REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL POPULAR PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DE LOS LLANOS CENTRALES
RÓMULO GALLEGOS
ÁREA DE CIENCIAS POLÍTICAS Y JURÍDICAS
UNIDAD CURRICULAR: DERECHO CONSTITUCIONAL
DESACUERD
O ENTRE
PROFESOR: PARTICIPANTE
Dr.ARDON EDUARDO GONZALES ÁNGEL V-18.852.065
NOGUERA WILSON V-
26.735.425
ORTIZ KEIVER V-25.430.263
PALACIOS EMILY V-
14.192.411
PIÑANGO PUBLIO V- 10.669.412
RODRÍGUEZ DIEGO V-
19.912.887
TORRES VALERIA V-
30.877.488
TOVAR MARTHA V-
19.834.021
SAN JUAN DE LOS MORROS, JULIO 2022
DESACUERDO ENTRE BOLIVAR Y MIRANDA
LA PRIMERA REPÚBLICA
El siguiente hito en el proceso separatista es la proclamación de la independencia
de Venezuela, el 5 de julio de 1811. Previamente se había establecido, el 2 de
marzo de 1811, el Primer Congreso de las Provincias Venezolanas ante el cual
declinó la Junta Suprema sus poderes, convirtiéndose en Junta Provincial de
Caracas. Hay que tener presente que los miembros de este congreso aun juraron
por Dios y los Sagrados Evangelios defender los derechos de Fernando VII. Todo
ello va a presionar para que el Congreso se decida de una vez por todas por la
independencia.
MIRANDA REGRESA A VENEZUELA
La Junta Suprema de Caracas, en su campaña de difusión de lucha emprendida
tratando de obtener su reconocimiento, así como también la adquisición de
armamento, envía diversas misiones al extranjero. Una de esas misiones fue la
enviada a Londres y que estuvo a cargo de Simón Bolívar, como jefe de la misión
diplomática y diputado principal de Caracas, Luis López Méndez como segundo
diputado y Andrés Bello en calidad de oficial de la Secretaría de Estado. Como nos
lo recuerda Caracciolo Parra Pérez, las credenciales otorgadas a estos tres
comisionados estaban suscritas por Fernando VII, y en su Real Nombre la Suprema
Junta Conservadora de sus derechos en Venezuela. La misión fue designada el 6 de
junio de 1810.
En cuanto a lo primero, dejar perfectamente en claro las razones por las cuales la
Junta Suprema de Caracas desconocía al Consejo de Regencia, aunque Venezuela
seguía considerándose parte integrante de la monarquía española y defensora de
los derechos de Fernando VII. La comisión caraqueña llegó a la bahía de
Portsmouth el 10 de julio de 1810. El día 16 los comisionados tuvieron su primera
entrevista con el secretario de Asuntos Exteriores, el marqués de Wellington. Ni la
Junta caraqueña ni los comisionados habían valorado el hecho de que Inglaterra
era, desde el 9 de enero de 1809, aliada de España.
Llega al puerto de La Guaira el 5 de diciembre de 1810. Por su parte, Miranda
solicita al Gobierno inglés autorización para viajar a Venezuela, obteniéndola, pero
en forma reservada y con la recomendación de que no viaje con los emisarios
venezolanos. De los desaires de los mantuanos hacia su padre, Miranda tenía pleno
conocimiento. La propuesta de Bolívar le parece ser, ahora sí, el camino para el fiel
cumplimiento de su idolatrado sueño.
El 10 de octubre, Miranda, acompañado de su secretario Tomás Molina, sale de
Inglaterra rumbo a Venezuela, previa escala en Curazao. Soñando ya con vivir en su
patria libre e independiente, pensaba hacer gestiones para tenerlos pronto en
Caracas. El 11 de diciembre Miranda desembarca en el puerto de La Guaira. Como
formalmente la Junta Suprema de Caracas aún actuaba en nombre de la Corona
española, solicitó de ella el permiso correspondiente para hacer su ingreso en la
ciudad.
MIRANDA ASUME LA DIRECCIÓN DE LA REVOLUCIÓN Y DE LA REPÚBLICA
Bolívar no solo participa en la invitación de Miranda, sino que ya en tierra
venezolana lo acoge en su casa. Dicha acogida significaba para Miranda ponerse en
contacto con lo más selecto del mantuaje. Ser huésped de un mantuano le abría a
Miranda las puertas para entrar en contacto con la recelosa y siempre petulante élite
caraqueña. Pronto Miranda entra de pleno en la vida política venezolana.
La Primera República, llevada tanto por su idealismo como por los manifiestos del
regionalismo, y contra lo opinión de perspicaces y pragmáticos políticos como
Miranda y Bolívar, adopta la forma federal que será su perdición. La campaña contra
Coro, a cargo del marqués de Toro, fue un fracaso. Simultáneamente, en
Valencia, la segunda ciudad venezolana en importancia, la insurrección se fue
tornando cada vez más fuerte, obligando a enviar una expedición contra ella al
mando del marqués de Toro, quien nuevamente fue derrotado. Esto obliga a que el
gobierno nombre a Miranda como comandante en jefe de las fuerzas patriotas.
Después de varias semanas, Miranda logró la rendición y capitulación de
Valencia, aunque con un costo muy alto en pérdidas humanas que afectaron
seriamente al ejército patriota en sus ulteriores enfrentamientos. Sus principales
enemigos eran, los mantuanos y entre estos los Toro y su extensa
parentela, corifeos de un partido que «en el país y acaso más en el seno del
Congreso, ocultaba sus designios con el nombre del bien público». Ante la crítica
situación de la República, el Gobierno decide crear una dictadura. En primer lugar,
se piensa en entregar el cargo de dictador a Francisco José de Rodríguez del Toro e
Ibarra, cuarto marqués del Toro, el marqués de las derrotas, «a pesar de que todo el
mundo sabe que el venerable y vetusto aristócrata entiende poco de artes militares».
Ante sus reiteradas excusas, según lo señala José de Austria, no le queda otra
alternativa al Gobierno que entregar, recién el 23 de abril de 1812, los poderes
dictatoriales a Miranda. Las supuestas absolutas facultades otorgadas a Miranda
eran para salvar la patria invadida por los enemigos de la libertad. Por su
parte, Tomás Polanco dice que este nombramiento era una trágica, contradictoria y
desesperada medida, toda vez que ninguneado desde su llegada, objeto de
sarcasmos en el Congreso, resultaba una ironía que se recurriese a él en la hora
undécima de la República. La situación venezolana se agrava aún más
cuando, entre el 24 y el 30 de junio de 1812, ocurren graves hechos que ya no dejan
duda alguna de que la suerte de la República está echada.
Este de por sí ya gravísimo acontecimiento se vio potenciado porque por esa
fecha se produce una conspiración de jefes y oficiales patriotas nada menos que
para deponer a Miranda.
El propio Bolívar, en su Manifiesto de Cartagena, señaló que el terremoto del 26
de marzo puede ser considerado la causa inmediata de la ruina de Venezuela, pero
que de haber estado gobernado solo por una autoridad no habría tenido los efectos
nefastos que produjo en la evolución de la revolución. Fernando Rosas señala que el
miedo está íntimamente ligado a la subversión del orden, de la armonía o del
equilibrio en los aspectos económicos, naturales, sociales, políticos, etc. Uno de
estos desequilibrios que tienden a producir miedo está constituido por la subversión
de las fuerzas de la naturaleza. Esta casualidad histórica va a ser aprovechada por
el clero realista.
Maracaibo, Coro y Guayana, que habían permanecido fieles a la
monarquía, prácticamente no sufrieron los embates de la naturaleza. Una
consecuencia de este pánico, exacerbado por la prédica del clero, fue el aumento de
la deserción.
LA CAÍDA DE PUERTO CABELLO
El marqués del Toro y su hermano Fernando se retiraron antes de la Capitulación
de Miranda, marcharon a España y solicitaron el perdón del rey. Feliciano Palacios
se reincorporó al cabildo de Caracas, defendió la causa del Rey y en 1819 firmó un
documento contra Bolívar y la instalación del congreso de Angostura. Miranda
encargó el mando de esta plaza al coronel Simón Bolívar en momentos muy difíciles
para la República que se veía cada vez más cercada por al avance realista dirigido
por Domingo Monteverde. Un aspecto delicado en el estudio de la revolución
separatista venezolana entre 1810 y 1812 es la relación que se entablara entre
Miranda y Bolívar.
Es innegable que, a pesar del inicial deslumbramiento sentido por Bolívar hacia la
figura de Miranda, la relación entre ambos personajes se fue enfriando hasta
tornarse realmente en un desencuentro. Siendo ambos coterráneos, sin embargo, la
larga estadía de Miranda en el Viejo Mundo hizo que su cultura y cosmovisión fueran
diferentes, incluso sus costumbres y léxico. La desconfianza, resentimiento, envidia
y otros sentimientos encontrados hacia Miranda constituyen una nota que no se
puede dejar de tener en cuenta cuando se analiza lo que fue la brevísima historia de
la Primera República. Sobre este tema Lynch es preciso en señalar que las
relaciones entre Miranda y Bolívar se habían ido deteriorado, "en parte por la
amistad de Bolívar con los Toro, que eran conocidos enemigos de Miranda y en
parte por diferencias políticas, ya que Miranda era partidario de una política más
indulgente hacia los españoles que la que promovía Bolívar”.
Este desencuentro se va a explicitar cuando a Miranda se le encarga el mando
del ejército para actuar sobre Valencia, Miranda exige que Bolívar no integre el
ejército por ser un "joven peligroso". Bolívar apela ante el Consejo de Guerra y
Miranda tiene que ceder. La explicación que se suele dar sobre la inexperiencia de
Bolívar en las lides de la guerra, siendo ello verdad, no satisface del todo.
El problema creado por Miranda, al poner condición tan aberrante, que no solo
afectaba el honor de Bolívar sino de todo el mantuaje, fue solucionado gracias a la
ingeniosa intervención del marqués de Toro quien nombró a Bolívar como su
ayudante. Entonces, cómo explicar que Miranda encargara a Bolívar la jefatura
militar y política de Puerto Cabello. Suele interpretarse este nombramiento como una
medida que solo pretendía alejar a Bolívar del ejército directamente comandado por
Miranda. Sin embargo, queda fuera de toda duda que Miranda era consciente del
gran valor estratégico de Puerto Cabello, no solo porque allí se encontraba gran
parte de las armas y municiones del ejército republicano, sino porque en la fortaleza
de San Felipe había un presidio en el cual se encontraban peninsulares recluidos.
Tanto así, que el 14 de junio, Gual, desde Caracas, le escribe a
Miranda, presentándole en su más cruda realidad lo que se estaba viviendo. El 17
de junio, ante el avance de Monteverde, Miranda y sus fuerzas se posesionaron en
La Victoria. En esos momentos, tan difíciles, se produce un intento de asonada
militar contra Miranda tratando de apresarle, deportarlo y entregar el mando a un
supuesto jefe más activo y agresivo. La falta de apoyo a Miranda era tan general y
abierta que los culpables no recibieron ningún castigo.
Salcedo-Bastardo, no es justo en sus apreciaciones sobre los méritos militares y
políticos, además de los propiamente personales, que poseyó Miranda. El propio
Bolívar, en su Manifiesto de Cartagena, donde analiza las causas del fracaso de la
Primera República, así lo reconocerá. Fernando Falcón, quien ha analizado la
preparación y experticia militar de Miranda desde la óptica de las concepciones
teóricas sobre la guerra imperantes en el siglo XVIII, considera que hubo un
desencuentro entre las concepciones de Miranda y las de los oficiales
venezolanos. Para Falcón, la visión "tradicional" de llevar a cabo la guerra de
Miranda chocaba con la "moderna" de los oficiales venezolanos y el nombramiento
de Miranda como Generalísimo no hizo más que profundizar la brecha existente
entre estas dos facciones de cómo debía ser conducida la guerra.
Eso explicaría, según Falcón, no solo las desavenencias que a posteriori
lograrían que el papel de Miranda como jefe militar fuera puesto en entredicho por
un grupo de oficiales y de allí los complots, sino también su posterior arresto y
entrega a Monteverde a fines de julio de 1812. Consideramos que siendo muy
valioso el análisis de Falcón, el supuesto modernismo de la oficialidad venezolana
no convence, toda vez que cuando se decide encargar a Miranda la dirección de la
guerra es porque esta se encontraba en situación realmente crítica y ninguno de los
oficiales venezolanos gozaba de la experiencia militar de Miranda, Miranda "era un
militar serio y experimentado en la «cultura de la guerra» europea y en un ambiente
político profundamente influido por la misma" . Lo que sucede es que Miranda no
gozó en ningún momento de la confianza de los mantuanos, grupo al cual
pertenecerían los supuestos "modernos" jefes y oficiales del ejército venezolano, que
tuvieron bajo su dirección la guerra.
Por otro lado, nada justifica que ese descontento, si así hubiese sido, terminase
no solo con el derrocamiento de Miranda sino con su entrega a Monteverde. Y esto
lo decimos porque Falcón intenta justificar este controvertible acontecimiento al
señalar que es en ese contexto que debe analizarse la conspiración para prender a
Miranda y entregar el mando a una junta de jefes de batallón, así como el posterior
arresto del Precursor y su entrega a Monteverde. Pero volviendo al tema de la
capacidad militar de Miranda, no se puede desconocer que este tenía la experiencia
militar, pero de una guerra revolucionaria no anticolonial.
EL FIN DE LA PRIMERA REPÚBLICA.
La caída de Puerto Cabello en poder de los realistas plantea un controvertido
tema: que no quedaba otra alternativa más que la capitulación, desde el siglo
XIX, están divididos. Pero antes de analizar esta problemática, veamos cómo se
decidió, cómo se llevaron a cabo las negociaciones para ese fin y qué sucedió con
su aplicación.
Miranda, al evaluar el impacto de los últimos acontecimientos militares y
sociopolíticos que tienen su punto climácico en la caída de Puerto Cabello, llegó a la
convicción de que solo quedaba negociar una paz decorosa. La decisión de Miranda
no fue un acto inconsulto. Miranda, el 12 de julio, desde su cuartel general de La
Victoria, convocó a los miembros del Poder Ejecutivo que le habían encargado el
mando absoluto político y militar, así como otros miembros pertenecientes al Poder
Judicial y al director de Rentas . Fruto de esa reunión fue la redacción del
documento fechado el mismo 12 que no deja duda de la legalidad de la decisión
asumida. Allí se señala que Miranda, teniendo presentes a miembros del Poder
Ejecutivo Federal, al diputado del honorable Congreso y mayor general de este
ejército, ciudadano José de Sata y Bussy, funcionario del Poder Judicial de la
provincia de Caracas, Francisco Paúl, y el director general de las Rentas de la
Confederación y de la misma provincia de Caracas, ciudadano Antonio Fernández
de León, les manifestó el crítico estado militar y político consecuente de la pérdida
de la plaza y puerto de Cabello y costa de Ocumare y Choroní, ocupadas por el
enemigo, y al no contar la confederación con hombres ni armas suficientes para
continuar la guerra con posibilidades de éxito, no quedaba otra solución que
proponer a las fuerzas enemigas un armisticio y cese al fuego que trajese la paz
acorde con la mediación ofrecida y publicada por Inglaterra. El ganador tiene la
ventaja de poseer la razón de la fuerza y con ello poder limitar los pedidos que harán
los capitulantes. El primer documento entregado a Monteverde por Sata y Bussy
intenta proponer algo audaz pero iluso: que la decisión de la contienda se remita a
los mediadores que ha nombrado la Corte de Inglaterra, y, por otra parte, permitir
que el ejército republicano ocupara los puntos que dominaba cuando estaba en
Maracay, exceptuando a Puerto Cabello y la costa de Ocumare y Choroní. En la
posición tan ventajosa en que se encontraba Monteverde, proponer esa mediación
era una quimera
BOLÍVAR Y EL FIN DE MIRANDA.
En 1812 Bolívar no era la figura descollante que pronto, muy pronto, llegaría a
ser. Esto explica por qué pudo abandonar Venezuela con el permiso otorgado por el
propio Monteverde. Es cierto que fue gracias a la intervención de su amigo, el
comerciante español Francisco Iturbe, pero tal mediación solo fue posible porque
Bolívar no era aún una figura de gran importancia.
De haberlo sido ni Monteverde hubiera entregado el permiso ni el propio
Iturbe, reconocido godo, se hubiera atrevido a solicitarlo. Bolívar guardó infinita
gratitud para con su amigo Francisco Iturbe, que por esos azares de la vida
resultaba amigo del vencedor y del vencido . Esta defensa la hacía Bolívar debido a
medidas tomadas contra los españoles que habían emigrado. Hernández
González, historiador y docente de la Universidad de La Laguna, ha puesto énfasis
en algo que había pasado desapercibido en la liberación de Simón Bolívar y otros
líderes patriotas.
Domingo Monteverde y Rivas estaba emparentado con los Rivas de
Venezuela. Era primo de José Félix Rivas, hijo de canarios y tío de Simón Bolívar.
Señala Hernández que el 27 de agosto de 1812 se embarcó con su sobrino
Simón, José Félix Rivas junto a su secretario personal y pariente, incluso en la
fortaleza de Puerto Cabello, Francisco Rivas Galindo. Que con anterioridad lo había
hecho en otro barco Marcos, hermano de José Félix y de
Valentín. Evidentemente, según el valioso aporte de Hernández, la respuesta está
en su parentesco con los Rivas, el mismo que había actuado a favor de Bolívar para
darle la libertad. Vicente Tejera, Don Manuel Díaz Casado, Don Simón Bolívar y un
sobrino de Ribas, nombrado Francisco, que venía incluso en el pasaporte que S. Y
para mayor reforzamiento de su punto de vista, Hernández transcribe una carta
dirigida por José Félix Ribas a Monteverde, desde Caracas, con fecha 5 de agosto
de 1812, solicitándole la devolución de un documento para poder "acreditar mi
inculpable conducta con respecto a las prisiones de los europeos".
Los oficiales complotados decidieron castigar a Miranda por capitular, y entre
ellos muy especialmente Bolívar, quien lideró ese grupo y adoptó una posición
extrema, en la medida en que consideraba que Miranda debía ser apresado y
fusilado. Al analizarse ese aciago acontecimiento, la participación de Bolívar siempre
se presta a variadas interpretaciones, dudas, aspectos un tanto inexplicables. Tomás
Cipriano de Mosquera, amigo y fervoroso admirador y defensor de Bolívar, narra lo
que acaeció, de acuerdo a lo que le habían contado el propio Bolívar y del
Castillo. Estos fueron los angustiados sucesos de 1812, que pusieron a Bolívar y a
todos sus compañeros en manos de don Domingo Monteverde.
Así como este General español no cumplió con el tratado de 26 de julio, tampoco
llenó sus compromisos Casa León con Miranda remitiéndole las setecientas
cincuenta onzas que debió entregarle en La Guaira, porque olvidándose de la fe
castellana, estos hombres, al tratar con los independientes, creían que, al ser
vencedores, exentos de sus compromisos de honor, y se nos juzgaba como
miserables rebeldes. Bolívar supo aprovechar los primeros momentos favorables
después de la capitulación del General Miranda, y por medio del español don
Francisco Iturbe consiguió pasaporte para Curazao en compañía del coronel José
Félix Rivas. Mosquera, en nota a pie de página, hace un importante comentario que
tiene que ver con lo que, de irracional, enrevesada e inexplicable resultaba la
conducta de Bolívar. Plantea lo difícil que resulta para los bolivarianos, admiradores
de ambos personajes, que Bolívar, que conocía, y muy bien, la trayectoria
revolucionaria de Miranda, pudiese pensar que fuera un traidor a la patria.
De este embrollo, Mosquera, como otros bolivarianos, buscarían una
justificación. En época posterior el Libertador trató de distinguir a los hijos del
General Miranda, señores Leandro y Francisco, y tanta cordialidad les mostró
Esta preocupación justificativa de Mosquera siempre está presente en muchos
historiadores. Mijares, excelentemente documentado, señala la imposibilidad de que
Bolívar hubiera participado en la entrega de Miranda a los españoles. Para él, la
actitud de Bolívar contra su viejo amigo en el complot se explica porque
desconocía, debido a que no tenía ningún cargo oficial, el propósito de Miranda de
proseguir la guerra desde la Nueva Granada e incluso, es muy probable, que no
estaba al tanto de muchos de los sucesos acaecidos en Caracas que habían
precipitado la capitulación, así como tampoco acerca de la deserción de las tropas
patriotas en La Victoria y el desborde de los esclavos sublevados al este de
Caracas. Mijares termina por cargar toda la responsabilidad sobre "aquel pérfido
intrigante pegado a sus oídos noche y día, es muy fácil que llegase a creer traidor a
Miranda”.
Salvador de Madariaga, en su documentada y bien escrita biografía de
Bolívar, aunque innegablemente sesgada por su animadversión con su biografiado y
por su "hispanismo radical”, sostiene enfáticamente que Bolívar traicionó a Miranda
para salvarse. Según Rodríguez, esta conducta se debería a que
"Aparentemente, Miranda no consultó a sus principales oficiales, quienes, al
enterarse de los acuerdos, creyeron que el dictador había
traicionado" . Recientemente, el joven estudioso venezolano Francisco José Alfaro
Pareja también comparte la idea de la responsabilidad de Bolívar en la entrega de
Miranda en manos de los realistas. En su tesis doctoral dedicada a la independencia
venezolana, señala que Miranda fue víctima de personajes con actitudes
radicales. Este convencimiento de falta de lealtad por parte de Miranda se había
reafirmado al tenerse conocimiento de que sus aprestos "para dejar el país
mostraban su poco interés para vigilar el cumplimiento de los términos de la
rendición, a más de que muchos estuvieron en contra de ella.
LA CONJURA CONTRA MIRANDA
Lo que ocurre en un periodo tan breve como el comprendido entre el 25 y el 31
de julio de 1812 tiene que ver con la desgraciada suerte que los avatares de esta
guerra le depararon a Miranda. Sin embargo, hay que diferenciar la valoración que
tuvieron los contemporáneos de estos hechos de la que se fue adquiriendo conforme
pasaba el tiempo e hizo que Bolívar, a partir de 1813, fuera convirtiéndose en el gran
líder de la expedición libertadora del Norte y con ello despertara simpatías y
antipatías en todos los territorios en los que incursionó. Si es verdad que todo se
había desarrollado dentro de los cauces normales de lo que implicaba una
capitulación, sin embargo, había aspectos que se mantenían con mucha reserva, lo
cual era totalmente explicable, como la decisión de Miranda de abandonar territorio
venezolano. Muy pocos de sus allegados habían recibido la confidencia de que ese
abandono solo era una argucia, toda vez que Miranda, como otras veces en su
vida, daba un paso atrás para intentar dos pasos adelante.
No obstante, el sigilo no fue tal y ello fue fatal para Miranda. Esto explica, en gran
medida, por qué un grupo de oficiales se levantan contra Miranda y como supuesto
traidor a la patria, desconocen su autoridad y lo apresan. Al día siguiente de suscrita
la capitulación, Miranda decide abandonar Venezuela. Que resultaba imperioso
apresar a Miranda y, como corolario de ello, desconocer la capitulación e incluso
fusilar a Miranda, como era la opinión de Bolívar.
Sin embargo, es bueno recordar, para una mejor comprensión de los
sucesos, que la decisión de capitular contó con oposición en el ejército, como se
desprende de la misiva del coronel Juan Pablo Ayala a Miranda, del 27 de julio, en la
cual, por encargo de todos los jefes del Ejército, le manifiesta el profundo
descontento por la actitud del Generalísimo y del Ejecutivo. Este dato, tan
importante, por lo general no suele mencionarse cuando se hace referencia al
complot que lidera Bolívar contra Miranda a fines de julio de
1812. Innegablemente, nos da una mejor comprensión de la decisión de rebelarse
contra el Generalísimo, aunque esto no quita que fue una decisión precipitada y fatal
para la suerte de Miranda. Miranda llegó a La Guaira al atardecer del 30 de julio de
1812.
Miranda se hospeda en la residencia del comandante militar de dicho puerto. La
prisión de Miranda por el grupo de oficiales patriotas cabe dentro de la lógica militar
de desconocer la capitulación. Donde se encuentra el enigma es en el cómo este
acontecimiento conduce, casi sin solución de continuidad, a la caída de Miranda en
poder de los realistas. Y esto hace que incluso historiadores muy serios atribuyan
responsabilidad a Bolívar por dicha entrega.
Miranda, a criterio de los realistas, tenía que ser encerrado de por vida, y es por
ello que después de permanecer un tiempo en Venezuela fue trasladado a Puerto
Rico y de allí trasladado a España y encerrado, hasta su muerte, en La Carraca. Las
investigaciones más serias sobre este acontecimiento de fines de julio de 1812
suelen cargar responsabilidades sobre Bolívar, pasando a un segundo plano, por lo
general, a los demás oficiales que participaron en el complot. Ello se debe al
liderazgo que ejerció Bolívar en dicho grupo y, por otro lado, porque poco después él
se convertiría en el líder indiscutible de la revolución y, como personaje
público, todos sus actos serían sujetos de análisis, de defensa a ultranza o de
ataque inmisericorde. Se comprende la posición de los protagonistas españoles o
simpatizantes del realismo que al escribir sus testimonios les convenía enfatizar que
Bolívar había actuado, en dicha ocasión, en conciliábulo con las autoridades y
amigos españoles para librarse de la política de persecución de Monteverde.
TRATANDO DE DESCIFRAR EL ENIGMA
Bolívar se convence de que Miranda es un traidor y que por lo tanto merece ser
duramente castigado. Con esa ilusión se pretende considerar la vida de un gran
hombre como un destino pretrazado, sin contar el peso decisivo que en la vida de un
individuo juega el contexto político, social, económico o cultural, etc
Podemos decir que comprender a Bolívar y dar un sentido a su acción, en todos
los momentos de su existencia, es imposible si no se toma en cuenta toda una serie
de elementos que la determinaron. Además, hay un factor que, si bien tiene mucho
de aparente irracionalidad, sin embargo, juega un papel muy importante en la
historia. Nos estamos refiriendo al azar. Innegablemente, es un factor que de una u
otra manera siempre interviene en la historia y que suele explicar acontecimientos
que se consideran sujetos a la probabilidad o cuya causa real se desconoce .
Es innegable que los oficiales que se rebelaron contra Miranda estaban
convencidos de que la decisión de capitular y ausentarse del país, dejando a los
líderes y a la población que se había decidido por la causa patriota, era una
deslealtad, una traición y que por lo tanto era necesario remediarla con la prisión del
responsable de ella y, de ser posible, intentar revertir la situación militar que se
vivía. Cuando apreciamos los hechos después de ocurridos y tenemos a nuestra
disposición la real situación que se vivía, solemos olvidar que los personajes incursos
en los acontecimientos no tenían, no podían tener, la perspectiva que posteriormente
se fue teniendo de los hechos.
Por ello consideramos que los oficiales complotados no pensaron que su acción
iba a terminar con la entrega de Miranda en manos de los españoles. Hoy podemos
ver que eso era muy probable porque las fuerzas realistas estaban en un avance
arrollador y ya habían ocupado Caracas y estaban muy cerca de La Guaira. de las
Casas, iba a cambiar de camiseta y acatar las órdenes de Monteverde de cerrar el
puerto y con ello hacer que Miranda, que estaba en prisión, pasase de sus captores
patriotas, que se esfumaron, a manos de los realistas. Y en ese sentido, sí les
corresponde responsabilidad del infausto fin que tuvo don Francisco Miranda.
Esta podía deberse a la falta de un adecuado liderazgo, a la carencia de un
espíritu decidido y agresivo por parte de Miranda. Por ello Bolívar habla de las
facciones internas que fueron el mortal veneno que mató a la
República. Asimismo, es necesario destacar el impacto que debió jugar el malévolo
rumor que se hiciera correr en el sentido de que Miranda no solo era un traidor, sino
además un ladrón que pretendía huir al extranjero llevándose dinero del erario de la
República. Es probable que el marqués de Casa León, en su calidad de director de
las rentas, recibiera orden de Miranda de girar alguna suma destinada al servicio
público.
El marqués de Casa León, llevado de su doblez, y tratando de congraciarse con el
que él avizoraba como el seguro vencedor, protestó las libranzas para eludir el
cumplimiento de la orden recibida y de esta manera hacer correr el infundio del robo
de Miranda. Así considerado, dice Parra Pérez, «el asunto cambia de aspecto y la
historia debe de absolver a Miranda en una causa en la cual sólo enemigos o
subalternos felones representan la acusación». Ya hemos señalado que lo que va a
determinar que la suerte de Miranda pase de las manos patriotas a las realistas, de
preso por su propia gente a cautivo de las fuerzas enemigas, es el hecho de que el
complot ocurriera pocas horas antes de que las fuerzas de Monteverde ingresaran a
La Guaira. Aunque en realidad no fue totalmente azaroso, toda vez que de las Casas
había visto esa posibilidad y es por ello que en la forma más ignominiosa traiciona la
causa patriota poniéndose al servicio de los realistas al cumplir la orden de
Monteverde de cerrar Puerto Cabello y con ello impedir la salida de los patriotas.
Sabemos que Monteverde era sólo uno de tantos que, en uno u otro bando, se
erigieron jefes, despreciando la autoridad legítima. Para gran parte de la
historiografía bolivariana, Bolívar no tiene responsabilidad alguna en la entrega de
Miranda a manos de los españoles toda vez que él lideró su apresamiento, pero con
el fin de que fuese juzgado como traidor a la patria y por ello, fusilado. Si cayó en
poder de los españoles fue por los traidores de las Casas y Peña. Cómo encontrar
cierta coherencia en el pensamiento de Bolívar acerca de haber considerado que
Miranda pudo haber cometido una traición. El Libertador sabía del largo pasado
revolucionario del Precursor y por ello se puso en contacto con él en 1810, en
Londres, y por ello le convenció de integrarse a la revolución. Bolívar proponía una
federación impuesta desde arriba, en tanto que Miranda la concebía como la
construcción colectiva a partir del poder soberano de los ciudadanos. Pero no es
menos verdad que en un determinado momento se produjo un desencuentro entre
ambas disímiles personalidades que terminaría con ese alejamiento que
desembocaría en el complot de fines de julio de 1812.