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B08 Teologia Moral Jorge Lara Aug2020 PDF

Este documento presenta una introducción a la teología moral. Resume las principales fuentes de la teología moral como la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio. Explora la conciencia moral en el Antiguo y Nuevo Testamento y cómo se relaciona con la revelación bíblica. También discute conceptos como virtudes, dones del Espíritu Santo y el pecado.

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B08 Teologia Moral Jorge Lara Aug2020 PDF

Este documento presenta una introducción a la teología moral. Resume las principales fuentes de la teología moral como la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio. Explora la conciencia moral en el Antiguo y Nuevo Testamento y cómo se relaciona con la revelación bíblica. También discute conceptos como virtudes, dones del Espíritu Santo y el pecado.

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Teología Moral

CONTENIDO

I. Introducción .…………………………………….………………………………..……… 2-3
1. Análisis etimológico de la teología moral

2. Ética o Moral

II. Fuentes Principales de la teología moral ..……………..………..……………….………….3-4


1. La Sagrada Escritura

2. La Tradición
3. El Magisterio

III. La conciencia moral y la revelación bíblica ..……………………………………………………4-6


1. Conciencia Moral
2. Conciencia moral en el A.T
3. La ley Moral

IV. La conciencia Moral y Nueva Ley en el N.T……………………….………………………6-7


1. La conciencia moral en el N.T
2. La nueva Ley

V. El Concilio Vaticano II y el magisterio moral post-conciliar. …………….……..…………7-8


1. El problema moral

VI) Las virtudes …………………….…………………………………………………………..……….. 8


1) Teologales y Morales

VII) Dones y frutos del Espíritu Santo ……….………………………………………………….8

VIII) Etimología de Pecado ……………………….……………………..……………………….9

Conclusión ……………………………………………………………..…………………….10

Bibliografía

1
Teología Moral

Introducción
Desde finales del siglo pasado empezó este proceso de modernización del cristianismo. Y todo
partió de algo muy sencillo que corríamos el peligro de olvidar que Cristo es el centro de la
historia y la esencia del cristianismo. El cristianismo más que algo: un dogma, una moral o una
liturgia en abstracto, es alguien: Cristo. Ser cristiano consiste ante todo y sobre todo en dar a
Cristo un sí con todas las consecuencias. La moral deja así el primer puesto al misterio y Cristo
aparece en el centro de todo y recapitulándolo todo. El que cree en Cristo tiene la vida nueva en
el Espíritu Santo. La vida moral, desarrollada y madurada en la gracia, alcanza su plenitud en la
gloria del cielo. CIC 1715

Así pues, la teología moral se plantea así como reflexión sobre la estructura del dinamismo
operativo del hombre en tensión hacia la perfección y sobre los fundamentos próximos y
últimos de dicho movimiento.

1) Análisis etimológico de la teología moral


La teología moral es la parte de la ciencia teológica que trata de los actos humanos que han de
ser ordenados a Dios como Fin Ultimo sobrenatural, a la luz de los principios revelados y de la
razón humana iluminada por la fe. Por tanto:

Es ciencia: a saber, es un conocimiento cierto y evidente de verdades que se deducen de


principios incuestionables y que se coordinan entre sí con nexo y orden lógico. No ha de
confundirse, por tanto, con el conocimiento vulgar que todo hombre tiene respecto de la
moralidad de sus propios actos.

Teológica: es decir, deducida a partir de los principios revelados; lo cual la distingue


esencialmente de la filosofía moral que se apoya solamente en principios humanos y racionales.
“La reflexión moral de la Iglesia, hecha siempre a la luz de Cristo, el ‘Maestro bueno’, se ha
desarrollado también en la forma específica de la ciencia teológica llamada teología moral;
ciencia que acoge e interpela la divina Revelación y responde a la vez a las exigencias de la
razón humana

Que trata de los actos humanos: La teología moral es una reflexión que concierne la
‘moralidad’, o sea, el bien y el mal de los actos humanos y de la persona que los realiza, y en este
sentido está abierta a todos los hombres.

Y la razón natural iluminada por la fe: De un modo más sintético podría también definirse la
teología moral como la “teoría de la búsqueda activa de Dios por el hombre.

2) Ética o Moral
Ética y Moral tienen la misma significación, si bien una deriva del griego y otra del latín. "Ética"
procede del término "êthos" y sería la ciencia de las costumbres; lo mismo cabe decir de "Moral"
que traduce el término latino "mos", es decir, costumbre.

No obstante, conviene hacer algunas precisiones dado que los autores no están de acuerdo
cuando tratan de fijar la significación y el origen etimológico de la palabra "Ética".

2
Teología Moral

En resumen, la Ética hace referencia etimológica a las "costumbres" y al carácter" o "modo de


ser". Y, si bien la etimología al menos latina alude como más cercano al tratado sobre las
"costumbres", y de ellas se ocupan extensamente los manuales, la ciencia ética no ha de limitarse
a este estudio. Sin menoscabo de que deba enjuiciar y ayudar a la creación de costumbres, tanto
individuales como sociales, no obstante, en la línea de Tomás de Aquino, la moral ha de
preocuparse, preferentemente, de la "personalidad o modo de ser moral", o "virtud moral".

Por otra parte, es también competencia de la ética el estudio y la reflexión sobre las virtudes, la
bondad y la maldad, el deber, y la felicidad. Es decir, que por ejemplo, cuando conocemos a
alguien y decimos “es una buena persona”, estamos elaborando una sentencia ética (o juicio
moral). De la misma forma que lo estaríamos haciendo al decir, “robar no es correcto, es
indebido, está prohibido”.

Es importante aclarar, que en su concepción más clásica, esta ciencia solo se aboca al estudio de
aquellas conductas realizadas en forma consciente, voluntaria y libre; es decir, sobre los que el
sujeto es capaz de ejercer un control.

II) Fuentes Principales de la teología moral


Las fuentes principales son aquéllas propiamente teológicas (lugares teológicos). Como el resto
de la teología, también la Moral encuentra sus principios en la Sagrada Escritura, en la Tradición
y en el Magisterio.

1) La Sagrada Escritura.
En la Sagrada Escritura se hayan formuladas aunque según el estilo propio de los libros sagrados
las principales verdades de la moral cristiana. San Pablo escribe a Timoteo: “toda Escritura es
divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a
fin de que el hombre de Dios sea perfecto y consumado en toda obra buena” (2 Tim 3,16-17). Por
eso Juan Pablo II enseña en la Veritatis Splendor: La Sagrada Escritura es la fuente siempre viva
y fecunda de la doctrina moral de la Iglesia, como ha recordado el Concilio Vaticano II: ‘El
Evangelio (es) fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta’.

2) La Tradición.
Dentro de la Tradición se desarrolla, con la asistencia del Espíritu Santo, la interpretación
auténtica de la ley del Señor.

La Tradición implica, por tanto, las enseñanzas patrísticas, la vida litúrgica, y también la
interpretación que han hecho los santos con su propia vida y que la Iglesia propone como válida
regla hermenéutica de la voluntad de Dios al canonizarlos. Es este un criterio que está ya
presente en San Agustín y Santo Tomás de Aquino: “Como dice Agustín, el sentido de la Sagrada
Escritura se entiende a partir de los actos de los santos.

El Magisterio.
Además, como afirma de modo particular el Concilio (DV, 10), ‘el oficio de interpretar
auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo
de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo’.

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Teología Moral

El Magisterio dirige el obrar cristiano de modo ordinario y extraordinario, a través de


declaraciones solemnes, Encíclicas, Exhortaciones, respuestas a consultas. En los últimos
tiempos los documentos de orientación moral han sido especialmente abundantes.

III. La conciencia moral y la revelación bíblica

1. Conciencia Moral
La “regla de oro”: “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también
vosotros” (Mt 7,12; cf Lc 6, 31; Tb 4, 15).

“La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios,
cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16).
La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad
moral de un acto concreto.
Para el hombre que ha cometido el mal, el veredicto de su conciencia constituye una garantía de
conversión y de esperanza.
Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al
bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. Cada cual debe poner los medios para
formar su conciencia.
Ante una decisión moral, la conciencia puede formar un juicio recto de acuerdo con la razón y la
ley divina o, al contrario, un juicio erróneo que se aleja de ellas.
El ser humano debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia.
La conciencia moral puede permanecer en la ignorancia o formar juicios erróneos.
Estas ignorancias y estos errores no están siempre exentos de culpabilidad.
La Palabra de Dios es una luz para nuestros pasos. Es preciso que la asimilemos en la fe y en la
oración, y la pongamos en práctica. Así se forma la conciencia moral. CIC, 1795-1802.

2. Conciencia moral en el A.T



En cambio, la conciencia moral bíblica aparece dotada de un profundo dinamismo interno. Es
una conciencia esencialmente religiosa a diferencia de la estoica. La revelación bíblica ve ante
todo en la conciencia la voz de Dios, de un Dios personal, el Dios vivo de Abrahán, Isaac y
Jacob, que cuenta con el hombre para sus planes históricos de salvación y que nos llama
personalmente y como pueblo para realizarlos.

El Dios de Abrahán es un Dios vivo, tiene manos y no duda en manchárselas interviniendo en la


historia de salvación. Habla tú a tú con Abrahán, por primera vez, y le exige ponerse en camino.
El hombre no será más naturaleza, sino historia, no deberá ajustarse al modelo cíclico del eterno
retorno, sino a la línea que, como flecha, se lanza osadamente hacia el futuro. En cada momento,
único e irrepetible, el hombre debe cuestionarse qué es lo que Dios espera de él. Para eso el
hombre debe estar, como Abrahán, a la escucha de la palabra de Dios.

La diferencia que existe en este sentido entre la ética greco- romana y la ética bíblica es
semejante a la que encontramos entre la sabiduría griega y la sabiduría hebrea. Mientras que la
primera es ante todo un conocimiento teórico y contemplativo del cosmos, la segunda es más
bien un conocimiento práctico y activo, insertado en la historia . Sabio, en el sentido bíblico, es
igual a justo, y es aquél que hace la voluntad de Dios, mientras que el impío

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Teología Moral

Dentro de esta concepción los cristianos de la iglesia primitiva serán llamados «seguidores del
camino» (Hech 9, 2; 22, 4). La iglesia y también la humanidad continúan en marcha hacia el final
de los tiempos. Nada ni nadie podrá detener ese caminar difícil y fascinante al mismo tiempo 

No hay que creer que la revelación de la conciencia moral en la Biblia se produce de un solo
golpe y de una vez para siempre. En realidad la Biblia es un conglomerado de escritos redactados
en épocas muy diferentes y por muy diversos autores.

La palabra griega syneidesis aparece sólo tardíamente en el libro de la Sabiduría 17, 10, en el
sentido de mala conciencia y con carácter más bien psicológico en Eclesiastés 10, 2. Sin
embargo, encontramos en el antiguo testamento otras nociones aproximativas al concepto de
conciencia moral, sobre todo la noción de «corazón». A falta de términos abstractos, fruto de la
reflexión filosófica posterior, los hebreos, como otros pueblos, usaron la palabra corazón para
designar lo que más tarde griegos y romanos llamarían conciencia moral, y esto por la
indiscutible vinculación psicosomática que existe entre el corazón y los estados emocionales,
como puede ser el sentimiento de culpabilidad

Contra la tendencia judía a caer en un formalismo legalista y puramente exterior, los profetas del
antiguo testamento afirman enfáticamente que la conducta depende del corazón. A Dios se le ama
con el corazón (Dt 6, 5) y se le traiciona con el corazón (Ez 6, 9). «El corazón, atento a la voz de
Dios o convertido por su perdón, es testigo del valor moral de la conducta del hombre en la
presencia de Dios»

3. La Ley Moral

Según la sagrada Escritura, la ley es una instrucción paternal de Dios que prescribe al hombre los
caminos que llevan a la bienaventuranza prometida y proscribe los caminos del mal.

“La ley es una ordenación de la razón para el bien común, promulgada por el que está a cargo de
la comunidad” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 90, a. 4).

Cristo es el fin de la ley (cf Rm 10, 4); sólo Él enseña y otorga la justicia de Dios.

La ley natural es una participación en la sabiduría y la bondad de Dios por parte del hombre,
formado a imagen de su Creador. Expresa la dignidad de la persona humana y constituye la base
de sus derechos y sus deberes fundamentales. La ley natural es inmutable, permanente a través
de la historia. Las normas que la expresan son siempre substancialmente válidas. Es la base
necesaria para la edificación de las normas morales y la ley civil.

La Ley antigua es la primera etapa de la Ley revelada. Sus prescripciones morales se resumen en
los diez mandamientos. La Ley de Moisés contiene muchas verdades naturalmente accesibles a
la razón. Dios las ha revelado porque los hombres no las leían en su corazón.

La Ley antigua es una preparación al Evangelio. La Ley nueva es la gracia del Espíritu Santo
recibida mediante la fe en Cristo, que opera por la caridad. Se expresa especialmente en el
Sermón del Señor en la montaña y utiliza los sacramentos para comunicarnos la gracia.

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Teología Moral

La Ley evangélica cumple, supera y lleva a su perfección la ley antigua: sus promesas mediante
las bienaventuranzas del Reino de los cielos, sus mandamientos, reformando el corazón que es la
raíz de los actos.

La Ley nueva es ley de amor, ley de gracia, ley de libertad. Más allá de sus preceptos, la Ley
nueva contiene los consejos evangélicos. “La santidad de la Iglesia también se fomenta de
manera especial con los múltiples consejos que el Señor propone en el Evangelio a sus discípulos
para que los practiquen” (LG 42). CIC, 1975 -1986.

IV) Conciencia Moral en el N.T

1. La conciencia moral en el N. T.
El proceso de interiorización, iniciado en el antiguo testamento en relación con la conciencia
moral, llega a su plenitud en el nuevo testamento. En los evangelios tampoco aparece la palabra
técnica syneidesis (conciencia). No hay que extrañarse de ello, como ya dijimos antes a propósito
del antiguo testamento, si tenemos en cuenta la concepción religiosa de la revelación, que tiende
a dejar un poco en segundo lugar las causas humanas que actúan en la historia de la salvación.
Sin embargo, lo mismo que en el antiguo testamento, encontramos en los evangelios otras
nociones aproximadas al concepto de conciencia moral, sobre todo la de «corazón»

El verdadero fundamento de la moral radica en el corazón del nombre. Lo que importa ante todo
y sobre todo es la intención de la voluntad. La conciencia se organiza así en la intimidad del
hombre en torno a una ley interior, que no por estar en relación con el ser trascendente de Dios
deja por eso de sernos inmanente

Esta insistencia por poner en el corazón el centro de la vida moral, y es cosa característica en las
palabras de Jesús, que es «manso y humilde de corazón» (Mt 11, 28-30). En el corazón se
siembra la palabra de Dios y en él debe fructificar (Mt 13, 19). Solamente de un corazón puro
pueden salir las acciones buenas (Mt 12, 34; 18, 35; 23, 23-26), mientras que de nada servirá
observar la ley con la precisión más minuciosa, si luego el corazón es ciego y perverso, ya que de
esta fuente impura rebosan los malos pensamientos y las acciones malas (Mt 9, 4; 15, 18-20; Me
7, 18-23; Le 16, 15).

2. La Nueva Ley 

Las “bienaventuranzas” no son hábitos sino las obras más perfectas excelentes de las virtudes.
Las bienaventuranzas aparecen en Mateo y en San Lucas. Santo Tomás ve una adecuada
enumeración de las mismas en texto de Mateo; según S. Tomas, con las bienaventuranzas
Jesucristo quiere dar respuesta al deseo y búsqueda de la felicidad por parte del hombre. Por tal
motivo, Cristo pronuncia estas fórmulas, algunas de las cuales exaltan los actos perfectísimos por
los cuales el hombre se aparta de los impedimentos que obstaculizan el camino hacia la felicidad
eterna; otras por las cuales vive bien esta vida mereciendo la futura; y otras por las cuales inicia
en este mundo la contemplación de la vida venidera. De este modo estructura las
bienaventuranzas según tres momentos:

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Teología Moral

1o Nuestro Señor pronuncia algunas bienaventuranzas destinadas a remover el impedimento de


la felicidad voluptuosa; la vida voluptuosa consiste principalmente en dos cosas, en la excelencia
de bienes exteriores (riquezas, honores) y en la esclavitud de las pasiones, por eso dice:

(a) Bienaventurados los pobres de espíritu, lo cual incluye el desprecio de las riquezas y el de los
honores.
(b) Bienaventurados los mansos de corazón, porque por la mansedumbre el hombre se retrae de
las pasiones del irascible.
(c) Bienaventurados los que lloran, porque por el dolor interior el hombre se contiene en las
pasiones del apetito concupiscible, renunciando al desorden pasional y hasta viviendo una
especie de luto en su vida.

2o Jesucristo pronuncia en segundo lugar algunas bienaventuranzas por las cuales el hombre
realiza bien lo que es propio de una vida activa que sirva de disposición para la celestial. Y como
la vida activa buena consiste fundamentalmente en el ejercicio de la justicia y de los beneficios
espontáneos hacia el prójimo, Jesucristo dice:

(d) Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, por lo cual incentiva el deseo de la
justicia o santidad.
(e) Bienaventurados los misericordiosos, con lo cual nos inclina a realizar nuestras obras de
beneficio con aquellos que no nos pueden retribuir, según lo que dice san Lucas (14,12-13).

3o Contemplación, que inicia la felicidad eterna, y dice:

(f) Bienaventurados los limpios de corazón, puesto que la pureza del corazón es esencial para la
contemplación de Dios.
(g) Bienaventurados los pacíficos, porque la paz es la obra de las virtudes y de los dones por los
cuales el hombre se perfecciona en relación con el prójimo.

Jesús recoge las promesas hechas al pueblo elegido desde Abraham; pero las perfecciona
ordenándolas no sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los cielo (Mt 5,3-12). Las
bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo
ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer. CIC
1716. 1718.

V) El Concilio Vaticano II y el magisterio moral postconciliar.

El Concilio alentó en sus documentos el perfeccionamiento teológico de la moral, especialmente


en el texto de la Optatam totius: “Se ponga un especial cuidado en perfeccionar la teología moral
en modo que su exposición científica, mayormente fundada sobre la Sagrada Escritura, ilustre la
altura de la vocación de los fieles en Cristo y su obligación de fructificar en la caridad para la
vida del mundo”. Quedan así señaladas estas tres características que no debe descuidar la
teología moral: su seriedad científica, su fundamentación bíblica y la dirección que debe
imprimir en los fieles cristianos hacia la santidad a la que han sido llamados para restaurar el
mundo a partir de la caridad y la gracia de Cristo. La Gaudium et Spes señaló que la dignidad
humana no puede entenderse sin hablar de la relación con Dios; dignidad que en última

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Teología Moral

instancia se capta en su real hondura sólo en Cristo. La Lumen Gentium, por su parte, indicó las
pautas de la fidelidad doctrinal al Magisterio por las que debe evidentemente correr el trabajo
teológico

1. El problema moral
Todos los hombres, desde siempre, se plantean las mismas preguntas, “que turban
profundamente el corazón del hombre” y se interrogan para “descubrir el camino que conduce a
la verdadera felicidad”. La ética cristiana justifica su existencia como respuesta a dicho
interrogante.

Lo específico de esta respuesta es el llamado a la “perfección” que se encierra en el interpelación


dirigida a Cristo por el joven rico (cf. Mt 19), que la Veritatis Splendor precisamente define como
“la pregunta moral”, y la proposición de Cristo mismo como camino y modelo de dicha
perfección: Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). “Jesús mismo es el ‘cumplimiento’
vivo de la Ley ya que El realiza su auténtico significado con el don total de sí mismo; El mismo
se hace Ley viviente y personal, que invita a su seguimiento, da, mediante el Espíritu, la gracia
de compartir su misma vida y su amor, e infunde la fuerza para dar testimonio del amor en las
decisiones y en las obras (cf. Jn 13, 34-35)”.

La teología moral se plantea así como reflexión sobre la estructura del dinamismo operativo del
hombre en tensión hacia la perfección y sobre los fundamentos próximos y últimos de dicho
movimiento.

VI) Las virtudes teologales y Morales


1) Las virtudes teologales
Las virtudes teologales son los principios operativos por los cuales inmediatamente nos
ordenamos y unimos a Dios como fin último sobrenatural.

Por lo tanto, Dios infunde un principio substantivo (la gracia santificante) en la misma esencia
del alma, y tres principios operativos: la fe por la que el intelecto alcanza a Dios como verdad
suprema sobrenatural; la esperanza, por la cual la voluntad tiende hacia Dios como bien arduo; la
caridad, por la cual se ordena a Él como bien en sí y se conforma con Él sobrenaturalmente por
el amor. Tanto en la Escritura como en la Tradición constantemente se enumeran estas tres
virtudes peculiarmente conectadas entre sí: Ahora permanecen la fe, la esperanza, la caridad,
estas tres. La mayor de ellas es la caridad.

2) Las virtudes morales


Además de las virtudes teologales la mayoría de los teólogos, siguiendo a Santo Tomás, enseñan
la existencia de virtudes morales sobrenaturales. Son tantas cuantos son los actos electivos
específicamente distintos del hombre. Sin embargo, se las puede agrupar en torno a las cuatro
cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), del mismo modo que las virtudes morales
adquiridas. Se distinguen de las naturales principalmente en su objeto formal, porque en las
virtudes naturales el objeto formal es el bien según la regla de la razón humana, mientras que en
las sobrenaturales es el bien según la regla de ley divina, o la razón humana elevada por la fe.

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Teología Moral

VII) Dones y frutos del Espíritu Santo


La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son
disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu
Santo.

Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad
y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf Is 11, 1-2). Completan y
llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para
obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas. CIC1830-1831

IX) Etimología de pecado


El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero
para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la
naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como “una
palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna” (San Agustín, Contra Faustum
manichaeum, 22, 27; San Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 71, a. 6) ) CIC 1849

Pecado: no dar en el blanco


La lengua hebrea no sólo dispone de una palabra para significar «pecado», sino de todo un
vocabulario del que sobresalen tres o cuatro ideas principales . La palabra más frecuente para
pecado es hattá't' o hét'. Forma, por decirlo así, el concepto superior que comprende toda suerte
de delito. El significado fundamental de hattá't', «no dar con un blanco», se ve todavía en Jue
20,16, donde se dice: Todos echaron piedras con la honda y dieron en el cabello sin fallar. En su
sentido literal, pecado es un «fallo», un tirar y errar el blanco.

Pecado: torcer lo recto


La segunda noción de pecado, 'ávón, tiene su origen también en la esfera profana. El significado
fundamental de la raíz de este término ('áváh) es «doblar», «torcer», «trastornar. Este significado
se ve todavía por ejemplo en el Salmo 38,7, donde se dice: «Ando postrado y profundamente
encorvado.» En sentido figurado, la palabra significa «tocer el camino (de la vida)» (Lam 3,9),
«trastornar el derecho» (Job 33,27), «tener los sentidos trastocados» (Prov 12,8). Pecado: torcer
lo recto

Pecado: quebrantar algo


La tercera palabra pesa' nos trae un nuevo matiz en la comprensión del pecado. El verbo pasa'
significa en primer lugar «romper con», «apartarse de» y en último término tiene el significado
absoluto de «obrar criminalmente» En contexto teológico se refiere a todos los crímenes de
contextura jurídica. Así enumera Amos (1,3-2,7) en una larga lista los crímenes que Yahveh se
dispone a castigar: Por los tres crímenes de Damasco, por los cuatro no lo puedo revocar.
Por los tres crímenes de Gaza,

por los cuatro no lo puedo revocar.
Por los tres crímenes de Judá,

por los cuatro no lo puedo revocar...
Porque desecharon la ley de Yahveh y no observaron sus mandamientos, lanzo fuego contra Judá

para que consuma los palacios de Jerusalén.

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Teología Moral

Conclusión

Estamos en la era del vacío, del plástico y del reciclado, de la cultura ligera; este vacío moral
puede ser superado con humanismo y trascendencia; es decir, «atravesar subiendo», cruzar la
vida elevando la dignidad del hombre y sin perder de vista que no hay autentico progreso si no se
desarrolla en clave moral. Como decía Pío XII en su mensaje del 23 de mayo de 1952 sobre la
formación cristiana de los jóvenes, hay que educar en ellos el sentido de la responsabilidad
moral. Y el concilio Vaticano II afirma «que los niños y los adolescentes tienen derecho a que se
les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales. La conciencia se forma con el
conocimiento de la ley de Dios tal como la enseña el Magisterio de la Iglesia, con la práctica de
las virtudes, la oración, la petición de consejo especialmente en la dirección espiritual y la
recepción frecuente del sacramento de la Penitencia. Así pues, La vida moral es un culto
espiritual. Ofrecemos nuestros cuerpos “como una hostia viva, santa, agradable a Dios” (Rm 12,
1) en el seno del Cuerpo de Cristo que formamos y en comunión con la ofrenda de su Eucaristía.
CIC. 2031

Bibliografía
P. MIGUEL ÁNGEL FUENTES LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA TEOLOGÍA MORAL CATÓLICA EVE Ediciones del Verbo
Encarnado Colección Manuales y Monografía
Ricardo Sada Fernandez; Teología Moral : Nociones Generales
ANTONIO HORTELANO INTRODUCCIÓNA LA TEOLOGÍA MORAL LA CONCIENCIA MORAL EDICIONES SIGÚEME SALAMANCA
1981
IOANNES PAULUS PP. II VERITATIS SPLENDOR
Catecismo de la Iglesia Católica
JOSE M. CASTILLO : LA ÉTICA DE CRISTO ; EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S.A., 2005

em: [email protected]

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