EL CACIQUE ANTONIO NÚÑEZ: UN SÍMBOLO DE LA INDEPENDENCIA
EN LA MEMORIA COLECTIVA DE LOS SAMARIOS
MAGDALENA
EL CACIQUE ANTONIO NÚÑEZ: UN SÍMBOLO DE
LA INDEPENDENCIA EN LA MEMORIA
COLECTIVA DE LOS SAMARIOS
Elizabeth Pallares Arévalo
EL CACIQUE ANTONIO NÚÑEZ: UN SÍMBOLO DE LA INDEPENDENCIA
EN LA MEMORIA COLECTIVA DE LOS SAMARIOS
Elizabeth Pallares Arévalo
Cuando Napoleón invadió la península ibérica en 1808 y forzó tanto a Carlos IV
como a su hijo Fernando VII a dejar el trono “no produjo la inmediata sensación de
que esta crisis política desmembraría el enorme imperio español. Luego la noticia
de la invasión alcanzó a la América española y entonces la mayoría de las
ciudades y provincias proclamaron por un lado su lealtad a la monarquía española
y por el otro la guerra al usurpador francés (Saether, 2005:150). En la provincia de
Santa Marta se siguieron los mismos pasos que las otras provincias del Nuevo
Reino de Granada.
En el año 1810 fueron organizadas juntas americanas, las cuales conservaron su
lealtad a Fernando VII. En el proceso de su creación, las juntas eligieron entre su
adhesión a la Junta Suprema de Santa Fe de Bogotá o al Supremo Consejo de
Regencia en España. La ciudad de Santa Marta declaró su lealtad a éste último, lo
cual originó el rechazo del Estado de Cartagena de Indias.
De esta forma, las provincias de Santa Marta y Cartagena quedaron claramente
definidas por dos extremos partidistas: “la patriota proclive a la formación de un
“gobierno libre” y la realista que proclamaba “fidelidad a ultranza al Rey” (Conde,
2
1999: 6). Los conflictos entre las dos ciudades fue encarnizada, y cada una trataba
de rechazar a la otra empleando cualquier medio bélico. Los malestares formados
por ese antagonismo se mantuvieron durante muchos años.
Entre 1812 y 1813, desde la ciudad de Cartagena fueron enviadas tropas para
someter la provincia de Santa Marta, y de, esta manera, obligarla a adoptar la
forma republicana de gobierno. El envío de tropas comenzó “con la caída de la
primera republica venezolana en Caracas en julio de 1812” (Saether, 2005: 190)
ya que muchos de los oficiales españoles, franceses y venezolanos que habían
combatido en esa ciudad buscaron refugio en la independiente Cartagena. Entre
ellos, se hallaban “Labatut un coronel de las guerras napoleónicas… y Simón
Bolívar” (Saether, 2005: 190). Los emigrantes de Caracas fueron puestos pronto
bajo los órdenes del ejército republicano de Cartagena dando iniciación al ataque
contra la provincia de Santa Marta. Bolívar fue encargado de recuperar Guáimaro
y otros municipios de la provincia de Santa Marta que se proclamaron realistas.
Por otro frente, Pedro Labatut arremetió contra la propia ciudad de Santa Marta.
Los realistas de la provincia de Santa Marta perdieron rápidamente su mando
sobre la ciudad en los últimos meses de 1812. “En noviembre de 1812 Labatut
derrotó las fuerzas realistas en Sitionuevo y Guaimaro. El 24 de diciembre de 1812
Bolívar entró a Tenerife, prosiguió a Mompox, donde sus tropas habían sido
EL CACIQUE ANTONIO NÚÑEZ: UN SÍMBOLO DE LA INDEPENDENCIA
EN LA MEMORIA COLECTIVA DE LOS SAMARIOS
reforzadas, y prosiguió luego a El Banco, Puerto Real y Tamalameque. Mientras
tanto, Labatut ingresaba a la ciudad de Santa Marta” (Saether, 2005: 191). El
historiador Alarcón describe de la siguiente manera los hechos:
Labatut penetró en La Ciénaga Grande con numerosas fuerzas
sutiles. Batió las realistas y les tomó tres embarcaciones. Entró
en la villa de San Juan de la Ciénaga, donde ninguna
resistencia se le hizo, y el seis de enero según Restrepo, o el
cinco según Groot, entró en Santa Marta. El Gobernador don
José del Castillo (Tomás de Acosta según otros historiadores) y
demás autoridades se embarcaron para Portobello. Se llevaron
los buques de guerra y de transporte que había en el puerto.
(1963: 75).
En la toma de la ciudad de Santa Marta, Labatut no encontró resistencia alguna ya
que la mayor parte de los peninsulares habían huido. Ante tal proceder Labatut
entró en conversaciones con los cabildos de la provincia, como señala Restrepo
Tirado:
Labatut se dirigió a los cabildos de la provincia pidiendo que,
para evitar derramamiento de sangre, reconociese y jurase el
gobierno de Cartagena, sin necesidad de que sus armas “pasen 3
a destruir o por lo menos a devastar esa Provincia”. La carta fue
leída en presencia del pueblo, convocado al efecto. No se había
terminado la lectura cuando los miembros del cabildo, poseídos
de bélico entusiasmo gritaron: ¡Viva nuestro Rey y Señor
Fernando VII y muera Labatut! Primero perderemos nuestros
hijos e intereses y derramaremos la última gota de nuestra
sangre, que admitir otro gobierno que no sea el legítimo, de la
valiente nación española. […] Está última disposición le ganó la
mala voluntad de las gentes, y muy particularmente de los
indios, y fue la causa inmediata de su caída. (1975: 530).
Aunque los patriotas habían logrado tomarse las tres principales ciudades de la
provincia de Santa Marta durante los primeros meses de 1813, sobresalían en la
zona importantes puntos de resistencia como los pueblos de indios tributarios de
Mamatoco y Bonda.
Así, cuando Labatut pasó el 6 de marzo de 1813 por Mamatoco, “los indios, que le
odiaban, le dispararon algunos tiros y, en represalia, despachó una partida de
soldados” (Restrepo, 1975: 530). Los indígenas del poblado de Mamatoco, unidos
a los de Bonda, Taganga y algunos samarios que habían abandonado la capital,
encabezados por el último cacique de Mamatoco Antonio Núñez, de “ochenta
EL CACIQUE ANTONIO NÚÑEZ: UN SÍMBOLO DE LA INDEPENDENCIA
EN LA MEMORIA COLECTIVA DE LOS SAMARIOS
años de edad” (Restrepo, 1975: 549) los pusieron en vergonzosa fuga,
tomándoles un cañón y todas sus municiones.
De acuerdo con los habitantes de la ciudad, los vencedores marcharon sobre
Santa Marta y Labatut, creyendo que se le venían encima “los aguerridos
indígenas, se retiró con su tropa a la fortaleza de San Vicente, tratando de
intimidar a los atacantes con un vivo fuego” (Restrepo, 1975: 530). Al final, según
Restrepo:
Las tropas de los samarios se apoderaron de la batería del
Rosario, correspondieron a los fuegos enemigos con algunos
cañonazos. Labatut no pudo resistir y poseído de terror se
amparó con su gente en el interior de una corbeta. En esa
embarcación salió con rumbo a Cartagena, “llevando consigo
80.000 pesos en alhajes preciosas y todo el fruto de sus
rapiñas. Su partida fue saludada por el grito unánime de viva
Fernando VII, que escapó de los pulmones del pueblo que lo
presenciaba” (1975: 531).
De esta manera, el cacique Antonio Núñez se constituyó en el “héroe” de la
jornada y su figura se instaló en la memoria colectiva de los samarios a partir de
1815 cuando llegó Pablo Morillo con su empresa reconquistadora. Morillo realizó 4
una ceremonia de exaltación hacia el valor de estos grupos indígenas y condecora
al cacique Núñez por su honor, valor y compromiso con la Corona Española. El
historiador Restrepo narra así este hecho:
“En 1814 fue restaurado Fernando VII en el trono español.
Fernando VII comenzó a perseguir a porfía todo lo que
consideraban como ideología liberal. Destinó a Pablo Morillo
para la reconquista de América. Don Pablo Morillo arribó con la
expedición de Santa Marta el 22 de julio de 1815. Allí le informó
Montalvo de los distinguidos servicios del cacique de los
mamatocos, Antonio Núñez, de la bizarra con que había
rechazado a Labatut y de su honradez y fidelidad. Tres días
después, en la fiesta del apóstol Santiago el pacificador dictó un
decreto por la cual Núñez seria condecorado con una medalla
de oro, en cuyo anverso estaría grabado el busto del rey y en el
reverso esta inscripción: “A los fieles y leales al Rey”, la que
podría llevar colocada al lado izquierdo del pecho pendiente de
una cinta roja” (1975: 549).
EL CACIQUE ANTONIO NÚÑEZ: UN SÍMBOLO DE LA INDEPENDENCIA
EN LA MEMORIA COLECTIVA DE LOS SAMARIOS
Este mismo día, el general Morillo desembarcó la tropa, y al frente de ella, con sus
propias manos, le colocó la cinta y le entregó el diploma. Como las medallas se
habían perdido en el incendio del navío “San Pedro Alcántara”, Morillo ofreció
mandarle hacer la suya. Asimismo, al cacique Antonio Núñez le otorgó el título y
sueldo de capitán, también le ofreció heredar el derecho de cacicazgo. El
académico Restrepo lo explica de la siguiente manera:
El rey no sólo aprobó lo hecho por su representante, sino que
concedió a Antonio Núñez el grado y sueldo de capitán y la cruz
de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, en cambio de
la medalla, que ordenó pasara a manos de su hijo Juan José,
que tan eficazmente había ayudado a su padre en la lucha con
los independientes. También, se le reconoció el derecho a
heredar el cacicazgo. Además, a pedido de los indígenas, se
limitaron las contribuciones, rebajando a dos los cuatro pesos
que pagaban. Política ésta que reforzaba la fidelidad indígena
manteniendo la tradición del tributo, aún, a expensas del
“perjuicio que las cajas reales pudieran sufrir con la rebaja.
(1975: 550 – 556)
Estos hechos permiten una explicación de la fidelidad de los indígenas samarios,
quienes hábilmente mantuvieron la resistencia y protección de este reducto 5
realista hasta aproximadamente 1822 cuando la ciudad se acogió a la constitución
de la República de Colombia o de Cúcuta. De igual manera, se debe resaltar que
cuando Antonio Núñez, el cacique de Mamatoco, defendía la corona española
enfrentando a los patriotas republicanos, peleaba por la conservación de un orden
monárquico y colonial que le había permitido a los descendientes de los naturales
de la provincia mantener ciertos derechos y privilegios, como el del tributo y la
conservación de las tierras de resguardo.
EL CACIQUE ANTONIO NÚÑEZ: UN SÍMBOLO DE LA INDEPENDENCIA
EN LA MEMORIA COLECTIVA DE LOS SAMARIOS
Bibliografía
Alarcón, José. Compendio de Historia del departamento del Magdalena. Bogotá:
Editorial El Voto Nacional.1963.
Conde, Jorge. “Poder local y sentimiento realista en la independencia de Santa
Marta”. Historia Caribe, 4, 1999.
Restrepo, Ernesto. Historia de la Provincia de Santa Marta. Bogotá. Imprenta
Nacional de Colombia. 1975.
Steinar, A. Saether. 2005. Identidades e independencia en Santa Marta y
Riohacha, 1750 – 1850. Bogotá. 2005.
Entrevistas
Padilla, Wilfredo. “El cacique Núñez”. Entrevista realizada por Elizabeth Pallares.
Fecha: 30–04–2011.
Duica, N. Abelardo. “El cacique Núñez”. Entrevista realizada por Elizabeth
Pallares. Fecha: 28-04-2011.
6
Avendaño, Nora. “El cacique Núñez”. Entrevista realizada por Elizabeth Pallares.
Fecha: 29–04-2011.
Noguera, Marcelo. “El cacique Núñez”. Entrevista realizada por Elizabeth Pallares.
Fecha: 04–05–2011.