En torno a los archivos parroquiales andaluces...
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EN TORNO A LOS ARCHIVOS PARROQUIALES
ANDALUCES. ESTRUCTURA, REVISIÓN DE SU
SITUACIÓN Y SU VALORACIÓN COMO FUENTE
DEMOGRÁFICA. SU APROVECHAMIENTO EN
ESTRUCTURAS COMARCALES AGRARIAS (1ª parte)
Juan Sanz Sampelayo
RESUMEN
El artículo, producto de un esforzado intento por acercarse a la realidad actual, pretende
abordar la compleja situación que esta desperdigada documentación presenta en el marco
regional andaluz. Dada la dispersión y fragmentación que presenta este tipo de fuentes, en
paralelo se intenta explorar una posible funcionalidad añadida articulando estos expedientes
con esquemas territoriales agrarios. La extensión del trabajo obliga a dejar para el próximo
número de Baetica una segunda parte.
ABSTRACT
This article, which is the result of a concerted attempt to approach current reality, addresses
the complex situation of scattered documentation within the Andalusian regional framework.
Given the dispersal and fragmentation of these sources, this study attempts to explore a possible
added functionality co-ordinating these records with agrarian territorial plans. The length of this
work necessitates leaving a second part for the next issue of Baetica.
La recogida sistemática de antecedentes parroquiales de contenido demo-
gráfico representa sin duda una labor poco grata, a la vez que necesaria, para
el estudio de las poblaciones del Antiguo Régimen. Los posibles resultados
que se alcancen a conseguir esta ingrata labor reseñan un cometido alentador
1. El presente artículo se presentó como Comunicación a la Jornada sobre los archivos
parroquiales como fuente para la Historia Social de la Población. Un homenaje a Àngels
Torrents Roses. Barcelona, Sala de Actos del Museu d’Història de Catalunya, 24 de Febrero
de 2006.
© Baetica. Estudios de Arte, Geografía e Historia, 28, 2006, 525-536. ISSN: 0212-5099
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Málaga. Campus de Teatinos, E-29071 Málaga (España)
526 JUAN SANZ SAMPELAYO
en regiones que, como es el caso de Andalucía, conforman un sector poco
favorecido debido, precisamente, a los problemas que presenta una ingente
masa regional esquilmada como consecuencia de la desidia y los avatares de
los tiempos.
En base a estos pronunciamientos, parece innecesario añadir que son po-
cos los esfuerzos que se han llevado a cabo en la dirección de puntualizar el
marco de este tipo de fuentes y que lo mismo podría decirse en relación con la
búsqueda de posibles métodos que nos ayuden a afrontar la problemática que
presenta el estudio de la población andaluza. Desde los pioneros trabajos de
Nadal y Giralt, el quehacer demográfico fundamentado en series parroquiales
se ha sucedido, aunque no prodigado, por medio de estudios que realzan y
calibran el valor de estos fondos eclesiásticos, importando poco que su va-
loración se lleve a cabo como parte básica del quehacer profesional o como
simple labor del interés que en sí mismo representa el conocimiento de la
población en un ámbito general.
Ahora bien, el hecho de proyectar esa labor en Andalucía exige necesa-
riamente matizar disparidades y aclarar concretas situaciones. Nuestra región
revela una diversificación clara entre su zona occidental, la Baja Andalucía, la
Bética, los antiguos reinos de Sevilla y Córdoba; y la oriental, la Alta Anda-
lucía, los reinos de Granada y Jaén. No se trata tanto de una división geográ-
fica o de dimensión histórica que, avanzado el siglo XVIII, concreta esa otra
región más equilibrada en su conjunto actual en la que casi han desaparecido
las explícitas diferencias estructurales anteriores. Todo lo contrario, se ajusta
a otro escenario modelado en dos contextos separados por las posibilidades
reales de extractos que clarifiquen sus respectivas poblaciones. En concreto,
podría añadirse que los siglos XVI y XVII desde hace tiempo concentran una
serie de trabajos y proyectos para la zona occidental, mientras que en la orien-
tal esa actividad ha tenido sin duda unos resultados prácticos de menor calado
a pesar de que un análisis sobre la ciudad de Granada constituyese el punto de
partida de este campo de investigación para el conjunto andaluz.
Al enjuiciar el Setecientos se mantiene el aludido desequilibrio entre una
y otra Andalucía, lo que posiblemente se deba a un hecho al que hasta ahora
no se ha aludido y que, además de ser esencial para el conocimiento de las
circunstancias que rodean esta temática regional, viene a razonar y a aclarar
el sentido de estas páginas como reflexión de una realidad dramática de irre-
parables repercusiones.
¿A qué hacemos referencia? A que Andalucía ha sufrido de forma clara y
contundente las consecuencias inmediatas de esa larga serie de acontecimien-
tos políticos e ideológicos que jalonan los dos últimos siglos de su Historia.
Si la ocupación francesa representó un primer hito en la destrucción indis-
criminada e injustificada de numerosos fondos documentales, en especial de
En torno a los archivos parroquiales andaluces... 527
procedencia eclesiástica, la última guerra civil actuó en este sentido como un
huracán que a punto estuvo de expropiarnos por completo el apoyo archivís-
tico sobre el que investigar. Esta eventualidad obliga a extrapolar resultados
más allá del estricto marco geográfico de lo local y concreto lo que, desde mi
punto de vista, obliga a establecer una metodología cuyas conclusiones pue-
den parecer, en más de una ocasión, indudablemente atrevidas.
Llegados a este punto es necesario contrastar una vez más distintas ma-
tizaciones que diferencian uno y otro marco andaluz. La Archidiócesis de
Sevilla y las Diócesis de Cádiz-Ceuta y de Jerez de la Frontera presentan
escasos incidentes o, si se quiere, los que se detectan presentan una impor-
tancia relativa. En esta franja occidental, sólo la Diócesis de Huelva sufrió
una masiva destrucción en sus colecciones, situación difícil de entender si
nos sustraemos del contexto social que ha mantenido la España meridional en
repetidas ocasiones. Por su parte, las provincias más orientales, que son las
que casi en exclusiva incluye el Apéndice que se acompaña a este trabajo,
plantean en su conjunto la misma problemática de acontecimientos de irrepa-
rables consecuencias para el estudio de la demografía del Antiguo Régimen.
En consecuencia, no estaría de más razonar el que estas deficiencias, muchas
veces ausencias, sean la causa del no muy brillante estado en que se encuentra
esta línea de investigación en nuestra región.
Bien, partiendo de esta argumentación hace ya algún tiempo me propuse
coronar en el ámbito regional la que en su momento no intuí como una amarga
andadura. Consistió la misma en rastrear aquellos fondos documentales parro-
quiales que dieran pie a posibles investigaciones demográficas en un futuro
inmediato. La humilde y concluyente justificación que dimos a aquel laborio-
so trabajo consistió en la necesidad de reunir, mediante un muestreo aleatorio,
una primera relación de fuentes andaluzas básicas para el estudio del proceso
vegetativo regional a lo largo de los siglos modernos. Existió una segunda as-
piración, la de iniciar investigaciones parciales a partir de aquellos puntos que
pudieran parecer primordiales, elección que muchas veces tendría que efec-
tuarse no tanto por el deseo de conseguir respuestas de interés específico, sino
más bien por la exigencia de acudir a puntos concretos sobre los que existiera
material documental apropiado. También en este sentido algo arrancó, aunque
indudablemente bastante menos de lo que hubiera deseado.
2. Este Apéndice forma parte de la segunda parte del artículo.
528 JUAN SANZ SAMPELAYO
1. ESTUDIO DEL PROCESO VEGETATIVO EN ANDALUCÍA. LAS
SERIES PARROQUIALES EN JAÉN, CÓRDOBA, HUELVA Y CÁDIZ.
LOS NÚCLEOS DEL NORTE DE ÁFRICA
Tras esta serie de cuestiones preliminares, presentamos la propuesta de
sistematizar distintas perspectivas provinciales mediante la recopilación de
antecedentes y sin olvidar que no hemos ido más allá de lo que consideramos
es un proyecto que exige ulteriores fases, las propias de una empresa bastante
más profunda con vistas al futuro. Consideramos apropiado que esta primera
investigación, programada y sistemática, debería ante todo facilitar ulteriores
direcciones de investigación, acceder a algunas concretas realidades de tipo
poblacional y, en el mejor de los casos, a líneas maestras que explicaran los
cambios habidos en distintos núcleos y etapas.
La empresa se circunscribe a la sistematización de aquellas parroquias
y/o lugares que conservan las tres series demográficas básicas, búsqueda que,
a su vez, nos lleva a omitir la problemática específica de otros tantos lugares.
Con ello sortearemos una larga e innecesaria exposición de datos y fichas
como serían los que aclaran ausencias, así como prescindir de otro conjun-
to de referencias a las que todo investigador suele llegar al indagar en esta
problemática: censos, padrones parroquiales, libros de fábrica, relaciones de
diezmos, referencias a cofradías, visitas pastorales etc. Como es natural, no se
trata de menospreciar el interés que presenta esta otra documentación, por otra
parte bien contrastada en el ámbito demográfico, sino de recalcar que puede
considerarse “secundaria” si lo que se pretende es centrar la orientación de
nuestra atención sólo y exclusivamente en un punto: los asientos de aquellas
fuentes que revelan el protagonismo y peculiar evolución vegetativa de cada
marco demográfico.
Sin embargo, una de las distintas cuestiones que habría que ventilar es la
de cómo presentar esta relación o, si se quiere, de qué forma sistematizar la
compartimentación geográfica del territorio. Al respecto voy a atreverme a de-
fender el esquema que concretan las comarcas agrarias por ser el más apropia-
do, aunque esté lejos de lo que se podría considerar como acabado. En primer
lugar, debido a que son varios los trabajos que, dentro de ese tipo de marcos
geográficos, interrelacionan diferentes circunstancias, vínculos y comporta-
mientos con la intención de matizar similitudes demográficas. Los contornos
rurales, por su misma disposición, presentan un entorno más o menos homo-
géneo ligado a connotaciones agropecuarias, compartiendo una misma perso-
nalidad y unas determinadas pautas que se mantienen durante largas etapas.
En cambio, está claro que se perdería eficacia y un concreto trasfondo de la
realidad de aceptarse esa otra distribución en la que adquieren cuerpo “legal”
diferentes generalidades (arciprestazgos, vicarias...), de tipo político/religioso
En torno a los archivos parroquiales andaluces... 529
e incluso lo que acarrearía divisiones como la comarcalización P.D.T.C., el
llamado Plan General y algún otro más por los problemas generales que trae
consigo el tener que jugar con un número de entidades interprovinciales que,
además de evolucionar según el caso, introducen parcelaciones ajenas al he-
cho humano y al sector económico agropecuario primordial en las épocas que
nos interesan.
Por otra parte, en este análisis parece obligado insistir en otras cuestiones
que podrían parecer triviales. El manejo de las partidas eclesiásticas (bautismos,
desposorios y entierros) conlleva la puesta en práctica de una crítica específica
que permita extraer deducciones capaces de matizar modelos concretos y pre-
cisos. Por otra parte exige reflexionar respecto a una serie de eventualidades
de tipo humano comunes en cualquier etapa, en particular en lo que concierne
a circunstancias agravadas como consecuencia del tiempo transcurrido, a las
agresiones que esta cronología arrastra de forma necesaria: falta de hojas o de
libros, deterioro de los mismos, lagunas que originan lapsus insalvables, falta de
continuidad que puede deberse al fallecimiento o traslado del párroco...
A esta serie de secuelas y a otras sobradamente conocidas, se añaden
factores ciertamente novedosos. Como de lo que se trata es de llevar adelante
un plan de trabajo integral, lo normal es que surjan cuestiones que presentan
interrogaciones del tipo de qué actitud tomar en el momento de tener que es-
tablecer unos límites temporales convencionales, cómo despejar confusiones
frecuentes como las de carácter temporal, qué propuesta adoptar en el mo-
mento de tener que definir límites parroquiales entre áreas urbanas y rurales
cercanas. Se trata, sin duda, de demasiadas preguntas como para sintetizar po-
sibles justificaciones, máxime cuando parece claro que la fase preliminar que
pretendemos delimitar tan sólo busca resaltar la concreta y peculiar situación
en que se encuentran estos archivos parroquiales.
Es posible que la cuestión exija comenzar presentando antecedentes que
sin duda escapan a la percepción que aquí debería prevalecer. Si miramos
hacia atrás, fue en julio de 1973 cuando la Conferencia Episcopal Española
acordó implantar los Archivos Eclesiásticos destinados, entre otras rutinas, a
agrupar los fondos parroquiales con más de un siglo de antigüedad. Dos años
después el II Congreso Nacional de Archiveros Eclesiásticos (Toledo, sep-
tiembre de 1975) gestó el Reglamento de Archivos Eclesiásticos Españoles
que aprobaría la Conferencia Episcopal el 26 de febrero del año siguiente.
Con el fin de conocer el cumplimiento de este dictamen, pero más que
nada con la intención de indagar en la situación que presenta este tipo de do-
cumentación en Andalucía, hace tiempo contacté con los encargados de estos
registros, lo que me llevó a comprobar que el contexto no era halagüeño. Tal
situación, pese al tiempo transcurrido, no ha cambiado sustancialmente ni pa-
rece que presente visos de que lo haga en un futuro cercano.
530 JUAN SANZ SAMPELAYO
En aquel entonces, hablo de comienzos de los años ochenta, la recién crea-
da Diócesis de Jerez de la Frontera iniciaba el traslado de fondos parroquiales
en mal estado de conservación y de algunos otros que hasta entonces se conser-
vaban en Sevilla. Se trataba, me decía su encargado en 1983, de los primeros
pasos de lo que en años sucesivos se mantuvo como pude comprobar, aunque
de forma modesta. Por el contrario, los respectivos archivos de los obispados
de Córdoba, Huelva y Cádiz-Ceuta presentaban, y posiblemente sigan hacién-
dolo, una disposición totalmente ajena a las resoluciones de 1973 debido a que
en aquel entonces no habían procedido a centralizar este tipo de documenta-
ción. Necesario es aclarar que lo que parezca ser desidia por parte de las auto-
ridades eclesiásticas a menudo subraya una actitud aún en boga entre los curas
párrocos consistente en no perder parcelas de lo que consideran su autonomía.
Estoy plenamente de acuerdo con las críticas que al respecto se han efectuado a
menudo en el sentido de que esta dispersión no beneficia ni al que pretende uti-
lizar estos repertorios, el investigador, ni al que los conserva por los problemas
que conlleva su protección apropiada. Decía el padre Lisardo Guede Fernán-
dez, archivero de la Iglesia Catedral de Málaga hace ya años, con motivo de la
presentación de los fondos del Archivo Diocesano de Málaga:
No están en este Archivo Diocesano los fondos históricos de las poblaciones
de Antequera, Archidona, Bobadilla, Campanillas, Frigiliana, Istán, Torrox y
quizá algún otro. ¿Por qué? Motivaciones no muy difíciles de presumir. A los
responsables de ello será bueno recordarles que sus actitudes son un muy men-
guado servicio a la cultura y muestra evidente de poco espíritu de convivencia...
(añadiendo más adelante al hacer mención a los problemas que esta dispersión
suscita en el erudito e investigador) y como el tiempo y los dineros son escasos...
para que se den el lujo de ir hasta esos archivos locales, el buen sentido aconseja
el acercárselos.
Este malentendido protagonismo local a lo único que conduce es a que la
documentación se almacene de forma precaria y a que el investigador se vea
forzado a tener que ir de aquí para allá desconociendo a menudo el estado en
que encontrará el material sobre el que pretende apoyar su labor. Poco más
puede decirse de los centros indicados, aunque añadiré algún comentario en la
presentación de estas demarcaciones.
Continuando en esta línea conductora, la petición de antecedentes que
permitiera evaluar esta situación me llevaría en aquel entonces a ponerme en
contacto con don Juan A. Carrasco, representante del Archivo Diocesano de
Almería, que si bien me hizo llegar un futuro nada optimista, me facilitó el
que conociera un centro excepcional como es el que proyectaba la Diócesis
de Guadix-Baza.
En torno a los archivos parroquiales andaluces... 531
Argumentos bien diferentes son los que anotan Granada y Málaga por di-
ferentes circunstancias. En Granada porque largos años de estudio me permi-
ten tener un conocimiento concreto y específico de las numerosas parroquias
dispersas por la ciudad, mientras que en el caso de Málaga, en julio de 1978
se inauguraba su Archivo Diocesano que, gracias entre otros al buen hacer del
ya citado don Lisardo Guede, especifica el único centro que merecía no hace
tantos años llevar tal denominación con total honestidad.
Una síntesis del vaciado documental que extracta estos antecedentes po-
dría ser el siguiente.
1.1. Provincia de Jaén
Son numerosas las referencias que destapan pérdidas en esta documen-
tación, mermas debidas a antecedentes ya aludidos. A estas circunstancias se
debe el que sus nueve comarcas presenten innegables vacíos, pese a que to-
das contribuyen con una o varias fichas de archivo bastantes completas. Esta
aclaración preliminar habría que completarla señalando que los archivos más
problemáticos y con mayores pérdidas se sitúan en las circunscripciones de
Sierra Sur, Campiña Sur, Sierra Mágina y Sierra de Cazorla.
De los once núcleos de población con que cuenta la comarca agraria de la
Sierra Sur, más algún otro secundario que hoy es anejo de municipios de ma-
yor entidad, encontramos referencias en siete de ellos. Una relación formada
por Cárchel, Carchelejo, Noalejo (núcleo básico para aclarar el funcionamien-
to del sistema de ferias/mercado en la región) y Pegalajar carecen de interés
histórico ya que sus series se inician en 1934-1936. Algo parecido ocurre en
Alcalá la Real, con relaciones que se mueven entre mediados y finales del si-
glo XIX (1846-1883), además de no aparecer completas hasta comienzos del
XX, y en Los Villares debido a que su serie más antigua, la de bautismos, sólo
a partir de 1882 es ininterrumpida. En consecuencia, tan solo Valdepeñas de
Jaén (bautismos: 1569, matrimonios: 1631 y entierros: 1635), Frailes (a partir
de 1779) y Campillo de Arenas (libros que comienzan entre 1578 y 1619,
pero que no se hallan completos hasta 1828-1870) señalan puntos a tener en
cuenta. No obstante, todo parece indicar que, en principio, su rendimiento es
cuando menos relativo.
En Sierra Mágina la atención se centra en dos núcleos que pueden cata-
logarse de excepcionales en este marco del que platicamos. Uno es Huelma,
con series completas que se inician en 1554 en los bautismos y pocos años
después, en 1564, en los matrimonios y entierros. Torres es el segundo, des-
plegado sus series una situación de continuidad entre 1556 y 1566.
Respecto a las restantes localidades con las que se cuenta con algún tipo
de antecedentes, una primera distribución detallaría aquellas con un relativo
532 JUAN SANZ SAMPELAYO
interés, como Larva (con libros que mantienen su continuidad desde el año
1798), Cambil (en 1809 los bautismos, mientras que el resto es ya de media-
dos del XIX), Jódar, Solera y Belmez de la Moraleda (en donde las referencias
más atrasadas nos llevan respectivamente a 1861, 1874 y 1850). En otro grupo
entrarían las villas de Bedmar, Garcíez y Jimena que carecen de esos fondos
ya que principian en el año 1939.
Tan sólo Pozo Alcón recompensa la pesquisas llevadas a cabo en la Sie-
rra de Cazorla. Sus tres series son de comienzos del siglo XVII (1618, 1612
y 1623). En un nivel secundario podría citarse a Huesa (1801 a 1812) y Cazor-
la (1877 a 1901). Otros pueblos de esta comarca albergan archivos de algún
interés, por muy exiguo que éste sea, como el caso de Peal de Becerro (1919
a 1939).
La Campiña Sur cuenta con el atractivo primordial que proporciona la
documentación de Jaén, ciudad que, a excepción de los fondos de San Ilde-
fonso, no refleja otros quebrantos de importancia. Extraña que esta ciudad no
haya sido motivo de alguna “intentona” en profundidad por conocer la evolu-
ción de una población de relativa importancia del interior andaluz cuyos datos
censales, aparentemente al menos, parecen contradictorios (5.699 vecinos en
1745 y tan sólo 4.600 en 1752). Las referencias documentales que asienta son:
Parroquia de San Bartolomé, con series casi paralelas en los bautismos y ma-
trimonios (1567 y 1569) y del año 1616 en las partidas de entierros; Parroquia
de San Ildefonso, con algunas rupturas temporales en sus tres relaciones que
comienzan en 1541, 1564 y 1565 y Parroquia de San Pedro, con anotaciones
completas anteriores a mediados del siglo XVI.
En cambio, en Mancha Real, Martos (parroquias de Santa María y San
Amador) y Torre del Campo no se encontró un conjunto documental que me-
reciera considerarse como tal (a partir de 1939).
Una especial satisfacción supuso conocer el estado en que se encontraban
los archivos en la comarca de la Campiña Norte. En esta zona se anotaron
un total de cuatro pueblos con sus documentaciones prácticamente intactas, a
lo que hay que añadir el interés adicional de que se trata de centros cuya tra-
yectoria histórica subraya infraestructuras comerciales de interés así como en
la distribución de productos agropecuarios. Hacemos referencia a Fuente del
Rey (bautismos desde 1579 y sus dos restantes series a partir del primer tercio
del siglo XVII), Higuera de Arjona (entre 1577 y 1583), Lopera (1531-1561)
y Porcuna (de alrededor de 1590).
Se podría establecer un segundo grupo cuya utilidad no iría más allá de
concretas reflexiones (caso de la documentación que se conserva en Jabal-
quinto, de la que sólo merece enfatizar la serie de entierros que comienza en
1628, o de Torreblascopedro a partir de 1822), mientras que, por el contrario,
no es posible presentar expedientes de provecho en Arjona, Arjonilla, Bailén,
En torno a los archivos parroquiales andaluces... 533
Cazalilla, Higuera de Calatrava, Linares, Santiago de Calatrava y Villatorres
y Villagordo.
La comarca de La Loma pormenoriza numerosas fuentes con las que
poder llevar a cabo el estudio de su demografía. Si bien destacan las ciudades
de Baeza y Úbeda debido el estado que presentan sus fondos, hay que añadir
que, de acuerdo con este muestreo, se les pueden adjuntar otros núcleos con
expedientes de interés. Este es el esquema de lo fichado:
Baeza: Parroquia de San Pablo.- Bautismos con partidas que apostillan
las más antiguas de las localizadas (de 1494), por lo que este concreto catálo-
go presenta una identidad única desde comienzos del siglo XVI; matrimonios
y entierros desde 1560 y 1618 respectivamente. Parroquia de Santa María del
Alcázar.- Series completas a partir del siglo XVI (entre 1522 y 1564).
Úbeda: relaciones completas que datan de 1555, la más antigua, a 1587
la más moderna.
Canena: bautismos y matrimonios del siglo XVI, aunque los entierros se
inician en 1750.
Iznatoraf: bautismos y defunciones del siglo XVI y matrimonios de co-
mienzos de la siguiente centuria.
Begíjar: bautismos desde 1563 y entierros desde 1665, aunque los despo-
sorios son ya del siglo XIX (1840).
Lupión: de fines del siglo XVIII los bautismos y los matrimonios (1800 y
1789 respectivamente) y entierros muy posteriores (1930).
Habría que concluir señalando que tanto Villacarrillo como Villanueva
del Arzobispo carecen de este tipo de antecedentes.
En cuanto a Sierra Morena es preciso señalar que, gracias a contados
pueblos, parece posible incluso efectuar el estudio de las variantes demográfi-
cas posteriores al proceso repoblador que vivió la zona en el siglo XVIII. En
concreto hay que citar a Carboneros (series completas entre 1767 y 1782) y El
Rumblar (todas a partir de 1774), En cambio, otros lugares de mayor entidad
presentan problemas debido a que sus series presentan vacíos importantes,
como es el caso de Andújar (Parroquia de la Asunción con libros bautismales
y de matrimonios desde el siglo XVI, mientras que los entierros son ya casi de
mediados del XIX; Parroquia de San Bartolomé en parecidas circunstancias
al iniciarse las anotaciones de sepulturas en 1815, y Parroquia de San Miguel
Arcángel una vez más con partidas bautismales del siglo XVI, aunque los
otros dos repertorios comienzan en 1939).
Por último, Santa Elena y Navas de Tolosa manifiestan carencias impor-
tantes. En Santa Elena, si bien los desposorios y entierros están disponibles
a partir 1770 y 1771 respectivamente, los bautismos se inician en 1880; y en
Navas de Tolosa, aunque las tres series cuentan con documentación del siglo
XVIII, ninguna mantiene su continuidad hasta los primeros años del XIX.
534 JUAN SANZ SAMPELAYO
La Carolina y varios pueblos más de interés han perdido casi por comple-
to su documentación.
El Condado es una comarca en la que sería factible desarrollar alguna
dirección investigadora, aunque con matizaciones debido a que las relaciones
son parcas y no es posible asegurar que puedan aceptarse sin más resultados
extrapolados. La realidad es que sólo Castellar de Santisteban y Santisteban
del Puerto cuentan con fondos de primera calidad. En Castellar de Santisteban
la relación serial más antigua es de 1550, bautismos, y la más moderna de
1633, entierros; y en Santisteban del Puerto se repite la fecha en que apare-
cen las partidas bautismales (1551) y son las de matrimonios las más tardías
(1620).
Dejando al margen ambas poblaciones, se constatan otras, como Navas
de San Juan, en donde si bien las dos primeras relaciones a enumerar son del
siglo XVI, la de entierros se estrena en 1870; o el caso de Vilches en donde
reseñas bien antiguas no mantienen su continuidad, lo que acarrea el que cada
ciclo no esté completo hasta 1810 e incluso 1919 en el peor de los casos.
Las restantes fichas individualizadas presentan deficiencias aún mayores,
como es el caso de Chiclana de Segura, con bautismos y entierros de media-
dos del siglo XVIII (ambas series tienen libros anteriores de los siglos XVI y
XVII, pero ninguna mantiene la necesaria continuidad) y desposorios a partir
de 1811. En el caso de Montizón, bautismos y actas de sepultura son de 1768
y los matrimonios de 1820.
Por último, en la Sierra de Segura se anotan como archivos de interés los
de Génave (series de 1590, 1579 y 1633 respectivamente) y Siles (1537, 1688
y 1618). Además, merece una cita específica Segura de la Sierra, con partidas
de bautismos y entierros del primer tercio del siglo XVIII y desposorios de
fines del XVII.
Torres de Albánchez, Beas de Segura y Santiago de la Espada testimonian
el tipo de pueblos que, debido a distintos problemas, no presenta más que un
interés relativo. En el primero de los citados, los matrimonios, que comenza-
ron a inscribirse en 1586, carecen de sucesión hasta 1886, y en Beas de Segura
y Santiago de la Espada lo ordinario es que sus documentaciones comiencen
a tener secuencia ya en el siglo XX (en Santiago de la Espada, su Parroquia
de Santiago Apóstol cuenta con series de bautismos y desposorios a partir de
1587 y 1602).
1.2. Provincia de Córdoba
Los fondos documentales eclesiásticos de esta provincia exteriorizan dos
contextos bien distintos. De una parte la zona Norte, las comarcas de los Pe-
droches y la Sierra, en donde las lagunas son de importancia y, de otra, la más
En torno a los archivos parroquiales andaluces... 535
meridional, en especial las demarcaciones de la Campiña Alta y la Penibética,
así como la misma capital, en donde, por el contrario, no es extraño que ese
material permanezca casi intacto.
De iniciar la presentación de estos fondos archivísticos por tierras del sur
provincial, en La Penibética dos son los centros que destacan en este mues-
treo: Carcabuey y Priego. En ambos casos puede investigarse el estudio de sus
respectivos movimientos vegetativos entre fines del siglo XVI y comienzos
del XVII. Algo parecido podría afirmarse de Luque, aunque en este punto su
serie de entierros sólo está completa a partir de 1800.
Los pueblos de Almedinilla y Fuente Tózar reflejan su peculiar contexto
histórico mediante series completas en torno a 1775-1780. Castril del Campo,
anejo del municipio de Priego, marca los comienzos del siglo XIX (1820).
En la Campiña Alta, Doña Mencia y Jauja informan de este mismo tipo
de reflexión al relacionar sendos núcleos de población cuyo estudio demográfico
podría ser llevarse a cabo a partir del siglo XVI. Como detalle, merece la pena
destacar que las partidas bautismales más antiguas de Doña Mencia son de 1529.
Lucena entra a formar parte de este mismo grupo de aplicarse tan sólo a
una de sus parroquias, la de San Mateo (1545, 1564 y 1606), aunque este tipo
de exploración puede conducir a conclusiones difíciles de predecir.
En Cabra no existen otras partidas del siglo XVI que las de bautismos
(matrimonios y entierros desde 1764 y 1760, respectivamente).
Por último, citar que se ha perdido la documentación de Aguilar, Alben-
dín (término municipal de Baena), Baena y Valenzuela.
De la singular y limitada comarca de Las Colonias, las concisas referen-
cias con las que la valoramos parecen suficientes como para sospechar que
son de interés. El protagonismo de estos núcleos cuenta con un centro sin-
gular en San Sebastián de los Ballesteros, pueblo que conserva una completa
documentación a partir de 1781. En menor medida podría citarse La Victoria
(desde 1811) y, por último, simplemente merece la pena aludir a Fuencubierta
y Las Pinedas, dos anejos de La Carlota, con series ya de fines del siglo XIX.
Como es natural, Córdoba capital es un centro que destaca dentro de la
Campiña Baja. Las investigaciones ya efectuadas hacen recomendable no
repetir aquí algo no por conocido menos merecedor de corearlo. Merece la
pena destacar las parroquiales de San Andrés, San Juan, San Lorenzo y la del
Apóstol Santiago.
En un horizonte bien distinto hay que situar otros concretos puntos como
son los de Cerro Muriano, Bujalance y Santaellla. Los dos primeros aparecen
íntegros mientras que, en el caso de Santaella, las partidas de entierros se
posponen hasta 1721. Caso aparte es el de Fernán-Núñez, en donde cada serie
arranca de años distintos: la de bautismos de 1583, matrimonios en 1764 y
entierros en 1803.
536 JUAN SANZ SAMPELAYO
El resto de las anotaciones presentan problemas, ya sea por la discor-
dancia que presentan sus datos o debido a su escaso interés. En Santa María
de Trasierra (anejo de Córdoba) los bautismos de principios del siglo XVIII
se entremezclan con las otras dos series de mediados del XIX. En Palma del
Río, las tres inician su andadura entre 1839 y 1876. Las documentaciones de
Alcolea, Almodóvar del Río y Posadas entre fines del siglo XIX y comienzos
del XX.
En Pedro Abad, Villa del Río y Villafranca de Córdoba es difícil tropezar
con algo interesante que reseñar.
Más al Norte, la comarca de La Sierra presenta sus fondos documentales
eclesiásticos diezmados como consecuencia de la última guerra civil. Sólo
merece la pena citar a Obejo (centro que, dado su entorno, puede valorarse
como casi óptimo) y Villanueva del Rey (el problema estriba en que su se-
rie de entierros comienza en 1776) como localidades de relevancia. Espiel y
Montoro no permiten otro estudio que no sea ya del siglo XIX (Espiel a partir
de mediados y Montoro ya a fines de dicha centuria). Las restantes fichas
individuales no parecen manifestar interés digno de destacar (Adamuz, Hor-
nachuelos, Villaviciosa de Córdoba y Villaralto).
La comarca de Los Pedroches presenta la peculiaridad de ser la de mayor
extensión territorial y contar con un importante número de núcleos de pobla-
ción dispersos hoy anexionados a municipios mayores. De acuerdo con la
relación actualizada, Bélmez y Fuente Obejuna son los archivos de mayor in-
terés (documentación completa desde el siglo XVI), ocupando a continuación
un lugar de interés bastante inferior la aldea de Doña Rama (anejo de Bélmez)
y El Guijo (ya para fines de la centuria siguiente). En El Guijo las series de
bautismos y entierros comienzan en 1702. Pedroche bien podría situarse den-
tro de esta estructura al contar con dos de sus series, aunque en la de entierros
tan solo se conservan antecedentes aislados (desde 1601) al desaparecer casi
todos sus libros en 1936.
Alguna utilidad puede extraerse de la documentación de Alcaracejos (sus
matrimonios desde 1657), Hinojosa del Duque y Argallón (este último, anejo
de Fuente Obejuna, con series de bautismos y matrimonios de 1797 y 1723),
Ojuelos Altos (anejo de Fuente Obejuna) y Peñarroya, pero es preciso especi-
ficar que en alguno de ellos ni siquiera es posible llevar a cabo el estudio del
siglo XIX. Algunos otros protocolos para esta centuria, de exiguo interés, pue-
den encontrarse en Belalcázar, Peñarroya-Pueblonuevo, Añora, Dos Torres y
Villanueva del Duque.
Cañada del Gamo, Cardenchosa (ambos anejos de Fuente Obejuna), El
Viso, Villanueva de Córdoba y Valsequillo han perdido su documentación.