Porqueras Mayo - Cervantes y La Teoría Poética
Porqueras Mayo - Cervantes y La Teoría Poética
1. Véase mi Teoría poética en el Renacimiento y Manierismo españoles (Barcelona, Puvill, 1986) p. 66.
Cuando cite textos teóricos procedentes de esta antología se indicará con la sigla TPRM y se señalará la
página correspondiente. Los subrayados, cuando aparecen, siempre son míos. Por lo que respecta a los
pasajes cervantinos, además de TPRM, cuando se reproduzcan allí, se indicará la útil antología que
publicó Juan Antonio Tamayo en Revista de las ideas estéticas, 6, 21 (1948), 259-302, con el título de
«Ideas estéticas y literarias de Cervantes». La sigla será Ta. Otra útil antología es la que reúne Vicente
Gaos como apéndice a su edición de Viaje del Parnaso (Madrid, Castalia, 1973, pp. 192-205). La sigla será
Apén. Cuando me refiera a Viaje del Parnaso, citaré por esta edición, y lo indicaré con ed. Gaos y la
página correspondiente. Para otros textos o referencias no incluidos en estas antologías, se especificará la
primera vez la edición seguida y la página correspondiente. Cuando se vuelva a citar la misma obra será
por la misma edición y entonces sólo se indicará la página.
2. Ya Lope de Vega (de quien Cervantes frecuentemente recibe estímulos para imitarle, contradecir-
le o ignorarle) se habla expresado también informalmente respecto a la famosa cita de Ovidio. Leemos
en la Arcadia, en 1598: «De ahí tomó causa, respondió Danteo, el otro poeta que dijo que estaba algún
dios con ellos» (TPRM, 201). El mismo Cervantes en El licenciado Vidriera había completado toda la cita
de Ovidio y había señalado otros pasajes relevantes suyos (Apén., 198). Sobre el número de veces que
Cervantes cita a Ovidio y a otros autores clásicos puede consultarse el artículo de Theodore S. Beardsley
Jr., «Cervantes and the classics», en Antonio Torres Alcalá (ed.), Josep María Solá-Solé: Homenaje, Homa-
ge, Homenatge, Barcelona, Puvill, 1984, pp. 35-46. Lástima que se le hayan escapado al autor las Novelas
ejemplares y las muchas citas que estas obras contienen de autores clásicos, como el pasaje de El licencia-
do Vidriera al que me he referido. La famosa cita de Ovidio procede de Fastos, 6, y es un lugar común de
la teoría poética española y de las misceláneas de varia erudición (Badius Ascensius, Ravisius Textor,
Cassaneus, Garzoni, etc.). Véase la larga nota que redacté al respecto en mi obra La teoría poética en el
Manierismo y Barroco españoles, Barcelona, Puvill, 1989, pp. 48-49. Las referencias a esta obra se harán
con las siglas TPMB. Para comodidad del lector reproduzco ahora el pasaje de Ovidio: «Est Deus in
nobis agitante calescimus illo / Ímpetus hic sacrae semina mentís habet». He aquí la traducción de
Carvallo del primer verso: «Está Dios en nosotros incitando, / y nos irnos con él así inflamando» (TPRM,
239).
3. Cervantes usa esta misma idea en su encendida defensa de la poesía al Caballero del Verde
Gabán: «[...] según es opinión verdadera, el poeta nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta
natural sale [...]» (TPRM, 367; Ta., 273-274; Apén., 194). La frase se atribuye a Platón, Cicerón y otros.
Véase William Ringler, «Poeta nascitur non fit: Some Notes on the History of our Aphorism», Journal of
the History of Ideas, 2 (1941), 497-504. Según Ringler (p. 498), Aero, un gramático latino del siglo n de
nuestra era, es el primero en testimoniar, en forma escrita, el famoso dictamen. Y ello ocurre comentan-
do los famosos versos (295-298) de Horacio de Ars Poética en los que ridiculiza la noción, atribuida a
Demócrito, de que se puede escribir versos con sólo talento natural: «(Quia Democritus dicit plus ualere
ingenium quam peritiam, et quia dicit non bonos poetas esse, nisi qui insaniunt; hoc idem et Plato).
Aliter; Democritus ait poetam non arte fieri, sed natura nasci. Ergo quia Democritus felicius putat inge-
nium arte, ideo miseram eam dicit Horatius et propterea multi fingunt furorem, ut poetae uideantur».
La segunda emergencia escrita del dictum ocurre en Polidoro Virgilio, De Rerum Inventoribus (Venecia,
1499). Se lee allí (copio de Ringler, p. 499. lib. I, cap. VIII): «Nam poetae furore afflati res omni admira-
tione et stupore dignas canunt, sine quo, teste Cicerone in primo De divinatione [80] Democritus negabat
magnos esse poetas, quippe qui, ut idem quoque Democritus et Plato ajebant, non arte, sed natura
constant, tuneque veri vates sunt, cum insaniunt». Después aparece en In Terentium Prenotamenta (Lyon,
1502) de Badius Ascensius. Cito por la edición a mi alcance, París, 1504, fol. 2r: «Ideoque vulgo dicitur
quod poeta nascitur et oralor fit hoc est quod poeta beneficio solius nature et ingenij sine doctore aut
magistro perfectus esse posset...». Todas las obras citadas eran muy populares y cuentan con muchas
ediciones. Sugiere Ringler una posible influencia de Polidoro Virgilio en Cervantes. Pero como la frase
era muy popular y está muy viva en la tradición autóctona española esta influencia me parece poco
probable. He aquí unos precedentes en la teoría poética española. Todos proceden de TPRM. Juan de
Pineda en Diálogos familiares de la agricultura cristiana (1584): «Y Cicerón (Pro Archia Poeta) tiene que la
naturaleza sin doctrina vale más que la doctrina sin naturaleza; y, por eso, se dice comúnmente que el
poeta nace y el retórico se hace, aunque Horacio con verdad las traba para hacer a un hombre consuma-
do» (147). En 1592 leemos en Arte poética española de Juan Díaz Rengifo: «Pero dirá alguno que la
naturaleza hace los poetas y no el arte. Y traerá aquel dicho tan celebrado entre los antiguos: "Los poetas
nacen y los oradores se hacen", dando a entender que para la elocuencia importa el arte, pero para la
poesía basta el buen natural» (153). Gaspar de Aguilar, en 1594, en Discurso en alabanza de la poesía
afirma: «[...] Será menester ponderar lo que dice el divino Platón en un diálogo que hace de la poesía
porque entre otras palabras dice poeta nascitur [...]» (159). Después, Aguilar dará a la frase un sentido
profético aplicándola al nacimiento de Cristo. Leemos en 1596, en López Pinciano: «[...] aunque Horacio
dice que él no sabe cuál es más importante a la poética, la arte y estudio o la vena natural; y verdadera-
mente que me hace mucha dificultad esta su sentencia que dice así: "El poeta nace y el orador se hace"
[...]» (176). Encontramos en Primera parte de la Miscelánea Austral (1602) de Diego Dávalos y Figueroa:
«Sí se aprende [la poesía], pero siempre manifiesta ser aprendida y no natural, la que lo fue, porque es
muy cierto proverbio, el poeta nace, y el orador se hace, y así lo dijeron Demócrito y Aristóteles afirman-
do ser la misma naturaleza maestra de la poesía [...]» (249). Carvallo también en 1602 en Cisne de Apolo
dice: «Y no con menos cuidado que Tulio estudió Sócrates los preceptos desta arte, y jamás pudo hacer
un solo verso, de donde vino a decir aquel tan común dicho; los poetas nacen y los oradores se hacen»
(235). Leemos en 1609 en La Constante Amarilis de Cristóbal Suárez de Figueroa: «De la poesía don
celestial y divino son inventores naturaleza y arte: nace el poeta, y quien no nació para serlo, con arte
sola lo pretenderá ásperamente, porque sin la naturaleza el arte vale poco, como también poco naturale-
za sin arte [...]» (333). Nótese que se aprovecha el dicho para plantear el debatido problema de la
naturaleza y el arte, como hará el mismo Cervantes en varias ocasiones, en especial en el parlamento con
el Caballero del Verde Gabán. Nótese también la multitud de atribuciones que aparecen en los textos
españoles: Platón, Horacio, Demócrito, Aristóteles, Sócrates, etc.
4. Para un planteamiento general de los conocimientos teóricos de Cervantes sigue siendo útil el
libro de Edward C. Riley, Teoría de la novela en Cervantes (Madrid, Taurus, 1966). Haría falta una pro-
funda renovación y actualización de este ya antiguo libro. Es mucho más práctico, y se ejerce aquí una
bienvenida economía verbal, el trabajo del mismo Riley titulado «Teoría literaria», en J.B. Avalle-Arce y
E.C. Riley (eds.), Suma Cervantina, Londres, Támesis, 1973, pp. 293-322. Se encontrará información
pertinente en Alban R. Forcione, Cervantes, Aristotle and the Persiles (Princeton, Princeton UP, 1970) y en
otros libros del mismo autor. Para mí, el libro más incisivo y estimulante sobre estas materias es el de
Harald Weinrich, Das Ingenium Don Quijotes, Ein Beitrag zur literarischen Charackterkunde (Munster,
Aschendorfsche, 1956). Comp. mi reseña en Revista de Filología Española, 42 (1958-59), 290-295. Quedan
ya totalmente desplazadas, respecto a su importancia sobre las ideas literarias de Cervantes, antiguas
contribuciones de Menéndez Pelayo, Lollis, Toffanin y Bonilla. El brillante libro (en su momento) de
Américo Castro, El pensamiento de Cervantes (Madrid, Centro de Estudios Históricos, 1925), ha sido
también desplazado por los avances posteriores de la critica, y no precisamente por los cambios posterio-
res del propio Castro, que no consiguieron invalidarlo. Véase mi ensayo «Américo Castro y la Edad de
Oro, o conflictiva, española», Cuadernos Hispanoamericanos, 310 (1976), 42-51. Me parecen muy ponde-
radas las observaciones de Agustín G. de Amezúa y Mayo en Cervantes creador de la novela corta española
(Madrid, CSIC, 1982 [reimpresión]). Véanse especialmente los capítulos III y VIII. Unas útiles observa-
ciones presenta F. Sánchez Escribano en «Cervantes' Literary Achievement», Revista Hispánica Moderna,
24, 1-2 (1968), 424-435. Véase también Dominick Finello, «Cervantes y su concepto de la fama del poe-
ta», La Torre, nueva época, 1, 3-4 (1987), 399-409.
5. Son muchos los investigadores desde los lejanos tiempos de Clemencín y Menéndez Pelayo que
han señalado las posibles influencias y paralelismos de Cervantes con López Pinciano. El trabajo más
documentado, aunque tampoco convincente, es el de Jean-Francois Canavaggio, «Alonso López Pinciano
y la estética literaria de Cervantes en el Quijote», Anales Cervantinos, 7 (1958), 13-108.
6. Muchos han observado influencias del pensamiento de Carvallo en Cervantes. Destacaría, por su
seria aproximación al tema, las aportaciones de Weinrich y Riley en los libros ya citados. Este último ha
señalado un calco indudable en la Adjunta al Parnaso. El estudio más sistemático lo realiza Geoffrey
Stagg en «Propaganda and Poetics on Parnassus: Cervantes's Viaje del Parnaso», Bulletin of the Cervantes
Society of America, 8, 1 (1988), 23-38. A veces exagera señalando concomitancias que vienen de lugares
comunes (la misma falta de perspectiva que acabamos de achacar a los que propugnan la influencia de
López Pinciano). Por ejemplo, cuando Stagg señala los versos de Cervantes de «¿No se oyen sacros
himnos en el cielo? / ¿la arpa de David allá no suena...?» (III, 217) y los relaciona con la práctica poética
del profeta David señalada por Carvallo. (Y muchísimos otros..., añadiría yo: véase mi «Una defensa
manierista de la poesía por motivos religiosos: el Cisne de Apolo [1602] de L.A. de Carvallo», incluida
ahora como apéndice en TPMB, 421-432). El ejemplo de Cervantes parece un calco de Petrarca, acaso a
través de Alonso Valdés: «Y el Petrarca dice: "Vide David cantor celesti versi"» (TPRM, 151).
7. Para el concepto «no sé qué» véase el capítulo «El "no sé qué" en la literatura española», en mi
libro Temas y formas de la literatura española, Madrid, Gredos, 1972, pp. 11-59. En mi artículo «Rosalía
de Castro y el "no sé qué"», Actas do Congreso Internacional de estudios sobre Rosalía de Castro e o seu
tempo (Santiago de Compostela, Universidad, 1986, pp. 153-161), añado, en notas, otros ejemplos ante-
riores a Cervantes que apuntan a lo misterioso. En la edición postuma de Viaje del Parnaso de Miguel
Herrero García (Madrid, CSIC, 1983, p. 646), se señalan otros ejemplos posteriores a Cervantes. Ya
López Pinciano había utilizado el «no sé qué», y conceptos parecidos aplicados a la poesía había emplea-
do Pedro Sánchez de Viana (TPRM, 140-145). Este último autor, y su traducción de Ovidio, debían de
ser conocidos por Cervantes, según opina también A.G. de Amezúa en Cervantes, creador de la novela...,
p. 50.
8. Véase mi artículo «El Arte Nuevo de Lope de Vega o la loa dramática a su teatro», Hispanic
Review, 53 (1985), 399-414. Acaso convenga recordar, porque se puede inferir también de su posición en
doctrinas literarias, lo que ya dijo Rudolph Schevill en Cervantes, Nueva York, Frederick Ungar, 1966
(reimpresión), p. 168: «His mind [la de Cervantes] was not speculative and his attitude toward the politi-
cal and religious tenets of those days was as uncritical as that of any man of the people».
9. Véase mi artículo «En torno a los prólogos de Cervantes», Actas del 1 Congreso Internacional sobre
Cervantes, vol. I, Madrid, Edi-6, 1981, pp. 400-409.
10. Un buen panorama lo ofrece Doris Lessig, Ursprung und Entwicklung der spanischen Ekloge bis
1650, Ginebra-París, Droz-Minard, 1962. Un resumen práctico se encontrará en p. 49. Véase también
Aurora Egido, «Sin poética hay poetas. Sobre la teoría de la égloga en el Siglo de Oro», Criticón, 30
(1985), 45-77; Elizabeth Rhodes, «The Poetics of Pastoral: The Prologue to the Galatea», en J.J. Labrador
y J. Fernández (eds.), Cervantes and the Pastoral, Cleveland, OH, Penn State U, et al., 1986, pp. 139-155.
11. Interesantes y originales observaciones sobre el impacto de estos autores en Cervantes se encon-
trarán en Harald Weinrich, Das Ingenium Don Quijotes... passim. Sobre la influencia de Huarte en Euro-
pa, véase A. Porqueras Mayo y Joseph L. Laurenti, «La colección de Huarte de San Juan en la biblioteca
de la Universidad de Illinois (ediciones de los siglos xvi y xvn). Notas hacia el estudio del impacto
internacional de Huarte de San Juan», en Homenaje a Ignacio Elizalde, Deusto, Universidad de Deusto,
1989, pp. 251-267.
12. Véase mi obra El prólogo en el Renacimiento español, Madrid, CSIC, 1965, pp. 65 y 99. Cervantes,
en este prólogo, utiliza otras fórmulas que ha copiado del mundo de los prólogos. Por ejemplo, el autor
que desea «comunicar el talento que del cielo ha recebido, temprano se aventura a ofrecer los frutos de su
ingenio a su patria y amigos [...]» (TPRM, 134). Algo parecido (y había señalado a Platón como fuente)
había dicho Pero Mejía en el prólogo de Silva de varia leción (1540): «Sentencia fue y parecer de aquel
grande filósofo Platón, que no nació el hombre para sí solo, sino que también para el uso y utilidad de su
patria y amigos fue criado». La misma justificación emplea Juan de Mal Lara en su prólogo a Filosofía
vulgar (1568). Ambos textos en mi obra El prólogo en el Renacimiento español, pp. 65 y 73.
13. Ed. de Juan Bautista Avalle-Arce, vol. II, Madrid, Espasa-Calpe, 1961, p. 219.
14. En los estudios regentados por los jesuítas se revisaban los autores latinos clásicos y la retórica.
Hay mucha bibliografía sobre el tema. Por fortuna, tenemos un elenco bibliográfico especial y progra-
mas detallados por Ladislaus Lukács, S.I. (ed.), en Monumenta Paedagogica Societatis Iesu, Roma, 1965.
Véase especialmente el vol. I. Importantísimo es también el volumen V (1986) que publica las diversas
versiones de Ratio atque Institutio Studiorum Societatis Iesu. Para comprender la importancia de estudios
como el de López de Hoyos es muy útil Luis Gil Fernández, Panorama social del Humanismo español
(1500-1800), Madrid, Aíhambra, 1981, especialmente pp. 231-254 y 340-356. Interesantes observaciones y
bibliografía se encontrarán en Louise Fothergill-Payne, «The Jesuits as Masters of Rhetoric and Drama»,
Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, 10, 3 (1986), 375-387. Útilísima información se encontrará en
Richard L. Kagan, Students and Society in Early Modern Spain, Baltimore, MD-London The Johns Hop-
kins UP, 1974. Véase, especialmente, el cap. 2, «Latin and the Liberal Arts», pp. 32-61.
15. Cito por mi edición (en que reproduzco el texto de Martín de Riquer, Barcelona, Juventud,
1958) en El prólogo en el Manierismo y Barroco españoles, Madrid, CSIC, 1968, pp. 72-76. En este libro
reproduzco todos los prólogos cervantinos.
16. Véase la edición de Diego Clemencín del Quijote, vol. 1, Madrid, Vda. de Hernando, 1894,
p. LXXV. La primera edición de Clemencín se publicó en 1836-1839. Repiten la misma explicación, por
ejemplo, Francisco Rodríguez Marín en su ed. de Clásicos Castellanos, vol. 4, Madrid, Espasa-Calpe,
1922, I, 23, y Martín de Riquer en la ed. cit., p. 22. No comparto esta explicación para este caso, aunque
sí para otras parodias de Lope, y sobre todo a El peregrino en su patria. Si Cervantes quería señalar tres
autores representativos de la erudición del Isidro, hubiera escogido autores que Lope cita mucho y que
son típicos de la «erudición lopesca» en este libro tales como Virgilio, Vives, Arias Montano, Titelman, y
no precisamente tres autores que cita muy poco en comparación con otros. Creo que Cervantes escoge
precisamente tres autores muy citados en la defensa de la poesía como son Aristóteles (no hace falta
citar ejemplos) y san Basilio, que era citado a menudo con ocasión de su Exhortación a los jóvenes sobre
la manera de aprender mejor los escritos de los autores paganos. He aquí muestras de su presencia en la
teoría poética española anterior a Cervantes. Sancho Muñón: «Y porque no sea todo traer ejemplos de
gentiles, remítome a lo que el bienaventurado san Basilio dice de la lección de las ficciones de la poesía
en un sermón que hizo a los mancebos, de la manera que han de aprovecharse y tomar doctrina de los
poetas y fabulosas ficciones» (TPRM, 90); Alejo de Venegas: «La idolatría no nasció de la intención de la
decir, en términos que Cervantes imita a h o r a del sevillano. Pero veamos dos
pasajes concretos de Herrera en donde insiste en la importancia de la coloca-
ción de los vocablos y en la sencillez y comprensión de los m i s m o s . Helos
aquí: «porque p o n e n los retóricos dos principales partes de la elocución:
u n a es la elección de voces, otra es la composición o colocación de ellas»
(TPRM, 118) y «porque n o es grandeza del poeta huir los conceptos comunes,
pero sí c u a n d o los dice no c o m ú n m e n t e . Y cuando es más común, siendo
tratado con novedad, tanto es de m a y o r espíritu» (TPRM, 118).
Me he fijado solamente en algunos aspectos del Prólogo para resaltar su
actitud independiente y la h o n d a influencia del pensamiento herreriano. E n el
Prólogo hay otras ideas que podrían aplicarse a concepciones teóricas tales
como u n pronunciamiento, de pasada, sobre la imitación. A propósito, en
toda la p r i m e r a parte del Quijote, a s o m a n sus concepciones literarias en las
que simplemente refleja el pensamiento aristotélico sobre la verdad en litera-
poesía, sino de la granjeria. De la prueba désta están cuasi llenos los libros de la humanidad y aun de los
muchos santos como sant Basilio [...]» (TPRM, 94); Pedro Sánchez de Viana: «[...] y el gran Basilio en un
sermón que hace a los mancebos de cómo se deben aprovechar de la doctrina de los gentiles» (TPRM,
145); Bernardo de Balbuena: «[...] valga a lo menos la autoridad y crédito del gran Basilio que en su
persuasoria Ad Nepotem afirma que todas las ficciones de Homero y de los otros poetas griegos no son
otra cosa que unos agudísimos estímulos a la virtud [,..]» (TPRM, 273). Van Horne, editor moderno del
Compendio Apologético en alabanza de la poesía de Balbuena, nos recuerda que esta cita de san Basilio
procede de la miscelánea de Garzoni, con lo que se corrobora que era un lugar común del que se burla
precisamente Cervantes. Este sermón de san Basilio se puede leer en su traducción castellana (Madrid,
Rialp, 1964). Un buen panorama, y bibliografía oportuna, sobre san Basilio se encontrará en el libro de
Johannes Quasten, Patrología, vol. 1, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1985 , pp. 224-260. En
4
cuanto a la referencia a Cicerón, no hace falta insistir en que era el autor siempre citado en las defensas
divinizantes de la poesía, especialmente en su Pro Archia, citas que ya emergen en Boccaccio, Petrarca, y
muchísimos precedentes en la teoría poética española (véase TPRM, passim).
17. He aquí el pasaje de Herrera referido al verso lírico: «Requiere este verso ingenio vivo y espirito-
so, voluntad cuidadosa y trabajadora, juicio despierto y agudo, las voces y oración pulida, limpia, castiga-
da, eficaz y numerosa y, particularmente, la jocundidad» (TPRM, 113).
del Parnaso los núcleos principales sobre poesía que irá d e s g r a n a n d o o, mejor,
exhibiendo, en sus obras posteriores. Por supuesto, en las Novelas ejemplares
publicadas en 1613 (algunas obviamente anteriores a su colección en volu-
men) también brotan explosiones inspiradas sobre la poesía que presentaré
ahora aglutinadas con su t o m a de conciencia realmente poética (no olvidemos
que, precisamente, escribe en poesía...) del Viaje del Parnaso. Son, a partir de
ahora, u n a s ideas entusiastas y simplificadas, que se c o m u n i c a n reiterada-
mente en m u c h a s obras posteriores al Quijote I, es decir, a d e m á s de las ya
citadas en el Quijote II y Persiles.
Acaso sea a h o r a el m o m e n t o de aislar estos núcleos y mostrar los senci-
18. Véase, por ejemplo, Alexander A. Parker, «El concepto de la verdad en el Quijote», RFE, 32
(1948), 287-305 y Leland H. Chambers, «Structure and the Search for Truth in the Quijote», HR, 35, 4
(1967), 309-326. Me ocupo también del tema, en planteamiento general, en «El problema de la verdad
poética en la Edad de Oro», incluido en mi libro Temas y formas de la literatura española, Madrid,
Gredos, 1972, pp. 94-113.
19. Sobre la posible presencia de Cervantes en academias madrileñas, sevillanas y toledanas expresa
verosímiles conjeturas José Sánchez, Academias literarias del Siglo de Oro español, Madrid, Gredos, 1961,
passim. Es segura en 1612 su presencia en la Academia de Saldaña (Sánchez, p. 38). Más hipotética,
según Sánchez (p. 110), es la pertenencia de Cervantes a la Academia Selvaje, afirmada por Juan Hurta-
do. En esta Academia, en 1612, leyó precisamente Soto de Rojas su Discurso sobre la poética (TPRM,
360-362) con fuerte influencia de T. Tasso, y con ideas muy próximas a las que expresará Cervantes.
Información general sobre las academias se encontrará también en Willard F. King, Prosa novelística y
academias literarias en el siglo xvn, Madrid, Real Academia Española, 1963. Va avanzando nuestro conoci-
miento más detallado sobre diversas academias de provincias. Véase, por ejemplo, Aurora Egido, «Las
academias literarias de Zaragoza en el siglo xvn», en el libro editado por la misma autora La literatura en
Aragón, Zaragoza, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1984, pp. 101-128, y
la edición de José Luis Canet, Evangelina Rodríguez y José Luis Sirera de las Actas de la Academia de los
Nocturnos, Valencia, Alfons el Magnánim, 1988 (ha salido solamente, hasta ahora, el primer volumen).
20. El mejor tratamiento de este tema lo ofrece Robert J. Clements, Picta Poesis: Literary and Huma-
nistic Theory in Renaissance Emblem Books, Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 1960. Es muy impor-
tante el capítulo II, «Iconography on the Nature of Poetry». Recordemos que existen varias ediciones del
libro de Ripa que pudo ver Cervantes, como la de Milán, 1602. De allí, p. 215, reproduzco la traducción
de Clements, p. 34: «Poesía: Young, beautiful, clothed in celestial hue». El mismo Clements había avan-
zado este capítulo en PMLA, 70 (1955), 781-804, con el título de «Iconography on the Nature and Inspi-
ration of Poetry in Renaissance Emblem Literature*.
21. Véase George Camamis, «The Concept of Venus-Humanitas in Cervantes as the Key to the Enig-
ma of Botticelli's Primavera», Bulletin of the Cervantes Society of America, 8, 2 (1988), 183-223. Un buen
panorama crítico y bibliografía pertinente sobre el famoso cuadro del pintor italiano se encontrará en
Umberto Baldini, Primavera, Londres, Sidgwick and Jackson, 1984,
22. En Bernard Weinberg (ed.), Trattati di poética e retorica del'500, vol. II, Barí, Laterza, 1970,
p. 569.
23. Ed. A. Carballo Picazo, vol. II, Madrid, CSIC, 1953, p. 162.
Y es acto seguido c u a n d o habla de que los mares, las hierbas, las piedras,
el amor, la paz, la guerra le abren sus secretos. Ya antes, en El licenciado
Vidriera, leemos: «admiraba y reverenciaba la ciencia de la poesía, porque en-
cerraba en sí todas las demás ciencias: p o r q u e de todas se sirve, de todas se
adorna, y pule y saca a la luz sus maravillosas obras» (Apén., 198). Ya he
transcrito con ocasión de hablar de la poesía como d a m a el importante pasaje
del capítulo del Caballero del Verde Gabán {Quijote, II, 16), donde surgía,
digamos ahora, el abrazo universal de otras ciencias que implica la poesía:
«[...] las otras ciencias [...] y ella se ha de servir de todas, y todas se h a n de
autorizar con ella». También en la tradición española emerge esta idea por
todas partes. Y hay que entroncarla con otros principios panegíricos y enalte-
cedores, los cuales ven en la poesía la mejor ciencia, mejor que la filosofía,
porque la poesía tiene el atractivo de la música de las palabras, con lo que
consigue la inteligibilidad de las otras ciencias y ejerce un poder civilizador.
Estas ideas r e m o n t a n a Estrabón y Horacio, sobre todo.
A veces, una idea paralela a la poesía como ciencia universal es que el
buen poeta tiene que estar impuesto en amplios y variados conocimientos.
Veamos unos textos hispanos m u y representativos y anteriores a Cervantes.
Leemos, ya en el Prólogo al Cancionero de Baena: «[...] etal [el h o m b r e que se
dedique a la poesía] que haya visto e leído muchos e diversos libros e escriptu-
ras e sepa de todos lenguajes [...]» (TPRM, 75). Otro t e m p r a n o pronunciamien-
to es del Marqués de Santillana: «E si por ventura las sciencias son deseables,
así como Tulio quiere, ¿cuál de todas es m á s prestante, m á s noble, e m á s
digna del hombre? o ¿cuál m á s extensa a todas especies de h u m a n i d a d ? Ca las
escuridades e cerramientos dellas ¿quién las abre, quién las esclarece, quién las
demuestra e face patentes sino la elocuencia dulce e fermosa fabla, sea metro,
sea prosa?» (TPRM, 76). Ya he indicado la lógica familiaridad que el alcalaíno
Cervantes tendría con el libro alcalaíno de Sánchez de Lima. He aquí u n pasaje
de éste: «porque en ella [la poesía] se halla muy fina teología, leyes, astrología,
filosofía y música. Y en fin todas las siete artes liberales se hallarán escriptas
en poesía» (TPRM, 132). Notemos aquí u n a alusión a las artes liberales en
términos m u y próximos a los expresados por Cervantes en Viaje del Parnaso.
En 1578, Lomas Cantoral, autor conocido y apreciado por Cervantes, como
ya he indicado, apunta el poder civilizador de la poesía, por tanto, la sabiduría
implícita en la misma: «aquella arte se ha de afirmar verdaderamente por m u y
26. Son muchos los otros textos teóricos españoles en que aparece este concepto de la universalidad
de la poesía. Remitiré simplemente, una vez reproducidos los más importantes en este artículo, a los más
significativos antes de Cervantes, en TPRM, 271, 274, 314, 361...