En diciembre de 1962 la Conferencia general dé la Unesco d
emprender un amplio plan de trabajo interdisciplinar!s para esfud
las grandes direcciones de la investigacién en las cifncias sociale
umanas; el propésito no es realizar un inventario ge los resuiv.os
obtenidos ni establecer el balance de Ia situacién agual_de-los distin-
tos campos disciplinarios, sino sefialar las Iineas de fuerza que apun-
tan hacia el futuro, esto es, «los caminos por los que pueden ir las
ciencias de mafiana». En la presentacién general, Rene Mahev, di-
rector general de la Unesco, seftala que varios factores —Ia iva
dad entre las diferentes disciplinas y puntos de vista epistemolégicos,
Ia diversidad de escuelas de pensamiento y de posturas ideolégicas
y culturales, y Ia complejidad y amplitud del dominio elegico— hicie-
ton necesario dividir el proyecto én vatias etapas y realizarlo de forma
escalonada, Samy Friedman expone las lineas maestras de este yolu-
‘men inicial dedicado a las TENDENCIAS DE LA INVESTIGA-
ION EN LAS CIENCIAS SOCIALES, las cuales tratan de extract
eyes generales y de lograr la formacién de un euerpo de verdades
acumulativas y universalmente vilidas; el dominio de las ciencias
hhumanas —en las que predominan los valores, las normas y los
fines— seré estudiado en tomos posteriores (halléndose ya en cutso
de traduccién, para st: publicacién en esta misma coleccién, el co-
rrespondiente a las ciencias entropol6gicas ¢ histéricas). Ademés del
capitulo dedicado a Psicologia, JEAN PIAGET ha escrito el trabajo
de introdnecién acerca de «La situacién de las ciencias del hombre
dentro del sistema de las ciencias» y un ensayo sobte problemas
generales de !e investigacién interdisciplinaria) PAUL F. LAZARS-
FELD sefiala los caminos por los que puede discussit en el futuro
a Sociologia, y W. J. M. MACKENZIE realiza lu misma labor res-
pecto a la Ciencia Politica. El fallecimiento de OSKAR LANGE hizo
preciso confiar a los profesores que le habfan ayudado en Ia tarea
--W. BRUSS, T. KOWALIK, I. SACH-~ la versién preparatoria del
capitulo dedicado a la Economfa, revisado y definitivamente clabo-
rado por la secretarla de la organizacién,
eer Alianza Editorial
Cabierta Daniel Gil /Fotogratia Kzancisco Ontafién
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la
y otros
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300.72
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socio
% Pail 3 i .
“Tendencias-de la investigacién
en las ciencias sociales438 Paul Lazarsfeld
Social Psychology™. Como miembro americano de un comité in-
teracional, me satisface comprobar que, a semejanza del Plan
Marshall, 1a psicologia social de orientacién sociolégica le haya
sido de alguna utilidad a Europa. Pero no hace falta set gaullista
ppara pensar que ya pas6 el tiempo de esto y para esperar vet apa-
ecer pronto grupos nacionales autSnomos trabajando cada uno a su
manera en Ia consecucién de fines comunes,
2 H, Tale, eSocil and Cull Factors in Perception, en The Handbo
of Social Psychology, tomo IL, op. cit. is eat
Capitulo 4
LA CIENCIA POLITICA
W. J. M. Mackenzie
I. Inrropucci6n
1. Origenes
En el capitulo I el profesor Lazarsfelil ha definido la sociologta
‘como una especie de superviviente y heredera de una disciplina muy
general, a partir de la cual se han ido formando diversas especia-
lizaciones.
Otro tanto cabria decir de la ciencia politica o politicologia. Los
primetos estudios serios realizados en Occidente, dedicados delibe-
tadamente a In vida politica, fueron hechos en Grecia a finales del
siglo v antes de J. C. y durante todo el siglo siguiente. Las Historias
de Heredoto y de Tucicides, algunos escritos cortos atribuidos a Jeno-
fonte y principlamente los estudios normativos y empfricos de Platén
y Aristételes figuran entre los antecedentes directos de Ia ciencia
politica contemporénea. La historia cultural de la China, de la India
y del Islam nos ofrece ejemplos parecidos. Parcce que en algunas
‘etapas del desarrollo de las grandes sociedades tienden a adquisir
una importancia primordial los problemas de legitimidad, de poder
yy de diteccién, y parece haberse dedicado un esfuerzo intelectual in-
tenso, haciendo uso de los mejores instrumentos de anilisis dispo-
nibles, al estudio del hombre desde el punto de vista de a ciencia
politica.
499440 W. J. M. Mackenaie
Es en este sentido en el que Aristételes hizo bien en ver en la
politica la <«ciencia més importante»! de su época y de su. propio
sistema filoséfico. Por otra parte, su «politica» cubria un dominio
mis amplio del que cubre la ciencia politica tal como la concebimos
hoy; puede ser que incluso Megara a designar con este término el
estudio global de todas las relaciones morales y sociales del hombre.
Entre los postulados en los que se apoya el estudio del hombre em.
prendido por Aristételes figura la conviccién de que el hombre es,
ante todo, un «animal politico»?, de que las relaciones econémicas y
politicas estin condicionadas por la polftica y de que su valor signi
ficativo (una vez alcanzado el nivel de subsistencia) se mide funda-
mentalmente por su influencia en la politica. Es este postulado el
que distingue la protopolitica (nombre con el que podrfan designarse
Jos trabajos de los precursores de Ja ciencia politica moderna) de la
protosociologia 0 de la protocconomfa, para las que el hombre es,
antes que nada, un animal social o un animal que produce y que
consume, Estas distintas concepciones del hombre se solapan y se
mezclan entre s{ dentro de nuestras sociedades, y Ia ciencia politica
hha consistido, en parte, en determinar y desentedar los hilos politicos
de una trama en Ia que hoy en dfa descubrimos una estructura com-
pleja, compuesta de elementos dependientes unos de ottos y en
constante evolucién,
2. Objetividad
La ciencia politica slo puede desarrollarse en unas condiciones
intelectuales y sociales determinadas; es preciso que se instituya la
préctica de debates apoyados en el andlisis y en la observacidn, y
que se admita que la solucién de algunos problemas polfticos depende
de Ia discusién més bien que de la tradicién 0 de una decisién auto-
ritaria. En este sentido, la ciencia politica depende de la sociedad
politica.
Pero, puesto que existe, debe respetar unas normas intelectuales
rigurosas, y en cuanto a su objetividad, no se plantea ningtin pro-
blema especial que la haga distinta de las otras ciencias, Todas las
£ Avistételes, Politics, 1282 b, 1.61, y Etica a Nicémaco, 1094 a, 11. 2629.
2 Arist6teles, Politica, 1253 a, 1.3. «Politica» no es ni’ mucho menios una
‘raduccién de Ja palabra xohicxd empleada por Atistételes. Por
‘otra parte, yo creo que el estudio del problema de la traduccién daria una
‘mayor amplitud y profundidad a ste argument, peto sin cambiatlo radi
calmente,
4. La ciencia polftica 4aL
disciplinas cientificas se desarrollan en el marco de Ia sociedad, la
cual, a su vez, saca provecho de sus descubrimientos. Lo que distin-
gue a la ciencia politica de las demas no son las condiciones de su
objetividad, sino 1a naturaleza de sus materiales. De Ia «protopoliti-
cca» se ha ido desprendiendo una serie de ramas, dentro de las cuales
¢ relativamente fécil adoptar critetios precisos de definicién y de
verificacién (como, por ejemplo, la demografia, Ia lingifstica, la
«ptaxeologia» 0 mictoeconomia, asi como también algunas ramas
de la psicologfa). La ciencia politica propiamente dicha queda redu-
ida al estudio de problemas que se prestan mal al empleo de méto-
dos cientificos rigurosos; por otra parte, Ia mayorfa de los politicé-
Jogos son perfectamente conscientes de lo precatio de su situacidn, Los
datos que utilizan son dificiles de conseguir y de intexpretat, sus
conclusiones no son independientes del marco en el que se realiza
la investigacién, y si son politicamente importantes, se recutriré a
cllas para incorporarlas mas tarde a la politica con Ia fuerza de reco-
‘mendaciones. El reconocimiento de este estado de cosas no es incom-
patible con el respeto escrupuloso de severas reglas metodolégicas;
¢s més, el método empleado no puede ser vélido hasta que se hayan
percibido claramente tales riesgos y se hayan tomado medidas para
evitarlos. Por eso no es de extraiiar que numerosos debates recientes
en torno a los limites de Ja racionalidad humana en politica hayan
sido disimulados bajo la forria de discusiones metodolégicas: la
cuestién «gqué prueba qué?» es una cuestién politica si se inserta
en un contexto politico.
TI. EL ALCANCE DE LA CIENCIA PoLitica
Es evidente que podemos determinar el dominio y el alcance de
la ciencia politica desde tres puntos de vista diferentes, a saber:
el tema, ef objetivo y los métodos, Estas tres categotias’ dependen
unas de otras y lo mejor es considerarlas como «dimensiones. La
observacién histérica —y tal vez también el anélisis— nos hace ver
que Ia ciencia politica es inseparable de la vida politica. En el mo-
mento presente, el mundo esté dividido y gobernado por formas de
Estado, ideologtas e intereses muy divetsos, No es de extrafiat en-
tonces que, en tanto que disciplina, a a ciencia politica le falte unidad
Sin embargo, parece estarse esbozando una «entidad politica» o un
sistema politico mundial (més bien que un «Estado» mundial), y tal
ver. Ia ciencia politica pueda llegar a la unidad por medio del estudio402 W. J. M. Mackenzie
de 1a politica mundial, como Ilegé a ella, en etapas anteriotes, estu-
diando la ciudad (=¢hts), el imperio o el Estado. De ahora en ade-
ante se puede reconocer (en una conferencia de la Asociacién
Internacional de Ciencia Politica, por ejemplo) que nos hemos acer-
ccado mucho a la universalidad por lo que se refiere a los conceptos,
los métodos y las discusiones; no obstante lo cual, la estructura de
Ia ciencia politica sigue acusando notables diferencias segiin el. pais
© Ja tradicién universitaria, Dichas diferencias pueden set, hasta
cierto punto, expresadas (ya que no medidas) en términos de las tres
dimensiones» 2 que antes hemos aludido: tem, objetivo y métedo
EI plan de este trabajo es considerar alternativamente cada una
de estas. dimensiones, analizando sus implicaciones e indicando los
puntos de controversia. Entonces estaremos en condiciones de pre-
cisar,en qué medida dependen unas de otras.
Para tetminar, daremos una lista lo més completa posible de los
principales temas de investigacién en curso, Pero la ciencia polttica
hha alcanzado tales proporciones que aqui s6lo podremos dar una
idea muy superficial de tales investigaciones. El objetivo que perse-
guimos es el de bosquejar un mapa, no el de precisar todos los detalles
del mismo.
A. EL TEMA DE ESTUDIO
1. El lugar de la definicion
Lo contiente es definir el objeto de estudio de una ciencia al final
y no al principio de las investigaciones a que da lugar. Sin embargo,
como lo que estamos haciendo es una exposicién concisa de las con.
lusiones de un estudio ya acabado, convendria empezar indicando el
alcance del mismo, que se habra procurado definir en tltimo término,
Dentro de Ia ciencia politica hay algunos autores que hacen esto y
cottos que no lo hacen; ademés, hay enormes divergencias entre las
definiciones propuestas por los primeros, Tomemos el ejemplo de dos
autores americanos que ejercen una enorme influencia: Parsons y
Easton’, El primero ve en la politica el aspecto instrumental de Ia
3 No es necesario volver a mencionar la obra de Parsons, pero sf conviene
referirse aqut al trabajo de Easton que més influencia ba ejercido, The Political
system, Nueva York, Knopf, 1953. Las cosas han cambiado mucho des-
4. La ciencia politica 4463
organizacién social (creacién intencional de estructuras sociales para
‘satisfacet una finalidad), mientras que el segundo define 1a polftica
como «la fijacién de valores por via autoritariay, Un marxista podria
‘aceptar la formulacién de Parsons tal cual; pero adopraria, acemés,
a concepcidn, difundida en el siglo xrx, segxin Ia cual la organizacién
politica tiene, cn definitiva, por objeto Ja aplicacién de una fuerza
coercitiva, y ‘s6lo concederfa al sector politico de la sociedad una
importancia minima, En su Introduction a ta politique (Parfs, Gal-
limard, 1964), el profesor Duverger propone una definicién de la
politica que guarda relacién con el marxismo, pero que va mas allé
de él: «El poder organizado, las instituciones de mando y de coac-
cién de cualquier comunidad.» Esta formulacién coincide, en parte,
‘con Ia definicién mds en boga en este momento en Inglaterra, la de
Oakeshott, segiin la cual la politica es el proceso que cuida de «la
disposicién general de una sociedad». Pero la definicién de Oakeshott
forma parte, ademés, de un complejo sistema de ideas que no podria
exponerse en forma’debida sin explicar que su contexto intelectual
cs una adaptacién sutil de la tradicin idealista.
Estos ejemplos bastan para hacernos ver que si tratamos de de-
finir la politica tendrfamos, o bien que aceptar el tomar postura desde
cl principio de la argumentacién, o bien que dejarnos evar a un
estudio general de Ja ciencia politica, normativa y descriptiva. Por
consiguiente, parece mis prudente adoptar la conclusién formulada
por MacIntyre a propésito de la étis
«Por esta tazén, no s6lo no tendria objeto, sino que incluso seria
peligroso empezar por una definicién que tratara de delimitar de
maneta precisa el campo de la investigacién» *
Estaremos sobre un terreno més firme al decir que las investige-
ciones sociol6gicas, hhistéricas y lingiifsticas hechas hasta hoy han
puesto de manifiesto que en todas las sociedades, excepto en las més
embrionatias, hay alguna concepcién de la politica y del gobierno, y
cen Ix mayoria de los casos, una especializacién, de roles. Pero ios
sistemas sociales y Ia terminologfa que les conviene son de lo més
variable, e incluso dentro de un lenguaje simple, se mantiene Ia
ambigiiedad. En inglés, por ejemplo, como las palabras «politics» y
«governement» tienen ‘acepciones diferentes en Ia lengua corriente,
es, sin duda alguna, indispensable agrupar los dos términos para
hhacerle captar a tun angléfono poco informado la naturaleza del do-
‘de 1953, y Easton no es ahora en modo alguno la vinica fuente de que dispone-
‘mos sobre el «lenguaje de los sistemas» en ciencia politica. De todos modos
sigue siendo el primero que nos abrié estas perspectivas,
+A. MacIntyre, A shor! History of Ethics, Londres, Routledge and Kegan
Paul, 1967, p. 444 W. J. M, Mackenzie
inio estudiado por los politicélogos. Es muy probable que no ocurra
‘exactamente lo mismo en las otras lenguas europeas, cada una de las
cuales corresponde a un aspecto particular de la tradicién politica
comtin a toda Europa. Es evidente que las diferencias se hardin mas
marcadas en el caso de que dejemos Europa pata estudiar otras tra-
diciones politicas, bien sea de grandes imperios o de pequefias socie-
dade tribales.
La ciencia politica no empieza, por tanto, con una definicién,
sino con un postulado metodolégico, segiin el cual todas las socie-
dades humanas presentan un aspecto que puede ser considerado como
politico. Tenemos la intuicién de que en todas las sociedades hay
estructuras relativas al parentesco, a la lengua y a las técnicas: pero
no es tan seguro que podamos distinguir en todas las sociedades un
aspecto politico. De ahi que podamos imaginar una sociedad apolitica.
Pero Ia reflexién pone en seguida de manifiesto que esta misma
imagen traduce una aspiracién politica,
2. La ciencia del Estado y Ia politica sin Estado
Al renunciar a Ta definicién, nos encontramos con que se plantea
una cuestién preliminar, independiente de cualquier definicién, res-
pecto al alcance de la ciencia politica. ‘Tal vez pueda formularse de la
siguiente manera:
La ciencia del Estado, Hasta hace sclativamente poco, la ciencia
politica, en tanto que disciplina universitaria, formaba parte inte-
ante de Ia tradicidn occidental, en materia de educacién y de go-
emo. Podemos seguir su desarrollo a través del estudio de las
ciudadesestados griegas (que los griegos consideraban opuestas al
‘mundo exterior compuesto de impetios y de tribus), del paso de Ia
Repablica romana al Imperio romano, de las aspiraciones al Imperio
«universal» y a la Iglesia «universal» caracteristicas de la Edad Me-
dia, de las ciudades del Renacimiento que alardeaban de set las here-
deras del mundo antiguo, de la apaticién de los Estados modernos y
del sistema de Estado moderno en tiempos de la Reforma. El tema
central de la ciencia politica occidental ha sido, desde este punto
de vista, la nocién de «estado», considerando que esta discutida pa-
Jabra designa en cada época la institucién que aspiraba a la supre-
macla jurfdica y politica. La palabra que primero se nos ocurte para
describir este tipo de ciencia politica es Staatwissenschaft, cuyo equi-
valente espaiiol seria ciencia del Estado, Esta reptesenta una ciencia
histérica de objetivos limitados, en cuanto que trata solamente de
instituciones politicas que pretenden representar un sistema completo
4. La ciencia politica 445
y definitivo dentro de un territorio dado, y, en esta medida, esté
vinculada al estudio de Jas culturas.
Sin embargo, sus dimensiones no dejan de ser considerables.
‘A medida que se ha ido desarrollando, el sistema europeo de Estados
se ha ido convirtiendo en un sistema mundial de Estados que incluye,
en un pie de igualdad, Estados africanos y asidticos, hoy en dia més
rnumerosos que los Estados occidentales; ¥y el sistema mundial com-
prende instituciones complejas, as{ como complejas relaciones poli-
ticas. El estudio de los Estados no s6lo puede, sino que tiene que
desvincularse de sus origenes occidentales y mirar el sistema mun-
dial sin prejuicios en favor de ningtin centro de cultura determinado.
Hay, pues, terreno para absorber toda la energia que los especialistas
puedan dedicar a las distintas formas de estudio.
La politica sin Estado. Peto esta concepcién tradicional de la
ciencia del Estado ha sido puesta en tela de juicio por aquellos que
consideran necesario estudiar Ia politica dondequiera que se encuen-
tre, es decir, en todas partes, a todos los niveles, en todas las socie-
dades, organizaciones y grupos sociales.
Hay por lo menos cuatro razones que explican esta puesta en
tela de juicio:
1)_ En primer lugar, la necesidad de comprender Ios nuevos Es-
tados. Por lo menos, la mitad de los Estados que son miembros de las
Naciones Unidas representan sociedades en las que las formas de un
Estado occidental no se han constituido desde dentro, por mutaciones
de una tradicién continua, sino que han sido impuestos 0 escogidos
por un acto de voluntad politica. No hay una armonfa perfecta entre
las instituciones politicas y las instituciones sociales, y el nuevo Es-
tado sélo se comprende por referencia a una estructura social pre-
existente, como la de Jas lenguas y castas en Ia India, Ia de las tribus
en Africa o la del Islam en todos los pases musulmanes,
2) En segundo lugar, la transformacién que han sufrido las re-
laciones entre el Estado y'Ia sociedad en los paises occidentales. No
tiene sentido abordar aquf Ia tan discutida cuestién de la convergencia
entre los Estados socialistas y los capitalistas 8. Limitémonos a se-
fialar que hoy en dfa resulta diffcil trazar una Ifnea de demarcacién de
carécter practico —o incluso juridico— entre los érganos del Estado
y las demés otganizaciones piblicas, o entre las grandes organizacio-
nes pablicas y el niimero cada vez mayor de grandes organizaciones
privadas que son de «interés publico» debido a sus dimensiones y a
5 Véase, por ejemplo, J. K. Galbraith, The new industrial state, Londres,
Hamilton, 1967, y Y. Modrzhinskaya, «Quiet anti-communism, International
Affairs (Moses), agosto 1967.446 W. J. Me Mackenzie
a posicién estratégica que ocupan en Ia economfa y en Ja sociedad.
El estudio de la administracién publica, de la burociacia oficial, cons-
tituye una parte fundamental del estudio del Estado; pero las fron-
term se batt ido borrando y, por ejemplo, ya no es posble distinguir,
cn ningtin pafs del mundo, entre «la politica de Ia industria naciona-
lizada» y a «politica industrial general», o entre Ia «politica de le
educacién nacional» y la «politica general de Ia educacién>, etc,
La politica del Estado hoy ya no puede dejar de interesarse por
el estudio administrativo de las grandes organizaciones y por la
economfa de las grandes y pequefias empresas,
3) Viene, en tercer lugar, el problema que plantea el cambio de
enfoque que han experimentado las ciencias sociales. En el siglo x1x,
Ja ciencia del Estado tenfa, en general, un carécter juridico. La cost
cra muy distinta antes del desarrollo del derecho y el Impetio roma-
nos: Platén y Aristételes no tenfan la experiencia de un sistema
juridico especializado y complejo, sus preocupaciones eran de orden
filoséfico y empirico, y no de otden juridico. El elemento juridico
hha ganado o perdido terreno dentro del estudio de a politica segtin
las épocas, y Ia importancia de su papel varfa segtin los paises, Pero
incluso en el Reino Unido y en los Estados Unidos, pafses relativa-
mente poco influides por el Derecho romano y el cédigo de Napo-
Iedn, los debates politicos del siglo xx se movieron generalmente
en el plano del poder legitimo y de las formas constitucionales.
Marx y Engels no fueron, desde luego, los primeros en sefialar que
Jas formas del Estado se apoyan en su infraestructura econémica y
social; pero esta tesis fue puesta en pie tinicamente gracias al poder
de su argumentacién teérica, apoyada en una abundante documentacién
hist6rica. También hemos visto apatecer en el siglo x1x una sociologfa,
tuna psicologia y una antropologia social nuevas, mas'o menos inde-
pendientes del’ marxismo. Y aunque en 1914 la tradicién jurfdice
todavia era poderosa y fecunda (podemos citar a Gierke, Maitland,
Duguit, Pound, entre otros), el Juristenmonopol estaba ya, desde el
punto de vista intelectual, roto, y las observaciones fécticas habfan
Ilevado a ampliar la disciplina y a hacer participar a todas las ciencias
sociales en el estudio de los Estados,
4) En cuarto lugar, conviene afiadir (aunque ya esté sobreenten-
dido en el apattado anterior) que se cayé en Ia cuenta de que los
progresos realizados en el estudio de grupos limitados, situados en
marcos distintos 0 pertenecientes diferentes sociedades, eran tam-
bién relevantes para Ia ciencia politica, Es natural que se empiece a
abordar 1a politica de los grandes Estados estudiando los grandes
movimientos y las principales fuerzas sociales; pero se ha vuelto a
descubrir hace poco el hecho de que en Ia edspide de todo sistema
4, La ciencia politica 4a
politico, por vasto que sea, las interacciones decisivas son las que se
dan entre los miembros de pequefios grupos —como ocurrié, en mu-
chas ocasiones, con el grupo compuesto por Lenin y sus més intimos
colaboradores— y que, a la base del sistema, las comunicaciones
personales y directas entre «gente comin y cottiente> desempefian
un papel tan importante como la difusién de «mensajes» politicos
hecha por poderosas instituciones oficiales. De ahi que los politics-
logos estén dispuestos a aceptar los descubrimientos y los métodos
de la psicologia social, de la microsociologia, de la sociolingitstica
y de la antropologfa social con el mismo interés con que adoptan
Jos de la macrosociologia de las grandes sociedades.
3. Orientacién del interés
De este modo, poderosas fuerzas sepatan a la ciencia politica de
Ja ciencia del Estado y 1a impulsan hacia el estudio de la politica sin
Estado. En tealidad, no es dificil para un politicdlogo imaginar un
cambio total de las fronteras que separan las distintas ciencias socia-
les. Asi, por ejemplo, podtiamos ver surgir una légica (incluyendo
una praxeologfa, 0 mictoeconomia, asi como el estudio de Ia eficacia
admi rativa), una disciplina estadfstica (cubriendo todo lo que
supone el empleo de «vatiantes lingiisticas» en un contexto cual-
quicta), una disciplina lingiifstica y seméntica, una disciplina que
estudiatia los factores biolégicos (algunos de los cuales interesan a
Ja demografia), una disciplina que se ocupara de la fisiologia,
palmente de Ia fisiologia del cerebro, y de sus relaciones con la
psicologia y Ia lingiifstica, una disciplina que englobara la etologta
y el estudio de las relaciones en los grupos pequefios. Este proceso
de especializacién continua podrfa contribuir al mejoramiento de las
notmas técnicas; al mismo tiempo, provocarfa un acercamiento entre
Ia politica, la economia, la sociologia y la psicologia social a nivel
‘macroscépico, que es aquel en el que se plantean problemas muy
amplios y urgentes, pero mal definidos, de tal manera que Ia prin-
cipal dificultad consiste en determinar ia manera de fragmentar los
problemas y de especializarse con vistas a resolverlos. No hace falta
aiiadir que este «residuo» comiin, esta «ciencia de los grandes pro-
blemas», englobaria también el estudio de problemas filoséficos ¢
ideoldgicos que quedan excluidos, o al menos neutralizados, dentro
de las ciencias entregadas por completo al empleo iguroso de este-
disticas y de la experimentacién,
Un proceso de especializacién de este tipo concordarfa con la
experiencia pasada y seguramente también con las exigencias de la 16-Ms W. J. M, Mackenzie
gica cientifica. Los elementos més «firmes» de cada una de las gtan-
des disciplinas serian vinculados unos a otros por su contenido téc-
nico; y el papel de la, o de las disciplinas residuales consistirfa en
estudiar en colaboracién los problemas residuales de 1a sociedad
hhumana, cada una desde su propio punto de vista, en el dominio
politico, econdmico, sociolégico y psicolégico. De este modo, no ten-
‘driamos ya necesidad de preguntarnos por las fronteras que separan
Ia ciencia politica, la economia politica, la sociologia politica y la
psicologfa del comportamiento politico. La cuestién dejaria de tener
sentido pata la ciencia politica, si esta disciplina abarcara el estudio
de Ia politica en todas sus manifestaciones.
Una reorganizacién basada en estos principios seria légica, pero
tendifa al menos un inconveniente en el plano intelectual. Las fron-
tetas actuales de la ciencia politica, que se limita a estudiar los
Estados y los problemas que origina su organizacién, son de carécter
estrictamente juridico y, en algunos aspectos, son atbitrarios y arti-
ficiales. La definicién de «Estado» constituye un enigma que, 2 pri-
mera vista, parece interesar més a los jutistas que a los socidlogos.
Pero los politicélogos, que se centran en el estudio de 1a politica de
los Estados, se ven obligados a aprender, aunque sélo sea rudimenta-
‘iamente, una amplia serie de técnicas, y a poner una serie de consi-
deraciones filoséficas en relacién con tunos problemas empiricos, Las
Gisciplinas especializadas, que se han separado de Ia ciencia politica,
y en las que las cuestiones que se plantean son. susceptibles de res-
puesta , podrfan tener efectos perniciosos sobre la disciplina residual.
En este momento, la teorfa politica linda con la filosofia politica; pero
una y otra estén disciplinadas y su vinculacién a los trabajos empf-
ricos sobre la préctica politica les impiden caer en Ia especulacién
‘metafisica, Al mismo tiempo, el contacto permanente entre los tra-
bajos empiticos y los problemas politicos de gran envergadura per-
mite eliminar aquellas investigaciones desctiptivas que carecen de
interés cientifico 0 pretérito.
Es cierto que la ciencia politica moderna debe su «aroma» a esta
‘emezclay patticular, y esté fuera de duda que la mayoria de los politi-
cblogos de prestigio reconocido tienen un enorme empefio en que
Jo conserve, Veamos una cita, en este sentido, del profesor Karl
Deutsch, politicélogo de amplios y milltiples inteteses (cita en Ia que
emplea fa expresién «teorfa politicar —que él opone a la «filosofia
politica»— para designar el aspecto conceptual de Ja ciencia poli-
tica como disciplina nomotética):
« Alusin a a opinién de P. B. Medawar segin Ia cual un verdadero pro-
fesional de la ciencia debe ser habil en The art of the soluble, Londres,
Methuen, 1967, p. 55.
4, La ciencia politica 9
«La teoria politica no es solamente un campo de estudio que
exista en abstracto. Representa también un conjunto organizado de
actividades humanas... Constituye un instrumento de investigacién
de cardcter social, que incluye un fondo de recuerdos comunes, un
grupo de drbjtros y de criticos més © menos expertos y un conjunto
més 0 menos implicito de critetios relevantes para juzgar los nuevos
trabajos. En todos estos aspectos, es una disciplina establecida y no
un simple dominio de colaboracién interdisciplinatia...»?, La mayorfa
de los politicdlogos aceptarfa estas conclusiones, aunque no necesa-
riamente por las mismas razones que el profesor Deutsch; y hay
numerosos y sélidos argumentos en favor de esta orientacién que
defiende el mantenimiento de la independencia de la ciencia politica
como disciplina que se dedica a explorar vastos dominios a partit
de una base especificada de antemano,
En primer lugar, se encuentta su tesis, contenida en recientes
cobras dedicadas a la sociologia de Ja ciencia, de que la ciencia polttica
existe en tanto que «colegio. invisible» de sabios en comunicacién
unos con otros, y que tal entidad subsiste en Ia medida en que es
ccapaz de obtener resultado. Considerada desde los Estados Unidos,
G:te parece un argumento muy sdlido: los especialistas de esta disci-
plina son alli muy numerosos y son muy conscientes de la unidad
de sus preocupaciones, a pesar de los desacuerdos internos. La disci-
pina esta menos desarrollada en otros sitios, y de manera muy des-
‘igual segtin el pais; no obstante, todo el mundo se da cuenta de la
existencia de una amplia red a 10 largo de sus trabajos personales y
con ocasién, por ejemplo, del congreso bienal de Ia Asociacién Inter-
nacional de Ciencia Politica.
En segundo lugar, es preciso tener en cuenta el organigrama uni-
versitatio tal como se presenta en numerosos pafses. Histéticamente,
Ia ciencia polftica ha estado tan estrechamente unida a la filosofia, al
derecho y a Ia historia como a la sociologfa, a Ia psicologfa y a Ia eco-
nomia, No hay duda de que hoy esté siendo atrafda hacia el segundo
grupo, pero no sin resistencia por su parte. Esta actitud se justifica
‘en dos niveles: en primer lugar, Ia filosoffa, el derecho y la historia
‘ocupan posiciones sélidas en las universidades y no parece que se los
pueda expulsar de ellas; por otra parte, seria desastroso para las
ciencias sociales dejar de tener contacto con estas disciplinas més
ort My bewt Le MBit, Reet Tews pla tery on
Ivica pbiosophy, "Supplement to. the Annas of the Artin’ Acad. o
Foie ud Sacil Sceces, 300, 1965, id. J va
volumen dedicado a la Science Polvigue’contemporsine, publicado por
Ja Unesco en, 1950, puede servir de punto de referencia. para ‘medit los pro
sess realinados en Inenos de veinte as. Pe Pe
‘Tendonclas de la Invetigacén, 18450 W. J. M. Mackenzie
antiguas, y 1a ciencia politica esta perfectamente capacitada, dada su
historia y sus preocupaciones, para ofrecer un puente en el que siga
habiendo una circulacién continua en los dos sentidos.
En tercer lugar, se puede sostener que la ciencia politica (lo mis-
mo que la sociologfa y que Ja economfa, en sus formas actuales) est
sntada en un dominio de interés. Los estudiantes
se sienten, en principio, atrafdos hacia la ciencia politica, por su deseo
de estudiar los Estados y el sistema de Estados mundial. Bajo el
efecto de esta voluntad, estén dispuestos a admitir que no es posible
realizar progresos sin conocer sus instrumentos y sin colaborar con
otras disciplinas; de este modo, llegan a comprender mejor y a inte-
resarse més en lo que hay de «politico» dentro de los distintos con-
textos sociales, Una ciencia politica que tenga un sdlido niicleo de
interés préctico, pero que evite toda estrechez de miras y todo espi-
ritu de camarilla, puede ser de una enorme utilidad para cimentar Ia
estructura de Ias ciencias sociales.
Finalmente, el problema de los Estados y de su futuro (y esta
observacién es vilida para todos los Estados, capitalistas y socialistas,
antiguos y modernos) es de tal amplitud y de una importancia tan
grande para la humanidad que lo menos que exige son los servicios
de una disciplina plenamente organizada,
4. La ciencia politica como materia de ensefanza
Es preciso recordar (aunque este problema rebasa el marco del
presente estudio) que, al menos en algunos paises, Ia ciencia politica
s tanto una materia de ensefianza como una disciplina de investiga-
cién. En América y en Gran Bretaiia, por ejemplo, a lo sumo uno
de cada veinte estudiantes de ciencia politica seguité dedicindose a
ella como investigadores. Los demds se incorporardn a la sociedad ex-
terior para ocupar en ella puestos importantes, tanto en la adminis-
tracién como en la ensefianza. Toda la educacién contribuye a la socia-
lizacién del individuo duefio de una cultura politica’; pero la ciencia
polftica tiene una responsabilidad especial en este sentido, dentro
de la propia sociedad en que es ensefiada y en relacién con el desatto-
Io del sistema mundial. Toda ciencia cumple una funcién inter-
nacional: a ciencia politica lo hace conscientemente, ya que conoce
su propia situacién politica.
La conclusién que voy a sacar de estas consideraciones tan com-
2 Baa ura de las Sees de colsbrain ene Ia ceca pelea y I
psicologia social més productivas. er
4, La ciencia politica 41
plejas no es una conclusién dogmitica; seria desastroso para el
desarrollo del pensamiento que se estableciera una barrera interdisci-
plinaria demasiado clara entre la ciencia politica y las demés ciencias
sociales, y yo concretamente verfa con buenos ojos que se lanzara
‘una ofensiva contra la estructura disciplinaria actual de las ciencias
sociales,
Pero las distintas disciplinas son a Ia vez entidades sociales y me
parece que es dar pruebas de realismo considerar Ia ciencia politica
actual fondamentalmente como una «ciencia del Estado», dadas sus
tradiciones y las exigencias especiales impuestas a los que se dedican
aclla,
B. LOS OBJETIVOS
La ciencia politica tiene su lugar en esta investigacién acerca de
Jas disciplinas nomotéticas de las ciencias sociales. Su cardcter de cien-
cia social proviene del hecho de que trata de descubrir leyes y, en
cierto modo, lo consigue. Pero pocos politicdlogos sostendtian que
la ciencia politica sélo se preocupa de establecer leyes. Y es que,
ademas de ser nomotética, es también, en cierto sentido, ideolgica
y normativa.
1. Ciencia ideogréfica
El interés de la ciencia politica, ciencia del Estado, se centra en
una entidad vinica, el sistema mundial de los Estados, es decir, en
unos 130 Estados, cada uno de los cuales, grande o pequefio, s¢ ha
desatrollado en una situacién especial, ha estado influido por la
personalidad de sus dirigentes y ha creado un conjunto catactetistico
de instituciones. Esto no impide utilizar métodos cientificos: las
ciencias de Ja tierra estudian el mundo ffsico como entidad tnica,
y sélo exploran zonas muy limitadas de ésta, una pot una, con
‘versos fines précticos. Una ciencia como la geologia se ocupa de un
abanico muy amplio de problemas que van desde la aplicacién de los
principios generales de la fisica y la quimica al estudio detallado de
un caso particular, cuyo cardcter se trata de definir geolégicamente.
Numetosos ¢ importantes trabajos de la ciencia politica han sido
dedicados al estudio de casos particulares, y esta ttadicién se man-
tiene todavia, Supone una estrecha colaboracién con Ia histotia y con452 W. J. M, Mackenzie
Ja geografia, asf como también con las dems ciencias sociales estu-
diadas en este volumen.
Un politicdlogo, estudiando un pais concreto y elaborando una
tesis en relacién con su tema de estudio, se preocuparé, desde luego,
de determinar lo que distingue a este pais de todos los demés,
desde el punto de vista histérico y geogréfico, y puede que esto tenga
més de arte que de ciencia, Pero también buscaré lo general a través
de lo particular, y lo hard de las dos maneras siguientes:
a) Cada nacién (0 pais) es tinico en su género, pero, lo mismo
aque la personalidad de un individuo, sélo puede desctibitse por medio
de generalizaciones acerca de su comportamiento, Desde este punto de
vista, una nacidn, lo mismo que un individuo, es un sistema de com-
pottamientos que se mantiene a través del tiempo; generalmente, el
conocimiento de la estructura de este sistema de comportamiento se
adquiere de una manera informal y sin método riguroso, pero es en
este conocimiento en el que se apoyan las previsiones susceptibles
de ser exactas o falsas. Los problemas cientificos que plantean
Ia personalidad de los individuos, por una parte, y la individualidad
de las culturas politicas, por otra, son andlogos.
5) Para proceder a su anilisis, el politicdlogo recurte a un fon-
dé, comiin de conceptos que no pettenecen por derecho propio a la
iencia politica. Estos instrumentos conceptuales pueden ser forma
Tizados, como, por ejemplo, en Ia teorfa de juegos o en la de Ja
informacidn. Pero, las més ‘de las veces, su contextura es bastante
débil —véanse Festinger: Cognitive dissonance; Homans: The
human group"; Cherry: Human communication ®— y sirven para
estructurar una tesis més bien que para formular hipétesis.
No se plantea ningtin problema metodolégico especial en relacién
con las investigaciones ideogrdficas, tomando esta expresién en su
sentido original, es decir, en el sentido de definir el cardcter par-
ticular de un sistema politico cualquiera. Todas las ciencias tienen
problemas técticos de investigacién, pero inadie pone en duda que
tuna de las maneras legitimas de proceder consiste en utilizar el
Tenguaje indicial a que ha hecho referencia el profesor Lazarsfeld.
‘Sin embargo, los conflictos surgen en cuanto se trata de recurtir
‘a los casos particulares para construir una teotla general, En prin-
pio, las teorfas generales y parciales de la sociedad politica deberfan
permitir obtener hipétesis verificables por referencia a Estados par-
40 Evanston, Il, Row, Peterson, 1957.
Ml Nueva York, Harcourt Brace, 1950.
1 Nueva York, Wiley & M1. T., 1957.
4: La ciencia poltica 43
ticulares, y los resultados de esta verificacién deberian reincorporatse
a la estructura de la teotia. Esto es, por otra parte, lo que, en cierto
‘mode, sucede, por sjemplo, en relacién con el desarollo de las in
vestigaciones sobte las personalidades autoritarias en politica". Pero
Jos Estados no constituyen buenos dominios de investigacin: en pri-
‘met lugar, son telativamente pocos, y todos ellos enormemente
‘complejos; en segundo lugar, hace falta mucho cuidado y mucha
precisién pata elaborar hip6tesis y verificatlas de manera convincente,
mientras que los «clientes» de la ciencia politica exigen resultados
répidos, en forma de generalizaciones utilizables expresadas en un
enguaje claro. Como vetemos més adelante, se han hecho serios
esfuerzos para superar estas dificultades, y los métodos cientificos
aplicados en politica comparada se han petfeccionado mucho en estos
quince afios tiltimos. Sin embargo, la mayoria de los estudios com-
parativos de casos patticulares realizados hasta ahora han tendido
més bien a profundizar en los conocimientos ya adquitidos que a
establecer leyes.
2. Ciencia normativa
Conviene distinguir aqui dos maneras de considetar Ja ciencia
politica como una ciencia normativa.
4) Por una parte, la ciencia politica tiene por objeto el estudio
de diversos tipos de normas. Todo sistema politico se sitéa en un
contexto ecoldgico y econdmico, pero en tanto que sistema, es decir,
fen tanto que conjunto de instituciones politicas, es, antes que nada,
un sistema de normas. Algunas de estas normas tienen una forma
legal; otras, no; algunas son peculiares de la politica (como la nor-
ma de obediencia a Ia autoridad
de Michels 0 que algunas de las interpretaciones més intransigentes
del pensamiento marxista. Sino que la tendencia de estos ultimos
cincuenta afios (inspirada en ideas de Tucfdides, Avistételes, Maquia-
velo, Hattington, Montesquieu, asi como también de Marx) ha sido
Ja de considerar cada sistema politico como un todo en el que entran
en funcionamiento factores econémicos, sociales y politicos, y la de
sefialar las dificultades que leva consigo el «mantenimiento de fron-
teras entre ellos». Desde luego no resulta fécil en el plano cientifico
pasar de Ia nocién de «correlacién» a la de «causa» y «explicacién>,
ppero ya se ha hecho mucho para establecer correlaciones entre los
distintos aspectos del proceso lamado (no muy acertadamente) de
modetnizaci6n, y estos trabajos son, en buena parte, cuantitativos.
‘También es posible descubrir, en un sistema politico dado, aspec-
tos complementarios. Por ejemplo, en el Reino Unido, el predominio
de los dos partidos més importantes esté ligado a la préctica del
escrutinio individual mayoritario, y se podria decir, sin mucho
riesgo de equivocarse, que solamente circunstancias excepcionales po-
drfan anular ta dependencia recfproca de estos dos sistemas institu-
cionales. Del mismo modo, no hubiera sido diffcil predecit, apoyén-
dose en las estadisticas existentes, que en 1968 iban a producisse
cierto nimeto de golpes de Estado militares, y que algunos Estados
cortfan un riesgo especial en este sentido. El arte de la conjetura
politica ® consiste en limitar el niimero de posibilidades y en clasi-
ficar aquellas que han sido retenidas siguiendo un cierto orden, por
pequeio que sea. Lo que estd claro es que se puede hacer mas «cien-
tificay esta disciplina (ya hay algunos que estén trabajando para
conseguirlo) enumerando las posibilidades con més clatided y igor,
y midiendo mejor los grados de probabilidad. Estos métodos pueden
ser todavia perfeccionados, pero, por mucho que se haga, el aleance
de Ia conjetura politica es necesariamente limitado, Los especialistas
tienen que estudiar un sistema mundial Ginico y un néimero limitado
¥ Véase especialmente Llart de la conjecture, de B. de Jouvene! (Patt,
Rocher, 1964), y diversos articulos de Ia serie Futuribles,
4, La ciencia poltica 457
de elementos —Ios Estados— casi tan cambiantes como los sistemas
meteorolégicos atlinticos; por otra partes la conjetura politica tiende,
a su-vez, a influir en la misma politica, sin que podamos saber si lo
hak en el sentido de su realizacin (self-fulfilling prophecy) 0 en el
de su propia anulacién (self-defeating prophecy) *,
C. FUNDAMENTOS METODOLOGICOS
De las obras de los grandes maestros de Ia disciplina, de Tuci-
dides a los federalistas, se deducen tres temas principales, que esta-
blecen los (ea ‘metodolégicos y trazan los caminos por los
que ha de discurrir el anélisis: una teotfa de los estadios sucesivos,
una teorfa de Ja ecologfa y un método de comparacién.
1, Los estadios sucesivos
Puede parecer arbitratio ver en Ia teotia de los estadios sucesi-
vos un método de andlisis en lugar de la ley que frecuentamente
se ha visto en ella, Peto esta teoria ha tenido siempre un aspecto
muy ideolégico, y en lo sucesivo conviene referitse a ella con pru-
dencia.
En el mundo antiguo, Ia teorfa que predominaba era Ia efclica:
el mundo entraba en cadecadencia después de la Edad de Oro, y la
virtud polftica iba también en declive hasta llegar al cataclismo anun-
ciador de un renacimiento. A partir del siglo xvii se impone la teoria
del progteso: cada época se construye sobre las que Ia preceden,
nuestra suerte es mejor que Ia de nuestros padres, y nuestros hijos,
a su vez, nos superardn. Esta teorfa, en su forma més compleja, es
Ja que sirve de marco al sistema de variables de Patsons; en cada
€poca, las caracterfsticas de las sociedades pueden vatiar de acuerdo
con Tas categorias siguientes, o al menos con vatias de ellas: neu.
tralafectivo, universal-particular, difuso-espectfico, rendimiento-cua-
lidad; Ia teorfa de los estadios’sucesivos se ha convertido en una
teoria de las dimensiones. Incluso enunciada de esta manera, la teotia
puede degenerar en un simple anilisis de la «modernizacién» 0 de la
Véase, no obstants, el ensayo de H. A. Simon, «Bandwagon and un
ctiets of tion pedions, en Modelo) Ma, Noews Vert, Wiey, 95%,
sina458 W. J. M, Mackenzie
«evolucién politica» que postule de nuevo una setie de estadios suce-
sivos, el tiltimo de los cuales es, por definicién, el mejor.
TLo que los griegos sostenian era que se iban sucediendo diferen-
tes regimenes, buenos o malos: monarquia, titania, aristocracia, de-
moctacia, oclocracia. Para ellos, el objeto fundamental de Ia ciencia
politica era el de descubrir Ia manera de detener la rueda de la
fortuna en un néimero premiado; hoy se trata de acclerar su curso
para llegar a un punto culminante que suponemos todavia —opti-
mnistamente— que existe de verdad, Nos parece que es més acertado
lamar a estas teorfas «postulados> y no ciencia politica; 1a obra que en ella realizaron histo-
riadotes, juristas y gedgrafos tuvo una enorme importancia para Ia
ciencia polftica, pero esta disciplina no fue reconocida como tat
hasta finales de la segunda guerra mundial",
Tgual de variada y compleja es la situacién en los paises de Europa
central, Sin embargo, se podria aventurar la idea de que, en la medida
en que Ia formacién juridica no englobsba los estudios. politicos,
esta laguna se lenaba con la ensefianza de Ia economia y de la socio-
logfa, entendidas de una forma muy amplia, lo que explica que los
trabajos de economistas y socidlogos de Europa central (incluida
Talia) figuren ahora como parte del curso tradicional destinado a
® La revista especializada sueca Statsvetenskaplig Tidscrift empezs a
tains ieee i ammnees Prides Reheat ts eurelot naa a
so, 1906.
2 La Reoue francaise de science politique empeas a publicerse en 1951.
Pueden encontratse interesantes eflexiones. sobte el carter yet aleance de
sta dscplina en las obras de M, Duverger, Metbodes de la science politique
(Paris, Presses Universitaires de France, 1959), y de M. Prélot, La science
politique (Pats, Presses, wires dé France, 1961).
4, La politica 467
los especialistas en Ia Edad Media
© el equilibrio europeo de después del Tratado de Westfalia (1648),
y podemos recurtir a lo que sabemos de las interacciones sistemé-
ticas que se producen en otras entidades polfticas caracterizadas por
la debilidad de sus instituciones oficiales. Desde cierto punto de
vista, el sistema internacional es una entidad politica compuesta
de otras entidades politicas, un sistema de subsistemas, en el cual
los Estados s6lo son inteligibles por referencia al sistema interna
ional, y éste por referencia a los Estados. En cambio, en otros aspec-
tos-es un sistema no de Estados, sino de hombres que participan en
diversas actividades cientificas, ideolégicas, econémicas y sociales que
rebasan los limites de los Estados.
EL método normativo. Desde 1945 —o, en realidad, desde 1918—
el andlisis universitario de los asuntos internacionales tiende a ser
notmativo, en los dos sentidos del término que hemos definido antes,
es decir, en el sentido de que se ocupa fundamentalmente del estudio
de las normas de las reglas del derecho internacional, de los deberes de
los individuos y de los Estados y de su adaptacién a la realidad de Ia
«era de los proyectiles» (the missile age). Pero también se pte-
‘ocupa de orientar a los que tienen poder para tomar decisiones,
y parece que, por lo menos, sus consejos han ejercido cierta influencia
préctica sobre 1a formulacién de Ia politica de los dos «campos»
internacionales y del «tercer mundo».
El método nomotético, Son varias las manetas en que se podria
abordat Ia nocién de ciencia por lo que se refiere al estudio de los
asuntos internacionales; pero no cabe duda que, desde hace algunos
afios, esta nocién estd especialmente asociada a los intentos de apli-
cat los talentos y aptitudes de los especialistas de las ciencias exactas
y naturales a los estudios de los problemas politicos originados por
4B, Brodie, Strategy in the missile age, Princeton, N. J., Princeton U.
P, 1959,
4. La ciencia politica a0
Jos progresos realizados gracias a estas ciencias, tanto en materia
de destruccién como de construccién. La Rand Corporation
tuado como pionera en este dominio; después ha sido muy ctiticada
y también muy imitada, y su nombre se ha convertido en el s{mbolo
de un movimiento intelectual interesado principalmente en los pro-
blemas de Ia paz y de la guerra, de Ja «solucién de los conflictos»
y de los «estudios estratégicos».
El ejemplo de las ciencias naturales debe incitar a usar con todo
rigor Ia teoria general, las teoras particulares, las medidas y Ia expe-
rimentacién. La literatura relativa a estos distintos elementos es muy
abundante; de aqui que sélo podamos dar una idea muy general
de la misma.
a) Teorias generales. Una buena parte de las discusiones tiene
‘como marco la teorfa general de los sistemas ®. Sin embargo, se trata
de una teorfa de un enorme alcance que, por lo que se refiere a las
relaciones internacionales, s6lo tiene interés si se reduce al nivel de
los modelos «especificos» (bipolares, multipolares, etc.) y si se in-
tenta dilucidar las condiciones de funcionamiento de cada modelo
y las condiciones de su evolucién, con vistas a realizar experimenta-
ciones: conceptuales de diversos tipos.
b) Teorias parciales. De todas las teorfas parciales, Ia que més
interés’ ha despertado es 1a teorfa de juegos, en tanto que andlisis
racional de los conflictos estratégicos y de su solucién por via de
transaccién; se han hecho rigurosos estudios de la teoria de los juegos
con la esperanza de ampliar su alcance matemético, pero también se
hha empleado con menos rigor, para estimular la teflexién sobre la
naturaleza de Ia politica internacional.
Tal vez sea més importante el hecho de que la «investigacién
operacional» haya pasado del nivel de la téctica al de la estrategia,
y que, al hacerlo, haya dotado al estudio de las relaciones internacic
nales de un amplio surtido de instrumentos mateméticos. Ahora se
admite como cosa evidente que se deben aplicar todos los recursos
de la praxcologfa 0 microeconomia ** a la formulacién de una politica
en cuanto a concepcién, equipamiento y empleo de las fuerzas arma-
2 M, A. Kaplan, System and process in international politics, Nueva York,
1957; J. W. Burton, International relations: A general theory, Cambridge U. P.,
1965; 1. J. Spiro, World politics: The global system, Homewood, Illinois,
Dorsey Press, 1966. Véase también The General Systems Yearbook, vols. 1 a
414 (1956-1968), para un intento de aproximaci6n interdisciplinatia mds riguroso.
2'T. C. Schelling, The strategy of conflict, Harvard U. P., 1960; Arms
and. influence, Yale U. P., 1966.
200 E, $. Quade (edi), Anelysis for military decisions, Rand MeNally, 1964;
G. J. Hitch, Decision-making for defense, California U. P., 1965.416 W. J. M, Mackenzie
das, y que el empleo de dichas fuerzas tiene repercusiones en el
conjunto de la politica civil, y no implica s6lo Ia actividad de los
militares.
c) Las medidas. La posibilidad de efectuar medidas fue sefia-
Jada por primera vez por el bidlogo escocés L. F. Richardson en sus
dos principales obras péstumas: The statistics of deadly quarrels y
Arms and insecurity**, Richardson recuttié a medidas basadas en
Jos «datos acumulativos», reunidos por los gobiernos pata otros fines,
y en datos histéricos. No es, sin embargo, imposible utilizar los
‘otros tipos de datos primarios definidos por Deutsch: los datos
relativos a las minorias son vitles para el estudio de las organizacio-
nes internacionales y de la cisculacién de la mano de obra enorme-
mente especializada entre los distintos Estados; los estudios de la
opinién pablica pueden ser organizados a escala internacional para
medir el grado de afectacién y de reaccién de cada uno a los pro-
blemas importantes; los datos relativos al voto pueden ser utilizados
de la misma manera en las asambleas internacionales; el anilisis del
contenido de Ia informacién (a menudo realizado por medio de orde-
nadotes) permite medir los cambios de tono y los desplazamientos
de acento.
Cada tipo de medida presenta dificultades técnicas peculiares,
pero no cabe duda de que los datos de que se dispone son lo sufic
cientemente numerosos como para fomentat investigaciones acerca
del mundo como entidad politica, basadas en el «lenguaje de las
variables»,
d) La experimentacién. Queda, por tiltimo, el problema de la
expetimentacidn, que, a primera vista, parece insoluble. Sin embargo,
puede afrontarse de dos maneras:
En primer lugar, se puede tratar de reconstruir el pasado o de
analizar los acontecimientos actualmente en curso, manteniéndose
dentro de los estrictos Iimites de un matco conceptual dado, y pres-
tando atencién no s6lo a la materialidad de los hechos, en tanto que
lementos constitutivos de la narracién, sino también’ al anilisis de
Ja natracién hecha con atreglo a unas hipétesis espectticas. De este
modo es, hasta cierto punto, posible estudiar, por ejemplo, las ca-
rreras de armamentos y las ctisis internacionales remontindose en
el tiempo hasta finales del siglo x1x; si se trata de perfodos més
Iejanos, es més dificil hacer una comparacién rigurosa.
Una segunda manera de aftontar el problema Ja constituye la
simalacién, actualmente muy empleada en los estudios internaciona-
31 Estas dos obras han sido publiadas por la Boxwood Press, Pitts
burgh, 1960,
4, La ciencia politica an
les. Este método, tal y como se presenta en este momento, tiene
dos antecedentes: por una parte, los juegos estratégicos (Krieg
spiele), practicados desde hace ya tiempo en las escuelas militares;
por otra parte, la simulacién matemética por medio de ordenadores,
empleada pata la realizacién de obras de atte. Estas dos fuentes
iniciales han dado otigen a miltiples técnicas: simulacién por medio
de ordenadores, simulacién hombre-méquina, simulacién. mediante
personas que actéan sin Ja ayuda de ninguna méquina; todas ellas
hhan suscitado una animada controversia acerca del alcance de Ia si
mulacién en tanto que medio de experimentacién. El valor formativo
de la simulacién es indiscutible y no costarfa mucho trabajo ponerse
de acuerdo para reconocerle un valor heutistico, en la imedida en que
permite vetificar una serie de resultados eventuales y en que abre
nuevas posibilidades. Sin embargo, hasta la fecha no ha habido nadie
que haya defendido Ia posibilidad de poder expresar ningtin aspecto
importante de Jos asuntos internacionales, cualquiera que sea, en una
forma lo suficientemente rigutosa como para que se preste a la si-
mulacién mediante ordenador, y como pata que permita, en el plano
estrictamente experimental, invalidar o confitmar las hipétesis.
En general, Ia experiencia adquirida en este dominio es fruto de
una cierta habilidad y prudencia, y los trabajos realizados. tomando
como modelo las ciencias naturales constituyen, sin duda alguna, un
intento coherente y resuelto de introducit algunos elementos nomo-
téticos en el estudio de un solo sistema politico. Setfa tidfculo, en el
estadio en que todavia estamos, pretender que exista una ciencia
nomotética de la politica internacional; no obstante, Ia irrupcién del
método cientifico en esta esfera (paralelamente al logro de una serie
de costosos y complicados instrumentos de destruccién) ha tenido una
considerable repercusién en el mecanismo de la toma de decisiones
en aquellos Estados que han alcanzado un elevado nivel tecnol6gico,
EL método tradicional. Paralelamente, sigue desatrolléndose una
tendencia més tradicional, que tal vez podtfamos calificar de id
grifica, en el sentido de que da muestzas de Ia mayor circunspeccién
en lo que respecta al establecimiento de «leyes», Sin embargo, cabe
distinguir posturas muy diversas dentro de este dominio, y, en con-
secuencia, es dificil hacer una sistematizaci6n: en realidad, los autores
pertenecientes a esta tendencia parecen rechazar dleliberadamente toda
sistematizacién posible.
Con todo, tal vez puedan distinguirse tres grandes orientaciones:
en primer lugar, la descripcién del sistema internacional dentro del
contexto de su desarrollo histético; en segundo lugar, el andlisis
de la politica extranjera basado principalmente en estudios histéri-
os del mecanismo de decisién en el seno de cada Estado y entre