Identidades lavadas: El expolio arqueológico y su incidencia identitaria
Mirta Linero Baroni
Patronato Panamá Viejo, Departamento de Arqueología
[email protected]
A la fecha de este manuscrito se cumplieron 2 años desde que el mundo de los patrimonialistas se
asomó a una tragedia sin precedentes: un grupo armado, luego de un mes de secuestro y tortura, asesinaba
públicamente a un arqueólogo por negarse a revelar la ubicación de los bienes que custodiaba. A él, y a los
colegas que luchan diariamente contra el tráfico y en favor del estudio y la custodia responsables, va dedicada
esta reflexión.
Resumen
El Siglo XXI ha sorprendido a la humanidad y en especial a los patrimonialistas con una
modalidad de expolio a la herencia material de los pueblos, que poco envidia a las bandas
organizadas que trafican con estupefacientes, por ejemplo. Reflexionamos al respecto de la
pérdida de información histórica, cultural y social asociada al tema de los saqueos, las
implicaciones de ello y, principalmente, en las variables que pueden estar relacionadas con
la continuidad de estos actos.
Palabras clave: arqueología, expolio, identidad, cosificación, mercado.
Abstract
The 21st Century has surprised mankind and especially patrimonialists with a modality of
expoliation of the material inheritance of the towns, that little envy to the organized bands
that traffic with narcotics, for example. We reflect on the loss of historical, cultural and
social information associated with looting, the implications of this and, above all, on the
variables that may be related to the continuity of these acts.
Key words: archeology, expoliation, identity, cosification, market.
Situación
El 18 de agosto del año 2015, Jaled al Assad, encargado de la Dirección General de
Antigüedades y Museos de Siria, uno entre miles de profesionales que caracterizan a la
arqueología, y que se encuentran el extremo opuesto del “arqueólogo” hollywoodense,
además de convertirse en una nueva versión del héroe épico, hizo saltar las alarmas de la
sociedad civil y de las instituciones encargadas de la custodia del patrimonio arqueológico.
Ya no se trataba de sigilosas incursiones en un yacimiento descuidado por la noche
o poco vigilado durante el día. El robo, tráfico y comercio de antigüedades había alcanzado
la cúspide de la organización criminal, ejecutando operaciones estratégicas con
antecedentes claramente relacionados a las tácticas de quienes se enriquecen con
estupefacientes, por ejemplo.
Sin embargo, no solo es asunto de terrorismo saqueando un yacimiento
arqueológico a gran escala. Bibliotecas, archivos, monumentos antiguos o modernos, bienes
públicos, privados, todo pasa por el mismo tamiz de esta situación. Los daños a lo que cada
sociedad define como su patrimonio, incluyen a la fecha afectaciones de adolescentes con
una estilográfica como arma de ataque ante un libro, figuras públicas matando fauna por
entretenimiento, turistas ocasionales con un cincel, buscadores de monedas con detectores
de metales, artistas urbanos con pinturas en aerosol o humildes campesinos con una azada e
hijos que mantener, entre muchos otros ejemplos.
Con demasiada frecuencia se descubren y reportan nuevos daños al patrimonio en
sentido amplio. Para algunos analistas se trata de falta de educación o concientización; para
otros se trata de los efectos de la globalización y la pérdida de identidad. Visto desde fuera,
en líneas generales, se observan tres grandes tendencias: 1) la motivación emocional de
quien busca “dejar su huella”; 2) la motivación personal de quien necesita beneficiarse
económicamente de la venta de patrimonio (tanto natural como cultural); y 3) la motivación
de bandas delictivas organizadas que buscan el enriquecimiento ilícito a través del tráfico y
comercio de dichos bienes. En este ensayo me referiré a las variables 2 y 3 arriba
enunciadas, haciendo énfasis en los elementos que las agrupan y -posiblemente- las
impulsan.
Patrimonio
El patrimonio de un grupo social, en sentido extenso, incluye el ámbito natural
(flora, fauna, formaciones excepcionales y entornos manipulados culturalmente de alguna
forma) y el cultural, que abarca los ejes sincrónico y diacrónico, e incluye lo tangible y lo
intangible o inmaterial). Todos estos son reconocidos a través de las Convenciones
internacionales1 y diferentes herramientas legales en cada país.
En cada caso, y como parte de los protocolos para las respectivas declaratorias, cada
nación debe realizar, mantener y actualizar un inventario pormenorizado de los bienes
patrimoniales declarados o por declarar, así como sus entornos o contextos. Los inventarios
se utilizan para que la administración pública y las dependencias a cargo puedan organizar,
catalogar, clasificar, mantener, estudiar y divulgar sus bienes patrimoniales.
En caso de problemas, especialmente las situaciones de tráfico ilícito de bienes
patrimoniales o saqueo de sitios y repositorios, son estos inventarios los que proporcionan
el soporte a los expedientes de denuncia que se presentan a nivel nacional e internacional y
permiten la correcta identificación de los objetos o la evaluación del alcance de los daños
que fuesen ocasionados a los contextos.
Los inventarios pormenorizados y la vigilancia permanente son dos de las barreras
principales ante el saqueo, el tráfico o la afectación a los bienes de cada país, en particular
si se publican, ya que hacen más difícil la sustracción ilegal y facilitan el reconocimiento
por parte de las autoridades.
Sin embargo, más allá de la precaución y la sistematización de los datos, la amenaza
constante contra el patrimonio, en términos generales, está relacionada, como enumeraba
atrás, con distintas motivaciones que conllevan a que las personas asuman el reto de
enfrentarse a los marcos legales y regulatorios. El mercado negro de bienes patrimoniales
existe debido a que hay personas dispuestas a pagar grandes cantidades de dinero con tal de
poseer una u otra pieza.
1
Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural. Conferencia General de la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en su 17a, reunión celebrada
en París del 17 de octubre al 21 de noviembre de 1972.
Desde el Renacimiento, cuando se redescubrieron los valores de las producciones
artísticas de tiempos remotos, inició la práctica de buscar, extraer y mudar bienes
arqueológicos con el argumento de estar recuperándolos o protegiéndolos. El resultado
implicó el movimiento masivo de piezas de un lugar a otro, separándolas del conjunto de
elementos que les daban sentido histórico, social y cultural, e impulsando la tendencia que
aún hoy aprovechan los vendedores de antigüedades para lucrar a costa de la pérdida del
hilo histórico que dio pie a la elaboración de cada elemento sustraído.
La cosificación (Mejía y Mápura 2009; ) de la actividad humana, del producto
cultural, implica, desde el mismo momento en que un elemento es sustraído de su entorno,
vendido y almacenado para satisfacer intereses privados: 1) la pérdida irreversible del
sentido real del elemento sustraído -al perder su relación con el contexto-, y 2) la
consecuente conversión del hecho socio-cultural de un colectivo en hecho artefactual sujeto
a convertirse en pertenencia de 1 individuo tergiversando el poder de representatividad y
comunicación de la producción cultural.
Es decir, la sustracción de una pieza, objeto o artefacto conlleva a romper el hilo
sincrónico y diacrónico de la herencia social; la representatividad de la producción tangible
como resultado de las ideas de un grupo de personas en un momento determinado de su
historia, proveniente de un pasado y agente en la progresión futura. El saqueo o destrucción
de contextos arqueológicos supone la pérdida de los enlaces que permiten acceder a
significado y significante.
Para los arqueólogos, encargados de recuperar de forma científica y sistemática las
huellas del pasado humano, para luego entender y transmitir a las generaciones presentes
los resultados de dichos análisis, la pérdida de evidencias es siempre desastrosa ya que
implica la mutilación de un discurso ya de por sí parcial e inconexo a causa de la ausencia
de las personas que los dejaron atrás.
Esto nos lleva a la paradoja que nuestra profesión debe enfrentar de forma
permanente: siendo solamente los interlocutores de discursos pasados, el patrimonio con el
cual trabajamos debe quedar a disposición de las personas; a la vez, siendo los custodios y
responsables de dichos bienes ante el resto de la sociedad, en nuestras previsiones recae la
responsabilidad de garantizar su cuidado y preservación.
Identidad y manejo público
Como mencionaba más atrás, el patrimonio cultural (así como el natural) forma
parte de las columnas de la identidad de un grupo, especialmente en cuanto al discurso
histórico inherente a su realidad presente.
Como ideas, propuestas, ensayos y errores, mejoras y adaptaciones progresivas para
resolver las necesidades de la vida humana, los bienes patrimoniales tangibles componen la
herencia que propició la permanencia de una sociedad a largo plazo; por lo tanto, stricto
sensu, propiedad de todos y de derecho comunitario. Los profesionales que trabajamos en
el ámbito debemos tener siempre en mente que la idea central y el objetivo final de nuestros
esfuerzos debe orientarse hacia la puesta en valor y masificación del conocimiento.
El concepto de manejo público (o uso público) ha tomado fuerza en las últimas
décadas, partiendo de la idea de que todos y cada uno tenemos el derecho de acceder a
nuestras raíces, manteniendo así el arraigo a nuestro pasado. Yacimientos, colecciones,
repositorios, deben ser abiertos a la sociedad.
Sin embargo, la accesibilidad o disponibilidad de la información implica muchas
veces la aparición de riesgos de diferentes tipos: contaminación de muestras, deterioro de
condiciones laborales, seguridad para los visitantes a un sitio en obras, e inclusive, la
custodia de las evidencias. Al abrir los yacimientos, al explicar la metodología de trabajo,
al masificar el conocimiento de los inventarios de colección, a la vez enseñamos al sediento
de conocimiento y alimentamos la codicia del coleccionista.
En los últimos tiempos es común escuchar el concepto de la arqueología pública2
como forma de conciliar parte de las necesidades y demandas de la sociedad con los
objetivos divulgativos de los proyectos arqueológicos, pero… ¿qué tanto estamos
resolviendo con esta modalidad? En ocasiones vemos que recibir visitas a un yacimiento
arqueológico en proceso de excavación deriva en capacidad de carga excedida, dificultades
para que el arqueólogo atienda correctamente su trabajo –que de detalles se precia-, se
2
Salerno, Virginia. “Arqueología Pública: Reflexiones Sobre la Construcción de un Objeto de Estudio”.
Revista Chilena de Antropología. No. 27, 1er Semestre, 2013: 7-37; Vieira de Carvalho, Aline; Abreu Funari,
Pedro Paulo. “Arqueologia e patrimonio no século XXI: as perspectivas abertas pela arqueologia pública” III
encontro de História da Arte – IFCH / UNICAMP 2007: 133-140.
transmite fundamentalmente información preliminar y datos sin procesar, se remplaza la
figura de investigador por la de guía de turismo arqueológico; sin mencionar la oportunidad
abierta a la destrucción, daño o robo a un yacimiento en estudio.
Otras profesiones, como la química, la antropología forense o la abogacía, por
ejemplo, conocen y manejan el concepto de la ruta crítica, que impone la confidencialidad
para proteger el núcleo de una investigación o de un expediente. Sin embargo, nuestro
quehacer se ha visto impulsado a hacer lo opuesto y a abrir puertas de forma a veces
cándida y confiada, bajo la premisa de que estamos ofreciendo a la sociedad la mayor
cantidad de información posible.
Cabe entonces continuar con las preguntas: ¿realmente estamos beneficiando a la
comunidad con esa política de actuación?, ¿estamos apostando a que un puñado de datos
sin procesar remplacen la masificación de la divulgación de los resultados que debemos
lograr después de terminar el estudio?, ¿hasta qué punto es idóneo exponer la ruta crítica
de la investigación para ofrecer información de forma rápida?
No se trata de revivir la superada discusión al respecto de la democratización del
patrimonio o de la accesibilidad al patrimonio (cuestiones centrales en las reflexiones de las
últimas décadas del Siglo XX). Intento llamar la atención sobre las nuevas modalidades de
la democratización, sus beneficios reales y la posibilidad de que hayamos tomado rutas que
finalmente nos hayan acercado más al simplismo que a la simplificación de los procesos de
estudio, divulgación y custodia patrimonial.
En este sentido, también podríamos cuestionarnos la verdadera efectividad de
actividades –pseudo- formativas que han aumentado exponencialmente en los decenios
pasados, como el caso de los talleres de arqueología y que en muchos casos se desprenden
de la línea de “Investigación – Acción” que mucho ha impactado a la educación desde 1980
en adelante3. Generalmente dedicados a jóvenes y niños, se formulan como actividades
didácticas que persiguen enseñar cómo hacer arqueología; sin embargo, en la mayor parte
de los casos sólo transmiten el refuerzo a los cliché cinematográficos según los cuales los
3
Colmenares E., Ana Mercedes. “Investigación-acción participativa: una metodología integradora del
conocimiento y la acción Voces y Silencios”. Revista Latinoamericana de Educación, Vol. 3, No. 1, 2012:
102-115.
arqueólogos abrimos hoyos a primera vista, recuperamos piezas –no contextos ni ideas-, y
podemos explicarlo todo tan solo con mirar un artefacto, obviando gabinete, estudios
especiales, interdisciplinariedad, análisis y proposición de hipótesis…
Educación
Theodor Adorno se refería a la cosificación4 como una pérdida de la diferenciación,
causada por el vuelco de las diferencias hacia una única ventana de acceso al mundo: el
mercado. La cultura de masas, la globalización, la dilución de las barreras culturales y
lingüísticas, son todas variables de un mismo movimiento superestructural que tiende a la
similitud para facilitar la subyugación. Y en este panorama, las identidades, fuente de las
rebeldías, requieren ser lavadas.
“En el contexto multinacional, los individuos se relacionan primero… con el
universo de lo cultural, para, solamente después, tomar contacto propiamente con el
producto… es esa relación con la imagen lo que prende al sujeto en la tela del consumo…
la cosificación sirve como fuente privilegiada de lectura de lo cultural”5.
Estimular la apropiación de la cultura a través de los objetos que hicieron tangibles
sus significados y significantes conlleva, en resumen, al concepto distorsionado de que un
hecho social puede ser adquirido. Sólo la educación y la formación consciente; que parta de
la concepción de la intangibilidad del hecho social y -por consiguiente- de la imposibilidad
de cosificarlo o de convertirlo en fetiche; podrá servir como cuña que separe las ideas de la
influencia del mercado.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que la mercantilización de la cultura
continuará presente en la medida en que el lucro esté involucrado en la ecuación. La simple
existencia de un sistema económico que premie la acumulación y se alimente de la
desigualdad en el acceso a los recursos –desde los más esenciales hasta los suntuarios-
4
Adorno, Theodor. Minima Moralia. Reflexiones desde la vida dañada. Caracas, Monte Ávila Editores, 1975:
271; Mejía Quintana, Oscar y Mápura Ramírez, Lina. “Alienación, ideología y cosificación: una mirada desde
las teorías críticas a la jurisprudencia colombiana”. Revista Pensamiento Jurídico, No. 24, 2009: 131-154;
Weissel, Marcelo. “Y la nave va… Arqueología pública en la ciudad”. Cuadernos del Instituto Nacional de
Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Series Especiales, Nº 2, vol. 3, 2015: 119-132.
5
Calegari, Lizandro Carlos. “Crítica sociológica frankfurtiana: fetichismo, cosificación y deshumanización en
O ovo apunhalado, de Caio Fernando Abreu”. ANTARES, Nº 6, vol. 3, julio-diciembre, 2011: 1-18
garantizará el terreno para el expolio y el tráfico, perpetuando así la pérdida del hilo
histórico, la debilidad identitaria de la población y volviendo al origen de la situación.
Reflexiones finales
Culpar a un grupo armado por dinamitar sitios arqueológicos enteros en busca de
tesoros que vender, sólo perpetúa la cortina de humo frente a los ojos de la sociedad, del
mismo modo que señalar al individuo que sustrajo un par de objetos para vender o al
comprador ocasional que se hizo con un souvenir especial. Sin un verdadero cambio a nivel
de la superestructura, no hay culpables, sólo consecuencias.
Desarrollar estrategias conminativas o punitivas, enfocadas en parar el tráfico o
rescatar los objetos, sólo significa agregar un escalón más en la misma estructura de
mercado sin por ello causar variación en el fin último: el lucro. Sólo, tal vez, aumenta el
valor de la mercancía, debido a los obstáculos que componen la ruta.
Para lograr un verdadero cambio a nivel social, se requiere una modificación
sustancial del sistema, el cual inicia con la transmisión de valores y conocimientos que no
estén anclados al objeto y se enfoquen en el sujeto. Requiere reforzar los otros
componentes de la plataforma de mercado, que permitan anular la necesidad de recurrir a la
comercialización de bienes suntuarios –expoliados- como forma de compensación ante la
falta de medios económicos, por ejemplo...