El Mundo de Xavier Villaurrutia, Por Tomás Segovia
El Mundo de Xavier Villaurrutia, Por Tomás Segovia
NUMERO 10
MEXICO, JUNIO DE 954
E ] E M P LAR $ 1.00
• •
aRCANO OFICIAL DE LA U. N. A. 11. •
(fe exICO
1fIEMBRO DE LA ASOCIACION INTERNACIONAL DE UNIVERSIDADES
L siempre me ha pareci-
do más inquietante que -
las demás. Cuando un
poeta ha muerto, la curva de
habla española, después del
prólogo ele l\lí Chumacero. que
tanto conocimiento revela de la
obra de este escritor y ele su
su obra V de su vida se nos marca cultural. Nos ¡'imitare-
presenta,' por fin, tan nítida y mos a hacer algunos comenta-
tan cumplida, que casi nos pa- rios sobre su perspectiva, su
visión del mundo, puesto que
rece que lo habíamos deseado.
tal vez lo más esencial, lo más
y es que es siempre inquietan-
característico ele una obra de
t~ esa vida propia que adquie-
arte, más que los temas, más
r~ una obra cuando muere su
qüe los principios, más que los
autor, esa vida cuya creciente
tratamientos -o por debajo de
realidad parece una especie de
todo esto--, es la particular,
venganza. "inefable" perspectiva que re-
Ahora, muerto Xavier Vil~a
vela sobre la realidad. Y cuan-
urrutia, el Fondo de Cultut'a do una obra de arte tiene el
Económica nos presenta su acento de la de Villaurrutia,
poesía y su teatro, 1 que vemos cuando esa perspectiva es tan
por primera vez articularse, auténtica y tan imborrable, que
organizarse como un cuerpo deja ya para siempre huella,
vivo que se prepara a una lar-
aunque no lo queramos o se-
ga existencia independiente.
pamos, en la nuestra; cuando
nos ob'iga ya para siempre a
contar inconscientemente con
EL
MUNDO
DE
.,
.~
XA VI~E:;R VILLAURRUTIA
cerrar los ojos con la tarde amiga El miedo, como puede verse, no es no hay otra. 0, mejor dicho: puesto qt,le es
y acostumbrarlos para que se diga miedo de la muerte, sino miedo de la tan seguro qu~ hay otra, que no cabe la
que ya cerrados los halló la muerte.
vida, miedo de que la vida no sea ver- menor duda d~ que ésta es sueño y ~omo
o como en ese utro poema que señala uad, de que sea un sueño. Hablan{lo sueño hay que vivirla - o soñar,la. l\cluí
AJí Chumaccro, titulado "Ya mi súplica de su propio sueño, dice: todo es claro Y'bien delimitado. Sólo resta
es llanto". ser consecuente con ese sueño, con esa
No sabe que soy el suelio mascarada convencional que nos han dado,
En Reflejos, su lenguaje se afianza. de otro: si fuera su dueño
Hay aquí ya grandes aciertos expresi- ya lo habria libertado. puesto que somos sueño en el sueño, y al
vos, y el tono se va haciendo reconocible. final el gran Autor de este· Gran Teatro
N o' queda ya casi nada de ese provin- Porque sabe que él mismo no podrá ser y sus apuntadores nos pedirán cuentas,
cialismo voluntario -y un poco falso- libertado, vivirá siempre con esa duda, cuentas de nuestra fidelidad a las reglas
adoptado por amor a López Velarde, y con ese miedo invencible, aunque a ve- del juego, al texto de nuestro .personaje.
en su lugar va agudizándose cada vez ces parece que: Pero en el mundo de Villaurrutia, ¡ qué
más una extraordinaria delicadeza. Al distinto es todo! No vivimos en el sue-
algo nos dice que morir es despertar.
mismo tiempo, se insinúa ya una de sus ño; 'no vivimos en la vigilia; vivimos en
facetas constantes: Pero ese algo no debe de ser muy con- el mundo intermedio del insomnio, y ese
vincente, puesto que la duda persiste: mundo es el miedo. Aquí no hay persona-
i Y yo que cspcraba jes, tranquilizadores personajes, sino ate-
hallar, en el agua siquiera,
el mismo incolor que en mi alma!
y no mc atrevo a preguntarme si es rradores fantasmas.
el despert.ar de un sueño o cs UlI sueño mi vida. Para Villaurrutia, la realidad es discon-
Pronto esa delicadeza iba a hacerse Al mismo tiempo, no deja de tener la tinua, aparece y desaparece, se esfuma, se
más que eso: iba a hacerse sensibilidad, sospecha de que esta sensación de irrea- interrumpe. Yeso, esas interrupciones.
ulla temblorosa y segurísima sensibili- lidad, de sueño, de mentira, es un pecado: esos desvanecimientos es lo que casi siem-
dad capaz de percibir todos los matices pre evoca en su pluma la palabra "muer-
de una experiencia casi inaprensib!t>. Lo llevo en mi como un remordimiento, te" :
Trece años después de Reflejos -dato pecado ajeno y sueño misterioso.
Entonces sólo yo sé que la muerte
signi ficativo-, aparece por fin un nue- es el hueco que dejas en el lecho
Se siente acusado:
vo libro de poemas de Villaurrutia, N os- cuando de pronto y sin razón alguna
talgia de la muerte, en el que el poeta te incorporas o te pones de pie.
. . . cuando cierro los ojos pensando inútilmente
está ya entero. que asi estaré más lejos · .. y es la frase que dejas caer, interrumpida.
Que el tema de Villaurrutia es la de aquí, de mí, de todo y la pregunta mia que no oyes,
aqucllo que me acusa de no ser más que un que no comprendes o que no respondes.
Illuerte, es algo que todos saben. P.;ro (muerto.
la muerte es el tema de tantos podas, Pero este muerto que se siente acusado, y el silencio que cae y te sepulta
que esto no nos aclara casi nada. Tal que se siente en pecado, que vive en la cuando velo tu sueño y lo interrogo ...
vcz si examinamos a qué va unida en mentira, para quien todo es humo inasible,
esta poesía la idea de la muerte tengamos · .. es tu palabra trunca, tus gemidos ajenos
hasta él mismo: y tus involuntarios movimientos oscuros ...
una sensación más viva' de Jo que es · .. y nos nne y separa alternativamente _
propiamente vil!aurrutiano. . .. mc busco en mi cuarto · .. nos deja confusos, atónitos, suspensos ...
En primer lugar está esa sensación como se busca, a veces, un objeto perdido;
de fantasmagoría, de dudosa realidad, de La muerte es:
cosa que se esfuma que tiene el mundo pa- este muerto no tiene más que un afán, un
ra Villaurrutia : ese "mismo incolor que en desesperado afán: correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
~u alma" de que ya nos hablaba en Refle- sentir que muero despierto. querer asir el eco y encontrar sólo el 111ur<;>,
J?s. En ese mundo impalpable, sin bulto, y correr hacia el muro y encontrar un espeJo.
S1l1 !1eso, es posible encontrarse: Lo más conmovedor en él es esa exas-
Se comprende fácilmente que la expe-
perada lucidez, ese querer tener los ojos
dentro del agua que no moja riencia de todo esto se llama precisamen-
dentro del aire dc vidrio. bien abiertos, ese aplicar una desorbitada
te miedo. De tal manera que, si nos viéra-
atención a esa vida de duda, de terror, y mos precisados a decir con una sola. frase
En otro lugar lo dice con más claridad, a esa muerte inapelable: .
cómo es la muerte, la forma espeCIal de
aunque tal vez con menos emoción: muerte que impregna toda esta poesía, que
mi muerte de que no me consolaré jamás.
Porquc vida silencio piel y boca es su tema casi único, diríamos que, en
y soledad recuerdo cielo v humo El tema de "morir es despertar" ha sido Vieaurrutia, la muerte es el miedo.
nada sou sino sombras de palabras parafraseado por Villaurrutia de todas las Miedo, lucidez, insomnio: ¿ no se ve el
que nos salen al paso de la nochc. vínculo profundo y recíproco que une a
formas posibles. Hay un epitafio que aca-
ba diciendo: estas tres cosas? N o podría deci rse si es
Y todavía en un poema de su último
libro le dice al mar: el miedo lo que le mantiene insomne o el
Dicen que he muerto. insomnio 10 que le da miedo. Del mismo
No moriré jamás: modo, ¿ 110 sentimos claramente que el
cada vcz más tc siento menos mío. i estoy despierto!
miedo es lúcido y que la lucidez es una
.Esta duda acaba por hacerse miedo A veces "morir es despertar", y a veces forma de terror? Todo esto tiene algo de
I11I~do de no existir, miedo de que nad~ "despertar es morir". satánico. Y satánica es también esa espe-
eXIsta. La palabra "miedo" es una de Conviene que así sea, porque de esa cie de soberbia que le lleva a ver en la
las más frecuentes y de las más carrra- manera las afirmaciones se destruyen, muerte la prueba de la vida:
¡ (1e emanan., 1:>
(as en esta poesía. Hav un porque ese clima no es el de las afirma- i Qué prueba de la cxistcncia
"Nocturno miedo", en el cual se habla ciones, sino el de la duda v el miedo A habrá mayor ... !
de: 10 largo de toda esta obra 'se respira 'esa
Ese silogismo de aspecto equilibrada-
el miedo de no ser sino un cuerpo vacío
... y la duda de ser o no ser realidad. :~~s:~6sf~:a ~;~~:t~~~t~~~~m~i~, f~a ~ mente cartesiano:
tan fantasmagórica, es porqu~ así ve l~ ... que pnesto que muero existo,
Hay un "Nocturno grito" de: vida el insomne, el desvelado, el que no
descansa, el que está tan falto de sueño que parece casi consolador, acaso es, sin
Tcngo micdo dc mi ,"oz. que la vigilia es su sueño, el que mira con embargo, el grito más desgarrador que ha
Hay la duda en respunder: ujos tan fijos y enrojecidos, que ya no lanzado este hombre. Porque si es, ell
Yen la realidad, sino sólo su propia fiebre. efecto, casi tranquilizador que la muerte
por tcmor de saber quc ya nu cxisto Hay en el mundo de Villaurrutia una sea una prueba de la vida, es en cambio
sensación de sueño, pero no de ese sueño aterrador que sea la prueba de la vida,
Hay el: corpóreo y robusto del Segismundo cal- que esta prueba tenga que ser la muer-
deroniano, que exclama: "¡ Soñemos, al- te, que no haya otra.
miedo de 110 scr más quc un jirón del sueño
de alguien -¿ de Dios?- que sueña en este ma, soñemos!"; que está dispuesto a so- Pero todavía tendremos que encontrar
(mundo amargo. ñarse su sueño hasta el final, de un solo más tinte s.atánico en esta obra. Porque
Miedo de que despierte eSe al~ui~n ... trago como si fuese l~ verdqd~ puesto que. (Pasa a la pág. 21)
UNIVERSIDAD DE MEXICO 21
Ahora bien: aunque, ~olocado en el lu- casi opuesta a la de Villaurrutia, y sus te lo que fué sueño y lb que es vigilia,
gar en que lo está, este soneto adquiere personajes, incluso los que no habían en- sino para quedarse, como en la poesía, sin
toda la fuerza de un desenlace, es posible contrado autor, se le llenaban de vida, se más certezas que antes, pero fon los ojos
que no deba verse en él ese caracter de le hacían personas, no sabemos si contra bien abiertos, en una mirada fija y sin
verdadera solución que parecemos atri- su voluntad. Esto no le sucede nunca a esperanza.
buirle. Con todo, esta obra, aun sin desen- Villaurrutia, ni siquiera en la Teresa de El amor es casi siempre una especie de
lace, es una de las más sinceras que pue- La yedra, que es seguramente e! más
ilusión óptica que se desvanece en cuan-
dan leerse. (El reproché de intelectualis- "vivido" de todos. Pero tengo la impre-
mo que se le ha hecho a veces no puede sión de que estos personajes no carecen to nos acercamos o cambiamos la pers-
aplicarse sino a su primera época.) En de realidad por impotencia, sino que más pectiva.
ella se expresa con el acento de un autén- bien se abstienen de la realidad, porque no Los personajes, un día, se ven un ins-
tico poeta un drama muy profundo y muy creen en ella. tante con odio, con desprecio o con des-
verdadero, el drama de un hombre insom- Un rasgo que parece contradecir a la ilusión, y quedan como petrificados en ese
ne, lúcido y aterrado, que se vió satánico poesía es e! ejercicio del ingenio que abun-, instante, en esa visión que ya no les per-
(satánico de verdad, sin literatura), y da en el teatro. Pero si lo pensamos un mitirá núnca volver a verse -o, a igno-
supo no cerrar los ojos, y que tal vez al moinentQ, comprenderemos que el ingenio rarse- como antes. En su última obra,
final murmuró unas palabras de acepta- puro, el ejercicio gratuito de! ingenio no Juego peligroso, Irene y Arturo parecen
ción que le colocaban en el terreno de la puede brotar sino del nihilismo y la deses- salvarse de esa visión de un ínstante que
espera, a un paso del de la esperanza. peración, cosas que hemos encontrado amenaza con perseguirles toda la vida.
Finalmente, diremos sólo algunas pala-, constantemente en la poesía. Por otra par- Pero este final hut;le mucho a superpues-
bras sobre la obra dramática de Villa- te, la actividad teatral de Villaurrutia tie-
to :en efecto, hace absolutamente incom-
urrutia, porque, a pesar de la importancia ne lugar seguramente en una capa dife-
prensible la maldición de Francisco:
de esta obra en el nacimiento de! teatro rente, menos profunda, que la actividad
mexicano moderno, para nosotros ViIla- poética. Pero e! impulso primero de esta "Porque ahora ... ha destruido usted el amor
urrutia será siempre, ante todo, un poeta. actividad tiene que originarse en un lugar de Arturo. i ... ahora no podrá verla sino como
Trataremos sencillamente de relacionar profundo: en una necesidad de comunica- a una extraña, como a una enemiga ... [ i ... sé
que usted no podrá, no volverá a ser de' Arturo !"
los dramas con la poesía' en la medida de ción que, sin mucha fe, le hace intentar
lo posible. un lenguaje más fácil. Es, sin duda, el La misma Irene dice:
Hemos mencionado ya el tema de La mismo impulso el que le hace escribir
yedra, que sería por sí solo un lazo bas- poesía, pero su poesía brota en un lugar "Ahora comprendo, Arturo. Sé que nunca me
tante fuerte entre estos dos aspectos de hn central y desnudo que no prueba nada: perdonarás."
una misma obra. la expresión, en la poesía, se hace más A lo cual, incompren~iblemente, Arturo
AIí Chumacero señala en el prólogo de importante que la comunicación, lo tiñe
esta edición que los seres de este teatro todo y lo hace inconcluyente como expe- contesta:
son personajes, y no, personas, y llega a rimento. Pero la comunicación palpable, "... te he perdonado ya."
emplear la palabra 'ffantasmas", que es comprobable, tenía que ser algo que un
bastante significativa. Ya Celestino Go- solitario desesperado como Villaurrutia Pero se siente mucho que tienen más
rostiza (citado en el' mismo prólogo) ha- no podía dejar de intentar hasta e! final, fuerza, más veracidad las frases de Fran-
bía dicho que estas obras no intentaban y de ahí sin duda ese empeño que siempre cisco e Irene, que eso' es en realidad lo
"resolver más problema que el que ellas puso en hacerse dramaturgo. que va a suceder, porque los dramas de
mismas planteaban". Esta manera rigu- Encontramos también en el teatro la re- Villaurrutia consisten siempre en aconte-
rosa, intelectual de plantear una obra de petición de algunos temas que casi siem- cimientos que se abaten sobre unos per-
teatro, cerrada en sí misma, hace pensar pre pueden relacionarse fácilmente con la sonajes medio dormidos, para convertir-
en Pirandello, con q~ien todo el teatro de poesía. Hay en estas obras un momento los en insomnes lúcidos, orgullosos siem-
Villaurrutia tiene muchos puntos de con- en que el personaje o los personajes pare- pre, desesperados casi siempre, aterrados
tacto. Pero Pirandello era una naturaleza cen despertar, pero no para ver claramen- a menudo, como su autor.
U lórzano.-Nos ocupa-
remos en primer tér-
timas y sentidas, el atrevimien-
to de la concepción o, simple-
mino de! estreno mun-
dial de El hechicero, leyenda
trágica en tres actos de Carlos
Solórzano. La idea central de
todo verdadero humahismo, la
TEATRO Por J. S. GREGaRIO
¡;¡ente, su justeza, hubieran
sido bien recibidas en una obra
C(omo ésta, enaltecedora y de
altos vuelos humanísticos. Asi-
mismo, la pulcritud de! lengua-
necesidad de construir un mun- jr no basta. La obra exigía el
de nuevo, preside 'la' pieza de choque brillante de las palabras
Solórzano; queremos hacer IlO- la fórmula de la felicidad para al esparcirse por orden del y la profundidad del pensa-
tal', desde luego, lo insólito del entregársela al pueblo y sal- Duque sobre los campos, los miento, la fuerza incontrasta-
tema en la dramaturgia de len- varlo de lit explotación, Casilda ha fecundado. Es el triunfo ble del concepto. Son éstos los
gua española. La acción ocu- azu,za a Lisandro con el propó\- de! bien y la justicia, cuando únicos motivos que justifican
rre, advierte Solórzano, "~n sito de que la libre de su ma- más lejano parecía. No ha sido ei teatro filosófico y los que
una pequeña ciudad sojuzgada, rido -al que no le perdona su en vano la lucha de Merlín, ni pueden salvarlo en cuanto a
en los comienzos de esta Edad falta de ambición-, no sin an- bastaron las traiciones para de- que es género híbrido cuyas di-
Media que aún no ha termina- tes arrebatarle el secreto de su rrotarlo. 'ficultades no son para contar-
do". Desde el principio, un he- poder para convertir en oro La belleza y originalidad de se. Sartre, en Le diable et le
raldo nos pone en contacto con cualquier metal. Es así como la trama, su vigor y poesía son bon Dieu, sobre todo, ofrece,
la opresión, causa de la mise- Lisandro estrangula a su her- obvios, pero no en lo que atañe al respecto, muestras de gran
ria y el hambre del pueblo. Y mano. Cuando Beatriz los des- a su tratamiento y desarrollo. ir.terés. Y desde luego, el
ciespués, éste, sus cantos la- cubre trata de enemistarlos y, Por ejemplo, cuando Lisandro Fausto de Goethe -objeto de
brantíos, sus siembras infecun- para ello, le dice a su madre mata a su -hennano no hay clí- 1:1 predilección de Reinhardt-
das y su esperanza, encarnada que Lisandro la engaña, pues max, ni tampoco en el segundo proporciona el ejemplo má-
en el mago Merlín, incansable
se había apoderado del secreto asesinato, siendo que ambos xImo.
buscador de la piedra filoso- El teatro, por filosófic? y
fal. Junto al mago se hallan su de la piedra filosofal y no que- debieran producir horror y,
conceptuoso que sea, tiene
hija Beatriz, compañera fiel y ría comunicárselo. La madre, además, hacernos odiar e! afán siempre un mínimo de imagen,
ccnstante, y la pareja pecado- entonces, asesina a su amante. ' de riquezas, no e! afán de los pues la imagen es lo específica-
ra, Casilda y Lisandro, mujer Pero, después de tanto crimen bienes colectivos, sino el mino- mente artístico. Cuando la ima-
y hermano de Merlín, respec- originado en la sed de oro, lle- ritario. gen teatral se integra armonio-
tivamente. Mientras el sabio ga la buena nueva: las cenizas La estructura de la obra samente se produce e! milagro
alquimista persigue sin tregua del quemado cuerpo de Merlín, también peca por defecto y no de la estructura intachable, de