MIEL FACULTAD DE TANDIL Compressed
MIEL FACULTAD DE TANDIL Compressed
-UNCPBA-
Octubre, 2019
Tandil
Verificación de la calidad microbiológica de miel cruda y de
envases en una fraccionadora bonaerense.
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Objetivos
· Verificar la calidad microbiológica tanto de la miel como de los insumos de
envasado (envases y tapas) utilizados para la elaboración de miel fraccionada.
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Marco legal
Definición de miel
"Con la denominación de Miel o Miel de Abeja, se entiende el producto dulce
elaborado por las abejas obreras a partir del néctar de las flores o de
exudaciones de otras partes vivas de las plantas o presentes en ellas, que dichas
abejas recogen, transforman y combinan con substancias específicas propias,
almacenándolo en panales, donde madura hasta completar su formación” (CAA,
2019).
Composición y requisitos
Composición
La miel es una solución concentrada de azúcares con predominancia de glucosa
y fructosa. Contiene además una mezcla compleja de otros hidratos de carbono,
enzimas, aminoácidos, ácidos orgánicos, minerales, sustancias aromáticas,
pigmentos, cera y granos de polen.
Requisitos
Características sensoriales
Color: Será variable desde casi incolora hasta pardo oscuro, pero siendo
uniforme en todo el volumen del envase que la contenga.
Sabor y aroma: Deberá tener sabor y aroma característicos y estar libre de
sabores y aromas objetables.
Consistencia: Podrá ser fluida, viscosa o cristalizada total o parcialmente.
Características Físico-Químicas
- Madurez
a) Azúcares reductores (calculados como azúcar invertido): Miel de flores:
mínimo 65%. Miel de mielada y su mezcla con miel de flores: mínimo 60%.
b) Humedad: máximo 20%. c) Sacarosa aparente: Miel de flores: máximo 5%.
Miel de mielada y sus mezclas: máximo 10%.
- Limpieza
a) Sólidos insolubles en agua: máximo 0,1 %, excepto en miel prensada que se
tolera hasta el 0.5%. b) Minerales (cenizas): máximo 0.6%. En miel de mielada y
sus mezclas con mieles de flores se tolera hasta 1%.
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- Deterioro
a) Fermentación: La miel no deberá tener indicios de fermentación ni será
efervescente. Acidez libre máximo 40 miliequivalentes por kilogramo.
b) Grado de frescura: determinado después del tratamiento. Actividad diastásica:
Como mínimo el 8 de la escala de Gothe. Las mieles con bajo contenido
enzimático deberán tener como mínimo una actividad diastástica
correspondiente al 3 de la escala de Gothe, siempre que el contenido de
hidroximetilfurfural no exceda a 15 mg/kg. Hidroximetilfurfural: máximo 40 mg/kg.
c) Contenido de polen: la miel tendrá su contenido normal de polen, el cual no
debe ser eliminado en el proceso de filtración.
Acondicionamiento
Las mieles podrán presentarse "a granel" (tambores de 300 kg.) o fraccionadas.
Deberán acondicionarse en envases bromatológicamente aptos, adecuados
para las condiciones previstas de almacenamiento y que confieran una
protección adecuada contra la contaminación. La miel en panales y la miel con
trozos de panal sólo estarán acondicionada en envases destinados al
consumidor final (fraccionada).
Higiene
La miel deberá estar exenta de sustancias inorgánicas u orgánicas extrañas a
su composición tales como insectos, larvas, granos de arena y no exceder los
máximos niveles tolerables para contaminaciones microbiológicas o residuos
tóxicos. Su preparación deberá realizarse de conformidad con los Principios
Generales sobre Higiene de Alimentos recomendados por la Comisión del Codex
Alimentarius, FAO/OMS.
La miel deberá cumplir con las siguientes características microbiológicas:
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protegerlos hasta el momento de su uso por el consumidor de agentes externos
de alteración y contaminación, así como de la adulteración (CAA, 2017).
• bisfenol A (11)
• 1,3-butanodiol
• 1,4- o 2,3-butanodiol
• decílico
• esteárico
• glicerol
• 1,6-hexanodiol (VII)
• isodecílico
• laurílico
• manitol
• mirístico
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• mono y dietilenglicol (15)
• mono y dipropilenglicol
• neopentilglicol (V)
• 1-nonanol
• 1-octanol
• 1-pentanol
• 1-propanol
• pentaeritritol
• dipentaeritritol
• polietilenglicol (15)
• polipropilenglicol
• sorbitol
• trietilenglicol
• 1,4-ciclohexanodimetanol
• Poliestireno (6)
• Polietileno
• Polietileno clorado
• dimetiltereftalato (13)
• monoetilenglicol (15)
• dietilenglicol (15)
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Condiciones de envasado
Todo el material que se emplee para el envasado deberá almacenarse en
condiciones de sanidad y limpieza en lugares destinados a tal fin. El material
deberá ser apropiado para el producto que ha de envasarse y para las
condiciones previstas de almacenamiento y no deberá transmitir al producto
sustancias objetables en medida que exceda de los límites aceptables para el
Organismo Competente. El material de envasado deberá ser satisfactorio y
conferir una protección apropiada contra la contaminación.
Los envases y recipientes no deberán haber sido utilizados para ningún fin que
pueda dar lugar a la contaminación del producto.
Siempre que sea posible, los envases o recipientes deberán inspeccionarse
inmediatamente antes del uso a fin de tener la seguridad de que se encuentran
en buen estado y, en casos necesarios, limpios y/o desinfectados; cuando se
laven, deberán escurrirse bien antes del llenado.
En la zona de envasado o llenado sólo deberán permanecer los envases o
recipientes necesarios.
El envasado deberá hacerse en condiciones que evite la contaminación del
producto (CAA, 2019).
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Marco teórico
Miel: definición y composición
La miel es una sustancia dulce natural producida por las abejas obreras a partir
del néctar de las flores o de exudaciones de otras partes vivas o presentes en
ellas, que las abejas recogen, transforman y combinan con sustancias
específicas propias, almacenan y dejan en los panales para que madure (Florez
y Ward, 2013).
La miel varía en su composición dependiendo de la fuente del néctar, las
prácticas de apicultura, el clima y las condiciones ambientales. La miel está
compuesta principalmente por:
Carbohidratos: Constituyen el principal componente de la miel. Dentro de los
carbohidratos los principales azúcares son los monosacáridos fructosa y
glucosa. Estos azúcares simples representan el 85% de sus sólidos, ya que la
miel es esencialmente una solución altamente concentrada de azúcares en
agua. Los otros sólidos de la miel incluyen, al menos, otros 25 azúcares
complejos, pero algunos de ellos están presentes en niveles muy bajos y todos
están formados por la unión de la fructosa y glucosa en diferentes
combinaciones.
Agua: El contenido de humedad es una de las características más importantes
de la miel y está en función de ciertos factores tales como los ambientales y del
contenido de humedad del néctar. La miel madura tiene normalmente un
contenido de humedad por debajo del 18.5% y cuando se excede de este nivel,
es susceptible a fermentar, particularmente cuando la cantidad de levaduras
osmofílicas es suficientemente alta. Además, el contenido de agua en la miel
influye en su viscosidad, peso específico y color, condicionando así la
conservación y cualidades organolépticas de este producto. Después de la
extracción de la miel de la colmena, su contenido de humedad puede cambiar
dependiendo de las condiciones de almacenamiento.
Enzimas: Son añadidas principalmente por las abejas, aunque algunas pocas
proceden de las plantas. Las abejas añaden enzimas a fin de lograr el proceso
de maduración del néctar a miel y éstas son en gran parte las responsables de
la complejidad composicional de la miel. El proceso involucrado en la conversión
de los tres azúcares básicos del néctar a por lo menos 25 azúcares adicionales
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de gran complejidad es difícil de entender. La enzima más importante de la miel
es la α-glucosidasa, ya que es la responsable de muchos de los cambios que
ocurren durante la miel; también se conoce como invertasa o sucrasa y convierte
el disacárido sacarosa de la miel en sus constituyentes monosacáridos fructosa
y glucosa. Otras enzimas presentes en la miel son la glucosa oxidasa,
responsable en gran parte de la propiedad antibacteriana de la miel; la catalasa,
responsable de convertir el peróxido de hidrógeno a oxígeno y agua; la ácido
fosfatasa, que degrada el almidón; la diastasa que se usa indicador de aplicación
de calor a la miel.
Proteínas y aminoácidos: La miel contiene aproximadamente 0.5% de proteínas,
principalmente como enzimas y aminoácidos. Los niveles de aminoácidos y
proteína en la miel son el reflejo del contenido de nitrógeno, el cual es variable y
no supera el 0.04%. Entre el 40-80% del nitrógeno total de la miel es proteína.
Cerca de 20 proteínas no enzimáticas se han identificado en la miel, muchas de
la cuales son comunes a distintas mieles. Algunas de ellas tienen su origen en
las abejas y otras en el néctar de la planta. La presencia de las proteínas en la
miel resulta en una baja tensión superficial, lo que fomenta la formación de las
finas burbujas de aire en una marcada tendencia al espumado. La cantidad de
aminoácidos libres en la miel es pequeña y no tiene importancia nutricional. En
la miel se han encontrado entre 11 y 21 aminoácidos libres, de los cuales la
prolina representa alrededor de la mitad del total. Además de la prolina, el ácido
glutámico, alanina, fenilalanina, tirosina, leucina e isoleucina se presentan en
niveles mayores. Los aminoácidos reaccionan con algunos de los azúcares para
producir sustancias amarillas o cafés responsables del oscurecimiento de la miel
durante su almacenamiento.
Ácidos: La gran dulzura de la miel enmascara en gran parte el sabor de los ácidos
orgánicos presentes en la miel, los cuales representan aproximadamente el 0.5%
de los sólidos de este alimento. Los ácidos orgánicos son los responsables del
bajo pH (3.5 a 5.5) de la miel y de la excelente estabilidad de la misma. Son
varios los ácidos orgánicos que están presentes en la miel, aunque el que
predomina es el ácido glucónico. El ácido glucónico se origina de la glucosa a
través de la acción de la enzima glucosa oxidasa añadida por las abejas. El
efecto combinado de su acidez y el peróxido de hidrógeno ayudan a la
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conservación del néctar y la miel. Otros ácidos orgánicos contenidos en menor
proporción en la miel son el fórmico, acético, butírico, láctico, oxálico, succínico,
tartárico, maleico, pirúvico, piroglutámico, α-cetoglutárico, glicólico, cítrico,
málico.
Vitaminas y minerales: La cantidad de vitaminas en la miel y su contribución a la
dosis recomendada diaria de este tipo de nutrientes es despreciable. El
contenido mineral de la miel es altamente variable, de 0.02 a 1.0%, siendo el
potasio cerca de la tercera parte de dicho contenido; la cantidad de potasio
excede 10 veces a la de sodio, calcio y magnesio. Los minerales menos
abundantes en la miel son hierro, manganeso, cobre, cloro, fósforo, azufre y
sílice.
Componentes del aroma, color y sabor: Existe una gran variedad de mieles con
diferentes aromas, colores y sabores, dependiendo de su origen botánico. Los
azúcares son los principales componentes del sabor. Generalmente la miel con
un alto contenido de fructosa es más dulce que una miel con una alta
concentración de glucosa. El aroma de la miel depende en gran medida de la
cantidad de ácidos y aminoácidos. El color de la miel varía desde extra-clara,
pasando por tonos ámbar y llegando a ser casi negra; algunas veces con
luminosidad amarilla típica, verdosa o de tono rojizo. El color está relacionado
con el contenido de minerales, polen y compuesto fenólicos. Las mieles oscuras
tienen un alto contenido de fenoles y consecuentemente una alta capacidad
antioxidante (Ulloa et al., 2010).
Deterioro de miel
Todos los alimentos, especialmente los que tienen más humedad, son sustratos
ideales para el crecimiento bacteriano, el cual, si es permitido, será causa de
intoxicaciones alimentarias o deterioro del alimento. Los factores que afectan el
crecimiento microbiológico son (Man, 2002):
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• Los factores derivados de la elaboración, como tratamientos térmicos,
congelación, envasado.
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Zygosaccharomyces rouxii, que puede crecer con una aw inferior a 0,75. Una
miel fermentada pierde sus características organolépticas originales, su acidez
es mayor y posee un olor alcohólico indeseable.
Las levaduras osmófilas (capaces de crecer a elevadas concentraciones de
azúcar), y causantes de procesos fermentativos, se han hallado en el suelo del
colmenar, procedentes de la cera, néctar y abejas muertas. De todo ello se
deduce la importancia que tiene la higiene y limpieza de los suelos, tanto en el
colmenar como en los locales de extracción, envasado y almacenaje de la miel
(McGregor, 1971). También se pueden encontrar levaduras banales; esta flora
propia de la miel es introducida por la abeja en la colmena con el néctar, polen o
mielato, o por las mismas abejas durante las operaciones de limpieza, al
vincularlos sobre o dentro de su organismo. Otros agentes encontrados
pertenecerían a los géneros Schizosaccharomyces y Turula (Frazier y Westhoff,
2003).
El número de células de levadura por gramo de miel resulta significativamente
variable desde 1 a 100,000. Este número sin embargo no representa un índice
de calidad como para establecer el grado de fermentación porque la actividad de
agua y la temperatura son factores favorables para el proceso de fermentación
de la miel (Frazier y Westhoff, 2003).
Las levaduras actúan cuando la temperatura de almacenamiento de la miel es
superior a 15°C y existe un alto grado de humedad. También existe una
correlación con el fenómeno de cristalización. Cuando la miel cristaliza, la
glucosa retiene menor cantidad de agua que en condiciones normales, lo que
hace que quede mayor cantidad de agua libre, favoreciéndose el desarrollo de
las levaduras.
La fermentación supone la formación de alcoholes y ácidos orgánicos a partir de
los azúcares, debido al desdoblamiento de los mismos por acción microbiana de
las levaduras. Durante el proceso de fermentación se libera alcohol etílico, la
miel pierde su sabor azucarado y se vuelve más opaca, debido a las burbujas de
CO2 que suben hacia la superficie. Si la reacción continúa se forma ácido
acético, que produce un olor típico (Perez Arquillue, 1985).
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Características microbiológicas de la miel
La miel tiene propiedades distintivas que inhiben o matan la mayor parte de los
microorganismos. Por lo tanto, los microorganismos de interés en la industria del
procesamiento de la miel son aquellos que resisten altas concentraciones de
azúcar y el carácter ácido y antimicrobiano de la miel. Estos microrganismos
pueden agruparse en tres categorías: (1) microorganismos que se encuentran
comúnmente en la miel (ciertas cepas de lavaduras y bacterias formadoras de
esporas); (2) microorganismos que indican sanidad o calidad comercial
(coliformes o levaduras); y (3) microorganismos que bajo ciertas condiciones (por
ejemplo, germinación y crecimiento en un producto alimenticio no tratado
térmicamente), pueden causar enfermedad (Snowdon y Cliver, 1996).
La carga microbiana de la miel, en principio, se puede considerar baja si se
compara con otros productos de origen animal como la leche; debido a que es
un medio hostil que se opone a la proliferación de los microorganismos. Aunque
estos pueden permanecer bajo la condición de viables durante largo tiempo,
desarrollándose bajo circunstancias favorables (Frazier y Westhoff, 2003).
En la miel se encuentran bacterias del género Bacillus, que se presentan en
estado esporulado, aunque en mieles recientes se pueden encontrar formas
vegetativas. Se trata de microorganismos que no tienen acción negativa sobre la
miel y no son peligrosos para la salud humana. Bajo algunas circunstancias
pueden encontrarse algunos patógenos para las abejas, como Paenibacillus
larvae, responsable de la Loque americana, y Bacillus alvei, agente relacionado
con la Loque europea (Coll Cárdenas et al., 2008).
Los mohos que se encuentran en algunas mieles, pertenecen a los géneros
Penicillium y Mucor, se han reportado casos de contaminación con Bettsya alvei
o moho del polen, se encuentran en la miel en forma de esporas, pero no crean
problemas a no ser que la miel absorba humedad en su superficie, por un mal
almacenamiento, pudiendo entonces desarrollarse y alterar el producto. Existe
la posibilidad de contaminación de la miel a partir de hongos del tipo Acosphaera
apis (Orden Acosphaerales), además de la acción de Acosphaera major. En
cuanto a las levaduras, éstas por presentar capacidad de evolucionar en un
ambiente tan concentrado como los azúcares presentes en la miel, se conocen
como osmófilos o sacarófilos, provienen de las flores del medio ambiente de
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donde se originan o manipulan las mieles, del equipo utilizado en las operaciones
de extracción y sobre todo de las condiciones de envasado. Las flores se
enriquecen de levaduras durante la polinización y cuando están en zonas donde
existen frutos en descomposición. Estas levaduras, pertenecen al género
Saccharomyces, y son las principales responsables de la fermentación de la
miel, cuando las condiciones de humedad así, lo permiten (porcentaje de
humedad cercano a 21%). Dentro de este género, las especies más frecuentes
son Saccharomices bisporus variedad mellis, Saccharomices rouxii,
Saccharomices bailii variedad osmophilus. También se pueden encontrar
levaduras banales; esta flora propia de la miel es introducida por la abeja en la
colmena, con el néctar, polen o mielato, o por las mismas abejas durante las
operaciones de limpieza, al vehicularlos sobre o dentro de su organismo
(Salamanca Grosso, 2001). Otros agentes encontrados pertenecerían a los
géneros Schizosaccharomyces y Torula (Migdal et al., 2000).
La miel puede contaminarse a partir de microorganismos provenientes del
polen, del tracto digestivo de las abejas, del medio ambiente o del néctar en
forma primaria o secundariamente, a partir de prácticas no totalmente higiénicas
ocurridas durante la manipulación de la misma. En este caso, las fuentes de esta
contaminación residen en la manipulación incorrecta de la miel, el uso de
material con deficientes procedimientos de desinfección, locales no apropiados,
incidencia del viento, presencia de insectos y permanencia de animales de
compañía. Entre estos microorganismos existen diferentes géneros,
pertenecientes a la familia Enterobacteriaceae y algunos otros patógenos de las
abejas. Los agentes de contaminación primaria son de muy difícil control, en
tanto los de contaminación secundaria pueden ser controlados mediante el
empleo de buenas prácticas de manufactura (Finola et al., 2005). Algunos
estudios han demostrado que determinados géneros de Salmonella, son
capaces de resistir 34 días en la miel, cuando ésta se mantiene a 10º C, con lo
que existiría un riesgo si el producto contaminado se emplea como ingrediente
en la industria alimentaria. La presencia de Clostridium Sulfito-reductores es
también indicador de contaminación del producto (Collins et al., 1999). También
se han encontrado, aunque en bajos niveles, esporos de C. botulinum tipo G
(Monetto et al, 1999). La presencia de esporos de este clostridio es en especial
peligrosa para bebés y niños de corta edad (Centorbi et al., 1999), siendo
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causante del Botulismo infantil. En este sentido, la miel al presentar un alto
contenido de azúcares (70±80%) y un pH entre 3.5 a 4.5, permite que estos
microorganismos sobrevivan y una vez ingeridos por el niño, pueden pasar a
forma vegetativa, multiplicándose y colonizando el colon, produciendo luego, la
neurotoxina, causante de la enfermedad. Diversos estudios realizados,
mostraron que entre un 7 a 13% de las mieles estudiadas, contaban con valores
de 1 a 10 esporos/kg de C. botulinum. Debido a esta contaminación y la
asociación epidemiológica de la ingestión de miel con el botulismo infantil, U.S.
Food and Drug Administration, Centros de Control y Prevención de
Enfermedades y la Academia Americana de Pediatría han alertado sobre la
peligrosidad de este agente, aconsejando evitar la ingesta de mieles en niños
menores de un año (Monetto et al., 1999). Por el mismo motivo, el CAA expresa
la obligatoriedad de la leyenda: “No suministrar a niños menores de 1 año” en el
rotulo de todos los tipos de envases de miel (CAA, 2017).
En otros casos, también se han detectado en miel otros microorganismos
patógenos para el hombre como Staphylococcus aureus y B. cereus. La
legislación argentina exige la ausencia total de microorganismos patógenos o
toxinas patógenas, así como la ausencia de Enterobacteriaceae, Escherichia coli
y Salmonella/ Shigella spp (CAA, 2019).
Microorganismos investigados
Coliformes totales
Pertenecen a la familia Enterobacteriacea, son bacilos Gram negativos,
anaerobios facultativos, no esporulados, fermentadores de lactosa a 35 °C con
producción de gas y ácido láctico de 24 a 48 h de incubación y pueden presentar
actividad de la enzima β-galactosidasa. Constituyen aproximadamente el 10 %
de los microorganismos intestinales de los seres humanos y otros animales.
La presencia de bacterias coliformes en los alimentos no significa
necesariamente que hubo una contaminación fecal o que hay patógenos
entéricos presentes. Las bacterias coliformes son particularmente útiles como
componentes de criterios microbiológicos para indicar contaminación
postproceso térmico. Algunos coliformes (E. coli) son comunes en las heces del
hombre y otros animales, pero otros (Enterobacter, Klebsiella, Serratia, Erwinia)
comúnmente se encuentran en el suelo, agua y semillas. Generalmente, en la
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leche cruda, vegetales, carne, aves y otros alimentos crudos se encuentran
recuentos bajos de bacterias coliformes naturalmente por lo que presentan poco
o ningún valor para el monitoreo de los mismos. Estos organismos se eliminan
fácilmente por tratamiento térmico, por lo cual su presencia en alimentos
sometidos al calor sugiere una contaminación posterior al tratamiento térmico o
que éste ha sido deficiente. Esto debería generar la determinación del punto del
proceso donde se produjo la contaminación. Si se obtiene un recuento elevado
en alimentos que han sufrido un proceso térmico, debe considerarse que
existieron fallas (ausencia o deficiencia) en la refrigeración post-cocción. Los
coliformes se estresan subletalmente por congelación, por lo que el recuento de
coliformes en alimentos freezados debe ser interpretado con cuidado (ANMAT,
2004).
Coliformes fecales
Son microorganismos que tienen las mismas propiedades de los coliformes
totales, pero con la diferencia que los coliformes fecales crecen a temperaturas
de 44.5- o 45 °C. También se les designa como coliformes termorresistentes o
termotolerantes. Estas bacterias indican la presencia de desperdicios humanos
(excreta) o de animales en los alimentos. Estos microorganismos pueden causar
síntomas agudos, por ejemplo, diarrea, calambres estomacales, náuseas, dolor
de cabeza. Esta situación presenta un peligro de salud para bebés, niños,
jóvenes, algunas de las personas mayores y todo individuo que tenga problemas
con el sistema inmune (Grupo Latino Editores, 2008).
Salmonella spp
El género Salmonella spp pertenece a la familia Enterobacteriaceae, son bacilos
gram-negativos, generalmente móviles por flagelos perítricos, anaerobios
facultativos y no esporulados. No fermentan la lactosa (excepto Salmonella
enterica subesp. arizonae y Salmonella enterica subesp. diarizonae), fermentan
glucosa con producción de gas (excepto Salmonella Typhi); no producen indol;
no degradan urea; decarboxilan lisina y ornitina (ANMAT, 2015).
Salmonella spp se desarrolla entre 8 y 45 °C y a un pH de 4 a 8 y no sobrevive
a temperaturas mayores a 70 °C (Lennette, 1982, Konemann et al., 1998,
Walker, 1999).
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La nomenclatura de Salmonella spp es compleja. Se han usado diferentes
sistemas para referir a este género. No obstante, y teniendo en cuenta la
necesidad de uniformizar la comunicación entre los distintos actores (médicos,
veterinarios, químicos, etc.), la mayoría ha optado por seguir una antigua
propuesta de Kaufmann, con las más recientes modificaciones (formuladas
desde el Centro de Referencia colaborador de la OMS, en el Instituto Pasteur);
así, se divide el género en especies diferenciables entre sí por características
metabólicas tales como la hidrólisis del ONPG, el crecimiento en presencia de
KCN y otras.
Salmonella spp está ampliamente distribuida en la naturaleza y se encuentra
como comensal y patógeno en el tracto gastrointestinal de humanos, mamíferos
domésticos y salvajes, reptiles, aves, insectos y roedores, causando un amplio
espectro de enfermedades en el hombre y los animales (Flores Aguilar, 2003).
La dosis infectiva de Salmonella spp es de 105 a 108 UFC/g. Este
microorganismo es sensible al calor, puede sobrevivir en superficies como
cerámica, vidrio y acero inoxidable, pero puede ser tan baja como 1 UFC/g
dependiendo de la edad, la salud del huésped y características de la cepa.
Salmonella spp se trasmite principalmente por la ruta fecal-oral, es eliminada con
los excrementos de las especies susceptibles y/o reservorio infectados. Este
género microbiano puede contaminar muchos tipos de alimentos desde carne y
huevos a frutas y vegetales, también productos secos como especias y nueces.
Sobrevive durante mucho tiempo en los alimentos. Los pies, el pelo y la piel de
los animales pueden contaminarse mientras caminan o yacen sobre tierra
contaminada con heces y de allí, en la faena podrían llegar a la carne. Los
manipuladores de alimentos y las personas a cargo del cuidado en granjas/
criaderos también pueden, por prácticas higiénicas pobres, contaminar sus
manos. Son destruidas fácilmente por los desinfectantes utilizados en la industria
alimentaria (Ej.: 200 ppm cloro cinco minutos) (ANMAT, 2015).
Shigella spp
Shigella spp es una bacteria altamente enteroinvasiva; su hábitat es el colon y el
principal reservorio es el humano, aunque se la ha aislado de primates
superiores. Se transmite a través del contacto directo o indirecto de agua y
alimentos contaminados con materia fecal de personas infectadas. El género
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Shigella spp está formado por bacilos Gram-negativos inmóviles, anaerobios
facultativos no esporulados, pertenecientes a la familia Enterobacteriaceae.
Presentan actividad bioquímica reducida conactividad citocromo-oxidasa
negativa y fermentación de glucosa sin producción de gas. El género Shigella
spp se puede dividir en cuatro subgrupos y 43 serotipos que se diferencian entre
sí por sus características bioquímicas (como fermentación del D-manitol y
producción de indol) y estructura antigénica (como el antígeno O de la capa de
lipopolisacáridos en la superficie celular bacteriana). Las diferentes especies de
Shigella spp presentan distinta distribución geográfica; Shigella boydii predomina
en el subcontinente indio, S. dysenteriae tipo 1 se asocia a situaciones de
emergencia complejas en países en desarrollo, S. flexneri enteroinvasiva es
responsable de la disentería bacilar endémica en todo el mundo, y la especie
más común en países industrializados es S.sonnei, cuya enfermedad suele ser
menos grave. En Argentina, los subgrupos más frecuentes son Shigella flexneri
y Shigella sonnei. Las especies de Shigella son muy sensibles a fluctuaciones
de temperatura y a condiciones ambientales desfavorables. Sin embargo, son
tolerantes a pH bajos, por lo que unas pocas bacterias pueden soportar la acidez
del estómago y luego colonizar el tracto digestivo. Shigella dysenteriae además
produce la toxina Shiga que difunde extracelularmente hasta células blanco
específicas. Posee efectos citotóxicos, inhibiendo la síntesis proteica y llevando
a la muerte de células intestinales, células epiteliales del glomérulo y del túbulo
renal y las células de la microcirculación del sistema nervioso central; causa de
esta manera síndrome urémico hemolítico (SUH) y convulsiones.
La contaminación de los alimentos con Shigella spp puede provenir del contacto
directo o indirecto con materia fecal de personas infectadas, a través de aguas
contaminadas, plagas (moscas), o por falta de higiene y buenas prácticas del
manipulador durante su preparación. Shigella spp crece en alimentos con bajo
pH como frutas y verduras. Sobrevive durante mucho tiempo en alimentos de pH
neutro, a temperaturas de heladera, en alimentos cerrados al vacío o bajo
atmósferas modificadas, y en el agua. Es sensible a las temperaturas de cocción
de los alimentos, pero bajo ciertas condiciones puede sobrevivir en los alimentos
por largos períodos si la temperatura se mantiene en 25°C. Puede sobrevivir por
ejemplo en la harina y leche pasteurizada hasta 170 días, en los huevos las
almejas y los camarones por 150 días, en las ostras por 30 días, y en la clara de
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huevo por 20 días. Sin embargo, en la práctica muy raramente se puede aislar
de los alimentos procesados, dado el tiempo transcurrido entre la recolección y
el procesado de la muestra (ANMAT, 2013).
Mesófilos
En este grupo se incluyen todos los microorganismos, capaces de desarrollar en
presencia de oxígeno a una temperatura comprendida entre 20°C y 45°C con
una óptima entre 30ºC y 40ºC. El recuento de microorganismos aerobios
mesófilos, en condiciones establecidas, estima la microflora total sin especificar
tipos de microorganismos. Refleja la calidad sanitaria de los productos
analizados, indicando además de las condiciones higiénicas de la materia prima,
la forma como fueron manipulados durante su elaboración. Un recuento bajo de
aerobios mesófilos no implica o no asegura la ausencia de patógenos o sus
toxinas, de la misma manera un recuento elevado no significa presencia de flora
patógena. Ahora bien, salvo en alimentos obtenidos por fermentación, no son
recomendables recuentos elevados. Un recuento elevado puede significar
(ANMAT, 2014):
- Excesiva contaminación de la materia prima
- Deficiente manipulación durante el proceso de elaboración
- La posibilidad de que existan patógenos, pues estos son mesófilos
- La inmediata alteración del producto
En el uso o la interpretación del recuento de microorganismo aerobios mesófilos
hay ciertos factores que deben ser tenidos en cuenta:
- La utilidad del indicador depende de la historia del producto y el momento de
la toma de muestra. En alimentos perecederos manipulados correctamente
pueden desarrollar recuentos elevados y perder calidad si son almacenados por
un período de tiempo prolongado. En este caso, el recuento no se encontraría
elevado por la condición de higiene del producto, sino por la vida útil del mismo.
- Los procedimientos que sufre el alimento en su elaboración, por ejemplo, un
proceso térmico, pueden enmascarar productos con altos recuentos o
condiciones deficientes de higiene. Además, el almacenamiento prolongado en
congelación o con pH bajo puede producir una disminución del recuento.
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- El recuento de mesófilos nos indica las condiciones higiénico sanitarias de
algunos alimentos, pero no tiene significado sanitario en otros productos que han
sido madurados con bacterias (por ejemplo, quesos) o alimentos que dentro de
su formulación tienen conservadores (ANMAT, 2014).
Hongos y levaduras
Los hongos y las levaduras se encuentran ampliamente distribuidos en el
ambiente, pueden encontrarse como flora normal de un alimento, o como
contaminantes en equipos mal sanitizados. Ciertas especies de hongos y
levaduras son útiles en la elaboración de algunos alimentos, sin embargo,
también pueden ser causantes de la descomposición de otros alimentos. Debido
a su crecimiento lento y a su baja competitividad, los hongos y levaduras se
manifiestan en los alimentos donde el crecimiento bacteriano es menos
favorable. Estas condiciones pueden ser bajos niveles de pH, baja humedad, alto
contenido en sales o carbohidratos, baja temperatura de almacenamiento, la
presencia de antibióticos, o la exposición del alimento a la irradiación. Por lo
tanto, pueden ser un problema potencial en alimentos lácteos fermentados,
frutas, bebidas de frutas, especias, oleaginosas, granos, cereales y sus
derivados y alimentos de humedad intermedia como las mermeladas (Camacho
et al., 2009).
Los hongos y levaduras pueden utilizar ciertos sustratos como pectinas,
carbohidratos como polisacáridos, ácidos orgánicos, proteínas y lípidos.
También pueden causar problemas a través de: (a) síntesis de metabolitos
tóxicos (micotoxinas), (b) resistencia al calor, congelamiento, antibióticos o
irradiación y (c) habilidad para alterar sustratos no favorables permitiendo el
crecimiento de bacterias patógenas. Pueden también causar malos olores y
sabores y la decoloración de las superficies de alimentos (Camacho et al., 2009).
El término moho se suele aplicar para designar a ciertos hongos filamentosos
multicelulares cuyo crecimiento en la superficie de los alimentos se suele
reconocer fácilmente por su aspecto aterciopelado o algodonoso, a veces
pigmentado.
En comparación con la mayoría de las levaduras y de las bacterias, la mayoría
de los mohos necesitan menor cantidad de humedad disponible. Un porcentaje
total de humedad por debajo del 14 al 15 por ciento en la harina o en algunos
21
frutos secos impedirá o retardará mucho el crecimiento de los mohos. Los mohos
podrían considerarse mesófilos, es decir, que son capaces de crecer bien a
temperaturas normales. La temperatura óptima de la mayoría se encuentra
alrededor de los 25 a 30°C, aunque algunos son psicrótrofos y algunos son
termófilos. Son aerobios, esto es cierto por lo menos en los mohos que crecen
en la superficie de los alimentos. Casi todos los mohos son capaces de crecer
dentro de un amplio intervalo de pH (pH comprendido entre 2 y 8.5), aunque la
mayoría crece mejor a pH ácido. Son capaces de utilizar muchos tipos de
alimentos, que van desde sencillos a complejos. Poseen enzimas hidrolíticas, y
de aquí que algunos se utilicen para la producción industrial de las amilasas,
pectinasas, proteasas y lipasas.
Algunos géneros de mohos importantes en alimentos son Mucor, Rhizopus
Aspergillus y Penicillum (Camacho et al., 2009).
El término levadura se refiere a aquellos hongos que generalmente no son
filamentosos, sino unicelulares y de forma ovoide o esferoide, y que se
reproducen por gemación o por fisión. Las levaduras que se encuentran en los
alimentos pueden ser benéficas o perjudiciales. Las levaduras se utilizan en la
elaboración de alimentos como el pan, la cerveza, vinos, vinagre y quesos,
también se utilizan en la obtención de enzimas y alimentos fermentados. Las
levaduras son perjudiciales cuando producen la alteración del sauerkraut, de los
zumos de frutas, de los jarabes, de la melaza, de la miel, de las carnes, del vino,
de la cerveza y de otros alimentos (Camacho et al., 2009).
La mayoría de las levaduras crecen mejor con un alto contenido de humedad.
No obstante, crecen mejor que la mayoría de las bacterias en sustratos que
contienen elevadas concentraciones de solutos (por ejemplo, carbohidratos o
cloruro de sodio), es decir son osmotolerantes. Sin embargo, la mayoría de las
levaduras necesitan mayor humedad que los mohos. Para la mayoría de las
levaduras la aw mínima de crecimiento oscila entre 0.88 y 0.94. El intervalo de
temperaturas de crecimiento es parecido al de los mohos, con una temperatura
óptima en torno a los 25 a 30°C y una temperatura máxima en torno a los 35 a
47°C. Crecen mejor en aerobiosis, aunque las especies de tipo fermentativo son
capaces de crecer, aunque lentamente, en anaerobiosis. Los azúcares son la
fuente energética más apropiada para las levaduras, aunque las oxidativas,
22
pueden oxidar los ácidos orgánicos y el alcohol. Algunos géneros de importancia
en alimentos son: Schizosaccharomyces (se encuentran en frutas tropicales, en
la melaza y en la miel), Saccharomyces (la especie S. cerevisiae se emplea en
muchas industrias alimentarias para procesos fermentativos) y Kluyveromyces
(Camacho et al., 2009).
La importancia de la presencia de mohos y levaduras en los alimentos está
determinada por la capacidad de producir diferentes grados de deterioro y
descomposición de los mismos. Además, los hongos producen metabolitos
tóxicos conocidos como micotoxinas, compuestos estables que no se destruyen
durante el procesamiento de alimentos, por lo que son responsables de
intoxicación con consecuencias graves (cáncer, mutagénesis) en los órganos
afectados. También están asociados a reacciones alérgicas e infecciones
generalmente en la población inmunocomprometida como ancianos y niños.
Como grupo indicador también son útiles para evidenciar contaminación cuando
los mesófilos aerobios no son útiles, como en alimentos fermentados.
La abundancia de hongos y levaduras en la miel sugieren una falta general de
higiene y saneamiento en la manipulación del alimento, en el proceso de
extracción, envasado y/o almacenamiento (Ministerio de Producción y Trabajo,
2016). Los hongos y levaduras son también indicadores de las condiciones
ambientales, mala conservación o deficiente control de temperatura a las que se
ve expuesto el producto y además de los deficientes procesos de sanitización de
superficies inertes (ANMAT, 2004).
23
sobre la salud del consumidor. Existe legislación en muchos países para evitar
la migración de químicos nocivos desde los materiales en contacto con alimentos
que pongan en peligro la salud humana y los reglamentos exigen que los
materiales en contacto con alimentos se fabriquen en cumplimiento con las
buenas prácticas de manufactura. Esto significa que los materiales en contacto
con alimentos deben ser trazables en todas las etapas de fabricación,
transformación y distribución, y cumplir con las medidas específicas (por
ejemplo, límites de migración y documentos de conformidad). Un sistema formal
de gestión de seguridad alimentaria, evaluado por una tercera parte, es
generalmente aceptado como el sistema esencial para gestionar los requisitos
reglamentarios sobre la seguridad alimentaria (Sansawat y Terry, 2012).
24
De esta manera la gestión de la calidad en las empresas alimentarias comienza
en las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), sigue con el Análisis de Peligros
y Puntos Críticos de Control (HACCP) y finaliza en un sistema general, como es
el caso de las normas (SAGYP, 2006).
Programas prerrequisitos
Previamente a la implantación del sistema HACCP, es indispensable contar con
un programa de prerrequisitos, cuya función esencial es la de controlar
determinados tipos de peligros, para reducir en gran medida los Puntos Críticos
de Control (PCC) (Hermida, 2012).
Los prerrequisitos se refieren al control de aspectos que pueden suponer un
peligro y afectar a la seguridad alimentaria en todas o al menos varias de las
etapas del proceso productivo. Esto es importante puesto que “aligera” el sistema
HACCP, evitando encontrar PCCs (Puntos Críticos de Control) en todas o varias
etapas del proceso. Los planes de autocontrol son propios de cada
establecimiento, por lo que permiten una gran flexibilidad a la hora de adaptar el
plan a las características del mismo, y abordar el tratamiento de los prerrequisitos
según sus propios criterios (Cubero et al., 2006).
No obstante, se considera que al menos deberán tenerse en cuenta los
siguientes puntos:
• Procesos de elaboración
• Control de plagas
25
Buenas Prácticas de Manufactura (BPM)
Las BPM son actualmente las herramientas básicas con las que se cuenta para
la obtención de productos inocuos para el consumo humano, e incluyen tanto la
higiene y manipulación como el correcto diseño y funcionamiento de los
establecimientos, y abarcan también los aspectos referidos a la documentación
y registro de las mismas. Las BPM se articulan con las Buenas Prácticas
Agrícolas (BPA) y ambas son prerrequisitos del sistema de Análisis de Peligros
y Puntos Críticos de Control (HACCP de las siglas en inglés Hazard Analysis
Critical Control Point).
Las BPM son procedimientos que se aplican en el procesamiento de alimentos
y su utilidad radica en que nos permite diseñar adecuadamente la planta y las
instalaciones, realizar en forma eficaz los procesos y operaciones de
elaboración, almacenamiento, transporte y distribución de alimentos (ANMAT,
2006).
Procedimientos operativos estandarizados de saneamiento (POES)
Los POE son aquellos procedimientos escritos que describen y explican cómo
realizar una tarea para lograr un fin específico, de la mejor manera posible.
Existen varias actividades/ operaciones, además de las de limpieza y
desinfección, que se llevan a cabo en un establecimiento elaborador de
alimentos que resulta conveniente estandarizar y dejar constancia escrita de ello
para evitar errores que pudieran atentar contra la inocuidad del producto final.
Ejemplos: monitoreo del funcionamiento de termómetros, recetas de todos los
alimentos que se elaboran, transporte de los alimentos, selección de materias
primas, mantenimiento en caliente de comidas preparadas, etc.
Los POES son prácticas y procedimientos de saneamiento escritos que un
establecimiento elaborador de alimentos debe desarrollar e implementar para
prevenir la contaminación directa o la adulteración de los alimentos que allí se
producen, elaboran, fraccionan y/o comercializan. Si el establecimiento o la
Autoridad Sanitaria detectaran que el POES falló en la prevención de la
contaminación o adulteración del producto, se deben implementar medidas
correctivas. Estas incluirán la correcta disposición del producto afectado, la
reinstauración de las condiciones sanitarias adecuadas y la toma de medidas
para prevenir su recurrencia. El establecimiento debe llevar, además, registros
26
diarios suficientes para documentar la implementación y el monitoreo de los
POES y de toda acción correctiva tomada.
Sera responsabilidad primaria de los establecimientos verificar que los POES
sean cumplimentados y que los mismos sean eficaces. En caso de que se
detecten no conformidades a los requerimientos deberá de inmediato comenzar
a ejecutar acciones correctivas.
La implementación de verificaciones analíticas de los POES deberá ser a partir
de técnicas microbiológicas sobre las materias primas, ingredientes, equipos,
utensilios y superficies (Decreto 4238/68, 1968).
Sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP)
El sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (APPC, en inglés
HACCP) es un abordaje preventivo y sistemático dirigido a la prevención y
control de peligros biológicos, químicos y físicos, por medio de anticipación y
prevención, en lugar de inspección y pruebas en productos finales. (FAO)
Por este motivo, el sistema permite asegurar la producción de alimentos inocuos.
El sistema de HACCP es una herramienta que permite identificar y evaluar los
peligros y establecer sistemas de control que se centran en la prevención, en
lugar de basarse en la inspección y la comprobación del producto final. Todo
sistema de HACCP es capaz de adaptarse a cambios tales como modificación
en el proceso de elaboración del producto, cambio de un equipo, modificación
de un procedimiento de limpieza, etc. Para que la aplicación del sistema de
HACCP dé buenos resultados, es necesario que tanto la dirección como el
personal se comprometan y participen. También se requiere un enfoque
multidisciplinario en el cual se deberá incluir, cuando sea necesario, a expertos
según el estudio que se trate. La aplicación del sistema de HACCP es compatible
con sistemas de gestión de calidad, como la serie ISO 9000. Para la aplicación
de un sistema HACCP se deben cumplir un programa de prerrequisitos (BPM y
POES) constituye la base para la producción de alimentos inocuos. Dichos
programas de prerrequisitos están descritos en los Principios Generales de
Higiene Alimentaria del Codex Alimentarius (Ministerio de Agroindustria de la
Nación, 2016).
27
El HACCP ha adquirido reconocimiento internacional como una herramienta
eficaz para garantizar la inocuidad y la aptitud de los alimentos para el consumo
humano y para el comercio internacional.
Aparte de mejorar la inocuidad, la aplicación del sistema de HACCP reporta
otros beneficios, como la utilización eficaz de los recursos y el responder a
tiempo a los problemas de inocuidad de alimentos que se presenten.
Adicionalmente, la aplicación del sistema de HACCP puede dar lugar a un mejor
enfoque de la gestión de riesgos por parte de las autoridades que regulan el
control de alimentos y puede promover el comercio internacional, al aumentar la
confianza de los compradores en la inocuidad de los alimentos (FAO, 2002).
Norma BRC
La norma BRC es un estándar mundial para la seguridad de los alimentos creado
por el British Retalil Consortim (Consorcio Británico de Minoristas), organización
a quien debe sus iniciales. Fue creada con la doble finalidad de, por un lado,
asegurar el cumplimiento de los proveedores y, por otra parte, proporcionar a los
minoristas una herramienta con la que garantizar la calidad y seguridad de los
productos alimenticios que comercializan. Dado que los mismos distribuidores
son responsables de la inocuidad de los productos comercializados con su propia
marca, estos modelos les permiten calificar a los proveedores.
El protocolo del BRC contiene, además, un fragmento para compañías
fabricantes y proveedoras de materiales de envases y embalajes, dirigido a
sistematizar la seguridad de los mismos. Como se encuentran en contacto
directo con los alimentos, deben ser fabricados de manera tal que, en las
condiciones posibles de empleo, no cedan componentes a los productos en
cantidades que signifiquen un peligro para la salud humana, ni ocasionen
modificaciones inaceptables en la composición o en las propiedades
organolépticas de los alimentos. Cabe destacar que el material del envase
utilizado, debe estar aprobado para tal fin.
El esquema de la norma BRC consiste en iniciar un proceso de evaluación de la
compañía, por parte de un organismo independiente del fabricante de productos
alimenticios. El formato y el contenido de las normas están diseñados para
evaluar las instalaciones de la planta elaboradora y de sus sistemas de operación
28
y procedimientos; unificando de esta manera, criterios de seguridad alimentaria
y procedimientos de vigilancia y control.
Los requisitos que establecen el estándar BRC para obtener la certificación son:
(Domínguez y Enriquez, 2006).
-Cumplir con las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM): procesos e
infraestructura
-Implementación de Procedimientos Operacionales Estandarizados de
Saneamiento (POES)
-Contar con mantenimiento preventivo
-Contar con Manejo Integrado de Plagas (MIP)
-Contar con un desarrollo de proveedores
-Adopción del sistema de Análisis de Riesgos y Puntos Críticos de control
(HACCP)
-Implementación y mantenimiento un sistema documentado de Gestión de
Calidad
-Contar con un sistema de control de producto, proceso y personal.
29
Materiales y Métodos
Las muestras analizadas, tanto para miel cruda como de envases y tapas,
pertenecieron a una fraccionadora de miel ubicada en una localidad del sudeste
bonaerense. Los análisis microbiológicos pertinentes de las muestras se
realizaron en el laboratorio de Calidad de Miel, perteneciente al Departamento
de Tecnología y Calidad de los Alimentos de la Facultad de Ciencias Veterinarias
de Tandil (UNICEN).
30
Resultados y discusión
Tabla 1. Resultados microbiológicos para miel cruda.
32
2014, Correa Mosquera, 2015). En otros lugares los valores demostrados fueron
en promedio menor a 1 UFC/ gr (Estupiñán López, 1998, Barrios González,
2015).
Esta baja carga microbiana es atribuida a varios aspectos relacionados con la
miel, como factores intrínsecos del producto, manejo y extracción de la miel,
entre otros. González y Zamudio (2005) en particular, atribuyen este hecho a que
los hongos y levaduras generalmente presentes en la miel no se desarrollan a
su temperatura óptima dentro de la colmena y debido a eso los conteos no suelen
ser muy altos. Otra investigación abala esta hipótesis, teniendo en cuenta que,
en los panales, no se presentaron más de 10 UFC/g de miel de hongos
filamentosos y levaduras. Esto permite inferir que en aquellos casos en los que
se detectaron contaminaciones en los tambores de miel, éstas serían atribuibles
a problemas de higiene y sanidad en el circuito dentro de la planta de extracción
y no a factores intrínsecos de la miel.
Otros autores ponen de manifiesto la importancia del valor de actividad de agua
en la miel para el desarrollo de hongos y levaduras. Iurlina y Fritz (2005) afirma
que en la miel madura la aw es demasiado baja para permitir el crecimiento de
alguna especie, y la fermentación no ocurre si el contenido de agua es menor al
17%. Sin embargo, para contenidos entre 17% y 20% la estabilidad de la miel
dependerá de su contenido de microorganismos y a más del 20% las levaduras
osmofilicas pueden desarrollarse.
La carga microbiana inicial juega un papel muy importante en el comportamiento
que tendrá la miel nativa durante el almacenamiento. Básicamente una miel con
una buena calidad microbiológica inicial tendrá una vida útil más larga
(Hernández Londoño et al., 2015).
Por otra parte, las diferencias plasmadas entre los diferentes apicultores podrían
estar relacionadas con el manejo que se le dio a la miel en los apiarios, con la
humedad en la zona de la cosecha, entre otros factores. La ausencia de
bacterias coliformes y/o el bajo recuento de hongos y levaduras en la miel
sugieren una correcta implementación de higiene y saneamiento en la
manipulación del alimento, en el proceso de extracción, envasado y/o
almacenamiento (Ministerio de Producción y Trabajo, 2016)
33
Tabla 2. Resultados microbiológicos para producto final
34
Tabla 3. Resultados de hisopados para envases y tapas
35
El mismo valor también es considerado en bibliografía consultada de tipo no
normativo, pero que generalmente es utilizada como referencia en verificaciones
de procesos de saneamiento (Laboratorios Britania, 2016).
36
Conclusión
Todas las muestras de mieles crudas evaluadas cumplen con los criterios
microbiológicos establecidos por el CAA, por lo que se concluye su inocuidad y
aptitud para consumo.
Los resultados obtenidos para la evaluación microbiológica de envases y tapas
permiten concluir su aptitud microbiológica para uso alimenticio.
Los resultados para miel liquida (producto final) permitieron concluir su aptitud
para su consumo ya que se adecuan a los valores exigidos por el CAA.
La presente tesis permitió recabar información con el fin de evaluar a los
proveedores de miel cruda y de envases comerciales tipo PET en el marco de la
aplicación de la norma BRC implementadas en la fraccionada en cuestión.
Teniendo en cuenta la ausencia de reglamentaciones a nivel nacional que
establezcan criterios microbiológicos para superficies y/o envases en contacto
con alimentos, cada planta procesadora de alimentos debería contar con
herramientas que le permitan validar la inocuidad de los mismos. Estas
herramientas podrán ser gráficos de tendencia, historiales de los resultados de
verificación de POES y/o de los estudios microbiológicos llevados a cabo en
envases y superficies en contacto directo con los alimentos.
37
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45
Anexos
I. Análisis microbiológico de miel cruda:
Toma de muestra:
En el caso de la miel cruda (miel proveniente del tambor), se evaluaron cinco
apicultores en total, para lo cual se tomó tres muestras de miel cruda por cada
apicultor (siendo una por cada tambor).
Se tomó de cada tambor 50 gr de miel de manera aséptica mediante la utilización
de un sacabocado y fue colocado en envases pasticos estériles de 100 ml con
cierre hermético, trasladándose de esta forma al laboratorio para su posterior
análisis.
Recuento de hongos y levaduras:
1. Se mezcló 1 gr. de muestra con 9 ml de agua peptonada 0,1%.
2. Se sembró en placas de medio Agar Hongos y Levaduras (H Y L).
3. Se incubó a temperatura ambiente durante 5 días.
Recuento de coliformes totales:
1. Se mezclaron 10 gr. de muestra con 90 ml de agua peptonada al 0,1%.
2. Se sembró en placas de medio agar Violeta Rojo Bilis.
3. Se incubó a 35° C durante 24 hs.
Recuento de Salmonella/Shigella spp :
1. Se mezclaron 25 gr. De muestra con 225 ml de caldo lactosado.
2. Se incubó a 35° C durante 24 hs.
3. Del cultivo obtenido en la etapa anterior, se tomó 1 ml que fue mezclado
con 10 ml de caldo Rappaport vassiliadis (RPVS).
4. Del cultivo obtenido en la etapa anterior, se sembró en medio
Salmonella/Shigella spp agar.
5. Se incubó a 35° C durante 24 hs.
6. Confirmación de colonias presuntivas aisladas: Las colonias sospechosas
de Salmonella/Shigella spp son re aisladas y su confirmación se realiza
por propiedades bioquímicas y serología.
46
II. Análisis microbiológico de producto final:
Toma de muestra:
Se tomaron seis envases de miel liquida de manera aleatoria. Cuatro envases
pertenecieron a un lote conformado por los apicultores 201 y 221 y los dos
envases restantes pertenecientes a un lote conformado por el apicultor 176.
El envase que se evaluó es el tipo dosificador PET.
47
10. Del cultivo obtenido en la etapa anterior, se sembró en medio
Salmonella/Shigella spp agar.
11. Se incubó a 35° C durante 24 hs.
12. Confirmación de colonias presuntivas aisladas: Las colonias sospechosas
de Salmonella/Shigella spp son re aisladas y su confirmación se realiza
por propiedades bioquímicas y serología.
48
IV. Proceso de obtención de miel liquida
Aclaración:
La temperatura de la miel no supera los 45- 50 ° C en todo el procesamiento. Las
temperaturas y tiempos hacen referencia al agua y no a la miel.
49