La indiferencia afectiva como rasgo nocivo
de la personalidad
MONTSERRAT LÓPEZ MELERO
Doctora en Derecho. Profesora de Criminología
Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
RESUMEN
Es necesario situarnos en el contexto psicológico para poder entender qué se
entiende por indiferencia afectiva; las investigaciones demuestran que la indiferencia
expresa falta de interés y de participación emotiva. Es decir, el sujeto tiene una pérdi-
da de iniciativa y una disminución de la reactividad. Supone, además, la ausencia de
sentimientos, y una distorsión en la expresión de las emociones. Serán objeto de estu-
dio los atributos del rasgo nocivo de la indiferencia afectiva, así como los trastornos
en los que se encuentran sus atributos, en atención al Diagnostic and Statistical
Manual of Mental Disorders.
Palabras clave: Capacidad criminal, indiferencia afectiva, trastorno de la perso-
nalidad antisocial, psicópata.
ABSTRACT
It is necessary to situate ourselves in the psychological context in order to unders-
tand what is meant by affective indifference; Research shows that indifference expres-
ses a lack of interest and emotional participation. That is, the subject has a loss of
initiative and a decrease in reactivity. It also supposes the absence of feelings, and a
distortion in the expression of emotions. The attributes of the harmful trait of affective
indifference will be studied, as well as the disorders in which their attributes are
found, in attention to the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
266 Montserrat López Melero
Key words: Criminal capacity, affective indifference, antisocial personality disor-
der, psychopath.
SUMARIO: I. La indiferencia afectiva. Delimitación conceptual. 1. Concepto
psicológico de la indiferencia afectiva. 2. Dimensiones de la indiferencia
afectiva. 2.1. Indiferencia afectiva versus insensible moral. 2.2. Amoral
versus inmoral. 2.3. Afecto versus emoción. 2.4. Indiferencia afectiva ver-
sus inestabilidad emocional. 2.5. Indiferencia afectiva y el derecho de inhibi-
ción.–II. La indiferencia afectiva como rasgo independiente nocivo. 1. ¿Qué
es un rasgo nocivo y su interpretación en la capacidad criminal?–III. Teorías de
la indiferencia afectiva. 1. Consideraciones generales. 2. Teorías de corte
constitucional. 3. Teorías de corte sociológico. 4. Teorías dinámicas.–IV. Atri-
butos de la indiferencia afectiva. 1. Atributos. 2. La indiferencia afectiva y la
psicopatía. 3. Causas de la indiferencia afectiva. 4. Manifestaciones ante la
indiferencia afectiva.–V. Conclusiones.
I. L A I N D I F E R E N C I A A F E C T I VA . D E L I M I TAC I Ó N
CONCEPTUAL
Al abordar este tema, se vislumbra un problema fundamental, con-
sistente en la multiplicidad de denominaciones que pueden llevar a
confusión si no se establece de forma adecuada una delimitación con-
ceptual de todos y cada uno de ellos. Es, por ello, necesario establecer
los conceptos de indiferencia afectiva, insensibilidad moral, inestabi-
lidad emocional, afecto, emoción, amoral e inmoral, objeto de estudio
a continuación.
1. Concepto psicológico de la indiferencia afectiva
A la hora de abordar una definición de Indiferencia Afectiva parti-
mos del Diccionario de la Real Academia Española, no obstante, no
tiene un concepto que aborde los dos términos reseñados conjunta-
mente –Indiferencia/Afectiva–; en este sentido, se entiende por indife-
rencia el estado de ánimo en que no se siente inclinación ni
repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado. Si acu-
dimos a qué se entiende por afectivo me remite, el propio Diccionario,
al afecto y a la sensibilidad. Afinando más la cuestión, se entiende por
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 267
afecto inclinado a alguien o algo; mientras que, por sensibilidad,
facultad de sentir; y cualidad de sensible.
A efectos de nuestro estudio, es necesario situarnos en el contexto
psicológico para poder entender qué se entiende por indiferencia afec-
tiva; la indiferencia expresa falta de interés y de participación emo-
tiva (1). Es decir, el sujeto tiene una pérdida de iniciativa y una
disminución de la reactividad (2). Supone, la ausencia de sentimien-
tos, además, una distorsión en la expresión de las emociones. También
es conocida como el aplanamiento afectivo, falta de emotividad o
inhibición de los afectos (3).
La indiferencia afectiva tiene como características el que se pre-
sente en tres esferas, desde el punto de vista psicológico:
a) El aspecto volitivo (la voluntad),
b) la cognoscitiva (inteligencia) y,
c) la afectiva donde se incluye los sentimientos, las emociones,
el ánimo y los afectos propiamente dichos.
Ahora bien, no debe de ser confundida la indiferencia afectiva con
el embotamiento afectivo, ya que supone una reducción más que con-
siderable en cuanto a la exteriorización de los sentimientos. El embo-
tamiento afectivo es considerado como un trastorno de la dinámica
afectiva que consiste en una disminución de la expresividad compor-
tamental y subjetiva de las emociones (4). De esta forma, se caracte-
riza porque el sujeto en ningún momento manifiesta ansiedad ni temor
ante un castigo o ante una situación de peligro, además no responde al
(1) Galimberti, U., Diccionario de Psicología. México: Siglo Veintiuno Edi-
tores, 2002, p. 603.
(2) Doron, R. y Parot, F., Diccionario Akar de Psicología. Madrid: Fernán-
dez Ciudad, 2004, p. 199.
(3) Según Wael Hikal el afectado por la indiferencia se muestra con estas
notas: «carencia de contactos afectivos con el entorno; falta de emotividad, embota-
miento afectivo, falta de amor al prójimo, pobreza afectiva; insensible al sufrimiento
de la víctima; el sufrimiento ajeno le estimula (sadismo); deficiencia para establecer
relaciones; introversión e inmadurez emocional». Hikal, W., Criminología del desa-
rrollo: el estudio de la personalidad antisocial desde la perspectiva psicoanalítica y
conductual (sistema atizando el conocimiento criminológico y psicológico), 2005,
p. 11. En el International Classification of Diseases 10th (en adelante, CDI-10, ver-
sión inglesa o CIE-10, versión español) lo apreciamos en el trastorno de inclinación
sexual tipo sadomasoquismo (F65.5), en el que el sujeto con indiferencia afectiva
puede infringir dolor, humillación o esclavitud a la víctima. Clasificación Internacio-
nal de Enfermedades, 1994, p. 179. Sobre la inmadurez afectiva, véase Stankiewicz,
A., «Jurisprudencia de la Rota Romana sobre inmadurez afectiva». Ius Canonicum,
vol. XLV, n.º 89, 2005, pp. 35-53.
(4) Doron, R. y Parot, F., Diccionario Akar de Psicología, ob. cit., p. 199.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
268 Montserrat López Melero
dolor que manifiestan otras personas. El embotamiento afectivo suele
estar asociado a los estados depresivos (por ejemplo, en los estados de
melancolía un sujeto se aleja de aquellas personas o cosas más queri-
das, esto no significa que sea indiferente afectivo). Este síntoma tam-
bién ha sido descrito en la esquizofrenia, autores, como Kraepelin (5),
dictaminaban que habría que buscar en la esfera afectiva las caracte-
rísticas de la demencia precoz cuya afectividad aparece como una
señal dominante, aseverando, además, que en esta patología el con-
cepto de embotamiento afectivo llega hasta el de indiferencia, y coin-
cide con las de atimormia (6), déficit y anhedonia (7). Podemos
encontrar, incluso, estudios que afirman que los estados de melancolía
para la esquizofrenia, para la enfermedad de Parkinson y para los ago-
nistas dopaminérgicos en la depresión, proponen que la idea de embo-
tamiento afectivo es una diana transnosográfica de la estimulación de
las estructuras dopaminérgicas y un modelo de su implicación en la
motivación (8).
La jurisprudencia consolidada del Tribunal Supremo manifiesta,
en sentencias, cuestiones sobre la indiferencia en el estado depresivo
de un sujeto, así en la Sentencia del Tribunal Supremo (en adelante,
STS) 16599/1991, de 12 de marzo, en relación a una carta de despido,
manifiesta que: «[…] la carta de despido, durante el que el actor ha
estado afecto de una depresión endógena cronificada manifestada en
un cuadro de nerviosidad, ansiedad de tipo angustioso, déficit impor-
tante de la memoria global, de concentración y de sentido crítico,
influenciabilidad, indiferencia al medio externo con predominio de su
función afectiva y tendencia al aislamiento» (9).
Como apuntaremos más adelante, se manifiesta que, práctica-
mente, es indicar que el sujeto carece de empatía, siendo, además,
un aspecto propio de los sujetos antisociales, ya que, en sus actos
criminales, carecen de empatía y son personas que tienden a ser
insensibles e indiferentes afectivos. Si bien es cierto, cabe subrayar
otras características de esos sujetos cuando prima en ellos la indife-
rencia afectiva: pueden ser excesivamente autosuficientes, pueden
(5) Novella, E. J. y Huertas, R., «El Síndrome de Kraepelin-Bleuler-Sch-
neider y la Conciencia Moderna: una aproximación a la historia de la Esquizofrenia».
Clínica y Salud, vol. 21, n.º 3, 2010, pp. 205-219 [En línea]. [Citado el: 20 de octubre
de 2018]. http://scielo.isciii.
(6) La atimormia es un déficit de impulsos y de afectividad. La anhedonia es
la incapacidad para experimentar placer.
(7) Vid. en este mismo sentido, DORON, R. y PAROT, F., Diccionario Akar de
Psicología, ob. cit., p. 199.
(8) Ibidem, Doron, R. y Parot, F., Diccionario Akar de Psicología, ob. cit., p. 199.
(9) Vid. en el mismo sentido, STS 1462/1991, de 12 de marzo.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 269
ser irresponsables, a lo largo de su vida pueden tener muchas parejas
sexuales y no tener una relación duradera; además, puede tener otras
características que no deben ser confundidas con el rasgo del ego-
centrismo (10), ya que en muchos casos la persona egocéntrica es
incapaz de sentir por los demás, así como, además la posible labili-
dad afectiva que tenga una persona puede provocar indiferencia
hacia las personas y/o cosas (11).
(10) El rasgo de egocentrismo y de indiferencia afectiva se puede encontrar
en los sujetos que tienen un trastorno histriónico de la personalidad. Se trata de
unos rasgos, de un lado, referidos a la inintimidabilidad y, de otro lado, a la nocivi-
dad. Algunos de los rasgos de la personalidad no son incompatibles, sino que se
complementan.
(11) Desde la doctrina jurisprudencial podemos encontrar sentencias que
hacen uso del término indiferencia afectiva, en este sentido, destacamos, entre
otras: Auto del Tribunal Supremo (en adelante, ATS) 2150/2017, de 16 de febrero,
fj.1 «Que el cuadro clínico residual que presentaba era: Trastorno afectivo filiado
con distimia. Que las limitaciones orgánicas y funcionales derivadas de dicho cua-
dro clínico residual eran las siguientes: Apatía, abulia e indiferencia afectiva. Ansie-
dad y deterioro cognitivo asociado con negativa evolución»; ATS 6898/2009, de 7
de mayo, fundamento jurídico (en adelante, fj.) 1. «Las pruebas periciales psiquiá-
tricas realizadas a Bartolomé acreditativas de que su personalidad es inmadura,
sumisa, subordinada y de que pudo participar en los hechos influenciado por una
personalidad más fuerte como la del acusado, así como la realizada al acusado, al
que diagnosticaron trastorno antisocial de la personalidad, indiferencia, frialdad
afectiva, falta de empatía con el prójimo y de remordimientos, lo que no afectaba no
obstante para distinguir entre el bien y el mal»; ATS 596/2003, 21 de enero, fj.1,
«[…] la presencia de limitaciones consistentes en trastorno mental orgánico, apatía
y ausencia de iniciativa, indiferencia e inestabilidad afectiva, aislamiento afectivo
[…]»; STS 12430/1991, de 19 de noviembre, «[…] no presentaba trastornos de tipo
psicótico, si bien sufre trastornos de personalidad, cuyas manifestaciones más des-
tacadas son una muy baja tolerancia a la frustración y una marcada indiferencia
afectiva […]»; con la misma lectura encontramos la STS 6381/1991, de 19 de
noviembre y la STS 6382/1991, de 19 de noviembre. La STS 4540/1991, de 12 de
septiembre, con ocasión de un accidente de tráfico indica «le han quedado impor-
tantes secuelas, consistentes, según reciente informe médico, en hemiplejia espás-
tica derecha con marcha muy lenta e inestable que necesita muleta y el apoyo de
otra persona, hipoacusia bilateral, dificultades de pronunciación y déficit neuropsi-
cológico con deterioro intelectual borderline, indiferencia afectiva y amnesia pos-
traumática.» Si bien es cierto, tras la lectura de otras sentencias, se extrae que
cuando habla exclusivamente de indiferencia, se refiere a una indiferencia afectiva
y no a una ignorancia, en este sentido, entre otras sentencias, podemos destacar:
ATS 3203/2017, de 2 de febrero, fj. 1, se dice que «[…] el procesado, actuó con
absoluta indiferencia y desprecio […]»; STS 13899/1991, de 22 de enero, con oca-
sión de consumo de drogas, dice la jurisprudencia que «consumiendo principal-
mente heroína por las distintas vías posibles de introducción de la droga en el
organismo, lo que ha ocasionado en él un deterioro físico y psíquico progresivo, con
hipomnesia, indiferencia afectiva, indolencia y descenso del nivel ético social. Al
cometer el hecho actuó movido por el impulso de obtener dinero con el que com-
prar la droga y aliviar el síndrome de abstinencia».
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
270 Montserrat López Melero
2. Dimensiones de la indiferencia afectiva
La indiferencia afectiva, desde el punto de vista de la Criminología,
se caracteriza por una multiplicidad de enfoques, a saber: enfoque psi-
quiátrico, enfoque bio-constitucional, enfoque psicoanalítico y enfoque
psicológico. Cada uno de estos enfoques emplean, indistintamente, los
términos insensibilidad moral, indiferencia afectiva, inestabilidad emo-
cional, afecto, emoción, amoral e inmoral. Términos que son necesarios
de delimitar para no caer en confusiones de interpretación.
2.1 Indiferencia afectiva versus insensible moral
Está totalmente asentado por la doctrina (Sánchez Gómez, entre
otros) (12) que no es lo mismo indiferencia afectiva que insensible moral.
Cabe subrayar que podemos encontrar dos tipos de sujetos: los indiferen-
tes afectivos y los insensibles morales. Respecto de los primeros –indife-
rentes afectivos– son aquellos sujetos conocedores de los valores, del
daño que conlleva sus actos, así como el perjuicio físico y psicológico que
ocasionan y, a pesar de ello, actúan. Mientras que los insensibles morales
son aquellos que hacen juicios de valor, actúan de forma y manera capri-
chosa como consecuencia de una falta de resonancia (no sienten
nada) (13). En un sentido más concreto, en este último caso, el comporta-
miento del sujeto puede estar motivado por la comprensión del desvalor
de su conducta o el sufrimiento de la víctima. De forma resoluble, me
lleva a concluir que, todos los indiferentes afectivos, no son insensibles
morales, pero todos los insensibles morales sí son indiferentes afecti-
vos (14).
2.2 Amoral versus inmoral
Se hace necesario, de otro lado, establecer una distinción entre
amoral e inmoral, por estar estrechamente relacionado con la indife-
rencia afectiva. Se dice del amoral que es aquella característica de la
personalidad por la que un sujeto no tiene capacidad para tener
(12) Sánchez Gómez, J., Manual de clínica criminológica. Perfil de peligro-
sidad criminal. Madrid: Tecnos, 2012, p. 368.
(13) En este supuesto de actuación de forma caprichosa se debe tener en cuenta
el Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad (F60.3) en el tipo impul-
sivo (F60.30) al indicar que este tipo de personas tienen un humor inestable y capri-
choso, según el CIE-10, p. 163.
(14) En este sentido, también se pronuncian Sánchez Gómez, J., La cons-
trucción de un perfil radical yihadista. Valencia: Tirant lo Blanch, 2018, p. 192.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 271
moral (15). Se debe tener en cuenta el Trastorno disocial de la perso-
nalidad (16) por incluir el Trastorno de personalidad amoral, caracte-
rizado por el desprecio hacia las obligaciones sociales y tener una
cruel despreocupación por los sentimientos de los demás; mientras
que el inmoral se refiere a una personalidad que, teniendo sensibilidad
moral, actúa en contra de la misma, es decir, el sujeto conoce los valo-
res e incluso hace juicios de valores sobre los mismo, pero no los tiene
en cuenta a la hora de actuar, le es totalmente indiferente.
Nos encontramos ante disposiciones diferentes, aunque presenten
en común la aplicación de un rasgo de la personalidad. En este sen-
tido, la sensibilidad o conciencia moral implica unos elementos: a) el
intelectivo: entendido como la capacidad para hacer juicios de valor;
y b) la afectividad (17): cuya distorsión o ausencia hace que una per-
sona realice juicios de valor, pero actúe en contra.
Desde esta perspectiva, podemos señalar los dos tipos de sujetos
anteriormente mencionados: los indiferentes afectivos y los insensi-
bles morales; identificando a los indiferentes afectivos con los inmo-
rales, y a los insensibles morales con los amorales.
Por afectividad entendemos la resonancia que se encuentra en el
fondo endotímico de un objeto del mundo exterior, capaz de saciar
una necesidad al sujeto (18). Así, la indiferencia afectiva, correspon-
derá con la falta de resonancia del individuo con su mundo exterior.
En sentido amplio, podemos entender todo lo que comprende la esfera
afectiva, que constituye el principal engranaje que impulsa toda la
vida psicológica de la personalidad (19). Como indica acertadamente
Coderch (20), en cada momento de nuestro ciclo vital existe un tono
afectivo considerado como básico que matiza las ideas, los pensa-
mientos o las fantasías, entre otros aspectos.
(15) Vid. las Sentencias del Tribunal Supremo (en adelante, SSTS) 69/2014, de 15
de enero, dice «[…] un sentimiento de fuerte rechazo hacia la amoral y ambiciosa con-
ducta […]»; 5431/2001, de 25 de junio, «[…] sujeto activo respecto de la inadecuación
social y amoral de la conducta que realiza, pudiendo distinguir ente el bien y el mal […]».
(16) Trastorno disocial de la personalidad F60.2, los sujetos que la padecen se
les asignan las siguientes características: baja tolerancia a la frustración y un bajo
umbral para la descarga de agresividad, incluido el comportamiento violento; hay
tendencia a culpar a otros o a presentar. Incluye, además, el trastorno de personalidad
antisocial, asocial, psicopático y sociopático. Recogido en el CIE-10, pp. 161 y 267.
(17) La afectividad era uno de los 60 rasgos estudiados por Sheldon, recono-
ciendo la existencia de una pluralidad de somatotipos.
(18) Sánchez Gómez, J., Manual de clínica criminológica. Perfil de peligro-
sidad criminal, ob. cit., p. 368.
(19) Betta, J. C., Manual de Psiquiatría. 6.ª ed. Buenos Aires: Albatros,
1976, p. 181.
(20) Coderch, J., Psiquiatría dinámica. 5.ª ed. Barcelona: Herder, 1991, p. 48.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
272 Montserrat López Melero
Llegados a este punto, hay dos ideas que hacen referencia al sen-
tido moral: la idea del juicio moral y la idea de sensibilidad
moral (21). La idea de juicio moral es considerada como una facul-
tad repentina y de perfección clara que permite reconocer de forma
intuitiva un hecho concreto, es decir, el bien del mal (22), un con-
cepto en el que puede figurar la conducta de empatía como un com-
ponente cognitivo. Kant estableció postulados que intentaron
explicar las razones que determina la acción de las personas. La teo-
ría del juicio moral fue ampliamente desarrollada por Dewey (1965)
postulando unos niveles de desarrollo moral, a saber (23): – el nivel
preconvencional caracterizado por una conducta guiada por impul-
sos sociales y biológicos; – el nivel convencional en que se incluyen
las personas cuya conducta está determinada por los modelos esta-
blecidos en el grupo al que pertenecen (se incluyen aquí aquellas
personas que afectan de forma sumisa una norma sin someterla a
crítica); y – el nivel autónomo siendo aquel en el que una persona
ha actuado de acuerdo a su pensamiento y establece juicios en rela-
ción con modelos establecidos.
La idea de sensibilidad moral viene presentada por una determi-
nada inclinación a experimentar sentimientos compartidos, por lo
tanto, está más cercano al componente afectivo de la empatía. La
jurisprudencia del Tribunal Supremo (STS 5053/1998, de 31 de julio)
es la que habla de falta de moralidad a la hora de proferir insultos
hacia una persona, dice: «se consideran degradantes los epítetos que
revelan patente intención de vejar y menospreciar y que eran total-
mente innecesarios en temas informativos que se radiaban, como los
de «cantamañanas» en diversas variantes y alusiones de falta de
moralidad, incluso de estados físicos (desvergonzado, amoral com-
pleto, olvidadizo, trasnochado mandamás, vejete, destartalado, pre-
sumido, relamido, presidente de pelo blanco y conciencia deportiva
negra, y otros parecidos), todos ellos y en su conjunto cargados de
atentados infamantes, insultantes y desprestigiadores para el destina-
tario identificado.»
(21) Vid. Zerpa, C. E., «Tres teorías del desarrollo del juicio moral: Kohlberg,
Rest, Kind. Implicaciones para la formación moral». Revista de Educación, n.º 25,
2007, pp. 137-157. Desde la perspectiva kantiana es relevante la intercepción entre el
dominio cognitivo y el afectivo, ya que las personas no son solamente racionales, sino
también sensibles. Los principios kantianos influyeron para la promulgación de teo-
rías del juicio moral (p. 140).
(22) Kant, I., Crítica de la razón práctica. Buenos Aires: Losada, 1788/1961.
(23) Zerpa, C. E., «Tres teorías del desarrollo del juicio moral: Kohlberg,
Rest, Kind. Implicaciones para la formación moral», ob., cit., 142.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 273
2.3 Afecto versus emoción
Al abordar este tema –afecto y emoción– se vislumbra un pro-
blema fundamental, consistente en la multiplicidad de interpretacio-
nes, dificultando, en consecuencia, el concepto exacto de cada uno de
ellos, ya que son perfectamente confundibles. Respecto del afecto (24)
puede ser considerado como un patrón de conducta observable consis-
tente en la expresión de un estado, de los sentimientos experimenta-
dos subjetivamente, según el DSM-V; mientras que emoción (25), es
una respuesta de forma individual de cada sujeto.
Afinando más la cuestión, los estados afectivos están formados
por las emociones, los afectos, los sentimientos y las pasiones, en
palabras de Betta (26). En este sentido, a la hora de dar una definición
de las emociones, Betta afirma que, consisten en un cambio más o
menos súbito o brusco que se produce en el humor o estado de ánimo
habitual de una persona, teniendo repercusión física y psíquica (27).
Respecto al afecto, manifiesta el citado autor, que son tendencias que
inclinan a la psique hacia el placer o desplacer y por la que la persona-
lidad severa colocada en uno u otro extremo dan el tono afectivo.
Define los sentimientos, como aquellos que constituyen las vivencias
afectivas de mayor jerarquía donde interviene el intelecto que inhibe y
mitiga las reacciones somáticas hasta su desaparición, quedando limi-
tado exclusivamente a las manifestaciones psíquicas. Los sentimien-
tos constituyen estados afectivos estables. Y, por último, define las
pasiones, como un estado afectivo caracterizado por su gran persis-
tencia, pudiendo llegar a hacerse permanente.
(24) En el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-V) a
la hora de referirse al Trastorno bipolar, manifiesta en relación con el afecto que,
«Para distinguir la culpabilidad de un episodio de depresión mayor (EDM), es útil
tener en cuenta que en la culpabilidad el afecto predominante es el sentimiento de
vacío y pérdida, mientras que, en un EDM, es el estado de ánimo deprimido persis-
tente y la incapacidad de esperar felicidad o placer». El termino afecto aparece reco-
gido en los Trastornos depresivos o en Trastornos relacionados con traumas y
factores de estrés, además, en Trastorno de identidad disociativo y en Trastorno de la
conducta haciendo referencia a un afecto superficial o deficiente, indicando que es
aquel que no expresa sentimientos ni muestra emociones con los demás, salvo de una
forma que parece poco sentida, poco sincera o superficial. Vid. DSM-V p. 248.
(25) Bleuler, además, asevera que una psicosis se convierte en crónica
cuando se comienzan a perder las emociones; los primeros sentimientos en embotarse
son los que promueven la interrelación social. Bleuler, E. 1950. Dementia Praecox
or the Group of Schizophrenias. New York: International Universities Press, 1950.
(26) Betta, J. C., Manual de Psiquiatría, ob. cit., pp. 183-192.
(27) El citado autor manifiesta que hay unas emociones básicas que son: ale-
gría (euforia), tristeza (depresión), miedo (angustia) y rabia.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
274 Montserrat López Melero
En este sentido, la indiferencia afectiva puede estar relacionada
con la indiferencia emocional, ya que ambas pueden consistir en una
carencia, déficit o pérdida de la capacidad de presentar respuestas
afectivas o flexibles, y modulación o inflexión de las emociones ante
el entorno que rodea o frente a otras personas.
Es Vallejo Ruiloba (28) quien, de una manera más precisa, define
las emociones como: «afectos bruscos y agudos que se desencadenan
por una percepción (externa o interna) o representación y tienen abun-
dante correlación somática. Suelen ser poco duraderos […]. El estímulo
puede ser real, imaginario o simbólico, o simplemente desconocido,
como ocurre con frecuencia en las crisis de angustia (panic attacks). El
miedo, la cólera y la angustia son ejemplos de emociones. Las manifes-
taciones fisiológicas son variadas: reacciones vasomotoras (rubicundez
facial, palidez), intestinales (diarrea), secretoras (sudoración, lagrimeo),
renales (poliuria), musculares lisas (espasmos), circulatorias (taquicar-
dia, cambios tensionales) y respiratorias (taquipnea, disnea), descenso
de la resistencia eléctrica de la piel (reflejo psicogalvánico), etc.». Si
bien, para reafirmar el aporte, se señala la definición aseverada por
Ganong William (29), dice: «Las emociones tienen componentes tanto
físicos como mentales. Ellas implican cognición, es decir, el darse
cuenta de la sensación y usualmente de su causa; afecto, la sensación
calificada en sí; activación, el impulso para entrar en acción; y cambios
físicos como hipertensión, taquicardia y sudoración».
Las emociones tienen como función la adaptación al medio, es
decir, si mi emoción es de ira, me permitirá destruir, si mi emoción es
de tristeza, me permitirá reintegrarme, etc. Pero, también, tiene una
función en el ámbito social, si hay ira mi emoción me va a permitir
que rechace o evite esa situación social, en cambio, si hay alegría me
permitirá, la emoción, relacionarme con los demás. Desde el punto de
vista comunicativo, la emoción comunica el estado afectivo de otras
personas, así como la expresión emocional de los demás. Se puede
aseverar que las emociones tienen funciones motivacionales, que
dependerán del ámbito en el que se produzcan, pudiendo buscar el
placer, un acercamiento, pero también un rechazo (30).
(28) Vallejo Ruiloba, J., Introducción a la psicopatología y la psiquiatría.
4.ª ed. Barcelona: Masson, 1999, p. 224.
(29) Ganong, W., Manual de fisiología médica. 7.ª ed. México: El Manual
Moderno, 1980, p. 207.
(30) Si acudimos al CDI-10, p. 165, respecto del Trastorno ansioso de la per-
sonalidad, el criterio de rechazo supone una preocupación para este tipo de sujetos,
en el que le preocupa de forma excesiva no solamente el rechazo, sino también el que
sea criticado en situaciones sociales, pudiendo dar lugar a tensiones emocionales.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 275
De forma resoluble me lleva a concluir que, la vida emocional de un
sujeto está erigida por afectos, emociones, sentimientos y pasiones; en este
orden, podemos afirmar que la afectividad es ese conjunto de experiencias
de una persona a lo largo de su ciclo vital, que van definiendo e, incluso,
delimitando aspectos emocionales de un sujeto, formado, como se ha indi-
cado por afectos, emociones, sentimientos, pasiones, pero también por
deseos y estados de ánimo. Todos los estados mencionados forman parte
del engranaje de la vida personal de un sujeto, pudiendo trascender a con-
ductas, comportamientos y, por ende, a parte de su personalidad.
2.4 Indiferencia afectiva versus inestabilidad emocional
Respecto a la inestabilidad emocional, la podemos encontrar en
el Trastorno de la personalidad límite si tenemos en cuenta el DSM-V
al referirse a la inestabilidad afectiva debida a una reactividad nota-
ble del estado de ánimo. Afinando más la cuestión, un sentimiento
crónico de vacío se encuentra en aquellos sujetos que tienen un Tras-
torno de inestabilidad emocional de la personalidad de tipo límite, si
nos apoyamos en el CIE-10 (31).
A efectos de nuestro estudio, interesa concretar que, la indiferen-
cia afectiva, está relacionada con los estados de ánimo (32), en este
sentido, se afirma que la afectividad va a influir en el sentido de regu-
lar, conectar y sintonizar los estímulos que una persona recibe de su
entorno, permitiendo, en este caso, observar las diferentes conductas y
comportamientos de los sujetos ante una misma emoción, en función
de una serie de radicales que forman las emociones. Estos radicales
son los que a continuación se señalan (33):
a) Estímulo como productor de emoción.
b) Reacción psicofisiológica como componente de funcional
producto del estímulo.
c) Componente cognitivo determinado por la respuesta cerebrales.
d) Contexto mediante la influencia de la dinámica situacionales.
e) Conducta como respuesta del sujeto a la emoción.
(31) DSM-V y CIE-10, pp. 364 y 163, respectivamente.
(32) Así se ha dejado constancia tanto en la definición de indiferencia que
recoge el Diccionario de la Real Academia Española, como en la definición de emo-
ción que manifiesta Betta. Podemos encontrar unos tipos de estado de ánimo: la euti-
mia, la euforia, el ánimo expansivo, el ánimo irritable y la discordia. La duración y la
intensidad de las emociones va a depender del estado de ánimo, del estímulo y de la
personalidad de cada sujeto.
(33) TN Relaciones. [En línea] [Citado el: 27 de octubre de 2018]. http://www.
tnrelaciones.com/cm/preguntas_y_respuestas/content/255/3221/es/afectividad.html.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
276 Montserrat López Melero
Teniendo en cuenta lo anterior, y referente a las emociones, pode-
mos determinar, como ejemplo, que el Trastorno de la personalidad
esquizoide (34) tiene como patrón dominante el desapego en las rela-
ciones sociales y poca variedad de expresión de las emociones en con-
textos interpersonales, así podemos encontrar como características en
los sujetos con este trastorno que: se muestra indiferente a las alaban-
zas o las críticas de los demás; se muestra emocionalmente frío, con
desapego o con afectividad plana (35).
Desde esta perspectiva, los aspectos de la afectividad y los radica-
les de la emoción, son componentes de la indiferencia afectiva, rediri-
giéndonos a la empatía. Si bien es cierto, la doctrina (36) no es
unánime a la hora de definir la empatía, se establece un concepto
amplio y uno más reducido; respecto al concepto amplio, se entiende
por empatía como la comprensión de los sentimientos de la otra per-
sona, o como un estado afectivo compartido por dos personas. En
cuanto al concepto más reducido, la doctrina entiende que sólo hay
empatía si la persona se encuentra en un estado afectivo (únicamente
en este caso). Este estado es isomorfo al estado afectivo de otra per-
sona, y se ha desencadenado como consecuencia de la observación (o
imaginación) del estado afectivo de otra persona. La principal anota-
ción es que esa persona es consciente de que el estado emocional de la
otra persona es la causa de que se halle en ese estado afectivo.
2.5 Indiferencia afectiva y el defecto de inhibición
En la actualidad, los términos de indiferencia efectiva y el de
insensibilidad moral se identifican con el rasgo psicológico del
defecto de inhibición (37), así como, con la capacidad de permitir el
(34) DSM-V, p. 361.
(35) Respecto del Trastorno límite de la personalidad, es el ATS 6908/2011,
de 2 de junio, fj. 1, respecto de la afectividad indica que: el preexistente trastorno
límite de la personalidad de la denunciante, también evidenciado en dichos informes.
A este respecto, si bien a tenor de los mismos «tiene una mayor tendencia a ser una
persona dependiente o a ceder ante otros, especialmente si se trata de personas vincu-
ladas afectivamente a ella».
(36) Entre la doctrina, Vid. Sánchez Gómez, J., La construcción de un perfil
radical yihadista, ob., cit., p. 196.
(37) La inhibición o control inhibitorio podría definirse como la capacidad
para controlar las respuestas impulsivas (o automáticas), y generar respuestas media-
das por la atención y el razonamiento. Esta habilidad cognitiva contribuye a la antici-
pación, planificación y al establecimiento de metas por parte de un sujeto. La
inhibición o control inhibitorio pone freno al comportamiento de las personas, por lo
que neutraliza o paraliza todas aquellas reacciones y conductas que son automáticas y,
por tanto, inapropiadas, cambiándolas por una respuesta más adaptada a la situación,
por lo que hay que tener en cuenta el contexto en el que se produce.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 277
cumplimiento de un acto cuya ejecución produce un sufrimiento
para el prójimo, y ausencia total de moción en el individuo que lo
comete, pudiendo ser observadas desde diferentes enfoques (38),
–es multifactorial–. Las investigaciones científicas (39) ponen al
descubierto la relación entre la inhibición y la supresión de las emo-
ciones.
Los estudios (40) han determinado que podemos encontrar una
serie de manifestaciones en el área de la afectividad:
a) Tienen su origen en estructuras neuronales subcorticales y
son integradas por medio de la corteza del lóbulo frontal.
b) Existen unos núcleos neuronales alejados (locus cerúleus) que
intervienen en la integración de aspectos como la ansiedad y el pánico.
c) Cuando nos referimos al área de la amígdala aparecen unas
sensaciones placenteras no pudiéndose especificar el tipo.
Además, como la afectividad está formada por un conjunto de sensa-
ciones variadas y complejas, presentan una serie de características (41):
a) Es subjetiva. No es observable fuera del individuo, pero sí se
pueden ver sus demostraciones (risa o el llanto) felicidad, enojo.
b) Es trascendente. Influye en otros aspectos de la personalidad
por su interrelación
c) Es comunicativa: es en sí una forma de comunicación con el medio.
d) Es polar: existen distintos polos que dirigen los afectos –placer y
displacer– (agrado/desagrado; alegría/tristeza; atracción/repulsión; etc.)
II. LA INDIFERENCIA AFECTIVA COMO RASGO INDEPEN-
DIENTE NOCIVO
Resta definir qué es un rasgo nocivo y qué importancia tiene su
análisis para la capacidad criminal. Aseverando que, la indiferencia
afectiva, es un rasgo de la personalidad encuadrado dentro de los noci-
vos, su análisis determina una parte de la capacidad criminal. La capa-
(38) Vid. Sánchez Gómez, J., La construcción de un perfil radical yihadista,
ob., cit., pp. 194 y 234.
(39) Traue, H., Deighton, R. y Ritschi, P., «Emotional inhibition and
disease», Bioenergetic Analysis, n.º 15, 2005, pp. 55-88.
(40) Taboada, I., Semiología Neuropsiquiátrica. Caracas: Eykon Artes Gráfi-
cas, 1990, pp. 23 y ss.
(41) TN Relaciones. [En línea] [Citado el: 27 de octubre de 2018]. http://www.
tnrelaciones.com/cm/preguntas_y_respuestas/content/255/3221/es/afectividad.html.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
278 Montserrat López Melero
cidad criminal se determina, además, de con la indiferencia afectiva,
con la agresividad, labilidad afectiva y el egocentrismo. Los cuatros
rasgos de temperamento deben ser observados y analizados para cen-
trar la investigación clínica criminológica. Todos ellos, de manera
independiente, comprenden los síntomas específicos que describen al
sujeto criminal y facilitan la respuesta a cuestiones tales como: quién
es el criminal, cómo es su forma de actuar, por qué ha cometido el cri-
men, y ayudan a fijar las pautas para una estrategia preventiva con el
tratamiento penitenciario.
1. ¿ Qué es un rasgo nocivo y su interpretación en la capacidad
criminal?
A efectos de nuestro estudio interesa concretar que la indiferencia
afectiva se agrupa en una de las fases de las dos que existen, supo-
niendo una guía hasta el paso al acto delictivo. Las dos fases son:
decisión (42) y ejecución (43). La indiferencia afectiva se encuentra
en la fase segunda –la de ejecución– perteneciente al grupo de los
nocivos. El análisis de todos los rasgos (los de decisión y ejecución)
permiten el estudio de factores criminógenos.
Nocivo quiere decir que el sujeto supera los obstáculos (el umbral
delictivo) que le separan del acto criminal y carece de afecto hacia la
víctima. Afinando más la cuestión, la víctima carece de importancia
para el sujeto, así como que el sujeto no está condicionado por senti-
mientos que rodean el acto y comportamiento delictivo que lleva a
cabo; supone el resultado de una distorsión en el afecto y en la sensi-
bilidad hacia la víctima, como hemos señalado en las delimitaciones
conceptuales.
Los cuatros rasgos nos darán variables cuantitativas sobre la capa-
cidad criminal y la adaptabilidad social, es decir, sobre el estado peli-
groso del sujeto. En este sentido, cuanto más bajo es el umbral
delincuencial más alto será el estado peligroso (44). El objeto es cen-
(42) A la fase de decisión pertenecen los rasgos de egocentrismo y labilidad
afectiva. Los sujetos se caracterizan porque no temen las penas ni el reproche social,
y porque los sujetos no son capaces de prever las consecuencias de sus acciones. Se
trata de sujetos inintimidables.
(43) A la fase de ejecución pertenecen los rasgos de indiferencia afectiva y
agresividad. Se trata de sujetos nocivos.
(44) Quintiliano Saldaña hablaba de estado peligroso individual, propo-
niendo en 1917 la fórmula de estado peligroso social. Aseveraba que la Sociología
mostraba clases y poblaciones peligrosas. Saldaña, Q., Capacidad criminal de las
personas sociales. Doctrina y Legislación. Madrid: Reus, 1927, p. 19.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 279
trar los rasgos de una manera holística e integral, ya que van a posibi-
litar el constructo de personalidad criminal. Caracterizándose por ser
una predicción individualizada del sujeto que comente la conducta
delictiva, aportando un diagnóstico de la peligrosidad, es decir, como
indica Maden (45) consiste en evaluar o diagnosticar la peligrosidad
siguiendo el método clínico. Empero, si esta ausencia no se diera (la
indiferencia afectiva) junto con la agresividad, aunque estuviesen pre-
sentes los otros dos rasgos, el individuo no pasaría al acto delictivo, si
bien, la indiferencia afectiva impera frente a todos los demás rasgos,
aseverando que una indiferencia muy arraiga en el sujeto puede supo-
ner conductas y comportamientos muy agresivos hacia una víctima
marcado por la deshumanización hacia la misma.
Acertadamente, como indica Andrés-Pueyo (46) la capacidad
criminal, por su naturaleza, son consistentes y estables en el tiempo.
Andrés-Pueyo, respecto de la capacidad criminal, afirma que: «La
capacidad criminal hace referencia a la «potencia» de realizar un
acto criminal que radica en la persona analizada. Entre la capacidad
y la acción hay mecanismos que median y que son muy importantes
en la valoración forense y que hacen referencia al libre albedrio y al
autocontrol que definen al individuo humano normal como alguien
capaz de autodirigirse y no de ser un autómata determinado por
fuerzas ajenas a su conciencia. Así pues, la apuesta diagnóstica de la
peligrosidad criminal hecha por la tradición clínica forense se basa
en la identificación de los rasgos de la «personalidad criminal»,
principalmente en la que los rasgos más importantes se agrupan en
torno a dos constructos básicos: la capacidad criminal y la inadapta-
ción social».
La cualidad de ser peligroso o delincuente peligroso está asociado
a los delincuentes que cometen hechos delictivos con cierta violencia
y que tienen alto riesgo de reincidencia (47), es decir, hay una alta
probabilidad de cometer un nuevo delito. Si bien es cierto, el signifi-
cado original de peligrosidad hacía referencia «a la perversidad cons-
tante y activa del delincuente y la cantidad de mal previsto que hay
(45) Maden, A., «Dangerous and severe personality disorder: antecedents and
origins», The British Journal of Psychiatry, vol. 190, issue S49 (Assessment, risk and
outcomein severe personality disorder), 2007, pp. 8-11.
(46) Andrés-Pueyo, A. Obra neurociencias. [En línea] [Citado el: 2 de
noviembre de 2018]. Proyecto PSI2009.13265 del Ministerio de Ciencia e Innovación
del Gobierno de España. http://www.ub.edu/geav/wp-content/uploads/2017/06/
Andr%C3%A9s-Pueyo_2013.pdf., pp. 483-484 y 495.
(47) Ambas facetas señaladas no son sinónimas.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
280 Montserrat López Melero
que temer por parte del mismo (temibilidad)» (48). Según el Diccio-
nario de la Real Academia de la Lengua española, peligroso es «que
tiene riesgo o puede ocasionar daño. Aplicase a la persona que puede
causar daño o cometer actos delictivos», y peligrosidad es «calidad de
peligroso». Desde el punto de vista jurídico se entiende como peligro-
sidad la probabilidad que tiene una persona de cometer hechos delic-
tivos, por lo que existe un estado peligroso siendo aquel
comportamiento que con toda probabilidad puede derivarse un daño o
aquella conducta que es reprobada socialmente, es decir, lleva a cabo
una conducta antisocial.
De otro lado, Rodríguez Manzanera (49) establece, de forma acer-
tada, una clasificación y características de peligrosidad que paso a
detallar:
a) Según los componentes. Puede ser con capacidad criminal y
con adaptabilidad social.
b) Tipos. Peligrosidad social y peligrosidad criminal.
c) Los elementos. Estado peligroso que puede ser por predispo-
sición y por disposición. Y el elemento de la oportunidad que puede
ser posible y/o probable.
d) Según las clases. Son genérica y específica.
e) Las formas. Crónica y aguda.
f) La delimitación. Es predelictual, delictual y postdelictual.
g) Según la valoración es cualitativa y cuantitativa. la cualitativa
a su vez son factores criminógenos (endógenos y exógenos) y los estí-
mulos (absoluta y relativa). En la cuantitativa puede ser mínima,
media y máxima.
h) En cuanto a la actuación criminológica. Está la profilaxis y el
tratamiento.
i) La reacción jurídica. Se puede imponer la pena y la medida de
seguridad.
j) En cuanto a los índices. Son legales y los criminológicos, en
éstos últimos se tiene en cuenta los componentes, los elementos, las
formas, etc.
k) La peligrosidad jurídicamente. Es presunta y la comprobada.
(48) Garófalo, R., La criminología. Madrid: La España moderna, 1890,
p. 86.
(49) Rodríguez Manzanera, L., Criminología clínica. 5.ª ed. México:
Porrúa, 2012, p. 91, cit. López Melero, M., «Criminología Clínica», material didác-
tico, 2017.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 281
Las probabilidades de que un sujeto tenga capacidad criminal y
adaptabilidad social se presentan en la Tabla 1:
Tabla 1. Probabilidad de la capacidad criminal y la adaptabilidad social
Capacidad criminal Adaptabilidad social
+ +
+ _
_ _
_ +
Fuente: Elaboración propia a través de los estudios de Jean Pinatel
Teniendo en cuenta esta diferencia, se reconocen cuatro formas
clínicas de estado peligroso (50):
a) Capacidad criminal muy fuerte y adaptabilidad muy elevada.
Se dice que es la forma más grave, se trata de delitos de cuello blanco,
políticos y financieros.
b) Capacidad criminal muy elevada y adaptabilidad incierta. Es
menos grave ya que la inadaptación atrae la atención sobre ellos, se
trata de los criminales profesionales o los delincuentes marginados.
c) Capacidad criminal poco elevada y adaptación débil. Son, nor-
malmente, los internos de centros penitenciarios, inadaptados psíquicos.
d) Capacidad criminal débil y adaptabilidad elevada. Se dice que
es la forma ligera de estado peligroso, el delincuente ocasional y los
pasionales.
Por lo tanto, las personas nocivas pueden tener una alta capacidad
criminal en atención a los atributos de la indiferencia afectiva. Afi-
nando más la cuestión, la indiferencia afectiva como rasgo nocivo nos
indica la forma que tienen los criminales de cometer el acto delictivo.
III. TEORÍAS DE LA INDIFERENCIA AFECTIVA
1. Consideraciones generales
Para la investigación sobre la afectividad se han utilizado diferen-
tes estudios, muchos de ellos basados en la introspección y en la
expresividad de la persona y de su medio ambiente. Si bien es cierto,
(50) Pinatel, J., Criminologie. París: Lausanne, 1956, p. 160.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
282 Montserrat López Melero
a la hora de aplicar esos puntos de referencia, las teorías cognitivas
establecen críticas, por un lado, la introspección aparece como el
método elegido ya que, de acuerdo con su modelo, las emociones se
basan en el appraisal. El appraisal cognitivo es la valoración mental
del daño o del beneficio potencial de una situación. Esta valoración se
hace por introspección. Pero, por otra parte, si la mera exposición a
estímulos subliminales no ingresados a través de la consciencia pro-
duce preferencias, emociones de agrado y acercamiento; entonces, la
introspección consciente y cognitiva no es la mejor herramienta de
acceso a la vida emocional (51).
Está totalmente asentado por la doctrina (52) que los diferentes
enfoques que se le da a la indiferencia afectiva nos permiten observar
la magnitud del rasgo. Si tenemos en cuenta el enfoque psiquiátrico,
individualizó el lado de los sujetos perversos, siendo la principal
característica la malignidad por su incapacidad de reaccionar afectiva-
mente, situándose aquí la figura de los psicópatas (53). Si nos centra-
mos en el enfoque bio-constitucional, se refiere al sujeto con
reacciones poco adaptadas y afectivamente frío, dicha conducta es
proclive a que el sujeto la plasma como fruto de anomalías psíquicas
con relación a la estructura fundamental de la personalidad, especial-
mente respecto a lo que concierne la sensibilidad moral. Mientras que,
si nos centramos en el enfoque psíquico, parte de la idea de que el
sentimiento de injusticia sufrida por el sujeto se corresponde con la
expresión de su egocentrismo y de su incapacidad para el compromiso
afectivo (54). Teniendo en cuenta estos enfoques permite abrir cam-
(51) Vid. Donnoli, V. F., y otros., «Aplanamiento afectivo en la esquizofrenia:
estudio cualitativo». Alcmeon. Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, año
16, vol. 14, n.º 2, 2007, pp. 26-36.
(52) Vid. Pinatel, J., Criminologie. París: Lausanne, 1956; del mismo, Tra-
tado de derecho penal y criminología. Caracas: Universidad central de Venezuela,
Facultad de Derecho, 1974. Vol. III.
(53) Pinatel, J., Tratado de derecho penal y criminología, ob. cit., p. 718.
La STS 5770/1996, de 23 de octubre, asocia la psicopatía con amoral (no obstante,
la sentencia objeto de estudio cruza indistintamente características de los términos
de psicopatía y psicótico), la jurisprudencia dictamina que «[…] Tras asestar las
puñaladas, el sujeto tiene una personalidad anormal, patológica con intensa hosti-
lidad general violenta y heteroagresividad que puede ser calificada de psicopatía
asocial o amoral y afecto de una psicosis de tipo esquizofrénico […]». En térmi-
nos similares, la STS 5452/1995, de 31 de octubre, dictamina que «El comporta-
miento psicótico es amoral y antisocial, con falta de preocupación por el bienestar
de los demás.»
(54) Vid. Sánchez Gómez, J., Manual de clínica criminológica, ob. cit., p. 234.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 283
pos teóricos sobre la naturaleza constitucional y la educación como
factor sociológico en relación con la indiferencia afectiva (55).
2. Teorías de corte constitucional
Las Teorías de corte constitucional en la indiferencia afectiva se
caracterizan por el placer mórbido del sufrimiento ajeno, respecto a la
perversión moral, con tendencia constitucionales que no permiten al
sujeto adaptarse a la vida colectiva, y conformarse a las leyes de la
sociedad, en sus relaciones habituales. Expresan la tendencia egoal-
truista, la cual combina tendencias desinteresadas con instintos de con-
servación individual, emociones que, aclaradas con la inteligencia,
producen un choque en retorno afectivo, constituyéndose así una degra-
dación del instinto de sociabilidad, cuya inversión constitucional es de
carácter mórbido y se coloca entre las perversiones instintivas (56).
Estas teorías constitucionalistas, identifican el carácter mórbido
del instinto de sociabilidad (57) y afecto por una afección de la zona
del hipotálamo (58), suponen la base de las teorías de lo innato, consi-
derando que la hipertrofia del rasgo empático no permitiría responder
a la necesidad de armonía con el resto del grupo social en términos de
colaboración, solidaridad y ayuda, como consecuencia de una anoma-
lía orgánica, siendo considerada como un radical para el origen del
rasgo (igual que las glándulas endocrinas).
(55) Es significativa la STS 2616/1997, de 15 de abril, ya que para explicar
el dolo recurre a teorías como la de la indiferencia o del sentimiento, dice: «Tras las
teorías que han ido barajándose, tales la teoría de la probabilidad o de la representa-
ción, la del consentimiento o de la aprobación, la ecléctica y la de la indiferencia o
del sentimiento, en general goza de cierta prevalencia la idea de que hay que partir
en el dolo eventual del conocimiento por el sujeto de la concreta posibilidad de
producción de un resultado lesivo típico fuera del ámbito del riesgo permitido,
aceptando –algo distinto de «desear» o «perseguir»– aquella probabilidad implícita
en su actuar voluntario.»
(56) Pinatel, J., Tratado de derecho penal y criminología, ob. cit., pp. 720-721.
(57) Esta sociabilidad no debe ser confundida con el Trastorno disocial en
niños no socializados (F91.1) y niños socializados (F91.2) del CDI-10, p. 210.
(58) Toda la red neuronal puede influir en un sujeto para que lleve a cabo un
comportamiento violento, entre otras estructuras, se incluyen el hipotálamo, la amíg-
dala, el lóbulo temporal y el córtex prefrontal. Vid. De la Torre, J., Neurociencia,
neuroética y bioética. Madrid: Universidad Pontificia Comillas, 2014; Glen, A. L. &
Raine, A., «Neurocriminology: implications for the punishment, prediction and pre-
vention of criminal behaviour». Nature Reviews Neuroscience, vol. 15 (1), 2014,
pp. 54-63; Moya-Albiol, L., Neurocriminología. Psicobiología de la violencia.
Madrid: Pirámide, 2015.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
284 Montserrat López Melero
3. Teorías de corte sociológico
De otro lado, debemos tener en cuenta las Teorías sociológicas, al
considerar que en una persona aparecen los rasgos de indiferente por
influencias negativas del ambiente social que le rodea (59). En este sen-
tido, podemos encontrar dos dimensiones (60): de un lado, el pasivo,
refiriéndose al proceso de inhibición afectiva como resultado de una
actitud pasiva de envilecimiento reaccional; esta actitud pasiva es pro-
ducto de que el sujeto es incapaz de experimentar la tensión moral (61)
de una situación, de manera que reacciona ante estímulos morales sin la
percepción de las consecuencias de sus actos. De otro lado, el activo, se
refiere a la liberación afectiva, el acto es el resultado de una pasión pre-
dominante en el sujeto que busca su satisfacción a través de actos prohi-
bidos, de tal manera que la discrepancia le va a conducir a un ahogo de
la sensibilidad moral en su intento de lograr satisfacción. Afinando más
la cuestión, la influencia negativa va a dar lugar a tres formas: a) el
sujeto busca llegar a dicha insensibilidad; b) el sujeto presenta escasa
afectividad sin ser consciente de ello; y c) el sujeto no tiene predisposi-
ción ni intención de actuar, solamente está influenciado por el entorno
social. Según Byrne et al. (62), en la influencia social, hay que centrarse
en la conformidad (63) –comportarse de manera que se ha visto como
aceptable o apropiado–; en la condescendencia –esfuerzo para hacer
que otro respondan de manera afirmativa nuestras peticiones–; en la
obediencia (64) –forma de influencia social en la cual una persona sim-
plemente ordena a otra realizar alguna acción–; y, en el adoctrinamiento
(59) Las influencias sociales resaltan la importancia de factores sociales para
poder explicar los actos delictivos de una persona, ponen énfasis no sólo en la desor-
ganización sino también en la falta de integración social de una persona cuando lleva
a cabo una conducta delictiva. Las interacciones sociales negativas son las que más
inciden sobre la conducta delictiva, esas relaciones interpersonales pueden generar
tensión, estrés y, por tanto, una ruptura con los vínculos sociales.
(60) Sánchez Gómez, J., Manual de clínica criminológica, ob. cit., p. 201.
(61) El Trastorno ansioso (evitativo) de la personalidad (F60.6) se caracteriza
por tener sentimientos constantes y generalizado de tensión emocional, teniendo en
cuenta el CIE-10, p. 165.
(62) Byrne, D. y Baron, R., Psicología social [trad.], José V. Pestana y otros.
10.º Madrid: Pearson, Prentice Hall, 2005, p. 358.
(63) Según Byrne, para explicar la conformidad en la influencia del grupo
considera que es necesario tener en cuenta algunas circunstancias, entre ya que las
normas sociales están formuladas y detalladas explícitamente, pero que también hay
otras normas que se encuentran implícitas o tácitas, es decir que si obedecen sin estar
escritas. Byrne, D. y Baron, R., Psicología social, ob. cit., p. 357.
(64) Es considerada una forma extrema de influencia social junto con el adoc-
trinamiento intenso, Vid. Byrne, D. y Baron, R., Psicología social, ob., cit., p. 384;
se incluyen aquí las conductas de las sectas.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 285
intenso –supone los esfuerzo de los grupos extremistas para reclutar
nuevos miembros e introducirlos a aceptar las creencias del grupo de
una manera incuestionable–.
La explicación de la indiferencia afectiva con las Teorías sociológi-
cas también se sustenta en la educación, caracterizada porque distingue
dos grupos de instintos: los de simpatía y los de defensa. De ambos
dependen las estructuras afectivas. Si bien es cierto, para que la afecti-
vidad se desarrolle normalmente, éste enfoque entiende que es necesa-
rio que el sujeto atraviese, en la etapa más temprana de su desarrollo,
una fase ambivalente en la cual haya podido experimentar resentimien-
tos u odio hacia los padres, amando y estando seguro de ser amado por
ellos (65). Stern (66) habla de interafectividad (67). Se trata de una
experiencia de compromiso afectivo que algunos delincuentes no han
conocido nunca, produciendo un estado permanente de inhibición
afectiva (68) en la cual nada impedirá los gestos agresivos que se pro-
(65) Es necesario tener en cuenta la influencia de la familia en el posible com-
portamiento delictivo del niño como base de las teorías de corte sociológico.
(66) Stern, D., El mundo interpersonal del infante: una perspectiva desde el
psicoanálisis y la psicología evolutiva. Buenos Aires: Paidós, 1985, p. 188.
(67) El autor manifiesta que «el apareamiento temprano que el niño hace entre
su propio estado emocional y aquel que percibe de su Madre representa la forma ini-
cial, más generalizada e inmediatamente importante del proceso de compartir y
comunicar experiencias subjetivas». Stern, D., El mundo interpersonal del infante:
una perspectiva desde el psicoanálisis y la psicología evolutiva, ob. cit., p. 188.
(68) La inhibición afectiva es considerada como la dificultad que tienen las per-
sonas para identificar y expresar tanto emociones como sentimientos, en el caso de que
la inhibición afectiva sea profunda hay una total disociación del sujeto con el mundo
afectivo. Hay una serie de rasgos que denotan la inhibición afectiva, el principal de ellos
es la frialdad, y en los casos más extremos no logran sentir. Los rasgos más visibles son:
no experimenta placer o lo hace mínimamente; no se interesa por su vida sexual; es una
persona conformista; se mueve de forma rígida y lenta; tiene escasa vida social; mues-
tran falta de vitalidad; son impulsivos; casi siempre son serios y aburridos; no tienen
fantasías y les cuesta mucho trabajo usar la imaginación; en el caso de que establezcan
algún vínculo lo hacen por dependencia; jamás dicen te quiero (https://lamenteesmara-
villosa.com/la-inhibicion-afe). Dentro de este tipo de inhibición podemos situar al tras-
torno de la personalidad evasiva por indicar un patrón dominante de inhibición social,
de sentimiento de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa ya que
manifiesta hechos como no mostrarse dispuesto a establecer relaciones con los demás o
mostrarse retraído en relaciones estrechas. Vid. DSM-V, p. 368. De otro lado, se habla
de inhibición conductual definida como la tendencia temperamental caracterizada por la
presencia de marcados comportamientos de miedo y retraimiento ante estímulos o
situaciones novedosas o ante personas desconocidas. Vid. Kagan, J., Reznick, S. y
Snidman, N., «Biological bases of childhood shyness», Science, Apr 8, 240(4849),
1988, pp. 167-171. En este sentido, podemos tener en cuenta la teoría de la sensibilidad
al refuerzo de Gray por contemplar el sistema motivacional con base biológico referido
al sistema de aproximación o a la activación conductual por ser sensible al sistema de
inhibición conductual. Vid. Gray, J., «Brain systems that mediate both emotion and
cognition», Journal Cognition and Emotion, vol. 4, issue 3, 1990, pp. 269-288.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
286 Montserrat López Melero
ducirán con respecto al prójimo. Esta inhibición ha de entenderse con-
jugada con un proceso de liberación afectiva, de este modo, nos
encontramos en presencia de casos en los cuales está implicada la
noción de falta de moral, mediante la que el delincuente supera lo
odioso de la ejecución de sus actos. Esta inhibición afectiva se desarro-
lla fuera de toda participación personal y por un proceso de liberación
caracterizada por una especie de participación del individuo. Así, la
inhibición produce para el sujeto la instauración de un estado de hecho
sin su participación, pasándole inadvertido lo que sucede en él, hasta
tal punto que dicho estado de silencio afectivo, rayando con la indife-
rencia limítrofe, posibilita la agresión con una ausencia total de emo-
ción. Este proceso de inhibición afectiva, en la que no hay participación
del sujeto, evoca ciertos procesos patológicos, dado que existen perver-
siones instintivas adquiridas en proceso post traumáticos, post infec-
ciosos o predemenciales, así como con el desarrollo del córtex,
dirigiendo la naturaleza del proceso de inhibición afectiva cuyo alcance
variará dependiendo del grado de perfección del individuo respecto a la
inhibición que les afecta, pudiendo, de este modo, esforzarse por salvar
su capacidad afectiva mediante compensaciones de diferente índole,
aspectos probablemente inducido por el ambiente, la educación o la
cultura, pero igualmente probable puede depender de la calidad misma
de la persona, respecto de la calidad de su sistema nervioso, dado que
para que se inicie determinados procesos de compensación se debe
poseer una cierta sensibilidad, cuya laguna en su registro podría estar
ligada a una imperfección constitucional. En cualquier caso, se brinda
necesario que el sujeto capte el proceso de inhibición afectiva, a fin de
poderse involucrar en su compensación, situación inexistente para los
sujetos faltos de tensión moral con conductas totalmente indiferentes a
las consecuencias de sus actos.
Para este tipo de sujetos delincuentes, la forma de superar lo odioso
de la ejecución del delito consiste en buscar la satisfacción a través de
un proceso de liberación mediante la ejecución del hecho criminal, que
supondría la satisfacción del cumplimiento de sus fines (69).
4. Teorías dinámicas
También se debe hacer alusión a las Teorías dinámicas, al manifes-
tar que el rasgo de indiferencia afectiva tiene lugar cuando hay ausencia
de la figura materna, ya que es la que desarrolla la parte afectiva del
niño. Esta ausencia da lugar a la creación de una indiferencia altruista,
(69) Pinatel, J., Tratado de derecho penal y criminología, ob. cit., p. 727.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 287
sin ningún tipo de compromiso afectivo, finalizando con un profundo y
permanente estado de indiferencia hacia el prójimo. Afinando más la
cuestión, como acertadamente indica Sánchez Gómez (70), la indiferen-
cia afectiva sería, en este caso, la expresión de una carencia educativa.
En este sentido, debemos tener en cuenta la Teoría del apego, for-
mulada por John Bowlby (1969) y Mary Ainsworth (1989), basándose
en investigaciones sobre el apego o vínculo afectivo que se establece
entre madre e hijo (71). El modelo propuesto por Bowlby se basaba en
la existencia de cuatro sistemas de conductas relacionados entre sí:
a) El sistema de conductas de apego,
b) el sistema de exploración,
c) el sistema de miedo a los extraños y
d) el sistema afiliativo.
La dinámica de conductas de apego se refiere a todas aquellas con-
ductas que están a merced de la proximidad y el contacto con las figuras
de apego, es decir, risa, llanto, contactos, etc. Estas conductas se activa-
rían cuando aumenta la distancia con la figura de apego (con los padres)
o cuando se perciben señales de amenazas, de manera que el mecanismo
de defensa por parte del niño es ponerlos en marcha para restablecer
nuevamente la proximidad con los padres. Por lo tanto, el apego hace
referencia a una serie de conductas diversas, cuya activación/desactiva-
ción, intensidad y morfología de sus manifestaciones va a depender de
factores contextuales, individuales y sociales. Bowlby definía que «Lo
que por motivos de conveniencia denomino teoría del apego es una
forma de conceptualizar la tendencia de los seres humanos a crear fuer-
tes lazos afectivos con determinadas personas en particular y un intento
de explicar la amplia variedad de formas de dolor emocional y trastornos
de la personalidad, tales como la ansiedad, la ira, la depresión y el aleja-
miento emocional, que se producen como consecuencia de la separación
indeseada y de la pérdida afectiva» (72). Por su parte, Ainsworth descri-
(70) Sánchez Gómez, J., La construcción de un perfil radical yihadista, ob.
cit., p. 202.
(71) La teoría del apego es considerada como una de las construcciones teóri-
cas más sólidas, dentro del ámbito del desarrollo socioemocional.
(72) De otro lado, el autor hablaba de un estilo de apego, considerando que es
el grado de seguridad experimentado en las relaciones interpersonales. Los diferentes
estilos se desarrollan en la primera infancia, pero parecen afectar la conducta interper-
sonal a lo largo de toda la vida. Los estilos de apego que indica el autor son: estilo de
apego preocupado; estilo de apego rechazado; estilo de apego seguro; y estilo de
apego temeroso-evitador. Todos ellos estudiados según el modelo de Bartholomew.
Vid. Bartholomew, K., «Avoidance of intimacy: An attachment perspective», Jour-
nal of Social and Personal Relationships, n.º 7, 1990, pp. 147-178.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
288 Montserrat López Melero
bió tres patrones conductuales que eran representativos de los distintos
tipos de apego establecidos: – niños de apego seguro; – niño de apego
inseguro-evitativo; – niño de apego inseguro-ambivalente.
La falta de relación afectiva entre padres e hijos da lugar a una
probabilidad de que el niño se involucre en actividades delictivas (73).
Esta falta de apego en la relación está fundamentada en la Teoría del
Control Social de Hirschi, de 1969. Haciendo alusión a Hirschi, y en
relación con el apego, manifiesta que el apego entre los padres y los
hijos permite a aquellos a controlar a estos, tanto de una manera
directa como indirecta, ya que el recibir una información de las activi-
dades y establecer una relación de afecto entre las partes favorecen el
proceso de socialización. En el caso de que exista ausencia de apego,
elimina la posibilidad de que los padres establezcan controles sobre
los hijos, dificultándose el proceso de socialización, y pudiendo
aumentar la probabilidad de que se lleven a cabo conductas delictivas
por parte de los hijos. Afinando más la cuestión, en esta relación afec-
tiva entre hijos y padres, tiene un papel fundamental las relaciones
afectivas con la madre en el proceso de desarrollo del niño. Conside-
rándose que, la ausencia de ésta tiene un papel importante en la con-
ducta desviada del niño, incluso éste es uno de los puntos de partida
de algunas investigaciones referidas a la delincuencia juvenil (74).
Las personas con indiferencia afectiva, al tratarse de personas que
carecen de empatía, se debe de tener en cuenta aquellas teorías que
hablen del comportamiento altruista, ya que es la causa más citada en
la empatía, dando lugar a un modelo del altruismo-empático. Según
los estudios de Batson (75) este sentimiento es en el que se produce
una motivación, por la finalidad última de beneficiar a la persona por
la que se siente empatía (esta capacidad incluso se puede observar en
niños de corta edad). Incluso, se ha tratado de identificar el conjunto
de rasgos que definiría la personalidad altruista, indicándose, en este
caso, que tiene una serie de componentes: alto autoconcepto en empa-
(73) Vid. Linden, R. y Fillmore, C., «A comparative Study of Delinquency
involvement», Canadian Review of Sociology, vol. 18, issue 3, 1981, pp. 343-361;
Linden, R. y Hackler, J. 1973. «Affective Ties and delinquency», Pacific Sociologi-
cal Review, January, vol. 16, n.º 1, 1973, pp. 27-46.
(74) Vid. Glueck, S. y Glueck, E., Unraveling Juvenile delinquency. Cam-
bridge: Harvard University Press, 1950; Hirschi, T., Causes of Delinquency. Berkely:
University of California Press, 1969; Olweus, D., «Familial and temperamental
determinants of aggresive hehavior in adolescent boys: a causal analysis». Develop-
mental Psychology, vol. 16(6), 1980, pp. 644-660.
(75) Batson, D., «Altruism and prosocial behavior», en Gilbert, D. T. Fiske,
S., y Lindzey, G. The Handbook of social psychology. Nueva York: McGraw-Hill,
1998, pp. 282-316.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 289
tía, firme creencia en un mundo justo, elevado sentimiento de respon-
sabilidad social, locus del control interno y bajos niveles de
egocentrismo, en palabras de Sánchez Gómez (76).
Íntimamente relacionado con la Teoría del apego está la Teoría
evolutiva como punto de partida de la concepción de la personalidad
de un sujeto a ser desarrollada a lo largo de la vida. También la Teoría
de la ansiedad como reacción a las amenazas y a la inseguridad en las
relaciones de apego; y, por último, con la Teoría de la internalización
o representación a ser modelos operativos internos que se generan a
partir de la interacción con los progenitores (77). Todas estas teorías
deben ser tenidas en cuenta cuando hablamos de la criminogénesis en
la conducta delictiva de un sujeto.
La ausencia de culpabilidad conecta el rasgo de la indiferencia
afectiva con el de egocentrismo, al participar ambos rasgos de la
ausencia o disminución de la culpabilidad vivida por el sujeto, de
manera que el egocentrismo influirá sobre el juicio emitido respecto al
acto y la indiferencia afectiva impedirá experimentar lo odioso de su
ejecución. Desde esta perspectiva, cabe subrayar que existe una psico-
patología de la afectividad (78), como sucede en las disforias
(maníaca, depresiva, angustia, etc.).
IV. ATRIBUTOS DE LA INDIFERENCIA AFECTIVA
Freud (79) determinó que la actitud de indiferencia hacia el mundo
externo es un producto del narcisismo primario, en el cual el que está
investido de interés no es el mundo sino el yo. Este tipo de indiferen-
cia, en base al CIE-10 (80), debe distinguirse de la indiferencia en los
sujetos histéricos ya que estos padecen síntomas de conversación con
frecuencia penosos, sin una adecuada manifestación emotiva.
(76) Sánchez Gómez, J., Manual de clínica criminológica, ob. cit., p. 279.
(77) Vid., Bowlby, J., «El apego». Tomo 1 de la trilogía «El apego y la pér-
dida». Barcelona: Paidós, 1998; Cirillo, S. y otros., «El padre y la Teoría del Apego».
Cap. 7, La familia del toxicodependiente, Barcelona: Paidós, 1999, pp. 223-248;
López, F. y otros., Desarrollo afectivo y social. Madrid: Pirámide, 1999.
(78) Vid. en este sentido, Cabrera Forneiro, J. y Fuertes Rocañín, J. C.,
Psiquiatría y Derecho. Madrid: Cauce, 1997, pp. 138 y ss.; Vallejo, J., Introducción
a la psicopatología y psiquiatría. 4.ª ed. 2000, pp. 221 y ss.
(79) Freud, S., «Prefazione alla terza edizione» (1914), a «Tre saggi sulla teo-
ria sessuale» (1905), Opere. Turín: Boringhieri, 1970, vol. IV (Prólogo a la tercera
edición –1914– en Tres ensayos de teoría sexual –1905–, Obras completas, vol. VII,
Buenos Aires: Amorrortu, 1976).
(80) CIE-10, p. 124.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
290 Montserrat López Melero
1. Atributos
Podemos señalar algunos atributos dentro del rasgo independiente
nocivo de la indiferencia afectiva (81), pudiendo tener como base la
autoridad, la superioridad, el exhibicionismo, la pretensión del sujeto,
según la autosuficiencia del sujeto criminal, entre otros aspectos:
1. Tiene sentimiento de grandeza, de prepotencia (82).
2. Estar absorto en fantasías de éxito, poder, brillantez, belleza o
amor ideal ilimitado (83).
3. Cree que es especial y único, y que sólo pueden comprenderle
o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) especia-
les o de alto estatus (84).
4. Tiene una necesidad excesiva de admiración (85).
(81) Dado que se han encontrado y analizado exactamente 113 atributos del
rasgo de la personalidad de la Indiferencia afectiva, solo serán expuestos en el listado
aquellos que son considerados más relevantes y significativos. Estos atributos (los 113
-34 que se indican, a los que hay que añadirles los 20 ítems de la herramienta de valora-
ción de riesgo de la PCL-R-) son extraídos de Manuales como: Asociación Americana
de Psiquiatría, Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM 5, Arlington, VA,
Asociación Americana de Psiquiatría, 2013; Clasificación de los Trastornos mentales y
del comportamiento. Madrid: Médica Panamericana, 1994; Moore, A. y Jefferson, J.
W., Manual de Psiquiatría Médica. Madrid: Elsevier, 2005; Hare, R. Manual de escala
de evaluación de la psicopatía de Hare: versión de cribado, ob. cit.; Hare, R. y Babiak,
P., Snakes in suits. When psychopaths go to work. United States: Harper Collins, 2006;
Hare, R., Without Conscience. The disturbing world of the psychopaths among us.
New York: The Guilford Press, 1995; Cleckely, H., The mask of sanity. 5.º Augusta,
Georgia: Emily S. Cleckley, 1988; Carrasco Gómez, J. J. y Maza Martín, J. M.,
Tratado de Psiquiatría Legal y Forense, 4.ª edición, Madrid, La Ley-Actualidad, 2011;
Caballo, V. E. (coord.), Manual de trastornos de la personalidad. Descripción, eva-
luación y tratamiento, Síntesis, Madrid, 2004; Sánchez Gómez J., Manual de Clínica
Criminológica. Perfil de Peligrosidad Criminal, Madrid, Tecnos, 2012.
(82) Supone que el sujeto espera ser reconocido como un ser superior sin con-
tar con los correspondientes éxitos, además alardea y hace de abuso del propio poder;
se encuentra relacionado con el Trastorno de la personalidad narcisista en el DSM-V
301.81 (F60.81), p. 365. Si bien es cierto, si tenemos en cuenta el CDI-10, pp. 163,
231-232 respecto del Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad en el
tipo impulsivo viene reflejado con la característica o criterio general de que este tipo
de personas tienen una marcada predisposición a presentar un comportamiento pen-
denciero y a tener conflictos con los demás, en especial cuando los actos impulsivos
son impedidos o censurados. Vid. el Trastorno narcisista de la personalidad.
(83) Supone que la fantasía de éxito es ilimitada y el sujeto escapa de elaborar
historias fantásticas, especialmente las relacionadas con el amor relacionado con el
trastorno de la personalidad narcisista.
(84) Vid. el Trastorno de la personalidad narcisista.
(85) Vid. el Trastorno de la personalidad narcisista.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 291
5. Muestra un sentimiento de privilegio (es decir, expectativa no
razonable de tratamiento especialmente favorable o de cumplimiento
automático de sus expectativas y deseos) (86).
6. Explota en las relaciones interpersonales, es decir, se aprove-
cha de los demás para sus propios fines (87).
7. Carece de empatía: no está dispuesto a reconocer o a identifi-
carse con los sentimientos y necesidades de los demás (88).
8. Con frecuencia envidia a los demás o cree que éstos sienten
envidia de él (89).
9. Muestra comportamientos o actitudes arrogantes, o altivos, de
superioridad (90).
10. Es narcisista (91).
11. Se considera y quiere ser el líder, así como le gusta tener
autoridad sobre los demás.
12. Personalidad antisocial (92).
13. A menudo acosa, amenaza o intimida a otros (93).
14. A menudo inicia peleas (94).
(86) Supone que el sujeto tiene una serie de expectativas que no son considera-
das como razonables. Vid. el Trastorno de la personalidad narcisista.
(87) Supone que el sujeto se aprovecha de los demás para conseguir sus pro-
pios fines. Vid. el Trastorno de la personalidad narcisista.
(88) Supone que el sujeto es insensible, hace referencia la capacidad de recono-
cer e identificar los sentimientos y las necesidades de los demás, poniéndose por lo
tanto en el lugar de los demás y responder de una manera correcta a las reacciones
emocionales. Vid. el Trastorno de la personalidad narcisista y el trastorno obsesivo-
compulsivo. Esta falta de amor al prójimo también la podemos encontrar en los trastor-
nos relacionados con traumas y factores de estrés (Trastorno de estrés postraumático).
(89) Vid. el Trastorno de la personalidad narcisista.
(90) Es decir, se trata de una persona que es orgullosa y engreída, debe cumplir
los requisitos generales para el trastorno de la personalidad, además, de los referidos
al narcisismo, en concreto.
(91) Se trata de sujetos con un patrón dominante de la grandeza tanto en la
fantasía común el comportamiento, necesitan ser admirados y tienen falta de empatía.
Para que se pueda hablar de una persona narcisista se tienen que dar cinco de los atri-
butos reflejados en el DSM-V. Como afirma Moore y Jefferson, este tipo de sujetos,
cuando son humillados, reaccionan a veces de forma colérica. Es más habitual, no
obstante, que enmascaren su reacción bajo una actitud de indiferencia y altanería,
como si la opinión de los demás no les importara en absoluto. Se trata de un trastorno
de la personalidad poco frecuente, que se da en menos del 1% de la población gene-
ral; es algo más frecuente en varones que en mujeres. Moore, A. y Jefferson, J.W.,
Manual de Psiquiatría Médica, ob. cit., p. 257.
(92) Conductas persistentes de manipulación, explotación o violación de los
derechos de los demás. Hay que tener diferentes herramientas de valoración de riesgo,
entre ellas la PCL: SV y PCL-R de Robert Hare, o la HCR-20.
(93) Vid. el Trastorno de la conducta y el trastorno disocial.
(94) Vid. el Trastorno disocial, en las que el sujeto inicia peleas o intimidacio-
nes excesivas.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
292 Montserrat López Melero
15. Agresión sexual a las personas (95).
16. Destruye de forma deliberada la propiedad de alguien (96).
17. A menudo miente para obtener objetos o favores, o para evi-
tar obligaciones (97).
18. Incumplen de manera grave las normas (98).
19. Trastornos en la conducta (99).
20. Placer, gratificación o alivio en el momento de cometer el
acto (100).
21. Impulsividad (101).
(95) Puede llegar al sadismo sexual, por lo que estaríamos ante sujetos con un
trastorno de sadismo sexual manifestando sobre la víctima fantasías, deseos irrefrena-
bles y comportamientos que derivan en un sufrimiento físico o psicológico de la víc-
tima. Vid., el Trastorno disocial. Podemos incluir la figura del psicópata sexual, ya
que actúa con indiferencia afectiva, sin afecto moral, en atención a una afectividad
emocional y sexual, pero no intelectual.
(96) Vid. el Trastorno disocial.
(97) La mentira es uno de los atributos que también está asociado al trastorno
de la personalidad antisocial, este engaño se manifiesta en mentiras repetidas,
pudiendo, incluso, utilizar alias o estafas para su provecho o placer personal. Vid. el
Trastorno de la personalidad antisocial y el Trastorno disocial.
(98) Es decir, el sujeto no explica a nadie su comportamiento, además de que
no repara o enmienda su comportamiento. Supone, para el caso del trastorno de la
personalidad antisocial, un incumplimiento de las normas sociales respecto a los
comportamientos legales (sucesivas detenciones).
(99) Se trata de un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que
no se respetan los derechos básicos de las demás personas, las normas o las reglas
sociales. Para que se dé el trastorno de la conducta es necesario que se den en los 12
últimos meses al menos tres criterios en cualquiera de las categorías.
(100) Trastorno de la conducta relacionado con la cleptomanía. Vid. los Tras-
tornos de los hábitos y del control de impulsos (F63.2) con la característica de que
hay una sensación de gratificación durante o después del acto delictivo y con el tras-
torno disocial.
(101) Se trata de una violencia espontánea, no es provocada ni planeada. Vid.
Trastornos destructivos del control de los impulsos y de la conducta. También lo
encontramos en un atributo del Trastorno de la personalidad antisocial cuando hay
un fracaso para planear con antelación. En el CDI-10 la impulsividad se encuentra
recogida en el Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad (F60.3) con-
cluyendo con el siguiente patrón: existe una marcada predisposición a actuar de un
modo impulsivo sin tener en cuenta las consecuencias; el ánimo es impredecible y
caprichoso. Existe predisposición a tener arrebatos de ira y violencia, con incapacidad
para controlar las propias conductas explosivas. Asimismo, hay predisposición a pre-
sentar un comportamiento pendenciero y a tener conflictos con los demás, en especial
cuando los actos impulsivos propios son impedidos o censurados. Se distinguen dos
tipos de trastornos: el tipo impulsivo, caracterizado principalmente por inestabilidad
emocional y falta de control de impulsos; y el límite, caracterizado, además, por dis-
torsiones de la imagen corporal, de los propios objetivos y de la imagen íntima, senti-
mientos crónicos de vacío, relaciones interpersonales intensas e inestables y tendencia
al comportamiento autodestructivo, incluyendo gestos e intentos de suicidio.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 293
22. Irritabilidad (102).
23. Irresponsabilidad (103).
24. Ausencia de remordimiento (104).
25. Puede acusar o transferir la culpa a otros de su con-
ducta (105).
26. Capacidad o no para comprender los sentimientos de los
demás (106).
27. Tolerancia a la frustración (107).
28. Conducta disocial (108).
29. Delincuencia psicopática (109).
30. Sentimiento de desapego (110).
(102) La irritabilidad es un atributo del rasgo de la indiferencia afectiva en los
sujetos con trastorno de la personalidad antisocial que se manifiesta en peleas o agre-
siones físicas repetidas. Los sujetos presentan la característica de: actitud marcada y
persistente de irresponsabilidad y despreocupación por las normas, reglas y obligacio-
nes sociales.
(103) Vid. el Trastorno de la personalidad antisocial, la irresponsabilidad es
constante, tanto en el ámbito laboral como en las obligaciones económicas.
(104) Vid. el Trastorno de la personalidad disocial con indiferencia o raciona-
lización del hecho de haber herido, maltratado o robado a alguien. Vid. el Trastorno
de personalidad indicando que el sujeto tiene una incapacidad para sentir culpa y para
aprender de la experiencia, en especial, del castigo.
(105) Supone que el sujeto puede justificar su conducta dañina y delictiva.
En atención al Trastorno de la personalidad, se dictamina que estos sujetos tienen
una marcada predisposición a culpar a los demás o a presentar racionalizaciones
verosímiles del comportamiento conflictivo. Vid. el Trastorno disocial.
(106) Trastorno de la personalidad antisocial.
(107) Este criterio o atributo también forma parte de los sujetos con tras-
torno de la personalidad indicándose que hay una muy baja tolerancia a la frustra-
ción y bajo umbral para descargas de agresividad, incluyendo reacciones
violentas.
(108) Presencia recurrente de conductas distorsionadas, destructivas y de
carácter negativo, además de transgresoras de las normas sociales, en el comporta-
miento del individuo. En el CDI-10 el Trastorno disocial excluye al trastorno del
humor (afectivos) del F30-F39, así como a la esquizofrenia, no obstante, está aso-
ciado con el trastorno emocional.
(109) También llamado Trastorno antisocial de la personalidad. Estos sujetos
tienen anestesia afectiva, no sienten culpa, por lo tanto, ellos no son los que sufren,
pero sí las personas de su entorno.
(110) Supone la capacidad que tiene una persona de establecer lazos afec-
tivos con otros seres humanos. Estos lazos se construyen y mantienen a través de
las emociones. Este sentimiento también puede estar asociado al estrés postrau-
mático. Aunque también lo encontramos en el Trastorno de la personalidad
esquizoide.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
294 Montserrat López Melero
31. Casi siempre elige actividades solitarias (111).
32. Esquizoide (112).
33. Insensible (113).
34. Afecto superficial y poco profundo (114).
Todos estos atributos le hacen al sujeto ser una persona peligrosa,
para sí mismo y para los demás. Todos los atributos deben ser obser-
vados y analizados por el criminólogo clínico con la intención de
encontrar las causas criminógenas que lo sustentan, para ello deberá
emplear el método y la técnica adecuados que permitan conocerlos,
analizarlos e interpretarlos.
2. La indiferencia afectiva y la psicopatía
Se ha de indicar que, la mayoría de los atributos señalados, corres-
ponden a la psicopatía o el Trastorno de la conducta antisocial. La
descripción clínica más importante de la psicopatía se puede encon-
(111) Se caracteriza porque hay una carencia de contactos afectivos con el
entorno, por lo tanto, se añade que estos sujetos tienen deficiencia para establecer
relaciones.
(112) Se trata de aquellas personas que tienen un patrón dominante de desa-
pego en las relaciones sociales y poca variedad de expresión de las emociones en
contextos interpersonales. Comienza en las primeras etapas de la edad adulta y se
puede presentar en diferentes contextos. Cleckley manifiesta que es posible una
formulación diagnóstica de la psicosis con personalidad psicopática. Además, así es
definido por los esquemas para los exámenes psiquiátricos en 1943; las psicosis son
variadas en su forma, pero normalmente tiene un carácter episódico, las más fre-
cuentes son ataques de irritabilidad, excitación, depresión, episodios paranoides,
etc., una personalidad psicopática con un ataque y maniacodepresivo debe clasifi-
carse como maniaco-depresivo, un grupo con personalidad psicopática y con psico-
sis esquizofrénica. Cleckely, H., The mask of sanity. 5º. Augusta, Georgia: Emily
S. Cleckley, 1988, p. 247.
(113) Identificado, también, con el atributo de la empatía. En el trastorno
de la conducta el sujeto no tendrá en cuenta ni le va a preocupar los sentimientos
de los demás, por lo tanto, se trata de una persona fría e indiferente; e incluso
parece más preocupada por los efectos de sus actos sobre sí mismo que sobre los
demás.
(114) Ítem de la PCL-R. Es uno de los atributos que se presenta en el
trastorno histriónico de la personalidad, caracterizándose por un afecto superfi-
cial, además de una exagerada expresión de las emociones, sujetos sugestiona-
bles, egocéntricos, con falta de consideración hacia los demás, entre otras
características.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 295
trar en libro de Cleckley, The Mask of Sanity (1976). Cleckley des-
cribe quince características del trastorno, a saber (115):
1. Encanto Superficial y buena inteligencia.
2. Ausencia de delirio u otros signos de pensamiento irracional.
3. Ausencia de ansiedad u otras manifestaciones psiconeuróticas.
4. Poco fiable.
5. Falta a la verdad y no es sincero.
6. Ausencia de remordimiento o sentimientos de vergüenza.
7. Conducta antisocial inadecuadamente motivada.
8. Fracaso en aprender de la experiencia.
9. Egocentrismo patológico e incapacidad para amar.
10. Relaciones afectivas generalmente pobres.
11. Pérdida específica de insight: poca capacidad de respuesta
en las relaciones interpersonales.
12. Comportamiento desordenado cuando bebe (y a veces
cuando no lo hace).
13. Raramente se suicidan.
14. Relaciones sexuales impersonales, triviales y pobremente
integradas.
15. Fracaso en seguir un plan de vida realista.
Robert Hare es el autor de la Versión de Cribado de la Escala de
Evaluación de la Psicopatía de Hare (Hare Psychopathy Checklist
Screening Version) (en adelante, PCL: SV) (116). La Versión Revi-
sada de la Escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare (Hare
Psychopathy Checklist Revised) (en adelante, PCL-R) (117).
A continuación, se señalan los ítems de la PCL-R en la Tabla 2, de
Hare, por su especial relación con el rasgo de la Indiferencia afec-
tiva (118).
(115) Hare, R. D., Cox, D. N., y Hart, S. D., Manual de escala de evaluación
de la psicopatía de Hare: versión cribado, 1991. Adaptado al castellano por Teresa
Silva, Enrique López y Vicente Garrido. Disponible en: https://www.mpfn.gob.pe/
escuela/contenido/actividades/docs/3389_10._manual.pdf última consulta el 5 de
diciembre de 2018, p. 9; Cleckely, H., The mask of sanity. 5.º Augusta, Georgia:
Emily S. Cleckley, 1988, p. 338. Se incluyen características del trastorno antisocial,
del trastorno narcisista, del trastorno histriónico y del trastorno límite.
(116) Es una escala de 12 ítems que deriva en la PCL-R, el propósito es hacer
un cribado de la psicopatía en el ámbito forense y evaluar el diagnóstico de psicopatía
fuera del contexto forense. Hare, R. D., Cox, D. N., y Hart, S. D., Manual de escala
de evaluación de la psicopatía de Hare: versión cribado, ob. cit., p. 7.
(117) Es una escala de 20 ítems, debe ser utilizada en contextos forenses.
(118) Hare, R. D., Cox, D. N., y Hart, S. D., Manual de escala de evaluación
de la psicopatía de Hare: versión cribado, ob. cit., p. 17; Vid. Andrews, D. A. y
Bonta, J., The Psychology of criminal conduct. 5.º Carleton University. Canada:
Lexis Nexis, 2010.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
296 Montserrat López Melero
Tabla 2. Ítems de la PCL-R de R. Hare
Factor en
Ítem Descripción
que puntúa
1 Facilidad de palabra/encanto superficial 1
2 Sentido desmesurado de autovalía 1
3 Necesidad de estimulación/tendencia al aburrimiento 2
4 Mentira patológica 1
5 Estafador/manipulador 1
6 Ausencia de remordimiento o sentimiento de culpa 1
7 Afecto superficial y poco profundo 1
8 Insensibilidad afectiva/ausencia de empatía 1
9 Estilo de vida parasitario 2
10 Pobre autocontrol de la conducta 2
11 Conducta sexual promiscua –
12 Problemas de conducta en la infancia 2
13 Ausencia de metas realistas a largo plazo 2
14 Impulsividad 2
15 Irresponsabilidad 2
16 Incapacidad para aceptar la responsabilidad de las propias acciones 1
17 Frecuentes relaciones maritales breves –
18 Delincuencia juvenil 2
19 Revocación de la libertad condicional 2
20 Versatilidad criminal –
El Factor 1 hace referencia a la faceta interpersonal y afectiva del
criminal. Y el Factor 2 a la faceta de estilo de vida y antisocial.
Hare (119) manifiesta que el dominio efectivo incluye lo que una
persona siente o no siente emocionalmente, derivando en un estilo
de vida; este dominio describe cómo viven en la sociedad y si el
sujeto es uno antisocial y, por lo tanto, llevar a cabo comportamien-
tos antisociales.
(119) Hare, R. y Babiak, P., Snakes in suits. When psychopaths go to work.
United States: Harper Collins, 2006, p. 27.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 297
Si bien es cierto, Kahn (120) ha enumerado unas características en
las que el psicópata puede ser clasificado, a saber:
1. El nervioso.
2. El ansioso.
3. El sensible.
4. El compulsivo.
5. El excitable.
6. El hipertímico.
7. El depresivo.
8. El caprichoso.
9. El frío afectivo.
10. Los débiles de voluntad.
11. El impulsivo.
12. El perverso sexual.
13. El histérico.
14. El fantástico.
15. Los manipuladores.
16. El excéntrico.
3. Causas de la indiferencia afectiva
Se pueden señalar unas psicopatologías de la afectividad (121):
a) Alegría (euforia). Puede ser definido como aquel sentimiento
o actitud emotiva caracterizada por un tono sensorial agradable, puede
estar relacionado con sucesos o experiencias del presente inmediato.
La alegría también puede ser patológica, teniendo una gran relevancia
clínica ya que al ser desproporcionada es una situación no adecuada a
la realidad, hay sentimientos que se le pueden asociar relacionados
con el estado de ánimo y con la irritabilidad.
b) Tristeza. Tratándose por lo tanto de una tristeza patológica,
constituyendo el síntoma central de la depresión, y puede estar acom-
pañada de otros afectos como puede ser la indiferencia.
c) Anhedonia (122). Es aquella situación en la que un sujeto ve
disminuida o desaparecida su capacidad para obtener placer, cuando
(120) Kahn, E., Psychopathic personalities. New Haven: Yale University
Press, 1931.
(121) Crespo, J. M., Psicopatología de la afectividad. Madrid: Elsevier
España, 2015, pp. 94 y ss.
(122) Esta anomalía al ser compleja dificulta el poderla diferenciar con el sín-
toma de la apatía. Vid. Olivares, J.M., Afectividad y estado de ánimo: tristeza, apa-
tía, anhedonia. In Luque, R., Villagrán, J.M. (Eds.). Tratado de psicopatología.
Madrid: Triacastela, 2000, pp. 167-185. Vid. el CIE-10 desde las páginas 77 a 140.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
298 Montserrat López Melero
en otras circunstancias con anterioridad si obtenía dicho placer. Lo
podemos encontrar en el CDI-10 respecto al síndrome de abstinencia
cocaína al indicar que uno de los criterios generales de este síndrome
es que hay un humor disfórico (por ejemplo, tristeza o anhedonia), así
como en síndrome de abstinencia otros estimulantes, incluyendo la
cafeína. No podemos dejar atrás el trastorno esquizotípico al tener una
afectividad fría o inapropiada, también incluye la característica de
anhedonia. El trastorno de estrés postraumático, no sólo indica las
características de embotamiento emocional, desapego a los demás,
sino también la anhedonia. También se recoge en otros trastornos neu-
róticos, como la neurastenia.
d) Ansiedad y angustia. Pese a que son emociones experimen-
tadas por todas las personas, y que le acompañan a lo largo de su
ciclo vital pueden tener un componente psíquico y somático. En gra-
dos extremos pueden dar lugar a cuadros psicóticos en la que se
debe de incluir la esquizofrenia, en estos casos afecta a la indiferen-
cia afectiva.
e) Disforia. Está asociado a algunos cuadros afectivos, puede ser
definido como un humor displacentero, englobando diferentes emo-
ciones o sentimientos (irritabilidad malhumor, etc.). Podemos aseve-
rar que existen trastornos de personalidad con síntomas disfóricos
persistentes, como puede ser la esquizofrenia o el trastorno delirante
crónico, especialmente al paranoide, según el CIE-10 y el DSM-V.
f) Paratimia o inadecuación afectiva. Se caracteriza porque los
sujetos manifiestan de forma inadecuada la afectividad, es decir que
no se corresponde con el contenido de sus vivencias. La respuesta
afectiva de una persona no es apropiada al contexto situacional en la
que se desarrolla. Es propio del trastorno esquizofrénico.
g) Ambivalencia. El sujeto puede tener tanto sentimientos posi-
tivos como negativos respecto a las personas como a las cosas. Lo
podemos encontrar en trastornos de la personalidad o incluso en cua-
dros psicóticos como la esquizofrenia. La relación con la indiferencia
afectiva es que el sujeto puede ser ambivalente en sus relaciones con
los demás.
h) Incontinencia afectiva. Se trata de aquellos sujetos en los
que hay una falta de control afectivo, por lo tanto, las características
se refieren a estados afectivos y a las emociones, pudiendo llegar a
ser superficiales. Existen grandes dificultades en el control de la
afectividad. Es propio del trastorno bipolar, no debiéndose confun-
dir con el análisis de la indiferencia afectiva que venimos desarro-
llando hasta aquí.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 299
i) Neotimia. Se trata de sentimientos que aparecen como nuevos
en el ciclo vital de una persona, se trata de un estado de éxtasis (123).
j) Alexitimia. En la incapacidad que tiene una persona para per-
cibir sentimientos o para expresarlos. Entre las características se
incluye a los sujetos que tienen incapacidad para identificar los senti-
mientos y la incapacidad para expresarlos, para comunicarlos o des-
cribirlos. En suma, en la incapacidad para percibir, expresar, describir,
comunicar, identificar los sentimientos. Lo podemos encontrar en
cuadros somatoformos y en trastornos disociativos.
k) Rigidez afectiva. El sujeto tiene una serie de sentimientos y
emociones, pero no las modula. Es típico del trastorno de la esquizo-
frenia, entre otros.
l) Frialdad afectiva. Propia de los sujetos con trastorno de la per-
sonalidad y trastorno de la conducta.
Se determina que, la principal causa de la indiferencia afectiva es
una disfunción del componente emocional de la empatía. El estudio
de este componente ha estado influenciado por la teoría de las repre-
sentaciones compartidas, sosteniendo que la capacidad humana, para
comprender los estados emocionales de otras personas, esta referen-
ciada por la activación de la misma representación en el cerebro del
observador.
De esta forma, como acertadamente indica Sánchez Gómez (124)
la activación de esta representación generaría automáticamente la res-
puesta somática que tiene asociada. Sigue afirmando que, a nivel neu-
ronal, esta capacidad podría estar basada en mecanismos similares a
las neuronas espejo que codifican tanto las experiencias propias como
las observadas. Demostrándose que existen neuronas que se activan,
tanto cuando se experimentan ciertas acciones, como cuando se obser-
van, en arias homologas aquellas en las que se encuentran las neuro-
nas espejo en los primates: gyrus frontal inferir, el córtex premotor
ventral y el sulcus interparietal anterior y posterior.
4. Manifestaciones ante la indiferencia afectiva
A modo de resumen se establece, a través de un cuadro, aquellos
trastornos en los que se manifiesta la indiferencia afectiva.
(123) Vid. Scharfetter, E., Introducción a la psicopatología General.
Madrid: Morata, 1988.
(124) Sánchez Gómez, J., La construcción de un perfil radical yihadista, ob.
cit., p. 197.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
300 Montserrat López Melero
Trastornos de la personalidad o psicóticos Trastornos de la conducta
– Esquizofrenia – Trastorno antisocial de la conducta
Este tipo de sujetos tienen alteraciones de la Este tipo de sujetos tienen total ausencia de
afectividad (desapego, ambivalencia, remordimiento y sentimiento de culpa, falta
embotamiento, indiferencia y frialdad, etc.) de empatía o de capacidad de ponerse en el
– Trastorno delirante lugar de los demás y apreciar los
– Psicosis maníaca-depresiva sentimientos de estos, por lo que padecen un
déficit muy relevante de afectividad que le
Llamada así por Kraepelin en 1978, se incapacita para sentir de modo profundo y
trataba de un trastorno de la afectividad en sincero las emociones humanas (127). En las
la que se sucedían clínicamente cuadros de relaciones interpersonales se caracterizan por
melancolía y de manía (125). ser elocuentes, manipuladores, carecen de
– Neurosis sentimientos; en la dimensión afectiva sus
Es un trastorno dimensional, es decir, emociones son poco profundas, incapaces de
cuantitativo (126), ya que no hay establecer lazos afectivos duraderos,
neuróticos y no neuróticos, sino personas incapaces de empatizar. Son impulsivos,
con alto o bajo nivel de neuroticismo. La buscadores de sensaciones novedosas y
personalidad de los sujetos neuróticos tienden a violar las normas sociales,
tiene rasgos significativos, siendo uno de prevalecen ello la mentira, el engaño, etc.
ellos el poseer la hiperactivación Son personas con una insensibilidad
neurofuncional, es decir, un elevado nivel emocional, y con una gran capacidad de
de arousal. Significando por tanto que manipular a los demás. Muchos de estos
padecen trastornos de la afectividad y del criterios forman la discreción clínica más
mundo instintivo. importante de la psicopatía de Cleckley y de
Robert Hare, componiendo los ítems de la
– Trastorno de la personalidad histriónica PCL-R de Rober Hare (128). Si bien es
– Trastorno obsesivo-compulsivo cierto, muchos de estos ítems también
– Trastorno de estrés postraumático forman parte de la PCL: SV (129).
– Trastorno disocial
– Trastorno emocional – Trastorno narcisista de la personalidad
La Hipotimia supone una disminución anormal del tono afectivo (esquizofrenia, psicopatía)
(Diccionario médico).
Atimia. Alteración de la afectividad que se caracteriza por la indiferencia afectiva, el
desinterés y la inactividad. Es frecuente en la esquizofrenia y en la depresión (Diccionario
médico).
(125) (126) (127) (128) (129)
(125) Cabrera Forneiro, J. y Fuertes Rocañín, J.C. 1997. Psiquiatría y
Derecho, ob. cit., pp. 624 y ss.
(126) García-Pablos de Molina, A., Tratado de Criminología. Valencia:
Tirant lo Blanch, 2008, p. 613.
(127) Ibidem, p. 629.
(128) La PCL-R es una herramienta de valoración de riesgo para los sujetos
con atributos relacionados con el rasgo de la indiferencia afectiva.
(129) También es una herramienta de valoración del riesgo para los sujetos con
trastornos de la conducta antisocial o psicopáticos. Está formado por 12 ítems, en caso
de realizarse esta herramienta y que salgan una puntuación alta es necesario realizar la
PCL-R. Algunos de los ítems de la PCL:SV son: el sujeto es superficial, tiene un sen-
tido desmesurado de autovalía, participan en mentiras y engaños, hay ausencia de
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 301
Por regla general, los trastornos de la personalidad afectan a la
cognición, es decir, a la forma de percibir e interpretar uno mismo, a
los demás y a los acontecimientos, en este tipo de trastorno la afectivi-
dad es importante, ya que debemos tener en cuenta la intensidad y la
adecuada respuesta emocional (130).
Podemos determinar que la afectividad tiene una psicopatología,
consistente en que las reacciones anormales de la afectividad se pro-
ducen cuando una persona reacciona ante un acontecimiento con una
intensidad inadecuada. Esa intensidad puede ser hipertimia, hiperti-
mia placentera. Respecto de la primera el aumento de la afectividad
hacia el polo del placer o del displacer. Respecto de la segunda supone
exaltación afectiva, más alegre de lo normal (manía y la hipomanía).
En esta última puede darse un malestar afectivo intenso, causado por
una tristeza patológica, angustia o cólera.
V. CONCLUSIONES
1. Podemos afirmar que la indiferencia afectiva va a dar lugar a
unos atributos en el sujeto que ha cometido la conducta delictiva:
a) Es un sujeto egoísta por perder el interés en el propio yo
b) También se puede indicar que es un sujeto altruista al que no
le importa los intereses de aquellos que le rodean. Pudiéndose mani-
festar con una indiferencia afectiva pasiva en el que el sujeto no reac-
ciona, pero también con una indiferencia afectiva activa en la que el
sujeto busca el dolor de su víctima.
c) Los sujetos pueden manifestar una indiferencia afectiva cró-
nica al irse incorporando como rasgo de la personalidad, o puede ser
aguda manifestándose de una forma transitoria (pudiéndose por un
factor social o por un trastorno de la personalidad, entre otros). El
remordimiento por los actos que lleva a cabo, falta de empatía, no acepta la responsa-
bilidad de sus propias acciones, el sujeto es impulsivo, tiene pobre control de la con-
ducta, tiene falta de metas realistas, es irresponsable, en la adolescencia ha tenido
conductas antisociales, y conductas antisociales en la edad adulta. Hare, R., Manual
de escala de evaluación de la psicopatía de Hare: versión de cribado, ob. cit. p. 39.
(130) Se debe recordar que los trastornos de la personalidad son diferentes a
las transformaciones de la personalidad por el momento y en el modo de aparición,
persisten en la madurez. Los trastornos de la personalidad no son secundarios a otros
trastornos mentales o lesiones cerebrales. La transformación de la personalidad es
adquirida, normalmente, durante la vida adulta, como consecuencia de situaciones
estresantes graves o prolongadas, de privaciones ambientales extremas, de trastornos
psiquiátricos graves o de lesiones o enfermedades cerebrales.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
302 Montserrat López Melero
trastorno general de la personalidad se puede manifestar no sólo en el
ámbito de la cognición, es decir la manera de percibirse e interpretarse
a uno mismo, a otras personas y a los acontecimientos, sino también
en el ámbito de la afectividad, es decir, en la amplitud e intensidad de
la respuesta emocional.
2. La indiferencia afectiva permite que el sujeto que va a llevar a
cabo una conducta delictiva tome la decisión de ejecutarla sin tener en
cuenta el sufrimiento de la víctima o la situación de vulnerabilidad en
la que se encuentre la víctima, permitiendo, en este sentido, una mejor
ejecución de sus actos. La decisión que se plantea realizar tendrá en
cuenta los posibles imprevistos que se le presenten en la conducta
delictiva y salir indemne sin complicaciones.
3. Existe una frialdad afectiva como paso para el acto delictivo,
por tratarse de un rasgo nocivo se caracteriza porque los sujetos con
indiferencia afectiva no les importa en absoluto la víctima. La indife-
rencia afectiva junto con los rasgos de egocentrismo, labilidad afec-
tiva y agresividad nos dirán el nivel entre la capacidad criminal y la
adaptabilidad social del sujeto, determinando, por lo tanto, el estado
peligroso de una persona; pudiendo tener una valoración en uno de los
siguientes niveles: muy bajo, bajo, medio bajo, medio, medio alto,
alto y muy alto.
BIBLIOGRAFÍA
Ainsworth, M. D., «Attachment beyond infancy». American Psychologist,
vol. 44(4), 1989, pp. 709-716.
Andrés-Pueyo, A. Obra neurociencias. [En línea] [Citado el: 2 de noviem-
bre de 2018]. Proyecto PSI2009.13265 del Ministerio de Ciencia e Inno-
vación del Gobierno de España. http://www.ub.edu/geav/wp-content/
uploads/2017/06/Andr%C3%A9s-Pueyo_2013.pdf.
Andrews, D. A. y Bonta, J., The Psychology of criminal conduct. 5.ª ed.
Carleton University. Canada: Lexis Nexis, 2010.
Bartholomew, K., «Avoidance of intimacy: An attachment perspective».
Journal of Social and Personal Relationships, 7, 1990, pp. 147-178.
Batson, D., «Altruism and prosocial behavior», en Gilbert, D. T. Fiske, S., y
Lindzey, G. The Handbook of social psychology. Nueva York: McGraw-
Hill, 1998, pp. 282-316.
Betta, J. C., Manual de Psiquiatría. 6.ª ed. Buenos Aires: Albatros, 1976.
Bleuler, E., Dementia Praecox or the Group of Schizophrenias. New York:
International Universities Press, 1950.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 303
Bowlby, J., El vínculo afectivo. Buenos Aires: Paidós, 1969.
— «El apego». Tomo 1 de la trilogía El apego y la pérdida. Barcelona: Pai-
dós, 1998.
Byrne, D. y Baron, R. 2005. Psicología social. [trad.] José V. Pestana y
otros. 10.º Madrid: Pearson, Prentice Hall, 2005.
Cabrera Forneiro, J. y Fuertes Rocañín, J. C., Psiquiatría y Derecho.
Madrid: Cauce, 1997.
CIE-10, Clasificación de los Trastornos mentales y del comportamiento.
Madrid: Médica Panamericana, 1994.
Cirillo, S. y otros, El padre y la Teoría del Apego. Cap. 7. «La familia del
toxicodependiente», Barcelona: Paidós, 1999.
Cleckely, H., The mask of sanity. 5.ª ed. Augusta, Georgia: Emily S. Clec-
kley, 1988.
Coderch, J., Psiquiatría dinámica. 5.ª ed. Barcelona: Herder, 1991.
Crespo, J. M., Psicopatología de la afectividad. Madrid: Elsevier España, 2015.
De la Torre, J., Neurociencia, neuroética y bioética. Madrid: Universidad
Pontificia Comillas, 2014.
Dewey, J., Teoría de la vida moral. México: Herrero Hermanos, 1965.
Diccionario médico. [En línea] [Citado el: 2 de noviembre de 2018].
https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/atimia.
Donnoli, V. F., y otros. «Aplanamiento afectivo en la esquizofrenia: estudio
cualitativo». Alcmeon. Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica,
año 16, vol. 14, n.º 2, 2007, pp. 26-36.
Doron, R. y Parot, F., Diccionario Akar de Psicología. Madrid: Fernández
Ciudad, 2004.
DSM-V. Guía de consulta de los criterios diagnósticos. London, England:
American Psychiatric Publishing, 2013.
Eysenck, H. J., Fundamentos biológicos de la personalidad. Barcelona:
Fontanella, 1982.
Freud, S., «Prefazione alla terza edizione» (1914), a «Tre saggi sulla teoria
sessuale» (1905), Opere. Turín: Boringhieri, 1970, vol. IV (Prólogo a la
tercera edición –1914– en Tres ensayos de teoría sexual –1905–, Obras
completas, vol. VII, Buenos Aires: Amorrortu, 1976).
Galimberti, U., Diccionario de Psicología. México: Siglo Veintiuno Editores,
2002.
Ganong, W., Manual de fisiología médica. 7.º México: El Manual Moderno,
1980.
García-Pablos de Molina, A., Tratado de Criminología. Valencia: Tirant
lo Blanch, 2008.
Garófalo, R., Criminología, estudio sobre el delito, sobre sus causas y la
teoría de la represión. Turin: Bocca, 1885.
— La criminología. Madrid: La España moderna, 1890.
Glen, A. L. & Raine, A., «Neurocriminology: implications for the punish-
ment, prediction and prevention of criminal behaviour». Nature Reviews
Neuroscience, 15 (1), pp. 54-63.
Glueck, S. y Glueck, E., Unraveling Juvenile delinquency. Cambridge:
Harvard University Press, 1950.
Gray, J., «Brain systems that mediate both emotion and cognition». Journal
Cognition and Emotion, vol. 4, issue 3, 1990, pp. 269-288.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
304 Montserrat López Melero
Hare, R. Manual de escala de evaluación de la psicopatía de Hare: versión
de cribado. 1991.
Hare, R. y Babiak, P., Snakes in suits. When psychopaths go to work. United
States: Harper Collins, 2006.
Hikal, W. Criminología del desarrollo: el estudio de la personalidad antiso-
cial desde la perspectiva psicoanalítica y conductual (sistema atizando el
conocimiento criminológico y psicológico), 2006.
Hirschi, T., Causes of Delinquency. Berkely: University of California Press,
1969.
https://lamenteesmaravillosa.com/la-inhibicion-afe. La mente es maravillosa.
La mente es maravillosa. [En línea] [Citado el: 1 de noviembre de 2018.]
https://lamenteesmaravillosa.com/la-inhibicion-afectiva-consecuencias/.
Jacobs, D., Analyzing criminal minds. Forensic investigative science for the
21st Century. California: Praeger, 2011.
Kagan, J., Reznick, S. y Snidman, N., «Biological bases of childhood shy-
ness». Science, Apr 8, 240(4849), 1988, pp. 167-171.
Kahn, E., Psychopathic personalities. New Haven: Yale University Press,
1931.
Kant, I., Crítica de la razón práctica. Buenos Aires: Losada, 1788/1961.
Kraepelin, E., Psychiatrie. Ein Lehrbuch für Studierende und Ärtze. 6.ª ed.
Leipzig: J. A. Barth, 1899.
Linden, R. y Fillmore, C., «A comparative Study of Delinquency involve-
ment». Canadian Review of Sociology, vol. 18, issue 3, 1981, pp. 343-361.
Linden, R. y Hackler, J., «Affective Ties and delinquency». Pacific Socio-
logical Review, January, vol. 16, n.º 1, 1973, pp. 27-46.
López, F. y otros, Desarrollo afectivo y social. Madrid: Pirámide, 1999.
López Melero, M., «Criminología Clínica», temas 5 al 9, asignatura Crimi-
nología Clínica. Material didáctico, Universidad Internacional de La
Rioja, 2016.
Los Santos, S., ¿Qué es el desorden por déficit de atención?», Espacio
Logopédico. Com. http://espaciologopédico.com/artículos2.php?Id_ar-
tículo=279. [En línea] [Citado el: 27 de octubre de 2018].
Maden, A., «Dangerous and severe personality disorder: antecedents and ori-
gins». The British Journal of Psychiatry, vol. 190, issue S49 (Assessment,
risk and outcomein severe personality disorder), 2007, pp. 8-11.
Moore, A. y Jefferson, J. W., Manual de Psiquiatría Médica. Madrid:
Elsevier, 2005.
— Manual de Psiquiatría Médica. 2.º Madrid: Elsevier, 2005.
Moya-Albiol, L., Neurocriminología. Psicobiología de la violencia.
Madrid: Pirámide, 2015.
Novella, E. J. y Huertas, R. Novella, E. J. y Huertas, R., «El Síndro-
me de Kraepelin-Bleuler-Schneider y la Conciencia Moderna: una
aproximación a la historia de la Esquizofrenia». Clínica y Salud,
vol. 21, n.º 3, 2010, pp. 205-219 [En línea]. [Citado el: 20 de octubre
de 2018]. http://scielo.isciii.
Olivares, J. M., «Afectividad y estado de ánimo: tristeza, apatía, anhedo-
nia». In Luque, R., Villagrán, J. M. (Eds.). Tratado de psicopatología.
Madrid: Triacastela, 2000.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018
La indiferencia afectiva como rasgo nocivo de la personalidad 305
Olweus, D., «Familial and temperamental determinants of aggresive heha-
vior in adolescent boys: a causal analysis». Developmental Psychology,
vol. 16(6), 1980, pp. 644-660.
Pinatel, J., Criminologie. París: Lausanne, 1956.
— Tratado de derecho penal y criminología. Caracas: Universidad central
de Venezuela, Facultad de Derecho, 1974. Vol. III.
Rodríguez Manzanera, L., Criminología clínica. 5.º ed. México: Porrúa,
2012.
Saldaña, Q., Capacidad criminal de las personas sociales. Doctrina y
Legislación. Madrid: Reus, 1927.
Sánchez Gómez, J., La construcción de un perfil radical yihadista. Valen-
cia: Tirant lo Blanch, 2018.
— Manual de clínica criminológica. Madrid: Tecnos, 2012.
Scharfetter, E., Introducción a la psicopatología General. Madrid: Morata,
1988.
Stankiewicz, A., Jurisprudencia de la Rota Romana sobre inmadurez afec-
tiva, vol. XLV, 2005, pp. 35-53.
Stern, D., El mundo interpersonal del infante: una perspectiva desde el psi-
coanálisis y la psicología evolutiva. Buenos Aires: Paidós, 1985.
Taboada, I., Semiología Neuropsiquiátrica. Caracas: Eykon Artes Gráficas,
1990.
TN Relaciones. [En línea] [Citado el: 27 de octubre de 2018]. http://
www.tnrelaciones.com/cm/preguntas_y_respuestas/content/255/3221/es/
afectividad.html.
Traue, H., Deighton, R. y Ritschi, P., «Emotional inhibition and disease».
Bioenergetic Analysis, n.º 15, 2005, pp. 55-88.
— Tres teorías del desarrollo del juicio moral: Kohlberg, Rest, Kind. Impli-
caciones para la formación moral. Zerpa, Carlos E., 25, 2007, Revista de
Educación, pp 137-157.
Vallejo Ruiloba, J., Introducción a la psicopatología y la psiquiatría.
4.ª d. Barcelona: Masson, 1999.
ADPCP, VOL. LXXI, 2018