El género
La construcción cultural de lo femenino y lo masculino se ha basado en nuestras diferencias
biológicas y sexuales, provocando una imposición de un género que construye nuestro mundo
diferenciado de relaciones, maneras de vestir, pensar y actuar, por ejemplo. Así, la identidad de
género se trata de una construcción social, y por tanto, susceptible de modificación.
En este marco las instituciones están mediatizadas o impregnadas por una cierta orientación,
respecto a lo que consideran necesidades e intereses de cada género, en función de las
concepciones institucionalizadas. Frente a ello, la perspectiva de género intenta modificar estas
creencias en los procesos internos y externos de la organización.
Igualdad y desigualdad de género
Si bien la igualdad de género, debería ser la condición que permita a todas las personas el pleno
y universal derecho al disfrute de la ciudadanía en sus distintas dimensiones (política, civil y
social), por medio de la justicia en el tratamiento que reciben; el fenómeno de la desigualdad de
género es un hecho que se manifiesta intersectorialmente, gracias a la conjunción del nivel de
ingresos, lugar de origen, cualquier tipo de capacidad distinta, etnia y edad, entre otros factores,
que evidencian que el ser mujer aumenta el impacto de estas características, especialmente en
presencia de contextos de crisis.
Discriminación en base al género
Entonces la conjunción de las desigualdades, inequidades y relaciones jerárquicas, junto al acceso
dispar al poder, termina por expresarse como discriminación en base al género. La Convención
de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW), en su Artículo 1, la define como:
“toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o resultado
menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de
su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las
libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier
otra esfera”.
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Profundización de las desigualdades de género en contextos de crisis
Entonces estas desigualdades de género se agudizan para las mujeres en situaciones de
catástrofe natural, crisis políticas o sanitarias (Pandemia por COVID-19, por ejemplo), puesto que
los roles de género originan fenómenos como lo siguientes:
• La asignación de los trabajos de cuidado es casi exclusivamente de ellas, ya sean formales
(salud, limpieza, trabajo social y sector servicios, entre otros) o informales (tareas domésticas y
cuidados de personas dependientes).
• El confinamiento y la intensificación de las cargas de los roles de género, ha disminuido los
autocuidados y el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos, al tiempo que ha
incrementado los problemas de salud mental y violencia.
• Se ha limitado el desarrollo profesional de las mujeres y aumentado el riesgo de exclusión
laboral.
• El cierre de las escuelas, la desatención pública del cuidado y la educación, ha provocado la
reducción de la jornada laboral formal de las mujeres, y a menudo, la sobrecarga del trabajo no
remunerado, evidenciando una mayor pérdida de sus ingresos y empleos, y un aumento en la
precariedad de la economía informal, impulsando la feminización de la pobreza.
Acciones afirmativas
Frente a estos, las acciones afirmativas están dirigidas a reducir, o, idealmente, eliminar las
prácticas discriminatorias contra los sectores históricamente excluidos, tales como mujeres y
algunos grupos étnicos, raciales y diversidades de género y sexuales, aumentando su
representación a través de un tratamiento preferencial y de mecanismos de selección
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expresamente encaminados a ello.
Lo anterior nos lleva a interpretar la incorporación del enfoque de género como un proceso
estratégico, que supone cambios sostenidos en diversos aspectos de la estructura y las prácticas
institucionales.
Enfoque de género
Dado que el enfoque de género visibiliza cómo la pertenencia a un género u otro afecta la vida y
las oportunidades de las personas, su incorporación es un proceso estratégico que supone
cambios sostenidos en diversos órdenes, estructuras y prácticas institucionales.
Si asumimos que todas las personas están sometidas a relaciones de discriminación y desigualdad
derivadas del género, la incorporación de este enfoque es una de las responsabilidades más
importantes de la humanidad, y luego, de las instituciones que en cada país pueden hacer aportes
determinantes en la materialización de los derechos humanos.
Un primer paso para incorporar transversalmente el enfoque de género, como herramienta para
los objetivos de las EFS, consiste en analizar la organización a nivel interno y externo,
considerando los pasos imprescindibles para su adopción, las conductas de las personas
funcionarias, cómo estas podrán responder a dicho enfoque, y, finalmente, los requerimientos
necesarios.
En este sentido, existe un conjunto de razones que justifican la integración de la perspectiva de
género a las políticas públicas, planes, programas y proyectos sociales y en sus presupuestos, y
más concretamente al quehacer interno y externo de nuestras instituciones.
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Razones políticas Razones de Razones éticas Razones técnicas
eficiencia
En el contexto La pérdida de La equidad de género Para mejorar la
internacional y oportunidades y es una cuestión de eficacia y la calidad de
nacional, la igualdad y recursos para el derechos humanos las intervenciones
la equidad de género desarrollo social y fundamentales, que sociales, la aplicación
son una de las económico de las conforma las bases de de la perspectiva de
prioridades mujeres, implica un la democracia. Se género es vital, por
impostergables de la recurso humano trata de una cuestión cuanto ninguna de
acción social para el subutilizado. de justicia social y estas es “neutra”,
empoderamiento de Cualquier inversión redistributiva. exigiendo que
las mujeres basado en en ellas, tendrá una conozcamos cómo
principios de repercusión positiva modifica o influye el
derechos humanos y en el bienestar y género en sus
justicia social. educación de sus oportunidades de
hijos/as y de la acceder a una mejora
sociedad. en particular.
Incorporación del enfoque de género
Todo esto nos lleva a examinar los pasos que nos permitirían incorporar transversalmente el
enfoque de género a las EFS, es decir:
• Identificar la relación entre los ámbitos de la función, los objetivos estratégicos y los de
igualdad y equidad de género. El primer paso estratégico para incorporar el enfoque de género
a las EFS, implica relacionar los ámbitos de nuestra función, a los objetivos estratégicos que nos
impulsan, y a las metas trazadas en términos de igualdad y equidad.
• Identificar roles y estereotipos y las principales brechas observadas entre mujeres y
hombres a nivel interno y externo, mediante un diagnóstico desde la perspectiva de género,
capaz de identificar, primeramente, los roles y estereotipos que existen en la organización a nivel
de políticas, procedimientos y personas, y en segundo término, de las barreras y brechas que
confrontaremos.
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• Utilizar las herramientas fundamentales para incorporar el enfoque de género en su
nivel interno y externo. Esto nos permitirán incorporarlo estratégicamente al quehacer interno y
externo de las EFS, mediante herramientas de análisis de género y la planificación con enfoque
de género.
Enfoque basado en los derechos humanos
Los derechos humanos son universales, en tanto pueden ser gozados por todas las personas,
independientemente de dónde vivan, quiénes sean, o de su situación o características
particulares. Pese a ello, quienes pertenecen a grupos especialmente vulnerables han visto
limitado su disfrute, haciendo que diversos instrumentos internacionales avancen en la creación
de tratados específicos para recoger las especiales necesidades de determinados grupos (como
mujeres, niños, niñas y adolescentes, personas con discapacidad, entre otras).
Entonces el enfoque basado en los derechos humanos, consiste en un marco conceptual para el
proceso de desarrollo de las personas, fundamentado, por una parte, en los compromisos
internacionales existentes en la materia, y por la otra, en la operativa necesaria para su
promoción y protección; tarea para la cual debemos partir del análisis de las desigualdades,
prácticas discriminatorias y reparto inequitativo de poder, que obstaculiza el progreso de las
personas.
Entonces el enfoque de derechos humanos y el referido a la perspectiva de género, además de
ser complementarios, se refuerzan mutuamente, en tanto:
• Sólo es posible abordar y materializar los temas de género en un contexto que aspire a
garantizar los derechos fundamentales de las personas.
• Este aseguramiento será viable, únicamente en la medida que integre las temáticas de género
a su accionar.
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Desarrollo sostenible
Hechas estas consideraciones debemos mirar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de
la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), la que propone 17 objetivos a favor de las
personas, el planeta, la prosperidad, el fortalecimiento de la paz universal y el acceso a la
justicia. Asimismo, establece metas encaminadas a la protección del medio ambiente y el uso
racional de los recursos, el mantenimiento de niveles altos y estables de crecimiento
económico, así como el reconocimiento de las necesidades de todas las personas para
el progreso social, dimensión donde cobra relevancia la perspectiva de género.
Si bien el ODS 5, es aquél que da cuenta de la Igualdad de
Género, no se agota en él, sino que por el contrario opera
transversalmente para el logro de las siguientes metas:
5.1 Poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y las niñas en todo el
mundo.
5.2 Eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y las niñas en el ámbito público
y privado, incluidas la trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación.
5.3 Eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la
mutilación genital femenina.
5.4 Reconocer y valorar los cuidados y el trabajo doméstico no remunerados mediante servicios
públicos, infraestructuras y políticas de protección social, y promoviendo la responsabilidad
compartida en el hogar y la familia, según proceda en cada país.
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5.5 Asegurar la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de
liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida política, económica y pública.
5.6 Asegurar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos
según lo acordado de conformidad con el Programa de Acción de la Conferencia Internacional
sobre la Población y el Desarrollo, la Plataforma de Acción de Beijing y los documentos finales de
sus conferencias de examen.
5.a Emprender reformas que otorguen a las mujeres igualdad de derechos a los recursos
económicos, así como acceso a la propiedad y al control de la tierra y otros tipos de bienes, los
servicios financieros, la herencia y los recursos naturales, de conformidad con las leyes
nacionales.
5.b Mejorar el uso de la tecnología instrumental, en particular la tecnología de la información y
las comunicaciones, para promover el empoderamiento de las mujeres.
5.c Aprobar y fortalecer políticas acertadas y leyes aplicables para promover la igualdad de género
y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas a todos los niveles.
EFS y Agenda 2030
El papel de las EFS frente a la Agenda 2030 fue reconocido por la Asamblea General de las
Naciones Unidas en las Resoluciones 66/209 y 69/228, al establecer su importante rol “en la
promoción de la eficiencia, la rendición de cuentas, la eficacia y la transparencia de la
administración pública, lo que contribuye a la consecución de los objetivos y las prioridades de
desarrollo nacionales, así como de los objetivos de desarrollo incluidos los Objetivos de
Desarrollo Sostenible”. Además de la Resolución 69/327, que promueve servicios públicos
inclusivos y responsables en pro del desarrollo sostenible.
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Pronunciamientos Profesionales de la INTOSAI relacionados a la
igualdad de género
Si bien no existen en el Marco de Pronunciamientos
Profesionales de la INTOSAI (INTOSAI-P, ISSAI o GUID),
instrumentos específicos que aborden la igualdad de
género y su importancia, hallamos algunos cuyos
contenidos nos servirán de punto de partida.
En este sentido, la INTOSAI ha concebido un Plan
Estratégico que incluye como Prioridad Transversal el
seguimiento y revisión de los ODS. Por su parte, la IDI ha
incorporado consideraciones sobre el empoderamiento de
las mujeres y niñas, mediante el seguimiento y revisión del
ODS 5, tanto en su Plan Estratégico como en su Estrategia
de Género recientemente publicada.
La profundización de las desigualdades de género en contextos de
crisis
La evidencia a nivel mundial señala que el género juega un papel importante en la creación
de escenarios de riesgo de desastres naturales, pandemias y/o catástrofes producto de la
actividad humana (incluido los conflictos armados), al tiempo que determina su impacto y
posibilidades de recuperación. Esto se evidencia, por ejemplo, en cómo se suscitan para las
mujeres y niñas cargas adicionales en el trabajo no remunerado (cuidado, abastecimiento de
agua y alimentos para los hogares, entre otros), agudizando sus condiciones de pobreza,
reduciendo su acceso a la educación, participación y toma de decisiones (políticas y/o
domésticas), es decir, haciéndolas más vulnerables a las amenazas. Así diversos estudios
evidencian que las crisis humanitarias no son neutrales al género, y afectan de manera
diferenciada a mujeres y hombres, niñas y niños.
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Este impacto diferenciado opera además para otros grupos marginados de población, lo
que obliga a evaluar la intersección de factores como la raza, la etnia, la edad, la orientación
sexual, la identidad y expresión de género, entre otras variables que pueden acentuar las
desigualdades y discriminaciones ya existentes.
Con esto se agudiza también el riesgo de vulneración a los derechos humanos, en tanto a las
dificultades derivadas de situaciones de pobreza se aúna la profundización de las
brechas preexistentes en estereotipos de género y sus inequidades. Esto se debe a que
aumenta el número de hogares encabezados por mujeres, la precariedad laboral y los niveles
de violencia doméstica y sexual entre otros efectos.
¿Cómo operar el enfoque de género en nuestra acción interna y
externa?
Estas realidades nos han llevado a elaborar un diagnóstico acerca del enfoque de género en la
acción interna y externa de las EFS, conforme al cual hemos establecido, por una parte,
la necesaria incorporación de medidas afirmativas para erradicar prácticas y culturas capaces
de reproducir la discriminación de género; y por la otra, la demanda de una política de
género integral, sustentada en medidas concretas para lograr la igualdad efectiva entre
mujeres y hombres en estas instituciones.
Las EFS, a través de auditorías e informes oportunos y relevantes, pueden
influir significativamente en las respuestas nacionales a la pandemia. Sin embargo, para
lograr un verdadero cambio en la vida de toda la ciudadanía, es imperativo integrar la
perspectiva de género al trabajo de auditoría. Especialmente en tiempos de crisis, a medida que
se intensifican los desafíos sociales, económicos y de salud. Examinemos algunos de los
aspectos clave a los que deberán atender las EFS en la fiscalización superior.
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• Planificación y análisis. Examinando si los gobiernos han realizado análisis de género en
el diseño de programas y políticas, y si han investigado los diversos impactos que pueden tener
sobre las mujeres, las niñas y los grupos marginados.
• Toma de decisiones. Comprendiendo cómo se toman las decisiones gubernamentales,
quién participa en tales procesos y cuáles mecanismos existen para garantizar que las mujeres,
las niñas y los grupos marginados estén bien representados.
• Cumplimiento legal y regulatorio. Evaluando hasta qué punto las nuevas medidas y
programas gubernamentales se adhieren a los derechos humanos de las mujeres, y si cumplen
con las leyes y regulaciones de igualdad de género existentes, como la violencia doméstica y de
género, el acoso sexual, las normas laborales y la atención médica.
• Monitoreo y evaluación. Determinando si (y qué tan bien) los gobiernos están
recolectando datos desglosados sobre accesibilidad ciudadana para apoyar programas, y si los
datos se utilizan para monitorear diferentes resultados para distintos grupos.
Tenemos entonces que, al incorporar las consideraciones claves que hemos revisado, las EFS
podrán formular preguntas adecuadas al auditar las acciones nacionales a las situaciones de crisis,
y en esta etapa en particular, a las conexas con la pandemia COVID-19.
En este contexto y con el fin de apoyar a los países en su lucha contra los efectos económicos y
sociales de la crisis por el COVID-19, la ONU crea el Fondo Central para la Acción en Casos de
Emergencia (CERF), que mediante una lista de verificación de cinco pilares, pretende asegurar un
enfoque basado en los derechos humanos para respuestas socioeconómicas, abarcando los
temas de salud, protección de las personas, respuesta y recuperación económica, respuesta
macroeconómica y colaboración multilateral, y finalmente, cohesión social y resiliencia
comunitaria.
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Llegados a este punto, podemos afirmar la fundamental importancia que tendrá la perspectiva
de género para la acción interna y externa de las EFS. Mirar la realidad de nuestras instituciones
con los “lentes” que nos proporciona este enfoque, implica reconocer que todos quienes
laboramos para ellas, junto a los receptores de nuestra actuación, estamos por igual sometidos a
los mecanismos de socialización derivados de la división sexual del trabajo, de allí que aquellas
acciones afirmativas que nos favorezcan internamente, terminarán también por influir
positivamente en la labor fiscalizadora que efectuamos.
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