¡Buenos días niños del quinto grado!
Bienvenidos a un nuevo día de aprendizaje
Hoy trabajaremos el área de COMUNICACIÓN
Actividad: Una historia de solidaridad y agradecimiento
¿Qué aprenderé?
Hoy leemos un cuento donde se encuentra los valores de la solidaridad y
el agradecimiento
EQUIPO 1
Hace frío es un cuento sobre una solidaria familia de
ardillas
El invierno es un viejito que tiene una barba blanca, llena de escarcha que le cuelga
hasta el suelo. Donde camina deja un rastro de hielo que va tapando todo.
A veces trae más frío que de costumbre, como cuando sucedió esta historia: Hacía tanto,
pero tanto frío, que los árboles parecían arbolitos de Navidad adornados con
algodón. En uno de esos árboles vivían los Ardilla con sus cinco hijitos.
Papá y mamá habían juntado muchas ramitas suaves, plumas y hojas para armar un
nido calientito para sus bebés, que nacerían en invierno.
Además, habían guardado tanta comida que podían pasar la temporada de frío como a
ellos les gustaba: durmiendo abrazaditos hasta que llegara la primavera.
Un día, la nieve caía en suaves copos que parecían maripositas blancas danzando a la
vez que se amontonaban sobre las ramas de los árboles y sobre el piso, y todo el bosque
parecía un gran cucurucho de helado de crema en medio del silencio y la paz.
¡Brrrmmm!
Y entonces, un horrible ruido despertó a los que hibernaban: ¡una máquina inmensa
avanzaba destrozando las plantas, volteando los árboles y dejando sin casa y sin abrigo a
los animalitos que despertaban aterrados y corrían hacia cualquier lado, tratando de
salvar a sus hijitos!
Papá Ardilla abrió la puerta de su nido y vio el terror de sus vecinos. No quería que sus
hijitos se asustaran, así que volvió a cerrar y se puso a roncar.
Sus ronquidos eran más fuertes que el tronar de la máquina y sus bebés no despertaron.
Mamá Ardilla le preguntó, preocupada:
- ¿Qué pasa afuera?
- No te preocupes y sigue durmiendo, que nuestro árbol es el más grande y fuerte del
bosque y no nos va a pasar nada - le contestó.
Pero Mamá Ardilla no podía quedarse tranquila sabiendo que sus vecinos tenían
dificultades. E insistió:
- Debemos ayudar a nuestros amigos: tenemos espacio y comida para compartir con los
que más lo necesiten. ¿Para qué vamos a guardar tanto, mientras ellos pierden a sus
familias por no tener nada?
Papá Ardilla dejó de roncar; miró a sus hijitos durmiendo calientitos y a Mamá Ardilla.
Se paró en su cama de hojas y le dio un beso grande en la nariz a la dulce Mamá Ardilla
y ¡corrió a ayudar a sus vecinos!.
En un ratito, el inmenso roble del bosque estaba lleno de animalitos que se refugiaron
felices en él. El calor de todos hizo que se derritiera la nieve acumulada sobre las ramas
y se llenara de flores. ¡Parecía que había llegado la primavera en medio del invierno!.
Los pajaritos cantaron felices: ahora tenían dónde guardar a sus pichoncitos, protegidos
de la nieve y del frío. Así, gracias a la ayuda de los Ardilla se salvaron todas las familias
de sus vecinos y vivieron contentos.
Durmieron todos abrazaditos hasta que llegara en serio la primavera, el aire estuviera
calientito, y hubiera comida y agua en abundancia.
¿Dónde vivía la familia de ardillas?
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- ¿Cómo se prepararon las ardillas para la temporada de frío?
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- ¿Qué era el gran ruido que escucharon las ardillas?
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- ¿Qué decidieron hacer las ardillas para ayudar a los otros animales?
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- ¿Qué has aprendido con este cuento?
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- ¿Qué más te ha gustado de este cuento?
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¡Buenos días niños del quinto grado!
Bienvenidos a un nuevo día de aprendizaje
Hoy trabajaremos el área de COMUNICACIÓN
Actividad: Una historia de solidaridad y agradecimiento
¿Qué aprenderé?
Hoy leemos un cuento donde se encuentra los valores de la solidaridad y
el agradecimiento
EQUIPO 2
Antushca y el misterio del AUQUI
En un pueblo de los Andes, vivía la pastorcita Antushca junto a su abuelita. Cada
mañana, Antushca llevaba a pastar sus ovejas al campo y volvía al atardecer. Su
abuelita, mientras tanto, se quedaba en casa esperándola con una comida caliente. Un
día, una terrible sequía afectó al pueblo de Antushca. No había lluvias, los sembríos se
secaron y pronto los alimentos se fueron acabando. Las personas y los animales
empezaron a pasar hambre. Los pobladores salían a lugares lejanos en busca de
alimentos y lo poco que encontraban lo compartían entre todas las personas del pueblo.
Una mañana, Antushca salió con sus flacas ovejas en busca de agua, hacia un pequeño
manantial en lo alto de una montaña. Al llegar al lugar, sus ovejitas se atropellaron para
beber el agua y la niña trató de ordenarlas. Cuando de pronto escuchó una voz: —Niña
linda, tengo mucha sed. ¿Podrías darme un poco de agua? Antushca volteó y vio a un
anciano. Rápidamente, la niña recogió agua juntando sus manos y lo ayudó a beber.
También le invitó el poco de cancha que aún tenía. El anciano se despidió de ella y le
dijo:
—Eres una niña muy buena. Por eso, en agradecimiento, tu pueblo y tú no volverán a
pasar hambre —y se alejó. Antushca se acercó al manantial para poder beber ella
también. De repente, mientras bebía, vio en las aguas la imagen de los campos de su
pueblo llenos de plantas y flores. Era una visión. La niña, muy asombrada, regresó a su
casa y le contó a su abuelita lo sucedido. La abuelita le dijo: —¡Ay, Antushca! Ese
anciano era el auqui, el espíritu de las montañas. Lo que viste en el manantial le pasará
a nuestro pueblo. Como fuiste buena con él, seguro nos va a premiar a todos. Y así fue.
A los pocos días, empezó a llover y los pobladores sembraron sus tierras nuevamente.
Pronto, todo se llenó de verdor y hubo alimentos. Desde ese momento, el pueblo de
Antushca ya no sufrió más
5. ¿Te parece que Antushca actuó bien al ayudar a beber al anciano? SI ( ) NO ( )
¿Por qué?
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