Un Análisis Del Apego Seguro Como Factor de Protección en Contextos de Pobreza Infantil. Ávila, Nadia Agustina
Un Análisis Del Apego Seguro Como Factor de Protección en Contextos de Pobreza Infantil. Ávila, Nadia Agustina
INFANCIA INVULNERABLE:
Un análisis del Apego Seguro como Factor de Protección en contextos de Pobreza
Infantil
Nadia Agustina Ávila
Supervisión:
Lic. Renée Ruiz de Galarreta
Dirección:
Lic. María Josefina González Aguilar
Resumen
Introducción. La pobreza expone a los niños a una variedad de factores de riesgo que
atentan contra su calidad de vida y compromete su funcionamiento psicológico. Su potencia
de riesgo deriva de cómo complica el sistema familiar más que de la privación económica
como tal. Es así que cuando las representaciones de apego son seguras pueden dar lugar a la
resiliencia o por el contrario aumentar marcadamente la vulnerabilidad si son inseguras. En
este sentido, el objetivo del presente trabajo será determinar el impacto del apego seguro en
familias en situación de pobreza como un factor de protección en el crecimiento
socioemocional de los niños. Metodología. Revisión, ordenación e interpretación crítica de
los materiales adquiridos, utilizando como fuentes de información artículos científicos
preferentemente de idioma español y publicados en los últimos 15 años (a excepción de las
teorías clásicas). Las bases de datos consultadas fueron: SciELO, Acta Académica, Redalyc,
Google académico, SIPI y UNICEF. Resultados. Estudios sobre el desarrollo infantil
demuestran los daños producidos ante la carencia, fragilidad o ruptura de un vínculo sólido
entre el infante y su figura parental. Sin embargo, otras investigaciones comprueban que uno
de los factores protectores principal en condiciones de vulnerabilidad es la disponibilidad de
un vínculo humano incondicional. En consiguiente, nuevos estudios psicológicos muestran la
eficacia de las intervenciones tempranas que focalizan en el cuidado de los primeros años de
vida para el fomento de un apego seguro en familias socialmente vulnerables. Discusión y
Conclusión. El presente trabajo revisa los problemas que enfrentan los niños y niñas
vulnerados en diversas esferas de su desarrollo socioemocional, asociado en ocasiones a un
mal manejo de los patrones relacionales entre los miembros de la familia. No obstante, el
daño potencial que la situación de pobreza puede desencadenar no resulta inevitable ni
irreversible. El desarrollo de un apego seguro en familias en situación de pobreza puede
presentarse como factor de protección en el crecimiento socioemocional de los niños. Se
concluye relevando la importancia de difundir e incorporar intervenciones preventivas y
reparadoras basadas en evidencia en el campo de la infancia vulnerada.
Palabras claves: pobreza, apego seguro, resiliencia, factor protector, factor de riesgo,
infancia, familia, relaciones parentales.
3
1. Introducción 5
1.1.1. Objetivo general. 6
1.1.2. Objetivos específicos. 7
1.2. Hipótesis 7
2. Metodología 8
3. Marco teórico 9
3.1. Desarrollo socioemocional 9
3.1.1. Enfoque ecológico. 9
3.2. Apego 12
3.2.1. Aproximación teórica. 12
3.2.2. Patrones de Apego. 13
3.2.2.1. Prueba de la situación extraña. 14
3.2.2.1.1. Apego Seguro (B). 14
3.2.2.1.2. Apego Inseguro Evitativo (A). 15
3.2.2.1.3. Apego Inseguro Ambivalente (C). 15
3.2.2.1.3. Apego Desorganizado (D) 16
3.2.2.2. Narrativas lúdicas. 16
3.2.2.2.1. Historias de la Tarea de Completamiento de Historia de Apego. 17
3.2.2.2.2. Tarea de Historias de Apego. 17
3.3. Pobreza Infantil 18
3.3.1. Definición. 18
3.3.2. Pobreza infantil como factor de riesgo. 20
3.3.3. Crianza y pobreza. 24
3. 5. Resiliencia 28
3.5.1. Apego seguro como factor de protección. 29
3.6. Modalidades de intervención focalizadas en el Apego 31
3.6.1. Video – Feedback. 33
3.6.2.1. Terapia de Interacción Guiada. 35
3.6.2. Programas para el fortalecimiento emocional. 39
4. Discusión y Conclusión 42
Limitaciones y direcciones futuras. 46
5. Referencias bibliográficas. 48
6. Anexos 56
4
1. Introducción
representaciones de apego son seguras pueden funcionar dando lugar a la resiliencia o por el
contrario aumentar marcadamente la vulnerabilidad si son inseguras. Es decir, constituyen
alternativamente un factor de protección o un elemento más de la cadena de riesgo (Pitillas,
Halty & Berástegui, 2016).
Richaud de Minzi menciona que las relaciones tempranas de apego ayudan al niño a
regular sus experiencias de estrés por lo que “una de las principales alternativas para evitar o
paliar las desastrosas consecuencias que produce el estrés en el desarrollo cognitivo y
socioemocional del niño, es el mejoramiento de las relaciones de cuidado o vínculos de apego
entre la madre/cuidador y el niño” (Richaud de Minzi, 2007, p. 73 citada en Oros & Vargas,
2012).
Estudios sobre el desarrollo infantil han demostrado los daños producidos ante la carencia,
fragilidad o ruptura de una relación sólida entre el infante y su figura parental. A su vez, otras
tantas investigaciones de resiliencia señalan que uno de los factores protectores principales
frente a la adversidad es la disponibilidad de un vínculo humano incondicional que, por lo
general, lo constituyen los padres o aquel sujeto que los represente (Moreno García, 2001).
En consiguiente, estudios psicológicos señalaron que familias en condiciones
socioeconómicas precarias pueden sobreponerse a las dificultades (Barudy & Dantagnan,
2005) o llegar a lograrlo si recibiesen la ayuda adecuada, dado que la sociedad por medio
de los profesionales de la educación y la salud, puede intervenir para revertir los resultados
adversos productos de la situación de pobreza (Gentile, Mesurado & Vignale, 2007).
Siguiendo esta línea, en los últimos años ha surgido el interés por la implementación de
estrategias de prevención que permitan fortalecer los factores protectores en las familias,
escuelas y comunidades, con el objetivo de prevenir riesgos que afecten en la vida de los
niños y optimizar la influencia del ambiente en el desarrollo de los mismos (Amar, Abello &
Acosta, 2003 citados Alemanzor, 2014) .
1.1. Objetivos
1.2. Hipótesis
2. Metodología
3. Marco teórico
Figura 1. Representación gráfica del modelo ecológico del desarrollo humano. Recuperado de “Introducción al Modelo
Ecológico del Desarrollo Humano”, por Ruvalcaba, A. & Orozco, M., 2018, p. 99, Guadalajara, México: Amata Editorial.
situaciones que, si se acumulan, ponen en riesgo la salud mental del menor (Di Bártolo,
2017).
Figura 2. Esferas del desarrollo. Recuperado de “El apego. Cómo nuestros vínculos nos hacen quienes somos: Clínica,
investigación y teoría”, por Di Bártolo, I., 2017, p.78, Buenos Aires: Lugar Editorial.
Desde estos enfoques es posible entender que en los niños pequeños, el desarrollo
emocional se construye en respuesta a sus experiencias individuales y de acuerdo con la
influencia del medio en que viven (Gunnar y Davis, 2003 citados en Richaud de Minzi,
2016) .
La infancia, es el periodo en el cual los niños deben adquirir ciertas habilidades esenciales
para el éxito a medio y largo plazo, como son establecer relaciones de apego seguras con los
cuidadores primarios, aprender a explorar y comunicar, a autorregular los pensamientos, las
conductas y las emociones (Flores, García, & Zunzunegui, 2014). Para el logro de un
desarrollo psíquico adecuado, el niño necesita disponer de cariño y atención durante sus
primeros años.
El desarrollo se va tejiendo como un tapiz que toma sus hilos de diversos usos.
Hay un entramado de influencias entre lo constitucional, lo individual, las
características personales de los padres, la dinámica relacional, el clima familiar, los
factores sociales, la cultura. Hay elementos internos, elementos externos y elementos
relacionales (Di Bártolo, 2017, p. 77).
3.2. Apego
En las investigaciones del desarrollo humano, se destacan aquellas que han demostrado el
valor significativo de los lazos afectivos y de los cuidados mutuos para la preservación de la
salud psíquica (Barudy & Dantagnan, 2005). Para entender esto es necesario abordar la
Teoría del Apego desarrollada por John Bowlby (1972/1993), quien fue convocado por la
ONU para trabajar con niños que habían quedado huérfanos tras la Segunda Guerra Mundial
(Bolzon & González, 2017)
La Teoría del Apego destaca el rol que los padres tienen en el desarrollo del niño. En “Una
base segura” (1988/1989), Bowlby plantea que cada pauta de apego aprendida, una vez
desarrollada, tiende a persistir. Es decir, la experiencia que el niño tiene con sus padres ejerce
un rol esencial en su habilidad posterior para establecer vínculos afectivos y cuyas funciones
principales serían proporcionarle una base segura y, desde allí, motivarlos a explorar
(Garrido, 2006). Es esencial que el niño cuente con figuras de apego que lo puedan contener
y proteger cuando sea necesario.
La figura de apego cumple una doble función: es complementariamente una base segura
desde la cual el niño puede explorar el mundo exterior y a la cual puede regresar teniendo la
certeza de que será bien recibido, alimentado física y emocionalmente, reconfortado y
tranquilizado (Bowlby, 1988). Inés Di Bártolo en su texto “Historias lúdicas de apego:
ventanas a la mente en la niñez”, lo define de la siguiente manera:
Las primeras investigaciones sobre las características individuales del apego fueron
realizadas por Mary Ainsworth a partir de su famoso experimento denominado “Prueba de la
Situación Extraña”. La prueba refiere a una situación de laboratorio de aproximadamente 20
minutos de duración dividida en ocho episodios. En ella la madre y el niño se encuentran en
14
una sala de juegos dentro de la cual se incorpora una persona desconocida. Mientras esta
persona interactúa con el niño, la madre se marcha de la sala. Posteriormente, la madre
regresa y luego vuelve a salir de la habitación con la persona desconocida, dejándolo al niño
completamente solo. El experimento concluye con el regreso de la madre y la extraña
(Delgado, 2004).
A partir de las observaciones sobre cómo se comportaba él bebe en todos los casos, con la
madre, con el extraño y a solas, la autora clasificó a los niños en tres patrones de apego, a los
que más tarde se le agregaría una cuarta categoría.
Al ingresar a la sala de juego, estos niños tomaban a su madre como una base segura para
la exploración. Cuando la madre se marchaba de la habitación, la exploración disminuía,
mostrándose claramente afectados. Ante su regreso se alegraban y buscaban su contacto
físico para luego continuar con la exploración (Oliva, 2004).
Ainsworth et al. (citados en Garrido, 2006), señalan que las emociones más frecuentes de
los bebés con apego seguro durante la prueba, son la angustia ante las separaciones del
cuidador y la calma cuando éste vuelve; en la interacción con el cuidador relevan la calidez,
confianza y seguridad. La responsividad diaria de sus madres les había dado seguridad en
ellas como figuras de protección, por lo cual su simple presencia los animaba a explorar los
alrededores. Sus respuestas a su partida y regreso revelaban la fuerte necesidad que tenían de
su proximidad.
Es así que, en situación de estrés, estos niños buscan el contacto con su madre para
alcanzar la calma (Di Bartolo, 2006). Dicho patrón de apego resulta de la accesibilidad,
sensibilidad y el amor demostrado ante la búsqueda de protección y/o consuelo por parte del
niño (Avondet, 2016). Este modelo ha sido encontrado en un 65-70% de los niños observados
en distintas investigaciones realizadas (Oliva, 2004).
15
Estos niños se mostraban tan preocupados por el paradero de sus madres que apenas
exploraban durante la prueba. Pasaban un mal rato cuando ésta salía de la habitación,
oscilando entre la irritación, la resistencia al contacto, el acercamiento y las conductas de
mantenimiento de contacto (Oliva, 2004). Los niños con este patrón de apego presentan
ambivalencia respecto de la figura de apego: la buscan y al mismo tiempo la rechazan. El
contacto con ella es conflictivo y no logra calmarlos. (Di Bartolo, 2006).
Las emociones más usuales de los bebés son la angustia exacerbada ante las separaciones
de su madre y la dificultad para lograr la calma frente a su regreso; en la interacción con sus
madres relevan la ambivalencia, enojo y preocupación (Ainsworth et al. citados en Garrido,
2006). En sus hogares, las madres de estos niños habían procedido de forma inconsistente,
siendo sensibles y cálidas en algunas ocasiones y frías e insensibles en otras, llevando al niño
a la inseguridad con respecto su disponibilidad cuando la necesitasen. El porcentaje de los
16
estudios realizados en EE.UU. encuentran que este tipo de apego ronda el 10%. Sin embargo,
en estudios realizados en Israel y Japón se encuentran porcentajes más altos (Oliva, 2004).
Entre los primeros estudios que incluyeron las narrativas lúdicas fue el desarrollado por
Bretherton, Ridgeway y Cassidy (Attachment Story Comppletion Task, 1990 citados en Di
Bartolo, 2017). En él se incluyen las siguientes escenas:
1. El niño vuelca su jugo
2. Se lastima la rodilla
3. Se asusta porque piensa que hay un monstruo en su cuarto
4. Se tiene que separar de los padres que se van
5. Se reúne con sus padres
A partir de la codificación se pueden identificar los cuatro patrones principales de apego.
En el estudio, los niños con apego seguro (B) arman en sus historias soluciones
interpersonales para restablecer el equilibrio, por ejemplo, recurrir a la muñeca que representa
a la madre cuando se asusta al creer que hay un monstruo en su habitación. Los niños con
apego inseguro evitativo (A), ante las historias suelen quedarse en silencio sin saber que
realizar o la terminan abruptamente haciendo, por ejemplo, que el muñeco salga del cuarto.
Los niños con apego inseguro ambivalente (c), provocan nuevos conflictos, donde por
ejemplo la madre se enoja con el niño por estar jugando sin abrigo. Por último, los niños con
apego desorganizado (D), generan respuestas confusas o extrañas, por ejemplo, plantean una
lucha con el monstruo (Di Bartolo, 2017).
2. Niño jugando en el jardín; madre dentro de la casa. Niño se cae. Su rodilla está
sangrando.
3. Niño mirando televisión; madre en el cuarto de al lado. De pronto, niño siente un
fuerte dolor de estómago.
4. Niño y madre en concurrido centro comercial. Niño se pierde.
Luego de que el niño completa cada una de las historias, el examinador le hace preguntas
específicas sobre los sentimientos y pensamientos de la muñeca madre y del muñeco niño (Di
Bartolo, 2017). La entrevista dura 30 minutos aproximadamente y es videograbada. Para su
análisis, sobre cada una de las cuatro historias que se le plantean en la prueba se hacen 33
codificaciones, en escalas continuas de 9 o de 3 puntos. Estas escalas miden cuatro categorías
generales (Green, Stanley, Smith & Goldwyn, 2000 citados en Di Bartolo, 2012): 1)
Comportamiento de Apego; 2) Coherencia Narrativa, Afecto Predominante y Capacidad de
Mentalización; 3) Fenómenos de Desorganización y 4) Contenido Bizarro
De la codificación de los 33 ítems se asigna una clasificación categorial A, B, C o D a
cada viñeta, siguiendo la clasificación tradicional de los patrones de apego. (Véase Anexo 1)
3.3.1. Definición.
Los niños y niñas que viven en la pobreza [son los que] sufren una privación de los
recursos materiales, espirituales y emocionales necesarios para sobrevivir,
desarrollarse y prosperar, lo que les impide disfrutar sus derechos, alcanzar su pleno
potencial o participar como miembros plenos y en pie de igualdad en la sociedad
(UNICEF, 2005, p.18)
Figura 3. Indicadores de pobreza y protección social a través de AUH. Recuperado de “Infancia(s). Progresos y retrocesos
en clave de desigualdad”, por Tuñón, I., 2019, p. 40, Buenos Aires: Red ODSAL.
La actual situación de crisis socioeconómica afecta con especial crudeza a niños, niñas y
adolescentes, que ven sus vidas limitadas por las condiciones económicas de sus hogares y la
situación socio-ocupacional de los adultos de referencia, así como también con ciertas
estructuras de oportunidades en el espacio de la educación, la salud, y en procesos de
cuidado, crianza y socialización primaria en los hogares y a medida que crecen en la escuela,
barrio, entre otros (Tuñón, 2019).
del momento del desarrollo en que se encuentra el niño cuando se ve afectado por ella (Flores
et al., 2014) y de la relación con otros factores de riesgo (Di Bartolo, 2017). Es un factor que
aumenta el riesgo de padecer alteraciones psicológicas, dado que suscita al mismo tiempo
otros estresores que, combinados, amenazan la salud mental y física de los niños (Sandler,
Wolchik, MacKinnon, Ayers, & Roosa, 1999; Kotliarenco, 1996 citados en Oros, 2007).
Entre sus daños se encuentran: salud física deficiente, bajos niveles de logro, bajo
rendimiento escolar, ausentismo y deserción, y una aumentada posibilidad de problemas
sociales, emocionales y conductuales (Saavedra & Castro, 2010).
Aunque la pobreza y la vulnerabilidad social no refieren a un mismo fenómeno, dado que
la primera implica la falta de satisfacción de necesidades básicas (materiales, emocionales y
educacionales), mientras que la vulnerabilidad social se focaliza en la exposición al estrés y
los factores riesgos, y la imposibilidad de enfrentarlos, es cierto que los niños inmersos en
una situación de pobreza presentan un elevado riesgo de ser personas socialmente vulnerables
(Richaud de Minzi, 2016).
Los factores de riesgo son definidos como “aquellas características del individuo, su
familia, su entorno, u otras circunstancias que aumentan el riesgo del desarrollo de
psicopatología respecto de otros individuos que no están expuestos a dichos factores”
(Haggerty, Sherrod, Garmezy & Rutter, 1994 citados en Di Bártolo, 2005, p. 106). Para
entenderlo mejor, es necesario recurrir a dos conceptos: multicausalidad y equifinalidad. El
primero hace referencia a que en la mayoría de los trastornos no hay una causa única que
pueda ser considerada suficiente. Por su parte el segundo término alude a la multiplicidad de
caminos a través de los cuales puede llegar a producirse un trastorno psicopatológico (Di
Bartolo, 2017). Esta aclaración es necesaria para tener en cuenta que, si bien la pobreza
infantil es un factor de riesgo, jamás es causa única de un desarrollo patológico en el niño.
Greenberg, Speltz y DeKlyen (citados en Di Bartolo, 2005) construyeron un modelo
etiológico multifactorial que contempla cuatro áreas generales de riesgo para explicar la
etiología de los trastornos mentales en la infancia:
(a) Individual: características del niño que pueden ser potencialmente riesgosas
(temperamento, vulnerabilidad biológica, funciones neurocognitivas, salud física, entre otros
aspectos).
(b) Vincular: cualidad de las relaciones del niño con sus padres, observables en las
características de los mismos y en su manejo parental.
22
Desde estas investigaciones se puede apreciar con precisión cómo la pobreza con sus
múltiples estresores incide en la forma en que se va estableciendo la personalidad de los
niños. No solo es significativo el conocimiento de las condiciones ambientales, el acceso a la
alimentación y demás, también resulta esencial explorar los vínculos emocionales y sociales
que influyen en el desarrollo de capacidades sociales, emocionales y cognitivas de la niñez.
En consiguiente, a continuación, se explorarán las consecuencias que un ambiente
desfavorecido por la pobreza tiene sobre el modo en que lo padres ejercen sus roles
parentales y consecuentemente los efectos producidos sobre el desarrollo socioemocional de
los hijos.
Aunque son múltiples los factores que pueden afectar el crecimiento de los niños, en este
trabajo me resulta significativo explorar la influencia de la familia, particularmente de los
padres, es sus estilos y pautas de crianza en el desarrollo socio afectivo de sus hijos. A pesar
de su enorme importancia, el ambiente externo no influye en forma directa sobre el niño
pequeño, sino que le afecta a través de cómo impacta en los padres, influyendo en el modo en
que se relacionan con él.
En situación de pobreza, las condiciones que garantizan el éxito en las familias están a
menudo ausentes, entre ellas la estabilidad, seguridad, pasar juntos tiempo emocionalmente
positivo, acceso a recursos básicos, y un fuerte sistema de creencias compartido (Guaita,
2007).
Los niños confían en sus padres para enfrentar el mundo, para satisfacer sus necesidades,
y brindar estimulación y sostén emocional. Si, dado a los estresores asociados a la pobreza,
los progenitores no cumplen estas funciones, el desarrollo del niño puede resultar afectado
(Kaiser y Delaney, 1996 citados en Richaud de Minzi, 2016) .
Con respecto al desarrollo socioemocional y conductual, los estudios indican que los niños
que viven en esta situación presentan patrones de cuidados menos estables y una escasez de
rutinas diarias (Saavedra & Castro, 2010). El último informe del Observatorio de la Deuda
Social Infantil ha indicado que el maltrato físico como forma de disciplinar a niños/as y
adolescentes alcanza al 24,8% en 2018, siguiendo una evolución positiva en los últimos años
(Tuñón, 2019). (Véase Anexo 3)
25
Un estudio tuvo como objetivo evaluar en niños que viven en contextos de pobreza la
incidencia de la percepción de los estilos parentales, tanto del padre como de la madre, en la
conducta prosocial, la agresión física y verbal y la inestabilidad emocional. La muestra
estuvo conformada por 269 niños de Argentina de ambos sexos de 10 a 12 años que se
encontraban cursando de 5º a 7º grado de Educación Primaria durante el año 2009, asistentes
a cuatro escuelas (una privada y tres públicas del estado) de las provincias de Entre Ríos y
Buenos Aires (Lemos, 2012).
Los instrumentos utilizados fueron la Escala Argentina de Percepción de la Relación
Parental para niños de 8 a 12 años (Richaud de Minzi, 2004), el Prosocial Behavior Scale
(Caprara y Pastorelli, 1993; Del Barrio, Moreno y López, 2001), la Escala de Inestabilidad
Emocional (Caprara y Pastorelli, 1993; Del Barrio, et al., 2001) y la Escala de Agresividad
Física y Verbal (Caprara y Pastorelli, 1993; Del Barrio, et al., 2001). (Véase Anexo 5).
Los resultados indicaron que la Autonomía Extrema materna se vincula con la
Inestabilidad Emocional de los hijos y por parte del padre, con la Agresión Física y Verbal
(Lemos, 2012). Este tipo de padres promueven una importante autonomía en sus hijos, los
liberan del control, evitan el uso de las restricciones y el castigo (Torío López, Peña Calvo e
Inda Caro, 2008 citados en Capano & Ubach, 2013).
Varios estudios muestran que un estilo con autoridad, pero flexible es el mejor patrón para
niños de clase media. Sin embargo, en el caso de otros niños, que enfrentan circunstancias y
situaciones distintas, puede no ser el adecuado (Lemos, 2012). Es decir, cuidados parentales
que sean flexibles y promuevan la libertad pueden resultar positivos si los niños se
encuentran inmersos en ambientes seguros y que no tienden a presentar conductas peligrosas,
pero en contextos de vulnerabilidad social puede resultar necesario que los padres dispongan
de mayor control sobre los niños.
Con respecto a la percepción del estilo parental materno únicamente por parte de las hijas,
se observó que, a mayor Control Patológico, mayor Inestabilidad Emocional. Esta misma
relación se observó al tener en cuenta la percepción del estilo parental paterno por parte de las
hijas, pareciendo ser más sensibles a los efectos negativos de un control parental, al menos en
esta muestra. En el caso de los hijos varones sobre la percepción de los estilos parentales y su
relación con la Conducta Prosocial, la Inestabilidad Emocional y la Agresión Física y Verbal,
no se encontró ninguna relación significativa (Lemos, 2012).
A su vez pudo observarse que la Aceptación materna protegería a los niños tanto de
comportamientos negativos, como ser la Agresión Física y Verbal, como a nivel emocional,
26
disminuyendo la Inestabilidad Emocional (Lemos, 2012). De aquí que la educación sobre los
estilos óptimos de crianza de los hijos, al igual que el establecimiento temprano de prácticas
efectivas, son tareas importantes, para el ajuste social, emocional y cognitivo del niño.
Otra investigación documentada buscó evaluar cómo el ingreso puede afectar la calidad de
las representaciones de apego infantil a través de su efecto en variables psicológicas en los
padres. La muestra estuvo conformada por 42 familias biparentales, 22 de ellas disponían de
un nivel socioeconómico bajo (ingresos cercanos a la línea de la pobreza) y 20 familias
contaban con un nivel socioeconómico que va de medio a alto. Los niños que integraban las
familias se encontraban escolarizados y promediaban un rango de edad de entre 4 y 6 años. A
partir de distintos instrumentos se evaluó el ingreso familiar mensual por persona, el nivel de
preocupación financiera, el nivel de depresión y estrés de los padres, y la calidad de la
representación del apego en los hijos mayores de cada familia. (Fresno, Spencer, Leiva &
Gallardo, 2011) (Véase Anexo 6).
Respecto a la influencia directa del ingreso se observó que, al disminuir, aumentaba el
nivel de desorganización del apego. En relación a la influencia indirecta, los resultados
indicaron que esta se daba por la vía materna, en tanto que al disminuir el ingreso aumentaba
principalmente la preocupación de la madre por dar respuesta satisfactoria a las necesidades
familiares, incrementando su nivel de estrés y, en consecuencia, las respuestas a las
necesidades de sus hijos. Es decir, el nivel de estrés de las madres disminuía el nivel de
seguridad y aumenta el nivel de hiperactividad y de desorganización del apego (Fresno et al.,
2011).
Como se presentó anteriormente, de acuerdo con Bronfrenbrenner, el desarrollo infantil es
producto de procesos de interacción entre el niño en crecimiento y las influencias ambientales
tanto directas, establecidas en los contextos inmediatos de los sujetos (procesos proximales) e
indirectas, constituidas por entornos más globales (procesos distales) (Concepción et al.,
2015). De esta manera, en función con la investigación citada se aprecia como la disminución
del ingreso actúa como un elemento distal que afectaría el nivel de estrés de la madre,
repercutiendo directamente en la calidad del proceso proximal que fomenta el apego y, en
consecuencia, sobre la calidad de la representación de apego infantil. Es decir, los procesos
próximos que influyen de modo directo en el desarrollo infantil se ven a su vez influenciados
por las características del medio en el que vive el menor.
En complemento con este estudio, en otra investigación se observaron los efectos que el
establecimiento de una relación inadecuada con las figuras de apego puede generar sobre la
27
conducta de los niños. Analizaron la relación entre el apego, el autoconcepto y los problemas
de comportamiento en niños de 6 a 12 años de la isla de Tenerife (España), provenientes de
familias en situaciones de desventaja socio-económica y familias sin esta característica.
Todos asistían a un programa de intervención llevado a cabo en ludotecas o en colegios
(Torres & Rodrigo, 2014).
El estudio incluyó un modelo de investigación de tipo descriptivo y correlacional, en el
que la finalidad era conocer las relaciones entre un grupo de variables medidas por
instrumentos específicos (apego, autoconcepto y problemas de comportamiento). (Véase
Anexo 7). Los resultados indicaron que en situaciones de desventaja socioeconómica los
niños resultan muy vulnerables a los problemas de externalización y los problemas cognitivo-
sociales, pudiendo contar con problemas en su desarrollo personal, social y escolar. Se
observó que aspectos como el apego y el autoconcepto están más afectados en estos
escolares, lo que los lleva con mayor facilidad a comportamientos disruptivos en el escenario
escolar, pudiendo dificultar su rendimiento académico (Torres & Rodrigo, 2014)
Lo anterior se puede explicar en el hecho de que estas familias usualmente brindar a sus
hijos una peor calidad de los cuidados diario ante a la acumulación de estresores
psicosociales con los que cuentan los padres (Rodrigo, Máiquez, Martín & Byrne, 2008
citados en Torres & Rodrigo, 2014). Esto genera que su capacidad de atención y evaluación
reflexiva de las situaciones educativas disminuya, así como las posibilidades de una función
parental ajustada a las necesidades de sus hijos. (Torres & Rodrigo, 2014).
En síntesis, las dificultades económicas hacen que sea más difícil cumplir con las
funciones parentales de un modo adecuado, asociándose estadísticamente con la aparición de
psicopatología, aunque en sí misma pueda constituir un riesgo indirecto. Su riesgo depende
de cómo impacta en el funcionamiento familiar más que de la privación económica como tal
(Di Bartolo, 2017). Es decir, si bien se demostró que la pobreza es un factor de riesgo y no es
la condición óptima para el desarrollo del niño, no es determinante para su salud, sino que
ella depende de la interrelación con otros factores de riesgo, entre ellos una parentalidad
inadecuada.
El vínculo que el pequeño establece con sus padres y la manera en que es cuidado por
ellos muestran ser cruciales en el crecimiento de los niños, en especial en su desarrollo
socioemocional. Tanto la influencia directa de la personalidad de los padres como la
influencia de las dificultades económicas, configuran factores que impactan
significativamente en la calidad de la relación que el niño establece con sus padres.
28
3. 5. Resiliencia
Por consiguiente, a continuación, se abordará sobre el papel del apego seguro en familias
en situación de vulnerabilidad social como un factor de protección en el desarrollo
socioemocional de los niños.
En los estudios presentados anteriormente se han visto los efectos negativos que la
condición de pobreza genera en la interacción padres-hijos. A pesar de que ello parece
dibujar un pronóstico desfavorable, distintas investigaciones han mostrado que muchas
familias pobres logran evolucionar satisfactoriamente y promover el bienestar de sus
miembros.
Las investigaciones enfatizan la importancia de la familia como un factor protector
en la vida de los niños resilientes que viven en condiciones de pobreza, especialmente
si ésta es unida, cálida, estable, brinda apoyo, y existe en ella un enlace seguro madre-
hijo, una relación cálida con alguno o ambos padres, una disciplina consistente e
inductiva por parte de los padres y el establecimiento de rutinas en la casa (Amar,
2000, p. 99)
nacidos con bajo peso, en comparación con otros nacidos con peso normal, y problemas de
conducta a los 2 y 4 años de edad en distintos grupos socioeconómicos. Los resultados
mostraron que presentaban un mayor número de conductas problemáticas a los 4 años
aquellos niños de clase socioeconómica baja, con pobres procesos de interacción madre-hijo.
No obstante, no aumentaban las conductas problemáticas en los niños de clase
socioeconómica baja pero que habían contado con buenos procesos de interacción con su
madre. Es decir, los niños de todos los grupos socioeconómicos estudiados tenían un mayor
porcentaje de problemas conductuales a los 4 años, con relación a los 2, cuando los procesos
de interacción familiares habían sido malos.
En función con la teoría bioecológica de Urie Bronfenbrenner, la investigación de Drillien
(1964) muestra que el proceso proximal (la interacción madre-hijo a través del tiempo) surge
como predictor de los resultados que presenta el niño su desarrollo conductual (en este caso,
la presencia de problemas en su comportamiento). Por otra parte, Además, este proceso
proximal varía dependiendo de la clase social.
En otra investigación, Werner (1989 citado en Barudy, 2005 & Fiorentino, 2008) realizó
un estudio longitudinal en el que observó de manera continuada a un grupo de 698 niños y
niñas nacidos en 1955 en la isla de Kanai, perteneciente al archipiélago de Hawái y sometidos
a condiciones de extrema pobreza. En base a una serie de indicadores como la presentación
de un alto riesgo de trastornos conductuales, de 201 niños examinados a la edad de dos años
72 evolucionaron favorablemente, sin intervención terapéutica, y se hicieron jóvenes, adultos,
competentes y bien integrados. La autora afirmó que lograron sobreponerse a una infancia
difícil y, aunque eran vulnerables, en la práctica fueron invencibles o al menos resultaron
invictos en su recorrido vital. Además, dos tercios de las personas que podrían considerarse
como no resilientes en la adolescencia, llegaron a serlo en la edad adulta, por lo que al final
hubo casi un 80% de evoluciones positivas.
La primera hipótesis que elaboraron los investigadores, era que esto se debía a condiciones
genéticas, que los hacían personas invulnerables. Sin embargo, posteriormente, constataron
que todos ellos crecieron acompañados por un adulto significativo que los había sostenido
incondicionalmente (Fiorentino, 2008).
En la personalidad de niños resilientes se destacan características como la autoestima, la
confianza, el optimismo y la esperanza; autonomía o sentido de independencia; sociabilidad,
capacidad de experimentar emoción, habilidades de imitación y competencia. En este sentido,
las familias pobres desarrollan sus propios factores de protección, cuando por medio de la
31
recursividad, la lucha y el trabajo diario se apoyan para contrarrestar las privaciones (Amar,
2000).
El afecto constituye una de las mejores formas que tienen los padres para brindar
seguridad a los niños. Se realiza por medio de prácticas que implican tanto el contacto físico
como verbal, que brindan calidez a las relaciones. Esta práctica, además de reflejar la
verdadera importancia que tienen los niños para los padres, puede verse como un mecanismo
que estos tienen para suplir las carencias materiales, así como también una fuerza para poder
soportar las dificultades que se les presentan en su vida cotidiana.
Estos estudios apoyan fuertemente la teoría del apego (Bowlby, 1989), en tanto que
consideran al vínculo afectivo como basamento para un óptimo desarrollo óptimo. La
relación más significativa en la vida de un niño es el apego a su cuidador primario, en el
mejor de los casos, la madre. Este primer lazo influirá en todas sus relaciones ulteriores. Por
medio un apego saludable, producto de experiencias de vínculo repetitivas durante la
infancia, el niño dispondrá de una base segura para relaciones futuras. Por el contrario, los
problemas en el apego pueden dar lugar a una base emocional frágil en las maneras de
vincularse.
El contar con modelos mentales de interacción seguros regula las estrategias para enfrentar
situaciones de estrés, permitiendo que el niño se calme y restablezca el equilibrio en
momentos amenazantes. En caso contrario, tenderá a utilizar estrategias defensivas, como la
evitación o desorganización (Di Bártolo, 2003).
En síntesis, en condiciones de vulnerabilidad social el hecho de que los niños cuenten con
un adulto significativo que les brinde su apoyo incondicional demuestra ser un factor de
protección. En un contexto de cuidado y cariño el niño podrá disponer de recursos
regulatorios y emocionales que le brindarán flexibilidad para la resolución de problemas y le
permitirán tener esperanza y seguridad en sí mismos, a pesar de las condiciones de
adversidad. En este sentido, al presentar el apego seguro como fuente de seguridad emocional
y base para la conducta exploratoria, podríamos concebirlo como un factor protector que
promueve el desarrollo integral del niño, disminuyendo las condiciones de vulnerabilidad.
hitos de su desarrollo (Grossmann, et al. 2002; Marvin & Britner, 1999 citados en Muzzio,
Muñoz & Santelices, 2008).
Resulta clara la importancia del estudio sobre factores de protección en la infancia dado
que, si se pueden identificar las fuentes personales y ambientales de la competencia y el
bienestar social, será posible planear mejores intervenciones preventivas centradas en
fortalecer las características del ambiente que contribuyen a su desarrollo saludable (Amar,
Llanos & Acosta, 2003).
Los resultados obtenidos en programas de intervención destinados a promover la
resiliencia en menores en situación de riesgo, mediante el fortalecimiento de sus recursos
psicológicos y sociales, reflejan una adquisición progresiva de sus capacidades resilientes,
pudiendo observar cambios significativos que evidencian una mejora en la salud mental de
los niños (Oros, 2009).
Dentro de los programas que buscan estimular un apego seguro o mejorar el estilo de
apego existente, pueden diferenciarse tres líneas centrales de intervención: (1) intervenciones
dirigidas a estimular la sensibilidad o responsividad conductual de los padres; (2) programas
que se focalizan en las representaciones mentales de apego o modelos operativos internos de
los padres; (3) e intervenciones que intentan estimular o proveer de apoyo social a los padres
(Broberg, 2000; Berlin & Cassidy, 2001; O´Connor & Zeanah, 2003; Egeland, Weinfield,
Bosquet & Cheng, 2000, citado por Juffer, Bakermans-Kranenburg y van IJzendoorn, 2005;
Pearce & Pezzot-Pearce, 2001 citados en Muzzio et al., 2008).
Distintas investigaciones (Benoit y Parker, 1994; Fonagy, Steele y Steele, 1991 citados en
Oliva, 2004) han encontrado que la capacidad predictiva que las representaciones maternas
tienen sobre el tipo de apego que establecen sus hijos ronda el 80%. Estos datos ponen de
relieve la transmisión intergeneracional del patrón de apego entre padres e hijos, que tendría
lugar a través de los modelos internos activos construidos durante la infancia y reelaborados
posteriormente. Sin embargo, aunque las representaciones del tipo de apego parecen mostrar
cierta estabilidad, determinados acontecimientos pueden provocar su cambio (Oliva, 2004).
“Cuando los padres ejercen inadecuadamente sus funciones, las situaciones que conducen
a ello tienen que ser investigadas y comprendidas” (Di Bartolo, 2005, p.122). En este sentido
la relación entre el niño y sus padres es lo que constituye la unidad diagnóstica y la unidad
terapéutica (Di Bartolo, 2017). Es decir, el análisis del desarrollo del niño no debería
limitarse únicamente a observar su comportamiento de manera aislada, sino que se debería
33
Entre las alternativas de intervención se encuentran aquellas que incluyen el uso de Video-
Feedbak. La filmación contribuye en la visibilidad de lo menos evidente, pone en valor
situaciones que están por debajo de la línea de lo perceptible en la cotidianidad. Uno de los
trabajos centrales de la terapia infanto – parental es ayudar a los padres a que puedan apreciar
la relación con su hijo desde los ojos del niño. De esta manera, las filmaciones ponen la lupa
sobre las interacciones, al agrandar el lente y viendo lo que en general no se ve (Di Bartolo,
2017). La técnica está diseñada para que los padres visualicen y analicen secuencias de
34
interacción con sus hijos, que han sido grabadas previamente. El principal objetivo es
incrementar la sensibilidad de los padres (Pitillas et al., 2016).
Con la filmación lo subjetivo es visto desde afuera, permitiendo que los padres tomen una
visión objetiva de las propias acciones y de lo que promueven en el niño, siendo más
conscientes de la manera en que sus acciones afectan a sus hijos y del punto hasta el cual el
niño es sensible a lo que ellos hacen (Di Bartolo, 2017). Permite hacer conscientes los
microsucesos de la interacción, que son difíciles de percibir y comunicar; detectar algunas
defensas; y brindar a los cuidadores un espacio en el que se sientan seguros para revisar
situaciones del pasado que resultaron difíciles (exposición) (Pitillas et al., 2016).
Si bien el terapeuta puede guiarlos, son los padres quienes van logrando distinguir las
características positivas o disfuncionales de la interacción, apreciar sus consecuencias y
reflexionar sobre su sentido. Esto potencia la eficacia terapéutica, en tanto que los vuelve más
activos en el proceso y aumenta la capacidad de internalizar la visión del niño y de sí mismos
de manera objetiva (Di Bartolo, 2017).
Algunas investigaciones han mostrado la eficacia en las intervenciones que hacen uso de
las filmaciones. Vite, Pérez & Ruiz (2008 citados en Gómez & Muñoz, 2012) realizaron en
México una intervención de entrenamiento conductual con video - feedback para 9 díadas
madre-niño de nivel socioeconómico bajo, con niños que presentaban problemas
conductuales (desobediencia) según era detectado por maestras del preescolar. La edad
promedio de los niños fue de 5,2 años, con cinco niñas y cuatro niños, y la edad promedio de
las madres fue de 31 años. La intervención tuvo entre 7 y 10 sesiones por caso. Los
resultados mostraron un incremento significativo en el índice de sensibilidad materna y una
reducción del comportamiento infantil aversivo, lo que muestra que se pueden realizar
intervenciones de este tipo en población de nivel socioeconómico bajo, obteniendo resultados
significativos en medidas de comportamiento infantil y competencia parental.
Por otra parte, dos programas que han incluido el uso de video- feedback, también han
mostrado su eficacia. Uno de ellos es el Programa Primera Alianza, desarrollado en Madrid,
cuyo objetivo es promover o reparar las relaciones tempranas de apego en niños de entre 1 y
6 años y sus cuidadores primarios, en contextos de exclusión social (Pitillas et al., 2016).
En dicho programa se evalúa la interacción mediante el uso de video, administrando una
versión abreviada de la Prueba de la Situación Extraña. Consta de varias fases que inducen en
la díada niño-cuidador una situación de peligro percibido y ansiedad (lo cual constituye un
activador del sistema de apego). A su vez, incluyen entrevistas individuales con el cuidador
35
para la evaluación de los procesos representacionales con los que interpreta las conductas de
su hijo y da sentido a su experiencia de parentalidad (Pitillas et al., 2016).
En su evaluación final, los resultados apuntaron a una mejora de la interacción tras la
participación en el programa. Por otro lado, el análisis de las diferencias en síntomas y
conductas perturbadoras en el niño, antes y después del programa, señalaron una reducción
de las mismas tras la participación. Finalmente, el análisis cualitativo de los testimonios de
los participantes indicó un aumento en la función reflexiva de los cuidadores y una mejoría
en las experiencias de los mismos, con relación a su parentalidad (Pitillas et al., 2016).
Por su parte, el programa “Centro de Apoyo Parental y Familiar: Crecer en Familia”,
desarrollado en Santiago de Chile, también ha arrojado resultados favorecedores en el uso de
video-feedback. Tiene por objetivo reparar y restituir el derecho a un crecimiento integral
bajo condiciones de protección, en niños y niñas de 0 a 5 años viviendo situaciones de
vulneración de derechos, mediante el fortalecimiento de las figuras parentales, la familia y
actores significativos de la red local de infancia (Muñoz & Gómez, 2015). (Véase Anexo 8).
Desde el inicio el programa, los resultados alcanzados indican una tendencia positiva hacia
el mejoramiento en los niveles de competencias parentales, estimulación del apego seguro,
buenos tratos, y desarrollo de los niños y niñas en diversos indicadores. Se observaron
cambios significativos en los índices de Estrés Parental, percibiéndose a sí mismos como más
competentes y a los niños que educan como menos desafiantes, menos difíciles de criar y con
menos problemas conductuales y/o emocionales; mejoría significativa en el desarrollo
socioemocional y autonomía de los niños; cambios positivos en las competencias parentales
formativas (disciplina positiva, estimulación del desarrollo); y una disminución de factores de
riesgo y aumento significativo de los factores de protección (Muñoz & Gómez, 2015).
Como se ha presentado, hay diversas formas de incorporar las filmaciones en la terapia
padres - hijos. El objetivo es siempre promover una sensibilidad mayor por parte de los
padres y aumentar la compresión de las interacciones.
Dentro de aquellas metodologías que usan el video - feedback para mejorar la calidad de la
interacción padre - hijo en la familia, se encuentra la Terapia de Interacción Guiada (IG).
Susan McDonough, pionera en el uso de la filmación en terapia, ideó la técnica (1993,2000,
36
2004 citada en Di Bartolo, 2017) para familias en riesgo, sobrepasadas por problemas como
la monoparentalidad, las dificultades económicas, la falta de educación.
La técnica se enmarca en la teoría del apego y el enfoque clínico sistémico, y se centraliza
en las interacciones padres - hijo. En ella se graban situaciones juego, y se discute junto al
padre y/o madre sobre secuencias de interacción positivas y negativas, ayudándolos a mejorar
su comprensión del hijo, identificar y reforzar sus propias competencias, a disfrutar de la
relación con él y a mejorar el vínculo afectivo entre ambos (Forcada-Guex, 2007; Suárez et
al., 2008 citados en Muzzio et al., 2008).
La idea original de seguir de cerca lo que ocurre cuando el padre y el hijo juegan juntos a
través de la observación conjunta de la filmación permite al terapeuta ir ayudando a los
padres a entender mejor las señales, las necesidades y las intenciones del niño. Las
representaciones detrás de las acciones se van haciendo explícitas y se clarifican (Di Bartolo,
2017).
Padres que son resistentes a participar en otras formas de psicoterapias responden
positivamente a este tratamiento (McDonough, 1993 citada en Balbernie, 2016). No sólo se
indica para situaciones difíciles, sino también en aquellos padres que deseen reflexionar sobre
su parentalidad en un marco de prevención (Forcada-Guex, 2007 citado en Suárez, Muñoz,
Gómez & Santelices, 2009).
La IG no focaliza en la búsqueda del insight como medio para promover cambios en la
relación padre- hijos, sino en el refuerzo de los patrones y competencias saludables de la
interacción y a la modificación de las pautas interacción disfuncionales (McDonough, 1993;
2004 citada en Suárez et al., 2009). No hay crítica ni interpretación. El procedimiento está
diseñado para ayudar a padres a disfrutar de sus hijos y posibilitar una comprensión del
comportamiento y del desarrollo del niño a través de la experiencia de la interacción con ellos
en el juego (Di Bartolo, 2017).
La terapia integra varios principios que se han propuesto como base para avanzar en el
trabajo con familias desbordadas por múltiples factores de estrés (Suárez et. al., 2009).
(a) tiene un fuerte énfasis en las fortalezas y recursos de las personas, por sobre la
consideración de carencias, limitaciones o patologías; (b) se concentra en las interacciones
sistémicas del aquí y ahora, por sobre referencias a los recuerdos de la historia pasada del
cuidador (siendo estos explorados sólo si surgen como un aspecto relevante para el
tratamiento de un problema determinado); (c) utiliza el concepto de foco de intervención,
priorizando las necesidades de intervención y evaluando las posibilidades de cambio,
37
enfatizando en lo que puede ser cambiado y evitando confundirse con las múltiples
problemáticas que usualmente presentan estas familias; (d) se basa en la retroalimentación
constante de los aspectos que sí funcionan en la interacción, a fin de ir generar una alianza de
que permita posteriormente indagar los aspectos negativos y; (e) se plantea como una
intervención breve, que suele durar entre 6-12 sesiones (McDonough, 2004 citada en Suárez
et. al., 2009).
La IG puede realizarse tanto en el espacio físico de un centro de intervención clínica o
psicosocial, como en el hogar de la familia cuando el equipo profesional cuente con las
herramientas indispensables para su implementación. Implementada a través de visitas
domiciliarias, ha logrado mejorar la sensibilidad de los padres, fortalecer el apego y abrir
caminos de resiliencia en niños socialmente vulnerables (Svanberg, 2005 citado en Suárez et
al., 2009).
La técnica les permite a los padres sentirse protagonistas y agentes del cambio dado el
énfasis que pone en los aspectos positivos de la interacción y al ir involucrándolos
gradualmente en el trabajo respecto al foco y la planificación de las sesiones de juego.
Tienden a percibir al terapeuta como alguien que los potencia para ayudar de mejor manera a
sus hijos (Suárez et al., 2009).
La IG ha sido usada exitosamente en un programa desarrollado por Larrieu y Zeanah
(2004 citados en Suárez et al., 2009) en Estados Unidos, llamado Equipo Infancia (Infant
Team). La intervención apunta a la reunificación de niños separados de su familia de origen
por vulneración grave de derechos, con sus padres biológicos, después de una evaluación que
indica la viabilidad y adecuación de dicha intervención. El programa ha evaluado resultados
en una cohorte de 4 años, encontrando cambios significativos en los niños atendidos,
demostrando una reducción del 68% en la reincidencia de maltrato en el mismo niño, y de
75% para un niño nacido posteriormente de la misma madre.
En Chile, la IG se ha usado en un programa de familias de acogida tanto en casos de
reunificación con la familia de origen como para apoyar los procesos de acogida familiar en
niños y niñas de alto riesgo psicosocial (Suárez et al., 2009 citados en Gómez & Muñoz,
2012). La muestra estuvo compuesta por 19 díadas (figura parental y niños entre 2 y 10 años)
en las que se evaluó el nivel de ajuste conductual y socioemocional en los niños y adultos,
mediante un diseño pre-post de grupo único.
El estudio se dividió en 3 fases: (a) sesión de juego con la familia, (b) el terapeuta analiza
el video y selecciona secuencias a trabajar, y (c) sesión de retroalimentación, donde se
38
reflexiona junto al adulto significativo y se acuerdan tareas intercesión (Suárez et al., 2009).
Esta secuencia se repite hasta que el foco de trabajo avanza lo suficiente para la familia y el
terapeuta; los procesos terapéuticos usualmente duran entre 8-12 sesiones, en un rango entre
2 y 6 meses (McDonough, 2000 citada en Gómez & Muñoz, 2012).
Tras la intervención, se observaron diferencias significativas en los problemas
conductuales y socioemocionales de los niños y niñas, y en el bienestar general y
sintomatología ansioso-depresiva de las figuras parentales. En cambio, no se encontraron
cambios estadísticamente significativos en las variables de relaciones interpersonales, rol
social ni situaciones o condiciones de vida del adulto (Gómez & Muñoz, 2012). Es decir, los
resultados de este estudio sugieren que la IG puede afectar positivamente el bienestar
psicológico de la díada, pero no las variables de contexto familiar. Por otra parte, los
resultados cualitativos reportados por las terapeutas, enfatizan que el mayor cambio
observable en las sesiones es el aumento progresivo del disfrute en la interacción y el
aumento en los niveles de sensibilidad parental para identificar, comprender y responder de
mejor forma a las señales comunicativas de los hijos. Secundariamente, se menciona una
disminución de las conductas controladoras del adulto, incremento de muestras de afecto
físico adecuado, y una mejor distinción y ampliación de los límites puestos al hijo. En los
niños, refirieron observar un mayor sentido de pertenencia familiar, mayor autonomía y
confianza en contextos interpersonales, mejor inserción del niño en su grupo de pares y más
muestras de afecto del niño hacia el adulto (Gómez & Muñoz, 2012).
Ante lo difícil que resulta un abordaje eficiente en familias con riesgo social, tanto en
términos de su conceptualización, involucramiento y permanencia en el proceso de
intervención, generación de cambios en sus pautas de interacción y mantención de los
cambios en el tiempo, el método propuesto por McDonough (1995), es un aporte crucial en el
área de la acción profesional en comunidades con altos índices de riesgo social (Gómez et al.,
2007; McNeil & Herschell, 1998; Cunningham & Henggeler, 1999 citados en Suárez et. al.,
2009).
No obstante, si bien varios estudios muestran la eficacia de la terapia IG como estrategia
de intervención con familias en riesgo, esta dispone de una serie de limitaciones. Los
problemas contextuales y la falta de un motivo de consulta inicial en la familia, dificultan una
asistencia regular al proceso y producen problemas de adherencia al programa en general que
se traspasan al proceso clínico (Gómez & Muñoz, 2012).
39
A pesar de ello, dado los resultados encontrados, se podría sostener que este tipo de
intervención se presenta como una herramienta esencial para los programas sociales y los
servicios públicos de salud mental, al tratarse de una terapia breve y focalizada que puede ser
utilizada conjuntamente con otros tipos de intervenciones tanto familiares como individuales.
permitirían a los padres percibir a sus hijos de una manera menos distorsionada por las
propias creencias e historia en su familia de origen, promoviendo la resiliencia infantil,
parental y familiar (Vargas Rubilar, 2014; Walsh, 2004 citados en Vargas et al., 2017).
En definitiva, los datos disponibles hasta este momento ponen de relieve la eficacia de los
programas de fortalecimiento parental para dar respuesta a algunas de las necesidades de
apoyo y formación de las familias en riesgo. Esto permite presentar a dichos programas como
un recurso comunitario valioso en la intervención con familias en situación de riesgo
psicosocial.
En este sentido, sería fundamental que, en condiciones de pobreza, la relación familia -
escuela brinde a los padres un espacio para apoyarlos en sus tareas parentales y contribuir en
el crecimiento positivo de sus hijos, en lugar de apuntar a la exposición y resolución de los
problemas conductuales de los niños.
42
4. Discusión y Conclusión
El propósito de este estudio fue brindar una visión e interpretación crítica sobre el impacto
del apego seguro como un factor de protección en el crecimiento socioemocional de niños
inmersos en contextos pobreza. Para ello se realizó una investigación documental de distintas
fuentes que proporcionaron información sobre el estado actual del tema en cuestión.
Los niños experimentan el mundo por medio de sus padres, quienes son los responsables
de proveerles las condiciones esenciales para un crecimiento adecuado, satisfaciendo sus
necesidades básicas tanto físicas como emocionales. La familia constituye el contexto de
desarrollo primordial en el que los niños socializan y adquieren las competencias necesarias
para sus ulteriores relaciones. De este modo un niño con un apego seguro posiblemente estará
dispuesto a explorar nuevas relaciones, sintiéndose más esperanzado con el éxito de ellas, a
diferencia del niño que estableció un apego inseguro, quien probablemente encarará las
relaciones interpersonales con ansiedad, temor e inseguridad.
El apego seguro integra el vínculo afectivo que desarrolla el niño con sus padres (o
cuidadores) y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen
desarrollo de la personalidad. La función primordial de los padres sería proporcionarle al niño
una base segura que los anime a explorar el mundo y a la cual puedan recurrir como refugio
ante situaciones de amenaza. Resulta esencial que el menor pueda depender de sus figuras de
apego y que estas le brinden contención y protección cuando fuera necesario.
Las familias que viven en contextos de pobreza suelen vivir situaciones que son difíciles
de cambiar, no solo en lo que respecta a su condición de desventaja socioeconómica, sino
también en las condiciones sociales vinculadas con ella. La pobreza es mucho más amplia
que la sola falta de ingresos, tanto esta como las circunstancias de vida que experimentan los
individuos y los hogares no pueden ser medidas por un solo indicador. Las exclusiones
sociales incluyen privaciones en las que muchas de ellas difícilmente se logren identificar por
el nivel de ingreso. Todas ellas afectan el desarrollo integral de las personas.
En función con esta realidad, durante los últimos años se han efectuado investigaciones
acerca de las consecuencias potencialmente negativas que la pobreza tiene sobre las familias
y los individuos en particular. En este sentido, el primer objetivo de este estudio se propuso
explorar los efectos de la pobreza infantil en el crecimiento socio-emocional de los niños.
43
Los resultados de las investigaciones revisadas reflejan que los contextos de pobreza
configuran un sitio en el que los niños están sometidos a diferentes riesgos en el plano físico,
mental y social. Los estudios realizados por Oros (2007) y Lemos (2009) con muestras de
niños víctimas de pobreza y niños sin esta característica muestran con precisión cómo la
pobreza con sus múltiples estresores incide en la forma en que se va estableciendo la
personalidad.
En el primero de ellos los resultados indicaron que lo que más afectaría a los niños en
riesgo, no es la privación económica en sí misma sino las condiciones que acompañan dicha
situación, siendo significativo la cantidad de veces que refirieron como causa de su
preocupación las diversas manifestaciones de violencia ejercidas en sus hogares y la escuela
(Oros, 2007). Por su parte, en el segundo estudio en el que se comparó el perfil de
personalidad de ambas muestras de niños, se observó que los niños en riesgo presentan
menores valores en el factor escrupulosidad; menor autoestima y menores niveles de
autoeficacia; muestran una aparente autosuficiencia en la que no admiten la falta de un
alguien de quien depender; y mayor rechazo a las situaciones nuevas (Lemos 2009).
A su vez, la pobreza suele estar acompañada de una deprivación psicoafectiva, en la que la
familia perturbada no cumple adecuadamente con sus funciones. Así, la interacción padres-
hijos usualmente presenta bajos niveles de sostén y contención y pocas expresiones afectivas
de cariño y sensibilidad.
Estudios previos (Fresno et al., 2011; Lemos, 2012; Torres et al., 2014) muestran que la
pobreza es una situación que produce estrés y que como tal afecta negativamente las
funciones parentales, entre ellas la capacidad para brindar apoyo emocional y estimulación, lo
cual daña consecuentemente el crecimiento del niño. En contextos de pobreza infantil, la
parentalidad no suele ser afectuosa y contenedora, en lugar de ello, los padres pueden ejercer
un control autoritario y exigente, donde la autonomía del niño se estimula en forma precoz.
En este sentido, la pobreza infantil podría concebirse como un factor de riesgo al tratarse de
un medio que se caracteriza por la carencia de oportunidades y la falta de las necesidades
indispensables para el desarrollo social y personal de los niños.
No obstante, el daño potencial que la situación de pobreza puede generar, no resulta
inevitable ni irreversible. Con relación al segundo y tercer objetivo de esta revisión
bibliográfica en los que se propuso estudiar la importancia del papel del apego seguro en
familias en situación de vulnerabilidad social como factor de protección e investigar sus
efectos en el crecimiento socioemocional de los niños, la investigación documental de otros
44
estudios (Amar, 2000; Drillien, 1964 citado en Monreal et al., 2012; Werner, 1989 citado en
Barudy et al., 2005 & Fiorentino, 2008) coinciden en que uno de los principales factores de
protección en condiciones de vulnerabilidad es la disponibilidad de un vínculo humano
incondicional. Es decir, si se considera a la pobreza como un factor de riesgo que perturba el
desarrollo del niño, se podría concebir al apego seguro como un factor protector para paliar
los daños producidos por dicha situación.
La conceptualización de factor de protección no refiere solo a las características
personales del niño, también alude a la calidad de las relaciones familiares y a los factores
ambientes más amplios que le permiten sobreponerse a la adversidad, disminuyendo la
probabilidad de presentar desajustes.
De este modo se concluye que un factor protector refiere a las actitudes propias del medio
familiar y social tendientes a generar las condiciones óptimas para la adquisición de las
herramientas que le permitan al niño enfrentar las dificultades del entorno que se hagan
presentes, y evitar y disminuir los riesgos. Por lo cual el apego seguro, como base para la
exploración y la seguridad emocional, sería indispensable en condiciones de pobreza donde
las actitudes o conductas del entorno suelen verse afectadas por las circunstancias.
De lo anterior surge la urgente necesidad de trabajar con los padres. A través del
conocimiento profundo de las condiciones necesarias para el normal desarrollo del niño es
posible generar estrategias de prevención, promoción e intervención.
En función del último objetivo planteado en el que se buscó analizar la eficacia de las
intervenciones tempranas que focalizan en el cuidado de los primeros años de vida para el
fomento de un apego seguro en familias socialmente vulnerables, las investigaciones
revisadas exponen que las modalidades de intervención desarrolladas desde el marco
conceptual de la teoría del apego resultarían pertinentes para el abordaje en niños que han
sufrido diversas vulneraciones y traumatismos en su historia de vida. Esto, por cuanto una de
las áreas que más se daña es precisamente el apego, resultando a su vez perjudicados todos
los procesos de desarrollo biopsicosocial que se relacionan con el tipo de apego gestado en tal
etapa.
En la actualidad existen diversos recursos y medios para abordar y prevenir estas
situaciones de vulnerabilidad. (Véase Figura 4 & Apéndice A). Entre ellas se encuentra la
terapia de Interacción Guiada (IG) cuyo objetivo es siempre promover una sensibilidad
mayor en los padres e incrementar la comprensión de las interacciones. La idea de seguir de
cerca lo que ocurre cuando el niño juega con sus padres a través de la observación conjunta
45
de las grabaciones, permite ayudar a los padres a entender mejor las señales, necesidades e
intenciones del menor. Esto ha sido constatado en estudios (Larrieu & Zeanah 2004, citados
en Delucchi et al., 2009; Balbernie, 2016; Gómez & Muñoz, 2012) que evaluaron su eficacia
a partir de su abordaje con familias sobrepasadas por problemas como la pobreza.
Por su parte, los programas psicoeducativos para padres también representan una
alternativa de intervención, siendo su objetivo principal la optimización de las funciones
parentales y en efecto un beneficio para el desarrollo saludable de los niños. Estudios
documentados (López et al., 2007 citados en Hidalgo et. al., 2009; Vargas et al., 2017)
muestran su efectividad para el fortalecimiento de las habilidades parentales, contribuyendo
en el goce y satisfacción durante el ejercicio de sus funciones.
Figura 4. Diagrama que expone la interrelación entre las variables: desarrollo infantil, apego y cuidados parentales; y
destaca la implementación de las intervenciones tempranas en el abordaje de las mismas.
Con respecto a los resultados presentados sobre las distintas investigaciones revisadas, una
de las limitaciones que se podría considerar en este trabajo refiere a que en su mayoría los
estudios revisados tratan de investigaciones desarrolladas en países extranjeros que difieren
socioculturalmente con el contexto argentino, especialmente aquellos en los que se ha
evaluado el papel del apego seguro como factor de protección y la efectividad de las
47
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56
6. Anexos
1. Lucía, 7 años (La entrevistadora introduce la historia que se desarrolla en la casa donde
están dos muñecas que son Lucía y la mamá. Actúa cómo la muñeca mamá está adentro,
mientras la muñeca Lucía juega en el jardín. De pronto, muñeca Lucía se cae, se golpea, mira
su rodilla y ve que está sangrando. En el momento en que la muñequita llora lastimada, la
entrevistadora se corre de la escena y le pide a la niña que continúe la historia. La
transcripción a continuación corresponde exclusivamente al niño.
Muñeca madre: “¿Qué te pasó Lucía, ¿qué te pasó?” (tono de preocupación afectuosa)
Muñeca Lucía: “¡Mami, me caí del tobogán!”
Muñeca Madre “Bueno, vení que te voy a curar.” Lucía narra mientras actúa con los
muñecos: “La mamá sentaba a Lucía en la cama, iba a buscar la vendita que estaba en su
cuarto; se la ponía en la rodilla y le decía:”
Muñeca Madre: “Ahora, a jugar tranquila y no te golpees más. Presta mucha atención. Uy,
voy a cocinar”. Lucía narra actuando con la Muñeca Niña: “Y Lucía se iba a jugar con la
patineta y con la pelota.”
Muñeca Niña: “Ay me voy a sentar un ratito. Mami, tengo hambre.”
Muñeca Madre “Para comer a punto falta un poquito.” “Iba a la cama, jugaba un poquito,
y listo”. Lucía indica que la historia ha finalizado.
Un niño cuya representación de apego de apego es segura, frente a la situación de estrés
escenifica con los muñecos una estrategia interpersonal para enfrentarla, en la que frente al
problema la solución se busca a partir del contacto con la figura de apego (Green, Stanley,
Smith & Goldwyn, 2000). En la viñeta transcrita, la niña escenifica la búsqueda inmediata de
la figura de apego. Complementariamente, la muñeca que representa a la figura de apego está
representada como disponible y capaz de responder con calidez y eficiencia. Su intervención
resuelve la situación y el personaje de la niña restablece el equilibrio. Esto se evidencia en
que retoma la exploración, i.e. continúa jugando. Tal como es característico de los niños
cuyas representaciones de apego son seguras, la narración es coherente y clara.
noche y está todo en silencio, y actúa cómo de golpe el muñeco Juan se despierta muy
asustado diciendo que tuvo una pesadilla. En el momento en que el muñeco llora asustado, la
entrevistadora se corre de la escena y le pide al niño que continúe la historia).
Juan se queda en silencio unos segundos. Muñeco Niño: “¡Ah! ¡Qué sueño feo!”
Toma al muñeco que está en la cama, lo para, lo hace caminar, y explica: “Juan se pone las
zapatillas, y va ver por la ventana. Y ve que no pasa nada y se vuelve a acostar.” Explica: “Al
día siguiente Juan se levanta, la mamá se levanta”. Juan indica que la historia ha finalizado.
Como puede verse claramente en esta historia, el niño representado no busca el contacto
interpersonal. El niño de la historia no recurre a la figura de apego, ni ella acude, a pesar de
que se encuentra muy cerca. De ella parece no esperarse nada. Este niño utiliza otro tipo de
estrategia para restablecer el equilibrio, una estrategia autosuficiente. Solo y sin pedir ayuda
el niño de la historia encuentra la forma de calmarse a sí mismo, restablece su equilibrio y
logra volver a dormirse.
Los niños con una representación de apego evitativa, frente a la situación de estrés que la
historia plantea, arman una historia en la que el niño prescinde de la ayuda de su figura de
apego. Las narraciones son cortas y esquemáticas. Lo que los personajes sienten está
minimizado. En estas historias los personajes logran sin embargo restablecer la calma a través
de estas estrategias (Green et al., 2000).
3. Simón, 6 años (La entrevistadora introduce la historia que se desarrolla en la casa donde
el muñeco niño está mirando televisión mientras su madre está de visita en la casa vecina.
Actúa cómo el muñeco Simón siente de pronto un fuerte dolor de estómago y en ese
momento se corre de la escena y le pide a Simón que continúe la historia. La transcripción a
continuación corresponde exclusivamente al niño.
Simón comienza actuando que el muñeco niño va a buscar a la madre en la casa vecina
pero la vecina le dice que se vaya porque la madre está ocupada. El niño insiste. La muñeca
madre, que está adentro, lo escucha, sale, se pelea con la vecina y se acerca a él. Van juntos a
la casa y el muñeco Simón vomita varias veces.
Muñeca Madre: “Ya sé lo que pasa, yo conozco esto” (tono afectuoso). “Seguro que
mientras mirabas la televisión te moviste mucho y habías comido, y por eso vomitaste.”
Simón actúa cómo el muñeco sigue vomitando. La muñeca Madre lo espera.
59
Muñeca Madre: “¿Ya está?” (Muñeco sigue vomitando hasta que termina y se siente
mejor). Muñeca Madre: “Simón, ¿por qué pones los pies en la cabeza?”
Muñeco Niño: “Porque quiero.”
Muñeca Madre: “Pero a mí no me gusta”. La muñeca Madre trata de enderezar el brazo
del muñeco niño. Los dos pelean físicamente.
Muñeca Madre: “¡Simón me doblaste el brazo! ¡Totalmente!” Los dos muñecos van a
buscar a un médico. No lo encuentran. Simón: “Yo sé arreglarlo”. Simón mueve el Muñeco
Niño haciendo que endereza el brazo de la Muñeca Madre.
Muñeco Niño: “¡Soy un genio, el rey del mundo! Simón hace que el Muñeco Niño
comience a saltar, en uno de sus saltos tira el televisor al piso.
Muñeca Madre: (tono de enojo): Muñeca Madre: “No.”
Muñeco Niño: “Yo imagino que lo soy y lo soy. Sé la solución de todos los problemas. Y
mami no lo sabe.”
Muñeca Madre: “Si; pero no sabes dónde se compra un televisor como esta.” Muñeco
Niño: “Eso sí es un problema sin solución.” El Muñeco Niño baja de un salto del lugar donde
se había subido y arregla el televisor.
Muñeco Niño: “¡Soy un genio!” Muñeca Madre: “Es mi turno de ver televisión.”
Simón explica y actúa cómo el muñeco niño arregla los controles del televisor de manera
de ser el único que pueda cambiarlos. Simón indica que la historia ha finalizado.
A diferencia de las viñetas clasificadas como evitativas, en esta viñeta el contacto
interpersonal está claramente representado. Frente a la situación estresante que la historia
plantea, el niño representa a un muñeco que va en busca de la figura de apego. Pero aparecen
desde el inicio altos niveles de conflictividad. La vecina, personaje generalmente ignorado en
esta historia, se interpone en el acceso del niño a su madre generando el primer conflicto. Una
vez logrado el contacto y aparentemente calmada la situación inicial, se suceden una serie de
conflictos nuevos que generan disputas y nuevas situaciones estresantes.
La narrativa es larga y aparecen continuamente nuevos temas que no tienen que ver con la
situación inicial planteada. Se representan cambiantes e intensos estados afectivos en ambos
personajes, en los que predomina la ambivalencia. Todas estas características corresponden
típicamente a las historias lúdicas de un niño cuya representación de apego es ambivalente.
60
4. Nicolás, 8 años (La entrevistadora introduce la historia del niño jugando en el jardín, la
interrumpe cuando el niño llora lastimado, y le pide al niño que la continúe).
Nicolás toma a la Muñeca Madre y hace que salga de la casa. Se dice a sí misma: “Voy a
ver qué le pasa a Nicolás”.
Muñeca Madre: “¿Qué te pasa?” Muñeco Niño: “¡Me sangra la rodilla…!” (tono de dolor)
Muñeca Madre: “Bueno, vamos al doctor” (tono calmo) Muñeca Madre alza al muñeco y
lo lleva frente a un personaje imaginario.
Muñeca Madre: “Doctor, ¿qué le pasa?” (tono de preocupación) Dr.: (con tono profesional
y segu- ro): “Mm. Parece que tiene una infección en la rodilla. ¿De dónde te caíste?”
Muñeco Niño (llorando): -“Buah, de la patineta…” Dr.: Muy bien. “Le voy a dar estas
curitas especiales para este tipo de lastimaduras y, ¡que le vaya bien a su hijo!”
Muñeco Niño (sigue quejándose) “Ay, ay…” Se van Muñeca Madre y Muñeco Niño y
vuelven a la casa. Muñeca Madre lo acompaña a la cama. Muñeco Niño se acuesta. Sigue
quejándose: Muñeco Niño –“¡Buah…! Me duele…me duele….”
Muñeca Madre está parada al lado de la cama y lo consuela Muñeca Madre: “Ya se va a
pasar….” Muñeco Niño: “Ya me siento mejor. Gracias mami.” Nicolás hace que el Muñeco
Niño salga al jardín y describe: “Ahora empezó a llover”. Nicolás acuesta a la Muñeca Madre
en la cama y explica: “La mamá no escuchaba nada, como siempre, Estaba durmiendo y la
puerta estaba cerrada.” El Muñeco Niño grita desde el jardín: “¡Mami! ¡Mami!” Nicolás
cuenta: “Caía un rayo” (imita el ruido de un rayo) Muñeco Niño (con tono aterrado):
“¡Aaaah!” Nicolás voltea el árbol y explica. “El rayo derriba el árbol.” Luego levanta y dice:
“Vamos a hacer otra cosa. No cae el árbol. Empezaba a llover muy fuerte. Empezaban a caer
piedritas y yo me refugiaba debajo de tobogán. Pasó toda la noche. Una hora después de que
pasó la lluvia, salí. Estaba todo empapado.” Nicolás hace caminar al Muñeco Niño hasta la
puerta del jardín. “La puerta estaba abierta.” Muñeco Niño: “¡Mami! Ay, mami, ¿dónde
estás? ¡Mami! ¡Mami! ¡Mami!” Nicolás acuesta al Muñeco Niño en la cama al lado de la
Muñeca Madre, que sigue dormida, y continúa contando: “De pronto ve un monstruo” (lo
representa con dos de sus dedos).
Monstruo (ruge): “¡Roar!” Nicolás incorpora al Muñeco Niño en la cama y grita: Muñeco
Niño: “¡Un sueño horrible!”
61
Monstruo (parado al lado de la cama y con tono aterrador): “No es un sueño.” Muñeco
Niño: “¡Mamá!” Nicolás explica con tono divertido: “Y ahí termina la historia.”
Esta viñeta muestra características particulares. Comienza con un planteo en el que la
figura de apego responde interesada, con sensibilidad, y ofrece una solución al problema.
Pero cuando la situación estresante parece haberse resuelto, aparece una nueva situación de
estrés, cuya resolución contradice totalmente la resolución anterior. En forma opuesta a cómo
había sido representada hasta ese momento, el personaje de la madre es representada como
completamente insensible. No escucha los llamados desesperados del muñeco niño y es
inaccesible. Queda clara la representación de ella como incapaz de responder a las
necesidades del niño. El muñeco niño queda a merced de estados aterradores, que no son
modulados por el cuidador pero que tampoco encuentran alguna otra solución como en las
historias anteriores. La historia toma un viso fantástico y bizarro, y se mezclan la realidad y la
fantasía. Aparece un personaje irreal y aterrorizante. En la narrativa el niño pierde la distancia
simbólica entre el muñeco que protagoniza la historia y él mismo, y pasa a narrar la historia
en primera persona, como si fuera una historia personal. Todas estas son características, entre
otras posibles, del patrón de apego desorganizado.
62
Se estima que en 2018 alrededor de un 5,7% de los niños/as y adolescentes estaba afectado
por las agresiones verbales. No obstante, la tendencia que se observa desde 2010 es a un
marcado descenso sostenido en todo el período.
El uso del maltrato físico, se estima que afectó al 24,8% de los chicos/as en 2018. Si bien,
en su evolución la incidencia tendió a disminuir, ello ocurrió principalmente entre 2010 y
2015, y entre 2015 y 2018 se incrementó en un 6% (1,4 p.p.). El saldo del período de punta a
punta todavía es positivo (véase tabla 6.2). La propensión a ser víctima del maltrato físico es
mayor a medida que desciende la edad del niño/a. Las diferencias por sexo y tipo de
configuración familiar son muy menores. Lo que es muy claro, es la disparidad social, muy
regresiva para los chicos/ as más pobres. Los niños/as del estrato trabajador marginal tienen
2,4 veces más chances de experimentar agresiones físicas que sus pares en el estrato medio
profesional. Estas desigualdades se constatan en diferentes indicadores de pobreza y
segregación socio-residencial. La brecha de desigualdad social entre el 25% inferior y el 25%
superior entre 2010, 2015, y 2018 se incrementó pasando de 1,8 a 1,9 y 2,4 veces,
respectivamente. Las infancias más afectadas son las bonaerenses, pero en mayor o igual
medida las del interior del país. La evolución más positiva fue la experimentada en la Ciudad
de Buenos Aires.
Las penitencias y los retos en voz alta El uso de las penitencias y los “restos en voz alta”
son los principales métodos que utilizan los adultos con los niños/as para enseñarles lo que
está mal. Según el reporte de los padres o adultos de referencia del niño/a, el 66,3% de los
chicos/as vive en un hogar en el que se utiliza las penitencias como recurso correctivo y el
58,2% de los chicos/as en hogares donde se apela a elevar la voz en las reprimendas. Si bien,
no se registran diferencias muy importantes entre grupos de edad, parecen ser métodos algo
más utilizados con los niños/as en edad escolar entre los 5 y 12 años, y más con los varones
que con las mujeres. Las desigualdades sociales regresivas para los chi- cos/as más pobres
son persistentes, pero claramente menores que las observadas en otros indicadores. Quizás lo
más destacable en la evolución en el tiempo son los progresos observados en los hogares con
niños/as de la Ciudad de Buenos Aires. Las infancias del Conurbano y el interior del país
tuvieron progresos menos notables.
64
al examen de los datos (Richaud de Minzi, 2006b). Los estresores mencionados alcanzaron el
número de 293.
pérdidas materiales. Por su parte, los niños más grandes señalan la agresión verbal y
emocional, la violencia hacia sus posesiones, los conflictos con sus pares, los problemas
académicos, los conflictos entre sus padres, el descontento con la disciplina parental, el
rechazo, la soledad y el abandono.
La asociación entre la percepción de estresores y la clase social fue estadísticamente
significativa (V= 0,55; p =0,000). Los niños en riesgo mencionan con mayor frecuencia la
violencia física, verbal y emocional, y las situaciones de rechazo, abandono y soledad. Por su
parte, los niños de clase media expresan más preocupaciones por la pérdida de personas
significativas y de mascotas, así como por la salud propia y ajena. Las diferencias más
llamativas entre los grupos se observan en relación a la violencia.
-
67
mundo exterior y son generadores de ideas nuevas. La apertura implica interés por diferentes
actividades, como así también la capacidad de innovar, crear y salir de lo cotidiano. Por el
contrario, los niños con puntajes bajos en este factor prefieren realizar sus actividades sin
innovar, ir a los mismos lugares y elegir siempre lo mismo.
70
Para evaluar las diferentes variables objeto de este estudio, se utilizaron los siguientes
instrumentos:
Consta de 32 ítems que se responden Sí, más o menos, y No. El análisis factorial (con N =
1243 niños), indicó cinco tipos de relaciones, tanto con el padre como con la madre: (1)
Aceptación (α = .92 para la madre y α = .89 para el padre), (2) control normal o aceptable (α
= .75 para ambos padres), (3) control estricto, no patológico pero menos aceptado (α = .81
para la madre y α= .65 para el padre), (4) control patológico (α = .72 para la madre y α = .81
para el padre ) y (5) autonomía extrema (α = .60 para ambos padres).
Physical and Verbal Aggression Scale (AFV, Caprara & Pastorelli, 1993; Del Barrio,
Moreno & López., 2001)
Se trata de una escala de 20 ítems que evalúa la conducta de hacer daño a otros física y
verbalmente. El formato de respuesta es de tres alternativas (a menudo, algunas veces o
nunca) según la frecuencia de aparición de la conducta, por ejemplo: “pego patadas o
puñetazos” (α = 0.80).
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Emotional Instability Scale (IE, Caprara & Pastorelli, 1993; Del Barrio, et al.,2001).
Describe la conducta que indica una falta de autocontrol en situaciones sociales como
resultado de la escasa capacidad para frenar la impulsividad y la emocionalidad. Incluye 20
ítems con tres alternativas de respuesta (a menudo, algunas veces o nunca), por ejemplo: “no
puedo estar quieto” (α =87).
Prosocial Behavior Scale (CP, Caprara y Pastorelli, 1993; Del Barrio, et al., 2001).
La evaluación de los niños se realizó a partir de una selección intencional de los centros
escolares mencionados anteriormente. En todos los casos se solicitó el consentimiento
informado de los padres. La aplicación de los instrumentos se realizó de forma colectiva y en
horas de clase en cada aula. Para el análisis de los datos se utilizaron análisis múltiples de
varianza (MANOVAs) y análisis de regresiones múltiples, para estudiar el posible efecto de
los estilos parentales, tanto del padre como de la madre, sobre la Conducta Prosocial, la
Inestabilidad Emocional y la Agresión Física y Verbal. Este último análisis también se realizó
para evaluar el posible efecto diferencial de la percepción de los estilos parentales, por parte
de las hijas y de los hijos varones, en las mismas variables.
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Encuesta demográfica.
Para evaluar el ingreso se utilizó una encuesta demográfica donde se preguntó a los padres
por el total de los ingresos familiares mensuales. El monto señalado fue dividido por el total
de los miembros de la familia obteniendo el ingreso mensual familiar por persona.
Se trata de una encuesta de 5 ítems que miden el nivel de estrés de los padres relacionado
con las siguientes preocupaciones: pagar las cuentas, encontrar o mantener su trabajo, no
poder tener acceso a cuidados médicos si alguno de los miembros de su familia se enferma,
no tener dinero suficiente para comprar comida, no poder tener un lugar adecuado donde
vivir. La respuesta para cada ítem corresponde a una escala de tipo Likert (1 = no estoy
preocupado para nada a 4 = estoy muy preocupado). El nivel de preocupación financiera se
obtiene por medio de la sumatoria de los puntajes de cada ítem, de esta manera, mientras
mayor sea el puntaje obtenido, mayor será el nivel de preocupación financiera. Esta escala
mostró un alfa de Cronbach de .82 (Mistry et al., 2002). La versión en español utilizada en el
estudio obtuvo una consistencia interna un poco más elevada, α = .86.
Escala del Center for Epidemiologic Studies Depression Scale (CES-D, Radloff, 1997).
Para evaluar el nivel de estrés de los padres Se trata de una escala de 14 ítems que evalúa
el nivel en que los eventos de la vida cotidiana son percibidos como estresantes. Las
respuestas son de tipo Likert (0 = nunca a 4 = muy a menudo).
Este cuestionario posee una alta consistencia interna que va de α = .84 a α = .96 (Cohen et
al., 1983). La versión en español utilizada reportó un coeficiente alfa de Cronbach de .83.
75
cargo de los educadores pertenecientes a la ONG, a quienes se les hizo una formación
específica. La media del índice Kappa en todas las categorías (0.929) indicó un nivel alto de
acuerdo entre los dos jueces que valoraron las narraciones.
La codificación de las respuestas se realizó de acuerdo a las siguientes categorías:
a. Contenido (escala de 0-4):
- Responsividad: El grado en el que los cuidadores están accesibles y reconocen las
necesidades físicas y emocionales de los chicos/as. Ejemplo: “Les llamo y entonces viene mi
madre o mi padre” “Mi madre me pregunta si pasa algo”.
- Apoyo a la autonomía: Si los padres apoyan los intentos de los chicos/as de hacer las
cosas por su propia cuenta. Ejemplo: “a veces ayudo a mi madre a recoger la mesa” “En casa
me han enseñado a que después de comer debo recoger la mesa, al menos debo recoger mis
platos”
- Coerción emocional: Cuando los padres inducen estados emocionales negativos en el
niño. Ejemplo: “a veces me riñe mi madre y me dice que soy torpe” “Mi madre me dice que
soy un tonto cuando alguien me empuja en el colegio y yo no respondo ”.
- Coerción física: El grado en que los padres castigan físicamente para ejercer el control.
Ejemplo: “Si rompo el jarrón de mi madre, me arrestan pero antes seguro me dan un
bofetón!!”
b. Estructura de las narraciones (escala de 0-2): - Resistencia: El grado en el que el niño
evita contar la narración. Ejemplo: “Pues no se”
- Pobreza del discurso: Se refiere a la falta de elementos en las na- rraciones, a la ausencia
de detalles y especialmente a la ausencia de temas emocionales. Ejemplo: “Llamo a mi
madre..” “Llamo a mi padre” “Nada más…” “La verdad es que no tengo ni idea lo que haría”
- Tangencialidad: Se refiere a aquellas producciones narrativas lejanamente asociadas con
las viñetas. Ejemplo: “Porque mi hermana siempre quiere tener el mando y a mí nunca me lo
dan” “Los niños son así..”
- Incoherencia: el grado en que las narraciones no presentan una organización lógico-
causal. Ejemplo: “Mi madre viene a hablar al colegio!!! y yo se le digo al profesor que un
niño se rió de mi”
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versión que podía ser contestada por los educadores, tanto de los chicos/as del grupo de
riesgo como de los del grupo normalizado, ya que estos educadores conocían sobradamente
las características comportamentales de estos chicos/as. Para calificar la prueba se usó una
escala de 0 a 2. Las bondades de esta escala (alta fiabilidad de las escalas y alta validez) son
muy conocidas por ser la de mayor difusión internacional en este ámbito.
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Las tablas presentadas a continuación detallas las diferencias pre – post programa halladas
en los resultados arrojados por la investigación citadas.
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variedad de actividades diseñadas para trabajar dichos contenidos se relaciona con el período
previsto para la aplicación del programa, que es de dos años consecutivos (con formato de
curso académico) y con una periodicidad semanal. La duración de cada sesión semanal es de
dos horas.
En concreto, el programa consta de unas ochenta y cinco actividades que, aunque utilizan
técnicas y estrategias distintas siempre se ajustan al modelo participativo de formación
(Máiquez et al., 2000; Máiquez y Capote, 2001). Los procedimientos concretos que permiten
conseguir estos objetivos son los métodos inductivos basados en la reflexión, la discusión y el
trabajo de elaboración en grupo. Por ello, las actividades incluidas en el programa FAF para
abordar los objetivos de cada módulo utilizan diferentes tipos de dinámicas de grupo (lluvia
de ideas, debates, role-playing, análisis de casos, trabajos en pequeño grupo y puesta en
común posterior, etc.). Además, dado que el nivel educativo predominante entre las madres y
85
.
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7. Apéndice
Dirigidas a influir sobre el desarrollo de un apego sano (promocionales y preventivas) o mejorar el estilo de apego
actual (tratamiento).