100% encontró este documento útil (1 voto)
135 vistas11 páginas

Teoría de La Acción Comunicativa de Jürgen Habermas

La teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas propone analizar la sociedad como dos formas de racionalidad: la racionalidad sustantiva del mundo de la vida y la racionalidad formal del sistema. El mundo de la vida representa la perspectiva interna de los sujetos, mientras que el sistema representa la perspectiva externa de la estructura sistémica. Habermas estudia la sociedad como un conglomerado de sistemas complejos donde el actor desaparece transformado en procesos.

Cargado por

Genesis
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
135 vistas11 páginas

Teoría de La Acción Comunicativa de Jürgen Habermas

La teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas propone analizar la sociedad como dos formas de racionalidad: la racionalidad sustantiva del mundo de la vida y la racionalidad formal del sistema. El mundo de la vida representa la perspectiva interna de los sujetos, mientras que el sistema representa la perspectiva externa de la estructura sistémica. Habermas estudia la sociedad como un conglomerado de sistemas complejos donde el actor desaparece transformado en procesos.

Cargado por

Genesis
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 11

Teoría de la Acción Comunicativa Jurgen Habermas

Habermas propone un modelo que permite analizar la sociedad como dos formas
de racionalidad que están en juego simultáneamente : la racionalidad sustantiva
del mundo de la vida y la racionalidad formal del sistema, pero donde el mundo de
la vida representa una perspectiva interna como el punto de vista de los sujetos
que actúan sobre la sociedad, mientras que el Sistema representa la perspectiva
externa, como la estructura sistémica (la racionalidad técnica, burocratizada-
weberiana, de las instituciones).

Habermas estudia a la sociedad como un conglomerado de sistemas complejos,


estructurados, donde el actor desaparece transformado en procesos (sistema-
racional-burocrático), y por otro lado, también incluye el análisis sociológico que da
primacía al actor, como creador inteligente, pero a la vez sumergido en la
subjetividad de los significados del mundo vital.

Define el trabajo como “una acción medio-fin que para conseguir tal o cual fin, has
de utilizar estos y los otros medios”.

En cuanto a la disputa sobre la técnica, Habermas se interesa


especialmente por el proceso histórico.

La interpretación liberal de la técnica descansa en que el hombre tiene aún


en sus manos la dirección del progreso técnico y ve en éste, la posibilidad de la
libertad subjetiva: posibilidad de darle un sentido a la historia, pues de suyo carece
de sentido.

En la interpretación conservadora, el hombre ha objetivado progresivamente sus


acciones en las máquinas y es en los sistemas hombre-máquina donde se
conjugan las acciones mecánicas y las reacciones humanas (convirtiendo al ser
humano en un Cyborg enajenado).

Habermas cree que los antiguos ideales han muerto, pero cree también que
se mantiene en pie el ideal por la emancipación.

A la esfera de trabajo, Habermas, contrapone el ámbito de la acción comunicativa,


que define como “una interacción mediada por símbolos”. Dicha acción tiene
como núcleo fundamental las normas o reglas obligatorias de acción que definen
formas recíprocas de conducta y han de ser entendidas y reconocidas
intersubjetivamente.
Este tipo de acción da lugar al marco institucional de la sociedad en
contraposición a los sistemas de acción instrumental y estratégica.

Habermas asigna al marco institucional de la sociedad, las siguientes funciones:

• Organización colectiva para la conservación de la especie, la cual no está


asegurada exclusivamente por el instinto.

• Institucionalización de los procesos de aprendizaje y acomodación.

• La represión y canalización de tendencias libidinosas o agresivas que


resultan disfuncionales para la propia conservación colectiva de la
sociedad.

Esta última función del marco institucional de la sociedad, implica un doble factor :

• La organización del poder a fin de reprimir dichas tendencias agresivas.

• La articulación y satisfacción de nuestras necesidades.

Esta articulación y satisfacción de las necesidades se cumplen mediante la


tradición cultural.

Mediante la distinción mencionada entre trabajo e interacción, Habermas


reconstruye la evolución de la sociedad desde la Edad Media hasta nuestros días.

Así tenemos, que en la sociedad tradicional (hasta la burguesía moderna),


el marco institucional se legitima mediante interpretaciones míticas, religiosas y
metafóricas de la realidad en su conjunto.

“Hemos visto, que en su nacimiento, la ciencia moderna estaba afectada por el


interés técnico (económico)... Se ha llegado a un entrelazamiento cada vez más
claro, entre ciencia, técnica y su utilización” ...

Esto significa que si el Estado dirige la economía y si la ciencia está al


servicio de la economía, entonces el Estado pasa a ser también el director del
proceso científico...” (Gabás, 1980, 108-109).

Pretensiones de Validez

En todo agente (persona) que actúa lingüísticamente, con visas a entenderse con
otros, se pueden encontrar las siguientes pretensiones de validez : inteligibilidad,
verdad, veracidad y rectitud.

En definitiva, el entendimiento busca un acuerdo que termine en la


comprensión mutua del saber compartido, de la confianza recíproca y de la
concordancia de unos con otros. Una persona ha de hacer entender, decir algo,
hacerlo con credibilidad y respetando normas comunicativas vigentes.

La Socialización es condición de la Identidad

La acción comunicativa, como parte de la acción social, colabora en los tres


procesos que conforman la socialización:

1. Recepción y reproducción cultural.

2. Integración social.

3. Desarrollo de la personalidad y de la identidad personal.

Por otra parte, el individuo habita en los tres mundos, objetivo, social y
subjetivo, los cuales constituyen los presupuestos ontológicos de la acción
comunicativa. Pero los tres mundos se hallan recortados y sobrepasados por un
ámbito superior más general y básico que abarca el conjunto de situaciones de la
realidad de cada uno: el mundo de la vida. El constituye el horizonte cognitivo y
marco fundamental desde el que el individuo accede a los distintos ámbitos de la
realidad; es el marco y lugar donde se realiza la acción comunicativa.

De la multitud de conceptos de acción, empleados en teoría sociológica,


Habermas, los reduce a cuatro:

• El concepto de acción teleológica que ocupa el centro de la teoría


filosófica de acción desde la época de Aristóteles. El actor realiza un fin o
hace que se produzca el estado de cosas deseado.

• El concepto de acción regulada por normas se refiere no al


comportamiento de un actor en principio solitario que se topa en su entorno
con otros actores, sino a los miembros de un grupo social que orientan su
acción por valores comunes.

• El concepto de acción dramatúrgica, no hace referencia ni a un actor


solitario ni al miembro de un grupo social. El actor transmite en su público
determinada imagen o impresión de sí mismo al poner de manifiesto lo que
desea, es decir, su propia subjetividad.

• Finalmente, el concepto de acción comunicativa se refiere a la


interacción de a lo menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción que
(ya sea con medios verbales o con medios extraverbales) entablen una
relación interpersonal.

Resumen
Apuntes sobre la Teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas

Habermas propone un modelo que permite analizar la sociedad como dos formas
de racionalidad: la racionalidad sustantiva del mundo de la vida y
la racionalidad formal del sistema.

El mundo de la vida representa una perspectiva interna como el punto de


vista de los sujetos que actúan sobre la sociedad.

El Sistema representa la perspectiva externa, como la estructura sistémica


(la racionalidad técnica, burocratizada-weberiana, de las instituciones).

Habermas estudia a la sociedad como un conglomerado de sistemas complejos,


estructurados, donde el actor desaparece transformado en procesos.

BIBLIOGRAFIA

Eduardo Tapia (1997) Jurgen Habermas Lucas Morea-Sinexi S. A.

Vargas-Mendoza, J. E. (2006) Teoría de la Acción Comunicativa: Jurgen


Habermas. México: Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. En
http://www.conductitlan.net/jurgen_habermas.ppt

1. Racionalidad comunicativa

La teoría de la acción comunicativa es una teoría de la sociedad moderna


elaborada en el marco conceptual ofrecido por la teoría del lenguaje.
Pertenece a las denominadas ciencias de orientación crítica. Dichas ciencias -
como el materialismo histórico marxista o el psicoanálisis freudiano- se
caracterizan no sólo por describir hechos sociales o psicológicos, sino por su
pretensión simultánea de captar relaciones de alienación en cada uno de esos
ámbitos y contribuir a la superación de las mismas. En tal sentido, la teoría de la
acción comunicativa no sólo describe las condiciones ideales del habla, sino que
actúa como modelo normativo capaz critico de aquellas prácticas comunicativas
que se apartan de la ética que subyace a las mismas.

Habermas concibe dos tipos de racionalidad, la racionalidad instrumental y la


comunicativa, conforme a dos modalidades de la actividad humana: el trabajo, que
designa toda actividad instrumental que selecciona ciertos medios con vistas a la
realización de un fin, y la interacción, que designa la actividad comunicativa o
lingüística.

La racionalidad comunicativa está contenida implícitamente en la estructura del


habla como tal y significa el estándar básico de racionalidad que comparten los
hablantes competentes en las sociedades modernas.

Todo pensamiento es enunciado y todo enunciado es comunicable e implica una


reivindicación de su validez. En la comunicación siempre se hace referencia al
mundo de los hechos objetivos, al mundo de las normas sociales o al mundo de la
experiencia interior. Y las pretensiones de validez implícitas en cada de esos
“mundos” son: la verdad objetiva, la exactitud normativa y la sinceridad subjetiva.

La racionalidad comunicativa no permite que ninguna de las pretensiones


indicadas quede exenta de un posible examen crítico por medio de argumentos.
Se trata, en consecuencia, de una concepción reflexiva de la comunicación en la
modernidad en contraposición al dogmatismo en las visiones tradicionales o
religiosas del mundo.
2. Integración social y integración sistémica

En su análisis de la sociedad moderna, Habermas distingue entre integración


social e integración sistémica.

La integración social se refiere a los modos de coordinación de las acciones de los


individuos en el “mundo de la vida”; la integración sistémica, a los procesos de
racionalización económica y administrativa, cuya coordinación se logra conforme
los “medios” dinero y poder respectivamente con independencia de las
orientaciones de la acción de los individuos.

Ambos tipos de integración son complementarios. La complejidad de las


sociedades modernas requiere de grandes sistemas capaces de coordinar las
acciones y afrontar los problemas de integración social y, simultáneamente, dicha
coordinación requiere de su legitimación y anclaje institucional en el mundo de la
vida.

Desde el punto de vista político, la relación entre los tipos de integración puede
darse de dos maneras: o bien las instituciones sociales canalizan la influencia que
las orientaciones de las acciones de los individuos ejercen sobre los sistemas o, a
la inversa, canalizan la influencia que los sistemas ejercen sobre los contextos de
acción comunicativamente establecidos en el mundo de la vida. El proceso de
modernización es ambiguo: la balanza puede girar de un lado a otro.

Según Habermas, la denominada “paradoja de la racionalización” consiste en


afirmar que la racionalización del mundo de la vida fue la precondición y punto de
partida del proceso de racionalización y diferenciación de los sistemas que
después se han vuelto autónomos y han comenzado a instrumentalizar el mundo
vital y amenazan con destruirlo.
No obstante, advierte que en rigor no se trata de una “paradoja” sino de un
proceso selectivo de racionalización producto de las restricciones impuestas a la
racionalización comunicativa por la dinámica del modo de producción capitalista.

Para Habermas, una sociedad emancipada es, en definitiva, aquella en la cual el


mundo de la vida no estaría sometido a los imperativos del mantenimiento del
sistema: en una sociedad emancipada el mundo vital racionalizado sometería más
bien los mecanismos sistémicos a las necesidades de los individuos asociados.

3. Competencia comunicativa

Habermas pretende identificar las condiciones universales del entendimiento


posible, esto es, analizar las condiciones de posibilidad de un acuerdo logrado a
través del lenguaje.

La competencia comunicativa es aquella capacidad de los hablantes no sólo para


producir oraciones gramaticales bien formadas (siguiendo ciertas reglas), sino
también para comunicarse entre sí: se trata de la capacidad de generar actos de
habla con sentido dentro de determinadas situaciones reales.

La competencia lingüística es un saber preteórico universal, cuya capacidad está


posibilitada por la internacionalización de las normas públicas del lenguaje llevado
a cabo por el hablante en el proceso de socialización. Todo acto de habla posee
necesariamente una dimensión interactiva en el que los individuos hablan entre sí.

En la comunicación, se da por sentado que el hablante está capacitado para


justificar o probar lo que dice al oyente. A lo largo de la comunicación se asume
que el interlocutor es razonable (tiene buenas razones para mantener sus
afirmaciones). Al entablar una comunicación, el hablante está implícitamente
apelando a un potencial de razones que podría sacar a la palestra en apoyo de lo
que dice en caso de disenso con su interlocutor. Este reconocimiento habitual del
otro como interlocutor válido y razonable es una condición general de la
comunicación.

Partiendo de la teoría de los actos de habla, Habermas distingue cuatro


pretensiones de validez que todos los hablantes entablan indudablemente al
comunicarse:

a) inteligibilidad o pretensión de estarse expresando comprensiblemente, es


decir, que la oración empleada está bien formada conforme a las reglas
gramaticales al uso;

b) verdad proposicional o pretensión de estar dando a entender algo existente,


con la aspiración de representar objetivamente los hechos;

c) veracidad o pretensión de estar dándose a entender, esto es, proyectando


la propia subjetividad; y

d) rectitud normativa o pretensión de entenderse con los demás en lo que


respecta a las normas vigentes, con la finalidad de modelar el entorno
intersubjetivo.

La estructura del lenguaje visualiza las diversas regiones de la realidad. Conforme


lo expuesto, establece una referencia con el mundo objetivo o naturaleza externa
(el mundo de los objetos y de los hechos, que conforman la totalidad de las cosas
existentes), el mundo subjetivo o naturaleza interna o personalidad (propio mundo,
el mundo de las vivencias privadas) y el mundo intersubjetivo o social (la totalidad
de las relaciones interpersonales, un mundo regulado por normas).

4. Ética del discurso


La teoría de la acción comunicativa afirma que el modelo de democracia
deliberativa (sustentado en la idea de libertad para todos los ciudadanos en la
formación de una voluntad pública orientada al consenso racionalmente motivado)
encuentra en los principios del discurso y en la universalización de la ética
discursiva su fundamento normativo.

Las exigencias de la ética del discurso son:

a) ninguna norma o postulado de valor puede quedar al margen del debate,


inmunizada con relación a la crítica; y

b) la realización de las condiciones de interacción comunicativa para que


pueda practicarse de la manera más perfecta conforme a:

a. el carácter público de la discusión;

b. la participación de la mayor cantidad posible de interlocutores, sobre todo


de quienes tienen interés directo en el tema del mismo;

c. la falta de límites del debate;

d. la igualdad y la libertad de los participantes en el debate (nada de


relaciones de autoridad, de dominación o coerción);

e. el principio de la argumentación: toda afirmación es discutible;


provisionalmente, el argumento que resiste todas las objeciones es el mejor, es
decir, el más racional;

f. el principio del consenso: el entendimiento, el acuerdo argumentado y


justificado es el propósito y el término normal de la interacción comunicativa; el
acuerdo obtenido de esta manera justifica la decisión y la acción; y

g. el principio de revisabilidad: cualquier acuerdo debe ser cuestionable si


aparecen nuevos argumentos.

La ética del discurso es entonces:


a) procedimental: enuncia cómo podemos llegar a conclusiones moralmente
justificadas. Dice cómo producir normas y legitimar decisiones, cómo determinar lo
que está bien, pero no precisa el contenido del bien; no es sustancial;

b) universal: pretende incluir a todos los seres humanos en el debate, sin


ninguna exclusión. Por lo tanto, se distingue de las morales sustanciales, que son
particulares; y

c) constructivista: no es perfectamente practicable aquí y ahora; sólo es más o


menos bien representada según el grado de apertura, de extensión y de ausencia
de coerción en los debates. Pero su idealidad expresa una insatisfacción y una
tare, un deber y un proyecto: la Comunicación universal emancipada.

Hernán Marturet

Bibliografía: Habermas, Jürgen, Teoría de la acción comunicativa I y II, Madrid,


Taurus, 1999; Wellmer, Albrecht, “Razón, utopía y la dialéctica de la Ilustración”,
en Habermas y la modernidad, Madrid, Cátedra, 1994, pp. 65-110; Hottois, Gilbert,
Historia de la filosofía del Renacimiento a la Posmodernidad, Madrid, Cátedra,
2003; Velasco Arroyo, Juan Carlos, La teoría discursiva del derecho, Madrid,
Boletín Oficial del estado, 2000.

También podría gustarte