Signos Históricos
ISSN: 1665-4420
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Universidad Autónoma Metropolitana Unidad
Iztapalapa
México
San Miguel, Pedro I.
Reseña de "Historia de las historias de la nación mexicana" de Enrique Florescano
Signos Históricos, núm. 11, enero-junio, 2004, pp. 163-169
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa
Distrito Federal, México
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que ilumina los debates políticos, económi- una revista como Historia y Grafía, dedica-
cos y filosóficos de una época. La biografía da precisamente a la historiografía y a su
ha sido un género poco socorrido en la teoría, es un signo más que elocuente de los
historiografía mexicanista. Un libro como tiempos.
éste muestra lo fértil que puede ser recurrir a En gran medida, la presente obra de En-
él, cuando no solamente se pinta el retrato rique Florescano representa la culminación
del gran hombre, sino que su vida se utiliza de la labor de reflexión acerca de la escritu-
para abrir una ventana al pasado. ra de la historia en y sobre México que ha
ERIKA PANI venido desarrollando por más de una déca-
Centro de Investigación y Docencia da y que se ha traducido en varios títulos,
Económicas entre ellos: Memoria mexicana, El nuevo pa-
sado mexicano y Memoria indígena.2 En la
presente obra, el objetivo de Florescano es el
• • • • • estudio de los cánones historiográficos que
han predominado en México durante las
Enrique Florescano, Historia de las historias de d ifer en t es ép ocas. Segú n él, u n can on
la nación mexicana, México, Taurus, 2002, 530 p., historiográfico es una interpretación sobre
Colección Pasado y Presente. el pasado que se prolonga “por mucho tiem-
po, a veces por cientos de años”, y que usual-
E n los tiempos recientes se ha desarrolla- m ente term ina absorbiendo a las dem ás
do un interés inusitado en torno a los pro- interpretaciones. Estas “m acronarrativas”
blem as relativos a la producción de los dotan “a los pueblos de identidad”, uniendo
saberes. En este vendaval de propuestas y “el pasado con el presente” (p. 16).
contrapropuestas, la historia ha sido una de
las disciplinas que más severamente ha sido
sometida a cuestionamientos de diversa ín-
dole. No es, pues, de extrañar que en México géneros y discursos: Memoria del Segundo Encuentro de
se haya suscitado una reflexión acerca de la Hi st or i og r a f ía , Méxi co, Un i ver si d a d Au t ón om a
escritura sobre el pasado al igual que en tor- Metropolitana-Azcapotzalco, 2000 y José Ronzón y Saúl
no a los sostenes epistemológicos de la dis- Jerónimo, Ref lexiones en t orno a la hist oriograf ía
ciplina histórica.1 La existencia en México de contemporánea: Objetos, fuentes y usos del pasado, México,
Universidad Autónoma Metropolitana, 2002.
1 Silvia Pappe (coord.), Debates recientes en la teoría de la 2 Enrique Florescano, Memoria mexicana. Ensayo sobre la
historiografía alemana, México, Universidad Autónoma reconstrucción del pasado: época prehispánica-1821, México,
Metropolitana-Azcapotzalco/Universidad Iberoamericana, Joaquín Mortiz, 1987; El nuevo pasado mexicano, México,
2000; José Ronzón y Saúl Jerónimo (coord.), Formatos, Cal y Arena, 1991; Memoria indígena, México, Taurus, 1999.
163
Partiendo de esta concepción, Florescano palabra sagrada a todo el orbe, condición
inicia su periplo por las memorias mexica- necesaria para la instauración del milenio.
nas, comenzando con el canon mesoame- No obstante, la Conquista también generó
ricano, que adquirió su “versión clásica” vertientes más terrenales del canon históri-
entre los años 200-650 d.C., originándose co occidental, producidas en su mayoría por
con el su r gim ien t o d el Est ad o en los cronistas e historiadores al servicio de la
Mesoamérica, y que “narraba la creación del Corona española. Éstos elaboraron una his-
cosmos, de los seres humanos y la funda- toria oficial en la cual el Estado castellano
ción del reino”. De este “canon fundamental” aparecía como el actor fundamental.
se derivaron “los relatos posteriores dedica- Relatos profanos fueron también los de
dos a narrar la historia de los antiguos pue- los “títulos primordiales”, documentos de
blos de Mesoamérica” (p. 19). Aunque con origen colonial confeccionados por las co-
modificaciones, este mito fue adoptado por munidades campesinas con la intención de
los diversos grupos étnicos que habitaron salvaguardar sus tierras y que terminaron
Mesoamérica durante el periodo posclásico plasm ando “la m em oria histórica de los
(1100-1521). Como en todo relato mítico, pueblos indígenas” (p. 210). Compuestos a
en estas narraciones prevalece “la repetición base de un abigarrado conjunto de fuentes
del arquetipo inicial” (pp. 87-89). —entre ellas: los relatos orales sobre la épo-
El predominio de esta estructura mítico- ca de la Con qu ista, los códices precor-
narrativa llegó a su fin con la Conquista, tesianos y los documentos oficiales de la
cuando al “canon mesoamericano” se im- época colonial—, los títulos primordiales tu-
puso el “canon occidental”, cuya expresión vieron fines eminentemente utilitarios, por
inicial fue la concepción judeo-cristiana de lo que comprenden una amalgama de datos
la historia. Expresada de forma más acaba- históricos con mitos y leyendas en torno al
da en la obra de los “frailes evangelizadores”, origen de los pueblos y de sus propiedades.
esta concepción de la historia se inscribía en Con todo, arguye Florescano, “No son una
lo que Guy Rozat ha denominado un “dis- falsificación, sino una creación: un nuevo
curso salvífico”,3 por lo que comprendía a modo de expresión”. Su resultado fue “una
las sociedades indoamericanas a la luz de la nueva memoria histórica, la historia del pue-
noción cristiana del fin de los tiempos. En blo, centrada en sus derechos ancestrales a
tales relatos la Iglesia católica jugaba un pa- la tierra” (pp. 228-229), por lo cual, a pesar
pel protagónico como propagadora de la de las modificaciones que sufrieron a lo lar-
go del periodo colonial, retuvieron “un tras-
3 Guy Rozat, Indios imaginarios e indios reales en los relatos de fondo histórico profundo, apoyad[o] en los
l a Conqui st a de Méxi co, Veracruz, Uni versi dad más remotos arquetipos de la conciencia
Veracruzana, 2002. mesoamericana” (p. 264).
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Durante la Colonia, apunta Florescano, irreconciliables. Por ello, en esa época se sus-
coexistieron “diversas interpretaciones sobre citó una irreductible disputa sobre el pasa-
el pasado”, constreñidas cada una de ellas do en el cual fue imposible alcanzar ese tipo
por “una estrecha visión corporativa”; eran de consenso que subyace al surgimiento de
“discursos ensimismados que ignora[ban] un canon historiográfico.
la memoria del otro”. Entonces, concluye, Este acuerdo no surgió hasta el Porfiriato,
“no había condiciones para imaginar una cuando, por fin, fue factible “construir una
historia que comprendiera el conjunto” de historia que uniera los contrarios pasados
los habitantes de la Nueva España. Tal tipo de la nación en un relato solidario” (p. 349).
de relato sería hechura del “patriotismo crio- La obra que logró tal síntesis de contrarios
llo”, el que se manifestó con particular fuer- fue México a través de los siglos, que por pri-
za durante el siglo XVIII y se expresó mediante: mera vez tendía “un puente conciliador en-
1) los “lazos de identidad” con el territorio tr e el con flictivo p r esen te y los var ios
novohispano, 2) “el rescate del antiguo pa- pasados del país”, superando “el hasta en-
sado indígena”, y 3) “la creación de símbolos tonces infranqueable antagonism o entre
que encarnaran los valores patrios” (pp. 269- indigenismo e hispanismo” (p. 353). Obra
270). La manifestación política de esta revo- colectiva dirigida por Vicente Riva Palacio,
lución cultural criolla fue la Independencia, México a través de los siglos logró un impre-
que impulsó el “singular nacionalismo his- sionante acervo de información, esfuerzo en
tórico mexicano” (p. 306). el que colaboraron intelectuales liberales y
Pero lo que parecía ser una apreciación conservadores, e inscribió “los distintos pa-
fun dam en talm en te optim ista y positiva, sados de la n ación” en u n a n ar r at iva
pronto fue desmentida por las secuelas de la evolucionista que transmitía “un mensaje de
Independencia y por los acontecimientos de unidad, fortaleza y optimismo” (p. 370). Por
las prim eras décadas de vida autónom a, todas estas razones, terminó imponiéndose
cuando se llegó a cuestionar “si México po- como el nuevo canon historiográfico de la
dría existir como nación” (p. 339). Esta in- forja de la nación.
certidumbre se reflejó en la historiografía, Tal concepción fue modificada por la re-
que debatió acremente el significado de los volución de 1910, que conmocionó la idea
diversos pasados mexicanos; en tales deba- de un consenso entre los diversos compo-
tes, hubo dos temas, en particular, espino- nentes de la sociedad mexicana. La masiva
sos: las sociedades m esoam erican as y el participación del campesinado en la revolu-
Virreinato. Ellos sintetizaban las interpreta- ción, al igual que la contienda entre proyec-
ciones indigenista e hispanista de la historia tos políticos y sociales totalmente opuestos,
mexicana, que, en el horizonte político y cul- hicieron que los grupos que llegaron al po-
tural de la época, lucían como totalmente der se empeñaran en construir una historia
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nacional en la cual se fundieran (o, más bien, do cambios en las interpretaciones del pa-
se confundieran) las posiciones representa- sado “han sido externas al oficio del histo-
das por los distintos sectores en pugna. Esta riador”. Por ende, el producto eran relatos
labor de generar (e imponer) un nuevo con- apoyados “en la autoridad de sus emisores y
senso nacional se canalizó a través de varias en la credibilidad de sus escuchas y lectores,
vías, que iban desde los programas educati- pues carecían de pruebas de veracidad” (p.
vos impulsados por el Estado hasta la obra 425). Esto, alega el autor, cambió con el ad-
artística de los muralistas mexicanos. De venimiento de la historia profesional —ha-
manera interesante, esta ingente tarea de di- zaña que Florescano adscribe a la cultura
fusión reprodujo el “canon historiográfico europea—, construida por eruditos que,
establecido por México a través de los siglos y gracias a sus herramientas heurísticas, se
las obras de Justo Sierra” (p. 403), autor este convirtieron en impugnadores “de las con-
último que se había destacado por divulgar cepciones del desarrollo histórico fundadas
las interpretaciones de la obra canónica di- en los mitos, la religión, los héroes providen-
rigida por Riva Palacio. Un aspecto de parti- ciales, los nacionalism os y las ideologías
cu lar im portan cia de este esfu erzo por de cualquier signo” (p. 434). No obstante,
refundir la historia nacional fue la incorpo- esta “marcha optimista de la historia hacia
ración de las grandes masas del país, sobre la objetividad y el conocimiento verdadero”
todo de los indígenas y los campesinos, a —que es, a fin de cuentas, lo que implica su
esas narrativas del periodo posrevolucio- propuesta acerca del surgimiento de la his-
n ario. Así se preten día que el con sen so toria profesional— se ha visto ensombrecida
discursivo abarcara a todos los “fragmen- recientemente por la “pérdida de unidad en-
tos de la nación”,4 y se construyó un relato tre los historiadores, las dudas sobre los
oficial basado en los “rasgos arquetípicos de instrumentos más adecuados para realizar
la ideología de la Revolución mexicana: re- su tarea y el relativismo que invadió el terre-
volución popular, nacionalista y democráti- no antes firme de la disciplina histórica”. De
ca; Deus ex maquina [ sic] de la identidad todos estos golpes que ha recibido la discipli-
mexicana y apoteosis de las revoluciones na histórica, ninguno ha resultado tan de-
iniciadas con la guerra de independencia” vastador como el ataque al “concepto de la
(p. 423). objetividad” (pp. 438-439).
Florescano observa que, históricamente, Esta evolución de la disciplina histórica
en su mayoría, las fuerzas que han impulsa- se ha dejado sentir también en México, don-
de, durante la segunda mitad del siglo XIX,
4 Partha Chatterjee, The Nation and its Fragments: Colonial un grupo de historiadores había aclimata-
and Postcolonial Histories, Princeton, Princeton University do al país “los paradigmas de la historio-
Press, 1993. grafía europea”, engendrando una tradición
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de “excelencia en la crítica y selección de las Como es palpable, Florescano termina
fuentes básicas para reconstruir el fragmen- su obra en un tono pesimista, ofreciendo
tado pasado de la nación” (p. 440). Ya en el una interpretación sobre la historiografía
siglo XX, est a t r ad ición cu lm in ó en la mexicana —o más bien sobre el “oficio de
“profesionalización de los estudios histó- historiar”— que termina en la degradación
ricos”; erigida en “institución académica”, y la decadencia. Hay en su interpretación una
se convirtió en “un establecimiento podero- evidente añoranza por la época dominada
so [con] la capacidad de generar sus pro- por los grandes “fundadores de la institu-
pias interpretaciones de la historia” (pp. ción académica” (p. 447). Ante el caos pre-
440-441). Este desarrollo tuvo, empero, al- valeciente en la actualidad, su propuesta
gunas consecuencias negativas, como la di- parece estribar en la vuelta a esa época dora-
sociación entre “la historiografía académica da, a esos orígenes virtuosos. Como en el
y la memoria colectiva” (p. 444). mejor relato mítico, ese retorno al momen-
No obstante, las “deformaciones” más to fundacional, a la era de los héroes cultu-
funestas que observa Florescano en la his- rales, garan tizaría la recuperación de la
toria profesional de México han emanado armonía perdida. Su propuesta implica “re-
del interior mismo de la disciplina, o, más parar el sentimiento de pérdida mediante el
bien, de sus practicantes. Alejándose de la encuentro con el ‘origen’, y de esa manera
tónica que prevalece en el resto de su obra, purificar el presente”.5 Para ello parece que
en el último capítulo Florescano se dedica a sería necesario el surgimiento de un liderato
reprobar lo que considera que es el lamen- académico, figuras preclaras representativas
table estado de la disciplina de la historia de la tradición, que iluminarían a las hues-
actualmente en México. Desde la década de tes de los historiadores de México, ofusca-
1980, alega, ha ocurrido “una caída de los dos o perdidos en una madeja de agendas e
niveles establecidos por la historiografía pro- intereses personales.
fesional”, resultado de varios factores, sobre En este último capítulo, Florescano se
todo de “la ausencia de liderazgo en las ins- desvía de manera total de su propuesta cen-
tituciones dedicadas a conducir la enseñan- tral, por lo que resulta decepcionante ya que,
za, la in vestigación y la difu sión de los al final, no hay una discusión acerca de los
conocim ien tos históricos”. Aquejada por cánones narrativos que han definido la his-
“prácticas populistas, ideológicas, gremia- toria profesional. Por demás, varias de sus
les y burocráticas”, la disciplina carece de apreciaciones acerca de ésta y en torno a los
norte y “la investigación camina al garete,
sin programas ni metas, abandonada a los 5 Guillermo Zermeño Padilla, La cultura moderna de la historia:
impulsos individuales de cada investigador” Una aproximación teórica e historiográfica, México, El
(pp. 445-446). Colegio de México, 2002, p. 86.
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historiadores dejan mucho que desear; así, A mi modo de ver, este tipo de noción
mientras que reprueba sin matizaciones a la acerca de la historiografía contemporánea
historiografía reciente, por otro lado, ofrece se origina en las ideas ilustradas acerca del
una visión purificada de la labor de los gran- desarrollo del conocimiento. Según esta vi-
des maestros fundadores, como si su obra sión, el saber moderno marcha siguiendo
hubiese estado libre de todo mito, “héroes un ideal de verdad y objetividad que, aun-
providenciales […], nacionalismos [e] ideo- que puede sufrir estancamientos y retroce-
logías de cualquier signo”. sos coyu n tu rales, term in a, al fin al, por
Ciertamente, la diversificación y la am- imponerse, retornando a la senda perdida.
pliación de la historiografía y del oficio de Este paradigm a seguram ente cuenta con
historiar mismo, como ha ocurrido en la muchos seguidores. El problema es que con-
mayoría de las disciplinas y los saberes, no duce a callejones sin salida y a trampas difí-
ha dejado de tener consecuencias negativas. ciles de superar ya que su concepción acerca
Mas tratar de comprender este fenómeno a de la evolución de la historiografía —y, por
partir de una pérdida de identidad académica extensión, de todo conocimiento— parece
—lo que ha provocado lamentos y gemidos depender de unos héroes culturales, capaces
en todas las latitudes—, o de reducirlo a un de seguir la senda trazada por los fundado-
relato de tonalidades míticas que propone res, y de orientar y darle coherencia a la dis-
como remedio una vuelta a los orígenes, ciplina.7
poco puede aportar a ninguna rama del sa- En síntesis, la obra de Florescano es una
ber. Porque ¿no es, por otro lado, la prolife- lectura útil para quien desee aproximarse a
r ación d e agen d as p ar t icu lar es d e las formas de narrar los “muchos Méxicos”
investigación un indicio de la diversificación que han existido a lo largo de la historia. Su
de un quehacer, del oficio de historiar? ¿Y tesis central acerca de los cánones históricos
esto, no es, en alguna medida, un indicio de es una idea fértil e interesante que el autor
algo más profundo: de la democratización aplica sobre todo a la “memoria indígena”,
de la sociedad, como sugirió hace ya más de al periodo colonial, al siglo XIX y al tempra-
40 años Edward H. Carr?6 Esa añoranza por no siglo XX. No obstante, al aproximarse al
los tiempos idos, ¿no podría interpretarse presente, esta propuesta se va desvaneciendo
como una nostalgia por cierto dirigismo en el aire y, al llegar a la actualidad, el énfasis
cu lt u r al o u n a vu elt a al cau d illism o del autor cambia drásticamente. El hecho de
historiográfico? que sea una obra dirigida al gran público —
7 Para una exposición crítica de este tipo de interpretación,
6 Edward H. Carr, ¿Qué es la historia?, Barcelona, Seix Barral, véase Joyce Appleby, Lynn Hunt y Margaret Jacob, Telling
1973. the Truth about History, Nueva York, Norton, 1994.
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el libro se originó en una serie de artículos La obr a se d ivid e en d os p ar t es,
publicados en La Jornada— puede explicar “Caleidoscopio internacional” y “Acerca-
su estructura y sus énfasis particulares. Pero mientos y rupturas”. En la primera, se trata
el caso es que resultará menos atractiva al de explicar el contexto internacional así como
lector que busque en ella orientaciones con- los antecedentes de la presión que España
ceptuales sobre la escritura de la historia en ejercía sobre la nación mexicana. En este
el México contemporáneo. apartado se analiza la historia diplomática
PEDRO L. SAN MIGUEL de México y España así como de esta última
Universidad de Puerto Rico/Instituto Mora frente a Inglaterra y Francia. En la segunda
parte se estudia el tema de las relaciones cul-
turales y sociales entre los españoles radica-
• • • • • dos en México y la sociedad mexicana. En
suma, el libro parte de la historia diplomáti-
ca, pasando por la historia cultural y llega a
Clara E. Lida (comp.), España y el imperio de la historia social. Me parece que, en ese sen-
Maximiliano, México, El Colegio de México, tido, la obra va de lo general a lo particular.
1999, 352 p. La coherencia de España y el imperio de
Maximiliano está basada en la forma en que
M ucho se ha trabajado acerca de la histo- se presentan las colaboraciones que se reali-
ria del siglo XIX, en lo político, lo social y lo zaron. Por un lado, se analizan las relaciones
económico, no es así en lo que se refiere a la diplomáticas entre España y México, por
historia de las relaciones entre naciones, en otro, se habla acerca de la problemática del
este caso entre México y España en el perio- intercambio cultural, político e ideológico en
do del Segundo Imperio. Sin embargo, en el interior de la sociedad mexicana que tanto
esa vasta literatura, se encuentran pocas era influenciada por la cultura francesa. Por
obras relativas a la influencia que España último, se muestra la importancia que debe
tuvo sobre el imperio de Maximiliano, acer- darse a las relaciones hispano-mexicanas
ca de la importancia de los grupos de inte- tanto en el terreno diplomático como en el
rés y de las diversas facetas del Segundo social y económico, esto implica que una
Imperio y las raíces económicas y políticas mejor manera de explicar los fenómenos in-
que llevaron a España a intervenir en los ternacionales es por medio del análisis com-
asuntos internos de México. El trabajo de parativo y, sobre todo, del uso de las fuentes,
Clara E. Lida y sus colaboradores trata de en este caso se utilizaron fuentes de ambos
llenar un vacío que existía en la historiografía países.
reciente.
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