terrestre que facilita el reinado de los ricos y poderosos.
Del amaos los unos a los otros, a la entrega de topos de tierra para
los niños, hay, pues, un abismo. El imperio de Occidente es la
agresión, el sojuzgamiento; en tanto que el avance incásico —
con el mínimo de sacrificios humanos y sin afectar el equilibrio
social de los pueblos liberados— se realizaba con todos los
atributos de una seducción masiva. Jugaron papel de primer
orden los mitimaes verdaderos evangelistas de la causa
comunera.
De otra parte los imperios en Occidente no tuvieron siquiera
la justificación de un supuesto paternalismo que menguara la
conquista guerrera, todo lo contrario. A ello hay que agregar que
el tributo que pagaba el vencido hacía más cruel y paupérrima su
existencia; en tanto que la ocupación realizada pacíficamente no
cobrada tributo alguno salvo aquel que contribuyera al progreso,
la higiene y la salud colectivas. Puede hallarse mucho de
paternalismo en la conducta de los señores Incas, precisamente
porque todos eran considerados hermanos de una extensa familia,
dirigida siempre por los más ancianos, con mucho de mesianismo
positivo. Pero si el paternalismo en occidente protege y disfraza
la heredad de la propiedad privada, en el Tawantinsuyo el
paternalismo defendía y estimulaba la propiedad comunera.
El ejemplo histórico del Inca que se prendara de una ñusta
iqueña y que, pese a su prestigio y poder la respetara porque era
norma inviolable, habla de los altos valores de un pueblo
sabiamente dirigido. Como prueba de su amor hizo que se
construyera un canal de regadío en un sólo día, con la
participación de diez mil hombres mitimaes. Este suceso pone en
alto la diferencia substancial entre el imperio occidental y el
Tawantinsuyo.
Lo que tipifica al imperio es la existencia innegable de la
propiedad privada. No vemos entonces cómo puede calificarse a
una nación que la desconaciera y adoptara en su lugar a la
propiedad comunitaria. Es lo económico lo que define en última
instancia al tipo de gobierno.

133
Lo que vino de Europa fue el imperio. Si éste hubiese
existido en Preamérica no se habrían agudizado las
contradicciones al punto que han pasado más de 460 años y el
pueblo indio rechaza al estilo occidental y combate a la propiedad
privada. La resistencia a veces violenta y casi siempre pasiva
habla a las claras del estilo de dos mundos diferentes: el uno el
de la propiedad privada y el otro el de la propiedad comunera.
Si hubiese existido el Imperio, con su rey y su nobleza, el
indio se habría acoplado a la perfección con el sistema que trajo
España. Las contradicciones sociales y económicas se habrían
resuelto al acriollarse la ocupación, cosa que no ha sucedido. En
todo caso se habría asimilado produciéndose la síntesis. Sin
embargo desde que llegara el Imperio Español las
contradicciones han ido en aumento por lo mismo que los dos
sistemas eran antagónicos e irreconciliables. España vino como
tesis de la propiedad privada. El Tawantinsuyo era otra tesis
aparte sobre la propiedad colectiva. Si hubiesen sido lo mismo a
estas alturas se habría efectuado la síntesis con el surgimiento del
mestizaje; cosa que no se ha realizado, ni se realizará jamás. Lo
que está en pugna es el sistema ¡
Han pasado más de 460 años y el pueblo indio no ha
abandonado su estilo de vida comunera. Su conciencia del trabajo
colectivo es el mentís más rotundo que niega y rechaza la
existencia de un imperio. Si el estilo es la sociedad, cómo
entonces suponer que de la noche a la mañana el Tawantinsuyo
se hubiese transformado en su contrario?

134
EL SEGUNDO TAWANTINSUYO

El Segundo Tawantinsuyo es, para nosotros los del


Movimiento Indio Peruano, la continuidad histórica del que
hicieran nuestros abuelos los Incas. Con esto queremos decir que,
luego de tomar el poder en el Perú, trataremos por todos, los
medios posibles de alcanzar sus límites geográficos a escala
continental, en alianza con los partidos indios de Bolivia,
Argentina, Chile, Ecuador y Colombia. A toda esta acción
programática la nominamos como la gran batalla por la
reconquista tawantinsuyana.
Como el problema del indio americano es un problema
continental, consideramos que para superarlo es menester de la
unidad política, social, económica y geográfica de todos les
pueblos indios de América, sin excepción alguna. Recordemos
que América siempre fue del indio; que antes de la nefasta
invasión extranjera, sus distintas naciones estaban unidas entre
sí, a través de Confederaciones y de Alianzas, en base al respeto
mútuo y el ejercicio de un mismo sentimiento político y
filosófico cósmicos. Como su organización económica-social era
la comunidad (ayllu o calpulli), les fue garantía suficiente para
aliarse en la defensa total de la propiedad colectiva. Su forma de
Gobierno en Consejos de Ancianos, facilitó esa unidad
geopolítica porque el desconocimiento del individualismo abogó
toda tentativa de caudillaje discriminador. Fue el sistema
colectivista el que le dio otro sentido superior, al clásico concepto
occidental de las fronteras.
El Segundo Tawantinsuyo tendrá, entonces, como espina
dorsal de su unidad geográfica, los valles interandinos. Las
tierras aledañas a la Cordillera de los Andes constituyen zonas de
influencia, sujetas al destino común andino. La riqueza
extraordinaria de su clima, del suelo y su subsuelo, condicionan
el destino de los pueblos de América del Sur e imponen la
conducción económica y política de los mismos. En los Andes,
pues, estarán distribuidos los Centros del Poder.

135
Y así como el Tawantinsuyo de los Incas, respondió a una
planificación matemática, partiendo de su desarrollo
agropecuario, así el Segundo Tawantinsuyo seguirá sus pasos,
empleando su ciencia y tecnología. Para el mejor éxito, de esta
tarea de reencuentro, habremos de efectuar un viraje radical que
implica, evidentemente, el abandono progresivo de los métodos
occidentales; el rechazo al industrialismo mecanicista
contaminante, y la liquidación del sistema de importar alimentos
como el trigo y la carne vacuna, etc.
Todas las investigaciones científicas que propicie el
Consejo de Gobierno del Segundo Tawantinsuyo, estarán
abocadas al descubrimiento de las ciencias sobres que, en el
Incario, tuvieran su apogeo. Hasta la fecha ningún pueblo de la
Antigüedad y del presente, en donde impera el automatismo, la
electrónica y la cibernética, ha logrado desentrañar las leyes
naturales y cósmicas como lo hicieron los Amautas del
Tawantinsuyo. Y, asimismo, ningún pueblo en la Antigüedad y
en el hoy por hoy, dentro del Campo Socialista, ha plasmado, en
la práctica como en teoría, una organización básica colectivista
como el Ayllu o el Calpulli. Por último ningún pueblo de la
Antigüedad y en el presente occidental, llegó tan lejos como la
Nación del Tawantinsuyo en la elaboración científica de una
teoría natural y cósmica, coherente, cabal y sencilla, a la que
tenemos que imitar y ahondar, difundir y hacerla carne y sangre
de los pueblos del mundo.
La sabiduría de los Amautas tuvo como fuente inagotable a
las leyes naturales, a las del sistema solar y a las del Cosmos, que
son unitarias y responden a una misma planificación material y
dialéctica. Al reconocer esas leyes y luego orientarse por ellas se
declararon "Hijos del Sol", como así es. Pues nada hay en el
Universo que supere a esas leyes, mucho menos con la
inteligencia del hombre que es su enésima parte cambiante. El
sabio Amauta, frente al Cosmos, devino en su seguidor y nombró
a la Tierra su Pachamama; jamás pudo ocurrírsele actuar contra
ella corrigiéndola o alterándola, desviándola o imponiéndole la
dinámica de otro proceso. La subjetividad del Amauta no fue sino
la sombra de la gran matemática universal. ¿Esto, podría decirse
de los pensadores y "científicos" occidentales? Sería una torpe
equivocación.

136
Nos quedaría sólo desentrañar los alcances de su ciencia y
tecnología naturales; de Occidente nada puede orientarnos ya,
todo está consumado.
De ello se desprende que el Segundo Tawantinsuyo tendrá
otros cánones para seguir. Si la producción es colectivista, a
través de la práctica del ayllu, la distribución y el reparto, seguirá
esa misma dinámica. Sólo tendrán derecho al reparto los que
intervienen directamente en el trabajo agropecuario y minero, sin
olvidar las normas morales que fueran la razón disciplinante en
el Tawantinsuyo. Ancianos, viudas y huérfanos, además de los
inválidos, tendrán todos los derechos y prerrogativas de los
integrantes activos del ayllu, ya que representan a una pequeña
minoría que no detiene ni afecta, a la producción y creatividad
mayoritarias. En el Tawantinsuyo de los Incas la dieta alimenticia
fue pareja, sin excepción alguna. El reparto no se hizo en relación
a las necesidades de cada quien y según su producción, sino que
fue pareja, totalmente pareja. La vida estaba asegurada, así como
su alegría; luego, el Segundo Tawantinsuyo seguirá ese ejemplo
pues es ley insuperable.
Por otra parte, la reforma agraria que propiciará el Segundo
Tawantinsuyo proseguirá con las disposiciones del Incario: el
reparto de las tierras en usufructo, seguirá siendo el mismo. Un
topo para cada hombrecito que nazca y medio topo para las
mujercitas, sin distinción alguna de raza, religión o capacidad
física. La seguridad social que brindará el Segundo
Tawantinsuyo tendrá su más grande respaldo en la Ley de Leyes
de su Tríptico Moral: NO MENTIR, NO ROBAR, NO
OCIOSAR, que sólo puede darse a cabalidad cuando desaparezca
totalmente la propiedad privada. Los Consejos de los Ayllus
serán los encargados de la distribución de las tierras y el reparto
de las cosechas; así también el administrar justicia y velar por las
tradiciones, usos y costumbres, etc.
Las relaciones exteriores se adecuarán al régimen social
vigente en los países extranjeros; de tal suerte que, por ejemplo,
todos los indios nacidos en el Continente Americano gozarán de
la ciudadanía tawantinsuyana, estén o no bajo el sistema
comunitario de vida y de Gobierno; y para los otros pueblos
perseguidos del mundo, igualmente. Sólo serán considerados
extranjeros aquéllos que, directa o indirectamente, defiendan y

137
hagan suya a la propiedad privada. Para el Segundo
Tawantinsuyo América India será la patria del mundo.
No olvidemos que el concepto de patria dimana del
concepto que se tiene de la propiedad privada. Para los dirigentes
y pobladores del Tawantinsuyo no hubo patria; sólo existió la
Pachamama como madre indiscriminadora e igual para todos,
más allá del color de la piel y de la estatura de los seres humanos.
Igual norma proseguirá en el Segundo Tawantinsuyo; por eso
reiteramos: América India será la patria de todos los habitantes
del mundo En nuestras tierras encontrarán ciudadanía y patria
todos los socialistas del mundo ¡
Recuérdese, asimismo, que la Hoya Amazónica fue zona de
gran influencia del Incario y que sus avanzadas activistas
llegaron hasta las entrañas del Brasil. A nosotros, los del Segundo
Tawantinsuyo, nos corresponderá proseguir la acción de nuestros
viejos abuelos, para impedir las pretensiones, hegemónicas
imperialistas del militarismo brasileño; su pueblo será nuestro
mejor aliado.
Las relaciones económicas en el Segundo Tawantinsuyo
tendrán como patrón el trueque, tanto en el mercado interno
como para el exterior; en los casos especiales se aplicará una
estrategia que sea coadyuvante a la desaparición de la moneda y
a la abolición de las relaciones capitalistas. Desarrollaremos al
máximo nuestra producción interna para, en base a las cosechas
del maíz, la papa, quinua, pallares, ollucos, ají, huacatay, porotos,
camotes, pitukas, paltas, tomates, chirimoyas, fresas, zapotes,
pepinos, etc., y de la explotación científica de nuestros minerales:
oro, plata, cobre, tugsteno, vanadio, plomo, uranio, etc., contar
con las reservas suficientes y liberarnos definitivamente de la
intervención imperialista, a través de sus empresas
transnacionales, que son verdaderas agencias de maffiosos y
hampones. Nosotros, como lo hicieron nuestros abuelos los
Incas, bien podemos vivir aislados del mundo porque lo tenemos
todo, incluso hasta para alimentar a Europa y África
gratuitamente.
Siguiendo el ejemplo del incario nosotros trabajaremos para
que las grandes ciudades se conviertan en grandes ayllus
dirigidos por los padres de familia organizados decimalmente.
Nada escapará a los ayllus. En los hogares, en los talleres, en las

138
empresas, en las minas y en el campo, todo, todo será regido por
los ayllus y su gobierno en Consejos.
Las faenas agrícolas lo presidirán todo. Hombres, mujeres y
niños trabajarán la tierra y se nutrirán con su aliento para
reconciliarse con la Naturaleza, nuestra invalorable Pachamama.
En cada hogar deberán funcionar las microhuertas, como las
escuelas preparadoras de los grandes maestros trabajadores de la
tierra. Las azoteas podrán convertirse en “especie de andenes”
para la horticultura.
En el Segundo Tawantinsuyo la educación básica
profesionalizará a los biólogos, a los genetistas, geólogos,
ingenieros, médicas, físicos, químicos, filósofos y sociólogos,
eta., de tal modo que sean innecesarios los abogados y los
sociólogos, así como las otras profesiones liberales propias del
capitalismo y de su propiedad privada. La vida comunitaria será
la mejor universidad para la preparación de la obra y creación de
la Segunda sociedad Tawantinsuyana.
Aseguradas la vida, la vivienda, la alimentación, la alegría y
la educación, el pueblo entero se convertirá en cantera de
creadores al servicio de la sociedad. El impulso colectivista
generará artistas, músicos, poetas y pintores con una mentalidad
totalmente liberada del asecho del hambre y de las enfermedades.
Entonces daremos paso a una sociedad viviendo en la abundancia
y en la justicia, en donde todos, capacitados e incapacitados
disfrutarán por igual del reparto.
El Segundo Tawantinsuyo será a imagen y semejanza del
que crearon los Incas en el pasado. Será un retorno al cauce
histórico del pueblo andino. Será su segunda edición, aumentada
y corregida, porque su pueblo está aquí, lo mismo que su clima,
su organización y su conciencia colectivista. No es, pues, un
sueño utópico; es el retorno a una práctica colectivista que se
perfeccionara a través de los siglos y bajo las banderas de una
política y de una filosofía cósmica, que están aquí, que sólo
esperan su reactualización, Seguro.

139
LAS CONCLUSIONES

Por haber permanecido aislado el pueblo preamericano es


que pudo desarrollar sus propias formas, dentro del proceso de
las leyes naturales. Durante siglos ese pueblo padeció y vivió
hasta superar los problemas ante su medio y ante sus semejantes.
Supo salir airoso de las pruebas. Pudo desarrollar, entonces, la
secuencia lógica de la evolución natural:
Comunismo-primitivo — comunismo-agrario —
comunismo-cósmico; mientras que en Europa y Asia la
secuencia fue subjetiva e impuesta a la mala por los grupos de
fuerza, funcionando de esta manera:
Comunismo-primitivo — esclavitud — feudalismo —
capitalismo; que no son etapas naturales, ni forman parte de la
evolución, sino que vienen a ser "pistas falsas" en el desarrollo
social; recién, cuando los marxistas leninistas la empalman con
un final socialista y, después comunista, es que la hacen retornar
a la evolución correcta tras un penoso y largo cansino de
sacrificios.
El pueblo indio preamericano puede hablar, entonces, con
basamento científico. Las experiencias de su desarrollo social
son aleccionadoras y deben servir para orientarnos.
Las experiencias que se vienen dando en los países que
conforman el llamado Campo Socialista son válidas, pero
representan el camino más largo, ya que aún están en vías de
experimentación.
La inteligencia del indio preamericano supo entender a las
leyes de la Naturaleza, como una avanzada de las leyes del
Cosmos; de esta forma las utilizó sin alterarlas, con amor filial.
Esta inteligencia comprendió perfectamente que la
evolución de las especies había posibilitado su existencia; es
decir que el ser humano era un resumen del protozoo, del alga,

140
del caracol, del animal, etc., y que, a través de ellos, podía
comprenderse así mismo. Que al respetarlos se estaba respetando
a él mismo, y que, por eso mismo, propiciaba el equilibrio
ecológico.
Está probado que la sociedad preamericana alcanzó el
estado de un comunismo altamente desarrollado y cósmico, al
vivir organizado en ayllus (familias), gobernarse por Consejos y
aprovechar, como está demostrado, los adelantos científicos y
tecnológicos en base a las leyes naturales y cósmicas. Sus
calendarios lo prueban.
En Occidente la sociedad se desquició y enfermó a partir de
la esclavitud; su marcha es involutiva, regresiva. No puede
llamarse a esta sórdida etapa como "superior", pues se daría como
natural que el ser humano nazca esclavo y que deba sufrir para
elevarse a socialista y libre; aceptarlo es confesarse subjetivista.
Se puede calificar a ese estado como "paso en falso".
Los otros estados —feudalismo y capitalismo— corren la
misma suerte; es decir, son pistas-falsas, etapas de mayor
degeneración.
Los marxistas - leninistas al empezar a contraponer la fuerza
de trabajo, como el otro lado del capitalismo, no hacen más que
darle validez científica a la clase burguesa y condición de "etapa
revolucionaría" al capitalismo. Ahí empieza, entonces, el método
subjetivista que usa el marxismo-leninismo para "acelerar" el
proceso del desarrollo social. X ese subjetivismo se ve coronado
cuando "los medios sociales de producción, es decir las
máquinas, pertenecen al proletariado"; esto es, cuando los
trabajadores sean los dueños de los instrumentos de la muerte
lenta y de la destrucción de su medio geográfico. Con ello los
exégetas de la izquierda occidental no hacen más que ser agentes
funerarios, cuando no moralizados propagandistas de la
enajenación.
A través de los sindicatos —hijos negadores del capitalismo
en el seno de las fábricas— los marxistas-leninistas quieren
acercarse a la verdadera sociedad comunista; y ya sabemos que
los sindicatos están conformados por gente contaminada y
lesionada, es decir por gente enferma y disminuida.

141
El sindicato y el sindicalismo, representan, a su vez el
camino más largo para la liberación total.
La conciencia de clase, en el obrero se torna en conciencia
de lucha, de guerra, de agresión pues imita al grupo de poder
capitalista; le opone sus grupos de choque a los instrumentos
represivos que son la policía y los ejércitos, manejados por la
burguesía.
El comportamiento de los hombres, de ambos sistemas,
contiene gérmenes antinaturales que los ponen en cuarentena,
que les impiden conducir la revolución de la vida. Recuérdese,
las lesiones producidas por la contaminación son irreversibles.
Hay, por otra parte, serias sospechas de que el trabajador frente
a su máquina, o el chofer frente a su automóvil, se identifican en
tal forma que acaban por tener el límite espiritual de las
máquinas; y que, asimismo, hay cierta drogadicción a favor del
dióxido y del monóxido de carbono; las tóxicas emanaciones se
les hacen necesarias ¡
Naturalmente que los proletarios son bravos combatientes
en la lucha, y buenos soldados para la rebelión armada, pero no
para realizar la revolución de la vida, que requiere de conductores
y soldados no contaminados ni químicamente, ni
ideológicamente. El combatiente perfecto para efectuar la
revolución citada es el campesino indio: por dos razones,
primero: por trabajar en el campo donde la contaminación es
mínima, o no la existe; y segundo: porque siendo heredero de las
tradiciones del Tawantinsuyo conlleva la práctica socialista, base
fundamental para el advenimiento acelerado del socialismo.
También, el campesino indio conoce de las leyes naturales
y las respeta. Mucho de sus antiguas tradiciones, usos y
costumbres siguen en su alma, lo que le hace un tipo ad-hoc para
el reencuentro con su pasado que, para la revolución, es el
presente. En tanto que el obrero sólo conoce de máquinas, de
aceites, de reclamos, de cóleras; es decir, hay que curarlo primero
y luego reeducarlo; significando con ello que representa un largo
camino.
Para que se entienda y ame lo que significa la revolución de
la vida, hay que reconocer que el ser humano, evolutivamente,
no acaba en el hombre, ni el ciclo de su existencia como especie
se cierra definitivamente con él; sino que es un eslabón más de

142
la evolución que prosigue hacia otra especie superior humana.
En este sentido, para que ello sea posible —y las actuales
circunstancias por efecto de la revolución industrial no lo
permiten, sino que, por ci contrario, acaban con la vida—, es
menester que los elementos que factibilizan la vida, estén en las
condiciones más óptimas. Para que esas condiciones sean
propicias se hace necesario, imprescindible, que las máquinas
desaparezcan o que, en su defecto, se muevan con energía solar,
y se destierre, y para siempre, el empleo de los carburantes. ¿Esto
es posible, en los momentos en que las empresas transnacionales
son las dueñas del destino comercial y espiritual de la
humanidad? Nosotros respondemos: ¡Si es posible, siempre y
cuando realicemos la revolución de la vida!
Hace cientos de años una cultura —la india preamericana—
plasmó esa revolución y nos dejó el camino para retornar a ella.
Encontrar ese camino, a través de los testimonios que llegaron
para la posteridad, más la presencia viva de sus herederos en el
presente, es la tarea más consecuente para un revolucionario que
se precie de honrado, científico y atento a la hora presente.
No es insistir en un pasadísimo trasnochado, como algunos
creen, porque lo indio es una vigencia en la misma medida de que
las esperanzas populares son socialistas. La Nación del
Tawantinsuyo se adelantó en más de cien años a la sociedad del
presente, incluyendo a todos sus adelantos ultramodernos y
cibernéticos. La verdadera revolución, social y económica, se da
cuando todo el pueblo sin excepción alguna tiene techo, ropa y
alimentación asegurados, pero en un ambiente de alegría y
creación. Esto no lo ha logrado Occidente, ni ningún otro pueblo
en la Antigüedad; solo lo realizó el Tawantinsuyo, adelantándose
a todas las naciones organizadas. Si en la actualidad el llamado
Campo Socialista intenta plasmar el socialismo, es bueno que se
recuerde que están en vías de experimentación, y que, así y todo,
habrán de llegar, tarde que temprano, a donde llegó la Nación de
los Ayllus.
Prácticamente, el mundo vuelve —el ricorsi— a sus
primeras formas de organización colectivista. Ha sido necesario
que hayan pasado miles y miles de años para que la humanidad,
de Occidente y Oriente, se convenzan de que sólo se puede
alcanzar la justicia por la vía del trabajo en común, bajo un
sentimiento común v sin grupos de poder o fuerza que los dirijan.

143
La experiencia extraordinaria del comunismo-primitivo vuelve a
realizarse, o intenta volver a realizarse pero mejorado y ampliado
con los descubrimientos verdaderamente científicos del ser
humano. Frente a ese apasionado retorno ningún camino mejor
que el de la sociedad del Tawantinsuyo, cuyas normas y
principios eran, política y filosóficamente, cósmicos; esto es, del
más puro y real materialismo dialéctico y científico.
La Nación del Tawantinsuyo evolucionó tanto, porque no se
apartó ni un sólo milímetro de las leyes naturales que son
inflexibles y que están más allá de la voluntad subjetiva del ser
humano. Reconocerlo así, es estar presto a entender al
pensamiento colectivista del indio y realizarlo. Todo depende,
nomás del viraje que hagamos para reconciliarnos con la vida.
Con lo anterior Preamérica evidencia que su destino tiene
una inagotable vocación de servir a sus viejos enemigos. Sirvió
a Europa cuando España llevara el oro, la plata y las piedras
preciosas del Incario; sirvió y salvó a Europa cuando con la papa
y el maíz le repletaron el estómago de sus famélicos y hambriento
pobladores; y ahora, le salvará de nuevo con la tabla de salvación
de su filosofía y política cósmicas, que encarnan la revolución de
la vida. Por tercera ocasión, América India le abre sus brazos para
probarle al Viejo Mundo que su cantera de fraternidad humana
es inagotable y que, por cierto, se la entrega sin condición alguna
porque el indio fue, es lo será la más alta expresión de la dignidad
y justicia humanas.
La significación del ayllu, como organización básica —que
además persiste—, nos es, por demás, útil. Es el modelo a
emplearse en la sociedad del futuro por lo mismo que impide la
presencia de los nefastos grupos de poder y las castas
parasitarias. Cotejándola, con el soviet y la comuna popular
china, ella sale enriquecida porque además de los vínculos
sanguíneos, la complementan una sólida filosofía y un
indestructible sentimiento religioso. Es la organización perfecta
y representativa de las sociedades comunistas.
Así mismo hay que cambiar la mentalidad del ser humano.
Hay que hacerle comprender que él es una insignificante parte
del mundo que le rodea; parte que se complementa con otras para
que pueda crear y procrear El ser humano no es más que una
suma de protozoos, algas, caracoles, vegetales, animales, aire y

144
agua, a los que necesita para vivir; la destrucción de estos
elementos, que lo integran, es la muerte de sí mismo. Occidente,
y todos los pueblos influidos por su mecánica asesina, está
desplazando a la vida y sembrando la muerte con el
envenenamiento de las aguas, la flora, la fauna y el aire. Segundo
en segundo, en forma implacable y sistemática, va destruyendo
el equilibrio ecológico tan necesario a la propia Naturaleza como
a los seres humanos. Occidente está socavando la interrelación
necesaria para que la armonía no cese; de esta suerte hay una
seria amenaza, que puede ser definitiva e irreversible en contra
de las leyes naturales.
Ya no se trata, simplemente, de la conquista del poder y de
la satisfacción política, de éstos u otros partidos de izquierda; está
en juego la vida humana y de su trascendencia para que cumpla
con su papel en la cadena de la evolución. Para ello, es urgente
que se encuentre una salida que sea global, que detenga el
suicidio colectivo que Occidente incentiviza con la drogadicción
del monóxido y el dióxido del carbono, a través de la revolución
industrial. Por cierto que no se trata de una absurda guerra contra
las máquinas, sino de su paralización, de su destierro; la
disyuntiva es: ¡o las máquinas o el hombre!
De otra parte, no se ve a actuar en la aventura, porque se
tiene el ejemplo de la civilización preamericana y la realidad del
Tawantinsuyo.
Punto de partida, para el cambio de rumbo, es la utilización
de la energía solar y de la gravitación lunar para planificar la
creación y la reproducción. Todos los empeños humanos deben
dirigirse al redescubrimiento del padre Sol. Nada hay sin la
energía solar, y nada hay sin la gravitación lunar, mientras
vivamos en la tierra. Cuando la humanidad tenga que abandonar
este planeta, planificará su existencia de acuerdo a otras fuentes
energéticas.
Hay que revitalizar a la familia que es la base fundamental
de la sociedad comunitaria; pero al hacerlo, hay que tomar el
ejemplo indio. La vida tiene, en su desarrollo, su propia
jerarquización que hay que reactualizar siguiendo los moldes del
ayllu.
Nada es imposible. El Tawantinsuyo prueba que millones de
hombres, animados de un mismo sentimiento religioso-

145
filosófico, se acercaron a la madre Marre —su Pachamama—, Y
se dispusieron fraternalmente a realizar el milagro de vivir
comunitariamente, tomando de la Naturaleza sólo su plusvalía, la
justamente necesaria para guardar el equilibrio. Diez mil años
solventaron esta experiencia que no se debe, ni puede,
desestimar, en esta hora en que el mundo anda patas arriba, ebrio
y contaminado, pariendo en los cementerios para "ahorrarse
energías". ¿Se trata, acaso: de una maldición qué partió de una
raza avariciosa que se abrogó la jefatura espiritual de la raza
humana? No, el problema ya no es racial, ni política, ni social, ni
económico; el problema es vital. O nos salvamos o nos
destruiremos ¡
Nosotros, los descendientes del Incario, trabajamos por el
retorno a nuestro cauce histórico. Estamos inmersos en sus usos,
tradiciones, costumbres y sentimientos religioso-filosóficos.
Vamos hacia la reconquista del poder, en una acción
revolucionaria sin precedentes: vivir de acuerdo a un pasado que,
paradoja, es el futuro de la humanidad. A esta empresa de lucha,
hasta las últimas consecuencias la llamamos: la Conquista de un
SEGUNDO TAWANTINSUYO, que es, también, una
reconciliación definitiva con la vida.
En este sentido, como la tarea es titánica Comprendemos
que se necesita del respaldo y de la comprensión de todos los
pueblos del mundo, y de todos los grupos no contaminados
políticamente. Nuestra empresa no se queda limitada o
circunscrita al Perú v a América, sino al mundo entero. La guerra
no es contra puebles y pases no; la guerra a muerte es contra las
empresas transnacionales y los grupos de poder; ya de derecha,
centro o izquierda. Nosotros encabezamos la rebelión ideológica
porque nos reclamamos herederos directos de los grandes
creadores de la Primera Sociedad Comunitaria. Hay un pueblo
indio que persiste en vivir en continuidad con su pasado. Más de
cincuenta mi iones de indios velan por sus usos, tradiciones y
costumbres, lo que los hace espina dorsal del Ejército Moral para
la reconquista de la Revolución de la Vida.
Al reclamar la conducción espiritual de esta gran cruzada,
tenemos presente, por las mismas leyes de la Naturaleza, que
nuestra acción sólo es moral; respetamos la vida de otros pueblos
y anhelamos convivir con ellos a base del respeto mutuo, de la
solidaridad compartida. El inmortal ejemplo, dado por el pueblo

146
indio de planificar su resistencia pasiva, frente al usurpador
extranjero, guía nuestros pasos y nuestra conducta.
Sí, exactamente; pero, en tratándose del brutal ejemplo del
sistema occidental, somos intransigentes. Ni una sola concesión.
Nuestra guerra santa es a muerte porque los principios que
defendemos son los de la vida y su derecho a la paz, la justicia y
la creación comuneras.
Abona, al servicio de nuestra causa, la presencia organizada
de otros movimientos indios en el continente. Sin embargo,
aclaramos, la Revolución India no es racial; el racismo fue una
invención extranjera, más concretamente del blanco. La
Revolución India es la unidad de todas las razas de color para
crear un mundo sin discriminaciones.
Los pueblos del mundo están ávidos de que cese ya la
agresión, física y moral, a los que se ven sometidos. Oponen a
esa agresión los sentimientos de su callada protesta. Les falta una
doctrina que los impulse y oriente; pero esa doctrina está en su
propia vida familiar. Hay que formar, entonces, a las grandes
organizaciones de los padres de familia que, a su vez, trabajan
para la conquista de los Gobiernos de los padres de familia.
Por primera vez, en la historia de la humanidad, hay la
ocasión de universalizar una doctrina y una filosofía, que no
discrimine a nadie, ni deje lugares oscuros para un retroceso en
la marcha evolutiva de sus pueblos. Esa universalización está ya
dada en la práctica, pues los seres humanos son cósmicos por
naturaleza; falta darles la teoría; es decir, hacerles ver que, a
través de su propia vida, está la solución a sus males y sus
problemas.
La organización de la vida en familias, he allí la gran
solución: mas, esa unidad debe estar solventada de una filosofía
y de una política: la postulación cósmica, en la teoría y en la
práctica.

147
RECTIFICACIÓN NECESARIA

En el libro que escribiera en México en el año de 1966, bajo


el título de "La Madrastra Europa", y que en segunda edición
publicara en" el Perú, agregándole una serie de artículos bajo la
denominación dé "El Método Revolucionario y la Conciencia
Histórica", afirmé, equivocadamente, entre las Conclusiones: la
organización sedal comunera —ayllus— más la ayuda de la
ciencia y técnica contemporáneas sería la conquista de nuestra
verdadera liberación. La rectificación que se impone es esta:
Poco favor se le hace a la Cultura quechua y meya, si no se
les reconoce el dominio que tuvieran de la alta ciencia y de la
más completa tecnología cósmica. Nosotros creímos, con toda
nuestra buena voluntad, que en ese aspecto estábamos un tanto
atrasados, pero el error se debió a que aún nuestras
investigaciones estaban incompletas. Por la serie de los capítulos
anteriores, se podrá corregir que los preamericanos alcanzaron, a
través del conocimiento matemático que tuvieran de las Leyes
del Cosmos, una Ciencia y una Tecnología insuperables. Esto
significa que, por materialistas y dialécticos, se preocuparon
minuciosamente de todo aquello que enriquecía el poder creador
y procesador de su especie. Con esto queremos decir que para
que la especie humana se desarrolle mejor, con bienestar y
justicia, debe emular a lo que la propia Naturaleza hace,
respetando sus leyes, acelerándolas en su proceso unitario, y,
sobre todo, velando por el equilibrio de sus elementos
constitutivos; que son la base de su vida y de su salto de calidad
hacia otra especie superior.
En tanto que la ciencia y la tecnología contemporáneas,
producto de la imaginación creadora del hombre occidental ha
incrementado un desarrolle industrial suicida, con máquinas que
contaminan el oxígeno indispensable para la vida humana, que
envenenan sus aguas y que incluso, adulteran criminalmente las
relaciones ecológicas. Está probado que mares y ricas tierras son,
ahora, comarcas muertas o en vías de desaparecer. ¿Por qué
ocurre esto, si, al mismo tiempo que mata, produce ventajas y le

148
ahorra durezas materiales a la especie humana? Simplemente,
porque el punto de partida de esa ciencia y su aplicación
tecnológica es antinatural, empírica y copia adulterada de las
leyes naturales. El "creador" occidental, al estudiar las relaciones
naturales, desde un punto de vista físico-químico, creyó que
podía procesar esas leyes en sus laboratorios; pero olvidó que,
por ejemplo, los tratos o fosfatos, en estado puro, desequilibran
y destruyen a la unidad creadora de la tierra, pues los nitratos y
fosfatos propios siguieron una secuencia cualitativa hasta
transformarse en un todo unitario con el elemento tierra. Para que
los abonos artificiales se integren y cumplan con su cometido
fecundante, es imperativo que se les prepare al igual como lo
hace la tierra, ayudada por las leyes cósmicas, añejándolos,
haciéndolos pasar de su estado primario a otro superior
coincidente.
Sin embargo, hay que recordar que no se pueden violentar
los proceses si no se domina el uso de la energía solar, en su
estado natural; resulta mejor usar esa energía con sus afines
procesados, tal como lo hicieron los preamericanos. Los abonos
que emplearon fueron, siempre, los orgánicos —animales,
vegetales y humanos— por lo mismo que hay una escalonada
unidad procesal, que se entiende entre sí. Cuando el hombre
ingiere peces, pájaros, animales y vegetales, procesa esos
alimentos, incorpora a su organismo las calorías, las proteínas,
los carbohidratos y las grasas necesarias para su subsistencia y su
procreación; sin embargo, algo de ellas queda como sobrantes
que, al ser expelidos, no pierden riqueza; son útiles para el nuevo
ciclo, etc.
Cuando el ser humano "come" piedras en bruto, o metales y
metaloides primarios, no los puede digerir porque lo inorgánico
es antagónico a lo orgánico; no hay polarización adecuada que
permita la interrelación; hay rechazo. Igual sucede cuando los
animales y las plantas "comen" piedras, metales y metaloides,
precisamente porque lo inanimado no concuerda, no es afín, no
se entiende con lo animado; las vibraciones energéticas no se
enlazan, ni se enmaridan; hay también rechazo.
¿Cómo entonces la "ciencia occidental" estableció la
necesidad del uso de abonos artificiales, ricos en fosfatos y
nitratos si sus químicos e investigadores olvidaron convertirlos
en orgánicos? Su desconocimiento de las leyes del proceso

149
evolutivo, de la piedra al hombre, les llevó a la equivocación
suicida que rompe con todas las relaciones ecológicas y arrincona
al hombre hasta liquidarlo lentamente. La contaminación no
empieza en las fábricas que emplean carburantes, sino que
arranca desde el mismo instante del uso indiscriminado de los
abonos artificiales o químicos, los mismos que, al desequilibrar
el proceso, contaminan por dentro a la vida humana.
¿Si esto ocurre en el fenómeno agropecuario, base
fundamental de la vida humana, punto de partida para la
producción y reproducción de la especie humana, cómo
reconocer, entonces a la ciencia y la técnica contemporáneas,
como virtudes al servicio de la humanidad, si son asesinas y
brutales? Si esto acontece con la agricultura y la ganadería, la
medicina moderna sigue igual camino. Desde Pasteur hasta
nuestros días, la equivocación persiste ya que el "mundo de la
microbiología "pasteuriana no es tal; los "microbios" no tienen
vida, son microorganismos que actúan por polaridades. Pese a
ello la farmacología occidental está programada para "matar lo
que no tiene vida", y, a la que matan, en verdad, es a la especie
humana ¡
Veamos, de otro lado, a las máquinas que desde las fábricas
y las grandes industrias queman a diario, a cada segundo, el
oxígeno vital para la vida humana. Si hacia afuera el
envenenamiento contaminador es terrible, en lo interno mata,
traumatiza, enajena y deshumaniza al trabajador, convirtiéndole
en una máquina más. La combustión de materiales químicos
puros —los hidrocarburos— se expande, adultera las relaciones
de equilibrio entre los elementos básicos, cambiando,
evidentemente, las funciones bioquímicas y, por—ende, el
pensamiento del hombre. A tal avenamiento químico, tal
descomposición en las neuronas. Y es que el desprocesamiento
del petróleo se hace en forma tan violenta que sus emanaciones
contaminan todo; el investigador contemporáneo, impulsado por
la dinámica de apropiación capitalista, de acumulación
indiscriminada, sin planificación, olvidó que la formación del
petróleo duró miles de años y que su procesamiento en contrario
tiene que seguir la ley natural; y para hacerlo a la perfección sólo
debe imitar a las leyes naturales o acelerarlas según su propio
ritmo.

150
La locura acientífica de Occidente, la está pagando la:
especie humana, al punto que, de continuar, corremos el peligro
inminente de liquidar a la especie humana o impedir que ésta
cumpla con su misión de crear otra, especie superior. Para que
nuestra misión se cumpla a la perfección, es imperativo que
imitemos a los preamericanos, al defender, sobre todas las cosas,
la riqueza de nuestro oxígeno, de nuestro hidrógeno, de nuestro
carbono y de nuestro nitrógeno naturales, los mismos que son
nuestra base constitutiva. Si esto, hacemos, entonces, estamos
marchando hacia la consecución de otra especie superior
humana. No es lo mismo saber que estamos constituidos también
de oro, plata, cobre y otros minerales que son energía solar
procesada en organismos vivos, que ingerir oro, plata y cobre,
por ejemplo, en estado natural, no orgánico.
Nuestro organismo los rechazaría inmediatamente puesto
que por su distinta composición, no puede, polarizarlos. Igual
sucede con los hidrocarburos, muy a pesar de que los
contengamos en mínima escala. Recordemos esta ley todo lo afín
se procesa en mayor o menor intensidad energética. El
preamericano lo sabía a cabalidad, de allí que sil ciencia y su
tecnología resulten insuperables, orientadoras; científicas,
materialistas y dialécticas. En tanto que Occidente, desde ayer,
hasta hoy, lo ignora; consecuentemente su seudo-ciencia y su
tecnología aplicada deben ser desestiman das radicalmente.
¿Y qué decir de la aventura de la descomposición del átomo
y de las pavorosas armas termonucleares, obra de Occidente?
Una cosa es desencadenar el átomo y otra encadenarlo a la ley
cósmica. La curiosidad del hombre le llevó hasta los límites de la
investigación de la energía pura; pero su incapacidad para
crearla, a imagen y semejanza de la natural, ha conducido a la
humanidad hasta el límite de su propia destrucción; nadie, en la
actuald.ad, puede garantizarle al hombre su perdurabilidad como
especie; se está al borde del caos; estamos de cara al abismo de
la destrucción.
El preamericano conoció el uranio y le llamó "la sal que
mata" —el ayacachi—; desestimó su uso, al igual que el empleo
de los carburantes en grande escala; le bastó la energía solar que
se procesa en toda su escala en el planeta Tierra; la dominó y la
puso a su servicio. De sol a sol hicieron su vida productora;
dejaron para la noche su vida reproductora al amparo de la Luna.

151
Este invalorable testimonio queda graficado en sus ruinas, en su
idioma, en sus costumbres, en sus usos, en su agricultura, en su
ingeniería, en su medicina, en su, organización social, en su
concepción filosófica, en su sentimiento religioso, etc.; pero,
resulta más admirable, cuando para el arte culinario no abandonó
jamás lo natural; el empleo de la leña cuya combustión no
envenena, sino que controla la combustión del oxígeno y lo
regula; igualmente, en el uso de sus vajillas de barro de sus
cucharas de palo, etc., siempre buscando la afinidad entre las
especies cercanas al hombre o que estaban comprendidas en él.
Sus filtradores de piedra porosa, sus cántaros frescos; la
deshidratación de la papa; su medicina herbolaria; y hasta su
propia vestimenta funcional, para darle al cuerpo humano la
agilidad necesaria para el trabajo colectivo, etc., hablan del
dominio de una ciencia coherente con la vida y su proceso
productor y reproductor.
Por eso, se hizo necesaria esta rectificación. Es decir,
tenemos que afirmar que el retorno a la vida Tawantinsuyana
tiene que darse en base a su organización social en ayllus y su
gobierno en Consejos; y que, para el disfrute cabal de la vida, se
torna imperativo el uso de su ciencia y de su tecnología, pues son
insuperables por completas y definitivamente humanas. El
rechazo a la ciencia y técnica occidentales es cuestión de vida o
muerte. Hay que pronunciarse contra ellas. Lo impone la vida
misma y su misión creadora y procreadora.

152
PALABRAS FINALES

Parecería más que inútil escribir y hablar de la lozanía y


vigencia de la Revolución en esta hora, cuando las palabras se
han gastado y casi ya nadie cree en ellas. Reconozco que hay un
estancamiento en la esperanza de los luchadores en mi patria; que
hay desprecio en la juventud por las banderas que izan los jefes
de las trincheras rebeldes; que hay, en fin, cansancio en los
hombres de la izquierda. Sólo los intereses personales, la pasión
mezquina, el camino fácil, imperan en los locales políticos, en las
universidades, en las iglesias, en los cuarteles y en las centrales
sindicalistas. Para esa gente, hablarles de la bondad de la causa
india es una blasfemia, una quijotada de mal gusto, una burla
gritada en 3a intimidad de un velorio, etc.
Indudablemente nos encontramos en el tiempo de la resaca.
Todo es arrastrado, hacia atrás. No es el tiempo de hablar en tono
airado; hay que actuar murmurando a media voz; estamos
viviendo en una auténtica clandestinidad de los eternos valores,
de aquéllos que movilizan e incendian p. los jóvenes para
inmolarse por su causa o por su pueblo. Este es el tiempo del
"Gran Bonetón"; nadie quiere conservar entre las manos, o en el
pecho, su respectiva varonía o su responsabilidad combatiente.
Quien más, quien menos, aguardan la ocasión para estar en
vitrina, pero sin comprometerse; esperan la hora para acudir al
reparto., Quieren ser sobrevivientes para demandar su
condecoración bastarda, la que pertenece al soldado
desconocido. Son la recua de la burocracia que usufructúa de la
vida heroica de los que murieron por los demás.
Empero, aun así, hay que seguir siendo un desafío; hay que
ir en contra de la corriente de los enfermizos subjetivismos. Hay
que gritar, sea como sea, con mala voz o con meliflua tonalidad;
en fin, hay que hacerlo para impedir que en esta hora los
combatientes hagan la siesta engañosa. No se debe olvidar,

153
jamás, que la Revolución no duerme nunca, que está siempre en
vigilia.
Hay crisis, es verdad; pero nuestra crisis es, en un 50 %, de
imitación. Como España, primero, y luego Occidente, quisieron
dejarnos sin memoria, sin nacionalidad y sin historia para que
adoptáramos la suya, su crisis global, se autoduplica entre
nosotros como el eco. De allí, entonces, que podamos «inflar con
absoluta certidumbre, que por nuestro aparente "subdesarrollo"
somos, efectivamente, subenajenados; aun entre nosotros impera
un estilo distinto a la valoración de la problemática de 1a vida.
Somos la mitad de los males que se suponen.
Si para Haya de la Torre, y para el propio José Carlos
Mariátegui, el Perú fue sólo el "Cuarto dé los Sirvientes", porque
los amos estaban en Europa, es bueno qué se sepa; que siempre
fuimos los dueños totales de la casa, de la ciudad, del país, del
continente: Sólo es cuestión de que renunciemos a lo epidérmico
racial, y que nos polaricemos abiertamente hacia lo indio, porque
lo indio en el Continente lo es todo. Esto significa que así
seremos científicamente materialistas teóricamente, materialistas
históricos. A Marx y a Lenin esto les parecería lo más atinado y
correcto.
Al efectuar el viraje de 180 grados para empezar a
reconciliarnos con nosotros mismos, telúricamente,
comenzaremos a mirar mejor a nuestra realidad objetiva y
concreta: Dejaremos de ser inmorales y ociosos; ya no nos
mentiremos, ni mentiremos a los demás. Recién tendremos
conciencia de puesta verdadera nacionalidad. Dejaremos de ser
los hijastros de la Madrastra Europa y le descubriremos sus
arrugas, sus malos gustos y la pudrición que la rodea; porque la
lleva dentro.
Entonces, dejaremos de ser el furgón de cola; el fantasma
que nos autoconturba, el pordiosero de todas las tiendas políticas
de extramar. Volveremos a nuestro cuerpo: Será el espíritu que
flota vagando en el aire seductor de éstas tierras y estos ríos y
estos bosques. Recién estaremos tranquilos con nosotros mismos.
Le debemos tanto a los indios, porque desde los siglos aquí
están sus tierras, sus muertos, sus sudores. Gracias a ellos
Occidente encontró su tabla de salvación y conjuró su crisis y su

154
hambre. Los indios han sido siempre los benefactores del mundo,
porque jamás renunciaron a su señorío y a la forma poética de
entender al Universo. Es que, el indio se habla de tú con el
Cosmos con la Pachamama, en una acción recíproca de nunca
acabar.
Por lo demás, el concepto de indio es la expresión de una
cultura socialista. Es una civilización religiosa del materialismo
cósmico. Lo indio es, además, un equilibrio racial: es una
reconciliación de los extremos raciales. Es una raza. .al centro y,
como tal, atrae al blanco y seduce al negro. Lo indio es la paleta
que hizo al Arcoíris, simplemente porque es una síntesis
comunitaria.
Lo anterior explica la conducta social del indio en su
relación con los demás grupos raciales. Les da cabida, les da su
calor, se quita hasta lo que no tiene por ayudar a los de más. Su
estilo es dar, siempre dar. En sus fiestas no hay incidentes, ni son
necesarios los vigilantes o los policías. Es la autodisciplina
colectiva. La disciplina es su característica. Y cuando trabajan —
la minka o el ayni—, lo hacen como lo realizaron sus más viejos
abuelos, hace ya para más de veinte mil años, autogobernados
colectivamente; pues son una fusión sabia y consciente. Son una
práctica cósmica que se elevó a teoría en los sagrados tiempos
del Tawantinsuyo.
Se debe aclarar que tomamos lo indio como a una raza
histórica, presta a la resurrección por su anterior realización
comunista. Las razas puras, en el sentido antropológico, ya no
existen, o están en vías de extinción, por vejez. Pero la
nacionalidad india, por elevarse, arriba del concepto de raza en
sí, postulándose cósmica en lo social, filosófico y político, deja
mal parados a quienes la toman simplemente como "raza", y no
como una civilización y cultura colectivista.
Por eso, para lograr la liberación total del indio, ella no se
plasmará por la vía de la lucha de clases, sino, única y
exclusivamente, a través de una implacable lucha de
nacionalidades. En Europa y en Asia es probable que la
liberación social encuentre, en la lucha de clases, la ruta más
corta para reconciliarse con la vida; pero, entre nosotros, el
camino es otro, porque nuestra tarea es una lucha de reconquista.
Nosotros ya fuimos socialistas. Vino España y nos apartó de

155
nuestra senda histórica, comunitaria por natural y científica por
cósmica.
No es tampoco por el camino de la democracia que se habrá
de liberar al indio, porque la democracia es la engañifa occidental
del capitalismo —hijo del feudalismo y nieto dé la esclavitud—,
y es la más grave alcahuetería de la que echan mano los
tránsfugas de la izquierda simia y papagallezca. La batalla es, y
será, una guerra a muerte contra todo lo que es y representa
Occidente. El indio se sentirá, definitivamente reconciliado con
la vida, con su vida, cuando no quede un solo .testimonio
occidental: en lo racial, en lo social y en lo económico, etc.
¿Cómo, entonces, hacer concesiones a la democracia, si es
estar dando vueltas a la noria y favorecer, de este modo, a
Occidente? No, a Occidente se le derrotará y se le liquidará,
oponiéndole otro estilo diferente, totalmente distinto, con ideas
que nada tengan que ver con las suyas; porque América no es su
continuidad histórica; América ya estaba incluso cuando Europa
se hallaba en las cavernas, comiendo carne cruda y
desconociendo el uso del fuego. A Occidente lo vamos a derrotar,
nosotros los indios, con las ideas, principios y doctrina de
nuestros abuelos del Tawantinsuyo. Y porque pensamos y
sentimos como ellos es que nos decimos su contemporáneos.
El acápite anterior significa que estamos en guerra
ideológica contra Occidente y que consideramos a su
"democracia" como una pantalla-cebo para atraer intonsos y
corromper a los revolucionarios menos avisados. Para derrotar a
Occidente le oponermos una ideología simple y concreta, una
filosofía real y acabada en su concepción científica, y un estilo
organizado de vida que nada tiene que ver ni siquiera con nada
de lo occidentalizado. Nosotros tenemos orgullo de haber
redescubierto la ideología cósmica vital del Tawantinsuyo; a esa
ideología nos aferramos y no haremos ninguna concesión a
Occidente. Reiteramos, nuestra guerra es a muerte. No creemos
en la democracia, ni en sus espurios procesos electorales.
La prueba más palpable de nuestra actitud política la dimos
en el proceso electoral para elegir a los representantes ante la
Constituyente. Nuestra consigna fue: "contra el oprobió, voto en
blanco", y cerca de medio millón de ciudadanos nos secundaron.
Cerca de un millón de votos viciados evidencian el desprecio que

156
los indios tienen ante estas burdas maniobras occidentales.
Vendrán otras elecciones y habrá de nuevo, se reiterará, la
postergación para que el quechua-hablante vote; el escamoteo
presidirá antes que el Jurado Nacional de Elecciones diga su
última palabra. Y de nuevo el quechua y el aymara volverán al
destierro; cuando más, sólo serán referencias de un patrimonio
cultural" incómodo para los sucios madre-patrieros.
Nosotros seguiremos sin dar un paso atrás. Estamos más allá
del premio o del castigo occidentales. Todo o nada. El triunfo
total o la muerte biológica, que será, a todas luces, una
perennidad histórica más ni menos. ¿Qué es ser diputado o
senador, alcalde c cónsul, ministro o embajador, si España está
en Palacio y gobierna con mano criolla? Se necesitaría ser un
desvergonzado o tener estiércol en las venas, para, en nombre de
una supuesta patria, hablar por ella y comer a dos carrillos. Y
durante toda la etapa de la República hasta hoy, cual más, cual
menos, ha sabido "inteligentemente" sacrificarse por la patria, sin
renunciar a su dieta, sus privilegios, amantes y el lugar que no se
merecen ¡
Lo indio, ahora, limita con el mundo entero. De todas partes
hay avidez por nutrirse de la sabiduría india. Somos testigos de
que lo mejor de la juventud y de los estudiosos de Occidente, no
comprometidos, se interesa por la causa del indio; por su
filosofía, su organización, su ideología, etc. Durante estos diez
últimos años centenares de artistas, antropólogos, historiadores,
sociólogos, revolucionarios, etc., se han acercado a nosotros para
beber de la filosofía india y de su sabia organización del ayllu.
No, no se trata de hacer turismo político sobre el drama de
la vida en el mundo actual. No pensemos tampoco que en el
"mundo del Señor" hay para todos. O que lo indio sea una locura
menor en el pensamiento de los cínicos o de los hampones. Se
trata, simplemente, de que hay una grave crisis humana y en la
que los mejores espíritus tientan caminos para darse una salida
redentora. Partamos de esto, el drama actual fue elaborado por
hombres, luego puede ser resuelto y aliviado por otros hombres.
Así es de simple y natural.
En la reunión de "Barbados II", a la que acudieron
representantes de los pueblos indios de América y del Mundo,
más la asistencia de una docena de antropólogos y sociólogos,

157
estuvo presente el Movimiento Indio Peruano, Salvador
Palomino Flores se encargó de representarnos, llevando nuestra
ponencia y la documentación de nuestra existencia. Presentamos,
a consideración de los asambleístas, nuestras publicaciones.
Nuestros libros y folletos. Casi todo de lo actuado. Ni qué decir
de la sorpresa que causamos y de los elogios que se recabaron.
La reunión acordó se adoptara la, línea doctrinaria nuestra y que
se nos diera todo el apoyo moral necesario para ahondar las
investigaciones históricas.
Stefano Varese tuvo palabras relevantes y dejó escrito su
testimonio de reconocimiento. Dijo que el Movimiento Indio
Peruano significaba un rescate de los siglos, vigente hoy por
hoy". La directiva del Consejo Mundial de Pueblos Indios, con
sede en Canadá, acogió en su seno a nuestra causa, invitándonos
para el Congreso Panindio a llevarse a cabo en Ginebra en 1977.
Acudimos Posteriormente fuimos invitados a Alemania a una cita
de dirigentes indios, a la que nos negamos asistir por razones
obvias. Movía esta reunión un grupo de protestantes vinculados
a eso que se denomina "Consejo Mundial de Iglesias".
Desde "Barbados II, el Movimiento tuvo una nutrida y
copiosa correspondencia internacional, vinculándose a todos los
movimientos nativos del mundo. Pero no por eso nos hemos
mareado, ni mucho menos supervalorado; comprendemos que en
todas partes hay planteada una alternativa del retorno. Que la
sociedad anda en la búsqueda de su origen feliz; pues hay una
marcha ciega para volver al comunismo. Desde todos los
rincones del Universo los Manes Cósmicos —léase fuerzas en
movimiento— trabajan para corregir le desviación social
terrestre.
Ciertamente, el apoyo que recibimos de nuestros hermanos
indios del continente y del mundo, contrarresta al boicot que se
emplea contra nosotros en nuestra patria. Desde fuera se ve mejor
la grandeza de nuestra doctrina; no sería sorpresa el que en uno
de estos días venga el espaldarazo desde Europa. Nos daría pena
porque con ello se ratificaría lo que afirmamos: hay tanta
enajenación mental que nuestra intelectualidad sólo opera por
mandatos de extramar. Este tipo de cursilería la importó el
criollaje para descollar entre peleles más o menos adinerados;
posteriormente, nuestros escritores mestizos hallaron en París el
mercado propicio para venderse —no todos—, y para escribir

158
sobre aquello que barniza la piel del dolor de un pueblo colgado
en la cruz, ya para cinco siglos.
Conste, nosotros no fuimos a Europa a mendigar la atención
sobre el drama terrible de nuestro pueblo indio; fueron
occidentales los que en Barbados abrieran sus ojos frente a la
seriedad y fortaleza de nuestros planteamientos, doctrinarios y
filosóficos. Desde entonces somos una gran expectativa y una
sólida esperanza. Grupos e instituciones independientes estudian
y difunden nuestros ensayos, artículos y trabajos. Y no es como
mal lo supone Juan Vicente Requejo, en el sentido de que "son
gente que cultiva lo extravagante o lo exótico, y que estimula las
causas perdidas". Pensar así es necio y estúpido; porque el misino
drama únicamente engendra dolor y protesta. Si las campañas
contra el Movimiento Indio fueran sólo para desprestigiar a sus
conductores, el asunto no tendría la menor importancia; nomás
sería una canallada el echar ácido sobre una llaga o golpear en el
suelo a su propia madre.
La trampa estriba en que se desea distraer la atención de la
gente estudiosa, honrada e investigadora para que no se adentre
en la verdad, ni descubra la estafa intelectual que es Occidente y
de su falsa ciencia. Y. más al fondo, para que no se ponga en duda
la razón fundamental, en la que se sustenta la supuesta legalidad
de la propiedad privada. He allí el embrollo en la madeja. No se
discute la seriedad del pensamiento creador indio, sino que su luz
trae por los suelos todo lo hábilmente tejido para darle
legitimidad al robo, la traición y el crímen.
Desde que el Movimiento Indo Peruano diera muestras de
vida a través del INSTITUTO DE INVESTIGACIONES PRE-
AMERICANAS, en 1968, empieza su drama y su viacrucis.
Total, el ININPRE terminó cerrando sus puertas para no acabar
en burdel, pues al no poder combatirlo doctrinariamente, entraron
a tallar los agentes, los tragos y las mujeres fáciles. El material
humano que conformó la primera promoción fundadora del
Instituto, estaba constituida, en su mayoría, por mestizos y
criollos. La isla india, en medio de la enajenación sucumbió, sin
pena ni gloria. Lo que se salvó fue, más adelante, la base humana
que, a modo de semilla, diera paso al fruto logrado que ahora es
el Movimiento.

159
Sin embargo, hay que aclarar que el MI? no es un partido
político, al estilo occidental; es más bien un sentimiento familiar
comunero en base a la cultura y civilización del Tawantinsuyo;
es, también, la vanguardia combatiente de una nacionalidad con
personalidad cósmica, nutrida en los Andes Centrales de
América del Sur. El Movimiento Indio busca la toma del poder
para instalar el Segundo Tawantinsuyo y reedificar la Nación de
los Ayllus y su Gobierno en Consejos. Es decir, somos un
mensaje de liberación total. Somos la Revolución de la Vida.
No aspiramos a ganar posiciones dentro de ese prostíbulo
4ue es Occidente; nosotros somos revolucionarios: el poder o
nada. Somos millones. Más de 80 millones de indios
constituimos una grande e intensa familia. Hoy estamos
dispersos, combatidos e incomunicados. Vendrá el día en que
seremos una resurrección. Una espléndida y sagrada resurrección
continental.

160
161
162
ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO

BAUDIN, Louis. — El Imperio Socialista de los Incas.


BUSE, Hermann. — Perú: 10 Mil años; Crónicas en EL CO-
MERCIO.
CARDICH, Augusto. — Los Yacimientos de Lauricocha.
CHOY, Emilio. — De Santiago Matamoros a Santiago Mata-
Indios.
CIEZA DE LEON. — La Crónica del Perú.
COLON, Diego. — Diario de Viajes de Cristóbal Colón.
DE LAS CASAS, Fray. — De las Antiguas Gentes del Perú.
GARCILASO, de la Vega. — Comentarios Reales.
ENGEL Federico. — Sitios Precerámicos en la Costa Peruana.
KAUFFMANN, Federico. — Arqueología Peruana.
Larco Hoyle. — Los Cupisniaue.
Leguía, Jorge Guillermo. — Historia de América.
Llosa, Jorge Guillermo. — Visión Sintética del Perú.
López y Fuentes, Gregorio. — El Indio.
Magaloni Duarte, Ignacio. — Educadores del Mundo.
Martínez Paredez, Domingo. — Filosofía de los Mayas.
Mariátegui, José Carlos. — Siete Ensayos.
Markham, Clement. — Los Incas del Perú.
Reynaga, Fausto. — La Revolución India.
Reynaga, Ramiro. — Guerrilla Blanca en Pueblo Indio.
Tello, Julio C. — Antiguo Perú.
Ulloa, J. Juan y Antonio. — Noticias Secretas de América.
Urteaga Ballón, Oscar. — Ceramios en el Perú.
Valcárcel, Luis E. — Historia de la Cultura Antigua del Perú.

Roel Pineda, Virgilio. — Los Libertadores.
Girard, Rafael. — Los Mayas Eternos.
Calderón, Héctor M. — La Ciencia Matemática de los Mayas.
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Larco Hoyle, Rafael. — Los Mochicas.
Jiménez Borja, Arturo. — El Perú: Período Chimú.
Lumbreras, Guillermo. — Sobre los Chancas, Crónicas, Antiguo
Perú.
Posnansky, Arturo. — Tiahuanaco y la Civilización Prehistórica.
Uhle, Max. — Pachacamac.
Matos Mar, José. — Perú Problemas (Libros del Instituto de
Estudios
Históricos).
Carnero Medina, Gaúl. — Perú: Patria del Indio.
Fernández Lancho, Manassés. -- Los Dibujos de Nazca.

163
164
La presente edición de
EL INDIO Y LA REVOLUCIÓN
se terminó de imprimir el 7 de abril de 1979,
en los Talleres de la Editorial BENMEL S. I. R.
LTDA, Lima – Perú (Jirón Junín Nº 1099),
bajo los auspicios de PRENSA PERUANA
y el Movimiento Indio del Perú.

165
PRECIO: S/. 500.00

166
ÍNDICE

Presentación…………………………………………….….… 7
Las Contradicciones……………………………………...…. 15
Advertencia…………………………………………….….... 20
Incidencias…………………………………………….….… 24
Es Importantísimo: (Primera Parte)………………….…..…. 99
Segunda Parte ……………………………………………… 42
Tercera Parte ………………………………………….……. 52
Cuarta Parte ………………………………………………... 62
Quinta Parte ………………………………………….…….. 72
Sexta Parte …………………………………………….…… 81
Sétima Parte ……………………………………………..…. 91
Postulación Cósmica……………………………………..… 99
Capítulo Segundo ………………………………………… 106
Capítulo Tercero…………………………………….….…. 113
Capítulo Cuarto ……………………………………….…... 118
Dialéctica India……………………………………….….... 123
Así fue el Tawantinsuyo…………………………….…….. 128
El Segundo Tawantinsuyo………………………….……... 135
Las Conclusiones…………………………………….……. 140
Rectificación Necesaria………………………………..….. 148
Palabras Finales……………………………………….…... 153

167
NOTA.-
Este texto fue transcrito, reconstruido y
editado tal cual es el original por:
Juan Carlos Rocha Tamares
La Paz-2019.

168
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INDIANIDAD TOTAL

Guillermo Carnero Hoke, nació y se crió


con los niños del pueblo y con ellos apren-
dió que la vida es siempre relación y que la
relación es siempre identificación y que la
identificación es la defensa de la comuni-
dad de les pobres. Por eso es que cuando
fue acumulando años se hizo revoluciona-
rio, porque nadie puede identificarse con
los pobres sin rechazar la opresión y la
desigualdad. Pero los años, los libros y los
indios viejos le enseñaron que la mejor for-
ma de ser revolucionario es volviendo a las
fuentes más puras de las tradiciones de
nuestro pueblo, que no son otras que las que
vienen de les gloriosos tiempos del Ta-
wantinsuyo; y como siempre buscó la per-
fección decidió ser más auténticamente re-
volucionario a dar el paso que lo hizo asu-
mir con plena conciencia, la indianidad to-
tal y abierta. Es de esta forma que nos ofre-
ció una limpia lección de consecuencia y
continuidad, que todos reconocemos como
un mérito indiscutible de Guillermo Car-
nero; mérito que al convertirse en un ejem-
plo, ha tenido un gran efecto multiplicador,
que explica el extraordinario fenómeno del
súbito crecimiento del Movimiento Indio,
que está destinado a jugar en el Perú el
mismo papel que, en su tiempo, desempeñó
Pachacútec, que cambió profundamente el
rostro social de estas tierras andinas.

VIRGILIO ROEL PINEDA

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