Elía, R. (2012) - La Civilización Del Islam. Qom
Elía, R. (2012) - La Civilización Del Islam. Qom
CIVILIZACIÓN
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DEL ISLAM
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Pequeña enciclopedia de la cultura,
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las artes, las ciencias,
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el pensamiento y la fe
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de los pueblos musulmanes
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Edición a cargo de R.H. Shamsuddín Elía,
profesor del Instituto Argentino de Cultura Islámica
(San Nicolás 674, 1407 Buenos Aires, República Argentina, tel/fax 0054146727440)
INTRODUCCIÓN
1. La Expansión de la Cultura del Islam: De Los Pirineos a Indonesia
2. El Renacimiento Empieza en Córdoba. El Universo Multicultural de la España Árabe
del Siglo XII
3. AlÁndalus I (7111010). El Califato de Córdoba Con un apéndice de Juan Goytisolo
Titulado «Los Mitos Fundadores De La Nación Española»
4. AlÁndalus II: Taifas, almorávides y almohades (10101232)
5. AlÁndalus III: El sultanato de Granada (12321492). Y una breve reseña sobre la
Alambra
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6. El Jardín en la tradición Islámica
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7. Introducción a las cruzadas
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8. Los Mamelucos. Guardianes del Islam
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9. Las dinastías musulmanas del Asia central: tahiríes, saffaríes, samaníes,gaznavíes,
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buÿíes y guríes
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10. El impacto de los mongoles en oriente y occidente y sus secuelas en el mundo
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islámico
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11. Avempace e Ibn Tufail. Dos filósofos de la España musulmana
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12. Ibn Hazm de Córdoba e Ibn Arabi de Murcia. Amor sagrado y amor profano en el
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Islam
13. Averroes y El Averroísmo
14. Ibn Jaldún: el primer sociólogo de la historia
15. Los judíos del occidente musulmán. AlÁndalus y Sefarad. Ocho siglos de
civilización en España y Portugal (7111492)
16. Los Otomanos (12991909). Esplendor y declive de una civilización islámica
17. Los Safavíes del Irán (15021736)
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18. Historia de la India islámica y la civilización de los grandes mogoles (1526
1858)
19. El Islam en África. Las civilizaciones swahili y sudanesa
20. Viajeros del Oriente y Occidente musulmán
21. La navegación en el Islam
22. Islamologos, arabistas y orientalistas (siglos XIIXX)
23. Ornamentos y Decoración del Arte Islámico
24. El Arte Mudéjar en Europa y América
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25. Los Aromas de AlÁndalus: perfumería y gastronomía hispanomusulmanas
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26. Alquimistas y Matemáticos: de Ÿabir Ibn Hayyán a Omar Jaiám
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27. La Música en el Islam EL
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28. Sufismo: Mística e Iniciación
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29. Poesía: árabe clásica, persa, andalusí, otomana e indomughal
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30. Peregrinación: las ciudades sagradas del Islam
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31. La Medicina en el Islam
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32. Miniatura Islámica: árabe, persa, otomana, indomughal y argelina
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33. Dante y el Islam. El pensamiento musulmán en la Europa del siglo XIV
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En el Nombre de Dios el Graciabilísimo, el Misericordiosímo
LA CIVILIZACIÓN DEL ISLAM
Pequeña enciclopedia de la cultura,las artes,las ciencias,el pensamiento y la fe de los
pueblos musulmanes
¡Cuánto recreo aquí para los ojos!
Ibn Zamrak (13331392),poeta andalusí.
El Islam es un océano inabarcable que esconde extraordinarias y valiosísimas joyas,
que debemos aprender a descubrir y disfrutar de ellas. Los movimientos teológicos,
filosóficos, literarios, científicos y artísticos que ha legado a la historia son singulares,
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pero no menos singular es su vitalidad actual y su proyección al futuro.
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Nosotros creemos que el tercer milenio será profundamente creyente y los hombres y
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mujeres de este mundo buscarán cada día más la verdad, la justicia, el amor y la
felicidad que sólo Dios Todopoderoso puede otorgar a los humildes y sinceros de
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corazón. Como dijo el pensador francés André Malraux (19011976): «El siglo XXI
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será espiritual o no será nada».
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El Islam, desde un principio, fue el gran reaseguro del monoteísmo, tan caro a judíos
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y cristianos, y un decidido patrocinador de las ciencias y las artes, sin discriminación
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de raza, color o credo. Muchos intelectuales occidentales, desde el franciscano inglés
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pasando por el poeta alemán Johann Wolfgang Goethe (17491832) y finalizando con
dos sabios como el filósofo francés Henry Corbin (19031978) y el historiador inglés
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Arnold Toynbee (18891975), han caído en la cuenta de ello, y sólo una miope y
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grosera visión de la realidad hace que aún haya algunos que consideran lo musulmán
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como algo retrógrado, incivilizado.
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lado, que se trate de "orientalistas" europeos, por fuerza lingüistas antes que
historiadores, y en cuyas preocupaciones inciden más a menudo las condiciones políticas
o la curiosidad intelectual "occidental" que la atención a lo requerido por un estudio
completo del Oriente; o que se trate de sabios "orientales" que tan sólo hoy empiezan a
ser conscientes de las exigencias de una investigación histórica concebida con espíritu
moderno. El hecho es que, por ambos tipos de causas, los trabajos históricos sobre
Oriente llevan un siglo de retraso respecto a los que se refieren a Occidente. Es preciso
tratar de llenar el intervalo que separa los dos postigos de una historia donde no debería
caber la distinción entre "orientalistas" y, si se me permite la expresión, "occidentalistas".
Pero mientras esto no ocurra, debemos simplemente advertir al lector que la imagen del
Islam que vamos a proporcionarle continúa siendo incompleta y, sobre todo,
provisional...Toda civilización, sin duda, es mortal, pero también todas ellas son una
prueba para los pueblos que las crearon, de su aptitud para crearlas y, sin duda, también
para recrearlas. Y sea lo que sea, el Occidente no puede olvidar que ha aprendido a
pensar con Avicena y Averroes, y que incluso la catedral de Puy, en plena Francia, no
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sería lo que ahora es sin la mezquita de Córdoba» (C. Cahen: El Islam I. Desde los
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orígenes hasta el comienzo del Imperio otomano, Siglo XXI, Madrid, 1995, págs. 2
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y 323).
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Por todo esto, y mucho más, invitamos a los amables lectores de aquí y de allá a
apreciar en su auténtica dimensión, el legado que el Islam dejó como patrimonio de la
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antepasados y que, en alguna medida, sigue siendo la nuestra.
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Este serie de documentos son para lectores con escasos conocimientos sobre el Islam y
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su civilización. Para aquellos que quieran leer más y mejor, los títulos sobran y
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algunos de ellos pueden encontrarse en la bibliografía que recomendamos. Esperamos
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que esto sirva al menos para que se lean otros.
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R. H. Shamsuddín Elía
Profesor del Instituto Argentino de Cultura Islámica
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LA EXPANSIÓN DE LA CULTURA DEL ISLAM: DE LOS PIRINEOS A INDONESIA
«El Islam es, dicho sin alifafes y sin ambages, con rotundidad, una de las grandes
civilizaciones de la humanidad... Insistir en este punto no es sino recordar una realidad
histórica incontrovertible, inmediata y plenamente demostrable»
(El reto del Islam, pág. 123)
Pedro Martínez Montávez, islamólogo español.
La civilización del Islam afectó profundamente a los estados y pueblos con los que
tenía fronteras comunes. A algunos les atrajeron los cinco pilares de la sabiduría
religiosa del Islam, a otros su ventana que miraba al mundo perdido del pensamiento
helénico, a otros más les atrajeron sus actitudes y costumbres, tan ricas y complejas
como una alfombra persa para la oración. La influencia del Islam tomó muchas formas
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porque representaba muchas cosas: una religión, una cultura, un sistema político.
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Cada uno de sus vecinos absorbió lo que necesitaba o lo atraía. Según las condiciones
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de su geografía o su carácter nacional.
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El Islam influyó en Europa a través de tres zonas principales de colisión o contacto;
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una fue España, otra Sicilia y la tercera el Oriente Próximo, donde los Santos Lugares
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constituyeron por espacio de casi 200 años los objetivos de las Cruzadas. Hacia el
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este, convirtió a millones de tribeños de habla turca que vagaban entre el Cáucaso y la
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Gran Muralla de China, y a través de ellos acabó por afectar el destino de tierras tan
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distantes entre sí como la India y los Balcanes. En África, las caravanas de
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universidad musulmana en la ciudad de Timbuktú en el siglo XV. Mientras tanto, los
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El hombre moderno, guiado por principios elevados, prefiere creer que la guerra
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nunca beneficia a sus víctimas, pero en realidad no siempre sucede así. La historia
encierra muchos ejemplos de ejércitos invasores que enriquecieron la cultura de
aquellos a quienes atacaron. Un ejemplo concreto es el de Alejadro el Grande, que
introdujo el arte helénico a los escultores budistas cuando invadió el valle del Indo y,
de este modo, puso los cimientos para que se creara toda una nueva escuela de arte
indio. La escultura de Ghandara se considera hoy como una de las realizaciones
artísticas más grandes de la India budista.
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El ejemplo de alÁndalus
De manera semejante, los ejércitos del Islam convirtieron una rápida incursión militar
de auxilio a judíos y cristianos arrianos en España en una conquista cultural que
transformó la historia de ese país. Al retirarse de España, luego de ocho siglos de
brillante civilización (7111492), el Islam dejó tras de sí un legado de asombrosos
palacios y mezquitas, y ciertos modos de pensar que habrían de convertirse en
posesiones definitivas del pueblo español.
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la ciudad rendía culto en 3000 mezquitas y celebraba todos los días de fiesta de los
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cristianos, de los judíos y del Islam combinados. Córdoba, al igual que Granada y
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Sevilla, se enorgullecía de sus instituciones de cultura superior, donde se enseñaba
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Filosofía, Derecho, Literatura, Matemáticas, Medicina, Astronomía, Historia y
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Geografía, y el símbolo de un hombre rico era una biblioteca bien surtida.
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cristianos imitaron a los musulmanes en sus costumbres y vestimentas, adoptando la
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literatura y la música del Islam. Tan extensa y profunda fue esta asimilación cultural
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que un obispo llamado Álvaro pronunció esta airada catilinaria: «Mis correligionarios
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se complacen en leer las poesías y las novelas de los árabes: estudian los escritos de los
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filósofos y teólogos musulmanes, no para refutarlos, sino para formarse una dicción
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arábiga correcta y elegante. ¡Ay!, todos los jóvenes cristianos que se distinguen por su
talento, no conocen más que la lengua y literatura de los árabes, reúnen con grandes
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menosprecio que son indignos de atención. ¡Qué dolor! Los cristianos han olvidado hasta
su lengua, y apenas entre mil de nosotros se encontraría uno que sepa escribir como
corresponde una carta latina a un amigo; pero si se trata de escribir árabe, encontrarás
multitud de personas que se expresan en esta lengua con la mayor elegancia, desde el
punto de vista artístico, a los de los mismos árabes».
Lejos de transigir con el Islam, Álvaro y otros hombres de la iglesia como él
consideraban que llegar a cualquier transacción con los musulmanes sería una victoria
para el Anticristo. Alentaban a sus partidarios a buscar el martirio blasfemando contra
el Profeta y acogiendo con deleite el castigo que seguía. A menudo los jueces
musulmanes de estos frenéticos pecadores se mostraban renuentes a concederles sus
deseos, renuencia que no compartieron los jueces cristianos cuando, al cabo de cinco
siglos de dominación musulmana, se cambiaron los papeles. A partir del siglo XI, los
príncipes cristianos españoles reclamaron gradualmente, en una provincia tras otra,
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las tierras perdidas, proceso que llegó a su punto culminante en 1248, con la
reconquista de Sevilla. Los resurgidos cristianos se volvieron sobre sus súbditos
musulmanes y los persiguieron sin misericordia. Los obligaron a renegar de su fe, los
arrojaron del país y tomaron medidas radicales para desarraigar todo vestigio de
cultura hispanomusulmana. En 1499, el cardenal Jiménez de Cisneros ordenó que se
quemaran públicamente en Granada 80.000 libros islámicos, y denunció el árabe
como «el lenguaje de una raza herética y menospreciable».
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Ariosto, Orlando Furioso, Rolando seguía proporcionado material de propaganda para
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la actitud antimusulmana de la Iglesia durante el Renacimiento.
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Y sin embargo, a pesar de la actitud oficial de la Iglesia, los cristianos ordinarios de
España —los que habían aceptado la cultura musulmana al mismo tiempo que
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conservaban su fe— quedaron afectados permanentemente por su experiencia
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islámica. Cientos de palabras árabes pasaron a incorporarse a su manera diaria de
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expresarse, términos que iban desde nombres de lugares hasta giros comunes. El río
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más largo de España, el Guadalquivir, deriva su nombre del árabe uadi alkabir, «valle
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árabe hatta. En docenas de ciudades españolas la mezquita musulmana se convirtió,
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con algunas modificaciones arquitectónicas, en la iglesia o catedral cristiana.
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De la misma manera, el misticismo musulmán pasó directa o indirectamente a la fibra
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misma de la tradición cristiana española. Tal vez santa Teresa de Ávila y san Juan de
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la Cruz no hubieran escrito nunca como lo hicieron de no haber conocido algunas
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Incluso el concepto español del hombre ideal debe algo al Islam. El hidalgo o
caballero español, uno de los grandes modelos de perfección humana del mundo,
posee muchas de las cualidades del sabio errabundo musulmán, el sufí. Ambos
consideran la nobleza como cuestión del espíritu más bien que de cuna y creen que el
hombre cubierto con ropas humildes puede, a pesar de todo, tener el porte de un
príncipe. Uno de los retratos supremos del hidalgo lleva la similitud aún más lejos.
Don Quijote, el trágico y risible caballero de Cervantes, anhela ser noble con tal
intensidad que lo ciega la realidad. Su vida, al igual que los sufíes, es completamente
interior; el mundo real no existe.
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El hidalgo, como ideal, nunca se aventuró mucho a salir de España, pero en otros
sentidos el contacto de este país con el Islam afectó profundamente a Europa. Los
eruditos de las universidades situadas al norte de los Pirineos, como las de París,
Montpellier, Oxford y Cambridge, luchaban por obtener manuscritos árabes de España
y concedían tanto valor a los originales como a los que habían sido traducidos del
griego antiguo.
Uno de los pensadores más respetados de toda la Europa medieval fue un andalusí
llamado Ibn Rushd, más conocido con el nombre de Averroes. Por medio de una serie
de agudos comentarios sobre la filosofía de Aristóteles, Averroes volvió a presentar a
Europa la verdadera naturaleza de las ideas aristotélicas. En realidad, puso los
cimientos para uno de los grandes triunfos intelectuales de la Edad Media: la Summa
Theologica de santo Tomás de Aquino.
La España musulmana también inspiró a los poetas de allende los Pirineos. En
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Provenza y el Languedoc, los trovadores cantaban las loas a sus damas en una copla
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rimada que habían inventado los poetas musulmanes en España, y hablaban del amor
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en los términos platónicos a los que eran tan adictos los aristócratas cultos de al
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Ándalus.
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Es posible, en efecto, que la caballerosidad se originara en la Córdoba musulmana,
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donde las voces de los poetas cortesanos se elevaban constantemente en ditirambo de
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los deleites del amor espiritual. Uno de los tratados más completos sobre este tema
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fue compuesto, lo cual resulta bastante extraño, por un riguroso teólogo, de nombre
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Ibn Hazm, y su libro El collar de la paloma, fue un producto de su juventud. En él
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explora todos los matices del deseo y llega a la conclusión de que mediante la
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paciencia, la moderación y la castidad se llega al más noble de los amores. Tal amor,
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decía Ibn Hazm, era una unión de almas, «una bienaventuranza sublime... un rango
elevado... un gozo permanente y una gran merced de Dios», sentimientos que
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encontrarían eco más tarde en muchos romances medievales.
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Es muy posible que incluso en el poeta más grande de la época ejerciera influencia un
hispanomusulmán. Si bien Dante Alighieri, cristiano ferviente como era, puso al
Profeta Muhammad en el infierno junto con los cismáticos religiosos, la trama de su
Divina Comedia, una visita al mundo del más allá, tiene muchas afinidades con el viaje
nocturno del profeta a través de los siete cielos hasta llegar al trono de Dios.
Asimismo, y de manera má sconcreta, las descripciones que hace Dante de la
ascensión del hombre por regiones infernales hacia la ventura celstial deben mucho a
los escritos alegóricos del místico murciano Ibn ’Arabi, cuyo relato del tránsito
espiritual del hombre de la ignorancia al conocimiento, los deleites del cielo y las
torturas del infierno, tienen muchos de los atributos del cielo y el infierno de Dante, y
hay incluso una etapa intermedia comparable al purgatorio.
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La Sicilia islamizada
El segundo puente tendido entre el Islam y Europa era Sicilia, la que, a diferencia de
España, ofreció un paso más fácil a las ideas islámicas. Es posible que debido a que
estuvo gobernada por los musulmanes durante un período mucho más breve y se
reconquistó con facilidad, no trató jamás de borrar las huellas de la ocupación
musulmana. Antes al contrario, sus reyes normandos llegaron a ser ardientes
arabófilos.
Una dinastía de árabes tunecinos, los aglabíes, se apoderó de la isla para el Islam en
827. Volvió a la posesión de los cristianos dos siglos y medio más tarde, cuando el
joven Roger de Hauteville, de Normandía, la ocupó y se convirtió en su primer
gobernnate normando. Durante el régimen islámico, su sistema administrativo
obedecía al concepto árabe y Palermo, su capital, era un centro de arte y saber árabes.
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Se introdujo el cultivo de la caña de azúcar, el lino y los olivos, y el palacio real de
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Palermo contenía un establecimiento de tejidos de seda.
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A Roger, tosco caballero de los francos, le fascinó e impresionó muchísimo su nueva
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posesión. Permitió que sus súbditos musulmanes practicaran la religión que les era
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propia, reclutó soldados musulmanes para su ejército y acogió con agrado en su corte
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a los sabios musulmanes. Roger II, su hijo, llevó más lejos aún su simpatía por los
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sistemas musulmanes. Aunque teóricamente era cristiano, a Roger II se le llamó el
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Pagano. El manto para su coronación fue decorado con una orla de inscripciones
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ilustre de su corte era un andalusí, alIdrisi, cartógrafo que realizó lo mejor de su obra
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bajo el patrocinio del rey siciliano. Más de tres siglos antes de que Colón diera fama a
la idea, alIdrisi ya estaba sugiriendo que la Tierra era redonda y obsequió a su real
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protector un mapa circular grabado en plata.
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Cuando Federico II ascendió al trono de Sicilia en 1197 para gobernar como rey (y
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posteriormente como sacro emperador romanogermánico), la corte real de Palermo
era más oriental que occidental. Federico se ataviaba con ropas musulmanas y
sostenía las mejores relaciones con el sultán que reinaba en El Cairo. El séquito real
incluía un halconero, importado de Siria, y el propio Federico era autor de un tratado
de cetrería que fue la primera historia natural publicada en Europa. Eruditos
musulmanes honraban su mesa; musulmanes eran los administradores que dirigían su
gobierno, y el árabe era uno de los cuatro idiomas oficiales del reino: las monedas y
los documento sicilianos aparecían en árabe, así como latín, hebreo y griego.
En 1224, Federico fundó la primera universidad que tuvo carta constitucional en
Europa, la Universidad de Nápoles, y le dio su colección de manuscritos islámicos;
uno de los hombres que estudió allí fue santo Tomás de Aquino.
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Los beneficios de las Cruzadas
A pesar de esta tolerancia y convivencia sicilianas, no cesaron las agresiones militares
contra el Islam tanto en España como en África del Norte y el Oriente Próximo.
Paradójicamente, las Cruzadas no sólo no alcanzaron su objetivo, sino que también
acelearron la afluencia de ideas orientales hacia Occidente. Las Cruzadas fueron para
Europa un acontecimiento que señaló una época. Para el Islam fueron como una
rutina, al igual que las guerras fronterizas del imperio en las que empeñaba sus
fuerzas. Un erudito las ha descrito comparándolas con la garrapata del lomo de un
camello, que se aloja allí durante algún tiempo y después se desprende... sin que
apenas se dé cuenta el camello.
Las Cruzadas no fueron importantes por lo que intentaron, sino por los resultados que
obtuvieron sin haberlo proyectado. Obligaron a Europa a salir del aislamiento del
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oscurantismo y abrieron nuevos horizontes a sus hijos. Los guerreros cristianos
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aprendieron nuevas técnicas militares, algunas ideadas por ellos mismos, otras que
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copiaron de su enemigos musulmanes. La necesidad hizo que se crearan rápidamente
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nuevas tácticas de sitio, y los musulmanes, hábiles para adiestrar pájaros, enseñaron a
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los cristianos el empleo de palomas mensajeras. De manera semejante, los juegos
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marciales de los musulmanes y los escudos de armas habrían de encontrar eco en los
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torneos y las figuras heráldicas de la caballería.
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Los contactos de los cruzados con el mundo islámico trajeron a los mercaderes de
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Europa una demanda enormemente ampliada de mercancías orientales. Los soldados
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francos y normandos llevaron a sus tierras el gusto por las semillas de ajonjolí,
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baldaquinos de Bagdad y los damascos de Damasco hicieron a los europeos conocer
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toda una nueva variedad de telas para vestir, incluso la palabra algodón proviene del
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árabe (alkutn).
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La vida occidental adquirió también nuevo colorido merced a las tapicerías y las
alfombras persas, los artículos de tocador, como espejos y polvos faciales, y las tintas
brillantes, como el lila y el carmín.
Los cruzados, después de probar el baño árabe, no quisieron renunciar a sus placeres,
que los cristianos habían visto durante mucho tiempo con malos ojos por
considerarlos paganos, y volvieron a introducir la limpieza en una Europa que la veía
con duda.
Incluso la Iglesia se benefició de su contacto con el Islam. El invento que del rosario
hizo Santo Domingo se inspiró en la cadena de cuentas que servía y sirve a los
musulmanes para ir diciendo los nombres de Dios.
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El aporte de los turcos
Pero si Europa fue fascinada por sus contactos con el Islam, lo mismo aconteció con
los vecinos de éste en el Oriente. En las inmensas y áridas llanuras del Asia Central, la
fe del profeta encontró partidarios entusiastas entre una serie de tribus de idioma
turco que estaban destinadas a restaurar la tradición militar del Islam. Al principio,
estos turcos fueron esclavos militares al servicio de los omeyas y abbasíes, pero más
tarde invadieron el Islam con sus propios ejércitos. Dirigidos por caudillos como Ibn
Tulún —el esclavo turco que llegó a ser gobernador de Egipto— y bajo dinastías como
la de los selÿukíes o selÿúcidas, los otomanos y los mogoles, los musulmanes turcos
habrían de influir en vastas zonas del planeta.
Los selÿukíes, que se apoderaron del imperio abbasí, lo extendieron hasta Bizancio,
poniendo los cimientos del moderno Estado de Turquía. Los otomanos, que siguieron
a los selÿukíes, llevaron el Islam al interior de Europa pasando por el Bósforo. Más
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hacia el oriente, los mogoles introdujeron el Islam hasta el interior de la India y
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dejaron tras de sí una floreciente civilización musulmana que llegó a ser la base de las
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repúblicas de Pakistán y Bangla Desh de nuestros días.
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Pero los turcos no sólo eran grandes soldados, sino también grandes constructores, y
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robustecieron la arquitectura del Islam al combinarla con la de los pueblos que
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cuyos muros estaban recubiertos de oro. Pero su mayor fama se debe a la Gran
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Mezquita de El Cairo que lleva su nombre, la cual fue diseñada para él por un
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arquitecto cristiano.
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De manera similar, los selÿukíes, que fundaron las primeras madrasas, o mezquitas
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colegio, crearon una nueva planta en forma de jardín cuatripartito para estas
edificaciones, que los artesanos persas construyeron para ellos. En cuanto a los
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otomanos, cuando se apoderaron de Bizancio también se hicieron de la famosa iglesia
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de Justiniano, Santa Sofía, que más tarde usaron como modelo para sus mezquitas.
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El mausoleo indomogol se concibió de suerte que reflejara los placeres de este mundo
y sugiriera los del más allá. Se alzaba en jardines de complejo diseño embellecidos
con flores y cascadas y sus dueños lo empleaban como lugar de diversión. Como
señala el historiador de la arquitectura de la India, James Ferguson, los musulmanes
indostanos «construían sus sepulcros de una naturaleza tal que sirvieran de lugar de
disfrute para ellos y sus amigos durante su vida, y sólo cuando ya no podían gozarlos se
convertían en moradas solemnes de descanso para sus despojos mortales». Esto solía ser
literalmente cierto. Bajo la cúpula central de la construcción, donde sería finalmente
enterrado, el dueño celebraba decorosas meriendas. Uno de los edificios más
deliciosos del mundo, el Taÿ Mahal de Agra, fue construido con esta doble finalidad.
Erigido entre 1630 y 1648 por el Shah Ÿahán para su esposa favorita que murió en su
juventud, el Taÿ Mahal fue levantado como tumba para Mumtaz Mahal y como jardín
placentero para el emperador, que la amaba.
Sultanas, marinos, comerciantes y maestros
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Los selÿukíes, los otomanos y los mogoles extendieron el Islam sobre todo mediante la
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fuerza de la espada. Pero en el resto del mundo, y por medios pacíficos, se obtuvieron
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victorias mucho más significativas para el Islam. Como comerciantes y maestros, los
musulmanes eran aún más persuasivos que como soldados.
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El Islam tuvo su origen en un país donde el comercio era una profesión honrosa: el
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Revelación. Y el Islam honró desde sus inicios a la pluma del sabio tanto como
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respetaba la espada del soldado. En dos regiones del mundo, África e Indonesia, el
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Islam arraigó en gran medida debido a los contactos establecidos por comerciantes y
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maestros musulmanes.
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principios del siglo XIII, los barcos mercantes musulmanes procedentes de Persia,
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Arabia y la India atracaban en los puertos de Java y las demás islas de Indonesia,
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llevando las semillas de la cultura islámica. Marco Polo, a su regreso de la corte de
Kublai Jan, encontró un reino musulmán en Sumatra en 1292, y en 1345 un viajero
marroquí llamado Ibn Battuta dio noticia de que el gobernante del reino malayo era
un hombre que sentía un profundo interés por la cultura islámica.
Desde fines del siglo XIII el archipiélago indonesio también conocido como Insulindia
fue islamizado, no por las armas de conquistadores musulmanes persas o árabes sino
por el atractivo de una fe igualitaria, simple y adaptable a las condiciones de la
región, introducida por comerciantes musulmanes llegados desde lugares tan lejanos
como Egipto.
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pacíficas islas buscando las preciadas especias que los propios mercaderes islámicos se
han encargado de llevar a Europa.
En 1345, Ibn Battuta llegó a Sumatra y quedó deslumbrado con el panorama: «Es una
isla lozana y verdeante, llena de cocoteros, arecas, claveros, agácolos indios, sagúes,
árboles del pan, mangos, yambos, naranjos dulces y alcanfores»(Ibn Battuta: A través
del Islam, Alianza, Madrid, 1988, págs. 709719).
En 1511, Albuquerque se apodera de la estratégica Malaca (nombre tomado de un
árbol local). Y en una rápida sucesión, caen Borneo (1511), Timor (1520) y las
Molucas (1521). Durante el siglo XVII, se suman los holandeses a la acción
depredadora portuguesa y atacan los grandes sultanatos de Mataram, Banten y Acheh.
El sultán de Acheh, Iskandar Muda («Alejandro el grande»), —que vivió entre 1590 y
1536— fue un soberano ejemplar que hizo de Acheh (en el extremo norte de la isla de
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Sumatra) un centro de estudios islámicos. Iskandar Muda enfrentó decididamente la
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amenaza lusitana en Malaca, Johore y Patani (Cfr. H. J. De Graaf: De Regering von
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Sultan Agung vorst van Mataram 16131645, La Haya, 1958; D. Lombard: Le
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Sultanat d’Atjéh au temps d’Iskandar Muda, 16071636, París, 1967).
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En 1629 atacó con todas sus fuerzas el enclave de Malaca. «El sultán de Acheh dirigía
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una fuerza sitiadora de 20.000 hombres, apoyada por 236 embarcaciones y artillería.
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Levantaron en torno a Malaca obras de sitio, tan bien hechas que, según un relato
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portugués, «ni siquiera los romanos hubieran hecho tales obras más sólidas o en menos
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tiempo». Pero esto no fue suficiente para lograr la victoria, el sultán acabó perdiendo
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19.000 hombres y sus dos principales generales, así como la mayor parte de sus barcos y
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formidable contra el puerto fortificado holandés de Batavia (hoy Ÿakarta, —capital de
Indonesia— en la isla de Java), al que muy correctamente el sultán consideraba la
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«espina en el pie de Java» que era preciso «arrancar, para que todo el cuerpo no
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peligrase». Las fuerzas del sultán, como las tropas de Acheh, consiguieron abrir
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trincheras al modo europeo pero no pudieron hacer mella en el enorme foso, el muro o
los bastiones de la nueva colonia holandesa» (Geoffrey Parker: La revolución militar.
Las innovaciones militares y el apogeo de Occidente 15001800, Crítica,
Barcelona, 1990, págs. 168169).
Un escritor, genealogista y periodista argentino de origen armenio, Narciso Binayán
Carmona, nos ilustra sobre un aspecto casi desconocido de la historia de la Malasia
musulmana: «En el siglo XVII durante cincuenta años, el sultanato de Acheh fue una
curiosidad política dentro del mundo musulmán, ya que el trono fue ocupado
sucesivamente por cuatro mujeres (16411699). Dentro del mundo musulmán, pero no
de la región, ya que en la misma época al menos en otros cuatro sultanatos, entre ellos el
de Pattani (hoy localizado al sur de Tailandia, sobre el mar del sur de China) —de
muy incierto destino aun hoy— y el de Kelantan (al norte de la península malaca
fronterizo con Tailandia) —que es uno de los Estados federados de Malasia—, hubo
14
mujeres en el trono. La primera de estas sultanas de Acheh fue Safiyyatuddín Taÿ al
Alam (16411655), muy bien recordada como gobernante sabia y justa» (N. Binayán
Carmona: La isla grande de las especias, Diario «La Nación», Buenos Aires. Lunes 3
de noviembre de 1997, pág. 4).
Para el siglo XV, debido en parte a los matrimonios entre marinos musulmanes y
mujeres indonesias, y en parte también al ardor proselitista de los comerciantes
musulmanes entre los príncipes y personas más destacadas de las islas, todo el
archipiélago malayo, excepción hecha de Bali, se había convertido al Islam. Los
eruditos indonesios, al igual que los demás pueblos absorbidos por el Islam —turcos,
bereberes, persas y sudaneses— viajaban a las grandes universidades musulmanas
como alAzhar, en El Cairo, para estudiar el Corán y llevar a su patria las enseñanzas
islámicas.
Así, el Islam hizo buen uso de la religión monoteísta para mantener unido un
F
territorio muy extenso y complejo, en forma muy semejante a como había tratado de
SE
hacerlo Alejandro el Grande muchos siglos antes. Mas en tanto que el método de este
IC
último había consistido en hacer de sí mismo la única autoridad, el método del Islam
D
CI
fue convertir a cada nmusulmán en un mensajero de lo que denominó la Casa de la
Paz.
EL
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Soldados, marinos, comerciantes y eruditos imprimieron modos de ser a hindúes y
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empequeñeciéndose y hacerse más unido, el Islam, —setecientos años antes de que se
IG
acuñara el concepto de «globalización» en Occidente— logró acomodar numerosos
D
pueblos distintos en un molde único, honrando sus valores y principios en base a la
CA
convivencia y el respeto mutuo.
TE
El Don Quijote que arremetió contra los molinos de viento en España, el cruzado que
IO
regresó a Europa con nuevos estilos de atavío, el turco que combatió a tarvés de la
BL
Europa oriental hasta las murallas de Viena, el paciente camellero que alojaba por la
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noche sus camellos en alguna caravanera africana, el Simbad que atracaba su nave en
alguna playa de coral, todos y cada uno de ellos fueron afectados por una sociedad y
un modo de vida que en su apogeo abarcaba casi todo el mundo conocido.
Cuando las tribus árabes, gracias al Islam, se congregaron en un Estado único, no
tardaron en rebasar los límites de Arabia y, al cabo de unas décadas, se habían
expandido por todo el Cercano Oriente y eran los herederos de la mitad del Imperio
Romano y de la totalidad del Imperio Persa. En un principio, el Islam fue la enseña de
los árabes en tanto dirigentes; pero los pueblos islamizados, antes seguidores de
Zoroastro y Buda, abrazaron fervientemente el nuevo y dinámico credo aun a
despecho, en ocasiones, de las objeciones de los árabes. AlAndalus (España y
Portugal), por ejemplo, fue desde 711 a 1492 una civilización islámica
fundamentalmente de raza y carácter bereber.
15
La desaparición de los Omeyas de Damasco y de su espíritu tribalista y sectario hacia
750, significó una renovada promesa y el mejor de los incentivos para los no árabes
que habían adoptado la nueva fe. El Islam los unió a todos en un solo pueblo y otorgó
a sus vidas una finalidad y única dirección.
Los árabes aportaron a esta unión el sentido elevado de la misión; los iranios su
cultura y sentido de la historia, los siríacos cristianos su versatilidad lingüística; los de
Harrán su herencia helenística, y los hindúes su antiguo saber. Todos se mezclaron
libremente, uniéndose en un fervoroso deseo de saber, experiencia que no volvería a
repetirse luego de producida la decadencia de la civilización islámica, especialmente a
partir de los finales del siglo XVII. Los iranios fueron particularmente favorecidos.
Habían hecho mucho para establecer el Dar alIslam; tenían una gran experiencia que
ofrecer en el campo de la administración y de las finanzas de Estado; y
consecuentemente ocuparon muchos de los puestos claves de gobierno.
F
La uniformidad y cohesión de la Ley
SE
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A partir de la caída del califato bagdadí en 1258, a la civilización islámica le fue dada
D
entonces su unidad social, ya no mediante un Estado único y un solo idioma —puesto
CI
que el persa no tardó en convertirse en lengua cultural internacional (fue la lengua
EL
oficial de la India islámica desde el siglo XVI al XIX) que rivalizaba con el árabe, y
D
otras varias lenguas adquirieron sucesivamente importancia local (como el suahili en
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(Sharí’a). Estas leyes abarcaban todos los aspectos de la vida personal, desde la
IG
pueblos musulmanes, produjo una suficiente uniformidad, en lo esencial, como para
TE
que un musulmán de cualquier país pudiera gozar de los derechos de la ciudadanía en
toda la extensión del Dar alIslam, el ámbito o territorio bajo la égida musulmana.
IO
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«En la unidad sustancial de la sharí’a, tanto unidad de normas concretas como unidad de
BI
espíritu que la informa, está el secreto de esa "uniformidad musulmana" en que tanto
han insistido los viajeros europeos desde los montes Atlas hasta el Ganges, preguntándose
a menudo con asombro cómo es eso posible, en vista de la ausencia en el Islam de
cualquier autoridad central docente del tipo del papado católico» (Alessandro Bausani:
El Islam y su cultura, FCE, México, 1988, pág. 211).
Un letrado del Marruecos como Ibn Battuta, en viaje para ver el mundo en el siglo
XIV, podía llegar a ser cadí (juez islámico) en las remotas Islas Maldivas, en el Océano
Indico, durante su residencia allí, con la misma facilidad que si se hallase en su
Tánger natal, a miles de kilómetros de distancia.
Un sabio judío como Benjamín de Tudela podía viajar de España hasta la India
atravesando todo el Mundo Islámico en el siglo XII, sin necesidad de pasaporte o
16
salvoconducto y recibiendo la asistencia y protección de sus hermanos monoteístas
musulmanes.
Los musulmanes de los países más alejados unos de otros, chinos, persas, malayos,
egipcios, andalusíes, turcos o nigerianos, durante su peregrinación anual a La Meca,
solían reunirse y podían compartir sus preocupaciones. La cultura islámica, aunque
variaba de un país a otro, mantenía, con ese intercambio relativamente fácil, una
herencia común en todas formas. Así, el Taÿ Mahal, con su gracia exquisita, refleja las
tradiciones de la India que difieren considerablemente de las de alAndalus o del
Africa del Norte; pero, como todo el mundo lo sabe, ese monumento fue construido
por los musulmanes como cualquier santuario o mezquita de Estambul, Granada o
Isfahán.
F
judíos como por los cristianos. La ley islámica suprime las austeridades y numerosas
SE
prohibiciones y penitencias impuestas por juristas inescrupulosos y desautorizados y
IC
declara su voluntad de condescender con las necesidades prácticas de la vida: «Facilita
D
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el camino, no lo hagas más áspero», «Dios no pide a los humanos más que lo que éstos
pueden hacer», tales eran las recomendaciones que habitualmente daba el Santo
EL
Profeta a sus compañeros y seguidores. La tendencia islámica va hacia el misticismo,
D
austeridades que debilitan el cuerpo y anulan los instintos naturales del hombre.
IT
Exhorta al creyente a disfrutar de las cosas buenas que Dios ha creado, bien entendido
IG
que deberá observar la debida moderación y obedecer los preceptos de la revelación
D
coránica, que no son numerosos ni muy estrictos.
CA
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La ley islámica favorece todas las actividades prácticas y tiene en gran estima a la
agricultura, al comercio y toda clase de trabajos; censura a aquellos que viven a costa
IO
de los demás, requiere a todos los hombres y mujeres para que se mantengan con el
BL
producto de su propio esfuerzo y no menosprecia ninguna clase de labor por la cual
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los seres humanos puedan independizarse de sus semejantes.
Los jurisconsultos musulmanes enseñan que el precepto fundamental de la ley es la
libertad. El orador y político romano Marco Tulio Cicerón (10643 a.C.) decía: «Sed
esclavos de la ley para ser libres». La ley islámica añade nuevos conceptos a este
pensamiento. Partiendo de la libertad, como base fundamental de la ley, los juristas
islámicos llegaron a una doble conclusión:
2. Ningún límite es arbitrario, puesto que está determinado por su propia utilidad, por
el bien supremo del individuo o de la sociedad. La utilidad, que es el fundamento de
la ley, tiene también su límite y su extensión.
17
La libertad significa poder disponer de uno mismo. El hombre libre no tiene por
superior más que a Dios, Unico al cual es debida obediencia. De aquí que no puede
usarse la libertad a capricho, e incluso el espontáneo reconocimiento de esclavitud no
está reconocido por la ley como válido. Con idéntico espíritu, la ley prohibe y el Islam
castiga el suicidio.
Por otra parte, teniendo en cuenta la utilidad social, la ley islámica es esencialmente
progresiva. Por ser producto del idioma y de la lógica, constituye una ciencia. No es
inmutable ni depende únicamente de la tradición. Las sociedades son organismos
vivos y sufren incesantes mutaciones durante su existencia. Y las leyes se modifican y
se amplían según los tiempos y los cambios que se producen.
Siguiendo el precepto del Sagrado Corán y de la tradición profética, la ley islámica
ignora el jus utendi et abutendi (el derecho absoluto de propiedad: "de usar y abusar")
de la ley romana, considera una forma de prodigalidad cualquier gasto de riqueza que
F
no sea verdaderamente preciso y reputa el consumo inútil como un pecado. En su
SE
concepto, la prodigalidad y el derroche es una clase de enfermedad mental —como la
IC
ambición y la avaricia— que debe atajarse. El Islam insiste en la moderación para que
D
CI
se haga uso discreto de la riqueza en consonancia con la ley y con el fin para el cual
Dios ha dado los bienes al género humano.
EL
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La ley islámica es igual para todos y consiste esencialmente en la buena fe. Los
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musulmanes han de cumplir sus promesas con todos, sean musulmanes o no,
IT
creyentes o ateos, amigos o enemigos. «Se honrado con aquellos que tienen confianza
IG
en tu honradez»; «No traiciones a los que te han traicionado». Estas tradiciones y otras
D
muchas atribuidas al Santo Profeta, su Familia y descendencia purificada (BPD), se
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encuentran también entre las reglas de la ley musulmana. El Príncipe de los creyentes
TE
y cuarto califa del Islam, Alí Ibn Abi Talib (P), exhorta a practicar el siguiente
postulado: «Da a tu enemigo tu justicia y tu imparcialidad».
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Pluralismo e integración
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La cultura que fomentó tales instituciones, flexibles y eficaces, era merecedora de ella.
La sociedad islámica, en expansión sobre todas las encrucijadas del mundo, se
encontró en la posibilidad de recoger su inspiración de las civilizaciones que habían
florecido antes de su arribo. No fracasó en su obra. Por el contrario, se adueñó de las
enseñanzas del pasado y las perfeccionó generalmente. La gloria no le venía al Islam
tan sólo de su gran sencillez y tolerancia como religión en sí misma sino también de
su literatura, principalmente de su poesía. La creación poética logró en el tiempo del
Islam clásico su mayor florecimiento y variedad. La sutileza intraducible del verso
arábigo y la delicadeza ágil e ingeniosa de los poetas persas fomentaron la eclosión de
las letras en todos los lugares por donde pasó el Islam.
Los esplendores de sus artes plásticas fueron aun más accesibles para los profanos. En
la pintura y en la arquitectura islámicas se combinaron las tradiciones del Irán
18
preislámico contándose aun las de la época remota de la antigua Mesopotamia y las
del mundo grecolatino. Las preciosas miniaturas de Persia y de la India deben mucho
de su gracia a una ulterior influencia china, mientras la arquitectura mostraba, aquí y
allá, ejemplos de su herencia brahmánica o bizantina. Es en las obras arquitectónicas
en donde destella la originalidad del arte islámico, en su fuerza y precisión, así como
en su delicada armonía combinada con un orden firmemente establecido.
«Ante la Mezquita de Córdoba o la Alhambra de Granada, ante la filosofía de Averroes,
la presociología de Ibn Jaldún, el esplendor científico y tecnológico de AlAndalus (por
citar sólo ejemplos que pertenecen también al patrimonio hispánico con ellos
compartido), cualquier árabe actual puede reaccionar de igual manera y experimentar
pareja sensación de identificación. La memoria colectiva adquiere en este terreno
protagonismo propio, es el vestido que cubre a todos de igual forma, con idéntica gala»
(Pedro Martínez Montávez: El reto del islam. La larga crisis del mundo árabe
contemporáneo. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1997, págs. 124125).
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Las contribuciones a Occidente
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Los musulmanes demostraron ser eruditos ingeniosos y, particularmente,
historiadores infatigables. No obstante, hay que mencionar de modo principal el
EL
florecimiento de sus ciencias naturales. La ciencia islámica heredó un inmenso
D
Aristóteles; matemáticas, astronomía y medicina de Euclides y Ptolomeo, Hipócrates y
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Dioscórides, y muchos otros más.
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A este patrimonio, los sabios del Islam sumaron gran parte de la herencia intelectual
TE
de los indios, con inclusión del empleo del cero. Acumularon luego una riqueza
múltiple y nueva; observaciones astronómicas que les ayudaron a preparar el camino
IO
problemas filosóficos, descubrimientos botánicos, técnicas médicas.
La influencia del Islam en Occidente fue variada e inmensa. Del Islam la Europa
cristiana recibió alimentos, bebidas, fármacos, medicamentos, armas, heráldica, temas
y gustos artísticos, artículos y técnicas industriales y comerciales, costumbres y
códigos marítimos y a menudo palabras para estas cosas: naranja, limón, azúcar,
jarabe, sorbete, julepe, elixir, jarra, azul, arabesco, sofá, muselina, fustán, bazar,
caravana, carmesí, tarifa, aduana, almacén, almirante, almíbar y mil más.
Durante algunos siglos Europa sólo conoció el azúcar en estado de jarabe. Fueron los
musulmanes quienes inventaron la técnica para cristalizarlo.
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El juego del ajedrez llegó a Europa procedente de la India (donde ya se jugaba hacia
el siglo VI d.C) por la vía del Islam, tomando palabras persas en el camino; jaque mate
viene del persa shah mat, «el rey ha muerto».
Algunos de los instrumentos musicales llevan en su nombre la prueba de su origen
árabe: laúd, rabel, guitarra, tambor, adufe. La poesía y música de los trovadores pasó
de alAndalus al sur de Francia y de la Sicilia musulmana a Italia.
Las descripciones islámicas de viajes al cielo y al infierno contribuyeron a la formación
de la Divina Comedia (cfr. Giorgio Levi Della Vida: Nuova luce sulle fonti islamiche
de la"Divina Commmedia", alAndalus, 14 (1949); Maxime Rodinson: Dante et
l’Islam d’après des travaux récents, en Revue de l’histoire des Religions, octubre
diciembre 1951; E. Ceruli: Dante e l’Islam, Academia Nazionale dei Lincei, 12
(1957); Miguel Asín Palacios: La escatología musulmana en la Divina Comedia.
Historia y crítica de una polémica, Hiperión, Madrid, 1984).
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La bóveda con nervios es más antigua en el Islam que en Europa, aunque no podemos
IC
señalar la ruta por la que llegó al arte gótico. La aguja y el campanario cristianos le
D
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deben mucho al alminar o minarete, y la tracería de la ventana gótica fue inspirada
por los arcos apuntillados de la Giralda de Sevilla.
EL
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parámetros islámicos en sus múltiples construcciones, incluso en su obra maestra, la
A
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Catedral de San Pablo en Londres (cfr. Sir Thomas Arnold y Alfred Guillaume: El
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Legado del Islam, Ediciones Pegaso, Madrid, 1944, pág. 229).
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italianos a la España musulmana. Metalarios y vidrieros venecianos, encuadernadores
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italianos, armeros españoles, aprendieron sus técnicas de artesanos musulmanes; y
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casi en todas partes de Europa los tejedores esperaban obtener del Islam modelos y
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dibujos. Los venecianos descubrieron los secretos de la fabricación del vidrio en el
mundo musulmán y los llevaron a la práctica en sus talleres de la isla de Murano. Así,
Venecia mantuvo durante siglos un verdadero monopolio del vidrio de lujo.
Las influencias del Islam hacia Occidente son innumerables: un millar de traducciones
del árabe al latín; visitas de eruditos cristianos a alAndalus, como los ingleses Alfredo
de Sareshel, Adelardo de Bath (en 1130, luego de su regreso, tradujo en Inglaterra
obras musulmanas), Roberto de Chester (vivió en España entre 1135 y 1180); los
italianos Gerardo de Cremona (11141187), Platón Tiburtino de Tívoli (vivió en
España entre 11341145) o Eugenio de Palermo (11301202); y otros cuyo nombre
denuncia su procedencia, Miguel Escoto (11751236), Hermann von Kärnten, llamado
«de Carintia» y «el Dálmata», o el arzobispo flamenco Wilhelm von Moerbeke (1215
1286); y el envío de jóvenes cristianos por sus padres españoles o italianos a las
Cortes musulmanas para que recibieran educación caballeresca.
20
Cada avance de los cristianos en España dejaba entrar una ola de literatura, ciencia,
filosofía y arte islámicos en la Cristiandad. Así la captura de Toledo en 1085 hizo
adelantar inmensamente los conocimientos de los cristianos en astronomía y mantuvo
viva la doctrina de la esfericidad de la tierra (cfr. Olga Pérez Monzón y Enrique
RodríguezPicavea, Toledo y las tres culturas, Akal, Madrid, 1995; Louis Cardaillac:
Tolède XIIºXIIIº. Musulmans, chrétiens et juifs: le savoir et la tolérance,
Autrement, París, 1996.).
Con todo lo dicho queremos enfatizar principalmente a través de este trabajo, que el
criterio amplio y pluralista y la personalidad talentosa e idónea de los polígrafos de la
Edad de Oro del Islam puede ser un muy buen parámetro para aquellos musulmanes
que tropiezan con el reto que significa para ellos la modernidad occidental y para los
que en el Occidente tienen todavía que encontrar el fundamento de la armonía entre
los valores científicos y espirituales.
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¿Choque de civilizaciones o diálogo entre Oriente y Occidente?
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encastillado en muchas mentes. Los occidentales tienden con excesiva frecuencia a
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europeos constituye una amenaza constante para todos los seres humanos, pues desde
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Dice el sinólogo inglés Joseph Needham (Londres, 1900): «Muchas gentes de Europa
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occidental y América europea sufren lo que podríamos llamar orgullo espiritual. Están
BI
21
Islam» (Joseph Needham: Dentro de los cuatro mares. Diálogo entre oriente y
Occidente, Siglo XXI, Madrid, 1975).
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En las antípodas de este pensamiento, el flamante presidente de la República Islámica
IC
del Irán, Seied Muhammad Jatamí, dijo: «Las puertas deben estar abiertas al diálogo
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entre civilizaciones y culturas» ("Mensaje al pueblo norteamericano", entrevista de la
CNN, 7/1/98).
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La reflexión de Toynbee
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Los más eminentes pensadores de Occidente que han investigado el Islam y se han
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familiarizado con su civilización y cultura nunca han optado por la vía de la
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descalificación, sino todo lo contrario. Un historiador de la talla del británico Arnold
Toynbee (18891975) emite el siguiente juicio: «Ser prisionero de la época y del medio
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es parte de las limitaciones humanas. El ser humano tiene raíces como los árboles, y
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aunque éstas sean de tipo intelectual o emocional, lo traban. De cualquier modo, la
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naturaleza humana se rebela contra sus límites e intenta sobrepasarlos... El oficio del
historiador es el de moverse libremente en el tiempo y en el espacio. ¡Cómo nos aburrimos
con nuestra propia civilización!... Una mirada al compendio de Historia Moderna y
Medieval de Oxford bastaba para hastiarme. Pero la historia del Islam, la del Budismo,
me abría mundos fascinantes. La civilización occidental contemporánea me aburre, no
porque sea occidental sino porque es la mía y soy historiador... el Occidente
contemporáneo me hastía inevitablemente. Me aprisiona entre sus engranajes. Me impide
regresar al tiempo anterior a la máquina e instalarme en Rusia, en DarelIslam, en el
mundo hindú, en Asia Oriental. Mi ineluctable occidentalismo me impide aclimatarme
culturalmente en cualquier otra civilización contemporánea... De todos modos, tengo una
razón más trascendente que cualquiera de las mencionadas hasta aquí para detestar a
Occidente. Ha producido a Hitler, Mussolini y McCarthy. Estas monstruosidades
occidentales hacen que me sienta amenazado en tanto occidental... Además de los
crímenes del Occidente contemporáneo, hay otras manchas en la vida occidental que me
22
repugnan... Occidente no tiene piedad por los ancianos. Es, según creo, la primera
civilización en la cual los ancianos no han tenido automáticamente un lugar en la casa
de sus hijos adultos. Mirando esta insensibilidad occidental con ojos desoccidentalizados
la encuentro profundamente ofensiva. Repruebo también la publicidad occidental. Ha
convertido en un arte la explotación de la tontería humana. Gracias a ella estómagos
saciados embuchan bienes materiales que no necesitan mientras dos terceras partes de la
humanidad carecen de los elementos imprescindibles para vivir. Es un aspecto horrible de
la sociedad de la abundacia; y si se me dice que este es el precio de la abundancia
contesto que es un precio demasiado alto» (Arnold Toynbee: Me duele Occidente —
extraído de The Edge of Awareness—, Nuevo Planeta, Sudamericana, Buenos Aires,
Septiembre/Octubre, 1970, págs. 3337).
Como hemos visto, a lo largo de cada una de las entradas del presente trabajo, el
Islam, desde un primer momento, fue un agente universalizante, historizante y
mediador entre todas las civilizaciones, culturas, religiones y pueblos, sumando y no
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restando, integrando a todos sin segregar o discriminar a ninguno.
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Pero, «...un buen día Occidente se despegó del pelotón de sus homólogos para echarse a
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correr, agotándose y agotando a sus compañeros. Pero, en esta carrera tan poco
deportiva, la insólita regla del juego permite al que se escapa asfixiar a su adversario,
EL
que los rezagados sean aplastados. El retraso de los otros es el contrasentido de la loca
D
carrera de un Occidente que ha elegido el ritmo, el terreno, el objetivo... El sufrimiento
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interior de Occidente proviene de que su modernidad ha devorado a su cultura... En
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modernidad ha alienado al hombre. Japón, que durante mucho tiempo intentó preservar
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la parte más íntima de su ser, asiste hoy al espectáculo de su cultura saqueada. Hoy se
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habla más que nunca de confrontación de civilizaciones: en realidad las civilizaciones
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sólo se enfrentan cuando coexisten, en una sociedad dada, grupos raciales heterogéneos.
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En el plano de la violencia histórica, sólo se enfrentan los poderes y por el poder: la
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destructiva historia de una Europa unida por la civilización esta ahí para demostrarlo.
La dialéctica del poder seguirá existiendo, en cualquier parte, disfrazada o a cara
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descubierta. No obstante, en la esfera en que nos movemos, lo que se desprende no es la
confrontación de las civilizaciones entre sí sino la de cada una de ellas con la
modernidad. Y si hay una solidaridad en la que se pueda fundamentar una ambición
verdaderamente universal, esa es la de las culturas, comprendida la de Occidente, contra
aquello que las niega a todas: una modernidad no controlada. En este contexto, el islam
podrá renovar su mensaje sublime» (Hichem Djaït: Europa y el Islam, Libertarias/al
Quibla, Madrid, 1990, págs. 241 a 243).
La tarea pendiente
Una cantidad incalculable de verdaderos tesoros de la civilización islámica aguardan
ser descubiertos. Sólo en Estambul hay más de ochenta bibliotecasmezquitas que
contienen decenas de millares de manuscritos. En El Cairo, Damasco, Mosul y Bagdad,
23
así como en Irán, la India y Pakistán, se encuentran otras colecciones. Muy pocas han
llegado a catalogarse, pero muchas menos han sido estudiadas o publicadas. Incluso el
catálogo de manuscritos árabes de la Biblioteca de El Escorial, que contiene gran parte
de la ciencia islámica de Occidente, no se halla todavía completo, a pesar de los años
transcurridos y la gran cantidad y calidad de los islamólogos españoles.
Esta humilde relación de portentos de la civilización del Islam nos muestra de alguna
manera la gran tarea pendiente: intentar dar una noción general de la obra artística,
científica y filosófica del Islam tanto al neófito como al intelectual, que erradique
prejuicios y fantasías y nos acerque a todos a la verdad histórica y objetiva de una
cultura que es patrimonio de toda la humanidad.
Los que desconocían la temática se sorprenderán de la longitud de estos comentarios
sobre la Civilización del Islam, y el erudito o el académico se lamentará de su
brevedad y carencias. Sólo nos resta evocar las palabras del poeta arabopersa Abu
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Nuwás (762810):
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«Di a quien pretenda una ciencia enciclopédica: Sabes algo, pero muchas cosas se
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te escapan».
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Nos refugiamos en Dios Todopoderoso, Unico y Graciabilísimo, Fuente de toda
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Sabiduría, Verdad y Justicia. Alabado sea el Señor de los Universos. No hay poder ni
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fuerza excepto la de Dios, el Altísimo, el Majestuoso.
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EL RENACIMIENTO EMPIEZA EN CÓRDOBA
Por R. H. Shamsuddín Elía
«En ningún momento, ni Roma ni París, las dos ciudades más pobladas del
Occidente cristiano, se acercaron al esplendor de Córdoba, el mayor núcleo
urbano de la Europa árabeislámica» ("La vida cotidiana de los árabes en la
Europa medieval").
CharlesEmmanuel Dufourcq,
medievalista francés.
Dice el historiador musulmán argelino alMaqqarí (15911634) que la ciudad andalusí
de Córdoba, en el siglo X, era una ciudad civilizada no inferior a Bagdad y
Constantinopla. En esa época, en la urbe que se alzaba en la orilla sur del
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Guadalquivir, había una población de casi un millón de almas (hoy apenas alcanza las
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300 mil y no es ni la sombra de lo que fue) encerrados en un perímetro que medía
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doce kilómetros y en 21 arrabales; con 471 mezquitas, 600 baños públicos, 213.077
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casas de clase media y obrera, 60.300 residencias de oficiales y aristócratas, y 4.000
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tiendas y comercios en una superficie de 2.690 Ha. Un artístico puente cruzaba el río,
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que aún lleva su nombre árabe (uadi alkabir: "el río grande"), y en ambos lados se
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extendían los barrios de la dominante población musulmana: árabes y bereberes de
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judíos sefaradíes, cristianos arrianos y católicos (mozárabes), eslavos y bizantinos del
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este de Europa.
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nauseabundas.
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Durante su largo reinado, primero como emir y después como califa, Abderrahmán III
(891961) elevó a Córdoba a su cúspide. Fue gran administrador, incansable
constructor y mecenas del saber y de las artes. Su hijo alHakam II (m. 976) fue aún
más entusiasta en coleccionar manuscritos y atraer hombres sabios a su corte. Su
biblioteca tenía fama de contener 400.000 volúmenes. El islamólogo holandés Dozy
(18201883) dice: «Sólo el catálogo de su biblioteca se componía de 44 cuadernos, y no
contenía más que el título de los libros, y no su descripción...Y alHakam los había leído
todos, y lo que es más, había anotado la mayor parte... Hakam conocía mejor que nadie
la historia literaria, así que sus notas han hecho siempre autoridad entre los sabios
andaluces. Libros compuestos en Persia y en Siria le eran conocidos, muchas veces, antes
que nadie los hubiera leído en el Oriente». Y alHakam tenía a un preceptor y consejero
como alZubaidí (m. 989) que acuñaba pensamientos como éste: «Todas las tierras, en
su diversidad, son una. Y los hombres todos son vecinos y hermanos».
25
Tan grande era el poder y el prestigio de Córdoba, que los gobernantes de los reinos
cristianos del norte de España se presentarían humildemente ante la corte del califa
para solicitar ayuda en la solución de sus problemas políticos o personales. Sancho el
Craso, rey de León viajó hasta Qurtuba (nombre árabe de Córdoba) en busca de
ayuda para reconquistar su reino y curarse de su obesidad. Fruto de estas
interrelaciones de musulmanes y cristianos, los monjes benedictinos estudiaron en la
Córdoba califal, en ejemplo de la más eficaz y bella convivencia. Al gran erudito
cristiano del siglo X Gerbert d'Aurillac o d'Auvergne (9381003), que fue Papa en 999
bajo el nombre de Silvestre II, se le consideró que había estado en tratos con el
demonio durante su permanencia en Córdoba a causa de sus conocimientos
astronómicos.
El teólogo Ibn Hazm (9941064), autor de «El collar de la paloma» —ese encantador
manual de amor divino y profano, a la vez que documento social de la época—, nos
dejó un testimonio del elevado rango que tenían las mujeres musulmanas cordobesas:
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«Yo mismo he observado a las mujeres y he llegado a conocer sus secretos hasta un punto
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casi incomparable, porque fui criado y crecí entre ellas, sin conocer otra sociedad. Nunca
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alterné con hombres hasta que fui ya adolescente y me había empezado a despuntar la
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barba. Fueron las mujeres las que me enseñaron el Corán, me recitaron mucha poesía,
me enseñaron la caligrafía» (cfr. Roger Arnaldez: Grammaire et théologie chez Ibn
EL
Hazm de Cordue, J. Vrin, París, 1981).
D
L
A
El gobierno de Abu Amir alMansur (9381002) —regente del pusilánime Hisham II
IT
disolución del califato. Pero el eclipse de Córdoba no significó el fin de la civilización
D
islámica en España que se prolongaría durante otros 500 años.
CA
TE
Filosofía y humanismo
IO
merecen mención especial. Los tres eran admiradores de Aristóteles y trataron de
BI
reconciliar la sabiduría de los antiguos con las verdades del Islam. Al zaragozano Ibn
Baÿÿa o Avempace (¿1070?1138) se le recuerda principalmente por su obra «El
régimen del solitario», crítica del materialismo y la mundanalidad de la sociedad
musulmana de entonces. Sus ideas fueron ampliadas por el granadino Ibn Tufail
(11101185), autor de una notable novela alegórica que llegó a conocerse en el resto
de Europa a través de las traducciones al latín y a otros idiomas. Su héroe, Hayy Ibn
Yaqzán —antepasado del Robinson Crusoe, de Defoe; del Emilio, de Rousseau, y del
Mowgli, de Kipling— es un niño abandonado al que amamanta una gacela. El niño va
creciendo hasta alcanzar, mediante la observación y el razonamiento, no solo la
comprensión del mundo material, sino a través de la contemplación mística, la
comprensión del Unico Hacedor. Finalmente, encuentra a su «hombre Viernes» en
forma de ermitaño musulmán, y se da cuenta de que las verdades que él había
descubierto con la luz de la razón eran las mismas que las enseñadas por la religión
revelada (cfr. Ibn Tufail: El Filósofo Autodidacto, Trotta, Madrid, 1995).
26
El mismo tema, la Armonía de la Religión y la Filosofía, constituye el pensamiento
central del filósofo y médico cordobés Ibn Rushd, más conocido como Averroes (1126
1198). Este sostenía que la filosofía y la religión eran dos caminos igualmente válidos
y complementarios para conocerse a sí mismo y conocer a Dios, y se esforzó en
reconciliar ambas en sus escritos y comentarios. Como las obras de Averroes fueron
denunciadas como impías por ciertos jurisperitos envidiosos y desubicados, hallaron
escaso eco en el resto del mundo islámico. No obstante,. llegaron a ser ávidamente
estudiadas, discutidas y, finalmente, exaltadas en los foros universitarios e
intelectuales de la Europa medieval y renacentista, iluminando las obras de san
Alberto Magno, santo Tomás de Aquino, Roger Bacon y muchos otros, incluso los
racionalistas de los siglos XVII y XVIII como Spinoza, Descartes y Kant. El
pensamiento de estos sabios cristianos también recibió las influencias de otro
cordobés y colega de Averroes, el médicofilósofo judío en lengua árabe Maimónides
(11351204) que también trató de sintetizar fe y razón.
F
Gnosticismo e inspiración mística
SE
IC
AlÁndalus también fue la cuna de la mística islámica occidental, que en el siglo XVI
D
CI
inspiraría la obra de santa Teresa de Avila (15151582) y san Juan de la Cruz (1542
1591). El primer sufí hispanomusulmán del que tengamos noticia es el filósofo
EL
cordobés Ibn Masarra (883931) que vivió bajo la protección de Abderrahmán III. No
D
se han conservado sus escritos, pero, al parecer, estuvo influido por el filósofo greco
L
A
siciliano Empédocles de Agrigento (490430 a.C.). A finales del siglo XII, se hallaban
IT
sufíes en todas las regiones de la España musulmana. El murciano Ibn alArabi (1165
IG
1240), llamado Sheij alAkbar ("El Doctor máximo") e Ibn Aflatún ("El Hijo de Platón)
D
dejó descripciones de 55 de ellos. Ibn alArabi murió en Damasco después de toda una
CA
vida empleada en el estudio y las experiencias místicas. De los 400 o más libros que le
TE
atribuyen sus biógrafos, uno titulado en árabe Futuhat alMakkiyya ("Revelaciones de
La Meca") dejó una profunda huella en la cultura occidental. Proporcionó
IO
antecedentes a la ficción poética de Dante Alighieri (12651321) de un viaje por los
BL
reinos de ultratumba, con su topografía geométrica, sus vislumbres de la gloria de los
BI
elegidos y su beatifíca visión del esplendor divino.
Transvasamiento científico y cultural
Mientras tanto, Toledo, otra urbe donde congeniaban las tres culturas monoteístas, se
había convertido en un centro de erudición. Muchos de los manuscritos de la gran
biblioteca de alHakam fueron a parar allí y en ella residía un conjunto de eruditos
competentes para traducirlos que conformarían la llamada escuela de traductores de
Toledo bajo el ejemplar mecenazgo de Alfonso X el Sabio (12211284). La fama de
Toledo atrajo enseguida estudiosos de todas partes de Europa: hacia 1200 Daniel de
Morley llevó desde allí a Inglaterra «una preciosa multitud de libros» islámicos; otro
tanto hicieron el italiano Gerardo de Cremona (11141187) y el arzobispo flamenco
Guillermo de Moerbeke (12151286). Notable entre ellos fue Adelardo de Bath, cuya
búsqueda del saber le llevó tan lejos como el Norte de Africa y el Asia Menor, cuya
27
curiosidad intelectual abarcaba todo el campo de las ciencias, desde la astrología a la
trigonometría, desde la filosofía platónica a la cetrería (en 1130, luego de su regreso,
tradujo en Inglaterra numerosas obras musulmanas). Adelardo fue el traductor del
célebre tratado del matemático persa alJuarizmí (m. 863), titulado en latín Algoritmi
de numero indorum. En 1143, otro inglés, Roberto de de Chester o de Ketton, por
encargo del abad de Cluny Pedro el Venerable (10941156), colaboró con Hermann
de Carintia y doctos españoles y francos en la primera traducción del Corán a una
lengua europea, el latín (una reedición comentada por Lutero aparecería en Zurich en
1550). Hacia 1149, Roberto de Chester, al adaptar las tablas astronómicas de al
Battaní (858929) y de Azarquiel (10291087), llevó la trigonometría islámica a
Inglaterra e introdujo la palabra sinus (seno) en la nueva ciencia. El escocés Miguel
Escoto (11751236), que llegó a ser astrólogo en la islamizada corte de Federico II de
Sicilia (11941250), en 1217 tradujo en Toledo los comentarios de Averroes y la
Esférica de alBitruÿí (m. 1204).
F
A mediados del siglo XII, el prelado y erudito John de Salisbury (11151180) se
SE
lamentaba del desprecio predominante hacia las matemáticas, la geometría y la
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lógica, «excepto en la tierra de los moros de España». En ese siglo y en el siguiente la
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CI
corriente de filosofía y ciencia griega —la metafísica y las ciencias físiconaturales de
Aristóteles, los tratados médicos de Hipócrates y Galeno, las obras de Claudio
EL
Ptolomeo, Euclides, Dioscórides y otros muchos pensadores—, enriquecida con los
D
comentarios y contribuciones originales de los musulmanes, comenzó a vivificar la
L
A
vida intelectual de Occidente, que hasta entonces sólo había conocido retazos de ella
IT
o nada.
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La mal llamada «Reconquista» española fue algo muy largo y complejo. «¿Puede
CA
llamarse Reconquista —dice el filósofo y escritor José Ortega y Gasset (18831955)—,
TE
a una cosa que dura ocho siglos?». Fue una marea de conquistas castellanoaragonesas
con pleamares y bajamares que dejaban islas donde, por largos períodos,
IO
musulmanes, judíos y cristianos vivían en ejemplar tolerancia, llegando sus culturas a
BL
influirse mutuamente.
BI
Granada, último baluarte de la civilización andalusí, fue tomada en 1492, y allí, en la
plaza de Bib Rambla, el cardenal inquisidor Jiménez de Cisneros presidió la quema de
miles de manuscritos islámicos que se perdieron para siempre. Pero mucho antes que
el espíritu de convivencia e intercambio cultural se hubiera disipado con el humo del
holocausto granadino, los sabios hispanomusulmanes habían colmado su misión como
industriosos intermediarios de la cultura y transmitieron a la Europa medieval la
olvidada sabiduría del mundo antiguo, posibilitando el Renacimiento.
El universo multicultural de la españa árabe del siglo XII
28
«Si se quiere entender en profundidad el ser de Europa, no basta con volver la
mirada a Grecia y Roma para encontrar en ellas sus raíces. El mundo semita, en
su vertiente musulmana y judía, constituye una de las bases fundamentales de
nuestra historia y cultura. No en vano "Europa", en la mitología griega, era de
ascendencia fenicia.
Esas raíces semíticas de lo europeo se detectan especialmente en la Edad Media.
Durante ese período el desnivel cultural entre Europa y el mundo árabe fue
patente. Europa estaba sumida en los restos empobrecidos de una tardía
latinidad mientras el Islam y el Judaísmo recuperaban lo mejor del legado
griego, lo asimilaban y lo perfeccionaban. Tanto, que empieza un ingente flujo
de trasvase cultural hacia Europa, gracias al cual ésta rejuvenece, adopta nuevas
formas de hacer ciencia, filosofía y literatura, aprende estilos nuevos de
comportarse, de vivir la religión, de sumirse en los abismos misteriosos de la
mística, de practicar la ascética, de amar, de disfrutar de la belleza.
F
SE
Reconocer esta deuda, agradecer a la Historia este regalo, es ser europeos
IC
auténticamente». (...)
D
CI
Ante todo, Europa pudo leer por primera vez la ciencia y filosofía griega no sólo
EL
tal como en su día fue sino reinterpretada, elaborada y perfeccionada por
D
musulmanes y judíos. (...)
L
A
IT
semita, árabe y judía, cual es el de las relaciones entre fe y filosofía, o razón,
D
entre religión y fe, entre pensamiento humano y revelación. (...)
CA
Para Averroes y Maimónides, la filosofía y la religión no se pueden contradecir a
TE
pesar de que son autónomas, porque apuntan y llevan a la misma Verdad».
IO
BL
La España árabe del siglo XII es un universo demasiado vasto, rico y complejo como
BI
para describirlo en los pocos minutos que tenemos, pero aun así podemos hacer
ciertas evocaciones que son fundamentales. Además de los dos grandes polímatas
cordobeses que acabamos de citar y que son el tema central de esta reunión, no
podemos olvidarnos del primer gran filósofo de alÁndalus que fue Ibn Baÿÿa,
conocido por los escolásticos como Avempace (10701139). Este polígrafo zaragozano
que fue también músico, botánico, poeta y astrónomo es el autor de la obra El régimen
del solitario (Tadbir almutawahhid), que es una analogía de la Ciudad Ideal (al
Madinat alFadila) de alFarabi y la República de Platón.
El maestro y patrocinador de Averroes fue el médico y filósofo granadino Ibn Tufail
(11101185). Su célebre trabajo Risala Hayy Ibn Yaqzán fi asrar alhíkma al
mashriqiyya (Epístola o tratado de "El Vivo Hijo del Despierto" sobre los secretos de la
filosofía oriental), se lo suele titular, sin embargo, El filósofo autodidacto, siguiendo el
título que le dio su primer traductor al inglés, el arabista Edward Pococke (1604
29
1691). Esta magnífica fábula moral inspiró a Daniel Defoe (16601731) la historia de
Robinsoe Crusoe (1719).
El Siglo de Oro del Judaísmo
El llamado «Siglo de Oro» del Judaísmo tiene su apogeo precisamente en la España
árabe del siglo XII con el médicofilósofo y jurisprudente Maimónides (11351204).
Pero existieron igualmente en ese período una multitud de brillantes pensadores y
científicos hebreos como el apologista tudelano Yehuda haLeví (10751141) conocido
por su obra «El Cuzarí» —traducida del árabe al hebreo por el médico Yehuda Ibn
Tibbon (11201190) en 1166—, los poetas Moisés Ibn Ezrá (10601139) y Yehuda al
Harizí 11701230), el matemáticoastrónomo y gran viajero Abraham Ibn Ezrá (1089
1167), y el eminente filósofo e historiador Abraham Ibn Daud (11101180), llamado
Avendaut Hispanus o Juan de Sevilla, traductor de numerosas obras científicas y
filosóficas musulmanas del árabe al latín en Toledo.
F
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D
Toledo y las tres Culturas
CI
EL
En el siglo XII justamente, en esa ciudad a orillas del Tajo (bajo dominio cristiano
D
desde 1085), comenzó a funcionar la célebre escuela de traductores (fundada por el
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arzobispo don Raimundo de Toledo en 1130), que alcanzará su fama mayor con el
A
IT
mecenazgo de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y de León (12521284). Por primera
IG
conservado en Oriente y fueron rescatadas y llevadas por los árabes a España.
TE
Cabe mencionar que esta escuela de traducciones atrajo el peregrinaje de numerosos
IO
sabios y estudiosos del mundo cristiano altomedieval como el inglés Roberto de
BL
Chester, llamado «el Ketenense», que por encargo del abad de Cluny Pedro el
BI
Venerable (10941156) hizo la primera traducción del Corán al latín hacia 1143 con
la ayuda de un erudito musulmán. Un año después, Platón Tiburtino de Tívoli (vivió
en España entre 11341145), tradujo del hebreo al latín el famoso tratado Hibbur ha
Meshihah del matemático judío barcelonés Abraham Bar Hiyya (m. 1136).
El lombardo Gerardo de Cremona (11141187), miembro de la escuela de traductores
a partir de 1134, tradujo el "Libro sobre el cálculo, álgebra y reducción" (Kitab al
muhtasar fi hisab alÿabr ualmuqabala) del matemático persa alJuarizmi (m. 863).
Hacia 1150, el ya citado Abraham Ibn Daud y el clérigo Domingo Gundisalvo
tradujeron la obra principal del filósofo y poeta judío malagueño Salomón Ibn Gabirol
(10211153/70) escrita en árabe, Yanbu alhayat «La fuente de la vida» (en hebreo
Mekor jáim), traducida al latín con el título de Fons vitae, que influenció en los
cabalistas e inspiró al filósofo holandés descendiente de judíos andalusíes, Baruj
Spinoza (16321677).
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Una globalización bien entendida
«Ahora bien, volviendo a la diferencia entre Oriente y Occidente, hoy tan obvia y,
a veces, tan hostil y agresiva, hay que decir no existía en la Edad Media, al
menos hasta el siglo XIII. Una unidad mediterránea ponía en contacto directo a
Córdoba con El Cairo y Bagdad, a Venecia y Alejandría, a Europa entera con
Oriente por múltiples caminos que hacían de "mass media" en aquellos
momentos. El contacto con Oriente se daba, entre los musulmanes, por la
peregrinación ritual a la Meca, gracias a la cual el sur de Italia y alÁndalus
estaban en continuo contacto con los últimos movimientos científicos y
filosóficos del momento» (Joaquín Lomba Fuentes: O. cit., pág. 16).
F
Efectivamente, en el siglo XII aparece algo nuevo en las letras árabes, el género de la
SE
rihla. Dicho género tiene como característica el que casi todos sus autores sean
IC
occidentales, andalusíes o magrebíes, y peregrinos hacia los lugares santos del Islam
D
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(cfr. Francesco Gabrieli: Viaggi e Viaggiatori arabi, Sansoni, Florencia, 1975).
EL
El primer gran viajero andalusí fue Abu Hamid al Garnatí (10801169), autor de la
D
rihla llamada Tuhfat alahbab ua mujbat alaÿab ("El Regalo de los corazones y
L
A
elección de maravillas"), quien visitó el norte de Africa, Siria, Irak, Persia, Jorasán,
IT
Transoxiana y centro y sur de Rusia, Hungría y pereciendo en el transcurso de uno de
IG
sus viajes, en Damasco —cfr. Abu Hamid alGarnati: Tuhfat alAlbab (El Regalo de
D
los espíritus), AECI, Madrid, 1990; Abu Hamid alGarnati: AlMu'rib 'an ba'd aya'ib
CA
alMagrib (Elogio de algunas maravillas del Magreb), AECI, Madrid, 1991—.
TE
El segundo gran viajero hispanomusulmán fue Ibn Ÿubair alBalansí ("el Valenciano"),
IO
Egipto, en 1217. Su famosa Rihla se refiere a su primer viaje, el que realizó entre el
BI
15 de febrero de 1183 y el 25 de abril de 1185, cruzando el Mediterráneo y visitando
Egipto, La Meca, Siria, Irak, Palestina, Cerdeña, Sicilia y Creta.
La Rihla de Ibn Ÿubair, uno de los textos narrativos más fiables y documentados de
fines del siglo XII (cfr. Ibn Ÿubayr: A través del Oriente. El siglo XII ante los ojos,
traducción y notas de Felipe Maíllo Salgado, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1988),
es una de las fuentes más importantes con que cuenta el historiador para saber como
se encontraba el Mundo Islámico, la Sicilia normanda, la navegación en el
Mediterráneo y las relaciones entre musulmanes y cristianos en el siglo XII.
Entre los pilares de la educación que definió (aprender a vivir juntos, a conocer, a
hacer y a ser), la Comisión de la Unesco sobre la educación, presidida por Jacques
Delors, considera el primero como el más importante:
31
«Se trata de aprender a vivir juntos desarrollando el conocimiento de los otros,
de su historia, sus tradiciones y su espiritualidad... que permita refundar una
modernidad sobre la comunicación de individuos y colectividades que son a la
vez semejantes y diferentes» (L'Education. Un tresor est caché dedans, Unesco, París,
1996, pág. 18; Alain Touraine: ¿Podremos vivir juntos?La discusión pendiente; El
destino del hombre en la aldea global, FCE, Buenos Aires, 1997
F
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TE
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32
ALÁNDALUS I (7111010)
El califato de Córdoba
Con un apéndice de juan goytisolo titulado
«los mitos fundadores de la nación española»
Cuando se habla de España y el Islam, se suele hacer referencia a un concepto con
claro significado religioso y a otro con contenido muy directo, de carácter lingüístico.
Se habla así, de España musulmana o de España árabe. Sin embargo, en términos
populares, con significado antropológico físico en primer lugar, se habla de la España
mora. La palabra castellana moro viene, sin duda, del latín "maurus", y del griego
"mávros", que significa "oscuro", "negro". Escritores latinos como Juvenal (60140) y
Lucano (3965) mencionan a los mauros, también conocidos como númidas, que
constituían en tiempos de Iugurta (160104), un pueblo caracterizado por su energía
física y belicosidad. Recordemos a la famosa caballería númida empleada por los
cartagineses en las guerras púnicas. La designación étnica en suma, es muy antigua y
F
al principio no tuvo el carácter peyorativo, como lo adquirió después.
SE
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Parece que la palabra «morisco» se forma como «berberisco», y es un diminutivo
D
CI
cariñoso, que más tarde se empleó para identificar a los hispanomusulmanes que
permanecieron en la Península luego de la caída de Granada. Otros sinónimos son
EL
moruno, morería, almoraima, etc. La acepción de bereber, que es otra forma de llamar
D
a los moros, está relacionada con la denominación utilizada por griegos y romanos
L
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para designar a los pueblos extranjeros: bárbaros. En la antigüedad clásica el norte de
IT
Africa era conocido como Berbería o país de los bereberes. El país de los mauros o
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mauritanos se conocía como Mauritania, que luego fue provincia romana y hoy es una
D
república islámica.
CA
TE
Los musulmanes de los siglos VII, VIII y IX aplicaron el nombre de alÁndalus a todas
aquellas tierras que habían formado parte del reino visigodo: la Península Ibérica, la
IO
comprenderá la parte de aquellos territorios administrados por el Islam. Conforme
BI
avanzaba la conquista cristiana, su extensión se iba reduciendo progresivamente y a
partir del siglo XIII designó exclusivamente al reino nazarí de Granada. La prolongada
resistencia musulmana granadina contra las incursiones castellanoaragonesas
permitirá que se fije el nombre de alAndalus y se perpetúe en el actual de Andalucía.
El islamólogo holandés Reinhart Dozy (18201883), autor de la famosa obra Historia
de los musulmanes de España (4 vols., Turner, Madrid, 1994), impulsó la teoría que
fue apoyada por muchos historiadores modernos según la cual el nombre de al
Andalus está relacionado con los Vándalos, suponiendo sin ningún fundamento, que
la Bética pudo llamarse en alguna ocasión Vandalicia o Vandalucía. Nosotros
compartimos la opinión del eminente filólogo español don Joaquín Vallvé Bermejo,
vertida en su trabajo erudito La división territorial de la España musulmana (CSIC,
Madrid, 1986). Este dice que la expresión árabe Ÿazirat alAndalus (isla de al
Andalus)() es una traducción pura y simple de "isla del Atlántico" o "Atlántida"(). Los
33
textos musulmanes que dan las primeras noticias de la isla de alAndalus y del mar de
alAndalus, se clarifican extraordinariamente si sustituimos dichas expresiones por isla
de los Atlantes o Atlántida y por mar Atlántico. Lo mismo podemos decir del tema de
Hércules y las Amazonas, cuya isla, según los comentaristas musulmanes de estas
leyendas grecolatinas, estaba situada en el ÿauf alAndalus, lo cual cabe interpretar
como al norte o en el interior del Mar Atlántico.
Diversos malentendidos, provocados muchas veces por los historiadores españoles y
los hispanistas, conducen al neófito a llamar ‘españoles’ tanto a Viriato —en vez de
lusitano—, a Pelayo —en vez de godo—, a Averroes y Maimónides —en vez de
andalusíes. Al respecto, dice el investigador e historiador español Américo Castro:"La
palabra España era pronunciada en esa forma por el vulgo que hablaba latín en la
península hacia el año 300 d. de C.; español, por el contrario, es vocablo venido del sur
de Francia, del Languedoc, en el siglo XIII, comenzado a usar en Provenza desde el siglo
XII en la lengua escrita (...) Según queda dicho, en 1948 el profesor suizo Paul Aebischer
F
SE
(Estudios de toponomia y lexicofría románicas, CSIC, Barcelona, 1948) que español es
voz originaria de Provenza (...) La palabra "español" ofrece la particularidad de ser el
IC
único gentilicio de nuestra lengua terminado en ol. Ya en el siglo pasado, Friedrich
D
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Christian Díez (17941876), el fundador de la lingüística romance, señaló la existencia
de españón en el poema de Fernán González, y apuntó la hipótesis de que esta forma,
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paralela de borgonón, frisón, bretón, etc., hubiera pasado a español por disimulación de
D
aceptada por otros lingüístas, entre ellos mi venerado maestro don Ramón Menéndez
IT
Pidal (18691968), que en su Manual de Gramática Histórica Española (1904) propuso
IG
como étimo un hipotético hispanione latino vulgar. Otros romanistas se preguntaron por
D
qué había disimilado la n final de españón para dar español, mientras permanecía
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hijuelo (...) Todo ello enlaza con el desconcierto creado por confundir la España de 1500
BL
con la España de milenios atrás; los españoles de la misma época, con quienes nada
tenían de españoles quince siglos antes. Incluso aumenta ese caos semántico llamar
BI
34
La entrada de los musulmanes en la peninsula
F
con casi total certeza que muchos de los bereberes que llegaron a España con los
SE
árabes musulmanes eran aun cristianos y luego, más tarde, se islamizaron.
IC
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Antecedentes históricos
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Tras la muerte del Profeta Muhammad (BPD) en 632, sus fieles seguidores fueron
D
(Península Arábiga, Palestina, Siria, Irán, hasta la India), como hacia Occidente hasta
A
IT
el Océano Atlántico. Pero la fe del Islam no sólo se expandió por los fuertes ejércitos
IG
árabes que derrotaron sucesivamente a las huestes de los tiránicos imperios de
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Islam conquistó la mitad del globo en sólo diez años, mientras el Cristianismo
necesitó trescientos años» es rigurosamente cierto y tiene su explicación en que los
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distintos pueblos que recibieron a esos puros y esforzados musulmanes de mediados
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del siglo VII los reconocieron como a libertadores que venían a romper yugos
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milenarios. Si eso no hubiese sido así, ese avance fulminante que permitió alcanzar
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casi al mismo tiempo, en apenas ochenta años, a la India en el este y a España en el
oeste jamás se podría haber logrado sin esa incuestionable voluntad popular.
En el 670 (50 de la Hégira) se funda la ciudadcampamento de Qairauán (al sur de
Túnez) y Cartago es conquistada el año 689/69. Todo el área de la actual Tunicia era,
a grandes rasgos, la provincia musulmana de Ifriqiya, que según el historiador
musulmán Ibn Jaldún recibe este nombre de su primer conquistador, Ifricos o Efriqish
que vino con los himÿaríes o fenicios unos mil doscientos años antes de la era
occidental (cfr. Ibn Jaldún: Introducción a la historia universal. Al Muqaddimah,
FCE, México, 1977, pág. 104), que a su vez daría origen a la denominación del
continente negro: Africa.
Desde la Ifriqiya partieron sucesivas expediciones que anexionaron al califato omeya
el Norte de las actuales naciones de Argelia y Marruecos. Algunas expediciones
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musulmanas ya se aventuraron a explorar las costas de la Península Ibérica en los
años 705/8586 y 709/90.
El desembarco en Gibraltar
La historia de la España musulmana comienza en el año 711/92, a finales de abril en
que Tariq Ibn Ziad (m. 720), a la cabeza de un ejército de siete mil hombre en el que
domina la etnia bereber de la que él forma parte (los árabes eran menos de 300),
cruza el estrecho que llevará a partir de entonces su nombre para desembarcar en la
Península Ibérica. El contingente islamobereber hizo la travesía a bordo de la flota
del conde Don Julián, el antiguo gobernador bizantino de Ceuta (Septum) que se
había puesto al servicio del gobernador o walf musulmán de la provincia de Ifriqiya,
Musa Ibn Nusair (640714), con sede en Qairauán.
Ahora hay algo clave para contar. Por un lado, el conde Don Julián era un cristiano
F
unitario, es decir un monoteísta puro, que adhería a las enseñanzas de los cristianos
SE
primitivos y de los llamados Padres y Doctores de la Iglesia, como Orígenes (185
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254), Clemente de Alejandría (m. 215), Tertuliano (155220) y Justino Mártir (100
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165), y especialmente al obispo griego Arrio (256336), nacido en Libia, todos ellos
defensores de un acendrado monoteísmo que rechazaba la divinidad de Jesús. La
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doctrina de la Trinidad, recordemos, fue instaurada en la Iglesia Católica recién a
D
partir del Primer Concilio de Nicea, en 325, y produjo un gran cisma entre los
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cristianos de oriente, partidarios del monoteísmo, y los obispos occidentales liderados
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por Osio (257358) que a través del llamado "pacto constantiniano" monopolizaron
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desde entonces la orientación y el poder de la Iglesia. El historiador español Ignacio
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March, Barcelona, 1974), que a partir de entonces "...la doctrina trinitaria fue
TE
impuesta a hierro y fuego" por todo el norte de Africa y la Península Ibérica. Eso
también explica la relativa facilidad con que los musulmanes avanzaron por esas
IO
bereberes. Luego de consolidar su dominio en la Ifriqiyah (Tunicia) hacia el 670, en
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701 alcanzaron el extremo occidental del Magrib () y en 708 entraron en Tánger.
Respecto a Musa Ibn Nusair, el historiador musulmán almohade Ibn alKardabús, del
siglo XII, nos dice que pertenecía a la escuela de pensamiento shií. Su padre había
sido Nusair alBakrí, nacido en 640, a quien el fundador de la dinastía omeya,
Mu‘awiya ibn Abu Sufián había conferido el mando de su guardia, pero él se negó a
combatir contra el cuarto califa, Alí ibn Abi Talib (600661). Musa Ibn Nusair haría la
alianza con el arriano conde Don Julián, señor de Tánger y Ceuta. Así, en 710/91
envió a su lugarteniente Tarif con 500 hombres a ocupar el saliente sur de la
Península donde la ciudad de Tarifa lleva su nombre y a la cual impuso un pesado
tributo, o sea "la tarifa", para castigar los excesos de la gobernación visigoda contra los
cristianos arrianos de la región. Vale aquí puntualizar que la población mayoritaria de
la Península adhería a los principios unitarios y al arrianismo. Por el contrario, la
corte y el clero visigodo respondían a los dictados de Roma y al dogma trinitario. La
36
oligarquía visigoda con sede en Toledo explotaba y oprimía hasta los más crueles
extremos a sus súbditos arrianos. El profesor Olagüe en la obra ya citada, muy
recomendable por cierto, brinda pormenorizados detalles de este asunto.
Volviendo a nuestro tema anterior del cruce de Tariq, éste al frente de sus hombres
desembarcó en las cercanías del famoso peñón al que se dió su nombre: Ÿábal al
Tariq, "Monte de Tariq", es decir, Gibraltar. El 19 de julio de ese mismo año, por las
orillas del río Guadalete, logra una victoria decisiva sobre el rey visigodo Don
Rodrigo. Un mes más tarde, su lugarteniente Mughit arRumí cerca la ciudad de
Córdoba. Dice el erudito judeomarroquí y profesor emérito de la Universidad de París,
Haim Zafrani: "Durante el asedio, los judíos se encierran en sus hogares esperando
impacientemente el desenlace. Contrariamente a lo que sienten por los godos y su clero,
no temen en absoluto la llegada de los musulmanes en los que tienen puestas todas sus
esperanzas, pues no olvidan que los reyes visigodos los han oprimido despiadadamente.
Sirviéndose de estratagemas, los judíos —según narran los historiadores musulmanes y
F
cristianos— contribuyeron a facilitar la entrada del ejército islámico a la ciudad,
SE
celebrando su victoria. Mughit los tomó a su servicio, confiándoles la guardia de la
IC
ciudad. Lo mismo ocurrió en Toledo, y en Sevilla, donde Musa Ibn Nusair dejó una
D
CI
guarnición judía para mantener el orden" (H: Zafrani: Los Judíos del Occidente
Musulmán. ÁlAndalus y el Magreb, Editorial Mapfre, Madrid, 1994, pág. 21).
EL
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A partir de entonces, España entra en el seno de Dar alIslam, "la Casa del Islam", y los
L
A
cristianos arrianos y judíos se integran armoniosamente en el estado musulmán que se
IT
va forjando. Así, los judíos españoles, al convertirse en miembros de un dominio que
IG
se extiende desde el Atlántico hasta la China, se reencuentran con sus hermanos de
D
las demás comunidades judías de Oriente y de Africa del Norte, reanudando sus lazos
CA
musulmanes y judíos.
BL
Esta explicación de los orígenes de la España musulmana, tal vez un tanto extensa
BI
para el reducido tiempo que tenemos, la creemos necesaria para contrarrestar la
historia oficial que sin fuentes ni argumentos serios afirma que España fue
conquistada a sangre y fuego por los musulmanes. Como hemos visto, la población
nativa mayoritariamente arriana y la numerosa comunidad judía recibieron a los
musulmanes como libertadores y comulgaron con su fe, costumbres y tradiciones, que
eran prácticamente las mismas que ellos tenían. El pueblo íberoromano, no se puede
hablar de pueblo español en esa época, fue más bien cómplice que conquistado.
Además en menos de una generación los musulmanes bereberes y árabes se
integraron completamente a la población autóctona a través de múltiples matrimonios
mixtos, ya que la inmensa mayoría había llegado a España sin mujeres.
«A la luz de lo dado a conocer en los últimos veinte años, es insostenible la creencia de
ciertos arabistas españoles de haber sido los musulmanes ‘depredadores’ e ‘invasores’ de
una España previamente existente, y que retornó a su ser prístino luego de ser expulsados
37
tan indeseables ocupantes. Basta pasar la vista por la superficie geográfica de la
Península para persuadirse de la total falsedad de ese aserto, por tantos compartido. Los
‘depredadores’ y los ‘invasores’ no dejan tras sí montañas, ríos y ciudades cuyos nombres
revelan la presencia en un país suyo, de quienes imprimieron la huella de su acción
civilizadora en la lengua y en todo lo obrado por ellos. Guadalquivir es nombre árabe, y
Tajo está arabizado, porque de no haber habido árabes se llamaría Tago. Sin árabes no
habría ciudades que se llaman Alcalá, Medina, Almunia, Alcolea, Alcázar, Madrid,
Almansa (vea el lector el libro de Miguel Asín, Toponimia árabe de España, Madrid,
1944, y el de Jaime Oliver Asín, Historia del nombre ‘Madrid’, I. C. M. A, Madrid,
1991). Una casa española tiene aljibe, atarjea, zaguán, alcobas, alféizares, alacena,
baldosas, zaquizamí, azoteas, albañal. ¿No hacían todo eso albañiles y alarifes cuya
lengua fue inicialmente el árabe? En una vivienda castellana o andaluza (¡no andalusí!)
se ponían tabiques, había azulejos, argollas, arambeles (antiguamente ‘colgaduras’),
y otras cosas que servían para alhajar la casa. En las paredes se empotraban alacenas,
con anaqueles, en donde se ponían cosas que se colocaban en un azafate (todavía hoy
F
SE
en Colombia significa ‘bandeja’). El agua de beber se conservaba fresca en una alcarraza,
y se sacaba del pozo con un acetre. Se echaba dinero, para ahorrarlo, en una alcancía.
IC
D
La algorfa era el sobrado en donde se guardaba el grano. ¿Cuando habrá un alma,
CI
lingüísticamente caritativa, que agrupe en un léxico históricogeográfico todos los
EL
arabismos del castellano, del catalán y del gallegoportugués? (...) En suma, quienes
consideran a los musulmanes de alÁndalus como ‘depredadores’ e ‘invasores’ de la
D
auténtica España, proceden como quien pretendiera hacer visible el interior de una
L
A
cebolla despojándola de sus capas por pensar que bajo ellas se encuentra el auténtico
IT
bulbo» (Américo Castro, op. cit., págs. 4042).
IG
D
Como mejor prueba de lo que aseveramos, se puede decir que los musulmanes
CA
integrado por cristianos y judíos que llegó a durar casi ocho siglos, hasta 1492.
IO
sojuzgar a los béticos y celtíberos durante cuatro siglos, y los romanos durante casi
seis provocando espantosas matanzas como aquella de la heroica Numancia, la cual
BI
resistió durante 20 años su asedio y fue destruida por las legiones de Escipión
Emiliano (185129 a.C.). Los musulmanes no destruyeron nada de lo que había, sino
que reconstruyeron las antiguas obras dejadas por los romanos, como puentes y
acueductos, erigiendo una "cultura del agua", y construyeron monumentos
maravillosos que han sobrevivido hasta nuestros días.
Hoy se puede afirmar que el 80% de los quince millones de turistas que llegan
anualmente a España tienen como meta principal visitar la Giralda —la torre
campanario que fuera el minarete de la mezquita mayor de Sevilla—, la Mezquita de
Córdoba, el palaciofortaleza de la Alhambra de Granada y muchas otras maravillas
como la Alcazaba de Guadix, la Torre del Oro de Sevilla, los campanarios e iglesias
mudéjares de Teruel, los pueblos moriscos de las Alpujarras, los manuscritos árabes
del monasterio de El Escorial, etc.
38
Tolerancia y convivencia
F
Y es precisamente uno de estos pactos, el firmado entre el godo Teodomiro,
SE
gobernador de Orihuela, y Abd alAziz, el hijo de Musa Ibn Nusair, el 5 de abril del
IC
año 713, el que conforma el documento más antiguo de la historia andalusí (Ver
D
CI
Apéndice I). En virtud de este tratado Teodomiro quedó como gobernador inamovible
y Orihuela (la de Miguel Hernández) fue un estado autónomo durante muchos años.
EL
Asimismo, los señores de siete fortalezas de la región de Murcia, Alicante y Valencia
D
(situadas a lo largo de la antigua Vía Augusta) se someten al gobierno musulmán a
L
A
cambio de un estatuto jurídico en que se reconocen libertades, posesiones y religión
IT
para sus habitantes.
IG
D
Cuando los musulmanes llegaron a la Península, traían un concepto absolutamente
CA
revolucionario basado en el Corán y la Sunna o Tradición del Profeta Muhammad, por
TE
el cual se trataba a los seres humanos por igual, respetando sus derechos y
propiedades. El pacto entre Abd alAziz y Teodomiro prueba que hace 14 siglos el
IO
Islam no sólo respetaba los derechos humanos, que Occidente recién descubrió hace
BL
menos de 300 años, sino tenía códigos y regulaciones que las propias Naciones Unidas
BI
no son capaces de aplicar a las puertas del siglo XXI. Por eso, vale remarcar aquí que
ese concepto o idea sobre "el oscurantismo de la Edad Media" tan en boga en los
medios de comunicación y en la lectura de los escritores posmodernos, es algo que
compete a la historia de Occidente, pero no a la del Islam.
39
En 735 entraron en Arlés y en 737 llegaron a Aviñón, el valle del Ródano y Lyon. Y
aunque en 759 se vieron obligados a retirarse del mediodía francés, sus cuarenta años
de circulación por aquellas tierras contribuyeron, en el Languedoc, a la insólita
tolerancia de diversas creencias, la pintoresca alegría y el amor romántico y
caballeresco que desde entonces caracterizó a los lugareños.
El esplendor del califato de Córdoba
El califato de los Omeyas (661750), con sede en Damasco nunca dio a España el
valor que tenía. Entre 716756/97138 se desarrolla el llamado emirato de Córdoba,
dependiente de Damasco, período en que se suceden diversos gobernadores, o emires,
nombrados directamente por el califa Omeya de Damasco. Cuando en 750 éste fue
reemplazado por el califato de los Abbasíes (7501100), con capital en Bagdad, el
territorio era meramente conocido como "el distrito de alÁndalus", gobernado desde
Qairauán. Pero cuando los triunfantes abbasíes ordenan la muerte de todos los
F
príncipes omeyas, este hecho aparentemente anecdótico será decisivo para la más
SE
occidental de las provincias del imperio.
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Abderrahmán Ibn Mu'awiya (731788), nieto del califa Hishám Ibn Abdelmalik (691
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743), fue el único omeya que consiguió escapar. Perseguido de aldea en aldea, cruzó
EL
a nado el ancho Eufrates, pasó a Palestina, Egipto, Ifriqiya, Marruecos y alÁndalus.
D
Así, en 756 fue proclamado emir de Córdoba iniciando uno de los períodos más
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A
ilustres de la historia del Islam.
IT
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929/138316). El emir tomará decisiones propias, considerando a la familia Abbasí —
CA
que se había hecho con el califato y trasladado su capital a Bagdad — como sus
máximos enemigos.
TE
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Hacia 777 alÁndalus fue invadida por el ejército de Carlomagno (742814), pero los
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francos fueron frenados en las puertas de Zaragoza por los soldados de Abderrahmán
BI
y su retaguardia aniquilada por una alianza de vascos y musulmanes en Roncesvalles
(778), donde cayó el legendario paladín franco Roland o Roldán que dio lugar al
cantar de gesta homónimo.
40
Durante el gobierno de alHakam I, coetáneo de Carlomagno (742814), y sus
sucesores, se desarrollaron las revueltas de Toledo y Córdoba en 807 y 814, y los
enfrentamientos con los gobernadores militares de la frontera (Ibn Marwán "el
Gallego" en Extremadura, 868; familia de los Banu Qasi —Musa Ibn Musa— en el
valle del Ebro). Pero ninguna alcanzó tanta fuerza ni puso en peligro el emirato como
la revuelta del muladí Omar Ibn Hafzún, durante el mandato del emir Abdallah.
Entre 844 y 861 se produjeron varios ataques vikingos (llamados maÿús "magos" por
los musulmanes) contra las costas del sur de alÁndalus. Según el testimonio de
historiadores como Ibn Qutíyya, Ibn Hayyán y alMaqqarí, la marina andalusí causó
estragos entre los vikingos, marinos por demás experimentados, utilizando proyectiles
incendiarios (niÿam alnaft) y numerosísimos arqueros (arrumat). Los vikingos
lograron remontar el Guadalquivir hasta las cercanías de la antigua Hispalis romana
(la Sevilla actual), llamada Isbilía por los musulmanes (cfr. Jorge Lirola Delgado: El
poder naval de AlÁndalus en la época del Califato Omeya, Universidad de
F
Granada, Granada, 1993)
SE
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En 929 Abderrahmán III anNasir liDin Allah decide tomar el título califal, ante la
D
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lejanía e incomunicación con el califato Abbasí de Bagdad, y ante el inmediato peligro
que suponía el califa Fatimí en el Magreb. El califato omeya independiente de Bagdad
EL
se extenderá entre 929 y 1010/316400).
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enorme desarrollo de las ciencias y las artes que sería la base del llamado
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pusilánime manejado por su primer ministro Ibn Abi Amir alMansur (m. 1002),
CA
«Almanzor», quien gobernará de hecho alÁndalus, aunque sin tomar el título califal.
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hasta que al autonombrarse califa hace estallar la guerra civil en alÁndalus.
BL
BI
41
La Mezquita de Córdoba
En 785 el emir Abderrahmán I (731788) comenzó la construcción de lo que sería la
Mezquita mayor de la ciudad. Esta forma un rectángulo que mide 180 metros de norte
a sur y 130 metros de este a oeste. En la arquitectura de la mezquita se observan
cuatro estilos autónomos representativos de cuatro épocas distintas desde 785 a 987.
Originalmente el exterior mostraba un muro almenado de ladrillo y piedra y un sólido
alminar que superaba en tamaño y belleza a todos los alminares de la época.
Diecinueve portales, con arcos de herradura elegantemente esculpidos con pétrea
decoración floral y geométrica, conducían al Patio de las Abluciones (hoy Patio de los
Naranjos). En este rectángulo, pavimentado con baldosas de colores, había cuatro
fuentes, cada una tallada en un bloque de mármol tan grande que se habían
necesitado setenta bueyes para su transporte desde la cantera. La mezquita
F
propiamente dicha era un bosque de 1290 columnas, que dividían el interior en once
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naves principales y veintiuna secundarias. De los capiteles de las columnas partía una
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variedad de arcos: semicirculares, apuntados, de herradura, la mayoría con dovelas
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alternadamente rojas y blancas. Las columnas de jaspe, pórfido, alabastro y mármol
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daban por su número una impresión de espacio ilimitado. EL
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El techo de madera estaba tallado en cartelas que ostentaban inscripciones, muchas
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de ellas coránicas. Colgaban de él 200 candelabros que sostenían 7000 tazas de aceite
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comunitaria tenía el suelo cubierto con baldosas esmaltadas sobre las que se
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desplegaban esterillas de caña sobre las que se acomodaban los orantes.
TE
maderas preciosas: ébano, cidro, áloe, sándalo rojo y amarillo, unidos con clavos de
oro o plata y con incrustaciones de gemas.
En 1523 se decidió imponer en el corazón de la Mezquita de Córdoba, una catedral
católica. El propio emperador Carlos V (15001558), al ver la aberración que se había
causado a la arquitectura del edificio dijo al Obispo Fray Juan de Toledo y a los
Capituladores la célebre frase: «Si yo hubiera sabido lo que era esto, no hubiera
permitido que se llegase a lo antiguo: porque hacéis lo que hay en muchas otras partes, y
habéis deshecho lo que era único en el mundo».
42
En la época del califato de Córdoba, la afluencia a la gran mezquita el viernes al
mediodía (Salat alŸumu’a "Oración Comunitaria del Viernes"), era tan multitudinaria
que, en verano, para proteger del sol a los fieles que no cabían en su interior, se
desplegaba un magnífico toldo por encima del Patio de las Abluciones.
Véase Leopoldo Torres Balbás: La Mezquita de Córdoba y las ruinas de Medinat Al
Zahara, Col. Monumentos Cardinales de España, XIII, Madrid, 1952; Fernando
Chueca Goitía: La Mezquita de Córdoba, Albaicín, Granada, 1971; Marianne
Barrucand y Achim Bednorz: Arquitectura islámica en Andalucía, Taschen, Köln,
1992, págs. 60105; Henri Stierlin: Islam. Volume I. Early Architecture from
Baghdad to Cordoba. Umayyad Splendor in Cordoba, Taschen, Köln, 1996, págs.
85113).
El faro de Europa
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Los historiadores musulmanes nos pintan las ciudades andalusíes como colmenas de
SE
poetas, eruditos, juristas, médicos y científicos. AlMaqqarí llena sesenta páginas con
IC
sus nombres. Como cifras ilustrativas del apogeo de Córdoba durante la época
D
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islámica se afirma que ésta llegó a tener casi un millón de habitantes (hoy tiene
menos de 300 mil), con 3000 mezquitas, 800 de las cuales estaban en el arrabal de
EL
Saqunda. El número de sus baños públicos era de 600, el de sus fondas y hospederías
D
era de 1600 y había además 4.000 tiendas y comercios, 213.000 casas de clase media
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sumaban 25. El circuito amurallado de la ciudad tenía una superficie de 2.690 Ha.
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Córdoba poseía un notable y revolucionario sistema de albañales y aguas corrientes, a
D
lo que se sumaba una red de alumbrado público y un ingenioso método de irrigación
CA
Guadalquivir (del árabe: uadi alkabir, el río grande). Debe destacarse que en esa
época, a mediados del siglo X, París y Londres eran aldeas casi desconocidas, y la gran
IO
mayoría de las ciudades de la Europa no musulmana se hallaban en las más absolutas
BL
condiciones de insalubridad y primitivismo.
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AlÁndalus llegó a contar con setenta bibliotecas públicas, ya que casi todos allí sabían
leer y escribir, mientras que en la Europa cristiana, a menos que pertenecieran al
clero, no sabían.
La biblioteca del califa cordobés alHakam II llegó a contener 400 mil tomos, 44 de los
cuáles formaban el catálogo de los restantes. Y alHakam los había leído todos. Un
manuscrito andalusí en papel de algodón que hoy guarda la biblioteca del Escorial,
43
del año 1009, prueba que los musulmanes fueron los primeros en sustituir el
pergamino por el papel. Las bibliotecas de la Europa no musulmana tenían menos de
cien libros en esa época.
A pesar de esta bonanza, el califato cordobés se vio involucrado en una guerra civil
que determinó su caída hacia 1010. La España musulmana se desintegró en veintitrés
taifas o ciudades Estados, demasiado atareadas con sus intrigas y luchas mezquinas
para detener la gradual absorción de alÁndalus por castellanos y aragoneses.
Los sabios de córdoba
La civilización hispanomusulmana o andalusí tuvo conciencia plena de la evolución
F
temporal de ella misma, de la historia e incluso de su propio futuro y por ello
SE
desarrolló una literatura historicista de gran importancia que culmina con la figura de
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Ibn Jaldún, el primer filósofo y sociólogo de la historia.
D
CI
Los polígrafos y sabios de alÁndalus abarcaron todas las disciplinas científicas y las
EL
del pensamiento. Desde sus orígenes, la Gente de alAndalus estuvo al corriente de
D
todo lo que sucedía en el Islam oriental y se esforzó por obtener las obras de los
L
distintos eruditos y especialistas. Lamentablemente, estas curiosidades e inquietudes
A
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no tuvieron el mismo eco y la misma reciprocidad de parte de sus colegas orientales.
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La civilización andalusí fue poco menos que una ilustre desconocida en el Egipto de
D
fatimíes, ayubíes y mamelucos. Mucho más si nos movemos hacia el oeste: para los
CA
arabistas e islamólogos europeos, principalmente españoles, que el riquísimo legado
IO
de alÁndalus pudo ser conocido y apreciado en toda su dimensión.
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Hoy día, no es ninguna casualidad que todavía haya muchos musulmanes orientales
que ignoren la existencia de la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada y que
nunca hayan leído las obras de Ibn Hazm, Averroes o Ibn alArabí de Murcia. Del
mismo modo, los musulmanes magrebíes, en general, apenas conocen los portentos
islámicos de Estambul, Isfahán y Agra y prácticamente saben poco o nada de los
sabios musulmanes de Oriente posteriores al siglo XIII.
Esto tiene una primera lectura: alÁndalus por sus condiciones geográficas y políticas
nunca dejó de ser una «isla» (ÿazirah) lejana para el resto del Dar alIslam. También
podemos señalar que el Islam oriental padeció numerosas invasiones (turcas y
mongolas principalmente) y luchas intestinas.
Sin embargo, hay algo que no cierra en todo esto, pues la civilización andalusí duró
nada más y nada menos que ocho siglos (7111492) y a lo largo de su historia
44
encontramos siempre una constante: a pesar de todo tipo de conflictos (cruzadas,
largas distancias, etc.), los viajeros musulmanes se trasladaron del oeste al este (Ibn
Ÿubair, Ibn Battuta) y no en sentido contrario. Preferimos dejar este curioso fenómeno
para un estudio posterior en el que podamos analizar con suficiente amplitud las
razones sociológicas que produjeron semejante contraste. Ahora veremos brevemente
las reseñas de los principales eruditos cordobeses de este período.
Ziryab
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En 822 llega a la corte cordobesa, procedente de Bagdad, el músico y poeta persa Abu
SE
alHasan Ibn Ali Ibn Nafi (789857), más conocido por el sobrenombre de Ziryab: «el
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pájaro negro cantor», según algunos, por asemejarse al mirlo, y según otros por el
D
oscuro color de su tez. Sería Ziryab quien introduciría en las escuelas de música
CI
andalusíes el sistema árabepérsico, sistema que en la corte cordobesa era utilizado al
EL
mismo tiempo que el sistema griego y pitagórico. Ziryab había sido en la lejana
D
Bagdad el alumno aventajado de dos importantes músicos de la corte de Harún ar
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Rashid, como fueron Ibrahim Ibn Mahán de Kufa (m. 803), llamado alMausilí (por
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haber residido un tiempo en Mosul), y su hijo Ishaq. Ishaq alMausilí (m. 849) al ver
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las cualidades con las que estaba dotado Ziryab y que podían opacar las suyas, presa
D
de los celos, le obligó a abandonar la capital abbasí.
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Ziryab era un auténtico polígrafo: poeta, literato, astrónomo,geógrafo y un refinado
TE
esteta y un célebre gourmet, tanto que hay un antiguo plato cordobés de habas
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saladas y asadas, al que se llama «ziriabí» en honor a Ziriab, pero ante todo fue un
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gran músico. Se dice que se sabía de memoria las letras y melodías de diez mil
BI
canciones. Fue el fundador de una gran academia musical y dio a conocer en al
Ándalus el instrumento islámico por excelencia, el ud (laúd), para el cual inventó una
quinta cuerda. Según Ziryab: «Las cuatro cuerdas tradicionales encuentran su equilibrio
en el universo. Ellas representan los símbolos de los cuatro elementos: el aire, la tierra, el
agua y el fuego. Sin embargo, sus timbres particulares ofrecen analogías con los humores
y temperamentos que no existen en la naturaleza. He coloreado las cuerdas para indicar
su correspondencia con la naturaleza humana: la primera, roja, representa la sangre; la
segunda, blanca, representa la flema; la tercera, amarilla, es la bilis, la cuarta negra, la
atrabilis (supuesto causante de la melancolía según los antiguos). La quinta cuerda es
la que ocupa el lugar principal: es la del alma...» (H.G. Farmer: History of Arabian
Music, Londres, 1929, pág. 154).
45
Ziryab fabricó sus propios instrumentos, mejorándolos con innovaciones. La laminilla
de madera que se empleaba como plectro en el laúd la sustituyó por la pluma de
águila, con lo que produjo un sonido más agradable en el instrumento.
Dice Ibn Jaldún: «El conocimiento de la música legado por Ziriab como una herencia a
España, transmitióse allí de generación en generación, hasta la época de los régulos de
Taifas» (AlMuqaddimah, O. cit., pág. 756).
Los diversos ritmos y melodías surgidos de la escuela andalusí forjada por Ziryab,
como las zambras, pasarían a América con los moriscos y se transformarían en danzas
como la zamba, el gato, el escondido, el pericón, la milonga y la chacarera en la
Argentina y el Uruguay, la cueca y la tonada de Chile, las llaneras de Colombia y
Venezuela, el jarabe de México o la guajira y el danzón de Cuba (cfr. Tony Evora:
Orígenes de la música cubana, Alianza, Madrid, 1997, pág. 38). El mismo tango
tiene origen flamenco, voz que según el eminente andalucista Blas Infante (1885
F
1936) proviene del árabe fellahmenghu: «campesino errante». La mayoría de los
SE
flamencólogos, incluso un intérprete y compositor de la talla de Paco de Lucía
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(nacido Francisco Sánchez Gómez, en 1947, en el puerto de Algeciras), y un cantaor
D
CI
de los quilates de Camarón de la Isla (nacido José Monge Cruz, 19501992), afirman
el origen andalusímorisco de su especialidad (cfr. Félix Grande Lara: Memoria del
EL
flamenco, 2 vols., Espasa Calpe, Madrid, 1987).
D
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Ibn Firnás
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Hacia el 850, ya existía en la ciudad islámica de Córdoba en alÁndalus, un ambiente
D
científico y cultural tan intenso como para producir individualidades de la talla de
CA
Abbás Ibn Firnás. Este hombre, dotado de un espíritu que recuerda al de los genios del
TE
Renacimiento italiano, había construido en su casa lo que puede pasar por ser el
primer planetario de la historia del mundo. se trataba de una habitación dentro de la
IO
meteorológicos. Las escasas reseñas que quedan de este planetario señalan que Ibn
BI
Firnás lo había dotado de mecanismos tales que el visitante quedaba sobrecogido por
la aparición de nubes, relámpagos y truenos entre las cuatro paredes de la habitación,
efectos especiales que hoy hubieran despertado la envidia de los técnicos de
Hollywood y Disneylandia.
Ibn Firnás también construyó una clepsidra (reloj de agua) dotada de autómatas
móviles con la que se podía conocer la hora en los días y noches nublados, e introdujo
en alÁndalus la técnica del tallado del cristal.
46
Rusafa —el palacio jardín construido por Abderrahmán I—, desde casi cien metros de
altura, y consiguió planear durante un trecho hasta que tuvo un aterrizaje bastante
forzoso, aunque sin consecuencias graves. Ibn Firnás, fallecido hacia 887, fue sin duda
uno de los más remotos pioneros de la aviación de que se tenga noticias, con diseños
aeronáuticos elaborados seiscientos cincuenta años antes de que el artista e inventor
florentino Leonardo da Vinci (14521519) plasmara el primer intento de estudio
aerodinámico, el cual aparece en el Sul Volo degli Uccelli ("Sobre el vuelo de los
pájaros"), redactado hacia 1505 (JeanClaude Frère: Leonardo. Painter, inventor,
visionary, mathematician, philosopher, engineer, Terrail, París, 1995, págs. 148
49).
Y recién en 1678, 800 después, la experiencia de Ibn Firnás sería repetida, esta vez
por un cerrajero francés llamado Besnier que voló un corto trecho con unas alas que
funcionaban como las patas palmeadas de un pato, teniendo como nuestro cordobés
un aterrizaje forzoso con algunos golpes pero sin consecuencias.
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Ibn Masarra
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Muhammad Ibn Masarra (883931), nacido en Córdoba, es el primer filósofo y
gnóstico andalusí. Su familia descendía de muladíes (conversos al Islam). Su padre,
EL
Abdallah, cuyos ojos azules y pelo rubio hacían que frecuentemente fuera confundido
D
conocimientos se los transmitió a su joven hijo Muhammad quien asimiló rápidamente
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y en poco tiempo tuvo un grupo de discípulos.
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Luego que su padre, arruinado en sus negocios, se marchara a Oriente y falleciera en
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La Meca en 899, Ibn Masarra, que estudió la obra del filósofo grecosiciliano
Empédocles de Agrigento (490430 a.C.), formó en Córdoba las bases de una
IO
escuela filosófica que llevaría su nombre y que haría la primera síntesis de las más
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elevadas tradiciones espirituales de Asia y de Africa.
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El gran islamólogo español Miguel Asín Palacios, encuentra un paralelismo entre la
manera en que el Obispo Prisciliano de Avila (condenado por hereje y ejecutado por
orden del emperador romano Máximo, en 385) concibe el cristianismo y el modo en
que Ibn Masarra vivió y concibió el Islam (cfr. Miguel Asín Palacios: Abenmasarra y
su escuela, Orígenes de la filosofía hispanomusulmana, Madrid, 1914; Daniel
Terán Fierro: Prisciliano Mártir Apócrifo, Breogán, Madrid, 1985). «Dos grandes
"herejías" ponían en solfa las decisiones del concilio de Nicea en dos puntos
opuestos del mundo conocido: una, en oriente, con Arrio y, la otra, en Occidente,
con Prisciliano. Y, en el centro del debate, el problema de saber si el
reconocimiento de las tres "personas" de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo, no hacían que se tambaleara el monoteísmo» (Roger Garaudy: El Islam en
Occidente. Córdoba, capital del pensamiento unitario, Breogán, Madrid, 1987,
pág. 50).
47
Precisamente, Ibn Masarra es un defensor acérrimo del monoteísmo abrahámico y el
carácter del Uno divino. Se han recuperado sólo dos de sus numerosas obras: «El libro
de la explicación perspicaz» (Kitab alTabsira) y «El libro de las letras» (Kitab al
Huruf). Luego de recorrer el Norte de Africa con sus discípulos, Ibn Masarra se radicó
en Córdoba, donde pudo desarrollar sus tareas bajo la protección y el estímulo del
califa Abderrahmán III (912 a 961).
Ibn alQutíyya
Abu Bakr Muhammad Ibn Umar Ibn Abdul Aziz Ibn alQutíyya (muerto hacia 977) es
uno de los más importantes historiadores y filólogos de alÁndalus. Su apodo quiere
decir «el hijo de la goda» Nació en Córdoba y murió en Córdoba. Era descendiente de
Sara la Goda, sobrina del rey Witiza (m. 710), desposada con un musulmán. Su obra
Tarij iftitah alÁndalus ("Historia de alÁndalus") es fundamental para comprender la
entrada de los musulmanes en la Península. Este manuscrito se guarda en la
F
Biblioteca Nacional de París. Véase la traducción de Julio Ribera y Tarragó: Historia
SE
de la conquista de España de Abenalcotía el cordobés, Madrid, 1926.
IC
D
CI
Ibn Hayyán
EL
Uno de los más notables de los cronistas andalusíes, a través de quien podemos
D
aproximarnos al reflejo oficial de la historia de alÁndalus. Abu Marwán Hayyán Ibn
L
A
Jalaf Ibn Hayyán fue hijo de un alto funcionario del canciller del califa Hisham II,
IT
Muhammad Ibn Abu Amir alMafirí (9401002), más conocido como AlMansur ("el
IG
Compostela.
CA
Ibn Hayyán nació en la mejor Córdoba califal, en 987988, y murió en la taifa de
TE
compatriota Ibn Hazm, criticó amargamente la caída de esta dinastía, la ruptura del
BL
centralismo andalusí, la guerra civil en un país disminuído, pero supo adaptarse a los
BI
cambios, y el prestigio que logró, incluso entre sus contemporáneos, componiendo
una única obra, su «Historia» (dividida en dos partes: Kitab almuqtabis fitarij rishal
alÁndalus y Kitab almuqtabas fi ajbar balad alÁndalus), sobre toda la historia de al
Ándalus, hasta pocos años antes de su muerte, le permitió no sólo mantenerse en
Córdoba toda su vida, sino expresar cuanto quiso, reflejando su criterio, y dando una
dimensión activa a la escritura histórica.
La sociedad andalusi
Los diversos grupos sociales de alÁndalus se definen tanto por su origen étnico como
por su religión. Ambos elementos combinados configuran la variedad de la sociedad
andalusí. Sobre el papel de la mujer en alÁndalus, hay que destacar que tuvo más
libertad que las mujeres de su misma cultura en Oriente, debido principalmente a la
48
idiosincrasia de los bereberes (etnia predominante) y a los elementos que
conformaron su sociedad multicultural, multirreligiosa y polilingüista.
Los árabes
De religión musulmana, desde un primer momento los árabes forman una clase
dirigente minoritaria que disputará el poder a los mayoritarios grupos bereberes y
muladíes.
Los bereberes
F
Se dividen en tres grupos diferenciados según el momento de su entrada en la
SE
Península:
IC
D
1. Los que llegaron a lo largo de todo el período omeya. Se introdujeron en la
CI
Península en diferentes oleadas a partir de 711. Se islamizaron y arabizaron
EL
totalmente.
D
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2. Los contingentes que formaron parte del ejército a finales del califato (siglo X),
A
IT
reclutados masivamente por parte del poder cordobés. De estos dos primeros grupos
IG
salieron dirigentes de diferentes taifas (como los Ziríes de Granada entre 10131090)
D
durante el siglo XI.
CA
3. Entre los siglos XII y XIII el poder político pasa a manos de las dinastías bereberes
TE
de los almorávides y de los almohades, con capital en Marrakesh, lo que trae consigo
IO
un nuevo flujo de bereberes a alÁndalus.
BL
BI
Los mozárabes
Son muy numerosas en un principio, los cristianos llamados mozárabes por sus
compatriotas musulmanes —término que viene de musta‘rab, es decir el "arabizado o
seudoárabe" —, puesto que en todo asemejaban a aquéllos, ya que hablaban, se
vestían y vivían, en suma de la misma manera; tan sólo eran distintos por la
adscripción a otra religión.
El profundo respeto de la libertad religiosa contenido en la ley coránica permitió a los
mozárabes gozar de una autonomía interna considerable. Administrativamente
dependían de un "comes" de origen visigodo. La justicia se regía según leyes propias y
los impuestos eran recaudados por un mozárabe, el "exceptor". Este espíritu de
tolerancia hizo posible que mozárabes y judíos lograsen, sin demasiados obstáculos
cargos en la diplomacia, el ejército y el propio gobierno musulmán. En dos terrenos se
49
manifiesta claramente la singularidad del estilo mozárabe: arquitectura e iluminación
de manuscritos.
Las características de las iglesias mozárabes, en las que se combinan elementos de la
tradición visigótica con influjos musulmanes, son los arcos de herradura, los capiteles
de tipo corintio y elementos de decoraciones esculturada. La miniatura mozárabe,
proyectada por el arte islámico, está considerada como una de las escuelas más
originales de todas las que en esta especialidad produjo el arte medieval. Sobresalen
ejemplares como los ilustrados del "Comentario del Apocalipsis" de Beato de Liébana
(monje asturiano muerto en 798). Entre otros miniaturistas y calígrafos mozárabes,
destacan Magius y Florencio.
Podemos juzgar de la atracción ejercida por el Islam en los cristianos por una carta de
1311, que calcula la población musulmana de Granada en esa época en 200.000
habitantes, de los cuales todos menos 500 eran descendientes de cristianos
F
convertidos al Islam (citado por Sir T. W. Arnold, The Preaching of Islam, Nueva
SE
York, 1913, pág. 144).
IC
D
Los cristianos a menudo declaraban preferir el gobierno musulmán al cristiano (citado
CI
por S. LanePoole, Story of the Moors in Spain, Nueva York, 1889, pág. 47). Un
EL
autor cristiano de la época de Abderrahmán II, llamado Álvaro (siglo IX), en su
D
manuscrito homónimo, dice lo siguiente:
L
A
IT
«Mis correligionarios se complacen en leer las poesías y las novelas de los árabes:
IG
estudian los escritos de los filósofos y teólogos musulmanes, no para refutarlos, sino para
D
formarse una dicción arábiga correcta y elegante. ¡Ay!, todos los jóvenes cristianos que se
CA
distinguen por su talento, no conocen más que la lengua y literatura de los árabes,
TE
responderán con menosprecio que son indignos de atención. ¡Qué dolor! Los cristianos
BL
han olvidado hasta su lengua, y apenas entre mil de nosotros se encontraría uno que
BI
sepa escribir como corresponde una carta latina a un amigo; pero si se trata de escribir
árabe, encontrarás multitud de personas que se expresan en esta lengua con la mayor
elegancia, desde el punto de vista artístico, a los de los mismos árabes» (De El
manuscrito de Álvaro, en la España Sagrada, por Flórez, Risco, etc. 2da. edición, 47
vols., Madrid, 17541850, págs. 273275. Citado por R. Dozy, Historia de los
musulmanes de España. O. cit., Tomo II, págs. 92 y 93).
50
Los muladíes
A partir del siglo VIII, muchos hispanorromanos y visigodos se convierten al Islam, y
son denominados muladíes (del término muwallad "conversos"), si son descendientes
de matrimonios mixtos, y musálima, si se han convertido por propia convicción. Estos
últimos serán cada días más, quedando los auténticos mozárabes como una minoría.
Estos muladíes, musulmanes como los árabes y los bereberes, se abrieron camino en la
sociedad andalusí reivindicando su igualdad, en tanto musulmanes, con los árabes.
Las lenguas de alándalus
F
Islam ("Morada del Islam", el territorio islámico), que se impuso en la Península
SE
Ibérica donde la lengua de la administración visigótica y la cultura era el latín,
IC
mientras que sus pobladores hablaban un protorromance que los investigadores
D
europeos del siglo XIX denominaron mozárabe. El hecho de que los árabes, además de
CI
la lengua estandarizada de la religión y la cultura, trajesen sus propios dialectos
EL
árabes, motivó la creación de un dialecto árabe peninsular, llamado dialecto hispano
D
árabe o andalusí, analítico y con romancismos especialmente léxicos, aunque también
L
fonológicos y morfosintácticos, dado el sustrato románico de la Penísnula Ibérica.
A
IT
IG
marginales, pues en el siglo XII los cristianos de alÁndalus, es decir, los mozárabes,
utilizaban los evangelios en árabe o escribían sus documentos en esta lengua en
TE
Toledo, a pesar de ser un ambiente romanizado.
IO
BL
Otra lengua utilizada en alÁndalus es el hebreo, empleado por la comunidad judía
BI
andalusí como lengua litúrgica, y que a partir del siglo X da una abundante literatura
hebrea, aunque los judíos andalusíes hablaban el árabe y el protorromance. También
hay que mencionar los dialectos bereberes que pudieron conservar los musulmanes de
esta etnia entre ellos, aunque apenas han dejado huellas en el dialecto andalusí a
pesar de ser la lengua de las dinastías africanas de los siglos XIXIII, almorávides y
almohades, y no han dejado ninguna huella literaria.
51
como el artículo (Alpont). El caso de Aljubarrota (del ár. alÿubb=pozo), o Aljibe roto,
es muy descriptivo. Véase A. Steiger: Contribución a la fonética del hispanoárabe y
de los arabismos en el íberorománico y el siciliano, Madrid, 1932.
Apendice I
Texto del pacto de Teodomiro y Abd alAziz Ibn Musa Ibn Nusair, citado por el
historiador hispanomusulmán Ibn Idarí (que floreció hacia 1270), en su obra Kitab al
bayán almugrib fi ajbar muluk alÁndalus walMagrib, traducida por el profesor
Felipe Maíllo Salgado, bajo el título La caída del califato de Córdoba y los reyes de
taifas, Salamanca, 1993.
En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Edicto de ‘Abd al‘Aziz ibn Musa
ibn Nusair a Tudmir ibn Abdush (esto es, Teodomiro, hijo de los godos). Este último
obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su Profeta, de que su
F
situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni
SE
hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la
IC
práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los
D
CI
objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le
imponemos. Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Orihuela,
EL
Baltana, Alicante, Mula, Villena, Lorca y Ello. Además, no debe dar asilo a nadie que
D
huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros
L
A
o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar
IT
ninguna información sobre nuestros enemigos que puede llegar a su conocimiento. El y
IG
sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro
D
medidas de trigo, cebada, zumode uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva;
CA
para los sirvientes, sólo una medida. Dado en el mes de Raÿab, año 94 de la Hégira (713
TE
d.C.). Como testigos, ‘Uzmán ibn Abi ‘Abda, Habib ibn Abi ‘Ubaida, Idrís ibn Maisara y
IO
Abul Qasim alMazáli.
BL
Apendice II
Los mitos fundadores de la nacion española
BI
Por Juan Goytisolo
Sabemos desde el siglo XVIII, gracias a la Ilustración y al empeño posterior de los
historiadores críticos, que todas las historias nacionales y credos patrióticos se fundan
en mitos: el prurito de magnificar lo pasado, establecer continuidades «a prueba de
milenios», forjarse genealogías fantásticas que se remontan a Roma, a Grecia o a la
Biblia, obedece sin duda a una ley natural de orgullo y autoestima, pues los hallamos
en mayor o menor grado en el conjunto abigarrado de Estados y naciones que
integran el continente europeo.
52
No tengo nada contra los mitos y su fecunda prolongación artística y poética, a
condición, claro está, de no olvidar su carácter ficticio, elaboración gradual e índole
proteica, ya que estos mitos, manejados sin escrúpulo como un arma ofensiva para
proscribir la razón y falsificar la historia, pueden favorecer y cohesionar la afirmación
de «hechos diferenciales» insalvables, identidades «de calidad» agresivas y, a la postre,
glorificaciones irracionales de lo propio y denigraciones sistemáticas de lo ajeno.
«El impulso revolucionario de los mitos», escribió Juan Aparicio, el inamovible director
general de prensa durante los años más duros del franquismo, «dispara a las
multitudes hacia querencias de un potencial terrible». El mito, cual una idea platónica,
pertenece al dominio de Dios, quien lo ha cedido parar su uso y devoción por los
naturales de un país. El mito es, por lo tanto, de «esencia nacional». No andaba errado
el censor emérito: el recurso a los mitos fundacionales (Covadonga, Santiago, la
Reconquista) por la Falange e intelectuales adictos al Glorioso Movimiento sirvió de
base a la «Cruzada de salvación» de Franco y a los horrores de la guerra civil y de su
F
inmediata posguerra.
SE
IC
Aunque fláccidos e inservibles como globos pinchados en la España de hoy, estos
D
CI
mitos resurgen y lozanean, como gatos de siete vidas en diversos Estados y pueblos
europeos que creíamos vacunados para siempre tras la derrota del fascismo.
EL
D
Las referencias mesiánicas de Le Pen a Clovis, Poitiers y Carlos Martel —cuyo
L
A
potencial explosivo es amortiguado, por fortuna, por dos siglos de tradición laica y
IT
también croata, que condujeron en fecha reciente a la infame «purificacion étnica» y
D
multitudes rusas víctimas desnortadas del desplome súbito de la URSS a la busca de
TE
«esencias puras» y de su «alma vendida», esto es, con fórmulas acuñadas por la
Falange y el Fascio.
IO
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El cotejo de los textos escritos por los bardos e ideólogos de Mussolini y José Antonio
BI
53
1. La panoplia lepeniana cifrada en la tríada de Clovis, Carlos Martel y Juana de Arco
no es mero folclor ni decorado de carrozas verbeneras. En nombre de Occidente y sus
héroes sin mácula, grupos fascistas y xenófobos, en la nebulosa del Frente Nacional,
apalean y asesinan a inmigrados magrebíes cuyo único crimen estriba en su supuesta
descendencia de los sarracenos aplastados por el titánico martillo de Carlos. El
proyecto de una Francia pura, una Francia francesa, se edifica así —como el de la
Serbia pura, la Serbia serbia— sobre un frágil castillo de leyendas y patrañas. Aunque,
a diferencia de sus colegas españoles, los historiadores del país vecino no incurran en
el dislate de llamar franceses a los galos ni considerarse compatriotas de
Vercingétorix, y el milagroso bautizo de Clovis, reseñado el año 948 por Flodoard
(893966), no haya sido nunca tomado en serio por su fantástica convergencia de
portentosos lances, el mito de Poitiers resistió con mayor éxito al escrutinio del
investigador.
Si bien Benito Jerónimo Feijoo (16761764) prevenía a sus lectores contra la índole
F
novelesca de la proeza del héroe franco, salvador, según las crónicas antiguas y aun
SE
modernas, de la civilización cristiana, el mito aguantó un largo asedio de críticos y
IC
eruditos antes de derrumbarse. Desde Pablo Diácono, para quien 375.000 sarracenos
D
CI
perecieron en la batalla, hasta la rimada Crónica latina anónima del año 854, pasando
por los relatos de Teófilo y los monjes de Moissac, este acontecimiento trascendental
EL
se engalana de ostentosas inverosimilitudes y levita en un ámbito manifiestamente
D
novelesco.
L
A
IT
La presencia del ejército árabe en el lugar es a todas luces tan fantasiosa como la
IG
aspirante al Papado que movido por el despecho de su fracaso, habría ido a predicar
CA
su nueva y nefanda doctrina a los nómadas salvajes de Arabia. La crítica posterior de
TE
laboriosamente armado.
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¿Cómo podía haber llegado la veloz caballería árabe, como quien dice de un tirón, a
Poitiers el año 732, sin la intendencia y abasto indispensables a la travesía de mares,
desiertos y montañas, en medio de pueblos aguerridos y hostiles? ¿No se contradice
tan mirífica hazaña con la precisión del monje del Monte Cassino que, en la segunda
mitad del siglo VIII relata la llegada de presuntos sarracenos «con sus mujeres e hijos»
a Aquitania, para instalarse en ella? Los jinetes célebres como el rayo, ¿llevaban
consigo a su prole? Como veremos más adelante, las páginas en blanco de la historia,
en razón de la falta de documentos fidedignos sobre lo acaecido en el siglo VIII, per
miten a los fabricantes interesados de mitos ornar el pasado de su nación de la
religión verdadera con báculos, oropeles y mitras que —una vez cristalizada la leyenda
y ratificada por los historiadores «patriotas»— resultan difíciles de desacralizar.
No hubo batalla en Poitiers —a lo sumo escaramuzas en tierras vecinas— ni árabe
alguno intervino en ella. El Islam llegó a la provincia
54
Narbonense un siglo más tarde y no con su invicta caballería, sino por el «contagio»
de la predicación y afinidades a las doctrinas «heréticas» profesadas de antiguo por
quienes luego hablarían la langue d'oc.
2. Aterricemos ahora en predios más cercanos. La leyenda compostelana de Santiago
Apóstol y su prolongación en Nuevo Mundo —¿cuántas ciudades y lugares
denominados Santiago o simplemente Matamoros existen desde la frontera norte de
México hasta la cordillera andina?— constituye un magnífico ejemplo del «impulso
revolucionario» del mito.
El traslado del sepulcro del apóstol, custodiado por los ángeles, de Palestina a Galicia
el año 44 después de Cristo y su descubrimiento oportuno nueve siglos más tarde
desafía desde luego toda explicación racional y creíble.¿Qué motivo podía haber
inducido a los discípulos de Santiago a transportar su cuerpo al fin del mundo
entonces conocido, al mismísimo finis terrae? ¿Preveían ya la terrorifica invasión
F
sarracena y el lucido papel que el apóstol iba a desempeñar en la cruzada emprendida
SE
contra ella? Y, más asombroso aún, ¿cómo fue localizado el sepulcro romano e
IC
identificado el cadáver que, a partir de entonces, saldría milagrosamente de él para
D
CI
auxiliar a los cristianos con el célebre tajo de su espada invicta?
EL
Américo Castro (18851972), respondiendo a nuestros modernos historiadores
D
(18931984), analiza luminosamente la fuerza y supervivencia del mito:
IT
IG
mismo de la existencia colectiva, pues ya dijo Shakespeare que "estamos hechos de la
TE
materia misma de nuestros sueños". Cuando lo imaginado en uno de estos sueños es
aceptado como verdad por millones de gentes, entonces el sueño se hace vida, y la vida,
IO
sueño».
BL
BI
Lo curioso es el retraso con el que la leyenda apareció. La vieja fábula del siglo IV de
la estancia y predicación del apóstol en la Península sufre, en efecto, una modificación
en la que conviene detenerse un instante. Hasta mediados del siglo IX, una centuria
después de la fecha en la que, según la historiografía tradicional, habrían arrasado
«España» los feroces invasores árabes, los himnos litúrgicos y romances populares
impetraban la protección del apóstol contra «la peste y otros males»; sin mencionar
dicha catástrofe ni la suerte trágica de los cristianos. Sólo después del descubrimiento
55
del sepulcro —narrado a fines del siglo IX— los devotos imploran su ayuda contra los
sarracenos, cuya existencia por lo visto, ignoraban antes.
En la centuria siguiente, Santi Yagüe (Santiago) será entronizado antiMahoma y su
santuario compostelano se convertirá en la antiCaaba. Dicha mutación confiere a la
leyenda su carácter definitivo. Compostela pasa a ser el punto de convergencia de la
cristiandad militante en oposición a La Meca, y la popular romería del Camino de
Santiago, la réplica franca y galaicoleonesa al haÿÿ (la santa peregrinación
musulmana). La Providencia concederá en adelante la victoria al jinete en «níveo e
impetuoso» caballo no sólo sobre los moros de la Península, sino también, en un
extraordinario vuelo transoceánico, sobre los aztecas, inclinando el fiel de la balanza,
en plena batalla, en favor de Hernán Cortés y los suyos.
F
sepulcro de Galicia». El también jesuita Pedro Pimentel sostuvo incluso, por tal razón,
SE
que debía confiarse la protección de España en santa Teresa de Jesús (15151582),
IC
propuesta que suscitó la iracunda réplica de Quevedo.
D
CI
Hoy, el apóstol sigue siendo el santo patrón de España, aunque su actividad bélica se
EL
haya extinguido. Como catalizador de energías cumplió bravamente la función que le
D
fue asignada. Como dice Américo Castro, «Santiago fue un credo afirmativo, bajo cuya
L
A
protección se ganaban batallas que nada tenían de ilusorias. Su nombre se convirtió en
IT
grito nacional de guerra, opuesto al de los sarracenos».
IG
D
3. Los mitos fundadores de una nación tienen la piel dura: aun desahuciados por la
CA
crítica demoledora de sus falsificaciones sucesivas e interpolaciones flagrantes, siguen
TE
ofuscando algunos historiadores contemporáneos y se perpetúan en los manuales de
enseñanza por pereza y rutina, debido a la incomodidad y esfuerzo que ocasionaría un
IO
Albornoz, en sus elucubraciones líricas sobre «la embrionaria España, mecida en la
BI
cuna de Covadonga», daba su aval a las leyendas manipuladas por el franquismo y el
sector más reaccionario de la Iglesia, ¿ignoraba la coincidencia de sus tesis con las
sostenidas por la extrema derecha y el ultranacionalismo xenófobo? Cedamos la
palabra al conocido historiador en uno de sus trémulos arrebatos proféticos: «Temo
que otra gran tronada histórica pueda mañana poner en peligro la civilización
occidental, como lo estuvo por obra del Islam en los siglos VII y VIII...La cultura europea
fue salvada por Don Pelayo en Covadonga...¿Dónde se iniciará la nueva reconquista que
salve al cabo las esencias de la civilización nieta de aquella por la que, con el nombre de
Dios en los labios, peleó el vencedor del Islam en Europa?» (Orígenes de la nación
española, Oviedo 1975). A juzgar por sus escritos, el espectro de otra invasión
sarracena ahuyentaba el sueño y amargaba los días del distinguido arabista.
56
Guillermo García Pérez no se limita a señalar los desatinos y absurdos en los que
incurre la fábula, sino que se remonta al origen de ésta y la esclarece con brillantez.
Las Crónicas asturianas de Alfonso II el Casto y Alfonso III el Magno, muy posteriores
a los hechos descritos, refieren en un lenguaje a la vez tosco y florido la aniquilación
por Don Pelayo (722) de 127.000 invasores denominados primero «caldeos» y luego
«sarracenos». La Virgen de la Cueva completa a continuación el inmisericorde
exterminio al precipitar una avalancha de rocas o pedazo ingente de la montaña sobre
los 60.000 fugitivos del desastre. La victoria del héroe y la subsiguiente intervención
celeste son tanto más asombrosas cuanto, según otras crónicas, los invasores moros de
Tariq (711) sumaban tan sólo siete mil y los de su jefe y rival Musa dieciocho mil.
¿Cómo podían haberse multiplicado en siete años de guerra, pillaje y devastación los
culpables de la «destrucción de la España Sagrada» de 25.000 a 187.000, cifra a la
que habría que añadir, para no desmentir la veracidad de los monjes y eclesiásticos
francos, la de los 375.000 que perecerían 10 años después en Poitiers (732)?
F
Por mucho que parezca increíble, la proliferación astronómica de los supuestos árabes
SE
no fue objeto de desmitificación cabal gracias a Lucien BarreauDihigo, sino en 1921.
IC
Cierto que, como nos recuerda Guillermo García Pérez, el abate Juan Francisco
D
CI
Masdéu (17441817), sin poner en tela de juicio la realidad de la batalla, señaló la
interpolación en la Crónicas de «circunstancias muy dudosas o claramente falsas».
EL
Pero el miedo a la Inquisición primero y la alergia «a la novedad de discurrir» tan
D
credulidad colectiva, el mito de Covadonga y Don Pelayo hasta el incitante cotejo del
IT
mismo con el de Delfos (480 años antes de Cristo) por Guillermo García Pérez.
IG
D
La comparación de las dos leyendas disipa cualquier duda: la asturiana es una copia
CA
de la griega, incluidos los pormenores de la matanza (de persas en un caso y de
TE
Como dice acertadamente nuestro investigador, situando la aparición del mito en su
BL
1
El walí de Córdoba, Ambasa, envió durante la primavera boreal del año 722, una expedición de unos
centenares de soldados al mando de Alqama, Alqama y Oppas contra los rebeldes astures. Parece ser que se
produjo una escaramuza —no hubo tal batalla como exagera la Crónica de Alfonso III casi doscientos años
más tarde)— junto a la cueva de Covadonga, una zona montañosa y cerrada, entre la patrulla musulmana y un
reducido número (¿100? ¿300?), dirigidos por Pelayo (m. 737) de origen visigodo, al que se adjudica el haber
fundado el reino de Asturias (718-737). La acción no pasó a mayores y el contingente musulmán retornó
hacia el valle de la Liébana, por el puerto de Amuesa. La historiografía actual sostiene que las gentes del norte
no pelearon en Covadonga en defensa de la religión católica, sino para mantener su independencia. Sin
embargo, muchos historiadores ponen en duda la propia existencia del episodio.
57
En su iluminadora exposición de las vicisitudes del mito Guillermo García Pérez
apunta con razón al uso pro dome del mismo en fechas más reciente. Cuando la
imagen de la Virgen —trasladada por razones de seguridad en los años de la guerra
civil a la embajada de la república en París— fue devuelta a España, la estatua,
paseada con honores de Capitán General por Franco y la jerarquía eclesiástica hasta
su cueva milagrosa, había sido transmutada en símbolo de la «España eterna», salvada
de nuevo providencialmente por la supuesta Cruzada. Medio siglo después, Juan
Pablo II, en su peregrinaje al santuario en agosto de 1989, pronunció una homilía,
cuyo resumen por Guillermo García Perez reproducimos para ilustración del lector:
«Covadonga es la esencia de España (el lugar) en donde Don Pelayo derrotó al Islam, el
altar mayor y una de las primeras piedras de la Europa cristiana».
¡Saludemos la habilidosa elevación de la superchería áulica de Carlomagno al rango
de verdad pontificia y la transformación de la atávica diosa de Onga en esencia
nacional y espada flamígera de la Cristiandad!
F
SE
Juan Goytisolo es un escritor y periodista nacido en Barcelona en 1931. A partir de
IC
los sesenta se especializa en temas islámicos y se radica en la ciudad de Marrakesh,
D
CI
Marruecos.
EL
Muchas de sus obras reflejan esta inquietud: «Crónicas sarracinas», «Reivindicación
D
del conde Don Julián», «Makbara», «En los reinos de taifas», «Las virtudes del pájaro
L
A
solitario», «La cuarentena», «Estambul otomano», «Argelia en el vendaval», «El bosque
IT
de las letras», «El sitio de los sitios».
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D
Entre 1987 y 1990 dirige la serie Alquibla de veintiséis capítulos para la Televisión
CA
Española (TVE), filmada en diez países del mundo musulmán.
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Entre 1992 y 1994 viaja 4 veces a Bosnia y en 1996 visita Chechenia. Como resultado
IO
de estas travesías, publica dos libros testimoniales: «Cuaderno de Sarajevo» y «Paisaje
BL
de guerra con Chechenia al fondo».
BI
En mayo de 1997 presentó su libro De la Ceca a La Meca (que es un éxito editorial) y
fue galardonado con el Gran Premio Proartes de Narrativa Iberoamericana que se falló
en Bogotá.
El presente artículo fue leído como primicia absoluta por el autor con el título «Los
mitos fundacionales de la historia española», el miércoles 14 de agosto de 1996 en
Buenos Aires, durante su participación en el Coloquio El legado de alÁndalus. 800
años de Civilización y Pluralismo Religioso, en el auditorio de la Fundación "Los
Cedros".
58
AlÁndalus II:
Taifas, almorávides y almohades (10101232)
Córdoba había alcanzado su máximo esplendor con sus dos primeros califas,
Abderrahmán III y su hijo alHákam II. Pero a partir de Hisham II todo se tornará
confuso e inseguro. El ambicioso y siniestro personaje conocido como Almanzor,
aprovechándose de la minoría de edad del califa gobernante y su carácter disoluto,
fue acumulando diversas prerrogativas del poder correspondiente al soberano omeya.
Sin dejar de ser nunca oficialmente el haÿib o primer ministro, en realidad Almanzor
concentrará casi todo el poder decisorio que correspondía al califa.
Las aceifas de Almanzor
La actividad guerrera de Almanzor alcanza su punto culminante en 997, con la aceifa
(expedición veraniega de castigo contra los estados cristianos) a Santiago de
F
Compostela. Utilizando la guerra defensiva de las fronteras musulmanas como el
SE
instrumento más eficaz para encubrir su poder ilegítimo y para obtener cuantiosos
IC
botines, a partir de 976 ataca incansablemente los territorios cristianos del norte de la
D
CI
península. En once años, hasta 987, emprende 25 campañas , a un promedio de dos
por año, aunque en 981 la cifra se elevó a 5 aceifas. Entre las más importantes,
EL
destacan la de Cataluña (985), durante la cual saquea Barcelona y, sobre todo, la de
D
razón que la islamización del territorio cristiano no estaba en sus planes.
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D
El califato se desmorona y estalla la guerra civil
CA
Mientras Almanzor (m. 1002) y su hijo mayor Abd alMalik (m. 1008) estuvieron al
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Abderrahmán (m. 1009), conocido como «Sanchuelo» por los cristianos, aceleró con
BL
su falta de tacto, el derrumbe del califato.
BI
Aprovechándose de una ausencia de Abderrahmán, los sublevados deponen al califa,
que abdica en Muhammad Ibn Hisham (15/2/1009). La ciudad de Almanzor y sus
sucesores, Medinat alZahra (a unos ocho kilómetros al noroeste de Córdoba,
59
bellísimo complejo palaciego de verano construido por Abderrahmán III que podía
albergar a más de diez mil personas) es destruida (16/2) y poco después
Abderrahmán es asesinado por su guardia personal (3/3/1009).
En menos de dos años, los musulmanes han pasado de ser los árbitros en las disputas
entre los cristianos, a tener que solicitar su apoyo para dirimir sus luchas internas. Al
Ándalus se ha convertido —de califato poderoso y con una economía floreciente— en
campo de batalla de las diferentes etnias musulmanas, apoyadas astutamente por los
reinos cristianos en su propio beneficio. Ninguna de las facciones en pugna logrará un
F
predominio sobre otra. La guerra civil se extenderá hasta 1031.
SE
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Las Taifas (10311090)
D
CI
El fenómeno de las autonomías o reinos de taifas (muluk attawa'if, de ta'ifa, partido,
EL
bandería) del siglo XI, en alÁndalus, como las que volvieron a ocurrir amitad del
D
siglo XII y a principios del XIII, tuvo entre sus características el dinamismo de la
L
fragmentación, pues el alzamiento local no se cerró en un número fijo, sino que las
A
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existentes se fragmentaron a veces, generalmente por conflictos dinásticos internos,
IG
Tudela, Huesca y Lérida) o en la taifa de Badajoz (de la que se desprendió unos años
CA
Lisboa), o por alzamientos: Murcia se independizó relativamente de Sevilla; Sagunto,
TE
Jérica y otros enclaves de Valencia. Por otra parte, una taifas se integraron en otras,
generalmente por conqusitas (por ejemplo, Sevilla englobó una docena). Así pues, el
IO
número de las taifas osciló a lo largo del siglo, siendo las principales las 26 siguientes:
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1. Albarracín. La familia de origen bereber, pero ya andalusí, por su arraigo, desde el
siglo VIII en la zona de Teruel, de los Banu Razín, de la que un ilustre descendiente
Domingo Faustino Sarmiento (18111888) se convirtió en presidente de la República
Argentina (18681874) —véase D.F. Sarmiento: Recuerdos de Provincia, Cap. «Los
Albarracines»—, se independizó en su poco extensa taifa, hacia 1013, y logró
mantenerse hasta 1104, en que la conquistaron los Almorávides.
2. Algarve. Hoy Faro (capital de la provincia portuguesa de Algarve, del árabe al
Garb, "el Occidente"), donde se independizó Ibn harún, posiblemente un muladí, que
rigió su exigua taifa desde 1013 hasta morir en 1042. Su hijo la entregó a Sevilla, en
1051.
60
pero una rama familiar se independizó en Algeciras, hacia 10351039, y allí se
sucedieron dos régulos, hasta su conquista por Sevilla, en 1055.
4. Almería. En las luchas por el poder local, iniciadas allí en los comienzos mismos de
la guerra civil, acabó imponiéndose el eslavo Jairán. Con distintos altibajos duró hasta
1091, cuando los Almorávides ocuparon la gran alcazaba almeriense
5. Alpuente. Situada esta taifa en la franja central de la población bereber. Asentados
siglos atrás, como los Albarracín, allí se declararon independientes los bereberes Banu
Qasi, desde 1009 hasta 1106, cuando la conquistaron los Almorávides.
6. Arcos. Junto con Carmona, Morón y Ronda, fue una de las cuatro pequeñas taifas
de bereberes nuevos que acabaron cayendo en poder de Sevilla, hacia 10681069. Los
Jizrún, que se alzaron en la taifa de Arcos, eran bereberes Zanata, llegados a la
península en tiempos de Almanzor.
F
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7. Badajoz. Al ocurrir la guerra civil, este territorio estaba administrado por un
IC
eslavo, llamado Sabur; al morir, en 1022, su principal ayudante, un bereber de
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antigua familia ya andalusí, Abdallah de los Aftasíes, se impuso en la soberanía de la
CI
taifa, inaugurando su propia dinastía, en sucesión de cuatro de sus miembros, hasta
EL
que los Almorávides, en 1094, ocuparon en estas tierras, y exterminaron a los
D
Aftasíes, excepto uno, que resitió en Montánchez, hasta refugiarse junto a Alfonso VI
L
(10401109).
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8. Baleares. El liberto Muyahid, régulo ya de Denia, ocupó estas islas, a finales de
D
1014. Distinto régulos se sucedieron, hasta que Baleares se declaró independiente,
CA
1116.
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9. Carmona. Como indicamos, junto a la taifa de Arcos, y otras, esta taifa formaba el
BI
cinturón sevillano de pequeños enclaves ocupados por bereberes nuevos, en este caso
los Zanata Birzalíes, cuatro de los cuales se sucedieron desde 1013 hasta que el último
tuvo que entregar su taifa a Sevilla, en 106667.
10. Córdoba. A partir de 1031 la rigieron los Banu Yahwar, miembros de una
poderosa familia árabe asentada en alÁndalus desde el siglo VIII. En 1070 la
conquistó Sevilla. Entre 1075 y 1078, la codiciada Córdoba cayó en poder de Toledo,
pero la recuperarpn los sevillanos, hasta la reñida conquista almorávide de 1091.
11. Denia. Se alzó allí Muyahid, liberto de Almanzor y de sus hijos, y parece que
oriundo de Cerdeña, que atacó en 101516, como también antes había conquistado las
Baleares, en clara dimensión mediterránea, en cuyo comercio Denia destacaba. En
1076 esta taifa fue absorbida por Zaragoza, otra de las taifas expansivas.
61
12. Granada. Las gentes de Granada, hacia 1013, pidieron a los Ziríes que acudieran
y les defendieran. Cabila bereber, llegados a alÁndalus poco tiempo atrás, se
mantuvieron al frente de esta importante taifa hasta que los Almorávides en 1090, la
ocuparon y destronaron al emir Abdallah, célebre por escribir el gran testimonio de
sus Memorias, ya en su exilio magrebí: «El siglo XI en primera persona». Durante esta
administración norafricana, descolló el polígrafo judío Samuel Ibn Nagrila (993
1055), visir (ministro) de los soberanos bereberes ziríes de Granada Habús Ibn
Maksán (10251038) y Badís Ibn Habús (10381077).
13. Huelva.En Huelva tomó el poder Izz alDawla, de los Bakríes, árabes asentados
desde la conquista islámica, a principios del siglo VIII. Hacia 1052, esta taifa fue
conquistada por Sevilla.
14. Málaga. Lo mismo que Algeciras, este gran puerto de alÁndalus fue ocupado por
los Hammudíes, príncipes magrebíes que accedieron al califato cordobés, entre 1016 y
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1026, Granada conquistó esta taifa en 1056.
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15. Mértola. Similares características que Huelva: el poder local andalusí terminó por
D
CI
ser conquista de Sevilla, en 10445.
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16. Molina de Aragón. En serie con Albarracín y Alpuente, aunque sólo en la segunda
D
mitad del siglo se independizaría de las esferas de Toledo y Zaragoza. Su autonomía
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la señala el Poema del Cid, señalando allí al alcaide Ben Galbón.
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17. Morón. Fue ocupada por los Dammaríes, rama de los bereberes Zanata, oriundos
D
de Túnez y llegados a alÁndalus en tiempos recientes, para formar en los ejércitos de
CA
Almanzor. En 10651066 fue anexada por Sevilla.
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18. Murcia. Dominada por los saqábila e integrada en la taifa de Almería, entre 1013
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y 1038, fue conquistada por Sevilla en 1078 y por los Almorávides en 1091.
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19. Niebla. Otra pequeña taifa suroccidental, con Niebla y Gibraleón, y regida por la
familia local andalusí de los Yahsubíes. Conquistada por Sevilla en 10531054.
20. Ronda. Ocupada por los bereberes nuevo Yafraníes a partir de 1014. Los
sevillanos la conquistaron en 1065.
21. Sevilla. La gran taifa expansiva. Allí se estableció la ilustre familia de los
Abbadíes. Eran estos Abbadíes de origen árabe. Parece ser que el primer Abbadí era
un fugitivo shií de la revolución de Zaid Ibn Husain Ibn Alí contra el poder omeya
(cfr. Fouad ElKhouri: Las revoluciones shi'íes en el Islam (660750), Fundación
Argentino Arabe, Buenos Aires, 1983), que llegó a alÁndalus procedente del Yemen
hacia 740. Ante el avance cristiano y la toma de Toledo, Muhammad Ibn Abbad
(10391095) que se hizo llamar alMu'tamid billah ("el apuntalado por Dios"), rey
poeta de Sevilla, solicitó el socorro de los Almorávides hacia 1085. Según una fuente
62
musulmana de siglo XIV, alHulal, alMu'tamid, que tenía conciencia de sus
desviaciones y negligencias, habría dicho: «Prefiero cuidar camellos en Africa que
cerdos en Castilla». Fue deportado por los Almorávides al Atlas magrebí, a Agmat,
donde murió en 1095, cuatro años después que éstos conquistaran Sevilla y
desbarataran la amenaza cristiana.
22. Silves. Se alzó independiente un notable local de ascendencia árabe hasta que las
tropas de Sevilla la ocuparon hacia 1063.
23. Toledo. Los toledanos recurrieron a un linaje bereber, estabelcido desde el siglo
VIII, los Zennún. Fue la primera gran ciudad musulmana en caer en manos cristianas,
en mayo de 1085.
24. Tortosa. Desde 1009 a 1060 se sucedieron cuatro régulos saqáliba. En ese último
año, alMuqtadir, soberano de Zaragoza, ocupó Tortosa. Los Almorávides la tomaron
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en la primera decena del siglo XII.
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25. Valencia. Entre 1009 y 1022 los saqáliba dominaron el control de esta estratégica
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taifa. Luego unos descendientes de Almanzor la rigieron hasta 1065, año que la
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dominó Toledo. En 1086, tropas castellanas ayudaron a alQadir, exrey de Toledo, a
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entronizarse en Valencia, hasta su asesinato en 1092, tras el alzamiento de sus
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súbditos encabezados por el alfaquí Ibn Yahhaf, quien rigió la ciudad, equilibrando
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Campeador, por un lado, y de los Almorávides, por otro.Tras duros asedios, el Cid
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entró en Valencia, en junio de 1094. En 1102, la ocuparon los Almorávides.
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26. Zaragoza. En esta taifa se alzó la familia árabeandalusí de los Tuyibíes hasta
1039, cuando Suleimán Ibn Hud logró ocupar Zaragoza, entronizando su dinastía, los
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Hudíes, hasta que fueron desplazados por los Almorávides en 1110. Conquistada por
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los cristianos en 1118.
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Esplendor literario y progreso cientifico en alándalus durante el siglo xi
La pujanza económica de las «pequeñas Córdobas» o reinos de taifas que surgieron
por todo alÁndalus, a su vez, se tradujo en esplendor literario y progreso científico,
debido a que los nuevos gobernantes rivalizaban por tener la supremacía como
mecenas de las letras, artes y/o ciencias. Como consecuencia, este siglo XI, puede
calificarse como el siglo del crecimiento demográfico, la riqueza, la cultura, la ciencia,
la guerra y las divisiones.
Medicina
Abulcasis
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Uno de los médicos andalusíes más famosos es AbulQásim alZahrawí (9361013),
latinizado Abulcasis. Fue uno de los más grandes cirujanos del Islam y uno de los más
importantes de la Europa medieval. Abulcasis fue fìsico en la corte de alHakam. Su
celebridad radica en su Kitab altasrif fi liman aÿaz 'an alta'alif ("Libro de la ayuda
para quien carece de habilidad para usar voluminosos tratados"). En el libro se incluye
una detallada sección quirúrgica, la primera de su clase, que resume el conocimiento
quirúrgico de su tiempo. Este apartado fue traducido primero en latín por el
incansable Gerardo de Cremona, y luego se vertió al provenzal y al hebreo. A
mediados del siglo XIV un famoso cirujano francés lo incorporó a su libro. Tuvo
muchas ediciones, entre las que se cuentan una de Venecia (1497), otra de Basilea
(1541), y la tercera de Oxford (1778). Durante siglos el libro de Abulcasis ha sido
texto obligado en las escuelas de medicina de Salerno, Lovaina y Montpellier.
Abulcasis trató por primera vez o puso énfasis especial en la cauterización de las
heridas y describió la formación de cálculos en la vejiga. También publicó la
F
necesidad de la disección y la vivisección. Aspecto destacable del libro del facultativo
SE
andalusí eran las ilustraciones de los instrumentos usados por el autor, que sirvieron
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de modelo en Asia y Europa.
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Avenzoar
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Ibn Zuhr, latinizado Avenzoar (10951161), andalusí que residió un tiempo en El
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Cairo, escribió el Kitab altaysir fi admadawat waaltadbir ("Libro que facilita el
estudio de la terapéutica y la dieta"), un manual que un siglo más tarde fue traducido
TE
al latín consiguiendo una gran difusión, por consejos de su amigo y colega Averroes.
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En esta obra se describe por primera vez el absceso de periocardio, se recomienda la
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traqueotomía y la alimentación artificial del esófago. Avenzoar es uno de los primeros
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médicos en dar la noticia sobre el ácaro que produce la sarna. Eran los tiempos en que
en alÁndalus se había creado un Ministerio de Investigaciones y Sanidad y a los
perturbados mentales se los curaba utilizando terapias musicales en hospicios
especiales dotados de jardines y fuentes de agua, un nivel aun no alcanzado por la
psicoterapia occidental.
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AlGafiqí
En la primera mitad del siglo XII vivió el oculista Muhammad Ibn Qassum Ibn Aslam
alGafiqí, que nació cerca de Córdoba y practicó en dicha ciudad. Este fue el autor del
Kitab almurshid filkuhl ("Guía del oculista") del que se conserva un manuscrito
único en la biblioteca de El Escorial. El tratado está compuesto por seis libros,
ocupándose de medicina ocular e higiene de los ojos en los dos últimos, y puede
considerarse como un fiel ejemplo de los conocimientos oftalmológicos que llegó a
dominar la medicina islámica de la época. El instrumento óptico de dos cristales
montados en armadura que se sujeta a las orejas llamado gafas, debe su nombre al
inventor, el oculista andalusí alGafiqí.
Literatura y teologia
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Ibn Hazm
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Los distintos analistas e investigadores no dejan de señalar que el más grande literato
D
musulmán de todos los tiempos fue el polígrafo andalusí Abu Muhammad Alí Ibn
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Ahmad Ibn Sa’id Ibn Hazm, nacido en el seno de una familia de muladíes
EL
(hispanogodos conversos) de Córdoba en 994. Su vida conoció tres distintos períodos:
D
el primero, desde su nacimiento al golpe de estado cordobés, en 1009, creció a la
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sombra de la corte, donde su padre Ahmad era visir de Almanzor; el segundo, sufrió y
A
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se implicó en los quebrantos de la guerra civil, entre 1009 y 1031, procurando con sus
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acciones (peleó contra los ziríes y fue hecho prisionero en 1018 en la batalla de
D
esquema del orden, del único admisible, y que vio abolir, sin poder hacer nada, entre
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1031 y su muerte, en Montija, Huelva, en 1064.
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Ibn Hazm nos dejó un testimonio del elevado rango que tenían las mujeres
musulmanas cordobesas: «Yo mismo he observado a las mujeres y he llegado a conocer
sus secretos hasta un punto casi incomparable, porque fui criado y crecí entre ellas, sin
conocer otra sociedad. Nunca alterné con hombres hasta que fui ya adolescente y me
había empezado a despuntar la barba. Fueron las mujeres las que me enseñaron el
Corán, me recitaron mucha poesía, me enseñaron la caligrafía».
Convertido en un inquebrantable defensor de los principios del Islam, recorría los
reinos de taifas, entreverándose en coléricas disputas, como las que consta mantuvo
en Córdoba, Talavera, Almería y, sobre todo, en la isla de Mallorca.
También arremetió contra el abbadí Abbad Ibn Muhammad alMu'tadid billah, régulo
de la taifa de Sevilla entre 10421069. Este hipócrita y cruel reyezuelo se enojó
muchísimo con las críticas con que lo apostrofó el polígrafo cordobés y ordenó hacer
65
una hoguera con los libros de Abu Muhammad Alí. Fue entonces cuando Ibn Hazm
compuso aquellos famosos versos, citados por el escritor oriundo del arrabal cordobés
de Saqunda y radicado en Sevilla, alSaqundí (m. 1231), en su Risala fi fadl al
Ándalus, traducido por Emilio García Gómez con el título «Elogio del Islam español»:
«Dejaos de quemar pergaminos y vitelas,
y hablad de cosas de ciencia para que vea
la gente quién es el que sabe...
Aunque queméis el papel, no quemaréis
lo que el papel encierra; antes bien,
quedará guardado en mi pecho».
Siempre demostró su orgullo de ser andalusí: «¡Vete en mala hora, oh perla de la
China! Me basta a mí con mi rubí de alÁndalus». Y escribió incluso estas palabras
sorprendentes: «Mi Oriente es Occidente».
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Ibn Hazm realizó interesantísimos estudios sobre las religiones, sectas y escuelas y
tuvo frecuentes debates con sabios judíos y cristianos sobre la Biblia y el monoteísmo
IC
(cfr. Camilla Adang: Muslim Writers on Judaism and the Hebrew Bible. From Ibn
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CI
Rabban to Ibn Hazm, Leiden, 1996). EL
Se le atribuyen 400 composiciones, unas 80.000 páginas, no todas conservadas, y
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sobre muy variados temas: jurídicos (Kitab alihkam fi usul alahkam"Libro de los
L
A
principios de los fundamentos jurídicos"), teológicos (Kitab alfisal ualnihal "Libro de
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las soluciones divinas"), filosóficos (Kitab alajlaq ualsir "Libro de los caracteres de la
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conducta"), científicos (Kitab fi maratib alulum "Libro sobre la clasificación de las
D
excelencia de alÁndalus"), sin olvidar su obra maestra, un tratado sobre el amor,
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Tauq alhamama «El collar de la paloma. Tratado sobre el Amor y los Amantes»,
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magnífica consta de un prólogo, treinta capítulos y un epílogo donde se detallan y
analizan todas las manifestaciones del amor: desde el profesado al Creador hasta el
que se experimenta por los placeres inmundos. En el Capítulo VI (pág. 106) declara
Ibn Hazm que el amor es uno, y la verdadera religión es una, y por lo tanto no es
posible amar a dos personas diferentes:
«Miente de juro quien pretende amar a dos,
como mintió Manes en sus principios.
No hay sitio en el corazón para dos amados,
ni lo que sigue a lo primero es siempre lo segundo.
Igual que la razón es una, y no conoce
otro Creador que el Unico, el Clemente,
uno es también el corazón y no ama
más que a uno, esté lejos o esté cerca.
66
Quien no es así, es suspecto en ley de amor
y está distante de la verdadera fe.
La religión no es más que una, la recta,
y el que tiene dos religiones es infiel».
Véase Roger Arnaldez: Grammaire et théologie chez Ibn Hazm de Cordue, J. Vrin,
París, 1981; Ramón Mujica Pinilla: El collar de la paloma del alma. Amor sagrado y
amor profano en la enseñanza de Ibn Hazm y de Ibn Arabi, Hiperión, Madrid,
1990.
Astronomia
Azarquiel
F
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El más famoso de todos los astronomos andalusíes que, a la vez, merece ser
IC
considerado como una de las primeras figuras medievales en la materia, es Abu
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Ibrahim Ibn Yahia alNaqqás ("el grabador"), llamado entre sus contemporáneos al
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Zarqalí, por lo que fue conocido en el mundo latino y la posteridad como Azarquiel.
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Nacido en Córdoba hacia 1029, muere en Toledo en el 1087, tan sólo dos años
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observaciones astronómicas, que compila en su tratado titulado «Tablas Toledanas».
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esta obra servirá de base, años más tarde, para la confección de las llamadas Tablas
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Alfonsíes, realizadas por Alfonso X el Sabio (12211284) y sus colaboradores. Las
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tablas Toledanas fueron abundantemente traducidas a otros idiomas, desde el original
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árabe al latín, al romance y al hebreo, entre otros, lo que propició la gran difusión de
TE
su trabajo.
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astrolabio tradicional e introdujo tal precisión en el cálculo de la latitud que en lo
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sucesivo permitió a los nautas orientarse en los dos hemisferios (cfr. Roser Puig
Aguilar: Los tratados de construcción y uso de la azafea de Azarquiel, AECI,
Madrid, 1987).
Hacia 1149, Roberto de Chester, al adaptar las tablas astronómicas de alBattaní y de
Azarquiel, llevó la trigonometría islámica a Inglaterra e introdujo la palabra sinus
(seno) en la nueva ciencia. Azarquiel fue también un importante innovador de
astrolabios (cfr. José María Millás Vallicrosa: Estudios sobre Azarchiel, Madrid
Granada, 194350).
67
como "La Giralda", hacia 1190 era observatorio a la vez que alminar; allí Ÿabir Ibn
Aflah hacía observaciones para su Islar alMaÿisti o "Corrección del Almagesto".
Alpetragio
Abu Ishaq Nuruddín alBitruÿí alIsbilí (m. 1204), conocido por los latinos como
Alpetragio, natural de Pedroche (cerca de Córdoba), vivía en Sevilla en la segunda
mitad del siglo XII. Fue discípulo de Ibn Tufail y amigo de Averroes, y autor de un
tratado cosmogónico llamado Kitab filhai’a, que escribió probablemente, entre 1185
y 1192, y que fue traducido por Miguel Escoto (cfr. B.R. Goldstein: AlBitruji: On the
Principles of Astronomy, 2 vols., Londres, 1971).
Historia
Ibn alKardabús
F
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Aunque muy poco es lo que sabemos sobre el alfaquí e historiador andalusí Abu
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Marwán Abd alMalik alTawzari Ibn alKardabús (vivió entre la segunda mitad del
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siglo XII y principios del XIII), podemos precisar que estudió en Alejandría y su vida
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transcurrió prácticamente en la ciudad de Tawzar (Tozeur) en Ifriqiyya (Tunicia
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meridional). Su Kitab aliktifá fi ajbar aljulafá ("Libro de lo suficiente relativo a la
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historia de los califas"), es una historia general del Islam, desde los tiempos del
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Profeta (BPD) hasta la época del califa almohade Abu Yusuf Ya’qub alMansur (que
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Sevilla. Esta obra fue traducida por el profesor Felipe Maíllo Salgado de la
D
Universidad de Salamanca con el título Historia de alÁndalus (Akal, Madrid, 1993),
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y en ella encontramos datos interesantes, como el origen shií del general Musa Ibn
Nusair (640717), el primer gobernador de alÁndalus (ver págs. 56 y 57).
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Las dinastias bereberes: almoravides (10901147) y almohades (11471232)
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El nuevo imperio que crearon fue conocido por su designación primitiva: Almorávide,
derivado de almurabit, o morabito, «el que está de guarnición en un ribat», y se
mantendría durante un siglo.
68
Hacia 1070 el líder Yusuf Ibn Tashufín (m. 1106) fundó la ciudad de Marrakesh que
sería la capital de la dinastía.
Hacia 1076 los almorávides, con Yusuf Ibn Tashufín a la cabeza, conquistaron el reino
sudanés de GhanaUagadú, llevando el Islam al centro del Africa
En 1086 los almorávides abandonaron Ghana concentrando sus fuerzas para cruzar el
estrecho de Gibraltar y desembarcar en España, donde llegaron como aliados de los
llamados «reinos de taifas», los restos fragmentados del otrora brillante califato
cordobés (9291010) —ver el documento AlÁndalus I (7111010). El califato de
Córdoba—. Estos régulos habían pedido su intervención debido a las constantes
aceifas cristianas que amenazaban la misma existencia de alÁndalus.
Yusuf Ibn Tashufín cruzó entonces su ejército a través del estrecho de Gibraltar y con
los refuerzos recibidos en Málaga, Granada y Sevilla venció completamente a las
F
fuerzas de Alfonso en la batalla de Zalaca (23 de octubre de 1086), cerca de Badajoz.
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Sin embargo, en pocos años los almorávides se convirtieron en los dueños de todos
D
esos estados musulmanes andalusíes, unificándolos con la porción africana del
CI
imperio. Véase J. Béraud Villars: Les Tuaregs au Pays du Cid. Les invasions
EL
almoravides en Espagne aux XIe. et XIIe. siècles, Livrairie Plon, París, 1946;
D
Granada, 1990).
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Los Almohades
CA
almorávide generó un nuevo período de reinos de taifas (que algunos historiadores
BL
denominan segundas taifas), el que fue un paréntesis antes de la llegada del poderoso
BI
imperio almohade a la Península.
Hacia 1125 los almohades (del ár. almuahhidún: defensores del Tauhíd, la "Unicidad
de Dios"), bereberes del Atlas Central, se levantaron en armas siguiendo la prédica de
Muhammad Ibn Abdallah Ibn Tumart (10801130) que se proclamó Mahdí «el Bien
Guiado» y reprocharon a los almorávides haber resignado los principios islámicos y ser
negligentes en la lucha contra los reyes cristianos en alÁndalus que había provocado
la pérdida de importantes ciudades como Zaragoza, Tudela, Lérida, Tortosa, Cuenca,
Albarracín y muchas otras. La lucha se prolongó durante 20 años, al cabo de los
cuales el último sultán almorávide, Ishaq Ibn Alí, fue derrotado y muerto cerca de
Orán (hoy Argelia) en 1147.
69
Libia, al este, y a Mauritania, al sur. Su sucesor, el califa Abu Ya'qub Yusuf (g. 1163
1184) cruzó el estrecho, imponiéndose con facilidad a los divididos emires
almorávides en alÁndalus, en 1165. El imperio almohade adquirió así su máxima
extensión, yendo desde el Senegal hasta el Ebro y desde el Atlántico hasta Libia. Sin
embargo, su talón de Aquiles era la parte peninsular, donde los ejércitos cristianos
ejercían constante presión desde el norte.
Por ineptitudes análogas a las evidenciadas oportunamente por los almorávides —por
ejemplo, la incapacidad de movilizar y organizar un gran ejército afrobereber
andalusí que pudiese erradicar la amenaza cristiana detrás de los Pirineos—, los
almohades se dejaron arrinconar por sus enemigos norteños. El 16 de julio de 1212
los almohades sufrieron la primera gran derrota en las Navas de Tolosa (cerca de
Jaén) y alÁndalus se quebró en las llamadas «terceras taifas», que fueron
conquistadas por los cristianos una a una: Córdoba en 1236, Valencia en 1238, Sevilla
en 1248. Así, el dominio musulmán en la península estuvo a punto de sucumbir sino
F
fuese por el paradójico y admirable surgimiento de la dinastía nazarí de Granada que
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sobreviviría 280 años (ver el documento AlÁndalus III: el sultanato de Granada
IC
(12321492).
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Los almohades se retiraron de la península ibérica y entonces perdieron
EL
paulatinamente terreno en el resto de su imperio. En 1269, los bereberes Banu Marín,
D
más conocidos como mariníes o benimerines, ocuparon Marrakesh y pusieron fin al
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califato almohade. El Magreb ingresó en un período de decadencia, sin embargo, las
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fructificado allende el Sahel, y el Islam estaba en el Sudán occidental más vivo que
D
Zarkechi, trad. Francesa, Constantina (Argelia), 1895; A. Huici Miranda: Historia
TE
política del imperio almohade, Tetuán, 195657.
IO
El mito del Cid
BL
BI
En el contexto de la intervención almoravid en alÁndalus hay que situar la figura
legendaria de Rodrigo Díaz de Vivar, apodado El Cid (del árabe Sidi, señor, como
título de reverencia, alcurnia o mérito) Campeador, que vivió entre 1043 y 1099. La
figura del Cid ha sido utilizada por diversos historiadores españoles nacionalistas,
como don Ramón Menéndez Pidal (18691968), para exaltar en este personaje la
«encarnación del heroísmo y espíritu caballeresco de la raza», y de acuerdo con el propio
Menéndez Pidal «agente heroico de la idea unitaria de España» (cfr. R. Menéndez
Pidal: La España del Cid, Madrid, 1947). Nada más lejos de la verdad histórica.
Rodrigo Díaz de Vivar nunca fue tal cosa ni mucho menos un idealista sacrificado por
la causa del rey Alfonso VI, ni un constructor de los pilares de la unidad nacional
hispánica, simplemente porque ese concepto nacionalista no existía por entonces y
recién comenzaría a caber en la mente de los españoles y otros europeos a principios
del siglo XVIII.
70
Rodríguez Día de Vivar no fue otra cosa que un mercenario al mejor postor, que
empleó sus dotes militares al servicio de los tránsfugas alMuqtadir y alMustaín,
taifas zaragozanos, primero, y más tarde a las órdenes de Alfonso VI, a cambio de
feudos levantinos, en algunos casos para combatir a los almorávides, y en otros para
dirimir ciertas disputas internas. Su carácter, nada magnánimo como presupone el
apelativo árabe Cid ("señor virtuoso") —otorgado por los mencionados reyezuelos de
Zaragoza que recibieron sus favores a cambio de metálico contante y sonante—, era
parecido al de sus pares, Alvar Fañez y García Ordoñez, conde de Nájera.
El historiador y poeta argentino Luis Franco (18981988), oportunamente, hizo una
síntesis de ciertos rasgos característicos de Díaz de Vivar que puede llegar a desalentar
a aquéllos embriagados de su supuesta grandeza: «Castilla. Un páramo de roca...Tajos
y matorrales, casas de piedra, castillos de piedra. Las almas se contagian de su dureza y
su rigidez... a su sombra se crió el Cid, el héroe de Castilla, tipo singularísimo de forajido
piadoso que buscaba dinero y fama a la vez. ¿Era posible conseguir esto? Sí; desvalijando
F
a moros y judíos. Bajo su palabra de caballero católico, engañaba con un cofre de piedras
SE
a los judíos de Burgos y esto se llamaba servir a la santa causa católica. ¿Busca convertir
IC
a los hijos de la Biblia y el Korán? No, le bastaba con desplumarlos. Un día apresa a
D
CI
Valencia, esgrimiendo mejor la mentira que su Tizona, atraco tan fructífero que puede
enviar regalos asiáticos al rey, a su mujer y a las monjas.» (Luis Franco: El otro Rosas,
EL
Editorial Reconstruir, Buenos Aires, 1956, págs. 1718).
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Igualmente falsa es la leyenda que afirma que aún después de muerto, El Cid entró al
IT
campo de batalla montado en su caballo Babieca —sobre un armazón—, al frente de
IG
sus tropas, causando el pánico y la huida del ejército almoravid. Esto fue más bien el
D
producto de los desbordes sensibleros del Romancero, las ansias nacionalistas de los
CA
españoles y, más tarde, el espíritu comercial de Hollywood con Charlton Heston a la
TE
cabeza. Tal hecho jamás sucedió y Díaz de Vivar murió con más pena que gloria, lejos
de la contienda (R, Fletcher: The Quest for El Cid, Nueva York, 1990).
IO
BL
Sin embargo, es interesantísimo es investigar y comprobar las múltiples evidencias
BI
que prueban las influencias de la épica islámica en el Poema del Mío Cid,
especialmente a partir de las investigaciones de los islamólogos y arabistas españoles
Francisco Marcos Marín (Estudios épicos: Los árabes y la poesía épica. Universidad
de Montréal, Montréal, 1970; Poesía narrativa árabe y épica hispánica, Gredos,
Madrid, 1971; ed. F. M. Marín. Poema de Mío Cid, Alhambra, Madrid, 1985), y
Álvaro Galmés de Fuentes (Épica árabe y épica castellana, Ariel, Barcelona, 1978), y
otros especialistas, como Colin Smith (The Making of the Poema de Mío Cid,
Cambridge University Press, Cambridge, 1983); Joseph J. Duggan (The Cantar de
Mío Cid: Poetic Creation in its Economic and Social Contexts, Cambridge
University Press, Cambridge, 1989); Ana Torrico (Claves del Poema de Mío Cid,
Diana, México, 1991); John A. Morrow —Ilyas Islam— (La influencia árabe en el
Poema de Mío Cid, Universidad de Toronto, Toronto, 1995).
71
El historiador español José Camón Aznar (18991979) presenta al Cid como la
encarnación de la España mozárabe en su resistencia a la europeización. Así se
explicarían la oposición del héroe nacional español al rey y a la corte, su lucha contra
las pretensiones territoriales de Gregorio VII (papa entre 10731085) y sus contactos
con los reinos de taifas. La hipótesis, aunque seductora, carece de fundamentos para
ser creíble (cfr. J. Camón Aznar: El Cid, personaje mozárabe, en Revista de Estudios
Políticos, XVII, Madrid, 1947, págs. 109141)
Arquitectura almohade
Los almohades fueron constructores entusiastas. Primero construyeron para la defensa
y rodearon a sus ciudades más importantes con poderosas murallas y torres, como la
Torre del Oro, una de un grupo de doce que guardaban el Guadalquivir entre Sevilla y
Triana —el barrio de la otra orilla—(cfr. Teodoro Falcón Márquez: La Torre del Oro,
Arte Hispalense, Exma. Diputación Provincial de Sevilla, Sevilla, 1983). Luego
F
erigieron el Alcázar en 1181. El mismo califa Abu Yaqub Yusuf que empezó el Alcázar
SE
construyó en 1171 la mezquita mayor de Sevilla, luego destruida por los cristianos
IC
victoriosos quienes edificaron en su lugar primero una iglesia (1248) y luego la
D
CI
catedral gótica (1401) que ha llegado hasta nuestros días (cfr. Leopoldo Torres
Balbás: La primitiva Mezquita Mayor de Sevilla, revista alÁndalus Nº 11, Madrid
EL
Granada, 1946, págs. 425436).
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El califa almohade para celebrar su victoria sobre Alfonso VIII de Castilla en la batalla
IT
de Alarcos (julio de 1195), cerca de Ciudad Real, hizo erigir el magnífico alminar de
IG
la citada mezquita, torre que hoy conocemos por la Giralda (luego convertida en
D
campanario de la catedral), y que fue terminada en 1198. Su altura durante la época
CA
islámica era de 76 metros de altura y el fulgor que despedían al sol las cuatro
TE
manzanas de bronce dorado de diámetro decreciente que coronaban el remate de la
torre se podía divisar a 20 kilómetros de distancia y servía a los musulmanes de las
IO
comarcas aledañas como referencia para sus orientaciones hacia La Meca (cfr. Martín
BL
Casariego: La Giralda de Sevilla, Ediciones ZigZag, Madrid, 1989;
BI
72
AlÁndalus III: el Sultanato de Granada
(12321492)
Y una breve reseña sobre la Alambra
Arjona es un municipio español perteneciente a la provincia de Jaén, en la Comunidad
Autónoma de Andalucía. La antigua ciudad está situada a 45 km al noroeste de la
capital provincial y sus orígenes se remontan a la época romana.
En el año 1232/629 los habitantes de Arjona proclamaron sultán a Muhammad Ibn
Yusuf Ibn Nasr, apodado alAhmar ("el Rojo"). Así fue como comenzó la dinastía de
los Banu Nasr o Nasríes, que castellanizamos Nazaríes, también llamados Banu l
Ahmar (sumarían 23 sultanes entre 12321492). Desde ese momento, Muhammad I
extenderá su autoridad a Jaén, Porcuna, y luego Guadix y Baza, aprovechándose para
ello de circunstancias negativas para los musulmanes, como la conquista de Córdoba
F
por Fernando III y el creciente descontento contra Ibn Hud (uno de los reyes de taifas
SE
que se había hecho con gran parte del Sur de alÁndalus al declinar el poder
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almohade. El asesinato de Ibn Hud en Almería (1238) le encumbrará finalmente como
D
CI
el principal de los soberanos de alÁndalus. En 1237/1238 empiezan los trabajos de
construcción en la Alhambra de Granada.
EL
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Con la dinastía Nasrí firmemente asentada en Granada, la caída progresiva de los
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diversos territorios del Levante y Sur de alÁndalus irá reduciendo los dominios
IT
musulmanes a una franja desde Tarifa al oeste hasta más allá de Almería, al este, y
IG
desde el mar Mediterráneo a las montañas de Granada, por el norte. En este territorio
D
gobierno más armónico y duradero de la historia del Islam, teniendo en cuenta que
TE
este sultanato nunca se constituyó en un imperio como el Otomano (12991922) o el
Mogol (15261858), y que en él convivieron ejemplarmente todas las escuelas de
IO
pensamiento, sunníes y shiíes, con sus hermanos monoteístas judíos y cristianos.
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El Reino de Granada se caracteriza, también porque del mismo nos ha llegado su
arquitectura militar y palaciega (Alhambra y Generalife), y otra serie de ricas
manifestaciones artíticas y científicas, sin parangón en la historia islámica anterior y
posterior.
Gracias a la labor de los historiadores musulmanes de este período, especialmente la
de Ibn alJatib, nos han llegado gran cantidad de noticias que permiten una
reconstrucción bastante aceptable de la historia del sultanato de Granada e incluso de
etapas anteriores de alÁndalus.
73
Cronología granadina
En 1260, su hijo Alfonso X el Sabio (12211284) anexionó Cádiz. En 1261 se apoderó
de Jerez. Niebla capituló en 1262. En 1264 Muhammad I reanudó las hostilidades
contra Alfonso X, tratando de no correr la misma suerte que los régulos de las
llamadas «terceras taifas», sus correligionarios. Se alió con la dinastía mariní o Banu
Marín (12581465) que suplantaba entonces a los almohades en Marruecos. Ese
mismo año, guerreros mariníes o benimerines llegaron a alÁndalus con el fin de
participar en el Ÿihad ("guerra defensiva para preservar el territorio musulmán")
contra Castilla. Los mudéjares, es decir los musulmanes que habían quedado en tierra
F
cristiana, se habían sublevado contra Alfonso X de 1264 a 1266 en las regiones de
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Jerez y de Murcia. Muhammad I se alió con ellos. En Jerez, en Utrera y en Lebrija, la
IC
población musulmana reconoció su soberanía.
D
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La revuelta de los Banu Ashqilula, parientes próximos del sultán de Granada y
EL
gobernadores de Guadix y de Málaga, tuvo lugar precisamente en el momento en que
D
triunfaban los ejércitos cristianos. Por esa misma razón, los Banu Ashqilula ofrecieron
L
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entonces su vasallaje a Alfonso X, que estaba en guerra contra el sultán de Granada.
IT
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A principios del año 1273, al regresar de una expedición militar de castigo, en los
D
alrededores de Granada, Muhammad I tuvo una caída mortal. Y su vida se apagó
CA
durante la oración de la tarde, el 22 de enero de 1273.
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A los treinta años y ocho años de edad, Muhammad II accedía al poder en plena
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Ashqilula. En 1274 envió una embajada granadina al sultán mariní para convocarle a
BI
un Ÿihad en alÁndalus contra Alfonso X.
Entre 1275 y 1277 los mariníes infligieron a las tropas castellanas dos aplastantes
derrotas, una en Ecija, otra en los alrededores de Sevilla.
Benimerines y castellanos contra Granada
74
rechazar a los invasores. Mientras tanto los mariníes se cobraban por anticipado lo
pactado con el rey castellano y arrebataban Ronda a los granadinos.
A principios de 1288/678, por razones que siguen siendo oscuras, los Banu Ashqilula
abandonaron sus posesiones al sultán nasrí y emigraron a Marruecos con sus
guerreros y sus familias. En 1295 el ejército nasrí conquista Quesada (al este de
Jaén)a los castellanos y en 1300 los desaloja de Alcaudete (suroeste de Jaén).
Muhammad II falleció en 1302.
F
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En 1309 Muhammad III fue obligado a abdicar el 14 de marzo en favor de su
IC
hermano Nasr I. Mientras tanto los castellanos y aragoneses ponían sitio a Almería y
D
Algeciras, y Ceuta, posesión granadina desde 1306, era reconquistada por los
CI
mariníes. A principios de septiembre los castellanos se apoderaron de Gibraltar. En
EL
1310 la coalición castellanoaragonesa se vió obligada a levantar el cerco de Almería y
D
replegarse. En 1312 los castellanos conquistaron Alcaudete.
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Ante esta serie de fracasos militares, a principios de marzo de 1314, el pueblo del
IG
Albaicín se rebeló contra la autoridad del sultán y proclamó a su primo, el príncipe
D
Abu lWalid nuevo monarca. Este asumió el poder con el nombre de Ismail I.
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Enérgicamente, el nuevo sultán puso de inmediato las fronteras del reino en estado de
defensa con el fin de estar preparado ante la amenaza de invasión cristiana.
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En safar 716/abrilmayo de 1316 los musulmanes derrotaron a los castellanos en los
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alrededores de Guadix. Ese mismo año, el gobernador de Ceuta Yahya Ibn al’Azafí se
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declaró independiente de los benimerines y prestó ayuda a los marinos granadinos
que lograron derrotar a los castellanos en las aguas del Estrecho. Amenazaron
Gibraltar y lograron penetrar en sus arrabales.
La batalla de la Vega
Pero muy pronto se reanudó la ofensiva contra Granada. Los infantes Don Pedro y
Don Juan, cotutores de Alfonso XI (13111350), lograron reunir una cruzada y
llegaron a la Vega de Granada quemando y destruyendo todo a su paso. El combate
decisivo tuvo lugar el 26 de junio de 1319, terminando en favor de las tropas de
Ismail I que tuvieron el apoyo de contingentes mariníes. Los dos infantes murieron en
la refriega. La batalla de la Vega privó a Castilla de sus gobernadores y marcó un gran
retroceso en la llamada empresa de la «Reconquista».
75
Ismail I entonces recuperó Baza, Huéscar, Orce y Galera (vecinas a la región
murciana). Al regresar a Granada luego de una expedición por la que había liberado
la ciudad de Martos (a mitad de camino de Arjona y Alcaudete) del dominio
castellano, tuvo un altercado con su primo, el gobernador de Algeciras, Muhammad
Ibn Ismail quien, para vengarse, le hizo asesinar el 27 de raÿab 725/6 de julio de
1325, en la Alhambra.
El nuevo soberano Muhammad IV debido a su corta edad no pudo desempeñar sus
funciones en los primeros años. Los mariníes, apoyados por milicias granadinas y por
navíos genoveses, recuperaron Gibraltar en 733/1333 después de un sitio de cinco
meses. Sin embargo, la facción de los Banu l’Ula, descontentos por la alianza del
sultán de Granada con los benimerines tramaron un complot que condujo al asesinato
de Muhamma IV el 13 de Dhulhiÿÿa de 733/25 de agosto de 1333.
Yusuf I tenía sólo quince años cuando accedió al trono. Iba a reinar más de veinte
F
años (13331354). Imponía por la dignidad que emanaba de la personalidad
SE
principesca, su inteligencia y su perspicacia le llevaban a hacerse con lso probelmas
IC
más difíciles. Tal es el retrato que del sultán elaboró su futuro visir, el polímata Ibn al
D
CI
Jatib. Durante su reinado, granada estuvo rara vez en paz con sus vecinos cristianos.
A partir de 1337, Castilla y los benimerines se preparaban para la guerra en torno a la
EL
plaza fuerte de Gibraltar. El enfrentamiento naval precedió a la lucha en tierra. La
D
escuadra mariní, con el refuerzo de dieciséis navíos que le envió la dinastía de los
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Hafshíes de Túnez (12281569), entró en aguas de Algeciras, y derrotó a la flota
IT
castellana del almirante Alfonso Jofre Tenorio en abril de 1340.
IG
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La batalla del Salado
CA
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Los jinetes bereberes zenetas de los Muÿahidín «Combatientes de la Fe» llegaron a al
Ándalus en junio de 1340, a petición de Yusuf I al sultán mariní Abu lHasan (g.
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13311351), para poner sitio ante Tarifa. Fue entonces cuando Alfonso XI se alió con
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su suegro, el rey de Portugal, Alfonso IV. El gran choque tuvo lugar a orillas del
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Salado el 7 de Ÿumada I 741/30 de octubre de 1340. Los cristianos consiguieron una
aplastante victoria sobre las tropas de Yusuf y de AbulHasan. Varios altos dignatarios
grandinos perecieron durante la jornada de Tarifa. Ibn alJatib, que perdió a su
hermano y a su padre en el curso de la batalla, explicó la derrota musulmana por la
intervención de las fuerzas de reserva castellanas que facilitó la entrada de la
caballería cristiana en la ciudad.
Tras el desastre de Tarifa, Yusuf I regresó apresuradamente a Granada, en tanto que
Abu lHasan se refugiaba en Algeciras, desde donde cruzó a Marruecos. Alfonso XI,
con la victoria del Salado, había alejado definitivamente a los mariníes de la
Península. El rey de Castilla se adueñó enseguida de Alcalá la Real, de Priego y de
Benemijí; puso luego sitio ante Algeciras el 3 de agosto de 1342. Algeciras se entregó
a Alfonso XI el 12 de Dhulqa'da de 744/27 de marzo de 1344 después de dos años de
resistencia.
76
La peste negra salva a Gibraltar
Alfonso XI atacó Gibraltar (que había perdido 14 años antes) en 1349. Frecuentes
escaramuzas enfrentaron a musulmanes y cristianos. Pero la epidemia de Peste Negra
que había llegado a España a partir de 1348 hizo estragos en el campo cristiano y
causó la muerte de Alfonso XI en 751/marzo de 1350. Los castellanos se vieron a
levantar el cerco y Gibraltar lograría permanecer en el seno del Islam durante ciento
doce años más.
F
emirato nasrí. Ibn alJatib que lo acompaño ha descrito entre las ciudades atravesadas
SE
Guadix, Baza, Purchena y Vera. A continuación la escolta real se dirigió a Almería y,
IC
pasando por Pechina, Marchena y Finaña, regresó a Granada.
D
CI
Yusuf I trató infructuosamente de implementar la solidaridad con el resto del mundo
EL
islámico. Se había dirigido, por ejemplo, al sultán mameluco bahrí Imaduddín alSalih
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Ismail (g. 13421345) para implorar su apoyo en la lucha contra los castellanos. Pero
L
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sus esfuerzos no fueron coronados por el éxito. Con el pretexto de la necesidad de
IT
defender sus propias fronteras amenazadas por los cristianos (no hay evidencia de tal
IG
amenaza), el soberano mameluco de El Cairo rehusó enviar una expedición de socorro
D
y se contentó con formular votos por la victoria granadina.
CA
La visita de Ibn Battuta
TE
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Hacia 1351 llegó a Gibraltar el incansable viajero tangerino Ibn Battuta (13041377).
BL
Estos son algunos apuntes de su rihla (libro de viajes): «Desde Gibraltar me trasladé a
BI
la ciudad de Ronda, que entre las plazas fuertes del Islam es una de las mejor situadas y
defendidas...En Málaga se fabrica la maravillosa cerámica dorada que se lleva a los
países más alejados. Su mezquita tiene una amplitud enorme y es renombrada por su
baraca. No hay patio semejante al de esta mezquita, con naranjos inmensos... Desde allá
me trasladé a Vélez, que está a venticuatro millas. Esta es una bella ciudad, con una
portentosa mezquita. En el lugar se dan las uvas, frutas e higos igual que en Málaga.
Seguimos viaje hasta Alhama, pequeña población que dispone de una mezquita
maravillosamente emplazada y muy bien construida. Existen allí unas burgas de agua
caliente, orilla de su río, a una milla de distancia, más o menos, del pueblo, con
aposentos separados para el baño, de hombres y mujeres. Después continué la marcha
hacia Granada, capital del país de alÁndalus, novia de sus ciudades. Sus alrededores no
tienen igual entre las comarcas de la tierra toda, abarcando una extensión de cuarenta
millas, cruzada por el famoso río Genil y por otros muchos cauces más. Huertos, jardines,
77
pastos, quintas y viñas abrazan a la ciudad por todas partes...» (Ibn Battuta: A través
del Islam, Alianza, Madrid, 1988, págs. 761763).
El día de la fiesta de la Ruptura del Ayuno de Ramadán (primero de Shawwal de
755/19 de octubre de 1354), Yusuf I fue apuñalado en la Mezquita Mayor de Granada
por un demente que formaba parte de su servidumbre.
El primer reinado de Muhammad V, la alianza con Pedro I y la crisis dinástica
El primogénito de Yusuf I, Muhammad V subió al trono a los dieciséis años de edad.
Confió el poder al antiguo ministro de su padre, Ridwán, que asimismo fue encargado
del mando del ejército andalusí. El erudito Ibn alJatib ejerció las funciones de visir y
con ese título conoció personalmente y sirvió a Muhammad V. Hizo un retrato
elogioso de este soberano, de rostro bello, grave y dulce a la vez. La moderación de su
carácter, la firmeza de su fe y su generosidad le granjearon la confianza y el afecto de
F
la aristocracia. De naturaleza modesta, Muhammad acostumbraba a ir a caballo sin
SE
séquito alguno por las calles de la capital. Así pues, sus virtudes cívicas y religiosas
IC
fueron apreciadas por el pueblo de Granada. El reino nasrí conoció entonces su mayor
D
CI
estado de prosperidad y bonanza que las crónicas musulmanas han alabado.
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Por entonces reinaba en Sevilla Pedro I (13341369), rey de Castilla y León (1350
D
1369), hijo de Alfonso XI y María de Portugal. Este soberano siempre tuvo una
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restaurar el Alcazar de Sevilla por arquitectos y artesanos mudéjares, el que terminó
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siendo su propio palacio a partir de 1353.
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En 1358, Aragón y Castilla reanudaron un conflicto que había estallado entre ambos
reinos en 1356. Muhammad V, en calidad de fiel vasallo de Castilla, según el tratado
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de 1354, se alineó entonces junto a Pedro I, que muy probablemente haya sido
IO
denominado «el Cruel» por sus simpatías y alianzas con los musulmanes granadinos.
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Nosotros preferimos llamarlo «el Justiciero» como lo hacen los historiadores más
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objetivos.
El sultán nasrí envió entonces tres galeras bien equipadas a Castilla, atrayéndose así la
enemistad de Pedro IV el Ceremonioso (1319 1387), rey de Aragón (13361387).
Bases navales nasríes, entre ellas Málaga, fueron puestas a disposición de las unidades
de la flota castellana que allí fondearon. Por tierra, Muhamamd V quiso montar una
operación favorable a Pedro I: caballeros granadinos se preparaban para entrar en
territorio murciano para atacar la frontera meridional de los Estados de la Corona de
Aragón. Pero el sultán nasrí no pudo hacer realidad sus proyectos: fue destronado el
28 de Ramadán de 760/21 de agosto de 1359.
La conspiración había sido urdida por dos príncipes nasríes: el hermanastro de
Muhammad V, Ismail, y el cuñado y primo de éste, el ra'is Abu Abdallah Muhammad a
quien devoraba la ambición. Empujados por la intrigante madre de Ismail, Mariam, un
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centenar de conjurados escalaron los muros de la Alhambra de noche, sorprendieron a
la guardia y, al resplandor de las antorchas, se dirigieron hacia al residencia del
ministro Ridwán y lo asesinaron. Ismail fue proclamado sultán en el palacio de la
Alhambra y Muhammad V, que se encontraba cerca del Generalife, consiguió huir a
caballo, llegando a la mañana siguiente a Guadix, en cuya alcazaba recibió el
juramento de fidelidad de las gentes de la ciudad, gracias al jefe de los «Combatientes
de la Fe», Alí Badruddín Musa Ibn Rahhu.
El reinado del usurpador Ismail II fue efímero. Ibn alJatib ha presentado con
F
desprecio a este príncipe sin personalidad, corpulento, zafio e incapaz. Indolente y
SE
afeminado, formaba con sus cabellos unas trenzas entre las que intercalaba hilos de
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seda. No pasó mucho tiempo para que el arráez Abu Abdallah lo hiciera asesinar así
D
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como a su hermano y a sus visires (el 8 de Shabán de 761/28 de junio de 1360) y
asumiera el poder con el nombre de Muhammad VI. El nuevo usurpador no tardó en
EL
atraerse también la hostilidad de la aristocracia y el pueblo de Granada; éstos llegaron
D
maneras groseras quien, de porte descuidado, iba a pie, con la cabeza descubierta, a
IT
través de las calles de su capital, vestido con ropas deshilachadas y raídas. Como si
IG
todo esto fuera poco, Muhammad VI entabló relaciones con el enemigo aragonés
D
Pedro IV y hubo intercambio de embajadas entre Granada y Barcelona.
CA
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Pero, gracias a Dios, todo se compuso rápidamente luego de un tiempo. Pedro I el
Justiciero derrotó a los Trastámara y a los aragoneses en la batalla de Nájera y se
IO
reunieron en Castro del Río (Qasara) y avanzaron a marchas forzadas hacia Granada.
Muhammad VI escapó y poco tiempo después fue muerto por los soldados de Pedro I
en los campos de Tablada, no lejos de Sevilla, el 2 de Raÿab de 763/25 de abril de
1362.
Muhammad V subió al trono por segunda vez el 20 de Ÿumada II de 763/16 de marzo
de 1362. Iba a reinar sin dificultad hasta su muerte en 1391.
Muhammad V devolvió a Pedro I los favores antes dispensados con gran generosidad.
Por ejemplo, en 1363 le envió seiscientos jinetes granadinos, al mando de Faraÿ Ibn
Ridwán, hijo del ministro asesiando durante el golpe de estado de 1359, que
participaron en la campaña de Teruel contra los aragoneses. Pero, en 1369, Enrique
Trastámara logró reclutar un poderoso ejército y derrotó a Pedro I en la batalla de
Montiel, consiguiendo hacerlo asesinar el 22 de marzo de ese mismo año. Sin
79
embargo, la prudente política de Muhammad V evitó roces con el nuevo rey castellano
y sus aliados aragoneses, y las fronteras de Granada se mantuvieron tranquilas.
En el plano interno, diversos acontecimientos transformaron la política de la corte
granadina. En 1362, el historiador tunecino Ibn Jaldún (13321406) llegó a Granada,
donde fue recibido muy cordialmente por Muhamamd V y su visir Ibn alJatib, quien
le proporcionó empleo en la corte nasrí e incluso le encargó de una misión
diplomática ante la corte de Pedro I el Justiciero. Pero Ibn alJaldún, luego de un
tiempo, prefirió volver a Túnez a aceptar el cargo de haÿib (chambelán) de los
Hafshíes.
F
mariní que aspiraba a conquistar el trono. Ibn alJatib, ante estas presiones y
SE
acusaciones falsas, se vio obligado a abandonar alÁndalus y refugiarse en la corte
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mariní de Fez donde moriría estrangulado, cuatro años después, por instigación de los
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emisarios de Muhammad V.
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Al igual que Yusuf I, Muhammad V envió una embajada en Ÿumada I de 765/5 de
D
febrero de 1364 al sultán mameluco bahrí alAsraf Nasiruddín Shabán (g. 13631377)
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para felicitarle por haber rechazado un ataque cristiano contra Alejandría. Los
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enviados granadinos volvieron a alÁndalus con dos mil dinars egipcios, pero no se
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programó ayuda eficaz alguna por parte del sultán de El Cairo para acudir en ayuda
D
de Granada. El Egipto de los mamelucos había firmado con las cortes de Aragón y
CA
Castilla varios tratados comerciales a partir de la segunda mitad del siglo XIII y su
TE
política exterior siempre fue sumamente pragmática y sectaria.
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civilización hispanomusulmana estaba en su mayor apogeo. El Islam de alÁndalus
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El primogénito de Muhamamd V, AbulHaÿÿaÿ Yusuf que asumió como Yusuf II reinó
poco tiempo hasta que murió prematuramente el 16 de Dhulqa'da de 794/3 de
octubre de 1392. El nuevo sultán Muhammad VII se cansó de las intrigas y la
arrogancia de Ibn Zamrak, el visirpoeta que había suplantado a Ibn alJatib después
de la huida de éste a Marruecos, y lo hizo asesinar una noche de verano de 1393.
El maestre de la Orden de Alcantara, Martín Yáñez de la Barbuda a quien un ermitaño
había predicho una fulgurante victoria y que se consideraba un cruzado destinado a
aniquilar Granada de una vez para siempre, abandonó Alcántara al frente de
trescientas lanzas y de algunos miles de a pie indisciplinados. Apenas había
franqueado la frontera, el 26 de abril de 1396, cuando sufrió una terrible derrota
80
debida a los arqueros y ballesteros granadinos. El maestre de la orden de Alcántara
murió en el curso de la batalla.
La toma de Antequera
Muhammad VII murió el 16 de Dhulhiÿÿa de 810/13 de mayo de 1408. Le sucedió su
hermano que tomó posesión con el título de Yusuf III. Fernando I de Trastámara
(1379 1416), rey de Aragón (14121416), regente de Juan II de Castilla (1405
1454), comenzó el asedio de Antequera el 26 de abril de 1410. Una lucha encarnizada
tuvo lugar entre castellanos y granadinos durante cuatro meses. Los castellanos
emplearon la artillería y las máquinas de guerra, pero sus torres de combate fueron
incendiadas por las fuerzas nasríes el 27 de junio. El 25 de septiembre los castellanos
entraron en Antequera y allí enarbolaron los estandartes de Santiago y San Isidoro de
León. La Crónica de Juan II relata que el 1 de octubre «ordenó el infante Fernando de
hacer bendecir la Mezquita de los Moros que dentro estaba del castillo... e pusiéronle
F
nombre San Salvador». No cabe infravalorar la importancia de la victoria castellana de
SE
Antequera, la primera en suelo andalusí desde la batalla de Tarifa en 1340. El infante
IC
Fernando había puesto en evidencia la vulnerabilidad del reino nasrí.
D
CI
La guerra civil
EL
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La situación interior del sultanato de Granada se hizo precaria a partir del 9 de
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A
noviembre de 1417, fecha de la muerte de Yusuf III. Le sucedió su primogénito, un
IT
niño de ocho años, Muhammad VIII. Las crónicas castellanas afirman que la realidad
IG
del poder perteneció al visir del monarca difunto, Alí alAmín. Una familia árabe, los
D
Banu Sarraÿ, que la leyenda iba a ser famosa bajo el nombre de Abencerrajes,
CA
comenzó a desempeñar un papel primordial en la vida política del reino nasrí. La
TE
guerra civil que suscitó a partir del 1419 iba a desangrar y finalmente a arruinar el
sultanato nasrí. Larga series de conspiraciones, intrigas y asesinatos iban a debilitar el
IO
Los jefes abencerrajes que ejercían el mando militar en Guadix e Illora se sublevaron
contra la autoridad del visir Alí al Amín e impusieron como candidato para el trono de
Granada a un nieto de Muhammad V, Muhammad IX. Muhammad VIII, fuertemente
apoyado por sus partidarios a cuyo frente se encontraba Ridwán Bannigas, triunfó
temporalmente su rival. Pero el caudillo Yusuf Ibn alSarraÿ se las ingenió para
restablecer a Muhammad IX y Muhammad VIII fue encarcelado en la fortaleza de
Salobreña a finales de 1429.
Fue cuando Juan II y su favorito, el condestable Alvaro de Luna decidieron entonces
reanudar la lucha contra Granada y proseguir la política de Fernando de Antequera.
En una noche de tempestad, el 12 de marzo de 1431, los hombres del mariscal Pedro
81
García de Herrera que mandaba en la región de Jerez, conducidos por espías, tomaron
por asalto Jimena de la Frontera, importante pueblo fortificado situado a unos cien
kilómetros de Gibraltar y sustrajeron a los musulmanes un rico botín. Muhammad IX
entonces mandó dar muerte a su rival, Muhammad VIII en su prisión de Salobreña, a
finales de marzo de 1431, para evitar cualquier tipo de subversión de parte de los
Bannigas.
La batalla de Higueruela
En la primavera boreal del año 1431, se repitió la ofensiva castellana por iniciativa del
condestable Alvaro de Luna quien, a la cabeza de un cuerpo de ejército, entró por
Alcalá la Real en la Vega de Granada que devastó en mayo. Se retiró luego a
Antequera y volvió a Ecija mientras nuevas tropas eran reclutadas en córdoba. En la
segunda semana de mayo de 1431, las galeras castellanas no cesaron de patrullar por
el Estreho de Gibraltar con el fin de impedir que eventuales socorros africanos
F
llegasen al sultán de Granada. Por entonces, Ridwán Bannigas abandonó en secreto
SE
Granada en companía de algunos secuaces y acudió a Córdoba para proponer al rey
IC
de Castilla instalar en el trono de Granada a un príncipe nasrí, Ibn alMawl, nieto del
D
CI
usurpador Muhamamd VI que había sido hecho matar por Pedro I en 1362. Juan II, a
quien sólo le interesaba dividir a los príncipes nasríes no dudó en sostener a ese
EL
pretendiente que aparece en las crónicas castellanas bajo el nombre de Abenalmao.
D
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Aprovechando este transfondo favorable, el rey de Castilla salió de Córdoba el 13 de
IT
junio, penetró en el reino de Granada el 25 y saqueó la campiña próxima a Moclín.
IG
Yusuf Ibn Mawl, su cuñado Ridwán Bannigas y siete de sus partidarios acudieron al
D
campamento castellano y prestaron juramento de fidelidad a Juan II.
CA
puertas de Granada. Los castellanos se retiraron ante el nutrido tiro de los ballesteros
IO
que aseguraban la defensa de la ciudad. Sin embargo, esta batalla llamada de la
BL
Higueruela por una higuera que se encontraba en aquellos lugares, a veces llamada
BI
batalla de la Sierra de Elvira, no tuvo sino una escasa importancia estratégica. Este
episodio de la guerra fronteriza, fértil en proezas, despertó vivamente la imaginación
de los señores cristianos que sabían poco o nada de la riquísima cultura y civilización
de la Granada nasrí. Fue relatado con complacencia por los cronistas castellanos del
siglo XV y es el tema del célebre romance anónimo Abenámar que traemos a
continuación:
¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería!
¿Qué castillos son aquéllos? ¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor, y la otra la Mezquita;
Los otros los Alijares, labrados a maravilla.
El moro que los labraba, cien doblas ganaba al día.
La otra era Granada, Granada la ennoblecida.
De los muchos caballeros y de la gran ballestería.
Allí habla el rey don Juan, bien oiréis lo que decía:
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—Granada, si tu quisieses, contigo me casaría;
Darte he yo en arras y dote, a Córdoba y Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan, casada soy que no viuda.
El moro que a mi me tiene, muy grande bien me quería.
Juan II no supo sacar provecho de su victoria. Al cabo de unos ocho días, después del
saqueo de la campiña en los alrededores de Granada, en el concejo real se decidió la
retirada porque el desacuerdo había estallado entre los nobles castellanos y porque no
había metálico para pagar el sueldo de las mesnadas y escaseaban las provisiones.
Este momento de zozobra fue aprovechado por los Bannigas y sus aliados castellanos
para entronizar a un soberano dócil. Montefrío se sublevó en favor del pretendiente
Yusuf Ibn alMawl. El gobernador militar de Andalucía, Diego Gómez de Ribera, el
maestre de Calatrava, don Luis de Guzmán contribuyeron con una valiosa ayuda. Sus
agentes intrigaron en distintas localidades en el otoño de 1431: Cambil, Illora,
F
Casarabonela, Turón, Ardañes y El Castellar reconocieron la autoridad de Ibn al
SE
Mawl. El 3 de diciembre, fue tomada Loja por un destacamento de granadinos
IC
acaudillado por los Bannigas fieles a Abelnamao y sostenidos por los castellanos. El
D
CI
jefe del clan abencerraje Yusuf Ibn alSarraÿ pereció en el combate. El pretendiente
conquistó Iznajar y Archidona. Muhammad IX alAysar ("El Zurdo") decidió
EL
abandonar Granada donde la revuelta se hacía oir en el populoso barrio del Albaicín
D
como consecuencia de la falta de víveres. Huyó de noche y se refugió en Almería con
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una escolta de ciento cincuenta hombres. Ridwán Bannigas y sus seiscientos jinetes
IT
vencieron a los no numerosos partidarios de El Zurdo que trataban de cortarles el paso
IG
y luego ocuparon Granada y la Alhambra. Yusuf IV Abelnamao fue proclamado sultán
D
el primero de enero de 1432.
CA
TE
en la misma Granada tenía partidarios, pues Yusuf IV se había hecho odiar por los
BL
habitantes a causa de su sumisión a Castilla. En febrero de 1432, el lugarteniente de
BI
alAysar, el príncipe nasrí Muhamamd alAfnah ("El Cojo") se hizo abrir las puertas de
Granada por los fieles de Muhammad IX. Yusuf IV resistía aun con algunos partidarios
en la Alhambra y una parte del Albaicín. Recurrió a su señor Juan II, pero las tropas
castellanas fueron rechazadas por El Cojo en la Vega, en el mismo lugar donde se
había librado la batalla de la Higueruela. Finalmente, Yusuf IV se rindió y fue
entregado a Muhammad IX quien lo hizo ejecutar en abril de 1432. Muhammad IX al
Aysar volvió a ser sultán de los granadinos.
En 1445 la guerra civil estalló de nuevo en el reino de Granada, propiciada por las
intrigas de los Bannigas y sus patrones castellanos. Dos sultanes se suceden, Yusuf V y
Muhammad X El Cojo. A finales de 1447 vuelve Muhammad IX que subía así al trono
por cuarta vez.
83
A finales de 1453 o principios de 1454 Muhammad XI El Chiquito sucedió a
Muhammad IX. Pero los abencerrajes le opusieron un candidato, Abu Nasr Sa'd, a
quien las crónicas castellanas llaman Ciriza (deformación de Sidi Sa’d) o Muley Zad.
En Castilla, Alvaro de Luna había perecido en el cadalso de Valladolid en abril de
1453. Juan II murió el 22 de julio de 1454. La reanudación de la ofensiva contra el
reino nasrí de Granada incumbía a partir de entonces a Enrique IV (14251474), hijo
y sucesor de Juan II.
En la primavera del año 1455 tres reyes se repartían el poder en el reino nasrí:
Muhammad XI El Chiquito mandaba en Granada, Málaga, Guadix y Almería; Sa’d
residía en Archidona y la guarnición africana de Ronda le obedecía. Sin embargo, los
castillos de Illora y de Moclín y la importante posición estratégica de Gibraltar seguían
fieles a Muhammad IX El Zurdo.
La caída de Gibraltar
F
SE
Como sus predecesores, Enrique IV de Castilla trató de atacar Granada
IC
aprovechándose de las luchas intestinas del reino. Las Cortes de Cuéllar le
D
CI
concedieron importantes subsidios en marzo de 1455. Una bula del papa Calixto III
(14551458) —el español Alonso de Borja (13781458), en italiano Alfonso de Borgia
EL
—, le aportó la ayuda financiera de Roma.
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El príncipe heredero de Granada, Abu lHasan Alí, el 11 de abril de 1462, venció a
IT
Luis de Pernia, gobernador de Osuna, y Rodrigo Ponce de León, hijo del conde de
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Arcos, en la batalla de Madroño.
D
CA
El 16 de agosto el duque de Medina Sidonia don Juan de Guzmán y el conde de Arcos
TE
tomaron Gibraltar gracias a la traición de un musulmán convertido al cristianismo. La
fortaleza de Archidona cayó el 30 de septiembre en manos de don Pedro Jirón,
IO
maestre de la Orden de calatrava, y de sus jinetes.
BL
BI
En Granada, Sa’d intentó liberarse de la tutela abencerraje. En 1462 hizo asesinar a
dos de los miembros más poderosos de los Banu Sarraÿ: Yusuf y Mafarriÿ que era su
propio visir. Muhammad y Alí Ibn alSarraÿ huyeron a Málaga y levantaron contra
Sa’d a Yusuf V que volvió a recuperar el trono. Pero Yusuf V moriría a finales del año
1463, mientras que Sa’d recuperaba el poder. En agosto de 1464 Sa’d fue derribado
por su hijo Abu lHasan Alí, aliado de los abencerrajes.
El aislamiento de Granada
El erudito granadino Ibn Hudayl (vivió en la segunda mitad del siglo XIV), autor de
un tratado de Ÿihad, escribía a finales del siglo XIV que alÁndalus estaba aprisionado
«entre un océano impetuoso y un enemigo con unos armamentos terribles y que uno y
otro oprimen a sus habitantes día y noche» (cfr. Ibn Hudayl: Gala de caballeros,
84
blasón de paladines, trad, cast, y comentarios de la profesora María Jesús Viguera
Molíns de la Universidad Complutense de Madrid, Editora Nacional, Madrid, 1975).
En el siglo XIV los sultanes de Granada se dirigieron a sus hermanos de Oriente con la
esperanza de estos últimos enviaran una expedición de socorro a los musulmanes de
España. Dos misivas nasríes han sido halladas por el investigador inglés G. S. Colin en
la Biblioteca Nacional de París —véase G. S. Colin: Contribution à l'etude des
relations diplomatiques entre les Musulmans d'Occident et l' Egypte au XVe
siècle, Mémoires de l'Institut français d'Archéologie Orientale, El Cairo, 1935, tomo
68, págs. 197206. En la primera, redactada en la Alhambra el 13 de Ÿumada I de
845/29 de septiembre de 1441, Muhammad IX alAysar pide la asistencia del sultán
mameluco burÿí en favor de los andalusíes sitiados y amenazados por los cristianos. El
portador del mensaje, el mercader granadino Muhamamd alBunyulí y sus
compañeros quedaron deslumbrados por el ceremonial de la corte mameluca. Pero el
sultán Sa'id Ÿaqmaq alZahir (g. 14381453) rechazó la petición alegando la lejanía
F
de la España musulmana y se limitó a entregarles dinero, armas y suntuosos
SE
presentes.
IC
D
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La segunda carta lleva la fecha de Ÿumada I de 868/enero de 1464. Los cristianos
habían tomado Gibraltar y Archidona. Ante la gravedad de la situación, el sultán nasrí
EL
Sa'd solicitaba una ayuda urgente por parte del sultán mameluco Jushqadam (g.
D
14611467). El burÿí respondió con indiferencias y evasivas. Los granadinos tampoco
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A
podían contar con sus hermanos magrebíes. Los mariníes de Marruecos se hallaban en
IT
lucha con sus tutores wattasíes, y los hafshíes de Túnez no les preocupaba alÁndalus
IG
en absoluto.
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El reinado de Mulhacén
TE
Abu lHasan Alí, el Muley Hacén o Mulhacén de las crónicas medievales subió al trono
IO
castellanas denuncian la decadencia de Abu lHasan, que están de acuerdo en situar
BI
poco tiempo después de la grave inundación que se desencadenó en Granada el 12 de
Muharram de 883/25 de abril de 1478. A partir de entonces el sultán se divertía en
companía de cantoras y bailarinas. Las costumbres disolutas de Mulhacén están
precisadas en los relatos musulmanes. Sa’ad había casado a su hijo Abu lHasan con la
viuda de Muhammad XI, Fátima, hija de Muhammad IX El Zurdo. Con esta unión
esperaba sin duda llegar a una reconciliación con las facciones granadinas. De Fátima,
Abu lHasan había tenido dos hijos, Muhammad, el Boabdil de las crónicas
castellanas, y Yusuf. Pero una cautiva cristiana, Isabel de Solís, llamada Turayya
(Zoraya) a aprtir de su conversión al Islam, tomó tal ascendiente sobre el sultán que
llegó a abandonar a su prima y legítima esposa (acerca de la personalidad de la madre
de Boabdil, véase el punto de vista reciente de E. De Santiago Simón: Algo más sobre
la sultana madre de Boabdil, Homenaje al prof. Darío Cabanelas Rodríguez, Granada,
1987, tomo I, págs. 491496).
85
Mientras tanto, un hecho trascendental había sucedido en los reinos cristianos del
norte. En 1469 el enlace matrimonial entre Fernando, hijo y heredero del rey de
Aragón Juan II, y la princesa Isabel de Castilla, hermana de Enrique IV, supuso el
principio de la unidad de España.
En 1474, tras la muerte de Enrique IV, Isabel fue proclama reina de Castilla en la
iglesia de San Martín de Segovia.
En 1481 el marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, que se había unido a Fernando
e Isabel, salió de Arcos, organizó una expedición contra los habitantes de Ronda y les
destruyó la torre llamda del Mercadillo. En vista de ello, los musulmanes de Ronda se
lanzaron al asalto del castillo de Zahara del que se había apoderado el infante
Fernando a principios del siglo XV poco antes de la campaña de Antequera. El 27 de
diciembre de 1481, los destacamentos nasríes tomaron el castillo por sorpresa y
mataron a numerosos cristianos, llevándose ciento cincuenta prisioneros a Ronda.
F
Cincuenta jinetes y doscientos ballesteros aseguraron la guardia de Zahara y el
SE
abastecimiento de esta fortaleza fue cuidadosamente atendido.
IC
D
Esto produjo un profundo malestar en Castilla y marca el comienzo de la guerra
CI
contra Granada por parte de los Reyes Católicos, que se propusieron acabar con el
EL
último enclave musulmán en España.
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La conquista de Alhama
A
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El marqués de Cádiz buscó vengarse del revés de Zahara. En Marchena reunió dos mil
D
quinientos jinetes y tres mil hombres a pie y conducidos por espías fronterizos,
CA
al cabo de dos días de marcha, llegaron a Alhama al amanecer. Algunos hombres
IO
antemuralla, se introdujeron en la fortaleza y abrieron luego las puertas que daban
BI
acceso al campo. El marqués de Cádiz y el grueso de las tropas entraron así en
Alhama donde los musulamnes, al darse cuenta de lo que ocurría, se defendieron
encarnizadamente dentro del recinto, en las calles, en la mezquita mayor junto a la
Puerta de Granada. El primero de marzo, Alhama fue saqueada por los castellanos que
se hicieron con un rico botín. Luego se dedicaron a fortificar la plaza contra un
eventual contraataque granadino. En efecto, Abu lHasan puso sitio a la ciudad cuatro
días más tarde. El duque de Medina Sidonia y el conde de Cabra acudieron en ayuda
del marqués y al cabo de un asedio de veinticinco días, los granadinos
descorazonados, tuvieron que retirarse (29 de marzo de 1482). Para los nasríes, era
vital recuperar Alhama que dominaba la ruta de Granada a Málaga y a Ronda. Pero
todos sus intentos fueron frustrados. Esta desgracia musulmana fue narrada por el
romancero anónimo del siglo XV con el título «La gran pérdida de Alhama»:
Paseábase el Rey moro Cuatro a cuatro, cinco a cinco,
por la ciudad de Granada, juntado se ha gran compaña.
86
desde la puerta de Elvira Allí habló un viejo alfaquí,
hasta la de Bibarrambla. la barba crecida y cana;
Cartas le fueron venidas ¿Para qué nos llamas, rey,
cómo Alhama era ganada. A qué fue nuestra llamada?
¡Ay de mi Alhama! Para que sepáis, amigos,
Apeóse de la mula la gran pérdida de Alhama.
y en un caballo cabalga; Bien se te emplea, buen rey,
por el Zacatín arriba buen rey, bien se te empleara;
subido a la Alhambra; mataste los abencerrajes,
mandó tocar sus trompetas, que eran la flor de Granada;
sus añafiles de plata, cogiste los tornadizos
porque lo oyesen los moros de Córdoba la nombrada.
que andaban por el arada Por eso mereces, rey,
¡Ay de mi Alhama! Una pena muy doblada,
que te pierdas tú y el reino
F
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y que se acabe Granada.
IC
¡Ay de mi Alhama!
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La batalla de Loja (882/1482)
EL
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A
Para consolidar su conquista, los Reyes Católicos decidieron poner sitio a Loja, «llave
IT
de la Vega». Los castellanos se instalaron el 9 de julio entre un pequeño valle plantado
IG
de olivos y unas colinas, al pie de la fortaleza nasrí. Loja, defendida por uno de los
D
logrando apoderarse de los cañones y pertrechos que traían para el sitio. El 27 de
BL
El mismo día de la victoria de los granadinos en Loja llegó a lso defensores de la
ciudad la noticia de que los dos hijos del sultán Abu lHasan, Muhammad (Boabdil) y
Yusuf habían huído de la Alhambra de oche, empujados por su madre Fátima. Los
príncipes rebeldes llegaron a Guadix donde su soberanía fue reconocida.
La historiografía castellana y la literatura romántica han explicado las causa de las
sublevación por la rivalidad que en la corte de la Alhambra oponía la sultana Fátima a
la favorita Zoraya. Los Banu Sarraÿ que Abu lHasan había hecho diezmar urdieron
contra él un complot cuyo instigador fue un alto dignatario nasrí, Yusuf Ibn Kumasa,
llamado Abencomixa por los castellanos, que sostenía a Boabdil. Una de las
explicaciones, era el odio feroz que Ibn Kumasa sentía contra el poderoso visir de Abul
lHasan, el siniestro Abu lQasim Bannigas, a quien acusaba de simpatizar con los
castellanos.
87
Los descontentos que comprendían así a los nobles granadinos como a las clases
humildes del Albaicín se agruparon alrededor de Boabdil y decidieron destronar a Abu
lHasan que se encontraba en una quinta de recreo. Abu Abdallah Muhammad fue
proclamado sultán de Granada por los abencerrajes el 15 de julio de 1482. Luego de
librar una furiosa batalla en las calles de Granada en la que fue derrotado, Abu l
Hasan se retiró con sus partidarios a Málaga.
La gran derrota cristiana en la Axarquía
En la primavera del año 1483, el marqués de Cádiz y el gran maestre de la Orden de
Santiago, don Alonso Cárdenas, alrededor de los cuales se agrupó la élite de la
nobleza cristiana andaluza, decidieron lanzar una expedición en la región situada al
norte del litoral andalusí entre Málaga y VélezMálaga, alSharqiyya, al Axarquía de
las crónicas castellanas, siguiendo el consejo de un renegado musulmán de Osuna.
F
Tres mil jinetes y mil soldados de a pie salieron de Antequera el 19 de marzo. Luego
SE
de llegar a la costa mediterránea, tomaron la dirección de Málaga que vieron de lejos
IC
por primera vez. En esta áspera tierra de los Montes de Málaga tuvo lugar entonces el
D
contraataque musulmán en la noche del jueves al viernes (11 de Safar de 888/21 de
CI
marzo de 1483). Los cristianos fueron completamente derrrotados. Las propias
EL
crónicas castellanas admiten haber perdido mil ochocientos muertos y prisioneros,
D
entre ellos «ilustres señores castellanos».
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La batalla de la Axarquía fue la última gran victoria de los musulmanes en la historia
IG
de alÁndalus.
D
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La batalla de Lucena
TE
Un mes después de la derrota cristiana en los Montes de Málaga, Boabdil, ávido de
IO
gloria, tomó la iniciativa de hacer una incursión a territorio cristiano. Decidió atacar
BL
una plaza mal defendida, Lucena, cuyo señor, Diego Fernández de Córdoba, era un
BI
Este lamentable episodio fue el comienzo de la caída de Granada. Las condiciones
aceptadas por Boabdil para lograr su liberación son las más humillantes concedidas
88
por un soberano andalusí. Prometió entregar un tributo de doce mil doblones de Jaén,
o sea el equivalente de catorce mil ducados; se comprometía devolver a los castellanos
tres mil cautivos cristianos; entregaba como rehenes a su hijo, el príncipe heredero
Ahmad, a su hermano Yusuf y a diez jóvenes aristócratas granadinos. Además juraba
vasallaje a los Reyes Católicos, a quienes además les solicitaba la ayuda para derrocar
a su rival Abu lHasan.
En cuanto se enteró del desastre de Lucena, Abu lHasan,
contando con la obediencia de gran número de granadinos, se apresuró a recuperar su
trono. Pero padecía una seria enfermedad; parece ser que sufría una epilepsia que le
acarreó la pérdida de la vista y una especie de hinchazón general. El cronista
musulmán anónimo ve en ello un castigo divino (cfr. Nubdat al'asr fi ajbar muluk
Bani Nasr aw taslim Garnata wanuzul alÁndalus yyin ila lMagrib; el manuscrito ha
sido editado y traducido por A. Bustani y C. Quirós con el título siguiente: Fragmento
F
de la época sobre noticias de los Reyes Nazaríes o Capitulaciones de Granada y
SE
emigración de Andaluces a Marruecos, Larache, 1940).
IC
D
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Por otra parte, al pactar con los cristianos, Boabdil se había enajenado a los
granadinos. Varios juristas granadinos dieron una sentencia de reprobación en una
EL
fatwa o consulta jurídica de Ramadán de 888/octubre de 1483.
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En septiembre los castellanos se apoderaron de Utrera y a finales del mes de octubre
IT
de 1483, el marqués de Cádiz arrebató la fortaleza de Zahara cuya caída en 1481
IG
había desencadenado la guerra de Granada.
D
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La caída de Ronda
TE
Durante el verano de 1484 se reanudó el hostigamiento esporádico de la Vega bajo la
IO
dirección de Fernando quien, gracias a su artillería, se apoderó de Setenil, a diez
BL
kilómetros de Ronda, el 21 de septiembre.
BI
Durante el invierno de 1485 los castellanos se dedicaron a perfeccioanr las máquinas
de guerra y la artillería. La guerra contra el sultanato nasrí se transformaba poco a
poco en una guerra de asedio, proseguida con tenacidad gracias a enormes medios de
combate.
El 8 de mayo, las avanzadillas castellanas, al mando del marqués de Cádiz, llegaron a
Ronda. Con violento fuego de artillería, los cristianos desmantelaron el recinto de la
ciudad el 17 de mayo. El 19, llegaron a cortar el suministro de agua a la ciudad.
Ronda capituló el 22 de mayo. Su caída acarreó la de toda la Serranía así como la
capitulación de Marbella. La resistencia musulmana había sido reducida a la nada en
la frontera occidental del reino nasrí.
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El emir Muhammad Ibn Sa’d destituyó a su hermano Abu lHasan con el apoyo del
vsiir Abu lQasim Bannigas y se hizo proclamar sultán, los granadinos, que lo tenían
en gran estima, le habían puesto el nombre de alZagal, El Valiente. Envió al sultán
depuesto a Almuñecar donde residió hasta su muerte.
Los Reyes Católicos atacaron entonces la fortaleza de Moclín, pero las avanzadillas
cristianas fueron derrotadas por el sultán alZagal en los alrededores de la ciudad, en
el curso de una dura lucha entre el 1922 de Shabán de 890/31 de agosto3 de
septiembre de 1485.
El 29 de mayo de 1486 los cristianos, que ahora disponían de mercenarios suizos y
alemanes, capturaron Loja. El 30 de mayo y 9 de junio se rindieron Salar e Illora a los
castellanos. Moclín cayó el 16 de junio a pesar de que los musulmanes habían
resistido gracias a su artillería ligera. Los castillos de Colomera y Montefrío se
rindieron unos días después. Los musulmanes fueron entonces plenamente
F
conscientes del peligro que corría Granada.
SE
IC
El asalto contra Málaga
D
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Durante la primavera de 1487 los cristianos cercaron Málaga. El jefe de la guarnición
EL
nasrí, Ahmad alTagrí, tomó el mando de la ciudad sitiada a partir del 6 de mayo y
D
víveres llegaron a faltar; los malagueños se vieron obligados a comer caballos, burros,
IG
mulos y perros. Málaga no capituló sino al cabo de tres meses y medio de asedio, el
D
18 de agosto de 1487. Los cautivos musulmanes en número de quince mil estaban en
CA
un verdadero estado de inanición.
TE
El desvergonzado de Boabdil se atuvo al pacto secreto que había concertado con los
IO
Reyes Católicos y en consecuencia no intervino en favor de los malagueños, Tan sólo
BL
el sultán Muhammad XIII alZagal, que se había retirado a Almería y había fortificado
BI
la frontera oriental del país, había intentado una maniobra de diversión lanzando
algunos destacamentos de voluntarios nasríes, procedentes de Adra, sobre los
cristianos en los alrededores de VélezMálaga.
En 1488 los cristianos conquistaron Vera. En 1489 tomaron la importante ciudad de
Baza. En diciembre de ese mismo año se rindieron Purchena y las localidades del valle
de Almanzora y de la Sierra de los Filabres.
Las gestiones de los nasríes ante sus hermanos musulmanes (14851489)
Sitiados por todas partes por el enemigo cristiano, los granadinos, a partir de 1485, se
volvieron hacia sus antiguos aliados, los soberanos magrebíes de Fez y Tremecén a
quienes pidieron una ayuda eficaz. Los monarcas de Africa del Norte se limitaron
90
entonces a acoger en su territorio a los emigrados musulmanes andalusíes y a rescatar
un cierto número de cautivos procedentes de Málaga.
En 1487, una embajada granadina solicitó ayuda al sultán mameluco Qa'it Bey (g.
14681495). Este amenazó a la Iglesia católica para que interviniera e hiciera desistir
a Castilla de sus ataques contra Granada, caso contrario tomaría represalias con los
miembros del clero de la Iglesia de la Resurrección en Jerusalén, que prohibiría a lso
europeos el acceso a ese santuario y que, si era preciso, lo haría destruir. Pero las
amenazas de Qa'it Bey, en el fondo, eran puramente verbales. Se habían establecido
relaciones comerciales entre el sultán mameluco y la monarquía española en plena
guerra de Granada.
El 2 de enero de 1488, Fernando había pedido al papa la autorización para vender
trigo «al sultán de Babilonia» (Qa’it Bey) con el fin de ayudar a los súbditos de este
último amenazados por el hambre. El importe de la venta sería utilizado para cubrir
F
los gastos de la guerra de Granada. La segunda intención de Fernando era la
SE
siguiente: ayudar al sultán de El Cairo a quien consideraba el único jefe musulmán
IC
capaz de contrarrestar al Imperio otomano cuyo poder, cada vez mayor, inquietaba a
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la cristiandad de Occidente. Ninguna ayuda eficaz era pues previsible por parte del
mameluco Qa’it para salvar a sus hermanos de España en situación desesperada.
EL
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La caída de Granada
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Después de la caída de Baza, alZagal, descorazonado, aceptó ir a Almería y retirarse
IG
de la escena política a fines de 1489. El débil Boabdil quedó como único soberano.
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En la primavera de 1491 los cristianos reanudaron la campaña contra Granada con un
poderoso ejército de diez mil jinetes y cuarenta mil infantes. El 26 de abril comenzó el
TE
sitio definitivo de la capital nasrí. Ese día la reina Isabel juró no bañarse y no
IO
cambiarse sus ropas hasta que Granada cayera en su poder. Al comienzo del sitio, el
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campamento de los asaltantes fue destruido por el fuego. Isabel hizo entonces edificar
BI
en ters meses en el valle del Genil un campamento fijo, recibiendo esa ciudad
sitiadora el significativo nombre de «Santa Fe». Desde su capital asediada los
granadinos no intentaron sino algunas raras salidas durante los seis meses siguientes.
No disponían más que de una caballería y de una infantería impotentes frente a la
artillería castellana que abría brechas en las murallas de Granada.
Pero la situación en Granada llegó a ser sumamente precaria cuando el trigo, la
cebada, el mijo, el aceite, las pasas de la Alpujarra dejaron de llegarles, pues la nieve
que empezó a caer en Muharram de 897/finales de 1491 cortó las comunicaciones
con esa región sureña. El hambre y el desaliento se adueñaron de los habitantes de
Granada. Fue entonces cuando Muhammad XII Boabdil inició conversaciones secretas
para rendir la ciudad a finales de marzo de 1492, pero desde los primeros días de
diciembre de 1491 los castellanos exigieron la rendición inmediata.
91
En la noche del 1 al 2 de enero de 1492, guiados por Ibn Kumasa y Abu lQasim al
Mulih, visires de Boabdil, el gran comendador de León, don Gutiérrez de Cárdenas y
algunos oficiales castellanos penetrarron secretamente en Granada por un camino
poco frecuentado. Al amanecer, Boabdil entregó las llaves de la Alhambra a don
Gutiérrez en la Torre de Comares. La capitulación oficial lleva pues fecha del 2 de
enero de 1492. El conde de Tendilla y sus tropas entraron luego en la Alhambra
siguiendo el mismo itinerario. El pendón de Castilla simbolizado por la camisola
sanguinolenta de la reina Isabel —que se convertiría con el tiempo en la bandera oro
y grana de España— y la cruz fueron izados en una de las torres de la alcazaba de la
Alhambra que aun hoy se sigue llamando Torre de la Vela.
Boabdil entonces rindió homenaje a los Reyes Católicos en las puertas de la ciudad
antes de salir para el señorío de la Alpujarra cuya propiedad le era concedida.
El último vágido poético de la guerra de Granada es la tradición que refiere el suceso
F
ocurrido en el lugar conocido como «Suspiro del Moro», desde donde se divisa, por
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última vez, a la capital del reino. Se cuenta que allí volvió Boabdil el rostro bañado de
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lágrimas para contemplar a su querida Granada, y que su madre, la sultana Fátima,
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que le acompañaba le reprochó duramente el llanto, recriminándole porque lloraba
como una mujer la pérdida de lo que no había sabido defender como hombre.
EL
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Después de la caída de Granada, muchos de los miembros del clan Bannigas abjuraron
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del Islam y formaron así el núcleo de la familia cristiana de los Venegas. En cuanto a
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Boabdil, se fue con toda su familia a vivir a Fez, en Marruecos, donde hizo construir
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Boabdil vivían en Fez en situación difícil.
TE
Dos grandes sabios del sultanato nasri
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Ibn alJatib
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Abu Abdallah Muhammad alSalmaní Ibn alJatib (13131375), a quien dieron por su
elocuencia sus contemporáneos el honroso sobrenombre de Lisán ud Din o «Lengua de
la fe», es el más completo escritor de la Granada nazarí y uno de los más importantes
adherentes al pensamiento shií en alÁndalus. Su maestro fue el sabio y poeta Ibn al
Ÿayyab (12741349), que escribió exquisitos poemas a la Alhambra y el Generalife.
Uno de sus mejores amigos fue el historiador Ibn Jaldún. Fue político, historiador ,
filósofo, místico, literato y un médico muy afamado. Su Kitab alWusul li hifz alsihha
fi alfusul ("Libro de la Higiene según las estaciones del año"), traducido directamente
del árabe por la profesora María de la Concepción Vázquez de Benito, de la
Universidad de Salamanca (1984), nos da informaciones sobre cómo combatir la
peste bubónica, la famosa «Peste Negra» que asoló Europa hacia 1348 cobrándose casi
cien millones de vidas humanas (cfr. Robert S. Gottfried: La Muerte Negra.
Desastres naturales y humanos en la Europa medieval, FCE, México, 1993).
92
Igualmente son importantes sus trabajos históricos sobre Granada: alIhata fi ta’rij
Garnata, y alLamha albadriyya fildaula alnasriyya, y sobre mística: Rawdat alta’rif
bilhubb alsharif. Véase muy especialmente Emilio de Santiago: El polígrafo
granadino Ibn alJatib y el sufismo, Diputación Provincial de Historia del Islam,
Granada, 1986, y Rachel Arié: El Reino Nasrí de Granada 12321492, Mapfre,
Madrid, 1992; Ibn alJatib: Historia de los reyes de la Alhambra (alLamha al
Badriyya fildaula alnasriyya). Traducción de José María Casciaro y estudio
preliminar de Emilio Molina, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1998.
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muerte».
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Ibn Abbad de Ronda
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La antigua Arunda ("Rodeada de Montañas") de los Celtas Bástulos fue llamada por
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los primeros musulmanes, llegados a partir de 711, con el nombre de IznaRand. Con
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la entrada de los almorávides en 1090, la ciudad fue denominada Madinat Runda (cfr.
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Jacinto Bosch Vilá: Los almorávides, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1956).
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Muy preocupado por el avance de las fuerzas de los infantes Don Pedro y Don Juan,
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tutores del rey niño Alfonso XI de Castilla, el soberano Ismail I de Granada, solicitó la
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ayuda de los mariníes (Banu Marín) africanos en 1314, que le fue concedida por el
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sultán de Marruecos Abul Hasan, el cual mandó a su hijo Abdul Malik en auxilio de
los andalusíes. Llegado éste, se nombró soberano de Ronda, Algeciras y Gibraltar,
IO
convirtiéndose Ronda en capital de sus dominios. Es en esta época que la legendaria
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importantes como el puente y la alhama en el arrabal viejo, la escalera de la Mina con
360 escalones, hecha en la roca viva, que abastecía de agua a la población desde el
fondo del Tajo, o los molinos de aceite y harina.
Hoy muy pocos de los muchos de los turistas que la visitan, —atraídos por sus paisajes
y las historias del torero Pedro Romero (17541839) y del actor y director
norteamericano Orson Welles (19151985) que yace sepultado en ella—, saben que
en esa apartada serranía, refugio de contrabandistas durante los últimos siglos, nació
Ibn Abbad anNafzí alHimyarí (13321390), llamado arRundí ("el Rondeño").
Sin embargo, la vida del último gran místico andalusí se desarrollará del otro lado del
Estrecho, en Tánger, Tremecén y Fez. Su ascetismo singular y comportamiento
ejemplar conseguiría la veneración de sus discípulos e incluso la simpatía de esos
eruditos y doctores que veían con desagrado a los gnósticos. Fue miembro de la
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Shadiliya, la hermandad mística fundada en Egipto por el piadoso marroquí Abu al
Hasan Alí Ibn Abdallah alShadilí (11961258).
La mayor parte de sus obras fueron sermones y homilías que todavía se leían en la
mezquitauniversidad de Qarawiyyín de Fez y ante el Sultán de Marruecos en el siglo
XVII. Muy importante es su «Comentario de las máximas de Taÿ alDin Abu lFadl
Ibn’Ata’ Allah asSikandarí (m. 1309) de Alejandría» y su «Metafísica del quietismo».
Asín Palacios asegura que la prédica de Ibn Abbad influyó notablemente en San Juan
de la Cruz. El magnífico estudio sobre el particular a cargo de Doña Luce LópezBaralt
es altamente recomendable: «Para mi incrédula, gratísima sorpresa, el problema de la
posible filiación islámica de San Juan de la Cruz se ha trasladado no ya a la crítica sino
a la mismísima literatura española. En su última novela,"las virtudes del pájaro
solitario" (Alfaguara, MadridBuenos Aires, 1996), Juan Goytisolo ofrece un encendido
homenaje al tratado perdido del santo y al lenguaje místico libérrimo cuajado de
imágenes sufíes que exploro en estas páginas» (L. LópezBaralt: San Juan de la Cruz y
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el Islam, Hiperión, Madrid, 1985, pág. 8).
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Véase Paul Nwiya: Un mystique prédicateur à la Qarawiyyin de Fès, Ibn Abbad de
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Ronda, Beirut, 1961; Miguel Asín Palacios: "Un precursor hispanomusulmán de San
Juan de la Cruz", en Obras Escogidas, Madrid, 1946, págs. 243336; Miguel Asín
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Palacios: Sadilíes y alumbrados. Estudio introductorio de Luce LópezBaralt,
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Hiperión, Madrid, 1985; José Valdivia Válor: Don Miguel Asín Palacios. Mística
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Hiperión, Madrid, 1992, págs. 137145; Ibn Ata Allah de Alejandría: Sobre el
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sadilí, Hiperión, Madrid, 1994.
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Granada y la alhambra, el paraiso sobre la tierra
«El que no ha visto Granada,
no ha visto nada»
Dicho popular andaluz
Granada es una ciudad del sur de España, capital de la provincia del mismo nombre,
situada en la comunidad autónoma de Andalucía, a una altura de 775 metros sobre el
nivel del mar, al pie de las montañas de Sierra Nevada y en la confluencia de los ríos
Genil y Darro. La ciudad es el centro comercial de toda la comarca agrícola en que se
ubica la Vega, fértil llanura que durante trece siglos ha dado vida a la ciudad.
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Granada (Garnata en árabe) fue fundada en el siglo VIII por los musulmanes, cerca
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del antiguo asentamiento romano de Ilíberis (la Elvira musulmana), distante unos
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diez kilómetros al noroeste. Su nombre exalta las cualidades de la fruta que produce
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el granado y que es recomendada en el Islam. Granada fue un territorio dependiente
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del califato de Córdoba. Tras su desintegración se creó un reino de Taifas de origen
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bereber, el de los Ziríes (10131090). Durante esa época la ciudad tuvo un visir
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(ministro) judío, Samuel Halevi Ibn Nagrila HaNagid (9931055), que también fue
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un sabio del Talmud y patrocinador de las artes. Posteriormente fue administrada por
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las dinastías africanas de los almorávides (10901145) y almohades (11451230). Con
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la desintegración de alÁndalus en el siglo XIII, se creó el reino de los Nazaríes o
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Nasríes de Granada en 1238 que se mantuvo hasta 1492. Fue entonces cuando
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Granada conoció su edad dorada como centro literario, artístico y científico, a pesar
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de las presiones de los castellanos.
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La cumbre más alta de España
No muy lejos, al sureste, el pico nevado del Mulhacén —deformación fonética de
Muley Hasan— con sus 3.481 metros —máxima elevación de la Península Ibérica— es
una invitación permanente a trepar hasta su cima y divisar desde ella un panorama
incomparable: hacia el norte, la misma Granada, el río Genil y la ciudad de Guadix
con su histórica alcazaba; hacia el sur, las estribaciones de la Alpujarra con su mundo
escondido—Lanjarón, Cádiar, Válor, Laujar—, el exotismo de la costa—Málaga,
Almuñécar, Salobreña, Motril, Almería—, el azul Mediterráneo y más allá, el Africa
inefable. Todas las comarcas de la región retienen la memoria de lo que fue el último
reino hispanomusulmán.
La Alhambra
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La Alhambra es un recinto emplazado en una colina sobre la ciudad de Granada, en
cuyo seno se encuentra uno de los palacios más relevantes de la arquitectura islámica.
El nombre de Alhambra procede del color rojo de sus muros, en árabe AlHamrá,
construidos con la arcilla ferruginosa del propio terreno.
Muhammad I alAhmar (12371273), primer rey de la dinastía nazarí, comenzó la
urbanización de la colina junto al río Darro y construyó la alcazaba (alqasab en
árabe), una impresionante fortaleza —con capacidad para una guarnición de cuarenta
mil hombres— que domina la ciudad de Granada desde un espolón, la colina de la
Sabika. Su sucesor Muhammad II (12731302) concluyó el recinto amurallado,
asegurando así la paz interior del palaciociudadela de los sultanes granadinos. El
palacio real que hoy se conserva, sin embargo, fue construido por Yusuf I (13331354)
y Muhammad V (13541358 y 13621391).
La entrada
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Desde la Plaza Nueva, en el centro de la ciudad, se sube a la Alhambra por la cuesta
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de Gomérez que es una callejuela estrecha y empinada donde abundan las tiendas de
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souvenirs y artesanías. Dicha cuesta termina en la «Puerta de las Granadas», edificada
por Carlos V en el antiguo perímetro fortificado musulmán que unía la alcazaba con
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las Torres Bermejas. Al traspasar la puerta, se cambia lo urbano en bosque poblado de
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penumbras, trinos y rumores de aguas. La Alhambra está cerca y anuncia su magia a
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través de la naturaleza. A poco de subir por el camino, sobre la izquierda se encuentra
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la más famosa de las Puertas de la fortaleza roja, la «de la Justicia» (Bab al Sharía).
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Sobre el arco de la puerta se encuentra la «Mano de Fátima» y una llave que sin duda
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tienen un sentido simbólico que todavía no se ha podido descifrar. Al traspasar su
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umbral ingresamos en la Alhambra. Antes de dirigirnos hacia el este para visitar los
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palacios, es preferible conocer la alcazaba con sus torres «de la Vela» y «del
Homenaje» desde donde se puede apreciar un panorama estupendo de la Vega y la
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ciudad.
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Las salas y los patios
Pasadas estas estancias se abre el Patio de los Arrayanes, una de las piezas
fundamentales de la Alhambra gracias a sus prodigiosas proporciones, tensadas por la
alberca longitudinal que divide su planta. Su nombre se debe a los dos setos de
arrayanes o mirtos que flanquean la alberca sobre la que se reflejan los soportales de
96
la Sala de la Barca y la monumental Torre de Comares. Dentro de la torre está el
ornado Salón de Embajadores donde los monarcas de Granada recibían a los
emisarios extranjeros que se maravillaban del arte y riqueza del singular dominio
islámico; ahí también el 4 de junio de 1526, el emperador Carlos V, mirando desde un
balcón los jardines, las arboledas y el río, exclamó: «¡Cuán desgraciado el hombre que
perdió todo esto!». En la antesala de la Torre de Comares se encuentra la siguiente
inscripción en árabe: «Edificaste para la fe en la preciosa cumbre una tienda de gloria,
que no necesita cuerdas para su sostén».
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surtidores es la Misericordia divina que se derrama de los Imames sobre la
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humanidad. Con su valor ritual, su función refrescante y su contenido simbólico, el
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agua es un complemento esencial de la arquitectura islámica.
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La presencia de estanques, canales y fuentes, sirve para enfatizar los ejes de la
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composición arquitectónica, para relacionar ámbitos aparentemente inconexos, o para
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Alhambra, tanto en su Patio de los Arrayanes como en el de los Leones, es el mejor
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ejemplo de la importancia capital que tiene el agua en la arquitectura islámica, tanto
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que se puede llamar a alÁndalus por este motivo «una cultura del agua».
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Las esbeltas columnas y floridos capiteles de la arcada circundante en el Patio de los
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proclaman la divisa de la Granada nazarí —la que a través del tiempo se ha
convertido en el símbolo de alÁndalus por excelencia: Lá gáliba illa Alláh «¡No hay
vencedor más que Dios!» (tradición que se remonta al califa almohade Abu Yusuf
Yaqub, el cual, al derrotar a los castellanos en Alarcos, el 18 de julio de 1195, portaba
ya en su estandarte esta consigna)— hacen de este monumento la obra maestra de la
arquitectura del Islam en Occidente.
Entre las estancias que rodean al patio de los Leones destacan la Sala de Dos
Hermanas, que repite la composición espacial del patio y se ilumina de luz natural a
través de una excepcional cúpula de mocárabes; la Sala de los Abencerrajes, cubierta
por una cúpula similar a la anterior, y la sala de los Reyes, sorprendente por sus
pinturas figurativas inusuales en el arte islámico medieval. El conjunto de palacios y
estancias de la Alhambra se sucede en los restos del antiguo palacio y los jardines del
Partal, y más adelante en algunas torres de sus murallas, como la de la Cautiva o la de
97
las Infantas, guardianas de un misterioso encanto estrechamente relacionado con las
leyendas que les dan nombre.
El Generalife
Al noroeste de la Alhambra se levanta el palacio del Generalife, una villa de recreo
construida a principios del siglo XIV —con anterioridad al palacio de Yusuf I— que se
asoma por sus galerías y ventanales calados al barrio granadino del Albaicín (de al
bayyazín: musulmanes de Baeza que se refugiaron en Granada). El edificio, sin
embargo, es menos conocido que sus jardines, ideados con una sublime sutileza que
participa de la composición geométrica tanto como de los colores y aromas que
desprenden sus variadas especies vegetales. Con mucha razón se lo llama «La más
noble y elevada de todas las huertas» (Ÿannat al'arif). Otra traducción sería «Huerta
del gnóstico o arquitecto (alarife)».
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El gozo de los viajeros
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Igualmente, los jardines del Partal, de los Adarves y de Lindaraja en la Alhambra, con
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sus rimeros de macetas floridas, con recortados setos que bordean acequias, con
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estanques y fuentes cubiertos de nenúfares, y todo un conjunto, esplendoroso y sutil,
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asomándose a la legendaria ciudad, al blanco barrio del Albaicín, a las cumbres
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sobradamente las expresiones de viajeros como el médico austríaco Ieronimus Münzer
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bellísimos jardines, adornados con limoneros y arrayanes... Todo está tan soberbia,
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paraíso. No me es posible dar cuenta de todo (...) Al pie de los montes (de Granada), en
una buena llanura tiene casi en una milla muchos huertos y frondosidades que se pueden
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regar por canales de agua; huertos, repito, llenos de casas y de torres, habitadas durante
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el verano que viéndolos en conjunto y desde lejos los creerías una populosa y fantástica
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ciudad. Principalmente hacia el noroeste, en una legua larga, o más, contemplamos estos
huertos, y no hay nada más admirable. Los sarracenos gustan mucho de los huertos, y
son tan ingeniosos en plantarlos y regarlos que no hay nada mejor. Es además un pueblo
que se contenta con poco y vive en su mayor parte de los frutos que de ellos saca, y que
no les faltan durante todo el año.»(cfr. H. Münzer: Viaje por España y Portugal 1494
1495, Edic. Polifemo, Madrid, 1991).
Ya anteriormente, el infatigable viajero musulmán tangerino Ibn Battuta (13041377)
había apuntado en su Rihla (en árabe "relato de viaje"): «Después continué la marcha
hasta Granada, capital del país de alÁndalus, novia de sus ciudades. Sus alrededores no
tienen igual entre las comarcas de la tierra toda, abarcando una extensión de cuarenta
millas, cruzada por el famoso río Genil y por otros muchos cauces más. Huertos, jardines,
pastos, quintas y viñas abrazan a la ciudad por todas partes» (Ibn Battuta: A través del
Islam, Alianza, Madrid, 1988, pág. 763).
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El gran humanista italiano Pietro Martire d’Anghiera (14591524), cronista de
Fernando e Isabel, cuando visitó Granada en el primer cuarto del siglo XVI escribía en
una de sus epístolas: «A todas las ciudades que el sol alumbra, es, en mi sentir, preferible
Granada.(...) Las cercanas montañas se extienden en torno en gallardas colinas y suaves
eminencias, cubiertas de olorosos arbustos, de bosquecillos de arrayán y de viñedos. Todo
el país, en suma, por su gala y lozanía, y por su abundancia de aguas, semeja los
Campos Elíseos. Yo mismo he probado cuánto estos arroyos cristalinos, que corren entre
frondosos olivares y fértiles huertas, refrigeran el espíritu cansado y engendran nuevo
aliento de vida» (cfr. Opus epistolar. Petri Martyris, ed. Amsterdam 1670, pág. 64, trad.
cast. de Juan Valera, en Adolf Friedrich von Schack: Poesía y arte de los árabes en
España y Sicilia, Hiperión, Madrid, 1988, XVII, pág. 378).
El escritor y diplomático Andrea Navagero (Venecia 1483Blois 1529), cronista oficial
de la república veneciana, embajador cerca de Carlos V y enviado más adelante a la
corte de Francisco I de Francia, en sus observaciones durante el viaje a España
F
(1524), se advierte la gran afición que sentía por la naturaleza, huertas y vegas, ya
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que en su patria, Venecia, cultivó huertos en su predio de Murano. Pero veamos la
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sorpresa que encontró en Granada, último reducto de alÁndalus (citado en Cherif
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Abderrahman Jah y Margarita López Gómez: El enigma del agua en alÁndalus,
Lunwerg Editores, Barcelona, 1994, pág. 206): «Toda aquella parte que está más allá
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de Granada es bellísima, llena de alquerías y jardines con sus fuentes y huertos y bosques,
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hermosura a lso demás, no se diferencian mucho de los otros alrededores de Granada; así
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los collados como el valle que llaman la Vega, todo es bello, todo apacible a maravilla y
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tan abundante de agua que no puede serlo más, y lleno de árboles frutales, ciruelas de
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todas clases, melocotones, higos (...) albérchigos, albaricoques guindos y otros, que
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apenas dejan ver el cielo con sus frondosas ramas... Por todas partes se ven en los
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alrededores de Granada, así en las colinas como en el llano, tantas casas de moriscos,
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aunque muchas están ocultas entre los árboles de los jardines, que juntas formarían otra
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ciudad tan grande como Granada; verdad es que son pequeñas, pero todas tienen agua y
rosas, mosquetas y arrayanes, y son muy apacibles, mostrando que la tierra era más
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bella que ahora, cuando estaba en poder de los moros; al presente se ven muchas casas
arruinadas y jardines abandonados, porque los moriscos más bien disminuyen que
aumentan, y ellos son los que tienen las tierras labradas y llenas de tanta variedad
árboles; los españoles, lo mismo aquí que en el resto de España, no son muy industriosos
y ni cultivan ni siembran de buena voluntad la tierra, sino que van de mejor gana a la
guerra o a las Indias para hacer fortuna por este camino más que por cualquier otro.»
(cfr. A. Navagero: Viaje por España 15241526, trad. cast. A.M. Fabré, edic. Turner,
Madrid, 1983).
El descubrimiento de la Alhambra
La Alhambra se convirtió en palacio de los reyes cristianos desde la toma de Granada
por los Reyes Católicos, en 1492. Su nieto, Carlos I de España y V de Alemania,
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mandó demoler irracionalmente parte del palacio musulmán para construir un
edificio renacentista —con iglesia incluida— que sirviera de puerta solemne revestida
de cristiandad, pero sus formas adustas y desproporcionadas contrastan notablemente
con la grácil acrópolis musulmana. Pese a ello, la Alhambra se abandonó y fue
deteriorándose con el paso del tiempo hasta prácticamente desaparecer bajo la maleza
a mediados del siglo XVIII y el agua cantarina dejó de brotar.
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destructora del tiempo. Los curtidos zapadores y pontoneros se convirtieron en
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jardineros creativos que recompusieron setos, estanques, canteros y plantaron
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arbustos y macizos de flores, restableciendo el sistema hidráulico que permitió que las
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fuentes y surtidores volvieran a fluir alegremente. Al tratar de preservar la Alhambra,
esos soldados de Napoleón recuperaron para España el más bello y atrayente de sus
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monumentos históricos.
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Paradójicamente, tanto los españoles como los musulmanes en general del siglo XIX
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extranjeros, el estado español acometió su restauración a partir de 1862. Finalmente,
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históricamente equívoco, ya que las estancias palaciegas prevalecen sobre la fortaleza.
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Fuente de inspiración artística
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Tal vez el mejor fruto de esta inspiración son los «Cuentos de la Alhambra», escritos
en 1832 por el diplomático norteamericano de origen irlandés Washington Irving
(17831859).
Por su parte, el escritor y viajero romántico francés François René, vizconde de
Chateaubriand (17681848), rubricó esta frase: «Debería ver usted la Alhambra y
Granada. Es como una obra de hadas; es magia, gloria y amor, no se parece a nada
conocido».
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El escritor norteamericano Jack London (18761916) nunca visitó España, pero en
1885, a los nueve años, deslumbrado por la lectura de los «Cuentos de la Alhambra»
de Irving, decidió construirse con los ladrillos de una chimenea «una pequeña
Alhambra privada, con sus torres, sus patios, sus miradores y demás detalles», no
olvidando de «colocar letreros en yeso que indicaban su existencia y emplazamiento».
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del agua de la fuente, existen no tanto por ellos mismos sino para manifestar la
naturaleza de la luz. El secreto más íntimo de este arte es una alquimia de la luz».
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El ilustre bardo granadino Federico García Lorca, nacido en Fuente Vaqueros en 1898
y muerto trágicamente en Víznar en 1936, a los comienzos de la Guerra Civil
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española, calificó a Granada como el «paraíso perdido del Moro», y diciendo en otra
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ocasión: «¡Con qué trabajo deja la luz a Granada!». Alexandre Dumas (18021870), el
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creador de «Los tres mosqueteros», luego de visitar la ciudad, confesó a un amigo:
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«Empiezo a pensar que hay un placer todavía mayor que el ver Granada, y es el de
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volverla a ver».
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Otro poeta, el argentino Alfredo Bufano (Guaymallén 1895Buenos Aires 1950), al
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visitar Granada y la Alhambra en abril de 1947, escribe: «El agua es el poema vivo de
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la Alhambra. ¡Desengañáos, poetas! ¡Nadie podrá cantarla como ella! ¿Y desde cuándo lo
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hace? Desde que los moros frenaron aquí sus caballos y construyeron esta anticipación
del paraíso que es la Alhambra» (publicado en el artículo "El agua de la Alhambra",
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Diario La Prensa, sección ilustrada, Buenos Aires, Domingo 26 de Octubre de 1947).
Hay tantas Granadas como granadinos y granadófilos. En 1846, Alexandre Dumas en
su obra «De París a Cádiz»— poderoso estimulante del turismo francés a Andalucía—,
al referirse a la Alhambra y al Generalife, dice: «en ninguna parte del mundo
encontrarás en espacio tan reducido una fragancia así, una multitud de ventanas que se
abre cada una a un rincón del paraíso».
El Louvre y la Alhambra: los más visitados
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Hoy día, más de veinte mil millones de dólares ingresan todos los años a España por
concepto de la industria turística, y la mayoría de los turistas vienen con un fin
determinado: quieren ver esas bellezas incomparables que son la Mezquita de
Córdoba, la Torre de la Giralda y los Reales Alcázares de Sevilla y la Alhambra de
Granada. La Alhambra es uno de los monumentos históricos más visitados del planeta
con una cifra que oscila entre los ocho a diez mil viajeros diarios provenientes de los
cuatro puntos cardinales, la cual sólo es superada por el Museo del Louvre de París
que registra un promedio de quince mil visitantes por día.
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EL JARDÍN EN LA TRADICIÓN ISLÁMICA
«Yo enamoro a este jardín donde la margarita es la sonrisa,
el mirto, los bucles, y la violeta, el lunar».
Ibn Jafaÿa (10581138)
(cfr. Hamdán Haÿÿaÿi: Vida y obra de Ibn Jafaÿa, poeta andalusí (Hiperión,
Madrid, 1992, pág. 129).
El origen más remoto de los jardines musulmanes hay que rastrearlo en Oriente y se
basa en la idea del Paraíso Terrenal que hablan todas las cosmogonías antiguas y está
descrita en la Biblia:
«Plantó Dios un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo
brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paeladar,
y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
Salía del Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía en cuatro brazos. El primero
F
se llamaba Pisón.. el segundo se llamaba Guijón... el tercero Tigris... el cuarto Eufrates».
SE
Génesis 2, 8 a 14.
IC
D
CI
La predilección musulmana por los jardines, tiene su origen en el JardínParaíso
descripto en el Sagrado Corán que es, ante todo, la suprema e infinita promesa de
EL
felicidad a los que hacen el bien y vedan el mal.
D
«Quienes obedezcan a Dios y a Su Enviado, El les introducirá en Jardines debajo de los
L
A
cuales fluyen ríos, en los que estarán eternamente».
IT
Sagrado Corán: Sura 4, Aleya 13.
IG
D
Numerosos pasajes del Libro por excelencia evocan este lugar delicioso con una
CA
imagen tan precisa que ésta llegó a ser fuente de inspiración para los creadores de
TE
jardines. En el seno de un cercado protegido de los vientos del desierto, el agua de los
Cuatro Ríos del Paraíso discurre por canales entre parterres con árboles cargados de
IO
frutos y poblados de pájaros, mientras unas huríes acogen en sus pabellones a los
BL
bienaventurados para toda una eternidad de delicias... (al respecto, véase también las
BI
siguientes aleyas coránicas: 3852, 4454, 5220, 5572, 5622 y 7833).
«A los que creen y hacen buenas obras, les haremos entrar en jardines, bajo los cuales
corren ríos, donde morarán eternamente; tendrán en ellos esposas purificadas y les
haremos disfrutar de una densa sombra».
Sagrado Corán: Sura 4, Aleya 57.
«Los que temen a su Señor tendrán, junto a su Señor, los Jardines de la Delicia».
Sagrado Corán: Sura 68, Aleya 34.
El jardín, paraíso y recuerdo del primigenio oasis del desierto, ocupa por tanto un
lugar privilegiado en el imaginario musulmán. La catedrática María Jesús Rubiera
Mata de la Universidad de Alicante, en su obra La arquitectura en la literatura
árabe (Hiperión, Madrid, 1988), desarrolla esta perspectiva: «El oasis debe ser el
principio del jardín árabe, el oasis, que ofrece al beduino el placer estético del claroscuro,
10
al presentarse como una mancha negra en el luminoso horizonte, y luego, cuando se
acoge bajo sus palmeras colmará el resto de sus sentidos con la frescura de su sombra,
con el agua de su manantial, recogida en una charca tranquila como un espejo, o sonora
y fluyente en riachuelos o en rudimentarias acequias que nacen de su fuente. El Profeta
del Islam trascenderá estas sensaciones y mientras los persas habían hecho de sus
jardines, paraísos, los árabes harán del Paraíso un jardín».
Arboles, sombra y agua componen un jardín persa. Para ese pueblo, el Paraíso habla
de flores y jardines. Precisamente, la palabra «paraíso» por mediación del griego
paradisos, procede de Persia, donde figura en el Avesta bajo la forma pairi ("circular")
daéza ("pared" o "muro"), en persa moderno (farsí) firdaus.
F
SE
Esto era de esperarse, puesto que el paraíso muslímico, revelado por el libro sagrado
IC
es una promesa de jardines en flor:
D
CI
«No oirán allí frivolidades ni reproches de pecado, sino una palabra: ¡Paz! ¡Paz! Y los
bienaventurado se alojarán allí, entre los tallos de lotos, bajo árboles de mawz
EL
recubiertos de flores»
D
(Sagrado Corán: Sura 56, Aleyas 259).
L
A
IT
El famoso islamólogo español Miguel Asín Palacios (18711944), a propósito de la
IG
tradición monoteísta de los Cuatro Ríos, cita un pasaje del texto del Mi'raÿ (cfr. Tafsir
D
de Jazin, III. 145 y ss., Muhammad Effendi Mustafá Editor, El Cairo, 1318 de la
CA
Hégira) en la que el Santo Profeta Muhammad (BPD) dice: «Y he aquí que había
TE
cuatro ríos, dos ocultos y dos exteriores. Dije: "—¡Oh Gabriel! ¿Qué son estos ríos?".
Respondió: "—Los ocultos son dos ríos del cielo, y los exteriores, el Nilo y el Eufrates"»
IO
Historia y crítica de una polémica, Hiperión, Madrid, 1984, pág 431).
BI
El jardín islámico se inscribió principalmente en la tradición que procedía de la Persia
sasánida. Los más bellos jardines de los primeros siglos de la Hégira (VII a IX en
Occidente) se lograron en el Irán musulmán. De este período son dignos de mención
los jardines omeyas, en los que se incorporaron rasgos de la tradición de los parques
reales helenísticos, a su vez inspirados en los jardines persas, aunque con una
particular disposición de los elementos arquitectónicos (pórticos, paseos, peristilos).
Así, en Ÿirbat ("Ruinas") alMafÿar, en Palestina, en la primera mitad del siglo VIII,
explanadas y patios de armas se adicionaron al patio con peristilo situado en el
interior del castillo. Este tipo de disposición prefiguró la evolución de los jardines de
producción omeya, que dieron paso a los grandiosos parques de las residencias
abbasíes. Estos se inscribieron directamente en la filiación de los jardines sasánidas,
de los que recuperaron la amplitud y la rigurosa disposición geométrica. Y al igual que
10
sus modelos sasánidas, eran empleados para las cacerías reales y acogían las paradas
militares y las recepciones privadas y oficiales. En ellos se practicaba también la
equitación y el polo.
El parque del palacio Ÿaushaq alJaqaní, por ejemplo, situado en Samarra (Irak), siglo
IX, se extendía sobre una inmensa explanada florida y plantada de árboles, en las que
se intercalaban acequias, estanques y kioscos. El relato maravillado de los
embajadores bizantinos que fueron recibidos en 917 en el palacio del califa al
Muqtadir (que gobernó entre 908932), en Bagdad, evoca unos jardines en los que,
entre estanques de mercurio resplandecientes como un espejo, se paseaba una fauna
de animales exóticos en medio de una profusión de raros perfumes (cfr. Jonas
Lehrman: Earthly Paradise. Garden and Courtyard in Islam, Thames and Hudson,
Londres, 1980).
Los vestigios de un jardín del siglo XII descubierto en Marrakesh bajo las ruinas de la
F
primera mezquita de la Kutubiyya muestran que, a pesar de su superficie reducida,
SE
había incorporado el esquema persa con sus dos alamedas en forma de cruz. El
IC
modelo de rigurosa geometría originario de Irán dominó tanto en Oriente como en
D
CI
Occidente, donde al parecer fue adoptado desde el siglo XII. Los jardines nazaríes de
la Alhambra (siglo XIV), constituyen un ejemplo de ello, que además inspiró a
EL
numerosos jardines del Magreb a partir del siglo XVI (palacio Badí en Marrakesh,
D
1578). Véase Dumbarton Oaks Colloquium on the History of the Islamic Gardens,
L
A
Dumbarton Oaks, Trustees for Harvard University, Washington, 1976; The Garden in
IT
the Arts of Islam, March 25April 27, 1980, Mount Holyoke College Art Museum,
IG
South Hadley, Massachusetts, 1980.
D
CA
Botánicos y geóponos andalusíes
TE
En la época del Islam clásico, la historia natural comprendía los dominios de la
IO
geología, la farmacopea vinculada a la medicina, la física, la zoología y la botánica,
BL
con sus derivaciones hacia la agricultura. No es extraño que algunos grandes sabios
BI
del Islam, como alKindí, alBiruní y arRazí, trataran de estas ciencias en sus trabajos
enciclopédicos o especializados.
Ya en el siglo IX, el Libro de los animales (Kitab alhayawán), del gran literato de
Bagdad alYahiz (776868), constituyó a su manera un tratado de zoología en el que
se describen 350 especies de animales. Un siglo después, un grupo de sabios shiíes, los
«Hermanos de la Pureza» (Ijuán alsafa), establecidos en Basora a partir de 983,
otorgaron en sus Epístolas (Rasâ’il) una gran importancia a la geología, la botánica y
la mineralogía. Las ciencias naturales y la farmacopea fueron inseparables de la
práctica de los más grandes médicos —como arRazí, Avicena y Averroes— y
efectuaron brillantes progresos en la época del Islam clásico, como lo patentizan
incontables obras, con frecuencia pioneras, acerca de los minerales, las plantas y las
drogas.
10
Sociología de las plantas
La jardinería persa tuvo un rol preponderante en la evolución de la botánica islámica.
Un hábito genuino de esta tradición milenaria consistía en podar los retoños o sierpes
hasta la misma copa del árbol a fin de que, al acumularse aquí el follaje, ganase en
esbeltez y nobleza de estampa, al mismo tiempo que se le infundía un cierto aire de
refinamiento, inequívoco de civilización tan culta y peculiar.
Los persas distribuían sabiamente, como en un tapiz las manchas de color, las flores
en los parterres, distinguiendo entre ellas, a imagen de las constelaciones terrestres,
las anémonas, caisímones, egipanes, clemátides, ampelis, heliantos, leucantemos,
ásteres, diamelas, y otras más exóticas aun que ellos llamaron «sidr» (loto) y «falh»
(acacia mimosa). Entre los árboles veneraron el mítico «arak» (árbol de cólquidos), los
«ban» (mencionados en las inscripciones de la Alhambra), al mismo tiempo que el
«panjí» (árbol del Paraíso), el «natey» (especie de palmera), el mirobaláno y el
F
cinamomo (de cuya raíz extraían el jenjibre), además del almez, la catalpa, el ailanto
SE
y el nogal. A semejanza de los druidas, los persas creyeron que en cada árbol habitaba
IC
un genio, y que cuando se secaba era porque éste, como el alma al cuerpo, lo había
D
CI
abandonado.
EL
Los musulmanes de los primeros siglos del Islam intuyeron, asimismo, lo que
D
magnética entre ellas mismas, de modo que se cuidaban de sembrar en un mismo
IT
arriate plantas de distinta familia, cuyos perfumes y pólenes no fuesen homogéneos.
IG
Iban incluso más lejos: sabedores de que ciertos pájaros muestran inclinación por
D
determinados árboles, así la golondrina por el ciprés y el ruiseñor por el almendro, y
CA
de que los cánticos de las aves influyen en el metabolismo de las plantas, conforme a
TE
la hipersensorialidad que se ha podido observar en el mundo vegetal, tenían también
muy presente el árbol que iba a dar sombra a las flores con el fin de que hubiese
IO
afinidad perfecta, no ya entre árboles y flores, sino entre éstas y el cántico de los
BL
pájaros, por lo que las rosas, vaya como ejemplo, aparecían junto a los almendros y
BI
los lirios cerca de los cipreses, justamente como espontáneamente se ofrecen en la
Naturaleza.
AlÁndalus, Jardín del Islam
El geógrafo cordobés alBakrí (m. 1094) estudió en sus trabajos los árboles y los
vegetales de su España natal.
10
En Tunicia, Abu alSalt alÁndalusí (10671134) escribió, también en el siglo XII, el
innovador «Libro de las drogas simples» (Kitab aladwiya almufrada). Pero era en la
España musulmana donde se hallaba la vanguardia de la investigación en ciencias
naturales.
Por la misma época y con el mismo título que el empleado por Abu alSalt, el andalusí
Abu Ÿa’far alGafiqí (m. 1165), hijo del célebre oculista Muhammad alGafiqí2, llevó a
cabo una novedosa descripción científica de las plantas.
En el siglo XIII, su compatriota AbulAbbás Ibn alRumiyya alNabatí (11661240),
que estudió en Marrakesh con el farmacéutico Ibn Salih, se hizo célebre con sus
trabajos sobre botánica. En 1217 realizó un viaje a Oriente con el doble objetivo de
peregrinar a La Meca y de llevar a cabo observaciones científicas. Sobre el periplo
escribió un libro titulado alRihla alnabatiyya ("El viaje botánico") cuyo original,
desgraciadamente, se ha perdido.
F
SE
Ibn alAwwám
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D
En los siglos XI y XII, surge una escuela agrónoma en alÁndalus que será la más
CI
importante del Islam clásico. Los más conocidos agrónomos y geóponos (los
EL
estudiosos de la geoponía, o sea la agricultura) andalusíes de este período son Ibn
D
Wafid (10081074), el toledano Ibn Bassal (s. XI), autor de un tratado de agricultura
L
A
llamado Kitab alQasd ua lbayán (trad. por el arabista y hebraísta José María Millás
IT
Vallicrosa, M. Aziman, Tetuán, 1955), Abu lJayr alIsbilí (s. XI), natural de Sevilla
IG
como indica su nisba, y del que apenas nada se sabe (su Tratado de Agricultura fue
D
traducido y comentado por J.M. Carabaza, AECI, Madrid, 1991), e Ibn alAwwám.
CA
TE
El tratado de Ibn alAwwám (Kitab alfilaha) fue, durante bastante tiempo, la única
referencia sobre la agronomía hispanomusulmana y, paradójicamente, la personalidad
IO
del autor casi totalmente desconocida, ya que son mínimos los datos autobiográficos
BL
que aporta y una fuente como la de Ibn Jaldún parece conocerlo poco y mal (cfr. Ibn
BI
Jaldún: Introducción a la historia universal. AlMuqaddimah, FCE, México, 1977,
pág. 919). Por el estudio de su obra parece claro que el autor vivió en Sevilla, y más
concretamente, en la zona de Aljarafe, dadas las frecuentes citas que, de este distrito
en que él realizaba prácticas agrícolas, aparecen en su tratado: «yo sembré arroz en el
Aljarafe», o «jamás he visto en los montes del Aljarafe higueras plantadas entre las
2
En la primera mitad del siglo XII vivió el oculista Muhammad Ibn Qassum Ibn Aslam al-Gafiqí, que nació
cerca de Córdoba y practicó en dicha ciudad. Este fue el autor del Kitab al-murshid fi-l-kuhl ("Guía del
oculista") del que se conserva un manuscrito único en la biblioteca de El Escorial. El tratado está compuesto por
seis libros, ocupándose de medicina ocular e higiene de los ojos en los dos últimos, y puede considerarse como
un fiel ejemplo de los conocimientos oftalmológicos que llegó a dominar la medicina islámica de la época. El
instrumento óptico de dos cristales montados en armadura que se sujeta a las orejas llamado gafas, debe su
nombre al inventor, el oculista cordobés al-Gafiqí. Hoy día un busto honra su memoria en el barrio de la Judería,
cerca de la célebre mezquita.
10
vides». También dice: «Ninguna sentencia establezco en mi Obra que yo no haya
probado por la experiencia repetidas veces» (cfr. Ibn alAwwám: Libro de Agricultura,
trad. J.A. Banqueri, 2 vols., AECI, Madrid, 1988, facsimile de la de 1802).
Ibn alAwwám redactó su tratado en la segunda mitad del siglo XII. Enlaza con la
tradición latina de Lucio Columela (siglo I d.C.), pero recoge mucho de la tradición
árabe oriental, representada por el «Libro de agricultura nabatea» de Ibn Uahsiyya, 3 al
que en general resume, incorporando los ricos conocimientos farmacológicos
andalusíes, manifestando el alto grado del saber existente en alÁndalus acerca de las
casi seiscientas plantas que menciona, además del medio centenar de árboles frutales
que describe, ocupándose de cómo han de ser cultivados.
La obra de Ibn Awwám influyó en el Renacimiento, y, revalorizada por los ilustrados,
fue objeto de una versión castellana íntegra, publicada en 1802, por impulso del
historiador, economista y político español Pedro Rodríguez Campomanes y Pérez,
F
conde de Campomanes (17231803). La misma fue traducida por Fray José Banqueri,
SE
discípulo del célebre monje maronita Michel Casiri (17101791), que editó el texto
IC
árabe basándose en el manuscrito de El Escorial y lo tradujo al castellano. Resulta
D
CI
muy curioso subrayar que tanto Banqueri como Campomanes estaban convencidos de
la utilidad que podía tener la obra de Ibn alAwwám para el fomento de la agricultura
EL
en España a fines del siglo XVIII.
D
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Ibn alBaitar
IT
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Sin embargo, el más grande botánico farmacólogo de la civilización islámica fue otro
D
hispanomusulmán, Diya alDin Abu Muhammad Abdallah Ibn Ahmad, llamado Ibn al
CA
Baitar ("el hijo del veterinario"), de Málaga (m. 1248), discípulo de alNabatí. Estudió
TE
en Sevilla y en 1220 dejó alÁndalus para seguir la misma ruta que alNabatí, aunque
él ya no volvería a su tierra natal instalándose en el Oriente musulmán hasta
IO
encontrar la muerte en Damasco. En la ciudad de El Cairo, el sultán ayubí Malik al
BL
Kamil Nasiruddín Muhammad (sobrino de Saladino, que gobernó entre 12181238) lo
BI
nombró jefe de los herboristas de palacio y fue probablemente allí donde escribió sus
obras más importantes, entre ellas su gran enciclopedia: alŸami limufradat aladwiya
ualagdiya ("Colección de nombres de alimentos y drogas simples"). Ibn alBaitar
viajó a Siria y Anatolia, a pesar de las invasiones cruzadas, para recoger plantas, y sus
3
Entre los logros que habitualmente se atribuye a los musulmanes de la Edad de Oro (s. VIII al XII), está el
de desarrollar de modo notable la agricultura, sobre todo aquella que se refiere a los cultivos de regadío. Y al
igual que sucedió en otros campos, como filosofía, música y arquitectura, los musulmanes recuperarán la
tradición clásica, en este caso romana, contenida en obras de autores griegos o romanos, como Plinio el Viejo
o Lucio Columela, y la pondrán en práctica desde la India hasta al-Ándalus. La primera gran obra de
agricultura es el conocido Kitab filaha al-nabatiya ("Libro de agricultura nabatea"), obra de Ibn Uahsiyya, que
floreció hacia 900 y recoge los conocimientos de los antiguos nabateos y los cultivadores mesopotámicos.
Recordemos que los nabateos eran árabes de una rica zona agrícola, cuya capital era la legendaria Petra (hoy
Jordania), la ciudad color rosa, redescubierta en 1812 por el viajero suizo Johann Ludwig Burckhardt (1784-
1817), convertido al Islam con el nombre de Ibrahim Ibn Abdallah (véase Vida y Viajes de John Lewis
Burckhardt, Laertes, Barcelona, 1991).
10
trabajos constituyen la mejor sistematización sobre las plantas medicinales que jamás
se emprendió antes de la época moderna. En esos tratados, dio entrada a mil
quinientas especies —trescientas de las cuales nunca se habían inventariado hasta
entonces—, citó a los autores griegos y latinos y anotó sus propias observaciones. Se
trata, en fin, de un repertorio crítico del conjunto de la ciencia farmacológica que
permaneció como el fundamento de toda la botánica ulterior en el Oriente musulmán.
Ibn Luyún de Almería
En relación con el cuidado de la tierra en alÁndalus, la figura más sobresaliente es
Ibn Luyún de Almería (12821349). Su obra ha sido editada por Joaquina Eguaras
Ibañez y lleva por título Tratado de Agricultura (Granada, 1988). Está realizada en
verso y contiene importantes conocimientos sobre el tema agrícola, el cuidado de
F
jardines, etc. Una obra muy recomendable para profundizar sobre los secretos de la
SE
agricultura, la irrigación y el apropiado uso del agua en alÁndalus es la de Cherif
IC
Abderrahmán Jah y Margarita López Gómez: El enigma del agua en alÁndalus,
D
Lunwerg Editores, Barcelona, 1994. También es muy interesante consultar el trabajo
CI
de varios autores: El agua en la agricultura de alÁndalus, Lunwerg/El legado
EL
andalusí, Barcelona, 1995.
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10
Maestros de la horticultura
Hay unos conocidos versos de Calderón4, que hablan de la gran fama que tenían los
musulmanes andalusíes como horticultores:
«...Porque no sólo a la tierra, pero a los peñascos hacen
tributarios de la yerba; que en agricultura tienen
del estudio, tal destreza, que a preñeces de su alzada
hacen fecundas las piedras»
("Amar después de la muerte", tema religioso).
Un refrán popular español de aquella época rima así:
«Una huerta es un tesoro si el que la labra es un moro».
El etnólogo e historiador español Julio Caro Baroja (19141995), decía que «La fama
de los moriscos como horticultores es grande y siempre se les consideró en esta actividad
F
como muy superiores a los cristianos viejos. Los moriscos, dice Andrea Navaggiero (1483
SE
1529, embajador veneciano ante Carlos V) en su memorable descripción de Granada,
IC
son los que tienen las tierras labradas, y llenas de tanta variedad de árboles; los
D
CI
españoles añade, lo mismo aquí que en el resto de España, no son muy industrioso y ni
cultivan ni siembran de buena gana la tierra. Cuando los historiadores arabófilos hablan
EL
del estado de florecimiento a que llevaron los árabes la agricultura en España debían
D
L
A
4
Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), dramaturgo y poeta español, es la última figura importante del
IT
siglo de Oro de la literatura española. Nació en Madrid el 17 de enero de 1600. Se educó con los jesuitas en
IG
Madrid, y continuó los estudios en las universidades de Alcalá y Salamanca hasta 1620. Fue soldado en la
juventud y sacerdote en la vejez, lo que era bastante habitual en la España de su tiempo. En sus años jóvenes
D
su nombre aparece envuelto en varios incidentes violentos, como una acusación de homicidio y la violación
CA
de la clausura de un convento de monjas. De su vida militar existen pocas noticias, aunque consta que tomó
parte en la campaña para sofocar la rebelión de Cataluña contra la Corona (1640). Contrasta lo impulsivo y
TE
mundano de su juventud con lo reflexivo de su madurez, un aspecto que se acentúa al ordenarse sacerdote en
IO
1651. Disfrutó del máximo prestigio en la brillante corte de Felipe IV y su nombre va asociado a la
BL
inauguración del palacio del Buen Retiro de Madrid, en 1635, y a numerosas representaciones teatrales
palaciegas. El rey le honró otorgándole el hábito de Santiago. También fue capellán de la catedral de Toledo y
BI
capellán del rey. Murió en Madrid el 25 de mayo de 1681. En vida fue un autor respetado por todos y rara vez
aparece mezclado en las violentas polémicas literarias de sus compañeros de letras. Después de la muerte de
Lope de Vega y Carpio (1562-1635), en 1635, fue reconocido como el dramaturgo más importante de su
época. El más conocido de los dramas filosóficos de Calderón es La vida es sueño (1636), una de las obras de
la literatura española de valor universal. Su complejidad, como ocurre con tantas obras maestras, ha dado
lugar a infinidad de interpretaciones. La idea central del drama, recogida en los versos «que toda la vida es
sueño / y los sueños sueños son», contaba con una historia larga, variada e ilustre, pero Calderón la revive con
otros temas como la lucha de la libertad contra el destino y la trascendencia simbólica; y con unos personajes
que llegan a representar a toda la condición humana. Su densidad filosófica y simbólica, sus soluciones
teológicas, su sentido moral, jurídico y político, hacen que sea la obra más comentada de la literatura
española, a excepción de El Quijote, de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). Goethe (1749-1832)
consideraba a Calderón el gran genio del teatro y de la poesía: «En esplendor el Oriente cruzó el Mar
Mediterráneo. Si conoces las rimas de Calderón, tu debes conocer y amar a Hafiz». Friedrich von Schlegel
(1772-1829) llegó a afirmar que Calderón había resuelto el enigma del universo en algunos de sus dramas.
También algunos románticos ingleses, como Percy B. Shelley (1792-1822), vieron en Calderón al poeta
dramático y lírico más grande. Calderón es el dramaturgo por excelencia del barroco español. El sentido
teológico y metafísico de su tiempo informa todas sus obras, donde aúna la fe y la razón, y, sin embargo, su
debate entre deseos y terrores que el verbo intenta vanamente comprender remite al presente.
11
decir, de modo más exacto, la horticultura. En efecto, entre las varias oposiciones
existentes entre moriscos y cristianos viejos, una de ellas es la que parecían tener en lo
que se refiere a la misma explotación del suelo. A través de varios textos parece rastrearse
la hostilidad que experimentaban ciertos cristianos, agricultores de secano, cultivadores
de cereales en superficies grandes, hacia los horticultores, que cuidaban de huertos de
regadío, con cultivos variados e intensivos y de vergeles de tipo mediterráneo» (J. Caro
Baroja: Los Moriscos del Reino de Granada, Ediciones Istmo, Madrid, 1991, pág.
98).
F
SE
de agua, instalados en las orillas de los ríos, molían los granos de cereales. Los de viento,
provistos de anchas velas de barco, hacían girar un eje vertical que movía la piedra de
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moler el grano. El mejor aceite se elaboraba en los molinos que trituraban los frutos del
D
CI
olivo (almazaras)» (J. Ávila Granados: La Granada Nazarita, Editorial Bruño, Madrid,
EL
1990, pág. 12).
D
La tipología del jardín hispanomusulmán
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El arquitectojardinero catalán Nicolás María Rubió i Tudurí (18911981) confiesa con
IG
Occidente... El contacto jardinero árabe latino se realiza directa y naturalmente bajo el
CA
cielo mediterráneo... Los puntos en que se realizó directamente el contacto fueron las islas
TE
mediterráneas de Sicilia y Baleares y, en la península hispánica, Andalucía, Murcia y
IO
Valencia principalmente... Por los mismos años, Sicilia conocía notables obras del arte
BL
del jardín árabe. En Palermo, los jardines de la Ziza eran famosos» (N.M. Rubió i
Tudurí: Del paraíso al jardín latino, Los 5 sentidos, Barcelona, 1981).
BI
En alÁndalus la idea del jardín era más extendida que en otras regiones del mundo
islámico. Era huerto y jardín a la vez, también era un campo de experiencias
botánicas, donde aclimatar aquellas especies traídas de oriente, como la granada o la
palmera datilera, idea que sería imitada posteriormente por los británicos y
materializada en los Royal Botanical Gardens de Kew, sobre el Támesis, cerca de
Londres, a partir de 1759.
Los emires, califas y sultanes de alÁndalus, a lo largo de sus ocho siglos de historia
(7111492), favorecieron con enorme interés la creación, junto a sus palacios, de
jardines botánicos donde se experimentaba con las nuevas especies traídas,
iniciándose una técnica de injertos que dio lugar a muchas frutas que hoy se degustan
en Europa y América, como el albaricoque, ciertas especies de higos, como el de
Málaga, tipos de dátiles, etc.
11
También se aclimataban especias y condimentos, como la pimienta negra y el azafrán
y plantas aromáticas y medicinales como la alhova y la alheña. Para ello se crearon
enormes huertos, con una dotación constante, y se buscaron los mejores geóponos de
la época, para que, como avezados investigadores, cuidaran y experimentaran en ese
jardín botánico.
Fueron famosos los huertos de arRusafa, almunia (huerto o granja) de recreo del
primer emir omeya en alÁndalus, Abderrahmán I (731788); del califa Abderrahmán
III (891961), descendiente del anterior, que instaló un jardín de experiencias
botánicas en sus palacios de Madinat azZahara ("Ciudad de los Azahares"), a ocho
kilómetros de Córdoba; del emir alMutamid (10271095) en Sevilla en la Buhaira al
kubra, luego ampliados por el califa almohade Abu Yaqub Yusuf en 1172; del
soberano de la taifa de Toledo, alMa’mún (que gobernó entre 1043 y 1075), que
construyó la almunia alMansura, donde hoy se ubica el Palacio de Galiana (cfr.
Francisco Prieto Moreno: El Jardín Hispanomusulmán, Caja de Ahorros de Granada,
F
Granada, 1975).
SE
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En las albercas andalusíes solía haber plantas acuáticas, como nenúfares y peces
D
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multicolores, como hoy todavía pueden apreciarse en el Jardín del Partal y en el Patio
de los Arrayanes de la Alhambra.
EL
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andalusíes. No era oficio vil, sino todo lo contrario; representaba una antigua
IT
jardinero/botánico era el complemento del perfumista y el médico, oficios llenos de
D
misterio y fórmulas magistrales. Oficios muy apreciados por emires y califas.
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La poesía de los jardines
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El amor por los jardines, las flores y la naturaleza en general, fue una constante en
BL
todo el mundo islámico y en especial entre los andalusíes. Los poetas dejaron su
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De esta observación, sensible y exquisita, nació todo un género poético conocido con
el nombre de raudiyyat (de rau "jardín"), que fue muy popular desde finales del siglo
X y principios del XI. Dentro de este género, se cultivaron especialmente los temas
florales (nauriyyat) por poetas como el iraquí domiciliado en alÁndalus, llamado
Sa’id alBagdadí (m. 1026), que descolló en la corte de Almanzor, e Ibn alQutíyya.5
5
Abu Bakr Muhammad Ibn Umar Ibn Abdul Aziz Ibn al-Qutíyya (muerto hacia 977) es uno de los más
importantes historiadores, filólogos y poetas de al-Ándalus. Su apodo quiere decir «el hijo de la goda». Nació
en Sevilla y murió en Córdoba. Era descendiente de Sara la Goda, sobrina del rey Witiza (m. 710), desposada
con un musulmán. Brilló en la corte del califa al-Haqam II. Su obra Tarij iftitah al-Ándalus ("Historia de al-
Ándalus") es fundamental para comprender la entrada de los musulmanes en la Península. Este manuscrito se
guarda en la Biblioteca Nacional de París. Véase la traducción de Julio Ribera y Tarragó: Historia de la
conquista de España de Abenalcotía el cordobés, Madrid, 1926.
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La aceptación popular de estos géneros y estilos, trajo como consecuencia el gusto por
la naturaleza de todas las clases sociales andalusíes, como un símbolo de que la poesía
había descendido al pueblo, tras el monopolio poético del poder califal.
Veamos un ejemplo de estos bellos fragmentos poéticos:
«Contempla para recrear tus ojos, un jardín lujuriante sobre el cual la brisa no cesa de
soplar y la lluvia de caer».
Ibn Jafaÿa
Un poeta famoso en este género fue el valenciano Abu Ishaq Ibrahim Ibn Jafaÿa de
Alcira (10581138), al que llamaban alŸannán ("El Jardinero"), por su dedicación a
este tipo de poesías y porque fue especialista en describir flores y jardines. Su obra ha
sido citada por el historiador musulmán argelino alMaqqarí(15911634) en su Nafh
F
attib min ghusn alÁndalus arratib ("Exhalaciones de perfume de la rama tierna de
SE
alÁndalus"), y analizada por el profesor Hamdán Haÿÿaÿi de la Universidad de Argel
IC
en su estudio Vida y obra de Ibn Jafaÿa, poeta andalusí (Hiperión, Madrid, 1992).
D
CI
Ibn Jafaÿa de Alcira6 ejercita la predilección de los poetas musulmanes de apelar a
EL
este tipo de metáforas y alegorías:
D
L
«Ráfagas de perfume atraviesan el jardín cubierto de rocío, cuyas tapias son el circo
A
IT
donde corre el viento...».
IG
D
«Era un caballo alazán con el cual se encendía la batalla con un tizón de coraje. Sus
CA
crines eran del color de la flor de granado; su oreja, de la forma de la hoja de mirto».
TE
«La flor hace pensar en un ojo que, bañado por las lágrimas, se ha despertado; el
IO
agua, en una boca sonriente que seduce por el brillo (de sus dientes)».
BL
BI
«¡Oh habitantes de alÁndalus, qué felicidad la vuestra al tener sombras, ríos y árboles!
El Jardín de la Felicidad Eterna no está fuera, sino en vuestro territorio; si pudiera elegir
es este lugar el que escogería. No creais que mañana entraréis en el Infierno; ¡no se entra
en el Infierno después de haber estado en el Paraíso!».
Los aromas y ornamentos del jardín andalusí
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Alzira (en castellano, Alcira) es un municipio español de la provincia de Valencia en la Comunidad
Valenciana. Tiene 112 km2 de extensión y se ubica a 14m de altitud. Es la cabecera de la comarca de Ribera
del Júcar. Su nombre en árabe (al-ÿazirah) significa «la isla», pues se originó en una isla fluvial del Júcar. El
territorio donde se encuentra el municipio fue conquistado a los musulmanes por Jaime I en 1242, y se
sublevó durante las Germanías en 1521 (rebelión popular contra la monarquía, pero donde se aprovechó para
atacar a los moriscos obligándolos al bautismo por la fuerza; acabó con una feroz represión real).
11
El jardín en alÁndalus tenía plantas aromáticas y flores especialmente difusoras de
perfume durante el día o la noche. También crecían en él, árboles frutales que
perfumaban el ambiente durante el tiempo de su floración.
Sin embargo, para poder precisar el tipo de flores o plantas que se cultivaban en los
jardines de alÁndalus, es necesario acudir a los tratados de los geóponos andalusíes
ya citados. También habría que consultar «El Calendario de Córdoba» del médico
cordobés Arib Ibn Sa'id (s. X) —cfr. Reinhart Dozy: Le calendrier de Cordue,trad.
Francesa de Ch. Pellat, Leyden, 1961—.
Flores aromáticas y plantas ornamentales
ADORMIDERA (Papaver somniferum). Llamada en el mundo árabe jashjash. De cultivo
milenario ya en la Grecia antigua, es citada por el rapsoda Homero como la droga que
se le dio a Helena en el asedio a Troya, para olvidar toda pesadumbre. Se cría en
F
jardines en la especie de flores dobles muy ornamentales. Ibn alAwwám nos describe
SE
en su tratado «una especie de adormidera» con hojas de color cambiante, parecido al
IC
azafrán disuelto en agua, con unos vástagos con cabecitas, que se abren en una flor de
D
CI
color amarillento. Cada planta puede durar en el mismo sitio unos cuatro años y de
ella se hace un colirio refrigerante para los ojos.
EL
D
AZUCENA (Lilium candidum). Llamada en alÁndalus sawsan. Originaria del Cercano
L
A
Oriente, se cultivaba como planta de gran belleza ornamental desde la Antigüedad
IT
remota. Sus flores en ramillete terminal, de un blanco inmaculado, exhalan un fuerte
IG
española», asevera que a muchos les causa dolor de cabeza. En alÁndalus, las
CA
azucenas se plantaban junto a las acequias, con poco riego. Al parecer, la azucena
TE
figuraba en los jardines de Madinat alZahrá, la ciudadpalacio hecha construir por el
califa Abderrahmán III cerca de Córdoba, y en los de los reyes de taifas de la dinastía
IO
Ibn Abbad de Sevilla (10231092), entre otros muchos.
BL
BI
11
cultivada en Egipto 2500 años antes de Cristo, ya que se ha encontrado en tumbas
egipcias restos de ese fruto, símbolo del amor y la fecundidad en Oriente.
LIRIO AMARILLO O LIRIO DEL AGUA (Iris pseudacorus). En alÁndalus sawsan asfar.
Dentro de la enorme variedad de especies que se dan en el lirio, el amarillo es
esencialmente planta de adorno, pues no tiene olor. Se cría junto a las aguas (albercas
y acequias). Figura entre las especies de probable cultivo en los jardines de Madinat
alZahrá (Córdoba).
MIRTO. Arbusto omnipresente de los jardines de alÁndalus, de la misma familia que
el arrayán, llamado as en árabe. Abu lJayr alIsbilí distingue el mirto del arrayán.
Califica al mirto de árbol acuoso, que no debe plantarse en los montes. Es oloroso,
especialmente sus hojas. Puede injertarse en el aligustre, el lentisco y el terebinto.
MOSQUETA. Llamada en alÁndalus nisrín. Se trata de un tipo de rosal con flores
F
blancas, pequeñas y de olor densamente almizclado. Se injertaba con el rosal común.
SE
Ibn Luyún señala dos tipos de mosqueta en relación al color de sus flores: blancas y
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amarillas. También indica una clase de mosqueta silvestre que se daba en luagres
D
CI
montañosos, de flores aún más pequeñas.
EL
NENÚFAR AMARILLO (Nuphar luteum). En alÁndalus nilúfar asfar. Planta acuática
D
arraigada en el fondo de las aguas; se cría en aguas mansas de lagunas y estanques.
L
A
Sus flores desprenden un suave perfume y flotan en el agua. Dentro de las especies de
IT
nenúfares en alÁndalus, había uno criado en albercas al que denominaban nilúfar al
IG
bírka, y adornaba los jardines de las almunias reales. A veces el refinamiento llegaba a
D
tal extremo que se ponían sobre las aguas de los estanques o albercas, nenúfares de
CA
plata, como fue el caso de la almunia de Almanzor, haÿib (caudillo) de Córdoba que
TE
relegó del poder a la dinastía omeya.8
IO
Plantas aromáticas y frutales de aroma
BL
BI
ALHUCEMA (Lavandula latifolia). En alÁndalus aljuzáma. Durante un tiempo se dijo
que «Espliego y alhucema son una cosa mesma», pero tienen marcadas diferencias, ya
que el olor es más suave en el espliego y más alto y ramoso el tallo de la alhucema.
Ibn alAwwám describe una planta de esta especie en su «Libro de Agricultura» que,
8
Almanzor o al-Mansur (940-1002) fue un caudillo militar musulmán de al-Ándalus, fundador de un régimen
autoritario basado en el Ejército (g. 981-1002). Al inicio del califato de Hisham II (976-1009), Almanzor
logró hacerse con el poder en al-Ándalus. Durante su regencia el califa fue una mera figura decorativa que en
todo caso llamaba la atención por su carácter pusilánime. En el año 981 recibió como sobrenombre «el
victorioso por Allah» o al-Mansur bi-Allah, castellanizado en Almanzor. En once años (976-987) dirigió 25
campañas contra los núcleos cristianos desde Barcelona hasta Santiago de Compostela, a un promedio de dos
por año, aunque en 981 la cifra se eleva a 5 aceifas. Según la tradición cristiana, los castellanos y leoneses
derrotaron al caudillo musulmán en Calatañazor (Soria), aunque en realidad fue una victoria más del caudillo
musulmán. Por eso, el famoso dicho «Almanzor perdió su tambor en Calatañazor» es falso., pues este caudillo
musulmán, nunca perdió una batalla. Se trata en realidad de un mito inventado por sus enemigos. Almanzor se
mantuvo en el poder con el apoyo militar de los bereberes.
11
por sus características, parece tratarse de la alhucema. De ella dice que los persas la
aprecian mucho y la cultivan en abundancia, proque aseveran que mirando su flor, el
ánimo se alegra y se acaba la tristeza.
LIMONERO (Citrus limon). Llamado en alÁndalus laimún. Debió llegar a la Península
Ibérica traído por los árabes después del siglo X. Al limonero aluden Ibn Bassal e Ibn
Haÿÿaÿ y más explícitamente alTignarí, Abu lJayr, Ibn alAwwám e Ibn Luyún. Se
decía que el limonero no debía plantarse cerca del naranjo porque su fuerte aroma
perjudicaba a éste último. Su fruto, partido y conservado en sal, se utilizaba como
condimento en los guisos, tal y como se suele hacer ahora en tierras del Magreb.
NARANJA Y OTROS CÍTRICOS: Los cítricos, como el toronjo y la naranja (del árabe:
naranÿa, y éste del persa: naranguí) amarga fueron importados de Asia oriental. Eran
utilizados para conservar los alimentos, pero también se extraía de ellos para la
elaboración de zumos y de sus flores, esencias para la elaboración de perfumes.
F
Igualmente, la ciencia del injerto se desarrolló en alÁndalus hasta límites
SE
insospechados, logrando, por ejemplo, una extraordinaria variedad de pomelos. No
IC
deja de llamar la atención el proceso por el que la naranja deja su nombre en las
D
CI
lenguas europeas, y a cambio transforma el suyo en árabe. En portugués se dice
laranja, y en varios idiomas europeos, como el inglés y el francés (orange), sin la
EL
consonante inicial, pasó al vocabulario de la alimentación y a la gama de los nombres
D
de color. En cambio el nombre con el que pasa a conocerse, posteriormente, en árabe
L
A
es el de burtuqal, que proviene del país Portugal, donde hubo grandes plantaciones de
IT
excelentes naranjas especialmente en la región sureña de Algarve (del árabe: algarb
IG
"el oeste").
D
CA
MANZANILLA (Anthemis nobilis). Señalada por Ibn Luyún como una de las plantas
TE
que aromatizaban los jardines andalusíes. Planta con pequeñas flores muy aromáticas
que se cría por gran parte de la Península. Ibn alAwwám también la cita en su
IO
tratado de agricultura como planta con propiedades para ayudar a la mujer al
BL
alumbramiento. También debió figurar como una de las especies botánicas en
BI
madinat alZahrá.
11
MELÓN (Cucumis melo). En alÁndalus sukkarí. Planta de fruos grandes y ovoidales y
pulpa jugosa con mucho aroma. Hay un dicho popular en Castilla que se refiere a la
incertidumbre sobre la elección de un melón: «El melón y el casamiento ha de ser de
acertamiento». En alÁndalus era fruto muy apreciado. Ibn Bassal ya recoge esta fruta
en su tratado agrícola, pues debió cultivarlo en la huerta del rey taifa alMa’mún de
Toledo (10431075). Abu lJayr alIsbilí nos informa que había muchas de melón en
alÁndalus, y especialmente la variedad sukkarí, era melón de secano, muy dulce y de
tamaño pequeño. Un truco para conseguir que fuese aún más dulce, era el de poner
sus pepitas en remojo con agua azucarada, antes de plantarlas.
MENTA. En alÁndalus, con el nombre de fawdanÿ y dawmarán se conocían unos tipos
de hierbas aromáticas clasificadas como menta y menta acuática, que se utilizaban
principalmente en jarabes y tisanas, como remedios médicos.
ROMERO (Rosmarinus officinalis). Mata de mediana altura que florece durante todo el
F
año en el centro y mitad del sur de la Península Ibérica. Intensamente aromático, al
SE
médicofilósofo persa Ibn Sina (9801037), el Avicena de los latinos, se atribuye el
IC
empleo del cocimiento de la flor de romero con aceite, como bálsamo para todos los
D
CI
males.
EL
El jardín del Generalife
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L
A
Sin lugar a dudas, el jardín más espléndido e inolvidable de la España musulmana es
IT
el Generalife (del árabe Ÿannat al’arif: "La más noble y elevada de todas las huertas",
IG
también "Huerta del gnóstico o arquitecto"), la almunia de la Alhambra de Granada.
D
Su primera construcción data de la época almohade (11471232), con importantes y
CA
radicales reformas posteriores, llevadas a cabo por los sultanes nazaríes Muhammad
TE
(13131375), en el capítulo final de su Tratado de Agricultura y Jardinería (Edición
y traducción de Joaquina Eguaras Ibáñez, Granada, 1988), nos da el programa
virgiliano de una casa de campo al gusto de su época. El Generalife es un fiel reflejo
de esta teoría plasmada en una almunia real:
«En el lugar más elevado del jardín deberá construirse una casa, para facilitar su guarda
y vigilancia. La orientación será hacia mediodía, elevando algo el sitio donde vayan a
emplazarse la alberca y el pozo. En lugar de este último será mejor construir una acequia
que corra bajo la umbría de árboles y plantas. Cerca de ella se plantarán macizos, que
estén siempre verdes, de todas las plantas que alegran la vista y, algo más apartadas,
diversas variedades de flores y árboles de hoja perenne. Un cerco de viñas rodeará toda la
finca y, en la parte central, emparrados darán sombra a caminos que encuadrarán los
arriates. En el centro se ha de levantar, para las horas de reposo, un pabellón abierto por
todos lados y rodeado de rosales trepadores, arrayanes, y las diferentes flores que
11
embellecen un jardín. Será más largo que ancho, para que la vista no se fatigue
contemplándolo. En la parte más baja se dispondrá una nave de habitación para los
huéspedes que hagan compañía al propietario; tendrá su puerta y una alberca que,
oculta por un grupo de árboles, no podrá verse desde lejos. Convendrá, además, construir
un palomar y una torrecilla habitable».
El Generalife, no obstante, debió sobresalir en importancia dado que, según puede
deducirse de las inscripciones grabadas en una de sus cámaras, ("entra con
compostura, habla con ciencia, sé parco en palabras y sal en paz..."), el sultán, abriendo
espacios en sus ocios y meditaciones, despachaba audiencias.
Otros jardines de la Alhambra
Los jardines del Partal, de los Adarves y de Lindaraja en la Alhambra, con sus rimeros
de macetas floridas, con recortados setos que bordean acequias, con estanques y
F
fuentes cubiertos de nenúfares, y todo un conjunto, esplendoroso y sutil, asomándose
SE
a la legendaria ciudad, al blanco barrio del Albaicín (de albayyazín: musulmanes de
IC
Baeza que se refugiaron en Granada) a las cumbres nevadas de la sierra, y a la
D
CI
aceitunada apacibilidad de la Vega, justifican sobradamente las expresiones de
viajeros como el médico austríaco Ieronimus Münzer que viajó por la Península entre
EL
14941495: «Terminada la comida, subimos a la Alhambra. Vimos allí palacios
D
limoneros y arrayanes... Todo está tan soberbia, magnífica y exquisitamente construido,
IT
de tan diversas materias, que se creería un paraíso. No me es posible dar cuenta de todo»
IG
(I. Münzer: Viaje por España y Portugal, Polifemo, Madrid, 1991).
D
CA
Granada (ciudad donde falleció y aun se halla su tumba) en el primer cuarto del siglo
XVI escribía en una de sus epístolas: «Todo el país, en suma, por su gala y lozanía, y
IO
por su abundancia de aguas, semeja los Campos Elíseos. Yo mismo he probado cuánto
BL
estos arroyos cristalinos, que corren entre frondosos olivares y fértiles huertas, refrigeran
BI
el espíritu cansado y engendran nuevo aliento de vida».
Los cármenes de Granada
El concepto del carmen granadino es de origen hispanomusulmán. La palabra carmen
viene del árabe karm, que significa viña. Los cármenes ocupan las laderas de las
colinas enclavadas entre los cauces del Darro y del Genil, y aquellos que se
encuentran en el Albaicín, frente a la esplendidez de la Alhambra, son considerados
los más típicos. En sus orígenes eran minifundios suburbanos; el terreno se dedicaba
en parte a jardín y en parte a huerta. Hoy ésta sigue siendo una tradición celosamente
mantenida por los propietarios de los cármenes: aunque el jardín ha ido ganando
espacio en el tiempo, siempre queda un rincón de huerta, y un emparrado con buenas
uvas, y multitud de árboles frutales. Refrán: «El que no ha visto Granada, no ha visto
nada».
11
A partir de la conquista de Granada, y más precisamente con los gustos de los
Habsburgos por el estilo barroco, el jardín hispanomusulmán desapareció de los
horizontes rápidamente: «No menos serio fue la italianización de los palacios y jardines
bajo las infleuncias del Renacimiento, en un proceso que arrasó la tradición aborigen en
menos de un siglo» (James Dickie "Yaqub Zaki": "The Hispano ArabGarden. Notes
Towards a Typology", en Salma Khadra Jayyusi: The Legacy of Muslim Spain, 2
vols., Leiden, 1994, págs. 10161067).
El Jardín Persa
En el otro extremo del mundo musulmán, el soberano safaví Abbás I el Grande (1571
1629), cuando emprendió la reordenación de la ciudad de Isfahán, concibió el
esquema de un gran parque, los «cuatro jardines» (charbagh en persa), con
pabellones y palacios, que pertenecían aun a la tradición sasánida y aqueménida. Las
«alfombrasjardín» contemporáneas constituyen un testimonio de esta permanencia
F
(cfr. A.M. Kervokian y J.P. Sicre.: Le jardin du désir, sept siècles de peinture
SE
persane, Phébus, París, 1983).
IC
D
CI
Jean Baptiste Tavernier (16051689) que viajó por Turquía, Palestina, India, Sumatra
y Java, estuvo en la ciudad persa de Isfahán en 1664, y comprobó que tenía la misma
EL
extensión que París, pero era diez veces menos populosa, pues cada familia tenía su
D
propia casa con jardín y había tantos árboles que «más parecía un bosque que una
L
A
ciudad» (cfr. Le Six Voyages de JeanBaptiste Tavernier, París, 1681).
IT
IG
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TE
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11
El Jardin Otomano
El Jardín Indomusulmán
Los emperadores musulmanes mogoles de la India sobresalieron en la realización de
F
jardines cuya geometría era aun tributaria de la de los parques persas «de los cuatro
SE
jardines»: altos muros rodeaban los parterres cuadrados o geométricos,
IC
acondicionados en forma de terrazas escalonadas, y una serie de estanques poco
D
profundos, con fuentes y surtidores artificiales, animaban las cruces de rectilíneas
CI
alamedas. EL
D
Entre los más célebres jardines mogoles, destaca el de Nishat Bagh, realizado en 1625
L
en Cachemira, que se extiende sobre doce terrazas que, a su vez, representan los doce
A
IT
signos del zodíaco. Por su parte, el jardín Shalimar, de Lahore, realizado unos años
IG
más tarde, se extiende sobre tres terrazas (cfr. C.M. VilliersStuart: Gardens of the
D
Great Mughals, Londres, 1913; S. Crowe y S. Haywood: The Gardens of Mughul
CA
India, Thames and Hudson, Londres, 1972; Elizabeth M. Moynihan: Paradise as a
Garden in Persia and Mughal India, G. Brazillier, Nueva York, 1979).
TE
IO
No deben dejar de mencionarse los Jardines Botánicos de Lal Bagh en la ciudad de
BL
Bangalore (Karnataka, India), construidos por el sultán shií de ÿazirah Mysore Haidar
BI
Alí Bahadur (17221782) y ampliados y renovados por su hijo Tipu Sultán (1750
1799) con mil ochocientas especies traídas de Irán, Mauricio, Maldivas y Francia
(plantas exóticas y medicinales). Tienen una extensión de cien hectáreas en las que el
visitante más indiferente no deja de quedar conmocionado ante la incomparable y
exquisita diversidad de aromas y colores (cfr. R.H. Shamsuddín Elía: La epopeya de
Tipu Sultán, El Tigre de Mysore, revista "El Mensaje del Islam" Nº 12, Buenos Aires,
mayo 1996, págs. 4 a 26
12
INTRODUCCIÓN A LAS CRUZADAS
«El único deber que tenemos con la Historia es el de escribirla de nuevo»
Oscar Wilde (18541900)
F
Cuando Urbano II arengó en el Concilio de Clermont a los caballeros y siervos allí
SE
reunidos, los uniformó con cruces en las espaldas y les transmitió con pasión de
IC
activista la consigna «¡Dios lo quiere...!», probablemente no pensó que la empresa
D
CI
habría de írsele de las manos, no bien las huestes cruzaran sus propias fronteras. Sólo
los inocentes —la plebe y los niños son los depositarios del candor— partieron
EL
tocados por la fe y, sin más armas que la ilusión que Dios estaba de su lado, fueron a
D
encontrar la muerte en tierras ajenas. La mayoría ni siquiera pisó tierra musulmana.
L
A
Era el fatalismo del que nada tiene, dadas las prerrogativas abyectas que les deparaba
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la sociedad feudal. Los otros, soberanos y caballeros, escondían bajo el sayo cruzado
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aspiraciones menos cristianas, aunque sería una inconsecuencia arrumarlos a todos en
D
un mismo costal. Muchos de ellos vieron en estos movimientos masivos un escape
CA
para sus anhelos de aventura o procedieron movidos por voracidad conquistadora o
TE
colonialista.
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Con excepción de Luis IX de Francia —canonizado después por la Iglesia—, no hubo
BL
caballero o soberano cruzado que pudiera parangonarse en nobleza y hombría de bien
BI
Los historiadores no han podido llegar a un acuerdo en cuanto a la significación de
estas campañas. Los más optimistas las ubican como antesala del Renacimiento. Los
menos, les atribuyen consecuencias apenas costumbristas. El espectro de la
ponderaciones puede ser muy amplio, pero las cruzadas son el punto de partida de
todas las persecuciones a aquellos que no profesan una misma fe, pasando por ese
monumento a la intolerancia que fue la Inquisición, siguiendo con las depredaciones y
genocidios a cargo de los españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses en
las Américas, Asia y Africa entre 15001900, y culminando con los holocaustos de
Stalin y Hitler, Hiroshima y Vietnam, —sin olvidarnos de las masacres perpetradas
12
contra los pueblos armenio (19151923) y argelino (19481960)—, que han
desquiciado a nuestro siglo XX.
Sin embargo, las cruzadas son también un acontecimiento histórico apasionante, que
permite estudiar y analizar la interacción de gentes de cultura y religión distintas con
la perspectiva actual, a nueve siglos de los acontecimientos, con todo lo que eso
significa.
Sinopsis
Las Cruzadas fueron expediciones militares emprendidas en los siglos XIXIII contra
los musulmanes por parte de la Europa cristiana y con el impulso del papado. En
realidad se trató de la primera expansión europea de conquista después de la
desaparición del imperio romano. Las Cruzadas establecieron los orígenes del
colonialismo e imperialismo de Occidente sobre Oriente.
F
SE
Según los distintos historiadores, las fechas propuestas que marcan su finalización van
IC
desde 1291 (toma de Acre por los musulmanes mamelucos) hasta incluso 1798,
D
cuando Bonaparte conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de
CI
Jerusalén,9 una orden militar establecida durante las Cruzadas.
EL
D
Algunos afirman también que el 11 de diciembre de 1917 es la fecha apropiada. Ese
L
día, el general inglés Sir Edmund Allenby (18611936), comandante en jefe aliado
A
IT
mundial, entró con el Ejército británico en Jerusalén y proclamó: «¡Hoy terminaron las
D
cruzadas!»: una frase solemne pero bastante fuera de lugar, ya que el gobierno turco
CA
de entonces era laico y partidario de la desislamización, y por el contrario, los que
habían posibilitado la victoria de Allenby eran los irregulares musulmanes de Arabia,
TE
Palestina y Siria conducidos por el entonces mayor Thomas Edward Lawrence (1888
IO
1935) —más conocido como Lawrence de Arabia—, a quienes se les había dado la
BL
vana promesa de independencia y soberanía que se esfumó con la Conferencia de Paz
BI
9
La Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, fue una orden militar cuyo nombre completo es
Soberana Orden Militar del Hospital de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Su función inicial fue
proteger un hospital construido en Jerusalén antes de las Cruzadas; durante un corto período, sus miembros
fueron llamados Hospitalarios o Caballeros Hospitalarios. La Orden fue fundada después de la formación del
reino latino de Jerusalén aprobado por el papa Pascual II en 1113 y confirmado por el papa Eugenio en 1153.
Desde 1309, la Orden tuvo su sede central en la isla de Rodas, donde formaba un auténtico Estado territorial;
su marina se encargaba de mantener libre de musulmanes el este del mar Mediterráneo, atacando y asesinando
a los peregrinos que se dirigían a La Meca desde al-Andalus, el Magreb o Siria. La Orden recibió las
propiedades de los Caballeros Templarios en el 1312. Los Caballeros de Rodas crearon agrupaciones
nacionales de la Orden en distintos lugares, en cada uno de los cuales eran llamados lenguas (del francés
langues). Tras ser expulsados de la isla de Rodas en 1522 por el sultán otomano Solimán I el Magnífico, los
Caballeros no encontraron un lugar donde radicarse hasta 1530, año en que les fue cedida la isla de Malta por
Carlos V. Una vez convertidos en gobernantes de esa isla, los Caballeros de Malta, como comenzaron a ser
llamados, dirigieron la defensa de la isla ante el ataque otomano de 1565. Durante la Reforma, los Caballeros
de Malta perdieron sus propiedades en Inglaterra y en Alemania, y durante la Revolución Francesa, también
sus bienes en Francia. Los franceses revolucionarios, bajo el comando de Napoleón Bonaparte, se apoderaron
de Malta en 1798 y acabaron con 700 años de predominio de la orden.
12
de París de 1919 (en realidad una simple ratificación del pacto secreto SykesPicot de
1916 por el cual Inglaterra y Francia decidieron repartirse la región al finalizar la
contienda mundial).
El general HenriJosephEugène Gouraud (18671946), comandante en jefe francés y
Alto Comisionado en Siria (19191923), hizo otro tanto al entrar a Damasco en julio
de 1920. Cuando sus tropas ocuparon la milenaria ciudad se dirigió al mausoleo de
Saladino, vecino a la mezquita de los Omeyas, y pronunció la famosa frase frente a su
tumba: «Ya volvimos... Saladino».
Contexto histórico
El nombre de cruzado y de cruzada nace a raíz de que los hombres que acudieron a la
llamada del pontífice Urbano II en el concilio de Clermont Ferrand (1095) adoptaron
el símbolo de la cruz en su expedición. El concepto de cruzada se aplicó también,
F
especialmente en los siglos XIIIXIV, a las guerras contra los «herejes» cristianos del
SE
sur de Francia (cátaros), los paganos del Báltico (prusianos, lituanos, estonios,
IC
fineses) y contra los enemigos políticos del Papado como Federico II. Por extensión, el
D
CI
término se emplea en Occidente para describir cualquier guerra religiosa o política y,
en ocasiones, cualquier movimiento político o moral.
EL
D
Para los europeos, las Cruzadas constituyeron al mismo tiempo una epopeya religiosa,
L
el comienzo de una toma de conciencia «europea» y la primera expansión económica
A
IT
y colonial de ultramar.
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D
Para los musulmanes, en cambio, las Cruzadas fueron una serie de expediciones
CA
militares favorecidas por la anarquía política y religiosa del Oriente musulmán, que
vinieron añadirse a las invasiones de los mongoles y a las campañas bizantinas. A los
TE
musulmanes les hicieron falta casi dos siglos (10991291) para poner fin a la
IO
presencia de los cruzados.
BL
BI
El síndrome del año mil
Era creencia generalizada entre los cristianos de la Alta Edad Media, que el mundo
llegaría a su fin al cumplirse el Año Mil desde la Encarnación.
La llegada del año 1000 era el fin de todo para los portavoces del Apocalipsis,
heraldos de las altas autoridades eclesiásticas que utilizaban el antiguo recurso del
miedo para tener sometido al pueblo y al bajo clero a la servidumbre a través de la
superstición disfrazada de dogma religioso. Así, se proclamaba que Europa moriría
entre el siglo X y el XI. El mundo se acabaría. La frontera del bien y el mal sólo la
cruzarían los santos, los demás se hundirían en las tinieblas del pecado y la culpa.
El célebre historiador y medievalista francés Georges Duby, en su obra Año 1000.
Año 2000. La huella de nuestros miedos, codificó los miedos esenciales que
12
acosaban a Europa en el año 1000, cuando el ignoto horizonte del nuevo milenio
enfatizaba sus temores. Su análisis permite arribar a una conclusión que contradice la
idea de progreso de Occidente: básicamente, los miedos de antaño son los mismos que
hoy, en los albores del año 2000: el miedo a la miseria, el miedo al otro, el miedo a
las epidemias, el miedo a la violencia y el miedo al más allá, son tan tangibles ahora
como hace mil años.
Otro no menos famoso medievalista francés, Henri Focillon (18901950), amplía este
concepto: «...en el año 1000 llega el hombre de Occidente al colmo de las desventuras
que le habían perseguido durante todo el siglo X; la proximidad de la fecha fatídica
despierta la creencia en el fin del mundo, los prodigios lo estimulan; un pavor
indescriptible se apodera de la humanidad; han llegado los tiempos predichos por el
apóstol... pero pasa el año, el mundo no ha perecido, la humanidad respira, se
tranquiliza, entra agradecida en nuevas vías. Todo cambia, todo mejora. En primer lugar
la arquitectura religiosa. El monje Raúl Glaber escribe en su texto famoso: "Pasados unos
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tres años del año 1000, la tierra se cubría de una blanca túnica de iglesias." (...)
SE
Recapitulemos una vez más todos los elementos de la cuestión. El año 954, envía Adso a
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la reina Gerberga un tratado destinado a combatir la creencia en la próxima aparición
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del Anticristo, preludio del fin del mundo. En 960, el eremita Bernardo anuncia el fin del
mundo: lo sabe por revelación. En 970 se extiende por Lorena el rumor de que se acerca
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el fin del mundo. En 1009 se manifiestaen Jerusalén esta misma creencia. En 1033 se
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cree en galia que la humanidad va a perecer.» (H. Focillon: El año mil, Alianza,
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Madrid, 1987, págs. 5657 y 91).
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De igual modo, a través de esta exposición veremos que las causas y razones que se
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argumentaron para montar esa serie de invasiones armadas denominadas Cruzadas
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son muy parecidas, y en algunos casos idénticas, a las que se invocaron para justificar
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el ataque contra el Canal de Suez en 1956, el desembarco de los marines en el Líbano
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en 1983 o la gigantesca operación que se lanzó en la llamada «Guerra del Golfo» hace
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siete años, que el escritor español Juan Goytisolo bautizó con el nombre de
«Petrocruzada».
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Ahora volvamos al lejano siglo XI. Uno de los principales flagelos que padecía la
población de la Europa medieval cristiana era el hambre. Los cronistas de la época
dan una idea del hambre que había al citar frecuentes casos de canibalismo. Por
ejemplo, el monje borgoñón Radulfus Glaber «El Calvo» (9851050) en su
Historiarum Sui Temporis (escrita entre 10301035), afirma que el canibalismo era
una práctica común en muchas regiones de Francia en 1032. Dice: «La gente devoraba
carne humana. Los caminantes eran atacados por los más fuertes, que los descuartizaban
y comían, después de haberlos asado... En muchos lugares sacaban los cadáveres de la
tierra para calmar el hambre... Tanto se propagó el consumo de carne humana, que
hasta se puso en venta en el mercado de Tournus 10 como si fuera carne de vaca...» (R.
Glaber: Les cinq livres de ses histoires 9001044, ed. M.Prou, París, 1886).
10
Ciudad del actual departamento de Saône-et-Loire, sede de una hermosa abadía benedictina del siglo VIII.
12
El historiador francés Dareste de la Chavanne (18201882) calculó que durante el
siglo XI hubo casi treinta años de malas cosechas y que Europa Occidental padeció
una terrible hambruna entre 10871095, que como veremos más adelante coincidió
con el Concilio de Clermont y la proclamación de las Cruzadas.
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con un acto extraordinario y heroico. Luego veremos cómo la Iglesia, al organizar las
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cruzadas, se valió de estos ánimos de los campesinos.
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En ese siglo undécimo, en cuyas postrimerías se lanzó la Primera Cruzada, se
mezclaron, como pocas veces en la historia, sentimientos opuestos de arrebato místico
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y de rapiña terrenal. Caballeros y campesinos luchaban tanto para dar alimento al
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espíritu torturado como al estómago vacío.
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Uno de los tantos flagelos que asolaban las comarcas de aquella Europa tenebrosa
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eran los caballeros sin tierra que asaltaban los grandes latifundios y las grandes
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posesiones de la Iglesia y los monasterios. Esos caballeros, cuya supuesta piedad tanto
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ponderan los escribas de la historia oficial, no titubeaban, relata un documento de
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mediados del siglo XI, en «atacar a los clérigos desarmados, a los frailes o a las
monjas...». El Papa León IX, pontífice entre 1048 y 1054, escribió lo siguiente sobre
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estos caballeros: «He visto a esa gente violenta, increíblemente feroz, que en impiedad
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supera a los paganos, que destruye por doquier los templos del Señor, que persigue a los
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cristianos... No tienen compasión ni de los niños, ni de los ancianos, ni de las mujeres».
En medio de este duro panorama se produjeron querellas políticoreligiosas, como la
llamada «Guerra de las Investiduras», en que se enfrentaron inicialmente Enrique IV
de Alemania, llamado «El Grande», y el Papa Gregorio VII (1020?1085). Enrique IV
rehusó aceptar la prohibición que el Pontífice impuso sobre la investidura de los
12
feudales eclesiásticos por el emperador del Sacro Imperio Romano y los señores
feudales, como hasta entonces había venido haciéndose. La Iglesia era, por aquel
tiempo, dueña del tercio de las tierras agrícolas, y sus monjes eran eficaces
administradores, de modo que obtenían mayor rendimiento que los señores. Sus arcas
estaban siempre bien provistas. Interesaba a los señores y emperadores, por lo tanto,
nombrar como autoridades eclesiásticas locales a quienes pudieran apoyarlos.
Entregar estos nombramientos al Papa era entregarle también un poderoso elemento
de control sobre sus regiones.
Ante la reconvención de Gregorio VII por su negativa a aceptar la investidura papal,
Enrique IV le hizo deponer por el clero alemán en la Dieta de Worms y nombró un
Antipapa. Gregorio respondió con la excomunión, a la vez que liberaba a los súbditos
del juramento de lealtad al emperador. Los señores feudales aprovecharon la
oportunidad y se rebelaron, proclamándose Rodolfo de Suavia separado de la corona
del emperador. La situación obligó a Enrique IV a buscar arreglo. En enero de 1077,
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viajó en pleno invierno a Canosa (EmiliaRomagna), donde estaba Gregorio, y durante
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tres días, en medio de la nieve, con traje de penitente y descalzo esperó en el patio del
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castillo a que el Pontífice se dignara a recibirlo. Iba a pedirle perdón. Finalmente, el
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emperador consiguió la absolución. Desde entonces, la expresión «ir a Canosa» indica
la rendición humillada de alguien.
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Estas realidades acuciantes comenzaron a preocupar grandemente a la Iglesia y a los
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señores feudales y se trató de buscar una solución. La cuestión estaba cómo y por
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cuenta de quién hacerlo. ¿Hacia dónde orientar las miradas de los campesinos
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demás feudales? ¿Hacia dónde encaminar a los caballeros ávidos de propiedades y
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riquezas, y a los nobles que anhelaban sus dominios?
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Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio
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donde acomodar y distraer parte de esa población en crecimiento y hambrienta; y
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como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras.
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Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los
mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades
italianas de Amalfi, Génova, Pisa y Venecia.
Las consecuencias de una conspiración
En 1073 fue elegido un nuevo papa hecho a la sombra de los claustros del monasterio
benedictino de Cluny (al este de Francia central), el ya nombrado Gregorio VII.
Rápidamente éste quiso instaurar las políticas formuladas por la orden cluniaciense.
Estas consistían en establecer una teocracia, una especie de programa de dominio de
los papas, según el cual los príncipes y los reyes eran meros vasallos del trono
romano; el Papa dispondría de las coronas, designaría y sustituiría a los duques, reyes
y emperadores igual que hacía con los obispos. De este modo, los papas surgidos del
movimiento de Cluny actuaban como «césares investidos de sumo sacerdote», según la
12
acertada expresión del historiador alemán W. Norden. Una parte esencial de ese
programa «ecuménico» de Roma lo constituía el empeño de liquidar la independencia
de la Iglesia oriental, grecoortodoxa, y por consecuencia, adueñarse de las fabulosas
riquezas del Imperio Bizantino guardadas en su capital, Constantinopla (cfr. Steven
Runciman: La Civilización Bizantina, Ediciones Pegaso, Madrid, 1942; Fotios
Malleros K.: El Imperio Bizantino 3951204, Centro de Estudios Bizantinos y
Neohelénicos, Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile,
Santiago, 1987, págs. 101102; Ofelia Manzi: Constantinopla ante propia y ajenos.
Aproximación a un análisis documental, Facultad de Filosofía y Letras, UBA,
Buenos Aires, 1994).
El cisma de las Iglesias, es decir, la formación de la Iglesia católica romana y de la
Iglesia ortodoxa griega, debido a los diferentes destinos políticos y sociales de los
países que integraban los Imperios romanos, Oriental y Occidental, tuvo lugar en
1054. Las divergencias dogmáticas y rituales entre la Iglesia latina y la griega eran
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insignificantes si se las compara con las disputas de poder político.
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Precisamente en relación con esos propósitos se perfilaron las primeras previsiones del
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plan para organizar una campaña de conquista del Oriental.
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Pero para montar semejante operación no había que alertar a Bizancio. Por eso parece
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ser que algunos dirigentes papales sugirieron la idea de que la empresa debía
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promocionarse como una expedición en defensa de los cristianos de Oriente acosados
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por los musulmanes selÿukíes. En efecto, los selÿukíes habían conquistado gran parte
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del Asia Menor. En 1071 tomaron Jerusalén, bajo dominio del califato egipcio de los
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Fatimíes, y en los años siguientes quedó en su poder el resto de Palestina y Siria.
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Mucho tiempo después de las cruzadas, los cronistas occidentales inventaron distintas
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leyendas sobre la persecución que sufrían los cristianos en los países orientales por
parte de los selÿukíes. Afirmaban que «los paganos profanaban los santuarios cristianos
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y mostraban su hostilidad hacia los peregrinos que iban a Jerusalén». Así apareció la
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encontraban los restos de Jesús, el hijo de María (en realidad se trataba de un
sepulcro vacío), estaba en peligro de ser ultrajado y debía ser rescatado de las manos
sacrílegas. Por lo tanto, los musulmanes selÿukíes «amenazaban a la Cristiandad y ello
obligó a intervenir a los católicos guiados por el papado».
Todavía hoy algunos señalan éstas como las causas inmediatas de las cruzadas. Las
investigaciones han disipado poco a poco la fantástica mentira que durante siglos
envolvió la prehistoria de las cruzadas. El islamólogo francés de origen judío Claude
Cahen ha demostrado que los selÿukíes y sus antecesores musulmanes, como los
fatimíes, carecían por completo de intolerancia o fanatismo religioso y que la
situación de la población cristiana de Siria, Palestina y Asia Menor, conquistas por los
selÿukíes era estable y armónica. Por el contrario, con la administración selÿukí
cesaron las persecuciones religiosas y fiscales ejercidas por la Iglesia Bizantina contra
la mayoría de la población cristiana monofisita, nestoriana y copta. (Claude Cahen:
12
Notes sur l’histoire des croisades et de l’Orient latin. Bulletin de la faculté des
lettres de l’Université de Strasbourg, 1950, num. 2, pág. 121).
El ejército islámico del califa Omar Ibn alJattab (586644) había entrado en
Jerusalén en 637. Durante 461 años los musulmanes habían protegido los derechos de
todos los cristianos y los judíos escrupulosamente. Incluso hasta hoy en día, la llave de
la Iglesia del Santo Sepulcro permanece confiada a un musulmán. «Su nombre es
Museba y su familia ha sido responsable de abrir y cerrar sus puertas todos los días,
desde que los musulmanes entraran en Jerusalén» (cfr. Terry Jones y Alan Ereira:
Crusades, Penguin Books/BBC Books, Londres, 1996, pág. 54). Jerusalén es
considerada por el Islam la tercera ciudad santa, después de La Meca y Medina.
Es cierto que alHákim (9851021), el califa loco fatimí,(3) había destruído la iglesia
del Santo Sepulcro en 1010, pero los mismos musulmanes, cuando lograron
desembarazarse de semejante desviado, contribuyeron con sumas importantes a su
F
restauración. En 1047, el viajero musulmán persa Nasir Josrou11la describía como «un
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edificio muy espacioso, capaz de contener ocho mil personas y construído con la mayor
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habilidad. En su interior, la iglesia está en todas partes adornada con brocado
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bizantino... Y han representado a Jesús (la Paz sea con él) montado en un asno» (Guy Le
Strange: Palestine under the Moslems. A Description of Syria and the Holy Land
EL
from AD 6501500, Alexander P. Watt, para la Palestine Exploration Fund, Londres,
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1890, pág. 202).
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Sin embargo, cuando los francos tomaron Jerusalén en 1099, la situación cambió
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drásticamente. Los ortodoxos griegos, los coptos, los jacobitas, los armenios y los
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monofisitas fueron expulsados. Mientras que los musulmanes y los judíos fueron
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simplemente exterminados.
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11
3 Aparentemente, el poder y la ambición provocaron en Abu Alí Mansur, al-Hákim Bi-Amr Allah de
sobrenombre, un fuerte estado psicótico que lo llevó al asesinato de varios visires, la persecución de los
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cristianos y judíos, la quema de muchas iglesias y sinagogas y la demolición de una parte de la iglesia del
Santo Sepulcro. Como para repetir las «proezas» de Calígula y Nerón, al-Hákim se proclamó dios y envió
emisarios a establecer su culto entre el pueblo (muchos de estos predicadores fueron lapidados por los
musulmanes). El historiador egipcio Ibn al-Taghribirdí (1530-1604), en su obra Kitab al-Nuÿúm al-zahira fi
muluk Misr ua-l-qahira ("Estrellas refulgentes de los reyes de Egipto y el Cairo") dice que al-Hákim «hizo
venir a los caides y jefes de tropa y les mandó que marcharan sobre Fustat (El Cairo) a prenderle fuego, entrar
a saco en ella y matar a la gente que allí se había alzado con buena fortuna contra él». Al-Hákim gobernó
durante veinticinco años y un mes y fue asesinado en la noche vigésima séptima del mes de Shawwal del año
411 H., a la edad de treinta y seis años y siete meses (cfr. Salem Himmieh: El loco del poder. Con
presentación de Juan Goytisolo y traducción y epílogo de Federico Arbós, Libertarias/al-Quibla, Madrid,
1996).
4Nasir Josrou al-Marvazí al-Qubadiyaní (1004-1088) fue un poeta y teólogo persa que viajó hacia
1045 a La Meca, Palestina y Egipto. A su retorno al hogar, se vio obligado a exilarse en Badajshán (hoy
Afganistán oriental), por ser adherente de la escuela shií de pensamiento. Es autor de un género llamado
Safarnameh (poesía de viajes), un «Libro de la felicidad» (Sa'adat-nameh) y de composiciones filosóficas y
teológicas como Raushana’i-nameh y Ÿami’ al-hikmatain (cfr. Henry Corbin: Etude préliminaire pour le
Livre rèunissant les deux sagesses de Nasir-e Khosraw, Teherán, 1953). Su Safarnameh fue traducido al
francés y editado por Charles Schefer, París, 1881.
12
La Primera Cruzada
Las Cruzadas comenzaron formalmente el jueves 27 de noviembre de 1095, en un
descampado a extramuros de la ciudad francesa de ClermontFerrand (Auvernia). Ese
día, el papa Urbano II (10401099) predicó a una multitud de seglares y de clérigos
que asistían a un concilio de la Iglesia en esa ciudad. En su sermón, el papa esbozó un
plan para una Cruzada y llamó a sus oyentes para unirse a ella: «Oh raza de los
francos, raza amada y escogida por Dios... De los confines de Jerusalén y de
Constantinopla llegan graves noticias de que una raza maldita, completamente alejada
de Dios, ha invadido violentamente las tierras de esos cristianos y las ha despojado
valiéndose del saqueo y el fuego.
¿A quién corresponde, pues, la labor de vengar esos agravios y recuperar ese territorio
más que a vosotros... No os detenga ninguna de vuestras posesiones ni la ansiedad por
vuestros asuntos familiares. Pues este país que ahora habitáis, cerrado en todas partes
F
por el mar y las cumbres montañosas, es demasiado pequeño para vuestra gran
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población; apenas da alimento bastante para los que lo cultivan. Por eso os asesináis y
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devoráis unos a otros, por eso hacéis la guerra y muchos de vosotros perecéis en la lucha
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civil. EL
Aléjese el odio de vosotros; terminen vuestras peleas. Emprended el camino que va al
D
Santo Sepulcro; arrebatad esa tierra a una raza perversa y estableced allí vuestro
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dominio. Jerusalem es la tierra más fructífera, un paraíso de deleites. Esa ciudad real,
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situada en el centro de la tierra, os implora que acudáis en su ayuda...» (ver F. Ogg:
IG
Source of Medieval History, Nueva York, 1907, págs. 282288).
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Por toda la muchedumbre corrió una excitada exclamación: Dieu li volt, «Dios lo
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quiere». Urbano la aprobó y les mandó que la tomaran por grito de batalla.
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Seguidamente ordenó a los que emprendieran la campaña que llevaran una cruz en la
frente o el pecho. Las Cruzadas habían comenzado. Hoy día, en 1998, a menos de tres
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años para que comience el tercer milenio, por los alcances y derivaciones de ciertos
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conflictos que aún mantienen en vilo a las regiones del Cercano y Medio Oriente,
estas expediciones parecerían que mantienen la vigencia de sus mejores épocas.
El llamado de Papa Urbano II a la Primera Cruzada pidiendo a los cristianos que
rescataran el Santo Sepulcro, que se encontraba bajo custodia de los musulmanes
desde el año 637, se produjo en un momento en que arreciaban las luchas entre los
señores feudales y aumentaba la resitencia pasiva de los campesinos a la situación
imperante. El «espíritu de ascetismo» señalado por los historiadores encontró una
causa en que volcarse y precipitó a miles y miles de señores y vasallos a las lejanas y
míticas tierras santas.
Urbano encargó a los obispos asistentes al concilio que regresaran a sus localidades y
reclutaran más fieles para la Cruzada. También diseñó una estrategia básica según la
cual distintos grupos de cruzados iniciarían el viaje en agosto del año 1096. Cada
12
grupo se autofinanciaría y sería responsable ante su propio jefe. Los grupos harían el
viaje por separado hasta la capital bizantina, Constantinopla (la actual Estambul, en
Turquía), donde se reagruparían. Desde allí, lanzarían un contraataque, junto con el
emperador bizantino y su ejército, contra los Selÿukíes,12 que habían conquistado
Anatolia. Una vez que esa región estuviera bajo control cristiano, los cruzados
realizarían una campaña contra los musulmanes de Siria y Palestina, siendo Jerusalén
su objetivo fundamental.
La cruzada de Pedro el Ermitaño y Gualterio Sin Blanca
Dice el historiador norteamericano William James Durant (18851981) que «toda la
cristiandad, unida como nunca, se preparaba con ardor para la guerra santa.
Extraordinarios alicientes inducían a multitudes a reunirse en torno a esa bandera. Se
ofrecía una indulgencia plenaria de todos lo pecados al que muriera en la guerra. Se
permitía a los siervos dejar la tierra a que estaban ligados; se eximía a los ciudadanos del
F
pago de impuestos; se concedía a los deudores moratoria en el pago de intereses; se
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libertaba a presos y se conmutaban penas de muerte, por una osada extensión de la
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autoridad pontifica, a servicio perpetuo en Palestina. Millares de vagabundos se unieron
D
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a la caminata sagrada. Hombres cansados de una desesperada pobreza, aventureros
dispuestos a frontar cualquier riesgo, segundones que esperaban crearse señoríos en
EL
Oriente, mercaderes que buscaban nuevos mercados para sus mercancías. (...)
D
chismería piadosa relataba que el profeta, durante uno de sus ataques epilépticos, había
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sido devorado por cerdos. Surgían fabulosos relatos acerca de los tesoros de Oriente y de
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morenas bellezas que esperaban ser tomadas por los valientes. Tal variedad de móviles
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muchos casos mujeres y niños insistían en acompañar a sus maridos o padres, quizá con
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razón, pues pronto se alistaron prostitutas para servir a los guerreros. Urbano había
designado el mes de agosto de 1096 como tiempo de partida, pero los primeros reclutas,
BI
12
La dinastía turca de los selÿúcidas o selÿukíes (1038-1194) reinó sobre vastos territorios de Transoxiana y
su epónimo fue Selÿuk, miembro de una tribu de los uguz. Tugril Beg, el primero de los Grandes Selÿúcidas,
era dueño del Irán oriental. De confesión sunni, declaró su voluntad de «liberar» al califa abbasí de la tutela
de los emires de la dinastía buÿí (945-1055), que eran shiíes. En 1055, Tugril entró en Bagdad, y tres años
más tarde, el califa le otorgó oficialmente el título de sultán, con lo que por primera vez en la historia del
Islam el poder temporal y el poder espiritual quedaron netamente separados. En lo sucesivo, el califa dejó de
ocuparse de las cuestiones políticas. El sultanato selÿukí evolucionó muy pronto hacia la forma de un Estado
militar jerarquizado, según el modelo persa, con una burocracia irania en sus puestos de mando y un ejército
pluriétnico comandado por jefes turcos. Los mismos selÿúcidas se iranizaron profundamente desde el punto
de vista cultural y establecieron su capital en Isfahán. Los sucesores de Tugril, Alp Arslán y Malik e-Shah,
secundados por el muy competente visir persa Nizam al-Mulk (1018-1092). A partir del siglo XII, el imperio
de los Grandes selÿúcidas se dislocó a causa de las querellas dinásticas y bajo la presión de los guríes afganos
y más tarde de los mongoles. Una rama disidente fundó entonces un nuevo sultanato en Anatolia, la de los
selÿucidas de Rum (en árabe "Roma", es decir, la Anatolia bizantina), que duró entre 1077 y 1307, y que con
Ertugrul Gazi (1190-1282) tendrá un protagonismo decisivo en la formación del Imperio otomano (1299-
1909).
13
impacientes campesinos, no pudieron aguantar. Una hueste de los tales, en número de
12.000 personas (entre las cuales sólo había ocho caballeros), partió de Francia en
marzo bajo el mando de Pedro el Ermitaño13 y Gualterio Sin Blanca (Gautier Sans
Avoir); otra, de unos cinco mil individuos, partió de Alemania dirigida por el monje
Gottschalk; otra aún avanzaba desde las Provincias Renanas al mando del conde Emicón
de Leiningen. Fueron principalmente estas bandas turbulentas las que atacaron a los
judíos de Alemania y Bohemia, rechazaron los llamados a la cordura de eclesiásticos y
ciudadanos y degeneraron por un tiempo en brutos que expresaban su piedad en sed de
sangre (...) La población resistió violentamente; algunas ciudades les cerraron sus
puertas, y otras los conminaron a partir sin demora. Llegados por fin, sin blanca, ante
Constantinopla, diezmados por el hambre, la peste, la lepra, la fiebre y las luchas
entabladas en su camino, Alejo les dió la bienvenida, pero no los alimentó
satisfactoriamente; invadieron los suburbios y saquearon iglesias, casas y palacios. Para
librar su capital de esa orante plaga de langostas, Alejo les dió naves con que cruzaron el
Bósforo, les mandó provisiones y les ordenó que aguardaran la llegada de destacamentos
F
SE
mejor armados. Fuese hambre o simple impaciencia, los cruzados no hicieron caso de esas
IC
instrucciones y marcharon sobre Nicea. Un disciplinado destacamento de turcos, expertos
D
arqueros todos ellos, salió de la ciudad y casi aniquiló a la primera división de la primera
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Cruzada. Gualterio Sin Blanca pereció en la lucha; Pedro el Ermitaño, fastidiado de su
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ingobernable hueste, había regresado a Constantinopla antes de la batalla y vivió sin
peligro hasta 1115» (W. Durant: La Edad de la Fe. 3 vols. Vol. II. Cap. XXII: "Las
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Cruzadas", Sudamericana, Buenos Aires, 1956, págs. 262263).
A
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La vanguardia de Godofredo
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Mientras sucumbían las huestes de Pedro el Ermitaño, los duques, condes y barones
CA
de Occidente reclutaban verdaderos ejércitos de cruzados. Según testimonios de la
TE
época, el número de esos combatientes «era tan grande como las estrellas del cielo y
IO
las arenas del mar». Sin embargo, los investigadores contemporáneos limitan este
BL
número a sesenta mil, como máximo. Y de ellos, sólo diez mil armados
convenientemente.
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La idea de las cruzadas halló fervientes partidarios entre los normandos, siempre
ávidos de lucha, hasta el punto de que Normandía y el sur de Italia proporcionaron tal
cantidad de guerreros que la Primera Cruzada parecía una expedición de vikingos
cristianos.
13
Pedro el Ermitaño (1050-1115), nativo de Amiens (Francia), al parecer fue soldado y después se convirtió
en ermitaño. En el año 1093 peregrinó a Palestina, aunque no pudo llegar a Jerusalén. En 1095, inspirado por
el llamamiento del papa Urbano, inició una campaña predicando la Cruzada en todo el norte y centro de
Francia. Condujo en 1096 un grupo de cruzados —campesinos y gente sin ningún tipo de preparación militar
— a Constantinopla y Asia Menor, donde fueron diezmados por los selÿukíes. Más tarde se unió al ejército de
Godofredo, que conquistó Jerusalén en el año 1099. Pedro el Ermitaño fue sólo uno más de los diversos
líderes populares que predicaron la primera Cruzada; su relevancia fue ampliamente exagerada por muchos
historiadores.
13
Los normandos italianos estaban dirigidos por Bohemundo de Tarento (10581111),
hijo del aventurero Roberto Guiscardo (10151085), para quien la cruzada era ante
todo una tentadora ocasión de ajustar cuentas con los aborrecidos bizantinos (su
padre había muerto en campaña contra Bizancio en Kefaloniá) y crearse un reino en
Oriente. Para la realización de sus planes halló un dócil instrumento en la persona de
su joven sobrino Tancredo (10781112), conocido como «el Aquiles de la Cruzada».
De los caballeros francos que se alistaron para rescatar el Santo Sepulcro el más rico y
capacitado era Raimundo de SaintGilles (10421105), conde de Tolosa. Pero el más
piadoso y desinteresado fue Godofredo de Bouillon (10611110), duque de la Baja
Lotaringia o Lorena (en alemán Lothringen y en francés Lorraine). Godofredo y su
hermano Balduino (10581118) fueron los primeros dispuestos a encabezar un
ejército compuesto por flamencos y valones, camino de Constantinopla, lugar de cita
que se habían fijado los cruzados
F
Muy pronto estuvieron en marcha por distintas rutas cuatro grandes ejércitos de
SE
cruzados: el de los lorenenses, flamencos y alemanes a las órdenes de Godofredo de
IC
Bouillon y Balduino; el de los normandos de Italia, con Bohemundo de Tarento y su
D
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sobrino Tancredo; el de los languedocianos, conducido por el conde Raimundo de
Tolosa y finalmente el de los francos y normandos, con Roberto de Normandía (1054
EL
1134), hijo de Guillermo I el Conquistador (10271087). Eran, respectivamente,
D
valientes. Cuatro itinerarios: el Danubio, los Balcanes, la Italia del Norte y Roma y el
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Adriático. Y un punto de cita común: Constantinopla.
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El emperador bizantino Alexis o Alejo Commeno,14 al percatarse de la magnitud de las
CA
fuerzas que convergían sobre Constantinopla, se inquietó en grado sumo, y trató de
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sembrar rencillas entre los jefes cruzados antes de que las huestes pasaran al Asia
Menor. En la primavera de 1097, luego de prolongados forcejeos políticos entre unos
IO
y otros, los ejércitos cruzados iniciaron su ruta a través del Asia Menor, hacia Siria. El
BL
14 de mayo de aquel mismo año tuvo lugar la primera gran acción bélica con el sitio
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de Nicea (Iznik), que vino a rendirse un mes más tarde, el 19 de junio, quedando así
expedito el camino para que los cruzados avanzaran hacia Antioquía, en el norte de
Siria. El 1 de julio ganaron una batalla en Dorilea —antigua ciudad frigia y romana—
14
Alexis I Comneno (1048-1118), emperador bizantino (1081-1118), fue coronado en un momento en que el
Imperio bizantino estaba amenazado por enemigos foráneos en todas sus fronteras, Alexis comenzó su
reinado aliándose con los venecianos para resistir a los invasores normandos dirigidos por Roberto Guiscardo
en Grecia. En 1091 derrotó a los pechenegos, una tribu turca que realizaba incursiones en el Imperio desde el
norte; en el mismo año estabilizó la situación en el este firmando un tratado con los selÿukíes. En 1095 Alexis
pidió ayuda al Papa Urbano II para recuperar Anatolia, en manos de los selÿukíes, al mismo tiempo que se
producía la llegada de la primera Cruzada, a la cual ayudó activamente. Exigió un juramento de alianza a los
líderes de la Cruzada, entre ellos, Bohemond (o Bohemundo) I, hijo de su viejo enemigo Roberto Guiscardo,
cuando llegaron a Constantinopla al año siguiente. Con su ayuda, recuperó el control de Anatolia occidental,
pero no pudo impedir que estos cruzados establecieran estados independientes en Siria y Palestina. Una
disputa con Bohemond relativa al dominio de Antioquía, acabó cuando el normando reconoció a Alexis como
su señor en 1108. La biografía de Alexis, la Alexiada, fue escrita por su hija Anna Comnena. Constituye una
valiosa fuente de información histórica, aunque a veces presenta una exagerada tendencia probizantina.
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(hoy Eskishehir, Turquía), y como los musulmanes estaban demasiado debilitados
para arriesgarse a otro encuentro, Balduino inició la apropiación de territorios,
estableciendo un Estado latino en Eufratesia (región de Marash) y nombrándose
conde de Edesa (hoy Urfa).
Caníbales en Ma’arrat
El 11 de diciembre de 1097, un contingente de cruzados francos, los languedocianos
liderados por Raimundo de SaintGilles, conde de Tolosa, luego de quince días de
sitio, penetró en Ma’arrat anNumán (a mitad de camino entre Alepo y Hamah, en el
norte de Siria), pasando a cuchillo a todos sus habitantes, saqueando e incendiando
todo a su paso. Y lo más revelador: los francos demostraron ser expertos caníbales, ya
que la antropofagia era una práctica común en la Europa cristiana del siglo XI,
asolada por el hambre y la falta de alimentos, como habíamos visto antes. El
historiador musulmán Ibn alAtir (11601234) hace esta denuncia: «Durante tres días
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pasaron a la gente a cuchillo, matando a más de diez mil personas y tomando muchos
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prisioneros» (AlKamil fil Tarij). En cambio, el historiador cristiano Radulfus de Caen
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(10801120), no deja ninguna duda: «En Ma’arrat, los nuestros cocían a paganos
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adultos en las cazuelas, ensartaban a los niños en espetones y se los comían asados»
(Radulfus de Caen: Gesta Tancredi Siciliae Regis in Expeditione Hierosolymitana).
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Igualmente, el cronista Alberto de Aquisgrán o Aachen (fl.1130), que participó
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personalmente de la refriega de Ma’arrat, confiesa: «¡A los nuestros no les repugnaba
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comerse no sólo a los turcos y a los sarracenos que habían matado sino tampoco a los
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perros!». Véase Amín Maalouf, Las cruzadas vistas por los árabes, Alianza, Madrid,
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1997, Cap.III: Los caníbales de Maarrat, págs. 5760); Mijail Zaborov, Las cruzadas,
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Akal, Madrid, 1988, págs 1516.
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La toma de Jerusalén: un Hiroshima del siglo XI
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Después de un descanso de seis meses en Antioquía (tomada el 3 de junio de 1098),
el 13 de enero de 1099, Bohemundo, Tancredo y Roberto de Normandía partieron
hacia Jerusalén. En Trípoli (Líbano) se les unió Godofredo de Bouillon y Roberto de
Flandes, y desde allí, los cinco continuaron hacia el sur, acompañados de unos doce
mil (algunos hablan de veinte mil) seguidores.
La mañana del 7 de junio de 1099 los cruzados vieron por primera vez brillar a la luz
del alba las almenas y las torres de la Ciudad Santa de las tres religiones monoteístas.
La urbe estaba por aquel entonces bajo control de los musulmanes fatimíes; sus
defensores eran numerosos y estaban bien preparados para resistir un sitio. Los
cruzados atacaron con la ayuda de refuerzos llegados de Génova y con unas recién
construidas máquinas de asedio.
13
El 15 de julio, al amanecer, todo estaba dispuesto para el asalto final a Jerusalén,
luego de los infructuosos ataques de los días previos. Godofredo de Bouillon se
encaramó sobre su imponente torre de asedio y la mandó trasladar junto a las
murallas. La leyenda cristiana cuenta que cuando los francos y normandos intentaban
en vano vencer la resistencia de los musulmanes, Godofredo vió en los alto del
cercano monte de los Olivos un caballero que agitaba un escudo brillante y anunció a
todos su visión: «Mirad, San Jorge ha venido en nuestra ayuda». Esto envalentonó
notablemente a los cruzados que arremetieron con Godofredo, Tancredo y sus
normandos a través de un boquete abierto en la muralla. La mortandad fue espantosa.
Los jinetes europeos, al pasar por las calles, iban chapoteando sobre charcos de
sangre. Los expedicionarios masacrarían a la mayor parte de los cien mil habitantes de
Jerusalén. Según la concepción de los cruzados, la ciudad quedó purificada con la
sangre de los infieles.
Efectivamente, luego de ser quebrada la tenaz resistencia de los defensores islámicos,
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la población sin respeto a la edad o al sexo, sufrió una horrible matanza. Sólo en la
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mezquita alAqsa fueron degollados cerca de diez mil musulmanes allí refugiados.
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Raimundo de Aguilers, canónigo de Puy y capellán de los invasores, escribió en sus
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memorias «Maravillosos espectáculos alegraban nuestra vista. Algunos de nosotros, los
más piadosos, cortaron las cabezas de los musulmanes; otros los hicieron blancos de sus
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flechas, haciéndoles caer de los tejados de las mezquitas; otros fueron más lejos y los
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arrastraron a las hogueras. En las calles y plazas de Jerusalén no se veía más que
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montones de cabezas, de pies y manos: y sin embargo esto no es nada comparado con lo
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Salomón, que los cadáveres de los fanáticos de Mahoma nadaban en ella arrastrados a
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uno y otro punto. Veíanse flotar manos y brazos cortados que iban a juntarse con
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cuerpos que no le correspondían; en muchos lugares la sangre nos llegaba a las rodillas, y
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los soldados que hacían esta carnicería apenas podían respirar debido al vapor que de
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ella se exhalaba. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se
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dirigieron en procesión a la iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de
gracias» (Raimundo de Aguilers: Historia Francorum qui ceperunt Iherusalem, en
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R.H.C. Occ., vol. III, consultar también a Fulquerio de Chartres: Gesta Francorum
Iherusalem Peregrinantium —ed. por H. Hagenmeyer, Heidelberg, 1913—).
La pequeña comunidad judía se había refugiado en la sinagoga central. Los cruzados,
sospechando que habían ayudado a los musulmanes durante el asedio, incendiaron el
templo y todos los judíos de Jerusalén, cerca de dos mil (más del noventa por ciento
de los que vivían en Palestina), murieron abrasados. A pesar de haber perpetrado tal
monstruosidad, los cruzados no quedaron conformes y un consejo presidido por
Godofredo decretó la exterminación de todos los musulmanes de Jerusalén, en total:
setenta mil almas (el mismo número de muertos en los primeros diez segundos de la
explosión atómica en Hiroshima, el 6 de agosto de 1945). La operación duró ocho
días, a pesar del celo con la que la desempeñaron aquellos «nobles paladines». Pero
nadie se salvó, quedando destripados mujeres, niños y ancianos.
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A fin de descansar de las fatigas que causó esta tarea, los cruzados se entregaron a las
más repugnantes orgías —violación de cadáveres y actos de canibalismo— de modo
que los mismos cronistas, a pesar de toda su indulgencia, no pudieron menos que
indignarse de la conducta bestial de estos asesinos que eran cualquier cosa menos
cristianos; y el tesorero Bernardo los trata de locos; Balduino, arzobispo de Dole, los
compara a burros que se refocilan en la basura: computruerunt illi, tamquam jumenta
in stercoribus.
Luego de estos macabros episodios y de rechazar, cerca de Ascalón, un contraataque
de los musulmanes fatimíes que venían en socorro desde Egipto, los barones francos
fundaron solemnemente el «Reino Latino de Jerusalén», que duraría 88 años. Pero el
interior de Palestina permaneció y permanecería en manos de los musulmanes.
Igualmente los francos no tuvieron nunca fuerza suficiente para apoderarse de las
ciudades de Alepo, Hamah, Homs o Damasco. Quedaron reducidos a una estrecha
franja a lo largo de la costa, amenazados siempre de ser empujados al mar por un
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ataque musulmán venido del interior. En las décadas sucesivas, el reino franco pudo
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mantenerse gracias al desaliento y a la discordia imperantes en el mundo islámico;
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pero deberían haber contado con la posibilidad de una unión de los hermanos en la
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verdadera fe y el surgimiento de un líder carismático que los condujera a la victoria.
En el momento en que apareciese este fenómeno, el reino latino se vería condenado a
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desaparecer, víctima de su propia naturaleza impostora.
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Los resultados de la Primera Cruzada, con la conquista de Jerusalén y la fundación de
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otros reinos cruzados en el Oriente musulmán, produjeron un gran impacto en Europa
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y el deseo de muchos rezagados por plegarse a la aventura con sus perspectivas de
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gloria tanto material como celestial. Los historiadores comparan este estado de ánimo
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con el que más tarde se produjo en la msima Europa a raíz del descubrimiento de
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Nuevo Mundo y el enganche para acudir al saqueo de las riquezas de México y el
Perú.
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¿Cuál había sido la razón de que el éxito coronara la increíble empresa de los
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cruzados? A primera vista, esta victoria resulta simplemente sorprendente. Mueve a
asombro cómo un ejército reducido de sesenta mil a menos de veinte mil caballeros e
infantes, a tres mil kilómetros de sus bases, y en un país desconocido bajo un sol de
fuego, se impuso al Islam, al que los turcos selÿukíes habían conferido nuevo vigor.
Sin embargo, algunos hechos concretos ayudan a comprender el porqué de este
aparente milagro, por cierto, sin contar la mística que en mayor o menor medida tocó
a los combatientes europeos. El éxito occidental se debió ante todo a una superioridad
técnica incuestionable en el arte de la guerra: la armadura transformó a los caballeros
en verdaderas unidades blindadas y la cota de malla de sus auxiliares los hizo casi
invulnerables a las flechas y el hierro de los musulmanes. Así, antiguos grabados
muestran al capellán de Joinville habiéndoselas él solo contra ocho guerreros
musulmanes, o a Gualterio de Chatillon, arracándose tranquilamente de su cota la
lluvia de dardos que cae sobre ella.
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La disensión entre los musulmanes y la secta de los asesinos
Pero por sobre esas facilidades, la obra de los cruzados se vio simplicada por la
desunión del adversario. La muerte del sultán Malik eShah en 1092 había
desorganizado al imperio selÿukí en vísperas de la ofensiva europea. Divisiones
familiares, ambiciones personales y rivalidades de pensamiento y escuelas teológicas
provocaron una lucha fratricida entre los turcos. Un sultán reinaba en Irán, otro en el
Asia Menor; Alepo tenía su propio soberano y Damasco igualmente.
Como si todo esto fuera poco, los fanáticos bebedores de hashish, llamados por los
francos «asesinos» (en árabe hashashiyyín; también denominados nizaríes, secta
escindida del ismailismo), desmoralizaban y desunían a los musulmanes (cfr. M.
Stanislaus Guyard: Un Gran Maître des Assassins au temps de Saladin, Imp. Nat.,
París, 1877; Marshall G.C. Hodgson: The Order of the Assassins. The Struggle of
the Early Nizari Isma’ilis against the Islamic World, Mouton, La Haya, 1955; Josef
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von HammerPurgstall: The History of the Assassins, derived from Oriental
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Sources, Nueva York, 1968; Edward Burman: Los asesinos. La secta de los
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guerreros santos del islam, Martínez Roca, Barcelona, 1988).
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Las diferencias entre los musulmanes contribuyó decisivamente para la victoria de la
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primera Cruzada. Por esa época, los fatimíes y los selÿukíes se llevaban tan mal como,
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siglos más tarde, lo harían los católicos y protestantes durante la guerra de los Treinta
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Años (16181648). Para los fatimíes, una secta desviada del shiísmo, los sunníes
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selÿukíes no eran tanto los hermanos de fe como los intrusos, los invasores, que sólo
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se diferenciaban de aquellos otros invasores, los cruzados europeos, por sus creencias
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religiosas. Para los cruzados, en cambio, tal distinción carecía de trascendencia, y
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llamaban a sus enemigos «sarracenos» (probablemente de una deformación del árabe
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sharqiyyim, "orientales"), sin hacer diferencias entre árabes y turcos, shiíes o sunníes.
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La realidad es que si los cruzados pudieron llegar hasta Jerusalén fue precisamente
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todos los defensores del Islam para combatir a los francos, ya en las puertas de
Antioquía habría sido eliminado todo el ejército cruzado y muy probablemente la
amenaza de Occidente hubiera sido erradicada para siempre.
Pero sucedió todo lo contrario: mientras los cruzados asediaban a los selÿukíes de
Antioquía, los fatimíes de El Cairo enviaron una delegación que propuso a los francos
hacer causa común contra sus enemigos comunes, los selÿukíes. El califa fatimí al
Musta'lí (reinó entre 10941101) proponía a Godofredo un reparto del territorio
selÿukí. Siria para los francos y Palestina para los fatimíes. Era evidente que en esta
propuesta los musulmanes no habían entendido aun la naturaleza y los objetivos de la
cruzada, ya que los cruzados habían venido a conquistar Palestina y someter a
Jerusalén para siempre y tenerla como capital de un reino latino en Oriente, y no
tenían la menor intención de entregar la ciudad santa a los musulmanes, fuesen éstos
sunníes o shiíes. Aun así, la delegación fatimí fue recibida con gran cordialidad en
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Antioquía y en una de las visitas incluso recibieron el «espléndido obsequio» de
trescientas cabezas de prisioneros selÿukíes. Vale acotar, que durante el sitio de
Antioquía era una práctica común de los cruzados el bombardear la ciudadela
catapultando cabezas y otros miembros cercenados de cautivos musulmanes para
aterrorizar a los sitiados.
En vista que la respuesta de Godofredo se hizo esperar, los fatimíes se marcharon y en
1098 reconquistaron Palestina. En consecuencia, fueron ellos quienes echaron a los
selÿukíes de Jerusalén, y llevaban un año de posesión de la ciudad cuando los doce o
veinte mil cruzados hicieron por fin acto de presencia ante las murallas.
Estas desavenencias y desencuentros entre los musulmanes fue casi una constante a
partir del siglo XI. Si no hubiera sido por los esfuerzos solitarios de Saladino primero,
y el sultán mameluco Baibars después, las Cruzadas hubieran sido un éxito y el
mundo islámico habría sido borrado del mapa. Otro ejemplo lamentable es el caso de
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la España musulmana. Cuando a partir del siglo XV se multiplican las cruzadas contra
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Granada y los sultanes nazaríes solicitan urgente socorro a sus hermanos magrebíes
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(hafsíes y mariníes) y orientales (mamelucos y otomanos), encontraran la misma falta
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de solidaridad e incomprensión.
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La Segunda Cruzada
Los logros de la primera Cruzada se debieron en gran medida al aislamiento y relativa
debilidad de los musulmanes. Sin embargo, la generación posterior a esta Cruzada
contempló el inicio de la reunificación musulmana en el Próximo Oriente bajo el
liderazgo de Imad alDin Zanguí, gobernante de Al Mawsil y Halab o Alepo
(actualmente en el norte de Siria). Bajo el mando de Zanguí, las tropas musulmanas
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obtuvieron su primera gran victoria contra los cruzados al tomar la ciudad de Edesa
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en 1144, tras lo cual desmantelaron sistemáticamente el Estado cruzado en la región.
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La respuesta del Papado a estos sucesos fue proclamar la Segunda Cruzada a finales
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de 1145. La nueva convocatoria atrajo a numerosos expedicionarios, entre los cuales
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destacaron el rey de Francia Luis VII y el emperador del Sacro Imperio Romano
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Germánico Conrado III. El ejército germano de Conrado partió de Nuremberg (en la
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actual Alemania) en mayo de 1147 rumbo a Jerusalén. Las tropas francas marcharon
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un mes más tarde. Cerca de Dorilea las tropas germanas fueron puestas en fuga por
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permaneció más tiempo, pero su destino no fue mucho mejor y sólo una parte de la
expedición original llegó a Jerusalén en 1148. Tras deliberar con el rey Balduino III de
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Jerusalén y sus nobles, los cruzados decidieron atacar Damasco en julio. La fuerza
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1153), instigador de la cruzada.
Saladino, unificador del Islam
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años más tarde, Saladino le sucedió como gobernante del Estado islámico que se
extendía desde el desierto de Libia hasta el valle del Tigris, y que rodeaba los estados
cruzados que todavía existían por tres frentes.
Después de una serie de crisis en la década de 1180, Saladino finalmente invadió el
reino de Jerusalén con 45 mil soldados en mayo de 1187. El 4 de julio derrotó de
forma definitiva al ejército franco (23 mil) en Hattin (Galilea). Aunque el rey de
Jerusalén, Guy de Lusignan, junto con alguno de sus nobles, se rindió y sobrevivió,
todos los Caballeros Templarios16 y los Caballeros Hospitalarios de San Juan de
Jerusalén y el controvertido conde Reinaldo de Chatillon (asaltante y asesino de
en su familia kurda y sus seguidores. Una vez revitalizada la economía de Egipto y reorganizada su fuerza
terrestre y naval, Saladino repelió a los cruzados y dirigió la ofensiva contra ellos. En septiembre de 1171
suprimió al disidente régimen fatimí, reunificando Egipto bajo el califato abasí. Tras la muerte de Nur al-Din
en 1174, Saladino expandió su poder a Siria y al norte de Mesopotamia. A partir de 1186, numerosos ejércitos
musulmanes, aliados bajo el mando de Saladino, estaban preparados para combatir a los cruzados. En 1187
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invadió el reino latino de Jerusalén derrotó a los cristianos en los Cuernos de Hattin (Galilea) el 4 de julio, y
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reconquistó Jerusalén el 2 de octubre. En 1189 las naciones de Europa occidental lanzaron la tercera Cruzada
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para recuperar la ciudad santa. A pesar de la implacabilidad militar y de los esfuerzos diplomáticos, el
bloqueo terrestre y naval obligaron a la rendición del bastión palestino de Acre en 1191, aunque los cruzados
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fracasaron en la consecución de Jerusalén. En 1192 Saladino firmó un acuerdo de armisticio con el rey
Ricardo I de Inglaterra que permitió a los cruzados reconstituir su reino a lo largo de la costa palestino-siria,
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aunque dejó Jerusalén en manos musulmanas. El 4 de marzo de 1193, Saladino murió en Damasco tras una
breve enfermedad, a la edad de cincuenta y cinco años. Dejaba 17 hijos y una hija, y no se le halló más
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fortuna que 47 dirham y una moneda de oro. Toda la fortuna que disponía había sido invertida para frenar a
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los cruzados. La historiografía musulmana ha inmortalizado a Saladino como parangón de virtud principesca.
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Fascinó a los escritores occidentales, novelistas incluidos. Setecientos cinco años más tarde, en 1898, un
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alemán rendiría los últimos honores a Saladino construyendo un mausoleo para reemplazar la tumba
semiderruida junto a la gran mezquita de Damasco y trasladando los restos a un sarcófago de mármol blanco.
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Encima hizo colgar una lámpara de plata que lleva inscrito el nombre de Saladino y el del donante, el kaiser
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Los Caballeros Templarios fueron miembros de una orden medieval de carácter religioso y militar, cuya
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denominación oficial era Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (también Orden del Temple). Fueron
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conocidos popularmente como los Caballeros del Templo de Salomón, o Caballeros Templarios, porque su
primer palacio en Jerusalén era adyacente a un edificio conocido en esa época como el Templo de Salomón.
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La Orden se constituyó a partir de un pequeño grupo militar formado en Jerusalén en el año 1119 por dos
caballeros francos, Hughes de Payns y Godofredo de Saint Omer. Su objetivo primario fue proteger a los
peregrinos que visitaban Palestina tras la primera Cruzada. La Orden obtuvo la aprobación papal y en 1128,
en el Concilio eclesiástico de Troyes, recibió unos preceptos austeros que seguían estrechamente las pautas de
la orden monástica de los cisterciencies. La Orden Templaria estaba encabezada por un gran maestre (con
rango de príncipe), por debajo del cual existían tres rangos: caballeros, capellanes y sargentos. Los primeros
eran los miembros preponderantes y los únicos a los que se les permitía llevar la característica vestimenta de
la Orden, formada por un manto blanco con una gran cruz latina de color rojo en su espalda. El cuartel general
de los Caballeros Templarios permaneció en Jerusalén hasta la caída de la ciudad en manos de los
musulmanes en el año 1187; más tarde se localizó, sucesivamente, en Antioquía, Acre, Cesárea y por último
en Chipre. Como los Caballeros Templarios enviaban regularmente dinero y suministros desde Europa a
Palestina, desarrollaron un eficiente sistema bancario en el que los gobernantes y la nobleza de Europa
acabaron por confiar. Se convirtieron gradualmente en los banqueros de gran parte de Europa y lograron
amasar una considerable fortuna. Después de que las últimas Cruzadas fracasaran y menguara el interés en
una política agresiva contra los musulmanes, no fue preciso que los Caballeros Templarios defendieran
Palestina. Su inmensa riqueza y su inmenso poder habían levantado la envidia tanto del poder secular como
del eclesiástico. La Orden se estableció en el primer tercio del siglo XII en Aragón, Cataluña y Navarra, y
posteriormente se extendió a Castilla y León. Su actividad en la península Ibérica se centró en la defensa
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caravanas de peregrinos musulmanes) fueron degollados en el campo de batalla o en
sus proximidades. Saladino, tras esta victoria, se apoderó de la mayor parte de las
fortalezas de los cruzados en el reino de Jerusalén, incluida esta ciudad, que se rindió
el 2 de octubre. En ese momento la única gran ciudad que todavía poseían los
cruzados era Tiro, en el Líbano.
Es muy interesante la reflexión del escritor, estadista y diplomático indio Kavalam
Madhava Panikkar (18951963): «Desde la época de Saladino, quien arrebató
nuevamente a Jerusalén a los Cruzados en 1187, la parte del Islam cuyo centro era
Egipto se constituyó en una barrera de enorme poderío entre Asia y Europa. La
extraordinaria explosión de energía, entusiasmo y celo que impulsó a la Cristiandad en
las primeras tres cruzadas se había agotado y la victoria de Saladino, que fue una de las
más decisivas del mundo si se la juzga por los acontecimientos posteriores, estableció la
supremacía musulmana durante siglos en la vital región de las costas siria y egipcia. Que
los estadistas europeos tenían conciencia de esto se demuestra por el hecho de que la
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quinta cruzada (12181219) se dirigió directamente contra el mismo Egipto. Muchos
grandes monarcas de Europa se unieron, conducidos por San Luis, en un ataque final (la
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séptima cruzada), pero también fueron derrotados. Así, después de doscientos años de
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esfuerzos de las huestes unidas de la Cristiandad, Egipto y la vital línea costera
permanecían firmemente en manos de los musulmanes» (K.M. Panikkar: Asia y la
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dominación occidental. Un examen de la historia de Asia desde la llegada de
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Vasco de Gama 14981945, Eudeba, Buenos Aires, 1966, págs. 4 y 5).
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La Tercera Cruzada
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El 29 de octubre de 1187, el papa Gregorio VIII proclamó la Tercera Cruzada. El
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entusiasmo de los europeos occidentales fue grande y a sus filas se apuntaron tres
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grandes monarcas: el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico I
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Barbarroja (11231190), el rey francés Felipe II Augusto (11651223) y el monarca de
Inglaterra Ricardo I Corazón de León (11571199). Estos reyes y sus numerosos
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fronteriza frente a los musulmanes, participando en destacadas acciones bélicas, como las empresas de
Valencia y Mallorca junto a Jaime I de Aragón, la conquista de Cuenca, la batalla de las Navas de Tolosa
(1212) o la toma de Sevilla (1238). Al igual que en Francia, acabaron por caer en desgracia y ser perseguidos.
Sabido es que los templarios en dos siglos de contacto con los musulmanes en Tierra Santa asimilaron
diversas prácticas y tradiciones del Islam. Por ejemplo, el blanco y el rojo, conocimiento y amor santo, son
dos colores simbólicos del shiísmo. Entre otros los vestían los Buÿíes de Irán (945-1055) y los Fatimíes de
Egipto (909-1171), y en Occidente los templarios (1119-1312). En el año 1307, el rey de Francia Felipe IV el
Hermoso (1268-1314), con la colaboración del papa Clemente V (m. 1314), ordenó el arresto del gran maestre
francés de la Orden del Temple, Jacques de Molay (1243-1314), acusado de sacrilegio y de prácticas
satánicas, como ésa de rendirle culto a Mahomet o Bafumet (el Profeta Muhammad) —cfr. Alejandro Vignati:
El enigma de los templarios, Círculo de Lectores, Bogotá, 1979, págs. 221-224—. Molay y los principales
responsables de la Orden confesaron bajo tortura y todos ellos fueron posteriormente quemados en la hoguera.
La Orden fue suprimida en 1312 por el papa, y sus propiedades asignadas a sus rivales, los Caballeros
Hospitalarios, aunque la mayor parte de aquéllas se las apropiaron Felipe IV y el rey Eduardo II de Inglaterra,
el cual desmanteló la Orden en este país. Pero los verdugos no sobrevivieron por mucho tiempo a sus
víctimas. Pocas semanas después de la ejecución de Jacques de Molay y sus partidarios, murieron Felipe IV y
Clemente V. Eduardo II (1284-1327), hijo de Eduardo I (1239-1307), el monarca que hizo descuartizar al
héroe nacional escocés William Wallace (1270-1305), llamado Braveheart ("Corazón Valiente").
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seguidores constituyeron la fuerza cruzada más grande que había tenido lugar desde
1095, pero el resultado de todo este esfuerzo fue pobre. Federico murió en Anatolia
mientras viajaba a Tierra Santa y la mayor parte de su ejército regresó a Alemania de
forma inmediata a su muerte. Aunque tanto Felipe II como Ricardo I Corazón de León
llegaron a Palestina con sus ejércitos intactos, fueron incapaces de reconquistar
Jerusalén o buena parte de los antiguos territorios del reino latino. Lograron, sin
embargo, arrancar del control de Saladino una serie de ciudades, incluida Acre, a lo
largo de la costa mediterránea. Allí el rey inglés —llamado por los cronistas
musulmanes Malik alInkitar (rey de Inglaterra)— provocó un genocidio al hacer
matar a sangre fría a los 3.000 musulmanes de la guarnición que se habían rendido
bajo la vana promesa de que sus vidas serían respetadas.
Hacia el mes de octubre de 1192, cuando Ricardo I Corazón de León partió de
Palestina, el reino latino había sido restablecido. Este segundo reino, mucho más
reducido que el primero y considerablemente más débil tanto en lo militar como en lo
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político, perduró en condiciones precarias un siglo más.
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La Cuarta Cruzada
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Las posteriores expediciones no obtuvieron los éxitos militares que había tenido la
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Tercera Cruzada. La cuarta, que duró dos años, desde 1202 hasta 1204, estuvo
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plagada de dificultades financieras. En un esfuerzo para aliviarlas, los jefes cruzados
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acordaron atacar Constantinopla en concierto con los venecianos y aspirar al trono del
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Imperio bizantino. Los cruzados lograron tomar Constantinopla, que fue saqueada sin
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europea. El conocido medievalista y bizantinista inglés Steven Runciman (1903), en
su monumental obra Historia de las Cruzadas, recientemente reeditada por Alianza
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en tres volúmenes, afirma rotundamente que «nunca hasta entonces se había cometido
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un crimen de lesa humanidad como el de la cuarta cruzada» (Tomo III).
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El Imperio Latino de Constantinopla, creado así por esta Cruzada, sobrevivió hasta
1261, fecha en la que el emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo (12241282)
retomó Constantinopla. Todo ello no contribuyó en nada a la defensa de Tierra Santa.
La Cruzada contra los Cátaros
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Francia. «Digamos, ante todo, que no se trata de una herejía, por lo menos en el sentido
habitual del término, sino de una religión completamente diferente del cristianismo.
Albigenses y cátaros utilizaron un vocabulario muy próximo al de los católicos;ésta es
probablemente la causa de que se les haya tratado siempre de heréticos. (...) En efecto,
los orígenes del catarismo eran tan remotos en el tiempo como en el espacio, y no es
absurdo pensar que hubiera podido llegar a ser una de las religiones del mundo.»
(Fernand Niel: Albigenses y cátaros, Los libros del mirasol, Companía General Fabril
Editora, Buenos Aires, 1962, pág. 9).
La consiguiente Cruzada fue la primera que tuvo lugar en Europa occidental. Duró
desde 1209 hasta 1229 y causó un gran derramamiento de sangre (más de sesenta mil
albigenses fueron muertos solamente en 1209 cuando fue capturada la plaza fuerte de
Béziers). «La Cruzada de los Albigenses causó —según se dice— un millón de víctimas»
(Fernand Niel. O. cit., pág. 10).
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La Cruzada de los Niños
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Una descabellada empresa mística que finalizó en el más absoluto fracaso y, lo que es
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peor, con la muerte de miles de niños y niñas alentados del más extraordinario e
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occidental, los partidarios del dualismo, los cátaros (del griego katharos, que significa "puro"), como los
bogomilos (originados en Bosnia) y los paulicianos (originados en Armenia, luego trasladados a Bulgaria),
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aparecieron por primera vez en el norte de Francia y en los Países Bajos a finales del siglo XI y principios del
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XII. Perseguidos y expulsados del norte, los predicadores cátaros se trasladaron hacia el sur, logrando tener
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una gran aceptación en las provincias semi-independientes del Languedoc y las áreas próximas. Fue allí
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donde recibieron el nombre de albigenses. Los albigenses creían que toda la existencia se debatía entre dos
dioses: el dios de la luz, la bondad y el espíritu, generalmente asociado con Jesucristo y con el Dios del Nuevo
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Testamento; y el dios del mal, la oscuridad y los problemas, al que identificaban con Satán y con el Dios del
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Antiguo Testamento. Temas sujetos a fuertes debates eran si las dos deidades ejercían el mismo poder o si las
fuerzas del mal estaban subordinadas a las del bien. Por definición, cualquier asunto material, incluyendo la
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salud, la comida, y el mismo cuerpo humano, era perniciosa y aborrecible. Como Satán había hecho
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prisionera al alma en el cuerpo humano, la única esperanza para la salvación humana es la de llevar una vida
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buena y espiritual. Gozando de una vida buena, las personas podrían lograr liberarse de la existencia material
después de su muerte. Si no se lograra llegar a la virtud durante el transcurso de la vida, el alma volvería a
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nacer convertida en ser humano o en animal. Los albigenses creían que Cristo era Dios, pero que durante su
estancia en la tierra fue una especie de ángel con un cuerpo fantasma que adoptó la apariencia de un hombre.
Sostenían que la Iglesia cristiana tradicional, con su gran cantidad de sacerdotes corruptos y su inmenso
bienestar material, era la representación de Satán y que debía ser abolida. Los seguidores de la doctrina
albigense estaban divididos en dos grupos: los simplemente creyentes y los «perfectos». Los perfectos se
obligaban a sí mismos a llevar vidas de un ascetismo extremo. Renunciaban a todo lo que poseían,
sobreviviendo sólo con las donaciones que hacían los otros miembros de la comunidad. Tenían prohibido
prestar juramentos, tener relaciones sexuales y comer carne, huevos o queso. Sólo los perfectos se podían
comunicar con Dios por medio de la oración. Los simples creyentes podían aspirar a convertirse en perfectos
después de un largo periodo de iniciación, seguido por el rito del consolamentum, o bautismo del Espíritu
Santo por medio de la imposición de las manos. Algunos recibían este bautismo sólo estando próxima la hora
de su muerte, y como un modo para asegurar su salvación, se abstenían de comer y de beber; en cierto modo
cometían suicidio. En un principio, la Iglesia católica trató de reconvertir a los albigenses por medios
pacíficos, pero cuando fallaron todos los intentos, el papa Inocencio III lanzó la Cruzada albigense (1209-
1229) que reprimió a los seguidores de este movimiento de una forma brutal y a su paso desoló gran parte del
sur de Francia. Sólo pequeños grupos de albigenses sobrevivieron en zonas muy desoladas, aunque luego
fueron perseguidos por la Inquisición entre 1240-1255. En el baluarte de Montsegur (Roussillon), en 1244,
doscientos defensores cátaros y sus familias fueron quemados vivos por los cruzados.
14
inconsecuente fervor, se produjo hacia 1212. Decenas de miles de pequeños,
provenientes de Francia y Alemania, participaron en las cruzadas infantiles. Luego de
marchas interminables donde padecieron hambre, frío y violaciones de todo tipo, una
parte importante de estos niños logró arribar al puerto de Marsella. Allí llegaron a un
acuerdo con dos armadores que prometieron llevarlos a Siria. Miles de ellos se
embarcaron en siete grandes bajeles. A los pocos días fueron sorprendidos por una
furiosa tempestad y dos de las embarcaciones naufragaron cerca de la isla de Cerdeña.
Todos los pasajeros se ahogaron. Los cincos navíos restantes llegaron a Alejandría
(Egipto) y Bugía (Argelia) donde fueron capturados por los musulmanes (muchos de
ellos se islamizaron y posteriormente integraron los destacamentos mamelucos). A los
que quedaron en Marsella y otros que se desperdigaron durante la caminata, el Papa
Inocencio III les ordenó que recibieran la cruz, pero que esperaran atravesar el mar y
combatir contra los musulmanes cuando tuvieran la edad suficiente.
Las Cruzadas del Norte
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En el centro y norte de Europa otros cruzados arremetieron contra pueblos que se
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negaban a aceptar su autoritarismo (cfr. Eric Christiansen: The Northern Crusades,
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Penguin Books, 1997). Los Caballeros Teutónicos, —orden creada en Palestina,
constituida primero como hospitalaria (1190) y luego como militar (1198)—, que
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utilizaban como símbolo una cruz que luego fue insignia de Alemania durante la
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primera y segunda guerra mundial, desencadenaron ofensivas contra los rusos, los
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prusianos y los lituanopolacos, siendo derrotados respectivamente en la batalla del
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lago Pepis (Estonia) en abril de 1242 por Alexander Nevski (12201263), y en
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contra los husitas, los partidarios de Jan Hus.18
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18
Jan Hus (1372-1415) fue un reformador religioso de Bohemia, cuyos esfuerzos por reformar la Iglesia se
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anticiparon a la Reforma protestante. Hus nació en Husinec, al sur de Bohemia (hoy República Checa).
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Estudió en la Universidad de Praga y se licenció en ciencias y humanidades en 1396. Dos años después fue
profesor de teología en esa universidad y en 1401 le nombraron decano de la facultad de filosofía. Al año
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siguiente de ordenarse sacerdote (1401) asumió nuevas obligaciones como predicador de la Bethlehem
Chapel, donde los sermones se pronunciaban en checo en lugar del latín tradicional. El nacionalismo checo y
el movimiento reformista iniciados por Jan Milíc, conocido predicador bohemio del siglo XV, estaban muy
extendidos en la universidad y en la Bethlehem Chapel, y Hus se sintió inmediatamente atraído por ellos.
Aunque menos radical que el reformador inglés John Wycliffe (1330-1384), Hus estuvo de acuerdo con él en
muchos puntos. En el ámbito práctico, ambos condenaban los abusos de la Iglesia e intentaron, con la
predicación, acercar ésta al pueblo; en el aspecto doctrinal ambos creían en la predestinación y consideraban
la Biblia como la máxima autoridad religiosa; sostenían que Cristo, antes que ningún eclesiástico corrupto, era
la verdadera cabeza de la Iglesia. En 1408 atacó en sus sermones al arzobispo y le prohibieron practicar sus
funciones sacerdotales en la diócesis. Al año siguiente, Alejandro V, uno de los tres papas rivales que
entonces luchaban por la autoridad de la Iglesia, promulgó una bula en la que condenaba las enseñanzas de
Wycliffe y ordenaba que sus libros fueran quemados. Hus, que había enseñado sus doctrinas, fue
excomulgado en 1410, pero para entonces había conseguido un gran apoyo popular, por lo que estallaron
disturbios en Praga. Respaldado por las manifestaciones populares, continuó predicando, incluso después de
que la ciudad quedara bajo el interdicto religioso, en 1412. Un año después, muchos de sus seguidores
influyentes fueron apartados del poder y él tuvo que huir de Praga buscando refugio en los castillos de varios
nobles amigos. Durante este tiempo escribió su principal obra, De Ecclesia. En 1414 fue convocado para
participar en el Concilio de Constanza, que se reunió para resolver el cisma de la Iglesia y acabar con las
14
La Quinta Cruzada
La primera ofensiva de la quinta Cruzada de Oriente (12171221) tenía como objetivo
capturar el puerto egipcio de Damietta (Dumyat), lo cual consiguió en 1219. La
estrategia posterior requería un ataque contra Egipto, la toma de El Cairo y otra
campaña para asegurar el control de la península del Sinaí. Sin embargo, la ejecución
de esta estrategia no obtuvo todos sus objetivos. El ataque contra El Cairo se
abandonó cuando los refuerzos que había prometido el emperador del Sacro Imperio
Romano Germánico, Federico II, no se materializaron. En agosto de 1221 los cruzados
se vieron obligados a rendir Damietta a los egipcios y en septiembre el ejército
cristiano se dispersó (cfr. Powell, J.M.: The Anatomy of a Crusade 121321,
Pennsylvania, 1986).
El español Pelayo, legado papal, el mismo que poco antes intentara la conversión al
catolicismo de los griegos ortodoxos, intentó hacia 1220 una alianza con Gengis Jan
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(11671227) para que el ejército de los mongoles atacara por la espalda a los
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musulmanes. Pero este ataque no se produjo hasta 1260 y no prosperó. En 1401
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Tamerlán Timur (13361405) ocupará Damasco, pero luego se convertirá al Islam y
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será un mecenas del arte y las ciencias.
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La Sexta Cruzada
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El emperador de Sicilia Federico II Hohenstaufen (11941250) hablaba seis idiomas,
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entre ellos el árabe, y había estudiado el Corán así como numerosos tratados de sabios
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musulmanes. Por sus simpatías hacia el Islam fue excomulgado tres veces (1227, 1239
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y 1245) por los pontífices Gregorio IX e Inocencio IV bajo los cargos de «islamófilo y
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arabizante». En 1224 fundó la Universidad de Nápoles. Hizo traducir a Averroes y
consultaba a los sabios musulmanes de Oriente y Occidente. «La túnica con la cual fue
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sepultado, estaba bordada en oro con inscripciones arábigas» (cfr. Emir Emin Arslan:
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Los Arabes, Sopena, Buenos Aires, 1943, pág. 102).
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Al producirse la sexta cruzada, Federico marchó a Tierra Santa en junio de 1228. El
sultán Malik alKamil (m. 1238), sobrino de Saladino, asombrado de hallar un
monarca europeo que entendía el árabe y apreciaba la literatura, ciencia y filosofía
islámicas, hizo una paz favorable con Federico, y el 18 de febrero de 1229 Jerusalén
fue entregado al cuidado del emperador germánico.
Al mismo tiempo, el papa proclamó otra cruzada, esta vez contra Federico; reclutó un
ejército y procedió a atacar las posesiones italianas del emperador. Federico regresó a
Europa en mayo de 1229 para hacer frente a esta amenaza y derrotó al ejército papal.
herejías. Recibió un salvoconducto del emperador Segismundo y Hus creyó que podría defender sus
opiniones con plena libertad, pero al llegar sus enemigos le encarcelaron y procesaron por hereje. Las
acusaciones formuladas en su contra se basaron en una exposición falsa de la doctrina que él había predicado,
y cuando fue conminado a retractarse y a dejar de predicar, se negó de forma categórica. El concilio le
condenó y murió como un héroe en la hoguera. Su ejecución provocó el estallido de las Guerras Husitas en
Bohemia.
14
Un contemporáneo de Federico y uno de los más célebres Minnesänger (trovadores)
alemanes, el caballero Wolfram von Eschenbach (11651220), en su historia épica
Willehalm, describe a los musulmanes que luchan contra los cruzados bajo el signo de
una humanidad entendida generosamente (cfr. Pierre Ponsoye: El Islam y el Grial.
Estudio sobre el esoterismo del Parzival de Wolfram von Eschenback, Olañeta,
Palma de Mallorca, 1998).
Los mamelucos salvan el Islam: las hazañas de Baibars
Mamluk es una palabra árabe que significa «poseído», «gobernado», es decir esclavo
de origen nomusulmán. Los mamelucos, que al principio constituían una milicia de
esclavos provenientes de Turquía y Grecia (unos doce mil), fueron traídos a Egipto en
el siglo XIII por el sultán ayubita AsSalih, que hizo de ellos una especie de guardia
pretoriana, que ayudó a combatir eficazmente a los cruzados en Palestina.19
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El famoso héroe Ruknuddín Baibars (12231277), apodado alBundukdarí ("El
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Ballestero"), que luego sería sultán y derrotaría en repetidas ocasiones a los francos,
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sería el primer comandante y organizador de la formación militar de los mamelucos.
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Su carrera militar no tiene igual en ninguna época islámica anterior o posterior.
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Solamente durante sus diecisiete años de sultanato (12601277) realizó treinta y ocho
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Los esclavos que componían la institución mameluca dominante habían llegado a Egipto y Siria en calidad
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de paganos, llevados por venecianos y genoveses y otros mercaderes para ser vendidos allí. El apodo del
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sultán Qala'ún al-Alfi (g. 1279-1290) suele interpretarse por el hecho de que había costado mil (alf) dinares,
mientras que el gran Baibars, azote de cruzados y mongoles, sólo se pagaron cuarenta dinares, porque tenía un
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defecto en un ojo. Los jóvenes mamelucos que compraban los sultanes ayubíes recibían una concienzuda
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educación islámica y buena preparación militar en colegios especiales de El Cairo, y cuando, al cabo de de
varios años, salían de ellos completamente transformados, se enrolaban en el cuerpo de los mamelucos reales
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y recibían la libertad, caballos y el equipamiento debido, además de una tenencia de tierra que les permitía
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vivir independientemente. En su mejor momento, el soldado mameluco de caballería era notable por su
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pericia ecuestre y por su habilidad en el manejo de las armas, en particular el arco y la lanza. Las tropas
mamelucas mantenían su alto nivel de manejo de armas con prácticas, entrenamientos y ejercicios en varios
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terrenos especialmente acotados que había en torno a el Cairo, y la literatura que ha llegado hasta nosotros
sobre estos «ejercicios caballerescos» (furusiyya) nos da descripciones detalladas de los procedimientos a
seguir, junto con útiles ilustraciones del equipamiento a usar. Había ejercicios coordinados de caballería y
juego de polo y esgrima, de lucha libre y de arquería. Conviene también mencionar en este punto la
importancia que tuvieron los períodos ayubí y mameluco en el desarrollo de la heráldica. Durante estos
períodos, los grandes emires usaban blasones que el sultán les había concedido a título individual. Las
palabras árabes con que se designaban estos blasones eran rank (derivada de una palabra persa: rang, que
significa "color" y que originó el término "rango" como expresión de jerarquía —en inglés se dice rank) y
shi'ar, que quiere decir «emblema». Estas divisas parecen tener origen en los cargos de la casa o la
administración del sultán que ostentaban esos emires; así, por ejemplo, el maestre de polo ostentaba palos de
polo, etc. A mediados del siglo XIV, un monje irlandés viajero, émulo de San Brendan (486-578), presenció
en El Cairo un gigantesco partido de polo jugado por seiscientos caballeros mamelucos (trescientos por
bando) que era muy similar al (hurling) que «jugaban los pastores en los países cristianos con una bola y un
palo curvo, excepto que el sultán y sus nobles nunca golpeaban la bola a menos que estuvieran montados a
caballo... Esto provocaba que muchos caballos y caballeros quedasen incapacitados para el servicio activo en
el futuro». El sultán Aibak (g. 1250-1257), esposo de Shaÿar ad-Durr (1217-1257), era un entusiasta y
formidable jugador de polo.
14
campañas durante las cuales recorrió cuarenta mil kilómetros (cfr Robert Irwin: The
Middle East in the Middle Ages: The Early Mamluk Sultanate, 12501382,
Southern Illinois University Press, Illinois, 1986.
Nueve veces luchó contra los mongoles, cinco contra los armenios y tres contra los
hashashiyyín ("los Asesinos"). Sólo contra los francos luchó en 21 ocasiones, y salió
vencedor en todas. A los cruzados les logró capturar baluartes considerados
inexpugnables, como los castillos de Safed (mar de Galilea), en 1266, Beaufort de los
templarios (a orillas del Litani, sur del Líbano), en 1268, y el famoso Krak de los
Caballeros (al oeste de Homs, en Siria), en 1271. Además conquistó las ciudades de
Arsuf, Cesárea, Jaffa, Haifa,Torón y Antioquía. En 1270 envió a la flota mameluca a
atacar el puerto chipriota de Limassol en represalia por la ayuda constante de la
dinastía Lusignan (11911489) a los baluartes cruzados de Palestina y Siria. En 1273
destruyó el castillo de los Asesinos en Masyaf (cerca de Hamah, en Siria), donde
residía Sinán (m. 1192), el llamado «Viejo de la Montaña» (Sheij alŸabal), y su
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siniestra organización.20
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Su victoria más importante, sin embargo, fue en el oasis de dunas de Ain Ÿalut ("La
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fuente de Goliat"), en la actual localidad palestina de Ein Harod (a mitad de camino
entre Afula y Bet She'an), el 3 de septiembre de 1260. Ese día, el general Baibars y el
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sultán Qutuz (g.12591260) derrotaron a un poderosísimo ejército mongol de
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cincuenta mil hombres y diez mil jinetes enviado por Hulagú (el nieto de Gengis Jan)
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al mando de Ketbogha. La estrategia de los mamelucos fue una copia casi exacta del
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ardid por el cual el general cartaginés Aníbal Barca venció a los romanos en Cannas
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(agosto, 216 a.C.). La infantería musulmana (unos veinte mil) al mando del sultán
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Qutuz Ibn Abdullah aguardó fuera de la vista del enemigo mientras Baibars y sus doce
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mil jinetes fingieron hacer un ataque masivo y luego retrocedieron. Los mongoles
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inexorablemente en el momento preciso, mientras la caballería mameluca giraba en
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consiguió el triunfo.
Esta batalla fue una de las más importantes de la historia, comparable a la de
Gaugamela (1 de octubre, 331 a.C.), por la que Alejandro conquistó el Imperio persa,
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Los nizaríes fueron una rama de la secta ismailí. Partidarios de Nizar, uno de los hijos del califa fatimí al-
Mustansir (g.1038-1094) se convirtieron en disidentes y enemigos de los fatimíes, ayubíes y mamelucos.
Tuvieron cierto desarrollo en Egipto, Siria e Irán entre los siglos XI y XIII. De su seno surgió un movimiento
conocido en Occidente como los «Asesinos» (en árabe hashashíyyín "drogados de hachís"), que tomarían dos
fortalezas convirtiéndolas en sus bases operacionales, una en Alamut, en las montañas del norte de Irán, en
1090, y otra en Masyaf, cerca de Hamah, Siria, en el siglo XII. Su objetivo era eliminar a las principales
personalidades religiosas, militares y políticas musulmanas o conseguir dinero de ellas a cambio de
«protección». Esta verdadera maffia fue combatiza tenazmente por el sultán Saladino y sus sucesores. Alamut
fue conquistada por los mongoles de Hulagú en 1256 quienes, paradójicamente, liberaron al gran sabio y
astrónomo Nasiruddín at-Tusí (1201-1274) de la escuela shií que se hallaba prisionero en las mazmorras de
esos criminales. No confundirlos con los nusairíes, otro grupo sincrético escindido del ismailismo, fundado en
Irak por Muhammad Ibn Nusair en 859.
14
a la de Hastings (14 de octubre, 1066), por la que Inglaterra pasó a manos de los
normandos, a la de Waterloo (18 de junio, 1815), por la que Napoléon fue
definitivamente vencido, o a la del Alamein (23 de octubre4 de noviembre, 1942),
por la que el Afrika Korps de Rommel fue frenado y desbandado a las puertas de El
Cairo. Dice el medievalista británico Steven Runciman: «La victoria mameluca salvó al
Islam de la amenaza más peligrosa con que se había enfrentado nunca. Si los mongoles
hubieran penetrado en Egipto no habría quedado ningún estado musulmán importante
en el mundo al este de Marruecos» (S. Runciman: Historia de las cruzadas, Alianza,
Madrid, 1997, vol. III: "El Reino de Acre y las últimas cruzadas", pág. 289).
Es lícito especular acerca de lo que pudo pasar en Ain Ÿalut si hubieran resultado los
mongoles victoriosos, y sobre todo cómo habría cambiado la historia del
Mediterráneo, y con ella la civilización del Islam, la cual hubiera prácticamente
desaparecido. Recordemos que ya en ese año crucial de 1260, grandes ciudades
musulmanas como Bujará, Samarcanda, Gazni, Herat, Merv, Nishabur, Hamadán,
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Tabriz, Mosul, Alepo, Damasco habían sido saqueadas, casi destruidas y sus habitantes
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pasados a cuchillo o violados.
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Los sabios del Islam con sus universidades (madrasas). bibliotecas, observatorios,
laboratorios y miles de descubrimientos invalorables atesorados en seis siglos se
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perdieron para siempre y fueron barridos del mapa. Solamente en Bagdad (tomada el
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musulmanes árabes y persas en cuarenta días, o sea la mitad de la población: «Un
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mongol encontró en una calle lateral a cuarenta niños recién nacidos, cuyas madres
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estaban muertas. Como acto de clemencia, los mató, pues pensó que no podrían
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sobrevivir sin nadie que los amamantase» (Steven Runciman, Historia de las
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Cruzadas. O. cit. Vol. III, págs. 280281). «Algunos mongoles —aseguran testigos
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oculares—, destripaban cadáveres, los llenaban hasta el tope con alhajas saqueadas y así
desaparecían cabalgando, llevando delante suyo sobre la montura, atravesados, estos
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espantosos recipientes para el transporte...El conquistador recién se retiró un rato cuando
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se hizo insoportable el olor de los cadáveres al bajar el fresco invernal... Sólo quedaron
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intactos los cristianos y las iglesias cristianas. No únicamente porque las primeras
mujeres de Hulagú eran cristianas. Hulagú había entrado en una gran coalición con los
cruzados, por medio del rey (cristiano) de Armenia, que era suegro del príncipe cruzado
Bohemond de Antioquía» (Rolf Palm, Los árabes. La epopeya del Islam, Javier
Vergara, Buenos Aires, 1980, pág. 331).
Paradójicamente, a partir del jan Mahmud Ghazán (g. 12951304) —restaurador del
Islam en Irán—, los mongoles se harán paulatinamente musulmanes y tendrán sabios
y científicos de la talla de Ulug Beg (13941449) —astrónomo, historiador, teólogo,
poeta y mecenas de las artes—, y políticos y guerreros como Zahiruddín Muhammad
Babur (14831530) —fundador de la dinastía mogol de la India musulmana (1526
1858), que revitalizarán y consolidarán el Islam en el Lejano Oriente.
14
Baibars también se destacó como renovador religioso y estadista. Prohibió la
prostitución y las bebidas alcohólicas bajo pena de muerte. En el campamento de
turno y en el palacio de El Cairo o Damasco denunciaba con su voz potente e
imperturbable los males de la época y recomendaba las soluciones apropiadas. Hizo
construir escuelas, hospitales, un estadio de tamaño olímpico, embalses y canales en
el valle del Nilo, cocinas populares, distribución anual de diez mil bolsas de cereal
para beneficencia, e implementó un servicio postal de cuatro días para una carta de El
Cairo hasta Damasco; eficiencia que hoy día rara vez se alcanza. La lista de sus obras
sociales es casi tan larga como aquélla de sus empresas militares.
Los mamelucos llevaban siempre encima dos o tres arcos con sus correspondientes
cuerdas, y eran tan estupendos arqueros que cuando tiraban flechas de espaldas, es
decir, al retirarse, éstas eran tan mortales como las que tiraban por delante (cfr.G. Rex
Smith: Medieval Muslim Horsemanship, The British Library, 1979).
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El famoso historiador musulmán tunecino Ibn Jaldún (13321406) describe con
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precisión uno de los secretos tácticos de estos guerreros temerarios: «Oímos decir que
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la técnica de combate de las naciones turcas contemporáneas [se refiere a potencias
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militares como los mamelucos egipcios y sirios, y los epígonos turcomanos de los
mongoles en Irak y Persia] se basa en disparar flechas. Su orden de batalla consiste en
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una formación en líneas sucesivas. Desmontan de sus caballos, vacían sus carcajs en
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tierra ante sus pies y van disparando las flechas arrodillados o a gachas. Cada línea
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protege a la delantera contra los ataques del enemigo, hasta que uno de los lados alcanza
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la victoria. Este tipo de orden de batalla es verdaderamente notable» (cfr. Ibn Jaldún:
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Introducción a la historia universal. AlMuqaddimah, FCE, México, 1977).
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90, emprendió una primera ofensiva contra los cristianos, tomando la fortaleza de
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Trípoli, donde perdieron la vida siete mil soldados francos. Qalawún fue un gran
constructor y mandó restaurar las ciudades de Alepo, Damasco y Baalbak, dañadas
por los cruzados. Su hijo y sucesor alJalil (que gobernó entre 129093) coronó la
obra de sus antecesores con la toma de la fortaleza de Acre en 1291, después de un
asedio de mes y medio, luchando a brazo partido con los caballeros templarios que la
ocupaban. Guillermo de Clermont, gran maestre de la orden de San Juan, encontró la
muerte cuando luchaba por su hospital. La gran torre de los templarios fue socavada y
se desplomó, enterrando a los que la defendían. Los cuatro últimos puertos, Tiro,
Sidón, Beirut y Tortosa, fueron evacuados sin combate por los francos, lo cual
significó el fin de las cruzadas.
En 1300, los mongoles ocuparon Damasco y penetraron profundamente en Palestina.
Cuando ya habían llegado a Gaza, puerto de la frontera egipcia, los mamelucos se
recobraron, pasaron a la ofensiva, y en 1303 derrotaron a los invasores en dos
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batallas, en Marsh alSuffar, al sur de la capital siria, y cerca de Homs, en el valle de
Orontes.
Es justo y necesario reivindicar el papel que cupo a los mamelucos en salvaguardar el
territorio de los musulmanes. Sin ellos, el avance de los mongoles (que ya había
destruido el califato de Bagdad en 1258) hubiera sido incontenible y Egipto, Siria y
Palestina hubieran sido totalmente arrasados. Por otra parte, los mamelucos fueron
notables arquitectos. Sus mezquitas y santuarios embellecieron El Cairo y fijaron un
estilo arquitectónico islámico con características originales que hoy sorprenden
gratamente a los estudiosos (cfr. Henri y Ann Stierlin: Splendours of an Islamic
Civilization. The Eventful Reign of the Mamluks, Tauris Parke Books,
Londres/Nueva York, 1997; Henri Stierlin: Islam. Volume II: From the Mamluks of
Cairo to the Nasrids of Granada, Taschen, Köln, 1998.
La Séptima Cruzada
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Transcurrieron casi 20 años entre la Cruzada de Federico y la siguiente gran
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expedición al Próximo Oriente, organizada y financiada por el rey Luis IX de Francia y
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motivada por la reconquista de Jerusalén por parte de los musulmanes en 1244. Luis
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pasó cuatro años haciendo cuidadosos planes y preparativos para su ambiciosa
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expedición. A finales de agosto de 1248, Luis y su ejército marcharon hasta la isla de
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desembarcaron en Egipto, el 5 de junio de 1249, y al día siguiente tomaron Damietta.
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El siguiente paso en su campaña, el ataque a El Cairo en la primavera de 1250, acabó
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siendo una catástrofe. Los cruzados no pudieron mantener sus flancos, por lo que los
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egipcios retuvieron el control de los depósitos de agua a lo largo del Nilo. Los
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musulmanes egipcios abrieron las esclusas, provocando inundaciones, que atraparon a
todo el ejército cruzado, y Luis IX fue forzado a rendirse en abril de 1250. Tras pagar
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un enorme rescate y entregar Damietta, Luis marchó por mar a Palestina, donde pasó
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cuatro años edificando fortificaciones y consolidando las defensas del reino latino. En
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la primavera de 1254 regresó con su ejército a Francia.
14
La Octava Cruzada
El rey Luis IX también organizó la última gran Cruzada, en 1270. En esta ocasión la
respuesta de la nobleza franca fue poco entusiasta y la expedición se dirigió contra la
ciudad de Túnez y no contra Egipto. Acabó súbitamente cuando Luis murió en Túnez
en el verano de 1270. Poco después fue canonizado, probablemente por las caritativas
palabras de la consigna impartida a sus soldados: «hacer entrar la espada en el vientre
de los infieles tanto como quepa» (cfr. Jean de Joinville: The Life of St. Louis, trans.
Shaw, M.R.B., Joinville and Villehardouin, Chronicles of the Crusade,
Harmondsworth, 1963.
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cayeron en manos de los potentes ejércitos mamelucos. La última plaza fuerte, la
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ciudad de Acre fue tomada el 18 de mayo de 1291 y los pobladores cruzados, junto
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con las órdenes militares de los Caballeros Templarios y los Caballeros Hospitalarios,
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buscaron refugio en Chipre. Alrededor de 1306, estos últimos se establecieron en la
isla de Rodas, la cual administraron como un virtual Estado independiente y fue la
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última plaza fuerte en el Mediterráneo hasta su rendición a los otomanos en 1522. En
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1570, Chipre, por aquel entonces bajo la soberanía de Venecia, también fue
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conquistada por los otomanos. Los otros estados latinos que se establecieron en Grecia
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como consecuencia de la cuarta Cruzada sobrevivieron hasta la mitad del siglo XV.
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Las consecuencias de las cruzadas
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La expulsión de los latinos de Tierra Santa no puso fin a los esfuerzos de los cruzados,
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pero la respuesta de los reyes europeos y de la nobleza a nuevas convocatorias de
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Cruzadas fue débil, y las posteriores expediciones se llevaron a cabo sin ningún éxito.
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Dos siglos de Cruzadas habían dejado poca huella en Siria y Palestina, salvo
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numerosas iglesias, fortificaciones y una serie de impresionantes castillos (ciento dos
en total), como los de Margat (alMarqab), en la costa de Siria, Montreal, en la
Transjordania, el Krak de los Caballeros, cerca de Trípoli (edificado sobre una
primitiva fortaleza llamada en árabe Hons alAkrad), y tal vez el más imponente, con
capacidad para una guarnición de dos mil hombres, y Belfort, a orillas del río Litani
(sur del Líbano).
Se calcula que las cruzadas que tuvieron lugar entre 1095 y 1291 debieron costar en
total unos dos millones de vidas humanas, o sea un 7% del total de la población
europea que, en la Edad Media oscilaba en los 28 millones de personas.
Pero Occidente no aprendió la lección de las cruzadas; la caída de Acre no fue más
que un breve paréntesis, no un final definitivo. Las cruzadas continuaron, con sus
derramamientos de sangre, sus muertes y sus saqueos. En octubre de 1365, el franco
15
Pedro I de Chipre (13291369) de la dinastía Lusignan, asaltó Alejandría en Egipto
por sorpresa, asesinando a veinte mil de sus habitantes y llevándose a cinco mil
cautivos musulmanes y judíos.
Los efectos de las Cruzadas se dejaron sentir principalmente en Europa, no en el
Cercano Oriente. Los cruzados habían apuntalado el comercio de las ciudades
italianas, habían generado un interés por la exploración del Oriente y habían
establecido mercados comerciales de duradera importancia.
Los experimentos del Papado y de los monarcas europeos para obtener los recursos
monetarios para financiar las Cruzadas condujeron al desarrollo de sistemas de
impuestos directos de tipo general, que tuvieron consecuencias a largo plazo para la
estructura fiscal de los estados europeos. Aunque los estados latinos en el Oriente
tuvieron una corta vida, la experiencia de los cruzados estableció unos mecanismos
que generaciones posteriores de europeos usarían y mejorarían, al colonizar los
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territorios descubiertos por los exploradores de los siglos XV y XVI.
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Sin duda alguna, el intercambio de valores materiales y espirituales entre el Islam y
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Occidente se inició mucho antes de las Cruzadas. Los aportes culturales y científicos
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de los musulmanes habían comenzado a fluir a la Europa cristiana en el siglo VIII y IX
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desde la España musulmana, Sicilia y a través de Bizancio. Sin embargo, las cruzadas
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aumentaron esto considerablemente. Por ejemplo, en los siglos XII y XIII plantas y
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frutas hasta entonces desconocidos en el continente europeo como el arroz, el trigo
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sarraceno, las sandías, los melones, las berenjenas, las naranjas, los limones, los
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damascos y los albaricoques, así como la caña de azúcar, comenzaron a sembrarse. En
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Italia comenzó a fabricarse por la misma época modelos musulmanes: aparecieron la
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muselina, la damasquina, el percal y los tapices.
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«Sabemos mejor hoy día que, en la Edad Media, el Cristianismo y el Islam no tan sólo se
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enfrenatron, y que, enfrentándose, no tan sólo se combatieron. Señales concordantes y
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ciertas atestiguan que hubo, entre sus minorías responsables, más allá del anatema y el
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combate, no sólo intercambios, superficiales u ocasionales, sino una conjunción espiritual
auténtica, en la que la intelectualidad islámica desempeñó, durante siglos, el papel
inspirador y guía.» (Pierre Ponsoye: El Islam y el Grial. Estudio sobre el esoterismo
del Parzival de Wolfram von Eschenback, José J. De Olañeta, Palma de Mallorca,
1998, pág. 13).
15
Cuando, después de 1250, los monjes y templarios solicitaban fondos para nuevas
Cruzadas, algunos oyentes, con amarga ironía, llamaban a los pobres y les daban
limosna en nombre del Profeta Muhammad, pues Mahoma —decían— había probado
ser más fuerte que la fe de los cruzados.
La influencia del Islam a través de las cruzadas llegó incluso a transformar los hábitos
y la liturgia del cristianismo. Por ejemplo, el rosario (en árabe masbaha y tasbih),
utilizado por los musulmanes para sus súplicas y la glorificación de los 99 nombres o
atributos divinos, fue adoptado por Santo Domingo de Guzmán (11701221),
fundador de la orden de los dominicos, e incorporado a la práctica cristiana.
Seda, azúcar, especias como pimienta, jengibre, clavo, canela, cardamomo, raros lujos
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en la Europa del siglo XI, comenzaron a llegar en abundancia a la Europa del siglo
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XIII y XIV. Espejos de cristal azogado reemplazaron a los de bruñido cobre o hierro.
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Las Cruzadas habían comenzado con un feudalismo agrario inspirado en los apetitos
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desmedidos del clero y los nobles, mezclado con el salvajismo germánico bajo el
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manto de sentimiento religioso. Gracias a su contacto con el Islam, los europeos
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terminaron doblemente beneficiados, con la ascensión de la industria y la expansión
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del comercio al Oriente, en una revolución económica que anunció y sostuvo el
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Renacimiento.
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Sin embargo, para el Oriente musulmán, las cruzadas fueron una terrible calamidad.
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sinónimo de extranjero perverso y ladrón hasta nuestros días.
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responsabilidad por la constante destrucción o aniquilamiento de las aristocracias
musulmanas, que fueron reducidas gradualmente desde su condición de grupos
ilustrados y urbanos a un estrecho cónclave de religioso conservantismo en que el
estudio científico y humanista declinó considerablemente.
Al término de las cruzadas el liderazgo intelectual había pasado de los musulmanes a
la Europa Occidental, pero esto no fue tanto el resultado de las cruzadas, sino de la
transferencia del saber islámico a través de España y Sicilia. Asimismo, estas
influencias posibilitaron más tarde el Renacimiento.
La caballería islámica
Resta hablar brevemente sobre las influencias de la caballería islámica en la literatura
caballeresca y libros de caballería en Europa. Al respecto, es famoso el «Libro de la
orden de caballería» (Alianza, Madrid, 1986) del escritor y arabista catalán Ramon
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Llull (12351315). Pero, el ejemplo más evidente y comprobable es El Ingenioso
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Hidalgo don Quijote de la Mancha. Su autor, Miguel de Cervantes Saavedra (1547
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1616), muy probablemente un criptomusulmán, confiesa en la propia obra que ésta
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en realidad se trata de un manuscrito árabe de un historiador moro llamado Cide
Hamete Benengeli (cfr. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, 2 vols. Vol.
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1. Capítulo IX: Hallazgo del manuscrito de Cide Hamete, RBA Editores, Barcelona,
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1994, págs. 165171). «En tres capítulos casi consecutivos —el 27, el 44 y el 53 de la II
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parte del Quijote—, Cervantes perfila ese algo sutil y tal vez inquietante de un moro
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medio "católico cristiano" y "filósofo mahomético", con lo que su creación de Cide Hamete
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mundo turcoberberisco y servicios secretos en la época de Felipe II, FCE, México,
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1995, pág. 208).
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1895) afirma en un libro que escribió sobre el Corán: «Con el trato de los árabes y con
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la imitación de éstos, los rudos señores de nuestra Edad Media suavizaron sus
costumbres; de modo que los caballeros, sin perder nada de su valor, adquirieron
sentimientos más delicados, nobles y humanos, que es muy dudoso hubiese logrado
inspirarles el cristianismo solo, por más benéfico que fuese».
Por otra parte, el escritor escocés Sir Walter Scott (17711832) convirtió al sultán
Saladino, el libertador de Jerusalén, en epítome de la caballería medieval en The
Talisman (1825), —al respecto véase Charles J. Rosebault: Saladin. Prince of
Chivalry, Robert M. McBride, Nueva York, 1930, y el film de David Butler, King
Richard and the Crusaders, con Rex Harrison como Saladino, Hollywood, 1954,
color, 114 minutos.
Un dicho de Saladino es lo sumamente gráfico y caballeresco que no podemos dejar
de recordarlo: «Mi silla de montar es mi Cámara del Consejo» (véase Andrew Sinclair,
15
Jerusalén. La cruzada interminable. La Lucha Religiosa por la Ciudad Sagrada
desde su origen hasta nuestros días, Edaf, Madrid, 1997, pág. 113).
Usamah Ibn Munqidh, modelo de un caballero musulmán
Abu lMudaffar Usamah Ibn Munqidh nació el 25 de junio de 1095 wn Sháizar, una
pequeña fortaleza en el valle del Orontes, en Siria. Residió largas temporadas en
Damasco y en Egipto, donde se transformó en un consumado guerrero. Entre 1150 y
1153 combate a los cruzados en Ascalón (Palestina), En 1154 hace la santa
peregrinación a La Meca. En 1162 acompaña a Nuruddín en su campaña contra los
francos. Fallece en Damasco el 6 de noviembre de 1188. Autor de obras como el Kitab
ulBadí, es tal vez uno de los primeros escritores que cultivó el género de la
autobiografía —véase Philiph K. Hitti (traductor): Memoires of ArabSyrian
Gentleman (Autobiografía de Usamah Ibn Munqidh), Beirut, 1924—.
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La bizarría de su carácter se trasunta en el estilo simple y enérgico con el que narra
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sus aventuras. El profesor egipcio Mustafá ElAbbadi (El Cairo, 1928) catedrático
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emérito en la Universidad de Alejandría—, cita un episodio que involucró a Usamah y
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lo marcó de por vida: «Otro acontecimiento de menor importancia indica lo que podía
llegar a ocurrir en esos tiempos turbulentos (de las Cruzadas). Osama Ibn Munquiz, un
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célebre general y poeta musulmán, había conseguido un salvoconducto del rey de
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Jerusalén que le permitía a él y a su familia dirigirse por mar desde Egipto a Siria, pero
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ante San Juan de Acre unos cruzados, soldados del rey, detuvieron el barco y confiscaron
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todos sus bienes, incluida su biblioteca, compuesta por 4.000 magníficos libros, lo cual
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Antigua Biblioteca de Alejandría, Madrid, 1994.
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Una reflexión de Usamah, que brinda un preciso perfil de su carácter, es rescatada por
Michael Foss, especialista británico nacido en la India en 1937: «... la experiencia del
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reino latino hizo que algunos se preguntaran qué hubiera pasado, al margen de la esfera
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de la religión, si este pequeño mundo no hubiese empezado con un arrogante invasión
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religiosa y continuado en una guerra de fes. Es apropiado que la última palabra la diga
Usama ibn Munqidh, hombre de curiosidad abierta e inteligencia cordial que sabía más
que la mayoría lo que hubiera podido ser y lamentaba que no se hubiera hecho realidad:
"Hice una visita a la tumba de Juan, llamado el Bautista, el hijo de Zacarías —
¡Alá bendiga a los dos!— en el poblado de Sebastea, en la provincia de Nablus.
Después de rezar mis oraciones, salí a la plaza que por un lado linda con el
Sagrado Recinto. Encontré una puerta semicerrada, la abrí y entré en una
iglesia. Dentro había unos diez hombres viejos con la cabeza descubierta y tan
blanca como el algodón peinado. Estaban de cara al este y llevaban sobre el
pecho unas rayas que terminaban en rayas transversales levantadas como la
parte de atrás de una silla de montar. Prestaban juramento sobre este signo y
daban hospitalidad a los que la necesitaban. La visión de su piedad conmovió mi
corazón, pero al mismo tiempo me desagradó y entristeció, pues nunca había
visto tanto celo y devoción entre los musulmanes. Durante un tiempo cavilé
15
sobre esta experiencia. Luego, un día cuando Muin edDin y yo pasábamos por el
monasterio de DaratTawawis (la Casa del Pavo Real), él me dijo: ‘Quiero
desmontar aquí y visitar a los ascetas, los ancianos’. Accedí de buen grado, de
manera que desmontamos y entramos en un edificio largo que formaba ángulo
con la calle. Durante un momento pensé que no había nadie allí. Luego vi
alrededor un centenar de esterillas para rezar, y en cada una de ellas había un
sufí cuyo rostro expresaba pacífica serenidad y su cuerpo, humilde devoción. El
espectáculo era tranquilizador y di gracias a Alá el Grande al ver que entre los
musulmanes había hombres cuya devoción era aún más celosa que la de
aquellos sacerdotes cristianos."» (M. Foss: Cruzados. La aventura de los soldados
de Dios, Ediciones Martínez Roca —Colección Así vivían—, Barcelona, 1998, págs.
285286).
Las raíces del antisemitismo
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No es antojadiza la tesis del profesor Allan Harris Cutler, cuando en su obra erudita:
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The Jew as Ally of the Muslim: Medieval Roots of AntiSemitism (University of
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Notre Dame Press, Indiana, 1986) afirma que la unidad política, económica, cultural y
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religiosa de judíos y musulmanes en alAndalus (7111492), durante las Cruzadas
(10991291) y a lo largo de la historia del Imperio otomano (12991909), hizo nacer
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las fobias antisemitas entre los europeos. El judío como aliado del musulmán era algo
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inconcebible para la paranoia que asolaba la Europa altomedieval.
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El origen del éxito de Occidente
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Paradójicamente, el éxito alcanzado por los cruzados no fue en el plano militar sino
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en el ideológico y ocurrió involuntariamente, sin que ellos mismos se lo propusieran o
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pensaran. Como señala muy acertadamente el escritor libanés Amín Maalouf: «Los
árabes padecían, desde antes de las cruzadas, determinadas "taras" que la presencia
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franca desveló y quizá agravó pero que no creó de la nada. El pueblo del Profeta había
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perdido, ya desde el siglo X, el control de su destino... Cuando llegan los francos, ya han
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dejado de progresar y se conforman con vivir de rentas del pasado, y, aunque es cierto
que todavía iban claramente por delante de esos invasores en casi todos los aspectos, ya
había empezado su ocaso... Para el invasor aprender la lengua del pueblo conquistado
constituye una habilidad: para este último, aprender la lengua del conquistador supone
un compromiso, incluso una traición. De hecho, muchos francos aprendieron el árabe
mientras que los indígenas permanecieron impermeables a los idiomas de los
occidentales. Se podrían multiplicar los ejemplos pues, en todos los terrenos, los europeos
han aprendido de los musulmanes, tanto en Siria como en España o en Sicilia. Y lo que
de ellos aprendieron era indispensable para su ulterior expansión. Si se transmitió la
herencia de la civilización griega a Europa occidental fue a través de los musulmanes,
traductores y continuadores. En medicina, astronomía, química, geografía, matemáticas
y arquitectura, los europeos adquirieron sus conocimientos en los libros árabes que
asimilaron, imitaron y luego superaron... Mientras que, para Europa occidental, la época
de las cruzadas era el comienzo de una verdadera revolución, a la vez económica y
15
cultural, en Oriente estas guerras santas iban a desembocar en largos siglos de
decadencia y oscurantismo. Asediado por doquier, el mundo musulmán se encierra en sí
mismo, se ha vuelto friolero, defensivo, intolerante, estéril, otras tantas actitudes que se
agravan a medida que prosigue la evolución del planeta de la que se siente al margen. A
partir de entonces, el progreso será algo ajeno, al igual que el modernismo» (A. Maalouf:
Las cruzadas vistas por los árabes, O. cit., págs. 285290).
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LOS MAMELUCOS.
Guardianes del Islam
Los Mamelucos21 fueron soldados esclavos convertidos al Islam y que constituyeron un
sultanato en Egipto y regiones vecinas entre 1250 y 1517. De esta casta surgieron dos
dinastías de regentes. Estos ex esclavos de origen no musulmán provenientes del sur
de Rusia y el Cáucaso se constituyeron en una milicia (unos doce mil) que fue
organizada por el sultán ayubí asSalih Ayub (g. 12401249).
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Hubo veintisiete sultanes mamelucos denominados bahríes (de bahr, "río", referido al
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Nilo, pues en su delta combatieron a la séptima cruzada), de origen turco, entre 1250
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1382, y veintisiete burÿíes (de burÿ, "torre", ya que originalmente su cuartel estaba
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coronado por una torre de vigilancia), de origen circasiano o cherkés (procedentes del
Cáucaso), entre 13821517. Entre los bahríes el más famoso fue el kipchak Baibars
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(ver segmento). Entre los burÿíes se destacó particularmente el circasiano alMalik al
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Ashraf Saifuddín Barsbai, apodado «la Pantera», gobernante entre 1422 y 1438, que
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21
Mamluk (castellanizado mameluco) es una palabra árabe que significa «poseído», «gobernado», es decir
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esclavo de origen no-musulmán. Los esclavos que componían la institución mameluca dominante habían
llegado a Egipto y Siria en calidad de paganos, llevados por venecianos y genoveses y otros mercaderes para
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ser vendidos allí. El apodo del sultán Qala'ún al-Alfi suele interpretarse por el hecho de que había costado mil
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(alf) dinares, mientras que el gran Baibars, azote de cruzados y mongoles, sólo se pagaron cuarenta dinares,
porque tenía un defecto en un ojo. Los jóvenes mamelucos que compraban los sultanes ayubíes recibían una
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concienzuda educación islámica y buena preparación militar en colegios especiales de El Cairo, y cuando, al
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cabo de de varios años, salían de ellos completamente transformados, se enrolaban en el cuerpo de los
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mamelucos reales y recibían la libertad, caballos y el equipamiento debido, además de una tenencia de tierra
que les permitía vivir independientemente. En su mejor momento, el soldado mameluco de caballería era
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notable por su pericia ecuestre y por su habilidad en el amnejo de las armas, en particular el arco y la lanza.
Las tropas mamelucas mantenían su alto nivel de manejo de armas con prácticas, entrenamientos y ejercicios
en varios terrenos especialmente acotados que había en torno a el Cairo, y la literatura que ha llegado hasta
nosotros sobre estos «ejercicios caballerescos» (furusiyya) nos da descripciones detalladas de los
procedimientos a seguir, junto con útiles ilustraciones del equipamiento a usar. Había ejercicios coordinados
de caballería y juego de polo y esgrima, de lucha libre y de arquería. Conviene también mencionar en este
punto la importancia que tuvieron los períodos ayubí y mameluco en el desarrollo de la heráldica. Durante
estos períodos, los grandes emires usaban blasones que el sultán les había concedido a título individual. Las
palabras árabes con que se designaban estos blasones eran rank (derivada de una palabra persa: rang, que
significa "color" y que originó el término "rango" como expresión de jerarquía —en inglés se dice rank) y
shi'ar, que quiere decir «emblema». Estas divisas parecen tener origen en los cargos de la casa o la
administración del sultán que ostentaban esos emires; así, por ejemplo, el maestre de polo ostentaba palos de
polo, etc. A mediados del siglo XIV, un monje irlandés viajero, émulo de San Brendan, presenció en El Cairo
un gigantesco partido de polo jugado por seiscientos caballeros mamelucos (trescientos por bando) que era
muy similar al (hurling) que «jugaban los pastores en los países cristianos con una bola y un palo curvo,
excepto que el sultán y sus nobles nunca golpeaban la bola a menos que estuvieran montados a caballo... Esto
provocaba que muchos caballos y caballeros quedasen incapacitados para el servicio activo en el futuro». El
sultán Aibak, esposo de Shaÿar ad-Durr, era un entusiasta y formidable jugador de polo.
15
lanzó una expedición contra Chipre en 1425 y que finalizó con la captura del rey
isleño Janus, cuyo hijo Juan II (g. 14321458) se declaró vasallo del sultán.
El advenimiento de la dinastía Bahrí en 1250 inició una línea sucesoria que trajo
consigo ganancias territoriales y gran prosperidad a Egipto y Palestina.
Después de 1341 el poder del sultán Bahrí gradualmente pasó a los jefes de tropa.
Hacia 1382 el primer regente Burÿí pudo ocupar el trono. Su mandato y el de sus
sucesores fue problemático debido a revueltas palaciegas, guerras civiles y conquistas
extranjeras, culminando con la derrota de la dinastía en 1517 ante Selim I, sultán del
Imperio otomano. Egipto entonces se sometió a la autoridad de un representante
turco, el pashá, aunque el poder real continuaba estando en manos de los beys
mamelucos, gobernadores de distritos o provincias menores.
Hacia mediados del siglo XVII los emires mamelucos, o beys, habían restablecido su
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supremacía. Cuando Bonaparte, al pretender avanzar hacia las posesiones británicas
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en la India, invadió Egipto, derrotó a los mamelucos en la batalla de las Pirámides el
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21 de julio de 1798 22. Después de que los franceses evacuaran Egipto en 1801, los
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mamelucos lucharon con los turcos por el poder, aunque fueron diezmados por
Muhammad Alí23 en la masacre de El Cairo en 1811. Los supervivientes huyeron a
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Nubia y a Zanzíbar. Los mamelucos tuvieron una trascendencia de casi 600 años en la
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historia del Egipto musulmán (6401226 de la Hégira).
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Antecedentes
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22
Hacia 1798 el Imperio otomano concertó una alianza con Inglaterra contra la Francia revolucionaria.
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Napoleón Bonaparte (1769-1821), inquieto general de la República, pensaba que la batalla contra los ingleses
no debía ser librada en el Támesis sino en el Nilo. Los ingleses necesitaban de Egipto, Palestina y Siria para
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asegurarse la ruta a la India. Además el estratega corso soñaba con reabrir el antiguo canal de los faraones,
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pasar sus navíos al mar Rojo y socorrer con su ejército al sultán Tipu de Mysore (1750-1799) en el sur del
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subcontinente asediado por un contingente británico entre los que se encontraba Arthur Wellesley, futuro
duque de Wellington.El 21 de julio de 1798, entre las pirámides y el Nilo, el ejército bonapartista derrotó a la
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columna egipcia (seis mil mamelucos y quince mil fellahín) de Murad Bey que representaban los intereses
anglo-otomanos en la región. La carga de caballería de los mamelucos fue desbaratada por el nutrido fuego de
fusilería de los granaderos franceses. La mayoría de los jerarcas mamelucos huyeron a Siria y luego ayudaron
a los británicos en Acre (Palestina) contra el infructuoso sitio que realizó Bonaparte entre el 17 de marzo y el
21 de mayo de 1799. También participarían del ataque anglo-turco contra Abukir el 25 de julio de 1799 que
terminó en un desastre.
23
Muhammad Alí o Mehmet Alí (1769-1849), nacido en Kavala (Grecia), de padres albaneses, tuvo una
formación militar. Desde 1799 hasta 1801 luchó en varias batallas en Egipto, entonces parte del Imperio
otomano, contra las tropas francesas dirigidas por Bonaparte. En 1805 Muhammad Alí fue nombrado virrey
de Egipto por los ulemas de El Cairo, con el título de pashá. Inspirándose en las enseñanzas de Bonaparte
reorganizó el ejército. En 1807 derrotó una invasión británica. Cuatro años después aseguró su supremacía en
Egipto al eliminar a los mamelucos,que conspiraron para arrebatarle el poder. Muhammad Alí fomentó las
ciencias y las artes y creó nuevas industrias nacionales impulsando notablemente el desarrollo de Egipto. Ante
los musulmanes apareció como el defensor de la doctrina del Profeta (BPD) contra la corrupción otomana y
sus aliados británicos. Ideó un sistema de revolución agraria islámica, aboliendo la propiedad territorial
privada, transformando de esta manera a los terratenientes en arrendatarios del Estado. Fue el fundador de la
ciudad de Jartúm en 1823, hoy capital del Sudán.
15
Los ayubíes fueron la dinastía fundada por Saladino en 1169, la cual gobernó Egipto,
Palestina y Siria. Al producirse la séptima cruzada (12481254), el pueblo musulmán
estaba cansado de los últimos sultanes ayubíes, tanto por su indecisión como por su
ineficacia en enfrentar a los invasores europeos.
El 5 de junio de 1249 los francos desembarcan y al día siguiente toman Damieta.
Luego de avanzar por el delta del Nilo, el poderoso ejército cruzado integrado por
doce mil infantes y dos mil quinientos caballeros encabezados por el rey franco Luis IX
(12141270)—más tarde canonizado— es derrotado en Mansurah (8 de febrero de
1250) y obligado a retroceder y a rendirse en Sharamsah (6 de abril de 1250) ante los
poderosos batallones mamelucos. Una nueva era había comenzado.
La Segunda Sultana Del Islam
De origen armenio, Shaÿar adDurr (literalmente " árbol de perlas") era una de las
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esposas del sultán asSalih Ayub antes mencionado.
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A poco de producirse la invasión franca a Damieta (6 de junio de 1249), el 23 de
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noviembre de ese mismo año falleció el sultán. Por esa época Shaÿar adDurr (1217
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1257) contaba con treinta y dos años y era una mujer inteligente y hermosa. Dándose
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cuenta que la infausta noticia podría desmoralizar a los musulmanes, ocultó la muerte
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de su esposo y falsificó con su firma un documento que nombraba a Turán Shah (hijo
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de Ayub, virrey en el Ÿezireh, noroeste de Irak) heredero y comandante del ejército al
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experimentado Fajr alDin, ex embajador ante la corte del emperador criptomusulmán
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francos y el asesinato de Turán Shah (acusado de cobardía y corrupción), los emires y
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comandantes mamelucos proclamaron sultana a Shaÿar adDurr el 5 de agosto de
1250.
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El historiador Ibn Uasil fue testigo de ese singular acontecimiento: «Tras el asesinato
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de Turán Shah, los emires y los mamelucos se reunieron cerca del pabellón del sultán y
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decidieron llevar al poder a Shaÿar adDurr, una esposa del sultán ayubí que se convirtió
en reina y sultana. Se hizo cargo de los negocios de Estado, estableció un sello real con su
nombre bajo la fórmula "Umm Jalil", la madre de Jalil, un hijo que había tenido y que
había muerto muy joven. Se pronunció en todas las mezquitas el sermón (jutba) del
viernes bajo el patrocinio de Umm Jalil, sultana de El Cairo y de todo Egipto. Fue éste un
hecho sin precedentes en la historia del Islam».
Por segunda vez en la historia del Islam, una mujer gobernaba un extenso territorio.
La primera vez había sucedido muchos kilómetros al oriente, cuando ascendió al
frente de la dinastía turca ilbarí, en el sultanato de Delhi en la India, Radiyya, la hija
de Shamsuddín Iltutmish (éste la nombró su sucesora por encima de sus hijos
varones), la cual gobernó entre 12361240.
15
El reinado de Shaÿar adDurr fue muy breve debido a que contrajo matrimonio con el
comandante Izzuddín Abu alMansur Aibak, a quien hizo primer sultán de los
mamelucos (12501257).
Baibars, Paladin De Paladines
Tal vez el personaje más singular, más incomparable y más desconocido de la historia
islámica es el sultán y héroe mameluco Ruknuddín Baibars alBundukdarí (el
ballestero) Ibn Abdullah (la mayoría de los mamelucos adoptaban este nombre por ser
conversos y desconocer la identidad de sus padres). Durante su mandato, Egipto se
convirtió en el estado más poderoso del Islam oriental.
Nacido en 1223 en Crimea, a orillas del Mar Negro, pertenecía a la raza turca de los
kipchaks. Baibars era alto, cabello castaño y ojos azules. Tenía una curiosa mancha
blanca en un ojo, y una mirada penetrante que traslucía su carácter esforzado y
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severo. Vendido como esclavo por unos comerciantes en el mercado de Damasco, fue
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adquirido para revistar en la guardia de corps del sultán ayubí debido a su belleza y
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corpulencia. Su destreza con las armas y su coraje en los combates conquistó la
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admiración de sus compañeros y superiores.
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Su carrera militar no tiene igual en ninguna época islámica anterior o posterior.
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Solamente durante sus diecisiete años de sultanato (12601277) realizó treinta y ocho
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campañas durante las cuales recorrió cuarenta mil kilómetros. Nueve veces luchó
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Asesinos" o nizaríes, secta escindida del ismailismo). Sólo contra los francos luchó en
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21 ocasiones, y salió vencedor en todas. A los cruzados les logró capturar baluartes
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considerados inexpugnables, como los castillos de Safed (mar de Galilea), en 1266,
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Beaufort de los templarios (a orillas del Litani, sur del Líbano), en 1268, y el famoso
Krak de los Caballeros (al oeste de Homs, en Siria), en 1271. Además conquistó las
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ciudades de Arsuf, Cesárea, Jaffa, Haifa,Torón y Antioquía. En 1270 envió a la flota
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constante de la dinastía Lusignan (11911489) a los baluartes cruzados de Palestina y
Siria. En 1273 destruyó el castillo de los Asesinos en Masyaf (cerca de Hamah, en
Siria), donde residía Sinán (m. 1192), el llamado «Viejo de la Montaña» (Sheij al
Ÿabal), y su siniestra organización24.
24
Los nizaríes fueron una rama de la secta ismailí. Partidarios de Nizar, uno de los hijos del califa fatimí al-
Mustansir (g.1038-1094) se convirtieron en disidentes y enemigos de los fatimíes, ayubíes y mamelucos.
Tuvieron cierto desarrollo en Egipto, Siria e Irán entre los siglos XI y XIII. De su seno surgió un movimiento
conocido en Occidente como los «Asesinos» (en árabe hashashíyyín "drogados de hachís"), que tomarían dos
fortalezas convirtiéndolas en sus bases operacionales, una en Alamut, en las montañas del norte de Irán, en
1090, y otra en Masyaf, cerca de Hamah, Siria, en el siglo XII. Su objetivo era eliminar a las principales
personalidades religiosas, militares y políticas musulmanas o conseguir dinero de ellas a cambio de
«protección». Esta verdadera maffia fue combatiza tenazmente por el sultán Saladino y sus sucesores. Alamut
fue conquistada por los mongoles de Hulagú en 1256 quienes, paradójicamente, liberaron al gran sabio y
astrónomo Nasiruddín at-Tusí (1201-1274) de la escuela shií que se hallaba prisionero en las mazmorras de
esos criminales. No confundirlos con los nusairíes, otro grupo sincrético escindido del ismailismo, fundado en
Irak por Muhammad Ibn Nusair en 859.
16
Ain Ÿalut y la salvación del Islam
Su victoria más importante, sin embargo, fue en el oasis de dunas de Ain Ÿalut ("La
fuente de Goliat"), en la actual localidad palestina de Ein Harod (a mitad de camino
entre Afula y Bet She'an), el 3 de septiembre de 1260. Ese día, el general Baibars y el
sultán Qutuz (g.12591260) derrotaron a un poderosísimo ejército mongol de
cincuenta mil hombres y diez mil jinetes enviado por Hulagú (el nieto de Gengis Jan)
al mando de Ketbogha. La estrategia de los mamelucos fue una copia casi exacta del
ardid por el cual el general cartaginés Aníbal Barca venció a los romanos en Cannas
(agosto, 216 a.C.). La infantería musulmana (unos veinte mil) al mando del sultán
Qutuz Ibn Abdullah aguardó fuera de la vista del enemigo mientras Baibars y sus doce
mil jinetes fingieron hacer un ataque masivo y luego retrocedieron. Los mongoles
persiguieron a lo que se retiraban, sin percatarse por la rapidez de la acción y la
polvareda reinante que eran conducidos al centro de una pinza que se cerró
inexorablemente en el momento preciso, mientras la caballería mameluca giraba en
F
redondo y contraatacaba. Ketbogha sucumbió en el combate. Esa finta de Baibars
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consiguió el triunfo.
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Esta batalla fue una de las más importantes de la historia, comparable a la de
Gaugamela (1 de octubre, 331 a.C.), por la que Alejandro conquistó el Imperio persa,
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a la de Hastings (14 de octubre, 1066), por la que Inglaterra pasó a manos de los
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definitivamente vencido, o a la del Alamein (23 de octubre4 de noviembre, 1942),
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por la que el Afrika Korps de Rommel fue frenado y desbandado a las puertas de El
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Cairo. Dice el medievalista británico Steven Runciman: «La victoria mameluca salvó al
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Islam de la amenaza más peligrosa con que se había enfrentado nunca. Si los mongoles
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hubieran penetrado en Egipto no habría quedado ningún estado musulmán importante
TE
en el mundo al este de Marruecos» (Historia de las cruzadas, Alianza, Madrid, 1997,
vol. III: El Reino de Acre y las últimas cruzadas, pág. 289).
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Es lícito especular acerca de lo que pudo pasar en Ain Ÿalut si hubieran resultado los
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16
testigos oculares—, destripaban cadáveres, los llenaban hasta el tope con alhajas
saqueadas y así desaparecían cabalgando, llevando delante suyo sobre la montura,
atravesados, estos espantosos recipientes para el transporte...El conquistador recién se
retiró un rato cuando se hizo insoportable el olor de los cadáveres al bajar el fresco
invernal... Sólo quedaron intactos los cristianos y las iglesias cristianas. No únicamente
porque las primeras mujeres de Hulagú eran cristianas. Hulagú había entrado en una
gran coalición con los cruzados, por medio del rey (cristiano) de Armenia, que era suegro
del príncipe cruzado Bohemond de Antioquía» (Rolf Palm, Los árabes. La epopeya del
Islam, Javier Vergara, Buenos Aires, 1980, pág. 331).
Paradójicamente, a partir del jan Mahmud Ghazán (g. 12951304) —restaurador del
Islam en Irán—, los mongoles se harán paulatinamente musulmanes y tendrán sabios
y científicos de la talla de Ulug Beg (13941449) —astrónomo, historiador, teólogo,
poeta y mecenas de las artes—, y políticos y guerreros como Zahiruddín Muhammad
Babur (14831530) —fundador de la dinastía mogol de la India musulmana (1526
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1858), que revitalizarán y consolidarán el Islam en el Lejano Oriente.
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Baibars también se destacó como renovador religioso y estadista. Prohibió la
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prostitución y las bebidas alcohólicas bajo pena de muerte. En el campamento de
turno y en el palacio de El Cairo o Damasco denunciaba con su voz potente e
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imperturbable los males de la época y recomendaba las soluciones apropiadas. Hizo
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construir escuelas, hospitales, un estadio de tamaño olímpico, embalses y canales en
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el valle del Nilo, cocinas populares, distribución anual de diez mil bolsas de cereal
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para beneficencia, e implementó un servicio postal de cuatro días para una carta de El
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Cairo hasta Damasco; eficiencia que hoy día rara vez se alcanza. La lista de sus obras
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sociales es casi tan larga como aquélla de sus empresas militares.
CA
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Baibars murió en Damasco el 1 de julio de 1277. Su heredero político y militar fue el
sultán Saifuddín Qala'ún alAlfi (g. 12771290). Este hábil estratega logró rechazar un
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gigantesco ejército combinado mongolarmenio y sus aliados hospitalarios liderados
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por Mangu Timur y el rey León de la Armenia ciliciana, que sumaban cerca de ciento
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cincuenta mil hombres. La batalla tuvo lugar en las afueras de Homs (Siria) el 30 de
octubre de 1281, y los invasores luego de sufrir fuertes pérdidas (Mangu Timur
resultó herido y murió poco más tarde) se retiraron del otro lado del Eufrates.
También reconquistó la fortaleza alMarqab o Margat de los hospitalarios —llamados
en árabe alosbitar— (25 de mayo, 1285), en Siria, y el puerto de Trípoli (26 de abril,
1289), en Líbano, donde perdieron la vida siete mil soldados francos. Cuando
marchaba hacia Akka (San Juan de Acre), falleció el 10 de noviembre de 1290. Su
hijo y sucesor alAshraf Jalil (g. 12901293) tomaría Akka, último baluarte de los
cruzados en Tierra Santa, el 18 de mayo de 1291.
Sin embargo, una nueva e inesperada situación se iba a producir. En 1299 el líder
mongol Mahmud Ghazán cruzó el Eufrates con un enorme contingente y se apoderó
de Alepo. Su aceptación del Islam era incipiente y sus intereses de ambición y poder
eran superiores a su nueva fe. Gazhán había realizado una muy elaborada alianza con
16
el papa Bonifacio VIII (12401303) y el rey Hayton o Hethum II del dominio armenio
de Cilicia, a quienes prometió los lugares santos de Palestina a cambio de ayuda.
Gazhán rápidamente venció a los mamelucos en Salamia (cerca de Homs), el 23 de
diciembre, y conquistó Damasco (enero de 1300). En 1303, los mongoles iniciaron
una nueva campaña bajo el mando de Kutluk Sha, pero los mamelucos se recobraron
y los derrotaron en Marÿ asSaffar, cerca de Damasco.
La difusión del Islam en Oriente
Los mamelucos fueron grandes misioneros del Islam. Precisamente, la islamización del
archipiélago indonesio comienza a finales del siglo XIII con la llegada de comerciantes
musulmanes provenientes del Egipto mameluco, en su mayoría adherentes a la
escuela shafií de pensamiento. Los mamelucos también tuvieron un fructífero
intercambio culturaly comercial con la civilización islámica swahili de la costa oriental
de Africa.
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Las innovaciones militares y la llegada de los otomanos
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La institución mameluca gobernante se basaba en el predominio de la caballería, es
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decir, de los jinetes o faris, con su soberbio dominio del caballo y su excelente pericia
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en el uso de las armas y de la táctica de la guerra en campo abierto. El uso de la
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artillería de campaña conlleva líneas de defensa estáticas, y el uso de armas de fuego
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manuales presuponía la importancia cada vez mayor del soldado de infantería armado
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de arcabuz. Los mamelucos se dieron cuenta muy pronto de que, excepto para su uso
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desmantelamiento de todo su sistema militar.
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Qansuh alGurí (g. 15011516), disponía en sus fuerzas armadas de gran cantidad de
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cañones, tanto para la defensa de El Cairo y de su costa mediterránea como para
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emplazar en sus flotas del mar Rojo y el océano Indico contra los portugueses y en
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ayuda de los sultanatos del sur de Arabia, el Zanÿ y la India. Qansuh fue uno de los
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primeros sultanes que trató de crear un cuerpo de arcabuceros y hubo de resistir
presiones de la jerarquía mamlukí para que lo disolviera. Las versiones esgrimidas era
que el arcabuz era un arma de cobardes... A pesar de todo, teniendo que hacer frente
a la amenaza portuguesa en el sureste, y con la actitud cada vez más peligrosa de los
otomanos en la fronteras sirias, las nuevas armas eran realmente indispensables para
los mamelucos, que se enfrentaron con los otomanos en las batallas decisivas de Marÿ
Dabiq, en Siria, y Raydaniyya, en las afueras de El Cairo, con una capacidad de fuego
palpablemente inferior a las de las tropas del sultán Selim; fue algo así como cuando
los mahdistas sudaneses atacaron a los británicos de Kitchener en Omdurmán (2 de
septiembre, 1898), o cuando la heroica caballería polaca hizo frente a las divisiones
panzer alemanas en septiembre de 1939, pues en esos encuentros que resultaron
fatales, los mamelucos vieron de forma palpable que el valor personal no era
suficiente. Irónicamente, dos siglos después, los jenízaros —que tuvieron un origen
similar a los mamelucos—, rechazaron los nuevos ingenios militares, como las
16
formaciones en cuadros de fusileros y la bayoneta, y consecuentemente
experimentaron derrotas que condujeron al desmembramiento del Imperio otomano.
La Organizacion Jerárquica Mameluca
Los mamelucos establecieron un gobierno militar fuertemente centralizado debido a
las amenazas permanentes de parte de cruzados y mongoles.
En primer lugar tenían una jefatura espiritual representado por el califato abbasí
trasladado de Bagdad a El Cairo por recomendación de Baibars en 1261 y que duró
hasta la llegada de los otomanos en 1517. Sin embargo, estos califas fueron meras
figuras decorativas del régimen mameluco.
Seguidamente estaba el cargo del hombre fuerte del reino, el sultán, delegado
ejecutivo del califa y gobernador de Egipto, Palestina y Siria.
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Luego estaba el Consejo de los 24 Emires, todos ellos grandes comandantes militares
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(los Ahl alSaif, Gente de la Espada), que recibían cada uno el nombre en árabe de
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Amir mia wa muqaddam alf e integraban una Asamblea llamada Umara alMushara.
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El estado teocrático mamluco estaba regido por los jueces supremos musulmanes
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(Qadi alQudat Madhab) de la cuatro escuela de pensamiento sunníes: shafií, malikí,
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inspector general de pesos y medidas y de la moral y el orden público (Muhtasib), el
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Sheij responsable de los hospitales y monasterios de las órdenes sufíes, los Imames de
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las mezquitas y los predicadores y los Alfaquíes (Fuqaha), jurisperitos.
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El sistema resultaba muy eficiente por la celosa y apropiada administración de las
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distintas secretarías que estaban bajo la dirección de un Ministro o Visir (Wazir), y sus
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funcionarios llamados la «Gente de la Pluma» (Ahl alQalam): Administrador estatal
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de la corona (Nazir alJass), Administrador civil de las finanzas del ejército (Nazir al
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Ÿaish), Primer tesorero (Sahib Bait alMal), Canciller o «Secretario del secreto» (Katib
alSirr), Administrador de terrenos reales (Diwan alJass), Administrador financiero
(Diwan alŸaish), Secretarios y Magistrados (Kuttab alDast) y Escribientes de
manuscritos y secretarios adjuntos (Kuttab alDarÿ).
Los mamelucos conquistaron Nubia —el Sudán actual— y dominaron el comercio en
el mar Rojo, al tiempo que protegían los santos lugares del Hiÿaz (La Meca y Medina).
Gracias a su excelente administración y habilidad comercial, El Cairo volvió a ser una
metrópoli económica.
Una Arquitectura Sobresaliente
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El período mameluco fue una época de extraordinaria brillantez en las artes. También
supuso un período de expansión comercial; los comerciantes de especias de Egipto, los
karimí, disputaron con los emires en el patronazgo de las artes.
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de Qurqumaz (15061507), junto con diversos caravansares (hospedajes para
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viajeros, en general con intereses comerciales) y baños públicos (hammamat).
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El Caravansar del sultán Qansul alGurí (g14981505), construido entre 15041505,
es un ejemplo del alto grado alcanzado por la arquitectura de los mamelucos. Es un
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edificio de varias plantas y almacenes, con balcones trabajados en madera vueltos
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hacia el típico patio interior de las construcciones islámicas, con su fuente para las
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produjeron edificios que sorprenden por su eterna modernidad.
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Otro clásico edificio mameluco era aquel que albergaba un convento o monasterio
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Esta era una fundación dirigida por un sheij y provista de fondos donados para el
mantenimiento de una orden sufí. Los sufíes gozaron de un período de gran
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protección y prosperidad bajo los mamelucos.
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Por otra parte, los monumentos y edificios que enumeramos y que lamentamos no
poder describir y detallar —el límite de este apunte no lo permite—, son a simple
vista los más bellos e importantes de la capital egipcia. Se podría decir que los
mamelucos fueron los mayores constructores entre todas las dinastías islámicas.
Recomendamos consultar las obras especializadas sobre esta temática del islamólogo
de origen ruso Oleg Grabar y las del arquitecto suizo nacido en Alejandría Henri
Stierlin
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Grandes Personajes De La Epoca
Los datos que poseemos sobre la época mameluca son abundantes y precisos debido a
la gran cantidad de científicos, geógrafos, médicos, secretarios e enciclopedistas que
florecieron durante esa civilización. La vida intelectual de la época mameluca brilló
con los historiadores y los cronistas. El famoso viajero tangerino Ibn Battuta (1304
1377) visitó El Cairo mameluco en 1326 y 1349 y en su diario de viajes no cesa de
elogiar las cualidades de sus gobernantes y el orden imperante en ciudades y pueblos
(cfr. Ibn Battuta, A través del Islam, Alianza, 1988, págs. 117149 y 745747).
Y fue en el Egipto mameluco donde culminó la redacción de «Las mil y una noches»,
que reflejan el grado de civilización alcanzado por las dos dinastías.
Ibn Jalikán
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Shamsuddín AbulAbbás Ahmad alBarmakí Ibn Jalikán nació en Irbil, o Arbela
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(Irak), en 1211, y murió en El Cairo en 1282. Fue profesor en la madrasa Fajría de El
D
Cairo, y aprovechó el tiempo que estuvo en este cargo para terminar su gran
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diccionario biográfico. Este se llama en árabe, Uafiát ala’ián uaanba’ abna azzamán
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("Las perfecciones de los conspicuos y la información de los hijos de la época"),
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traducido por el irlandés William McGuckin de Slane, con el título: Ibn Khallikan:
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hombres del Islam, excluyendo a los compañeros del Santo Profeta (BPD), a los cuatro
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después de haber sido interrumpido por la misión del autor como gran cadí de Siria,
en la ciudad de Damasco. El manuscrito se encuentra en el Museo Británico
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(publicado por Dar alTaqafa en 8 vols., Beirut, 1968). Véase Ibn Khallikan's
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Biographical Dictionary, Librairie du Liban, Beirut, 1970.
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Ibn Uasil
El sirio Ÿamaluddín Muhammad Ibn Uasil (12071298), diplomático y jurista, dejó
una crónica del período ayyubí y del comienzo de la era mameluca llamada Mufarriÿ
alkurub fi ajbar bani Ayyub (ed. H.M. Rabie, El Cairo, 1979). En 1261 fue enviado
como embajador del sultán mameluco Baibars a la ciudad italiana de Barletta (al
norte de Bari), a entablar una alianza con Manfredo (12321266), rey de Sicilia y
Nápoles. Este era hijo de Federico II, y como su padre, fue excomulgado (1258) por el
pontífice Alejandro IV, por su actitud favorable hacia los musulmanes. Ibn Uasil
describe a Manfredo como «un hombre distinguido, amante de las ciencias especulativas
que conocía a fondo las diez proposiciones del Libro de Geometría de Euclides». Manfredo
moriría peleando contra las fuerzas de Carlos de Anjou (12261285) en la batalla de
Benevento. Aparentemente, su obra no se editó nunca, aunque en las obras de J.F.
Michaud y Francesco Gabrieli hay citas y traducciones fragmentarias.
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Un contemporáneo de Ibn Uasil fue el historiador egipcio Ibn Abd azZahir (1223
1293), secretario de los sultanes Baibars (12231277) y Qa’laûn (muerto en 1290),
que tuvo la mala fortuna de ver su obra principal, la "Vida de Baibars", Sirat Baibars,
resumida por un sobrino ignorante que no nos ha dejado sino un texto truncado e
insulso. Los pocos fragmentos que nos han llegado de la obra original revelan un
verdadero talento de escritor y de historiador.
Ibn Nafís
Sobre el médico musulmán de origen sirio llamado Ibn alNafís (12101288) se tienen
pocos datos, ya que un contemporáneo suyo, el bibliógrafo y médico Ibn Abi Usaibí’a
F
(11941270), no le menciona en su ‘Uiún alanba fi tabaqat alatibba ("Las fuentes
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esenciales de la clasificación de los médicos"), que contiene 380 biografías,
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comenzando por los griegos y finalizando con sus contemporáneos (ed. Muller, 2
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vols., 1884.).
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Ibn alNafís estudió, además de medicina, gramática, lógica y teología. Fue médico
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principal en Egipto y médico personal del sultán mameluco Baibars.
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Asimismo, Ibn al Nafís desarrolló una destacable actividad literaria. Sin embargo, su
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más importante logro es el haber descubierto la circulación menor de la sangre. Esto
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ocurría tres siglos y medio antes de la época de William Harvey (15781657), el
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médico inglés a quien se atribuye el «descubrimiento». Lo que hace especialmente
notable el descubrimiento de Ibn alNafís es el que llegó a él más por deducción que
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por disección. Se ha descrito a este científico del siglo XIII como «el que no receta una
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medicina cuando bastará con la dieta».
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Ibn alQuff
Ibn alQuff (12331286) es un médico de origen sirio que utiliza las enseñanzas de
Abulcasis y las aplica en los tratamientos de las heridas producidas en los combates
mantenidos entre los musulmanes y los invasores cruzados. en tierras de Egipto y
Palestina. Su obra principal, el Kitab al’umda fi sina’at al ÿiraha ("Libro del arte de la
cirugía") ofrece un completo tratado sobre cirugía. Ibn alQuff pretende mediante este
trabajo que los cirujanos aprendan teoría médica, para de ese desempeñar
correctamente la labor que tienen encomendada. Su obra, pese a no ser muy
divulgada, es un importante eslabón en la cirugía medieval.
Abulfeda
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Ismail Ibn Alí alMalik alMu’ayyad Imaduddín, llamado AbulFida (latinizado
Abulfeda), nació en 1273 y murió en 1331. Pertenecía a la familia de los ayubíes,
como Saladino, y sus antepasados habían sido gobernadores de Hamah, en Siria.
Recibió educación de guerrero y de letrado; a los doce años acompañó a su padre al
sitio de la fortaleza de alMarqab (sobre la costa, entre Tartús y Latakia), arrebatada a
los Hospitalarios en 1285. Más tarde combatió nuevamente contra los cruzados en la
toma de Trípoli (Líbano) y en el asedio de San Juan de Acre (Palestina) donde
mandaba un pelotón de diez hombres. Experimentado historiador y geógrafo.
Mujtasar ta’rij albashar, una historia universal desde la Creación al año 1329, y
Taqwím albuldán ("Localización de los países"), un tratado de geografía, son sus
obras más conocidas.
AbulFida escribió alrededor del año 1300 que Arbuna (Narbona, en el Bajo
Languedoc, Francia) fue un importante centro comercial bajo los musulmanes: por
entonces los barcos podían remontar el curso del Aude hasta la ciudad, e incluso
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llegar más arriba. De ahí partían navíos hacia Alejandría, el mayor puerto del Oriente
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musulmán, cargados de cobre y estaño procedentes de Toulouse, donde previamente
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habían descendido la mercancía que traían de Inglaterra, pasando por Burdeos y el
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Garona (cfr. La Géographie d'Abu lFida. Traducción de J.T. Renaud, París, 1848, t.
III, pág. 307; Mujtasar ta'rij albashar, Ed. alHusainiyya alMisriyya, El Cairo, 1905
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1906). AbullFida fue hecho gobernador de Hamah en 1310 por los mamelucos, y en
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1320 se le confirió el rango de sultán. Durante su mandato patrocinó la construcción
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sufíes).
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AnNuwairí
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todo el saber de su época, en cuyo título destaca su predilección por la estética y el
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conocimiento: «El fin último en las técnicas de la literatura» (Nihayat alarab fi funun
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aladab), editada por Ahmad Zaki Pashá en 18 volúmenes en El Cairo, entre 1923
1944, reimpresa en 1963. AnNuwairí, Ibn Fadl Allah alUmarí y alQalqashandí son
los tres más grandes representantes de la literatura y la historia enciclopédica islámica
de la época mameluca.
Ibn Fadl Allah alUmarí
Shihabuddín Ahmad Ibn Fadl Allah alUmarí (13011349), nació en Damasco. Siendo
muy joven, reemplazó a su padre en el cargo de canciller de la administración central
en El Cairo. Es el autor de una vasta enciclopedia de más de veinte tomos intitulada
«Los caminos de los perspicaces en los reinos de los confines» (Masalik alabsar fi
mamalik alamsar), de la cual sólo se publicó el primer volúmen (El Cairo, 1924), y el
islamólogo francés Maurice GaudefroyDemombynes (18621957) hizo una
traducción parcial, editada en París (1927).
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Ibn Jaldún
Abu Zaid Abdurrahman Ibn Jaldún alHadramí (13321406), llamado Abenjaldún por
los latinos, es uno de los más importantes historiadores y el primer sociólogo del
Islam. Nacido en Túnez, realizó toda su actividad principalmente en el Magreb y al
Ándalus. Su obra más conocida es el tratado de historia llamado alMuqaddimah ("Los
Prolegómenos"). Debido a diversas persecuciones, a partir de 1382 se vio obligado a
refugiarse en Egipto, donde ocupará el cargo de Gran Cadí (Juez supremo) de la
escuela maliki de pensamiento en la administración de los sultanes mamelucos
burÿíes.
Posteriormente, residió un tiempo en Damasco (13991341) y durante el asedio de
esta ciudad por los invasores mongoles (enero y febrero de 1401), salvó la vida
gracias a la admiración que Timur Lang (13361405), llamado Tamerlán en
Occidente, tenía por los sabios. Finalmente, se estableció como magistrado en El Cairo
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y fue profesor de la Universidad de AlAzhar.
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AlMaqrizí
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Taqiuddín AbulAbbás Ahmad alMaqrizí debe su apodo por el cual es conocido, a un
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suburbio de la ciudad libanesa de Baalbek, donde su abuelo había habitado antes de
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emigrar a Damasco; después su padre se estableció en El Cairo, donde nació nuestro
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escribió numerosas obras, entre ellas una historia de los fatimíes llamada Itti’az al
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hunafa’ biajbar ala’imma alfatimiyyín aljulafá (publicada en El Cairo en tres vols.,
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1967), otra de los sultanes mamelucos con el título de Suluk limaarifa DúalalMuluk
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("La marcha hacia el conocimiento de las dinastías reales"), de la cual el especialista
francés EtienneMarc Quatremère (17821857) tradujo dos volúmenes (Histoire des
sultans Mamlouks, París, 183745).
En este último trabajo se detalla con abundantes referencias a la clase políticomilitar
de los mamelucos. AlMaqrizí es igualmente conocido por su trabajo Kitab alMaua’iz
uali’tibar fi dikr aljitat ualatar ("Libro de las exhortaciones y consideraciones"),
también llamado alJitat ("El Catastro"), que es una historia y geografía del Egipto que
trata especialmente de la topografía de El Cairo. Asimismo, tiene un inconcluso
diccionario alfabético de biografías de todos los príncipes y hombres célebres del
Egipto islámico; la obra completa debía constar de ochenta volúmenes; solamente
deciséis han sido debidamente identificados. Sus trabajos cubren la historia de Egipto
entre 1181 y 1442. AlMaqrizí falleció en 1442.
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AlQalqashandí
AlQalqashandí (13351418), al igual que su antecesor Ibn Fadl Allah alUmarí, fue
canciller de los mamelucos, conocido con el título del «Secretario del secreto» (katib
alsirr). Su obra enciclopédica la terminó en 1412, a la edad de setenta y siete años. El
nombre que le dio, un tanto extraño debido a las exigencias de estilo de la época, en
la que los títulos debían tener una rima elegante, encierra una metáfora relativa a la
búsqueda de la luz y la inspiración literaria: «La mañana del hemeralope en las artes
de la redacción» (Subh ala'sha fi sina'at alinsha'). Esta contiene una información
valiosísima, muy precisa y detallada, sobre la historia y la civilización islámica en el
Egipto y la Siria de los siglos IX a XV. Fue publicada en 14 volúmenes en El Cairo,
entre 1913 y 1919.
AlQalqashandí, al igual que sus pares antes citados, demuestra tener una cultura y
unas informaciones históricas, geográficas y científicas considerables, producto del
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riquísimo universo mameluco, tan poco estudiado hasta el presente.
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AlSuyutí
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Ÿalaluddín Abul Fadl Abdurrahman alAssuiutí, más conocido por la fonética de al
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Suyutí (14451505), era oriundo de una familia persa establecida desde hacía más de
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tres siglos en Assuiut, en el Alto Egipto. Afamado polígrafo y enciclopedista, es autor
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de trescientos quince escritos sobre la Tradición del Profeta (Sunna), Narraciones y
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dichos (Ahadith), jurisprudencia (fiqh), lingüística, ciencias, historia y literatura. Su
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«Historia de los Califas» (Tarij alJulafa) fue muy admirada por sus valiosos detalles
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(publicada por alSa'ada, El Cairo, 1959). Se extiende desde Abu Bakr hasta el año
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1497. Su «Historia de Egipto y de El Cairo», llamada en árabe Husn alMuhadara, es
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una compilación de veintiocho obras históricas. Su Taqrir alistihad fi tafsir aliÿtihad
fue publicado por Dar alDawah, El Cairo, 1983.
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17
LAS DINASTÍAS MUSULMANAS
DEL ASIA CENTRAL:
tahiríes, saffaríes, samaníes,gaznavíes, buÿíes y guríes
Harún alRashíd (766809), cuyo nombre se traduce como «Harún el Recto» fue el
quinto califa (786809) de la dinastía Abbasí de Bagdad (7501258). Su reinado fue
una extraña combinación de despotismo e ilustración. Harún fue hecho califa a los 23
años y entregó temporariamente el poder a Yahia Ibn Jalid alBaramika y a los hijos
de éste, Ÿafar y alFadl. Estos pertenecían a la distinguida familia persa de los
barmacíes o barmácidas que gobernarían de hecho el califato durante diecisiete años.
Veamos que dijo Harún al confiar la administración a Yahia y poder así dedicarse full
time a sus orgías y degeneramientos: «Te invisto con el dominio sobre mis súbditos.
Gobiérnalos como te plazca; destituye a quien quieras; nombra a quien quieras;
conduce todos los asuntos como mejor te parezca»; y para ratificar sus palabras
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entregó a Yahia su anillo (cfr. E.H. Palmer: The Caliph Haroun Alrasdchid, Nueva
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York, 1944, pág. 35; Nabia Abbott: Two Queens of Baghdad, University of Chicago
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Press, Chicago, 1946, pág. 113).
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La razón de la primacía persa
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Los nuevos grupos sociales surgidos a la sombra del poder abbasí estaban
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encabezados por los llamados secretarios (katib, pl. Kuttâb) de las cancillerías califales
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(divanes) que eran persas en su gran mayoría. Con el pasar del tiempo, los persas no
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sólo reemplazaron a los árabes en los puestos claves de la administración califal sino
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que se convirtieron en los intelectuales y científicos de mayor renombre y prestigio.
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Este fenómeno fue analizado y explicado por el gran historiador y sociólogo tunecino
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Ibn Jaldún (13321406): «Ya habíamos señalado que la práctica de las artes no existe
sino en la vida sedentaria, estado del cual los árabes se hallaban muy distantes. Dado
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que las ciencias se cultivan también en las ciudades, los árabes se mantuvieron alejados
BL
poblaciones sedentarias (de los países dominados) se componían de noárabes, de libertos
igualmente noárabes y de gentes educadas al estilo de vida sedentaria; seguían el
ejemplo de los noárabes em todo lo que se relaciona con dicho género de vida, la práctica
de las artes y el ejercicio de los oficios. Aquellos pueblos eran perfectamente formados
para ese tipo de civilización habiéndose arraigado entre ellos durante el prolongado
dominio de los persas Los primeros maestros en el arte de la gramática fueron Sibawaih
(m. 79697) primero, luego azZaÿaÿ (m. 949) y después alFarisí (m. 987). Los tres
eran de origen persa, sin embargo habían pasado su juventud en la práctica de la lengua
árabe, ventaja que debían a la educación que recibieron y al trato con los árabes del
desierto. Redujeron a sistema las reglas de la lengua e hicieron de ella una rama de
ciencia que habría de ser útil a la posteridad.igualmente fue el caso de los hombres que
memorizaban las Tradiciones sacras (Ahadith) y las conservaban en su retentiva, en gran
provecho de los musulmanes, pues la mayoría de ellos pertenecían a la nación persa o se
17
habían asimilado a ella por la lengua y la educación. Todos los grandes sabios que han
tratado los principios fundamentales de la jurisprudencia, todos los que se han
distinguido en la teología dogmática, y la mayor parte de los que han cultivado la
exégesis (Tafsir) coránica, eran persas, como es bien sabido. No hubo en aquel entonces
más que hombres de esta nación para consagrarse a la conservación de los conocimientos
y a la tarea de ponerlos por escrito. Hecho suficiente para demostrar la veracidad de la
expresión atribuida al Profeta (BPD): "Si la ciencia estuviera suspendida en lo alto del
cielo, algunos persas habría para alcanzarla"...La enseñanza de todas las ciencias quedó
entonces definida como un arte especial de los persas, desatendiéndola enteramente los
árabes. Estos desdeñaban ejercerla. Las únicas personas que se encargaron de ella fueron
los persas asimilados a los árabes, cual el caso de todas las artes y oficios, como dejamos
aclarado» (Ibn Jaldún: Introducción a la historia universal. AlMuqaddimah, FCE,
México, 1977, págs. 10081014).
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español, cita una moraleja del asceta Ibn alSamak (m. 799) cuando una vez éste
visitó a Harún alRashíd en su palacio. En el instante que un sirviente trajo un vaso de
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agua pedido por el califa, Ibn Samak exclamó : «¡Oh Príncipe de los Creyentes! Sí no te
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fuese posible ahora beber ese vaso de agua, ¿cuánto darías gustoso por conseguirlo?». A
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lo cual contestó alRashíd: «¡Todo mi imperio!». Insistió Ibn alSamak: «Y si no pudieses
evacuar de tu cuerpo esa agua, después de haberla bebido, ¿cuánto darías gustoso por
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librarte de ese mal?». Respondió al Rashíd: «¡Mi reino entero!». Entonces Ibn alSamak
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dijo al califa: «¿Y estás tan ufano de poseer un reino que no vale una evacuación de
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orina, ni lo que vale un sorbo de agua?» (Ibn alSamak: Los caracteres y la conducta,
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trad. M. Asín Palacios, Madrid, 1916, pág. 115).
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Bagdad, capital de Harún, fue la ciudad de las ambigüedades , en la cual la riqueza
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del califato permitió, por una parte, un gran despilfarro, y por otra, un florecimiento
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de las ciencias y las artes que conducirían a la consolidación de la civilización islámica
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y al apogeo de la llamada edad de oro del Islam clásico.
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Desde el 791 hasta el 809 el imperio de Harún estuvo en guerra contra el Imperio
Bizantino, y en el 807 sus fuerzas ocuparon la provincia bizantina de Chipre.A pesar
del gobierno afable, generoso, juicioso e incansable de Yahia, alRashíd se cansó
pronto de tanta nobleza: se adueñó de la fortuna barmácida e hizo decapitar a Ÿafar y
encarceló a Yahia y a su otro hijo alFadl que murieron poco después. Sin embargo,
este fue el comienzo del fin de alRashíd. Aunque Harún sólo tenía entonces cuarenta
y dos años, sus hijos alMamún (786833) y alAmín (787813) ya competían por la
sucesión y aguardaban su muerte. Con la vana esperanza de aminorar esta disputa,
Harún dispuso que alMamún heredaría las provincias situadas al este del Tigris, al
Amín el resto y que, a la muerte de uno de los hermanos, el otro gobernaría todo el
reino. En el mismo año 806 estalló en el Jorasán (el "país del este" de los geógrafos
árabes musulmanes, hoy provincia de Irán) una seria rebelión producida por los
excesivos impuestos de los abbasíes sobre la empobrecida población. Harún marchó a
17
reprimirla, acompañado de alAmín y alMamún, aunque padecía severos dolores
abdominales. Al llegar a Tus (cerca del actual Mashhad, Irán oriental), no podía
tenerse en pie. Poco tiempo después murió a la edad de cuarenta y cinco años.
Los Tahiríes
Durante los siguientes cuatro años hubo una guerra fratricida hasta que Tahir Ibn
Husain, general de alMamún, derrotó a los ejércitos de alAmín y le cortó la cabeza al
hijo menor de alRashíd enviándosela a su hermano alMamún que por esa época se
encontraba establecido en Merv. Este al ser proclamado nuevo califa premió a su
comandante con la administración del Jorasán, que quedó como territorio vasallo del
califato bagdadí a partir de 821. Durante cincuenta y dos años (821873) los
sucesores de Tahir, los tahiríes o tahíridas gobernarían el Jorasán —y ocuparían el
puesto de prefecto de policía en Bagdad— hasta que fueron desalojados
temporalmente por los saffaríes y sucedidos por los samaníes.
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Los Saffaríes
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El imperio abbasí estuvo siempre constituido por un agregado de territorios con
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límites más o menos indefinidos, modificados en función de las revueltas locales y de
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las tentativas de secesión. No era raro que un gobernador extendiera su autoridad a
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como las de los Zanÿ en el Africa oriental y la de los Cármatas conmoverían al califato
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y escaparían a su control.
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Sin embargo, la amenaza más seria en el siglo IX contra Bagdad la constituyeron los
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saffaríes o saffáridas. Esta tuvo lugar en 867 y fue dirigida por Yaqub Ibn Lait as
Saffar, un antiguo artesano calderero que creó este movimiento de emancipación
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popular que rápidamente logró apoderarse del Sistán (su lugar de origen, hoy bajo
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Afganistán y parte del Irán actual) y el Jorasán y derrocar a los tahiríes, fijando su
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capital en Nishabur, a 112 kilómetros de la actual Mashhad (la capital del Jorasán
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iraní). Los califas abbasíes que se sucedieron entre 867 y 900 reconocerían el emirato
autónomo de los saffaríes sobre el Tujaristán, Kermán, Sistán y Sind, y después sobre
el Jorasán, Fars y Sisyistán, a la vez que procuraban que los samaníes les atacaran
(éstos terminarían derrotándolos y adueñándose de sus dominios), y es que mientras
los tahiríes y samaníes representaban de alguna forma los intereses del «Islam oficial
abbasí» y el status quo en lo social, los saffaríes eran de origen popular y sus fuerzas
llegaron a incluir a muchos elementos opuestos a la ortodoxia, como shiíes, jariÿíes,
ismailíes, etc. Yaqub y sus descendientes fueron gobernadores autónomos y
extendieron su dominio sobre el ciertas zonas del Jorasán hasta 1495. Los saffaríes
lograron sobrevivir como élite intelectual y política, pese a las terribles invasiones de
los mongoles de Gengis Jan y Tamerlán, durante más de 600 años.
Los Samaníes
17
En 874, los descendientes de Samán, noble mazdeísta, fundaron una dinastía islámica
conocida como samaní o samánida que gobernó la Transoxiana (en árabe Ma wara al
Nahr) y el Jorasán como estado autónomo del califato bagdadí hasta 999. Bajo los
reyes samánidas, Bujará y Samarcanda rivalizaban con Bagdad como centros de
erudición y arte; allí revivió el idioma persa para convertirse en el vehículo de una
gran literatura; arRazí (844926) el más grande de los médicos del Islam clásico
dedicó el Kitab alMansurí ("Libro para alMansur") su inmenso compendio de
medicina de diez volúmenes, a un príncipe samánida, Mansur Ibn Ishaq (el italiano
Gerardo de Cremona que vivió entre 1114 y 1187 tradujo al latín, el tomo noveno de
esta obra, el Nonus Almansoris, que fue un texto popular en las universidades
europeas hasta el siglo XVI); una Corte samánida concedió protección, y el uso de una
riquísima biblioteca, a Ibn Sina (9801037), el Avicena de los latinos, el más grande
filósofo del Islam oriental y también notable facultativo, llamado «el príncipe de los
médicos».
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El poeta Rudakí (859940) estuvo al servicio de Nasr Ibn Ahmad (g. 913943), emir
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samaní de Bujará. A Rudakí se le ha considerado como el verdadero primer poeta del
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Irán islámico, y ha sido llamado, a veces, «el Chaucer de Irán»
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Los samaníes (que se decían descendientes de los sasánidas) lograron administrar un
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territorio que se extendía desde los confines de la India hasta el Tabaristán (hoy
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encuadrado en la provincia de Mazandarán, Irán). Sin embargo, en 990 los turcos se
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apoderaron de Bujará y en 999 pusieron fin a la dinastía samánida.
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Los Gaznavíes
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La costumbre de utilizar regimientos de esclavos turcos (gholam en persa) por parte
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del califato abbasí fue imitado por los samánidas. Esto dio lugar a que estos turcos
paganos se islamizaran y adquirieran cierto grado de civilización. En 961, a la muerte
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del emir samánida Abdulmalik Ibn Nuh, el gholam turco Alptegín se rebeló y capturó
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estableciendo allí la dinastía gaznaví o gaznávida. Sebuktigín, primero gholam, luego
yerno y sucesor de Alptigín, entre 977997 extendió su dominio sobre Peshawar y
parte del Jorasán. Su hijo, el famoso sultán Mahmud de Gazna (9711030) conquistó
el Irán desde el Golfo Pérsico hasta hasta el Amur Dariá y, en diecisiete implacables
campañas, añadió el Punjab a su imperio y una gran parte de la riqueza de la India
septentrional. También arrebató a los buÿíes las ciudades de Rei (cerca del Teherán
actual) y Hamadán en el Irán occidental. Pero aparentemente se sació de tantas
guerras, botines y conquistas y gastó parte de sus riquezas en la construcción de
importantes edificios islámicos en Gazna. Allí el otrora sanguinario conquistador se
convirtió en un dudoso mecenas de científicos, artistas y poetas que fue de alguna
manera lo que posibilitó el comienzo de la gran era de la cultura islámicopersa. Entre
los que figuraron con bien ganada fama en la corte gaznávida, además de alBiruní
que veremos aparte, podremos nombrar a un poeta como Firdusí (9401020), autor
del mayor poema de la literatura persa, el «Libro de los Reyes» (Shah Nameh), quien
17
le dedicó, no de su agrado, esa extraordinaria obra de sesenta mil dísticos, y que fue
pagado por Mahmud con la más grosera de las ingratitudes.
Durante esta brillante generación, Mahmud de Gazna estuvo cerca de convertirse en
el soberano musulmán más importante de su tiempo; pero siete años después de su
muerte, el imperio gaznaví cayó en manos de los turcos selÿukíes.
AlBiruní
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la tierra"), dedicado a Masud Ibn Mahmud (sultán de Gazna desde 1030 hasta 1040),
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utilizando mediciones con el astrolabio, y logra con asombrosa precisión las
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dimensiones de la tierra, de la determinación de las coordenadas geográficas y de las
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diversas proyecciones cartográficas.
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Efectivamente, hacia el año 1000, cuando en la Europa cristiana se predecía el fin del
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radio de la Tierra y demostró que nuestro planeta giraba alrededor del Sol (cfr.
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Galileo Galilei: Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo ptolemaico y
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copernicano, Alianza, Madrid, 1995). Recordemos que, 633 años después, el
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astrónomo italiano Galileo Galilei (15641642), a los setenta años de edad (1633),
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aunque añade la tradición que, al levantarse, exclamó: «Eppur, si muove» ("Y sin
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embargo, se mueve").
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Hacia 1018 alBiruní acompañó al sultán Mahmud de Gazna en una de sus campañas
y descubre el mundo fascinante de la India. El resultado de casi más de doce años en
el subcontinente se tradujo en la realización de su obra colosal llamada en árabe
Kitab alHind ("Libro de la India"), que pasó a ser la principal fuente de información
sobre ese enorme y antiquísimo país que los europeos desconocían absolutamente. En
este tratado de historia, geografía, filosofía y moral, el sabio persa inserta la siguiente
reflexión: «Sólo es digno de alabanza aquél que se aparta de la mentira y adhiere
siempre a la verdad, gozando de respeto incluso entre los mentirosos, por no mencionar a
los demás».
17
En el Libro de la India hay también una temprana declaración sobre la libertad, la
igualdad, y la fraternidad: «En nuestro tiempo, los hindúes establecen muchas
diferencias entre los seres humanos. En eso nos distinguimos de ellos, pues nosotros
consideramos a todos los hombres como iguales excepto en la piedad. Esta es la principal
barrera entre ellos y el Islam» (de la traducción de E. Sachau, Alberuni’s India,
Londres, 1888, vol. 1, pág. 7). Véase M. Biruni: Kitab maqalid ilm alhay'ah. La
trigonométrie sphérique chez les Arabes de l'Est à la fin du Xe siècle, Instit.
Franç., Damasco, 1986.
Los Buÿíes
F
Tabaristán y Gorgán o Ÿurÿán (Irán septentrional). Alí se hizo dueño de Isfahán, al
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Hasan tomó la zona central iraní del Ÿibal que incluye una buena porción de la
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cordillera Zagrós, y Ahmad anexó las regiones de Kermán y el Juzistán.
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En 945, Ahmad entró con su ejército en Bagdad y logró que el califa abbasí al
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Mustakfí (g. 944946) aceptara la tutela buÿí la cual se extendería durante ciento diez
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años hasta 1055, cuando fuera doblegada por los selÿukíes.
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Los Buÿíes son los primeros soberanos iraníes que profesaron las doctrinas de la
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escuela imamita duodecimana y hicieron del Islam shií la creencia oficial del Irán.
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El fenómeno de que durante la segunda mitad del siglo X una gran parte del territorio
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islámico estaba en manos de príncipes shiíes es algo bastante poco conocido, a pesar
de la inobjetable realidad histórica. Los Fatimíes reinaron en Egipto, Libia y Palestina
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entre 9091171, los Hamdaníes de Alepo (9441003) en Siria y los Buÿíes en Irak e
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Irán entre 9451055; sin embargo, no intentaron ningún tipo de alianza y se
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desvanecieron en la historia de la misma súbita manera como habían aparecido.
Los buÿíes incentivaron las ciencias y las artes. Así, establecieron en Bagdad un
observatorio astronómico en 988 y una «casa de la ciencia» en 991 (cfr. Michel Serres:
Historia de las Ciencias, ¿El intermediario árabe? Por Paul Benoit y Françoise
Micheau, Cátedra, Madrid, 1991, págs. 174201; David Cosande: Le Secret de
L’Occident. Les mécanismes de l’evolution scientifique en Islam, Arléa, París, 1997,
págs. 151183).
Adud alDaula (Isfahán 936Bagdad 983), emir Buÿí, fue un modelo de gobernante
que se ocupó personalmente de los asuntos más insignificantes del reino. Fue, sin
discusión, un príncipe tolerante que se esforzó en calmar las pasiones entre los
sunníes y shiíes y entre los partidarios de la filosofía y la jurisprudencia rigorista,
17
conformando a todos y ampliando las dimensiones del saber. Fue también constructor
de hospitales y de mezquitas y madrasas.
Los buÿíes y fatimíes en el Oriente, y los andalusíes en Occidente hicieron del Dar al
Islam un verdadero paraíso terrenal. Eran los tiempos en que en un extremo enseñaba
Avicena (9801037) —visir de la corte buÿí—, e Ibn Hazm (9941064) en el otro.
Los Guríes
Los guríes o gúridas fueron una dinastía de soberanos independientes originarios de la
región de Gur, en el actual Afganistán, que reinó sobre el Jorasán oriental y ciertas
regiones de la India septentrional entre 1000 a 1215. Algunos de sus soberanos
residieron en Firuzkú (Ÿam), al este de Herat, lugar abandonado donde subsiste un
minarete monumental, recientemente descubierto.
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EL IMPACTO DE LOS MONGOLES
EN ORIENTE Y OCCIDENTE
Y sus secuelas en el mundo islámico
La tierra natal de los mongoles, situada en la parte oriental de la estepa asiática,
lindaba con las montañas Xingán al este, con las montañas Altai y Tien Shan al oeste,
con el río Shilka y las cadenas montañosas junto al lago Baikal al norte y con la Gran
Muralla de China al sur. Hoy en día esta región comprende aproximadamente la
región autónoma china de Mongolia Interior, la república de Mongolia y las franjas
meridionales de Siberia. Formada en su mayor parte por fértiles praderas y boscosas
montañas en el norte, con el desierto de Gobi en la zona central y extensos prados al
sur, toda la región se sitúa a unos 1.000 metros sobre el nivel del mar. Es un territorio
muy árido, salvo en las zonas más septentrionales.
En este entorno las tribus de habla mongol desarrollaron una economía pastoril
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basada en el ganado lanar y en los caballos, que eran sustituidos por camellos en las
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zonas mas áridas. Algunos productos como los cereales, los tejidos, el té y los metales
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se obtenían mediante el comercio con la civilización agrícola adyacente de China. El
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pastoreo y la caza eran su principal ocupación. Su modo de vida era nómada y su
organización social tribal. La guerra tribal era endémica y los individuos valerosos
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alcanzaban fácilmente posiciones de liderazgo. La jerarquía políticomilitar de la tribu
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estaba basada en lazos personales de mutua protección y lealtad que debían respetar
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desde el jefe supremo a los jefes subordinados y los guerreros.
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Gengis Jan y la fundación del imperio
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El primer desarrollo del Imperio mongol tuvo lugar en el siglo XIII. Durante una
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reunión de tribus en 1206, el poderoso conquistador Timuÿín, entonces señor de casi
toda Mongolia, fue proclamado dirigente universal con el título de Gengis Jan La
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ciudad de Karakoram (Karakorum) fue designada como capital. El ejército de Gengis,
BL
17
Gengis Jan, es el apodo por el que es conocido Timuÿín (11671227), conquistador
mongol. Nació cerca del lago Baikal (en la actual Rusia), hijo de Yesugei, jefe y
dirigente mongol de una extensa región entre el río Amur y la Gran Muralla china. A
la edad de trece años, Timuÿín sucedió a su padre como jefe tribal. Su temprano
reinado se vio marcado por las sucesivas revueltas de sus tribus y por una intensa
lucha por mantener su liderazgo, pero el dirigente mongol mostró muy pronto su
capacidad militar y no sólo conquistó a sus indisciplinados súbditos sino también a sus
hostiles vecinos, asesinando despiadadamente a todos los que se le oponían. En 1206
Timuÿín ya era el dueño de casi toda Mongolia. Ese mismo año, la asamblea de las
tribus dominadas le proclamaron Gengis Jan (chêngsze, en chino ‘guerrero valeroso’
en turco jan, ‘señor’), líder de las tribus mongoles y tártaras unidas, y la ciudad de
Karakorum (Karakoram) fue designada como su capital.
Fue entonces cuando el jan inició la conquista de China, con el pretexto de buscar un
lugar de pasto para sus caballos en los fértiles campos chinos. En 1208 ya había
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establecido un punto de apoyo dentro de la Gran Muralla, y en 1213 dirigió a sus
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ejércitos hacia el Sur y el Oeste y se adentró en el territorio dominado por la dinastía
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Chin (11221234), sin detenerse hasta alcanzar la península de Shandong. En 1215
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sus ejércitos tomaron la ciudad de Yenking o Zhongdu (actual Beijing), la última
fortaleza china al norte del país, y en 1218 la península coreana cayó en manos de los
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mongoles.
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En 1219, en venganza por el asesinato de algunos comerciantes mongoles, Gengis Jan
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envió a sus ejércitos hacia el oeste, invadiendo el Juarizm, un extenso Imperio turco
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formado por los actuales países de Irak, Irán y parte del Turquestán occidental. Los
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mongoles arrasaron el Turquestán y saquearon las ciudades de Bujará y Samarcanda,
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adquiriendo con sus asesinatos fama de espantosa ferocidad. En lo que hoy en día es
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el norte de la India y Pakistán, los invasores conquistaron las ciudades de Peshawar y
de Lahore así como sus territorios próximos. Al parecer, en aquellos años consejeros
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fuentes de riqueza. En 1222 los mongoles entraron en lo que es en la actualidad Rusia
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y saquearon la región que se extendía entre los ríos Volga y Dniéper y desde el golfo
Pérsico hasta casi el océano Ártico.
La grandeza del jan como líder militar no sólo se debió a sus conquistas sino también
a la excelente organización, disciplina y maniobrabilidad de sus ejércitos. Además, el
dirigente mongol fue un admirable hombre de Estado; su Imperio estaba tan bien
organizado que, según se decía, los viajeros podían ir desde un extremo a otro de sus
dominios sin ningún tipo de temor o peligro. Sin embargo, mostró un salvajismo sin
límites hacia sus rivales y enemigos, y utilizó el asesinato como arma habitual en sus
conquistas. A su muerte, ocurrida el 18 de agosto de 1227, el Imperio mongol quedó
dividido entre sus tres hijos. Cuatro de sus nietos (especialmente Batu Jan y Kublai
Jan) se convirtieron en grandes líderes mongoles por propio derecho. Las invasiones
de Gengis Kan siguieron gozando de una gran importancia histórica mucho después
de su muerte.
17
Tras la muerte de Gengis, su Imperio, de acuerdo con la costumbre tribal, fue dividido
entre los hijos de su primera mujer y sus herederos. El janato de Asia oriental era
regido directamente por su tercer hijo, Ogoday (11851241), quien sucedió a Gengis
como gran kan. El janato estaba formado por lo que en la actualidad es Mongolia
Exterior, Manchuria, Corea, gran parte de China, el Tíbet y franjas septentrionales de
Indochina.
Aunque a Ogoday le sucedieron su hijo y su nieto, el gran líder que heredó el janato
fue su sobrino, Mangú Jan (12081259). Junto a su hermano Kublai, Mangu Jan logró
conquistar casi toda China.
Kublai Jan en China
En 1279 Kublai Jan (12151294), nieto de Gengis, derrotó a la dinastía Song del sur,
logrando dominar lo que quedaba de China. Kublai trasladó la capital a Pekín,
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dándole el nombre de Janbalik (‘Ciudad del jan’, o Cambaluc). Allí gobernó como
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emperador de la dinastía Yuan y como gran jan de los mongoles. En lugar de tratar de
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amalgamar la sedentaria sociedad agrícola en unidades tribales, siguió con éxito el
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sistema burocrático utilizado por las dinastías chinas desde los Tang. Sin embargo, los
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mongoles preservaron cuidadosamente su identidad cultural y las prerrogativas de la
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clase dirigente; el talento chino era sistemáticamente excluido de los cargos de
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autoridad y se seguían códigos sociales y legales discriminatorios. Sus esfuerzos por
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extender el dominio mongol a Japón y Java fracasaron.
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Los emperadores mongoles posteriores a Kublai sucumbieron ante la decadente vida
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lamaísmo. Cuando llegó el desastre con la inundación provocada por el río Huang He
y la gran hambruna en China del norte a mediados del siglo XIV, el líder mongol no
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supo encontrar una respuesta. En 1368, mientras que el Imperio asiático de los
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mongoles se desgarraba por las luchas internas, los grandes kanes de China eran
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sustituidos por los Ming, una dinastía nativa.
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Yagatai y el janato de Turquestán
Tras la división del Imperio mongol a la muerte de Gengis (1227), el janato de
Turquestán fue gobernado por Yagatai (m. 1241), su segundo hijo, y posteriormente
por su sucesor. Este janato se extendía desde lo que hoy en día es la región autónoma
china de Xinjiang hacia el oeste, al sur del lago Baljash, hasta la zona suroriental del
mar de Aral, y lindaba al sur con el Tíbet y la región de Cachemira. Los territorios
occidentales estaban habitados mayoritariamente por musulmanes sedentarios, pero
el resto de los pobladores eran mongoles nómadas. Al ser una zona de
comunicaciones estratégica dentro del Imperio asiático mongol, se convirtió en foco
de rivalidades políticas entre los descendientes de Gengis, y mantenerla bajo control
requirió la constante atención del gran jan Kublai.
18
En el siglo XIV la autoridad de los janes de Turquestán sobre sus súbditos musulmanes
disminuyó bruscamente. Después de 1370 la parte occidental del janato pasó a formar
parte del Imperio de Tamerlán, un líder mongol que al parecer no era descendiente de
Gengis aunque se empeñara en proclamarlo. El dominio del jan quedó así limitado a
la región oriental del janato original.
Hulagú y los iljanes de Irán
Antes de 1231 los ejércitos mongoles ya habían invadido Irán, Mesopotamia, Armenia
y Georgia. En 1258 fue tomada Bagdad, sede del califato Abasí. El janato iraní fue
establecido por Hulagú (12171265), nieto de Gengis y hermano de Mangú y Kublai.
Hulagú gobernó los territorios que hoy forman Irán, el este de Irak, el oeste de
Afganistán y Turkmenistán. Los iljanes de Irán aceptaron la fe islámica. Durante el
reinado de Gazán Mahmud (g. 12951306), que comenzó en 1295, la casa gobernante
se independizó del gran jan. Se aprobaron nuevos sistemas impositivos; las fuerzas
F
armadas fueron reformadas y se reorganizaron las comunicaciones. Se estimuló la
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cultura iraní, aunque introduciendo nuevos elementos mongoles en los campos del
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arte y de la arquitectura. Junto con el idioma mongol se utilizaban el turco, el persa
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(farsí) y el árabe. Sin embargo, la administración de los últimos janes fue pobre y
cuando murió el ilján Abu Sa'id sin un heredero varón en 1395, el janato se dividió en
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pequeños estados regidos en su mayor parte por iraníes.
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La Horda de Oro
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Mientras que Ogodai y sus sucesores completaban la conquista de Asia oriental, los
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mongoles a las órdenes de Batú Jan (m. 1255), nieto de Gengis Jan, se dirigían al
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oeste hacia Europa. Batu Jan creó la Horda de Oro (en turco altun ordu, 'ejército de
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oro') Con este nombre se hace referencia a un gran cuerpo de mongoles y turcos que
durante el reinado de Batú Jan, invadió Europa oriental, y al imperio que la Horda
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enviados a Rusia en 1235 por Ogodai, el sucesor de Gengis.
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En 1237 la Horda cruzó el río Ural saqueando la mayoría de las ciudades de la región
de VladímirSuzdal y tres años después hicieron lo propio con Kiev, y sus habitantes
fueron brutalmente asesinados.
Desde Rusia, la Horda pasó a Polonia, Silesia y Hungría. Lublin y Cracovia fueron
devastadas en 1240, y Breslau (hoy en día Woclaw) fue incendiada al año siguiente.
En Liegnitz (actual Legnica), en el campo conocido con el nombre de Wahlstatt, Batú
derrotó a un ejército de silesios, polacos y guerreros de la Orden Teutónica en abril de
1241.
Así, los ejércitos de Batú Jan habían alcanzado la costa del mar Adriático, preparados
para la invasión de Europa occidental. Desunida y mal preparada para resistir a la
Horda de Oro. Sin embargo, debido al fracaso en el cerco a la ciudad de Neustadt y a
18
la noticia de la muerte del gran jan Ogaday, en 1241 la Horda se dirigió al este.
Europa se había salvado milagrosamente.
Después Batu Jan se retiró con sus fuerzas a Rusia del sur con el fin de participar en la
elección de un sucesor. Entonces armó su tienda de seda espléndidamente bordada (a
la que debe su apelativo de Horda de Oro) a orillas del río Volga. Desde allí, convocó
a los principes rusos para que le rindieran homenaje. El asentamiento de Batu fue
llamado Sir Orda ("Campamento de Oro"). La influencia turca e islámica dentro del
janato fue aumentando, y la Horda floreció hasta que se produjo una gran mortandad
causada por la Peste Negra (13461347).
F
marcó el fin del poder mongol, a pesar de que durante un tiempo la balanza se inclinó
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a favor de los mongoles por la intervención del conquistador Tamerlán. Sin embargo
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en 1395 éste inició la conquista de la Horda de Oro, que a su muerte quedó dividida
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en cuatro janatos independientes: Astracán, Kazán, Crimea y Siberia, eliminando así
un gran obstáculo para el ascenso del principado moscovita. En 1480, al negarse a
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seguir pagando tributos a la Horda, Iván III el Grande (14621505), gran príncipe de
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Moscú, terminó con la dominación mongol de Rusia del sur en 1502.
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Sociología del fenómeno mongol
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El eminente historiador británico Arnold Joseph Toynbee (18891975) nos detalla con
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justeza el efímero poder de los mongoles: «Los imperios establecidos por los
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conquistadores nómadas han sufrido una decadencia rápida y una extinción prematura.
El gran historiador magrebí Abendaldún pensaba en los imperios nómadas cuando
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afirmaba que la duración media de los imperios no es más que de tres generaciones o
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ciento veinte años. Una vez que se ha realizado la conquista, degenera el conquistador
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El Imperio mongol hizo mucho por unir Asia oriental y Asia occidental. Se creó un
sistema de correo a caballo que recorría las praderas y los desiertos de Asia central,
comunicando la capital del gran jan en China con los remotos rincones del Imperio.
Las rutas comerciales de Asia central se hicieron más seguras que nunca, por lo que
aumentó notablemente el tráfico de comerciantes y misioneros, y China empezó a ser
18
conocida en Occidente a través de los relatos de uno de estos viajeros, el comerciante
veneciano Marco Polo. Aunque las comunicaciones ayudaron a los mongoles a
mantener su extenso y variado Imperio, el linaje común también desempeñó un papel
importante. El gran jan siempre era elegido por una junta de nobles de todo el
Imperio y, en general, los cuatro janatos compartían los botines de cada uno.
No obstante, las buenas comunicaciones y los lazos de parentesco fueron insuficientes
a la hora de contrarrestar las fuerzas centrífugas que sacudían al Imperio. Pronto
aparecieron diferencias religiosas; los dirigentes mongoles de Asia occidental tendían
a aceptar el Islam, al tiempo que los de China se convirtieron al budismo o al
lamaísmo. En la vida política, los mongoles de China siguieron las enseñanzas
sociopolíticas del confucionismo, insistiendo en la universalidad de la autoridad de los
gobernantes; los de Asia occidental se vieron absorbidos por las convulsiones políticas
y las guerras en Europa oriental y en Oriente Próximo. China, Rusia e Irán disponían
de su propio idioma, su propia cultura y su propio sistema de gobierno y cada una
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trataba de influir sobre sus jefes supremos mongoles. Tal vez lo más significativo fue
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que cada una de estas regiones era sede de una civilización agrícola sedentaria. En
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cada una de ellas la imposición del dominio mongol parece haber llevado a un
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restablecimiento de los regímenes burocráticos locales, más preocupados por los
problemas internos y, por ello, menos vulnerables a la dominación mongol.
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Viajeros Europeos En El Imperio Mongol
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La aventura, la curiosidad, la búsqueda del conocimiento, la redención y la piedad
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fueron motores de numerosos europeos medievales para incursionar en el Oriente,
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cercano, medio y lejano.
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El viaje de Jacobo de Ancona
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El hasta ahora desconocido Jacobo Ben Salomón de Ancona (12211281?), fue un
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mercader judío italiano que realizó entre 1270 y 1273 un gigantesco itinerario desde
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su nativa Ancona (Italia), pasando por Ragusa (Dubrovnik), Creta, Rodas, Damasco,
Bagdad, Basora, Cormosa (Ormuz, hoy Bandar Abbás, Irán), Cambay (Gujarat, India),
Ceilán (Sri Lanka), Singapur, hasta la impensable Zaitún (hoy Chuanchow o
Quangzhou, más conocida como Cantón), el puerto más importante del Lejano
Oriente en poder del mongol Kublai Jan, un soberano budista muy tolerante con todas
las creencias y mecenas de la literatura y las artes. Jacobo hizo su trayecto de regreso
volviendo sobre sus pasos hasta el Océano Indico pero desviándose luego hacia el
suroeste, cruzando por Adén, el Mar Rojo, El Cairo, Alejandría hasta su Italia natal. Su
epopeya es anterior a los viajes de Marco Polo (12711295), Oderico da Pordenone
(13141330) y de Ibn Battuta (13251349), quienes también llegaron hasta la lejana
Quanzhu (Chuanchu) o Zaitún (en árabe significa olivo), llamada «La ciudad de la
luz»: «La rada de Zaitún es una de las mayores del mundo o —mejor dicho— la mayor.
Allá vi cien enormes juncos, aparte de incontables embarcaciones menores. Es una
inmensa bahía que penetra en tierra hasta confundirse con el gran río (Sikiang, "río del
18
oeste", 2.100 km). En este lugar, como en toda China, cada habitante dispone de un
huerto en cuya mitad tiene la casa, lo mismo que, entre nosotros, sucede en Siÿilmasa.
Por eso sus ciudades son tan extensas. Los musulmanes habitan en una ciudad separada»
(Ibn Battuta: A través del Islam, Alianza, Madrid, 1988, págs. 725726). La historia
de Jacobo de Ancona fue descubierta e investigada por el erudito judío británico
David Selbourne y nos permite acceder a detalles poco conocidos del mundo islámico
y mongol del siglo XIII (cfr. David Selbourne: The City of Light. Jacob d'Ancona,
Little, Brown and Company, Londres, 1997).
El viaje de Oderico da Pordenone
Un caso excepcional es el misionero franciscano Oderico da Pordenone (12651331),
nativo del Friul. Sus travesías por países musulmanes y el Oriente son tan fabulosos
como reales. Viajero incansable durante casi dieciséis años (13141330) y
contemporáneo de Ibn Battuta, con quien estuvo muy cerca de encontrarse, recorrió
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en su itinerario de ida desde Italia, Turquía, Irán (Sultaniyya, Kashán, Yazd, Shiraz y
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Ormuz), India (Malabar), Sumatra, Java, Borneo y China; volviendo a través del
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Tibet, el Jorasán y Armenia. Sus libro de viajes fue plagiado en gran parte por un
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aventurero de dudoso origen llamado Sir John Mandeville o Jean de Bourgogne
(Saint Albans, 1300Lieja, 1372) que escribió una crónica, aunque parece que fue un
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impostor y nunca viajó al Oriente (cfr. Oderico da Pordenone: Relación de Viaje,
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Introducción y notas de Nilda Guglielmi, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1987; The
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Travels of Sir John Mandeville, Penguin, Londres, 1983).
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El viaje de Marco Polo
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Marco Polo nació en Venecia hacia 1254 y murió en la misma ciudad en 1324. Su
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padre y su tío eran mercaderes venecianos y socios. En uno de los viajes que hicieron
como mercaderes (1260) fueron, por tierra, desde Bujará, en Uzbekistán, a China. Allí
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permanecieron durante algunos años en Kaifeng, la capital oriental del emperador
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mongol Kublai Jan, y regresaron a Venecia en 1269. Dos años después, llevando con
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ellos a Marco Polo, emprendieron su segundo viaje a China. La ruta que siguieron los
llevó en un viaje por tierra desde Acre (Palestina) a Ormuz, en la entrada del golfo
Pérsico. Desde allí, hacia el norte, a través de Irán hasta el río Oxus (en la actualidad
denominado AmuDariá), en Asia central. Después ascendieron por el Oxus, cruzaron
Pamir y llegaron a la región de Lob Nor, en la provincia de Sinkiang (en la actualidad
la región autónoma de Xinjiang Uigur), en China, y por último cruzaron el desierto de
Gobi y llegaron a la corte de Kublai Jan, por aquel entonces en la ciudad de Shangdu
(Shantung), China, en 1275. De esta forma, se convirtieron en los primeros europeos
que visitaron Pamir y el desierto de Gobi.
Marco Polo entró a formar parte del cuerpo diplomático de Kublai Jan, para quien
llevó a cabo misiones por todas partes del imperio, y además fue durante tres años
gobernador de la ciudad china de Yangzhou (Yangchow). Por su parte, su padre y su
tío estuvieron al servicio del emperador como consejeros militares. Permanecieron en
18
China hasta el año 1292, cuando partieron como escoltas de una princesa china en un
viaje por mar hasta Irán. A este país llegaron a través de Sumatra, el sur de la India, el
océano Índico, y el golfo Pérsico (Ormuz). Continuaron después por tierra pasando
por Kermán, Yazd, Qom, Qazvín hasta Tabriz, en el noroeste de Irán, y luego por la
costa este del mar Negro hasta Constantinopla. Llegaron finalmente a su ciudad,
Venecia, en 1295.
En 1298 Marco Polo era capitán de una galera veneciana en la batalla que enfrentaba
a las flotas de Venecia y Génova, y fue apresado por los genoveses. Durante su
encarcelamiento en Génova dictó a un compañero, el amanuense Rustichello de Pisa,
el relato de sus viajes. En 1299 fue puesto en libertad y regresó a Venecia.
Su obra Los viajes de Marco Polo (publicada por primera vez en francés), es
probablemente el libro de viaje más famoso e influyente de toda la historia occidental.
La riqueza de sus intensas descripciones supuso para la Europa medieval la primera
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toma de contacto con la realidad de China, además de las primeras noticias sobre
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otros países como Siam (Tailandia), Japón, Java, Cochinchina (en la actualidad una
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parte de Vietnam), Ceilán (en la actualidad Sri Lanka), Tibet, India y Birmania.
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Durante mucho tiempo, esta obra fue la única fuente de información de Europa sobre
la geografía y el modo de vida en el Lejano Oriente. Además, sirvió de modelo para
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elaborar los primeros mapas fiables de Asia que se hicieron en Europa, y despertó en
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Cristóbal Colón el interés por el Oriente, que culminó con el descubrimiento de
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América en 1492, cuando pretendía llegar al Lejano Oriente que Marco Polo había
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descrito, navegando rumbo oeste desde Europa. También sugirió la posibilidad de
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abrir una ruta marítima completa al Lejano Oriente bordeando África, hecho que
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finalmente llevaría a cabo entre 14971498 el navegante portugués Vasco da Gama.
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Rashid AlDin, El Historiador De Los Mongoles
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Rashíd alDin (12471318) nació en el seno de una familia de médicos judíos de
Hamadán (Irán) y se convirtió muy joven al Islam sunní. Fue ministro de los iljanes
mongoles que reinaron en Irán durante la segunda mitad del siglo XIII y médico
personal de uno de ellos, Ulÿaitú Jodabandah, que se convirtió al Islam shií al visitar
el santuario de Alí Ibn ABi Talib (P) en Naÿaf, y gobernó entre 1304 y 1316. También
promovió la construcción de hospitales e importantes edificios en Tabriz y Sultaniyya.
Pero Rashíd alDin sobresalió sobre todo por su labor de historiador. Siguiendo las
instrucciones de Mahmud Gazán (g. 12951304), el primer jan mongol que adoptó el
Islam, escribió una monumental «Historia universal» (Ÿami attawarij) que sería
traducida por K. Jahn como Histoire universelle (E.J. Brill, Leiden, 1951). Su crónica
parte desde Adán, aborda la historia de los profetas monoteístas —Abraham, Moisés,
Jesús y Muhammad (BPD)—, de los reyes persas y de las dinastías musulmanas —con
sus correspondientes genealogías—, hasta la destrucción de Bagdad por los mongoles
en 1258.
18
En diversos capítulos examinó la historia de los árabes, los persas, los turcos, los
indios, los chinos e incluso los francos, sobre los cuales estaba muy bien informado.
Igualmente, investigó el judaísmo, el hinduismo y se encargó de redactar la primera
historia de los mongoles, conocida como la «Historia secreta de los mongoles»
(Mongyolun 'uca Tobca'an), que hasta entonces se había transmitido en forma oral
(cfr. Shagdaryn Bira: La Historia Secreta de los Mongoles, en la revista "El Correo
de la UNESCO", París, Septiembre 1989, págs. 3639).
Su discípulo, el historiador y geógrafo Hamdullah Mustawfí alQazviní (12811350)
escribió la obra épica Safar Nameh ("Libro de viajes" en 1335, que continúa el Shah
Nameh de Firdusí.
El Sindrome De La Peste Negra
Se conoce como «Peste o muerte negra» a la epidemia de peste bubónica que devastó
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Europa y amplias regiones del Asia y Africa del Norte a mediados del siglo XIV
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cobrándose las vidas de cien millones de personas entre 1346 y 1350, considerada la
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mayor catástrofe que registra la historia de la humanidad.
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El eminente historiador norteamericano William H. McNeill, catedrático de la
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Universidad de Chicago ha realizado exhaustivas investigaciones sobre el particular y
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señala que fueron los invasores mongoles los encargados de transportar la terrible
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plaga desde el Lejano Oriente a través del Asia central hasta el continente europeo:
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«En la segunda mitad del siglo XIII, jinetes mongoles penetraron en Yunnan y Birmania
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(a partir de 12521253) y entraron así en las regiones donde los roedores salvajes
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desempeñan hoy el papel de huéspedes crónicos del bacilo de la peste y donde una
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infección similar existía probablemente desde muchos siglos antes de la llegada de los
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mongoles... Una hipótesis es, por tanto, que poco después de 1253, cuando los ejércitos
mongoles volvieron de sus incursiones por Yunnan y Birmania, la pasteurella pestis
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invadió las comunidades de roedores salvajes de Mongolia y se hizo endémica allí... Sólo
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en 13531354... la epidemia causó estragos en ocho lugares diferentes y distantes entre sí
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de China, y los cronistas dicen que murieron " dos tercios de la población"...debe
suponerse, creo, que la peste que estalló de forma letal en Europa en 1346 se había
manifestado en China no antes de 1331...Un escritor musulmán, Abu Hafs Umar Ibn al
Wardi, que sobrevivió al ataque inicial de la peste en Alepo (pero luego murió víctima
de la misma en 1349), señaló que la enfermedad procedía del "País de la Oscuridad" y se
difundió por el norte de Asia antes de invadir el mundo civilizado, comenzando por
China y siguiendo por la India y el reino del Islam"...Lo que probablemente pasó entre
1331 y 1346 fue, pues, que la peste pasó de un caravasar a otro, a través de Asia y
Europa oriental...La enfermedad estalló en 1346 entre los ejércitos de un príncipe mongol
que asediaba la ciudad comercial de Caffa, en Crimea (la antigua Theodosia o
Feodosiya, por entonces colonia genovesa que sería capturada por los otomanos 1475
y cedida a los rusos en 1774). Esto le obligó a retirarse, pero no antes de que la
infección penetrara en la misma Caffa, de donde pasó por barco al Mediterráneo y de allí
18
a Europa occidental y septentrional» (W. McNeill: Plagas y Pueblos, Siglo XXI, Madrid,
1984, págs. 157165
Los médicos hispanomusulmanes
El síndrome de la peste negra dio la oportunidad a los médicos hispanomusulmanes
para emanciparse del prejuicio de ciertos teólogos y jurisperitos con escasos
conocimientos científicos, que consideraban la peste como un castigo divino, y para
determinar que se trataba de una plaga que se desarrollaba rápidamente por el
contagio.
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índole. Entre éstas, halló gran eco la que achacaba el mal a una alteración del aire, que
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se debía a una conjunción de los planetas. Así, el médico Guy de Chauliac (13001368)
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llegó a afirmar que la coincidencia de Saturno, Marte y Júpiter el 24 de marzo de 1345
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había sido el factor principal para desencadenar la gran epidemia... Como cabe suponer,
la época fue tetsigo de una notoria proliferación de tratados y remedios para combatir la
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peste. Entre ellos, debido a su carácter riguroso, merecen destacarse las obras de tres
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médicos hispanomusulmanes que describieron con todo lujo de detalles la epidemia de
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1348 y los posibles remedios a seguir: "Descripción de la peste y medios para evitarla en
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lo sucesivo", de Ibn Játima, que por las respuestas que ofrece sobre la génesis, desarrollo y
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tratamiento de la enfermedad quizá puede considerarse como la obra más completa y
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acertada de su tiempo; "Información exacta acerca de la epidemia", de Al Saquri, de la
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cual se conserva un excelente resumen en El Escorial que lleva por título "El buen
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consejo"; y por último "El libro que satisface al que pregunta sobre la terrible
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enfermedad", de Ibn alJatib, tratado que versa acerca de la idea del contagio» (A.
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Blanco: La peste negra, Anaya, Madrid, 1990, pág. 36).
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Efectivamente, el célebre estadista, historiador y médico Lisanuddín Ibn alJatib de
Granada (13131375) describe en su famoso tratado de higiene algunas de las causas
del contagio: «La existencia del contagio está determinada por la experiencia, el
estudio y la evidencia de los sentidos, por la prueba fidedigna de propagación por
medio de los vestidos, vasos, pendientes; se transmite por las personas de una casa
determinada, por la contaminación producida en las aguas de un puerto a la llegada
de personas procedentes de países infectados... por la inmunidad en que se hallan los
individuos aislados y... las tribus nomadas beduínas de Africa.Debe sentarse el
principio de que cualquier prueba originada por la tradición debe ser modificada
cuando está en contradicción manifiesta con la evidencia percibida por los sentidos»
(Ibn alJatib: Kitab alWusul lihifz alsihha filfusul "Libro del cuidado de la salud
durante las estaciones del año", trad. Castellan de María Concepción Vázquez de
Benito, edic. Universidad de Salamanca, Salamanca, 1984). Esta aguda observación
18
de Ibn alJatib constituía una afirmación sensata y clarividente del Islam
revolucionario en tiempos de intransigencia ortodoxa.
El médico andalusí Abu Ÿafar Muhammad Alí Ibn Játima (13231369?), amigo y
corresponsal de Ibn alJatib, escribió un libro sobre la epidemia de peste bubónica que
asoló la provincia de Almería entre los años 13481349. Este tratado es infinitamente
superior a las numerosas obras sobre epidemias publicadas en Europa entre los siglos
XIV y XVI. Dice Ibn Játima: «El resultado de mi larga experiencia es que si una persona
se pone en contacto con un paciente inmediatamente se ve atacada por la epidemia y
experimenta los mismos síntomas. Si el primer paciente expectora sangre, el segundo le
sucede igual... Si al primero se le presentan bubas, el segundo aparece con ellas en los
mismos sitios. Si el primero tiene una úlcera, al segundo se le presenta también; y este
segundo paciente a su vez transmite la enfermedad». Dice el profesor Blanco que Ibn
Játima «recomendaba asimismo no tocar la ropa ni los objetos cotidianos del paciente, ya
que podrían estar apestados, recomendación que se veía fuertemente acreditada por su
F
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experiencia en el zoco almeriense, y en especial el barrio de compraventa de ropa usada,
donde la mortalidad fue muy superior a la que soportaron otros lugares de la ciudad.
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Con esta observación, el médico musulmán se adelantaba en muchos años a las
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modernas teorías sobre el contagio de las enfermedades infecciosas» (A. Blanco: La peste
negra, O.cit., págs. 3031).
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Para preciar la capacidad de estos facultativos musulmanes hay que tener presente
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que la doctrina de las enfermedades infecciosas no fue tratada por los antiguos
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médicos griegos y romanos y pasó casi desapercibida para la mayoría de los escritores
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de medicina medieval.
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El investigador Blanco coincide con William McNeill y nos confirma los orígenes de la
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plaga y otros detalles significativos: «Hoy sabemos que la peste, enfermedad infecciosa
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que afecta al hombre y a los roedores, se transmite de roedor en roedor y de éstos al
hombre por medio de la pulga. La rata negra, portadora de la enfermedad, llegó a
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Europa en el siglo XIV y desplazó a la rata común europea, que no la padecía. Así
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comenzó la tragedia... Hoy está comúnmente aceptado que la epidemia siguió el curso de
las caravanas que recorrían el Asia central en dirección al Mar Negro. El origen
podríamos localizarlo en el sureste de China, en la región de Yunnan, de donde los
mongoles la importaron en 1253. Aproximadamente entre 133839 hizo su aparición en
las proximidades del lago Issikkul, en Rusia. A partir de aquí, y acompañando
probablemente el desplazamiento de los ejércitos, la peste comenzó a moverse con gran
rapidez. Entre 1346 y 47 estaba ya en Crimea, entrando en contacto con los circuitos
económicos controlados por los genoveses e irrumpiendo bruscamente en la región
mediterránea» (A. Blanco: La peste negra. O. Cit., págs. 87 y 81).
El flagelo de las vicisitudes que produjo la Peste Negra caló hondo en la cultura
europea. El humanista italiano Giovanni Boccaccio (13131375) —vivió exactamente
el mismo espacio de tiempo que Ibn alJatib— describe los efectos de la peste en
18
Florencia en el principio de su obra máxima, el «Decamerón» (1353) y afirma que
solamente en Florencia la epidemia causó cien mil muertos. Asimismo, los pintores
flamencos Hieronymus Bosch «El Bosco» (14501516), Pieter Brueghel «El Viejo»
(15281569) y su hijo, Pieter Brueghel «El Joven» (15641638), plasmaron con
incomparable maestría una patética serie de pinturas que describen con gran realismo
y objetividad las convulsiones sociales de la Baja Edad Media durante la época de la
peste: como la relajación de costumbres, la hipocresía del clero, la superstición y la
ignorancia de los laicos, los crímenes y los excesos de los poderosos, etc.
Sería recién a fines del siglo XIX cuando el misterio de lo que causa la peste bubónica
(del griego bubón: bulto, tumor, que se produce en las zonas ganglionares del cuerpo)
sería desvelado: simultáneamente, el microbiólogo suizo AlexandreEmile Yersin
(18631943) y el bacteriólogo japonés Shibasaburu Kitisato (18521931) descubrirían
el bacilo que la produce, —llamado Pasteurella pestis— durante un brote epidémico en
Hong Kong en 1894.
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Tamerlan Timur
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Tamerlán (13361405) fue un conquistador mongol turcomano, que creó un imperio
que se extendía desde la India hasta el mar Mediterráneo. Se le llamaba Tamerlán,
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versión europea de Timur Lang o Lenk (Timur el Cojo), porque padecía una
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discapacidad en el lado izquierdo de su cuerpo. Tamerlán nació el 10 de abril de
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actualmente Shakhrisyabz (Uzbekistán), y se hizo famoso al servicio del jan Cagatai
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Tughuq. Entre 1364 y 1370 logró el control de Transoxiana, aplastando a antiguos
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superiores y aliados, y en el último año declaró la restauración del imperio de Gengis
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Jan, de quien decía ser descendiente. Sometió a los janatos vecinos y antes de 1394 ya
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había conquistado Irán, Mesopotamia, Armenia y Georgia, e invadió repetidas veces
Rusia y Lituania. Desde 1389 hasta 1395, combatió y debilitó al janato de la Horda de
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Oro; a su regreso exterminó a los elementos rebeldes de Irán. En 1398, Tamerlán
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invadió la India, donde tomó la ciudad de Delhi y asesinó a sus habitantes. En 1401
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Aunque fue muy célebre por su crueldad en combate y por las numerosas atrocidades
cometidas por sus ejércitos, Tamerlán también fue un gran amante de las letras y las
artes. El famosos historiador y sociólogo musulmán Ibn Jaldún (13321406), residente
en Damasco (13991341), durante el asedio de esta ciudad por los invasores
mongoles (enero y febrero de 1401), salvó la vida en parte gracias a la admiración
que Tamerlán tenía por los sabios, y en parte por un ardid con el cual engañó al
implacable conquistador (cfr. David Nicolle: The Age of Tamerlane, Osprey, Londres,
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1990). Su dinastía, la Timurí, que gobernó Transoxiana e Irán hasta principios del
siglo XVI, fue famosa por su mecenazgo de la literatura islámica turca y persa. Uno de
sus descendientes, Zahiruddín Babur, fundó la dinastía musulmana Mogol (mughal en
persa) de la India en 1526.
Un carácter despiadado
Arnold J. Toynbee nos da una sobrecogedora síntesis de la personalidad criminal de
Tamerlán como nadie lo ha hecho nunca: «El autoembotamiento de Tamerlán es un
ejemplo supremo de la tendencia suicida del militarismo... Puede reflexionarse con
curiosidad en que si Tamerlán no hubiera vuelto sus espaldas a Eurasia y sus armas
contra Irán en 1381, las relaciones entre Trasoxiana y Rusia podrían haber sido lo
opuesto de lo que son actualmente. En tales circunstancias hipotéticas, la Rusia de hoy se
podría haber encontrado incluída en un imperio de la misma extensión que el área de la
actual Unión Soviética, pero con un centro de gravedad muy diferente: un Imperio
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Iránico en el que Samarcanda gobernaría a Moscú en lugar de que Moscú gobernara a
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Samarcanda... Para la gran mayoría de aquellos para quienes significa algo el nombre de
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Tamerlán o Timur Lenk, éste conmemora a un militarista que perpetró tantos horrores
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en el lapso de veinticuatro años como lo hicieron los últimos cinco reyes asirios en ciento
veinte. Pensamos en el monstruo que destruyó totalmente a Isfaraín en 1381; convirtió a
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2.000 prisioneros en un túmulo humano y después los muró y cubrió con ladrillos en
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Sabzevar (Jorasán, Irán) en 1383; transformó 5.000 cabezas humanas en minaretes en
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Zirih el mismo año, arrojó al precipicio a sus prisioneros Luríes en 1386; aniquiló a
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70.000 personas y amontonó sus cabezas en forma de minaretes en Isfahán en 1387;
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cristianos de la guarnición de Sivas después de su capitulación en 1400; y construyó
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veinte torres de cráneos en Siria, en 1400 y 1401» (A: Toynbee: Estudio de la Historia.
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O. Cit., págs. 353354).
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Sin embargo, a pesar de todo, una nueva civilización islámica, la Timúrida, estaba
naciendo. Esta sería dirigida por polígrafos, místicos y científicos como Ulug Beg
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19
AVEMPACE E IBN TUFAIL
Dos filósofos de la España musulmana
El tránsito de la exhortación a la reflexión moral teórica se halla ya en Hasan alBasrí
(642728). Sobre Hasan alBasrí existe la siguiente narración que es un exponente fiel
de su pensamiento: «Llegó Alí Ibn Abi Talib (yerno del Santo Profeta y cuarto califa
del Islam), Dios esté satisfecho de él, a la ciudad de Basra y entró en la mezquita.
Allí se encontró con la gente que se dedica a la casuística religiosa, les mandó que
se levantaran y se fuesen. Cuando llegó junto a Hasan alBasrí le dijo: —"¡Joven!
voy a plantearte una cuestión, si respondes correctamente, te puedes quedar, si
no, te vas igual que tus compañeros". Esto se debía a que había visto en él un
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hombre de proceder correcto. AlHasan le dijo: —"Pregúntame lo que quieras".
SE
—"Responde", preguntó Alí, "¿cuál es el fundamento de la religión? —"La exigencia
IC
consigo mismo" (wara' es el escrúpulo interior, traducido. También, por exigencia
D
CI
consigo mismo), respondió. —"¿Qué es lo que la echa a perder?" —"La codicia"
(tama', el afán por conseguir lo que no se tiene). —"Puedes seguir aquí. Gente como
EL
tú es la que debe hablar a los hombres", dijo Alí, Dios esté satisfecho de él» (Ibn
D
'Ata' Allah de Alejandría: Sobre el abandono de sí mismo. Kitab atTanwir fi Isqat
L
A
atTadbir, Tratado de sufismo shadilí, Hiperión, Madrid, 1994, págs. 143144).
IT
IG
Hasan alBasrí es el fundador del movimiento mu'tazilí. La mu'tazila (de una raíz
D
árabe que significa "tomar distancias") es la primera escuela teológica islámica que
CA
superpuso a su profundo sentimiento religioso algunos de los supuestos de la filosofía
TE
griega con el objeto de situar a la religión en el marco de una visión racional del
mundo. Esta operación intelectual discurrió en paralelo al desarrollo de las ciencias,
IO
con lo que los filósofos pasaron a ser al mismo tiempo científicos y sabios animados de
BL
un espíritu enciclopédico. El Islam entonces se convirtió a fines del siglo VIII en la
BI
primera civilización monoteísta.
Fálsafa, failasúf, falásifa
En sus orígenes, el Islam carecía de una tradición filosófica propia. Al no contar con
una clase sacerdotal, la interpretación de los textos (hermenéutica) no constituyó una
prioridad en la elucidación mediante el pensamiento de los caminos de la divinidad
manifestados al hombre. Pero con las traducciones llevadas a cabo en la época abbasí,
los métodos de la filosofía griega y helenística fueron adoptados por la mentalidad
musulmana. Los musulmanes del segundo siglo Hégira (siglos VIII y IX de la era
occidental) han demostrado ser más criteriosos, más aperturistas y más
revolucionarios que aquéllos de los siglos XI y XII (siglos XVII y XVIII) embargados
absolutamente por el quietismo, la apatía y el anquilosamiento. Para demostrar esta
aseveración basta con citar que esos musulmanes adelantados llegaron a los antiguos
19
griegos y alejandrinos, o sea al pensamiento aristotélico y neoplatónico, recurriendo a
sus hermanos cristianos contemporáneos.
Se debe tal trasmisión a lo que se ha llamado la filosofía siria o, mejor dicho, la
versión siria del helenismo. Ya a fines del siglo III se fundó en Antioquía (Antakya,
territorio sirio cedido a Turquía en 1939) una escuela teológicofilosófica. Otra
escuela se fundó un poco después en Nusaybin (actualmente situada en la provincia
turca de Mardin, frente a la fronteriza ciudad siria de AlQamishlí), en una comunidad
de lenguaje sirio.
El Concilio de Efeso (431) condenó al nestorianismo. La polémica empezó cuando
Nestorio (muerto hacia el año 451), patriarca de Constantinopla, rechazó otorgar el
título de «madre de Dios» a María, la madre de Jesucristo. Los defensores de esta idea
subrayaron la separación de lo humano y lo divino en Cristo, afirmando que en
realidad era dos personas distintas, una divina y humana la otra, pero ambas
F
actuaban de común acuerdo. Por tanto, María era considerada la madre de Jesús
SE
hombre, no del Jesús divino. Esto se oponía a la doctrina aceptada de que Jesús era
IC
una sola persona, a la vez Dios y hombre. Bajo el mandato de san Cirilo (376444),
D
CI
patriarca de Alejandría, el concilio depuso a Nestorio y condenó su doctrina. Declaró
que Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero, que tiene dos naturalezas
EL
(humana y divina) fundidas en una sola persona. Como extensión lógica de esta idea,
D
Dios') para María.
IT
IG
Los nestorianos buscaron refugio en Persia, India, China y Mongolia. Algunos de ellos
D
recibieron protección en la antigua escuela de Nusaybin, pero poco tiempo después la
CA
desarrollaron gran actividad religiosa y filosófica. Las relaciones entre nestorianos y
musulmanes se intensificaron con el resultado de que estos últimos tradujeron al
IO
árabe previas versiones siríacas de obras filosóficas griegas.
BL
BI
A ello se agregaron las influencias ejercidas por los teólogos monofisitas, numerosos
en la Iglesia egipcia. El monofisismo es un movimiento cristiano de los siglos V y VI
(considerada herética) que mantenía que Cristo poseía una única naturaleza (divina),
en oposición por lo tanto a la doctrina ortodoxa que proclamaba las dos, divina y
humana. Los monofisitas quedaron confinados sobre todo a la Iglesia oriental aunque
tuvieron alguna relevancia en Occidente. Siguiendo instrucciones del papa León I, el
Concilio de Calcedonia en el año 451 intentó seguir un camino intermedio entre los
puntos de vista ortodoxo y monofisita. El edicto resultante no satisfizo a estos últimos
y la polémica continuó cuando los coptos y la secta eutiquiana apoyaron las tesis
monofisitas. La Iglesia de Oriente Próximo, en un intento de eliminar la herejía,
excomulgó a los monofisitas en la primera mitad del siglo VI, que de inmediato se
separaron de la ortodoxia cristiana.
19
Según el especialista De Lacy O'Leary, el «paso al helenismo» en la cultura islámica se
efectuó a través de cinco vías: los nestorianos, primeros maestros de los musulmanes y
trasmisores de las obras griegas, tanto filosóficas como médicas; los monofisitas, que
introdujeron cuestiones místicas y la especulación neoplatónica; los zoroastrianos
persas; los sabeos de Harrán y los judíos que desarrollaron temas filosóficos platónicos
(cfr. De Lacy O'Leary: Arabic Thought and Its Place in History, Londres, 1929).
Cuando entre 637 y 651 derribaron el Imperio persa de los sasánidas, los musulmanes
árabes se apoderaron de Gundishapur, ciudad del sudoeste de Irán, sobre el río Karún.
Hallándose en todo su apogeo, esta ciudad, que había sido fundada por los sasánidas
a finales del siglo III, constituía a la sazón el principal centro científico y médico del
Asia central. La escuela de medicina de Gundishapur había recibido las aportaciones
de científicos y de filósofos cristianos expulsados de Edesa (actual Urfa, en Turquía)
por los bizantinos en el siglo V, o llegados después de que Justiniano cerrara la
Academia de Atenas (529). La escuela de Gundishapur entonces se encontró en la
F
confluencia de las tradiciones médicas y filosóficas griegas y helenísticas, así como de
SE
las experiencias y teorías persas e hindúes (tanto en medicina como en filosofía), y
IC
con los inmensos conocimientos que atesoraba se dispuso a fecundar la investigación
D
CI
médica ya en el seno del Islam.
EL
Verdaderas «dinastías» de médicos nestorianos participaron en el Bagdad de los
D
abbasíes en la construcción de hospitales y, sobre todo, en las traducciones, en primer
L
A
lugar del griego, pero también del siríaco, del pahlaví persa y del sánscrito. Una
IT
empresa impulsada por los califas, quienes enviaron sendas misiones a Bizancio,
IG
entre los cuales las obras médicas ocupaban un lugar primordial. El sabio cristiano de
CA
alHira, Hunain Ibn Ishaq (808872), el más grande estos traductores, conocía el
TE
griego, el siríaco, el persa y el árabe, lengua en la cual tradujo, entre otros, los
principales textos médicos de los griegos un centenar de obras de Galeno, Hipócrates
IO
y Dioscórides. Asimismo, escribió unas «Cuestiones de medicina» (bajo la forma de
BL
preguntas y respuestas), el «Tratado del ojo» y el «Libro de las drogas simples». Su
BI
hijo, Ishaq Ibn Hunain (m. 910) fue también médico y traductor.
No es casual que la filosofía ("amor por la sabiduría") pasara a designarse entonces
mediante una transcripción al árabe del término griego: fálsafa.
Las características de esta primera fálsafa podrían centrarse en los siguientes puntos:
primero, tiene un marcado carácter religioso puesto que lo que se intenta es vivir y
pensar la fe con las categorías filosóficas. Segundo, se parte del principio de que sólo
hay una verdad, la del Dios único, y de que, por tanto, filosofía y religión coinciden,
pues ambos saberes buscan conocer la verdad última de todo. Tercero, se centra el
ideal del hombre, del filósofo (failasúf en árabe) y del sabio en el conocimiento; lo
más importante y fundamental del ser humano es el conocer. Cuarto, la fálsafa
islámica no se limita al ideal del sabio griego, al de la vida contemplativa y teórica,
sino que busca de forma directa e inmediata la dimensión práctica del pensamiento;
19
de ahí la íntima relación de la filosofía con la ciencia y con la moral y política. Ello
explica dos hechos que también se repetirán en alAndalus, a saber: por un lado, el
que casi todos los filósofos sean a la vez astrónomos, médicos, matemáticos,
científicos en general,; y, por otro, habida cuenta de dicho sentido práctico de la
sabiduría islámica, a la cual hay que añadir la identidad que profesa el Islam entre
religión y sociedad civil, se viesen los falásifa (plural de failasúf) en la necesidad desde
el primer momento de crear una teoría política, lo cual se vio reforzado al entrar en la
órbita de su cultura la República de Platón y la Etica de Aristóteles. Con ello, el Islam
elaboró mucho antes que la Europa cristiana una auténtica teoría del Estado y de la
política, con caracteres sumamente originales. Quinto, todo este proceso racional lo
culmina el intelectual musulmán n estadios místicos que sobrepasan el conocimiento
estrictamente lógico, integrando finalmente todos estos niveles en el ideal de
sabiduría y filosofía, de híkma y fálsafa.
Así, surgen en Oriente los primeros grandes filósofos del Islam: alKindí (796h. 873),
F
alFarabí (h. 870950), Ibn Sina o Avicena (9801037), los cuales no vieron en ningún
SE
momento contradicción alguna entre la verdad religiosa y la científicofilosófica desde
IC
el punto de vista racioanl. Por otra parte, todos ellos, animados por su ideal de
D
CI
sabiduría o híkma, hicieron culminar su sistema filosófico racional con algún tipo de
mística o de unión amorosa con la verdad suprema. Era el fruto de la unión del
EL
racionalismo y metarracionalismo, de filosofía y religión.
D
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A
Sin embargo, pronto aparecen los primeros avisos del peligro que entrañaba la
IT
racionalización de la fe y de la religión. Y, así, surge la figura de alGazzalí (1058
IG
1111) que escribe su obra Tahafut alfalásifa ("La destrucción de los filósofos") cuya
D
intención es clara por el mismo título de la obra, aunque él, por su parte, instituya
CA
incomprensión por parte de cierto sector de los llamados mutakallimún, o sea los
doctores en la ciencia del kalám (en árabe 'Ilm alkalám, la Ciencia de la justificación
IO
o apología de la fe) produciría con el tiempo un grave estancamiento en la civilización
BL
islámica y un irreversible proceso de decadencia, anquilosamiento y quietismo entre
BI
los musulmanes que duraría hasta fines del siglo XIX. Entre los mutakallimún que más
intentaron entorpecer la labor de los filósofos y cientificos islámicos cabe mencionar a
Abu lHasan alAsharí (873935), Fajr alDin arRazí (11491209) y Taqiuddín Ahmad
Ibn Taimiyya (12631338). De una forma muy parecida a la intransigencia eclesiástica
de la Cristiandad que consideraba herejes y desviados a relevantes científicos y
pensadores religiosos como Siger de Brabante (¿1235?128184), Girolamo
Savonarola (14521498), Miguel Servet (15111553), Giordano Bruno (15481600) y
Galileo Galilei (15641642), en el Islam, especialmente en el seno de la escuela
hanbali, surgen ciertos predicadores aquejados de esclerosis que consideran bid'a
("innovación reprobable", "novedad perniciosa") a todo aquello que, según ellos, es
nuevo o extraislámico: la filosofía, la política, las ciencias exactas, y más adelante,
evolución mediante, la imprenta, el teléfono, la fotografía, el cine, la televisión, etc.
19
A partir de este momento (siglos XII y XIII), y debido a estos condicionamientos, el
pensamiento y la sabiduría islámica marchan por los derroteros de un pensamiento
primera y fundamentalmente religioso y místico sin que con ello se descarte el uso de
la razón. Figura eminente en este sentido es el persa Sihabuddín alSuhrauardí (1154
1191) que, sin embargo, no podrá evitar ser asesinado por sus ideas «innovadoras».
Su filosofía de la iluminación o Teosofía de la Luz» (Híkmat alIshraq) tiene su origen
en la escuela shií y el pensamiento de Avicena, y será desarrollada posteriormente por
otros sabios ishraqiyún como Muhammad Baqir Astarabadí, llamado Mir Damad (m.
1632), Mullá Sadrá (15711640), Abul Qasim Mir alFindiriskí (m. 1641) y Mullah
Hadi Sabzavarí (17971878)
F
que destaca la del almeriense Ibn al'Arif (10881141), para culminar, al final, como
SE
veremos, en Ibn 'Arabi de Murcia. Tras Ibn Masarra, otra figura de primer orden es el
IC
escritor y pensador enciclopédico Ibn Hazm o Abenhazam de Córdoba (9941063).
D
CI
Pero muy pronto el ideal de Aristóteles y de su racionalismo y metodología científica
EL
empiezan a arrastrar también en alAndalus a los intelectuales. Y ello, tanto en los
D
mismos textos del Estagirita como a través de los comentarios orientales, sobre todo
L
A
de alFarabí. Y, lo primero que se conoce es el Organon. Ibn Hazm lo había empleado
IT
ya, pero, sobre todo, es Abu Salt de Denia (10671134) el que lleva a cabo una labor
IG
lógica importante, en particular a través de su libro Taqwim aldihn ("Rectificación de
D
la mente").
CA
TE
Aparte de esta temática aristotélica se tienen noticias de ciertos filósofos que parece
conocieron algo más del pensamiento del Estagirita, seguramnete de segunda mano, y
IO
cuyas obras no se conservan. Por ejemplo, el zaragozano Ibn Fathun alHimar, de los
BL
siglos XXI e Ibn Wahaib (10611130). Sin embargo, el primero que da a conocer de
BI
una manera más global y que comenta ciertas obras fundamentales de Aristóteles,
hasta entonces no estudiadas por ningún filósofo andalusí (e incluso occidental
cristiano), es Avempace.
19
Averroes será el que de verdad depurará de casi toda adherencia neoplatónica al
Estagirita mostrándolo tal cual es en sus propios textos y logrando así lo que no
hicieron los filósofos orientales. No sólo eso sino que, a través de las traducciones del
árabe al latín de los comentarios de Averroes, será conocido, introducido e
interpretado el Estagirita y su racionalismo en la Europa cristiana, configurándose así
una nueva teología y filosofía en el Occidente, sustituyendo a la anterior y tradicional
neoplatónica. De este modo,Averroes será el que implantará un nuevo modo de
filosofar, estrictamente racional, basado en las propias humanas. Sintómatico del
nuevo estilo de filosofar de Averroes es el título de una de sus obras, contestación a la
de alGazzalí: Tahafut altahafut ("Destrucción de la destrucción"), traducido como
«La incoherencia de la incoherencia» por el erudito holandés M. Simon van den Berg
en la obra titulada Averroes' Tahafut alTahafut (The Incoherence of the
Incoherence), Unesco Collection of Great WorksArabic Series, 2 vols., Oxford, 1954.
Y este es el lugar y papel preciso deAvempace: el de haber iniciado en Occidente el
F
estudio del Estagirita. El aristotelismo medieval tiene así los siguientes hitos: en
SE
Oriente, alFarabí y Avicena; en alAndalus, Avempace y Averroes; en el judaísmo,
IC
Maimónides, que sigue en la línea de estos dos últimos y, finalmente, en la Europa
D
CI
cristiana, todas las corrientes derivadas de Avempace y Averroes, a saber, los
aristotelismos y averroísmos de todo tipo y color, desde el de Tomás de Aquino hasta
EL
el llamado «averroísmo latino».
D
L
A
Después de esto, en el interior del Islam andalusí, tras Avempace y Averroes, las cosas
IT
aristotelismo recién inaugurado, sino que será el pensamiento místico el que triunfe.
D
De este modo, aparece el gran maestro del misticismo islámico y universal, el
CA
murciano Ibn 'Arabi (11651240), Ibn al'Abbad de Ronda (13321398) y otros más
TE
que empalman con la gran mística cristiana del Siglo de Oro español y del centro de
Europa.
IO
BL
Algunos Conceptos Basicos De La Filosofia Griega
BI
El espíritu científico nació entre los primeros filósofos griegos en las colonias jonias
del siglo VI a.C. En el problema del origen de las cosas sustituyeron los mitos de
procedencia oriental por la noción de una sustancia permanente y de una ley del
devenir. Tal sustancia era para unos el agua (Tales de Mileto, 625546), para otros el
aire (Anaxímenes de Mileto, 570500), o el fuego (Heráclito de Efeso, 540475), o el
indefinido (Anaximandro de Mileto, 611547).
En el siglo siguiente, Demócrito de Abdera (460370) dio a estas dos ideas una
formulación nueva: el atomismo, que reduce todos los cuerpos a partículas
indestructibles, que los constituyen o los disuelven con sus encuentros o choques. En
el otro extremo del mundo griego, en Sicilia y en la Italia meridional, los pitagóricos,
de la escuela fundada por Pitágoras de Samos (582500) en la ciudad de Crotona, en
el golfo de Tarento, aportaron a la civilización occidental uno de los caracteres más
19
decisivos: el desarrollo de las matemáticas, y la idea de aplicarlas al conocimiento de
la naturaleza.
En el siglo transcurrido desde el término de las guerras médicas (449 a.C.) y la
muerte de Alejandro (323 a.C.) se introdujo la filosofía en la Grecia metropolitana y
más especialmente en Atenas, Sócrates, Platón y Aristóteles vivieron en esta época y
su aportación a la tradición filosófica de Occidente fue particularmente importante.
Las nuevas aportaciones de las escuelas de sabiduría del estoicismo, el epicureísmo y
el escepticismo produjeron un impacto fortísimo. Coincidían en la búsqueda de una
felicidad estable e indefectible, independiente de las circunstancias externas de la
fortuna o de salud, de la comunidad política y de sus revoluciones.
El estoicismo, fundado por Zenón de Citio (fl. finales del siglo IV y principios del III
a.C, trata de conseguir la felicidad incorporando el hombre al mundo de que forma
F
parte. La felicidad para los epicúreos, que se basaban en las enseñanzas de Epicuro de
SE
Samos (341270), es el placer, o mejor dicho, un estado permanente, sin
IC
perturbaciones, que consiste principalmente, en la ausencia del dolor.
D
CI
El escepticismo trataba de llegar a la tranquilidad del alma con una visión del mundo
EL
que no resultara opresiva, sino que permitiera la liberación interior; dejaban al
D
hombre en el mundo, pero le liberaban de él. Todo el escepticismo filosófico, al final,
L
tiene que ver con la epistemología; es decir, que está basado en las ideas sobre el
A
IT
ámbito y la validez del conocimiento humano.
IG
D
El mundo romano se iba sumergiendo en supersticiones orientales, contrariamente a
CA
a un mundo insensato, creó el neoplatonismo. Con Plotino (203270) nace así una
IO
metafísica complicada pero que puede considerarse como fuente de todas las
BL
metafísicas medievales y aun modernas de Occidente.
BI
Platonismo
Las principales motivaciones del pensamiento de Platón (Atenas, 427 o 428347 o
348) se encuentran en la epísteme (conocimiento cierto, universal), la pediá
(educación, formación del hombre ideal) y la totalización religiosa. El problema
central de Platón es el del conocimiento verdadero, en tanto que apresa el verdadero
ser y produce verdad. El conocimiento de ideas difiere radicalmente del sensible y en
su última, y quizá más importante obra, las Leyes, muestra su oposición a la escuela
jónica de la ciencia de la naturaleza y desarrolla una visión espiritual de la
constitución del universo: las ideas son la verdadera realidad, constituyen un reino
aparte, eterno e inmutable. En cuanto a la educación, Platón se propuso constituir la
teoría de un estado perfecto, porque sólo en él podría alcanzar el hombre la
perfección intelectual y moral. El alma no es sólo razón, y en Fedro expone
19
míticamente su concepción plural del alma. El alma es como un carro guiado por un
auriga (la razón), de él tiran dos caballos (los impulsos); uno (el ánimo) tiende a
secundar al auriga; el otro (apetito) amenaza con despeñar el carro. Para completar
su doctrina, en la República diseña el estado justo que convierte a las almas justas.
Por último, el motivo religioso es más patente en los temas de la preexistencia e
inmortalidad del alma (Fedón, Fedro) y su escatología (Gorgias).
Aristotelismo
El realismo de Aristóteles (Estagira, Macedonia, 384Calcis, Eubea, 322 a.C.) es lo
contrario del «realismo de las Ideas» de Platón; es un realismo del mundo sensible.
Criticando a su antiguo maestro, observó que «decir que las ideas son los prototipos, y
que todo lo demás participa de ellas, es hablar por no callar y por usar metáforas
poéticas». Para Aristóteles, el mundo es uno, es la unidad de una diversidad múltiple
experimentada por el hombre de distintas maneras. Su lógica. cuyo contenido está
F
sistematizado en el Organon, consiste primordialmente en el análisis de los diferentes
SE
modos del ser, y postula un método de conocimiento verificable, al que distingue de
IC
los procedimientos habituales en el lenguaje. Hay una correspondencia entre el pensar
D
CI
lógico y la estructura ontológica. El conocimiento del ser empieza, en la Metafísica
(que es un conjunto de tratados sobre el ser y sus principios), con la distinción entre
EL
materia y forma; la materia es el ser en potencia, que deviene «ser en acto» después
D
de recibir la forma. Estos dos principios de actividad intrínseca, junto con los otros
L
A
principios extrínsecos, el de eficiencia y el de finalidad, articulan la teoría aristotélica
IT
totalizador, Aristóteles estudió todas aquellas disciplinas que habían despertado la
D
curiosidad de los griegos. Así, por ejemplo, investigó los problemas de la biología y la
CA
zoología en De las partes de los animales y De la generación de los animales, y en Sobre
TE
el alma incursionó en el campo de la psicología.
IO
La teoría platónica de las ideas, de la cual ciertamente parte Aristóteles, corresponde
BL
acaso a una realidad del ser, pero no a toda la realidad. En las ideas se alcanza una
BI
visión de la verdad a condición de sacrificar una porción de esta verdad que ninguna
ciencia debe eliminar a sabiendas. La crítica a Platón, como culminación de la crítica
de los anteriores sistemas filosóficos, comprende así, sobre todo, una crítica de la
oscura noción de participación, idéntica, según Aristóteles, a la imitación pitagórica;
una acusación de introducir innecesariamente un número infinito de conceptos para
la explicación de las semejanzas entre las cosas y sus ideas; la indicación de que debe
de haber también ideas de lo negativo y, ante todo, una interrogación acerca de cómo
las ideas situadas en un lugar supraceleste, trascendentes al mundo, pueden explicar
el mundo. Esta última objeción, enlazada con la crítica de la participación y de la
imitación, es el verdadero punto de partida de la solución aristotélica, que si bien
acepta las ideas platónicas, las trae, como se dice comunmente, del cielo a la tierra.
Entender las cosas es, así, ver lo que las cosas son.
19
Para Aristóteles, la teología, que es la ciencia de la causa absolutamente primera, del
primermotor, culmina en la afirmación de la forma pura, de aquello que es necesario
por sí mismo y no, como en las demás cosas, dependiente y contingente. Lo
absolutamente necesario es justamente aquello que no cambia, lo inmóvil, lo que
mueve sin ser movido, lo que encuentra en sí mismo su razón de ser. Esta absoluta
existencia es el acto puro, la forma de las formas, el pensar del pensar, o, como
Aristóteles dice, la vida teórica, el ser que no se mueve ni desea o aspira como las
cosas imperfectas, sino que permanece siempre constantemente igual a sí mismo. El
ensimismamiento del Dios aristotélico, el pensar sólo en sí mismo, no es para
Aristóteles, empero, una manifestación de un egoísmo, sino de su absoluta
subsistencia; Dios piensa sólo en sí mismo, porque no puede tener otro objeto superior
en qué pensar. La filosofía de Aristóteles, que se inicia con el hallazgo de un
instrumento para la ciencia y que culmina en una metafísica a la cual se subordina la
teología, la teoría del mundo físico y la doctrina del alma como entelequia del cuerpo,
se redondea con una doctrina ética y política cuyo intelectualismo no representa, sin
F
embargo, el imperio de la razón, sino de lo razonable.
SE
IC
Los filósofos musulmanes llamaron a Aristóteles «el primer maestro» (almuallim al
D
CI
auual), así como a alFarabí se le denominó el «segundo maestro» (almuallim az
zani) y a Avicena «el tercer maestro» (almuallim azzalit).
EL
D
Neoplatonismo
L
A
IT
distintos; las doctrinas filosóficas de Pitágoras, de Aristóteles, de Zenón y, sobre todo,
D
de Platón, unidas a las aspiraciones místicas de origen hindú y judío. Su representante
CA
más destacado fue Plotino (205270), cuyas lecciones fueron redactadas y publicadas
TE
por su discípulo Porfirio. Según los neoplatónicos, el principio de todo lo existente es
la unidad absoluta, de la que surgen todas las demás realidades por emanación. El
IO
contiene las ideas de las coas posibles. Después, la Inteligencia engendra el Alma,
BI
principio del movimiento de la materia. El Uno, la Inteligencia y el Alma son las tres
hipóstasis de la trinidad neoplatónica. El ser engendrado se esfuerza en ascender
hacia la perfección de que emana. Todo procede del Bien y tiende al Bien. Para que el
Alma se una al primer principio es preciso que supere al pensamiento y que, por el
éxtasis, se confunda con Dios y pierda toda consciencia de sí misma. El
neoplatonismo, con Porfirio (232/233304), y su discípulo Jámblico (250330), luchó
contra el cristianismo, y atribuyó cada vez más importancia a los procedimientos
prácticos destinados a provocar el éxtasis.
El neoplatonismo era también un movimiento político. Plotino hablaba sobre el saber
pitagórico y platónico así como sobre el ascetismo; fue tal la impresión que causó
sobre sus oyentes que algunos de ellos dieron sus fortunas a los pobres, libertaron a
sus esclavos, y dedicaron sus vidas al estudio y a la piedad ascética. A la edad de 60
años, con el permiso del emperador romano Galieno (218268), intentó fundar una
19
comunidad de naciones basada en el modelo de La República de Platón, pero el
proyecto fracasó a causa de la oposición de los consejeros de Galieno.
El Pensamiento De Avempace
El nombre completo de Avempace es el de Abu Bakr Muhammad Ibn Yahya alSa'ig
Ibn Baÿÿa, siendo conocido simplemente como Ibn Baÿÿa o con su nombre latinizado,
Avempace.
Se sabe que nació en Zaragoza, la Saraqusta musulmana, a finales del siglo XI en
fecha desconocida, probablemente hacia 1070, en el seno de una familia humilde
ajena a la vida intelectual y, al parecer, dedicada desde antiguo al oficio de la platería
como su propio nombre lo indica (alSa'ig significa platero, orfebre, joyero).
F
SE
Avempace músico y poeta
IC
D
No son muchos los datos que se tienen de su vida y de sus estudios en Zaragoza, pero,
CI
seguramente, dado el intenso ambiente intelectual de la ciudad, se puede deducir que
EL
su primera y fundamental formación debió adquirirla en ella. Se sabe, por otro lado
D
Rousseau, a la música, tal como él mismo confiesa: «En cuanto al arte de la música me
A
IT
dediqué a ella hasta que logré, según mi criterio, un punto satisfactorio» (Avempace:
IG
Carta a Abu Ÿa'far Yusuf Ibn Hasday, en 'Alawi Rasa'il falsafiyya, Rabat, 1983, págs.
D
7879).
CA
Por otro lado, todos lo autores, como el bibliógrafo y médico Ibn Abi Usaibí’a (1194
TE
clasificación de los médicos"), que contiene 380 biografías, comenzando por los
BL
griegos y acabando con sus contemporáneos (ed. Muller, 2 vols., 1884.), coinciden en
BI
que tenía unas especiales dotes para el canto y para la música (tanto para la
composición como para la ejecución) y que escribió un extenso tratado titulado Fi
l'alhan ("Sobre las melodías musicales"), hoy perdido (el que se conserva se reduce a
una breve carta), además de un comentario al tratado sobre la música de alFarabí,
que, en opinión del historiador argelino alMaqqarí (15911634), hacían inútiles todos
los libros que se habían escrito sobre el tema con anterioridad, incluido el famoso
Kitab almusiqa alkabir ("El gran libro de la música"). Y no solamente trabajó en la
música como teoría y como práctica sino que, como hicieran Platón, Aristóteles,
Arístides Quintiliano y el propio alFarabí, estableció las correlaciones entre las
diversas clases de melodías y el temperamento humano, planteando así una
interesante temática estética, moral, psicológica y educativa dentro de la música.
Incluso se conservan algunos poemas y anécdotas, en que mezclaba su ingenio,
conocimientos científicos y dotes poéticas (cfr. Miguel Asín Palacios: El filósofo
zaragozano Avempace, en Revista de Aragón, 7, Zaragoza, 1900, pág. 280).
20
A propósito de la música y poesía de Avempace hay que aludir a la tesis del
islamólogo español Emilio García Gómez (19051995), según la cual Avempace hizo
el gran descubrimiento de unir la música de estilo cristiano con la árabe. El resultado
de esta mezcla fue, según el mismo García Gómez, la forma de muwashshaha
(castellanizada moaxa) llamada zéjel, el cual, al estar compuesto en árabe dialectal
(no en árabe clásico) —carente de vocales largas y breves—, facilitaba la adaptación a
la música cristiana (cfr. E. García Gómez: Todo Ben Quzmán, Madrid, 1972, III, pág.
35 y María Jesús Rubiera: Literatura hispanoárabe, Madrid, 1992, págs. 164165).
Avempace político
La llegada de los almorávides parece que supuso un cambio en la vida de Avempace,
pues fue acogido enseguida como íntimo de la corte. Nombrándolo visir Ibn Tifilwit,
el gobernador almorávide de Zaragoza, cargo que desempeñó probablemente entre
1110 y 1113. Durante este tiempo parece que fue también enviado en misión
F
diplomática por Ibn Tifilwit cerca de los Banu Hud (anteriores reyes de la taifa
SE
zaragozana), a Rueda, cerca de Zaragoza, los cuales le encerraron en prisión durante
IC
algunos meses, como piensa Dunlop (cfr. D.M. Dunlop: Remarks on the Life and
D
CI
work of Ibn Bajjah «Avempace», en Proceedings of the Twenty Second Congress of
Orientalists, Leiden, II, 1957, pág. 193).
EL
D
Las razones de este éxito ante la corte almorávide no se conocen, pero puede
L
A
suponerse, a modo de hipótesis. Que fueron de dos tipos. Uno, la propia valía de
IT
Avempace. Probablemente aquellos rudos gobernantes africanos quedarían seducidos
IG
por la educación, exquisitez y arte de este poeta y músico zaragozano que, además les
D
halagaba los oídos con sus ingeniosas recitaciones. A esta faceta musical habría que
CA
añadir la amplia educación científica y filósofica de que hacía gala Avempace y que
TE
enseguida veremos. El otro tipo de razones de su éxito estaría conectado con su
propia filosofía social y política. Como tendremos de considerar, Avempace añora en
IO
su pensamiento político y metafísico un tipo de estado ideal que contrasta vivamente
BL
con lo que él llama estados degenerados e imperfectos de su tiempo. En varios lugares
BI
de su obra, y muy concreto en El régimen del solitario, ataca las costumbres
excesivamente licenciosas que le rodeaban, abogando por una vida de perfección tan
depurada que, según Avempace, sólo se podía conseguir en soledad: la vida política y
social de aquel entonces lo único que hacía era servir de impedimento a este ideal de
perfección. Con estos precedentes, es muy probable que Avempace viera a los
almorávides como a los salvadores de aquel caos social de los últimos momentos de
los Reinos de Taifas a los que habrían de imponer, de una vez por todas, la más
estricta ortodoxia religiosa y la unidad política de alAndalus, frente al
fraccionamiento que habían traído esos Reinos de Taifas:
«Con semejantes actos en la mayoría de los casos se extingue el poder (...) Y esto se da
con mucha frecuencia en este tiempo en que escribimos el presente tratado, y más aun en
la manera de conducirse socialmente (la gente) en este país de los Reinos de Taifas. A
20
estos se les conoce con el nombre de "cortesanos", y su manera de vivir, "pomposa"» (Ibn
Baÿÿa: El régimen del solitario Editorial Trotta, Madrid, 1997, pág. 133).
Se ha hablado de la formación poética y musical que Avempace tenía en Zaragoza.
Pero a ella hay que añadir su preparación como médico, matemático, astrónomo,
lógico y filósofo. De su profesión como médico son buen testimonio los varios tratados
que compuso sobre esta materia y las continuas alusiones en su obra, concretamente
en El régimen del solitario, a ejemplos médicos de que echa mano.
En 1117 muere su protector Ibn Tifilwit y, al año siguiente, en diciembre de 1118,
ocupan la ciudad los cristianos. Como tantos otros, Avempace emigra y parece que
marcha a Játiva. Luego marcha a Almería y Granada, de donde pasó a Orán y Fez.
Durante este período traba íntima amistad con Abu lHasan Alí Ibn Abd al'Aziz Ibn al
Imam, conocido simplemente como Ibn alImam, que ocupa el cargo de visir y que fue
F
su biógrafo personal, gracia al cual tenemos ciertas noticias de su vida y una lista de
SE
la obras que escribió. En un momento dado proyecta un viaje a Egipto, al cual
IC
corresponde su Carta del adiós o de la despedida (Risalat alwada) y su Tratado de la
D
CI
unión del Intelecto con el hombre (Risalat ittisal alaql bilinsan) dirigidas y dedicadas
a su amigo Ibn alImam. Pero el viaje no llegó a realizarse nunca.
EL
D
Durante este período postzaragozano, parece que abandonó la vida política y se
L
A
dedicó en exclusiva al estudio y al ejercicio de la medicina y a la enseñanza.
IT
IG
Avempace murió en Fez, probablemente asesinado, en el mes de Ramadán del año
D
comprendido entre el martes 2 de junio y el miércoles 31 del mismo mes de 1139. La
TE
muerte parece que se la produjo una berenjena envenenada que le suministraron los
médicos y secretarios del gobierno, posiblemente movidos por intrigas y envidias.
IO
Incluso se habla de un tal Ibn Mayub como autor material del crimen, que era criado
BL
del médico sevillano Ibn Zuhr (10921161), el Avenzoar de los cristianos, que le
BI
profesaba un especial odio. Fue enterrado en la misma ciudad de Fez y su sepultura
todavía se conservaba en el siglo XIII.
La personalidad de Avempace
La personalidad de Avempace debió ser fuerte y vigorosa, a la vez que controvertida,
pues levantó en su torno las más dispares opiniones. Desde las más encendidas
alabanzas, hasta los más insultantes desprecios. Lo cierto es que su obra nos descubre
un pensamiento altamente original, compacto, sólido y unitario que demuestra una
nada común inteligencia y un muy amplio conocimiento de la filosofía aristotélica y
de la de su tiempo. Pero por otra parte, esa misma obra presenta aspectos susceptibles
de una posible acusación de heterodoxia, sobre todo en unos momentos como los de
la administración almorávide de alAndalus, en que tanto se defendió la ortodoxia y se
persiguió a los intelectuales.
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Efectivamente, hay puntos en el pensamiento de Avempace, como veremos más en
concreto, que podrían dar pie a una acusación de heterodoxia. Ahora bien, esta
supuesta heterodoxia hay que interpretarla en su contexto. Por un lado, para ser un
buen musulmán basta con mantener la creencia en un solo Dios y en la misión
profética de su Enviado, el Profeta Muhammad (BPD), y con practicar las obras de
culto (individuales y sociales) mandadas por el Sagrado Corán y por la Sharí'a, o Ley
Divina. Y estos requisitos ciertamente que los cumplía Avempace (así como los demás
falásifa, o filósofos, tanto orientales como occidentales), el cual no duda un solo
momento en citar los textos sagrados, en aludir a la creencia en un solo Dios y en
solicitar el testimonio del Sagrado Corán en defensa de su propias convicciones. Pero
por otra parte, la ortodoxia teológica y jurídica de la escuela maliki al servicio del
poder de entonces, no quería saber nada de las libertades que se tomaban las
especulaciones racionales de la filosofía, queriendo aferrarse sólo al texto coránico y a
los hadices o tradiciones que más le convenía. Es evidente, por ejemplo, que firmes
narraciones del Santo Profeta del Islam, como aquéllas que recomiendan
F
expresamente: «¡Id en busca de la ciencia a todas partes, hasta en la China!»;
SE
«¡Echad mano de la sabiduría y no mires el recipiente que la encierra!»; «Buscad
IC
la ciencia desde la cuna hasta la tumba» y «Conócete a ti mismo y conocerás a tu
D
CI
Creador» fueron sacrificadas en aras de justificar lo injustificable.
EL
De manera idéntica y echando mano de los mismos argumentos esgrimidos por la
D
Inquisición trescientos años después, para los jurisperitos ortodoxos de los siglos XII,
L
A
XIII o XIV, cualquier elucubración al margen del literalismo les parecía heterodoxa,
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sobre todo si se ponía en peligro, como ellos aseguraban, «la pura letra de la
IG
Revelación y su contenido, sino que simplemente daban una interpretación racional,
CA
alegórica, a los contenidos de la fe. Por eso, las acusaciones de ateísmo y de
TE
heterodoxia —particularmente a todos aquéllos como Avempace que recurrían a los
postulados de dos filósofos shiíes como alFarabí y Avicena— que se volcaron sobre
IO
Avempace y otros intelectuales hay que llerlas desde el contexto del que salieron (la
BL
estricta ortodoxia teológica y jurídica de una escuela digitada por el poder turno), no
BI
desde la intención y religiosidad del propio Avempace (que fue como la de los otros
filósofos, místicos y científicos, absolutamente recta y dentro de la fe del Islam).
A estas acusaciones de heterodoxia hay que añadir las envidias suscitadas entre las
clases médica, política y poética, especialmente sensibles a cualquier valía que se
saliese de lo normal, a cualquier palabra dirigida con doble sentido. Y éste fue el caso
de Avempace, hombre de prestigio, como médico y filósofo, a la vez que sincero a la
hora de dar opiniones. Como confirmación de lo dicho, hay que recordar un
testimonio particularmente significativo relacionado con el poeta Ibn Jaqan (m.
1137). Ibn Jaqan era el arquetipo del poeta adulón de la corte, en este caso
almorávide, y los motivos de la animadversión son claros. Nos los cuenta Ibn alJatib
(13131375), el gran polígrafo granadino que tendría un final parecido al del
pensador zaragozano: cierto día Avempace se cansó de oír el autopanegírico que se
dedicaba Ibn Jaqan y las alabanzas sin medida que se atribuía. Y, observando que,
20
mientras esto hacía, le asomaba una gota verde de mucosidad por el bigote, le dijo
Avempace: «Y esa esmeralda que ostenta en el bigote, ¿es también regalo de algún
príncipe?» (M. Asín Palacios: El filósofo zaragozano... O. cit., pág. 129). Ibn Jaqan,
enfurecido por este suceso, puso a Avempace en último lugar en su antología de
poetas hispanomusulmanes titulada Collares de oro puro.
La importancia de Avempace
La importancia de Avempace es grande, entre otros, por siete motivos principales.
Primero, por ser el que, comentando algunas de las obras de Aristóteles (sobre todo la
Física, Sobre el alma, Sobre la generación y corrupción, aparte de varios tratados de
Lógica), es el primero que las da a conocer en el Occidente tanto musulmán como
cristiano. Por otra lado, en su labor de comentarista, Avempace se aparta en ocasiones
de las doctrinas del Estagirita, siguiendo, entre otras, ciertas tesis sobre todo
neoplatónicas, aparte de otros elementos estoicos, del sufismo y de la magna obra shií
F
conocida como la Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza, que conocería en
SE
Zaragoza, ciudad a la que la llevó desde Oriente el médico persa alKermaní (m.
IC
1066) hacia el año 1060.
D
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Los Ijuán alSafa (en árabe: "Hermanos de la Pureza") fueron una sociedad de
EL
filósofos y científicos musulmanes de la escuela shií que se establecieron en la ciudad
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de Basora hacia 983. Su obra conocida son las 52 Rasâ’il ("Epístolas"), de las cuales 14
L
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tratan de matemáticas y de lógica, 17 de ciencias naturales y de psicología, 10 de
IT
metafísica, y 11 de alquimia, mística, astrología y música. A diferencia de los escritos
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de otros pensadores musulmanes, como Ÿabir Ibn Hayyán (721815), que están llenos
D
iniciado.
IO
En un texto, muy influyente en los ambitos intelectuales de la Zaragoza musulmana
BL
de principios del siglo XI, se decía de ellos: «No se satisfacen con la ignorancia y no
BI
descansan sino después de haber hecho el esfuerzo por abrazar la totalidad de las
ciencias...; de esta manera logran conseguir la facultad humana por excelencia y,
por ello, les hemos llamado Hermanos Virtuosos» (Joaquín Lomba Fuentes: La
filosofía islámica en Zaragoza, D.G.A., Zaragoza, 1987). Véase R. Netton: Muslim
Neoplatonists. An Introduction to the Thought of the Brethren of Purity, Londres,
1942; Yves Marquet: La Philosophie des Ihwan asSafa, thèse soutenue en juin
1971, S.N.E.D., Argel, 1975; Alessandro Bausani: L'Enciclopedia dei Fratelli della
purita. Riassunto, con introduzione e breve commento dei 52 trattati o epistole
degli Ikhwan asSafa, Nápoles, 1978.
20
Tercero, porque, en su labor de comentarista del Estagirita, es el precedente
inmediato de Averroes, el cual sigue con mucha frecuencia y gran admiración, por
cierto, al maestro zaragozano.
Cuarto, porque es el primer filósofo que hace su propia filosofía de modo muy
personal, aunque, lo mismo que en sus comentarios a Aristóteles, todavía muy
influída por el neoplatonismo.
Quinto, por sus valiosas aportaciones científicas, algunas de ellas en buena medida
originales, como podremos ver en los apartados de botánica y astronomía.
Sexto, por los múltiples testimonios de sus contemporáneos, que lo tuvieron por el
más grande los filósofos de alAndalus, entre ellos los de Ibn Tufail y Averroes.
Y séptimo, porque Avempace es un exponente de la gran cultura científica y filosófica
F
de la región norte de alAndalus, llamada la Frontera Superior (altaÿr ala'ala), y su
SE
capital, Madinat Saraqusta, Zaragoza. Siempre se ha considerado la historia de al
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Andalus como si únicamente se hubiera extendido éste por el sur de la Península
D
Ibérica y su vida se hubiera circunscrito a las ciudades de Córdoba, Sevilla y Granada,
CI
olvidando casi por completo el Norte, excepto en ocasiones Toledo. Y, sin embargo,
EL
nada más lejos de la realidad histórica: esta zona norteña floreció de una manera
D
espectacular en el panorama general de alAndalus y del Islam. La historia del Islam
L
peninsular, de alAndalus, abarca con igual fuerza y profundidad desde las cercanías
A
IT
de los Pirineos y Cantabria hasta Tarifa, desde Barcelona, Tortosa y Levante hasta las
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costas del Atlántico.
D
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Sin embargo, sorprende el olvido en que ha dormido Avempace hasta el año 1900, en
que empezó a interesarse por él Miguel Asín Palacios (18711944), padre jesuita,
TE
islamólogo y zaragozano.
IO
BL
BI
20
Avempace botánico
Avempace escribió, en colaboración con AbulHasan Sufián alAndalusí, un Libro de
las experiencias, con el que se quería completar el libro sobre medicamentos simples
del toledano Ibn Wafid (m. 1075), el Abenguefiz de los farmacólogos latinos
medievales. Pero este libro de Avempace se perdió, aunque se sabe de él por las más
de doscientas alusiones y citas que de él hace el malagueño Ibn alBaitar (h. 1190
1248) que testimonian el gran saber botánico de Avempace.
Sin embargo, se conservan dos breves tratados. Uno tiene el título de Kalam 'ala ba'd
kitab alnabat (Tratado o discurso acerca de algunos libros "Sobre las plantas") y fue
editado y traducido por Asín Palacios (cfr. M. Asín Palacios: Avempace botánico,
Revista AlAndalus, V, Madrid/Granada, 1940, págs. 255299).
F
El otro se titula Kalamuhu filnilufar (Su tratado o su discurso sobre el nenúfar) o,
SE
como aparece en el manuscrito de Oxford, Wami qawlihi filnilufar y que se ha sido
IC
traducido por el especialista Joaquín Lomba Fuentes: Tratado sobre el nenúfar, en
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CI
Homenaje al prof. Horacio Santiago, CSIC, Madrid, 1998.
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El primer tratado tiene una gran importancia porque gracias a él podemos decir que
D
Avempace, junto con Averroes e Ibn Zuhr o Avenzoar, resulta ser el eslabón entre los
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dos grandes botánicos andalusíes: alBakrí (1040 1094) y alGafiqí (m. 1166). Por
IT
otro lado, parece ser que esta obra influyó directa o indirectamente en el De
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vegetalibus (Sobre los vegetales) de san Alberto Magno (12061280).
D
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Sobre las plantas parásitas y acuáticas que viven sin raíz en la tierra, Avempace se
TE
plantea el problema de si existe una línea divisoria clara entre lo animal y lo vegetal,
así como entre lo mineral y lo vegetal e incluso entre el animal y el hombre. Uno de
IO
los ejemplos típicos es el del nenúfar, el cual ocupa un lugar intermedio entre las
BL
plantas marinas y las terrestres e incluso el animal y el vegetal.
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Avempace señala otra característica del reino vegetal: la de la reproducción, la cual le
acerca al mundo animal. Con este motivo pasa al problema del sexo de las plantas.
Aristóteles había rechazado de plano la sexualidad vegetal, atribuyendo la
reproducción a la nutrición y el crecimiento, cosa que, según el historiador de la
ciencia, el belga naturalizado estadounidense George Alfred Leon Sarton (1884
1956), retrasó el descubrimiento de la sexualidad vegetal hasta el alemán Rudolf
Jaqob Camerarius (16651721) en 1694. Avempace se plantea el tema pero no lo
soluciona, aunque tampoco se cierra, como Aristóteles, a la posibilidad de que haya
tal sexualidad en el reino vegetal.
20
La Física de Avempace
Desde el siglo XII se empieza a apreciar en alAndalus un especial interés por la física,
sobre todo por la teórica más que por la experimental. Y este interés está teñido por el
afán en contrastar la física aristotélica seguida por Averroes con la neoplatónica
defendida precisamente y sobre todo por Avempace.
La física de Avempace se conocía solamente a través de los testimonios de Averroes, a
través de los cuales E. A. Moody (Galileo and Avempace: Dinamics of the Leaning
Tower Experiment) empezó a ocuparse del tema de una manera más detallada en
1951. Luego S. Pines (La dynamique d'Ibn Bajja, París), en 1964, descubrió en el
mansucrito de Oxford un tratado que contenía el comentario de Avempace a la Física
de Aristóteles y una carta suya dirigida a su amigo Abu Ÿa'far Ibn Hasdai, un judío
convertido al Islam que emigró de alAndalus a Egipto y con el que mantuvo
F
abundante correspondencia Avempace. Posteriormente, M. Fakhry (Ibn Bajjah,
SE
Avempace, Paraphrase of Aristotle's Physic, Beirut)en 1977 publicó el texto árabe
IC
de dicho manuscrito y en 1978 y 1989 M. Ziyada (The theory of Motion in Ibn
D
CI
Bajjah's Philosophy, Montréal)se volvió a ocupar de dichos comentarios, hasta que,
por fin, hace muy poco, en 1994, Paul Lettinck (Aristotle's Physics & its Reception
EL
in the Arabic World. With an Edition of the Unpublished Parts of Ibn Bajjah's
D
Commentary on the Physics, Brill, Leyden) publicó el comentario de Avempace a la
L
A
Berlín.
IG
D
Las fuentes que emplea Avempace para esta física, además del Estagirita, parecen ser
CA
el comenatrio a la Física de Alejandro de Afrodisias (siglo III) y las ideas neoplatónicas
TE
de Juan Filopón (siglo VI).
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Avempace astrónomo
BL
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De sus conocimientos y teorías astronómicas sabemos por el pequeño tratado que
escribió, titulado Nubad yasira 'ala alhandasa walhay'a ("Fragmentos sencillos sobre
geometría y astronomía") y por una cita de Maimónides.
Avempace, una vez más, se apartó de Aristóteles, al concebir un sistema astronómico
sin epiciclos pero con esferas excéntricas, al modo de Ptolomeo. Además conocemos
una carta dirigida a su amigo Ibn Hasdai, ya citado antes. En ella, entre otras cosas,
parece deducirse o que contempló una ocultación de Júpiter por Marte o que
confundió con una ocultación una posición muy próxima a ambos planetas.
Por otra parte, sabemos por el científico persa Qutbuddín alShirazí (12361311) que
observó Avempace dos manchas en el sol las cuales interpretó como el paso de
Mercurio y Venus sobre el disco solar. Y, finalmente, tenemos constancia de que
predijo un eclipse de luna, tal como lo cuenta alMaqqarí.
20
La filosofia de Avempace
Para Avempace, la ciencia primera y el primer conocimiento es el de la propia alma
como dice en su FilNafs ("Sobre el alma"):
La ciencia del alma precede a todas las demás ciencias físicas y matemáticas en todo tipo
de dignidad. Además, todas las ciencias exigen la ciencia del alma, no siendo posible
conocer los principios de las ciencias si no se conoce el alma y lo que ella es por
definición, de acuerdo con lo que se demostró en otros lugares. Más todavía, es cosa
sabida que el que no está seguro de concoer el estado de su alma no merece estar cierto de
los otros conocimientos que tenga. Así, pues, si no conocemos nosotros la condición de
nuestras almas y qué son y si no nos resulta claro si lo que de ellas se dice es cierto o no
es fiable, no podremos confiar de otras cosas que nos resultan obvias (M.H.S.Ma'sumi,:
F
Kitab filnafs, Beirut, 1992, Capítulo I, folio 140a)
SE
IC
En esto se asemeja a Platón, quien, siguiendo el mandamiento délfico del gnozi
D
CI
seaftón ("conócete a ti mismo"), le añadió el imperativo de «cuidarse de sí mismo» o
«cuidarse de la propia alma». Pero, por sobre todo, este razonamiento de Avempace es
EL
eminentemente islámico y tiene su origen en el hadiz profético ya expuesto:
D
«Conócete a ti mismo y conocerás a tu Creador».
L
A
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Para conseguir este ideal, medio imprescindible y necesario es, según Avempace, el
IG
despojar a ese «yo» interior, alma e Intelecto de todo contagio corporal. El mundo de
D
la materia, con su dispersión espacial y temporal, trae consigo la multiplicidad y el
CA
cambio, la variación e inestabilidad, que es lo contrario de lo que es más esencial del
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alma y del yo, la unidad, como dice en El régimen del solitario: «lo múltiple es ajeno al
alma». De este modo, la meta última, la sabiduría, lleva necesariamente a la unidad
IO
absoluta y total de todas las cosas, a la eterna e intemporal inmovilidad, a la cima de
BL
la espiritualidad, porque como dice en El régimen del solitario:
BI
«Todo el que prefiera su materialidad a cualquier otra cosa de su espiritualidad no podrá
alcanzar el fin último. Por tanto, no habrá ni un solo hombre material que sea feliz,
mientras que todo hombre feliz será puramente espiritual» (pág. 113).
El tema del «régimen del solitario»
El régimen del solitario (Tadbir almutawahhid) es la obra más conocida de Avempace.
En ella describe un estado ideal y utópico, en el que todo debería estar regido por la
verdad, la virtud y el amor entre los hombres. Es, al mismo tiempo, la gran apología
del sabio solitario, al que invita a consagrarse a la sabiduría, a la virtud, y a la pura
contemplación de la verdad.
20
Para Avempace, el estado más perfecto del hombre es viviendo en comunidad con
otros seres semejantes, a condición de que esa comunidad sea perfecta, es decir, que
en ella todos sus miembros tengan opiniones rectas, sin ningún error, y practiquen el
bien y la virtud sin que haya nadie extraviado o vicioso de tal forma que en ella
sobren los médicos que curen de los excesos de los vicios y los jueces que implanten la
justicia violada por los malvados. Esta es la utopía política que se plantea Avempace
en El régimen del solitario:
«La ciudad perfecta se caracteriza porque en ella está ausente el arte de la medicina y el
de la jurisprudencia y eso porque el amor une mutuamente a sus habitantes los cuales, en
consecuencia, no discuten entre sí en absoluto. Por eso, si falta el amor en uno de los
miembros de esa ciudad y sobreviene la discordia, es preciso, entonces, que se restablezca
la justicia y, por tanto, se necesitará inexorablemente de alguien que la cumpla, a saber:
del juez. Más aun: todos los actos de la ciudad perfecta son rectos, pues esta cualidad es
un concomitante suyo necesario» (pág. 98).
F
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Este es el estado ideal y utópico de Avempace en el que todo estaría regido por la
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verdad, la virtud y el amor entre los hombres. Lo que ocurre es que su planteamiento
D
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lo único que le trae es el dolor, por un lado, de ver que la realidad política de su
tiempo está totalmente lejos de este ideal y que de momento es por completo
EL
irrealizable y, por otro, de sentirse en la necesidad de ir contra su naturaleza al
D
renunciar a la vida social corrupta y refugiarse en la soledad.
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régimen del solitario de la distinción teórica que hicieron Platón y alFarabí de cuatro
D
regímenes políticos degenerados, a saber: tiranía, oligarquía, democracia y timocracia.
CA
Y a aplicarlos a su propia época concluye que todos los estados existenets pertenecen
TE
a alguna de estas clases o a la mezcla de varias de ellas, siendo, por tanto, todos ellos
viciosos y corruptos.
IO
BL
Y la conclusión que saca Avempace de tal visión de la vida política, es que, en tales
BI
circunstancias de degeneración social, el hombre que quiere ser sabio debe huir de la
comunidad y aislarse, puesto que ésta no sólo no le ayuda, como debería, a conseguir
su ideal, sino que le estorba y se lo impide. Por tanto, aunque el ser humano sea social
por naturaleza, no duda Avempace en defender que, excepcionalmente y de forma
accidental, renuncie a esa tendencia.
De este modo, Avempace, dedica El régimen del solitario a la gran apología del
solitario (mutawahhid) enseñando al hombre sabio a vivir solo, a consagrarse a la
sabiduría, a la virtud y a la contemplación de la verdad, como solitario.
Sin embargo, hay que advertir que Avempace no está defendiendo al individuo que ha
sacrificado por completo su sociabilidad apartándose del todo de la comunidad
humana para aislarse en no sé qué clase de desiertos o monasterios en los cuales
solamente se las haya consigo mismo rompiendo con todo tipo de lazo humano. La
20
soledad que propugna es la del que, consciente de su vocación radical, vive entre los
demás pero no entregado al entorno alienante que le podía arrebatar su propia
libertad interior. Es la soledad del hombre superior que vive con los otros la
cotidianidad material de cada día, pero albergando como el tesoro más precioso en su
interior el don de la libertad y de sus más queridas aspiraciones. Más aun, este
solitario de Avempace vive su soledad con tal fuerza que, a la hora de la verdad, busca
en todo moemnto la companía de los que son como él o incluso anhela el posible
traslado a otras ciudades donde haya sabios, si es que tales comunidades existen.
F
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Sigue entonces aclarando que el régimen sólo se puede dar en los seres racionales e
IC
intelectuales, que son los únicos capaces de proponerse un fin para ordenar, dirigir,
D
CI
gobernar sus acciones de cara al mismo. Por eso, el régimen por excelencia, dice
Avempace, es el de Dios al crear y gobernar el mundo, del cual régimen divino el del
EL
hombre es sólo una derivación y copia defectuosa. Y, dentro del régimen humano,
D
concluye Avempace, el que se entiende como tal y por excelencia, es el político, a
L
A
saber, el del gobierno de la ciudad por parte del gobernante el cual encamina las
IT
acciones de todos sus súbditos racionales hacia el fun supremo de la perfección total y
IG
felicidad plena de los mismos y del cuerpo social.
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Avempace y los sabios
TE
sentido, Averroes no hace sino continuar y consumar la labor iniciada por Avempace,
BI
llevando a cabo una labor hermenéutica de la obra del Estagirita de una manera
completa y exhaustiva. Y en este punto las coincidencias entre Averroes y Avempace
son manifiestas, puesto que aquél sigue en general la interpretación de éste y, cuando
discrepa en algún punto, lo hace con gran respeto y cuidado, cosa que no ocurre
cuando se opone a otros autores musulmanes andalusíes u orientales.
Por lo que respecta al judío cordobés Maimónides (11351204), lo primero que hay
que advertir es que, al igual que Averroes, profesó una profunda admiración por el
filósofo zaragozano, como lo demuestra al citarlo de una manera sumamente elogiosa
en numerosas ocasiones, sobre todo en su obra originalmente escrita en árabe Dalalat
alha'irim (Guía de perplejos, Trotta, Madrid, 1994), en la cual se hallan
reproducidos numerosos pasajes de Avempace.
21
Alberto Magno (12061280) y Tomás de Aquino (12251274) aluden muchas veces a
Avempace en sus obras, aunque lo hagan para rebatirlo.
El místico y dominico alemán Eckhart von Hochheim (12601327), buen conocedor
de Maimónides, que sufrió persecución por estudiar el pensamiento islámico, sostiene
en sus sermones latinos y alemanes agunas tesis muy parecidas a las de Avempace.
Otro filósofo que recibió las influencias de Avempace a través de Maimónides es el
célebre judío holandés Baruj Spinoza (16321677).
Según el especialista francés Georges Zainaty estas influencias pueden ser vistas
incluso en la obra del sabio jesuita Teilhard de Chardin (18811955), como lo
demuestra en su estudio (cfr. G. Zainaty: La moral d'Avempace, J. Vrin, París, 1979).
El Pensamiento De Ibn Tufail
F
SE
Ibn Tufail es una de las figuras más representativas de la cultura de alAndalus, en el
IC
siglo XII, verdadero siglo de oro de la filosofía hispanomusulmana. Abu Bakr
D
Muhammad Ibn Abd alMalik Ibn Tufail alQaisí (hacia 11101185), latinizado
CI
Abentofail, nació en Guadix (la antigua Acci romana), en la región de Granada. Junto
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con Avempace y Averroes, Ibn Tufail es uno de los tres más importantes filósofos
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médicos andalusíes del siglo XII.
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Ibn Tufail ejerció la medicina en Granada, donde también fue secretario (katib) del
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gobernador de esta ciudad. Hacia 1154 pasó a ser médico y secretario de Sid Abu
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Sa'id, hijo del califa almohade Abd alMu'min (10951163), y a la sazón gobernador
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de Ceuta y Tánger. Posteriormente, en el año 1163, se convirtió en médico de càmara
del califa Abu Ya'qub Yusuf (que reinó entre los años 1163 a 1184), puesto que ocupó
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hasta 1182 y que, suponemos que por razones de edad y de salud, cedió a Averroes
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(11261198). Tres años después, en 1185, falleció en Marrakesh.
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La vida de Ibn Tufail, pues, se extiende a lo largo de casi todo el siglo XII, siglo en el
que señorean en el Magreb y en alAndalus los almorávides primero, hasta 1147, y los
almohades después.
El fenómeno de esta época que más nos interesa destacar para enmarcar la obra de El
filósofo autodidacto es el del sufismo y el de la recepción de la obra de alGazzalí
(10581111), el Algazel de los latinos.
Un gran avance en la progresiva aceptación de la vía mística lo supuso alGazzalí,
quien con sus obras —especialmente aquélla llamada Ihiá 'Ulum alDin «La
vivificación de las ciencias de la fe»—, y con el ejemplo mismo de su vida, como es
patente en sus Confesiones (cfr. Algazel: Confesiones: El salvador de error, trad. de
Emilio Tornero, Alianza, Madrid, 1989), trató de incorporar el sufismo a la ortodoxia,
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donde fue poco a poco considerándose, en generalm como un bien inapreciable y
genuino de la comunidad islámica.
En el siglo XII, el sufismo constituía en el Magreb y en alAndalus un fenómeno social
ya considerablemente extendido y arraigado, muy unido a la introducción de las obras
de alGazzalí, y dio origen incluso a importantes movimientos de oposición
encabezados por determinados líderes carismáticos que asumían el papel mesiánico
de mahdí, o bien guiado, para dirigir y gobernar los destinos de la comuniadd
islámica.
En la época almorávide el sufismo fue mirado, en general, con muchas prevenciones y
recelos, llegando a ser condenadas y quemadas las obras de alGazzalí y prohibida su
lectura.
Con los almohades, en cambio, la figura de alGazzalí fue totalmente rehabilitada,
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pues se hablaba hasta de un pretendido encuentro de Ibn Tumart (10801130), el
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fundador del movimiento almohade, con alGazzalí, y la política hacia el sufismo fue
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evolucionando desde el rechazo al encauzamiento de las turuq (singular taríqa), o
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comunidades sufíes, hacia los intereses de los almohades.
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Todo esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de leer El filósofo audidacto, pues en el
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Prólogo que Ibn Tufail mismo puso a esta obra dice que uno de sus puntos de partida
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es alGazzalí y, por otro lado, tenemos la noticia que el propio Ibn Tufail formaba
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parte de una taríqa cuyo maestro era un tal AbulHasan Ibn Abbad, médico que
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abandonó su cargo para dedicarse al ascetismo.
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Las obras de Ibn Tufail que han perdurado son escasas. Hay algunas obras filosóficas
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como un tratado Sobre el alma del que nada sabemos, y algunos libros de Astronomía,
que tampoco se han conservado. Respecto a sus doctrinas astronómicas, sólo tenemos
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el dato de que su discípulo Abu Ishaq Nuruddín alBitruÿí alIsbilí (m. 1204), el
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Alpetragio de los latinos, dice de él que ideó un sistema sin epiciclos ni excéntricas,
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alejándose así de la cosmología ptolemaica y acercándose a la aristotélica.
El filósofo autodidacto
El título original de esta obra es el de Risala Hayy Ibn Yaqzán fi asrar alhíkma al
mashriqiyya (Epístola o tratado de "El Vivo Hijo del Despierto" sobre los secretos de la
filosofía oriental). Se la suele titular, sin embargo, El filósofo autodidacto, siguiendo el
título que le dio su primer traductor al inglés Edward Pococke. Pero su valor no es
sólo filosófico sino también literario, ya que está considerada como una de las obras
maestras de la prosa andalusí.
21
medida que fue arraigando en el Islam, planteó, tanto desde un punto de vista
intelectual como existencial, el problema de la validez de la experiencia mística.
Sea lo que sea de esta cuestión, lo importante es que para Ibn Tufail sí hay una
filosofía esotérica en Avicena. Así lo entiende él y por eso titula su obra «... sobre los
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secretos de la sabiduría oriental» siguiendo a Avicena, a cuya sabiduría o filosofía, pues
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ambos términos son sinónimos, declara junto con la de Algazel como un punto de
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partida.
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El resumen de esta novela de filosofía y mística es el siguiente:
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En una isla desierta de la India, situada bajo el Ecuador, por medio de condiciones
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espontánea. Según otra versión, ha sido llevado a esta isla por una corriente marina,
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en un cofre que la madre, princesa perseguida que habitaba en una isla vecina, ha
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confiado a las olas para sustraer a su hijo de la muerte.
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Este niño es Hayy Ibn Yaqzán ("El Vivo Hijo del Despierto"). Adoptado por una gacela,
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que el amamanta y le sirve de madre, crece, observa, reflexiona. Dotado de una gran
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inteligencia, no sólo sabe proveer ingeniosamente a todas sus necesidades, sino que
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por el uso combinado de la observación y el razonamiento, llega pronto a descubrir
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por sí mismo las más altas verdades físicas y metafísicas.
Por fin llega a darse cuenta de que en el hombre hay un alma, incorruptible e
inmortal, y sobre el hombre un Dios, Omnisciente y Omnisapiente. Moraleja: «incluso
privado del beneficio de parientes y maestros, uno puede por medio de la razón y
el sentido común llegar al conocimiento de la verdad última, que es el Islam, o sea
la aceptación de la voluntad de Dios y su naturaleza perfecta».
El sistema filosófico a que llega, que es, naturalmente, el de los falásifa, le conduce a
buscar en el éxtasis místico la unión íntima con Dios, que constituye a la vez la
plenitud de la ciencia y la felicidad soberana, continua y eterna. Retirado en una
caverna, donde llega a ayunar durante cuarenta días consecutivos, se esfuerza en
separar su intelecto del mundo exterior y de su propio cuerpo, mediante la exclusiva
contemplación de Dios, con objeto de unirse a su Señor, lo cual logra por fin. En este
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punto entra en relación con Absal, piadoso personaje venido de la isla vecina para
dedicarse en paz a la vida ascética en esta pequeña isla, que él cree inhabitada. Absal
enseña el lenguaje a este compañero, tan singular como inesperado, y encuentra con
sorpresa en el sistema filosófico de Hayy Ibn Yaqzán una interpretación trascendente
de la religion que él mismo profesa (el Islam), y de todas las religiones reveladas. Le
conduce entonces a la isla vecina, gobernada por el piadoso rey Salmán,
comprometiéndole a descubrir las sublimes verdades que ha descubierto. Pero esta
tentativa fracasa. Nuestros dos sabios se ven obligados, finalmente, a reconocer que la
verdad pura no conviene al vulgo, encadenado en la servidumbre de los sentidos, y
que para penetrar en estas inteligencias groseras y obrar sobre estas rebeldes
voluntades, tiene que revestirse de los símbolos que constituyen las religiones
reveladas. Por consiguiente, abandonan para siempre a estas pobres gentes,
recomendándoles que observen fielmente la religión de sus padres, y vuelven a su isla
desierta, a vivir esta vida superior y verdaderamente divina, cuyo privilegio tienen
bien pocos hombres.
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Esta es la original síntesis de filosofia y mística que hace Ibn Tufail. Observamos
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entonces que, tras Avicena, también en el Occidente musulmán se ha producido el
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mismo fenómeno que en el Oriente, esa fusión de filosofía y mística que tanto ha
estudiado el islamólogo francés Henry Corbin (19031978) en la filosofía irania y el
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shiísmo. Sólo que esta línea inaugurada en alAndalus por Ibn Tufail no ha tenido
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continuadores, pues las dos grandes figuras posteriores a él ahondarán por separado
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las dos diercciones, la de la mística por un lado, como es el caso del murciano Ibn
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'Arabi, y la de la filosofía, por otro, como es el caso del cordobés Averroes.
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Avempace e Ibn Tufail
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Ibn Tufail pone en forma de novela filosófica el solitario de Avempace encarnándolo
en la persona de Hayy Ibn Yaqzán, un joven que , a la manera de un Robinson Crusoe,
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se encuentra desde niño en una isla totalmente solo.
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El niño fue creciendo y, conforme pasaban los años, con las fuerzas de su sola razón e
intelecto fue ascendiendo del conocimiento empírico al científico y de éste al místico,
por un itinerario espiritual muy similar al de Avempace. Sólo hay una diferencia; y es
que, mientras Avempace construye su sistema a partir de la filosofía de alFarabí, Ibn
Tufail lo hace desde la de Avicena, lo cual se manifiesta, entre otras cosas, en que Ibn
Tufail insiste mucho más en el carácter gratuito del don místico y en el contenido más
iluminativo del mismo, aparte de que la msima figura de Hayy Ibn Yaqzán esta
extraída de la literatura mística del propio Avicena (cfr. Avicena: Risala Hayy Ibn
Yaqzán, trad. de A.M. Goichon como Le Récit de Hayy ibn Yaqzan, París,, 1959;
Henry Corbin: Avicena y el relato visionario, Paidós Orientalia, Barcelona/Buenos
Aires, 1995).
La vida de Hayy Ibn Yaqzán y de su soledad se complica luego cuando encuentra
casualmente a dos persoanjes, Absal y Salmán, con cuyas conductas religiosas (el
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primero de interiorización y el segundo de reducción al simple culto externo) queda
más patente la validez del hallazgo místico del solitario de Ibn Tufail.
Las influencias del relato de Ibn Tufail en la literatura universal
La originalidad y encanto de la narración de Ibn Tufail causó gran impacto en Europa
y Asia. Tal vez la primera traducción que se conoce es una traducción anónima al
hebreo sobre la que el filósofo y médico judñio francés Moisés de Narbona (m. 1362)
hizo un Comentario, en hebreo también, en el año 1349. Parece que de esta
traducción hizo, a su vez, una traducción al latín el humanista italiano Pico de la
Mirándola (14631494).
En 1671 fue publicada en árabe y latín (Philosophus autodidactus sive Epistula Abi ebn
Tophail de Hai ebn Yoddhan) por el arabista inglés Edward Pococke (16041691), el
primer profesor de árabe de la Universidad de Oxford, la narración se convirtió en un
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éxito de venta. En 1672 apareció una traducción holandesa y dos años después una
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inglesa, obra de un cuáquero. Los cuáqueros encontraron en ella base para su ciencia
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en la "luz interior".
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El polígrafo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz (16461716) habló de «el excelente
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libro de "El filósofo autodidacto" que Pococke ha traducido del árabe». En 1708
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hubo otra traducción inglesa a cargo de Simon Ockley, discípulo de Pococke, y en
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1761 se hizo una versión alemana. El interés por el libro de Ibn Tufail no cesó. En
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Palencia (18891949) con el título «El filósofo autodidacto».
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Emilio (1762) del francés Jean Jacques Rousseau (17121778). Véase L. Gauthier: Ibn
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Thofaïl, sa vie, ses oeuvres, París, 1909; Ibn Tufail: El Filósofo Autodidacto, trad.
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de Angel González Palencia, Trotta, Madrid, 1995; Lawrence I. Conrad: The World of
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Ibn Tufayl. Interdisciplinary Studies on Hayy ibn Yaqzan, E.J. Brill, Leiden, 1996.
En tal caso, si realmente hubo influencias de Ibn Tufail en Defoe, así como en el resto
de los robinsones europeos que luego circularon, podemos decir que Avempace tuvo
el mérito de haber sido el primero en plantear la figura del solitario, que luego,
ciertamente, recogió Ibn Tufail.
Ibn Hazm e Ibn Arabi de Murcia
Amor sagrado y amor profano en el Islam
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desarrollado en Persia, en Siria y en España entre los siglos IX y XIII por sabios
musulmanes.
Este estudio analiza la relación entre la mística de Ibn Hazm y de Ibn Arabi y sus
doctrinas espirituales neoplatónicas sobre el amor y la imaginación, doctrinas
paralelas en ambos pensadores, aunque con diferentes puntos de partidas.
El eje central de esta temática gira en torno a la íntima relación entre el amor humano
y el amor divino; o quizás, debiéramos decir, las diversas formas que toma el amor
divino, ya que, tanto para Ibn Hazm como para Ibn Arabi, el amor humano es sólo
una expresión del amor divino.
Ibn Hazm
Abu Muhammad Alí Ibn Hazm fue un jurista, teólogo, genealogista y poeta nacido en
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Córdoba en 994 y fallecido en Casa Montija, Huelva, en 1064.
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Gracias a su familia de origen muladí (hispanogodos conversos) que formaba parte de
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la alta burocracia cordobesa, Ibn Hazm recibió una excelente educación. Siendo aun
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joven, se vio involucrado en las turbulencias que pusieron fin al califato de los
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omeyas. Después de emigrar a Almería y Játiva, regresó a Córdoba y, desengañado de
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la política, se retiró a sus tierras. Allí, en una especie de exilio interior, se consagró al
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estudio de la ciencia jurídicoteológica.
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Ibn Hazm escribió una de las obras cumbre de la literatura hispanomusulmana: «El
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islamólogo Emilio García Gómez (19051995), este «tratado sobre el amor y los
amantes» de raíz neoplatónica constituye una reflexión poética, y en parte
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musulmana. Escrita en una elegante prosa que se combina con el verso, esta célebre
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obra influyó considerablemente en las literaturas oriental y europea del Medioevo.
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Ibn Arabi
Abu Bakr Muhammad Ibn Alí Ibn Muhammad alHatimí alTa’i Ibn alArabi , llamado
Muhiiuddín ("vivificador de la fe") y asSheij alAkbar ("Gran Maestro"), conocido en
Occidente por Abenarabí, nació en Murcia, alAndalus, el 28 de julio de 1165. Sus
estudios literarios juveniles transcurrieron en la campiña andalusí de Lora del Río y
Carmona. Con el tiempo Ibn Arabi se convertiría en un sabio piadoso, un asceta
admirable y un poseedor de carismas innumerables.
El ansia de saber condujo a Ibn Arabi a una prolongada vida peregrina a lo largo y a
lo ancho de alAndalus primero, del Norte de Africa (Marruecos y Tunicia) después, y
a El Cairo y Jerusalem más tarde. Después de haber permanecido dos años de
emociones espirituales en La Meca, plasmadas en su máxima obra, las «Revelaciones
21
de La Meca» (Futuhat alMakkiyya) visitó Anatolia, a Jerusalem y a El Cairo, otra vez
La Meca, Anatolia, Bagdad, y retornando a Anatolia. Luego se trasladó a Damasco,
donde en 1229 compuso «Los engarces de la sabiduría» (Fusús alHíkam). Allí residiría
hasta su deceso, ocurrido el 10 de noviembre de 1240. Su tumba, en la que después
fueron enterrados dos de sus hijos, aun se conserva y recibe veneración. Sobre ella los
musulmanes otomanos edificaron una madrasa en la que se guarda su sepulcro.
El pensamiento filosófico de Ibn Arabi es una suma de corrientes neoplatónicas y las
tradiciones místicas andalusíes. La labor literaria de Ibn Arabi es vastísima,
comprendiendo más de 400 manuscritos. Su Risalat alQuds ("Tratado de la santidad")
es una de las grandes colecciones hagiográficas del mundo musulmán que encierra un
valor histórico excepcional para quien desee conocer la vida espiritual del Islam en los
tiempos del filósofo y místico murciano. Muchas de estas obras han sido traducidas al
castellano: La Alquimia de la Felicidad Perfecta, Editorial Sirio, Málaga, 1985; Viaje
al Señor del Poder, Introducción del Sheikh Muzaffer Ozak AlJerrahi, Editorial Sirio,
F
Málaga, 1986; Tratado de la Unidad, Editorial Sirio, Málaga, 1987; Guía espiritual:
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Plegaria de la SalvaciónLo ImprescindibleTerminología Sufi, Editora Regional de
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Murcia, Murcia, 1992; Los engarces de la sabiduría, Hiperión, Madrid, 1994; El
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secreto de los nombres de Dios, Edit. Reg. de Murcia, Murcia, 1996; Las
iluminaciones de La Meca, Siruela, Madrid, 1997. Véase muy especialmente: Miguel
EL
Asín Palacios: Vida de santones andaluces. La Epístola de la santidad de Ibn Arabi
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de Murcia, Hiperión, Madrid, 1984; Claude Addas, Michel Chodkiewicz, Miguel Cruz
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Hernández, Roger Garaudy y otros: Los dos horizontes. Textos sobre Ibn alArabi,
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Edit. Reg. de Murcia, Murcia, 1992; Michel Chodkiewicz: Un océan sans rivage: Ibn
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Arabi, le Livre et la Loi, Seuil, París, 1992; Claude Addas: Ibn ‘Arabi o la búsqueda
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del azufre rojo, Edit. Reg. de Murcia, Murcia, 1996.
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El Amor En El Islam
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Siempre se ha hablado y se habla mucho de la doctrina del Amor en el Cristianismo y
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algunos escritores superficiales se han animado a decir que «el Amor no existe en el
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Islam». Nada más erróneo y alejado de la verdad. Por el contrario, el Islam posee una
tradición riquísima sobre el Amor y que, como veremos, en realidad fue fuente de
inspiración de corrientes cristianas de pensamiento en ese sentido en el Renacimiento
italiano y en el llamado Siglo de Oro español.
21
Para el contemplativo, el amor humano tal como se expresa en el acto conyugal no
puede sino ser un reflejo del Amor Divino. Es más: el amante, la bienamada y el amor
entre ellos —una vez reducidos a sus esencias ontológicas— son en realidad
representaciones terrenas de principios celestes. ¿No es Dios el Amante Verdadero y
Ultimo? ¿No es Dios el Bienamado por excelencia? ¿Y no es el Amor Divino la raíz del
amor humano? El ver las cosas a otra luz no es sino el resultado del velo de ilusión
con el que la Omnipotencia de Allah (Dios) ha cubierto la creación entera.
Ahora bien, existe una tradición islámica que se remonta al Sexto Imam de la escuela
shií, Ÿa’far asSadiq (702765), la Paz sea con él, —citada en la colección AlKafi fi'ilm
addin, de Abu Ÿa'far Muhammad Ibn Yaqub alKulaini (m. 939), compuesta de
16.099 hadices—, y que expresa que hay tres clases de fe: la del temeroso, la del
comerciante y la del amante.
La primera está supeditada al castigo, la segunda supeditada a la recompensa y la
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tercera al amor. Se considera a la primera la más débil.
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A propósito de la segunda, es famoso el silogismo del filósofo y matemático francés
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Blaise Pascal (16231662), entre creer y no creer. Según Pascal es preferible creer en
la existencia de Dios y obedecerlo, porque si uno no cree, y Dios existe, será
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finalmente castigado y perderá las recompensas; y si Dios no existe, de todos modos
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se evita la angustia de no creer y vive una vida sujeta a normas morales. Este
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Pascal de un pensamiento de alGazzalí. A su vez, el místico persa lo extrajo de una
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enseñanza del sexto imam Ÿa'far asSadiq (P) cuando éste tuvo una conversación con
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un ateo.
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Por último, la tercera fe o la del amante es la más fuerte y desinteresada, pues actúa
sin ningún condicionamiento sino por el exclusivo amor a Dios.
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Numerosos sabios musulmanes han desarrollado esta temática que se ha extendido al
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campo cristiano.
Rabi’a de Basora o Rabi’a al’Adawiyya (713?801) nació en Basora (Irak) en el seno
de una familia pobre. Fue una mujer piadosa que a pesar de su belleza inusitada se
despreocupó de la vida mundanal, dedicándose exclusivamente al ascetismo y
gnosticismo del Islam. Poetisa, una de sus súplicas expresa su profundo pensamiento
relacionado con la fe del amante:
«¡Oh mi Señor!, si Te adoro por miedo del Infierno,
quémame en el Infierno,
y si te adoro por la esperanza del Paraíso,
exclúyeme de él,
pero si te adoro por Ti mismo
no me apartes de Tu belleza eterna»
21
(Margaret Smith: Rabi’a the mystic and her FellowSaints in Islam,
Cambridge, 1928, pág. 30).
La islamóloga Luce LópezBaralt de la Universidad de Puerto Rico dedica un capítulo
entero de su obra erudita Huellas del Islam en la literatura española. De Juan Ruiz
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a Juan Goytisolo (Hiperión, Madrid, 1985, Cap. V, págs. 99117), para demostrar
con múltiples análisis que la oración de Rabi’a es la fuente directa o indirecta del
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famoso soneto anónimo de fines del siglo XVI, o principios del XVII, atribuido
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indistintamente a San Ignacio de Loyola (14911556), a San Francisco Javier (1506
1552), a Santa Teresa de Avila (15151582), a Fray Luis de León (15271591), a San
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Juan de la Cruz (15421591) o a Lope de Vega y Carpio (15621635), y que comienza
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con el verso: «No me mueve, mi Dios, para quererte...».
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El islamólogo español Miguel Asín Palacios (18711944) confirma su origen islámico
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en El Islam cristianizado. Estudio del «sufismo» a través de las obras de Ibn
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‘Arabi de Murcia, Hiperión, Madrid, 1981.
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Otra conocida súplica de Rabi'a expresa lo siguiente:
«¡Oh, Dios! Sea cual fuere la parte de este mundo que me hayas asignado,
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concédesela a tus enemigos; y sea cual fuere la parte
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del otro mundo que me hayas asignado, concédesela a tus amigos.
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Tú ya eres bastante para mí».
Igualmente, Ibn Arabi escribe:
«Tu deleitable paraíso o Tu suplicio infernal es para mí cosa igual,
pues mi amor no cambia ni aumenta»
Ibn Hazm dice también: «Antes, por vuestro amor, ardía en mis entrañas un infierno;
pero ahora empieza a parecerme un fuego de Abraham».
Rabi'a plantea este razonamiento: «¿Ofendes a Dios y aparentas amarle? ¡Esta es, por
vida mía, una singular manera de argumentar! Si tu amor fuese sincero no le ofenderías,
pues el amante siempre a su amado se somete».
Amor sagrado y profano
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En el Islam las relaciones entre un hombre y una mujer son inseparables del amor a
Dios, y están prescritas y son gobernadas por la Ley Divina. Los musulmanes, a
diferencia de los puritanos modernos, no moralizan sobre «las partes y funciones
naturales del cuerpo humano». La castidad es ante todo una disciplina de salvación,
un Ÿihad, que corresponde a un modo de percepción que tiene poco o nada que ver
con visiones negativas de la naturaleza o del cuerpo humano. En todo caso, con
relación a la historia medieval española, sería interesante investigar hasta qué punto
el Islam influenció y ayudó a desarrollar las tendencias eróticas dentro del judaísmo y
del cristianismo. Los musulmanes andalusíes tienen tratados en que el «placer sexual»
era visualizado como un deber religioso que hacía feliz a la Identidad Suprema que
velaba por esta unión conyugal.
Uno de estos libros que tratan de la «ciencia o sabiduría del matrimonio» ('ilm al
nikah) ha sido traducido y comentado por Luce LópezBaralt con el título de Un
Kama Sutra español. El primer tratado erótico de nuestra lengua, Libertarias,
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Madrid, 1995.
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Hay suficientes evidencias para creer que, aunque la poesía
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de muchos poetas hispanomusulmanes no era considerada «sagrada», todavía retenía
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su valor ritual de conmover y transmitir un mensaje iniciático a su lector. La
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comprensión de una metafóra o de un símbolo involucrado mucho más que la mera
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habilidad de poder leer y escribir. El texto, en un sentido, debía convertirse en el
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lector. Ben Ammar de Silves (m. 1068), visir de Muhammad Ibn Abbad alMutamid de
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Sevilla (10391095), dice sobre la lectura:
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«Mi pupila rescata lo que está en la página:
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lo blanco a lo blanco y lo negro a lo negro».
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Así, el motivo poético de una paloma portadora de un collar alude a una doctrina
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mística islámica: si bien es cierto que la paloma del alma tiene y es controlada por un
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«Amo Divino» que dispone de ella (Predestinación), ella será juzgada según sus
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propios actos (Libre Albedrío). El alma es libre de tejer su propio collar, su propio
destino, pero ella no puede alterar la naturaleza misma del Ser que la engendró; si el
destino de una gota es retornar al océano, el alma puede renunciar a ser gota para
convertirse en océano, pero no puede disponer del océano. Dice Ibn Hazm: «las cosas
todas son dádivas suyas (de Dios), ya que nosotros ni siquiera de nosotros mismos
disponemos: somos suyos y a El nos encaminamos, pues toda cosa prestada ha de volver
a quien la prestó».
Dentro del mismo clima espiritual, Ibn Arabi, siguiéndole los pasos a Ibn Hazm, en su
poema místico Tarÿumán alAshwaq ("El Intérprete de los deseos ardientes"; cfr. The
Tarjumân alashwaq, a collection of mystical odes by Muhyi'ddîn ibn al'Arabî,
editado y traducido por Reynold A. Nicholson, Oriental Translation Fund, New Series,
Londres, 1911; véase también Kitab Dhakhâ'ir ala'lâq, Sharh tarjumân alashwâq,
Beirut, 1312 H.), revela el significado oculto del collar de la paloma. La paloma, dice,
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es «el espíritu universal, nacido de Dios y soplado en el hombre. Ella es descrita como
portadora de un collar con referencia al convenio que El (Dios) depositó sobre ella».
Dentro de un contexto islámico, el Ascenso Celestial (Mi'raÿ) del Profeta Muhammad
(BPD), conocido como su Viaje Nocturno (alIsra'), había establecido su importancia
Transhistórica y Ejemplar de toda alma a su Verdad interior. Así, para que el alma
fuera «colmada de todo bien» tenía que aprender el «lenguaje de los pájaros», o el
lenguaje de los ángeles (Sagrado Corán, Sura 27, Aleya 16), que había sido la lengua
del hombre primordial , el Profeta Adán (P) y que David le había enseñando a
Salomón, la Paz sea con ellos.
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(BPD) supo desarrollar una metafísica de la pena fue, probablemente, como diría Ibn
SE
Hazm, porque es sólo mediante la práctica del Islam (o de la Sumisión) que el género
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humano puede encontrar el Camino de la Unión y gozar de una vida renovada:
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«Uno de los aspectos del amor es la unión amorosa, que constituye una sublime fortuna,
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un grado excelso, un alto escalafón, un feliz augurio; más aun: la vida renovada (alhaiá
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Dios. Si no fuese porque este mundo es una mansión pasajera, llena de congojas y
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malaventura, todavía diríamos que la unión con el amado es la serenidad imperturbable,
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el gozo sin tacha que lo empañe ni tristeza que lo enturbie, la perfección de los deseos y el
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colmo de las esperanzas» (Ibn Hazm: El collar de la paloma, O. cit., pág. 181).
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La mujer puede ser fuente de concuspicencia o teatro donde el amante contempla los
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rostros de la Divinidad; el melancólico casto trata de ver más allá de las apariencias y
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de las envolturas existenciales.
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Mientras todo melancólico amoroso es hechizado por la Imagen Bella (Avicena) de
una mujer, sólo aquél que tiene conocimiento de causa «se une con ella, y nace el
verdadero amor; pero si no distingue tras esa imagen nada afín a sí, su afección no pasa
de la forma y se queda en el apetito carnal» (El collar, pág. 105). Cuando el alma se
alimenta de la Imagen Ejemplar de la Belleza, el cuerpo debe ayunar porque, como
recordaba Ibn Hazm, «El que, estaba ayunando, mira a una mujer hasta el punto de
percibir los contornos de su anatomía, rompe el ayuno» (El collar, pág. 271).
Ayuno es abstinencia: castidad de ojos, circuncisión del corazón. «Mi amor» —dice Ibn
Hazm— «es como un huésped que hizo alto en mi espíritu: mi carne es su alimento, mi
sangre su bebida» (El collar, pág. 226).
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El amante pasional que enferma de melancolía. Como un sediento en un desierto,
suele ser esclavo del espejismo de la forma y suele terminar confundiendo las
apariencias con la realidad. El sediento ve el brillo, pero no todo lo que brilla en el
desierto del corazón es el agua que da la vida. Así, para Ibn Arabi, la sed eternamente
insatisfecha del melancólico inspirado es, en el fondo, una parábola del deseo
ardiente del Dios Incognoscible dentro del hombre:
«Esa imagen, el sediento cree que es agua. Ese juicio se debe a la sed que experimenta: si
no tuviese sed no la tomaría por agua, pues el agua es objeto de su necesidad, hacia la
cual se siente impelido, por ser lo que encierra el misterio de la vida. Mas cuando el
sediento llega donde estaba la imagen, se encuentra que era nada, y al encontrar que era
nada, encuentra en sí mismo a Dios, en lugar de agua. De modo que el sediento tendía,
movido por los sentidos, al agua, mientras que Dios le hacía dirigirse, mediante el agua,
hacia El, sin darse cuenta. Por tanto, astutamente Dios engaña a su siervo... privándole
de los auxilios terrenos, para que sólo en El ponga su confianza... y encuentre en sí
F
SE
mismo a Dios, al sentirse privado del agua que se imaginó ver en espejismo puesto que
que, al faltarle la ayuda de las criaturas, al cerrársele las puertas de sus deseos, se vuelve
IC
hacia Dios... Así obra Dios con sus amigos: los retorna hacia el, de grado y por fuerza»
D
CI
(Ibn Arabi: Fusus alHikam, The Wisdom of the Prophets, trad. Titus Burckhardt,
Beshara Publications, 1975).
EL
D
A pesar de los espejismos, sugiere Ibn Arabi, nadie ama más que a su Creador, porque,
L
A
como decía Ibn Hazm, no hay sitio en el corazón para dos amados, y en asuntos de
IT
amor el que tiene dos religiones es infiel:
IG
«Miente de juro quien pretende amar a dos, como mintió Manes en sus principios.
D
No hay sitio en el corazón para dos amados,
CA
ni lo que sigue a lo primero es siempre lo segundo.
TE
Igual que la razón es una, y no conoce otro Creador que el Unico, el Clemente,
IO
uno es también el corazón y no ama más que a uno, esté lejos o esté cerca.
BL
Quien no es así, es suspecto en ley de amor y está distante de la verdadera fe.
La religión no es más que una, la recta y el que tiene dos religiones es infiel»
BI
(El collar, pág. 130).
El islamólogo francés especializado en sufismo y shiísmo Henry Corbin (19031978),
dice sobre el particular: «Ibn Arabi se vio obligado a escribir él mismo una largo
comentario a su Diwan para mostrar que la imaginería amorosa de sus poemas, así
22
como la figura femenina central, son en realidad alusiones, según sus palabras, "a los
misterios espirituales, a las iluminaciones divinas, a las intuiciones transcendentes de la
teosofía mística, a los despertares provocados en los corazones por las admoniciones
religiosas". Para comprenderle y no poner en duda su buena fe con una hipercrítica vana,
hay que retomar aquí lo que podemos llamar el modo de apercepción teofánica, tan
característico de la conciencia de los "Fieles de amor" que, sin esta clave, sería inútil
tratar de penetrar el secreto de su visión. No podemos más que extraviarnos si
preguntamos, como se ha hecho a propósito de la figura de Beatriz en la obra de Dante,
si era una figura concreta, real, o se trataba de una alegoría... Cuando Ibn Arabi explica
una referencia a la joven Nezâm, según sus propios términos, como alusión a "una
Sabiduría (Sophia) sublime y divina, esencial y sacrosanta, que se manifestó visiblemente
al autor de los poemas, con tal dulzura que engendró en él júbilo y alegría, emoción y
arrobamiento"» (Henry Corbin: La imaginación creadora en el sufismo de Ibn
Arabi, Ediciones Destino, Barcelona, 1993, pág. 166).
F
SE
La islamóloga francesa Claude Addas en su biografía del sabio andalusí, coincide
plenamente: «"Consuelo", "Fuente de sol", éstos son algunos de los nombres que el Sheij
IC
alAkbar da a la que fue para él lo que Beatriz para Dante» (Claude Addas: Ibn Arabí o
D
CI
la búsqueda del azufre rojo, Editora Regional de Murcia, Murcia, 1996, pág. 215).
EL
Sin embargo, existen antecedentes similares en el alAndalus del siglo X. Por ejemplo,
D
el poeta Ibn Darrach alQastallí hablando de lo que su Dama le revela, dice:
L
A
«Ella es como una orquídea de donde yo sólo tomo la
IT
Belleza y el Perfume, porque yo no soy como las bestias
IG
del campo, para quienes un jardin es sólo un lugar de comida»
D
CA
(Citado por Robert S. Briffault: The Troubadours, Bloomington, Indiana University Press,
TE
1965, pág. 28).
IO
BL
El poeta español Ruiz, Juan (c. 1283c. 1350), también llamado Arcipreste de Hita,
que escribió en la cárcel su «Libro del Buen Amor» (cfr. Luce LópezBaralt: Huellas
BI
del Islam en la literatura española. De Juan Ruiz a Juan Goytisolo, O.cit., págs.
4358) y el humanista italiano Giovanni Pico de la Mirándola (14631494) con su
«Comentario a un poema de amor platónico» son algunos de los cultores cristianos de
la obra iniciada por Ibn Hazm e Ibn Arabi.
Pero será Dante Alighieri (12651321) el máximo cultor de este dulce estilo nuevo
(dolce stil nuovo). Veamos la simbología de la Bella Dama transformada en la
Filosofía: «Como suele acontecer al hombre que va buscando plata que, sin pretenderlo,
topa algunas veces con oro..., así yo, que buscaba mi consolación, encontré, además de
remedio a mis lágrimas, palabras de hombres, de ciencias y de libros, con cuya
consideración juzgaba en verdad que la filosofía, que era la dama de estos autores, de
estas ciencias y de estos libros, era una cosa muy grande. Y me la imaginaba como una
bella dama, y no podía imaginármela más que haciendo misericordia, por lo cual tan
22
espontáneamente la contemplaba mi sentido de la verdad, que a duras penas podía
apartarlo de ella. Y con esta imaginación comencé a andar hacia allá donde ella aparecía
en toda su verdad, es decir, en las escuelas de los religiosos y en las disputas de los
consagrados a la filosofía; de tal manera, que en el breve espacio de unos treinta meses
comencé a experimentar su dulzura tan intensamente que su amor ahuyentaba y
destruía en mí cualquier otro pensamiento» (El Convivio: II, XII).
Algunas versiones sobre la muerte de Ibn Arabi y su tumba
En Damasco se transmite desde hace varias generaciones y hasta nuestros días una
leyenda que todo damasceno se cree en la obligación de contar cuando se menciona el
nombre de Ibn Arabi. Sidi Muhiiddín, se cuenta, fue asesinado por un grupo de
hombres pseudorreligiosos, a quienes habría declarado imprudentemente en el
transcurso de una reunión: «El Señor que adoráis está bajo mis pies».
F
Los criminales, se dice, fueron severamente castigados y se decidió enterrar al Sheij
SE
alAkbar en el lugar mismo en que había acaecido tan trágico suceso. Mas, cuando
IC
cavaron su tumba, se descubrió, en el lugar donde él había estado durante la reunión
D
CI
(es decir "bajo mis pies") un cofre lleno de oro. El Sheij había querido decir, pues, que
esos santurrones hipócritas y corrompidos no adoraban en realidad más que los bienes
EL
de este mundo.
D
L
A
Tiempo después, se perdió la ubicación de su tumba. Sin embargo, el Sheij alAkbar
IT
había pronunciado una vez ciertas palabras misteriosas que serían interpretadas en el
IG
siglo XVI cuando la ciudad de Damasco fue conquistada por el sultán otomano Selim I
D
(g. 15121520) en 1517:
CA
Idha dajala sin fi shin
TE
zahara qabru Muhiiddín
«cuando penetre la sin (Selim) en la shin
IO
(Sham, nombre antiguo de Siria y de Damasco)
BL
se manifestará la tumba de Muhiiddín»
BI
El sultán Selim, impresionado por semejante tradición, hizo cavar en varios puntos de
la ciudad hasta que se descubrió la tumba del sabio andalusí. Sobre ella se erigió un
hermoso santuario y madrasa.
22
AVERROES Y EL AVERROÍSMO
«No existe peor mal en el gobierno social que aquella política que hace de una sola
sociedad varias, al igual que no hay mayor bien en las comunidades que aquello
que las reúne y unifica (...) Por esto se dice que la unión de los hombres tiene sus
ventajas y que nada hay que produzca mayores males y confusión en la sociedad
que cuando un individuo dice algo concreto: esto es mío y eso no lo es» (Averroes:
Exposición de la «República» de Platón).
F
Abuelo"), fue un importante jurista maliki. Nació el año 450/10589; entre 511
SE
515/11171121 fue qadi alÿama' de Córdoba, cargo que luego ocuparían también su
IC
hijo, su nieto y uno de sus biznietos. Dicho puesto de juez mayor revestía una cierta
D
CI
notoriedad debido a su triple carácter: visirial, religioso y jurídico; tenía, pues, rango
honorífico de ministro y miembro del consejo real y podía dirigir la plegaria solemne
EL
de los viernes.
D
L
A
Hacia 1120 fue destituido del cargo, pero esta deposición fue muy breve, ya que
IT
pronto recuperó su influencia e intervino en favor de Ibn Baÿÿa o Avempace (1070?
IG
1139), cuando éste fue encarcelado en Sevilla. El 20 de safar de 520/17 de marzo de
D
1126, se trasladó a Marrakesh para advertir al sultán almorávide Alí Ibn Yusuf Ibn
CA
Tashufín de la peligrosa situación creada por la famosa aceifa de Alfonso VII, que
TE
llegó hasta Almería, y de la ayuda que le habían prestado los mozárabes andalusíes.
Murió el 21 de dhulqa'da del 520/8 de diciembre de 1126, miércoles , al parecer
IO
cuando ya había nacido su nieto.
BL
BI
Su hijo, padre de Averroes, AbulQasim Ahmad Ibn Rushd, nació el año 487/1094 y
murió el 564/1168. También fue qadi alÿama' de Córdoba.
AbulWalid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Rushd alHafid ("el Nieto") nació el año
520/1126. Recibió la tradicional formación alcoránica, la jurídica y la médica. Entre
sus maestros se citan a los alfaquíes Abu Muhammad Ibn Razak y Abu Marwán Ibn
Murra, y los médicos Abu Ÿa'far Ibn Harún de Trujillo y Abu Marwán alBalansí ("el
Valenciano"). En cuanto a la filosofía, el único maestro posible fue su amigo y
protector Ibn Tufail (11101185). La iÿaza (licentia docendi) debió recibirla hacia
1141, casándose entre 1146 y 1153.
El año 558/1163 subió al trono Abu Ya'qub Yusuf Ibn Abd alMu'min, hombre culto y
que, según alMarrakushí se rodeó de una corte de letrados, científicos y pensadores,
entre ellos Ibn Tufail, cuya influencia fue muy importante y duró hasta su muerte. A
22
finales de 1168 o principios de 1169, Ibn Tufail presentó a Ibn Rushd ante el sultán
almohade. El historiador Abd alWahid alMarrakushí (11851224) en su crónica al
Muÿib fi taljís ajbar alMagrib (ed. Dozy y otros, Leyden, 1968, págs. 174175), escribe
lo siguiente:
Abu Bakr Ibn Tufail no cesó de congraciarse con los sabios y de atraer sobre
ellos la atención, los favores y los elogios del soberano almohade. Fue él quien
recomendó a AbulWalid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Muhammad Ibn Rushd,
que desde este momento fue ya conocido y apreciado. Su discípulo Abu Bakr
Bundud Ibn Yahya alQurtubí me ha dicho haber oído muchas veces al sabio
AbulWalid Ibn Rushd contar lo siguiente: Cuando fui introducido delante del
Príncipe de los Creyentes Abu Ya'qub, lo encontré acompañado tan sólo de Abu Bakr Ibn
Tufail. Abu Bakr se dedicó a hacerme el elogio, hablando de mi familia y de mis
antepasados y añadiendo benévolamente elogios de mí, que yo no merecía desde luego. El
Príncipe de los creyentes, después de haberme preguntado mi nombre, el nombre de mi
F
padre y el de mi linaje, trabó conmigo coversación haciéndome la siguiente pregunta:
SE
IC
—¿Qué opinan del cielo? (los filósofos, quería decir); ¿lo creen eterno o engendrado?
D
CI
Lleno de confusión y de temor traté de soslayar la respuesta, y negué el que me dedicara
EL
a la filosofía, ya que ignoraba lo que Ibn Tufail había tratado con él. El Príncipe de los
D
Aristóteles, Platón y todos los filósofos, y citó también los argumentos opuestos por los
IG
musulmanes contra ellos. Así pude comprobar en él una erudición que jamás hubiera
D
sospechado ni aun en ninguno de los que ordinariamente se ocupan de estas materias. E
CA
hizo tanto y tan bien para tranquilizarme, que acabé por hablar; y así pude saber lo que
TE
yo tenía que decir. Cuando me retiré, hizo enviarme un regalo en dinero, un magnífico
IO
vestido de honor y una cabalgadura (...) Este mismo discípulo me refirió de Rushd
BL
las palabras siguientes: Abu Bakr Ibn Tufail me mandó llamar un día y me dijo:
BI
—He oído al Príncipe de los creyentes quejarse hoy de la oscuridad del estilo de
Aristóteles, o del de sus traductores, y de la dificultad para comprender sus doctrinas. Si
estos libros —decía el califa— encontrasen alguien que los comentase y expusiese su
sentido tras haberlo compredido perfectamente, entonces se podría uno consagrar a su
estudio. Si tienes fuerza para un trabajo de este tipo —me dijo entonces Ibn Tufail—,
debes emprenderlo, y sé que podrás rematarlo, ya que conozco tu inteligencia, tu lucidez
mental y tu gran afición para el estudio. Lo que impide encargarme de esta empresa yo
mismo, es la mucha edad que ya ves que tengo y, además, las ocupaciones propias de mi
cargo de visir y médico de la cámara del sultán y mis cuidados, eso sin contar con otras
ocupaciones más graves.
Ved, pues, —añadió Ibn Rushd—, lo que me llevó a escribir mis comentarios a los
diversos libros del filósofo Aristóteles.
22
Las consecuencias de la presentación fueron decisivas: el aprecio por parte del califa,
su nombramiento como qadi alÿama' de Sevilla (565/1169), como médico principal
de cámara y qadi alÿama' de Córdoba (5781182), como había sido su abuelo y su
padre, y finalmente la confirmación de estos cargos por su sucesor Abu Yusuf Ya'qub
alMansur (5801184). Siendo cadí de Sevilla escribió, o al menos terminó, los
Ÿawami' o exposiciones compendiadas de la fálsafa sobre los De generatione
animalium y De partibus animalium de Aristóteles; pero durante su período sevillano,
del que dejó grato recuerdo en aquella, hizo frecuentes viajes a Córdoba, donde al
parecer tenía su biblioteca de trabajo, y a Marrakesh. En esta última ciudad redactó
una parte del tratado De substantia orbis (574/1178); y antes de esa fecha había
escrito todos los Taljisat, excepto dos: sobre la República de Platón y De las fiebres de
Galeno. A partir del 580/1184 sus contactos con al corte son muy frecuentes, tanto en
Marrakesh como en Córdoba, ya que Abu Yusuf Ya'qub alMansur pasó a la Península
para frenar las constantes aceifas de los castellanos. En estas ocasiones Ibn Rusd
reside en palacio, conversa a menudo con el califa de temas científicos, y, según los
F
SE
biógrafos la intimidad entre ambos era tal que el pensador cordobés llamaba a su
soberano áji ("hermano mío").
IC
D
CI
El domingo 18 de junio de 1195/8 de raÿab de 591, Abu Yusuf Ya'qub alMansur
derrotó completamente a Alfonso VIII de Castilla en la batalla de la fortaleza de
EL
Alarcos (cerca de la actual Ciudad Real, en la comunidad autónoma de CastillaLa
D
Mancha). Poco después, a fines del referido año, se abre un proceso a Ibn Rushd que
L
A
terminaría con la condena de sus escritos y el destierro a Lucena (cerca de Córdoba),
IT
ciudad famosa por albergar la más importante de las comunidades judías, que duraría
IG
algo más de dos años, pues a comienzos del 594/1198 le es levantado, regresando a
D
Marrakesh. Ibn Rushd murió en esta ciudad del sur marroquí el 9 de safar del año
CA
595/jueves 10 de diciembre de 1198, a la edad de 72 años solares.
TE
El cadáver de Ibn Rushd fue depositado durante tres meses en el cementerio de la
IO
puerta de Tangazut, para ser más tarde trasladado, donde fue enterrado junto a las
BL
tumbas familiares en el cementerio de Ibn Abbás. El gran sabio y místico murciano Ibn
BI
Arabi (11651240), testigo personal de su entierro, escribió:
«Y ya no volví a encontrarme con él hasta que murió Ibn Rushd.. Sucedió esto en el año
595, en la ciudad de Marrakesh, y fue trasladado a córdoba donde está su sepultura.
Cuando fue colocado sobre una acemila el ataúd que encerraba su cuerpo, pusiéronse sus
obras en el costado para que le sirvieran de contrapeso. Estaba yo allí parado y dije para
mis adentros: A un lado va el maestro y a otro van sus libros. Mas dime: sus anhelos,
¿viéronse cumplidos?» (Futuhat alMakiyya)
Tuvo Ibn Rushd varios hijos, cuando menos cuatro, pues los biógrafos citan los
nombres de dos y agregan que otros fueron cadíes en distintos lugares de alÁndalus.
El más famoso fue Abu Muhammad Abdallah Ibn AbulWalid Ibn Rushd, jurista y
médico, siéndolo de cámara del sucesor de Abu Yusuf Ya'qub alMansur (g. 1184
1199), llamado Abu Abdallah Muhammad alNasir (g. 11991214). El otro hijo del
22
que nos ha sido conservado el nombre es AbulQasim Muhammad Ibn AbulWalid
Ibn Rushd; fue cadí y murió en 622/1225. Los biógrafos citan el nombre de un nieto
del gran pensador cordobés, llamado Yahya Ibn Muhammad Ibn Rushd, que también
fue jurista.
La fama de Ibn Rushd sólo alcanzó al occidente islámico o latino. Ibn Arabi nos ha
conservado el testimonio del interés de Ibn Rushd por la observación directa. De creer
al famoso místico, el pensador cordobés habría conseguido que el padre de Ibn Arabi
mandase a éste a casa del filósofo para conocerle:
«Cierto día en Córdoba entré en casa de AbulWalid Ibn Rushd, qadi de la ciudad,
que había mostrado deseos de conocerme personalmente, porque le había maravillado
mucho lo que había oído decir de mí, por eso mi padre, que era uno de sus íntimos
amigos, me envió a su casa para dar ocasión a que Ibn Rushd pudiese conversar
conmigo. Así que hube entrado cuando, levantóse del lugar donde estaba y,
F
dirigiéndose hacia mí con grandes muestras de cariño y consideración, me abrazó».
SE
IC
El gran bardo cordobés Muhammad Ibn Abdulmalik Ibn Quzmán (10781160), que
D
cultivó la poesía y perfeccionó el género del zéjel inventado por Avempace (1070?
CI
1139), ha dedicado a Ibn Rushd el zéjel 106 de su Cancionero (cfr. Emilio García
EL
Gómez: Todo Ben Quzmán, 3 vols., Madrid, 1972):
D
L
aspiraciones muy altas y de intenciones puras; todo el que no sabe acude a él. Las buenas
IG
cualidades de su familia arraigaron en él, que parecerse a los suyos no es afrenta; bien
D
inmediata es la herencia de las virtudes de su antepasado. No basta que fuese ilustre su
CA
abuelo, el gran cadí, ¿no ves cómo se continúa la alcurnia? También el nombre es
TE
Muhammad, y la pérdida del abuelo se ha compensado con el nieto».
IO
En 586/1190 las obras de Ibn Rushd habían llegado a Egipto, pues Maimónides
BL
(11351204) dice haberlas visto allí, aunque no infuyeron en el pensamiento del gran
BI
rabí judío, fuertemente neoplatónico e inclinado por las posiciones ideológicas de al
Farabí y de Ibn Baÿÿa. De todos modos Ibn Rushd no tuvo eco en el Islam sunní.
Muchos de los manuscritos orientales del pensador cordobés que han llegado hasta
nuestros días son persas e indios, ya que el Islam shií fue mucho más receptivo para el
pensamiento. La fama de Ibn Rushd —ya convertido en Averroes— en el pensamiento
medieval y renacentista, fue extraordinaria. La llegada de sus escritos a París a
principios del siglo XIII cambiaron el rumbo de toda la Escolástica, se trate de santo
Tomás de Aquino o de los averroístas latinos. El averroísmo político es uno de los
hechos capitales para la estructuración del espíritu laico que culminará con el
Renacimiento. No debe extrañar el elogio del Dante (12651321) y su conocimiento
del pensamiento averroísta:
Averroís, che 'l gran commento feo
«Averroes, el que hizo el gran comentario»
(Infierno IV, 121144).
22
Un andalusí de pura cepa
El texto del edicto del califa Yusuf Ya'qub alMansur condenandi la filosofía y la
ciencia, y concretamente a Ibn Rushd, fue redactado por Abu Abdallah Ibn Ayyas y,
como en otros casos, se trata de un farragoso y barroco texto lleno de los habituales
cargos de impiedad religiosa. Sólo un alfaquí, el cadí Abu Abdallah alUsulí, se atrevió
a defender con valor a Ibn Rushd, por lo cual acabó siendo incluido en la condena y
anatemizado con aquel en la mezquita aljama. Ya en el destierro, los alfaquíes y
ulemas se encarnizaron con el gran pensador musulmán cordobés, y los poetas le
dirigieron los dardos de sus sátiras.
En realidad la persecución a Averroes tuvo un origen político. El islamólogo holandés
Reinhart Pieter Anne Dozy (18201883), autor del pormenorizado trabajo Historia de
los musulmanes en España (Ediciones Turner, Madrid, 1984, 4 vols.), con su
habitual agudeza, demuestra el origen andalusí de los Banu Rushd. El simple análisis
F
de los textos de Ibn Rushd demuestran su origen andalusí. Así, según AbulFadl at
SE
Tifasí, Ibn Rushd e Ibn Zuhr disputaron ante Yusuf Yaqub alMansur sobre las
IC
excelencias de sus respectivas ciudades natales. La discusión la finaliza así nuetsro
D
CI
filósofo:
EL
«Muere un sabio en Sevilla, y, si su familia ha de vender sus libros, tiene que llevarlos a
D
Córdoba, donde hallará venta segura; por el contrario, cuando muere un músico en
L
A
Córdoba hay que ir a Sevilla para enajenar sus instrumentos» (AlMaqqarí).
IT
IG
Es el mejor modo que el pensador tenía para alabar su patria chica sin ofender a los
D
sevillanos, pues Ibn Rushd gustaba mucho de la música, al decir de sus biógrafos.
CA
Agréguense los piropos que dedica al cabello de los andalusíes, ni tan hirsuto y rubio
TE
como los nórdicos, ni tan rizado y oscuro como el de los africanos. Hasta la lana de las
ovejas de alÁndalus es más fina que la de otras regiones. Y todo ello en razón de las
IO
excelencias de la situación geográfica de alÁndalus. Así, frente a las opiniones de sus
BL
maestros griegos y a los elogios de los literatos árabes, ni hay tierras mejores que las
BI
de alÁndalus, ni hombres más inteligentes que los andalusíes (Taljís sobre "De los
temperamentos de Galeno", Ms. B. Escorial, 884, ff. 50). Mientras los historiadores y
los literatos árabes alaban hasta el empalago las virtudes raciales y la belleza de los
árabes puros, Ibn Rushd los ve muy por debajo de los andalusíes capaces de asimilar e
integrar a árabes y bereberes, de darles sus buenas cualidades y prestancia y hasta de
capacitarles para el quehacer intelectual. El desarrollo de las ciencias entre los árabes
y bereberes no procedía del hecho de social de haber pasado de guerreros y beduinos
a hombres urbanizados y sedentarios, sino a su asimilación natural a los andalusíes.
Ibn Rushd se precia de la vida urbana de Córdoba; la vida pública como cadí de
Sevilla, que no rechaza, le preocupa en cuanto que puede ocasionar deficiencias en
sus obras, debido a la falta de libros y de tiempo, y escasez y poca habilidad de los
copistas. Que procuró servir se sabe por sus expresiones y más aun por el esfuerzo de
los sevillanos para conseguir la vindicación y el perdón de Ibn Rushd.
22
Cocinando con Averroes
Una lectura un poco cuidadosa de los textos médicos de Ibn Rushd muestra enseguida
el peso del andalucismo del filósofo cordobés. Así, al tratar del aceite de oliva, escribe:
«Cuando procede de aceitunas maduras y sanas, y sus propiedades no han sido alteradas
artificialmente, puede ser asimilado perfectamente por la constitución humana (...) Los
alimentos condimentados con aceite son nutritivos, con tal que el aceite sea fresco y poco
ácido (...) Por lo general es adecuada para el hombre toda la sustancia del aceite, por lo
cual en nuestra tierra sólo se condimenta la carne con él, ya que éste es el mejor modo de
atemperarla, al que llamamos, rehogo. He aquí como se hace: se toma el aceite y se vierte
en cazuela, colocándose enseguida la carne y añadiéndole agua caliente poco a poco, pero
sin que llegue a hervir» (Kulliyat).
También señala las propiedades alimenticias del arroz con leche; y su predilección por
F
las berenjenas:
SE
IC
«Con las berenjenas se hacen en nuestro país muchos platos delicados. Después que
D
CI
sueltan la primera agua de cocción y se cuecen con su abundante carne, son muy
deliciosas» (Kulliyat).
EL
D
Habla de las propiedades de las calabazas andalusíes, que exigen una cochura
L
A
prolongada; de cómo en el campo se comen los cañamones. Alaba la propiedades de
IT
las espinacas, y prefiere los higos y las uvas a los restantes frutos, aunque también
IG
resalte las prpiedades de las granadas. Pero sus elogios culminan al referirse a los
D
huevos que lo curan todo, desde los dolores oculares a las almorranas, descubriendo
CA
el popular plato de los huevos fritos:
TE
«Cuando se fríen en aceite de oliva son muy buenos, ya que las cosas que se condimentan
IO
con aceite son muy nutritivas; pero el aceite debe ser nuevo, con poca acidez y de
BL
aceitunas. Por lo general, es un alimento muy adecuado para el hombre» (Kulliyat).
BI
Véase Inés Eléxpuru: La cocina de alÁndalus, Alianza, Madrid 1994.
23
El máximo pensador del Islam occidental
Auténtico creyente islámico, padeció las sospechas de los alfaquíes y ulemas de su
tierra, que lograron que, casi al final de su vida, fuese desterrado a Lucena; luego en
París sería condenado como ateo y blasfemo. Pero la intrasigencia religiososocial de
F
los alfaquíes y ulemas malikíes no era otra cosa que la esencia misma de la sociedad
SE
norafricana almorávide, almohade o mariní, reaccionaria y quietista. Las exigencias
IC
intrínsecas de la línea dialéctica revolucionaria de Ibn Rushd postulaba un tipo de
D
CI
estructura social muy diferente, más próxima a una república islámica del siglo XX
que a la de un reino bereber del siglo XII. La mejor prueba de la ineficacia de la
EL
administración almohade es la estadística a detallar: en 609/1212, a los catorce años
D
de la muerte de Ibn Rushd, el Islam andalusí fue aplastado por los Reinos Cristianos
L
A
en la batalla de las Navas de Tolosa; treinta y ocho años después (634/1236) los
IT
castellanos ocupan Córdoba; en 646/ 1248 entran en Sevilla; a partir de la segunda
IG
mitad del siglo XIII la Iberia musulmana queda reducida al reino nasrí de Granada,
D
cuya larga pervivencia (12321492) debe más a las desavenencias y luchas intestinas
CA
de los cristianos castellanos y aragoneses, que al espíritu de resistencia del reducido
TE
XIII al XV, con el orto del espíritu laico, el desarrollo de las Universidades (París,
BL
Oxford, Padua, Bolonia) y el nacimiento de la protoburguesía. Guste o no, la línea
BI
dialéctica de los falásifa islámicos había evolucionado mucho más rápido que las
sociedades musulmanas de Oriente y Occidente, enquistadas en esquemas
monárquicos retrógrados, y pasaría a la escolástica latina de dicho período renovando
el pensamiento europeo, e incluso forjaría las raíces del movimiento renacentista. Este
fenómeno es un caso único en la historia, de que un movimiento intelectual tenga
éxito en renovar y catapultar considerablemente una sociedad extranjera en lugar de
la propia.
Frente a las actitudes de Ibn Baÿÿa e Ibn Tufail que creían más fácil alcanzar la verdad
y la felicidad por medio de la vida solitaria, apartados de la sociedad corrupta e
indiferente, Ibn Rushd piensa en futuro basándose en la cosmovisión aristotélica que
considera que el hombre es un animal ciudadano, por lo cual la comunidad social
multiplica las experiencias, aumenta la amplitud del saber, hace crecer la inquietud
por la ciencia y facilita los hallazgos de la mente humana. El hombre ha sido creado
23
para saber y se perfecciona por el saber. La felicidad humana, por tanto, consiste
también en la sabiduría, cuya última y definitiva significación es el salto de la materia
al espíritu, y cuya coronación es la identidad del conocimiento con la forma de la cosa
conocida. Al utilizar la República de Platón, Ibn Rushd puede acomodar mejor la
herencia neoplatónica que oponía microcosmos y cosmos, y que se adecuaba con la
tradición religiosa revelada que contrapone el alma y el mundo.
Ibn Rushd fue un implacable crítico de los gobiernos tiránicos musulmanes o no. Sus
escritos trasuntan duras críticas a los reyes omeyas, abbasíes, taifas, almorávides y
almohades, incluso a las oligarquías andalusíes. Pero llamar por esto liberal a Ibn
Rushd resultaría tan extemporáneo como creerlo ateo, al estilo de los enemigos
latinos averroísmo, o librepensador como supuso el orientalista francés Ernest Renan
(18231892). Fue algo más sencillo, pero más importante para la historia del
pensamiento: un tenaz buscador de la realidad de las cosas y de los hechos.
F
Un defensor de los derechos de la mujer (según Mahmud Alí Makki, catedrático de
SE
la Universidad de El Cairo)
IC
D
CI
Dentro de la contribución de Ibn Rushd a la ciencia jurídica musulmana, es
interesante el conjunto de opiniones respecto a la mujer. Sus puntos de vista lo
EL
muestran como un pensador progresista y defensor de los derechos de la mujer. Este
D
aspecto de pensamiento puede ilustrarse con los siguientes ejemplos contenidos en su
L
A
partida del doctor autorizado y término supremo del doctor moderado sobre la
IG
jurisprudencia", editado en El Cairo en 1353/1935):
D
CA
Ibn Rushd aprueba la opinión que exige al desposado comprometerse a cumplir las
TE
condiciones que le impone la esposa, como el que no se case con otra mujer. Cabe
puntualizar que esta opinión es contraria a lo que impone el derecho maliki.
IO
BL
También sigue el criterio de Abu Hanifa de que los parientes de la mujer adulta no
BI
tienen derecho a impedirle que se case con quien quiera.
En contra de las opiniones de Malik y alShafi'i, Ibn Rushd
Si el marido se niega a conceder el divorcio a la mujer que se queja de sus malos
tratos, ¿tiene el cadí la autoridad de divorciarlos? Malik opina que sí. Ibn Rushd
aprueba el criterio de Malik, que aplica a este caso el principio llamado de analogía
libre (alqiyas almursal). La mayoría de los alfaquíes sunníes se oponen al criterio
maliki.
23
Con respecto al velo (hiÿab), Ibn Rushd recomienda el recato, pero no tiene
inconveniente en que la mujer salga con la cara destapada.
En lo que nuestro filósofo parece más revolucionario es en el capítulo de los juicios.
Ibn Rushd cita una opinión del imam persa atTabarí. Consiste en que no ve
inconveniente en que la mujer pueda ejercer el cargo de juez. Ibn Rushd aprueba este
criterio resistido por la mayoría de los alfaquíes. Hoy día, en 1998, 800 años después
de la muerte de Averroes, hay 91 magistradas en el sistema judicial de la República
Islámica del Irán, el único gobierno que dispone de jueces mujeres en el mundo
musulmán.
Respecto de la condición de la mujer en la sociedad modelo o ciudad ideal, Averroes
dice lo siguiente:
F
necesariamente del fin último del hombre, aunque existan diferencias en más o menos
SE
(...) Si la naturaleza del varón y de la mujer es la misma, y toda constitución que es de
IC
un mismo tipo debe dirigirse a una concreta acividad social, resulta evidente que en dicha
D
CI
sociedad modelo la mujer debe realizar las mismas labores que el varón (...) Cuando
algunas mujeres han sido muy bien educadas y poseían disposiciones sobresalientes, no
EL
ha resultado imposible que lleguen a ser filósofos y gobernantes» (Averroes: Exposición
D
Hernández, Tecnos, Madrid, 1996, págs. 5759).
IT
IG
Nogales y Rafael Ramón Guerrero, historiadores e islamólogos de Madrid)
CA
TE
Bloch, lo que les impulsó a estudiar la realidad que les rodeaba con ojos científicos y
BI
naturalistas fue la invitación coránica a usar la razón, puesto que el Corán propicia
una investigación racional de la naturaleza, como ya reconoció el propio Averroes
cuando afirmó:
«Que la revelación invite a considerar por la razón (bilaql) los seres existentes y a
buscar por medio de ella su conocimiento, es cosa bien manifiesta en más de una aleya
del Libro de Dios. Así, por ejemplo, dice: "Considerad, ¡oh vosotros, los que tenéis
entendimiento" (Corán, 592). Este es un texto que prueba la necesidad de emplear el
raciocinio intelectual (alqiyas al'aqlí), o el racional y el religioso a la vez (al'aqlí wal
shar'í ma'an). Asimismo, dice en otro lugar: "Y porqué no ponen su atención en el reino
de los cielos y de la tierra y en lo que Dios creó" (Corán, 7184). Este es también un texto
que exhorta al estudio reflexivo sobre todos los seres» (Fasl alMaqal, "Doctrina decisiva
y fundamento de la concordia entre la revelación y la ciencia"; trad, castellana por M.
Alonso: La teología de Averroes, CSIC, Madrid, 1947, págs. 150151).
23
Esta invitación coránica a hacer uso del entendimiento y del razonamiento con el fin
de ampliar el conocimiento dado por la revelación, mediante la observación y la
contemplación del universo, se convirtió en uno de los fundamentos de la
investigación científica en el mundo islámico. La importancia que el Corán concede a
la razón ha sido subrayado por el profesor iraní Seyyed Hossein Nasr (cfr. S. H. Nasr:
An Introduction to Islamic Cosmological Doctrines. Conceptions of Nature and
Methods used for its study by The Ikhwan alSafa, alBiruni and Avicena, State
University of New York Press, Albany, 1993; Rafael Ramón Guerrero: De la Razón en
el Islam clásico, Anales del Seminario de Historia de la Filosofía, Universidad
Complutense de Madrid, Madrid, 19821983), quien ha mostrado que el papel
asignado al intelecto en el Islam es uno de los puntos en que se distingue del
cristianismo, pues mientras que éste es esencialmente un camino de amor, el Islam es
una cierta forma de gnosticismo, que tiene como propósito guiar al creyente hacia las
realidades espirituales.
F
De aquí que en el sistema educativo islámico las artes y las ciencias tiendan a mostrar
SE
la interdependencia de todo cuanto existe, de manera que de la contemplación del
IC
universo se reconozca la unidad que le da fundamento. Esto es lo que proporcionó
D
CI
justificación entre los musulmanes el estudio de la naturaleza y lo que dio ese carácter
científico propio del sistema educativo islámico. Pero es que, además, como el mismo
EL
Seyyed Hossein Nasr ha puesto de relieve, hay una relación entre la concepción del
D
universo presidida por la idea de la unidad del principio y el profundo significado de
L
A
raíz filosófica que tiene la Shahada o profesión de fe islámica: LA ILAHA ILLALLAH no
IT
quiere decir sino: «No hay más que una sola realidad absoluta».
IG
D
establecido por los padres de la iglesia, que predominó en el mundo cristiano hasta
TE
aceptadas por los musulmanes, despertaron en ellos un espíritu científico que les llevó
BI
Sin embargo, esto no quiere decir que ellos se hubieran puesto al margen de la
religión, como parece deducirse de las palabras de Bloch, cuando afirma:
23
Lástima que la ortodoxia islámica, que persiguió a Avicena lo mismo que a Averroes,
quemando sus libros, no creyera asimismo en tal fidelidad al Corán, por el contrario,
cada vez que era manifestada, la entendía como de labios para afuera solamente» (Ernst
Bloch: Avicena und die aristotelische Linke, Berlín, 1952, pág. 492; traducción
castellana por J. Deike Robles, publicada en Ciencia Nueva, Madrid, 1966, pág. 27
28).
Averroes era un pensador de horizontes amplios y racionales como se puede deducir
del siguiente texto:
«Puesto que estos preceptos religiosos son verdaderos e invitan a la reflexión que conduce
al conocimiento de la verdad, nosotros, la comunidad de musulmanes (ma'shar al
muslimín), sabemos sin duda que la reflexión fundada en la demostración no conduce a
contradecir lo que nos da la Ley divina, pues la verdad no es contraria a la verdad, sino
que está de acuerdo con ella y da testimonio de ella» (Fasl alMaqal).
F
SE
Averroes médico (según María Concepción Vázquez de Benito, catedrática de
IC
Lenguas y Literaturas Arabes en la Universidad de Salamanca)
D
CI
La obra médica más importante de Averroes es la enciclopedia Kitab alkulliyat fi al
EL
tibb ("Libro sobre las generalidades de la Medicina"), que se compone de siete
D
materia médica, patología y terapéutica, y fue extensamente usada como libro de
IT
texto en las universidades cristianas, como Oxford, París, Lovaina, Montpellier y Roma
IG
hasta el siglo XVII.
D
CA
Sacromonte de Granada, el de la Biblioteca Nacional de Madrid y el de la Publichnaya
BL
Biblioteca de Leningrado (hoy San Petersburgo), la edición de imprenta de Argel de
BI
1978, basada en cuatro manuscritos, es decir, además de utilizar los tres manuscritos
de la edición de Madrid, añade el manuscrito de Estambul, y una edición latina de
Venecia de 1560, además de traducciones parciales en lenguas modernas.
El Kitab alKulliyat filtibb ha sido estudiado, entre otros, por Esteban Torres
(Averroes y la ciencia médica, Madrid, 1974), el padre F. X. Rodríguez Molero
(Originalidad y estilo de la anatomía de Averroes, Revista AlÁndalus, vol. XV,
Madrid/Granada, 1950, págs. 4763), por el ya fallecido Helmut Gätje (Probleme des
Colliget Forschung, Zurich, 1980), y por el profesor Miguel Cruz Hernández en
conjunto con María Concepción Vázquez de Benito (La medicina de Averroes:
Comentario a Galeno, Colegio Universitario de Zamora, Zamora, 1987).
Del conjunto de sus textos originales redactados sobre materia médica se puede llegar
a las siguientes conclusiones:
23
1. Primeramente, que Ibn Rushd tocó todos los temas que sobre medicina redactaron
los restantes médicos árabes más afamados, Así, redactó un tratado sistemático y
escolástico que es el Kulliyat filtibb, como hicieron también otros autores, entre
otros, por ejemplo, Avicena, Razi o Alí Abbás.
2. Acaso lo más importante a destacar de los escritos médicos de Ibn Rushd sea el
hecho de que a través de ellos se puede conocer mejor los datos extraídos de la obra
galénica y aristotélica, de suerte que nos los presenta con un mayor ordenamiento y
esquematización que en las mismas fuentes originales.
3. Ibn Rushd sostiene también la teoría de que el primer paso del tratamiento es la
dietética con fundamento antropológicoreligioso en el concepto coránico de la
Sharí'a, o Recta Vía, como afirma el profesor P. Laín Entralgo (Historia de la
Medicina, Barcelona, 1978, pág. 169), es decir, la adopción de un modo de vivir
adecuado a la total perfección de la persona. La dietética es como una higiene cuyas
F
reglas se ordenan según la peculiaridad biológica del individuo, profesión, época del
SE
año, vivienda, etc., estando íntimamente unidos a ella la defecación y el baño. La
IC
dieta es, pues, la base del tratamiento, o incluso todo el tratamiento, para Averroes.
D
CI
4. Digamos por último, que el lenguaje empleado por Ibn Rushd no es difícil sino, por
EL
el contrario, directo, claro y fluido, comparable al empleado por Razi e Ibn Sina en sus
D
escritos médicos, y muy distante del de Lisanuddín Ibn alJatib, mucho más
L
A
Salamanca, 1984).
D
CA
Hay que señalar, en cambio, la mención que Ibn Rushd hace de ciertos términos
TE
empleados en su época, lo cual supone un nuevo enriquecimiento para la lexicografía.
Así, por ejemplo, en su opúsculo «Sobre la conservación de la salud» (Fi Hifz alSihha,
IO
Manuscrito de El Escorial 884), al enumerar las distintas clases de pan que resulta
BL
aconsejable ingerir para conservar el buen estado de salud, dice:
BI
«El pan fermentado, bien cocido y elaborado con trigo macerado en agua, es decir, lo que
nosotros llamamos madhún, que es término medio entre los que denominamos alahmar
waldarmak, es decir, el rojo y el de adárgama».
23
El legado de Averroes
F
a la fe. (...) Averroes no buscó liberar al espíritu humano del dominio de la fe; quiso
SE
liberar al pensamiento musulmán de un doble dominio: del juridicismo estrecho nacido
IC
de un malikismo petrificado, y de una teología falsamente especulativa cuya
D
CI
argumentación no es a sus ojos sino dialéctica o retórica, y que perjudica más que
beneficia a la fe verdadera (...) Si se considera la actitud que tomó Averroes a este
EL
respecto, se verá que se asemeja curiosamente a la de Kant» (R. Arnaldez: "Averroès" en
D
Multiple Averroès, París, 1978, pág. 14). Igualmente, señala el filósofo francés y
L
A
profesor de la Sorbona EtienneHenry Gilson (18841978): «Averroes dice que, en el
IT
Media. Desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV, (Gredos, Madrid,
D
1997, Capítulo VI: La filosofía árabe, pág. 355).
CA
TE
Averroes mantenía que las verdades metafísicas pueden expresarse por dos caminos: a
IO
través de la filosofía (según pensaba Aristóteles y los neoplatónicos de la antigüedad
tardía) y a través de la fe (como se refleja en la idea simplificada y alegórica de los
BL
libros de la revelación). Aunque en realidad Averroes no propuso la existencia de dos
BI
tipos de verdades, filosófica y religiosa, sus ideas fueron interpretadas por los
pensadores cristianos, que las clasificaron de "teoría de la doble verdad". Nada puede
probar mejor la fuerza del movimiento averroísta en el París del siglo XIII que lo
repetidos ataques de Etienne Tempier, obispo de la ciudad a orillas del Sena. En 1269
condenaba como herejías trece proposiciones enseñadas por ciertos profesores de la
Universidad. A pesar de todo, los averroístas continuaron enseñando como si nada
hubiese pasado, pues el 7 de marzo de 1277, el obispo publicó una lista de 219
proposiciones, que condenó oficialmente como herejías. Esas, según el obispo, eran
doctrinas enseñadas por Siger de Brabante, Boecio de Dacia, Roger Bacon, u otros
profesores parisienses, incluso el mismo santo Tomás de Aquino. Las 219
comprendían las condenadas en 1269 y otras, de las que brindamos el ejemplo
siguiente: «La verdadera sabiduría es la de los filósofos y no existe estado superior al del
ejercicio de la filosofía» (E. Gilson: O. cit., pág. 546). Las enseñanzas de Averroes no
sólo influenciaron a los pensadores alto y bajomedievales —incluso al judío
23
barcelonés Hasday Crescas (13401412), sino también a humanistas renacentistas
como Erasmo de Rotterdam (14661536) y a los filósofos racionalistas del siglo XVII,
como el francés René Descartes (15961650), el judío holandés Baruch Spinoza
(16321677), el inglés John Locke (16321704) y el alemán Immanuel Kant (1724
1804).
Siger de Brabante, un mártir del averroísmo
F
muchos seguidores en la Universidad de París se deduce de la presentación de su
SE
candidatura al rectorado en 1271, aunque no prosperó. Nada puede probar mejor la
IC
fuerza del movimiento averroísta en París que los repetidos ataques de Etienne
D
CI
Tempier, obispo de la ciudad a orillas del Sena. En octubre de 1277 Siger fue
condenado por la Inquisición. Sus últimos días transcurrieron en Italia como preso de
EL
la curia romana. Entre 1281 y 1284 fue apuñalado en Orvieto (Umbría) por su
D
amanuense, calificado como un monje «medio loco» por la versión eclesiástica. Hay
L
A
razones para creer las opiniones de diversos historiadores que señalan la complicidad
IT
de la curia en la muerte de Siger.
IG
D
injustificable dentro de la teología católica, que a Dante le merece un hombre como
TE
paraíso y entre el coro de los sabios cristianos ortodoxos, junto al español San Isidoro
BL
(570636), al inglés Beda el Venerable (673735) y al escocés Ricardo de San Víctor
BI
(m. 1173), «la eterna luz de Siger, que enseñando en el Vico de li strami —en frase de
Dante— (la actual Rue de Fuarre, la calle donde se encuentra la Universidad de París,
en el barrio latino) demostró con silogismos verdades capaces de suscitar el odio de los
adversarios envidiosos» (Paraíso, X, 136138).
23
celestial del sol, en la morada de los teólogos, junto a Santo Tomás de Aquino, Alberto
Magno, San Isidoro de Sevilla, Dionisio Areopagita, Pedro Lombardo, Beda, Boecio, San
Agustín, etc. ¿Cómo justificar tamaña audacia? Los dantistas han agotado todas las
hipótesis del ingenio para dejar a salvo la sinceridad cristiana y la seriedad del poeta
florentino, que no sólo exime de las penas infernales a un hereje como Siger, patriarca
del averroísmo, muerto fuera de la comunión de la Iglesia, sino que lo exalta además
hasta la mansión de los santos teólogos y doctores de la ortodoxia y, para colmo de
osadía que toca los lindes del sarcasmo, pone en boca de Santo Tomás, adversario
irreconciliable de Siger en el problema de las dos verdades y en el de la unidad del
intelecto, un elogio que equivale a una rehabilitación de su memoria (Paraíso, X, 82 y
ss.). Nardi ha dado la clave de este enigma, planteando de nuevo la cuestión de la fuentes
de la filosofía dantesca. Hasta ahora se había creído que Dante fue un filósofo
exclusivamente tomista; pero Nardi, merced a una escrupulosa revisión de los textos
dantescos, cotejados con los de otros escolásticos de filiación neoplatónica y con los
sistemas de Avicena y Averroes, ha demostrado que Dante, en el conflicto entre la filosofía
F
SE
árabeneoplatónica de estos pensadores y la teología cristiana, adoptó una aptitud
IC
fideística o mística, recurriendo a las enseñanzas de la fe para evitar las dudas nacidas de
D
aquel conflicto. Gracias a esta actitud, Dante, lejos de ser un tomista incondicional, es un
CI
escolástico, pero ecléctico, que, sin seguir a ningún maestro en particular, acepta de todos
EL
los pensadores, antiguos y medievales, cristianos y musulmanes, ideas y teorías, para
fundirlas en un sistema personal que, ocupando un término medio entre el tomismo y el
D
L
avicenismoaverroísta, se aproxima a este último más que aquél en un gran número de
A
problemas. Las principales tesis dantescas de filiación arábiga que Nardi ha puesto relieve
IT
difunden y atenúan a medida que se alejan del foco. Las inteligencias de las esferas
D
celestes reflejan como espejos aquellos rayos e imprimen así las formas de la materia... Y
CA
Nardi hace ver cómo estas ideas dantescas, aunque puedan tener precedentes en la
TE
crítica de una polémica, Hiperión, Madrid, 1984, págs. 397398).
23
El orientalista francés Ernest Renan, que no era precisamente un defensor de los
árabes y los musulmanes (cfr. Edward Said: Orientalismo, Libertarias, Madrid, 1990,
pág. 186 y ss), confiesa: «Averroes y los árabes no eran en esta época para los
librepensadores del Norte de Italia más que un santo y seña.No podía aspirarse al título
de filósofo, a menos de jurar por Averroes» (E. Renan: Averroes y el averroísmo,
Hiperión, Madrid, 1992, pág. 225).
Para tener una idea de la intensidad de la disputa que se había dado en la Italia del
trecento entre los partidarios del averroísmo (que englobaban a todos aquellos que
adherían de uno u otro modo al pensamiento y las ciencias del Islam para justificar su
racionalismo ante la estrechez y prepotencia eclesiástica) y los defensores a ultranza
de los doctores de la Iglesia, nos remitiremos a un diálogo que tuvo Petrarca en
Venecia con un averroísta, el cual cita el erudito italiano Girolamo Tiraboschi (1731
1794). Cuando en cierto momento de la discusión, Petrarca recurrió a un dicho de un
apóstol de la Iglesia, el averroísta le dijo con desdén: «Guarda para ti los doctores de
F
esa clase. Por mi parte tengo mi maestro y sé en quien creo». Ante la indignación de
SE
Petrarca y sus refutaciones, el averroísta agregó: «Vamos, sigue siendo un buen
IC
cristiano: por mi parte, no creo una palabra de todas esas fábulas... ¡Ah, si fueses capaz
D
CI
de leer a Averroes! (...) ¡Qué lástima que un genio tan grande se haya dejado engañar
por fábulas tan pueriles. Pero tengo en ti más esperanza y un día serás, sin duda, de los
EL
nuestros» (G: Tiraboschi: Storia della letteratura italiana, 13 vols., Módena, 1772
D
1782, vol. V, pág. 190 y ss.). Renan cita también esta conversación y añade que
L
A
«Petrarca estuvo expuesto a las atracciones de los averroístas. Su tratado "De sui ipsius et
IT
multorum ignorantia" no es más que el relato de las conversaciones que tuvo en Venecia
IG
con cuatro averroístas amigos suyos, que pusieron todo su empeño en atraerle a su
D
partido» (E. Renan: O. cit., pág. 226).
CA
TE
Conclusión
IO
Para finalizar, quisiéramos citar un pensamiento de Averroes, según el cual «sólo el
BL
más alto saber proporciona la felicidad»:
BI
24
IBN JALDÚN: EL PRIMER
SOCIÓLOGO DE LA HISTORIA
«El futuro y el pasado se parecen como dos gotas de agua»
Ibn Jaldún (Introducción a la historia universal,
Hace seiscientos años se manifestaba por primera vez una concepción científica
y sociológica de la historia aunada con un profundo pensamiento teológico. El
hecho ocurrió en el mundo islámico y el honor recayó sobre el polígrafo
tunecino Ibn Jaldún, del que ofrecemos un perfil sumario junto con varias citas
de su obra máxima, «Los prolégomenos a la historia universal», llamada en
árabe alMuqaddimah.
F
SE
Uno de los más grandes historiadores de todos los tiempos y el primer sociólogo que
IC
registra la historia, Abu Zaid Abdurrahman Ibn Jaldún alHadramí, llamado
D
CI
Abenjaldún por los latinos, nació el 27 de mayo de 1332 en Túnez (por entonces
capital de la Ifriqiyya) en el seno de una familia proveniente del Hadramaut, que vivió
EL
mucho tiempo en la Sevilla musulmana y cuyos miembros fueron prominentes
D
funcionarios de las administraciones omeya, almorávide y almohade hasta 1228, año
L
A
que emigraron a Ceuta.
IT
IG
Uno de sus antepasados fue el geómetra, astrónomo y médico sevillano Abu Muslim
D
Ibn Jaldún (m.1057). El historiador cordobés Ibn Hayyán (9871076) dice: «La
CA
familia Jaldún es hasta el presente una de las más ilustres de Sevilla. Ha brillado siempre
TE
por el elevado rango que ocupan sus miembros en los mandos militares y en las ciencias».
IO
Ibn Jaldún tuvo una existencia bastante agitada. Cuando tenía quince años, la
BL
epidemia de peste bubónica conocida como «La peste negra» de 13471348, que se
BI
cobró más de cien millones de vidas solamente en Europa, se llevó a sus padres y
causó estragos en Túnez.
Como consecuencia de una conspiración en la que participó contra el sultán mariní
Abu ‘Inán (gobernó entre 13481358), fue encarcelado durante dos años (758759
H./13571358). Estuvo al servicio de varios príncipes del Magreb y de alÁndalus.
Entre 1363 y 1374 conoció numerosas tribulaciones con altibajos en Fez, en Sevilla
(embajador musulmán ante la corte de Pedro el Justiciero), en Granada, en Bugía y
en Biskra (Constantina, Argelia), pasando sin cesar de una función política efímera a
sus amados estudios. De este modo descubrió sobre el terreno el desmembramiento
social y político del Occidente musulmán, lo que reforzaba su gusto por el estudio y la
reflexión.
24
Muy impresionado por la muerte de su gran amigo y colega, el médico, historiador y
místico granadino de la escuela shií, Lisanuddín Ibn alJatib (13331375),
estrangulado en la cárcel de Fez (cfr. Emilio de Santiago: El polígrafo granadino Ibn
alJatib y el sufismo, Diputación Provincial de Historia del Islam, Granada, 1986), se
refugió durante cuatro años (776780 H./13751379) en el castillo de QalatIbn
Salama, en el sudoeste de Frendah (46 kms. al oeste de Tiaret, Orán, Argelia).
Terminó entonces la primera redacción de su Muqaddimah. Regresó a la ciudad de
Túnez, pero para enseñar y acabar la primera redacción de la llamada «Historia
Universal» (en árabe Kitab al‘ibar: "Libro de los bereberes").
Una intriga tramada por los celosos enemigos de su éxito, le obliga esta vez a marchar
a Egipto, donde ocupará —también con numerosas vicisitudes— el cargo de Gran
Cadí (Juez supremo) en la administración de los sultanes mamelucos burÿíes (1382
1517) de origen circasiano.
F
Posteriormente, residió un tiempo en Damasco (13991401) y durante el asedio de
SE
esta ciudad por los invasores mongoles (enero y febrero de 1401), salvó la vida
IC
gracias a la admiración que Timur Lang (13361405), llamado Tamerlán en
D
CI
Occidente, tenía por los sabios pero también a su sagacidad para tratar con semejante
conquistador (cfr. David Nicolle: The Age of Tamerlane, Osprey, Londres, 1990).
EL
Finalmente, se estableció como magistrado en El Cairo y fue profesor de la
D
cementerio de los sufíes de esta ciudad.
IT
IG
La Muqaddimah
D
CA
Su obra cumbre es el Kitab al‘ibar ("Libro o Historia de los bereberes"). La misma se
TE
divide en tres partes, y una es su propia autobiografía (alTa’rif biIbn Jaldún). La más
famosa es alMuqaddimah ("Los prolegómenos"), que ha sido traducida a todos los
IO
como «Historia universal», Ibn Jaldún comienza por establecer las reglas de la crítica
BI
histórica que permiten fijar con certeza los hechos; entra el tema de su materia
estableciendo la gran división entre pueblos de tribus nómadas y sedentarias; describe
la formación de las ciudades, la influencia que ellas ejercen sobre sus habitantes, el
nacimiento de todo poder por el espíritu del seno de la familia, la fundación de
imperios y las causas de su decadencia; la naturaleza de los diferentes especies de
reinos, del califato y del imamato, es decir, del poder temporal y del poder espiritual
del califa.
La Muqaddimah fue redescubierta por los eruditos franceses Barthèlemy d’Herbelot
(16251695), Antoine Isaac Barón Sylvestre de Sacy (17581838) y el austríaco Josef
von HammerPurgstall (17741856), antes que otro galo, el académico EtienneMarc
Quatremère (17821857), hiciera la primera traducción completa en 1858 (el mismo
año apareció en El Cairo otra edición por Nasr alHurini).
24
El barón irlandés William McGuckin de Slane (m. 1875) realizó una traducción que
aun no ha sido superada (París, 18631868) y que respeta el estilo y las intenciones
semánticas del autor tunecino mucho más que las recientes del islamólogo francés
convertido al Islam Vincent Mansour Monteil (Ibn Khaldun: Discours sur l’histoire
universelle, 3 vols., BeirutParís, 19671968) y de Franz Rosenthal en inglés (Ibn
Khaldun: The Muqaddimah, an introduction to History, 3 vols., Princeton, 1958 y
1967).
La literatura acumulada desde el siglo XIX sobre esta Muqaddimah permite hablar de
un fenómeno Ibn Jaldún. En el clima del Renacimiento árabeislámico (Nahda), y
especiamente a partir de la revolución nacionalista egipcia —23 de julio de 1952,
derrocamiento del rey Faruk I (19201965)—, en los países musulmanes se recurre a
Ibn Jaldún para ilustrar los recursos e ingenios de la civilización árabeislámica frente
a la agresión y colonización cultural (ghazw fikri) de Occidente. Es muy interesante al
respecto la tesis de Aziz alAzmeh presentada en Oxford: Ibn Khaldun in modern
F
scholarship. A study in Orientalism (Londres, 1981).
SE
IC
Ibn Jaldún es tal vez uno de los primeros en analizar la historia desde un punto de
D
CI
vista sociológico y por eso su vida y su obra han sido objeto de numerosos estudios y
han dado lugar a diversas interpretaciones. Sin embargo, el hecho de que hasta el
EL
momento presente no se cuente con una edición verdaderamente crítica de la
D
cuantos han multiplicado las disertaciones y las teorizaciones con fines más
IT
personales (ensayos e incluso tesis) o políticos (múltiples congresos y seminarios),
IG
que verdaderamente científicos. Lo que equivale a decir que queda un gran trabajo a
D
realizar para que Ibn Jaldún sea citado por la historia para interpretar e incluso juzgar
CA
la historia del Magreb y del Islam. Con mucha razón los autores serios e
TE
investigadores lo consideran «el padre de la sociología», «el fundador de la economía
política» y «un hombres sin época».
IO
BL
Sobre el particular, la bibliografía asequible es vastísima (no menos de 854 títulos).
BI
24
Sobre la educación
El Islam siempre fue y es equilibrio y armonía. Por eso, en el Sagrado Corán podemos
leer: «No cabe coacción (imposición) en religión. La buena dirección se distingue
claramente del descarrío» (Sura, 2, Aleya 256). Esto constituye una declaración de la
libertad religiosa y del pensamiento emitida hace más de catorce siglos. Según este y
otros apotegmas islámicos, la educación y la enseñanza deben ser impartidas con
amor hacia los semejantes, apelando permanentemente a la pedagogía, a la idoneidad
y a la comprensión, nunca a la arbitrariedad y a la compulsión.
Sobre cuál es la educación más apropiada y sus métodos, Ibn Jaldún tiene mucho que
decir: «El uso de un excesivo rigor en la enseñanza es muy nocivo para los educandos,
sobre todo si están todavía en la infancia, porque eso produce en su espíritu una mala
disposición, pues los niños que se han educado con severidad... se hallan tan abatidos que
su alma se contrae y pierde su elasticidad. Tal circunstancia los dispone a la pereza, los
F
induce a mentir y a valerse de la hipocresía, con el fin de evitar un castigo. De este modo
SE
aprenden la simulación y el engaño, vicios que se vuelven en ellos habituales y como una
IC
segunda naturaleza... He aquí el por qué los pueblos sometidos a un régimen opresivo
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caen en la degradación» (Ibn Jaldún: AlMuqaddimah, O. cit., pág. 1003).
EL
Sobre higiene y ecología
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En el siguiente párrafo se puede comprobar el grado de conocimiento y percepción
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alcanzado por nuestro polímata y sus reflexiones sobre la calidad de vida, más propias
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de un científico de fines del siglo que de alguien de las postrimerías del siglo XIV:
D
«Para que una ciudad esté preservada contra las influencias deletéreas de la atmósfera, es
CA
necesario levantarla en un lugar donde el aire es puro y no propenso a las enfermedades.
TE
Si el aire es inmóvil y de mala calidad, o sí la ciudad está situada en las inmediaciones de
aguas corrompidas, de exhalaciones fétidas o de pantanos insalubres, la infección de las
IO
cercanías se introducirá allí prontamente y propagará las enfermedades entre todos los
BL
seres vivientes que esa ciudad encierra» (AlMuqaddimah, pág. 617).
BI
Sobre los sabios musulmanes
Algo conocido por muchos pero rara vez mencionado es que la mayor parte de los
sabios entre los musulmanes han sido de origen persa, turco y bereber (de alÁndalus
y el Magreb), incluso cristianos y judíos conversos. Basta con citar algunas
especialidades y sus cultores principales para convalidar lo que afirmamos: en
alquimia Ÿabir Ibn Hayyán (721815) y Aidamur Ÿaldakí (m. entre 13491361); en
arquitectura Mimar Sinán (14951588); en astronomía alFarganí o Alfraganus (813
882), Nasiruddín atTusí (12011274) y Ulug Beg (13941449); en filosofía y
medicina alFarabí (870950), Ibn Masarra (883931), Haly Abbás (m. 994) e Ibn
Sina o Avicena (9801037); en geografía e historia Ibn Rustih (m. 910), atTabarí
(839923), alBiruní (9731050), Yakut arRumí (11791229), alQazviní (1203
1283), Rashíd alDin (12471318), Piri Reis (14651554) y Katib Çelebi (1609
24
1657); en matemáticas alJuarizmí (m. 863) y Omar Jaiám (10481125); en mística
y gnoticismo alSuhrauardí (11541191) y Mullá Sadrá (15711640); en música
Ziriab (789857) y Qutbuddín alShirazí (12371311); en poesía Firdusí (940
1020), Attar, (11421225), Ÿalaluddín arRumí (12071273), Sa'adi (12131283) y
Yunus Emré (12381320); en teología alGazalí o Algacel (10581111); en crónicas
de viaje Ibn Battuta (13041377) y Evliya Çelebi (16111684).
Este fenómeno es ampliamente certificado con lujo de detalles por nuestro inefable
filósofo: «Es un hecho muy notable que la mayor parte de los sabios que se han
distinguido entre los musulmanes por su talento en las ciencias, sean religiosos, sean
racionales, eran extranjeros (no árabes). Los ejemplos inversos son sumamente raros,
pues incluso los que de ellos son de extracción árabe difieren de este pueblo por la lengua
que hablan, por el país en que fueron educados y por los maestros bajo la dirección de los
cuales habían hecho sus estudios... He aquí la causa de este fenómeno. Los muslimes de
los primeros tiempos desconocían totalmente las ciencias y las artes porque su civilización
F
simple y basta se había formado en el desierto. Se conformaban en aquella época con
SE
aprender de memoria las máximas de la ley divina, es decir los mandatos y prohibiciones
IC
de Dios... Cuando la conquista musulmana, las poblaciones sedentarias se componían de
D
CI
no árabes... y de gentes educadas al estilo de la vida sedentaria; seguían el ejemplo de los
no árabes en todo lo que se relaciona con dicho género de vida, la práctica de las artes y
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el ejercicio de los oficios. Aquellos pueblos eran perfectamente formados para ese tipo de
D
persas. Los primeros maestros en el arte de la gramática fueron Sibawaih (m. 796),
IT
primero, luego alFarisí (m. 987) y después azZadÿaÿ (m. 949). Los tres eran de origen
IG
persa, sin embargo, habían pasado su juventud en la práctica de la lengua árabe, ventaja
D
que debían a la educación que recibieron y al trato con los árabes del desierto. Redujeron
CA
a sistema las reglas de esta lengua e hicieron de ella una rama de ciencia que habría de
TE
ser útil a la posteridad. Igualmente fue el caso de los hombres que memorizaban las
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Tradiciones (hadices) sacras y las conservaban en su retentiva, en gran provecho de los
BL
los principios fundamentales de la jurisprudencia, todos los que se han distinguido en la
teología dogmática, y la mayor parte de los que han cultivado la exégesis coránica, eran
persas, como es bien sabido. No hubo en aquel entonces más que hombres de esta nación
para consagrarse a la conservación de los conocimientos y a la tarea de ponerlos por
escrito. Hecho suficiente para demostrar la veracidad de la expresión atribuida al Profeta
(BPD): "Si la ciencia estuviera suspendida en lo alto del cielo, algunos persas habría para
alcanzarla". Los árabes, al salir de la vida nómada y convertirse en espectadores de
aquella civilización y sus actividades, se hallaban bastante ocupados en el ejercicio de los
mandos militares y en la administración, para recoger conocimientos científicos, y aun
para darles la menor atención... Por lo tanto, encargaron ese ramo a los persas y los
mestizos (es decir, las personas nacidas de padres árabes y madres no árabes, o
viceversa). Pues jamás dejaron de reconocerles el derecho a ejercerlo, puesto que eran de
religión musulmana y les incumbían los conocimientos que se relacionan con ella... Lo
24
que acabamos de exponer aquí muestra el por qué los hombres más versados en el
conocimiento de la ley eran casi todos persas» (Ibn Jaldún: AlMuqaddimah. O. cit.,
págs. 10081010).
Paradójicamente, «... de una familia de vieja ascendencia árabe emigrada a España y de
allí al Magreb, Ibn Jaldún es uno de los escasos sabios árabes que disfrutan de una
notoriedad universal» (Ahmed Abdesselem. Ibn Jaldún y sus lectores, FCE, México,
1987, pág. 9).
La esencia del pensamiento jalduní
F
pensamiento de nuestro sabio: «Ibn Jaldún es partidario de la vida ascética, un tanto
SE
forzada, de las tribus nómadas, que debe ser aplicada a todas las clases sociales. Así
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elogia a unos estudiantes inteligentes y virtuosos que sólo tomaban de alimento leche, ya
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que, por muy buenas condiciones que tenga un hombre, la buena vida, el lujo y la
molicie, las hacen desaparecer; y ni siquiera basta la religiosidad para conservar al
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hombre en el camino recto. Ibn Jaldún distingue, además, entre la sumisión a una
D
autoridad exterior y la obediencia a un ideal que se ha adoptado espontáneamente, como
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es el religioso. La tiranía hace perder el espíritu de independencia, pero el acatamiento de
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la ley divina no; por eso los árabes que hicieron las grandes conquistas pudieron aceptar
IG
adentro, del entusiasmo y sumisión a la ley religiosa, y no del temor a una autoridad.
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Pero posteriormente este poder moderador de la religión fue reemplazado por la fuerza
TE
de un partido determinado, lo que ocasionó la debilitación y caída del califato, que fue
IO
reemplazado por la monarquía. Con una gran agudeza Ibn Jaldún observa que el
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progreso, a pesar de ser deseable, trae consigo la corrupción y el despotismo; y al tener
que elegir entre la servidumbre o la barbarie, se encuentra ante un grave dilema, ya que
BI
24
(Miguel Cruz Hernández: Historia del pensamiento en el mundo islámico, Vol. 3:
Del pensamiento de Ibn Jaldún a nuestros días. Alianza Editorial, Madrid, 1996,
págs. 663702).
El fenómeno social mejor estudiado por Ibn Jaldún es aquel que el propio historiador
denominó assabiyya, o sea el espíritu de agnación y coligación de las tribus árabes y
bereberes del desierto para permanecer íntegros, puros, sanos de mente y cuerpo, —
alejados de la corrupción de las metrópolis—, en estado pleno de soberanía e
independencia, que es uno de los principios fundamentales del Islam (veáse Al
Muqaddimah. O. cit., págs 275329).
Cronológicamente, Ibn Jaldún fue contemporáneo del viajero Ibn Battuta (1304
1377), de los humanistas Francesco Petrarca (13041374) y Giovanni Bocaccio
(13131375), del poeta Hafiz (13251389), de Eduardo el Príncipe Negro (1330
1376) —modelo inglés de caballero—, de los místicos alNaqshbandí (13181388) y
F
Ni'matullah alWalí (13311431), del poeta Geoffrey Chaucer (13401400), de los
SE
historiadores alQalqashandí (13351418), Jean Froissart (13371410) y alMaqrizí
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(13651442), del fraile franciscano converso al Islam Anselmo Turmeda llamado
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Abdallah alTarÿumán (13521432), y de acontecimientos como la Guerra de los
Cien Años entre Inglaterra y Francia (13381453) y el surgimiento del imperio
EL
timúrida (13801497).
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24
LOS JUDÍOS DEL OCCIDENTE MUSULMÁN
ALÁNDALUS Y SEFARAD
Ocho siglos de civilización en España y Portugal (7111492)
«Si se quiere entender en profundidad el ser de Europa, no basta con volver la mirada a
Grecia y Roma para encontrar en ellas sus raíces. El mundo semita, en su vertiente
musulmana y judía, constituye una de las bases fundamentales de nuestra historia y
cultura. No en vano "Europa", en la mitología griega, era de ascendencia fenicia. Esas
raíces semíticas de lo europeo se detectan especialmente en la Edad Media. Durante ese
período el desnivel cultural entre Europa y el mundo árabe fue patente. Europa estaba
sumida en los restos empobrecidos de una tardía latinidad mientras el Islam y el
F
Judaísmo recuperaban lo mejor del legado griego, lo asimilaban y lo perfeccionaban.
SE
Tanto, que empieza un ingente flujo de trasvase cultural hacia Europa, gracias al cual
IC
ésta rejuvenece, adopta nuevas formas de hacer ciencia, filosofía y literatura, aprende
D
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estilos nuevos de comportarse, de vivir la religión, de sumirse en los abismos misteriosos
de la mística, de practicar la ascética, de amar, de disfrutar de la belleza. Reconocer esta
EL
deuda, agradecer a la Historia este regalo, es ser europeos auténticamente». (...) Ante
D
todo, Europa pudo leer por primera vez la ciencia y filosofía griega no sólo tal como en su
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día fue sino reinterpretada, elaborada y perfeccionada por musulmanes y judíos. (...)
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Con ello y, como consecuencia, aparece emparejado el tema,de procedencia semita, árabe
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y judía, cual es el de las relaciones entre fe y filosofía, o razón, entre religión y fe, entre
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pensamiento humano y revelación. (...)
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Para Averroes y Maimónides, la filosofía y la religión no se pueden contradecir a pesar de
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que son autónomas, porque apuntan y llevan a la misma Verdad».
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En aquella época, sabios, eruditos, poetas y literatos judíos escribieron en árabe la
mayoría de sus obras. También adaptaron en hebreo los modelos literarios árabes,
muy especialmente en alÁndalus —la España islámica—, que conoció el
florecimiento de una espléndida cultura judeomusulmana a lo largo de ocho
centurias.
24
La Sefarad bíblica
Pese a su poética resonancia oriental, la palabra hebrea «Sefarad» no se refiere a Asia:
designa a la Península Ibérica, y «sefaradí» quiere decir judío oriundo de España o
Portugal.
Sefarad es un toponímico bíblico. La Biblia Hebrea se conoce por las siglas de Tanaj —
la suma de la Torá o Pentateuco, Neviím Rishoním o Primeros Profetas, Neviím
Aharoním o Profetas Posteriores y Ketuvím o Escrituras—. En el Libro de Abdías (en
hebreo Ovadiau), podemos leer: «... y los cautivos de Jerusalem que están en Sefarad»
(Abdías: 120). Aunque, en realidad, este profeta menor parece aludir a la región de
Sardes, en Asia Menor, la tradición la identificó posteriormente con la Península
Ibérica.
F
Jonatán Ben Uzziel (s. I a.C.s. I d.C.), autor del Targum (pl. targumím: traducción
SE
parafrástica al arameo de los libros de la Biblia) y el más distinguido discípulo de
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Hillel el Sabio o el Viejo (Babilonia 70 a.CJerusalem 10 d.C.), identifica a Sefarad
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como Ispamia o Ipamia. En la Peshitta (II siglo d.C.), la primera traducción siríaca de
la Biblia, se vincula a Sefarad con la Hispania romana. Desde fines del siglo VIII,
EL
Sefarad se convirtió en la usual apelación hebrea de la Península Ibérica (cfr.
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Enciclopaedia Judaica, 17 vols., Keter Publishing House Jerusalem Ltd., Jerusalem,
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1972, Vol. 14, Sepharad, pág. 1163).
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El arribo y asentamiento de los judíos a la Península Ibérica están envueltos en la
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leyenda, remontándose las fechas hasta la época del Profeta Suleiman Ibn Daud (970
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931 a.C.) —en hebreo Shlomó Ben David—, cuando las naves fenicias de Hiram de
TE
Tiro comerciaban con el mítico país de Tarsis o Tartessos —probablemente localizado
en algún lugar entre Huelva y Ronda, en Andalucía, España (cfr. Libro I de los Reyes,
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1022).
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La Sefarad de la época visigótica
Cuando se produjo la destrucción de Jerusalem (en hebreo, Ierushalaiím; en árabe, al
Quds) por las legiones romanas —crónica narrada vívidamente por el historiador
judío romanizado Flavio Josefo (37 d.C.c.101)25, núcleos de judíos fugitivos se
25
Historiador judío, nacido en Jerusalem, de linaje real y sacerdotal. Su nombre original fue Iosef Ben
Matatiau Ha-Cohen. Un hombre a la vez instruido y mundano, fue miembro del partido de los fariseos, y
también una figura pública que, antes de la sublevación judía contra Roma (66), tuvo buenas relaciones en la
corte del emperador Nerón (37-68). El papel que desempeñaron los zelotes en la sublevación, así como sus
oponentes los fariseos, quienes la consideraron inútil, llevó a Flavio a mantener una posición ambigua en el
conflicto. Sus propios escritos exponen dos informes contradictorios sobre su misión en la provincia de
Galilea (hoy Palestina ocupada). Según uno de ellos, tomó el mando de las fuerzas judías para dirigir la fase
galilea de la sublevación, pero en el otro, más tardío, sostiene que intentó reprimir la sublevación, más que
dirigirla. Cualquiera de las dos historias puede ser verdadera. Parece ser que preparó a los galileos para la
revuelta, y en el 67 rechazó con valentía el avance de Vespasiano (9-79), el general romano que poco después
se convirtió en emperador, defendiendo la fortaleza de Jotapata durante 47 días antes de rendirse. Pudo haber
24
establecieron en Africa del Norte y de allí se unieron a los vándalos de Genserico
(400477), pasando luego a la Península Ibérica.
Con los reyes del período arriano27, como Teodorico II (m. 466), Eurico (m. 484) y
Atanagildo (m. 567) los judíos vivieron un período de tranquilidad y bonanza en la
España visigoda. Leovigildo (m. 586), que fue un hábil guerrero, asoció en el gobierno
a sus dos hijos Hermenegildo (m. 585) y Recaredo (m. 601); el primero, aconsejado
F
por su tío y maestro san Leandro de Sevilla (m. 600), se convirtió al catolicismo y fue
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decapitado por orden de su padre, por negarse a apostatar; el segundo heredó el
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trono.
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Recaredo I, que abjuró el arrianismo en el tercer concilio toledano (587) y abrazó
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para sí y para el Estado la religión católica, y sus sucesores, como Sisebuto (m. 621),
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Chintila (m. 639), Recesvinto (m. 672), Wamba (m. 688) —destronado en 680—, y
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Ervigio (m. 687), fueron feroces e intolerantes con arrianos y judíos por igual.
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A partir de Egica (m. 702)— enterado de las maquinaciones de los judíos para
D
liberarse y su contubernio con los musulmanes recién llegados al Magreb—, Witiza
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sido enviado como prisionero a Nerón, si no hubiera tenido la agudeza de profetizar que su captor,
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Vespasiano, algún día sería emperador. Esta profecía satisfizo las ambiciones de Vespasiano, quien le hizo
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permanecer a su lado. Cuando la predicción se cumplió, Vespasiano liberó a Flavio y éste adoptó el apellido
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del emperador, pasándose a llamar Flavio Josefo. Acompañó al futuro emperador Tito (39-81), el hijo de
Vespasiano, en el asedio de Jerusalén, en el 70. Más tarde, disfrutó del mecenazgo imperial bajo Tito y su
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sucesor, su hermano Domiciano (51-96). Vivió en Roma hasta su muerte, dedicándose a sus escritos. Sus
obras más destacadas, escritas en griego, son La guerra de los judíos (en siete libros), creada para disuadir a
su pueblo y otras naciones de exponerse a la aniquilación con otras sublevaciones contra la todopoderosa
Roma; Antigüedades judaicas (en veinte libros), la historia del pueblo hebreo desde sus orígenes hasta el 66
d.C., que con elocuencia demuestra cómo su pueblo había prosperado bajo la ley de Dios; una autobiografía,
Vida, y Contra Apión, una refutación de acusaciones contra los judíos, hechas en el siglo I por el antisemítico
gramático griego Apión, y otros escritores de la misma opinión. La Editorial Acervo Cultural de Buenos Aires
publicó las Obras Completas de Flavio Josefo en cuatro volúmenes en 1961, 1688 págs.
26
Cfr. Leopoldo Eguílaz y Yanguas: Del lugar donde fue Ilíberis, Editorial Universidad de Granada, Granada,
1987.
27
Llamado así por la fe cristiana instaurada por los visigodos, originada en las predicaciones del obispo griego
Arrio de Libia (256-336), nacido en Libia, defensor de un acendrado monoteísmo que rechazaba la divinidad
de Jesús. La doctrina de la Trinidad, recordemos, fue instaurada en la Iglesia Católica recién a partir del
Primer Concilio de Nicea, en 325, y produjo un gran cisma entre los cristianos de oriente, partidarios del
monoteísmo, y los obispos occidentales liderados por Osio (257-358) que a través del llamado "pacto
constantiniano" monopolizaron desde entonces la orientación y el poder de la Iglesia.
25
(m. 710) y Rodrigo (m. 711), la situación empeoró y los judíos perdieron los pocos
derechos que tenían y fueron reducidos a la esclavitud.
Sefarad En AlÁndalus
El historiador español Ignacio Olagüe explica en su obra La Revolución Islámica en
Occidente (Fundación Juan March, Barcelona, 1974), como los arrianos y judíos
solicitaron la ayuda y el auxilio de los musulmanes para liberarse del yugo de la
monarquía visigoda con sede en Toledo. Éstos habían consolidado su dominio en la
Ifriqiya (Tunicia) hacia el 670; en 701 alcanzaron el extremo occidental del Magreb y
en 708 entraron en Tánger.
La llegada de los musulmanes
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La historia de la España musulmana comienza en el año 711/92, a finales de abril en
IC
que Tariq Ibn Ziad (m. 720), a la cabeza de un ejército de siete mil hombres en el que
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domina la etnia bereber de la que él forma parte (los árabes eran menos de 300),
CI
cruza el estrecho que llevará a partir de entonces su nombre para desembarcar en la
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Península Ibérica. El contingente islamobereber hizo la travesía a bordo de la flota
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del conde Don Julián, el antiguo gobernador bizantino de Ceuta (Septum: por sus
L
siete colinas) que se había puesto al servicio del gobernador o walf musulmán de la
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provincia de Ifriqiya, Musa Ibn Nusair (640714), con sede en Qairauán.
IG
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Respecto a Musa Ibn Nusair, el historiador musulmán almohade Ibn alKardabús, del
CA
siglo XII, nos dice que pertenecía a la escuela de pensamiento shií28. Su padre había
sido Nusair alBakrí, a quien el fundador de la dinastía omeya, Mu‘awiya ibn Abu
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Sufián había conferido el mando de su guardia, pero él se negó a combatir contra el
IO
cuarto califa, Alí ibn Abi Talib (600661). Musa Ibn Nusair haría la alianza con el
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arriano conde Don Julián, señor de Tánger y Ceuta. Así, en 710/91 envió a su
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lugarteniente Tarif con 500 hombres a ocupar el saliente sur de la Península donde la
ciudad de Tarifa lleva su nombre y a la cual impuso un pesado tributo, o sea "la
tarifa", para castigar los excesos de la gobernación visigoda contra los cristianos
arrianos de la región. El profesor Olagüe en la obra ya citada, muy recomendable por
cierto, brinda pormenorizados detalles de este asunto.
28
Aunque muy poco es lo que sabemos sobre el alfaquí e historiador andalusí Abu Marwán Abd al-Malik al-
Tawzari Ibn al-Kardabús (vivió entre la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII), podemos precisar
que estudió en Alejandría y su vida transcurrió prácticamente en la ciudad de Tawzar (Tozeur) en Ifriqiyya
(Tunicia meridional). Su Kitab al-iktifá fi ajbar al-julafá ("Libro de lo suficiente relativo a la historia de los
califas"), es una historia general del Islam, desde los tiempos del Profeta (BPD) hasta la época del califa
almohade Abu Yusuf Ya’qub al-Mansur (que gobernó entre 1184-1199), el constructor de la torre minarete de
la Giralda de Sevilla. Esta obra fue traducida por el profesor Felipe Maíllo Salgado de la Universidad de
Salamanca con el título Historia de al-Ándalus (Akal, Madrid, 1993), y en ella encontramos datos
interesantes, como el origen shií del general Musa Ibn Nusair, el primer gobernador de al-Ándalus (ver págs.
56 y 57).
25
Volviendo a nuestro tema anterior del cruce de Tariq, éste al frente de sus hombres
desembarcó en las cercanías del famoso peñón al que se dió su nombre: Ÿábal al
Tariq, "Monte de Tariq", es decir, Gibraltar. El 19 de julio de ese mismo año, por las
orillas del río Guadalete, logró una victoria decisiva sobre el rey visigodo Don
Rodrigo. Un mes más tarde, su lugarteniente Mughit arRumí cercó la ciudad de
Córdoba.
Dice el erudito judeomarroquí y profesor emérito de la Universidad de París, Haim
Zafrani (Essaouira, 1922): «Durante el asedio, los judíos se encierran en sus hogares
esperando impacientemente el desenlace. Contrariamente a lo que sienten por los godos y
su clero, no temen en absoluto la llegada de los musulmanes en los que tienen puestas
todas sus esperenzas, pues no olvidan que los reyes visigodos los han oprimido
despiadadamente. Sirviéndose de estratagemas, los judíos —según narran los
historiadores musulmanes y cristianos— contribuyeron a facilitar la entrada del ejército
islámico a la ciudad, celebrando su victoria. Mughit los tomó a su servicio, confiándoles
F
SE
la guardia de la ciudad. Lo mismo ocurrió en Toledo, y en Sevilla, donde Musa Ibn
Nusair dejó una guarnición judía para mantener el orden» (Haim Zafrani: Los Judíos
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del Occidente Musulmán. AlÁndalus y el Magreb, Editorial Mapfre, Madrid, 1994,
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pág. 21). EL
A partir de entonces, España entró en el seno de Dar alIslam, "la Casa del Islam", y los
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cristianos arrianos y judíos se integraron armoniosamente en el estado musulmán que
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se fue forjando. Así, los judíos españoles, al convertirse en miembros de un dominio
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que se extendía desde el Atlántico hasta la China, se reencontraron con sus hermanos
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de las demás comunidades judías de Oriente y de Africa del Norte, reanudando sus
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lazos socioculturales y económicos. Por otra parte, los cristianos unitarios visigodos e
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hispanorromanos consolidaron y reafirmaron su identidad monoteísta junto con sus
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hermanos en la fe, musulmanes y judíos.
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Las raíces del antisemitismo
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No es antojadiza la tesis del profesor Allan Harris Cutler, cuando en su obra erudita:
The Jew as Ally of the Muslim: Medieval Roots of AntiSemitism (University of
Notre Dame Press, Indiana, 1986) afirma que la unidad política, económica, cultural y
religiosa de judíos y musulmanes en alÁndalus, durante las Cruzadas (10991291) y
a lo largo de la historia del Imperio otomano (12991909), hizo nacer las fobias
antisemitas entre los europeos. «El judío como aliado del musulmán» era algo
inconcebible para la paranoia que asolaba la Europa altomedieval.
El esplendor del califato de Córdoba
En 863, el emir cordobés Muhammad I (g. 852886) convoca un congreso para la
unión y fraternidad de judíos, cristianos y musulmanes. El erudito español Felipe
Torroba Bernaldo de Quirós nos confirma esta crónica, bastante poco conocida pero
históricamente fidedigna: «... tras la ruina del estado visigodo, los israelitas irrumpen
25
nuevamente en España de la mano de los musulmanes. Comenzó entonces la época
dorada de los judíos españoles... Se instalaron por doquier y prosperaron por todas
partes. Encontraron un ambiente de tolerancia —característica de los árabes en sus
conquistas—... A la sombra de la Media Luna, los israelitas lograron el poderío, el saber,
y las riquezas, que convergían en sus manos... Los hebreos, aparentemente identificados
con los vencedores árabes, ven llegado el momento del renacer de su raza, en adoptar sus
costumbres y su lenguaje. Los omnipotentes califas de Córdoba presenciaron el apogeo de
una cultura —complementaria de la suya— que irradiará un resplandor cegador frente a
las incipientes civilizaciones europeas» (F. Torroba Bernaldo de Quirós: Historia de los
sefarditas, Eudeba, Buenos Aires, 1968, págs. 1415).
«Desde el primer momento los judíos se pusieron del lado de los invasores, quienes
reforzaron las colonias judías establecidas en ciudades como Córdoba, Granada, Sevilla,
Toledo y otras, con los contingentes judíos que durante los siglos VIII y IX inmigraron
desde el norte de Africa. En el siglo IX se tenía a Lucena por ciudad judía y con tal
F
SE
denominación designaron los geógrafos árabes de los siglos X al XII a ciudades como
Granada y Zaragoza... Los árabes toleraban a los judíos como " gentes del Libro", es
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decir, de la Biblia., y al servicio de los nuevos señores se convirtieron en eficaces
D
CI
auxiliares para el comercio y la administración. La época más gloriosa del judaísmo en
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tierras europeas de todos los tiempos comenzó con el reinado de Abderrahmán III (912
961) y se prolongó hasta el siglo XII. En la corte de Abderrahmán ocupó un lugar de
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preeminencia el judío Hasday ibn Shaprut, quien ejerció las funciones de médico real y
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diplomático en las relaciones del califato con los reyes cristianos peninsulares, y con los
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emisarios del emperador alemán Otón I y del de Bizancio; es notable también su carta a
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José, último rey de los jazares. El alto cortesano ejerció el mecenazgo con los suyos,
D
científicas del griego al árabe. El fue el primer impulsor de la cultura hebrea en la
TE
Península y del renacer del hebreo como lengua literaria; en su tiempo recibieron
IO
Con la caída a comienzos del siglo XI del califato cordobés y su desmembración en los
llamados reinos de taifas no decayó sino que por el contrario aun alcanzó mayor
esplendor la cultura hebrea, destacando sobre todo las comunidades de Granada y
Zaragoza. La gran figura del reino de Granada fue Samuel ibn Nagrela, llamado
Hanaguid, visir del rey Badís y hábil político que durante muchos años fue el
organizador de la política granadina y general de sus ejércitos, a la vez que
extraordinario poeta y erudito rabino. A su muerte en 1056 le sucedió en el cargo su hijo
Yosef, quien como su padre se rodeó de judíos en los altos puestos de la administración
del reino... En el reino de Zaragoza varios personajes judíos ocuparon destacados puestos
en la corte, al amparo de cuyo patronazgo alentaron poetas como Salomón ibn Gabirol y
moralistas como Bahiá ibn Paquda.
25
El tipo de judío andalusí que se plasma en la poesía hebrea de la época es la del cortesano
culto y refinado, que siendo amante de los placeres del mundo, de las letras y de las
ciencias, se esfuerza en aunar con todo ello la religiosidad tradicional judía. Los jóvenes
estudiaban junto con el Talmud otras materias, como poética, filosofía, medicina,
astronomía, etc.» (Elena Romero Castelló y Uriel Macía Capón: Los Judíos de Europa.
Un legado de 2000 años. "AlÁndalus", Anaya, Madrid, 1997, págs. 2629).
La intolerancia bereber
F
Guadalquivir. Los almorávides no fueron capaces siquiera de reconquistar Toledo
SE
(perdida en 1085), y ellos mismos cedieron a los cristianos Zaragoza y otros
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importantes enclaves andalusíes.
D
CI
Luego de la derrota del ejército del califa Muhammad anNasir en la batalla de las
EL
Navas de Tolosa (16 de julio de 1212), la España almohade se quebró en las llamadas
D
«terceras taifas» que fueron conquistadas por los cristianos una a una: Córdoba en
L
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estuvo a punto de hacer perder al Islam la totalidad de alÁndalus.
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D
andalusí—, fue censurado y padeció confinamiento hasta el fin de sus días; sus libros
BL
fueron quemados y su nombre execrado.
BI
25
musulmanas, como es el caso de la familia de Maimónides, que recaló finalmente en
Egipto. Otro nutrido grupo emigró a Provenza, adonde se llevaron su rico bagaje cultural
ayudando decisivamente al desarrollo intelectual de las comunidades allí asentadas; tal
fue el caso, por ejemplo, de los miembros de las familias andalusíes de los Qimhí y los Ibn
Tibbon que desarrollaron en Provenza una intensa actividad en diversos campos del saber
judío. Pero la gran mayoría de los judíos andalusíes se establecieron en los reinos de
Castilla y Aragón, que vieron así aumentar considerablemente su población judía» (Elena
Romero Castelló y Uriel Macía Capón: Los Judíos de Europa. Un legado de 2000
años. O. cit., pág. 28).
Sin embargo, debemos ser objetivos en la evaluación de esta dos dinastías africanas.
Su autoritarismo más se debía a su rudeza tradicional e incapacidad para gobernar un
territorio tan complejo como alÁndalus que a una deliberada mala intención. Nunca
consumaron matanzas ni represiones generalizadas contra los judíos ni contra
ninguna otra minoría. Su grave equivocación fue tratar de convertir compulsivamente
F
al Islam a éstos y a los mozárabes.
SE
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Sin lugar a dudas, almorávides y almohades estuvieron en las antípodas de los Reyes
D
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Católicos Isabel I (14511504) y Fernando II (14521516) y sus sucesores, los
Habsburgo Carlos V (15001558), Felipe II (15271598) y Felipe III (15781621).
EL
Estos monarcas reaccionarios trataron de erradicar definitivamente el Islam y el
D
Judaísmo de la Península mediante una sistemática campaña de asesinatos masivos e
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individuales, la desaparición de personas, la institucionalización de la delación y la
IT
tortura, y la destrucción del patrimonio cultural y religioso de judíos y musulmanes.
IG
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Contaron para ello con los recursos de una organización terrorista como el Santo
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Oficio 29—que lo único que tenía de santo era el nombre—, y luego con la Inquisición
TE
1517), Inquisidor General, el mismo que el 18 de diciembre de 1499 hizo quemar en
BI
la puerta de Bib Rambla en Granada las librerías de los moriscos; más de ochenta mil
manuscritos árabes de la España musulmana se perdieron para siempre.
Más de treinta mil judíos y moriscos fueron asesinados entre 1498 y 1568. Muchos
miles más fueron torturados y encarcelados. La Inquisición española sería abolida por
Napoléon Bonaparte en diciembre de 1808 (cfr. Thomas Hope: Torquemada, Losada,
Buenos Aires, 1944; A.S. Turberville: La Inquisición española, FCE, México, 1971,
pág. 126).
29
La Inquisición se constituyó en Roma en 1231, con los estatutos Excommunicamus de Gregorio IX (papa
entre 1227-1241). La razón argumentada por la Iglesia fue que había que combatir la herejía de los albigenses
o cátaros en el sur de Francia a través de una organización jurídico-religiosa con plenos poderes. En 1252
Inocencio IV (papa entre 1243-1254), bajo la influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la
práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Hasta entonces este procedimiento había sido
ajeno a la tradición canónica.
25
Los judíos de Castilla y Aragón: entre los mecenazgos y las persecuciones
En el siglo XII justamente, en esa ciudad a orillas del Tajo (bajo dominio cristiano
desde 1085), comenzó a funcionar la célebre escuela de traductores, fundada por el
arzobispo don Raimundo de Toledo (11251252), que alcanzará su fama mayor con el
mecenazgo de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y de León (12521284). Por primera
vez los cristianos, musulmanes y judíos constituyeron un lugar destinado a las
traducciones de los autores clásicos grecolatinos, que durante 600 años se habían
conservado en Oriente y fueron rescatadas y llevadas por los árabes a España.
Cabe mencionar que esta escuela de traducciones atrajo el peregrinaje de numerosos
sabios y estudiosos del mundo cristiano altomedieval como el inglés Roberto de
Chester, llamado «el Ketenense», que por encargo del abad de Cluny Pedro el
Venerable (10941156) hizo la primera traducción del Corán al latín hacia 1143 con
la ayuda de un erudito musulmán. Un año después, Platón Tiburtino de Tívoli (vivió
F
en España entre 11341145), tradujo del hebreo al latín el famoso tratado Hibbur ha
SE
Meshihah del matemático y filósofo judío barcelonés Abraham Bar Hiyyá Hanassi
IC
(10351136).
D
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El lombardo Gerardo de Cremona (11141187), miembro de la escuela de traductores
EL
a partir de 1134, tradujo el "Libro sobre el cálculo, álgebra y reducción" (Kitab al
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muhtasar fi hisab alÿabr ualmuqabala) del matemático persa alJuarizmi (m. 863).
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tradujeron la obra principal del filósofo y poeta judío malagueño Salomón Ibn Gabirol
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Mekor jáim), traducida al latín con el título de Fons vitae, que influenció en los
CA
Spinoza (16321677).
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«Mientras los reinos cristianos continuaron su guerra contra los musulmanes, los judíos
BL
siguieron siendo imprescindibles para la repoblación de las zonas conquistadas y para la
BI
organización de la vida ciudadana, el comercio y la administración; de ese modo fueron
ocupando cargos públicos en Castilla, Aragón y Cataluña. Su presencia en la corte vino
también favorecida por su conocimiento del árabe —lo que les hacía útiles para tareas
diplomáticas—, y por su saber en medicina y en otras ciencias. Alfonso VI tuvo a su lado
como médico y consejero a Yosef ibn Ferruziel (Cidiello), quien sería el precursor de los
grandes magnates que irían apareciendo en los reinos cristianos hasta el momento
mismo de la expulsión. En el siglo XIII reyes como Alfonso X y Sancho IV en Castilla y
Jaime I y Pedro III en Aragón contaban con judíos en sus cortes como consejeros, médicos,
diplomáticos y financieros» (Elena Romero Castelló y Uriel Macía Capón: Los Judíos
de Europa. Un legado de 2000 años. O. cit., págs. 4142)
Sin embargo, el asalto de las juderías de Toledo y León, en esa misma época, delata
que la tolerancia no era un concepto extendido en los reinos cristianos.
25
La Iglesia católica acusaba a los judíos de haber asesinado a Jesús, el hijo de María (la
Paz sea con él) y les obligaba a la conversión. La era de los anusím (en hebreo:
"conversos forzados") se había inaugurado. En este contexto se produjeron en julio de
1263 los enfrentamientos teológicos de Barcelona entre el apóstata de origen judío
Pablo Cristiano y el gran filósofo judío Moisés Ben Nahmán (11951270), llamado
Nahmánides por los latinos, ante la presencia de Jaime I el Conquistador, rey de
Aragón (12131276). Dos años después Nahmánides fue acusado de blasfemo por los
dominicos, orden que ejercía poderes inquisitoriales, y el sabio gerundense optó por
exilarse en Palestina.
En el siglo XIV se quebró la inestable convivencia entre judíos y cristianos con un
violento antisemitismo. En 1348, los judíos fueron acusados de los desastres de la
peste negra y perseguidos. La guerra civil castellana de 13661368, entre los
partidarios de Pedro I el Justiciero —protector y benefactor de judíos y musulmanes—
y su hermanastro Enrique de Trastámara, y la posterior victoria de este último
F
trajeron graves consecuencias para los judíos castellanos.
SE
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«Hacia 1320 empezó asimismo a difundirse por los reinos hispanos las acusaciones de
D
CI
que los judíos envenenaban aguas y profanaban hostias, las cuales crecieron
considerablemente durante los años de la peste negra que asoló a Europa (13481350);
EL
tales acusaciones tuvieron mayor virulencia en el reino de Aragón, en donde se
D
produjeron numerosos alborotos populares contra las juderías» (Elena Romero Castelló
L
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y Uriel Macía Capón: Los Judíos de Europa. Un legado de 2000 años. O. cit., págs.
IT
4445)
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D
En 1391, las fanáticas prédicas en Sevilla del arcediano de Écija, Ferrant Martínez,
CA
desencadenaron terribles matanzas: las aljamas de Castilla y Aragón fueron asaltadas
TE
y miles de judíos perdieron la vida en medio de una violencia indiscriminada. El final
de los sefaradím, los judíos españoles, había comenzado.
IO
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En el siglo XV (14121418) comenzaron los sermones del misionero valenciano san
BI
Vicente Ferrer (13501419), que produjeron masivas conversiones instigadas por el
miedo. Se aconsejaba a los conversos llevar distintivos en la ropa y encerrarse en los
barrios prefijados para no ser víctimas de ataques. Algunos judíos se dedicaban al
préstamo, por lo que muchos asaltos a juderías tenían el propósito de condonar la
deuda o recuperar los documentos de préstamo. Esta ola de de violencia y desatino
tuvo en realidad su origen en la bula de Benedicto XIII (antipapa entre 13941423)
contra los judíos en 1415.
La subida al trono de los Reyes Católicos en 1474 puso en marcha la solución final
para judíos y musulmanes. La nueva monarquía estableció la identidad entre el poder
político y el credo. El equilibrio se lograría cuando todos los súbditos profesasen la
misma religión. Planteado así, el Judaísmo y el Islam eran un delito contra el Estado,
que debía defender la fe de la mayoría cristiana y la unidad civil y política.
25
La Inquisición no sólo era un tribunal religioso sino también un instrumento del poder
estatal que convenció a los monarcas de la necesidad de expulsar a los judíos y
musulmanes para erradicar los males de la sociedad. El 31 de marzo de 1492, a tres
meses de la caída del último baluarte musulmán en la Península, Isabel y Fernando
firmaron el Edicto de de Expulsión, según el cual los judíos que no se convirtiesen
deberían abandonar España en cuatro meses dejando todos sus bienes.
El ladino
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El ladino fue el dialecto castellano del siglo XV escrito tanto en grafía latina como
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hebrea por los judíos sefaradíes expulsados de España en 1492. Distintas
D
comunidades sefaradíes actuales hablan el ladino, cantan canciones y editan
CI
periódicos y revistas en ese idioma. EL
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El paraíso de la Granada nazarí (12321492)
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«En los tiempos del Reino de Granada los judíos convivían con los árabes en perfecta
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armonía. Era la Granada exquisita y tolerante de los reyes Nazaríes que supieron
D
engalanarla como a una joya prodigiosa con los torreones espléndidos y las primorosas
CA
taraceas, que tienen por verde marco los jardines maravillosos, esos jardines árabes
TE
cautivos entre patios, muros y arcadas. Cúpulas y yeserías, columnas y arcos, mosaicos y
artesonados, bordaron la belleza incomparable del Mirador de Daraxa, de la Torre de
IO
Comares, del Patio de los Leones. Y por doquier, el regalo cristalino del agua. El agua de
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la Alhambra, se deshilacha en hilos tenues. Los surtidores brotan entre las qasidas de Ibn
BI
Zamrak (13331393), que ornamentan los muros y circundan las tazas marmóreas de
las fuentes. En Granada el sonido del agua es tenue, susurrante; se diría el desgranar
melódico de un prodigioso collar de perlas. (...) Fue aquélla la época dorada de los
israelitas, que estuvieron siempre en pie de igualdad con los musulmanes» (F. Torroba
Bernaldo de Quirós: Historia de los sefarditas. O. cit., pág. 189).
La Sefarad de hoy
Los primeros libros que se imprimieron en hebreo, fueron publicados en Italia; Joshua
Soncino, miembro de una gran familia de editores judíos nacidos en Italia, imprimió
la primera Biblia hebrea completa en (1488). Unos veinte años después, el editor
holandés cristiano Daniel Bomberg fundó una editorial hebrea en Venecia y publicó
las primeras ediciones completas tanto del Talmud palestino como del babilónico, así
como las obras de Maimónides y otros pensadores sefaradíes. A partir de la expulsión
25
de los judíos de España (1492), la brillante cultura sefaradí verá el ocaso de su
esplendor, siendo sustituido por el florecimiento ashkenazí centroeuropeo,
especialmente en el campo jurídicoreligioso.
La comunidad judía de España cuenta en la actualidad con una cifra de trece mil
miembros. La mayor parte de los sefaradíes viven hoy en el Mundo Islámico y en
América Latina —cfr. Eli Barnavi (ed.): A Historical Atlas of the Jewish People.
From the Time of the Patriarchs to the Present, Schochen Books, Nueva York, 1992
—.
Los sefaradíes representan actualmente el 60% de la población judía mundial, entre la
que destaca la comunidad establecida en Marruecos.
Los Sabios De Sefarad
F
Los sabios judíos de alÁndalus, filósofos, científicos y literatos, hasta el siglo XIII, son
SE
araboparlantes y en consecuencia escriben en el árabe culto de su entorno.
IC
D
Ibn Shaprut
CI
EL
El polímata Hasdai Ibn Shaprut (hacia 910970) fue el médico de la corte de
D
Abderrahmán III y alHakam II. Esta eminente personalidad judía alcanzó una
L
posición de relevancia política que ningón otro judío había logrado hasta entonces en
A
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detalle. Pertenecía a una importante familia judía oriunda de Jaén y fue su padre
D
Itzhak Ben Ezrá Ben Shaprut, un hombre al parecer muy rico y piadoso, quien decidió
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trasladarse a Córdoba, la capital de alÁndalus, y establecerse allí. Recibió Hasdai una
esmerada educación judía y musulmana y puso además su empeño en estudiar
TE
interés por los estudios lingüísticos y asimismo dedicó su tiempo al aprendizaje de las
BL
lenguas árabe y latina. Aunque parece que su principal cargo fue ser médico del califa
BI
En el terreno de la medicina colaboró con el grupo que tradujo al árabe el original
griego de la Materia médica de Dioscórides Pedáneo de Cilicia (4090) —el primer
tratado serio y libre de supersticiones sobre botánica y farmacología—, y que recopiló
en dicha obra todo el saber farmacológico de su tiempo. Este importante texto fue uno
de los regalos que el emperador de Bizancio, Constantino Porfirogenetos, hizo al califa
Abderrahmán III con motivo de las relaciones diplomáticas existentes entre los dos
países.
25
Con el fin de llevar a cabo la versión de la obra al árabe el califa pidió al emperador
que le proporcionara un experto en lengua griega para que tradujera el original griego
al latín. El monje Nicolás fue enviado a Córdoba para realizar tal misión y Hasdai
colaboró con él, pues debido a sus conocimientos de la lengua latina y de la ciencia
médica su intervención fue de gran importancia para que la mencionada versión árabe
se llevara a cabo. Respecto al talento diplomático de Hasdai y sus logros en este
campo destacaremos su intervención en las negociaciones con la reina Toda de
Navarra, que acudió a Córdoba en el año 958 con su nieto Sancho I el Craso, rey de
León (956958/960966), que buscaba el apoyo de Abderrahmán para recuperar su
reino y los servicios médicos de Hasdai para curarse de su hidropesía. La actuación de
Hasdai en este caso, como médico y diplomático, dio lugar a una beneficiosa alianza
cuya realización se atribuyó a su habilidad y talento. Véase David Gonzalo Maeso: Un
jaenés, ministro de dos califas (Hasday ibn Shaprut), Boletín del Instituto de
Estudios Jiennenses, Jaén, 1956.
F
«Mayor interés despertó esa floreciente cultura árabe entre los embajadores
SE
transpirenaicos que traían misiones diplomáticas ante los califas cordobeses. Instalados
IC
en la capital del califato, pronto vieron la superioridad científica, filosófica y cultural del
D
CI
Islam sobre los reinos cristianos europeos y sintieron enseguida la avidez de llevarse
cuanto podían de libros, de saberes y aún de intelectuales y científicos en persona. Es el
EL
caso de los embajadores recibidos por 'Abd alRahmán (912961) y su amigo íntimo,
D
eminente científico, el judío Hasday ibn Shaprut (h.910970), que tanto le ayudó en
L
A
misiones diplomáticas, a través de las cuales la ciencia árabe penetró en Europa. Tales
IT
fueron las que recibió del emperador germánico Otón (912973) y del rey franco Hugo
IG
Capeto (938996)» (Joaquín Lomba Fuentes: La raíz semítica de lo europeo. O. cit.,
D
pág. 39).
CA
TE
«Los dos grandes logros que hicieron célebres a Hasday en el campo de la medicina fueron
IO
su traducción del Dioscórides y la invención de un prodigioso fármaco que venía a ser
como una especie de penicilina de su tiempo. (...) El otro logro de Hasday en el campo de
BL
la medicina fue la invención de un fármaco "triaca" (theriaca), llamado en árabe furuq,
BI
de extraordinarias propiedades curativas En el siglo I antes de la era cristiana, el rey
Mitridates Eupator descubrió el remedio curativo theriaca. Más tarde, el médico de nerón
, Andrómaco de Creta, había perfeccionado el fármaco, creando una droga de 61
elementos. Al andar el tiempo, la fórmula se perdió y constituyó el objeto de la búsqueda
de muchos médicos. Hasday logró dar de nuevo con la fórmula.» (Carlos del Valle
Rodríguez: La Escuela Hebrea de Córdoba. Los orígenes de la escuela filológica
hebrea de Córdoba, Editora Nacional, Madrid, 1981, págs. 60, 63 y 64).
Hasdai fue considerado como nasi (príncipe) de las comunidades judías de al
Ándalus. Entre sus protegidos se encuentran, por ejemplo, los dos primeros poetas
hispanohebreos, Dunash ben Labrat y Menahem ben Saruq, pioneros también de los
estudios gramaticales. Véase Angel SáenzBadillos y Judit Targarona Borrás:
Gramáticos hebreos de alÁndalus (siglos XXII), Ediciones El Almendro, Córdoba,
26
1988; Angeles Navarro Peiró: Literatura hispanohebrea (siglos XXIII), Ediciones El
Almendro, Córdoba, 1988.
Ibn Gabirol
Salomón Ibn Gabirol (10221053/1070), latinizado Avicenbrón o Abencebrol, fue un
renombrado poeta y filósofo judío andalusí nacido en la ciudad de Málaga, que
durante años estuvo al servicio de Samuel Ibn Nagrila (9931055), visir (ministro) de
los soberanos bereberes ziríes de Granada Habús Ibn Maksán (10251038) y Badís Ibn
Habús (10381077). Neoplatónico, mantuvo fuertes controversias con los sectores
opuestos al pensamiento filosófico. Su trabajo poético más destacado es «Corona
Real» (en hebreo Kéter Maljút). Allí afirma su profunda convicción monoteísta, tan
cara a judíos y musulmanes:
«Eres Uno, el principio de toda enumeración,
y la base de todo edificio.
F
Eres uno, y, por el misterio de tu Unidad,
SE
la razón de los sabios queda estupefacta,
IC
porque de ello no conocen nada...
D
CI
En efecto, no se concibe en Tí
ni multiplicación ni modificación...
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Eres Uno. Tu sublimidad y tu trascendencia
D
no pueden disminuir ni descender.
L
A
¿Podría existir el Uno que decae?».
IT
IG
Su obra por excelencia, escrita en árabe, es Yanbu alhayat «La fuente de la vida» (en
D
hebreo Mekor jáim), traducida al latín con el título de Fons vitae por el clérigo español
CA
holandés descendiente de judíos andalusíes, Baruj Spinoza (16321677).
IO
Véase Shlomó Ibn Gabirol: La Fuente de la Vida. Corona Real, Editorial S. Sigal,
BL
Buenos Aires, 1961; J. Schlanger: La philosophie de Salomon ibn Gabirol. Etude
BI
d’un néoplatonisme, Brill, Leiden, 1968; Salomón Ibn Gabirol: Selección de perlas,
mibhar hap nimin (Máximas morales , sentencias e historietas), Versión española,
con introducción y notas por David Gonzalo Maeso, Ameller, Barcelona, 1977; Ibn
Gabirol: La corrección de los caracteres. Introducción, traducción y notas de
Joaquín Lomba Fuentes, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 1990; María José Cano:
Ibn Gabirol: poesía religiosa, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1992; José
María Millás Vallicrosa: Selomoh Ibn Gabirol. Como poeta y filósofo. Ed.
Universidad de Granada, Granada, 1993.
Bar Hiyya
Abraham Bar Hiyya Savasorda habargeloní "el Barcelonés" (10651136) fue un
filósofo y matemático sefaradí, uno de los primeros expositores del álgebra árabe en
Occidente. Sus obras principales han sido traducidas al castellano y otros idiomas:
26
Abraham Bar Hiyya: Llibre revelador, Meguil.lat hamegal.lè, Segons l'edició del text
revisat i prologat pel Dr. Juli Guttmann/Abraam bar Hiia; Versió de l'hebreu per J.
Millàs i Vallicrosa, Alpha, Barcelona, 1929; Abraham Bar Hiyya: Llibre de geometria,
Hibbur hameixihà uehatixbòret, Segons el text editat i prologat pel Dr. Miquel
Gutmann/Abraam bar Hiia; Versió de l'hebreu per J. Millàs i Vallicrosa, Alpha,
Barcelona, 1931; Abraham Bar Hiyya: La obra enciclopédica Yesode hatebuná u
migdal haemuná de Rabí Abraham bar Hiyya Habargeloní / Edición crítica con
traducción, prólogo y notas por José Mª Millás Vallicrosa, Instituto Arias Montano
(CSIC), Madrid/Barcelona, 1952; Abraham Bar Hiyya: La obra Forma de la tierra de
Rabí Abraham bar Hiyya Habargeloní / Traducción del hebreo, con prólogo y notas
por José Mª Millás Vallicrosa, Instituto Arias Montano (CSIC), Madrid/Barcelona,
1956; Abraham Bar Hiyya: La obra Séfer Hesbón mahlekot hakokabim (Libro del
cálculo del movimiento de los astros) del Rabí Abraham bar Hiyya Ha
bargeloní / Edición crítica, con traducción, introducción y notas por José Mª Millás
Vallicrosa, Instituto Arias Montano (CSIC), Madrid/Barcelona, 1959.
F
SE
Yehudá haLeví
IC
D
CI
El apologista hebraicoandalusí Yehudá haLeví (10751141) escribió el Libro de la
prueba y de la demostración en defensa de la religión menospreciada, más conocido
EL
con el título de «El Cuzarí». Los argumentos de esta obra apologética partían del
D
hecho histórico de la conversión al judaísmo del Jan de los jazares turcos (instalados
L
A
en las estepas de Rusia meridional) en el siglo VII. Conviene subrayar que una obra
IT
como «El Cuzarí» jamás habría visto la luz si no hubieran servido de ejemplo otros
IG
Editorial S. Sigal, Buenos Aires, 1961; Arthur Koestler: El imperio kazaro y su
CA
herencia, Aymá, Barcelona, 1980).
TE
IO
BL
BI
26
Abraham Ibn Ezrá
Tras la colosal figura de Abraham Bar Hiyya, tan importante para la educación de
Europa, hay que citar otra de igual relieve, la del tudelano Abraham Ibn Ezrá (1089
1164).
De él dice el hebraísta sefaradí David Romano: «Es el más influyente de los científicos
judíos que vivieron en la Alta Edad Media cristiana y lo es en su doble faceta de creador
— realmente es el único de su época— y trasmisor, no sólo a los intelectuales judíos, sino
también a los cristianos. Fue autor prolífico en muy variados campos. Gramático,
teólogo, exegeta bíblico (...) Asimismo se ocupó mucho y bien de temas científicos: cultivó
sobre todo el campo matemático, en especial el astronómico y su aplicación astrológica;
en cambio, nada sabemos de que se interesara por cuestiones médicas» (David Romano:
La ciencia hispanojudía, Mapfre, Madrid, 1992, págs. 104105).
F
SE
Véase Abraham Ibn Ezra: El libro de los fundamentos de las tablas astronómicas
IC
de Rabí Abraham ibn Ezra / Edición crítica, con introducción y notas por José Mª
D
CI
Millás Vallicrosa, Instituto Arias Montano (CSIC), Madrid/Barcelona, 1947; Abraham
Ibn Ezra: Séfer Sahot de Abraham ibn Ezra / Edición crítica y versión
EL
castellana/Carlosd del Valle Rodríguez, Universidad Pontificia, Salamanca, 1977.
D
L
A
Yehudá alHarizí
IT
IG
En el siglo XII el escritor Yehudá alHarizí (h. 11701235), nacido cerca de Barcelona,
D
imágenes de la poesía islámica, y fue autor de una colección de Maqamat30 titulada
«Tahkemoni».
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«Su labor traductora del árabe al hebreo se centra, por ejemplo, en "Los dichos de los
BI
filósofos", de Hunayn ibn Ishaq, en una carta atribuida a Aristóteles, en varios tratados
de filosofía y medicina, en el "Libro sobre el alma" del Pseudo Galeno, y, sobre todo, en la
"Guía de los perplejos" de Maimónides» (Joaquín Lomba Fuentes: La raíz semítica de
lo europeo. O. cit., pág. 59).
30
Las Maqamat (composiciones de un género literario caracterizado por su temática ejemplarizante y
humorística) fue un estilo revolucionario desarrollado por la literatura islámica cuyo principal exponente fue
Abu Muhammad al-Qasim Ibn Alí al-Harirí (1054-1122), perteneciente a la denominada "Escuela de
Bagdad".
26
Moisés Ibn Ezrá
El granadino Moisés Ibn Ezrá (10601139) escribió el más importante tratado de
teoría poética judía en árabe, llamado Kitab almuhadarah ua almudhakarah. Véase
Alejandro DíezMacho: Moshé ibn Ezra como poeta y preceptista, Instituto Arias
Montano, Madrid, 1953; Angeles Navarro Peiró: El tiempo y la muerte. Las elegías
de Moseh ibn Ezra, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1994; Paul B. Fenton:
Philosophie et exégese dans le jardin de la métaphore de Moïse Ibn Ezra,
philosophe et poète andalou du XIIe Siècle, Leiden, 1996).
Ibn Paquda
Siempre en alÁndalus, el filósofo y moralista judío zaragozano Bahya Ibn Paquda
(segunda mitad del siglo XI), influenciado por las corrientes gnósticas islámicas y
F
neoplatónicas, escribió en árabe la «Doctrina de los deberes de los corazones» (al
SE
Hidaya ila fara’id alqulub), (Editorial S. Sigal, Buenos Aires, 1958) una de las obras
IC
maestras de la literatura ascética.
D
CI
Conviene resaltar que algunas de estas obras se han conservado hasta hoy gracias a su
EL
traducción en hebreo (habiéndose perdido la traducción árabe, o la traducción latina
D
a partir del hebreo).
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A
IT
Dice Ibn Paquda:
IG
«Te he buscado, Dios mío, a media noche
D
en el fondo de mi alma entre tinieblas;
CA
te he recordado en los atardeceres
TE
y brilló para mí la gloria de tu nombre
como la luz del sol esplendorosa».
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Maimónides, pensador judío en lengua árabe
BI
El Rabí Moshé Ben Maimón, en árabe Abu Imran Musa Ibn Maimún Ibn Abdallah al
Qurtubí, el Maimónides de los latinos, que recibió el apodo de RaMBaM (rambam),
nació en la ciudad hispanomusulmana de Córdoba el 30 de marzo de 1135 y falleció
en Fustat, el viejo Cairo, Egipto, el 13 de diciembre de 1204.
26
Hacia 1173, su hermano menor David, próspero comerciante de piedras preciosas,
murió ahogado cuando el navío musulmán que lo transportaba se hundió en el
Océano Indico. Por esa época, Maimónides se casó por segunda vez —su primera
esposa había fallecido joven, tiempo atrás en alÁndalus— con la hermana de Abul
Ma'ali Ben Hibbat Allah, un judío que era escriba de la corte de Saladino.
Sobre astronomía escribió el «Tratado sobre el calendario (judío)» (1158), las «Reglas
de la consagración de la neomenia» (antes de 1180) y una «Carta a los rabinos de
Marsella sobre la astrología» (1194). Sobre filosofía, destacan su «Guía de los
descarriados (o de los perplejos vacilantes)» (realizada entre 1185 y 1190), titulada
en árabe Dalalat alha'irín y llamada en hebreo Moré nevujím. Sus obras médicas
F
principales son «Aforismo médico de Moshé» (11871190), «Tratado sobre el asma»
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(1190), «Sobre el coito» (1191), «Sobre higiene» (1198) y «Explicación de las
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particularidades (de los accidentes)» (1200). De sus obras rabínicas sobresale la
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«Segunda Ley» (1180), en hebreo Mishné Torá.
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Maimónides es el paradigma de la hermandad judíomusulmana y de la tradición
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abrahámica monoteísta. Su principal esfuerzo fue conciliar la religión revelada con la
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adquisición de la ciencia es una de las formas más elevadas de la fe.
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Influenciado por Razes, alFarabí, Avicena, Avempace, Avenzoar, y particularmente
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por su compatriota y vecino, el cordobés Averroes, su pensamiento penetró en los
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ámbitos escolásticos cristianos e iluminó el camino de San Alberto Magno y Santo
Tomás de Aquino.
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Sus obras fueron vertidas al hebreo por traductores como Samuel Ben Yehudá Ibn
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Tibbón (11501230) y Moshé Ben Samuel Ibn Tibbón (m. 1283), y al latín, algunas
por Edward Pococke (16041691), el profesor de árabe de Oxford.
Véase Maimónides: Guía de los descarriados, 3 vols., S. Sigal, Buenos Aires, 1955;
Meir Orián: Maimónides. Vida, pensamiento y obra, Riopiedras, Barcelona, 1984;
David Romano, Miguel Cruz Hernández, Diego Gracia y Juan Vernet: Maimónides y
su época, Ministerio de Cultura/Junta de Andalucía/Ayuntamiento de Córdoba,
Córdoba, 1986; Maimónides: Guía de los perplejos, 3 vols., Cien del mundo, México,
1993; Maimónides: Guía de perplejos, Trotta, Madrid, 1994; Abraham Joshua
Heschel: Maimónides, Muchnik Editores, Barcelona, 1995; Maimónides: Guía de los
perplejos, Ramón Llaca y Cía, México, 1996.
26
Ben Sahl
El sevillano Abu Ishaq Ibrahim Ben Sahl (12121251, de origen judío, fue un notable
poeta que se convirtió al Islam destacándose en el estudio de las ciencias coránicas, y
llegando a ser secretario del gobernador musulmán de Ceuta (cfr. Ben Sahl de Sevilla:
Poemas, Hiperión, Madrid, 1984).
Ibn Falaqera
Shem Tov Ibn Yosef Ibn Falaquera o Palquera (12251295) fue un filósofo y traductor
sefaradí, defensor acérrimo de las obras de Maimónides. Véase Semtob ibn Falaquera:
Versos para la sana conducción del cuerpo. Versos para la sana conducción del
alma de Sem Tob ibn Falaquera/Traducción, edición crítica y comentario por Mª
Encarnación Varela Moreno (Universidad de Granada), Universidad Pontificia de
F
Salamanca, Salamanca, 1986.
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Moisés de León
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El cabalista sefaradí Moisés de León (12401290) residió una buena parte de su vida
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en Guadalajara y publicó el Séfer hazohar ("Libro del Esplendor"), obra considerada
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por los cabalistas como el auténtico libro sagrado de la Cábala. Escrita en arameo, la
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obra redactada a modo de comentario de la Torá, desarrolla una exposición doctrinal
A
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teosófica que se encuentra a caballo de la cábala profética, propia de la escuela de
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originaria.
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En Mallorca se dibuja el mundo
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Bajo la égida del rey aragonés Pedro IV el Ceremonioso varios judíos mallorquines
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destacaron en la fabricación de instrumentos de cálculo y también en el dibujo de
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cartas de navegar y mapasmundi, como Abraham Crescas y su hijo Yehudá Crescas.
Padre e hijo confeccionaron varios mapamundis, entre ellos el que se encuentra en la
Biblioteca Nacional de París, conocido con el nombre de Atlas Catalán de 1375.
Este Atlas marca uno de los hitos más señalados de la cartografía medieval. Se trata
de un portulano que consta de seis hojas de pergamino, de las cuales cuatro
representan regiones costeras situadas entre Gibraltar y el mar de la China.
«En el reinado de Pedro IV (13361387) las casi mil familias instaladas en Mallorca y
Menorca poseían un alto nivel cultural. Florecían entre ellos las ciencias, sobre todo lo
relacionado con la navegación; muchos hebreos mallorquines destacaron como
constructores de instrumentos náuticos, y la cartografía estaba por entero en sus manos.
Abraham Crescas, de Palma, y su hijo Yehudá eran célebres por sus mapamundis (le
llamaron "el judío de los mapas"); otros cartógrafos fueon Haim Ibn Rish, Gabriel de
26
Valsecha (quien en 1439 diseñó el mapa que debía orientar a Américo Vespucio) y Mecia
de Viladestes» (F. Torroba Bernaldo de Quirós: Historia de los sefarditas. O. cit., pág.
179).
Hasdai Crescas
En oposición a Maimónides, Crescas defiende la idea de la existencia de un ser infinito
que se encuentra más allá y fuera del mundo (que identifica con Dios), así como la
F
posibilidad de otorgar a Dios atributos positivos como la unidad y la simplicidad. Su
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obra fundamental es Or Adonai (La luz del Señor), que se publicó en Ferrara (Italia)
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en 1596 y tuvo una gran influencia en la tradición de la filosofía judía. Hasai Crescas
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llevó a cabo la crítica de la física aristotélica, influyendo en Pico della Mirandola y en
Spinoza.
EL
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Abraham Zacuto
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Abraham Zacuto bar Samuel bar Abraham Zacut (14501522?), nacido en Salamanca.
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En la universidad de esa ciudad estudió medicina, astrología y matemáticas. Luego de
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vivir algún tiempo en Zaragoza donde enseñó diversas disciplinas, retornó a su ciudad
natal y en la universidad salmantina desempeñó la cátedra de astronomía.
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En 1492, debido al edicto de expulsión contra los miembros de su confesión, Abraham
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Zacuto fue uno de los 120 mil judíos que buscaron refugio en Portugal. Allí, entre
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1496 y 1497, asistiría con sus conocimientos astronómicos y náuticos a la preparación
de la expedición de Vasco da Gama (14691524) —incluso con el suministro de uno
de sus astrolabios—, contribuciones que serían exaltadas por Luiz Vaz de Camoes
(15241580) en sus «Luisíadas» (Canto V).
Sin embargo, debido a las persecuciones ordenadas por Manuel I el Afortunado (rey
de Portugal entre 14951521) a partir de fines de diciembre de 1496 contra los judíos,
Abraham Zacuto se vio obligado a emigrar en forma definitiva de la Península. Con su
hijo Samuel se dirigió a Túnez donde fijó residencia. Allí florecía una próspera y docta
comunidad judía bajo los auspicios de la dinastía musulmana de los Hafsíes (1228
1534). Algunos años después, cuando la conquista española amenazó aquella costa
africana, marchó a Turquía, pasando el final de sus días en Damasco (Siria). Su
bisnieto fue el célebre médico llamado «Zacuto lusitano».
26
Las obras principales de Abraham Zacuto son una obra histórica compuesta entre
1480 y 1510: el Séfer Yuhasin ("Libro de las genealogías o de los linajes"), y dos
tratados astronómicos: el Hajibbur Hagadol ("Compilación magna" o "Gran obra"),
redactado hacia 1478, y el Almanach perpetuum ("Almanaque perpetuo"), publicado
en Leria (Portugal) en 1496. Abraham Zacuto cita elogiosamente en sus trabajos a
numerosos autores musulmanes como al médico arRazí o Razes (844926), al
astrólogo tunecino Ibn Raÿal, latinizado Abenragel (940?), a los astrónomos
Alfraganus (813882) y Azarquiel (10291087), y a Averroes (11261198).
Véase Antonio Barbosa: O Almanach Perpetuum de Abraham Zacuto e as Tábuas
nauticas portuguesas, Coimbra, 1929; Francisco Cantera Burgos: El judío
salmantino Abraham Zacut. Notas para la historia de la astronomía en la España
medieval, Bermejo, Madrid, 1931; José Luis Lacave: El «Séfer Yuhasin» de Abraham
Zacut, Facultad de Filosofia y letras, Madrid, 1970; Abraham Zacut: Almanach
Perpetuum (en castellano), Imprensa NacionalCasa de Moeda, Lisboa, 1986.
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Cristóbal Colón y el descubrimiento de América
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Fuente de controversias entre los especialistas, la contribución de judíos y conversos al
descubrimiento de América parece haber sido de suma trascendencia.
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establecidos en Génova en el siglo XV —cfr. Salvador de Madariaga: Vida del Muy
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Magnífico Señor Don Cristóbal Colón, Sudamericana, Buenos Aires, 1991; Ibrahim
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Husain Hallar: Descubrimiento de América por los Árabes, Cap. III: «Cristóbal
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Colón judío», Edición del Autor, Buenos Aires, 1959,—; y que Cristóbal Colón (1451
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1506) por tanto, era un converso (cfr. Simon Wiesenthal:
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Cuando el almirante llegó a Portugal se casó con Felipa Moniz, cristiana nueva de
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origen judío. En tierra portuguesa Colón obtiene ayuda de los judíos para su proyecto,
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así como apoyo científico a través de mapas, tablas de astronomía y los trabajos de
Abraham Zacuto (ver aparte).
En Castilla es acogido por el duque de Medinaceli, nieto de una judía. En la corte le
ayudaron también Abraham Senior y Ashaq Abravadel, colaboradores de la reina, y en
su favor intervinieron los conversos Juan Cabrero, Alfonso de la Caballería y Luis de
Santángel. Este último adelantó 70.000 ducados para financiar la empresa.
Entre los tripulantes de las naves figuran un intérprete de hebreo y varios hombres de
origen judío. Entre los 120 navegantes del primer viaje no había ningún sacerdote
católico.
26
Es bien conocida la historia de Colón y del marinero morisco Rodrigo de Triana31; ésta
se constituyó en la primera de la larga serie de injusticias que caracterizaron a la
colonización de las Américas (cfr. Georg Friederici: El carácter del descubrimiento y
de la conquista de América, 3 vols., FCE, México, 1987).
León Hebreo
Yehudá León Abravanel (14601521), más conocido por León Hebreo, fue un famoso
filósofo, médico y poeta sefaradí. Vivió en Toledo y emigró a Italia tras la expulsión de
los judíos españoles. Escribió (en italiano) entre 1501 y 1502 unos Diálogos de amor
(EspasaCalpe, colección Austral, Buenos Aires, 1947) que alcanzaron gran
notoriedad. Para León Hebreo, el amor es el principio universal que domina todos los
seres del universo; es la idea de las ideas, tiene un origen divino y es la finalidad de
toda forma de movimiento. La realidad de cada ser no es sino su grado de amor. En su
obra se funden las influencias de la filosofía neoplatónica con otras ideas procedentes
F
de Aristóteles, Ibn Gabirol, así como de las tradiciones judía, cristiana y musulmana.
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Los Diálogos fueron traducidos al español por Garcilaso de la Vega en 1590, y tuvieron
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influencia en el pensamiento de Baruj Spinoza.
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31
Rodrigo de Triana (fl. finales s. XV principios s. XVI), fue un marinero de origen musulmán, miembro del
primer viaje americano de Cristóbal Colón. Conocido como Rodrigo de Triana, su verdadero nombre, al
parecer, era el de Juan Rodríguez Bermejo, un morisco procedente de Los Molinos (Sevilla). Formó parte de
la tripulación del primer viaje colombino a América, y su nombre ha pasado a la historia por ser el primero en
divisar tierra desde su puesto de vigía en La Pinta, en la madrugada del 12 de octubre de 1492. Lo que
Rodrigo había avistado era una pequeña isla del archipiélago de las Lucayas (Bahamas), cuyo nombre
indígena era Guanahaní, a la que Colón llamó San Salvador Rodrigo de Triana no pudo cobrar los 10.000
maravedíes de recompensa que habían prometido los Reyes Católicos al primero que divisara tierra, ya que
Colón adujo haberla visto antes que él y se embolsó la suma. En 1525, Rodrigo de Triana participó en la
expedición del fraile dominico García Jofre de Loaisa (1480-1546) a las Molucas. El triste episodio que
protagonizó Colón nada tiene que ver con la fe judía de sus padres y amigos. Éste se caracterizó por no ser
precisamente un creyente y si más bien un individuo materialista, inescrupuloso y ambicioso que no trepidó
en conducir un cargamento de esclavos al continente americano en su segundo viaje (1493) —cfr. Jean
Meyer: Esclavos y negreros, Aguilar, Madrid, 1989, pág. 23—-.
26
EL MISTICISMO SEFARADI
La Cábala (en hebreo, "tradición recibida"), en sentido genérico, misticismo judío en
todas sus variantes; en su sentido específico designa dos escuelas cabalísticas: la
escuela alemana, centrada en la oración y meditación, y la hispana, que derivó hacia
la especulación y la teosofía esotérica que cristalizó en el siglo XIII en la península
Ibérica y Provenza alrededor del Séfer hazohar ("Libro del Esplendor"), conocida
como el Zohar, y de donde derivan todos los movimientos religiosos posteriores en el
judaísmo.
La forma más antigua conocida del misticismo judío data de los primeros siglos y es
una variante del misticismo helenístico astral de la era cristiana, en el cual el adepto,
a través de la meditación y la utilización de fórmulas mágicas, viajaba en éxtasis, a
través y por encima de las siete esferas astrales. En la versión judía, el adepto busca
F
una versión extática del trono de Dios, el carro (merkava) conducido por el profeta
SE
Ezequiel (Ez.: 1).
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El período medieval
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La cábala española medieval, la forma más importante del misticismo judío, está
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menos relacionada con la experiencia extática que con el conocimiento esotérico de la
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naturaleza del mundo divino y sus recónditas conexiones con el Universo. La cábala
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medieval es un sistema teosófico que se basa en el neoplatonismo y el gnosticismo y
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se expresa a través de un lenguaje simbólico. El sistema se articula de una manera
más amplia en el Zohar, escrito entre los años 1280 y 1286 por el cabalista español
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Moisés de León, pero atribuido, según algunos especialistas, al rabí Simón bar Yohai
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(siglo II), discípulo del rabí mártir Akiva ben Yosef (40135). El Zohar representa a la
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divinidad como un dinámico flujo de fuerza compuesto por numerosos aspectos. Más
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allá y por encima de toda contemplación humana está Dios como Él es en sí mismo, lo
incognoscible y lo inmutable En Sof (infinito). Otros aspectos o atributos, conocidos, a
través de la relación de Dios con el mundo creado, son las emanaciones del En Sof en
una configuración de diez sefirot (reinos o planos), a través de los cuales el poder
divino se irradia más allá para crear el cosmos. La teosofía zohárica se concentra en la
naturaleza e interacción de los diez sefirot como símbolos de vida interna y procesos
de la naturaleza divina.
Debido a que los sefirot son también arquetipos de todo lo creado, el entendimiento
de sus acciones puede iluminar las obras internas del cosmos y de la historia. El
Zohar, por esta razón, da una interpretación cósmica y simbólica del judaísmo y de la
historia de Israel en la cual la Torá y los mandamientos, al igual que la vida de Israel
en el exilio, se convierten en símbolos de los sucesos y procesos de la vida interna de
27
Dios. Así interpretados, hasta la observancia de los mandamientos asume un
significado cósmico.
Cábala luriánica
Este aspecto cósmico del Zohar se desarrolló de forma dramática y con graves
consecuencias en la cábala luriánica del siglo XVI, denominada así por su fundador, el
Rabí Isaac ben Salomón Luria Ashkenazi de Safed.
El sistema luriánico surge como respuesta a la experiencia sufrida por los judíos
expulsados de España en 1492 y proyecta esta experiencia al mundo divino. Según
este sistema, el En Sof se ensimisma (tzimtzum) al principio de la creación, dejando
espacio para el mundo, pero también para el mal. Una catástrofe cósmica ocurre
cuando las emanaciones de la luz divina estallan y las chispas quedan prisioneras en
el mundo como fragmentos del mal (qelippot). La tarea humana, a través de la oración
F
y el cumplimiento de los mandamientos, se convierte en nada menos que la redención
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(tiqqun) del mundo y la reunificación con la esencia de Dios. La cábala se convirtió así
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en un movimiento popular mesiánico, que más tarde desembocó en el mesianismo
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sabático y, en el siglo XVIII, en el hasidismo polaco.
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La ímproba tarea de los hebraístas españoles
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Desde que Pulido José María Vallicrosa (18971970), traductor del hebreo y del
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árabe, junto con Francisco Cantera Burgos fundó el Instituto Arias Montano en 1939.
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Ese mismo año salió el primer número de «Sefarad», revista de la que fue director
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hasta 1968.
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27
LOS OTOMANOS
Esplendor y declive de una civilización
El Imperio Otomano duró aproximadamente desde 1299 hasta 1922, y durante su
mayor extensión territorial abarcó tres continentes, desde Hungría al norte hasta Adén
al sur, y desde Argelia al oeste hasta la frontera iraní al este, aunque su centro de
poder se encontraba en la región de la actual Turquía A través del Estado vasallo del
kanato de Crimea, el poder otomano también se expandió por Ucrania y por el sur de
Rusia.
Su nombre deriva de su fundador, el guerrero musulmán turco Osmán (o Utmán I
Gazi), que estableció la dinastía que rigió el Imperio durante su historia (también
llamada dinastía Osmanlí). Pero el verdadero responsable del origen de los otomanos
fue Ertugrul, padre de Osmán 32.
F
Expansión otomana
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El primer Estado otomano era un pequeño principado al noroeste de Anatolia, uno de
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los muchos insignificantes estados que surgieron tras el hundimiento del anterior
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sultanato Selÿukí de Rum (ver segunda nota del apunte sobre "Las Cruzadas"). Los
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historiadores disienten sobre la relativa importancia de sus dos características
D
principales: las tradiciones tribales de los guerreros turcomongoles que dominaron el
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Estado y la influencia del Islam. El erudito Paul Wittek (véase la bibliografía), quien
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destaca la influencia del Islam, afirma que el surgimiento del Estado otomano se
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debió a la atracción de los gazis, o guerreros de la guerra santa en defensa del Islam
D
dispuestos a desempeñar un papel importante en la lucha contra el Imperio bizantino.
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Las guerras incesantes y las alianzas acertadas supusieron el éxito de los otomanos.
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Hacia 1325 capturaron Bursa, que se convirtió en su capital y hacia 1338 habían
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27
La derrota otomana a manos del conquistador mongol de Asia Central Tamerlán
Timur en 1402, demostró ser el único contratiempo para los otomanos, quienes
rápidamente reconstruyeron, consolidaron y aumentaron su poder. En 1453 el sultán
Mehmed II conquistó Constantinopla —luego llamada Estambul 34— y la convirtió en
la tercera y última capital otomana. Las conquistas continuaron durante el siglo XVI.
Bajo el reinado del sultán Selim I (15121520), llamado "el Severo" fueron derrotados
los Safavíes persas de Irán (en la llanura de Chaldirán, el 23 de agosto de 1514),
región que, junto al este de Anatolia fue añadida al Imperio; en 15161517 los
mamelucos de Siria y Egipto corrieron igual suerte y sus territorios acabaron también
anexionados. Con las posesiones mamelucas, los otomanos llegaron a los lugares
sagrados musulmanes de Arabia y también heredaron el interés mameluco por el mar
Rojo y el océano Índico.
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cruzado el Helesponto con el propósito de invadir Europa en 1356. Cinco años más tarde, Murad había
conquistado Tesalónica y Adrianópolis, las dos ciudades griegas más importantes después de Atenas. Sólo
Serbia ofreció seria resistencia. En Kosovo, Lazar había reunido un gran ejército que incluía búlgaros,
bosnios, albaneses, polacos, húngaros y mongoles, además de serbios. Durante la batalla, un noble serbio
Milosh Obravitch, yerno de Lazar, que simuló ser un desertor, penetró en el campamento turco e hirió
mortalmente a Murad I con una daga envenenada. A pesar de ello, los turcos se rehicieron e infligieron una
total derrota al ejército serbio. Lazar fue capturado y ejecutado. Serbia se vio obligada a pagar tributo a los
turcos y los serbios tuvieron que servir en el ejército otomano. En el año 1448, un ejército cristiano, al mando
del húngaro János Hunyadi, hizo frente a los turcos, de nuevo en Kosovo, en lo que fue el intento final para
salvar Constantinopla, pero en el momento crucial de la batalla los valaquios desertaron y se pasaron a los
turcos, los cuales obtuvieron de nuevo otra decisiva victoria. Cinco años más tarde los turcos conquistarían
Constantinopla.
34
Hay dos versiones válidas que tratan de acreditarse el origen de esta denominación. Una es la expresión
griega is ten pólis "hacia la ciudad" (luego arabizada). La otra es la que afirma que a pocos días de la caída de
Constantinopla, el 29 de mayo de 1453, la urbe fue llamada Islambul ("ciudad del Islam").
27
El hijo y sucesor de Selim, Solimán el Magnífico35, normalmente es considerado como
el mejor de los gobernantes otomanos. Durante su reinado Irak fue añadido al Imperio
(1534), se estableció el control otomano al este del Mediterráneo, y, a través de la
anexión de Argel y de las actividades de los corsarios de Berbería, el poder otomano
fue empujado hacia el oeste del Mediterráneo. También Solimán llevó a los ejércitos
otomanos hasta Europa: Belgrado fue capturada en 1521 y los húngaros fueron
derrotados en la batalla de Mohács36 en 1526. En 1529 Solimán llevó a cabo el sitio de
Viena37 sin éxito, ya que fue derrotado por Fernando I de Habsburgo, quien conservó
algunas fortalezas húngaras. Pero la invulnerabilidad del Imperio otomano quedó
puesta de manifiesto en 1571 con la importante derrota de su flota en Lepanto, a
35
Solimán I el Magnífico (1494-1566), sultán de Turquía (1520-1566), durante cuyo reinado el Imperio
otomanoalcanzó su cenit de poder y esplendor. Solimán nació el 6 de noviembre de 1494, en Trabzon
(Trebisonda), hijo de Selim I. En 1521, al comienzo de su reinado, Solimán capturó la ciudad húngara de
Belgrado(actualmente capital de Serbia). Al año siguiente expulsó a los Caballeros de San Juan de Jerusalén,
orden militar y religiosa, de la isla de Rodas en el mar Egeo. En 1526 de nuevo invadió Hungría, mató a Luis
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II, rey de Hungría, y venció al ejército húngaro en la batalla de Mohács. Regresó a Hungría en 1529 como
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partidario de Juan I Zápolya, quien había sido elegido rey por la nobleza húngara, pero cuya elección fue
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rechazada por el archiduque Fernando de Austria (futuro emperador Fernando I). Juan I tomó posesión de su
cargo, y Fernando fue obligado a volver a Viena, a la cual Solimán entonces intentó sitiar. No tuvo éxito,
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limitando de este modo el alcance de su invasión a Europa central. Solimán después dirigió su ejército contra
el Irán safaví. En 1534 conquistó las ciudades de Tabriz y Bagdad. En 1535 firmó una alianza con Francisco
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I, rey de Francia, contra el emperador Carlos V. El tratado abrió el comercio del oriente mediterráneo tan sólo
a la bandera francesa, y, como resultado del acuerdo, las relaciones diplomáticas entre Francia y Turquía
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duraron siglos. En 1541 Solimán de nuevo invadió Hungría, capturando Buda e incorporando la Hungría
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central a su Imperio. Los turcos en este momento tenían la supremacía en el Mediterráneo; en 1551, Trípoli,
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en el norte de África, cayó en sus manos. Los principales acontecimientos durante los últimos años del
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reinado de Solimán fueron la segunda y tercera guerra con Irán, que entonces era un estado casi dominado, el
asedio frustrado de Malta (donde los Caballeros de San Juan se habían retirado) en 1565, y también una
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expedición en Hungría en 1566. Murió sitiando Szigetvár en este país, el 7 de septiembre de 1566. Sus hijos
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Selim y Bayaceto lucharon después por el trono hasta que Bayaceto fue derrotado y asesinado. Solimán es
considerado como el sultán turco más importante. Sobresalió como administrador, ganando el título de kanuni
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(’legislador’), y como destacado mecenas de las artes y de las ciencias. A su fallecimiento, el Imperio
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otomano controlaba gran parte de los Balcanes, el norte de África y Oriente Próximo, y era el poder
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dominante en el mar Mediterráneo. En una sala del Congreso de los Estados Unidos, en Washington, junto
con los cuadros de Hammurabi, Moisés, Solón y Jefferson, hay un retrato del sultán Solimán en
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reconocimiento a su talla política como gobernante, que promulgó todo un sistema de jurisprudencia. Entre
los logros de Solimán que han prevalecido está su poesía, y a pesar de que no se le puede catalogar como
maestro de versos clásicos, fue sin duda un buen practicante de este arte. Su Diván (colección de poemas) nos
da una visión de sus pensamientos en mayor profundidad y alcance que sus diarios, que consisten
básicamente en notas diarias de batallas, viajes y asuntos políticos. Algunas de las líneas poéticas de Solimán
el Magnífico se han convertido en proverbios aun en uso en Turquía, por ejemplo: "La gente considera a la
riqueza y el poder como la mejor de las suertes, pero en este mundo, la salud es la mayor riqueza".
36
La Batalla de Mohács supuso la derrota del ejército húngaro, a las órdenes del rey Luis II, a manos del
ejército otomano, bajo el mando de Solimán el Magnífico, y tuvo lugar el 29 de agosto de 1526 en Mohács,
170 km al sur de Budapest. Solimán había exigido el pago de tributos a Hungría y cuando ésta se negó a ello,
avanzó hacia el norte con un ejército formado por 100.000 hombres, tomando Belgrado y alcanzando la
frontera húngara. En respuesta, Luis reunió a un ejército mucho más pequeño, formado por 20.000 soldados,
y en vez de esperar los refuerzos de Croacia y Transilvania, avanzó hacia el sur desde Buda. Sus fuerzas
fueron prácticamente aniquiladas y él mismo murió en la batalla. Las consecuencias para Hungría fueron
desastrosas. Después de doce años de guerra civil, todo el país fue absorbido por el Imperio otomano; sólo el
tercio oriental, incluyendo Transilvania, mantuvo cierta autonomía. La monarquía húngara fue destruida y los
otomanos permanecieron en el país hasta 1699.
27
manos de la Liga Santa formada por el Papado, Venecia y la Monarquía Hispánica
(cuyo rey era en ese fecha Felipe II).
Instituciones otomanas
La principal ocupación del Estado otomano era la guerra, según sugiere la relación
anterior de conquistas, y su institución más importante era su Ejército. Las primeras
fuerzas otomanas estaban compuestas por una caballería turca (espahíes o sipahis)
pagada a través de concesiones de ganancias del gobierno (normalmente ganancias en
tierras) conocidas como timares. Cuanta más tierra era conquistada, más ingresos
tenían los gazis turcos musulmanes. Pero la caballería ligera gazi no era suficiente
para la guerra constante, y desde mediados del siglo XIV los otomanos comenzaron a
reclutar otras tropas asalariadas de mercenarios, esclavos, prisioneros de guerra y
(desde mediados del siglo XV) una leva (devshirme) de jóvenes cristianos de los
Balcanes. A partir de estas nuevas fuerzas (las kapikulli) surgió la famosa y muy
F
disciplinada infantería otomana, cuyos miembros eran conocidos como los jenízaros38,
SE
que fue el factor principal de los éxitos militares otomanos desde finales del siglo XV
IC
en adelante. Los otomanos también crearon un cuerpo especialista de artillería e
D
CI
ingenieros.
EL
La administración otomana operaba en función de las necesidades de estas fuerzas. La
D
regidos por oficiales cuya principal obligación era reunir timariotas para las
IT
campañas. Gran parte del trabajo de la administración central era la obtención de los
IG
D
CA
37
El asedio se produjo a principios del otoño de 1529, entre el 27 de septiembre y el 15 de octubre. A pesar de
que los defensores de Viena sólo recibieron el apoyo poco entusiasta de sus vecinos alemanes, el ejército
TE
otomano estaba mal equipado para un asedio y su tarea fue obstaculizada por la nieve y las inundaciones.
IO
Solimán se retiró a finales de octubre y no pudo reanudar el sitio a su regreso en 1532, cuando encontró a los
BL
defensores apoyados por un gran ejército bajo el mando del hermano de Fernando I, el emperador Carlos V
(1500-1558).
BI
38
Los Jenízaros (del turco, yeniçeri, "nuevas tropas") fue un cuerpo de élite organizado por el sultán Murad I
(1326-1389) en la segunda mitad del siglo XIV, pero creado por su padre Orján Gazi (1288-1360). Los
ejércitos otomanos se habían formado hasta entonces mediante levas tribales turcomanas leales a los líderes
de su clan, pero a medida que el desarrollo político otomano adquirió las características de un Estado, se hizo
necesario tener tropas pagadas, únicamente leales al sultán. Después, se instituyó el sistema de atraer a
jóvenes cristianos (devshirme); convertirles al Islam y darles el mejor adiestramiento, transformándoles en la
élite del Ejército. Su vida diaria estaba regida por leyes especiales, que les apartaban de la vida civil; incluso
se les prohibía el matrimonio. La devoción a esa disciplina convirtió a los jenízaros en la mejor división de
ejército del mundo de entonces. Sin embargo, estas normas cambiaron con el tiempo; el reclutamiento se
relajó y debido a los privilegios de que disfrutaban, su número ascendió de aproximadamente 20.000 en 1574
a unos 135.000 en 1826. Para aumentar sus sueldos, los jenízaros comenzaron a ejercer distintas relaciones
comerciales y establecieron fuertes vínculos con la sociedad civil, reduciendo de este modo su lealtad al
sultán. En algunos momentos se convirtieron en personas influyentes y en aliados de las fuerzas
conservadoras, oponiéndose a toda reforma y evitando permitir que se modernizara el Ejército. Su impotencia
para aplastar la insurrección griega a comienzos de la década de 1820 les desacreditó completamente, y animó
al sultán Mahmud II a proyectar su eliminación. Cuando se alzaron en 1826, este último disolvió el cuerpo
por decreto y eliminó toda oposición por la fuerza.
27
fondos y suministros necesarios para las fuerzas kapikulli. Se construían carreteras y
puentes para facilitar el movimiento de tropas. En su apogeo, la administración fue
muy eficiente. La administración central estaba compuesta por tres partes
fundamentales: la extensa casa del sultán; los departamentos gubernamentales
agrupados bajo el control del gran visir, suplente del sultán en todos los asuntos de
Estado; y la institución religiosa musulmana compuesta por funcionarios musulmanes
preocupados por la educación y la legislación, agrupados bajo la jefatura suprema del
sheij alislam. Los más importantes de éstos eran los cadíes (qadi singular, qudat
plural), que se ocupaban de la administración local y del derecho penal. Antes del
siglo XVII, los musulmanes libres servían principalmente como sipahis o en la
institución religiosa; el resto de la administración del Estado estaba compuesta
principalmente por cristianos convertidos al Islam que eran reclutados en forma de
fuerzas militares kapikulli. Su situación jurídica era la de esclavos del sultán, aunque
la palabra «esclavo» no tenía las connotaciones de esclavitud doméstica o de
asignación que tiene en Occidente. Para los europeos contemporáneos parecía que el
F
Estado otomano carecía de aristocracia y estaba regido por hombres elegidos por sus
SE
méritos y su lealtad total al sultán. La administración utilizaba un idioma (la lengua
IC
turca otomana) con gramática turca y vocabulario principalmente árabe y escrito en
D
CI
caracteres arábigos39.
EL
La mayoría de las demás funciones realizadas por los estados modernos se dejaban a
D
instituciones no gubernamentales. La población del Imperio otomano era una mezcla
L
A
cultural, lingüística y religiosa. La mayoría de la población de las provincias europeas
IT
era cristiana y pertenecía a la Iglesia ortodoxa, muchos de los cuales aceptaron el
IG
dominio otomano porque era menos oneroso que la dominación católica. En Tracia,
D
Macedonia, Bulgaria y Albania había un extenso asentamiento musulmán, y en Bosnia
CA
se produjo una conversión en masa al Islam. Los musulmanes también predominaban
TE
en algunas ciudades. En las provincias asiáticas sucedía lo contrario: la mayoría de la
población era musulmana aunque había muchos cristianos en las ciudades; en
IO
Anatolia había cristianos griegos al oeste y armenios al este, y grupos numerosos de
BL
cristianos en Siria y Egipto. El pueblo estaba organizado de dos modos. Con fines
BI
económicos se agrupaba en tribus, villas así como en gremios en las ciudades. El
mayor número estaba compuesto por campesinos, quizá el 15% de la población eran
habitantes de las ciudades y una proporción bastante superior nómadas o
seminómadas. Con fines sociales la población se organizaba en comunidades
religiosas que posteriormente se denominarían millets. Muchos musulmanes
pertenecían a órdenes místicas sufíes El gobierno trataba con los jefes de las distintas
39
La lengua turca, también conocida por osmanlí o turco otomano, es el idioma nacional de Turquía y de las
minorías turcas que viven en Asia central, los Balcanes y el Oriente Próximo. Relacionado con el azerbaÿaní
y el turkmenistaní, es el miembro de la subfamilia altaica que más se habla. Procede de la lengua que trajeron
los turcos selÿukíes al Asia Menor en el siglo XI. Otras veces se le ha llamado antiguo anatolio y ha sido la
lengua de todo el Imperio otomano. Su alfabeto originario fue el árabe. Durante siglos el turco ha recibido
numerosos arabismos léxicos y sintácticos, así como una clara influencia del persa. A partir de 1929, Mustafá
Kemal, llamado Ataturk ("padre de los turcos"), ordenó la adopción del alfabeto latino y las expresiones
tomadas de otras lenguas se sustituyeron por derivadas del turco.
27
comunidades religiosas y dejaba a las comunidades ventilar sus propios asuntos. Los
jefes de las comunidades religiosas, por tanto, constituían una clase de intermediarios
entre el gobierno y el pueblo. Los grandes terratenientes, los jefes tribales y otras
personas actuaban de forma similar y se les conoció como notables (a’yan). Durante
sus primeros tres siglos, el Imperio otomano fue próspero, y esta prosperidad se
reflejó en el desarrollo de una brillante cultura: música, literatura (especialmente
historia, geografía y poesía), pintura y, sobre todo, arquitectura, cuya mejor
representación está en la mezquita de Solimán en Estambul, construida por el gran
arquitecto de Solimán, Sinán.
Decadencia otomana
Durante la mayor parte del siglo XVII el Imperio otomano fue territorialmente estable
pero durante los últimos años del siglo, comenzando con el rechazo otomano en el
segundo sitio de Viena (1683), el Imperio sufrió una sucesión de derrotas militares,
F
primero a manos de Austria y posteriormente de Rusia en las Guerras Turcorusas40.
SE
Con el Tratado de Iasi (1792), los otomanos, que ya desde 1774 habían perdido el
IC
kanato de Crimea en favor de Rusia, perdían sus territorios al norte del Danubio y
D
CI
todos los territorios al este del Dniéster también a manos rusas. En los demás
territorios europeos, y en Asia y África, había muchos gobernantes más o menos
EL
autónomos sobre los que el gobierno central tenía poco control.
D
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Hubo dos respuestas a esta decadencia por parte de los otomanos. Por un lado,
IT
mantenían que la raíz del problema era que las instituciones otomanas, comenzando
IG
por el Ejército, habían permitido la merma del esplendor que había prevalecido en el
D
poderosamente representado por la burocracia civil, creía que el problema era que los
TE
estados europeos habían hecho avances militares que era necesario que los otomanos
igualaran. Durante el siglo XIX esta segunda opción dominó y el resultado fue el
IO
(17851839). Sin embargo, se descubrió que la reforma militar necesitaba de cambios
BI
mucho más trascendentales en el gobierno y, en última instancia, en la sociedad, a
largo plazo.
Reforma otomana
Mahmud II intentó abolir el antiguo Ejército y sustituirlo por una nueva fuerza al
estilo europeo. En 1826 acabó con los jenízaros; se permitió que el ejército sipahi se
derrumbara y los timariotas fueron licenciados por el Estado hacia 1831. En su lugar
fundó una fuerza pagada, disciplinada y reclutada que se convirtió en el principal
instrumento de centralización política durante el último siglo del Imperio otomano, y
también en la principal inspiración para la modernización de otras instituciones
40
Las Guerras Turco-rusas fueron una serie de enfrentamientos entre Rusia y el Imperio otomano producidos
durante los siglos XVII, XVIII y XIX, a medida que Rusia se hacía con el control de la costa norte del mar
Negro y ampliaba su esfera de influencia en los Balcanes.
27
otomanas. Un ejército moderno era caro, debían pagarse impuestos y era necesaria
una burocracia más numerosa y eficaz para recaudarlos. Además, se precisaba un
sistema educativo moderno para suministrar oficiales al Ejército y funcionarios al
Estado. También se realizaron importantes reformas jurídicas e importantes
desarrollos en comunicaciones (telégrafo y ferrocarril). Todas estas reformas costaban
dinero y debían transferirse más recursos de instituciones no gubernamentales al
Estado. La oposición fue vencida por el nuevo Ejército. Todavía no había suficiente
dinero y desde mediados del siglo XIX los otomanos comenzaron a solicitar préstamos
en grandes cantidades al extranjero. Finalmente (1875) el Imperio no puso interés en
sus deudas y tuvo que aceptar cierto control financiero europeo (1881).
F
era otro que el concepto de liberalización, con el que se pretendía conceder a los
SE
ciudadanos derechos y libertades más amplias, y en particular dar a los no
IC
musulmanes los mismos derechos y deberes que a los musulmanes. En gran medida
D
CI
este segundo aspecto fue impuesto a los otomanos por la presión de las grandes
potencias europeas en nombre de los cristianos otomanos como parte de la
EL
denominada Cuestión Oriental.
D
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Las tensiones causadas por las reformas del Tanzimat provocaron críticas tanto de
IT
quienes no querían el cambio, considerándolo antiislámico, como de quienes creían
IG
que las reformas no llegarían lo suficientemente lejos y deberían acompañarse por
D
una mayor participación popular en el gobierno. En la década de 1860, un grupo de
CA
hombres jóvenes conocidos como los Nuevos Otomanos, solicitaron una variedad de
TE
reformas, incluida la petición de una constitución. En 1876, los ministros reformistas
promulgaron una Constitución, aunque fue anulada en 1878. Siguieron una serie de
IO
Turcos, que culminaron en una revolución militar en 1908, con la caída del gobierno
BI
Colapso otomano
Durante el último siglo de su existencia, la cuestión ante la que se encontraba el
Imperio otomano era si a través de la coerción y la conciliación podía mantenerse
unido, hasta que los frutos de la modernización satisficieran a los ciudadanos no
musulmanes para que continuaran formando parte del Imperio. En sus provincias
europeas fracasó porque los cristianos no acataban el poder otomano y las potencias
europeas no permitían que éste les coaccionara. Gradualmente las provincias se
hicieron autónomas: Grecia (1829), Serbia (1830) y los principados de Moldavia y
27
Valaquia (actual Rumania) que se unificaron en 1859. Grecia se independizó en 1830,
Serbia, Rumania y Montenegro en 1878, así como parte de Bulgaria. Hacia 1885 los
territorios otomanos en Europa se redujeron a Macedonia, Albania y Tracia, y todos
ellos, exceptuando Tracia, dejaron de pertenecer al Imperio como resultado de las
Guerras Balcánicas de 19121913. También los otomanos perdieron el control del
norte de África: Argelia fue tomada por Francia en 1830 y Túnez en 1881. Inglaterra
ocupó Egipto en 1882 e Italia se anexionó Libia en 1912. Pero los otomanos
conservaron las provincias asiáticas e incluso aumentaron su poder en Arabia. Aunque
había algunas muestras de oposición nacionalista en las provincias árabes, se
limitaron a una pequeña minoría, y en 1914 no había razones que hicieran pensar que
el poder otomano no perduraría en Asia.
Paulatinamente, el otrora orgulloso Imperio se convirtió en un mercado indispensable
para Inglaterra y Francia. De hecho, tan indispensable, que durante la Guerra de
Crimea (1854) los otomanos fueron salvados por Inglaterra y Francia, cuando fueron
F
atacados por Rusia41. Por esa época. las potencias europeas comenzaron a llamar al
SE
Imperio otomano "el Hombre Enfermo de Europa" 42.
IC
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41
EL
Los rusos destruyeron la flota turca situada en el puerto de Sinope, en el mar Negro, el 30 de noviembre de
1853, lo que provocó una enérgica protesta de Gran Bretaña y Francia. Rusia ignoró la demanda por la que
D
reclamaban la evacuación de Moldavia y Valaquia, y ambos países le declararon la guerra en marzo de 1854,
L
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confiando en que su supremacía naval les proporcionaría una victoria rápida. El reino italiano de Cerdeña se
IT
unió poco después a esta coalición anglo-francesa, con la esperanza de ganar su favor y obtener su ayuda para
IG
expulsar a los austriacos de los pequeños reinos de Italia. El 3 de junio, Austria amenazó con declarar la
guerra a Rusia, que quedó consternada al recibir la noticia, a menos que desocupara Moldavia y Valaquia.
D
Rusia cumplió esta petición el 5 de agosto y las tropas austriacas ocuparon ambos principados. Fue en este
CA
momento cuando los aliados decidieron emprender una campaña contra Sebastopol(situado en Crimea), donde
se encontraba el cuartel general de la flota rusa emplazada en el mar Negro; sus fuerzas alcanzaron Crimea en
TE
septiembre de 1854. La guerra se prolongó, a pesar de las cruentas derrotas que sufrieron los rusos en el río
IO
Alma y en las batallas de Balaklava y de Inkerman, debido a la negativa de Rusia a aceptar las condiciones de
BL
paz propuestas por los aliados. Finalmente, Sebastopol cayó el 9 de septiembre de 1855, pero Rusia aceptó
firmar la paz sólo después de que Austria amenazara con intervenir en la guerra. Desde el punto de vista
BI
militar, esta guerra representó un acontecimiento desafortunado e innecesariamente costoso. Los comandantes
de ambos bandos demostraron claramente su ineptitud desperdiciando vidas en combates absurdos, tales
como la famosa "carga de la Brigada Ligera", en la que una unidad británica sufrió graves pérdidas durante la
batalla de Balaklava (25 de octubre de 1854). La ineficacia y la corrupción de las administraciones
obstaculizaron el abastecimiento de alimentos, ropa y municiones en ambos ejércitos, y los servicios médicos
no recordaban una situación tan atroz. La enfermera británica Florence Nightingale (1820-1910), conocida
como The Lady with the Lamp ("La Dama con la lámpara") adquirió fama por los esfuerzos que realizó para
mejorar el cuidado de los enfermos y heridos. Gracias a sus servicios, se distinguió por ser la primera mujer
en el mundo que recibía una medalla de honor de un sultán (Abdulmakid I). Pero fueron las enfermedades y
no los combates, las que provocaron el mayor número de víctimas. La opinión pública británica también fue
adquiriendo una actitud más crítica ante la guerra a medida que leía las crónicas enviadas al periódico The
Times por el corresponsal de guerra irlandés William H. Russell (1820-1907), el primer periodista que relató
un conflicto bélico por medio del telégrafo. La Guerra de Crimea quedó reflejada en la obra de Alfred
Tennyson (1809-1892) "La carga de la brigada ligera", y en las "Historias de Sebastopol" de Lev Tolstoi
(1828-1910).
42
Este calificativo fue utilizado por primera vez por el zar Nicolás I (1796-1855) en una conversación con el
embajador británico en San Peterburgo, Sir Hamilton Seymour, en enero de 1853.
27
El colapso y la extinción del Imperio otomano fue consecuencia de la Primera Guerra
Mundial. El gobierno cometió el error de entrar en la guerra del lado de los Imperios
centrales , y la derrota de Alemania significó el final de los otomanos. Éstos no
tuvieron demasiados problemas durante los dos primeros años de la guerra, aunque
sufrieron derrotas a manos de Rusia al este de Asia Menor. Pero en 19171918,
cuando comenzaron en Irak y Siria nuevas ofensivas británicas, las fuerzas otomanas
comenzaron a declinar y tras la firma del Armisticio de Mudros (octubre de 1918) los
otomanos habían perdido todo menos Anatolia. Los otomanos se vieron obligados a
firmar el Tratado de Sèvres (1920), a través del cual no sólo perdían las provincias
árabes sino también sufrían la división de Anatolia. En oposición a los planes aliados,
y en concreto a la invasión de Izmir por Grecia en mayo de 1919, surgió un
movimiento nacionalista bajo el liderazgo de Mustafá Kemal Atatürk (18811938);
este movimiento llevó a cabo la resistencia armada hasta que en 1922 los griegos
fueron derrotados y expulsados de Anatolia y del este de Tracia. El sultán se había
comprometido por su aquiescencia con la política de los aliados, y el 1 de noviembre
F
de 1922 se abolió la dinastía otomana y el Imperio llegó a su conclusión. Un año
SE
después fue sustituido por la República de Turquía.
IC
D
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Conclusión
EL
Es necesario mencionar las consecuencias de la caída del Imperio otomano. Los
D
estados balcánicos lo recordaban como un brutal opresor, los liberales europeos lo
L
A
denunciaron durante mucho tiempo como el gobierno de una horda extranjera, los
IT
nacionalistas árabes lo acusaron de haber frustrado el potencial árabe durante siglos,
IG
y los nacionalistas turcos lo consideraban un recuerdo peligroso que amenazaba el
D
ideologías islámicas y otomanas fueron desacreditadas.
TE
Sin embargo, pese a estas apreciaciones groseras de la historia, vale considerar que un
IO
sistema político que duró 600 años, más que el Imperio romano o el Imperio
BL
Británico, y controló una extensa área, debió de tener algunas virtudes. Para los
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musulmanes era una cuestión de orgullo y comodidad: el orgullo por sus primeras
victorias, y la comodidad que disfrutó como defensa frente al mundo no musulmán.
Para los hombres de talento representaba un foro a través del cual podían moverse
con facilidad (y así lo hacían) en la búsqueda de una vida mejor. Y para una gran
variedad de pueblos (en 1914 todavía 25 millones), de distintos idiomas, culturas y
religiones, una forma de vivir juntos con cierto grado de armonía. El movimiento de
reforma que intentaba asegurar la supervivencia del Imperio pudo haber sido la causa
principal de su destrucción. Pero los nuevos estados que sucedieron al Imperio
descubrieron que las ideologías de nacionalismo con las que se habían opuesto al
otomanismo, eran instrumentos difíciles con los que regir estados multinacionales y
causas de guerras y confictos interminables.
El legado otomano fue importante durante los años siguientes. Había hombres
educados tanto en el sistema otomano como en las ideas del movimiento de reforma
28
que regían los asuntos de la república turca y eran líderes políticos de los estados
árabes. Los movimientos de población y las conversiones que se habían producido
bajo el Imperio dejaron considerables problemas a los estados sucesores,
principalmente con respecto a los musulmanes que vivían en los estados de los
Balcanes. Sin embargo, el Imperio ha sido poco estudiado y poco comprendido,
principalmente debido a que se abandonó su idioma. El turco otomano, para quienes
lo leen, sigue siendo una clave, como el latín y el griego clásico, para el estudio no
sólo del Imperio sino también de una civilización islámica muy característica.
La Alianza FrancoOtomana Contra La Amenaza De Los Habsburgos
Francisco I (14941547), rey de Francia, era de la dinastía de los Valois. En 1519 era
uno de los candidatos al trono del Sacro Imperio Romano, pero los electores
imperiales eligieron a Carlos de Habsburgo (Carlos V). Tras la expulsión de los
franceses del ducado de Milán por las tropas de Carlos V, apoyado por el papa León X
F
y por Enrique VIII de Inglaterra, Francisco volvió a embarcarse en una guerra contra
SE
Carlos en Italia, pero fue derrotado y capturado en Pavía, el 25 de febrero de 1525.
IC
Encarcelado en España, fue rescatado y regresó a Francia en 1527. Entre 1536 y 1538
D
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y entre 1542 y 1544 tuvieron lugar otra serie de guerras contra Carlos V, que
finalizaron con la paz de Crépy (septiembre de 1544), por la que Francisco I
EL
abandonaba Nápoles y Sicilia y renunciaba a Flandes y Artois. En este período
D
Francisco, aun cuando era católico, no dudó en aliarse con príncipes alemanes
L
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protestantes y con turcos musulmanes.
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En marzo de 1536 se firmó la Alianza formal entre Solimán el Magnífico y Francisco I
D
contra los Habsburgo. Esta alianza venía preparándose desde 1525 y había llegado a
CA
un cierto grado de cooperación. La alianza francootomana en realidad era contra la
TE
Liga Santa que reunía a los Habsburgo, el Papa y Venecia, y su aliado oriental, los
Safavíes (paradójicamente de raza turca). Es cierto que el avance otomano contra Irán
IO
a principios del siglo XVI había sido perjudicial para los persas. Pero también es muy
BL
cierto que los safavíes, antes de esta respuesta aleccionadora, alentaron desde época
BI
temprana a fanáticos sectarios como los Qizilbash ("cabezas rojas") para desestabilizar
la administración otomana y no hicieron nada para entablar un diálogo islámico en
pos de la unidad de acción contra los enemigos comunes de los musulmanes en la
región, especialmente de los portugueses. Por el contrario, el Imperio otomano nunca
conspiró en detrimento de los pueblos musulmanes y defendió como pudo el Dar al
Islam ("las tierras del Islam"). Más tarde, a fines del siglo XVI y principios del XVII, los
safavíes con Abbás el Grande (15711629) intentarían infructuosamente una alianza
con los ingleses contra la Sublime Puerta. Unos hermanos aventureros, Thomas
Shirley (15641630), Anthony Shirley (15651635) y Robert Shirley (15811628)
viajarían a Isfahán y se pondrían al servicio safaví pero con relativa fortuna. Pero para
Isabel I de Inglaterra (15331603) el enemigo número uno era España y los
Habsburgo y convirtió a su reino en un estado aliado de los otomanos, concertando
una alianza con el sultán Murad III (15461595), aquél que recuperó Fez de los
portugueses (1578) y tuvo una larga guerra contra Austria (15931606).
28
El flamenco Ghiselin de Busbecq (15221592), embajador del emperador Fernando I
de Habsburgo (15031564) en la Sublime Puerta, testimonia el gran temor que tenía
la Liga Santa de una hipotética alianza de los musulmanes persas y turcos: «Sólo
Persia se interpone a nuestro favor, pues el enemigo, cuando se dispone a atacarnos, debe
permanecer atento a esta amenaza situada a sus espaldas... Lo único que hace Persia es
retrasar nuestro destino final; pero no puede salvarnos. Cuando los turcos pacten con
Persia, se lanzarán sobre nuestras gargantas, apoyándose en el poder de todo el Oriente.
No me atrevo a decir hasta qué punto llega nuestro desamparo» (The Turkish Letters of
Ogier Ghiselin de Busbecq, trad. inglesa de Edward Seymour Forster, Oxford, 1922,
pág. 112).
Otro embajador bien distinto, el de Francisco I en Istanbul en 1543, el erudito francés
Guillaume Postel (15101581), adquirió allí diversos manuscritos islámicos y a su
regreso redactó la primera gramática del árabe clásico y creó la primera cátedra de
árabe en París en 1549. Postel aprendió a leer y a escribir el árabe, el hebreo, el
F
etíope, el armenio y el georgiano, y se convirtió en un estudioso de cuestiones místicas
SE
y esotéricas (cfr. Guillaume Postel: Las claves de las cosas ocultas, Indigo,
IC
Barcelona, 1997).
D
CI
La Marina Otomana (14701669)
EL
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Si investigamos y analizamos concienzudamente la historia del Islam encontraremos
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que siempre fueron los occidentales y no los musulmanes quienes gestaron las guerras
IT
y conflictos, desde las Cruzadas (10951291) hasta la invasión del Líbano (1983) y la
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Guerra del Golfo (1991), pasando por la ocupación y expoliación de los territorios
D
islámicos desde el siglo XVI al XX. Un ejemplo típico fue un masacre perpetrada a
CA
comienzos del siglo XV, cuando doce galeras al mando del «capitanio» veneciano
TE
Pietro Loredan (m. 1439) —luego ascendido a almirante—atacaron a una escuadra
otomana ante Gallipoli, entre los Dardanelos y el mar de Mármara. Los prisioneros
IO
musulmanes capturados en la refriega fueron ejecutados sobre la marcha.; incluso los
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griegos e italianos que servían libremente a bordo de los navíos otomanos resultaron
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hechos pedazos a golpes de hacha y maza. Hacia 1470, medio siglo después, el sultán
Mehmed II —conquistador de Constantinopla en 1453—se desquitará de semejante
afrenta, cuando envía trescientas galeras, «una selva sobre el mar», al asalto de la
gran base veneciana de Negroponto, en la isla de Eubea, en la costa oriental de
Grecia, la cual fue capturada por los efectivos islámicos. La primera guerra Turco
veneciana (14631479) tiene como resultado que los venecianos pierdan
definitivamente Eubea y deban pagar una suma considerable como indemnización de
guerra. A partir de entonces, la talasocracia otomana será una realidad durante
doscientos años y el Mediterráneo se convertirá una vez más en un lago musulmán
como en la época de los fatimíes.
La segunda guerra turcoveneciana (14991503) acabó con resultados catastróficos
para Venecia luego del revés sufrido en Zonchio, en el mar Jónico. La República de
San Marcos fue desplazada del espacio griego continental (excepto de Nauplion y
28
Monemvasía que fueron capturadas por los otomanos en 1540), perdiendo Durazzo,
Naupacto, Methoni y Koroni, cuatro puertos importantes para su comunicación con el
Oriente y Egipto, valiosas bases estratégicas para dominar el Mediterráneo oriental.
En manos otomanas cae por añadidura el lucrativo comercio con los países del
Oriente hegemonizado hasta entonces por los venecianos, que será compartido con los
mercaderes judíos y armenios, aliados incondicionales de la Sublime Puerta.
A principios del siglo XVI, varios corsarios musulmanes toman el control de Argel, de
Trípoli y de otros puertos de Berbería, en el Magreb (amenazado por los españoles y
los portugueses desde comienzos del siglo XV), desde donde hacen incursiones de
hostigamiento sobre las costas de Sicilia, Cerdeña y de Italia, y toman el control del
Mediterráneo occidental.
Entre ellos sobresalen dos marinos griegos conversos al Islam originarios de Mitilene
(Lesbos), fundadores del estado de Argel (cfr. J. Monlaü: Les Etats barbaresques,
F
París, 1973). Son ellos Baba Aruÿ (14741518) y Jidr, llamado también Jairuddín
SE
(14761546) y apodado «Barbarroja» por los cristianos. En 1529 Jairuddín desalojó a
IC
las tropas imperiales de Carlos V del islote del Penón situado en la rada de Argel, y
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construyó allí el puerto fortificado. En 1533, Jairuddín logró evacuar miles de
moriscos expulsados de España. El 27 de mayo de ese mismo año, el adalid de las
EL
galeras berberiscas hace su entrada triunfal en Estambul donde es nombrado al día
D
almirante del mar") de la armada otomana (cfr. André Clot: Solimán el Magnífico,
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Emecé, Buenos Aires, 1985, págs. 125129; Soliman le Magnifique, catálogo de la
D
exposición del 15 de febrero al 14 de mayo de 1990 en Galeries Nationales del Grand
CA
Palais, París, 1990, pág. 43).
TE
victorias sobre el almirante genovés Andrea Doria (14661560), logrando expulsar del
BL
Mar Egeo a la República de Venecia, arrebatándole veinticinco islas (cfr. P. Preto:
BI
Venezia e i Turchi, Florencia, 1975). Jairuddín y sus comandantes navales Dragut
(Torgut Re'is) —un griego converso al Islam—, y Salah Re'is y Sinán Pashá, ambos
musulmanes de origen judío, derrotaron con veintidós naves a una poderosa escuadra
comandada por Andrea Doria —81 galeras venecianas, 36 pontificias y 50 españolas
—. La batalla naval tuvo lugar en Preveza, en el mar Jónico frente a la costa epirota,
el 28 de septiembre de 1538. Hacia 1541, los bajeles de Jairuddín alcanzaban las
Baleares, Cádiz, la Riviera francesa (Niza) y surcaban las aguas del Danubio. Nunca,
ni antes ni después de la flota de Barbarroja, llegó el Islam a disponer de semejantes
nautas y poderío naval (cfr.Miguel A. Bunes y Emilio Sola: La vida y la historia de
Hayradin, llamado Barbarroja, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1997).
Mientras tanto, gracias a los esfuerzos del gran visir de Solimán, Ibrahim Pashá
(14931536), los otomanos capturaron la isla de Rodas en 1522, que se había
convertido en el cuartel general de los piratas catalanes y malteses, quienes con la
28
ayuda de los caballeros de San Juan de Jerusalén, amenazaban cortar las
comunicaciones turcas con Egipto. Ibrahim fue el artífice de la alianza políticomilitar
entre Solimán I y Francisco I de Francia en marzo de 1536 dirigida contra los
Habsburgo, Venecia y el Papado (cfr.I.Ursu: La politique orientale de François Ier,
París, 1908; R.B. Merriman: Suleiman the Magnificent, Cambridge, Mass., 1944).
Durante la tercera guerra turcoveneciana (15701573), en la cual los otomanos le
arrebatan Chipre a los venecianos, se formó una fuerte coalición entre venecianos,
españoles y el Papa Pío V (20 de mayo de 1571), la Sacra Liga. Estas potencias al
mando del hermanastro del rey Felipe II y represor de los moriscos granadinos, Juan
de Austria (15451578) derrotaron a la armada otomana en la batalla naval de
Naupacto o Lepanto (Grecia), el 7 de octubre de 1571. La diferencia a favor de los
cristianos se debió principalmente al empleo de un nuevo tipo de embarcación, la
galeaza, más veloz y mejor artillada. Sin embargo, aunque el combate duró sólo
cuatro horas, debido en parte a que los turcos agotasen la munición, éstos no se
amilanaron ante la adversidad, según testimonios de los propios cristianos: «se vio a
F
un grupo de jenízaros luchando, cuando su derrota parecía inevitable, "y cuando no
SE
tenían ya más armas con las que atacarnos, reunieron naranjas y limones y empezaron a
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arrojárnoslos..."... A pesar de todo, y para horror de los vencedores, los turcos habían
D
CI
reemplazado todas sus pérdidas en siete meses y pudieron enviar a Occidente una gran
flota de guerra... e incluso resultó posible copiar el "arma secreta" de los venecianos, pues
EL
para abril de 1572 estaban listas para entrar en servicio 200 galeras y 5 galeazas»
D
(Geoffrey Parker: La Revolución Militar. Las innovaciones militares y el apogeo de
L
A
Occidente, 15001800, Crítica, Barcelona, 1990, pág. 126).
IT
IG
Durante el siglo XVII, otra provocación occidental condujo a un acto de represalia y
D
los otomanos desalojaron a los venecianos de Creta. Todo comenzó cuando los
CA
caballeros de San Juan con base en la isla, junto con piratas francos, dálmatas,
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catalanes y mallorquines, comenzaron a asaltar barcos musulmanes indefensos que
transportaban peregrinos a La Meca asesinando impunemente a las tripulaciones. Por
IO
tanto, los otomanos inician en 1645 sus operaciones contra Creta, conquistándola al
BL
28
extraño como éste nunca ha entrado en el puerto de Estambul. Cruzó 3.700 millas
marinas y transportando 83 cañones, además de otro armamento... Era una maravilla
de la época digna de ser mencionada» (Selaniki: Nuruosmaniye 184, citado por A.
Refik, Türkler ve Kraliçe Elizabet, Estambul, 1932, pág. 9).
El último episodio donde estuvo empeñada la marina otomana fue en la batalla de
Navarino del 20 de octubre de 1827, cuando la flota turcoegipcia (3 buques de línea,
19 fragatas y otros 50 veleros de diverso porte) al mando de Tahir Pashá fue
derrotada por la escuadra combinada (11 buques de línea y 9 fragatas) de Francia,
Inglaterra y Rusia. La acción se recuerda como la última en la que participaron naves
construidas enteramente en madera.
Véase sobre este tema las siguientes obras: Jurien de la Gravière: Les corsaires
barbaresques et la marine de Soliman le Grand, París, 1887; Paul Achard: La vie
extraordinaire des frères Barberousse, corsaires et rois d'Alger, París, 1939; R.C.
F
Anderson: Naval Wars in the Levant, 15591853, Princeton, 1952; Salvatore Bono: I
SE
corsari barbareschi, Turín, 1964; A.C. Hess: The Evolution of the Ottoman
IC
Seaborne Empire in the Age of Discoveries, 14531525, The American Hist. Rev.,
D
CI
vol. LXXV7 (1970), págs. 18921919; M. Lesure: Lépante. La crise de l'empire
Ottomane, París, 1971; G. Benzoni: Il Mediterraneo nella seconda metà del '500
EL
alla luce di Lepanto, Florencia, 1974; M. Çizakça: Ottomans and the Arsenal
D
mediterraneo, II, Nápoles, 1981, págs. 773787; Néstor Hugo Orsi: Trípoli de
IT
Berbería. Magia e historia de la tierra libia, Ediciones Cristal, Buenos Aires, 1988;
IG
Fernand Braudel: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe
D
II, 2 vols., FCE, México, 1992; Palmira Brummet: Ottoman Seapower and Levantine
CA
Diplomacy in the Age of Discovery, State University of New York, Albany, 1993; Alia
TE
Baccar Bournaz: Le Lys, le Croissant, la Méditerranée, L'Or du temps, París, 1995.
IO
Las Construcciones De Sinán
BL
BI
La Edad de Oro de la arquitectura otomana está presidida por la figura del gran
arquitecto (en árabe mimar) Sinán y supone la concreción del vocabulario artístico
otomano, mostrando sus propias particularidades.
Mimar Sinán (1495?1588) nació en el seno de una familia armenia, en Ajrianos, en
la región de Capadocia, Asia Menor. Fue reclutado en el cuerpo de jenízaros, en la
guardia de corps del sultán Selim I (15121520), y combatió en las grandes campañas
de las décadas de 1520 y 1530. El renombre de Sinán se cimentó en la campaña del
sultán Selim en Valaquia, donde construyó un puente sobre el Danubio. Igualmente,
llamó la atención de Solimán I el Magnífico por sus proezas como ingeniero militar en
las campañas de Belgrado (1521), Rodas (1522), Hungría (1526), Viena (1529),
Bagdad (1534), Corfú (1537) y Moldavia (1538). Nombrado arquitecto imperial en
1539, Sinán trabajaría para los sultanes otomanos durante medio siglo.
28
Sinán veía a la basílica de Santa Sofía, construida por el emperador Justiniano en
Constantinopla (Estambul), como el gran reto de su vida. Y decidió superarla (cfr.
Fotios Malleros K.: El Imperio Bizantino 3951204, Centro de Estudios Bizantinos y
Neohelénicos, Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile,
Santiago, 1987, págs. 101102; Ofelia Manzi: Constantinopla ante propia y ajenos.
Aproximación a un análisis documental, Facultad de Filosofía y Letras, UBA,
Buenos Aires, 1994;). Construyó dos complejas mezquitas, que son sus obras
maestras, la Suleimaniye para Solimán I, erigida entre 1550 y 1557, y la Selimiye
Ÿami levantada para Selim II (15691574), construida diez años más tarde en
Adrianópolis (Edirne). Sinán escribe en su «Autobiografía» lo siguiente: «Los
arquitectos de cierta importancia en países cristianos se sienten muy superiores a los
musulmanes, porque hasta la fecha éstos jamás han realizado nada comparable a la
cúpula de Santa Sofía. Gracias a la ayuda del Todopoderoso y al favor del sultán he
conseguido construir para la mezquita del sultán Selim una cúpula que supera a la de
Santa Sofía en cuatro zira (varas) de diámetro y seis de altura».
F
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El estilo magnífico de Sinán abarcó múltiples construcciones, militares, civiles y
IC
religiosas. Edificó obras hidráulicas fabulosas como un sistema de captación de agua
D
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realizado entre 1554 y 1584 que mediante 55 kilómetros de conducto y más de una
treintena de acueductos, alimentaba a unas 600 fuentes y baños públicos de
EL
Estambul. Uno de los acueductos es el de Uzunkemer, comenzado en 1563 y
D
finalizado al año siguiente; despliega sobre 711 metros su doble ordenación de arcos,
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anchos y estrechos, sus contrafuertes y su camino de ronda, que se abrió en el grosor
IT
de los arcos. Su altura es de 25 metros. Otro es el de Kovukkemer, también llamado
IG
Egrikemer ("acueducto acodillado"), que pasa por encima del río de Kaghitane. Esta
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construcción monumental tiene 408 metros de largo y 35 de alto y se compone de tres
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pisos de arcos. Su aspecto actual es el que le dio Sinán.
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Los registros otomanos le atribuyen a Sinán 447 edificios, entre los que se pueden
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baños públicos (hammams), 38 palacios y 31 caravansarai (posadas). Veinte de estos
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edificios aun existen, la mayoría de ellos en Estambul, y hacen de la obra de Sinán la
más abundante de las que se pueden admirar y estudiar. Por esa razón fue llamado el
«Arquitecto de la morada de la felicidad». Fue, sin duda, el arquitecto más grande de
la civilización islámica y uno de los más importantes de la historia de la arquitectura.
Sinán trabajó con una vitalidad admirable hasta la víspera de su muerte en 1588, con
más de noventa años. Su mausoleo (ubicado en el extremo oeste de la calle del
Mercado de Drogas), es la antigua casa donde vivió desde que terminó la
Suleimaniye. Sinán está enterrado en el seno de un modesto y agradable jardín. Sobre
el sarcófago de mármol, descansa un gran turbante similar al que llevaba el difunto en
su calidad de gran arquitecto. El muro sur del jardín lleva una inscripción del poeta
Mustafá Sa'i en honor de la labor de su amigo Sinán. Mustafá Sa'i habla también de
Sinán en su Tezkereul Ebniye, donde pasa repaso a la lista completa de las obras del
célebre arquitecto.
28
Véase Godfrey Goodwin: A History of Ottoman Architecture, Thames and Hudson,
Londres, 1971; O. Aslanapa: Turkish Art and Architecture, Faber, Londres, 1971;
Arthur Stratton: Sinan, Londres, 1972; Life in Istambul 1588: Scenes from a
Traveller's Picture Book, Bodleian Library, Oxford, 1977; Esin Atil: The Age of
Suleyman the Magnificent, Nueva York, 1987; A.E. Burelli: La Moschea di Sinan,
Cluva Editrice, Venecia, 1988; Thérèse Bittar: Soliman. L'empire magnifique,
Découvertes Gallimard, París, 1994; Aptullah Kuran: Sinán. El maestro de la
arquitectura otomana, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1997.
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Le Corbusier En Estambul
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El arquitecto urbanista, pintor y escritor suizo nacionalizado francés CharlesEdouard
Jeanneret (18871965), llamado Le Corbusier, realizó en 1911 un viaje a Turquía de
EL
siete semanas y escribió estos sentidos testimonios en su libro de viajes (La Voyage
D
islámica otomana: «Sobre cada cima de colinas que es la colina de Estambul, las
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rodeados de bonitas tumbas en los alegres cementerios. Los "hans" (vastas construcciones
D
de piedra que rodean la mayor parte de las mezquitas) hacen de ellas un apretado
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ejército de pequeñas cúpulas y los aislados cipreses en los atrios desiertos, aúnan en su
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movimiento, a la alegría de los minaretes, la austeridad negra de su estatura rígida y
sufriente; las arrugas de sus troncos expresan cuán venerables son. Ahí hay una
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serenidad sin límites. Lo llamamos fatalismo para deslucirla: llamémosla "Fe". Una vez
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más que llamaré rosa —rosa azul—; azul porque azul es la horizontal del mar, y azul es
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el cielo. Ahora bien, aquí, no se ve nunca donde empieza uno y termina el otro. Es pues
una fe ilimitada y sonriente... ¡Les he oído en su misticismo punzante, ante Alá, la
esperanza! Y he adorado todo lo que era suyo, ese mutismo y sus rígidas máscaras —esa
súplica a lo Desconocido y su credo doloroso en sus bellas plegarias. Y después, mi oreja
se hartó de sus pasmos de alma, en noches de luna y en noches completamente oscuras de
Estambul. ¡Y esas melopeas ambulantes de todos los "muezzins" sobre todos los
minaretes, cuando llaman y cantan! Inmensas cúpulas se cierran sobre el misterio de
puertas cerradas, minaretes se disparan en el triunfo del cielo; cipreses verdenegro sobre
la cal de las paredes, sacuden rítmicamente su cabeza, tal como lo han hecho desde hace
siglos, graves, inderrotables. Se ve siempre un retazo de mar. Unas águilas planean,
trazando por encima de la geometría de las mezquitas un círculo perfecto... Dentro de
cada mezquita se reza y se canta. Te has lavado la boca, la cara, las manos y los pies; y
te postras ante Alá, las frentes golpean las esteras; salen roncas quejas, ritmadas según
28
un rito admirable. Sobre su tribuna, dominando la llanura de la nave, acurrucado, de
pie, de cara a tierra, con las manos en gesto de adoración, el imán responde al imán del
mihrab que conduce la plegaria. A los extranjeros se les ha echado fuera... Sin embargo,
he podido asistir a eso, acurrucado en la sombra de una hornacina y quizás debido al
aspecto perfectamente dichoso que no podía disimular. Son millones en todo el Islam, los
que en el mismo minuto miran hacia la negra Kaaba en la Meca, abriendo los
brazos...Las grandes mezquitas se mantienen irreductibles en su cinturón de "hans". ¡Bajo
la caricia de las llamas relucen como de alabastro, más místicas que nunca, invulnerables
templos de Alá!... Terminado en Nápoles el 10 de octubre de 1911 por CharlesEdouard
Jeanneret. Releído el 17 de junio de 1965, en el 24 de Nungesser et Coti, por Le
Corbusier» (CharlesEdouard Jeanneret: El Viaje de Oriente, Colegio de Aparejadores
y Arquitectos Técnicos, Murcia,1993, págs. 8790 y 188).
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El Fenómeno De La Turcomanía
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Con la multiplicación de los intercambios diplomáticos entre la corte de Luis XIV
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(16381715), «le RoiSoleil», y los soberanos mogoles, persas y turcos, el Islam se
D
presentó como un universo encantado y misterioso para la imaginación europea. Fue
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la época en que comenzaron las costumbres, la moda y la música «a la turca». El
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dramaturgo y actor francés Jean Baptiste Poquelin, llamado Molière (16221673)—
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inspirado en las características de dos embajadas otomanas llegadas a París en 1640 y
D
fascinado por el «Gran Mamouchí», a quien intentará imitarle el vestuario. (cfr. C.D.
TE
Rouillard: The Turk in French History, Thought and Literature, 15201660, París,
1941).
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Es muy original la historia del noble y militar francés ClaudeAlexandre, Conde de
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Desde fines del siglo XVII, numerosos pintores como Jean Baptiste Van Mour (1671
1737), Nicolas Lancret (16901747); JeanEtienne Liotard (17021789), Jacques
André Joseph Aved (17021766); François Boucher (17031770); Carle André Van
Loo (17051765), Antoine de Favray (17061798), JosephMarie Vien (17161809) y
JeanHonoré Fragonard (17301806) sucumbieron ante la fiebre de la turcomanía,
tan en boga en Francia durante todo el siglo XVIII, y plasmaron todo tipo de
28
turqueries (cfr. Auguste Boppe: Les Peintres du Bosphore au XVIIIe Siècle, ACR,
París, 1989).
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Vendée y ser ascendido a general, en 1795 fue nombrado ministro de la Guerra. El 8
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de febrero 1796 fue enviado por el Directorio a Estambul como embajador
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plenipotenciario y asesor militar. AubertDubayet llegó a la «Sublime Puerta» (Babi
D
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Alí) con un grueso contingente de oficiales de ejército y marina y en poco tiempo
abrió varias escuelas y centros de entrenamiento militar para reorganizar las obsoletas
EL
fuerzas armadas otomanas, teniendo como hipótesis de conflicto la guerra contra
D
Inglaterra. AubertDubayet aprendió el turco y se dedicó al estudio de diversos temas
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islámicos; también fundó una biblioteca con 400 libros europeos entre los que se
IT
contaba la Grande Encyclopédie, y exigió que los militares otomanos aprendieran el
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francés. El 17 de diciembre de 1797, AubertDubayet falleció en Estambul, dejando
D
inconclusos sus numerosos planes y proyectos, que teniendo en cuenta la expedición
CA
de Bonaparte a Egipto y la India del año siguiente, y el rol preponderante del Imperio
TE
La música «a la turca»
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El Imperio otomano fue el primer estado de Europa en contar con una organización
de música militar permanente: la Mehterhané o banda militar, desde 1289. La Mehter
era una unidad del cuerpo de élite de los jenízaros cuyo trabajo principal era erigir la
tienda del sultán durante las expediciones y de disponer de una orquesta que
simbolizaba el poder del soberano.
La Mehterhané incluía tambores, chirimías (zurnás), clarinetes, triángulos, platillos
(zil), crótalos (campana de bola), timbales de guerra (kös y naqqara) —que se
colocaban sobre los lomos de los camellos—, sombrero chino (chogun) y bombo
(davul). Con el tiempo, cada cuerpo del ejército otomano disponía de por lo menos
una mehterhané. Los otomanos fueron también los primeros en utilizar la banda
militar en medio de las batallas con un doble fin; estimular el espíritu de combate y al
mismo tiempo amedrentar al enemigo con sus vibrantes candencias. Según
28
documentos históricos, sabemos que a fines del siglo XV había más de dos mil
trescientas cuarenta «Mehter» solamente en Estambul.
Para los desfiles, los jenízaros mehters transportaban sus timbales sobre caballos,
camellos o elefantes. Cuando no ejecutaban piezas instrumentales, solían formalizar
procesiones corales con breves fórmulas musulmanas: «¡Dios Misericordiosísimo!»
(Rahim Allah), «Dios Generosísimo» (Karim Allah). Esta marcha con el ritmo de estos
refranes se convertía en una suerte de danza ritual al estilo sufí tomada de la Bektashí
—la hermandad mística a la cual todo jenízaro se enorgullecía de pertenecer—,
puntualizada por un suave vaivén de izquierda a derecha.
Los instrumentos eran fabricados y mantenidos por entre 150 a 200 especialistas, en
su mayoría griegos y armenios acantonados cerca del Palacio Topkapi.
La influencia de la Mehter en la música militar europea duró hasta bien entrado el
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siglo XIX. Napoleón Bonaparte organizó sus bandas militares al modo otomano
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dotándolas de instrumentos típicos turcos como los címbalos y los timbales y
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lanzándolas al frente de guerra en el momento preciso.
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Esta música jenízara, llamada música alla turca, tuvo una influencia importantísima
EL
en compositores como Christoph Willibald Gluck (17141787) —"El peregrino de La
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Meca", "Ifigenia en Táuride"—, Wolfgang Amadeus Mozart (17561791) —Marcha de
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los Jenízaros de "El rapto del serrallo", "Rondó alla turca de la sonata para piano en La
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Militar"—, y Ludwig van Beethoven (17701827) —Marcha turca de "Las ruinas de
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Atenas" y el finale de la Novena sinfonía—.
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Giuseppe Donizetti, un hermano del compositor Gaetano Donizetti (17971848), fue
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enviado a Estambul en 1827 por un acuerdo entre las autoridades otomanas y sardas
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para que un músico europeo se hiciera cargo de la enseñanza musical de un grupo de
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instrumentistas turcos. Donizetti en poco tiempo fue designado como encargado de la
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escuela imperial otomana de música y creó un nuevo estilo en las bandas militares
otomanas incorporando tambores y trompetas. Por sus méritos el lombardo logró el
título de miralay y más tarde de pashá. Donizetti organizó una orquesta para tocar
frente al sultán Mahmud II (17851839). En un libro publicado en 1832, un viajero
inglés da su impresión sobre este conjunto: «... fue un inesperado obsequio para mí, en
los bancos del Bósforo, escuchar la música de Rossini, ejecutada honrosamente por el
profesor, Signore Donizetti. Al llegar al embarcadero de palacio, encontramos a la banda
que estaba tocando. Me sorprendió cuán jóvenes eran los instrumentistas, y más aun que
fueran todos ellos miembros de la corte, educados para entretener al sultán. Su
capacidad de aprendizaje, la cual Donizetti me informó que hubiera sido excepcional
incluso en Italia, demuestra que los turcos son músicos por naturaleza» (A. Slade:
Records of Travel in Turkey, Greece..., Londres, 1832, págs. 13536).
29
Diversos especialistas señalan las cosas en común que tienen las bandas de jenízaros y
las del carnaval de Nueva Orleans: címbalos, clarinetes, grandes bombos, en una
palabra, un gusto sano por el volumen y el ritmo. Incluso el estilo de las bandas del
director norteamericano John Philiph Sousa (18541932) —que compuso cerca de
140 marchas como «Semper Fidelis», «Barras y estrellas para siempre», «El rey del
algodón» y «El capitán», que son las más famosas de las fuerzas armadas
estadounidenses—, y las del compositor y militar británico, el mayor Frederick Joseph
Ricketts, más conocido por Kenneth Alford (18811945) —autor de las no menos
célebres «Coronel Bogey» (de la banda sonora de "El puente sobre el Kwai") y «La voz
de los cañones» (utilizada en la película "Lawrence de Arabia"), son un calco de las
mehterhané otomanas.
Lady Montagu
Lady Mary Wortley Montagu (16891762) fue una poetisa y escritora inglesa del siglo
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XVIII. Intrépida viajera, tuvo la fortuna de acompañar a su esposo, el embajador
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británico Lord Edward Wortley Montagu (m. 1761), por países de Europa y Africa y
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describir sus travesías en un epistolario que fue publicado póstumamente. Políglota —
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hablaba fluídamente griego, latín, alemán, francés e italiano—, hizo una magnífica
definición de la función del libro: «Ningún entretenimiento es tan barato como la
EL
lectura, ningún placer es tan duradero. Si una mujer puede disfrutar de una obra
D
literaria, no buscará nuevas modas, ni diversiones costosas, ni companías variadas». En
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1717 llegó a Estambul y escribió esto entre muchos otros apuntes: «Es muy fácil ver
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que ellas (las mujeres musulmanas turcas) tienen más libertad que nosotras... El
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sistema judicial inglés es demasiado rígido y a menudo injusto, pero en cambio la Ley
D
reunión en la que fue agasajada con regalos, música y manjares, dice: «Me retiré con
TE
las mismas ceremonias de antes, y no pude menos que creer que había estado algunas
horas en el paraíso de Mahoma, tan sorprendida estaba de lo que había visto» (cfr. The
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Otros Países y Continentes Nº 12, Buenos Aires, octnovdic 1995, pág. 12).
El Café Y Las Medialunas
Una historia de Arabia del siglo VIII cuenta que un camellero yemenita caía en el más
profundo sueño cada vez que intentaba poner su vista en el Sagrado Corán, luego de
su agobiante jornada de labor. Pensando en su desgracia, mientras observaba a los
dromedarios comprobó que cuando éstos comían los frutitos colorados del café,
comenzaban a padecer una intensa agitación. Decidió entonces probar los misteriosos
frutos que resultaron un éxito para sus veladas nocturnas. Y así lo convirtió en
costumbre, imaginando que se trataba de un mensaje divino para que no se durmiera
a la hora de leer el Corán. La noticia se divulgó por toda la península arábiga y
especialmente en la vecina ciudad de Moja o Mokha, a orillas del Mar Rojo, cuyo
29
manera de preparar el café se hizo célebre. De allí partirían las primeras
exportaciones hacia todas partes del mundo.
El cafeto (Coffea arabica) comenzó a cultivarse en el Yemen y en los asentamiento
árabes de las altiplanicies de Etiopía, en la otra orilla del Mar Rojo. Ya en el siglo X, el
gran médico musulmán Razes (ver aparte) señaló las virtudes profilácticas de la
infusión.
En el Yemen, a fines del siglo XIII, los sufíes ingerían una cocción de vainas de cafeto
cuando necesitaban mantenerse despiertos por la noche para llevar a cabo sus súplicas
y jaculatorias. A finales del siglo XV, los peregrinos musulmanes que regresaban de
F
Arabia difundieron el café por todo el Medio Oriente y el Magreb.
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En Irán, en la época safaví, se hicieron una costumbre las qahvéjaneh ("cafeterías").
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Los historiadores otomanos dan cuenta que su introducción en Estambul tuvo lugar
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hacia 1555 por obra de dos sirios, que abrieron las primeras cafeterías,
EL
establecimientos que de inmediato tuvieron un éxito sensacional.
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Noemí Schöenfeld de Moguillansky cuenta en su libro «Repostería europea y algo
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más» (Edit. Albatros, Buenos Aires, 1994, pág. 249) que los vieneses fueron los
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cuando la ciudad fuera sitiada por el ejército otomano de 200 mil soldados
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comandados por Kara Mustafá, entre el 17 de julio y el 12 de septiembre de 1683:
«...tras el largo fracasado cerco de Viena, las tropas otomanas abandonaron buena parte
TE
de las provisiones que llevaban para el asedio. Entre ellas, una auténtica riqueza en café,
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que en grandes cantidades resultaba uno de los alimentos básicos para el ejército. La
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historia de la vida cotidiana, de un modo un tanto pintoresco, pone ese hecho en relación
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con la creación del croissant, la media luna o creciente, fabricada por el heroico gremio
de los panaderos de la ciudad para conmemorar su participación en la defensa de la
ciudad. La media luna islámica, sujeta por la mano de los vieneses, pronto resultó un
producto normal de la pastelería» (Pedro Martínez Montávez y Carmen Ruíz Bravo
Villasante: Europa Islámica. La magia de una civilización milenaria, Anaya,
Madrid, 1991, pág. 149).
Un astuto empresario armenio, llamado Johannes Diodato, tras haber descubierto que
los granos de café abandonados por los osmanlíes no era pienso para los camellos,
29
como se había llegado a pensar, abrió la primera cafetería en Viena llamada «La
Botella Azul», en 1685.
Desde entonces el café se transformó en un motivo de orgullo y no existe cafetería
vienesa que no ofrezca menos de diez variedades. Así se puede elegir un «Grosser
Einspäner» (café negro caliente con un copete de crema batida), un «Eiskaffe» (café
negro frío, con hielo, una bola de helado de vainilla y crema batida, servido en vaso),
un «Melange» (café con leche y copete de crema batida), un «Kurzer» (expresso negro
y fuerte), un «Kapuziner» (Capuccino) o un «Türkischer Kaffe» (el típico café a la
turca, al que también llaman Mokka). Hoy se da la paradoja de que Viena es uno de
los centros urbanos centroeuropeos con una mayor población de inmigrantes turcos.
El café entró en Francia hacia 1669, de la mano de un embajador otomano que lo
ingresó exprofeso por valija diplomática. Debió quedar bastante sorprendido cuando
las señoras parisinas que asistieron a su recepción añadieron azúcar al humeante
F
brebaje servido en preciosas tacitas, ya que por entonces los musulmanes lo bebían
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puro. En el siglo XVIII los europeos sentían pasión por el «desayuno a la parisién»... el
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café con leche azucarado con medialunas. Eso sí, casi ninguno sabía el origen de
D
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semejante excentricidad. Este hábito, con el tiempo, se haría universal como una
forma de empezar activamente la jornada o despejar la somnolencia durante la tarde
EL
o la noche. Recientemente, diversos investigadores han asegurado que el café,
D
consumido moderamente, es el mejor remedio para evitar el aumento del colesterol
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en la sangre (cfr. Michel Vanier: El libro del amante del café, Olañeta, Palma de
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Mallorca, 1983).
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La Historia De Drácula
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Desde el siglo XV, muchos escritores orientalistas han tratado de presentar la historia
TE
musulmanes, atribuyéndolas a una innata característica. De lo que nada dicen estas
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mismas fuentes es de las atrocidades cometidas por los cruzados contra el Islam, que
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fueron continuadas por los hospitalarios, catalanes y venecianos en el Mediterráneo
contra los otomanos entre los siglos XV y XVII.
29
Danubio, que no fue azul precisamente sino que se tiñó de rojo. El hecho que los
occidentales se refocilen con esas tendencias humanas repugnantes no es muy
edificante y civilizador que digamos. La abundante filmografía sobre el particular es
notoria, desde el Drácula de Bela Lugosi de 1931 al Drácula de Francis Ford Coppola
de 1992. Ni que hablar si seguimos la lista con otras realizaciones similares como «La
danza de los vampiros» (1967) de Roman Polanski o «Nosferatu el Vampiro» (1979)
de Werner Herzog.
Astrónomos Y Matemáticos
El primer gran observatorio astronómico fue establecido en Estambul por el sabio de
origen sirio Taqi alDin Mehmed (15251585) en 1575, con los parámetros del
construido en Samarcanda en 1428 por el sabio musulmán mogol Ulug Beg (1394
1449) en Samarcanda en 1428. Vale acotar que este observatorio no tenía nada que
envidiarle al que el astrónomo danés Tycho Brahe (15461601) instaló en la isla de
F
Ven, en Bohemia, — teniendo al alemán Johannes Kepler (15711630) como asistente
SE
—, considerado el más avanzado de la Europa cristiana.
IC
D
El matemático otomano Musa Pashá, llamado Kadizadeh, sucedió a Ulug Beg como
CI
director del observatorio. Otro discípulo de Ulug Beg, Alí Kushçu (m. 1474) fue
EL
invitado a venir a estambul por el sultán Mehmed II e inauguró una era brillante de la
D
Mollah Lutfí (m. 1494) y Mirim Çelebi (m. 1525). También bajo el patronazgo de
IT
Mehmed II descolló el astrónomo y matemático Mehmed alFanarí.
IG
D
Geógrafos Y Viajeros
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Piri Reis
TE
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Pir Muhiiuddín Reis (14651554), más conocido como Piri Reis, fue uno de los más
BL
famosos cartógrafos del Islam y uno de sus más experimentados almirantes (kapudán
BI
Katib Çelebi
29
El polímata otomano Katib Çelebi (16091657), llamado Haÿÿi Jalifa, fue un notable
enciclopedista y políglota, autor de trabajos geográficos, que incluyen datos históricos,
lingüisticos y sociológicos, como Irshad alhayara ila tarij alYunan ua'lRum ua'l
Nasara, Fezleke (Estambul, 1276 A.H.), y Mizán alhaqq fi ijtiyar alahaqq (publicado
en Estambul en 1268 A.H.; cfr. traducción inglesa de G.L. Lewis: The Balance of
Truth, Londres, 1957). Véase Hajji Khalifeh: The History of the Maritime Wars of
the Turks, trad. James Mitchell, Londres, 1831.
Evliya Çelebi
La tradición de la rihla prosiguió en diversas partes del mundo musulmán y, bajo los
otomanos, fue cultivada por Ibn Darwish Mehmed Zilli, conocido como Evliya Çelebi
(16111684), autor del Seyahatnamé, también llamado Tarihi seyyah, importante
fuente sobre los pueblos del imperio otomano, de historia y aspectos geográficos y
sociológicos que comprende diez volúmenes (cfr. Korkut M. Bugday: Evliya Çelebis
F
Anatolienreise aus dem dritten Band des Seyahatname, Leiden, 1996).
SE
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Evliya Çelebi viajó por Hungría y Austria, y visitó la esplendorosa ciudad de Viena (la
D
CI
antigua Vindobona "la ciudad blanca") «con el ojo avizor de un guerrero de frontera».
El siglo XVII se caracterizó por los enfrentamientos entre otomanos y austríacos que
EL
culminó con el infructuoso segundo sitio (el primero fue entre el 27 de septiembre y el
D
15 de octubre de 1529) de la capital a orillas del Danubio entre el 17 de julio y el 12
L
A
de septiembre 1683 por parte del ejército del visir Kara Mustafá (16341683), el cual
IT
se dejó sorprender por la columna aliada francogermanapolaca de socorro al mando
IG
de Carlos de Lorena (16431690) y Juan III Sobieski (16291696) —véase M. Smets:
D
Wien in und aus der Türken Bedrängis, 15291683, Viena, 1893; Richard Kreutal:
CA
Kara Mustafa vor Wien: Das Turkische Tagebüch der Belägerung Wiens 1683,
TE
verfasst von Zeremonienmeister des Hohen Pforte, Graz, 1960; David G. Chandler:
Atlas of Military Strategy. The Art, Theory and Practice of War, Islam versus
IO
Christianity, Arms and Armour Press, Londres, 1996, págs. 5459.
BL
BI
Evliya Çelebi fue sin duda un gran viajero y un gran romántico, a veces fantasioso
cuando se refiere a una obvia mítica expedición de cuarenta mil jinetes tataros a
través de Austria, Alemania, y Holanda hacia el Mar del Norte. Su estilo literario es
excelente y destacan la minuciosidad y precisión de sus descripciones geográficas, de
personas y grupos sociales. Por ejemplo, sobre la Casa Real de Austria opina lo
siguiente: «Por la Voluntad de Dios Todopoderoso, todos los emperadores de esta casa
son igualmente repulsivos en su aspecto. Y en todas las iglesias y casas, así como en las
monedas, el emperador es representado con su feo rostro, y ciertamente, si cualquier
artista osara retratarlo con un bello semblante sería ejecutado, pues él considera que así
lo desfiguran. Estos emperadores están orgullosos de su fealdad». Sin embargo, otros
juicios de Evliya Çelebi sobre la sociedad austríaca son altamente favorables e incluso
halagadores. Sobre las mujeres vienesas dice que «gracias a la pureza del agua y al
buen aire son hermosas, altas, de esbelta figura y rasgos nobles». También pondera las
excelencias de la vasta y bien cuidada biblioteca de la catedral de San Esteban.
29
Evliya en sus narraciones, a diferencia de otros viajeros y escritores musulmanes, evita
cuidadosamente cualquier comparación explícita entre aquello que vio en Austria y lo
que él y sus lectores conocen en casa. En las historias magistrales con las cuales
entretiene a su público, importantes y detallados señalamientos pueden apreciarse
acerca del ejército, el sistema judicial, la agricultura, así como sobre las características
topográficas y edilicias de la ciudad capital. Véase Evliya Çelebi: Narrative of Travels
in Europe, Asia and Africa, (2 vols.). traducción parcial de J. von Hammer, Londres,
1834; Evliya Çelebi: Viajes, (10 vols.), Editado por N. Asím, Kilisli Rifat y H.N. Orkun,
Estambul, 18961938 (en turco); A.A: Pallis: In the Days of the Janissaires,
Selections from Evliya Çelebi, Londres, 1951; R.F. Kreutel: Im reiche des Goldenen
Apfels, Graz, 1957; K. Teply: Evliya Çelebi in Wien, Der Islam, Viena, 1975.
Historiadores
Kemal Pashazadeh
F
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Shamsuddín Ahmad Ibn Solimán Ibn Kemal Pashazadeh (14681534), es uno de los
IC
primeros historiadores otomanos. Fue alumno del gran teólogo Mollah Lutfí (m.
D
1494). Poeta y teólogo, fue comisionado por el sultán Bayaceto II (14471512) para
CI
escribir una historia llamada Tevarihí Ali Osman, que abarca el período otomano
EL
entre 1481 y 1526 (Bayaceto o Bayazid fue el sultán que le abrió las puertas y brindó
D
protección a los judíos que emigraron de la Granada islámica, conquistada en 1492
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A
por los Reyes católicos). Más tarde, fue designado Sheij alIslam por el sultán Solimán
IT
el Magnífico. Véase A.J.B. Pavet de Courteille: Histoire de la campagne de Mohacz
IG
par Kemal Pacha Zadeh, París, 1859.
D
CA
Tashkopruluzadeh
TE
otomanos. Es autor de cuatro grandes trabajos escritos en árabe. Uno es el Nauádir al
BL
29
Peçeví
En 1635 Peçeví escribe: «Los ingleses infieles trajeron en el año 1009 H. (1601) el fétido
y nauseabundo tabaco y lo vendieron como un remedio para curar —según ellos—
F
ciertas enfermedades producidas por la humedad» (cfr. F. von KraelitzGreifenhorst: Der
SE
osmanische Historiker Ibrahim Pecewi, Der Islam, Viena, 1918, págs., 25260;
IC
Bernard Lewis: Istanbul and the Civilization of the Ottoman Empire, Norman,
D
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Oklahoma, 1963; Tarij Peçevi, Estambul, 1283 A.H.;
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Naima
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Mustafá Naima (16551716) es uno de los más grandes historiadores otomanos. Su
IT
crónica llamada Tariji Naima cubre el período del año 1000 a 1070 de la era islámica
IG
(1591 a 1659 de la era occidental). Véase M. Naima: Annals of the Turkish Empire
D
from 1591 to 1659, traducido por C. Fraser, Londres, 1832.
CA
TE
En este mismo período se destacan otros dos cronistas como Husain Ibn Ÿa'far
Hezarfen (m. 1691), conocido por su trabajo titulado Tenkih alTevarih (completado
IO
en 1673; véase H. Wurm: Der osmanische Historiker Huseyn b. Ga'fer, gennant
BL
29
Médicos
El primer gran médico otomano fue Hayyí Bashá Jidr alAyidiní (siglo XV), que vivió
en El Cairo y escribió el Kitab shifá alasqam wa dawa alalam ("Libro de la curación
de la enfermedad y del remedio de las penas"). Otro gran facultativo otomano fue
Muhamad alQausuní (siglo XVI), médico de los sultanes Solimán I el Magnífico
(14941566) y Selim II (15241574), que redactó un tratado sobre las hemorroides
llamado Kitab zad almasir fi ‘ilaÿ albawasir ("Libro de la Provisión para la Curación
de las Hemorroides"). En el siglo XVII sobresalió Salih Ibn Sallum, médico de Murad
IV (16121640), que estudió la obra del controvertido médico y alquimista suizo
Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, llamado Paracelso
(14931541).
El primer tratado otomano sobre la sífilis fue presentado al sultán Mehmed IV en
F
1655, basado en un famoso trabajo de Girolamo de Verona (14831553), con algunos
SE
préstamos de las investigaciones de Jean Fernel (14971558) sobre el tratamiento de
IC
esta enfermedad. Sin embargo, como fácilmente se puede comprobar, la medicina
D
CI
otomana estaba atrasada sobre éste y otros temas en más de un siglo con respecto a la
de los europeos.
EL
D
independencia helénica que vivió entre 17911865—, y el cretense convertido al Islam
D
Nuh Ibn Abdulmennan.
CA
Médicos judíos al servicio del Islam
TE
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musulmanes otomanos, como es el caso de Manuel Brudo, llamado a veces Brudus
BI
Lusitanus, «Brudo el Lusitano», un criptojudío portugués que escapó de Portugal en
1530 y al llegar a Estambul pudo practicar el judaísmo con entera libertad. Moshé
Hamón y Musa Ÿalinus alIsrailí (Moisés, el Galeno judío) fueron dos eminentes
médicos judíos que se destacaron en la época del sultán Solimán el Magnífico.
Hayatizadeh Feizí (m. 1691), famoso por sus obras médicas escritas en turco basadas
en fuentes occidentales, fue un judío converso al Islam que fue el jefe de los médicos
de la corte otomana bajo el gobierno de los sultanes Muhammad IV (164887) y
Solimán Ibrahim II (16871691).
29
La inoculación de la viruela
La viruela era una de las principales causas de mortalidad en el siglo XVIII. Se trataba
mediante la inoculación, en personas sanas, de sustancias extraídas de las pústulas de
quienes padecían la enfermedad de forma leve. En el Imperio otomano, sin embargo,
la inoculación de la viruela había sido parcticada, por lo menos, en ciertos medios,
mucho antes que en cualquier otro lugar de Europa. De hecho, fue desde Estambul
desde donde la inoculación llegó a Londres en 1721 juntos con otros elementos
orientales como los pantalones bombachos y el fez, por Lady Mary Wortley Montagu,
de la que ya hicimos una breve reseña. Más tarde, Edward Jenner(17491823), un
médico británico, descubrió la vacuna contra la viruela y allanó el terreno para la
aparición de la inmunología.
Miniaturistas
F
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La miniatura persa constituyó el modelo de referencia de dos escuelas que, sin
IC
embargo, evolucionaron de manera opuesta. La primera de ellas fue la escuela
D
otomana, cuyo centro estaba situado en Estambul. Sus miniaturas presentan una gran
CI
preocupación por el detalle, tanto en el plano físico como en el social, y se distinguen
EL
por su escrupulosa búsqueda de lo que constituye la identidad del tema representado.
D
aportaciones del pintor Abdulÿelil Çelebi, conocido como Ressam Levní (m. 1732), se
D
insinuó una mayor desenvoltura en la pintura otomana. Con todo, un aspecto original
CA
1965; E. Binney: Turkish Miniature Paintings and Manuscripts, Nueva York, 1973;
BI
Michael Levey: The World of Ottoman Art, Thames and Hudson, Londres, 1975; And
Metin: La peinture miniature turque. La periode ottomane, Editions Dost, Ankara,
1976; Géza Fehér: Miniatures Turques des croniques sur les campagnes de
Hongrie, Librairie Gründ, París, 1978; Norah M. Titley: Miniatures from Turkish
Manuscripts, Londres, 1981.
Poetas
La influencia de la prosodia persa se hizo sentir en la poesía escrita por los turcos
desde el siglo XI. La literatura turca en lengua ÿatagay contó con el terreno de la
prosa con las notables Memorias de Babur (Babur Nameh), cuyo verdadero nombre
era Zahiruddín Muhammad (14831530), el primero de los Grandes Mogoles, y en
cuanto a la poesía se desarrolló en la corte timurí de Herat en el siglo XV.
29
En el ámbito otomano, el persa fue durante mucho tiempo la lengua de la
administración y de las buenas letras de los sultanatos turcos —los selÿukíes, entre
otros—, y después en el Imperio otomano. La poesía otomana culta del diván, que
siguió las pautas de la prosodia persa —gazal, maznaví—, fue cultivada por
numerosos poetas desde el siglo XIV al XVIII.
Yunús Emré
Yunús Emré (1238?1320), místico que formó parte de los derviches errantes, es uno
de los grandes poetas musulmanes turcos. Fue un cantor de la fraternidad y del amor
místico en la época del reagrupamiento de los pueblos turcos en Asia Menor.
Autodidacto, dominó el árabe y el persa. Su obra máxima es «El Libro de los
preceptos», de gran religiosidad, donde evoca el sucederse de las alegrías humanas, de
la duda y el dolor, junto al sentimiento de la nada y la eternidad. Algunos de sus
poemas hablan con elocuencia de tolerancia y universalidad:
F
«Nuestro único enemigo
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es el resentimiento.
IC
No guardemos rencor a nadie;
D
CI
para nosotros la humanidad es indivisible».
Su obra evoca el éxtasis de la comunión con la naturaleza y con Dios. Así escribió estos
EL
versos memorables:
D
«Cualquiera que posea una gota de amor
L
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posee la existencia de Dios».
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IG
Su preocupación por el destino de todos los hombres, y en particular de los más
D
existencia del amor universal, proclamando su fe en la fraternidad que trasciende
TE
todas las barreras y todos los sectarismos:
«No nos oponemos a ninguna religión.
IO
El verdadero amor nace cuando todas
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las creencias se unen».
BI
Hombre del pueblo que escribió para el pueblo, adalid de la justicia social, Yunús
Emré se rebeló valientemente contra todos aquellos gobernantes, propietarios,
dignatarios políticos y seudorreligiosos que oprimen a los débiles y humildes. Su
mensaje poético en favor de la paz y la fraternidad universal fue proclamando desde
el Islam, hace más de setecientos años, cuando en el mundo occidental no existían
derechos humanos, convenciones como las de Ginebra ni organizaciones como las
Naciones Unidas:
«Venid, seamos amigos siquiera una vez.
Hagamos la vida más fácil.
Amemos y seamos amados.
Cuando surge el amor
desaparecen deseos y defectos».
30
La obra de Yunús Emré fue traducida por un transilvano que fue prisionero de los
turcos durante un largo tiempo (14381458) e influyó notablemente en el
pensamiento de tres prominentes humanistas occidentales, como el católico holandés
Desiderio Erasmo (1466?1536) y los reformistas alemanes Martín Lutero (1483
1546) y Sebastian Franck (14991542).
Véase Poèmes de Younous Emre, trad. G. Dino y M. Delouse, P.O.F., París, 1973; T.
Halman: Yunus Emre and his Mystical Poetry, Indiana University, Indiana, 1981; M.
Bozdemir: Yunus Emre, message universel, I.N.A.L.C.O., París, 1992.
Nava’í
Mir Alí Sir Nava’í (14411501), que nació y murió en Herat (hoy Afganistán), es una
de las figuras más polifacéticas de la historia del Asia central. En su ciudad natal fue
visir del sultán timurí Husain Baiqara (que gobernó entre 1470 y 1506), mecenas cuya
F
brillante corte amparó a escritores y artistas como el poeta persa Ÿami y el
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miniaturista Behzad. Mir Alí Sir Nava’í es autor de cuarenta mil coplas, en las que
IC
trató de las leyenda amorosas preislámicas. Árabes (Laila y Maÿnún) y persas (Farhad
D
y Shirín). Su obra ejerció una profunda influencia en el desarrollo ulterior de las
CI
literaturas turcófonas: azerí, uigur, tátara y otomana, y es el exponente por excelencia
EL
de la literatura turca chagatai. Sus obras incluyen una versión del romance islámico
D
alAwzán.
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Fuzuli
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Turco de origen azerí y de confesión shií, Mehmed Solimán Fuzuli (14951556), que
era hijo de un ulema, nació en Karbalá (Irak) y murió a consecuencia de la peste en la
TE
misma ciudad. Simple guardián de la tumba de Alí Ibn Abi Talib (la Paz sea con él) en
IO
alNaÿaf, fue el más destacado poeta otomano de su tiempo, junto con Baki, y
BL
también uno de los más grandes versificadores, tanto en turco como en persa, lenguas
BI
que dominó además del árabe. Su diván en persa, denota una inspiración personal,
pero en la que verdaderamente se distinguió fue en la lengua turca, que utilizó para
cantar el amor místico a la manera sufí. Sus obras principales son «Diván» y «Laila y
Maÿnun».
Bakí
Mahmud Abdul Bakí (15261600) pese a que era hijo de un modesto muecín. Logró
estudiar y, tras aprender el persa y el árabe, pasó a formar parte del cuerpo de los
ulemas. En 1553, a raíz de una oda a Solimán el Magnífico, se hizo amigo de este
sultán que también cultivaba la poesía. Al morir Solimán en 1566, escribió una «Oda
fúnebre», la más vigorosa de sus composiciones. Conocido ya en vida como «el sultán
de los poetas», Bakí ha pasado a la posteridad como el más grande de los poetas
otomanos clásicos. Dentro de esta escuela, también sobresalieron Neÿati (m. 1509) y
30
Omer Nef’i (m. 1635). Más tarde, con la boga del florido estilo indopersa, destacaron
Ahmad Nedim (16811730) y Mehmed Es’ad, más conocido como Galib Dede (1757
1799).
Razones De La Decadencia
Los turcos otomanos, que se constituyeron a partir del siglo XV en el principal centro
de poder del Islam, a pesar de contar en abundancia con los medios necesarios para
encarar un renacimiento científico y cultural, cultivaron el proceso de
anquilosamiento, quietismo y apatía fomentado desde los ámbitos rigoristas
ortodoxos.
«Si el Islam en su mejor época alzó a la sociedad árabe a una nueva altura de progreso
humano, en la peor alcanzó un punto de estancamiento muy bajo. El apego al pasado y
el aislamiento del Occidente cristiano influyeron notablemente en el avance de la cultura
F
islámica. El concepto de progreso fue reemplazado por el de autocomplacencia que se
SE
hacía aun más peligroso por un sentimiento exagerado de superioridad. La medida de las
IC
realizaciones estaba en proporción inversa a este sentimiento de superioridad... Todo esto
D
CI
sucedía mientras... Occidente se había embarcado en un nuevo viaje para descubrir
verdades nuevas y lozanas, para encontrar explicaciones racionales de los hechos sociales
EL
y los fenómenos físicos... Se había dado cuenta de que en la ciencia el secreto del
D
conocimiento inagotable está en la experimentación, y que en los negocios humanos el
L
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secreto del progreso radica en el cambio, en cambiar para mejorar» (Philiph Khuri Hitti:
IT
El Islam, modo de vida, Gredos, Madrid, 1973, págs. 25759).
IG
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tardíamente por las innovaciones occidentales, aun así tan sólo despertaron su
TE
atención ciertos avances militares, como la implementación en los ejércitos europeos
de la bayoneta o las tácticas de las formaciones de mosquetería en cuadro del siglo
IO
Mientras tanto, Europa, que supo usufructuar y llevar a la práctica los preclaros
conceptos y descubrimientos de la Edad de Oro del Islam, disponía de los medios
políticos, comerciales, materiales y militares que le habían de permitir imponerse en el
mundo y colonizar y expoliar a los pueblos musulmanes.
«La historia del mundo desde el año 1500 puede concebirse como una carrera entre el
poder creciente de Occidente para oprimir al resto del mundo y los esfuerzos cada vez
más desesperados de los otros pueblos para rechazar a los occidentales» (William H.
McNeill: The Rise of The West, University of Chicago Press, Chicago, 1963; Europe’s
Steppe Frontier, 15001800, Chicago, 1964; The Pursuit of Power, Oxford, 1983).
30
Véase Hugh TrevorRoper: La época de la expansión de Europa y el mundo desde
1559 hasta 1660, Labor, Barcelona, 1974.
La «hazaña» de Müteferika
En cambio, tuvieron que pasar un total de doscientos setenta y un años —desde la
primera imprenta instalada por Johannes Gutemberg (13901468) en Mainz en 1446
—, hasta 1727, para que pudieran imprimirse obras turcas en caracteres árabes, y esto
F
gracias al ingenio e idoneidad de un transilvano converso al Islam, como Ibrahim
SE
Müteferika (16701745), diplomático que también logró la alianza otomanafrancesa
IC
de 17371739.
D
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Al contrario de lo que sucedía en las universidades islámicas de los siglos VIII, IX y X,
EL
desde Bagdad hasta Córdoba, donde el estudio y la investigación eran un deleite, los
D
estudiantes se aburrían en las aulas de los centros de enseñanza otomanos. La vida
L
del estudiante estaba formada por la «repetición incansable, en la cual no hallaba nada
A
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nuevo del principio al fin del año... en el curso de sus estudios escuchaba reiteraciones y
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charlas que no conmovían su corazón ni despertaban su apetito ni nutrían su mente, que
D
1976, págs. 1 y 2).
TE
Las Escuelas De Sufismo Y Mística Islámica
IO
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La mayor contribución de los otomanos al Islam fue el sufismo, basado en formas
BI
La administración y sociedad otomanas estaba profundamente inmersa en el sufismo.
Las cofradías sufíes operaban en pequeñas comunidades (dergas) o grandes
monasterios (tekkes). Ahora veremos las tres hermandades sufíes más importantes y
que siguen siendo las más populares en la actualidad. La escuela islámica jurídica
(madhab) predominante en el Imperio otomano y la Turquía actual es la Hanafi, que
siguió las enseñanzas del sabio de origen persa Abu Hanifa anNuman Ibn Thabit
(699767). Los hanafíes constituyeron la primera de las cuatro escuelas sunníes, y la
menos rigorista de todas ellas.
La orden Jalwatiya
30
Fundada por Umar alJalwati (muerto en Tabriz hacia 13971398), fue la
predominante en la administración y los círculos oficiales. «Su ortodoxia, más político
religiosa que puramente religiosa (los doctores de la Ley criticaron con frecuencia a los
jalvetíes), les colocó en una posición hegemónica con respecto a las demás turuq
otomanas y propició su fuerte expansión, sobre todo en Estambul y el suroeste europeo,
hasta las fronteras más septentrionales del imperio» (cfr. Alexandre Popovic y Gilles
Veinstein: Las sendas de Allah. Las cofradías musulmanas desde sus orígenes
hasta la actualidad, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 1997, Nathalie Clayer: La
Jalwatiya, pág. 601).
La orden Mevleví
Esta orden de derviches está formada por un grupo místico cuyos miembros son
seguidores del sabio persa Ÿalaluddín Rumí (12071273) que la fundó en Konia,
ciudad de Anatolia donde murió. Los mevlevíes (de la voz árabe maulana, mevlana en
F
turco, "nuestro maestro", sobrenombre de arRumí), alcanzan el éxtasis místico (uaÿd)
SE
en virtud de la danza (samá’), símbolo del baile de los planetas. Los derviches (del
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persa darwish: "visitador de puertas") mevlevíes giran sobre sí mismo hasta conseguir
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CI
el éxtasis. La danza es acompañada de flautas, atabales, tamboriles, esa especie de
violines llamados kamanché, y laúdes de mástil largo como el saz turco. Esta tradición
EL
musical se desarrolló a través de la ceremonia maulawiyya llamada Ain Sharif, que ha
D
1711), o el derviche Alí Siraÿaní (m. 1714). Rumí dijo: «El samá’ es el adorno del alma
IT
que ayuda a ésta a descubrir el amor, a experimentar el escalofrío del encuentro, a
IG
despojarse de los velos y a sentirse en presencia de Dios» (cfr. Eva de VitrayMeyerovitch:
D
tourneurs, Desclée De Brouwer, París, 1972).
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La orden mevleví celebra todos los años en diciembre un festival de conmemoración
de su fundador, siendo una importante atracción turística en Konia (Turquía), donde
BL
está la tumba del santo (ualí en árabe). La Mevleví encontró adeptos entre
BI
intelectuales y artistas urbanos.
La orden Bektashí
Los miembros de esta cofradía son seguidores de Haÿÿi Bektash Ualí (12091271),
místico musulmán. La orden tiene su base en Haci Bektash, en la provincia de
Kirsehir, donde está enterrado el fundador. La hermandad considera a Alí Ibn Abi
Talib (600661) sucesor legítimo del Profeta Muhammad (BPD). Este movimiento
atrae a los shiíes y alevíes de Turquía.
30
Los jenízaros adoptaron a Haÿÿi Bektash como líder espiritual —incluso se hacían
llamar «hijos de Haÿÿi Bektash»—, y tomaron de los bektashíes ciertas ceremonias y
algunos de los elementos de su indumentaria y ritual, como la «mano de Fátima» y la
«espada Dhulfiqqar de Alí» (cfr. David Nicolle: The Janissaries, Osprey, Londres,
1995).
Los alevíes o alauitas, que hoy forman el 20% de la población de Turquía y también se
encuentran en Bulgaria, se consideran bektashíes —o alevíes bektashíes—.
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30
LOS SAFAVÍES DEL IRÁN
(15021736)
El más destacado historiador de nuestro tiempo, el británico Arnold Joseph Toynbee
(18891975), estima que AlMuqaddimah (Introducción a la historia universal,
Fondo de Cultura Económica, México, 1977) de Ibn Jaldún es «sin duda la obra más
grande de su clase que haya sido creada por una mente humana en cualquier tiempo o
lugar» (A.J. Toynbee: A Study of History, 10 vols., Londres, 19351954, III, pág.
125). Igualmente, el distinguido historiador de la ciencia, el belga naturalizado
estadounidense George Sarton (18841956) opina que «la más importante obra
histórica medieval» fue la Muqaddimah del historiador musulmán tunecino Ibn Jaldún
(13321406).
Precisamente, Ibn Jaldún fue el precursor de los estudios sociológicos de la historia.
«El verdadero objeto de la historia es la civilización: cómo surge, cómo se mantiene, cómo
F
desarrolla las letras, ciencias y artes y por qué entra en la decadencia. Los imperios, como
SE
los individuos, tienen una vida y una trayectoria propias. Crecen, maduran, declinan».
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Todo imperio pasa por fases sucesivas. Según Ibn Jaldún, la última fase es: «El ataque
exterior, la intriga interna o las dos cosas juntas derriban al Estado. Tal fue el ciclo de
EL
Roma, de los almorávides y almohades en España, del Islam en Egipto, Siria, Irak y
D
Persia... Y siempre es así».
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Estas primeras citas son orientadoras para comprender, en parte, el fenómeno que
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representó el imperio safávida, su naturaleza e idiosincracia, y el papel que representó
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en la conformación de la sociedad iraní moderna.
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La Safaiyya y el movimiento qizilbash
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La cofradía mística (taríqa) fundada por el Sheij Safiuddín (12531334) en Ardabil,
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en el actual Azerbaÿán iraní, la Safaiyya, de la que tomaría el nombre la dinastía de
BI
los safavíes, fue en sus comienzos un sufismo moderado que respetaba la Sharía'a
dentro del marco de la escuela Sunna de pensamiento islámico. A mediados del siglo
XV, un descendiente del fundador, el Sheij Ÿunaid, desterrado de Ardabil (1448) por
orden del soberano timúrida Qaraqoyunlu, se puso al frente de la cofradía y empezó a
preconizar una doctrina heterodoxa basada en ciertos principios shiíes pero con un
fuerte contenido ajeno al Islam, extraído de tradiciones hindúes y cristianas
orientales. Luego de atacar infructuosamente Trebisonda (1456), en el mar Negro, y
ser impedido de volver a Ardabil (1459) por Ÿahan Shah, fue muerto al atacar a los
circasianos (cherkeses) de Yaqub de las Ovejas Blancas hacia 1460.
Sin embargo, su hijo Haidar logró continuar al frente de la cofradía (14601490) y la
colocó al servicio de las ambiciones políticas de la región, especialmente al militarizar
y fanatizar a sectores turcomanos y lanzarlos al asesinato en masa de cristianos
(griegos y armenios) en la Anatolia oriental.
30
Los partidarios de Haidar comenzaron a ser llamados qizilbash (en azerí, "cabeza
roja"), porque llevaban un gorro rojo con doce picos (símbolo de los doce Imames de
los shiíes dudecimanos). La doctrina qizilbash era una desviación del Shiísmo que
incluía la creencia asociadora e idólatra (en árabe, Shirk) de la manifestación de Dios
en forma humana y en la metempsicosis, y se caracterizará por una hiperdevoción por
el soberano safaví, considerado como la reencarnación de Alí Ibn Abi Talib (la paz sea
con él), a su vez manifestación de Dios en forma humana ASTAGFIRUL—LAH RABBI
UA ATUBU ILAIHI ("Ruego el perdón de ALLAH, mi Señor y a El me arrepiento). Más
adelante el término qizilbash fue empleado por los otomanos de forma peyorativa
para designar a todos los sectarios rebeldes, tachados de herejes (actualmente en
Bulgaria se sigue llamando qizilbash a los alauíes que viven en la región de Deli
Orman).
Esta mezcolanza politeísta de los qizilbash que combinaba además ciertos parámetros
sufíes y shiíes (ghuluww) será declarada doctrina oficial del estado safaví a partir de
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Ismail I y presentada como «shiísmo duodecimano». En realidad esta grave desviación
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no tenía nada que ver ni con el Shiísmo ni con el Islam, y eso se tradujo en la práctica,
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donde sufrieron persecución y matanzas tanto los verdaderos shiíes duodecimanos,
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como los sunníes y el resto de las cofradías (turuq) sufíes.
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Los primeros safavíes
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El Irán a fines del siglo XV era un caos de reinos de Taifas (en árabe taif, pl. tawa'if,
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Kandahar, Balj, Kermán y Azerbaÿán eran estados independientes y rivales entre sí.
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En una serie de campañas implacables, Ismail Ibn Haidar (14871524), se apoderó de
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la mayor parte de estos principados, entró en Herat y Bagdad e hizo de Tabriz la
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capital de su nuevo imperio (1502). La dinastía safaví había nacido.
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La ascensión de Ismail I al poder es una historia sin precedentes. Tenía tres años de
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edad cuando murió su padre Haidar (1490) y trece cuando se lanzó a la conquista del
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trono. Seguía teniendo trece cuando se coronó shah (en persa "rey") de Persia. Según
sus contemporáneos, se nos dice que era «dulce como una jovencita», pero mató a su
madrastra, ordenó la ejecución de 300 funcionarios en Tabriz y pasó a cuchillo a miles
de sus adversarios políticos (E.G. Browne: A literary history of Persia, 4 vols.,
Cambridge, 19511953, IV,pág. 62). Gozaba de tal popularidad que «el nombre de
Dios ha sido olvidado en Persia y sólo se recuerda el de Ismail» (E.G. Browne: O.cit., IV,
pág. 51).
Ismail I se sintió lo bastante fuerte para desafiar a sus vecinos. Ignorando los
principios elementales del Islam de la fraternidad, la unión y el mutuo consenso, le
hizo la guerra a los uzbecos de la Transoxiana (Ma Wara alNahr) y el Jorasán. Luego
se volvió hacia el oeste y comenzó una campaña de hostigamiento contra los
otomanos basado en un concepto falseado y prohibido en el Islam, el de la división
(fítna). Así, fomentó (como lo seguirían haciendo sus sucesores hasta mediados del
30
siglo XVIII) el odio de los shiíes contra los sunníes (y viceversa), manipulado
perversamente para arrastrar al pueblo iraní hacia sus ambiciosos propósitos de
conquista y egolatría.
La estrategia de Ismail triunfó; a pesar de sus crueldades y desvíos, fue reverenciado
como una divinidad (recuérdese el ya citado tema de la reencarnación) y sus súbditos
confiaban de tal modo en el divino poder que le atribuían que algunos de ellos se
negaban a llevar armadura en el combate (cfr. Percy Sykes: History of Persia, 2 vols,
Londres, 1921, II, pág. 163)
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En la batalla de Chaldirán (23 de agosto, 1514), en un llano al este del Eufrates, los
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seguidores de Ismail vieron que sus consignas y fervores eran impotentes frente a la
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artillería y la disciplina de los jenízaros otomanos. Selim se apoderó de Tabriz y
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subyugó a toda la Mesopotamia septentrional (1516). Sin embargo, dos factores
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habrían de salvar a los safavíes. Uno fue el amotinamiento de los jenízaros que
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exigían una equitativa distribución del botín capturado en la campaña, que forzó a
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Selim a un repliegue temporal. El otro fue la aproximación de un ejército mameluco
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debido a su enfrentamiento con el poder otomano (Qansuh sería derrotado y muerto
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en la batalla de Marjdabik, el 24 de agosto de 1516, al norte de Alepo y marcaría el
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principio del fin de la dinastía de los mamelucos). Por estas circunstancias, Ismail
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regresó a Tabriz con todos lo honores y reinó durante otros ocho años. Ismail murió a
los 38 años, dejando el trono a su hijo Tahmasp de diez (1524).
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El shah Tahmasp I (15141576) fue bastante distinto a su padre, sino referimos a la
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valentía y a la eficiencia, si en cambio lo igualó y superó con creces en lo que respecta
a la idolatría, el sibaritismo y la perversidad. Como si todo esto fuera poco, se avino a
consumar el primer gran tratado de alianza con un poder europeo contra un estado
musulmán. Este consistió en una reciprocidad de medidas e intercambios de
información entre la corte safávida y el Imperio de los Habsburgo encabezado por
Carlos V de Alemania y I de España, titular del sacro imperio romano germánico
(15191556), entre 1525 y 1545, para coordinar la resistencia cristiana y persa frente
al accionar del sultán Solimán I el Magnífico (14941566). Este tratado significó de
alguna manera el comienzo de la disolución del Dar alIslam, vaticinada por el
postulado de Ibn Jaldún ("El ataque exterior, la intriga interna o las dos cosas juntas
derriban al Estado") y confirmada por la acertada definición del historiador
norteamericano William McNeill: «La historia del mundo desde el año 1500 puede
concebirse como una carrera entre el poder creciente de Occidente para oprimir al resto
del mundo y los esfuerzos cada vez más desesperados de los otros pueblos para rechazar a
30
los occidentales» (cfr. W. McNeill: The Rise of the West, University of Chicago press,
Chicago, 1963).
El flamenco Ghiselin de Busbecq (15221592), embajador del emperador Fernando I
de Habsburgo (g. 15581564) en la Sublime Puerta, testimonia como la Cristiandad
salió beneficiada de esta situación, ya que Solimán tuvo que suspender su ofensiva
contra las agresiones del Oeste para hacer frente a los safavíes: «Sólo Persia se
interpone a nuestro favor, pues el enemigo, cuando se dispone a atacarnos, debe
permanecer atento a esta amenaza situada a sus espaldas» (The Turkish Letters of
Ogier Ghiselin de Busbecq, trad. inglesa de Edward Seymour Forster, Oxford, 1922,
pág. 112).
En Europa hubo una gran alegría cuando el ejército de Tahmasp I se apoderó de
Erzurum (1552), pero en 1554 Solimán contraatacó y obligó a Tahmasp a una paz
(1555) que dejó a Bagdad y la baja Mesopotamia bajo el dominio permanente de los
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otomanos hasta 1918.
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Mientras tanto, «a río revuelto...» los ingleses enviaron al aventurero y comerciante
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Anthony Jenkinson de la Muscovy Company a negociar a Persia. Hacia 1561, luego de
un azaroso viaje por Rusia y Transoxiana (vía Bujará, hoy Uzbekistán), Jenkinson, que
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contó con los favores y la asistencia del soberano ruso Iván el Terrible (15301584),
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llegó a Qazvín. Allí entregó al desprevenido Tahmasp unas cartas de saludo de una
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reina — Isabel I (15331603)— que parecía a los persas una soberana sin importancia
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de un pueblo bárbaro. El plan inglés era la búsqueda de una ruta comercial terrestre a
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la India y China ("Catay"). Al acceder Tahmasp a tal proposición —renovada en 1581
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—, no sólo condenó al Irán a la penetración foránea, sino que abrió las puertas a la
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futura conquista del Indostán por parte de la Companía de las Indias.
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La muerte de Tahmasp en 1576 puso fin a uno de los reinados más desastrosos de la
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historia iraní, pero no a uno de los peores; éstos habrían de llegar con el tiempo, a lo
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largo de los siglos XIX y XX.
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Una práctica aberrante
El problema de la sucesión dinástica fue tal vez más agudo en la Persia safávida que
en la India mogol y el Imperio otomano. La práctica aberrante de cegar a los hijos de
los reyes se advierte por primera vez en al historia safaví, en relación con uno de los
nueve hijos que sobrevivieron a Tahmasp I (éste ya había hecho asesinar a dos de sus
hermanos y encarcelado a un tercero), Muhammad Jodaband. Este se negó a subir al
trono cuando Tahmasp murió en 1576, debido a una ceguera parcial. La operación de
cegar a los príncipes, futuros competidores del trono, a menudo se efectuaban
demanera imperfecta. Si Jodaband conservaba algo de visión podía deberse a la
compasión del ejecutor. Esta compasión no era precisamente desinteresada.
Muhammad Jodaband sucedió a su hermano Ismail II (15551577) hasta 1587, y
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entonces los previsores funcionarios que pudieron haberlo cegado por completo,
según las expresas órdenes de Ismail, se apresuraron a recibir su recompensa.
Por otra parte, el corto reinado de Ismail II (15761777) fue una sucesión de intrigas
y crímenes horrendos. Hizo matar a seis príncipes, uno de ellos, sobrino del monarca
que ya había sido cegado. Planeaba dar muerte a otro sobrino que sólo contaba seis
años de edad, pero éste, por fortuna, era gobernador de la lejana provincia de Herat
(hoy Afganistán occidental). El emisario que Ismail mandó a Herat no pudo cometer
tal acto en el mes sagrado musulmán de Ramadán, y por eso Abbás Mirzá, el futuro
Abbás el Grande (15711629), sobrevivió a su cruel tío, para convertirse en uno de los
hombres más famosos de la historia del Irán.
La carrera por el trono
Abbás Mirzá no sólo sobrevivió a los malvados designios de Ismail II, sino también a
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los de su hermano, cuyas intenciones hacia él se frustraron gracias a las rápidas
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medidas adoptadas por su tutor y maestro, Murshid Qulí Jan Ustajín, de manera que
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Abbás pudo subir al trono cuando Muhammad Jodaband, su padre, abdicó en 1587.
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A pesar de todo lo ocurrido anteriormente, el reinado de Abbás el Grande llevó a
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extremos horripilantes la manera de tratar a los posibles pretendientes al trono. El
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shah Abbás no dejaría la «solución» al fratricidio, ni se contentaría con cegar a los
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competidores: llegó a asesinar a su propio hijo.
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Un episodio acaecido entre 15931594 nos puede dar una pauta del perfil homicida y
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paranoico de Abbás. El jefe de los astrólogos de la corte safaví, Ÿalal, predijo un
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desastre para el ocupante al trono. Un derviche llamado Yusufí fue hecho rey durante
tres días y, luego, ejecutado; a continuación, el trono volvió a ser ocupado por Abbás.
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El peligro de las conspiraciones políticas y de las rebeliones se agravó mucho cuando
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el sistema feudal permitió las levas por cuenta de súbditos principales, que
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Una vez solucionado el problema de los antiguos pretorianos, el shah Abbás hubo de
resolver acerca de las sospechas que le inspiraban sus tres hijos. Les quitó los ojos a
los dos más jóvenes, y nombró heredero al mayor, Safí Mirzá. Cuando Safí Mirzá llegó
a la edad de sucederle en el trono, el shah comenzó a temer que los dignatarios a los
que había privado de poder lo sustituyeran por su heredero. Este temor le indujo a
tomar la cruel decisión de matar a su hijo.
Se convirtió en ley el encarcelar a los príncipes safávidas en companía de maestros en
un jardín, donde se les enseñaban las humanidades, se les permitían ejercicios con
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arcos y flechas, y cabalgaban montados en asnos en su «paradisíaca prisión». En razón
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de esta política, se ha culpado al shah Abbás de acelerar la decadencia de la dinastía.
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El historiador británico Sir John Malcolm escribió: «Un monarca que nunca había
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abandonado su prisión antes de subir al trono, lo más probable es que fuera afeminado e
ineficaz. Difícilmente podía resistir la intoxicación del poder absoluto». Como vemos, no
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había mucha diferencia entre la patología esquizofrénica de la Rusia de Stalin y la
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Persia de los safávidas (aunque las estadísticas de los crímenes del zar rojo superan
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toda imaginación y lo convierten en el mayor asesino de la historia: entre 1924 y
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1953, más de veinte millones de rusos fueron eliminados por esta paranoia colosal).
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La contradictoria personalidad de Abbás
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Hacia 1598, tres ingleses aventureros, Sir Thomas Sherley (15641630), Sir Anthony
Sherley (15651635) y su hermano menor Robert Sherley (15811628), llegaron a
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experiencia militar y a un hábil fundidor de cañones (cfr. George Mainwaring: The
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adventures of the three Sherleys, Londres, s/f). Con esta ayuda inesperada, el shah
Abbás reorganizó su ejército —diezmado en la guerra contra los uzbecos del Jorasán
—, lo equipó con mosquetes además de espadas y pronto lo reforzó con quinientas
piezas de artillería. Con esta nueva fuerza consiguió vencer a un alud de cien mil
otomanos con apenas sesenta mil hombres en 1605 y recobrar el estratégico enclave
de la isla de Ormuz en la entrada del Golfo Pérsico en 1622, en poder de los
portugueses desde 1507. Esta operación se llevó a cabo con el apoyo de barcos
ingleses poderosamente artillados. Al año siguiente, el shah fundaría en la orilla
continental, vecino a la primitiva población de Gomrú (Gombrún para los europeos),
un puerto que llevaría su nombre, y que a partir de la invasión de Irak a la República
Islámica del Irán en septiembre de 1980 —que entre otros flagelos, trajo aparejado la
destrucción de las instalaciones portuarias de Abadán y Jorramshahr— se convertiría
en puerto franco y en el de mayor actividad del país: Bandar Abbás ("Puerto Abbás",
primeramente Bandar Abbasí).
31
Cándidamente, el historiador safaví Iskandar Beg afirma que «el feliz descubrimiento
de la enemistad entre portugueses e ingleses determinó la conclusión de una alianza
ventajosa». Por su parte, el historiador isabelino Sir William Foster, basándose en las
fuentes históricas inglesas, afirma que «la petición de ayuda a los persas se acompañó
con amenazas de cancelar todas las concesiones comerciales existentes —como las
exportaciones de seda persa en barcos ingleses—, en el caso de que fuese denegada».
Los incesantes viajes y relevamientos de agentes británicos a la Persia safaví, como
Richard Hakluyt (m. 1616) y su continuador Samuel Purchas, al igual que muchos
otros observadores europeos, describen las cortes y los distintos personajes como no
podían hacerlo los cronistas persas, sujetos por lo general al favor de los déspotas de
turno. Los informes de los europeos eran de vital interés para los comerciantes
ingleses, franceses, holandeses e italianos. Un inglés culto del siglo XVII que nunca
hubiese abandonado Londres, Oxford o Cambridge, podía conocer los hermosos
puentes que el shah Abbás había hecho construir sobre el río Zaiandé Rud, en Isfahán.
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Ni él ni el shah Abbás (que tenía una vaguísima idea de dónde podía quedar
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Inglaterra), sin embargo, se darían cuenta de lo que presagiaba este intenso interés
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europeo por las tierras del Islam.
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Consciente de que Europa occidental le estaba agradecida por mantener a los
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otomanos atareados en sus fronteras orientales, el shah Abbás envió primero a Sir
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Anthony Sherley y luego a Robert Sherley a las cortes europeas y al Vaticano en
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aunque con escasa fortuna. Es célebre el retrato realizado el 29 de agosto de 1622 por
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el pintor flamenco Sir Anthony Van Dyck (15991641) de Sir Robert Sherley, durante
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Roma.
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como un medio de establecer un espíritu nacional que consolidara a la monarquía.
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Fomentó las peregrinaciones al entonces pueblo de Mashhad —hoy pujante capital de
la provincia Josarán–—, como La Meca del Islam safaví (que patrocinó astutamente
como contrapartida a otros lugares santos localizados en territorio otomano), y él
mismo cubrió a pie los mil doscientos cincuenta kilómetros de Isfahán a Mashhad
para ofrecer sus súplicas y donativos. Fue un constructor incansable. Siempre que que,
andando los caminos de Irán se divisa un gran caravansar, la pregunta del viajero
obtiene la misma contestación: fue construido por el shah Abbás. Todavía puede
encontrarse bajo las marismas y la maleza de Mazandarán, el camino pavimentado
que ordenó trazar.
El viajero italiano Pietro della Valle (15861652), que viajó por Turquía, Siria,
Palestina, Irak, Irán y la India entre 1614 y 1626, al describir al shah como lo vio en
1618, observa que «Ya hable, camine o se limite a mirarle a uno, tiene siempre un
31
aspecto muy animado y vivaz» (Pietro della Valle: Viaggi in Turchia, Persia, ed India
descritti in 54 lettere famigliari, Roma, 16501663).
Tesoros de Isfahán
En Irán, entre el siglo XVI y el primer cuarto del siglo XVIII, se produjo un
renacimiento cultural y religioso islámico promovido por el advenimiento de la
dinastía safaví. La verdadera arquitectura safaví surge a partir de que Abbás el Grande
traslada la capital a Isfahán e infunde un nuevo vigor a las construcciones, aunque
siempre sobre modelos y parámetros timuríes.
La capital del estado safaví había pasado de forma sucesiva de Tabriz a Qazvín
cuando, en 1598, tras haber celebrado el Año Nuevo persa (NoRuz) en Isfahán,
Abbás decidió convertir esta última ciudad en la nueva capital del reino. En el
histórico casco céntrico de la milenaria urbe estableció el siguiente esquema
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urbanístico: un gran eje ajardinado, una gigantesca Plaza enmarcada al sur por la
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gran Mezquita, al norte por el gran Bazar (mercado público), al este por la mezquita
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del Sheij Lutfullah y al oeste por la gran puerta del pabellón de Alí Qapu ("Sublime
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Puerta"), que sirve de acceso al complejo palatino, además del gran puente PoleJaÿú
sobre el río Zaiandé Rud . Su ordenación espacial la convierte a Isfahán en una de las
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primeras ciudades planificadas del Islam donde aun es posible establecer sus
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principales elementos configuradores.
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En el centro del extremo noroeste de la plaza, se encuentra el pórtico de Qeisariyya,
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realizado entre los años 1602 y 1619. La gran puerta está flanqueada por palcos y
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coronada por un balcón en el que se situaban los músicos que animaban los partidos
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de polo.
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En 1612 Abbás el Grande hizo construir la llamada Meidáne Shah ("Plaza Real"), hoy
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«Plaza Imam Jomeini». Este complejo comprende un rectángulo de 507 metros de
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largo por 158 metros de ancho, que se convirtió en el bazaar (mercado) principal de
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la ciudad y la cancha de polo más refinada de la historia. En ella el soberano y sus
caballeros jugaban periódicamente al polo (chougán en persa) —un deporte inventado
por los antiguos persas—, e intimaban con el pueblo que presenciaba gratuitamente
esas destrezas hípicas. Aun hoy permanecen incólumnes las dos porterías con sus
postes de mármol blanco, mudos testigos de un juego olvidado, que pueden pasar
inadvertidas para muchos de los visitantes que llenan la plaza diariamente. La Plaza
de Isfahán es tan bella que ha recibido el nombre de «imagen del mundo» (Naqsh
Ÿahán).
En uno de los lados de la plaza Abbás edificó la «Mezquita del Sheij Lutfullah», entre
1602 y 1618, en honor de su sabio y venerado suegro de origen libanés. De pequeña
dimensiones, 35 por 40 metros, y desprovista de minaretes, era el oratorio privado del
soberano. Condicionantes como su orientación obligatoria a La Meca y el espacio al
que se abría la plaza, determinaron que la entrada se articulase mediante un
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ingenioso pasillo. La extraordinaria serie de azulejos de variado color que cubren la
fachada, la cúpula y su interior ponen de manifiesto los complejos juegos que la
cerámica vidriada puede ofrecer.
La obra cumbre de Abbás se completa con la «Mezquita Real» (Masÿid e Shah), hoy
del «Imam Jomeini», levantada en el extremo suroeste de la plaza entre 1612 y 1630.
Su estructura está desiquilibrada con relación a la plaza, con objeto de orientar el
mihrab hacia La Meca. Recubierta totalmente por bellísimos azulejos de loza, posee
unas dimensiones de 130 por 120 metros y su cúpula alcanza los 54 metros de altura.
Su portal está muy retranqueado para adecuarse a la galería que discurre en torno a
la gran plaza. El vestíbulo cupulado y un doble pasillo resuelven el cambio de eje
necesario para la perfecta orientación de la quibla. Finalmente, se llega a un patio con
cuatro iwanes (el iwán es una típica construcción islámica iraní que consiste en una
sala rectangular cubierta por bóveda, con uno de sus lados cortos abierto al exterior
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en su totalidad) en cuyo centro se encuentra la fuente de las abluciones (cfr. Oleg
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Grabar: The Great Mosque of Isfahan, New York University Press, Nueva York,
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1989).
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Este complejo de la Plaza y Mezquita del Imam en Isfahán fue declarado bien cultural
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de la humanidad en 1979 (Véase Guía del Patrimonio Mundial UNESCO, Editorial
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Incafo, Madrid, 1994, pág. 577; Wilfrid Blunt: Isfahan. Perla della Persia, Istituto
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Geografico de AgostiniNovara, Milán, 1969).
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Cuando el caballero y viajero francés Jean Chardin (16431713) visitó a Isfahán en
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artesanías y artes, en la que vivían más de trescientas mil almas y con mil quinientas
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aldeas en el entorno, que poseía 162 mezquitas, 48 colegios, 273 baños públicos y
1800 posadas (cfr. Sir John Chardin: Travel in Persia 16731677, Dover, Nueva
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Seventeenthcentury Empire, I.B. Tauris, Londres, 1996).
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Jean Baptiste Tavernier (16051689) que viajó por Turquía, Palestina, India, Sumatra
y Java, estuvo en Isfahán en 1664, y comprobó que tenía la misma extensión que
París, pero era diez veces menos populosa, pues cada familia tenía su propia casa con
jardín y había tantos árboles que «más parecía un bosque que una ciudad» (cfr. Le Six
Voyages de JeanBaptiste Tavernier, París, 1681).
No es ninguna casualidad entonces, que desde hace ya tiempo circule este refrán entre
los pueblos de lengua persa: «Isfahán es la mitad del mundo» (Isfahán nesfe Ÿahán).
Véase Henri Stierlin: Isfahan: Image du Paradis, La Bibliothèque des Arts, París,
1976.
Los últimos safavíes
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Pese a todos los esfuerzos del shah Abbás por reformar y capacitar la maquinaria
administrativa y el Ejército, pese a todos lo intentos de establecer una sólida jerarquía
estatal de funcionarios, la Persia safaví nunca tuvo —ni supo apreciar— la fibra
institucional que logró desarrollar el Imperio otomano. Sólo noventa noventa y trés
años después de la muerte del shah Abbás, el Imperio safávida se vino abajo a manos
de los afganos, que eran considerados bárbaros por los safavíes. Mir Wais, un caudillo
afgano de los Ghilzai (una de las tribus que hoy aporta cuadros al llamado
"movimiento talibán"), se apoderó de Kandahar en 1711. Su hijo Mahmud recibió la
degradante sumisión del shah safávida Husain (g. 16941722), y su rendición en
Isfahán. La ola destructora de los Ghilzai sólo fue detenida al chocar con los otomanos
en el Irán occidental. La dinastía safávida desapareció con Abbás III (g. 17321736),
un bebé de ocho meses al subir al trono, que fue depuesto por Nader Shah
Paradójicamente, Persia se haría famosa en Europa de la mano de uno de los más
relevantes filósofos franceses. CharlesLouis de Secondat, barón de La Brède y de
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Montesquieu (16891755), autor de las «Cartas persas» (1721), se preguntará, no sin
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cierta ironía: «¿cómo podemos ser persas?». Este renombrado pensador francés quedó
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gratamente sorprendido por la personalidad y las actividades del embajador iraní
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Muhammad Reza Beg, enviado a París en 1714 por el shah safaví Husain (gob. 1694
1722), fenómeno analizado por M. Herbette: Une Ambassade Persane sous Louis
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XIV, París, 1907. En su obra, Montesquieu describe el viaje imaginario de dos persas
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(Usbek y Rica) a París en los últimos tiempos del reinado de Luis XIV. Estos supuestos
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viajeros exponen a sus amigos de Persia, en estilo epistolar, comentarios sobre las
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costumbres, leyes e instituciones francesas. Con curiosidad y sin prejuicios, los dos
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persas observan ingenuamente los salones, los cafés, los teatros, la corte, la iglesia...,
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lo que da pie al autor para realizar una inteligente sátira, una audaz e ingeniosa
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crítica, de su país y de sus conciudadanos. (cfr. Montesquieu: Cartas persas, Alba,
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Madrid, 1997).
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Nader Shah
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Nader Shah (16881747), llamado Tahmasp Qolí Jan, originalmente Nader Qolí Beg,
fue un jefe de bandidos de origen turcomano, que depuso a la dinastía Safaví de Irán
y estableció un breve imperio en la región. Destacó como líder militar durante la
ocupación afgana de Irán en la década de 1720. Actuando en nombre de los
derrotados Safavíes, expulsó a los afganos en 1729, y en 1732 se convirtió en regente.
Al año siguiente expulsó a los turcos otomanos de Mesopotamia, de la que se habían
apoderado durante la invasión afgana, e indujo a los rusos a abandonar el territorio
iraní que ocupaban. En 1736 subió al trono iraní como Nader Shah. Hacia 1738 había
conquistado Afganistán, y en 1739 invadió el norte de la India, capturando Delhi,
capital del Imperio mogol; pronto extendió su mandato a lo que actualmente es el
Turquestán occidental. Las victorias de Nader Shah le convirtieron brevemente en el
soberano más poderoso de la región, pero su imperio se disgregó rápidamente
después de ser asesinado en 1747.
31
HISTORIA DE LA INDIA ISLÁMICA
Y LA CIVILIZACIÓN DE LOS
GRANDES MOGOLES (15261858)
En las tres grandes potencias islámicas de los siglos XVI y XVII —la Turquía otomana,
el Irán safávida y la India mogol— pueden distinguirse tres rasgos comunes, además
de la religión. En primer lugar, las tres tenían como centro grandes capitales. Aún hoy
despierta admiración el esplendor de Estambul, Isfahán , Agra y Delhi. Pues el Islam,
que constituye un completo código religioso, social y político, era esencialmente
urbano.
Un segundo rasgo común era la lengua. Los otomanos y los mogoles tenían su origen
en el Asia central, región de habla turca. Los mogoles de la India todavía hablaban y
escribían en turco chagatay, mientras que los gobernantes safávidas del Irán, si bien
no eran turcos (eran iraníes, de estirpe kurda), debían su posición a soldados
F
originarios de las estepas turcomanas, cuyo lenguaje adoptaron. Además, el árabe era
SE
la lengua corriente en la religión y el derecho, y el persa, la lengua de la cultura, la
IC
cancillería, la conversación distinguida y la poesía. A pesar de las divergencias propias
D
CI
de los diversos lugares y dialectos, se utilizaban los mismos términos —árabes, para la
religión, la administración y la ley; persas o turcos, para la corte y el palacio— con
EL
idénticas connotaciones en Estambul, Isfahán y Agra.
D
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A
Por último, el tercer rasgo era la absoluta falta de interés por desarrollar las ciencias y
IT
necesarios para encarar un renacimiento científico y cultural, otomanos, safavíes y
D
fomentado desde los ámbitos rigoristas ortodoxos.
TE
El conocido islamólogo cristiano libanés naturalizado norteamericano Philiph Khuri
IO
Hitti (18861978), nos brinda este testimonio:
BL
BI
«Si el Islam en su mejor época alzó a la sociedad árabe a una nueva altura de progreso
humano, en la peor alcanzó un punto de estancamiento muy bajo. El apego al pasado y
el aislamiento del Occidente cristiano influyeron notablemente en el avance de la cultura
islámica. El concepto de progreso fue reemplazado por el de autocomplacencia que se
hacía aun más peligroso por un sentimiento exagerado de superioridad. La medida de las
realizaciones estaba en proporción inversa a este sentimiento de superioridad... Todo esto
sucedía mientras... Occidente se había embarcado en un nuevo viaje para descubrir
verdades nuevas y lozanas, para encontrar explicaciones racionales de los hechos sociales
y los fenómenos físicos... Se había dado cuenta de que en la ciencia el secreto del
conocimiento inagotable está en la experimentación, y que en los negocios humanos el
secreto del progreso radica en el cambio, en cambiar para mejorar» (P.K. Hitti: El Islam,
modo de vida, Gredos, Madrid, 1973 , págs. 25759).
31
Los tres reinos musulmanes, atrincherados en su sentimiento de superioridad, y
sumidos en la molicie y sus disputas internas, se interesaron tardíamente por las
innovaciones occidentales, aun así tan sólo despertaron su atención ciertos avances
militares, como la implementación en los ejércitos europeos de la bayoneta o las
tácticas de las formaciones de mosquetería en cuadro del siglo XVIII, que incluso no se
atrevieron a adoptar.(cfr. Marshall G.S. Hodgson: The Gunpowders Empires and
Modern Times, University of Chicago Press, Chicago, 1974.
La visión de Toynbee
El historiador británico Arnold Joseph Toynbee (18891975), conocido por su visión
del pasado como una sucesión de civilizaciones más que de entidades políticas, hace
un excelente paralelismo a propósito del surgimiento de Babur y el poder musulmán
en la India y el auge de los descubrimientos geográficos occidentales: «En la época de
Babur Colón llegó por mar a América, proveniente de España, y Vasco de Gama a la
F
India proveniente de Portugal. Babur inició su carrera como príncipe de Ferghana, en el
SE
valle superior del Yaxartes, pequeño país que había sido el centro de la ecúmene (tierra
IC
habitada) desde el siglos II a. de C. Babur invadió la India por tierra veintiún años
D
CI
después de haber llegado Vasco de Gama a ella por vía marítima... No recuerdo que haya
en las memorias de Babur mención alguna de la cristiandad occidental, ni he encontrado
EL
ninguna en el exhaustivo índice geográfico de la magnífica traducción inglesa de la
D
señora Beveridge. Claró está que Babur no ignoraba la existencia de los francos (el
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A
término general para "europeo" entre los musulmanes), ya que era un hombre culto y
IT
conocía su historia islámica..El arribo de los barcos francos a la India en 1498, veintiún
IG
años antes del primer descenso de Babur sobre ella en 1519, parece haber escapado a la
D
atención de éste, a no ser que su silencio se explique no por la ignorancia del suceso sino
CA
por un sentimiento de que las correrías de esos gitanos del mar no merecían la atención
TE
de un historiador. ¿De modo, pues, que este pretendidamente inteligente hombre de letras
IO
y de acción transoxano fue ciego a la hazaña de la circunnavegación del Africa por los
BL
portugueses? ¿Fue incapaz de percibir que esos navegantes océanicos francos habían
flanqueado el Islam y lo tomaban por la retaguardia? Sí; creo que Babur habría quedado
BI
atónito si se le hubiera dicho que el imperio que estaba fundando en la India pronto
pasaría de sus descendientes a sucesores francos. No tenía sospecha alguna del cambio
que sobrevendría sobre la faz del planeta entre su generación y la nuestra. Pero esto no
disminuye —me permito añadir— la inteligencia de Babur; es una indicación más de lo
insólito que fue el acontecimiento mayor de la historia del mundo en nuestro tiempo»
(A.J. Toynbee: La civilización puesta a prueba, Emecé, Buenos Aires, Buenos Aires,
1958, págs. 6465).
El Avance Irresistible De Los Europeos
Mientras tanto, Europa, que supo usufructuar y llevar a la práctica los preclaros
conceptos y descubrimientos de la Edad de Oro del Islam, disponía de los medios
políticos, comerciales, materiales y militares que le habían de permitir imponerse en el
31
mundo y colonizar y expoliar a los pueblos musulmanes, africanos, asiáticos y
americanos. Antes de comenzar con nuestro tema sobre la Historia de la India
Islámica, veamos la siguiente cronología que detalla la penetración europea en el
subcontinente indio en los siglos XVI y XVII (cfr. Geoffrey Parker: La Revolución
Militar. Las innovaciones militares y el apogeo de Occidente, 15001800, Crítica,
Barcelona, 1990):
I. 1498: Vasco de Gama llega a Calicut (Kozhikode), en la costa malabar (hoy
estado de Kerala, India).
II. 1502: Vasco de Gama funda la factoría de Cochín, al sur de Calicut, sobre la
costa malabar.
III. 1503: Alfonso de Albuquerque (14531515) construye un fuerte en Cochín,
la primera fortificación europea en la India.
IV. 1507: Los portugueses, al mando de Francisco de Almeida (14501510),
destruyen en la isla de Diu (al sur de la península de Kathiawar, en el actual
F
estado indio de Gujarat), una flota musulmana combinada indootomana.
SE
V. 1510: Albuquerque arrasa la población musulmana de Goa (en sánscrito
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Govapuri o Gomant) y se instala una colonia que junto con las de Damán y
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CI
Diu estará en manos lusitanas hasta 1961.
VI. 1512: Los portugueses destruyen el puerto de Surat, en la costa del golfo de
EL
Jambhat. Lo volverían a destruir en 1530 y 1531. Reconquistado por Akbar
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en 1573.
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VII. 1531: Los portuguese saquean Damán, ciudad musulmana situada en la
IT
costa del golfo de Jambhat, al norte de Bombay.
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VIII. 1535: Los portugueses ocupan Calicut.
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IX. 1557: Los portugueses ocupan Macao en China (según el acuerdo de 1987,
CA
Macao debería volver a manos chinas en 1999).
TE
X. 1558: Los portugueses ocupan Damán.
XI. 1600: Se funda la English East Company con el concurso de 80 comerciantes
IO
londinenses, según cédula real de Isabel I de Inglaterra del 31 de diciembre.
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XII. 1608: Los ingleses fundan una factoría en Surat con permiso mogol.
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XIII. 1610: Los holandeses construyen un fuerte en Pulicat, sobre la costa de
Coromandel. Conquistado por los británicos en 1825.
XIV. 1611: Los ingleses establecen su primer asentamiento en la costa de
Coromandel, en Masulipatam (Machilipatnam).
XV. 1616: Los daneses ocupan el puerto de Tranquebar en la costa de
Coromandel, que sería tomado por los británicos en 1814.
XVI. 1639: Francis Day de la English East India Company funda el fuerte St.
George que dará origen a la ciudad de Madrás, en la costa de Coromandel
(actual estado indio de Tamil Nadu).
XVII. 1660: Los holandeses ocupan Negappattinam en la costa de Coromandel,
vecina a Pondichéry. Tomada por los británicos en 1799.
XVIII. 1674: Los franceses fundan la colonia de Pondichéry en la costa de
Coromandel, que retendrán hasta 1954.
31
XIX. 1688: La Compagnie des Indes orientales, creada por el político Jean
Baptiste Colbert (16191683) en 1664, funda la colonia de Chandernagor
(Chandannagar) sobre el río Hughli en Bengala, concesión de Aurangzeb.
XX. 1690: Los ingleses establecen una factoría en Calcuta.
Los Primeros Tiempos Del Islam En La India
Hind es el nombre por el cual es conocido el subcontinente en el mundo islámico. El
hindi, que es el idioma oficial que hoy se habla en la India, tiene numerosas palabras
árabes y persas. De Hind derivan términos como Hindustán (Indostán), hindú,
hinduismo, etc.
El Indostán histórico comprendía las actuales repúblicas de la India, Pakistán, Bangla
Desh, Sri Lanka y Maldivas, los reinos de Bhután y Nepal y una porción de Afganistán.
F
Desde los primeros siglos de la expansión del Islam, los musulmanes mostraron un
SE
especial interés por la India y sus antiguas civilizaciones. Suleimán atTayir (esto es:
IC
"el mercader") llevó hacia 840 sus mercancías a la China y la India desde el puerto
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CI
iraní de Siraf en el Golfo Pérsico. Un autor anónimo de 851 escribió un relato de viaje
de Suleimán. Este relato, el más antiguo en lengua arábiga, es anterior en 425 años a
EL
los Viajes de Marco Polo (cfr. J O'Kane: The Ship of Suleiman, Londres, 1972).
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En el mismo siglo, el primer gran geógrafo musulmán Ubaidullah Ibn Jordadbeh (825
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912) hizo una descripción de la India, Ceilán, Java y Sumatra en su obra Kitab
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nuevamente, revisado, hacia 886 (traducido por M.J. de Goeje, Leiden, 1967). En esta
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obra encontramos el relato del viaje del intérprete Sallam a «la muralla de Gog y
TE
Magog», denominación con que el autor parece indicar la Gran Muralla china (cfr.
F.E. Peters: Allah's Commonwealth. Ibn Khurdadhbih, Nueva York, 1973). Otro
IO
trabajo famoso es ‘Ayá’ib alHind ("Maravillas de la India") de Buzurg Ibn Shahhriyar
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Ramhurmuzi.
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Pero sin lugar a dudas, el historiador musulmán de lengua persa Abu arRahmán
Muhammad ibn Ahmad alBiruní (9731048) se convertirá en el especialista por
excelencia en temas de la India, a través de su monumental Kitab alHind ("Tratado
de la India"), también conocida como Ta’ríj alHind ("Historia de la India"),
publicada hacia 1030, que fue el resultado de más de doce años de permanencia en la
India. Algunos comparan esta obra con la Historia Natural de Plinio y el Cosmos de
Humboldt. AlBiruní cita 24 libros de 14 autores griegos y apela a 40 fuentes de
sánscrito. Aunque se ocupa poco de la historia política de la India, dedica 42 capítulos
a la astronomía y a la religión de los indios. Mostrando un gran interés por el
Bhagavad Gita (sánscrito: "Canto del Señor"), el famoso poema filosófico que forma
parte del Mahabharata (una de las obras más antiguas de la literatura épica de la
India, que gira en torno de las guerras entre los Kuru y los Bharata), alBiruni ve la
similitud entre el misticismo del Vedanta (la última de las escuelas del hinduísmo), el
31
sufismo, los neopitagóricos y los neoplatónicos. Igualmente, compara citas de
pensadores indios con pasajes parecidos de filósofos griegos.
Los musulmanes llegaron a Multán (hoy Pakistán), en el Punjab occidental en 694. Es
una gran coincidencia de que la primera expedición musulmana hacia la India fue en
711, el mismo año en que Tariq Ibn Ziad llegaba a España. Más adelante veremos
como la India se convertiría bajo el Islam en el alÁndalus de Oriente, con idénticos
parámetros de auge de la ciencia y la filosofía, y la convivencia de culturas y
religiones.
La primera dinastía islámica que tuvo dominio sobre India fue la de los gaznavíes o
gaznávidas, originada en la ciudad de Gazna (hoy Afganistán), fundada por Abu
Mansur Sebuktigin (942997) hacia 977. Su hijo y sucesor, conocido como Mahmud
de Gazna (9711030), extendió sus dominios abarcando el Jorasán y gran parte del
Irán, el Punyab, el Sind y finalmente, casi toda la India, a la que conquistó a través de
F
17 expediciones que duraron casi 32 años a partir de 997. Mahmud de Gazna fue un
SE
soberano muy perspicaz e infatigable. En el subcontinente organizó su administración
IC
según el modelo iraní, adoptando el persa como idioma de su corte. A partir de
D
CI
entonces, el persa sería la lengua oficial en el subcontinente durante ochocientos
años.
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Muhammad alGurí (m. 1206) conquistaron la India septentrional e instauraron el
IT
sultanato de Delhi. El primer sultán fue Qutbuddín Aibak (m. 1210).
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Complejo del minarete Qutab
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Una de los más espléndidos minaretes del mundo islámico es aquel que comenzó a
TE
construir Qutbuddín Aibak hacia 1193, llamado Qutab Minar, que hoy todavía
IO
podemos apreciar en la capital de la India. Esta torre extraordinaria de 72 metros de
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recordatorio muy visible de los nuevos gobernantes islámicos de la región. La original
torre de piedra arenisca de cuatro pisos fue construida por Qutbuddín y por su
sucesor, Shamsuddín Iltutmish (g. 12111236) fundador de la dinastía turca ilbarí
(12101290). Después de que el piso superior fue dañado por un rayo en 1368, lo
reparó Firuz Shah Tugluq, que añadió dis pisos de mármol y piedra arenisca de
Rajastán. En la actualidad el denominado Complejo del minarete Qutab contiene
numerosos edificios islámicos como la Mezquita Poder del Islam (Quwwat ulIslam
Masÿid), construida en 1193, las tumbas de los sultanes Alauddín Muhammad Jalÿí
(m. 1316) y Shamsuddín Iltutmish, y la puerta monumental Ala'i Darwaza (1311).
La primera sultana del Islam
El más original y brillante de los ocho sucesores de Shamsuddín Iltutmish fue su hija
Radiyya, quien gobernó entre 1236 y 1240, convirtiéndose en la primera mujer en
32
dirigir un estado islámico en la historia. Durante este brillante período Delhi pasó a
ser el refugio y reunión de sabios, teólogos y científicos procedentes de otros puntos
del mundo islámico que huían de la invasión de los mongoles.
La dinastía ilbarí fue sucedida por seis soberanos jalyí, durante cuyos reinados el
poder del Islam se expandió hacia el sur, Deccan adentro. En el siglo XIV surgió la
poderosa dinastía afgana Tugluq, pero esta fue barrida por las hordas de Tamerlán
Timur Lenk (13361405).
El sanguinario jefe mongol cruzó el Indo (1398) y derrotó a las fuerzas del sultán
Mahmud Tuglak, ocupó Delhi, mató a cien mil prisioneros a sangre fría, quitó a la
ciudad todas las riquezas y las llevó a Samarcanda con una multitud de mujeres y
esclavos, dejando tras de sí la anarquía, el hambre y la peste.
F
musulmán tangerino Ibn Battuta (13041377), experiencia que describió
SE
detalladamente en su rihla o libro de viajes (cfr. Ibn Battuta: A través del Islam.
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Alianza, Madrid, 1988, págs. 487661).
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Los Grandes Mogoles EL
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Hacia 1504, el sultán afgano Sikandar Lodí estableció una nueva dinastía, la de los
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Lodí, y una nueva capital en Agra. Pero su sucesor Ibrahim Lodí, fue derrotado por el
A
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caudillo Zahiruddín Muhammad (14821530), apodado Babur, (en persa, "el tigre"),
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en la primera batalla de Panipat, en las cercanías de Delhi, en 1526. Babur no se
D
contentó con adueñarse del sultanato de Delhi. Al año siguiente hizo lo que ningún
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caudillo musulmán se había atrevido hasta el momento: desafiar a la Confederación
Rajput. El 16 o 17 de marzo de 1527 el ejército de Rana Sanga, rey de Mewar y líder
TE
de la Confederación Rajput, compuesto por ochenta mil briosos jinetes, chocó en
IO
Khanua, cerca de Agra (al sudoeste de las actuales ruinas de Fatehpur Sikri), con los
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veinte mil experimentados soldados de Babur, entre ellos una brigada turca armada
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de mosquetes. El coraje de Rana Sanga y su caballería rajputani poco pudo hacer ante
la acción combinada de los jinetes afganos y persas apoyados por la mosquetería
turca. Ese día se fundó el Imperio mogol de la India. Esta dinastía musulmana duraría
con efectivo esplendor hasta la muerte de Alamgir II en 1759 (cfr. Michael Prawdin:
Los creadores del Imperio mongol, Juventud, Barcelona, 1965; David Nicolle:
Mughul India 15041761, Osprey, Londres, 1993).
32
Babur era un hombre que sufría de un exceso de energía en cuerpo y espíritu;
combatía, cazaba y viajaba insaciablemente. «A los doce años —dice al comienzo de
sus Memorias (Babur Nameh)— fui señor del país de Ferghana». A los quince asedió y
capturó a Samarcanda y a los veintidós tomó Kabul. Una vez en dos días recorrió
trescientos cincuenta kilómetros, cruzando dos veces el Ganges por añadidura. En sus
últimos años decía que desde la edad de once años no había observado el ayuno de
Ramadán dos veces en un mismo sitio.
A la muerte de Babur, que fue prematura, fue sucedido por su hijo Nasiruddín
Muhammad (15081556), conocido como Humayún. Este era demasiado débil y
vacilante para continuar la obra de Babur y su reino fue conquistado por el caudillo
afgano Sher Shah, luego de dos sangrientas batallas. Humayún se vio obligado a
refugiarse en la corte safávida de Persia (1539). Allí organizó un ejército, entró en la
India y recuperó el trono (1555), pero murió poco después (cfr. W. Erskine: Babur
and Humayun, 2 vols., Londres, 1826; S.M. Ikram: Muslim Civilization in India,
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Nueva York, 1964).
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Akbar
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El hijo de Humayún, Ÿalaluddín Muhammad (15421605), conocido como Akbar ("el
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Grande"), sería el gran organizador del dominio musulmán del Indostán.
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El tercer emperador mogol llegó al trono a los trece años. Contemporáneo de Isabel I
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(16331603) de Inglaterra, supo expandir el dominio musulmán en la India y crear un
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aprender a leer. En vez de lecturas, se dedicó a practicar peligrosos deportes; llegó a
ser un jinete perfecto, jugaba al polo regiamente y conocía el arte de dominar los más
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soportar cualquier fatiga, arrostrar todos los peligros personalmente. Pero el polo era
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su pasión. Le gustaba tanto el polo que inventó una pelota luminosa para que pudiera
jugarse de noche.
Soberano indulgente y muy tolerante, abolió los impuestos que sobrecargaban a los
no musulmanes (hindúes y budistas) y promovió los matrimonios mixtos entre los
musulmanes y las diversas comunidades indostanas, una actitud que nos hace
recordar al Gran Alejandro y las bodas entre doncellas persas y soldados griegos. El
mismo dio la pauta al casarse con una princesa hindú rajput de Jaipur que siguió
practicando su fe (Akbar estuvo casado con tres mujeres de religión distinta). Esto no
significó, como algunos sostienen, que hubiese descuidado su práctica islámica sino
todo lo contrario. El mejor ejemplo de lo que afirmamos es su legado arquitectónico
representado por Fatehpur Sikri.
32
Desde el siglo XIV, en la aldea de Sikri, a 37 kilómetros al sureste de Agra, se había
establecido una asociación de sufíes que pertenecían a la cofradía conocida como la
Chistiyya, nombre derivado de la localidad de Chist, en Afganistán, de donde era
oriundo su fundador, el Sheij Muin alDin Hasan alChistí. Entre ellos, en la época de
Akbar, había adquirido fama el venerable Sheij Salim alChistí y muchos buenos
musulmanes iban a Sikri para verlo y consultarlo. En los primeros años de su reinado,
también Akbar fue atraído por el carisma del hombre santo, y quiso hacer a pie la
peregrinación, desde Agra. El Sheij Salim predijo al soberano que muy pronto sería
padre de su primer hijo varón, deseo que tardaba en cristalizar y que preocupaba al
joven emperador. Pero la predicción se cumplió: la madre fue enviada a Sikri para
aguardar el parto, y allí nació el heredero. Akbar quiso que el jefe de la hermandad
gnóstica fuera padrino del recién nacido, y le dio su nombre: Salim (más tarde
conocido como Ÿahangir, en persa: "Conquistador del Mundo"; cfr. Beni Prasad:
History of Jahangir, Londres, 1922).
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Desde aquel momento, el monarca mogol siempre fue devoto del anciano sufí y de la
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Chistiyya; volvió a menudo a visitarlo, y después de su muerte, ocurrida en 1571,
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mandó que se levantara a su memoria un precioso mausoleo (dargah) de mármoles
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finamente labrados, verdadera joya de escultura e incrustaciones, terminado en 1580.
Adoptada la decisión de fundar una nueva ciudad, Akbar eligió la localidad de Sikri.
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Después de la conquista del Gujarat, en 1573, decidió que se llamara Fatehpur (en
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persa: "Ciudad de la Victoria"), celebrando el acontecimiento.
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El emperador se ocupó personalmente de vigilar la construcción de la ciudadela entre
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1570 y 1582, a la que dedicó sus energías y entusiasmo. Quiso que respondiera a sus
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cánones estéticos, a sus ideas en materia de urbanística y aun de religión y de culto.
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En su origen, la cultura de Akbar fue esencialmente persa. No sólo por el hecho de
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que su infancia transcurrió en la corte safávida del Shah Tahmasp I (15141576),
durante el exilio de su padre Humayún, sino también por la razón principal de que en
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aquellos años toda la civilización islámica de Asia tenía sello persa. Desde los primeros
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siglos de la Hégira, el elemento persa había suministrado al Islam eruditos, poetas,
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Durante dieciséis años Fatehpur Sikri fue una de las ciudades más brillantes y
originales del mundo, pero debido a la escasez de agua, y a las guerras que el
emperador mogol debió emprender en otras regiones, la ciudad fue abandonada. Su
poco uso y el haber estado alejada de las zonas de conflicto hizo que desafiara
exitosamente los rigores del tiempo y que hoy día se convirtiese en el más
extraordinario de los museos al aire libre. Un viajero español contemporáneo la
describe como «la Pompeya del Asia»: «Cuatro veces he visitado Agra y otras tantas me
he desplazado a Fatehpur Sikri. ¿Quien puede resistir esa tentación? Una ciudad muerta,
una ciudad sin alma, una ciudad desierta, pero tan evocadora, tan espléndida en su
32
silencio y en su soledad, tan rebosante de belleza» (Ramiro A. Calle: Sobre la India,
Arias Montano, Madrid, 1991, pág. 97).
El Pachesi Corte Shak, adyacente al Panch Mahal, es un enorme salón donde Akbar
practicaba el Pachesi (un antiguo juego indio similar al ajedrez) con los dignatarios de
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la corte y sus esposas. El historiador Abu lFazl alAlamí (15511602) —consejero y
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primer ministro de Akbar— nos relata que a veces participaban hasta doscientas
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personas representando las piezas y que una partida podía durar tres meses. Este
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juego servía el propósito de Akbar de medir la paciencia de sus funcionarios y de
enseñarles afabilidad.
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Todas las calles de esta urbe fantasmal se intersectuan formando ángulo recto. En una
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de las arcadas de la misteriosa ciudad prontamente abandonada podremos encontrar
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el siguiente proverbio, mudo testigo de la mística de sus constructores: «La vida es un
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puente. Crúzalo, pero no construyas una casa encima».
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Príncipe del ecumenismo
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Akbar abolió la costumbre tradicional de los indios y mongoles de esclavizar a los
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prisioneros de guerra, y en 1563 eximió a los hindúes de diversos impuestos aplicados
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por sus antecesores. Entre los años 1568 y 1574, Akbar se anexionó muchos reinos
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Más profunda que estos intereses políticos era su afición a la especulación filosófica.
Akbar anhelaba en secreto ser filósofo. Después de convertirse en el soberano
indiscutible de uno de los tres imperios musulmanes de la época, Akbar era
desdichado porque no podía comprenderlo. Decía: «Aunque soy dueño del tan vasto
reino y tengo en mi mano todos los instrumentos de gobierno, como la verdadera
grandeza consiste en cumplir la voluntad de Dios, mi espíritu no está tranquilo en esta
diversidad de sectas y de credos». Luego agregaba: «La superioridad del hombre descansa
en la joya de la razón».
32
Como correspondía a un filósofo, estaba profundamente interesado en todas las
religiones y creencias celestiales. Su cuidadoso examen del Mahabharata (en
sánscrito, "Gran Bharata"), el más extenso poema épico de la literatura india antigua,
escrito hacia el 300 a.C., —que hizo traducir al persa y al árabe—, y su intimidad con
los poetas y sabios hindúes, le atrajeron al estudio del hinduismo. Tenía la gracia de
saber contentar a todas las creencias: complació a los zoroastrianos llevando bajo la
ropa la camisa y cíngulo sagrados y dejó que los jainistas lo persuadieran a que
abandonase la caza y prohibiese, en ciertos días, la matanza de animales. Cuando
supo de la religión llamada cristianismo, que había llegado a la India con la ocupación
de Goa por los portugueses, mandó un mensaje a los misioneros paulistas que allí
había y los invitó a enviarle dos de sus hombres más doctos. Más adelante llegaron
algunos jesuitas a Delhi y lo interesaron tanto en la historia de Jesucristo que ordenó
a sus escribas la traducción del Nuevo Testamento. Dio a los jesuitas plena libertad de
predicar y les permitió educar a uno de sus hijos. Mientras los católicos estaban
asesinando protestantes en Francia y los protestantes, bajo la reina Isabel, estaban
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asesinando católicos en Inglaterra, y la Inquisición mataba y robaba a los moriscos y
SE
judíos en España y el filósofo Giordano Bruno (15481600) ardía en la hoguera de
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Campo dei Fiori en Roma, Akbar invitaba a los representantes de todas las religiones
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de su imperio a una conferencia, los comprometía a la paz, promulgaba edictos de
tolerancia para todo culto y creencia, y fomentaba el Din Illaihi ("religión divina"),
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ideado por él, que sería la suma de las religiones monoteístas e hinduistas y permitiría
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la unidad y convivencia de todos los pueblos y culturas indostanas.
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Ÿahangir
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Al morir Akbar, fue sucedido por su hijo Salim (15691627), que sería célebre por su
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apodo de Ÿahangir ("Conquistador del Mundo"). Este tuvo que enfrentar distintas
TE
amenazas, como los ataques provenientes del Deccan, liderados por el etíope Malik
Ambar, que ocupó la importante plaza de Ahmadnagar en 1610. Más tarde, en 1621,
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el sha safaví Abbás el Grande (15711629) de Persia, arrebató la ciudad de Kandahar
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(hoy Afganistán) a los musulmanes mogoles.
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El príncipe Jurrám (15921666), hijo favorito de Ÿahangir, que había algún éxito en
las campañas del Deccan, acabó rebelándose contra su padre cuando éste le ordenó
iniciar una campaña contra Kandahar. Más tarde, Jurrám hizo la paz con su padre, y
al morir éste en 1627, subió al trono con el nombre de Shah Ÿahán ("Soberano del
Mundo"). La madre de Jurrám fue Mihrun Nisa, conocida como Nur Mahal ("Luz del
Palacio") y Nur Ÿahán ("Luz del Mundo"), la esposa favorita de Ÿahangir.
Shah Ÿahan
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Shah Ÿahán logró reconquistar Ahmadnagar y Kandahar, pero fracasó en la conquista
de Balj (hoy Afganistán) y Bujara (hoy Uzbekistán). Su reinado fue brillante y es
considerado el último de los grandes soberanos mogoles. Hacia 1567, Shah Yahán
cayó gravemente enfermo. Por esta razón designó a su hijo mayor Dará Shikoh (1615
1659) como su heredero. Pero el poder fue usurpado por su tercer hijo, Muhiuddín
Muhammad (16181707), que sería conocido por su apodo, Aurangzeb Alamgir. Este
siniestro personaje hizo asesinar a sus hermanos, uno tras otro, y encarceló a su padre
Shah Ÿahán, quien murió en cautividad en 1666. Aurangzeb se convirtió en un
espantoso tirano. Durante su reinado, dejó de lado a la exquisita tolerancia que
caracterizó a sus predecesores, promulgando decretos e impuestos discriminatorios
contra los hindúes. Estas y otras medidas, así como una interminable guerra contra los
marathas, socavó el poder del Islam en la India y abrió las puertas para la conquista
del subcontinente por parte de los europeos, particularmente por los británicos. Al
morir Aurangzeb en 1707, a los 89 años de edad, el Dominio Mogol degeneró en la
más absoluta anarquía. La invasión del conquistador persa Nader Shah, iniciada en
F
1739, y el consecuente saqueo de Delhi, atomizaron el dominio mogol en una
SE
multitud de sultanatos y nababatos independientes (algo así como las "taifas de la
IC
India", si lo comparamos con la historia andalusí), que facilitaron el avance y
D
CI
hegemonía de los colonialismos de Inglaterra y Francia.
EL
El Origen Del Imperialismo Británico
D
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A
Es irreversible el daño infligido por las potencias al legado cultural de los pueblos
IT
conquistados, pero el depósito colectivo de la memoria popular no pueden erradicarlo
IG
ni el tiempo ni la historia. En México y Perú los españoles conquistaron a principios
D
del siglo XVI las vastas y refinadas civilizaciones inca y azteca. Tras hacerse amos de
CA
los millones de seres humanos, y provistos de bulas papales, los convirtieron por la
TE
fuerza al cristianismo y les impusieron su idioma. Lo mismo hicieron los portugueses
en Brasil. En Africa los británicos, los holandeses y portugueses capturaron, cargaron
IO
de cadenas, bautizaron y embarcaron a veinte millones de hombres adultos, mujeres y
BL
niños para venderlos como esclavos en las Américas, adonde sólo llegaron vivos doce
BI
millones de ellos. Y también impusieron sus leyes y sus idiomas en las tierras
conquistadas.
Cuando los europeos llegaron a Oriente, éste era un mundo islámico. Los ingleses
arribaron a la India musulmana a comienzos del siglo XVII, y siguiendo los pasos de
los portugueses, llegados a Calicut en 1498 buscando «cristianos y especias», así como
a los holandeses, que habían enviado una flota a Oriente en 1595. Bajo el régimen
relativamente benévolo e ingenuo de los emperadores musulmanes mogoles, como
Akbar, Ÿahangir y Shah Ÿahán, los británicos fueron edificando las bases de su futuro
imperio, desarrollando su comercio y compitiendo con sus rivales los portugueses, los
franceses y los holandeses. Sus colonias se reducían a unos cuantos kilómetros
cuadrados en la isla de Bombay y la ciudad de Madrás y algunas factorías en la bahía
de Bengala hacia 1625.
32
Hasta cincuenta años después de la muerte de Aurangzeb (1707) los mercaderes
ingleses se abstuvieron de políticas y de guerras. Aunque hábiles para el comercio, los
funcionarios de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales no tenían formación
política ni militar. Pero después de la batalla de Plassey (Palasi), el 23 de junio de
1757, cuando Lord Clive (17251774), gracias a la traición del general Mir Ÿafar,
venció al ejército del nabab musulmán de Bengala, Siraj ud Daulah (17311757), la
Compañía cambió su perfil mercantil para convertirse en una potencia militar
colonizante (cfr.Donald Featherstone: Plassey 1757. El gran día de Clive en la
India, Ediciones del Prado/Osprey, Madrid, 1996).
Al taimado Lord Clive, tristemente célebre por sus crímenes y estafas (quien se suicidó
en Londres víctima de sus remordimientos), sucedióle Warren Hastings (17321818),
igual a Clive en arrojo y osadía, superior en delincuencia y bandolerismo. Para
someter a las masas humanas de la India y saquearlas, emplearon los ingleses los
mismos métodos crueles que los españoles con los habitantes de México y Perú. Sin
F
embargo, Warren Hastings dejó muy atrás a Cortés y a Pizarro. Después de haber
SE
cometido mil execrables fechorías, vendió al soberano mogol Shah Alam II (que
IC
gobernó efímeramente entre 17591806), en 25 millones de rupias dos provincias que
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CI
no pertenecían a Inglaterra y, además, le alquiló por otros 10 millones una brigada
inglesa para someter a los vendidos que, indignados, protestaban por la venta.
EL
Sabedor Hastings de que las princesas musulmanas de Auda, madre y viuda de un
D
poderosísimo nabab, poseían un tesoro de 75 millones de rupias, se apoderó de ellas,
L
A
las torturó, las violó personalmente, y las tuvo sin comer hasta que ya moribundas le
IT
entregaron 30 millones. Por éstos y parecidos procedimientos extrajo a los hindúes
IG
unos 600 millones al año. El tratado de Mangalore de 1784, vencidos los marathas y
D
Inglaterra, quedando Francia fuera de la competencia. Al año siguiente, en 1785, el
TE
gobierno británico llamó a Hastings a dar cuenta de sus actos. La Compañía Inglesa de
las Indias Orientales, agradecida con su benefactor, pagó los gastos del juicio que
IO
duró diez años, que ascendieron a cien mil libras esterlinas, le regaló otras cien mil, y
BL
le fijó una pensión de setenta mil libras esterlinas anuales para premiar sus servicios.
BI
El Parlamento de Westminster le absolvió, "porque si bien era verdad que había sido
un criminal, sus crímenes habían sido provechosos para Inglaterra". Murió poco
después, riquísimo, respetado y elevado por el Estado a la más alta categoría. Para
hacer comparaciones, por esa misma época un desconocido capitán de fragata de la
marina real, llamado Horatio Nelson (17581805), percibía por mes 28 libras
esterlinas de salario, un simple marinero de su barco una libra y media por mes lunar,
y los pajes o grumetes cuya edad oscilaba entre 10 y 13 años (que servían con pólvora
y balas a la artillería) ganaban un total de cuatro libras anuales...
Solamente entre 1757 y 1780, por su explotación de sus posesiones en la India, la
Compañía Inglesa obtuvo ganancias por 38 millones de libras esterlinas. Compárese
estas cifras con la suma de un millón de libras esterlinas del préstamo concedido por
la corona británica al presidente argentino Rivadavia a través de la casa Baring
Brothers en 1824, y que Buenos Aires recién pudo saldar en 1904 (cfr. José María
32
Rosa, Defensa y pérdida de nuestra independencia económica, Peña Lillo Editor,
Buenos Aires, 1980, págs. 6368).
La opinión de Chomsky
Dice el sociólogo y escritor norteamericano Noam Chomsky, en su obra Año 501. La
conquista continúa, Libertarias, Madrid, 1993, pág. 21:
«Dos historiadores ingleses de la India, Edward Thompson y G. T. Garrett, describieron la
historia temprana de la India británica como "quizás el punto culminante de la
corrupción a nivel mundial": "una avidez de oro sin igual desde la histeria que se adueñó
de los españoles de los tiempos de Cortés y de Pizarro colmó la mente inglesa. Bengala,
sobre todo, no volvería a conocer la paz hasta que se le hubo extraído hasta la última
gota de sangre". Es indicativo, comentan, que una de las palabras indostaníes que ha
pasado a formar parte de la lengua inglesa es "loot" (pronunciar lut), esto es, saqueo o
F
pillaje.
SE
IC
El destino de Bengala pone de manifiesto elementos esenciales de la conquista mundial.
D
CI
Hoy día, Calcuta y Bangladesh simbolizan la miseria y la desesperación. Los guerreros
mercaderes europeos, por el contrario, vieron en Bengala una de las presas más valiosas
EL
del mundo. Un visitante inglés temprano la describió como "una tierra maravillosa, cuyas
D
riquezas y abundancia ni la guerra, ni la pestilencia ni la opresión podrían destruir".
L
A
Mucho antes, el viajero marroquí Ibn Batuta había descrito a Bengala como "un país de
IT
gran extensión, en el cual el arroz es extraordinariamente abundante. De hecho, no he
IG
visto región alguna en la tierra donde las provisiones sean tantas". En 1757, el mismo
D
año de Plassey, Clive describió el centro textil de Dacca como "tan amplio, populoso y rico
CA
como la ciudad de Londres"; para 1840, su población se había reducido de 150.000 a
TE
30.000 habitantes, según declaró Sir Charles Trevelyan ante el Comité de la Cámara de
IO
los Lores, "y la jungla y la malaria avanzan rápidamente... Dacca, el Manchester de la
BL
India, ha pasado de ser una población floreciente a convertirse en otra, muy pobre y
pequeña". En la actualidad es la capital de Bangladesh».
BI
El historiador francés Pierre Meile en su trabajo Historia de la India (Eudeba, Buenos
Aiers, 1962, págs. 9293), señala igualmente:
«La destrucción del artesanado hindú, comenzada con los malos tratos a los tejedores, y
la baja compulsiva de precios se completaron por la competencia de las fábricas de
Manchester. Los inventores habían trabajado febrilmente para imitar los diversos tejidos
índicos, sobre todo los estampados (tela de Jouy) y en esos años cruciales del final del
siglo XVIII los procedimientos mecánicos estuvieron a punto en Manchester; desde
entonces, gracias al vapor, comenzó la producción en gran escala. El deseo de liberarse de
las importaciones de la India —contra las cuales no bastaba el proteccionismo— había
estimulado los comienzos del maquinismo.
32
Pero este maquinismo no hubiera sido posible sin aporte de capitales: los empleados de la
Compañía, vueltos de las Indias, enriquecidos, para vivir de sus rentas en Inglaterra,
buscaron oportunidades para colocarlos; sus familias, sus herederos, quedaron como
rentistas, formando una burguesía acomodada.
Partidaria de la libertad económica en Europa, Inglaterra practicaba al mismo tiempo en
F
SE
la India no solamente el trabajo forzado, sino, sobre todo, la cotización monetaria
forzada. Es singular que se haya pasado por alto este hecho. En el curso del siglo XIX, no
IC
contento con los mercados europeos, Manchester impuso sus tejidos en el mercado índico
D
CI
(el algodón de la India emprendía un curso de ida y vuelta), exigió tarifas aduaneras
EL
preferenciales, y más tarde luchó contra la industria índica naciente.
D
El trastorno introducido en la economía de la India fue considerable: el abate Dubois
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A
(1825) ha pintado en términos punzantes la miseria y la desaparición de los tejedores
IT
indos. Siguió a esto toda una redistribución de clases sociales, un flujo abusivo de mano
IG
de obra en la agricultura, un empobrecimiento general del país».
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CA
Aunque satisfechos con sus primeros éxitos, los británicos temían el fuego escondido
TE
1762). Este gran hombre de letras y teólogo de Delhi, autor de la obra Asrar alDin
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Islam, La Meca y Medina, en 1730, y estudiado las condiciones de Europa, Africa,
Turquía e Irán, vio las sombras de la decadencia que se cernían sobre el mundo
musulmán, a principios del siglo XVIII. A su regreso al Indostán en 1732 dio la voz de
alarma frente al peligro de las potencias europeas, a las que llamaba «estrellas que
brillan en la oscuridad como ojos de serpientes».
La resistencia islámica en la India finalmente fue quebrada con la derrota y muerte
del sultán Tipu, el Tigre de Mysore (17501799), el hijo de Haidar Alí, ocurrida en la
ciudad de Seringapatam, cuya gesta y biografía detallada recomendamos consultar en
el artículo de R.H. Shamsuddín Elía: La epopeya de Tipu Sultán, el Tigre de
Mysore, en la revista El Mensaje del Islam número 12, Buenos Aires, mayo de 1996,
págs. 4 a 26.
32
Desde 1799 hasta 1947, la bandera inglesa ondearía desde Cachemira a Ceilán, desde
Bengala a Baluchistán, un inmenso territorio de cinco millones de kilómetros
cuadrados. Lo que había sido el reino de la concordia, la paz y la integración de
culturas y religiones tan diversas, como hinduístas, zoroastrianos, budistas, fetichistas,
cristianos católicos y hasta ortodoxos armenios, bajo los gobiernos islámicos de los
Grandes Mogoles, en los siglos XVI y XVII, y de los sultanatos de Bengala y Mysore en
el siglo XVIII, se convirtió en el reino del terror, la represión y la colonización cultural
bajo los británicos en los siglos XIX y XX.
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proclamado idioma oficial, quedando abolido el persa, lo mismo que el árabe y el
SE
sánscrito, lo que fue resistido por los musulmanes e hindúes por igual.
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Por entonces ya se había oficializado la palabra india Raj (pronunciar radch o raÿ)
para designar al dominio británico en el Indostán. Raj significa «gobierno»
EL
(equivalente al término inglés rule). Los británicos adoptarían diversas palabras indias
D
y hablarían una especie de dialecto anglohindú en que serían sobresalientes términos
L
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como sahib (señor europeo considerado superior al indio), memsahib (dama europea
IT
casada), etc. Véase el exhaustivo trabajo de C. A. Bayly: The Raj. India and the
IG
British 16001947. National Portrait Gallery Publications, Londres, 1991.
D
CA
La Gran Insurrección De 1857
TE
Cuando la Compañía Inglesa de las Indias formó su ejército colonizador a mediados
IO
del siglo XVIII, lo hizo reclutando principalmente a voluntarios hindúes y musulmanes
BL
provenientes de regiones tan distanciadas como Bihar, Oudh, Afganistán, Bengala y
BI
Rajastán. Estos soldados mercenarios recibieron el nombre de cipayos, de la palabra
persa sepahi, soldado (sepah: cuerpo de ejército). Los británicos tradujeron sepoy, y los
franceses spahi, y de allí fue castellanizado cipayo. El término con el tiempo se
comenzó a utilizar para identificar a cualquier persona que defiende los intereses del
invasor o colonialista.
Aunque el núcleo del ejército de la Compañía a comienzos del siglo XIX estaba
constituido por regimientos británicos específicamente alistados para servir en la
India, rara vez hubo más de cuarenta mil soldados británicos en todo el
subcontinente. La India poblada por más de 150 millones de seres humanos por esa
época, quedó al servicio de la Compañía Inglesa gracias a 200 mil soldados hindúes,
los cipayos.
33
Los problemas entre los cipayos comenzaron cuando éstos comenzaron a ser
utilizados para reprimir o colonizar territorios de ultramar. En 1824 estalló un serio
motín entre los regimientos de cipayos que iban a ser transportados por mar a
Rangún, para combatir a los rebeldes birmanos. En 1842, durante la primera guerra
de los británicos contra los afganos, más de 16 mil invasores fueron exterminados en
las batallas de Kabul (6 de enero) y Gandamak (13 de enero). De un total de cuatro
mil británicos y 12 mil cipayos indostanos hubo un solo sobreviviente, el cirujano
Brydon, que llegó ciego al puesto de Jalalabad, escena evocada por el famoso óleo de
Lady Butler, The Remnants of an Army (Los restos de un ejército), en 1881, exhibido
actualmente en la Tate Gallery de Londres.
Esta rotunda victoria de los musulmanes afganos caló hondo en los regimientos
cipayos de la India y allanó el camino para el levantamiento que ocurriría quince años
después.
F
En 1843 se montó una nueva campaña a fin de conquistar la región del Sind, pero
SE
varios regimientos cipayos se negaron terminantemente a emprender la marcha. A
IC
pesar de todo, el Sind fue arrasado por los británicos. Los crímenes y fechorías allí
D
CI
cometidos fueron tales que el propio general inglés Sir Charles James Napier (1782
1853), conquistador del Sind, que había combatido contra Napoleón en Waterloo,
EL
confesó en sus memorias: «En la India, los ingleses siempre han sido los agresores...
D
Nuestro objetivo al conquistar la India, el objeto de todas nuestras crueldades, no fue otro
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que el dinero. Se dice que de la India se han obtenido unos mil millones de libras
IT
esterlinas en los últimos noventa años (17551845). Cada uno de estos chelines se ha
IG
extraído de un charco de sangre; se ha limpiado a conciencia y ha ido a parar a los
D
bolsillos de los asesinos. Sin embargo, por mucho que se limpie y se seque ese dinero, esa
CA
maldita mancha no saldrá nunca» (Edward Rice, El Capital Richard F. Burton,
TE
Siruela, Madrid, 1990, pág. 106).
IO
La chispa que encendió en febrero de 1857 la yesca del descontento entre los cipayos
BL
fue la introducción en el ejército anglohindú del nuevo rifle Enfield, que contaba con
BI
un nuevo cartucho. Y es que este nuevo sistema unía la pólvora y la bala en un
cartucho de papel engrasado, a fin de conservar seco su contenido. Para cargar el
arma, el soldado abría el cartucho con los dientes y embutía el contenido por la boca
del cañón. Los cipayos al cabo de corto tiempo descubrieron que la grasa del nuevo
cartucho estaba hecha de una mezcla de sebo vacuno y de cerdo. La vaca, como
sabemos, es sagrada para los hindúes, y el consumo de cerdo está prohibido por la ley
islámica, de modo que difícilmente podría haberse inventado una mezcla más ofensiva
para un ejército que constaba por entero de musulmanes e hindúes. Es muy probable
que los británicos no tuvieran la intención de ultrajar a los cipayos, ya que
anteriormente se habían utilizado otras clases de grasas, como la extraída de la cera
de abeja, y el nuevo cartucho era un experimento que no se había distribuido en otras
partes. Sin embargo, esto era otro ejemplo de la torpeza británica y su incapacidad
para tomarse en serio las creencias religiosas de los cipayos.
33
Los británicos, confiando en su superioridad racial y cultural, no se dieron tampoco
cuenta de que beber alcohol, comer carne de cerdo y de vaca, así como muchos otros
de sus hábitos, como pasearse desnudos ante sus subordinados, horrorizaban y
repugnaban a los hindúes y musulmanes por igual. A medida que el clima iba
haciéndose caluroso y la paciencia de los cipayos estaba a punto de agotarse, todo el
resentimiento almacenado por décadas de ultrajes y humillaciones llevó a los cipayos
al borde de la rebelión.
El 10 de mayo estalló la insurrección en Meerut y luego se propagó a toda la India.
Cuando los insurrectos llegaron a Delhi, se plantaron bajo la ventana del palacio del
emperador Bahadur Shahh II (17751862), que hasta entonces había sido prisionero
de los ingleses en el histórico Fuerte Rojo. Le pidieron a gritos que se asomara y que
aceptara sus saludos en calidad de soberano musulmán, siendo que era el último
descendiente de los mogoles. Entonces Bahadur Shah (17751862), el último mogol,
que era además poeta, pronunció en persa esta descriptiva estrofa:
F
SE
«Ni la guerra con Irán ni el Zar de Rusia
IC
hicieron tanto para derrotar a los ingleses
D
CI
como sus propios cartuchos».
EL
Los feroces combates se sucedieron durante casi tres años y hubo cerca de ocho
D
millones de muertos, víctimas de la represión británica, la hambruna y las pestes que
L
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ocasionó el conflicto. Y aquí es necesario fijar un parámetro para medir la magnitud
IT
dominios de Victoria I (18191901), reina de Gran Bretaña e Irlanda y Emperatriz de
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la India (entre 1876 y 1901), se extendían a lo largo y a lo ancho de 32 millones de
CA
kilómetros cuadrados (130 veces la superficie actual del Reino Unido). Las rebeliones
TE
de los países sometidos dentro de tan vasto imperio (Afganistán, Australia, Birmania,
Egipto, India, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Sudán, etc.), y los conflictos instigados por
IO
Londres, como las dos Guerras del Opio y la Guerra de los Boxers en China,
BL
provocaron más de cien millones de muertos en un período de sesenta años (1840
BI
1900). Compárese estas cifras con los 120 millones de muertos que produjo la
conquista y colonización de las Américas por los españoles, portugueses, ingleses,
franceses y holandeses durante casi 400 años, incluidos los indios masacrados por los
norteamericanos entre 18001890, y veremos que los británicos fueron los
imperialistas más genocidas y depredadores de la historia, dejando muy atrás a otros
criminales notorios, como los asirios, los romanos, los mongoles y los nazifascistas. Y
lo más grave de todo esto es que esa misma civilización, que hace dieciséis años
continuó asesinando fríamente a seres humanos en las Islas Malvinas y el Atlántico
Sur, es la que proclama ser la cuna de la democracia, el respeto de los derechos
humanos y la libertad de expresión. Sin lugar a dudas, no se equivocó el poeta
español León Felipe Camino (18841968) cuando en sus versos calificó a Inglaterra de
raposa. Véase sobre el particular, el excelente estudio del historiador y diplomático
indio Kavalam Madhava Panikkar (18951963): Asia y la dominación occidental. Un
examen de la historia del Asia desde la llegada de Vasco da Gama (14981945),
33
2ª parte: "La edad de la conquista 17501858". I. Indias y las islas, Eudeba, Buenos
Aires, 1966, págs. 85116).
Las espantosas matanzas llevadas a cabo por los británicos para poner fin a la rebelión
horrorizaron a los propios europeos. Los patriotas indios sobrevivientes fueron
condenados a trabajos forzados en las islas Andamán, donde murieron de penalidades
y enfermedades. Los testimonios de algunos ingleses con reputación son por demás
elocuentes. Por ejemplo, Sir Alfred Lyall escribió a su padre: «Estoy bastante bien
F
ahora y me dispongo a salir hacia Delhi mañana por la mañana a las 4, a fin de
SE
disfrutar el espectáculo de la ciudad imperial de los musulmanes en ruinas...» (citado por
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Mortimer Durand en The Life of Rt. Honorable Sir Alfred Lyall, Londres, 1918, pág.
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70); y en el Diario de Sir William Howard Russell (18201907), corresponsal de
guerra del Times en la India entre 1858 y 1859: «Se ha propuesto con encarecimiento
EL
que destruyamos la Mezquita Mayor (en Delhi)... La realidad es que son los elementos
D
musulmanes de la India quienes nos causan más dificultades... Nuestro antagonismo con
L
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los seguidores de Mahoma es mucho más fuerte que el de los adoradores de Shiva y
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(Véase My Diary in India, Warner & Routledge, Londres, 1860, págs. 7779).
TE
Los victoriosos británicos celebraron una orgía de sangre y terror que sus historiadores
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omiten, pero que ha sido recordada por un testigo presencial, Bahadur Shah II, el
BL
último gobernante musulmán de la India, encarcelado y paradójicamente acusado de
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‘traición’ en una farsa judicial montada por los usurpadores de su patria, quienes lo
desterraron a Birmania junto con todos los descendientes masculinos sobrevivientes.
El historiador musulmán indio Mahdi Husain, en su obra Bahadur Shah II and the
War of 1857 (Delhi, 1958), rescata uno de sus patéticos poemas:
«Violadas las gentes de Hind
nadie envidiará su suerte.
A quienes halló justos y libres
pasó por la espada
el amo del día presente».
El Legado Científico
Los grandes adelantos y descubrimientos que alcanzados por los indios musulmanes
permitieron la evolución de la ciencia en los terrenos de la ingeniería, la mecánica, la
33
hidrostática y la tecnología. Tanto los sultanes de Delhi como los grandes mogoles se
ocuparon de mejorar los ingenios mecánicos. Trece ilustraciones del Sirati Firuz
Shahhi, escrito en el reinado Firuz alTugluq (13081388), explican ingenios
mecánicos como malecones y las poleas que se usaron para trasladar un enorme pilar
de piedra hecho por el rey Asoka en el siglo III antes de Cristo, desde la ciudad de
Topra hasta Firuzabad.
El padre jesuita Monserrate vio a Akbar trabajando personalmente con máquinas y
dirigiendo nuevos inventos mecánicos. Todos los primeros días del mes de Muharram
(primer mes del calendario lunar islámico), y en otras ocasiones solemnes, Hakim
Fath Allah, importante astrónomo, científico y filósofo de la ciudad persa de Shiraz,
que murió en 1589 en la corte de Akbar, solía mostrar sus últimos inventos
mecánicos. Este sabio notable escribió también libros en los que se examinaban
inventos y conceptos mecánicos, así como también la fuerza del movimiento. En la
ciudadela de Fatehpur Sikri y en el mausoleo Taÿ Mahal se elevaba mecánicamente el
F
agua hasta tanque situados a una altura de más de noventa metros por encima de su
SE
fuente para distribuirla a continuación por los jardines.
IC
D
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Para no hacer esta evaluación muy prolongada, dado el escaso tiempo disponible,
concluiremos citando una obra importantísima de anatomía publicada en el siglo XIV
EL
por otro persa, Mansur Ibn Muhammad, fincado en Cachemira (Kashmir), llamada
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Kifayai muÿahidiyya. Yusuf Ibn Muhammad de Herat (hoy Afganistán), secretario
L
A
de Humayún, compiló una obra que contiene prescripciones y remedios para todas las
IT
enfermedades.
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D
La medicina islámica persa se difundió en la India desde el siglo XIV con la "Anatomía
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ilustrada" (1326) de Muhammad Ibn Ahmad Ilias. Ya en el siglo XV, Mansur Ibn Faqih
TE
Jan. Ain alMulk de Shiraz, dedicó su «Vocabulario de las drogas» (alAlfaz aladwiya)
BL
al soberano mogol Shah Ÿahán; del mismo modo ostenta el nombre de un príncipe
BI
mogol la obra Tibbe Dara Shikohi ("Medicina de Dara Shikoh"), última gran
enciclopedia médica musulmana. Dara Shikoh (16151659), hijo de Shah Ÿahán, fue
un erudito que intentó conciliar las filosofías y místicas del Islam y el Hinduismo.
El Legado Arquitectónico
La tumba de Akbar, en Sikandra de Agra, fue comenzada por él mismo y terminada
por su hijo Ÿahangir. Levantada sobre una alta base, esta tumba consta de tres
33
galerías porticadas en progresión decreciente y con pequeños pabellones, algunos de
los cuales tienen tejados piramidales.
El Taÿ Mahal
Con Shah Ÿahán culmina arquitectónicamente el arte mogol. Se levanta el edificio
más significativo de este período, el Taÿ Mahal ("Corona del Palacio"), en la ciudad de
Agra (196 kilómetros al sur de Delhi), en la orilla occidental del río Ÿamuna. Fue
construido entre 1632 y 1654 en honor de la amadísima esposa de Shah Ÿahán,
Arjumand Banu Baigam, a la que el soberano llamaba Mumtaz Mahal o «Perla del
Palacio», madre de catorce de sus hijos y ensalzada por su caridad y belleza, que
falleció en 1631.
La presencia de artistas de la India, Irán y Asia Central en la construcción de este
conocido mausoleo, que por sí solo identifica a la India ante los ojos del más simple
F
de los habitantes del planeta, hizo que en él se combinaran armoniosamente las
SE
tradiciones de estas tres áreas culturales.
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A pesar de haberse manejado el nombre de varios arquitectos, el verdadero creador
CI
del edificio es el propio soberano mogol. En su construcción participaron más de
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veinte mil personas. Se edificó sobre un rectángulo de 508 x 304 metros.
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Su modelo respeta la tradición persa. del chahar bagh (jardín cuatripartito o crucero
A
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dividido mediante canales que simbolizan los cuatro ríos del Paraíso islámico), cuya
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en persa, «Ocho Paraísos»: pabellón radialmente simétrico generalmente octogonal,
CA
con una estancia central de dos pisos), pretendiendo emular el Paraíso islámico. Se
cubre con doble cúpula, bulbosa al exterior, que alcanza los 56 metros de altura,
TE
enmarcada por cuatro chattri (pabellón decorativo de estilo indio mogol; término que
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deriva del persa, con el significado de "sombrilla") y otros tantos alminares que
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espectaculares superficies de mármol blanco translúcido.
El conjunto va flanqueado por dos construcciones que sirven al mismo tiempo de
contraste por su arenisca roja: una casa para los visitantes al este y una mezquita al
oeste. Singularmente importantes, para comprender el Taÿ Mahal, son los jardines y
estanques que lo preceden, por el valor simbólico de los mismos.
Los cenotafios de la emperatriz Mumtaz Mahal y de su esposo Shah Ÿahán, de mármol
delicadamente recortado, están rodeados por un elegante tabique del mismo material
calado.
33
El escritor norteamericano Mark Twain, seudónimo de Samuel Langhorne Clemens
(18351910), que realizó un extenso viaje por Asia, Africa y Europa entre 1895 y
1896, compenetrándose de la mística del Islam y la sabidurías orientales, describió al
principal monumento islámico de la India como «una burbuja de mármol» (Mark
Twain: Viaje alrededor del mundo siguiendo el Ecuador, 3 vols., II. India, Laertes,
Barcelona, 1992).
Un ocasional visitante del Taÿ Mahal escribió el párrafo siguiente que transmite la
sensación indescriptible que tuvo al contemplar el maravilloso mausoleo: «Es la
misma Mumtaz Mahal, radiante, de juvenil hermosura, que vaga por las orillas del
Yamuna al amanecer, expuesta al ardor de los rayos solares o bañada por la claridad
plateada de los rayos de la luna».
Shahÿahanabad
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Hacia 1639, Shah Ÿahán decidió trasladar su capital de Agra a Delhi. La ciudad tenía
SE
muchas asociaciones para los musulmanes piadosos. Durante mucho tiempo Delhi
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había sido un gran centro religioso. El paisaje a su alrededor estaba sembrado de
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tumbas, mezquitas y santuarios, que atraían a miles de peregrinos en los aniversarios
de los santos musulmanes. Los cimientos de la nueva ciudad, que debía llamarse
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Shahÿahanabad (en persa, "la ciudad del rey del mundo"), empezaron el 29 de abril
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de 1639. Nuevo años más tarde el nuevo palacio fortificado de Shah Ÿahán, el Fuerte
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Rojo, estaba listo para ser ocupado. Shah Ÿahán construyó también en Delhi la
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Mezquita Ÿami‘ o mayor, la mezquita comunitaria más grande de toda la India. Junto
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a ella construyó hospitales y escuelas. En 1653, casi 2.600 hectáreas habían sido
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cercadas dentro de las nuevas murallas de piedra arenisca roja de la ciudad. Once
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puertas gigantescas por las que podían cruzar erguidos con su torrecilla (hauda) los
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elefantes, proporcionaban puntos de entrada a la nueva ciudad, y las murallas estaban
rematadas por 27 torres. Shahÿahanabad (la Vieja Delhi de hoy) se había convertido
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en una magnífica ciudad de 400 mil almas. Y fue allí en el momento de mayor
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grandeza y progreso de la civilización islamoindia cuando apareció la torva figura de
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Aurangzeb, sus intrigas y ambiciones, que acabaron con todo lo bueno y lo noble que
había construido con tanto esfuerzo su padre, Shah Ÿahán. Prisionero de su maligno
hijo, acabó sus días en la gran fortaleza de Agra, construida por Akbar entre 1565 y
1571, contemplando con nostalgia y embeleso la silueta del Taÿ Mahal, su obra
incomparable, ubicada en la orilla opuesta del Ÿamuna.
El Legado ArtísticoCultural
La mogola fue la segunda de las escuelas tributarias de la miniatura persa, aunque en
su caso originó una estética diferente, mucho más naturalista, hasta incluso realista. A
lo largo del reinado de la dinastía (15261858), las composiciones mogolas se
33
caracterizan por su vivacidad y en ellas los elementos constitutivos de las escenas son
puestos en relación los unos con los otros, más allá de la mera yuxtaposición. Las
miniaturas del Babur Nameh (Libro de Babur; véase Sir Lucas King: Memoirs of
ZehiredDin Muhammad Babur, Oxford University Press, Londres, 1921) o las del
Akbar Nameh (Libro de Akbar) constituyen magníficos ejemplos de todo ello. En el
mundo islámico, la India fue asimismo la región donde arraigó el arte del retrato.
Como en Irán, los cánones del arte occidental (introducidos por los grabados que
difundieron, entre otros, los jesuitas) fueron integrados y asimilados, especialmente
en lo que respecta a la ejecución de la luz y la atmósfera. En el siglo XVII, durante el
reinado de Ÿahangir (15691607), la miniatura se liberó de las limitaciones que le
imponía el manuscrito y apareció como obra independiente. Bajo esta forma fue
reunida en álbumes.
Hacia 1567, Akbar ordenó a sus artistas que preparasen un ejemplar ilustrado del
Hamzanameh, la historia de las proezas legendarias del aventurero Hamza Ibn
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Abdallah, de Sistán (Irán), que vivió en el siglo VIII. Se encargó de la tarea un equipo
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de cien pintores, doradores y encuadernadores bajo la supervisión de los pintores
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persas Saied Alí y Abd asSamad, que pertenecían a la escuela del ustad (en árabe,
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"profesor") Kamaluddín Behzad (14551536), el famoso miniaturista timúrida que
pasó sus últimos años en la corte safaví. La obra, en doce volúmenes, tenía no menos
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de 1.000 pasajes ilustrados. Otros manuscritos ilustrados están llenos de vívidas
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representaciones de plantas, flores, animales y gente. El estilo persa sirvió únicamente
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de base para la pintura mogola de miniatura, la cual adquirió su carácter distintivo
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mucha habilidad.
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Igualmente, el arte mogol dejó magníficos tallistas de piedras duras y semipreciosas,
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algodón, tejedores de brocado de seda, cuero, pieles bordadas y los famosos chales de
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Cachemira.
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Desde la hispánica Alhambra al Taÿ Mahal de la India, el arte islámico cruzó todos los
límites de lugar y tiempo, echó por tierra las distinciones de raza y sangre, creando un
carácter único y, sin embargo, variado, y expresando todo con una profusa delicadeza
jamás superada.
Conclusión
Como palabras finales nos gustaría evocar aquellas que utiliza el escritor escocés
Thomas Carlyle (17951881) para el epílogo de su ensayo Mahoma. El héroe como
profeta, el cual dice así: «La Arabia surgió a la vida por la fe de Mahoma: vino a ser
para ella como una resurrección de las tinieblas a la luz. Un pueblo de pastores
enteramente desconocido, vagando por sus desiertos desde tiempos inmemoriales, atiende
la voz de un profeta, la voz de un héroe, y cree en ella. Ese pueblo desconocido llega
33
después a llamar la atención del mundo entero; iguala y se impone a los demás poderes,
aún los más altos, pasa un siglo y veis a la Arabia en Granada, de una parte, y de otra,
en Delhi, resplandeciendo con la aurora del genio y con los brillantes atributos del valor»
(Thomas Carlyle: Los Héroes, Porrúa, México, 1986).
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EL ISLAM EN ÁFRICA
Las civilizaciones swahili y sudanesa
Mientras que en África septentrional la hegemonía islámica posibilitó la creación de
estados unitarios autóctonos y fuertemente organizados (Túnez, Marruecos, Egipto),
en algunas regiones subsaharianas el contacto con los árabes y bereberes islamizados
favoreció y aceleró la unión de las comunidades negras en unidades políticas
territoriales estables y estructuradas. Esto fue en general el caso de los grandes
imperios africanos como Malí, Ghana, KanemBornú y otros reinos menores como
Futa Ÿalón, Liptako, HaussaDamana, Sennar, Darfur y muchos otros.
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Por otra parte, es digno de mencionar que será la denominación musulmana del
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continente la que finalmente perdurará hasta nuestros días, África. Esta deriva de
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Ifriqiya, la antigua provincia integrada primeramente al califato omeya (hoy
República de Tunicia o Túnez), —base logística fundamental a mitad de camino entre
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Egipto y Marruecos—, que según el historiador musulmán Ibn Jaldún recibe este
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nombre de su primer conquistador, Ifricos o Efriqish que vino con los himÿaríes o
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fenicios unos mil doscientos años antes de la era occidental (cfr. Ibn Jaldún:
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104).
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La Islamizacion Del Sudan Oriental
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El Sudán (del árabe Bilad asSudán "país de los negros")
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es una vastísima región intertropical de Africa, que limita al norte con el Sahara —la
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gran extensión desértica— separado , con el mar Rojo al este, con el océano Atlántico
al oeste y al sur con el macizo etiópico, los grandes lagos, el Africa ecuatorial y las
selvas de Guinea.
El mensaje monoteísta del Profeta Muhammad (BPD) llegó al Sudán oriental hacia
641. En ese año apareció en el norte del actual país denominado República
Democrática del Sudán (Ÿumhuriyat asSudán adDimukratiya) un ejército de veinte
mil hombres comandados por Abdallah Ibn Sa'ad que llegó hasta Dongola —capital de
Makurra, el reino más importante de los existentes en la región fundado en el siglo VI
— en 643. Las hostilidades entre los musulmanes y los nubios cristianos monofisitas
—originalmente vinculados a la Iglesia ortodoxa bizantina (llamados por los primeros
rumat alhadaq "agujereadores de pupilas", por su infalible habilidad para acertar con
sus terribles flechas en los ojos de los adversarios) continuaron hasta el siglo XII,
33
cuando Salahuddín alAyyubí (11381193), el Saladino de los cruzados, derrotó a los
nubios y conquistó la ciudad de Ibrim (localizada hoy en Egipto, al norte de Asuán)
El siglo XIII es testigo de un acontecimiento muy importante para el Islam en esa
región del levante sudanés. El sultán y héroe mameluco Ruknuddín Baibars (1223
1277), llamado alBundukdarí (el ballestero), vencedor de mongoles y cruzados
(solicitar apunte Los mamelucos guardianes del Islam, 19 págs.), logró hacia 1260
islamizar el territorio y el idioma árabe fue adoptado por la mayor parte de la
sociedad. Hacia 1291 la región fue visitada por dos comerciantes genoveses, los
hermanos Ugolino y Vadino Vivaldi. Aparentemente, este fue el primer intento de los
europeos de llegar por mar a la India. Se dice que los Vivaldi circunnavegaron el
continente negro y fueron hechos prisioneros por un rey etíope.
El último rey de Dongola, Kudanles, fue derrotado en 1323 por el comandante Kanz
adDaula, enviado del sultán mameluco Muhammad Ibn Qala'ún (g. 13091340), que
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inicia la islamización de la cultura kushitocristiana.
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Entre el Chad y el Nilo
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En los siglos XIV y XV se produjo el definitivo establecimiento de los musulmanes, que
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avanzaron hasta Darfur, y el progresivo debilitamiento de los reinos cristianos, cuya
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total desaparición coincidió con la del reino de Soba.
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El reino cristiano de Soba, a orillas del Nilo Azul, dejó de existir con la entrada en
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escena del sultanato de Funÿ en 1504, año del que proceden las primeras noticias
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escritas de la historia del Sudán oriental. Este sultanato creado por Amara Dunkas (g.
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15041534) asociando otros más pequeños, fijó su capital en Sennar, a orillas del Nilo
Azul, mantuvo muy buenas relaciones con los musulmanes árabes de la confluencia
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de los Nilos Blanco y Azul, y alcanzó su esplendor entre los siglos XVI y XVII. Los
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dominios del mismo se extendían desde Dongola al norte hasta l región de Burún en
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el sur, mientras por el este no sobrepasaron la cordillera etiópica y hacia el oeste se
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quedaron a orillas del Nilo Blanco, que sólo atravesaron en alguna ocasión para
establecer contacto con las montañas Nuba.
En el siglo XVI comenzó la penetración portuguesa en la región la cual se dirigió a
combatir la presencia musulmana con especial encarnizamiento. En el Cuerno de
Africa, en la zona de Harar había surgido un poderoso reino musulmán entre los
nómadas somalíes. Su caudillo Ahmad Gran (15061543), dirigente reformista y
militar, atacó la Etiopía cristiana hacia 1527. El soberano etíope solicitó entonces
ayuda a los lusitanos, y así derrotaron a los musulmanes en 1542. Ahmad Gran fue
capturado y degollado por los invasores mandados por Lisboa. Estos construyeron
diversas fortificaciones para repeler los ataques islámicos, entre ellos el castillo de
Gondar (al norte del lago Tana, Etiopía) que hoy día se encuentra casi intacto.
34
Suleimán Solón (15961637) impone la preponderancia del reino de Darfur. Más
tarde tenemos el reino de Ahmad Bokor (16221722) que difunde el Islam y garantiza
cierta seguridad.
Todos estos reinos entrarán posteriormente en una rápida decadencia hasta que la
región sea conmovida por la revolución islámica de Muhammad Ahmad alMahdí
(18441885) y su lugarteniente Abdullah atTaishí (18461899), que expulsará a los
angloegipcios y mantendrá hasta 1898 un estado islámico conocido como la
Mahdiyya, conquistado a sangre y fuego por el imperio británico (cfr. Donald
Featherstone: Jartum 1885. La última resistencia de Gordon, Osprey/Ediciones del
Prado, Londres/Madrid, 1994; Donald Featherstone: Omdurman 1898. La victoria
de Kitchener en el Sudán, Osprey/Ediciones del Prado. Londres/Madrid, 1995).
La Civilizacion Del Sudan Occidental
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Sin lugar a dudas, una de las dos grandes civilizaciones del Islam negro es la del
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Sudán occidental que engloba riquísimas culturas e imperios fascinantes. Veamos
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entonces cómo se estableció el Islam en la región a mediados del siglo XI.
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Almorávides y Almohades EL
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Marruecos emigraron hacia lo que llamaban Bilad asSudán y fundaron un ribat (en
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ár. ermita, conventofortaleza cuyos habitantes reciben el nombre de almurabitún,
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morabitos) en una isla del río Senegal (curso de agua que hoy constituye la frontera
D
entre la República Islámica de Mauritania y Senegal). Hacia 1042 ya contaban con
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algunos millares de seguidores, bereberes del sur magrebí y negros islamizados, con
los que, en 20 años, lograrían controlar todo el territorio entre el Senegal y el
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Mediterráneo.
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El nuevo imperio que crearon fue conocido por su designación primitiva: Almorávide,
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derivado de almurabit, o morabito, «el que está de guarnición en un ribat», y se
mantendría durante un siglo.
Hacia 1070 el líder Yusuf Ibn Tashufín (m. 1106) fundó la ciudad de Marrakesh que
sería la capital de la dinastía.
Hacia 1076 los almorávides, con Yusuf Ibn Tashufín a la cabeza, conquistaron el reino
sudanés de GhanaUagadú, llevando el Islam al centro del Africa
En 1086 los almorávides abandonaron Ghana concentrando sus fuerzas para cruzar el
estrecho de Gibraltar y desembarcar en España, donde llegaron como aliados de los
llamados «reinos de taifas», los restos fragmentados del otrora brillante califato
cordobés (9291010) —ver el documento AlÁndalus I (7111010). El califato de
34
Córdoba—. Estos régulos habían pedido su intervención debido a las constantes
aceifas cristianas que amenazaban la misma existencia de alÁndalus.
Yusuf Ibn Tashufín cruzó entonces su ejército a través del estrecho de Gibraltar y con
los refuerzos recibidos en Málaga, Granada y Sevilla venció completamente a las
fuerzas de Alfonso en la batalla de Zalaca (23 de octubre de 1086), cerca de Badajoz.
Sin embargo, en pocos años los almorávides se convirtieron en los dueños de todos
esos estados musulmanes andalusíes, unificándolos con la porción africana del
imperio. Véase J. Béraud Villars: Les Tuaregs au Pays du Cid. Les invasions
almoravides en Espagne aux XIe. et XIIe. siècles, Livrarie Plon, París, 1946; Jacinto
Bosch Vilá: Los almorávides. Historia de Marruecos, Estudio preliminar Emilio
Molina López, Editora Marroquí, Tetuán, 1956 (Universidad de Granada, Granada,
1990).
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La cultura hispanoárabeafricana que nació allí se reveló extremadamente rica y
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creativa, a pesar de los sobresaltos políticos. La creciente debilidad del gobierno
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almorávide generó un nuevo período de reinos de taifas (que algunos historiadores
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denominan segundas taifas), el que fue un paréntesis antes de la llegada del poderoso
imperio almohade a la Península.
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Hacia 1125 los almohades (del ár. almuahhidún: defensores del Tauhíd, la "Unicidad
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de Dios"), bereberes del Atlas Central, se levantaron en armas siguiendo la prédica de
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Muhammad Ibn Abdallah Ibn Tumart (10801130) que se proclamó Mahdí «el Bien
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Guiado» y reprocharon a los almorávides haber resignado los principios islámicos y ser
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negligentes en la lucha contra los reyes cristianos en alÁndalus que había provocado
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la pérdida de importantes ciudades como Zaragoza, Tudela, Lérida, Tortosa, Cuenca,
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Albarracín y muchas otras. La lucha se prolongó durante 20 años, al cabo de los
cuales el último sultán almorávide, Ishaq Ibn Alí, fue derrotado y muerto cerca de
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Orán (hoy Argelia) en 1147.
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Por ineptitudes análogas a las evidenciadas oportunamente por los almorávides —por
ejemplo, la incapacidad de movilizar y organizar un gran ejército afrobereber
andalusí que pudiese erradicar la amenaza cristiana detrás de los Pirineos—, los
almohades se dejaron arrinconar por sus enemigos norteños. El 16 de julio de 1212
los almohades sufrieron la primera gran derrota en las Navas de Tolosa (cerca de
34
Jaén) y alÁndalus se quebró en las llamadas «terceras taifas», que fueron
conquistadas por los cristianos una a una: Córdoba en 1236, Valencia en 1238, Sevilla
en 1248. Así, el dominio musulmán en la península estuvo a punto de sucumbir sino
fuese por el paradójico y admirable surgimiento de la dinastía nazarí de Granada que
sobreviviría 280 años (ver el documento AlÁndalus III: el sultanato de Granada
(12321492).
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Payot, 1978.
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Los Fabulosos Reinos Islámicos De Malí
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Malí fue el corazón de los sucesivos imperios de Ghana, Malí y Songai, existiendo
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centros de comercio, aprendizaje y cultura en ciudades como Ÿenné, Timbuktú y Gao
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localizadas a orillas del río Níger. El reino de Ghana se fundó a comienzos de la era
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cristiana y llegó a su apogeo entre los años 950 y 1050; hacia 1240 desapareció de la
IT
historia. El año 977, el historiador musulmán Ibn Hauqal (fl. entre 943977) declara
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Kitab almasalik ua almamalik "Libro de los caminos y de los reinos", traducido por
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M.J. de Goeje, E.J. Brill, Leiden, 1967).
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El relevo de Ghana en la cúspide del poder lo tomó el imperio de los malinké (en
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lengua mandinga: "hombres de Malí") que fundó la nación de Malí.
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El imperio de Malí
Según la tradición, la sequía asolaba el reino de Niani cuando su rey, más tarde
llamado Musa Keita y apodado Allakoi ("Quiera Dios"), aceptó el Islam aconsejado por
los almorávides; de inmediato empezó a llover copiosamente, y el soberano hizo la
peregrinación a La Meca —de donde volvió con el título de sultán, en 1050— para
mostrar su agradecimiento.
34
y los dialonké) en la épica batalla de Kirina, cantada hasta hoy por los juglares malíes.
La victoria no sólo confirmó a Sunÿata como jefe de todos los malinké —pasó a
llamarse Malí Ÿata ("León de Malí")—, sino que lo hizo dueño de una vasta región que
iba de la desembocadura del Senegal en el oeste hasta las orillas del Níger, y desde
Walata, importante ciudad de paso para las caravanas comerciales en Mauritania,
hasta las montañas del sur. El imperio de Malí basaba su economía en el comercio a
través del Sáhara y en los ricos yacimientos auríferos de Wangara. En 1240, Sunÿata
anexó el antiguo reino de Ghana y, al morir en 1255, sus dominios se extendían desde
el Atlántico hasta la curva del Níger; desde los bosques ecuatoriales al desierto de
Sáhara, incluyendo los actuales países de Senegal, Gambia, GuineaBissau, norte de
Guinea (Conakry), mitad de Mauritania, sur de Argelia y todo Malí. Excepto su
extremidad oriental que sólo sería incorporada en 1325.
Niani, en el extremo sur, Ÿené en el centro, y Timbuktú en el norte, se convirtieron en
importantes centros comerciales, en especial la última, donde terminaba la ruta del
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desierto más frecuentada en la época.
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El más conocido de los sucesores de Sunÿata fue Kankan Musa (g. 13121337), el
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«sultán de los negros», famoso entre los cronistas musulmanes —e incluso venecianos
— por su legendaria riqueza y prodigalidad: fue tanto el oro que gastó y regaló en El
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Cairo mameluco de 1324, cuando hizo su peregrinación a La Meca, que la cotización
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del metal se vino abajo, siendo necesario que pasara 12 años para que recuperara su
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nivel normal.
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Un aspecto menos folclórico pero igualmente significativo fue el número de sabios,
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artistas y letrados que trajo consigo de Egipto, Siria, Arabia y alÁndalus—entre ellos
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el granadino asSahilí—, quienes contribuyeron decisivamente al desarrollo de una
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El historiador inglés Thomas Hodgkin, ex director del Centro de Estudios Africanos de
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«En Timbuktú, las principales líneas de transmisión pasaron por tres familias, la Aqit, la
AndAghMuhammad y la alQadí alHaÿÿ, surgidas en el siglo XV y que durante cientos
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de años destacaron por su labor docente. "En contraste con las dinastías frágiles e
inestables de los gobernantes, las familias sagradas adquirieron tal poder y prestigio que
se convirtieron en el verdadero armazón de la sociedad sudanesa", declara un historiador
del Sudán del Nilo. Tales familias jugarían un papel destacado en la transmisión del
mensaje del Islam adonde no llegaban los príncipes muslímicos. Los más notables fueron
los Saghananughu, una familia de ulamas, cuyos orígenes se remontan a la región del
Níger superior en el siglo XV, desde donde viajaron durante varias generaciones a través
de la sábana de Guinea, Costa de Marfil, Burkina Faso y Ghana, fundando a su llegada
escuelas de estudios sobre el Corán, algunas de las cuales se han conservado en plena
labor hasta nuestros días. Fue así como el Islam se extendió por buena parte del Africa
occidental y no sólo por la región de la sábana sino penetrando también hasta las selvas
meridionales; y así, los ulamas también respondieron a las necesidades de mercaderes
musulmanes aislados que reclamaban una guía religiosa y a las de aldeanos gentiles que
buscaban una magia más poderosa. Y, como cabía esperar, florecieron centros
importantes de enseñanza islámica. Tales fueron, entre otros, los de Aussa y Harar en
F
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Adal, en el este de Africa; Ngazargamu en el centro, y Walata más al oeste. Aunque el
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más importantes de todos fue Timbuktú, un núcleo rural islámico desde sus comienzos y
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que creció literalmente con la construcción de sus mezquitas. Y el conocimiento de las
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ciencias islámicas echó raíces amplias y profundas. Los ulamas en ciernes estudiaron allí
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con la misma brillantez que en cualquier otro sitio, leyendo libros y comentarios que se
utilizaban en todo el mundo islámico, desde el Muwatta de Malik Ibn Anás hasta las
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obras del historiador egipcio alSuyutí y los estudios de los doctores locales. El centro del
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sistema educativo lo constituía el estudio de la ley y la jurisprudencia; interés que se
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refleja en la producción del sabio más famoso de la ciudad, Ahmad Baba (15561627),
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cuyas obras se han conservado en el Norte de Africa. Una contribución, a la vez que una
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participación en el fondo común de la ciencia islámica, significa la posesión de muchos
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centenares y hasta millares de volúmenes. Así, los libros fueron las mercancías que
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alcanzaron los precios más altos en el comercio del siglo XVI, buscando los eruditos los
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libros más raros y más voluminosos... Además, ese afán de aprender no se circunscribía a
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unos pocos, sino que en cierta medida parece ser que lo compartió el pueblo llano. Por
aquella época, la ciudad contentaba con más de 150 escuelas del Corán; lo que supone
que una buena parte de la población, cifrada en 75.000 habitantes (hoy tiene menos de
40.000), asistía al primer grado de enseñanza... el gran alSuyutí (14451505) de El
Cairo y alMaghilí (m. 1504) de Tlemcén, viajaron al Sudán occidental, donde el último
de ellos dejó a un hijo, que fundó la familia Kano. El prestigio intelectual de Timbuktú
llegó a ser tan grande en Marruecos, que el erudito sultán Ahmad alMansur invitó a
Ahmad Baba, el más preciado trofeo de su victoria sobre Songhai, y lo llevó a Marrakesh,
donde los marroquíes acudían para escuchar sus lecciones. La más alta estima de que
gozó Ahmad Baba es la expresión más tangible de los logros que la ciencia islámica
obtuvo en Sudán» (Francis Robinson: El mundo islámico. Esplendor de una fe, Folio,
Barcelona, 1993, págs. 9899). Resta mencionar que bajo el soberano shonghai
Muhammad I, durante el siglo XVI, la universidad de Timbuktú llegó a competir con
34
la universidad de alAzhar en El Cairo (cfr. E.N. Saad: Social History of Timbuktu:
the Role of Muslim Scholars and Notables, Northwestern University, Illinois, 1979).
La Civilización Swahili
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recomendables son la española de Antonio Blásquez (Madrid, 1901) y la italiana por
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Michele Amari y Celestino Schiaparelli (Roma, 1883)—.
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Estos autores nos hablan de una costa considerada como el país de Zanÿ, es decir, «de
los negros», generalmente bantúes de la región de Tanzania. E Ibn Battuta nos aclara
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que en Kilwa o Quiloa (Mozambique), en 1331, la mayoría de la gente son «Zanÿ de
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color muy negra, que tienen sajaduras en la cara» (Ibn Batutta. O. cit., pág. 348).
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Una cultura de origen shií
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La historia de la civilización africana de los musulmanes swahili comienza en 695,
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cuando el caudillo shií Hamza de Omán llegó a la isla de Zanzíbar (zanÿ bar significa
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en persa "costa de los negros") —en la actual Tanzania— con un grupo de partidarios.
En 740 otros shiíes que huían de La Meca, luego de haber fracasado la revolución de
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Zaid Ibn Alí alHusain Ibn Alí Abi Tali (699740) —cfr. Fouad ElKhoury: Las
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Aires, 1983, Cap. V, págs. 109191—, fundaron Muqdisho (italianizado Mogadiscio, la
actual capital de Somalía). Hacia 834, shiíes vencidos en Basora (Basra, Irak), se
instalaron en la sila de Socotra frente a Adén, y se convirtieron en prósperos
comerciantes y audaces marinos.
Sin embargo, la migración más decisiva sería la de 975, cuando Alí Ibn Sultan al
Hasan, príncipe de la ciudad iraní de Shiraz, con un grupo de seguidores —
perseguidos por su confesión shií— y siete navíos llegaron a la región y fundaron los
puertos de Kilwa (975) en Mozambique, Manisa o Mombasa (978) en Kenia, Sofala
(980) en Mozambique, Pemba (980) en tanzania, Malindi (990) y Lamu (1005) en
Kenia y Mozambique (1080). Sus descendientes —y por extensión toda la población
mestiza negroarabopersa de la costa— fueron conocidos como los «shirazis»,
denominación genérica que se mantuvo hasta nuestros días.
34
Cerca de Malindi, de donde partió la flota de Vasco da Gama (14691524) en su etapa
final a la India en 1498 guiada por el coaccionado navegante musulmán Ibn Maÿid al
Naÿdí (1437?1501?), floreció una legendaria ciudad musulmana llamada Guedi —
sus ruinas subsisten todavía— con hermosas mezquitas, palacios, casas de varias
plantas, jardines y tumbas de estilo persa y una enorme muralla de seis metros de
altura que la rodeaba enteramente.
Una sociedad plural en las antípodas del racismo europeo
Tantos los árabes como los persas blancos se mezclaron totalmente con los pueblos
negros somalíes y bantúes de la costa. El mestizaje entre poblaciones africanas y
asiáticas bajo la bandera del Islam dio nacimiento a una lengua específica, el swahili
(de sáhil, plural de sawahili, la "costa" en árabe), escrita en caracteres árabes a partir
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del siglo XVI —con una base gramátical bantú y más de 40% de su léxico tomado del
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árabe y en parte del persa—. Este dinámico idioma daría comunidad cultural a todo el
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litoral entre Mogadiscio y Sofala —y una extensa franja interior— facilitando a sus
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poblaciones el acceso a la civilización islámica sin perder su identidad africana, y,
además, el conocimiento de los mercados adecuados para ubicar los productos
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regionales allende el Indico. En la actualidad, el swahili, escrito en alfabeto latino, es
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la lingua franca de todo el Africa oriental y se enseña en Kenia, Tanzania y Uganda.
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Esta integración superlativa logró establecer un activo intercambio directo con Arabia,
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Persia, India, Siam y China. En 1415, por ejemplo, una embajada de Malindi regresó
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al Zanÿ escoltada por la flota de sesenta juncos gigantescos del primer almirante del
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imperio Ming, el musulmán Zheng He (13711435).
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«Cuando los portugueses llegaron al Zandj en camino hacia la India, en 1498, quedaron
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profundamente impresionados por el tamaño y la limpieza de las ciudades, la calidad de
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las casas y el lujoso buen gusto con que eran decoradas, también por la belleza y
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elegancia de las mujeres, que participaban de la vida social. Sin embargo, dado que su
interés primordial era el comercio con la India y luego el monopolio del tráfico mercantil,
los lusitanos vieron en las ciudades zandj temibles competidores que debían ser
eliminados: en 1500 atacaron y destruyeron Mozambique, y continuaron su obra con tal
saña que, en medio siglo, habían destruído todas las ciudades de la costa oriental. Su
objetivo era transferir todo ese activo comercio hacia las factorías que crearon. Pero no
sólo no lo consiguieron, sino que su presencia significó un enorme retroceso económico y
cultural para los pueblos afectados» (Guía del Tercer Mundo 91/92 dirigida por
Roberto Remo Bissio, Instituto del Tercer Mundo, Montevideo, 1991, pág. 590).
Las expediciones de los zanÿ hacia el interior del continente negro para procurarse
oro, marfil, hierro y maderas preciosas fueron conocidas como safaris (del árabe safar,
"viaje"). La civilización swahili tuvo un fluido y rico intercambio con el reino de
Monomotapa o civilización del Gran Zimbabwe (la palabra zimbabwe significa "la
34
gran casa de piedra", alusiva al palacio real construido enteramente en piedra),
localizado en las actuales repúblicas de Zambia y Zimbabwe.
El declive de la civilización del Islam occidental, desde alÁndalus (siglo XV) a la costa
swahili (siglo XVI), pasando por el Sudán oriental y occidental (siglo XIX), que
durante siglos había constituido una barrera casi insalvable entre Europa y Africa,
permitió el acceso al continente negro para los europeos y la posterior depredación de
sus inmensas riquezas y la sistemática aniquilación de sus culturas y pueblos
milenarios. Por esta razón, Africa, hoy día, es el continente más pobre, con menos
recursos y con la mayor tasa de mortalidad del planeta.
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VIAJEROS DEL ORIENTE Y OCCIDENTE MUSULMÁN
Ibn Fadlan— AlMas’udí— Ibn Hauqal— AlMuqaddasí— Yakut—
Evliya Çelebi—Rifa'a alTahtauí— Ibn Ÿubair— Ibn Battuta
«Mi alma me movió a abandonarla y a vagar errante, porque el agua es más pura en la
nube que en el charco».
AlA’ma alTutilí (m. 1126), poeta andalusí.
F
experiencias personales extrajeron o proporcionaron, conscientes o no, materia de relato,
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desde que el mundo es mundo, o lo que es lo mismo, desde que el viaje es viaje, hasta este
IC
mundo nuestro donde se viaja frenéticamente, pero ya no se cuenta, ya no se fabula,
D
CI
sobre tierras o acontecimientos lejanos, unos y otros superficialmente cercanos en el
cotidiano aplastamiento del espacio/tiempo perpetrado por los medios de comunicación,
EL
entendidos en el más amplio sentido. Antaño eran los mercaderes quienes narraban
D
novedades y eventos: "narrar", "novedades", "eventos", tres palabras que la lengua árabe
L
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hace derivar de la misma raíz, las dos primeras unidas en la misma palabra, como para
IT
sugerir que es el "evento", lo que es "nuevo", lo digno de "narración", o, si se prefiere —
IG
significados de la raíz hdth son "ser reciente, nuevo" y "acaecer, suceder, tener
TE
lugar"; una de las muchas flexiones de esta raíz, la palabra hadath, significa a un
IO
palabra, distinguible sólo en los respectivos y diferenciados plurales, con el significado
de "nuevo" y de "narración"» (Angelo Arioli: Islario maravilloso. Periplo árabe
medieval, Julio Ollero Editor, Madrid, 1992, pág. 215).
Viajeros Del Oriente Musulmán
El principio islámico de viajar, al menos una vez en la vida, a las ciudades santas de
La Meca y Medina, sumado a la tradición de visitar lugares sagrados como Jerusalem,
Naÿaf y Karbalá, viajes que se realizaban desde zonas remotas como alÁndalus o el
Turquestán y que podían durar incluso años, entre la ida y la vuelta a su lugar de
origen, junto con las necesidades propias de los comerciantes y también de los
gobernantes, la geografía adquirió en el Islam una real importancia.
34
El Islam es, pues, por excelencia, una civilización de movimientos de tránsito, lo que
supone lejanas navegaciones y una múltiple circulación caravanera, tendida, ante
todo, entre el océano Indico y el Mediterráneo, lanzada generalmente desde el Mar
Negro a China y a la India y, por último, eficaz desde el «país de los negros» (Bilad as
Sudán) a Africa del Norte.
Este sistema caravanero tenía metas tanto culturales y religiosas como comerciales. El
Islam tiene sus mercaderes musulmanes y no musulmanes. Se han conservado por
casualidad las cartas de los mercaderes judíos de El Cairo desde la época de la
primera cruzada (10951099); demuestran que los musulmanes conocían todos los
instrumentos de crédito y de pago y todas las formas de asociación comercial (por
consiguiente, no será Italia la inventora de ellos como se ha aceptado con demasiada
facilidad).
Suleimán atTaÿir (es decir: "el mercader"), llevó hacia el año 840 sus mercancías a la
F
China y la India desde el puerto iraní de Siraf en el Golfo Pérsico. Un autor anónimo
SE
de 851 escribió un relato del viaje de Suleimán; este relato es anterior en 425 años a
IC
los viajes de Marco Polo (cfr. J. O’Kane: The Ship of Suleiman, Londres, 1972).
D
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A fines del siglo IX, Abu Zaid asSirafí compila su obra Silsilat attawari ("Cadena de
EL
las crónicas"), recogiendo excelentes informes sobre la navegación en el océano
D
Indico, la India y China. Igualmente, hacia el año 1000?, otro persa, el Capitán
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Bozorg, hijo de Shahriyar alRamhumurzí (relativo a la ciudad de Ramhumurz, en la
IT
provincia iraní de Juzistán), acopia relatos sobre el Lejano Oriente.
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El primer gran geógrafo musulmán es Ubaidullah Ibn Jordadbeh (825912), autor de
CA
una obra cuyo título se repetirá abundantemente en este género, a lo largo de varios
TE
siglos: Kitab almasalik wa almamalik ("Libro de los caminos y los reinos"), aparecido
en 846 y nuevamente, revisado, hacia 885 (traducido por M. J. de Goeje, Leiden,
IO
extenderse en la descripción de los países, señalando cuidadosamente los itinerarios,
BI
indicando lo más aproximadamente posible las distancias entre dos puntos, de forma
que el caminante pudiera en todo momento conocer la dirección a seguir. También
encontramos el curioso relato del viaje del intérprete Sallam a «la muralla de Gog y
Magog», denominación con que el autor parece indicar la Gran Muralla china (cfr.
F.E. Peters: Allah’s Commonwealth. Ibn Khurdadhbih, Nueva York, 1973).
Abu Zaid Ahmad ben Sahl alBaljí, muerto en 934, escribió un Kitab suwar alaqalim
("Libro de los visitantes de las regiones"), donde se describen los distintos territorios
del mundo islámico. El número de mapas será siempre de veintiuno, a partir de este
35
momento. El primero, responde a la totalidad del mundo habitado, conocido hasta el
momento por los geógrafos islámicos. Otros tres nos muestran los tres mares más
importantes para los musulmanes: el Mediterráneo, el Caspio y el «cuasi mar» Golfo
Pérsico. Los diecisiete restantes representarán las diversas regiones en el que los
geógrafos dividían el mundo islámico. La característica común a todos estos mapas es
la de ser extraordinariamente esquemáticos, usando figuras geométricas. Por ejemplo:
representan las islas como círculos, lo que permitía ser consultados por personas de
no gran formación en la materia. como podían ser lo viajeros y peregrinos.
Embajada a Carlomagno
Una de las primeras grandes travesías que tuvo como protagonistas a viajeros
musulmanes del Oriente se refiere a aquella embajada enviada por el abbasí Harún ar
Rashíd (766809) a la coronación del Emperador de Occidente, Carlomagno (742
814), en Aquisgrán (hoy Aachen, Alemania). Esta arribó a destino el 30 de noviembre
F
del año 800 (la ceremonia estaba prevista para la Navidad a cargo del Papa León III),
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luego de recorrer varios miles de kilómetros desde Bagdad.
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Los embajadores del Islam le llevaron al rey de los francos como prueba de buena
CI
voluntad, un elefante, animal que no se veía en esas latitudes desde los tiempos del
EL
estratega cartaginés Aníbal (247183 a.C.). El paquidermo desfiló por las calles
D
encantado con este obsequio y otros magníficos presentes cedidos por el califa
IT
bagdadí, como un juego de ajedrez, camellos, especias y perfumes, un reloj hecho por
IG
sus relojeros que tañía una campanada cada hora, y un órgano musical neumático, el
D
primero de su clase que entraba en Europa. Y lo que parece increíble: «las llaves del
CA
Elephant for Charlemagne, Iqra Trust, Londres, 1992, págs. 811; Sigrid Hunke:
Kamele auf dem Kaisermantel —deutschearabische Begegnungen seit Karl dem
IO
Grossen, Stuttgart, 1976; Francis William Buckler: Harun alRashid and Charles the
BL
Great, Ams Press, Nueva York, 1978.
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Ibn Fadlan
El 21 de junio del 921 (Safar 309), un grupo de viajeros partió desde Bagdad. Esta
nueva embajada era encabezada por Nadir alHaramí que portaba mensajes amistosos
del abbasí alMuqtadir (califa entre 908932) para ser entregados al rey de la Rusia
vikinga, Igor (877945), hijo de Rurik (m. 879), fundador de la dinastía homónima.
La embajada llegó a destino en mayo de 922 (Muharram 310). En realidad se trataba
de una delicada misión diplomática destinada a lograr un alianza contra un enemigo
común: Bizancio. Igor lideraría una fracasada expedición contra Constantinopla en
941944 que contó con el apoyo del califa alMutaqqí (cfr. Frank R. Donovan: Los
Vikingos, Editorial Timun Mas, Barcelona, 1965, págs. 6277).
35
Entre los viajeros se contaba un sagaz y observador secretario, Ahmad Ibn Abbás Ibn
Fadlan quien recorrería enormes extensiones de Escandinavia, Rusia central, el mar
Negro y el Caspio. En 922 llevó a la madurez un diario de ruta llamado en árabe
Risala ("Tratado"), también conocido como «Viaje al país de los búlgaros del Volga»
(trad francesa de M. Canard, en Annales de l'Institut d'etudes orientales de la faculté
des lettres de l'Université d'Alger, t. XVI, Argel, 1958). Sus observaciones,
caracterizadas por un afán de objetividad, son muy valiosas, pese a que de vez en
cuando se manifieste en ellas la indignación por las costumbres de pueblos no
musulmanes como los eslavos y los turcos paganos (cfr. A. Ibn Fadlan: Voyages chez
les Bulgares de la Volga, Sindbad, París, 1988).
AlMas’udí
Abu alHasan Alí Ibn alHusain Ibn Alí alMas’udí, nacido en Bagdad y fallecido en El
Cairo en 957, nacido en el seno de una familia shií, es el autor de la monumental obra
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Muruÿ addahab wa ma’adin alÿawahir ("Campos de oro y minas preciosas"),
SE
generalmente citado en Occidente como "Las praderas de oro" (traducida al francés en
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9 tomos por Charles Barbier de Meynard y Pavet de Courteille, París, 18611877, y
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1962). Escrita hacia 947, y revisada y publicada nuevamente en 957, es una
enciclopedia monumental de treinta tomos sobre historia y biografías, pero su mayor
EL
interés reside todavía en sus noticias y descripciones geográficas y en los
D
innumerables datos sobre historia natural y sobre descripciones de usos prácticos y de
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procedimientos técnicos.
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Por ejemplo, en ella se encuentra la primera mención conocida de una colección de
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cuentos de origen persa llamada Hezar efsaneh ("Mil cuentos") cuyo fondo es de
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procedemcia india, que luego formaron «Las mil y una noches». Por esto los
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historiadores e islamólogos occidentales acostumbran llamarlo «el Plinio, además del
Herodoto, del mundo musulmán».
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Gran cosmógrafo, redactó el Kitab alTanbih ualishraf ("Libro de la advertencia y de
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la revisión"), un tratado de ciencia, filosofía, mineralogía y botánica que fue traducido
por M.J. de Goeje (E.J. Brill, Leiden, 1967), con traducción al francés por Carrá de
Vaux: Macoudi, le livre de l'avertissement et de la révision (París, 1897). También
escribió una «Historia de Alí y del imamato».
AlMas’udí es una de las fuentes más ricas, de más confianza y más variadas acerca
del estado del mundo islámico en su época. En las cuarenta obras de alMas’udí, así
como las de sus contemporáneos
35
Ibn Hauqal
Sobre Abu lQasim Muhammad Ibn Hauqal se puede agregar que estuvo al servicio
fatimí y fue comerciante. Pasó su adolescencia en Irak y luego viajó por el Egipto,
norte de Africa, alÁndalus, Ghana, Sicilia, Armenia, Azerbayán e Irán. Ibn Hauqal
(hacia 975) describe una especie de pagaré por 42.000 dinares dirigido a un mercader
de Marruecos, con la palabra árabe saqq; correspondiente a esta forma de crédito
deriva la palabra cheque. Escribió el Kitab Surat alard «Libro de la configuración de
la tierra» (traduc. J.H. Kramers, Leiden, 1938), y el Kitab almasalik wa almamalik
«Libro de los caminos y de los reinos» (traducido por M.J. de Goeje, Leiden, 1967).
En Ibn Hauqal y Abu Ishaq Ibrahim alIstahrí (floreció hacia 950), es donde
encontramos las primeras menciones de los molinos de viento, la cual fue una
invención islámica (véase Barón Carra de Vaux: Les penseurs de l’Islam, 5 vols.,
París, 1921).
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AlMuqaddasí
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Por la misma época descolló el geógrafo Abu Abdallah Muhammad alMuqaddasí
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(9461000), natural, como se ve por su apodo, de Jerusalem (en árabe: Baitul
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Muqaddás). Su principal trabajo es Kitab Ahsan altaqasim fi ma’rifat alaqalim ("La
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traducido en Leiden en 1906.
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AlMuqaddasí fue un verdadero trotamundos que visitó todas las regiones del Islam
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Collins: AlMuqaddasi: The Man and His Work. With Selected Passages
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Translated from the Arabic, University of Michigan, Michigan, 1974).
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Yakut
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Yakut Abdillah arRumí (11791229) fue junto alIdrisí, uno de los más grandes
geógrafos de la Edad Media. Griego del Asia Menor, donde había nacido, fue educado
por un mercader de Bagdad y gracias a su buen trato y orientación se convirtió al
Islam. Viajó mucho, primero como mercader, luego como geógrafo.
35
(traducido por David Samuel Margoliuth en 6 volúmenes, Leiden, 19071931). Al año
siguiente fallecería en Alepo, Siria. Yakut lo abarcó todo: astronomía, física,
arqueología, teología, historia. Su Muÿam albuldán fue publicado en árabe en diez
volúmenes por M. AlJaniÿi, El Cairo, 19061907; también hay una traducción parcial
al inglés por W. Jwaideh: The Introductory Chapters of Yakut's Mu'jam albuldan,
Brill, Leiden, 1959.
Ibn Maÿid
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los musulmanes en el océano Indico y que culminó en los siglos XV y XVI con el piloto
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Shihabuddín Ahmad Ibn Maÿid alNaÿdí (1437?1501?).
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Este celebérrimo navegante, que compuso un gran tratado de náutica, el más
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importante del Islam, llamado Kitab alFawa’ id fi usul albahr ualqawa’id ("El Libro
EL
de los Beneficios relativo a los Principios y Fundamentos de la Ciencia del Mar",
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traducido y comentado por el catedrático inglés Gerald R. Tibbetts con el título Arab
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navigation in the Indian Ocean before the coming of the Portuguese, The Royal
A
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Asiatic Society, Londres, 1981), es de quien se ha dicho que fue el piloto coaccionado
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a guiar a Vasco de Gama (14691524) desde Malindi (en la costa oriental de Africa)
D
hasta Calicut (en la costa sudoeste de la India) en 1498 (cfr. Auguste Toussaint:
CA
Historia del Océano Indico, FCE, México, 1984
TE
Ibn Maÿid, que era hijo y nieto de marinos, y quien según el investigador francés
IO
Gabriel Ferrand (18641935) pertenecía a la escuela shií de pensamiento (ver G. R.
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Tibbetts, O. cit., pág. 17), se refiere en repetidas ocasiones a los pilotos que le habían
BI
precedido y a las guías (rahmani) que éstos habían escrito mucho antes que él.
Gracias al cronista portugués João de Barros (14961570), que lo cita en su Década I,
Libro IV, Capítulo VI, sabemos que Ibn Maÿid le mostró a Vasco de Gama un
instrumento que era desconocido en Occidente. Se trataba del kamâl, constituído por
un pequeño cuadrado de madera o de cuerno, de cuyo centro salía un hilo graduado
con un nudo que correspondía (en cada uno dos kamâl) a un determinado ángulo. Su
práctica era simple: una vez que el observador había escogido el kamâl adecuado,
tomaba entre los dientes el hilo a la altura del nudo y con el hilo tenso hacía coincidir
la estrella que había elegido con la arista superior del referido cuadrado de madera,
mientras que la arista inferior rozaba el horizonte. Según la descripción de Barros,
parece que había un kamâl para cada altura utilizada. Más adelante, el kamâl
evolucionó y llegó a disponer de un hilo graduado con varios nudos, lo que permitía
observar las estrellas en varias alturas con el mismo instrumento.
35
Vasco de Gama trajo este instrumento de la India y en Lisboa se calculó, para su uso,
una tabla con una graduación en pulgadas, posiblemente con la participación de dos
pilotos musulmanes. El navegante Pedro Alvares Cabral (14671520) llevó un
ejemplar, por lo menos, de este instrumento en el viaje en el que descubrió el Brasil
en 1500.
Evliya Çelebi
La tradición de la rihla prosiguió en diversas partes del mundo musulmán y, bajo los
otomanos, fue cultivada por Ibn Darwish Mehmed Zilli, conocido como Evliya Çelebi
(16111684), autor del Seyahatnamé, también llamado Tarihi seyyah, importante
fuente sobre los pueblos del imperio otomano, de historia y aspectos geográficos y
sociológicos que comprende diez volúmenes (cfr. Korkut M. Bugday: Evliya Çelebis
Anatolienreise aus dem dritten Band des Seyahatname, Leiden, 1996).
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Evliya Çelebi viajó por Hungría y Austria, y visitó la esplendorosa ciudad de Viena (la
SE
antigua Vindobona "la ciudad blanca") «con el ojo avizor de un guerrero de frontera».
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El siglo XVII se caracterizó por los enfrentamientos entre otomanos y austríacos que
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culminó con el infructuoso segundo sitio (el primero fue entre el 27 de septiembre y el
15 de octubre de 1529) de la capital a orillas del Danubio entre el 17 de julio y el 12
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de septiembre 1683 por parte del ejército del visir Kara Mustafá (16341683), el cual
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se dejó sorprender por la columna aliada francogermanapolaca de socorro al mando
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de Carlos de Lorena (16431690) y Juan III Sobieski (16291696) —véase M. Smets:
IT
Wien in und aus der Türken Bedrängis, 15291683, Viena, 1893; Richard Kreutal:
IG
Kara Mustafa vor Wien: Das Turkische Tagebüch der Belägerung Wiens 1683,
D
verfasst von Zeremonienmeister des Hohen Pforte, Graz, 1960; David G. Chandler:
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Atlas of Military Strategy. The Art, Theory and Practice of War, Islam versus
TE
Christianity, Arms and Armour Press, Londres, 1996, págs. 5459.
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Evliya Çelebi fue sin duda un gran viajero y un gran romántico, a veces fantasioso
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cuando se refiere a una obvia mítica expedición de cuarenta mil jinetes tataros a
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través de Austria, Alemania, y Holanda hacia el Mar del Norte. Su estilo literario es
excelente y destacan la minuciosidad y precisión de sus descripciones geográficas, de
personas y grupos sociales. Por ejemplo, sobre la Casa Real de Austria opina lo
siguiente: «Por la Voluntad de Dios Todopoderoso, todos los emperadores de esta casa
son igualmente repulsivos en su aspecto. Y en todas las iglesias y casas, así como en las
monedas, el emperador es representado con su feo rostro, y ciertamente, si cualquier
artista osara retratarlo con un bello semblante sería ejecutado, pues él considera que así
lo desfiguran. Estos emperadores están orgullosos de su fealdad».
Sin embargo, otros juicios de Evliya Çelebi sobre la sociedad austríaca son altamente
favorables e incluso halagadores. Sobre las mujeres vienesas dice que «gracias a la
pureza del agua y al buen aire son hermosas, altas, de esbelta figura y rasgos nobles».
También pondera las excelencias de la vasta y bien cuidada biblioteca de la catedral
de San Esteban.
35
Evliya en sus narraciones, a diferencia de otros viajeros y escritores musulmanes, evita
cuidadosamente cualquier comparación explícita entre aquello que vio en Austria y lo
que él y sus lectores conocen en casa. En las historias magistrales con las cuales
entretiene a su público, importantes y detallados señalamientos pueden apreciarse
acerca del ejército, el sistema judicial, la agricultura, así como sobre las características
topográficas y edilicias de la ciudad capital. Véase Evliya Çelebi: Narrative of Travels
in Europe, Asia and Africa, (2 vols.). traducción parcial de J. von Hammer, Londres,
1834; Evliya Çelebi: Viajes, (10 vols.), Editado por N. Asím, Kilisli Rifat y H.N. Orkun,
Estambul, 18961938 (en turco); A.A: Pallis: In the Days of the Janissaires,
Selections from Evliya Çelebi, Londres, 1951; R.F. Kreutel: Im reiche des Goldenen
Apfels, Graz, 1957; K. Teply: Evliya Çelebi in Wien, Der Islam, Viena, 1975.
Ilias Ibn Hanna de Mosul
Desde los comienzos del Islam, miembros de las minorías cristianas y judías viajaron
F
desde el mundo musulmán hacia los cuatro puntos cardinales del planeta con una
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libertad inimaginable en nuestros días presentes de pasaportes, visas, controles
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electrónicos y restricciones migratorias. Un ejemplo es el sacerdote cristiano caldeo
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Ilias Ibn Hanna de Mosul.
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En 1668 viajó a Italia, Francia y España, y desde allí abordó un navío que lo llevó a la
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América española, donde visitó México, Panamá y Perú. Sin lugar a dudas, se trata del
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primer oriental en visitar y describir el «Nuevo Mundo», por lo menos oficialmente
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(cfr. Ilyas b. Hanna: Le plus ancien voyage d'un oriental en Amerique, 16681683,
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A. Rabbath, Beirut, 1906).
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Abu Talib Jan
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Mirzá Abu Talib Jan nació en Lucknow en 1752, en el seno de una familia shií. Entre
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1799 y 1803 viajó extensamente por Europa, y a su vuelta a la India escribió un libro
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describiendo sus aventuras y descubrimientos (cfr. C. Stewart: Travels of Mirza Abu
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Talib Khan, Londres, 1814; Masiri Talibi ya Safarnamei Mirza Abu Talib Khan,
ed. H. Khadiv Jam, Teherán, 1974).
Abu Talib Jan comenzó su itinerario europeo en Irlanda y pasó la mayor parte del
tiempo en Londres. El retorno a su tierra natal lo hizo vía Francia, Italia y Oriente
Medio. Este viajero indomusulmán señala, muy sorprendido, que en Dublín había sólo
dos casas de baño, ambas muy pequeñas y mal equipadas, destinadas exclusivamente
para enfermos. «En verano —explica— la gente de Dublín se baña solamente en el mar,
y en invierno no se bañan para nada».
Abu Talib Jan encontró a las mujeres inglesas en un estado social lamentable respecto
de sus hermanas musulmanas. «Las inglesas se mantienen ocupadas en tiendas y
diversos puestos de trabajo —una situación que Abu Talib atribuye a la sabiduría de los
legisladores y filósofos ingleses en la búsqueda del mejor camino para mantenerlas
35
alejadas de la malicia—, pero, sin embargo, están sujetas a fuertes restricciones. Por
ejemplo, ellas no salen después de oscurecer y no pasan la noche en ninguna otra casa
que la propia sin la companía de sus maridos. Una vez casadas, carecen de derecho de
propiedad y están completamente a merced de sus maridos, quienes podrían despojarlas a
voluntad. Las mujeres musulmanas, por el contrario, están muchísimo mejor. Su posición
legal y derechos de propiedad, incluso contra sus propios esposos, están establecidos y
defendidos por la ley. Y tienen otras muchas ventajas. Ellas pueden salir de sus moradas
a visitar a sus familias, a sus relaciones o a sus amigas, y al mismo tiempo, permanecer
fuera de sus hogares por varios días y noches» (cfr. Stewart, págs. 13537; Masir, pág.
268).
Rifa'a alTahtauí
En el siglo XIX, uno de los viajeros musulmanes más notables en cuanto a experiencias
y producción literaria fue el sheij egipcio Rifa’a Rafi’ alTahtauí (18011873), un
F
becario a quien el jedive (virrey otomano) de Egipto, Muhammad Alí (17691849),
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envió a estudiar a París (18261831). Su rihla, titulada «Purificación del oro en París»
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(Tajlís alibriz fi taljís Bariz, que lleva el subtítulo contemporáneo: Usul alfikr alarabi
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alhadith ind alTahtawi: Las bases del pensamiento árabe moderno según alTahtauí
—, El Cairo, 1974), es un cuadro fascinante de las costumbres de los franceses
EL
decimonónicos. Muhammad Alí favoreció su publicación a partir de 1834 y la hizo
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Barcelona/Buenos Aires, 1992, pág. 112).
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El sheij alTahtauí durante sus cinco años de permanencia en la ciudad a orillas del
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información y aprender todo lo que pudiera ser útil para el Islam y los musulmanes.
Así se tomó el trabajo de traducir al árabe el texto completo de la constitución
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francesa y de numerosas obras de la Ilustración sobre ciencias, filosofía y derecho. Era
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El sheij alTahtauí rápidamente reconoció el valor de la prensa en el mundo de las
comunicaciones pero la juzgó con su peculiar ojo crítico: «Los hombres se enteran del
modo de pensar de otros a través de ciertas páginas diarias llamadas Journal y Gazette.
De ellas, un hombre puede saber lo que sucede dentro y fuera del país. Aunque tal vez se
puedan hallar más mentiras que verdades, de todas formas contienen noticias por las que
se puede adquirir conocimiento...Entre las ventajas que contemplan estas páginas se
encuentra la alternativa de que si un hombre ha hecho bien o mal y es importante, los
del Journal escriben sobre el particular y el hecho es conocido tanto por los grandes como
por la gente común, con el objetivo de ganar aceptación para los hombres de buenas
obras y condena para los transgresores».
35
Sobre los habitantes de París dijo: «Los parisienses se distinguen entre la gente de la
cristiandad por la agudeza de sus intelectos, la precisión de su comprensión, y la
consagración de sus mentes a los temas profundos... y siempre desean conocer el origen
de las cosas y las pruebas correspondientes. Incluso el pueblo común sabe leer y
escribir...Están más cerca de la avaricia que de la generosidad... Entre sus creencias
desagradables está la que afirma que el intelecto y la virtud de sus sabios son más
importantes que la inteligencia de los profetas».
Veamos la percepción que tuvo el Sheij alTahtauí al concurrir por primera vez a una
cafetería francesa en Marsella junto a otros estudiantes egipcios en 1826: «La primera
obra de arte en la que reparamos fue un magnífico café, en el que entramos tras
considerar su extraordinario aspecto y disposición... En este café se vende todo tipos de
bebidas y pastelería... Normalmente, cuando una persona toma café, se le sirve azúcar
con la taza para que lo mezcle, lo disuelva y lo beba. Nosotros procedimos así, según sus
costumbres. La taza de café que tienen es cuatro veces más grande que en Egipto; en fin,
F
SE
es un tazón más que una taza. En ese café se encuentran las hojas con los
acontecimientos del día, a disposición de los clientes».
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El Sheij alTahtauí, adherente a la escuela shafi'í de pensamiento islámico, está
EL
considerado como el principal precursor del Renacimiento (Nahda) literario árabe.
Otras obras suyas son las odas patrióticas egipcias Manzuma Misría y Fi alDin ua al
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lughah ua aladab (Beirut, 1981). Dejó inconclusa una crónica llamada Anuar Taufiq
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ilŸalil, de la cual sólo apareció el primer tomo que abarca un período histórico que
IT
llega hasta el Profeta Muhammad (BPD).
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Entre 1835 y 1848 se centralizó la actividad traductora en Egipto bajo la dirección del
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sheij alTahtauí.
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AbulHasan Shirazí
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La actividad diplomática iraní no comenzó hasta el siglo XIX, cuando las Guerras
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Napoleónicas extendieron sus escenarios bélicos y políticos al Medio Oriente e incluso
la India. La primera figura notable entre los visitantes iraníes a Europa fue Haÿÿi
Mirzá AbulHasan Muhammad Alí Shirazí, quien partió de Teherán para Londres el 7
de mayo de 1809, acompañado del famoso diplomático y novelista británico James
Justinian Morier (17801849), autor de las célebres «Aventuras de Haÿÿi Baba de
Isfahán» (1824) y «Las Aventuras de Haÿÿi Baba de Isfahán en Inglaterra» (1828), que
satirizan a la civilización occidental. Shirazí salió de Londres de regreso a Persia el 18
de julio de 1810, acompañado por James Morier y Sir Gore Ouseley, un orientalista
(cfr. I. Ra'in: Safarnamei Mirza Salih Shirazi, Teherán, 1968; C.A. Storey: Persian
Literature, vol. 1, págs. 10768, Londres, 1953).
35
Husain Jan Muqaddam
F
Roma, 1953.
SE
IC
Una de sus anécdotas, ocurrida durante la inauguración del tramo ferroviario entre
D
Londres y Croydon en 1839, relata la sorpresa que produjo en la multitud allí reunida
CI
(cercana a las cuarenta mil personas), la presencia de la embajada persa con sus
EL
barbas, turbantes y ropas tradicionales: «Tan pronto como nos vieron comenzaron a
D
gritar con exclamaciones de asombro y escarnio. Pero el Aÿudan Bashí tomó la delantera
L
A
Ajudan bashi..., pág. 385; Bausani: Un manoscritto Persiano..., págs. 5023).
D
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Viajeros Del Occidente Musulmán
BI
El historiador irakí A. Dhul Nun Taha describe, en un artículo publicado por una
revista francesa especializada, las peculiaridades de los viajes andalusíes hacia
Oriente: «En las relaciones entre alÁndalus y los países de Oriente la balanza se inclinó,
en los primeros tiempos, en favor de Oriente. Entre los sabios, los viajes eran más
frecuentes de alÁndalus hacia Oriente porque era éste el centro culturalmente más
desarrollado. AlÁndalus se apoyaba mucho, en un comienzo, en las ciencias de Oriente,
a las que consideraba el origen y fundamento que los andalusíes debían conocer.
Los viajes fueron, por tanto, un factor de fortalecimiento y afirmación de los vínculos
entre ambas regiones. Gracias a ellos la vida científica y cultural andalusí se desarrolló y
alcanzó gran expansión, con lo que alÁndalus pasó de la situación de país relativamente
atrasado, a la zaga del Oriente musulmán, a la de competidor, a veces superior a este
35
último» (Importance des voyages scientifiques entre l’Orient et alÁndalus, en Revue de
l’Occident musulman et de la Méditerranée, París, 1985, nº 40).
Ibn Hamza (m. 814) fue el precursor del género relatando los avatares de su misión
como embajador en Bizancio, donde había sido enviado por el emir omeya de
Córdoba Hisham I.
F
El primer gran viajero andalusí fue Abu Hamid al Garnatí (10801169), autor de la
SE
rihla llamada Tuhfat alahbab ua mujbat alaÿab ("El Regalo de los corazones y
IC
elección de maravillas"), quien visitó el norte de Africa, Siria, Irak, Persia, Jorasán,
D
CI
Transoxiana y centro y sur de Rusia, Hungría y pereciendo en el transcurso de uno de
sus viajes, en Damasco. Véase Blanche Trapier: Les Voyageurs Arabes au Moyen
EL
Age, Gallimard, París, 1937; César Dubler: Abu Hamid el Granadino y su relación
D
de viaje por tierras eurasiáticas, Edit. Maestre, Madrid, 1953; Dale F. Eickelman y
L
A
Imagination, Routledge, Londres, 1990; Abu Hamid alGarnati: Tuhfat alAlbab (El
IG
Regalo de los espíritus), AECI, Madrid, 1990; Abu Hamid alGarnati: AlMu'rib 'an
D
ba'd aya'ib alMagrib (Elogio de algunas maravillas del Magreb), AECI, Madrid,
CA
1991.
TE
Ibn Yaqub
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Ibrahim Ibn Yaqub alIsrailí alTurtushí, fue un comerciante judío andalusí, nacido en
BI
Tortosa (Cataluña), que viajó durante la primera mitad del siglo X por Francia,
Holanda, el norte de Alemania, Bohemia, Polonia y el norte de Italia. Sus magníficos y
sagaces comentarios de ciudades y regiones europeas que visitó, y de otras que logró
precisar en su itinerario de viaje, como las Islas Británicas, Utrecht, Burdeos,
Schleswig y Maguncia, entre 934 y 935, sirvieron como valiosas referencias incluso a
geógrafos musulmanes muy posteriores, como el afamado enciclopedista iraní
Zakariya Ibn Muhammad alQazviní (12031283).
Al referirse a los francos, Ibn Yaqub, como buen andalusí, se horroriza de su falta de
higiene: «No encontraréis a nadie más sucio e inmundo que ellos. Son gente pérfida y
traicionera. No se bañan más que una o dos veces por año, y en agua fría, y jamás lavan
sus ropas hasta que éstas se caen a pedazos... Pregunté a uno de ellos la razón de por qué
se afeitan la barba, y me contestó: "El pelo es una superfluidad. Si nos lo quitamos de
nuestras partes íntimas, por que lo dejaríamos permanecer en nuestras caras"» (cfr.
36
André Miquel: L'Europe occidentale dans la relation arabe de Ibrahim b. Yaqub,
Annales ESC, París, 1966, pág. 1053). Véase también Tadeus Kowalski: Relatio
Ibrahim Ibn Jakub de itinere slavico, en Monumenta Poloniae Historica 1, Cracovia,
1946, E. Ashtor; The Jews of Moslem Spain, Filadelfia, 1973, vol. 1, págs. 34449.
Los Almagrurinos
Los adelantos en la ciencia náutica desarrollados en el seno del Islam permitieron que
ocho hermanos de una familia musulmana de Lisboa, en alÁndalus (hoy Portugal),
llamados alMugarribún, latinizados como «los Almagrurinos», zarparan hacia el «Mar
de las Tinieblas» (Bahr alDulumat) en el año 1013 379 años antes de Colón, hacia
esa inmensidad también llamada en árabe alBahr alZafit «Mar de pez negra», al
Bahr alAjdar «Mar Verde», alBahr alGarbí "Mar Occidental", o alBahr alMudlim al
Muhît «Mar Tenebroso Circundante o Envolvente», al que los griegos denominaran
con el adjetivo Atlantikós, que recoge en una ocasión alIdrisí (ver aparte), al citar a
F
Aristóteles y Arquímedes.
SE
IC
Tras más de dos meses de navegación llegaron a la isla de los «hombres rojos». Este
D
CI
hecho tan poco conocido en Occidente fue divulgado por el escritor español Vicente
Blasco Ibañez (18671928) en su obra En busca del Gran Khan y hace pensar si los
EL
hermanos Almagrurinos habrían llegado a tocar en alguna isla oriental de América
D
(cfr. Ibrahim H: Hallar, Descubrimiento de América por los árabes, Buenos Aires,
L
A
1959).
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Desde el siglo VIII al XI, los musulmanes fueron los únicos dueños del Mar
D
principios del siglo XVI. Del árabe provienen los nombres marinos, como almirante,
TE
aduana, tarifa, fragata, amarra, zozobrar, falúa, calafate, azimut, rambla, chalupa,
canal, etc., términos que luego se integraron definitivamente a los idiomas europeos.
IO
Por ejemplo, las palabras arsenal, atarazana y dársena provienen del nombre árabe
BL
dar alsinaa, «casa de fabricación».
BI
Ibn Ÿubair
Abu alHusain Muhammad Ibn Ahmad Ibn Ÿubair alKinaní alAndalusí alBalansí ("el
Valenciano"), nació en Valencia en 1145 y murió durante su tercera travesía, en
Alejandría, Egipto, en 1217. Su famosa Rihla se refiere a su primer viaje, el que
realizó entre el 15 de febrero de 1183 y el 25 de abril de 1185, cruzando el
Mediterráneo y visitando Egipto, La Meca, Siria, Irak, Palestina, Cerdeña, Sicilia y
Creta.
La Rihla de Ibn Ÿubair, uno de los textos narrativos más fiables y documentados de
fines del siglo XII (ver Ibn Ÿubayr: A través del Oriente. El siglo XII ante los ojos,
traducción y notas de Felipe Maíllo Salgado, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1988),
es una de las fuentes más importantes con que cuenta el historiador para saber como
36
se encontraba el Mundo Islámico, la Sicilia normanda y la navegación en el
Mediterráneo en el siglo XII.
Ibn Ÿubair, al hacer escala en Palermo de vuelta de la peregrinación a La Meca, en
diciembre de 1184, nos brinda este valioso testimonio de la Sicilia normanda del rey
Guillermo II (11541189): «La más hermosa de las ciudades es la sede de su rey, los
musulmanes la llaman alMadina (la Ciudad) y los cristianos la conocen como Balarma
(Palermo). En ella está la la residencia de los musulmanes urbanos, tienen allí
mezquitas, y los mercados que les están reservados en los arrabales son numerosos (...)
La actitud de este rey es admirable en lo concerniente a la bondad de su conducta y al
empleo de musulmanes (...) El tiene plena confianza en los musulmanes, confía en ellos
sus negocios e importantes oficios, hasta el punto que su intendente (nazir) de su cocina
es un hombre musulmán. Tiene una tropa de negros musulmanes bajo el mando de un
jefe (qa'id) salido de entre ellos. Sus visires y chambelanes también son musulmanes (...)
Una de las admirables condiciones que de él se cuentan es que lee y escribe el árabe (la
F
SE
lengua de los normandos era el francés) y que, según lo que nos manifestó uno de sus
servidores privados, su fórmula de validación es: Alabado sea Dios, Señor de los
IC
Universos (Alhamdulillah Rabbil 'Alamin). En cuanto a las doncellas de honor y
D
CI
favoritas su palacio son todas musulmanas. Una de las cosas más extraordinarias que
EL
nos ha contado el sirviente susodicho —Yayha Ibn Fityan, el bordador, que borda con oro
en el taller real (tiraz)—, es que si una franca cristiana es introducida en su palacio se
D
vuelve musulmana, pues las mencionadas damas la convierten al Islam» (Ibn Ÿubair: O.
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cit., págs. 377378).
IT
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Más adelante nos revela ciertos aspectos de la vida cotidiana en Palermo y sus
D
cercanías : «En esta ciudad el vestido de las cristianas es el mismo que el vestido de las
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mujeres musulmanas. Las lenguas alerta, envueltas y veladas, salen en esta fiesta
TE
susodicha (de la Natividad) vistiendo ropajes de seda bordados de oro, envueltas en
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mantos magníficos, veladas con velos de varios colores, calzadas con botines ornados de
BL
oro se pavonean yendo a sus iglesias llevando el conjunto de los atavíos de las mujeres de
los musulmanes: alhajas, tintes y perfumes (...) Pasamos por una serie de pueblos y
BI
aldeas colindantes. Contemplamos labores y cultivos en una tierra que no hemos visto
semejante en cuanto a bondad , generosidad y extensión; la comparamos a alQanbaniya
(la Campiña) de Córdoba; pero ésta es mejor y más fértil. Pasamos una noche en el
camino, en una ciudad llamada Alqama (Alcamo, entre Palermo y Trapani), grande y
vasta, en ella hay un mercado y mezquitas. Sus habitantes, así como los habitantes de las
aldeas que se hallan en este camino, son todos musulmanes» (Ibn Ÿubair: O. cit., págs.
387388).
Ibn Battuta
El gran explorador Shamsuddín Abu Abdallah Muhammad Ibn Battuta atTanÿí ("el
Tangerino"), nació en Tánger el 25 de febrero de 1304 (17 de raÿab de 703 H.) y
murió cerca de Fez, Marruecos, en 1368/9 (770 H.) o en 1377 (779 H.).
36
El 13 de junio de 1325 (2 de raÿab de 725 H.), a la edad de veintidós años partió por
primera vez hacia La Meca con el firme propósito de cumplir con la peregrinación
preceptiva en el Islam. Visita el Norte de Africa, Egipto, Palestina, Siria, Arabia (La
Meca), Irak, Irán y retorna a La Meca, donde reside por espacio de tres años (1327
1330). En su segundo viaje pasa por Yemen, Adén y la costa oriental africana. Desde
allí regresa por Omán y el Golfo Pérsico cumpliendo una tercera peregrinación a La
Meca en 1332. En su tercer viaje cruza por Egipto, Siria, Rusia y Constantinopla.
Luego vuelve a través del interior ruso y sale a Afganistán para llegar al valle del Indo.
En la India reside casi diez años (hasta 1342), y uno y medio en las remotas Islas
Maldivas donde ejerció como juez islámico (Cadí).
Su derrotero en el Lejano Oriente comienza en la isla de Ceilán (hoy Sri Lanka), y
sigue por Bengala, Assam, Sumatra, China (1347), cumpliendo una cuarta y última
peregrinación a La Meca (1348), y retornando a Fez (1349). Más tarde, viajará a al
Ándalus (1350) y a Malí (1352). Sus escritos describen la fascinación que lo embargó
F
al descubrir la capital del reino nazarí: «Después continué la marcha hacia Granada,
SE
capital del país de alÁndalus, novia de sus ciudades. Sus alrededores no tienen igual
IC
entre las comarcas de la tierra toda, abarcando una extensión de cuarenta millas,
D
CI
cruzada por el famoso río Genil y por otros muchos cauces más. Huertos, jardines,
pastos, quintas y viñas abrazan a la ciudad por todas partes...» (Ibn Battuta: A través
EL
del Islam, Alianza, Madrid, 1988, págs. 761763).
D
L
A
En Siÿilmasa (Marruecos), la ciudad de oro, Ibn Battuta encontró, bien es verdad que
IT
con alguna extrañeza por su parte, a uno de sus compatriotas de Ceuta, el alfaquí al
IG
Bushrí, a cuyo hermano había conocido en China. El Islam de esta época abunda en
D
Atlántico al Pacífico, sin desertar en ningún momento de esta tarea.
TE
humanidad. Sus viajes entre 1325 y 1354, realizados en una época donde no existían
BL
medios rápidos y seguros de transporte, totalizaron ciento veinte mil kilómetros, o sea
BI
tres veces superior a la distancia cubierta por su predecesor europeo, el veneciano
Marco Polo (12541324), cuyo libro de viajes fue en realidad escrito por el
amanuense Rustichello de Pisa (Marco Polo: Libro de las Maravillas, Ediciones B,
Barcelona, 1997).
El título original en árabe de su Rihla o Libro de Viajes es Tuhfat alnuzzar fi ÿaraib al
amsar ua aÿaib alasfar, es decir «Don para quienes observan las curiosidades de las
ciudades y las maravillas de los viajes». Por disposición del sultán mariní de la época,
Ibn Ÿuzayy, un escribano andalusí, vertió en bella prosa las memorias de Ibn Battuta
conformando la obra citada. Si los cineastas de Hollywood quisieran aceptar la
historia real, y se informaran sobre las vidas de Ibn Battuta o Ibn Ÿubair, no tendrían
nada que inventar para filmar las películas más extraordinarias y taquilleras (cfr. Ross
E. Dunn: The Adventures of Ibn Battuta, University of California Press, Los Angeles,
1986; Thomas J. Abercrombie: Ibn Battuta. Prince of Travelers, National
36
Geographic magazine, Washington, Diciembre 1991, págs. 249); Roderic Owen: The
Great Explorers. Ibn Battuta, Orion Publishing Group, Londres, 1995, págs. 3033).
Benjamín de Tudela
Otro viajerogeógrafo muy conocido fue el judío andalusí Benjamín de Tudela (1130
1175). Hacia 1165 parte desde Zaragoza y pasa por Jerusalem, Alejandría, Bagdad y
muchas otras ciudades y pueblos. Se habla de que llegó hasta la India, cosa que no ha
podido ser comprobada. Regresa a alÁndalus en 1173. Se trata, por tanto, de un viaje
de ocho años, realizado en su mayor parte a través del Mundo Islámico sin pasaporte
ni salvoconductos, con entera libertad, pese a su condición de no musulmán.
Veamos como nos describe el trato de los pacientes en el hospital Dar alMaristán
F
(Casa de los enfermos) de Bagdad (inaugurado en el año 794): «En esta casa se
SE
retienen a los enfermos mentales de toda la ciudad... Mensualmente los funcionarios del
IC
califa les interrogan y examinan, soltándoles si han recobrado la razón, y cada cual
D
CI
vuelve a su casa y a (ocupar) su cargo... Hay allí en Bagdad como unos cuarenta mil
judíos y permanecen en calma, tranquilidad y honor bajo el poder del gran califa» (cfr.
EL
Libro de Viajes de Benjamín de Tudela, Riopiedras ediciones, Barcelona, 1989,
D
págs. 92/93; Elkan Nathan Ader: Jewish Travellers in the Middle Ages, 19
L
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Firsthand Accounts, Dover, Nueva York, 1987).
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AlMagribí
D
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En el siglo XIII se destaca el gran viajero y geógrafo Ibn Said alMagribí (12081286)
TE
de Granada, cuyo Kitab bast alard fi tuliha ua al’ard ("Libro sobre la extensión de la
tierra a lo largo y a lo ancho") fue muy utilizada por autores posteriores como el
IO
historiador y geógrafo Abu alFada alAyubí (12731331). También es autor de una
BL
rihla llamada An Nafha almiskiyya fi ssifarat almakkiyya ("Suave exhalación de
BI
almizcle en la embajada mecana").
36
LA NAVEGACIÓN EN EL ISLAM
«El antiguo mar romano se convierte en un lago musulmán».
George Marçais, historiador francés de arte islámico
(El arte musulmán, Cátedra, Madrid, 1983, pág. 21).
Los marinos musulmanes aprendieron de los chinos el arte de navegar con la aguja de
marear (una versión náutica de la brújula), para sus grandes viajes, y lo dieron a
conocer a los europeos, quienes en el siglo XIV ya la manejaban habitualmente. Los
navegantes islámicos también introducen en Europa el timón de codaste, un
F
instrumento imprescindible para la navegación. Este era un sistema de dirección del
SE
barco por medio de un timón adosado a la roda de popa. Hasta el momento los barcos
IC
eran gobernados por uno o dos remos colocados verticalmente en el costado, hacia
D
CI
popa. Las maniobras con este sistema eran poco fiables, sobre todo con mal tiempo,
exigiendo además varias personas para hacer los virajes.
EL
D
musulmanes difundieron la «vela latina» (la denominación es equívoca, pues puede
IT
hacer suponer que sea de origen latino, cuando en realidad fue un invento de los
IG
orientable, que permitía navegar con viento de costado, mientras las velas más
CA
circunstancia ésta que enlentecía sobremanera las singladuras, encareciendo los fletes.
IO
enciclopedias y obras de divulgación para comprobar que suele ser habitual en la
BI
mayoría de ellas el ignorar el poder naval de la civilización islámica y algunas de las
indudables aportaciones que hizo en el campo de la náutica (Véase José Ruiz
Vázquez: Influencia de la cultura árabe en las ideas geográficas de Cristóbal
Colón, A2JCAI, IHAC, Madrid, 1985, págs. 579584).
El Poder Naval De AlÁndalus
El Islam dispuso de poderosas marinas de guerra, desde principios del siglo IX hasta
fines del siglo XVII. Los Aglabíes (siglo IX) y los Fatimíes (siglo X) contaron con
poderosas escuadras que surcaron el Mediterráneo sin oposición.
Fernand Braudel, el gran teórico del condicionamiento geográfico, especializado en el
Mar Mediterráneo, señala acertadamente que «no parece exagerado el afirmar que fue
en el Mediterráneo donde se desarrolló la aventura marítima y mundial del Islam...
36
Hasta el punto que fueron andalusíes los que conquistaron Creta en el año 825;
tunecinos los que, entre 827 y 902, se instalaron en Sicilia, que conoció entonces un auge
importante. Se convirtió en el corazón del Mediterráneo "sarraceno", con Palermo, su
más bello triunfo urbano, en medio de la Cuenca de Oro, que la irrigación transformará
entonces en un jardín del Paraíso. Los musulmanes se instalaron también en diversos
puntos de Córcega y de Cerdeña, y, por un corto espacio de tiempo, en Provenza;
amenazaron Roma, desembarcando con toda tranquilidad en la desembocadura del
Tíber. Se instalaron sólidamente en las Baleares, archipiélago fundamental para las
relaciones del Oeste del Mediterráneo, escala que permite hacer viajes directos entre
España y Sicilia. "En el Mediterráneo no flota ya ni una tabla cristiana"» (Fernand
Braudel: Las civilizaciones actuales. Estudio de historia económica y social,
Tecnos, Madrid, 1993. "Lo que enseña la geografía. Tierras y Mares del Islam", págs.
5868).
Vikingos en el Guadalquivir
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AlÁndalus contó con poderosas escuadras en Alicante, Almería y Cádiz, y el emir
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cordobés Abderrahmán II reforzó su flota y construyó un arsenal en Sevilla. Eran los
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CI
tiempos, en los que «hasta el madero más pequeño que flotaba en el mar pertenecía al
Islam» (Ibn Jaldún: AlMuqaddimah).
EL
D
Entre 844 y 861 se produjeron varios ataques vikingos (llamados maÿús "magos" por
L
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los musulmanes) contra las costas del sur de alÁndalus. Según el testimonio de
IT
historiadores como Ibn Qutíyya, Ibn Hayyán y alMaqqarí, la marina andalusí causó
IG
estragos entre los vikingos, marinos por demás experimentados, utilizando proyectiles
D
volúmenes (cfr. W. Hoenerbach: La navegación omeya en el Mediterráneo y sus
consecuencias políticoculturales, MEAH, 2, Madrid, 1953, págs. 7398; Jorge Lirola
BL
Universidad de Granada, Granada, 1993).
Los Hermanos Almagrurinos
Estos y muchos otros adelantos en la ciencia náutica permitieron que ocho hermanos
de una familia musulmana de Lisboa, en alÁndalus (hoy Portugal), llamados al
Mugarribún, latinizados como «los Almagrurinos», zarparan hacia el «Mar de las
Tinieblas» (Bahr alDulumat) en el año 1013 379 años antes de Colón, hacia esa
inmensidad también llamada en árabe alBahr alZafit «Mar de pez negra», alBahr al
Ajdar «Mar Verde», alBahr alGarbí "Mar Occidental", o alBahr alMudlim alMuhît
«Mar Tenebroso Circundante o Envolvente», al que los griegos denominaran con el
adjetivo Atlantikós, que recoge en una ocasión alIdrisí, al citar a Aristóteles y
Arquímedes.
36
Tras más de dos meses de navegación llegaron a la isla de los «hombres rojos». Este
hecho tan poco conocido en Occidente fue divulgado por el escritor español Vicente
Blasco Ibañez (18671928) en su obra En busca del Gran Khan y hace pensar si los
hermanos Almagrurinos habrían llegado a tocar en alguna isla oriental de América
(cfr. Ibrahim H: Hallar, Descubrimiento de América por los árabes, Buenos Aires,
1959; Varios autores: AlÁndalus allende el Atlántico, Unesco/El Legado Andalusí,
Granada, 1997. Jorge Lirola Delgado: "Aportaciones árabes al desarrollo náutico
occidental. La navegación andalusí en el Atlántico", págs. 5165).
La marina del Reino Nazarí de Granada
La actividad marítima de los musulmanes de alÁndalus se manifestó desde finales del
siglo VIII, y prosiguió en el IX; se desarrolló en tiempos del emirato y del califato de
Córdoba, y se mantuvo con los reyes de taifas. Es la época de la que Ibn Jaldún ha
dicho que los cristianos no podían hacer flotar ni siquiera un tablero en el
F
Mediterráneo. El poder naval andalusí declinó luego bajo las dinastías africanas de
SE
almorávides y almohades (10901238). A principios del siglo XIII los musulmanes de
IC
alÁndalus iban a perder una parte de su supremacía en el mar. Sin embargo, en la
D
CI
segunda mitad del siglo XIII los musulmanes seguían siendo bastantes poderosos en el
Estrecho de Gibraltar para poder asegurar el paso de cuerpos expedicionarios entre el
EL
Magreb y alÁndalus. Mantenían el dominio del litoral desde Algeciras hasta Almería.
D
Combatieron junto a quince naves del sultán mariní Abu Yusuf Yaqub (g. 12561286).
IG
derrotar la flota castellana en aguas del Estrecho de Gibraltar.
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Precisemos que en cada galera mariní había de trescientos a cuatrocientos hombres,
de los cuales doscientos eran arqueros y ballesteros. Cabe pensar que la tripulación de
IO
los barcos de guerra granadinos no difería de la de sus homólogos mariníes.
BL
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A partir de 1482 Diego de Valera, gobernador de Puerto de Santa María, aconsejaba a
los Reyes Católicos atacar Málaga por mar. Dos años más tarde, preconizaba en una
memoria el empleo de carabelas y de galeotes contra los pequeños barcos
musulmanes que, «con el primero levante», zarpaban y así se escabullían de los
grandes barcos cristianos. Entre los factores determinantes de la victoria cristiana
procede citar la accón continua de la flota aragonesa que vigiló el litoral del reino
nazarí durante el verano de 1482 y el bloqueo marítimo de Málaga en 1487. Véase
36
M.A. Ladero Quesada: Granada. Historia de un país islámico (12321571), Madrid,
1989; Rachel Arié: El Reino Nasrí de Granada, Mapfre, Madrid, 1992.
Marinos Musulmanes En La Costa Azul
Para tener un parámetro de este vastísimo universo, citemos, por ejemplo, que, hacia
840, barcos musulmanes remontaron las orillas del mar Adriático hasta el
archipiélago dálmata y la desembocadura del Po. Al volver hacia el sur, ocuparon la
ciudad de Ancona, situada a doscientos kilómetros de Roma. Asimismo, fue famoso el
enclave naval musulmán de Fraxinetum (Farajsinit), localizado en la actual población
de La Garde Freinet, muy próxima al Golfo de Saint Tropez, en la Provenza, que
sobrevivió entre 888 y 942 (cfr. M. Reinaud: Invasions des Sarracins en France,
París, 1836). Desde allí los musulmanes remontaron el río Ródano y se internaron por
los Alpes, alcanzando los valles italianos, y llegando a localidades como Asti y Acqui,
en el Piamonte. Véase A. Melvinger: Les premières incursions des Vikings en
F
Occident d'après les sources arabes, Uppsala, 1955; Francisco Morales Belda: La
SE
marina de alÁndalus, Ariel Barcelona, 1970; B. Luppi: I Saraceni in Provenza, in
IC
Liguria e nelle Alpi occidentali, Bordighera, 1973.
D
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IT
El Almirante Zheng He
IG
D
Zheng He, Cheng He o Chen Ho (13711435), originalmente llamado Ma SanPao, fue
CA
un almirante musulmán chino de la provincia de Yunán al servicio del emperador Chu
Ti (13601424) —apodado Yung Lo «Alegría Eterna»—, de la dinastía Ming (1368
TE
1644).
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Zhen He era un eunuco de la corte imperial: «...todos los emperadores Ming (y luego
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Quing) utilizaron sistemáticamente a los eunucos, quienes, a su vez, se aprovecharon de
su posición, consiguiendo para sus familiares y adeptos los cargos más lucrativos y
haciéndose pagar por cada favor, hasta para obtener acceso a la persona del emperador.
En la corte de los Ming, los eunucos son los encargados de la seguridad del emperador y
de la familia imperial... En definitiva, son los eunucos los que tienen en su mano el poder
militar, administrativo y comercial y los que, por estar al corriente de todas las intrigas
de palacio, logran conseguir una influencia determinante y sin duda perniciosa para el
emperador, con lo que dejan de ser criados para convertirse en amos infieles» (Varios
Autores: El mundo en el siglo XV. "Las sorpresas de la tierra del Gran Khan", Anaya,
Madrid, 1992, pág. 117)
36
emprendimientos náuticos respondían a un afán comercial y prestigio militar, pero
también a causa de la curiosidad de los marinos del Celeste Imperio basada en el
desarrollo de la técnica naval y de las cualidades de mando e idoneidad de su
comandante en jefe fundamnetadas en la tradición islámica.
Zheng He (en chino quiere decir "eunuco que vale tanto como tres piedras preciosas";
este sobrenombre se lo puso el emperador) lideró siete expediciones navales entre
1405 y 1434, las más importantes en la historia de China hasta el presente.
La primera (14051407), que partió de Nanking (poderosa estación naval artillada)
con 62 naves —con escalas en Fuchou y Cantón—, llegó a Qui Non (Vietnam),
Ayyutahya (capital de Sian fundada en 1350, hoy Tailandia), Malaca, Palembang
(Sumatra), Java, Chittagong (hoy Bangla Desh), Colombo (Ceilán, hoy Sri Lanka) y
Cochín y Calicut, en la costa de Malabar (India).
F
La segunda (14091411) tuvo como único objetivo la captura del rey de Ceilán —que
SE
fue remitido a China con su familia—, pues éste había atacado la flota expedicionaria
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en el viaje previo.
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La tercera (14111412) y la cuarta (14131416) alcanzaron la costa iraní en Ormuz,
EL
Adén, Mogadiscio (Somalía), y los puertos de la civilización musulmana swahili de
D
discovery of Africa, Probsthain, Londres, 1949: «En 1414 una embajada africana de
A
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Malindi (Kenya) hacía llegar al emperador de China diversos presentes, entre los que se
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encontraba una jirafa —que un pintor chino esbozó espléndidamente en una tela de
D
tiempo, el eunuco Chen Ho, que visitó el océano Indico en todas direcciones durante siete
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años de continuos viajes. China enviaba a Africa tejidos, productos manufacturados, en
especial vajilla de porcelana (cuencos, platos, etc.), que ha sido hallada en gran cantidad
IO
en la isla de Songo Mnara (Tanzania) e incluso en las ruinas del interior. La porcelana
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parda, gris y verde data de la época de los Song (dinastía imperial china que gobernó
BI
entre 960 y 1279), y la azul y la blanca, tan famosas, de los primeros años de los Ming.
Luego, a partir del siglo XVI, China pondría fin a esta brillante activiadd marítima. En el
momento en que sus constructores botaban barcos dos veces mayores que los europeos, va
a replegarse sobre sí misma, en una especie de espléndido aislamiento, atribuido por
ciertos autores a la influencia de los mandarines, celosos de la preponderancia creciente
de los eunucos navegantes e inquietos por los usos desacostumbrados que penetraban a
China a causa de sus contactos con los "bárbaros"» (Joseph KiZerbo: Historia del
Africa Negra, 2 vols. Vol I: De los orígenes al siglo XVI. "La costa oriental hasta el
siglo XVI", Alianza, Madrid, 1979, págs. 274275).
La quinta (14171419), la sexta (14211422) y la séptima (14311434) llegaron a los
puntos más distantes como Ÿiddah (Arabia) —desde donde Zheng He se trasladó a La
Meca y Medina para cumplimentar la peregrinación sagrada (alHaÿÿ)— Suakin
(Sudán), y otros del Océano Indico.
36
Estas imponentes flotas imperiales estaban compuestas generalmente por no menos
de sesenta navíos con una tripulación que oscilaba entre los veinte mil y treinta mil
hombres. Cada junco tenía 130 metros de eslora por 60 metros de manga con
cubiertas de una superficie más grande que un campo de fútbol, con cuatro palos y
artillería (bombardas, culebrinas y falconetes), y llevaba 450 hombres —diez veces la
tripulación de la «Santa María», nave capitana de Colón—. También estaba dotado de
un revolucionario timón de popa y velas en estera de bambú.
En esa época no había en Occidente naves semejantes a éstas de la flota de Zheng He.
Sin embargo, no se sabe mucho cómo eran y cómo iban equipadas. Los chinos, que
habían navegado hasta las costas orientales de Africa y el Mar Rojo, y los musulmanes
que iban a la India siguiendo el monzón (ruta seguida más tarde por Vasco de Gama
mediante el pilotaje de Ibn Maÿid), fueron los primeros en el siglo XV de disponer de
los medios técnicos para romper la prisión que encerraba a la ecúmene antigua (del
gr. ikumene, "tierra habitada").
F
SE
Quizá una ventaja de los europeos —que permite explicar su posterior avance— fue
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estar asomados a un océano más riguroso, como el Atlántico Norte, pero la prioridad
D
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europea en la navegación no permite explicaciones simples. Eso sí, si Zheng He no
hubiera muerto repentinamente en 1435 —desapareciendo junto con él todos los
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logros y hazañas de la marina china—, y una hipotética alianza marítima sino
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musulmana hubiera reinado en los mares del Oriente, tal vez se hubiese podido
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impedir las depredaciones de los portugueses en el Indico a principios del siglo XVI.
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Incluso una expedición sinomusulmana hubiese podido arribar a América a través del
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Pacífico antes de 1492 y con ello cambiar el curso de la historia, para mejor.
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Véase Carlo M. Cipolla: Guns and sails in the early phase of European expansion,
TE
14001700, Londres, 1965; Wolfgang Franke: An introduction to the sources of
Ming history, University of Malaya Press, Kuala Lumpur; Joseph Needham: Science
IO
and Civilization in China, vol. IV, 3ª parte: Civil engineering and nautics, Cambridge
BL
University Press, Cambridge, 1971, págs. 475 y ss. y 682695; M. Rossabi: China and
BI
Inner Asia from 1368 to the Present Day, Londres, 1975; L.C. Goodrich y C. Feng:
Dictionary of Ming Biography, Nueva York, 1976; R.W. Unger: The ship in the
medieval economy 6001600, Londres, 1980; A. Chan: The Glory and Fall of the
Ming Dinasty, Norman, Londres, 1982.
La Navegación Astronómica E Ibn Maÿid
Otro aspecto destacable de la tradición náutica musulmana es la de la navegación
astronómica. A este respecto, no hemos de olvidar la larga experiencia acumulada por
los musulmanes en el océano Indico y que culminó en los siglos XV y XVI con el piloto
Shihabuddín Ahmad Ibn Maÿid alNaÿdí (1437?1501?). Este celebérrimo navegante,
que compuso un gran tratado de náutica, el más importante del Islam, llamado Kitab
alFawa’ id fi usul albahr ualqawa’id ("El Libro de los Beneficios relativo a los
Principios y Fundamentos de la Ciencia del Mar", traducido y comentado por el
37
catedrático inglés Gerald R. Tibbetts con el título Arab navigation in the Indian
Ocean before the coming of the Portuguese, The Royal Asiatic Society, Londres,
1981), es de quien se ha dicho que fue el piloto coaccionado a guiar a Vasco de Gama
(14691524) desde Malindi (en la costa oriental de Africa) hasta Calicut (en la costa
sudoeste de la India) en 1498 (cfr. Auguste Toussaint: Historia del Océano Indico,
FCE, México, 1984
Ibn Maÿid, que era hijo y nieto de marinos, y quien según el investigador francés
Gabriel Ferrand (18641935) pertenecía a la escuela shií de pensamiento (ver G. R.
Tibbetts, O. cit., pág. 17), se refiere en repetidas ocasiones a los pilotos que le habían
precedido y a las guías (rahmani) que éstos habían escrito mucho antes que él.
Gracias al cronista portugués João de Barros (14961570), que lo cita en su Década I,
Libro IV, Capítulo VI, sabemos que Ibn Maÿid le mostró a Vasco de Gama un
instrumento que era desconocido en Occidente. Se trataba del kamâl, constituído por
F
un pequeño cuadrado de madera o de cuerno, de cuyo centro salía un hilo graduado
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con un nudo que correspondía (en cada uno dos kamâl) a un determinado ángulo. Su
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práctica era simple: una vez que el observador había escogido el kamâl adecuado,
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tomaba entre los dientes el hilo a la altura del nudo y con el hilo tenso hacía coincidir
la estrella que había elegido con la arista superior del referido cuadrado de madera,
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mientras que la arista inferior rozaba el horizonte. Según la descripción de Barros,
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parece que había un kamâl para cada altura utilizada. Más adelante, el kamâl
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evolucionó y llegó a disponer de un hilo graduado con varios nudos, lo que permitía
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observar las estrellas en varias alturas con el mismo instrumento.
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Vasco de Gama trajo este instrumento de la India y en Lisboa se calculó, para su uso,
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una tabla con una graduación en pulgadas, posiblemente con la participación de dos
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en 1500 (cfr. Varios autores: AlÁndalus allende el Atlántico. O. cit.. Comandante
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António Estácio dos Reis: "La navegación astronómica en los siglos XV y XVI", págs.
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6781).
Desde el siglo VIII al XI, los musulmanes fueron los únicos dueños del Mar
Mediterráneo y en el Océano Indico ejercieron una efectiva talasocracia hasta
principios del siglo XVI, cuando fueron desalojados por los portugueses. Del árabe
provienen los nombres marinos, como almirante, aduana, tarifa, fragata, amarra,
zozobrar, falúa, calafate, azimut, rambla, chalupa, canal, etc., términos que luego se
integraron definitivamente a los idiomas europeos. Por ejemplo, las palabras arsenal,
atarazana y dársena provienen del nombre árabe dar alsinaa, «casa de fabricación».
La Marina Otomana (14701827)
Si investigamos y analizamos concienzudamente la historia del Islam encontraremos
que siempre fue el Occidente y no el Islam quien gestó las guerras y conflictos, desde
37
las Cruzadas (10951291) hasta la invasión del Líbano (1983) y la Guerra del Golfo
(1991), pasando por la ocupación y expoliación de los territorios islámicos, desde el
siglo XVI al XX.
Un ejemplo típico fue un masacre perpetrada a comienzos del siglo XV, cuando doce
galeras al mando del «capitanio» veneciano Pietro Loredan (m. 1439) —luego
ascendido a almirante—atacaron a una escuadra otomana ante Gallipoli, entre los
Dardanelos y el mar de Mármara. Los prisioneros musulmanes capturados en la
refriega fueron ejecutados sobre la marcha.; incluso los griegos e italianos que servían
libremente a bordo de los navíos otomanos resultaron hechos pedazos a golpes de
hacha y maza.
Hacia 1470, medio siglo después, el sultán Muhammad II el Victorioso (14321481)
—conquistador de Constantinopla en 1453—se desquitará de semejante afrenta,
cuando envía trescientas galeras, «una selva sobre el mar», al asalto de la gran base
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veneciana de Negroponto, en la isla de Eubea, en la costa oriental de Grecia, la cual
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fue capturada por los efectivos islámicos. La primera guerra turcoveneciana (1463
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1479) tiene como resultado que los venecianos pierdan definitivamente Eubea y
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deban pagar una suma considerable como indemnización de guerra. A partir de
entonces, la talasocracia otomana será una realidad durante doscientos años y el
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Mediterráneo se convertirá una vez más en un lago musulmán como en la época de
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los fatimíes (cfr. J.H. Pryor: Geography, Technology, and War. Studies in the
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Maritime History of the Mediterranean 6491571, Cambridge, 1988).
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La segunda guerra turcoveneciana (14991503) acabó con resultados catastróficos
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para Venecia luego del revés sufrido en Zonchio, en el mar Jónico. La República de
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Monemvasía que fueron capturadas por los otomanos en 1540), perdiendo Durazzo,
Naupacto, Methoni y Koroni, cuatro puertos importantes para su comunicación con el
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Oriente y Egipto, valiosas bases estratégicas para dominar el Mediterráneo oriental.
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En manos otomanas cae por añadidura el lucrativo comercio con los países del
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Oriente hegemonizado hasta entonces por los venecianos, que será compartido con los
mercaderes judíos y armenios, aliados incondicionales de la Sublime Puerta.
Los corsarios berberiscos
A principios del siglo XVI, varios corsarios musulmanes toman el control de Argel, de
Trípoli y de otros puertos de Berbería, en el Magreb (amenazado por los españoles y
los portugueses desde comienzos del siglo XV), desde donde hacen incursiones de
hostigamiento sobre las costas de Sicilia, Cerdeña y de Italia, y toman el control del
Mediterráneo occidental.
Entre ellos sobresalen dos marinos griegos conversos al Islam originarios de Mitilene
(Lesbos), fundadores del estado de Argel (cfr. J. Monlaü: Les Etats barbaresques,
París, 1973). Son ellos Baba Aruÿ (14741518) y Jidr, llamado también Jairuddín
37
(14761546) y apodado «Barbarroja» por los cristianos. En 1529 Jairuddín desalojó a
las tropas imperiales de Carlos V del islote del Peñón situado en la rada de Argel, y
construyó allí el puerto fortificado.
En 1533, Jairuddín logró evacuar miles de moriscos expulsados de España. El 27 de
mayo de ese mismo año, el adalid de las galeras berberiscas hace su entrada triunfal
en Estambul donde es nombrado al día siguiente beylerbey ("comandante en jefe") de
las islas mediterráneas, por el sultán Suleimán el Magnífico. El 6 de abril de 1534
sería nominado kapudáni dariá ("gran almirante del mar") de la armada otomana
(cfr. André Clot: Solimán el Magnífico, Emecé, Buenos Aires, 1985, págs. 125129;
Soliman le Magnifique, catálogo de la exposición del 15 de febrero al 14 de mayo de
1990 en Galeries Nationales del Grand Palais, París, 1990, pág. 43).
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Mar Egeo a la República de Venecia, arrebatándole veinticinco islas (cfr. P. Preto:
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Venezia e i Turchi, Florencia, 1975). Jairuddín y sus comandantes navales Dragut
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(Torgut Re'is) —un griego converso al Islam—, y Salah Re'is y Sinán Pashá, ambos
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musulmanes de origen judío, derrotaron con veintidós naves a una poderosa escuadra
comandada por Andrea Doria —81 galeras venecianas, 36 pontificias y 50 españolas
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—. La batalla naval tuvo lugar en Preveza, en el mar Jónico frente a la costa epirota,
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el 28 de septiembre de 1538. Hacia 1541, los bajeles de Jairuddín alcanzaban las
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Baleares, Cádiz, la Riviera francesa (Niza) y surcaban las aguas del Danubio. Nunca,
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ni antes ni después de la flota de Barbarroja, llegó el Islam a disponer de semejantes
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nautas y poderío naval (cfr.Miguel A. Bunes y Emilio Sola: La vida y la historia de
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Hayradin, llamado Barbarroja, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1997).
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Antes y después de Lepanto
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Mientras tanto, gracias a los esfuerzos del gran visir de Suleimán, Ibrahim Pashá
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convertido en el cuartel general de los piratas catalanes y malteses, quienes con la
ayuda de los caballeros de San Juan, amenazaban cortar las comunicaciones turcas
con Egipto. Ibrahim fue el artífice de la alianza políticomilitar entre Suleimán I y
Francisco I de Francia en marzo de 1536 dirigida contra los Habsburgo, Venecia y el
Papado (cfr.I.Ursu: La politique orientale de François Ier, París, 1908; R.B.
Merriman: Suleiman the Magnificent, Cambridge, Mass., 1944; Andrew Wheatcrof:
Los Habsburgo. Personalidad de un Imperio, 1998).
Durante la tercera guerra turcoveneciana (15701573), en la cual los otomanos le
arrebatan Chipre a los venecianos, se formó una fuerte coalición entre venecianos,
españoles y el Papa Pío V (20 de mayo de 1571), la Sacra Liga. Estas potencias al
mando del hermanastro del rey Felipe II y represor de los moriscos granadinos, Juan
de Austria (15451578) derrotaron a la armada otomana en la batalla naval de
Naupacto o Lepanto (Grecia), el 7 de octubre de 1571. La diferencia a favor de los
37
cristianos se debió principalmente al empleo de un nuevo tipo de embarcación, la
galeaza, más veloz y mejor artillada. Sin embargo, aunque el combate duró sólo
cuatro horas, debido en parte a que los musulmanes otomanos agotasen la munición,
éstos no se amilanaron ante la adversidad, según testimonios de los propios cristianos:
«se vio a un grupo de jenízaros luchando, cuando su derrota parecía inevitable, "y
cuando no tenían ya más armas con las que atacarnos, reunieron naranjas y limones y
empezaron a arrojárnoslos..."... A pesar de todo, y para horror de los vencedores, los
turcos habían reemplazado todas sus pérdidas en siete meses y pudieron enviar a
Occidente una gran flota de guerra... e incluso resultó posible copiar el "arma secreta" de
los venecianos, pues para abril de 1572 estaban listas para entrar en servicio 200 galeras
y 5 galeazas» (Geoffrey Parker: La Revolución Militar. Las innovaciones militares y
el apogeo de Occidente, 15001800, Crítica, Barcelona, 1990, pág. 126).
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reseñas de estos años vitales de la historia otomana.
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Durante el siglo XVII, otra provocación occidental condujo a un acto de represalia y
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los otomanos desalojaron a los venecianos de Creta. Todo comenzó cuando los
caballeros de San Juan con base en la isla, junto con piratas francos, dálmatas,
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catalanes y mallorquines, comenzaron a asaltar barcos musulmanes indefensos que
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transportaban peregrinos a La Meca asesinando impunemente a las tripulaciones. Por
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tanto, los otomanos inician en 1645 sus operaciones contra Creta, conquistándola al
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constantemente sus flotas perfeccionado la artillería y las técnica de construcción y
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navegación, el quietismo embargaba los ámbitos navieros otomanos.
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Efendi que registra en su crónica la llegada del segundo embajador inglés a Estambul
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en 1593, Edward Barton, y el interés que demuestra por el poderoso navío en que
arribó, superior a cualquier barco de la época (los ingleses había vencido a los 130
bajeles y los 28.000 hombres de la "Armada Invencible" de Felipe II entre el 31 de
julio y el 3 de septiembre de 1588, lo que los convertía en aliados naturales de los
otomanos; cfr. Carlos Gómez Centurión: La Armada Invencible, Anaya, Madrid,
1990): «El soberano del país de la isla de Inglaterra, que se encuentra a 3,700 millas
marinas del Cuerno de Oro de Estambul, es una mujer (Isabel I, 15331603, la hija de
Enrique VIII) que gobierna su reino heredado y mantiene su soberanía con absoluto
poderío...Un barco tan extraño como éste nunca ha entrado en el puerto de Estambul.
Cruzó 3.700 millas marinas y transportando 83 cañones, además de otro armamento...
Era una maravilla de la época digna de ser mencionada» (Selaniki: Nuruosmaniye 184,
citado por A. Refik, Türkler ve Kraliçe Elizabet, Estambul, 1932, pág. 9).
37
La batalla de Navarino
El último episodio donde estuvo empeñada la marina otomana fue en la batalla de
Navarino del 20 de octubre de 1827, cuando la flota turcoegipcia (3 buques de línea,
19 fragatas y otros 50 veleros de diverso porte) al mando de Tahir Pashá fue
derrotada por la escuadra combinada (11 buques de línea y 9 fragatas) de Francia,
Inglaterra y Rusia. La acción se recuerda como la última en la que participaron naves
construidas enteramente en madera.
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Islamólogos, arabistas
y orientalistas (siglos XIIXX)
«Si esto es el Islam, ¿no somos todos musulmanes?».
Johann Wolfgang Goethe
Un esfuerzo de conocimiento del Islam como religión se manifestó en Europa desde el
siglo XII. «La prueba de ello la tenemos en Pedro de Alfonso, judío español bautizado en
F
Huesca en 1106 y convertido en médico del rey Enrique I de Inglaterra (y muerto en
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1110); traductor de obras de astronomía, pero también redactor de la primera obra que
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contenía datos de algún valor objetivo sobre Mahoma y el Islam» (Maxime Rodinson: La
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fascinación del Islam, Júcar, Madrid, 1989, pág. 32).
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Los primeros traductores
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Los primeros estudios fueron llevados a cabo en Cataluña por Gerbert d’Aurillac (938
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1003), convertido en Papa bajo el nombre de Silvestre II en 999.
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En los siglos XIIXIII se potenció aun más la transmisión a Europa de la ciencia y la
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filosofía musulmanas que se desarrollaban en Oriente y en la misma alÁndalus, junto
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por las traducciones de textos árabes al latín que efectuó la escuela de traductores de
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Toledo. Dicha escuela, hasta 1152, reunió a sabios musulmanes, judíos y cristianos
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bajo los auspicios del arzobispo Raimundo de Sauvetat, y alcanzó su apogeo con el
monarca Alfonso X el Sabio, que reinó desde 1252 a 1284 (Véase Francisco Márquez
Villanueva: Concepto cultural alfonsí, Mapfre, Madrid, 1992).
Pedro el Venerable (10941156), abad de Cluny, encargó en 1143 al inglés Roberto de
Ketton o «el Ketenense» (también llamado Roberto de Chester o Robertus Castrensis)
una traducción del Corán (la primera al latín) que proporcionó la base para otras
traducciones europeas hasta el siglo XVII. Esto se produjo casi medio siglo después de
declararse la Primera Cruzada contra el Islam. No se ha logrado establecer si «Petrus
Venerabilis» tenía el objetivo de poder así «refutar el Corán», o si usó este argumento
como pretexto, para protegerse. Lo cierto es que intentó transformar las Cruzadas en
una tarea misionera y no violenta. Pero no menos cierto es que el traductor, Roberto
de Ketton, era «constantemente obligado a intensificar o exagerar un texto inofensivo
para darle un tono desagradable o licencioso o a proferir una interpretación inverosímil
37
pero molesta antes que una más adecuada pero también más normal y decente» (Normal
Daniel: Islam and the West, the Making of an Image, Edinburgh University Press,
Edinburgo, 1960). El Doctor de la Iglesia Bernard de Clairvaux (10911153) —el
impulsor de la Segunda Cruzada— se negó incluso a leer esta traducción (cuyo
manuscrito se encuentra actualmente en la Bibliothèque de l'Arsenal, en París).
Cuatrocientos años más tarde, en 1542/43, Theodor Bibliander ("Buchmann"),
teólogo y sucesor del reformista suizo Huldrych Zwingli (14841531) —el autor de la
obra De vera et falsa religione (1525), reeditó en Basilea la traducción de Pedro el
Venerable. Fue consecuentemente arrestado y sólo pudo recuperar su libertad
mediante la intercesión personal de Martin Lutero (14831546), quien por cierto
escribió el prefacio a la cuarta edición que apareció en Zurich en 1550. Esta primera
versión latina fue volcada al italiano por Andrea Arrivabene, en 1547; la versión
italiana vertida al alemán (Solomon Schweigger, 1616 y 1623, y ésta fue la base para
la versión al holan´des (anónimo, 1641). La primera versión francesa es de André du
Ryer, que fue retraducida al inglés por Alexander Ross (164988, la primera edición
F
del Corán en inglés), al holandés (Glazemaker), al alemán (Lange) y al ruso
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(Postnikov y Veryovkin). Sin embargo, estas traducciones eran parciales y bastante
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defectuosas. Habrá que esperar al siglo XIX para que la traducción del original árabe
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sea la normal, y al XX para encontrar traducciones hechas por musulmanes a idiomas
europeos.
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El lombardo Gerardo de Cremona (11141187) fue a Toledo en busca de manuscritos
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islámicos para traducirlos y añadirlos al tesoro filosófico occidental.
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«Estos préstamos literarios no son de extrañar, ya que Europa atravesó un período de
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intenso contacto intelectual con el Islam después del fracaso de las Cruzadas. La
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espiritualidad europea cambia de táctica política y se lanza entonces, por usar las
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traducciones en masa de los libros de religión y sabiduría musulmana y la fundación de
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secundario, probablemente inesperado: la "islamización" de Europa. (Dicho claro está en
un sentido muy amplio). La intelligentsia cristiana europea aun la más militante no se
puede sustraer a la poderosa influencia intelectual del Islam, que admira en más de un
sentido» (Luce LópezBaralt: San Juan de la Cruz y el Islam, Hiperión, Madrid, 1985,
pág. 13).
Federico II
Mecenas, científico y estadista
Una civilización original había sido fundada por los normandos, en el Mediodía de
Italia y en Sicilia. Este reino apareció de pronto con una cultura nueva y simbiótica
para la Edad Media cristiana y un estado político extraordinario para el occidente
feudal. Los dominios de Roger II tomaron el nombre del Reino de las Dos Sicilias
37
porque la parte meridional de Italia fue conocida como «Sicilia a este lado del cabo de
Faro».
En 1194 el poder normando en Sicilia, pasó a manos de la casa de los Hohenstaufen
("Alta Staufen", un castillo y aldea de Suabia). Esta familia reinará entre los siglos X y
XIII en Suabia (en alemán, Schwaben; en latín, Suevia), ducado medieval al suroeste
de Alemania, en lo que hoy es BadenWürttemberg y algunas zonas de Baviera y
Suiza. La región era conocida en la antigüedad como Alamania.
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Si se abarca en conjunto la vida y obra de Federico II, se reconoce rápidamente a qué
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punto el emperador suabo ha cambiado las tradiciones sobre las cuales vivía el mundo
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desde el fin de la época carolingia (siglos VII al X). Entre él y su abuelo Barbarroja hay
ciertamente un abismo. Federico I (ahogado en el río Cydnos, en Anatolia, en 1190,
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cuando intentaba sumar su ejército teutón a la tercera cruzada) es el emperador
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medieval por excelencia, un rey de los romanos análogo a todos sus predecesores,
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encarnación del orden feudal europeo. Lo que caracteriza sobre todo la renovación
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enfrentamiento con la Iglesia y el Papado, es el predominio de la cultura islámica.
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¿Cristiano revolucionario o idealista criptomusulmán?
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Coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1220, hizo de Sicilia
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monopolios comerciales.
37
los grados, y sobre todo los más altos, a un estado tal que vuelvan a la condición en que
estaban en la Iglesia primitiva, llevando una vida completamente apostólica e imitando
la humildad del Señor. Los clérigos de esos tiempos conversaban con los ángeles, hacían
milagros sorprendentes, curaban a los enfermos, resucitaban a los muertos, reinaban
sobre los reyes por la santidad de su vida y no por la fuerza de las armas. Estos,
entregados al siglo, embriagados de delicias, olvidan a Dios; son demasiados ricos; y la
riqueza ahoga en ellos la religión. Es un acto de caridad aliviarlos de esas riquezas que
los oprimen y los condenan. Que todos se unan a nosotros, dedicándose a esta obra, que
los clérigos abandonen lo superfluo, se resignen a la simpleza, para mejor obedecer a
Dios» (HuillardBréholles: Historia diplomática. Frederici II, 12 tomos, París, 1852
1861, tomo VI, pág. 391). En 1249, acusa frente a la cristiandad entera, al pontífice
Inocencio IV de haber seducido al médico que, en Parma, trató de envenenar al
emperador; invoca el concurso de todos los príncipes para la salvación de «la santa
Iglesia», que tiene, dice, el derecho y la voluntad «de reformar para el honor de Dios».
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El enfrentamiento con el Vaticano comenzó a raíz de la participación de Federico
como comandante general de la sexta cruzada (12281229). Este logró la temporal
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cesión de Jerusalem (hasta 1244) gracias a un acuerdo con el sultán ayyubí alKamil
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Nasiruddín Muhammad (g. 12181238), sobrino de Saladino. EL
El 18 de febrero de 1229 Jerusalem fue entregado al cuidado del emperador
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islámicos. El cadí de Nablus que era su guía fue testigo de cómo Federico expulsó a un
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sacerdote cristiano que había intentado entrar en la Mezquita alAksa. El historiador
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narra este episodio: «AlKamil había ordenado al cadí de Nablus Shamsuddín que
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diese instrucciones a los muecines para que durante la estadía del Emperador en
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Jerusalem no saliesen a los alminares ni lanzasen el llamado a la plegaria en la
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zona sagrada. El cadí se había olvidado de advertir a los muecines, y así, el
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muecín Abdul Karim subió esa noche y comenzó a recitar los versículos coránicos:
"Dios no ha tenido ningún hijo ni hay otro dios junto con El. Sino no, cada dios se habría
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atribuido lo que hubiera creado y unos habrían sido superiores a otros. ¡Gloria a Dios,
que está por encima de lo que le atribuyen!" (Sura 23, aleya 91). Al otro día, el cadí
llamó a Abdul Karim y le informó sobre la orden del sultán, y así, la segunda
noche éste no subió al alminar. A la mañana siguiente, el Emperador llamó al
cadí y le dijo: ¡"Oh, cadí! ¿Dónde está ese hombre que ayer salió al alminar y dijo
aquellas palabras?" El cadí le informó acerca de la recomendación que le había
hecho el sultán.∙"Habéis procedido mal, oh, cadí. Mi principal objetivo en pasar la
noche en Jerusalem era oir la llamada a la oración hecha por el muecín.¿Acaso, si
vosotros estuviéseis junto a mí, en mi país, suspendería yo el repique de las
campanas por vosotros?. Por Dios, no lo hagáis. Distribuyó luego una suma de
dinero entre los agregados que se ocupan del servicio del santuario, los muecines y
devotos del mismo. Sólo permaneció en Jerusalem dos noches, y regresó a Acre,
por temor a los templarios, que querían darle muerte» (cfr. Nilda Guglielmi: El
37
Mundo Musulmán, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires, 1990, pág. 64
65; E. Kantorowicz: Frederick the Second, Londres, 1931; Pierre Bouille: La extraña
cruzada de Federico II, Plaza y Janés, Barcelona, 1970; David Abulafia: Frederick II.
A medieval emperor, Pimlico, Londres, 1992).
El emperador tres veces excomulgado y el adiós a las cruzadas
Por sus simpatías hacia el Islam y negligencia en el cumplimiento de sus deberes de
cruzado fue excomulgado tres veces (1227, 1239 y 1245) por los pontífices Gregorio
IX e Inocencio IV bajo los cargos de «Anticristo», «islamófilo y arabizante»,
«desobediente de los dictados pontificios», «ateo» y muchos más.
Sin embargo, la cruzada del César excomulgado tuvo una consecuencia muy
importante que seguramente él había previsto y buscado. Ese acercamiento pacífico
entre Europa y Asia, entre el Islam y la Cristiandad, modificó las ideas que habían
F
nutrido a la Edad Media desde el tiempo de Pedro el Ermitaño. El prejuicio de la
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cruzada se disipó el día que se comprendió que no era necesario cubrirse con una cruz
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y correr a un estéril martirio para obtener que la cuna y la tumba de Jesús (la Paz sea
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con él) fuesen un territorio sagrado enclavado en tierra musulmana. La empresa de
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1229 marcó el término de la cruzada ecuménica. Ya no se verá a la cristiandad
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estremecerse y rebelarse pensando en los dolores de Jerusalem. Desde ese momento
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Alemania e Italia, por consiguiente el sacro imperio romano germánico, renuncian a
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Palestina. Y ya no será en Jerusalem, sino en Egipto (12491254), luego en Túnez
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(1270), donde el último de los reyes cruzados, san Luis IX de Francia, intentará
IG
recuperar la llave del Santo Sepulcro, empresa que le costará la vida. Pero lo que
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desde entonces perdió la cristiandad en entusiasmo, la Santa Sede debía perderlo en
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prestigio. En adelante y hasta el siglo XVI, cada vez que llame a los pueblos y
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príncipes a la cruzada, ostentará su propia impotencia, vox clamantis in deserto.
IO
Discípulo de sabios musulmanes y judíos
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BI
El sultán alKamil quedó fascinado de hallar un monarca europeo que entendía el
árabe, leía el Sagrado Corán y apreciaba sobremanera la literatura, ciencia y filosofía
islámicas. A partir de entonces, y durante los siguientes veinte años, las cortes de El
Cairo y de Palermo mantuvieron un permanente y enriquecedor intercambio
diplomático y cultural.
Federico (en alemán Friedrich: "Señor de la paz") era un erudito que hablaba cinco
lenguas fluidamente (latín, griego, alemán, francés y árabe). En 1229, el emperador,
al tiempo que negociaba con el sultán en El Cairo, cargaba a los embajadores y
cortesanos musulmanes de preguntas sabias para los doctores de Arabia, Egipto y
Siria.
Más tarde interrogaba también sobre los mismos puntos de metafísica a Yehuda Ben
Salomón Cohen, autor de una enciclopedia, llamada en latín Inquisitio sapientiæ ("La
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búsqueda de la sabiduría"). Este místico judío toledano viajó a Italia especialmente y
allí tradujo su enciclopedia del árabe al hebreo, siempre sostenido por el mecenazgo
de Federico. El emperador suabo también tuvo bajo su protección a otros sabios judíos
en su corte de Foggia (Apulia).
Pero con quien tendría el más extraordinario intercambio sería con el místico
hispanomusulmán Ibn Sabín de Murcia (12181269). El orientalista francés Ernest
Renan (18231892) dice sobre el particular: «Uno de los más curiosos documentos de
estas relaciones de Federico con los filósofos árabes, ha sido descubierto por Michele
Amari (islamólogo italiano que vivió entre 18061882). Hacia el año 1240, el
emperador envió a los sabios de los diversos países musulmanes una serie de cuestiones
filosóficas, acerca de las cuales parece que no se le dejó satisfecho. Dirigióse en su
desesperación, al califa almohade alRashid (g. 12321242), para descubrir la morada
de Ibn Sabín de Murcia (localizada más tarde en Ceuta) que era entonces el más célebre
filósofo del Magreb y de España y hacerle cumplir su programa. El texto árabe de las
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SE
cuestiones de Federico y las respuestas de Ibn Sabín nos ha sido conservado en un
manuscrito de Oxford, bajo el título de "Cuestiones sicilianas". La eternidad del mundo, el
IC
método que conviene a la metafísica y a la teología, el valor y el número de las
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categorías, la naturaleza del alma: he aquí los puntos acerca de los cuales el emperador
pedía luces a los infieles» (E. Renan: Averroes y el averroísmo, Hiperión, Madrid,
EL
1992, pág. 200).
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«¿Aristóteles, preguntaba Federico, ha demostrado la eternidad del mundo? Si no lo ha
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hecho, ¿qué valen sus argumentos? ¿Cuál es el fin de la ciencia teológica y cuáles son los
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principios preliminares de esta ciencia, si tiene principios preliminares, esto es, si depende
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de la razón pura? ¿Cuál es la naturaleza del alma? ¿Es inmortal? ¿Cuál es el índice de su
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inmortalidad? ¿Qué significan las palabras de Mahoma: "El corazón del creyente está
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entre los dedos del Misericordiosísimo?» (del artículo de Michele Amari en el Journal
IO
Asiatique, pág. 240 y sigs., París, febreromarzo de 1853).
BL
Un astrólogo escocés en la corte de Federico
BI
El polímata escocés Miguel Escoto (11751236) fue atraído a la Sicilia islamizada del
emperador alemán Federico II donde estudió alquimia, química, ocultismo, metalurgia
y filosofía. En poco tiempo se convirtió en el astrólogo oficial de la refinada corte
suava. Previamente, Miguel Escoto había peregrinado en busca de conocimientos por
España e Italia. Lo hallamos en Toledo en 1217, en Bolonia en 1220, en Roma en
12241227, y en adelante en Palermo, Foggia o Nápoles (12281235). Su primera
traducción importante fue la Esférica del astrónomo sevillano alBitruÿí (m. 1204) —
el Alpetragio de los latinos—, que era una crítica de Claudio Ptolomeo.
En la Universidad de Nápoles (fundada por Federico II en 1224), Escoto tradujo al
latín los comentarios aristotélicos del filósofo y médico cordobés Averroes (1126
1198) con la ayuda del filósofo judío francés Jacob Anatoli (11941258) que los
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traducía al hebreo (cfr. Lynn Thorndike: History of Magic and Experimental
Science, Nueva York, 1929, págs. 319328).
El Novellino y las tres religiones monoteístas
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desdeñada y se borra con la intención recta de la conciencia. Le han denunciado a
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Federico un herrero «que trabajaba en su arte todo el tiempo, sin respetar domingos, ni
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día de Pascua, ni ninguna otra fiesta, por grande que fuera» (Novellino, 139). El
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emperador en su calidad de «dueño y señor de la ley», llama al artesano y lo interroga.
«Necesito ganar cuatro sueldos por día; doy doce denarios a Dios, doce a mi padre para
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vivir, porque es tan viejo que no puede ganar su sustento; otros doce a mi mujer y los
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doce restantes son para mis gastos». El emperador oyendo su narración, sonrió y le
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dijo: «Anda buen hombre, has sido más fuerte que todos mis sabios. ¡Qué Dios te dé
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suerte!». El herrero volvió pues a su casa sano y salvo, y dueño de hacer lo que
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quisiera.
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Frente a Federico II encontramos en el Novellino a Salahuddín alAyubí (11381193),
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más conocido como Saladino, el sultán de la tercera cruzada, «muy noble señor,
valiente y liberal». Por él, el Islam cumple un gran papel al lado de la religión
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cristiana; da también a su tiempo una lección de piedad a los caballeros cristianos. Un
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día de tregua, Saladino hizo una visita al campo de los cruzados. Vio a los señores
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comiendo en las mesas «cubiertas con manteles blanquísimos»; vio la comida del rey de
Francia y elogió mucho ese orden. «Pero viendo a los pobres miserablemente en tierra,
condenó eso enérgicamente diciendo que los amigos del Señor Dios comían de una
manera más vil que los otros». Después llegó a los cruzados el turno de ir al campo de
Saladino. El sultán los recibió en su tienda, donde pisotearon una alfombra con
dibujos de cruces; «escupían encima como sobre la tierra desnuda». Entonces él los
reprendió severamente: «Predicáis por la cruz, y venís a ultrajarla ante mis ojos; no
amáis a vuestro Dios más que con palabras y en apariencia, no en acción» (Novellino,
71).
Otra de las historias trata de la fe judía. Saladino, necesitando dinero para continuar
la guerra santa contra los cruzados, llamó a un rico judío para confiscarle parte de su
fortuna y destinarla para ese emprendimiento. Pero, el indulgente soberano
musulmán quiso concederle una alternativa al comerciante y le propuso un acertijo.
38
Le preguntó cuál era la mejor fe; si el judío contestaba: la judía, era menospreciar la
fe del sultán; si decía: la musulmana, era una apostasía; en uno y otro sentido, un
pretexto de confiscación. Pero el judío tenía reservado una historia edificante:
«Excelencia, había un padre que tenía tres hijos y un anillo adornado con una piedra
preciosa, la mejor del mundo. Los tres hijos rogaban al padre que les dejara la sortija al
morir, y el padre para contentar a todos, llamó a un buen orfebre y le dijo: "Señor,
hacedme dos anillos semejantes a éste y colocadle a cada uno una piedra parecida a
ésta". El maestro hizo los anillos tan parecidos que nadie fuera del padre, podía
distinguir el verdadero. Llamó aparte a cada uno de sus hijos, y le dijo el secreto a cada
uno, y, cada uno, creyó recibir el verdadero anillo, que el padre solo conocía bien. Es la
historia de las tres religiones, excelencia. El Padre que las ha dado sabe cuál es la mejor,
y cada uno de sus hijos, es decir nosotros, creemos que tenemos la buena». El sultán
quedó maravillado, y dejó que el judío se marchara sin pedirle nada (Novellino, 112).
«Il Novellino può considerarsi un anticipazione del Decameron e la piu espressione dello
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spirito italiano all'inizio della prosa letteraria in volgare» (Enciclopedia Italiana di
Scienze, Lettere ed Arti, Rizzoli, Milán, 1951, tomo XXIV, pág. 1001).
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Mecenas de lo plural y lo múltiple EL
Federico II demostró, con la conducta de toda su vida, hasta qué punto convenía el
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eclecticismo, el racionalismo, la tolerancia, la búsqueda del conocimiento «hasta en la
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consejeros permanentes de su corte. Supo conservar, con la religión dominante de
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Occidente, perpetuos retornos al Islam. Eso le posibilitó una amplia y fructífera gama
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de alianzas y proyecciones que redundaron en beneficio de su reino y de su pueblo.
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Así, se integraron a su ejército musulmanes, judíos y albigenses, griegos, armenios e
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1240), el primer algebrista cristiano, discípulo de un profesor musulmán de Bugía
(Argelia), y gran viajero en Egipto, Siria y Grecia, desarrolló el tratado Algoritmi de
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numero indorum del matemático persa alJuarizmí (m. 863) en la corte de Federico;
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tránsfugas del Mediodía francés, trovadores o rabinos provenzales, que llevaban los
recuerdos de una comarca como el Languedoc (cuna de la "lengua de oc") donde la
civilización caballeresca se había acomodado a partir de la llegada de los musulmanes
a principios del siglo VIII, pululaban en plena libertad por las calles de Palermo,
Lucera, Capua o Nápoles. Con la ayuda de todos esos espíritus libres o de esos
descontentos, Federico hizo ver a la Edad Media, en la hora en que la escolástica
adquiría mayor brillo en Francia y censuraba el estudio de la filosofía y la
investigación racionalista fomentadas por los profesores y estudiantes averroístas que
serían encabezados por Siger de Brabante (¿1235?1281/84), que el pensamiento del
hombre, librado de la rigidez y el anquilosamiento teológico, podía escrutar los
secretos de Dios, interrogar los misterios del alma, descubrir las leyes de la naturaleza
y volver transformado en un creyente más sincero y bondadoso.
38
Finalmente, sería en la gran Sicilia plural y múltiple donde el latín vulgar dejaría de
ser tal y comenzaría su transformación en el italiano, llevado y utilizado por hombres
cultos de Toscana, lo que daría lugar en el trecento a la obra excelsa de Dante
Alighieri (12651321) y Francesco Petrarca (13041374).
Los hijos de Federico
Uno de los numerosos hijos que tuvo Federico fue Enzio (12241272), un hombre
muy perspicaz y valiente. «Federico II, eficazmente ayudado por su hijo Enzio, dio una
vez más pruebas de su energía y habilidad... El Papa convocó en un Concilio en Roma
para condenar solemnemente a su enemigo, reuniéndose todos los prelados en Génova,
donde se embarcaron con su séquito en 27 naves, pero Enzio les salió al encuentro con su
flota (3 de mayo de 1241) y se apoderó de 22 navíos, haciendo prisioneros a 100
cardenales, arzbispos, obispos, abades y a 4000 ciudadanos genoveses, sin contar otros
2000 que se ahogaron» (Enciclopedia EspasaCalpe, Madrid, 1993, tomo 23, pág.
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524). Enzio fue uno de los más famosos jefes del partido gibelino (italianización del
SE
nombre Waiblingen, un señorío de los Hohenstaufen; facción opuesta a los güelfos, a
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su vez corrupción de Welf, los duques de Sajonia y Baviera favorables a Roma) que
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apoyaba incondicionalmente a los Hohenstaufen contra el papado. Capturado en
1249, fue confinado de por vida en el palacio del podestá (gobernador) de Bolonia.
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El hijo favorito de Federico y príncipe heredero fue Conrado IV Hohenstaufen, nacido
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en 1228. Rey de Germania (12371254), fue el último gran emperador de la dinastía
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Hohenstaufen del Sacro Imperio Romano Germánico. Al morir Conrado, en 1254,
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Manfredo (12321266), otro hijo de Federico II, se adjudicó la regencia de Sicilia en
D
nombre de su sobrino, el infante Conradino (Conrado II de Sicilia). El papa Alejandro
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IV le excomulgó y otorgó esa dignidad al hijo de Enrique III de Inglaterra, Edmundo,
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en 1255.
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Manfredo entonces derrotó con la ayuda de los musulmanes mamelucos a las tropas
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pontificias en el año 1257 y se convirtió en señor de Nápoles y Sicilia. Fue coronado
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en Palermo el 10 de agosto de 1258, tras los rumores del fallecimiento de Conradino.
Entonces fue excomulgado de nuevo por el papa Alejandro IV, esta vez por «servir los
intereses de los herejes sarracenos» (nombre con el que los europeos bajomedievales
designaban a los musulmanes y que parece provenir del término árabe sharqiyyín:
"orientales").
Más tarde, Manfredo, aliado con los gibelinos, derrotó a los güelfos en Montaperti en
el año 1260 y conquistó la Toscana. Fortaleció su posición al prometer en matrimonio
a su hija Constanza con el infante Pedro de Aragón, futuro Pedro III de Aragón. Pero
su excomunión fue renovada por el nuevo papa Urbano IV el cual, considerando que
debía ser anulado el acuerdo entre Alejandro IV y Edmundo, ofreció la corona de
Sicilia a Carlos de Anjou. Manfredo murió el 26 de febrero de 1266 en la batalla de
Benevento, en el reino de Nápoles, peleando contra las fuerzas francesas y pontificias.
38
El sirio Ÿamaluddín Muhammad Ibn Uasil (12071298), diplomático y jurista, dejó
una crónica del período ayyubí y del comienzo de la era mameluca llamada Mufarriÿ
alkurub fi ajbar bani Ayyub (ed. H.M. Rabie, El Cairo, 1979). En 1261 fue enviado
como embajador del sultán mameluco Baibars (12231277) a la ciudad italiana de
Barletta (a mitad de camino entre Foggia y Bari), a entablar una alianza con
Manfredo. Ibn Uasil describe a Manfredo como «un hombre distinguido, amante de las
ciencias especulativas que conocía a fondo las diez proposiciones del Libro de Geometría
de Euclides».
Un precursor del empirismo y la modernidad
Federico fue un defensor del libre albedrío y de la investigación de las ciencias basada
en la experiencia. La gran escuela de Salerno, protegida por el emperador, renovaba
para el Occidente los estudios médicos, según los métodos de la ciencia musulmana,
la observación directa de los órganos y las funciones del cuerpo humano, la búsqueda
F
de las plantas saludables, el análisis de los venenos, el experimento de las aguas
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termales, los secretos de la dieta. En el centro salernitano estudiaban hombres y
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mujeres (algo inimaginable en el resto de Europa) las enseñanzas y métodos de los
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médicos del Islam: arRazí o Razes (844926), Abu Yaqub Ishaq Ibn Suleiman alIsrailí
(855955), Alí Ibn alAbbás alMaÿusí (m. 994), el Haly Abbás de los latinos, Ibn al
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Ÿazzar (9311009), Abulcasis (9361013) y Avicena (9801037).
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matrícula. Fijó en cinco años el curso de medicina y cirugía. Hizo estudiar las
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propiedades de los manantiales calientes de Puzzuoles. El mismo daba prescripciones
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a sus amigos e inventaba recetas. Le traían de Asia y de Africa los animales más raros
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y estudiaba sus costumbres: el libro De arte venandi cum avibus que se le atribuye, es
un tratado de cetrería inspirado en fuentes árabes, sobre anatomía y educación de las
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aves de caza.
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Parecer ser que criaba niños en el aislamiento para ver qué idioma inventarían, el
hebreo, el griego, el árabe, el latín, o el idioma de sus padres, según lo detalla el fraile
franciscano Salimbene di Adam (12211290) en su crónica XII scelera Friderici
imperatoris escrita en 1248. Por ejemplo, hacía sondar por sus buzos los remolinos del
estrecho de Messina; se preocupaba de la distancia que separa la tierra de los astros.
Los monjes se escandalizaron por esta curiosidad universal; veían en ella señales de
orgullo y de impiedad; Salimbene la califica con inefable desdén, de perversidad
maldita, de presunción malvada, de locura (Crónica, 169, 170, escrita entre 1282
1290).
38
observación experimental, debía ser largo tiempo todavía la única provincia de la
cristiandad donde el hombre contemplara, sin inquietud, tanto los fenómenos y las
leyes del mundo visible como del oculto.
La asimilación y aplicación por parte de Federico de los principios racionalistas de
Averroes explica las motivaciones de semejante praxis. Para el filósofo cordobés fe y
razón son una armonía y no los opuestos que concebía la miopía escolástica de la Alta
Edad Media: «Que la revelación invite a considerar por la razón (bilaql) los seres
existentes y a buscar por medio de ella su conocimiento, es cosa bien manifiesta en más
de una aleya del Libro de Dios. Así, por ejemplo, dice: "Considerad, ¡oh vosotros, los que
tenéis entendimiento" (Corán, 592). Este es un texto que prueba la necesidad de emplear
el raciocinio intelectual (alqiyas al'aqlí), o el racional y el religioso a la vez (al'aqlí wa
lshar'í ma'an). Asimismo, dice en otro lugar: "Y porqué no ponen su atención en el reino
de los cielos y de la tierra y en lo que Dios creó" (Corán, 7184). Este es también un texto
que exhorta al estudio reflexivo sobre todos los seres» (Fasl alMaqal, "Doctrina decisiva
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y fundamento de la concordia entre la revelación y la ciencia"; trad, castellana por M.
Alonso: La teología de Averroes, CSIC, Madrid, 1947, págs. 150151).
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El 13 de diciembre de 1250 Federico II fallecía en el castillo de Fiorentino (Apulia).
«La túnica con la cual fue sepultado, estaba bordada en oro con inscripciones arábigas»
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(Emir Emin Arslan: Los Arabes, Sopena, Buenos Aires, 1943, pág. 102). Véase
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Eugenio Montes: Federico II de Sicilia y Alfonso X de Castilla, Madrid, 1943.
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Siger de Brabante
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hombre muy sabio. Los fragmentos subsistentes de sus obras citan a alKindí, al
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Farabí, alGazalí, Avicena, Avempace, Ibn Gabirol, Averroes y Maimónides. En una
serie de comentarios sobre Aristóteles y en un opúsculo de controversia llamado
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«Contra esos hombres famosos en filosofía, Alberto y Tomás», Siger sostenía que san
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Alberto Magno y santo Tomás de Aquino interpretaban falsamente al filósofo griego y
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que Averroes lo hacía correctamente. Que Siger tenía muchos seguidores en la
Universidad de París se deduce de la presentación de su candidatura al rectorado en
1271, aunque no prosperó. Nada puede probar mejor la fuerza del movimiento
averroísta en París que los repetidos ataques de Etienne Tempier, obispo de la ciudad
a orillas del Sena. En octubre de 1277 Siger fue condenado por la Inquisición. Sus
últimos días transcurrieron en Italia como preso de la curia romana. Entre 1281 y
1284 fue acuchillado en Orvieto (Umbría) por su amanuense, calificado como un
monje «medio loco» por la versión eclesiástica. Hay razones para creer las versiones
de diversos historiadores que señalan la complicidad de la curia en la muerte de Siger.
Franciscanismo e Islam
Cuando a fines de agosto de 1219, la quinta cruzada acosaba la ciudad egipcia de
Damietta, en el delta del Nilo, se produjo un memorable encuentro entre el ilustre
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religioso italiano San Francisco de Asís (11821226) y el sultán alKamil, quien, como
ya vimos, más tarde haría la alianza con Federico II. «Horrorizado por la furia con que
los cruzados mataban a la población musulmana en la toma de Damietta, Francisco
regresó a Italia enfermo y entristecido» (P. Sabatier: Life of St. Francis of Assisi,
Nueva York, 1909, pág. 229). A partir de entonces, franciscanos y musulmanes
protagonizarían una relación fructífera en intercambios de la que abundan ejemplos
singulares (cfr. Maximiliano Roncaglia: St. Francis of Assisi and the Middle East,
Franciscan Center of Oriental Studies, El Cairo, 1957).
El teólogo y filósofo inglés Alexander de Hales (1170 a 11851245), llamado el Doctor
Irrefragabilis, entró en la orden franciscana en 1236, y fue uno de los primeros
escolásticos que aceptó la influencia de la filosofía islámica. Su discípulo, Jean de la
Rochelle (m. 1245), catedrático de la Universidad de París, profundizó los estudios
sobre el Islam y adoptó postulados averroístas.
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El sabio inglés y sacerdote franciscano Roger Bacon (12141294), llamado el Doctor
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Mirabilis, dice: «La filosofía fue renovada principalmente por Aristóteles en lengua
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griega, y después por Avicena en lengua árabe».
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El franciscano Ramon Llull o Raimundo Lulio (12351316), gran conocedor de la
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lengua y la cultura árabes, preconizó la creación de un centro de estudios islámicos
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para la enseñanza de misioneros en Roma. Roger Marston, otro franciscano inglés,
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que estudió en París, y que fue profesor en Oxford, también aceptó la noción
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aviceniana de la inteligencia activa, y al igual que Bacon, la identificó con el Dios que
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había inspirado e iluminado el alma de San Agustín (354430). Es en conexión con
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Marston y sus ideas, como el filósofo y medievalista francés Etienne Gilson (1884
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1978) crea la acertada expresión de «agustinismo avicenizante» (cfr. E. Gilson: Roger
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Un caso excepcional es el misionero franciscano Oderico da Pordenone (12651331),
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nativo del Friul. Sus travesías por países musulmanes y el Oriente son tan fabulosos
como reales. Viajero incansable durante casi dieciséis años (13141330) y
contemporáneo de Ibn Battuta (13041377), con quien estuvo muy cerca de
encontrarse, recorrió en su itinerario de ida desde Italia, Turquía, Irán (Sultaniyya,
Kashán, Yazd, Shiraz y Ormuz), India (Malabar), Sumatra, Java, Borneo y China;
volviendo a través del Tibet, el Jorasán y Armenia. Sus libro de viajes fue plagiado en
gran parte por un aventurero de dudoso origen llamado Sir John Mandeville o Jean
de Bourgogne (Saint Albans, 1300Lieja, 1372) que escribió una crónica, aunque
parece que fue un impostor y nunca viajó al Oriente (cfr. Oderico da Pordenone:
Relación de Viaje, Introducción y notas de Nilda Guglielmi, Editorial Biblos, Buenos
Aires, 1987; The Travels of Sir John Mandeville, Penguin, Londres, 1983).
Uno de los franciscanos que orientaron su atención, gracias a la obra de Llull, hacia la
fe y el pensamiento del Islam, fue el célebre Fray Anselmo Turmeda (13521432).
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Nacido como su maestro en la isla de Mallorca, se hizo musulmán con el nombre de
Abdallah alTarÿumán ("El traductor") y fijó su residencia en Túnez. Hacia 1420
escribió un libro apologético del Islam que fue traducido al castellano del árabe por
Míkel de Epalza, con el título Fray Anselm Turmeda (‘Abdallah alTarÿumán) y su
polémica islamocristiana, Hiperión, Madrid, 1994. «Hacia 1432 murió entre los
musulmanes con fama de virtuoso. Siendo sepultado honoríficamente, y
conservando todavía hoy su sepulcro un prestigio de santidad que le hace meta de
visitas y peregrinaciones» (cfr. Cristóbal Cuevas: El pensamiento del Islam.
Contenido e Historia. Influencia en la Mística española, Istmo, Madrid, 1972.
Otro franciscano lulista fue Fray Raimundo de Sabunde (m. 1436), que estudió las
obras de Averroes e Ibn alArabi.
Peregrinos de Occidente: desde Jacobo de Ancona a Ludovico Vertomano
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La aventura, la curiosidad, la búsqueda del conocimiento, la redención y la piedad
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fueron motores de numerosos europeos medievales y renacentistas para incursionar
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en el Oriente, cercano, medio y lejano.
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Uno de ellos fue el hasta ahora desconocido Jacobo Ben Salomón de Ancona (1221
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1281?), un mercader judío italiano que realizó entre 1270 y 1273 un gigantesco
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itinerario desde su nativa Ancona (Italia), pasando por Ragusa (Dubrovnik), Creta,
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Rodas, Damasco, Bagdad, Basora, Cormosa (Ormuz, hoy Bandar Abbás, Irán),
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Cambay (Gujarat, India), Ceilán (Sri Lanka), Singapur, hasta la impensable Zaitún
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importante del Lejano Oriente en poder del mongol Kublai Jan (12151294), un
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soberano budista muy tolerante con todas las creencias y mecenas de la literatura y
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las artes. Jacobo hizo su trayecto de regreso volviendo sobre sus pasos hasta el
Océano Indico pero desviándose luego hacia el suroeste, cruzando por Adén, el Mar
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Rojo, El Cairo, Alejandría hasta su Italia natal. Su epopeya es anterior a los viajes de
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Marco Polo (12711295), Oderico da Pordenone (12651331) y de Ibn Battuta (1325
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1349), quienes también llegaron hasta la lejana Zaitún (en árabe significa olivo),
llamada «La ciudad de la luz»: «La rada de Zaitún es una de las mayores del mundo o
—mejor dicho— la mayor. Allá vi cien enormes juncos, aparte de incontables
embarcaciones menores. Es una inmensa bahía que penetra en tierra hasta confundirse
con el gran río (Sikiang, "río del oeste", 2.100 km). En este lugar, como en toda China,
cada habitante dispone de un huerto en cuya mitad tiene la casa, lo mismo que, entre
nosotros, sucede en Siÿilmasa. Por eso sus ciudades son tan extensas. Los musulmanes
habitan en una ciudad separada» (Ibn Battuta: A través del Islam, Alianza, Madrid,
1988, págs. 725726). La historia de Jacobo de Ancona fue descubierta e investigada
por el erudito judío británico David Selbourne y nos permite acceder a detalles poco
conocidos del mundo islámico del siglo XIII (cfr. David Selbourne: The City of Light.
Jacob d'Ancona, Little, Brown and Company, Londres, 1997).
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En agosto de 1384 trece florentinos emprendieron el camino a Tierra Santa. Uno de
ellos fue Simone Sigoli que nos brinda este testimonio de Damasco: «Ahora bien,
pensad qué noble cosa debe ser ver todo esto; algo que la lengua no podría describir ni
pensar el corazón». Su compañero Leonardo Frescobaldi al hablar del mar de Galilea
subraya que no tiene agua salada, sino «dulce, fina y buena para tomar, casi como la de
los lagos de Italia». Sobre Damasco agrega: «Allí se encuentran, entre otras flores,
violetas y rosas más odoríferas que las nuestras». Al mencionar de la ciudad palestina
de Gaza dice que es «muy industriosa, allí se realizan las más finas piezas de vidrio»
(cfr. Visit to the Holy Places of Egypt, Sinaï, Palestine and Syria in 1384, by
Frescobaldi, Gucci and Sigoli. Traducida del italiano por Theopilus Bellorini y
eugene Hoade, Franciscan Press, Jerusalem, 1948; Nilda Guglielmi: Guía para
viajeros medievales. Oriente. Siglos XIIIXV, Programa de Investigaciones
Medievales. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Buenos Aires,
1994, págs. 70 y 103).
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Niccoló dei Conti (13791469), por su parte, salió de Venecia en 1414 y visitó
SE
Damasco, Bagdad, Cambay, el Decán, Coromandel, Ceilán, Sumatra, Java, hasta Ava
IC
(sobre el río Irrawaddy, a 10 km al suroeste de Mandalay, capital hasta 1783, hoy en
D
CI
ruinas) en Birmania, retornando por el valle del Ganges, Adén, Ÿidda (Arabia) y El
Cairo, llegando a Venecia en 1444. Durante su viaje de casi treinta años en Oriente
EL
logró conocer profundamente la cultura y la fe islámica y se hizo musulmán. Como
D
pena de haber renunciado al cristianismo, fue obligado por el Pontífice Eugenio IV
L
A
Bracciolini (13801459), los sucesos de su derrotero, los cuales se publicaron en 1723
IG
con el título Historiae de varietate fortunae (cfr. Girolamo Adorno y Girolamo da Santo
D
Stefano: Viaggi in Persia, India e Giava di Niccolò dei Conti. a cargo de Mario
CA
Longhena, Milán, sin fecha).
TE
Ludovico Vertomano o Vartomanus —también Varthema o Bartema— (14701510?)
IO
fue un gentilhombre oriundo de la ciudad de Roma y el primer cristiano que visitó La
BL
Antioquía, Damasco (8 de abril). Vertomano en su relación de viaje calcula que la
caravana de peregrinos damascenos estaba integrada por cuarenta mil almas y treinta
y cinco mil camellos con una escolta de tres companías de guerreros mamelucos que
tuvieron que estar combatiendo durante todo el camino hacia las dos Ciudades Santas
contra los beduinos del desierto hiÿazi, abatiendo a numerosos enemigos, y sufriendo
leves bajas. «Si alguno preguntara —dice el autor— cuál fuese la causa de hacer este
viaje, ciertamente no podré darle mejor razón que el ardiente deseo de conocer, que a
tantos otros movió a ver el mundo y los milagros de Dios que lo conforman» (Navigation
& Voyages of Lewes Werthomanus to the regions of Arabia, Persia, Egypt, Syria,
Ethiopia, and East India, both within and without the River of Ganges,
containing many notable and strange things both Historical and Natural.
Traducida por Richard Eden, Londres, 1576). Esta declaración es una de sus tantas
imposturas, pues Vertomano era un mercenario al servicio del colonialismo portugués
como veremos. Luego de fingir realizar las ceremonias de la peregrinación (haÿÿ) en
38
Medina y La Meca, escapó hacia el puerto de Ÿidda sobre el Mar Rojo y embarcó hacia
Irán. Tras sufrir distintas peripecias en Yemen y Adén llegó al Golfo Pérsico donde es
evidente que hizo un relevamiento de las defensas del puerto iraní de Ormuz que
sería atacado y conquistado por los portugueses en 1514 hasta que fueran desalojados
por el ejército (integrado por muchos armenios) del safaví Abbás el Grande en 1622.
Vertomano se dirigió entonces a la India y al archipiélago malayo donde también llevó
a cabo tareas de espionaje contra los musulmanes en Sumatra, Java, Borneo, hasta las
Molucas (las islas de las codiciadas especias), examinando cuidadosamente la plaza
fuerte del sultanato de Malaca (en el actual Singapur), que sería capturada por
Alfonso de Albuquerque (14531515) en 1511 y retenida hasta 1641, cuando el
dominio lusitano sería reemplazado por el holandés (cuya importancia estratégica no
pasó por alto a los ingleses que la ocuparon entre 17951965). El escritor austríaco de
origen judío Stefan Zweig (18871942) nos narra una de las colaboraciones de
Vertomano a la corona lisboeta: «A la vuelta, disfrazado de monje mahometano, se
entera en Calicut (en la actual Kerala, sobre la costa de Malabar, India), por boca de
F
dos cristianos renegados, del planeado ataque del zamorín (príncipe) contra los
SE
portugueses. Animado de solidaridad cristiana, corre a reunirse con los lusos... Cuando el
IC
16 de marzo de 1506 los doscientos barcos del zamorín esperan caer por sorpresa sobre
D
CI
los once de los portugueses, éstos ya están dispuestos para la defensa» (S. Zweig:
Magallanes. Historia del primer viaje alrededor del mundo, Editorial Juventud,
EL
Barcelona, 1990, pág. 34).
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A
Vertomano retornaría a Europa en 1507 vía el Cabo de Buena Esperanza, ignorándose
IT
la suerte que corrió después de 1510.
IG
D
Veamos cuál era la naturaleza de la conquista portuguesa de los sultanatos islámicos
CA
de la India e Indonesia a través de la óptica objetiva del historiador alemán Georg
TE
Friederici: «Cuando Albuquerque tomó Goa y envió a sus soldados a saquear la ciudad,
dio orden —que aun tenemos y que además está explicada de su puño y letra— de cazar
IO
por toda la isla a los musulmanes: hombres, mujeres y niños, y matarlos a todos, pues
BL
era su voluntad que no quedase una sola alma musulmana con vida. La cacería humana
BI
39
dominación occidental. Un examen de la historia del Asia desde la llegada de
Vasco da Gama (14981945), 1ª parte: "La edad de la expansión 14981750". I. La
India y el Océano Índico, Eudeba, Buenos Aires, 1966, págs. 354.
Los jesuitas y el Islam
Los jesuitas, como los franciscanos, recibieron múltiples influencias del Islam debido
principalmente a sus permanentes contactos con el mundo oriental. Misioneros
jesuitas como el español San Francisco Javier (15061552) y el italiano Matteo Ricci
(15521610) estudiaron las doctrinas y la cultura musulmana, especialmente durante
sus estadías en la India. La Compañía de Jesús se expandió por todo el Asia y por las
costas de África, especialmente a partir de fines del siglo XVI, y el Islam y los
musulmanes fueron una constante en su horizonte. Jesuitas eminentes se convirtieron
en expertos arabistas e islamólogos, siendo el más sobresaliente de todos ellos Miguel
Asín Palacios (cfr. Miguel Batllori: La cultura hispanoárabeitaliana de los jesuitas
F
expulsos, Madrid, 1966). El propio fundador de la orden, San Ignacio o Iñigo de
SE
Loyola (14911556), recibió todo tipo de influencias islámicas, especialmente durante
IC
su peregrinación a Jerusalén en 152324. El sacerdote y periodista francés Victor
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Charbonnel (Murat 1863París 1926) escribió un interesante artículo titulado
L’Origine musulmane des jésuites, en Revue des Revue Nº 19, París, octubre 1899,
EL
págs. 333352.
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Embajadores y cardenales
IT
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De los multifacéticos aspectos del mundo musulmán a comienzos del siglo XV,
D
cultura y ciencia como Samarcanda y Bujará, se hizo eco el embajador español Ruy
González de Clavijo (m. 1412), enviado por Enrique III de Castilla a la corte de
TE
Embajada de Enrique III al Gran Tamorlán, EspasaCalpe Argentina, Buenos Aires,
BI
1952).
En 1454, Juan de Segovia (14001458) trató de realizar una serie de conferencias con
los fuqahâ’ (sabios musulmanes) y hacia 1456 tradujo el Sagrado Corán por primera
vez al castellano, con la ayuda de un morisco, Isa ibn Ÿabir (cfr. Darío Cabanelas
Rodríguez: Juan de Segovia y el problema islámico, Ed. Universidad de Granada,
Granada, 1998).
39
A partir de esta época, los estudios sobre el Islam se extendieron por toda Europa. En
Italia, encontraremos a Andrea Alpago (m. 1520) dedicado, enteramente, a nuevas
traducciones de Avicena, Averroes y otros pensadores musulmanes.
Miguel Servet
F
para él la Santísima Trinidad no era más que tres modos de distintos de la
SE
manifestación del Ser Absoluto.
IC
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«El unitarismo antitrinitario de Servet, aparte de las razones antes expuestas, vuelve a
CI
coincidir con el pensamiento musulmán...»
EL
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«La fama de islamizante de Miguel Servet hubo de hallarse muy extendida en su tiempo,
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como se deduce del hecho de que en el juicio que se le siguió en Ginebra, concretamente
A
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en la sesión del 23 de agosto de 1553, el procurador general le preguntara entre otras
IG
cosas: «¿Por qué había leído el Corán?» (Cristóbal Cuevas: El pensamiento del Islam,
D
Istmo, Madrid, 1972, págs. 306307)
CA
TE
A causa de este libro, Calvino enfurecido por la falta de argumentos para refutarlo,
denunció a Servet al gran inquisidor de Lyon. Y aunque Servet logró escapar durante
IO
un tiempo, fue reconocido en Ginebra donde Calvino lo hizo detener bajo la acusación
BL
de heresiarca. Servet fue llevado ante un tribunal que más tenía que ver con una farsa
BI
que con la justicia. Así, en poco tiempo fue condenado a morir quemado vivo,
sentencia que se llevó a cabo en Champel, cerca de Ginebra.
La Ilustración fascinada
39
Rouillard: The Turk in French History, Thought and Literature, 15201660, París,
1941).
F
crítica, de su país y de sus conciudadanos. (cfr. Montesquieu: Cartas persas, Alba,
SE
Madrid, 1997).
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El conocimiento del mundo otomano y de Irán fue ampliado también en el siglo XVII
por obra de algunos viajeros como Pietro Della Valle (15861652), llamado Oleanus,
EL
que llevó a cabo las primeras traducciones persas al alemán.
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En Francia, la época de las Luces auspició un estudio más objetivo de la civilización
IT
musulmanas redactada a partir de fuentes árabes, turcas y persas.
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Iniciada en 1704, la edición de "Las mil y una noches" (Alf laila ua laila), traducidas al
francés por Antoine Galland (16461715), despertó una vasta y un tanto excesiva y
IO
deformada fascinación por el Oriente, en particular el mundo árabeislámico; la obra
BL
no tardó en ser traducida a las restantes lenguas europeas. También en el siglo XVIII
BI
el abogado inglés George Sale (16971736) publica en 1734 una notable traducción
del Corán con excelentes notas y documentos.
Es muy original la historia del noble y militar francés ClaudeAlexandre, Conde de
Bonneval (16751747). Entre 1691 y 1704 revistó en el ejército francés, siendo
ascendido a coronel de artillería (1701). Luego de ser juzgado injustamente en una
corte marcial, por una supuesta ofensa contra la favorita del rey Luis XIV, Françoise
d'Aubigné, Madame de Maintenon (16351719), abandonó Francia y hacia 1729 llega
a Estambul y se convierte al Islam con el nombre de Ahmad. Entra a servir en el
ejército otomano con la jerarquía de pashá y el rango de comandante de artillería. Se
destacó en la guerra contra Rusia (17371739) y Persia (17431746).
39
Pintores y músicos
El neerlandés Rembrandt (16061669) fue el primer pintor occidental que se interesó
por el arte islámico lo suficientemente como para hacer copias de algunas miniaturas
que llegaron a Holanda procedentes de la corte mogola (retratos de Akbar y su hijo
Ÿahanguir), que hoy se pueden ver en el Museo Boymans Van Beunigen de
Rotterdam.
Otros pintores como el alemán Albrecht Dürer o Alberto Durero (14711528) y el
francés JeanAntoine Watteau (16841721) tendrán influencias del arte islámico y las
reflejarán en sus obras. Igualmente, músicos eximios como Jean Baptiste Lully (1632
1687), François Couperin «Le Grand» (16681733), Christoph Willibald Gluck (1714
1787), Wolfgang Amadeus Mozart (17561791), Michael Haydn (17371806) y
Ludwig van Beethoven (17701827), harán música «alla turca», a partir de los
F
parámetros de la música otomana y de las cadencias de las bandas militares de los
SE
jenízaros. Más tarde, compositores como los italianos Cherubini (17601842) y
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Rossini (17921868), los franceses Bizet (18381875), Delibes (18361891), Chabrier
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(18411894), Massenet (18421912) y Ravel (18751937), los rusos Borodin (1833
CI
1887), RimskiKorsakov (18441908), e IppolitovIvanov (18591935), los españoles
EL
Isaac Albéniz (18601909), Enrique Granados (18671916) y Manuel de Falla (1876
D
1946), el húngaro Bela Bartok (18811945), el inglés Albert William Kètelbey (1875
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1959) —autor de «En un Mercado Persa»—, y el armenio Aram Ilich Khachaturian
IT
musulmán.
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Giuseppe Donizetti, un hermano del compositor Gaetano Donizetti (17971848), fue
enviado a Estambul en 1827 por un acuerdo entre las autoridades otomanas y sardas
TE
para que un músico europeo se hiciera cargo de la enseñanza musical de un grupo de
IO
instrumentistas turcos. Donizetti en poco tiempo fue designado como encargado de la
BL
escuela imperial otomana de música y creó un nuevo estilo en las bandas militares
BI
otomanas incorporando tambores y trompetas. Por sus méritos el lombardo logró el
título de miralay y más tarde de pashá. Donizetti organizó una orquesta para tocar
frente al sultán Mahmud II (17851839). En un libro publicado en 1832, un viajero
inglés da su impresión sobre este conjunto: «... fue un inesperado obsequio para mí, en
los bancos del Bósforo, escuchar la música de Rossini, ejecutada honrosamente por el
profesor, Signore Donizetti. Al llegar al embarcadero de palacio, encontramos a la banda
que estaba tocando. Me sorprendió cuán jóvenes eran los instrumentistas, y más aun que
fueran todos ellos miembros de la corte, educados para entretener al sultán. Su
capacidad de aprendizaje, la cual Donizetti me informó que hubiera sido excepcional
incluso en Italia, demuestra que los turcos son músicos por naturaleza» (A. Slade:
Records of Travel in Turkey, Greece..., Londres, 1832, págs. 13536).
39
Orientalistas Y Romanticos:
De Goethe A Napoleon
Goethe
F
En Alemania, el escritor y poeta Johann Wolfgang von Goethe (17491832) publicó
SE
en 1773 su poema «Mahoma», en el que incluye como personajes al Santo Profeta del
IC
Islam, a su yerno y sucesor Alí Ibn Abi Talib, y a su hija Fátima. Para la construcción
D
de esta obra, Goethe utilizó como fuentes el libro de Jean Gagnier (16701740) La vie
CI
de Mahomet (Amsterdam, 1732), y la tragedia de Voltaire (16941778) Mahomet
EL
(París, 1741). Ya antes de esta realización, en junio de 1772, escríbele Goethe a su
D
amigo el polígrafo Johann Gottfried Herder (17441803) desde Wetzlar: «Siéntome
L
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menguado pecho». Su extenso y polifacético «Diván de Oriente y Occidente» trasunta
IG
un reconocimiento de la sabiduría coránica y la mística de los poetas musulmanes
D
como Firdusí, Rumí, Hafiz y Sa’adi (Véase J. W. Goethe, Obras Completas, tomos 1 y
CA
3, Aguilar, Madrid, 1987).
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El 12 de junio de 1755 la prusiana Universidad de Königsberg (Kaliningrad, Rusia, a
IO
partir de 1946) otorgó a Emmanuel Kant (17241804) el título de Doctor en Filosofía.
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En su diploma figura un encabezamiento en árabe; se trata de la primera aleya del
BI
39
Napoleón Bonaparte
F
mitad del globo en sólo diez años, mientras el Cristianismo necesitó trescientos años»,
SE
«No hay más Dios que el Dios de Mahoma y es absurdo creer que tres sean uno», «El justo
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es una imagen de Dios sobre la tierra», y «Todo proclama la existencia de Dios y sobre
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CI
esto no es posible dudar» (cfr. Roger Peyre: Napoléon y su tiempo, 2 vols., Vol. 1:
Bonaparte, Salvat, Barcelona, 1889; Christian Cherfils: Bonaparte et l'Islam d'après
EL
les documents français arabes, A. Pedone, París, 1914).
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Uno de sus generales, Jacques François de Boussay, barón de Menou (17501810), —
IT
mariscal de campo en 1792 y comandante del Ejército de Oriente entre 18001801—,
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se convirtió al Islam en Egipto y adoptó el nombre de Abdallah. En su «Memorial de
D
Santa Helena», Napoleón dice: «El fenómeno más singular de mi reinado es sin duda
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Bonaparte, Akal, Madrid, 1988, Cap. V: Egipto y Siria, págs. 151175). Abdallah
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Menou, por otra parte, editó el primer periódico en lengua árabe en agosto de 1800,
BI
39
vol. 4, pág. 348; Shmuel Moreh: Napoleon in Egypt: AlJabarti's Chronicle of the
French Occupation, 1798, Markus Wiener Publishing, Princeton, 1993).
AubertDubayet
F
fuerzas armadas otomanas, teniendo como hipótesis de conflicto la guerra contra
SE
Inglaterra. AubertDubayet aprendió el turco y se dedicó al estudio de diversos temas
IC
islámicos; también fundó una biblioteca con 400 libros europeos entre los que se
D
CI
contaba la Grande Encyclopédie, y exigió que los militares otomanos aprendieran el
francés. El 17 de diciembre de 1797, AubertDubayet falleció en Estambul, dejando
EL
inconclusos sus numerosos planes y proyectos, que teniendo en cuenta la expedición
D
de Bonaparte a Egipto y la India del año siguiente, y el rol preponderante del Imperio
L
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historia.
IG
D
Domingo Badía «Alí Bey»
CA
TE
Uno de los viajeros europeos que más recorrió el mundo islámico a principios del siglo
XIX fue el catalán Domingo Badía y Leblich (17671818). Con el apoyo de Manuel
IO
propósito de encontrar los mejores caminos para el desarrollo comercial y cultural de
BI
España en el mundo islámico, Domingo Badía se inventó una identidad, Alí Bey al
Abbasí, y fingiendo ser musulmán realizó una extenso periplo que lo llevó desde
Marruecos a Turquía, pasando por Egipto, Palestina y Siria y que incluyó una
peregrinación a La Meca. Por eso se lo conoce como el Burton o el Lawrence español.
Cuando estaba llevando a cabo su segunda peregrinación a la ciudad más santa del
Islam murió de disentería, a principios de septiembre de 1818, aunque se dice que fue
envenenado por medio de una taza de café servida por un agente británico, pues el
Gobierno de Londres estaba celoso de la misión que perseguía. Sus «Viajes» se
publicaron en alemán, francés, inglés e italiano antes que en castellano (cfr. Alí
Bey/Domingo Badía: Viajes por Marruecos, Trípoli, Grecia y Egipto. Prólogo de
Juan Goytisolo, Olañeta, palma de Mallorca, 1982; Alí Bey/Domingo Badía: Viajes
por Arabia, Palestina, Siria y Turquía, Olañeta, Palma de Mallorca, 1982).
39
Viajeras distinguidas
Lady Mary Wortley Montagu (16891762) fue una poetisa y escritora inglesa del siglo
XVIII. Intrépida viajera, tuvo la fortuna de acompañar a su esposo embajador Lord
Edward Wortley Montagu (m. 1761) por países de Europa y Africa y describir sus
travesías en un epistolario que fue publicado póstumamente. Políglota —hablaba
fluídamente griego, latín, alemán, francés e italiano—, hizo una magnífica definición
de la función del libro: «Ningún entretenimiento es tan barato como la lectura, ningún
placer es tan duradero. Si una mujer puede disfrutar de una obra literaria, no buscará
nuevas modas, ni diversiones costosas, ni companías variadas». En 1717 llegó a
Estambul y escribió esto entre muchos otros apuntes: «Es muy fácil ver que ellas (las
mujeres musulmanas turcas) tienen más libertad que nosotras... El sistema judicial
inglés es demasiado rígido y a menudo injusto, pero en cambio la Ley otomana es más
apropiada y mejor ejecutada que la nuestra...». Comentando una reunión en la que fue
F
agasajada con regalos, música y manjares, dice: «Me retiré con las mismas ceremonias
SE
de antes, y no pude menos que creer que había estado algunas horas en el paraíso de
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Mahoma, tan sorprendida estaba de lo que había visto» (cfr. The Complete Letters of
D
CI
Lady Mary Wortley Montagu, vol. 1, 17081720, Robert Halsband, Oxford, 1965;
Lily Sosa de Newton: Lady Montagu a campo traviesa, Otros Países y Continentes Nº
EL
12, Buenos Aires, octnovdic 1995, pág. 12).
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Un caso digno de mención es el arrebato romántico de Lady Lucy Hester Stanhope
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compatriotas (Byron, Keats, Shelley) el sol y las aventuras en el Mediterráneo. Tras un
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masculinas para siempre y se fue a vivir al Líbano, cerca de Sidón, donde se estableció
TE
en el seno de una comunidad drusa. Allí en la aldea de Ÿoun se convirtió en una
especie de «profetisa buena, sistemática, práctica... llevando un turbante muy grande...
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y una especie de atavío eclesiástico que parecía sobrepelliz» (James Morris: El mercado
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de Seleucia, Peuser, Buenos Aires, 1960, pág. 124).
BI
Arabistas E Islamólogos
39
La pasión por la Egiptología hacia fines del siglo XVIII, la fundación de escuelas de
estudios orientales y, principalmente, la expedición de Bonaparte a Egipto en 1798,
hizo que el Oriente fuera conocido y admirado por el gran público europeo.
Originalmente, el Orientalismo fue una tendencia romántica. Así, desde 1800,
Friedrich von Schlegel (17721829) proclama la alianza de lo gótico y el orientalismo
contra lo clásico.
No fue ninguna casualidad que Víctor Hugo (18021885), el memorable autor de «Los
miserables» (1862), manifestara con convicción: «El orientalismo, bien como imagen o
como pensamiento, se ha convertido en una especie de preocupación general».
En este contexto, se puede afirmar que «Europa se ha desplazado hacia el Islam, no de
manera esporádica, sino planeando iniciativas y proyectos de largo alcance, en el
contexto de dos fenómenos históricos concretos: las Cruzadas y el colonialismo. Esto
fomenta ante todo el asentamiento de la presencia europea en el mundo musulmán, pero
F
le permite traer también, como en camino "de vuelta", manifestaciones islámicas diversas
SE
que se propagan y aclimatan a su manera» (Pedro Martínez Montávez y Carmen Ruíz
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BravoVillasante: Europa Islámica. Anaya, Madrid, pág. 36).
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Al ampliarse el campo de los arabistas con las múltiples disciplinas de las ciencias y el
EL
pensamiento del Islam hizo que cambiase su denominación y fuesen llamados
D
islamólogos. La islamología verdadera ciencia de investigación ha producido una serie
L
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de escuelas, fenómeno único en el estudio de las civilizaciones orientales.
IT
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La Escuela AustroAlemana
D
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Johann Jakob Reiske (17161774), fue un pionero de la filología árabe. Le siguió el
TE
notable arabista Gustav Lebrecht Flügel (18021870), traductor del Corán y de la obra
de Katib Çelebi.
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Entre los austríacos, interesados por los Balcanes otomanos, hubo también
BI
prestigiosos islamólogos, como Josef von HammerPurgstall (17741856), políglota,
especialista del Imperio otomano, traductor de Hafiz y editor de una revista sobre
Oriente.
Un carácter primordial tuvo la «Historia del Corán» de Theodor Nöldeke (18361930)
en 1860, así como la obra del vienés Alfred von Kremer (18281889) sobre la cultura
material e intelectual del Islam medieval. Desde mediados del siglo XIX, se editaron y
publicaron textos fundamentales del Islam en su lengua original, como la Síra «Vida
del Profeta», por Heinrich Ferdinand Wüstenfeld (18091899), diccionarios
biográficos y enciclopedias geográficas.
El análisis crítico de las fuentes comenzó por la misma época, y así Julius Wellhausen
(18441918) lo aplicó a los primeros historiadores musulmanes.
39
La arqueología musulmana tuvo a uno de sus pioneros en el alemán Ernst Emil
Herzfeld (18791948). El austríaco Alois Musil (18681944) descubrió los castillos
omeyas del desierto sirio (18951915).
El alemán de origen judío Salomon Munk (18031867), Gotthold Weil (18821960) y
Helmut Ritter (18921971) son otros importantes investigadores.
Ha sido también loable la tarea del austríaco Gustav Edmund von Grunebaum (1909
1972), fundador del departamento de estudios islámicos de la Universidad de
California en Los Angeles que hoy lleva su nombre.
F
Eckhard Neubauer (historiador de la ciencia islámica de Frankfort), es uno de los más
SE
relevantes islamólogos alemanes contemporáneos.
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La Escuela Italiana
CI
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En Italia el primer gran traductor del árabe fue Michele Amari (18061882), con las
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realizaba importantes traducciones de sabios musulmanes.
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1942), Francesco Gabrieli (Roma, 1904), Alessandro Bausani (19211991) y Roberto
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Rubinacci (actual profesor a cargo del departamento de estudios árabes e islámicos
BL
del Istituto Universitario Orientale de Nápoles).
BI
La Escuela Holandesa
En Holanda .—donde Leiden llegó a ser y es el principal centro de estudios islámicos y
orientales (la editorial E. J. Brill de Leiden, fundada en 1683, con sedes en Köln y
Nueva York, dispone hoy día de la bibliografía islámica más completa e importante
del mundo occidental)—, Thomas van Erpe, llamado Erpenius (15841624) tuvo
acceso a importantes fuentes en árabe y en turco sobre la historia de los comienzos
del Islam. Y su discípulo, Jacob Golius (15961667), redactó un diccionario latín
árabe que fue insuperable durante dos siglos.
Reinhart Anne Marie Dozy (18201883), fue el primer gran historiador del Occidente
musulmán, mientras que su compatriota Michael Jan de Goeje (18361909), notable
traductor del árabe, realizó en Leiden, en colaboración con un equipo internacional, la
40
edición de las obras de atTabarí, primordial para el conocimiento de los tres primeros
siglos del Islam.
F
Daneses, Suecos, Rusos,Húngaros, Fineses Y Suizos
SE
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El sabio y explorador danés Carsten Niehbur (17331815) publicó valiosas
D
informaciones sobre las sociedades de Oriente Medio. El sueco Carl J. Tornberg
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(18071877) editó la obra del historiador Ibn alAtir. Otros importantes islamólogos
EL
de este período fueron el filósofo y antropólogo finés Edward Alexander Westermarck
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Berchem (m. 1921), por su parte, fundó la epigrafía árabe.
A
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Los estudios sobre el Islam deben mucho al húngaro de origen judío Ignaz Goldziher
D
(18501921), que aplicó en sus investigaciones los métodos del historicismo crítico,
CA
considerando al Islam en su totalidad como un fenómeno de la historia cultural (cfr.
R. Simon: Ignác Goldziher. His Life and Scholarship as Reflected in his Works
TE
and Correspondence, Brill, Leiden, 1986).
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BL
El ruso Vasily Vladimirovich Bartold (18691930) investigó a fondo el Islam en el Asia
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central.
Los suizos Titus Burckhardt (19081984) y Frithjof Schuon (Basilea 1907), estudiarán
la mística y se convertirán al Islam, y algunos morirán en tierras musulmanas, como
es el caso del místico francés René Guénon (18861951).
La Escuela Británica
40
Inglaterra, William Bedwell (15611632) fue «el padre de los estudios árabes e
islámicos», y además uno de los traductores de la Biblia del rey Jacobo I (15661625).
La primera cátedra de árabe fue fundada por Sir Thomas Adams en la Universidad de
Cambridge en 1633. Edward Pococke (16041691) inauguró la cátedra de estudios
árabes en Oxford. Su discípulo, Simon Ockley (16781720), en 1708 exaltó al Oriente
musulmán por encima de Occidente.
William Jones (17461794) fundó en 1784 la Asiatic Society de Calcuta, consagrada a
la vez a la indología y a los estudios islámicos. Esta sociedad editó en particular
numerosos textos en árabe y en persa, y en ella se formaron numerosos islamólogos
británicos y europeos.
El barón irlandés William McGuckin de Slane (m. 1875) fue el gran traductor de los
sabios musulmanes durante el siglo XIX.
F
SE
Burton: un musulmán en el Foreign Office
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El viajero, erudito, militar, diplomático y agente secreto británico Sir Richard Francis
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Burton (18211890), políglota que hablaba fluídamente el árabe, el persa y otras
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treinta lenguas y dialectos, se hizo musulmán hacia 1849 y escribió varias obras
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Barcelona, 1989, en la que da cuenta de su peregrinación a las ciudades sagradas del
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Islam en 1853.
IG
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«La vida adulta de Burton transcurrió en una incesante búsqueda en pos del
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conocimiento secreto que él mismo calificó genéricamente de "gnosis", mediante el cual
aspiraba a desvelar la auténtica fuente de la existencia y el sentido del papel que había de
TE
desempeñar en la tierra. Esta búsqueda le condujo a investigar la cábala, la alquimia, el
IO
probó diversas variantes del islamismo antes de optar definitivamente por el sufismo...El
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Islam preside los escritos que salieron de su pluma durante los últimos quince años de su
vida; hizo además varias afirmaciones en tono elegíaco acerca de lo que él llamaba "la Fe
Salvadora", que hoy día ya no pueden pasarse por alto...Lo que sí tiene importancia es
que Burton fue uno de los primeros occidentales que se convirtió al Islam y que llegó a
seguir la nueva fe hasta involucrarse a fondo en una hermandad religiosa. No cabe duda
de que fue el primer europeo que escribió sobre el sufismo, y no como simple académico,
sino como sufí practicante... Asimismo, realizó buena parte de de una de las prácticas
más honrosas del Islam, aprenderse de memoria el Corán» (Edward Rice: El Capitán
Richard F. Burton, Siruela, Madrid, 1990, págs. 25 y 196). Las inclinaciones de
Burton por el Islam, sus vinculaciones con los musulmanes, especialmente con el líder
argelino Abd alQadir alŸaza'iri (18081883) exilado en Damasco, donde Burton se
desempeñaba como cónsul británico (18691871), hizo que sus enemigos en el
Foreign Office (Ministerio de RR.EE.) convencieran a Lord Granville, el embajador
británico ante el Imperio otomano, para que lo removiera de la ciudad siria. Así, a
40
pesar de sus grandes méritos, fue prácticamente confinado de por vida a la ciudad
adriática de Trieste, con un bajo salario, y sin honores de ninguna clase. Su riquísima
biblioteca, que contenía importantes manuscritos islámicos y documentos
invalorables, fue misteriosamente quemada por su mujer tras su deceso (cfr. Byron
Farwell: Burton. A Biography of Sir Richard Francis Burton, Penguin Books,
Londres, 1990.
Los investigadores contemporáneos
El numismático Stanley LanePoole (18541931), sobrino nieto del arabista Edward
William Lane (18011876), efectuó las investigaciones más incisivas sobre las
dinastías musulmanas. Asimismo, Wilfrid Scawen Blunt (18401922) y su esposa,
Lady Anne Isabella Blunt (18371917), gran viajera, se interesaron por el fenómeno
del panislamismo.
F
Reynold Alleyne Nicholson (18681945) fue un especialista en lengua persa, profesor
SE
de Cambridge en literatura y mística islámicas, y traductor del Mathnaví de
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Yalaluddín arRumí. David Samuel Margoliuth (18581940), de origen judío, y Sir
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Hamilton A.R. Gibb (18951971) abordaron diversas disciplinas del Islam y realizaron
estudios sociológicos e investigaciones interesantes, luego continuados por George
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Richard Potter y Arthur John Arberry (19051969).
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A lo largo del Siglo XX se han destacado los escoceses William Montgomery Watt
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(1909) y Norman Alexander Daniel (1919), y los ingleses Peter Malcolm Holt (1918),
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Bernard Lewis, Richard William Southern (Newcastle upon Tyne, 1912) y Ernest
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Gellner.
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El irlandés Henry George Farmer (18821965), publicó Clues for the Arabian Influence
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on European Musical Theory (JRAS, Londres, 1929), A History of the Arabian Music to
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the XIII Century (Luzac, Londres, 1929).y sendos capítulos sobre la música en el Islam
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Walker Arnold (18641930) y Alfred Guillaume: El Legado del Islam (Ediciones
Pegaso, Madrid, 1944, págs. 465489).
La Escuela Norteamericana
El primer representante de los estudios árabemusulmanes en Estados Unidos fue el
escocés Duncan Black MacDonald (18631943), quien exploró nuevos horizontes al
aplicar los métodos de la psicología de las religiones al estudio de la teología islámica.
Uno de sus más importantes continuadores fue Marshall G.S. Hodgson (The Venture
of Islam, University of Chicago Press, Chicago, 1974). William C. Chittick es un
especialista contemporáneo en sufismo y shiísmo.
40
La Escuela Japonesa
En la segunda mitad del siglo XX, el universo de la islamología ha recibido el aporte
serio y renovado de estudiosos del Japón, como Toshihiko Izutsu (1914), profesor
honorario de la Universidad de Keio, especializado en mística musulmana, que enseñó
filosofía islámica en el Instituto de Estudios Islámicos de la Universidad McGill de
Montreal, Canadá, y autor del valioso trabajo Sufismo y taoísmo (2 tomos, Ediciones
Siruela, Madrid, 1997).
Sachiko Murata, es otro gran especialista japonés, coautor con William C. Chittick de
The Vision of Islam (I.B. Tauris, Londres, 1996).
La Escuela ÁrabeIslámica
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Dos grandes estudiosos provenientes del mundo islámico fueron el libanés
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naturalizado estadounidense Philip Khuri Hitti (18861978) y Albert Habib Hourani
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(19151993), nacido en Manchester (Inglaterra) de padre libaneses.
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El marroquí Abdallah Laroui (Azemmour, 1933), el palestino Edward W. Said
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(Jerusalem, 1935), el profesor iraní Seyyed Hossein Nasr (State University of New
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Hichem Djaït (Túnez, 1936), el sirio Ryad Atlagh y el profesor egipcio Mahmud Alí
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contemporáneos en la materia dentro del mundo musulmán.
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La Escuela Francesa
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Embajador del rey francés Francisco I, (firme aliado de los otomanos contra el poder
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Habsburgo) en Istanbul en 1543, el erudito Guillaume Postel (15101581) adquirió
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allí diversos manuscritos islámicos y a su regreso redactó la primera gramática del
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árabe clásico y creó la primera cátedra de árabe en París en 1549. Postel aprendió a
leer y a escribir el árabe, el hebreo, el etíope, el armenio y el georgiano, y se convirtió
en un estudioso de cuestiones místicas y esotéricas (cfr. Guillaume Postel: Las claves
de las cosas ocultas, Indigo, Barcelona, 1997).
Constantin François Chasseboeuf, conde de Volney (17571820) en 1787 relató en
dos volúmenes sus viajes a Oriente: Voyage en Egypte et en Syrie. Posteriormente
publicó Considérations sur la guerre des Turcs et la Russie.
40
Perceval, Gerard de Nerval (18081855) y EtienneMarc Quatremère (17821857). La
geografía de alMas’udí fue publicada en París por C. Barbier du Meynard (1826
1908).
En 1877, el egiptólogo y erudito Emile Prisse d’Avennes (18071879) publica L’Art
arabe, uno de los más suntuosos atlas del arte islámico del siglo XIX, mientras que
Edmond Doutté (18671926) aborda la etnografía de los pueblos musulmanes.
Louis Massignon (18831962) inició en Marruecos su conocimiento del Islam, al que
comprendió a la luz de su profunda fe católica. En 1909 comenzó su monumental
estudio sobre alHallaÿ (L. Massignon: The Passion of alHallaj: Mystic and Martyr
of Islam, 5 vols., Princeton University Press, Princeton, 1982), en el cual abordó la
interpretación de los fenómenos religiosos estableciendo audaces paralelismos entre
las historias sagradas cristiana y musulmana (pasiones de Cristo y alHallaÿ; Virgen
María y Fátima).
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El filántropo Gaston Migeon (18611930) fue el creador de la sección de arte islámico
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en el Museo del Louvre (hoy localizada en el ala Richelieu, semisótano). En 1905, se
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inaugura una sala de «arte musulmán» cuya existencia suscita numerosas donaciones.
Asimismo, en 1903 se abrirá una gran exposición de arte islámico en París, y otra en
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Munich en 1910. En 1912, el Museo de Artes Decorativas de París dedica una
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exposición a las miniaturas persas. Así, el arte islámico es finalmente reconocido por
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la crítica y el público europeo.
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La Biblioteca Nacional de París (Mº: Bourse, Pyramides) es depositaria de valiosísimos
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manuscritos islámicos y el Museo Nacional de Artes AsiáticasEmile Guimet (6, Place
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d’Iéna) desde 1945, exhibe las joyas de la pintura de la India musulmana.
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Con la fundación del Instituto del Mundo Arabe (1, rue de Fossés SaintBernard) en
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1987, la ciudad de París está dotada de un lugar consagrado a la cultura y las artes
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del Islam (hay exposiciones artísticas, recitales de música y películas del mundo
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áraboislámico todos los días, excepto los lunes que está cerrado).
El erudito Barón Rodolphe d’Erlanger (18721932) escribió un generoso tratado sobre
La musique arabe (P. Geuthner, 6 vols., París, 19301959) que incluye la traducción
del Kitab alMusiqí alKabir de alFarabí. D’Erlanger estuvo radicado en Túnez desde
1910 donde se consagró al estudio de la música árabe.
40
Un francés de origen judío nacido en Argelia, Evariste LéviProvençal (18941956),
fue en el período de entreguerras uno de los más grandes especialistas en la España
musulmana. Jacques Berque (19101995) dejó una particular huella en sus estudios
árabemusulmanes (etnología, cultura, política) y publicó una nueva traducción del
Corán. Sus colegas Claude Cahen (París, 1909), Maxime Rodinson (París, 1915), y
Henri Pérès, los tres de origen judío, contribuyeron con trabajos monumentales y
exhaustivos al estudio sistemático de la historia del Islam.
Al mismo tiempo, Henry Corbin (19031978) destacaba con su erudición sobre el
Shiísmo y el místicismo musulmán iraní, estudiando con sabios como el Allamah
Muhammad Husain Tabataba’i (19041981) y el profesor Seied Husain Nasr. Roger
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Garaudy (Marsella, 1913), filósofo comunista, se hizo musulmán y escribió sobre el
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pensamiento islámico.
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Eminentes islamólogos franceses se han convertido al Islam. Son ellos Michel
Chodkiewicz, su hija Claude Addas, y Vincent Mansour Monteil.
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Es realmente significativa la nueva generación de islamólogos franceses, tanto por su
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cantidad como por su erudición y especialidades. Entre ellos destacan JeanJacques
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Waardenburg, Yves Thoraval, Yann Richard, Marianne Barrucand, Christian Jambet,
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Jean Calmard, Nathalie Clayer, Jean During, Pierre Lory, AnneMarie Delcambre,
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(arabista, jurista, islamóloga y autora de Mahoma, la voz de Alá, Aguilar, Madrid,
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1990), Zyva Vesel, Yves Porter, y Thierry Zarcone del Institut Français de Recherche
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en Iran (ParísTeherán).
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Maurice Lombard
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Maurice Lombard merece una mención especial dentro de la escuela francesa. Gran
historiador del Islam medieval, ha sido prácticamente casi un desconocido para el
común de los lectores de la especialidad. A excepción de algunos artículos, toda su
obra escrita es póstuma. Los orientalistas y los sectores universitarios oficiales se
esforzaron con éxito en marginarle al comprobar su tesitura favorable a la civilización
del Islam. Era un hombre de una gran modestia y paciencia; amaba decir «los perros
ladran, la caravana pasa» ("Ladran Sancho, señal que cabalgamos").
40
y otra a Madagascar (1960), miembro fundador de la Association Historique
Internationale de l'Ocean Indien, el espacio musulmán, desde Gibraltar hasta el
Océano Indico, fue el vasto espacio de sus estudios y de su reflexión.
La expansión musulmana de los siglos VII a XI, fue el objetivo de su gran hipótesis
histórica. Lejos de pensar que había cortado el Occidente del Oriente y cerrado el
Mediterráneo a los occidentales, como había afirmado el historiador belga Henri
Pirennne (18621935), autor de Mahomet et Charlemagne en 1937 (Mahoma y
Carlomagno, Alianza, Madrid, 1993), presentó la propuesta a la inversa:
«Contrariamente, en efecto, a la célebre tesis de Henri Pirenne, pensamos que es gracias a
la conquista musulmana cómo el Occidente volvió a tomar contacto con las civilizaciones
orientales, y a través de ellas, con los grandes movimientos mundiales de comercio y de
cultura. Mientras que las grandes invasiones bárbaras de los siglos IV y V habían
provocado la regresión económica del Occidente merovingio y luego carolingio, la
creación del nuevo Imperio islámico procuró, para ese mismo Occidente, un sorprendente
F
desarrollo. Si las invasiones germánicas precipitaron la decadencia de Occidente, las
SE
invasiones musulmanas provocaron la reactivación de su civilización» (Maurice
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Lombard: L'Islam dans sa première grandeur, VIIIeIXe siècles, Flammarion, París,
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1971). EL
Los tres períodos de la historia que le fascinaban eran los del imperio de Alejandro, el
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momentos de la historia del mundo, aquellos en que el globo entero ya no estaba
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fraccionado, sino reunido por una amplia circulación. El Islam en particular, unido a
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su infancia y asu conocimiento del árabe, era para él un mundo de reestructuración y
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hombres, desde España hasta la India.
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Apasionado por las técnicas y la civilización material, se interesaba sobre todo por la
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circulación de sus productos, de los más naturales a los más sofisticados: maderas,
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pieles, metales, textiles. Los centros de producción, de intercambio, de difusión de las
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materias primas y, sobre todo, de los objetos fabricados le atraían a los núcleos, a las
encrucijadas de las rutas terrestres, fluviales, marítimas: ciuaddes, ferias, mercados,
palacios, etc.
40
materias primas que necesitaba (metales, madera), el mundo musulmán envió a
Occidente el oro, primero tesaurizado y luego puesto en circulación, cuando la
cristiandad despertará. Su método consistía en abarcar amplios espacios para trazar
en ellos las vías antes de concentrarse sobre los lugares de producción e intercambio.
Con frecuencia decía que nunca se va de los árboles al bosque y que el camino inverso
es el bueno.
La Escuela Española
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Julián Ribera y Tarragó (18581934) fue un investigador excepcional que confirmó y
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demostró múltiples teorías sobre la influencia del Islam en Occidente. Entre sus
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numerosas obra destaca Historia de la música árabe medieval y su influencia en la
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española (Madrid, 1927; asequible Biblioteca de la Facultad de Artes y Ciencias
Musicales de la U.C.A., Av. Alicia Moreau de Justo —ex A. Dávila— 1500, Puerto
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Madero, Edificio San Alberto Magno, subsuelo).
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El sacerdote jesuita Miguel Asín Palacios (18711944), fue el primero en estudiar
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través de las obras de Ibn alArabi y los místicos andalusíes. Su discípulo Emilio
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García Gómez (19051995), otro de los grandes islamólogos españoles de este siglo,
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se especializó en el estudio de la literatura islámica andalusí, y a él se deben ediciones
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tan importantes como los «Poemas arábigos andaluces» (1928), y «El collar de la
paloma» de Ibn Hazm (1952). Asín Palacios y García Gómez fundaron la Escuela de
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publicación fundamental en lo que concierne a los estudios sobre la historia de la
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España musulmana.
Claudio SánchezAlbornoz (18931984) escribió numerosas de investigación y vivió
en la Argentina entre 1940 y 1983, donde publicó numerosos trabajos y artículos,
como El Ajbar Maÿmu’a (Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires, 1944). El
etnólogo e historiador Julio Caro Baroja (19141995) se especializó en estudios
pormenorizados sobre los judíos y los musulmanes andalusíes.También han destacado
arabistas e islamólogos como Juan Vernet Ginés (Barcelona 1923, Universidad Central
de Barcelona), traductor del Corán (Plaza Janés, Barcelona, 1980), Julio Cortés Soroa
40
(University of North Carolina), traductor también del Corán (Herder, Barcelona,
1987) y autor de un valioso Diccionario de Arabe Culto Moderno (árabeespañol)
de los siglos XIX y XX (Gredos, Madrid, 1996), y Francisco Márquez Villanueva
(Sevilla, 1931), profesor de la Universidad de Harvard (Cambridge, Mass.).
En el trabajo de investigación histórica de alÁndalus sobresale la obra del ensayista
Américo Castro (18851972), España en su historia. Cristianos, moros y judíos
(Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1996), y la valiosa investigación La revolución
islámica en Occidente (Fundación Juan March, Barcelona, 1974) del escritor Ignacio
Olagüe (19031974).
Digna de especial mención es la obra del islamólogo Miguel Cruz Hernández (Málaga,
1920), profesor emérito del departamento de Islam y Arabismo y catedrático de
Semíticas de la Universidad Autónoma de Madrid. Su Historia del pensamiento en
el mundo islámico (Alianza Editorial, tres tomos, Madrid, 1996), es el trabajo más
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completo en idioma castellano sobre la filosofía y la mística musulmanas, desde los
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comienzos del Islam hasta el presente. Otros grandes catedráticos españoles son Pedro
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Martínez Montávez (Jodar, Jaén, 1933, Universidad Autónoma de Madrid), Joaquín
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Vallvé Bermejo (Tetuán, 1929, Universidad Complutense de Madrid), Míkel de Epalza
Ferrer (Universidad de Alicante), Darío Cabanelas Rodríguez (Universidad de
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Granada), Felipe Maíllo Salgado (Universidad de Salamanca), Alvaro Galmés de
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Fuentes (Universidad de Oviedo), Serafín Fanjul García (Universidad Autónoma de
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Madrid) y Julio Samso Moya (Universidad Central de Barcelona).
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Deben mencionarse también los valiosos trabajos de investigación de una generación
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de islámólogas en los más diversos campos encabezadas por Carmen Ruíz Bravo
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(Universidad Complutense de Madrid), María Jesús Rubiera Mata y María Sol Cabello
García (Universidad de Alicante), Joaquina Albarracín Navarro, Carmen Peña Muñoz
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(Universidad de Viena), María Luisa Hornedo de Makki (Universidad de El Cairo),
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María Isabel Calero Secall y María Antonia Martínez Nuñez (Universidad de Málaga),
Fátima Roldán Castro (Universidad de Sevilla), María Concepción Vázquez de Benito
(Universidad de Salamanca), Dolores Bramon Planas (Universidad de Zaragoza). y
Mercedes García Arenal (Instituto "Miguel Asín" de Madrid).
40
mismos un cierto sello racista que de por sí resulta intolerable. Todavía hay italianos que
niegan ferozmente la "mancha" de la influencia de la escatología musulmana en la
Divina Comedia, y españoles para los que la expulsión de judíos y moriscos fue una
operación de "limpieza", o que tratan de eliminar la existencia de los árabes por los
procedimientos más absurdos».
Pintura Orientalista
«Es en Oriente donde debemos buscar
el romanticismo supremo».
Friedrich von Schlegel, orientalista alemán.
Los albums ilustrados del grabador Dominique Vivien Denon (17471825) sobre el
antiguo y moderno Egipto y las pinturas de la campaña napoleónica en el país del Nilo
a cargo de Girodet de RoucyTrioson, llamado AnneLouis Girodet (17671824), del
barón Antoine Jean de Gros (17711835) y de muchos otros, posibilitó la fundación
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del movimiento pictórico orientalista.
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Cuando en 1888 el pintor impresionista neerlandés Vincent Van Gogh (18531890) se
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trasladó a Arles, al sentir por primera vez sobre su piel y sus ojos el sol de la Provenza
francesa, exclamó: «¡Esto es el Oriente!» (allí pintaría más de 250 paisajes y retratos,
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entre los que se encuentran sus obras más importantes: "Autorretrato con la oreja
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cortada"; "La arlesiana", "El olivar"; "El puente del inglés en Arles", "El campo de trigo
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amarillo", etc.; véase Franck Elgar: Van Gogh, Hazan, París, 1996 —con CD). Con él,
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todavía Oriente obsesionaba apasionadamente a los europeos.
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Es claro que no sólo el sol era Oriente para ellos. Oriente, o sea, el Islam y los
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musulmanes, era todo aquello de lo que tenían poco o nada: sol, calor, mística,
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altruismo; y muchas otras cosas que eran puras invenciones de la sinrazón del
sentimiento, como «el exotismo» y «la voluptuosidad» de pueblos y tradiciones que a
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dimensión (cfr. José Antonio González Alcantud: La extraña seducción. Variaciones
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sobre el imaginario exótico de Occidente, Ed. Universidad de Granada, Granada,
1993).
41
Muchos también viajaron buscando elementos y paisajes bíblicos para satisfacer a la
Inglaterra victoriana, en la cual estaba en pleno auge un renacimiento religioso que
privilegiaba los temas históricos, plasmados por pintores como Lord Leighton (1830
1896), Sir Lawrence AlmaTadema (18361912) y Sir Edward John Poynter (1836
1919). Pero esos británicos, franceses, austríacos, alemanes e italianos, encontrarían
un mundo bien distinto al de sus imaginaciones previas. Serían deslumbrados por la
luz cegadora de los desiertos, los colores intensos y los olores fuertes de las ciudades
del Magreb, Egipto y Andalucía (en contraste con sus lúgubres, grisáceas e inodoras
ciudades industrializadas del norte de Europa), y por personajes y ámbitos
desconocidos a lo que dieron sus invariables calificativos: «misterio», «fatalismo»,
«exótico», etc. Finalmente, descubrirían que detrás de todo ese universo estaba el
Islam con su civilización milenaria, su cultura y su pensamiento, los que le provocó
todo tipo de reacciones, no siempre negativas como veremos.
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natural hostilidad de la población musulmana hacia los europeos durante la época de
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mayor expansión imperialista, particularmente en lugares sagrados y remotos, el
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ataque de bandidos, el calor, que arruina las pinturas, y las bulliciosas y curiosas
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multitudes en calles estrechas hacían muy complicada la realización artística. Por eso,
estos pintoresviajeros dibujaban de prisa con tiza, tinta o acuarela, ésta última una
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técnica que se desarrollo a principios del siglo XIX (la Sociedad de Acuarelistas de
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Inglaterra se fundó en 1804).
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Sus obras serían expuestas con un éxito sensacional en los grandes salones europeos,
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como la Royal Academy de Londres y el Salón de París, más tarde llamado «Salón de
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la Sociedad de Artistas Franceses». Por su parte el pintor francés Prosper Marilhat
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(18111847) obtuvo el permiso para exhibir sus trabajos en Alejandría y su colega
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Jules Laurens (18251901) sería premiado por notables persas al exponer sus obras en
Teherán.
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Hemos tratado de seleccionar para esta breve relación, a los pintores orientalistas más
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La pintura orientalista llegó a influir a artistas de otras escuelas, como el austríaco
Gustav Klimt (18621918) —cfr. Frank Whitford: Gustav Klimt, Brockhampton Press,
Londres, 1993—, el alemán August Macke (18871914) o el suizo Paul Klee (1879
1940).
41
La escuela alemana
Gustav Bauernfeind nació en SulzamNeckar en 1848. Sus tempranos estudios de
arquitectura le serían sumamente útiles para sus posteriores trabajos pictóricos de
templos y mezquitas. Después de ganar un premio en una competencia de acuarelistas
en la Opera de Bayreuth (Baviera), auspiciada por el soberano bávaro Ludwig II de
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Wittelsbach (18451886), protector de las artes, pudo realizar un viejo anhelo:
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conocer Egipto, Siria, Líbano y Palestina. Este viaje de 1880 lo inició en el
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orientalismo con pinturas como «Ruinas del Templo de Baalbeck», adquirida por la
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Neue Pinakothek de Munich. En posteriores trabajos, como «Escena callejera de
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Jaffa», «Puerta de la Gran Mezquita de Damasco», «Escena callejera de Jerusalem», «A
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la entrada del Templo del Monte» o «Jerusalem», Bauerfeind muestra su estilo sobrio
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que no busca tornar encantador el ambiente sino rescatar su esencia natural. Hacia
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1898, este autor se radicó con su familia en Jerusalem, pero luego de un agotador
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viaje a Beirut, su débil corazón no resistió y falleció en 1904 cerca de su siempre
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añorada Cúpula de la Roca. Su colega y compatriota Carl Haag (18201915) realizó
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importantes obras durante su estadía en Egipto y Palestina.
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La escuela austríaca
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Rudolf Ernst (18541932) fue hijo del pintor arquitectónico Leopold Ernst, miembro
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de la Academia de Viena. Viajó mucho por Andalucía, Marruecos y Turquía. Desde
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1885, sus pinturas serán exclusivamente orientalistas, con temas marroquíes, turcos e
hispanomusulmanes, como «Alumnos de una escuela coránica tomando un refrigerio»,
«Después de la oración», «La favorita», «Acumulando rosas», «Mujeres hilando,
Marruecos», «El Hammam».
Ludwig Deutsch (18551935) es, sin lugar a dudas, el más importante de los
orientalistas austríacos. Aunque poco se sabe de sus frecuentes viajes a Egipto, sus
propios trabajos se encargan de disiparnos las dudas sobre sus conocimientos sobre la
civilización islámica en el país del Nilo, dotados de una prestancia y una técnica pocas
veces logradas: «La tumba del califa» (1884), «El Azhar, la universidad árabe de El
Cairo» (1890), «La guardia del palacio» (1896), «Los eruditos» (1901) y «En la
plegaria» (1923). Otros representantes de esta escuela son Leopold Carl Müller (1834
1892) y Charles Wilda (18541907).
41
La escuela británica
John Frederick Lewis (18051876) fue hijo del grabador Frederick Christian Lewis y
coincide con el gran pintor romántico y orientalista escocés David Roberts (1796
1864) en su recorrido por España en 1832. Este pintor inglés permanecería en la
Península hasta 1834, realizando numerosas dibujos y acuarelas sobre la Alhambra y
Granada. Por esta razón fue llamado «Spanish» ("El español") Lewis. A pesar del
comentario del influyente crítico francés Théophile Gautier, que lo definió como una
combinación de «paciencia china y delicadeza persa», Lewis fue poco conocido fuera de
su país. A diferencia de sus colegasviajeros contemporáneos, nunca escribió libros ni
cartas sobre sus viajes, a pesar de permanecer más de once años en el Oriente
(Turquía y Egipto). Allí adoptó costumbres musulmanas y vistió ropas otomanas. Sus
obras reflejan su carácter talentoso, introvertido y disciplinado: «La Alhambra y Sierra
Nevada desde el peinador de la Reina» (1834), «La Alhambra desde la alameda del
Darro» (1834), «El escribano público» (1852), «La tienda de kebab, Scutari, Asia
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menor» (1858), «Una escuela musulmana en un barrio de El Cairo» (1865), «En el
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jardín del bey, Asia menor» (1865), «Un Bey Mameluco, Egipto» (1868), «Interior de
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la Mezquita, después de la plegaria» (1870), «Una vista de la calle y la Mezquita de
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Ghureyah» (1876).
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Un párrafo especial merecen los artistas británicos que viajaron a la India en los siglos
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XVII, XVIII y XIX. Entre los numerosos nombres sobresalen los de Robert Home (1752
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1834), llegado a Madrás en 1791, famoso por sus trabajos sobre el sultanato de
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Mysore, y George Chinnery (17741852), que visitó Madrás, Dacca, Calcuta y China
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(cfr. Pheroza Godrej y Pauline Rohatgi: Scenic Splendours. India through the
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printed image, The British Library, Londres, 1989; Patrick Conner: George Chinnery
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17741852. Artist of India and the China Coast, Antique Collectors' Club Ltd.,
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Suffolk, 1993).
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Sir William Allan (17821850), William Wyld (18061889), Edward Lear (1812
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1888), Thomas Seddon (18211856), Frank Dillon (18231909), Charles Robertson
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La escuela española
Jenaro Pérez Villaamil (18071854) será el primer gran pintor orientalista y paisajista
romántico español, célebre por su colección de litografías «España artística y
monumental» y óleos como «Gargantas de las Alpujarras»
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Mariano Fortuny y Marsal (18381874) tuvo una sólida educación estudiando en
Barcelona, París y Roma. Viaja a menudo por Andalucía y Marruecos y hacia 1870
pasa una larga temporada con su familia en Granada donde se reune con intelectuales
llegados de toda España y Europa. Su concepto del orientalismo pictórico influirá
decisivamente en todos los artistas europeos de la época: «Fantasía árabe» (1867),
«Una justicia en la Alhambra» (1871). Otros pintores importantes de esta escuela
fueron Francisco Lameyer (18251877), José Gallegos y Arnosa (18571917), Manuel
GómezMoreno González (18341918) y José Larrocha (18501933), un académico
granadino que en 1916 se traslada a Buenos Aires, donde ejerce la docencia hasta su
muerte (cfr. Pintura orientalista española 18301930, Fundación Banco Exterior,
Madrid, 1988).
La escuela francesa
Los miembros de la escuela francesa son los más numerosos y los más ricos en
F
producción y calidad artística. Esta fue la escuela pionera en la materia. Ya desde
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fines del siglo XVII, numerosos pintores como Jean Baptiste Van Mour (16711737),
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Nicolas Lancret (16901747); JeanEtienne Liotard (17021789), Jacques André
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Joseph Aved (17021766); François Boucher (17031770); Carle André Van Loo
(17051765), Antoine de Favray (17061798), JosephMarie Vien (17161809) y
EL
JeanHonoré Fragonard (17301806) sucumbieron ante la fiebre de la turcomanía,
D
tan en boga en Francia durante todo el siglo XVIII, y plasmaron todo tipo de
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París, 1989).
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León Belly (18271877), por ejemplo, realizó una de las más famosas obras maestras
CA
de la pintura orientalista, la titulada «Peregrinos camino de La Meca» (1861), la cual
TE
fue comprada por el Estado francés, colgada en el Museo de Luxemburgo hasta 1881,
y actualmente exhibida en el Museo d'Orsay, a la vera del Sena.
IO
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Eugène Flandin (18031876) fue enviado por el Instituto de Civilizaciones Orientales
BI
a Teherán en 1840, acompañando a la misión diplomática francesa ante el shah qaÿar
Muhammad (g. 18351848). Flandin tuvo la oportunidad de visitar ciudades
desconocidas para los europeos decimonónicos, como Hamadán, Isfahán,
Kermanshah, Persépolis y Shiraz. En su viaje de retorno a Francia visitó Mosul, Alepo
y Estambul. Estos periplos se tradujeron en obras significativas: «Isfahán», «Entrada a
la Gran Mezquita de la Plaza del Shah Abbás» y «En las cercanías de la Gran Mezquita
de Constantinopla», que fueron presentadas en el Salón de París en 1853.
41
España, Argelia, Italia y Mesopotamia. Uno de sus trabajos más interesantes es el
titulado «La tumba del sultán», realizado en Karbalá, Irak (conservado hoy día en la
Sociedad de Bellas Artes de Londres), en el santuario de Husain Ibn Alí (la Paz sea
con él), mártir del Islam y nieto del Profeta Muhammad (BPD). En la vigorosa escena
plasmada por el pintor francés impactan la devoción de los peregrinos musulmanes
que rinden homenaje al héroe del shiísmo y la intensidad de los colores —rojo,
amarillo y verde—. Otras realizaciones como: «Mercader de pieles de El Cairo» y
«Saliendo de la mezquita» demuestran que Gerome no sólo fue uno de los más
famosos pintores orientalistas sino también uno de los plásticos más importantes del
siglo XIX (cfr. Gerald M. Ackerman: JeanLéon Gerome, sa vie, son oeuvre, ACR,
París, 1997.
Jules Laurens (18251901) estudió en la escuela de Bellas Artes de Montpellier. Hacia
1846 tuvo la buena suerte de ser invitado a acompañar al geógrafo Xavier Hommaire
de Hell (18121848) a una misión diplomática a Turquía y Persia. Ambos partieron en
F
septiembre de ese año, pasando por Malta, Esmirna y Estambul, donde Laurens dibujó
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mezquitas, fuentes, costumbres y retratos. Recién en julio de 1847 (luego de haber
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visitado Bulgaria, Moldavia y Brusa), partieron para Persia, atravesando Trebisonda,
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CI
Erzurum y Tabriz hasta Teherán, donde llegaron en febrero de 1848. Luego de
recorrer Mazandarán, Jorasán e Isfahán, Hommaire de Hell, muy debilitado por el
EL
viaje y casi ciego por el sol, murió en Nueva Ÿolfá, el barrio armenio de Isfahán.
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Laurens volvió a París en 1850 con una gran cantidad de magníficos trabajos: «Ruinas
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fortaleza, Armenia», etc.,, que ilustraron revistas como «L'Ilustration» y «Le Tour du
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Monde» y engrosaron las colecciones de la Escuela de Bellas Artes de París y de los
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museos de Carpentras y Avignon.
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Por su parte, Etienne Dinet (18611929) viajó intensamente por Argelia desde 1884.
En 1904 se radicó en la población argelina de BouSaada. Aprendió a escribir y hablar
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fluídamente el árabe y en 1913 se convirtió al Islam, adoptando el nombre de Haÿÿ
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Naseruddín Dinet luego de realizar la peregrinación a La Meca en 1929, poco antes de
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su muerte. Uno de sus alumnos fue el gran miniaturista argelino Muhammad Racim
(18961975). Sus trabajos reflejan las características de la civilización musulmana
argelina y el hondo misticismo del Islam. Muchas de sus pinturas ilustraron sus
propios libros, como «La vida de Muhammad, profeta de Allah» y «Peregrinación a la
Casa Sagrada de Allah», su obra póstuma publicada en 1930 (cfr. Denise Brahimi y
Koudir Benchikou: La Vie et l'Oeuvre d'Etienne Dinet, ACR, París, 1994).
Otros grandes pintores orientalistas franceses fueron Jean Auguste Dominique Ingres
(17801867), Horace Vernet (17891863), Eugène Delacroix (17981863), Alexandre
Gabriel Decamps (18031860), Adrien Dauzats (18041868), CharlesEmile Vacher de
Tournemine (18121872), Théodore Frere (18141888), Hippolyte Lazerges (1817
1887), Théodore Chasseriau (18191856), EugèneSamuelAuguste Fromentin (1820
1876), Emile VernetLecomte (18211900), Alfred Dehodencq (18221882), Gustave
Boulanger (18241888), Victor Huguet (18351902), Georges Clairin (18431919),
41
Jean Lecomte du Nouÿ (18421923), BenjaminConstant (18451902), Eugène
Girardet (18531907) y Henri Regnault (18431871), autor del óleo conservado en el
Museo del Louvre: «Ejecución sumaria bajo los reyes moros de Granada (1870), que
vivió fascinado por la Alhambra y los temas andalusíes, y murió combatiendo en la
batalla de Buzenval (19 de enero de 1871), en la postrimería de la guerra franco
alemana.
Véase E. Delacroix: Viaje a Marruecos y Andalucía, acuarelas y dibujos publicados
con una introducción y notas de André Joubin, Olañeta, Barcelona, 1984; Félix
Marcilhac: Les Orientalistes: Jacques Majorelle, ACR, París, 1987; James Thompson
y Barbara Wright: Les Orientalistes: Eugène Fromentin, ACR, París, 1987; Jean
Claude Berchet: Le Voyage en Orient. Anthologie des voyageurs français dans le
levant au XIX siècle, Robert Laffont, París, 1994; Alain Daguerre de Hureaux y
Stéphane Guégan: l'ABCdaire de Delacroix et l'Orient, Flammarion/Institut du
Monde Arabe, París, 1994).
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La escuela húngara
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Arthur von Ferraris nacido en Galkovitz en 1856 fue alumno en Viena del famoso
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retratista Jospeh Matthaus y luego en París bajo la dirección de JeanLéon Gerome.
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Sus numerosos trabajos reflejan un depurado estilo y las influencias de las escuelas
D
alemana y austríaca en cuanto a luminosidad y perfección figurativa: «En la Mezquita
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(1890), Visita al Gran Sheij de la Universidad de El Cairo» (1890), «Un descendiente
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del Profeta» (1891), «El Beduino y el Vendedor de Armas» (1893). Desde 1894, este
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artista expuso sus obras en Berlín, y entre 1904 y 1908 las envió a Düsseldorf y
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Munich.
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La escuela italiana
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entablaría una fructífera amistad con el pintor orientalista Théodore Chassériau quien
lo recomendó al diplomático Prosper Bourée, que estaba listo para partir hacia Persia
en una misión especial relacionada con la Guerra de Crimea. Pasini fue invitado a
acompañar la delegación como pintor oficial de la misma junto al célebre diplomático
y orientalista JosephArthur, conde de Gobineau (18161882). En marzo de 1855,
Pasini cruzó Egipto, Arabia, Yemen y el Golfo Pérsico, llegando finalmente a Irán
donde permaneció durante un año y medio. Pasini continuó viajando: Estambul en
186869, Asia menor, Siria y Líbano en 1873, frecuentes visitas a Venecia, y dos giras
por España, una en companía de JeanLéon Gerome y Albert Aublet. Sus óleos son un
fiel espejo de sus viajes: «La llegada del Pashá», «Mercado de Constantinopla»,
«Jinetes Sirios descansando a la entrada del Bazar». La escuela italiana tuvo
importantes cultores como Giuseppe Signorini (18571932) y Giulio Rosati (1858
1917), Giuseppe Aureli, Filippo Bartolini, Ettore Cercone, Fabio Fabbi, Giulio Ferrario,
41
Ettore Simonetti, y Gustavo Simoni (cfr. Caroline Juler: Les Orientalistes de l'Ecole
Italienne, ACR PocheCouleur, París, 1994).
La escuela norteamericana
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Rotomagus).
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Su compatriota John Singer Sargent (18561925), nacido en Florencia (Italia), vivió
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la mayor parte del tiempo en París y Londres. Fue también un pintor muralista que
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pintó escenas victorianas y temas bélicos de la primera guerra mundial. Su inquietud
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orientalista se hizo conocida a través del óleo «Humo de ambar gris», realizado en
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Tánger (Marruecos) hacia 1880 (cfr. Gerald M. Akerman: Les Orientalistes de l'Ecole
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Américaine, ACR, París, 1994).
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La escuela polaca
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El polaco Stanislas von Chlebowski (18351884) estudió en San Petersburgo, Munich
y París. Luego de viajar por Europa, recibió el raro privilegio de pintar para la corte
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del sultán otomano Abdul Aziz (g. 18611876), durante doce años a partir de 1864.
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Pintó episodios de la historia otomana como «El sultán Ahmad III cazando» y
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«Muhammad II entrando en Estambul» (Museo de Cracovia). En 1866, retrató al líder
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musulmán argelino Abd alQadir en su exilio de Damasco.
La escuela suiza
Rudolf Weisse, nacido en Usti, Bohemia, en 1869 (sin datos sobre su deceso), recibió
una fuerte influencia de los austríacos Rudolf Ernst y Ludwig Deutsch. Su obra más
conocida es «Rezando en la Mezquita». Weisse no debe ser confundido con su
homónimo, el artista suizo Rudolf Weiss (18461933), que viajó por el Imperio
otomano.
41
Ornamentos y decoración
del arte islámico
«Para el artista musulmán o, lo que viene a ser lo mismo, para el artesano que ha de
decorar una superficie, el entrelazado geométrico es sin duda la forma que más le
satisface en el plano intelectual, pues se trata d e una expresión muy directa de la Unidad
divina que está tras la variedad inagotable del mundo. Cierto es que la Unidad divina
como tal está más allá de cualquier representación, pues su naturaleza que es absoluta,
no deja nada por fuera de sí misma, nada la 'acompaña'. Sin embargo, se refleja en el
mundo a través de la armonía, que no es otra cosa que la 'unidad de la multiplicidad'
(aluahdah fi'lkatrab), equivalente a la 'multiplicidad en la unidad' (alkatrab fi'l
uahdah). El entrelazado expresa tanto un aspecto como el otro. Mas tiene todavía otra
faceta que evoca la unidad que existe tras todas las cosas; el entrelazado suele tener un
solo elemento: una sola cinta o una línea única, que vuelve incesantemente sobre sí
misma»
F
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("El Arte del Islam", José J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 1988, pág. 66).
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Titus Buckhardt (19081984)
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La decoración desempeña un papel central en el arte islámico. Es uno de los factores
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unificadores que, durante catorce siglos, han vinculado edificios y objetos de todo el
CA
mundo islámico a través de una enorme extensión geográfica, desde España hasta la
TE
India.
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En el siglo IX, en la Casa de la Sabiduría de Bagdad se reunió a prestigiosos sabios que
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tradujeron dos libros griegos que serían fundamentales para la civilización islámica:
BI
«El Almagesto», de Claudio Ptolomeo, y «Los Elementos» de Euclides. El primero, un
tratado de Astronomía, les enseñaba a orientarse por las estrellas y el segundo, un
libro sobre Geometría —el más traducido a lo largo de la Historia después de la Biblia
— a hacer dibujos que señalasen la dirección de La Meca desde cualquier parte de la
Tierra. Así, las Matemáticas fueron las ciencias más necesarias e importante en el
Islam desde un primer momento. Los musulmanes las estudiaron y dominaron como
pocos pueblos, llegando a convertir la Geometría en el lenguaje gráfico para
representar a Dios y su Reino —el Reino de los Cielos— de una forma abstracta
mediante el uso de formas geométricas.
41
qam alarsh «cámara del Trono» y está inspirado en la sura 67 del Sagrado Corán,
llamada alMulk «El Reino» o «La Señoría». El magnífico descubrimiento del
islamólogo español es el haber puesto de manifiesto que las 105 lacerías que se
esparcen por el Techo, en una geometría progresiva, según los cánones de Pitágoras
tan maravillosamente asimilados por los musulmanes granadinos, parten de los 105
elementos de que consta la estrella clave, ubicada en el centro superior de la bóveda
que representa los Siete Cielos. En efecto, geométricamente 105 significa la estrella de
seis puntas (en suma pitagórica 1 0 5 son 6), estrella de David o sello de Salomón (un
motivo ornamental utilizado por los musulmanes antes que los judíos: cfr. Erna S.
Schlesinger: Mil preguntas y respuestas sobre Judaísmo, S. Sigal, Buenos Aires,
1966, pág. 21), los dos triángulos invertidos, el agua y el fuego de la creación,
correspondiente al signo de la divinidad a la que hace referencia la estrella clave,
enmarcada en la cupulina (tres últimos cielos) o Trono de Dios (cfr. Darío Cabanelas:
La antigua policromía del techo de Comares en la Alhambra, Revista AlÁndalus,
vol. XXXV, fasc. 2, Granada, 1970).
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Una característica fundamental de la decoración geométrica es la utilización de un
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sólo diseño —que será la unidad de cualquier composición decorativa— que, por
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multiplicación de sí mismo, cubre completamente una superficie. Esta forma de
proceder permite decorar sobre una superficie indefinidamente sin más que seguir
EL
unas reglas fijas. De este modo se consigue presentar la unicidad —Dios es uno—
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entre la multiplicidad —y está en todas partes—.
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Durante los últimos mil años, Europa ha considerado el arte islámico como algo
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maravilloso. El intercambio entre cristianos y musulmanes empezó mucho antes de las
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Cruzadas. En la España islámica se estableció de modo firme a través de las diversas
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sobre la cultura cristiana. En Sicilia las dos religiones coexistieron armónicamente,
mientras el Norte de Africa estaba totalmente gobernado por los musulmanes, cuyos
IO
navíos surcaban el Mediterráneo de un extremo a otro. Con el tiempo, los mercaderes
BL
italianos —principalmente venecianos, pisanos y genoveses— establecieron el tráfico
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directo con los puertos sirios y palestinos, el comercio oriental se convirtió en una
organización regular de objetos raros y llegaron a los mercados europeos todo género
de obras de artífices islámicos. En el siglo XV, los artesanos europeos, acuciados por el
éxito musulmán en aquellas artes lucrativas, que tan esenciales habían sido para el
esplendor del llamado Renacimiento, fijaron su atención, con renovado interés, en
Oriente. Basándose en un estudio más profundo de los métodos islámicos, revisaron y
ampliaron sus propios conocimientos técnicos, y al hacerlo así no se contentaron ya
con absorber los elementos decorativos de esa procedencia, sino que empezaron a
examinar atentamente cánones de dibujo, adaptándolos a una nueva concepción de
trabajo, que ya era puramente europea. No sólo humildes artesanos, sino también
celebridades, como el florentino Leonardo da Vinci (14521519), utilizaron modelos
islámicos en sus trabajos.
41
Uno de los libros más interesantes que prueba estas aseveraciones es el de Francesco
di Pellegrino, otro florentino también pintor y escultor, que trabajó en el palacio de
Fontainebleau para Francisco I (14941547) y que fue conocido en Francia por el
nombre de Francesque Pellegrin. Su libro «La Fleur de la science de pourtraicture et
patrons de broderie. Façon arabicque et italique», está fechado en 1530 y sus diseños se
derivan totalmente de modelos islámicos —en 1908 se publicó en París una edición en
facsímil con prólogo del filántropo e islamólogo Gaston Migeon (18611930).
De estas publicaciones y de obras contemporáneas (como los muestrarios de Peter
Flötner y Martinus Petrus) hay que ir, por ser sumamente instructivos, a los modelos
del pintor y grabador Hans Holbein, llamado el Joven (Augsburgo 1497Londres
1543), cuyos dibujos para platería y otras artes de inspiración musulmana se hallan
unidos de un modo inteligente a su propio estilo original.
F
indispensables encontraron no sólo la aceptación de Europa, sino que se extendieron
SE
por todo el mundo civilizado. Cargamentos de cretonas y percales estampados con
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diseños de alegres colores introdujeron modas nuevas en las artes textiles, algunas de
D
CI
las cuales, como las «persiennes» de París, proporcionaron a las señoras del tiempo de
Ana Estuardo (16651714), reina de Inglaterra, lindos vestidos y posteriormente
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fueron causa de la prosperidad de Manchester.
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Nuevos chales, como indica su nombre, vinieron de Persia. Ciertos modelos de teteras
IT
opulentos nababs, eran corrientes en las mesas de la Era Victoriana y persisten hoy
D
aun bajo formas má o menos modificadas. Incluso desde los comienzos del Islam, el
CA
comercio, la cultura, la piedad y hasta la curiosidad occidentales han encontrado cada
TE
una de ellas algo a su gusto entre los productos de la actividad musulmana. Pero en el
conocimiento de su excelente técnica y de su belleza ha habido maestros artífices,
IO
como Odericus de Roma, que en 1286 hizo el modelo islámico para el pavimento de
BL
artista, decorador y poeta William Morris (18341896), que utilizó patrones islámicos
para confeccionar un suntuoso brocado de terciopelo, tejido en azul, naranja, blanco y
oro en 1884 (que hoy se encuentra en el Museo Victoria y Alberto), así como para
plasmar muchos de sus diseños (cfr. N.M. Wells: William Morris, Brockhampton
Press, Londres, 1988).
Owen Jones
Uno de los primeros estudiosos del arte islámico fue el arquitecto de origen galés
Owen Jones (18091874), que fue el superintendente de la famosa Exposición
Universal de Londres de 1851, y autor de Plans, Elevations, Sections and Details of
the Alhambra (Londres, 184245).
42
Owen Jones y su amigo Jules Goury realizaron un gran viaje entre 1832 y 1834 que
abarcó Turquía, Egipto, Sicilia y el sur de España. Su objetivo fue el conocer y estudiar
personalmente el arte islámico, en especial el hispanomusulmán. Ambos trotamundos
británicos quedaron deslumbrados por la magnificencia de sitios como la Mezquita de
Córdoba, los Alcázares de Sevilla, la alcazaba de Guadix y en particular, la Alhambra
de Granada.
«Encontramos en la Alhambra el arte de la elocuencia de los Egipcios, la gracia natural y
el refinamiento de los Griegos, las combinaciones geométricas de los Romanos, los
Bizantinos y los Arabes (...) Los moros siempre tuvieron en cuenta lo que nosotros
consideramos que es el primer principio de la arquitectura —decorar la construcción,
jamás construir la decoración: en la arquitectura morisca (es decir, andalusí) la
F
decoración no sólo surge naturalmente de la construcción, sino que la idea constructiva
SE
se lleva a cabo en cada detalle de la ornamentación de la superficie.
IC
D
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Creemos que la verdadera belleza de la arquitectura reside en "ese reposo que el espíritu
experimenta cuando el ojo, el intelecto y los sentimientos están satisfechos, en la ausencia
EL
de todo deseo". Cuando un objeto está falsamente construido y parece que deriva o
D
soporta pero no hace ni una cosa ni la otra, es incapaz de dar esta respuesta, y por
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consiguiente jamás puede alcanzar la verdadera belleza, por muy armonioso que sea en sí
IT
mismo: las razas musulmanas, y especialmente los moros, han observado constantemente
IG
esta regla; jamás encontramos un ornamento inútil o superfluo; cada ornamento emana
D
Véase E.J. Grube, S: Carboni y G. Curatola: Arte veneziana e Arte islamica, Venecia,
IO
1989; Stuart Durant: La ornamentación. Desde la Revolución Industrial a nuestros
BL
días. El orientalismo, Alianza, Madrid, 1991, págs. 133161.
BI
Arabescos y atauriques
Aunque sus orígenes se remontan al follaje de viña naturalista del arte clásico
occidental y oriental, que los musulmanes encontraron en los monumentos cristianos,
romanos, bizantinos, sasánidas e indios de los territorios recién conquistados, el
42
arabesco islámico presenta múltiples formas, que pueden llegar hasta la abstracción.
Pero, cualquiera que sea su naturaleza formal y la materia sobre la cual se trabaje, el
arabesco se rige siempre por los mismos principios de movimiento preciso y regular,
de repetición simétrica y de expansión ilimitada, que dan lugar a composiciones
equilibradas y armoniosas. A menudo, incorpora motivos geométricos y a veces él
mismo se geometriza. De hecho, la geometría constituye el fundamento conceptual de
toda la estructura y decoración de la mayor parte de las obras de arte del Islam.
F
influencias anteriores. El lazo tiene dos fundamentos: el tema y la base simétrica.
SE
Estos temas son polígonos. En alÁndalus el más aplicado fue el octógono que forma
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el lazo de ocho.
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En tanto que el Oriente islámico, poco a poco, resolvió los arabescos en
EL
interpretaciones naturalistas y el Magreb y alÁndalus los desarrollaron según un
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centelleante juego de líneas próximo al carácter del rococó, Egipto y Siria conservaron
L
A
con fidelidad los tipos de arabesco, que habían llegado a su plenitud. La época de los
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mamelucos, que marca el grado más alto de esplendor del arte islámicoegipcio, llena
IG
los campos de los espacios poligonales con arabescos cuyos motivos rayonados y
D
estrellados son de una rara belleza.
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La estrella, de seis, ocho, dieciséis o más puntas es una de las formas fundamentales
del diseño geométrico islámico. Puede emplearse igualmente en dos o en tres
IO
concatenadas o para adornar maderas y herrajes dentro de los edificios.
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Por lo que atiende a los atauriques (del árabe attauriq: "el adorno foliáceo"), o sea la
ornamentación vegetal, es de destacar, en primer término, la carencia de información
histórica con respecto a su técnica de composición. Se ha conjeturado, no obstante,
acerca de moldes de cera, que posteriormente fuesen vaciados.
Ibn Jaldún (13321406) da ciertos indicios sobre el particular: «La ornamentación y el
embellecimiento de las casas forman todavía otra rama de la arquitectura. Consisten en
aplicar sobre los muros figuras en relieve hechas de yeso que se deja fermentar en el
agua. Se retira el yeso bajo la forma de una masa sólida en la cual se halla aun un resto
de humedad. Se labra esta masa sólida sobre un modelo dado, grabándola con punzones
de hierro, y se termina dándole un bello pulimento y un aspecto agradable... Tales
ornamentos dan al muro el aspecto de cuadros de un vergel florido» (Ibn Jaldún:
Introduccion a la historia universal. AlMuqaddimah. FCE, México, 1977, pág. 722.
42
Para darse una idea del prodigioso valor de estos atauriques inspirados, al parecer, en
muestras de tapicería artesanal, y que hoy todavía podemos admirar en las salas de la
Alhambra de Granada, basta citar el testimonio del orientalista francés Pierre Loti
(18501923) quien, en su «Viaje a Marruecos», afirmaba que en tejer un jaití,
guadamecí, alahilca o albenda, que son las distintas muestras gremiales, se empleaban
diez años de la vida de un hombre.
F
Orígenes de la filosofía de Raimundo Lull, Homenaje a Menéndez Pelayo, Varios,
SE
Madrid, 1899, vol. II, pág. 206).
IC
D
CI
Véase E. Künhel: The Arabesque. Meaning and Transformation on an Ornament,
Graz, 1976; P.WardJackson: Some Main Streams and Tributaries in European
EL
Ornament from 1500 to 1750. Part 2. The Arabesque, en el Boletín del Museo
D
Geometrical Pattern and Design, Dover, Nueva York, 1973; Prisse d'Avennes: Arabic
IT
Art in Color. 141 designs and motifs on 50 plates, Dover, Nueva York, 1978; Ali
IG
Dowlatshahi: Persian Designs and Motifs for Artists and Craftsmen with 400
D
motifs and 8 fullcolor plates, Dover, Nueva York, 1979; Eva Wilson: Islamic
CA
Designs, British Museum Pattern Books, Londres, 1988; Keith Critehlow: Islamic
TE
Patterns. An Analytical and Cosmological Approach, Thames and Hudson, Londres,
1989; Prisse d'Avennes: The Decorative Art of Arabia, Studio, Londres, 1989; Basilio
IO
Pavón Maldonado: El arte hispanomusulmán en su decoración geométrica, AECI,
BL
decoración floral, AECI, Madrid, 1990; N. Simakoff: Islamic Designs in Color with
162 Illustrations, Dover, Nueva York, 1993.
Azulejos
42
alcanzó una riqueza sin precedentes en Irán y Turquía durante los siglos XVII y XVII.
Ejemplos singulares son los alicatados de las mezquitas safavíes de Isfahán y las
mezquitas y palacios de Estambul, donde los azulejos recubren por entero la superficie
de los edificios como si estuvieran totalmente empapelados (como en la Sala del
príncipe heredero, en el Haremlik del palacio Topkapi). En la gama de los azulejos
persas predominan los tonos azul y turquesa puntuados con blancos, negros y verdes,
así como amarillos y rosas, sobre todo en las últimas épocas safaví y qaÿar.
En el mundo islámico occidental de alÁndalus y el Magreb los azulejos se confinan
generalmente a las partes inferiores de los muros, y son de diseño sobre todo
geométrico. Fuertes contrastes de colores claros y oscuros —en la Alhambra, por
ejemplo— se contraponen con objeto de producir formas estrelladas y cuadradas de
gran complejidad. Por otra parte, colores armónicamente combinados se utilizan para
definir las formas geométricas de paneles y frisos en mosaico de azulejo.
F
Dice el islamólogo granadino Luis Seco de Lucena Escalada (Tarifa 1857Granada
SE
1941): «Los aliceres rosa y carmín que vemos en el alicatado de la Torre de la Cautiva, y
IC
que sin duda es el más bello de todos los conocidos, ofrecen el excepcional interés de que
D
CI
son los primeros que de dicho colores se labraron; porque, aunque las historias de
aquellas industrias artísticas nos dicen que el descubrimeinto de producirlos por el
EL
cloruro de oro se debe a Lucca della Robia (13991482), como la Torre de la Cautiva
D
hubo de construirse por AbulHaÿÿaÿÿ (Yusuf I), que fue asesinado en 1351, es evidente
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que en 1399, cuando nació el famoso ceramista (y escultor) florentino, los mencionados
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colores ya estaban descubiertos y utilizados en la decoración de la Alhambra, por artífices
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musulmanes que aquí mismo lo producían; debiendo hacer constar que tampoco en
D
Oriente los hubo antes, porque los de la Mezquita Azul de Tabriz (época turkmena,
CA
1465), que son los más antiguos que allí existen, aparecieron un siglo después que los de
TE
la Torre de la Cautiva» (L. Seco de Lucena: La Alhambra, Granada, 1919, pág. 136 y
IO
siguientes).
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De tal aseveración se desprende que hubo de existir un nexo entre ambas escuelas,
BI
Uno de estos viajeros, del que se sabe llegó a las profundidades del Africa (desde
Túnez a Timbuctú; también visitó el Estambul otomano y el Oriente musulmán), fue
el florentino Benedetto Dei (14181492), amigo de Leonardo da Vinci (cfr. Antonina
Vallentin: Leonardo da Vinci, Losada, Buenos Aires, 1943). Los azulejos andalusíes
se exportaban y se utilizaron para el revestimiento de la sala capitular de la Abadía
londinense de Westminster (1255).
Véase Hans Van Lemnen: Azulejos decorativos, Editorial Libsa, Madrid, 1989.
42
Cerámica
Considerada una de las artes más importantes del Islam, la cerámica experimentó un
prodigioso desarrollo a partir del siglo VIII. La cerámica omeya, que prosiguió la
tradición de las técnicas bizantina y oriental, ideó muy pronto nuevas formas de
ornamentación utilizando la caligrafía. En el siglo IX se descubrió en Bagdad un tipo
de loza vidriada (que más tarde se conocería como mayólica o fayenza) y se
revolucionaron los procedimientos de la cerámica con el uso de pastas porosas y la
doble cocción efectuada a una temperatura variable.
Los alfareros abbasíes, probablemente estimulados por el deseo de competir con la
cerámica importada de China, llevaron a cabo síntesis inéditas con los diferentes tipos
de pastas y de vidriados. Adoptando un procedimiento que utilizaban los vidrieros en
Egipto a fines del siglo VII, aplicaron óxidos de cobre y plata a las lozas esmaltadas y
crearon con ello la técnica ornamental del reflejo metálico, capaz de proporcionar
F
unas pátinas que se asemejaban al oro.
SE
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En la Siria y el Irán selÿucidas, a partir del siglo IX se generalizó el empleo de pastas
D
silíceas y el uso de de la técnica del reflejo metálico. En Irán, a finales de siglo XIII, se
CI
perfeccionó la técnica del minai, que permitía
EL
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la utilización de una gama de siete colores, procedimiento éste nunca alcanzado con
L
anterioridad en la historia de la cerámica. Rei (la Rhages de los medos), cerca de
A
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Teherán, fue un centro de importante de industrias cerámicas antes de que fuera
IG
destruida por los mongoles en 1220.
D
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Hay una copa en el Museo de Louvre, decorada con esfinges y músicos sentados,
colocados en paneles dispuestos en series de líneas curvas de eses contrapuestas, que
TE
mongoles saquearon Rei. Se conserva otro jarrón en azul turquesa (color que en China
BI
era conocido con el nombre de "azul mahometano"), que constituye el tipo de
cerámica hecha en la ciudad de Sultanabad (hoy llamada Arak, en la provincia iraní
de Markazí "Central") durante los siglos XIII y XIV. Unos recipientes ligeramente
cóncavos y de cuello estrecho con reborde, que se fabricaron tanto en Irán como en al
Ándalus, eran conocidos por los italianos con el nombre de «albarellos», palabra que
deriva del árabe albarniyya, o sea, el frasco de farmacia. En el siglo XV las farmacias
italianas estaban surtidas de dichos recipientes llenos de drogas y sustancias
importadas del mundo islámico.
Los ceramistas turcos y sirios usaron en la manufactura de platos, tazas, jarrones y
otras vasijas de diversas formas, la misma técnica que para los azulejos y análogo
género de decoración.
42
El elemento ornamental más llamativo usado en esta clase de cerámica es, sin duda
alguna, el tema floral, utilizado muy profusamente en los alicatados damasquinos,
donde los tulipanes, las rosas, los jacintos, las lises y la flor de almendro están
dibujadas de un modo tan inteligente y con tal sentido decorativo, que su naturalismo
no degenera nunca en simple representación pictórica. Fue en Irán donde los artífices
tomaron este elemento floral y donde aprendieron a dibujarlo con tan exquisita
gracia. En el Museo Ashmoleam de Oxford se conserva una jarra de loza decorada de
Damasco (siglo XVI), influida por los modelos persas que constituye una obra maestra
en su género.
F
de la cerámica musulmana.
SE
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La cerámica islámica vivió un nuevo período de esplendor bajo los safavíes (1502
D
CI
1732), cuando Abbás el Grande y otros soberanos iraníes del siglo XVII hicieron
decorar las alas de sus palacios de Isfahán con paneles policromados bajo glaseado, en
EL
general con representaciones de las fiestas y reuniones musicales que se celebraban en
D
el jardín.
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Sin embargo, la cerámica más famosa del Islam es la de Iznik (la antigua Nicea de
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Anatolia, cerca de Estambul). Del siglo XV al siglo XVII, los azulejos de Iznik
D
alcanzaron una enorme fama y fueron empleados para la decoración de las mezquitas,
CA
de los palacios, de las tumbas y de otros edificios del imperio otomano.
TE
El arte de los azulejos de Iznik llegó a su apogeo hacia a finales del siglo XVI, período
IO
grandes obras. La cerámica otomana consiguió asociar hasta cinco esmaltes de colores
BI
distintos, proeza técnica que culminó en los alfares de Iznik con el motivo ornamental
de las «cuatro flores», realzado con un rojo muy vivo. Los artesanos de Iznik
especializados en la loza fina, decoraron los objetos más diversos: vajilla, lámparas,
cajas, candelabros, destinados a una clientela de la corte. Los soberanos y nobles
cristianos les hicieron frecuentemente pedidos, lo que explica en parte la utilización
de motivos figurativos como animales y barcos, poco frecuentes en el arte islámico.
42
Epigrafía
Otra modalidad notable de la decoración islámica es el uso de las inscripciones en
árabe. Rodeando el borde de un friso o de una cartela, encontramos frecuentemente
pasajes del Corán, un verso apropiado de un poeta, una frase de felicitación o de
bendición.
Las inscripciones árabes, única aportación genuinamente al arte del Islam, son el sello
universal de influencia o dominación musulmanas por todo el ámbito de su extensión.
Los copistas musulmanes rivalizaban en la perfección de los bellos caracteres
caligráficos. Generaciones de expertos calígrafos trabajaron con tal acierto y
aceptación, que no sólo un libro constituía un tesoro inapreciable, sino hasta los
sencillos rasgos de un gran maestro calígrafo eran buscados por los coleccionistas.
Los artífices europeos se familiarizaron poco a poco con la forma de las inscripciones
F
árabes, incluso aun cuando no las comprendieron. Una antigua prueba de estos
SE
conocimientos e ignorancia nos la proporciona una moneda de oro acuñada por Offa,
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rey de Mercia (757796) —uno de los siete reinos anglosajones conocidos como la
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Heptarquía—, que actualmente figura en el Museo Británico. Se parece al dinar
musulmán, pero lleva la inscripción «Offa Rex», al revés, en medio de la leyenda
EL
árabe, la cual está tan exactamente transcrita, que la fecha de la pieza original (774) y
D
la fórmula religiosa islámica inserta son claramente legibles en la copia. En el mismo
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museo del barrio londinense de Bloomsbury, se conserva una cruz dorada irlandesa,
IT
del siglo IX, que lleva en el centro, en pasta vidriada, una inscripción con la frase
IG
árabe Bismillah ("En el nombre de Dios"), en caracteres cúficos. En ninguno de los dos
D
extraña escritura que copiaba o adoptaba, porque es difícil que profesiones de fe tan
TE
islámicas hubieran podido ser voluntariamente puestas en la acuñación ordenada por
un rey cristiano o figurar en un emblema sagrado.
IO
BL
Juegos de luces
BI
Los elementos arquitectónicos en los edificios islámicos y los materiales seleccionados
para su decoración con frecuencia están formados para reflejar, refractar y ser
transformados por la luz y la sombra. Hay un uso sutil de las superficies brillantes de
pavimentos y muros, de modo que aprehendan la luz y frecuentemente la devuelvan a
las facetas romboidales de los techos, que a su vez la reflejan de nuevo. Las mocárabes
(piezas ornamentales en forma de estalactitas con las que se configuran arcos y
bóvedas) atrapan la luz y la refractan; las cúpulas nervadas (como en el caso de la
42
mezquita de Córdoba) parecen rotar según la hora del día. Las fachadas parecen estar
hechas de materiales como de encaje y se transforman en celosías transparentes
cuando el sol ilumina su decoración estucada —horadada y trabajada a propósito para
crear este efecto de incorporeidad. La luz que entra a travñes de vidrios o celosías
proyecta dibujos sobre las superficies interiores ya en sí decoradas y borra la
separación entre lo lleno y lo vacío. Los espejos, los azulejos vidriados, la madera
dorada y el mármol pulimentado, todo brilla, reluce y refleja la luz fuerte y enérgica
de las tierras islámicas.
La Alhambra nos brinda los mejores ejemplos de juegos de luces. Casi todas las salas
de los Baños de la Casa Real se cubren con bóvedas esquifadas de planta rectangular,
agujereadas con luceras en forma de estrellas de ocho puntas, como representación de
la bóveda celeste. En el techo de la Sala de las Dos Hermanas, sobre la base del
octógono, la bóveda parece flotar, sin peso, sobre el espacio. Ello se debe a la
disposición de las ocho ventanas dobles que dejan pasar la luz, dando un
F
extraordinario efecto luminoso.
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Metales
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Los artífices musulmanes practicaron diversos métodos en la decoración de metales.
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Sobresalieron el arte de incrustar dibujos en oro y plata, en bronce o latón. La técnica,
D
«damasquinado», que viene a relacionar este trabajo con Damasco, en cuya ciudad
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efectivamente se practicaba. El trabajo musulmán de incrustación en metales alcanzó
IG
su perfección a mediados del siglo XII, y continuó con la misma excelente calidad
D
durante dos siglos.
CA
Algunos de los bronces islámicos más refinados se han conservado en los tesoros de
TE
las iglesias europeas. Al principio se adoptaron las formas Sasánidas pero el período
IO
Fatimí (9091171) produjo vasijas de bronce con forma animal, así como candiles y
BL
platos. Aunque en el oriente de Irán se realizaron interesantes piezas grabadas con
BI
Taracea y marroquinería
Una de las artes menores más exquisitas del Islam es la taracea, la labor de
inscrustación en marfil (eboraria), metales o maderas coloreadas sobre la carpintería.
Los musulmanes hicieron cosas preciosas, total o parcialmente en marfil, materia que
decoraron con tallas, incrustaciones o dibujos ornamentales.
42
En el siglo X la escuela de tallistas en marfil, centralizada en Córdoba, producía obras
de un estilo tan depurado que denotaban ya madura experiencia. Las cajas de marfil
tallado y los colmillos de elefante abundaban en la corte fatimí, continuándose la
tradición en la Sicilia musulmana. En ellos se representaban cortesanos, animales y
vegetación.
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Entre los objetos de uso diario que deben al Islam algo de su materia prima, de su
IC
técnica o de su dibujo, los libros impresos son tal vez los más difundidos. Aunque a
D
CI
primera vista su relación con el mundo musulmán pudiera parecer remota, los
modernos métodos de producción en el ramo de librería han aprovechado muchas de
EL
las iniciativas y de la inteligencia musulmana de la Edad de Oro.
D
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decorativas islámicas. En los primeros tiempos se realizaban en relieves repujados;
IG
más tarde se estampaban y doraban las cubiertas y los lomos y, finalmente, en el siglo
D
XVI, se pintan con esmaltes. El trabajo de cuero se aplicó a los arneses de los caballos
CA
y a los objetos empleados en la cetrería.
TE
Tejidos, alfombras y tapices
IO
BL
Los tejidos, las alfombras y los tapices del Irán, Afganistán, Asia central y la India son
BI
probablemente los objetos del arte islámico mejor conocidos en Occidente. Los
cruzados europeos y los mercaderes medievales a menudo volvían de sus expediciones
con sedas preciosas de origen islamoasiático que ofrecían a las iglesias cristianas. Tal
fue el caso del famoso «Sudario de SaintJosse», fabricado para Abd alMalik Ibn Nuh
I, gobernador samánida del Irán oriental (Transoxiana y Jorasán), fallecido en 961.
Posteriormente, sería transformado en sudario de las reliquias de la abadía de Saint
JossesurMer (PasdeCalais). Su donante, el cruzado Etienne de Blois (10971154),
sin duda, se dejó cautivar por el admirable tejido de esta tela realizada con sedas
polícromas sobre fondo rojo y por su composición de grandes motivos de elefantes y
dragones flanqueados arriba y abajo por bandas de inscripciones, todo ello rodeado
de una orla de camellos bactrianos.
En los primeros siglos del Islam, los musulmanes no sólo estimularon las industrias
textiles existentes, sino que establecieron nuevas factorías por donde quiera que
42
fueron. Esto se comprueba por los nombres con que fueron conocidas muchas fábricas
en la Edad Media, términos comerciales que han llegado hasta nuestros días en varios
casos, como recuerdo de los lejanos lugares donde ciertas materias tenían su origen, o
de los mercados donde se compraban. Así sucede con las blancas gasas producidas en
la ciudad palestina de Gaza, o con la tela conocida en la época de Geoffrey Chaucer
(13401400) con el nombre de fustán —tela gruesa de algodón con pleo por una de
sus caras—, que venía de un arrabal de El Cairo llamado Fustat, que fue la primera
capital musulmana de Egipto.
El tejido que todavía llamamos en la actualidad damasco, tomó el nombre del gran
centro comercial sirio del que importaba Occidente muchas cosas que incluso no
estaban fabricadas allí. La famosa muselina es la mussolina importada de Mosul (Irak)
por mercaderes italiano. «Baldacco», que es la italianización de Bagdad, dio su
nombre a las importantes fábricas de sedas que se instalaron en la metrópoli a orillas
del Tigris, y también al dosel que se pone sobre los altares en muchas iglesias,
F
llamado «baldaquino».
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Posteriormente, hubo fábricas de telas para vestidos en la Granada andalusí, que se
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conocían con la denominación de «granadinas» en las tiendas europeas, en las cuales
también compraban las señoras taftah, de Irán, bajo el nombre de «taffeta» o
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«tafetán», —tela delgada de seda, muy tupida. El barrio 'Attabiyya de Bagdad donde
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vivían los descendientes de Attab, bisnieto de un compañero del Profeta (BPD), era
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célebre en el siglo XII por una manufactura especial, imitada en alÁndalus, conocida
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con el nombre de seda attabí. Francia e Inglaterra la adoptaron con la denominación
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de «tabis», y por este nombre comercial se hizo popular en toda Europa.
D
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«El algodón fue introducido por los árabes en Europa, al igual que diversos
TE
cultivos, en torno al siglo IX (qutn o qotn, en árabe, deja su nombre en el catalán
cotó, y las diversas formas de las lenguas europeas: algodao, cotón, cotton, cotone,
IO
etc.) y fue uno de los tejidos que mayores cambios imprimirían a las vestimentas
BL
populares, refinándolas y combinándolas con las prendas de lana» (Pedro Martínez
BI
Los tejidos y alfombras procedentes del mundo islámico continuaron apreciándose en
el Occidente europeo hasta mucho después de las cruzadas y aparecen representados
a menudo en la pintura italiana, francesa y flamenca de los siglos XIV al XVII. En este
mismo período, y más concretamente en los siglos XVI y XVII, alcanza su apogeo la
industria de la alfombra en Irán, tanto desde el punto de vista artístico como por el
virtuosismo de su técnica.
El principal artífice de esta evolución fue el soberano safaví Abbás el Grande (1571
1629), que fundó las fábricas reales de alfombras en Kashán, Kermán e Isfahán. La
alfombra clásica de este período en general estaba ejecutada a base de minúsculos
43
nudos de fibras multicolores de lana y seda. Los tapices (kilim), tejidos con con
motivos que se iban repitiendo, a menudo se realizaban con hilos de seda y de metal.
Otra decoración muy apreciada en el Irán de aquella época era la alfombrajardín, que
reproducía el trazado alargado y las proporciones del jardín tradicional islámico,
dividido en rectángulos orlados de franjas floridas, entre los cuales corrían canales de
agua jalonados de estanques octogonales y de fuentes distribuidas a lo largo del eje
principal. Los árboles, flores y peces representados en estas alfombrasjardín suelen
ser bastantes rígidos y estilizados, seguramente en consonancia con el formalismo
general del dibujo.
«Parece que la utilización de la alfombra exige en las sociedades islámicas una actitud y
un comportamiento práctico que indican claramente el abandono del espacio exterior y la
penetración en un espacio interior y recogido, fundamentalmente separado de aquél. La
costumbre de descalzarse al penetrar en las tiendas o en las viviendas, y específicamente
F
en las zonas alfombradas, o de cambiar de calzado y colocarse otro nada más franquear
SE
el umbral de la casa, se ha seguido puntualmente en las viviendas islámicas, lo cual ha
IC
redundado en su pulcritud y ha establecido claramente los límites del espacio privado. La
D
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alfombra ha ofrecido grato soporte a quienes permanecen largo tiempo en una
habitación, o reunidos bajo la tienda, acogidos a las costumbres de la hospitalidad o la
EL
reunión familiar o de grupo.
D
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Estas mismas concepciones son las que llevan a alfombrar los suelos de las mezquitas, en
IT
las que no sólo no se puede entrar calzado, sino que se han de visitar tras la ablución o
IG
purificación que se realiza a su entrada, junto a la fuente del patio. La alfombra es, pues,
D
el "mobiliario" fundamental de cualquier espacio islámico, y no esencialmente un objeto
CA
de lujo, aunque en lugares que carecen de las posibilidades de instalarla hagan sus veces
TE
las esteras, habilísimamente trabajadas» (Martínez Montávez y Ruíz BravoVillasante:
IO
Europa Islámica. O. cit., pág. 111).
BL
En 1521, el Cardenal y Lord Canciller inglés Thomas Wolsey (14751530), favorito de
BI
Enrique VIII, mediante los buenos oficios del embajador veneciano en Londres,
adquirió sesenta alfombras persas para su palacio de Hampton Court a orillas del
Támesis.
En el siglo XVI los artífices iraníes llegaron en la confección de alfombras de unas
dimensiones que no han sido alcanzadas nunca, ni antes ni después, logrando, con
maravilloso acierto, diseños de belleza sin igual. Una de esta obras maestras,
procedente de Ardabil —donde estuvo expuesta en la mezquitamausoleo del Sheij
Safiuddín (12511334), fundador de la cofradía mística Safaviyya y patrono de la
dinastía safaví—, pertenece ahora al Museo Victoria y Alberto de Londres (Artes
islámicas, sala 42, planta baja). Sa. Es una alfombra inmensa (10,97 m x 5,34 m) de
un trabajo delicadísimo en lana y seda, con más de treinta millones de nudos
diminutos (380 por pulgada cuadrada). En una esquina hay una cartela con un verso
43
del poeta Hafiz y debajo se lee: «Obra del servidor del umbral, Maqsud de Kashán, año
946 (1540 de la era occidental)».
Un magnífico tapiz persa es el que se guarda en el Museo Poldi Pezzoli de Milán, el
cual se ha comprobado que fue tejido por Guiazuddín Ÿami, en 1521. Todos los
tapices y alfombras tejidos a máquina, de uso universal, llevan dibujos tomados de los
originales islámicos.
F
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Vidrio y cristal
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D
Narra el escritor y erudito latino Caius Plinius Secundus, llamado Plinio el Viejo
CI
(Novum Comum 23 d.C.Stabiae 79) en su «Historia natural» que el vidrio fue
EL
descubierto por unos marinos fenicios cuando, sobre una playa ardiente rica en sílice,
D
vertieron sin querer un poco de nitrato potásico, quedando sorprendidos al ver cómo
L
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éste se convirtió al punto en una lámina traslúcida (cfr. Jean Mazel: El secreto de los
IT
Cornelius Tacitus (55120) y el sevillano San Isidoro (560636) repiten los mismos
D
Shihabuddín Ibn Muhammad alMaqqarí (15911634), que la técnica de la fabricación
TE
del vidrio es perfeccionada por el científico y astrónomo cordobés Ibn Firnás en el
siglo IX (cfr. AlMaqqarí: Nafh attib min ghusn alÁndalus arratib —"Exhalaciones de
IO
perfume de la rama tierna de alÁndalus", Edic. y trad. de Reinhart Dozy, 2 vols.,
BL
Leiden, 18551860).
BI
Los vidrieros de los primeros siglos del Islam recurrían a menudo a la superposición
de dos capas de vidrio, aplicando un revestimiento de color —generalmente azul o
verde— sobre un fondo de vidrio incoloro.
Bajo los fatimíes se produjo numerosos objetos fabricados en cristal de roca (cuarzo
cristalizado, incoloro y transparente), sustancia de gran valor y difícil de trabajar. Los
tesoros fatimíes llegaron a incluir en algún momento más de 18.000 artículos en
cristal de roca. La mayor colección de vasijas de cristal de roca fatimíes se encuentran
ahora en el Tesoro de San Marcos de Venecia y representan parte del botín
procedente del saqueo de Constantinopla perpetrado por los cruzados en 1204,
durante la cuarta cruzada, que fue en la práctica una guerra entre bandos cristianos.
43
Los artífices vidrieros sirios llegaron a una perfección espléndida con sus lámparas
(mejor dicho, pantallas de lámparas, provistas interiormente de pequeñas vasijas de
aceite, colgadas de los bordes por medio de alambres), las cuales, suspendidas por
tres, o más, cadenas de plata o latón, sujetas en las asas, dispuestas en el cuerpo
exterior de aquéllas, iluminaban en la oscuridad las mezquitas, irradiando como joyas.
Generalmente estaban adornadas con dibujos en forma de franjas llenas de
medallones e inscripciones realzados con esquemas de hojas de tipo convencional: en
algunas, toda la superficie está cubierta de motivos florales, como en un brocado de
seda, en otras, del mismo estilo, aparece una cartela con el escudo del donante que
hizo el ofrecimiento a cierta mezquita desconocida. Los nobles musulmanes, siguiendo
una antigua tradición islámica, ponían frecuentemente divisas de carácter heráldico
en los objetos de su propiedad, como es el caso del famoso blasón de los sultanes
nazaríes de Granada que puede encontrarse en los muros de la Alhambra. El uso de
estos blasones influyó en el desarrollo de la heráldica occidental, que durante las
Cruzadas evolucionó hasta convertirse en una verdadera ciencia con nomenclatura
F
propia.
SE
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El estudioso Louis Charpentier escribe en el capítulo que dedica al misterio de la luz
D
CI
en la catedral de Chartres que el verdadero vidrio de vitral aparece en Persia hacia el
siglo noveno (cfr. L. Charpentier: El enigma de la catedral de Chartres, Plaza &
EL
Janés, Barcelona, 1976; Varios autores: Le secret des cathédrales, Revista Historia
D
Nº 9801, Enero 1998, Editions Fragile,Tiralet, Gavaudun ). El vidrio de vitral, según
L
A
Charpentier, apareció en Occidente al mismo tiempo que el gótico; es decir, durante
IT
el primer cuarto del siglo trece (época de la construcción de la catedral NotreDame
IG
de Chartres).
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Si fue en Persia donde se inventó la técnica, aun secreta, del vidrio de vitral, ¿sería
TE
una hipótesis gratuita sospechar que los vidrios del Mirador de Daraxa fueron
compuestos por esas mismas manos sabias, ya que varios artífices persas, por el
IO
tiempo en que la Alhambra se construía, habían emigrado al reino de Granada, ante la
BL
amenaza de que Persia fuese invadida por los turcos otomanos, a fines del siglo XIV?
BI
43
EL ARTE MUDÉJAR
EN EUROPA Y AMÉRICA
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Los tiempos han cambiado, desde luego, y lo que antes se percibía como ultraje, luego
IC
como curiosidad y por fin como valor —una valor perturbador, eso sí, a causa de su
D
CI
naturaleza—, se exhibe hoy en los tratados arquitectónicos, guías artísticas y folletos
destinados al turismo como una de "las glorias imperecedera del solar hispano". Aun así,
EL
la ocultación continúa pues, como sabemos, la llamada Reconquista se acompañó con
D
religiosos, como la llevada a cabo en fechas recientes por los griegos en Chipre y los
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serbios en Bosnia. Según muestra por ejemplo Miguel Barceló, la Isla de Mallorca sufrió
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las consecuencias de dicho etnocidio purificador y sólo la intervención de Alfonso X salvó
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a la Giralda de la demolición por el clero (leáse el libro de Ballesteros Beretta sobre el rey
CA
Sabio). La hermosura y magnificencia de algunos monumentos célebres hoy en el mundo
TE
preservó felizmente de la piqueta y, aunque afectados una y otro por la construcción en el
BL
siglo XIV de una capilla real de estilo granadino y la erección del incongruente y severo
palacio de Carlos V, siguen brindando a sus visitantes la insólita perfección de su arte.
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Pero todos los conquistadores incurren en ese género de asimilaciones y afeites y los
monarcas aragoneses y castellanos no fueron una excepción. El influjo de la mirada ajena
fue decisivo en el cambio de nuestra percepción del legado arquitectónico andalusí. Una
antología de los escritos de los viajeros europeos por España desde el siglo XVII hasta
comienzos del actual con respecto al tema reflejaría su asombro y maravilla en abrupto
contraste con la apatía e indiferencia de los indígenas.
Varias anécdotas recogidas por George Henry Borrow (18031881) y Richard Ford
(17981856) sobre "esas cosillas de los moros" arrojan una luz cruda sobre la hondura
del desinterés e ignorancia casi generales del propio pasado, producto de la beligerancia
antislámica de la Iglesia y del castizo desdén de los campesinos e hidalgos.
43
Si la mirada de los demás forma parte del conocimiento integral de nosotros mismos, la
de los visitantes franceses, anglosajones y alemanes contribuyó a rectificar poco a poco la
visión de las obras de arte islámicas y la escasa atención que merecían. Basta con
comparar las increíbles opiniones de un arabista como Francisco Javier Simonet referente
a la Alhambra con las de Washington Irving para captar de inmediato el abismo de
prejuicios que las separaba. Muy significativamente, las primeras apreciaciones positivas
de la España musulmana vinieron de la pluma de los afrancesados y liberales exilados en
Londres. Siglos de hostilidad expresa o sorda condenaron a los monumentos conservados
a la incuria y vejámenes del tiempo como a los millares de manuscritos arábigos de El
Escorial y otras bibliotecas a acumular polvo. El arabismo español no surgiría sino en la
segunda mitad del siglo XIX.
Digámoslo bien alto: el complejo de inferioridad acerca del retraso histórico y nuestro
pasado árabe ha perdido su razón de ser. En la Europa Comunitaria a la que nos hemos
incorporado, nuestra diferencia no ha de ser ya un recordatorio penoso ni causa de
F
SE
frustración: la huella musulmana en nuestro suelo, visible en todos sus ámbitos, es
expresión al contrario de una riqueza y originalidad únicas. Ningún país europeo cuenta
IC
con un patrimonio como el legado de alÁndalus y ello no redunda en mengua de nuestro
D
CI
europeísmo. Somos europeos distintos, europeos en más». EL
La historia nos enseña en efecto que no existen esencias nacionales ni culturas
D
serbios de hoy. El mosaico de países que componen el espacio común europeo se ha
IT
mediante fenómenos de hibridación, permeabilidad, contraste y emulación. La irrupción
D
de lo heterogéneo es a la vez la del espejo en el que nos vemos reflejados y un incentivo
CA
imprescindible. Cuanto más viva sea una cultura, mayores serán su apertura y avidez
TE
respecto a las demás. Toda cultura es a fin de cuentas la suma total de las influencias que
IO
ha recibido.
BL
La experiencia de España —como la del mundo árabe— revela que sus períodos de buena
BI
salud y expansión coinciden con los de su receptividad y multiplicación de contactos con
lo exterior mientras que los de descaecimiento y postración se caracterizan por la busca
baldía de unas "esencias" que constituirían el núcleo de su alma y sin mezclas: ortodoxia
nacional y religiosa, autosuficiencia, rechazo de lo extraño, repliegue a valores
identificatorios petrificados, miedo obsesivo a la contaminación del vecino.
Cuando se abolió la convivencia medieval y los Reyes Católicos y sus sucesores impusieron
una homogeneidad sin grietas, nuestra cultura se transformó en erial. España se
desengachó paulatinamente del tren de la historia y se privó hasta fecha reciente del
acceso a la modernidad.
Este desdichado ejemplo cifra una amarga lección y advertencia. La Europa Comunitaria
no debe adoptar en ningún caso, como propugnan sus ultras, una actitud conservadora
43
fundada en un ámbito cultural estricta y reductivamente europeo, por muy rico y
deslumbrador que a primera vista aparezca. Un proyecto cerrado a la movilidad y
meztizaje concomitantes a lo moderno nos convertiría en gestores prudentes del pasado,
despojándonos de esa curiosidad por lo ajeno que es el rasgo más destacado de los
mejores escritores, arquitectos y pintores de nuestro siglo. El extraordinario patrimonio
artístico y cultural de alÁndalus formó parte durante centurias del mundo occidental
antes de ser desalojado de él por la nueva idea de Europa, devuelta a sus raíces helénicas
sin intermediario de los árabes, forjada en el Renacimiento. Esa Europa inventada a
finales del siglo XV separó brutalmente las dos orillas del Mediterráneo y repudió como
ajena la realidad cultural que la alimentó durante la Edad Media. Es hora ya, próximos
a entrar en el nuevo milenio, de que reincorporemos dicho patrimonio al lugar que le
corresponde: como expresión de una occidentalidad distinta, representada por alÁndalus
en el terreno de la arquitectura, filosofía, ciencia y literatura.
F
SE
trasvases y corrientes migratorias entre la Península y el actual reino de Marruecos, así
como sus ramificaciones magrebíes, sursaharianas y mudéjares—, han de ser vistas hoy
IC
como paradigma de una visión ecuménica que incluya a las naciones de diferencia,
D
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anomalía, mezcolanza y fecundación». EL
El arte múdejar, un fenómeno de la España musulmana
D
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Las particulares circunstancias de la historia medieval de España y Portugal, con la
IT
presencia del Islam firmemente arraigado en la Península durante ocho siglos, desde
IG
la llegada de los musulmanes en marzo de 711 hasta la toma de Granada en enero de
D
1492, dejaron una huella imborrable en el pueblo español que determinada corriente
CA
historiador Ramón Menéndez Pidal (18691968) se vio obligado a definir a España en
IO
un conocido estudio como «Eslabón entre la Cristiandad y el Islam» (Austral, Madrid,
BL
1977).
BI
Durante ocho siglos la Península Ibérica quedó dividida entre la Cristiandad y el
Islam, dos culturas enfrentadas política y religiosamente. Pero el análisis de la historia
militar de la llamada «Reconquista» ha enmascarado y ocultado, con frecuencia, otra
historia de enseñanzas más ricas, la de los contactos culturales entre musulmanes y
cristianos. En un primer momento comunidades de cristianos arabizados (mozárabes)
y de judíos vivieron como tributarios (dimmíes) bajo la administración musulmana,
época en la que numerosos cristianos se convirtieron al Islam (muladíes). Pero
después, cuando la balanza política se inclina del lado cristiano con el progresivo
avance de norte a sur de castellanos y aragoneses, fueron los musulmanes vencidos
(mudéjares) y los judíos quienes vivían como súbditos de los reyes cristianos.
43
medieval hispánica: autorizar a la población musulmana vencida a quedarse bajo
dominio cristiano en los territorios conquistados, conservando la religión islámica, la
lengua árabe y una organización jurídica propia teniendo como modelo los
parámetros y normas de convivencia del emirato y califato cordobés (7161031). Son
los mudéjares (del árabe mudaÿÿan: "los que se quedaron", o Ahl adDaÿn: "Gente que
permanece, que se domeña"; por extensión, "domesticados", "domeñados"). Este
fenómeno se inicia con la toma de dos importantes urbes por los cristianos: la Toledo
andalusí (Tulaitula) en 1085 y Zaragoza (la Saraqusta musulmana) en 1118.
Esta vivencia de los musulmanes vencidos (mudéjares) en tierras de Castilla y Aragón,
así como la fascinación de los cristianos por los monumentos islámicos de las ciudades
conquistadas, que ven convertidos los alcázares musulmanes en palacios de los reyes
cristianos y las mezquitas aljamas en catedrales e iglesias, a lo que se suman las
estrechas relaciones que se mantienen con los territorios de alÁndalus aun no
conquistados —basta con mencionar la amistosa y fructífera cooperación entre las
F
cortes de Pedro I (13341369, rey de Castilla y León, y el sultán granadino
SE
Muhammad V (13381391)—, si exceptuamos las intermitencias bélicas, son algunos
IC
de los factores que explican el singular fenómeno del arte mudéjar.
D
CI
Hasta principios del siglo XX, el mudejarismo era una expresión casi desconocida para
EL
el gran público, reservada para los eruditos y académicos. Pero, a partir de la
D
aparición de los estudios del historiador de arte mexicano Manuel Toussaint (1890
L
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1955): El arte mudéjar en América (Editorial Porrúa, México, 1946) y del arquitecto
IT
nazarí, arte mudéjar, Ars Hispaniae —historia universal del arte hispánico—, vol. 4,
D
Editorial Plus Ultra, Madrid, 1949, el secreto finalmente se reveló y fue conocido por
CA
arte mudéjar —última expresión de la civilización hispanomusulmana—, no es otra
BL
cosa que el mal llamado «arte medieval español» y su proyección americana, «el arte
BI
1. Que el arte mudéjar es parte del arte occidental cristiano, un añadido ornamental
de tradición islámica a los estilos románico o gótico; para esta actitud los
monumentos mudéjares pertenecen claramente al arte occidental europeo con
algunos rasgos o influencias del arte islámico. De esta valoración grosera se deriva la
utilización de términos como románicomudéjar o gótico mudéjar para aludir a unas
manifestaciones artísticas, en las que lo estructural y principal se relacionaría siempre
con el arte occidental mientras que el aporte musulmán quedaría reducido a
elementos ornamentales y secundarios ("esas cosillas de los moros"). Entre los
acérrimos defensores de esta teoría se encuentran el filólogo e historiador Ramón
Menéndez Pidal, el arabista Francisco Javier Simonet (18291897), los arquitectos
43
Vicente Lampérez y Romea (18611923) y Fernando Chueca Goitía (Madrid, 1911), y
el filólogo y crítico literario Marcelino Menéndez Pelayo (18561912); éste último
llegó a decir que el arte mudéjar «es el único tipo de construcción peculiarmente español
de que podemos envanecernos».
2. Que el arte mudéjar no corresponde, en sentido estricto, ni a la historia del arte
musulmán ni a la del arte occidental cristiano ya que es un eslabón de enlace entre
ambos; es un fenómeno singular del arte español. Según esta teoría acomodaticia,
última tendencia que trata de resistir desesperadamente la identificación del
mudejarismo con un movimiento artístico hispanomusulmán, los mudéjares serían
algo así como extraterrestres, ni musulmanes ni cristianos, ni españoles ni árabes, en
fin una excentricidad muy difícil de explicar o inexplicable en la que más de un
ingenuo se puede ahogar si se zambulle en ella incautamente. Los partidarios de esta
moderna teoría son legión con Gonzalo M. Borrás Gualis a la cabeza. El mencionado
profesor de arquitectura española de la Universidad de Zaragoza llega a cuestionar
F
incluso la denominación «mudéjar» en varios de sus ensayos: «Desde que en 1859 José
SE
Amador de los Ríos (18181878, escritor andaluz) utilizase por vez primera el término
IC
mudéjar aplicado a una manifestación artística en su discurso de ingreso en la Real
D
CI
Academia de Nobles Artes de San Fernando de Madrid, pronunciado con el título de "El
estilo mudéjar en arquitectura", no han cesado hasta nuestros días de producirse intentos
EL
de sustituir este término por otro por considerarse poco afortunada su formulación. En
D
efecto, etimológicamente mudéjar deriva del árabe "mudaÿÿan", que quiere decir "aquel a
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A
quien se ha permitido quedarse", mudéjar es, pues, en este sentido, sinónimo de moro; y
IT
este carácter étnico del término aplicado a una manifestación artística no ha dejado de
IG
provocar reacciones en contra y graves confusiones de interpretación hasta el momento
D
actual» (G.M. Borrás Gualis: El arte mudéjar, Serie de Estudios Mudéjares, Instituto
CA
de Estudios Turolenses, Excelentísima Diputación Provincial, Teruel, 1990).
TE
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Borrás Gualis es uno de los que apoya la moción de José María Azcárate. Este
BL
arquitecto español propuso en 1990 la sustitución del término mudéjar por el de
«arquitectura cristiana islamizada». A pesar de los despropósitos de estos voceros de la
BI
Es significativo que la gran mayoría de los especialistas en la materia del resto de
Europa, británicos, franceses, suizos, alemanes e italianos, descalifiquen abiertamente
a sus colegas españoles, reconociendo al mudéjar como un arte eminentemente
islámico e incluso prefieran llamarlo moro o morisco. Ahora hagamos un repaso de los
distintos componentes de la población de alÁndalus y de la España cristiana.
Los mozárabes
Son muy numerosas en un principio, los cristianos llamados mozárabes por sus
compatriotas musulmanes —término que viene de musta‘rab, es decir el "arabizado o
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seudoárabe" —, puesto que en todo asemejaban a aquéllos, ya que hablaban, se
vestían y vivían, en suma de la misma manera; tan sólo eran distintos por la
adscripción a otra religión.
El profundo respeto de la libertad religiosa contenido en la ley coránica permitió a los
mozárabes gozar de una autonomía interna considerable. Administrativamente
dependían de un "comes" de origen visigodo. La justicia se regía según leyes propias y
los impuestos eran recaudados por un mozárabe, el "exceptor". Este espíritu de
tolerancia hizo posible que mozárabes y judíos lograsen, sin demasiados obstáculos
cargos en la diplomacia, el ejército y el propio gobierno musulmán. En dos terrenos se
manifiesta claramente la singularidad del estilo mozárabe: arquitectura e iluminación
de manuscritos.
Las características de las iglesias mozárabes, en las que se combinan elementos de la
tradición visigótica con influjos musulmanes, son los arcos de herradura, los capiteles
F
de tipo corintio y elementos de decoracióne esculturada. La miniatura mozárabe,
SE
proyectada por el arte islámico, está considerada como una de las escuelas más
IC
originales de todas las que en esta especialidad produjo el arte medieval. Sobresalen
D
CI
ejemplares como los ilustrados del "Comentario del Apocalipsis" de Beato de Liébana
(monje asturiano muerto en 798). Entre otros miniaturistas y calígrafos mozárabes,
EL
destacan Magius y Florencio.
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Podemos juzgar de la atracción ejercida por el Islam en los cristianos por una carta de
IT
convertidos al Islam (citado por Sir T. W. Arnold, The Preaching of Islam, Nueva
CA
York, 1913, pág. 144).
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Los cristianos a menudo declaraban preferir el gobierno musulmán al cristiano (citado
IO
por S. LanePoole, Story of the Moors in Spain, Nueva York, 1889, pág. 47). Un
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autor cristiano de la época de Abderrahmán II, llamado Alvaro (siglo IX), en su
BI
manuscrito homónimo, dice lo siguiente:
"Mis correligionarios se complacen en leer las poesías y las novelas de los árabes: estudian
los escritos de los filósofos y teólogos musulmanes, no para refutarlos, sino para formarse
una dicción arábiga correcta y elegante. ¡Ay!, todos los jóvenes cristianos que se
distinguen por su talento, no conocen más que la lengua y literatura de los árabes,
reúnen con grandes desembolsos inmensas bibliotecas, y publican dondequiera que
aquella literatura es admirable. Habladles por el contrario, de libros cristianos, y os
responderán con menosprecio que son indignos de atención. ¡Qué dolor! Los cristianos
han olvidado hasta su lengua, y apenas entre mil de nosotros se encontraría uno que
sepa escribir como corresponde una carta latina a un amigo; pero si se trata de escribir
árabe, encontrarás multitud de personas que se expresan en esta lengua con la mayor
elegancia, desde el punto de vista artístico, a los de los mismos árabes" (De El
manuscrito de Alvaro, en la España Sagrada, por Flórez, Risco, etc. 2da. edición, 47
43
vols., Madrid, 17541850, págs. 273275. Citado por Reinhart Dozy, Historia de los
musulmanes de España, Turner, Madrid, 1984, Tomo II, págs. 92 y 93).
Los muladíes
A partir del siglo VIII, muchos hispanorromanos y visigodos se convierten al Islam, y
son denominados muladíes (del término muwallad "conversos"), si son descendientes
de matrimonios mixtos, y musálima, si se han convertido por propia convicción. Estos
últimos serán cada días más, quedando los auténticos mozárabes como una minoría.
Estos muladíes, musulmanes como los árabes y los bereberes, se abrieron camino en la
sociedad andalusí reivindicando su igualdad, en tanto musulmanes, con los árabes.
Los mudéjares
Dice el eminente arquitecto e islamólogo español don Leopoldo Torres Balbás que la
F
palabra castellana «mudéjar» procede del árabe mudaÿÿan, cuyo significado es
SE
«tributario, sometido, el que no emigra y se queda donde está». Mudéjar es pues, el
IC
musulmán vasallo los cristianos que conservó su religión y costumbres. La palabra no
D
se encuentra en textos del siglo XIII, pero sí en el XIV, y fue de uso frecuente en los
CI
sucesivos. Los cronistas de los Reyes Católicos designan siempre con ella a los
EL
musulmanes sometidos, nombrados también así en los documentos d ela cancillería
D
real. Moriscos son los mudéjares convertidos, más o menos a la fuerza, sobre todo los
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de los reinos de Granada y Valencia. Mármol y Carvajal, al relatar la sublevación de
IT
1569, distingue entre «Moriscos y Mudéjares, que moraban en la ciudad de Granada y
IG
en su Albaicín y Alcazaba, así como forasteros» (Luis del Mármol y Carvajal: Historia
D
Madrid, 1946).
TE
De atenerse a la estricta significación de la palabra «mudéjar» —dice Torres Balbás—,
IO
recibiría esa denominación exclusivamente el arte de los musulmanes que habitaban
BL
el territorio cristiano. Pero, el así conocido desde hace poco menos de un siglo, rebasa
BI
44
en la imposibilidad de separar las obras de influencia musulmana hechas
inmediatamente antes, de las posteriores a esas fechas, es decir, las mudéjares de las
moriscas, lo que, además, no tendría utilidad alguna, puesto que el cambio brusco de
religión no supuso mudanza artística.
Aceptamos, pues, el nombre consagrado de «mudéjar» para todas las obras realizadas
del mismo carácter de otros páises, como Berbería y la América española, derivadas
de las mudéjares hispánicas. También pueden comprenderse bajo la misma
denominación otras, como los modillones de cilindros tangentes y los arcos lobulados
del románico francés; la bóveda de la cocina de la catedral inglesa de Durham (siglo
XIV), y las proyectadas por el padre Guarino Guarini (16241683) en el siglo XVII
para iglesias italianas (San Lorenzo de Turín y de los PP. Somascos en Mesina), cuyo
origen hispánico es indubitable.
Según Torres Balbás, el bautizo de este arte motivó una disputa pueril entre dos
F
arqueólogos de la segunda mitad del siglo XIX. Sostenía don Manuel de Assas haber
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sido el primero en darle el nombre mudéjar en un artículo del «Semanario Pintoresco
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Español», publicado el 8 de noviembre de 1857, mientras que el discurso académico
D
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en el que don José Amador de los Ríos se fundaba para sostener su paternidad era del
19 de julio de 1859. El nombre quedó consagrado y, a falta de otro mejor y más
EL
exacto, conviene aceptarlo (Leopoldo Torres Balbás: Arte almohade, arte nazarí,
D
arte mudéjar, Ars Hispaniae —historia universal del arte hispánico—, vol. 4, Editorial
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Plus Ultra, Madrid, 1949, págs. 237238).
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Los elementos típicos del arte mudéjar son el uso del ladrillo, la cerámica y el yeso, la
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unión del arco ojival y el de herradura o lobulado, y las techumbres de alfarje y de
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lacería. Los artesanos también se destacaron en trabajos de taracea y herrajes.
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Algunas de sus realizaciones más importantes se encuentran en Teruel (catedral de
IO
Santa María, e iglesias de San Pedro, El Salvador y San Martín), Zaragoza (torres
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Nueva y de San Pablo de la Seo). Toledo (iglesias de Santo Tomé y de San Juan de la
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Penitencia; sinagogas de Santa María la Blanca y del Tránsito) y Sevilla (iglesias de
Santa Ana y de San Pablo; alcázar). Véase Miguel Angel Ladero Quesada: Los
mudéjares de Castilla y otros estudios de historia medieval andaluza, Editorial
Universidad de Granada, Granada, 1989.
Los moriscos
A partir de 1499, ocho años después de la caída de Granada, tuvo lugar una forzada
conversión masiva de mudéjares, con lo que estos pasaron a ser calificados de
moriscos (diminutivo peyorativo de "moros", del latín maurus y éste del griego mávros
"moreno", "morocho", de allí Mauritania, Almoraima, "haber moros en la costa",
"pinchos morunos", etc.).
44
El médico y escritor granadino Fidel Fernández Martínez (1890?), escribe: «Con
cuatro mil manuscritos granadinos, que forman hoy la mejor colección de Europa,
empezó Felipe II la Biblioteca del Escorial. Y esto que, según cálculos imparciales, fueron
muchos cientos de miles los que se destruyeron desde la Toma hasta que el cardenal
Cisneros quemó en Bib Rambla las librerías de los moriscos (un millón veinticinco mil
volúmenes, según Conde y el padre Echevarría)...En la Biblioteca de la Universidad de
Granada hay un manuscrito árabe del siglo XIV, cuyos 138 folios son un estupendo
comentario de Hipócrates y Galeno. Repasad los miles de documentos científicos árabes
que allí hay, y convendréis conmigo en que fue muy superior la cultura médica de
aquéllas gentes; superior, por lo menos, a la de los espulgadores timoratos que al
coleccionar siglos después los códices para encerrarlos en la biblioteca, borraban
sistemáticamente el nombre de Allah, o añadían frases como ésta, que se lee en el
manuscrito 833 del Escorial: "Este libro no puede ser bueno porque cita muchas veces a
Mahoma"» (citado por Antonio Enrique: Tratado de la Alhambra hermética, Edic.
Antonio Ubago, Granada, 1991, págs. 6970).
F
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Esta presión se hizo más intensa aun después de la sublevación que protagonizaron
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con el liderazgo de Aben Humeya (Fernando de Valor) en las Alpujarras de Granada
D
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en 1568, duramente reprimida por el Habsburgo Felipe II (15271598) con el
EL
concurso de su hermanastro Juan de Austria (15451578). Véase Andrew
Wheatcroft: The Habsburgs. Embodying Empire, Peguin Books, Londres, 1997.
D
Antes de ser ejecutado, Aben Humeya apostrofó a Felipe II con las famosas palabras:
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A
«¿Sabes que estamos en España, y que poseemos esta tierra hace 900 años, y que
IT
tú ni siquiera eres español?».
IG
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Los moriscos acabaron convertidos en esclavos agrícolas. Se les prohibió la práctica de
CA
su religión, la observancia de las costumbres musulmanas e incluso el hablar o leer el
TE
árabe. Los moriscos entonces crearon la aljamía, lengua castellana transcrita en
IO
germánica que española, obsesionada por la «pureza de sangre» y el miedo a una
sublevación de los moriscos apoyada por el enemigo otomano, presionó al rey Felipe
BI
III para que procediera a la expulsión masiva de los moriscos. La operación se llevó a
cabo entre 1609 y 1614.
Véase Pedro Longás: Vida religiosa de los moriscos, Madrid, 1915; Diego Cabanelas
Rodríguez: El morisco granadino Alonso del Castillo, Granada, 1965; A.C. Hess:
The Moriscos As Ottoman Fifth Column in Sixteenth Century, American History
Review, 74 (1968), págs. 125; Antonio Domínguez Ortiz y Bernard Vincent: Historia
de los moriscos, Alianza, Madrid, 1984; Dolors Bramon: Contra moros y judíos,
Península, Barcelona, 1986; Abdeljelil Temimi (edit.): Las prácticas musulmanas de
los moriscos andaluces (14521605), Publications du Centre d’Etudes et de
Recherches Ottomanes, Morisques, de Documentation et d’Information (Ceromdí),
Zaghouan, 1989; Francisco Márquez Villanueva: El problema morisco,
Libertarias/alQuibla, Madrid, 1991; Pedro Longás: La vida religiosa de los
moriscos, Editorial Universidad de Granada, Granada, 1990; Míkel de Epalza: Los
44
moriscos antes y después de la expulsión, Mapfre, Madrid, 1992; Antonio Gallego
Burín y Alfonso Gámir Sandoval: Los moriscos del reino de Granada, según el
sínodo de Guadix de 1554, Editorial Universidad de Granada, Granada, 1996.
Los judíos
Con la ignominiosa designación de «marranos» se identifica a los judíos y musulmanes
conversos al cristianismo, y especialmente a los judíos conversos que seguían
practicando la religión judía en secreto en España y Portugal en los siglos XV, XVI y
XVII. En 1492, a partir de la caída de Granada, por decreto de los Reyes Católicos
fueron expulsados todos los musulmanes y judíos que rechazaron la conversión
forzosa. Estos últimos en número de trescientos mil (el 5% de la población total del
país) se vieron obligados a emigrar a regiones más seguras. Unos ciento veinte mil
cruzaron el tajo y se refugiaron en Portugal bajo la especulativa protección del rey
Juan II el Perfecto (14551495), quien la concedía temporalmente a cambio de
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gruesas sumas de dinero.
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Los judíos que se quedaron en la ocupada alÁndalus junto con sus hermanos
D
moriscos se convirtieron en «marranos» y debieron soportar todo tipo de vejaciones y
CI
atropellos durante los siglos posteriores. Entre 1678 y 1691, los judíos mallorquines,
EL
llamados chuetas o xuetas (voz catalana) —comunidad que hoy sobrevive
D
orgullosamente—, fueron perseguidos implacablemente y sus bienes incautados.
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Los propios cristianos viejos y los nuevos debían revalidar sus títulos periódicamente
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ante el paranoico acoso de los esbirros de la Inquisición española: «Las normas de la
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Inquisición que había sido recientemente instaurada (1478), exigían que incluso en las
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casas de los cristianos reconocidos hubiera siempre cerdo en la olla podrida (guiso
TE
derivado, irónicamente, de la adafina judía) o chorizos colgando del tejado. Con ello se
garantizaba que en ellas no vivían ni árabes ni judíos, pues sus religiones respectivas
IO
de los Récords 1492, Producciones Jordán. Madrid, 1992, pág. 166).
BI
Es muy recomendable analizar la teoría del catedrático Allan Harris Cutler de la
universidad norteamericana de Notre Dame, la cual asevera que una de las principales
causas que originaron el antisemitismo en la Edad Media fue que los judíos eran
identificados por los europeos como los principales aliados de los musulmanes en
lugares claves y estratégicos como Palestina en el tiempo de las Cruzadas (1099
1291), la España islámica (7111492) y el Imperio otomano (especialmente a partir
de 1453), y por consecuencia considerados tan peligrosos como éstos (cfr. A. H.
Cutler: The Jew as Ally of the Muslim. Medieval Roots of AntiSemitism,University
of Notre Dame, Indiana, 1986).
El profesor de Oxford A. S. Turberville agrega este dato revelador en una obra escrita
en 1932: «Es digno de notar que la cláusula X del Tratado de Utrecht (1713), en que
España entregó Gibraltar a Gran Bretaña, contenía la estipulación "de que no se dará
44
ningún permiso, bajo pretexto alguno a judíos o moros para residir o tener su domicilio
en la citada ciudad de Gibraltar"» (A. S. Turberville: La Inquisición española, FCE,
México, 1949, pág. 80). Los británicos, por razones políticas y comerciales, poco caso
hicieron a dicha cláusula y desde mediados del siglo XVIII numeroso judíos y
musulmanes, provenientes en su mayoría de Marruecos y el Norte de Africa,
engrosaron paulatinamente la pequeña población gibraltareña hasta nuestros días. En
1997, por ejemplo, se inauguró una bella mezquita frente a las aguas del estrecho a la
vera del histórico Peñón.
Vale recordar que la España musulmana posibilitó el florecimiento de una espléndida
cultura judía en la que descollaron múltiples sabios como Hasdai Ibn Shaprut (915
975), Samuel Ibn Nagrila (9931055), Salomón Ibn Gabirol (10221070), Bahya Ibn
Paquda (segunda mitad del siglo XI), Moshé Ibn Ezra (10601139), Abraham bar
Hiyya Savasorda (10651136), Yehuda haLeví (10751141), Ibn Daud (11101180),
Ibn Tibbon (11201190), el rabí Moshé Ben Maimón (11351204), más conocido
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como Maimónides, Yehuda alHarizí 11701235), Ibn Falaquera (12251295), Hasdai
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Ben Abraham Cresqas (13401410), Ibn Shem Tov (13801441) y Abraham Zacuto
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(1450?1522?). Numerosos investigadores y especialistas con mucha razón llaman a
D
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ésta la «Edad de Oro del Judaísmo». Era aquél el tiempo en que las diversas
comunidades étnicas del Islam y Occidente se fusionaron en grupos híbridos
EL
tendientes a su consolidación: muladíes, mudéjares y mozárabes, que
D
como vértebra (cfr. Felipe Torroba Bernaldo de Quirós: Historia de los sefarditas,
IT
Eudeba, Buenos Aires, 1968; J. L. Lacave, M. Armengol, y M. Ontañón: Sefarad. La
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España judía, Lunwerg, Barcelona, 1992; Haim Zafrani: Los judíos del Occidente
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musulmán. AlÁndalus y el Magreb, Mapfre, Madrid, 1994).
CA
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Este universo de comprensión y hermandad monoteísta tendrá su conclusión a fines
del siglo XV con la caída del reino nazarí de Granada y la consecuente expulsión
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morisca, precedida de la judía. La España sagrada del Corán, la Torá y la Biblia, del
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Uno en lo Múltiple, perdió entonces la hegemonía espiritual del mundo y el Jardín
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El Sagrado Corán explicita el origen común de todos los seres humanos y les
recomienda convivir como hermanos teniendo como meta la virtud: «¡Oh, gentes! Os
hemos creado a partir de un varón y de una hembra y hemos hecho de vosotros
pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Dios, el más noble de
entre vosotros es el que más Le teme» (Sura 49, Aleya 13).
El Mudejarismo en América
Los moriscos hallaron refugio en el Norte de Africa, en el Imperio Otomano y en
América. En el Nuevo Mundo fueron los artífices del mal llamado «arte colonial
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español», y forjaron las culturas ecuestres de los gauchos (Argentina, Uruguay y
Brasil), huasos (Chile) y llaneros (Colombia y Venezuela), con múltiples influencias
en la música, costumbres y estilos, desde el folclore argentino a la escuela tapatía
mexicana (Véase Ignacio Henares y Rafael López Guzmán: Mudéjar iberoamericano.
Una expresión cultural de los mundos, Ed. Universidad de Granada, Granada,
1993; Varios Autores: El múdejar iberoamericano. Del Islam al Nuevo Mundo,
Lunwerg, Barcelona, 1995.
Los arquitectos y artesanos mudéjares construyeron casas, edificios públicos, iglesias y
palacios a lo largo y a lo ancho de toda América, desde Cuba hasta el norte argentino,
desde la misión San Juan de Capistrano (edificada en recuerdo de un tristemente
célebre inquisidor italiano que vivió entre 13861456, perseguidor de musulmanes y
judíos) en California hasta los balcones del palacio del Arzobispo en Lima. Un ejemplo
es la bellísima catedral de la Virgen de la Candelaria, en la población de Copacabana
a orillas del lago Titicaca a más de 3800 metros sobre el nivel del mar construida
F
entre 1610 y 1620 (Véase Manuel Toussaint: El arte mudéjar en América, Porrúa,
SE
México, 1946; Varios autores: El arte mudéjar, Unesco, Zaragoza, 1995).
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Incluso en Brasil se han estudiado las influencias islámicas en la arquitectura del
estado de Mato Grosso (cfr. Carlos Francisco Moura: Notas sobre a historia da
EL
architectura en Mato Grosso, Ediçoes UFMT, 1976).
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En Argentina, las huellas de la herencia andalusí son palpables y cotidianas. Basta
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criolla, del aljibe (ár. alÿubb = el pozo, cisterna) a la guitarra (ár. qitar =
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instrumento de cuerdas).
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Buenos Aires, ciudad mudéjar como Lima, La Habana, Antigua Guatemala, Querétaro,
Popayán, Tunja, Quito, Potosí o Veracruz, posee aun diversos edificios y residencias
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que ostentan las inconfundibles huellas del arte hispanomusulmán. Una es la casa que
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(Juramento 2291) que hoy contiene al Museo de Arte Español «Enrique Larreta». Otra
es el salón «Alhambra» en el subsuelo del Club Español (Bernardo de Irigoyen 172).
El Estilo Morisco
En el siglo XIX se generó una fascinación europea por el Oriente exótico, con
predilección por el mundo islámico, que se conoce como «Orientalismo». Al expresarse
en la arquitectura y el diseño, en edificios, jardines y residencias mediterráneas, este
fenómeno se conoció como «Estilo Morisco». Este modelo ha sido utilizado en una
amplia variedad en todo el mundo occidental, haciendo aparición en cafés, clubes
44
sociales y sinagogas, cines (a menudos llamados "La Alhambra"), palacios, casinos,
mansiones y casas veraniegas desde la Toscana a California.
Los ejemplos son múltiples y exquisitos. En el Reino Unido: el Royal Pavilion de
Brighton (estilo mogol), el Arab Hall ("salón árabe") de la Leighton House de Londres,
la Torre del Reloj (mudéjar) y el Arab Room ("cuarto arabe") del castillo de Cardiff
(Gales), el cine Astoria de Finsbury Park de Londres.
En Italia: la Villa di Sammezzano, que es una Alhambra barroca, y la sinagoga de la
Via Farmi de Florencia. En Hungría: la sinagoga de Budapest construida por Otto
Wagner en 1870.
En Austria: las dos sinagogas de Viena construidas por Ludwig von Förster. En
Alemania: el «Kiosko Morisco» del castillo Linderhof y la «Sala Morisca» del pabellón
de caza de Schachen de Ludwig II, el «rey loco» de Baviera (cfr. Ludwig Merkle:
F
Ludwig II and his Dream Castles. The Fantasy World of a Storybook King,
SE
Bruckmann, Munich, 1996), la Villa Wilhelma, cerca de Stuttgart, la sinagoga de
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Berlín edificada por Edward Knoblauch en 1860, y la de Leipzig, construida por el
D
arquitecto judío Otto Simonson, quien creía que la arquitectura islámica era una
CI
legítima expresión externa de los valores del Judaísmo. EL
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En España: en Barcelona, la Casa Vicens y la Plaza de Toros Monumental; en Sevilla,
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Aníbal González y el Hotel Alfonso XIII del arquitecto José Espinau realizados para la
IG
Medinaceli; en Murcia, el Casino; y en Madrid, la Plaza de Toros de las Ventas de
estilo neomudéjar.
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En EE.UU.: la «Giralda de Nueva York», construida por el arquitecto Stanford White
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en 1890, junto a Broadway y la Quinta Avenida, como torre del antiguo Madison
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Square Garden, y demolida en 1925, el Country Club Plaza de Kansas City, la Casa
Olana de Greendale, Nueva York, y una gran variedad de casas californianas en las
cuales renace un mudéjar exquisito (cfr. Elizabeth McMillian: Casa California.
SpanishStyle Houses from Santa Barbara to San Clemente, Rizzoli, Nueva York,
1996. Véase muy especialmente la excelente obra de Miles Danby, profesor emérito
de arquitectura de la Universidad de Newcastle: Moorish Style, Phaidon Press,
Londres, 1995, y la de Nadine Beauheac/FrançoisXavier Bouchart: L’Europe
exotique, Chêne, París, 1985.
Algunas Caracteristicas Del Arte Mudejar
«Para el artista musulmán o, lo que viene a ser lo mismo, para el artesano que ha de
decorar una superficie, el entrelazado geométrico es sin duda la forma que más le
satisface en el plano intelectual, pues se trata d e una expresión muy directa de la Unidad
44
divina que está tras la variedad inagotable del mundo. Cierto es que la Unidad divina
como tal está más allá de cualquier representación, pues su naturaleza que es absoluta,
no deja nada por fuera de sí misma, nada la 'acompaña'. Sin embargo, se refleja en el
mundo a través de la armonía, que no es otra cosa que la 'unidad de la multiplicidad'
(aluahdah fi'lkatrab), equivalente a la 'multiplicidad en la unidad' (alkatrab fi'l
uahdah). El entrelazado expresa tanto un aspecto como el otro. Mas tiene todavía otra
faceta que evoca la unidad que existe tras todas las cosas; el entrelazado suele tener un
solo elemento: una sola cinta o una línea única, que vuelve incesantemente sobre sí
misma» (El Arte del Islam, José J. de Olañeta Editor, Palma de Mallorca, 1988, pág.
66).
Titus Buckhardt (19081984)
Una de las características más sobresalientes del arte mudéjar es la ornamentación. Se
puede decir que los artesanos mudéjares, posiblemente motivados por su estado de
F
aislamiento, de censura previa y de otras incomunicaciones propias de los sojuzgados,
SE
se volcaron con ahínco y predilección a los motivos formales de tradición islámica, a
IC
los que exaltaron a su máxima expresión y llevaron a estadios jamás antes alcanzados.
D
CI
Así, los elementos vegetales estilizados —el ataurique—, los elementos geométricos —
los lazos y estrellas—, glorificación inequívoca de la Unicidad de Dios, y los elementos
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epigráficos árabes —cúficos o nesjíes—. Es tan importante o más tener en cuenta los
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repetitivos, el revestimiento total de la superficies, el diseño que no reconoce límites
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espaciales. La gran versatilidad y enorme capacidad de asimilación formal del arte
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mudéjar, actitudes creativas heredadas del arte islámico, permitirán incorporar al
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repertorio ornamental mudéjar una rica variedad de motivos procedentes del arte
CA
cristiano —toda la flora naturalista gótica, por ejemplo—, pero estos motivos
TE
repertorio ornamental sino que afecta a todo el sistema compositivo cualesquiera que
sean los motivos utilizados, tampoco la inspiración al arte mudéjar puede reducirse
exclusivamente a lo ornamental sino que se extiende considerablemente a los
elementos estructurales, como lo demostró oportunamente Amador de los Ríos a fines
del siglo XIX.
Bastará con citar dos ejemplos básicos de estructuras arquitectónicas mudéjares que
proceden de la tradición musulmana. En primer lugar recordemos la estructura de
numerosas torrescampanario de Aragón, formadas por un cuerpo de alminar o
minarete al que se le superpuesto en la parte alta un cuerpo de campanas. Otro de los
elementos estructurales de raigambre islámica, fundamental en el sistema de la
arquitectura mudéjar, son las armaduras de madera para cubierta, tanto las de par y
nudillo como las de limas. Este sistema de cubiertas, más ligero de peso aunque por
otra parte con más riesgo de incendios, carga por igual sobre los muros y permite un
44
sistema mural más indiferente a la estructura y mucho menos articulado que el de la
arquitectura gótica coetánea.
Por lo que se refiere a los elementos cristianos del arte mudéjar, con frecuencia
sobrevalorados en la historiografía tradicional española, se deben en primer lugar a
que los comanditarios del arte mudéjar son en su mayoría cristianos y por lo mismo la
función arquitectónica y la tipología subsiguientes son cristianas; hay un predominio
de la arquitectura religiosa cristiana en el arte mudéjar, con las notables excepciones
de sinagogas y mezquitas mudéjares. Si a lo largo de la historia el arte islámico se ha
caracterizado por su asombrosa capacidad de asimilación de las formas artísticas de
los pueblos integrados a la civilización del Islam (recordemos los componentes
bizantinos en el Domo de la Roca de Jerusalén y la mezquita omeya de Damasco o los
componentes indios en el Taÿ Mahal de Agra y el Fuerte Rojo de Delhi), incorporando
a la arquitectura islámica numerosas tipologías y formas artísticas de otras culturas
("¡Id en busca de la ciencia a todas partes, hasta en la China!"), no es de extrañar
F
que sometidos los musulmanes al dominio político de los cristianos castellanos y
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aragoneses la capacidad de adaptación se incremente; porque, además, ya no se
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trataba de adaptar tipologías arquitectónicas de otras culturas a las funciones
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arquitectónicas del Islam, sino que la coyuntura exigía poner un sistema de trabajo
musulmán al servicio de unas necesidades y de unos comanditarios cristianos. El Islam
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debía mimetizarse para perdurar. Y gracias a Dios, perduró.
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La concepción del arte islámico
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catedrático de árabe de la Facultad de Letras de la Universidad de Granada, sobre el
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secreto guardado en el techo de la Torre del Palacio de Comares de la Alhambra de
TE
Granada. El nombre de esta estancia es una corrupción del árabe qam alarsh «cámara
del Trono» y está inspirado en la sura 67 del Sagrado Corán, llamada alMulk «El
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haber puesto de manifiesto que las 105 lacerías que se esparcen por el Techo, en una
BI
44
Una característica fundamental de la decoración geométrica islámica es la utilización
de un sólo diseño —que será la unidad de cualquier composición decorativa— que,
por multiplicación de sí mismo, cubre completamente una superficie. Esta forma de
proceder permite decorar sobre una superficie indefinidamente sin más que seguir
unas reglas fijas. De este modo se consigue presentar la unicidad —Dios es uno—
entre la multiplicidad —y está en todas partes—.
Durante los últimos mil años, Europa ha considerado el arte islámico como algo
maravilloso. El intercambio entre cristianos y musulmanes empezó mucho antes de las
Cruzadas. En la España islámica se estableció de modo firme a través de las diversas
fronteras de la Europa occidental y desde el principio ejerció profunda influencia
sobre la cultura cristiana. En Sicilia las dos religiones coexistieron armónicamente,
mientras el Norte de Africa estaba totalmente gobernado por los musulmanes, cuyos
navíos surcaban el Mediterráneo de un extremo a otro. Con el tiempo, los mercaderes
italianos —principalmente venecianos y genoveses— establecieron el tráfico directo
F
con los puertos sirios y palestinos, el comercio oriental se convirtió en una
SE
organización regular de objetos raros y llegaron a los mercados europeos todo género
IC
de obras de artífices islámicos. En el siglo XV, los artesanos europeos, acuciados por el
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éxito musulmán en aquellas artes lucrativas, que tan esenciales habían sido para el
esplendor del llamado Renacimiento, fijaron su atención, con renovado interés, en
EL
Oriente. Basándose en un estudio más profundo de los métodos islámicos, revisaron y
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ampliaron sus propios conocimientos técnicos, y al hacerlo así no se contentaron ya
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con absorber los elementos decorativos de esa procedencia, sino que empezaron a
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examinar atentamente cánones de dibujo, adaptándolos a una nueva concepción de
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trabajo, que ya era puramente europea. No sólo humildes artesanos, sino también
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celebridades, como el florentino Leonardo da Vinci (14521519), utilizaron modelos
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islámicos en sus trabajos.
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Uno de los primeros estudiosos del arte islámico fue el arquitecto inglés Owen Jones
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(18091874), superintendente de la famosa Exposición Universal de Londres de 1851,
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y autor de Plans, Elevations, Sections and Details of the Alhambra (Londres, 1842
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«Los moros siempre tuvieron en cuenta lo que nosotros consideramos que es el primer
principio de la arquitectura —decorar la construcción, jamás construir la decoración: en
la arquitectura mora (es decir, andalusí) la decoración no sólo surge naturalmente de la
construcción, sino que la idea constructiva se lleva a cabo en cada detalle de la
ornamentación de la superficie.
Creemos que la verdadera belleza de la arquitectura reside en ese reposo que el espíritu
experimenta cuando el ojo, el intelecto y los sentimientos están satisfechos, en la ausencia
de todo deseo. Cuando un objeto está falsamente construido y parece que deriva o soporta
pero no hace ni una cosa ni la otra, es incapaz de dar esta respuesta, y por consiguiente
jamás puede alcanzar la verdadera belleza, por muy armonioso que sea en sí mismo: las
44
razas musulmanas, y especialmente los moros, han observado constantemente esta regla;
jamás encontramos un ornamento inútil o superfluo; cada ornamento emana callada y
naturalmente de la superficie decorada».(Owen Jones: The Grammar of Ornament,
Studio, Londres, 1995, págs. 6574). Véase E.J. Grube, S: Carboni y G. Curatola: Arte
veneziana e Arte islamica, Venecia, 1989; Stuart Durant: La ornamentación. Desde
la Revolución Industrial a nuestros días. El orientalismo, Alianza, Madrid, 1991,
págs. 133161.
Arabescos y atauriques
En la cultura islámica, incluso los objetos destinados a modestas funciones utilitarias y
ejecutados en los más humildes materiales tienden a esta profusamente decorados. La
transformación de las superficies por medio de la ornamentación es una preocupación
primordial que impregna todo el arte islámico. El motivo más ejemplar de esta
ornamentación es el arabesco, que es un «dibujo de adorno compuesto de tracerías,
F
follajes, cintas y roleos y que se emplea más comúnmente en frisos, zócalos y cenefas»
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(Fernández Martínez Nespral y Hamurabi Faysal Noufouri: El Diccionario del
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Alarife, Fundación Los Cedros, Buenos Aires, 1994, pág. 98).
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Aunque sus orígenes se remontan al follaje de viña naturalista del arte clásico
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occidental y oriental, que los musulmanes encontraron en los monumentos cristianos,
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arabesco islámico presenta múltiples formas, que pueden llegar hasta la abstracción.
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Pero, cualquiera que sea su naturaleza formal y la materia sobre la cual se trabaje, el
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arabesco se rige siempre por los mismos principios de movimiento preciso y regular,
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mismo se geometriza. De hecho, la geometría constituye el fundamento conceptual de
toda la estructura y decoración de la mayor parte de las obras de arte del Islam.
IO
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En tanto que el Oriente islámico, poco a poco, resolvió los arabescos en
interpretaciones naturalistas y el Magreb y alÁndalus los desarrollaron según un
centelleante juego de líneas próximo al carácter del rococó, Egipto y Siria conservaron
con fidelidad los tipos de arabesco, que habían llegado a su plenitud. La época de los
45
mamelucos, que marca el grado más alto de esplendor del arte islámicoegipcio, llena
los campos de los espacios poligonales con arabescos cuyos motivos rayonados y
estrellados son de una rara belleza.
La estrella, de seis, ocho, dieciséis o más puntas es una de las formas fundamentales
del diseño geométrico islámico. Puede emplearse igualmente en dos o en tres
dimensiones, para transformar una cúpula en una red compleja de superficies
concatenadas o para adornar maderas y herrajes dentro de los edificios.
Por lo que atiende a los atauriques (del árabe attauriq: "el adorno foliáceo"), o sea la
ornamentación vegetal, es de destacar, en primer término, la carencia de información
histórica con respecto a su técnica de composición. Se ha conjeturado, no obstante,
acerca de moldes de cera, que posteriormente fuesen vaciados. Ibn Jaldún da ciertos
indicios sobre el particular: «La ornamentación y el embellecimiento de las casas forman
todavía otra rama de la arquitectura. Consisten en aplicar sobre los muros figuras en
F
relieve hechas de yeso que se deja fermentar en el agua. Se retira el yeso bajo la forma de
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una masa sólida en la cual se halla aun un resto de humedad. Se labra esta masa sólida
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sobre un modelo dado, grabándola con punzones de hierro, y se termina dándole un bello
D
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pulimento y un aspecto agradable... Tales ornamentos dan al muro el aspecto de cuadros
de un vergel florido» (Ibn Jaldún: Introducción a la historia universal. Al
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Muqaddimah, FCE, México, 1977, pág. 722).
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progresión geométrica,se esparcen formando estilizaciones vegetales a través de los
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paños de estuco? Quitando el valor ornamental, que más que fin es repercusión del
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efectos, las palabras del islamólogo español Julián Ribera y Tarragó sobre el místico
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murciano Muhiiuddín Ibn Arabi (11651240): «La ciencia se le presentaba en formas
geométricas, y para explicarlas usa de triángulos, cuadrados envueltos unos en otros,
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círculos excéntricos, cuadrados cerrados por círculos...» (J. Ribera y Tarragó: Orígenes
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de la filosofía de Raimundo Lull, Homenaje a Menéndez Pelayo, Varios, Madrid,
BI
1899, vol. II, pág. 206). Véase E. Künhel: The Arabesque. Meaning and
Transformation on an Ornament, Graz, 1976; P.WardJackson: Some Main
Streams and Tributaries in European Ornament from 1500 to 1750. Part 2. The
Arabesque, en el Boletín del Museo Victoria y Alberto, Londres, 1972, t. III, nº 3,
págs. 90103.J. Bourgoin: Arabic Geometrical Pattern and Design, Dover, Nueva
York, 1973; Prisse d’Avennes: Arabic Art in Color. 141 designs and motifs on 50
plates, Dover, Nueva York, 1978; Ali Dowlatshahi: Persian Designs and Motifs for
Artists and Craftsmen with 400 motifs and 8 fullcolor plates, Dover, Nueva York,
1979; Eva Wilson: Islamic Designs, British Museum Pattern Books, Londres, 1988;
Keith Critehlow: Islamic Patterns. An Analytical and Cosmological Approach,
Thames and Hudson, Londres, 1989; Prisse d’Avennes: The Decorative Art of Arabia,
Studio, Londres, 1989; Basilio Pavón Maldonado: El arte hispanomusulmán en su
decoración geométrica, AECI, Madrid, 1989; Basilio Pavón Maldonado: El arte
45
hispanomusulmán en su decoración floral, AECI, Madrid, 1990; N. Simakoff:
Islamic Designs in Color with 162 Illustrations, Dover, Nueva York, 1993.
Azulejos
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Ejemplos singulares son los alicatados de las mezquitas safavíes de Isfahán y las
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mezquitas y palacios de Estambul, donde los azulejos recubren por entero la superficie
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de los edificios como si estuvieran totalmente empapelados (como en la Sala del
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príncipe heredero, en el Haremlik del palacio Topkapi). Las cerámicas y las azulejerías
turcas de Iznik son famosísimas. En la gama de los azulejos persas predominan los
EL
tonos azul y turquesa puntuados con blancos, negros y verdes, así como amarillos y
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rosas, sobre todo en las últimas épocas safaví y qaÿar.
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En el mundo islámico occidental de alÁndalus y el Magreb los azulejos se confinan
IG
generalmente a las partes inferiores de los muros, y son de diseño sobre todo
D
ejemplo— se contraponen con objeto de producir formas estrelladas y cuadradas de
TE
gran complejidad. Por otra parte, colores armónicamente combinados se utilizan para
definir las formas geométricas de paneles y frisos en mosaico de azulejo. Dice el
IO
especialista Luis Seco de Lucena Escalada (Tarifa 1857Granada 1941): «Los aliceres
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rosa y carmín que vemos en el alicatado de la Torre de la Cautiva, y que sin duda es el
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más bello de todos los conocidos, ofrecen el excepcional interés de que son los primeros
que de dicho colores se labraron; porque, aunque las historias de aquellas industrias
artísticas nos dicen que el descubrimeinto de producirlos por el cloruro de oro se debe a
Lucca della Robia (13991482), como la Torre de la Cautiva hubo de construirse por
AbulHaÿÿaÿÿ (Yusuf I), que fue asesinado en 1351, es evidente que en 1399, cuando
nació el famoso ceramista (y escultor) florentino, los mencionados colores ya estaban
descubiertos y utilizados en la decoración de la Alhambra, por artífices musulmanes que
aquí mismo lo producían; debiendo hacer constar que tampoco en Oriente los hubo
antes, porque los de la Mezquita Azul de Tabriz (época turkmena, 1465), que son los
más antiguos que allí existen, aparecieron un siglo después que los de la Torre de la
Cautiva» (L. Seco de Lucena: La Alhambra, Granada, 1919, pág. 136 y siguientes). De
tal aseveración se desprende que hubo de existir un nexo entre ambas escuelas, nazarí
y florentina. Granada, al convertirse en el último bastión del Islam en la península,
atrajo a numerosos viajeros europeos, principalmente italianos, curiosos de esta
45
ciudad a la cual ponderaban sobremanera las crónicas. Uno de estos viajeros, del que
se sabe llegó a las profundidades del Africa, fue el florentino Benedetto Dei, amigo de
Leonardo da Vinci (cfr. Antonina Vallentin: Leonardo da Vinci, Losada, Buenos Aires,
1943). Los azulejos andalusíes se exportaban y se utilizaron para el revestimiento de
la sala capitular de la Abadía londinense de Westminster (1255).
Un universo de ladrillos
El moldeable material de barro, transformado en cerámica, ofrece una de las caras
más luminosas de la decoración islámica. Pero no es la única forma de trabajar el
barro pues éste ha dado lugar, a partir de ladrillos de adobe (del árabe adtub), a una
forma de decoración originaria de Mesopotamia. Mientras que el azulejo juega sobre
todo con los colores y la lisura del plano, el ladrillo —constructivo y decorativo— lo
hace partiendo de la realidad monocroma del material, con las luces y sombras que
producen los planos sobre los que inciden la radiante luz solar o la fúlgida luz de la
F
luna llena, inmovilizándolos.
SE
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Grandes y pequeños edificios dan buena muestra de las posibilidades del ladrillo,
D
CI
desde el alminar de gran mezquita mayor de Sevilla (siglo XII), que hoy conocemos
por «la Giralda», con paneles de decoración en red, que aligeran el volumen, hasta el
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pequeño oratorio de Bab alMardún, también llamado Cristo de la Luz por su
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posterior adaptación al culto cristiano, auténtica pieza maestra en el uso del ladrillo
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en dimensiones reducidas.
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alhóndigas o alfóndigas (del árabe alfunduqa: la posada), o fondas, de las que queda
CA
magnífico ejemplo en el llamado «Corral del Carbón», de Granada, abierto a un patio
TE
central que juega exclusivamente con rectas. El ladrillo como material de
construcción, combinado con suelos de mármol y columnas y capiteles de este mismo
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material, produce un interior de gran belleza en los Baños árabes de Jaén. Y, en sus
BL
combinándolo con el contraste vivificador del agua y de la vegetación, dan lugar a
edificios o jardines en los que el verde complementa al rojo toledano, al amarillo
sevillano, al cárdeno aragonés.
En el mudéjar aragonés destaca, por ejemplo la ladrillería de la Torre de San Martín
(Teruel, siglo XIV). Es característica la utilización de la cerámica —verde, blanco,
negro— sobre el fondo oscuro del ladrillo, en ésta y en las torres de Santa María de
Mediavilla y San Pedro, también de Teruel.
Aunque la utilización del ladrillo es recurso común a todas las áreas que pueden
trabajar sobre los adecuados materiales de origen, el incremento de las construcciones
y decoraciones con ladrillo en el sur de Europa ha de ponerse en relación con el arte
islámico. El mudéjar puede levantar en España altos campanarios (Calatayud, Teruel),
45
que recuerdan alminares de mezquitas, y también torres italianas (Florencia, San
Gimignano).
También se emplea en la construcción de iglesias o monasterios, algunos de los cuales
se encuentran en los emplazamientos o sobre las ruinas de antiguas mezquitas
también de ladrillos. Y puede dar lugar a patios como el del Monasterio de la Rábida
(Huelva), donde Colón se retiró para preparar su viaje al Nuevo Mundo.
En la Europa del siglo XIX y comienzos del siglo XX se busca un punto intermedio
entre la civilización industrial y las tradiciones algo olvidadas, imponiéndose
corrientes «neomudéjares» de Londres a Calcuta.
Esta decoración orientalizante en ladrillo alcanza unos caracteres escenográficos de
gran efecto y poder de convicción, hasta el punto de que la Plaza de España, en
Sevilla, pasa por Cuartel británico en El Cairo en la conocida superproducción de
F
David Lean, Lawrence de Arabia, película prácticamente rodada en escenarios
SE
naturales de Andalucía, lo que nos da una idea de las similitudes estéticas entre el sur
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de la Península Ibérica y los países del Cercano Oriente. Curioso paralelo: pocos saben
D
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que la auténtica estación de ferrocarril de Damasco, de principios de siglo, en estilo
mudéjar, es obra de un ingeniero español.
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Paraísos de madera
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Semejante a un tapiz tendido de un paramento a otro, como se cubren las calles en
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decorativos característicos del Islam. El paralelismo entre suelos y techos evoca el
paralelismo entre los diversos planos de realidad o los diversos mundos, y las
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reproduciendo técnicamente uan de las tendencias estéticas de que nos habla la
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literatura: las estrellas y las flores tachonan los campos de la tierra y el cielo.
Para los trabajos en madera se elegieron el nogal, el ébano, el ciprés, todos ellos
extraordinariamente resistentes al paso del tiempo, y duros para la talla. Pero los
artesanos musulmanes, heredando técnicas que se desarrollaron en Egipto (en épocas
tuluní y fatimí) trabajaron esta materia
45
en un tipo de celosía característica del arte islámico; las celosías de de madera,
torneadas, formando redes, a veces con ventanillas practicables, recibieron en al
Ándalus el nombre de ajimeces (del árabe ashshamis: lo expuesto al sol o solares) por
referirse a su función protectora contra la excesiva luz del sol. En Andalucía han
quedado, simplificadas, dentro de la casa popular, aunque también se han empleado
hasta hace poco en Castilla, o Canarias. También en varios países de América
hispánica se implantaron estas técnicas por los artesanos mudéjares y sus discípulos
cristianos. Un ejemplo típico son los balcones del Palacio del Arzobispo en Lima
(Perú). Este palacio construido entre 19391944 fue diseñado por el arquitecto de
origen polaco Ricardo de la Jaxa Malachowski. Igualmente, el palacio limeño de Torre
Tagle, sede de la cancillería peruana, es otra muestra soberbia del arte mudéjar y de
la técnica islámica en madera conocida como mashrabiyya.
Las tallas de techumbres son semejantes, muchas veces, a los batientes de otros
elementos mediadores entre el exterior y el interior: puertas de edificios, puertas de
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alacenas (del árabe aljizana: el armario en forma de hueco en el muro), en los cuales,
SE
más que el trabajo por módulos y piezas, se realiza una talla que imita el trabajo de
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lacería, cuidadosamente realizado tanto en la cara exterior, como en la interior.
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La llegada de maderas «nuevas», desde América, permitió en Europa y el mundo
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musulmán, que algunas de las artesanías más característicamente islámicas, como la
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taracea (del árabe tar’zía: bordado o incrustación) se desplegase en nuevos muebles:
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además de las cajas de los respaldos o brazos de las sillas, de las bandejas o cubiertas
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bargueños o en cajas que pueden contener juegos de damas, de backgammon o de
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ajedrez.
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España sufrió una transformación tendente a la escultura y el figurativismo, de las que
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proceden las patéticas tallas religiosas que se pasean con ocasión de las procesiones
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En 1613, el carpintero sevillano Diego López de Arenas redacta un primer borrador de
su compendio sobre carpintería y tratado de alarifes (técnicos, conocedores y
maestros de obra musulmanes), que veinte años después se publicaría (con una
segunda edición en el siglo XVIII, y otra en 1867). A ella se suma la de su
contemporáneo Fray Andrés de San Miguel, fraile carmelita nacido en Medina Sidonia
y residente en México. La lectura de su obra sobre carpintería mudéjar (cfr.E. Baéz
Macías: Obras de Fray Andrés de San Miguel, UNAM, México, 1969) y la
preocupación por las proporciones y módulos que en ella demuestra, ponen de relieve
45
la profunda vinculación existente entre el renacimiento europeo y los conocimientos
islámicos (cuyo influjo no se admitiría claramente debido sobre todo a motivos
ideológicos de confrontación resultantes de enfrentamientos políticos). Se debe
recordar que Euclides fue traducido al castellano por primera vez en 1576, pero
también que los alarifes y matemáticos de la España musulmana habían recibido
varios siglos antes la ciencia euclidiana a través del árabe (en el siglo IX, en la Casa de
la Sabiduría de Bagdad se reunió a prestigiosos sabios que tradujeron dos libros
griegos que serían fundamentales para la civilización islámica: «El Almagesto», de
Claudio Ptolomeo, y «Los Elementos» de Euclides). Algo de esto es lo que latía bajo la
madera de los alfarjes (del árabe alfars: la tarima, techo con maderas labradas
entrelazadas dispuesto o no para pisa encima), en la víspera de su desaparición.
El trabajo del yeso
La maestría alcanzada por los alarifes (del árabe alarif: el maestro, el entendido, por
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extensión, en la construcción, el arquitecto) andalusíes en el trabajo del yeso (del
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árabe alyes: el yeso) se halla repartida entre edificios de varios usos y épocas. Prueba
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de su amplia aceptación ha sido su empleo en edificios religiosos de otros cultos,
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realizados dentro de las técnicas y concepciones del arte islámico: la pequeña
sinagoga de Córdoba, o las más grande de Toledo —llamadas ahora del Tránsito y
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Santa María la Blanca—, o algunas del Monasterio de Las Huelgas, en Burgos. Dentro
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restaurado y casi descubierto últimamente, o la Alhambra, constituyen ejemplos que
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han causado desconcierto y fascinación en el gusto europeo.
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La utilización del barro y del yeso ha sido calificada por varios tratadistas,
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abusivamente, en el sentido de que el arte islámico pretendiera ser efímero y trabaja
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esos materiales menos nobles por dicho motivo. Estas consideraciones quedan ya
desfasadas ante la variedad de materiales trabajados en el arte islámico y la duración
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de tales materiales, además del espíritu realista y práctico, nada dado al despilfarro de
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deleznable. Esto no obsta para que el paradójico comportamiento del yeso, la forma
en que el trazo húmedo toma relieve y se endurece, maraville a quien lo contemple y
le recuerde que, en definitiva, toda obra humana, todo arte, es efímero comparado
con la creación divina.
El mudéjar, símbolo de convivencia y tolerancia
«En la construcción de estos monumentos participaban alarifes de las tres religiones,
como en la iglesia de San Pedro Mártir de Calatayud (del ár. Qal'at Ayyub), hoy
desaparecida, donde trabajaron dirigidos por el maestro moro Muhammad Rami,
judíos, cristianos y musulmanes. En este clima de convivencia y tolerancia no era
extraño que en algunas iglesias el alarife moro firmara la obra y grabara, junto a su
nombre, la profesión de fe musulmana: "la ilah illa’ llah, Muhammad rasul allah" ("No
hay más Dios que Alá; Mahoma es el enviado de Alá"); en otros casos junto a frases
45
piadosas en latín aparece grabado el verso coránico "la galib illa' llah" ("No hay
vecedor sino Alá"), que tomó por divisa la dinastía del reino nazarí de Granada.
Si el mudéjar encontró su máxima expresión en la arquitectura otras manifestaciones
artísticas testimonian también su extraordinaria capacidad de síntesis creativa:
azulejos para revestimientos murales, tejidos, arquetas de metal y marfil, trabajos de
cuero. Estas formas artísticas alcanzaron gran popularidad en los siglos XIV y XV,
cuando reyes y nobles cristianos decoraban el interior de sus castillos o palacios con
alfombras, ricos guadamecíes para cubrir las paredes, arcones, cojines de cordobán y
otras piezas de mobiliario en la más pura tradición andalusí.
Pero este "mudejarismo" significa algo más que un gusto pasajero o una moda.
Representa la profunda interpenetración de formas de vida y de cultura de la
cristiandad y el Islam, forjada en el curso de ocho siglos de convivencia en la
Península Ibérica. Es, pues, indisociable de una época cuyo rasgo distintivo era la
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tolerancia. De ahí la importancia que este volumen , dedicado al arte mudéjar,
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aparezca en 1995, cuando celebramos el quinquagésimo aniversario de la fundación
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de la UNESCO y al mismo tiempo el Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia.
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En los albores del siglo XXI, cuando asistimos a un peligroso ascenso de la violencia,
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los conflictos interétnicos, la intolerancia, el fanatismo, la xenofobia y el racismo en
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muchas regiones del mundo, lo que representó el mudéjar y el mudejarismo podría
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servir de modelo de convivencia a las sociedades contemporáneas. En este sentidp me
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neologismo, "mudejarizarse". ¿No podría incluso aplicarse, de manera simbólica, el
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pluralismo y tolerancia?
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Aunque la evolución histórica circunscribió el mudéjar a la Península Ibérica este arte
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tuvo, no obstante, una considerable proyección en las tierras allende el Atlántico.
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declinó en el siglo XVI para dar paso a otras formas artísticas como el renacimiento y
el barroco. Pero declinar no significa desaparecer y muchos aspectos del mudéjar
pervivirán en los siglos XVI, XVII y XVIII. Estos elementos visibles fundamentalmente
en formas estructurales y decorativas, pasarán a América, donde serán objeto de
nuevos mestizajes culturales. Junto a los alarifes llegados de España los artesanos
indios enriquecerán los elementos decorativos tradicionales del mudéjar con nuevos
motivos inspirados en el arte prehispánico. A las estrellas evocadoras del firmamento,
decoración típica del arte islámico adoptada por el mudéjar, se añadirá en muchos
casos el disco solar, símbolo del imperio incaico. Arcos, bóvedas, atauriques y
cerámica de estilo andalusí decoran las magníficas iglesias de Cholula, los conventos
de Cuzco y los patios de Cartagena de Indias».
45
Arte mudéjar y sensibilidad actual
«La sociedad medieval hispánica se define por la convivencia de las tres religiones
monoteístas —cristianos, moros y judíos—, fenómeno social que tiene unas
consecuencias decisivas en los ámbitos del pensamiento y de la creación científica,
literaria y artística. En este contexto de pluralidad cultural surge el arte mudéjar, cuyo
desarrollo fue posible tanto por el pragmatismo político como por la fascinación ante
el legado artístico del Islam.
Pero el éxito y la difusión tan espectaculares del arte mudéjar en España y Portugal,
así como sus pervivencias en Hispanoamérica, sobre todo en algunas manifestaciones
artísticas como la arquitectura, el urbanismo o la cerámica decorada, fueron en gran
parte debidos a su carácter de trabajo competitivo frente al sistema occidental
europeo. Las claves del éxito radican en las características de un sistema eficiente que
F
resolvía satisfactoriamente los problemas constructivos, desde la utilización de
SE
materiales de fácil obtención y de gran plasticidad, como el ladrillo, el yeso, la madera
IC
y la cerámica, hasta la disponibilidad de una mano de obra mudéjar, industriosa y
D
cualificada.
CI
EL
Y sobre todo el rasgo capital del arte mudéjar, heredado del legado islámico, es su
D
amplia versatilidad para asumir nuevos aportes formales cualquiera que sea la cultura
A
IT
de donde provengan, integrándolos en un sistema artístico que no es rígido y cerrado
IG
sino que atesora una sorprendente posibilidad de acomodación.
D
CA
La sensibilidad actual, a diferencia del romanticismo decimonónico, ha trascendido la
mera reviviscencia formal del arte mudéjar para apreciar los valores profundos de una
TE
posibilismo, una cultura plural que supo crear que supo crear un sistema de trabajo
BL
competitiva.
En las dos últimas décadas hemos asistido en la cultura española a una progresiva
recuperación crítica de nuestro pasado mudéjar, que ha encontrado un foro de estudio
y valoración en lso Simposios Internacionales de Mudejarismo, impulsados por el
llorado profesor Santiago Sebastián y celebrados con carácter trienal en la ciudad de
Teruel desde el año 1975, reuniones científicas patrocinadas por el Instituto de
Estudios Turolenses. La edicón de sus Actas ha contribuido a un conocimiento más
profundo de la historia de los mudéjares, de los moriscos y del arte mudéjar».
¿Existe el Mudejarismo en Hispanoamérica?
«Los manuales de Historia del Arte han mantenido y siguen manteniendo el concepto
erróneo de llamar mudéjares a las manifestaciones estéticas de los musulmanes que
45
vivieron bajo los cristianos vencedores, siendo lo singular de tales obras que fueron
realizadas por los hispanomusulmanes para uso y disfrute de los cristianos. Eso
coincide con la significación social de los "mudaÿÿan", que quiere decir moros
sometidos a los cristianos; fue, pues, un grupo étnico definido, que profesó la religión
islámica... Así se explican estas palabras de mi maestro don Diego Angulo: "De antiguo
se viene reconociendo que quienes construyeron la Capilla Real de Cholula tenían en su
memoria los bellos efectos de perspectiva de las numerosas naves de la Mezquita de
Córdoba , y si en el aspecto constructivo este caso debe considerarse excepcional, en lo
decorativo, las manifestaciones mudéjares son frecuentes. El alfiz (del ár. alifriz:
ornamento arquitectónico; recuadro del arco árabe que envuelve las albanegas y
arranca bien desde las impostas, bien desde el suelo) que en algún caso se quiebra es
marco usual en las puertas de los monasterios mejicanos del siglo XVI, y los listeles
paralelos de abolengo almohade son igualmente frecuentes. Estos listeles eran lo último
que contemplaba el maestro cantero o el fraile misionero que, al embarcar en Sevilla,
desde la popa de la nave que había de conducirle a Indias, dirigía su mirada a las torres
F
SE
de la bella ciudad andaluza" (D. Angulo, E. Marco Dorta y M. Buschiazzo. O. cit.).
IC
Las pervivencias hispanomusulmanas fueron frecuentes en Hispanoamérica por el
D
CI
empleo muy generalizado de las techumbres de madera, ya que este era un material
que abundaba y no la piedra; por otra parte, la inestabilidad telúrica del suelo
EL
americano, recomendó las estructuras de maderas por ser más ágiles para soportar los
D
hispanomusulmanes, ya popularizados en el subestilo mudéjar, en la fase previa, la
IT
propiamente mudéjar del siglo XII al XV».
IG
D
Sobre la componente «mourisca» de la arquitectura brasileña
CA
TE
«Algunos historiadores han afirmado con razón que el alma de la ciudad ibérica es
musulmana y musulmana, durante todo el período colonial, nos parece el alma de la
IO
ciudad portuguesa en Brasil, cuyo modelo más próximo, a pesar de las preocupaciones
BL
oficiales por la regularización de los trazados, sea tal vez más la Alfama de Lisboa que
BI
la cuadrícula hispanoamericana (...) De todos modos será en la adopción generalizada
de los "muxarabis" donde la influencia islámica sobre la arquitectura doméstica en
Brasil encuentra su expresión paradigmática (...)
El término —adaptación brasileña de la palabra moucharabieh— indicaba los balcones
salientes apoyados sobre consolas y "cachorros" recortados al estilo islámico,
protegidos en la parte inferior por guardacuerpos de madera divididos en "almofadas"
y "adufas" y en lo alto por celosías, que se habían hecho en el siglo XVIII la
característica más vistosa de las ciudades brasileñas, despertando la curiosidad de
todos los viajeros (...) Balcones cerrados por delicadas tracerías, a través de los cuales
las mujeres podían espiar a los transeúntes sin ser vistas —comentaban irritados los
visitantes extranjeros— y que, garantizando la aireación de las viviendas, matizaban
la luz violenta de los trópicos enriqueciéndola con sombras y un cierto misterio (...)
45
La supervivencia del "muxarabi" en la arquitectura doméstica, la rebeldía ante las
imposiciones oficiales, no representan la única señal de la profunda influencia ejercida
por la cultura de raíz islámica sobre el estilo de vida y de residencia en la ex colonia
portuguesa. Por el contrario esta influencia penetra, de forma intensa y original, en
algunas de las principales manifestaciones artísticas del siglo XIX.
Es el caso del uso frecuente —principalmente en el norte del país, de Maceió a São
Luís do Maranhão, hasta el propio Rio de Janeiro— de revestir enteramente las
fachadas de los edificios con azulejos, y de la difusión —en las casas palaciegas de las
capas más pudientes— de la moda del patio interno y de los jardines escondidos para
refrescarse y descansar, con fuentes y manantiales abastecidos por nacientes y nichos
y bancos de mampostería revestidos de azulejos y muchas veces decorados con un
"embrechado" de conchas y piedrecillas coloreadas (...)
Se debe tal vez a esta constante del gusto el enorme éxito entre el público de ciertas
F
formas de eclecticismo entre los siglos XIX y XX, como la moda de los pabellones
SE
moriscos para el encuentro y el recreo, o la adquisición "culta" de ciertos elementos de
IC
la tradición morisca, como el "muxarabi", por parte de intelectuales brasileños como
D
CI
José Marianno Filho y de los principales representantes del movimiento moderno. Se
debe, en mi opinión, buscar en esta nostalgia la razón cultural profunda de algunas
EL
misteriosas obras del arte popular brasileño, como la "Casa da flor" de Gabriel dos
D
Santos, en el estado de Rio de Janeiro. Una casita sin ventanas, con las paredes y el
L
A
techo de barro, enteramente revestida en su interior por una "luxuriante e frenética
IT
decoração" hecha con innumerables caracolas y conchas recogidas en la playa y con
IG
fragmentos de azulejos, platos, botellas, ladrillos cogidos en la basura e incrustados a
D
mano en el barro fresco, hasta formar un fantástico "bordado de louça" sin fin.
CA
Debemos a su autor —un obrero analfabeto que trabajaba en las salinas y que empezó
TE
la construcción en 1912, en un terreno minúsculo a medio camino entre São Pedro da
Aldeia y Cabo Frío— un maravilloso testimonio que podría valer para muchos otros
IO
productos de este arte sin tiempo:
BL
En gosto de estar aqui porque me ponho aqui sozinho;
BI
só com Deus imaginando aquelas coisas que eu tenho de fazer (...)
Eu faço isso por pensamento e sonhos. Eu sonho para fazer e faço.
46
LOS AROMAS DE ALÁNDALUS
Alguien preguntó a Ÿa’far asSadiq(1), de qué manera un hombre podía mostrar la
Bendición divina, y respondió:
1Se trata del bisnieto de alHusain (626680), hijo de Alí Ibn Abi Talib (600661) y
Fátima azZahra (615633), la hija del Profeta Muhammad (BPD) —la Paz sea con
ellos—. Es uno de los grandes sabios del Islam, venerado por la escuela shií como el
sexto de los doce Imames0 de la descendencia profética, y por la escuela sunni como
F
uno de los más destacados tabi'ún (la segunda generación después de los
SE
contemporáneos del Profeta). Tuvo cientos de discípulos que aprendieron de él las
IC
ciencias islámicas, incluso dos de los fundadores de las escuelas sunníes de
D
jurisprudencia: Abu Hanifah (699767) y Malik Ibn Anas (715795). El Imam Ÿa'far
CI
asSadiq (P) vivió entre 702 y 765 y fue envenenado por el soberano abbasí al Mansur
EL
(709775).
D
L
Una práctica que se remonta a la Sunna, o sea las tradiciones y costumbres del Profeta
A
IT
Muhammad (BPD) es la elaboración y
IG
D
utilización de perfumes no alcohólicos. Otra narración de Ÿa’far asSadiq (P) dice que
CA
«vestirse bien reduce al enemigo y perfumarse el cuerpo atenúa la tensión mental y las
preocupaciones».
TE
IO
La islamóloga Rachel Arié nos recuerda que «Los musulmanes de España, de cualquier
BL
mujeres sintieron predilección por las esencias a base de limón, de rosas y de violetas, y
por el ámbar: ámbar gris, ámbar natural (anbar), desmenuzado o molido, y ámbar
negro. El perfume de almizcle (almisk) parece haberse impuesto en alÁndalus, como
atestiguan varias poesías. Los aceites perfumados y las esencias de flores se conservaban
en frascos de vidrio y cristales como hoy lo siguen haciendo los perfumistas y boticarios
magrebíes. Ibn Hazm nos cuenta que las cordobesas de su tiempo pasaban largo tiempo
mascando goma para perfumar su aliento» (Rachel Arié: Quelques remarques sur le
costume des Musulmans d’Espagne au temps des Nasrides, tomo XII/3, Leiden,
1965, págs. 244261).
Toda la gama de perfumes y cuidados estéticos y de la salud ha quedado conservada
en los tratados de alimentos, higiene y medicina de Avenzoar (10951161) e Ibn
Wafid de Toledo (10081074). Véase E: García Sánchez: El Kitab alagdiya de
46
Avenzoar, Granada, 1983; Camilo Alvarez de Morales: "El libro de la almohada" de
Ibn Wafid de Toledo (recetario médico árabe del siglo XI), Toledo, 1980.
Los Perfumes
Almizcle
Llamado en árabe almisk. Sustancia grasa de intenso olor que se encuentra en una
bolsa glandular de un mamífero de la familia de los cérvidos y semejante a la cabra,
llamado almizclero, que vive en las montañas del Asia Central.
En alÁndalus el olor del almizcle fue muy popular, ya que se alude al almizcle
F
frecuentemente en los poemas andalusíes, comparándolo con todo aroma intenso y
SE
perfumado.
IC
D
Un ejemplo es el poeta Ibn A'isa (siglo XI) que concibe alÁndalus como: «Una tierra
CI
de almizcle, una atmósfera de ámbar, (...) y una lluvia fina de agua de rosas».
EL
D
descubrir procede: «del almizcle de Darín que la brisa trae como saludo o del ámbar de
A
IT
alSihr o de los jardines llenos de flores».
IG
D
CA
TE
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Ámbar gris
BL
BI
Llamado en árabe 'abir. Sustancia que se encuentra en las vísceras del cachalote. Es
sólida, opaca, de olor almizcleño, que se ablanda con el calor de la mano.
Al parecer, también se encontraba el ámbar gris en las costas andalusíes del Algarve,
según el historiador argelino alMaqqarí (15911634) duraba mucho al ser que mado
en pebeteros.
El ámbar gris, como hemos visto más arriba, también sirvió de metáfora perfumada a
los poetas andalusíes, como, en este caso al soberano de Almería (alMariya), Abu
46
Yahya Mu'izz adDaula alMu'tasim billah (g. 10521091) quien envió a una de sus
mujeres una misiva por medio de una paloma, diciendo: «Esta paloma os transmitirá,
como prueba de mi afecto, mensajes más olorosos y perfumados que las fragancias del
'abir (ámbar gris)».
Los productos aromáticos que perfumaban las mezquitas
Entre las Suras del Sagrado Corán que se recitaban frecuentemente en las mezquita
de alÁndalus, algunas aleyas hablan de especias y perfumes en el Paraíso:
«Por cierto que los justos beberán en copas de una mezcla alcanforada»
F
«Allí se les servirá una copa que contendrá una mezcla de jengibre
SE
tomada de una fuente de allí (el Paraíso) que se llama Salsabil».
IC
Sura AlInsan (76), aleyas 5, 17 y 18.
D
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Áloe indio o árbol de la India (aquilasia agalloca)
EL
D
Originario de la India, cuya madera se ha mencionado en algunas traducciones de
L
A
textos árabes erróneamente como madera de áloe. Se utilizaba como incienso, por las
IT
perfumes y electuarios, vinculándose siempre su utilización a los soberanos, quizá por
CA
su elevado coste.
TE
Árbol del incienso (c. abyssinica)
IO
BL
Llamado en árabe lubbán. Se encontraba en Arabia y en Africa, y de él se extraía una
BI
gomorresina de color amarillo rojizo, sabor acre y muy aromática al ser quemada; es
el incienso que todos conocemos.
Entre las propiedades terapéuticas del incienso se encontraba el avivar la inteligencia
y aumentar la memoria, según Ibn Zuhr, latinizado Avenzoar (10951161), médico
andalusí que residió un tiempo en El Cairo, autor del Kitab altaysir fi admadawat
waaltadbir ("Libro que facilita el estudio de la terapéutica y la dieta"), un manual
que un siglo más tarde fue traducido al latín consiguiendo una gran difusión.
Protegía de la picadura del escorpión el tomar incienso con alguna bebida.
46
Sándalo
En ÁlAndalus llamado sandal. Árbol semejante en su aspecto al nogal. Hojas ovales,
flores pequeñas y fruto parecido a las cerezas. Su madera es amarillamarrón y
produce un excelente aroma, especialmente al ser quemada.
Originario de las costas de la India, su aceite era muy utilizado en las islas Maldivas
como ünguento aromático, según refiere el viajero tangerino Ibn Battuta (13041377)
—cfr. Ibn Battuta: A través del Islam, Alianza, Madrid, 1988, págs. 676—. El
geópono Abu lJayr alIsbilí (siglo XI), natural de Sevilla como indica su nisba, indica
que el árbol de sándalo llega a vivir unos ciento cincuenta años.
También con el nombre de sándalo se conoce una planta herbácea olorosa, de poca
altura, de hojas pecioaladas y flores rosáceas, originaria de Persia y que se cultivaba
F
en jardines. Es este el llamado sándalo maqasiri, mencionado por Ibn Battuta, que se
SE
utilizaba en la elaboración de perfumes y como elemento de higiene para limpiar la
IC
boca tras las comidas.
D
CI
También en este caso los poetas andalusíes recogen la metáfora de la madera
EL
aromática quemándose en un brasero. Así dirigiéndose a su soberano — Muhammad
D
Dios"), rey poeta de Sevilla— en adulación, se manifiesta el visir Ibn 'Ammar (1031
A
IT
1086): «¿Qué podría perfumarse si el mencionarte es sándalo que pondría en el brasero
IG
ardiente de mi pensamiento?».
D
CA
Los productos de embellecimiento
TE
En alÁndalus, como en el resto del mundo islámico, los perfumes tuvieron una
IO
presencia importante. Eran de uso general en todas las clases sociales, y tanto
BL
hombres como mujeres los usaban en gran cantidad.
BI
Además de todo ello, el rociado con perfumes de agua de rosas, perfume de azafrán,
almizcle, ámbar natural desmenuzado, ámbar negro, etc.
El polímata granadino Lisanuddín Ibn alJatib (13131375)
en una de sus últimas obras, la Nufadat alÿirab fi ‘ulalat aligtirab ("Sacudida de
alforjas para entretener el exilio"), Manuscrito de El Escorial Nº 1750, nos relata una
46
recepción en la Alhambra, ofrecida por el sultán nazarí Muhammad V en 1362,
durante la fiesta de inauguración de varias salas de la «fortaleza roja»:
«Al acabarse las recitaciones subió de tono el tumultuoso ruido del dikr, que rebotaba en
unas y otras paredes, duplicado por el eco de la nueva construcción. En el dhikr
compitieron los expertos con la masa del vulgo. Hizo mucha mella en los ánimos. En las
imaginaciones irrumpieron sentimientos de sumisión al poder divino y de desgarramiento
por el temor de Dios, que acabaron por producir enajenaciones. Tras ella vino la vuelta
en sí. Y entonces la cerrada atmósfera se nubló con el humo del ámbar de Sihr, cuya nube
entoldó a los circunstantes. Fue vertida el agua de rosas, caída sobre las ramas de la
familiaridad como un diluvio, hasta el punto que gotearon las barbas y se calaron las
vestiduras. La flauta empezó a sonar para cerrar el programa protocolario» (traducción
de Emilio García Gómez en su obra, Foco de antigua luz sobre la Alhambra,
Madrid, 1988, págs. 1556).
F
Gastronomía
SE
«¡Creyentes! ¡Comed de las cosas buenas de que os hemos proveído y dad gracias a Dios,
IC
si es El sólo a Quien servís! Os ha prohibido sólo la carne mortecina, la sangre, la carne
D
CI
de cerdo y de todo animal sobre el que se ha invocado un nombre diferente del de Dios».
El Sagrado Corán: Sura 2, Aleyas 1723.
EL
D
Es un principio de la cortesía musulmana al recibir por primera vez a un invitado, el
L
A
saludarle con el tradicional assalamu aleikum, que es un saludo islámico deseando
IT
paz y salud, y seguidamente el ofrecerle leche acompañada de dátiles con almendras.
IG
El vaso de leche es un símbolo de la pureza de sentimientos, libres de toda hostilidad.
D
Los dátiles que lo acompañan, soporte alimenticio de los musulmanes , por excelencia,
CA
es el símbolo del ofrecimiento de ayuda material, y las almendras son un alimento
TE
altamente nutritivo y agradable.
IO
Hay una larga lista de recomendaciones sobre el beber y el comer, provenientes de la
BL
Sunna o Conducta del Santo Profeta del Islam, Muhammad (BPD) y retransmitidas
BI
46
AlÁndalus, paraíso culinario
Entre las verduras también trajeron las alcachofas (jarshuf) y los espárragos, que
tenían la propiedad de evitar los malos olores de la carne. Las hortalizas más
cultivadas eran, además, la calabaza, los pepinos, las judías verdes, los ajos, la cebolla,
la zanahoria, el nabo, los jaramagos, las acelgas (assilqa), las espinacas (isfanaj) y
muchas otras.
Las frutas más consumidas eran la sandía, que provenía de Persia y del Yemen, el
F
melón, del Jorasán, y la granada de Siria, convertida, en la imaginación colectiva, en
SE
el símbolo por excelencia de la España musulmana. A propósito, en el «Libro de
IC
Agricultura» de Ibn alAwwám (siglos XII y XIII), traducido por Banqueri, AECI,
D
CI
Madrid, 1988, podemos leer una tradición del Profeta Muhammad (BPD) sobre esta
hermosa fruta, rescatada por este hacendado andalusí de la zona de Aljarafe, cerca de
EL
Sevilla: «Cuidad del granado; comed la granada, pues ella desvanece todo rencor y
D
envidia».
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El higo, que llegó a ser reputado en alÁndalus hasta el punto de exportarse a Oriente,
IG
Abderrahmán II. Los cítricos, como el limón (laimún), el toronjo y la naranja (del
CA
árabe: naranÿa, y éste del persa: naranguí) amarga fueron importados de Asia
TE
oriental. Eran utilizados para conservar los alimentos, pero también se extraía de ellos
para la elaboración de zumos y de sus flores, esencias para la elaboración de
IO
perfumes. Igualmente, la ciencia del injerto se desarrolló en alÁndalus hasta límites
BL
insospechados, logrando, por ejemplo, una extraordinaria variedad de pomelos.
BI
No deja de llamar la atención el proceso por el que la naranja deja su nombre en las
lenguas europeas, y a cambio transforma el suyo en árabe. En portugués se dice
laranja, y en varios idiomas europeos, como el inglés y el francés (orange), sin la
consonante inicial, pasó al vocabulario de la alimentación y a la gama de los nombres
de color.
En cambio el nombre con el que pasa a conocerse, posteriomente, en árabe es el de
burtuqal, que proviene del país Portugal, donde hubo grandes plantaciones de
excelentes naranjas especialmente en la región sureña de Algarve (del árabe: algarb
"el oeste").
Se aclimataron también, procedentes de otros lugares, el membrillo, el albaricoque, y
un sinfín de frutos más.
46
En cuanto a las especias, muy utilizadas en la cocina de alÁndalus, se introdujo la
canela, procedente de la China, así como el azafrán (azza’faran, en persa safrón), el
comino (kammún), la alcaravea, el jenjibre, el sésamo (o ajonjolí), el cilantro, la luez
moscada y el anís (anisún).
Estas especias, además de utilizarse como condimento en la elboración de los diversos
platos, eran exportadas fuera de alÁndalus, al resto de Europa e incluso a Egipto y el
Norte de Africa, lo que favorecía, entre otras cosas, el desarrollo de la economía.
Los cereales, base de la alimentación de los andalusíes, eran utilizadas en forma, no
sólo de pan, sino de gachas, sémolas y sopas. Se mejoraron las especies ya existentes,
y se introdujeron otras nuevas como las reunidas en el tratado del geópono granadino
alTignarí (siglos XI y XI), llamado Kitab Zuhrat albustán ua nuzhat aladhan ("Libro
del esplendor del jardín y recreo de las mentes"): el trigo negro, el trigo rojo (al
ruyún), y el tunecino.
F
SE
A los andalusíes debemos también la introducción de la caña de azúcar en Europa,
IC
que vino a sustituir a la miel en su función de edulcorante, aunque ésta continuó
D
CI
siendo siempre muy valorada. Como las especias, el azúcar tiene numerosas
cualidades y ventajas, no siendo la menor de ellas su utilidad para mantener
EL
conservados durante algún tiempo unos alimentos tan frágiles y tan perecederos como
D
las frutas, que en tanta abundacia y variedad conocieron los musulmanes en general.
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A
De su importancia debió de ser consciente el propio almirante Cristóbal Colón, quien
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llevó la caña de azúcar al continente americano en uno de sus primeros viajes.
IG
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frutas, en formas de jaleas, mermeladas, refrescos... que fueron recibiendo curiosos
TE
nombres de sabor oriental, como arropes (jarabe de mosto con trozos de fruta). del
árabe rubb (zumo), jarabes y siropes del árabe sharáb (bebida), o sorbetes (del mismo
IO
origen, también incorporado al turco).
BL
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Dos reconocidas expertas españolas en cocina andalusí nos brindan esta información:
«¿Quién nos hubiera dicho que la pasta, hoy reclamo principal de la gastronomía de
Italia, es de origen bereber, o que las famosas salchichas de Francfort, aunque elaboradas
con cordero, eran ya populares en alÁndalus? ¡Y qué decir de la célebre paella española,
que muy bien podría tener su origen en la cocina morisca!» (Inés Eléxpuru y Margarita
Serrano: AlÁndalus. Magia y seducción culinarias, Editorial AlFadila, Madrid,
1991, pág. 55).
Cocinando con Averroes
Una lectura un poco cuidadosa de los textos médicos de Ibn Rushd (11261198), el
Averroes de los latinos, muestra enseguida el peso del andalucismo del filósofo
cordobés. Así, al tratar del aceite de oliva, escribe:
46
«Cuando procede de aceitunas maduras y sanas, y sus propiedades no han sido alteradas
artificialmente, puede ser asimilado perfectamente por la constitución humana (...) Los
alimentos condimentados con aceite son nutritivos, con tal que el aceite sea fresco y poco
ácido (...) Por lo general es adecuada para el hombre toda la sustancia del aceite, por lo
cual en nuestra tierra sólo se condimenta la carne con él, ya que éste es el mejor modo de
atemperarla, al que llamamos, rehogo. He aquí como se hace: se toma el aceite y se vierte
en cazuela, colocándose enseguida la carne y añadiéndole agua caliente poco a poco, pero
sin que llegue a hervir» (Kulliyat).
También señala las propiedades alimenticias del arroz con leche; y su predilección por
las berenjenas:
«Con las berenjenas se hacen en nuestro país muchos platos delicados. Después que
sueltan la primera agua de cocción y se cuecen con su abundante carne, son muy
deliciosas» (Kulliyat).
F
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Habla de las propiedades de las calabazas andalusíes, que exigen una cochura
IC
prolongada; de cómo en el campo se comen los cañamones. Alaba la propiedades de
D
CI
las espinacas, y prefiere los higos y las uvas a los restantes frutos, aunque también
resalte las propiedades de las granadas. Pero sus elogios culminan al referirse a los
EL
huevos que lo curan todo, desde los dolores oculares a las almorranas, descubriendo
D
el popular plato de los huevos fritos:
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«Cuando se fríen en aceite de oliva son muy buenos, ya que las cosas que se condimentan
IG
con aceite son muy nutritivas; pero el aceite debe ser nuevo, con poca acidez y de
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aceitunas. Por lo general, es un alimento muy adecuado para el hombre» (Kulliyat).
CA
Véase Inés Eléxpuru: La cocina de alAndalus, Alianza, Madrid 1994.
TE
Averroes en su Kitab alKulliyat fil Tibb ("Libro sobre las generalidades de la
IO
Medicina") —Edición de J.M. Fórneas Besteiro y C. Alvarez de Morales, Madrid, 1987
BL
—, después de enfatizar las cualidades de las granadas, dice: «Los mejores frutos son
BI
los higos y las uvas. La calidad del higo es cálida y húmeda, tonificando el estómago y
aligerando el vientre... Cuando son cocidos durante largo tiempo, se parecen a la miel».
La cocina turca
El Imperio otomano entre los siglos XVI y XIX agrupó territorios de muy diversas. De
ahí la variedad e influencia de la cocina turca, que se extiende aun en nuestros días a
Grecia, Armenia, Africa del Norte y la mayoría de los países del Cercano y Medio
46
Oriente. Entre los múltiples manjares podemos elegir Zeytinyagli Dolmalar (verduras
rellenas con cebolla, arroz y aceite de oliva, Biber Dolmasi (pimientos morrones
rellenos), Yaprak Dolmasi (pámpanos rellenos), Patlican Dolmasi (berenjenas
rellenas), y Pastirma (carne seca al fenogreco y otras especias).
Casi toda la repostería turca, iraní y árabe se prepara con mucha azúcar y manteca.
También lleva almendras, avellanas, semillas de sésamo o pistachos. El baklava es
postre tradicional hecho de hojaldre con nueces o con pistachos. Los famosos «Bebek»
turcos son cubitos de pasta de almendra perfumada con pistachos.
Los jugos de frutas son muy populares en el mundo islámico, especialmente los de
fresas, granada y melón. La tisana de menta y limón es una bebida digestiva muy
apreciada.
El arquitecto urbanista, pintor y escritor suizo nacionalizado francés CharlesEdouard
F
Jeanneret (18871965), llamado Le Corbusier, realizó en 1911 un viaje a Turquía de
SE
siete semanas y escribió unos sentidos testimonios en su libro de viajes (La Voyage
IC
d'Orient), que constituyen un alegato sobre la inefable belleza de la Civilización del
D
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Islam.
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Le Corbusier, entre muchas otras cosas, nos brinda algunos detalles pintorescos de las
D
solamente llegan turcos, quietos en sus grandes vestidos negros, severos bajo sus
IT
turbantes blancos o verdes. Se lavan las manos y la boca con jabón, en el aguamanos de
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mármol, y el dueño se evade de sus hornillos para ofrecerles un paño. Inspeccionan las
D
ollas, deciden su elección, luego vienen a sentarse con gravedad. No hablan. En este
CA
pequeño local donde se amontonan cinco mesas de cuatro personas, hay un silencio que
TE
no pesa nada. Tenemos la impresión de estar entre una companía muy distinguida. Toda
una pared del local cuadrado está hecho con ventanas que dan a la calle; los hornillos se
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apoyan en ella y las grandes aberturas dejan escapar aromas que expanden por toda la
BL
calle el renombre del cafetín. Al lado de los hornillos hay una gran losa de mármol espeso
BI
que sirve de aparador, sobre el cual se muestran víveres, tomates, pepinos, judías,
melones, sandías —en resumen, todas las cucurbitáceas que enloquecen a los turcos. Se
nos sirve una sopa de pasta bien pesada con limón, después unas pequeñas sandías
rellenas y arroz apenas reventado, salteado al aceite. Los turcos casi no comen carne.
Ciñéndonos al régimen vegetariano, no tienen necesidad de cuchillos; así el cuchillo de
mesa es desconocido. A este menú muy rico se añaden, siempre algunas tazas de zumos
de frutas, zumo de cereza, de pera, de manzana o de uva, que se bebe con cuchara, el
vino está vedado por Mahoma. Los turcos aristocráticos del antiguo régimen, para comer,
usan sólo los dedos y un pedazo de pan; se desenvuelven con gran distinción» (Charles
Edouard Jeanneret: El Viaje de Oriente, Colegio de Aparejadores y Arquitectos
Técnicos, Murcia, 1993, págs. 7778).
46
El café y las medialunas
Una historia de Arabia del siglo VIII cuenta que un camellero yemenita caía en el más
profundo sueño cada vez que intentaba poner su vista en el Sagrado Corán, luego de
su agobiante jornada de labor. Pensando en su desgracia, mientras observaba a los
dromedarios comprobó que cuando éstos comían los frutitos colorados del café,
comenzaban a padecer una intensa agitación. Decidió entonces probar los misteriosos
frutos que resultaron un éxito para sus veladas nocturnas. Y así lo convirtió en
costumbre, imaginando que se trataba de un mensaje divino para que no se durmiera
a la hora de leer el Corán. La noticia se divulgó por toda la península arábiga y
especialmente en la vecina ciudad de Moja o Mokha, a orillas del Mar Rojo, cuyo
manera de preparar el café se hizo célebre. De allí partirían las primeras
exportaciones hacia todas partes del mundo.
F
La voz árabe qahwa, a través del turco kahvé, originó la palabra «café», que en los
SE
siglos XVIIXVIII fue incorporada al castellano y a otras lenguas europeas: caffé en
IC
italiano, café en francés; coffee en inglés; kaffee en alemán.
D
CI
El cafeto (Coffea arabica) comenzó a cultivarse en el Yemen y en los asentamiento
EL
árabes de las altiplanicies de Etiopía, en la otra orilla del Mar Rojo. Ya en el siglo X, el
D
gran médico persa Abu Bakr Muhammad arRazí (844926), latinizado Razes, señaló
L
A
las virtudes profilácticas de la infusión.
IT
IG
En el Yemen, a fines del siglo XIII, los sufíes ingerían una cocción de vainas de cafeto
D
cuando necesitaban mantenerse despiertos por la noche para llevar a cabo sus súplicas
CA
y jaculatorias. A finales del siglo XV, los peregrinos musulmanes que regresaban de
Arabia difundieron el café por todo el Medio Oriente y el Magreb.
TE
IO
Los historiadores otomanos dan cuenta que su introducción en Estambul tuvo lugar
BI
hacia 1555 por obra de dos sirios, que abrieron las primeras cafeterías,
establecimientos que de inmediato tuvieron un éxito sensacional.
Noemí Schöenfeld de Moguillansky cuenta en su libro «Repostería europea y algo
más» (Edit. Albatros, Buenos Aires, 1994, pág. 249) que los vieneses fueron los
primeros en aprender a preparar el café a la turca en Europa, lección aprendida
cuando la ciudad fuera sitiada por el ejército otomano de 200 mil soldados
comandados por Kara Mustafá, entre el 17 de julio y el 12 de septiembre de 1683:
«...tras el largo fracasado cerco de Viena, las tropas otomanas abandonaron buena parte
de las provisiones que llevaban para el asedio. Entre ellas, una auténtica riqueza en café,
que en grandes cantidades resultaba uno de los alimentos básicos para el ejército. La
historia de la vida cotidiana, de un modo un tanto pintoresco, pone ese hecho en relación
con la creación del croissant, la media luna o creciente, fabricada por el heroico gremio
de los panaderos de la ciudad para conmemorar su participación en la defensa de la
47
ciudad. La media luna islámica, sujeta por la mano de los vieneses, pronto resultó un
producto normal de la pastelería» (Pedro Martínez Montávez y Carmen Ruíz Bravo
Villasante: Europa Islámica. La magia de una civilización milenaria, Anaya,
Madrid, 1991, pág. 149).
Un astuto empresario armenio, llamado Johannes Diodato, tras haber descubierto que
los granos de café abandonados por los osmanlíes no era pienso para los camellos,
como se había llegado a pensar, abrió la primera cafetería en Viena llamada «La
Botella Azul», en 1685.
F
Desde entonces el café se transformó en un motivo de orgullo y no existe cafetería
SE
vienesa que no ofrezca menos de diez variedades. Así se puede elegir un «Grosser
IC
Einspäner» (café negro caliente con un copete de crema batida), un «Eiskaffe» (café
D
CI
negro frío, con hielo, una bola de helado de vainilla y crema batida, servido en vaso),
un «Melange» (café con leche y copete de crema batida), un «Kurzer» (expresso negro
EL
y fuerte), un «Kapuziner» (Capuccino) o un «Türkischer Kaffe» (el típico café a la
D
turca, al que también llaman Mokka). Hoy se da la paradoja de que Viena es uno de
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los centros urbanos centroeuropeos con una mayor población de inmigrantes turcos.
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El café entró en Francia hacia 1669, de la mano de un embajador otomano que lo
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ingresó exprofeso por valija diplomática. Debió quedar bastante sorprendido cuando
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brebaje servido en preciosas tacitas, ya que por entonces los musulmanes lo bebían
puro. En el siglo XVIII los europeos sentían pasión por el «desayuno a la parisién»... el
IO
café con leche azucarado con medialunas. Eso sí, casi ninguno sabía el origen de
BL
semejante excentricidad. Este hábito, con el tiempo, se haría universal como una
BI
forma de empezar activamente la jornada o despejar la somnolencia durante la tarde
o la noche. Recientemente, diversos investigadores han asegurado que el café,
consumido moderamente, es el mejor remedio para evitar el aumento del colesterol
en la sangre (cfr. Michel Vanier: El libro del amante del café, Olañeta, Palma de
Mallorca, 1983).
El famoso café turco (turk kahvé) se muele muy fino y se prepara en cacerolitas de
cobre (cezve); se toma con o sin azúcar. Hoy el café se consume poco en el mundo
islámico, incluso en Turquía, pues resulta caro importarlo. Esto ha hecho que el té
recobrara su lugar como bebida más popular. En Marruecos se bebe el té verde
servido en vaso grande con una hoja de menta o yerbabuena; en Irán, Turquía o
Afganistán se consume el té proveniente de la India y Sri Lanka preferentemente, y se
lo prepara en el samovar (de origen ruso), poniendo té muy cargado en la tetera y
agua caliente debajo. Se lo bebe a cualquier hora del día incluso con las comidas.
47
Y una vez más Le Corbusier nos brinda otra imagen exquisita, esta vez de un café
turco a principios del siglo XX: «El café se sirve como sabéis, en tazas minúsculas y el té
en vasos en forma de pera. Uno y otro cuestan un céntimo, lo que permite nuevas
series...Vemos pasar a un viejo todo vestido de rosa, que le da un aspecto de niño. Los
viejos son siempre amables, alegres, con la mirada viva, y nunca impotentes; la oración
les vale esa salud, gracias a la gimnasia que exige... Encima de mi mesa se arquean
hortensias azules; en otra parte se trata de rosas y claveles; a dos pasos canta una
pequeña fuente de mármol rococó turco... y para dar un alma a este café, he de decir que
una inmensa arcada de mezquita reposa sus seis pilares poligonales justo en medio de los
bancos, los capiteles son de un gusto extraño de barroco español... El muezzin acaba de
subir al minarete que divisamos a través del follaje y se expande la estridente llamada a
la oración, las esteras se cubren de fieles que se arrodillan, se levantan y adoran a Alá»
(CharlesEdouard Jeanneret. El Viaje de Oriente. O. cit., pág. 109110).
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47
LOS ALQUIMISTAS DEL ISLAM
La alquimia es una de las ciencias tradicionales del Islam. Durante mucho tiempo fue
designada con el mismo término que la química propiamente dicha (alkimiyya en
F
árabe), antes de que ésta se convirtiera en una ciencia "exacta".
SE
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La alquimia está vinculada a una interpretación mística y alegórica del desarrollo
D
CI
espiritual del hombre, lo que no le impide mantener un territorio común con la
química en su tentativa de conocer la constitución de la materia a través de la
EL
trasmutación de los elementos (cfr. Serge Hutin: La alquimia, Eudeba, Buenos Aires,
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Alchimie et mystique en terre d’islam, Verdier, Lagrasse, 1989; Alexander Roob:
IT
Alchemy & Misticism, Taschen, Köln, 1997).
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popularidad en el Irak del siglo VIII con Ÿabir Ibn Hayyán. Los alquimistas
TE
musulmanes alcanzaron nuevas técnicas para el tratamiento de los metales y lograron
valiosos descubrimientos científicos. Mejoraron las dos principales operaciones
IO
sublimación, combinación y cristalización. Introdujeron nuevos elementos y sustancias
BI
como el antimonio (itmid), el arsénico (zirniÿ), rejalgar (rahÿ algar), bórax (bauraq)
y alcalí (alqilí). También fueron los responsables de la introducción de utensilios
como los alambiques (alinbiq).
Ÿabir Ibn Hayyán
El alquimista más famoso del Islam fue Abu Musa Ÿabir Ibn Hayyán alAzdí (721
815), el Geber de los latinos. Era un sabio originario de Kufa (Irak), hijo de un
botánico, que vivió un tiempo en Tus (Jorasán, Irán), donde estableció un laboratorio.
Convertido en uno de los alquimistas de la corte de Harún arRashid (763809),
conoció tanto la desgracia como el favor de los poderosos visires barmakíes.
47
Según el alquimista Aidamur alŸaldakí, Ÿabir fue discípulo de por los menos dos de
los santos imames de la escuela duodecimana o shií, el VI Imam Ÿa’far asSadiq (702
765), y el VIII Imam Alí arRida (765818), la Paz sea con ellos.
Autor de 500 trabajos sobre las más diversas materias, sólo 80 han llegado hasta
nosotros. Los más conocidos son «Los Setenta Libros» (Kitab alSab’in) y «El Libro de
la Balanza» (Kitab alMizân), «El mercurio oriental» (alZi’bak alSharkí), «El libro de
la gloria» (Kitab alMaÿid), «El libro de la reunión» (Kitab alTaÿammu) y «El libro
puro» (alKitab alJalís). Ÿabir fue considerado el más grande alquimista de Oriente y
Occidente.
En cuanto al aspecto práctico, Ÿabir describió los métodos perfeccionados para la
evaporación, filtración, sublimación, fusión, destilación y cristalización. Detalla cómo
se preparan muchas sustancias químicas, por ejemplo, el cinabrio (sulfuro de
mercurio), el óxido de arsénico y otros. Conoció el procedimiento para obtener
F
vitriolos, alumbres, álcalis, sal amoníaco y salitre casi puros, así como el llamado
SE
«hígado» y «leche» de azufre, calentando el azufre con un álcali y cosas análogas.
IC
Preparó perfectamente el óxido de mercurio puro y el sublimado, así como acetatos de
D
CI
plomo y otros metales, algunas veces cristalizados. Conoció la obtención del ácido y
ácido sulfúrico en crudo, así como la mezcla de ambos (el agua regia) y la solubilidad
EL
del oro y de la plata en esta clase de ácido. Una nueva sustancia química, desconocida
D
para los griegos, que aparece en los trabajos de Ÿabir, es la sal amoníaco.
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Ÿabir Ibn Hayyán sugirió la idea de que «si el átomo pudiera ser dividido podría liberar
IG
una fuerza suficiente para destruir una ciudad del tamaño de Bagdad», lo cual fue el
D
primer anticipo de la teoría atómica desarrollada a partir de John Dalton (17661844)
CA
hasta Albert Einstein (18791955).
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La traducción del corpus ÿabireano del árabe al latín ejerció una profunda influencia
IO
en alquimistas europeos de la talla del monje franciscano Roger Bacon (12141294),
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San Alberto Magno (11931280), Ramon Llull (12351315) y, más tarde, Nicolás
BI
Flamel (13301418), influencia que se prolongó de hecho hasta el siglo XVII.
El investigador y arabista alemán Paul Kraus (19041944), discípulo del historiador de
las ciencias naturales Julius Ruska (18671948), que publicó una obra monumental
sobre Jabir ibn Hayyân, Contributions a l’histoire des idées scientifiques dans
d’Islam (vols. 44 y 45, Memorias del Instituto de Egipto, El Cairo, 19423), señala:
«La alquimia que se conoce bajo el nombre de Ÿabir es una ciencia experimental, basada
sobre una teoría filosófica que en gran parte deriva de la física de Aristóteles. Ningún
escrito alquimístico del Islam presenta un conocimiento tan vasto de la literatura
antigua, y posee un carácter tan enciclopédico como éstos. En esto ellos pueden
compararse con las Epístolas de los "Hermanos de la Pureza" que, por lo demás derivan
de las mismas fuentes» (cfr. E.J. Holmyard: The Arabic Works of Jabir ibn Hayyan,
París, 1928; Henry Corbin: "Le livre du Glorieux" de Jabir ibn Hayyân, —Eranos
Jarbuch, XVIII—, Zurich, 1950; Yves Marquet: La Philosophie des alchimistes et
47
l'alchimie des philosophes: Jabir ibn Hayyan et les Ihwan alSafa, Maisonneuve et
Larose, París, 1988).
Dice Ibn Jaldún: «De todos aquellos autores, al que los alquimistas consideran como el
gran maestro del arte es a Djabir Ibn Haiyan; inclusive denominan a la alquimia "la
ciencia de Djabir"» (cfr. Ibn Jaldún: AlMuqaddimah. O. cit, pág. 947).
Los Hermanos de la Pureza
Los Ijuán alSafa (en árabe: "Hermanos de la Pureza") fueron una sociedad de
filósofos y científicos musulmanes de la escuela shií que se establecieron en la ciudad
de Basora hacia 983. Su obra conocida son las 52 Rasâ’il ("Epístolas"), de las cuales 14
tratan de matemáticas y de lógica, 17 de ciencias naturales y de psicología, 10 de
F
metafísica, y 11 de alquimia, mística, astrología y música. A diferencia de los escritos
SE
de Yabir que están llenos de frases herméticas y significados ocultos. Las Epístolas de
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los Hermanos de la Pureza, verdadera enciclopedia, siempre tratan de ser
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comprensibles al lector no iniciado.
EL
En un texto, muy influyente en los ambitos intelectuales de la Zaragoza musulmana
D
de principios del siglo XI, se decía de ellos: «No se satisfacen con la ignorancia y no
L
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descansan sino después de haber hecho el esfuerzo por abrazar la totalidad de las
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ciencias...; de esta manera logran conseguir la facultad humana por excelencia y, por
IG
ello, les hemos llamado Hermanos Virtuosos» (J. Lomba Fuentes: La filosofía islámica
D
en Zaragoza, D.G.A., Zaragoza, 1987). Véase R. Netton: Muslim Neoplatonists. An
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Marquet: La Philosophie des Ihwan asSafa, thèse soutenue en juin 1971, S.N.E.D.,
Argel, 1975; Alessandro Bausani: L'Enciclopedia dei Fratelli della purita.
IO
Riassunto, con introduzione e breve commento dei 52 trattati o epistole degli
BL
Ikhwan asSafa, Nápoles, 1978.
BI
Abdul Latif de Bagdad
El polímata Abdul Latif alBagdadí (11621231), médico, gramático, jurista y teólogo,
se consagró también a la filosofía, a las ciencias naturales y la alquimia. Estudió las
obras de Hipócrates (460377 a.C.), Alejandro de Afrodisia (fl. hacia el 200d.C.) y
Temistio (317388). Escribió el Kitab alifadah uali’tibar «La llave oriental» (trad. por
Kamal Hafuth Zand, John A. y Ivy E. Videau, Londres, 1965), que combina elementos
de alquimia y botánica. De Bagdad pasó a El Cairo. Su «Viaje a Egipto» fue muy
conocido en Europa, y traducido al latín, al alemán y al francés
En uno de sus escritos, Abdul Latif da estos consejos a aquellos que pretenden adquirir
conocimientos:
47
«Al leer un libro, esforzaos todo lo posible para aprenderlo de memoria y asimilar su
sentido. Imaginad que el libro desapareció y que podéis prescindir de él, sin que os afecte
su pérdida...Uno debe leer relatos, estudiar biografías y conocer las experiencias de las
naciones. De este modo, será como si en el breve lapso de su vida él hubiese vivido
contemporáneamente con pueblos del pasado, mantuviese con ellos una relación íntima y
conociera las virtudes y los defectos de cada uno...Quien no ha soportado el esfuerzo del
estudio no podrá saborear la alegría del conocimiento... Cuando hayáis completado
vuestro estudio y vuestra reflexión, ocupad vuestra lengua con la mención del nombre de
Dios, y elevad sus alabanzas... No os quejéis si el mundo os da la espalda, pues os
distraerá de la adquisición de excelentes cualidades... Sabed que el conocimiento deja una
huella y un perfume que proclama a su poseedor; un rayo de luz y brillo que lo envuelve
y lo destaca» (citado por Ibn Abi Usaibía en su Uiún, traducido por G. Makdisi en The
Rise of Colleges, Edinburgo, 1981, págs. 8991).
AlŸaldakí
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Prestigioso alquimista iraní originario de Ÿaldak, aldea situada a unos dieciocho
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kilómetros al norte de Mashhad, en el Jorasán. Vivió en Damasco y luego en El Cairo,
D
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donde murió entre 1349 y 1361. Dejó una quincena de obras relativas a la alquimia,
apenas estudiadas hasta ahora, entre ellas el «Libro de la demostración relativa a los
EL
secretos de la ciencia de la balanza» (Kitab alburhân fi asrâr ‘ilm almizân). En este
D
tratado, Aidamur alŸaldakí explica que la alquimia no se afirma sino en aquellos que
L
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mensaje de los profetas. Otro de sus tratados lleva el nombre de Nihayat alTalib y fue
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comentado por el místico Ni'mat Allah alWalí (13311431). Véase Titus Buckhardt:
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Alquimia. Significado e imagen del mundo, Paidós Orientalia, Barcelona/Buenos
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Aires, 1994.
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Los Matemáticos Del Islam
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«Mientras Occidente veía de Dios el suave reflejo lunar, Oriente y la España árabe y judía
BI
47
Jules Michelet (17981874), historiador francés.
En el mundo de la cultura clásica musulmana, las matemáticas eran entendidas como
una «ciencia de los números» esotérica y como una investigación en la matemática
«pura», asociada, entre otras materias, a la óptica, la astronomía, la astrología y la
música. En cualquier caso, las matemáticas gozaron de un elevado prestigio y fueron
cultivadas por un buen número de grandes personalidades, como alKindí, alBiruní,
Avicena, y Omar Jaiám (cfr. R. Rashed: Entre arithmétique et algebre. Recherches
sur l’histoire des mathématique arabes, Les Belles Lettres, París, 1984).
AlJuarizmí
El conocimiento de las cifras lo obtuvieron los sabios musulmanes de su contacto con
los hindúes, que habían desarrollado extraordinariamente las matemáticas,
F
especialmente la aritmética. Hasta ese momento, el siglo IX, la forma de representar
SE
cualquier cantidad se hacía utilizando letras, tanto griegas como romanas o árabes.
IC
Esta representación con letras no permitía realizar cálculos, por lo que se hacía
D
necesario utilizar para ello un instrumento de cálculo, a base de bolas y alambres,
CI
llamado ábaco, que se utilizaría en Europa hasta la Revolución Francesa.
EL
D
Abu Abdallah Muhammad Ibn Musa alJuarizmí, en un escrito del que desconocemos
L
su título en árabe, pero que su traducción latina nos ha llegado como Algoritmi de
A
IT
numero indorum, da a conocer la utilización de símbolos numéricos, que, colocados en
IG
orden y utilizando el cero (en árabe cifr, de donde deriva también "cifra"), permiten
D
propio nombre, alJuarizmí. A comienzos del siglo XII, el viajero y filósofo inglés
Adelardo de Bath tradujo este tratado de alJuarizmí. El sistema sería desarrollado
TE
un profesor musulmán de Bugía (Argelia), y gran viajero en Egipto, Siria y Grecia.
BL
BI
De este gran científico que tanto influyó en sus contemporáneos y posteriores, sólo
sabemos que nació en la ciudad iraní de Juarizm (hoy la Jiva de la República de
Turkmenistán), a fines del siglo VIII; vivió en Bagdad y murió hacia 863.
Lo que hizo su nombre inmortal fue el tratado que escribió llamado en árabe Kitab al
muhtasar fi hisab alÿabr ualmuqabala ("Libro sobre el cálculo, álgebra y reducción").
La obra, muy difundida en el mundo islámico, constituyó toda una revelación en el
mundo occidental, posteriormente, con la traducción de Robert de Chester o de
Ketton.
47
alÿabr (el álgebra). En cambio, las cantidades que son iguales y homogéneas en
las dos partes se eliminan: esto es almuqabala (la reducción)».
Célebres matemáticos
F
diámetro y, por otro lado, estudió las fracciones decimales. En el Magreb, Abu’l
SE
Abbás Ibn alBanna alMarrakushí (m. 1321), de Marrakesh, enunció una nueva
IC
teoría de la numeración, y el andalusí Abu alHasan Alí alQalasadí (m. 1486),
D
CI
refugiado en Túnez, redactó varios tratados de aritmética y de álgebra, en los que
estudió los números enteros, las fracciones, la extracción de raíces y la resolución de
EL
las ecuaciones.
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En esta obra, Jaiám afirma conocer una regla para calcular las potencias enteras de un
IT
matemático francés Blaise Pascal (16231662) en más de cinco siglos.
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El sucesor de Omar Jaiám fue Sharafuddín atTusí (segunda mitad del siglo XII)
TE
redactó la obra «De las ecuaciones», donde plantea los problemas de localización y de
separación de las raíces de la ecuación.
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Otro persa, el matemático y físico Kamaluddín Abu alHasan alFarisí (muerto hacia
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1320) comentó la obra de Alhazen (ver aparte) y le añadió contribuciones originales.
También demostró el teorema del famoso matemático Tabit Ibn Qurrá (836901). El
análisis de las conclusiones de alFarisí y de los métodos aplicados muestra que ya en
el siglo XIII se había llegado en el mundo islámico a un conjunto de proposiciones, de
resultados y de técnicas que equivocadamente se habían atribuido a los matemáticos
del siglo XVII.
Las definiciones de Roshdi Rashed
47
Investigaciones sobre la historia de las matemáticas árabes", Les Belles Lettres, París,
1984). A continuación transcribimos una de sus respuestas, aparecida en el artículo
Intersección del álgebra y la geometría. Preguntas a Roshdi Rashed, revista El
Correo de la UNESCO, París, noviembre 1989, págs.3641):
«P. La historiografía política distingue entre Antigüedad, Edad Media, Renacimiento y
Tiempos Modernos. ¿Le parece que esta clasificación es aplicable a la historia efectiva
de las matemáticas y en particular la contribución árabe?
R. Es cierto que se han opuesto las matemáticas "medievales" a las matemáticas
"modernas". La primera entidad, que agruparía las matemáticas latinas, bizantinas,
árabes, incluso indias y chinas, se distinguiría de otra entidad histórica nacida en el
Renacimiento. Esta dicotomía no es pertinente ni desde un punto de vista histórico ni
epistemológico. Está claro que las matemáticas árabes son una prolongación y un
desarrollo de las matemáticas helenísticas, que efectivamente las alimentaron. Lo
F
mismo ocurre con las matemáticas que se desarrollaron en el mundo latino a partir
SE
del siglo XII. Para ajustarnos a los análisis que hemos esbozado, me parece que los
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trabajos realizados tanto en árabe como en latín (o en italiano) entre el siglo IX y
D
CI
comienzos del siglo XVII no pueden separarse en eras diferentes.
EL
Todo indica que se trata de la misma matemática. Para convencernos de ello, hoy en
D
día podemos comparar los escritos de alSamaw’al (siglo XII), por ejemplo, en álgebra
L
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y en cálculo numérico, con los de Simon Stevin (siglo XVI); los resultados de alFarisí
IT
en teoría de los números con los de Descartes; los métodos de atTusí para la
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resolución numérica de las ecuaciones con el de Viète (siglo XVI), o su investigación
D
de los máximos con la de Pierre Fermat (16011665); los trabajos de alJazin (siglo X)
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sobre el análisis diofántico (por las Aritméticas de Diofanto de Alejandría en el siglo
TE
III d.C.) entero con los de Bachet de Meziriac (siglo XVII), etc. Si, por otra parte,
hacemos abstracción de los trabajos de alJwarizmí, de Abu Kamil, de alKarijí, entre
IO
otros, ¿cómo comprender la obra de Leonardo de Pisa (Leonardo Fibonacci, siglos XII
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XIII) y la de los matemáticos italianos, así como las matemáticas más tardías del siglo
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XVII?
Existe ciertamente una ruptura con esa matemática; en efecto, las postrimerías del
siglo XVII se caracterizan por la aparición de nuevos métodos y de nuevas regiones
matemáticas en Europa. Sin embargo, la ruptura no fue necesariamente repentina y
no se produjo simultáneamente en todas las disciplinas. Por otra parte, rara vez las
líneas de separación esquivan a los autores, pero a menudo atraviesan las obras. En el
ámbito de la teoría de los números, por ejemplo, la novedad no se traduce, como se
ha sostenido en el empleo de métodos algebraicos por Descartes y Fermat, los cuales,
procediendo así, no hacían más que volver a los resultados de alFarisí. Es más bien
dentro de la obra de Fermat donde puede observarse una ruptura, con la invención
del método de "descenso infinito" y el estudio de ciertas formas cuadráticas, hacia
1640. Algo muy distinto ocurre con el capítulo sobre la construcción geométrica de las
ecuaciones, iniciado por alJaiám, proseguido por (Sharafuddín) atTusí, enriquecido
47
por Descartes y retomado por muchos otros matemáticos hasta fines del siglo XVII,
incluso mediados del siglo siguiente.
Es realmente a partir del final de la primera parte del siglo XVII cuando se producen
los entrelazamientos y se localizan las principales rupturas. La contribución de los
matemáticos árabes se inserta en una configuración coherente, llamémosla
matemáticas clásicas, que se desarrolla entre el siglo IX y la primera mitad del siglo
XVII».
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MÚSICA
«Extasis es el estado que sobreviene cuando se oye la música»
(Kitab adab alsama ua aluaÿd).
AlGazalí (10581111)
El Islam fue el crisol de un arte musical que se plasmó como fruto de una permanente
interacción entre árabes, persas, turcos e hindúes. Este abarca una extensa área de
Asia Occidental y el norte de Africa cuya cultura musical está dominada por los
pueblos islámicos arabófonos, persófonos y turcófonos y está integrada por un sistema
único aunque heterogéneo en el que están incluidas la música litúrgica, clásica,
folklórica y moderna. Los pueblos de Afganistán, Pakistán, el Asia Central exsoviética
y el Cáucaso comparten elementos de este sistema de modo periférico.
La tradición musical del Islam se remonta a sus orígenes abrahámicos y mosaicos. Los
cantos y danzas rituales caracterizaron a la religión de los Hijos de Israel, como se
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comprueba en las historias bíblicas de Moisés y David, la Paz sea con ellos (cfr.
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Génesis, 31, 27; Exodo 15, 121; 2 Samuel, 6, 5). En el primer libro de Samuel,
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capítulo 10, versículo 5, podemos leer: «...al entrar a la ciudad te encontrarás con
D
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un grupo de profetas bajando del excelso, precedidos de salterios, tímpanos,
flautas y arpas, y profetizando»; y en el capítulo 16, versículo 23: «Cuando el
EL
espíritu de Dios se apoderaba de Saúl, David tomaba el arpa, la tañía con su
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mano, y Saúl sentía alivio y bienestar, pues se retiraba de él el espíritu malo».
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La primera práctica musical del Islam fue y es en la mezquita. Esta consiste en la
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llamada a la oración a cargo del muecín, al que puede juzgarse por el impacto
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emocional de voz y su fraseología musical.
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La segunda música fundamental del Islam en la mezquita es la lectura o salmodia del
Sagrado Corán, labor encomendada a un solista, el almocrí (del árabe muqri’) que
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recitación».
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Al llegar la época de las traducciones grecolatinas, la tradición musical griega pasó a
formar parte de la civilización islámica. Lo que se imitó de la música helénica no se
superpuso a los parámetros propios, sino que sirvió para enriquecerlos. En esa época
entró en el árabe la palabra griega musiqí como musiqa. Los árabes preislámicos
tenían un término genérico denominado guiná para canción y música indistintamente
(cfr. H. Touma: La Musique arabe, BuchetChastel, París, 1977).
48
como «ciencia de la fabricación de melodías», manifiesta ya en Ishaq alMausilí (m.
849), se difunde por todo el mundo islámico y abre el camino a un panorama
totalizador de los fenómenos vocales e instrumentales, fundamentando en los
principios científicos de la Antigüedad clásica.
AlKindí
En los primeros tiempos del Islam, la música se consideraba como una rama de la
filosofía y de las matemáticas. En este campo los creadores y teóricos eran los
filósofos. AlKindí (ver aparte) fue el primer gran teórico de la música Fue maestro
tanto en la teoría como en la práctica., ya que añadió una quinta cuerda al laúd (ud
en árabe), con lo que se alcanzaba la doble octava sin recurrir al cambio. Al usar la
notación alfabética para una octava fue más lejos que los músicos griegos. Como
médico, alKindí se dio cuenta del valor terapéutico de la música, ya que, según una
narración, trató de curar con ella a un muchacho paralítico, tras haber sido inútil la
F
ciencia de todos los médicos ortodoxos. Sólo han sobrevivido cinco de sus quince
SE
tratados sobre música, en uno de los cuales se emplea por primera vez la palabra
IC
musiqí, en el título.
D
CI
El precedente creado por este filósofomúsico fue seguido por sus sucesores
EL
intelectuales. Todos ellos se ocuparon de la música como rama de las matemáticas,
D
consideradas éstas como disciplina filosófica.
L
A
IT
AlFarabí
IG
D
De ellos el más famoso musicalmente fue alFarabí (ver aparte). Este eminente
CA
filósofo shií sobresalió tanto en la teoría como en la práctica. Floreció en la brillante
corte de Saif udDaula alHamdaní de Alepo. Varias tradiciones nos aseguran que
TE
durante una fiesta nupcial, alFarabí podía tocar el laúd hasta hacer que el auditorio
IO
posible que se limitara a mejorarlos.
De su pluma salieron cinco libros de música, uno de los cuales, Kitabu alMusiqa al
Kabir «El Gran Libro de la Música», es la obra teórica más importante acerca de la
música en el Islam. Fue traducida al francés por el erudito Barón Rodolphe
d’Erlanger (18721932) y publicada por P. Geuthner, París, 1959. En ella, alFarabí
definía así el poder emocional de la música: «El hombre y el animal, bajo la
impulsión de sus instintos, emiten sonidos que expresan sus emociones, como
pueden ser la de alegría o miedo. La voz humana expresa mayor variedad
tristeza, ternura, cólera. Estos sonidos, en la diversidad de sus notas, provocan
en la persona que los escucha, los mismos matices de sentimientos o de pasiones,
exaltándole, controlándole o tranquilizándole».
48
A partir de Pitágoras, alFarabí desarrolló la parte eminentemente acústica y
matemática, partiendo de la cuerda, y una especulación cosmogónica que religa con
otro hecho, esta vez una palabra, que luego pasó a la España musulmana; el tarab (en
árabe "arrebato", también "estado extático", "embeleso místico"), que dio origen a la
palabra «trovador»; tarab se empleaba en alAndalus para designar el cante.
El último gran teórico de la música en el Islam fue Avicena (ver aparte). Este médico
y filósofo inclusó en sus obras filosóficas, sobre todo alShifá ("La curación") y al
Naÿat ("La Salvación"), largos capítulos sobre música. Su aportación radica en la
detallada descripción de los instrumentos usados entonces y en el tratamiento de
F
puntos de teoría musical griega que no se han conservado.
SE
IC
El sufismo o misticismo islámico fue el causante de que la música adquiriera
D
CI
respetabilidad. Para los místicos musulmanes la música es un medio de lograr el
estado emocional, extático, que precede a la inspiración.
EL
D
ortodoxos contra la música: «Oir música ejerce un efecto divino que mueve el
IG
corazón hacia Dios. Quien la escucha espiritualmente llega a El, pero quien la
D
escucha sensualmente cae en el pecado».
CA
TE
con su espíritu!, que los humores del cuerpo son de muchas clases, y que la
BL
naturaleza corresponde un ritmo y una melodía cuyo número sólo puede ser
contado por Dios Todopoderoso y Grande. Hallarás prueba de la veracidad de esto
que acabamos de decir, así como de la exactitud de cuanto hemos escrito, si tomas
en consideración que todos los pueblos de la humanidad poseen melodías y ritmos
propios que les dan goce y deleitan a sus hijos, y que cada uno de estos estilos y
ritmos deleita únicamente a los mismos que lo han creado. Este es el caso de la
música de los dailamitas, de los turcos, de los árabes, de los armenios, de los
etíopes, de los rum y de otros pueblos que difieren entre sí por su lenguaje, su
naturaleza, su carácter y sus costumbres».
AlGazalí
48
mérito de reivindicar la música en el Islam por sus convincentes argumentos en favor
de ese arte universal. En su discusión sobre la música y el éxtasis da seis razones para
considerar el canto como fuerza más potente para producir el éxtasis. AlGazalí,
nacido en Gazal, Jorasán (Irán), no se limitó a permitir el canto y la música sino
también la danza, tras afirmar que todos son medios de intensificar el sentimiento
religioso.
AlGazalí consagró el octavo libro de su obra Ihiá ‘Ulum alDin «La vivificación de las
ciencias de la fe», llamado Kitab adab alsamá ua aluaÿd, al buen uso de la música y
del canto en la vida espiritual. En este trabajo realizado a los comienzos del siglo XII,
habla de la música en cuanto a vehículo para alcanzar la Unión mística con Dios. Hace
una distinción entre la percepción sensual de la música y la espiritual. En esta obra, el
místico persa prolonga las tesis del libro de alMuhasibí alAnazí (781857), Kitab
arRi’aia lihuquq Allah ualqiyam biha (traducido al inglés por Margaret Smith con el
título: An early mystic of Bagdad: A study of the life and teachings of Harith Ibn
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Asad alMuhasibi, Shelder Press, Londres, 1935). En una parte de su tratado, al
SE
Gazalí reconoce el poder de la música sobre el corazón humano:
IC
D
CI
«No es posible entrar en el corazón humano sino pasando por la antecámara de
los oídos. Los asuntos musicales, medidos y placenteros, destacan lo que hay en el
EL
corazón y revelan sus bellezas y defectos» (AlGazalí: Ihiá ‘Ulum alDin. Parte 3, libro
D
8, vol. 2, pág. 237; trad. al inglés por Duncan Black MacDonald en su artículo:
L
A
Emotional religion in Islam as affected by music and singing, Journal of Royal
IT
Asiatic Society, Londres, 1901, pág. 199). Véase AlGazalí: Ihiá ‘Ulum alDin, 4 vols,
IG
El Cairo, 1933.
D
CA
Para alGazalí, como para todos los polígrafos del Islam, desde alKindí a Averroes,
TE
origines psychologiques et historiques, París, 1958; AlGazhali: Le livre du licite et
BL
de l’illicite, J. Vrin, París, 1981; E. Ormsby: Theodicy in Islamic Thought, Princeton
BI
University Press, Princeton, NJ, 1984).
Rumí
Gracias a los esfuerzos de este moralista, filósofo y teólogo, la música se fijó como
rasgo constitutivo de los rituales de las cofradías místicas musulmanas, como es el
caso de los mevlevíes, la cofradía sufí de derviches, fundada en Konia (hoy Turquía)
por el poeta persa Ÿalaluddín arRumí (ver aparte). Los mevlevíes (de la voz árabe
maulana, mevlana en turco, "nuestro maestro", sobrenombre de arRumí), alcanzan el
éxtasis místico (uaÿd) en virtud de la danza (samá’), símbolo del baile de los planetas.
Los derviches (del persa darwish: "visitador de puertas") mevlevíes giran sobre sí
mismo hasta conseguir el éxtasis. La danza es acompañada de flautas, atabales,
tamboriles, esa especie de violines llamados kamanché, y laúdes de mástil largo como
el saz turco. Esta tradición musical se desarrolló a través de la ceremonia maulawiyya
48
llamada Ain Sharif, que ha tenido compositores famosos como Mustafá Dede (1610
1675, Mustafá Itri (16401711), o el derviche Alí Siraÿaní (m. 1714).
Otro característica del misticismo islámico es el dhikr ("recuerdo, memoria, invocación
de los nombres de Dios"). El dhikr es la repetición de alguna palabra o jaculatoria en
exaltación de Dios acompañada o no de movimientos rítmicos, música y danza.
Rumí dijo: «El samá’ es el adorno del alma que ayuda a ésta a descubrir el amor, a
experimentar el escalofrío del encuentro, a despojarse de los velos y a sentirse en
presencia de Dios» (cfr. Eva de VitrayMeyerovitch: Mystique et poésie en Islam,
Djalal Uddin Rumi et l’ordre des derviches tourneurs, Desclée De Brouwer, París,
1972).
El polígrafo granadino Ibn alJatib (ver aparte) en una de sus últimas obras la
Nufadat alÿirab fi ‘ulalat aligtirab ("Sacudida de alforjas para entretener el exilio"),
F
Manuscrito de El Escorial Nº 1750, nos relata una recepción en la Alhambra, ofrecida
SE
por el sultán nazarí Muhammad V en 1362, durante la fiesta de inauguración de
IC
varias salas de la "fortaleza roja":
D
CI
«Al acabarse las recitaciones subió de tono el tumultuoso ruido del dikr, que
EL
rebotaba en unas y otras paredes, duplicado por el eco de la nueva construcción.
D
En el dhikr compitieron los expertos con la masa del vulgo. Hizo mucha mella en
L
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los ánimos. En las imaginaciones irrumpieron sentimientos de sumisión al poder
IT
enajenaciones. Tras ella vino la vuelta en sí. Y entonces la cerrada atmósfera se
D
nubló con el humo del ámbar de Sihr, cuya nube entoldó a los circunstantes. Fue
CA
diluvio, hasta el punto que gotearon las barbas y se calaron las vestiduras. La
flauta empezó a sonar para cerrar el programa protocolario» (traducción de
IO
Emilio García Gómez en su obra, Foco de antigua luz sobre la Alhambra, Madrid,
BL
1988, págs. 1556).
BI
Otros tratados importantes sobre la música elaborados por estudiosos musulmanes
son los de Iahia alMunaÿÿin alBagdadí (856912), autor de un Risala fi lmusiqui
(Ed. Z. Yusuf, El Cairo, 1964), Abu alFaraÿ alIsfahaní (897967), con su
monumental «Libro de las canciones» (Kitab alAgani) en 21 tomos, Ibn Zaila (m.
1048), Safiuddín (m. 1294), Qutb alDin alShirazí (12361311), teórico persa que
compuso Durrat alTaÿ (Perla de la Corona), Abd alQadir (m. 1435) y alLadiqí
(siglo XVI). Para una detallada relación, véase Amnon Shiloah: Music in the World of
Islam, Scolar P., Aldershot, 1995; The Theory of Music in Arabic writings c. 900
1900, Henle, Munich, 1979.
La civilización islámica conoció su apogeo a fines del siglo X, momento en que se
integraron artistas, talentos y tradiciones de todo el mundo musulmán, sin distinción
de origen étnico o de religión: árabes, iranios, turcos, musulmanes, judíos, cristianos e
48
hindúes. Los buÿíes y fatimíes en el Oriente, y los andalusíes de Córdoba en Occidente
hicieron del Dar alIslam un verdadero paraíso terrenal. Eran los tiempos en que en
un extremo enseñaba Avicena, e Ibn Hazm en el otro. Fue también la época en que los
diversos estilos musicales y sus respectivos criterios estéticos se establecieron con
precisión —intervalos, figuras melódicas y rítmicas—, y en que el músico debía
improvisar y generar un «arrebato» (tarab) entre sus oyentes, adecuándose a la
tradición de la poesía cantada.
El irlandés Farmer señala este parámetro: «El cultivo de la música en todas sus
ramas por los musulmanes, reduce a la insignificancia la dedicación a este arte en
la historia de cualquier otro país» (cfr. The Sources of Arabian Music, Glasgow,
1940).
La destrucción del califato de Bagdad en 1258 por los mongoles rompió esta cohesión
artística y apañó la gestación de elementos reaccionarios como Ibn Taimiyya (1263
F
1338) que cercenaron las iniciativas y creaciones intelectuales, sepultando el acervo
SE
cultural de la Edad de Oro del Islam.
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D
CI
Aislado del Próximo Oriente árabe, Irán abandonó el laúd (ud) y configuró su propia
música de acuerdo con un legado multisecular y utilizando instrumentos puramente
EL
iranios como el tar, el setar, el santur y el kamanché (cfr. Musical Instruments of the
D
World. The First and Only Comprehemsive Illustrated Encyclopedia of Its Kind.
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More than 4.000 Original Drawings, Bantam Books, Nueva York, 1978, págs. 154
IT
adornos y en un extraordinario abanico de combinaciones vocales (trinos y registros
D
entrecortados). El poeta persa Sa’adi (12131283) habla de un niño «que cantaba
CA
una melodía tan lastimera que detenía a un pájaro en su vuelo».
TE
La obra más recomendable de consulta es la editada por Stanley Sadie: The New
IO
Grove. Dictionary of Music and Musicians, 20 vols. Vol. 1: Arab Music, págs. 514
BL
539; Vol. 9: Iran. Art Music, págs. 292309; Islamic religious music, págs. 342349,
BI
Macmillan Publishers, Londres, 1980 (en Buenos Aires es asequible en la Biblioteca de
la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la U.C.A., Av. Alicia Moreau de Justo —
ex A. Dávila— 1500 Puerto Madero, Edificio San Alberto Magno, subsuelo).
El ceremonial musical del ta’zieh y la conmemoración de Ashura
AlHusain Ibn Alí (629680), hijo de Alí Ibn Abi Talib (600661) y Fátima azZahrá
(615632), y nieto del Profeta Muhammad (la Bendición y la Paz sean con él y su
descendencia purificada), fue asesinado en el llano de Karbalá (Irak), el viernes 10 de
Muharram del año 61 de la Hégira (10 de octubre de 680) por los esbirros de Yazid
Ibn Mu’auiah (643683).
Este martirio de alHusain, tercer Imam de la escuela duodecimana, ha sido evocado
no sólo por todos los musulmanes sunníes y shiíes, sino incluso por grandes escritores
48
e historiadores occidentales como el inglés Edward Gibbon (17371794), en su
Historia de la decadencia y ruina del imperio romano (Turner, Madrid, 1984,
págs. 249258), o el francés Ernest Renan (18231892) en sus Estudios Religiosos,
Alda, Buenos Aires, 1945, págs. 169231). Véase Lewis Pelly: The Miracle Play of
Hasan and Husain, 2 tomos, Allen, Londres, 1970; M.A. Amir Moezzin: Le Guide
divin dans le shi’isme originel, Verdier, París, 1992.
El drama de Karbalá tuvo una gigantesca repercusión en todo el Mundo Islámico e
incluso entre los no musulmanes. El emperador bizantino Constantino IV Pogonato
(654685) demostró su indignación ante el asesinato de alHusain Ibn Alí en una carta
enviada a Yazid: «Han matado a un Profeta o al hijo de un Profeta» (AlYaqubí:
Tarij, ed. M.Th. Houtsma, vol. II. Leiden, 1883; Dar Sadir, Beirut, 1960, Vol.II, pág.
242).
F
injusticia, del sufrimiento. El corazón del shiísmo esta ahí, en ese suplicio que es
SE
al mismo tiempo rebelión y signo de esperanza» (Yann Richard: El Islam shií,
IC
Bellaterra, Barcelona, 1996, pág. 46).
D
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El islamólogo húngaro de origen judío Ignaz Goldziher (18501921) tiene mucho que
EL
decir sobre alHusain y Karbalá: «Los shiíes modernos y letrados encontraron en la
D
Encuentran en él un elemento de sentimiento humanitario de nobleza: «Llorar por
IT
Husain —dice un indio shií que también escribió en inglés obras de filosofía y
IG
matemáticas— es lo que determina el precio de nuestra vida y de nuestro espíritu;
D
si no fuera así, seríamos las más ingratas de las criaturas. En el paraíso todavía
CA
llevaremos el duelo por Husain». Es la condición de la existencia musulmana. El
TE
duelo por Husain es la verdadera marca del Islam. Es imposible para un shií no
llorar. Su corazón es una tumba viviente, la verdadera tumba del jefe de los
IO
mártires decapitados» (I. Goldziher: Le Dogme et la Loi de l’Islam, Paul Geuthner,
BL
París, 1973, pág. 168 y 55; I. Goldziher: Introduction to Islamic Theology and Law,
BI
Princeton University Press, Princeton, 1981).
Cada año, desde los tiempos de los safavíes (siglos XVI y XVII), la conmemoración de
esa tragedia, el 10 (en árabe: Ashura, literalmente, diez) de Muharram (primer mes
del calendario lunar musulmán), da lugar en Irán a unas espectaculares escenas de
lamentación pública, que enmarca la representación denominada en persa ta’zieh
("testimonio de condolencias"). Esta demostración popular es signo de una
culpabilidad colectiva por haber abandonado a un héroe justo (asumida a cuenta de
aquellos musulmanes de Kufa desertores de las filas de alHusain) que, sabiendo
perdido de antemano su combate contra un poder inicuo y usurpador como era el
califato omeya de Damasco, no dudó en abrazar el martirio en el nombre del Unico
Dios (cfr. Peter J. Chelkowski: Ta’ziyeh: Ritual and Drama in Iran, New York
University Press, Nueva York, 1979).
48
En esta incomparable representación de la Batalla de Ashura, los personajes cantan o
recitan, a veces acompañados de címbalos y tambores. Los mártires son también
llorados en las procesiones de hombres que cantan antifonalmente frases cortas con el
acompañamiento rítmico fruto del golpear sus pechos con las palmas y sus espaldas
con cadenas (Véase Mahmoud Ayoub: Redemptive Suffering in Islam: A Study of
the Devotional Aspects of Ashura in Twelver Shi’ism, Mouton, La Haya, 1978; Juan
Goytisolo: De la Ceca a La Meca. «Días de duelo en Teherán», Alfaguara, Madrid,
1997, págs. 6379).
La evocación del Ashura no es una práctica exclusivamente shií, como generalmente
se piensa. Todas las escuelas de pensamiento del Islam tienen como suya esta
tradición. En alAndalus, de mayoría maliki, era una de las conmemoraciones más
importantes. «Además de estas dos fiestas canónicas (la de la Ruptura del Ayuno en
el fin del Ramadán —Id alFitr alMubarak—, el 1 de Shauual, y la del Sacrificio — Id
alAdha alMubarak—el 10 de DhulHiÿÿah), en España se celebraba una tercera
F
fiesta religiosa, la de Ashura, que caía el 10 de Muharram, y venía marcada por
SE
un ayuno ritual» (Rachel Arié: El Reino Nasrí de Granada 12321492. O. cit., pág.
IC
253).
D
CI
El orientalista y grabador inglés Edward William Lane (18011876), que residió
EL
varias veces en Egipto entre 1830 y 1849 (y donde las escuelas hanbali y shafi’i son
D
denominado Yom ‘Ashura. Es considerado sagrado por varias razones... Pero lo
IT
que, en la opinión de los musulmanes más modernos, y en especial los persas,
IG
confiere la mayor santidad al día de la ‘ashura, es el hecho de que era el día en el
D
que El Hoseyn, el nieto del Profeta, fue asesinado, y se convirtió en mártir, en la
CA
batalla de Kerbalah. Muchos musulamnes ayunan en tal día, y algunos también
TE
durante el día anterior... Después de la llamada de la oración del mediodía, fui a
la mezquita de El Hoseyn, que, siendo el lugar en que se cree que reposa la cabeza
IO
del mártir El Hoseyn, es escenario de las celebraciones más notables que en El
BL
Cairo se dan con motivo del día de la ‘Ashura (la cabeza de Husain Ibn Alí, la Paz
BI
sea con él, fue enviada primeramente a Kufa desde Karbalá, después llegó a Damasco
y, finalmente, llegaría por Ascalón a El Cairo en el año 547/1153)... Deseaba visitar
la capilla de El Huseyn en el aniversario de su muerte... Al entrar, uno de los
criados de la mezquita me llevó hasta una esquina libre de la pantalla de bronce
que rodea el monumento, levantado en el lugar en que se dice está enterrada la
cabeza del mártir, a fin de que pudiese recitar la Fatihah (primer capítulo
coránico)» (Edward William Lane: Maneras y costumbres de los modernos
egipcios, Libertarias, Madrid, 1993, págs. 414420).
48
évolution, Recherches sur les civilizations, Institut Français d’Iranologie de Tehéran
(Bibliothèque Iranienne 29, Memoires 38), París, 1984; Jean During: Musique et
extase. L’audition mystique dans la tradition soufie, Albin Michel, París, 1988:
Jean During: Musique et mystique dans les traditions de l’Iran, Institut Français de
Recherche en Iran (Bibliothèque iranienne, 36), París/Teherán, 1989.
La música andalusí y Ziriab
En 822 llega a la corte cordobesa, procedente de Bagdad, el músico y poeta persa Abu
F
alHasan Ibn Ali Ibn Nafi (789857), más conocido por el sobrenombre de Ziriab: «el
SE
pájaro negro cantor», según algunos, por asemejarse al mirlo, y según otros por el
IC
oscuro color de su tez. Sería Ziriab quien introduciría en las escuelas de música
D
andalusíes el sistema árabepérsico, sistema que en la corte cordobesa era utilizado al
CI
mismo tiempo que el sistema griego y pitagórico. Ziriab había sido en la lejana
EL
Bagdad el alumno aventajado de dos importantes músicos de la corte de Harún ar
D
Rashid, como fueron Ibrahim Ibn Mahán de Kufa (m. 803), llamado alMausilí (por
L
A
haber residido un tiempo en Mosul), y su hijo Ishaq. Ishaq alMausilí (m. 849) al ver
IT
las cualidades con las que estaba dotado Ziriab y que podían opacar las suyas, presa
IG
de los celos, le obligó a abandonar la capital abbasí.
D
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Ziriab era un auténtico polígrafo: poeta, literato, astrónomo,geógrafo y un refinado
esteta y un célebre gourmet, tanto que hay un antiguo plato cordobés de habas
TE
saladas y asadas, al que se llama «ziriabí» en honor a Ziriab, pero ante todo fue un
IO
gran músico. Se dice que se sabía de memoria las letras y melodías de diez mil
BL
canciones. Fue el fundador de una gran academia musical y dio a conocer en al
BI
Andalus el instrumento islámico por excelencia, el ud (laúd), para el cual inventó una
quinta cuerda. Según Ziriab: «Las cuatro cuerdas tradicionales encuentran su
equilibrio en el universo. Ellas representan los símbolos de los cuatro elementos: el
aire, la tierra, el agua y el fuego. Sin embargo, sus timbres particulares ofrecen
analogías con los humores y temperamentos que no existen en la naturaleza. He
coloreado las cuerdas para indicar su correspondencia con la naturaleza humana:
la primera, roja, representa la sangre; la segunda, blanca, representa la flema; la
tercera, amarilla, es la bilis, la cuarta negra, la atrabilis (supuesto causante de la
melancolía según los antiguos). La quinta cuerda es la que ocupa el lugar
principal: es la del alma...» (H.G. Farmer: History of Arabian Music, Londres, 1929,
pág. 154).
48
Ziriab fabricó sus propios instrumentos, mejorándolos con innovaciones. La laminilla
de madera que se empleaba como plectro en el laúd la sustituyó por la pluma de
águila, con lo que produjo un sonido más agradable en el instrumento.
Dice Ibn Jaldún: «El conocimiento de la música legado por Ziriab como una
herencia a España, transmitióse allí de generación en generación, hasta la época
de los régulos de Taifas» (AlMuqaddimah, O. cit., pág. 756).
La influencia en la música española y latinoamericana
Los diversos ritmos y melodías surgidos de la escuela andalusí forjada por Ziriab,
como las zambras, pasarían a América con los moriscos y se transformarían en danzas
como la zamba, el gato, el escondido, el pericón, la milonga y la chacarera en la
Argentina y el Uruguay, la cueca y la tonada de Chile, las llaneras de Colombia y
Venezuela, el jarabe de México o la guajira y el danzón de Cuba (cfr. Tony Evora:
F
Orígenes de la música cubana, Alianza, Madrid, 1997, pág. 38). El mismo tango
SE
tiene origen flamenco, voz que según el eminente andalucista Blas Infante (1885
IC
1936) proviene del árabe fellahmenghu: «campesino errante». La mayoría de los
D
CI
flamencólogos, incluso un intérprete y compositor de la talla de Paco de Lucía
(nacido Francisco Sánchez Gómez, en 1947, en el puerto de Algeciras), y un cantaor
EL
de los quilates de Camarón de la Isla (nacido José Monge Cruz, 19501992), afirman
D
el origen andalusímorisco de su especialidad (cfr. Félix Grande Lara: Memoria del
L
A
flamenco, 2 vols., Espasa Calpe, Madrid, 1987).
IT
IG
La música del Islam igualmente tuvo una influencia evidente en la música culta y
D
religiosa de España, Francia e Italia. El «amor cortés» de los trovadores medievales
CA
tiene sus raíces en alAndalus y en las tierras musulmanas en la que habitaron durante
TE
un tiempo los cruzados en los siglos XII y XIII, como Siria, Líbano, Palestina y Egipto.
Grandes poetas como Ibn Hazm (ver aparte) y el régulo de la taifa de Sevilla al
IO
Mutamid (10401095) adoptan en sus obras una concepción platónica del amor , el
BL
que se ha denominado amor espiritual, en árabe hubb udhrí; de la tribu mítica de los
BI
Bani Udhra, llamados los «Hijos de la Virginidad», que cita Ibn Qutaibah
49
Véase Julián Ribera y Tarragó: La música de las cantigas de Santa María, Madrid,
1922 (trad. al inglés por Eleanor Hague y Marion Leffingwell, Music in Ancient
Arabia and Spain, Londres, 1929); La música andaluza medieval en las canciones
de trovadores, troveros y minnesinger, Madrid, 1925: Historia de la música árabe
medieval y su influencia en la española, Madrid, 1927. Véase también Lutfi Abd al
Abadi: La épica árabe y su influencia en la española, Santiago de Chile, 1964;
Francisco Marcos Marín: Poesía narrativa árabe y épica hispánica, Gredos, Madrid,
1971; L. Comton: Andalusian Lyrical Poetry and Old Spanish Love Songs: the
Muwashshah and its Kharjah, Nueva York, 1976; Alvaro Galmés de Fuentes: Epica
árabe y épica castellana, Ariel, Barcelona, 1978; Julián Ribera y Tarragó: La música
árabe y su influencia en la española. Revisión, prólogo y semblanza biográfica
por Emilio García Gómez, Mayo de Oro, Madrid, 1985; Linda M. Paterson: El
mundo de los trovadores. La sociedad occitana medieval (1100 y 1300),
Península, Barcelona, 1997.
F
En Italia, el monje franciscano Jacopone de Todi (12301306), compuso himnos
SE
místicos cantados a coro por el pueblo de la Umbría, tomando la forma del «zéjel» (en
IC
52 himnos sobre 102).
D
CI
Por su parte, el islamólogo inglés Richard Nykl ha demostrado, basándose en
EL
innumerables fuentes, el influjo musulmán en la forma y el contenido de las obras de
D
los trovadores de Aquitania, Gascuña, el Languedoc y la Provenza, como Guillermo
L
A
Relations with the Old Provençal Troubadours, J.A. Frust, Baltimore, 1946;
D
Jacques LafitteHoussat: Trovadores y Cortes de Amor, Eudeba, Buenos Aires, 1963;
CA
Troubadours, The University of North Carolina Press, Chapel Hill, 1971; Norman
BL
Edinburgh University Press, Edinburgo, 1984; Balagna, Costou, Josée: Arabe et
humanisme dans la France des derniers Valois, Maisonneuve et Larose, París,
1989.
La contribución de instrumentos como el santur y el qanún a la música europea
Los instrumentos musicales musulmanes habían sustituido en la Península, y a través
de ella en el resto de Europa, a la exigua variedad y primitivismo de los ya existentes:
cítara, dulcémele (santur), guitarra, laúd, pandero, rabel, timbal y muchos otros más.
Igualmente, de estos se derivarían otros que serían fundamentales en la evolución de
la música europea. Por ejemplo, del santur iraní, (llamado santuri por los griegos), —
una caja de resonancia trapezoidal poco profunda, provisto de 12 a 18 órdenes de
cuerdas metálicas y dos hileras de puentes móviles, que el intérprete ejecuta
49
golpeando las cuerdas a ambos lados de los puentes con ligeros macillos de madera—,
surgieron los instrumentos de teclado como el clavicordio o clavicembalo a partir del
siglo XV, y el piano a partir del siglo XVIII. Esto no significó que el dulcémele o santur
pasara de moda ni mucho menos. A principios del siglo XVIII, el ejecutor alemán
Pantaleón Hebenstreit (16691750) estaba arrasando en toda Europa con
interpretaciones virtuosísimas en su sofisticado refinamiento del dulcémele percutido,
y tuvo tanto éxito en París en 1705, que Luis XIV llamaba a ese instrumento
«Pantaleón».
Del qanún islámico —cítara pulseada que tiene de 50 a 100 cuerdas de metal que el
intérprete pulsa o rasguea con plectros colocados en los dedos de las dos manos—,
nacieron instrumentos como la cítara austríaca (zither) que hizo famosa el notable
compositor e intérprete Anton Karas (19061985) con su melodía «El tercer hombre»
(The Third Man, 1949), tema central de la película homónima del realizador británico
Carol Reed.
F
SE
Los ritmos de la música islámica como la nuba, con sus cinco movimientos, sus
IC
semitonos y variados cromatismos, influyeron a ciertos compositores europeos de una
D
CI
manera llamativa. El francés Camille SaintSaëns (18351921), dotado de una
excepcional predisposición para la poesía, la pintura, el teatro, la filosofía y la
EL
astronomía, —cofundador junto a Massenet y Bizet de la Société nationale de
D
realizaciones, como por ejemplo en su ópera «Sansón y Dalila» (1868) y en su «Suite
IT
argelina» (1879). SaintSaëns, luego de un viaje por América del Sur, terminó
IG
radicándose en Argel donde falleció.
D
CA
1883), aunque no fuese sino por el hecho de que su drama «Parsifal» (1882) es la
lucha del ideal cristiano sobre la sabiduría del mundo musulmán. Tal como lo
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castillo de Klingsor y el jardín encantado se sitúan en la España islámica.
BI
La música marcial otomana
El Imperio otomano fue el primer estado de Europa en contar con una organización
de música militar permanente: la Mehterhané o banda militar, desde 1289. El cuerpo
de soldados de élite conocidos como jenízaros que formaron la guardia personal de
los sultanes otomanos desde el siglo XIV hasta 1826 se destacaron en mil combates y
batallas en mar y tierra por su valentía y obstinación.
49
La Mehterhané incluía tambores, chirimías (zurnás), clarinetes, triángulos, platillos
(zil), crótalos (campana de bola) timbales de guerra (kös y naqqara) —que se
colocaban sobre los lomos de los camellos—, sombrero chino (chogun) y bombo
(davul). Con el tiempo, cada cuerpo del ejército otomano disponía de por lo menos
una mehterhané. Los otomanos fueron también los primeros en utilizar la banda
militar en medio de las batallas con un doble fin: estimular el espíritu de combate y al
mismo tiempo amedrentar al enemigo con sus vibrantes cadencias. Según documentos
históricos, sabemos que a fines del siglo XV había más de dos mil trescientos cuarenta
«Mehters» solamente en Estambul.
Como cualquier otra actividad de la corte, la mehterhané tenía su propio ceremonial
antes de comenzar a tocar. Ante una señal rítmica llamada «Sofián», los jenízaros
músicos formaban un semicírculo y aguardaban la llegada de su líder, el Mehterbashí
Agá. Cuando éste hacía su entrada, uno de los mehter gritaba: «Este es el momento
del regocijo, ¡oh líder de los mehter! ¡Dios te bendiga!» Entonces el mehterbashí
F
respondía: «Dios otorgue sus bendiciones a todos ustedes, mehters... ¡Manténganse
SE
puros!» Y seguidamente, él anunciaba la cadencia, motivo o secuencia tonal (maqam,
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pl. maqamat) que interpretarían. Ante el llamado de Iá Allah (¡Oh Dios!), la ejecución
D
CI
podía comenzar. Al finalizar esta ceremonia musical el líder de la mehterhané
pronunciaba una súplica denominada en turco «Gulbang» tomada de la Bektashí, la
EL
cofradía mística islámica fundada en el siglo XIII por el santo Haÿÿi Bektash, y a la
D
cual todo jenízaro se enorgullecía de pertenecer. La «Gulbang» variaba su contenido
L
A
según la época, de guerra o paz.
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Para los desfiles los mehters transportaban sus timbales sobre caballos, camellos o
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elefantes. Cuando no ejecutaban piezas instrumentales, solían formalizar procesiones
CA
corales con breves fórmulas musulmanas: «¡Dios Misericordiosísimo!» (Rahim Allah),
TE
«¡Dios Generosísimo!» (Karim Allah). Esta marcha con el ritmo de estos refranes se
convertía en una suerte de danza ritual puntualizada por un suave vaivén de
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izquierda a derecha.
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Los instrumentos eran fabricados y mantenidos por entre 150 a 200 especialistas, en
su mayoría griegos y armenios acantonados cerca del Palacio Topkapi. El coro
Çevgani (que hoy constituye una atracción turística en Estambul) fue incorporado a la
Mehterhané recién en el siglo XVIII. El estilo musical de la Mehterhané estaba basado
en las «melodías de Afrasiab» (de la tradición emanada del Shah Nameh de Firdusí),
49
en otras palabras, en la música militar persa. Este estilo se imitó profusamente en
Europa desde comienzos del siglo XVIII.
Su influencia en la música militar europea duró hasta bien entrado el siglo XIX.
Napoleón Bonaparte organizó sus bandas militares al modo otomano dotándolas de
instrumentos típicos como los címbalos y los timbales y lanzándolas al frente de
guerra en el momento preciso. Se dice que la batalla de Austerlitz (victoria de
Napoléon sobre los ejércitos combinados de Austria y Rusia, el 2 de diciembre de
1805) fue ganada en parte por el élan (esfuerzo, arrojo, vitalidad) de las fanfarrias
francesas.
Esta música jenízara u otomana, denominada también música turca o alla turca, tuvo
una influencia importante en compositores como Gluck ("El peregrino de La Meca",
Ifigenia en Táuride"), Mozart (Marcha de los Jenízaros de "El rapto en el serrallo",
"Rondó alla turca de la Sonata para piano en La mayor K. 331"), Haydn ("Zaïre",
F
"Marcha turca", "Sinfonía Militar") y Beethoven (Marcha turca de "Las Ruinas de
SE
Atenas" y el finale de la Novena Sinfonía).
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Véase R.E. Koçu: Yeniçeriler (Historia popular de los Jenízaros, en turco), Estambul,
1964; S. Shaw: History of the Ottoman Empire and Modern Turkey. Vol.1 1280
EL
1808, Cambridge 1976; Compact Disc B 6738: Les Janissaires. Musique Martiale de
D
l’Empire Ottoman. L’Ensemble de l’Armée de la République Turque. Direction: Kudsi
L
A
Erguner, Ethnic Auvidis, París, 1990; Halil Inalcik: The Ottoman Empire. The
IT
Classical Age 13001600, Orion Books, Londres, 1997.
IG
D
Instrumentos clásicos y tradicionales
CA
La mayoría de los tipos instrumentales se encuentran esparcidos por todo el mundo
TE
islámico, desde Marruecos a la India, pero cada región cuenta con su tipo
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característico.
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Arghul: Un clarinete doble hecho de caña. El tubo más corto tiene seis orificios; el
más largo es un bordón. Tanbién se conoce con los nombres de mizmar, zamr y
zummarah.
Buzuq: Un laúd de mástil largo de Siria, Líbano y el norte de Irak. Tiene un diapasón
con trastes y dos o tres órdenes de dos o tres cuerdas que se tocan con un plectro. El
saz turco y el buzuki griego son instrumentos de características semejantes.
Daf: Tambor de origen kurdo, muy parecido al tamborcillo usado por algunos pueblos
aborígenes americanos conocido con el nombre de caja. Puede ser redondo, cuadrado
u octogonal y tener uno o dos parches. Algunas variedades tienen cascabeles y otras
tienen bordones. En muchas regiones islámicas es un instrumento primordialmente
femenino. Es el pandero árabe o adufe.
49
Darabukka: es el tambor en forma de copa o florero del mundo islámico que también
recibe los nombres de derbakke, tombak o zarb. Tiene un solo parche y está fabricado
en arcilla, metal o madera. Se coloca horizontalmente sobre el muslo del ejecutante y
se golpea con las palmas y los dedos. La afinación puede variarse si sepresiona la piel
con una mano y se golpea con la otra.
Davul: Bombo cilíndrico y de doble parche de Turquía. Se cuelga de una correa del
hombro derecho y se golpea con un mazo que se sujeta con la mano derecha y con
una varilla fina que se sujeta con la izquierda. Va indisolublemente unido a la zurná
en la música militar, procesional o nupcial. El dauli griego, el tavil indio y el tupán de
los Balcanes son tambores similares, que se tocan también con chirimías y en idénticas
circunstancias.
Kamanché: Fídula de pica del mundo islámico, originada en la meseta irania. De una
a cuatro cuerdas pasan a lo largo de un extenso mástil y desprovisto de trastes y sobre
F
un cuerpo de madera pequeño, esférico, recubierto de piel. Se coloca verticalmente y
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se toca con un arco flexible. Es el antecesor de toda una serie de instrumentos
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occidentales como el violín, la viola, el violonchelo y el contrabajo.
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Naqqara: Un timbal hecho de metal, arcilla o madera y que se toca casi siempre en
EL
parejas afinadas de modo diferente. Este tipo de timbales se tocan con palillos
D
recubiertos de filtro, a veces al tiempo que se monta a caballo, en camello o elefante.
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El instrumento llegó a Europa en el siglos XIII con los cruzados derrotados. La palabra
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naqqara y otras derivadas de ella hacen referencias a diversos tamaños de timbales
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desde Inglaterra a Etiopía (nagarit) e India (nagara).
D
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Nei: Nombre genérico para numerosas variedades de la flauta recta sin embocadura,
TE
para los dedos y uno para el pulgar.
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Qanún: Es la cítara pulsada del mundo islámico, conocida en la Biblia como salterio.
Tiene de 50 a 100 cuerdas de metal dispuestas en órdenes de tres sobre una caja poco
profunda trapezoidal o semitrapezoidal hecha completamente de madera de nogal. El
intérprete lo coloca horizontalmente sobre las piernas y pulsa o rasguea las cuerdas
con plectros colocados en los dedos de las dos manos. Del qanún (del griego kanón)
nacieron instrumentos occidentales como la cítara austríaca (zither).
49
Saz: Laúd de mástil largo de Turquía con tres órdenes de cuerdas metálicas. Tiene un
mástil con trastes y un cuerpo protuberante en forma de pera. De los instrumentos de
diverso tamaño que integran la familia de este nombre, el más habitual es el
baglamás, muy popular en Grecia, que tiene un sonido similar al charango
sudamericano. El intérprete utiliza un plectro flexible para tocar una melodía en la
cuerda más aguda, incorporando un acompañamiento en las otras. El saz se considera
el instrumento nacional turco por excelencia.
Santur: Un dulcémele surgido en Irán en el siglo X d.C. —llamado en Grecia santuri
— con una caja de resonancia trapezoidal poco profunda, provisto de 12 a 18 órdenes
de cuerdas metálicas y dos hileras de puentes móviles. El intérprete golpea las cuerdas
a ambos lados de los puentes con ligeros macillos de madera. Del santur se originaron
los instrumentos de teclado y cuerda percutida como el clavicordio (siglo XV) y el
piano (siglo XVIII).
F
Setar: Un laúd de mástil largo de Irán, con cuatro cuerdas (a pesar de que su nombre
SE
persa indica que tuviera "tres"), una de las cuales funciona como bordón. Tiene la
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forma similar al del saz turco pero su sonido es diferente.
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Tanbur: Antiguo instrumento del Asia central, favorito de los músicos turcomanos,
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afganos y derviches del Jorasán. Es un laúd de mástil largo con trastes y dos o tres
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cuerdas metálicas. Tiene un cuerpo pequeño en forma de pera. El tanbur de la música
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clásica turca tiene un cuerpo semiesférico y seis cuerdas dispuestas en órdenes de dos.
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danbura.
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Tar: Instrumento tradicional de Irán y del Cáucaso de mástil largo, con trastes. El tar
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(en persa "cuerdas") tiene seis cuerdas dispuestas en órdenes de dos y un cuerpo en
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forma de doble pera.
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Ud: Antiguo instrumento conocido en persa como barbat y cuyo significado en árabe
es literalmente «madera». Tiene un mástil corto, sin trastes con un clavijero formando
un ángulo hacia atrás, un cuerpo protuberante, en forma de pera y cuerdas dispuestas
en órdenes dobles. El modelo más común tiene cinco órdenes dobles de cuerdas de
tripa o de nylon. A veces se añade un sexto orden. Un tipo norteafricano cuenta
habitualmente con sólo cuatro órdenes. Se extendió por toda Europa desde la España
musulmana y su denominación en los distintos idiomas muestra inequívocamente su
origen árabe: liuto en italiano, luth en francés, lute en inglés y laúd en castellano. El
ud tiene un mástil más corto que el laúd europeo, se toca con un plectro y no con los
dedos, y en un estilo monofónico y no polifónico.
Zurná: Una chirimía típica de Turquía e Irán y de los países influidos por el Islam
(como Grecia). Tiene un tubo de 30 a 55 centímetros de longitud con un taladro
49
cónico, un pabellón acampanado y siete orificios para los dedos más un agujero para
el pulgar. Tiene una lengüeta o caña, a menudo con un disco metálico debajo de los
labios. Normalmente se mete en la boca toda la lengüeta y se utiliza la respiración
circular para producir un sonido continuo. Existen instrumentos afines distribuidos
desde España a Bulgaria, Java y China. En el sur de la India (Tamil Nadu) se lo
conoce con el nombre de nagasvaram, y en el norte del subcontinente (Kashmir) como
sahnai). En Japón recibe la denominación de hichiriki. El origen del término zurná es
persa (surnai).
Véase Jean L. Jenkins: Music and Musical Instruments in the World of Islam,
World of Islam Publishinc Co. Ltd., Westerham Press, Kent, 1976; Musical
Instruments of the World. The First and Only Comprehensive Illustrated
Encyclopedia of Its Kind. More than 4,000 Original Drawings, A Bantam Book,
Paddington Press, Nueva York, 1978; Margaret Downie: The Rebec: An
Orthographic and Iconographic Study, University of West Virginia, 1981; Ian
F
Woolfield: The Early History of the Viol, Cambridge University Press, Cambridge,
SE
1984.
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El sonido del nei
EL
Dicen los místicos musulmanes que sólo el sonido del nei —la flauta de caña— tiene
D
el poder de transportarnos hacia el Dios Todopoderoso. Kudsí Erguner, arquitecto y
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A
musicólogo turco, intéprete del nei, que fundó en París la asociación Mewlana, donde
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enseña la tradición sufi y música turca culta, dice que «...la voz del nei vuelve abrir
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en el individuo una cicatriz, la de un pasado en que se encontraba visceralmente
D
unido a las plantas, las piedras, el agua, las estrellas... «Todos hemos escuchado
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esta música en el Paraíso», escribía el poeta místico Ÿalaluddín Rumí en el siglo
TE
XIII. «Aunque el agua y la arcilla que componen nuestro cuerpo hagan planear
sobre nosotros una duda, algo de esa música vuelve a la memoria». Si el nei posee
IO
ese poder de reminiscencia, ello se debe a que, según la tradición islámica, «la
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pluma de caña fue lo primero que creó Dios»... También el nei, como el ser
BI
49
SUFISMO
«Sabed que el mundo es un espejo de arriba a abajo en cada átomo hay cientos
de soles flamígeros. Penetrad en el corazón de una sola gota de agua, y cien
océanos puros emergerán»
(Golsháne raz, «El jardín de la rosa secreta”).
Sa’duddín Mahmud Shabistarí (12841317), místico persa.
Una de las dimensiones más cautivantes de la civilización islámica es la referida a su
vida espiritual profunda, que se ha conocido en occidente bajo el nombre de sufismo
(en árabe: attasawwuf, assufiyyLah). La riqueza de la espiritualidad islámica ha
trascendido los ámbitos geográficos del mundo musulmán ejerciendo una profunda
influencia en la vida espiritual, la literatura, el arte y el pensamiento de otros pueblos
y religiones (cfr. Christian Bonaud: Introducción al sufismo. El tasawwuf y la
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espiritualidad islámica, Paidós/Orientalia, Barcelona, 1994).
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La obra poética de algunos grandes sufíes es conocida desde hace tiempo en
D
CI
traducciones a lenguas occidentales, como el caso de arRumí, Hafiz, Omar Jaiám,
Sa’adi, ‘Attar, para mencionar sólo a los más conocidos. La influencia de otros se ha
EL
ejercido en occidente sobre la filosofla y el pensamiento religioso, como AlGazalí (el
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Algacel de los latinos).
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¿Podemos definir el sufismo como «misticismo islámico»? Creemos que la calificación
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aplicarla quizá al tema de la ascesis y la purificación, por una parte, y a la experiencia
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visionaria del aspirante espiritual por otra, por no cabe designar con ese término a la
TE
defensa de la comunidad y la justicia social, como el caso de las órdenes sufíes de
BL
estructura militar (los murabitún, "almorávides", cofradías de guerreros guardianes de
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las fronteras del mundo islámico).
El término «sufi es desconocido en las primeras décadas del Islam, y según la mayoría
de los investigadores se comenzó a aplicar posteriormente a un grupo de hombres
que, desencantados por el rumbo que tomaba la comunidad islámica bajo la dirección
de gobernantes corruptos, se refugiaron en la ascesis y la vida espiritual. Algún
exponente del sufismo ha ido más lejos, y afirma que «en los orígenes del Islam, el
sufismo era una realidad sin nombre, y luego fue un nombre sin realidad». Para los
maestros del sufismo en suma, el «Camino» —como lo llaman— fue inaugurado por el
Profeta mismo, y citan en su respaldo numerosas antecedentes coránicos y de la
literatura del hadiz.
La etimología más usual de la palabra sufi es hacerla derivar de «suf», lana, señalando
que de este material era el hábito o manto con que se cubrían los primeros sufíes,
49
como señal de desprecio hacia la vestimenta lujosa y símbolo de la sumisión del
cordero, análoga a la «sumisión’> (Islam) del verdadero musulmán (lit.: sometido).
Empero los más grandes exponentes de la ciencia del sufismo, como Muhiiuddín Ibn
al’Arabi, hacen derivar la palabra de la raíz árabe safá, «blanquear», «purificar»;
destacando así un aspecto esencial y común del Camino: la purificación del corazón
para convertirlo en digno asiento de la Presencia Divina.
Y no terminan ahí las etimologías: se ha sugerido que deriva del griego «sofia»,
«sabiduría", o incluso de ahlussuffah (lit.: los del banco [suffah: sofál), con que se
conocía en época del Profeta a un grupo especial de sus compañeros que vivían en la
mezquita y paraban en un banco, apartados del mundo y viviendo de la caridad de la
comunidad, completamente dedicados a la devoción y a aprender del Mensajero de
Dios.
¿Es el sufismo genuinamente islámico? Desde luego que sí, pues lo son sus métodos y
F
sus símbolos (inspirados en el Corán y la Sunna Profética). Se han sugerido
SE
influencias de espiritualidades ajenas al Islam (cristianismo, budismo, hinduismo),
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pero esto no va en desmedro de la originalidad y singularidad del sufismo: ninguna
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expresión de la experiencia humana es completamente autónoma y escindida de la
historia cultural de la humanidad. Y viceversa: se ha demostrado sin lugar a dudas la
EL
influencia del sufismo en otras formas espirituales, como el caso de San Juan de la
D
Cruz y Santa Teresa de Avila (cfr. Luce LópezBaralt: San Juan de la Cruz y el Islam,
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A
Hiperión, Madrid, 1985).
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Evolución y métodos
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Al hablar de los primeros sufíes (paradigmas de la "Gente del Camino"), las grandes
TE
obras de la primera época incluyen entre ellos sin hesitar a los grandes compañeros
del Profeta, a la Gente de la Casa, para luego pasar a los más destacados entre los
IO
tabi’ún (la segunda generación) y posteriores. Se trata todavía de grandes hombres
BL
("apartado"), AbulFaid Dhu alNun alMisrí (796861), Abu Yazid a1Bastamí (m.
874), alHallay (858922), alYunaid alBagdadf (m. 910), para mencionar sólo a los
más conocidos, nunca ausentes de los listados y referencias en las obras sobre el tema
(cfr. Muslim Saints and Mystics. Episodes from the Tadhkirat alAuliya’ (Memorial of
the Saints) by Farid alDin Attar, traducción de Arthur J. Arberry, Routledge, Londres,
1979).
Sobre Hasan alBasrí existe la siguiente narración que es un exponente fiel de su
pensamiento «Llegó Ali Ibn Abi Talib (yerno del Santo Profeta y cuarto califa del
Islam), Dios esté satisfecho de él, a la ciudad de Basra y entró en la mezquita. Allí
se encontró con la gente que se dedica a la casuística religiosa, les mandó que se
levantaran y se fuesen. Cuando llegó junto a Hasan alBasrí le dijo: —»¡Jo Ven!
voy a plantearte una cuestión, si respondes correctamente, te puedes quedar, si no,
49
te vas igual que tus compañeros». Esto se debía a que había visto en élun hombre
de proceder correcto. AlHasan le dijo: —»Pregúntame lo que quieras».
F
bektashíes, nakhshbandíes, etc.) conservan orgullosa memoria de su silsilah, es decir
SE
la genealogía espiritual o cadena de maestros que se remonta al Profeta, siempre —
IC
salvo alguna rara excepción—, a través de su primo y yerno ‘Ah, de quien dijera el
D
CI
Mensajero de Dios: «Yo soy la ciudad de la sabiduría, y ‘Alí es su puerta. Quien
desee la sabiduría, que penetre pues por su puerta».
EL
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A través de esta estructura el sufismo ejerce una influencia consi derable sobre las
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A
sociedades islámicas hasta el presente: los aspirantes espirituales deben tener un
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maestro, sumarse a una tariqah y a una sílsilah, consiguiendo un Sheij o Murshid que
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conocedor de la disciplina espiritual, un walí (amigo) de Dios. Así el aspirante (muríd,
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faqír) se une al maestro en una suerte de matrimonio místico, jurándole obediencia
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(como hicieron los Compañeros del Profeta con éste), para que el Sheij lo tome de la
mano y lo lleve a la meta.
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Hay una serie de características y métodos comunes a todas las cofradías sufíes: la
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práctica de la «remembranza» de Dios con Sus Belíos Nombres (árabe: dhikr); el
cultivo de la hermandad espiritual entre los aspirantes (al estilo de la hermandad de
los primeros musulmanes); la purificación de la conducta mediante una práctica
estricta de los mandatos islámicos (especialmente la sunnah profética) y de la
«cortesía espiritual» (adab) para con el Sheij y los compañeros.
Más allá de estos elementos comunes, el sufismo está imbricado profundamente en la
sociedad islámica tradicional en multitud de formas: hay cofradías asociadas a los
distintos oficios y artes (arquitectos, tejedores, decoradores, calígrafos, caballeros,
etc.); surgen de ellas movimientos de renovación política y social (los ejemplos
históricos son numerosos: la revolución de los almohades, de los safavies, etc.); se
muestra en el arte: la poesía y la música, que alcanzan su culminación en la sama’, las
sesiones de canto religioso y dhikr de las cofradías, etc. Y no hablamos sólo del pasado
clásico: la presencia viva del sufismo se detecta aún hoy día, y sobre todo en la
50
difusión que está teniendo el Islam en occidente, generalmente de la mano de las
tariqas, que por lo demás fueron responsables de la islamización del sudeste de Asia
(Indonesia, Malasia, Indochina, Filipinas) en los últimos tres siglos.
Dar una semblanza del sufismo y de su importancia en el Islam y fuera de él excede
ampliamente el marco de unas pocas lineas, por lo que remitimos al lector a la
bibliografia, limitándonos a hablar a continuación de algunos exponentes destacados
del Camino.
Cofradías
Entre las numerosas cofradías o hermandades místicas del Islam están los Qadiriyya,
discípulos de Abd alQadir alYilani (10771166); los Rifaiyya, fundada por Ahmad
Ibn AIi arRifai (11061182); los Chistiyya, fundada por Muin alDin Hasan alChistí
(11421236); los Kubrawiyya, fundada por Naymuddín Kubra (11451221); los
F
Suhrauardiyya, fundada por Shihabuddín Abu Hafs Umar (11451234); los
SE
Shadiliyya, fundada por AbulHasan alShadilí (11961258); los Qalandariyya,
IC
fundada en Damasco por Yamal Muhammad Ibn Yunus alSafiyi en 1219; los
D
CI
Mawlawiyya, fundada por Yalaluddín arRumí (12071273); los Badawiyya, fundada
por Ahmad alBadawí (11991276); los Bektashiyya, fundada por Hayyi Bektash Wali
EL
(siglo XIII), que sería la orden de los jenízaros (cfr. David Nicolle: The Janissaries,
D
Osprey, Londres, 1995); los Safaviyya, fundada por Safiuddln (12521334), que daría
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origen a la dinastía safaví en Irán; los Naqshbandiyya, fundada por Muhammad Baha
IT
alDin alNaqshbandí (13181388); los Isawiyya, fundada por Muhammad Ibn Isa al
IG
Fihri (m. 1524>; los Jalwatiyya, antigua orden renovada por Mustafá alBakrí (m.
D
1749); la Tiyaniyya, brote de la Jalwatiyya en Africa, fundada por Ahmad alTiyaní
CA
(17371815); los Idrisiyya, fundada por Ahmad Ibn Idrís (1760183 7); y los
TE
Sanusíyya, fundada por Muhammad Ibn Ali asSanusí (17871859).
IO
Véase H.J. Kissling: Aus der Geschichte des ChalwetijjeOrders, ZDMG, vol. 103
BL
2(1953), págs. 23389; H.J. Kieshing: The Role of the Dervish Orders in the Ottoman
BI
Empire, Studies in Islamic Cultural History, ed. G.E. von Grunebaum, American
Anthropologist, Memoire n0 76 (1954); Alexandre Popovic y Gilles Veinstein: La
senda de Allah. Las cofradías musulmanas desde sus orígenes hasta la actualidad,
Bellaterra, Barcelona, 1998.
Rabi’a de Basora
50
«¡Oh mi Señor!, si Te adoro por miedo del Infierno, quémame en el Infierno, y si te
adoro por la esperanza del Paraíso, exclúyeme de él, pero si te adoro por Ti
mismo no me apartes de Tu belleza eterna»
(Margaret Smith: Rabi’a the mystic and her FellowSaints in Islam, Cambridge,1928,
pág. 30).
El teologo y místico iraní alGazalí (10581111), en su Ihiá ‘Ulum alDin ("Vivificación
de las ciencias de la fe") concuerda con este pensamiento de Rabi’a y agrega: «... el
que ama a Dios solamente como benefactor y no lo amaporDios mismo, es
evidente que lo amará con menos intensidad, pues que su amor dependerá tan
solo de los beneficios que de El reciba, los cuales pueden ser muchos o pocos, y
además, en el momento de la tribulación no podrá amarlo como en el de la
prosperidad y bienestar; en cambio, si ama a Dios por Dios, es decir, porque
merece ser amado en razón de sus perfecciones infinitas, por su hermosura,
F
majestad y gloria, no aumentará ni amenguará su amor en función de los
SE
beneficios, muchos o pocos, que de El reciba».La islamóloga Luce LópezBaralt de la
IC
Universidad de Puerto Rico dedica un capítulo entero de su obra erudita Huellas del
D
CI
Islam en la literatura española. De Juan Ruiz a Juan Goytisolo (Hiperión, Madrid,
1985, Cap. V, págs. 99117), para demostrar con múltiples análisis que la oración de
EL
Rabi’a es la fuente directa o indirecta del famoso soneto anónimo de fines del siglo
D
XVI, o principios del XVII, atribuido indistintamente a San Ignacio de Loyola (1491
L
A
1556), a San Francisco Javier (15061552), a Santa Teresa de Avila (15151582), a
IT
Fray Luis de León (15271591), a San Juan de la Cruz (15421591) o a Lope de Vega
IG
y Carpio (15621635), y que comienza con el verso: «No me mueve, mi Dios, para
D
cristianizado. Estudio del «sufismo» a través de las obras de Ibn ‘Arabi de Murcia,
TE
Hiperión, Madrid, 1981.
IO
Otra conocida súplica de Rabi’a expresa lo siguiente:
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BI
«¡Oh, Dios! Sea cual fuere la parte de este mundo que me hayas asignado,
concédesela a tus enemigos; y sea cual fuere la parte del otro mundo que me
hayas asignado, concédesela a tus amigos. Tu ya eres bastante para mí».
AlSuhrauardí
50
en Siria, hizo amistad con el gobernador de Alepo alMalik azZahir (hijo del sultán
Saladino), que fue luego amigo de Ibn Arabi de Murcia. AISuhrauardí pereció de
forma misteriosa en la fortaleza de Alepo en 1191; contaba entonces treinta y seis
años. Por esto sus biógrafos orientales le llamaron asSheij alMaqtul ("el sheij
asesinado"), y sus discípulos y partidarios asSheij asShahid ("el sheij mártir"). Pese a
su corta vida, escribió cuarenta y nueve obras filosóficas y místicas, de las cuales cerca
de veinte se encuentran publicadas en ediciones asequibles. Destaca su trabajo
principal Kitab alHíkmat alIshraq ("Libro de la sabiduría luminica").
Ibn alArabi
Abu Bakr Muhammad Ibn Al Ibn Muhammad alHatimí alTa’i Ibn alArabi , llamado
Muhiiuddín ("vivificador de la fe") y asSheij alAkbar ("Gran Maestro"), conocido en
Occidente por Abenarabí, nació en Murcia, alAndalus, el 28 de julio de 1165. Sus
estudios literarios juveniles transcurrieron en la campiña andalusí de Lora del Río y
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Carmona. Con el tiempo Ibn alArabi se convertiría en un sabio piadoso, un asceta
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admirable y un poseedor de carismas innumerables.
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El ansia de saber condujo a Ibn alArabi a una prolongada vida peregrina a lo largo y
a lo ancho de alAndalus primero, del Norte de Africa (Marruecos y Tunicia) después,
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y a El Cairo y Jerusalem más tarde. Después de haber permanécido dos años de
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emociones espirituales en La Meca, plasmadas en su máxima obra, las «Revelaciones
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Mequíes» (Futuhat alMakkiyya) visitó Anatolia, a Jerusalem y a El Cairo, otra vez La
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Meca, Anatolia, Bagdad, otra vez Anatolia. Luego se trasladó a Damasco, donde en
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1229 compuso «Los engarces de la sabiduría» (Fusus alHikam). Allí residiría hasta su
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deceso, ocurrido el 10 de noviembre de 1240. Su tumba, en la que después fueron
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enterrados dos de sus hijos, aun se conserva y recibe veneración. Sobre ella los
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musulmanes otomanos edificaron una madrasa en la que se guarda su sepulcro.
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El pensamiento filosófico de Ibn alArabi es una suma de corrientes neoplatónicas y
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comprendiendo más de 400 manuscritos.
Por ejemplo, su célebre obra Kitab alFu tuhat alMakkiyya ("Libro de las Revelaciones
Mequles") consta en su edición árabe de cuatro mil páginas en letra muy pequeña. Su
Risalat alQuds ("Tratado de la santidad") es una de las grandes colecciones
hagiográficas del mundo musulmán que encierra un valor histórico excepcional para
quien desee conocer la vida espiritual del Islam en los tiempos del filósofo y místico
murciano.
Ibn Abbad de Ronda
La antigua Arunda ("Rodeada de Montañas") de los Celtas Bástulos fue llamada por
los primeros musulmanes, llegados a partir de 711, con el nombre de IznaRand. Con
50
la entrada de los almorávides en 1090, la ciudad fue denominada Madinat Runda (cfr.
Jacinto Bosch Vilá: Los almorávides, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1956).
Muy preocupado por el avance de las fuerzas de los infantes Don Pedro y Don Juan,
tutores del rey niño Alfonso XI de Castilla, el soberano Ismail I de Granada, solicitó la
ayuda de los marinfes (Banu Marín) africanos en 1314, que le fue concedida por el
sultán de Marruecos Abul Hasan, el cual mandó a su hijo Abdul Malik en auxilio de
los andalusíes. Llegado éste, se nombró soberano de Ronda, Algeciras y Gibraltar,
convirtiéndose Ronda en capital de sus dominios. Es en esta época que la legendaria
ciudad montañosa aumentó su prosperidad y esplendor, construyéndose edificios
importantes como el puente y la alhama en el arrabal viejo, la escalera de la Mina con
360 escalones, hecha en la roca viva, que abastecía de agua a la población desde el
fondo del Tajo, o los molinos de aceite y harina. Ronda fue capturada por las tropas
del Marqués de Cádiz con violento fuego de artillería el 22 de mayo de 1485, que
vencieron la obstinada resistencia musulmana al bloquear el suministro de agua de la
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ciudad.
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Hoy muy pocos de los muchos de los turistas que la visitan, —atraídos por sus paisajes
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y las historias del torero Pedro Romero (17541839) y del actor y director
norteamericano Orson Welles (19151985) que yace sepultado en ella—, saben que
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en esa apartada serranía, refugio de contrabandistas durante los últimos siglos, nació
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Ibn Abbad anNafzí alHimyarí (13321390), llamado arRundí ("el Rondeño").
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Sin embargo, la vida del último gran místico andalusí se desarrollará del otro lado del
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ejemplar conseguirla la veneración de sus discípulos e incluso la simpatía de esos
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eruditos y doctores que veían con desagrado a los gnósticos. Fue miembro de la
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Shadiliya, la hermandad mística fundada en Egipto por el piadoso marroquí Abu al
Hasan Ali Ibn Abdallah alShadilí (11961258).
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La mayor parte de sus obras fueron sermones y homilías que todavía se leían en la
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mezquitauniversidad de Qarawiyyin de Fez y ante el Sultán de Marruecos en el siglo
XVII. Muy importante es su «Comentario de las máximas de Tay alDin Abu 1Fadí
Ibn’Ata’ Allah asSikandari (m. 1309) de Alejandría" y su «Metafísica del quietismo".
Asín Palacios asegura que la prédica de Ibn Abbad influyó notablemente en San Juan
de la Cruz. El magnífico estudio sobre el particular a cargo de Doña Luce LópezBaralt
es altamente recomendable: «Para mi incrédula, gratisima sorpresa, el problema
de la posible filiación islámica de San Juan de la Cruz se ha trasladado no ya a la
crítica sino a la mismísima literatura española. En su última novela, las virtudes del
pajaro solitario (Alfaguara, MadridBuenos Aires, 1996), Juan Goytisolo ofrece un
encendido homenaje al tratado perdido del santo y al lenguaje místico libérrimo
cuajado de imágenes sufies que exploro en estas páginas» (L. LópezBaralt: San
Juan de la Cruz y el Islam, Hiperión, Madrid, 1985, pág. 8).
50
Ni’mat Allah alWalí
Shah Nuruddín Ni’mat Allah alWalí nació en Alepo, Siria, en 1331. Fue un sabio
piadoso de la escuela shií de pensamiento que se dedicó a varias disciplinas, como la
alquimia, la poesía, la filosofía y el sufismo. Asimismo fue el fundador de la
hermandad mística Ni’matullahi de derviches, la cual es bastante numerosa en Irán. El
sheij Ni’mat Allah pasó gran parte de su vida en Irak, siete años en La Meca, y luego
viajó a Samarcanda, Herat, y Yazd, pasando sus últimos años en la ciudad de Mahán,
ubicada a 35 kilómetros al sur de Kermán, sobre la ruta que va hacia la fortaleza de
Arghe Bam. Allí falleció en 1431, viviendo exactamente cien años. Su santuario es
bellísimo, y se compone de una cúpula cubierta con cerámica turquesa y adornada
con caligrafias cúficas, que data de la época safaví. En el siglo.XIX, se le añadieron dos
magníficos minaretes. Por esta razón, desde hace tiempo, Mahán es la meta de
numerosos peregrinos que desean visitar la tumba de este santo del Islam y el
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pequeño oratorio donde solía meditar, el cual consiste en doce sectores
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Abd alQadir
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El Sheij Abd alQadir Ibn Mu’iuddín Ibn Mustafá alHasani alYaza’irí ("el Argelino"),
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nació en Guatna, cerca de Mascara (Argelia) en 1808 en un mundo de trabajo, piedad
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y coraje. En 1828, junto a su padre, hizo un viaje de tres años a través del cual
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conoció Túnez, El Cairo, La Meca y Bagdad. En 1830 enfrentó la invasión francesa
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como un simple combatiente. El 22 de noviembre de 1832 fue elegido <‘emir de los
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creyentes" con el apoyo de tres clanes tribales, y sheij (maestro y líder) de la Qadiriya,
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hermandad sufi de fuerte presencia en el Africa.
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reconquistado con capitales en Mascara y Tagdempt (183839). Obligado a rendirse,
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estuvo cinco años prisionero en Francia, en los castillos de Pau (Béarn) y Amboise
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(l’lndreetLoire), entre 1847
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52. En 1853, partió al exilio, primero en Bursa (Turquía) y más tarde a Damasco
(1855).
En la capital siria mostró la nobleza de su carácter salvando a millares de cristianos
autóctonos y extranjeros de las masacres perpetradas por los drusos bajo la instigación
de turcos e ingleses en 1860. En 1863 haría su segunda peregrinación a La Meca. De
vuelta en Damasco, redactaría su obra principal: «Llamada a los inteligentes,
advertencia a los indiferentes», tratado de filosofía y mística del Islam.
Abd alQadir era una persona receptiva a los progresos genuinos de la ciencia
occidental moderna, y por esa razón se interesó e investigó todos los adelantos
característicos del siglo XIX, y de ahí que visitara la exposición universal de París de
50
1867 y participara de la inauguración del canal de Suez en 1869. Murió a la edad de
setenta y cinco años, el 26 de mayo de 1883
En la actualidad el sufismo tiene un notable auge en occidente como esencia que es
del pensamiento islámico, y avanzada de la verdadera difusión del Islam en todas las
épocas y culturas. Prueba de esto es la extensa bibliografía sobre el tema que se
multiplica día a día en las grandes capitales de la cultura europea y americana.
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LA POESÍA EN EL ISLAM
«En esplendor el Oriente cruzó el Mar Mediterráneo. Si conoces las rimas de Calderón, tu
debes conocer y amar a Hafiz».
Johann Wolfgang Goethe
La poesía en lengua árabe se nutrió al principio de los poemas amorosos y heroicos
compuestos por los beduinos del Hiÿaz en la Edad de la Ignorancia (en árabe, al
ÿahiliyya), el período de la antigua Arabia pagana que concluyó con la revelación del
Profeta Muhammad (BPD). Esta época estuvo dominada por el tribalismo anárquico
de los beduinos de la Arabia septentrional y central, cuyos valores basados en la
virilidad, la generosidad y la hospitalidad fueron cantados en una poesía oral y
después en célebres poemas escritos de los «Días de los árabes» (Ayyam al ‘Arab). Tal
vez inspirada por los poemas y la vida del guerrero Antara Ibn Shaddad al’Absí (siglo
VI d. C.), la novela de caballería titulada la «Vida de Antar» (Sirat Antar) constituye
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antes que nada un canto a las virtudes caballerescas y viriles de las tribus beduinas
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preislámicas. Sus diez mil versos, escritos en prosa rimada, fueron redactados
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probablemente en el Irak abbasí del siglo XII, ya que se extiende a lo largo de 500
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años, desde la edad de la ignorancia hasta la época de las cruzadas. La obra se basa
en las incontables proezas de Antara o Antar, un mestizo de árabe y de africana (cfr.
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Gustave Rouger: El romance de Antar, Lautaro, Buenos Aires, 1943).
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La casida
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Nacida en Arabia y llevada a su apogeo por los poetas preislámicos, fue cultivada en la
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corte abbasí, aunque también las cortes provinciales, en Irán, donde influyó a la
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lengua persa en plena renovación, y en la España musulmana. Desde allí irradió hasta
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la Provenza y el Languedoc para inspirar la poesía de los trovadores. A partir de unos
temas estrictamente definidos por la tradición, numerosos manuales de prosodia
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enseñaban como «cincelar» la casida (en árabe qasidah), que consta de de 30 a 120
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versos de idéntico metro, acabados todos con la misma rima.
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La poesía clásica árabe
La poesía tuvo un gran auge durante la dinastía abbasí. Hasan Ibn Hani alHakamí
(762810), se ganó el apodo de Abu Nuwás ("Padre del bucle") por sus abundantes
rizos. Nacido en Ahwaz (Irán), de padre árabe y madre persa, fue uno de los poetas
más célebres de Bagdad. En el fin de sus días, se convirtió en un asceta y adhirió al
shiísmo. Abu alFaraÿ al Isfahaní (897967), oriundo de Isfahán que vivió la mayor
parte de su vida en Bagdad, recopiló la poesía de la época en su Kitab alAganí ("Libro
de canciones"), compuesto de veinte tomos. Véase Régis Blachère: Histoire de
littérature arabe, des origines jusqu'a la fin du XVe siècle, 3 vols., Maisonneuve et
Larose, París, 1966.
50
AlMutanabbí
Abu atTayyib Ahmad Ibn Husain alMutanabbí nació en Kufa (Irak), en 915.
Ambicioso, sin escrúpulos, en su juventud, intentó, haciéndose pasar entre los
beduinos de Siria por profeta (de aquí el apodo de "alMutanabbí" con el que se le
conoce y que significa "el que se las da de profeta"), tallarse a punta de espada un
feudo. El resultado de sus esfuerzos no pudo ser más deprimente y pasó un par de
años encerrado en una mazmorra de la que sarío curado de toda ambición política. En
948 entró al servicio del gobernador de Siria Abu alHasan Ibn Hamdán (916967),
llamado Saif udDaula, poeta él mismo, mecenas de artistas y sabios como alFarabí,
y un guerrero que luchó constantemente contra los bizantinos. En Alepo, ciudad que
constituía entonces uno de los mayores centros de atracción intelectual de la época,
alMutanabbí compuso sus poemas más renombrados. Luego se embarcó en una serie
de correrías y aventuras por Egipto, Irak e Irán. A su regreso a Bagdad fue atacado por
F
una partida de salteadores. El poeta,en un primer momento y ante el número de
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atacantes, deseaba huir, pero su escudero le recordó inoportunamente estos versos
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heroicos compuestos en su juventud:
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«¡Oh, cómo me conocen
la noche y el Desierto y mi corcel,
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y la lanza y la batalla,
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y la pluma y el papel!»
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AlMutanabbí decidió portarse de acuerdo con ellos, combatió y murió de sus heridas
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en 965. Al lado de alMutanabbí encontramos la figura del príncipepoeta Abu Firas
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Muhammad alHamdaní (893945), llamado la «lengua del Arabia del sur»—, cuya
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vida transcurrió en continuas intrigas políticas y en la guerra contra los bizantinos
(cfr. O. Petit y W. Voisin: Abu Firas, chevalier poète, Publisud, París, 1990). Al lado
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de estos grandes neoclásicos que ilustran la corte de Seif udDaula, encontramos a un
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modernista de valía, alSanaubarí (m. 945), creador de hecho de la poesía floral
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(nawriyyat, rawdiyyât), en la que describe batallas de flores en las cuales «la rosa, el
lirio "de sonrisa vanidosa", la violeta "en traje de luto" y el clavel que convoca al
ejército, avanzan en flotantes corazas, bajo un velo de revuelto polvo, contra el
narciso, "con párpados de alcanfor y ojos ribeteados de azafrán"».
AlMaarrí
Abu ‘Ala Ahmad Ibn Abdallah alMaarrí (9791058), nació en Maarrat anNumán, a
mitad de camino entre Alepo y Hama. La viruela lo dejó ciego a los cuatro años; sin
embargo, emprendió la carrera de estudiante, se aprendió de memoria, en las
bibliotecas, los manuscritos que le gustaban, hizo largos viajes para oír a famosos
maestros y regresó a su aldea. En 1008 visitó Bagdad, fue honrado por poetas y
eruditos y quizás adquirió entre los librepensadores de la capital algo del escepticismo
50
que sazona sus versos. En 1010 regresó a Maarrat, se hizo rico con sus poesías, pero
vivió hasta el fin con la simplicidad del sabio.
Era vegetariano acérrimo y muy ascético. Murió a los ochenta y cuatro años; y un
piadoso discípulo relata que 180 poetas lo siguieron en su entierro y 84 sabios
recitaron elogios ante su tumba.
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pues la abstinencia y la pureza de corazón
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son los únicos medios para salvarse».
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Cuarenta años después, el 11 de diciembre de 1097, un contingente de cruzados
francos liderados por Raimundo de SaintGilles (10421105), conde de Tolosa, luego
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de quince días de sitio, penetró en Maarrat anNumán pasando a cuchillo a todos sus
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habitantes, saqueando e incendiando todo a su paso. Y lo más revelador: los francos
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demostraron ser expertos caníbales, ya que la antropofagia era una práctica común en
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la Europa cristiana del siglo XI, asolada por el hambre y la falta de alimentos, como lo
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Historiarum Sui Temporis (escrita en 10301035). Veamos los siguientes testimonios
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del historiador Radulfus de Caen (10801120): «Durante tres días pasaron a la
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Hierosolymitana). Véase Amín Maalouf: Las cruzadas vistas por los árabes, Alianza,
Madrid, 1997, Cap.III: Los caníbales de Maarrat, págs. 5760); Mijail Zaborov: Las
cruzadas, Akal, Madrid, 1988, págs 1516.
AlMaarrí señala el cenit de la poesía islámica en árabe y el comienzo del liderazgo
poético persa que se extenderá hasta mediados del siglo XIX a través de la India
musulmana.
El zéjel y la moaxaja
50
("salida") asonantado, sin número de fijo de versos, y una mudanza de cuatro versos,
el último de los cuales rima con el estribillo.
El más importante de los poetas hispanomusulmanes que cultivaron el zéjel fue Ibn
Quzmán (m. 1159), que introdujo el árabe vulgar y dialectal en lo que hasta entonces
era un bastión del árabe literario. El zéjel estuvo vinculado al canto y la música y fue
utilizado en numerosas cantigas galaicoportuguesas. También en la poesía provenzal
se han encontrado estrofas con el mismo esquema métrico, todo lo cual hace pensar
en que muy probablemente el zéjel estimuló la aparición de una lírica escrita ya en las
distintas lenguas románicas.
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Los maestros más grandes de la moaxaja fueron el cordobés Ibn Zaidún (10031070)
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y los granadinos Ibn alJatib (13331375) e Ibn Zamrak (13331392), este último
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llamado «el poeta de la Alhambra» (Véase Emilio García Gómez: Cinco poetas
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musulmanes. Biografías y Estudios, EspasaCalpe, Madrid, 1959 y del mismo autor:
Ibn Zamrak, el poeta de la Alhambra, Patronato de la Alhambra, Granada, 1975).
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AlAndalus tuvo una enorme influencia en la composición de los romances españoles
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Romancero de 1550, nos presenta al rey Juan II de castilla (14051454), a la vista de
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Granada, tomando informes del moro Ibn Ammar sobre los hermosos edificios de la
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ciudad. Luego dice:
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«Allí habla el rey don Juan;
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Bien veréis lo que decía:
"Granada, si tú quisieses,
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Contigo me casaría:
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Daréte en arras y dote
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A Córdoba y a Sevilla
Y a Jerez de la Frontera,
Que cabe si la tenía.
Granada, si más quisieses,
Mucho más yo te daría".
Allí hablara Granada,
Al buen Rey le respondía:
—Casada só, el rey don Juan;
Casada, que no viuda;
El moro que a mí me tiene,
Bien defenderme querría"».
51
La poesía clásica persa
La formación de diversos estados iranios independientes entre los siglos IXXI auspició
el renacimiento del «persa medio» —pahlaví— bajo la forma de una lengua persa
revitalizada por medio de numerosos préstamos léxicos y sintácticos del árabe, y en lo
sucesivo transcrita en el alfabeto árabe. En este renacimiento cultural auspiciado y
contenido por el Islam, la poesía surgida de la gran tradición épica de la antigua
Persia, desempeñó un papel central. Véase Antonino Pagliaro y Alessandro Bausani:
Storia della Letteratura Persiana, Nuova Academia Editrice, Milán, 1960; G.
Morrison: History of Persian Literature from the Beginning of the Islamic Period
to the Present Day, E.J. Brill, Leiden, 1981.Z. Safa: Anthologie de la poèsie persane
(XIe XXe s.), Gallimard, París, 1987.
Rudakí
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Abu Abdallah Ÿa’far Ibn Muhammad (859940), llamado Rudakí, fue el «padre» de la
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recuperación de la antigua épica irania. Estuvo al servicio de Nasr II (m. 943), emir
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samaní de Bujará, y en los últimos años de su vida fue condenado a la ceguera, sin
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duda a causa de sus convicciones shiíes. Fue autor de cien mil dísticos, de los cuales
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sólo se conservan menos de mil. Se destacó especialmente en el panegírico y la elegía
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fúnebre. También llevó a cabo la versificación en persa de Calila y Dimna, la famosa
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colección de fábulas de origen indio, que había de convertirse en un clásico de la
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lengua árabe.
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A Rudakí se le ha considerado como el verdadero primer poeta del Irán islámico, y ha
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sido llamado, a veces, «el Chaucer de Irán».
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Firdusí
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AbulQasim Mansur Ibn Hasan alFirdusí (9401020), hijo de un jardinero de tus,
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nació en Baj, cerca de la actual Mashhad, provincia de Jorasán (Irán). En la Plaza
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Firdusí de Teherán, la capital de la República Islámica del Irán, hay una estatua de
este poeta que tiene en la mano su obra cumbre, el «Libro de los Reyes» (Shah
Nameh) y parece contemplar los picos nevados de la cordillera Elbruz que se recorta
en el horizonte.
El inmenso poema (cerca de sesenta mil dísticos) fue compuesto por Firdusí durante
más de treinta años y tuvo como recompensa material una escasa suma del
indiferente e ingrato Mahmud de Gazna (9711030), monarca a quien servía.
Además, sus simpatías shiíes le acarrearon problemas. Firdusí compuso asimismo una
serie de poemas líricos y versificó el YusufuZuleija, basado en la historia del Profeta
José. El «Libro de los Reyes» nunca ha dejado de enseñarse ni de recitarse (incluso en
las casas de té) en el Irán, que continúa considerando este inmenso poema como su
milenaria epopeya nacional. Véase A.M. Piemontese: Nuova Luce su Firdawsi: suo
51
Sahnama datato 614 H./1217 a Firenze, en A.I.O.N. (Annali dell'Istituto orientali di
Napoli, vol. X, Nápoles, 1980.
Un contemporáneo de Firdusí y poeta oficial de la corte de Mahmud de Gazna y la de
su hijo Mas’ud, fue Onsorí (m. 1049), que escribió numerosos poemas líricos y
casidas.
Nasir Josrou
Nasir Josrou alMarvazí alQubadiyaní (10041088) fue un poeta y teólogo persa que
viajó hacia 1045 a La Meca, Palestina y Egipto. A su retorno al hogar, se vio obligado
a exilarse en Badajshán (hoy Afganistán oriental), por ser adherente de la escuela shií
de pensamiento. Es autor de un género llamado Safarnameh (poesía de viajes), un
«Libro de la felicidad» (Sa'adatnameh) y de composiciones filosóficas y teológicas
como Raushana’inameh y Ÿami’ alhikmatain (cfr. Henry Corbin: Etude préliminaire
F
pour le Livre rèunissant les deux sagesses de Nasire Khosraw, Teherán, 1953). Su
SE
Safarnameh fue traducido al francés y editado por Charles Schefer, París, 1881.
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Nizamí
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Ilias Nizamuddín Abu Yusuf Ganÿaví (11401203), más conocido como Nizamí
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Ganÿaví, nacido en la ciudad santa de Qum, fue el mayor poeta iraní del género
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narrativo del siglo XII. Escribió cinco poemas o masnavíes, ciclo conocido como «el
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Asrar (1179) o «Tesoro de los misterios», Josrou va Shirín (1180), sobre el rey
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Maÿnún» (de la cual Dante se inspiró para su historia de "Paolo y Francesca"), Haft
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Peikar o «Las siete bellezas» (su obra maestra) y el Iskandar Nameh o «Libro de
Alejandro» (Véase la traducción al inglés de H.W. Clarke: The Sikander Nama,
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Londres, 1881), acerca del estratega macedonio, considerado un profeta por el
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Sagrado Corán, en donde recibe el nombre de Dulqarnain (cfr. Sura 18, Aleyas 83 y
BI
98).
Haft Peikar narra la historia de Bahram Gur y sus siete esposas, princesas de diversas
regiones del mundo. Cada día de la semana Bahram visita a una de sus consortes, que
le cuenta una historia. Cada una de las siete historias tiene un tono y unas
connotaciones diferentes, e ilustra un determinado aspecto del destino humano. Sin
embargo, Haft Peikar no es sólo una colección de cuentos: es una una obra de ingenio,
y de gran riqueza simbólica. En palabras del especialista Rudolf Gelpke, Nizamí «crea
la imagen artística de un orden cósmico global de complicada simbología, que
puede encontrarse en muchas civilizaciones». Es evidente que la ópera Turandot,
última partitura del célebre compositor italiano Giacomo Puccini (18581924), está
inspirada en el cuento de la princesa rusa Turandujt.
51
Omar Jaiám
Su celebridad universal se debe a sus composiciones poéticas denominadas en persa
Rubaiat (cuartetas), percibidas como epicúreas, pero en realidad completamente
consubstanciadas con el gnosticismo islámico. Las versiones de las Rubaiat (plural de
rubai) dadas a conocer en occidente a partir de 1859 por el inglés Edward FitzGerald
(18091883) y otros europeos y norteamericanos, son, en su mayor parte, apócrifas y
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adulteradas, expresando un sentido que Omar Jaiám jamás manifestó. Un ejemplo es
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el simbolismo del vino, acompañado de palabras como taberna, embriaguez, etc.
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Los poetas musulmanes del Irán como Jaiám, Sa’adi o Hafiz cuando en sus rimas se
refieren a la embriaguez no aluden, como los occidentales pretenden o creen
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entender, a la borrachera del intoxicado por el alcohol sino al respeto y humildad de
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(imperturbabilidad, estado de indiferencia del hombre ante los problemas del mundo
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exterior), se pone en comunicación con la naturaleza y su Creador divino. El vino es
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un simbolismo místico en la poesía islámica por el cual se logra la embriaguez divina.
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Palestina que vivió en Nablus y Damasco, que luchó por una teología y un sufismo
reformados y fue un akbarí (seguidor de Ibn alArabi), dice: «El vino significa la
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bebida del amor divino que resulta de la contemplación de los rasgos de sus Bellos
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Nombres. Pues este amor engendra la embriaguez y el olvido completo de todo
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En realidad, este pensador iraní brilló en su ámbito más como científico que como
poeta. Omar Jaiám está considerado como uno de los sabios más grandes del Islam.
Entre la docena de tratados científicos suyos que se conservan, destaca su Algebra,
una obra maestra de la matemática medieval, en la que resolvió ecuaciones de
segundo grado por medio de soluciones algebraicas y geométricas. Invitado por el
51
sultán selyúcida Ÿalaluddín Malik Sha (10551092), trabajó con los matemáticos del
observatorio de Isfahán en la elaboración del calendario «Ÿalalí» (en honor del
sultán). Este calendario solar se basó en unos fundamentos astronómicos más fiables
que los del calendario gregoriano (ordenado por el Papa Gregorio XIII en 1582 para
reemplazar al juliano del año 46 a.C.) y, según afirman los especialistas, presentaba
tan sólo la desviación la desviación de un día ¡sobre 3.700 años! Véase Seyyed
Hossein Nasr: Islamic Science. An Illustrated Study, World of Islam Festival
Publishing Company Ltd., Kent, 1976, págs. 82 a 86, 96 y 143.
Attar
Fariduddín Muhammad Ibn Ibrahim Attar (11421225) fue un poeta místico shií y
uno de los más trascendentes del Islam. Es escasa la información sobre «el perfumero»
(attar en árabe), que pasó la mayor parte de su vida en Nishabur (Jorasán, Irán), y
que murió durante las invasiones de los mongoles.
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De los cien mil a doscientos mil versos que se le atribuyen, sólo han podido
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confirmarse como suyos los correspondientes a cuatro obras que por lo demás
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constituyen cuatro títulos fundamentales de la mística islámica.
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El «Memorial de los santos» (en prosa) en árabe Tadhkirat alAuliya’, en el cual se
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relata la experiencia mística de 72 sufíes, es una obra que pone al alcance del lector la
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significación profunda del misticismo islámico. De entre sus grandes composiciones
IT
treinta pájaros (símbolo de los peregrinos). Conducidos por una abubilla —en el
CA
Sagrado Corán, esta ave es mensajera entre el Profeta Salomón y la reina de los saba
TE
(Sura 27, Aleyas 20 a 29)—, que, tras muchos peligros y abatimientos, los lleva hasta
la presencia del pájaro fabuloso conocido como Simurg, el ave que representa a Dios.
IO
Al término del viaje, y después de atravesar siete valles —cuyos nombres son
BL
Asombro, y de la Indigencia y de la Muerte—, los pájaros peregrinos descubren su Yo
profundo. Otras de sus obras, son «El libro divino» (Ilahí Nameh), donde demuestra en
términos místicos la superioridad de lo espiritual sobre lo material a través de un
diálogo entre un rey sabio y sus seis hijos, ávidos de poder y de riquezas, y «El libro de
los secretos» (Asrar Nameh), un tratado sobre sufismo. La obra de Attar, al igual que
la de arRumí, ha ejercido una influencia considerable en todo el mundo musulmán,
sobre todo en Irán. Véase Fariduddín Attar: The IlahiNama or Book of God, trad.
J.A.Boyle, Manchester University Press, manchester, 1976; Muslim Saints and
Mystics (Memorial of the Saints), trad. Arthur J. Arberry, Routledge, Londres, 1979;
Le Livre des secrets (AsrarNama), trad. C. Tortel, París, 1985; El Coloquio de los
Pájaros, Manuel Aguiar, Montevideo, 1994.
51
Rumí
Ÿalaluddín arRumí (12071273) nació en la ciudad de Balj (Afganistán). Su padre,
Bahauddín Ualad, fue un distinguido místico, escritor y maestro. Por la amenaza del
acercamiento de los invasores mongoles, Bahauddín y su familia abandonaron su
ciudad natal en 1218 trasladándose a Nishabur (Jorasán), donde encontraron a
Fariduddín Attar, el cual regaló al joven Ÿalaluddín un libro de filosofía y lo
encandeció en el amor a los estudios teológicos. Tras sendas estancias en Bagdad y
Damasco, y luego de peregrinar a La Meca, Bahauddín y su familia llegaron a
Anatolia, llamada Rum por los musulmanes (de ahí el nombre de arRumí), por haber
pertenecido a los bizantinos, herederos de los romanos o rumíes. Fue así que se
instalaron en Konya (hoy Turquía) en 1228.
Hacia 1240, durante un viaje a Siria, Ÿalaluddín se encontró con el místico Ibn al
F
Arabi de Murcia (ver aparte). Un discípulo de este sabio andalusí, Sadruddín al
SE
Qunauí, era colega y amigo de arRumí en Konia. Pero el momento más decisivo en la
IC
vida de Yalaluddín ocurriría en 1244, cuando en la calle encontró a un piadoso sabio
D
llamado Shamsuddín alTabrizí (de la ciudad de Tabriz, Irán), quien con su
CI
misticismo y generosidad influiría en arRumí de tal modo que lo convertiría en uno
EL
de los más grandes místicos y poetas del Islam.
D
L
A partir de entonces, surgieron sus grandes obras: el «Diván de Shams», dedicado a su
A
IT
maestro Shamsuddín, el Maznaví con sus cuarenta y cinco mil coplas, compuesto bajo
IG
llamada Fihi ma fihi ("hay en ello lo que hay en ello"), donde expone sus ideas
CA
fundamentales sobre la filosofía y mística del Islam.
TE
ArRumí fundó en Konia la cofradía mística de los Mawlawiyya, de la que fue su sheij
IO
o maestro. Precisamente, del título que se le atribuyó en honor a sus méritos, Maulana
BL
(en árabe "nuestro maestro"), Mulaví en persa, Mevlana en turco, deriva el nombre de
BI
esta organización que luego fue conducida por su hijo Sultán Ualad, asimismo poeta
místico.
Véase A. Reza Arasteh: Rumi, el persa, el sufi: Prefacio de Erich Fromm, Paidós
Orientalia, Barcelona, 1985; Rumi: 150 cuentos sufíes. Extraídos del Mathnawi,
Paidós Orientalia, Barcelona, 1996; Fihimafihi. El libro interior. Los secretos de
Yalal alDin, Paidós Orientalia, Barcelona, 1996; Djalal ud Din Rumi: Rubayats.
Odas de la embriaguez divina, Obelisco, Barcelona, 1996; Shemsudddin El Eflaki:
Los sufíes. Historia de la vida de Rumi. Selección de James Redhouse, Edaf,
Madrid, 1997.
51
Sa’adi
Luego regresó a su nativa Shiraz e ingresó en una cofradía mística. Considerado como
uno de los tres grandes poetas clásicos del Irán y como el precursor de Hafiz, llevó a
su apogeo el arte del gazal, composición poética afín a la casida.
En el Bustán ("El vergel fragante"), entreverado de anécdotas, reflexiona a lo largo de
diez capítulos sobre la justicia, la equidad de los príncipes, el dominio de sí mismo, la
F
meditación piadosa y el amor físico y místico. Su Gulistán ("La rosaleda"), escrita
SE
hacia 1258, es una obra extremadamente popular de la literatura persa en prosa, que
IC
sirvió de modelo a numerosos poetas persas, turcos e indios y que fue traducida en
D
Europa en el siglo XVIII (cfr. Saadi: Gulistan. Le jardin des roses, Albin Michel,
CI
París, 1991). Otras de sus obras son Gazaliyat ("Líricas") y Qusaid ("Casidas u Odas"),
EL
donde se lamenta de la caída de Bagdad y la opresión sufrida por los musulmanes
D
luego de la invasión de los mongoles. Sa’adi tomó su apodo del nombre del atabeg
L
(del turco: ata "padre", y beg "señor") local, Sa’ad Ibn Zenguí.
A
IT
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Hafiz
D
CA
Muhammad Shamsuddín (13251389), apodado Hafiz o «memorizador», por ser de
esos creyentes que conocen todo el Sagrado Corán de memoria, nació y murió en
TE
Shiraz, ciudad a la que cantó en sus versos. Hafiz es el poeta más popular del Irán. Su
IO
Diván ("antología poética") continúa siendo aprendido, leído y citado por todos los
BL
hablantes del persa. Fue un sheij piadoso y condujo a la comunidad musulmana de
BI
Shiraz durante el reinado de la dinastía de los muzafáridas (13131393). Hafiz ha
dicho: «Si algo acerté a realizar, débolo todo al Corán». Goethe no se equivocó
cuando le rindió homenaje en su «Diván de Oriente y Occidente».
Ÿami
51
«Las siete estrellas de la Osa Mayor» (Haft Ourang), en la que sobresale la conocida
«Lamentación por la muerte de Alejandro», y, sobre todo, el Baharistán ("Morada de
la primavera"). Uno de sus poemas más representativos es el dedicado a cantar la
historia de Yusuf y Zulaija, —es decir, José y la mujer de Putifar— inspirándose en el
pasaje correspondiente del Sagrado Corán (Sura 12, Aleyas 21 a 34). Véase
Abderrahmán alJami: Los hálitos de la intimidad. Nafahât alhuns,Olañeta, Palma
de Mallorca, 1987.
Emraní
En el curso de sus tres mil años de vivencias en tierra iraní, los judíos de Irán han
producido una magnífica literatura. Uno de sus más ilustres representantes es Emraní
(14541536). Su principal trabajo es el GanÿNameh, escrito en el estilo clásico persa.
Este es un comentario versificado de un tratado que forma parte de la Mishná
(Compilación jurídica del Judaísmo, que forma parte del Talmud), conocido en
F
hebreo como Pirqé Abot ("Capítulos de los Antepasados"). Véase David Yeroushalmi:
SE
Emrani's GanjName, a Versified Commentary on the Mishnaic Tractate Abot, E.J.
IC
Brill, Leiden, 1995.
D
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La poesía otomana
EL
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La influencia de la prosodia persa se hizo sentir en la poesía escrita por los turcos
L
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desde el siglo XI. La literatura turca en lengua ÿatagay contó con el terreno de la
IT
prosa con las notables Memorias de Babur (Babur Nameh), cuyo verdadero nombre
IG
era Zahiruddín Muhammad (14831530), el primero de los Grandes Mogoles, y en
D
cuanto a la poesía se desarrolló en la corte timurí de Herat en el siglo XV.
CA
administración y de las buenas letras de los sultanatos turcos —los selyúcidas, entre
IO
otros—, y después en el Imperio otomano. La poesía otomana culta del diván, que
BL
siguió las pautas de la prosodia persa —gazal, maznaví—, fue cultivada por
BI
numerosos poetas desde el siglo XIV al XVIII.
Yunús Emré
Yunús Emré (1238?1320), místico que formó parte de los derviches errantes, es uno
de los grandes poetas musulmanes turcos. Fue un cantor de la fraternidad y del amor
místico en la época del reagrupamiento de los pueblos turcos en Asia Menor.
Autodidacto, dominó el árabe y el persa. Su obra máxima es «El Libro de los
preceptos», de gran religiosidad, donde evoca el sucederse de las alegrías humanas, de
la duda y el dolor, junto al sentimiento de la nada y la eternidad. Algunos de sus
poemas hablan con elocuencia de tolerancia y universalidad:
«Nuestro único enemigo
es el resentimiento.
No guardemos rencor a nadie;
51
para nosotros la humanidad es indivisible».
Su obra evoca el éxtasis de la comunión con la naturaleza y con Dios. Así escribió
estos versos memorables:
«Cualquiera que posea una gota de amor
posee la existencia de Dios».
Su preocupación por el destino de todos los hombres, y en particular de los más
desfavorecidos, da a su poesía una intensa emotividad. Yunús Emré afirma la
existencia del amor universal, proclamando su fe en la fraternidad que trasciende
todas las barreras y todos los sectarismos:
«No nos oponemos a ninguna religión.
El verdadero amor nace cuando todas
las creencias se unen».
F
Hombre del pueblo que escribió para el pueblo, adalid de la justicia social, Yunús
SE
Emré se rebeló valientemente contra todos aquellos gobernantes, propietarios,
IC
dignatarios políticos y seudorreligiosos que oprimen a los débiles y humildes. Su
D
CI
mensaje poético en favor de la paz y la fraternidad universal fue proclamando desde
el Islam, hace más de setecientos años, cuando en el mundo occidental no existían
EL
derechos humanos, convenciones como las de Ginebra ni organizaciones como las
D
Naciones Unidas:
L
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«Venid, seamos amigos siquiera una vez.
IT
Hagamos la vida más fácil.
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Amemos y seamos amados.
D
Cuando surge el amor
CA
desaparecen deseos y defectos».
TE
La obra de Yunús Emré fue traducida por un transilvano que fue prisionero de los
IO
pensamiento de tres prominentes humanistas occidentales, como el católico holandés
BI
Nava’í
Mir Alí Sir Nava’í (14411501), que nació y murió en Herat (hoy Afganistán), es una
de las figuras más polifacéticas de la historia del Asia central. En su ciudad natal fue
visir del sultán timurí Husain Baiqara (que gobernó entre 1470 y 1506), mecenas
cuya brillante corte amparó a escritores y artistas como el poeta persa Ÿami y el
miniaturista Behzad. Mir Alí Sir Nava’í es autor de cuarenta mil coplas, en las que
trató de las leyenda amorosas preislámicas. Árabes (Laila y Maÿnún) y persas (Farhad
y Shirín). Su obra ejerció una profunda influencia en el desarrollo ulterior de las
literaturas turcófonas: azerí, uigur, tátara y otomana, y es el exponente por excelencia
de la literatura turca chagatai. Sus obras incluyen una versión del romance islámico
51
de Farhad y Shirín, y la prosa de Muhakamat allugatain, Maÿalis annafais y Mizán
alAwzán.
Fuzuli
Turco de origen azerí y de confesión shií, Mehmet Suleimán Fuzuli (14951556), que
era hijo de un ulema, nació en Karbalá (Irak) y murió a consecuencia de la peste en la
misma ciudad. Simple guardián de la tumba de Alí Ibn Abi Talib (la Paz sea con él) en
alNaÿaf, fue el más destacado poeta otomano de su tiempo, junto con Baki, y
también uno de los más grandes versificadores, tanto en turco como en persa, lenguas
que dominó además del árabe. Su diván en persa, denota una inspiración personal,
pero en la que verdaderamente se distinguió fue en la lengua turca, que utilizó para
cantar el amor místico a la manera sufí. Sus obras principales son «Diván» y «Laila y
Maÿnun».
F
Baki
SE
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Mahmud Abdul Baki (15261600) pese a que era hijo de un modesto muecín. Logró
D
estudiar y, tras aprender el persa y el árabe, pasó a formar parte del cuerpo de los
CI
ulemas. En 1553, a raíz de una oda a Suleimán el Magnífico, se hizo amigo de este
EL
sultán que también cultivaba la poesía. Al morir Suleimán en 1566, escribió una «Oda
D
fúnebre», la más vigorosa de sus composiciones. Conocido ya en vida como «el sultán
L
A
de los poetas», Baki ha pasado a la posteridad como el más grande de los poetas
IT
otomanos clásicos. Dentro de esta escuela, también sobresalieron Neÿati (m. 1509) y
IG
Omer Nef’i (m. 1635). Más tarde, con la boga del florido estilo indopersa, destacaron
D
Ahmad Nedim (16811730) y Mehmed Es’ad, más conocido como Galib Dede
CA
(17571799).
TE
La poesía indomogola
IO
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En los siglos XV y XVI, cuando una gran parte de la India era musulmana, se inició
BI
El soberano mogol Abu lFaz Ÿalaluddín Muhammad, más conocido como Akbar, fue
un genio militar y mecenas de arquitectos, calígrafos, miniaturistas, pintores y poetas.
Su tolerancia y convivencia con los hindúes se extendió a los misioneros jesuitas, con
quienes discutió en un plano de igualdad sobre los más diversos tópicos (cfr. L.
Frédéric: Akbar: le Grand Moghol, Denoël, París, 1986; Sri Ram Sharma: The
Religious Policy of the Mughal Emperors, Coronet Books, Filadelfia (Pennsylvania),
1989.
51
El soberano AbulFadl Ÿalaluddín Muhammad (Umarkot 1542Agra 1605) fue el
emperador más importante de la dinastía musulmana conocida como «Los Grandes
Mogoles» (soberanos de etnia turca y lengua persa), que reinó en la India entre 1526
y 1858. Akbar, contemporáneo de la reina Isabel I de Inglaterra (15331603), se
destacó por su tolerancia y versatilidad. Su consejero y primer ministro AbulFadl al
Alamí (15511602) redactó el Akbar Nameh, biografíapanegírico del emperador
(trad. H. Blochmann, Calcuta, 1907).«Al principio del siglo siguiente (XVII), Basãwan,
Miskin, Lãl, Kesu, Mãdhu e Ijlãs ilustraron el manuscrito de Akbarnamã que se
encuentra ahora en posesión del museo londinense de Victoria y Alberto. Una de las
mejores ilustraciones de esta obra es la escena en la que se ve a Akbar haciendo cruzar a
su elefante el río Ganges a nado en el año 957/1567» (S.A. A. Rizvi: "India
musulmana", en El mundo del Islam. Gente, cultura y fe, ed. dirigida por Bernard
Lewis, Ediciones Destino, Barcelona, 1995, pág. 362).
Junto a los libros de historia, las obras literarias constituyeron el segundo polo de
F
atracción de Akbar. En el primer rango de este tipo de literatura figura el Hamza
SE
Nameh, relato épico sobre las hazañas de Amir Hamza, el tío del Santo Profeta
IC
Muhammad (BPD). Según Abu Fadl, este manuscrito contenía en su versión original
D
CI
más de 1400 miniaturas de gran formato (hasta 75 x 60 ctms.), pertenecientes por
entero a la tradición timúrida y ejecutadas a la aguada por dos pintores persas: Mir
EL
Seied Alí y Abd alSamad. Sin embargo, los grandes poetas mogoles comenzarán a
D
aparecer en la decadencia de la dinastía y con la llegada de los invasores ingleses.
L
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Bahadur Shah
IG
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Bahadur Shah II (17751862) fue el último emperador musulmán de la India que fue
CA
exilado en Birmania. Fue un talentoso poeta en lengua persa y una de sus poemas,
rescatado por el historiador musulmán indio Mahdi Husain en su obra Bahadur Shah
IO
II and the War of 1857 (Delhi, 1958), reflejan la patética hora que le tocó sufrir al
BL
pueblo indomusulmán:
BI
«Violadas las gentes de Hind
nadie envidiará su suerte.
A quienes halló justos y libres
pasó por la espada
el amo del día presente».
Galib
52
residencia). Poeta de fácil inspiración, utilizó elementos autobiográficos para cantar
con bellas imágenes la angustia, la frustración y el éxtasis del amor. La mayoría de sus
poemarios se publicaron póstumamente.
El último gran poeta de esta escuela será Juaÿa Altaf Husain Hali (18371914),
adherente al movimiento panislámico, quien escribirá con amargura sobre la
decadencia del Islam en la India.
F
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52
PEREGRINACIÓN:
Las ciudades sagradas del Islam
«Y proclama la peregrinación a las gentes y vendrán a ti, de toda apartada comarca, ya a
pie, ya montando sobre macilentos camellos».
El Sagrado Corán: Sura 22, Aleya 27.
La santidad y el renombre de las ciudades musulmanas depende en gran medida de
los lugares de peregrinación que albergan y de la calidad de la enseñanza que
dispensan. Las tumbas de los profetas, imames y santos, especialmente venerados por
los shiíes, fueron desde un primer momento puntos de encuentro y convención.
F
los fieles los refugios que permiten retomar el aliento, orientarse y dar sentido a
SE
una introspección. Como puentes entre los visible y lo invisible, lo instantáneo y lo
IC
eterno.
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Mausoleos, tumbas y santuarios, mezquitas, lugares de peregrinación,
EL
universidades teológicas... la presencia de Dios, de seres humanos excepcionales,
D
mágico.
IG
D
Del Magreb a Indonesia, del Africa al Asia central, de los Balcanes a la India, estos
CA
miles lugares del Islam marcan una ruptura para el visitante; existe un "antes" y
TE
un "después"... Sólo la sed por lo sagrado y la búsqueda del conocimiento parecen
permanentes en un Islam plural y multicultural, muy alejado de la imagen
IO
(Mohammad Ali AmirMoezzi, Christian Jambet, Pierre Lory, Yann Richard y otros
BI
Damasco
Damasco está situada al pie del monte Qasium (Antilíbano) y en el centro del Guta,
fértil oasis célebre por sus vergeles, que está regado por el río Barada ("frescor").
52
capital del Daral Islam que se extendía desde el Indo a los Pirineos. En esta época, en
Damasco se levantó la ya mencionada mezquita de Walid Ibn Abd alMalik, uno de los
monumentos más bellos del Islam.
El viajero andalusí Ibn Ÿubair (11451217) que la vio por primera vez el 11 de julio
de 1184, escribió en su Rihla: «En cuanto a Damasco, es el paraíso del Oriente, el
horizonte donde se alza su resplandeciente luz... La ciudad es tan gloriosa que
Dios hizo residir allí al Mesías y a su madre Dios les bendiga y salve a los dos...
Los huertos la rodean como el cerco nimbado de la luna, la encierran como
encierra el cáliz a la flor...Si hay un paraíso en la tierra, Damasco, sin duda, es
parte» (Ibn Ÿubair: A través del Oriente. El siglo XII ante los ojos, Ediciones del
Serbal, Barcelona, 1988, pág. 305).
El fundador de la dinastía ayubí y libertador de Jerusalem, el sultán Saladino (1138
1193), fue enterrado en Damasco y su tumba siempre ha sido objeto de gran
F
veneración. En 1898, el kaiser Guillermo II de Alemania (18591941) tomó a su cargo
SE
la resturación del santuario y viajó especialmente hasta el lugar para rendirle honores
IC
militares.
D
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El místico andalusí Ibn alArabi falleció en esta ciudad el 10 de noviembre de 1240.
EL
El sultán otomano Selim I (14671520) hizo construir en 1518 en su memoria un
D
mausoleo que guarda sus restos, el cual recibe desde entonces a miles de peregrinos
L
A
todos lo años.
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Cerca de la urbe se alza el mausoleo de Zainab Bint Alí, la hija de Alí Ibn Abi Talib y
D
hermana de Husain Ibn Alí, la Paz sea con ellos. Cuando las tropas omeyas impiden a
CA
alHusain, el Tercer Imam, llegar a Kufa, éste se ve obligado a acampar en Karbalá,
TE
una pequeña población del desierto. El enemigo le corta el acceso al agua del
Eufrates. Abbás Ibn Alí consigue llenar unos pocos odres, escasos para dar de beber a
IO
sus 72 compañeros y las familias que los acompañan (cfr. S.H.M. Jafri: The Origins
BL
and Early Development of Shi’a Islam, Anyariyan, Qum, 1985, pág. 187). Es
BI
entonces cuando Zainab distribuye el precioso líquido entre los niños y los más
débiles: «Entre los monumentos de las Gentes de la Casa Dios esté satisfecho de
ellos está el monumento de la hija de Alí Ibn Abi Talib Dios esté satisfecho de los
dos que se llamaba Zaynab (Zenobia)... Su monumento venerado está en una
aldea llamada Rawiya (la que da de beber), al mediodía de la ciudad, a una
distancia de una parasanga... Nosotros nos encaminamos hacia él y pasamos allí
la noche para procurarnos la baraka (bendición) por mediación de su visión. Dios
haga que eso nos sea provechoso» (Ibn Ÿubair: O. cit, págs 327328). En 1977 fue
sepultado allí el pensador iraní Alí Shariatí, que había sido asesinado por el servicio
secreto del sha (la SAVAK) en Londres, y el entonces líder de los musulmanes shiíes
del Líbano, el desaparecido Imam Musa Sadr (19281978?), pronunció las oraciones
durante las exequias.
52
Damasco también es sede de numerosos edificios que recuerdan las épocas brillantes
de su historia: el hospital (maristán) de Nuruddín Ibn Zenguí (11181174), y la
universidad islámica Nuriyya, construida entre 1146 y 1174. Los soberanos
mamelucos la dotaron de edificios religiosos emparentados arquitectónicamente con
las mezquitas y los mausoleos de El Cairo, su capital. Los otomanos erigieron en
Damasco la Tekiyya, un conjunto monumental que engloba una mezquita, una
madrasa y un convento de derviches (tekké).
Damasco se convirtió en la capital de la República Arabe Siria en 1946 y su población
es superior a los dos millones de almas (cfr. Jean Hureau: Siria hoy, Jeune Afrique,
París, 1984; AnnMarie Bianquis y Elizabeth Picard: Damas. Miroir brisé d’un Orient
arabe, Autrement, París, 1993).
Karbalá
F
Karbalá está situada a 90 kilómetros al sur de Bagdad, la capital del Irak. Esta ciudad,
SE
también llamada Mashhad alHusain, «lugar del martirio de alHusain», constituye el
IC
tercer centro de peregrinación más importante de los shiíes duodecimanos, después
D
CI
de La Meca y Medina. Fue allí donde alHusain, hijo de Alí Ibn Abi Talib y nieto del
Profeta Muhammad, la bendición y la Paz sean con él y su descendencia purificada,
EL
fue asesinado junto con sus 72 compañeros el viernes 10 del mes de Muharram del
D
año 61 de la Hégira (10 de octubre de 680) por los esbirros del omeya Yazid Ibn
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Mu’auiah.
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En un principio, los shiíes construyeron en el lugar un pequeño santuario que fue
D
demolido por orden del abbasí alMutauakkil en 850. Los buÿíes, dinastía de emires
CA
shiíes duodecimanos originarios de Dailam, una provincia del sur del Mar Caspio,
TE
terminaron por tutelar el califato de Bagdad entre 945 y 1055 e hicieron construir en
Karbalá una mezquita que guardara los restos de alHusain. Esta se incendió en
IO
septiembre de 1016 y fue reedificada un poco más tarde. El sultán selyúcida Malik
BL
Shah (10551092) la visita en 1086. En 1535, Suleimán el Magnífico, en beneficio
BI
de este lugar sagrado, hizo ampliar y profundizar el canal alHusainiyya, que provee
de agua a la ciudad y que permitió crear vastos jardines. En el siglo XVIII, donaciones
y fundaciones piadosas solventaron la realización de mejoras y reconstrucciones en el
mausoleo. Hacia 1790, el fundador de la dinastía qaÿar de Persia (17791925), Aga
Muhammad Jan (17421797), hizo revestir la cúpula de oro.
Hoy día el santuario de alHusain en Karbalá es un espléndido monumento que es
visitado por millones de musulmanes sunníes y shiíes a lo largo de todo el año.
Lucknow
Lucknow, situada sobre el río Gomti, afluente del Ganges, es la capital del estado más
populoso de la India, Uttar Pradesh.
52
La ciudad de Lucknow (ortografía inglesa usual para Lajnou) cobró fama y prestigio a
partir 1528, cuando pasó a formar parte de la India musulmana regida por los
Grandes Mogoles. Coincidiendo con la declinación de la dinastía mogol, surgieron dos
estados shiíes en el subcontinente indio. Uno fue en el sur, en Mysore, con el concurso
de dos valerosos guerreros como Haidar Alí y su hijo Tipu Sultán, que se extendió
entre 1761 y 1799. El otro, en el norte, el de Awdh (Udh), estaba enclavado entre
Delhi y Benares, al pie del Himalaya, con capital en Lucknow, y permaneció entre
1732 y 1859. Su fundador fue el gobernador de Faizabad, Burhan alMulk. Los diez
nababs de Udh era de origen iraní, shiíes del Jorasán, los Nishapuríes (de Nishapur),
que al principio se consideraban gobernadores al servicio mogol y luego caudillos
independientes. Fue entonces que Lucknow se convirtió en la «Morada del Shiísmo»
(Dar ashShí’a).
El nabab Asaf udDaula fue el constructor de la moderna Lucknow hacia 1774, a
través de un ambicioso programa urbanístico que atrajo arquitectos, obreros y
F
artesanos de toda la India. Así se construyó la Bara Imambara, equivalente de las
SE
huseiniyyas (lugares donde se realiza el duelo por el Imam Husain) del Irán. Esta sala
IC
abovedada que goza de la reputación de ser la sala más grande del mundo, mide 50
D
CI
metros de largo y su techo, de 15 metros no se apoya sobre pilares. Frente a la
Imambara hay una puerta inmensa, Rumi Darwaza. Tras la puerta se encuentra la
EL
Husainabad Imambara, situada en un gran cuadrilátero frente a un lago artificial.
D
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Las manifestaciones de los shiíes de Udh en Muharram eran tan extraordinarias que
IT
un viajero europeo de principios del siglo XIX, el vizconde G. A.Valentia, habla del
IG
indescriptible dolor y misticismo reinantes, y de la profusión de luces encendidas por
D
doquier (cfr. G.A. Valentia: Voyages and Travels to India, Ceylon, the Red Sea,
CA
Abyssinia and Egypt in 18021806, 3 vols, Londres, 1809; citado por J.R.I. Cole:
TE
Roots of North Indian Shi’ism in Iran and Iraq. Religion and State in Awdh 1722
1859, University of California Press, BerkeleyLos AngelesLondres, 1988, pág. 96).
IO
BL
Lucknow fue famosa también por sus grandes sabios islámicos, como el sheij Alí
BI
Actualmente, la ciudad tiene una población de más de dos millones de almas y es el
principal centro musulmán shií de la India. Lucknow tiene muchas más festivididades
y festivales en común con Irán que cualquier otra ciudad como Aligarh, Hyderabad o
Faizabad. Uno de los canales de agua que la atraviesa se llama Haidar ("león
valiente") en honor de Alí Ibn Abi Talib que tenía ese apodo. Uno de sus principales
distritos se llama Husainabad, donde se encuentra la Bara Imambara y la Mezquita
Ÿami, meta de miles de peregrinos musulmanes de la India, Pakistán y Bangla Desh
52
(cfr. J.N. Hollister: The Shi'a of India, Londres, 1953; A.H. Sharar: Lucknow: the
Last Phase of an Oriental Culture, Londres, 1975).
Mashhad
La ciudad santa de Mashhad (la antigua Sanabad) es el lugar de peregrinaje shií más
importante de Irán, pues allí está el mausoleo del Octavo Imam, Alí arRida (765
818), la Paz sea con él, que fue asesinado por orden del abbasí alMa’mún (786833)
con unas uvas envenenadas. El mausoleo original del siglo IX fue destruido en la
centuria siguiente y reconstruido por el sultán Mahmud de Gazna en 1009.
El santuario se convirtió en un centro de piedad shií, sobre todo a partir del siglo XIV,
con la conversión al Islam de un ilján ("sometido al jan") que agregó a su patronímico
mongol Ulÿaitú, «afortunado», el nombre musulmán Jodabandah, equivalente persa
del nombre árabe Abdallah, "«siervo de Dios». Este gobernó Irán entre 1304 y 1316 y
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adhirió a la escuela duodecimana, protegiendo sus centros teólogicos y mezquitas (cfr.
SE
B. Spuler: Die mongolen in Iran, Berlín, 1968, págs. 24749).
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En otras épocas, el acceso a este santuario era particularmente difícil, pues había que
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atravesar territorios inhóspitos infestados de bandidos turcomanos, tan bien descritos
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por el viajero, erudito y diplomático francés, el conde de Gobineau (18161882) en
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Les nouvelles asiatiques (1876), soportar los rigores del desierto Dashte Kavir, o
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embarcarse y adentrarse en las rutas que pasaban por Asia central bajo el dominio
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ruso zarista, para llegar a ese oasis de frescor donde se alza el inmenso Haram
IG
("santuario exclusivo para los musulmanes") del Imam arRida. Su cúpula dorada, está
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flanqueada por otros domos de cerámica tornasolada de la época timurí (siglo XV),
CA
como el de la famosa Mezquita de Gouharshad, de más de cincuenta metros de altura,
TE
hecha construir entre 1405 y 1418 por la esposa de Shah Ruj Mirzá, una de las damas
más extraodinarias del Islam. Sir Mark Sykes (18791919), diplomático e historiador
IO
inglés, la describió como «la mezquita más noble de Asia central». Otro es el
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derviches naqshbandíes y originalmente construido en la época safaví. Mashhad tiene
casi dos millones de habitantes y se encuentra a 850 kilómetros de Teherán.
La Meca
52
monoteísta original y el Mensaje de Muhammad no fue una innovación religiosa,
como algunos malinterpretan, sino la revivificación del Islam Abrahámico.
La Ka’ba es un edificio cúbico de quince metros de altura y casi doce metros de ancho,
situado en el centro de la gran mezquita de La Meca, y está recubierto por una funda
(kishwa) de brocado negro. En uno de sus ángulos está encastrada la Piedra negra, a
un metro y medio del suelo.
En el año 630 La Meca fue liberada por el ejército islámico encabezado por el Profeta
Muhammad (BPD). La oligarquía de comerciantes mequíes politeístas fue derrotada y
sus 360 ídolos guardados en la Ka’ba destruidos. En el primer siglo de la Hégira
comenzó a construirse la gran Mezquita que rodea la Ka’ba, reformada y engrandecida
en múltiples ocasiones posteriormente. En 1571, el gran arquitecto otomano Sinan
realizó notables trabajos para su embellecimiento.
F
La Meca sufrió varios ataques a lo largo de su historia. Uno de los primeros fue la
SE
expedición del reyezuelo yemenita Abraha, de origen etíope, en 570, el año del
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nacimiento del Santo Profeta del Islam, y que fue repelida milagrosamente como se
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narra en el Sagrado Corán (Sura 105). En 929, la ciudad fue asaltada por los
cármatas, una secta desviada del Islam, que se apoderaron de la Piedra negra de la
EL
Ka’ba. Pero, veinte años después, fueron forzados por el califa fatimí alMansur (946
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953) a devolverla.
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Una de las cinco obligaciones básicas para todo musulmán es la peregrinación a La
IG
Meca, al menos una vez en la vida. Desde mediados del siglo XIX, el número de
D
peregrinos a las ciudades santas de La Meca y Medina no cesa de aumentar: cincuenta
CA
mil en 1850, doscientos cincuenta mil en 1925, cuatrocientos mil en 1960, dos
TE
millones en 1985 y seguramente unos tres millones para el año 2.000. Actualmente,
La Meca (trescientos mil habitantes) sigue convocando, como lo ha hecho desde hace
IO
Medina
En el siglo VII, Yatrib, ciudad caravanera del Hiÿaz, era un floreciente oasis agrícola
situado cuatrocientos kilómetros al norte de La Meca. Algunos de sus habitantes se
convirtieron al Islam entre 620 y 622 y se ofrecieron como ayudantes y protectores
(ansar) del Profeta. Amenazado por el clan politeísta de Quraish asentado en La
Meca, el cual era violentamente hostil al Islam, Muhammad (BPD) se vio obligado a
hacer la «emigración» —hégira (hiÿra en árabe)— en 622 con sus fieles compañeros a
Yatrib, que adoptó el nombre de Medina (Madinat alNabí, "la ciudad del Profeta").
52
El 20 de noviembre de 625, los musulmanes fueron derrotados por los mequíes
politeístas en Uhud, en las cercanías de Medina. Pero en 626, un ejército quraishí se
vio obligado a abandonar el asedio de Medina a raíz de la victoria musulmana en la
batalla del Foso (alJandaq). El Santo Profeta entró victoriosamente en La Meca en
630 acabando con la oligarquía de los comerciantes politeístas, y falleció en Medina
en junio de 632, donde fue enterrado. La ciudad permaneció como capital del Estado
musulmán hasta que Alí Ibn Abi Talib, el cuarto Califa (656661), trasladó su cuartel
general a Kufa (Irak).
Entre 682683 el pueblo de Medina se sumó a la revolución shií de Abdallah Ibn az
Zubair (624692). En 683, Medina fue saqueada por las tropas del tirano omeya
Yazid Ibn Mu’auiah y cayó en la decadencia. Una parte de sus habitantes emigraron a
alAndalus. Véase EtienneMarc Quatremère: Mémoire historique sur la vie d'Abd
Allah ben Zobair, en el Nouveau Journal Asiatique, IX y X, París, 1832; Fouad El
Khouri: Las revoluciones shi'íes en el Islam (660750), Fundación Argentino Arabe,
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Buenos Aires, 1983.
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Hoy día, Medina cuenta con doscientos cincuenta mil habitantes. Los peregrinos que
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la visitan en el mes de Dhul’hiÿÿah (duodécimo mes del calendario islámico) acuden
prioritariamente para recogerse en la mezquita del Profeta, construida cerca del
EL
emplazamiento de la primera mezquita —prototípica— del Islam, que él mismo
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mandó a edificar. El cementerio Ÿannatu’lBaqí también recibe numerosas visitas. Allí
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se encuentran las tumbas de los Santos Imames alHasan alMuÿtaba Ibn Alí (625
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670), Alí Ibn alHusain Zainu’l’Abidín (659713) y Ÿa’far Ibn Muhammad as
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Zahra (615632), la Paz sea con ella (cfr. Emel Esin: La Meca la bendita y Medina la
CA
radiante, Argos, Barcelona, 1964).
TE
Naÿaf
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La ciudad de alNaÿaf o Mashhad Alí ("lugar del martirio de Alí"), en el Irak, está
BI
situada en el borde del desierto y a diez kilómetros al oeste de Kufa. En esta última
ciudad murió Alí Ibn Abi Talib, el 21 de Ramadán del año 40 de la Hégira (27 de
enero de 661) a consecuencia del ataque artero llevado a cabo por Ibn Mulÿam, un
fanático jariÿí que fue el instrumento del usurpador Mu’auiah Ibn Abi Sufián (602
680). «Y este advenedizo no era otro que el hijo de Abu Sufián, archienemigo del
Profeta y jefe de la rama aristocrática omeya de los coraixíes...no sólo usurpó el
califato arrebatándoselo a su legítimo poseedor, sino que además lo pasó a su
progenie... Por si fuera poco, cambió la dirección del Islam de califal a real y se
entronizó como el primer rey, o malik, título menospreciado por los árabes de
entonces. Entre otras innovaciones citaremos que se rodeó de una guardia
personal, erigió un trono en su palacio y un recinto para su uso privado
(maqsura) en la mezquita» (Philip K. Hitti: El Islam, modo de vida, O. cit., págs.
129132).
52
Al parecer, Alí, la Paz sea con él, había expresado en vida el deseo de ser inhumado
en alNaÿaf.
En 977, los Buÿíes shiíes erigieron un mausoleo en su honor. Con el advenimiento del
poder mongol en 1258 (caída de la Bagdad abbasí), muchos de los nuevos
gobernantes se convirtieron al Islam y adoptaron la escuela duodecimana. Así, a
principios del siglo XIV, una guardia mongola fue estacionada ante el santuario de Alí
en Naÿaf, «que podía interpretarse como señal del respeto de los mongoles por el
primero de los imames» (John Joseph Saunders: La conquista mongólica, Eudeba,
Buenos Aires, 1973, pág. 97).
Pero será a partir de la época safaví (15031510) que alNaÿaf se irá convirtiendo en
uno de los principales centros teológicos del Islam y del Shiísmo en particular.
Durante cinco siglos (XVI al XX) numerosos sabios vivirán en alNaÿaf y impartirán la
enseñanza de las disciplinas islámicas. Entre ellos se puede mencionar al gran
F
muÿtahid Seied Bahr alUlum (m. 1797), al marÿae taqlid Mirzá Muhammad Taqi
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Shirazí (m. 1895), Muhammad Kazim Jorasaní (m. 1911) y Muhammad Husain
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Na’iní (m. 1936).
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Lady Anne Isabella Blunt, (18371917), esposa del islamólogo inglés Wilfrid
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Scawen Blunt (18401922), que viajó a través del Norte de Africa, Arabia y el Asia
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menor, hizo una visita a Naÿaf durante su travesía por el desierto de Naÿd entre
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espiritualidad que le embargó la contemplación del santuario alida (cfr. Lady Anne
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Blunt: Viaje a Arabia. Peregrinación a Nedjed, Laertes, Barcelona, 1983).
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Desde los años 1950, alNaÿaf contiene 24 madrasas con una población fluctuante de
TE
El Imam alJomeiní vivió exilado en alNaÿaf entre 1965 y 1978, antes de establecerse
BL
sangrientas persecuciones contra los musulmanes ordenadas por el déspota Saddam
alTakrití hizo descender la población estudiantil a fines de los años setenta de tres
mil a seiscientos
Qum
Qum constituye, después de Mashhad, que ampara la tumba del Octavo Imam, Alí ar
Rida, el segundo centro de peregrinaje shií en Irán. Fátima Ma’suma, hermana del
Imam arRida, enfermó en Saveh y fue trasladada a Qum donde falleció en 816. La
aldea, situada a 150 kilómetros al sur de Teherán, ha crecido desde entonces en torno
a su tumba. Contiene una población de confesión shií, mayoritariamente de origen
árabe, hoy cercana al millón de habitantes. Ha constituído antes que alNaÿaf, un
centro de enseñanza shií tradicionalista importante en los siglos IX y X. Favorecida
por los buÿíes, gozó de renombre bajo los selÿukíes, por sus madrasas y otras
52
fundaciones religiosas, así como por sus administradores y visires shiíes influyentes.
Ha sido lo mismo para la rica aldea de Kashán, vecina y complementaria de Qum.
Saqueada y puesta a prueba bajo los mongoles, Qum recomenzará a beneficiarse de la
protección del poder político recién a partir del siglo XV. Después de los timuríes, fue
el objeto de la atención de los soberanos safavíes. Un aspecto de la política religiosa
del Abbás I el Grande, consistente en atraer a los peregrinos shiíes hacia Mashhad y
Qum, fue decisiva para el desarrollo de las ciudadessantuario. Los ulemas célebres
estudiarán o enseñarán en Qum, tales como Abd alRazzaq alLahiÿí (m. 1661),
Mullá Sadrá alShirazí (15711641), su yerno Mohsen Faiz alKashaní (m. 1680), y
Qazí Sa’id alQumí (16331692), todos ellos elevados gnósticos.
La política británica ejercida sobre Irak en coincidencia con la puesta en el poder de
Reza Jan, trae a los grandes ulemas iraníes a que vengan a instalarse en Qum y
produce el renacimiento de este centro teológico. Este movimiento se consolida bajo
F
el impulso del Ayatollah Abdulkarim Hayerí alYazdí (m. 1937), quien se había
SE
instalado en la ciudad santa en 1922. Entre sus numerosos estudiantes, se encuentran
IC
los más grandes ayatollahs, y en particular Muhammad Taqi alJaunsarí, Seied
D
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Shahabuddín alNaÿafí alMar’ashí, Haÿÿ Mirzá Hedayatollah Wahid al
Golpayeganí y Ruhollah Musaví alJomeiní.
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A partir de 1944, establece su cátedra el Ayatollah Boruÿerdí. De 2.500 estudiantes en
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ese año, Qum pasa a albergar 4.000 en 1955, llegando a 6.000 en 1962, año de la
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muerte de alBoruÿerdí. Para romper la dicotomía entre enseñanza laica y religiosa
IG
Boruÿerdí patrocina las escuelas primarias y secundarias donde se impartan ambos
D
tipos de enseñanza. También auspicia un acercamiento entre sunnismo y shiísmo.
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religiosa, el Ayatollah Ruhollah Musaví alJomeiní (19001989), y sus partidarios, a
IO
partir de 1962, encadena el proceso que llevará al derrocamiento inexorable de los
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Pahlaví y el triunfo de la Revolución Islámica. La madrasa Faiziyya, aquella donde al
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Jomeiní predicara, se convirtió en un símbolo. Los brutales ataques gubernamentales
contra esta madrasa en 1963 y 1975, coincidentes con los duelos shiíes de Muharram,
sumados a las agresiones directas contra el Imam de los iraníes, y la represión
sangrienta contra manifestantes en Qum en enero de 1978, abrió el camino para la
victoria de los musulmanes contra el régimen prooccidental. Tras la muerte de los
primeros mártires, tanto de Qum, como de Tabriz y de otras ciuaddes de Irán, el
mecanismo de las conmemoraciones de duelo cada cuarenta días, así como otras
expresiones de luto shiíes conducirán al endurecimiento de la represión, favoreciendo
la organización revolucionaria y el liderazgo del Imam alJomeiní.
Capital simbólica del Irán islámico, Qum conserva su rol después que el Guía de la
revolución retorna allí en 1979 (cfr. M. Momen: An Introduction to Shi’i Islam, New
HavenLondres, 1985).
53
MEDICINA
«El conocía bien al viejo Esculapio y a Dioscórides, y también a Rufus, al viejo
Hipócrates, a Haly y a Galeno; a Serapión, Razes y Avicena; a Averroes, Damasceno
y Constantino...» ("Cuentos de Canterbury", Cátedra, Madrid, 1997, pág. 75).
Geoffrey Chaucer (13421400)
El Sagrado Corán, al igual que los hadices (dichos y tradiciones), contiene una
serie de aforismos médicos de orden general atribuidos al Profeta Muhammad
(BPD). Tales sentencias no tardaron en ser reunidas y comentadas en varios
tratados conocidos con el título genérico de «Medicina del Profeta». Asimismo, y
como continuación de esa medicina profética, se desarrolló en el seno de la
escuela shií duodecimana una tradición médica de los Doce Imames Impecables,
la Paz sea con ellos (Véase Islamic Medical Wisdom. The Tibb alA’imma,
F
Ansariyan Publications, Qum, 1995).
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Basados principalmente en las hierbas, la higiene, la dietética, las súplicas y las
D
jaculatorias, esos aforismos y tradiciones otorgaron carta de nobleza a la
CI
medicina musulmana, que alcanzó un desarrollo y un grado de fiabilidad
EL
extraordinarios en todo el mundo islámico, gracias a una intensa investigación y
D
a la enseñanza y la práctica dispensadas en una notable red de hospitales.
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Cuando entre 637 y 651 derribaron el Imperio persa de los sasánidas, los
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musulmanes árabes se apoderaron de Gundishapur, ciudad del sudoeste de Irán,
D
sobre el río Karún. Hallándose en todo su apogeo, esta ciudad, que había sido
CA
fundada por los sasánidas a finales del siglo III, constituía a la sazón el principal
centro científico y médico del Asia central. La escuela de medicina de
TE
cristianos expulsados de Edesa (actual Urfa, en Turquía) por los bizantinos en el
BL
(529). La escuela de Gundishapur entonces se encontró en la confluencia de las
tradiciones médicas griegas y helenísticas, así como de las experiencias y teorías
persas e hindúes (estas últimas importantes en el terreno de la farmacología), y
con los inmensos conocimientos que atesoraba se dispuso a fecundar la
investigación médica ya en el seno del Islam.
Verdaderas «dinastías» de médicos nestorianos participaron en el Bagdad de los
abbasíes en la construcción de hospitales y, sobre todo, en las traducciones, en
primer lugar del griego, pero también del siríaco, del pahlaví persa y del
sánscrito. Una empresa impulsada por los califas, quienes enviaron sendas
misiones a Bizancio, comandadas por sabios cristianos y judíos, con el objeto de
adquirir manuscritos, entre los cuales las obras médicas ocupaban un lugar
primordial. El sabio cristiano de alHira y director de «La casa de la sabiduría»,
Hunain Ibn Ishaq (808872), el más grande estos traductores, conocía el griego,
53
el siríaco, el persa y el árabe, lengua en la cual tradujo, entre otros, los
principales textos médicos de los griegos un centenar de obras de Galeno,
Hipócrates y Dioscórides. Asimismo, escribió unas «Cuestiones de medicina»
(bajo la forma de preguntas y respuestas), el «Tratado del ojo» y el «Libro de las
drogas simples». Su hijo, Ishaq Ibn Hunain (m. 910) fue también médico y
traductor. El traductor y matemático Tabit Ibn Qurra (836901), por su parte,
escribió una reconocida obra médica, «El tesoro».
F
instrucciones para el tratamiento de la viruela y el sarampión, apenas podrían
SE
mejorarse hoy en día.
IC
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Los filósofos franceses Denis Diderot (17131784) y Jean Le Rond d’Alembert
(17171783) insertaron esta mención sobre la civilización islámica en su gran
EL
Enciclopedia o «Diccionario razonado de las Ciencias, las Artes y los Oficios»,
D
vasta obra de 17 tomos que se finalizó en 1772, 21 años después de la aparición
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del primer volumen, y en la que participaron también eruditos como Buffon,
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florecen en Córdoba; los placeres refinados, la magnificencia, la galantería reinan
D
en la corte de los reyes moros. Fueron tal vez esos árabes quienes inventaron los
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torneos y los combates a pie. Sus espectáculos y teatros, por burdos que fueran,
TE
demostraban que los demás pueblos eran aun menos cultos. Córdoba era el único
país de Occidente donde se cultivaba la geometría, la astronomía, la química, la
IO
medicina. Sancho el Craso, rey de León, tuvo que ir a Córdoba en 956 a ponerse en
BL
manos de un médico árabe, que, en vez de aceptar la invitación real, exigió que el
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rey acudiera a verlo».
No se equivocaba Geoffrey Chaucer, el padre de las letras inglesas, al destacar en
su obra máxima los nombres de cuatro médicos musulmanes: Haly (Alí Ibn al
Abbás), Razes, Avicena y Averroes. Véase E. G. Browne: Arabian Medicine,
Cambridge, 1921; Manfred Ullman: Islamic Medicine, Edinburgh University
Press, Edinburgo, 1978.
Higiene
«Para que una ciudad esté preservada contra las influencias deletéreas de la
atmósfera, es necesario levantarla en un lugar donde el aire es puro y no propenso a
las enfermedades. Si el aire es inmóvil y de mala calidad, o sí la ciudad está situada
en las inmediaciones de aguas corrompidas, de exhalaciones fétidas o de pantanos
53
insalubres, la infección de las cercanías se introducirá allí prontamente y propagará
las enfermedades entre todos los seres vivientes que esa ciudad encierra» (Al
Muqaddimah, pág. 617).Ibn Jaldún (13321406)
Un arabista francés, Gustav Lebon (18411931), hablando de la higiene de los
musulmanes, dice que «No han desconocido éstos la importancia de ella, pues
harto sabían que la higiene nos enseña los medios de preservarnos de las
enfermedades que la medicina no sabe curar. Las prescripciones en el Corán, como,
por ejemplo, frecuencia en las abluciones, prohibición del vino y preferencia dada en
los países cálidos al régimen vegetal sobre el animal, son muy cuerdas, y nada hay
que criticar en las recomendaciones higiénicas que se atribuyen al Profeta... Parece
que los hospitales árabes se construían con unas condiciones higiénicas muy
superiores a las de nuestros establecimientos modernos. Hacíanlos muy grandes, y
dejaban circular abundantemente por ellos el aire y el agua. Habiéndose encargado
a arRazí que escogiese el barrio más sano de Bagdad para construir un hospital,
F
SE
empleó el siguiente medio, que no rechazarían hoy los partidarios de las teorías
sobre los microbios. Suspendió unos pedazos de carne en varios barrios de la ciudad,
IC
y declaró más sano aquél donde la carne tardó más en descomponerse» (G. Lebon:
D
CI
La civilización de los árabes, El Nilo, Buenos Aires, 1974, págs. 4412).
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Numerosos especialistas han remarcado esta predilección musulmana por la
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higiene: «En la vida del musulmán las abluciones son una arraigada costumbre:
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cada vez que se toca algún objeto sucio, después de alguna secreción corporal, antes
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órganos genitales, boca, oídos, nariz... Ir al baño público, y procurarse una limpieza
D
total, es obligado en ciertas ocasiones... y la purificación después de la menstruación
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Villasante: Europa Islámica. O. cit., págs. 1668).
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Por otra parte, Américo Castro remarca lo siguiente: «Si poseyéramos un mapa de
los pueblos con baño en la España medieval, tendríamos un dato importante para
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medir el área de la influencia musulmana. Pueblecitos de Castilla en donde muy
pocos practicarán hoy el uso del baño en agua caliente, poseían baños públicos en el
siglo XIII....Incluso un pueblo insignificante como Usagre (Badajoz), poseía su
baño... En estos fueros suele mandarse que el dueño del baño provea a los bañistas
de agua caliente, jabón y toallas...En 1567 tuvo lugar una solemne ceremonia y
fueron derribados todos los baños que había en Granada. La gente olvidó la
costumbre de lavarse en España lo mismo que en Europa» (A. Castro: España en su
historia. Cristianos, moros y judíos, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1996, págs.
8283).
Por su parte, Philip K. Hitti en su History of the Arabs (Londres, 1937) dice que
la Córdoba andalusí «tenía kilómetros de calles pavimentadas, con iluminación,
para que la gente andase en la noche segura, mientras en Londres y París nadie que
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se aventurase en una noche lluviosa podría evitar hundirse en el barro, ¡y eso siete
siglos después de que Córdoba estuviese pavimentada! Los hombres de Oxford
mantenían por entonces que bañarse era una costumbre pagana, mientras los
estudiantes de Córdoba se bañaban en lujosas termas públicas» (citado por Seied
Muÿtaba Musaví Larí: El Islam y la civilización occidental, OPCI, Qum, 1990,
pág. 188).
La peste negra y los médicos hispanomusulmanes
La gran epidemia del siglo XIV, la «muerte negra», provocada por la peste
bubónica, que se cobró las vidas de cien millones de personas entre 1347 y 1348
(la mayor catástrofe que registra la historia de la humanidad), dio la
oportunidad a los médicos musulmanes españoles para emanciparse del prejuicio
de ciertos teólogos de escasos conocimientos que consideraban la peste como un
castigo divino y para determinar que se trataba de una plaga originada por el
F
contagio.
SE
IC
El profesor Angel Blanco Rebollo del Instituto de Ciencias de la Educación de la
D
CI
Universidad de Barcelona explica los pormenores del fenómeno que conmocionó
la Baja Edad Media: «La ciencia médica medieval, sorprendida ante una
EL
enfermedad que no se parecía en nada a cuanto conocía hasta entonces, buscó
D
explicaciones de toda índole. Entre éstas, halló gran eco la que achacaba el mal a
L
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una alteración del aire, que se debía a una conjunción de los planetas. Así, el
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Saturno, Marte y Júpiter el 24 de marzo de 1345 había sido el factor principalñ
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para desencadenar la gran epidemia... Como cabe suponer, la época fue testigo de
CA
una notoria proliferación de tratados y remedios para combatir la peste. Entre ellos,
TE
hispanomusulmanes que describieron con todo lujo de detalles la epidemia de 1348
y los posibles remedios a seguir: «Descripción de la peste y medios para evitarla en
BL
lo sucesivo», de Ibn Játima, que por las respuestas que ofrece sobre la génesis,
BI
desarrollo y tratamiento de la enfermedad quizá puede considerarse como la obra
más completa y acertada de su tiempo; «Información exacta acerca de la epidemia»,
de Al Saquri, de la cual se conserva un excelente resumen en El Escorial que lleva
por título «El buen consejo»; y por último «El libro que satisface al que pregunta
sobre la terrible enfermedad», de Ibn alJatib, tratado que versa acerca de la idea
del contagio» (Angel Blanco: La peste negra, Anaya, Madrid, 1990, pág. 36).
Efectivamente, el célebre estadista, historiador y médico Ibn alJatib de Granada
(ver aparte), describe en su famoso tratado de higiene algunas de las causas del
contagio: «La existencia del contagio está determinada por la experiencia, el estudio
y la evidencia de los sentidos, por la prueba fidedigna de propagación por medio de
los vestidos, vasos, pendientes; se transmite por las personas de una casa
determinada, por la contaminación producida en las aguas de un puerto a la
53
llegada de personas procedentes de países infectados..., por la inmunidad en que se
hallan los individuos aislados y... las tribus nómadas beduínas de Africa. Debe
sentarse el principio de que cualquier prueba originada por la tradición debe ser
modificada cuando está en contradicción manifiesta con la evidencia percibida por
los sentidos» (Ibn alJatib: Kitab alWusul lihifz alsihha filfusul "Libro del
cuidado de la salud durante las estaciones del año" o "Libro de Higiene", trad.
cast. M.C. Vázquez de Benito, Edic. Universidad de Salamanca, Salamanca,
1984). Esta aguda observación de Ibn alJatib constituía una afirmación sensata
y clarividente del Islam revolucionario en tiempos de intransigencia ortodoxa.
El médico andalusí Abu Ÿafar Muhammad Ibn Alí Ibn Játima (13231369?) —
que fue amigo y corresponsal de Ibn alJatib—, escribió un libro sobre la
epidemia de peste bubónica que asoló a la provincia de Almería entre los años
13481349. Este tratado es infinitamente superior a las numerosas obras sobre
epidemias publicadas en Europa entre los siglos XIV y XVI. Dice Ibn Játima: «El
F
resultado de mi larga experiencia es que si una persona se pone en contacto con un
SE
paciente inmediatamente se ve atacada por la epidemia y experimenta los mismos
IC
síntomas. Si el primer paciente expectora sangre, el segundo le sucede igual... Si al
D
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primero se le presentan bubas, el segundo aparece con ellas en los mismos sitios. Si
el primero tiene una úlcera, al segundo se le presenta también; y este segundo
EL
paciente a su vez transmite la enfermedad». Dice Blanco que Ibn Játima
D
«recomendaba asimismo no tocar ni la ropa ni los objetos cotidianos del paciente,
L
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ya que podrían estar apestados, recomendación que se veía fuertemente acrediatad
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por su experiencia en el zoco almeriense, y en especial el barrio de compraventa de
IG
ropa usada, donde la mortalidad fue muy superior a la que soportaron otros lugares
D
de la ciudad. Con esta observación, el médico musulmán se adelantaba en muchos
CA
(Angel Blanco: La peste negra. O. cit., págs. 3031).
IO
BL
53
acompañando probablemente el desplazamiento de los ejércitos, la peste comenzó a
moverse con gran rapidez. Entre 1346 y 47 estaba ya en Crimea, entrando en
contacto con los circuitos económicos controlados por los genoveses e irrumpiendo
bruscamente en la región mediterránea» (Angel Blanco: La peste negra. O. cit.,
págs.87 y 81).
Fenómenos climatológicos sumados a las alienantes condiciones de vida de la
Europa medieval conspiraron para que la tragedia se convirtiera en una
catástrofe colosal. Por ejemplo, desde principios del siglo XIV Europa sufrió una
ola invernal —conocida como pequeña «Edad Glaciar»— que mató el ganado,
congeló mares como el Báltico en 1303 y 1307 y forzó a las gentes a hacinarse
para darse calor con las lógicas consecuencias de falta de higiene, promiscuidad
y enfermedades: «Respecto al vestuario de las genets, se reducía a unos pocos e
insuficientes harapos o a gruesos y sucios tabardos que servían de refugio a
parásitos de todo tipo y se convertían en la causa frecuente de muchos contagios. En
F
el campo, los animales de labor compartían el etcho de sus mismos propietarios, que
SE
aprovechaban así su calor natural, pero que eran fuente constante de infecciones. El
IC
aspecto exterior de las ciudades resultaba también desconsolador. Las calles, sin
D
CI
pavimentar, eran estrechas, carecían de alcantarillado y estaban mal aireadas... Las
ratas negras merodeando impunemente por las calles inmundas, llenas de
EL
desperdicios, constituían una estampa concluyente de la existencia cotidiana en la
D
Edad Media» (Angel Blanco: La peste negra. O. cit., págs. 2223).
L
A
IT
sanitarias— no resultaban mucho mejores que las cabañas de los campesinos; por
CA
otra parte, la dieta de las clases altas (mucha carne y mucho vino) no era mucho
TE
más sana que la de los labriegos (vegetales, cerveza o vino flojo)» (J.C. Russell:
IO
That Earlier Plague, Demography, 5, Londres, 1968).
BL
El principal cronista de la época, el monje carmelita Jean de Venette (1308
BI
1369), nos habla de los efectos fulminantes de la peste: «El que hoy estaba sano,
mañana estaba muerto y enterrado. Tenían de repente bubones en las axilas, y la
aparición de estas bubas era signo infalible de muerte».
El flagelo de las vicisitudes que produjo la Peste Negra caló hondo en la cultura
europea. El humanista italiano Giovanni Boccaccio (13131375) describe los
efectos de la peste en Florencia en el principio de su obra máxima, el
«Decamerón» (1353). Igualmente, los pintores flamencos Hieronymus Bosch «El
Bosco» (14501516), Pieter Brueghel «El Viejo» (15281569) y su hijo, Pieter
Brueghel «El Joven» (15641638), plasmaron con incomparable maestría una
patética serie de pinturas que describen con gran realismo las convulsiones
sociales de la Baja Edad Media durante la época de la peste: como la relajación
53
de costumbres, la hipocresía del clero, la superstición y la ignorancia de los
laicos, los crímenes y los excesos de los poderosos, etc.
Sería recién a fines del siglo XIX cuando el misterio de lo que causa la peste
bubónica (del griego bubón: bulto, tumor, que se produce en las zonas
ganglionares del cuerpo) sería desvelado: simultáneamente, el microbiólogo
suizo AlexandreEmile Yersin (18631943) y el bacteriólogo japonés Shibasaburu
Kitisato (18521931) descubrirían el bacilo que la produce, —llamado
Pasteurella pestis— durante un brote epidémico en HongKong en 1894.
F
Mc Neill: Plagues and Peoples, Doubleday, Nueva York, 1976; E. Mitre, P.
SE
Azcarate y A. Arraz: Catástrofes medievales, Cuadernos Historia 16, nº 120,
IC
Madrid, 1985; J. Valdeón: La Baja Edad Media, Anaya, Madrid, 1987; Robert S.
D
CI
Gottfried: La muerte negra, FCE, México, 1989.
EL
Hospitales
D
L
A
«He ordenado la construcción del hospital como señal de amplia compasión para
IT
con los enfermos pobres musulmanes».
IG
D
Muhammad V, sultán de Granada.
CA
El primer hospital (en árabe maristán) más famoso del Islam fue el fundado en
TE
Damasco en 707; cien años después contaba con veinticuatro médicos. La
IO
enseñanza médica se daba principalmente en los hospitales. En 931 había 860
BL
médicos titulados en Bagdad.
BI
A partir del siglo IX, las ciudades de todo el mundo musulmán, desde Asia
central a alAndalus, se dotaron de instituciones similares. En cada hospital había
un equipo de médicos y cirujanos —algunos de ellos especialistas—, así como
personal de ambos sexos (los pacientes femeninos y masculinos estaban
separados). Distintos departamentos atendían los casos de medicina interna,
cirujía, oftalmología y ortopedia. Además, cada hospital importante contaba con
una administración (se llegaron a redactar tratados sobre la buena
administración de los centros hospitalarios), un dispensario, una farmacia —
53
donde se preparaban las recetas médicas—, varios almacenes, una mezquita y,
con frecuencia, una biblioteca especializada. Los maestros, como por ejemplo el
gran arRazí, dispensaban a los estudiantes una enseñanza teórica y práctica,
basada en la observación clínica y sancionada por la redacción de una tesis y la
obtención de un diploma que permitía ejercer la medicina, tras haber
pronunciado el juramento de Hipócrates.
En El Cairo, el primer hospital fundado por Ahmad Ibn Tulún (835884) —el
primero de los cinco tuluníes que gobernaron entre 868 y 905— hacia 872,
existía todavía en el siglo XV y otros establecimientos sanitarios fueron
localizados allí posteriormente.
F
Qala’ûn alAlfí (gobernante entre 12791290) en El Cairo todavía conservado en
SE
parte, podía albergar a ocho mil pacientes de ambos sexos.
IC
D
CI
Los más famosos hospitales de alAndalus son los de la Granada nazarí. En el
último reducto del Islam en Europa, había por lo menos dos maristanes y una
EL
casa cuna a mediados del siglo XIV. Uno de ellos fue fundado por el sultán
D
Muhammad V (m. 1391) en 1365 y englobaba también un hospicio o casa de
L
A
alienados. Según Ibn alJatib (ver aparte), este maristán aventajaba al hospital
IT
alMansurí de El Cairo, hospital modélico según todas las referencias. En 1496,
IG
por orden de los reyes Católicos Isabel y Fernando, se expulsa a los enfermos del
D
mismo y se instala en el edificio una «ceca» o Casa de la Moneda. La sólida
CA
lamentablemente demolida.
IO
(apelando al murmullo del agua de las fuentes o a suaves melodías ejecutadas
BI
con el laúd, el qanún o la flauta de caña) para curar a los perturbados mentales,
algo bastante distinto a la idiosincracia occidental que, incluso hoy día, a las
puertas del siglo XXI, todavía apela a métodos psiquiátricos como el
electroshock, chalecos de fuerza, el uso de fármacos nocivos en las "curas de
sueño", la lobotomía, etc., o a interminables y costosas secciones de psicoterapia
con bastantes magros resultados: «Al igual que en el resto del mundo islámico, los
locos, de no ser peligrosos, quedaban en libertad y no eran importunados nunca»
(Fernando DíazPlaja: La vida cotidiana en la España musulmana, Edaf, Madrid,
1993, pág. 336). Actualmente, el maristán que está cerca de Jan el Jalili en El
Cairo emplea la música y el ruido del agua para curar a los dementes.
53
Pioneros de la medicina moderna
Los musulmanes superaron rápidamente a sus maestros. El gobierno califal, que
difundió copias de los manuscritos por todo el mundo islámico (Egipto, Siria,
Magreb, alAndalus), supervisaba la práctica médica y paramédica de cirujanos,
ortopedistas, oculistas, veterinarios, perfumistas (por los cadáveres), fabricantes
de jarabes, boticarios y droguistas. Se publicaban manuales de clínica y la
construcción de hospitales se extendió desde Irak a todo el mundo islámico.
Establecido en Bagdad, el médico y traductor iraní Alí Ibn Rabban atTabarí (m.
850) —no confundirlo con el historiador atTabarí (839923)—, redactó el
primer tratado médico completo en árabe, el «Libro de la sabiduría», en el que
abordó todas las ramas de la medicina de entonces. En Egipto, donde fue notable
la extensión de hospitales y bibliotecas, eran especialmente frecuentes las
F
enfermedades oculares (y ello hasta el siglo XX); esto explica que Ibn Alí al
SE
Mausilí escribiera para los fatimíes su «Libro sobre el tratamiento de las
IC
enfermedades del ojo», que fue una obra de referencia en Europa hasta el siglo
D
XVIII.
CI
EL
El médico y filósofo judío Abu alBarakat Hibat Allah Ibn Malká alBagdadí
D
Awhad alZamán (10961170), de quien sabemos algo gracias al viajero judeo
L
andalusí Benjamín de Tudela (ver aparte), se convirtió al Islam en sus últimos
A
IT
años (entre 1160 y 1170) y es autor del Kitab alMu’tabar («Libro de lo que ha
IG
sido establecido por reflexiones personales»).
D
CA
Las invasiones mongolas en los siglos XIIIXIV no impidieron que la medicina —
la veterinaria incluída— conociera un brillante período (¡gracias al mecenazgo
TE
de los mogoles islamizados!) tal como patentiza en particular el médico, político
IO
e historiador persa Rashíd alDin (12471318), que promovió la construcción de
BL
hospitales en Tabriz y fue médico personal del ilján mongol shií Ulÿaitú, que
BI
gobernó Irán entre 1304 y 1316.
53
almu’minim ("Regalo para los creyentes"), que trata tantos temas médicos como
farmacológicos.
En la medida que la sífilis se expandía por el Irán del siglo XVII, importada por
los viajeros extranjeros, especialmente franceses, es importante señalar el
tratamiento aconsejado por un médico como Imaduddín para combatir el flagelo,
a lo que los persas llamaban «fuego franco» (atishake faranÿi). La enfermedad
fue primeramente observada por Baha udDaula, pero el tratamiento curativo fue
llevado a cabo por Imaduddín. Su autoridad en la materia fue tan acabada, que
incluso hoy día se continúa aplicando este tratamiento en algunas regiones de
Irán y de la India.
La medicina islámica persa se difundió en la India desde el siglo XIV con la
"Anatomía ilustrada" (1326) de Muhammad Ibn Ahmad Ilias. Ya en el siglo XV,
Mansur Ibn Faqih Ilias escribió un famoso tratado de anatomía en persa, el
F
Tashrihe Mansurí ("La anatomía de Mansur"), dedicado al príncipe musulmán
SE
indio Pir Muhammad Bahadur Jan. Ain alMulk de Shiraz, dedicó su
IC
«Vocabulario de las drogas» (alAlfaz aladwiya) al soberano mogol Shah Ÿahán;
D
CI
del mismo modo ostenta el nombre de un príncipe mogol la obra Tibbe Dara
Shikohi ("Medicina de Dara Shikoh"), última gran enciclopedia médica
EL
musulmana. Dara Shikoh (16151659), hijo de Shah Ÿahán, fue un erudito que
D
intentó conciliar las filosofías y místicas del Islam y el Hinduismo.
L
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El primer gran médico otomano fue Hayyí Bashá Jidr alAyidiní (siglo XV), que
IG
vivió en El Cairo y escribió el Kitab shifá alasqam wa dawa alalam ("Libro de la
D
curación de la enfermedad y del remedio de las penas"). Otro gran facultativo
CA
otomano fue Muhamad alQausuní (siglo XVI), médico de los sultanes Suleimán I
TE
el Magnífico (14941566) y Selim II (15241574), que redactó un tratado sobre
las hemorroides llamado Kitab zad almasir fi ‘ilaÿ albawasir ("Libro de la
IO
Provisión para la Curación de las Hemorroides"). En el siglo XVII sobresalió Salih
BL
El primer tratado otomano sobre la sífilis fue presentado al sultán Mehmed IV en
1655, basado en un famoso trabajo de Girolamo de Verona (14831553), con
algunos préstamos de las investigaciones de Jean Fernel (14971558) sobre el
tratamiento de esta enfermedad. Sin embargo, como fácilmente se puede
comprobar, la medicina otomana estaba atrasada sobre éste y otros temas en más
de un siglo con respecto a la de los europeos.
En el imperio otomano junto a los facultativos musulmanes se destacaron griegos
como Panagiotis Nicussias (m. 1673), graduado en la Universidad de Padua, y
Alexandros Mavrocordátos —no confundirlo con el patriota homónimo de la
54
independencia helénica que vivió entre 17911865—, y el cretense convertido al
Islam Nuh Ibn Abdulmennan.
Médicos judíos al servicio del Islam
También numerosos médicos judíos, aportaron conocimiento y experiencias a los
musulmanes otomanos, como es el caso de Manuel Brudo, llamado a veces
Brudus Lusitanus, «Brudo el Lusitano», un criptojudío portugués que escapó de
Portugal en 1530 y al llegar a Estambul pudo practicar el judaísmo con entera
libertad. Moshé Hamón y Musa Ÿalinus alIsrailí (Moisés, el Galeno judío) fueron
dos eminentes médicos judíos que se destacaron en la época del sultán Suleimán
el Magnífico.
Hayatizadeh Feizí (m. 1691), famoso por sus obras médicas escritas en turco
basadas en fuentes occidentales, fue un judío converso al Islam que fue el jefe de
F
los médicos de la corte otomana bajo el gobierno de los sultanes Muhammad IV
SE
(164887) y Suleimán Ibrahim II (16871691).
IC
D
Razes
CI
EL
La figura sobresaliente en esta humana dinastía de sanadores fue Abu Bakr
D
Como la mayor parte de los principales científicos y filósofos de su tiempo, era
A
IT
un persa que escribía en árabe. Nacido en Rei (la antigua Ragha), a unos ocho
IG
kilómetros del Teherán de nuestros días, estudió química, alquimia y medicina
D
en Bagdad y escribió 237 libros, la mitad de medicina, de los cuales sólo 37 han
CA
sido recuperados. Su Kitab alHawi (Libro enciclopédico) trataba en veinte tomos
todas las ramas de la medicina y todos los conocimientos de la medicina griega,
TE
siria y árabe antigua. Traducido al latín con el título de Liber continents, fue
IO
probablemente el libro de medicina más respetado y empleado con frecuencia en
BL
el mundo europeo durante varios siglos; era uno de los nueve libros —otro era el
BI
Su monografía «Sobre la viruela y la escarlatina» (Kitab algadari wa alhasba)
puede considerarse como la primera descripción clásica de la viruela. Sus
numerosas invenciones, el alcohol y el ácido sulfúrico por ejemplo,
transformaron la ciencia química.
La más famosa de las obras de arRazí fue una exposición, en diez volúmenes, de
la ciencia médica, el Kitab alMansurí ("Libro para Almansur"), dedicado a un
príncipe del Jorasán. Gerardo de Cremona (11141187) tradujo al latín; el tomo
noveno de esta traducción, el Nonus Almansoris, que fue un texto popular en las
universidades europeas hasta el siglo XVI.
54
ArRazí introdujo nuevos remedios, como el ünguento mercurial, y el empleo del
hilo de tripa en las suturas. Algunas de sus obras más breves muestran un amable
aspecto de su carácter: una de ellas trataba «De cómo aun médicos expertos no
pueden curar todas las enfermedades»; otra se titulaba: «Por qué ignorantes
médicos, legos y mujeres tienen más éxito que sabios doctores en medicina».
ArRazí declara que el progreso científico sólo es posible si se sigue la huella de
los antiguos, porque «el más reciente se beneficia con las adquisiciones de sus
predecesores, a las que agrega su estudio personal».
AlIsrailí
Abu Yaqub Ishaq Ibn Suleimán alIsrailí (855955), fue un célebre oculista y
filósofo judío nacido en Egipto que ejerció en la ciudad de Qairuán, la capital de
Ifriqiyya (Tunicia y Argelia oriental); sus libros sobre los elementos, las fiebres y
la orina se tradujeron al latín en la Edad Media (con el nombre de Isaac
F
Judaeus), al igual que su obra «Particularidades de la dieta». En cambio, su
SE
«Guía del médico», redactada en árabe, se ha conservado gracias a su traducción
IC
al hebreo.
D
CI
El nombre de alIsrailí se ha vinculado al de Haly Abbás (ver más adelante)
debido a que el traductor Constantino el Africano (siglo XI) atribuyó
EL
erróneamente a alIsrailí algunos textos que eran originales de ese médico iraní.
D
Entre las auténticas contribuciones de alIsrailí —aparte de las ya mencionadas—
L
A
inspiraban en las ideas de Razes. Los siguientes son un ejemplo significativo: «Si
IG
puedes curar al paciente valiéndote de una dieta, no recurras a los medicamentos».
D
«No confíes en las panaceas, porque casi siempre son fruto de la ignorancia y la
CA
aunque tú no estés seguro de ella, porque así favoreces la fuerza sanadora de la
Naturaleza».
IO
BL
Haly Abbás
BI
Alí Ibn alAbbás alMaÿusí (m. 994), el Haly Abbás de los latinos, era un médico
persa, nacido en Ahwaz (hoy capital de la provincia iraní del Juzistán). El
sobrenombre de alMaÿusí («el mago») indica que su padre o su abuelo eran
zoroastrianos (a los miembros de esta antigua creencia se los llamaba magos, de
allí la historia de los «Tres Reyes Magos» persas). Miembro de la escuela shií,
vivió en Bagdad bajo la protección del buyí Adud alDaula (936983).
54
Un aspecto interesantísimo de esta obra casi desconocida fuera del ámbito de la
investigación, es que en los tres primeros capítulos del primer discurso Alí Ibn al
Abbás, al considerar en general a la medicina y a los médicos, menciona y
analiza críticamente muchos autores y obras del mundo helénico y musulmán,
dando sobre todos un juicio sintético. Entre los distintos facultativos cita a
Hipócrates (460377 a.C), que estima demasiado conciso, a Claudio Galeno
(131200), que en cambio le parece excesivamente extenso, a Oribasius de
Pérgamo (325400) —que descubrió las glándulas salivares y fue médico
personal del emperador romano Juliano el Apóstata (331363)—, y a Pablo de
Egina (625690) —cirujano y autor de la enciclopedia Epitomae medicae libri
septem—, quienes según él dice, han tratado de una manera insuficiente la
anatomía, la cirugía, la filosofía natural, la patología humoral y la etiología; en
cuanto al médico cristiano sirio Iahia Ibn Serafiún (segunda mitad del siglo IX),
el Serapion de los latinos, según Alí Ibn alAbbás, ignora la cirugía y no habla de
enfermedades importantes. Finalmente, se ocupa ampliamente y con admiración
F
de arRazí, y lo categoriza como el primer gran médico del Islam.
SE
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Avicena
D
CI
En la escuela de medicina de la Universidad de París, en el siglo XIV, había dos
EL
retratos de médicos musulmanes: «Razes» y «Avicena». El Islam conoce a uno de
D
sus filósofos más grandes y médicos más famosos con el nombre de Abu Alí al
L
A
Husain Ibn Siná (9801037). «A la edad de diez años dice el historiador Ibn
IT
Jalikán conocía perfectamente el Corán y la literatura en general, y había obtenido
IG
aportaciones hechas por los musulmanes en su gigantesco «Canon de Medicina»
TE
Gerardo de Cremona y considerada indispensable en las universidades europeas
BL
enfermedades que afectan a todas las partes del cuerpo, de la cabeza a los pies,
de patología especial y de farmacopea.
Con Avicena «el príncipe de los médicos», la Medicina Islámica alcanzó su cenit
en Oriente. desde aquella época, la tumba del gran médico y filósofo en
Hamadán (Irán) es objeto de piadosa veneración.
54
Véase Hirschberg y Lippert: Die Augenheilkunde des Ibn Sina, Leipzig, 1902; P.
De Koning: Avicenne. Livre Premier du Canone de Coglarporating a translation
of the first book, Londres, 1930.
Ibn alŸazzar
Abu Ÿa’far Ahmad Ibn Ibrahim Ibn Abi Jalid alŸazzar (9311009), fue un médico
oriundo de Qairuán (Tunicia) y discípulo de Abu Yaqub Ishaq Ibn Suleiman al
Israilí (855 955), el famoso filósofo y oculista judío. Ibn alŸazzar, el Algizar de
los latinos, es autor de una obra médica monumental, el Zad almusafir, que fue
traducida al latín con el nombre de Viaticum peregrinantis por el monje viajero
Constantino el Africano (10151087) de la abadía de Montecassino.
Tal vez el más completo vademécum de la medicina medieval, el Zad almusafir
consiste de siete libros y abarca las distintas enfermedades y sus tratamientos en
F
una forma concisa. Contiene valiosas anotaciones, algunas desconocidas
SE
provenientes de médicos y filósofos como Aristóteles, Rufus, Galeno, Polemón,
IC
Qusta Ibn Luqa, Ishaq Ibn Imran e Ishaq Ibn Suleiman alIsrailí. Fue el principal
D
CI
libro de referencia en la Europa cristiana medieval y largamente utilizado en las
escuelas de medicina (Salerno y Montpellier), y en las universidades (Bolonia,
EL
París, Oxford).
D
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A
mujeres, y es de radical importancia para la historia de la sexualidad, tanto que
IG
influyó definitivamente en la composición de un tratado de obstetricia producido
D
por la escuela salernitana, llamado, el Cum Actuor, cuya autora posible —se dice
CA
— es la legendaria médica llamada Trótula. El científico e investigador Gerrit Bos
TE
and Translation of Book Six of Zad almusafir (E.J. Brill, Leiden, 1995).
BL
BI
Abulcasis
Uno de los médicos andalusíes más famosos es AbulQásim alZahrawí (936
1013), latinizado Abulcasis. Fue uno de los más grandes cirujanos del Islam y
uno de los más importantes de la Europa medieval. Abulcasis fue fìsico en la
corte de alHakam. Su celebridad radica en su Kitab altasrif fi liman aÿaz ‘an al
ta’alif ("Libro de la ayuda para quien carece de habilidad para usar voluminosos
tratados"). En el libro se incluye una detallada sección quirúrgica, la primera de
su clase, que resume el conocimiento quirúrgico de su tiempo. Este apartado fue
traducido primero en latín por el incansable Gerardo de Cremona, y luego se
vertió al provenzal y al hebreo. A mediados del siglo XIV un famoso cirujano
francés lo incorporó a su libro. Tuvo muchas ediciones, entre las que se cuentan
una de Venecia (1497), otra de Basilea (1541), y la tercera de Oxford (1778).
54
Durante siglos el libro de Abulcasis ha sido texto obligado en las escuelas de
medicina de Salerno, Lovaina y Montpellier.
Abulcasis trató por primera vez o puso énfasis especial en la cauterización de las
heridas y describió la formación de cálculos en la vejiga. También publicó la
necesidad de la disección y la vivisección. Aspecto destacable del libro del
facultativo andalusí eran las ilustraciones de los instrumentos usados por el
autor, que sirvieron de modelo en Asia y Europa.
Averroes
Abu alUalid Muhammad ben Ahmad Ibn Rushd, conocido universalmente como
Averroes (11261198) fue uno de los máximos sabios de alAndalus y del Islam
occidental. Su obra médica ha sido casi olvidada en su fama como filósofo. Sin
embargo, fue «uno de los más grandes médicos de su tiempo», junto con sus
F
amigos Abentofail y Avenzoar, el primero en explicar la función de la retina y en
SE
reconocer que un ataque de viruela confiere una inmunidad subsiguiente. Su
IC
enciclopedia médica Kitab alkulliyat fi altibb ("Libro sobre las generalidades de
D
CI
la Medicina") se compone de siete volúmenes que tratan respectivamente de
anatomía, diagnosis, fisiología, higiene, materia médica, patología y terapéutica,
EL
y fue extensamente usada como libro de texto en las universidades cristianas,
D
como Oxford, París, Lovaina, Montpellier y Roma.
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A
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Avenzoar
IG
D
residió un tiempo en El Cairo, escribió el Kitab altaysir fi admadawat waal
tadbir ("Libro que facilita el estudio de la terapéutica y la dieta"), un manual que
TE
un siglo más tarde fue traducido al latín consiguiendo una gran difusión, por
IO
consejos de su amigo y colega Averroes. En esta obra se describe por primera vez
BL
artificial del esófago. Avenzoar es uno de los primeros médicos en dar la noticia
sobre el ácaro que produce la sarna. Eran los tiempos en que en alAndalus se
había creado un Ministerio de Investigaciones y Sanidad y a los perturbados
mentales se los curaba utilizando terapias musicales en hospicios especiales
dotados de jardines y fuentes de agua, un nivel aun no alcanzado por la
psicoterapia occidental.
En sus trabajos se ocupa de las técnicas de preparación de los medicamentos, de
las aplicaciones prácticas de la dieta y de la alquimia. Ejerció una importante
influencia en la enseñanza de la medicina y la alquimia en la Europa medieval, a
través de la traducción de sus textos al hebreo y al latín.
54
AlGafiqí
En la primera mitad del siglo XII vivió el oculista Muhammad Ibn Qassum Ibn
Aslam alGafiqí, que nació cerca de Córdoba y practicó en dicha ciudad. Este fue
el autor del Kitab almurshid filkuhl ("Guía del oculista") del que se conserva un
manuscrito único en la biblioteca de El Escorial. El tratado está compuesto por
seis libros, ocupándose de medicina ocular e higiene de los ojos en los dos
últimos, y puede considerarse como un fiel ejemplo de los conocimientos
oftalmológicos que llegó a dominar la medicina islámica de la época. El
instrumento óptico de dos cristales montados en armadura que se sujeta a las
orejas llamado gafas, debe su nombre al inventor, el oculista andalusí alGafiqí.
F
SE
IC
Alhazen
D
CI
Abu Alí alHasan Ibn alHaitham, el Alhazen de los latinos, nacido en Basra
EL
(Irak) hacia 965, y muerto en El Cairo en 1039, y cuya actividad se desáarrolló
D
especialmente en Egipto bajo la administración del califa fatimí alHakim (996
L
1021), ha sido llamado con justicia «el padre de la óptica». Fue el primero en
A
IT
describir el ojo humano. Dio también una explicación de la visión binocular;
IG
estudió cuidadosamente los fenómenos de reflexión y de refracción, y, haciendo
D
experiencias con segmentos esféricos o curvos (recipientes de vidrio llenos de
CA
agua), se aproximó al descubrimiento del fenómeno del poder aumentativo de
los lentes, hecho que recién tres siglos después encontró su explicación en Italia,
TE
y todavía tres siglos más tarde su explicación teórica.
IO
BL
cuya influencia en Oriente y en los ámbitos universitarios europeos fue enorme.
Realizó numerosísimas investigaciones y descubrimientos. El fenómeno de la
refracción atmosférica llamó su atención y con él explicó por qué el sol y la luna
cerca del horizonte parecen más grandes. Estudió el fenómeno del crepúsculo y
en catóptrica hizo experiencias con numerosos espejos convexos y cóncavos.
Es importante señalar que Alhazen hizo también importantes contribuciones al
estudio de la refracción y descubrió una aproximación que luego determinaron el
astrónomo holandés Willebrord van Royen Snell (15801626) y el filósofo y
matemático francés René Descartes (15961650).
54
más perfeccionadas de su época. Al conciliar la teoría con la experimentación,
Alhazen se anticipó a la ciencia moderna occidental, nacida, según el filósofo,
matemático y sociólogo británico Bertrand Russell (18721970), de la unión
entre la especulación griega y el empirismo islámico.
La medicina musulmana atribuía especial importancia al cuidado de los ojos. El
oftalmólogo, kahhál en árabe, era un personaje familiar en la sociedad
musulmana de Egipto, Irán o alAndalus, que simultáneamente practicaba la
medicina y a menudo actuaba como consejero y psicólogo.
La oftalmología islámica estableció un nexo estrecho entre el cerebro y el ojo
conocimientos que hoy sorprenden por lo avanzados. Estos incluían el empleo de
anestésicos en cirugía. Finalmente, cabe destacar que el árabe proporcionó a las
lenguas europeas numerosos términos en materia de oftalmología. Véase R.
Rashed: Optique et mathématiques: recherches sur l’histoire de la pensée
F
scientifique en arabe, Variorum, Londres, 1992.
SE
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D
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Ibn Nafís
L
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IT
Sobre el médico musulmán de origen sirio llamado Ibn alNafís (12101288) se
IG
tienen pocos datos , ya que un contemporáneo suyo, el bibliógrafo y médico Ibn
D
Abi Usaibí’a (11941270), no le menciona en su ‘Uiún alanba fi tabaqat alatibba
CA
("Las fuentes esenciales de la clasificación de los médicos"), que contiene 380
biografías, comenzando por los griegos y acabando con sus contemporáneos (ed.
TE
Muller, 2 vols., 1884.).
IO
BL
médico principal en Egipto y médico personal del sultán mameluco Malik az
Zahir asSalihí Ruknuddín Baibars Bundukdarí (12231277), el heroico paladín
que venció repetidamente a los cruzados, considerado «el salvador del Islam» por
detener una gran invasión de los mongoles el 3 de septiembre de 1260, en la
batalla de Ain Ÿalut ("Las fuentes de Goliat"), en el norte de Palestina, cerca de
Nazaret (cfr. R. Grousset: Histoire des croisades et du royaume franc de de
Jérusalem, vol. VII y VIII, Tallander, París, 1981).
Asimismo, Ibn al Nafís desarrolló una destacable actividad literaria. Sin embargo,
su más importante logro es el haber descubierto la circulación menor de la
sangre. Esto ocurría tres siglos y medio antes de la época de William Harvey
(15781657), el médico inglés a quien se atribuye el «descubrimiento». Lo que
hace especialmente notable el descubrimiento de Ibn alNafís es el que llegó a él
54
más por deducción que por disección. Se ha descrito a este científico del siglo
XIII como «el que no receta una medicina cuando bastará con la dieta».
Ibn alQuff
Ibn alQuff (12331286) es un médico de origen sirio que utiliza las enseñanzas
de Abulcasis y las aplica en los tratamientos de las heridas producidas en los
combates mantenidos entre los musulmanes y los invasores cruzados. en tierras
de Egipto y Palestina. Su obra principal, el Kitab al’umda fi sina’at al ÿiraha
("Libro del arte de la cirugía") ofrece un completo tratado sobre cirugía. Ibn al
Quff pretende mediante este trabajo que los cirujanos aprendan teoría médica,
para de ese desempeñar correctamente la labor que tienen encomendada. Su
obra, pese a no ser muy divulgada, es un importante eslabón en la cirugía
medieval.
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Ibn alJatib
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Abu Abdallah Muhammad alSalmaní Ibn alJatib (13331375), a quien dieron
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por su elocuencia sus contemporáneos el honroso sobrenombre de Lisán ud Din o
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«Lengua de la fe», es el más completo escritor de la Granada nazarí y uno de los
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más importantes adherentes al pensamiento shií en alAndalus. Nacido
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escribió exquisitos poemas a la Alhambra y el Generalife. Uno de sus mejores
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amigos fue el historiador Ibn Jaldún (ver aparte). Fue político, historiador,
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filósofo, místico, literato y un médico muy afamado. Su Kitab alWusul li hifz al
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sihha fi alfusul ("Libro de la Higiene según las estaciones del año"), traducido
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cómo combatir la peste bubónica, la famosa «Peste Negra» que asoló Europa
BL
hacia 1348. Igualmente son importantes sus trabajos históricos sobre Granada:
BI
El investigador español Jacinto Bosch Vilá (19221985), catedráticodirector del
Departamento de Historia del Islam de la Universidad de Granada, dice que «Ibn
alJatib era un hombre de gran personalidad en sí mismo, el primero en todo, capaz
de lo más difícil, mordaz, también, cuando quería serlo. Agudo observador, de
pluma ágil y artística, pensador y creador, convincente, inteligente y diplomático.
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Objeto de envidias que se trocaban en odios, de odios que se hacían calumnias, que
arrastraban a la muerte».
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LA MINIATURA ISLÁMICA
«Lo que otorga a la miniatura un estilo de belleza casi único no es tanto el tipo de
escenas que retrata como la nobleza y la sencillez de la atmósfera poética que las
impregna»
("El Arte del Islam", págs. 423)
Titus Burckhardt (19081984)
El arte de la miniatura se originó en el seno del Islam al traducirse al árabe algunos
libros científicos ilustrados —sobre medicina, botánica o zoología— de los que
circulaban entre los pueblos helenizados. La primera escuela fue fomentada por los
abbasíes en el marco de la «Casa de la Sabiduría», donde se realizaban las copias de
los textos grecolatinos.
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La Miniatura Árabe
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Las ilustraciones de las copias árabes, pese a la influencia de sus modelos, fueron
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transformándose paulatinamente hasta alcanzar un dibujo que acentuaba la
bidimensionalidad y que con su simplificación aportaba una mayor expresividad. Este
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estilo revolucionario alcanzó su apogeo en las diferentes versiones de las Maqamat
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(composiciones de un género literario caracterizado por su temática ejemplarizante y
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pertenecientes a la denominada "Escuela de Bagdad".
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Tras la caída del califato bagdadí en 1258, el arte de la miniatura prosiguió con los
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mamelucos, quienes dieron continuación a este estilo, mejorando mucho su acabado.
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Durante este período, la miniatura no ocupaba por lo general toda la página del
manuscrito, sino que se intercalaba en el texto, y tampoco quedaba circunscrita a un
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recuadro (cfr. Richard Ettinghausen: La peinture arabe, Albert Skira, Ginebra, 1962).
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La Miniatura Argelina
También existió una escuela reducida pero importante en alAndalus y el Magreb (cfr.
Rachel Arié: Miniatures hispanomusulmanes, Brill, Leiden, 1969).
El argelino Muhammad Racim (18961975) restauraría esta tradición del Occidente
musulmán a principios del siglo XX, con importantes trabajos plasmados desde la más
pura concepción islámica. Racim sabe rescatar para su pueblo un gran tesoro, el de su
cultura pictórica, abandonada durante siglos, y las más queridas glorias de su historia,
como son la Casbah y los motivos urbanos de Argel y las galeras y el arte naval de
Baba Aruÿ (14741518) y Jairuddín (14761546), el Barbarroja de los occidentales.
55
La Miniatura Persa
Tras las invasiones de los mongoles, Mesopotamia, Siria y Egipto fueron desplazados
culturalmente por las provincias orientales del Dar alIslam, donde los nuevos
soberanos de las dinastías ilján y timurí regeneraron la tradición persa, aun y cuando
hasta el siglo XV fue perceptible en ella la influencia china. Las miniaturas de la
enciclopedia de historia universal del polígrafo Rashíd alDin (12471318) muestran
paisajes y personajes de perfil (cfr. John Joseph Saunders: Muslims and Mongols.
Essays on Medieval Asia, University of Canterbury, Nueva Zelanda, 1977).
Los centros de la miniatura persa, como Herat, Shiraz, Tabriz o Bujará, desarrollaron,
bajo el esplendoroso mecenazgo de Shah Ruj Mirzá (cuarto hijo de Tamerlán, que
reinó entre 1404 y 1447) y del príncipe bibliófilo Baisangur (para quien un magnífico
Sha Nameh fue completado hacia 1430), una estética diferente a la de la miniatura
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árabe. La representación no es naturalista y los personajes, a menudo estereotipados,
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se confunden entre unas formas ornamentales (paisajes o arquitecturas) en las que
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predomina el sentido de la composición, aunque carente de perspectiva.
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La miniatura persa se caracteriza por la riqueza de su policromía, cuyo fulgor ha sido
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comparado muchas veces con el esmalte. Mientras que en los siglos XIII y XIV las
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miniaturas constituían frecuentemente una serie de viñetas insertadas en las páginas
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del manuscrito, poco a poco tendieron a independizarse del texto hasta tomar la
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forma de cartuchos caligrafiados. El Sha Nameh de Firdusí, el Hamzeh de Nizami y el
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Bustán de Saadi aportaron numerosos temas a los miniaturistas.
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Behzad
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La miniatura persa experimentó una excepcional renovación con la llegada al poder
de los safavíes en 1502. El mecenazgo del sha Tahmasp I (15141576)., quien
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patrocinó un taller en el que se gestaron numerosas obras maestras, fue decisivo. En
Isfahán, el nieto del sha Tahmasp, el shah Abbás I el Grande (15711629), logró que
la miniatura adquiriera mayor gracia y fluidez: el dibujo sustituyó al color y en
numerosas páginas se efectuaron composiciones a tinta, simplemente realzadas con
algunos toques de aguada o de oro. De esta época datan las múltiples
representaciones de personajes jóvenes, cuyo sexo a veces es indefinido.
La sencillez, espontaneidad y cierta ingenuidad de la miniatura persa y otomana nos
hacen pensar en un «realismo naïf», precursor de la escuela postexpresionista de los
pintores franceses Henri Rousseau (18441910) y André Bauchant (18731958).
La Miniatura Otomana
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otomana, cuyo centro estaba situado en Estambul. Sus miniaturas presentan una gran
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preocupación por el detalle, tanto en el plano físico como en el social, y se distinguen
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por su escrupulosa búsqueda de lo que constituye la identidad del tema representado.
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Sin embargo, las composiciones permanecen estáticas, incluso hieráticas. Los
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numerosos volúmenes consagrados a la crónica de los reinados de los sultanes
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constituyen la perfecta ilustración de esta tendencia. En el siglo XVII, con las
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aportaciones del pintor Abdulÿelil Çelebi, conocido como Ressam Levni (m. 1732), se
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insinuó una mayor desenvoltura en la pintura otomana. Con todo, un aspecto original
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motivo de las numerosas campañas militares de los sultanes.
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La Miniatura IndoMogola
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La mogola fue la segunda de las escuelas tributarias de la miniatura persa, aunque en
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su caso originó una estética diferente, mucho más naturalista, hasta incluso realista. A
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caracterizan por su vivacidad y en ellas los elementos constitutivos de las escenas son
puestos en relación los unos con los otros, más allá de la mera yuxtaposición. Las
miniaturas del Babur Nameh (Libro de Babur; véase Sir Lucas King: Memoirs of Zehir
edDin Muhammad Babur, Oxford University Press, Londres, 1921) o las del Akbar
Nameh (Libro de Akbar) constituyen magníficos ejemplos de todo ello. En el mundo
islámico, la India fue asimismo la región donde arraigó el arte del retrato. Como en
Irán, los cánones del arte occidental (introducidos por los grabados que difundieron,
entre otros, los jesuitas) fueron integrados y asimilados, especialmente en lo que
respecta a la ejecución de la luz y la atmósfera. En el siglo XVII, durante el reinado de
Ÿahangir (15691607), la miniatura se liberó de las limitaciones que le imponía el
manuscrito y apareció como obra independiente. Bajo esta forma fue reunida en
álbumes.
55
A lo largo de toda esta historia de la miniatura, los mecenas fueron también
coleccionistas. En la época del colonialismo, los occidentales, por su parte, se
dedicaron asimismo a coleccionar miniaturas islámicas, y por desgracia no dudaron en
mutilar muchos manuscritos para quedarse con las imágenes que contenían, todo ello
en detrimento de unos textos cuyo alcance no siempre comprendían.
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DANTE Y EL ISLAM
El pensamiento musulmán en la Europa del siglo XIV
A partir de la tesis elaborada por el jesuita e islamólogo español Miguel Asín
Palacios en 1919, diversos estudios de investigación han subrayado la existencia
de fuentes islámicas para las ideas de Dante Alighieri en su «Divina Comedia»,
como las descripciones del infierno en el Sagrado Corán; el viaje nocturno (isra')
y la ascensión a los cielos (mi'raÿ) del Profeta Muhammad (BPD); la visita al cielo
y al infierno en la «Epístola del Perdón» del poeta y filósofo sirio AbulAlá al
Maarrí; el «Libro del nocturno viaje hacia la Majestad del más Generoso» y el
«Libro de las Revelaciones de La Meca» del místico andalusí Ibn alArabi de
Murcia. Averigüemos la razón que llevó al máximo poeta italiano a reunir en su
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obra a personalidades cumbres del Islam: desde el Santo Profeta Muhammad
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(BPD) y su yerno y sucesor, Alí Ibn Abi Talib (P), pasando por Saladino,
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Alfragano, Albumassar, Alpetragio, Algacel, Avicena y Averroes, hasta amigos de
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los musulmanes, como Federico II de Sicilia, Miguel Escoto y Siger de Brabante.
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Una fusión místicoescatológica cristiana y musulmana de dimensiones
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insospechadas.
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«—Maestro, ¿qué es lo que estoy oyendo? ¿Y qué gente es ésa que tan dominada por
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el dolor parece?
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A lo que él me contestó: —Esta mísera existencia llevan las doloridas almas de
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quienes en el mundo vivieron sin infamia y sin motivos de alabanza. Mezcladas andan
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a aquellos ángeles que no fueron rebeldes ni fieles a Dios, sino que se mantuvieron
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neutrales. Los cielos los expulsan para que no turben su belleza, y tampoco los reciben
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los infiernos, pues con su presencia proporcionarían alguna gloria a los condenados.
Y yo insistí:
—Maestro, ¿qué es lo que tanto los atormenta y tanto los hace lamentarse?
Y él me contestó:
—Te lo diré brevemente. Estos no tienen ya esperanza de muerte, y su ciega vida es
tan abyecta que se sienten envidiosos de cualquier otra suerte. En el mundo no puede
quedar traza de ellos: desdéñalos tanto la justicia como la misericordia. No hablemos
más de ellos; míralos y pasa de largo». Infierno: III. 3351
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«Seiscientos años, por lo menos, antes que Dante Alighieri ideara su maravilloso
poema, existía ya en el Islam una leyenda religiosa en la cual se narraba el viaje de
Mahoma, fundador de esa religión, a través de las mansiones de ultratumba. Con el
transcurrir de los siglos, desde el VIII al XIII de nuestra era, los tradicionistas
musulmanes, los teólogos, los exégetas, los místicos, los filósofos y los poetas,
tramaron lentamente sobre la urdimbre fundamental de esa leyenda un gran número
de relatos amplificados, de adaptaciones alegóricas y de imitaciones literarias.
Tomadas en conjunto todas estas redacciones varias de la leyenda islámica y cotejadas
con la Divina Comedia, nos ofrecen una multitud de coincidencias, de semejanza y aun
de identidad, así en la arquitectura general del infierno y del paraíso, como en su
estructura moral, en la descripción de las penas yde los premios, en las grandes líneas
de la acción dramática, en los episodios y peripecias del viaje, en su significado
alegórico, en los papeles asignados al protagonista y a los personajes episódicos, y,
por fin, hasta en el valor artístico de ambas obras literarias»
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Miguel Asín Palacios: La escatología musulmana en la Divina Comedia
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Introducción
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Si por parte de mi apreciado amigo Ricardo Horacio Shamsuddín Elía, fue un gesto de
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estima y distinción el pedirme unas palabras de introducción, no creo que haya hecho
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una buena elección y, a la vez, ha sido una gran audacia de mi parte el haber
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aceptado escribirlas.
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tampoco de literatura. En este sentido, Shamsuddín Elía prefirió, evidentemente, a un
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lector ávido, a una persona curiosa por el mundo y por la cultura, a la que el paso del
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tiempo ha incentivado antes que acallado el interés por aprender, al ir descubriendo
cada vez más, cuán grandes abismos de ignorancia va acumulando uno a lo largo de
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la vida. Y por ello, este Dante y el Islam, tema que había despertado mi interés desde
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hace muchas décadas, aunque no me hubiera sumergido en él, vino a insertarse de
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maravilla.
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quitas hasta llegar a las cinco oraciones diarias y los treinta días de ayuno del mes de
Ramadán.
Hay así, en este viaje (isra’) y ascensión (miraÿ), varios datos elementales y
fundamentales: la santidad de la «mezquita lejana» y de la Ciudad Santa (prístina
alquibla del Islam) en que se encuentra, en primer término; el carácter ecuménico,
digamos así, de sus encuentros, dato revelador del carácter abierto y del fondo común
de la religión semita, de la fe de Abraham, en segundo, y la relación directa con las
oraciones y abstinencias musulmanas en tercero. Análisis, estudio, alargamiento,
embellecimiento en torno a aquel «viaje nocturno», según dice escuetamente el Corán
(171), hacen de él un hito fundamental en la tradición religiosa de la humanidad.
Por otra parte, y por obra de multitud de recopiladores, filósofos, místicos, teólogos y
literatos, el relato embellecido de este viajeascensión pasó a formar parte también
fundamental de la literatura del mundo mediterráneo. Es a esta vertiente, más
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humana, y de análisis menos complejo, religiosamente hablando, que se ha volcado el
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esfuerzo y el entusiasmo del autor de este breve ensayo. No es para menos, porque su
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inquietud lo lleva a uno a épocas no tan distantes en el tiempo, algo más de mil años
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a veces, frecuentemente más cercanas para revelar con pasión momentos y épocas
apasionantes en que la Edad Media, tan injustamente condenada y tan mal conocida,
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muestra sus mejores y más brillantes luces.
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Al leer las páginas va revelándose la riqueza intelectual, sin igual, de la corte de
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Alfonso X el Sabio (12521284), rey, como su padre «de las tres religiones», en un
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momento de esplendor de la Castilla medieval, de aquella Castilla múltiple, abierta y
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tolerante que protagonizó un «Siglo de Oro», al igual que en su corte Federico II
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(12121250) transformaba su capital, Palermo, en un centro de cultura que hacía
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mucho no conocía el Occidente del Mediterráneo. En aquellas dos cortes, por primera
vez, la Cristiandad de Europa occidental pudo compararse en un plano de igualdad
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con la civilización bizantina de la oriental. Si esto queda muy claro en Dante y el
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mostrarlo docto y abierto a la riqueza intelectual que se ofrecía en aquellos tiempos a
los hombres de inquietudes. Sin el menor obstáculo, multiplicadas por las
traducciones y casi como si las comunicaciones hubieran sido fáciles, las obras de
cristianos, judíos y musulmanes circulaban, se leían, se discutían, se comentaban y,
sobre todo, se comprendían.
En este ensayo queda bien en evidencia la tolerancia intelectual de esa época que fue,
en verdad, un prerrenacimiento no manchado por las muchas fallas que tuvo el que le
siguió, un siglo más tarde. Incluso, —y por decir algo que se le quedó a Elía en la
computadora—, fue en la gran Sicilia plural donde el latín vulgar dejó de ser tal y se
inició su transformación en el italiano, llevado y utilizado por hombres cultos de
Toscana que lo desarrollaron a partir, justamente, del mismo Dante.
55
Dante y el Islam nos abre a los ignorantes un mundo de erudición riquísimo, lleno de
hallazgos felices y de nombres ilustres. Al ignorante que osa escribir esta presentación,
su lectura lo ha entusiasmado y que ello haga perdonable —junto a la amistad— el
haber cedido preparar esta introducción para un tema que está mucho más allá de sus
capacidades.
Narciso Binayán Carmona*
*Narciso Binayán Carmona (Buenos Aires, 1928), historiador por vieja tradición
familiar, y genealogista, de ascendencia armenia y criolla (argentina y chilena), ha
sido redactor y corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires (19601991), y
continúa como colaborador permanente. Actualmente tiene a su cargo la columna
«Hipótesis de conflicto», que aparece los lunes. Es autor de las obras «Entre el pasado
y el futuro: Los Armenios en la Argentina» (Buenos Aires, 1996), e «Historia
genealógica argentina» (de próxima aparición). Singular viajeroinvestigador, ha
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visitado hasta el momento 95 países.
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Preámbulo
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En la iglesia San María Novella ("la Nueva") de Florencia—construida entre 1279 y
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1357 en la margen septentrional del Arno—, en la Capilla de los Españoles, existe un
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fresco célebre que se llama «El Triunfo de Santo Tomás»43. Este templo, de la que esta
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capilla fuera antigua sala capitular, era el asiento del cuartel general de los
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dominicos44. Resulta, pues, de todo punto natural, que en este solemne lugar, que era
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43
La corte de la esposa de Cosme I de Médici (1519-1574), Leonor de Toledo utilizaba la llamada Cappella
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degli Spagnoli ("Capilla de los Españoles"). El fresco en cuestión, llamado también «Il Trionfo di Santo
Tommaso D’Aquino», fue realizado hacia 1365 por el pintor florentino Andrea di Bonaiuti, más conocido
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como Andrea da Firenze (1337-1377), discípulo de Giotto di Bondone (1276-1337). Ernest Renan comete un
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error al atribuírselo a Tadeo Gaddi (1300-1366), otro discípulo de Giotto (E. Renan: O. cit., pág. 211). Este no
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fue el único pintor cristiano que tuvo a Averroes como arquetipo de filósofo y símbolo intelectual de la
España musulmana. La primera pintura en que aparece Averroes es un mural de Andrea Orcagna, en el
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cementerio Camposanto de Pisa, ejecutado hacia 1335. El altar de la iglesia Santa Catalina de Pisa está
decorado con una pintura de Francesco Traini (1321-1347) que lleva por título «Triunfo de Santo Tomás
sobre Averroes», realizada hacia 1340, y en la cual una vez más el doctor dominico se impone desde lo alto
sobre el filósofo cordobés que yace postrado y abatido por las supuestas refutaciones tomistas. También
Rafael (1483-1520) inmortalizó a Averroes en el grandioso fresco mural, base 770 cm, realizado entre 1509-
1510, titulado «La Escuela de Atenas», que se conserva en la Stanza della Signatura de los Museos del
Vaticano en Roma, donde aparece con ojo escrutador y tez morena junto a Epicuro y Pitágoras, rodeado de
los principales pensadores del mundo helénico. Finalmente, en el museo del Louvre en París podemos
encontrar una pintura del artista florentino Benozzo di Lece, más conocido como Benozzo Gozzoli (1420-
1497), en la que la disposición y los personajes son idénticos: santo Tomás en el centro, con sus obras en las
rodillas y en la mano un libro abierto, con esta terrible amenaza: Labia mea detestabuntur impium ("Mis
labios detestarán al impío").
44
La orden de los predicadores dominicos fue fundada en 1214 por el teólogo santo Domingo de Guzmán
(1170-1221) en Toulouse (Francia). La denominación dominicos deriva de domini canes (en latín "lebreles de
Dios"). Su finalidad era la de contrarrestar las herejías y desafíos de aquel entonces, como el dualismo de los
albingenses y el criptoislamismo de Federico II Hohenstaufen. En España, donde la Inquisición se transformó
en la práctica en un departamento de gobierno civil a partir de 1231, siempre había un dominico al frente. Los
55
su capital, los Hermanos celebrasen al gran doctor gloria de su orden y sabio de la
Cristiandad, santo Tomás de Aquino45.
En la porción superior del fresco, por encima de los mortales y del mundo virginal de
las ideas, el Santo de la Escuela, reina en pleno cielo, vestido con los hábitos
dominicos y apoltronado en el sitial de roble, desde el que continúa impartiendo su
enseñanza eterna. Macizo y doctoral, con su Suma apoyada sobre las rodillas, los
rayos que parten de su cabeza iluminan la familia de las Ciencias que distribuyen sus
enseñanzas sobre el orbe, y fulminan por el contrario, un trío de personajes sometidos
dominicos han ocupado cargos de gran importancia dentro de la Iglesia; cuatro papas, Inocencio V, Benedicto
XI, Pío V y Benedicto XIII, como también contaron con más de 60 cardenales miembros de la orden. Además
de su trabajo específico, los dominicos han hecho mucho para el fomento y la ayuda en el desarrollo del arte.
De sus claustros han surgido muchos y muy distinguidos pintores, tales como los florentinos Guido di Prieto
(1400-1455), conocido como fray Angelico, y Bartolommeo di Pagolo del Fattorino (1472-1517), también
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conocido como fray Bartolomeo y «Baccio della Porta». Sus principales contribuciones a la literatura han sido
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en materias de la teología y la filosofía, con tan notables escritores como fueron santo Tomás de Aquino y san
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Alberto Magno. La importante enciclopedia medieval Speculum Majus fue fruto del trabajo del dominico
Vicent de Beauvais o Vincentius Bellovacensis (1190-1264). Otros destacados dominicos fueron los místicos
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alemanes Meister Eckehart (1260?-1327), Johannes Tauler (1300-1327) y Heinrich Süse (1295-1366). El
predicador y reformador religioso italiano Girolamo Savonarola (1452-1498), que ingresó a la orden dominica
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en 1475, denunció en vehementes sermones la corrupción secular, la vida licenciosa de la clase gobernante y
la mundanería del clero. Por esa razón, fue excomulgado (1497); al rebelarse contra la autoridad del
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tristemente célebre papa Alejandro VI (1431-1503) —cuyo nombre original era Rodrigo Borja o Borgia,
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padre de César Borgia y Lucrecia Borgia—, fue apresado, torturado y colgado junto a otros dos hermanos
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dominicos, y luego quemado. A finales de la edad media, la influencia de la orden fue sólo igualada por los
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franciscanos. Los dominicos jugaron el papel principal en lo que fue la evangelización de las colonias
españolas en América; la primera santa americana, santa Rosa de Lima (1586-1617), fue una monja de la
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Tercera Orden de los dominicos que llegó a gozar de altos dones místicos. El papa Clemente X la canonizó en
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1671 y la declaró patrona de Lima, América, Filipinas y las Indias orientales. El trabajo desarrollado en las
misiones sigue siendo hoy una de las funciones más relevantes de los dominicos. Santo Domingo fundó una
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orden de monjas dominicas en 1205, antes que se estableciera la rama masculina de la orden. Sin embargo
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ellas adoptaron el nombre de Segunda Orden dominica. En 1220, los dominicos establecieron la Milicia de
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Jesucristo e hicieron prometer a sus miembros que defenderían a la Iglesia con sus armas y con todos los
medios de que dispusieran para contrarrestar la acción de los albingenses y otros grupos de innovadores. Hoy
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en día la cabeza suprema de la orden es el Maestro General, quien gobierna durante doce años; reside en
Santa Sabina, en Roma. La orden está estructurada en provincias religiosas, muy distintas de las geográficas,
cada una de las cuales cuenta con un provincial a la cabeza. La principal misión de la orden es la educación.
Es por esto que los dominicos mantienen aun sus características iniciales de ser maestros y defensores de la
ortodoxia confesional. En la Argentina, más precisamente en Buenos Aires, el histórico convento de Santo
Domingo, situado en la intersección de la calle Defensa con la avenida Belgrano, es famoso por los
acontecimientos que allí se sucedieron durante la segunda invasión inglesa en julio de 1807.
45
El italiano santo Tomás de Aquino (1224-1274), llamado el Doctor Angelicus, Doctor Communis y Divus
Thomas, es el máximo exponente de la filosofía escolástica y uno de los más importantes teólogos católicos.
Ingresó en la Orden dominicana en 1243 sin ser todavía sacerdote. Desde 1245 a1248 fue discípulo de san
Alberto Magno. Con el mismo maestro estudió en Colonia de 1248 a 1252. Ordenado sacerdote en 1250,
empezó a dictar clases en la Universidad de París a partir de 1252. A Tomás de Aquino se le concedió un
doctorado en teología en 1256 y fue nombrado profesor de filosofía en la Universidad de París. El papa
Alejandro IV, que ocupó la silla pontificia desde 1254 hasta 1261, le llamó a Roma en 1259, donde sirvió
como consejero y profesor en la curia papal. Regresó a París en 1268, y en seguida llegó a implicarse en una
controversia con el filósofo Siger de Brabante y otros partidarios averroístas. En su esfuerzo para reconciliar
fe con intelecto, creó una síntesis filosófica de las obras y enseñanzas de Aristóteles y otros clásicos, de san
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a sus pies. Uno de estos subyugados, es el filósofo griego Epicuro 46, padre del
materialismo, según el concepto clásico. Los otros dos llevan turbantes culminando un
atavío de magos: son Averroes47 y Avicena 48, los filósofos musulmanes. En pocas
palabras, ¡un monumento de ingratitud! La escuela dominica lo debe todo a los
musulmanes, sin los cuales jamás hubiera conocido a Aristóteles. El impetuoso
movimiento intelectual producido en el siglo XII y que se traduce en la fundación de
las Universidades en Europa, resulta de la ola de conocimientos aportados por los
maestros de alAndalus (la España islámica), especialmente por el zaragozano
Avempace 49 y el cordobés Averroes, los que con los libros del Estagirita, abrían a la
Edad Media cristiana el tesoro de la experiencia helénica. Para los estudiantes y
Agustín y otros Padres de la Iglesia, de Avicena, Averroes, y otros sabios musulmanes, de pensadores judíos
españoles como Maimónides e Ibn Gabirol: «la llamada "aristotelización" tomista debe mucho a los trabajos
anteriores de Averroes y de Maimónides» (José Ferrater Mora: Diccionario de Filosofía, 2 vols.,
Sudamericana, Buenos Aires, 1966, Vol. II, pág. 806).
46
Filósofo griego nacido en la isla de Samos en 341 a.C. y muerto en Atenas en 270 a.C. Epicuro fundó una
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escuela filosófica en Mitilene, en la isla de Lesbos, y dos o tres años después fue director de una escuela en
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Lampsaco (hoy, Lâpseki, Turquía). De regreso a Atenas en el 306, se instaló allí y enseñó sus doctrinas a un
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devoto grupo de seguidores. Como las enseñanzas tenían lugar en el patio de la casa de Epicuro, sus
seguidores fueron conocidos como los «filósofos del jardín». Las virtudes cardinales del sistema de ética
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epicúreo son la justicia, la honestidad y la prudencia, o el equilibrio entre el placer y el sufrimiento. Epicuro
prefería la amistad al amor, por ser aquella menos intranquilizadora que éste. Su hedonismo personal mostró
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que sólo a través del dominio de sí mismo, la moderación y el desapego puede uno alcanzar el tipo de
tranquilidad que constituye la felicidad verdadera. Según Epicuro, la verdadera religión descansa en una
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contemplación similar por parte de los humanos de las vidas ideales de las divinidades elevadas e invisibles.
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Epicuro fue un autor prolífico. Según lo que acerca de su vida refirió el historiador y biógrafo del siglo III
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d.C. Diógenes Laertes, a su muerte dejó 300 manuscritos, incluyendo 37 tratados sobre física y numerosas
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47
Abu-l-Ualid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Muhammad Ibn Rushd, latinizado Averroes, nació en Córdoba en
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520/1126 y murió en Marrakesh en 595/1198. La ciencia jurídica fue una tradición de los Banu Rushd. Su
abuelo Abu-l-Wahid Muhammad Ibn Rushd (1058-1126) al-Ÿidd ("el Abuelo"), a pesar de ser un paladín de
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la escuela maliki andalusí demostró tener un pensamiento liberal que lo llevó a estudiar con gran interés los
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razonamientos de los hanifíes, los discípulos de la escuela jurídica fundada por Abu Hanifah an-Nu’man Ibn
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Thabit (699-767). Su padre, Abu-l-Qasim Ahmad Ibn Rushd (1094-1168) que también ejerció el cadiazgo
mayor de Córdoba, lo inició en los elementos de la jurisprudencia islámica (fiqh). En su ciudad natal,
BI
Averroes, llamado al-Hafid ("el Nieto"), también estudió filosofía occidental, matemáticas y teología islámica
con el filósofo granadino Ibn Tufail (1110-1185), y medicina con el médico sevillano Ibn Zuhr (1095-1161),
el Avenzoar de los latinos. En 1168 fue presentado por su maestro Ibn Tufail a Yusuf I Abu Yaqub (g. 1163-
1184), el segundo califa almohade de Marruecos y de la España musulmana, soberano generoso y
comprensivo, quien le encomendó comentar las obras de Aristóteles. La recompensa fue el nombramiento de
Averroes como cadí (juez islámico) en Sevilla en 1169 y en Córdoba en 1171. En 1182 sustituyó a Ibn Tufail
como médico personal de Abu Yaqub Yusuf y continuó en el cargo bajo el sucesor de éste, Abu Yaqub al-
Mansur (g.1184-1199). Acusado de heterodoxia por los jurisperitos malikíes y los envidiosos de la corte
almohade fue confinado en Lucena (1194-1195), pequeña ciudad de predominante comunidad judía, a mitad
de camino de Córdoba y Málaga. Más tarde se fue a vivir a Marrakesh, donde permaneció hasta su muerte, sin
recobrar la confianza de las autoridades. Al ocurrir su deceso, sus enemigos ordenaron quemar sus libros y
escritos. Casi ciento cincuenta años antes, otro sabio cordobés, el poeta, genealogista y filósofo Ibn Hazm
(994-1064) que había sufrido similares ingratitudes y calamidades, compuso aquellos famosos versos, citados
por el escritor oriundo del arrabal cordobés de Saqunda y radicado en Sevilla, al-Saqundí, en su Risala fi fadl
al-Andalus, traducido por Emilio García Gómez con el título «Elogio del Islam español»:
«Dejaos de quemar pergaminos y vitelas, y hablad de cosas de ciencia para que vea la gente quién es
el que sabe...
55
profesores de París, Montpellier, Bolonia y Padua, nada en el universo igualaba la
gloria de Avicena y Averroes. En su duelo contra el Islam, no quedó a la Iglesia otro
recurso que el de sustraerle las armas; de allí el extraordinario impulso que se
apodera de las inteligencias, el remozamiento energético que admiramos en la
finalización de la Alta Edad Media, el deslumbrante resurgimiento del que atestiguan
los nombres de un Alejandro de Hales50, de un San Buenaventura 51, de un San
Alberto Magno52 y de un Santo Tomás. Por eso dice muy bien el escritor andaluz
Antonio Gala (Córdoba, 1936): «Andalucía recobra con los Arabes su perfume oriental,
lo que ella había tenido con Tartessos, con Fenicia y con Cartago. Es ese encuentro de
segundo grado lo que fructifica, redondea e insemina. Y lo que hace posible que en el
Aunque queméis el papel, no quemaréis lo que el papel encierra; antes bien, quedará guardado en mi
pecho».
La obra médica más importante de Averroes es la enciclopedia Kitab al-kulliyat fi al-tibb ("Libro
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sobre las generalidades de la Medicina"), que se compone de siete volúmenes que tratan respectivamente de
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anatomía, diagnosis, fisiología, higiene, materia médica, patología y terapéutica, y fue extensamente usada
IC
como libro de texto en las universidades cristianas, como Oxford, París, Lovaina, Montpellier y Roma. En
cuanto a sus trabajos filosóficos se destacan sus comentarios a Aristóteles reunidos en tres categorías: ÿawami
D
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(exposición compendiada de la falsafa, llamados por los latinos Comentarios pequeños), parecido a un
sumario comentado; Taljisat (paráfrasis o Comentarios medios), más desarrollado; y Tafsirat (exégesis o
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Comentarios grandes), donde el texto mismo de Aristóteles, separado del comentario, es seguido y
complementado por amplias exposiciones y largas disgresiones (véase por ejemplo la excelente obra de
D
una apología de la filosofía y una respuesta contundente a la tesis del ya nombrado pensador persa al-Gazalí,
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llamada en árabe Tahafut al-falasifa ("La destrucción de la filosofía" o también "La destrucción de los
filósofos"). Esta réplica monumental ha sido traducida y comentada por el especialista M. Simon van den
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Berg en la obra titulada Averroes Tahafut al-Tahafut (The Incoherence of the Incoherence), Unesco
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Collection of Great Works-Arabic Series, 2 vols., Oxford, 1954. En ella Averroes critica a los teólogos que
utilizan dogmáticamente unos argumentos que no son demostrativos: «Encontramos, por tanto, que los más
TE
expertos en el arte del debate teológico se refugian negando la conexión necesaria entre la condición y lo
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condicionado, entre una cosa y su definición, entre una cosa y su causa, y entre una cosa y su signo. Todo esto
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es sofistería y sinsentido» (pág. 333). En otra de sus obras el polígrafo cordobés revela un importante aspecto
de su pensamiento: «La religión particular de los filósofos consiste en profundizar el estudio de todo lo que
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existe; pues no se sabría rendir a Dios un culto más sublime que el del conocimiento de sus obras, que nos
conduce a conocerlo en toda su realidad. Esta es a sus ojos la más noble de las acciones, mientras que la
acción más vil consiste en tachar de error y de vana presunción a quien consagra este culto, más noble que
todos los demás» (Tafsir de la "Metafísica", libro A, capítulo I, parágrafo 2, citado en Salomon Munk (1803-
1867), Mélanges de philosophie juive et arabe, J. Vrin, París, 1955, pág. 456. Este islamólogo judeofrancés,
que califica a todo el pasaje de extraordinario, hace notar que lo traduce directamente del hebreo, pues fue
suprimido por la censura en la versión latina. Sobre el particular, es interesante citar la opinión del destacado
islamólogo francés contemporáneo Roger Arnaldez: «Atacar a la teología, no es atacar a la fe. (...) Averroes
no buscó liberar al espíritu humano del dominio de la fe; quiso liberar al pensamiento musulmán de un doble
dominio: del juridicismo estrecho nacido de un malikismo petrificado, y de una teología falsamente
especulativa cuya argumentación no es a sus ojos sino dialéctica o retórica, y que perjudica más que beneficia
a la fe verdadera (...) Si se considera la actitud que tomó Averroes a este respecto, se verá que se asemeja
curiosamente a la de Kant» (R. Arnaldez: "Averroès" en Multiple Averroès, París, 1978, pág. 14). Igualmente,
señala Etienne Gilson: «Averroes dice que, en el Profeta, fe y razón, religión y filosofía coinciden» (E.
Gilson: O. cit., pág. 355). Averroes mantenía que las verdades metafísicas pueden expresarse por dos
caminos: a través de la filosofía (según pensaba Aristóteles y los neoplatónicos de la antigüedad tardía) y a
través de la fe (como se refleja en la idea simplificada y alegórica de los libros de la revelación). Aunque en
realidad Averroes no propuso la existencia de dos tipos de verdades, filosófica y religiosa, sus ideas fueron
56
Extremo Occidente se dé, sin la menor sorpresa, la bienvenida a Hipócrates, a Euclides, a
Tolomeo, a Galeno; que Santo Tomás conozca a Aristóteles a través de Averroes; que se
abra aquí el camino de la ciencia europea, que brota del contacto permanente entre el
cristianismo y nuestro Islam; que tiemblen aquí las primeras luces del renacimiento cuyo
mediodía no se alcanza hasta dos siglos después».
El escolasticismo se popularizó, se estudiaron los escritos de la Iglesia, se analizaron
las doctrinas teológicas y las prácticas religiosas y se discutieron las cuestiones
problemáticas de la tradición cristiana. El siglo XII, por tanto, dio paso a una época
dorada de la filosofía en Occidente. El gran proyecto de la filosofía altomedieval
interpretadas por los pensadores cristianos, que las clasificaron de "teoría de la doble verdad". Nada puede
probar mejor la fuerza del movimiento averroísta en el París del siglo XIII que los repetidos ataques de
Etienne Tempier, obispo de la ciudad a orillas del Sena. En 1269 condenaba como herejías trece
proposiciones enseñadas por ciertos profesores de la Universidad. A pesar de todo, los averroístas continuaron
enseñando como si nada hubiese pasado, pues el 7 de marzo de 1277, el obispo publicó una lista de 219
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proposiciones, que condenó oficialmente como herejías. Esas, según el obispo, eran doctrinas enseñadas por
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Siger de Brabante, Boecio de Dacia, Roger Bacon, u otros profesores parisienses, incluso el mismo santo
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Tomás de Aquino. Las enseñanzas de Averroes no sólo influenciaron a los pensadores alto y bajomedievales
—incluso al judío barcelonés Hasday Crescas (1340-1412), sino también a humanistas renacentistas como
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Erasmo de Rotterdam (1466-1536) y a los filósofos racionalistas del siglo XVII, como el francés René
Descartes (1596-1650), el judío holandés Baruch Spinoza (1632-1677), el inglés John Locke (1632-1704) y el
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alemán Immanuel Kant (1724-1804).
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Filósofo y médico persa conocido en el mundo musulmán como Ibn Sina, nacido en Afshaná (hoy
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Uzbekistán) en 980 y fallecido en Hamadán, Irán, en 1037. Su obra El canon de la medicina fue durante
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mucho tiempo un libro de texto preeminente en el mundo islámico, desde Delhi a Granada. Igualmente, se
IG
consideró indispensable en las universidades europeas hasta el siglo XVII. Es significativo como clasificación
y sumario sistemático del conocimiento médico y farmacéutico de su época y anterior a su tiempo. La primera
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traducción al latín de esta obra se hizo en el siglo XII por Gerardo de Cremona (1114-1187), que encontró una
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copia árabe en Toledo; la versión hebrea apareció en 1491 y el texto en árabe en 1593, fue el segundo que se
imprimió en lengua árabe. Su obra filosófica más conocida es Kitab ash-Shifa (El libro de la curación), un
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compendio de tratados sobre lógica, metafísica, antropología aristotélica, ciencias naturales y otros temas. La
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filosofía de Avicena era una combinación de la filosofía de Aristóteles y del neoplatonismo con el
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pensamiento shií, originada en el pensamiento del sabio musulmán turquestano al-Farabí (870-950). El
filósofo francés y profesor de la Sorbona Etienne-Henry Gilson (1884-1978), en su obra erudita La Filosofía
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en la Edad Media. Desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV, (Gredos, Madrid, 1997, Capítulo
VI: La filosofía árabe, págs. 347-349), sintetiza brillantemente los principios filosóficos del sabio persa: «A
través de Avicena, efectivamente, la Edad Media trabó conocimiento con la doctrina —tan desconcertante
para los cristianos— de la unidad de la Inteligencia agente, fuente de los conocimientos intelectuales de todo
el género humano. En esto, sin embargo, Avicena no hizo más que tomar y desarrollar la doctrina de Alfarabí.
En efecto, admitía en cada alma un entendimiento que le es propio, la aptitud para recibir las formas
inteligibles despojadas de toda materia, es decir abstraídas... esta epistemología, característica de la doctrina
de Avicena se reduce a establecer un solo entendimiento agente para toda la especie humana, al mismo
tiempo que atribuye un entendimiento posible a cada individuo (...) En una metafísica cuyo objeto propio es la
esencia, estas distinciones abstractas equivalen a una división de los seres. Efectivamente, la experiencia
únicamente nos da a conocer objetos cuya existencia depende de causas determinadas. Cada uno de ellos es,
pues, simplemente "posible"; pero también sus causas no son más que "posibles"; la serie total de los seres es,
por tanto, un simple posible; y como lo posible es lo que requiere una causa para existir, si no hubiera más
que posibles no existiría nada. Consiguientemente, si existen los posibles es que existe también un necesario,
causa de la existencia de aquéllos. Ahora bien, existen posibles; luego existe un necesario, causa de la
existencia de los posibles, que es Dios. Así, pues, el Dios de Avicena es el Necesse esse por definición (...) Se
advierte que la división del ser en necesario y posible desempeña en Avicena, el mismo papel que la división
de lo Uno y lo múltiple en Plotino y en Erígena, de lo Inmutable y lo mudable en San Agustín, del Ipsum esse
56
pretendía alcanzar una síntesis de todo el conocimiento y experiencia tanto humano
como divino.
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consideraciones, armonizaba más con el cuadro religioso y aun místico en que se insertaban. Consecuencia de
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ello fue el advenimiento de Aristóteles a Europa por mano de al-Farabí y Avicena, a esa Europa
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esencialmente neoplatónica por la tradición agustiniana, la cual asimiló a aquel Estagirita dando lugar a lo que
Gilson ha dado en llamar «agustinismo avicenizante» o de otra manera dicho «aristotelismo avicenizado».
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Paradójicamente, Avicena se convirtió en el principal blanco de los ataques de los teólogos ortodoxos, como
al-Gazalí (1058-1111), latinizado Algacel, y sus conceptos fueron más asimilados y transformadores en los
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ámbitos cristianos que en los musulmanes. Soheil F. Afnán, profesor del Pembroke College de Cambridge
(Inglaterra) explicitaba allá por 1956 los aportes invalorables de Avicena: «Su nombre estuvo en los labios de
D
los médicos y los filósofos, desde las fronteras de China hasta los claustros del París medieval y de
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Oxford...La cuestión legítima de si hay algo de valor permanente en su pensamiento, es cosa que se deja a la
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decisión del lector. Sin embargo, se ha insistido en que los problemas a los cuales hizo frente son el resultado
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del conflicto de disciplinas de dos culturas que fueron puestas frente a frente . Tiene, por lo tanto un interés
que va más allá del histórico. Su actitud puede significar una orientación para aquellos que en el Oriente
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tropiezan con el reto que significa para ellos la civilización occidental y para los que en el Occidente tienen
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todavía que encontrar el fundamento de la armonía entre valores científicos y espirituales» (S.F. Afnán: El
pensamiento de Avicena, Fondo de Cultura Económica, México, 1978, págs. 7-8).
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Abu Bakr Muhammad Ibn Yayha Ibn al-Sa’ig Ibn Baÿÿá (¿1070?-1139), nacido en Zaragoza y muerto en
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Fez, fue el segundo gran filósofo andalusí. Astrónomo, botánico, médico, músico, y poeta, representa al sabio
completo. Vivió, además de en sus lugares de nacimiento y muerte, en Almería, Granada, Sevilla y Jaén. Fue
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autor de por lo menos cuarenta composiciones diversas. Varios de sus libros están dedicados al comentario de
los de Aristóteles y de al-Farabí. Entre sus obras destaca «El régimen del solitario» Tadbir al-mutawahhid
(Editorial Trotta, Madrid, 1997) —que es una evocación del Estado ideal y virtuoso de al-Farabí—, el
«Tratado de la unión del intelecto con el hombre» (Risalat ittisal al-’aql bi-l-insan) y la Carta de la despedida
(Risalat al-wada). Caracteriza su pensamiento su afán de racionalidad y de moralidad, en busca de la
perfección, presentada, tal perfección, como ideal supremo del sabio y meta trascendental de la existencia
humana (cfr. Georges Zainaty: La morale d’Avempace, J. Vrin, París, 1979).
50
El filósofo y teólogo inglés Alexander of Hales (1170 o 1185-1245), llamado el Doctor Irrefragabilis,
enseñó durante largo tiempo (desde 1221 hasta 1229 y desde 1231 probablemente hasta su muerte) en la
Universidad de París donde tuvo como discípulo a san Buenaventura. Archidiácono de Coventry (1235),
ingresó en la Orden de los franciscanos en 1236 y fundó en París la Schola Fratrum Minorum. Con el deseo
de utilizar todas las direcciones filosóficas posibles admitidas por la ortodoxia para la constitución de una
amplia y sólida teología, combinó el agustinismo-platónico con el neoplatonismo y tuvo a su disposición casi
todos los escritos de Aristóteles. Fue uno de los primeros escolásticos que aceptó la influencia de la filosofía
islámica. Su discípulo, Jean de la Rochelle (m. 1245), catedrático de la Universidad de París, profundizó los
estudios sobre el Islam y adoptó postulados averroístas. Otro sacerdote franciscano inglés, el sabio Roger
Bacon (1214-1294), llamado el Doctor Mirabilis, dice: «La filosofía fue renovada principalmente por
56
y la fundación de enclaves en tierra de sarracenos para aprender mejor el árabe, tiene un
resultado secundario, probablemente inesperado: la "islamización" de Europa. (Dicho
claro está en un sentido muy amplio). La intelligentsia cristiana europea —aún la más
militante— no se puede sustraer a la poderosa influencia intelectual del Islam, que
admira en más de un sentido» (Luce LópezBaralt: San Juan de la Cruz y el Islam,
Hiperión, Madrid, 1985, pág. 13).
Asín Palacios analiza la problemática de manera coincidente: «Los repetidos fracasos de
las cruzadas para aniquilar el Islam trajeron, como secuela y reacción, la idea de la
pacífica conquista de las almas por la predicación y la catequesis. Desde el siglo XIII, un
nuevo lazo de comunicación espiritual se anuda con el Islam, mediante las misiones de
los frailes franciscanos y dominicos que, para llevar a feliz término sus anhelos de
conversión, tienen que emprender el estudio profundo de la lengua y de la literatura
religiosa de sus catecúmenos y residir en medio de ellos durante largos años» (Miguel
Asín Palacios: La escatología musulmana en la Divina Comedia, seguida de
F
SE
Historia y crítica de una polémica, Hiperión, Madrid, 1984, pág. 362).
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La Vida De Dante
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Dante nació en Florencia, la ciudad del Lirio Rojo, en la segunda quincena del mes de
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mayo de 1265, en una humilde mansión de la plaza de San Martín obispo. Pertenecía
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a una familia de la pequeña nobleza, venida a menos, que pretendía descender de las
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legiones de César. Su madre murió cuando todavía era un niño, y su padre al cumplir
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los 18 años.
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Beatriz y Nezâm
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El único acontecimiento que se conoce de estos primeros años, es el encuentro del
pequeño Dante (sabido es que este prenombre es la abreviatura familiar de Durante)
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con la pequeña Bice o Beatriz. Eran, por aquel entonces, dos criaturas: él, próximo a
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los diez; ella, que acababa de cumplir los nueve. Fue en una fiesta infantil, en un
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primaveral atardecer, el primero de mayo del año 1274. Beatriz se convirtió en la
mujer a quien Dante amó platónicamente y que exaltó como símbolo supremo de la
gracia divina, primero en la Vida nueva y, más tarde, en su obra maestra, la Divina
Aristóteles en lengua griega, y después por Avicena en lengua árabe».
51
El filósofo italiano San Buenaventura (1221-1274), llamado el Doctor Seraficus, nació en la Toscana y su
nombre privado era Giovanni Fidanza. Entró en la Orden franciscana en 1243 y fue profesor de teología en la
Universidad de París entre 1253 y 1257. La doctrina bonaventuriana se caracteriza por la exaltación de la
filosofía de la iluminación y en la que destacan las influencias avicenistas sobre las agustinianas y platónicas.
52
El filósofo de Suabia Alberto de Bollstädt (1200-1280) o de Colonia (Köln), llamado el Grande o Magno y
el Doctor Universalis ingresó hacia 1223 en la Orden de los dominicos y profesó, entre otras ciudades, en
Friburgo, Colonia y París (en esta última fue magister de teología entre 1242-1248). La obra de san Alberto el
Magno es al mismo tiempo una aristotelización de la filosofía y de la teología, y una discriminación de
Aristóteles y de sus comentaristas musulmanes y judíos con vistas a rechazar aquello que sea incompatible
con la doctrina oficial de la Iglesia.
56
Comedia. Gracias a los datos que aporta Giovanni Bocaccio en su biografía del poeta
(Vida de Dante, Alianza, Madrid, 1993, pág. 45 y ss.) se ha podido identificar a
Beatriz con la dama florentina Bice (diminutivo hipocorístico de Beatrice), hija del
prominente burgués Folco Portinari (aunque jamás Dante la haya designado sino
ceremoniosamente y por todo su nombre: Beatrice), casada con el banquero Simone
dei Bardi, que murió el 8 de junio de 1290, con apenas 24 años. Dante sólo la vio en
tres ocasiones y nunca habló con ella, pero eso fue suficiente para que se convirtiera
en la musa inspiradora de casi toda su obra. A partir de esa muerte Dante
experimentará una profunda inclinación hacia la filosofía que él mismo explica así:
«Como suele acontecer al hombre que va buscando plata que, sin pretenderlo, topa
algunas veces con oro..., así yo, que buscaba mi consolación, encontré, además de
remedio a mis lágrimas, palabras de hombres, de ciencias y de libros, con cuya
consideración juzgaba en verdad que la filosofía, que era la dama de estos autores, de
estas ciencias y de estos libros, era una cosa muy grande. Y me la imaginaba como una
bella dama, y no podía imaginármela más que haciendo misericordia, por lo cual tan
F
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espontáneamente la contemplaba mi sentido de la verdad, que a duras penas podía
apartarlo de ella. Y con esta imaginación comencé a andar hacia allá donde ella aparecía
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en toda su verdad, es decir, en las escuelas de los religiosos y en las disputas de los
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consagrados a la filosofía; de tal manera, que en el breve espacio de unos treinta meses
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comencé a experimentar su dulzura tan intensamente que su amor ahuyentaba y
destruía en mí cualquier otro pensamiento» (El Convivio: II, XII).
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53
Abu Bakr Muhammad Ibn Alí Ibn Muhammad al-Hatimí al-Ta’i Ibn al-’Arabi , llamado Muhiiuddín
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("vivificador de la fe") y Sheij al-Akbar ("Gran Maestro"), conocido en Occidente por Abenarabí, nació en
Murcia, España musulmana, el 28 de julio de 1165. Sus estudios literarios juveniles transcurrieron en la
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campiña andalusí de Lora del Río y Carmona. Con el tiempo Ibn al-’Arabi se convertiría en un sabio piadoso,
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un asceta admirable y un poseedor de carismas innumerables. El ansia de saber condujo a Ibn al-’Arabi a una
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prolongada vida peregrina a lo largo y a lo ancho de al-Andalus primero, del Norte de Africa (Marruecos y
Tunicia) después, y a El Cairo y Jerusalem más tarde. Después de haber permanecido dos años de emociones
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espirituales en La Meca, plasmadas en su máxima obra, las «Revelaciones de La Meca» (Futuhat al-
Makkiyya) visitó Anatolia, a Jerusalem y a El Cairo, otra vez La Meca, Anatolia, Bagdad, y otra vez Anatolia.
Luego se trasladó a Damasco, donde en 1229 compuso «Los engarces de la sabiduría» (Fusús al-Híkam). Allí
residiría hasta su deceso, ocurrido el 10 de noviembre de 1240. Su tumba, en la que después fueron enterrados
dos de sus hijos, aun se conserva y recibe veneración. Sobre ella los musulmanes otomanos edificaron una
madrasa en la que se guarda su sepulcro. El pensamiento filosófico de Ibn al-Arabi es una suma de corrientes
neoplatónicas y las tradiciones místicas andalusíes. La labor literaria de Ibn al-’Arabi es vastísima,
comprendiendo más de 400 manuscritos. Su Risalat al-Quds ("Tratado de la santidad") es una de las grandes
colecciones hagiográficas del mundo musulmán que encierra un valor histórico excepcional para quien desee
conocer la vida espiritual del Islam en los tiempos del filósofo y místico murciano. Muchas de estas obras han
sido traducidas al castellano: La Alquimia de la Felicidad Perfecta, Editorial Sirio, Málaga, 1985; Viaje al
Señor del Poder, Introducción del Sheikh Muzaffer Ozak Al-Jerrahi, Editorial Sirio, Málaga, 1986; Los
engarces de la sabiduría, Hiperión, Madrid, 1994; El secreto de los nombres de Dios, Edit. Reg. de Murcia,
Murcia, 1996. Véase muy especialmente: Miguel Asín Palacios: Vida de santones andaluces. La Epístola de
la santidad de Ibn Arabi de Murcia, Hiperión, Madrid, 1981; Claude Addas, Michel Chodkiewicz, Miguel
Cruz Hernández, Roger Garaudy y otros: Los dos horizontes. Textos sobre Ibn al-’Arabi, Edit. Reg. de
Murcia, Murcia, 1992; Michel Chodkiewicz: Un océan sans rivage: Ibn ‘Arabi, le Livre et la Loi, Seuil, París,
1992.
56
inocente, llamado en árabe alhubb al’udhrí54. Este gnóstico musulmán al llegar a la
santa ciudad de La Meca en 598/1202 quedó prendado de la belleza y sabiduría de
una joven persa llamada Nezâm ("Armonía"), la hija del imam Abu Suÿa Zahir Ibn
Rostem alIsfahaní, que le producirá la inspiración para escribir años más tarde el
poema místico Tarÿumán alashwâq ("El Intérprete de los deseos ardientes"). Esta
obra fue traducida por Reynold Alleyne Nicholson (18681945), especialista británico
en lengua persa, profesor de Cambridge en literatura y mística islámicas (cfr. The
Tarjumân alashwaq, a collection of mystical odes by Muhyi’ddîn ibn al’Arabî,
editado y traducido por Reynold A. Nicholson, Oriental Translation Fund, New Series,
Londres, 1911; véase también Kitab Dhakhâ’ir ala’lâq, Sharh tarjumân alashwâq,
Beirut, 1312 H.).
El islamólogo francés especializado en sufismo y shiísmo Henry Corbin (19031978),
dice sobre el particular: «Ibn Arabi se vio obligado a escribir él mismo un largo
comentario a su Diwan para mostrar que la imaginería amorosa de sus poemas, así
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como la figura femenina central, son en realidad alusiones, según sus palabras, "a los
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misterios espirituales, a las iluminaciones divinas, a las intuiciones transcendentes de la
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teosofía mística, a los despertares provocados en los corazones por las admoniciones
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religiosas". Para comprenderle y no poner en duda su buena fe con una hipercrítica vana,
hay que retomar aquí lo que podemos llamar el modo de percepción teofánica, tan
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característico de la conciencia de los "Fieles de amor" que, sin esta clave, sería inútil
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preguntamos, como se ha hecho a propósito de la figura de Beatriz en la obra de Dante,
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si era una figura concreta, real, o se trataba de una alegoría... Cuando Ibn Arabi explica
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una referencia a la joven Nezâm, según sus propios términos, como alusión a "una
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Sabiduría (Sophia) sublime y divina, esencial y sacrosanta, que se manifestó visiblemente
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al autor de los poemas, con tal dulzura que engendró en él júbilo y alegría, emoción y
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Arabi, Ediciones Destino, Barcelona, 1993, pág. 166).
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plenamente: "Consuelo", "Fuente de sol", éstos son algunos de los nombres que el Sheij al
Akbar da a la que fue para él lo que Beatriz para Dante» (Claude Addas: Ibn Arabí o la
búsqueda del azufre rojo, Editora Regional de Murcia, Murcia, 1996, pág. 215).
El filósofo francés que aceptó el Islam y se convirtió en pocos años en uno de los más
afamados y prestigiosos islamólogos de Europa, Roger Garaudy (Marsella 1913),
opina también sobre el particular: «Así se hace la historia santa de la humanidad. No la
historia de las guerras y de las dominaciones tan complacientemente detallada en los
manuales escolares de lo que se llama "la historia", sino la historia construida
indivisiblemente por Dios y por los hombres que Él habita, a golpe de creaciones artísticas
54
El amor espiritual es llamado en árabe al-hubb al-’udhrí por Shamil al-’Udhrí (m. 701), poeta beduino de la
tribu ‘Udhrah, «a quien se atribuye corrientemente el origen de la tradición del amor espiritual» (Anwar. G.
Chejne: Historia de España musulmana, Cátedra, Madrid, 1993, Cap. XIV: El amor ‘udhrí, págs. 221-234).
56
que evocan el sentido último de la vida, a golpe de sacrificios que testimonian que el
juicio no se limita a los éxitos o a los fracasos de una vida individual, a golpe de amores
que transfiguran a la vez al amado esforzándose por aproximarse a la alta imagen que se
hace de él quien lo ama, y al amante descubriendo en el amado una "teofanía", como
escribe Ibn ’Arabi. Así lo encarna Dante en la imagen de Beatriz que le conduce y
sublima.» (Varios autores: Los dos horizontes. Textos sobre Ibn al’Arabi. Trabajos
presentados al Primer Congreso Internacional sobre Ibn al’Arabi. Murcia, 1214 de
noviembre de 1990. Roger Garaudy: "La teoría del conocimiento", Colección Ibn
Al’Arabi, Editora Regional de Murcia, Murcia, 1996, pág. 193).
Il dolce stil nuovo
Se sabe muy poco acerca de la educación de Dante, aunque sus libros reflejan una
vasta erudición que comprendía casi todo el conocimiento de su época. En sus
comienzos ejercieron una gran influencia sobre él las obras del filósofo y retórico
F
Brunetto Latini, que aparece, por otro lado, como personaje destacado en la Divina
SE
Comedia.
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Hacia 1285, Dante se encontraba en Bolonia, y se supone que estudió en la
universidad de esa ciudad.
EL
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La primera obra literaria de Dante fue la Vita Nuova ("Vida Nueva"), escrita muy poco
L
A
después de la muerte de Beatriz, entre 1292 y 1294. Se compone de poemas en forma
IT
de soneto y de canzone, entre los que se intercalan textos en prosa. En ella se narran
IG
acontecimientos relacionados con el amor del poeta hacia Beatriz, como el sueño en el
D
que Dante la ve muerta, la muerte real de la joven y la decisión del enamorado que,
CA
desesperado, decide escribir una obra literaria dedicada a ella, como postrer
TE
monumento a su amor.
IO
impregnado de influencias árabes y orientales. Así, echa mano del calendario árabe y
BI
del sirio para establecer que la fecha y la hora de la muerte de su amada Beatriz
corresponden al número nueve, que es el de la perfección (Dante: La vida nueva,
Alianza, Madrid, 1997, XXIX, 1, págs. 7071).
Se verificaba por aquel entonces en Italia un notable proceso; era la aurora de un
verdadero renacimiento literario, cuyos primeros impulsos fueron dados en Francia y
Alemania. Desde hacía dos siglos existía una literatura francesa, hasta podría decirse
una doble literatura: la del norte, en lengua de oil, y la del mediodía, en lengua de oc.
Esta última era calificada de escuela de los trovadores.
Penetrados por influencias islámicas que se remontan al siglo VIII cuando los
musulmanes dominaron brevemente en el Languedoc ("la lengua de oc"), el país que
sería luego baluarte de los cátaros, y la imitación de los poetas andalusíes que les
aportaron formas poéticas nuevas como el zéjel y la moaxaja, relacionados con la
56
música, estos trovadores, como Guillermo IX (10711126) y Marcabrun (floreció hacia
11301148), que frecuentaban las pequeñas cortes ya harto refinadas de Provenza y
Toulouse y los castillos de Aquitania, habían creado un lirismo extremadamente
novedoso, las formas de una poesía popular y experta (véase A.R. Nykl: Hispano
Arabic Poetry and its Relations with the Old Provençal Troubadours, J.A. Frust,
Baltimore, 1946). Fue esta misma poesía provenzal la que pasó primeramente a
Sicilia, a la corte de Federico II 55, y luego a otras pequeñas cortes gibelinas, yendo
finalmente a aclimatarse a fines del siglo XIII a algunos centros intelectuales de la
Toscana y la Emilia. «Dante dice además, en su escrito De vulgari eloquentia, que todo lo
que los italianos produjeron en verso se llamaba siciliano, y Petrarca asegura que la rima
había pasado de Sicilia a Italia» (Adolf Friedrich von Schack: Poesía y arte de los
árabes en España y Sicilia, Hiperión, Madrid, 1988, pág. 306).
Parafraseando la famosa obra Storia dei Musulmani di Sicilia (3 vols., Le Monnier,
Florencia, 18541868, III, págs. 589711 y 888890; reimpresa en Catania, 1933
F
1939) del islamólogo italiano Michele Amari (18061882), dice Asín Palacios: «En la
SE
misma corte de Federico nació la escuela poética siciliana, la primera que usó la lengua
IC
vulgar y de la que arranca la tradición de la literatura nacional de Italia. Imitando la
D
CI
moda de las brillantes cortes musulmanas de España, Federico se rodeó de poetas árabes,
espléndidamente pagados, que en su propia lengua arábiga cantasen el elogio de las
EL
empresas imperiales y deleitasen su espíritu con amorosas rimas. Y es un hecho bien
D
sugestivo para la historia del contagio de ambas literaturas, cristiana e islámica, la
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convivencia de estos trovadores árabes con otros trovadores cristianos que en la lengua
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vulgar naciente trataban de emular la habilidad artística de sus colegas infieles. Aunque
IG
sólo se admita el contagio externo de la moda, sin influjo interno alguno en la técnica de
D
los trovadores sicilianos, bastaría este hecho como síntoma de otras imitaciones
CA
literarias. Si bien este foco de cultura islámica, fomentado por la dinastía normanda de
TE
Sicilia, debió influir notablemente en la difusión de la letras y ciencia árabes por la
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Europa cristiana, su importancia palidece y hasta se eclipsa, al compararlo con el más
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brillante foco encendido en la España medieval, la cual nos ofrece los mismos fenómenos
que Sicilia, pero con intensidad y extensión incomparables, y desde una fecha mucho más
BI
remota, a partir del siglo VIII de nuestra era, o sea, tres siglos antes de que los
normandos arribasen a Sicilia. El país de Europa cristiana que primero entró en contacto
íntimo con el Islam, fue nuestra patria. Durante un larguísimo lapso de cinco siglos,
desde el VIII al XIII en que el poeta florentino viene al mundo, las dos poblaciones
55
El emperador germano Federico II Hohenstaufen (1194-1250), rey de Sicilia y Nápoles, hablaba seis
idiomas, entre ellos el árabe, y había estudiado el Corán así como numerosos tratados de sabios musulmanes.
Por sus simpatías hacia el Islam fue excomulgado tres veces (1227, 1239 y 1245) por los pontífices Gregorio
IX e Inocencio IV bajo los cargos de «islamófilo y arabizante». En 1224 fundó la Universidad de Nápoles.
Hizo traducir a Averroes y consultaba a los sabios musulmanes de Oriente y Occidente. Era tan aficionado a
las matemáticas que persuadió al sultán de Egipto Malik al-Kamil (m. 1238), sobrino de Saladino, con quien
mantuvo una particular amistad a partir de la VI cruzada, a que le enviara al famoso matemático al-Hanifí.
Diversos historiadores afirman que Federico era un criptomusulmán (cfr. E. Kantorowicz: Frederick the
Second, Londres, 1931; Pierre Bouille: La extraña cruzada de Federico II, Plaza y Janés, Barcelona, 1970;
David Abulafia: Frederick II. A medieval emperor, Pimlico, Londres, 1992).
56
cristiana y mahometana habían convivido en la guerra y en la paz» (M. Asín Palacios:
O. cit., págs. 364365).
Un contemporáneo de Federico y uno de los más célebres Minnesänger (trovadores)
alemanes, Wolfram von Eschenbach (11651220), en su historia épica Willehalm,
describe a los musulmanes que luchan contra los cruzados con admiración y
reconocimiento (cfr. Pierre Ponsoye: El Islam y el Grial. Estudio sobre el
esoterismo del Parzival de Wolfram von Eschenbach, Olañeta, Palma de Mallorca,
1998).
La Vita nuova muestra claramente la influencia de la poesía amorosa trovadoresca de
la Provenza francesa, en la que el amor se torna conocimiento filosófico, y supone el
punto culminante del dolce stil nuovo ("dulce estilo nuevo"), nombre que recibe la
poesía escrita en la lengua vernácula en la Florencia de aquellos años.
F
La Vita Nuova consigue superar la tradición provenzal, pues describe los sentimientos
SE
amorosos del poeta de una manera sublime e idealista, pero insinúa una elevada
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espiritualidad muy próxima al misticismo. Vale la pena mencionar que el teólogo
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hispanomusulmán Ibn Hazm (9941064) llame a la alegría de la unión amorosa «la
vida renovada» (alhaiá almuÿaddada) en su exquisita obra «El collar de la paloma»
EL
(Tawq alhamama) —véase Ibn Hazm de Córdoba: El collar de la paloma, Alianza,
D
Madrid, 1979, pág. 181—, y que a propósito de tal definición, el islamólogo italiano
L
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Francesco Gabrieli (Roma, 1904) comenta que, «por sus vicisitudes exteriores, y sobre
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todo, por el íntimo natural austero, la pasión política y religiosa y el culto del ideal, la
IG
vida de Ibn Hazm recuerda, guardadas debidamente las proporciones, la del Dante».
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Política, exilio y poesía
TE
Durante las luchas políticas que tuvieron lugar en la Italia de esos años, se unió en un
IO
principio al bando de los güelfos, opuestos a los gibelinos56. El propio Dante tomó
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parte en el asedio de Poggio S. Cecilia (12861287) y se integró con sus veinticuatro
BI
años a la caballería comunal florentina que combatió en la batalla de Campaldino
(1289), dirigida por los nobles franceses Amerigo da Narbona (Gérard de Narbonne)
y Guillaume de Durfort (muerto en la porfía), en la que los güelfos de Florencia
derrotaron a los gibelinos de Pisa y Arezzo. Ese año también participó de la
expedición que arrebató a los pisanos el castillo de Caprona. Por esa misma época se
casó con Gemma di Manetto Donati, miembro de una destacada familia güelfa
56
Nombre de dos facciones políticas del norte y centro de Italia desde el siglo XII hasta el siglo XV. Estas
facciones surgieron a principios del siglo XII en Germania y apoyaron a los pretendientes al trono del Sacro
Imperio Romano Germánico correspondientes a dos casas nobiliarias: los Welf, duques de Sajonia y Baviera,
y los Hohenstaufen, duques de Suabia.A su vez, los italianos dividieron sus simpatías entre ambos partidos
rivales; en sus bocas los nombres Welf y Weiblingen (un castillo perteneciente a los Hohenstaufen) tomaron
la forma de «Güelfo y Gibelino». Los güelfos se convirtieron en el partido contrario a la autoridad de los
emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico en Italia y apoyaba el poder del Papado, mientras que los
gibelinos defendían la autoridad imperial.
56
florentina, que le dio tres hijos. Durante los cinco años siguientes, Dante participó
activamente en la vida política de Florencia.
En 1300 fue elegido como uno de los seis magistrados de Florencia, cargo en el que se
mantuvo sólo dos meses. Durante su mandato se profundizó la rivalidad existente
entre las dos facciones del partido güelfo florentino, los llamados negros, que veían en
el Papa Bonifacio VIII un interesante aliado contra el poder imperial, y los blancos,
que pretendían mantenerse independientes tanto del Papa como del emperador del
Sacro Imperio. Con el fin de mantener la paz en la vida política florentina, se decidió
desterrar a los jefes de las dos facciones enfrentadas. En 1302, mientras Dante, que
era blanco, estaba ausente en misión diplomática ante el Papa, los cabecillas de los
güelfos negros regresaron a Florencia y se apoderaron del gobierno de la ciudad.
Dante fue exiliado de por vida, y sus últimos veinte años —de fama creciente— estuvo
condenado, como él dijo, «al exilio y la pobreza».
F
El exilio de Dante transcurrirá por diversas ciudades del centro y norte de Italia:
SE
Roma, Siena, Verona, Forli, Bolonia, Luni (cerca de Carrara, en el límite de Toscana y
IC
Liguria)... Durante este período de tiempo, sus ideas políticas sufrieron una
D
CI
considerable mutación, y abrazó la causa de los gibelinos, que deseaban la unificación
de Europa bajo el gobierno de un emperador culto y competente. La rivalidad entre
EL
güelfos y gibelinos se hizo parte inseparable de la vida de Florencia. Dante no se
D
condenado en el octavo círculo del Infierno (Infierno XIX, 53). El cronista florentino
IG
Giovanni Villani (12751348) habla de un inverosímil viaje de Dante a París entre
D
1307 y 1309, del cual se hicieron eco tantos biógrafos y dantófilos, pues no existe
CA
ninguna prueba fehaciente de que Dante haya salido alguna vez de Italia.
TE
Las analogías en «El convivio»
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Durante los primeros años del largo exilio, el poeta escribió dos importantes trabajos
BI
en latín. El primero de ellos, De vulgari eloquentia ("Sobre la lengua vulgar"), escrito
en 13041305, es una encendida defensa del italiano como lengua apropiada para la
literatura.
El segundo de ellos, el inconcluso Il convivio ("El convite", también traducido como "El
convivio" o "El banquete"), redactado entre 13041307, lo concibió como una
recopilación, en 15 volúmenes, del conocimiento de la época. El primero de los
tratados sería un volumen introductorio, mientras que los 14 restantes incluirían otros
tantos comentarios en forma de poema. Sólo logró completar los 4 primeros tratados.
En esta obra Dante cita con profusión la obra de sabios islámicos demostrando un
conocimiento profundo del pensamiento musulmán en las más variadas disciplinas.
Veamos algunos ejemplos:
56
1. «Y la tercera semejanza es el inducir la perfección en las cosas dispuestas. En la cual
inducción, en cuanto a la primera perfección, esto es, de la generación substancial, están
concordes todos los filósofos en que su causa son los cielos; aunque lo expliquen
diversamente; quiénes por los motores, como Platón, Avicena y Algacel...» (Dante: El
convivio, Austral, Buenos Aires, 1948, II, XIII, pág. 67).
2. «El cielo de Mercurio se puede comparar a la Dialéctica por dos propiedades: porque
Mercurio es la estrella más pequeña del cielo; porque la cantidad de su diámetro no es
más que de doscientas treinta y dos millas, según expone Alfragano57, que dice ser aquél
una vigésimoctava parte del diámetro de la Tierra, el cual tiene seis mil quinientas
millas» (O. cit., II, XIII, pág. 68).
3. «La otra es que Marte seca y enciende las cosas; porque su color es semejante al del
fuego, y por eso aparece de color de fuego, cuándo más, cuándo menos, según el espesor y
raridad de los vapores que le siguen, los cuales se encienden muchas veces por sí mismos,
F
SE
tal como está determinado en el libro primero de la Meteora. Y por eso dice Albumassar 58
que el encendimiento de tales vapores significa muertes de reyes y transmutación de
IC
reinos; porque son efectos del señorío de Marte» (O. cit., II, XIII, pág. 70).
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4. «Y puede ser que el cielo en esa parte sea más espeso, y de ahí que retenga y muestre
EL
luz tal; y esta opinión parecen tener, con Aristóteles, Avicena y Tolomeo» (O. cit., II, XIV,
D
pág. 73).
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57
Al-Ferganí (813-882), el Alfragano de los europeos, fue un astrónomo musulmán persa de la Fergana
(Transoxiana) que residió en el Bagdad de los abbasíes. Su fama se debe a su obra maestra que lleva por título
Kitab fi harakat al-samauiya ua-l-ÿauwami ‘ilm al-nuÿun ("Libro de los movimientos celestes y ciencia
completa de las estrellas"). En ella describe sus mediciones sobre el grado y la esfera terrestres con estos
resultados: 1 grado = 56 millas y 2/3 (la milla árabe tenía 1.973,50 metros); por tanto, la circunferencia del
ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador
(prácticamente la medida real). Estos cálculos fueron utilizados 500 años después por el navegante Cristóbal
Colón (1451-1506), para su primer viaje hacia el oeste (1492), y por el astrónomo polaco Nicolaus Copérnico
(1473-1543).
58
El astrónomo musulmán persa Abu Ma’shar al-Baljí, conocido en Occidente como Abulmassar (787-886).
Su obra Kitab al-muÿal al-kabir ila ‘ilm ahkam al-nuÿun ("Libro de los movimientos celestes y ciencia
completa de las estrellas"), fue muy utilizada en el medievo latino. También fue autor del Kitab al-qiranat
("Libro de las conjunciones"), y del Kitab Ahkam tahawil sini l-mawalid ("Libro de las revoluciones de los
años del mundo"). Destacado astrólogo, inspiró al sabio, médico, filósofo y naturalista italiano Giovanni
Batista della Porta (1535-1615) para la puesta en escena de la pieza teatral «El astrólogo» (1606), que a su vez
fue imitada por el poeta y actor teatral inglés John Dryden (1631-1700).
57
5. «Por lo cual, dado que todo efecto conserve algo de la naturaleza de su causa, como
dice Alpetragio 59 cuando afirma que lo es causado por cuerpo circular tiene en algún
modo esencia circular...» (O. cit., III, II, pág. 84).
6. «Mas como quiera que aquí se ha hecho mención de luz y de esplendor, para su
perfecta comprensión mostraré la diferencia entre estos vocablos, según el sentir de
Avicena...» (O. cit., III, XIV, pág. 119).
7. «¿Y quién no está aun agradecido de corazón a Alejandro por sus reales beneficios?
¿Quién no tiene al buen rey de Castilla o a Saladino60, o al buen marqués de Monferrato,
o al buen conde de Tolosa, o a Beltrán del Bornio, o a Galeazo de Montefeltro, cuando se
hace mención de sus misiones? Ciertamente que sólo los que harían de grado; más aún,
aquellos que antes morirán que hacer tal, tiénenle amor en su memoria» (O. cit., IV, XI,
págs. 162163).
F
8. «En verdad, diferentes filósofos hablaron diversamente de la diferencia de nuestras
SE
almas; que Avicena y Algacel opinaban que en sí mismas y por su principio eran nobles y
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viles» (O. cit., IV, XXI, pág. 186).
D
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Esta es una característica remarcada por Asín Palacios: «En sus obras menores en
EL
prosa, especialmente en su Convito, Dante cita a menudo los nombres de los astrónomos
D
árabes Albumassar, Alferganí y Alpetragio, y de los grandes filósofos Alfarabí, Avicena,
L
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Algazel y Averroes. No deja tampoco de aprovechar las teorías de estos sabios, citando y
IT
pasajes del Convito y de la Vita Nuova, inspirados en la astronomía de Alferganí o en las
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ideas de Averroes —véase Paraíso IX, 118—» (M. Asín Palacios: O. cit., págs. 395396).
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Una esperanza frustrada
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Los anhelos políticos de Dante se vieron espoleados con la llegada a Italia de Enrique
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Romano Germánico. Las intenciones del emperador consistían en unificar Italia bajo
su soberanía, tanto en la teoría como en la práctica. En medio de una febril actividad
política, Dante escribió a numerosos príncipes y líderes políticos italianos, urgiéndoles
a dar la bienvenida al emperador y apoyarlo en sus deseos de unificar la Península
59
Abu Ishaq Nuruddín al-Bitruÿí al-Isbilí (m. 1204), conocido por los latinos como Alpetragio, natural de
Pedroche (cerca de Córdoba), vivía en Sevilla en la segunda mitad del siglo XII. Fue discípulo del médico,
filósofo y místico granadino Ibn Tufail (1110-1185) y amigo de Averroes, y autor de un tratado cosmogónico
llamado Kitab fi-l-hai’a, que escribió probablemente, entre 1185 y 1192, y que fue traducido por Miguel
Escoto (cfr. B.R. Goldstein: Al-Bitruji: On the Principles of Astronomy, 2 vols., Londres, 1971).
60
Salahuddín Yusuf Ibn Ayub (1137-1193), llamado Saladino por los europeos, sultán de Egipto y Siria,
venció a los cruzados en los Cuernos de Hattin (Lago Tiberíades) y reconquistó Jerusalem en 1187.
61
Paget Toynbee (1855-1932), filólogo y escritor inglés. Publicó A life of Dante (1900) y fue el editor del
Oxford Dante (1924). Fue hermano del sociólogo y economista Arnold Toynbee (1852-1883) y tío del célebre
historiador Arnold Joseph Toynbee (1889-1975).
57
Itálica, pues era la mejor manera de terminar con las luchas entre las distintas
ciudades y en el interior de éstas. En 1313, la muerte de Enrique VII en Siena, acabó
con las esperanzas políticas del poeta. El tratado De Monarchia (1310), escrito en latín
probablemente durante la estancia del emperador en Italia, constituye una exposición
detallada de las ideas políticas de Dante, entre las cuales se encuentran la necesidad
de la existencia de un Sacro Imperio Romano y la separación total de Iglesia y Estado,
esta última idea recién sería llevada a la práctica por la Revolución Francesa 480 años
después.
En 1316 la ciudad de Florencia ofreció a Dante la posibilidad de regresar, pero las
condiciones que puso para ello eran las mismas que solían imponerse a los criminales
perdonados por las autoridades de la ciudad. El poeta rechazó el ofrecimiento,
argumentando que jamás regresaría a menos que le fuesen restituidos por completo
su dignidad y su honor. Siguió, por tanto, viviendo en el exilio, y desde 1318 residió
en Ravena, donde murió el 14 de septiembre de 1321, luego de regresar de un viaje a
F
Venecia, donde parece que contrajo unas fiebres. Fue enterrado en esta ciudad, pero
SE
sus restos han sido reclamados durante siglos por los florentinos, que le tenían
IC
reservada una sepultura en la iglesia de la Santa Croce. La respuesta de los raveneses
D
CI
no ha variado hasta el presente: «No supisteis tenerlo vivo, no os lo devolveremos
muerto».
EL
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Entre las obras menores que escribió durante este período de tiempo se encuentran
L
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Quaestio de acqua et terra ("Disputa sobre el agua y la tierra") y dos églogas también
IT
en latín. La primera de las tres obras es un tratado cosmológico que trata sobre un
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argumento recurrente para los pensadores de ese momento: si la superficie de las
D
desarrollado por el poeta clásico romano Virgilio, a quien Dante consideraba su más
TE
importante y duradera inspiración.
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La Divina Comedia
BL
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El poema fue redactado entre 1306 y 1320 y consta de 14.334 versos distribuidos en
cien cantos. Esos cantos se agrupan en tres partes de 33 cada una, correspondiente a
las tres regiones de ultratumba imaginadas por el poeta: Infierno, Purgatorio y
Paraíso, y completa el número total otro canto que sirve de introducción, a la vez, al
poema y a su primera parte62. En cada uno de estos tres mundos Dante se va
encontrando con personajes mitológicos, históricos o contemporáneos suyos, que
62
Este número y su división tiene su equivalente en el Islam en la tradición que dice: «Dios tiene 99 nombres,
cien menos uno, quien los conoce penetra al Paraíso». Es en virtud de ello que los rosarios musulmanes tienen
99 cuentas, que se completan con el «alif» donde termina el hilo que las une. El «dhikr de Fátima», que todos
los musulmanes hacen al finalizar sus oraciones obligatorias, consiste en repetir 33 veces Allahu Akbar (Dios
es el Más Grande), 33 veces Alhamdu Lillah (Alabado sea Dios), y 33 veces Subhana Allah (Glorificado sea
Dios), completando los cien sea repitiendo una vez más la primera o la última jaculatoria, o pronunciando la
profesión de fe. Cfr. Ibn Al-‘Arabi: El Secreto de los Nombres de Dios, introducción, traducción y notas de
Pablo Beneito, Editora Regional de Murcia, Murcia, 1996.
57
simbolizan cada uno un defecto o virtud, ya sea en el terreno de la política como en el
de la religión. Así, los castigos o las recompensas que reciben por sus obras ilustran un
esquema universal de valores morales. Durante su periplo a través del Infierno y el
Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio63, alabado por Dante como el representante
máximo de la razón. Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación
como el instrumento de la voluntad divina, le guía a través del Paraíso. La razón de
este relevo es obvia: el pagano Virgilio no podía entrar en el Paraíso, en cambio
Beatriz es el símbolo de la perfección y la pureza del amor ‘udhrí.
La intención de Dante al componer este poema era llegar al mayor número posible de
lectores, y por ello lo escribió en italiano, y no en latín. Lo tituló Commedia porque
tiene un final feliz, en el Paraíso, al que llega al final de su viaje. El poeta puede por
fin contemplar a Dios y siente cómo su propia voluntad se funde con la divina. Este
adjetivo, divina, no apareció en el título hasta la edición de 1555, llevada a cabo por
Ludovico Dolce64.
F
SE
El historiador canadiense contemporáneo John Ralston Saul define con precisión en
IC
su bestseller la revolución lingüística llevada a cabo por los italianos Dante y Petrarca y
D
CI
el inglés Chaucer y las consecuencias que provocó en las letras occidentales: «La
ruptura del viejo orden lingüístico de Occidente comenzó en el siglo catorce, cuando
EL
hombres como Dante, Petrarca y Chaucer crearon notables reflejos sociales imbuyendo su
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vulgares en oposición con el latín del orden religioso e intelectual oficial. Esta ruptura se
IT
convirtió en lo que podría describirse como una epidemia, en los siglos dieciséis y
IG
Shakespeare y Molière, luego la insidiosa informalidad del ensayo, que con Michel de
CA
Montaigne y Abraham Cowley comenzó a cuestionar las verdades teóricas de su época...
TE
para la imaginación de cada hombre, modelos que reflejaban la realidad y no el retrato
oficial del orden mundial» (John Ralston Saul: Los bastardos de Voltaire. La
BI
63
El poeta romano Publio Virgilio Marón nació en el año 70 a.C., en Andes, un pueblecito cercano a Mantua
y murió en el año 19 a.C. en el puerto de Brindisi. Es el autor de la Eneida (30-19), obra maestra de la
literatura latina. Su gran primera obra la completó en el año 37 a.C., las diez Églogas o Bucólicas, poemas
pastoriles inspirados en los Idilios de Teócrito (310-250), un poeta greco-siciliano que vivió la mayor parte de
su vida en la isla de Cos y en la Alejandría ptolemaica. Dante elige a Virgilio no sólo por ser el poeta latino
por antonomasia sino por interpretar de alguna manera que éste anunció la llegada del Mesías. La famosa
égloga IV celebra el nacimiento de un niño que traería una nueva Edad de Oro, de paz y prosperidad para el
mundo. A finales del Imperio Romano, y durante la época medieval, este poema se consideró como una
profecía de la llegada de Jesús el Cristo.
64
Ludovico Dolce (1508-1568) fue un erudito y escritor italiano que tradujo a Horacio, Homero y Virgilio.
Redactó las Osservazioni nella volga lingua (1550), las comedias Il Ragazzo (1541), Il Capitano (1545), Il
Marito (1560), y la tragedia Marianna (1565).
57
La Divina Comedia, que constituye un catálogo del pensamiento político, científico y
filosófico de su tiempo, puede interpretarse en cuatro niveles: el literal, el alegórico, el
moral y el místico. Ciertamente, es una impresionante dramatización de toda la
teología cristiana medieval, pero, más allá de esta consideración, el viaje imaginario
de Dante puede ser interpretado como una alegoría de la purificación del alma, y de
la consecución de la paz bajo la guía de la razón y el amor.
En este contexto, sería oportuno citar una reflexión del erudito alemán Kurt
Leonhardt: «Indudablemente, puede haber personas que experimenten la experiencia
mística, sin sentir necesidad alguna de manifestar a los demás esa vivencia. Por tanto,
continuarán siendo desconocidas, ya que lo que sabemos procede de aquellas que la han
vivido y han creído además recibir el encargo de desvelarla. Así, por ejemplo, Mahoma,
San Pablo, Plotino y todos los demás místicos, entre los que cabe contar también a
aquellos que se convirtieron en poetas por necesidades expresivas (San Juan de la Cruz,
Angelus Silesius, San Francisco de Asís). Pero también puede darse el caso de poetas que,
F
gracias a un conocimiento perfecto de las obras y de la predicación de los "verdaderos"
SE
místicos y a su talento y buen hacer personal, sean capaces de imitar, simular y falsificar
IC
experiencias místicas; más aun, de provocárselas a sí mismos y a sus lectores, de crearlas
D
CI
y elaborarlas mediante la fuerza sugestiva del lenguaje. ¿A qué grupo pertenece Dante?
¿En qué grado y medida? ¿Era Dante un místico que utilizaba la poesía como vehículo de
EL
comunicación, o un poeta que se servía del poder del lenguaje para provocar la visión
D
mística? He aquí algunas de las preguntas que siguen, por ahora, sin respuesta» (Kurt
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A
Leonhardt: Dante, Salvat, Barcelona, 1984, pág. 201).
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Trascendencia e inspiración
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siguieron a la invención de la imprenta, aparecieron más de 400 ediciones distintas
sólo en Italia. La epopeya dantesca ha inspirado, además, a numerosos artistas, hasta
BL
el punto de que han aparecido ediciones ilustradas por los maestros italianos del
BI
La Divina Comedia ha sido traducida a más de 25 idiomas. La primera edición en
castellano fue la de Enrique de Villena, a principios del siglo XV, hoy perdida. De
1429 data una versión catalana, en verso, de Andreu Febrer, y en 1555 Pedro
Fernández de Villegas tradujo el Infierno. Entre las versiones modernas al castellano
destacan la de Cayetano Rosell (18711872); en verso, y muy difundida en su época
fue la del conde de Cheste (1879) y la del presidente argentino Bartolomé Mitre
(1894), también en verso.
57
El Islam en la Europa prerrenacentista
El riquísimo florecimiento científico y de pensamiento hispanomusulmán que atrajo a
estudiosos orientales, europeos y norteafricanos hacia la Península fundó las bases del
Renacimiento al transmitir los principios filosóficos de los griegos reformados y
comentados por los musulmanes. Se entiende entonces el orgullo del escritor
cordobés alSaqundí (m. 1231) en su famoso Risala: «Yo alabo a Dios porque me hizo
nacer en alAndalus y me concedió la gracia de ser uno de sus hijos (...) Sus sabios en
toda rama de saber son demasiados en número para que puedan contarse y demasiado
célebres para que tengan que ser citados».
Toda la atmósfera de la Baja Edad Media se hallaba saturada del Islam y de Oriente.
Durante doscientos años la Cristiandad había sometido a un asalto continuo a los
territorios musulmanes. Pero la era de las cruzadas resultó un fracaso estrepitoso. La
última gran expedición fue la del rey franco san Luis IX que sucumbió en las playas
F
frente a Túnez el 25 de julio de 1270 debido a una epidemia. Veintiún años después,
SE
con la caída de San Juan de Acre (Akka) el 5 de abril de 1291 en manos de los
IC
mamelucos, los europeos resignaban su último baluarte en Palestina.
D
CI
Durante esta larga pugna, los dos mundos habían aprendido a conocerse. Las
EL
civilizaciones se habían confundido por medio de sus ejércitos. Así entraron a Europa
D
storiado), escrita en latín en 1264 por el dominico genovés Santiago de la Vorágine,
IT
un tratado hagiográfico en el que la exaltación de las figuras de los santos roza en
IG
«Siete Durmientes de Efeso» (Sura 18 "La caverna", aleyas 926); la Odisea de San
CA
Brandán no es sino una versión irlandesa y polar de las aventuras de Simbad el
TE
Marino en las Mil y una noches65. Por otra parte, la aparición de las novelas y leyendas
caballerescas como el «Cantar de Mío Cid» (siglo XIII), el «Libro del caballero Zifar»
IO
(1300), el «Amadís de Gaula» (siglo XIV) y el «Quijote» (siglo XVII) tienen un origen
BL
igualmente musulmán, basado en la idea shií de la futuwwat —hombría de bien—, la
BI
65
«... existe un paralelismo entre el significado de la aventura de Brandán y la noción islámica de la Hiÿra,
que tiene aparte del sentido literal de «viaje», como el del profeta, a La Meca, el de hégira interior, o ruptura
de los vínculos familiares y de los privilegios —en el caso de Brandán, la renuncia al trono a cambio de
sentarse en el paraíso» (Marie-José Lemarchand en el prólogo de la obra de Benedeit El Viaje de San
Brandán, Siruela, Madrid, 1995, pág. XXIV). El monje irlandés Brendan de Clonfert (484-578) realizó una
extensa travesía por el Atlántico norte entre 565-573; en la tradición galaico-portuguesa se lo conoce como
Samborombón; de allí proviene la denominación de una bahía y un río localizados en la provincia de Buenos
Aires.
57
Un contemporáneo de Dante, el escritor y arabista catalán Raimundo Lulio (1235
1315) —que según varios investigadores es muy posible que se haya encontrado con
el poeta florentino en sus viajes por Italia—, es autor del «Libro de la orden de
caballería» (Alianza, Madrid, 1986), trabajo fundamentado en parámetros
eminentemente musulmanes. También en el siglo XIV tenemos el interesante tratado
de equitación del granadino Ibn Hudayl, titulado en árabe Kitab hilyat alfursán ua
si‘ar alsuÿ‘an, traducido por la profesora María Jesús Viguera Molíns de la
Universidad Complutense de Madrid como Gala de caballeros, blasón de paladines
(Editora Nacional, Madrid, 1975).
Dante y los Fieles de Amore
En este contexto, cabe mencionar la teoría de René Guénon (Blois 1886El Cairo
1951), el filósofo y gnóstico francés que aceptó el Islam adoptando el nombre de
Abdul Uahid ("El servidor del Uno") Iahia, según la cual Dante pertenecía a la Orden
F
de los Caballeros Templarios a través de una organización llamada los Fedeli d’amore
SE
("Fieles de amor") que reivindicaba los principios de la tradición y la verdad
IC
trascendente (cfr. Henry Corbin: La imaginación creadora en el sufismo de Ibn
D
CI
Arabi, Ediciones Destino, Barcelona, 1993, págs. 68, 122 y ss.). Guénon revela el
esoterismo dantesco citando un pasaje de la Divina Comedia: «Oh vosotros, que tenéis
EL
la mente sana y recta, observad la doctrina que se oculta tras el velo de versos
D
Dédalo, Buenos Aires, 1976, pág. 7; Aperçus sur l’esoterisme chrétien, Editions
IT
Traditionnelles, París, 1977, págs. 4173—. Sabido es que los templarios en dos siglos
IG
tradiciones del Islam. Por ejemplo, el blanco y el rojo, conocimiento y amor santo, son
CA
dos colores simbólicos del shiísmo. Entre otros los vestían los Buÿíes de Irán (945
TE
1055) y los Fatimíes de Egipto (9091171), y en Occidente los templarios (1119
1312). Los argumentos de Guénon están basados en la obra del estudioso italiano
IO
Luigi Valli, Il linguaggio segreto di Dante e dei «Fedeli d’amore», Roma, 1928.
BL
BI
Precisamente, en el año 1307, cuando Dante se encontraba trabajando en su Infierno,
el rey de Francia Felipe IV el Hermoso (12681314), con la colaboración del papa
Clemente V (m. 1314), ordenó el arresto del gran maestre francés de la Orden del
Temple, Jacques de Molay (12431314), acusado de sacrilegio y de prácticas
satánicas, como ésa de rendirle culto a Mahomet o Bafumet (el Profeta Muhammad)
—cfr. Alejandro Vignati: El enigma de los templarios, Círculo de Lectores, Bogotá,
1979, págs. 221224—. Molay y los principales responsables de la Orden confesaron
bajo tortura y todos ellos fueron posteriormente quemados en la hoguera. La Orden
fue suprimida en 1312 por el papa, y sus propiedades asignadas a sus rivales, los
Caballeros Hospitalarios, aunque la mayor parte de aquéllas se las apropiaron Felipe
IV y el rey Eduardo II de Inglaterra, el cual desmanteló la Orden en este país. Pero los
verdugos no sobrevivieron por mucho tiempo a sus víctimas. Pocas semanas después
de la ejecución de Jacques de Molay y sus partidarios, murieron Felipe IV y Clemente
V. Eduardo II (12841327), hijo de Eduardo I (12391307), el monarca que hizo
57
descuartizar al héroe nacional escocés William Wallace (12701305), llamado
Braveheart ("Corazón Valiente") —citado por Dante en la Divina Comedia (Paraíso
XIX, 121123)—, acabó siendo destronado por una insurrección popular en enero de
1327 y falleció poco después.
Parece ser que los Fieles de Amor constituyeron una sociedad secreta y hermética
interesada en la renovación espiritual de la cristiandad mediante una acción
coordinada que tendiese a combatir la corrupción de la Iglesia y, en consecuencia, a
restituir al cristianismo su primitiva pureza. «De acuerdo con esta tesis, Dante se habría
iniciado como poeta en un ambiente esotérico y conspiratorio y su obra poética, desde la
Vida Nueva a la Comedia, respondería, en mayor o menor grado, a los ideales de una
secta cuyo jefe florentino habría sido Guido Cavalcanti» (K. Leonhard: O. cit., pág. 12).
No hay que olvidar que Guido Cavalcanti (12551300), se llamó a sí mismo «el primer
amigo» de Dante. Este poeta florentino estilnovista le inició en el conocimiento del
aristotelismo y sus comentadores musulmanes. El propio Cavalcanti en sus numerosos
F
poemas líricos, sonetos, baladas y canzoni expresa una indudable simpatía por el
SE
pensamiento de Averroes.
IC
D
CI
Las fuentes islámicas de Dante
EL
La prueba indubitable de la firme presencia de las letras árabes en la Europa
D
prerrenacentista y el auge del fenómeno averroísta, es el testimonio de indignación
L
A
del gran humanista italiano Francesco Petrarca de Arezzo (13041374): «Te suplico
IT
por Dios —dice a su amigo Giovanni Dondi— que en todo lo que me atañe no tengas en
IG
cuenta para nada a los árabes, como si no existiesen. Odio esa raza (...)¡Cómo! Cicerón
D
pudo ser orador después de Demóstenes; Virgilio pudo ser poeta después de Homero; y
CA
ahora, después de los árabes, no deberíamos atrevernos a escribir. ¡Decís que quizá
TE
habremos sobrepujado a veces a los griegos, y por consiguiente a todas las naciones; pero
que no hemos sobrepujado a los árabes! ¡Oh, locura! ¡Oh, vértigo! ¡Oh, genio de Italia,
IO
Editorial ArabigoArgentina "El Nilo", Buenos Aires, 1974, págs. 498499; Ernest
BI
Renan: Averroes y el averroísmo, Hiperión, Madrid, 1992, págs. 223224).
Para tener una idea de la intensidad de la disputa que se había dado en la Italia del
trecento entre los partidarios del averroísmo (que englobaba a todos aquellos que
adherían de uno u otro modo al pensamiento y las ciencias del Islam para justificar su
racionalismo ante la estrechez y prepotencia eclesiástica) y los defensores a ultranza
de los doctores de la Iglesia, nos remitiremos a un diálogo que tuvo Petrarca en
Venecia con un averroísta, el cual cita el erudito italiano Girolamo Tiraboschi (1731
57
1794). Cuando en cierto momento de la discusión, Petrarca recurrió a un dicho de un
apóstol de la Iglesia, el averroísta le dijo con cierto desdén: «Guarda para ti los
doctores de esa clase. Por mi parte tengo mi maestro y sé en quien creo». Ante la
indignación de Petrarca y sus refutaciones, el averroísta agregó: «Vamos, sigue siendo
un buen cristiano: por mi parte, no creo una palabra de todas esas fábulas... ¡Ah, si
fueses capaz de leer a Averroes! (...) ¡Qué lástima que un genio tan grande se haya
dejado engañar por fábulas tan pueriles. Pero tengo en ti más esperanza y un día serás,
sin duda, de los nuestros» (G: Tiraboschi: Storia della letteratura italiana, 13 vols.,
Módena, 17721782, vol. V, pág. 190 y ss.). Renan cita también esta conversación y
añade que «Petrarca estuvo expuesto a las atracciones de los averroístas. Su tratado "De
sui ipsius et multorum ignorantia" no es más que el relato de las conversaciones que tuvo
en Venecia con cuatro averroístas amigos suyos, que pusieron todo su empeño en atraerle
a su partido» (E. Renan: O. cit., pág. 226).
El siglo XIII será decisivo para el futuro de Occidente. La escuela de traductores de
F
SE
Toledo bajo el ejemplar mecenazgo de Alfonso X el Sabio (12211284) y los viajes del
veneciano Marco Polo (12711295) inundaron a Europa de conocimientos vitales
IC
provenientes del Oriente, entre ellos las ciencias islámicas, que posibilitarían el
D
CI
Renacimiento, el descubrimiento de América y, paradójicamente, la conquista
progresiva de los territorios musulmanes, desde Marruecos a Indonesia.
EL
D
En Italia, Sicilia se había convertido en una isla musulmana aparentemente gobernada
L
A
por un soberano cristiano. En medio de huertos de naranjos, Palermo es aun hoy día
IT
moriscos: allí brillaba el gran César suabo, el magnífico Federico II, en medio de sus
D
guardias negros musulmanes, sus médicos judíos, sus troveros provenzales y sus
CA
sabios y poetas andalusíes.
TE
Para tener una idea de la celeridad asombrosa con que se divulgaban las obras del
IO
Islam, tenemos la opinión de Renan: «Una obra compuesta en Marruecos o en El Cairo
BL
era conocida en París o en Colonia en menos tiempo del que hoy precisa una obra capital
BI
de Alemania para transponer el Rhin. La historia literaria de la Edad Media no quedará
completa sino cuando se levante la estadística de los trabajos árabes que eran leídos por
los doctores del XIII y XIV siglo».
57
Otro es el «Libro de la escala de Mahoma» (Siruela, Madrid, 1996). Esta es una
antigua versión andalusí del Viaje Nocturno (Isra’) y la Ascensión o Escala (Mi’raÿ) del
Profeta Muhammad (BPD)66. Fue traducido directamente del árabe por Abraham
alfaquí o «de Toledo», uno de los cinco más relevantes traductores judíos de Alfonso X
el Sabio, entre 1260 y 1280. El notario gibelino Bonaventura de Siena, colaborador
italiano de Alfonso, retradujo la versión castellana del toledano Abraham, primero al
latín (quedan dos manuscritos: Biblioteca Nacional de París y Biblioteca del Vaticano)
y luego al francés (cuyo manuscrito, conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford
señala en su colofón que la traducción se llevó a cabo en mayo de 1264). Sin
embargo, esta versión del Mi’raÿ es muy dudosa y sospechada de adulteración debido
a las múltiples traducciones. Como reza el proverbio itálico: traduttore, traditore
(traductor, traidor).
La tercera es la «Impugnación de la secta mahometana», obra del fraile mercedario,
san Pedro Pascual (12271300), escrita durante su cautiverio en el reino nazarí de
F
Granada (12971300). San Pedro Pascual, nacido en Valencia y establecido
SE
posteriormente en Jaén, ciudad de la que fue designado obispo (1296), poseía un
IC
vastísimo conocimiento del Islam y argumentaba sus historias citando con precisión el
D
CI
Corán y los Ahadith o tradiciones del Santo Profeta (BPD). También fue el primer
arabista español en destacar la figura de Alí Ibn Abi Talib (P) en la historia de los
EL
comienzos del Islam, que era prácticamente desconocida para sus contemporáneos
D
como veremos más tarde al analizar las argumentaciones de Asín Palacios. No
L
A
podemos saber si ese manuscrito o una copia fue asequible para Dante. Pero si
IT
sabemos que san Pedro Pascual residió en Roma, después de 1288 y antes de 1292,
IG
fechas que encierran el pontificado de Nicolás IV, de cuya curia el fraile español
D
gestionaba apoyo a la naciente Orden de la Merced. A su regreso a la Península pasó
CA
por París, en cuya Universidad cobró fama por sus conocimientos teológicos. No es de
TE
extrañar que la erudición islámica de san Pedro Pascual haya sido aprovechada por
IO
BL
66
El episodio del isra ual mi‘raÿ (el viaje nocturno y la ascensión) se produjo, según la mayoría de las fuentes
históricos) hacia el año 9º de la misión del Profeta Muhammad (BPD) (durante la etapa mecana, en un
BI
momento difícil de la misión). El Profeta se encontraba en La Meca y se le presentó el ángel Gabriel (P) que
le anunció que su Señor lo recibiría en su presencia. Era de noche, y fue traslado primero en el buraq (una
bestia fabulosa, con cuerpo de mula y rostro humano) de La Meca a Jerusalén (y éste es el "viaje nocturno"),
donde se encontró con las almas de los Profetas que le precedieron, con los cuales oró en el Templo de la
ciudad. Luego fue ascendido a los cielos (mi‘raÿ), en número de siete, y en cada uno vio señales maravillosas
del reino trascendente, y se encontró con los Profetas y Mensajeros divinos que le precedieron. El ángel
Gabriel lo acompaña hasta el séptimo cielo y luego el Profeta (BPD) debe seguir solo, montado en una
"guirnalda de luces", acercándose hasta la distancia de un arco del Trono Divino, donde adoró a su Señor.
Tanto durante el viaje nocturno como en la ascensión se narran diversos hechos. Durante la ascensión le es
mostrado al Profeta el Paraíso y el Infierno, las delicias de aquél y los castigos de éste, y muchos otros signos.
Las referencias coránicas a este hecho clave de la vida del Profeta (BPD) son pocas y muy breves
(particularmente Corán 17:1), pero la narración completa con diversos detalles que varían según los
narradores, se puede encontrar en las obras de hadices. A partir de los datos de los hadices (distribuidos a
veces en muchas tradiciones diferentes) se han escrito libros en donde los datos fidedignos se mezclan con la
imaginería popular y literaria. Las narraciones fidedignas de las obras de tradiciones indican que el Profeta
(BPD) retornó de esta experiencia y dio testimonio de ella a sus conciudadanos; incluso dio detalles de lo que
había visto, y de una caravana que se dirigía a La Meca y que arribó al día siguiente, de la cual describió datos
imposibles de conocer para quien no los hubiera visto por sí mismo.
57
distintos teólogos y eruditos del Vaticano y por el propio Dante cuando en 1301, un
año después de la muerte del fraile mercedario, se presentaba en la corte del Papa
Bonifacio VIII como embajador de Florencia.
Ese mismo año regresaba a Italia el misionero dominico de origen florentino Ricoldo
da Montecroce (h. 12421320), profundo conocedor del Islam, autor de la obra
Improbatio Alcorani (Sevilla, 1500), que hablaba fluidamente el árabe y había viajado
mucho por Palestina, Siria Turquía, Irán e Irak, donde predicó y polemizó con los
teólogos musulmanes. Como en el caso de Lulio, su influencia sobre Dante es
altamente posible.
La aventura, la curiosidad, la búsqueda del conocimiento, la redención y la piedad
fueron motores de numerosos europeos medievales y renacentistas para incursionar
en el Oriente, cercano, medio y lejano (cfr. Nilda Guglielmi: Guía para viajeros
medievales. Oriente. Siglos XIIIXV, Programa de Investigaciones Medievales.
F
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Buenos Aires, 1994). Uno
SE
de ellos fue el hasta ahora desconocido Jacobo Ben Salomón de Ancona (1221
IC
1281?), un mercader judío italiano que realizó entre 1270 y 1273 un gigantesco
D
CI
itinerario desde el puerto adriático de Ancona (Italia), pasando por Ragusa
(Dubrovnik), Creta, Rodas, Damasco, Bagdad, Basora, Cormosa (Ormuz, hoy Bandar
EL
Abbás, Irán), Cambay (Gujarat, India), Ceilán (Sri Lanka), Singapur, hasta la
D
impensable Zaitún (hoy Chuanchow o Quangzhou, más conocida como Cantón), el
L
A
puerto más importante del Lejano Oriente en poder del mongol Kublai Jan (1215
IT
1294). Jacobo hizo su trayecto de regreso volviendo sobre sus pasos hasta el Océano
IG
Indico pero desviándose luego hacia el suroeste, cruzando por Adén, el Mar Rojo, El
D
Cairo, Alejandría hasta su Ancona natal. Su epopeya es anterior a los viajes de Marco
CA
Polo (12541324), Oderico da Pordenone (12651331) y de Ibn Battuta (13041377),
TE
quienes también llegaron hasta la lejana Zaitún (en árabe significa olivo), llamada «La
ciudad de la luz». La historia de Jacobo de Ancona fue descubierta e investigada por el
IO
erudito judío británico David Selbourne y nos permite acceder a detalles poco
BL
conocidos del mundo islámico del siglo XIII y a darnos una idea de lo bien informados
BI
que estaban los italianos trecentistas del Oriente (cfr. David Selbourne: The City of
Light. Jacob d’Ancona, Little, Brown and Company, Londres, 1997).
Ahora bien, incluso si para los dantófilos y escépticos de toda laya estas relaciones no
fueran suficientes o no probaran nada, hay que razonar y pensar que el gran poeta
florentino de algún lado sacó tantos y tan perfectos conocimientos del Islam. Y es
entonces cuando todas las pistas conducen a Bruno Latini (12121294). Este eminente
escritor, erudito enciclopédico y político güelfo florentino fue el maestro de literatura
de Dante y su amigo íntimo, además de ser su consejero sobre ciencias, artes, moral y
filosofía. Lo interesante de todo esto es que, hacia 1273, Bruno Latini fue enviado
como embajador del partido güelfo de Florencia a la tolerante corte de Alfonso X el
Sabio (cfr. Francisco Márquez Villanueva: Concepto cultural alfonsí, Mapfre,
Madrid, 1992; Olga Pérez Monzón y Enrique RodríguezPicavea, Toledo y las tres
culturas, Akal, Madrid, 1995; Louis Cardaillac: Tolède XIIºXIIIº. Musulmans,
58
chrétiens et juifs: le savoir et la tolérance, Autrement, París, 1996), y algún tiempo
después escribió su célebre Tesoro en la lengua de oil del norte de Francia, que incluye
una biografía del Profeta Muhammad (BPD) y el relato del Mi’raÿ (Li Livres dou
Trésor par Brunetto Latini, Edit. Chabaille, París, 1863). «Nadie podrá rehusar como
inverosímil la hipótesis de que Bruneto conociese la leyenda y pudiese comunicarla de
viva voz a su discípulo. Y la presunción se hace más verosímil cuando se sabe que aquella
cultura islámica y arábiga pudo Bruneto adquirirla, no como otros, de segunda mano,
mediante libros estudiados lejos del centro principal en que se vertieron a las lenguas
europeas, sino conviviendo con los mismos traductores toledanos, conociendo y tratando
personalmente al rey Alfonso el Sabio, mecenas y director de aquella brillante escuela
cortesana» (M. Asín Palacios: O. cit., pág. 384).
También es posible encontrar en Dante ciertas influencias de los «Hermanos de la
Pureza» 67, como lo señalan distintos investigadores.
F
SE
Amigos judíos y pensamiento musulmán
IC
Otro amigo de Dante fue el sabio judío Immanuel Ben Salomon Ben Yacutiel (1260
D
CI
1328), de la familia Zifroni. Brillante poeta y filósofo, cuyo seudónimo era Manoello
Giudeo, autor de poemas hebreos sagrados y profanos, más tarde recopilados bajo el
EL
título Mahbarot Immanuel, fue un maestro itinerante que vivió principalmente en
D
Roma y escribió una elegía a la muerte del Dante. Este rabino que era docto en
L
A
escatología y mística islámicas, es quien se supone que enseñó al poeta florentino la
IT
serie de palabras que se creen hebreas Raphel maai amech izabi almos, utilizadas en
IG
la Divina Comedia para recordar la confusión de lenguas a que dio origen la
D
construcción de la Torre de Babel por orden de Nemrod (Infierno XXXI, 67). Hillel
CA
Maimónides y Averroes, que escribió la obra Tagmule hanefesh donde exalta la
IO
inmortalidad del alma, también frecuentó a Dante aportándole, sin duda, numerosos
datos sobre el pensamiento musulmán.
BL
BI
Como corolario a este planteo, creemos necesario citar otra vez a Asín Palacios y sus
valiosísimos enfoques: «El mismo Dante confiesa en su De vulgari eloquentia haber leído
libros de cosmografía, y bien sabido es que los arábigos de este tema eran los más
vulgares en su siglo (...) La enorme cantidad de ideas y de imágenes típicamente
musulmanas que en la Divina Comedia ha descubierto nuestra investigación, basta por sí
67
Los Ijuán al-Safa (en árabe: "Hermanos de la Pureza") fueron una sociedad de filósofos y científicos
musulmanes de la escuela shií que se establecieron en la ciudad de Basora hacia 983. Su obra conocida son
las 52 Rasâ’il ("Epístolas"), de las cuales 14 tratan de matemáticas y de lógica, 17 de ciencias naturales y de
psicología, 10 de metafísica, y 11 de alquimia, mística, astrología y música. A diferencia de los escritos de
otros pensadores musulmanes como Ÿabir Ibn Hayyán (721-815), que están llenos de frases herméticas y
significados ocultos, las Epístolas de los Hermanos de la Pureza, verdadera enciclopedia, siempre tratan de ser
comprensibles al lector no iniciado (cfr. R. Netton: Muslim Neoplatonists. An Introduction to the Thought of
the Brethren of Purity, Londres, 1942; Alessandro Bausani: L’Enciclopedia dei Fratelli della purita.
Riassunto, con introduzione e breve commento dei 52 trattati o epistole degli Ikhwan as-Safa, Nápoles, 1978).
Esta obra fue traída de oriente a Zaragoza por el místico persa Al-Kirmani (m. 1066) en 1060.
58
sola para probar que Dante conocía a fondo el Islam, al menos en lo que atañe a su
escatología, y no ignoraba los rasgos esenciales de la vida de su fundador. El silencio de
Dante acerca de las fuentes que utiliza es un argumento negativo que no puede destruir el
valor positivo de este hecho. Lo único que cabe es buscar hipótesis conjeturales que lo
expliquen. No es indispensable para ello gran dosis de ingenio. La primera que viene a las
mientes será, sin duda, rechazada a priori por los dantófilos, que verán en ella una
abominable profanación: Dante guardó silencio, cabalmente para ocultar las fuentes de
su inspiración (...) Dante, además, podía invocar en su descargo razones muy poderosas
para tal silencio: tratábase en efecto de modelos musulmanes, que no siendo, por tanto,
vulgares entre el gran público de sus lectores italianos (como lo eran los modelos clásicos
y cristianos que cita), habrían sido un enigma indescifrable para el público. Su origen
musulmán, por otra parte, habríalos hecho odiosos a sus lectores, si se hubiera decidido
revelarlos. Todo, pues, le invitaba al silencio sobre unas fuentes tan difíciles de denunciar,
tan ajenas a la erudición media de sus contemporáneos y tan antipáticas por su sello de
origen (...) Y dígase lo mismo del silencio sobre Ibn Arabi, que, si era un pensador
F
SE
famosísimo ya en el mundo musulmán, carecía del renombre que en el mundo cristiano
IC
poseían Averroes, Avicena y los otros filósofos y astrónomos árabes citados por Dante en
D
sus obras. Es el mismo contraste que se advierte en Lulio: cita sin dificultad a Averroes en
CI
sus libros, pero jamás nombra a Ibn Arabi, cuyas ideas y símbolos metafísicos aprovecha.
EL
Por lo demás, las costumbres medievales no eran tan escrupulosas como las nuestras en
materia de fuentes. ¡Cuántos libros de medicina árabe no fueron publicados en versión
D
L
latina por la escuela de Salerno, sin que los traductores cristianos, que las daban como
A
suyas, mencionasen los nombres de sus verdaderos autores» (Miguel Asín Palacios: O.
IT
cit., págs. 396, 544546).
IG
D
La Escatología Musulmana En La Divina Comedia Segun Asin Palacios
CA
TE
Cuando en 1919 apareció el libro del islamólogo y arabista español Miguel Asín
IO
Palacios con el inesperado título «La escatología musulmana en la Divina Comedia»,
BL
algunos quedaron atónitos y otros simplemente incrédulos. Para muchos italianos, sin
embargo, este género de iniciativa, aun hoy, confina en el sacrilegio. El libro de Asín
BI
Palacios constituye a sus ojos un crimen de lesa majestad, y es por ello que se ha
organizado contra él la conspiración de silencio. ¿Es deshonra para Dante el haber
abrevado en otros manantiales que no fueran los clásicos? Creemos que ello lo
engrandece como poeta y como filósofo y además demuestra sus amplios
conocimientos y su cosmovisión multicultural. A pesar de todo, en los últimos años es
posible ver con cierta frecuencia en las ediciones italianas de la obra de Dante el
reconocimiento de esta inocultable verdad, como estas palabras de Italo Borzi en la
introducción de Dante. Tutte le opere, Grandi Tascabili Economici Newton, Roma,
1993, pág. 21: «Va invece tenuto conto delle influenze sulla Divina Commedia
(convalidate dai recenti studi di Maria Corti) del Libro della Scala, opera musulmana,
tradotta dall’arabo in castigliano per volontà di re Alfonso, che narra l’ascesa in cielo di
Maometto».
58
El esforzado y solitario trabajo de investigación de la mística y filosofía islámicas de
Asín Palacios y de otros notables investigadores occidentales, como los británicos Sir
Hamilton Alexander Rosskeen Gibb (18951971) y Arthur John Arberry (19051969),
el judío húngaro Ignaz Goldziher (18501921), los suizos Titus Burckhardt (1908
1984) y Frithjof Schuon (Basilea 1907), los franceses Louis Massignon (18831962),
Étienne Gilson (18841978), Henry Corbin (19031978), Michel Chodkiewicz y su
hija Claude Addas, y el japonés Toshikiho Izutzu (1914), varios de ellos conversos al
Islam, es encomiable y digna de ejemplo para todos. Por eso, nunca está de más
recordar y repetir en toda ocasión unos hadices o narraciones del Santo Profeta del
Islam (BPD) que acicatearon a los primeros musulmanes a recorrer un largo y
generosos camino, desde las llanuras de España a los mares de la Malasia. El primero
y más famoso es: «¡Id en busca de la ciencia a todas partes, hasta en la China!».
Igualmente recomendó: «¡Echad mano de la sabiduría y no miréis el recipiente que
la encierra!» y «Buscad la ciencia desde la cuna hasta la tumba». Su sucesor, que
fue además su primo y yerno, Alí Ibn Abi Talib (P), recomendó en ese sentido: «No
F
hay riqueza comparable a la razón, ni pobreza que se iguale a la ignorancia, ni
SE
herencia como la cultura, ni ayuda como el mutuo consenso» (Naghÿul Balagha
IC
"Las cimas de la elocuencia").
D
CI
Pero antes de ingresar en el universo dantesco, preferiríamos hacer una reseña de la
EL
vida y la obra de Asín Palacios, a quien debemos tantas lecciones, entre ellas la que
D
nos narra con elocuencia los múltiples aspectos islámicos que se pueden encontrar en
L
A
la Divina Comedia, y a quien dedicamos respetuosamente este artículo.
IT
IG
Un jesuita islamólogo
D
CA
Miguel Asín Palacios nació en Zaragoza el 5 de julio de 1871, hijo de una familia de
TE
la Facultad de Filosofía y Letras. Fue ordenado sacerdote de la orden jesuita en 1895.
BL
Discípulo predilecto de Julián Ribera y Tarragó (18581934), sobresalió bien pronto
BI
en la especialidad cultivada por el ilustre islamólogo y obtuvo, tiempo más tarde, la
cátedra de lengua árabe en la Universidad Central. También recibió las enseñanzas de
los historiadores Eduardo Saavedra y Moragas (18291912) y Francisco Codera y
Zaidín (18361917), que fueron los primeros en hacer un revisionismo de la historia
de alAndalus, marcando sus influencias en la idiosincrasia y costumbres del pueblo
español.
Su gran cultura, buen gusto, inagotable laboriosidad, originalidad de pensamiento y
amor al estudio llevaron a Asín Palacios a ocupar un alto puesto en el mundo de
erudición de su tiempo y le abrieron las puertas de las Academias de la Lengua,
Historia y Ciencias Morales y Políticas, así como de otros foros de Europa. Cultivó la
amistad y el intercambio con distinguidos islamólogos europeos, como el holandés
converso al Islam Snouck Christian Hurgronje (18571936), profesor de la
Universidad de Leyden. Además, por sus virtudes de sacerdote ejemplar, carácter
58
dulce y tolerante y exquisita cortesía, fue reconocido por todos, cristianos, judíos y
musulmanes.
Ha escrito su discípulo, el relevante islamólogo Emilio García Gómez (19051995):
«Asín es hoy, no sólo el primer arabista activo en España, sino también una de las mentes
más lúcidas de nuestra erudición y de nuestra historia... Como sacerdote católico, posee
una excepcional competencia en la teología, la filosofía y las mística ortodoxas. Como
arabista, ha acotado la ínsula del pensamiento musulmán en sus siglos de oro. Sus
trabajos han renovado nuestras ideas sobre los grandes filósofos Ibn Baÿÿa, Ibn Tufail,
Ibn Hazm e Ibn Rushd. En cuanto a la mística, ha estudiado así mismo a AlGazali, Ibn
Masarra, Ibn AlArif, Ibn Abbad de Ronda y los shadilíes. Pero, sobre todo, ha resucitado
una insigne figura, que le ha servido de clave en sus estudios... esta gran figura se llama
Ibn Arabi de Murcia» (E. García Gómez: "Descensos de los astros y ascensiones de los
iluminados", Revista de Occidente, Nº XCVI, Madrid, junio 1931, págs. 282283).
F
Otro gran islamólogo, Angel González Palencia (18891949), nos brinda otra
SE
semblanza del padre Asín: «Trabajaba en el amplio despacho de su biblioteca y conocía
IC
el sitio donde estaban todos sus libros. Madrugaba y dormía la siesta. Era muy frugal en
D
CI
la comida y no solía gustarle comer fuera de casa. Gustaba de la vida modesta y
recatada. No tenía apego al dinero, pensando, como Séneca, que no es más rico el que
EL
más tiene, sino el que menos necesita. No reparaba en gasto alguno cuando se trataba de
D
Palencia: "Necrología de D. Miguel Asín Palacios, en Arbor, II, juniooctubre 1944, nº
IT
45, pág. 203).
IG
D
Sus investigaciones, dentro de la especialidad de la erudición islámica, han tendido a
CA
un triple objetivo: 1º. exhumar las doctrinas filosóficas y teológicas de los pensadores
TE
hispanomusulmanes, mostrando su estrecha relación con las de los pensadores del
IO
Islam oriental; 2º. explicar por dichas doctrinas el primer renacimiento, operado por
la escolástica en el siglo XIII, y 3º demostrar los orígenes cristianos de la mística
BL
musulmana, por una parte, y por la otra, las influencias islámicas en pensadores
BI
cristianos como Raimundo Lulio, Tomás de Aquino, Anselm Turmeda y Dante. Este
tercer y último objetivo sorprende por su evidente contradicción.
Ciertamente, a pesar de sus teorías, Asín Palacios no hizo otra cosa que ponderar la
mística musulmana a lo largo y a lo ancho de todas sus obras, y cuando menciona de
vez en cuando los orígenes cristianos de la misma se remite a pruebas casi irrelevantes
que parecen citadas más por compromiso que por convicción académica. Por el
contrario, cuando expone las influencias islámicas en los sabios y artistas de la
Cristiandad las hace brillar en todo su esplendor y un buen ejemplo es el caso de su
tesis sobre Dante y la Divina Comedia que lo llevó a agrias y acaloradas polémicas con
orientalistas, romanistas y teólogos de la Iglesia católica, pero de las cuales salió
indemne y victorioso.
58
Para comprender la postura de Asín uno debe ubicarse en su entorno y la época que le
tocó vivir. En primer lugar, la Iglesia católica española de fines del siglo XIX y
principios del XX destacaba por su conservadurismo a ultranza y su aversión por «la
religión de los moros». En segundo lugar, ciertos acontecimientos políticos nefastos
como la dictadura de Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (18701930), el ascenso del
movimiento acaudillado por Francisco Franco Bahamonde (18921975) y la
sangrienta y frustrante Guerra Civil española (19361939) con su millón de muertos,
produjeron un tiempo de regresión y patrioterismo que coartó y segó a los espíritus
libres y emprendedores como Miguel de Unamuno, León Felipe, Blas Infante, Federico
García Lorca, Miguel Hernández y tantos otros. Y en tercer lugar, no se debe soslayar
el asunto más importarte: Asín era un sacerdote católico que debía explicaciones a sí
mismo y a sus autoridades eclesiásticas.
Pero dejemos que una vez más Luce LópezBaralt tenga la oportunidad de orientarnos
a través de los complejos horizontes académicos: «En los primeros ensayos del maestro
F
advertimos una cautela excesiva para con los textos literarios del misticismo islámico.
SE
Parecería que el entonces joven investigador se sentía impelido a "prestigiar" el sufismo
IC
dotándolo de un influjo cristiano que nos lo acercara más y que sobre todo nos lo
D
CI
acreditara como posible tema de estudio... Los mismos títulos de estos ensayos pioneros
dan fe del afán "cristianizador" del gran arabista: "El Islam cristianizado" (1931), "La
EL
espiritualidad del Algazel y su sentido cristiano" (1935) (énfasis nuestro). Tenemos que
D
esperar a 1941 para que el título se invierta y se privilegie el impacto islámico sobre los
L
A
textos cristianos: Huellas del Islam, Santo Tomás de Aquino, Turmeda, Pascal, San Juan
IT
musulmanas de ultratumba sobre la obra del genial florentino. A la luz de la agria
CA
polémica que suscitó esta obra del arabista (Asín contestó los ataques sistemáticamente y
TE
escarmentado al estudioso, que en el futuro inmediato habría de ser más cauto con el
BL
título y con las hipótesis de sus libros... Los Sadilíes y alumbrados, con su gozosa
privilegiación de los textos musulmanes sobre los peninsulares parecería culminar la
BI
tendencia iniciada por Miguel Asín en las "Huellas del Islam"... Salta a la vista, por otra
parte, que buena parte de la imaginería y del lenguaje técnico místico que se venía
considerando exclusivamente teresiano o sanjuanista fue preludiado por los sufíes
hispanoafricanos... Miguel Asín no articuló la situación de los mismos en los mismos
términos que lo hacemos nosotros hoy, pero una simple lectura de su traducción
entusiasta permite entrever la veneración (¿inconfesada?) que el admirable arabista
debió sentir por estos antiguos maestros del Islam occidental. Me atrevo a sospechar que
amó con pasión esta literatura espiritual que no tuvo reparos en proponer como
antecedentes directo de la carmelita (Santa Teresa de Avila, 15151582)... No hemos de
olvidar que Asín fue sacerdote y que escribía durante unos años en los que podría parecer
arriesgada tanta admiración por una literatura extática al margen de la ortodoxia
cristiana... Las actitudes que Miguel Asín guarda como orientalista respecto a su campo
de investigación arábigo están por cierto aun por estudiar. Su postura ideológica y
58
afectiva frente al corpus literario musulmán al que dedicó toda su vida de estudioso ha
sido, como hemos tenido ocasión de ver, algo fluctuante, y va desde el intento discreto de
declarar estos textos sufíes visionarios teológicamente aceptables, pasando por su
propuesta de "cristianización", hasta dar el paso a su privilegiación entusiasta como
obras seminales para el más sublime y ortodoxo misticismo hispánico. Es de lamentar en
este sentido que Edward Said no se ocupara de los arabistas españoles, de los que Miguel
Asín es el máximo representante, en su libro "Orientalism"» (L. López Baralt en su
estudio introductorio de la obra de Miguel Asín Palacios Sadilíes y alumbrados,
Ediciones Hiperión, Madrid, 1990, págs. XI a XVI).
En 1932 se crean las Escuelas de Estudios Arabes de Madrid y Granada, dirigiendo la
primera Asín Palacios y la segunda su discípulo García Gómez. En 1933 se funda la
revista AlAndalus (se editará hasta 1978 y posteriormente continuará bajo el nombre
de AlQantara), órgano de las escuelas de Estudios Arabes, en la que se publicarían
bajo la dirección de García Gómez, las investigaciones de los islamólogos españoles y
F
SE
de algunos extranjeros, siendo una referencia fundamental en lo que concierne a los
estudios sobre la España musulmana.
IC
D
CI
El Allamah Muhammad Iqbal (18761938), filósofo, poeta y místico indio —uno de
los fundadores de la República Islámica del Pakistán—, a fines de 1932 emprendió un
EL
largo viaje por España visitando los lugares históricos andalusíes de Córdoba, Sevilla y
D
Granada. Se encontró por primera vez con Miguel Asín Palacios en el campus de la
L
A
Universidad de Madrid en enero de 1933, en donde llevaron a cabo un memorable y
IT
amable debate, ante cientos de estudiantes, sobre el misticismo del Islam, y la
IG
influencia de la escatología musulmana en Dante y la Divina Comedia (cfr. Masudul
D
Hasan, Life of Iqbal, 2 vols., Ferozsons Ltd., Lahore, 1978, Vol. 1, págs. 381385).
CA
TE
El padre Miguel Asín Palacios falleció a las siete de la tarde del sábado 12 de agosto
de 1944 en la ciudad vasca de San Sebastián. Junto a él se encontraba su sobrino
IO
Jaime Oliver Asín (Zaragoza 1905Madrid 1980) que sería su heredero intelectual.
BL
Efectivamente, Oliver Asín haría importante estudios de toponimia y filología de al
BI
Andalus. En 1953 fue premiado por su trabajo «Historia del nombre "Madrid"»
(editado por la Agencia Española de Cooperación Internacional, Madrid, 1991). En
1958 fue nombrado director de la Escuela de Estudios Arabes de Madrid. En 1959
inauguraría el curso del Centro Cultural Hispánico de El Cairo, con el tema «El Madrid
árabe», que era una de sus especialidades.
Para finalizar esta síntesis biográfíca, transcribimos unas palabras de Emilio García
Gómez en donde hace referencia a la semejanza de Asín Palacios con los shadilíes68.
68
La Shadiliya es una de las cofradías o hermandades místicas del Islam conocidas en árabe como turuq (en
singular: taríqah, "sendero"). Fue fundada por el gnóstico Abu-l-Hasan Alí Ibn Abdallah al-Shadilí nacido en
Marruecos hacia 1196 y muerto en el Alto Egipto en 1258. Su difusión abarca todo el mundo islámico,
principalmente en Africa, Oriente Próximo e Insulindia. Se ha atribuido a sus miembros la difusión de la
costumbre de tomar café (cfr. Alexandre Popovic y Gilles Veinstein: Las sendas de Allah. Las cofradías
musulmanas desde sus orígenes hasta la actualidad. Eric Geoffroy: La Shadiliya, Edicions Bellaterra,
Barcelona, 1997, págs. 629-640).
58
Según su discípulo predilecto, era «el maestro», tal como lo querían los místicos
shadilíes que Asín había de traducir en su obra póstuma:
«No será tu maestro aquél a quien escuchas, sino aquél de quien aprendas; ni lo
será aquél que te dé sus explicaciones, sino aquél que deje en tu corazón huella de
sus enseñanzas; ni lo será aquél que te invite a entrar por la puerta, sino aquél
que te descorra el velo; ni aquél que te ofrezca sus palabras, sino aquél que excite
en ti sus mismos estados espirituales».
Los Argumentos De Asin Palacios
F
(Mi’raÿ), tradición mencionada en el Sagrado Corán (Sura 17 AlIsra’ "El Viaje
SE
Nocturno", Aleya 1) y por diversas narraciones o hadices recopilados por Ahmad Ibn
IC
Hanbal (780855), Abu Abdillah Muhammad Ibn Ismail alBujarí (810870) y Abu al
D
CI
Husain Muslim Ibn alHaÿÿaÿ alQushairí alNishaburí (820875), entre otros.
EL
Según estas versiones populares en el Islam desde el siglo IX, enriquecidas y
D
poetizadas por teólogos, místicos y literatos en siglos sucesivos, Muhammad (BPD) o
L
A
un simple mortal, como Ibn alArabí, por ejemplo —como veremos más adelante—,
IT
es, como Dante en su poema, el protagonista del viaje, el que cuenta los hechos y
IG
describe su escenario. Ambos viajes comienzan en las tinieblas, Muhammad lo inicia
D
en el medio de la noche, Dante en el medio de una selva oscura. Por orden del Cielo,
CA
Virgilio se ofrece a Dante como guía; el ángel Gabriel (P) hace idéntico servicio a
TE
Muhammad (BPD).
IO
«Seiscientos años, por lo menos, antes que Dante Alighieri ideara su maravilloso poema,
BL
existía ya en el Islam una leyenda religiosa en la cual se narraba el viaje de Mahoma,
BI
fundador de esa religión, a través de las mansiones de ultratumba. Con el transcurrir de
los siglos, desde el VIII al XIII de nuestra era, los tradicionistas musulmanes, los teólogos,
los exégetas, los místicos, los filósofos y los poetas, tramaron lentamente sobre la
urdimbre fundamental de esa leyenda un gran número de relatos amplificados, de
adaptaciones alegóricas y de imitaciones literarias. Tomadas en conjunto todas estas
redacciones varias de la leyenda islámica y cotejadas con la Divina Comedia, nos ofrecen
una multitud de coincidencias, de semejanza y aun de identidad, así en la arquitectura
general del infierno y del paraíso, como en su estructura moral, en la descripción de las
penas y de los premios, en las grandes líneas de la acción dramática, en los episodios y
peripecias del viaje, en su significado alegórico, en los papeles asignados al protagonista y
a los personajes episódicos, y, por fin, hasta en el valor artístico de ambas obras
literarias» (Miguel Asín Palacios: O. cit., págs. 118119).
58
Veamos ahora las analogías que hace Asín Palacios entre Dante y su Divina Comedia y
las obras de los místicos y poetas musulmanes: «... uno de los más famosos y antiguos
maestros de la mística musulmana, Abu Yazid alBistami69, que vivió en el siglo IX de
nuestra era se atribuyó una real ascensión, aunque sólo en espíritu, hasta el Trono
divino, a través de las mismas etapas que Mahoma recorrió en su mi’raÿ (...) Los
modelos más interesantes de la leyenda, en esta última etapa de sus varias adaptaciones,
son obras del príncipe de la mística hispanomusulmana, del murciano Muhyi alDin Ibn
‘Arabi, que murió en la primera mitad del siglo XIII de nuestra era, veinticinco años antes
de que viniese al mundo el poeta florentino. En una de ellas, toma como base el texto del
mi’raÿ, y bajo su letra pretende descubrir un significado alegóricomoral, es decir, una
enseñanza esotérica de las graduales intuiciones y revelaciones que el alma del místico
recibe en su ascensión extática, en su rapto hacia Dios. Esta obra de Ibn ‘Arabi, que
desgraciadamente está aun inédita, se titula "Libro del nocturno viaje hacia la Majestad
del más Generoso" (en árabe: kitáb alisrá ila maqám alasra)» (M. Asín Palacios: O.
cit., págs. 7677). «Dante, pues, como los sufíes musulmanes en general, y más
F
SE
concretamente como el murciano Ibn ‘Arabi, aprovechó la acción, supuesta real e
histórica, de la ascensión de un hombre a los cielos, para simbolizar con ella el místico
IC
D
drama de la regeneración moral de las almas por la fe y las virtudes teológicas. A las
CI
múltiples analogías de fondo que entre sí guardan la Divina Comedia y el mi’raÿ
EL
mahometano, hay que agregar, sin duda... el magistral y voluminoso libro de Ibn ‘Arabi,
titulado alFutuhat alMakkiyya, es decir, "Las revelaciones de la Meca"» (M. Asín
D
Palacios: O. cit., pág. 79).
L
A
IT
Más adelante, Asín Palacios cita a un famoso filósofo y poeta musulmán Abul’Ala al
IG
Ma’arrí 70, y dice: «Adaptar las escenas de la ascensión de Mahoma a personas concretas
D
y reales, es decir, a otros hombres, aunque dotados de las virtudes teológicas y de la
CA
perfección del santo, era ya una audacia, que sólo los místicos o sufíes pudieron
TE
IO
69
Abu Yazid Taifur Ibn ‘Isa Ibn Sorushán al-Bistamí nació en Bistam, en el Jorasán (Irán) y murió en la
BL
misma región, entre 874 y 877. Frecuentó a los primeros maestros sufíes de Nishapur, Ahmad Ibn Jidruya (m.
854) y Ahmad Ibn Harb (m. 848). Sobre la ascensión de Abu Yazid la bibliografía es numerosa (cfr. R. A.
BI
Nicholson: An Early Arabic Version of the Mi’raj of Abu Yazid al-Bistami en Islamica II, Londres, 1926,
págs. 402-415; R. C. Zaehner: Hindu and Muslim Mysticism, Londres, 1960, págs. 198-218; Farid al-Din
Attar: Muslim Saints and Mystics, Routledge & Kegan Paul, Londres, 1979, págs. 100-123).
70
Abu-l-’Ala Ahmad Ibn Abdallah al-Ma’arrí (979-1058), nació en Maarrat an-Numán, a mitad de camino
entre Alepo y Hama, en Siria. La viruela lo dejó ciego a los cuatro años; sin embargo, emprendió la carrera de
estudiante, se aprendió de memoria, en las bibliotecas, los manuscritos que le gustaban, hizo largos viajes
para oír a famosos maestros y regresó a su aldea. En 1008 visitó Bagdad, fue honrado por poetas y eruditos y
adquirió entre los librepensadores y místicos de la capital ciertas ideas de la escuela shií. En 1010 regresó a
Maarrat, se hizo rico con sus poesías, pero vivió hasta el fin con la simplicidad del sabio. Era vegetariano
acérrimo y muy ascético. Murió a los ochenta y cuatro años; y un piadoso discípulo relata que 180 poetas lo
siguieron en su entierro y 84 sabios recitaron elogios ante su tumba. Lo conocemos ahora principalmente por
sus 1592 poemas breves llamados Luzumiyyat ("Imperativos"), Saqt az-Zand ("La chispa del pedernal"), Du
as-saqt ("Comentarios al precedente", al-Fusul al-gaiat ("Partes y fines"), y también por su Risalat al-gufrán
("Epístola o Tratado del perdón"), traducido por el islamólogo francés converso al Islam Vincent Mansur
Monteil (L’Epître du pardon, Gallimard, París, 1984). En 1944 se celebró su milenario lunar y se renovó su
tumba.
58
permitirse... Más esta audacia tenía su explicación y su excusa en el fin altamente moral
y religioso que perseguían los autores de tales adaptaciones... Nos referimos al poeta
ciego, famoso, no sólo en el Islam, sino también en la Europa de nuestros días, Abull’Ala
alMa’arrí, que floreció en Siria durante los siglos X y XI, y a quien sus biógrafos
apellidan el filósofo de los poetas y el poeta de los filósofos. Entre sus obras menos
conocidas hay una epístola literaria, titulada Risalat algufrán o "Tratado del perdón"
(Abul’Ala alMa’arrí: Risalat, Emín Hindie Editor, El Cairo, 1907), que es, en
realidad, una hábil imitación literaria de las versiones más sobrias de la leyenda del isra’,
es decir, de aquellas redacciones del viaje nocturno en las cuales se supone que Mahoma
visita los lugares de ultratumba (...) La ocasión que determinó a Abul’Ala a redactar
esta epístola fue el haber recibido otra de su amigo, literato de Alepo, Ibn alQarih 71, en
la cual éste, a vuelta de grandes elogios a Abul’Ala, zahería violentamente a todos los
poetas y sabios que, apartándose del recto sendero de la virtud, vivieron entregados a la
impiedad o al libertinaje. Abul’Ala, sin discutir directamente en su Risala el problema
teológico de la amplitud de la divina misericordia, tiende a demostrar, con el artificio
F
SE
literario que luego explicaremos, cómo un gran número de aquellos poetas libertinos, aun
IC
de los que vivieron antes del Islam, acogiéronse al fin de su vida a la generosa piedad del
D
Señor, obtuvieron el perdón de sus culpas y fueron recibidos en el paraíso (...) Ante todo,
CI
estamos en presencia de un viaje de ultratumba, despojado ya de casi todas las
EL
circunstancias sobrenaturales que caracterizaban a las leyendas del isra’ y del mi’raÿ: el
viajero (Ibn alQarih) ya no es un profeta, ni siquiera un místico, sino un simple hombre,
D
L
pecador e imperfecto, lo mismo que Dante; los personajes episódicos no son tampoco, en
A
su mayoría profetas y santos, sino meros hombres, pecadores y hasta infieles penitentes,
IT
como los que abundan en el viaje dantesco. El carácter, pues, humano, realista, terrestre,
IG
por decirlo así, de las dos primeras partes de la Divina Comedia, encuentra ya su tipo
D
precedente en este viaje de AbulAla alMa’arrí» (M. Asín Palacios: O. cit., págs. 8999).
CA
TE
Es muy importante prestar atención a los siguientes conceptos del sabio jesuita
IO
español antes de entrar de lleno al mundo de las analogías y los textos comparados:
BL
«... el carácter literario que Abul’Ala se propuso dar a la leyenda religiosa del mi’raÿ,
aprovechando su asunto teológico para fines principalmente artísticos, es cabalmente el
BI
mismo que Dante quiso imprimir a su Divina Comedia, la cual, por encima de todo lo
que seguramente es —enciclopedia teológica, alegoría moral, etc.—, se ofrece al lector
ante todo como una soberana obra de arte literario, como un esfuerzo gigantesco del
poeta florentino para vaciar en el acicalado molde de inspirados tercetos una leyenda de
ultratumba. Y eso mismo, cabalmente, es de admirar en la Risala de Abul’Ala al
Ma’arrí, el cual, haciendo alarde de una habilidad técnica insuperable en el arte de la
rima arábiga, adaptó literariamente la leyenda del viaje nocturno de Mahoma, forjando
71
Abu-l-Hasan Alí Ibn Mansur, conocido como Ibn al-Qarih, nació en Alepo, Siria, en 962 y murió en Mosul,
Irak, en 1030. Profesor de literatura en Siria y Egipto, es autor de poesías. El geógrafo musulmán Yakut
Abdillah ar-Rumí (1179-1229) cita a Ibn al-Qarih en su Muÿam al-buldán ("Diccionario de las comarcas"),
vasta enciclopedia geográfica que reunía casi todos los conocimientos geográficos de la época (el Muÿam al-
buldán fue publicado en árabe en diez volúmenes por M. Al-Janiÿi, El Cairo, 1906-1907; también hay una
traducción parcial al inglés por W. Jwaideh: The Introductory Chapters of Yakut’s Mu’jam al-buldan, Brill,
Leiden, 1959).
58
una nueva que, si no está redactada en versos propiamente dichos, brilla con todas las
riquísimas y nada fáciles galas de aquel estilo poético que entre los árabes se denomina
prosa rimada» (M. Asín Palacios: O. cit., pág. 108).
El limbo musulmán en la «Divina Comedia»
F
supe que personas de gran valor estaban en el limbo, como perdidos entre el estado de
SE
gloria y de condena» (Infierno IV, 4345). De la misma manera, en los Juicios Finales
IC
elucubrados por la escatología cristiana nada hay de puntos intermedios, nada de
D
CI
estado de transición y de espera en los que el alma se purifica.
EL
«El primer lugar de ultratumba visitado por Dante es el que corresponde a las almas que
D
murieron sin mérito ni demérito. Dante lo denomima limbo. Ese nombre latino, limbus,
L
A
de origen oscuro, significó entre los escritores clásicos, como Virgilio, Ovidio y Stacio "la
IT
franja u orla con que se adornaba la parte inferior del vestido". En el siglo VI aparece
IG
usado en el sentido de "costa del mar". Pero ni entre los clásicos latinos ni en la Sagrada
D
Escritura ni en los Santos Padres fue aplicado jamás ese nombre para designar una
CA
eclesiásticos llamaron Seno de Abrahán, pero no limbo, a esa mansión de las almas que
IO
mueren sin mérito ni demérito» (M. Asín Palacios: O. cit., pág. 126).
BL
«El Alcorán (VII, 44, 46) habla de una mansión o lugar que separa a los
BI
bienaventurados de los réprobos. Se denomina esa mansión alA’raf. La significación de
este nombre, según los lexicógrafos árabes, es por su etimología "las partes superiores de
la cortina o velo (....) por extensión se aplica a "todo límite o término entre dos cosas".
Recuérdese la semejanza de esta voz con la clásica limbus, que también era la orla, ribete,
fimbria o cenefa de una tela, y el límite entre el mar y la tierra, es decir, la playa u orilla.
72
Los "ajarafes" o Al-A‘raf están mencionados en la sura del mismo nombre. Cfr. Corán 7:44-46.
Etimológicamente la palabra (en singular, pues es un plural) designa a una "altura que divide", por ejemplo
significa "crin", "cresta", pues separa las dos partes de la cabeza o cuello. El verbo original es ‘arafa, significa
conocer, reconocer, determinar algo. En ese pasaje coránico designa a una montaña o altura que está por
encima o es la orla superior de un "velo" (cfr. 7:46) que separa a la gente del Infierno de la del Paraíso. Hay
gente en ese lugar, que no participa de ninguno de ambos estados, pero que percibe a ambos. Se han sostenido
sucintamente tres hipótesis en el Islam sobre el significado de estas alturas y sus moradores: 1) Son ángeles
que vigilan la situación de los condenados y los premiados por sus obras, 2) son seres cuyas obras no
permiten decidir que estén en uno u otro estado y por eso permanecen en una circunstancia indecisa e
intermedia, 3) se trata de seres superiores (no ángeles), colocados por encima del castigo y el premio.
59
Pero así como limbus no significó una mansión de ultratumba hasta el siglo XIII, la voz
árabe alA’raf tuvo desde el siglo de Mahoma este sentido topográfico, al lado del
etimológico. La pintura que del limbo musulmán hacen las tradiciones mahometanas es
variadísima y rica en pormenores. Ya se le describe como un ameno valle cruzado por
ríos y poblado de árboles frutales, ya como un valle profundo que se extiende tras elevado
monte, ya como una enorme muralla circular almenada, provista de puerta, que se alza,
a guisa de límite u obstáculo, entre el cielo y el infierno; ya simplemente como una
eminencia o montaña. Fundiendo en una sola descripción todos estos rasgos diversos, la
topografía de alA’raf se asemeja bastante a la del limbo dantesco, sobre todo si se la
completa con la del jardín de Abrahán, que tanto se repite en las varias redacciones del
mi’raÿ, y con la arquitectura de la entrada del infierno islámico, que, como veremos tiene
siete puertas (Alcorán, XV, 44), lo mismo que la fortaleza del limbo dantesco, el cual es
también el vestíbulo infernal. Diríase, pues, como si el diseño dantesco del limbo hubiese
sido trazado con el propósito de fundir en uno solo los diseños islámicos del jardín o
paraíso de ultratumba y del infierno, para simbolizar así la naturaleza híbrida que
F
SE
caracteriza a aquel estado neutro de las almas que no merecen premio ni castigo. Porque
IC
es de notar, además que ese "castillo siete veces cercado de altos muros, y por cuyas siete
D
puertas" entra Dante en el jardín del limbo, es también una reproducción exacta de la
CI
alcazaba o fortaleza del jardín o paraíso celestial islámico (Infierno: IV, 106)» (M. Asín
EL
Palacios: O. cit., págs. 129130).
D
El texto coránico mencionado dice así : «Por cierto que tú (Iblís, identificado también
L
A
como Satanás o Lucifer) no tendrás poder alguno sobre mis siervos, sino quienes te sigan
IT
de los seducidos. Y por cierto que el infierno será el destino de todos ellos. Tiene siete
IG
puertas, y cada puerta está destinada a una parte de ellos» (Sura 15 AlHichr "Egra o
D
Petra", Aleyas 4244).
CA
TE
tomando la palabra puerta en tal sentido, ya que dentro del reducido espacio de una
BL
puerta no se concibe que quepan materialmente todos los condenados de cada grupo. Por
eso, muy pronto se insinuó una interpretación metafórica en la acepción de escalón o piso
BI
y de estrato circular, que ya permite concebir la cárcel infernal como una serie de siete
calabozos subterráneos destinados a las diferentes categorías de réprobos. En boca de Alí,
el yerno de Mahoma, ponen los tradicionistas esta interpretación metafórica, a fin de
darle una autoridad que la lengua árabe anteislámica no podía otorgarle: "—¿Sabéis
cómo son las puertas del infierno" (se supone que preguntó Alí a sus oyentes?). Y éstos
contestaron: "—Como estas puertas" (Es decir: como las que conocemos aquí, en este
mundo). Pero Alí replicó: "—No, sino que son así". Y puso (al decir esto) una de sus
manos extendidas sobre la otra. La imagen de planos paralelos, sugerida por este gesto de
Alí, se completa en otras tradiciones atribuidas, bien a éste mismo, bien a Ibn ‘Abbás, tío
de Mahoma (sic, ver nota 35). En ellas se sustituye ya la palabra puerta por piso o
estrato circular, se añade expresamente que los siete están colocados unos sobre otros...»
(M. Asín Palacios: O. cit., pág. 137).
59
«En el limbo habitan los niños que murieron inocentes, pero sin fe, por no haber recibido
el bautismo, y, además, una muchedumbre de hombres y mujeres, justos, pero infieles,
por haber vivido en los siglos del paganismo, antes de Cristo o dentro de la religión
mahometana profesada de buena fe; son todos ellos poetas, moralistas, filósofos y héroes,
griegos y romanos, como también musulmanes (Saladino, Avicena, Averroes). El suplicio
de todos los espíritus que habitan esta mansión, es negativo: es un dolor moral, sin
sufrimiento sensible, producido por el deseo eternamente insaciable de ver a Dios.
Privados del premio del paraíso y exentos del castigo físico del infierno, puede decirse que
están suspensos (sospesi), como colgados o pendientes, entre el cielo y el infierno» (M.
Asín Palacios: O. cit., pág. 127).
Escribe Dante: «Vi a Electra, con muchos de sus compañeros, entre los que pude
reconocer a Héctor y Eneas, César estaba armado, y sus ojos eran vívidos (...) y en un
lugar aparte, solo, pude ver a Saladino. Después, levantando un poco más los ojos, vi al
maestro (Aristóteles) de quiénes se cuentan entre la familia de los filósofos, y a su lado, a
F
SE
Sócrates y a Platón, que se sientan más cerca de él; Demócrito, el que enseña que el
mundo es fruto del azar; Diógenes y Anaxágoras y Tales, Empedócles, Heráclito y Zenón;
IC
y vi a Dioscórides, el excelente conocedor de las sustancias medicinales (...) a Euclides, el
D
CI
geómetra, y a Ptolomeo; a Hipócrates, a Avicena y a Galeno, a Averroes, el que hizo el
EL
gran comentario» (Infierno IV, 121144).
D
Si no supiéramos de la simpatía de Dante hacia los líderes y pensadores del Islam,
L
A
asombraría, al leer la Divina Comedia, el encontrar en el Limbo, entre el grupo de
IT
sultán que tantos sinsabores
D
CA
causara a los cristianos y que acabó por echarlos de Jerusalén y Palestina en 1187,
TE
unos ciento veinte años antes de que Dante se le ocurriera hacerle tan significativo
IO
homenaje. ¡Saladino junto a Julio César! Más allá, próximos a Hipócrates, Euclides y
BL
Ptolomeo, en el grupo de los sabios, Avicena y Averroes, «che’l gran comento feo» ("el
que hizo el gran comentario" de las obras de Aristóteles). ¡Estos «enemigos acérrimos»
BI
de los santos doctores de la Iglesia Alberto Magno y Tomás de Aquino, marchando
codo a codo con los maestros de la Antigüedad, a dos pasos de Aristóteles! De los
tomistas y muchos contemporáneos de Dante jamás se hubiese conseguido tanta
indulgencia.
El infierno musulmán en la «Divina Comedia»
El Infierno de Dante es, de plano y de perfil, un calco de los libros de Abul’Ala, de
Ibn al’Arabi y de las narraciones de «La escala de Mahoma» o Mi’raÿ. Veamos como
Asín Palacios coteja algunas de las múltiples coincidencias de la obra de Abul’Ala con
la de Dante: «El viaje al infierno que el peregrino musulmán emprende a continuación...
se realiza conforme a un itinerario semejante al de Dante, si bien en orden inverso:
Dante, en efecto, visita el infierno antes que el paraíso; Ibn alQarih, en cambio, pasa
59
desde el paraíso al infierno. Dante, al emprender su marcha, ve cerrado el camino por
tres fieras, una pantera, un león y una loba (Infierno I, 3349), y, salvados estos
peligros, encuentra a Virgilio (Infierno I, 62), el vate de los poetas clásicos, el príncipe de
la epopeya, que le conduce, ante todo, al jardín del limbo, en cuyas verdes praderas
habitan los genios de la humanidad, es decir, los sabios y héroes griegos, latinos y árabes;
después comienza ya la visita del infierno propiamente dicho. El peregrino musulmán,
antes de tropezar con obstáculo alguno, encuentra a Jayta’ur, el vate de los genios (...) Y
después de este episodio es cuando los obstáculos cierran el paso del peregrino musulmán.
Los reiterados esfuerzos de los dantistas para penetrar en el sentido alegórico, así moral
como político, que Dante quiso ocultar bajo el velo de las tres fieras simbólicas que le
cierran el paso al emprender su viaje hacia el infierno, han dado de sí centenares de
páginas, repletas de erudición e ingeniosa fantasía; pero ninguna hipótesis, de las
incontables que se han excogitado para explicar ese célebre episodio dantesco, ofrece al
lector un precedente tan típico como el que acabamos de analizar en este viaje
musulmán; obsérvese, en efecto, que el peregrino, antes de arribar al infierno, ve también
F
SE
cerrado el paso sucesivamente por dos de las tres mismas fieras que asaltan a Dante en su
IC
camino hacia el infierno: un lobo y un león. Diríase, pues, como si el poeta florentino, al
D
aprovechar para el suyo el viaje musulmán, hubiese adaptado este episodio a sus fines
CI
alegóricos, añadiendo una pantera al león y al lobo e invirtiendo además el orden en que
EL
las fieras se presentan al peregrino» (M. Asín Palacios. O. cit., págs. 106107).
D
En el Infierno de Dante nos hundimos de grada en grada, girando siempre sobre la
L
A
izquierda (Infierno XXIX, 53; XXXI, 82). La diestra no existe en el Infierno musulmán:
IT
«Y observemos, ante todo, que sus pasos van siempre en dirección siniestra, sin marchar
IG
jamás hacia la derecha. Es un pormenor pintoresco, al parecer trivial, pero al cual los
D
comentaristas de la Divina Comedia han atribuido, con razón, un sentido alegórico. Lo
CA
que no parece que hayan advertido es que los místicos musulmanes, y especialmente
TE
nuestro murciano Ibn ‘Arabi, enseñaban que para los habitantes del infierno no hay
IO
derecha, así como en el cielo no hay izquierda. Y esta afirmación es, además, comentario
BL
o glosa de un texto alcoránico, en el que los elegidos caminan hacia el paraíso, guiados
por el resplandor de sus propias virtudes, que ilumina sus pasos a mano derecha (Sura
BI
57, Aleya 12; Sura 66, Aleya 8). Del cual pasaje infiere Ibn ‘Arabi que los réprobos
deberán caminar hacia la izquierda (Futuhat, I, 412, lín. 14)» (M. Asín Palacios: O. cit.,
pág. 149).
Igualmente, en el Infierno de Dante, en el Noveno Círculo, se encuentra el suplicio del
frío (Infierno XXXII, 22124; XXXIV, 10 y ss), más intolerable que la quemadura, el
zamharir (en árabe "el frío intenso" o "frío lunar"), esa idea de un mundo que se
petrifica, se congela paulatinamente, de un mundo de hielo, de un témpano que
representa el último grado del endurecimiento, del cero absoluto; pues, en extremo
rigor, la llama contiene aun un elemento de vida, en tanto que el frío es la
desesperación, la muerte, la nada: «Ocio es advertir que el suplicio infernal del frío
carece de precedentes en la escatología bíblica. En cambio, el infierno musulmán lo coloca
por lo menos en el mismo rango que el castigo del fuego (Futuhat, I, 387). No puede, sin
59
embargo, asegurarse que el Alcorán consigne, de un modo taxativo, este suplicio: la única
vez en que se alude a él es en un pasaje que habla del paraíso, donde se dice que los
bienaventurados no sufrirán del sol ni del zamharir (Sura 76, Aleya 13)» (M. Asín
Palacios: O. cit., pág. 166). Para completar el concepto: «Ibn ‘Arabi asegura
taxativamente que Iblís, como el Lucifer dantesco, sufre el tormento del hielo (Futuhat, I,
391, lín. 8). Y aduce, como razón que justifique tan singular y peregrina pintura, el
hecho de que, según la teología islámica, Iblís, como todos los demonios es un genio, y los
genios han sido engendrados del fuego; de donde infiere que su castigo debe consistir en
algo opuesto y contrario al elemento ígneo de que fue creado, es decir, el frío glacial o el
zamharir» (M. Asín Palacios: O. cit., pág. 177).
F
SE
datos y pruebas hasta ahora aportados demuestran la simpatía y devoción de Dante
hacia el Islam y los musulmanes, eso «no implica, sino que excluye, toda sospecha de
IC
afición al dogma musulmán: la sinceridad de sus sentimientos religiosos, la profunda
D
CI
convicción de su cristiana fe, queda fuera de todo litigio... Esta psicología, nada
EL
complicada, perfectamente lógica y explicable, revélase en dos pasajes típicos de la Divina
Comedia: Dante pone en el limbo a dos sabios musulmanes, Avicena y Averroes, y coloca
D
Mahoma. Pero aun a éste, al profeta del Islam, no lo condena como tal, como reo de
IT
infidelidad, como fundador de una religión positiva o una herejía nueva, sino
IG
insignificantes escisiones religiosas o civiles... Esta lenidad e indulgencia en el castigo del
CA
fundador del islamismo es todo un síntoma revelador de aquella misma simpatía hacia la
TE
cultura del pueblo musulmán... Pero hay más: la figura de Alí aparece bosquejada con
IO
florentino: "Delante de mí —dice Mahoma a Dante— va Alí llorando, con la cabeza
abierta desde el cráneo hasta la barba". Esta pintura es literalmente histórica: todos los
BI
73
‘Alí ibn Abí Tálib, la Paz sea con él, en realidad fue atacado el 19 y falleció dos días después, el 21 de
Ramadán del año 40 de la Hégira (28/1/661). Había nacido un 13 de Raÿab diez años antes del inicio de la
misión profética (25/5/600).
59
Este trágico acontecimiento de los primeros tiempos del Islam está corroborado por
numerosas narraciones (ahadith) de las escuelas islámicas de pensamiento y por
distintos relatos legendarios: «Y en esas leyendas se pintaba la efigie de Alí moribundo
con estos rasgos idénticos a los dantescos: "Tu asesino —decíale Mahoma— te dará un
golpe sobre ésta —y tocaba su cabeza— y de la sangre de la herida se mojará ésta— y le
cogía la barba (cfr. AlFajrí: Ta’rij aljamis, Imprenta alMawsu’at, El Cairo, 1317 de
la Hégira, pág. 90)» (M. Asín Palacios: O. cit., pág. 395).
Asín Palacios trata de justificar la descripción que hace Dante del Santo Profeta (BPD)
esgrimiendo estos argumentos que, por sus connotaciones, nos resultan sumamente
familiares, especialmente en lo referente a esa manía paranoica de fabricar clichés y
estereotipos del Islam y los musulmanes, practicada tan asiduamente por los
periodistas y políticos occidentales poco serios de fines del siglo XX: «... pero si la
efigie dantesca es manca y deficiente, no adolece, en cambio, de las fábulas absurdas que
casi todos los historiadores cristianos de su siglo tejieron en derredor de la histórica
F
SE
figura del fundador del Islam, atribuyéndole a porfía las más extravagantes y
contradictorias cualidades, haciendo de él ya un pagano, ya un cristiano; llamándole
IC
Ocin, Pelagio, Nicolás o Mahoma; suponiéndole iletrado, o mago, o escolar de Bolonia;
D
CI
fingiéndole árabe o español, o romano y hasta de la familia de los Colonna;
EL
confundiéndolo con su mentor Bahira, el monje nestoriano, y haciendo de él, como de
éste, un diácono o un cardenal de la Iglesia católica, aspirante al papado, y que con tales
D
fines marcha a la Arabia desde Constantinopla, Antioquía, Esmirna u otras regiones de
L
A
credulidad de los historiadores, la sobria efigie dantesca se nos revela como un discreto
IG
mentís, dado a sus contemporáneos con el silencio; diríase que Dante se limita a pintar a
D
Mahoma como conquistador, no porque ignore los rasgos restantes de su veraz efigie,
CA
sino porque éstos serían inadaptables a la imagen absurda que los lectores del poema
TE
dantesco tendrían estereotipada en su mente por obra de las leyendas y fábulas que sobre
IO
él circulaban durante el siglo XIII» (M. Asín Palacios: O. cit., pág. 393).
BL
Resta mencionar la ubicación en el Infierno dantesco de dos grandes amigos de los
BI
59
El purgatorio musulmán en la «Divina Comedia»
En los Juicios Finales elucubrados por la escatología cristiana nada hay de puntos
intermedios, nada de estado de transición y de espera en los que el alma se purifica.
Las descripciones de Dante del limbo y especialmente del purgatorio no tenían hasta
el siglo XIV antecedentes en la tradición cristiana: «Tan precisa y pormenorizada
localización del purgatorio es inexplicable dentro de la escatología cristiana. Sabido es
que hasta bien entrado el siglo XV, es decir, más de cien años después de publicada la
Divina Comedia, no llegó a ser dogma de fe la existencia del purgatorio, como estado
especial de las almas que expían temporalmente el reato de sus culpas. En cuanto a su
topografía, ni el Concilio de Florencia, tenido en aquella fecha, ni el de Trento, ni ningún
sílabo o profesión de fe, declararon jamás cosa alguna en concreto. Digamos mejor: la
Iglesia se ha esforzado siempre en desautorizar toda fantástica descripción local, en lo
que atañe a la vida ultraterrena y especialmente al purgatorio» (M. Asín Palacios: O.
cit., págs. 176177).
F
SE
Ahora veremos los parámetros islámicos del sirat 75 y sus analogías con el purgatorio
IC
dantesco: «El murciano Ibn ‘Arabi, glosando en su Futuhat las palabras atribuidas a
D
CI
Mahoma sobre este punto, dice, en efecto, que "las almas que no entrarán al infierno,
serán detenidas en el sirat, donde se tomará estrecha cuenta de sus culpas y se les
EL
castigará". Y añade que "el sirat o sendero estará sobre la espalda del infierno, y sólo
D
caminando por él se podrá entrar en el paraíso" (Futuhat, I, 411). Y en otro lugar
L
A
precisa más todavía esta descripción diciendo que "el sirat se alzará desde la tierra en
IT
línea recta hasta la superficie de la esfera de las estrellas, y que su término será una
IG
pradera, que se extiende al exterior de los muros del paraíso celestial, a la cual pradera,
D
(Futuhat, III, 573). No podía Ibn Arabi puntualizar más claramente los rasgos
TE
derechamente desde la tierra hasta tocar la esfera celeste, y en cuya cima, como luego
BL
manos de los místicos, se desdobla y multiplica la primitiva qantara o lugar de expiación,
poblándola de un número variadísimo de estancias, cámaras, recintos, mansiones o
moradas, en las que progresiva y separadamente van purificándose las almas de sus
vicios. Es, como siempre, el murciano Ibn ‘Arabi el que con más lujos de pormenores nos
ha conservado la extensa leyenda profética que describe escrupulosamente esta
subdivisión del purgatorio islámico, poniéndola en boca de Alí, yerno de Mahoma, pero
como narrada por éste (Futuhat, I, 403406). Cincuenta son en total las estancias que en
esa leyenda se enumeran, distribuídas en cuatro principales agrupaciones; pero de todas
éstas, la que más hace a nuestro propósito es la última, porque a semejanza del
75
En la escatología islámica se habla del sirat (lit. camino, sendero) como un puente tendido por encima del
infierno y que deberán cruzar los resurrectos el Día del Juicio como parte de su ordalía. Se dice que este
"puente" será delgado como el filo de una espada, y que transitarlo será dificilísimo, cayendo de él los
malvados al Infierno. Sólo los justos podrán cruzarlo a salvo. Las referencias al sirat se encuentran en las
tradiciones o hadices de todas las escuelas.
59
purgatorio dantesco (Purgatorio, IX a XXVII) consta de siete diferentes cámaras o
recintos, que Ibn ‘Arabi denomina aquí puentes o pasos resbaladizos, llenos de arduos y
difíciles obstáculos, para salvar los cuales el alma habrá de ir subiendo una tras otra siete
empinadísimas cuestas o rampas, cuya elevación hiperbólicamente se mide por millares
de años. El criterio de clasificación para distinguir una de otra estas diferentes mansiones
de prueba y de expiación, es también exactamente igual que el dantesco» (M. Asín
Palacios: O. cit., págs. 181183).
El paraíso terrestre islámico en la «Divina Comedia»
En la última parte del Purgatorio de Dante se encuentra el paraíso terrestre. Allí, en
unas escenas inimaginables en la obra de un pensador europeo, Dante hace una doble
ablución purificatoria en los ríos del paraíso terrenal, Leteo (Purgatorio, XXXI, 94
102) y Eunoe (Purgatorio, XXXIII, 133145), episodio nada cristiano y muy islámico,
por cierto76. Para esta parte de la Divina Comedia, Asín Palacios aporta un fragmento
F
de una obra literaria andalusí escrita en prosa rimada por el tradicionista Sakir Ibn
SE
Muslim, natural de Orihuela, que floreció en el siglo XII, cien años antes que el poeta
IC
florentino, y que a su vez tiene origen en una añeja tradición musulmana atribuida a
D
CI
Ibn alAbbás 77, y que es una analogía impresionante por su similitud con el
argumento dantesco: «Lo primero que se les ofrece a los que van a entrar al paraíso, son
EL
dos fuentes: de una de ellas beben y Dios hace desaparecer de sus corazones todo rencor y
D
odio; entran después en la otra fuente y se bañan en ella, y su tez queda brillante y sus
L
A
rostros tórnanse puros y en ellos se reconoce ya el bello esplendor de la felicidad» (M.
IT
Asín Palacios: O. cit., pág. 198). Compárese este texto con lo que dice el propio Dante
IG
sacratísima agua renovado como nueva planta en la que nacen de nuevo verdes hojas,
CA
purificado y dispuesto a subir a las estrellas» (Purgatorio, XXXIII, 142145).
TE
IO
El origen más remoto de los jardines musulmanes hay que rastrearlo en Oriente y se
basa en la idea del Paraíso Terrenal que hablan todas las cosmogonías antiguas y está
BL
descrita en la Biblia: «Plantó Dios un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a
BI
quien formara. Hizo brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y
sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del
bien y del mal. Salía del Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía en cuatro
brazos. El primero se llamaba Pisón.. el segundo se llamaba Guijón... el tercero Tigris... el
76
La ablución (árabe uudú’) es un prerrequisito de la oración en el Islam, y consiste en un lavado con agua de
las manos, el rostro, el cabello y los pies. Está descripta sucintamente en el Corán (cfr. 5:6). La ablución se
realiza para acceder al estado de taharah (purificación), imprescindible para todo acto devocional, y
recomendado en general para todo momento.
77
Ibn ‘Abbás era primo del Profeta (y no su tío, como erróneamente dice Asín en otro lugar aquí citado), hijo
(ibn) de ‘Abbás, su tío. Ibn ‘Abbás fue de los más grandes sabios en la ciencia del tafsír o exégesis coránica, y
las tradiciones proféticas. Se narra que el Profeta (BPD) en cierta oportunidad, para agradecerle un servicio
que le había hecho, suplicó a Dios por él: "Hazlo sabio (en la religión y sus ciencias)", y de allí su enjundia en
las ciencias religiosas. En los libros de tradiciones se compilan numerosos dichos proféticos transmitidos por
Ibn Abbás, y particularmente es conocida su versión del isra ual mi‘raÿ.
59
cuarto Eufrates» (Génesis 2, 8 a 14). Por eso dice Dante: «Ante aquel lugar me pareció
ver que el Tigris y el Eufrates brotaban de una misma fuente como amigos» (Purgatorio,
XXXIII, 112113).
Numerosos pasajes del Libro por excelencia evocan este lugar delicioso con una
imagen tan precisa que ésta llegó a ser fuente de inspiración para los creadores de
jardines. En el seno de un cercado protegido de los vientos del desierto, el agua de los
Cuatro Ríos del Paraíso discurre por canales entre parterres con árboles cargados de
frutos y poblados de pájaros, mientras unas vírgenes acogen en sus pabellones a los
F
bienaventurados para toda una eternidad de delicias... (véase también las siguientes
SE
aleyas coránicas: 457, 3852, 4454, 5220, 5572, 5622, 6834 y 7833).
IC
D
CI
El jardín, paraíso y recuerdo del primigenio oasis del desierto, ocupa por tanto un
lugar privilegiado en el imaginario musulmán. La catedrática María Jesús Rubiera
EL
Mata de la Universidad de Alicante, en su obra La arquitectura en la literatura
D
árabe (Hiperión, Madrid, 1988, pág. ), desarrolla esta perspectiva: «El oasis debe ser el
L
A
principio del jardín árabe, el oasis, que ofrece al beduino el placer estético del claroscuro,
IT
al presentarse como una mancha negra en el luminoso horizonte, y luego, cuando se
IG
acoge bajo sus palmeras colmará el resto de sus sentidos con la frescura de su sombra,
D
con el agua de su manantial, recogida en una charca tranquila como un espejo, o sonora
CA
y fluyente en riachuelos o en rudimentarias acequias que nacen de su fuente. El Profeta
TE
del Islam trascenderá estas sensaciones y mientras los persas habían hecho de sus
jardines, paraísos, los árabes harán del Paraíso un jardín».
IO
BL
Arboles, sombra y agua componen un jardín persa. Para ese pueblo, el Paraíso habla
BI
Asín Palacios, a propósito de la tradición monoteísta de los Cuatro Ríos, cita un pasaje
del texto del Mi’raÿ (cfr. Tafsir de Jazin, III. 145 y ss., Muhammad Effendi Mustafá
Editor, El Cairo, 1318 de la Hégira) en la que el Santo Profeta Muhammad (BPD)
dice: «Y he aquí que había cuatro ríos, dos ocultos y dos exteriores. Dije: "—¡Oh Gabriel!
¿Qué son estos ríos?". Respondió: "—Los ocultos son dos ríos del cielo, y los exteriores, el
Nilo y el Eufrates"» (M. Asín Palacios: O. cit., pág 431). Obsérvese la afinidad de esta
59
narración musulmana con los dos ríos ocultos de Dante (Leteo y Eunoe) y los dos
terrestres (Tigris y Eufrates), también citados por el bardo florentino.
El paraíso celestial islámico en la «Divina Comedia»
En el canto primero del Paraíso dantesco encontramos la primera gran analogía de
esta nueva y celestial etapa. Es la ascensión de Dante y Beatriz (que ha reemplazado a
Virgilio), atravesando la esfera del fuego, del paraíso terrestre a las esferas celestes
(Paraíso, I, 3775). Igualmente, en la ya citada obra del sirio Abul’Ala alMa’arrí
(pág. 93), el viajero musulmán Ibn alQarih asciende al cielo conducido por Fátima
(P), la hija del Profeta Muhammad (BPD) y esposa de su primo Alí Ibn Abi Talib (P),
como Dante lo hace con Beatriz.
En el canto décimo encontramos la clave que tal vez más nos ayude a revelar el
verdadero pensamiento del poeta florentino. Sólo por simpatía a lo musulmán puede
F
comprenderse el juicio benévolo, injustificable dentro de la teología católica, que a
SE
Dante le merece un hombre como Siger de Brabante78, profesor de la Universidad de
IC
París, condenado por hereje averroísta, y asesinado por instigación papal. ¡Cuánta
D
sorpresa al hallar en pleno paraíso y entre el coro de los sabios cristianos ortodoxos,
CI
junto al español San Isidoro (570636), al inglés Beda el Venerable (673735) y al
EL
escocés Ricardo de San Víctor (m. 1173), «la eterna luz de Siger, que enseñando en el
D
Vico de li strami —en frase de Dante— (la actual Rue de Fuarre, la calle donde se
L
A
verdades capaces de suscitar el odio de los adversarios envidiosos» (Paraíso, X, 136138).
IG
D
Averroes, explica también otro enigma, todavía más oscuro, que ha conseguido resolver
TE
la sagaz erudición de Bruno Nardi en uno de sus estudios (cfr. Bruno Nardi: Sigieri di
Brabante nella Divina Commedia e le fonti della filosofia ái Dante, «Rivista di
IO
tomismo di Dante e alla quistione di Sigieri, «Giornale dantesco», XXII, 5º, Olschki,
BI
78
El filósofo belga Siger de Brabante (¿1235?-1281/84), sacerdote secular, era un hombre muy sabio. Los
fragmentos subsistentes de sus obras citan a al-Kindí, al-Farabí, al-Gazalí, Avicena, Avempace, Ibn Gabirol,
Averroes y Maimónides. En una serie de comentarios sobre Aristóteles y en un opúsculo de controversia
llamado «Contra esos hombres famosos en filosofía, Alberto y Tomás», Siger sostenía que san Alberto
Magno y santo Tomás de Aquino interpretaban falsamente al filósofo griego y que Averroes lo hacía
correctamente. Que Siger tenía muchos seguidores en la Universidad de París se deduce de la presentación de
su candidatura al rectorado en 1271, aunque no prosperó. Nada puede probar mejor la fuerza del movimiento
averroísta en París que los repetidos ataques de Etienne Tempier, obispo de la ciudad a orillas del Sena. En
octubre de 1277 Siger fue condenado por la Inquisición. Sus últimos días transcurrieron en Italia como preso
de la curia romana. Entre 1281 y 1284 fue apuñalado en Orvieto (Umbría) por su amanuense, calificado como
un monje «medio loco» por la versión eclesiástica. Hay razones para creer las versiones de diversos
historiadores que señalan la complicidad de la curia en la muerte de Siger. El médico-filósofo Pedro de Abano
o Petri Aponi, considerado el fundador del averroísmo en Padua tuvo el mismo fin hacia 1303, y la
Inquisición hizo quemar sus huesos. Otro tanto sucedió con el poeta-astrólogo Francesco Stabili (1269-1327),
conocido como Cecco d’Ascoli.
59
profesor de la Universidad de París, Siger de Brabante, condenado como hereje averroísta
en 1277 y muerto en Italia hacia 1284. Dante, a pesar de todo, lo coloca en la esfera
celestial del sol, en la morada de los teólogos, junto a Santo Tomás de Aquino, Alberto
Magno, San Isidoro de Sevilla, Dionisio Areopagita, Pedro Lombardo, Beda, Boecio, San
Agustín, etc. ¿Cómo justificar tamaña audacia? Los dantistas han agotado todas las
hipótesis del ingenio para dejar a salvo la sinceridad cristiana y la seriedad del poeta
florentino, que no sólo exime de las penas infernales a un hereje como Siger, patriarca
del averroísmo, muerto fuera de la comunión de la Iglesia, sino que lo exalta además
hasta la mansión de los santos teólogos y doctores de la ortodoxia y, para colmo de
osadía que toca los lindes del sarcasmo, pone en boca de Santo Tomás, adversario
irreconciliable de Siger en el problema de las dos verdades y en el de la unidad del
intelecto, un elogio que equivale a una rehabilitación de su memoria (Paraíso, X, 82 y
ss.). Nardi ha dado la clave de este enigma, planteando de nuevo la cuestión de las
fuentes de la filosofía dantesca. Hasta ahora se había creído que Dante fue un filósofo
exclusivamente tomista; pero Nardi, merced a una escrupulosa revisión de los textos
F
SE
dantescos, cotejados con los de otros escolásticos de filiación neoplatónica y con los
IC
sistemas de Avicena y Averroes, ha demostrado que Dante, en el conflicto entre la filosofía
D
árabeneoplatónica de estos pensadores y la teología cristiana, adoptó una aptitud
CI
fideística o mística, recurriendo a las enseñanzas de la fe para evitar las dudas nacidas de
EL
aquel conflicto. Gracias a esta actitud, Dante, lejos de ser un tomista incondicional, es un
escolástico, pero ecléctico, que, sin seguir a ningún maestro en particular, acepta de todos
D
L
los pensadores, antiguos y medievales, cristianos y musulmanes, ideas y teorías, para
A
fundirlas en un sistema personal que, ocupando un término medio entre el tomismo y el
IT
avicenismoaverroísta, se aproxima a este último más que aquél en un gran número de
IG
problemas. Las principales tesis dantescas de filiación arábiga que Nardi ha puesto de
D
relieve atañen a la cosmología, a la teodicea y a la psicología: Dios es luz, cuyos rayos se
CA
difunden y atenúan a medida que se alejan del foco. Las inteligencias de las esferas
TE
celestes reflejan como espejos aquellos rayos e imprimen así las formas de la materia... Y
IO
Nardi hace ver cómo estas ideas dantescas, aunque puedan tener precedentes en la
BL
En 1881, un erudito, Fernand Castets, descubría una obra desconocida del autor de la
Divina Comedia en un manuscrito de la Facultad de Medicina de Montpellier. Sólo
uno de los sonetos del poema (XCVII) era ya conocido a través de otros manuscritos.
Este poema llamado Il Fiore —véase Dante: Tutte le opere. Le opere poetiche minori/
Il Fiore, Grandi Tascabili Economici Newton, Roma, 1993, págs. 778872), es el único
texto italiano que narra la muerte de Siger de Brabante, y el poeta florentino, una vez
más, lamenta la triste suerte de ese filósofo belga (Soneto XCII, 911, pág. 815):
«Mastro Sighier non andò guari lieto:
(El maestro Siger no anduvo contento mucho tiempo:)
A ghiado il fe’ morire a gran dolore
(de una puñalada le hicieron morir con gran dolor)
60
Nella corte di Roma, ad Orbivieto».
(En la corte de Roma, en Orvieto).
En el canto vigésimo sexto, al igual que Muhammad (BPD), Dante se encuentra con
Adán y le inquiere acerca del idioma que hablaba en el paraíso terrenal: «Otro
episodio que también sugiere flagrantes analogías, es el encuentro con Adán, al regresar
el viajero musulmán (Ibn alQarih, en el Risalat de Abul’Ala. O. cit., pág. 98) desde el
infierno al paraíso; recuérdese que el tema principal de su conferencia con el Padre de los
hombres es el de la lengua primitiva que éste habló. Ahora bien, Dante encuéntrase
igualmente con Adán en la octava esfera celeste (Paraíso, XXVI, 79 y ss.), y uno de los
temas, quizá el principal, de su coloquio con nuestro común Padre, es también el de la
lengua en que se expresaba durante su estancia en el paraíso terrestre» (M. Asín
Palacios. O. cit., pág. 107).
En el canto trigésimo segundo del Paraíso, Dante realiza una minuciosa distribución
F
de los bienaventurados que asombra por su originalidad: «De toda esta concepción
SE
arquitectónica no son muchos los rasgos cuyos precedentes islámicos no hayan sido
IC
señalados ya por nosotros en alguna de las redacciones de la leyenda del mi’raÿ. Suponer
D
CI
las esferas astronómicas habitadas por ángeles, profetas y santos, distribuidos en ellas
según sus méritos, vióse ya repetidas veces en aquellas redacciones. Y por cierto que esta
EL
imaginación dantesca e islámica no tienen en la literatura bíblica su explicación ni el
D
Antiguo ni el Nuevo Testamento dicen palabra alguna que taxativamente suponga en los
L
A
cielos astronómicos la morada de los elegidos (....) A guisa sólo de ejemplo que sugiera al
IT
lector la distribución concreta de los elegidos en sus respectivos lugares, Ibn ‘Arabi
IG
cuatro las enumeradas: 1ª, los profetas o enviados de Dios, que ocupan el grado más
CA
alto, sobre púlpitos o almimbares; 2ª, los santos, que heredaron las enseñanzas de los
TE
profetas, imitando su vida y costumbres, síguenles en un grado inferior, ocupando tronos;
IO
3ª, los sabios o doctores de la fe, que alcanzaron en vida un conocimiento científico de
BL
Dios, ocupan el grado inferior, sobre escabeles o sillas; 4ª, los simples fieles, que sólo
alcanzaron un conocimiento de las cosas divinas por la mera adhesión a la autoridad
BI
revelada, ocupan, bajo los anteriores, gradas o bancos (Véase, por ejemplo, los
siguientes pasajes dantescos, comparados con Futuhat, I, 147; II, 111, y III, 577:
Paraíso, XXXI, 69; Paraíso XXX, 133, y Paraíso XXXI, 16) (....) la tradición musulmana
había establecido la misma división dantesca en dos sectores, mucho antes que Ibn
‘Arabi: un hadit atribuido a Alí, yerno del Profeta, los describe con estos rasgos tan
precisos como pintorescos: "A las dos partes del trono divino hay en el paraíso dos
margaritas o perlas, una blanca y otra amarilla; cada una de ellas contiene setenta mil
mansiones; la blanca es para Mahoma y los de su grey; la amarilla, para Abrahán y los
suyos" (Ibn Majluf, II, 5960, Ibn Murad alTurkí Editor, El Cairo, II, 1317 de la
Hégira). No podría idearse un tipo de distribución más análogo al que Dante imaginó al
colocar en el sector izquierdo de la rosa mística a los profetas, patriarcas y santos de la
ley antigua, y en el derecho a los que vivieron después de Cristo (Paraíso, XXXII, 1927).
Y para que la similitud llegue a los pormenores, Ibn ‘Arabi supone que el lugar más
60
honorable de la gloria, ocupado por Mahoma, está tan contiguo al de Adán, que pueden
ambos padres de la humanidad espiritual y corpórea considerarse ocupando un mismo
grado de la visión beatífica, de la misma manera que Dante colocó juntos en la rosa
mística a Adán, padre de los hombres, y a San Pedro, patriarca de la cristiana fe
(Paraíso, XXXII, 118120) (...) en las dos pinturas que hemos comparado: la de Ibn
‘Arabi se parece a la dantesca como el modelo a la copia» (M: Asín Palacios: O. cit.,
págs. 221, 240242).
Para no abrumar al amable lector con las múltiples analogías y sus detalladas
explicaciones, haremos ahora una apretada síntesis de éstas. Por ejemplo, el águila
gigantesca de Dante en el cielo de Júpiter, formada de la aglomeración de miríadas de
ángeles que sólo tienen alas y rostros, refulgentes de luz, que agita sus alas, mientras
entona cantos bíblicos y que luego reposa (Paraíso, XVIII, 106111; XIX, 112; XX, 16
78) es una adaptación resultante de la fusión del gigantesco ángel en forma de gallo,
visto por Muhammad (BPD), y que mueve sus alas, a la vez que proclama el principio
F
de fe monoteísta LA ILAHA ILLALLAH «No hay dios sino Dios» (Libro de la escala de
SE
Mahoma. O. cit., XXIX, págs. 8081). Y así como sobre el umbral del Empíreo, San
IC
Bernardo79 reemplaza a Beatriz para conducir al viajero hacia la Luz eterna (Paraíso,
D
CI
XXXI, 10142; XXXIII, 139), así también , en la suprema etapa del cielo musulmán,
Gabriel (P) se retira y el Santo Profeta (BPD) asciende solo hacia la presencia divina
EL
sobre una corona luminosa (Libro de la escala de Mahoma, XIX, pág. 70).
D
L
A
«El amor es la fuerza que anima al universo entero: en uno de sus poemas, Ibn Arabi
IT
Comedia", tan profundamente inspirada, como lo han demostrado Asín Palacios y Nelli80,
D
por el "Viaje nocturno" del Profeta cuyo Comentario por Ibn Arabi había leído, nos
CA
muestra, como la Sura XVII del Corán, el mundo visto desde el punto de vista de Dios. El
TE
último dístico de su "Paraíso", en el último canto de su "Divina Comedia", evoca: "Mi
IO
deseo, mi voluntad, el Amor que mueve y el sol y las otras estrellas". Este
BL
movimiento de retorno a Dios, el amor, es el mismo impulso que, venido de Dios, es la
BI
79
El monje cistercience Bernardo de Claraval (Clairvaux) nació en el castillo de Fontaine, cerca de Dijon, en
1090 y murió en Clairvaux hacia 1153. Gracias a sus relaciones con reyes y papas se las ingenió para que la
influencia ejercida hasta entonces por la orden de Cluny pasara a manos de los monjes del Císter. La devoción
de Dante por este santo de la Iglesia (canonizado en 1173 por el papa Alejandro III) se debe principalmente a
que Bernardo de Claraval fue el instigador de la segunda cruzada (1146-1148) —de la cual participó en
persona arengando con encendidos sermones a los caballeros cristianos—, empresa que fracasó
estrepitosamente frente a las murallas de Damasco (julio de 1148) y en la que murió Cacciaguida, el
tatarabuelo de Dante (Paraíso, XV, 135).
80
Descendiente de una antigua familia de artistas florentinos instalada en Francia a finales del siglo XVI,
René Nelli (1906-1982) nació en Carcassone, donde realizó los estudios secundarios. Se licencio en letras en
París, y en filosofía en Toulouse. Profesor en diversas universidades de Francia y de otros países, se
estableció finalmente en Tolouse. Es autor de una obra considerable y muy diversificada —poesía occitana y
francesa, traducciones, ensayos literarios o filosóficos, etnografía, historia— pero que gira alrededor de un
punto focal único: la civilización y los valores de la Occitania medieval, la de los cátaros y trovadores,
cuestiones en las que es una autoridad reconocida internacionalmente. Sus obras más conocidas son: La vida
cotidiana entre los cátaros, Argos Vergara, Barcelona, 1984; Los cátaros. ¿Herejía o democracia? El misterio
de los herejes que conmovieron al mundo con su sabiduría y su martirio, Martínez Roca, Barcelona, 1989;
Diccionario del catarismo y las herejías meridionales, José J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 1997.
60
creación. Ibn Arabi cita sin fin el versículo del Corán "De Dios todo viene y a Él todo
retorna —XXXIV, 35— (Roger Garaudy: Los dos horizontes. O. cit., pág. 192).
La filosofía de la iluminación
Lo mismo que Muhammad (BPD) en el Mi’raÿ, Dante siente que se eleva hacia un
continuo crescendo de resplandor y de luz, que muchas veces lo deslumbra y
enceguece (Paraíso, V, 9499; 130139; VIII, 1315; X, 3739; XIV, 7981, 133; XVIII,
6163; XX, 712; XXIII, 2224; XXVI, 166).
Asín Palacios asevera que ese lumen gloriae o visión beatífica fue tomado por Dante de
los conceptos de la filosofía islámica conocida como ishraqí ("lumínica"). Avicena fue
el que abrió el camino a la Sabiduría de la iluminación, la llamada «Metafísica o
Teosofía de la Luz» (Híkmat alIshraq), que tiene su origen en la escuela shií de
pensamiento. Uno de los postulados de esta filosofía enseña que la iluminación se
F
obtiene por medio de los ángeles que actúan como unión entre las esferas celestiales y
SE
la terrestre. Los principales cultores de la filosofía de la iluminación después de
IC
Avicena fueron los persas alSuhrawardí (11541191) y Mullá Sadrá (15711640), y
D
CI
nuestro conocido Ibn alArabi (cfr. Henry Corbin: Historia de la filosofía islámica.
Primera parte. Cap. VII: "Sohravardi y la filosofía de la luz", Editorial Trotta, Madrid,
EL
1994, págs. 189202).
D
L
A
«En 1914, dos años después que Nardi, e independientemente de su estudio (ignorado por
IT
mí en aquella fecha), había yo vislumbrado la filiación ishraqí y pseudoempedóclea de
IG
Dante, por el solo y somero examen de algunos pasajes del Paradiso, en los que la
D
doctrina metafísica de la luz, esencial a los ishraqíes musulmanes, aparece ejemplificada
CA
bajo los símbolos mismos de iluminación, espejos, círculos, centro, etc., con que se nos
TE
revela en aquéllos, para concebir la creación como una emanación o difusión de la luz
divina, cuya causa teleológica es el amor y sus primeros efectos una materia y forma
IO
Orígenes de la filosofía hispanomusulmana, Madrid, 1914, págs. 120121). Dante
BI
era ya entonces para mí un pensador más —excepcional tan sólo por la brillantez
esplendorosa de su arte— dentro de la escuela o dirección iluminista, iniciada en la
España musulmana por el cordobés Ibn Masarra (883931) y transmitida luego por el
judío malagueño Avicebrón (10221070) y el murciano musulmán Ibn ‘Arabi a los
escolásticos de la filiación que se ha llamado agustiniana, como Gundisalvi, San
Buenaventura, Guillermo de Auvernia, Alejandro de Hales, Duns Escoto, Rogerio Bacon o
Raimundo Lulio» (M. Asín Palacios: O. cit., pág. 399).
Asín Palacios hace un pormenorizado estudio de cómo el pensamiento de Ibn al’Arabi
inspiró la descripción dantesca de la gloria. Seleccionamos estos fragmentos: «En
primer lugar, la vida gloriosa, en su raíz, consiste, según el místico murciano, en la
visión beatífica, la cual es concebida como una manifestación, revelación o epifanía de la
luz divina. Dios es un foco luminoso que emite rayos de luz; estos rayos son, a la vez, el
60
medio que prepara y hace aptos a los elegidos para contemplar el foco divino. La difusión
de aquella luz a través del espíritu y cuerpo del bienaventurado, eleva su capacidad
natural, agudiza su fuerza visiva interior y exterior, para que pueda soportar la
intensidad del divino foco, infinitamente superior a la energía de toda criatura. Es
innecesario insistir en el estrecho paralelismo de esta concepción de Ibn ‘Arabi con la
dantesca: son idénticas en la idea y en su encarnación artística. Es también digno de
notarse que San Bernardo anuncia a Dante la próxima aparición de la luz divina,
invitándole a prepararse (Paraíso, XXXI, 142; XXXIII, 31), lo mismo que el Profeta a los
elegidos, en la descripción de Ibn ‘Arabi (Futuhat, I, 417418). Esta última, la imagen
pintoresca, carecía, además de precedentes en la literatura medieval cristiana. Aquélla,
en cambio, es decir, la idea o tesis teológica de la necesidad de una luz divina para
contemplar a Dios, había sido ya concebida y razonada, antes que Dante, por los
escolásticos. Santo Tomás de Aquino habla, con insistencia, de un lumen gloriae, de un
lumen divinum, que fortalece y perfecciona la aptitud natural del entendimiento
humano, para que sea capaz de elevarse a la visión beatífica (Summa contra Gentiles, I.
F
SE
III, caps. 53 y 54; Summa theologica, 1ª part., q. 12, a. 5). Pero también es cierto que
IC
el mismo Aquinatense confiesa (Summa theol., supplem., 3ª part., q. 92, a. 1) haber ido
D
a buscar la inspiración para documentarse en este problema no a los Santos Padres y
CI
teólogos escolásticos, sino a los filósofos musulmanes: la autoridad de Alfarabí, Avicena,
EL
Avempace y Averroes es la que invoca cuando trata de explicar filosóficamente el modo de
la visión beatífica, acabando por aceptar la teoría averroísta de la visión de las
D
L
sustancias separadas por el alma, como teoría adaptable a la visión de Dios por los
A
elegidos. Y era muy natural que el Aquinatense no recurriera a la literatura patrística o
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escolástica, en la cual nada o casi nada de fijo podía encontrar sobre tan abstruso tema.
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Los historiadores de los dogmas reconocen que la explicación filosófica de este artículo de
D
la fe cristiana falta en los Santos Padres y antiguos teólogos» (M. Asín Palacios: O. cit.
CA
págs. 247249).
TE
IO
En el canto trigésimo encontramos una nueva mención a la cosmogonía mística de
BL
Avicena: «Hay una luz allá arriba que hace visible el Creador a aquella criatura que en
verle tiene sólo su paz, y se extiende tanto su circular figura que su ancha circunferencia
BI
sería para el sol ancha cintura. Un rayo forma su apariencia, que es por el Primer Móvil
reflejado y de él toma la vida y la potencia» (Paraíso, XXX, 100108). «La esfera del
"Primer Móvil", que abarca y mueve al mismo tiempo a todos los demás, es el cielo de
cristal del filósofo árabe Avicena, en cuya superficie abovedada reverbera la luz de Dios
produciendo ese reflejo» (K. Leonhardt: O. cit., pág. 124). Véase especialmente el
comentario de Avicena sobre la aleya llamada de la luz (El Sagrado Corán: Sura 24
AnNur «La luz», Aleya 35), en Avicena: Tres escritos esotéricos. Estudio
preliminar, traducción y notas de Miguel Cruz Hernández, Editorial Tecnos,
Madrid, 1998, pág. LXI.
60
Conclusión
F
La tesis de Miguel Asín Palacios es exhaustiva, brillante y abunda en un lujo de
SE
pruebas que descarta toda duda al respecto. A partir de su publicación en 1919
IC
desencadenó una polémica de proporciones gigantescas que abarcó todas las
D
CI
latitudes. Numerosos especialistas en la materia respaldaron los argumentos del
sacerdote español, entre ellos los islamólogos británicos Sir Thomas Arnold
EL
81
(Universidad de Londres) y Alfred Guillaume (Universidad de Durham), el alemán F.
D
Babinger (Universidad de Berlín), los italianos G. Gabrieli (Universidad de Roma) y A.
L
A
Nallino (Universidad de Roma), el francés Maurice GaudefroyDemombynes (Escuela
IT
IG
81
Sobre las argumentaciones de que Dante no sabía árabe y que no tuvo por dónde llegar al conocimiento de
D
las obras escritas en esa lengua, el profesor sir Thomas Walker Arnold (1864-1930) dice: «Los críticos del
CA
señor Asín no han tenido en consideración el hecho de que en todos los tiempos los asuntos que los hombres
tratan en sus libros son los asuntos que discuten sus contemporáneos. La Edad Media no tuvo nuestras
TE
facilidades, libros impresos, diarios informativos ni revistas populares para imponerse de toda nueva teoría
IO
filosófica o científica; más aun: en nuestro tiempo, ¡cuánto se aprende de esas cuestiones en la conversación o
BL
en la discusión oral! Eso ocurría más aun en la Edad Media, cuando los hombres dependían mucho más que
nosotros de sus recuerdos, y eran capaces de llevar en la memoria muchos conocimientos que el erudito
BI
moderno confiaría a su libreta de apuntes». Acerca de que las relaciones comerciales y culturales estaban muy
desarrolladas entre Toscana y España, menciona que «... había también muchos establecimientos comerciales
toscanos en los puertos de Levante (Baleares, Barcelona, Valencia o Alicante), y así como el mercader pisano
Leonardo Tibanacci llevó a su tierra nativa, a principios del siglos XIII, la ciencia del álgebra, muchos
conocimientos sobre las ideas musulmanas sobre el otro mundo, pudieron llegar a Italia por caminos análogos
(...) Lejos de sorprender el hecho de que Dante los conociese, sería sorprendente, al contrario, que un intelecto
que se interesaba en todo lo del mundo conocido, desde Marruecos hasta el Ganges (...) sería sorprendente,
sobre todo, que el poeta que puso en tan honroso sitio a pensadores musulmanes como Averroes y Avicena , a
quienes colocó en el mismo puesto que asigna a su reverenciado maestro Virgilio, no hubiera empleado
materiales que tenía tan a la mano y que tan en armonía estaban con sus propias reflexiones sobre tan
sublimes temas». Como conclusión de su pormenorizado trabajo, el profesor Arnold escribe: «Cuando la obra
del Sr. Asín sea estudiada con más simpatía que hasta ahora lo ha sido, es de esperar que sea aceptada su
conclusión de que Dante, absorbido por su gran proyecto de delinear el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, no
podía haber desdeñado el empleo de los materiales que el Islam le ofrecía, materiales que pudieron estar a
disposición por diversos medios. A mi juicio, es nuestro moderno alejamiento de la cultura del mundo
islámico la causa de que el libro del Sr. Asín haya sido recibido con tanta hostilidad» (cfr. Alpha: El Dante y
el Islam, matutino La Nación, Buenos Aires, domingo 11 de septiembre de 1921, 2ª Secc., pág. 3).
60
de lenguas vivas orientales de la Universidad de París), el finlandés W. Soderhjelm
(Universidad de Helsingfors), el escocés naturalizado norteamericano Duncan Black
MacDonald (18631943), y el dantista Bruno Nardi (18841968), profesor de filosofía
de la Universidad de Mantua. En la Argentina se publicaron por entonces dos trabajos
comentando la obra de Asín: el primero con juicio favorable se titula «El Dante y el
Islam», fue firmado por un periodista con el seudónimo Alpha, y apareció en el diario
La Nación (Buenos Aires, domingo 11 de septiembre de 1921, 2ª Sección, pág. 3); el
segundo con juicio adverso pertenece a un dantista, el doctor Angel Licitra y es un
folleto de 118 páginas, titulado «De la originalidad de "La Divina Comedia" y de la
leyenda islámica del isrá y del mirach» (Olivieri, La Plata, 1921).
Un jesuita bollandista que firma con el seudónimo P.P., escribió estas líneas de
reconocimiento: «Ciertamente, nosotros no disimulamos que las analogías islámicas que
Miguel Asín nos ha mostrado en la Divina Comedia son inquietantes, ya por su
apariencia plausible, ya por su acumulación. Pero es más inquietante aun el imaginarse
F
la gran epopeya religiosa del cristianismo entronizada dentro de la mística musulmana,
SE
como en una mezquita cerrada al culto islámico y consagrada al culto cristiano...
IC
Cuando algún día la cuestión sea finalmente resuelta en un sentido o en otro, quedará en
D
CI
todo caso a Miguel Asín el honor de haber planteado uno de los debates más memorables
de la historia literaria universal» (Artículo inserto en Analecta Bollandiana, tomo
EL
XXXIX, Bruselas, 1921).
D
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A
Estudios posteriores 82 han confirmado plenamente la tesis de Asín palacios e incluso
IT
han ido más allá, destacando las profundas influencias del Islam en el Dante: «Dante
IG
está fuertemente impregnado del pensamiento árabe. Vive en un país que Federico II ha
D
modelado, y ha sido cautivado, como muchos de sus contemporáneos, por la doctrina
CA
occidental.» (Dante Alighieri: De monarchia, Introducción de B. Landry, Alcan, París,
IO
1933, pág. 5253). «A decir verdad, si Dante está impregnado del pensamiento árabe
BL
(sería más exacto decir islámico), no es sólo por el averroísmo, sino también y sobre todo
por el esoterismo sufí, y en particular por la enseñanza de Ibn Masârra y Muhyiddîn Ibn
BI
Arabî.» (Pierre Ponsoye: El Islam y el Grial. Estudio sobre el esoterismo del
Parzival de Wolfram von Eschenback, Olañeta, Palma de Mallorca, 1998, págs. 145
146).
Toda la arquitectura del poema de Dante, desde la estructura de su viaje infernal
hasta la montaña del Purgatorio y la sucesión de las esferas concéntricas y los cielos
en que moran las almas del Paraíso, toda la correspondencia entre los tres mundos,
todo este sistema, este ordenamiento, esta jerarquización de los mundos de
ultratumba, se halla ya íntegramente expuesto por la tradición, los místicos, los
filósofos y los poetas del Islam. Dante no ha impuesto a esta magnífica máquina
ningún sello personal. La encontró montada. Esto, por supuesto, no disminuye un
82
Véase Giorgio Levi Della Vida: Nuova luce sulle fonti islamiche de la"Divina Commedia", al-Andalus, 14
(1949); Maxime Rodinson: Dante et l’Islam d’après des travaux récents, en Revue de l’histoire des Religions,
octubre-diciembre 1951; E. Ceruli: Dante e l’Islam, Academia Nazionale dei Lincei, 12 (1957).
60
ápice su sublime inspiración y genio poético. Al contrario, confirma su erudición
multifacética y su cosmovisión pluralista.
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