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Entrevista Elsa Contreras - Viaje Misionero

Este resumen describe la entrevista a Elsa Contreras, una misionera pionera que llevó el mensaje cristiano a la Patagonia Argentina y sur de Chile en la década de 1950. Elsa y su hermana Olinda viajaron desde Buenos Aires a Viedma, Río Negro en tren, y luego continuaron su viaje en camiones hacia el sur, confiando en la provisión de Dios. Su destino era Puerto San Julián, Santa Cruz, donde compartieron el evangelio casa por casa y experimentaron la protección y generosidad de Dios a través de las personas que encontr

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Entrevista Elsa Contreras - Viaje Misionero

Este resumen describe la entrevista a Elsa Contreras, una misionera pionera que llevó el mensaje cristiano a la Patagonia Argentina y sur de Chile en la década de 1950. Elsa y su hermana Olinda viajaron desde Buenos Aires a Viedma, Río Negro en tren, y luego continuaron su viaje en camiones hacia el sur, confiando en la provisión de Dios. Su destino era Puerto San Julián, Santa Cruz, donde compartieron el evangelio casa por casa y experimentaron la protección y generosidad de Dios a través de las personas que encontr

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Entrevista a Elsa Contreras, misionera de la llamada

“Cruzada a la Patagonia”

Transcripción escrita de una entrevista que nuestro pastor Carlos Cabrera le realizó en el
año 2001 a la misionera Elsa Contreras, pionera del Movimiento Cristiano y Misionero, quien
estando encendida por el fuego de Dios llevó con fervor y valentía el mensaje de Salvación de
Jesús, realizando de esta manera la obra misionera en la Patagonia Argentina y en el sur de
Chile junto con su hermana y otras jóvenes mencionadas, dando comienzos a las primeras
obras del Movimiento Cristiano y Misionero.
(En letras negras, se encuentran las palabras de nuestro pastor Carlos Cabrera, en letras rojas
las palabras de la misionera Elsa Contreras).

- Carlos Cabrera: ¿Cómo fueron aquellos inicios?, ¿cómo empezó todo?


- Elsa Contreras: Maravillosos, con la guía y la bendición de Dios.
- Carlos Cabrera: Hay una historia fascinante en cuanto al arrojo, valentía, fe, porque ustedes
eran dos mujeres que tuvieron que viajar aquel viaje llamado “Cruzada a la Patagonia”, ¿cómo
fue eso?, ¿desde dónde salieron?
- Elsa Contreras: Salimos desde Villa La Perla (Temperley), viajando a la capital. A principios de
enero de 1957 nos dirigimos en tren desde Plaza Constitución, hasta Viedma (Río Negro).
- Carlos Cabrera: Una vez que llegaron a Viedma, ¿Cómo fue el recorrido hacia adelante, es
decir, hacia el sur?
- Elsa Contreras: Luego de permanecer una semana en la ciudad de Viedma, donde junto al río
teníamos momentos muy especiales de lectura de la Palabra de Dios y de oración, nos
movilizamos en el pueblo testificando, llegando también hasta la cárcel y mirando a Dios por la
provisión. Nosotros contábamos con escasos recursos que nos permitieron llegar hasta Viedma.
Desde ahí en adelante contábamos con la provisión del Señor para la continuación del viaje.
- Carlos Cabrera: ¿El destino del viaje cuál sería?
- Elsa Contreras: Era Puerto San Julián, de la provincia de Santa Cruz
- Carlos Cabrera: Una distancia muy lejos, más en aquellos tiempos.
- Elsa Contreras: Una distancia enorme, en una ruta desolada, de puro pedregales,
completamente aislada, pero la mano de Dios se magnificó en la forma de la continuación del
viaje.

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- Carlos Cabrera: ¿Quién fue su compañera del viaje misionero?
- Elsa Contreras: Fue mi hermana Olinda, ella contaba con unos tres años más que yo, de
manera que juntas mirábamos al Señor, y fue de esa forma como Dios nos proveyó para
continuar el viaje, no más en tren, sino en camión.
- Carlos Cabrera: Ustedes estaban cumpliendo con los principios Bíblicos establecidos por
Jesús en el Evangelio, quién dijo que no lleven nada para el camino, ni dinero, etc. Así que
ustedes fueron en un viaje de fe, confiando en la provisión de Dios.
- Elsa Contreras: Exactamente, era una dependencia de la provisión de Dios tan grande, porque
pensamos que el Dios que nos estaba enviando a tierras desconocidas, saliendo de la provincia
de Buenos Aires, así como Él puso en nosotros ese deseo y esa fuerza para salir, teníamos fe
que Él iba a proveer. ¡Y Dios lo hizo así!
- Carlos Cabrera: ¿Cómo fue el viaje de Viedma hacia adelante, hacia el sur, rumbo al Puerto
San Julián, en la Patagonia, en qué se movilizaron?
- Elsa Contreras: Luego de estar una semana en Viedma, Río Negro, orábamos a Dios: “Señor,
¿cómo vamos a continuar el viaje?” Y sucedió una de esas cosas que Dios presenta
oportunamente, habían camiones que salían hacia Comodoro Rivadavia, Puerto San Julián, que
hacían una travesía. Entonces hablando con los choferes, ellos dijeron: “nosotros estamos para
salir dentro de pocos minutos, si ustedes se animan a viajar, nosotros vamos a salir en seguida,
pueden ir con nosotros”. Eran dos camiones, querían ubicarnos a una en cada camión, pero mi
hermana como mayor dijo “no, nosotras vamos las dos en un solo camión”, y ellos aceptaron,
de manera que el viaje comenzó y aquellos hombres no podían entender cómo dos señoritas
podían arriesgarse a salir y hacer un viaje a tierras desconocidas sin saber que nos iba a
deparar el futuro y ellos trataban de convencernos para que regresaramos a Buenos Aires y aún
trataban de amedrentarnos pensando que nos podía acontecer cualquier cosa triste.
- Carlos Cabrera: Me imagino, porque siendo dos mujeres haciendo dedo en la ruta, a los
camioneros, que sin duda como hombres del mundo y sin Dios, al ver dos señoritas como
ustedes, estarían con otros pensamientos, y eso hacía que corrieran riesgo o peligro. ¿Tuvieron
momentos difíciles en cuanto a pasarla mal en este aspecto?
- Elsa Contreras: La mano de Dios rodeandonos fue tan grande que en ningún momento se
produjo algo malo, ni siquiera se nos encimaron, nos respetaron. Dios puso en medio de esos
camioneros a un muchacho joven que tenía a su abuelita en Canadá, la cual era creyente, él
tenía en su corazón una reserva, seguramente el consejo y las instrucciones de su abuela, que
le enseñó la Palabra de Dios. Se comportó como un hermano, y aún hizo entender a sus
compañeros que nosotras estábamos en una misión muy noble y que merecíamos el respeto de
todos.

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- Carlos Cabrera: La misión de ustedes era alcanzar vidas perdidas, como era el caso en aquel
tiempo, de quien hoy es su esposo, ahora transformado por Dios. La meta era entonces llevar el
Evangelio transformador, creyendo que tiene el poder de cambiar las vidas.
- Elsa Contreras: Exactamente, era tan grande lo que Dios había prendido en nuestros
corazones que no había otro pensamiento sino trabajar para el Señor, hablarle a la gente,
aprovechar todas las oportunidades, y la verdad que la gente fue muy receptiva en cada lugar,
tanto que nos asombraba, nadie nos dejaba parar en la puerta, nos hacían pasar dentro, como
si nos hubieran conocido siempre.
Cuando nosotras llegamos a Puerto San Julián, que es el lugar que actuó como un cuartel,
donde nos reuníamos y nos movilizábamos, nuestra compañera que nos había animado y nos
había sido de mucha bendición a nosotros en cuanto a ese viaje, planeó un viaje a los pueblos
cercanos, en primer lugar nos dirigimos a Puerto Santa Cruz, un pueblo pequeño. La forma de
movernos era yendo primeramente a las autoridades, testificándoles, hablándoles del Señor, del
Plan de Salvación, y haciéndoles saber cuál era el propósito de nuestro visita en ese lugar, de
manera que cuando nosotras fuimos a la Policía y luego a la intendencia, tuvimos una sorpresa
tan grata, porque al identificarnos, de pronto descubrimos que el intendente había sido un
creyente que había seguido al Señor por años, pero luego de algunos cambios, traslados y
trabajos, al casarse se fue alejando de Dios, pero al oír nuestro testimonio, nuestro trabajo y de
cómo empezábamos (comenzando desde San Julián y sus alrededores y yendo hacia el Sur), él
quedó impactado y nos dijo que era maravillosa la decisión y la valentía nuestra, siendo que él
no había tenido la entereza de haber permanecido en el camino del Señor por haber escogido
mal en su vida, y nos animaba a nosotras a seguir.
Por fin, después de haber conversado con él, nos preguntó: “¿pero, ustedes cuántos días van a
estar aquí?”, a lo que respondimos “pensamos estar varios días para poder alcanzar,
testificando casa por casa, hablando de este mensaje poderoso del Evangelio”, “¿bueno, a
donde se hospedan?”, preguntó él. Y ahí vino la parte más hermosa donde nosotros vimos la
mano de Dios y su fidelidad, ya que al llegar a Santa Cruz buscamos que con los escasos
recursos que teníamos, poder pagar la pensión más económica, que por cierto no era de buena
reputación. Pero cuando el intendente nos escuchó decir que estábamos parando en esa
pensión, nos dijo que ese lugar no era digno para nosotras, a lo que respondimos: “confiamos
en que Dios nos va a llevar y proveer”, él replicó: “si a ustedes no les parece mal, de hoy en
adelante, ustedes van a ser mis invitadas de honor y se van a cambiar al Hotel de la ciudad
donde yo estoy hospedado, y allí ustedes sin preocupación van a usar los días necesarios para
que hagan su labor”.
De manera que nos llevó a ese hotel en donde éramos atendidas como reinas, tanto para el
descanso como la comida, y luego, por las noches cuando habíamos terminado el trabajo nos
reuníamos en una habitación, cantábamos y orábamos al Señor, y ese hombre tuvo una
visitación de Dios, no sabemos qué sucedió, pero mientras que nosotros estuvimos allí él pudo

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demostrarnos su interés y su alegría al saber nuestro trabajo, y nos dio dinero para continuar
viajando en avión.
El trabajo se desarrollaba de una manera sencilla, pero nosotras sentíamos un fuego en el
corazón y a veces debajo del árbol o a la puerta de la calle nos poníamos y abríamos una
lección ilustrada de escuela dominical y de pronto estábamos rodeados de niños. En una
ocasión, mientras estábamos en una puerta hablando del Señor, sale un hombre y dijo “¿por
qué están en la calle?, yo les invito a pasar a mi casa”, y resultó ser un hombre que estuvo muy
cerca de llegar a ser un sacerdote católico, entonces al abrirnos las puertas de su casa,
entraron los niños y hablamos del Señor.
Experiencias como esas, llegando a cada caso, fueron maravillosas.
Luego de eso, estuvimos quince días en la provincia de Santa Cruz, nos dirigimos a la ciudad
siguiente, llamada “Piedrabuena”. Era un lugar muy pequeño, contaba con una calle principal
junto al río. Luego de orar y encomendarnos en las manos del Señor, fuimos a la Policía, y a la
Intendencia. Dios nos había bendecido en el encuentro con el intendente en Santa Cruz, “claro”,
pensamos, “Dios nos bendijo así, vamos a ver qué se presenta aquí”, pero de pronto
encontramos que el intendente de la ciudad de Piedrabuena era un hombre sumamente
necesitado, estaba deprimido, tenía a su esposa en una condición casi fuera de sí, estaba tan
necesitado que le entregamos el mensaje del Señor, seguramente habrá dado resultado,
nosotros no le vimos más, pero comenzamos así a testificar, y partiendo desde una punta de la
ciudad encontramos a una mujer en una situación económica muy humilde, muy precaria, luego
de hablarle del Señor, se interesó y dijo “¿ustedes van a estar muchos días?”, “si, nosotros
pensamos usar varios días para hablarle a la gente del Señor, del amor de Dios”, respondimos.
“¿Y dónde se hospedan?”, nos preguntó, “nosotros venimos confiadas que Dios nos va a
proveer el lugar, no contamos con recursos, no estamos en una pensión determinada”,
entonces ella nos mira y dice, “si ustedes no se ofenden y se dignan a entrar en mi casa y
hospedarse aquí, como ustedes ven, no tengo mucho, pero les ofrezco lo que tengo”, y con esa
mujer en su casa estuvimos varios días mientras realizamos el trabajo.
Mientras testificamos tuvimos contactos muy buenos. La gente recibía y oía, era
verdaderamente una siembra esperanzada en que Dios iba a fecundar esa semilla que
estábamos sembrando.
Luego en otra ocasión posterior, Dios había obrado y había nuevos contactos, y esa mujer que
nos recibió con los brazos abiertos y nos dio posada en su casa, tuvimos la sorpresa de ver que
Dios la había prosperado, ella ahora tenía muebles, su casa había hermoseado, los recursos de
Dios se habían soltado por causa de haber abierto las puertas a las siervas del Señor, Dios
bendijo y prosperó su hogar.
- Carlos Cabrera: Se cumplió entonces lo que dijo Jesús en el evangelio, que cualquiera que
diera un vaso de agua a alguien que está predicando el mensaje de Dios, recibirá recompensa.
- Elsa Contreras: Por cierto, lo palpamos una y otra vez.

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- Carlos Cabrera: Maravilloso es este relato, de las experiencias vividas por la fe, confiadas en
la provisión de Dios, reiteramos esto: eran mujeres, no eran hombres, sino mujeres que se
lanzaron en una aventura hacia el sur de nuestro país, bien entradas en la Patagonia, llegando
al límite con Chile.
Después vamos a saber más de esta historia, de la obra también en el país vecino, donde ella
conoció a quien hoy es su esposo, pero tenemos en claro esto: que todo consistía en ver vidas
transformadas, ver vidas alcanzadas por el poder de Dios y sacadas de las mismas tinieblas del
mal, a la luz bendita de Jesús.
¿Podría mencionar algunos otros nombres de los integrantes del equipo de los que fueron a la
Patagonia en aquel tiempo?
- Elsa Contreras: A nosotras nos antecedió un grupo que vino primero y se instaló en Puerto
San Julián. Cuando nosotras llegamos en enero de 1957, había tres compañeras trabajando ya
en esa zona, atendiendo cultos con gente convertida, mientras que más al sur, en Rio Gallegos,
había también un matrimonio.
- Carlos Cabrera: ¿Recuerda sus nombres?
- Elsa Contreras: Sí, en Puerto San Julián se encontraba la hermana Sara Anderson, quien
hacía de “punta” en esta ocasión, también estaban las hermanas Elsa Ortiz y Catalina
Laguardia. Y en Río Gallegos se encontraba el hermano Rubén Ortiz, quien hoy ya está en la
presencia del Señor junto con su esposa y su hijo.
- Carlos Cabrera: ¡Qué nombres! Para los que conocemos un poco de la historia del evangelio
en nuestro país, realmente nos conmueve escucharlos así.
- Elsa Contreras: En puerto deseado, un lugar también de la provincia de Santa Cruz en la
costa, estuvo un matrimonio, a donde más tarde nosotros fuimos a tomar la obra, en un local
edificado sobre las mismas piedras, en la ciudad de Puerto Deseado. También había una
anciana que había brindado su casa, a donde nosotros fuimos para tomar los cultos allí, tuvimos
experiencias muy preciosas, tanto en el trabajo de evangelizar, como también en el trabajo y el
cuidado del Señor. Nosotros contábamos con un dormitorio, una cocina, y el saloncito de culto,
al principio no teníamos muchas cosas, ni la vestimenta adecuada debido al frío existente por la
nieve del invierno, pero allí vimos cómo Dios tenía cuidado de nosotros, las primeras semanas
debíamos dormir solo con las frazadas, no había sabanas hasta que Dios nos proveyó, así
mismo la comida muchas veces estábamos con una papita, una cebollita, ni siquiera una olla,
pero vimos cómo una y otra vez golpeaban a la puerta y traían la comida en una fuente
preparada, otras veces nos llevaban a sus hogares para invitarnos a comer, Dios nos cuidaba
en todas maneras.
- Carlos Cabrera: El obrero es digno de su salario, dijo Jesús.
- Elsa Contreras: ¡Amén, amén! Así realmente lo experimentamos.

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- Carlos Cabrera: Estaban viviendo los escritos Bíblicos, porque Jesús dijo que en cualquier
casa donde entren, coman lo que les pongan delante, sanen a los enfermos, digan paz a esta
casa, y que el Reino de los Cielos sea establecido.
- Elsa Contreras: Era muy lindo ver de repente la obra del Señor entre los niños, entre jóvenes,
vidas que se convertían, algunos esclavizados en el vicio, en el alcohol, viendo como la mano
del Señor los rodeaba, algunos hogares destruidos, sumidos en pobreza, y ver luego la
bendición de Dios.
- Carlos Cabrera: Pensar que en esos lugares en que ustedes recorrieron cuando no había
nada, hoy existen iglesias establecidas en algunos casos como el de Río Gallegos, una iglesia
enormemente grande.
- Elsa Contreras: Es asombroso viajar hoy día y ver que en todos los lugares de la costa, en el
interior, en la precordillera, hay templos. Hay un Pueblo del Señor que alaba y que bendice al
Señor, la obra se ha extendido en proporciones asombrosas.
- Carlos Cabrera: ¿Ya existía el Movimiento Cristiano y Misionero como denominación?, ¿O
estaba recién en los preparativos?
- Elsa Contreras: En realidad, Dios nos había tomado de diferentes lugares con la experiencia
gloriosa de Salvación, de un llamamiento.
- Carlos Cabrera: O sea que para ustedes en ese tiempo no existía la organización, o
denominación.
- Elsa Contreras: No, algunos nos preguntaban: “¿bueno y ustedes a qué iglesia pertenecen?”,
a lo que respondíamos: “nosotros somos de Cristo, somos la iglesia evangélica, estamos
predicando el evangelio”.
No había un nombre para presentar, para identificarnos, solo era el testimonio viviente de
quienes tenían una experiencia con Dios y estábamos compartiendo el mensaje de evangelio.
- Carlos Cabrera: O sea que nosotros en esta oportunidad estamos hablando acerca de un
tiempo cuando todavía no existía la denominación como Movimiento Cristiano y Misionero, que
fue después la necesidad de organizarla, pero en aquel tiempo era puro fuego de Dios, amor a
las almas, llevar el mensaje del evangelio.
- Elsa Contreras: Exactamente, exactamente.
- Carlos Cabrera: ¿Recuerda otros de los nombres de quienes estaban uniéndose al grupo que
después iban a formar el Movimiento Cristiano y Misionero?
- Elsa Contreras: Dios fue añadiendo algunas personas de los lugares, por ejemplo, de Puerto
Deseado, cuando nosotras hicimos un viaje a Río Gallegos, con mira de entrar a Chile, dos
jóvenes fueron añadidas al grupo, de Santa Cruz, del lugar de Puerto Deseado, que con un

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ardor en sus corazones manifestaron su deseo de servir a Dios. Dios las había incentivado, así
que se unieron al grupo. Sus nombres eran Dolores Vera, y Orieta Miranda.
- Carlos Cabrera: ¿Ya estaba Amelia Cejas, hoy de Busatto?
- Elsa Contreras: La hermana Amelia Cejas llegó a la Patagonia en el año 1958, al año
siguiente a nosotras.
- Carlos Cabrera: ¿Otros nombres, por ejemplo, Celsio Contreras, Hugo Contreras, Samuel
Sórensen, qué era de ellos en ese tiempo?
- Elsa Contreras: El primer año que nosotras fuimos fue algo muy maravilloso porque
estábamos viajando, como dije anteriormente, nosotras dos como hermanas, y habían orado
por nosotros los hermanos Celsio Contreras, pastor en la Villa La Perla (Temperley), nos había
encomendado al Señor. Nosotras salimos de allí, y ellos estaban para hacer el viaje a La
Patagonia también. Cuando nosotras viajamos en camión y llegamos hasta Comodoro
Rivadavia, fue asombroso encontrarnos con ellos que venían viajando en colectivo, ellos se
dirigían a la ciudad de Punta Arenas, en Chile, por lo cual, cuando nosotras llegamos a San
Julián como lugar de destino, ellos continuaron el viaje para Río Gallegos y de allí pasaron a
Punta Arenas (Chile).
- Carlos Cabrera: Estamos hablando de nuestros pastores, el hermano Celsio y su esposa
Margarita, la canadiense, recién casados.
- Elsa Contreras: Recién casados, así es, y Dios hizo con ellos una obra muy grande, muy
precisa. Con el tiempo fue viniendo el hermano Samuel Sórensen, él tiene un lugar primordial
en la obra del Movimiento Cristiano y Misionero. Samuel viajó con otros pastores, como el
hermano Hugo Contreras, hermano nuestro de sangre, el cual fue el primero en viajar junto con
el hermano Donald Spyer, un misionero norteamericano, ellos nos habían antecedido en el año
1956, habían entrado a la Patagonia, y los lugares que nosotros pisamos ya los habían pisado
ellos primero, explorando la tierra de la Patagonia.
- Carlos Cabrera: Fue un llamado a la Patagonia, fue como que la mirada de Dios estaba puesta
en la Patagonia, ¿no?
- Elsa Contreras: Exclusivamente, maravilloso.
- Carlos Cabrera: No por algo está todo lo que hoy existe allí, ¿no?, en cuanto a obras tan
grandes como la de Comodoro Rivadavia, y otras hermosas congregaciones.
- Elsa Contreras: Claro, claro, numerosas.
- Carlos Cabrera: Tremendo, ya vamos llegando a la parte cuando ustedes fueron a donde
están hoy, Puerto Natales.
- Elsa Contreras: Bien, en el mes de septiembre del año 1957, estando nosotras establecidas
temporalmente en Puerto Deseado y también viajando un poco en San Julián, nos dispusimos

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todo un grupo a viajar a Río Gallegos con la mira de entrar a Chile. Fue así que todo el grupo y
el pastor mencionado antes, que era el evangelista en el grupo, el hermano Rubén Ortiz,
viajamos a la ciudad de Punta Arenas, en Chile, donde estuvimos por espacio de una semana.
Fue una especie de campaña pero en una iglesia que se nos abrió, y Dios hizo maravillas y
despertó muchos corazones, vimos la mano del Señor, el ejército de salvación se abrió para
hospedarnos siendo muy cálidos y Dios estaba obrando hasta que alguien apareció en aquella
campaña pidiendo que por favor pasamos a visitar Puerto Natales la cual se encontraba muy
necesitado y había escasez del evangelio, de manera que allí en Punta Arenas, luego de esos
días de cultos especiales, si o si nos debimos separar, cosa que a mí personalmente me costó
mucho separarme de la hermana Olinda. Por lo cual regresamos tres personas a Río Gallegos y
el resto del grupo viajaron aproximadamente 254 km con el evangelista a la ciudad de Puerto
Natales. Desconocíamos lo que Dios iba a hacer en ese lugar, y en un teatro viejo se desarrolló
una campaña exitosa, maravillosa: Dios usó a este hombre, el hermano Ortiz, de tal manera
que había gente que estaba agonizando, a punto de morir, Dios les sanó, Dios salvó, transformó
vidas, y salvó aún entre ellos a un niño, que hoy ya es un hombre de Dios en la ciudad de Rio
Gallegos, el pastor Bolívar Santo que en aquel entonces era solo un niño de 11 años. Eso
revolucionó toda la ciudad, y hubo una cosecha maravillosa de almas. Luego de eso, el
evangelista regresó y quedaron allí tres hermanas, entre ellas mi hermana Olinda junto con la
hermana Sara Anderson, pastoreando esa iglesia reciente donde se disponen a construir, a
traer la madera del bosque, y así edificaron un templo sencillo, donde tantas almas conocieron
al Señor. También se inicia un trabajo en la cárcel de la ciudad, Dios hizo maravillas, convierte
hombres, los transforma, algunos estaban sentenciados a una larga condena, Dios los libró y
los sacó a libertad con vidas transformadas.
La ciudad de Puerto Natales se caracterizaba por el vicio terrible del licor, pese a que habían
buenos trabajos y muchos dependían de las minas “El Turbio” y ganaban un buen salario,
hogares enteros derrochaban ese dinero en la taberna, pero Dios comenzó a obrar, comenzó a
transformar vidas, a salvar, de manera que el evangelio comenzaba a levantar vidas, y era un
testimonio conocido por todos los lugares.
La obra tomó fuerza, tomó madurez y comenzó a expandirse traspasando las fronteras
nuevamente a Río Turbios donde en aquel lugar de mineros, en su mayoría hombres, la
Palabra del Señor corría y era glorificada.
Para entonces ya había llegado la hermana Amelia Cejas que en compañía de la hermana
Olinda, valientemente entraba a esa zona carbonífera donde la gente miraba con ojos
maliciosos a dos mujeres predicando solas entre medio de muchos hombres. Muchas veces
entramos allí a lo que llamaban “colectivos” donde ellos estaban y dormían, con el objetivo de
hablar la Palabra del Señor.
Esos hombres se convirtieron con todo su ser al Señor, no había un lugar adentro donde ellos
pudieran orar. Estaban aprendiendo a hacerlo, de manera que salían a las afueras y para
arrodillarse utilizaban ladrillos sobre la nieve y allí el grupo de hombres clamaba.
Muchas veces la policía se acercó a ver que sucedía misteriosamente en esos grupos y

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quedaban espantados al ver que se oía solo un clamor y gemido de esa gente redimida,
cambiada, transformada, bautizada, llenos del Espíritu Santo, los cuales se transformaron
muchos de ellos en diaconos y colaboradores de la obra de Puerto Natales. Maravillosa la obra
del Señor.
Luego, mientras yo permanecía en San Julián y en Puerto Deseado, estando ya establecido
nuevamente el pastor Hugo Contreras y su familia en la ciudad de Puerto Deseado, de pronto
Dios comenzó a inquietar mi corazón: yo hice una previa visita en invierno a Puerto Natales y no
puedo decir que era entusiasmo, pero algo se prendió en mi corazón sobre aquella ciudad. Más
tarde Dios me da un texto que me invita a que estaría cerca de las montañas. Puerto Natales es
un pueblito pequeño pero está rodeado de mar y de montañas y en este texto que Dios me da
en mi corazón de los profetas menores en la Biblia, me da a entender que Él está reclamando
mi vida y mi tiempo para ir y apacentar a un rebaño en aquel lugar situado detrás de la
montaña. Unido a eso Dios me da otras escrituras que me indicaron que debía determinar una
cosa y que debe ser firme y que sobre mis caminos va a resplandecer luz, que Dios será mi
defensa, que yo voy a orar a Él y Él me va a oír y Él me va a proveer en abundancia todos mis
recursos.
Y eso comenzó a hacerse muy grande en mi corazón, por lo que decidí decirle a mi hermano
Hugo (el pastor de Puerto Deseado), que yo me voy a ir a Puerto Natales, que ese es mi lugar,
no sé cuánto tiempo, pero yo quiero ir.
De manera que por primera vez viajé en un bus desde Puerto Deseado hasta Río Gallegos, en
un viaje completamente nuevo para mí, ya había hecho el primer viaje por avión, otra cosa que
era primera experiencia. Por lo cual, llegando a Río Gallegos como destino de aquel viaje por
mar, crucé la frontera y algo muy singular me sucede en la frontera: la hermana Sara Anderson,
una mujer de iniciativa, de fé, me había regalado un acordeón, yo tenía muy poquito
conocimiento de la música, y comencé a tratar de practicar y sacar los cánticos, así que ya para
ese entonces algo podía hacer con el acordeón y lo llevaba conmigo. Entonces en la frontera
los gendarmes me preguntaron “señora, ¿qué es lo que tiene ahí?”, entonces yo dije “es un
acordeón”, y me dicen “¿usted sabe tocar el acordeón?”, y yo digo “claro, ¿quiere que le haga
una demostración?”, y saqué aquel acordeón del estuche y comencé a tocar uno de aquellos
coros que llenaban todos los lugares del Señor en aquellos tiempos. Luego de tocar esa
canción y cantar algo, me dijeron “está bien, está bien, guarde el acordeón”, así que pasé a
Puerto Natales en donde me quedé un tiempo largo y comencé a servir al Señor en ese nuevo
lugar, sentía que Dios estaba haciendo algo en mi corazón, pero no sabía cuánto tiempo estaría
allí.
En aquel período conocí a Pedro Ojeda, mi esposo. No tenía mucha referencia de su
testimonio, solamente una carta de mi hermana Olinda que había recibido estando en San
Julián. Me mostraba y me decía “cruzamos la península, la foto que tú ves, allí están los
convertidos” estaba el pastor Bolivar Santos, que hoy ocupa su lugar amplio en la ciudad de Río
Gallegos, para aquel entonces sólo era un niño de 12 años, él se había bautizado. El misionero
Donald Spiers también había bautizado a Pedro Ojeda, quien es hoy mi esposo, y a otros

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pastores, como el pastor Rodomiro Velazquez, a quien el Señor había tomado para su obra en
un llamamiento para ir a ocupar un lugar en la Isla de Chiloé (Chile). Y ella me señala con una
flecha: “ese hombre que está ahí, el que señaló, el es Pedro Ojeda, convertido y sacado del
pecado, Dios ha hecho una gran obra”. Más tarde le conocí en Río Gallegos, cuando teníamos
un encuentro, y esas cosas que Dios hace, en el año 1960, Dios nos une en matrimonio en Río
Gallegos.
Para ese entonces abandoné Puerto Natales, estando la hermana Amelia y la hermana Olinda
en ese lugar como pastoras y misioneras, en la ciudad de Río Gallegos contrajimos enlace.
Ese año fue de muchos eventos marcados en la historia. Se celebró la primera convención en el
sur, teniendo la visita grande, influyente, del pastor Samuel Sórensen, a quien tanto amábamos,
respetabamos y teníamos tantos ejemplos que tomar. También estaban el misionero Jorge
Vichi, el hermano Hugo Contreras, más otros visitantes que habían venido. Esa convención fue
célebre, porque las palabras que Dios pronunció proféticamente, que en ese entonces parecían
tan lejanas a llegar a ver un futuro próspero, bendecido, amplio tanto en los espiritual como en
lo material, hoy en día lo palpamos tal cual Dios lo predijo en aquel tiempo. De manera que en
uno de esos días, entre preparativos para una boda y primera convención, en una mañana muy
muy gloriosa, inolvidable, estando en oración vino el Espíritu de Dios y sobre aquel siervo
insigne, pastor Samuel Sórensen, Dios trajo el nombre que había de identificar a esta gran
familia allí en el sur, era abril del año 1960, el nombre “Movimiento Cristiano Misionero”.
- Carlos Cabrera: Vino como una palabra profética, una revelación de Dios.
- Elsa Contreras: Exactamente, y todos teníamos una paz que nos invadía, ese era el
testimonio.
- Carlos Cabrera: ¡Amén! Así se va a llamar, Movimiento Cristiano y Misionero!
- Elsa Contreras: Exactamente. De modo que pasadas todas estas cosas gloriosas, ahora
nosotros en un nuevo estado de vida, otra vez despegada del lado de Olinda, ya ahora con mi
esposo nos dirigimos a la ciudad de San Julián nuevamente y pastoreamos un año aquella
congregación. Para entonces yo ya estaba esperando mi primer hijo. Teníamos en nuestro
corazón la convicción de que no estaríamos más tiempo, Dios levantó allí en San Julián a un
hombre que colaboraba, un hombre que ya tenía entendimiento en la Palabra del Señor y él
quedó a cargo de la congregación.
Mi hijo nació en Bolívar, donde yo también nací, de modo que después de algunos días
viajamos hasta Chile, nuevamente a Puerto Natales porque se iba a celebrar la primera
convención. Grande fue la sorpresa cuando en el corazón de muchos comenzaron a percibir
que Dios tenía una labor definida para nosotros. Mi esposo tenía un anticipo ya acerca de la
obra pero no había dicho nada, yo tenía un gran susto porque para entonces la congregación
de Puerto Natales era una congregación crecida en número, también con testimonios muy
grandes y con cierta altura, de manera que eso me espantaba.
Para ese entonces se celebraba la inauguración de un local precario en la ciudad de Río Turbio,

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donde ya había también un número lindo de hermanos en la fé, así que esos días eran
decisivos y Dios confirmó que nosotros debíamos tomar la obra en Puerto Natales. Las
misioneras y pastoras, la hermana Olinda, la hermana Amelia (quienes estaban a cargo)
habrían de moverse a otros lugares, y con mucho temblor tomamos ese lugar sin saber por
cuánto tiempo, porque así es el camino y los propósitos del Señor. No estamos previendo con
tiempo cómo van a ser las cosas, siempre dando prioridad a la voluntad de Dios, la cual nos
bendijo y nos ha traído hasta el presente.
Los años han transcurrido, nosotros nos casamos en 1960, hoy estamos en el 2001, y durante
todos estos años han venido a nuestro camino experiencias variadas: algunos embates
demasiado fuertes como para intentar socavar nuestro cimiento, pero bendito sea el nombre del
Señor, que lo que es de Dios permanece, el fuego no se extinguió de nuestros corazones, la fé
y la visión de seguir predicando allí estuvo aún en la adversidad, han habido momentos gratos,
hermosos, momentos espirituales difíciles, conflictos, también en la salud, pero damos gracias a
Dios por una congregación que ha crecido en la experiencia de pastorear aquella iglesia, un
templo lo perdimos por la documentación, se construyó el segundo, el incendio lo arrasó, y
estamos en el tercero y Dios ha bendecido. De la ciudad de Puerto Natales han salido muchos
obreros para el servicio del Señor en diferentes lugares, y allí estamos con la mira puesta en el
Señor por lo que Él hará en la nación. Entendemos que nuestro tiempo en aquella ciudad, en
aquel país continúa, Dios nos ha unido, esa fé, esa dependencia, esa confianza en Dios
sustenta nuestros corazones y miramos al Señor, hemos visto en el ministerio de tantos años
testimonios poderosos de lo que Dios ha hecho y Él sigue obrando, por lo cual bendecimos a
Dios.
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A continuación adjuntamos la transcripción de un documento con los nombres que


corresponden a la historia del Movimiento Cristiano y Misionero desde sus comienzos en el
extremo sur de la Patagonia (Argentina), entrando al vecino país Chile.
Fue enviado por la hermana Elsa Contreras desde su residencia actual en Puerto Natales
(Chile).

Pioneros - Patagonia
- Fines 1956: Hugo Contreras - Donald Spiers
Seguido: Sara Anderson - Elsa Ortiz - Margarita Gimenez y otra joven. (Estas dos últimas
hermanas regresaron desde Viedma). Un grupo se adelantó a Comodoro Rivadavia pero de allí
regresaron.
- Enero 1957: Olinda y Elsa Contreras (desde Buenos Aires) llegan a Viedma - Río Negro (en
tren y luego en camión, hasta Comodoro Rivadavia con oportuna provisión en colectivo hacia
San Julián. Al abordarlo tienen un feliz encuentro con Margarita y Celsio Contreras (quienes se

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dirigen a Punta Arenas - Chile). Olinda y Elsa quedaron en San Julián, teniendo un emotivo
encuentro con Sara Anderson, Elsa Ortiz y Catalina La Guardia. Rubén Ortiz (evangelista,
esposa e hijo ya en Río Gallegos). Pasó el invierno y en septiembre cruzamos la frontera,
llegando a Punta Arenas. (Matrimonio Contreras ya había regresado). Luego de una campaña
allí, tres de nosotros volvimos a Río Gallegos, el resto entró a Puerto Natales. Olinda y Sara
Anderson se quedaron allí, el resto regresó. Luego viajaron a Río Gallegos, Amelia Cejas quien
fue compañera junto con Olinda por un buen tiempo.
Sara Anderson se trasladó a Corrientes, en donde ya habían surgido tres nuevas obreras.
- Año 1960: Primera Convención Patagónica en familia. MCyM con la presencia de Hno.
Samuel Sórensen, Jorge Veach, Hugo Contreras. Más tarde llega hermano Roberto Alonso de
Pocitos (Salta).

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