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Cánones 589-592. Normas Comunes A Todos Los Institutos de Vida Religiosa

Este documento describe las normas comunes que rigen todos los institutos de vida religiosa según el derecho canónico. Explica que un instituto puede ser de derecho pontificio o de derecho diocesano, dependiendo de si fue erigido o aprobado por la Santa Sede o por un obispo diocesano. También establece que todos los miembros de los institutos están obligados a obedecer al Papa como su superior supremo, y que la Santa Sede puede eximir a ciertos institutos de la jurisdicción de los ordinarios locales para someterlos direct

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Cánones 589-592. Normas Comunes A Todos Los Institutos de Vida Religiosa

Este documento describe las normas comunes que rigen todos los institutos de vida religiosa según el derecho canónico. Explica que un instituto puede ser de derecho pontificio o de derecho diocesano, dependiendo de si fue erigido o aprobado por la Santa Sede o por un obispo diocesano. También establece que todos los miembros de los institutos están obligados a obedecer al Papa como su superior supremo, y que la Santa Sede puede eximir a ciertos institutos de la jurisdicción de los ordinarios locales para someterlos direct

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Derecho Canónico Especial sesión 1

Aporte
Angel Díaz Rosas 1 de enero del 2023

Normas comunes a todos los institutos de vida religiosa 589-92

589 Un instituto de vida consagrada se llama de derecho pontificio cuando ha sido


erigido por la Sede Apostólica o aprobado por ésta mediante decreto formal; y de
derecho diocesano, cuando, habiendo sido erigido por un Obispo diocesano, no ha
recibido el decreto de aprobación por parte de la Sede Apostólica.

Son de derecho pontificio si han sido erigidos o aprobados con decreto formal de la Santa Sede y,
protegida su justa autonomía de vida, están sujetos de modo exclusivo e inmediato a la Santa Sede,
y de derecho diocesano, si erigidos por el obispo diocesano no han obtenido aún el decreto de
aprobación de la Santa Sede y, respetada su justa autonomía de vida, permanecen bajo el cuidado
especial de los obispos diocesanos.

Erección directa por parte de la Santa Sede: el reconocimiento del derecho de los obispos de erigir
institutos en su diócesis no priva a la Santa Sede de erigirlos también en cualquier lugar; como
derecho lo tienen aunque actualmente no sea ejercido.

Dos elementos definirán, en cambio, un instituto de derecho diocesano:

1. Haber sido erigido formalmente por un obispo mediante un decreto formal. La vida de un
instituto comienza con los contactos entre el fundador el obispo.
2. Que no haya sido aprobado por la Santa Sede; por lo general antes deben ser acompañados
por el obispo local.
Entre la aprobación definitiva y la aprobación del obispo existen algunos elementos

a. Nace una asociación de hecho y con el tiempo puede convertirse en una personalidad
jurídica
b. Cuando se crea pertinente, el obispo presentara un informe a la Santa Sede para su
aprobación.
c. Obtenida la licencia, el obispo procese a la erección del instituto
d. Cuando el instituto se extiende por varias diócesis, y cuenta con un numero considerable de
integrantes, puede formalizarse como instituto de derecho pontificio

Por último, es necesario subrayar que el carácter diocesano o pontificio no añade nada a la plenitud
de la vida consagrada profesada en el instituto. Una vez que la Iglesia reconoce la autenticidad del
Espíritu en el carisma propuesto por el fundador —a nivel diocesano o pontificio—, podemos
hablar de vida consagrada plena.
590 § 1. Los institutos de vida consagrada, precisamente por dedicarse de un modo
especial al servicio de Dios y de toda la Iglesia, se hallan sometidos por una razón
peculiar a la autoridad suprema de ésta.
- § 2. Cada uno de sus miembros está obligado a obedecer al Sumo Pontífice,
como a su Superior supremo, también en virtud del vínculo sagrado de
obediencia.

A partir de este canon, y hasta el c. 596, se establecen los criterios legales genéricos que rigen el
ejercicio de la potestad respecto a los IVC, aplicables también a las SVA por la remisi6n del c. 732.

En cada instituto opera un orden interno y un orden externo; existe, además, una potestad
(jerarquía) externa que incide sobre el orden o régimen interno, y una potestad o jerarquía externa
que solo se ejerce sobre el orden externo del instituto. Junto a esta potestad externa, está la potestad
o jerarquía interna que opera fundamentalmente en el orden interno, pero con reflejos canónicos en
el actuar externo de los religiosos súbditos. Esta potestad interna se manifiesta de doble manera:
personal y colegialmente, a través de los Superiores y de los capítulos.

A efectos prácticos hemos entendido que la autoridad suprema a la que están sometidos
directamente todos los consagrados es el Romano Pontífice. Así lo hace también expresamente el §
2 del canon que comentamos. Conviene aclarar, no obstante, que la autoridad suprema de la Iglesia
a que se refiere el § 1, no es solamente el Papa en su funci6n primacial, sino también el Colegio
Episcopal que, en unión con su cabeza y nunca sin esa cabeza, ostenta la potestad suprema y plena
sobre toda la Iglesia (c. 336) y, por tanto, sobre todos los institutos y sus miembros.

591 Para proveer mejor al bien de los institutos y a las necesidades del apostolado, el
Sumo Pontífice, en virtud de su primado sobre toda la Iglesia y en atención a la
utilidad común, puede eximir a los institutos de vida consagrada del régimen de los
Ordinarios del lugar, y someterlos exclusivamente a sí mismo o a otra autoridad
eclesiástica.
Junto a la autonomía del c. 586, reconocida a todos los institutos y de marcado carácter interno,
aunque con claros reflejos externos, el c. 591 sanciona el principio -antes llamado privilegio- de la
extensión canónica, en virtud de la cual los institutos que gozasen de ella quedarían sustraídos a la
jurisdicción de los Ordinarios del lugar, y sometidos exclusivamente al Romano Pontífice o a otra
autoridad eclesiástica.

592 § 1. Para fomentar mejor la comunión de los institutos con la Sede Apostólica,
todo Moderador supremo ha de enviar a ésta del modo y en el tiempo determinados
por ella un informe breve sobre la situación y la vida del instituto.
- § 2. Los Moderadores de cada instituto promuevan el conocimiento de los
documentos de la Santa Sede que afectan a los miembros que dependen de
ellos, y velen por su observancia.
Difícilmente puede vivirse plenamente la comunión eclesial, si no existen canales de comunicaci6n
entre los institutos y la Sede Apostólica. Para fomentar' y reforzar esa comunión, el c. 592 establece
dos medidas: la relación que periódicamente ha de enviar el Moderador supremo a la Santa Sede, y
el deber de todos los Moderadores de poner' en conocimiento de sus súbditos los documentos de la
Santa Sede que les afecten, así como de velar por su observancia. Analizamos por' separado ambas
medidas.

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